Mostrando entradas con la etiqueta b.Situación política: Francia: decadencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta b.Situación política: Francia: decadencia. Mostrar todas las entradas

3.2.26

Cousas veredes: La policía registra una librería de París en busca de un libro infantil sobre historia de Palestina... La obra en cuestión es de carácter “educativo e interactivo” y trata “sobre la historia de Palestina, de su pueblo, de su tierra, de su cultura, de la Nakba, de la ocupación, del genocidio, de la resistencia y de la solidaridad internacional con el pueblo palestino”... La librería asegura que una parte del dinero obtenido por su venta se destinó a las asociaciones humanitarias en Gaza... los agentes estuvieron 45 minutos inspeccionando estanterías, cajas de libros, almacenes y varias salas sin encontrar ni un solo ejemplar, ya que “estaban agotados”. Ante esta situación, el representante del ministerio público les entregó una citación en la comisaría del Distrito XI el próximo 22 de enero para una declaración voluntaria en el marco de una investigación preliminar... “Es un ataque gravísimo a la libertad de expresión y de creación que busca intimidar a las librerías y criminalizar el apoyo al pueblo palestino”, ha señalado Ian Brossat, senador del Partido Comunista (El País)

 "Cinco agentes de la policía, junto a un representante de la Fiscalía de París, han registrado una librería de la capital francesa con el objetivo de incautarse de un libro infantil sobre la historia de Palestina. Según han denunciado este viernes los responsables del local, situado en el distrito XI de París, las autoridades buscaban el pasado 7 de enero requisar todos los ejemplares de From the River to the Sea: un livre de coloriage’ (Desde el río hasta el mar: un libro para colorear). Su contenido recibió un informe desfavorable del Ministerio de Justicia por ser susceptible de “incitar al odio hacia la población israelí”.      

Violette and Co, una librería feminista y defensora de los derechos LGTBI, ha señalado en su comunicado que esta decisión, que califican de “inédita y desproporcionada”, es “profundamente preocupante en lo que respecta a las libertades fundamentales”. Ha acusado a las instituciones de aumentar las “lógicas de control ideológico y de represión política”. “Las librerías independientes son espacios de pensamiento crítico, de circulación de ideas y de resistencia cultural”.

Según relatan en sus redes sociales, los agentes estuvieron 45 minutos inspeccionando estanterías, cajas de libros, almacenes y varias salas sin encontrar ni un solo ejemplar, ya que “estaban agotados”. Ante esta situación, el representante del ministerio público les entregó una citación en la comisaría del Distrito XI el próximo 22 de enero para una declaración voluntaria en el marco de una investigación preliminar.

La Comisión de Vigilancia y Control de Publicaciones para la Juventud (CSCPJ), organismo creado en 1949 y adscrito al Ministerio de Justicia, emitió un informe desfavorable a la importación y distribución de este libro en Francia. “Su contenido es susceptible de incitar al odio hacia un grupo de personas, a saber, la población israelí, y de perjudicar el desarrollo moral de la juventud”, argumentó el organismo en una resolución del 14 de noviembre a la que tuvo acceso Efe.

Del mismo modo, la CSCPJ dijo que la obra “contiene elementos con fuerte connotación política y tomas de posición respecto al Estado de Israel sin contextualización”. También considera que el “contexto de tensiones exacerbadas y de aumento del antisemitismo” dificultan su publicación, según la institución.

La obra en cuestión es de carácter “educativo e interactivo” y trata “sobre la historia de Palestina, de su pueblo, de su tierra, de su cultura, de la Nakba, de la ocupación, del genocidio, de la resistencia y de la solidaridad internacional con el pueblo palestino”, explicó Violette and Co. Su autor es el periodista Azad Essa, está ilustrado por Nathi Ngubane y fue publicado en enero de 2024, editado por Social Bandit Media, con sedes en Johannesburgo y Nueva York. La librería asegura que una parte del dinero obtenido por su venta se destinó a las asociaciones humanitarias en Gaza.

“Es un ataque gravísimo a la libertad de expresión y de creación que busca intimidar a las librerías y criminalizar el apoyo al pueblo palestino”, ha señalado este viernes en sus redes sociales Ian Brossat, portavoz, senador y candidato del Partido Comunista a las elecciones municipales de París del próximo marzo."                          (El País, 16/01/26) 

31.1.26

Nunca en mi vida había visto tal nivel de alienación en un grupo aleatorio de personas que conozco y con las que hablé mientras estuve allí, y el Gobierno de Macron... Hay un gran entusiasmo por que desaparezca de la escena. La gente se burla de él cuando sale en la televisión en el bar. Se burlan de él en la calle. Es algo bastante impactante... Ha intentado repetidamente atacar el programa de pensiones... En Francia, casi todo el mundo, no todos, pero casi todos, admite ahora que las sanciones económicas contra Rusia por la guerra de Ucrania han fracasado... Y luego hubo un fracaso espectacular el año pasado, cuando los europeos, incluido Macron, decidieron dejar de lado la inviolabilidad de la propiedad privada y perseguir el dinero ruso... Así que decidieron que tomarían los 200 000 millones depositados en Bélgica y se los darían a Ucrania para conseguir al menos otro año o dos de guerra contra Rusia, pero fracasaron... todos los bancos centrales del mundo observaron este espectáculo. Todos los bancos centrales saben que si mantienen dinero en Europa, como hacen prácticamente todos, ese dinero puede utilizarse como arma contra ellos, tal y como los europeos, a diferencia de cualquier otro, intentaron seriamente hacer y han hecho con los intereses de ese dinero. Lo que significa que, de forma lenta pero segura, los bancos centrales del mundo van a seguir diversificándose fuera del euro y del dólar... Y esa es una de las razones por las que otras monedas, la japonesa y la china, están adquiriendo poco a poco más importancia, y también del aumento del valor del oro y la plata durante el último año, que es hacia donde los bancos centrales están trasladando sus reservas... Por lo tanto, se trata de un golpe a largo plazo para la economía europea en su posición en el mundo... Así que se ven obligados a recortar el gasto en bienestar social, lo que los hunde. Y recordemos que se trata de gobiernos centristas o de centro-derecha... Así que se está creando un conflicto político catastrófico en toda Europa... Están quitando a la mayoría de la población el bienestar social del que han llegado a depender. Mi familia francesa depende de la educación superior gratuita, de la asistencia médica gratuita... lo que veremos en 2026 es un intenso desarrollo de la lucha política entre un aparato gubernamental conservador, en declive y fallido que se aferrará con uñas y dientes a su poder político, diciendo que están protegiendo contra la amenaza rusa, y desde abajo vendrá la demanda de que se respeten y se mantengan los servicios públicos... En toda Francia se respira una sensación de verdadera tristeza por el hecho de que lo que es importante en Francia, la grandeza, como ellos dicen, está siendo atacada como nunca antes, que están sufriendo un declive muy trágico y que están realmente divididos (Michael Hudson, Richard D. Wolff)

"NIMA ALKHORSHID: Bienvenidos de nuevo, Richard y Michael.

⁣RICHARD WOLFF: Bienvenida a ti también. Gracias.

⁣NIMA ALKHORSHID: Y feliz año nuevo a los dos.

⁣RICHARD WOLFF: Sí, y a ti también.

⁣NIMA ALKHORSHID: Y a nuestra audiencia. Richard, voy a empezar por ti. Has estado en Francia recientemente, antes de Año Nuevo. En lo que respecta a Francia y los problemas a los que se enfrenta, ¿cuál es la principal cuestión a la que se enfrentan Francia y Europa?

⁣RICHARD WOLFF: Creo que el principal problema en Francia es todo el aparato de toma de decisiones. Llevo mucho tiempo yendo a Francia. Hablo francés. Mi padre nació en Francia. Tengo conexiones allí que se derivan de todo eso.

Nunca en mi vida había visto tal nivel de alienación en un grupo aleatorio de personas que conozco y con las que hablé mientras estuve allí. Y el Gobierno de Macron. No es exagerado decir que una gran parte de la población francesa, y en particular en París y sus alrededores, tiene un papel en la sociedad y la cultura francesas que difícilmente se puede igualar en ningún otro lugar. Por lo tanto, si no tienes París, ya tienes un problema. Y Macron no tiene París en absoluto.

Hay un gran entusiasmo por que desaparezca de la escena. La gente se burla de él cuando sale en la televisión en el bar. Se burlan de él en la calle. Es algo bastante impactante. Y la gente hace comparaciones.

La que me pareció más notable fue en una breve conversación que mi esposa tuvo con una persona. Estábamos en una cafetería. Y la persona le preguntó a mi esposa si apoyaba al Sr. Trump. Y mi esposa se rió y dijo: «Oh, no, todo lo contrario». Y la persona, un ciudadano francés, respondió con un tono compasivo: «Bueno, en nuestro país odiamos al Sr. Macron, pero todo el mundo odia a su presidente». Esa es la diferencia.

Así que eso te da una idea de cuáles eran los sentimientos. Ahora bien, ¿cuáles son las razones? Bueno, las razones son de todo tipo, desde las superficiales hasta las profundas e históricas. Por ejemplo, Macron está socavando, reduciendo y atacando constantemente el sistema de bienestar social de Francia. Y permítanme recordarles a todos que se trata de un sistema de bienestar social bastante desarrollado.

Cuando te gradúas en el instituto o la universidad en Francia y consigues tu primer trabajo, tu empleador está obligado a darte cinco semanas de vacaciones pagadas al año desde el principio. El sistema universitario es básicamente gratuito. Tienes que pagar la comida y el alojamiento, pero no pagas tasas, matrículas ni cosas por el estilo. Si tienes una lesión o te pones enfermo, estás cubierto por un programa de seguro médico del gobierno desde que naces hasta que mueres. No puedes ir a la quiebra por gastos médicos, como es habitual aquí en Estados Unidos.

Las guarderías para niños se ofrecen, por ejemplo, en París como un servicio público. Hay que pagar, pero es muy, muy barato. Es algo que la mayoría de las parejas de clase trabajadora, si ambos trabajan, pueden permitirse fácilmente, y así es como ambos pueden trabajar porque cuentan con ese sistema.

Y, por cierto, todos estos servicios, todos estos servicios públicos, llevan décadas funcionando en Francia. No son programas nuevos. Funcionan bien. Ahora cuentan con una financiación un poco menor que antes. Y eso es un problema. Se culpa de ello al Sr. Macron.

Ha intentado repetidamente atacar el programa de pensiones. Hasta ahora, en gran medida sin éxito, con algún éxito, pero nada parecido a lo que él esperaba, etc. En segundo lugar, es partidario de Ucrania y, por lo tanto, participó en el esfuerzo por utilizar el dinero incautado a Rusia, los saldos en moneda occidental que Rusia tenía en bancos e instituciones bancarias de Bélgica y otras partes de la Unión Europea. Las estimaciones al respecto son muy imprecisas, pero oscilan entre doscientos y trescientos mil millones de dólares o euros, aproximadamente. En los dos primeros años, Macron parecía apoyar la idea de que la propiedad privada es un principio inviolable del capitalismo y que, por lo tanto, los europeos no podían ni debían quedarse con el dinero ruso. Realmente no hay precedentes de eso.

Y como no se trataba de una guerra, ya sabes, que eclipsara a la Primera y la Segunda Guerra Mundial, no le parecía necesario. Entonces no pudieron ganar. Entonces intentaron el programa de sanciones. En Francia, casi todo el mundo, no todos, pero casi todos, admite ahora que las sanciones económicas han fracasado. No impidieron que Rusia luchara en la guerra, la financiara y la intensificara según sus necesidades, y no hay indicios de que vaya a hacerlo. Y así es. Los periódicos también están llenos de ello. Los ocasionales ataques con drones contra algún petrolero no cambian nada de eso.

