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12.11.25

La Unión Europea en liquidación... En un editorial del Frankfurter Allgemeine Zeitung, que siempre fue una de las voces impulsoras de la UE, su editorialista Nikolas Busse, y probablemente en nombre de toda la redacción, constata: "Antes se pensaba que los europeos se harían más fuertes si actuaban juntos. Ahora se están hundiendo unos a otros... Europa no se toma en serio a nivel mundial porque no hay que tomarla en serio Europa no se toma en serio a nivel mundial porque no hay que tomarla en serio... la solución no consiste en reforzar la UE, como reclaman de forma refleja quienes son responsables de esta evolución. (…) La UE necesita ante todo Estados miembros fuertes, tanto en lo económico como en lo militar... Trump, Xi Jinping o Putin no son errores de la historia. Representan lo que Europa tiene que afrontar cada vez más: países que persiguen sus intereses nacionales sin miramientos"... Dado que un editorial de este tipo no ha aparecido por casualidad en el periódico conservador más importante de Alemania, debe entenderse como una preparación periodística para un cambio de rumbo en la política y la economía: Ya no se apuesta por la quimera de la unidad europea. La perspectiva es recuperar la fuerza nacional ( Andreas Wehr, )

 "En los últimos años, se ha anunciado la muerte de la UE en repetidas ocasiones. Tras el fracaso de la Constitución Europea en 2005 en los referéndums celebrados en Francia y los Países Bajos, muchos creyeron que eso había sido el final. Sin embargo, bajo el liderazgo alemán, el texto constitucional se impuso finalmente como Tratado de Lisboa mediante un truco. Muchos se dieron cuenta del juego y perdieron su confianza en la «unión cada vez más estrecha», según su propia descripción. En 2008 se produjo la crisis financiera, que supuso una prueba de resistencia para la zona del euro. Se logró evitar su desintegración, pero el precio fue muy alto. La población de Grecia se empobreció y las economías de España y Portugal perdieron definitivamente el contacto con Europa Central. Desde entonces, cada vez más jóvenes con buena formación se trasladan al norte. Vuelve la antigua migración de trabajadores extranjeros. En 2016 se produjo la conmoción del Brexit. Con Gran Bretaña, el segundo país más importante abandonó la Unión y dejó atrás a una UE desconcertada.

A pesar de todos estos reveses, se siguió adelante, se mantuvo el optimismo y se forjaron nuevos planes. Se invocó la necesidad de formar por fin una unión política a partir de la unión económica y monetaria. Se publicaron libros en los que se describía el «sueño europeo». [1]

En Alemania, el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) siempre fue una de las voces optimistas e impulsoras. Ahora parece que eso ha terminado.

En un editorial de este periódico, el influyente periodista Nikolas Busse hizo un balance aleccionador el 30 de octubre de 2025. El titular resumía la descripción que seguía en dos palabras: «El declive de Europa». Según Busse, las ambiciones de la UE en materia de política exterior han fracasado por completo: «Los últimos años han sido una lección implacable para Europa. Un continente que pensaba que la defensa ya no tenía importancia, Putin le enseñó lo contrario. Un continente que anteponía la protección del clima a todo lo demás, encontró pocos socios con una ambición similar. Un continente que defendía el libre comercio, se enfrentó a los aranceles de Trump. Un continente que creía en la globalización, fue víctima del colapso de las cadenas de suministro. Un continente que reclamaba un papel en la política mundial apenas pudo actuar en Ucrania sin los Estados Unidos; en Oriente Medio ni siquiera se le consultó. Un continente que declaró el derecho internacional como principio rector tuvo que asistir al declive de las Naciones Unidas. La lista podría continuar, pero ya es lo suficientemente alarmante tal y como está. En el fondo, los pilares fundamentales que sustentan la política exterior y la visión del mundo de Europa se han visto socavados en poco tiempo, y en algunos casos incluso se han derrumbado por completo».

En la enumeración de Busse falta el fracaso del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, con sus ambiciosos objetivos de déficit. Apenas hay ningún país que se rija por él. Incluso Alemania, hasta ahora el alumno modelo de la unión monetaria, está lanzando ahora programas con «fondos especiales» por valor de cientos de miles de millones de euros, que sin embargo solo sirven para ocultar la creciente deuda pública. Busse tampoco menciona el fracaso de una política común de asilo y migración. Cada vez más países de la UE actúan por su cuenta en este ámbito. Los controles fronterizos ya no son la excepción, sino la norma. Y recientemente, el ministro del Interior alemán ha manifestado su intención de que en el futuro las solicitudes de asilo se examinen fuera de la UE, sin tener en cuenta las reservas de Bruselas. Así, la UE está hoy más lejos que nunca del ansiado «espacio de libertad, seguridad y justicia».

El resumen de Busse describe la desintegración de la UE: «Antes se pensaba que los europeos se harían más fuertes si actuaban juntos. Ahora se están hundiendo unos a otros: países como Francia por sus deudas, la antigua locomotora del crecimiento, Alemania, por su debilidad económica, muchos Estados miembros por sus conflictos sociales y todos juntos por sus retrasos en materia de defensa, que no se pueden recuperar en poco tiempo. (…) Europa no se toma en serio a nivel mundial porque no hay que tomarla en serio». Parte de esta división es que Polonia deja en libertad a un ucraniano sobre el que pesa una orden de detención europea por ser el principal sospechoso del atentado contra una de las infraestructuras más importantes de Alemania, el gasoducto Nord Stream 2. Y está la controvertida declaración de la excanciller Merkel de que Polonia y los países bálticos socavaron en 2021 las negociaciones de Alemania y Francia en el formato de Minsk sobre un acuerdo entre Rusia y Ucrania, contribuyendo así de manera decisiva a la escalada del conflicto.

Para Nikolas Busse, y probablemente en nombre de toda la redacción del periódico, «la solución no consiste en reforzar la UE, como reclaman de forma refleja quienes son responsables de esta evolución. (…) La UE necesita ante todo Estados miembros fuertes, tanto en lo económico como en lo militar (…). Necesita una visión realista del mundo en el que vivimos. Trump, Xi Jinping o Putin no son errores de la historia. Representan lo que Europa tiene que afrontar cada vez más: países que persiguen sus intereses nacionales sin miramientos».

Dado que un editorial de este tipo no ha aparecido por casualidad en el periódico conservador más importante de Alemania, debe entenderse como una preparación periodística para un cambio de rumbo en la política y la economía: Ya no se apuesta por la quimera de la unidad europea. La perspectiva es recuperar la fuerza nacional.

Puede que sea una coincidencia que el Gobierno federal presentara su «agenda de alta tecnología» precisamente el 30 de octubre de 2025, el día de la publicación del artículo: «Durante la legislatura se destinarán 18 000 millones de euros a proyectos en los ámbitos de la inteligencia artificial, la tecnología cuántica, la microelectrónica, la biotecnología, la fusión nuclear y la movilidad respetuosa con el clima, con el fin de reforzar la posición de Alemania en la economía mundial. La estrategia, de 49 páginas, es en cierto modo el equivalente al plan quinquenal chino», según publicó el FAZ en su sección de economía el 31 de octubre de 2025. Y en la página web del Ministerio Federal de Digitalización y Modernización del Estado se dice lo siguiente sobre la «agenda de alta tecnología»: «Un gran avance para Alemania», sin mencionar en absoluto a la Unión Europea.

[1] Así, el antiguo presidente del SPD y candidato a canciller Martin Schulz publicó en 2013 el libro «Der gefesselte Riese. Europas letzte Chance» (El gigante encadenado. La última oportunidad de Europa). En él exigía «un verdadero Gobierno europeo, elegido y controlado parlamentariamente» y, por tanto, un Estado europeo que se creara a costa de los Estados nacionales. Véase al respecto Andreas Wehr, «Der europäische Traum und die Wirklichkeit. Über Habermas, Rifkin, Cohn-Bendit, Beck und die anderen» (El sueño europeo y la realidad. Sobre Habermas, Rifkin, Cohn-Bendit, Beck y los demás), Colonia, 2013.

(Publicado en : https://www.andreas-wehr.eu/artikel-reader/die-europaeische-union-in-abwicklung.html ) "           

      (Andreas Wehr, en Rafael Poch blog, 11/11/25)

18.5.25

Varoufakis: Europa se está suicidando... ¿Y cómo afrontó la unión europea la crisis del euro? Mediante una austeridad dura, increíblemente dura y mucha impresión de dinero, lo que por supuesto significó que Volkswagen no invirtió nada porque si recibes ese dinero gratis y los clientes no tienen dinero para comprar Volkswagens, no invierten en nuevas tecnologías, es muy caro... las empresas se quedaron con el dinero que imprime el Banco Central y fueron a la bolsa de Frankfurt y recobraron sus propias acciones. El precio de las acciones subió y los directivos de Volkswagen se forraron. Esto significó que durante 15 años no tuvimos inversión... la política se volvió tóxica porque cuando al aplicar la austeridad al pueblo alemán, francés, o griego y así sucesivamente, todos terminan odiándose entre sí... No hay coordinación, no tenemos liderazgo... ¿cómo está respondiendo Europa al shock de Trump? Pues no lo está haciendo... Úrsula van der Leyen ha creado una pequeña camarilla a su alrededor. Y ella no tiene legitimidad ni apoyo democrático, pero está concentrando el poder en sí misma, haciendo cosas realmente absurdas... Tenemos un déficit de inversión 600,000 millones al año y nadie habla de ello... Van a comprar tanques y torpedos... Hará subir el precio de las acciones de Rhine Metal y la industria armamentística. Pero no tendrá ningún efecto macroeconómico para Europa... nos hemos quedado atrás en las tecnologías del futuro. La razón porque nos hemos quedado atrás en la energía verde, como paneles solares, energía eólica y fusión, es porque no hemos invertido nada... necesitamos es un programa de inversión paneuropeo que no financia a los gobiernos, sino proyectos concretos que sean potencialmente rentables, estén donde estén, en el sur de Europa, o en el norte de Europa. Y sabemos que necesitamos unos 600 a 700,000 millones para eso... y crear una cartera digital en el BCE para que cada ciudadano europeo pueda descargarlo desde la tienda de Android o Apple, igual que pueden hacerlo los chinos, porque el Banco Central de China ha proporcionado a los ciudadanos chinos una cuenta bancaria digital gratuita... pero no están haciendo nada. Con la actual política Europa se esta suicidando

 "El profesor universitario y politólogo noruego Glenn Diesen entrevistó recientemente al conocido economista Yanis Varoufakis*, quien hace un cuestionamiento a fondo de la Unión Europea 

Glenn Diesen

Hola a todos y bienvenidos. Hoy me complace contar con la presencia de Janis Varoufakis, economista, exministro de finanzas Grecia y también un autor sumamente prolífico. Así que bienvenido al programa Yanis. 

Bueno, parece que hemos llegado al final del camino en cuanto a cómo ha funcionado el sistema económico internacional durante las últimas décadas. Trump parece reconocer que Estados Unidos está en una situación difícil y ha iniciado un esfuerzo para reorganizar la economía mundial a su favor, lo que incluye una guerra comercial muy disruptiva. tanto contra adversarios como contra sus aliados. 

Pero, si nos alejamos un poco de los detalles del día a día, ¿qué es lo que realmente estamos presenciando en cuanto a los objetivos de Estados Unidos y cómo intenta alcanzarlos? 

Yanis Varoufakis

En realidad el objetivo de Estados Unidos ha sido el mismo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y probablemente ese objetivo sea Alemania.

Estados Unidos salió de la Segunda Guerra Mundial habiendo heredado esencialmente el imperio británico después que este quedara en bancarrota. La doctrina Truman iba de la mano con el sistema de Breton Woods, así que en esencia todo giraba torno a mantener la producción de industria manufacturera estadounidense después de 1945.

