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4.4.13

¿Es Francia la siguiente?

"El cocktail de déficit, deuda pública, paro y pérdida de poder adquisitivo, con la consiguiente caída de ingresos del Estado, se agita con fuerza en Francia.

 El Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (Insee) acaba de publicar esta mañana sus cifras: en 2012 sólo se logró reducir el déficit del 5,3% al 4,8% del Producto Interior Bruto, lo que queda por encima del 4,5% que el gobierno de Hollande había acordado con Europa para 2012. La deuda pública alcanzó a finales de año un nuevo récord: el 90,2% del PIB, es decir, unos 1, 834 billones de euros. En 2011 era del 85,8%.  (...)

Los comentaristas franceses no parecen convencidos por la intervención de Hollande, tal y como destaca Le Monde. “Incapaz de explicar las causas del mal que corroe Francia y otros numerosos países europeos, François Hollande corre el riesgo de ahondar el abismo de incomprensión con los franceses”, asegura Eric Decouty en Libération, que titula su portada:

 “Hasta ahora, todo va mal”. Un juicio que comparten Le Monde y Le Figaro, aunque con la excepción quizá de Mali, de cuya intervención el presidente sí que parece haber salido reforzado. “Fiel a sus formas, el jefe del Estado no ha dicho una palabra más alta que otra y, en esencia, ha explicado que una política que no funciona puede, quién sabe, funcionar un día”, recoge Le Figaro."         (Kiosko Global, 29/03/2013)

2.10.12

"La izquierda debe prepararse para el colapso de la eurozona y asumir que la deuda es impagable"

" La crisis europea no es una crisis financiera. Es una crisis derivada de las diferencias acumuladas de competitividad entre el núcleo y la periferia; entre un núcleo que ha aumentado sus niveles de productividad, que ha mantenido unas tasas bajas de inflación y que ha emprendido unos procesos de ajuste y de moderación salarial; y una periferia que ha mantenido unos diferenciales de inflación positivos con respecto al núcleo -es decir, ha visto cómo sus precios han crecido más-; también ha visto cómo los salarios de la clase trabajadora han crecido más, entre otras cosas, porque partían de unos niveles inferiores; y, por lo tanto, esto ha dado lugar a unos déficit en la balanza por cuenta corriente que explican, junto a la crisis bancaria, la dimensión financiera posterior de la crisis. 

Esas diferencias en las productividades han beneficiado esencialmente a Alemania. Alemania ha sido la principal beneficiaria de que exista una moneda única. ¿Por qué? Porque cuando existían esas diferencias de competitividad entre las economías, pero cada una tenía su propia moneda, los Estados podían devaluar sus monedas para reducir los déficit de competitividad. 

Desde el momento en que se crea una moneda única, con un tipo de cambio fijo e inalterable entre las distintas economías, los países no pueden recurrir a la devaluación para reducir los déficit de competitividad entre sus economías. 

Y vemos cómo eso se traduce en dos situaciones enfrentadas: por una parte, acumulación de superávit por cuenta corriente en los países centrales; y, por otra, déficit por cuenta corriente en los países de la periferia. 

Para mantener esa situación de desequilibrio en las balanzas por cuenta corriente a su favor, ¿qué hizo Alemania? Básicamente, sustituir superávit comercial por deuda externa. Es decir, vendía a los países de la periferia y, al mismo tiempo, financiaba el endeudamiento de los países de la periferia para que le compraran el excedente comercial.

¿Por qué? Porque Alemania ha sido tradicionalmente, por motivos demográficos, sociológicos y de distinta naturaleza, un país con una insuficiente demanda interna. Y lo que ha hecho a lo largo de todo el proceso del euro es sustituir esencialmente demanda externa de los países periféricos y del resto del mundo por demanda interna.

Su política ha sido la de mantener niveles de demanda al interior muy bajos, incrementando la presión salarial sobre los trabajadores, y sustituirla por la demanda que realizaba el resto del mundo, especialmente los países periféricos. Como esos países periféricos necesitaban de inyecciones de recursos financieros para poder financiar la falta de ahorro de sus economías, lo que ha hecho Alemania es, básicamente, fomentar el endeudamiento de los países periféricos.

 De manera que la crisis, tal y como la encontramos en estos momentos, tiene dos dimensiones difícilmente reconciliables: una es el problema de la deuda. Pero especialmente para el caso español y de la mayor parte de los países periféricos, es un problema de deuda privada. 

