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28.7.26

Los italianos residentes en el extranjero son 6,4 millones... la población extranjera total en Italia asciende a 5,4 millones de personas... entre los italianos que se trasladan al extranjero y los que regresan a Italia, tenemos un saldo medio negativo de 100 000 ciudadanos al año... si cada año 100 000 italianos (con formación media-alta) se marchan al extranjero, ¿cómo se puede pensar que ese vacío no se cubrirá con la llegada de extranjeros? Decenas de miles de italianos, casi todos con título de bachillerato o de grado, se marchan al extranjero en busca de un trabajo digno y son sustituidos por un número similar de extranjeros, a menudo con escasa formación, que son contratados para trabajos de bajo valor añadido. ¿Por qué ocurre todo esto? Este es el resultado deliberado de una decisión de política industrial tomada en los años noventa, en el marco de la financiarización de la economía, del triunfo neoliberal y de la adhesión a la UE... En Italia, el sector que se dedicaba principalmente a la investigación y el desarrollo, y que tenía una producción con un alto uso de capital (intensiva en capital), era el sector público. La decisión de reducirlo al mínimo mediante oleadas de privatizaciones, así como la de deslocalizar incluso las producciones de alto valor añadido, ha supuesto una elección bien definida a favor de los trabajos con un alto uso de mano de obra (intensivos en mano de obra)... Lo que ocurre en Italia es muy sencillo: exportamos titulados de bachillerato y universitarios que, tras haber invertido en formación, no quieren convertirse en «trabajadores pobres», e importamos personas desesperadas dispuestas a cualquier trabajo a cambio de salarios de subsistencia... esto no se resuelve ni sermoneando a los jóvenes que no se resignan a realizar trabajos de mierda por un sueldo de mierda, ni invocando puños de hierro y ráfagas de ametralladora contra las embarcaciones... si se quiere resolver un problema estructural, hay que abordarlo de forma estructural (Andrea Zhok)

 "NOTA AL MARGEN SOBRE EL TEMA DE LA INMIGRACIÓN

El tema de la inmigración es enormemente complejo; abarca aspectos económicos, culturales y de seguridad, de formas muy variadas. No existen varitas mágicas que puedan revertir los procesos en curso en un abrir y cerrar de ojos.

Sin embargo, ante la gran cantidad de vociferantes profesionales que agitan el espacio público a base de eslóganes grandilocuentes y promesas de rigor draconiano, recurrir a la complejidad acaba dando la impresión de querer andarse por las ramas.

Permítanme, pues, por una vez, una respuesta directa, en parte simplificadora, pero al menos representativa de cómo debería abordarse un debate serio.

Ante el tema de los flujos migratorios hacia Europa, suelen enfrentarse dos actitudes.

1) Existe una actitud «humanitaria», predominante en la izquierda, percibida como «ingenua», que, en esencia, siempre trata de explicar, por un lado, que el problema no es tan grave, o que, más bien, supone una gran oportunidad de enriquecimiento humano, y que quien se queja es un racista; y, por otro lado, que se trata de un movimiento histórico inevitable y que toda oposición es inútil (además de inhumana).

2) Existe una segunda actitud, «securitaria», que acentúa todos los problemas relacionados con la inmigración, exagera su narrativa y sus peligros, y acaba invocando habitualmente diversas «medidas de mano dura»: bloqueos navales, repatriaciones, improbables exámenes de fe cristiana, rostros feroces y guiños ocasionales a los verdaderos racistas (que son minorías en Italia, pero existen).

Este juego entre ambas partes se prolonga desde hace más de treinta años (desde la llegada de 20 000 albaneses en 1991 al puerto de Bari). Mientras tanto, Italia, que ha experimentado los procesos migratorios con retraso —al no haber tenido un imperio colonial—, se ha visto abrumada por un proceso que no parece dar señales de detenerse.

Tanto la postura «buenista» como la represiva son dos «no soluciones».

De hecho, solo sirven para mantener vivo el problema, agravándolo, y fidelizando a sus respectivas aficiones a través del desprecio hacia las posturas contrarias.

¿Qué falta en este panorama? Faltan muchas cosas, pero hay una que es colosal, y es algo de lo que nadie, literalmente nadie, ni de derechas ni de izquierdas, quiere hablar.

El gran ausente en el debate sobre la inmigración es la comprensión de una dinámica elemental.

En los últimos años, entre los italianos que se trasladan al extranjero y los que regresan a Italia, tenemos un saldo medio negativo de 100 000 ciudadanos al año.

Los italianos residentes en el extranjero son 6,4 millones.

A modo de comparación, la población extranjera total en Italia asciende a 5,4 millones de personas.

Ahora bien, la primera y sencilla pregunta que nadie quiere plantear es: si cada año 100 000 italianos (con formación media-alta) se marchan al extranjero, ¿cómo se puede pensar que ese vacío no se cubrirá con la llegada de extranjeros?

El problema, expresado en sus términos esenciales, es el siguiente: decenas de miles de italianos, casi todos con título de bachillerato o de grado, se marchan al extranjero en busca de un trabajo digno y son sustituidos por un número similar de extranjeros, a menudo con escasa formación, que son contratados para trabajos de bajo valor añadido.

¿Por qué ocurre todo esto? ¿Es una cuestión de destino cínico y traicionero?

Ni mucho menos. Este es el resultado deliberado de una decisión de política industrial tomada en los años noventa, en el marco de la financiarización de la economía, del triunfo neoliberal y de la adhesión a la UE.

En Italia, el sector que se dedicaba principalmente a la investigación y el desarrollo, y que tenía una producción con un alto uso de capital (intensiva en capital), era el sector público. La decisión de reducirlo al mínimo mediante oleadas de privatizaciones, así como la de deslocalizar incluso las producciones de alto valor añadido, ha supuesto una elección bien definida a favor de los trabajos con un alto uso de mano de obra (intensivos en mano de obra). Para competir en los sectores intensivos en capital hay que innovar; para competir en los sectores intensivos en mano de obra hay que reducir los costes salariales.

Lo que ocurre en Italia es muy sencillo y, sin cambios de rumbo en la política industrial, inevitable: exportamos titulados de bachillerato y universitarios que, tras haber invertido en formación, no quieren convertirse en «trabajadores pobres», e importamos personas desesperadas dispuestas a cualquier trabajo a cambio de salarios de subsistencia.

Obviamente, este flujo también tiene repercusiones culturales y de seguridad. Un aumento porcentual de la población compuesta por jóvenes, culturalmente ajenos, con poco que perder, condicionados a salarios de subsistencia y, a menudo, en el sector no declarado, no puede sino traducirse en problemas de seguridad e integración. Pero esto es el efecto, no la causa, y si se insiste en ocuparse únicamente de los efectos y nunca de las causas, en realidad se está tratando de cultivar el problema, que siempre resulta útil.

La cuestión es que los bajos salarios, las privatizaciones, la descalificación del trabajo y el flujo migratorio asimétrico (la mítica «sustitución étnica») SON UN MISMO Y MISMO PROBLEMA.

Y no se resuelve ni sermoneando a los jóvenes que no se resignan a realizar trabajos de mierda por un sueldo de mierda, ni invocando puños de hierro y ráfagas de ametralladora contra las embarcaciones.

Algunos, tanto de la derecha como de la izquierda, han elegido ese camino y siguen persiguiéndolo («porque lo quiere Europa», «porque lo quieren los mercados», y así sucesivamente con sus delirios).

Sé que preferirían quedarse en el plano de los sentimientos: los «buenos y acogedores» (izquierdistas bienpensantes para la parte contraria) frente a los «rigurosos e inflexibles» (fascistas racistas para la parte contraria). En este plano no hace falta entender nada, basta con confiar en los sentimientos y en las banderas.

Pero si se quiere resolver un problema estructural, hay que abordarlo de forma estructural.

Si, por el contrario, se quiere alimentar el problema, armando jaleo para gente sin criterio y obteniendo aplausos instintivos de las distintas aficiones, pues muy bien, el rumbo es el correcto: timón a estribor y a toda máquina."

(Andrea Zhok, blog, 26/07/26, traducción Salvador L. Arnal) 

29.6.26

Occidente, en vísperas de una guerra civil... El fenómeno migratorio en Occidente es, en su totalidad, un fenómeno con raíces económicas, dependiente de la lógica del capital... Al capital le interesa obtener una mano de obra que esté lo más dispuesta posible a trabajar por poco dinero y que sea fácilmente chantajeable... La falta de mano de obra interna de los países occidentales se compensa importándola de partes del mundo donde los «costes de producción de niños» son bajos... Este proceso nunca está guiado ni controlado porque para guiarlo y controlarlo se necesitarían enormes inversiones: dinero para los procesos de asimilación, educación o reeducación, enseñanza de idiomas, socialización, pero también para el control y la represión de comportamientos ilícitos... todo el sentido del proceso está exclusivamente orientado a incrementar los márgenes de beneficio, todo este «proceso de inclusión y acogida» queda necesariamente en el papel... si viviéramos en Estados dispuestos a sostener estos niveles de gasto público para los procesos de socialización e inclusión, el problema migratorio ni siquiera surgiría... el peso de esta situación recae principalmente sobre las personas que se encuentran en relación de competencia directa con la mano de obra importada, es decir, ese proletariado o esa pequeña burguesía que lucha por mantener a flote el salario y la dignidad... Es tan cierto como que sale el sol que, en algún momento, estas situaciones están destinadas a estallar en formas de violencia civil... por lo tanto, de forma constante e inevitable, estos procesos crean formas de desestabilización social... el verdadero problema, es que entonces las clases políticas desprovistas de vergüenza están listas para abalanzarse como buitres sobre la escena de la violencia social... no estaban ahí cuando se chantajeaba a la gente durante décadas, para que aceptara condiciones laborales cada vez más precarias. Pero ahora están ahí... en este momento se desata el juego de la polarización artificial, que mantiene con vida a la clase política que ha causado el daño... Sin una transformación de la representación política (hoy en día difícil incluso de imaginar), este circo occidental seguirá pudriéndose, hasta llegar a alguna forma de guerra civil (Andrea Zhok)

"Dado que los acontecimientos de Belfast han vuelto a situar en el centro del debate temas que ya se han analizado a fondo en todos sus aspectos, intentemos hacer un resumen para aclarar un poco las ideas.

