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18.7.26

El periodista Fonsi Loaiza sufrió una brutal agresión en la calle en Cádiz... El autor de ‘Oligarcas. Los dueños de España’ solo recuerda insultos antes de perder el conocimiento... ya había sufrido decenas de amenazas en persona y especialmente por internet, contra su integridad física por parte de cientos de perfiles vinculados a la extrema derecha... y declaró desde el hospital: “A los que usan el terror y el odio fascista: no me vais a callar” (Javier H. Rodríguez)

"Lo último que recuerdo es que me llamaron ‘rojo, subcampeón’, antes de quedar inconsciente de una brutal agresión”. Con ese mensaje, el periodista Fonsi Loaiza ha denunciado este viernes que ha sufrido un ataque en la vía pública en Cádiz. Loaiza, conocido por su actividad diaria en redes sociales como X (Twitter) y por haber publicado libros como Oligarcas. Los dueños de España (Akal, 2024), ya había sufrido decenas de amenazas en persona y especialmente por internet contra su integridad física por parte de cientos de perfiles vinculados a la extrema derecha. 

Aunque todavía no han transcendido los pormenores del ataque, Loaiza ha añadido un mensaje reivindicando el trabajo del personal sanitario que lo ha atendido: “Quiero dar las gracias a las y los profesionales sanitarios de San Carlos y Puerta del Mar. A los que usan el terror y el odio fascista: no me vais a callar. Frente a la violencia ultraderechista, lo público nos salva la vida. Ni un paso atrás”.

Loaiza ha explicado a El Salto que, efectivamente, no recuerda nada por la fuerte conmoción que sufrió. En este momento, la Policía Nacional trata de identificar a los agresores comprobando si alguna cámara captó el momento."

(Javier H. Rodríguez, , El Salto, 17/07/26) 

4.7.26

El ciclo electoral ha acabado con una derrota del PP... El ciclo se tejió desde Génova con la intención de aprovechar la debilidad socialista... unos malos resultados del PSOE en las autonomías no solo reforzarían al PP, sino que contribuirían a que los cuadros socialistas manifestasen su malestar... con riesgos, que en Génova se entendieron asumibles, de que Vox mejorase sus resultados y se convirtiera en una fuerza indispensable... Vox se había planteado el ciclo electoral como una lucha para hacer comprender, no ya que el PP tenía que contar con ellos en las autonomías, sino que eran imprescindibles para gobernar España. Génova debía ir olvidándose de combatirlos... tras las andaluzas, el cambio quedó asentado... Andalucía dejaría de ser un bastión del PP contra Vox... Vox había doblado el brazo al PP. Cuando Feijóo insinuó en Cataluña que un entendimiento con Puigdemont sería posible, desde Bambú no salieron a atacarlo. Era más el momento de la clemencia que el de la confrontación. Aznar afirmó rápido que el gobierno sería nacional... pero Díaz Ayuso necesita una campaña agresiva contra Vox, de confrontación evidente, que deje claro quién representa a las derechas en Madrid. Esa línea encaja mal con la etapa de amistad competidora entre ambas fuerzas... Queda la pieza más importante, la decisiva, el centro de España, el espacio que representa también el centro de las derechas (Esteban Hernández)

La verdadera derrota del PP a manos de Vox (y qué viene ahora)

El ciclo electoral ha acabado con una derrota del PP. Pero no tanto por el hecho de que se hayan concedido cesiones a Vox, o porque los de Abascal estén representados en los gobiernos, sino porque Bambú ha logrado el objetivo que se había fijado desde que se anunciaron varias elecciones autonómicas consecutivas.

El ciclo se tejió desde Génova con la intención de aprovechar la debilidad socialista, que percibían muy evidente. Era el momento de presionar más a Sánchez, y unos malos resultados del PSOE en las autonomías no solo reforzarían al PP, sino que contribuirían a que los cuadros socialistas manifestasen su malestar por los perjuicios electorales que el presidente estaba causando en sus territorios. Era una operación con riesgos, que en Génova se entendieron asumibles. No estribaban tanto en que los progresistas se recuperasen en las urnas, sino en que Vox mejorase sus resultados y que se convirtiera en una fuerza indispensable para gobernar. Había muchas probabilidades de que así ocurriera, pero se consideró que, o no sucedería, o que el premio compensaba el atrevimiento.

El momento de mayor tensión estuvo en Extremadura. Guardiola había manifestado repetidamente que no quería gobernar con Vox y no fue complaciente con ellos durante la campaña. Alguien había dicho a la presidenta extremeña que la mayoría absoluta estaba al alcance de la mano. Si se lograba, se conseguirían dos objetivos a la vez: debilitar a un PSOE en horas bajas y arrinconar a Vox.

Vox lo había apostado todo al gobierno conjunto de España y el ciclo electoral tenía que demostrar su determinación

Las elecciones fueron favorables al PP solo en un aspecto y los de Abascal no soltaron la presa. En las semanas de negociación circularon varias versiones acerca de los propósitos de Vox y se hizo especial hincapié en que lo lógico es que se quedaran fuera del gobierno: así aprovecharían el descontento social y jugarían solos por el ala derecha. Una posición antisistema sin presencia institucional les dejaba las manos libres. Sin embargo, en Bambú habían decidido tiempo atrás que estarían en los gobiernos si los resultados electorales lo permitían. Esta posición fue mal comprendida, quizá porque faltaba visión de conjunto: Vox había planteado el ciclo electoral como una lucha para hacer comprender, por la vía de los hechos, no ya que el PP tenía que contar con ellos en las autonomías, sino que eran imprescindibles para gobernar España. Génova debía ir olvidándose de combatirlos y de sus tentaciones de alcanzar el número suficiente de diputados para gobernar España en solitario, en compañía del PNV o con el respaldo para la investidura de un PSOE derrotado. Vox lo había apostado todo al gobierno conjunto de España, y el ciclo electoral tenía que demostrar su determinación para conseguirlo.

El principio de la pelea

Desde la noche electoral en Extremadura existieron pocas opciones para que los populares escapasen del abrazo de Vox. Ellos querían estar en el gobierno, el PP lo necesitaba, no cabía otra opción. Repetir las elecciones podría ser todavía peor para los populares. Extremadura era la primera pieza del ciclo electoral, y lo que allí se acordase marcaría la pauta. Los acuerdos con Azcón o con Mañueco eran más fáciles de alcanzar, porque ambos partidos ya habían gobernado juntos, de modo que si Extremadura caía, lo demás vendría por sí mismo.

Si las negociaciones se rompían, no sería por Vox, sino por las dificultades de los populares para entenderse entre sí

Hubo mucha tensión durante las negociaciones con Guardiola, pero el riesgo de ruptura no provino, y así lo expresaban en Vox, de la falta de entendimiento, sino de las luchas de poder en el seno del PP. Era improbable que el acuerdo saltase por los aires, pero si ocurría no iba a ser por voluntad de Vox ni por exigencias inasumibles, sino por las dificultades de los populares a la hora de entenderse entre sí. Finalmente, el pacto de gobierno se acabó suscribiendo, y a partir de ahí todo lo demás iba a ser su continuación.

Una vez que se cerró Extremadura, en Castilla y León y Aragón los acuerdos fueron más sencillos. Los resultados de las elecciones aunaron voluntades. Las dificultades de las negociaciones estuvieron causadas por posiciones lógicamente distintas, o por la habilidad de algunos barones, como Azcón, a la hora de negociar, pero no tanto por las interferencias externas.

La pieza andaluza

Faltaba, no obstante, la pieza final, la de mayor tamaño y la más influyente, Andalucía. Los problemas allí eran de otra índole, porque Juanma Moreno venía de la mayoría absoluta y se veía con opciones reales de repetirla y porque, de resistir a Vox, la tesis de que los de Abascal no eran imprescindibles para gobernar regresaría. La competición tenía algo curioso: en el fondo, un líder del PP nacional como Moreno Bonilla convenía a Vox, porque atraería a los votantes de centro derecha y les dejaría la banda derecha libre para que corrieran por ella. En Bambú pensaban que esa era la fórmula idónea, porque la suma de ambos garantizaría la victoria sobre los progresistas, pero en Génova no estaban de acuerdo con ese planteamiento. Sin embargo, Juanma Moreno como líder andaluz era otra cosa, porque había conseguido captar una parte importante de antiguos votantes socialistas y su actitud moderada gustaba a los electores, lo que cerraba puertas a un Vox al que se describía como excesivo. Lo que le venía bien a nivel nacional le perjudicaba en Andalucía.

Antes de las andaluzas, la relación se había transformado pero, tras ellas, el cambio quedó asentado

La campaña arrancó con un PP crecido, y se desarrolló mal para los intereses populares. Además de algún error de Moreno, hicieron un mal movimiento con Adelante Andalucía, una formación a la que decidieron dar más cariño que a IU. Entre el auge de los de José Ignacio García y un Vox que mejoró ligeramente sus resultados, la mayoría absoluta cayó. Eran solo dos diputados, pero resultaban suficientes. El acuerdo PP-Vox volvería a tener lugar, ambos lo sabían, y Andalucía dejaría de ser un bastión del PP contra Vox.

Antes de las elecciones andaluzas, la relación entre Génova y Bambú se había transformado, pero tras ellas el cambio quedó ratificado. Llegó el armisticio, Feijóo reconoció en público que se apoyaría en Vox para gobernar España si las elecciones así lo dictaban y se abrieron nuevas formas de colaboración. Las hostilidades se rebajaron significativamente. Vox había doblado el brazo al PP. Cuando Feijóo insinuó en Cataluña que un entendimiento con Puigdemont sería posible, desde Bambú no salieron a atacarlo. Era más el momento de la clemencia que el de la confrontación. Aznar afirmó rápido que el gobierno sería nacional.

