Mostrando entradas con la etiqueta q. Intoxicacion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta q. Intoxicacion. Mostrar todas las entradas

18.7.26

¿Cuándo es posible afirmar que una sociedad ha pasado de ser una democracia liberal a un régimen autoritario? La cruda realidad es que el Reino Unido ya se encuentra muy avanzado en este camino... Si es posible identificar un momento concreto en el que el nuevo autoritarismo salió de las sombras, fue cuando se lanzó la campaña contra Julian Assange para difamarlo y encarcelarlo... El abuso sufrido por Assange supuso un doble beneficio... Los papeles de víctima y agresor se invirtieron... así, ahora, llevar pancartas en protesta contra el genocidio, se convirtió en «apoyo al terrorismo»... y además, el Estado británico —y sus servicios de seguridad— dejaron claro que no tolerarían un periodismo verdaderamente crítico que pudiera hacerles rendir cuentas... La Unión Europea impuso una prohibición aún más draconiana —ratificada este mes por el Tribunal de Justicia de la UE— que tipifica como delito penal la difusión de cualquier información publicada por Rusia Today y otros medios prohibidos, incluso si se demuestra que es cierta... En este nuevo clima autoritario, la verdad se define como aquello que el Estado quiere que sus ciudadanos crean... como era de esperar, los medios de comunicación occidentales, propiedad de multimillonarios, han respaldado este nuevo régimen... así periodistas británicos independientes han sido detenidos en el aeropuerto o han sufrido redadas en sus domicilios por parte de la policía antiterrorista por «pensamientos incorrectos» sobre el genocidio de Gaza y la complicidad británica en el mismo. También ellos se enfrentan a hasta 14 años de cárcel... el abogado Rajiv Menon se enfrenta a un proceso por desacato al tribunal tras pronunciar en enero un alegato final que convenció al jurado de no declarar culpables a seis acusados de Palestine Action, es la primera vez que ocurre eso, y ha «causado conmoción en la profesión jurídica»... otra herramienta, especialmente poderosa, es la «exclusión bancaria», que obliga a una persona a salir del sistema financiero, lo que les hace casi imposible desenvolverse en el mundo occidental moderno... así, el Lloyds Bank ha retirado la cuenta bancaria a The Canary, una publicación de izquierdas cuyas críticas a la captura del Partido Laborista por las grandes empresas han sido una espina clavada para la burocracia del partido. The Canary ya no puede pagar a su plantilla ( Jonathan Cook)

"¿Cuándo es posible afirmar que una sociedad ha pasado de ser una democracia liberal —por muy imperfecta que sea su aplicación— a un régimen autoritario? ¿Hay un momento en el que de repente resulta obvio que el cambio se ha producido? ¿Anuncia el autoritarismo su llegada?

¿O se trata de un proceso que se desarrolla gradualmente, en el que las restricciones al poder ejecutivo se desmantelan poco a poco hasta que la marea ya no puede revertirse?

¿Es el giro hacia el autoritarismo algo que solo puede entenderse a posteriori, cuando ya se han perdido todas las oportunidades de detener el deslizamiento?

¿Y cómo admitimos ante nosotros mismos que nos han despojado de nuestras libertades más básicas y preciadas —la de expresión, de reunión y de protesta— cuando ya no somos libres para hablar, reunirnos o protestar?

La cruda realidad es que el Reino Unido ya se encuentra muy avanzado en este camino. Y si no eres consciente del terremoto que se ha estado produciendo, puede que sea porque —tal y como cabría esperar cuando el autoritarismo llama a la puerta— las primeras en ser silenciadas son precisamente las voces que dan la voz de alarma.

Los medios de comunicación propiedad de multimillonarios y del Estado —las partes que, en una época de creciente descontento popular, son las que más tienen que ganar con la acumulación de poder ejecutivo y el silenciamiento de la disidencia— no tienen ningún motivo para arrojar luz sobre la oscuridad que se cierne sobre nosotros.

Un gobierno laborista de nombre, bajo el mandato del saliente Keir Starmer, ha realizado gran parte del trabajo preliminar para dar paso a este nuevo y ominoso clima político.

Fueron precisamente las credenciales de Starmer como abogado especializado en derechos humanos las que proporcionaron al Estado británico la coartada que necesitaba para lanzar un ataque sin precedentes contra las libertades por las que lucharon generaciones anteriores.

Hay pocos indicios de que sus sucesores —ya sea una nueva figura emblemática del Partido Laborista, partidario del genocidio, o el Partido de la Reforma de Nigel Farage, que ataca a los inmigrantes— vayan a cambiar de rumbo.