Y luego hubo un fracaso espectacular el año pasado, cuando los europeos, incluido Macron, decidieron dejar de lado la inviolabilidad de la propiedad privada y perseguir el dinero ruso. Primero se quedaron con los intereses, que creo que ya han gastado en Ucrania. Luego, Macron, junto con Merz, de Alemania, desarrollaron su punto de vista. (Y recuerden que esas son las dos economías dominantes en Europa. Las únicas otras son Gran Bretaña e Italia, y son menores que Francia y Alemania).

Así que decidieron que tomarían los 200 000 millones y se los darían a Ucrania para conseguir al menos otro año o dos de guerra contra Rusia. Antes de llegar al meollo del asunto, debo mencionar que la demonización de Rusia y la demonización de Putin es ahora tan intensa como siempre, e incluyo la Guerra Fría después de la Segunda Guerra Mundial. Ahora es más intensa, extraordinaria. En cualquier caso, varios países, además de Francia y Alemania, encabezados por Bélgica, la República Checa y uno o dos más, se negaron públicamente a aceptar lo que tendría que ser una decisión unánime de la Unión Europea para confiscar los activos rusos de esa manera. Y los belgas no estaban dispuestos a permitir que se concediera un préstamo que se utilizara como garantía de esos activos rusos.

Y quiero subrayar aquí, para que todo el mundo lo entienda, la enorme importancia histórica, mucho más allá de Ucrania, mucho más allá de lo que estamos discutiendo, de la derrota de Europa por no haber podido confiscar los activos rusos. Lo único peor para Europa que hacer el esfuerzo de hacerlo era fracasar en el intento. Porque eso les reportó todos los aspectos negativos, todos ellos, de su esfuerzo, sin ningún aspecto positivo. Sin dinero para Ucrania, sin préstamos respaldados por la riqueza de otros.

Así que, permítanme concluir diciéndoles cuáles son algunas de estas consecuencias. En primer lugar, todos los bancos centrales del mundo observaron este espectáculo. Todos los bancos centrales saben que si mantienen dinero en Europa, como hacen prácticamente todos, ese dinero puede utilizarse como arma contra ellos, tal y como los europeos, a diferencia de cualquier otro, intentaron seriamente hacer y han hecho con los intereses de ese dinero. Lo que significa que, de forma lenta pero segura, los bancos centrales del mundo van a seguir diversificándose fuera del euro y del dólar, porque hasta ahora se les ha tratado como socios.

Y esa es una de las razones por las que otras monedas, la japonesa y la china, están adquiriendo poco a poco más importancia; siguen siendo menores, pero poco a poco están cobrando importancia en el pensamiento de los bancos centrales. Y, por supuesto, hay que tener en cuenta, como todo el mundo debería saber, el aumento del valor del oro y la plata durante el último año, que es hacia donde los bancos centrales están trasladando sus reservas.

Por lo tanto, se trata de un golpe a largo plazo para la economía europea en su posición en el mundo. Por si fuera poco, Estados Unidos está retirando claramente su financiación a Ucrania. Por lo tanto, está imponiendo una mayor carga a Europa para que intente mantener esta situación. Ahora que no pueden aceptar el dinero ruso y que el apoyo estadounidense se está reduciendo, si no desapareciendo, la presión sobre ellos y sus presupuestos es cada vez mayor. Y no pueden pedir préstamos como antes debido a su declive económico.

Así que se ven obligados a recortar el gasto en bienestar social, lo que los hunde. Y recordemos que se trata de gobiernos centristas o de centro-derecha. Por lo tanto, son especialmente vulnerables a los partidos de izquierda y al movimiento obrero, y hay que tener en cuenta que la organización para apoyar los servicios públicos es mucho más fuerte en Europa que en Estados Unidos.

Así que se está creando un conflicto político catastrófico en toda Europa, y esto no va a funcionar. Se va a producir una fractura. Los estadounidenses que salieron de la Guerra Fría podrían pensar: bueno, es como si la Guerra Fría continuara. No, esto es más intenso, la Guerra Fría ha terminado, pero la hostilidad, ¿por qué? Porque es la única carta que pueden jugar los gobiernos europeos.

Están quitando a la mayoría de la población el bienestar social del que han llegado a depender. Mi familia francesa depende de la educación superior gratuita, de la asistencia médica gratuita. Quiero decir, es completamente diferente. La idea de que esto pueda serles quitado o reducido les motiva a participar en los movimientos de los chalecos amarillos y a salir a la calle.

Así que creo que lo que veremos en 2026 es un intenso desarrollo de la lucha política entre un aparato gubernamental conservador, en declive y fallido. Por desgracia, incluyo a Starmer, Merz, Macron, a todos ellos, básicamente, posiblemente con la excepción del líder en España, pero con muy pocas salidas en los principales países europeos. Se aferrarán con uñas y dientes a su poder político, y su principal forma de hacerlo será diciendo que están protegiendo contra la amenaza rusa. Tienen que actuar como si Rusia estuviera a punto de invadir toda Europa, someterlos a todos, y que solo el gobierno en el poder podrá detenerla.

Y desde abajo vendrá la demanda de que se respeten y se mantengan los servicios públicos. Y no recibirán ninguna ayuda de Estados Unidos, porque Estados Unidos tiene una agenda totalmente diferente. Quieren lo que ellos llaman estabilidad en Europa. Trump está ansioso por llegar a algún tipo de acuerdo con Putin para conseguir todo eso. Putin no va a permitir que eso sea un logro del Sr. Trump si este se dedica a apoyar la histeria antirrusa en Europa.

Así que no tienen a quién recurrir. En toda Francia se respira una sensación de verdadera tristeza por el hecho de que lo que es importante en Francia, la grandeza, como ellos dicen, está siendo atacada como nunca antes, que están sufriendo un declive muy trágico y que están realmente divididos. El bloque más grande de la Asamblea Nacional es el de la izquierda, liderado por Jean-Luc Melenchon, un antiguo activista político comunista. Y él, bajo su liderazgo, ha unificado a la izquierda. Están unidos. Presentan una lista única de candidatos, por lo que son el bloque más grande de la asamblea.

Han logrado la unidad de la izquierda, algo que ha eludido a la mayoría de las izquierdas en otras partes de Europa. Por lo tanto, pueden ser los líderes en derrocar al Sr. Macron y convertirse en una nueva dirección importante. Debo mencionar de paso que en las calles de París se veían vehículos que eran coches y camiones BYD. Son los automóviles eléctricos chinos. Están llegando a Francia. No hay duda al respecto. Y, independientemente de cómo se aborde, las señales están ahí. No se ven en Estados Unidos, pero sí en las calles de París.

⁣NIMA ALKHORSHID: Michael, creo que uno de los puntos cruciales que ha mencionado Richard es cómo Europa estaba tratando de robar activos rusos para dárselos a Ucrania y que esta comprara nuevas armas.

⁣MICHAEL HUDSON: Bueno, creo que Richard tenía toda la razón. Esta es una especie de emisión de Año Nuevo, y se supone que debemos decir algo sobre cómo va a evolucionar el mundo en el próximo año. Y creo que hacemos muy bien en centrarnos en Europa, porque es allí donde se concentran todas las tensiones. Miremos donde miremos en todo el mundo, parece que todo está a punto de romperse, de estallar. La pregunta es: ¿cómo va a romperse?

Y la respuesta es la conciencia de la gente. Y la conciencia de Europa, como acaba de señalar Richard, está moldeada por la Guerra Fría. En el año de la presidencia de Trump, ahora podemos ver que la estrategia de Estados Unidos para restaurar su antiguo poder sobre el comercio y el sistema financiero mundial se basa en el paraguas ideológico de la Guerra Fría. Y ha habido un doble golpe de Estados Unidos contra Europa y contra otros países.

El primer golpe fue aislar a Europa y a otros aliados, como Japón y Corea del Sur, del comercio con las partes de la economía mundial que crecen más rápidamente, que son China y Asia Oriental. ¿Cómo se va a hacer eso? Bueno, hay que cortar el comercio y la inversión con los dos enemigos designados por Estados Unidos, Rusia y China. Y esto se hace, como ha señalado Richard, con el mito de que, de alguna manera, Europa necesita la protección estadounidense contra el mítico intento de Rusia de volver a conquistar Europa, reconstruir la Unión Soviética y expandirse hacia el este, incluyendo sin duda a Alemania y otros países europeos.

Ahora bien, todo eso es un mito. Pero fue el mito general que permitió a Estados Unidos decir: «Bueno, necesitáis nuestra protección contra Rusia, y eso va a tener un coste». Y si quieren que los protejamos contra Rusia y, en última instancia, contra China, como enemigos existenciales de todo el sistema económico que tenemos en Estados Unidos y Europa, entonces tienen que cortar sus relaciones comerciales, a pesar de que toda su prosperidad prevista antes de 2022 se basaba en la expansión del comercio y la inversión con Rusia, China, la importación de materias primas, petróleo, gas y otros materiales de Rusia, la importación de fabricantes de China y la expansión de la industria alemana y otras industrias europeas en el extranjero en estos países para lograr de alguna manera un crecimiento equilibrado y alejarse de Estados Unidos, que no se está industrializando, sino desindustrializando, para hacerlo.

Así pues, cuando Trump asumió el cargo, Estados Unidos había convencido a estos países de que no persiguieran su interés económico natural de comercio e inversión mutuos con Asia, en lo que incluyo a Rusia. Y eso permitió a Trump seguir lo que se ha convertido en una política doble. Es decir, ahora que han puesto todos sus huevos en la cesta de Estados Unidos, sin comercio con Asia, solo tienen un gran mercado de exportación, y ese es Estados Unidos. Trump dijo entonces: «Ahora voy a aprobar mis aranceles del 2 de abril, Día de la Liberación, y cortaré todo su comercio con Estados Unidos a menos que ustedes cedan».

Y las concesiones son, en primer lugar, aceptar nuevas sanciones muy estrictas, sanciones más duras contra Rusia y China, y cualquier país del BRICS que los apoye. En otras palabras, el 85 % del mercado mundial potencial, de modo que dependan totalmente de Estados Unidos. En segundo lugar, vamos a aumentar los aranceles que tendrán que pagar. En tercer lugar, tendrás que desindustrializar tu economía porque ahora que te hemos cerrado el mercado estadounidense y has tenido que triplicar o cuadruplicar el precio de la energía al bloquear el petróleo y el gas de Rusia, ahora tienes que trasladar tus principales industrias a Estados Unidos, no a China, ni a Rusia, ni a Asia Central, ni a los países BRICS, sino a Estados Unidos. Y si no lo hacéis, mantendremos unos aranceles tan altos que vuestras empresas industriales, especialmente las de Alemania, que han dependido de los mercados de exportación para su mayor crecimiento, de repente tendréis que cerrar vuestras fábricas, despedir a vuestra mano de obra y desindustrializaros de forma pasiva. Porque si no lo hacéis, perderéis el paraguas estadounidense que os protege.

Richard ha señalado que la izquierda en Europa, y sin duda en Francia, es muy fuerte, y sin embargo la Unión Europea está controlada por la extrema derecha pro-guerra, pro-Guerra Fría, el ala neoconservadora que ha nombrado a Von der Leyen y Kallas, los apasionados antirrusos a cargo de su política exterior.

Y von der Leyen, cuando cedió a todas las exigencias de Trump de devoluciones, Europa tiene que reubicar su industria en Estados Unidos, lejos de su propio empleo. Von der Leyen dijo: «Bueno, lo hicimos por la Guerra Fría. Al menos ahora tenemos estabilidad». Y Trump, dijo, garantiza la estabilidad. Por fin tenemos un gobernante estable y sabemos cuáles serán las reglas ahora. Las reglas nos obligarán a desindustrializarnos, pero ese es el precio que tenemos que pagar para proteger a Alemania de la Guerra Fría, porque la próxima vez no se detendrán en Berlín cuando avancen hacia el oeste, se llevarán toda Alemania.