El nuevo escenario: los dos cambios

Se ha inaugurado una nueva etapa, que cuenta con dos puntos de fricción. Dado que el PP ha aceptado que gobernará con Vox si es necesario, la manera de competir tiene que ser otra; no cabe la confrontación directa. El camino más rápido es el de acoger las propuestas que ponen sobre la mesa los de Abascal y, cuando sea posible, encabezarlas. Vox afirmó en el Congreso que Sánchez pretendía manipular las elecciones con la ley de nietos, algo que llevaba meses señalando, aunque no lo anunciara en público de manera tan expresa como hizo Abascal el miércoles de la semana pasada. La afirmación pasó relativamente desapercibida hasta que días después el PP, con Feijóo a la cabeza, decidió dar la batalla con ese asunto. Díaz Ayuso lo retomó con mayor ímpetu aún. Alguna declaración del PP, a través de Semper, trató de rebajar la gravedad de las afirmaciones, pero el partido insistió en utilizar esa bandera. El viernes, Feijóo insistió en Valencia en la “ingeniería social” de Sánchez para añadir millones de nuevos españoles con derecho a voto. Génova tiene que demostrar que el liderazgo de la derecha continúa en sus manos, y arrinconar a Vox mediante la asunción de algunas de sus propuestas es un modo de hacerlo. Habrá nuevos términos en la competición electoral entre PP y Vox, antes mediante oposición, ahora mediante una absorción controlada. Arraigo como sinónimo de prioridad nacional. Se puede decir de otra manera: si en el inicio del ciclo autonómico la prioridad era acabar con Sánchez, ahora se percibe a las izquierdas lo suficientemente dañadas como para que no sean un peligro electoral, y toca concentrarse en que Vox no crezca, o al menos que no lo haga de manera significativa.

El ciclo electoral autonómico no ha terminado. Queda la pieza más decisiva, el centro de España

El segundo punto de fricción es territorial y se centra en la capital. Para Sánchez es muy difícil gobernar teniendo al Madrid D.F. en contra, pero también es complicado para Feijóo controlar el partido si Madrid no está de su lado. Y aunque los populares insisten en que las piezas están alineadas y que no hay contradicción entre Díaz Ayuso y Núñez Feijóo, lo cierto es que hay intereses diferentes. La batalla por la mayoría absoluta en Madrid, sin ir más lejos, marca distancias. En la Puerta del Sol consideran que ni Óscar López ni Más Madrid pueden sumar el caudal electoral preciso para perturbar el dominio de Ayuso en la Comunidad. Vox sí puede conseguirlo, lo cual incluye cierta novedad, ya que hasta ahora era una fuerza arrinconada. No solo por la composición sociológica de la sociedad madrileña, sino porque la hostilidad hacia Sánchez había sido liderada muy mayoritariamente por la presidenta de la Comunidad. Pero ahora estamos en otro contexto, el de la prioridad nacional. Vox posee un elemento ideológico diferencial que puede tener recorrido en grandes ciudades que han visto cómo ha aumentado significativamente el número de inmigrantes, de los que carecen de recursos y de los que gozan de gran cantidad de ellos. El Madrid de todos los acentos se enfrentará al Madrid de acento nacional. Y ahí puede aparecer un roto. Díaz Ayuso necesita una campaña agresiva contra Vox, de confrontación evidente, que deje claro quién representa a las derechas en Madrid. Esa línea encaja mal con la etapa de amistad competidora entre ambas fuerzas.

La pelea por la comunidad será importante. Tanto Juanma Moreno como Díaz Ayuso podían exhibir un elemento diferencial respecto de la dirección nacional: su capacidad para arrinconar a Vox y para eliminar su influencia. Caído Moreno, solo queda Ayuso. Dicho de otra manera, el ciclo electoral autonómico no ha terminado. Queda la pieza más importante, la decisiva, el centro de España, el espacio que representa también el centro de las derechas."

(Esteban Hernández, El Confidencial, 04/07/26)  

21.6.26

El espejismo de la derechización... los datos apuntan más bien a una izquierda desmovilizada que a un cambio ideológico del electorado... España sigue inclinada ideológicamente hacia la izquierda: 4,64 en abril de 2026... Este primer indicador del CIS plantea, no obstante, una paradoja: si la sociedad no se está derechizando, ¿por qué la derecha da ahora la impresión de encontrarse más cerca del poder que en varios momentos de la última década? Esta intuición no es nueva... La clave histórica es la capacidad de cada bloque para mantenerse cohesionado y movilizado; la conversión ideológica masiva pesa mucho menos... los datos no apuntan a una expansión histórica de la derecha, sino sobre todo a una contracción de la izquierda... la izquierda aparece otra vez debilitada tras varios años de gobierno, mientras que la derecha logra concentrar una dinámica de alternancia favorable... La cuestión de la vivienda resume probablemente mejor que ninguna otra esa pérdida progresiva de credibilidad material de la izquierda. Tras varios años de gobierno de coalición, amplios sectores populares y buena parte de los jóvenes siguen percibiendo que el acceso a la vivienda continúa deteriorándose... Vox puede así implantarse en sectores populares no porque la condición popular se haya vuelto espontáneamente conservadora, sino porque otras dimensiones de la experiencia social han adquirido una relevancia política creciente frente a la sola pertenencia de clase... la situación apuntaría a una alternancia coyuntural, de las que el ciclo político español ya ha conocido... la derecha puede ganar sin que el país vire en bloque al conservadurismo: en un sistema parlamentario fragmentado, su verdadera ventaja no es haber convencido a muchos más electores, sino haber recuperado una arquitectura más cohesionada, y con ella una ventaja de movilización que diferencias de participación reducidas bastan para convertir en mayoría... además, los procesos de removilización electoral parecen favorecer más a las derechas que a las izquierdas dentro del grupo de los abstencionistas (Marco Alagna Morales)

 "A un año de las próximas elecciones legislativas, la idea de una alternancia conservadora se va imponiendo en el debate político. Sin embargo, los datos sociológicos cuentan una historia mucho menos sensacionalista que la de una España súbitamente arrollada por la derecha.

El relato dominante ya se ha asentado plenamente en el panorama mediático: España se estaría “derechizando”. El ascenso de Vox, la radicalización de la cuestión migratoria y las crecientes dificultades de la izquierda alimentan la idea de un próximo giro conservador. Las series estadísticas largas dibujan un cuadro mucho más matizado. 

Desde mediados de los años ochenta, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) pide regularmente a los españoles que se sitúen en una escala que va del 1 (izquierda) al 10 (derecha). Una lectura atenta de la serie muestra una notable estabilidad de fondo durante las últimas cuatro décadas. Ello no significa que no se hayan producido movimientos significativos. A finales de los años noventa y comienzos de los 2000 se observa un pronunciado giro hacia la derecha, coincidiendo con el ciclo que culminó en la mayoría absoluta de José María Aznar, que terminó revirtiéndose posteriormente. En conjunto, las variaciones permanecen contenidas dentro de una horquilla relativamente estrecha y los desplazamientos hacia la izquierda o hacia la derecha tienden a neutralizarse con el tiempo, manteniendo la media en torno al centro del eje político. 

Ni la crisis económica y la irrupción de Podemos –que podrían haber provocado un vuelco hacia la izquierda como el de Syriza en Grecia– ni el conflicto catalán y el ascenso de Vox –que habrían podido anunciar una derechización de fondo– han alterado ese equilibrio. España sigue inclinada ideológicamente hacia la izquierda: 4,64 en abril de 2026, por debajo del punto medio real de la escala, que es el 5,5 puesto que el rango es de 1 a 10. A diferencia de los porcentajes por bloques, que dependen de dónde se sitúe la frontera entre izquierda y derecha, la media no exige fijar ese umbral, y se mantiene a la izquierda con independencia de dónde se trace esa frontera. La posición de esa media resulta aún más significativa cuando se compara con la de los distintos electorados en abril de 2026: Sumar (2,45), PSOE (3,21) y ERC (3,42) ↔ España (4,64) ↔ PP (6,86) y Vox (7,33). Incluso la media nacional se sitúa por debajo de la observada entre los votantes de Junts (5,15) y del PNV (5,05). Si España se estuviera desplazando mayoritariamente hacia la derecha, cabría esperar una media superior al punto medio de la escala y más próxima a la de los electorados conservadores. Los datos del CIS sugieren más bien lo contrario. 

Este primer indicador del CIS plantea, no obstante, una paradoja: si la sociedad no se está derechizando, ¿por qué la derecha da ahora la impresión de encontrarse más cerca del poder que en varios momentos de la última década? Esta intuición no es nueva: Alberto Garzón sostenía a comienzos de 2026 que España no es un país de derechas, sino un país progresista desmovilizado. Ello no implica ignorar el peso de los factores coyunturales. La derrota del PP en 2004, tras la gestión política de los atentados del 11-M, y la del PSOE en 2011, precedida por semanas de negación de la gravedad de la crisis económica, ilustran hasta qué punto una parte del electorado centrista puede reaccionar a determinados acontecimientos y alterar temporalmente los equilibrios entre bloques. Pero el objeto de este artículo son las tendencias estructurales de largo plazo que configuran los equilibrios políticos españoles. 

Desde 1982, el campo conservador ha atravesado crisis sucesivas (desaparición de la UCD, marginación del CDS, hundimiento de Ciudadanos), pero los partidos cambian sin que el bloque se mueva. Hoy, Vox funciona en gran medida como un instrumento de rearticulación interna de toda la derecha tras el colapso del centroderecha liberal de Rivera. Esa plasticidad organizativa contrasta con la trayectoria reciente del conjunto de los partidos progresistas. 

El PSOE mantiene, desde luego, una base electoral sólida, pero las fuerzas políticas a su alrededor se han desintegrado durante la última década. Podemos logró, tras 2014, canalizar parte del descontento surgido de la crisis financiera y de la austeridad, pero esa recomposición nunca llegó a producir una expansión prolongada del bloque de izquierda. Sobre todo, modificó su equilibrio interno.

Si aplicamos aquí la teoría de juegos, los histogramas sugieren un sistema bastante cercano a un juego de suma cero entre bloques: desde los años ochenta, el peso global de la izquierda y de la derecha cambia relativamente poco, de modo que el avance de un campo suele coincidir con el retroceso del otro. Pero no es un juego de suma cero perfecto tampoco, porque parte de las pérdidas electorales no pasan directamente (o de forma marginal) al adversario, sino a la abstención o a la desmovilización. La clave histórica que muestran los gráficos es la capacidad de cada bloque para mantenerse cohesionado y movilizado; la conversión ideológica masiva pesa mucho menos. 

