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30.8.23

Estados Unidos bate un nuevo récord en suicidios... Explicar estos actos desesperados pasa por el entorno, un tejido socio-político en pleno proceso de desmoronamiento tan sui generis que no tiene parangón en otros puntos del llamado mundo desarrollado... Falta de prestaciones sociales, sanidad orientada al lucro y no al bienestar ciudadano, trabajos no acompañados por derechos laborales, políticos comprados, armas por doquier… Todo ello moldea un paisaje que, sin necesidad de que caigan bombas, por momentos remite a indicadores de guerra, la conflagración desatada por unas élites que decidieron hace no tantos años dejar caer al resto

 "Cada uno de nosotros hubiera podido suicidarse, a unos se lo podíamos leer siempre antes con claridad en el rostro, a otros no, pero rara vez nos equivocábamos”. Extraigo esta cita del primer tomo de los Relatos autobiográficos (Anagrama, 2023) del escritor austríaco Thomas Bernard, El origen. Aquí narra con una dureza excepcional su infancia en un internado de Salzburgo en mitad de la II Guerra Mundial, época tenebrosa, marcada por nazismo, donde la muerte por voluntad propia se volvió tan prevalente que casi constituye en sí misma un personaje.

Bernhard anunciaba contundente: “el suicida no es culpable de nada, la culpa es de su entorno”, indicando que las circunstancias adversas desgarraban a las personas hasta el punto de conducirlas a no querer vivir más. La belleza áspera de su prosa transmite un hecho que pocos negarían: la autolisis no debería considerarse un arrebato aislado; siempre hay factores externos que arrastran al individuo al abismo, y la lid aglutina muchos de ellos.

Ahora quiero viajar en el tiempo y el espacio hasta situarme en los Estados Unidos de América actuales, un país que cuenta con la tasa de suicidios más alta de su historia desde, precisamente, los primeros años de la II Guerra Mundial. Así lo han confirmado los datos provisionales del Centro de Prevención y Control de Enfermedades (CDC): 2022 fue el año más deletéreo en cuanto a quitarse la vida se refiere de las últimas ocho décadas: 49.449 personas fenecieron por esta causa, 14,9 por cada 100.000 habitantes, superando el anterior récord reciente de 2018: 14,2, unas cifras que se pueden considerar alarmantes para tratarse de tiempos de paz. Explicar estos actos desesperados pasa, como decía Bernhard, por el entorno, un tejido socio-político en pleno proceso de desmoronamiento tan sui generis que no tiene parangón en otros puntos del llamado mundo desarrollado.

 Una gran mayoría de expertos coinciden en señalar la ubicuidad de las armas, cuya venta aumentó sustancialmente durante la pandemia, como factor de peso. Más de la mitad de los suicidios en 2022 fueron por armas de fuego, tendencia que se ha repetido en años anteriores. Según un estudio de la Universidad de Johns Hopkins, realizado con los mismos datos del CDC (provisionales hasta final de año, pero considerados bastante exactos por la comunidad científica), casi 27.000 de esas muertes las desataron las balas, superando a las más de 19.500 clasificadas como homicidios.

El crimen (los asesinatos) no ha parado de crecer, de manera generalizada, en los últimos tiempos, pero el daño autoinfligido lo sobrepasa, y además, por primera vez, el suicidio con arma de fuego afectó a más niños y adolescentes negros que blancos, siendo estos últimos más numerosos en población. Que la disponibilidad de armas incrementa los fallecimientos por autolisis, debido a su letalidad, parece casi una obviedad. Aun así, un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford dedicó 12 años a examinar dicha relación en una población de 26 millones de habitantes. Sus esfuerzos arrojaron las siguientes conclusiones: la posesión de armas en hombres incrementa la probabilidad de suicidio ocho veces; en mujeres, el número es 35.

Muertes por desesperación

Existe otro problema de fondo, estrechamente vinculado al anterior: la esperanza de vida en EE.UU. no ha parado de caer en los últimos años, nos dice el Council on Foreign Relations, y actualmente es de 77 años, entre las más bajas de los países ricos (la de España se sitúa en 82,4 años, cercana a la de Francia, Suecia, Italia o Irlanda, mientras que la nación norteamericana se asemejaría a Eslovaquia -77 años- o a Colombia -76,7-). Esta tendencia, preocupante desde antes de la pandemia, despertó la curiosidad del Premio Nobel e investigador Angus Deaton y la también investigadora Anne Case, que desgranaron los motivos en el libro Deaths of Despair (2020) o Muertes por desesperación: aquéllas resultantes del suicidio, la sobredosis y el alcoholismo, devastación contra uno mismo que rebasa el margen causal del gatillo y exige una indagación más profunda.

 En una de sus conferencias, Deaton matizó el contenido del volumen para responsabilizar directamente a las políticas neoliberales surgidas de la Escuela de Chicago por estas vidas perdidas. Específicamente, el Nobel culpó al conglomerado sanitario, cuyos lobbies controlan en buena medida lo que se aprueba en Congreso; “un sistema [que] hace un uso excesivo de procedimientos que son mejores en optimar los beneficios económicos que la salud”.

La crisis de los opiáceos, causante de más de 100.000 muertes anuales, constituiría un ejemplo claro: creada artificialmente por la codicia de las farmacéuticas –concretamente Purdue Pharma, a la que Deaton señala–, logró producir millones de pacientes adictos que, privados más tarde de las recetas médicas, se lanzaron al mercado negro en busca de estupefacientes.

A la nefasta gestión sanitaria, privatizada, excesivamente cara tanto para las arcas públicas como para los clientes, se suma un mercado de trabajo desigual que no ofrece seguro médico a los empleados con menos formación, o directamente los condena al ostracismo al externalizar puestos o automatizarlos: “contemplamos este desastre de mercado laboral como una de las fuerzas más poderosas que amplifican las muertes por desesperación entre la clase trabajadora estadounidense” –aseguró Deaton.

 Falta de prestaciones sociales, sanidad orientada al lucro y no al bienestar ciudadano, trabajos no acompañados por derechos laborales, políticos comprados, armas por doquier… Todo ello moldea un paisaje que, sin necesidad de que caigan bombas, por momentos remite a indicadores de guerra, la conflagración desatada por unas élites que decidieron hace no tantos años dejar caer al resto."                     (Azahara Palomeque , La Marea, 28/08/23)

18.7.22

Cartas de suicidio ante los desahucios... Esta es de Luisa (nombre ficticio), una arquitecta pacense en paro que tuvo que afrontar la muerte de su marido por leucemia y una hipoteca que no pudo pagar. El estrés por los impagos le provocó diferentes problemas psiquiátricos que nunca antes había sufrido. Los servicios sociales le quitaron la custodia de sus dos niños de 7 y 12 años un mes antes del desahucio. Dejó un sobre con 1800 euros para los críos y esta carta de despedida para su mejor amiga que escribió 4 días antes del desalojo. Después se ahorcó en la cocina... en España, el terrorismo financiero ha provocado 13.300 suicidios desde 2008 hasta 2015

 "La PAH dio a conocer algunas cartas de suicidio en 2016. Esta es de Luisa (nombre ficticio), una arquitecta pacense en paro que tuvo que afrontar la muerte de su marido por leucemia y una hipoteca que no pudo pagar. El estrés por los impagos le provocó diferentes problemas psiquiátricos que nunca antes había sufrido. Los servicios sociales le quitaron la custodia de sus dos niños de 7 y 12 años un mes antes del desahucio. 

Dejó un sobre con 1800 euros para los críos y esta carta de despedida para su mejor amiga que escribió 4 días antes del desalojo. Después se ahorcó en la cocina. Tras su prosa desordenada, uno puede descubrir una poderosa y desesperada verdad: somos seres que teníamos todo para construir un mundo en el que ser felices y preferimos construir un mundo en el que competir.

 “Nos recuerdo en la playa hace 4 años. Tan felices, tan ajenos a todo. Mamen, no entiendo nada de lo que ha pasado estos 4 años. Todo se ha derrumbado en tan poco tiempo…

No puedo más. Sabéis que he hecho todo lo que he podido. Pero este mundo se me ha hecho muy extraño. Llevo un año en el infierno, con un nudo en la garganta que me recuerda cada día mi fracaso. Como persona, como arquitecta, como madre. No soy capaz de levantar cabeza. Incluso me da ya igual que todo sea tan injusto y tan aleatorio. Eso lo hace todo más incomprensible, más doloroso, eso lo hace todo peor.