Su gran temor en aquel momento era que con el fin de la guerra desapareciera la necesidad producir a más del 100% , Estados Unidos se enfrentaba a la seria amenaza de volver a 1929, una gran recesión, una gran depresión. Era el mismo modelo, si se quiere, que el de China hoy en día. En esa época los dirigentes de estadounidenses eran lo suficientemente inteligentes como para entender que no se pueden mantener exportaciones netas para siempre, a menos que transfieras parte de tus excedentes a las regiones deficitarias de su sistema económico, para mantener la demanda de sus exportaciones netas.

Así que Europa y Japón se dolarizaron, ya fuera a través del plan Marshall, o de créditos o préstamos privados o públicos. Es decir, una gran parte de los excedentes estadounidenses se enviaban a Europa y Asia para que pudieran mantener las importaciones netas de Estados Unidos.

Ese era el sistema de Breton Woods. Ese sistema estaba destinado a morir en el momento que Estados Unidos deja de tener excedentes. Y fue entonces cuando “el Trump de aquella época”,  un caballero que recordaréis como Richard Nixon, hizo estallar el sistema monetario y sistema comercial mundial que los estadounidenses habían creado.

Así que lo está haciendo Trump ya se ha hecho antes. Un presidente estadounidense ya ha hecho saltar por los aires el sistema financiero y comercial global diseñado y construido por Estados Unidos. Y ese es un periodo, desde mediados de los años 70 en adelante, de un mecanismo global de “reciclaje invertido”.

En lugar que los excedentes estadounidenses se reciclaran al resto del mundo, los déficits estadounidenses proporcionaron una enorme demanda agregada para financiar su déficit. Para eso era necesaria alimentar el milagro económico alemán, el milagro económico japonés y permitir que el milagro económico chino echara raíces y creciera. 

Así que para decirlo de forma vulgar, esencialmente, la economía estadounidense generaba demanda agregada para los exportadores alemanes, japoneses y chinos. A estos se les pagaba con pagarés llamados dólares y esos regresaban a Estados Unidos través de Wall Street para financiar al gobierno estadounidense, a la bolsa estadounidense y al sector inmobiliario estadounidense. Esa era la situación y por supuesto ese tsunami de capital que llegaba a Wall Street requería la desregulación de Wall Street.

Entonces , los banqueros se volvieron locos. empezaron a construir enormes y gigantescas pilas de derivados tóxicos y este sistema colapsó en 2008. Todo ese sistema entró en una crisis muy grave, con un sistema de reciclaje tan extraño… una suerte de “socialismo” para los banqueros. Eso es la flexibilización cuantitativa, la impresión de dinero para los banqueros y austeridad para casi todos los demás.

Con este sistema se provocó un colapso muy significativo de la inversión en Estados Unidos y en Europa. Los únicos que realmente invirtieron gran parte del dinero que estaban imprimiendo los bancos centrales fueron los grandes propietarios tecnológicos, ya sabes, los Amazon, los Google, los Meta y así sucesivamente.

Por eso tenemos una nueva forma de capital, la llamo capital en la nube. Y en este contexto, mientras Estados Unidos, estaba siendo diezmado con un proceso de desindustrialización, la clase rentista estadounidense lo estába pasando realmente muy bien. Las personas que vivían de los mercados financieros y del sector inmobiliario prosperaron enormemente con el reciclaje del dinero y con los beneficios producidos por el déficit comercial de Estados Unidos.

Pero si eras un trabajador de la construcción o de la manufactura, un obrero en el medio oeste estaba siendo precarizado. Y entonces llega Trump y declara: » Esto no puede continuar. Nos hemos pasado y voy a hacer que América vuelva a ser grande. En otras palabras, voy a reequilibrar la relación entre el mundo del dólar y la capacidad manufacturera estadounidense, que llegó a ser totalmente desproporcionada.

Dicho de otro modo, las finanzas estadounidenses, el mundo dolarizado, se convirtieron en un parásito gigantesco que se alimentaba de un organismo diminuto: la manufactura estadounidense. Ahora bien, esto no significa que Trump vaya ha lograr lo que promete. No significa que porque Nixon tuvo éxito con su shock, Trump vaya a tener éxito con el suyo.

No significa que vaya a haber continuidad, porque no es solo cuestión de lo que haga Trump para este proyecto funcione. La próxima administración y la siguiente también tendrán que participar. Nixon no lo hizo solo. Carter, Reagan y luego Bush continuaron esa política. Así que estamos viviendo tiempos muy interesantes, por decir lo menos.

Glenn Diesen

Bueno, parece que Trump intenta hacer que América vuelva a ser grande y está haciendo esfuerzos por reindustrializar el país y reducir su monstruoso déficit de comercio exterior . Me parece que Trump acertó en parte al tomar el pulso, reconociendo que tal como están la cosas esta situación es insostenible para EEUU . 

Pero, ¿qué significa esto para Europa? Porque desde la Segunda Guerra Mundial tuvimos una especie de acceso preferencial al mercado estadounidense, también por motivos políticos  disfrutamos de energía barata de los rusos. ¿Cómo se están reorganizando los europeos o qué están haciendo en esta guerra comercial  que en esencia es construir un nuevo modelo económico? 

Yanis Varoufakis

La respuesta es que no mucho. Sea lo que sea estén haciendo, lo están haciendo en un estado de pánico y sin ninguna planificación. El shock de Nixon fue el mundo que engendró el euro, la eurozona. Porque pensándolo bien, lo que hizo Nixon en 1971 fue expulsar a Europa de la zona dólar. 

En 1971 teníamos tipos de cambio fijos con el dólar. En otras palabras, éramos parte de la zona dólar, aunque lleváramos nuestras propias monedas nacionales en los bolsillos. Piénsalo, durante 20 años no tuvimos que comprobar los tipos de cambio porque eran los mismos. Los tipos de interés eran más o menos, entre un 4 y 5% constantes.

Era un mundo magníficamente aburrido. Era el mundo en que la maquinaria manufacturera alemana se volvió sustancialmente exitosa. Pero, lo que hicieron los estadounidenses en 1971 fue echarnos fuera. Nos arrojaron a los lobos. El secretario del tesoro John Conell iba por ahí diciendo, «No me importa cuál sea tu problema, amigo. El dólar es nuestra moneda, pero es tu problema.» 

Y en un estado de pánico total en los años 70, los europeos empezaron a intentar crear su propio sistema de Breton Woods, su propio régimen de tipos cambio fijos. Esta es razón por la que lo necesitaban crear la Unión Europea que se construyó como un cartel de grandes empresas.

Claro que el primer nombre fue “Comunidad Europea del carbón y del acero”, que funcionaba como lo hace la OPEP con el petróleo. Los europeos lo hicieron con el carbón y acero. Se trataba de limitar la competencia, tener precios estables, precios acordados, precios de cartel y luego, por supuesto, incluyeron a los agricultores con el tratado de Roma, a quienes le ofrecieron una parte de los beneficios de la industria pesada.Eso es la política agrícola común. 

Ahora bien, para que un cartel funcione se necesita tener una moneda común o tipos de cambio fijos. Porque si los tipos de cambio fluctúan, realmente es muy difícil mantener la colusión. Los cárteles son inestables, están sujetos a fuerzas centrífugas y si permites que los precios varíen porque los tipos de cambio varían, entonces no puedes mantener el cártel. 

Así que Europa necesitaba otra construcción con una moneda común. Entonces entramos en un proceso. Primero fue el llamado sistema monetario europeo. Después el mecanismo de tipos cambio. Todo esto fracasó. Así que decidimos federar nuestro dinero, crear una moneda común, el euro.

Pero en el proceso olvidamos crear un tesoro común, olvidamos crear las instituciones democráticas que puedan gestionar la política monetaria de una manera mínimamente democrática. Esto, por supuesto, fue la causa de la crisis del euro.

¿Y cómo afrontó la unión europea la crisis del euro? Mediante una austeridad dura, increíblemente dura y mucha impresión de dinero, lo que por supuesto significó que Volkswagen no invirtió nada porque si recibes ese dinero gratis y los clientes no tienen dinero para comprar Volkswagens Caros o máquinas tipo Tesla, las automotrices no invierten en nuevas tecnologías, es muy caro. 

Lo que ha pasado es que las empresas se quedaron con el dinero que imprime el Banco Central y fueron a la bolsa de Frankfurt y recobraron sus propias acciones. El precio de las acciones subió y los directivos de Volkswagen se forraron porque sus salarios están vinculados al precio de las acciones. Esto significó que durante 15 años no tuvimos inversión.

Mientras tanto, la política se volvió tóxica porque cuando al aplicar la austeridad al pueblo alemán, francés, o griego y así sucesivamente, todos terminan odiándose entre sí. Si hoy vas a conversar con  los europeos, incluso con los europeos progresistas, y les dices, «¿Qué tal si nos federamos ahora?» Te responden, «Vete, simplemente vete, no me hables de esto.

Estas son personas que hace un tiempo querían una federación europea, así que la política se ha vuelto tóxica. No hay coordinación, no tenemos liderazgo. En su momento, como lo sabes, yo me opuse abiertamente a alguien como Angela Merkel, ¿verdad? Al menos ella era una líder, al menos tenía capital político.

Ahora tenemos gallinas sin cabeza corriendo por ahí,.. un tipo como Merz que ni siquiera logra ser elegido la primera elección como canciller de Alemania. Tenemos a Macron, un pato cojo. Cuando yo estaba en el gobierno griego había un choque muy fuerte entre el norte y el sur. Ahora tenemos un choque aún peor entre el este y oeste.

¿Por qué te cuento todo esto? Perdona mi respuesta es tan extensa, pero tu pregunta es, ¿cómo está respondiendo Europa al shock de Trump? Pues no lo está haciendo, porque para responder necesitas tener un centro coherente de toma de decisiones políticas y no lo tenemos.

En cambio tienes a Merz que quiere un acuerdo de libre comercio con Trump. Eso es caer directamente en la trampa que Donald Trump está tendiendo. Tienes a un Macron que no quiere eso. Y para más remate ni Merz ni Macron no tienen poder sobre la Comisión Europea.

De hecho,  Úrsula van der Leyen ha creado una pequeña camarilla a su alrededor. Y ella no tiene legitimidad ni apoyo democrático, pero está concentrando el poder en sí misma, haciendo cosas realmente absurdas que no tienen absolutamente ninguna relación con el verdadero problema que tiene Europa.  Nos faltan, nada menos que unos 600,000 millones al año en términos de inversión. Tenemos un déficit de inversión 600,000 millones al año y nadie habla de ello.

Y que hacen, ¿sabes? No tengo mucho pelo, pero el poco que tengo me lo arranco porque están hablando de rearme. Van a comprar tanques y torpedos y no sé qué otras ideas idiotas tienen sobre lo que van a adquirir. Esto no va a generar crecimiento. Hará subir el precio de las acciones de Rhine Metal y la industria armamentística . Pero no tendrá ningún efecto macroeconómico para Europa.

Así que en resumen, la respuesta a tu pregunta es que Europa se está quedando atrás.

Glenn Diesen

Creo que la falta de cohesión política y capacidad decisión es un problema clave. Y  comparto tu pesimismo respecto al keynesianismo militar, pero un componente fundamental a abordar en el actual shock de la economía internacional es el cambio industrial, que ahora muchos denominan la cuarta revolución.

En particular Europa se esta quedándose atrás en el sector tecnológico, especialmente ahora que todo se está digitalizando. Vemos que las tecnologías digitales se están fusionando cada vez más con las industrias físicas o las están transformando. ¿Cuáles son los principales retos para Europa en este sentido? ¿Hay algo en camino o simplemente se está subordinando a Estados Unidos? 

Yanis Varoufakis 

Están intentando subordinarse a un líder como Trump que curiosamente no los quiere como subordinados. Están suplicando, «Déjanos ser tus esclavos.» Y él responde, «No, no quiero que seáis mis esclavos.» Así que en realidad es bastante cómico. Mira nos hemos quedado atrás en las tecnologías del futuro. La razón porque nos hemos quedado atrás en la energía verde, como paneles solares, energía eólica y fusión, es porque no hemos invertido nada.