1) El fenómeno migratorio en Occidente es, en su totalidad, un fenómeno con raíces económicas, dependiente de la lógica del capital.

Se favorecen los desplazamientos de mano de obra que busca ocupar los puestos de trabajo disponibles en el mercado mundial.

Al capital le interesa obtener una mano de obra que esté lo más dispuesta posible a trabajar por poco dinero y que sea fácilmente chantajeable. No es una cuestión de «inmigración irregular». Los irregulares también forman parte del juego, porque son un poco más chantajeables, pero el juego en su conjunto es aceptado, deseado y teorizado.

2) La presión que ejercen los modos de vida cultivados en Occidente (desde los costes de criar a los hijos, pasando por las responsabilidades legales, hasta las dificultades pedagógicas para los hijos que crecen en entornos desocializados, etc.) crea constantemente las condiciones para una reducción de la fecundidad. (Esto ocurre también con las segundas generaciones de migrantes, tan pronto como se aclimatan).

La falta de mano de obra interna de los países occidentales se compensa importándola de partes del mundo donde los «costes de producción de niños» son bajos, porque no existe un sistema de protección pública, servicios sanitarios, sistemas escolares, etc. Occidente es una tumba atareada que absorbe a jóvenes «producidos» en otros lugares para transformarlos en concentraciones de capital.

3) Este proceso nunca está guiado ni controlado porque para guiarlo y controlarlo se necesitarían enormes inversiones: dinero para los procesos de asimilación, educación o reeducación, enseñanza de idiomas, socialización, pero también para el control y la represión de comportamientos ilícitos.

Así pues, se dejan en manos de algunos payasos políticos las consignas de la inclusión y la acogida, pero como todo el sentido del proceso está exclusivamente orientado a incrementar los márgenes de beneficio, todo este «proceso de inclusión y acogida» queda necesariamente en el papel.

Por otra parte, si viviéramos en Estados dispuestos a sostener estos niveles de gasto público para los procesos de socialización e inclusión, el problema migratorio ni siquiera surgiría: estaríamos en Estados dispuestos a drenar dinero del gran capital para mejorar las condiciones laborales de los autóctonos, para mejorar los servicios públicos, para reprimir la explotación y el trabajo en negro, para ayudar a las familias a criar a sus hijos, etc.

Por lo tanto, si estuviéramos en el mundo idealizado (pero nunca implementado) por los promotores de la «acogida infinita», simplemente no habría ningún interés en importar mano de obra, porque nada más llegar a nuestro país estaría protegida y, por lo tanto, sería costosa.

4) El proceso se deja, por tanto, siempre a su suerte, porque quien dirige estos procesos es el capital y este no tiene ningún interés en gestionar los efectos sociales de los procesos migratorios.

Por lo tanto, de forma constante e inevitable, estos procesos crean formas de desestabilización social. La escuela pública sale degradada porque se ve desbordada por un exceso de demanda sin los medios adecuados para responder; las viviendas sociales desaparecen de la oferta pública; sujetos culturalmente ajenos e imposibles de integrar —porque la única forma de integración que se ofrece es el trabajo y no hay para todos— acaban engrosando las filas de la pequeña delincuencia.

Me ahorraré la obviedad de que no hay equivalencia entre inmigración y delincuencia. Obviamente no hay equivalencia, pero con igual obviedad e irrefutabilidad, en las sociedades en las que crecen grupos de sujetos culturalmente ajenos e inempleables, aumentan la inseguridad y los delitos.

Solo personas de perfecta y culpable mala fe pueden negar este nexo que se atestigua constantemente y se registra estadísticamente.

5) En un sistema competitivo como el nuestro, el peso de esta situación recae principalmente sobre las personas que se encuentran en relación de competencia directa con la mano de obra importada, es decir, ese proletariado o esa pequeña burguesía que lucha por mantener a flote el salario y la dignidad.

Estas personas suelen pertenecer a zonas ya socialmente desfavorecidas o en riesgo de desfavorecimiento, y perciben al Estado como distante e incluso hostil, como si no estuviera interesado en defenderlas ni en el ámbito laboral ni en el de la seguridad pública.

La ineficacia y la inercia de los sistemas represivos (como cualquier servicio público, infradotado y sometido a recortes) acaba, paradójicamente, siendo más eficaz a la hora de castigar las pequeñas infracciones de ese proletariado que ha conservado con esfuerzo lo poco que tiene (un coche, una casa), que las grandes infracciones de quienes acaban de llegar y no tienen nada que perder (si es que delinquen).

Pedir sabiduría infinita, moderación perenne y santo autocontrol a estas personas significa ser o estúpidos o de mala fe. Es tan cierto como que sale el sol que, en algún momento, estas situaciones están destinadas a estallar en formas de violencia civil.

6) Que estas formas de violencia civil sean horribles, inmorales, que adopten formas de violencia indeterminada, incapaces de distinguir entre objetivos culpables e inocentes, es obvio e inevitable.

El problema, el verdadero problema, es que ahora —solo ahora— las clases políticas desprovistas de vergüenza están listas para abalanzarse como buitres sobre la escena de la violencia social.

No estaban ahí cuando las familias, ya fueran autóctonas o migrantes, no podían hacerse cargo de un hijo enfermo o sucumbían ante el más mínimo revés de la suerte; no estaban ahí cuando se chantajeaba a la gente durante años, durante décadas, para que aceptara condiciones laborales cada vez más precarias.

Pero ahora están ahí.

Están, por un lado, para sacar provecho avivando el fuego de la «sacrosanta protesta contra el intruso», y por otro, para sacar provecho indignándose por el «racismo» y el «fascismo».

Así transforman los problemas, esos problemas que ambos han contribuido a crear, en otras tantas oportunidades personales para una entrevista llena de indignación y para alguna sesión fotográfica.

7) En conclusión. La trampa que se ha tendido (ya sea intencionadamente o por casualidad, da igual) es esta.

Mientras la gente no reaccione, se finge que el sistema está funcionando mágicamente según los mecanismos de alguna «mano invisible» y que todos se están beneficiando de ello.

Cuando la olla a presión estalla, cuando hay disturbios y violencia (pueden ser de autóctonos, pero también de migrantes de primera o segunda generación —pensemos en los banlieues*—), en ese momento se desata el juego de la polarización artificial, que mantiene con vida a la clase política que ha causado el daño y, de hecho, le otorga mayores poderes.

Si no reaccionas, no existes y se ríen en tu cara.

Si reaccionas, te pones del lado de los que están en el error y das fuerza a quienes han creado el problema.

Sin una transformación de la representación política (hoy en día difícil incluso de imaginar), este circo occidental seguirá pudriéndose, hasta llegar a alguna forma de guerra civil.

 (Andrea Zhok, Observatorio de trabajadores en lucha,  12/06/26)

20.3.26

La política de los Estados miembros de la UE respecto a la cuestión migratoria no es muy distinto al del ICE de Trump... La diferencia es que ellos han conseguido establecer una política en la que los aspectos «desagradables» —es decir, mortales— de la protección de las fronteras se trasladan al exterior, donde se vuelven invisibles... la estrecha colaboración de la UE con el Estado libio y con milicias como la denominada «guardia costera libia» no ha cambiado a pesar de que la situación de los derechos humanos allí es aterradora, donde se ven repetidamente mercados de esclavos... La milicia RSF es responsable de las masacres y la limpieza étnica en Sudán, especialmente en zonas como Darfur. Se dice que la UE también ha apoyado financieramente a la RSF con el fin de frenar la migración... La agencia europea de protección de fronteras Frontex lleva a cabo devoluciones ilegales, disparan contra botes inflables en los que hay personas o se destruyen los motores y luego se abandonan los botes en aguas turcas... Cuando en octubre de 2013 murieron 500 refugiados frente a la isla italiana de Lampedusa, se desató la indignación mundial. La mayoría de ellos procedían de Somalia y Eritrea y habían escapado de los campos de tortura libios... Sin embargo, desde entonces, se ha endurecido aún más precisamente la política que provocó Lampedusa... y se socavan las rutas de huida seguras. Cada año mueren alrededor de 3000 personas al intentar cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa. Y esas son solo las cifras oficiales, el número real es sin duda mucho mayor. Lo cierto es que Alemania y la Unión Europea no solo aceptan las violaciones de los derechos humanos, sino que las utilizan como medio para imponer la política migratoria europea ¿Con qué autoridad moral decidiría entonces la UE restringir los viajes de los funcionarios de ICE? (Bafta Sarbo)

"En los últimos meses todas las miradas se han centrado en Estados Unidos y en la violencia de su Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). La escalada de violencia en grandes ciudades como Chicago y Minneapolis provocó el asesinato a tiros en plena calle de dos ciudadanos estadounidenses por parte de las autoridades. La ola de indignación global que generaron estos hechos también provocó cierta exigencia de distanciamiento en Europa.

Luego de que Trump anunciara su intención de enviar agentes del ICE a los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán, los presidentes del grupo de izquierda en el Parlamento Europeo, Martin Schirdewan y Manon Aubry, presentaron una moción a Ursula von der Leyen, Kaja Kallas y Antonio Costa para que los agentes del ICE no puedan entrar a la Unión Europea.

Pero lo cierto es que el accionar de los Estados miembros de la UE respecto a la cuestión migratoria no es muy distinto que el del ICE. La diferencia es que ellos han conseguido establecer una política en la que los aspectos «desagradables» —es decir, mortales— de la protección de las fronteras se trasladan al exterior, donde se vuelven invisibles para la mayoría de los ciudadanos europeos.