Estoy muy cansada de seguir. Ya no siento nada positivo. Solo quiero irme y dejar de sufrir esta angustia. No duermo, no como, no soy persona. No puedo ayudar a mis hijos. No puedo darles amor y con eso si que no puedo vivir. Solo quiero irme a ese sitio en el que éramos felices y ya sé que nunca podré volver a él. Digo tonterías, perdóname, Pero lo que voy a hacer ahora no es ninguna tontería. Sé que nunca lo entenderéis, la única forma en que podrías entenderlo sería sintiendo todo lo que llevo dentro ahora. Si pudieseis sentirlo, os juro que todos tomaríais la misma decisión.”

Cada cinco horas se produce un desahucio en España.

Un estudio de la Universidad de Granada revela que el 88% de los desahuciados presentan ansiedad y nueve de cada diez sufren depresión. El Salto Diario revelaba que el crack financiero de finales de la década pasada produjo un aumento de suicidios del 8% entre 2005 y 2010, casi todos relacionados con los desahucios. Ese 8% se tornó en 17% en los siguientes cinco años. Después, se dejaron de tomar datos. Los sucesivos gobiernos no se sienten cómodos con los estudios de una problemática gravísima en el país que lidera mundialmente el consumo de antidepresivos y ansiolíticos.

Pero la PAH ha seguido investigando, caso por caso, e imputa al denominado terrorismo financiero más de 13.300 suicidios desde 2008 hasta 2015. Esta dura cifra representa algo menos del cincuenta por ciento de todos los que hay en el país. Lo que significa que la mala situación económica de los afectados o de sus familias es, en casi la mitad de las ocasiones, el origen de tan dramática decisión.

Es imposible negar la relación entre las consecuencias del capitalismo y la inmolación personal.

Los bancos han tenido un papel esencial en todo esto. No han activado fórmulas de ayuda social de ningún tipo para ayudar a personas que, no lo olvidemos, no dejan de ser clientes que, hasta donde pudieron, cumplieron con unas condiciones que, en España, son especialmente draconianas. Entidades a las que todos salvamos el culo en los peores momentos de las dos crisis, ejercen su sociopatía monstruosa, ayudados por una ley que siempre se pone de su lado. Una ley que no tiene en cuenta que, detrás de cada caso hay vidas, hay niños, hay muchísimo dolor y hay botones que al ser pulsados pueden convertirse en trágicas muertes. Es una forma de terrorismo. Sin duda lo es. Un terrorismo que solo cada trimestre, en este país, mata el equivalente a 40 años de ETA.

Un terrorismo que poco importa a los políticos. VOX y PP ya han votado en contra de las ayudas a la prevención del suicidio y a todo tipo de medidas contra los desahucios. Este terrorismo no da votos y eliminarlo, sería morder la mano que te da de comer o, lo que es peor, atacar a tu deudor.
Vivimos en un sistema malvado, creado y sostenido por gente malvada. Un caldo de cultivo de pura sociopatía, que nos hace crear barreras para evadirnos en nuestros cómodos mundos, pensando que ninguna de esas desgracias podría ocurrirnos a nosotros, tildando de irresponsables a los que se metieron en esas hipotecas.

“Nos recuerdo en la playa hace 4 años. Tan felices, tan ajenos a todo”. No hay más que bucear un poco en la realidad, para descubrir que nuestra alegría se asienta sobre cimientos muy frágiles y que, a veces, un pequeño error o una casualidad, puede transformar nuestro porvenir en un drama. Votamos y actuamos con la finalidad de mantener esa playa, con el objetivo de no tener que salir de ella. Ojalá todos quisiéramos hacer esa playa cada vez más y más grande, para que nunca nadie, tuviese que abandonarla."          

 "Dani Méndez 20 de mayo a la 1:27 Publicado en facebook de PAH MADRID , ATTAC España, 03/06/22)

9.3.22

A partir de finales de los años noventa, todo un segmento de la población americana, hombres y mujeres blancas de mediana edad, están muriendo más a menudo debido a consumo de drogas, alcohol o suicidio. De forma paralela, este grupo estaba sufriendo un marcado aumento de problemas de salud mental, dolor crónico, depresión y capacidad para ir al trabajo. Lo llamaron “muertes por desesperación”... la causa principal es la progresiva desaparición del empleo, o más concretamente, de los puestos de trabajo tradicionales de la clase trabajadora en Estados Unidos... Este cambio ha sido especialmente brutal en hombres sin estudios universitarios, que parecen sufrir una brutal crisis de identidad. No pueden mantener una familia, no pueden ahorrar; se siente malos padres, maridos que no hacen lo que deben; su vida es un fracaso. De ese sentimiento, de esa pérdida, viene esa desesperación... Sólo hay un país en Europa que está viendo un aumento de muertes por desesperación remotamente parecido al de Estados Unidos: Reino Unido, especialmente en Escocia

"Estas últimas semanas, por motivos de trabajo, he estado leyendo y preparando documentos y presentaciones sobre el mercado de trabajo en Estados Unidos, y, por ende, sobre las desigualdades económicas del país. Algunas de las historias y artículos que he escrito por aquí estos días salen, precisamente, de este proyecto, así que mucho de lo que contaba por aquí y aquí os sonará familiar.

De todo lo que he leído estos días, hay una gráfica que ha quedado grabada, porque es una representación gráfica brutal de cómo ha cambiado el país durante las últimas décadas:




 “Deaths of Despair and Its Components, 1900-2017, Age-Adjusted Rates” - Fuente: Social Capital Project, CDC data.
 
La epidemia de tristeza

Estudios posteriores de los mismos autores y de otros mirando las cifras con detalle (el gráfico de arriba viene de este estudio) han confirmado esta tendencia, y el hecho de que parecía estar incluso acelerándose. Las cifras, mirando por grupos demográficos, muestran una tendencia aún más clara (...)

Desde principios de los años noventa, los blancos sin estudios universitarios han más que triplicado su tasa de mortalidad debido a drogas, alcohol, o suicidio. El aumentado ha sido tan marcado que en los años anteriores a la pandemia la esperanza de vida en Estados Unidos estaba disminuyendo, algo completamente inaudito en cualquier otro país desarrollado. Porque no hay ningún otro país desarrollado que esté viendo un aumento de muertes por desesperación en esta escala (...)
¿Qué demonios está pasando?

Según Case y Deaton, la causa principal es la progresiva desaparición del empleo, o más concretamente, de los puestos de trabajo tradicionales de la clase trabajadora en Estados Unidos. La desindustrialización, la muerte del sindicalismo americano, el debilitamiento de los derechos laborales desde la presidencia de Nixon, la cada vez mayor concentración de la riqueza, han dejado a millones de americanos sin la clase de empleos capaces de darles estabilidad. En vez de tener un empleo donde te sientes respetado y de los que te sientes orgulloso,muchos americanos viven hoy en un mundo de trabajo precario, horarios impredecibles, sueldos cada vez más bajos y menos oportunidades de salir adelante.

Este cambio ha sido especialmente brutal en hombres sin estudios universitarios, que parecen sufrir una brutal crisis de identidad. No pueden mantener una familia, no pueden ahorrar; se siente malos padres, maridos que no hacen lo que deben; su vida es un fracaso. De ese sentimiento, de esa pérdida, viene esa desesperación.

Pre- pandemia, Estados Unidos estaba viendo una caída constante de la tasa de participación laboral, especialmente entre varones de mediana edad. Sin trabajo, con cada vez menos oportunidades, con problemas de salud y sin acceso a un seguro médico, muchos simplemente estaban dejando de trabajar por completo.
La sanidad, otra vez

Para empeorar las cosas, el absurdo sistema sanitario de Estados Unidos además crea un fuerte incentivo a las empresas para no contratar a empleados con sueldos bajos.

En los países medio racionales donde la sanidad de paga mediante impuestos, el coste de esta es más o menos proporcional según el nivel de renta. Dado que las cotizaciones sociales están ligadas a los sueldos, un cajero de supermercado paga menos, en términos monetarios, que un CEO. En Estados Unidos, por el contrario, las aseguradoras y empresas pagan la sanidad por trabajador. Con la póliza de seguro media costando $21.000 por familia, eso hace que añadir cobertura médica a un trabajador con un sueldo modesto pueda añadir un 60 o 70% al coste de contratarlo.