Alemania solía ser el principal productor de paneles solares en el año 2000. ¿Y qué pasó? Dejaron de invertir en ello. Los chinos nos han adelantado en dos revoluciones industriales, no solo una. Están por delante en la fabricación de paneles solares y en los vehículos eléctricos.

Esa idiotez de que los chinos están inundando el mercado con productos baratos por las subvenciones del gobierno chino es una tontería completa. Simplemente nosotros no tenemos la tecnología de los Chinos. ¿Por qué? Porque no se ha invertido. Nosotros hemos pasado los últimos 20 años sin invertir y al final todo esto pasa factura.

Cuando te pierdes 20 años de inversión en plena revolución tecnológica estás fuera. Y lo que han hecho en lugar de invertir es una tontera. En su inmensa necedad pensaron que somos una economía de 500 millones personas y debido a nuestro peso, nuestra magnitud, nuestro tamaño, vamos a regular, vamos imponer nuestros propios estándares al resto del mundo.

Bueno, ya sabes, esa política no funciona durante mucho tiempo. Si no tienes ningún capital en la nube, entonces en algún momento el capital va a superar tus propias regulaciones. La última tontera son los comentarios en Bruselas:  si Trump impone aranceles terribles a nuestros productos, a nuestros coches, al aluminio, a nuestros bolsos Hermes y Louis Vuitton, entonces vamos a imponer impuestos digitales a las grandes tecnológicas Silicon Valley.

Bueno, por cierto, estoy totalmente a favor de los impuestos las grandes tecnológicas. Lo llamo el impuesto a la nube. He defendido esa idea. Pero, ¿sabes qué? Ni siquiera harán eso porque son unos charlatanes y no lo harán porque a diferencia de los chinos que han desarrollado sus propias grandes tecnológicas, por cada gran empresa tecnológica estadounidense hay un equivalente en China que realidad es mejor que la estadounidense en cuanto a funcionalidad. Baidu, Tencent, Alibaba y otras, si los comparas técnicamente son mejores.

Las empresas tecnológicas Chinas son realmente mejores que las estadounidenses. Nosotros no tenemos nada en Europa. Y lo que hacemos es vender nuestras empresas tecnológicas. Bolt fue vendido al Silicon Valley, así que no tengo ninguna duda que si Bruselas intenta tomar represalias contra los aranceles estadounidenses con un impuesto a la nube para las grandes tecnológicas estas chantajearán a Europa simplemente diciendo, «Cortaremos todos los servicios para vosotros, los europeos.» 

Y entonces, ¿qué dirá Ursula van der Leyen a los europeos? Porque los europeos no tendrán acceso a YouTube, no tendrán acceso a X. ¿Sabes? Los estadounidenses pueden hacer esto fácilmente. Solo haría falta una semana sin acceso a YouTube para que toda la comisión europea se venga abajo.

Así que todas estas son amenazas no creíbles en nuestro lenguaje económico. Lo que normalmente se haría para superar estos desafíos, es decir, la dependencia excesiva de un solo actor extranjero, sería buscar una mayor autonomía estratégica,  también la soberanía tecnológica, además de diversificar las alianzas externas, pero parece que los europeos se están aislando de otros centros clave, siendo China uno de los más importantes.

Glenn Diesen

Me alegró que menciones a China porque ellos están desarrollando su autonomía estratégica. están diversificando sus alianzas exteriores. Pero en esta guerra económica,p los dos actores principales parecen ser, obviamente, Estados Unidos y China, ¿quién tiene las cartas ganadoras? ¿Cómo ves que se va a desarrollar esta guerra económica? ¿Por qué los chinos no están respondiendo de forma más contundente? ¿Cómo interpretas la situación? 

Los chinos son los adultos en la sala. Son los que están respondiendo de una manera muy conservadora, racional y sensata. Y tienen un plan. Los europeos no tienen un plan. El plan que principalmente nos falta es un plan macroeconómico y de inversión. Eso es lo único que no tenemos. Tenemos todo tipo de otros planes y regulaciones, pero lo que realmente necesitamos no lo tenemos y ni siquiera estamos trabajando para conseguirlo.

Así que permítanme decir que hay tres cosas que deberían haberse hecho ayer, pero al menos hagámoslas hoy. No creo que se hagan, pero déjenme decirles cuáles son. En primer lugar, no hagan nada respecto a Trump. No vayan verle. No respondas con represalias ni vayas mendigando un acuerdo comercial, simplemente ignóralo.

En su lugar, abre una línea de comunicación con Pekín. No estoy diciendo que debamos convertirnos en vasallos de Pekín la misma manera que fuimos vasallos de Estados Unidos. No, pero sí coordinar. En primer lugar, elimina todos los aranceles que la Unión Europea impuso a China instancias de Estados Unidos.

Esos aranceles sobre los paneles solares, por ejemplo, nos los impuso EEUU. Washington llamó a Bruselas y dijo, » Poned aranceles a los paneles solares porque estamos en guerra con los chinos.» Bueno, ya sabes, ahora los estadounidenses en una guerra económica con nosotros. ¿Por qué deberíamos estar en guerra con los chinos? ¿Solo porque estadounidenses lo están?

Necesitamos paneles solares. Ellos fabrican paneles solares de muy buena calidad y a un precio muy bajo, Así que compremos esos paneles sin hacer que nuestra gente en Europa tenga que pagar precios desorbitados por algo que necesitamos. ¿De acuerdo? Primer punto, eliminar los aranceles que Europa impuso en nombre de Estados Unidos.

En segundo lugar, coordinar entre el Banco Central Europeo y el Banco de China un programa de estímulo común, porque tanto China como la Unión Europea necesitan un estímulo coordinado para hacer frente a las olas recesivas que se avecinan como resultado del impacto de los aranceles de Trump sobre el comercio mundial.

En tercer lugar, buscar formas de colaborar en la producción conjunta. Ya lo hemos hecho antes. Fueron Siemens y Alst quienes fueron a China y les ayudaron a construir ferrocarriles que ahora son mucho mejores que los nuestros. ¿Por qué no hacemos  lo mismo? ¿Por qué no hay empresas conjuntas entre Volkswagen y BYD para producir coches eléctricos en Alemania, por ejemplo? Así que eso es lo primero que haría.

Lo segundo que haría sería poner en marcha un programa de inversión que cubra el déficit de inversión que mencioné antes… de unos 600 700,000 millones cada año. Y la forma de hacerlo no es a través de un fondo de recuperación como el que creamos durante la pandemia, eso es absurdo. Fue una idea terrible porque esencialmente lo que hizo fue grabar a los trabajadores alemanes pobres para dar dinero a los oligarcas en Italia y

Eso fue como decirle al pueblo alemán y al pueblo holandés, «Nunca más ayudemos a los griegos y a los italianos”.  Lo que realmente necesitamos es un programa de inversión paneuropeo que no financia a los gobiernos, sino proyectos concretos que sean potencialmente rentables, estén donde estén, en el sur de Europa, o en el norte de Europa.

Y sabemos que necesitamos unos 600 a 700,000 millones para eso. Ahora no hay tiempo para tener esta discusión sobre los eurobonos y un tesoro federal, porque como dije antes, esa discusión se envenenó hace mucho tiempo, pero tenemos el Banco Europeo de Inversiones que emite bonos. Bueno, denles luz verde para emitir bonos por valor de 600,000 millones de euros cada año durante los próximos 5 años y el Banco Central Europeo debería  declarar que si es necesario intervendrá en los mercados secundarios para comprarlos. 

Esto significa que los bonos que propongo tendrán tipos de interés inferiores al 2%, quizá incluso menos del 1%, porque serán muy seguros si cuentan con el respaldo del BCE. y coges esos 600, 700,000 millones y los inviertes en las tecnologías que tanto nos faltan y lo haces a nivel paneuropeo.

Ni siquiera lo haces a través de los gobiernos. Lo haces mediante un programa europeo de inversión como el plan Marshall  que fue un programa estadounidense de inversión. Así que eso es lo segundo haría.

 Y lo tercero que haría es crear una cartera digital en el BCE para que cada ciudadano europeo pueda descargarlo desde la tienda de Android o Apple, igual que pueden hacerlo los chinos, porque el Banco Central de China ha proporcionado a los ciudadanos chinos una cuenta bancaria digital gratuita.

Lo que obtienes es que cualquier dinero tengas en esa cartera genera el tipo de interés overnight del Banco Central, lo cual es una forma fantástica de competir con China. Los bancos comerciales son terribles, pagan poco a los ahorradores y cobran de más a los prestatarios y entonces de repente tienes este nuevo y asombroso ámbito digital de pagos gratuitos, transfronterizos como el de los chinos

Así es como compites con el WCAT chino, con la moneda digital china. Así es como obligas a los banqueros. Básicamente les dices que ya no tienen el monopolio del sistema de pagos. Si quieres ofrecer buenos servicios a los clientes, hazlo. 

Glenn Diesen

Antes de terminar, solo una última pregunta muy rápida. Entonces, ¿por qué no hacemos realmente estas cosas? Sé que antes llamaste a Europa el continente estúpido, pero es por falta de conocimiento y ideología.¿Cómo lo entiendes tú? 

Yanis Varoufakis 

Es una combinación de ideología y conveniencia. Tomemos, por ejemplo, el sistema de pagos digitales que mencioné. Los bancos de Frankfort y los bancos de París van a decapitar cualquier político que sugiera esto porque esencialmente les estás quitando su monopolio sobre el sistema de pagos. Cuando lo propuse en 2015, no solo fui demonizado, sino que fui decapitado discursivamente.

Publicaron todo tipo de tonterías patrocinadas por banqueros que quieren  anularme como entidad, porque para ellos es mucho dinero. En cuanto a la organización y creación de este programa inversión mi opinión al respecto es que el establishment financiero e industrial alemán aún no ha aceptado el euro.

Tenemos el euro desde 1992 ¿verdad? Pero realmente los alemanes no lo han aceptado. Lo han aceptado formalmente , pero quieren mantener su derecho y oportunidad de salir del euro. Ese es el establishment alemán. Nos han permitido usar su marco alemán en forma de euro, pero quieren poder desconectarse y salir, lo que significa que no quieren tener deuda común.

Cuando dicen no a la deuda común esto significa que la Unión Europea no pueden tener un programa común de inversiones. Esto es el derecho de Alemania a salir de Europa y no es una idea irracional por su parte porque es la manera de tener la máxima influencia dentro de Europa.  Esta estrategia de salida no la tienen los italianos ni los franceses porque son países deficitarios.. 

Un ejemplo es California que no puede salir de la unión del dólar, porque si sale de dólar es imposible saber qué parte de la deuda soberana estadounidense corresponde a California. Así que eso es lo que pasa si estas atado a una deuda común.

Este es mi análisis por las que no están haciendo nada aunque en el fondo saben lo que hay que hacer. Con la actual política Europa se esta suicidando.

Denn DIesen

Tu análisis ha sido muy interesante, gracias Yanis Varoufakis.

Nota

*Yanis Varoufakis es economista, exministro de Finanzas de Grecia y autor de numerosos libros superventas. Varoufakis sostiene que el antiguo modelo económico centrado en Estados Unidos se ha agotado y que EE. UU. está impulsando una reestructuración de la arquitectura económica internacional para obtener una posición favorable. China es el principal rival en este nuevo sistema, mientras que los europeos se están convirtiendo en un apéndice empobrecido de EE. UU."