El costo del aislamiento

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informa que, en enero de 2026, las autoridades libias descubrieron 195 prisioneros y 21 cadáveres en Adjdabia, en el sureste del país. En una operación separada, 221 personas fueron liberadas de una prisión subterránea de tres metros de profundidad en Kufra. Al menos diez de ellas fueron trasladadas al hospital para recibir tratamiento de urgencia. Al parecer, las redes de milicias criminales las retenían para extorsionar a sus familiares.

No es la primera vez que se producen hallazgos tan espeluznantes: en marzo de 2024, la OIM anunció que se habían encontrado 65 cadáveres de migrantes en el suroeste del país. En febrero de 2025 se encontró una fosa común con diecinueve personas en Jakharrah, así como otra en el desierto de Kufra con treinta cadáveres más. La OIM también estimó que había otros setenta cadáveres y varios cientos de prisioneros fueron liberados de las manos de las milicias.

Muchos refugiados de África emprenden el camino hacia Libia o a través de ella. Sin embargo, la situación de los derechos humanos allí es aterradora. En los videos que circulan en las redes sociales se ven repetidamente mercados de esclavos. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) afirmó en un informe de septiembre de 2020 que Libia no es un país seguro. Sin embargo, esto no ha cambiado mucho la estrecha colaboración de la UE con el Estado libio y con milicias como la denominada «guardia costera libia». Las graves violaciones de los derechos humanos en Libia son bien conocidas, pero la Comisión Europea rechazó el pasado mes de septiembre una petición al respecto presentada por 42 organizaciones no gubernamentales.

La mala situación de los derechos humanos en Libia es, en sí misma, resultado de la política exterior europea, concretamente del ataque de la OTAN a Libia en 2011, en el que fue derrocado el gobernante Muamar el Gadafi. Desde entonces, el país está gobernado de forma descentralizada por señores de la guerra y milicias armadas que compiten por el poder en el Estado, sin que exista un monopolio de la fuerza. La entonces canciller federal Angela Merkel también reconoció en 2017, en una cumbre especial celebrada en Malta, la necesidad de una solución política, en la que se codificó la defensa conjunta de la migración con Túnez y Libia, a pesar de las advertencias de explotación y tortura de organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional.

Sin embargo, en los años siguientes no se buscó esta solución política. En su lugar, se apostó por la violencia. La UE apoya a la «guardia costera libia» para la defensa migratoria directamente con fondos y formación. Entre 2015 y 2021, Libia recibió un total de 465 millones de euros. Esto se hizo a través del Fondo Fiduciario de Emergencia para África, creado en 2015, que se ha fijado el objetivo de combatir la «migración irregular» y sus raíces. La financiación continúa desde 2021 a través del instrumento financiero NDICI-GE, que hasta 2027 destinará 65 millones de euros a la «gestión de fronteras».

Según las estimaciones, en los últimos años entre 350 000 y un millón de personas han intentado huir de Sudán a través de la frontera sur de Libia. La mayoría de los migrantes que se han encontrado en los campos de refugiados libios proceden de Eritrea y Somalia, y Sudán es un país de tránsito para los refugiados de estos países. Además, en el propio Sudán hay una guerra civil que ha obligado a huir a 12 millones de personas. La milicia RSF es responsable de las masacres y la limpieza étnica en Sudán, especialmente en zonas como Darfur. Se dice que la UE también ha apoyado financieramente a la RSF con el fin de frenar la migración.

Cuando se criminaliza la migración

La UE sigue la estrategia de impedir que los refugiados africanos lleguen al Mediterráneo, para que no puedan continuar su viaje hacia Europa. De este modo, las fronteras de Europa se desplazan cada vez más hacia el exterior, es decir, también al continente africano. Para ello, se apoya financieramente a los países del norte y el oeste de África o se ejerce presión sobre ellos, por ejemplo, vinculando la ayuda al desarrollo a determinadas condiciones. Allí se forma a los funcionarios en la defensa contra la migración, se construyen campamentos para acoger a los migrantes deportados o se promulgan leyes que criminalizan la migración.

Un ejemplo de ello es la ley nigeriana 2015-036, que penaliza la migración y su apoyo. Según esta ley, impulsada por la UE, se consideraba apoyo el simple hecho de transportar a migrantes, ofrecerles un lugar para dormir o incluso venderles comida. El responsable de Refugio y Migración de medico international, Kerem Schamberger, describe que esto no impide la migración, sino que la hace más mortal.

Desde el golpe militar de 2022, Níger está gobernado por una junta militar. Entretanto, este país de África Occidental se ha retirado de esta cooperación y ha derogado la ley 2015-036. Esto supuso un respiro para la región, pero en Europa se consideró una señal problemática. El periódico Süddeutsche Zeitung tituló «La materia de la que están hechas las pesadillas de Europa».

La criminalización de la migración adopta diferentes formas. Una de ellas es la criminalización de los llamados traficantes. A primera vista, esto no parece problemático, ya que las bandas de traficantes suelen explotar a los migrantes y lucrarse con su huida. Sin embargo, en la realidad, esto suele dar lugar a penas de prisión elevadas para personas que han huido de la guerra, la tortura y la esclavitud.

La ONG de:criminalize documenta algunos de estos casos. Entre ellos se encuentra, por ejemplo, Garan, que huyó de la guerra en Sudán del Sur y sufrió torturas y trabajos forzados en Libia. Este joven de dieciséis años se enfrenta ahora a un juicio en Grecia por conducir a punta de pistola la embarcación en la que él y muchos otros migrantes intentaban llegar a Europa. Aunque es menor de edad, será juzgado como adulto, lo que significa que puede esperar una pena de cadena perpetua. Hay muchos casos como este. Los procesos judiciales duran una media de 37 minutos, las penas de prisión ascienden a una media de 46 años y se imponen multas adicionales de 330 000 euros.

La UE sigue una estrategia similar de externalización de sus fronteras con el llamado acuerdo UE-Turquía, aprobado en 2016. En virtud de este acuerdo, se financia al Gobierno turco para que readmita a los refugiados que llegan a Grecia y, por tanto, a la UE, a través de Turquía. Para ello, se ha dotado a Turquía con aproximadamente 9000 millones de euros.

La mayoría de los refugiados proceden de Siria y Afganistán y suelen solicitar asilo directamente en Grecia, pero como Turquía se considera un país seguro, a pesar de las graves violaciones de los derechos humanos cometidas desde el fallido intento de golpe de Estado de 2016, la mayoría de las solicitudes son rechazadas por inadmisibles. El problema radica también en que la Convención de Ginebra sobre los Refugiados solo se aplica en Turquía a los refugiados europeos. Aquí también la situación de los derechos humanos es alarmante, ya que los refugiados, incluidos los menores, son detenidos de forma generalizada. Desde que Turquía se negó a readmitir a los refugiados procedentes de Grecia en el contexto de la pandemia de COVID-19, las personas se concentran allí en campos de acogida.

Otro problema que conlleva este acuerdo es que, a cambio, Turquía ha podido exigir a los Estados de la UE una represión más dura contra la izquierda turca y, en particular, contra el movimiento de liberación kurdo. En Alemania, esto se aplica jurídicamente sobre todo mediante la prohibición del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK). Las estrechas relaciones con Turquía obstaculizan la despenalización. Con el pretexto de la lucha contra el terrorismo, Turquía lleva décadas librando una guerra de ocupación contra la población kurda y exigiendo el apoyo de los Estados de la UE a esta política.

ICE en el Mediterráneo

Sin embargo, muchos refugiados ni siquiera tienen la oportunidad de solicitar asilo, a pesar de llegar a Europa. La agencia europea de protección de fronteras Frontex es objeto de críticas por llevar a cabo o participar en devoluciones ilegales según el derecho internacional, es decir, devolver ilegalmente al Mediterráneo embarcaciones con refugiados para que se encuentren fuera de la zona de influencia europea. 

Para ello, por ejemplo, se disparan contra botes inflables en los que hay personas o se destruyen los motores y luego se abandonan los botes en aguas turcas. Según las investigaciones de la revista Der Spiegel, la policía federal alemana también participa en estas actividades. Sigue siendo controvertido si el rescate marítimo también entra dentro del ámbito de competencias de Frontex. Independientemente de ello, la propia autoridad está implicada en el peligro, en algunos casos mortal, que corren los migrantes.

La agencia, con sede en Varsovia, se creó inicialmente para coordinar las actividades de protección de fronteras en varios países europeos. En el contexto de la llamada crisis de los refugiados de 2016, se le dotó de competencias y personal adicionales. Mientras que en 2005 su presupuesto era de 6 millones de euros, hoy en día asciende a 1200 millones de euros. Es una de las mayores agencias de Europa y ahora es capaz de «proteger» las fronteras y obligar a los Estados miembros de la UE a reforzar la protección de las fronteras y deportar a más personas.

El endurecimiento de las fronteras exteriores de la UE se produjo inicialmente en paralelo al proceso de integración europea, en el que se liberalizaron las fronteras dentro de Europa mediante el espacio Schengen. Por lo tanto, ya no se realizaban controles fronterizos en las fronteras alemanas. En su lugar, la policía federal controlaba cada vez más a personas que, por el color de su piel o su apariencia física, se sospechaba que residían ilegalmente en Alemania en nodos de transporte como aeropuertos, estaciones de tren y trenes. Sin embargo, en 2023, Nancy Faeser volvió a introducir los controles fronterizos. La policía federal puede ahora volver a realizar controles fronterizos hasta 30 kilómetros después de la frontera. Esto significa que los controles se amplían en general, al igual que las facultades de vigilancia.

El rearme de Frontex es inseparable de la militarización general. En diciembre de 2024, la agencia firmó un nuevo contrato con el fabricante de armas israelí IAI por valor de 192 millones de euros para un periodo de dos años. Frontex quiere utilizar drones y tecnologías de vigilancia israelíes contra los migrantes, que también se utilizaron durante el genocidio de Gaza.

Cómo lidera Alemania

Cuando en octubre de 2013 murieron 500 refugiados frente a la isla italiana de Lampedusa, se desató la indignación mundial. La mayoría de ellos procedían de Somalia y Eritrea y habían escapado de los campos de tortura libios. El nombre de la isla italiana se convirtió en símbolo de una política migratoria inhumana en Europa. Martin Schulz, entonces presidente del Parlamento Europeo, dijo: «Lampedusa debe ser un punto de inflexión para la política migratoria europea».