La gráfica muestra por otro lado que el escenario proyectado para 2027 por Sigma Dos, 40dB y GAD3 (histogramas rayados de la derecha) presenta varias similitudes con las elecciones generales de 2011. En ambos casos, el bloque de derecha supera claramente al de izquierda en número de votos, con una diferencia aproximada comprendida entre los 2,5 y los 3,2 millones de votos. Sin embargo, los datos no apuntan a una expansión histórica de la derecha, sino sobre todo a una contracción de la izquierda. El volumen de votos del bloque conservador sería algo similar al registrado en 2011, mientras que el de la izquierda volvería a niveles ya observados en 2000 y 2011.

Sin embargo, los datos no apuntan a una expansión histórica de la derecha, sino sobre todo a una contracción de la izquierda. El volumen de votos del bloque conservador sería muy similar al registrado en 2011, mientras que el de la izquierda volvería a niveles ya observados en 2000 y 2011.

Las proyecciones demoscópicas para 2027 muestran que la izquierda aparece otra vez debilitada tras varios años de gobierno, mientras que la derecha logra concentrar una dinámica de alternancia favorable. Y si el escenario proyectado para 2027 se parece realmente al de 2011, apuntaría a una alternancia coyuntural, de las que el ciclo político español ya ha conocido. 

Cabe aquí objetar que las elecciones autonómicas y municipales de 2023 desmienten, a primera vista, esa lectura. El PP recuperó entonces buena parte del poder territorial perdido durante el ciclo anterior y consolidó, junto a Vox, una amplia implantación institucional. Dos meses después, en las elecciones generales de julio, el bloque de derecha volvió además a imponerse en número de votos, aunque por una diferencia relativamente reducida –alrededor de 400.000 sufragios–. Esas elecciones han sido interpretadas por numerosos observadores como una sanción al Gobierno tras varios años en el poder y como la expresión de una lógica clásica de alternancia agravada por la fragmentación de la izquierda. La propia dificultad del PP para transformar esa ventaja electoral en una mayoría parlamentaria suficiente invita, en ese sentido, a distinguir entre una victoria territorial y un verdadero realineamiento del electorado español. 

Por tanto, tres lecturas de naturaleza distinta –la autoidentificación ideológica media del CIS (estable desde los años ochenta), el peso electoral de cada bloque y el paralelismo entre el escenario de 2027 y las generales de 2011– apuntan en la misma dirección: los cambios de mayoría responden más al desgaste de los gobiernos, a las crisis económicas y a la fragmentación partidista que a una transformación profunda de la sociedad española. 

La sucesión Podemos-Sumar ilustra bien las dificultades actuales de la izquierda: a medida que las alianzas se fragmentan, el bloque progresista se vuelve más dependiente de complejas coaliciones parlamentarias, de acuerdos con los nacionalistas regionales y de electorados mucho menos estabilizados. El principal problema de la izquierda reside hoy en la dificultad creciente para mantener una coalición electoral coherente. 

Esta fragilidad se debe, en particular, a que los distintos componentes electorales del bloque progresista ya no responden a las mismas prioridades sociales y culturales. Los jóvenes urbanos titulados, las clases populares precarizadas, los jubilados socialistas tradicionales o los electorados regionalistas siguen coexistiendo electoralmente, pero de una manera cada vez más inestable. Allí donde el bipartidismo español descansaba antaño sobre lealtades políticas relativamente sólidas, la izquierda funciona ahora más bien como una coalición cambiante de electorados fragmentados.

Las diferencias entre los distintos electorados de cada bloque aparecen con claridad cuando se observan sus bases sociales respectivas. Vox ya no es fuerte únicamente, como en sus inicios, en los sectores más conservadores: jubilados nostálgicos del nacionalismo, clases medias-altas, burguesías urbanas o provinciales católicas. Como muestran numerosos estudios, el partido alcanza ya el 24,4 % entre los jóvenes de 18 a 24 años y supera o ronda el 20 % en la mayoría de las categorías de edad activa. Pero, sobre todo, en las categorías de “clase media-baja/baja”, Vox obtiene hoy un apoyo superior al de Podemos y Sumar juntos. Dentro del propio bloque conservador, además, Vox supera ya al PP en casi todas las categorías sociales salvo entre las clases altas, lo que sugiere una creciente popularización –e incluso cierta “obrerización”– de su base electoral (véase el gráfico más abajo). 

Todos esos cambios sociopolíticos no significan que las generaciones jóvenes se hayan desplazado mayoritariamente hacia la derecha, pese a la imagen cada vez más extendida en el debate mediático. Según el Barómetro del CIS de mayo de 2026, los jóvenes de 18 a 24 años siguen situándose más a la izquierda que a la derecha en términos de autoidentificación ideológica (45,9 % frente a 32 %). Y aunque Abascal obtenga entre ellos un 20,4 % de opiniones positivas, Pedro Sánchez alcanza el 41,1 % y Yolanda Díaz el 36,6 %. La novedad histórica no reside, por tanto, en un vuelco conservador de la juventud española, sino en una creciente implantación y en una transformación de los equilibrios internos de cada bloque político. Mientras que en 2010 la derecha representaba una minoría reducida entre los jóvenes, hoy reúne a cerca de un tercio de esta cohorte. El avance de Vox refleja así menos un desplazamiento masivo hacia la derecha que la capacidad de la extrema derecha para atraer a una parte del electorado descontento que durante años encontró en la izquierda alternativa su principal vehículo de expresión. 

La progresión de Vox también puede interpretarse como el síntoma de una transformación más profunda de la estructura social. Durante buena parte del período democrático, la posición social o la pertenencia de clase permitían anticipar con relativa facilidad las orientaciones políticas de amplios sectores de la población. Hoy esos vínculos parecen menos estables. Las experiencias sociales de individuos pertenecientes a una misma categoría social son cada vez más heterogéneas, atravesadas por diferencias generacionales, educativas, territoriales o culturales que tienden a fragmentar las antiguas identidades colectivas. Las divisiones socioeconómicas (identidades verticales) siguen siendo importantes, pero se entrecruzan cada vez más con otros factores como la edad, el nivel educativo, el género o los valores culturales (identidades horizontales). Vox puede así implantarse en sectores populares no porque la condición popular se haya vuelto espontáneamente conservadora, sino porque otras dimensiones de la experiencia social han adquirido una relevancia política creciente frente a la sola pertenencia de clase. 

Esta evolución plantea un desafío particular para las izquierdas. Aunque en la actualidad el PSOE conserve todavía una sólida base social popular, la evolución de su electorado podría orientarse hacia una concentración cada vez mayor en los segmentos socialmente más protegidos –jubilados, función pública, titulados urbanos–, es decir, en aquellos a quienes la incertidumbre económica menos afecta. 

Reconquistar a otros electores supondría volver a hablarles de economía, precariedad, poder adquisitivo y vivienda: precisamente el terreno en el que Vox ha logrado capitalizar una parte creciente del malestar social al vincular esas dificultades con la inmigración. La cuestión de la vivienda resume probablemente mejor que ninguna otra esa pérdida progresiva de credibilidad material de la izquierda. Tras varios años de gobierno de coalición, amplios sectores populares y buena parte de los jóvenes siguen percibiendo que el acceso a la vivienda continúa deteriorándose. Y esa percepción se alimenta de una paradoja: aunque la economía española presenta hoy indicadores mucho más sólidos que durante la crisis de 2008-2012, muchos hogares de clase media y trabajadora tienen la sensación de no beneficiarse plenamente de esa mejora, debido sobre todo al encarecimiento de la vivienda y al aumento del coste de la vida. 

Y ahí reside el principal dilema estratégico de la izquierda de cara a los próximos comicios. Por un lado, le resultará difícil articular un discurso creíble de esperanza social ante sectores populares cuya situación material apenas ha mejorado desde su llegada al gobierno. Por otro, tampoco puede disputar frontalmente el terreno migratorio sin tensionar sus propios equilibrios internos, ya que ello implicaría alejarse tanto de su tradición ideológica como de una parte esencial de su base urbana, progresista y titulada. 

Las consecuencias de esa fragilidad estratégica aparecen con claridad en los patrones de fidelidad electoral. Los trasvases de voto muestran que el PP, y sobre todo Vox, conservan un electorado mucho más disciplinado que el del bloque progresista. Vox fideliza a cerca del 88 % de quienes lo votaron en 2023. Por el contrario, Sumar se muestra extremadamente frágil: solo la mitad de sus antiguos votantes declaran querer volver a votar a la coalición. Una parte regresa al PSOE, pero otra deriva hacia la abstención o la indecisión. 

De hecho, Sumar es el partido más afectado por estos comportamientos, al registrar la mayor proporción de electores que optan por el voto en blanco o que permanecen indecisos. Al mismo tiempo, los procesos de removilización electoral parecen favorecer más a las derechas que a las izquierdas dentro del grupo de los abstencionistas.

Sin embargo, la matriz de trasvases de voto no muestra que esté en marcha un desplazamiento masivo de antiguos votantes de la izquierda alternativa hacia Vox.

El avance de Vox en las clases populares y entre los jóvenes responde a procesos más difusos como el relevo generacional, la llegada de votantes primerizos, la captación de antiguos abstencionistas y los realineamientos progresivos de electores anteriormente poco politizados. Lo que cambia ante todo es la capacidad creciente de Vox para consolidarse en segmentos sociales donde la izquierda alternativa ocupó durante décadas una posición simbólicamente hegemónica. Esto resulta aún más relevante si se tiene en cuenta que los jóvenes electores constituyen históricamente en España una de las categorías más abstencionistas del cuerpo electoral. La irrupción de Podemos después de 2014 ya había mostrado la capacidad de una nueva fuerza política para removilizar a una parte de la juventud hasta entonces alejada de las urnas; el avance actual de Vox entre los jóvenes responde, al menos en parte, a un mecanismo comparable de repolitización.