La lógica que impulsa el deslizamiento de Gran Bretaña hacia el autoritarismo no la marcan solo los políticos, sino también una clase dirigente británica que necesita disimular su complicidad en genocidios y guerras ilegales en el extranjero y encontrar chivos expiatorios fáciles —los inmigrantes— a los que culpar de sus fracasos en el país.

La labor de los principales partidos políticos, que dependen de donantes multimillonarios que también son propietarios de los medios de comunicación corporativos, consiste en reforzar estas narrativas.

El Estado de vigilancia

Fue la ministra del Interior de Starmer, Shabana Mahmood, quien, de forma imprudente, expresó con mayor claridad la visión que tiene el Estado británico de nuestro futuro.

En un discurso pronunciado en enero, expuso su ambición de aprovechar los nuevos avances en inteligencia artificial para crear un Estado de vigilancia tipo «Gran Hermano» todopoderoso y que todo lo ve, tal y como lo predijo George Orwell en su novela distópica 1984.

Mahmood llegó incluso a comparar este futuro con el «panóptico», en referencia a la prisión perfecta del filósofo del siglo XVIII Jeremy Bentham: una torre de vigilancia central (el Estado) rodeada por un círculo de celdas con ventanas desde las que los reclusos (el público) serían visibles en todo momento.

Bentham comprendió que no se trataba solo de control físico. Tal y como observó, la sensación de estar constantemente observado constituiría una «nueva forma de ejercer el poder de la mente sobre la mente». Los reclusos controlarían su propio comportamiento para evitar el castigo.

Según se informa, el sucesor de Starmer, Andy Burnham, está dispuesto a mantener a Mahmood como figura clave en su Gobierno. Pero no se trata de una única ministra del Gobierno.

Mahmood es el síntoma de un malestar más profundo, no su causa. La arquitectura de los nuevos sistemas de control, así como la erosión de las libertades y las tradiciones culturales que las sustentaban, ya estaban muy avanzadas cuando fue nombrada para el Ministerio del Interior.

Quienquiera que ostente las riendas del poder en los próximos meses y años podrá explotar al máximo estos poderes ya existentes y, posteriormente, ampliarlos aún más.

Una vez que el espíritu del autoritarismo se afianza, resulta cada vez más difícil volver a meterlo en la caja. Solo una protesta masiva y concertada puede recordar al Estado dónde reside el poder supremo. Y es precisamente este tipo de protesta la que se está demonizando y criminalizando paso a paso.

Juicio político

Si es posible identificar un momento concreto en el que el nuevo autoritarismo salió de las sombras, fue hace unos quince años. Ese fue el momento en que el Estado lanzó su prolongada campaña contra Julian Assange para difamarlo y encarcelarlo.

El fundador de la plataforma de denuncia de irregularidades WikiLeaks había indignado a Estados Unidos y a su leal aliado británico al publicar detalles de crímenes de guerra en Afganistán e Iraq que ambos querían mantener en secreto.

Probablemente no fue una coincidencia que, en aquel momento, Starmer fuera jefe del Servicio Fiscal de la Corona y realizara repetidos viajes para reunirse con los máximos responsables judiciales de Washington. Contrariamente a los protocolos, sus funcionarios destruyeron las actas de estas conversaciones.

Nunca sabremos qué instrucciones recibió Starmer de Estados Unidos en relación con Assange. Pero una posible pista sobrevivió a la posterior —y altamente irregular— destrucción, por parte del departamento de Starmer, de la correspondencia relacionada entre los fiscales del Reino Unido y de Suecia de aquella época.

Uno de los pocos correos electrónicos que se conservan resulta revelador. Muestra que Suecia estaba considerando archivar una investigación sobre Assange por falta de pruebas, mientras este se encontraba refugiado en la embajada de Ecuador en Londres, temeroso de lo que le deparaba el futuro.

El equipo de Starmer, que se suponía que debía actuar como árbitro neutral entre Suecia y el equipo legal de Assange, espetó airadamente a los suecos: «¡¡¡No se atrevan a echarse atrás!!!»

En otro correo electrónico, el mismo funcionario de la Fiscalía Pública del Reino Unido (CPS) dijo a sus homólogos suecos: «Por favor, no piensen que este caso se está tratando como una extradición más».

Más tarde, con la connivencia activa del Reino Unido y sus tribunales, Estados Unidos mostró sus verdaderas intenciones. Washington inició el proceso de extradición con el pretexto absurdo de que Assange había cometido «espionaje» al publicar detalles de sus crímenes de guerra.