(Varoufakis, Glenn Diesen, Observatorio de la crisis, 14/05/25)

23.2.25

Trump ha dejado en evidencia a Europa y Ucrania, pero ¿aprenderán? Años de política errónea a favor de Kiev ni siquiera han conseguido que los líderes de la UE tengan un lugar en la mesa de negociaciones para un alto el fuego mediado por Washington... La dura realidad está emergiendo: la nueva administración estadounidense, mientras trabaja activamente para arrojar a los palestinos bajo el autobús, parece decidida a hacer lo mismo con los ucranianos... En tan sólo unos días, tres décadas de política estadounidense respecto a la posible adhesión de Ucrania a la OTAN, y los últimos tres años destinados a infligir una derrota estratégica a Rusia, se han venido abajo... Se trata del mayor desastre político, económico y diplomático en que ha incurrido jamás la UE, y está bien encapsulado por la máxima: errar es humano, pero persistir es diabólico. A estas alturas, hace tiempo que debería haberse hecho una reevaluación de la llamada relación transatlántica... Reflexionando sobre las dos primeras décadas del siglo XXI, ¿puede alguien seguir afirmando seriamente que la invasión rusa de Ucrania no fue provocada? Esto no hace que la invasión sea legal o legítima, pero lo mismo se aplica a intervenciones militares occidentales mucho más numerosas en otros lugares del mundo desde la década de 1990... Y, sin embargo, no hay señales de que los líderes europeos responsables de este desastre de época estén dispuestos a cambiar radicalmente sus políticas... Si Europa está así destinada a la irrelevancia, ha hecho todo lo posible para merecerlo (Marcos Carnelos, ex-diplomático italiano)

 "La larga llamada telefónica de la semana pasada entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente ruso Vladimir Putin, y sus consiguientes conversaciones sobre el fin de la guerra de Ucrania, han dominado comprensiblemente la actualidad mundial en los últimos días.

Los líderes europeos, incluido el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, están conmocionados, especialmente tras el discurso del vicepresidente estadounidense JD Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich.

Los créditos están rodando en el Show de Truman en el que estos líderes han estado viviendo durante los últimos tres años. La dura realidad está emergiendo: la nueva administración estadounidense, mientras trabaja activamente para arrojar a los palestinos bajo el autobús, parece decidida a hacer lo mismo con los ucranianos.

Los mayores daños políticos colaterales en este último empeño son los «aliados» europeos de Washington. No es normal que el consejo editorial del Financial Times se haga la pregunta: «¿Sigue siendo EE UU un aliado?».

Estados Unidos y Rusia han acordado hablar sobre el fin de la guerra en Ucrania. El secretario de Estado, Marco Rubio, y el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, ya se han reunido para sentar las bases de una futura cumbre en Arabia Saudí, sin consultar a la UE ni a otros miembros de la OTAN.

Los ministros de la OTAN habían anticipado las malas noticias tras las sorprendentes declaraciones en Bruselas del nuevo secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, quien afirmó que la adhesión de Ucrania a la OTAN no era realista, y redobló la apuesta al sugerir que Kiev debería abandonar la idea de reclamar todo el territorio ocupado por Rusia.

A continuación, triplicó la apuesta al señalar que los miembros de la UE dispuestos a desplegar tropas para vigilar la hipotética línea de alto el fuego acordada entre Rusia y Ucrania no podrían contar con el apoyo militar de Estados Unidos. Adiós, pues, al tan invocado artículo 5 de la OTAN sobre defensa colectiva.

En otras palabras, el último capítulo del Show de Truman de los líderes de la UE consiste en creer que Rusia aceptaría a sus tropas como supervisores «imparciales» de una línea de alto el fuego: la madre de todos los fracasos en relación con un posible acuerdo sobre Ucrania.

La línea más roja

Quien esperara algo diferente, como parece haber hecho el jefe de política exterior de la UE, Kaja Kallas, no vive en el mundo real.

En tan sólo unos días, tres décadas de política estadounidense respecto a la posible adhesión de Ucrania a la OTAN, y los últimos tres años destinados a infligir una derrota estratégica a Rusia, se han venido abajo. A partir de ahora, este enfoque de la nueva administración estadounidense va a ser la norma, y no la excepción. Los últimos discursos de Vance han sido inequívocos: los europeos seguiréis sometidos.

Este giro de los acontecimientos da la razón a quienes pedían cautela a la hora de abordar una cuestión que Rusia -desde la década de 1990, e inequívocamente desde el discurso de Putin en 2007 en la Conferencia de Seguridad de Múnich- ha presentado como la más roja de las líneas rojas.

La administración Biden y la UE rechazaron el sentido común al optar por políticas alejadas de la realidad, a pesar de que las élites políticas y diplomáticas occidentales llevan décadas desaconsejando la expansión de la OTAN hacia el Este.

Tras ignorar las señales de advertencia de Rusia, rechazar despectivamente las anteriores propuestas diplomáticas de Moscú, seguir ciegamente una estrategia de Estados Unidos y el Reino Unido destinada a derrotar a Rusia, sabotear la posibilidad de una solución negociada con la mediación de Turquía en 2022, ampliar el conflicto armando a Ucrania y permitiéndole atacar territorio ruso, aplicar duras sanciones a Moscú que han resultado espectacularmente contraproducentes y poner en peligro décadas de estabilidad financiera mundial al congelar cientos de miles de millones de dólares en activos rusos, los líderes europeos descubren ahora que todos estos esfuerzos ni siquiera les han valido un asiento en la mesa de negociaciones.

Se trata del mayor desastre político, económico y diplomático en que ha incurrido jamás la UE, y está bien encapsulado por la máxima: errar es humano, pero persistir es diabólico.

A estas alturas, hace tiempo que debería haberse hecho una reevaluación de la llamada relación transatlántica. Desde el final de la Guerra Fría, ¿ha promovido realmente esta relación los intereses de Europa?

Comprobación de la realidad

No cabe duda de que durante la larga Guerra Fría, las naciones europeas se beneficiaron enormemente de su alianza con Estados Unidos, basada en valores compartidos y en una eficaz cooperación económica y en materia de seguridad. El renacimiento de Europa tras el cataclismo de la Segunda Guerra Mundial se debió en gran medida a este generoso compromiso estadounidense.

Pero en la era posterior a la guerra fría, los beneficios de esta asociación han sido dudosos. Una comprobación de la realidad revela inequívocamente que las principales amenazas recientes para Europa no proceden de sus supuestos enemigos, sino de su aliado más importante al otro lado del océano Atlántico.

La imprudencia financiera de Estados Unidos desencadenó la crisis financiera de 2008, que tuvo consecuencias dramáticas a escala mundial y específicamente en la UE, cuyas estrictas políticas de austeridad han tenido consecuencias sociopolíticas duraderas. Mientras tanto, las interminables guerras estadounidenses desde 2001 han desplazado a más de 38 millones de personas en todo el mundo, alimentando la crisis migratoria europea.

¿Podría alguien intentar seriamente culpar a Rusia del desastre financiero mundial de 2008, de la masiva crisis internacional de refugiados o del concepto profundamente equivocado de «exportar democracia»?

¿Podría alguien afirmar honestamente que el deterioro de la relación de Occidente con Rusia desde 2007 ha sido enteramente atribuible a los males de Putin? A la crisis ucraniana de 2014, que condujo a la instauración de un gobierno prooccidental, siguieron los acuerdos de Minsk, que Occidente firmó de mala fe.

Reflexionando sobre las dos primeras décadas del siglo XXI, ¿puede alguien seguir afirmando seriamente que la invasión rusa de Ucrania no fue provocada? Esto no hace que la invasión sea legal o legítima, pero lo mismo se aplica a intervenciones militares occidentales mucho más numerosas en otros lugares del mundo desde la década de 1990.

Las duras sanciones impuestas por la UE a Rusia en los últimos años no han conseguido doblegar a Moscú. Y, sin embargo, no hay señales de que los líderes europeos responsables de este desastre de época estén dispuestos a cambiar radicalmente sus políticas.

La cumbre convocada apresuradamente en París por el presidente francés Emmanuel Macron el lunes lo demuestra. Una segunda prevista para el miércoles no suena prometedora, teniendo en cuenta las divisiones europeas.

Si Europa está así destinada a la irrelevancia, ha hecho todo lo posible para merecerlo."

(Marcos Carnelos, ex-diplomático italiano, Brave New Europe, 21/02/25, traducción DEEPL, enlaces en el original)

20.2.25

"La Unión Europea está rota"... Varoufakis luchó por la democratización de Europa. Pero hoy, dice, ese sueño finalmente es historia... explica el fin de la UE... Europa ha perdido toda posibilidad de mantener una cohesión suficiente para poder llevar a cabo una política fiscal común, una política de inversión común o una política de defensa común como consecuencia de la crisis del euro o de la pandemia. Ahora mi generación y, sobre todo, la suya -y lo digo con mucho dolor en el corazón- son las generaciones que vivirán el proceso de deconstrucción de la Unión Europea. No hay fuerza en la tierra ni más allá que pueda impedirlo... La Unión Europea está rota. Está al final. Está en un camino irreversible que conduce a su deconstrucción... deberíamos hacer todo lo posible por sentar las bases para apoyar a las víctimas de esta deconstrucción y cuidar de nuestra gente, es decir, de la gente de Europa... y ayudarles a hacer frente a los golpes que llegarán uno tras otro: del fascismo, del militarismo, de la austeridad, de la destrucción de la red de seguridad social, de todas las cosas que afectarán a las vidas de alemanes, griegos, franceses y demás en igual medida

 "Pocas figuras defienden tanto una visión radical, incluso socialista, de la unificación europea como el exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis. Tras dimitir del gabinete de Alexis Tsipras y ver cómo las instituciones europeas sofocaban cualquier esperanza de cambio real en su país, fundó el llamado «Movimiento Democracia en Europa 2025», o DiEM25. El movimiento se marcó como objetivo redactar una Constitución europea para 2025 que sentara las bases de una unión diferente, democrática y social.

Pero 2025 ha llegado, y en lugar de discutir una nueva constitución, el debate en Europa está dominado por las guerras, los temores económicos y las demandas de deportaciones masivas. ¿Es capaz la Unión Europea de hacer frente a los retos, por no hablar de ofrecer a sus ciudadanos un futuro mejor?

Yanis Varoufakis se ha vuelto más pesimista. Al margen de las protestas contra la Conferencia de Seguridad de Múnich, habló con JACOBIN sobre los efectos de las guerras en Europa y Gaza, el renovado peligro que supone la reelección de Donald Trump y por qué aún no daría por perdido el gran experimento social de China.

 Yanis, hace poco te impidieron entrar en Alemania para participar en el Congreso Palestino. Ahora has vuelto al país para protestar contra la Conferencia de Seguridad de Múnich. ¿Te sientes seguro en Alemania?

No sólo se me impidió entrar físicamente en Alemania, sino también participar en el evento digitalmente a través de Zoom u otro medio, lo que no tiene precedentes en la historia de la República Federal de Alemania. Lo más indignante es que no sé por qué me impidieron entrar en el país. Enviamos una carta al Ministerio del Interior y preguntamos: ¿Quién solicitó mi prohibición de entrada? ¿Cuándo me prohibieron entrar en el país? ¿Y cuál era el motivo? Nos contestaron que no responderían a nuestras preguntas por motivos de seguridad nacional y para no poner en peligro la cooperación de los servicios de inteligencia alemanes con los servicios de inteligencia extranjeros.

Pero sí, me siento absolutamente seguro en Alemania. Creo que la cuestión es si los alemanes deberían sentirse seguros en un régimen que se comporta así. Esto es sobrepasar incluso los límites de la democracia burguesa.

 La Conferencia de Seguridad de Múnich se celebra anualmente desde 1963. El tema de este año es «La paz a través del diálogo». ¿No es la CSM al menos un intento de configurar diplomáticamente la política exterior? ¿Por qué protesta contra ella?

Si Marlboro comercializara los cigarrillos como un producto sano, ¿los haría más sanos? No, los haría mucho peores. Simplemente se le daría una nueva cara al cáncer que llevan dentro. Prefiero llamar a la MSC «Conferencia de Munich sobre Inseguridad» porque eso es lo que hace la OTAN. Al igual que la Mafia, su negocio consiste en crear inseguridad para reforzar su propio poder - y, por supuesto, para vender más armas. Es un gran bazar de armas.

¿Existe algún marco concebible en el que una conferencia de este tipo pueda ser legítima, o debería abolirse por completo?

