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7.7.26

La comunidad internacional debe centrarse en crear mecanismos exigibles que puedan brindarles a los países una mayor autonomía fiscal... La arquitectura actual de la deuda obliga a países como Malaui a destinar el 43% de sus ingresos al pago de intereses. Eso cambiaría si los deudores pudieran sentarse a la mesa... un mecanismo de la ONU podría imponer requisitos que obligaran efectivamente a todos los acreedores a seguir un proceso único. Entre ellos podrían figurar moratorias automáticas de los pagos una vez iniciadas las negociaciones de reestructuración, pérdidas comparables entre acreedores públicos y privados, y una evaluación independiente de la sostenibilidad de la deuda que considere el gasto de los prestatarios en salud y clima como un crédito preferente, en lugar de subordinado... Una convención ambiciosa establecería una tasa impositiva mínima efectiva sobre las sociedades que contrarrestara el traslado de beneficios y les exigiría a todos los países el intercambio automático de información financiera... La convención también debería establecer un impuesto coordinado sobre la riqueza extrema, similar al que propuso Brasil como parte de su presidencia del G20 en 2024. Un gravamen anual del 2% a los multimillonarios del mundo permitiría recaudar cientos de miles de millones de dólares para la inversión pública. Las herramientas existen; el problema es determinar quién las controlaría... Un proceso auspiciado por la ONU para identificar y anular las deudas contraídas mediante fraude o en contra del interés público trasladaría el riesgo a quien corresponde: a los prestamistas irresponsables, no a las personas que fueron estafadas... El orden internacional se ha convertido en un sistema que le exige a la mayoría global pagar por un conjunto de reglas que no ha redactado. Diseñar uno nuevo requiere poner el bolígrafo en sus manos (Jenny Ricks)

 "El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en su intervención en la primera reunión de la Movilización Progresista Global celebrada en abril, destacó la conexión entre democracia y dignidad material. Si los ciudadanos no creen que sus vidas vayan a mejorar, la democracia seguirá viéndose amenazada por populistas y otros autoritarios que esgrimen la falsa promesa de que solo ellos pueden mejorar la situación de la gente de a pie.

Asimismo, existe una creciente conciencia de las desigualdades arraigadas en el orden internacional. A menos que las personas que soportan el costo de las decisiones y acciones ajenas puedan influir en el sistema multilateral y exigir responsabilidades a los actores poderosos, el orden internacional se considerará injusto e ilegítimo.

Afortunadamente, está cobrando impulso un reordenamiento global. En mayo, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, presentó el informe “Contar lo que cuenta”, que aborda un punto ciego de larga data a la hora de medir el progreso. Si bien reconoció que el PIB sigue siendo un indicador importante, Guterres subrayó la necesidad de un sistema de contabilidad más sofisticado y humano que “alinee conscientemente los indicadores con nuestros objetivos reales, y no con medidas sustitutivas que empañen u oculten los desafíos a los que se enfrenta nuestro mundo”.

Sin embargo, a algunos les preocupa que los esfuerzos por diseñar un sistema multilateral en torno a la mayoría global acaben preservando la arquitectura existente, solo que con nuevas figuras decorativas. Para evitar que esto suceda, la comunidad internacional debe centrarse en crear mecanismos exigibles que puedan brindarles a los países una mayor autonomía fiscal.

¿Cómo se traduciría esto en la práctica? Para empezar, un marco vinculante de la ONU para la reestructuración de la deuda soberana trasladaría la elaboración de normas y la toma de decisiones de salas a puertas cerradas a espacios donde todos se sienten alrededor de la mesa. La arquitectura actual de la deuda obliga a países como Malaui a destinar el 43% de sus ingresos al pago de intereses. Eso cambiaría si los deudores pudieran sentarse a la mesa.

A diferencia del Club de París de acreedores soberanos, al que China no se ha adherido, o del Marco Común del G-20 para el Tratamiento de la Deuda, que se ha estancado porque la participación de los tenedores de bonos privados es voluntaria, un mecanismo de la ONU podría imponer requisitos que obligaran efectivamente a todos los acreedores a seguir un proceso único. Entre ellos podrían figurar moratorias automáticas de los pagos una vez iniciadas las negociaciones de reestructuración, pérdidas comparables entre acreedores públicos y privados, y una evaluación independiente de la sostenibilidad de la deuda que considere el gasto de los prestatarios en salud y clima como un crédito preferente, en lugar de subordinado.

En materia fiscal, las negociaciones sobre la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cooperación Fiscal Internacional constituyen una importante oportunidad para establecer reglas globales. (Si bien el Marco Inclusivo de la OCDE y del G-20 sobre la erosión de la base imponible y el traslado de beneficios logró avances en la adopción de un impuesto corporativo global mínimo, las multinacionales estadounidenses han quedado eximidas desde entonces). Una convención ambiciosa establecería una tasa impositiva mínima efectiva sobre las sociedades que contrarrestara el traslado de beneficios y les exigiría a todos los países el intercambio automático de información financiera.

La convención también debería establecer un impuesto coordinado sobre la riqueza extrema, similar al que propuso Brasil como parte de su presidencia del G20 en 2024. Un gravamen anual del 2% a los multimillonarios del mundo permitiría recaudar cientos de miles de millones de dólares para la inversión pública. Las herramientas existen; el problema es determinar quién las controlaría.

Por último, la comunidad internacional necesita un mecanismo permanente para evaluar la legitimidad de los reclamos soberanos antes de que las poblaciones se vean obligadas a pagarlos. Cuando un fondo como el 1MDB de Malasia es saqueado por miles de millones de dólares con la ayuda de bancos líderes, que cobran comisiones exorbitantes por gestionar las emisiones de bonos y no se hacen responsables, la pérdida recae sobre los ciudadanos. Un proceso auspiciado por la ONU para identificar y anular las deudas contraídas mediante fraude o en contra del interés público trasladaría el riesgo a quien corresponde: a los prestamistas irresponsables, no a las personas que fueron estafadas.

Nada de esto se construye de arriba hacia abajo. Los mismos gobiernos que abogan por impuestos sobre la riqueza en el ámbito internacional suelen imponer medidas de austeridad o evitan gravar a los ricos en sus propios países, como es el caso de India, Brasil y Francia. Un nuevo orden internacional debe basarse en esfuerzos para cerrar esa brecha, lo cual requiere gobiernos que lideren con sus principios y ciudadanos que definan esas promesas y les exijan a sus líderes que las cumplan.

Los movimientos nacionales también obligan a los gobiernos a comportarse de manera diferente en la escena global, y los compromisos adquiridos allí quedan plasmados en papel hasta que existan sectores de la ciudadanía que los hagan cumplir. Por lo tanto, los ciudadanos deben organizarse al mismo tiempo en las capitales y en los centros de conferencias, porque un orden que responda a sus demandas solo puede lograrse en ambos frentes.

La empleada de limpieza que destina más de la mitad de su salario al desplazamiento al trabajo, el agricultor que no puede permitirse comprar fertilizantes y la trabajadora de cuidados cuyo trabajo nunca se refleja en las cuentas nacionales hoy reconocen que sus problemas, aparentemente dispares, son el síntoma de una falla estructural. El orden internacional se ha convertido en un sistema que le exige a la mayoría global pagar por un conjunto de reglas que no ha redactado. Diseñar uno nuevo requiere poner la pluma en sus manos.

La elección no es entre el antiguo orden y el caos, sino entre un nuevo orden construido en torno a la mayoría global y otro que simplemente sustituye a un grupo de figuras decorativas por otro ligeramente diferente. Los movimientos ciudadanos no son periféricos a este orden más equitativo; son su fuerza motriz. Estos grupos comprenden la verdadera dinámica de la economía mundial. El desafío ahora es garantizar que quienes diseñen las nuevas instituciones internacionales también lo hagan."

(Jenny Ricks is General Secretary of the Fight Inequality Alliance, Project Syndicate, 02/07/26)

5.7.26

O pesadelo de todo primeiro ministro británico é a verdadeira natureza da «relación especial» de Gran Bretaña cos Estados Unidos ten moito máis que ver coa disposición dos financeiros estadounidenses a seguir endebedándose para comprar débeda pública británica que coa historia, a cultura ou as necesidades de defensa de Gran Bretaña. Esta é a carga baixo a que debe gobernar todo primeiro ministro do Reino Unido... Todos teñen un plan ata que o mercado de bonos lles dá o golpe... a capacidade do Goberno británico para refinanciar a súa débeda pública de case tres billóns de libras non depende de que os aforradores elixan investir en bonos. De feito, a capacidade do Goberno británico para vender bonos depende en gran medida da disposición de moitas institucións financeiras con sede nos Estados Unidos para endebedarse por importantes cantidades de dólares para compralos e que despois utilizan como garantía para obter financiamento destinado aos seus propios fins dentro dos Estados Unidos... se os bonos que che compraron comezan a perder valor, por medo a non poder devolverlles o diñeiro aos seus propios acredores, despréndense dos teus bonos, convertendo así a súa caída nun afundimento... Por que todo goberno británico depende tanto das entradas de capital estadounidense apancado? Os financeiros estadounidenses pedían prestados dólares nos Estados Unidos a curto prazo para comprar bonos do Goberno británico a longo prazo, que despois vendían rapidamente para devolver os seus préstamos. A continuación repetían este proceso unha e outra vez para obter importantes beneficios. Así foi como o Goberno británico pasou a depender de institucións estadounidenses altamente apancadas... aínda que o Reino Unido se endebeda nunha moeda que el mesmo emite, non é financeiramente soberano (Yanis Varoufakis)

 "Con Keir Starmer caído sobre a súa propia espada, velaquí a miña reflexión sobre o dilema ao que se enfronta Andy Burnham e, en realidade, calquera primeiro ministro británico. A verdadeira natureza da «relación especial» de Gran Bretaña cos Estados Unidos ten moito máis que ver coa disposición dos financeiros estadounidenses a seguir endebedándose para comprar débeda pública británica que coa historia, a cultura ou as necesidades de defensa de Gran Bretaña. Esta é a carga baixo a que debe gobernar todo primeiro ministro do Reino Unido.

Mike Tyson dixo unha vez: “todo o mundo ten un plan ata que recibe un golpe”. O mesmo podería dicirse dos aspirantes a primeiro ministro británico, especialmente despois da espectacular defenestración de Liz Truss. Todos teñen un plan ata que o mercado de gilts lles dá o golpe. Andy Burnham, Nigel Farage e o meu amigo Zack Polanski terán que enfrontarse a isto, se algunha vez chegan ao número 10 de Downing Street. Creo que o saben. Pero dubido que aprecien a verdadeira magnitude ou a natureza da súa situación.

A opinión convencional sostén que o mercado de bonos está composto por persoas que buscan investir os seus aforros na débeda dun goberno. Procuran o equilibrio axeitado entre un tipo de xuro máis elevado e o incremento do risco que isto implica. Por exemplo, uns maiores rendementos dos bonos poden indicar que o mercado espera que a inflación futura reduza o valor dos pagamentos fixos de xuros que xerarán os seus bonos. Peor aínda, pode anunciar un risco de incumprimento por parte do goberno, como ocorreu na Arxentina e en Grecia.