Y sus socios, los ministros de Finanzas de la UE y Alemania y otros funcionarios, dijeron que sí, que no se trata solo de lograr un comercio equilibrado. Se trata de la Guerra Fría. Así que esta Guerra Fría se ha convertido en la ideología de que Europa necesita a Estados Unidos. Y, por supuesto, entonces Trump dijo: «De acuerdo, ahora voy a quitaros la alfombra de debajo de los pies. No voy a pagar vuestra Guerra Fría con Ucrania, con Rusia en Ucrania».

La lucha en Ucrania no es una lucha entre Rusia y Ucrania. Es entre Rusia y Gran Bretaña, Alemania, Francia y los líderes de la UE, que están totalmente monopolizados por la facción pro Guerra Fría que está dispuesta a hacer justo lo que Richards describió, recortar el gasto social. Dicen: ahora estamos en una economía de guerra porque lo que defendemos son los valores europeos. Y los valores europeos por los que luchamos son los de Ucrania. Control militar total de los medios de comunicación, control de un solo partido, prohibición de la oposición política al partido líder. Necesitamos que nuestros valores sean los de Ucrania. Necesitamos una cleptocracia militar aquí, igual que ellos. Quiero decir, esta es la pesadilla que está siendo bienvenida por Europa.

Así que lo que realmente está en juego aquí, aunque estemos hablando de que los intereses económicos son el principal motor, es lo siguiente: ¿primará este paraguas ideológico que es la Guerra Fría con Rusia? «Debemos compartir el odio británico y alemán hacia Rusia y el odio báltico hacia Rusia. Eso tiene que convertirse en el principio rector de nuestra política económica interna. Y sí, habrá sacrificios. Nos desindustrializaremos. Perderemos el comercio industrial europeo, principalmente alemán, pero también francés e italiano, que teníamos antes. Pero es el precio que hay que pagar. Básicamente, tenemos que convertirnos en una colonia económica de los Estados Unidos»

Este debe ser el debate político ideológico que debe tener lugar en Europa para que haya una oportunidad de que Europa siga su aparente interés económico, que es lo que existía antes de 2022.

Si se quiere tener un mercado de exportación, hay que buscar, bueno, qué economías están creciendo más rápidamente. El mito es que, de alguna manera, si los países europeos se dedican a la industria, la industria siderúrgica, la industria automovilística alemana, la industria de maquinaria alemana, industrias similares de Japón, Taiwán y Corea del Sur, si se trasladan a Estados Unidos, ¿podrán industrializar con éxito Estados Unidos?

Bueno, en realidad no. Y eso nos lleva a la segunda cuestión que hemos debatido anteriormente. Creo que hace dos programas, Richard señaló que cuando él y yo estábamos en la universidad haciendo el doctorado, una de las asignaturas más populares era Economía del Desarrollo. Todo lo que enseñaban en Economía del Desarrollo era irrelevante. Todos daban por sentado: ¿qué es el desarrollo? Era keynesianismo, keynesianismo militar. Gasta más dinero en la economía y la economía crecerá.

No se discutía, bueno, ¿cuál es la forma de la economía? ¿Cuál es el sistema fiscal? ¿Cómo seguimos las mismas políticas de crecimiento que siguieron Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania? Aranceles protectores, subvenciones a la industria y, sobre todo, mantener los servicios públicos básicos, las comunicaciones, el transporte y los monopolios naturales en el dominio público mediante la socialización de los monopolios, en lugar de dejarlos en manos privadas para obtener rentas de monopolio.

Nada de esto se discute en la economía normal. No se debía cuestionar la estructura del monopolio. ¿Cómo hacer más grandes los sistemas económicos existentes, aunque estos sistemas económicos, a través de los países que se denominaban subdesarrollados, fueran subdesarrollados porque eran sistemas rentistas, eran cleptocracias clientelistas? Eran sistemas que no se desarrollaban en absoluto. Y estas economías subdesarrolladas solo debían hacerse más grandes, lo que significaba concentrar los ingresos crecientes que tenían en la cima de la pirámide económica.

Todo eso debe ponerse en tela de juicio, y cabría esperar que, con la contracción económica que estamos viendo ahora en Europa, se reabra la posibilidad de que se produzca este tipo de debate. La pregunta es: ¿ocurrirá?

Los alemanes y los británicos han prohibido básicamente todo debate, por ejemplo, las críticas a la política israelí contra los palestinos. No se permite quejarse de lo que está sucediendo en los territorios palestinos por la expansión israelí. No se permite explicar por qué Rusia se siente tan amenazada por la expansión de la OTAN, porque la seguridad estadounidense se define como la destrucción de la seguridad rusa y de otras seguridades. La seguridad estadounidense no está garantizada a menos que ningún otro país tenga seguridad para protegerse de la presión política, militar y financiera estadounidense, como confiscar el dinero de Rusia, para obligarlos a seguir la política de Estados Unidos.

Por lo tanto, el debate en los medios de comunicación públicos no aborda el tipo de cosas que hemos estado discutiendo en este programa durante el último medio año, Nina. Esa es la pregunta: ¿cómo puede Europa romper esta trampa de visión estrecha en la que está atrapada, que le ha impedido resolver el problema de cómo dejar de intentar salvar una economía industrial estadounidense que no puede salvarse hasta que se transforme el sistema económico estadounidense, al igual que se está transformando el sistema económico europeo, de la misma manera que los países asiáticos, China especialmente, han cambiado sus sistemas económicos, como hemos dicho antes, reinventando la misma rueda que los industriales estadounidenses desarrollaron en el siglo XIX para desarrollar su propia industria, cuando esto se denominaba evolución hacia la socialdemocracia o, en una palabra, socialismo.

⁣RICHARD WOLFF: Quiero basarme en todo lo que hemos estado discutiendo y plantear la siguiente pregunta: ¿por qué, o cómo podríamos explicar las nociones en Europa de las que estamos hablando, este compromiso ideológico, el antirrusismo en todo, los gobiernos conservadores, todo eso por un lado, y la estrategia de Estados Unidos de intentar llegar a algún tipo de acuerdo con Rusia para «estabilizar» la situación? Creo que, desde la perspectiva europea, lo que estamos viendo, y debemos tenerlo presente, es la consecuencia irónica definitiva de cientos de años de colonialismo.

Hacia el final de El capital, Marx comenta que su próximo proyecto será hablar de cómo el capitalismo crea, por primera vez, una verdadera economía mundial, una economía en la que participan y de la que dependen todas las diferentes partes del mundo. Y la gente tiende a pasar por alto eso y verlo como una apreciación del capitalismo, por así decirlo. Yo quiero argumentar que es, en cierto modo, la muerte, al menos del capitalismo occidental. ¿Por qué?

Bueno, se lo voy a mostrar volviendo a cómo los rusos lograron impedir que Europa confiscara los activos rusos para mantener esa guerra durante uno o dos años más sin la oposición interna a la que se enfrentan ahora. La razón por la que los rusos pudieron evitar esa bala, y seamos claros, si se hubiera hecho y se hubiera recaudado ese dinero de esa manera y se hubiera utilizado para dar a Zelensky el dinero y las armas que sigue pidiendo, la guerra habría continuado durante bastante tiempo. Nadie sabe cuánto tiempo, pero durante bastante tiempo, con un coste enorme para Ucrania, para Rusia, etc.

He aquí el motivo. Los rusos hicieron dos cosas, una antes y otra bastante recientemente. La primera fue dejar claro que si Occidente confiscaba los activos rusos en Occidente, Rusia confiscaría los activos occidentales dentro de Rusia, que, debido al desarrollo de la economía mundial, son cuantiosos. Hay que entender que Putin dejó muy claro que, si se trataba de los activos y no de los intereses, les dejaba quedarse con ellos. No se opuso a ello como podría haberlo hecho. Pero si tú te quedas con el principio, entonces yo me quedaré con tus cosas.

Lo que hizo más recientemente, hace solo unas semanas, fue hacer que el Gobierno ruso acudiera a los tribunales y anunciara que si se concedían préstamos a Ucrania, que todo el mundo sabe que no puede devolver, los prestamistas, sean quienes sean, exigirían la garantía, que son los activos rusos. Esa es la idea de lo que estaba haciendo Europa. Putin acudió a los tribunales y dijo: «Esto es un acto de la Unión Europea. Y si lo hacen, nosotros, los rusos, acudiremos a todos los tribunales de todas las jurisdicciones de todos los países, ya sea Malawi, Paraguay o Canadá, y demandaremos para recuperar los activos que nos han robado. Y ustedes saben, y nosotros sabemos, que vamos a ganar muchos de esos juicios, en parte porque se celebran en países que son nuestros aliados.

De repente, si me permiten, la dialéctica de crear una economía mundial vuelve para morder a Estados Unidos y Europa Occidental justo en la parte trasera. La economía mundial que su colonialismo inició y dio los primeros pasos ha adoptado ahora su propia lógica de crecimiento, atrayendo a muchas de las grandes empresas occidentales que quieren sacar provecho de lo que pueden hacer en China, en la India, en Brasil y en todos esos otros lugares. Y ahora, como enseñó Hegel, te vuelves dependiente de aquellos a los que hiciste dependientes de ti. Te vuelves dependiente de la relación de dependencia, no solo del otro.

Recuerden que, en Hegel, el amo y el esclavo, el amo se vuelve dependiente de la relación con el esclavo, porque el esclavo está obligado a hacer todo y el amo no puede. Eso es lo que tenemos ahora. Occidente no puede hacerlo. Y discrepo un poco con Michael. Sea cual sea su nota ideológica, los europeos y los estadounidenses no van a resolver este problema. No lo veo.

Normalmente veo que han pasado por muchas crisis. Soy el primero en admitirlo. Ya sabes, el viejo chiste: ¿qué dicen con gran orgullo los economistas marxistas? Con gran orgullo, anuncian que han predicho 10 de las últimas cuatro recesiones. ¿Verdad? Es un chiste, pero es un chiste, como todos los buenos chistes, que tiene su parte de verdad.

Pero no veo una salida. No veo que muchas empresas europeas, al considerar que sus costes energéticos son tan elevados, vayan a trasladarse a Estados Unidos. ¿Bromeas? ¿Trasladarse a un país tan inestable como este? ¿Un país que tiene que acudir al Tribunal Supremo para averiguar que no puede utilizar sus propias tropas contra su propio pueblo en sus propias ciudades? Por Dios, ya sabes, no vienen porque sería una locura hacerlo.

Puede que Estados Unidos quiera estabilidad, pero no la tiene. Y tampoco puede ofrecérsela a nadie. ¿Te imaginas la conversación entre los industriales alemanes lamentándose de lo que les ha hecho Estados Unidos y luego diciéndose unos a otros: «Bueno, no pasa nada, podemos trasladarnos a Estados Unidos»?

No quieren hacerlo y no lo ven como una solución a su problema. Y no van a gastar miles de millones, ni siquiera billones, en hacer algo así cuando el riesgo es tan enorme. Eso no es lo que hacen. Aquí está la ironía. Justo cuando el capitalismo comienza en Inglaterra, hace posible el Imperio Británico y luego ve cómo los británicos, utilizando su imperio, no pueden salvar su propio capitalismo, ni siquiera utilizarlo. Así que ahora son los patéticos objetos que observamos.

Bueno, Europa está siguiendo el mismo camino, y Estados Unidos también. Y de la misma manera, su propio imperio y el desarrollo del mismo, tanto el desarrollo que ellos controlaban, en aquellos países que recibían ayuda exterior, como, más aún, los países que no podían controlar porque no les daban ayuda exterior —ya sabes, Rusia, China, Corea del Norte, Vietnam, etc.—, son los líderes. Son los líderes de las tendencias separatistas.

Creo que la depresión que he encontrado en las últimas dos semanas en París, que sigue siendo una de las ciudades más bellas del mundo, pero el sentimiento depresivo del que hablan los propios habitantes, no quiero ponerme místico, pero es en cierto modo la conciencia, incluso entre los líderes a los que criticamos, de que los días del centro europeo del mundo han terminado, y no solo han terminado para Europa, sino también para los lugares donde se establecieron los europeos. América del Norte, Australia, Nueva Zelanda. Esos lugares tienen que readaptarse a un nuevo mundo.