Bueno, nosotros, que estamos aquí para manifestarnos contra los belicistas, estamos organizando la Conferencia de Paz de Munich. La MSC no es el problema en sí. El problema es que los belicistas están en el poder. Así que si realmente quieres paz y justicia, tienes que asegurarte de que los que se benefician de la guerra y la injusticia no estén en el poder.

Mucha gente espera con nerviosismo la intervención de J.D. Vance en la conferencia. ¿Acelerará Trump el declive de la hegemonía estadounidense?

Me gustaría mucho que la hegemonía estadounidense estuviera en declive, pero es una ilusión. La Unión Europea está en declive. Occidente está en declive. La industria alemana, la industria griega - todos estamos en un declive muy pronunciado y rápido. Pero la hegemonía de Estados Unidos aún no ha empezado a declinar.

Nunca antes un país y una clase dirigente han tenido tanta influencia y poder sobre el resto de la humanidad como lo tiene hoy EEUU. Trump está tratando de evitar el declive. Esencialmente, eso es lo que hizo también Biden, librar tres guerras en tres frentes simultáneamente, una en Ucrania, otra en Oriente Próximo y otra en China. Trump cree que Estados Unidos está luchando en demasiados frentes y debería centrarse en el chino.

¿Conseguirá evitar el inevitable declive de Estados Unidos? Todo imperio llega a un punto álgido en el que comienza su declive. Así que no, no creo que lo consiga. Pero el establishment liberal, el centro radical, y me temo que algunos de nosotros en la izquierda, subestiman enormemente el plan maestro de Trump para expandir la hegemonía estadounidense.

A menudo me resulta difícil entender las políticas de Trump. Debilitar la CIA o cerrar USAID parecen contraproducentes desde la perspectiva del imperialismo estadounidense.

Trump tiene una idea interesante de cómo debería ser la hegemonía estadounidense. Cree que intentar controlar el mundo a través de la CIA, USAID, la OMC, la OMS, etc. es un error. Quiere una división completa del planeta en dos hemisferios, uno de los cuales sea realmente propiedad de Estados Unidos. No sólo controlarlo, sino poseerlo. Cuando habla de anexionarse Groenlandia, Canadá o Panamá, lo dice en serio. Está muy contento de tener un hemisferio que sea completamente suyo y que controle mientras su poderío militar le permita hacer tratos con Putin y Xi Jinping.

Piensa que la UE es una fuerza gastada, así que no quiere ser el dueño de Europa, sino que quiere que seamos sus vasallos directos, en lo que ya nos hemos convertido más o menos, por cierto. No le interesa la OTAN, porque si tienes el ejército estadounidense, ¿para qué necesitas la OTAN? La idea de derrocar gobiernos, como ha hecho la CIA desde 1945, no le interesa. En cambio, admira las relaciones transaccionales que China mantiene con los países africanos. También quiere hacer tratos. (...)

 Volviendo a Europa: ¿Está de acuerdo con figuras de la izquierda europea, como Li Andersson, de la Alianza de la Izquierda Finlandesa, que defienden que la UE debe perseguir una política de seguridad independiente, incluido el rearme europeo?

Me hubiera gustado tener esta conversación con usted hace cinco o seis años. Y entonces le habría dicho: «Por supuesto», igual que estaba a favor de los eurobonos, de una unión fiscal, de un fondo común de inversiones y de un New Deal ecológico europeo.

Hoy, esto es utópico, porque Europa ha perdido toda posibilidad de mantener una cohesión suficiente para poder llevar a cabo una política fiscal común, una política de inversión común o una política de defensa común como consecuencia de la crisis del euro o de la pandemia. Ahora mi generación y, sobre todo, la suya -y lo digo con mucho dolor en el corazón- son las generaciones que vivirán el proceso de deconstrucción de la Unión Europea. No hay fuerza en la tierra ni más allá que pueda impedirlo.

La Unión Europea está rota. Está al final. Está en un camino irreversible que conduce a su deconstrucción. Hablar ahora de cómo podemos tener un presupuesto de defensa común es utópico. No podemos, porque no podemos tener un presupuesto común. No se puede tener un ejército común si no se tiene una política común. Si no tienes una federación, ¿quién decidirá quién va a la guerra? ¿Ursula von der Leyen?

¿Sabes lo que deberíamos aumentar ahora? Nuestro gasto en un programa conjunto de adquisiciones. Pero nadie tiene la capacidad de hacerlo. Berlín no tiene gobierno. Incluso después de las elecciones generales, no habrá ningún gobierno en Alemania que pueda equilibrar el presupuesto. Todos podemos ver que cada uno de los principales países europeos va en picado y Bruselas simplemente intenta regular para crear más poder para estos burócratas.

La UE es un barco que se hunde, así que no debería ser nuestro trabajo perder el tiempo y la energía discutiendo proyectos utópicos como una defensa común, sino que deberíamos hacer todo lo posible por sentar las bases para apoyar a las víctimas de esta deconstrucción y cuidar de nuestra gente, es decir, de la gente de Europa.

¿En qué sentido? ¿A nivel nacional o más allá?

Ambas cosas. De eso trata nuestro movimiento Democracia en Europa: de solidaridad a nivel de base en toda Europa, de cuidar de todos en Europa y ayudarles a hacer frente a los golpes que llegarán uno tras otro: del fascismo, del militarismo, de la austeridad, de la destrucción de la red de seguridad social, de todas las cosas que afectarán a las vidas de alemanes, griegos, franceses y demás en igual medida. Pero no podemos hacerlo solos como alemanes, como franceses, como griegos. Este es todo el proyecto de solidaridad internacional, que ahora forma parte de lo que yo consideraría una emergencia europea."

(Entrevista a Varoufakis, Patrick Lempges , JACOBIN, 15/02/25, traducción DEEPL)

21.1.25

La continua aplicación de políticas económicas erróneas y orientadas a favorecer sólo el interés privado, además del sometimiento a los dictados de Estados Unidos, han dejado a Europa en una situación de gran debilidad... Alemania, su motor económico, culmina un segundo año en recesión... es significativo el silencio vergonzante de las autoridades europeas ante el anuncio de Donald Trump de que quiere apropiarse de Groenlandia, un territorio que forma parte de un país miembro de la Unión Europea... Debilidad económica e insignificancia geopolítica... La UE se encuentra ante un conjunto de amenazas que no sólo se pueden calificar de peligrosas, sino de auténticamente existenciales, pues afectan al mismo tiempo a la economía, la política y sus instituciones... Crisis energética, desindustrialización acelerada, pérdida de competitividad y retraso tecnológico conforman un cóctel envenenado que produce parálisis productiva y retraso frente a las demás potencias económicas... Entre Estados Unidos y los BRICS, Europa no encuentra su lugar... Europa mantiene una posición de sometimiento ante Estados Unidos que no sólo hace que sufra ella misma los costes que se imponen a terceros, como en el caso de las sanciones a Rusia. Además, la lleva a adoptar posiciones de incoherencia e incluso de franca inmoralidad... todo esto se produce causas bien visibles... por la aplicación continuada durante décadas de políticas favorecedoras de los mercados que sólo han servido para reforzar el poder de las grandes corporaciones. Y no precisamente gracias a su dinamismo y capacidad innovadora, sino la influencia conseguida sobre las instituciones europeas para poder extraer rentas sin límite... la gobernabilidad se ha hecho más difícil e inclinada hacia posiciones radicales, populistas y peligrosamente volcadas hacia el militarismo, esto último, incluso con el apoyo de los socialistas. Si no se produce un giro de orientación y la Unión Europea no apuesta por políticas económicas que protejan su actividad productiva y generen más bienestar, y si no define con urgencia un proyecto propio que la libere de los imperativos de las imposiciones estadounidenses, Europa puede entrar en una etapa de dolor, frustraciones y conflictos hasta hace poco imprevisibles (Juan Torres López)

 "La continua aplicación de políticas económicas erróneas y orientadas a favorecer sólo el interés privado, además del sometimiento a los dictados de Estados Unidos, han dejado a Europa en una situación de gran debilidad, justo en un momento en que debe enfrentarse a grandes amenazas en la escena internacional.

Dos hechos reflejan sintomáticamente la situación con la que comienza Europa el nuevo año. Alemania, su motor económico, culmina un segundo año en recesión y uno de sus grandes institutos de investigación económica reconoce que se encuentra en una situación de «crisis estructural».

Desde otro punto de vista, es significativo el silencio vergonzante de las autoridades europeas ante el anuncio de Donald Trump de que quiere apropiarse de Groenlandia, un territorio que forma parte de un país miembro de la Unión Europea.

Debilidad económica e insignificancia geopolítica. Dos expresiones de una misma moneda: la pérdida de impulso, poder y presencia de Europa en el mundo de nuestros días.

Fracturas de todo tipo

La UE se encuentra en el vértice de un conjunto de amenazas que no sólo se pueden calificar de peligrosas, sino de auténticamente existenciales, pues afectan al mismo tiempo a la economía, la política y sus instituciones, además de al poder efectivo que estas van a poder desplegar para defenderse.

La primera es de carácter estrictamente económica. Aunque de momento Alemania se lleva la peor parte, es toda la economía europea la que tiene problemas. La eurozona no levanta cabeza y la mayoría de los pronósticos coinciden en que «está lejos de la recuperación». Y es normal. Crisis energética, desindustrialización acelerada, pérdida de competitividad y retraso tecnológico conforman un cóctel envenenado que produce parálisis productiva y retraso frente a las demás potencias económicas.

La segunda amenaza que enfrenta Europa es su pérdida de influencia en el nuevo marco de relaciones económicas y comerciales que se está generando. Entre Estados Unidos y los BRICS, Europa no encuentra lugar ni ofrece al mundo alternativas de planteamiento y resolución multilateral de los grandes problemas de nuestro tiempo. Está a la deriva y esta desubicación le supone una amenaza grave porque la deja desprotegida, dependiente y vulnerable. Especialmente, si a eso se añade el rechazo explícito que recibe de países, como los africanos, donde antaño influyó y de donde obtuvo poder.

¿Acuerdos que debilitan?

En contra de lo que se quiere hacer creer, el reciente acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur no va a abrir un nuevo espacio de fortalecimiento para la economía europea (como tampoco para la contraparte). Sin potentes políticas redistributivas o de compensación, la liberalización del comercio aumentará las divergencias internas, eliminará miles de empleos y deprimirá sectores fundamentales en ambas partes al desprotegerlos. Impulsará la concentración que dará aún más poder a los grandes grupos de capital industrial y financiero, como ha ocurrido siempre que se conceden ventajas asimétricas en los mercados. Dañará al medio ambiente, dificultando los procesos de transición hacia una mayor sostenibilidad. Y, para colmo, debilitará aún más a Europa al llevarse a cabo justo cuando Trump va a reforzar el proteccionismo de Estados Unidos.

A esas grandes amenazas económicas se le pueden sumar otras dos que tienen que ver con la política, el poder y la hegemonía.

Por un lado, Europa mantiene una posición de sometimiento ante Estados Unidos que no sólo hace que sufra ella misma los costes que se imponen a terceros, como en el caso de las sanciones a Rusia. Además, la lleva a adoptar posiciones de incoherencia e incluso de franca inmoralidad. Por ejemplo, condenando la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia y permitiendo al mismo tiempo que Israel cometa un genocidio con Palestina. Una contradicción vergonzante que le impide asumir posiciones de liderazgo internacional autónomas y resta credibilidad a cualquier iniciativa de política exterior en el futuro inmediato.

Por otro, Europa se muestra incapaz de contener el avance de fuerzas populistas de extrema derecha que cada vez disimulan menos su propósito final de dinamitar el actual modo de funcionamiento de la Unión Europa, sus instituciones, valores y políticas.

Todo esto le ocurre a Europa en el peor de los momentos, cuando la presidencia de Trump va a abrir un periodo de convulsión y conflicto abierto en todos los órdenes. La guerra comercial puede ser demoledora para una Europa económicamente debilitada, dependiente, sin proyecto estratégico y desprotegida; y la tensión militar la obligará a destinar recursos a este rubro, aumentando el descontento que alimenta a la extrema derecha y mina la confianza institucional.