Iso é, máis ou menos, o que se lles ensina aos estudantes de primeiro curso de economía e finanzas. E todo é certo. Agás que, no caso do Reino Unido, este relato pasa por alto o aspecto máis fascinante e preocupante do seu mercado de bonos do Estado, ou gilts: a capacidade do Goberno británico para refinanciar a súa débeda pública de case tres billóns de libras non depende de que os aforradores elixan investir en gilts. De feito, a capacidade do Goberno británico para vender gilts depende en gran medida da disposición de moitas institucións financeiras con sede nos Estados Unidos para endebedarse por importantes cantidades de dólares para compralos e que despois utilizan como garantía para obter financiamento destinado aos seus propios fins dentro dos Estados Unidos.

E aí está o problema. Hai un mundo de diferenza entre necesitar pedir prestado aos aforradores e depender de especuladores que se endebedan eles mesmos para prestarche diñeiro. Os aforradores que che prestan céntranse na túa capacidade a longo prazo para devolverlles o diñeiro. Poden tolerar o teu desexo de realizar investimentos en infraestruturas que incrementen a túa débeda a curto prazo, a cambio de beneficios futuros que che axuden a devolverlles o diñeiro cando os seus bonos venzan. Porén, os especuladores que se endebedan para prestar son completamente distintos. Son moito máis inquedos e propensos ás chamadas de marxe: situacións nas que, se os bonos que che compraron comezan a perder valor, por medo a non poder devolverlles o diñeiro aos seus propios acredores, despréndense dos teus bonos, convertendo así a súa caída nun afundimento.

Xorde entón a pregunta: por que os bonos británicos, ou gilts, dependen moito máis de especuladores estadounidenses que se endebedan para compralos que os bunds alemáns, os bonos xaponeses, os bonos italianos ou os bonos gregos? Por que todo goberno británico depende tanto das entradas de capital estadounidense apancado?

Todo comezou na década de 1950, cando a City de Londres descubriu como evitar seguir o Imperio Británico no camiño cara ao esquecemento. O truco consistiu en abrir un nicho para a City dentro do emerxente imperio do dólar, institucionalizado no sistema de Bretton Woods. Os financeiros estadounidenses estaban sometidos a ríxidos controis de capitais dentro dese sistema, pero a City de Londres foi quen de aliviar esas restricións grazas a tres características de enorme valor.

En primeiro lugar, a experiencia comercial de Londres e o seu sistema xurídico ofrecían aos financeiros estadounidenses eficiencia xunto coa inmunidade fronte a toda clase de intervencións, incluída a rendición de contas democrática. En segundo lugar, a rede británica de xurisdicións offshore ofrecía extraordinarias oportunidades para minimizar a carga fiscal. E, en terceiro lugar, Londres converteuse axiña no depósito dun torrente de petrodólares e eurodólares, sen esquecer os escuros dólares creados fóra dos Estados Unidos por banqueiros estranxeiros.

Así naceu o gran paradoxo británico: mentres a economía real do Reino Unido estaba en declive, a City de Londres prosperaba. Cando o sistema de Bretton Woods colapsou na década de 1970, os financeiros estadounidenses descubriron outro uso para a City: pedían prestados dólares nos Estados Unidos a curto prazo para comprar gilts do Goberno británico a longo prazo, que despois vendían rapidamente para devolver os seus préstamos. A continuación repetían este proceso unha e outra vez para obter importantes beneficios. Así foi como o Goberno británico pasou a depender de institucións estadounidenses altamente apancadas. Para poder seguir funcionando como ata agora, Londres precisa hoxe de balances estadounidenses dispostos a expandirse mediante o endebedamento e a utilizar os gilts británicos como garantía para manter a liquidez nos Estados Unidos.

Dito doutra maneira, a outra cara da historia de éxito da City é que, aínda que o Reino Unido se endebeda nunha moeda que el mesmo emite, non é financeiramente soberano. Si, a City ocupa unha posición estratexicamente importante dentro do sistema global do dólar, pero o prezo disto é que a soberanía do Goberno británico está limitada pola prioridade de manter a posición central da City dentro das finanzas estadounidenses. Mentres esta siga a ser a prioridade, quen ocupe o número 10 de Downing Street é coma o capitán cuxos poderes se limitan a recolocar as cadeiras da cuberta do Titanic.

Existe unha alternativa a esta peculiar forma de subordinación financeira aos financeiros estadounidenses altamente apancados? Si, pero require estar disposto a aceptar unha depreciación da libra e unha caída dos prezos da vivenda, ao tempo que se incrementa o investimento público mediante un novo banco de investimento que emita bonos apoiados polo Banco de Inglaterra.

Calquera primeiro ministro que intente manter a servidume financeira de Gran Bretaña respecto do capital estadounidense e, ao mesmo tempo, investir en bens públicos, ben podería encamiñar o país cara ao FMI, cuxo único propósito, non o esquezamos, é crear a capacidade de presión política que conduza —como fixo en Grecia— á perda permanente da soberanía sobre a política fiscal e de gasto. A pregunta é: entenden isto os actuais aspirantes ao cargo máis importante de Gran Bretaña?" 

( , Tempos Dixital, 05/07/26, Tradución ao galego do orixinal publicado en DIEM25) 

2.1.26

El aumento de la deuda estadounidense deja a China y Japón con las riendas en 2026. Pekín y Tokio tienen que tomar decisiones difíciles, ya que la deuda nacional estadounidense alcanza el 100 % del PIB y los pagos netos de intereses superan el billón de dólares... dos de los mayores tenedores de bonos del Tesoro de EE. UU. son Japón (casi 2 billones) y China ($689 mil millones)... dado el caos trumpiano que emana de Washington, 2026 podría presentar a Xi una ventana de oportunidad única para hacer avances significativos contra el dólar. El año que viene podría ser recordado como un punto de inflexión en el debate entre el yuan y el dólar, ya que los pagos de la deuda de EE. UU. siguen aumentando sin parar (William Pesek)

 "Un billón aquí, un billón allá y pronto estarás hablando de dinero real. Esto, con disculpas al senador estadounidense de los años 60 Everett Dirksen, es donde se encuentra Washington en 2026 — y pone a Asia en la cuerda floja.

Dirksen estaba hablando de miles de millones, no de billones, de dólares. El legislador de Illinois y famoso halcón fiscal más tarde tendría un edificio de oficinas del Senado en Washington con su nombre. Pero su observación sobre el aumento del gasto gubernamental en cifras inimaginablemente enormes nunca ha sido más relevante.

Este año, la economía más grande del mundo alcanzará un hito dudoso: pagos de intereses de un billón de dólares sobre la deuda descontrolada del gobierno de EE. UU. El Comité Bipartidista para un Presupuesto Federal Responsable lo describió como la "nueva norma" a medida que la deuda nacional se acerca a la marca de los 39 billones de dólares estadounidenses (terminó 2025 en alrededor de 38.5 billones de dólares).

A medida que la Casa Blanca de Donald Trump aumenta la emisión de deuda para cubrir este creciente déficit, estará mirando hacia Asia. Esta región alberga a muchos de los mayores tenedores de bonos del Tesoro de EE. UU. de Washington. Los dos principales son Japón (casi .2 billones) y China ($689 mil millones).

La pregunta, sin embargo, es por qué los funcionarios en Tokio y Pekín, en su sano juicio, aumentarían su exposición a la economía estadounidense en un momento tan precario.

Tradición, en parte. Como economías comerciales importantes, Japón y China requieren cantidades sustanciales de dólares. Pero dada la trayectoria fiscal de Washington, hay razones para pensar que la primera ministra japonesa Sanae Takaichi y el líder chino Xi Jinping serán reacios a seguir acumulando bonos del Tesoro.

La evidencia en este sentido podría repercutir en los mercados globales de maneras impredecibles.

A menudo, las tenencias de dólares estadounidenses en Asia se discuten en términos conspirativos. Cuando Takeshi Yamaguchi, economista jefe de Japón en Morgan Stanley MUFG, pregunta si Japón podría “usar las tenencias de bonos del Tesoro de EE. UU. como una moneda de cambio,” es difícil no recordar al exministro de Finanzas Katsunobu Kato diciendo el pasado mayo que “todo lo que podría ser una moneda de cambio debería estar sobre la mesa” en relación con las tenencias de bonos del Tesoro de EE. UU. de Japón.

Tales insinuaciones se remontan a 1997, cuando el entonces Primer Ministro japonés Ryutaro Hashimoto dijo a una audiencia en Nueva York que "varias veces en el pasado, nos hemos sentido tentados a vender grandes cantidades de bonos del Tesoro de EE. UU." para hacer un punto. Uno de esos episodios fue las acaloradas negociaciones automovilísticas unos años antes.

Hasta ahora, Takaichi ha sido bastante servil hacia Trump, sin querer provocar al volátil líder estadounidense. Sin embargo, el deseo de Trump de un dólar más débil puede chocar con su estrategia de "Sanaenomics" para reactivar el crecimiento salarial japonés. Requiere un yen más débil y que el Banco de Japón mantenga su régimen de tasas de interés ultrabajas.

Estas condiciones previas se harían imposibles si Trump decidiera perseguir un dólar más débil. Sin embargo, hay razones válidas para que los principales banqueros de Washington en Asia se preocupen por su trayectoria fiscal.

Se espera que la deuda nacional de EE. UU. alcance el 100% del producto interno bruto (PIB) para finales del año fiscal 2025. A medida que se acerca este hito, los intereses de la deuda nacional están aumentando rápidamente. Hace solo cinco años, en el año fiscal 2020, los intereses netos totalizaron $345 mil millones. En 2025, fue de $970 mil millones, casi tres veces más grande.

La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) señala que el gasto en pagos netos de intereses sobre la deuda pública ha superado los billón por primera vez. El Comité para un Presupuesto Federal Responsable proyecta que los pagos de intereses superarán los 5 billones en 2032 y los 8 billones en 2035.

Los planes fiscales de Trump hasta la fecha han sido extremadamente centrados en recortes de impuestos. La "Ley de Una Gran y Hermosa Factura" que el Partido Republicano de Trump aprobó en 2025 hizo permanentes los recortes fiscales anteriores, sin compensar con recortes de gasto.

Esto ha llevado a la CBO a estimar que los pagos de intereses podrían alcanzar los .5 billones en 2030, superar los .0 billones en 2034 y, en última instancia, cerrar la década en .2 billones en 2035.

Un problema es que los intentos de Trump 2.0 de recortar el gasto gubernamental han sido más espectáculo que realidad. El Departamento de Eficiencia Gubernamental, o DOGE, que Trump confió al multimillonario de Tesla Elon Musk para liderar, ahorró poco dinero a los contribuyentes.

Mientras tanto, los aranceles de Trump probablemente han causado más daño al PIB que cualquier ingreso que el gobierno de EE. UU. pueda estar recaudando de los gravámenes. Hay buenas probabilidades de que la Corte Suprema declare ilegales los aranceles de Trump, ya que la Constitución de los Estados Unidos establece que solo el Congreso tiene el poder de imponer impuestos a las importaciones.