Más allá de esta transformación del cuerpo electoral, la derecha puede ganar sin que el país vire en bloque al conservadurismo: en un sistema parlamentario fragmentado, su verdadera ventaja no es haber convencido a muchos más electores, sino haber recuperado una arquitectura más cohesionada, y con ella una ventaja de movilización que diferencias de participación reducidas bastan para convertir en mayoría. Las recientes investigaciones por corrupción que afectan al entorno del PSOE han reforzado probablemente esa tendencia en los sondeos, pero conviene no confundir ese desgaste coyuntural con una transformación duradera de los equilibrios ideológicos del país. 

La autoubicación ideológica media de los españoles apenas se ha modificado durante la últimas décadas

Ahora bien, incluso si la derecha termina gobernando en 2027, eso no significa que pueda aplicar sin fricciones todo el programa que hoy enarbola Vox. En un contexto de tensiones persistentes en el mercado laboral, envejecimiento demográfico y presión constante de la patronal para facilitar la inmigración económica, un eventual gobierno del PP con apoyo de Vox probablemente tendría que asumir la entrada de trabajadores extranjeros. Giorgia Meloni en Italia ofrece un precedente revelador: pese a la dureza de su discurso identitario, su gobierno ha terminado ampliando los cupos de inmigración laboral. Porque una cosa es capitalizar en la oposición el malestar en torno a la inmigración, y otra muy distinta gobernar una economía que depende estructuralmente de nuevos flujos de trabajadores. La inmigración podría convertirse así para PP y Vox en una contradicción comparable a la que la vivienda representa para la izquierda.

Pero esas limitaciones no serían únicamente económicas, sino también culturales. En apenas cuarenta años, España ha pasado de ser una de las sociedades más conservadoras de Europa occidental a una de las más liberales en matrimonio homosexual, derechos LGBT o aborto. El 88 % respalda hoy el matrimonio homosexual (Eurobarómetro 535, 2023); y según una encuesta de Simple Lógica para elDiario.es (febrero de 2023), el 80,5 % reconoce el derecho al aborto, incluido el 60,9 % de los votantes del PP y el 67,4 % de los de Vox. Esa evolución alcanza a la propia derecha: el PP, que en 2005 recurrió la ley del matrimonio homosexual, hoy descarta derogarla. Difícilmente un gobierno del PP con apoyo de Vox podría impulsar políticas como las de Orbán en Hungría, como confirmó el rápido repliegue ante el protocolo del “latido fetal” en Castilla y León. A ello se añade que los marcadores habituales de la “derechización” europea –el islam, el multiculturalismo, las cuestiones identitarias– siguen ocupando en España una posición mucho más periférica que en Francia, Bélgica, Holanda o Alemania. 

Parece más prudente hablar de una reorganización de los bloques políticos y de dinámicas de movilización que de una conversión de la sociedad española al conservadurismo

En cualquier caso, los datos invitan a matizar la idea dominante de una España en proceso de derechización. El avance electoral de las derechas, el aumento del número de personas que se declaran de derechas o la creciente implantación de Vox en determinados segmentos de la población constituyen fenómenos reales que sería absurdo ignorar. Sin embargo, ninguno de estos indicadores basta por sí solo para demostrar una derechización general de la sociedad española. Una mirada de largo plazo ofrece una imagen más compleja. La autoubicación ideológica media de los españoles apenas se ha modificado durante décadas, el bloque conservador no muestra una expansión histórica indiscutible en los sondeos, los análisis de trasvases de voto no evidencian tampoco por el momento una transferencia significativa de electores desde la izquierda hacia las derechas y, al mismo tiempo, la sociedad ha seguido evolucionando hacia posiciones ampliamente liberales en numerosas cuestiones culturales, incluso entre una parte significativa de los electores de derechas. De hecho, algunos de los cambios que hoy suelen asociarse a la irrupción de Vox parecen hundir sus raíces mucho antes. Las transferencias parciales de voto obrero hacia el PP observadas por la ciencia política española a finales de los años noventa (ver los estudios de Miguel Caínzos, por ejemplo) sugieren que algunos de estos realineamientos sociales fueron ya perceptibles, de forma episódica, antes de la aparición de Vox.

La cuestión, por tanto, no es si algunos indicadores apuntan a la derecha –algo indiscutible–, sino si reflejan una transformación profunda y duradera del equilibrio ideológico del país. La propia historia invita a la cautela: la victoria del PP en 2000 fue interpretada en su momento por algunos comentaristas como la prueba de un giro conservador duradero de España. La izquierda regresó al poder unos cuantos años después. A la vista de los datos disponibles, parece más adecuado y prudente hablar de una reorganización de los bloques políticos y de dinámicas de movilización diferenciadas que de una conversión masiva de la sociedad española al conservadurismo.

El último ciclo electoral, las andaluzas de 2026, apunta en esa misma dirección: incluso en el territorio más favorable para el PP, la derecha no ha logrado ampliar su bloque más allá de los niveles de 2022, lo que la situaría cerca de su máximo electoral, mientras que la izquierda conservaría reservas susceptibles de reactivarse a escala nacional. 

La prueba decisiva llegará en 2027: si el bloque de derecha no supera los 12 millones de votos –el máximo alcanzado por ese espacio ideológico en 2011 según una definición amplia de ese espacio–, no habrá habido expansión, sino reagrupación."

(Marco Alagna Morales, CTXT, 19/06/2026, gráficos en el original)

20.4.26

Se confirma que este Partido Popular es una ganga para Vox... Justo cuando el tiempo empezaba a correr a favor de los populares y el miedo a una repetición electoral cambiaba de bando... Justo cuando el votante de derechas empezaba a cansarse de tanto desorden y el sangrado de las encuestas permitía a los populares sentarse a esperar a que Vox concediera el empate antes de las elecciones andaluzas, los altos mandos de Génova deciden hacerle otro regalo a Vox y permitirles cantar victoria... Unas horas antes del plazo límite para ir a la repetición electoral habrían firmado por bastante menos... Moreno Bonilla tiene que estar encantado. Toda su campaña basada en pedir el voto para evitar el lío de tener que pactar con Vox y desde Génova le demuestran que de lío nada y que está chupado: solo hay que darles lo que piden. Toda la campaña tratando de evitar el asunto de la inmigración y los tuyos se tiran de cabeza al pozo con la retórica ultra de tus competidores. Dos por el precio de uno; una ganga (Antón Losada)

"Feijóo asume en Extremadura su dependencia de Vox con un acuerdo de vocación “nacional”

Santiago Abascal y su directiva, “que en su vida han tenido dos euros juntos”, en la brillante y acertada definición de su antiguo camarada Ortega Smith, aún lo deben estar celebrando entre incrédulos y eufóricos. Por si quedaba alguna duda tras los catastróficos pactos de junio del 2023, se confirma que este Partido Popular es un chollo entre un millón para Vox; una ganga que no debería dejar escapar y ese choped que cualquiera sueña encontrar. Solo le pido a Dios que en todas las negociaciones que me queden en esta vida me toque en frente alguien como Alberto Núñez Feijóo y su Partido Popular. El acuerdo de Extremadura no es un pacto, es un saldo.

Justo cuando el tiempo empezaba a correr a favor de los populares y el miedo a una repetición electoral cambiaba de bando. Justo cuando la marca internacional ultra empieza a dar síntomas de gripado y todo cuanto no parecía hacerle daño a Vox empieza a hacérselo; como suele acontecer en todas las franquicias. Justo cuando la marca Trump se ha vuelto tóxica y le abría una autopista por la derecha para internarse envuelto en la bandera de España en el espacio de Vox. Justo cuando las guerras internas, deserciones, purgas y denuncias por corrupción estaban convirtiendo a Vox en el capítulo más violento y tedioso de los Peaky Blinders. Justo cuando el votante de derechas empezaba a cansarse de tanto desorden y el sangrado de las encuestas permitía a los populares sentarse a esperar a que Vox concediera el empate antes de las elecciones andaluzas, los altos mandos de Génova deciden hacerle otro regalo a Vox y permitirles cantar victoria. 

Una vicepresidencia y dos consejerías en las áreas que Vox demandaba más un pacto programático marcado por las prioridades y los relatos de la ultraderecha a cambio de algo tan obvio como aprobar cuatro presupuestos no es un acuerdo; es un negocio redondo para Santiago Abascal y los suyos. Unas horas antes del plazo límite para ir a la repetición electoral habrían firmado por bastante menos. El miedo habría guardado la viña y un acuerdo ventajoso para Feijóo. Es la consecuencia de una estrategia de oposición basada en la idea de que todo vale: te las meten dobladas por todas partes. 

Que María Guardiola lo envuelva en la épica de una Targaryen que ha logrado, por fin, reunir a los siete reinos para enfrentar al ejército de los caminantes rojos únicamente incrementa su ridículo y la ganancia del otro. 

Moreno Bonilla tiene que estar encantado. Toda su campaña basada en pedir el voto para evitar el lío de tener que pactar con Vox y desde Génova le demuestran que de lío nada y que está chupado: solo hay que darles lo que piden. Toda la campaña tratando de evitar el asunto de la inmigración y los tuyos se tiran de cabeza al pozo con la retórica ultra de tus competidores. Dos por el precio de uno; una ganga."

