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21.1.26

La llegada al poder de Donald Trump en el ámbito económico y social, implica el desmantelamiento de lo público de una manera radical... En este contexto, es difícil establecer una única prioridad. Las nuestras para el año 2026 son la creciente desigualdad y la necesidad de profundizar y reforzar el Estado del Bienestar... En España, el 1% más rico soporta una presión tributaria total inferior a la que paga el 10% con menores ingresos y mucho menos que el resto. Los super ricos han de pagar los impuestos que deben. La justicia fiscal es un imperativo clave para sostener y renovar el estado de bienestar. Si no se consigue que paguen, se pone en grave peligro a los sistemas de bienestar, salud, educación, pensiones e, incluso, a nuestras sociedades democráticas... La vivienda es uno de los componentes del estado del bienestar con un grado de cobertura de las necesidades en España muy inferior a los niveles alcanzados en materia de educación, sanidad y pensiones. Para atender a la demanda más desfavorecida, se ha de crear un fondo financiero estatal para financiar la construcción de un parque público de viviendas sociales en alquiler... la pobreza infantil afecta a un tercio de los menores, un nivel que solo supera Bulgaria en la Unión Europea, a pesar de mejoras recientes y de la dificultosa implementación de políticas como el Ingreso Mínimo Vital (IMV). Por ello es necesario profundizar en otras prestaciones sociales que tengan carácter incondicional y automátic, como la Prestación Universal por Crianza (PUC) con carácter universal y tributable, muy eficaz en otros países para reducir la intensidad de la pobreza infantil... el debate en torno a las pensiones va a seguir y la ofensiva contra el sistema público se acrecienta en España debido a que las reformas promovidas por el actual gobierno de coalición han tenido, por primera vez, más en cuenta el interés de los que se jubilan que el de las entidades que buscan hacer negocio; el objetivo es una pensión digna para todos... Entendemos que la verdadera eficiencia económica y social no se alcanza sin el soporte de servicios públicos y del propio Estado liderando estrategias de progreso.No son buenos tiempos para estas ideas (Cecilia Castaño, Economistas frente a la crisis)

 "Más allá del neoliberalismo imperante, con la llegada al poder de Donald Trump asistimos a una ofensiva reaccionaria que en el ámbito económico y social implica el desmantelamiento de lo público de una manera radical. Tanto el gasto social, considerado ineficiente, como la retirada de instituciones internacionales de referencia, el menosprecio hacia el multilateralismo, la pérdida de los valores democráticos, y el desprecio de las clases medias, trabajadoras y  las capas más desfavorecidas de la población. En España y en Europa no son pocos quienes se apuntan a esta ofensiva.

En este contexto, es difícil establecer una única prioridad. Las nuestras para el año 2026 son la creciente desigualdad y la necesidad de profundizar y reforzar el Estado del Bienestar pensando en las nuevas generaciones, atendiendo a la justicia fiscal, la vivienda, la sanidad, la pobreza infantil, las pensiones,

En España, el 1% más rico soporta una presión tributaria total inferior a la que paga el 10% con menores ingresos y mucho menos que el resto. Los recortes de impuestos a los ricos no mejoran el crecimiento económico, pero tienen repercusiones sociales y económicas muy negativas. Los super ricos han de pagar los impuestos que deben. Lo necesitan quienes ocupan el lado opuesto en la escala de renta y riqueza. Cuanto mayor es la desigualdad, más escandaloso es el contraste de bienestar, y más fuerte el malestar social. La justicia fiscal es un imperativo clave para sostener y renovar el estado de bienestar. Si no se consigue que paguen, se pone en grave peligro a los sistemas de bienestar, salud, educación, pensiones e, incluso, a nuestras sociedades democráticas.

La vivienda es uno de los componentes del estado del bienestar con un grado de cobertura de las necesidades en España muy inferior a los niveles alcanzados en materia de educación, sanidad y pensiones. La actual crisis de la vivienda está provocando un aumento de las desigualdades y puede afectar de forma negativa a los restantes componentes del bienestar. La especulación no es la causa, sino la consecuencia de la subida de precios, aunque retroalimenta el problema principal, el desequilibrio entre oferta y demanda. Para atender a la demanda más desfavorecida, se ha de crear un fondo financiero estatal para financiar la construcción de un parque público de viviendas sociales en alquiler

En Sanidad, hay que reforzar el Sistema Nacional de Salud (SNS) resolviendo su infrafinanciación sistemática con más recursos, pero también más eficiencia. Reforzar la Atención Primaria y ampliar su deber de curar con el de prever y promover la salud a lo largo del ciclo vital de las personas, pero también cuidar las relaciones laborales y las condiciones profesionales de los cuidadores. En el ámbito de la gestión clínica, desarrollar el Plan de Salud Mental así como hacer a las mujeres más visibles para la medicina. En la gestión, regular los conciertos público-privados con instrumentos de inspección y control sólidos, con límites expresos para la gestión privada de la sanidad pública y priorizando a las organizaciones sin afán de lucro. Finalmente reforzar la cohesión territorial y la equidad del sistema con descentralización y gobernanza compartida en el marco de un Contrato Social Sanitario.

En nuestro país la pobreza infantil afecta a un tercio de los menores, un nivel que solo supera Bulgaria en la Unión Europea, a pesar de mejoras recientes y de la dificultosa implementación de políticas como el Ingreso Mínimo Vital (IMV). Por ello es necesario profundizar en otras prestaciones sociales que tengan carácter incondicional y automático como derechos de la ciudadanía a una vida digna. Por ejemplo la Prestación Universal por Crianza (PUC) con carácter universal y tributable, muy eficaz en otros países para reducir la intensidad de la pobreza infantil.

Entendemos que el debate en torno a las pensiones va a seguir y la ofensiva contra el sistema público se acrecienta en España debido a que las reformas promovidas por el actual gobierno de coalición han tenido, por primera vez, más en cuenta el interés de los que se jubilan que el de las entidades que buscan hacer negocio. A la incesante marea de estudios y opiniones que pretenden demostrar que el sistema no es sostenible y, por tanto, sería necesario reformarlo reduciendo el gasto, debe oponerse un discurso coherente, bien argumentado y apoyado en hechos, que no esté contaminado por los intereses del mundo financiero y, al contrario, tenga en cuenta con claridad el objetivo de una pensión digna para todos.

En el año 2026 seguiremos dedicando nuestro esfuerzo a estas prioridades organizando debates públicos, apoyando iniciativas progresistas, promoviendo publicaciones especializadas y en nuestro blog www.economistasfrentealacrisis.com

Y, sobre todo, hablando claro. Los economistas suelen ser oscuros cuando no pueden ser profundos. En nuestro caso, se trata de ser profundos y dar mensajes claros, con contenido, que se traduzcan en políticas públicas." 

( Economistas frente a la crisis, 20/01/26)

18.1.26

Una previsión prudente sobre las relaciones internacionales en 2026... Un intento de pronóstico a corto plazo desde Moscú: Es muy probable que en 2026 no se alcance un acuerdo de paz sobre Ucrania que satisfaga a Rusia, y la operación militar especial continuará con nueva fuerza... Los ataques «anónimos» contra petroleros que transportan petróleo ruso y contra objetivos en nuestra retaguardia serán seguidos por «silenciosas» acciones de sabotaje contra objetivos pertenecientes a los Estados europeos que libran una guerra indirecta contra Rusia. La «guerra tácita» entre Rusia y Europa, que ya está en marcha, se intensificará, aunque es poco probable que en 2026 se llegue a un conflicto militar a gran escala... Los europeos se prepararán no tanto para una guerra con Rusia como para un enfrentamiento militar prolongado con ella, siguiendo el modelo de la Guerra Fría. Este enfrentamiento, presentado como «la defensa de la libertad y la civilización europeas frente a la barbarie rusa», ya se ha convertido en la principal idea aglutinadora de la UE. El tiempo dirá cuán sólida es esta base ideológica, pero para 2026 probablemente será suficiente... el temor a un descontento generalizado de los votantes en caso de un recorte drástico del gasto social, enfriarán el entusiasmo militarista... la influencia del presidente estadounidense disminuirá, tanto por la pérdida prácticamente inevitable de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes en las elecciones intermedias de noviembre, como por el agravamiento de las contradicciones dentro del Partido Republicano entre el ala MAGA y la élite tradicional del partido... La polarización política en Estados Unidos se agudizará aún más, pero no llegará a una nueva guerra civil... la amenaza se cernirá sobre los regímenes de izquierda de Cuba y Nicaragua. Colombia y México también estarán en zona de riesgo. Cabe esperar que Trump tome medidas para establecer el control total de Estados Unidos sobre Groenlandia... Trump podría intentar llevar a cabo, junto con Israel, una acción militar contra irán, cuyo objetivo serían los misiles balísticos iraníes... Las relaciones entre la República Popular China y los Estados Unidos seguirán deteriorándose, pero es poco probable que se produzca una crisis aguda con un conflicto armado en torno a Taiwán... en 2026 seguirá formándose un mundo multipolar, real y no deseado (Dmitri Trenin)

 "La experiencia demuestra que hacer predicciones, incluso a un plazo relativamente corto, como el próximo año, es una tarea arriesgada. Hay muchas posibilidades de darse cuenta muy pronto de la propia ingenuidad y de la incapacidad de ver a tiempo cosas que, en retrospectiva, parecen obvias. No obstante, siempre es interesante intentar vislumbrar el futuro y destacar las tendencias clave del desarrollo de las relaciones internacionales. ¿Qué sucederá en la arena mundial en 2026?

Operación militar especial
Es muy probable que en 2026 no se alcance un acuerdo de paz sobre Ucrania que satisfaga a Rusia. Las élites gobernantes europeas, con el apoyo del Partido Demócrata de Estados Unidos y el Estado profundo, probablemente bloquearán los esfuerzos de Donald Trump por lograr la paz en condiciones aceptables para Moscú. Es más, el propio Trump, por motivos de política interna, podría «dar un giro» contra Rusia, endureciendo las sanciones contra sus exportaciones de recursos energéticos y recurriendo a medidas contra los petroleros de su «flota fantasma». En estas condiciones, la «operación diplomática especial» del Kremlin (el autor se refiere con cierta ironía al seguimiento del juego de Trump que el Kremlin practica por si acaso funcionara. N. del traductor), que se lleva a cabo desde principios de 2025, se verá obligada a detenerse, y la operación militar especial continuará con nueva fuerza.

Las hostilidades en Ucrania parecen que continuarán durante todo el año 2026. El ejército ruso avanzará, recuperando parte de los territorios de la República Popular de Donetsk y la región de Zaporizhia, que todavía están bajo el control de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Las tropas rusas también lograrán ampliar las zonas de amortiguación en las regiones de Járkov y Sumy y, posiblemente, avanzar en otras direcciones. Las Fuerzas Armadas de Ucrania se verán obligadas a retroceder, pero gracias a la ayuda militar y financiera de los países europeos y a la ampliación de la movilización en Ucrania, podrán mantener el frente.

Al mismo tiempo, los combates se volverán cada vez más crueles, sobre todo por parte de un enemigo desesperado. Se multiplicarán las provocaciones sangrientas destinadas a desestabilizar psicológicamente a la población rusa. La moderación mostrada en respuesta («estamos en guerra con el régimen, no con el pueblo») creará en el enemigo una falsa impresión de debilidad e indecisión por nuestra parte y lo animará a cometer nuevas y cada vez más atrevidas fechorías. Como resultado, Rusia tendrá que renunciar a una serie de tabúes.

El teatro de operaciones bélicas seguirá expandiéndose de forma implícita más allá de los territorios de Ucrania y Rusia. Los ataques «anónimos» contra petroleros que transportan petróleo ruso y contra objetivos en nuestra retaguardia serán seguidos por «silenciosas» acciones de sabotaje contra objetivos pertenecientes a los Estados europeos que libran una guerra indirecta contra Rusia. Las acciones conjuntas de ucranianos y europeos con consecuencias más graves provocarán ataques de represalia, y posiblemente no solo contra Ucrania. La «guerra tácita» entre Rusia y Europa, que ya está en marcha, se intensificará, aunque es poco probable que en 2026 se llegue a un conflicto militar a gran escala.

Ucrania
El actual régimen de Kiev se mantendrá en el poder en 2026, pero es probable que lleve a cabo una rotación de su cúpula. Si se obliga a Zelenski a dimitir con el pretexto de un escándalo de corrupción, su lugar lo ocupará el «peso pesado» Zaluzhny o, más probablemente, el más «flexible» Budanov (que figura desde hace tiempo en la lista rusa de terroristas y extremistas). Kiev pasará definitivamente a estar bajo el control de los europeos. La situación de Ucrania empeorará, pero aún no se producirá un «despertar» masivo de la población: la parte más activa de los ucranianos tiene una actitud marcadamente antirrusa.

Europa
Europa seguirá siendo el bastión geográfico del liberalismo globalista. A pesar de la baja popularidad de los gobiernos de los principales países de la región —Reino Unido, Alemania y Francia—, en 2026 todos ellos lograrán mantenerse en el poder. El «cambio de las élites europeas», que algunos consideran una condición para la normalización de las relaciones de Rusia con sus vecinos occidentales, si se produce, no será pronto.

Los europeos se prepararán no tanto para una guerra con Rusia como para un enfrentamiento militar prolongado con ella, siguiendo el modelo de la Guerra Fría. Este enfrentamiento, presentado como «la defensa de la libertad y la civilización europeas frente a la barbarie rusa», ya se ha convertido en la principal idea aglutinadora de la UE. El tiempo dirá cuán sólida es esta base ideológica, pero para 2026 probablemente será suficiente.

