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21.8.26

Otra caída en picado de la economía... la de los 'mileis' finlandeses: de abroncar al sur de Europa a tener más paro que España y casi más deuda que Portugal... La economía de Finlandia fue durante muchos años ese alumno aventajado al que toda Europa envidiaba y quería parecerse. Un fuerte crecimiento económico, empresas altamente competitivas, un mercado laboral que gozaba de pleno empleo, cuentas públicas equilibradas y una deuda muy baja en términos de PIB. Su posición de privilegio le permitió abroncar a los países del sur de Europa durante la crisis de deuda soberana del euro (2011-2013) exigiéndoles un mayor esfuerzo fiscal, más recortes y austeridad para equilibrar sus cuentas. Unos 15 años después, alguno de esos países del sur podría hoy dar lecciones o abroncar a la propia Finlandia... el 25% de los finlandeses de entre 15 y 24 años que actualmente están desempleados... La cadena de tiendas de descuento Puuilo recibió 21.000 candidaturas para apenas 400 puestos, incluidas solicitudes de personas con doctorados... Suecia también presenta algunos problemas que se le parecen y que están generando un intenso debate en el país... para reducir la deuda nacional, las autoridades han recortado las prestaciones sociales, pero estas medidas podrían enfriar todavía más la economía... A comienzos de este año, Finlandia quedó sometida al procedimiento de déficit excesivo de la Unión Europea y ahora necesita reducir sus niveles de deuda antes de 2028 o se arriesga a recibir multas, sufrir la suspensión de fondos europeos y afrontar exigencias de Bruselas para aplicar una política fiscal todavía más restrictiva. La deuda pública de Finlandia roza ya el 90% del PIB, rozando los niveles de Portugal (El Economista)

"La economía de Finlandia fue durante muchos años ese alumno aventajado al que toda Europa envidiaba y quería parecerse. Un fuerte crecimiento económico, empresas altamente competitivas, un mercado laboral que gozaba de pleno empleo, cuentas públicas equilibradas y una deuda muy baja en términos de PIB. Su posición de privilegio le permitió abroncar a los países del sur de Europa durante la crisis de deuda soberana del euro (2011-2013) exigiéndoles un mayor esfuerzo fiscal, más recortes y austeridad para equilibrar sus cuentas. Unos 15 años después, alguno de esos países del sur podría hoy dar lecciones o abroncar a la propia Finlandia.

Algunos dirán que la venganza se sirve en plato frío y esto es lo que podría hacer hoy el sur de Europa. Durante la crisis de deuda soberana de la eurozona de 2012, Finlandia, liderada por la ministra de Finanzas Jutta Urpilainen y el primer ministro Jyrki Katainen, mostraron una postura un tanto intransigente demandando a los países del sur una estricta disciplina fiscal, oponiéndose a los rescates incondicionales y obligando a las naciones deudoras del sur de Europa, como Grecia y España, a proporcionar garantías sólidas (como activos estatales o avales) a cambio de fondos de rescate. Además, Finlandia quiso impedir que el Banco Central Europeo comprase deuda de estos países.

Más paro que España

Hoy, Finlandia tiene más paro que España y va en camino de superar los niveles de deuda pública. Si la comparación se hace con Portugal los datos aún son más 'espectaculares'. La tasa de paro de Portugal está por debajo del 6%, mientras que en Finlandia supera el 10%. Por el lado de la deuda pública, Portugal y Finlandia ya presentan ratios parejos del 89% sobre el PIB. España, con un 100% de deuda sobre PIB sigue presentando un ratio peor, pero poco, los malos datos de Finlandia están acercando al país nórdico a España términos de deuda sobre PIB.

Pero más allá de los fríos datos y de la narrativa cuantitativa merece la pena analizar algunas historias que pueden resultar familiares para los ciudadanos y trabajadores del sur de Europa. Tal y como narra la agencia financiera Bloomberg, hace cuatro años, los profesores de Venla Malinen aseguraron a esta estudiante que había tomado la decisión correcta al estudiar Arquitectura de la Construcción en la ciudad finlandesa de Kuopio. Cuando se incorporara al mercado laboral, le dijeron, habría más oportunidades de las que ella y sus compañeros podrían abarcar. Pero ahora que ya tiene el título, esta joven de 24 años pasa los días actualizando su currículum, haciendo crucigramas y limpiando.

"Lo más difícil es la incertidumbre", explica Malinen, que terminó sus estudios en mayo y pasó directamente al desempleo. "No sabes cuándo terminará esto ni qué se supone que debes hacer después". Con la economía y las finanzas públicas de este país nórdico en una situación muy delicada, sus perspectivas no son precisamente buenas. Aunque esta esta una historia y una situación particular de Finlandia, Suecia también presenta algunos problemas que se le parecen y que están generando un intenso debate en el país.

En los últimos años, los elevados tipos de interés y la debilidad de la confianza de los consumidores han paralizado el mercado inmobiliario finlandés, lo que a su vez ha frenado la construcción y las contrataciones en estudios de arquitectura, consultoras de ingeniería y empresas constructoras. Arquitectos experimentados y recién graduados compiten ahora por los mismos puestos de trabajo. Cuando Malinen recibe alguna respuesta de posibles empleadores, todos le transmiten el mismo mensaje, es decir, que no hay trabajo disponible, ni siquiera en la región de Helsinki, donde vive actualmente.

Y la competencia no se limita a los empleos para titulados universitarios. La cadena de comida rápida Hesburger recibió casi 27.000 solicitudes para cubrir 1.200 puestos de temporada, prácticamente el doble que un año antes. La cadena de tiendas de descuento Puuilo recibió 21.000 candidaturas para apenas 400 puestos, incluidas solicitudes de personas con doctorados, aseguran desde Bloomberg.

El paro juvenil en Finlandia

Malinen forma parte del 25% de los finlandeses de entre 15 y 24 años que actualmente están desempleados, según Eurostat. Para este grupo, el paro no solo es frecuente, sino que además resulta cada vez más duradero: el número de menores de 25 años que llevan más de un año sin trabajar se ha más que duplicado entre 2008 y finales del año pasado. Si se tienen en cuenta todas las edades, Finlandia presenta la tasa de desempleo más elevada de la Unión Europea, superior al 10%.

La economía finlandesa, que apenas ha crecido desde la crisis financiera, se encuentra en una posición que desde Bloomberg tildan de "precaria". Mientras la deuda pública ha aumentado de forma constante desde 2009 (destinándose en gran medida a pensiones, sanidad, educación y prestaciones sociales), el sector privado ha tenido dificultades, lo que se ha traducido en un empleo débil y una baja recaudación fiscal. Esto ha atrapado al Gobierno en una especie de espiral o bucle casi infinito en el que se busca reducir la deuda recortando gasto, pero los pagos por desempleo y otras ayudas sociales no paran de crecer ante el constante deterioro de la economía. Aun así, para reducir la deuda nacional, las autoridades han recortado las prestaciones sociales, pero los economistas consultados por Bloomberg advierten de que estas medidas podrían enfriar todavía más la economía.

El problema no es nuevo, pero el tiempo para solucionarlo se está agotando. A comienzos de este año, Finlandia quedó sometida al procedimiento de déficit excesivo de la Unión Europea y ahora necesita reducir sus niveles de deuda antes de 2028 o se arriesga a recibir multas, sufrir la suspensión de fondos europeos y afrontar exigencias de Bruselas para aplicar una política fiscal todavía más restrictiva. La deuda pública de Finlandia roza ya el 90% del PIB, rozando los niveles de Portugal.

La presión política también está aumentando. Aunque los finlandeses apoyan en términos generales los esfuerzos para sanear las finanzas públicas, las encuestas muestran un creciente descontento con la forma en que se han aplicado los recortes. Según un sondeo de abril encargado por el Finnish Business and Policy Forum, el 52% de los encuestados considera que las personas dependientes de prestaciones sociales se han visto afectadas de manera desproporcionada. A medida que la red de protección social pierde fortaleza, aumenta la preocupación por que el país se divida cada vez más entre quienes tienen recursos y quienes carecen de ellos.

La caída de Nokia

Para Roope Uusitalo, profesor de Economía de la Universidad de Helsinki y expresidente del Consejo de Política Económica de Finlandia, las raíces de los problemas del país se remontan aproximadamente a 2010. Fue entonces cuando dos de los grandes motores de crecimiento de Finlandia comenzaron a derrumbarse prácticamente al mismo tiempo. Nokia, que alrededor del cambio de milenio representaba aproximadamente el 4% del PIB finlandés y casi una cuarta parte de la recaudación del impuesto de sociedades, perdió su posición dominante después de que Apple revolucionara el mercado de los teléfonos inteligentes. Al mismo tiempo, la industria papelera finlandesa, durante décadas uno de los pilares de la economía exportadora del país, entró en un prolongado declive a medida que la digitalización reducía drásticamente la demanda de papel de periódico.

Mientras tanto, la población en edad de trabajar comenzó a reducirse a medida que la generación de la posguerra se jubilaba. El país no ha conseguido atraer suficientes inmigrantes para compensar esas pérdidas. "Cuando el PIB lo producen los trabajadores, tener menos trabajadores es un problema importante", afirma Uusitalo.

Finlandia se encontró de repente recaudando menos impuestos al tiempo que aumentaba su gasto en pensiones y sanidad, cuyos costes crecen año tras año. Las finanzas públicas entraron así en números rojos, situación en la que han permanecido durante 17 años consecutivos. La productividad, que durante los años dorados de Nokia llegó a crecer a ritmos de dos dígitos, se estancó durante más de una década.

La pandemia no hizo más que agravar estos problemas. Finlandia se endeudó fuertemente para proteger a empresas y puestos de trabajo y continuó haciéndolo incluso después de que hubiera pasado la peor fase de la crisis sanitaria. Posteriormente, la invasión rusa de Ucrania acabó con buena parte del comercio y el turismo con la vecina Rusia y obligó a incrementar drásticamente el gasto en defensa. El coste anual de pagar los intereses de la deuda pública superó los 3.000 millones de euros. Y Finlandia nunca consiguió sustituir las industrias que había perdido.

En 2023, el Gobierno de coalición del primer ministro Petteri Orpo respondió con uno de los mayores paquetes de recortes del Estado del bienestar y reformas del mercado laboral de las últimas décadas. El Ejecutivo argumentó que Finlandia necesitaba reforzar los incentivos para trabajar y generar ahorros permanentes que frenaran el crecimiento de la deuda. También redujo el impuesto sobre la renta para estimular la economía.

Los resultados inmediatos quedaron por debajo de los objetivos. A finales del año pasado, el ahorro acumulado de los hogares finlandeses superaba los 115.000 millones de euros, un máximo histórico, señal de que los ciudadanos seguían siendo reacios a gastar. Desde entonces, el desempleo ha aumentado ligeramente.

Para Uusitalo, no fue ninguna sorpresa. "Las expectativas de una mayor austeridad incrementan la incertidumbre", explica sobre la relación entre los recortes del gasto y las contrataciones. "Los hogares se vuelven más prudentes, el consumo se debilita y las empresas se enfrentan a una menor demanda".

El gasto público tendrá que reducirse tarde o temprano, sostiene, pero dado que este ajuste puede generar efectos contraproducentes, existe un límite a la eficacia que puede alcanzar el endurecimiento fiscal. "No hay una solución fácil", sentencia. En la iglesia de Hakunila, situada en un suburbio multicultural al este de Helsinki, las diáconas Liisa Juusela y Heli Leskinen organizan semanalmente un encuentro para personas mayores y otros residentes en riesgo de aislamiento social.

Más de uno de cada diez habitantes del barrio recibe la prestación social de último recurso de Finlandia, que proporciona a los adultos que viven solos 578 euros mensuales para gastos no relacionados con la vivienda, según datos a los que ha tenido acceso la agencia Bloomberg. Cuando ese dinero se acaba o aparece una factura inesperada, las personas recurren a la iglesia y a organizaciones benéficas para solicitar ayudas económicas de emergencia, vales para alimentos y asistencia práctica.

Algunos de los beneficiarios son pensionistas con dificultades para pagar facturas hospitalarias. Otros son adultos desempleados, familias trabajadoras endeudadas o estudiantes que intentan desenvolverse dentro del sistema de bienestar social. Algunos hogares intentan sobrevivir con poco más de 200 euros mensuales para alimentación y gastos cotidianos.