No quieren hacerlo, les preocupa, pero no veo que haya ninguna opción a lo que estoy describiendo que ofrezca una alternativa. Y ese es el punto final. En este nuevo año, reaccionando como todos lo hacemos, o supongo que todos lo hacemos, ante un año tumultuoso del Sr. Trump por segunda vez, en el que ha mostrado mucho más sus predilecciones salvajes y extremas que la primera vez, o ha sido capaz de llevarlas a cabo, estamos asistiendo a un teatro político de acciones desesperadas. Y es aterrador.

El Wall Street Journal le dio una mala nota al final de su primer año, creo que en la edición de ayer o de hoy. Murdoch está preocupado porque esto se está saliendo de control. Y aquí está mi pensamiento irónico. Eso es lo que decía la gente en París. Tememos que se esté saliendo de control. Macron está desbordado. No puede manejarlo. No lo está manejando. Se pavonea y la gente se burla de él como si fuera un payaso irrelevante.

¿Y no es eso lo que ocurre en nuestro país, que hay muchísima gente que está empezando a ver al Sr. Trump como alguien de quien quieren alejarse? Fíjate en Marjorie Taylor Greene. Fíjate en Elise Stefanik. Se están marchando. Se marchan porque ven en las encuestas que están haciendo. Las cosas se están descontrolando. (...)"

 (Michael Hudson, Richard D. Wolff, blog Michael Hudson, 28/01/26, traducción DEEPL)

20.1.26

Cousas veredes... Momento asombroso en la televisión francesa. Una jueza francesa explica cómo Trump envió a gente de la embajada de Estados Unidos para intentar intimidarla durante el juicio a Le Pen por malversación de fondos, algo que ya han hecho con otros jueces de todo el mundo (Alex Taylor)

Adam Tooze @adam_tooze

El mundo es asombroso. Funcionarios estadounidenses buscan sistemáticamente subvertir la independencia de los poderes judiciales en todo el mundo en beneficio de los aliados políticos de la derecha estadounidense.

(Amazing is the world. US officials are systematically seeking to subvert the independence of judiciaries around the world in the interests of political friends of the American right-wing.)

Alex Taylor @AlexTaylorNews

Momento asombroso en la televisión francesa. Una jueza francesa explica cómo Trump envió a gente de la embajada de Estados Unidos para intentar intimidarla durante el juicio a Le Pen por malversación de fondos, algo que ya han hecho con otros jueces de todo el mundo. Mis subtítulos en inglés 

Vídeo: https://x.com/i/status/2013529592393289832

(Amazing moment on French TV. A French judge explains how Trump sent people from the US Embassy basically trying to intimidate her during Le Pen's trial for embezzlement - something they've done to other judges around the world My English sub-titles )

9:30 a. m. · 20 ene. 2026 228 mil Visualizaciones

11:38 a. m. · 20 ene. 2026 7.748 Visualizaciones

3.11.25

Cousas veredes... en Francia, el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, el general Fabien Mandon declaró haber encomendado al ejército la tarea de estar preparados para una posible guerra contra Rusia en los próximos tres o cuatro años... el escenario sería un importante despliegue de tropas en Europa oriental y, por si eso no bastara, la Gendarmería podría ser movilizada para participar en la “defensa del territorio”... su director, el general Hubert Bonneau, dijo ante los diputados, que “Si tenemos un enfrentamiento importante en el este, por ejemplo, creo que inevitablemente provocará disturbios en el territorio nacional... porque no estoy seguro de que todos nuestros ciudadanos apoyen este tipo de implicación”... creo que veremos manifestaciones, acciones y el regreso de las operaciones de seguridad interna en territorio nacional”. Es el escenario “para el que debemos prepararnos”... “Lo que observamos es que algunos movimientos antimilitaristas, de extrema izquierda o propalestinos están atacando nuestra reputación y realizando acciones simbólicas, grafitis en las paredes y distribución de panfletos”... Anteriormente, la Gendarmería había cuestionado -sin nombrarlos- el papel de los “representantes sindicales” en las campañas para desestabilizar la Base Industrial y Tecnológica de Defensa... o sea, preparando la guerra, y la dictadura, ¿para dentro de dos o tres años? En fin

 "Como informamos hace unos días, durante su primera comparecencia ante la Asamblea Nacional como Jefe del Estado Mayor de la Defensa, el general Fabien Mandon declaró haber encomendado al ejército la tarea de estar preparados para una posible guerra contra Rusia en los próximos tres o cuatro años.

El escenario que baraja el Estado Mayor es un importante despliegue de tropas en Europa oriental y, por si eso no bastara, la Gendarmería (DGGN) podría ser movilizada para participar en la “defensa del territorio”. Así lo reiteró también el 16 de octubre su director, el general Hubert Bonneau, ante los diputados.

“Estamos enmarcando nuestras acciones dentro de un continuo de seguridad y defensa” y “tenemos un papel crucial en la preservación de los intereses fundamentales del país y la defensa operativa del territorio, junto con las fuerzas armadas”, afirmó.

Dos semanas después, durante una audiencia en el Senado, Bonneau repitó lo mismo: la Gendarmería se prepara para participar en la defensa del territorio. “Quisiera describir nuestra concepción de la Defensa Territorial, particularmente en relación con las fuerzas armadas. Actualmente, nos apoyan. No podemos ser efectivos en Nueva Caledonia, Mayotte y Guayana Francesa […] si no contamos con el apoyo de las fuerzas armadas […] En caso de un enfrentamiento importante, la situación será la inversa”, dijo.

“Si tenemos un enfrentamiento importante en el este, por ejemplo, creo que inevitablemente provocará disturbios en el territorio nacional”, advirtió el general. “Creo que podríamos ver acciones llevadas a cabo por terceros, sabotajes y también manifestaciones, porque no estoy seguro de que todos nuestros ciudadanos apoyen este tipo de implicación”, añadió.

La agitación podría manifestarse incluso antes de cualquier despliegue, sugirió, es decir, “si Francia es el país anfitrión y equipo sensible transita por su territorio” para reforzar, por ejemplo, a las fuerzas de la OTAN desplegadas en Europa oriental. “Necesitamos cubrir el territorio con recursos, y esa es la función de la Gendarmería Nacional”, recalcó.

“Durante la fase de preparación, es probable que la Gendarmería se vea afectada. Sin esperar necesariamente un despliegue como tal, creo que veremos manifestaciones, acciones y el regreso de las operaciones de seguridad interna en territorio nacional”. Es el escenario “para el que debemos prepararnos”, concluyó.

Ojo con los ‘radicales’ manipulados por potencias extranjeras

Las declaraciones se acumulan. No es la primera vez este año que un alto oficial plantea esta cuestión. En abril el general Philippe Susnjara, jefe de la Dirección de Inteligencia y Seguridad de la Defensa (DRSD), destacó las actividades subversivas de “grupos radicales”, que podrían ser manipulados por potencias extranjeras.

“Hoy, nos centramos en la convergencia de luchas entre diferentes tipos de grupos, como se ha visto recientemente entre grupos antimilitaristas y movimientos propalestinos, que, por ejemplo, atacaron a varias empresas de nuestra Base Industrial y Tecnológica de Defensa”, declaró Susnjara en abril durante una rueda de prensa en el Ministerio del Ejército.

“Lo que observamos es que algunos movimientos antimilitaristas, de extrema izquierda o propalestinos están atacando nuestra reputación y realizando acciones simbólicas, grafitis en las paredes y distribución de panfletos”.

Anteriormente, la DRSD había cuestionado -sin nombrarlos- el papel de los “representantes sindicales” en las campañas para desestabilizar la Base Industrial y Tecnológica de Defensa. Citaban como ejemplo la distribución de un folleto que denunciaba “la ofensiva de la industria armamentística francesa con el único objetivo de servir al lucro, los intereses capitalistas y las guerras imperialistas”.

Una de las prioridades de la Gendarmería Nacional es contar con los recursos necesarios para garantizar la defensa operativa del territorio. “Hoy en día, es necesario reemplazar 22.000 fusiles de asalto, con un presupuesto estimado de 110 millones de euros. El presupuesto total estimado para la renovación del equipo militar de la Gendarmería, que también se utiliza a diario —monoculares de visión nocturna que permiten detectar a personas que realizan actos de sabotaje y armamento táctico empleado por la gendarmería móvil— asciende actualmente a 800 millones de euros”, explicó Bonneau."

(mpr21 03/11/25

13.10.25

Hoy es Francia el país en el que se ha desencadenado la tormenta... Macron se encontró en una situación insólita, uno de sus antiguos primeros ministros le exigió la dimisión. Aquello supuso la depreciación gradual de la autoridad del jefe del Estado, esa fragilidad cada vez mayor, indica que existe una lógica subterránea... Para comprender el agotamiento de la función presidencial y la supuesta volubilidad del electorado hay que remontarse al momento en el que se originaron: la crisis de 2008... Se acabaron los falsos debates, la obsesión por las fronteras, las peroratas sobre la inseguridad, el islam y otros “temas sociales”... Con la crisis de 2008, la realidad volvió de golpe a primer plano... para Sarkozy, que había construido su fulgurante carrera cultivando el tema de la inseguridad, el resultado fue su brusco hundimiento... François Hollande ni siquiera pudo presentarse a la reelección. Había traicionado sus promesas... La segunda consecuencia fue la puesta en entredicho de las élites... las fórmulas publicitarias de Macron se han quedado prácticamente en nada... quedó al descubierto una profunda desunión entre el pueblo y sus representantes, entre los intereses de la vida colectiva y los del mundo empresarial, que, en estos momentos, en Francia, sigue pensando que la más mínima subida de impuestos sería “confiscatoria”... Desde 2008, hay una voz que intenta hacerse oír, la de quienes ya no pueden vivir en París, Lyon o Toulouse, quienes mueren sepultados bajo los edificios en ruinas del centro de Marsella, quienes nos traen las pizzas en bicicleta, los empleados de almacén de las grandes superficies, los que esperan en urgencias una consulta médica que nunca llega, esas personas que tienen la osadía de creer en las promesas de libertad e igualdad que les hicieron en otro tiempo... esas personas —el Pueblo— buscan en vano una salida política a su miseria. Los chalecos amarillos y los disturbios de los barrios marginados fueron la expresión de su ira (Éric Vuillard)

 "Todos los países pueden tener el triste privilegio de ver cómo se plasman en cada uno de ellos unos problemas que, en realidad, nos afectan a todos. Es lo que sucedió en 2008 en Estados Unidos con la quiebra de Lehman Brothers y el hundimiento del mercado inmobiliario; y luego les tocó el turno a España, Grecia y unos cuantos países más. Hoy es Francia la que se encuentra sumida en una profunda crisis política. Desde su reelección, el presidente Macron no dispone más que de una mayoría relativa en el Parlamento, pero las elecciones legislativas del año pasado, después de que él mismo disolviera la Cámara, han dejado tres bloques divididos e irreconciliables: la izquierda, fragmentada en varios grupos; el centro, hoy lleno de disensiones, debidas en gran parte a las ambiciones individuales, pero no por ello menos intensas; y la extrema derecha, cuya líder, de momento, está inhabilitada. En definitiva, hoy es Francia el país en el que se ha desencadenado la tormenta.

A primera vista, entre la crisis económica de 2008 y los problemas políticos actuales no parece haber ninguna relación. Sin embargo, si solo nos fijamos en lo que sucede estos días en París, no estamos entendiendo nada. Nos limitamos a hablar sin cesar sobre la falta de una “cultura del compromiso” en un entorno enardecido de división de opiniones. En realidad, para comprender lo que está pasando, debemos remontarnos a fechas algo más lejanas.