Hace casi un año, en febrero de 2025, la celebridad de los fondos de cobertura Ray Dalio advirtió que Estados Unidos se dirige hacia una espiral mortal de deuda con vastas implicaciones para el sistema financiero global.

"Es como si fuera un médico y estuviera hablando contigo sobre tu condición, te diría, esto es ahora muy, muy serio." Todos estos son problemas graves," dijo Dalio a CNBC.

"Lo que necesitas hacer es reducir tu déficit de aproximadamente el 7.5% del PIB al 3% del producto interno bruto, y puedes hacerlo." Hay ciertas cosas que puedes hacer para reducirlo de una manera que lo haga mucho más saludable, así que el verdadero problema es un problema político,” dijo Dalio.

Dalio concluyó que “Quiero ayudar, ya sabes, y entonces me siento como el doctor, y luego diría que todos, políticamente…” si esto no sucede, y tenemos el equivalente a, ya sabes, un ataque al corazón económico, o un ataque al corazón del mercado de bonos, entonces sabes quién es el responsable, porque puede suceder.”

La pregunta es si la advertencia de Dalio se materializará en términos financieros en 2026. Aunque el dólar terminó 2025 estable frente al yen, perdió un 13,5% frente al euro. Eso marcó la caída más pronunciada desde 2017.

Una gran preocupación es que Trump intensifique sus ataques contra la Reserva Federal, incluyendo la amenaza de despedir al presidente de la Fed, Jerome Powell. "Esperamos que las preocupaciones sobre la independencia del banco central se extiendan hasta 2026, y vemos el próximo cambio en el liderazgo de la Fed como una de las varias razones por las cuales los riesgos en torno a nuestra previsión de la tasa de fondos de la Fed se inclinan hacia una postura dovish," escribieron los estrategas de Goldman Sachs en un informe.

George Saravelos, jefe global de investigación de divisas en Deutsche Bank, señala que “proyectamos una mayor debilidad del dólar, pero a un ritmo más lento que en 2025, dejando el dólar ponderado por el comercio un 10% más débil para finales de 2026.” Si estas previsiones se materializan, confirmarán que el inusualmente largo ciclo alcista del dólar de esta década ha terminado.

Saravelos añade que “nuestras conversaciones sugieren que las decisiones de cobertura aún están en flujo,” señalando que “la perspectiva de los flujos de cobertura tiende a ser bajista para el dólar.”

La analista de TD Securities, Jayati Bharadwaj, dice que “para que el dólar se beneficie de una perspectiva fuerte de EE. UU., es necesario que la perspectiva del resto del mundo se deteriore materialmente.” En cambio, la economía global "ha sido resistente y se ha mantenido mucho mejor de lo que se temía bajo la incertidumbre arancelaria."

Mientras tanto, Trump tanto quiere un dólar más débil como lo necesita para, como dice Bharadwaj, "reducir sosteniblemente el déficit comercial." Sin embargo, ella señala, "los EE. UU. ya no están protegidos de los choques macroeconómicos globales exógenos, sino que son en cambio la fuente de ellos" debido a la pelea de Trump con la Fed y la incertidumbre sobre los aranceles.

Todo esto es una oportunidad para que Xi de China acelere su impulso de internacionalización del yuan. Visto de una manera, Xi, en sus sueños más salvajes de dominación monetaria, no podría haber imaginado un mejor contrapunto que Trump. Desde 2013, Xi ha hecho de aumentar el papel global del yuan en el comercio y las finanzas una prioridad máxima.

No será una transición fácil, especialmente dada la renuencia de Xi a hacer que el yuan sea completamente convertible. Como dice Eswar Prasad de la Universidad de Cornell, "aunque China ha abierto nominalmente sus mercados, tanto de bonos como de acciones, a los inversores internacionales, la pregunta es si hay suficiente confianza en que el gobierno ha tomado medidas para levantar de manera duradera los controles de capital."

Prasad argumenta que Pekín debe construir un marco de mercados de capitales más internacional, fortalecer el estado de derecho y hacer que el banco central sea independiente.

"Estos son cruciales para la confianza de los inversores nacionales y extranjeros," dice Prasad. "Estados Unidos está perdiendo la fuerza de su marco institucional, pero lo que es muy importante en las finanzas internacionales es que no necesitas ser el paradigma de la perfección." Solo necesitas tener una mejor combinación, y la combinación que Estados Unidos aporta a la mesa sigue siendo muy difícil de desafiar. 

Marcello Estevão, economista jefe del Instituto de Finanzas Internacionales, añade que la “fundación estructural de la dominación del dólar permanece intacta, respaldada por mercados profundos y líquidos, el alcance global de las instituciones financieras estadounidenses y una oferta inigualable de activos seguros.”

Sin embargo, dado el caos trumpiano que emana de Washington, 2026 podría presentar a Xi una ventana de oportunidad única para hacer avances significativos contra el dólar. El año que viene podría ser recordado como un punto de inflexión en el debate entre el yuan y el dólar, ya que los pagos de la deuda de EE. UU. siguen aumentando sin parar." 

( 

17.11.25

Mariana Mazzucato: La clave para destrabar el progreso climático... Diez años después de la COP21 de París, lo que falta, en realidad, es la capacidad de lograr avances rápidos, justos y duraderos. Desde la sostenibilidad de la deuda y el cambio climático hasta la búsqueda de un crecimiento inclusivo, el hilo conductor de nuestros mayores desafíos es la incapacidad de las instituciones públicas para convertir los compromisos en resultados tangibles. Como resultado de ello, nos encontramos en un punto muerto... Para volver a la normalidad, necesitamos urgentemente una nueva arquitectura financiera que pueda proporcionar el margen político y fiscal necesario para respaldar la implementación y fortalecer la capacidad estatal... los gobiernos deben invertir en su propia capacidad... El sistema de pago Pix y el Registro Ambiental Rural de Brasil muestran lo que se puede lograr cuando los gobiernos invierten en la recopilación de datos, los sistemas y las habilidades necesarias para convertir los planes en resultados... la financiación climática debe destinarse a lo que realmente importa: fortalecer la capacidad estatal necesaria para implementar estrategias industriales verdes que armonicen la descarbonización con el desarrollo, la salud, el empleo y la resiliencia

 "El llamado de Bill Gates para que las Naciones Unidas pasen de la acción climática centrada en los objetivos de temperatura a las vacunas ha malinterpretado el desafío al que nos enfrentamos. Las inversiones en mitigación climática y desarrollo no son prioridades contrapuestas. Por el contrario, dado que la Organización Mundial de la Salud proyecta que el cambio climático causará aproximadamente 250.000 muertes adicionales al año entre 2030 y 2050, la acción climática es también una acción sanitaria.      

Todos los asistentes a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) que se celebra esta semana en Belém deberían tener presente esta idea. Pero Gates tiene razón en que debemos aportar soluciones reales y, como ha dejado claro el gobierno brasileño, el objetivo de esta “COP de Soluciones” es salvar la distancia entre las declaraciones y los resultados, lo que exigirá asignar los recursos escasos de manera eficiente. No se trata de hacer concesiones entre el clima y la salud: se trata de tomarnos en serio nuestros objetivos. Los avances en la COP30 distan mucho de estar garantizados. 

El Reino Unido acaba de retirar su financiación para la propuesta de un Fondo Bosques Tropicales para Siempre, que se supone que se adoptará formalmente este mes. Para colmo de males, la Unión Europea acaba de debilitar su objetivo de descarbonización para 2040 permitiéndoles a los países comprar créditos de carbono extranjeros en lugar de reducir las emisiones nacionales. Mientras tanto, 3.300 millones de personas viven en países que gastan más en el pago de intereses que en salud, lo que implica que están renunciando a invertir en resiliencia climática. 

 Diez años después de la COP21 de París, al mundo no le faltan objetivos ni compromisos declarados. Lo que falta, en realidad, es la capacidad de lograr avances rápidos, justos y duraderos. Desde la sostenibilidad de la deuda y el cambio climático hasta la búsqueda de un crecimiento inclusivo, el hilo conductor de nuestros mayores desafíos es la incapacidad de las instituciones públicas para convertir los compromisos en resultados tangibles. Como resultado de ello, nos encontramos en un punto muerto. 

Recortar la deuda mientras se socava el crecimiento impulsado por la inversión no logrará la sostenibilidad de la deuda, sino que agravará la crisis climática. Al fin y al cabo, la crisis de la deuda es también una crisis de inversión: sin inversión, la capacidad productiva de los países no aumenta, lo que los hace más dependientes de la ayuda exterior precisamente cuando esa ayuda está menguando. Para volver a la normalidad, necesitamos urgentemente una nueva arquitectura financiera que pueda proporcionar el margen político y fiscal necesario para respaldar la implementación y fortalecer la capacidad estatal. Si bien el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial intentan reinventarse para el siglo XXI, deben acelerar el ritmo para adaptarse a las limitaciones relacionadas con el carbono y a los persistentes déficits de desarrollo. También en este ámbito, la ambición ha superado a la ejecución: abundan las promesas, pero la gobernanza y las finanzas públicas siguen siendo cuellos de botella.

Asimismo, los países deben comprometerse a invertir en su capacidad para administrar e implementar las estrategias industriales y financieras tan necesarias para situar las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN) en el centro del desarrollo económico -por ejemplo, integrando los objetivos climáticos en las estrategias industriales verdes y las políticas financieras sostenibles-. En la COP30 de esta semana presentaré una forma de utilizar las plataformas nacionales de manera más eficaz. Más que una simple herramienta para reducir el riesgo del sector privado, las plataformas nacionales deben utilizarse de manera que la política climática gubernamental sea mayor que la suma de sus partes.

Como sostengo en un nuevo informe, “Capacidad y competencias estatales para un mundo verde justo”, junto con Esther Dweck, ministra de Gestión e Innovación en los Servicios Públicos de Brasil, los gobiernos deben invertir en su propia capacidad. Esto significa garantizar que todas las herramientas -incluidas las políticas de contratación pública, la infraestructura pública digital y el diseño de las empresas estatales- sean adecuadas para su propósito. Desarrollar capacidades estatales dinámicas significa invertir en laboratorios de políticas, aprender mediante la práctica y depender menos de consultores externos. 

El sistema de pago Pix y el Registro Ambiental Rural de Brasil muestran lo que se puede lograr cuando los gobiernos invierten en la recopilación de datos, los sistemas y las habilidades necesarias para convertir los planes en resultados. La mayoría de los países en desarrollo necesitan apoyo adicional para fortalecer estas capacidades y cumplir con sus CDN, y una nueva arquitectura financiera debería respaldar ese objetivo. Las inversiones en el fortalecimiento de la capacidad estatal deberían entenderse como una de las formas más efectivas de política climática. 