Que, parcialmente, ha sido socializada, porque se ha socializado la deuda de los bancos, pero la deuda de los particulares sigue viva e intacta. Y que no se puede solucionar si no se reestructura. Es decir, si no hay una quita, una moratoria y una reestructuración de los plazos de pago de la deuda. Esa sería la expresión financiera del problema. 

 La otra dimensión de la crisis son las diferencias en la competitividad. Diferencias en la competitividad entre las economías centrales y las economías periféricas que no están disminuyendo sino que se están ampliando. 

Lo que nos encontramos es que el proceso de ajuste para salvar al capital financiero e industrial, tanto a nivel europeo como estatal, se está haciendo a costa del ajuste salarial y de la presión sobre los trabajadores, con repercusiones sobre los niveles de productividad de los mismos.(...)

 El problema es básicamente Alemania. No porque le tenga especial aversión a los alemanes, sino por su estructura productiva. Una estructura productiva que está basada esencialmente en la debilidad crónica de la demanda interna: una economía que ahorra mucho más de lo que consume; y que ha orientado sus aparatos productivos hacia la exportación, a sustituir demanda interna por demanda externa.

 Para eso, Alemania, después de la reunificación alemana, necesitaba un contexto de tipos de cambio fijos inamovibles, y la expresión más cerrada y perfecto de ello era construir una moneda única. (...)

El colapso es inevitable, por cuestiones de relaciones económicas básicas. A lo que nos vamos enfrentando es a que el nivel de la deuda pública es actualmente insostenible para los países periféricos.

 España (ya no hablo de Grecia y Portugal) es un país insolvente, en quiebra: no puede conseguir ni un superávit comercial ni un superávit fiscal que permita hacer frente al crecimiento del pago de la deuda en los próximos años. Es decir, frente a lo que se nos viene, en algún momento, y eso lo sabe todo el mundo, se va a tener que plantear que la deuda española es impagable, que no hay forma de pagarla. 

Cuánto tiempo tardemos en aceptar esa situación o cuánto tiempo tardemos en entender que lo que se está produciendo a través de los procesos de ajuste es una extracción de los excedentes desde la periferia hacia el centro para llegar a un momento en el que, cuando no haya más de dónde extraer, reconocer que la deuda es impagable, cuando ya lo es ahora, en estos momentos, es a lo que se tiene que enfrentar actualmente la izquierda."          (Rebelión, 27/09/2012, Alberto Montero Soler)

5.7.12

Francia paga cada año 50.000 millones de euros de intereses... entre 1980 y 2010, el contribuyente francés rembolsó más de 1,4 billones de euros a los bancos privados. Sin la ley de 1973, el Tratado de Maastricht y el Tratado de Lisboa, la deuda francesa sería apenas de 300.000 millones de euros

"Todos los países europeos se enfrentan al problema de la deuda que afecta severamente a las finanzas públicas. Francia, la quinta potencia mundial, tampoco se libra de la crisis que hace la felicidad de los bancos privados.

Ninguna nación europea se salva del problema de la deuda pública, aunque la gravedad de la crisis difiere de un país a otro. A un lado se encuentran los “buenos alumnos” tales como Bulgaria, Rumania, República Checa, Polonia, Eslovaquia, acompañados de los países bálticos y escandinavos, con un endeudamiento inferior al 60% del PIB. 

Al otro lado están los cuatro “malos alumnos”, cuya deuda pública supera el 100% del PIB: Irlanda (108%), Portugal (108%), Italia (120%) y Grecia (180%). Entre estos dos extremos se hallan el resto de los países de la Unión Europea, tales como Francia (86%), cuya deuda oscila entre el 60% y el 100% del PIB. (...)

En 1973, Francia no tenía problema de deuda y el presupuesto nacional se encontraba equilibrado. En efecto, el Tesoro Público podía financiarse directamente con el Banco de Francia para construir escuelas, infraestructuras viarias, portuarias y aéreas, hospitales y centros culturales, sin tener que pagar una tasa de interés exorbitante, y entonces apenas tenía déficit. 

No obstante, el 3 de enero de 1973, el gobierno del Presidente Georges Pompidou, él mismo antiguo director general del Banco Rothschild, influenciado por el mundo financiero, adoptó la Ley n°73/7 sobre el Banco de Francia, apodada la “Ley Rothschild” por el cabildeo del sector bancario a favor de su adopción. 

 Elaborada por Olivier Wormser, gobernador del Banco de Francia, y Valéry Giscard d’Estaing, entonces ministro de Economía y Finanzas, la ley estipula en su artículo 25 que “el Tesoro Público no puede ser presentador de sus propios efectos a descuento del Banco de Francia”.