Lo sorprendente de todo esto es que se produzca por causas tan visibles.

En primer lugar, por la aplicación continuada durante décadas de políticas favorecedoras de los mercados que sólo han servido para reforzar el poder de las grandes corporaciones. Y no precisamente gracias a su dinamismo y capacidad innovadora, sino la influencia conseguida sobre las instituciones europeas para poder extraer rentas sin límite. Ni siquiera el shock que produjo la Gran Recesión, ni la crisis del COVID-19 sirvieron para que los responsables de la Unión Europea tomaran conciencia del daño que generan sus errores y el servilismo hacia el poder económico y cambiaran de orientación política, como incluso Estados Unidos hizo bajo la presidencia de Biden.

Aunque el crecimiento del PIB es una expresión bastante burda, al menos resulta significativo de la debilidad y decadencia que esas políticas han provocado en la Unión Europea: su PIB (incluyendo el de Reino Unido antes del Brexit) sólo aumentó un 21% en los últimos 15 años, frente al 72% de EE.UU. y el 290% de China.

Desde el 2000, su peso en la economía mundial medido en paridad de poder de compra (es decir, equiparando los precios) ha bajado 5,1 puntos; el PIB per cápita en relación con el de Estados Unidos se redujo en casi dos puntos y, en lugar de ser 12 veces mayor que el de China como lo era entonces, ahora sólo es poco más de 3 veces superior.

En segundo lugar, la debilidad europea proviene de su incapacidad para reforzar la democracia y las instituciones representativas, lo que impide que la UE se consolide como un proyecto que la ciudadanía apoye y sienta como propio. Aunque la opinión no sea exactamente comparable por la forma en que se realiza el Eurobarómetro, es significativo, por ejemplo, que en 2000, sólo un 19% de la población encuestada tenía una imagen negativa o bastante negativa de la Unión, mientras que en 2024 un 59% consideraba que las cosas iban en la mala dirección.

En su día, Angela Merkel reclamó reglas presupuestarias que ningún Parlamento pudiera modificar y lo consiguió. Pero el resultado ha sido el reforzamiento de los grupos de poder que actúan en las sombras, el declive económico, el descontento social que ha catapultado a la extrema derecha y la irrelevancia cada vez mayor de la Unión Europea en el tablero mundial.

Tras las pasadas elecciones al Parlamento Europeo, la gobernabilidad se ha hecho más difícil e inclinada hacia posiciones radicales, populistas y peligrosamente volcadas hacia el militarismo, esto último, incluso con el apoyo de los socialistas. Si no se produce un giro de orientación y la Unión Europea no apuesta por políticas económicas que protejan su actividad productiva y generen más bienestar, y si no define con urgencia un proyecto propio que la libere de los imperativos de las imposiciones estadounidenses, Europa puede entrar en una etapa de dolor, frustraciones y conflictos hasta hace poco imprevisibles."

(Juan Torres López, blog, 20/01/25)

8.2.24

¿Adiós, Deutschland? Alemania está cuantificando sus propuestas programáticas como la salida de la UE y las consecuencias para su economía... El Dexit y la vuelta al marco alemán provocarían un daño todavía mayor en un país que vive del extranjero y de extranjeros (casi el 25% de la población no procede de Alemania)... Ningún otro país se ha beneficiado tanto de las exportaciones al mercado interior europeo como Alemania... El ‘Dexit’ perjudicaría más a Alemania que el Brexit a Gran Bretaña... pero tampoco a Boris Johnson le importó nunca la economía británica en sus planes de salida de la UE

 "¿Adiós, Deutschland? El Dexit, vía referéndum, y la vuelta al marco alemán son algunos de los proyectos de la ultraderecha en auge en Alemania (en Sajonia es ya la primera fuerza en intención de voto). Aunque la economía desconfía profundamente del giro político a la extrema derecha registrado en los sondeos, Alemania está cuantificando sus propuestas programáticas como la salida de la UE y las consecuencias para su economía. La reunión en Potsdam de miembros del partido Alternativa para Alemania (AfD) con neonazis para urdir un plan para “deportar a millones de migrantes y ciudadanos no asimilados”, ha hecho reaccionar a la economía germana. 

El Instituto IW, think tank financiado por empresarios y asociaciones de la industria, habla del riesgo de ruina económica. Y el independiente DIW, el mayor instituto de investigación económica alemán, del desmantelamiento del modelo de bienestar alemán. También los directivos de empresas del índice bursátil Dax, las asociaciones de la industria e investigadores económicos expresan estos días su temor por el viraje que supondría un Gobierno manejado por el partido AfD, eurófobo, racista y xenófobo. El Dexit perjudicaría más a Alemania que el Brexit a Gran Bretaña, según cálculos del IW.

El Brexit ha supuesto una caída del 6%; es decir, de 163.000 millones de euros anuales. El independiente Office for Budget Responsability (OBR) pronostica una caída a largo plazo del 4% del PIB británico por su salida de la UE. El Dexit y la vuelta al marco alemán provocarían un daño todavía mayor en un país que vive del extranjero y de extranjeros (casi el 25% de la población no procede de Alemania, según datos de la oficina federal de estadística).

AfD, dominado por su ala extrema, carece de competencia económica, advierte Michael Hüther, jefe del IW. El partido defiende un programa proteccionista “contra la desindustrialización de Alemania provocada por el canciller Olaf Scholz”, y propone el Dexit y la vuelta a la moneda nacional. La jefa de AfD, Alice Weidel, plantea una unión de Estados soberanos y la salida de la UE por referéndum, siguiendo el modelo británico.

El espectacular salto del partido (del 10,3% en las últimas elecciones parlamentarias al 20,3% actual (encuesta dawum 29.1.24)) se explica, en parte, por el burnout colectivo o la crisis emocional que sufre el país. Va de la preocupación por el futuro; pero también de cómo encajan en esta crisis los casi tres millones y medio de refugiados que viven en Alemania (1,1 son de Ucrania). El último trimestre de 2023 su economía se contrajo un 0,3% y en los primeros tres meses de 2024 caerá probablemente en recesión. AfD es popular en las regiones más afectadas por la transformación económica.

 “Factores como la inseguridad ante el futuro y el estancamiento económico llevan a la gente al populismo”, deduce el Instituto IW, que ha calculado que los planes de AfD costarían 2,2 millones de empleos. Solo la salida de la UE implicaría una caída del crecimiento económico del 6% en pocos años. “Representaría una pérdida en torno a los 500.000 millones de euros; es decir, de varios miles de euros por persona.” Ningún otro país se ha beneficiado tanto de las exportaciones al mercado interior europeo como Alemania. En el mismo sentido se expresa, Marcel Fratzscher, jefe del DIW, quien opina que el Dexit y la vuelta al marco desmontarían su modelo económico y llevarían al paro a millones de personas, sobre todo en la industria.

Pero no todo lo que propone AfD es rechazado automáticamente por Berlín. La ultraderecha quiere reducir el Estado social y tachar la ayuda social a quienes se nieguen a trabajar. Ahora el tripartito rojiverde y liberal del canciller Scholz baraja medidas para imponer mayores sanciones a quienes eluden responsabilidades frente a las oficinas de empleo. AfD quiere también limitar más la protección al inquilino o congelar el sueldo mínimo, y eliminar los impuestos de sucesiones, la contribución y el de la solidaridad. Eso costaría al Estado 37.000 millones de euros. Un dinero que dejaría de pagar sobre todo el 10% más rico.

También el BDI, la asociación de la industria, denuncia que el auge de AfD no es solo una cuestión ética, sino económica. Más advertencias llegan de la primera figura de la investigación económica alemana, Clemens Fuest, jefe del Ifo, un think tank independiente. Fuest ve el Dexit como “muy problemático” y califica los argumentos nacionalistas y proteccionistas de absurdos, porque impactan en el corazón del modelo de negocio alemán. También critica la postura de AfD a favor de Putin, porque contradice los intereses fundamentales de Alemania. Y respecto a la actitud de los inversores globales, comenta: “Solo de pensar que un partido de este tipo tenga influencia en nuestra política exterior pone los pelos de punta a los inversores extranjeros.”

Hasta ahora la economía apenas había intervenido en el debate político generado por el auge de AfD. El encuentro en Potsdam, en el que se habló de remigración forzada (remigration) y deportación, ha disparado las alarmas. El instituto de investigación del trabajo, IAB, de carácter público, teme que aumente la xenofobia contra los extranjeros que ya viven y trabajan aquí. Una de cada diez patentes en Alemania la firma un especialista de origen extranjero.

“Los planes de AfD no solo son inmorales, sino que arriesgan nuestro bienestar”, dice Christian Bruch, jefe de Siemens Energy. A Jochen Hanebeck, responsable de Infineon, le preocupa el futuro del Silicon Valley alemán en la ciudad de Dresde. La coreana TSMC y la americana Intel van a construir en Dresde y en Magdeburgo fábricas de chips en las que trabajará gente de todo el mundo. Qué pasaría si la ultraderecha se convirtiera en la primera fuerza política en Dresde (Sajonia) o en Magdeburgo (Sajonia-Anhalt). En Sajonia alcanza ya el 34% en intención de voto. En Sajonia-Anhalt es con el 27,5% el segundo partido tras los democristianos (28,5%).

Berlín no tiene una estrategia clara frente a la ola proteccionista y antiglobalización. Hüther concluye que la solución pasa por ofrecer perspectivas de inversión y crecimiento y una política industrial orientada al futuro. “De AfD no se puede esperar soluciones convincentes. Podría ser que una vez en el Gobierno, AfD tirara por la borda todo su programa económico, porque es un partido poco o nada programático, pero tampoco eso supondría un alivio, ya que lo que aúna al partido es la xenofobia.” Tampoco a Boris Johnson le importó nunca la economía británica en sus planes de salida de la UE. Cuando se le reprochó, su respuesta fue clara: “fuck business”."                            ( Lidia Conde Batalla , Cinco Días, 02/02/24)

16.12.23

Un protagonista muy influyente del siglo XX dijo que «Los Estados Unidos de Europa serán reaccionarios o no serán«. Traducción: si las burguesías europeas unen sus Estados, sólo podrán hacerlo dentro de un proyecto reaccionario... La imagen que devuelve toda la arquitectura de la Unión Europea en el siglo XXI es la de un contradictorio bloque reaccionario, supremacista y belicista en todas sus articulaciones... Cuando defendíamos la necesidad de la «ruptura» de este proyecto, apuntando, si acaso, a una alternativa euromediterránea a la Unión Europea como proyecto alternativo, éramos muy conscientes de que la naturaleza del «monstruo europeo» no se haría esperar... La aceleración de la crisis sistémica en economía y de la crisis de civilización en política, en cuanto se cruzó con los vientos de guerra en Europa y en el Mediterráneo, no tardó en revelar su verdadera naturaleza... una galería de horrores que desde hace tiempo pretenden sustituir a la democracia vaciada de sus piedras angulares fundamentales, pero con la pretensión de representar la supremacía política y moral frente al resto del mundo

 "Un protagonista muy influyente del siglo XX dijo que «Los Estados Unidos de Europa serán reaccionarios o no serán«. Traducción: si las burguesías europeas unen sus Estados, sólo podrán hacerlo dentro de un proyecto reaccionario.

La profecía de Vladímir Ilich Ulianov (más conocido como Lenin), parece haberse realizado plenamente ante nuestros ojos, aunque se disfrazó ­–y se hizo pasar durante años– de proyecto progresista para llevarse a cabo. La imagen que devuelve toda la arquitectura de la Unión Europea en el siglo XXI es la de un contradictorio bloque reaccionario, supremacista y belicista en todas sus articulaciones.