Al mismo tiempo, las medidas prácticas encaminadas a la militarización de Europa probablemente serán menos impresionantes que las declaraciones grandilocuentes realizadas el año pasado. La difícil situación financiera de los Estados miembros de la Unión Europea, la necesidad de compensar la negativa de Estados Unidos a financiar directamente a Kiev, así como el temor a un descontento generalizado de los votantes en caso de un recorte drástico del gasto social, enfriarán el entusiasmo militarista.

La «disidencia» dentro de la UE, que hoy en día abarca los territorios de la antigua Austria-Hungría, se mantendrá (aunque el resultado de las elecciones de primavera en Hungría no está claro de antemano), pero su influencia en la política de la Europa unida seguirá siendo limitada. Mucho más importante es que la reorientación geopolítica de Estados Unidos hacia el hemisferio occidental y Asia oriental y sus consecuencias —el rechazo directo de Washington a apoyar la integración europea y el escepticismo sobre la futura ampliación de la OTAN— pueden crear un vacío de liderazgo en Europa y dar rienda suelta a las contradicciones largamente contenidas (pero no desaparecidas) entre algunos de sus países.

Estados Unidos
Los Estados Unidos celebrarán por todo lo alto el 250 aniversario de su independencia, acogerán la cumbre del G-20 y el Campeonato Mundial de Fútbol. Trump, como anfitrión de los eventos, brillará más que nunca. Sin embargo, la influencia del presidente estadounidense disminuirá, tanto por la pérdida prácticamente inevitable de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes en las elecciones intermedias de noviembre, como por el agravamiento de las contradicciones dentro del Partido Republicano entre el ala MAGA y la élite tradicional del partido. Trump no recibirá el Premio Nobel de la Paz en 2026 y, aparentemente, parecerá envejecido y no siempre adecuado. En la antesala de las elecciones presidenciales de 2028, comenzará la lucha por la nominación de candidatos dentro de ambos partidos. La polarización política en Estados Unidos se agudizará aún más, pero no llegará a una nueva guerra civil.

La operación de enero contra Venezuela reforzó con hechos la posición de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump sobre la prioridad de Washington en el hemisferio occidental. Probablemente, el asunto no se limitará a Venezuela. En 2026, la amenaza se cernirá sobre los regímenes de izquierda de Cuba y Nicaragua. Colombia y México también estarán en zona de riesgo. Cabe esperar que Trump tome medidas para establecer el control total de Estados Unidos sobre Groenlandia. Es poco probable que Canadá se una a Estados Unidos, pero Washington intensificará la presión sobre Ottawa para obligarla a seguir estrictamente la política estadounidense. Los canadienses no podrán «refugiarse en la UE». La concentración de Trump en el hemisferio occidental creará problemas para la reputación internacional de Rusia, especialmente en caso de que se intente cambiar el régimen en Cuba (no habrá una segunda crisis del Caribe), pero al mismo tiempo debilita el interés de Washington por Ucrania.

Oriente Próximo y Medio
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, seguirá «resolviendo los problemas de seguridad del Estado judío», y no solo en las fronteras del país. Su prioridad sigue siendo el problema del potencial balístico de Irán. En este sentido, Netanyahu cuenta con la ayuda de Trump. Animado por el éxito de la operación para capturar al presidente Nicolás Maduro, podría intentar llevar a cabo, junto con Israel, una acción militar contra la República Islámica, cuyo objetivo serían los misiles balísticos iraníes. Al igual que durante la guerra de 12 días en junio del año pasado, se contará con que los sistemas de defensa aérea iraníes no podrán garantizar una protección fiable y que Rusia y China, tras condenar las acciones de Jerusalén Occidental y Washington, no intervendrán en el conflicto del lado de Teherán.

La situación en el propio Irán seguirá siendo tensa en 2026: en las altas esferas se intensificará la lucha por el derecho a la sucesión del líder supremo, y en las bases el descontento por la difícil situación económica se traducirá en protestas masivas. En caso de crisis del poder, no necesariamente en 2026, es posible que se reformatee el régimen político iraní con un mayor papel de las fuerzas armadas (IRGC) y una disminución de la influencia de los ayatolás. En este caso, Irán no renunciará a sus pretensiones de ser una potencia regional, pero el grado de «revolucionariedad» de su política podría disminuir.

China
Pekín aumentará su poderío militar en muchos ámbitos (armas nucleares, misiles, fuerzas navales y aéreas), con el objetivo de alcanzar la paridad militar y estratégica con Estados Unidos y la supremacía regional sobre este en la parte occidental del océano Pacífico. Las relaciones entre la República Popular China y los Estados Unidos seguirán deteriorándose, pero es poco probable que se produzca una crisis aguda con un conflicto armado en torno a Taiwán.
Paralelamente a las relaciones entre China y Estados Unidos, las relaciones entre Pekín y Tokio se deteriorarán. Al igual que los países europeos, Japón busca afirmarse frente a la gran potencia vecina, sin depender ya del apoyo automático de Estados Unidos. En la práctica, esto significa militarización y disposición a completar, si es necesario, el desarrollo de su propio arma nuclear, lo que, en caso de que se tome la decisión correspondiente, requeriría unos pocos meses, si no semanas.

Península de Corea

La RPDC seguirá reforzando su poderío nuclear y balístico, así como sus relaciones de alianza con Rusia y China. Así, en el noreste de Asia, las alianzas estadounidenses con Japón y Corea del Sur se enfrentarán a la alianza entre Moscú, Pekín y Pyongyang. Sin embargo, y en parte como consecuencia de todo ello, parece poco probable que se produzca un enfrentamiento militar entre la RPDC y la República de Corea y/o los Estados Unidos.

Los países vecinos de Rusia
En el contexto del continuo conflicto militar en Ucrania, la integración en el marco de la Unión Estatal de Rusia y Bielorrusia se reforzará sobre una base militar, incluida la nuclear. El debilitamiento de las posiciones de Trump y la creciente hostilidad de Europa hacia Minsk limitarán las perspectivas de la multivectorialidad bielorrusa.

Moldavia, que se ha convertido definitivamente en un satélite de la UE, difícilmente iniciará un conflicto armado con Transnistria. Lo más probable es que la Unión Europea intente llegar a un acuerdo con la élite de la República Popular de Moldavia para que se distancie de Rusia. La cuestión del destino de Transnistria se resolverá definitivamente tras los resultados de la Operación Militar Especial (la guerra en Ucrania. Nota del traductor), pero es poco probable que esto ocurra en 2026.

En Armenia, es probable que el partido de Pashinyan gane las elecciones de junio y que continúe su política de acercamiento a Occidente, manteniendo al mismo tiempo las relaciones económicas con Rusia, que son beneficiosas para Ereván. El acuerdo entre Armenia y Azerbaiyán está controlado con bastante seguridad por Washington, Ankara, Bruselas y Londres, por lo que es poco probable que el conflicto vuelva a estallar en 2026. Moscú mantendrá unas relaciones frías, pero en general funcionales, con Bakú. También se mantendrá un diálogo pragmático con Tibilisi.

Las relaciones de Rusia con los países de Asia Central se fortalecerán, pero seguirán siendo principalmente comerciales. Los países de la región desarrollarán colectiva e individualmente una política exterior multivectorial y construirán su identidad única (en el marco de este proceso, el período en que formaron parte del Imperio ruso y la Unión Soviética se presentará como una aberración temporal). Ambos factores alejarán gradualmente a la región de Rusia.

«Occidente colectivo» y «mayoría mundial»
Desde el año pasado, el concepto de «Occidente colectivo» designa una civilización común, pero ya no un bloque político. El cambio de enfoque en la política exterior de Estados Unidos, que ha pasado de centrarse en el imperio a centrarse en la metrópoli, priva a Europa de la posición privilegiada que ocupaba desde el comienzo de la Guerra Fría. Europa ha pasado de ser un objeto de cuidado y apoyo a convertirse en un recurso de la política exterior de la «Gran América». En las nuevas condiciones, la OTAN se mantendrá como instrumento de dominio y control estadounidense, pero la Unión Europea ya ha sido declarada de facto «un obstáculo» para la política exterior de Estados Unidos. Aquí se impone una analogía con el Imperio Británico, que durante la Segunda Guerra Mundial fue aliado de Estados Unidos, lo que no impidió que Washington trabajara para su destrucción.

En 2026, debemos replantearnos otro concepto clave, el de «mayoría mundial», que se formuló acertadamente al comienzo de la guerra como la definición de un grupo de países que no siguieron al «Occidente colectivo» en la imposición de sanciones contra Rusia. En otras palabras, se trataba de un grupo de socios actuales y potenciales de nuestro país en unas condiciones internacionales que habían cambiado drásticamente, nada más. Pero muy pronto este concepto se empezó a utilizar para designar a todos los países que se encontraban fuera de la órbita occidental, es decir, como sinónimo de «no Occidente mundial». De ahí solo quedaba un paso para presentar a la mayoría mundial, organizada en formatos como el BRICS y la Organización de Cooperación y Seguridad de Shanghai (OCS), como la antítesis del Occidente colectivo con su «siete», la OTAN y la UE. Dar ese paso significa engañarse a uno mismo.

En 2026, es poco probable que la «mayoría» muestre un deseo de mayor consolidación. Cada país de la «mayoría», desde China hasta Qatar, Camboya y Kazajistán, actuará ante todo en función de sus intereses nacionales, incluso en sus relaciones con Occidente. Esto se ve claramente en las votaciones de la ONU. El año pasado fuimos testigos de conflictos armados entre India y Pakistán, miembros de la OCS, y Camboya y Tailandia, miembros de la ASEAN. A las puertas de 2026, se agravaron las relaciones entre los principales países del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita (lo que se reflejó inmediatamente en el curso de la guerra en Yemen).

Así, en 2026 seguirá formándose un mundo multipolar, real y no deseado. En este mundo, los principales actores serán Estados Unidos y China, así como Rusia e India. No hablarán en nombre de diferentes civilizaciones, pero, de hecho, representarán la diversidad civilizatoria del mundo, la tarjeta de presentación de la multipolaridad. Cada una de las potencias se centrará principalmente en su propio desarrollo, pero al mismo tiempo tratará de «adaptar a su medida» su área geográfica. Algo similar ocurrirá a nivel regional, donde las potencias líderes ya son Brasil, Israel, Irán, Arabia Saudita, Turquía y Sudáfrica. La transformación del mundo occidental puede volver a dar cierta autonomía al Reino Unido, Francia, Alemania y Japón, pero si esto ocurre, no será en el transcurso del año que viene."

(Publicado en : Прогноз осторожный: какими будут международные отношения в 2026 году – Информационное агентство Деловой журнал Профиль – profile.ru )"

 (Dmitri Trenin es director del Instituto de Economía Militar Mundial y Estrategia de la Universidad Nacional de Investigación, en Rafael Poch, 17/01/26)

13.1.26

2026, el años del coyote... suspendidos en el aire, todos esperan que comience la caída, pero pocos se atreven a mirar hacia el abismo... Los mercados de valores, el PIB y la producción económica aún parecen estar en aumento... La manufactura en todo el mundo está en una situación crítica, junto con los ciudadanos que intentan llegar a fin de mes... los precios no han vuelto a sus niveles de 2019... y los salarios aún no han logrado mantenerse al día. Esto ha llevado a una pérdida permanente del poder adquisitivo, perjudicando a cualquiera en el negocio de producir o vender bienes. Así es como se ve una economía en forma de K en la vida real... las fábricas continúan produciendo bienes a pesar de sufrir una caída en los pedidos... los niveles actuales de producción en las fábricas son claramente insostenibles. Los números de nómina también se verán afectados negativamente si la capacidad de producción tiene que reducirse. Dicho en palabras simples: las cosas no pintan nada bien... La demanda ha desaparecido silenciosamente—mientras las empresas privadas y los hogares se endeudaban más que nunca—dejando a las empresas manufactureras acumulando enormes inventarios. Es el sobreendeudamiento y la miseria del ciudadano promedio lo que finalmente mata la economía... no hay un crecimiento real más allá de los sectores impulsados por un auge en la inversión en IA... ¿Y qué hacen las potencias mundiales, y América en particular, en medio de todo esto? En lugar de utilizar esta pequeña ventana de sobreabundancia para hacer preparativos para el largo declive que se avecina (haciendo arreglos cooperativos, restableciendo el control de armas, reduciendo las tensiones geopolíticas, etc.), utilizan este tiempo para obtener ventaja económica, política y—si lo consideran necesario—militar sobre las regiones productoras de petróleo del mundo... A menos que haya un gran choque de oferta, la inflación probablemente caerá, luego se convertirá en deflación en más y más áreas de la vida. Y aunque eso pueda sonar bien para el ciudadano promedio (¿qué no le gusta de los precios en caída?), eso es exactamente lo que ocurrió durante la Gran Depresión, y este es el mayor riesgo en nuestro caso también (The Honest Sorcerer)

 "Aunque este año se llamará el año del caballo de fuego, al menos según el calendario chino, llamar al 2026 el año de Wile E. Coyote sería una elección mucho más apropiada. La economía mundial y los mercados petroleros se encuentran en una situación precaria: mientras la producción sigue aumentando, todo el apoyo económico y geofísico que había debajo ha desaparecido silenciosamente. Suspendidos en el aire, todos esperan que comience la caída, pero pocos se atreven a mirar hacia el abismo. En cambio, vemos una rápida intensificación del juego de ajedrez geopolítico, que podría, en el futuro, acercarnos peligrosamente a un gran choque… Hasta que eso suceda, sin embargo, y como dice el viejo adagio, "los mercados pueden permanecer irracionales (mucho) más tiempo del que tú puedes permanecer solvente." Veamos cuánto dura ese momento.