En otras palabras, el Estado francés ya no puede financiar el Tesoro Público contratando préstamos sin interés con el Banco de Francia, sino que tiene que abastecerse en los mercados financieros. Así, el Estado se encuentra obligado a contratar préstamos y pagar intereses a las instituciones financieras privadas, mientras que hasta 1973 podía crear moneda para equilibrar su presupuesto mediante el Banco Central. 

Los bancos comerciales disponen ahora del poder de creación monetaria mediante el crédito, mientras que antes era una prerrogativa exclusiva del Banco Central, es decir del Estado, y se enriquecen a costa de los contribuyentes, con un estatus de casi monopolio.

 Así, los bancos privados pueden prestar, gracias a los sistemas de reservas fraccionarias, más de seis veces la suma que tienen en moneda central. En otras palabras, por cada euro de que disponen pueden prestar hasta 6 euros gracias a la creación monetaria mediante el crédito. 

Si no es suficiente, pueden contratar con el Banco Central todos los fondos que necesiten con una tasa a menudo del 0%, con el fin de prestarlo luego… a los Estados con una tasa del 3% al 18%, como es el caso de Grecia. Así, la creación monetaria mediante el crédito representa el 90% de la masa monetaria en circulación en la zona euro.

 Maurice Allais, Premio Nobel de Economía francés, denunció esta situación y afirmó que la creación monetaria debía ser una prerrogativa del Estado y del Banco Central. (...)

En la actualidad la deuda de Francia se eleva a más de 1,7 billones de euros. Ahora bien, entre 1980 y 2010, el contribuyente francés rembolsó más de 1,4 billones de euros a los bancos privados sólo a título de intereses de la deuda. Así, sin la ley de 1973, el Tratado de Maastricht y el Tratado de Lisboa, la deuda francesa sería apenas de 300.000 millones de euros.

 Francia paga cada año 50.000 millones de euros de intereses, lo que pone dicho pago en el primer puesto del presupuesto, antes de la educación. (...)

Por otra parte, este sistema permite al mundo financiero someter a la clase política a sus intereses y dictar la política económica mediante las agencias de calificación, ellas mismas financiadas por los bancos privados. 

En efecto, si un gobierno adopta una política contraria a los intereses del mercado financiero, esas agencias bajan la nota de los Estados, lo que tiene como efecto inmediato el alza de las tasas de interés."             (Jaque al neoliberalismo,  05/07/2012, Salim Lamrani, Opera Mundi)

25.6.12

Si se rescata a España e Italia, significa que Alemania y Francia tendrán que garantizar más de 4 billones de euros de deudas.

"¿Qué deberíamos preferir en la crisis del euro? ¿Acaso un final espantoso, antes que un espanto sin final? ¡De ningún modo! Sería la ruina, incluso para Alemania. Y sin embargo, la política de la Canciller Angela Merkel nos lleva derechamente a un infierno dantesco. (...)

Quien ahora exige el final del espanto, subestima, como sus hermanos ideológicos de sangre en los años 30, los costes económicos, sociales y políticos de tan desapoderado acto de violencia. Mientras, en cambio, cuenta hasta el último guisante –y muchas veces, por partida doble o triple— de los supuestos costes de los programas de rescate o de una unión fiscal. (...)

Un final con espanto sería ruinoso, precisamente para Alemania. Por lo pronto, el mercado interior europeo no sobreviviría a un regreso a los tipos de cambio flexibles. La industria exportadora alemana no se recuperaría del golpe. 

También amenaza un colapso financiero. La Bundesbank tiene, frente al BCE, deuda activa por un monto rayano en los 700 mil millones de euros, que resultan del sistema de pagos Target 2 [el sistema automatizado transeuropeo para la transferencia urgente con liquidación bruta en tiempo real; N.T.]. 

Esa deuda activa sube mes tras mes. Si el desplome llegara a fin de año, amenazan unas pérdida totales de una magnitud situada entre 1 y 2 billones de euros, incluida la cobertura del riesgo de los paraguas protectores y del rescate de los bancos alemanes que quebrarían. Eso significa entre el 40% y el 80% de nuestro PIB.

La política de ganar tiempo practicada por Angela Merkel es todavía más ruinosa. A cada mes que pasa, las cargas soportadas por Alemania en el sistema son más pesadas. Un ejemplo de esa locura lo da la explosión de la deuda griega. 

Cuando comenzó la crisis, el peso de la deuda de Grecia era sólo del 100%. Tras varios años de ahorro y austeridad, y a pesar de la quita de deuda, su coeficiente deudor es ahora más elevado. 