(Antón Losada, eldiario.es, 19/04/26)

19.4.26

Juan Torres López: La Junta de Andalucía ha dispuesto en los últimos años de más dinero que nunca y, sin embargo, esos servicios funcionan peor. La administración de Moreno no ha sido capaz de ejecutar todo el presupuesto disponible y se ha dedicado a financiar el negocio privado... Moreno ha sido un ejemplar ejecutor de la estrategia orientada a debilitar calladamente el sector público para así justificar el apoyo financiero al privado, y eso ha provocado listas de espera gigantescas, escasez de aulas y profesionales, irregularidades, escándalos en la gestión y corruptelas de todo tipo... La gente recibe cada día peor atención, menos ayudas, servicios públicos más deteriorados y, sin embargo, las encuestas apuntan a que el Partido Popular, responsable de todo ello, volverá a ganar las elecciones... La explicación de este fenómeno no puede ser simplista y a mí se me escapa en toda su pofundidad, pero debe tener mucho que ver con lo que vienen haciendo los partidos de izquierda... La incapacidad de los dirigentes de los diferentes partidos de izquierda para coaligarse los desnuda ante la ciudadanía... Su incoherencia es brutal, no se puede decir que se defiende el bienestar de la gente y luego no alcanzar coaliciones amplias, sin las cuáles es imposible que eso se pueda conseguir... Sin embargo, la ciudadanía debe sobreponerse a la irresponsabilidad de sus representantes y votar con inteligencia, incluso a quienes no se merecen nuestro voto ni apoyo. El riesgo de deterioro económico y dictadura no es retórico, ni una metáfora más, sino real y próximo... Hemos de votar a quien defiende la democracia, la paz, los servicios públicos y la justicia social -aunque lo estén haciendo con irresponsabilidad e incoherencia- para mostrar así que no queremos que se siga avanzando por el camino de las privatizaciones y el deterioro de las libertades que llevan consigo los gobiernos del Partido Popular y Vox

 "Una vez que el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ha convocado elecciones, ya sólo nos queda saber si se consumará el disparate de la izquierda del PSOE presentando varias candidaturas, luego votar y conocer por fin las consecuencias de la irresponsabilidad con la que han actuado todos los partidos progresistas de nuestra comunidad en los últimos tiempos.

Las encuestas predicen que ganará de nuevo el PP y algunas señalan que incluso podría hacerlo con mayoría absoluta. Algo que debería resultar extraño pues, bajo el mandato de Moreno, se ha producido un enorme deterioro en la provisión de servicios públicos esenciales, como sanidad y educación, de los que depende la vida de la inmensa mayoría del electorado.

La Junta de Andalucía ha dispuesto en los últimos años de más dinero que nunca y, sin embargo, esos servicios funcionan peor. La administración de Moreno no ha sido capaz de ejecutar todo el presupuesto disponible y se ha dedicado a financiar el negocio privado. Moreno ha sido un ejemplar ejecutor de la estrategia orientada a debilitar calladamente el sector público para así justificar el apoyo financiero al privado, y eso ha provocado listas de espera gigantescas, escasez de aulas y profesionales, irregularidades, escándalos en la gestión y corruptelas de todo tipo.  La gente recibe cada día peor atención, menos ayudas, servicios públicos más deteriorados y, sin embargo, las encuestas apuntan, como acabo de señalar, a que el Partido Popular, responsable de todo ello, volverá a ganar las elecciones con una gran subida, además, de la extrema derecha.

La explicación de este fenómeno no puede ser simplista y a mí se me escapa en toda su pofundidad, pero debe tener mucho que ver con lo que vienen haciendo los partidos de izquierda que, supuestamente, constituyen la alternativa a lo que está sucediendo.

El Partido Socialista, noqueado desde los escándalos que la derecha judicial urdió con la complicidad indisimulada del PP para acabar con su hegemonía, ha hecho oposición en régimen mediopensionista, de fin de semana. Cuando más se necesitaban dirigentes pegados al terreno denunciando lo que estaba pasando, su candidata estaba en Madrid. No me cabe la menor duda de allí ha tratado de defender lo mejor posible los intereses de Andalucía gestionando las cuentas públicas y la administración del Estado. Pero la tarea de una candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía no es esa, sino la de tratar de alcanzar esa representación en las urnas. Un objetivo a cuyo alcance no ha contribuido su actividad en el gobierno de la Nación. Hasta ella misma ha dicho que jugaba en la champions, como la mujer más poderosa de nuestra historia democrática, y que venir a Andalucía es algo así como fichar por un equipo de segunda división. En lugar de liderar la oposición a pie de obra en nuestra tierra, ella misma ha escrito la partitura con la que Moreno la criticará en campaña al haber sido autora de un diseño de financiación autonómica para contentar al soberanismo catalán basado en principios que rompen la equidad y solidaridad interterritorial que son cruciales para Andalucía.

A su izquierda, lo ocurrido es sencillamente un disparate, una muestra de irresponsabilidad política en grado sumo. La incapacidad de los dirigentes de los diferentes partidos para coaligarse los desnuda ante la ciudadanía. Nada hay que pueda justificar sus personalismos y vergonzoso comportamiento, las alianzas segmentadas de mesa camilla entre siglas que no tienen nada detrás y sin otro fin que salvaguardar nóminas, prebendas y financiación a partidos endeudados hasta las cejas. Su incoherencia es brutal: no se puede decir que se defienden los servicios públicos y el bienestar de la gente y luego no alcanzar acuerdos y coaliciones amplios, cuando estos son condición previa y sin la cual es imposible que eso se pueda conseguir.

Andalucía no se merece lo que le han hecho los dirigentes de las organizaciones de la izquierda. Mucho menos, en circunstancias tan excepcionales como las actuales, en medio de dos guerras que pueden afectarnos directamente en cualquier momento, bajo la amenaza de una gran crisis económica y cuando la extrema derecha, cada día más agresiva y totalitaria se propone destruir la democracia.

Sin embargo, es en estos momentos cuando la ciudadanía mínimamente consciente de todo ello debe sobreponerse a la irresponsabilidad de sus representantes y votar con inteligencia, incluso a quienes no se merecen nuestro voto ni apoyo. El riesgo de involución, de guerra, de deterioro económico y dictadura no es retórico, ni una metáfora más, sino real y próximo. Basta ver lo que está sucediendo en países como Argentina, Hungría o Estados Unidos, en donde ya se persigue sin disimulo a los adversarios políticos.

No podemos dejar de utilizar nuestro voto porque este es un instrumento fundamental para señalar por dónde queremos ir. En estos momentos es más necesario que nunca y no usarlo ahora nos haría ser tan irresponsables como lo han sido los dirigentes de la izquierda andaluza. Hemos de votar a quien defiende la democracia, la paz, los servicios públicos y la justicia social -aunque lo estén haciendo con irresponsabilidad e incoherencia- para mostrar así que no queremos que se siga avanzando por el camino de la guerra, las privatizaciones y el deterioro de las libertades que llevan consigo los gobiernos del Partido Popular y Vox. Y hemos de esforzarnos para mostrar, al mismo tiempo, que ese voto es también de censura hacia los dirigentes de las izquierdas que habrán sido los directos responsables de lo que todo indica que será un nuevo retroceso en bienestar y equidad, tras las elecciones del 17 de mayo. Es muy posible que la tremenda irresponsabilidad del PSOE y de los demás partidos a su izquierda impida a estas alturas que la derecha y la extrema derecha sigan haciendo en Andalucía lo que hacen. Pero lo que es totalmente seguro es que, sin nuestro voto, incluso a quien nos duela votar, iremos a peor."

(Juan Torres López, blog, 28/03/26) 

15.12.25

Lo que viene es una derecha y una extrema derecha rabiosa buscando desmontar todos los avances sociales de los últimos tiempos con una política vengativa que busque desarrollar, no un cambio de gobierno, sino instaurar una dinastía reaccionaria... El pleno convencimiento de que nos espera un desmantelamiento de los servicios públicos, el estado del bienestar y los preceptos democráticos básicos nos tiene que hacer comprender que evitarlo es una cuestión de supervivencia... pero existe la posibilidad de ganar las próximas elecciones cuando el descarnamiento ultra huela la sangre y se pase de frenada antes de tiempo... en la actual coyuntura, creo que solo hay una manera de parar la ola con las manos y es dejarle claro al PSOE, usando su debilidad actual, que es necesario plantear una serie de medidas ambiciosas, tremendamente ambiciosas, que dejen claro a la ciudadanía cuál es el proyecto socialista —pero socialista de verdad— de intervención pública para mejorar la vida de la gente y defender los derechos de todos los colectivos en riesgo. Un proyecto con medidas que el PSOE jamás aceptaría en condiciones normales (Antonio Maestre)

"En multitud de ocasiones los debates en la izquierda quedan viciados porque no queda claro que el objetivo es compartido y todos buscamos lo mismo y acabamos perdiéndonos en luchas intestinas por tener diferentes diagnósticos para conseguir ese destino colectivo. Lo primero que hay que dejar claro es que todos los planteamientos de debate, propuestas y medidas están destinados a buscar cuál es la mejor manera para lograr que no tengamos una década ominosa. Lo que viene es una derecha y una extrema derecha rabiosa buscando desmontar todos los avances sociales de los últimos tiempos con una política vengativa que busque desarrollar, no un cambio de gobierno, sino instaurar una dinastía reaccionaria que vuelva imposible que un gobierno progresista pueda gobernar en algún momento al estilo húngaro. Asumo que toda la izquierda busca lo mismo aunque pensemos que hay diferentes maneras de lograrlo. 

El pleno convencimiento de que nos espera un desmantelamiento de los servicios públicos, el estado del bienestar y los preceptos democráticos básicos nos tiene que hacer comprender que evitarlo es una cuestión de supervivencia. Una vez planteados estos preceptos básicos podemos disentir en la mejor manera de evitarlo y considerar todas las posturas que lo ven de manera divergente pensando que todos podemos estar equivocados. Yo puedo estar equivocado. Seguramente lo esté, pero esta columna la escribo yo. 

Lo importante no creo que sea salvaguardar esta legislatura. No hay mucha diferencia entre que haya elecciones en la primavera de 2026 o agotar la legislatura hasta julio de 2027. Un año o año y medio de gobierno progresista con una minoría de izquierdas parlamentaria no es demasiado sustancial si pensamos con una visión de medio o largo plazo. 

Una campaña de desgaste como la que se está viviendo con casos de corrupción gravísimos cada día, campañas de desprestigio inventadas, jueces echados al monte con investigaciones prospectivas y socios parlamentarios más preocupados en parecer más ultras que Alianza Catalana solo puede agravar la situación de la izquierda para la próxima década. Es por eso que salvaguardar un mínimo de credibilidad para un previsible camino por el desierto es necesario sin perder de vista que exista la posibilidad de ganar las próximas elecciones cuando el descarnamiento ultra huela la sangre y se pase de frenada antes de tiempo. 