Desde hace unos 15 años, Francia ha vivido tres episodios institucionales preocupantes. En primer lugar, la derrota de Sarkozy en 2012 fue un fenómeno inusual. Hasta entonces, Valéry Giscard d’Estaing era el único presidente que no había logrado la reelección, en 1981; pero, en aquella ocasión, los hechos trascendentales fueron la victoria de François Mitterrand, la vuelta de la izquierda al poder después de 23 años y la drástica ruptura política. Por el contrario, en 2012, lo llamativo no fue el triunfo de los socialistas, sino la derrota de Sarkozy, que, en última instancia, perdió por culpa de sus políticas y su increíble arrogancia.

En ese caso, más que un cambio de Gobierno, lo que se manifestó fue el hartazgo. Que el candidato socialista fuera insustancial refuerza la hipótesis de que aquellos comicios no constituyeron una victoria de la izquierda, sino una derrota de la derecha. Es significativo que Sarkozy no consiguiera la reelección frente a un candidato tan anecdótico como François Hollande y que fuera el primer presidente saliente incapaz de ganar en la primera vuelta, a pesar de los ingentes fondos destinados a financiar su campaña electoral, que la justicia acabó sancionando posteriormente. Pero este no fue más que el primer episodio.

En 2017, el nuevo presidente, François Hollande, era tan impopular que ni siquiera consiguió presentar su candidatura a la reelección, algo sin precedentes en la historia de la República. Y ocho años después, como si hubiera caído una maldición sobre nuestro país, el presidente Macron —que sí había sido reelegido— se encontró en una situación insólita, peor que perder la reelección, peor que no poder presentarse: uno de sus antiguos primeros ministros le exigió la dimisión. Aquello supuso un salto cualitativo. La depreciación gradual de la autoridad del jefe del Estado, esa fragilidad cada vez mayor, indica que existe una lógica subterránea, una explicación que va más allá de una “cultura del compromiso” de la que, según dicen, carece la clase política francesa. Por cierto, pronto vamos a poder ver si esa teórica “cultura del compromiso” resiste en una Alemania devastada por la crisis y en la que hoy se ven hondas divisiones.

Para comprender el agotamiento de la función presidencial y la supuesta volubilidad del electorado hay que remontarse, en primer lugar, al momento en el que se originaron: la crisis de 2008, durante el mandato de Nicolas Sarkozy. Los efectos fueron similares en todas partes, pero los ritmos y las modalidades variaron en función de cada situación nacional. La primera y principal consecuencia de la crisis inmobiliaria, la crisis bancaria y la crisis de la deuda soberana fue que les abrieron los ojos a las poblaciones afectadas sobre la importancia de las cuestiones económicas. Se acabaron los falsos debates, la obsesión por las fronteras, las peroratas sobre la inseguridad, el islam y otros “temas sociales” que contaminan la vida política y cuya principal función es ocultar los verdaderos problemas: la salud, la educación, la vivienda, el desempleo, los impuestos. Con la crisis de 2008, la realidad volvió de golpe a primer plano. Y, para Sarkozy, que había construido su fulgurante carrera cultivando el tema de la inseguridad —agitando el espantajo de “la escoria” y echándole la culpa de todo—, el resultado fue su brusco hundimiento. De pronto, sus argumentos perdieron todo el valor.

La segunda consecuencia de la crisis de 2008 fue la puesta en entredicho de las élites. De repente, las palabras dejaron de ser suficientes. Cuando cinco años de estudios superiores y un sueldo de directivo no bastan para cumplir los requisitos de las agencias inmobiliarias a la hora de alquilar un piso, los buenos sentimientos y los discursos vacíos se vuelven insoportables y angustiosos. Por eso, François Hollande ni siquiera pudo presentarse a la reelección. Había traicionado unas promesas que eran vagas, sin duda, pero en las que algunos habían tenido la ingenuidad de creer. Ahora que la esfera política se ha hecho añicos debido a las fórmulas publicitarias de Emmanuel Macron, a su famoso “al mismo tiempo”, su función se ha quedado prácticamente en nada y la antigua fe en una división tranquila de la vida política, en parte, se ha evaporado. Es decir, la segunda consecuencia de la crisis de 2008 fue dejar al descubierto una profunda desunión entre el pueblo y sus representantes, entre los intereses de la vida colectiva y los del mundo empresarial, que, en estos momentos, en Francia, sigue pensando que la más mínima subida de impuestos sería “confiscatoria” y amenazaría con “poner al país de rodillas”.

Desde 2008, hay una voz que intenta hacerse oír, la de quienes ya no pueden vivir en París, Lyon o Toulouse, quienes mueren sepultados bajo los edificios en ruinas del centro de Marsella, quienes nos traen las pizzas en bicicleta, los empleados de almacén de las grandes superficies, los que esperan en urgencias una consulta médica que nunca llega, esas personas que tienen la osadía de creer en las promesas de libertad e igualdad que les hicieron en otro tiempo y que se celebran sin cesar con gran pompa y circunstancia para inaugurar los Juegos Olímpicos o en las ceremonias del Panteón; esas personas —las que, en el lenguaje de nuestras constituciones, se denominan el Pueblo— buscan en vano una salida política a su miseria. Los chalecos amarillos y los disturbios de los barrios marginados fueron la expresión de su ira. Rembrandt tiene un grabado sublime sobre un tema que ocupa decenas de cuadros de nuestra historia del arte, que pertenece a la tradición cristiana y que simboliza bastante bien el drama que estamos viviendo: La expulsión de los mercaderes del templo."                   ( Éric Vuillard . El País, 12/10/25)

7.10.25

Macron representa una emanación de los grandes capitalistas franceses. Como el crecimiento se ha debilitado y hay una fuerte presión sobre los beneficios, eso favorece que estas élites económicas estén poco dispuestas a hacer concesiones respecto a la redistribución de la riqueza. Y eso contribuye al actual bloqueo político... la alianza entre los macronistas y la derecha republicana debería ser en teoría un espacio capaz de llegar a acuerdos, pero el presidente actúa como si fuera ciego ante la realidad del país, y quiere imponer unas medidas neoliberales que son rechazadas por la mayoría de la población... ha potenciado un modelo destinado a crear puestos de trabajo mal pagados y, por el otro, ha debilitado el estado del bienestar que permitía corregir estas desigualdades. Todo ello ha desembocado en una máquina de crear pobreza.... Francia se ha endeudado porque ha invertido en la empresa privada de manera masiva en la última década, y esas ayudas no han sido rentables... estas ayudas representan cada año hasta 211.000 millones de euros. Si el Estado da todo ese dinero, pero eso no sirve para que haya crecimiento, entonces recauda menos y se endeuda... El origen del déficit no se encuentra en el Estado del bienestar... La oposición al macronismo está completamente dividida entre la extrema derecha y las distintas capillas de la izquierda (insumisos, socialistas, verdes…). Esta división impide que haya una traducción política de la indignación en la calle. Todo eso comporta una serie de contradicciones que han convertido a Francia en un polvorín permanente (Romaric Godin)

 "El periodista Romaric Godin (1973) es uno de los analistas más agudos para entender la situación política y económica de Francia. Tras haber seguido de cerca la crisis del euro como corresponsal en Fráncfort para el diario económico La Tribune, trabaja desde 2017 para el prestigioso digital Mediapart. En 2019, publicó el ensayo La guerre sociale en France, sobre la historia del neoliberalismo en ese país. En esta entrevista, Godin analiza la profunda crisis en Francia. El fracaso del proyecto neoliberal del presidente Emmanuel Macron ha desembocado en un Estado endeudado, una fuerte contestación en la calle y una inestabilidad política casi crónica, en la que se han sucedido tres primeros ministros en apenas un año.

¿Cómo analiza el nombramiento de Sébastien Lecornu como primer ministro?

Es el signo de la huida hacia adelante de Macron. Muestra que no contempla ninguna otra opción para gobernar que su propio bloque. El nombre de Lecornu ya sonó con fuerza en diciembre del año pasado, antes de que designara a Bayrou. Su nombramiento refuerza esta sensación de que el presidente tiene una lista con nombres y los va tachando a medida que van cayendo los responsables del Ejecutivo. El problema sigue siendo el mismo, ya que no vemos qué mayoría parlamentaria puede construir Lecornu. Cuenta con dos opciones y ambas resultan complicadas: un acuerdo con el Partido Socialista o con la Reagrupación Nacional (RN, extrema derecha) de Marine Le Pen.

¿Qué posibilidades ve de un acuerdo entre Lecornu y los socialistas? En España los grandes medios insisten en esta opción…

Lecornu cuenta con un perfil poco proclive a pactar con la izquierda y la sensación es que preferirá negociar los presupuestos del 2026 con la extrema derecha. Dicho esto, tampoco podemos descartar que intente un acuerdo con los socialistas. Quizás intentará lo que ya hizo (Michel) Barnier el año pasado, cuando propuso una medida simbólica, un impuesto especial a las grandes empresas, para darle un toque más social a las políticas de austeridad. Ahora Lecornu podría hacer lo mismo, con una tasa Zucman –un impuesto especial sobre el 2% del patrimonio de los 1.800 franceses más ricos– modificada que no comportara un gran impacto para las grandes fortunas.

¿Pero qué provecho sacarían los socialistas de un pacto de ese estilo? Podrían decir que actúa como un partido responsable, pero Macron es tan impopular en estos momentos que todos aquellos que se acercan a él terminan quemándose y desapareciendo políticamente. Bayrou había soñado durante 40 años con ser primer ministro. Cuando lo nombraron y al cabo de nueve meses nadie se lo tomaba en serio, su carrera quedó finiquitada. Ahora mismo Macron es como el ácido, resulta un peligro pactar con él.

¿Qué le hace pensar que el nuevo primer ministro preferirá un acuerdo con Le Pen?

Priorizo esta hipótesis debido a su perfil. No debemos olvidar que Lecornu es un exrepresentante de la derecha de Los Republicanos y que cuenta con buenas relaciones con dirigentes de la extrema derecha. Participó el año pasado en cenas entre barones macronistas, Le Pen y otros dirigentes de RN. Además, es un político con una fuerte vinculación con el departamento (provincia) del Eure, una zona del noroeste con una fuerte implantación de la ultraderecha. Además, no vemos ninguna disposición por parte de los macronistas a hacer concesiones en materia económica a la izquierda, ni siquiera satisfacer las exigencias moderadas del PS. No están dispuestos a aceptar la tasa Zucman, y eso que no es para nada revolucionaria y no tendría un gran impacto para los más ricos.

¿Cómo explica esta obstinación de Macron en materia económica?

Es importante entender esta radicalización del macronismo, que está relacionada con la actual crisis del capitalismo. No debemos olvidar que el espacio de Macron representa una emanación de los grandes capitalistas franceses. Como el crecimiento se ha debilitado y hay una fuerte presión sobre los beneficios, eso favorece que estas élites económicas estén poco dispuestas a hacer concesiones respecto a la redistribución de la riqueza. Y eso contribuye al actual bloqueo político. El “bloque central” –la alianza entre los macronistas y la derecha republicana– debería ser en teoría un espacio capaz de llegar a acuerdos con unos u otros. Pero el presidente actúa como si fuera ciego ante la realidad del país, y quiere imponer unas medidas neoliberales que son rechazadas por la mayoría de la población.

El balance de sus reformas neoliberales ha sido un fracaso…

Francia ha estado mal gobernada durante los últimos ocho años. Cuando eligieron a Macron presidente, prometió que aplicaría una serie de reformas neoliberales que acelerarían el crecimiento del país, pero ha sucedido todo lo contrario. Han aumentado las desigualdades. La pobreza se situó en 2023 en los niveles más elevados en el país en los últimos 30 años, con 9,8 millones de personas pobres tras un aumento de 650.000 en solo un año, según el INSEE. Los datos del Ministerio de Trabajo muestran, asimismo, que una parte significativa de los trabajadores han perdido poder adquisitivo durante los últimos cinco años, en los que los salarios aumentaron un 13% y la inflación fue del 13,7%.

Los informes de Eurostat muestran que Francia es uno de los pocos países de la Unión Europea donde la pobreza creció durante la última década. El porcentaje de la población por debajo de ese umbral pasó del 13,6% en 2015 al 15,4% en 2023. ¿A qué se debe?