Sin embargo, desde entonces, se ha endurecido aún más precisamente la política que provocó Lampedusa. Los proyectos de rescate marítimo, como la operación naval «Mare Nostrum» del gobierno italiano, que salvó la vida de 150 000 personas, tuvieron que suspenderse por falta de financiación. En su lugar, se sigue reforzando Frontex y se socavan las rutas de huida seguras. Cada año mueren alrededor de 3000 personas al intentar cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa. Y esas son solo las cifras oficiales, el número real es sin duda mucho mayor.

Hoy en día estamos viviendo una nueva movilización masiva de la derecha, impulsada en gran medida por una política antimigratoria. Esta movilización ha sido y sigue siendo impulsada activamente por la coalición semáforo y la coalición negro-roja. La moción del grupo parlamentario de izquierda en el Parlamento Europeo puede tener buenas intenciones, pero al final es una especie de rescate del honor de los valores europeos y mantiene la imagen falsa de una UE humanista.

Lo cierto es que Alemania y la Unión Europea no solo aceptan las violaciones de los derechos humanos, sino que las utilizan como medio para imponer la política migratoria europea. ¿Con qué autoridad moral decidiría entonces la UE restringir los viajes de los funcionarios de ICE?"

( , JACOBINLAT, 19/03/26) 

28.1.26

Una sociedad que se acostumbra a las personas «no deseadas» también se acostumbra a las muertes no deseadas. Minneapolis es una llamada de atención... Renée Good y Alex Pretti murieron tiroteados en Minneapolis durante operaciones federales de inmigración... No se trata de «malos agentes», sino de un aparato que actúa de manera cada vez más agresiva y se deja controlar cada vez menos. Estas muertes no son «accidentes», sino el punto final lógico de un proceso de deshumanización que está en marcha allí... Es tentador descartar esta violencia brutal como un exceso de la cultura estadounidense o como los caprichos de un presidente autoritario. La verdad es mucho más incómoda. Lo que vemos en EE. UU. es la traducción física de un clima político que reduce a las personas migrantes y a las refugiadas a «el problema». Y en Europa también se ha convertido en la norma... En cuanto nuestro discurso político considera a las personas únicamente como aprovechadas, parásitos o un «tsunami», el paso hacia la violencia física se vuelve peligrosamente pequeño... También en Europa hay muertos a causa de la «caza de refugiados»... La caza continua de personas sin papeles crea un clima en el que el valor de una vida migrante se devalúa hasta convertirse en una carga administrativa que debe ser eliminada... Mientras EE. UU. construye un muro en la frontera, la Unión Europea subcontrata la crueldad a países en la frontera exterior... Financiamos a la guardia costera de dictaduras que empujan a las personas migrantes al desierto o las encierran en campos de tortura ¿Por qué mantenemos este sistema violento? Los países ricos atraen la mano de obra que necesitan, pero mantienen a otros fuera. Así surge un sistema de migración «deseada» y «no deseada». Este mecanismo sirve al máximo beneficio. La «reserva» de personas sin papeles es útil para la construcción, la limpieza y la agricultura. Mantiene los salarios bajos y crea una clase sin derechos, fácilmente explotada. Al mismo tiempo, se alimenta el miedo a la persona migrante para dividir a la clase trabajadora entre sí. Al calificar de «aprovechada» a la persona migrante, los gobiernos evitan que la ciudadanía mire hacia arriba, hacia los verdaderos aprovechados del sistema. La deshumanización en Minneapolis y las devoluciones en caliente en nuestras fronteras sirven al mismo objetivo: normalizar la exclusión para proteger el statu quo de la minoría poderosa... Cuando los trabajadores temen por su propia seguridad social, la persona migrante es un chivo expiatorio fácil... El resultado es una pendiente lenta hacia una ceguera ética completa (Marc Vandepitte)

"Una sociedad que se acostumbra a las personas «no deseadas» también se acostumbra a las muertes no deseadas. Minneapolis es una llamada de atención, también para nuestra política de refugiados.

En las últimas semanas Renée Good y Alex Pretti, ambos de 37 años, murieron tiroteados en Minneapolis durante operaciones federales de inmigración. A Pretti le dispararon diez balas mientras estaba desarmado. Ambos asesinatos han provocado una gran indignación en todo el mundo y han dado lugar a grandes protestas en EE. UU., así como a un conflicto abierto entre los servicios federales y las autoridades locales.

No se trata de «malos agentes», sino de un aparato que actúa de manera cada vez más agresiva y se deja controlar cada vez menos. Estas muertes no son «accidentes», sino el punto final lógico de un proceso de deshumanización que está en marcha allí.
Deshumanización

Es tentador descartar esta violencia brutal como un exceso de la cultura estadounidense o como los caprichos de un presidente autoritario. La verdad es mucho más incómoda. Lo que vemos en EE. UU. es la traducción física de un clima político que reduce sistemáticamente a las personas migrantes y a las refugiadas a «el problema». Y, por desgracia, vemos que en Europa también se ha convertido en la norma desde hace tiempo.

En cuanto nuestro discurso político considera a las personas únicamente como aprovechadas, parásitos o un «tsunami», el paso hacia la violencia física se vuelve peligrosamente pequeño. En un mundo polarizado en el que la humanidad cede ante el afán de sumar puntos electorales, una bala o una detención violenta se convierten en un instrumento aceptable.

No hace falta mirar al otro lado del océano para encontrar víctimas de esta política mortal. También en Europa hay muertos a causa de la «caza de refugiados». En mi país, Bélgica, cargamos con las cicatrices de Semira Adamu. Murió en 1998 después de que unos gendarmes la asfixiaran con una almohada durante una expulsión forzosa. Veinte años después murió la niña de dos años, Mawda, por una bala policial durante una persecución desenfrenada a una furgoneta llena de refugiados.

Este tipo de dramas no son incidentes aislados, sino las consecuencias de una política que acosa a las personas como si fueran presas de caza. La caza continua de personas sin papeles crea un clima en el que el valor de una vida migrante se devalúa hasta convertirse en una carga administrativa que debe ser eliminada.
El trabajo sucio de Europa en el patio trasero

Mientras EE. UU. construye un muro en la frontera con México, la Unión Europea aplica una estrategia aún más cínica: la «externalización». Subcontratamos la crueldad a países en la frontera exterior. Mediante acuerdos multimillonarios con regímenes autoritarios en Túnez, Egipto y Libia, dejamos que otros hagan el trabajo sucio, lejos de las miradas críticas de nuestra propia ciudadanía.

Financiamos a la guardia costera de dictaduras que empujan a las personas migrantes al desierto o las encierran en campos de tortura. Mientras bajen las cifras en Bruselas, Europa cierra los ojos ante las graves violaciones de derechos humanos que se financian con el dinero de nuestros contribuyentes.

El mar Mediterráneo es, entretanto, una frontera mucho más mortífera que la famosa frontera entre México y EE. UU. Cada año, más de 3000 personas refugiadas pierden la vida en su travesía hacia Europa.
Migración y capital

¿Por qué mantenemos este sistema violento? Porque la migración es, en esencia, un producto estructural del capitalismo global. Este sistema crea desigualdad, guerra y daño climático, lo que obliga a la gente a marcharse.

Al mismo tiempo, los países ricos atraen la mano de obra que necesitan, pero mantienen a otros fuera. Así surge un sistema de migración «deseada» y «no deseada». Este mecanismo sirve al máximo beneficio. La «reserva» de personas vulnerables sin papeles es sumamente útil para sectores como la construcción, la limpieza y la agricultura. Mantiene los salarios bajos y crea una clase sin derechos que puede ser fácilmente explotada. Al mismo tiempo, se alimenta el miedo a la persona migrante para dividir a la clase trabajadora entre sí.

Al calificar de «aprovechada» a la persona migrante, los gobiernos evitan que la ciudadanía mire hacia arriba, hacia los verdaderos aprovechados del sistema. La deshumanización en Minneapolis y las devoluciones en caliente en nuestras fronteras sirven al mismo objetivo: normalizar la exclusión para proteger el statu quo de la minoría poderosa.

Cuando las personas trabajadoras temen por su propia seguridad social, la persona migrante es un chivo expiatorio fácil. Los partidos de extrema derecha lo utilizan ávidamente, pero también los llamados partidos de centro se desplazan cada vez más hacia la derecha en una carrera por una política de asilo más estricta. El resultado es una pendiente lenta hacia una ceguera ética completa.
Alternativa

¿Cuál es la alternativa? Empieza por crear canales de migración legales. Si Europa necesita mano de obra para trabajos mal pagados, debe hacerse de forma legal y con plenos derechos. Esto evita el dumping salarial y saca a las personas de las garras de los traficantes.

Al mismo tiempo, Europa debe dejar de librar guerras y de apoyar dictaduras que obligan a la gente a huir. Si Europa contribuye a avivar guerras o deja que se prolonguen, no puede simplemente trasladar la acogida a los países vecinos. Con Ucrania hemos demostrado que sí podemos acoger a personas; por lo tanto, es posible.

Debemos trabajar en relaciones duraderas y justas con los países de origen. También debemos invertir seriamente en la acogida en la región. Países como Líbano y Kenia acogen, con diferencia, a la mayor parte de la gente, pero precisamente ahí es donde cerramos el grifo de los recursos. Si hay una lección que se mantiene vigente del acuerdo con Turquía, es esta: una financiación sólida sí marca la diferencia.
Llamada de atención para Europa

Los muertos en Minneapolis muestran lo que ocurre cuando se permite que una sociedad se acostumbre a la idea de que algunas vidas valen menos. Hoy son personas migrantes sin papeles. Mañana, como en Minneapolis, ciudadanos o ciudadanas que sean solidarios o que simplemente «estén en medio».