Si ahora España e Italia tienen que entrar a cobijarse igualmente bajo el paraguas, eso significa que Alemania y Francia, de consuno, tendrán que garantizar más de 4 billones de euros de deudas. Eso es más que el ingreso anal de los dos países juntos. Estamos, así pues, en un rumbo derechamente aproado a la mayor bancarrota estatal de la historia universal. (...)

Sólo conozco dos soluciones capaces de evitar eso:
  • - una adopción de la deuda por parte del BCE; o:
  • - una mutualización parcial de las deudas a través de eurobonos y una unión bancaria.
La política de Merkel nos lleva al Infierno de Dante: “Quien aquí entre, abandone toda esperanza”    Para empezar a poner por obra una reforma tenemos 8 días: hasta la próxima cumbre de la UE [el 28 de este mes de junio]. Si la Canciller no se allana a lo que significaría el mayor giro político hasta la fecha, entonces mis críticos tendrán el placer de comprobar experimentalmente sus tesis del final del espanto."                  (Jaque al neoliberalismo, 24/06/2012Wolfgang Münchau, Sin Permiso)

21.2.12

El miedo y el estado de shock, utilizados de forma tan eficiente en anteriores ocasiones vuelve a ser, una vez más, la herramienta perfecta para paralizar a la población ante esta guerra de clases generalizada

"Hay una frase que resume perfectamente el significado de la deuda pública dentro del capitalismo: la compra de deuda pública es un sistema por el cual los ricos prestan al estado el dinero que no han pagado en forma de impuestos. En realidad el fenómeno del déficit y el endeudamiento público no ha sido consecuencia, tan solo, de la crisis económica ni se ha limitado de forma exclusiva a los países periféricos de la zona euro.

El problema hunde sus raíces en la fiscalidad neoliberal, que provocó importantes rebajas en la presión fiscal sobre las rentas más altas y redujo especialmente los impuestos directos sobre las rentas del capital.

La mayoría de los países desarrollados, dentro y fuera de Europa, habían visto aumentar su endeudamiento antes del estallido de la crisis. Pero la crisis agravó el problema del déficit público por el descenso de la recaudación fiscal y el aumento del gasto, en parte por los estabilizadores automáticos (como el seguro de desempleo) y en parte por la acción voluntaria de los estados que asumieron (en algunos casos de forma importante) los costes de la crisis financiera y pusieron en marcha planes de inversión pública para crear empleo.

Los países periféricos de la zona euro (los llamados países PIIGS: Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) sufrieron de forma especial el problema porque su estructura fiscal (basada en gran parte en la imposición indirecta) era mucho más vulnerable ante el descenso de la actividad económica, a pesar de que en algunos casos (como Irlanda y España) presentaban presupuestos equilibrados al comienzo de la crisis.

A lo largo de los años 2009 y 2010, el déficit y el endeudamiento aumentaron de forma imparable dentro de estos países y empezaron a crecer las dificultades para colocar su deuda en los mercados financieros.(...)

 El endeudamiento público no es un problema especialmente grave en estos países en comparación con el problema general de la crisis económica: es un problema pero no es el problema fundamental, ni es percibido así por la mayoría de la población, a pesar de su utilización por los sectores más conservadores y neoliberales como justificación para los recortes sociales.

El intento de crear artificialmente un problema de solvencia financiera mediante el techo de la deuda en Estados Unidos fracasó de forma estrepitosa, como se pudo ver claramente en la subida de su cotización al día siguiente de su recalificación a la baja: no es creíble que un país con soberanía monetaria real pueda tener problemas para hacer frente a sus pagos.

El motivo por el cual el endeudamiento público se ha convertido en el problema fundamental de la crisis económico-financiera dentro de la zona euro ha sido la conjunción de dos factores:

El factor objetivo: La pésima arquitectura del sistema monetario europeo, destinada exclusivamente a crear un paraíso para la especulación financiera y que ni siquiera garantiza la supervivencia futura de la unión monetaria como un espacio económico unificado. (...)

Ningún país de la zona euro (ni siquiera la poderosa Alemania) es suficientemente grande o solvente para considerar que su deuda está exenta del riesgo de contagio en el problema de la deuda europea. Y la constitución de fondos de rescate, alimentados con los presupuestos nacionales, amenaza con extender la contaminación a la deuda de todos los países (Bélgica y Francia ya han recibido avisos por parte de los mercados financieros).(...)

 La crisis de la deuda europea no es el producto exclusivo de una conspiración, pero sería inexplicable sin la existencia de una voluntad política deliberada que pretende utilizarla como una nueva forma chantaje y terrorismo económico al servicio de las políticas más conservadoras.