Antes de que Macron llegara al Elíseo en 2017, los niveles de pobreza en Francia eran claramente inferiores a los de Alemania. Se hablaba poco de ello, y eso que se trataba de uno de los grandes éxitos del modelo social galo. Tras casi una década en que los distintos gobiernos se han dedicado a debilitar ese modelo, no resulta sorprendente este importante crecimiento de la pobreza. Esta tendencia se debe a una mayor presión sobre los salarios a partir de la reforma laboral de 2017, que menoscabó la capacidad de los trabajadores de exigir subidas salariales. A eso se le suman el aumento de los precios del alquiler y la disminución de las cotizaciones sociales sobre los salarios más bajos. Por un lado, han potenciado un modelo destinado a crear puestos de trabajo mal pagados y, por el otro, han debilitado el estado del bienestar que permitía corregir estas desigualdades. Todo ello ha desembocado en una máquina de crear pobreza.

¿Cómo explica que Francia haya podido endeudarse tanto –más de 1.000 millones de euros desde 2017– durante una última década de precarización de la sanidad y la educación públicas?

El origen del déficit no se encuentra en el Estado del bienestar. Aunque la Seguridad Social sufre un déficit de 15.000 millones de euros, eso no explica la situación de las arcas públicas. Francia se ha endeudado porque ha invertido en la empresa privada de manera masiva en la última década, y esas ayudas no han sido rentables. Las bajadas de impuestos, exoneraciones de las cotizaciones a la Seguridad Social, subvenciones directas o los planes de impulso han aportado finalmente como resultado que se haya debilitado el crecimiento –de apenas el 0,6% del PIB este año– y haya bajado la productividad. Todas estas ayudas representan cada año hasta 211.000 millones de euros. Si el Estado da todo ese dinero, pero eso no sirve para que haya crecimiento, entonces recauda menos y se endeuda. En definitiva, esta situación es fruto del fracaso de las políticas neoliberales de la oferta llevadas a cabo por Macron y sus predecesores (Nicolas Sarkozy y François Hollande).

¿Otros países como España, Alemania o Reino Unido también dan tantas ayudas a las empresas?

Cuesta saberlo porque prácticamente no hay estadísticas sobre ello. En Francia se conoce la cifra de 211.000 millones anuales porque recientemente hubo un informe del Senado sobre esta cuestión. Estados Unidos con Joe Biden también dio importantes ayudas a las empresas, aunque en ese caso al menos sirvieron para que el PIB creciera un 3%. Eso no es lo que sucede en Francia, donde la economía apenas crece. Uno de los grandes problemas es que no dispone de un modelo económico claro, más allá del hecho de que en las últimas décadas los distintos gobiernos franceses han promovido la creación de puestos de trabajo mal remunerados bajando las cotizaciones sociales para esos empleos.

¿Qué le parece la posibilidad de que Francia se enfrente a un ataque de los mercados en las próximas semanas o meses?

Todo es posible, pero me parece poco probable. No debemos olvidar que, si hubiera una crisis de la deuda francesa, no solo afectaría a ese país, sino también a Italia, Grecia o España. Además, hay que tener en cuenta que los mercados funcionan de manera dialéctica respecto a la política nacional. La situación del déficit ya era catastrófica a principios de 2024 y entonces no hubo ningún problema con la deuda gala en los mercados. En cambio, la prima de riesgo subió de manera considerable tras decisiones políticas, como la convocatoria el año pasado de elecciones anticipadas por parte de Macron o el anuncio a finales de agosto de Bayrou de someterse a un voto de confianza, sin prácticamente ninguna opción de superarlo.

Esta grave situación económica produce una fuerte indignación social. ¿Cómo analiza las últimas jornadas de protestas del 10 y 18 de septiembre?

En primer lugar, nos muestran que la indignación que ya había en 2018 con la revuelta de los ‘chalecos amarillos’ y en 2023 con la reforma de las pensiones sigue presente. Y eso tiene toda la lógica del mundo, porque la actual clase dirigente no escucha lo que pide el pueblo. Dicho esto, las últimas protestas han estado marcadas por una fuerte represión. El despliegue policial dificulta que el movimiento social se estructure, y también hace que mucha gente tenga miedo de protestar por el temor de recibir un porrazo. Tras las protestas del 10 de septiembre (impulsadas por el movimiento ciudadano “Bloquearlo todo”), los sindicatos han tomado el relevo. Pero el problema es que estos apuestan por una estrategia –consistente en organizar una jornada de huelga general cada dos semanas– que en 2023 se demostró que no es ganadora. Y me temo que el movimiento social va a ir debilitándose.

Estas manifestaciones parecen ser el reflejo del fracaso de la estrategia thatcherista de Macron, basada en ignorar las protestas en aras de acabar con la genuina tradición francesa de oponerse al neoliberalismo en la calle.

Es muy interesante esto que comenta. Macron ha intentado combatir la oposición de los franceses al neoliberalismo focalizándose en los sindicatos, porque estos eran la diana más fácil. Desde el inicio de su mandato, siempre ha ignorado sus protestas, ya fuera en 2017 contra una reforma laboral, en 2018 contra una reforma de la empresa ferroviaria SNCF o en 2023 contra el aumento de la edad mínima de jubilación de 62 a 64 años. En lugar de debilitar el deseo de revuelta de los franceses, sin embargo, esta posición ha provocado que la gente intente protestar fuera del marco sindical, como sucedió el 10 de septiembre.

Además, el problema consiste en que esta contestación no se ve reflejada en una alternativa política viable...

Sí, exacto. La oposición al macronismo está completamente dividida entre la extrema derecha y las distintas capillas de la izquierda (insumisos, socialistas, verdes…). Esta división impide que haya una traducción política de la indignación en la calle. Todo eso comporta una serie de contradicciones que han convertido a Francia en un polvorín permanente." 

(Entrevista a Romaric Godin, Enric Bonet  , CTXT, 03/10/2025)

30.9.25

¿Qué está pasando en Francia? Algo más que un problema de deuda... Francia ha pasado en muy poco tiempo de la negación a la constatación de que el problema es serio. Los mantras que culpabilizan a los de siempre no faltan a la cita: “Los jubilados cobran demasiado”, “los emigrantes viven de las paguitas”, “los jóvenes no saben lo que es trabajar”... Francia aparece más que nunca como el mal alumno de la clase europea. Aquel que ya no tiene derecho a indulgencia... Mientras España ha sabido aprovechar la nueva coyuntura, el motor de la economía francesa parece estar gripado. La retórica oficial oculta un ángulo decisivo del problema. No estamos ante un Estado que simplemente gaste demasiado, sino de un Estado empobrecido mientras la riqueza privada se dispara y, cada vez, se concentra más... Francia nunca fue tan rica y, al mismo tiempo, su Gobierno nunca fue tan pobre. La desigualdad es abismal... No sorprenden, por tanto, los lemas del movimiento Bloquons tout: “que paguen los millonarios y no las abuelas”... el “bloque central” impone una austeridad selectiva contra el trabajo y el Estado social... se llama la “gestión de la ruina”: dar oxígeno a un capitalismo en crisis a costa de destruir las condiciones de vida de la mayoría... Quien ha gobernado a golpe de decretazo por el 49.3 y sin mayoría parlamentaria durante casi una década responsabiliza a otros de su fracaso... Francia no necesita más sacrificios ni sermones televisivos, sino justicia fiscal y una salida política a la profunda crisis de la V República. Sacrificar a Bayrou no cambiará nada, si Francia se deja arrastrar al camino de la penitencia (Lilith Verstrynge)

 "¿Qué está pasando en Francia? La pregunta se repite allá donde vayas. Porque Francia ha sido, históricamente, objeto de deseo o animadversión, pero nunca antes de tanta incomprensión. Ante el desconcierto, se señala a los sospechosos habituales: economía en decadencia, política sin horizonte. Y el insoportable vacío corren a llenarlo los diagnósticos rápidos: la sobredimensión del Estado, el infierno fiscal, el bloqueo de “los extremos”... Francia ha pasado en muy poco tiempo de la negación a la constatación de que el problema es serio. Los mantras que culpabilizan a los de siempre, por supuesto, no faltan a la cita: “Los jubilados cobran demasiado”, “los emigrantes viven de las paguitas”, “los jóvenes no saben lo que es trabajar”... Entonces, acudimos a escenas que hace poco más de una década habrían parecido inconcebibles y que, sin embargo, se han vuelto parte de nuestra cotidianidad. Hace unos días, en el telediario de TF1, un economista desplegaba un cuadro comparativo con los niveles de deuda de los países del sur de Europa. Portugal, Grecia, España e Italia —los antaño denostados PIGS— aparecían ahora como ejemplos de disciplina por haber reducido su deuda. Francia, en cambio, quedaba en evidencia: un rendimiento deficiente y una conclusión obvia. Si los países del sur expiaron sus pecados con austeridad, a Francia le ha llegado su San Martín.

Esos días, la agencia Fitch rebajó la calificación de la deuda francesa por la crisis política. Por primera vez en la historia, la prima de riesgo francesa superó a la italiana. “En el plano financiero, Francia aparece más que nunca como el mal alumno de la clase europea. Aquel que debe demostrar sus capacidades y ya no tiene derecho a indulgencia”, sentenciaba Le Monde. Según el relato, la inestabilidad, los extremos y la polarización empujaban a la segunda economía del euro hacia el abismo. La economía se convertía en la víctima perfecta de la política.

Emergía entonces François Bayrou, el ya dimitido primer ministro, como figura moralizante de la grandeur francesa. Bayrou que habría aceptado sacrificarse para mostrar al pueblo su reflejo en el espejo ― “habéis vivido por encima de vuestras posibilidades”― pretendía mirar más allá de intereses personales o políticos. Y avisaba de que la penitencia colectiva sería inevitable.

El Gobierno insistió durante semanas en un mismo argumento: “Francia lleva 50 años sin aprobar un presupuesto equilibrado”. Décadas de irresponsabilidad habrían dejado una deuda insostenible y, por lo tanto, como si de la ley de la gravedad se tratase, solo quedaría reducir el Estado, retrasar jubilaciones o eliminar días festivos. Como en una familia, el Estado no puede gastar más de lo que ingresa. Sin embargo, casi inevitablemente, irrumpe el sentido común con un contraargumento keynesiano: ¿cómo es posible que un país mal gestionado durante cinco décadas siga en pie sin haber sucumbido antes a la quiebra? ¿No será que un Estado no funciona como el hogar de una familia parisina o marsellesa? ¿No será que las reglas de la contabilidad doméstica no pueden aplicarse mecánicamente a la economía nacional?

Es evidente que la explicación de la actual crisis francesa no puede reducirse solo a la deuda. De hecho, la mayoría de los países europeos se endeudó durante los últimos años debido a la pandemia. Durante esa crisis, los gobiernos europeos adoptaron medidas de gasto sin precedentes. Como subrayó el economista francés Olivier Blanchard, las respuestas fiscales fueron rápidas y contundentes: ayudas equivalentes al 5,9% del PIB en Francia, frente al 7,8% en Estados Unidos y al 11,3% en Alemania. Esa intervención masiva ―subvenciones directas, moratorias, protección del empleo― evitó un desastre social y económico. El contraste con 2008 es revelador. Mientras las políticas de austeridad impuestas en Europa condenaron a países como España a una década perdida, tras la crisis de la covid-19, la recuperación ha sido mucho más veloz. Por primera vez en años, la respuesta europea a una crisis fue coordinada, dejó atrás la Europa a dos velocidades y apostó decididamente por la protección estatal de trabajadores y empresas.