Assange permaneció encerrado durante años en una prisión de alta seguridad en Londres, a menudo sin poder reunirse con sus abogados, con grave deterioro de su salud, acusado de un delito inventado y descaradamente político.

Se trató de un ataque aterrador y sin precedentes contra el derecho de los periodistas a publicar pruebas de las irregularidades cometidas por el Estado en interés público. Y, sin embargo, los medios de comunicación propiedad de multimillonarios apenas pudieron contener sus bostezos.

La realidad invertida

El abuso sufrido por Assange durante una década y el pisoteo de sus derechos legales supusieron un doble beneficio.

En primer lugar, sentó un precedente muy visible en el que se dio la vuelta al Estado de derecho. Los papeles de víctima y agresor se invirtieron.

Assange, que había publicado pruebas irrefutables de crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos y el Reino Unido, era quien se encontraba entre rejas. Los funcionarios británicos que aprobaron y ocultaron esos crímenes no solo eludieron la justicia, sino que además tuvieron vía libre para acosar y difamar a Assange.

Este ha sido el tema recurrente desde entonces, a medida que el Estado británico ha intensificado sus restricciones a la libertad de expresión y de manifestación, y la matanza de palestinos por parte de Israel ha servido a menudo como campo de pruebas para autorizar esta nueva represión.

En la segunda mitad de la década de 2010, Jeremy Corbyn —predecesor de Starmer al frente del Partido Laborista— se vio a sí mismo y a sus seguidores duramente tachados de «antisemitas».

¿Por qué? Porque intentaron llamar la atención sobre las acciones criminales de Israel —un presagio de lo que estaba por venir, cuando Israel desató lo que expertos jurídicos, estudiosos del Holocausto, grupos por los derechos humanos e investigadores de las Naciones Unidas han calificado unánimemente como un genocidio en Gaza—.

En una democracia que funcionara correctamente, quienes difamaron a Corbyn y a otros críticos de Israel habrían quedado desacreditados de forma permanente.

En cambio, los responsables del Reino Unido —los mismos que colaboran en los crímenes actuales de Israel enviando armas al país, realizando vuelos de vigilancia para guiar las campañas de bombardeos israelíes contra la población civil de Gaza y ofreciendo cobertura diplomática—intensificaron simplemente la campaña de demonización.

Mientras millones de británicos salían a las calles, el Gobierno de Starmer —y el Estado británico que lo respalda— no solo los tildó de antisemitas, sino que reescribió radicalmente los códigos legales para criminalizar la oposición al genocidio de Israel.

El grupo de acción directa Palestine Action, que había estado actuando contra fábricas de armas israelíes que operaban en territorio británico, fue proscrito como grupo «terrorista» equivalente a Al Qaida y al Estado Islámico.

Llevar pancartas en protesta contra el genocidio, como hicieron miles de respetables ciudadanos británicos, se convirtió en «apoyo al terrorismo», lo que conllevaba el riesgo de una pena de cárcel de hasta 14 años.

La realidad se invirtió una vez más.

Gran Bretaña sigue apoyando activamente el terrorismo de Estado israelí.

Pero fueron precisamente quienes dieron la voz de alarma —los que intentaban detener esos envíos, los que se oponían a la connivencia británica con el terrorismo de Estado israelí o los que, sencillamente, se sentían consternados por el menoscabo de los derechos fundamentales a la protesta— quienes fueron detenidos y acusados de terrorismo.

Mientras tanto, los documentos revelan que Elbit Systems sigue disfrutando de acceso sin restricciones a los funcionarios del Gobierno británico.

«Noticias falsas»

En segundo lugar, al estigmatizar y aislar a Assange por publicar detalles de los crímenes de guerra de EE. UU. y el Reino Unido, el Estado británico logró trazar su propia distinción falsa entre el «buen» y el «mal» periodismo —una distinción que los medios de comunicación propiedad de multimillonarios se apresuraron a adoptar con gran entusiasmo—.

Assange, cuya plataforma independiente WikiLeaks había puesto contra las cuerdas a Washington y Londres por cometer crímenes de guerra, había puesto en evidencia, de paso, a los medios de comunicación del establishment por su falta de voluntad para hacer lo mismo.

Puso al descubierto hasta qué punto los periodistas corporativos, que dependen del acceso a los ricos y poderosos para obtener noticias, conspiran con las formas encubiertas e irresponsables en que el Estado ejerce el poder.

Los medios de comunicación no son guardianes; son perritos falderos que representan los intereses de la clase multimillonaria.