 Permítanme comenzar diciendo: No soy un economista macroeconómico capacitado. No opero con acciones ni con materias primas, y mucho menos con petróleo. Por lo tanto, en caso de que estuvieras buscando consejos de inversión, tips sobre cómo hacerse rico, o un análisis profundo de las tendencias del mercado de valores, me temo que no puedo ayudarte. Si, por otro lado, estás interesado en una comprensión más amplia de los fundamentos geofísicos y económicos reales (manufactura) de nuestra situación actual, podrías encontrar valor en lo que sigue. Como los lectores de larga data ya saben, abordo la economía desde el punto de vista de los recursos materiales: energía y minerales, siguiendo las antiguas palabras de sabiduría: la energía es la economía. Sin energía, sin trabajo, sin materias primas, sin comida, sin productos, sin servicios — sin PIB. Y aunque muchos creen que la bolsa de valores es un buen indicador del éxito económico, o que estamos viviendo en una utopía postindustrial, impulsada por la IA, alimentada por energía solar y con vehículos eléctricos, nada podría estar más lejos de la verdad.

Manufactura: una llamada de atención

Los analistas que siguen los eventos mundiales podrían discernir dos tendencias aparentemente contradictorias. Los mercados de valores, el PIB y la producción económica aún parecen estar en aumento, incluso cuando el sentimiento del consumidor y las perspectivas económicas a largo plazo siguen empeorando. Y mientras el 10% superior sigue aumentando su riqueza y consumo, el "nueve por ciento inferior" parece estar atrapado en una crisis de asequibilidad permanente. La manufactura en todo el mundo está en una situación crítica, junto con los ciudadanos que intentan llegar a fin de mes. Verás, los enormes aumentos de precios—provocados por el shock de suministro inducido por la respuesta a la pandemia—nunca se han revertido. Sí, las cifras de inflación general han disminuido, pero los precios no han vuelto a sus niveles de 2019: la comida, la energía y los servicios todavía cuestan mucho más que antes de que el mundo entrara en confinamiento, y los salarios aún no han logrado mantenerse al día. Esto ha llevado a una pérdida permanente del poder adquisitivo, perjudicando a cualquiera en el negocio de producir o vender bienes. Así es como se ve una economía en forma de K en la vida real.

El mejor indicador del sentimiento económico prevaleciente no es, por tanto, el precio de las acciones, sino lo que las personas encargadas de gestionar las cosas dicen sobre sus negocios. El Índice de Gerentes de Compras (PMI) es una de esas métricas. Medido a través de encuestas mensuales, preguntando si las condiciones comerciales en áreas clave (como nuevos pedidos, producción, empleo, entregas, inventarios) han mejorado, permanecido igual o empeorado en comparación con el mes anterior, el PMI ofrece una imagen mucho más precisa de lo que se puede esperar que el S&P500. Para una mejor visión general, estas respuestas ponderadas para cada componente se agregan en un solo índice, proporcionando un indicador adelantado de la salud económica. Las puntuaciones por encima de 50 indican expansión, mientras que por debajo de 50 son un signo de una contracción inminente (50 indica sin cambios). S&P Global Market Intelligence acaba de publicar sus cifras, acompañadas de comentarios de los principales analistas. Y aunque el número principal de 51.8 registrado en diciembre señala un leve optimismo, Chris Williamson, Economista Jefe de Negocios de S&P Global, advierte que no todo es tan rosy:

"Se ha desarrollado algo parecido a un escenario de Wiley E Coyote, en el que, al igual que el personaje de dibujos animados sigue corriendo a pesar de perseguir al correcaminos fuera de un acantilado, las fábricas continúan produciendo bienes a pesar de sufrir una caída en los pedidos." La brecha entre el crecimiento de la producción y la caída de los pedidos es, de hecho, la más amplia desde el apogeo de la crisis financiera global en 2008-9. A menos que la demanda mejore, los niveles actuales de producción en las fábricas son claramente insostenibles. Los números de nómina también se verán afectados negativamente si la capacidad de producción tiene que reducirse.

Dicho en palabras simples: las cosas no pintan nada bien. Y solo como recordatorio: una situación inquietantemente similar se estaba desarrollando antes del colapso de 1929 (y la posterior depresión). La demanda ha desaparecido silenciosamente—mientras las empresas privadas y los hogares se endeudaban más que nunca—dejando a las empresas manufactureras acumulando enormes inventarios. Es el sobreendeudamiento y la miseria del ciudadano promedio lo que finalmente mata la economía. Pero volvamos al Sr. Williamson:

"Un factor clave que causa preocupación sobre las ventas es el grado en que los productores están teniendo que trasladar los costos más altos a los clientes en forma de precios aumentados, con los costos más altos continuando siendo abrumadoramente atribuidos a los aranceles."

Verás, hay un límite en la inflación que los consumidores pueden soportar. A medida que el presupuesto de las personas se ve presionado por el aumento constante de los precios de los alimentos y la energía, además de los costos increíblemente altos de los seguros y la atención médica, el ciudadano promedio se ve cada vez más obligado a omitir compras. ¿Es de extrañar que la mitad de los consumidores estadounidenses culpen a los altos precios por sus malas finanzas personales?

El índice de manufactura del Instituto para la Gestión de Suministros (ISM) captura el sentimiento aún mejor. Resulta que los amplios aranceles de Trump han socavado la manufactura al aumentar drásticamente los costos de insumos (materias primas), incluso cuando él los promociona como necesarios para fortalecer una base de fábricas nacionales en declive desde hace mucho tiempo. Bueno, los resultados están aquí: no hay un crecimiento real más allá de los sectores impulsados por un auge en la inversión en IA. Verás, el problema es mucho más profundo de lo que podría resolverse restringiendo la competencia del extranjero.

Al otro lado del Pacífico, en China, la industria manufacturera también está pasando por un mal momento. La sobrecapacidad y una competencia frenética entre las empresas han llevado a márgenes corporativos en contracción (y en algunos casos negativos). Vea los paneles solares, por ejemplo. Sin embargo, las empresas asiáticas no tienen otra opción que reducir aún más los precios, a pesar de que los clientes chinos siguen siendo reacios a gastar. Si la situación en Occidente recuerda a los analistas a un momento de Wile E. Coyote, entonces en China el lobo de las praderas se ha puesto sus cohetes antes de correr por el acantilado... La capacidad de producción sigue creciendo, mientras que un crecimiento similar en la demanda no se ve por ninguna parte. La capacidad no utilizada, por otro lado, inmoviliza capital, aumenta los presupuestos de mantenimiento y reduce la eficiencia. Y dado que toda esta inversión fue financiada con préstamos gubernamentales preferenciales, esta situación empeorante también pone a la administración china en una situación difícil. No digo que todo esté mal en China, pero estos son claramente signos de que las cosas van de mal en peor. Olvida la intensa energía, pasión e independencia del caballo de fuego. Bienvenido al año del coyote.

Perfora, chico, perfora

Con este contexto en mente, quizás no sea tan difícil entender por qué el mundo parece estar inundado de petróleo. Todas las materias primas son extraídas, cosechadas y entregadas a las plantas de fabricación por camiones diésel y maquinaria pesada, al igual que los productos terminados salen de la fábrica en un camión de plataforma o a bordo de un barco de contenedores. En consecuencia, la débil demanda de bienes resulta en una débil demanda de petróleo. Al mismo tiempo, los productores de petróleo siguen extrayendo petróleo como si no hubiera un mañana. A pesar de la falta de crecimiento de la demanda y la caída de los precios, la producción de petróleo crudo ha superado su pico anterior (registrado exactamente hace 7 años), y la producción de EE. UU. también está rompiendo récords. Otro momento de Wile E Coyote.

Es cierto, los operadores prefieren pagar dividendos más bajos, despedir personal e implementar otras medidas de ahorro de costos, antes que optar por reducir su producción. 1 Si las tendencias económicas y geológicas prevalecientes continúan, es decir, un bajo crecimiento de la demanda combinado con un aumento lento pero exponencial en los costos de extracción a medida que se agotan los depósitos ricos, este último aumento de producción podría fácilmente resultar ser el último en la historia. Con las ganancias disminuyendo, la demanda estancada y los costos operativos en aumento, no es difícil ver cómo la inversión en nueva producción (reemplazando pozos agotados) está en mayor riesgo. Como encontró un resumen reciente de RystadEnergy:

"En las próximas décadas, es probable que el capital necesario no esté disponible para satisfacer la creciente demanda de petróleo, los precios de los servicios podrían dispararse y es probable que haya un apetito limitado por innovaciones para sostener tales altas emisiones de petróleo."

Sin una inversión en constante crecimiento en los campos existentes y nuevos, sin embargo, el agotamiento simplemente tomará el control, y lo más probable es que lleve la producción mundial de petróleo a un declive permanente, como se ve en el gráfico a continuación. Dicho esto, un pico absoluto mundial en la producción de petróleo aún está a años de distancia. Incluso si los precios se mantuvieran bajos (alrededor de $50 en términos reales), la producción total no alcanzaría su punto máximo hasta 2030. En un escenario teórico de "alto caso", donde los precios del petróleo logran subir muy por encima de los 00 por barril sin llevar a la quiebra a la economía mundial, por otro lado, la producción total de petróleo no alcanzaría su punto máximo antes de 2035. 

Aliado contra aliado

¿Y qué hacen las potencias mundiales, y América en particular, en medio de todo esto? Se aferran aún más al wetiko: la psicosis que devora el mundo. En lugar de utilizar esta pequeña ventana de sobreabundancia para hacer preparativos para el largo declive que se avecina (haciendo arreglos cooperativos, restableciendo el control de armas, reduciendo las tensiones geopolíticas, etc.), utilizan este tiempo para obtener ventaja económica, política y—si lo consideran necesario—militar sobre las regiones productoras de petróleo del mundo. Ah, y aumentar su presupuesto militar en un asombroso 50%. Honestamente, ¿qué esperábamos...? ¿Que se miren al espejo, se despierten y comiencen a apreciar la gravedad de nuestra situación? Seguramente, estás bromeando. Prefieren echar los últimos vestigios de un orden basado en el derecho internacional a la hoguera... Sin embargo, a pesar de todas estas maniobras, los mercados del petróleo, por muy locas que sean sus abstracciones, siguen peligrosamente complacientes. 2 ¿Por qué, qué podría salir mal? ¿Sanciones a las exportaciones de petróleo? ¿Ataques a la flota sombra rusa? ¿Incautaciones de petroleros por todas partes? ¿Estados Unidos amenazando con atacar a Irán (otra vez)? ¿A quién le importa? Ya lo he visto todo.

Esta indiferencia general—o nihilismo absoluto—es lo que da un contexto especial al reciente secuestro de Maduro en Venezuela, facilitado por una traición de su propio personal y generales. Nada parece alterar los mercados petroleros en estos días... Aún así, a pesar del rápido éxito, el mando militar venezolano, los servicios de seguridad interna y la alta administración civil permanecen intactos, lo que significa que Estados Unidos tendrá que "gestionar" activamente la situación durante bastante tiempo. La recién juramentada presidenta, Delcy Rodríguez, ya está bajo una inmensa presión para expulsar y romper los lazos económicos con China, Rusia, Irán y Cuba, además de acordar asociarse exclusivamente con los EE. UU. en la producción de petróleo y favorecer a América al vender su crudo pesado. (Por otro lado, tampoco me sorprendería si ella se negara a cooperar, incluso si Trump la amenazara con una invasión terrestre...) La situación está lejos de estar resuelta, eso es seguro.

En medio de toda esta incertidumbre sobre el futuro de Venezuela, una cosa era evidentemente obvia desde el principio: infringir la soberanía del país no tenía nada que ver con los carteles de drogas. Como de costumbre, todo se trataba del petróleo. Restaurar la producción de petróleo de Venezuela a sus niveles anteriores a las sanciones, sin embargo, tomaría bastante tiempo y dinero: alrededor de 00 mil millones gastados durante una década, para ser precisos. Y aunque se estima que las reservas probadas de crudo del país alcanzan los 300 mil millones de barriles, su petróleo es muy pesado (espeso) y caro de extraer. 3 Por lo tanto, es muy poco probable que en medio de tanta incertidumbre y precios bajos valga la pena extraer petróleo para cualquier compañía petrolera (ya sea estatal o privada). Parece que, al menos a corto plazo, someter a Venezuela no se trataba de producir más petróleo, sino de tratarlo como un nido de huevos, reservado para su uso posterior y evitando que caiga en las "manos equivocadas". Si la toma de posesión de EE.UU. resulta exitosa, China probablemente tendrá que buscar otra fuente de crudo pesado, despidiéndose de 395 mil barriles al día (o el 3.5% de sus importaciones totales de petróleo). Y aunque esa cifra parece baja hoy en un mundo aparentemente inundado de petróleo, la gente matará por esa cantidad dentro de una década. No estoy seguro de si ese nivel de previsión está disponible en los EE. UU. (ciertamente no a nivel presidencial), pero al menos vale la pena tener en cuenta esta posibilidad.