"Nadie decide que quiere vivir de las prestaciones sociales o convertirse en un pensionista con bajos ingresos", afirma Juusela. "La gente acaba en esas situaciones por una enfermedad, una discapacidad, una ruptura familiar o simplemente porque la vida da un giro inesperado".

Los recortes de las ayudas a la vivienda durante los dos últimos años también han dificultado que muchas personas puedan pagar el alquiler. Se trata de un cambio radical para un país al que, hace menos de dos décadas, se atribuía haber prácticamente erradicado el sinhogarismo de larga duración. Partiendo de la idea de que disponer de un hogar estable resulta fundamental para solucionar otros problemas, Finlandia simplemente proporcionaba viviendas de alquiler propias a las personas sin hogar, sin exigirles ninguna contraprestación. En los 15 años posteriores a la implantación del programa, la tasa de sinhogarismo se redujo aproximadamente a la mitad.

Pero esa cifra comenzó a aumentar de nuevo en 2025, después de los recortes de las ayudas a la vivienda. El número de personas sin hogar se disparó casi un tercio respecto al año anterior, mientras que el número de personas que solicitaron ayuda a las iglesias aumentó un 40%, según la principal organización religiosa del país, la Iglesia Evangélica Luterana de Finlandia. El número de personas cuyos pagos de deuda están siendo ejecutados por el Estado también superó por primera vez las 600.000 el año pasado.

Finlandia todavía tiene trabajo por delante para cumplir el objetivo de déficit de la UE antes de finales de 2028, y se prevé que su deuda continúe aumentando hasta acercarse al 100% del PIB en 2030. Sin embargo, el año pasado prácticamente todos los partidos parlamentarios respaldaron un "freno a la deuda", que obligará a los futuros gobiernos a limitar el gasto público independientemente de quién esté en el poder.

"Es la primera vez que existe un amplio consenso político sobre que la trayectoria de la deuda finlandesa no puede continuar indefinidamente", sostiene Uusitalo. La iniciativa ha sido bien recibida por el Banco de Finlandia, las agencias internacionales de calificación crediticia y los inversores.

A corto plazo, la ministra de Finanzas, Riikka Purra, asegura que su partido, socio minoritario de la coalición, quiere reducir el déficit continuando con los recortes del gasto público. Dada la magnitud de la deuda del país, sostiene que prácticamente ningún ámbito puede quedar excluido. Purra se opone a elevar los impuestos sobre el trabajo o las empresas, argumentando que los niveles impositivos ya son elevados.

Recortar de donde no se puede

Purra sostiene que al Gobierno apenas le quedan alternativas. "Es difícil recortar las prestaciones de las personas con rentas altas porque no las reciben", afirma en una entrevista. Después de años de débil crecimiento, también comienzan a aparecer tímidas señales de estabilización en la economía finlandesa. Los datos revisados mostraron que el PIB creció un 0,8% en 2025, mientras que el banco central del país espera que la recuperación continúe con un crecimiento del 0,7% este año, respaldado por unas exportaciones y una inversión más fuertes y por una recuperación gradual del consumo. Los hogares también comienzan a mostrarse más optimistas: la confianza de los consumidores subió en junio hasta su nivel más elevado en más de cuatro años.

Sin embargo, el cambio de tendencia avanza lentamente y los finlandeses siguen siendo profundamente pesimistas sobre la trayectoria general del país. Casi siete de cada diez creen que Finlandia avanza en la dirección equivocada, según la encuesta del Finnish Business and Policy Forum, mientras que el 64% considera que la consolidación fiscal debe continuar durante la actual legislatura. El descontento es especialmente intenso respecto al desempleo, y la mayoría de los encuestados considera que los dirigentes políticos no están haciendo lo suficiente para crear puestos de trabajo."

(El Economista, 17/08/26) 

20.8.26

Finlandia, a menudo considerada el país más feliz del mundo, ahora tiene la tasa de desempleo más alta de Europa, cuando para 2022 el país iba camino de alcanzar una tasa de desempleo récord. la demanda de ayuda alimentaria se ha disparado en más del 70%, y la falta de vivienda, que había estado disminuyendo durante más de diez años, ha aumentado un 34% en tan solo dos años... La velocidad del colapso ha sido asombrosa... Las condiciones son tan precarias que casi el 20% de la población finlandesa se considera ahora en riesgo de pobreza. Finlandia, otrora considerada un referente de bienestar, gobernanza competente y un estado de bienestar sólido, se está desmoronando a una velocidad vertiginosa. ¿Qué ha fallado tan rápido? En tres palabras: OTAN, austeridad y rusofobia... Finlandia está recortando su estado social hasta los huesos para cumplir con el objetivo de gasto militar del 5% del PIB de la OTAN, tras cortar sus económicamente valiosos vínculos con Rusia y militarizara su frontera... Rusia representaba alrededor del 92% de las importaciones de gas de Finlandia... ahora tiene los precios de gas más altos de Europa... El gobierno finlandés está ahora muy avanzado en su programa de recortar 9.000 millones de euros en gasto público para 2027, incluyendo grandes reducciones en la seguridad social (incluidas las prestaciones de vivienda, infantiles y por desempleo), atención sanitaria, educación y presupuestos de financiación municipal, al tiempo que aumenta los impuestos a los asalariados medios... Finlandia ha pasado efectivamente la guadaña por todo lo que la convertía, a los ojos de muchos, en la envidia del mundo. El país ha destrozado el modelo que proporcionaba un nivel de vida tan alto, un modelo que incluía la neutralidad y las buenas relaciones con Rusia... el país ha promulgado un programa de ajuste estructural autoimpuesto para pagar la pertenencia a una alianza militar que no necesitaba, y esa pertenencia ha creado un enemigo que no existía, un enemigo que resulta ser una superpotencia nuclear con la que comparte una enorme frontera. El precio los finlandeses comunes lo pagarán durante mucho tiempo (Nate Bear)

"Cómo Finlandia se destruyó a sí misma por la OTAN

Finlandia, a menudo conocido como el país más feliz del mundo, tiene ahora la tasa de desempleo más alta de Europa, la demanda de ayuda alimentaria se ha disparado más de un 70%, y la falta de vivienda, que había estado disminuyendo durante más de diez años, ha aumentado un 34% en solo dos años. Las condiciones en el país son tan malas que casi el 20% de la población de Finlandia se considera ahora en riesgo de pobreza.

Considerado en su día el estandarte de la buena vida, de la gobernanza competente y de un fuerte estado social, Finlandia se está desmoronando a velocidad de vértigo. ¿Qué ha salido tan mal tan rápido?

En tres palabras, OTAN, austeridad y rusofobia.

Todo está relacionado. Finlandia está recortando su estado social hasta los huesos para cumplir con el objetivo de gasto militar del 5% del PIB de la OTAN, un objetivo que se volvió necesario después de que el país abandonara la neutralidad y cambiara el estado de bienestar por el estado de guerra tras la invasión rusa de Ucrania.

La velocidad del colapso ha sido asombrosa.

En 2019, la tasa de riesgo de pobreza era del 11% y para 2022 el país iba camino de alcanzar una tasa de desempleo récord.

Todo cambió después de la invasión rusa de Ucrania y la reacción histérica del país ante una amenaza imaginaria. No es solo mi opinión. Varios académicos finlandeses, entre ellos Heikki Patomäki, profesor de política mundial en la Universidad de Helsinki, han afirmado que las condiciones simplemente no justificaban que Finlandia se uniera a la OTAN, cortara sus económicamente valiosos vínculos con Rusia y militarizara su frontera.

Los hechos respaldan esto.

En el momento de su invasión de Ucrania, Rusia tenía solo un par de miles de soldados dispersos en varias bases a lo largo de su frontera de 1.340 km con Finlandia. Las bases albergaban unas pocas baterías de defensa antimisiles y unas pocas docenas de tanques. Muchos de los soldados y gran parte del equipo fueron posteriormente desplegados en Ucrania, dejando las bases vacías. Obviamente no había amenaza de invasión, y Putin enfatizó esto en mayo de 2022 en una llamada telefónica con el entonces presidente finlandés Sauli Niinistö.

Pero para entonces, la rusofobia y la histeria por la membresía en la OTAN habían comenzado a cobrar vida propia. Sanna Marin, la joven primera ministra finlandesa de aquel entonces y favorita de los medios liberales, fue una vendedora particularmente eficaz. A pesar de afirmar en los días posteriores a la invasión rusa que no había amenaza, su tono se volvió decididamente más belicista en los meses siguientes. Dijo que Rusia "representa una amenaza para todos nosotros" y comenzó a hablar como una líder en tiempos de guerra, afirmando en septiembre de 2022 que "Rusia puede desafiar a Finlandia, chantajearnos y amenazarnos, pero no nos rendiremos". Téngase en cuenta que Rusia en ese momento tenía prácticamente cero tropas y equipo en su frontera occidental con Finlandia. La amenaza rusa que invocaba era completamente imaginaria, una alucinación.

Sin embargo, en abril de 2023, Finlandia se unió a la OTAN, solo unos días después de que Marin fuera derrotada por la derecha y la extrema derecha en unas elecciones donde la opción política sobre Rusia era uniforme, con los conservadores, los etnonacionalistas y los socialdemócratas de Marin cantando todos la misma canción.

Después de su derrota, Marin se fue a trabajar para Tony Blair, mientras que el nuevo gobierno conservador-nacionalista se dispuso a diezmar el estado de bienestar finlandés para pagar el privilegio de ser miembro de la OTAN.

El gobierno finlandés está ahora muy avanzado en su programa de recortar 9.000 millones de euros en gasto público para 2027, incluyendo grandes reducciones en la seguridad social (incluidas las prestaciones de vivienda, infantiles y por desempleo), atención sanitaria, educación y presupuestos de financiación municipal, al tiempo que aumenta los impuestos a los asalariados medios. Los recortes en la prestación de atención sanitaria han sido particularmente duros, incluida una gran reducción en el personal hospitalario, la atención a ancianos y los servicios para discapacitados, mientras se redefinen las "obligaciones mínimas de servicio" para justificar la provisión de atención de menor calidad a los pacientes. El gobierno también ha recortado la financiación de organizaciones que trabajan en pro de la paz y en iniciativas que abordarían las nuevas relaciones de estilo guerra fría con Rusia.

Además, el nuevo gobierno cerró por completo todos los cruces fronterizos con Rusia que los socialdemócratas de Marin habían cerrado parcialmente, y comenzó a construir grandes secciones de una valla fronteriza, vigilada con tropas, cámaras de visión nocturna y detectores de movimiento.

Y aunque todo el país está sufriendo ahora como resultado de la paranoia belicista que ha atrapado a los líderes finlandeses, sus ciudades fronterizas han recibido un golpe particular.

Antes de la guerra, los rusos cruzaban rutinariamente para ir de compras, comer, alojarse en hoteles y visitar propiedades vacacionales que poseían en los pueblos y ciudades a lo largo de la frontera. Todo eso ha desaparecido. Una estimación citada en un estudio finlandés reciente sitúa la pérdida del turismo ruso en la región fronteriza de Carelia del Sur en hasta 1 millón de euros al día. El desempleo en algunas regiones fronterizas se acerca ahora al 20%.

La frontera también solía ser una importante puerta de entrada comercial entre la UE y Rusia, pero su cierre eliminó gran parte del negocio de transporte de mercancías por carretera y tránsito. La OCDE afirma que el este de Finlandia ha pasado de ser una "puerta de entrada económica" a una "barrera de seguridad", una transformación que, por supuesto, elogia en lugar de lamentar, afirmando que enfrentarse a Rusia es importante no solo para Finlandia sino para Europa en su conjunto.

Luego están los productos básicos como el gas y la madera.

En 2021, Rusia representaba alrededor del 92% de las importaciones de gas de Finlandia. Finlandia ha reemplazado todo eso con una combinación de fuentes, incluido GNL mucho más caro de Estados Unidos, lo que significa que Finlandia, que tenía algunos de los precios de gas más bajos de Europa, ahora tiene los precios de gas más altos de Europa.