 Está la foto de la galería de monstruos, los invitados por Salvini a Florencia para unir a las fuerzas más racistas y reaccionarias de la escena europea. Fuerzas que, sin embargo, viajan con el viento a favor. Ampliamente dispuestas –y agradecidas– a ponerse de acuerdo con los liberales de derechas, pero hostiles a los liberales de «izquierdas» y especialmente a los comunistas. Exactamente como ocurrió en Europa cuando se allanó el camino al poder a los fascistas y los nazis.

Hace unos días se produjo otra imagen inquietante: la de Von der Leyen hablando en la Conferencia Europea de Defensa, diciendo que el gasto militar debe aumentar incluso en tiempos de recesión como estos, porque hay que apoyar a Ucrania para que gane la guerra contra Rusia y porque la UE debe prepararse para escenarios bélicos.

En los últimos meses hemos visto el rostro gélido de la presidenta del BCE, Lagarde, anunciar medidas de asfixia con subidas sistemáticas de los tipos de interés en nombre de la lucha contra la inflación, que es la obsesión constitutiva –y a menudo engañosa– del Banco Central Europeo.

Y luego está la imagen del «socialista» Borrell, representante de la política exterior de la UE, que resultó ser uno de los peores belicistas de Europa en Ucrania, el más cauto –y también hipócrita– en la matanza desatada por Israel en Gaza, pero descaradamente supremacista hacia el resto del mundo cuando lo dividió en «un jardín (Occidente) y la jungla (todos los demás)».

La galería de imágenes del liderazgo y la política europeos es, por tanto, una colección de monstruos que vomitan instintos reaccionarios, beligerantes y supremacistas por todos sus poros. Se salvan algunos eurodiputados de la izquierda europea, pero sólo una parte de ellos. Otros y otras del mismo grupo están metidos hasta el cuello en la lógica eurocentrista.

¿Era inevitable este destino? En muchos aspectos, sí.

En las décadas precedentes, demasiados se negaron a ver la naturaleza reaccionaria del proyecto que condujo a la creación de la Unión Europea, revistiéndolo de un carácter progresista que se agotó en 1991 por «ausencia de función» y se invirtió por lo que estaba a su alcance: liberal en economía, liberal en política, reaccionario y belicista en ambiciones.

Cuando defendíamos la necesidad de la «ruptura» de este proyecto, apuntando, si acaso, a una alternativa euromediterránea a la Unión Europea como proyecto alternativo, éramos muy conscientes de que la naturaleza del «monstruo europeo» no se haría esperar.

La aceleración de la crisis sistémica en economía y de la crisis de civilización en política, en cuanto se cruzó con los vientos de guerra en Europa y en el Mediterráneo, no tardó en revelar su verdadera naturaleza, alineando uno tras otro a todos los protagonistas de una galería de horrores que desde hace tiempo pretenden sustituir a la democracia vaciada de sus piedras angulares fundamentales, pero con la pretensión de representar la supremacía política y moral frente al resto del mundo."                      (Sergio Cararo , El Viejo Topo, 15/12/23; Fuente: Contropiano.)

13.10.23

Francia y Alemania, los dos Estados miembros más poderosos del bloque, han expuesto su visión de la reforma institucional de la UE en un informe titulado "Navegando en alta mar: reforma y ampliación de la UE para el siglo XXI". Y lo que se ha pasado por alto, es que, de hecho, relega a la UE al mismo lento olvido que el Sacro Imperio Romano Germánico: a ser corroída desde dentro por la disolución centrífuga... la idea de la "pertenencia asociada" a la Unión es más amenazadora para su coherencia que cualquier demagogo populista. El fin del imperio posmoderno de Europa está ya a la vista

 "(...) Las comparaciones entre la Unión Europea y el Sacro Imperio Romano Germánico han sido un tropo común desde la fundación de la Comunidad del Carbón y del Acero en 1952, y la comparación sigue estando presente en los estudios modernos sobre la UE. La analogía está justificada desde el punto de vista estructural: tanto la UE como el Imperio son sistemas geográficamente extensos que, sin embargo, son estructuras descentralizadas y múltiples, con numerosos centros de poder político y jurídico, a veces incluso rivales, muy distintos de la centralización política que encarna el Estado soberano moderno. Y, aunque todavía estamos lejos de oír a los trompetistas lanzar la bendita fanfarria, con la cumbre de la UE celebrada ayer en Granada, podemos afirmar comparativamente que también se ha vislumbrado el final de nuestro Reich de los últimos tiempos.

  Antes de la cumbre, Francia y Alemania, los dos Estados miembros más poderosos del bloque, han expuesto su visión de la reforma institucional de la UE en un informe titulado "Navegando en alta mar: reforma y ampliación de la UE para el siglo XXI". Y lo que se ha pasado por alto en el extenso debate sobre el informe es que, de hecho, relega a la UE al mismo lento olvido que el Sacro Imperio Romano Germánico: a ser corroída desde dentro por la disolución centrífuga. Esto es muy diferente del fin de la UE que se había previsto en los últimos años. Durante un breve periodo entre 2015 y 2019, parecía al menos posible (aunque todavía improbable) que la UE pudiera haber saltado por los aires debido a una serie de explosiones populistas en todo su territorio. Pero la Unión sobrevivió a esta secuencia de revueltas en las urnas, con sus estructuras centrales aisladas desde hace tiempo de cualquier incursión popular.

 Desde aquel período abortado de incierta y confusa revuelta nacional, y con la única excepción del Brexit británico, todos los nacional-populistas del continente se han rendido a Bruselas. Esto comenzó con la ignominiosa capitulación del primer ministro griego Alexis Tsipras ante la Troika, en 2015, desafiando a sus propios votantes, y ha continuado hasta nuestros días con la tranquila aceptación de las restricciones de la eurozona por parte de la primera ministra italiana Giorgia Meloni. Los líderes nacional-populistas siguen balando sobre la amenaza de una Europa federal, pero esto solo sirve para disimular cuánta soberanía han cedido ya ellos mismos como Estados miembros.

No obstante, a pesar del estrepitoso fracaso de los populistas, el informe franco-alemán deja claro que es políticamente imposible que la Unión sobreviva en su forma actual. Si se aplican sus recomendaciones, su lógica corroerá inevitablemente a la Unión desde dentro, permitiendo que se disperse en una entidad más difusa. Con el tiempo, irá perdiendo su coherencia y su finalidad, y su desaparición final podría ser una ocurrencia tardía, similar a la disolución del Reich por Francisco II en 1806.

 Por supuesto, la comparación académica entre la UE y el Imperio suele ser benigna y halagadora. Tal vez porque, al igual que el propio Imperio, los entresijos de la UE requieren una gran clerecía de abogados, burócratas y eruditos que adivinen sus misterios a sus desafortunados súbditos. Tales comparaciones no sólo indican la comodidad que sienten los partidarios de la UE con el imperialismo supranacional de la Unión, sino que también reflejan una hostilidad duradera hacia el Estado-nación, la unidad política que vino a suplantar al Sacro Imperio Romano Germánico en su propio territorio. Pero si hemos de aceptar la lógica de la comparación entre el Reich y la Unión, nos corresponde considerar si habrá para la Unión una lógica de declive imperial similar a la que hubo para el Imperio.

 Aunque la llamada "Europa de varias velocidades" ya se ha debatido antes, lo que da más impacto a las propuestas del informe franco-alemán es el aprieto geopolítico en que se encuentra ahora la UE. Se considera que la lógica de la lucha contra Rusia exige conceder una entrada rápida a las asediadas Ucrania y Moldavia. Y el compromiso de la UE con Ucrania se confirmó con una improvisada reunión de ministros de Asuntos Exteriores en Kiev el 5 de octubre, la primera de este tipo fuera de la propia UE. Sin embargo, el rápido ingreso de Ucrania puede poner de manifiesto hasta qué punto se ha estancado la expansión de la UE desde la década de 2010, con los aspirantes a Estados miembros de la antigua Yugoslavia teniendo que soportar ahora la humillación de ver cómo se acelera el camino de Ucrania hacia la adhesión mientras ellos languidecen en el limbo (por no hablar del largo purgatorio de Turquía como nación candidata). Es la dificultad de absorber los protectorados pobres y disfuncionales de Bosnia-Herzegovina, Kosovo y Macedonia del Norte, así como Albania, Montenegro y Serbia, lo que ha impedido la expansión de la UE en la región.

Estos problemas se multiplicarían al intentar absorber la parte de Ucrania que no ha sido anexionada por Rusia, un territorio no sólo asediado, sino también mucho más pobre y no menos corrupto que los países balcánicos. Para agravar estos retos externos en sus fronteras, la UE cuenta también con un grupo recalcitrante de países de Europa Central y Oriental -Polonia, Hungría y Eslovaquia- que se han mostrado tan persistentemente en desacuerdo con el dictado imperial de Bruselas que el Financial Times llegó a denunciarlos recientemente como "Estados canallas". La posición nominalmente igualitaria que estos pícaros del Este comparten con sus homólogos occidentales les confiere un importante poder de desprestigio dentro de las estructuras de la UE.

Es este contexto geopolítico el que hace tan significativas las propuestas del informe franco-alemán. Aunque hay sugerencias controvertidas (como la petición de ampliar el voto por mayoría cualificada para superar los vetos soberanos), la más importante es diluir los vínculos de la adhesión. La adhesión se dispersaría en varios anillos concéntricos alrededor de un núcleo denso de "integración profunda" formado por las zonas Schengen y euro. A continuación, se dispersaría en una capa exterior de Estados poco alineados en una "Comunidad Política Europea" (comunidad a la que el Reino Unido ya se adhirió en octubre del año pasado).

El nuevo modelo propuesto de adhesión escalonada resuelve muchos problemas políticos para los Estados centrales de la Unión. Lo más sencillo es que permite a la Unión absorber a Ucrania y los Balcanes, sin los costes económicos y políticos que supondría conceder a estos Estados potencialmente problemáticos derechos equivalentes a los de los miembros actuales. Y lo que es más importante, la perspectiva de una adhesión escalonada también ofrece a París y Berlín la posibilidad de rebajar la categoría de sus rivales del Este en el futuro, pero manteniéndolos en la Unión, lo que permitiría castigar a los "Estados delincuentes" y evitaría la incomodidad de expulsarlos de la Unión.

Denunciada en la prensa británica pro-Brexit como un "complot franco-alemán" para atraer de nuevo a Gran Bretaña a la Unión, la propuesta podría verse con la misma facilidad como un complot franco-alemán para reforzar su alianza bilateral al tiempo que se libera al incómodo pelotón de la Unión. De aplicarse, este nuevo modelo no sólo diluirá el atractivo de la Unión para los Estados aspirantes, sino también los beneficios de la adhesión para los actuales Estados miembros. Aunque la vía actual de adhesión a la UE es humillante y tortuosa, al menos concede la redención de la plena adhesión al final de la misma. La adhesión escalonada reproducirá la lógica del Sacro Imperio Romano en su larga y lenta difusión del poder y la autoridad a los Estados-nación emergentes entre 1648 y 1806.

¿Dónde nos deja esto? Los populistas europeos tendrán menos excusas para su obediencia, a medida que la falsa amenaza de una Europa "cada vez más fuerte", centralizada y federal se aleja cada vez más en la distancia. La cuestión ahora es si podemos aprovechar esta nueva era de "integración diferenciada" para romper la Unión y establecer nuevos Estados-nación soberanos, y si podemos hacerlo sin el expansionismo despótico de un Napoleón o el autoritarismo de un Bismarck.

Ciertamente, la idea de la "pertenencia asociada" a la Unión es más amenazadora para su coherencia que cualquier demagogo populista. El fin del imperio posmoderno de Europa está ya a la vista. El reto para los demócratas es: ¿podemos acelerar la desaparición de la Unión para que no tengamos que esperar otros 150 años para restaurar las naciones soberanas de Europa?"                