A continuación en la lista de deseos de cambio de régimen están Cuba, Colombia, México y Groenlandia. Mientras que los tres primeros están motivados (pero no justificados de ninguna manera) por razones políticas—y las ambiciones personales del secretario de Estado estadounidense—Groenlandia es un caso especial. Sobre el tema de la isla más grande (y más helada) del mundo, ya escribí el año pasado sobre las ambiciones estadounidenses y sobre cómo la Oficina de Geología de los Estados Unidos estima que hay importantes reservas de petróleo alrededor de la isla. Al igual que con el petróleo venezolano, el costo energético y de recursos para aprovechar estas reservas sería enorme. 4 Sin embargo, presumiendo una previsión estratégica (que podría o no estar presente), estas reservas también podrían verse como un capital para el futuro, no como una tortilla lista para ser servida. Y al igual que en el caso sudamericano, parece más importante evitar que otros los exploten, que aumentar la producción a partir de mañana.

Por supuesto, hay otras necesidades más urgentes detrás de la toma de control estadounidense de Groenlandia. Incluso si no hubiera petróleo allí, las amenazas de apoderarse de Groenlandia deberían tomarse muy en serio. No porque la configuración actual amenace de alguna manera la seguridad nacional de EE. UU. (la isla pertenece a Dinamarca, miembro de la OTAN), sino porque la anexión formal de la isla haría que Groenlandia y sus aguas circundantes estuvieran fuera del alcance de Rusia y China. Verás, la costa de la isla está llena de antiguas bases aéreas estadounidenses (establecidas durante la Segunda Guerra Mundial). Estas antiguas, y aún operativas, bases (la base aérea de Thule (Pituffik), la base más septentrional de la fuerza aérea de EE. UU.) podrían ser utilizadas no solo para monitorear el Atlántico Norte, sino también como posibles cuarteles generales (apoyando el comando de misión a nivel de teatro, así como albergando unidades de inteligencia y señales) en caso de que estalle una guerra a gran escala entre Europa y Rusia. Bajo ese escenario, atacar estas bases constituiría un ataque a América misma, potencialmente invocando una represalia nuclear de EE.UU. Así, si la guerra por poderes entre Estados Unidos y Rusia se intensifica o se reaviva más adelante en esta década (esta vez involucrando a todo el continente europeo), Estados Unidos podría continuar dirigiendo las actividades de la OTAN desde una proximidad cercana a Groenlandia, sin estar expuesto al riesgo de un ataque con misiles hipersónicos. Demasiado malo, que Europa continental y Gran Bretaña seguirían destruidas en el proceso.

Los europeos han externalizado su seguridad a los EE. UU. y ahora, como resultado, no tienen medios para defenderse de ello. Esto es especialmente cierto si consideras que han externalizado su suministro de energía (GNL y petróleo) al mismo "proveedor": El 27% del gas natural y el 21% del petróleo consumido en la UE ahora provienen del otro lado del Atlántico. El lado que ahora está amenazando activamente al bloque con una toma hostil de una gran parte de su territorio. Esta doble dependencia, como resultado, hace que una toma de control militar formal sea prácticamente innecesaria. Si Dinamarca y la UE se mantienen firmes, EE. UU. podría fácilmente decir: "Está bien, nos salimos de la OTAN." Y no más gas para ustedes." No creo que los europeos se arriesguen a hacer eso. En su lugar, lo más probable es que terminen vendiendo Groenlandia a América, intercambiando el valioso territorio por bonos estadounidenses o crudo pesado extraído de Venezuela.

Reflexiones finales y predicciones

Entonces, ¿qué nos depara el año del coyote? ¿Un gran colapso económico? Probablemente, pero no pondría las posibilidades de que ocurra por encima del 30%. ¿Una guerra directa con China o Rusia? No lo creo (lo estimo en menos del 5%). El escenario más probable para este año, y los próximos dos o tres, es un final completo y definitivo del crecimiento para la economía global. Wile E Coyote se encontrará suspendido en el aire, dándose cuenta lentamente de la gravedad de su situación. Los consumidores seguirán sufriendo mientras los gobiernos de todo el mundo continúan aumentando los impuestos y regresando a la austeridad en un esfuerzo inútil por detener el inicio de un lento declive. Los bancos centrales continuarán rescatando a los bancos comerciales y a las instituciones no financieras. A menos que haya un gran choque de oferta, la inflación probablemente caerá, luego se convertirá en deflación en más y más áreas de la vida. Y aunque eso pueda sonar bien para el ciudadano promedio (¿qué no le gusta de los precios en caída?), eso es exactamente lo que ocurrió durante la Gran Depresión. En aquel entonces, a medida que los niveles generales de precios caían, los consumidores retrasaban las compras esperando precios futuros cada vez más bajos. Esto ha llevado a una espiral descendente de caída de la demanda, reducción de la producción, recortes salariales, aumento del desempleo y quiebras empresariales. Las empresas se vieron obligadas a reducir costos mediante despidos, lo que a su vez redujo aún más el gasto y profundizó la crisis. La carga de la deuda también aumentó a medida que el valor real del dinero comenzó a crecer nuevamente, lo que llevó a aún más incumplimientos y quiebras. 5 En última instancia, todo terminó en una depresión económica que duró una década, o hasta que comenzó la Segunda Guerra Mundial—y este es el mayor riesgo en nuestro caso también. Cada vez es más probable que las grandes potencias del mundo no vean otra salida a este gigantesco desastre económico que empezar otra pelea… Y aunque deberíamos dar por sentado que la historia no se repite, sí que rima.

Hasta la próxima,

B." 

(The Honest Sorcerer , blog, 11/01/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)

5.1.26

Wolfgang Munchau: El año 2026 podría ser el primero en mi vida que tenga una probabilidad no trivial de una guerra más amplia en Europa... el arresto de Nicolás Maduro son la evidencia más clara hasta ahora de que la geopolítica ha vuelto a la doctrina de la Guerra Fría de esferas de influencia. Para los Estados Unidos, su prioridad es el hemisferio occidental. La esfera de China se extiende hasta Taiwán, y la de Rusia hasta Ucrania y otras partes de la antigua Unión Soviética. Con la atención de América en otros lugares y Putin fortalecido, las posibilidades de que esta guerra continúe están aumentando... Durante la Guerra Fría de mi juventud, siempre había potencial para un conflicto accidental. Pero tanto América como la Unión Soviética estaban dirigidas por personas que trabajaban arduamente para evitar que eso sucediera. Incluso en las crisis más tensas, la diplomacia prevaleció. Las cosas son totalmente diferentes ahora. A ambos lados del Atlántico, en Rusia y en toda Europa Occidental, veo una disposición retórica para el conflicto armado en una escala nunca antes vista... Si esta guerra con Rusia llegara a suceder, no será solo porque Trump haya motivado a Putin, sino también porque hemos permitido que la situación en Ucrania se salga de control. Nuestro apoyo ha sido un catálogo de errores de juicio... Es perfectamente plausible ahora que Rusia termine ocupando más de los cuatro óblast que busca, y que Ucrania pierda su independencia. Animada por la victoria, Rusia podría eventualmente buscar más... No creo que Putin tenga planes de invadir Europa Occidental, como afirman los funcionarios de seguridad. Mi mayor temor, más bien, es la guerra híbrida: aviones volando por los aires sobre el aeropuerto de Heathrow, por ejemplo; una explosión en una concurrida estación de trenes alemana; o quizás incluso una explosión nuclear submarina que desencadene un tsunami. Bruselas, como sede de la OTAN y la UE, sería particularmente vulnerable. Y cualquier respuesta a tal provocación se intensificaría rápidamente. Este es el tipo de guerra para el que los europeos estamos menos preparados... La ironía aquí es que, a pesar de sus problemas, los líderes europeos ven la guerra como una forma de distraer de crisis aún más profundas... Groenlandia podría ser la siguiente. Canadá tampoco es inmune, Trump ya lo ha identificado como una amenaza a la seguridad... Está completamente loco, lo sé. Pero refleja una realidad geopolítica en la que el riesgo ya no se gestiona y la diplomacia se desestima

 "El año 2026 podría ser el primero en mi vida que tenga una probabilidad no trivial de una guerra más amplia en Europa: y los riesgos acaban de aumentar. La incursión de Donald Trump en Venezuela y el arresto de Nicolás Maduro son la evidencia más clara hasta ahora de que la geopolítica ha vuelto a la doctrina de la Guerra Fría de esferas de influencia. Para los Estados Unidos, su prioridad es el hemisferio occidental. La esfera de China se extiende hasta Taiwán, y la de Rusia hasta Ucrania y otras partes de la antigua Unión Soviética. Con la atención de América en otros lugares y Putin fortalecido, las posibilidades de que esta guerra continúe están aumentando.

Durante la Guerra Fría de mi juventud, siempre había potencial para un conflicto accidental. Pero tanto América como la Unión Soviética estaban dirigidas por personas que trabajaban arduamente para evitar que eso sucediera. Incluso en las crisis más tensas, la diplomacia prevaleció.

Las cosas son totalmente diferentes ahora. A ambos lados del Atlántico, en Rusia y en toda Europa Occidental, veo una disposición retórica para el conflicto armado en una escala nunca antes vista. "Rusia ha traído la guerra de vuelta a Europa," dijo recientemente Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, añadiendo que "debemos estar preparados para la escala de guerra que nuestros abuelos y bisabuelos soportaron." Mientras tanto, el Mariscal del Aire del Reino Unido, Sir Richard Knighton, dijo que la situación era más peligrosa que en cualquier momento de su carrera: “Hijos e hijas.” Colegas. Los veteranos... todos tendrán un papel que desempeñar, para construir, para servir, y si es necesario, para luchar,” dijo. Por su parte, el jefe de la Agencia Federal de Inteligencia de Alemania ha advertido que Rusia podría atacar a Europa antes del final de la década.

Si esta guerra con Rusia llegara a suceder, no será solo porque Trump haya motivado a Putin, sino también porque hemos permitido que la situación en Ucrania se salga de control. Nuestro apoyo ha sido un catálogo de errores de juicio. Cuando todos se envolvieron en la bandera ucraniana en 2022, los llamados expertos estaban espectacularmente entusiasmados con la eventual victoria de Kyiv. Generales retirados competían con predicciones sobre qué tan rápido Ucrania terminaría el trabajo — dos semanas, especuló uno. Bueno, ya llevamos casi cuatro años en el conflicto y, como miembros de la llamada "coalición de los dispuestos", nosotros los europeos animamos a Ucrania a luchar hasta el amargo final — sin ninguna posibilidad de victoria.

Es perfectamente plausible ahora que Rusia termine ocupando más de los cuatro óblast que busca, y que Ucrania pierda su independencia. Animada por la victoria, Rusia podría eventualmente buscar más. Exacerbando las cosas del otro lado, algunos europeos ahora buscan un cambio de régimen en Rusia. Citando a Kaja Kallas, la Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad: "no es algo malo si la gran potencia se hace mucho más pequeña."

Ya hemos estado aquí antes. Antes de la Primera Guerra Mundial, los jóvenes alemanes y austriacos también estaban ansiosos por la batalla, como muchos europeos parecen estar hoy. Los alemanes envidiaban a sus abuelos que lucharon en las gloriosas batallas de la Guerra Franco-Prusiana 44 años antes. Entonces, como ahora, el establecimiento político y militar subestimó lo difícil que sería la guerra.

Sin embargo, hay una gran diferencia. En 1914, los ejércitos de Europa estaban en posición de luchar. Una victoria de los alemanes y austriacos era, al menos, un resultado plausible. Hoy en día, ya no es posible que Ucrania gane la guerra, ni que Europa Occidental, sin la ayuda de Estados Unidos, pueda derrotar a Rusia.

Este conflicto europeo más amplio no será necesariamente una guerra terrestre clásica. No creo que Putin tenga planes de invadir Europa Occidental, como afirman los funcionarios de seguridad. Mi mayor temor, más bien, es la guerra híbrida: aviones volando por los aires sobre el aeropuerto de Heathrow, por ejemplo; una explosión en una concurrida estación de trenes alemana; o quizás incluso una explosión nuclear submarina que desencadene un tsunami. Bruselas, como sede de la OTAN y la UE, sería particularmente vulnerable. Y cualquier respuesta a tal provocación se intensificaría rápidamente.

Este es el tipo de guerra para el que los europeos estamos menos preparados. Los expertos en seguridad occidentales ven la guerra híbrida como un género inferior para personas menores, como los rusos. Pero es letal, y nosotros los europeos somos víctimas ideales. Vivimos en espacios reducidos. Dependemos de la infraestructura crítica y la tecnología. Y, desde la perspectiva rusa, tales ataques no activarían la cláusula de defensa mutua de la OTAN. ¿Por qué invadir Estonia si puedes crear un caos absoluto en las capitales europeas, todo mientras mantienes una negación plausible?

El Reino Unido no es ajeno a esto. En noviembre, el Comité Selecto de Defensa advirtió que el Gobierno del Reino Unido se estaba moviendo "a un ritmo glacial" para adoptar el "Programa de Defensa Nacional", una nueva estrategia de resiliencia y seguridad nacional para proteger al país contra riesgos graves, incluidos los ataques no convencionales. Pero el programa ha sido retrasado por más de un año, incluso cuando los líderes británicos están desesperados por intensificar la retórica bélica.

Sin embargo, está más claro que nunca que nuestros sistemas políticos están lejos de estar listos para una lucha. El Reino Unido, Alemania y Francia no están dispuestos a pagar por el apoyo a Ucrania desde su propio presupuesto, ni a aumentar los impuestos. Por eso estaban tan ansiosos por utilizar los activos rusos que están congelados en los bancos europeos. Ahora que Bélgica, el país donde se encuentran la mayoría de los activos, ha bloqueado el robo, los políticos europeos tendrán que poner su dinero donde está su boca.
"Nuestros sistemas políticos están lejos de estar listos para una pelea"

El problema es que sus electores no se lo permiten. Los votantes europeos no renunciarán a sus pagos de bienestar para financiar una guerra y las encuestas muestran consistentemente una marcada falta de apoyo para más ayuda financiera a Ucrania. Y, por favor, no les pidas que se pongan las botas y realmente luchen por su país.