En cuanto a la madera, en 2021, el 70% de las importaciones de madera de Finlandia provenían de Rusia, y esta madera suministraba aproximadamente el 10% de toda la madera en bruto utilizada por la industria finlandesa. Las fábricas de pasta de papel en Finlandia quebraron posteriormente y la industria enfrentó escasez que persiste hasta hoy después de que la UE, con el apoyo de Finlandia, prohibiera a los países comprar madera a Rusia.

Las decisiones de Finlandia, tanto de forma independiente como colectiva a través de la UE, han empobrecido a muchos millones de ciudadanos finlandeses. Sin embargo, al mismo tiempo que el país está recortando el estado social, está gastando más dinero que nunca, alrededor de 8.100 millones de dólares en 2025, en armas de guerra para combatir una amenaza que antes no existía. Una amenaza que Finlandia ha hecho real por su nueva militancia antirrusa en la OTAN, y Putin ha prometido responder al aumento de la construcción fronteriza de Finlandia.

Y entre los beneficiarios de una nueva Finlandia armada y agresiva se encuentran los traficantes de armas del complejo de genocidio y apartheid israelí, que en 2024 vendió a Finlandia su cuestionablemente funcional sistema de defensa aérea "David's Sling" por 316 millones de euros. Finlandia también ha comprado misiles para tanques y buques de la empresa israelí Rafael, que suministró la mayoría de las armas y equipos utilizados para cometer el genocidio en Gaza. El gobierno finlandés afirmó que el genocidio de Israel en Gaza no le impediría comprar armas al país, una postura que es habitual entre los líderes europeos moralmente quebrados.

Finlandia también está gastando 10.000 millones de euros en aviones de combate estadounidenses, y unos pocos miles de millones de euros en misiles y bombas planeadoras para disparar desde esos aviones, además de dar a Ucrania 2.300 millones de euros en ayuda militar directa durante tres años.

Todo es absolutamente descabellado, pero completamente previsible dada la rusofobia que impregna todos los pasillos del poder europeos y se ha incrustado en el continente.

Finlandia ha pasado efectivamente la guadaña por todo lo que la convertía, a los ojos de muchos, en la envidia del mundo. El país ha destrozado el modelo que proporcionaba un nivel de vida tan alto, un modelo que incluía la neutralidad y las buenas relaciones con Rusia.

En cambio, el país ha promulgado un programa de ajuste estructural autoimpuesto para pagar la pertenencia a una alianza militar que no necesitaba, y esa pertenencia ha creado un enemigo que no existía, un enemigo que resulta ser una superpotencia nuclear con la que comparte una enorme frontera.

El precio ha sido, y seguirá siendo, alto, y es un precio que los finlandeses comunes pagarán durante mucho tiempo.

Pero no es solo en Finlandia.

Estamos viendo, en toda Europa, el vergonzoso reemplazo del estado de bienestar por el estado de guerra, mientras los mercaderes del genocidio y la muerte se ríen camino al banco." 

(Nate Bear , Scheerpost, 19/08/26, traducción DeepSeek, enlaces en el original)

19.7.26

La trampa de financiarizar las pensiones... Las políticas europeas y las de los estados europeos individualmente, principalmente Italia, están privatizando los sistemas de pensiones, la sanidad y los servicios esenciales. La privatización significa financiarización. Todo aquello que ya no esté garantizado por el Estado debe estar cubierto por seguros privados, mediante la creación de fondos, pólizas, etc... Para que la financiarización funcione se requiere «mercados» financieros constantemente eufóricos, con rendimientos significativos, capaces de resistir la inflación... Pero, ¿son realmente capaces los mercados actuales de sustituir al estado del bienestar, a pesar de todas sus limitaciones? Existe una burbuja gigantesca construida sobre la inteligencia artificial y la tecnología, que requiere liquidez constante... se está obteniendo liquidez a través del ahorro mundial... pero las guerras en curso provocarán un aumento vertiginoso de los costes energéticos con graves consecuencias inflacionarias que conllevarán tipos de interés y costes de endeudamiento más elevados, lo que dificultará aún más la supervivencia de las empresas de IA, ya que sus beneficios serán inferiores a la deuda que deben pagar... además la crisis de la deuda estadounidense y la pérdida de credibilidad del dólar como moneda segura están eliminando elementos que históricamente se consideraban garantizados... Por lo tanto, depositar las pensiones, la atención médica y la educación en el mercado financiero, es una responsabilidad política por la que las clases dominantes deberían rendir cuentas (Alessandro Volpi)

"Las políticas europeas y las de los estados europeos individualmente, principalmente Italia, están privatizando los sistemas de pensiones, la sanidad y los servicios esenciales.

La privatización significa financiarización. Todo aquello que ya no esté garantizado por el Estado debe estar cubierto por seguros privados, mediante la creación de fondos, pólizas, etc.

Para que la financiarización funcione —además de las enormes desigualdades que genera— requiere «mercados» financieros constantemente eufóricos, con rendimientos significativos, capaces de resistir la inflación y minimizar las crisis.

Pero, ¿son realmente capaces los mercados actuales de sustituir al estado del bienestar, a pesar de todas sus limitaciones?

Para responder a esta pregunta, es necesario tener en cuenta algunos elementos.

1) Existe una burbuja gigantesca construida sobre la inteligencia artificial y la tecnología, que requiere liquidez constante y una enorme cantidad de energía. Se está obteniendo liquidez a través del ahorro mundial, que, sin embargo, se está viendo mermado debido a las dificultades de producción en gran parte del planeta. Ante todo, las grandes inversiones en empresas de IA deben generar beneficios en un plazo razonable, y la mayor limitación en este sentido es la evidente falta de energía. Los centros de datos consumen cantidades de energía que no son compatibles con las necesidades generales de las sociedades «occidentales».

2) Existe un marco geopolítico que ciertamente no es favorable a la estabilidad financiera. Las guerras en curso provocarán un aumento vertiginoso de los costes energéticos (el cierre de Ormuz y Bab el-Mandeb, la dependencia del GNL, las tensiones en torno a Suez y el estrecho de Malaca, las sanciones), con graves consecuencias inflacionarias que conllevarán tipos de interés y costes de endeudamiento más elevados, lo que dificultará aún más la supervivencia de las empresas de IA, ya que sus beneficios serán inferiores a la deuda que deben pagar.

3) La financiarización del rearme; la idea de que las finanzas se alimentan del gasto público en rearme choca con el estado crítico de la deuda pública, que se ve obligada por el aumento de los tipos de interés a destinar porciones cada vez mayores de sus presupuestos a este fin.

4) La crisis de la deuda estadounidense, que ha alcanzado dimensiones alarmantes, y la pérdida de credibilidad del dólar como moneda segura están eliminando del inventario de instrumentos financieros elementos que históricamente se consideraban garantizados.

Por lo tanto, considerar la posibilidad de depositar las pensiones, la atención médica y la educación en el mercado financiero, confiando en sus poderes milagrosos, parece realmente una responsabilidad política por la que las clases dominantes —y no solo las políticas— deberían rendir cuentas."

(Alessandro Volpi , El Viejo Topo, 19/07/26, Fuente: L´Antidiplomatico)

23.6.26

"Hay una razón por la que siete primeros ministros han fracasado. Anoche vi bastantes noticias. Se repetía que siete primeros ministros en 10 años es inaceptable. Se planteaban preguntas al respecto. Pero nadie, por lo que vi, mencionó lo obvio. Todos ellos eran o son neoliberales. Y la realidad es que el neoliberalismo ha fracasado. Claro que ningún primer ministro puede llevar adelante una idea fallida. Es imposible. Pero hasta que los medios de comunicación no lo reconozcan, no avanzaremos" (Richard Murphy

 "Hay una razón por la que siete primeros ministros han fracasado. Anoche vi bastantes noticias. Se repetía que siete primeros ministros en 10 años es inaceptable. Se planteaban preguntas al respecto. Pero nadie, por lo que vi, mencionó lo obvio. Todos ellos eran o son neoliberales. Y la realidad es que el neoliberalismo ha fracasado. Claro que ningún primer ministro puede llevar adelante una idea fallida. Es imposible. Pero hasta que los medios de comunicación no lo reconozcan, no avanzaremos."

 (Richard Murphy, blog, 23/06/26)

 

12.5.26

La demolición silenciosa del modelo social europeo... Para financiar el aumento del gasto militar es necesario recortar en sanidad, pensiones y protección social, nos dicen. Esa es la nueva doctrina imperante en Europa. Como telón de fondo: una próxima guerra. Alemania, Francia, Bélgica, marcan la pauta.”... La reforma del sistema de desempleo impulsada por el gobierno belga expresa el retroceso progresivo de los derechos sociales en beneficio de las prioridades militares, financieras y geoestratégicas... Durante años se repitió que no existían recursos suficientes para reforzar las pensiones públicas, mejorar la sanidad, proteger el desempleo o elevar los salarios... para hospitales, educación, pensiones o prestaciones por desempleo se exige disciplina presupuestaria y sacrificios sociales; para armamento, bases militares y contratos de defensa aparecen de forma inmediata miles de millones de euros... El mensaje político implícito es inequívoco: la seguridad militar pasa a situarse por encima de la seguridad social... los derechos sociales dejan de ser considerados una prioridad estratégica, mientras el rearme, la disciplina presupuestaria y la lógica de confrontación geopolítica pasan a ocupar el centro mismo del proyecto político europeo... Supone una gigantesca redistribución de recursos desde las mayorías sociales hacia sectores industriales y financieros estrechamente vinculados al complejo militar-industrial europeo y transatlántico. Los grandes beneficiarios de esta nueva orientación no son los trabajadores europeos, sino las empresas armamentísticas, los fondos de inversión y las estructuras estratégicas alineadas con la OTAN (Eduardo Luque)

“Las tres reformas

La reforma del sistema de desempleo impulsada por el gobierno belga no constituye un simple ajuste técnico del mercado laboral ni una medida coyuntural destinada a equilibrar las cuentas públicas. Representa, en realidad, uno de los símbolos más claros del profundo cambio ideológico que atraviesa hoy la Unión Europea. La limitación temporal de las prestaciones por desempleo —históricamente uno de los pilares más emblemáticos del modelo social belga— expresa la consolidación de una nueva lógica política en Europa: el retroceso progresivo de los derechos sociales en beneficio de las prioridades militares, financieras y geoestratégicas.

El ejecutivo belga, conocido popularmente como “Arizona” por la heterogeneidad de los cinco partidos que integran la coalición gubernamental, pretende ahorrar alrededor de 9.200 millones de euros durante los próximos años mediante una combinación de recortes sociales y endurecimiento de las políticas laborales. Entre las medidas más polémicas destaca la eliminación práctica del desempleo indefinido, una decisión que afectará especialmente a las personas migrantes y limitará las prestaciones a un máximo de dos años. A ello se suman controles mucho más estrictos sobre las personas desempleadas y sobre quienes se encuentran de baja médica por enfermedad.

Las organizaciones sindicales denuncian, además, la congelación de la indexación salarial tanto en el sector público como en el privado y la califican como un ataque directo contra el poder adquisitivo de los trabajadores. Mientras tanto, el empresariado recibe nuevas ventajas en nombre de la competitividad y de la estabilidad presupuestaria.

Todo ello ocurre al mismo tiempo que Bélgica acelera su rearme militar siguiendo la estrategia impulsada por la OTAN y por Washington en el marco de la confrontación con Rusia. El primer ministro, el nacionalista flamenco Bart De Wever, insiste en que no existe margen fiscal para sostener el actual nivel de gasto social. La lógica que se impone resulta transparente: para financiar el aumento del gasto militar es necesario recortar en sanidad, pensiones y protección social.

En este contexto, otra de las reformas centrales del gobierno consiste en penalizar con un 2 % cada año de jubilación anticipada, con el objetivo declarado de retrasar la edad efectiva de retiro y prolongar la vida laboral. Sin embargo, el impacto de esta medida recae de forma especialmente dura sobre las mujeres trabajadoras. La insuficiencia de guarderías públicas, residencias y servicios de cuidados obliga a muchas mujeres belgas a interrumpir o reducir sus carreras profesionales para asumir tareas de cuidados familiares, lo que posteriormente se traduce en pensiones más bajas y trayectorias laborales más precarias que las de sus compañeros varones.

Las movilizaciones sindicales contra estas reformas acumulan ya catorce meses consecutivos de protestas y huelgas, lo que refleja un creciente malestar social ante un programa político ampliamente percibido como un ataque frontal contra las bases históricas del Estado de bienestar belga.