Cuando se diseñan como centros de implementación orientados a la misión, las plataformas nacionales pueden alinear los instrumentos públicos en torno a objetivos claros, logrando un trabajo mancomunado entre empresas estatales, bancos públicos de desarrollo y organismos de adquisiciones estratégicas. Gates tiene razón al decir que los objetivos de temperatura por sí solos no son la mejor medida del bienestar humano. Sin embargo, se equivoca al rechazar una acción climática audaz que priorice la mitigación ambiciosa por sobre la adaptación pasiva. En consonancia con el llamamiento de Brasil para que ésta sea una COP de Soluciones, la financiación climática debe destinarse a lo que realmente importa: fortalecer la capacidad estatal necesaria para implementar estrategias industriales verdes que armonicen la descarbonización con el desarrollo, la salud, el empleo y la resiliencia."

(Mariana Mazzucato  , Project Syndicate, 11/11/25) 

22.9.25

La gran innovación –o victoria– del establishment argentino en el ciclo actual ha sido la internalización, por parte de una porción significativa de la clase política tradicional y de amplios sectores sociales, de ciertos dogmas como si fueran verdades técnicas incuestionables... El equilibrio fiscal a cualquier costo es el emblema de este éxito... Keynes desnudó la lógica simple pero mortal de una deuda denominada en moneda extranjera... Un país que le debe a otro –o al FMI– en dólares, no puede pagarle imprimiendo pesos. Necesita conseguir dólares... Antes de poder comprar dólares, el Estado debe reunir una enorme cantidad de su moneda local (pesos). Para juntar esos pesos, no tiene más remedio que aumentar impuestos y/o reducir el gasto público de manera brutal. Esto es la austeridad... Este esfuerzo fiscal contractivo es el que crea el superávit primario, el gobierno, en pesos, recauda más de lo que gasta internamente... es un «ahorro forzado» extraído de las entrañas de la economía doméstica, profundizando la recesión al eliminar el poder de compra de la población... Una vez que el Estado ha logrado su «victoria» macabra –ha juntado miles de millones de pesos empobreciendo a su población–, debe convertir esos pesos en dólares. Aquí surge otro problema keynesiano: esa conversión masiva puede deprimir aún más el valor de la moneda local, si las elites exportan y necesitan un tipo de cambio devaluado, generando más inflación y haciendo, paradójicamente, que cada vez se necesiten más pesos para comprar la misma cantidad de dólares. Finalmente, con los dólares comprados gracias a un sistema extraccionista de exportaciones privadas, el gobierno realiza el pago puntual a sus acreedores internacionales... Keynes argumentaría, hoy como ayer, que este esfuerzo no solo es moralmente obsceno en un país con índices de pobreza récord, sino que es económicamente insostenible. Una población empobrecida y una economía devastada no pueden generar la riqueza real necesaria para pagar la deuda en el futuro. El superávit se logra no porque la economía sea más eficiente y pujante, sino porque se ha empobrecido a su gente hasta el hueso... es el triunfo supremo de la apariencia sobre la sustancia. Es la victoria de una elite que ha logrado que se naturalice como sentido común que el bienestar de los mercados de deuda es infinitamente más importante que el bienestar de la mitad de la población que está bajo la línea de pobreza (Alejandro Marcó del Pont)

 "La economía argentina contemporánea se asemeja a una meticulosa puesta en escena teatral, donde el decorado de una supuesta normalización macroeconómica intenta ocultar los cimientos podridos sobre los que se erige. El gobierno nacional, en un estado de extrema fragilidad política tras el veredicto contundente de las urnas en la provincia de Buenos Aires, se aferra a un relato de éxito que la realidad material se encarga de desmentir a diario.

A medida que el modelo exhibe sus grietas, un nerviosismo particular comienza a recorrer los pasillos de las corporaciones y los directorios de las grandes empresas. Se trata de un malestar paradójico. Por un lado, los sectores concentrados de la economía –especialmente el sector financiero, el agroexportador y las grandes empresas de energía– registran utilidades extraordinarias. Sus negocios, en el corto plazo, son excelentes. Sin embargo, esta misma elite detecta con pánico la falta de un marco político estable que garantice la continuidad de este rumbo más allá de la coyuntura inmediata y, como resulta crucial, más allá de la figura misma del presidente Javier Milei. 

La idea de garantizar la continuidad del rumbo económico aún a costa de la caída del gobierno que lo impulsa no es nueva en la historia argentina; es, de hecho, un leitmotiv de nuestra dependencia. El establishment económico ha demostrado históricamente una flexibilidad admirable en cuanto a las formas políticas, siempre y cuando el contenido económico se mantenga incólume. La última dictadura cívico-militar, el menemismo, el macrismo e incluso el albertismo han sido, en distintos grados, alternativas admisibles para las elites. Lo que estas experiencias tienen en común es que, en su momento, fueron funcionales a la imposición de un orden macroeconómico específico, basado en la primacía financiera, y la subordinación al capital global.

La gran innovación –o victoria– del establishment en el ciclo actual ha sido la internalización, por parte de una porción significativa de la clase política tradicional y de amplios sectores sociales, de ciertos dogmas como si fueran verdades técnicas incuestionables, despojándolos de su profundo contenido político y social. El equilibrio fiscal a cualquier costo es el emblema de este éxito.

Lo que en cualquier manual serio de economía es un instrumento de política coyuntural –y potencialmente recesivo– se ha convertido en un fetiche, en un sinónimo de «buena gestión» per se, divorciado por completo de sus efectos sobre el nivel de actividad, el empleo y el bienestar social. Esta aceptación acrítica del ajuste como única ortodoxia posible es el cordón umbilical que permite imaginar una transición «ordenada»: se puede cambiar a los actores en el escenario, siempre y cuando no alteren el guion escrito por los acreedores internacionales.

En este contexto, el análisis del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) resulta luminoso al señalar que la proscripción judicial de Cristina Fernández de Kirchner trasciende por completo una mera pulseada política o un caso aislado de lawfare. Representa la necesidad estructural de disciplinar judicialmente a todo el sistema político tradicional. Cuando un modelo económico es incapaz de generar consenso social, de construir legitimidad a través de resultados que beneficien a las mayorías, y se sostiene únicamente en base a una frágil coalición de intereses concentrados y represión del descontento, el mecanismo de la competencia electoral se vuelve un riesgo inmanejable.

La democracia, en su sentido sustantivo de soberanía popular para decidir el rumbo económico, es un estorbo. Por lo tanto, es imperioso deslegitimar, judicializar y, de ser posible, proscribir a cualquier fuerza opositora que, incluso de manera tibia, represente una amenaza a la «hoja de ruta». No se persigue a Cristina Fernández por sus supuestos delitos, sino por lo que representa. El disciplinamiento se convierte así en la condición sine qua non para la continuidad del programa de ajuste, una garantía de que, gane quien gane las elecciones, las políticas centrales no variarán.

Como lo expone con agudeza el doctor en ciencias sociales Alejandro Horowicz, esto explica la paradoja de una «transición controlada». La oposición política, en su conjunto, carece no solo de un modelo alternativo coherente, sino incluso de un conjunto mínimo de medidas de política económica que se desmarquen del dogma imperante. Su crítica es a menudo vacía, se centra en los «modales» y la «forma» del gobierno de Milei, pero no en el fondo de su programa. ¿El resultado? Una lógica perversa pero impecable: cuando nadie en el arco opositor tiene una alternativa real, todos, en esencia, terminan suscribiendo el mismo programa, el dictado por el Fondo Monetario Internacional. La política se reduce a una mera gestión de la austeridad con distintos estilos.

Dependiendo de la velocidad a la que se degrade el modelo –una variable que hoy parece acelerarse–, las elites ya están preparando sus planes B. Estas alternativas no representan una ruptura, sino una «recarga» del mismo programa, pero con una cara más presentable y modales menos agresivos. La economía, en este esquema, deja de ser una ciencia para transformarse en el arte de las apariencias.

Por lo tanto, se puede activar un «reset» del gobierno. Se puede forzar una salida anticipada a través de una asamblea legislativa o de una compleja coalición de gobernadores. Pero las alternativas admisibles dentro de este juego son únicamente aquellas que no alteren un ápice el orden macroeconómico impuesto.

Para desentrañar la perversidad de este consenso social en torno al equilibrio fiscal en un país con el 50% de su población en la pobreza, es necesario realizar un desvío por la teoría económica clásica, específicamente por la obra de John Maynard Keynes. En 1919, Keynes escribió «Las consecuencias económicas de la paz» movido por la indignación. Había participado como representante del Tesoro británico en las negociaciones del Tratado de Versalles y renunció ante la imposibilidad de hacer entrar en razón a los vencedores de la Primera Guerra Mundial, que impusieron a Alemania reparaciones de una magnitud astronómica y mecánicamente imposibles de pagar. La vigencia de su análisis para la Argentina de hoy no es una mera analogía; es un espejo casi perfecto.

Keynes desnudó la lógica simple pero mortal de una deuda denominada en moneda extranjera y el problema de la transferencia interna. Un país que le debe a otro –o al FMI– en dólares, no puede pagarle imprimiendo pesos. Necesita conseguir dólares. Solo hay tres formas realistas de hacerlo:

  1. Exportar más de lo que se importa: generar un superávit comercial vendiendo bienes, servicios o recursos naturales al mundo.
  2. Endeudarse más: pedir prestados nuevos dólares para pagar los viejos dólares que se deben, una espiral piramidal que solo posterga y agrava el problema.
  3. Vender el patrimonio: enajenar los activos nacionales –empresas públicas, recursos naturales, tierras– a compradores extranjeros que paguen en divisas (el programa máximo de las privatizaciones).

El núcleo de su argumento, y lo que es absolutamente central para Argentina, es el problema de la «transferencia», un proceso de doble conversión que implica dos fases críticas y terriblemente dolorosas:

Fase 1: la transferencia interna (o El superávit fiscal macabro)
Antes de poder comprar dólares, el Estado debe reunir una enorme cantidad de su moneda local (pesos). Para juntar esos pesos, no tiene más remedio que:

  • Aumentar impuestos y/o reducir el gasto público de manera brutal. Esto es la austeridad. En el caso argentino, la narrativa de la «presión tributaria alta» –promovida por las elites– ha servido para descartar casi por completo la vía de aumentar impuestos a los sectores de mayor capacidad contributiva (renta financiera, grandes fortunas, exportadores). Por lo tanto, el ajuste recae de manera abrumadora en la segunda variable: el recorte del gasto.

Este esfuerzo fiscal contractivo es el que crea el superávit primario: el gobierno, en pesos, recauda más de lo que gasta internamente. Pero este superávit no es un signo de salud; es el síntoma de una hemorragia interna. Es un «ahorro forzado» extraído de las entrañas de la economía doméstica. Para lograrlo, el gobierno:

  • Elimina subsidios al transporte, la energía y los servicios públicos. La nafta, el gas y la luz se vuelven artículos de lujo, encareciendo toda la cadena de producción y el costo de vida.
  • Recorta brutalmente los presupuestos de salud, educación, ciencia y tecnología. Los hospitales públicos se quedan sin insumos, las escuelas se caen a pedazos, los investigadores emigran.
  • Congela pensiones y salarios de estatales, que se desploman en términos reales frente a una inflación galopante, profundizando la recesión al eliminar el poder de compra de la población.