Lo que hacen habitualmente muchas empresas es pagarles una miseria, dejándolos sin seguro y tan cerca de la pobreza que tienen que apuntarse a Medicaid, el seguro federal para trabajadores con muy pocos ingresos. Algo que, como recordaréis, está diseñado para ser tan complicado y humillante como sea posible en no pocos estados. 

Los años de la ira

La semana pasada escribía sobre “basura blanca”, el increíblemente despectivo término con el que la cultura popular americana se refiere a los blancos de clase baja. Bueno, este es el contexto donde se están moviendo. Ha habido mucho debate, en los años de Trump, sobre la política del resentimiento, y cómo los blancos sin estudios universitarios parecen haber abrazado una especie de populismo reaccionario, un discurso de odio y rencor hacia las élites.

La verdad, yo también andaría un poco resentido si el país entero llevara treinta años pateándome la cabeza y echándome la culpa de todo.

Lo fascinante de todo este asunto, por cierto, es que estos cambios sociales han hecho que los blancos sin estudios universitarios estén viendo su situación acercarse (y superar) las cifras que veíamos en afroamericanos - que nunca disfrutaron de esos trabajos de clase media en los años de postguerra, así que estaban desesperados ya antes.

Los latinos, por cierto, partían de cifras relativamente bajas de muertes por desesperación, han visto aumentos mucho menores. Uno de los motivos: su mayor movilidad social.

Sólo hay un país en Europa que está viendo un aumento de muertes por desesperación remotamente parecido al de Estados Unidos: Reino Unido, especialmente en Escocia. Adivinad por qué."                                       (Roger Senserrich, blog, 19/02/22)

23.11.21

Las ayudas económicas mitigaron las ideas suicidas en lo peor de la pandemia... los pagos de compensación a los trabajadores y empresas afectados económicamente por la covid “tienen beneficios adicionales para aliviar la angustia y los problemas de salud mental”

 "Los estragos de la pandemia de covid se notan en la salud mental en todo el mundo, pero a veces no es fácil identificar los escenarios que contribuyen a ese deterioro o a mitigarlo. Un estudio que publica este miércoles la revista Nature ha encontrado un enfoque que puede resultar muy valioso: los millones de llamadas que se realizaron durante esos meses a las líneas telefónicas de atención psicológica.

 Gracias a esa cantidad ingente de información, los investigadores han podido deducir cambios en la salud mental de los países en función de las oleadas de contagios y las medidas impuestas por las autoridades. Y algo queda claro: las ayudas económicas desarrolladas por los gobiernos sirvieron para mitigar las ideas suicidas en lo peor de la pandemia.

“Este es un tema de primer orden para los legisladores”, indican los investigadores en su estudio, “ya que las intervenciones diseñadas para contener infecciones también pueden afectar la salud mental al exacerbar el desempleo, el estrés financiero, la soledad, los problemas relaciones y las vulnerabilidades mentales preexistentes”. Y advierten: “Estos son, a su vez, factores de riesgo de suicidio bien reconocidos”. Un hilo conecta los contagios, el miedo a la enfermedad, las inseguridades económicas y la salud mental. Y la evolución de los telefonazos a estas líneas de ayuda lo muestran.

La dinámica general de todos los países fue similar en los primeros momentos tras el trauma pandémico: los investigadores observaron un pico en el volumen de llamadas unas seis semanas después del estallido de la pandemia, que superó el nivel previo en un 35%. En el estudio, cuentan con los datos que proporcionan ocho millones de llamadas individuales a líneas de ayuda de una veintena de países (14 europeos, entre los que no está España, pero sí Francia, Italia y Portugal; más EE UU, China, Hong Kong, Israel y Líbano).

Economía y salud mental

Al determinar los motivos de las llamadas, no obstante, el estudio indica que en principio no hubo un aumento de las peticiones de ayuda relacionadas con esos pensamientos suicidas. Los resultados muestran que el aumento observado en las llamadas a las líneas de ayuda durante la primera ola de la pandemia de covid se debió en gran medida a los temores sobre el virus en sí y a la soledad, en el contexto de las restricciones y los confinamientos, más que a la violencia doméstica, las adicciones o las intenciones de quitarse la vida.

Es decir, las inquietudes iniciales de quienes llamaban estaban más ligadas a la pandemia en sí. Y la ansiedad aumentaba con las prohibiciones y otras medidas restrictivas. “Descubrimos que las medidas más estrictas se asociaron con un mayor número de llamadas debido al miedo, la soledad y las tendencias suicidas”, explican los autores, “pero que un apoyo a los ingresos más generoso tuvo el efecto contrario”. Esto implica que los pagos de compensación a los trabajadores y empresas afectados económicamente por la covid “tienen beneficios adicionales para aliviar la angustia y los problemas de salud mental”.

O dicho de un modo más claro: a las políticas de ayudas económicas más generosas les siguieron caídas en el número de llamadas a las líneas de ayuda relacionadas con el suicidio, según el estudio. “Nuestros hallazgos sugieren que los pagos públicos en compensación por las pérdidas inducidas por la pandemia no solo reducen las dificultades económicas, sino que también tienen beneficios más amplios: un apoyo a los ingresos más generoso conduce a menos llamadas en torno al miedo, problemas de salud física y, como se esperaba, ansiedad económica”, indican los autores del trabajo que publica Nature. (...)

Diferencias por países y grupos

Lo que muestra el estudio que publica Nature es que el volumen de llamadas volvió a crecer en la segunda mitad de 2020, en paralelo con un aumento de las infecciones y un endurecimiento de las intervenciones no farmacéuticas. Ahí empiezan a notarse las diferencias por países, debido a las particularidades en el desarrollo nacional de la epidemia: mientras que en Alemania el volumen de llamadas aumentó continuamente hasta principios de 2021, en Francia volvió a caer tras del pico de diciembre de 2020. “Estos patrones divergentes se correlacionan con aumentos y retrocesos más fuertes tanto en las infecciones como con el rigor de las medidas gubernamentales en los dos países”, explica el estudio sobre las dos naciones europeas con más datos. Aunque los cambios son de pocos puntos porcentuales, los investigadores consideran que son “robustos” para detectar tendencias significativas.

Al desglosar los cambios en función del género y los grupos de edad, los investigadores observaron que el aumento de las llamadas relacionadas con el miedo fue impulsado en su totalidad por los mayores de 30 años, tanto hombres como mujeres. Esto tendría que ver no solo con una menor percepción del riesgo que en general presentan las personas más jóvenes, sino también con la importante correlación entre edad y riesgo de sufrir una covid grave, explican los autores del estudio, de las universidades de Lausana y Friburgo y el Centro de Investigaciones Políticas y Económicas de Londres.

Por ejemplo, la proporción de llamadas relacionadas con el suicidio realizadas por hombres menores de 30 años se redujo de manera particularmente fuerte. Entre las mujeres menores de 30 años aumentó levemente la proporción de llamadas relacionadas con la violencia “a pesar de que bien pudo haber sido más difícil, bajo órdenes de quedarse en casa, hacer llamadas a la línea de ayuda en situaciones de violencia doméstica”, apunta el estudio."                   (Javier Salas, El País, 17/11/21)

15.11.21

España registra en 2020 la mayor cifra de suicidios de su historia... ya es la principal causa de muerte no natural, que casi triplica a las provocadas por los accidentes de tráfico y supera amplísimamente las ocasionadas por la criminalidad y la violencia de género

 "Saltan las alarmas por el número de suicidios en España, un país donde todavía no hay ningún plan o estrategia estatal para la prevención de esta epidemia invisible. Y no será porque las cifras dan un respiro. Todo lo contrario. El año pasado, un total de 3.941 personas decidieron poner fin a sus vidas. El 2020 se convierte así en el curso con más suicidios en España desde 1906, cuando comenzaron a compilarse estas estadísticas.

Esta es solo una de las llamadas de atención del informe anual del Observatorio del Suicidio en España, de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio, que trabaja con los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). De acuerdo con estas cifras oficiales, los 3.941 suicidios del año pasado suponen una media de casi 11 diarios. El 74% de estas personas eran hombres (2.930) y el 26%, mujeres (1.011).