Durante décadas, Bélgica fue presentada como uno de los ejemplos más sólidos del compromiso europeo con el Estado social. El derecho a prestaciones por desempleo sin límite temporal respondía a una concepción política muy concreta: el desempleo no era entendido como un fracaso moral individual, sino como una consecuencia estructural del propio funcionamiento del capitalismo. La sociedad asumía, por tanto, la responsabilidad colectiva de proteger a quienes quedaban excluidos temporalmente del mercado laboral.

La nueva reforma rompe radicalmente con esa filosofía histórica. El desempleado deja de ser considerado un ciudadano con derechos garantizados para convertirse en un coste económico que debe ser disciplinado, vigilado y reducido. La protección social deja paso a la llamada “activación”, un término tecnocrático que, en la práctica, significa aumentar la presión sobre los trabajadores para que acepten empleos cada vez más precarios, peor remunerados e inestables.

La nueva orientación política de la Unión Europea

La reforma belga no puede interpretarse como un fenómeno aislado. Bélgica sigue una tendencia general dentro de la Unión Europea, impulsada por sectores cada vez más conservadores, neoliberales y ultraderechistas que han ganado peso en las instituciones comunitarias y en numerosos gobiernos nacionales.

En nombre de la “responsabilidad fiscal”, la “competitividad” y la “seguridad”, la Unión Europea promueve una transformación profunda del modelo social construido tras la Segunda Guerra Mundial. El antiguo pacto social europeo, basado en servicios públicos relativamente sólidos, protección laboral y amplios derechos sociales, está siendo erosionado de manera progresiva.

La paradoja resulta evidente. Durante años se repitió que no existían recursos suficientes para reforzar las pensiones públicas, mejorar la sanidad, proteger el desempleo o elevar los salarios. Sin embargo, cuando se trata de incrementar el gasto militar, financiar la industria armamentística o cumplir los nuevos objetivos estratégicos de la OTAN, las restricciones presupuestarias desaparecen con sorprendente rapidez.

La guerra en Ucrania ha funcionado como acelerador político de este proceso. Bajo el discurso de la “amenaza existencial” y de la “economía de guerra”, numerosos gobiernos europeos utilizan el conflicto como justificación para imponer prioridades presupuestarias que hace apenas unos años habrían generado un rechazo social masivo.

Del Estado social a la economía de guerra

Europa entra en una fase de rearme acelerado y de reconfiguración estratégica. Alemania anuncia fondos militares históricos, Francia incrementa de forma sostenida su presupuesto de defensa y la Comisión Europea impulsa programas de producción armamentística junto con mecanismos de flexibilización fiscal destinados específicamente al gasto militar. Paralelamente, continúan las políticas de austeridad y de contención sobre el gasto social.

La contradicción resulta difícil de ocultar: para hospitales, educación, pensiones o prestaciones por desempleo se exige disciplina presupuestaria y sacrificios sociales; para armamento, bases militares y contratos de defensa aparecen de forma inmediata miles de millones de euros.

El mensaje político implícito es inequívoco: la seguridad militar pasa a situarse por encima de la seguridad social.

Y esta transformación no es neutra desde el punto de vista económico y político. Supone una gigantesca redistribución de recursos desde las mayorías sociales hacia sectores industriales y financieros estrechamente vinculados al complejo militar-industrial europeo y transatlántico. Los grandes beneficiarios de esta nueva orientación no son los trabajadores europeos, sino las empresas armamentísticas, los fondos de inversión y las estructuras estratégicas alineadas con la OTAN.

La criminalización del desempleado

Uno de los aspectos más preocupantes de la reforma belga es el profundo cambio cultural que implica. El desempleo deja de ser tratado como un problema estructural del sistema económico para convertirse en una sospecha permanente sobre el individuo.

Se consolida así una narrativa extremadamente peligrosa según la cual quien no encuentra empleo es porque no se esfuerza lo suficiente, porque depende de las ayudas públicas o porque vive a costa del sistema. Este discurso, ampliamente promovido por sectores conservadores y ultraderechistas en toda Europa, cumple una función política muy concreta: dividir a las clases trabajadoras y erosionar la solidaridad social.

El trabajador precario es empujado a percibir al desempleado como un enemigo o un privilegiado, en lugar de identificar las verdaderas causas de la precarización creciente: la desindustrialización, la financiarización de la economía, las deslocalizaciones productivas y el deterioro sistemático de las condiciones laborales.

Un cambio de época en Europa

Lo que hoy ocurre en Bélgica simboliza algo mucho más amplio: el tránsito desde la Europa social hacia una Europa cada vez más disciplinaria, securitaria y militarizada.

Durante décadas, la Unión Europea se presentó —al menos parcialmente— como un espacio asociado al progreso social, a la ampliación de derechos y a la protección pública. Sin embargo, el centro de gravedad político europeo se desplaza hacia posiciones cada vez más autoritarias, conservadoras y orientadas por la lógica de la confrontación permanente.

La guerra en Ucrania, el miedo geopolítico y la retórica de amenaza constante están siendo utilizados para legitimar simultáneamente el aumento del gasto militar, el endurecimiento presupuestario sobre los derechos sociales, la precarización laboral y la reducción progresiva de conquistas históricas del Estado de bienestar.

La reforma belga del desempleo es, en este sentido, mucho más que una modificación laboral. Constituye uno de los síntomas más visibles de la nueva Europa que se está configurando: una Europa en la que los derechos sociales dejan de ser considerados una prioridad estratégica, mientras el rearme, la disciplina presupuestaria y la lógica de confrontación geopolítica pasan a ocupar el centro mismo del proyecto político europeo."

(Eduardo Luque, El Viejo Topo, 12/05/26)

31.1.26

Nunca en mi vida había visto tal nivel de alienación en un grupo aleatorio de personas que conozco y con las que hablé mientras estuve allí, y el Gobierno de Macron... Hay un gran entusiasmo por que desaparezca de la escena. La gente se burla de él cuando sale en la televisión en el bar. Se burlan de él en la calle. Es algo bastante impactante... Ha intentado repetidamente atacar el programa de pensiones... En Francia, casi todo el mundo, no todos, pero casi todos, admite ahora que las sanciones económicas contra Rusia por la guerra de Ucrania han fracasado... Y luego hubo un fracaso espectacular el año pasado, cuando los europeos, incluido Macron, decidieron dejar de lado la inviolabilidad de la propiedad privada y perseguir el dinero ruso... Así que decidieron que tomarían los 200 000 millones depositados en Bélgica y se los darían a Ucrania para conseguir al menos otro año o dos de guerra contra Rusia, pero fracasaron... todos los bancos centrales del mundo observaron este espectáculo. Todos los bancos centrales saben que si mantienen dinero en Europa, como hacen prácticamente todos, ese dinero puede utilizarse como arma contra ellos, tal y como los europeos, a diferencia de cualquier otro, intentaron seriamente hacer y han hecho con los intereses de ese dinero. Lo que significa que, de forma lenta pero segura, los bancos centrales del mundo van a seguir diversificándose fuera del euro y del dólar... Y esa es una de las razones por las que otras monedas, la japonesa y la china, están adquiriendo poco a poco más importancia, y también del aumento del valor del oro y la plata durante el último año, que es hacia donde los bancos centrales están trasladando sus reservas... Por lo tanto, se trata de un golpe a largo plazo para la economía europea en su posición en el mundo... Así que se ven obligados a recortar el gasto en bienestar social, lo que los hunde. Y recordemos que se trata de gobiernos centristas o de centro-derecha... Así que se está creando un conflicto político catastrófico en toda Europa... Están quitando a la mayoría de la población el bienestar social del que han llegado a depender. Mi familia francesa depende de la educación superior gratuita, de la asistencia médica gratuita... lo que veremos en 2026 es un intenso desarrollo de la lucha política entre un aparato gubernamental conservador, en declive y fallido que se aferrará con uñas y dientes a su poder político, diciendo que están protegiendo contra la amenaza rusa, y desde abajo vendrá la demanda de que se respeten y se mantengan los servicios públicos... En toda Francia se respira una sensación de verdadera tristeza por el hecho de que lo que es importante en Francia, la grandeza, como ellos dicen, está siendo atacada como nunca antes, que están sufriendo un declive muy trágico y que están realmente divididos (Michael Hudson, Richard D. Wolff)

"NIMA ALKHORSHID: Bienvenidos de nuevo, Richard y Michael.

⁣RICHARD WOLFF: Bienvenida a ti también. Gracias.

⁣NIMA ALKHORSHID: Y feliz año nuevo a los dos.

⁣RICHARD WOLFF: Sí, y a ti también.

⁣NIMA ALKHORSHID: Y a nuestra audiencia. Richard, voy a empezar por ti. Has estado en Francia recientemente, antes de Año Nuevo. En lo que respecta a Francia y los problemas a los que se enfrenta, ¿cuál es la principal cuestión a la que se enfrentan Francia y Europa?

⁣RICHARD WOLFF: Creo que el principal problema en Francia es todo el aparato de toma de decisiones. Llevo mucho tiempo yendo a Francia. Hablo francés. Mi padre nació en Francia. Tengo conexiones allí que se derivan de todo eso.

Nunca en mi vida había visto tal nivel de alienación en un grupo aleatorio de personas que conozco y con las que hablé mientras estuve allí. Y el Gobierno de Macron. No es exagerado decir que una gran parte de la población francesa, y en particular en París y sus alrededores, tiene un papel en la sociedad y la cultura francesas que difícilmente se puede igualar en ningún otro lugar. Por lo tanto, si no tienes París, ya tienes un problema. Y Macron no tiene París en absoluto.

Hay un gran entusiasmo por que desaparezca de la escena. La gente se burla de él cuando sale en la televisión en el bar. Se burlan de él en la calle. Es algo bastante impactante. Y la gente hace comparaciones.

La que me pareció más notable fue en una breve conversación que mi esposa tuvo con una persona. Estábamos en una cafetería. Y la persona le preguntó a mi esposa si apoyaba al Sr. Trump. Y mi esposa se rió y dijo: «Oh, no, todo lo contrario». Y la persona, un ciudadano francés, respondió con un tono compasivo: «Bueno, en nuestro país odiamos al Sr. Macron, pero todo el mundo odia a su presidente». Esa es la diferencia.

Así que eso te da una idea de cuáles eran los sentimientos. Ahora bien, ¿cuáles son las razones? Bueno, las razones son de todo tipo, desde las superficiales hasta las profundas e históricas. Por ejemplo, Macron está socavando, reduciendo y atacando constantemente el sistema de bienestar social de Francia. Y permítanme recordarles a todos que se trata de un sistema de bienestar social bastante desarrollado.

Cuando te gradúas en el instituto o la universidad en Francia y consigues tu primer trabajo, tu empleador está obligado a darte cinco semanas de vacaciones pagadas al año desde el principio. El sistema universitario es básicamente gratuito. Tienes que pagar la comida y el alojamiento, pero no pagas tasas, matrículas ni cosas por el estilo. Si tienes una lesión o te pones enfermo, estás cubierto por un programa de seguro médico del gobierno desde que naces hasta que mueres. No puedes ir a la quiebra por gastos médicos, como es habitual aquí en Estados Unidos.

Las guarderías para niños se ofrecen, por ejemplo, en París como un servicio público. Hay que pagar, pero es muy, muy barato. Es algo que la mayoría de las parejas de clase trabajadora, si ambos trabajan, pueden permitirse fácilmente, y así es como ambos pueden trabajar porque cuentan con ese sistema.

Y, por cierto, todos estos servicios, todos estos servicios públicos, llevan décadas funcionando en Francia. No son programas nuevos. Funcionan bien. Ahora cuentan con una financiación un poco menor que antes. Y eso es un problema. Se culpa de ello al Sr. Macron.

Ha intentado repetidamente atacar el programa de pensiones. Hasta ahora, en gran medida sin éxito, con algún éxito, pero nada parecido a lo que él esperaba, etc. En segundo lugar, es partidario de Ucrania y, por lo tanto, participó en el esfuerzo por utilizar el dinero incautado a Rusia, los saldos en moneda occidental que Rusia tenía en bancos e instituciones bancarias de Bélgica y otras partes de la Unión Europea. Las estimaciones al respecto son muy imprecisas, pero oscilan entre doscientos y trescientos mil millones de dólares o euros, aproximadamente. En los dos primeros años, Macron parecía apoyar la idea de que la propiedad privada es un principio inviolable del capitalismo y que, por lo tanto, los europeos no podían ni debían quedarse con el dinero ruso. Realmente no hay precedentes de eso.