No debemos pensar que Europa es realmente mucho mejor que EE. UU. Más bien debemos preguntarnos cuántas muertes mantenemos fuera de la vista: en el desierto, en el mar, en detención, en persecuciones y en expulsiones. Y cuántas carreras políticas se construyen sobre la promesa de «la política más estricta de la historia».

Si no queremos terminar con escenas como las de Minneapolis en nuestras calles, debemos dejar de deshumanizar ahora mismo. No a la externalización de la violencia. No a la normalización de las devoluciones en caliente No a un lenguaje que reduce a las personas a una plaga. La alternativa es, sencillamente, igualdad de derechos, rutas seguras y una política que no trate la humanidad como un lujo."

( Marc Vandepitte , blog, 26/01/26, Traducción del neerlandés para rebelión por el propio autor.)

7.12.25

Kenneth Rogoff: Los enormes costos de las políticas antiinmigratorias... La inmigración se ha convertido en la principal línea divisoria de la política contemporá... Sin embargo, la economía subyacente es notablemente sencilla. La mayoría de las economías avanzadas están envejeciendo rápidamente, y con el declive demográfico viene una disminución de la fuerza laboral. Si bien la automatización y la IA pueden aliviar algunas de estas presiones, ninguna puede satisfacer la creciente necesidad de profesionales de la salud y del cuidado de personas mayores, ni sustituir a los educadores, fontaneros e innumerables otros cuyos trabajos aún dependen de un toque humano insustituible... Las impactantes imágenes de migrantes venezolanos acusados de vínculos con pandillas siendo deportados, ha frenado la inmigración legal, desalentando a muchas de las personas cualificadas y ambiciosas que durante mucho tiempo han sustentado la innovación y el crecimiento de Estados Unidos... La represión del gobierno de Trump contra los estudiantes internacionales ha sido especialmente destructiva... cuando casi la mitad de las empresas de la lista Fortune 500 fueron fundadas por inmigrantes o sus hijos... Ante este sombrío panorama, los argumentos económicos a favor de la inmigración son más convincentes que nunca. De hecho, investigaciones recientes sugieren que, con el tiempo, los costos de crecimiento de las políticas antinmigratorias de Trump eclipsarán los asociados con sus aranceles y otras barreras comerciales. Si persisten las tendencias políticas actuales, es probable que la brecha entre los fundamentos económicos y las decisiones políticas se amplíe, dejando a los países desarrollados lamentablemente desprevenidos para los desafíos que se avecinan

 "La inmigración se ha convertido en la principal línea divisoria de la política contemporánea. En ningún otro lugar esto es más evidente que en Estados Unidos y el Reino Unido, donde la retórica se vuelve cada vez más absurda.

Sin embargo, la economía subyacente es notablemente sencilla. La mayoría de las economías avanzadas están envejeciendo rápidamente, y con el declive demográfico viene una disminución de la fuerza laboral. Si bien la automatización y la IA pueden aliviar algunas de estas presiones, ninguna puede satisfacer la creciente necesidad de profesionales de la salud y del cuidado de personas mayores, ni sustituir a los educadores, fontaneros e innumerables otros cuyos trabajos aún dependen de un toque humano insustituible.

En cambio, el mundo en desarrollo cuenta con una enorme oferta laboral, pero no con suficientes empleos de calidad para absorberla. Solo en África, se proyecta que más de 600 millones de personas se incorporarán a la población en edad laboral en el próximo cuarto de siglo. A nivel mundial, la cifra se acerca a los mil millones.

El resultado es un desempleo juvenil crónico que, con toda seguridad, alimentará la inestabilidad política y los conflictos civiles en muchos países de bajos ingresos. Estas tensiones se ven agravadas por el cambio climático, que se prevé que afectará con mayor dureza a las economías en desarrollo y acelerará los flujos migratorios hacia los países más ricos.

Los economistas llevan mucho tiempo argumentando que flexibilizar las restricciones a la movilidad transfronteriza aporta enormes beneficios tanto a los países de destino como a los de origen. Sin embargo, nadie lo sabría a juzgar por la feroz reacción antinmigratoria que ahora azota al mundo desarrollado. En Alemania, la decisión de Angela Merkel de admitir a un millón de refugiados sirios en 2015 es quizás la decisión más impopular de sus 16 años de mandato como canciller, por muy moralmente valiente que pudiera haber parecido en aquel momento. La frustración por el aumento de la población migrante fue una de las principales fuerzas que impulsaron la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea en 2016. Y en Hungría, el primer ministro Viktor Orbán ha construido su marca política sobre una plataforma antinmigratoria de línea dura, convirtiéndose en un referente para provocadores de extrema derecha como Tucker Carlson.

La trayectoria de Estados Unidos durante la última década es particularmente preocupante. Históricamente, la capacidad del país para atraer a personas ambiciosas de todo el mundo ha sido una de sus mayores fortalezas, impulsando el crecimiento económico, la innovación y la vitalidad cultural. Las universidades estadounidenses, en particular, han sido polos de atracción para el talento global, atrayendo a estudiantes brillantes que vienen no solo para recibir una educación de alta calidad, aunque muy costosa, sino también para forjar una vida y una carrera profesional en Estados Unidos. Este enfoque ha dado sus frutos, ya que casi la mitad de las empresas de la lista Fortune 500 fueron fundadas por inmigrantes o sus hijos.

Pero ese pilar del dinamismo estadounidense corre ahora el riesgo de desmoronarse. La administración del presidente estadounidense Donald Trump ha cerrado la frontera y ha convertido en un espectáculo público las redadas y deportaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), aparentemente para revertir la llamada política de «fronteras abiertas» del expresidente Joe Biden.

Las impactantes imágenes de migrantes venezolanos acusados de vínculos con pandillas siendo deportados al infame Centro de Confinamiento para Terroristas de El Salvador, donde, según informes, sufrieron un trato brutal e inhumano, podrían haber contribuido a la posterior disminución de los cruces fronterizos ilegales. Pero este teatro de crueldad también ha frenado la inmigración legal, desalentando a muchas de las personas cualificadas y ambiciosas que durante mucho tiempo han sustentado la innovación y el crecimiento de Estados Unidos.

La represión del gobierno de Trump contra los estudiantes internacionales ha sido especialmente destructiva. En un caso ampliamente difundido, una estudiante de 19 años del Babson College, que había llegado a Estados Unidos desde Honduras a los siete años, fue sacada rápidamente de la fila de seguridad en el Aeropuerto Logan de Boston. En lugar de volar a su casa en Texas como estaba previsto, fue detenida, enviada a un centro de ICE y, posteriormente, a pesar de una orden judicial federal que le impedía ser expulsada de Massachusetts, fue deportada a Honduras, separándola de sus padres, quienes permanecen en Estados Unidos.

Sin duda, las políticas de la era Biden desencadenaron un aumento de la inmigración ilegal, a la vez que redujeron las vías legales para la entrada económicamente beneficiosa. Entre 2020 y 2024, aproximadamente 11 millones de inmigrantes entraron a Estados Unidos, y dada la gran cantidad de quienes cruzaron tramos no vigilados de la frontera sur, la cifra real podría ser mucho mayor. Por supuesto, el enfoque de Biden fue en sí mismo una reacción a las restricciones impuestas por Trump durante su primer mandato, lo que ilustra cómo la política migratoria estadounidense ha oscilado drásticamente entre extremos en lugar de converger en una estrategia coherente.

Dadas las profundas divisiones y disfunciones en Washington, las posibilidades de que el Congreso apruebe una reforma migratoria bipartidista son mínimas. Dinámicas similares se están desarrollando en gran parte del mundo desarrollado, donde Alemania, Francia y el Reino Unido luchan por integrar a poblaciones inmigrantes mucho más pequeñas, cuyas tradiciones culturales difieren notablemente de las de la mayoría de los ciudadanos nativos.

Ante este sombrío panorama, los argumentos económicos a favor de la inmigración son más convincentes que nunca. De hecho, investigaciones recientes sugieren que, con el tiempo, los costos de crecimiento de las políticas antinmigratorias de Trump eclipsarán los asociados con sus aranceles y otras barreras comerciales. Si persisten las tendencias políticas actuales, es probable que la brecha entre los fundamentos económicos y las decisiones políticas se amplíe, dejando a los países desarrollados lamentablemente desprevenidos para los desafíos que se avecinan."

(Kenneth Rogoff, La Prensa, 06/12/25, fuente Project Syndicate)

5.12.25

De aquellos narcotráficos, estas migraciones... la producción, la manufactura y la distribución de cocaína lleva más de cuatro décadas bañando en sangre el suelo de Latinoamérica... en el conjunto de países que integran América Central y Sudamérica se produjeron más de 291.000 crímenes y delitos relacionados con el tráfico y la posesión de drogas durante el año 2023... El reguero de violencia se produce al conectar las zonas productoras con las rutas de tránsito hacia los destinatarios finales... a excepción de Chile, todo el continente está a merced de esta actividad mercantil... El recorrido de la mercancía concluye en los los big five de recepción y de consumo de cocaína a nivel mundial: Estados Unidos, Francia, Países Bajos, Bélgica y España. Para que los ciudadanos del norte desarrollado tengan acceso a sus golosinas del fin de semana, hay un continente entero que debe vivir bajo la tiranía de los cárteles... Si los ricos se drogan, a los pobres no les queda más remedio que ponerse a traficar o, con suerte, salir por patas de donde se está traficando... una foto es la del actual líder del PP Alberto Núñez Feijóo a bordo del yate del narcotraficante Marcial Dorado... El PP que deja éste sonado rastro de compadreo con el narcotráfico, es el mismo PP que agita a diario el mantra de la inmigración... En ningún caso pone sobre la mesa el origen del fenómeno. Más que nada, porque eso obligaría a señalar que el yate de Marcial Dorado reposa sobre las extorsiones, la corrupción y los asesinatos que fuerzan el grueso de las migraciones procedentes de Latinoamérica (Emma Zafón)

 "A principios de este pasado mes de octubre, el youtuber Jordi Wild afrontaba una peliaguda polémica tras haber afirmado, durante una de sus entrevistas, que tiene por costumbre llevar una “vida sana” pero que de vez en cuando se da el gusto de meterse una rayita de cocaína. Los pistoleros habituales del viejo Twitter no tardaron en desenfundar: qué despropósito, ¿cómo puede decir que se cuida si luego se droga? ¿Es que nadie va a pensar en los niños?  