Fase 2: la transferencia externa (La conversión final)
Una vez que el Estado ha logrado su «victoria» macabra –ha juntado miles de millones de pesos empobreciendo a su población–, debe convertir esos pesos en dólares. Aquí surge otro problema keynesiano: esa conversión masiva puede deprimir aún más el valor de la moneda local, si las elites exportan y necesitan un tipo de cambio devaluado, generando más inflación y haciendo, paradójicamente, que cada vez se necesiten más pesos para comprar la misma cantidad de dólares. Finalmente, con los dólares comprados gracias a un sistema extraccionista de exportaciones privadas, el gobierno realiza el pago puntual a sus acreedores internacionales.

El FMI, los mercados financieros y los editorialistas del establishment felicitan al gobierno por su «disciplina fiscal» y su «compromiso con los compromisos». Es la consagración de la apariencia. Keynes argumentaría, hoy como ayer, que este esfuerzo no solo es moralmente obsceno en un país con índices de pobreza récord, sino que es económicamente insostenible. Una población empobrecida y una economía devastada no pueden generar la riqueza real necesaria para pagar la deuda en el futuro. El superávit se logra no porque la economía sea más eficiente y pujante, sino porque se ha empobrecido a su gente hasta el hueso.

El experimento económico en curso en la Argentina va mucho más allá de un simple plan de ajuste. Es parte de una ofensiva estratégica de mayor alcance cuyo objetivo final es el vaciamiento definitivo de la democracia. En este nuevo régimen, la soberanía popular queda confinada a elegir cada cuatro años entre gestiones tecnocráticas que varían en su estilo, pero no en su sustancia, todas ellas comprometidas con la misma hoja de ruta predefinida por los acreedores y los grupos de poder económico. Las elecciones se convierten en meros mecanismos de validación residual de una arquitectura de poder que se decide en otra parte.

Lo más llamativo, y quizás lo más trágico, es el grado en el que este relato ha sido internalizado. La obsesión por el equilibrio fiscal como un fin en sí mismo, desconectado de cualquier consideración sobre el desarrollo, el empleo o la justicia social, es el triunfo supremo de la apariencia sobre la sustancia. Es la victoria de una elite que ha logrado que se naturalice como sentido común que el bienestar de los mercados de deuda es infinitamente más importante que el bienestar de la mitad de la población que está bajo la línea de pobreza."                            ( Alejandro Marcó del Pont, blog, 21/09/25

14.9.25

Marruecos: ¿Cómo se manifiesta la nueva crisis de la deuda que afecta a los países del Sur? Desde la pandemia de la Covid-19, los países del Sur se enfrentan a una explosión de su deuda pública. En Marruecos, esta situación es aún más crítica debido a una persistente sequía hídrica, que está aumentando las presiones económicas y sociales... Este aumento se explica, en particular, por el uso masivo del endeudamiento para hacer frente a la crisis sanitaria y económica en un contexto de subida de los tipos de interés en los mercados financieros internacionales. Esta deuda genera un servicio de la deuda que ha aumentado del 13% del PIB en 2019 al 19% del PIB en 2023. Esto reduce los presupuestos sociales: el servicio de la deuda equivale a más de 9 veces el presupuesto de salud pública en 2023... Marruecos se prepara para albergar dos prestigiosos eventos deportivos: la Copa Africana en 2026 y la Copa del Mundo en 2030. Detrás de estos grandes proyectos de infraestructura hay un proceso programado de disipación de recursos públicos... Estas inversiones solo sirven a los grandes inversores capitalistas, las multinacionales y para ofrecer una visión de marketing de país «emergente». Es un Marruecos falsamente modernizado, escenario de inversores extranjeros, mientras la mayoría del pueblo sufre... Nos enfrentamos a una situación en la que las prioridades se invierten, la deuda se vuelve más importante que la vida, la imagen más importante que la justicia social... En ATTAC- CADTM Marruecos consideramos que las deudas públicas y privadas de los hogares obreros son deudas ilegítimas (Asma El Mandour)

 "Situación de la deuda en Marruecos

Desde la pandemia de la Covid-19, los países del Sur se enfrentan a una explosión de su deuda pública. En Marruecos, esta situación es aún más crítica debido a una persistente sequía hídrica, que está aumentando las presiones económicas y sociales.

Marruecos, como muchos otros países, ha visto aumentar su deuda pública total (externa, interna y garantizada) del 78% del PIB en 2019 (antes de la COVID) al 91% del PIB en 2023 (datos del Ministerio de Finanzas marroquí).

Este aumento se explica, en particular, por el uso masivo del endeudamiento para hacer frente a la crisis sanitaria y económica en un contexto de subida de los tipos de interés en los mercados financieros internacionales.

Esta deuda genera un servicio de la deuda que ha aumentado del 13% del PIB en 2019 al 19% del PIB en 2023. Esto reduce los presupuestos sociales: el servicio de la deuda equivale a más de 9 veces el presupuesto de salud pública en 2023.

Una fuerte intervención de las Instituciones Financieras Internacionales (IFI)

El FMI y el Banco Mundial intervinieron en Marruecos con el pretexto de apoyar la recuperación económica y social. En realidad, sus líneas de financiación y crédito han servido principalmente para garantizar la estabilidad macroeconómica y tranquilizar a los mercados financieros, a costa de una nueva deuda masiva. Detrás de este discurso de ayuda hay condicionalidades y reformas estructurales que acentúan la liberalización, debilitan la soberanía económica y hacen que las clases trabajadoras carguen con el costo de la crisis. La intervención de estas instituciones ha reforzado el control de Marruecos sobre la deuda y la dependencia de los dictados neoliberales: recortes en los presupuestos sociales, recortes de puestos de trabajo en la función pública, generalización de los contratos de duración determinada, congelación y reducción de salarios, pensiones y subvenciones para los principales productos de consumo, desmantelamiento de los servicios públicos en beneficio de las grandes empresas extranjeras y locales a través de la gestión delegada y la asociación público-privada (APP), facilitación para que los grandes capitalistas monopolicen los recursos naturales del mar, la tierra (minas y agua) y el cielo (plantas de energía solar y eólica) en detrimento de las poblaciones locales, orientación de la producción hacia la exportación y destrucción de la agricultura de subsistencia...)

Estas dos instituciones han elegido Marruecos para acoger sus reuniones anuales celebradas en Marrakech en octubre de 2023. Es una decisión política para promover el modelo de desarrollo neoliberal seguido por el régimen de Marruecos.

ATTAC CADTM Marruecos, la red CADTM Internacional y varios socios en la lucha iniciaron una contracumbre a estas asambleas que reunió en Marrakech a más de 300 representantes de movimientos sociales de cuatro continentes: Europa, África, Asia y América. Fue un espacio real para discutir, desde el punto de vista de la gente, la dictadura financiera del FMI-BM y sus impactos sociales y ambientales, las crisis del capitalismo y las alternativas.

Una aguda crisis social: las mujeres y los jóvenes son los más afectados

Son las mujeres y los jóvenes los que están pagando el precio más alto por esta crisis. Para las mujeres, ya sobrecargadas de trabajo invisible, la eliminación de los servicios públicos, el descuido de los cuidados o de las infraestructuras básicas, es una forma constante de violencia.
En cuanto a los jóvenes, su futuro ha nacido muerto: empleos inexistentes, educación descuidada y precariedad exacerbada.

El verdadero costo de esta deuda se puede medir sobre el terreno:

  • La tasa de desempleo general alcanzó el 13,3% en 2024 [1], con un 36,7% entre los jóvenes [2]. Para los graduados, es del 19,6% [3] y para las mujeres del 19,4%. [4]
  • En el mercado laboral, casi 8 millones de mujeres no tienen un empleo remunerado, a pesar de tener a veces un alto nivel de educación.
  • Los jóvenes son víctimas de las políticas públicas fallidas y las mujeres se ven afectadas por los recortes en los servicios sociales, ya sea salud, educación o asistencia básica.

Los microcréditos en Marruecos

Los dictados neoliberales impuestos por las instituciones financieras internacionales y aplicados por el régimen en beneficio de una minoría, han acentuado el deterioro de las condiciones de vida de amplias capas populares: aumento del desempleo, caída de los ingresos, precariedad, colapso de microproyectos y pequeñas actividades de subsistencia... Todo ello en un contexto marcado por el aumento de los precios de los alimentos y los servicios esenciales. Hoy en día, la mayoría de los hogares de clase trabajadora luchan para satisfacer sus necesidades diarias más básicas y se encuentran sobreendeudados con las instituciones de microcrédito.

En 2011, el sector del microcrédito experimentó un gran movimiento de protesta con una mayoría de mujeres (más de 4.500), particularmente en el sureste de Marruecos, una de las regiones más pobres del país. Estas víctimas denunciaron las tasas de interés exorbitantes (30 a 40% y a veces más) y los abusos de las instituciones de microcrédito.

ATTAC-CADTM Marruecos y la red internacional CADTM llevaron a cabo grandes muestras de solidaridad y apoyo a las luchas de las víctimas de microcréditos de 2011 a 2015. ATTAC- CADTM Marruecos ha realizado y publicado un estudio sobre el sistema de microcréditos en Marruecos. La red CADTM ha producido un gran número de análisis publicados en su sitio web y ha organizado varios seminarios internacionales, regionales y nacionales en África y Asia del Sur para consolidar la formación, compartir experiencias de lucha y estudiar alternativas contra el microcrédito y las deudas ilegítimas.

Costosas puestas en escena: eventos deportivos y deudas

Marruecos se prepara para albergar dos prestigiosos eventos deportivos: la Copa Africana en 2026 y la Copa del Mundo en 2030. Detrás de estos grandes proyectos de infraestructura hay un proceso programado de disipación de recursos públicos.

Estas inversiones solo sirven a los grandes inversores capitalistas, las multinacionales y para ofrecer una visión de marketing de país «emergente». Es un Marruecos falsamente modernizado, escenario de inversores extranjeros, mientras la mayoría del pueblo sufre.

Es esta puesta en escena la que nos asfixia, un desarrollo de fachada, financiado por una deuda que las generaciones tendrán que pagar.

Hacia un cambio radical

Nos enfrentamos a una situación en la que las prioridades se invierten: la deuda se vuelve más importante que la vida, la imagen más importante que la justicia social.

Deudas ilegímas

En ATTAC- CADTM Marruecos consideramos que las deudas públicas y privadas de los hogares obreros son deudas ilegítimas. Exigimos la cancelación de estas deudas ilegítimas para recuperar nuestra soberanía popular y alimentaria. También exigimos la ruptura de los vínculos de dependencia con los centros de decisión externos, ya sean instituciones financieras y comerciales internacionales o las diversas fuerzas imperialistas.

Auditar la deuda para abolirla

El papel de la auditoría de la deuda pública es determinar sus diversas partes para repudiarlas. La auditoría de la deuda es un paso necesario para una amplia movilización contra la deuda y sus implicaciones y para preparar las condiciones subjetivas para exigir la cancelación de la deuda pública.