Y como no se trataba de una guerra, ya sabes, que eclipsara a la Primera y la Segunda Guerra Mundial, no le parecía necesario. Entonces no pudieron ganar. Entonces intentaron el programa de sanciones. En Francia, casi todo el mundo, no todos, pero casi todos, admite ahora que las sanciones económicas han fracasado. No impidieron que Rusia luchara en la guerra, la financiara y la intensificara según sus necesidades, y no hay indicios de que vaya a hacerlo. Y así es. Los periódicos también están llenos de ello. Los ocasionales ataques con drones contra algún petrolero no cambian nada de eso.

Y luego hubo un fracaso espectacular el año pasado, cuando los europeos, incluido Macron, decidieron dejar de lado la inviolabilidad de la propiedad privada y perseguir el dinero ruso. Primero se quedaron con los intereses, que creo que ya han gastado en Ucrania. Luego, Macron, junto con Merz, de Alemania, desarrollaron su punto de vista. (Y recuerden que esas son las dos economías dominantes en Europa. Las únicas otras son Gran Bretaña e Italia, y son menores que Francia y Alemania).

Así que decidieron que tomarían los 200 000 millones y se los darían a Ucrania para conseguir al menos otro año o dos de guerra contra Rusia. Antes de llegar al meollo del asunto, debo mencionar que la demonización de Rusia y la demonización de Putin es ahora tan intensa como siempre, e incluyo la Guerra Fría después de la Segunda Guerra Mundial. Ahora es más intensa, extraordinaria. En cualquier caso, varios países, además de Francia y Alemania, encabezados por Bélgica, la República Checa y uno o dos más, se negaron públicamente a aceptar lo que tendría que ser una decisión unánime de la Unión Europea para confiscar los activos rusos de esa manera. Y los belgas no estaban dispuestos a permitir que se concediera un préstamo que se utilizara como garantía de esos activos rusos.

Y quiero subrayar aquí, para que todo el mundo lo entienda, la enorme importancia histórica, mucho más allá de Ucrania, mucho más allá de lo que estamos discutiendo, de la derrota de Europa por no haber podido confiscar los activos rusos. Lo único peor para Europa que hacer el esfuerzo de hacerlo era fracasar en el intento. Porque eso les reportó todos los aspectos negativos, todos ellos, de su esfuerzo, sin ningún aspecto positivo. Sin dinero para Ucrania, sin préstamos respaldados por la riqueza de otros.

Así que, permítanme concluir diciéndoles cuáles son algunas de estas consecuencias. En primer lugar, todos los bancos centrales del mundo observaron este espectáculo. Todos los bancos centrales saben que si mantienen dinero en Europa, como hacen prácticamente todos, ese dinero puede utilizarse como arma contra ellos, tal y como los europeos, a diferencia de cualquier otro, intentaron seriamente hacer y han hecho con los intereses de ese dinero. Lo que significa que, de forma lenta pero segura, los bancos centrales del mundo van a seguir diversificándose fuera del euro y del dólar, porque hasta ahora se les ha tratado como socios.

Y esa es una de las razones por las que otras monedas, la japonesa y la china, están adquiriendo poco a poco más importancia; siguen siendo menores, pero poco a poco están cobrando importancia en el pensamiento de los bancos centrales. Y, por supuesto, hay que tener en cuenta, como todo el mundo debería saber, el aumento del valor del oro y la plata durante el último año, que es hacia donde los bancos centrales están trasladando sus reservas.

Por lo tanto, se trata de un golpe a largo plazo para la economía europea en su posición en el mundo. Por si fuera poco, Estados Unidos está retirando claramente su financiación a Ucrania. Por lo tanto, está imponiendo una mayor carga a Europa para que intente mantener esta situación. Ahora que no pueden aceptar el dinero ruso y que el apoyo estadounidense se está reduciendo, si no desapareciendo, la presión sobre ellos y sus presupuestos es cada vez mayor. Y no pueden pedir préstamos como antes debido a su declive económico.

Así que se ven obligados a recortar el gasto en bienestar social, lo que los hunde. Y recordemos que se trata de gobiernos centristas o de centro-derecha. Por lo tanto, son especialmente vulnerables a los partidos de izquierda y al movimiento obrero, y hay que tener en cuenta que la organización para apoyar los servicios públicos es mucho más fuerte en Europa que en Estados Unidos.

Así que se está creando un conflicto político catastrófico en toda Europa, y esto no va a funcionar. Se va a producir una fractura. Los estadounidenses que salieron de la Guerra Fría podrían pensar: bueno, es como si la Guerra Fría continuara. No, esto es más intenso, la Guerra Fría ha terminado, pero la hostilidad, ¿por qué? Porque es la única carta que pueden jugar los gobiernos europeos.

Están quitando a la mayoría de la población el bienestar social del que han llegado a depender. Mi familia francesa depende de la educación superior gratuita, de la asistencia médica gratuita. Quiero decir, es completamente diferente. La idea de que esto pueda serles quitado o reducido les motiva a participar en los movimientos de los chalecos amarillos y a salir a la calle.

Así que creo que lo que veremos en 2026 es un intenso desarrollo de la lucha política entre un aparato gubernamental conservador, en declive y fallido. Por desgracia, incluyo a Starmer, Merz, Macron, a todos ellos, básicamente, posiblemente con la excepción del líder en España, pero con muy pocas salidas en los principales países europeos. Se aferrarán con uñas y dientes a su poder político, y su principal forma de hacerlo será diciendo que están protegiendo contra la amenaza rusa. Tienen que actuar como si Rusia estuviera a punto de invadir toda Europa, someterlos a todos, y que solo el gobierno en el poder podrá detenerla.

Y desde abajo vendrá la demanda de que se respeten y se mantengan los servicios públicos. Y no recibirán ninguna ayuda de Estados Unidos, porque Estados Unidos tiene una agenda totalmente diferente. Quieren lo que ellos llaman estabilidad en Europa. Trump está ansioso por llegar a algún tipo de acuerdo con Putin para conseguir todo eso. Putin no va a permitir que eso sea un logro del Sr. Trump si este se dedica a apoyar la histeria antirrusa en Europa.

Así que no tienen a quién recurrir. En toda Francia se respira una sensación de verdadera tristeza por el hecho de que lo que es importante en Francia, la grandeza, como ellos dicen, está siendo atacada como nunca antes, que están sufriendo un declive muy trágico y que están realmente divididos. El bloque más grande de la Asamblea Nacional es el de la izquierda, liderado por Jean-Luc Melenchon, un antiguo activista político comunista. Y él, bajo su liderazgo, ha unificado a la izquierda. Están unidos. Presentan una lista única de candidatos, por lo que son el bloque más grande de la asamblea.

Han logrado la unidad de la izquierda, algo que ha eludido a la mayoría de las izquierdas en otras partes de Europa. Por lo tanto, pueden ser los líderes en derrocar al Sr. Macron y convertirse en una nueva dirección importante. Debo mencionar de paso que en las calles de París se veían vehículos que eran coches y camiones BYD. Son los automóviles eléctricos chinos. Están llegando a Francia. No hay duda al respecto. Y, independientemente de cómo se aborde, las señales están ahí. No se ven en Estados Unidos, pero sí en las calles de París.

⁣NIMA ALKHORSHID: Michael, creo que uno de los puntos cruciales que ha mencionado Richard es cómo Europa estaba tratando de robar activos rusos para dárselos a Ucrania y que esta comprara nuevas armas.

⁣MICHAEL HUDSON: Bueno, creo que Richard tenía toda la razón. Esta es una especie de emisión de Año Nuevo, y se supone que debemos decir algo sobre cómo va a evolucionar el mundo en el próximo año. Y creo que hacemos muy bien en centrarnos en Europa, porque es allí donde se concentran todas las tensiones. Miremos donde miremos en todo el mundo, parece que todo está a punto de romperse, de estallar. La pregunta es: ¿cómo va a romperse?

Y la respuesta es la conciencia de la gente. Y la conciencia de Europa, como acaba de señalar Richard, está moldeada por la Guerra Fría. En el año de la presidencia de Trump, ahora podemos ver que la estrategia de Estados Unidos para restaurar su antiguo poder sobre el comercio y el sistema financiero mundial se basa en el paraguas ideológico de la Guerra Fría. Y ha habido un doble golpe de Estados Unidos contra Europa y contra otros países.

El primer golpe fue aislar a Europa y a otros aliados, como Japón y Corea del Sur, del comercio con las partes de la economía mundial que crecen más rápidamente, que son China y Asia Oriental. ¿Cómo se va a hacer eso? Bueno, hay que cortar el comercio y la inversión con los dos enemigos designados por Estados Unidos, Rusia y China. Y esto se hace, como ha señalado Richard, con el mito de que, de alguna manera, Europa necesita la protección estadounidense contra el mítico intento de Rusia de volver a conquistar Europa, reconstruir la Unión Soviética y expandirse hacia el este, incluyendo sin duda a Alemania y otros países europeos.

Ahora bien, todo eso es un mito. Pero fue el mito general que permitió a Estados Unidos decir: «Bueno, necesitáis nuestra protección contra Rusia, y eso va a tener un coste». Y si quieren que los protejamos contra Rusia y, en última instancia, contra China, como enemigos existenciales de todo el sistema económico que tenemos en Estados Unidos y Europa, entonces tienen que cortar sus relaciones comerciales, a pesar de que toda su prosperidad prevista antes de 2022 se basaba en la expansión del comercio y la inversión con Rusia, China, la importación de materias primas, petróleo, gas y otros materiales de Rusia, la importación de fabricantes de China y la expansión de la industria alemana y otras industrias europeas en el extranjero en estos países para lograr de alguna manera un crecimiento equilibrado y alejarse de Estados Unidos, que no se está industrializando, sino desindustrializando, para hacerlo.

Así pues, cuando Trump asumió el cargo, Estados Unidos había convencido a estos países de que no persiguieran su interés económico natural de comercio e inversión mutuos con Asia, en lo que incluyo a Rusia. Y eso permitió a Trump seguir lo que se ha convertido en una política doble. Es decir, ahora que han puesto todos sus huevos en la cesta de Estados Unidos, sin comercio con Asia, solo tienen un gran mercado de exportación, y ese es Estados Unidos. Trump dijo entonces: «Ahora voy a aprobar mis aranceles del 2 de abril, Día de la Liberación, y cortaré todo su comercio con Estados Unidos a menos que ustedes cedan».

Y las concesiones son, en primer lugar, aceptar nuevas sanciones muy estrictas, sanciones más duras contra Rusia y China, y cualquier país del BRICS que los apoye. En otras palabras, el 85 % del mercado mundial potencial, de modo que dependan totalmente de Estados Unidos. En segundo lugar, vamos a aumentar los aranceles que tendrán que pagar. En tercer lugar, tendrás que desindustrializar tu economía porque ahora que te hemos cerrado el mercado estadounidense y has tenido que triplicar o cuadruplicar el precio de la energía al bloquear el petróleo y el gas de Rusia, ahora tienes que trasladar tus principales industrias a Estados Unidos, no a China, ni a Rusia, ni a Asia Central, ni a los países BRICS, sino a Estados Unidos. Y si no lo hacéis, mantendremos unos aranceles tan altos que vuestras empresas industriales, especialmente las de Alemania, que han dependido de los mercados de exportación para su mayor crecimiento, de repente tendréis que cerrar vuestras fábricas, despedir a vuestra mano de obra y desindustrializaros de forma pasiva. Porque si no lo hacéis, perderéis el paraguas estadounidense que os protege.

Richard ha señalado que la izquierda en Europa, y sin duda en Francia, es muy fuerte, y sin embargo la Unión Europea está controlada por la extrema derecha pro-guerra, pro-Guerra Fría, el ala neoconservadora que ha nombrado a Von der Leyen y Kallas, los apasionados antirrusos a cargo de su política exterior.