Como siempre, el barullo tuitero se quedaba en la superficie, en la anécdota, y nadie fue capaz de reparar en el verdadero mal mayor que se escondía tras el planteamiento de Wild. Esto es: hay que ser muy hipócrita para reconocer que consumes cocaína mientras te dedicas a esparcir discursos de odio contra la inmigración a través de tus diferentes canales. 

Por si acaso queda algún despistado, la producción, la manufactura y la distribución de cocaína —así como de otras drogas sintéticas— lleva más de cuatro décadas bañando en sangre el suelo de Latinoamérica. La ONU, en su último informe World Drug Report, documenta que en el conjunto de países que integran América Central y Sudamérica se produjeron más de 291.000 crímenes y delitos relacionados con el tráfico y la posesión de drogas durante el año 2023, el último del que se tienen registros. 

En menos de una semana, entre finales de octubre y principios de noviembre, México vivía un tiroteo a plena luz del día en la Colonia Tepito de la capital con un saldo de tres víctimas mortales. Poco después se producía el sonado asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, quien había mostrado su firme intención de combatir el crimen organizado. Entremedias, en Río de Janeiro, el gobernador bolsonarista Claudio Castro daba la orden de asaltar una favela del norte de la ciudad y causaba más de 130 víctimas mortales, la mayor masacre de estas características en la historia de Brasil.  

La ley de la sangre y la demanda

Los procesos de violencia que sacuden Latinoamérica no son homogéneos, ni permanentes en el tiempo, pero sí que son transversales y se enquistan latentes en el territorio. Todo depende del auge, de la expansión y del declive de los cárteles. O del escenario geopolítico. En los años 80 y 90, Medellín era el punto más caliente del continente, con casi 7.000 personas asesinadas durante el año 1991. Tras la caída de Pablo Escobar, la ciudad fue dando pequeños pasos hacia la paz y la convivencia y actualmente es hasta destino turístico. 

Lo que fue bueno para Medellín fue malo para las regiones cercanas. El periodista hondureño Óscar Estrada, en su libro Tierra de narcos, afirma que el desmantelamiento del cártel de Escobar acabó expandiendo la guerra contra las drogas al resto del continente. “Para inicios del 2000, la guerra que ya se reconocía como una estrategia fracasada, fue exportada a México a través del Plan Mérida, que tendría grandes repercusiones en Centroamérica”, explica. 

Los cárteles mexicanos asumieron parte de la cuota de mercado de Pablo Escobar y, según el periodista guadalajarense Antonio Nieto, el narco conocido como ‘El Abuelo’ llegó a entrar 35 toneladas de cocaína anuales a los Estados Unidos a través del aeropuerto internacional de la Ciudad de México. 

El reguero de violencia se produce al conectar las zonas productoras con las rutas de tránsito hacia los destinatarios finales. De acuerdo con el mismo World Drug Report de la ONU, a excepción de Chile, todo el continente está a merced de esta actividad mercantil. Colombia, Perú y Bolivia son los ejes productores y cada año incrementan sustancialmente la superficie de cultivo dedicada a la planta de coca: de las 120.000 hectáreas destinadas en 2013 se había pasado a las 375.300 en 2023.

El resto de países, sobre todo Brasil, Venezuela y Ecuador, son el punto de gestión intermedia hacia el destino final de esta cadena de distribución. También lo es Honduras, convertido en puerto de entrada y de salida de la droga cuando Nicaragua se salió del circuito en los años 80 tras el triunfo de la Revolución Sandinista. Desde entonces, suma más de 30.000 víctimas de asesinatos y un presidente, Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años de prisión por asociación “con algunos de los traficantes más grandes del mundo para transportar toneladas de droga hacia Estados Unidos”.  

El recorrido de la mercancía concluye en los los big five de recepción y de consumo de cocaína a nivel mundial: Estados Unidos, Francia, Países Bajos, Bélgica y España. Para que los ciudadanos del norte desarrollado tengan acceso a sus golosinas del fin de semana, hay un continente entero que debe vivir bajo la tiranía de los cárteles. 

Farloperos de pueblo y sobredosis de racismo

Dos fotografías. La primera, de sobras conocida, es la del actual líder del PP Alberto Núñez Feijóo a bordo del yate del narcotraficante Marcial Dorado. La segunda, solo conocida a nivel local, es la de un edil de un pueblo de Castellón, José Vicente Adsuara, pintando una raya de coca sobre una mesa que sostiene media decena de cubatas. 

La primera imagen no impidió que Núñez Feijóo se hiciese con el liderazgo del PP tras la liquidación de Pablo Casado y la segunda imagen no ha impedido que Adsuara haya sido recompensado este verano con un puesto de asesor en la Diputación de Castellón. 

El PP que deja estos sonados rastros de compadreo con el narcotráfico es el mismo PP que jamás titubea a la hora de subirse al carro de los cuestionamientos demográficos. Con la ultraderecha pisándole los talones, los líderes populares agitan a diario el mantra de la inmigración. Ahora bien, lo hacen limitándose a vociferar conceptos relacionados con la seguridad y con la delincuencia, para luego ponerse a exigir que no venga ya nadie más. 

En ningún caso ponen sobre la mesa el origen del fenómeno. Más que nada, porque eso obligaría a señalar que tanto el yate de Marcial Dorado como el pollo de cocaína de José Vicente Adsuara reposan sobre las extorsiones, la corrupción y los asesinatos que fuerzan el grueso de las migraciones procedentes de Latinoamérica. Si los ricos se drogan, a los pobres no les queda más remedio que ponerse a traficar o, con suerte, salir por patas de donde se está traficando."                       ( Emma Zafón, , El Salto, 24/11/25) 

10.11.25

El 75% de los empleos generados durante en el último año por la hostelería y otras actividades asociadas al turismo están ocupados por inmigrantes... la inmigración ha servido de palanca para batir un nuevo récord de ingresos por turismo internacional... la recuperación en marcha de la edificación de viviendas sería inconcebible sin el recurso a la mano de obra extranjera. Prueba de esta dependencia: el 68% de las nuevas contrataciones del sector de la construcción en el último año han sido para inmigrantes... la pronta integración de los inmigrantes es igualmente sorprendente... Sectores intensivos en mano de obra extranjera como la logística y los servicios a empresas con salarios inferiores a la media, forman parte de la cadena de suministros, siendo, por tanto, cruciales para el buen funcionamiento del conjunto de la economía. Todo ello ha facilitado el crecimiento en los sectores que originan la mayoría de las contrataciones de trabajadores españoles. Por ejemplo, las actividades profesionales, la educación y la sanidad aportan cerca del 60% de los nuevos puestos de trabajo ocupados por los españoles en el periodo reciente... La especificidad del shock demográfico español es que ha coincido con una fuerte demanda latente (Raymond Torres)

 "El papel de la inmigración en el actual ciclo expansivo ha sido más significativo, pero también menos automático, de lo que es comúnmente admitido. No es solo que, año tras año, los extranjeros estén aportando cerca de dos de cada tres nuevas incorporaciones al mercado laboral: la clave está en que esta fuerza laboral sustenta la actividad de sectores que se enfrentan a una demanda desbocada, aliviando la situación de escasez o de desmovilización de la mano de obra española, habida cuenta del nivel de los salarios en vigor.

La especificidad del shock demográfico español, y su corolario de elevación de la oferta laboral, es que ha coincido con una fuerte demanda latente. El 75% de los empleos generados durante en el último año por la hostelería y otras actividades asociadas al turismo están ocupados por inmigrantes. En otras palabras, la inmigración ha servido de palanca para batir un nuevo récord de ingresos por turismo internacional. Pero si el aumento de la población activa ha ejercido un impacto tan potente e inmediato —la pronta integración de los inmigrantes es igualmente sorprendente—es porque se ha simultaneado con una demanda potente, alentada por un deseo de viajar que había sido reprimido durante la pandemia.

De manera más contundente, la recuperación en marcha de la edificación de viviendas sería inconcebible sin el recurso a la mano de obra extranjera. Prueba de esta dependencia: el 68% de las nuevas contrataciones del sector de la construcción en el último año han sido para inmigrantes. Ahora bien, es probable que esas mismas personas no hubieran encontrado empleo en un contexto recesivo, como el que prevalecía tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, provocando una oleada de retornos de inmigrantes a sus países de origen. Esta circunstancia explica también las dificultades de integración de los extranjeros en economías en fase de ajuste estructural como Alemania, o que adolecen un déficit de competitividad como Francia.

Es más, la inmigración ha complementado, cuando no impulsado, la nacional. Sectores intensivos en mano de obra extranjera como la logística y los servicios a empresas con salarios inferiores a la media, forman parte de la cadena de suministros, siendo, por tanto, cruciales para el buen funcionamiento del conjunto de la economía. Todo ello ha facilitado el crecimiento en los sectores que originan la mayoría de las contrataciones de trabajadores españoles. Por ejemplo, las actividades profesionales, la educación y la sanidad aportan cerca del 60% de los nuevos puestos de trabajo ocupados por los españoles en el periodo reciente.

Sería temerario, sin embargo, anticipar la perpetuación de semejante círculo virtuoso. Los beneficios del crecimiento poblacional no se producen automáticamente, ya que el plus de oferta laboral podría no coincidir en el futuro cercano con la demanda (o al menos no de manera inmediata). La moderación del turismo augura una inflexión en el mercado laboral, independientemente de la entrada de inmigrantes que busquen empleos en el sector.

Además de la existencia de una demanda solvente, otro condicionante de la integración de la fuerza laboral, ya sea nacional o extranjera, es la disponibilidad de una capacidad productiva suficiente para sostener la actividad. A este respecto, es preocupante la debilidad de la inversión empresarial, sobre todo en los sectores que funcionan ya a plena capacidad, y que, por tanto, carecen de equipamiento ocioso para ampliar la plantilla.