 También es la primera vez que se registran más de mil suicidios entre ellas. Las cifras totales representan un aumento de 270 defunciones con respecto a 2019 (un 7,4% más). De estas 270 muertes, 159 corresponden a hombres (un incremento del 5,7%) y 111 a mujeres (un aumento del 12,3%). Otro dato que duele es el referente a los suicidios de menores. El 2020 será recordado por estos fallecimientos especialmente difíciles de encajar.

Se registraron 14 muertes de menores de 15 años (7 niños y 7 niñas), lo que duplica los casos de 2019. Además, el suicidio en personas mayores de 80 años ha aumentado un 20%. Cada párrafo, cada dato del informe contiene un reproche implícito: cómo es posible que un problema de tal magnitud no sea afrontado como se merece por las autoridades. El silencio, estas cifras lo demuestran, no es la solución.

 ¿Cómo ocultar una epidemia de 3.941 suicidios? Una lacra, además, que afecta a toda la población por igual, con independencia del sexo y la edad. Esta ya es la principal causa de muerte no natural en España, que casi triplica a las provocadas por los accidentes de tráfico y supera amplísimamente las ocasionadas por la criminalidad y la violencia de género.

Con 300 muertes autoinfligidas, el suicidio es, después de los tumores (330 defunciones) la principal causa de muerte entre la juventud de 15 a 29 años. Por comunidades autónomas, mientras que han aumentado significativamente en el País Vasco (un 30%), Cantabria y Andalucía, han descendido en Aragón y, sobre todo, en las Baleares, con una disminución de más del 10%. En Catalunya, crecieron un 3,9%.

 Los datos han sido un mazado para el Observatorio del Suicidio en España. La entidad que gestiona este organismo, la Fundación Española para la Prevención del Suicidio, esperaba para el 2020 una disminución significativa de los suicidios. Así lo hacía prever la disminución generalizada de muertes externas (accidentes de tráfico y homicidios, entre otras) provocada por el confinamiento a raíz del coronavirus.

El aislamiento motivado por la emergencia sanitaria dificulta enormemente los accidentes de tráfico por motivos obvios. En teoría, también frena los suicidios, ya que quienes toman esta decisión lo hacen en soledad y durante el confinamiento muchos estaban acompañados en casa. Sea como sea, la vuelta a la normalidad ha provocado un efecto rebote.

 Un simple dato avala el efecto rebote: en abril se registraron un 18,2% menos de suicidios con respecto al mismo mes del 2019, pero en agosto, cuando el enclaustramiento comenzaba a ser un mal recuerdo, se produjo un aumento del 34%. A las muertes por suicidio hay que añadir los intentos frustrados. Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud, por cada muerte consumada hay unos 20 intentos.

 Otros estudios explican que la idea de poner fin a su propia vida podría afectar a lo largo de su existencia a un elevado número de personas, entre el 5% y el 10% de la población en el caso de España. Eso significa que en un año podrían producirse unos 80.000 intentos de suicidio en nuestro país, y que al menos dos millones de personas sopesen alguna vez esta idea. Y, ahora, una vez más, la conclusión: España no posee ningún plan o estrategia estatal para la prevención del suicidio."                 (Domingo Marchena, La Vanguardia, 11/11/21)

7.6.21

La Guardia Civil investiga si un hombre que iba a ser desahuciado causó un incendio en el que murió su madre

 "Una mujer de unos 60 años de edad ha muerto este viernes por la mañana en el incendio de un piso ubicado en Sigüeiro (Oroso, A Coruña), precisamente el día en el que ella y su hijo iban a ser desahuciados de la propiedad. Fue un vecino el que avisó a los servicios de emergencias al ver salir humo por las ventanas. 

Al presentarse en el lugar los bomberos, la Policía Local y Protección Civil, nadie contestó a la puerta. En aquel momento, el inmueble había alcanzado altas temperaturas y por esta causa un par de bomberos tuvieron que ser trasladados al hospital para ser atendidos.

Al primero que rescataron fue al hombre, de 39 años, que responde a las iniciales J.G.S., y que resultó herido grave. Al adentrarse más en la vivienda, una vez apagadas las llamas, apareció la madre, pero ya había fallecido. A las labores de extinción tuvieron que sumarse los bomberos de Arzúa. El vecino, sobre cuya vivienda pendía una orden de desahucio que iba a ser ejecutada esta mañana a las 12, fue trasladado en ambulancia al Hospital Clínico de Santiago y actualmente permanece custodiado por agentes, a la espera de que esté en condiciones de prestar declaración sobre lo sucedido.

La Guardia Civil investiga las causas del fuego registrado en esta vivienda de la calle Rosalía de Castro con la sospecha sobre la mesa de que pudo ser provocado por el hijo de la fallecida. Los dos residían en el mismo piso con orden judicial de desahucio. Los agentes recibieron la alerta cerca de las 11.30 y las llamas no fueron sofocadas hasta después de las dos de la tarde."              (El País, 04/06/21)

8.10.20

Dos personas, vecinas de Torrero, se quitan la vida "en medio de la pobreza y de amenazas de desahucio"

 "Las asociaciones vecinales de Torrero-Venecia, La Paz y el Cantero de Torrero, han convocado para la tarde de este miércoles, a las 19.30 horas, en la plaza de Las Canteras, una concentración en solidaridad y recuerdo de Elvira, "vecina del barrio que se quitó la vida la semana pasada en una situación de pobreza extrema, abandono y amenazas de desahucio".

Esta muerte viene a sumarse a otra ocurrida recientemente en la calle El Castellar del propio distrito zaragozano, en parecidas circunstancias. Las entidades vecinales convocantes señalan que desconocen si hay más casos de suicidios recientes por este motivo en el barrio, "pero lo que sí es evidente es que las situaciones de gran vulnerabilidad se multiplican mientras las instituciones se muestran incapaces de atenderlas".

Se llamaba Elvira y era tu vecina

Según han informado las asociaciones vecinales, Elvira "arrastraba tras de sí una dura vida llena de sinsabores, de desesperanzas, de desamparo y pobreza". Porque lo de ella era pobreza, "así como suena, pobreza sin tapujos, por muy dura que suene la palabra", subrayan.

"No nos sirve la falsa palabrería que intenta endulzar la cruda realidad a la que muchas Elviras se enfrentan, todos los días, intentando sobrevivir sin la ayuda de esas instituciones que se supone nos protegen en momentos de dificultad". Sus vecinos le ayudaban en la medida de lo posible, un plato de comida a veces, una sonrisa casi siempre y un poco de afecto. Pero luego venía la soledad, la impotencia, la tristeza, hasta que este lunes encontraron su cuerpo sin vida, Elvira no pudo más y nos dejó para siempre", lamentan.

Desde el movimiento vecinal advierten que "hoy, aquí y ahora en este barrio de Torrero y en todos los barrios de la ciudad y de todas las ciudades, existen multitud de Elviras en la misma situación ante la cada vez mayor inoperancia de las instituciones".

"Todos los seres humanos somos ciudadanos vulnerables del mismo planeta y dependemos no solo unos de otros, sino también de unos ecosistemas cada vez más frágiles sin los que no podemos sobrevivir como especie. La acción colectiva puede cambiar las cosas. Las protestas sonoras y el voto pueden cambiar las cosas", recuerdan las entidades vecinales citando a la novelista y poeta feminista​ Siri Hustvedt.

Los colectivos vecinales critican la inacción institucional y exigen a las diferentes administraciones, con "contundencia y rotundidad", que se articulen las herramientas necesarias para que nadie se quede en el desamparo.

Señalan que los servicios sociales del Ayuntamiento de Zaragoza, al mando del Equipo de Gobierno de Jorge Azcón (PP-Cs, con el apoyo del ultraderechista Vox) deben dejar de ser "una pantalla inoperante a la que debe enfrentarse la ciudadanía para recoger las migajas de un sistema injusto".

Asimismo, reclaman al Gobierno de Aragón que sus servicios sociales "creen los necesarios mecanismos de control y prevención para evitar estas situaciones" y al Gobierno español que acelere de "manera inmediata y efectiva" la concesión del Ingreso Mínimo Vital.