El miedo y el estado de shock, utilizados de forma tan eficiente en anteriores ocasiones vuelve a ser, una vez más, la herramienta perfecta para paralizar a la población ante esta guerra de clases generalizada que ha emprendido la oligarquía europea en contra de los asalariados."              (Jaque al neoliberalismo, 03/02/2011, Jesús Rodríguez Barrio:El chantaje de la deuda en Europa, Viento Sur)

8.2.12

La factura total del rescate de sus bancos puede llegar a ser muy cara: 54.000 millones de euros, para el Estado belga. O sea, el 15 % de su Producto interior bruto (PIB).,

"Varios Estados europeos vieron como aumentaba enormemente su deuda pública después de haber inyectado importantes sumas a los bancos privados, para evitarles la quiebra. Y ahora estos países se ven sometidos a la implantación de planes drásticos de austeridad con el fin de encontrar los recursos financieros necesarios para el reembolso de esa deuda pública.

Aunque la situación no es tan dramática como la de Grecia o Portugal, Bélgica no es una excepción: el reciente aumento de la deuda pública belga está directamente relacionado con la crisis financiera de 2008 y con los rescates bancarios realizados por el Estado belga entre 2008 y 2011.

Estos rescates deterioraron la situación de las finanzas públicas belgas y, contrariamente a un discurso que quiere ser tranquilizador, Bélgica no está fuera del riesgo de una grave recesión económica ni tampoco de un ataque especulativo sobre su deuda.

El Estado belga y las regiones intervinieron por primera vez en octubre de 2008 con un monto de 20.600 millones de euros, de los que 2.000 millones fueron para el rescate de Dexia. Para financiar el rescate bancario, estos 20.000 millones de euros se pidieron en préstamo a los mercados financieros y por lo tanto aumentó la deuda pública en esa suma.

Después del rescate de 2008, sin un control serio que verificase que el dinero público inyectado en el banco Dexia se gastaba de acuerdo al interés general, éste último continuó con sus actividades especulativas y con las mismas arriesgadas apuestas que, sin embargo, lo habían llevado a un callejón sin salida |3|.

El 10 de octubre de 2011, el grupo bancario Dexia llegó a la quiebra y fue desmantelado en tres entidades: Dexia Holding, Dexia Banque Belgique y Dexia Crédit Local. Dexia Banque Belgique fue nacionalizado por el Estado belga por un monto de 4.000 millones de dólares El estado belga adquirió el 100% de los acciones de Dexia Banque Belgique (DBB) por un monto de 4.000 millones de euros.

Es preciso mencionar que eso no hace de ello una empresa pública ya que para eso se requieren otras transformaciones. Por otra parte, Francia, Bélgica y Luxemburgo se pusieron de acuerdo para otorgar una garantía de 90.000 millones de euros sobre los activos del grupo Dexia, de los que el 60, 5 % será asumido por Bélgica, lo que representa una suma de 54.000 millones de euros, o sea el 15 % del Producto interior bruto (PIB). Sin embargo, Francia sólo se comprometerá con un máximo de menos del 2 % de su PIB.

Ya que esencialmente esas garantías se refieren a activos tóxicos, es más que probable que se transformen a medio plazo en nuevas deudas públicas, lo que traerá aparejado nuevas políticas de austeridad, muy duras socialmente, del tipo de las implantadas en Grecia, Irlanda, Portugal , España o Italia.

La factura total para el Estado belga puede llegar a ser muy cara: 54.000 millones de euros, o sea 34.000 millones más que la suma otorgada para el rescate de Fortis, de Dexia, de KBC y de Ethias, en 2008. Es también 26 veces la partida prevista en el presupuesto de 2012 para la sanidad y más de 200 veces las partidas previstas para la SNCB (Sociedad Nacional de los Ferrocarriles Belgas) de 253 millones de euros, y con la particularidad de la supresión de 170 trenes desde ahora hasta diciembre de 2012.

Esto nos da la idea de la amplitud del riesgo que representan esas garantías para las finanzas públicas belgas. Tanto más que a esos 54.000 millones de euros hay que agregarles los intereses y accesorios que no están incluidos. A pesar de las declaraciones que anuncian la reducción a la mitad de esta garantía, hasta ahora no hay nada confirmado, y, de todas maneras, esta reducción no resolvería el problema."       (AttacEpaña, 04/02/2012)

20.12.11

Los que sí pueden pedir prestado dinero al BCE son los bancos privados, y lo pueden conseguir a unos intereses bajísimos, al 1,25%. En cambio, los estados tienen que pedir prestado dinero a los bancos, pagando unos intereses elevadísimos, incluso del 7%, como es el caso de Italia (en España es el 6,5%)

"El problema con la deuda pública de los países de la eurozona es que sus bancos centrales no pueden imprimir dinero ni tampoco pueden comprar su deuda pública. Los estados están totalmente desprotegidos. De ahí que todos (desde Grecia hasta Alemania) tienen o tendrán problemas con su deuda pública.