Anclar la demanda de abolición de la deuda en el centro de las protestas populares y obreras.

Nuestro desafío fundamental en ATTAC- CADTM Marruecos sigue siendo nuestra capacidad y la de las organizaciones obreras y populares de lucha para anclar la demanda de auditoría de la deuda, para abolirla, en el corazón de las protestas y luchas populares y obreras contra el despotismo, el alto costo de la vida y la austeridad y trabajar para que sea asimilada por las diversas víctimas del sistema de la deuda. ATTAC- CADTM Marruecos está tratando de contribuir a este trabajo con sus modestas capacidades."

(Asma El Mandour , CADTM, 11/09/25) 

30.8.25

Reino Unido tiene el nivel de deuda más alto desde 1960... El número de incidentes de hurto en tiendas en el Reino Unido ha alcanzado un nivel sin precedentes: 530.643 casos en Inglaterra y Gales... En Francia, el primer ministro ha convocado elecciones anticipadas debido a la “emergencia nacional” por el aumento de la deuda... París gasta ahora más en el cumplimiento de la deuda que en muchos programas públicos... En Francia, se espera la salida del gobierno y la asistencia del FMI... en el Reino Unido también se ha contemplado la asistencia del FMI... En Alemania, Merz admitió que “el estado de bienestar ya no es sostenible”... los países europeos (y los cercanos, como Canadá) se enfrentan a recesiones y problemas económicos sin precedentes... todos los asuntos son personalmente administrados por las desastrosas figuras de turno de estos países... Mientras un sin número de crisis políticas se apoderan de los países europeos, los dirigentes siguen financiando ciegamente a Ucrania con miles de millones (Simplicius)

" Los pesos pesados de Europa, esos mismos países que se jactan de aleccionar al resto del mundo, se están hundiendo en una crisis económica cada vez más profunda. Mientras tanto, fingen que todo está bien, ignorando su desmoronamiento interno en favor del mandato globalista.

He dicho en anteriores ocasiones que la característica del régimen globalista moderno es su enfoque total y exclusivo en la agenda política exterior, dejando la doméstica en manos de un orden burocrático liberal, que opera mediante una especie de régimen autónomo, cual máquina inflexible antidemocrática, cumpliendo un conjunto de planes preestablecidos y con total desprecio por la sociedad.

Según la Oficina Nacional de Estadística (ONS, por sus siglas en inglés), el Reino Unido tiene el nivel de deuda más alto desde principios de la década de 1960. Un reciente informe expone:

"El Reino Unido tiene hoy el nivel de deuda más alto desde principios de los años 1960.
• La última vez que el Reino Unido tuvo tres años consecutivos de deuda superior al 90% del PIB fue cuando Macmillan era primer ministro. "

Pero la deuda británica no sólo supone un riesgo económico, sino un peligro para la democracia.

Los delitos de todo tipo están por las nubes:

"El número de incidentes de hurto en tiendas en el Reino Unido ha alcanzado un nivel sin precedentes: en los 12 meses anteriores al 31 de marzo, se registró la extraordinaria cifra de 530.643 casos en Inglaterra y Gales. "

Según datos presentados al Parlamento y publicados por The Times, se trata de una cifra récord histórica. 

En Francia, el primer ministro ha convocado elecciones anticipadas debido a la “emergencia nacional” por el aumento de la deuda respecto al PIB:

El primer ministro francés, François Bayrou, ha convocado elecciones anticipadas para el 8 de septiembre y ha declarado que la creciente relación deuda/PIB de Francia (114%) es una emergencia nacional.

París gasta ahora más en el cumplimiento de la deuda que en muchos programas públicos, una señal de advertencia para la segunda economía más grande de Europa.

 Este es el tercer Primer Ministro en un año. Esta decisión, que aumenta la presión sobre la presidencia de Macron, amenaza con sacudir los mercados y podría aumentar la incertidumbre justo cuando Francia lidia con los altos costos de endeudamiento y un crecimiento débil.

Mientras un sin número de crisis políticas se apoderan de los países europeos, los dirigentes siguen financiando ciegamente a Ucrania con miles de millones:

Crisis presupuestaria en los países europeos de la OTAN, tras asignar 50.000 millones de euros a Ucrania.

En Francia, se espera la salida del gobierno y la asistencia del FMI. El martes 26 de agosto, la bolsa francesa abrió con una fuerte caída, debida a la evaluación de los operadores sobre el riesgo de que el gobierno, sometido a una moción de confianza, no reciba el apoyo parlamentario el próximo mes.

El índice francés CAC 40 cayó el martes 26 de agosto a un mínimo del 2,24%, hasta los 7668 puntos, después de que los tres principales partidos de la oposición anunciaran que no apoyarían al gobierno en la moción de confianza. Por iniciativa del primer ministro François Bayrou, en relación con los planes presupuestarios del gobierno, la votación está prevista para el 8 de septiembre.

Según el primer ministro francés, para reducir el déficit presupuestario del país, que ascendió al 5,8 % del PIB en 2024, es necesario recortar el presupuesto en unos 44.000 millones de euros. Sus propuestas incluyen congelar los salarios, el gasto de la seguridad social y las pensiones, así como mantener los tipos impositivos al nivel de 2025.

Existen problemas similares en el Reino Unido, donde también se ha contemplado la asistencia del FMI. 

En Alemania, Merz fue recientemente noticia por su urgente admisión de que “el estado de bienestar ya no es sostenible”, justo cuando el gasto de Alemania superó el récord de 47.000 millones de euros establecido el año pasado. 

Los expertos ahora creen que Alemania está en recesión, particularmente después de que, tanto en 2023 como en 2024, se registrara un crecimiento negativo del PIB por primera vez desde principios de la década del 2000.

La economía de Alemania se contrajo un 0,2 por ciento el año pasado tras una caída del 0,3 por ciento en 2023, la primera vez desde principios de la década de 2000 que la economía ha retrocedido dos años consecutivos.

La economía alemana volvió a contraerse un -0,3% en el último trimestre (2º trimestre de 2025), tras un débil crecimiento del 0,3% en el primer trimestre: 

https://tradingeconomics.com/germany/gdp-growth

Ahora, Merz admite que arreglar la economía resulta mucho más difícil de lo que imaginaba, y califica la situación no sólo de período de debilidad económica, sino de una auténtica crisis nacional:

El canciller alemán, Friedrich Merz, dijo que enfrentar los desafíos económicos del país está siendo una tarea mucho mayor de lo que en principio había previsto.

"Lo digo también como autocrítica: esta tarea es más grande de lo que cualquiera podría haber imaginado hace un año", declaró Merz en un discurso pronunciado el sábado en Osnabrück, ciudad del norte de Alemania. "No sólo nos encontramos inmersos en un período de debilidad económica, sino en una crisis estructural de nuestra economía".

https://www.bloomberg.com/news/articles/2025-08-23/merz-says-tackling-germany-s-economic-woes-tougher-than-expected

Se mire donde se mire, los países europeos (y los cercanos, como Canadá) se enfrentan a recesiones y problemas económicos sin precedentes. Lo último de hoy:

LA ECONOMÍA DE CANADÁ SE CONTRAE UN 1,6% ANUAL EN EL SEGUNDO TRIMESTRE Y NO ALCANZA EL -0,7% ESTIMADO

Prácticamente todos los asuntos son personalmente administrados por las desastrosas figuras de turno de estos países. Una puerta giratoria cada vez más estrecha, con los mismos trajes vacíos ondeando monótonos guiones, reciclándose todos los años a través del mismo sistema. Aunque parezca mentira, recientes informes incluso indican que, supuestamente, el canciller Merz está considerando la nominación de Ursula von der Leyen para la presidencia de Alemania. (...)"

(Simplicius, Gaceta Crítica, 30/08/25, fuente Simplicius, enlaces en el original)

3.7.25

Desarrollo sostenible y deuda insostenible... El Grupo de los Siete (G7), que en conjunto representa alrededor de tres cuartas partes de toda la ayuda oficial al desarrollo (AOD), se dispone a recortar su gasto en ayuda en un 28 % para 2026... sería el mayor recorte en los registros de ayuda que se remontan a 1960... la ONU estima en 4 billones de dólares la creciente brecha entre lo necesario para el desarrollo sostenible y lo que se entrega... 3.300 millones de personas viven en países que gastan más en intereses que en salud... ¿Cuál es la respuesta? No más préstamos de bancos y gobiernos con tasas de interés exorbitantes y en aumento (el Reino Unido o Alemania se endeudan al 3-4%, mientras que a los países en desarrollo se les cobra del 6-8%), sino la cancelación y condonación de la deuda existente de los países pobres... Y luego, lo que se necesita es un plan global de inversión pública en el Sur Global... Esto podría ser fácilmente financiado por los países ricos mediante un impuesto al patrimonio para los muy ricos y mediante la propiedad pública de los grandes bancos y multinacionales que actualmente dominan las finanzas globales. Por supuesto, esto no ocurrirá sin cambios revolucionarios en el Norte Global (Michael Roberts)

 "Hoy, líderes mundiales se reúnen en Sevilla, España, para una cumbre de la ONU sobre ayuda a los países en desarrollo. Se trata de la Cuarta Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo . Al menos 50 líderes mundiales, entre ellos el presidente francés Macron, la jefa de la UE, Von der Leyen, y el secretario general de la ONU, Guterres, asistirán. La conferencia busca impulsar el apoyo, cada vez más limitado, al desarrollo global, los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible ( ODS) establecidos hace décadas por la ONU, con el fin de sacar de la pobreza a los países pobres y a sus habitantes.

Estos loables objetivos, como muchas iniciativas de la ONU en el siglo XXI , han demostrado ser insostenibles. Mientras los líderes mundiales pontifican esta semana en Sevilla, la realidad es que la brecha entre los países ricos y el resto del mundo no se ha cerrado, sino que se ha ampliado. Y en lugar de renovar los esfuerzos para aumentar la financiación para el llamado mundo en desarrollo, está ocurriendo lo contrario. El presidente estadounidense, Trump, ha recortado la financiación y el personal de la agencia estadounidense de desarrollo, USAID. Se prevé que la financiación de USAID disminuya de 60 000 millones de dólares en 2024 a menos de 30 000 millones de dólares en 2026. Alemania, el Reino Unido y Francia, entre otras economías ricas, también están realizando recortes para financiar el enorme aumento del gasto en armamento para la guerra.

El Grupo de los Siete (G7), que en conjunto representa alrededor de tres cuartas partes de toda la ayuda oficial al desarrollo (AOD), se dispone a recortar su gasto en ayuda en un 28 % para 2026, en comparación con los niveles de 2024. Este sería el mayor recorte en la ayuda desde la creación del G7 en 1975 y, de hecho, en los registros de ayuda que se remontan a 1960.