Cabe recordar, que desde la campaña 'Aragón Sin Desahucios', impulsada por varios colectivos de Zaragoza, vienen denunciando el creciente número de desahucios sin alternativa habitacional. Además, en los últimos cinco años, el precio de la vivienda en alquiler se ha incrementado un 31% en Aragón.(...) "                      (Iker González, AraInfo, 07/10/20)

21.5.20

"El suicidio es la primera causa de muerte entre los jóvenes españoles"... "El desempleo y el no poder pagar una hipoteca son los factores que más se relacionan con los cuadros de depresión"

"Miquel Roca es catedrático y co autor del estudio Crisis económica y salud mental en España.

«Desde el inicio de la crisis hemos visto un aumento significativo de los problemas de salud mental. Un 19% más de depresión y un 8% de trastornos de ansiedad».

«El desempleo y el no poder pagar una hipoteca son los factores que más se relacionan con los cuadros de depresión. Eso lo encontramos en el estudio Impact, que se hizo en las consultas de Atención Primaria durante la crisis».

«Hay más diagnósticos de depresión en mujeres que en hombres, pero hay más suicidios en ellos. Aproximadamente entre un ocho y un 15% de la población va a padecer depresión a lo largo de su vida, según la Organización Mundial de la Salud. En España, el riesgo lo tiene el 5% de los habitantes».

«Hay más muertes por suicidios que por accidentes de tráfico en España. De hecho, en la población joven esa es la primera causa de muerte. En un gráfico de evolución, si cruzamos las dos líneas, podemos comparar que la de suicidios sube y la de accidentes está bajando».

«En España, el impacto económico de la depresión supone más de 10.000 millones de dólares anuales. Eso es como el 1% del PIB. La necesidad de combatirla es también por la sostenibilidad del sistema. Las empresas no suelen disponer de programas de prevención y detección temprana, aunque más del 75% de las personas que tienen problemas de salud mental está en edad de trabajar». 

«La depresión pasa desapercibida con frecuencia en el trabajo. A los problemas de salud mental se les asocia con estado de ánimo, con tristeza y no con falta de atención o de memoria, que también son síntomas. Al no poder reconocerlos, la discapacidad causada por la depresión es muy alta».

«La depresión tiene importantes efectos en el área laboral, además de las bajas médicas que provoca. También hay una merma en la productividad de los trabajadores, lo que se conoce como presentismo. Una persona puede, para no perder el trabajo, mantenerse con un cuadro depresivo y eso repercute en el día a día. Hay que buscar modelos de reinserción laboral para ellos». 

«Las empresas deben propiciar un clima en el que se pueda hablar con libertad de depresión. No es fácil, por el estigma que todavía rodea a la psiquiatría. Eso es un problema porque la gente, en lugar de acudir inmediatamente a su médico de atención primaria como en cualquier dolencia física, no lo hace por la sensación de que una enfermedad mental es una debilidad».    

 (Entrevista a Miquel Roca, catedrático y co autor del estudio Crisis económica y salud mental en España.  Jackeline Beltrán, El Mudo, 29/07/16)

29.4.20

No son sólo los hombres de raza blanca: toda la clase trabajadora senior de EEUU dispara su mortalidad ya antes del Coronavirus... la que está muriendo masivamente es toda la clase trabajadora con más experiencia laboral

"En una temporada en la que el Coronavirus copa buena parte del panorama informativo (no sin motivo), lo cierto es que entre bastidores hay no pocas noticias que no tienen que ver con el funesto virus, y que lamentablemente en muchos medios “mainstream” pasan ahora desapercibidas (o incluso omitidas). 

En este sentido, hemos tenido que llegar al punto de aclarar en el propio título que la noticia analizada hoy revela una inusitada y alta mortalidad entre ciertos colectivos de la clase trabajadora “ya desde antes del Coronavirus”
Porque sí, no es sólo el trabajador senior de raza blanca como se creía hasta ahora (y que supone uno de los graneros de votos del actual presidente Trump), y las últimas estadísticas revelan cómo la atípica mortalidad de causas últimas aún para nada claras no tiene que ver con razas, sino que afecta en general a toda la clase trabajadora senior, un segmento demográfico con el que el COVID-19 también ha decidido cebarse especialmente para su (doble) desgracia. Este sufrido rango poblacional está muriendo desde hace ya algunos años, y las consecuencias (y las causas) socioeconómicas son muy significativas y relevantes.

La mayor parte de los datos disponibles hasta el momento apuntaban a que eran esos hombres blancos senior los más afectados por las penurias económicas traídas por esa anárquica globalización, que mayormente lo que nos ha traído a los países desarrollados es una deslocalización masiva sin la más mínima planificación y ante la cual les alertamos hace ya muchos años. Y los motivos por los cuales esto podía estar sucediendo no eran pocos, y además eran de gran relevancia y proyección socioeconómica en el más pleno sentido del nuevo cuño que dimos a este disruptor concepto.


El hecho innegable escondido tras las cifras al ser analizadas por segmentos poblacionales era que, efectivamente, había una alta tasa de mortalidad entre la clase trabajadora estadounidense, que era precisamente aquel colectivo laboral cuyos puestos de trabajo más masivamente huyeron despavoridos hacia países con costes laborales inferiores en un orden de magnitud, con regulaciones laborales y medioambientales mucho más laxas, y con trabajadores con menos derechos y con menor conciencia de colectivo social. 

Esta hipótesis se veía refrendada doblemente también por las zonas socioeconómicas y geográficas en las que el nuevo tipo de desempleo globalizador se había cebado con especial saña, y que coincidían con zonas en cuya economía el otrora pujante sector manufacturero era la principal fuente de riqueza.


Zonas como el Midwest norteamericano, con el máximo exponente portuario en una Baltimore donde hoy en día la heroína campa a sus anchas entre una población desesperada, ya son desde hace años los epicentros de un panorama laboral desolador, y donde los estadounidenses medios, que tanto creían haber conseguido su particular “American Dream”, asistieron atónitos a cómo en unos pocos lustros ese sueño se tornó en añicos y se les deshizo entre las manos, hasta el punto de que hoy por hoy es más fácil de conseguir en la vieja Europa

 Por cierto, esa vieja Europa que desde algunos sectores socio-político estadounidenses tanto se denosta visceralmente, en vez de verla como el viejo aliado que siempre quiso ser hasta que se le volvió la espalda, y a donde fue el propio modelo capitalista (con una cierta dosis local de tinte social) lo que trajo décadas de paz y progreso desde la cuna del capitalismo, cuando en ésta aún tenían vigencia sus ideales más nativos. Hoy en EEUU (y no sólo allí) ya sólo les queda reinventarse o morir, o más bien refundarse como ya les analizamos hace meses, si es que todavía están a tiempo (que descorazonadamente es ya harto difícil).




Y afirmábamos ya sin mucho género de duda que esa recuperación ha llegado demasiado tarde, primeramente porque era tan sólo un factor más entre varios a corregir, y en segundo lugar porque, como ya les analizamos hace algunos meses, había una cierta probabilidad de que, tras la correlación, hubiese una posible causalidad de precariedad económica en una pandemia de proporciones y duración infinitamente más mortífera que el COVID-19: los millones de suicidios que segan vidas masivamente año tras año

Lamentablemente, y deseando que esa situación no se hubiese llegado a dar en ningún caso, ahora la econometría va a tener otra oportunidad para arrojar algo de luz sobre esta enigmática cuestión, al menos a la vista de ese grave deterioro de la socioeconomía estadounidense, por el que son ya 26 brutales millones de nuevos parados allí desde que se les desató la pandemia.


E inevitablemente, toda esta sangría de parados con unas condiciones económicas que ya no eran precisamente boyantes desde hace bastantes años y que habían erosionado ahorros y activos, ha acabado por traer inconcebibles imágenes propias de una Gran Depresión. Aquí y allá se reproducen las noticias como la de que en los denominados “food banks”, que reparten comida de caridad, en estos días se están viendo largas hileras de coches de ciudadanos que aguardan horas para simplemente conseguir algo de comida, con chocantes imágenes de filas que se extienden durante kilómetros en las carreteras. Un panorama absolutamente desolador que no es la primera vez que les retratamos.