Y von der Leyen, cuando cedió a todas las exigencias de Trump de devoluciones, Europa tiene que reubicar su industria en Estados Unidos, lejos de su propio empleo. Von der Leyen dijo: «Bueno, lo hicimos por la Guerra Fría. Al menos ahora tenemos estabilidad». Y Trump, dijo, garantiza la estabilidad. Por fin tenemos un gobernante estable y sabemos cuáles serán las reglas ahora. Las reglas nos obligarán a desindustrializarnos, pero ese es el precio que tenemos que pagar para proteger a Alemania de la Guerra Fría, porque la próxima vez no se detendrán en Berlín cuando avancen hacia el oeste, se llevarán toda Alemania.

Y sus socios, los ministros de Finanzas de la UE y Alemania y otros funcionarios, dijeron que sí, que no se trata solo de lograr un comercio equilibrado. Se trata de la Guerra Fría. Así que esta Guerra Fría se ha convertido en la ideología de que Europa necesita a Estados Unidos. Y, por supuesto, entonces Trump dijo: «De acuerdo, ahora voy a quitaros la alfombra de debajo de los pies. No voy a pagar vuestra Guerra Fría con Ucrania, con Rusia en Ucrania».

La lucha en Ucrania no es una lucha entre Rusia y Ucrania. Es entre Rusia y Gran Bretaña, Alemania, Francia y los líderes de la UE, que están totalmente monopolizados por la facción pro Guerra Fría que está dispuesta a hacer justo lo que Richards describió, recortar el gasto social. Dicen: ahora estamos en una economía de guerra porque lo que defendemos son los valores europeos. Y los valores europeos por los que luchamos son los de Ucrania. Control militar total de los medios de comunicación, control de un solo partido, prohibición de la oposición política al partido líder. Necesitamos que nuestros valores sean los de Ucrania. Necesitamos una cleptocracia militar aquí, igual que ellos. Quiero decir, esta es la pesadilla que está siendo bienvenida por Europa.

Así que lo que realmente está en juego aquí, aunque estemos hablando de que los intereses económicos son el principal motor, es lo siguiente: ¿primará este paraguas ideológico que es la Guerra Fría con Rusia? «Debemos compartir el odio británico y alemán hacia Rusia y el odio báltico hacia Rusia. Eso tiene que convertirse en el principio rector de nuestra política económica interna. Y sí, habrá sacrificios. Nos desindustrializaremos. Perderemos el comercio industrial europeo, principalmente alemán, pero también francés e italiano, que teníamos antes. Pero es el precio que hay que pagar. Básicamente, tenemos que convertirnos en una colonia económica de los Estados Unidos»

Este debe ser el debate político ideológico que debe tener lugar en Europa para que haya una oportunidad de que Europa siga su aparente interés económico, que es lo que existía antes de 2022.

Si se quiere tener un mercado de exportación, hay que buscar, bueno, qué economías están creciendo más rápidamente. El mito es que, de alguna manera, si los países europeos se dedican a la industria, la industria siderúrgica, la industria automovilística alemana, la industria de maquinaria alemana, industrias similares de Japón, Taiwán y Corea del Sur, si se trasladan a Estados Unidos, ¿podrán industrializar con éxito Estados Unidos?

Bueno, en realidad no. Y eso nos lleva a la segunda cuestión que hemos debatido anteriormente. Creo que hace dos programas, Richard señaló que cuando él y yo estábamos en la universidad haciendo el doctorado, una de las asignaturas más populares era Economía del Desarrollo. Todo lo que enseñaban en Economía del Desarrollo era irrelevante. Todos daban por sentado: ¿qué es el desarrollo? Era keynesianismo, keynesianismo militar. Gasta más dinero en la economía y la economía crecerá.

No se discutía, bueno, ¿cuál es la forma de la economía? ¿Cuál es el sistema fiscal? ¿Cómo seguimos las mismas políticas de crecimiento que siguieron Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania? Aranceles protectores, subvenciones a la industria y, sobre todo, mantener los servicios públicos básicos, las comunicaciones, el transporte y los monopolios naturales en el dominio público mediante la socialización de los monopolios, en lugar de dejarlos en manos privadas para obtener rentas de monopolio.

Nada de esto se discute en la economía normal. No se debía cuestionar la estructura del monopolio. ¿Cómo hacer más grandes los sistemas económicos existentes, aunque estos sistemas económicos, a través de los países que se denominaban subdesarrollados, fueran subdesarrollados porque eran sistemas rentistas, eran cleptocracias clientelistas? Eran sistemas que no se desarrollaban en absoluto. Y estas economías subdesarrolladas solo debían hacerse más grandes, lo que significaba concentrar los ingresos crecientes que tenían en la cima de la pirámide económica.

Todo eso debe ponerse en tela de juicio, y cabría esperar que, con la contracción económica que estamos viendo ahora en Europa, se reabra la posibilidad de que se produzca este tipo de debate. La pregunta es: ¿ocurrirá?

Los alemanes y los británicos han prohibido básicamente todo debate, por ejemplo, las críticas a la política israelí contra los palestinos. No se permite quejarse de lo que está sucediendo en los territorios palestinos por la expansión israelí. No se permite explicar por qué Rusia se siente tan amenazada por la expansión de la OTAN, porque la seguridad estadounidense se define como la destrucción de la seguridad rusa y de otras seguridades. La seguridad estadounidense no está garantizada a menos que ningún otro país tenga seguridad para protegerse de la presión política, militar y financiera estadounidense, como confiscar el dinero de Rusia, para obligarlos a seguir la política de Estados Unidos.

Por lo tanto, el debate en los medios de comunicación públicos no aborda el tipo de cosas que hemos estado discutiendo en este programa durante el último medio año, Nina. Esa es la pregunta: ¿cómo puede Europa romper esta trampa de visión estrecha en la que está atrapada, que le ha impedido resolver el problema de cómo dejar de intentar salvar una economía industrial estadounidense que no puede salvarse hasta que se transforme el sistema económico estadounidense, al igual que se está transformando el sistema económico europeo, de la misma manera que los países asiáticos, China especialmente, han cambiado sus sistemas económicos, como hemos dicho antes, reinventando la misma rueda que los industriales estadounidenses desarrollaron en el siglo XIX para desarrollar su propia industria, cuando esto se denominaba evolución hacia la socialdemocracia o, en una palabra, socialismo.

⁣RICHARD WOLFF: Quiero basarme en todo lo que hemos estado discutiendo y plantear la siguiente pregunta: ¿por qué, o cómo podríamos explicar las nociones en Europa de las que estamos hablando, este compromiso ideológico, el antirrusismo en todo, los gobiernos conservadores, todo eso por un lado, y la estrategia de Estados Unidos de intentar llegar a algún tipo de acuerdo con Rusia para «estabilizar» la situación? Creo que, desde la perspectiva europea, lo que estamos viendo, y debemos tenerlo presente, es la consecuencia irónica definitiva de cientos de años de colonialismo.

Hacia el final de El capital, Marx comenta que su próximo proyecto será hablar de cómo el capitalismo crea, por primera vez, una verdadera economía mundial, una economía en la que participan y de la que dependen todas las diferentes partes del mundo. Y la gente tiende a pasar por alto eso y verlo como una apreciación del capitalismo, por así decirlo. Yo quiero argumentar que es, en cierto modo, la muerte, al menos del capitalismo occidental. ¿Por qué?

Bueno, se lo voy a mostrar volviendo a cómo los rusos lograron impedir que Europa confiscara los activos rusos para mantener esa guerra durante uno o dos años más sin la oposición interna a la que se enfrentan ahora. La razón por la que los rusos pudieron evitar esa bala, y seamos claros, si se hubiera hecho y se hubiera recaudado ese dinero de esa manera y se hubiera utilizado para dar a Zelensky el dinero y las armas que sigue pidiendo, la guerra habría continuado durante bastante tiempo. Nadie sabe cuánto tiempo, pero durante bastante tiempo, con un coste enorme para Ucrania, para Rusia, etc.

He aquí el motivo. Los rusos hicieron dos cosas, una antes y otra bastante recientemente. La primera fue dejar claro que si Occidente confiscaba los activos rusos en Occidente, Rusia confiscaría los activos occidentales dentro de Rusia, que, debido al desarrollo de la economía mundial, son cuantiosos. Hay que entender que Putin dejó muy claro que, si se trataba de los activos y no de los intereses, les dejaba quedarse con ellos. No se opuso a ello como podría haberlo hecho. Pero si tú te quedas con el principio, entonces yo me quedaré con tus cosas.

Lo que hizo más recientemente, hace solo unas semanas, fue hacer que el Gobierno ruso acudiera a los tribunales y anunciara que si se concedían préstamos a Ucrania, que todo el mundo sabe que no puede devolver, los prestamistas, sean quienes sean, exigirían la garantía, que son los activos rusos. Esa es la idea de lo que estaba haciendo Europa. Putin acudió a los tribunales y dijo: «Esto es un acto de la Unión Europea. Y si lo hacen, nosotros, los rusos, acudiremos a todos los tribunales de todas las jurisdicciones de todos los países, ya sea Malawi, Paraguay o Canadá, y demandaremos para recuperar los activos que nos han robado. Y ustedes saben, y nosotros sabemos, que vamos a ganar muchos de esos juicios, en parte porque se celebran en países que son nuestros aliados.

De repente, si me permiten, la dialéctica de crear una economía mundial vuelve para morder a Estados Unidos y Europa Occidental justo en la parte trasera. La economía mundial que su colonialismo inició y dio los primeros pasos ha adoptado ahora su propia lógica de crecimiento, atrayendo a muchas de las grandes empresas occidentales que quieren sacar provecho de lo que pueden hacer en China, en la India, en Brasil y en todos esos otros lugares. Y ahora, como enseñó Hegel, te vuelves dependiente de aquellos a los que hiciste dependientes de ti. Te vuelves dependiente de la relación de dependencia, no solo del otro.

Recuerden que, en Hegel, el amo y el esclavo, el amo se vuelve dependiente de la relación con el esclavo, porque el esclavo está obligado a hacer todo y el amo no puede. Eso es lo que tenemos ahora. Occidente no puede hacerlo. Y discrepo un poco con Michael. Sea cual sea su nota ideológica, los europeos y los estadounidenses no van a resolver este problema. No lo veo.

Normalmente veo que han pasado por muchas crisis. Soy el primero en admitirlo. Ya sabes, el viejo chiste: ¿qué dicen con gran orgullo los economistas marxistas? Con gran orgullo, anuncian que han predicho 10 de las últimas cuatro recesiones. ¿Verdad? Es un chiste, pero es un chiste, como todos los buenos chistes, que tiene su parte de verdad.

Pero no veo una salida. No veo que muchas empresas europeas, al considerar que sus costes energéticos son tan elevados, vayan a trasladarse a Estados Unidos. ¿Bromeas? ¿Trasladarse a un país tan inestable como este? ¿Un país que tiene que acudir al Tribunal Supremo para averiguar que no puede utilizar sus propias tropas contra su propio pueblo en sus propias ciudades? Por Dios, ya sabes, no vienen porque sería una locura hacerlo.

Puede que Estados Unidos quiera estabilidad, pero no la tiene. Y tampoco puede ofrecérsela a nadie. ¿Te imaginas la conversación entre los industriales alemanes lamentándose de lo que les ha hecho Estados Unidos y luego diciéndose unos a otros: «Bueno, no pasa nada, podemos trasladarnos a Estados Unidos»?

No quieren hacerlo y no lo ven como una solución a su problema. Y no van a gastar miles de millones, ni siquiera billones, en hacer algo así cuando el riesgo es tan enorme. Eso no es lo que hacen. Aquí está la ironía. Justo cuando el capitalismo comienza en Inglaterra, hace posible el Imperio Británico y luego ve cómo los británicos, utilizando su imperio, no pueden salvar su propio capitalismo, ni siquiera utilizarlo. Así que ahora son los patéticos objetos que observamos.

Bueno, Europa está siguiendo el mismo camino, y Estados Unidos también. Y de la misma manera, su propio imperio y el desarrollo del mismo, tanto el desarrollo que ellos controlaban, en aquellos países que recibían ayuda exterior, como, más aún, los países que no podían controlar porque no les daban ayuda exterior —ya sabes, Rusia, China, Corea del Norte, Vietnam, etc.—, son los líderes. Son los líderes de las tendencias separatistas.