La ironía aquí es que, a pesar de sus problemas, los líderes europeos ven la guerra como una forma de distraer de crisis aún más profundas. Si estallara la paz, por ejemplo, la UE tendría que reformar su absurda Política Agrícola Común, redirigiendo fondos de los agricultores franceses hacia Ucrania. La continuada derroche sería más difícil de defender de otras maneras. La UE abandonó sus reglas fiscales para dar cabida a un mayor gasto en defensa. Sin una guerra, es difícil justificar el gasto deficitario. La guerra es la excusa definitiva para las políticas fallidas, para mantener a los gobiernos disfuncionales en el poder y para retrasar el momento del ajuste de cuentas.

Como tantos de mi generación, siempre pensé que los europeos habían aprendido de los errores del pasado, incluyendo el error más antiguo de todos. Como advirtió Sun Tzu, el legendario estratega de guerra chino, hace unos 2,500 años: si "no conoces ni al enemigo ni a ti mismo, sucumbirás en cada batalla." Desafortunadamente, seguimos sobrestimándonos y subestimando a nuestros enemigos. Putin inicialmente subestimó a su enemigo con un ataque amateur en Kyiv. Pero se recuperó y los rusos ahora están librando una guerra bien organizada, completamente financiada y enfocada. Y quizás sus estrategas concluirían que ahora es el momento adecuado para lanzar una guerra híbrida extendida contra Europa. ¿Qué tiene que perder Putin?

Mientras tanto, nuestros errores de juicio continúan. Así como Napoleón y Hitler subestimaron la magnitud de Rusia y sus heladas temperaturas invernales, los políticos europeos contemporáneos continúan subestimando la resiliencia económica de la Rusia moderna. El primer error ocurrió justo al principio de la guerra, cuando pensamos que podíamos agotar a Rusia económicamente a través de sanciones. Nos engañamos con estadísticas profundamente engañosas, según las cuales el PIB de Rusia era aproximadamente del tamaño del de España. Pero lo que importa en una guerra es el poder adquisitivo — literalmente, el valor por el dinero. En ese aspecto, Moscú gasta más del doble que Alemania en defensa, y de manera mucho más eficiente. Mientras los expertos insisten en que la economía rusa está al borde del colapso. no hay señales de que eso esté ocurriendo. De manera similar, ciertos abogados internacionales continúan afirmando que la incautación de activos rusos no conlleva riesgos. Hay un patrón aquí — uno que podría resultar catastrófico tanto en tesoros como en sangre.

En contraste, los realistas geopolíticos de generaciones anteriores, como Henry Kissinger o George Kennan, el legendario diplomático estadounidense de la era de la posguerra, tenían una comprensión mucho más profunda de la política de las superpotencias. Nadie habría acusado a Kissinger de ser blando con la Unión Soviética. Pero tampoco era un belicista ansioso por la guerra.

En aquel entonces, los estadounidenses mantenían canales diplomáticos con Rusia. Y no se entregaron a la señalización ritualizada de virtudes sobre el estado de derecho. Su trabajo era la gestión de riesgos, y lo realizaron admirablemente. Lo que se está volviendo cada vez más claro es que la Administración Trump no está en el negocio de gestionar riesgos, sino de buscar ventajas comerciales a corto plazo.

Groenlandia podría ser la siguiente. Sus vastos y en gran parte inexplorados depósitos de elementos de tierras raras, combinados con su posición estratégica, lo convierten en un objetivo obvio. De hecho, Trump ya ha sentado las bases tanto con la Estrategia de Seguridad Nacional como con el nombramiento de un enviado encargado de su adquisición. La propiedad fortalecería drásticamente la posición de EE. UU. en el Mar Ártico, una región de creciente importancia estratégica que Europa ha ignorado en gran medida.

Canadá tampoco es inmune: Trump ya lo ha identificado como una amenaza a la seguridad. También resulta que cuenta con 163 mil millones de barriles de reservas de petróleo probadas, ocupando el cuarto lugar a nivel mundial según la Administración de Información Energética de EE. UU., después de Venezuela, Arabia Saudita e Irán. A medida que Estados Unidos se vuelve más dependiente del petróleo para sus necesidades energéticas, la adquisición de Venezuela y Canadá seguiría sin duda una lógica comercial, si no una razón estratégica.

Está completamente loco, lo sé. Pero refleja una realidad geopolítica en la que el riesgo ya no se gestiona y la diplomacia se desestima. El mundo de la Guerra Fría era más seguro, no porque la situación fuera segura, sino porque los adultos estaban a cargo." 

 , Un Herd, 05/01/26, traducción Quillbot, enlaces en el original) 

La agresión violenta contra la soberanía nacional de Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro nos han situado de golpe donde estábamos desde la invasión de Ucrania y no nos queríamos enterar porque todo era culpa de Putin... nos sitúa en el siglo XIX, con la declaración universal de los derechos humanos convertida en una reliquia de museo... América para los norteamericanos y el petróleo también para los norteamericanos. Esa es toda la legitimidad que invoca y necesita Donald Trump para quedarse con el 17% de las reservas de petróleo mundiales... No deja de producir cierta ternura haber contemplado a la oposición venezolana tan disfrutona, con las bombas cayendo en las calles de su propio país mientras un número indeterminado de sus compatriotas caía asesinado. Ni unas horas les dejó Donald Trump paladear su ilusión... El país se lo quedará ahora el primero que esté dispuesto a pasar por caja, chavista o no chavista... Las imágenes de Maduro arrastrado ante la supuesta justicia norteamericana son otro aviso; puede que el último. El primero fue aquella humillación pública de Volodímir Zelenski en el mismísimo despacho oval... No pierdan su tiempo con disquisiciones sobre el derecho internacional y la carta de Naciones Unidas. El tiempo es dinero y la guerra es un negocio (Antón Losada)

 "Análisis - Los bombardeos de EEUU en Venezuela y el secuestro de Maduro: un crimen internacional de agresión con consecuencias para Europa

La agresión violenta contra la soberanía nacional de Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro en Caracas nos han situado de golpe donde estábamos desde la invasión de Ucrania y no nos queríamos enterar porque todo era culpa de Vladímir Putin: en el siglo XIX; antes de la ONU, antes incluso de la Sociedad de Naciones, con la declaración universal de los derechos humanos convertida en una reliquia de museo como el código de Hammurabi. No se vayan amiguitos, que aún habrá más. El presidente Donald Trump no es nuestro aliado y nunca lo será: ¡¡Sorpresa!!

Decía John Keneth Galbraith que parte de nuestros problemas para entender el siglo XX era que lo gestionábamos con conceptos del siglo XIX. Va a resultar que continúa siendo el problema en el siglo XXI. Tan es así que a un secuestro que viola todas las normas del derecho nacional e internacional se le llama detención, a un acto de guerra que infringe todas las leyes internacionales se le denomina intervención y a las bombas que tiran los americanos se las presenta como “explosiones”.

“Bienvenidos a 2026” proclamó exultante pocas horas después de la agresión el anabolizante secretario de Guerra USA, Pete Hegseth; bien podría haber dicho “Bienvenidos a 1826”. La doctrina Monroe (James Monroe, 1823) y el petróleo; fin de la cita. Esa es toda la legitimidad que invoca y necesita Donald Trump para quedarse con el 17% de las reservas de petróleo mundiales. 

No pierdan su tiempo con disquisiciones sobre el derecho internacional y la carta de Naciones Unidas. El tiempo es dinero y la guerra es un negocio. La caja ya empieza a registrar en Gaza. Ha llegado la hora de empezar a amortizar lo de Venezuela. América para los norteamericanos y el petróleo también para los norteamericanos. 

No deja de producir cierta ternura haber contemplado a la oposición venezolana tan disfrutona, con las bombas cayendo en las calles de su propio país mientras un número indeterminado de sus compatriotas caía asesinado. Ni unas horas les dejó Donald Trump paladear su ilusión. No es una liberación. Es un acto de reparación histórica del expolio sufrido por los yankis décadas atrás; cuando el mundo tenía un orden y había imperios y colonias y cada uno sabía cuál era su sitio. 

El país se lo quedará ahora el primero que esté dispuesto a pasar por caja, chavista o no chavista. Pudo decirlo más alto, pero no más claro, en una comparecencia desde el salón comedor de su mansión particular que parecía una escena sacada de una secuela de aquella delirante parodia militar que fue en su día Hot Shots; Hot Shots 3, la abuela de todos los desmadres. 

Si Europa está recurriendo a la neolengua al posicionarse ante la agresión colonial a Venezuela con la esperanza de salvaguardar así la ilusión de un alto el fuego en Ucrania apadrinado por Trump, al final del camino le aguarda la misma decepción que a la oposición venezolana. Son las tierras raras, estúpido. Las imágenes de Maduro arrastrado ante la supuesta justicia norteamericana son otro aviso; puede que el último. El primero fue aquella humillación pública de Volodímir Zelenski en el mismísimo despacho oval, convertido en marco incomparable y perfecto para la “Bullying Politik” de nuestros tiempos.

De todas las derechas y ultraderechas europeas, únicamente las derechas españolas han corrido a ponerse en posición de saludo y a la orden de Donald Trump, sin ni siquiera un leve comentario a pie de página sobre la violación de la “sagrada” —Marine Le Pen dixit— soberanía nacional de un país. Igual que la derecha venezolana: de ellos o de nadie. Patria sí, pero sólo si es para ellos; si no que se la quede uno de fuera"

(Antón Losada, eldiario.es,  04/01/26)

3.1.26

2026, el año de la guerra contra los que hablan español, contra la cultura latina... en los Estados Unidos de Trump, si vas por la calle hablando español te podrán detener... si tienes petróleo, se lo vendes a los chinos y hablas españo, te invaden (Venezuela denuncia ataque de EU y convoca a todo el pueblo a la lucha armada)

 "Venezuela denuncia ataque de EU y convoca a todo el pueblo a la lucha armada.

(...) Este tres de enero fue atacado el Puerto de La Guaira, en la costa central de Venezuela. Se escucharon detonaciones y fue confirmado un ataque con drones en el Puerto de La Guaira, Fuerte Tiuna y la base aérea Francisco de Miranda en La Carlota, Caracas. Adicionalmente, hubo bombardeos en Higuerote y Charallave, estado Miranda. Se escucharon sobrevuelos de aviones en toda Caracas. Se activaron los mecanismos de defensa antiaérea en la capital.

 Los ataques se perpetraron a lo largo de la costa central del país y en algunos puntos de la capital como el Fuerte Tiuna, la mayor base militar de la capital, la sede de la Policía Nacional Bolivariana (El Helicoide) y la base aérea Francisco de Miranda, una instalación aérea que en otro tiempo sirvió como base principal de la Aviación pero que actualmente funciona mayormente como aeropuerto civil.

El gobierno de Venezuela confirmó ataques de Estados Unidos en Caracas, La Guaira y Miranda.

“La República Bolivariana de Venezuela rechaza, repudia y denuncia ante la comunidad internacional la gravísima agresión militar perpetrada por el Gobierno actual de los Estados América contra territorio y población venezolanos en las localidades civiles y militares de la ciudad de Caracas, capital de la República, y los estados Miranda, Aragua y La Guaira”, se lee en comunicado oficial publicado por el canciller Yván Gil en redes sociales.

Agregó: “Venezuela denuncia que el acto constituye una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, especialmente de sus artículos 1 y 2, que consagran el respeto a la soberanía, la igualdad jurídica de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza. Tal agresión amenaza la paz y estabilidad internacional, concretamente de América Latina y el Caribe, y pone en grave riesgo la vida de millones de personas.

“El objetivo de este ataque no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales, intentando quebrar por la fuerza la independencia política de la Nación. No lo lograrán”, reza el texto.

“Hoy, con la moral de Bolívar, Miranda y nuestros libertadores, el pueblo venezolano se alza nuevamente para defender su independencia ante la agresión imperial. Pueblo a la calle”, dice el comunicado del gobierno.

El gobierno bolivariano llamó a todas las fuerzas sociales y políticas del país a activar los planes de movilización y repudiar este ataque imperialista.

Informó que el pueblo de Venezuela y su Fuerza Armada Nacional Bolivariana, en perfecta fusión popular-militar-policial, se encuentran desplegados para garantizar la soberanía y la paz.

Además, Gil informó que Venezuela elevará las correspondientes denuncias ante el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas, el secretario general de dicha organización, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y el Moviminento de los No Alineados, exigiendo la condena y rendición de cuentas del Gobierno estadounidense. (...)

 En Venezuela fue declarado el estado de Conmoción Exterior en todo el territorio nacional, “para proteger los derechos de la población, el funcionamiento pleno de las instituciones republicanas y pasar de inmediato a la lucha armada” (...)