El único banco central que puede imprimir dinero es el Banco Central Europeo (BCE). Pero el problema con este es que no actúa como un banco central, es decir, no compra los bonos públicos de los estados miembros, ni tampoco presta dinero a los estados.

El famoso artículo 123 de su reglamento lo dice muy claro. El BCE no podrá comprar deuda pública de los estados. Estos no pueden hacer nada frente a la especulación de los mercados financieros.

Los que sí pueden pedir prestado dinero al BCE son los bancos privados, y lo pueden conseguir a unos intereses bajísimos, al 1,25%. En cambio, los estados tienen que pedir prestado dinero a los bancos, pagando unos intereses elevadísimos, incluso del 7%, como es el caso de Italia (en España es el 6,5%).

Este arreglo es una bonanza para los bancos privados. Consiguen dinero fácilmente del BCE y con ello compran bonos públicos que les producen una rentabilidad del 6% o del 7% de lo que compran. El BCE actúa de esta manera, privilegiando a los bancos privados sobre los estados, transformándole en un lobby de la banca.

Como consecuencia de esta situación, los estados se tienen que endeudar más y más y deben mucho dinero a los bancos privados. Y ahí está la raíz del mal llamado problema de la deuda pública, que es incluso más acentuada en aquellos países como Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia, que habiendo estado gobernados por las derechas por la mayoría del periodo posterior a la II Guerra Mundial, tienen estados muy pobres (sus ingresos al Estado son muy bajos: España, por ejemplo, sólo representa un 34% del PIB, frente al 44% en el promedio de la UE-15 o el 52% en el caso de Suecia), resultado de unas políticas fiscales muy regresivas y de un enorme fraude fiscal (en España se calcula que alcanza unos 65.000 millones de euros).

La deuda pública de estos estados ha ido creciendo, no porque su gasto público haya ido creciendo (como los autores neoliberales erróneamente indican), sino porque han cambiado de banco. En lugar de conseguir dinero de su propio banco central, ahora tienen que pedir prestado dinero a los bancos privados.

En realidad, si pudieran pedir prestado dinero al BCE a unos intereses de 1,25% (como los bancos privados), no habría ningún problema con su deuda pública. (Ver Ellen Brown, The European Central Bank withholds relief while Rome Burns).

Y ahí está la raíz del problema. Se ha diseñado un sistema en la eurozona en el que los estados dependen de la banca privada para conseguir dinero. Y esta es una realidad que el lector raramente leerá en la prensa financiera o económica.

Los bancos se forran a costa del endeudamiento de los estados. Un círculo virtuoso para la banca. Pero la situación es incluso peor que la ya descrita, pues el BCE, al romper con el espíritu del famoso artículo 123, comprando deuda pública a estados como España e Italia, ha puesto como condición que los salarios y la protección social disminuyan, acentuando la necesidad de privatizar el Estado del bienestar, tanto sus transferencias públicas como las pensiones, así como los servicios públicos como la sanidad.

Estas condiciones están escritas en una carta, no conocida por el público, que el entonces gobernador del BCE, Jean-Claude Trichet, y el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, escribieron al presidente Zapatero condicionando la compra de bonos públicos del Estado español a la toma de tales medidas por parte del Estado español.

 n tanto semejante ha ocurrido con Italia. ¿Por qué hacen tal petición en su carta? En teoría, esta reducción de los salarios y de la protección social se exige para aumentar la competitividad de la economía española y salir así de la recesión. Este es el argumento neoliberal hoy en boga. Es fácil de demostrar que este argumento carece de credibilidad.(...)

 La explicación real es que, por una parte, el descenso de los salarios aumenta el endeudamiento de la población (lo cual es bueno para la banca) y, por otra, la privatización de las transferencias y de los servicios del Estado del bienestar son la generalización de la deseada privatización de las pensiones públicas y la privatización de la sanidad, el sueño de la banca y de las compañías aseguradoras. Y lo están consiguiendo."                     (Rebelión, 09/12/2011, 'El BCE, el "lobby" de la banca', Vicenç Navarro ,Público)

31.10.11

"La amarga verdad es que cada vez da más la impresión de que el sistema del euro está condenado... Y la verdad todavía más amarga es que a Europa le iría mejor si se hundiese cuanto antes mejor"

"Piensen en países como Gran Bretaña, Japón y Estados Unidos, que tienen grandes deudas y déficits pero siguen siendo capaces de adquirir préstamos a intereses bajos.