En definitiva, la inmigración ensancha el margen de acción de la política económica, pero no la sustituye. Sigue siendo necesario incentivar el retorno al empleo de los parados, nacionales o extranjeros —no se entiende que, en plena bonanza, 173.000 desempleados que proceden de la construcción no encuentren un puesto de trabajo—. Y el fenómeno migratorio hace más prioritario abordar los obstáculos a la inversión y a la productividad, como sustento del bienestar general."                          (Raymond Torres , El País, 09/11/25

25.9.25

El pueblo gallego de 700 habitantes que acogió a 200 migrantes Mondariz-Balneario se volcó en atender en 2024 a dos centenares de personas procedentes del África Subsahariana, dándoles techo y formación. La relación con quienes fueron sus vecinos se mantiene hoy... Han creado la asociación Red TEAyudo, que dispone de un piso en el que residen varios migrantes, y les asiste en lo que puede. Otras personas socorren a familias en los países de origen... Una docena y pico de mujeres (no es algo nuevo, en 1983 una candidatura municipal íntegramente femenina obtuvo el 43% de los votos) se movilizó para darles la asistencia social y emocional que ni el Gobierno central ni el autonómico les facilitaban. Desde clases de castellano hasta participación en actividades lúdicas... El alcalde, César Gil, asegura que ha sido la cercanía con los vecinos, posible en un pueblo pequeño, lo que ha facilitado la integración, y teme que la Administración opte por concentrarlos en grandes centros en el extrarradio de las ciudades. “Será entonces cuando nos demos cuenta de lo necesario que son”... El dinero que reciben (hasta la resolución de la petición de asilo) son 50 euros mensuales. Claro que eso, en su lugar de origen, es una fortuna. Suso Iglesias recuerda cómo acompañó a Lamine a una oficina de Western Union para que pudiese mandar 60 euros a su abuela, y los saltos de júbilo cuando descubrió que se convertirían en nada menos que 42.960 francos CFA... Cuando los dos migrantes se vieron impelidos a abandonar Mondariz Balneario, Isabel, como le confesó al autor del reportaje, “hizo algo que nunca había pensado hacer”: entró en la habitación de su hijo fallecido en un accidente, que no había tocado en cinco años, abrió las ventanas y sacó toda la ropa del armario para dársela a sus nuevos amigos. Desde entonces, Isabel recibe cada semana desde Allariz (Ourense), donde viven Baba y Daudá, una foto de ambos... después de que el Ministerio del Interior denegó sus peticiones de protección internacional humanitaria o de asilo y los solicitantes tuvieron que desperdigarse por toda Galicia y pasaron a engrosar ese limbo legal de los que no pueden tener permiso de trabajo... Aunque Iván y Esther quisieran emplear a Abdoul, no podrían (Xosé Manuel Pereiro)

 "“¡Sois gente muy amábele , sois agradábeles , gracias Mandariz! ”. En el impresionante marco decimonónico de los jardines del Balneario de Mondariz acababa de finalizar lo que los carteles que lo convocaban llamaban “acto solidario con los migrantes del CEMAR”, y media docena de ellos habían ido a buscar a no se sabe dónde un par de tambores para improvisar de forma similar su agradecimiento a los organizadores, al centenar de asistentes ya la población en general. Ese mismo día acababa el proceso de acogida allí de más de doscientos migrantes africanos, la mayoría de Mali. El Ministerio del Interior denegó sus peticiones de protección internacional humanitaria o de asilo y los solicitantes tuvieron que desperdigarse por toda Galicia y pasaron a engrosar ese limbo legal de los que no pueden tener permiso de trabajo y tienen que vivir dos años en España para solicitar la residencia por arraigo. Pero los vecinos de la comarca tejieron una red solidaria que todavía se mantiene. El argumento falaz de “si tanto te gustan, por qué no los metes en tu casa” aquí tiene una respuesta real.

Mondariz-Balneario (perderá oficialmente el guion en breve, y es simplemente “O Balneario” para sus vecinos, no confundir con Mondariz a secas) es uno de los ayuntamientos menos habitados de Galicia (711 censados, aunque de ellos ni la mitad son residentes fijos), a pesar de estar a treinta kilómetros de la ciudad más populosa, Vigo. También el de menor extensión (dos y pico kilómetros cuadrados). En realidad, es ayuntamiento porque se lo trabajaron hace un siglo precisamente los que hicieron del lugar un balneario de referencia internacional, entre ellos el empresario galleguista y compromisario del Frente Popular en 1936 Enrique Peinador (sí, el cercano aeropuerto de Vigo se llama así porque se construyó en terrenos que le expropiaron). Así que una cosa municipal es Mondariz Balneario, que conserva bastante el aspecto de los centros termales centroeuropeos (con casi tantas plazas hosteleras como población real. Precio medio de un apartamento el año pasado, según Fotocasa, 136.667 euros) y otra Mondariz (o “Mondariz de arriba”, 4.425 habitantes).

A Mondariz Balneario llegaron en agosto de 2024 los subsaharianos, con destino en el Centro de Estudios Marcote (CEMAR), una institución privada con actividad hostelera. No fue un caso único. En la misma época 120 personas procedentes de la misma región africana fueron acogidas en un hotel de Monterroso (Lugo), una localidad del centro de Galicia (3.600 habitantes para un total de 136 núcleos de población), circunstancia que tuvo una cierta repercusión mediática, sobre todo por la reacción de la población. 

Incluso el equipo de fútbol, la SD Monterroso, emitió un comunicado de solidaridad : “Recordamos que nadie huye de su hogar por elección, sino por un motivo de supervivencia y de mejorar las condiciones de vida. No es cuestión de caridad, sino de posibilitar oportunidades”. Pero lo de Balneario apenas tuvo eco. A principios de año, Suso Iglesias, un amigo desde los tiempos de la facultad, propuso en el comité de redacción de Luzes hacer un reportaje. Al revés de lo que en ocasiones sucede, el texto resultó mucho más revelador de lo que parecía la propuesta. Tanto, que decidimos hacer allí una presentación del número y organizarlo como un acto solidario .

Durante los dos primeros meses, la reacción de la población ante la llegada masiva –e imprevista; el alcalde, César Gil (BNG), fue avisado la antevíspera– fue de indiferencia. No en vano, era agosto, y en esa época hay más convocatorias festivas que días para atenderlas. Hasta que, al reanudarse el curso, la madre de uno de los alumnos del instituto Marcote difundió en las redes sociales un vídeo “alertando” de la situación, la convivencia entre los jóvenes estudiantes y “los negros”. “Lo hizo alguien que ni siquiera es de aquí”, indicaba el reportaje en Luzes (la xenofobia es de lo primero que se transmite, a veces como un bumerán). La vecindad se dio por alertada, pero en el sentido contrario al pretendido. Una docena y pico de mujeres (no es algo nuevo, en 1983 una candidatura municipal íntegramente femenina obtuvo el 43% de los votos) se movilizó para darles la asistencia social y emocional que ni el Gobierno central ni el autonómico les facilitaban. Desde clases de castellano hasta participación en actividades lúdicas.

Una de esas mujeres, Xulia Vaz Porto, profesora de instituto ya jubilada, reconoce riendo que, después de décadas de dar clases a niños y adultos, la experiencia con los migrantes le hizo darse cuenta de que tenía una vocación de enseñante que creía no tener. “Me llamó la atención lo educados y atentos que eran. Y agradecidos. Al finalizar las clases siempre decían: ‘Gracias, profesora’. No se parecían mucho a los alumnos que siempre tuve”, ríe de nuevo. La progresiva interacción migrantes-residentes cambió poco a poco la cotidianeidad de la comarca a la que pertenece Mondariz Balneario.

El reportaje señalaba, por ejemplo, la resurrección del extinto fenómeno del autoestop, “como no se veía desde los años dorados del hipismo”. Eso fue después de que los africanos se enterasen de que no bastaba aguardar pacientemente en las rotondas, sino que había que levantar el pulgar para que los conductores supiesen lo que se esperaba de ellos. En Galicia, el transporte público es más o menos un problema en las ciudades, pero una quimera en cuanto se sale de ellas.

No es una cuestión menor. Algunos inmigrantes tuvieron que interrumpir su asistencia a cursos formativos del INEM porque no podían trasladarse hasta la población donde se impartían. Tuvo más suerte Mamadou. La pareja que lo acogió en su casa cuando la Administración le denegó la petición de refugio y, por lo tanto, el alojamiento, se encargó de llevarlo y traerlo de A Cañiza, donde estaba siguiendo un curso de mecánica de automóvil. Ese oficio, o el de camionero, es el sueño de la mayoría. También, además del fútbol, el de Lamine, un joven senegalés de 19 años (con ese nombre y esa afición estaba condenado a ser conocido como “Lamine Yamal”). Lamine, que jugaba en un equipo juvenil en su país, fue invitado a probarse en un club vecino, el Barciademera FC. El chaval recorría andando diez kilómetros para asistir a las sesiones de entrenamiento.

Claro que las travesías no les asustan. En un primer intento para saltar a Europa, Lamine, después de recorrer 4.500 kilómetros a través de varias fronteras norteafricanas, fue capturado por la policía en Túnez y devuelto a su país. Una ONG le regaló una moto como argumento de disuasión para que cejara en su empeño, pero él vendió la moto para pagar un hueco en un cayuco con el que logró llegar a Lanzarote. Lo peor fue la travesía por mar. Para todos. La de Mamadou, que dejó familia en Guinea Conakry, fueron nueve días de terror en los que vio cómo las olas se llevaban a un amigo gambiano. Madou Gayé, que estuvo cinco meses en Mondariz aprendiendo mecánica, perdió a sus dos hermanos en el viaje. Ahora, agotados los dos años de acogida, tiene que buscarse la vida de forma irregular.