Ahora, en lo que era y es ya todo un maremagnum de destrucción socioeconómica que se va agravando considerablemente con cada aleteo de nuevos cisnes negros que van acudiendo en bandada, nos llegan nuevos datos que apuntan a que, ya antes del Coronavirus, no eran sólo los hombres de clase trabajadora, senior y blancos los que estaban muriendo y por causas mayormente desconocidas. Fue el que probablemente sea el mejor periódico del mundo, el reputado New York Times, el que publicó la noticia de que, en realidad, la que está muriendo masivamente es toda la clase trabajadora con más experiencia laboral


Efectivamente, hay una mortalidad cotizando muy al alza entre los trabajadores en general en la cuarentena y cincuentena, y las causas de muerte son ineludiblemente causas que muchas veces van potencialmente asociadas, bien a la precariedad económica, o bien a problemas acuciantes que podrían ser mayormente solucionados (o paliados) con unas condiciones económicas algo más holgadas. Lo más revelador de esas causas de muerte, y que ponen de relieve una vez más la posibilidad apuntada por nuestro análisis sobre suicidios y precariedad, es que los trabajadores estadounidenses senior están muriendo por suicidios, alcoholismo y abuso de estupefacientes. 

Vamos, el trío calavera de aquellos que lamentablemente no tienen (o no pueden humanamente ver) una salida a su precaria situación. Y que conste también que esa tasa de mortalidad por estas causas es sensiblemente más alta incluso que la de principios de los 90, desde cuando se ha cuadruplicado, siendo además aquellos años un momento en el que la heroína también campaba a sus anchas, tanto en EEUU como en otros países. Pero a pesar de que en términos absolutos sean los senior los que se llevan la peor parte, ahora las tasas de mortalidad también se están disparando incluso entre los adultos más jóvenes. La cosa es general (aunque en diferente grado) a toda la clase trabajadora.


Porque es que, además, ese incremento sustancial de mortalidad a los que no afecta en absoluto es a los trabajadores con un mayor nivel formativo de grado superior. Vamos, “blanco (y negro), y en botella”: es precisa y sospechosamente esa misma clase trabajadora cuyos empleos eran susceptibles de ser más fácilmente deslocalizados, puesto que no desempeñaban un trabajo especial ni estratégicamente imprescindible, en una dimensión local, para las compañías en un escenario como era el de la globalización. Tampoco su nivel formativo hacía que no pudiesen ser fácilmente sustituídos por trabajadores chinos o indios que, a día de hoy, siguen presentando una tasa y una calidad de formación superior en general muy por debajo del nivel medio apreciable en los países desarrollados. 

Vaya, casualidad entre las casualidades, va a ser que de verdad esa deslocalización masiva, de la que les decía que ya les advertimos hace más de siete años, de verdad iba a acabar poniendo contra las cuertas a las socioeconomías más desarrolladas, y de hecho así lo ha hecho.

Ahora, y debiendo recordarles que los trabajadores que no encuentran un trabajo a tiempo completo y caen forzosamente en la precariedad a tiempo parcial también deberían contar en la estadística, además de esos desempleados parciales o totales, los muertos están ya sobre la mesa del mortuorio y poblando camposantos a lo largo y ancho de nuestras socioeconomías: sin ir más lejos, en España sufrimos un suicidio cada 2.5 horas en 2018, y un intento de suicidio casi cada hora

Y eso año tras año, lustro tras lustro, sumando y sumando miles y miles de muertos sin parar. Lamentablemente los muertos no hablan, pero lo que sí que deberían hablar son sus estadísticas y causas de defunción, y lo que nos están gritando a todo volumen junto con los datos de la clase trabajadora del post de hoy es que hay millones de trabajadores de baja cualificación que tienen problemas irresolubles, y cuya vida no les parece que tenga ninguna salida salvo el suicidio (al menos no una que sean capaces de ver).


Si a los datos de la letalidad de esos problemas acuciantes, le añadimos los datos de la caída paralela de su bienestar socioeconómico, pues la correlación es evidente, y aunque bien es cierto que correlación no es causalidad, que alguien nos diga qué otra posible causalidad puede haber para que sea precisamente esta clase trabajadora la que está decidiendo quitarse la vida masivamente. 

Porque es que esa causalidad debe además explicar que, aunque pueda ser por causas varias, el nexo de unión más evidente a todas esas muertes es la desesperación y el sufrimiento socioeconómico (¡Oh, casualidad!), en lo que supondría un largo proceso de auto-destrucción de dimensión socioeconómica y personal del cual el suicidio tan sólo es la punta del iceberg y la última estación (sin billete de vuelta).

 No podemos afirmar con rigor y con el 100% de certeza que sea su precariedad económica lo que les está llevando a la muerte, pero lo que sí que es cierto es que no parece haber mucha “inquietud” oficial por tratar de dilucidar qué les está matando verdaderamente, puesto que en el caso de España y otros países ni siquiera hay un Plan Nacional para investigar y mitigar una de las causas de muerte masivas más importantes (y con diferencia) a nivel nacional y en el mundo. 

Algunos deben pensar que es mejor ni siquiera saber por qué mueren tantas personas cada día, y ya veremos si se incrementan al calor de la bestial crisis económica que se está abriendo tras la sanitaria del Coronavirus (de la crisis social mejor ya ni hablamos).  (...)"                    ( , El blog salmón, 28/04/20)

30.3.20

Los suicidios van en aumento en todo el mundo y también en España... en Indonesia la introducción de ayudas económicas a las familias más pobres hizo que la tasa de suicidios se reducjra en un 18 %

"Los suicidios van en aumento en todo el mundo y también en España. Entre 1999 y 2012, el número de suicidios en nuestro país se mantuvo, relativamente constante, entre 3.200 y 3.500 por año; en cambio, en 2013 y 2014 alcanzaron la cifra de 3.900 si bien en 2015 y 2016 bajó a 3.600.

 Por otra parte, aunque la evolución es muy similar en hombres y mujeres, los primeros  acumulan el 75 % de los casos. Cabe preguntarse qué podemos aportar, bajo el punto de vista de la economía, acerca del papel que desempeña la renta (y su variación) sobre los suicidios.  (...)

quiero darles a conocer algunos estudios que pueden aportar un poco de luz sobre el impacto de la variación de la renta sobre el suicidio, así como sobre las políticas económicas que ayudarían a estabilizar la renta de las familias y, en consecuencia, a contener la cantidad de suicidios que se producen.

Los efectos de la recesión


Quiero empezar con un artículo de los profesores Lidia Farré, Francesco Fasani y Hannes Mueller que muestra los efectos de la recesión sobre la salud mental de las personas. Los autores parten del colapso del sector de la construcción en España ocurrido a partir del 2008 para comparar la salud mental de los trabajadores en provincias más y menos afectadas por la recesión. Sus resultados son claros y preocupantes: el aumento en 10 puntos porcentuales en la tasa de paro se traduce en un incremento en 3 puntos porcentuales en la probabilidad de que aparezcan sentimientos de estrés, desesperanza e inutilidad. Al mismo tiempo, los suicidios aumentan en tres muertes por cada 100.000 personas.


Un estudio de las profesoras Beatriz López Valcárcel y Rosa Urbanos aporta otro dato importante: los efectos de la crisis económica sobre la salud mental son mayores en personas que han pasado más tiempo desempleadas.

 Partiendo de los resultados de los estudios mencionados tiene sentido plantearse si mediante políticas públicas se puede ayudar a revertir o a mejorar la situación? Aquí viene la nota positiva (o menos negativa): un estudio reciente analiza, usando datos de Indonesia, el efecto que puede tener sobre la tasa de suicidio la introducción de ayudas económicas a las familias más pobres. En ese caso, los autores observan que la tasa de suicidios se reduce en el 18 % gracias al programa, que se dirigió al 10 % de la población indonesia más pobre.

En el estudio se describe que la productividad agrícola afecta a la tasa de suicidios y que esta aumenta en épocas y regiones más castigadas por fenómenos meteorológicos que afectan negativamente la productividad agrícola. Desde mi punto de vista, la parte más importante del trabajo es la demostración de que el programa de ayudas económicas es capaz de mitigar el aumento de la tasa de suicidios en las regiones afectadas por la disminución de las cosechas. 

Por lo tanto, se confirma que los programas públicos de bienestar social -en particular, los programas de ayudas económicas directas a las familias- tienen la capacidad de minimizar las consecuencias de los impactos económicos negativos sobre la salud mental de la población. Obviamente, el mecanismo que hay tras el éxito de este tipo de programas es que, gracias a ellos, las familias pueden mantener un nivel de vida constante a pesar de las malas condiciones económicas, con la consiguiente reducción del estrés y de la ansiedad en las personas afectadas.