¿Cuál es su secreto? La respuesta, en gran parte, es que siguen teniendo sus propias monedas y los inversores saben que, en caso de necesidad, podrían financiar sus déficits imprimiendo más moneda. Si el Banco Central Europeo respaldase de un modo similar las deudas europeas, la crisis se suavizaría enormemente.
¿No provocaría eso inflación? Probablemente no: a pesar de lo que Ron Paul y otros como él puedan creer, la creación de dinero no es inflacionista en una economía deprimida.

Además, lo que Europa necesita de hecho es una inflación general moderadamente más alta: una tasa de inflación general demasiado baja condenaría a los países del sur de Europa a años de deflación demoledora, lo que prácticamente garantizaría un paro elevado continuo y una cadena de impagos.

Pero esa medida, nos dicen una y otra vez, está fuera de toda discusión. Los estatutos en virtud de los que se creó el Banco Central Europeo supuestamente prohíben este tipo de cosas, aunque uno sospecha que unos abogados inteligentes podrían encontrar el modo de resolverlo.

El problema más general, sin embargo, es que el sistema del euro en su conjunto se diseñó para combatir en la última guerra económica. Es una Línea Maginot construida para evitar una repetición de la década de 1970, lo cual es peor que inútil cuando el verdadero peligro es una repetición de la década de 1930.
Y este giro de los acontecimientos es, como he dicho, trágico. (...)

La historia de la Europa de posguerra es profundamente inspiradora. A partir de las ruinas de la guerra, los europeos construyeron un sistema de paz y democracia, y de paso, unas sociedades que, aunque imperfectas -¿qué sociedad no lo es?- son posiblemente las más decentes de la historia de la humanidad.
Pero ese logro se ve amenazado porque la élite europea, en su arrogancia, encerró el continente en un sistema monetario que recreaba la rigidez del patrón oro y que -como el patrón oro en los años treinta- se ha convertido en una trampa mortal.

A lo mejor los dirigentes europeos dan ahora con un plan de rescate verdaderamente creíble. Eso espero, pero no confío en ello.

La amarga verdad es que cada vez da más la impresión de que el sistema del euro está condenado. Y la verdad todavía más amarga es que, dado el modo en que ese sistema se ha estado comportando, a Europa le iría mejor si se hundiese cuanto antes mejor." (PAUL KRUGMAN: El agujero en el cubo de Europa. El País, 25/10/2011, p. 20/1)

17.10.11

¿Así que después de todo la crisis no fue causada realmente por “gastos derrochadores” o “griegos perezosos”, sino por flujos de capital?... Es simplemente la antigua guerra de clases al estilo europeo. Por tanto, decidme, ¿Por qué alguien querría formar parte de una unión semejante?

"Esto significa que los déficit presupuestarios no causaron la crisis, de hecho, muchos de esos países realmente tenían superávit cuando sucedió. El problema fue el océano de capital extranjero que llegó continuamente. Una vez que el capital dejó de fluir –¡BUM!– comenzó la crisis. Algo más de Streetlight blog que ayuda a aclarar el punto:
“En resumen, parece que la crisis de la Eurozona es más consistente con el punto de vista de las causas sistémicas que con el de las causas locales. En otras palabras, aunque no tomaron necesariamente la decisión correcta en cada caso, los países periféricos de la Eurozona se enfrentaban a poderosas fuerzas exógenas –auges del flujo de capital y detenciones repentinas– que tendieron a empujarlos hacia la crisis financiera. Jugaban contra una baraja amañada.
Es útil revisar la historia macroeconómica de Europa periférica a la luz de esta interpretación. En lugar de que los grandes déficit en las cuentas corrientes hayan sido el resultado de mala administración fiscal o de consumo excesivo, los actuales déficit en las cuentas fueron la contraparte necesaria e inevitable del aumento en flujos de capital del centro de la Eurozona.” (“What Really Caused the Eurozone Crisis?, The Streetlight blog)
¡Oh, Dios mío! ¿Así que después de todo la crisis no fue causada realmente por “gastos derrochadores” o “griegos perezosos”, sino por flujos de capital? ¿Por qué entonces no se han introducido regulaciones a fin de controlar el movimiento perturbador de capital extranjero?