El Estado británico —y sus servicios de seguridad— dejaron claro que no tolerarían un periodismo verdaderamente independiente o crítico que pudiera sacar a la luz sus hipocresías o hacerles rendir cuentas.

En respuesta, los medios de comunicación propiedad de multimillonarios no solo dejaron a Assange en la estacada, sino que se unieron al Gobierno en un coro de acusaciones según las cuales los medios independientes o bien difundían «noticias falsas» o bien actuaban como «agentes del Kremlin» que propagaban «desinformación».

Amplificaron la presión ejercida por los políticos sobre las plataformas de redes sociales —el nuevo juguete de los multimillonarios— para que endurecieran sus algoritmos con el fin de ocultar a los periodistas independientes y frenar a estos nuevos y peligrosos competidores en la batalla por la verdad.

Del mismo modo, los medios corporativos aplaudieron la decisión del Gobierno de prohibir Russia Today, el canal de noticias del Estado ruso. Rápidamente se hizo prácticamente imposible para el público británico conocer la versión rusa de los hechos en los medios de comunicación dominantes, a medida que el Reino Unido y los Estados europeos sentaban las bases para una confrontación permanente con Moscú.

La Unión Europea impuso una prohibición aún más draconiana —ratificada este mes por el Tribunal de Justicia de la UE— que tipifica como delito penal la difusión de cualquier información publicada por RT y otros medios prohibidos, incluso si se demuestra que es cierta. El objetivo de la ley es, supuestamente, «proteger el orden público y la seguridad».

En las últimas semanas, a dos destacados comentaristas estadounidenses, Cenk Uygur y Hasan Piker, se les ha denegado la entrada al Reino Unido por sus críticas a Israel. Uygur tenía previsto intervenir en un debate en la Universidad de Oxford.

El retroceso de la Ilustración

En este nuevo clima autoritario, la verdad se define como aquello que el Estado quiere que sus ciudadanos crean. Mientras tanto, la desinformación —la «propaganda rusa» o el «antisemitismo»— es todo aquello que esos mismos Estados insisten en que su ciudadanía no debe escuchar.

Se trata de un descarado giro de 350 años de la Ilustración occidental, con su creencia declarada tanto en la primacía de la razón como en que las ideas deben someterse a prueba mediante el debate y el escrutinio crítico.

Ahora ya no importa lo que se diga, sino únicamente quién lo dice.

Y, como era de esperar, los medios de comunicación occidentales, propiedad de multimillonarios, han respaldado este nuevo régimen. Al fin y al cabo, su voz —que representa los intereses de los superricos— tiene garantizada la posibilidad de ser escuchada.

No es de extrañar, pues, que este mismo grupo mediático privilegiado haya seguido aceptando dócilmente su exclusión de Gaza por parte de Israel mientras se desarrolla el mayor crimen de la historia moderna —incluso ahora, en medio de un supuesto alto el fuego que Israel no deja de romper—.

Porque lo que importa es a quién se le permite hablar: a Israel, no a los palestinos de Gaza, independientemente de si lo que dice Israel es cierto o, como invariablemente resulta ser el caso, una mentira.

En consonancia con este precepto, los medios de comunicación propiedad de multimillonarios apenas han emitido un murmullo mientras Israel ha masacrado a periodistas de Gaza en cantidades sin precedentes —matando a más de ellos que en las dos guerras mundiales, Vietnam, las guerras de Yugoslavia y Afganistán juntos—.

Las vidas de los periodistas palestinos —al igual que la labor informativa que han tenido que realizar en solitario bajo el bombardeo israelí— no cuentan para nada en los medios occidentales debido a quiénes son.

El genocidio —el «qué»— ha dejado de considerarse un delito porque somos nosotros —Occidente— quienes estamos contribuyendo a que se cometa.

El Comité para la Protección de los Periodistas, que al parecer se enfrentaba a una reacción negativa por parte de la política y de los donantes, descartó el año pasado su Índice Global de Impunidad anual —que medía en qué lugares se asesina a periodistas con impunidad— después de que quedara claro que Israel encabezaría la clasificación.

Ahora se acusa a ese mismo comité de ceder a estas presiones al plantear dudas sobre quién puede considerarse periodista en Gaza —dudas que servirán para envalentonar a Israel, que afirma que los periodistas palestinos, de hecho todos los palestinos, son terroristas encubiertos—.

Hay que reescribir el «quién» porque el «qué» no se puede negar.