 El comunicado sentencia que “en estricto apego al artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, Venezuela se reserva el derecho a ejercer la legítima defensa para proteger a su pueblo, su territorio y su independencia” convoca “a los pueblos y gobiernos de América Latina, el Caribe y el mundo a movilizarse en solidaridad activa frente a esta agresión imperial”.              (Ángel González, La Jornada, 03/01/25)

2.1.26

Las cosas se están desmoronando: ¿dónde buscar liderazgo?... La vida, tanto en casa como en el mundo en general, me ha hecho sentir profundamente miserable últimamente... El tipo de miseria que alimenta mi angustia es lo siguiente: la potencia hegemónica mundial, liderada por fanáticos con inclinaciones fascistas, está llevando a cabo una campaña destructiva y sin ley; la extrema derecha está ganando en todas partes; el Ártico se está derritiendo y las guerras religiosas de estilo medieval conducen a la matanza sin sentido de inocentes. La vida de millones de personas hermosas, creativas y amorosas es dura, brutal y corta... La necesidad de un liderazgo progresista e inspirador nunca ha sido tan urgente. Sin embargo, lo único que se nos ofrece es la estupidez, la inanidad y la vacuidad moral de la política... A esto se suma el derrotismo macroeconómico de influyentes economistas y banqueros centrales que suspenden rotundamente la prueba de liderazgo... Bernie Sanders, de 84 años, estuvo a punto de derrotar a la candidata presidencial designada, Hillary Clinton, en 2016. Lo consiguió ejerciendo su liderazgo y abordando cuestiones que surgían directamente del sufrimiento de la clase trabajadora olvidada de Estados Unidos... El más destacado de aquellos a los que influyó se ha convertido en el alcalde electo de Nueva York: Zohran Mamdani... Yo diría que ya ha transformado el debate político en Estados Unidos y, de hecho, en el resto del mundo, al enmarcar la crisis política como una «crisis de asequibilidad»... Mandani ofrece una profunda lección: un liderazgo sensato, basado en una atención minuciosa a las necesidades de la sociedad y en una agenda política progresista, puede derrotar al dinero y al poder de las élites, incluidas las de Silicon Valley. Ese es el mensaje esperanzador que quiero compartir con ustedes en estas fiestas (Ann Pettifor)

 "La vida, tanto en casa como en el mundo en general, me ha hecho sentir profundamente miserable últimamente. El tipo de miseria que puede inmovilizar a un autor de Substack. Lo que alimenta mi angustia es lo siguiente: la potencia hegemónica mundial, liderada por fanáticos con inclinaciones fascistas, está llevando a cabo una campaña destructiva y sin ley; la extrema derecha está ganando en todas partes; el Ártico se está derritiendo y las guerras religiosas de estilo medieval conducen a la matanza sin sentido de inocentes. La vida de millones de personas hermosas, creativas y amorosas es dura, brutal y corta.

La necesidad de un liderazgo progresista e inspirador nunca ha sido tan urgente. Sin embargo, lo único que se nos ofrece es la estupidez, la inanidad y la vacuidad moral de la política, tanto aquí en el Reino Unido como en los Estados Unidos. Escapar de la zona inundada de Trump es difícil y profundamente enervante. Tenemos políticos sin visión para abordar las graves crisis políticas a las que nos enfrentamos y con poca capacidad para construir la resiliencia ecológica y la renovación económica que ahora son tan urgentemente necesarias. En cambio, como argumentó Rutger Bregman en sus conferencias Reith, los políticos prefieren actuar que gobernar. Pocos tienen el coraje, la integridad o el don de un liderazgo sólido. Parafraseando a Keynes: como clase, y con raras excepciones, los políticos no son inteligentes, no son hermosos, no son justos ni virtuosos, y lo peor de todo: no pueden «cumplir lo prometido». 

 A esto se suma el derrotismo macroeconómico de influyentes economistas y banqueros centrales que suspenden rotundamente la prueba de liderazgo. Las políticas económicas y monetarias occidentales solo sirven para alimentar a la bestia fascista. El hecho de que los economistas y comentaristas más influyentes pasen por alto sistemáticamente el riesgo inminente de colapso biosférico es a la vez deprimente y debilitante. Su queja repetitiva y segura de que «no hay dinero» condena a la sociedad a depender de unos ahorros e impuestos cada vez más reducidos con los que financiar la rápida disolución del sector fósil, la descarbonización de la economía y la construcción de nuevas formas de energía, resiliencia y seguridad. (Como ejemplo, véase lo último del profesor Dieter Helm, experto en política energética y profesor de Política Económica en la Universidad de Oxford y miembro del New College de Oxford).

La vida en casa

En casa, la vida ha sido difícil y, francamente, aterradora. Como millones de familias en todo el mundo, la mía está lidiando con los flagelos del cáncer y las enfermedades mentales en personas a las que queremos mucho. Y, como la mayoría de mi generación, me enfrento a la humillación del envejecimiento. Siempre se esperaba que mi cuerpo me mantuviera en pie y siguiera adelante. No se esperaba que los motores corporales tartamudearan ni que las partes móviles se desinflasen. Pero tartamudean y se desinflan, en un momento en el que aún queda mucho por hacer. 

 Mi fragilidad se confirmó tras un reciente viaje a Accra (Ghana) para impartir una conferencia sobre el retorno de la peor crisis de deuda soberana que jamás haya afectado a los países más pobres del mundo. El servicio de la deuda que pagan los países más pobres del mundo a acreedores mucho más ricos (tanto privados como públicos) absorbe, de media, el 41,5 % de los ingresos presupuestarios de 144 países en desarrollo. Ghana gasta aproximadamente el 75 % de todos los ingresos del Gobierno en el servicio de la deuda contraída con acreedores nacionales y extranjeros.

Por mucho que quiera ayudar a concienciar sobre esta consecuencia previsible de la generación por parte del Casino Global de billones de dólares de «dinero fácil» (crédito no regulado) prestado a prestatarios vulnerables, ahora creo que son los jóvenes defensores africanos, con el apoyo de aliados en los países acreedores, los que deben abordar esta grave cuestión. (,,,)

 El poder del liderazgo progresista

(...) El nuevo partido de izquierda británico, Your Party, es una clara demostración del fracaso del liderazgo divisivo y de cómo el liderazgo progresista de abajo hacia arriba puede llenar el vacío.

La búsqueda de ese liderazgo sólido no conducirá a las élites políticas y económicas del mundo. El dinero ha corrompido la política, tanto en Occidente como (según aprendí en mi viaje a Ghana) en gran parte de África. Tampoco es el liderazgo sólido una cualidad que se encuentre en los pasillos de la academia. Si bien las élites de Wall Street y Silicon Valley son poderosas, son incapaces y no están dispuestas a conducir a la sociedad hacia una era de transformación radical. Al contrario. Los multimillonarios del sector tecnológico están apostando más de un billón de dólares por una tecnología, la inteligencia artificial general (AGI), que promete marcar el comienzo de una era de abundancia, curar todas las enfermedades y, aunque es probable que destruya la capacidad de la humanidad para trabajar y ganarse la vida, según afirman, también podría salvar el planeta en última instancia. Su apuesta cuenta con el respaldo de especuladores grandes y pequeños que han desembolsado 5 billones de dólares en el éxito de esta apuesta.

El capitalismo siempre ha producido personas audaces, creativas, arriesgadas y apostadoras: aquellas que soñaron, invirtieron y construyeron los ferrocarriles, las computadoras e Internet. Lo que hoy es diferente es que, a diferencia de los ferrocarriles, las computadoras e incluso Internet, la IGA no existe. La burbuja de la IGA puede ser solo un vasto juego de poder tecno-distópico, diseñado para que los jefes de Silicon Valley controlen política y financieramente a una fuerza laboral vasta, debilitada y global. La guerra de clases en su forma más brutal.

En una de las apuestas más arriesgadas de todos los tiempos, los ricos están redoblando sus apuestas por las emisiones de combustibles fósiles y apostando a que sobrevivirán (¿quizás en Marte?), incluso si nosotros no lo hacemos.

No podemos predecir dónde surgirá un nuevo liderazgo progresista, pero debemos apoyarlo cuando aparezca. Desde artistas empobrecidos, como Dan y Hillary, hasta los jóvenes Campeones Climáticos de Alto Nivel del mundo, como Eylül Er, Emma Oliver, Christopher Whitfield y Jonathan Zhao. 

 Bernie Sanders, de 84 años, que en su día fue un oscuro senador por Vermont, se autodenominaba con orgullo socialista demócrata y estuvo a punto de derrotar a la candidata presidencial designada, Hillary Clinton, en 2016. Lo consiguió ejerciendo su liderazgo y abordando cuestiones que surgían directamente del sufrimiento de la clase trabajadora olvidada de Estados Unidos.

Aunque su campaña fracasó, su liderazgo inspiró a otros.

El más destacado de aquellos a los que influyó se ha convertido en el alcalde electo de Nueva York: Zohran Mamdani, estadounidense musulmán de 34 años, nacido en Uganda y de origen sudasiático. Animado por sus seguidores, desafió y derrotó a las élites financieras y al establishment político de Nueva York para ganar la nominación demócrata de Nueva York.

Según Ross Barkan en New Statesman, los ídolos de Mamdani no son ideólogos de izquierda históricos como Che Guevara, sino «socialistas de alcantarilla» como el exalcalde de Milwaukee Daniel Hoan o el congresista de Wisconsin Victor Berger, que llevaron una gobernanza progresista y tecnocrática a sus circunscripciones en el siglo pasado, acabando con la corrupción y reforzando la red de seguridad social. 

 La élite financiera de Nueva York está ahora profundamente preocupada. A pesar de haber invertido casi 30 millones de dólares en un super PAC que presentaba a Mamdani como un peligroso radical pro palestino decidido a recortar los fondos de la policía y desatar una ola de delincuencia, fueron derrotados porque, por primera vez en la historia, su dinero no importó.

Los expertos se preguntan si su victoria puede repetirse en otros lugares o si es el resultado de las habilidades de liderazgo únicas de Mamdani y las circunstancias específicas de la ciudad de Nueva York en este momento. Yo diría que ya ha transformado el debate político en Estados Unidos y, de hecho, en el resto del mundo, al enmarcar la crisis política como una «crisis de asequibilidad».

Aquí, en Gran Bretaña, Zack Polanski, del Partido Verde, se ha atrevido a decir la verdad al poder y, para sorpresa de muchos, su índice de popularidad supone ahora una amenaza real para los partidos establecidos.

Tanto Mamdani como Polanski nos ofrecen una profunda lección: un liderazgo sensato, basado en una atención minuciosa a las necesidades de la sociedad y en una agenda política progresista, puede derrotar al dinero y al poder de las élites, incluidas las de Silicon Valley.

Ese es el mensaje esperanzador que quiero compartir con ustedes en estas fiestas.

Les deseo a ustedes y a sus seres queridos unas vacaciones tranquilas, alegres y saludables: y que 2026 sea el año del liderazgo sólido, la transformación ecológica y la recuperación nacional e internacional." 

(Ann Pettifor ,  blog, 31/12/25, traducción DEEPL)

Lo que nos traerá Trump en 2026... sus aranceles rompieron la estructura del comercio internacional reinante durante décadas... a quien más daño ha hecho ese propósito ha sido a los socios tradicionales de EEUU, comenzando por la UE... A quien menos ha perjudicado ha sido a China. Washington no puede competir con Pekín en muchos campos, por lo que ha tenido que dar marcha atrás en la mesa de negociaciones... La estrategia de seguridad nacional estadounidense ha explicitado la intención “de movilizar activos extranjeros que alcanzan los 7 billones de dólares” provenientes de “Europa, Japón, Corea del Sur y otros países”, además, de un billón y medio de dólares en activos de instituciones financieras internacionales, como los bancos multilaterales de desarrollo, con el objetivo de contrarrestar a China... Ambas potencias necesitan capital para desarrollar sus planes. China lo consigue mediante los superávits comerciales que genera, EEUU a través de la canalización de capital internacional hacia su esfera financiera. Esa centralización del capital resta muchas opciones de desarrollo a los aliados de un bando y otro. Las dos grandes potencias se expanden y aumentan su área de influencia... 2026, por tanto, será el año en que veremos cómo se resuelve la tensión entre cada una de las dos grandes potencias y sus aliados... De momento, la mayoría de los países intermedios tratan de negociar con las dos grandes potencias, y aprovechar su posición geográfica para obtener algunas ventajas... La guerra fría entre EEUU y China ha traído cosas que no habíamos visto en cien años, como afirmaron Putin y Xi Jinping. La cuestión última es quiénes van a salir perjudicados en ese enfrentamiento... De momento, la integración de los bloques está ocurriendo por la fuerza. 2026 será un año en el que veremos hasta qué punto EEUU opta por dar una salida a sus socios europeos o por apretarles con más fuerza. Esa presión se sentirá en el resto del mundo (Esteban Hernández)

 "Durante la campaña electoral que le llevó a la presidencia, Trump prometió grandes cambios. No puede decirse que no hubiera avisado: la llegada a la Casa Blanca supuso el lanzamiento de un programa arrollador. Aterrizó con un plan que rápidamente puso en marcha. Han sido meses vertiginosos.

Una de las medidas más llamativas, ya que rompía de lleno con la estructura del comercio internacional reinante durante décadas, fueron los aranceles. La administración Trump insistió repetidamente en la necesidad de que EEUU recuperase la producción industrial y de que pusiera freno a una China que se había convertido en la indiscutible primera potencia en ese ámbito. Había que cerrar las puertas a Pekín y dificultar que su expansión continuase. Sin embargo, en el momento de su aplicación práctica, los aranceles han sido y están siendo algo muy distinto de lo explicado. El deseo de recuperar capacidades industriales ha quedado limitado a ámbitos muy concretos, ligados sobre todo al armamento y la tecnología, mientras que la eficacia real de los aranceles ha tenido lugar como medio de negociación. Trump ha utilizado el proteccionismo como un mazo para reconstruir el orden comercial internacional en beneficio de las empresas estadounidenses. Las negociaciones individualizadas tenían el propósito de conseguir ventajas para sus compañías: según el grado de apertura que ofreciera cada país, el porcentaje de los aranceles aumentaría o disminuiría. En otras palabras, si el proteccionismo tradicional tenía como objetivo fortalecer la industria nacional, en manos de Trump se ha convertido en una llave para abrir mercados exteriores. La reindustrialización puede esperar, la expansión y el desarrollo de sus firmas tecnológicas, no.