Los fenómenos meteorológicos devastadores


Cabe señalar que la novedad que aporta el estudio es la demostración de que la cadena de acontecimientos llega a afectar a la probabilidad de cometer suicidio, hecho que me parece extrapolable a los casos de fenómenos meteorológicos devastadores para algunas economías locales como, por ejemplo, el reciente caso de la tormenta 'Gloria'.


Asimismo, algunos de los programas sociales que han sido ampliamente debatidos y criticados en nuestro país, como el de la renta garantizada de ciudadanía, son claros candidatos a ejercer tal función protectora de la salud mental de la población. En concreto, el objetivo principal de la renta garantizada de ciudadanía es asegurar los recursos económicos mínimos para que las personas que se encuentran en situación de pobreza lleven una vida digna. Y esa descripción es bastante parecida a la de las ayudas económicas evaluadas en el estudio de Indonesia."                     (Judit Vall, El Periódico, 09/03/20)

10.2.20

"El banco nos quitó la vida de mi hermano y ahora quiere la casa de mi madre"... le acosaban con cartas y llamadas telefónicas casi a diario, hasta le esperaban a la salida del colegio de su hija para reclamarle la deuda... y ahora a mi madre le envían cartas, le han embargado alguna vez la pensión y le dicen que pague la deuda cuando va al banco, delante de todo el mundo...

"La mañana del 8 de febrero de 2013, José Francisco Lema dejó a su hija en el colegio, volvió a su casa, revisó el correo y, poco después, se arrojó por la ventana. Era un cuarto piso. Murió en el acto. 

Tenía 36 años. Entre sus manos, todavía sostenía una carta de la Agencia Tributaria que le reclamaba 400 euros de tasas con recargo por la compraventa de su casa. No era la peor de sus deudas, pero fue la que colmó el vaso.

Ahora Dionisia, su madre, ya sólo pide que la dejen terminar sus días en la poca paz que aún pueda quedarle. Siete años después de aquel trágico suicido, del sufrimiento de su familia y de su lucha de los activistas para tratar de evitarlo, Caja Sur continúa reclamando esa deuda a Dionisia, de 73 años, a quien amenazan con desahuciarla de su casa de toda la vida. Su marido murió hace menos de dos años y su pensión apenas alcanza los 700 euros al mes, denuncian los activistas cordobeses.


Fran, como le conocían en el colectivo STOP desahucios de Córdoba, dejó huérfana a una niña de nueve años, una viuda, una familia destrozada y dos créditos hipotecarios pendientes; uno con Caja Badajoz —ahora Ibercaja—, con el que financió el solar y los materiales para construir su casa, y otro con Caja Sur, que utilizó para hacer frente a las cuotas y los gastos corrientes cuando estalló la crisis y se quedó sin trabajo en la construcción.

El primero, en el que figuraban como avalistas sus suegros, creyó haberlo saldado al entregar al banco su vivienda, la que construyó con sus propias manos y la ayuda de su padre en la localidad de Villafranca. Pero lo que pensó que era una dación en pago total todavía le dejaba un descubierto de más de 20.000 euros. El segundo ascendía a 97.000 euros y estaba avalado con la casa de sus padres.

"Mi madre está muy nerviosa y alterada. 

Pensábamos que se había acabado la pesadilla, pero ahora el banco está removiéndolo todo de nuevo", confiesa Nani Lema, una de las hijas de Dionisia. Ella ha peleado lo indecible para evitar que ambos bancos siguieran con sus padres la misma estrategia de "acoso brutal" que con su hermano, aunque no lo logró del todo. "Ya nos han quitado lo más importante, la vida de Fran, ¿qué más quieren? ¿otro suicidio en la familia? ¿que también le pase algo a mi madre? ¿mancharse aún más las manos de sangre? Es indecente que vayan a por la casa de mi madre", exclama al otro lado del teléfono.

El suicidio de Fran llevó a Nani a pasar tanto tiempo en Zaragoza, donde Ibercaja tiene su sede central, que acabó por instalarse allí e involucrarse en el movimiento por la vivienda y contra los desahucios. "No son sólo números, hay personas detrás y, desgraciadamente, han sido muchos los que han hecho lo mismo que mi hermano", lamenta. "Nos costó una barbaridad pero, en 2015, conseguí, gracias al apoyo del grupo STOP Desahucios de Zaragoza que Ibercaja nos condonara los 22.000 euros que quedaban tras entregar la casa de Fran”, recuerda la mujer. "Dejé mi vida y mi trabajo por esta pelea y voy a seguir dándola", advierte.

 Tanto Nani como los activistas cordobeses han intentado que Caja Sur acepte la casa de Dionisia como pago de la totalidad de la deuda, pero que la mujer pueda vivir en ella tranquila hasta el final de sus días, en usufructo. Y, sobre todo, que después no quede ninguna deuda que puedan imputarle a más familiares de Fran, insiste su hermana. (...)

Eran los peores momentos de la crisis, cuando arreciaron los desahucios y cuando las hipotecas estaban plagadas de cláusulas que, años más tarde, declararía abusivas la justicia europea, algo que enfurece mucho más a su hermana, su familia y los activistas. "Las hipotecas de mi hermano tenían varias de estas cláusulas", sostiene.

Al menos pudieron pasar con cierta tranquilidad el duelo por Fran. "Los bancos metieron el asunto en un cajón y dijeron que se quedaría ahí. No les interesaba la mala prensa que estaban teniendo", apunta. Recuerda que Ada Colau, entonces portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), estuvo presente en alguna de las movilizaciones en la ciudad que siguieron a la triste noticia. Aunque años después volvieron a la carga, "volvían a por lo único que les importa, el dinero. Por eso no nos fiamos de las palabras, queremos las cosas por escrito", dice Nani. (...)

Fran ni pudo ni quiso vivir para ver esta situación. No pudo más. "Se sentía culpable de la situación, de haber puesto en riesgo la casa de sus padres, de haber fallado. Además tenía mucha ansiedad, no dejaban de acosarle con cartas y llamadas telefónicas casi a diario", recuerda Nani. "Hasta le esperaban cuando iba a recoger a su hija al colegio para reclamarle la deuda. Fue un acoso tremendo y, además, una estafa, porque le engañaron cuando entregó su casa y siguió debiendo dinero", explica. "Mi hermano ha sido una víctima, yo siempre consideraré que fue un asesinato", asevera. 

(...) hace dos años comenzaron de nuevo y el padre de Fran falleció por problemas cardíacos cuando amenazaban con quedarse también su casa. "Le afectó mucho, agravó su enfermedad y tememos que pase lo mismo con Dionisia. Le envían cartas pidiendo el dinero, le han embargado alguna vez la pensión y hasta le dicen que pague la deuda cuando va al banco, delante de todo el mundo. Es una injusticia y vamos a seguir presionando", advierte Carmona."                    (Jairo Vargas, Público, 06/02/20)

24.1.20

En EEUU un nuevo estudio arroja una clara correlación entre la subida del salario mínimo y el descenso de la tasa de suicidios

"Si hay un tema tabú de primer nivel en casi toda socioeconomía, ése es el suicidio de sus ciudadanos. Atendiendo estrictamente a sus cifras de afectados globales, y al hecho de que produce la muerte, puede ser catalogado directamente de pandemia. Pero (casi) nadie osa hablar de ello.


Las razones que pueden conducir a que una persona decida suicidarse pueden ser extremadamente variadas; de hecho, puede haber tantas motivaciones como casuísticas personales de cada caso. Pero en algunos asuntos, puede haber un cierto factor que haga de fatídico nexo común entre unos suicidios y otros, y aunque la heterogeneidad siga subyaciendo, evidentemente es susceptible de emerger una causa raíz para bastantes casos de suicidio.


Y uno de esos factores es ahora revelado por un estudio de investigación como un tema socioeconómico de primer nivel: los datos apuntan a que en EEUU hay una gran cantidad de suicidios debidos a la precariedad económica. De hecho, el estudio afirma que hay una correlación directa entre subir el salario mínimo y que descienda la tasa de suicidios.

Efectivamente, como les decía, los suicidios pueden ser considerados una pandemia global en toda su extensión. Una pandemia silenciosa, muchas veces silenciada, y sobre la que mayormente no se publican ni tan apenas las cifras, y menos estudios lo pormenorizados que el asunto exige sobre las causas últimas de tanta muerte. Y a buen seguro que, en multitud de casos, el fatídico desenlace sería muchas veces evitable si se pusiesen soluciones (de verdad) sobre la mesa de trabajo, en vez de sobre la de disecciones. Porque el suicidio más terrible no es sino el que es una conclusión lógica y la única salida para dejar de sufrir.