Creo que la depresión que he encontrado en las últimas dos semanas en París, que sigue siendo una de las ciudades más bellas del mundo, pero el sentimiento depresivo del que hablan los propios habitantes, no quiero ponerme místico, pero es en cierto modo la conciencia, incluso entre los líderes a los que criticamos, de que los días del centro europeo del mundo han terminado, y no solo han terminado para Europa, sino también para los lugares donde se establecieron los europeos. América del Norte, Australia, Nueva Zelanda. Esos lugares tienen que readaptarse a un nuevo mundo.

No quieren hacerlo, les preocupa, pero no veo que haya ninguna opción a lo que estoy describiendo que ofrezca una alternativa. Y ese es el punto final. En este nuevo año, reaccionando como todos lo hacemos, o supongo que todos lo hacemos, ante un año tumultuoso del Sr. Trump por segunda vez, en el que ha mostrado mucho más sus predilecciones salvajes y extremas que la primera vez, o ha sido capaz de llevarlas a cabo, estamos asistiendo a un teatro político de acciones desesperadas. Y es aterrador.

El Wall Street Journal le dio una mala nota al final de su primer año, creo que en la edición de ayer o de hoy. Murdoch está preocupado porque esto se está saliendo de control. Y aquí está mi pensamiento irónico. Eso es lo que decía la gente en París. Tememos que se esté saliendo de control. Macron está desbordado. No puede manejarlo. No lo está manejando. Se pavonea y la gente se burla de él como si fuera un payaso irrelevante.

¿Y no es eso lo que ocurre en nuestro país, que hay muchísima gente que está empezando a ver al Sr. Trump como alguien de quien quieren alejarse? Fíjate en Marjorie Taylor Greene. Fíjate en Elise Stefanik. Se están marchando. Se marchan porque ven en las encuestas que están haciendo. Las cosas se están descontrolando. (...)"

 (Michael Hudson, Richard D. Wolff, blog Michael Hudson, 28/01/26, traducción DEEPL)

26.11.25

Crisis industrial europea: Invertir ahora o aceptar el declive. En 18 sectores, solo el aeroespacial y la defensa siguen siendo competitivos a nivel mundial... Desde la automoción hasta el acero, pasando por los productos químicos y la energía solar, la industria europea está perdiendo terreno frente a los rivales globales. Millones de buenos empleos están en riesgo mientras la base industrial del continente se tambalea al borde del abismo... La fortaleza de Europa radica en su modelo social y su mano de obra cualificada. Los buenos empleos industriales—estables, bien remunerados, sindicalizados—son la columna vertebral de la cohesión social. Proporcionan estabilidad, dignidad y prosperidad. Participación de los trabajadores, no explotación... Sin embargo, en lugar de aprovechar esta ventaja, los responsables políticos coquetean con la desregulación y la austeridad. Bajar los estándares sociales no atraerá inversiones; erosionará la propuesta de valor única de Europa... 2026 es el año decisivo para las decisiones de inversión en la renovación de nuestras industrias intensivas en energía... Europa está perdiendo liderazgo en vehículos eléctricos, semiconductores y tecnología limpia. La inversión está estancada, el gasto en investigación y desarrollo se queda atrás en comparación con Estados Unidos y China, y nuestra participación en tecnologías estratégicas—inteligencia artificial, computación cuántica, robótica avanzada—está disminuyendo... Está en juego la soberanía: se importan tierras raras, baterías e incluso productos farmacéuticos básicos... Sin una acción decisiva, las transiciones verde y digital serán externalizadas, y Europa se convertirá en un mercado consumidor de tecnologías fabricadas en otros lugares... La inversión masiva, condicionada a la calidad del empleo y al contenido local, es el único camino a seguir... El libre comercio no debe ser un pacto suicida... El libre comercio no debe ser un pacto suicida. Nuestro mercado interno de "18 billones de euros" debe aprovechar la demanda interna, los empleos de calidad y la inversión mediante medidas que estimulen la demanda. El acceso al mercado de la UE—y a las 450 millones de personas que viven y trabajan en el bloque—no debería ser gratuito para los inversores extranjeros y los socios comerciales... Las lecciones de la Ley GI de la posguerra en los EE. UU. deberían inspirar una campaña de reclutamiento de aprendices y graduados para jóvenes trabajadores que se incorporan al mercado laboral y mujeres que ingresan a la industria (Judith Kirton-Darling)

 "Este es el contundente mensaje de un informe innovador de Syndex, encargado por industriAll Europe. Desde la automoción hasta el acero, pasando por los productos químicos y la energía solar, la industria europea está perdiendo terreno frente a los rivales globales. Millones de buenos empleos están en riesgo mientras la base industrial del continente se tambalea al borde del abismo.

Toda Europa exige un cambio de narrativa por parte de los líderes europeos y los ejecutivos empresariales, demasiado centrados en los "omnibuses" regulatorios para salvar nuestra actual industria de autobuses. Un enfoque singular en la desregulación solo amplificará esta crisis de demanda, no la resolverá.

La fortaleza de Europa radica en su modelo social y su mano de obra cualificada. Los buenos empleos industriales—estables, bien remunerados, sindicalizados—son la columna vertebral de la cohesión social. Proporcionan estabilidad, dignidad y prosperidad. Participación de los trabajadores, no explotación. El estado de derecho en lugar del gobierno por Twitter proporciona estabilidad política para los inversores.

Sin embargo, en lugar de aprovechar esta ventaja, los responsables políticos coquetean con la desregulación y la austeridad. Bajar los estándares sociales no atraerá inversiones; erosionará la propuesta de valor única de Europa.

¿De potencia industrial a dependencia? No en nuestra guardia

El informe de Syndex es tajante: 2026 es el año decisivo para las decisiones de inversión en la renovación de nuestras industrias intensivas en energía. En los sectores de downstream, Europa está perdiendo liderazgo en vehículos eléctricos, semiconductores y tecnología limpia. La inversión está estancada, el gasto en investigación y desarrollo se queda atrás en comparación con Estados Unidos y China, y nuestra participación en tecnologías estratégicas—inteligencia artificial, computación cuántica, robótica avanzada—está disminuyendo.

La intensidad de I+D de la Unión Europea sigue siendo inferior al 2 por ciento del PIB, en comparación con el 3,45 por ciento en los Estados Unidos y casi el 5 por ciento en Corea del Sur. Mientras tanto, las empresas europeas lideran el mundo en pagos de dividendos, incluso en sectores en crisis. Las ganancias deben reinvertirse en I+D y producción, no desviar a los accionistas.

Está en juego la soberanía: se importan tierras raras, baterías e incluso productos farmacéuticos básicos. China controla el 85 por ciento del refinado de tierras raras; Estados Unidos asegura el suministro a través de la intervención. Europa representa menos del 10 por ciento de la producción global de chips hoy en día, en comparación con el 24 por ciento en 2000. Mientras tanto, la sobrecapacidad global y las prácticas de dumping—especialmente en acero y solar—están aplastando a los productores europeos.

Sin una acción decisiva, las transiciones verde y digital serán externalizadas, y Europa se convertirá en un mercado consumidor de tecnologías fabricadas en otros lugares. Las reglas han cambiado: Estados Unidos y China están jugando duro. Europa debe hacer lo mismo. Mientras Washington y Pekín despliegan estrategias industriales agresivas, Europa se aferra a dogmas obsoletos de libre comercio y austeridad fiscal.

Europa se despertó tarde a la necesidad de una política industrial. Ahora debemos ponernos al día—moviéndonos mucho más rápido, con unidad y ambición. Si no actuamos ahora, la promesa de una transición verde y digital justa se desmoronará en dependencia y declive.
Buenos empleos, inversión y ambición: la última oportunidad de Europa para liderar

No todo está perdido. Tenemos que jugar con nuestras fortalezas.

Europa debe abandonar la ingenuidad y adoptar una estrategia industrial audaz anclada en la inversión, el comercio justo y buenos empleos. La inversión masiva, condicionada a la calidad del empleo y al contenido local, es el único camino a seguir.

La política energética es igualmente crítica: sin electricidad asequible y baja en carbono, los proyectos de descarbonización seguirán estancados. Europa debe acelerar la inversión en la red y reformar las reglas de precios para proteger a la industria de la volatilidad.

El libre comercio no debe ser un pacto suicida. Nuestro mercado interno de "18 billones de euros" debe aprovechar la demanda interna, los empleos de calidad y la inversión mediante medidas que estimulen la demanda. El acceso al mercado de la UE—y a las 450 millones de personas que viven y trabajan en el bloque—no debería ser gratuito para los inversores extranjeros y los socios comerciales.

Las políticas comerciales externas deben tanto construir asociaciones internacionales fuertes y recíprocas como asegurar condiciones equitativas a través de un robusto mecanismo de ajuste en frontera de carbono, medidas antidumping y reglas de contenido local para proteger la industria en transformación de Europa.

La transformación no ocurrirá sin fábricas—y las fábricas no sobrevivirán sin buenos empleos. La fortaleza de Europa radica en su mano de obra cualificada, sin embargo, todos los sectores analizados enfrentan escasez de mano de obra o habilidades, a pesar de la reestructuración y el envejecimiento de la fuerza laboral. La nueva Ley Europea de Empleos de Calidad anunciada por la presidenta de la Comisión en su discurso sobre el Estado de la Unión en septiembre debe garantizar que anticipemos el cambio en lugar de reaccionar permanentemente a las crisis, mediante planes de transición obligatorios y campañas de reclutamiento.

Nuestras industrias necesitan sangre joven. Las lecciones de la Ley GI de la posguerra en los EE. UU. deberían inspirar una campaña de reclutamiento de aprendices y graduados para jóvenes trabajadores que se incorporan al mercado laboral y mujeres que ingresan a la industria.

Europa no está condenada a declinar. Pero la ingenuidad significará dependencia—y la dependencia significará desindustrialización. La elección es clara: invertir ahora en cadenas de valor industriales limpias y empleo de calidad, o rendirse a la dominación extranjera. Un mayor retraso significa más cierres de plantas, habilidades perdidas y comunidades destrozadas. Los trabajadores de la manufactura, la minería y la energía de Europa tienen claro: ahora es el momento de actuar."

(Judith Kirton-Darling and Isabelle Barthès , Social Europe, 26/11/25, traducción Quillbot, enlaces en el original)

18.11.25

¿Qué significa el Estado de bienestar? Es el núcleo básico de las democracias europeas, el gran salto civilizatorio que las derechas quieren por todos los medios clausurar... así en las comunidades gobernadas por las derechas se está produciendo una escasez de medios dedicados a lo público, que trae causa en una insuficiente inversión en estos servicios sociales... pues los sectores sociales y económicos que son hegemónicos en los partidos de derechas no quieren asumir los tributos que son necesarios para mantener unos servicios públicos de alto nivel... así, nuestra presión tributaria está varios puntos por debajo de la media europea... cuando para disfrutar de unos servicios públicos como Dios manda el nivel de recaudación del Estado debe de rondar el 40% del producto interior bruto... Para qué les sirve a los trabajadores y trabajadoras que les suban los sueldos un 2% o 3% —que sin duda debe lograrse— si luego tienen que suscribir un seguro privado, que les cuesta más, con el fin de evitar una lista de espera insoportable, o tener que asumir gastos “extras” en la educación de sus hijos y no digamos ante la renta de los alquileres... aunque el Gobierno ha ha transferido a las comunidades autónomas la friolera cifra de 300.000 millones de euros más que en el pasado y sería interesante conocer a qué se han dedicado tan suculentos fondos... no hay nada más urgente que garantizar algunos de los que componen el Estado de bienestar, mutándolos de derechos meramente declarativos en fundamentales como pueden ser la sanidad, la vivienda o las pensiones, como ya ocurre con parte de la educación. Sería una contribución memorable a que nuestro Estado social no sea desguazado por aquellos que no creen en él... sin olvidar que el deterioro de los servicios sociales, al mismo tiempo que empuja el voto hacia la extrema derecha —pues esta lo liga con los supuestos abusos de los emigrantes—, acaba impulsando el sistema político hacia crecientes formas de autoritarismo Ahora que se habla tanto de blindar derechos no hay nada más urgente que garantizar algunos de los que componen el Estado de bienestar (Nicolás Sartorius)

 "1. No hay un hecho más grave hoy en España y Europa que el deterioro provocado y progresivo que se está produciendo en el Estado de bienestar o modelo social europeo. El escándalo en la sanidad andaluza por la falta de cribados ante los posibles cánceres de mama de miles de mujeres; las excesivas listas de espera por carencia de medios materiales y humanos en el conjunto de la sanidad pública; la falta de personal sanitario y la precariedad en sus condiciones de trabajo; el fenómeno acreditado de que en ciertas comunidades autónomas —en especial Madrid— avanza la privatización de la enseñanza, ahogando las finanzas de las universidades públicas, mientras surgen como setas los centros particulares, son algunos ejemplos de cómo se están deteriorando los derechos sociales recogidos en nuestra Constitución.