Siempre he creído que entrar en el gobierno fue un error incluso asumiendo que podía estar equivocado. Pero para quien no lo creyera y pensara que la mejor manera de conseguir avances sociales era estar junto al PSOE en minoría siempre tiene que haber un momento en el que el proyecto valga más que la presencia en el Ejecutivo. El crecimiento de Vox es multifactorial, pero no es casualidad que su curva fuera hacia abajo cuando entró en los gobiernos autonómicos y comenzó a verse lo inútiles que son gobernando y haya vuelto a ir hacia arriba cuando salieron de los gobiernos poniendo por delante lo que ellos consideraban que eran ideas centrales con la inmigración como valor fundamental de sus odios y principios. Estar en los gobiernos en minoría es una losa que no soporta ningún partido que pretende ir de outsider, eso es algo que vio muy bien Giorgia Meloni evitando entrar en el gobierno de concentración y la llevó al poder. La izquierda no es diferente a esa dinámica. La debacle de apoyos y resultados electorales ha venido acompasada a su presencia en los gobiernos con el PSOE, no hay que perder de vista que por muy mal que les esté yendo con las encuestas siguen manteniendo un suelo firme mientras la izquierda poscomunista no tiene fondo. La izquierda sí que se está italianizando. El PCI es nuestro espejo. 

En una situación de asedio como la actual es imperativo mostrar a la ciudadanía que existen proyectos diferenciados a los que poder acudir cuando uno de los socios del espacio flaquea, sea cual sea, para que la transferencia de votos se quede en el bloque y no vaya a la abstención, en el mejor de los casos, y cruce de bloque en el peor. Es necesario ofrecer alternativas y evidenciar que hay soluciones al margen del PSOE a quien considera que el PSOE ya no puede ser su refugio. Los que jamás lo votaron dentro de la izquierda no son un objetivo, pero sí aquellos que se encuentran en las fronteras difusas de la desideologización y se mueven en un balanceo entre bloques y siguen creyendo que Vox es inasumible, pero están tentados de cambiar el PSOE por el PP, pero también a esos votantes de izquierdas que jamás votarán al PSOE, pero van a irse a la abstención desganados al ver que sus condiciones materiales no mejoran, pero tampoco hay una defensa férrea de sus planteamientos culturales e ideológicos.

Si eres de izquierdas puedes pensar que hay muchas maneras de evitar la llegada de los ultras al poder o de al menos intentarlo. En mi caso, en la actual coyuntura, creo que solo hay una manera de parar la ola con las manos y es dejarle claro al PSOE, usando su debilidad actual, que es necesario plantear una serie de medidas ambiciosas, tremendamente ambiciosas, que dejen claro a la ciudadanía cuál es el proyecto socialista —pero socialista de verdad— de intervención pública para mejorar la vida de la gente y defender los derechos de todos los colectivos en riesgo. Un proyecto con medidas que el PSOE jamás aceptaría en condiciones normales. Duro, ambicioso y rupturista. Hay que hacerlo siendo conscientes de que la mayoría parlamentaria puede tumbarlo mostrando de manera diáfana qué proyectos tiene cada uno para los españoles, y si no se hace dejarle claro al PSOE que la izquierda no estará dispuesta a seguir sosteniendo un gobierno de reformas suaves y salir del Ejecutivo. Puede que la solución sea mala, pero en situaciones de estrés institucional como el actual no hay ninguna solución perfecta. ¿Qué hacer? La pregunta histórica de siempre. ¿Qué hacer? ¿Qué harías tú con esta realidad? "

 (Antonio Maestre, eldiario.es, 13/12/25) 

14.12.25

La estrategia de enfrentar a pobres con menos pobres es un clásico del discurso reaccionario... el PP de Andalucía plantea aplicar una desgravación fiscal por el gasto en el gimnasio... y un informe del Instituto Juan de Mariana, señala que la pensión media de jubilación es de 1.760 euros, más alta que el sueldo medio de los menores de 35 (1.670 euros)... así pues, la guerra será entre catalanes a los que no se les concede beca de comedor y andaluces que desgravan por ir al gimnasio, y entre jóvenes que no logran alquilar una vivienda y pensionistas que cobran mil euros de jubilación... porque la ayuda del gimnasio te deja sin beca comedor, y la pensión del anciano te impide acceder a una vivienda... cuando te señalen al enemigo, lo mejor es saber en qué clase social se encuentra, porque quizás en realidad es tu compañero (Pascual Serrano)

"Hace unas semanas fue noticia que el gobierno del PP de Andalucía planteaba aplicar una desgravación fiscal de los gastos veterinarios de las mascotas. Poco después añadió otra desgravación por el gasto en el gimnasio o en centros deportivos, clubes, federaciones deportivas u otras entidades «para el desarrollo de actividades de ejercicio físico o práctica deportiva». No voy a entrar en si me parecen oportunos o no esos beneficios fiscales. Lo que quiero destacar fue la respuesta del independentismo catalán: «Con el dinero de los catalanes, los andaluces subvencionan el gimnasio y el perro de compañía, mientras aquí no le podemos dar ayudas a la beca de comedor o a la dependencia a alguna gente de la clase media trabajadora que es financiadora del Estado de bienestar», dijo el secretario general de Junts, Jordi Turull.


Vayamos ahora a otro debate. Un reciente informe del Instituto Juan de Mariana, señala que en 2002 los menores de 35 años poseían el 7,5% de la riqueza nacional; veinte años más tarde, tienen sólo el 2%. En paralelo, la pensión media de jubilación es de 1.760 euros, más alta que el sueldo medio de los menores de 35 (1.670 euros). Las dificultades de acceso a una primera vivienda son mayores que nunca. La tasa de desempleo juvenil cuadruplica a la de países como Alemania.

La conclusión a la que llegan es clara: se está produciendo una falta de solidaridad intergeneracional, porque el mantenimiento del sistema público de pensiones impide que se tomen las medidas necesarias para fomentar el crecimiento y lo terminan pagando los jóvenes.

Obsérvese la tesis común. Se reconoce que hay sectores sociales necesitados y que son desatendidos. Se arrogan además, tanto Junts como el Instituto Juan de Mariana y sus seguidores, una sensibilidad social y una vocación de justicia. Pero, como en tantas ocasiones en la derecha, buscan al responsable de tu precariedad entre un sector popular que, a su vez, se sentirá ahora amenazado por el más precario.

De este modo, en el primer caso, la guerra será entre catalanes a los que no se les concede beca de comedor y andaluces que desgravan por ir al gimnasio. Y en el segundo, entre jóvenes que no logran alquilar una vivienda y pensionistas que cobran mil euros de jubilación. Porque, como dicen los sembradores de cizaña, la ayuda del gimnasio te deja sin beca comedor, y la pensión del anciano te impide acceder a una vivienda.

Hay más ejemplos de esta estrategia de enfrentamiento de pobres con menos pobres. Como cuando, ante la liberación de la mujer, se planteaba que su incorporación al trabajo amenazaría la oferta de empleos para los hombres. Ojo, también algunas veces la izquierda cae en la trampa del enfrentamiento, por ejemplo al decir a las mujeres que el violador está en su casa. “El violador de la niña está en casa”, titulaba una columna Cristina Fallarás. Pues puede que esté en casa o que no, pero lo más normal es que en casa esté el hombre que recoge a la niña del colegio o a la salida de la discoteca para que no la violen.

O cuando te dicen que el emigrante es tu enemigo porque te quitará el trabajo, y no te explican que el trabajo te lo quita la empresa cuando se deslocaliza llevándosela al país del emigrante pagando un sueldo de miseria. O que el emigrante viene porque tu país bombardeó su Siria o Libia donde vivía.

La estrategia de enfrentar a pobres con menos pobres es un clásico del discurso reaccionario, de ahí que también sea un clásico en la izquierda, reivindicar y trabajar por la unidad de los trabajadores y la centralidad de la lucha de clases frente a cualquier otra. De modo que, cuando te señalen al enemigo, lo mejor es saber en qué clase social se encuentra, porque quizás en realidad es tu compañero."

28.9.25

Un millón de votos... Es el volumen récord de fugas del PP hacia Vox... no es una cifra cualquiera: apunta a un cambio crucial en las dinámicas políticas de nuestro país, refuerza a Vox en su línea cada vez más xenófoba y expone al PP a divisiones internas sobre cómo responder al desafío... A ello se suma la ola xenófoba que atraviesa Cataluña —donde Aliança Catalana ha sabido articular con precisión el recetario de las extremas derechas europeas—. La derecha radical, que parecía sorprendentemente gripada en el ecosistema político español, empieza a encontrar su sitio... No es la economía lo que explica las deserciones, sino los debates sobre inmigración, feminismo e igualdad de género. Allí donde la inmigración se percibe como la prioridad, la probabilidad de abandonar al PP y recalar en Vox se dispara. Lo mismo ocurre con quienes rechazan la agenda de igualdad: se sienten más cómodos en el marco cultural que Vox ofrece que en el terreno económico. Ese millón de votos es, sobre todo, un millón movilizado por la batalla cultural... la disputa política en España se está desplazando del terreno económico al cultural... Las experiencias comparables en Europa muestran hasta qué punto la situación del PP es crítica y cómo está en juego su identidad como partido conservador mainstream (Lluís Orriols)

 "La política en España se desplaza de lo económico a lo cultural, y el futuro del PP dependerá de si logra dar una respuesta propia o queda subordinado a la agenda de Vox

Un millón: esa es la cifra que ha encendido las alarmas en Génova este septiembre. Es el volumen récord de fugas del PP hacia Vox que anticipan muchas de las encuestas más recientes, y todo indica que sigue creciendo. Ese millón no es una cifra cualquiera: apunta a un cambio crucial en las dinámicas políticas de nuestro país, refuerza a Vox en su línea cada vez más xenófoba y expone al PP a divisiones internas sobre cómo responder al desafío.