El próximo año marcará el tercer año consecutivo de disminución del gasto de ayuda del G7, una tendencia no observada desde la década de 1990. Si estos recortes siguen adelante, los niveles de ayuda del G7 en 2026 se desplomarán en 44 000 millones de dólares, a tan solo 112 000 millones. Los recortes están siendo impulsados ​​principalmente por Estados Unidos (con una reducción de 33 000 millones de dólares), Alemania (con una reducción de 3500 millones de dólares), el Reino Unido (con una reducción de 5000 millones de dólares) y Francia (con una reducción de 3000 millones de dólares).

La organización benéfica internacional Oxfam afirma que los recortes a la ayuda al desarrollo son los mayores desde 1960, y la ONU estima en 4 billones de dólares la creciente brecha entre lo necesario para el desarrollo sostenible y lo que se entrega.  «La retirada del G7 del mundo no tiene precedentes y no podría llegar en peor momento, con la intensificación del hambre, la pobreza y el deterioro climático. El G7 no puede pretender tender puentes por un lado y destruirlos por el otro. Envía un vergonzoso mensaje al Sur Global: que los ideales de colaboración del G7 no significan nada », declaró el director ejecutivo de Oxfam Internacional, Amitabh Behar.

Los países pobres no solo reciben menos apoyo financiero, sino que también soportan una carga de deuda cada vez mayor con los bancos e instituciones financieras de los países ricos. La deuda externa total del grupo de los países menos adelantados se ha más que triplicado en 15 años, según la ONU. La deuda total en las llamadas economías emergentes (excluyendo a China) ha alcanzado el 126% de su PIB. El saldo total de la deuda externa de los países pobres alcanzó un máximo histórico de 8,8 billones en 2023, un 2,4% más que el año anterior.

Los reembolsos de deuda superan ahora las nuevas entradas de crédito y capital. En 2023, los países de ingresos bajos y medianos (excluyendo a China) experimentaron una salida neta de 30 000 millones de dólares hacia el sector privado en concepto de deuda a largo plazo, lo que supuso una importante carga para el desarrollo. Desde 2022, los acreedores privados extranjeros han extraído casi 141 000 millones de dólares más en pagos del servicio de la deuda de prestatarios del sector público en las economías en desarrollo de lo que desembolsaron en nueva financiación. Por dos años consecutivos, los acreedores externos de las economías en desarrollo han estado retirando más de lo que han estado aportando.

Los costos totales del servicio de la deuda (capital más pagos de intereses) de todos los países de ingresos bajos y medios alcanzaron un máximo histórico de 1,4 billones de dólares en 2023. Excluyendo a China, los costos del servicio de la deuda ascendieron a un récord de 971.000 millones de dólares en 2023, un aumento del 19,7 por ciento respecto del año anterior y más del doble de las cantidades observadas hace una década.

Un informe reciente encargado por el difunto Papa Francisco y coordinado por el economista Joseph Stiglitz, premio Nobel, estima que 3.300 millones de personas viven en países que gastan más en intereses que en salud. Datos recientes de la UNCTAD , organismo de las Naciones Unidas para el comercio y el desarrollo, revelan que 54 países gastan más del 10 % de sus ingresos fiscales únicamente en el pago de intereses. La carga media de los intereses para los países en desarrollo, como porcentaje de los ingresos fiscales, casi se ha duplicado desde 2011. Más de 3.300 millones de personas viven en países que ahora gastan más en el servicio de la deuda que en salud, y 2.700 millones en países que gastan más en deuda que en educación.

La ayuda mundial para la nutrición caerá un 44 por ciento en 2025 en comparación con 2022: El fin de tan solo 128 millones de dólares en programas de nutrición infantil financiados por Estados Unidos para un millón de niños resultará en 163.500 muertes infantiles adicionales al año. Al mismo tiempo, 2,3 millones de niños que sufren desnutrición aguda grave (la forma más letal de desnutrición) corren ahora el riesgo de perder los tratamientos que les salvan la vida. Uno de cada cinco dólares de ayuda a los presupuestos de salud de los países pobres se recortará o estará en peligro: la OMS informa que casi tres cuartas partes de sus oficinas nacionales están experimentando graves interrupciones en los servicios de salud, y en aproximadamente una cuarta parte de los países donde opera algunos centros de salud ya se han visto obligados a cerrar por completo. Los recortes de la ayuda estadounidense podrían provocar hasta 3 millones de muertes evitables cada año, con 95 millones de personas perdiendo el acceso a la atención médica. Esto incluye niños que mueren por enfermedades prevenibles mediante vacunación, mujeres embarazadas que pierden el acceso a la atención y el aumento de las muertes por malaria, tuberculosis y VIH.

Según un nuevo informe de la UNCTAD para la conferencia de Sevilla , los sectores cruciales para los Objetivos de Desarrollo Sostenible se vieron especialmente afectados por la caída de la inversión extranjera .  Los flujos de inversión hacia los países en desarrollo para infraestructura cayeron un 35%, las energías renovables un 31%, el agua y el saneamiento un 30% y los sistemas agroalimentarios un 19%. Solo el sector de la salud experimentó crecimiento. Los proyectos aumentaron aproximadamente una quinta parte en número y valor, pero el volumen total se mantuvo bajo, por debajo de los 15 000 millones de dólares.

Antes del inicio de la conferencia de Sevilla, Estados Unidos anunció que no asistiría ni aceptaría ningún plan. Por lo tanto, algunos gobiernos hicieron una declaración. Presentaron una propuesta débil, no vinculante para ellos y sin justificación para su implementación: que los diversos bancos de desarrollo del mundo triplicaran su capacidad de préstamo, en particular para el «gasto social esencial».   Y que debería haber «más cooperación contra la evasión fiscal». Hay algo de esperanza. En realidad, los préstamos y bonos para alcanzar los objetivos de sostenibilidad han disminuido.

En una publicación anterior, demostré que los países del llamado Sur Global no están alcanzando a los países imperialistas ricos del llamado Norte Global, ni en ingresos per cápita, ni en productividad, ni en ningún índice de desarrollo humano. Al mismo tiempo, las enormes desigualdades de ingresos y riqueza, entre países y dentro de ellos, siguen agravándose.

¿Cuál es la respuesta? No más préstamos de bancos y gobiernos con tasas de interés exorbitantes y en aumento (el Reino Unido o Alemania se endeudan al 3-4%, mientras que a los países en desarrollo se les cobra del 6-8%), sino la cancelación y condonación de la deuda existente de los países pobres (no me gusta la palabra «condonación» porque no hay nada que condonar).  

Y luego, lo que se necesita es un plan global de inversión pública en el Sur Global, orientado a infraestructura, salud, educación y servicios públicos, junto con el apoyo a tecnologías e industrias generadoras de empleo. Esto podría ser fácilmente financiado por los países ricos mediante un impuesto al patrimonio para los muy ricos y mediante la propiedad pública de los grandes bancos y multinacionales que actualmente dominan las finanzas globales. Por supuesto, esto no ocurrirá sin cambios revolucionarios en el Norte Global."

(Michael Roberts, Gaceta Crítica, 30/06/25, gráficos en el original)

18.4.25

¿Podemos salir de un mundo de deuda? La deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado, hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023)... este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de sus ingresos por exportaciones... La mitad de la población mundial (3300 millones) vive en países que destinan una mayor parte de su presupuesto al pago de intereses de la deuda que a la educación o la salud... los países del Sur Global simplemente venden sus bienes y servicios para saldar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el desplome de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de covid-19 y la inflación derivada de la guerra de Ucrania... La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, dispuesto a devorar los restos de nuestras sociedades... Atrapados en la red de deuda, austeridad, bajo crecimiento, endeudamiento externo y deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en aras de la supervivencia a corto plazo... Con la inestabilidad del orden global, ahora podría existir la oportunidad de crear nuevas estrategias financieras para el desarrollo centrada en cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social... si un país invierte para aumentar su capital fijo, experimentará un aumento secular en su tasa de crecimiento. Esta es la razón por la que países como China, Vietnam, India e Indonesia han mantenido altas tasas de crecimiento en un período en el que la mayoría de los países (por ejemplo, los del Norte Global) han tenido tasas de crecimiento bajas o negativas (Vijay Prashad)

 "En las últimas dos décadas la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado, hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023). Es importante comprender que este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de sus ingresos por exportaciones. Esto significa que casi cada dólar ganado por la exportación de bienes y servicios es un dólar adeudado a un banco o tenedor de bonos extranjero. Por lo tanto, los países del Sur Global simplemente venden sus bienes y servicios para saldar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el desplome de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de covid-19 y la inflación derivada de la guerra de Ucrania. La mitad de la población mundial (3300 millones) vive en países que destinan una mayor parte de su presupuesto al pago de intereses de la deuda que a la educación o la salud. En el continente africano, de los cincuenta y cuatro países, treinta y cuatro gastan más en el servicio de la deuda que en la sanidad pública. La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, dispuesto a devorar los restos de nuestras sociedades.

¿Por qué están endeudados los países? La mayoría de los países están endeudados por varias razones:

  • Cuando obtuvieron la independencia hace aproximadamente un siglo, sus antiguos gobernantes coloniales los dejaron empobrecidos.
  • Pidieron prestado dinero a sus antiguos gobernantes coloniales a tasas elevadas para proyectos de desarrollo, lo que hizo imposible devolverlo ya que los fondos se utilizaban para proyectos públicos como puentes, escuelas y hospitales.
  • Los términos comerciales desiguales (exportación de materias primas a bajo precio a cambio de importación de productos terminados a alto precio) agravaron aún más su débil situación financiera.
  • Las políticas despiadadas de organismos multilaterales (como el Fondo Monetario Internacional – FMI) obligaron a estos países a recortar el gasto público interno, tanto en consumo como en inversión, y en su lugar a pagar la deuda externa. Esto desencadenó un ciclo de bajas tasas de crecimiento, empobrecimiento y endeudamiento.

Atrapados en la red de deuda, austeridad, bajo crecimiento, endeudamiento externo y deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en aras de la supervivencia a corto plazo. La agenda a su disposición para lidiar con esta trampa de la deuda estaba motivada exclusivamente por la conveniencia del pago y no del desarrollo. Típicamente, se promovieron los siguientes métodos en lugar de una teoría del desarrollo:

  1. Alivio y reestructuración de la deuda . Buscamos reducir la carga de la deuda y una gestión más sostenible de los pagos a largo plazo.
  2. Un llamado a la inversión extranjera directa (IED) y un intento de impulsar las exportaciones . Aumentando la capacidad de los países para generar ingresos para pagar esta deuda, pero sin un cambio real en la capacidad productiva nacional.
  3. Recortes al gasto público , en gran medida una reducción del gasto social . Modificar el panorama fiscal para que un país pueda utilizar una mayor proporción de su riqueza social para pagar a sus tenedores de deuda extranjeros y ganarse la confianza en el mercado internacional, pero a expensas de la vida y el bienestar de sus ciudadanos.
  4. Reformas fiscales que beneficiaron a los ricos y reformas del mercado laboral que perjudicaron a los trabajadores . Recortes de impuestos para incentivar la inversión de los ricos en la sociedad —algo que rara vez ocurre— y una modificación de las leyes sindicales para permitir una mayor explotación de la mano de obra y así aumentar el capital para la inversión.
  5. Reforma institucional para reducir la corrupción mediante un mayor control internacional de los sistemas financieros. Abrir el proceso presupuestario de un país a la gestión internacional (a través del FMI) y permitir que economistas extranjeros controlen la toma de decisiones fiscales.