El superávit comercial de China alcanzó un billón de dólares en los primeros 11 meses de 2025. No parece que se esté frenando a China

Como resultaba previsible, a quien más daño ha hecho ese propósito ha sido a los socios tradicionales de EEUU, comenzando por la UE. Las cesiones en compra de armamento y de energía, así como la exigencia de una regulación mucho más débil las empresas tecnológicas y financieras estadounidenses, generan dificultades añadidas a un continente que necesita una salida. Washington es un obstáculo permanente en el camino.

A quien menos ha perjudicado ha sido a China. Washington no puede competir con Pekín en muchos campos, por lo que ha tenido que dar marcha atrás en la mesa de negociaciones. Y, desde luego, las presiones para que terceros países se alejen de China han tenido un resultado dudoso. El superávit comercial de China alcanzó un billón de dólares sólo en los primeros 11 meses de 2025. Si el objetivo era frenar a Pekín, no parece que se esté alcanzando.

2026 hará más profundos los cambios, pero también las contradicciones que provocan

Desde esta perspectiva, podría concluirse que la estrategia de Trump está resultando fallida, porque no logra recuperar la industria que necesita, y tampoco ha frenado a China. Sin embargo, más que un fracaso o un éxito, ese diagnóstico es la fotografía de un tiempo que no deja de moverse.

Las dos grandes potencias están afianzando sus posiciones e intentando aumentar su área de influencia. No sin contradicciones: China afirma defender el orden internacional basado en el comercio y en las instituciones internacionales, pero dificulta enormemente que perdure, ya que absorbe buena parte de los beneficios que el comercio genera. EEUU quiere un orden internacional basado en otras reglas, las que le son favorables, pero ese deseo no puede llevarse a cabo, ya que no puede confrontar directamente con China, sin restar espacio a sus aliados. 2026 hará más profundos los cambios, pero también las contradicciones en las que se mueven.

El internacionalismo autoritario

A finales de 1932, poco antes de la subida al poder de Hitler, Carl Schmitt pronunció en Dusseldorf una conferencia ante más de 1500 personas. Los asistentes eran miembros de las élites germanas, desde empresarios hasta cargos de la alta administración estatal, pasando por políticos o juristas, que habían respondido a la invitación de una organización patronal. El momento era especialmente complicado, y Schmitt quería ofrecer un camino de salida de la crisis.

Su discurso llevó por título Un estado fuerte y una economía sana. Schmitt quiso transmitir una nueva perspectiva al establishment tradicional alemán, que abogaba por reducir las cargas fiscales, el gasto público, las leyes de protección laboral y el intervencionismo político. Eran partidarios de un estado mínimo, y se debía actuar en sentido contrario: solo si las estructuras institucionales ejercían una acción continua y firme, era posible librar a la sociedad de todo el peso que les estorbaba. Su tesis anotaba que el Estado se había convertido en un centro de recepción de múltiples exigencias: la gente quería más subsidios, más intervención estatal y más protección, y los profesionales de la política, una vez que gobernaban, se plegaban a esas demandas para seguir en sus cargos. Era el momento de actuar en sentido contrario, de dotar al Estado de autonomía para que se desembarazase del peso muerto: tenía que intervenir regularmente para crear las condiciones sociales y económicas a las que esas élites aspiraban. Poco después, Hitler llegó al poder, y la historia tomó derroteros bien conocidos.

"Desde ahora, la política sólo podrá verse como un acelerador. No podemos cambiar el curso de las cosas; sólo podemos avanzar rápidamente"

Cuatro décadas más tarde, en los años 70, tesis muy parecidas reaparecieron en un informe muy influyente, La crisis de la democracia, redactado por Samuel P. Huntington, Michel Crozier y Joji Watanuki para la Comisión Trilateral. La sobrecarga de demandas que sufrían las democracias por parte de sus poblaciones había terminado por convertirlas en inoperativas, por lo que urgían reformas que frenasen esas reivindicaciones: los Estados no podían sostener tantas expectativas de bienestar. Son tesis que hoy se repiten con insistencia y es fácil entender que la acción interna de Trump emana de esa visión. El propósito desregulador, el recorte de impuestos, el objetivo de movilizar capital privado, así como la insistente acción estatal para recortar empleo público o deportar inmigrantes, encajan con el marco fijado por el pensador germano.

El orden existente quedó sobrecargado por unas exigencias que minaron la autonomía de EEUU: había que dar un golpe en la mesa

Herman Heller, otro jurista y politólogo alemán, definió estas posiciones, en el tiempo de Schmitt, como liberalismo autoritario. El ensayista francés Grégoire Chamayou reunió textos de Heller y Schmitt en un clarificador libro que insistía en el concepto, Du liberalisme autoritaire. En él apuntó algo (que recojo en El nuevo espíritu del mundo) que conviene tener en cuenta respecto de los tiempos próximos: cuando se adopta esa visión, “la política sólo puede verse como un acelerador; no podemos cambiar el curso de las cosas, sólo podemos avanzar rápidamente”.

Pero esta perspectiva no la está aplicando únicamente Trump a nivel interno. Su acción internacional ha consistido exactamente en esto: las instituciones que EEUU había liderado estaban recogiendo demasiadas demandas de países que antes tenían poco peso, como China. El orden existente había quedado sobrecargado por una serie de exigencias que habían deteriorado la autonomía estadounidense, por lo que era necesario dar un golpe sobre la mesa. El propósito no estribaba en romper con las instituciones internacionales, sino, como decía Schmitt del Estado, en hacerlas más fuertes. Este internacionalismo autoritario, por seguir con la terminología propuesta por Heller, se despliega de distintas maneras. Los cambios recientes en la OIT provienen de una intención que quedó demostrada con nitidez en la OTAN: no hay abandono de la organización, sino una reconstrucción de los equilibrios internos. La redefinición de las reglas del comercio no la han llevado a cabo en instituciones que limitaban su acción, como la OMC, sino a través de la negociación de los aranceles. Las normas del derecho internacional son ignoradas cuando resulta conveniente, como en el bombardeo a las lanchas venezolanas o en el ataque a Irán, y las reglas financieras son pasadas por alto con instrumentos como las criptomonedas estables, las monedas digitales ligadas al dólar. La reconstrucción del orden internacional y de sus instituciones está en marcha.

La recuperación de la energía que nos robaron

La reacción estadounidense ha sido un shock para Europa en todos los sentidos, y especialmente en lo que se refiere a Rusia. Después de que EEUU insistiera en que la OTAN ayudase firmemente en la guerra de Ucrania, y de que obligase a aumentar el gasto en defensa para contener a Moscú, la administración Trump decidió negociar con Putin para poner fin a la guerra sin contar con los europeos. Putin menospreció frecuentemente a la UE, pero ahora lo hacía el socio principal. Cundió la preocupación, en especial porque Washington quería ocupar el lugar que, hasta entonces, había pertenecido a las empresas europeas.

Trump y Putin dibujaron acuerdos para que empresas estadounidenses y rusas se unieran para explotar los minerales del Ártico

El pasado mes de octubre se reunieron en Miami Beach el inversor Steve Witkoff, actual enviado especial de EEUU para Oriente Medio, Kiril Dmtriev, director del fondo soberano ruso y Jared Kuhshner, inversor y yerno de Trump. Trazaron un plan para los 300.000 millones de dólares en activos del banco central ruso congelados en Europa, que se destinarían a proyectos de inversión ruso-estadounidenses y a una reconstrucción de Ucrania liderada por EEUU. Además, dibujaron acuerdos para que empresas estadounidenses y rusas se unieran para explotar los minerales del Ártico. Incluso hablaron de una reapertura del Nordstream 2, ahora gestionado por ambos países. Todo esto formaba parte de la paz que querían firmar en Ucrania. Donald Tusk sentenció: “Sabemos que no se trata de paz. Se trata de negocios”.

Los negocios son importantes porque permitirían a Washington conseguir recursos que le son precisos para su guerra con China, como las tierras raras, y tener un pie en el Ártico, pero también para ofrecer un camino de salida a Rusia. La relación entre Moscú y Pekín es estrecha en estos instantes, y continuará siéndolo. Pero son dos países que hacen frontera, que poseen intereses distintos y entre los que existe una asimetría de poder, dado la economía, la población y el tamaño de China. Como aseguraba Marco Rubio, “en cinco o diez años, existirá una situación en la que, independientemente de que Rusia quiera mejorar sus relaciones con Estados Unidos, no le será posible, ya que se habrá vuelto por completo dependiente de los chinos”. Mantener las comunicaciones abiertas a través de la explotación de los recursos energéticos podría brindar una puerta de salida a los rusos. En ambos casos, en el de los negocios y en el de la salvaguarda, los europeos son los perjudicados, pero así son las cosas en el nuevo mundo.

Si se consigue pacificar la relación con Rusia, solo quedarían dos potencias díscolas, Irán y Venezuela, con Teherán en una posición débil

Los acuerdos con Rusia deben ponerse en relación con la recomposición de Oriente Medio, donde Moscú tiene intereses, pero también con Venezuela. La nueva estrategia de seguridad nacional estadounidense explicita que Washington quiere volver a dominar en su patio trasero, Latinoamérica, tras un periodo en el que China ha ganado una gran presencia en el continente. Se ha iniciado ya un ciclo de cambio y la órbita trumpista está avanzando, con Chile y Kast como último ejemplo. Sin embargo, si en la mayoría de países EEUU actúa apoyando a candidatos y presidentes concretos, y Milei es un caso evidente, con Venezuela la actitud es belicista. Trump ha asegurado que recuperará el petróleo y las tierras raras que Venezuela les quitó, lo que subraya el nuevo sentido de la propiedad que exhibe su administración.

 El petróleo está de fondo porque si EEUU controla el acceso a él, tiene mucho ganado respecto de sus posibles rivales, en términos económicos y de poder. Si se consigue pacificar la relación con Rusia, solo quedarían dos potencias díscolas, Irán y Venezuela. Teherán ya sabe que está en una posición débil y domesticar Venezuela sería el paso definitivo. EEUU controlaría el acceso a un bien indispensable, pero también influiría sobre su precio. Cabe resaltar que desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, la OPEP ha mostrado una moderación significativa en este sentido.

La guerra económica

En esa competición entre EEUU y China, que tiene lugar en el terreno financiero, en el comercial, en el tecnológico, en el de la energía y en el militar, hay un elemento esencial, el económico. Ha sido el instrumento dominante en las décadas precedentes, y también hoy. Los ejércitos son muy importantes, pero hace falta dinero para mantenerlos; el desarrollo de la tecnología es crucial, pero son necesarias inversiones elevadas. El acceso a la energía es esencial, pero también su coste.

Y la tensión económica es más importante aún en un contexto en el que las armas tienen un peso, pero sobre todo aportan poder de disuasión. En otras épocas, la tensión entre la potencia hegemónica y la emergente derivaba en guerra, lo que se llamó la trampa de Tucídides, pero cuando un enfrentamiento militar puede llevar a la destrucción mutua asegurada, ese es un botón que no se pulsa. La última guerra entre dos potencias, EEUU y la URSS, no se ganó en el campo militar.

China es la gran potencia industrial, EEUU la financiera. China crece gracias al capital público, EEUU apuesta por el capital privado

Pero la economía también es el centro porque refleja dos sistemas opuestos en lo que se refiere a las vías de desarrollo. China es la gran potencia industrial, EEUU la financiera. China ha crecido gracias al capital público, EEUU gracias al capital privado. Son dos modelos que continuarán jugando un papel muy intenso en 2026. Mientras Pekín insiste en sus planes quinquenales e intensifica sus exportaciones, ahora también de bienes de alto valor añadido, EEUU busca la expansión de sus empresas tecnológicas y de inversión, algo que solo puede conseguir si continúa manteniendo al dólar como moneda refugio y a sus entornos financieros como centro de la inversión. La estrategia de seguridad nacional estadounidense ha explicitado la intención “de movilizar activos extranjeros que alcanzan los 7 billones de dólares” provenientes de “Europa, Japón, Corea del Sur y otros países”, además, de un billón y medio de dólares en activos de instituciones financieras internacionales, como los bancos multilaterales de desarrollo, con el objetivo de contrarrestar a China. Pero frenar a Pekín significa para la administración Trump priorizar EEUU: "Esta administración utilizará su liderazgo para implementar reformas que sirvan a los intereses estadounidenses", afirma la estrategia.

Ambas potencias necesitan capital para desarrollar sus planes. China lo consigue mediante los superávits comerciales que genera, EEUU a través de la canalización de capital internacional hacia su esfera financiera. Esa centralización del capital resta muchas opciones de desarrollo a los aliados de un bando y otro. Las dos grandes potencias se expanden y aumentan su área de influencia.

El problema con los aliados

2026, por tanto, será el año en que veremos cómo se resuelve la tensión entre cada una de las dos grandes potencias y sus aliados. Turquía, India, Indonesia, Arabia Saudí, Rusia o Brasil, además de países permanentemente ligados a la esfera estadounidense, como Japón o Alemania, cuentan con un peso creciente en sus regiones, por lo que suele insistirse en definir esta época como multipolar. Ya no existiría un centro del mundo, ni siquiera dos, sino un orden tejido por nuevos equilibrios en los que los países intermedios tendrían mucho que decir. Sin embargo, la realidad es que cada uno de estos Estados, con objetivos diferentes y a veces enfrentados, posee fortalezas limitadas: los únicos que cuentan con armas económicas, tecnológicas y militares al mismo tiempo son EEUU y China. De momento, la mayoría de los países intermedios tratan de negociar con las dos grandes potencias, y aprovechar su posición geográfica para obtener algunas ventajas. Sin embargo, ni siquiera India, el país que por tradición en su posicionamiento geopolítico y por las alianzas diversas que ha establecido a lo largo de las últimas décadas, así como por su potencial comercial, estaría mejor situado para jugar el papel de no alineado, tiene músculo para hacerlo.