Para entender este aumento de fugas conviene mirar sobre todo al propio Vox, un partido que durante años apareció desorientado e incapaz de traducir en estrategia el ideario de la derecha radical populista. Dominaban la teoría, tenían el manual del  “how-to-do-it”, pero su obsesión por convertirse en el ala dura del PP les impedía consolidar un espacio propio. Desde hace un tiempo, sin embargo, han aprendido a tocar la música sin desafinar tanto. A ello se suma la ola xenófoba que atraviesa Cataluña —donde Aliança Catalana ha sabido articular con precisión el recetario de las extremas derechas europeas—. La derecha radical, que parecía sorprendentemente gripada en el ecosistema político español, empieza a encontrar su sitio.

Ese millón de votos coloca al PP en una encrucijada. No es el primer partido conservador que se enfrenta a esta situación. Es el dilema actual de las derechas tradicionales: confrontar a las nuevas formaciones populistas —incluso mediante un cordón sanitario— o asimilar parte de su discurso nativista y populista para competir en el mismo terreno. La dirección nacional transmite todavía desconcierto, pero la corriente de Isabel Díaz Ayuso ya ha apostado abiertamente por la segunda vía. Las experiencias comparables en Europa muestran hasta qué punto la situación del PP es crítica y cómo está en juego su identidad como partido conservador mainstream.

El vuelco reciente se aprecia con nitidez en los datos del CIS sobre lealtad y fugas de voto (véase el gráfico 1). Al inicio de la legislatura, el PP vivía un momento cómodo: más del 80 % de sus votantes aseguraban que repetirían su apoyo y las fugas hacia Vox apenas superaban el 5 %. Vox, en cambio, sufría el problema inverso: su lealtad apenas alcanzaba el 70 % y uno de cada cinco votantes admitía que, en caso de repetición electoral, se pasaría al PP. Eran meses en los que los analistas hablábamos de un partido gripado, incapaz de capitalizar su ventana de oportunidad.

Ese panorama se ha invertido desde el verano. Las últimas encuestas confirman lo que hace unos meses parecía improbable: hoy el PP sufre la misma fragilidad que padecía Vox a inicios de la legislatura, mientras que la formación de Abascal ha consolidado su base y ha minimizado las fugas al encontrar un terreno cómodo en el nacionalpopulismo. El gráfico ofrece una imagen clara de la política española actual: un PP nervioso, desorientado y obligado a decidir en qué dirección moverse —una encrucijada que ya han vivido otras derechas tradicionales, como el Partido Republicano en EE. UU. o los conservadores británicos—, frente a un Vox que se afianza en el terreno nacionalpopulista, desplazando su nacionalismo del eje catalán hacia la inmigración y alineándose así con los discursos que marcan tendencia en Europa.

¿Quiénes son ese millón de votos?

¿Qué perfil tienen los votantes que se están yendo del PP a Vox? Mis análisis, a partir de los datos en abierto de 40dB para El País, apuntan a dos claves: la edad (gráfico 2) y las batallas culturales (gráfico 3).

En primer lugar, los datos confirman lo que la prensa ha señalado en las últimas semanas: el empuje de Vox se alimenta sobre todo del votante joven. Es en este segmento donde la propensión a abandonar al PP es más alta. No es extraño: los jóvenes suelen tener vínculos de lealtad más débiles con los partidos y, por tanto, mayor facilidad para cambiar de voto. Pero la explicación probablemente no se agota ahí.

En segundo lugar, las fugas tienen anclaje en la disputa cultural. No es la economía lo que explica las deserciones, sino los debates sobre inmigración, feminismo e igualdad de género. Allí donde la inmigración se percibe como la prioridad, la probabilidad de abandonar al PP y recalar en Vox se dispara. Lo mismo ocurre con quienes rechazan la agenda de igualdad: se sienten más cómodos en el marco cultural que Vox ofrece que en el terreno económico. Ese millón de votos es, sobre todo, un millón movilizado por la batalla cultural.

Finalmente, Vox mantiene como asignatura pendiente una mayor capacidad de atracción de los trabajadores manuales, algo que Aliança Catalana sí está logrando con notable eficacia. En el caso de las fugas del PP a Vox, la clase social no resulta determinante, aunque se observa una sobrerrepresentación de los trabajadores rutinarios no manuales, un patrón poco habitual en la extrema derecha europea.

En definitiva, ese millón de votos revela hasta qué punto la disputa política en España se está desplazando del terreno económico al cultural. El futuro del PP dependerá de si es capaz de ofrecer una respuesta propia a ese cambio o si queda atrapado en la agenda que Vox ya empieza a manejar con creciente soltura.

 ___

Nota metodológica: para analizar el perfil de fugas del PP a Vox se ha usados datos en abierto de 40dB para El País. Los potenciales desertores del PP se han caracterizado como aquellos encuestados que votaron al PP en 2023 pero que declaran ahora tener una probabilidad alta (de 7 o más sobre 10) de votar a Vox." 

(Lluís Orriols , eldiario.es, 26/09/25) 

9.9.25

Dos opiniones, ¿Contradictorias? ¿Complementarias? Sobre la situación política española: "Vox se dispara y hunde al PP... El PSOE mantiene el liderazgo. El voto oculto socialista alcanza porcentajes históricos" (Juano Domínguez)... "deberíamos considerarnos afortunados por vivir en este punto del mapa. Mientras en mi juventud había un anhelo de explorar mundo, hoy existe un repliegue al origen por la necesidad imperiosa de sentirse protegido... hay un deseo de retorno, tal vez para restituir ese lazo con lo rural que un día se rompió... se convive, pero hay quienes sin escrúpulos están dispuestos a poner a prueba la paz social si con ello agarran un cacho de poder entre los dientes... No sufrimos de una violencia que nos impida salir a pasear por la noche como en tantos otros pobres países comidos por la violencia... nos hemos puesto a la cabeza de los derechos civiles y en leyes que las respaldan... Teniendo una macroeconomía razonablemente saneada, podríamos llegar a acuerdos que posibilitaran la vida a quienes no alcanzan a tener un hogar en el que protegerse cada noche... somos lo suficientemente privilegiados como para repensar el país, protegernos ante la vulnerabilidad climática, ser generosos con quienes huyen del hambre, afianzar los derechos logrados. Hay talento de sobra para afrontar el desafío, pero algo nos dice que en el ansia ya desesperada por el poder, prevalecerá el cinismo que nace de un egoísmo extremo... un país en el que se sigue viviendo mejor que en la mayor parte de este mundo convulso... Nos tendría que castigar Dios, diría un creyente. A lo mejor nos castiga y traslada esta furia a la calle. Ya se va sintiendo. ¿No la oyen?" (Elvira Lindo)

Juanjo Domínguez. @juanjodom

¡Cómo vienen los datos el lunes!
@ppopular, vais a sufrir mucho para que @NunezFeijoo arrebate la presidencia a @sanchezcastejon.
@vox_es se dispara y hunde al PP. El @PSOE mantiene el liderazgo. El voto oculto socialista alcanza porcentajes históricos.

10:08 p. m. · 7 sept. 2025 35,4 mil Visualizaciones



"La furia en la calle.

 Y, a pesar de todo, deberíamos considerarnos afortunados por vivir en este punto del mapa. Mientras en mi juventud había un anhelo de explorar mundo, hoy existe un repliegue al origen por la necesidad imperiosa de sentirse protegido. Incluso dentro de España, más aún de las grandes ciudades, hay un deseo de retorno, tal vez para restituir ese lazo con lo rural que un día se rompió. Y, a pesar de este ruido insufrible que perturba el sueño, deberíamos ser conscientes de ello y estar agradecidos, ser capaces de coser o de remendar lo que de cordialidad hay en unas relaciones diarias que pudieran acabar hechas jirones si nos dejamos llevar por el hedor de la vida pública. A pesar de todo, se convive, pero hay quienes sin escrúpulos están dispuestos a poner a prueba la paz social si con ello agarran un cacho de poder entre los dientes. Son los que dejan atrás cínicamente a los que fueron arrastrados por la dana sacudiéndose la responsabilidad; los que se olvidan, cuando en la tierra aún parece palpitar la amenaza del fuego, de la pobre gente que lo ha perdido todo, porque saben que convirtiendo la desgracia ajena en motivo de enfrentamiento rabioso eluden sus culpas.

Esta ola de indignidad ha ido creciendo sin respiro y hoy, este principio de curso, amenaza en el horizonte como un tsunami. Este septiembre recién inaugurado ha sido ejemplo de lo que nos espera: una gresca ensordecedora y estéril. Algo que en absoluto mejorará España, que no la preparará para los desafíos futuros: justo el ambiente donde suele brotar la discordia. Quien no lo vea está ciego o es un cínico. Somos un país con el suficiente bienestar como para asumir la protección de unos cuantos menores desamparados, hemos sido tradicionalmente generosos, pero, quién sabe, igual nos convencen para dejar de serlo.

No sufrimos de una violencia que nos impida salir a pasear por la noche como en tantos otros pobres países comidos por la violencia, pero puede acabar triunfando la idea de que nos urge atrincherarnos. Aún sentimos los ecos de una guerra, razón de que cediéramos tiempo y espacio a la lucha contra un genocidio que nos espanta y avergüenza. Habiendo salido de una dictadura que marcó a fuego una moral católica, nos hemos puesto a la cabeza de los derechos civiles y en leyes que las respaldan, pero no somos capaces de negar el espacio dentro de las instituciones públicas a quienes quieren cercenarlas. Teniendo una macroeconomía razonablemente saneada, podríamos llegar a acuerdos que posibilitaran la vida a quienes no alcanzan a tener un hogar en el que protegerse cada noche. Gozamos de un turismo que crea suficiente riqueza como para que no nos engolfemos en las cifras del éxito y atendamos también la vida de los barrios y el bienestar de los vecinos. En suma, somos lo suficientemente privilegiados como para repensar el país, protegernos ante la vulnerabilidad climática, ser generosos con quienes huyen del hambre, afianzar los derechos logrados. Hay talento de sobra para afrontar el desafío, pero algo nos dice que en el ansia ya desesperada por el poder prevalecerá el cinismo que nace de un egoísmo extremo.