Bueno, porque eso significaría menos beneficios para los grandes grupos financieros; por lo tanto el tópico ni siquiera ha sido tema de debate.

¿Y por qué imponen los responsables políticos medidas punitivas contra los trabajadores en los países afectados por la deuda cuando es obviamente la tarea de los reguladores que para comenzar se impida el desarrollo de monstruosos desequilibrios?

Es fácil, es porque los trabajadores no tienen voz en el gobierno, por lo tanto las pérdidas pueden transferirse sobre sus espaldas sin muchos problemas. Es simplemente cosa de reducir salarios, recortar las prestaciones y destripar las pensiones. Finalmente, se pagan las deudas y los dueños de bonos reciben recompensas por sus malas inversiones. Es simplemente la antigua guerra de clases al estilo europeo.

Por tanto, decidme, ¿Por qué alguien querría formar parte de una unión semejante?"                (Rebelión, 08/10/2011, 'El tema es la ecuanimidad', de Mike Whitney, CounterPunch

3.7.11

"Cuando un Gobierno fracasa, se le puede revocar. Pero ante el impresionante fracaso de la UE en la crisis griega, ¿contra quién se puede votar?"

"¿Cómo se han metido en este lío los países de la eurozona? La singularidad de crear una moneda única sin una mayor integración política y económica tiene ciertamente una parte importante en la explicación, incluso aunque se tomen en cuenta las infracciones financieras que sin duda han cometido en el pasado países como Grecia y Portugal (y aquí resulta interesante añadir la importante opinión de Mario Monti de que una cultura de “deferencia excesiva” en la UE haya dejado que estos incumplimientos hayan pasado desapercibidos).

Hay que reconocer al Gobierno griego- y a Yorgos Papandreu, el primer ministro, en particular-que está haciendo lo que puede a pesar de la resistencia política, pero la dolorosa disposición de Atenas para cumplir no elimina la necesidad de que Europa examine la de los requerimientos-y el calendario-que se está imponiendo a Grecia.(...)

La maravillosa iniciativa política de una Europa democrática unida se hizo para incorporar un programa precario compuesto por una amalgama financiera llena de incoherencia.Rehacer la eurozona costará muchas dificultades, pero los asuntos complicados tienen que ser abordados con inteligencia, impidiendo que Europa se deslice hacia turbulencias financieras alimentadas por un pensamiento de corto alcance.
El proceso tiene que comenzar por hacer frente y restringir el ilimitado poder de las agencias de calificación para emitir informes de forma unilateral. Resulta complicado disciplinar a estas agencias a pesar de su pésimo papel, pero una bien meditada iniciativa de legítimos Gobiernos puede aumentar la seguridad financiera mientras se buscan soluciones, especialmente si las instituciones financieras internacionales prestan su apoyo para ello.
Poner término a la marginalización de la tradición democrática europea resulta una urgencia, y esto no constituye ninguna exageración. La democracia europea es importante para Europa — y para el mundo. (...)
Cuando un Gobierno fracasa, se le puede revocar. Pero ante el impresionante fracaso de la UE en la crisis griega, ¿contra quién se puede votar?, se pregunta la revista alemana Stern. Los europeos carecen de un derecho fundamental: el del voto.

Por ello es imposible realizar una ayuda financiera democrática de la UE hacia los griegos. Porque, o bien son la canciller alemana Angela Merkel y el presidente Nicolas Sarkozy los que gobiernan Grecia violando su soberanía, o bien se ayuda a los griegos aceptado la pérdida de control sobre nuestras finanzas.

Pero en cualquiera de los dos casos, se quebrantan los principios democráticos. Ahí se encuentra el dilema: si ayudamos a los griegos, somos inevitablemente malos demócratas. Y si no les ayudamos, somos malos europeos. Por lo tanto, la solución sería una unión política, elegida por los ciudadanos europeos." (Amartya Sen, PRESSEUROP. 'Recuperemos nuestra democracia', Attac Madrid, 27/06/2011)

3.6.10

El origen de la deuda europea

"Y por si acaso también se nos ha olvidado, no estaría mal recordar de dónde viene esa enorme deuda pública que padecen muchos países europeos y que los mercados financieros están ahora penalizando sin piedad, no sólo en Grecia, sino toda la UE. Viene, en buena parte, de haber ayudado a salvar al sector privado financiero. "Por cada euro extra de deuda pública existe un euro de deuda privada que ha sido sostenido o asumido por el Gobierno de ese país", explica Paul De Grauwe en su blog del Collegio Carlo Alberto, de la Universidad de Turín." (SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ: El euro, garantía de paz. El País, domingo, 09/05/2010, p. 19)