Es el suicidio más sombrío, aquel en el que cada minuto de vida se convierte en un sufrimiento insufrible, y en el que se prefiere optar por renunciar a toda posibilidad de solución presente o futura con tal de dejar de padecer. Lo paradójico de este escenario es que, verdaderamente, lo único que no tiene solución en esta vida es la muerte, pero a la vez hay gente para la cual la muerte acaba siendo la única solución que son capaces de vislumbrar. Un siniestro sinsentido que ningún legislador parece querer atacar para así salvar millones de vidas.


El Instituto Nacional de Estadística venía publicando una reveladora estadística sobre los suicidios en España. Una serie que se dejó de publicar como tal allá por 2006, durante la era Zapatero. Los datos correspondientes a ese último año ya revelaban cómo cada año había en España nada más y nada menos que la fatídica cifra de 2017 suicidios, o lo que es lo mismo, un suicidio cada poco más de cuatro horas, o más de cinco suicidios al día. Como podrán ver, las cifras eran apabullantes, y dejan en evidencia no sólo la indiferencia oficial muchas veces existente (empezando por discontinuar incluso la serie estadística anterior como tal), sino también que el problema es de extrema urgencia, con los muertos calientes desplomándose uno encima de otro.


Por desglosar un poco más estas negras cifras, en el enlace anterior podrán informarse de que, de esos 2017 suicidios, 1.480 fueron cometidos por hombres, y 537 por mujeres. Esto arrojaba en 2006 una proporción del 73,4% de hombres, y del 26,6% de mujeres. Y algunos caerán en la treta de afirmar que bueno, que al fin y al cabo son datos de 2006, y que ahora el drama ya no será tal. Nada más lejos de la realidad: de hecho, desde entonces, las cifras han empeorado considerablemente

Porque afortunadamente cifras sigue habiendo de una u otra manera, y los mismos datos pueden ser recabados de la serie general de defunciones en España filtrando por causa de muerte. Ahí sí que ya tenemos datos actualizados, y revelan cómo en 2018 hubo 3.539 suicidios, 2.619 de hombres y 920 de mujeres (tres de cada cuatro suicidas son hombres). En 2018 en media se suicidó alguien en España cada dos escalofriantes horas y media, lo que supone unos 10 suicidios al día. Como ven, desde que la serie específica dejó de publicarse en 2006, los suicidios cotizan fuertemente al alza, y además la proporción entre sexos se mantiene.


En términos comparativos, las estadísticas siguen siendo reveladoras, puesto que las muertes por suicidio superan ampliamente a las de cualquier otra causa de muerte que no sea por enfermedad, y los datos evidencian que las víctimas por suicidio duplican a las de accidentes de tráfico, superan en 11 veces a las de los homicidios, y en 80 veces a las de violencia de género. En el mundo, las cifras de la OMS no arrojan una estadística mucho mejor, y el cómputo global es que cada año sufrimos 800.000 suicidios globalmente. Y las cifras de tentativas de suicidio todavía mucho más abrumadoras, pero su estadística no es fiable porque las cifras no son ponderables con rigor, debido al estigma que ello suele suponer y a cómo tanto la familia como los propios suicidas lo ocultan celosamente en muchos casos (en muchos países incluso es delito).  (...)

Y por si la evolución fuertemente al alza desde 2006 no fuese suficientemente reveladora, por último aportamos los datos del INE de 1980 para mayor información: en 1980 se contabilizaron tan sólo 1.652 suicidios, una tasa no muy alejada de la de 2006, y con una composición por sexos similar a la actual. Se debe concluir pues que la explosión en las cifras de suicidios es mayormente un hecho de los últimos 15 años. Y el dato más significativo es que tampoco se ha corregido con la recuperación económica tras la Gran Recesión.  (...)

A buen seguro que las causas de los suicidios varían de país a país, y por supuesto de persona a pesona, pero, como ya les decía antes, hay algunos factores en común que se pueden atacar sí o sí en algunos (o en muchos) de ellos, logrando alcanzar una probabilidad significativa de éxito. Y es en esa meca de la econometría (mientras sigan permitiendo la calidad en sus cifras) que es EEUU donde un estudio de investigación ha arrojado datos de nuevo muy reveladores al respecto, al menos para el caso estadounidense.


Y es que, más allá de entrar en disquisiciones sexistas sobre por qué (aparentemente) las mujeres son menos proclives al suicidio (que habría que ver las causas últimas de que esto sea así más allá de ramplones supremacismos con tintes biológicos al estilo "las mujeres somos más fuertes"), hay un factor que además puede tener su consistencia con este sesgo: las causas económicas. Efectivamente, las penurias económicas a buen seguro son el tipo de penurias que a su vez más penurias de otros tipos pueden traer... O más bien que implican que esos sufridores económicos menos soluciones pueden permitirse para otras penurias.

Si a esto añadimos que, tradicionalmente, a la mayor parte de las generaciones que actualmente están en edad laboral es al hombre al que se le ha inculcado que tiene el deber de sacar la familia adelante con su salario (muchas veces incluso aunque la mujer trabaje también), pues parece que la cosa va tomando forma coherente, y podría llegar a explicar no sólo el aumento sustancial de suicidios desde la Gran Recesión con una coyuntura sostenidamente deteriorada para las clases medias y humildes (incluso a pesar de la reciente recuperación que puede estar llegando demasiado tarde), sino que también explicaría el hecho de que la gran mayoría de suicidas sean hombres: culturalmente todavía a muchos hombres se les hace sentir los responsables últimos de las penurias económicas familiares. 

Y tomen lo anterior como lo que es: una mera hipótesis, dado que la inexistencia del Plan Nacional reclamado hace totalmente imposible corroborar ésta o cualquier otra hipótesis de trabajo (se me ocurren otras todavía peores e igualmente posibles, incluso al mismo tiempo que la anterior). 

 Simplemente la he enunciado (y que conste que es perfectamente posible) para que se hagan idea de cuán diferente puede ser la realidad cuando se desconoce totalmente, y qué injusta puede llegar a ser la sociedad cuando hay temas muy graves que ni se analizan. El estudio anterior, publicado en el "Journal of Epidemiology & Community Health", en concreto se centra en el mercado laboral y en la socioeconomía estadounidense.  (...)

en EEUU, un país que es la primera economía del planeta pero donde de media el salario mínimo ronda tan sólo los 7$ por hora, los resultados han sido que, de haber subido el mismo entre 1990 y 2015 tan sólo en 1$ por hora en cada estado, se habrían salvado más de 27.000 vidas del suicidio, que habrían llegado a las 57.000 vidas de haber sido el incremento de 2$/hora. Y que conste claramente que, como ya les decía antes, hay casos y casos, y la receta que nunca falla a la hora de crear bienestar económico para los ciudadanos es la de generar crecimiento (pero del que genera empleo de calidad y no aparentes sucedáneos), huir de políticas que sólo generan paro, y no cometer desmanes que potencien la próxima crisis.

Además, el estudio concluye que este efecto anti-suicidio es todavía más intenso en épocas de crisis económica. El objeto del estudio ha sido el rango de clase socioeconómica de los adultos con menor formación, puesto que son los más propensos a tener el salario mínimo como ingresos, además de ser (¡Oh casualidad!) los que en las estadísticas arrojan mayores tasas de depresión y suicidios, lo cual parece suponer otro dato que refuerza la hipótesis de una proporción relevante del "suicidio económico". Y este estudio de referencia no ha sido el único que ha arrojado este tipo de resultado, habiendo incluso un documento de trabajo de la propia Oficina Nacional de Investigación Económica del Gobierno Federal de EEUU concluyendo en este mismo sentido. (...)

Va a ser que muchas muertes no son sólo un estado (inerte), sino que también son la conclusión y la reacción a un estado (económico) para el que no se hay posibilidad de futuro viable. Porque va en la naturaleza de demasiados seres humanos el hecho de que, si no tienen futuro, muchos renuncian al presente, y el pasado acaba siendo una maldición fatídica que tan sólo les ha llevado a tan suicida condición. (...)"                      ( , El blog salmón, 22/01/20)