Ninguno de estos planteamientos por separado ni todos ellos en conjunto proporcionaron una evaluación de los problemas subyacentes que produjeron la deuda ni ofrecieron una vía para salir de la dependencia de la deuda.

En efecto, si este es el mejor planteamiento disponible, entonces los países en desarrollo necesitan una nueva teoría del desarrollo.

Una nueva teoría del desarrollo

Ya se entiende que la entrada de IED y la exportación de materias primas de bajo precio no incrementan por sí solas el producto interno bruto (PIB) de un país en desarrollo. De hecho, la IED, en una era de liberalización financiera y sin control de capitales, puede generar enormes problemas para un país pobre, ya que el dinero puede desestabilizar la economía. Esto último requiere inversiones a largo plazo en lugar de transacciones de capital especulativo.

Una investigación de Global South Insights (GSI) y el Instituto Tricontinental de Investigación Social muestra que no es la IED la que incrementa el PIB a largo plazo, sino que existe una alta correlación entre el aumento de la inversión neta en capital fijo y el crecimiento del PIB (la inversión neta en capital fijo es el aumento del gasto en capital fijo por encima de la depreciación). En otras palabras, si un país invierte para aumentar su capital fijo, experimentará un aumento secular en su tasa de crecimiento. Esta es la razón por la que países como China, Vietnam, India e Indonesia han mantenido altas tasas de crecimiento en un período en el que la mayoría de los países (por ejemplo, los del Norte Global) han tenido tasas de crecimiento bajas o negativas (en particular, considerando el aumento de la inflación). Incluso el Banco Mundial coincide en que la salida de la «trampa del ingreso medio» pasa por aumentar la inversión, incorporar tecnologías extranjeras e innovar en tecnologías internamente (lo que denominan el «método 3i»). El eje central del proyecto debe ser un aumento de la inversión neta en capital fijo.

Nuestra investigación muestra que, a medida que crece el PIB, también aumenta la esperanza de vida. Hay muchos elementos que requieren investigación: por ejemplo, si la calidad del crecimiento del PIB mejora (más industria, mejor gasto social), ¿qué impacto tiene esto en los resultados sociales? Hablar de la calidad del PIB implica plantear cuestiones de asignación de la riqueza social a sectores específicos, lo que pone de relieve la importancia de una planificación económica sólida y una política fiscal adecuada, motivada no por el pago a los tenedores de bonos extranjeros, sino por la creación de capital fijo neto en un país a largo plazo.

Pero ¿cómo se consigue la financiación necesaria tanto para el servicio de la deuda como para la creación de capital? No es imposible, ya que la mayoría de los países en desarrollo son ricos en recursos y solo necesitan desarrollar la capacidad para gestionarlos. Las respuestas podrían encontrarse menos en las leyes de la economía que en las desiguales relaciones de poder en el mundo. Con la inestabilidad del orden global, ahora podría existir la oportunidad de crear nuevas estrategias financieras para el desarrollo.

La base de una conversación sobre la teoría del desarrollo no debería ser cómo sostener una economía en una espiral de deuda permanente que conduce a la desindustrialización y la desesperación. Debería, en cambio, centrarse en cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social. Es esta perspectiva la que nos motiva a iniciar una nueva conversación, no sobre la necesidad de esta o aquella política económica para salvar una situación difícil, sino sobre una nueva teoría del desarrollo en su conjunto."               

( Vijay Prashad , Rebelión, 18/04/25, fuente peoples dispach)

29.3.25

¿Podemos salir de un mundo de deuda? En las últimas dos décadas, la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023). Es importante entender que este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de los ingresos por exportaciones de los países en desarrollo... los países del Sur Global se limitan a vender sus bienes y servicios para pagar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el colapso de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de COVID-19 y la inflación debida a la guerra de Ucrania... La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, listo para devorar el cadáver de nuestras sociedades... Atrapados en la red de deuda-austeridad-bajo crecimiento-endeudamiento externo-deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en favor de la supervivencia a corto plazo... debería tratarse de cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social (Vijay Prashad)

 "En las últimas dos décadas, la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023). Es importante entender que este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de los ingresos por exportaciones de los países en desarrollo. Esto significa que casi cada dólar ganado por la exportación de bienes y servicios es un dólar adeudado a un banco extranjero o a un tenedor de bonos. Por lo tanto, los países del Sur Global se limitan a vender sus bienes y servicios para pagar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el colapso de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de COVID-19 y la inflación debida a la guerra de Ucrania. La mitad de la población mundial (3300 millones) vive en países que destinan una mayor parte de su presupuesto a pagar los intereses de la deuda que a financiar la educación o los servicios sanitarios. En el continente africano, de los cincuenta y cuatro países, treinta y cuatro gastan más en el servicio de la deuda que en la sanidad pública. La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, listo para devorar el cadáver de nuestras sociedades.

¿Por qué están endeudados los países? La mayoría de los países están endeudados por varias razones:

  • Cuando obtuvieron la independencia hace aproximadamente un siglo, sus antiguos gobernantes coloniales los dejaron empobrecidos.
  • Pidieron dinero prestado a sus antiguos gobernantes coloniales a tipos de interés elevados para proyectos de desarrollo, lo que hizo imposible el reembolso, ya que los fondos se utilizaron para proyectos públicos como puentes, escuelas y hospitales.
  • Las desiguales condiciones comerciales (exportación de materias primas a bajo precio para importar productos acabados a alto precio) agravaron aún más su débil situación financiera.
  • Las políticas despiadadas de las organizaciones multilaterales (como el Fondo Monetario Internacional, FMI) obligaron a estos países a recortar el gasto público nacional tanto para consumo como para inversión y, en su lugar, pagar la deuda externa. Esto puso en marcha un ciclo de bajas tasas de crecimiento, empobrecimiento y endeudamiento.

Atrapados en la red de deuda-austeridad-bajo crecimiento-endeudamiento externo-deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en favor de la supervivencia a corto plazo. La agenda de la que disponían para hacer frente a esta trampa de la deuda estaba totalmente motivada por la conveniencia del reembolso y no del desarrollo. Por lo general, se promovieron los siguientes métodos en lugar de una teoría del desarrollo:

  1. Alivio y reestructuración de la deuda. Buscar una reducción de la carga de la deuda y una gestión más sostenible de los pagos de la deuda a largo plazo.
  2. Un llamamiento a la inversión extranjera directa (IED) y un intento de impulsar las exportaciones. Aumentar la capacidad de los países para obtener ingresos para pagar esta deuda, pero sin ningún cambio real en la capacidad productiva del país.
  3. Recortes en el gasto público, en gran medida una merma del gasto social. Cambiar el panorama fiscal para que un país pueda utilizar más de su riqueza social para pagar a sus tenedores de bonos extranjeros y ganarse la «confianza» en el mercado internacional, pero a expensas de la vida y el bienestar de sus ciudadanos.
  4. Reformas fiscales que beneficien a los ricos y reformas del mercado laboral que perjudiquen a los trabajadores. Recortes de impuestos para animar a los ricos a invertir en su sociedad, lo que ocurre muy pocas veces, y un cambio en las leyes sindicales para permitir una mayor explotación de la mano de obra a fin de aumentar el capital para la inversión.
  5. Reforma institucional para garantizar una menor corrupción mediante un mayor control internacional de los sistemas financieros. Abrir el proceso presupuestario de un país a la gestión internacional (a través del FMI) y permitir que economistas extranjeros controlen la toma de decisiones fiscales.

Cada uno de estos enfoques por separado y todos ellos juntos no proporcionaron ninguna evaluación de los problemas subyacentes que produjeron la deuda, ni ofrecieron una vía para salir de la dependencia de la deuda.

Efectivamente, si este es el mejor enfoque disponible, entonces los países en desarrollo necesitan una nueva teoría del desarrollo.

Una nueva teoría del desarrollo

A estas alturas se entiende que la entrada de IED y la exportación de productos básicos a bajo precio no aumentan por sí solas el producto interior bruto (PIB) de un país en desarrollo. De hecho, la IED, en una época de liberalización financiera y sin control de capitales, puede crear enormes problemas para un país pobre, ya que el dinero puede desestabilizar la economía. Esto último requiere inversiones a largo plazo en lugar de transacciones de dinero especulativo.

La investigación de Global South Insights (GSI) y Tricontinental: Instituto de Investigación Social muestra que no es la IED la que aumenta el PIB a largo plazo, sino que existe una alta correlación entre el aumento de la inversión neta de capital fijo y el crecimiento del PIB (la inversión neta de capital fijo es el aumento del gasto en capital social por encima de la depreciación). En otras palabras, si un país invierte dinero para aumentar su capital social, verá un aumento secular en su tasa de crecimiento. Esa es la razón por la que países como China, Vietnam, India e Indonesia han mantenido altas tasas de crecimiento en un período en el que la mayoría de los países (por ejemplo, en el Norte Global) han tenido tasas de crecimiento bajas o negativas (sobre todo si se tiene en cuenta el aumento de la inflación). Incluso el Banco Mundial está de acuerdo en que la salida de la «trampa del ingreso medio» consiste en aumentar la inversión, introducir tecnologías del extranjero e innovar internamente en materia de tecnología (lo llaman el «método 3i»). En el centro del proyecto debe haber un aumento de la inversión neta de capital fijo.

Nuestra investigación muestra que a medida que el PIB crece, la esperanza de vida también aumenta. Hay muchos elementos que requieren investigación: por ejemplo, si la calidad del crecimiento del PIB mejora (más industria, mejor gasto social), ¿qué efecto tiene esto en los resultados sociales? Hablar de la calidad del PIB es plantear cuestiones de asignación de la riqueza social a sectores específicos, lo que pone de manifiesto la importancia tanto de una planificación económica sólida como de una política fiscal adecuada que no esté motivada por el pago a los tenedores de bonos extranjeros, sino por la construcción del capital fijo neto en un país a largo plazo.

Pero, ¿cómo se consigue la financiación necesaria para pagar las deudas y crear capital social? No es imposible, ya que la mayoría de los países en desarrollo son ricos en recursos y solo necesitan desarrollar la capacidad para gestionarlos. Las respuestas podrían encontrarse menos en las leyes de la economía que en las relaciones desiguales de poder en el mundo. Con la agitación del orden mundial, ahora podría haber una oportunidad para crear nuevas estrategias financieras para el desarrollo.

La base de una conversación sobre la teoría del desarrollo no debería ser cómo sostener una economía en una espiral de deuda permanente que conduce a la desindustrialización y la desesperación. En su lugar, debería tratarse de cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social. Es esta idea la que nos motiva a iniciar una nueva conversación, no sobre la necesidad de esta o aquella política económica para salvar una mala situación, sino sobre una nueva teoría del desarrollo en su conjunto."                     (