 La guerra fría entre EEUU y China ha traído cosas que no habíamos visto en cien años, como afirmaron Putin y Xi Jinping. La cuestión última es quiénes van a salir perjudicados en ese enfrentamiento. En la medida en que las dos potencias, y especialmente EEUU, presionarán cada vez con más fuerza para que sus aliados se alineen con sus intereses, generarán peores condiciones económicas y peores condiciones para el futuro de los países amigos. De momento, la integración de los bloques está ocurriendo por la fuerza. 2026 será un año en el que veremos hasta qué punto EEUU opta por dar una salida a sus socios europeos o por apretarles con más fuerza. Esa presión se sentirá en el resto del mundo." 

(Esteban Hernández, El Confidencial,  26/12/25) 

2026, recibimos el año nuevo con optimismo... Al comenzar un año marcado por guerras y crisis, un informe de la ONU confirma la trampa de deuda y dependencia del Sur Global. Nuestra respuesta: la Nueva Teoría del Desarrollo: controles de capital (reinversión de las ganancias en sectores productivos nacionales)... soberanía alimentaria (reforma agraria, riego, almacenamiento y transporte agrícola)... tecnológica (licencias obligatorias, plataformas de código abierto)... soberanía de la deuda (auditorías públicas para identificar deuda ilegítima)... integración regional (sistemas regionales de comercio y pago Sur-Sur)... bienes públicos universales (garantizar la atención médica, la educación, la vivienda, el transporte y la energía mediante provisión pública)... propiedad pública (nacionalización de sectores estratégicos)... planificación democrática (establecer una comisión nacional de planificación democrática con autoridad real sobre las inversiones, el comercio y las prioridades industriales)... (Tricontinental)

 "Queridas amigas y amigos,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

¿Entramos al nuevo año con ansiedad o con esperanza? Yo tengo esperanza porque en mis viajes veo que la gente alrededor del mundo está decepcionada con el estado actual de las cosas y quiere vivir en una sociedad que no esté eclipsada por el hambre y el sufrimiento. Pero no soy tan optimista como para creer que la insatisfacción por sí sola transformará este mundo de catástrofes climáticas y guerras genocidas en un mundo de dignidad y paz. Si bien el sentimiento existe, aún no nos ha ayudado a trazar un camino hacia algo mejor.

Durante décadas, organizaciones como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), fundada en 1964, han proporcionado análisis empíricos del sufrimiento en nuestro mundo. En diciembre del año pasado, la UNCTAD publicó su Informe sobre comercio y desarrollo 2025, que contenía varios hallazgos novedosos e importantes. A continuación, presentamos seis puntos que merecen nuestra atención.

  1. El crecimiento mundial está estancado y es desigual. La UNCTAD proyectó que el crecimiento del PIB mundial se desaceleraría a 2,6% en 2025, desde un 2,9% en 2024, una señal de estancamiento secular. Se preveía que los países en desarrollo, liderados por las potencias asiáticas, crecerían un 4,3% e impulsarían el 70% del crecimiento global. Por su parte, se esperaba que América Latina y el Caribe experimentaran un crecimiento más lento en comparación con 2024 y que el crecimiento general de África aumentaría de manera desigual. Aunque algunas regiones del Sur Global son el motor del crecimiento, siguen estando estructuralmente subordinadas a los centros financieros del Norte Global: el valor se produce en la periferia, pero es mediado, valorado y, a menudo, apropiado a través del sistema financiero y comercial dominado por el núcleo.
  2. El Norte Global domina el comercio a través del sistema financiero. La UNCTAD estima que el 90% del comercio mundial depende de las finanzas comerciales y del sistema bancario. El comercio mundial es sensible a las variaciones de las tasas de interés, la liquidez de los mercados financieros y la confianza de lxs inversionistas, que pueden afectar al comercio tanto como los cambios en la producción real. Los datos de la UNCTAD muestran que las oscilaciones financieras mundiales, en crédito, flujos de capital y disposición al riesgo, están estrechamente relacionadas con las fluctuaciones del volumen del comercio mundial. Con la participación del dólar estadounidense en los pagos internacionales a través del sistema SWIFT una vez más en alrededor del 50% de todos los pagos, y con Estados Unidos representando la mitad del valor del mercado bursátil mundial y el 40% de la emisión de bonos, la hegemonía del dólar continúa prevaleciendo sobre el Sur Global. En otras palabras, el comercio mundial circula en contenedores del Norte y está garantizado por el crédito del Norte.
  1. La crisis del hiperimperialismo genera incertidumbre. El informe menciona repetidamente la “elevada incertidumbre política global”. Este es un eufemismo tecnocrático para una crisis de hegemonía en el núcleo imperial, con la guerra comercial del presidente estadounidense Donald Trump en su eje central. Las escaladas arancelarias y la confrontación geo-económica se han convertido en características arraigadas del sistema mundial, en lugar de simples perturbaciones temporales. Estos acontecimientos continuarán frenando la inversión y el comercio, conduciendo al estancamiento en los Estados del Atlántico Norte y en las secciones del Sur Global más vulnerables a los patrones de comercio Norte-Sur.
  1. La crisis de deuda del Sur Global se intensifica. La mitad de los países de bajos ingresos del mundo (35 de 68) enfrentan un alto riesgo de sobreendeudamiento. “Los incumplimientos de pago de la deuda”, señala la UNCTAD, “históricamente han conducido a reducciones desmedidas y prolongadas de la producción; a una falta de acceso a los mercados internacionales de capital; y a fuertes aumentos en los costos de endeudamiento que obstaculizan cualquier recuperación económica posterior”. En promedio, las economías subdesarrolladas se endeudan a tasas de interés del 7%–11%, mientras que las economías avanzadas lo hacen al 1%–4%. Esta disparidad es una característica estructural de la arquitectura financiera internacional, no simplemente un reflejo de los fundamentos de esta o aquella economía. La deuda continúa utilizándose para disciplinar a los países del Sur Global, particularmente en África.

  1. La crisis climática alimenta la crisis de la deuda. Los países más vulnerables a la crisis climática se ven obligados a pagar por su vulnerabilidad a través de tasas de interés más altas. Según el informe, estos países “transfieren US$ 20.000 millones por año a acreedores externos solo para cubrir los mayores costos de interés debido a los riesgos climáticos, a pesar de que apenas han contribuido a generar ese riesgo. Este costo ha aumentado desde US$ 5.000 millones en 2006, hasta alcanzar un total acumulado de US$ 212.000 millones para 2023”. Este proceso podría caracterizarse como una forma de servidumbre por deuda climática, donde lxs menos responsables de las emisiones de carbono son obligados a subvencionar a los tenedores de bonos del Norte mediante primas de riesgo más elevadas.
  1. Los alimentos se están convirtiendo en un activo especulativo. En el capítulo III, del informe “The Financial Architecture of Global Food Trading” [La arquitectura financiera del comercio mundial de alimentos], la UNCTAD explica cómo lxs principales comerciantes de alimentos obtienen más de tres cuartas partes de sus ingresos de la intermediación financiera, financiando acuerdos, comerciando derivados y obteniendo comisiones por gestionar riesgos y crédito, en lugar del comercio físico de materias primas alimentarias. El informe advierte que los mercados de productos básicos financiarizados amenazan la seguridad alimentaria en el Sur Global al amplificar la volatilidad de los precios, y como mostró la UNCTAD en su Informe de comercio y desarrollo 2023 , que los alimentos se han convertido cada vez más en un activo especulativo.

En 2019, la UNCTAD publicó uno de sus informes más radicales de los últimos años, argumentando que confiar en que el sistema se arregle a sí mismo era “pensamiento ilusorio”. Lo que se necesita, decía el informe, es una reforma de todo el sistema del neoliberalismo y un nuevo Pacto Verde Global liderado por el sector público. Desde entonces, la UNCTAD ha elaborado análisis empíricos muy útiles, pero las soluciones propuestas se han ido diluyendo cada vez más. En 2023, la UNCTAD afirmó que era necesario “realinear la arquitectura financiera global” y en 2024 destacó la necesidad de “repensar el desarrollo en la era del descontento”. El último informe contiene una de las críticas empíricas más poderosas al sistema, pero termina con frases vacías sobre “herramientas macroprudenciales”, “cerrar brechas de datos” y “reformas específicas”. ¿Pueden estos gestos retóricos y adornos tecnocráticos resolver los problemas sociales y políticos de nuestro mundo?

Lo que necesitamos es un programa que sea más que retórica. Requerimos un compromiso con una nueva teoría del desarrollo, que hemos estado construyendo en nuestro instituto. En el curso de nuestra investigación, nos ha quedado claro que hay diez políticas básicas que los países del Sur Global deben adoptar para superar el neoliberalismo y la dependencia:

  1. Planificación democrática. Establecer una comisión nacional de planificación democrática con autoridad real sobre las inversiones, el comercio y las prioridades industriales.
  2. Política industrial dirigida por el Estado. Poner en marcha una política industrial que identifique los sectores estratégicos (infraestructura digital, procesamiento de alimentos, maquinaria, productos farmacéuticos y energía renovable) y los apoye a través de compras públicas, los subsidios, el crédito, los requisitos de contenido local y la transferencia de tecnología, y la protección frente a la competencia extranjera.
  3. Controles de capital e impuestos. Implementar controles de capital estratégicos que eviten la fuga de capitales, entradas especulativas y ataques cambiarios; fortalecer la supervisión para frenar los flujos financieros ilícitos; exigir la reinversión de las ganancias en sectores productivos nacionales; y adoptar impuestos progresivos para penalizar la especulación.
  4. Financiamiento público para el desarrollo. Establecer y fortalecer bancos públicos de desarrollo para canalizar el crédito hacia proyectos industriales, agrícolas, de vivienda e infraestructura a largo plazo.
  5. Propiedad pública. Nacionalizar sectores estratégicos como la energía, la extracción de minerales, el transporte, las telecomunicaciones y las finanzas.
  6. Soberanía alimentaria. Reconstruir la soberanía alimentaria a través de la reforma agraria, lo que significaría enfrentarse al latifundismo y a las empresas agrícolas. En algunos contextos, esto implicaría redistribución de la tierra. En otros, lograr escala de manera democrática a través de cooperativas. Invertir en riego, almacenamiento y transporte agrícola. Poner fin a la dependencia de las importaciones de alimentos y de los volátiles mercados globales y estabilizar los precios mediante la intervención pública en los mercados alimentarios.
  7. Soberanía tecnológica. Romper la dependencia de la propiedad intelectual utilizando licencias obligatorias, institutos públicos de investigación, fondos tecnológicos Sur-Sur y plataformas de código abierto para desarrollar capacidades tecnológicas nacionales en salud, energía y comunicaciones.
  8. Integración regional. Desarrollar sistemas regionales de comercio y pago Sur-Sur, como mecanismos regionales de compensación, comercio en monedas locales y cadenas industriales coordinadas.
  9. Soberanía de la deuda. Realizar auditorías públicas para identificar deuda ilegítima u odiosa. Suspender los pagos de la deuda cuando sea necesario y buscar una renegociación colectiva con otros países del Sur Global para debilitar el poder de lxs acreedorxs.
  10. Bienes públicos universales. Garantizar la atención médica, la educación –incluida la formación profesional y técnica alineada con las prioridades industriales–, la vivienda, el transporte y la energía mediante  provisión pública, articulando estos servicios con los sistemas productivos nacionales a través de empresas públicas de construcción, compañías farmacéuticas estatales y servicios públicos de energía.

Esta agenda de diez puntos es solo el comienzo de lo que estamos tratando de desarrollar a través de la Nueva Teoría del Desarrollo. Los departamentos de Economía y Sociología Histórica de nuestro instituto trabajan arduamente mapeando los mecanismos de la dependencia global e identificando estrategias para romperlos. Planeamos desarrollar nuevas herramientas analíticas, como un Índice de Dependencia y un Índice de Soberanía Digital, para proporcionar un análisis riguroso del estado actual de la dependencia y de las fuerzas productivas en todo el Sur Global. Nuestro trabajo ahora depende de convertir la insatisfacción en un programa para construir un mundo mejor.

En los años triunfantes de la descolonización, los países recién independizados del Tercer Mundo compusieron himnos de independencia y desarrollo. Abdel Halim Hafez, el legendario cantante de la independencia egipcia, interpretó una canción en 1960 llamada Hekayet Shaab [El cuento de un pueblo]. Contaba la historia de la revuelta de Egipto contra su monarquía corrupta en 1952, la construcción de la Presa de Asuán, el intento de Gran Bretaña, Francia e Israel de bloquear su construcción, y la nacionalización del Canal de Suez por parte de Gamal Abdel Nasser. La canción comienza con este estribillo vibrante:

Dijimos que la construiríamos.
Y construimos la Presa Alta.
Con nuestro propio dinero y las manos de nuestrxs trabajadorxs.
Dijimos que lo haríamos y lo hicimos.

Lo volveremos a hacer.

Cordialmente,

Vijay"                                    (Tricontinental, 01/01/26)