Superada la emergencia, sin embargo, los datos de recuperación de unos y otros divergen. En 2024, España creció un 3,2%, casi el triple que Francia (1,1%). Este año, las estimaciones apuntan a que España rozará el 2,5%-2,7%, mientras Francia apenas alcanzará el 0,6%-0,8%. Mientras España ha sabido aprovechar la nueva coyuntura, el motor de la economía francesa parece estar gripado. La retórica oficial oculta un ángulo decisivo del problema. No estamos ante un Estado que simplemente gaste demasiado, sino de un Estado empobrecido mientras la riqueza privada se dispara y, cada vez, se concentra más. Como recuerda Thomas Piketty, la deuda pública francesa —120% del PIB, esto es, actualmente unos tres billones de euros— equivale a la de antes de la Revolución francesa. Sin embargo, los patrimonios privados han pasado en medio siglo del 300% al 500% del PIB, unos 15 billones. Francia nunca fue tan rica y, al mismo tiempo, su Gobierno nunca fue tan pobre. La desigualdad es abismal: en 2023, el 20% más rico ingresaba de media 4.700 euros al mes frente a los 1.000 del 20% más pobre; el patrimonio del 40% superior casi se duplicó en dos décadas, mientras el de los más humildes permanecía estancado o caía. No sorprenden, por tanto, los lemas del movimiento Bloquons tout, aunque su lucidez supera a la de muchos analistas: “Macron, presidente de los ricos”, “vuestros privilegios, nuestra cólera”, “que paguen los millonarios y no las abuelas”.

 La crisis francesa no responde a la inestabilidad de la política, sino que es la fragilidad económica y los malestares sociales los que explican la situación de impasse. Lo que ocurre hoy entre Matignon y el Elíseo responde menos a un proyecto político para el país que a la pura supervivencia de Macron, cuyo mandato se ha caracterizado por favorecer a las élites —con, entre otras cosas, notables rebajas fiscales— y erosionar la confianza ciudadana.

El “bloque central” busca mantener a toda costa la unidad del capital, imponiendo una austeridad selectiva contra el trabajo y el Estado social. Es lo que el filósofo Alfred Sohn-Rethel ha llamado la “gestión de la ruina”: dar oxígeno a un capitalismo en crisis a costa de destruir las condiciones de vida de la mayoría. Quien ha gobernado a golpe de decretazo por el 49.3 y sin mayoría parlamentaria durante casi una década responsabiliza a otros de su fracaso.

Y el marco internacional no da tregua. Los aranceles de Trump añaden presión a una Europa que ya arrastra déficits estructurales en sectores industriales como el automovilístico y en ámbitos estratégicos como la inteligencia artificial. Frente a China y a Estados Unidos, Francia y la UE carecen de una estrategia industrial. La crisis energética, derivada de la guerra de Ucrania, y los costes de la dependencia energética solo agravan el diagnóstico. Por contraste, España se beneficia de un diferencial competitivo en precios de la energía: la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) estima que se mantendrán un 30% por debajo de Francia y Alemania en la próxima década.

Más que mirar al Sur para repetir errores del pasado, Francia y Europa deberían hacerlo para encarar las transformaciones presentes. Lo que está en juego no es la deuda, sino quién paga la factura de la crisis y con qué proyecto de futuro. Francia no necesita más sacrificios ni sermones televisivos, sino justicia fiscal y una salida política a la profunda crisis de la V República. Sacrificar a Bayrou no cambiará nada, si Francia se deja arrastrar al camino de la penitencia."                               ( Lilith Verstrynge , El País, 29/09/25)

23.9.25

Macron se encuentra en una espiral política mortal... Francia no encuentra la manera de salir del lío que él mismo ha creado: primero, convocó elecciones parlamentarias anticipadas para luego ignorar la voluntad de los votantes franceses... Si Macron hubiera respetado los resultados de las elecciones que él mismo convocó, habría tenido que encargar la formación de un nuevo Gobierno al bloque de izquierda, que obtuvo la mayoría de los votos. Sin embargo, este hombre con un enorme ego y una popularidad en increíble declive, claramente rechazado por una mayoría abrumadora de su pueblo, creyó saber más que nadie. Desde entonces, Macron ha intentado imponer su voluntad al Parlamento. ¿El problema? El Parlamento no está de acuerdo... En resumen, dado que Macron se niega a convocar nuevas elecciones parlamentarias o a marcharse, volvamos a caer en el círculo vicioso... Quizá esta crisis no sea solo más de lo mismo, sino una señal de que se avecina un terremoto político mayor, de los que cambian el panorama... La crisis del régimen de Macron que aflige a los franceses puede parecer que se trata «simplemente» de presupuestos, deuda, pensiones, días festivos y, en definitiva, austeridad fiscal y desigualdad social. Sin embargo, hay una dimensión internacional, incluso geopolítica. Una Francia dispuesta a recuperar su verdadera soberanía tendrá que, como mínimo, replantearse fundamentalmente su relación tanto con la UE como con la OTAN... y si Macron es inteligente, también tendrá que redescubrir al verdadero De Gaulle, un estadista endurecido por la rebelión patriótica y una guerra a vida o muerte —no un niño prodigio de las finanzas mimado— que sabía que Europa se extiende desde Gibraltar hasta los Urales (no, no solo hasta Kiev) y que su parte occidental necesita a Rusia para contrarrestar a unos Estados Unidos despiadados y explotadores (Tarik Cyril Amar, Un. Estambul)

 "La Francia del presidente Emmanuel Macron, que es en realidad un ególatra en jefe, se encuentra en algún punto entre la «espiral de crisis política» (Financial Times), los «grandes problemas» (The Economist) y el colapso terminal. Una vez más.

Apenas una semana después de que se formara un nuevo y frágil gobierno en medio de una grave crisis, el país se prepara «para grandes manifestaciones callejeras contra la austeridad y huelgas laborales», mientras que las finanzas del Estado son «perniciosas» y el presupuesto para 2026 es una gran incógnita sin respuesta. En París, por ejemplo, el metro está semicomatoso; en todo el país, un tercio de los profesores están en huelga.

Una ola anterior de protestas, bajo el lema «Bloqueemos todo», no logró ese ambicioso objetivo, pero sí atrajo al doble de participantes de lo que esperaban las autoridades. En ese sentido, aunque difieran en su trasfondo ideológico, las protestas francesas se asemejan a la reciente manifestación «Unite the Kingdom» en Londres. A ambos lados del Canal de la Mancha, los regímenes centristas, decrépitos, impopulares e insensibles, apenas se mantienen a flote.

Como nos han enseñado los franceses a decir, «Plus ça change, plus c’est la même chose» («Cuanto más cambian las cosas, más permanecen igual»). Especialmente después de las dos decisiones irresponsables y egoístas de Macron en 2024, Francia no encuentra la manera de salir del lío que él mismo ha creado: primero, convocó elecciones parlamentarias anticipadas para luego ignorar la voluntad de los votantes franceses.

Si Macron hubiera respetado los resultados de las elecciones que él mismo convocó, habría tenido que encargar la formación de un nuevo Gobierno al bloque de izquierda, que obtuvo la mayoría de los votos, o al nuevo partido de derecha Rassemblement National (RN), que obtuvo la mayoría de los votos para un solo partido. Sin embargo, este hombre con un enorme ego y una popularidad en increíble declive, claramente rechazado por una mayoría abrumadora de su pueblo, creyó saber más que nadie. Desde entonces, Macron ha intentado imponer su voluntad al Parlamento. ¿El problema? El Parlamento no está de acuerdo.

Así que, tras lo que el canal de YouTube del venerable diario de izquierdas l’Humanité denomina «el harakiri parlamentario» del último primer ministro, de corta duración política, aquí vamos de nuevo. Estancamiento total en el centro político; en las calles, pintorescos disturbios con elementos tradicionales del folclore, como contenedores de basura en llamas, policías cargando con porras y gases lacrimógenos a mansalva; y, por último, otro intento compulsivo de Macron, el impopular, de triunfar con lo que sigue fracasando: instalar un nuevo primer ministro —el quinto en menos de dos años— (se llama Sébastien Lecornu, pero no se molesten en recordarlo), que no tiene mayoría en el Parlamento y, por lo tanto, no puede aprobar el presupuesto que el exbanquero de inversiones Macron quiere para aplicar su tipo de austeridad neoliberal a la muy real crisis de la deuda francesa. Complacer a los ricos, exprimir a todos los demás.

En resumen, dado que Macron se niega a convocar nuevas elecciones parlamentarias o a marcharse, volvamos a caer en el círculo vicioso. Al menos, esa es una interpretación tentadora de la situación actual en París y en el desafortunado país que azota su distante presidente. Y, sin embargo, quizá esta vez las cosas sean diferentes. Es decir, aún peores. Quizá esta crisis no sea solo más de lo mismo, sino una señal de que se avecina un terremoto político mayor, de los que cambian el panorama.

Consideremos, para empezar, la intrigante frecuencia con la que los comentaristas están haciendo comparaciones históricas. Dos expertos británicos que debatían sobre el caos francés para la revista conservadora británica Spectator no pudieron evitar recordar que la Revolución Francesa —la gran revolución de 1789— también comenzó con una crisis de deuda.

En Francia, el influyente periodista Frédéric Taddeï piensa en la batalla de Valmy, una victoria militar francesa que, sin embargo, formó parte de la Revolución. La Bastilla había caído más de un año antes de la batalla, y el rey sería guillotinado menos de medio año después.

Y el Financial Times no puede dejar de mencionar «1958». Ese fue el año fatídico en el que la anterior Constitución francesa —el proyecto de la desventurada y disfuncional Cuarta República establecida tras la Segunda Guerra Mundial— sufrió un paro cardíaco y fue sustituida por la actual, la Quinta República. «Las decisiones de Macron», señala sabiamente el Financial Times, «han provocado una agitación política sin precedentes desde 1958». Efectivamente.

Reflexionemos sobre ello: entre 1948 y 1958, durante la Cuarta República, los gobiernos franceses cambiaron, de media, cada seis meses. El antiguo superpresidente Charles de Gaulle diseñó la Quinta República precisamente para poner fin a esta inestabilidad crónica. Ahora, arruinada por la peor combinación de narcisismo y extralimitación desde Napoleón III, la propia Quinta República se ve afectada por el bloqueo y la volatilidad. ¡Bravo, Emmanuel! ¡Uno para «la grandeur»! Los «aplausos lentos» de la historia serán tuyos para siempre.

Mientras tanto, el actual Macronalipsis está generando un enorme descontento popular debido al aumento de la desigualdad social y la ansiedad, combinados con los hábitos autoritarios y manipuladores del presidente. No es de extrañar que algunos, como Jean-Luc Mélenchon, líder del partido de izquierda no centrista («populista») La France Insoumise (Francia Insumisa) o LFI, estén pidiendo una Sexta República, es decir, otra reforma fundamental de la Constitución y del sistema político.

Entonces, ¿qué va a pasar? ¿Dos años más de agonizante y lento sufrimiento por el ego de Macron, porque ese es el tiempo que le queda de mandato y no va a hacer finalmente lo único decente que aún puede hacer por su país y dimitir? ¿Una crisis desagradable y nada desdeñable tras otra?

¿O es la Quinta República, la orgullosa creación de De Gaulle, ahora arruinada por un epígono grandilocuente e incompetente, a punto de convertirse en un Antiguo Régimen? ¿El mal recuerdo que queda tras una revolución?

Marine Le Pen, de RN, tiene razón en una cosa: el intento desesperado de Macron de vender su obstinación obstructiva como una lucha por la «estabilidad» política es profundamente perverso. Es precisamente su tipo de «estabilidad» —mantener en el poder a un presidente sin apoyo para imponer gobiernos con aún menos apoyo una y otra vez, como si las elecciones no importaran— lo que una clara mayoría de los franceses no quiere. En cambio, quieren un cambio genuino y urgentemente necesario.

¿Qué tipo de cambio entonces? Si se escucha a los partidos —la Nueva Izquierda (LFI) y la Nueva Derecha (RN), pero no al llamado centro— por los que votan realmente los franceses, entonces quieren el fin del austeritarismo neoliberal. También están de acuerdo en la necesidad de recuperar la verdadera soberanía nacional. En materia de migración y política económica, la izquierda y la derecha no se ponen de acuerdo, pero no hay duda de que, en ambas cuestiones, el centro resulta profundamente poco atractivo.