(  es Profesor Asociado de Relaciones Internacionales en el Instituto de Reducción de Riesgos y Catástrofes del University College de Londres, UnHerd,  06/10/23; traducción DEEPL)

2.5.22

Berardi: La naturaleza miserable de la guerra en Ucrania ha encontrado rápidamente su equivalente en la miseria de su narración al público occidental... la estrategia americana tenía como objetivo empujar a Ucrania a la guerra contra el coloso ruso, para obtener al mismo tiempo una humillación de Rusia y la destrucción de la Unión Europea como experimento político postnacional... esto último ha sido conseguido... Se trata del primer éxito del presidente Biden, que hasta el momento ha acumulado una impresionante serie de reveses en todos los frentes... en enero de 2022, Hillary Clinton anticipó la posibilidad de convertir Ucrania en un nuevo Afganistán para Rusia: gracias al sacrificio de los ucranianos, nosotros podremos vencer... pero lo rusos también quieren vencer, y están preparados para sufrir por la victoria, puede que incluso más que nosotros... ¿Existe en la sociedad una fuerza cultural y política que sea capaz de parar la psicosis y desactivar su violencia destructiva? Esa fuerza no será el movimiento pacifista, será la fuerza de la desesperación, actualmente mayoritaria

"La naturaleza miserable de la guerra en Ucrania ha encontrado rápidamente su equivalente en la miseria cognitiva de su narración al público occidental. Los medios de comunicación mainstream nos presentan la historia de la nación ucraniana que heroicamente resiste a la agresión de Putin, y es cierto que los ucranianos defienden su tierra heroicamente, y lo único que podemos hacer es esperar que les partan el lomo a los invasores rusos. Pero existe una enorme omisión en esa historia. Los ucranianos han sido obligados contra su voluntad a combatir esta guerra y ahora la combaten, no solo por ellos mismos: tienen que combatirla en nombre de Occidente”.                     (Boris Buden: The West at War: On the Self-Enclosure of the Liberal Mind, e-flux journal, 126, April 2022)

Pensamiento y emoción

Cuando vi la portada de The Economist del 2 de abril, me preocupé. El titular era perentorio: Why Ukraine must win.

The Economist explica por qué Ucrania tiene que ganar, con un argumento que considero paradójico: “la victoria de Ucrania puede garantizar la seguridad en Europa”; mientras se diría que la realidad es la contraria: la estrategia americana tenía como objetivo empujar a Ucrania a la guerra contra el coloso ruso, para obtener al mismo tiempo una humillación de Rusia y la destrucción de la Unión Europea como experimento político postnacional.

El primer objetivo podría llegar a conseguirse gracias al baño de sangre al que Biden ha empujado a rusos y ucranianos, pero no sería para estar contentos, porque si cae Putin no será un pacifista el que lo sustituya, y Rusia podría reaccionar a la humillación usando el arma definitiva.

En cambio, el objetivo de destruir la Unión Europea ha sido totalmente satisfecho.

Se trata del primer éxito del presidente Biden, que hasta el momento ha acumulado una impresionante serie de reveses en todos los frentes, externos (Afganistán) e internos (ley Build Back Better, etcétera).

Biden ha empujado a Ucrania a la guerra con la esperanza (según declaraciones explícitas de Hillary Clinton en una entrevista de enero de 2022) de hacer caer en una trampa a la Rusia de Putin, pero no está para nada claro que esta guerra les permita a los demócratas obtener la mayoría en las elecciones de noviembre. Por ahora todo apunta a que no. Por mucho que la mayoría de los electores americanos manifieste una hostilidad creciente hacia Rusia, y exprese sentimientos belicistas, no parece que esa mayoría esté contenta con el comportamiento de Biden, ni que tenga intención de votar por los demócratas en las próximas elecciones.

En el mismo número de The Economist, leo también Of bureaucrats and lovers, un artículo firmado por Charlemagne que incita a la Unión Europea a eliminar todos los obstáculos burocráticos para permitir la entrada de Ucrania en nombre de la emoción.

Acabemos con los tecnicismos burocráticos, admitamos a Ucrania en la Unión, que a estas alturas es ya un apéndice retórico de la OTAN, y no se hable más.

Es este un punto crucial: la emoción o, mejor dicho, las emociones han jugado un papel decisivo en la precipitación de la crisis. Por un lado, la emoción de miedo frente a la agresividad rusa, emoción de solidaridad con la resistencia del pueblo ucraniano contra los invasores. Emoción en el hecho de encontrarse unidos en la resistencia contra el invasor. No obstante, otras emociones militan en otros lugares: la humillación de los rusos, que desde hace treinta años son tratados como derrotados a los que hay que castigar y rodear, y también la emoción del orgullo nacional recuperado por parte de un pueblo que ve en Putin el símbolo de una reconquista nacional.


La derrota aplastante del universalismo

Conocemos el valor de la emoción en los procesos de identificación colectiva, pero sería oportuno recordar que en la historia la prevalencia de la emoción puede coincidir con la desactivación del pensamiento.

Se entrelaza aquí un nudo de cuestiones que han atravesado el mundo europeo desde el Romanticismo en adelante: emoción y pensamiento, diferencia cultural y universalidad de la razón. (...)

El azar ha querido que en el mismo número del Economist aparezca también un editorial titulado Back to the dark ages. En él se habla del destino de Afganistán tras la guerra o, más bien, tras la derrota de los occidentales, su retirada y la vuelta de los Talibanes al gobierno del país. Pero la vuelta a la época oscura no tiene que ver solo con Afganistán, sino también con Europa, ya que oscuro es el dominio de la Kultur sobre la Razón.

(...) si se reduce la intención universalizadora que atravesó la Ilustración al racionalismo calculador del capitalismo, podemos estar seguros de que las fuerzas del oscurantismo acabarán prevaleciendo y destruyendo toda posible universalidad, y así también la paz.
¿Qué significa vencer?

No se puede no compartir la emoción de rabia y de revuelta por la invasión rusa y por la atrocidad que comporta la guerra de agresión. Pero estaría bien que esa emoción no obnubilase la capacidad de pensamiento.

Leyendo la prensa italiana, y en general la prensa occidental, por no hablar de las crónicas televisivas, se percibe una euforia juvenil que invade a quienes se dedican al mundo del espectáculo, gente que en su mayoría tiene mi edad, pero que se encuentran ahora exaltados por el odio. Antiguos maoístas desde hace tiempo convertidos a la paz social parecen revitalizados por la inesperada carnicería. Pero el entusiasmo por el heroico enfrentamiento no consigue enmascarar el cinismo de aquellos que participan en la batalla con el mando a distancia entre las manos.

Resulta urgente alinearse, tomar partido a favor de uno de los dos contendientes, y quedan eliminadas las causas, el contexto, la perspectiva y las consecuencias.

Existe un pulular de patriotas románticos que parecen sacados de una poesía de Aleardo Aleardi. Existen ejemplos de patético extremismo como el del antiguo espía estalinista convertido primero al craxismo y más tarde al berlusconismo, y que ahora exalta al Batallón Azov describiéndolo como un grupo heroico de “guerreros de leyenda”. (...)

Pero, ¿qué significa vencer? ¿Significa abatir al enemigo autócrata ruso?

Por desgracia, el régimen de Putin interpreta un sentimiento mayoritario en la población de su país, y se fundamenta en una narración de renacimiento heroico del alma rusa, violada y humillada por el globalismo. Ellos también quieren vencer, y están preparados para sufrir por la victoria, puede que incluso más que nosotros.

La edición de abril de este año de Limes (La fine della pace / El final de la paz) [revista mensual de geopolítica en italiano, N. del T.] incluye un artículo escalofriante de Vitalij Tretjakov, docente de la Universidad moscovita Lomonosov. Tretjakov delinea el resurgimiento de los valores tradicionales de la nación rusa y compara la decisión de Putin de invadir Ucrania con la decisión de Lenin de tomar el Palacio de Invierno.

“Lucharemos por el derecho a ser y a seguir siendo Rusia” escribe Tretjakov, exaltando el valor eterno de la identidad, un fantasma que toma cuerpo a través de la guerra.

Y añade Tretjakov:

«[...] lo que está ocurriendo interrumpe el dominio global geopolítico y financiero de los países occidentales, pone en discusión el modelo económico impuesto a los países en vía de desarrollo y al mundo entero en las últimas décadas.(...)

Tretjakov ha abandonado toda ilusión universalizadora, y subraya el hecho que lo que le interesa no es la vuelta del socialismo soviético, sino la vuelta de la diferencia nacional, de la orgullosa esencia del alma rusa.

Pero en nombre de esa diferencia, de ese derecho a ser lo que somos (como si existiese una identidad eterna, inmodificable y sagrada de la Nación), también Tretjakov quiere vencer, y su sed de venganza puede entrar en resonancia con la sed de venganza de una parte mucho más vasta de la humanidad humillada.
Nos habéis hartado con vuestro Sturm and Drang

En el mismo (abundante) número de Limes, hay un artículo de Hu Chunchun: La Cina all’Europa: le sorti del mondo sono nelle tue mani [China a Europa: el destino del mundo está en tus manos].

Hu, que enseña Germanística en la Universidad de Shangai, dirige a los europeos un discursito que se parece a un sermón más bien brusco. Como estudioso del Romanticismo alemán, Hu ataca el Sturm und Drang de nuestros intelectuales de opereta.

“Una rápida mirada a la historia del Viejo Continente desde principios del siglo XX me impone una reflexión que probablemente será rechazada categóricamente por mis colegas europeos. Por un lado, Europa se coloca como faro de la civilización moderna; por el otro, ha llevado a la humanidad, en varias ocasiones, al borde de la destrucción. La cultura europea parece poseer las características de un Jano de dos caras: un rostro horrendo de barbarie enmascarado por una sagrada fachada de valores e ideas absolutas” (Limes, pág. 63).

Hu Chunchun realiza un desplazamiento de la óptica geopolítica o, mejor dicho, geocultural: de la centralidad blanca (euro-rusa-americana) al policentrismo poscolonial, cuyas implicaciones políticas empiezan a verse en el modo en que el sur del mundo mira hacia el conflicto ruso-ucraniano:

“Que el conflicto ruso-ucraniano es un problema esencialmente europeo no es la tesis cínica e irresponsable de un académico chino que ignora la justicia y manipula los hechos —escribe Hu—, sino la lúcida constatación que se materializa del espíritu de la razón europea. La estudiosa keniata Martha Bakwesegha-Osula ha sintetizado el punto de vista africano sobre el conflicto ruso-ucraniano: European solutions to European problems. Esta posición es también uno de los motivos que, el pasado 2 de marzo, llevaron a muchos países, que suman entre todos casi la mitad de la población mundial, a abstenerse en la resolución de la Asamblea General de la ONU sobre Ucrania”.

(...) emerge la cuestión más dramática para la que, hasta el momento, no tenemos respuesta: ¿Existe en la sociedad una fuerza cultural y política que sea capaz de parar la psicosis y desactivar su violencia destructiva?

Esa fuerza no será el movimiento pacifista, al cual pertenezco sin muchas esperanzas. El pacifismo es una declaración, una pregunta, una imploración, pero no posee ninguna potencia. Y necesitamos potencia, aunque sea la potencia negativa de la sustracción.

La fuerza capaz de sustraerse a la psicosis es la pasividad de masas, la ridiculización de los Valores, la resignación a la fuerza del Caos que preanuncia la creación de alianzas con el caos.

La fuerza capaz de sustraerse a la psicosis de masas es, antes que nada, la deserción, la desobediencia a todas las órdenes automáticas de la guerra. Pero también la desobediencia a la orden automática de la competición, del trabajo asalariado y del consumismo. Y también la desobediencia a la orden automática del crecimiento económico, que destruye el medio ambiente y el cerebro para producir beneficios.

Esa fuerza existe: es la fuerza de la desesperación, actualmente mayoritaria. Pero la desesperación (la ausencia de esperanza en el futuro) puede evolucionar en depresión epidémica, puede evolucionar en psicosis agresiva, o bien puede evolucionar en deserción, en el abandono de todo campo de batalla, en supervivencia en los márgenes de una sociedad que se está deshaciendo, en la autosuficiencia del exilio del mundo."                       (Franco Berardi (Bifo) , El Salto, 27 abr 2022)