Ya no se habla de incendios cuando aún olemos el humo, solo de los asuntos que son rentables electoralmente, el fiscal general, la mujer del presidente, los menores migrantes, la supuesta pérdida de la España esencial. ¿Ha marcado usted esta agenda? Yo tampoco. Poseen la indiscutible astucia de dirigir nuestros temas de conversación. El centro de las ciudades no se llena para exigir acceso a la vivienda ni para parar el genocidio, pero crecen el número de los autodenominados españoles genuinos que se plantan delante de un centro de menores para sacarlos a patadas.

Y todo esto en un país en el que se sigue viviendo mejor que en la mayor parte de este mundo convulso. Nos tendría que castigar Dios, diría un creyente. A lo mejor nos castiga y traslada esta furia a la calle. Ya se va sintiendo. ¿No la oyen?"

(Elvira Lindo , El País, 07/09/25)

31.8.25

El día a día de hoy de cualquier periodista antifascista está lleno de inseguridad, acoso, amenazas y agresiones. La violencia política escala sin darnos cuenta hasta que aparece de manera brutal... El desacomplejamiento fascista es demasiado importante como para perder tiempo encontrando divergencias entre los que somos objetivos de su odio... Esta semana le tocó de manera grave a Isidoro Roman Cuesta. Isidoro trabaja en Diario Red haciendo una labor de zapa antifascista de un valor incalculable... Pablo Iglesias y Pedro Sánchez han sido las cabezas de león que primero han sufrido el odio y después venimos todos los demás como objetivos secundarios de una estrategia de tensión que busca la confrontación civil... me da igual lo mal que me lleve con Pablo Iglesias, y me llevo muy mal, a la hora de denunciar una agresión fascista que sufra él, sus colaboradores o quien sea... Unirse en esta coyuntura es un imperativo categórico moral, porque es tiempo de estar juntos cuando los escuadristas se sienten tan envalentonados como para ir a buscar a casa a un periodista para agredirle, gasearle, grabarlo, subirlo en redes y encima pedir dinero para capitalizarlo... existe un cultivo social que hace que esta gente tan limitada se sienta con impunidad para hacerlo en vez de estar metidos en una cueva como estaban hace no tanto. De nuestra unión depende volver a hacer que el miedo les vuelva a hacer avergonzarse de ser la escoria fascista que son (Antonio Maestre)

 "El desacomplejamiento fascista es demasiado importante como para perder tiempo encontrando divergencias entre los que somos objetivos de su odio. El día a día de hoy de cualquier periodista antifascista está lleno de inseguridad, acoso, amenazas y agresiones. La violencia política escala sin darnos cuenta hasta que aparece de manera brutal

El desacomplejamiento fascista es demasiado importante como para perder tiempo encontrando divergencias entre los que somos objetivos de su odio. El día a día de hoy de cualquier periodista antifascista está lleno de inseguridad, acoso, amenazas y agresiones. Esta semana le tocó de manera grave a Isidoro Roman Cuesta. Isidoro trabaja en Diario Red haciendo una labor de zapa antifascista de un valor incalculable, lo que hace es algo que Miquel Ramos y yo nos comprometimos a hacer con VOX cuando todavía todos los medios decían que era otro partido más de derechas. Publicamos multitud de informaciones sobre miembros neonazis que iban en las listas del partido de Abascal cuando quería presentarse como un partido respetable. Nos dejamos muchos pelos en la gatera exponiendo a los nazis de todo cuño que había en VOX cuando estos todavía se avergonzaban de tenerlos, denuncias, amenazas, imposibilidad de hacer vida normal. Ahora ya les da igual, ya no es algo que sirva porque todos han asumido que VOX está plagado de nazis y fascistas y ellos lo llevan a gala y los ponen en puestos de alta responsabilidad. Pero eso no significa que haya que cejar en exponerlos para que ser nazi no valga la pena. Exponerlos es una de las labores fundamentales del periodismo con perspectiva antifascista e Isidoro Román lo hace con un importante coste personal y familiar. Por eso es necesario darle apoyo y soporte sin importar cuáles son las vinculaciones que tiene con quienes no comprenden que lo colectivo está siempre por encima de lo individual.

Siempre he tenido como referente moral en el comportamiento profesional a Stieg Larsson, un hombre comprometido, antifascista y que a través de su revista EXPO se dedicó toda su vida a exponer a los ultraderechistas suecos como labor fundamental democrática ejercida a través del periodismo. En un libro sobre el trabajo del periodista al respecto de la investigación por el asesinato de Olof Palme del escritor Jan Stocklassa se narra cómo se inocula el odio hasta hacerlo imparable y descontrolado. “Cuando el odio contra Palme ya estuvo establecido en distintos sectores de la población, ya no se pudo poner freno… Entonces empezaron las campañas. Los periódicos publicaban caricaturas de Palme con la nariz aguileña… en muchos de los periódicos matutinos de Suecia se publicaron grandes anuncios dirigidos directamente contra Olof Palme y sus políticas. En ellos se empleó por primera vez el término ‘palmeísmo’ en sentido peyorativo, sin que se pudiera sacar en claro a qué se correspondía esa ideología inventada… la revista declarada de derechas ‘Contra’, vendía dianas con un retrato injurioso de Palme para hacer puntería.” No hace falta que les ponga ejemplos sobre lo que hace Okdiario, o el paralelismo con el sanchismo, aquel ambiente tóxico acabó con Olof Palme desangrado cuando iba al cine junto a su esposa. La violencia política escala sin darnos cuenta hasta que aparece de manera brutal.

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez han sido las cabezas de león que primero han sufrido el odio y después venimos todos los demás como objetivos secundarios de una estrategia de tensión que busca la confrontación civil contra la gente de izquierdas. Es por eso que en lo que respecta a la unión ante ese escuadrismo fascista no puede haber grietas. Sé que hay gente que no lo entiende. Pero me da igual lo mal que me lleve con Pablo Iglesias, y me llevo muy mal, a la hora de denunciar una agresión fascista que sufra él, sus colaboradores o quien sea. Para mí todos son compañeros en esa tesitura. No importa nada anterior que haya pasado. Eso es el compromiso antifascista aunque asumo que no todos lo ven así y anteponen otras consideraciones.

Unirse en esta coyuntura es un imperativo categórico moral. Porque ese mismo compromiso te hace pensar de manera sincera y solidaria que lo individual no sirve, que no hay nada personal ni propio que esté por encima de ponerte al lado de quien esta sufriendo ese hostigamiento. Por él, por ti, y por todos. No voy a hacer reproches a quien no lo haya hecho en otras ocasiones, y tendría motivos para hacerlo, porque es tiempo de estar juntos cuando los escuadristas se sienten tan envalentonados como para ir a buscar a casa a un periodista para agredirle, gasearle, grabarlo, subirlo en redes y encima pedir dinero para capitalizarlo. Todavía no hay mucha gente consciente de que el hecho de que sean retrasados mentales al aportar las pruebas de su delito no cambia que existe un cultivo social que hace que esta gente tan limitada se sienta con impunidad para hacerlo en vez de estar metidos en una cueva como estaban hace no tanto. De nuestra unión depende volver a hacer que el miedo les vuelva a hacer avergonzarse de ser la escoria fascista que son."

(Antonio Maestre , eldiario.es, 31/08/25)

24.7.25

Análisis de datos muestran que, en menos de 24 horas, publicaciones que sostenían que el presunto asesino de Southport era musulmán, una persona migrante o un refugiado habían sido vistas 27 millones de veces... Unos meses después de la polémica por los pogromos racistas en Reino Unido, Esteve intentó replicar el modelo en España. Para ello se sumó a la propagación del bulo sobre la supuesta procedencia migrante del asesino de un niño de 11 años en Mocejón... En el caso de Torre Pacheco, Esteve difundió diferentes bulos para incendiar aún más los ánimos, como el de un vídeo de otra supuesta agresión a un anciano en la localidad murciana, que finalmente resultó ser la agresión de dos neonazis a una persona sin hogar en Almería meses antes. Una vez más, a pesar de que se desenmascarara el bulo, ninguna de las cuentas de los traficantes de odio retiró o rectificó la publicación, porque su objetivo ya estaba alcanzado: viralizar, monetizar y cultivar el odio y la crispación. Todo mientras Esteve anunciaba la llegada con sus hombres a Torre Pacheco para emprender "patrullas vecinales", para enseñarles a "defenderse" y repartir "sprays de defensa legal" a los vecinos "españoles". Un poco más de publicidad gratuita para su negocio... El modus operandi de Chemnitz, Lesvos, Southport, Ballymena, Alcalá y Torre Pacheco es demasiado parecido como para hablar de casos aislados, sino más bien de una estrategia ya demasiado habitual: tomar un hecho violento, añadirle una buena dosis de bulos racistas y difundirlo a través de redes bien engrasadas con el objetivo de estigmatizar, criminalizar y promover el odio y las agresiones contra las personas migrantes. Todo en una época en la que el racismo se ha vuelto una potente arma electoral que impregna prácticamente todo el arco político. Nada de espontaneidad, legítimo cabreo o de "poblaciones indignadas y confundidas" por la extrema derecha. Torre Pacheco es tan solo la última expresión del funcionamiento de una red difusa, pero muy organizada, en la fachosfera que, como una hidra, tiene múltiples cabezas, pero un mismo objetivo (Miguel Urbán)

 "A finales de junio, en las fiestas de San Juan, un enfrentamiento entre jóvenes fue utilizado posteriormente, según la plataforma Herritarron Harrera Sarea, "para desatar una auténtica caza al moro, dirigida contra jóvenes magrebíes que no tenían ninguna relación con el incidente original". A comienzos de este mes, la ultraderecha intentaba asaltar el Centro de Emergencia, Acogida y Derivación de Alcalá de Henares, al que acusaban de estar detrás del supuesto incremento de la inseguridad en sus inmediaciones. Y una semana después, la agresión a un vecino de Torre Pacheco de 68 años por parte de tres personas de origen magrebí, desataba un auténtico pogromo racista en la localidad murciana.

( , Viento Sur, 19/07/25)