Además, puede ser una ironía de la historia que, al menos en algunos aspectos clave, el falso gaullista Macron pueda ser barrido por cosas que De Gaulle reconoció como molestas para los franceses en aquel annus horribilis de 1958. Como nos contó en el capítulo «Renovación 1958-1962» de sus «Memorias de la esperanza», la crisis de 1958 no solo se debió a la brutal y miserablemente fallida guerra colonial de Francia en Argelia. También se debió a la relación desequilibrada y desfavorable para el país con la predecesora de la UE, la CECA, y a la relación, al menos igual de perjudicial, con Estados Unidos y la OTAN.

La UE ya es objeto de críticas explícitas tanto por parte del RN como de la LFI. Los dos líderes clave del RN, Marine Le Pen y Jordan Bardella, no dejan de reiterar que uno de sus objetivos es dejar de malgastar dinero en ella. Ambos atacan el lamentable y vergonzoso fracaso de la UE a la hora de proteger los intereses económicos de sus Estados miembros frente a la guerra arancelaria de Estados Unidos. De hecho, para Bardella, el reciente fiasco de Ursula von der Leyen en el Turnberry Berghof de Trump equivale a «traición democrática», un «reves político» y una «capitulación».

Difícilmente se oirán palabras tan claras sobre la OTAN. Pero, atlantistas, no confíen en ese silencio. No significa que no haya descontento. Simplemente significa que los intereses vinculados a la OTAN —lo que queda del imperio estadounidense en Europa— son aún más delicados que los vinculados a la UE. Como era de esperar en el sistema dual de facto de la OTAN y la UE, en el que la UE desempeña un papel secundario.

La crisis del régimen de Macron que aflige a los franceses —llamada en Francia «macronismo» o «la Macronie»— puede parecer que se trata «simplemente» de presupuestos, deuda, pensiones, días festivos y, en definitiva, austeridad fiscal y desigualdad social. Sin embargo, hay una dimensión internacional, incluso geopolítica. Una Francia dispuesta a recuperar su verdadera soberanía tendrá que, como mínimo, replantearse fundamentalmente su relación tanto con la UE como con la OTAN.

Y, si es inteligente, también tendrá que redescubrir al verdadero De Gaulle, un estadista endurecido por la rebelión patriótica y una guerra a vida o muerte —no un niño prodigio de las finanzas mimado— que sabía que Europa se extiende desde Gibraltar hasta los Urales (no, no solo hasta Kiev) y que su parte occidental necesita a Rusia para contrarrestar a unos Estados Unidos despiadados y explotadores." 

(Tarik Cyril Amar, Salvador López Arnal, blog, 23/09/25) 

17.9.25

La Francia de Macron es la imagen del fracaso de Europa... Macron se encuentra ahora rodeado de sus pocos leales durante un periodo de anuncios de recortes del gasto público, suspensión del aumento de las pensiones y recortes de casi 50.000 millones de euros para una reforma financiera exigida por el BCE, reforma que no será aceptada por los franceses... Pero el estado paralizado de Francia refleja el de Bruselas, los Merz y los Starmer, que han sumido a naciones acostumbradas a la prosperidad en una creciente pobreza y en dificultades económicas... La retórica beligerante que busca la confrontación directa con Rusia también debe verse en este contexto. Las autocracias son el espectro contra el que se dirigen las crecientes tensiones en Europa... Si la situación se deteriorara, la estabilidad social se debilitara y los suburbios estallaran, como ha sucedido en innumerables ocasiones, es razonable esperar la represión de los levantamientos, lo que resultaría en la suspensión de los derechos fundamentales y la posibilidad de disidencia... Todas las encuestas muestran desafección, si no desprecio absoluto, hacia la UE y los líderes de sus países miembros... Francia no es el único enfermo de Europa; si acaso, es el más avanzado: Gran Bretaña, Alemania, pero también España e Italia padecen los mismos problemas. Con un indicador por encima de todos, la demografía, dando la voz de alarma, la principal señal de alarma para el futuro vital del continente (A. Terrenzio)

 "Sébastian Lecornu es el nuevo primer ministro francés, el sexto de los ocho años de gobierno de Macron. Francia se enfrenta a una crisis de profundas raíces, crisis que se encuentra en su fase más aguda, con una deuda pública del 114% y problemas socioeconómicos que amenazan con arrastrar al país al caos. Tras la caída del primer ministro Bayrou, Emmanuel Macron se encuentra ahora rodeado de sus pocos leales durante un periodo de anuncios de recortes del gasto público, suspensión del aumento de las pensiones y recortes de casi 50.000 millones de euros para una reforma financiera exigida por el BCE, reforma que no será aceptada por los franceses, que amenazan con paralizar el país con huelgas y suspensiones de servicios públicos.

Pero la crisis política francesa refleja el estado de coma e indefensión en el que se encuentra toda Europa. Francia ha sido un laboratorio para líderes experimentales, creados desde cero, hologramas de las oligarquías financieras globales para concentrar el poder entre las fuerzas centristas y aislar a los soberanistas como Le Pen y la izquierda populista de Mélenchon. Esto se debe a un sistema electoral de doble vuelta que impide que Agrupación Nacional [Rassemblement Nationale] gane las elecciones, a pesar de ser el partido líder de Francia. Los partidos moderados se han unido en torno al protegido de Rothschild con un gobierno minoritario, pero esto no ha garantizado que Francia pueda evitar la crisis económica con la urgente necesidad de reformas sangrientas y trágicas, las cuales ya están provocando protestas violentas que amenazan la estabilidad social del país. Se han producido enfrentamientos, con 675 detenidos, en las principales ciudades y en la capital, donde manifestantes vinculados a grupos de extrema izquierda exigen la cabeza de Emmanuel Macron.

Pero el estado paralizado de Francia refleja el de Bruselas, los Merz y los Starmer. Las élites desacreditadas, que gobiernan con ejecutivos frágiles y escaso apoyo popular, se ven presionadas por un coste de vida insostenible y políticas de desindustrialización dictadas por la ideología ecologista, que han sumido a naciones acostumbradas a la prosperidad en una creciente pobreza y en dificultades económicas. Las políticas de inmigración indiscriminadas y el fracaso del modelo multicultural han propagado una insoportable sensación de inseguridad, acompañada del constante auge de la derecha soberanista. En Francia, el fracaso del modelo multiétnico está alcanzando su punto álgido, y Macron ahora prueba suerte con otro primer ministro, que tendrá que consultar con los socialistas, los republicanos y lo que queda de los partidos moderados para formar un gobierno tan inconsistente como los que le precedieron, pero con la ingrata tarea de implementar recortes del gasto público que el pueblo francés no parece ni remotamente dispuesto a aceptar. Incluso si el gobierno liderado por el exministro de Defensa fracasara, surgiría un gobierno tecnocrático al estilo de Monti para reemplazar a la Troika, lo que resultaría en algo similar a lo que vivimos en Italia.

Pase lo que pase, será una masacre de la que no sabemos si Macron sobrevivirá. Tanto el movimiento callejero "Blocouns Tout" [Bloqueémoslo Todo] como la Agrupación Nacional reclaman como inaceptable la  situación y exigen con vehemencia nuevas elecciones y la dimisión definitiva del presidente Macron. Los enfrentamientos callejeros han sido condenados sistemáticamente, al igual que la presencia de los "black block " [el “bloque negro” alude a una determinada táctica de manifestación, debida a la vestimenta negra que dificulta la identificación de los manifestantes pero que pueden ser elementos que revientan la causa de la protesta por su violencia, y así la desprestigian en beneficio del gobierno, N. del T. ]: no se puede descartar que el nuevo gobierno pueda utilizar los disturbios y la violencia como pretexto para promulgar leyes especiales y suspender las garantías constitucionales, como hizo De Gaulle en 1961. 

Las "democracias iliberales" ya han demostrado repetidamente su disposición a ignorar sus propios principios, a menudo utilizando el hacha judicial para eliminar a oponentes políticos incómodos, como ocurrió con Le Pen, quien fue condenada en primera instancia por cargos falsos. Las leyes represivas siempre pueden utilizarse para imponer medidas de emergencia que protejan el poder de Macron en las calles. Si la situación se deteriorara, la estabilidad social se debilitara y los suburbios estallaran, como ha sucedido en innumerables ocasiones, es razonable esperar la represión de los levantamientos, lo que resultaría en la suspensión de los derechos fundamentales y la posibilidad de disidencia.

Como se mencionó anteriormente, la crisis francesa refleja la parálisis de las instituciones democráticas, que ahora solo cumplen fines nominales. El sistema de gobierno de Macron es el ejemplo más emblemático de la esclerosis de las clases políticas europoides, reducidas a oligarquías autoproclamadas carentes de legitimidad popular. El ejemplo francés es actualmente el más impactante, ya que es el país donde la sociedad occidental exhibe todos sus fracasos, desde los vinculados a la crisis de representación de los regímenes "liberales", pasando por los delirios ideológicos de una sociedad fluida, la inseguridad y el ataque a la identidad europea, hasta las sociedades seculares y descristianizadas amenazadas por la intromisión y el fundamentalismo de las sociedades islámicas. La crisis francesa refleja el estado del continente y sus grupos de poder, que solo se representan a sí mismos, a los lobbies bancarios y a las armas en las que confían.

La retórica beligerante que busca la confrontación directa con Rusia también debe verse en este contexto. Las autocracias son el espectro contra el que se dirigen las crecientes tensiones en Europa, mientras que, internamente, el peligro reside en las facciones de derecha que se alinean con los objetivos expansionistas del dictador del Kremlin. Naturalmente, estas contradicciones están destinadas a explotar como una bomba de relojería, y los Macron y Von der Leyen están prolongando el tiempo hasta que sean derrocadas por la presión de una nueva fase que requerirá actores políticos más capaces. Todo poder, incluso el que se reviste de imagen democrática, no es intocable, y un cambio de paradigma estará determinado por las necesidades de la historia. 

Todas las encuestas muestran desafección, si no desprecio absoluto, hacia la UE y los líderes de sus países miembros. Von der Leyen es una imagen vívida y emblemática de la incompetencia y la corrupción moral de los representantes de este proyecto fallido llamado Unión Europea. El llamamiento retórico a la unidad y la "difícil prueba" que la UE debe afrontar, con Rusia a sus puertas amenazando con una invasión, ya no inspiran entusiasmo, tanto que incluso la prensa y los medios de comunicación se ven obligados a reconocerlo. En su momento de mayor debilidad, la UE avanza hacia un rearme antirruso para compensar su inconsistencia política. Años de indecisión, políticas post-ideológicas, políticas económicas de austeridad imprudentes e inmigración descontrolada nos han dejado con una Unión que es un fracaso histórico. 

El caos francés es la imagen nacional de lo que está sucediendo a escala continental. Francia no es el único enfermo de Europa; si acaso, es el más avanzado: Gran Bretaña, Alemania, pero también España e Italia padecen los mismos problemas. Con un indicador por encima de todos, la demografía, dando la voz de alarma, la principal señal de alarma para el futuro vital del continente. El gobierno de Macron podría permanecer en el poder unos meses más, una farsa hasta 2027, año de las elecciones presidenciales, con la esperanza de reafirmarse con una Le Pen marginada, pero los factores críticos persistirán incluso después de que deje el cargo. Este gobierno será la última oportunidad de Macron para jugar, y esta vez, no está claro si se mantendrá aferrado al poder. Lo positivo es que la presión sobre su enésima remodelación de gobierno aumentará hasta niveles insostenibles, y que su caída podría desencadenar un efecto dominó que liberará a Europa de los peores grupos gobernantes de su historia. Solo entonces será posible reconstruir una Europa verdaderamente soberana, consciente de su papel histórico y geopolítico." 

(A. Terrenzio, Conflitti y Strategie, 14/09/25, traducción Carlos X. Blanco)