De otra parte, leemos y oímos las inquietantes declaraciones de políticos de la derecha poniendo en cuestión el derecho esencial de las mujeres a la interrupción voluntaria del embarazo, o el no menos fundamental a una vivienda digna, al oponerse a una intervención y/o regulación estatal en la materia. Todo lo anterior con la finalidad de propiciar el avance de la privatización y abrir camino al suculento negocio que se viene haciendo con las “derivaciones” y “concertaciones” a intereses particulares a costa del erario público. Este fenómeno empieza a estar presente en el conjunto de la UE cuando gobernantes de Alemania, Francia y otros países declaran abiertamente que el modelo social europeo es insostenible, mientras aceptan dedicar el 5% del PIB al rearme. Cuando en realidad lo insoportable es el grado de desigualdad al que hemos llegado y cómo las multinacionales y los multimillonarios no pagan conforme a su riqueza y renta.

2. Porque ¿qué significa el Estado de bienestar o social? En mi opinión, es el núcleo básico de las democracias europeas, el gran salto civilizatorio que se dio a partir de la Segunda Guerra Mundial y que las derechas quieren por todos los medios clausurar. Este contenido de derechos sociales, inexistente en otras latitudes, fue asumido por nuestra Constitución de 1978, una vez conquistada la democracia, cuando en el art. 1 dice que “España se constituye en un Estado social y democrático de derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. Es decir, que además de garantizarse libertades civiles, se reconocen unos derechos sociales que si son erosionados se está corroyendo la propia democracia. Ahora bien, como consecuencia de la construcción de la España de las Autonomías, los elementos esenciales de este Estado de bienestar son competencia de las comunidades autónomas —la sanidad, la educación, etc.—.

Se trata de un modelo autonómico, que ha venido funcionando más o menos razonablemente hasta hace pocos años. Los problemas han surgido como consecuencia de un doble fenómeno que ha puesto en crisis el referido modelo. De un lado, las grandes calamidades que se han abatido sobre la sufrida España —crisis económicas, epidemias, inundaciones, erupciones volcánicas, incendios— han desvelado que las CC AA no están en condiciones de hacerles frente, sobre todo ante la incompetencia, negligencia, falta de previsión y desfachatez demostrada en algunos casos y, muy especialmente por la Generalitat valenciana ante la dana que asoló dicho territorio. Catástrofes que me temo se repetirán en el futuro y que exigirán la intervención de un Estado más potente —¡qué habría pasado sin la Unidad Militar de Emergencias!— y una mejor cooperación, claramente federal, entre las instituciones involucradas. No obstante, lo más nefasto es la evolución de unas derechas que gobiernan en la mayoría de las CC AA y que no creen en el Estado de bienestar, en unos términos que garantice unos servicios públicos de excelencia y no una especie de “beneficencia” para menesterosos.

Lo cierto es que en las comunidades gobernadas por las derechas se está produciendo una escasez de medios dedicados a lo público, que trae causa en una insuficiente inversión en estos servicios sociales debido a la obsesión de los partidos conservadores por bajar los impuestos. Y es bastante evidente que, si los servicios públicos no son excelentes, la tendencia hacia lo privado irá en aumento, sobre todo para quien pueda pagárselo. ¿Y cuál es la raíz de esta cuestión? La respuesta es bastante sencilla, los sectores sociales y económicos que son hegemónicos en los partidos de derechas no quieren asumir los tributos que son necesarios para mantener unos servicios públicos de alto nivel. La prueba es que la única propuesta clara y sostenida del programa de la derecha es bajar impuestos, porque por lo visto vivimos en un “infierno fiscal”, cuando nuestra presión tributaria está varios puntos por debajo de la media europea. No sé si el personal sabe que para disfrutar de unos servicios públicos como Dios manda el nivel de recaudación del Estado debe de rondar el 40% del producto interior bruto, al tiempo que se administre, obviamente, con probidad y eficacia.

Lo penoso del caso no es solo que se perjudique a la mayoría ciudadana cuando se deterioran los servicios sociales, sino que además es una manera aviesa de reducir los salarios reales del conjunto de los trabajadores. Porque, como es conocido, el nivel de vida no depende sólo del sueldo o salario directo que se percibe, sino también del indirecto, en forma de prestaciones y servicios que se utilizan gratuitamente —la sanidad, la educación y otros—. Para qué les sirve a los trabajadores y trabajadoras que les suban los sueldos un 2% o 3% —que sin duda debe lograrse— si luego tienen que suscribir un seguro privado, que les cuesta más, con el fin de evitar una lista de espera insoportable, o tener que asumir gastos “extras” en la educación de sus hijos y no digamos ante la renta de los alquileres. Lo enigmático del asunto es que el Gobierno afirma que ha transferido a las comunidades autónomas la friolera cifra de 300.000 millones de euros más que en el pasado y sería interesante conocer a qué se han dedicado tan suculentos fondos, o es que se los han regalado a las CC AA para que hagan con ellos lo que les salga de los telenguendengues.

3. Ahora que se habla tanto de blindar derechos no habría nada más urgente que garantizar algunos de los que componen el Estado de bienestar, mutándolos de derechos meramente declarativos en fundamentales como pueden ser la sanidad, la vivienda o las pensiones, como ya ocurre con parte de la educación. Sería una contribución memorable a que nuestro Estado social no sea desguazado por aquellos que no creen en él, pues da la impresión de que el Gobierno no tiene instrumentos para evitar tal estropicio democrático. Sin olvidar, un efecto “colateral”, altamente nocivo, que consiste en que este deterioro de los servicios sociales, al mismo tiempo que empuja el voto hacia la extrema derecha —pues esta lo liga con los supuestos abusos de los emigrantes—, acaba impulsando el sistema político hacia crecientes formas de autoritarismo. Unas veces los llaman “iliberales”, otras “democracias autoritarias”, es decir Estados mínimos en la prestación de servicios públicos y máximos en las intervenciones represivas, en el fondo formas dictatoriales. Posible remedio: expandir la democracia en todas direcciones." 

(Nicolás Sartorius , El País, 13/11/25)

1.10.25

Sí hay dinero para sostener el estado del bienestar... El Estado alemán afirma que el país está en recesión y por tanto “ya no podemos permitirnos destinar uno de cada tres euros de lo que ingresamos a pensiones, sanidad y ayudas sociales”. Pero el Bundesbank acaba de anunciar que los grandes monopolios alemanes aumentaron sus ganancias el año pasado un 12%. Alcanzando la gigantesca cifra de 215.000 millones de beneficios... El gobierno germano no ejecuta recortes sociales porque “no haya dinero”, sino para cargar la crisis sobre la mayoría, salvaguardando el beneficio de bancos y monopolios. Lo mismo sucede en España... El PIB de España es hoy 340.000 millones de euros mayor que hace cinco años. Pero no todos se han beneficiado de ese crecimiento económico. El salario real de los trabajadores es un 2,5% menor que en 2029. Pero los beneficios de los bancos y monopolios del Ibex-35 son un 233% mayores que hace cinco años. Esta claro quien gana y quien pierde... El precio de la vivienda, con alquileres abusivos, es uno de los principales factores de empobrecimiento. Mientras un ínfimo puñado de mega fondos norteamericanos, y de bancos y constructoras españolas, hacen su agosto traficando con un bien esencial como es la vivienda... Un 60% de la población, aun sin ser pobre ni estar en peligro de caer en la pobreza, ha visto recortado su poder adquisitivo. Mientras que bancos, monopolios y capital extranjero alcanzan cada año un nuevo récord de ganancias. ¡Sí hay dinero! ¡El problema es quién se lo queda! (Claudia Arcoba)

 "No tenemos por qué acatar los recortes porque “no hay dinero” para mantener el actual nivel de pensiones y sanidad pública o ayudas sociales.

Sí hay dinero, y sabemos quién lo tiene.

La economía española crece, pero no de la misma manera para todos. Mientras el salario real de los trabajadores es hoy menor que en 2019, los beneficios de bancos, monopolios y capital extranjero se han más que duplicado.

El Estado alemán afirma que el país está en recesión y por tanto “ya no podemos permitirnos destinar uno de cada tres euros de lo que ingresamos a pensiones, sanidad y ayudas sociales”. Pero la crisis no es igual para todos. Mientras el pueblo alemán sufre cada vez más estrecheces, el Bundesbank acaba de anunciar que los grandes monopolios alemanes aumentaron sus ganancias el año pasado un 12%. Alcanzando la gigantesca cifra de 215.000 millones de beneficios.

El gobierno germano no ejecuta recortes sociales porque “no haya dinero”, sino para cargar la crisis sobre la mayoría, salvaguardando el beneficio de bancos y monopolios.

Lo mismo sucede en España. Nos repiten que será inevitable aplicar recortes porque “las cuentas no salen”. Pero ocultan cuál es la auténtica realidad del país.

Hoy somos un país más rico que en 2019. El PIB de España es hoy 340.000 millones de euros mayor que hace cinco años. Pero no todos se han beneficiado de ese crecimiento económico. El salario real de los trabajadores es un 2,5% menor que en 2029. Pero los beneficios de los bancos y monopolios del Ibex-35 son un 233% mayores que hace cinco años.

Esta claro quien gana y quien pierde. Los números nos dicen quién se queda el botín del crecimiento económico.

Esto es lo que debe estar en primer plano.

¡Es la desigualdad!

España crece muy por encima de la media europea. Pero esa cada vez mayor riqueza se la quedan en mayor medida unos pocos. Aumenta la desigualdad. Este es el problema nodular al que nos enfrentamos. El “elefante en la cacharrería” que debemos enfrentar.

Según un reciente estudio de Eurofund, España es el segundo país más desigual de la UE, solo por detrás de Alemania. El 50% solo posee el 6% de la riqueza. Mientras que el 5% más rico acumula el 43%… ¡siete veces más que la mitad de la población!

Mientras tres millones de trabajadores son pobres a pesar de cobrar una nómina, el salario de los directivos de los principales bancos y monopolios es de… ¡7,7 millones de euros al año!

Sobre la mayoría de la población se impone un saqueo permanente. El precio de la vivienda, con alquileres abusivos e hipotecas por las nubes, es uno de los principales factores de empobrecimiento. Mientras un ínfimo puñado de mega fondos norteamericanos, y de bancos y constructoras españolas, hacen su agosto traficando con un bien esencial como es la vivienda.

España lidera el crecimiento económico, pero casi un 20% de la población, 12,5 millones, viven con ingresos por debajo del umbral de la pobreza relativa. Mientras que en el último año la riqueza de los milmillonarios creció un 20%, acumulando 185.000 millones de euros más.

Un 60% de la población, aun sin ser pobre ni estar en peligro de caer en la pobreza, ha visto recortado su poder adquisitivo, su bienestar, a golpe del aumento del precio de servicios y productos básicos, muy por encima del de los salarios. Mientras que bancos, monopolios y capital extranjero alcanzan cada año un nuevo récord de ganancias.

Está claro, hay que Redistribuir la Riqueza

Los números son tajantes. Una ínfima minoría monopoliza una parte cada vez mayor de la riqueza nacional, que todos producimos con nuestro trabajo.

Ante la evidencia de una mayor desigualdad, la alternativa también está clara: hay que Redistribuir la Riqueza. Recortar por arriba, es decir reducir los abusivos beneficios de unos pocos, conseguidos a costa de todos, para poder satisfacer los intereses de la mayoría.

España es un país rico. Tenemos recursos más que suficientes para cubrir las necesidades del país y de la población.

¡Sí hay dinero! ¡El problema es quién se lo queda!" 

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