Como cuenta Suso Iglesias, “la práctica del autoestop dejó multitud de historias, de esas que ayudan a cerrar heridas”. Por ejemplo, la de Isabel Barros. Vive en Vigo, pero se acerca a Mondariz para ayudar a su hermano en un restaurante. Llevó a dos inmigrantes que no superaban los veinte años, Baba y Daudá, en su coche y les invitó a comer en el establecimiento familiar. Varias veces. Cuando los dos migrantes se vieron impelidos a abandonar Mondariz Balneario, Isabel, como le confesó al autor del reportaje, “hizo algo que nunca había pensado hacer”: entró en la habitación de su hijo fallecido en un accidente, que no había tocado en cinco años, abrió las ventanas y sacó toda la ropa del armario para dársela a sus nuevos amigos. Desde entonces, Isabel recibe cada semana desde Allariz (Ourense), donde viven Baba y Daudá, una foto de ambos.

Los que se fueron han dejado huella. Después del acto, organizadores, intervinientes y músicos, guiados por Xulia Vaz, caminamos a un merendero a la orilla del río Tea (en la margen derecha, es decir, ya en territorio de Mondariz de Arriba). Se llama Lodelrío no por su posición, sino porque –aclara Iván, el dueño, un hostelero peculiar– él se apellida Del Río. Iván y su mujer, Esther, que es la que trajina en la cocina mientras él hace relaciones sociales y entretiene a la clientela, entablaron amistad con unos chavales que acostumbraban a ir al río-frontera municipal a bañarse. Recuerda con nostalgia a uno de ellos, Abdoul, al que Esther enseñaba a leer y escribir (e Iván a cantar Mi carro, por si tenía que demostrar arraigo). “Una vez le pregunté por su familia. ‘Madre murió. Padre malo’, me dijo y se quitó el gorro: tenía en la cabeza una enorme cicatriz, de un machete o un hacha”.

Aunque Iván y Esther quisieran emplear a Abdoul, no podrían. Una vez rechazada la petición de protección humanitaria, tienen que transcurrir dos años, sin contar el tiempo que lleven viviendo en España, hasta que puedan conseguir la residencia por arraigo, laboral o familiar. Hay casos como el de Oumar Ndao, un senegalés licenciado en lenguas románicas y especializado en español, que consiguió superar esa yincana de trámites y sumar dos años de residencia y ahora tiene el ansiado permiso de trabajo (lo que no significa que tenga trabajo, y si no lo tiene, será una residencia ilegal). Las peticiones de asilo o refugio, salvo que el solicitante proceda de zonas en guerra declarada (como Ucrania), se suelen denegar. Mali sí. Camerún, Senegal, Guinea Conakry… no.

Claro que, en la mayoría de los países de origen, o bien existen guerras y conflictos que no por desconocidos dejan de existir, o basta con manifestarse contra el gobierno de turno para necesitar exiliarse. Hay otros métodos. “Di que eres gay”, le aconsejó, desesperada por la negación inminente, una vecina a un senegalés. El aconsejado la miró estupefacto. “Sé lo que es” –le aclaró a la aconsejadora– “los hay en Guinea Conakry, donde hacen eso y toman alcohol, pero yo no”.

Xulia Vaz reconoce ahora que, al principio, "había gente que tenía miedo, porque eran todos hombres y jóvenes, y temían que fuesen delincuentes. Después, lo que algunos tenían era envidia". En su intervención en el acto solidario, la profesora jubilada reprochó que “haya quien critica que les den alojamiento y dinero, o que tengan móviles, cuando es su único medio de contacto con su familia”. El dinero que recibe (hasta la resolución de la petición de asilo) son 50 euros mensuales. Claro que eso, en su lugar de origen, es una fortuna. Suso Iglesias recuerda cómo acompañó a Lamine a una oficina de Western Union para que pudiese mandar 60 euros a su abuela, y los saltos de júbilo cuando descubrió que se convertirían en nada menos que 42.960 francos CFA.

La acogida tiene luces y sombras. El dueño del CEMAR, confiesan los vecinos, ahora conduce un Maserati. Sus conflictos con la primera ONG que gestionaba el acogimiento, ACCEM, con resultados satisfactorios según las personas voluntarias de Mondariz Balneario, determinaron que fuese sustituida por otra, Rescate Internacional. La actual ONG (la presidenta es Flavia Hohenlohe Medina, miembro del Patronato de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli y expresidenta de honor de Sotheby's España) más bien concita las críticas de los vecinos (y de algunos de sus propios empleados). Una de las razones es que, dice Xulia Vaz, “gente que ahora está en otras localidades, como Padrón o Monterroso, se quejan de que no tienen opciones de formación”.

Porque la gente de Mondariz Balneario sigue teniendo relación con quienes fueron sus vecinos. Y les sigue ayudando. Han creado la asociación Red TEAyudo, que dispone de un piso en el que residen varios migrantes, y les asiste en lo que puede. Otras personas socorren a familias en los países de origen. El alcalde, César Gil, asegura que ha sido la cercanía con los vecinos, posible en un pueblo pequeño, lo que ha facilitado la integración, y teme que la Administración opte por concentrarlos en grandes centros en el extrarradio de las ciudades. “Será entonces cuando nos demos cuenta de lo necesario que son”, concluye Suso Iglesias en el reportaje. “No sólo para trabajar, sino para que como seres humanos seamos mejores”.                       Xosé Manuel Pereiro , CTXT, 02/08/25)

15.5.25

Quienes toman decisiones deberían ser conscientes de que el problema no son los que llegan, sino las condiciones laborales de todos... No quiere comprenderse, fundamentalmente, porque aquí se sigue facilitando la explotación de los inmigrantes en nuestros mercados laborales... La trata de personas no es la causa de la inmigración irregular, sino que es la consecuencia de permitir que los inmigrantes hagan un trabajo mal remunerado... “No podemos tener un debate serio sobre inmigración si no tenemos un debate sobre el mercado laboral o sobre quién va a cuidar a nuestros mayores y cómo vamos a organizar nuestras economías”... los nuevos europeos vieron en nuestro continente un territorio de libertades... saben perfectamente lo que es vivir en un Estado de derecho o lo que es vivir en un régimen autoritario... Ellos, más que nosotros, pueden convertirse en los defensores de lo que proclamamos ser, su utopía posible es la plena ciudadanía (Hein de Haas)

 "Fue el pasado martes a media tarde durante la conversación entre la escritora Najat El Hachmi y el sociólogo Hein de Haas, autor del ensayo Los mitos de la inmigración. En un extremo de la sala del Palacio de Congresos de Barcelona, tras un tortuoso viaje, una escultura enorme y para vips de Jaume Plensa hecha con letras de diversos alfabetos —griego, árabe, hebreo, chino, japonés— estaba silenciosamente atenta a los elegantes diálogos que se encadenaron durante las jornadas del Círculo de Economía. 

Los vimos pasar. Un presidente del Gobierno sobrado y un líder de la oposición desconectado, políticos de primera fila europea y economistas de medio mundo, altos directivos y académicos. Mientras en los pasillos se hablaba de cómo frenar la opa del BBVA al Banco Sabadell, en las mesas redondas se presentaban los distintos escenarios con los que trabajan empresas punteras que exportan a Estados Unidos ante la imprevisibilidad que es la norma de la Administración de Trump. Pero eran las cinco de la tarde, martes, y El Hachmi y De Haas iban a lo suyo, sin cálculo ni demagogia, combinando datos con experiencia. La anécdota, según contó Hein de Haas, había ocurrido en Senegal hacía pocos meses. 

Entrevistó allí a jóvenes cuyo objetivo es llegar a Europa, arriesgando su vida, a través de la ruta de los cayucos que navegan hasta las Islas Canarias. Ellos son una minoría de la inmigración que llega a porque la mayoría viaja legalmente de un país a otro. Pero si no consiguen la documentación para atravesar la frontera con normalidad, le confesaron, buscan una alternativa. “Si no nos dan un visado, tomamos el atajo”. 

Una vez aquí trabajan, mandan remesas a sus países de origen y ese dinero aumenta la calidad de vida en sus barrios de origen. Nadie logra parar esa dinámica, ha evidenciado Haas en sus estudios. “La inmigración legal a Estados Unidos, Gran Bretaña y Europa occidental ha crecido en las últimas décadas. El frecuente descontento que esto ha causado ha ido acompañado de repetidos llamamientos a una inmigración menor, más controlada o selectiva. Pero es evidente que las medidas represivas en las fronteras no han logrado estos objetivos o incluso han empeorado los problemas porque no se basaron en una comprensión de cómo funciona realmente la migración”. No quiere comprenderse, fundamentalmente, porque aquí se sigue facilitando su explotación en nuestros mercados laborales.

“Cuando oigo a los políticos lamentando el hundimiento de un cayuco veo lágrimas de cocodrilo. La trata de personas, al fin y al cabo, no es la causa de la inmigración irregular, sino que es la consecuencia de permitir que los inmigrantes hagan un trabajo mal remunerado”. La escritora catalana de origen marroquí, seria y tímida a la vez, giró medio cuerpo para fijarse en la reacción de las corbatas y los trajes chaqueta que llenábamos auditorio. No lo dijo, pero parecía pensarlo. ¿Qué estará pensando esta gente? De Haas seguía. 

“No podemos tener un debate serio sobre inmigración si no tenemos un debate sobre el mercado laboral o sobre quién va a cuidar a nuestros mayores y cómo vamos a organizar nuestras economías”. El gesto de El Hachmi no duró más de tres segundos y se quedó con la palabra. Lo que dijo, como si lo hubiese pensado para proclamarlo en ese foro europeísta, es que los nuevos europeos, más que la esperanza económica, vieron en nuestro continente un territorio de libertades. “Sabemos perfectamente lo que es vivir en un Estado de derecho o lo que es vivir en un régimen autoritario”. Ellos, más que nosotros, pueden convertirse en los defensores de lo que proclamamos ser: su utopía posible es la plena ciudadanía"

(Conferencia de  Hein de Haas,  Jordi Amat , El País, 11/05/25)