Lo mismo está ocurriendo en el Reino Unido, donde periodistas británicos independientes han sido detenidos en el aeropuerto o han sufrido redadas en sus domicilios al amanecer por parte de la policía antiterrorista por «pensamientos incorrectos» sobre el genocidio de Gaza y la complicidad británica en el mismo. También ellos se enfrentan a hasta 14 años de cárcel.

Esto ha enviado un mensaje escalofriante a otros periodistas —aquellos que carecen de la protección de un mecenas multimillonario o del Estado— sobre lo que se puede decir.

Autoritarismo creciente

Nada de esto se limita, ni se limitará, a Gaza. El vuelco de los valores de la Ilustración, como ya debería quedar claro, forma parte de un proyecto político mucho más amplio para normalizar y afianzar este autoritarismo creciente.

La prohibición de «Palestine Action» y de la exhibición de pancartas ha allanado el camino para que el Estado británico califique a cualquier opositor —que cuestione sus infracciones legales o impugne su derecho a dictar la verdad— como delincuente o simpatizante del terrorismo. Se ha sentado un precedente, ahora ratificado por los tribunales del Reino Unido, que será difícil de revertir.

El Estado tiene muchas herramientas a su disposición, algunas de las cuales ya está utilizando, una vez más sin que los «guardianes» de los medios de comunicación, propiedad de multimillonarios, protesten.

Una de ellas, especialmente poderosa, es la «exclusión bancaria»: obligar a personas o grupos que perturban el discurso de la autoridad moral y jurídica de los Estados occidentales a salir del sistema financiero, empujándolos a una especie de aislamiento que les hace casi imposible desenvolverse en el mundo occidental moderno.

Cabe destacar, una vez más, que Assange y WikiLeaks fueron una de las primeras víctimas del uso de la exclusión bancaria como arma política. Washington impuso sanciones a finales de 2010, poco después de que WikiLeaks sacara a la luz los crímenes de guerra de EE. UU. y el Reino Unido en Afganistán e Iraq, cortando así casi todos sus ingresos procedentes de donantes.

Las sanciones —lo que algunos describen como una «pena de muerte financiera»— ya se han impuesto a varios jueces y miembros del personal de la Corte Penal Internacional por la emisión de una orden de detención contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por cometer crímenes contra la humanidad en Gaza.

La experta jurídica de la ONU Francesca Albanese, a la vanguardia a la hora de poner de relieve la complicidad occidental en el genocidio de Israel, también ha sido excluida del sistema bancario.

En Gran Bretaña, las organizaciones benéficas palestinas e islámicas llevan mucho tiempo enfrentándose a duras restricciones en su capacidad para operar financieramente, normalmente con el argumento de que podrían estar desviando donaciones a grupos prohibidos.

Pero esto se ha ido extendiendo gradualmente a las principales organizaciones de solidaridad con Palestina y a personas afectadas por la prohibición de «Palestine Action».

En un giro aún más inquietante, aunque previsible, el Lloyds Bank ha retirado ahora la cuenta bancaria a The Canary, una publicación de izquierdas cuyas críticas a la captura del Partido Laborista por parte de las grandes empresas han sido durante mucho tiempo una espina clavada para la burocracia del partido. The Canary ya no puede pagar a su plantilla, y su actividad informativa está en peligro.

Se trata del mismo Canary que el proyecto «Labour Together», liderado por Morgan McSweeney —quien impulsó a Starmer al poder en nombre de la derecha laborista, favorable a los multimillonarios y a la energía nuclear—, identificó desde el principio como una amenaza. Según se informa, su lema era: «Destruyamos a The Canary o The Canary nos destruirá a nosotros».

Tal y como expone el periodista de investigación Paul Holden en su libro The Fraud, que documenta las operaciones encubiertas e ilegales de «Labour Together», McSweeney estuvo a punto de conseguir destruir a The Canary. Creó un grupo ficticio, «Stop Funding Fake News», que presionó a los anunciantes para que boicotearan la publicación.

Labour Together, bajo el mando del sucesor de McSweeney, Josh Simons, lanzaría posteriormente una campaña de desprestigio contra Holden y lo denunciaría a los servicios de seguridad británicos como supuesto agente del Kremlin.

Como una moneda falsa, Simons ha vuelto a aparecer, esta vez cediendo su escaño de Makerfield para que Andy Burnham pueda regresar a Westminster. Simons es ahora uno de los asesores políticos de Burnham.

Represalias políticas

Este ataque sistemático al derecho a examinar la actuación del Estado británico se ha extendido también a la profesión jurídica.

El mes pasado, Dan Kovalik, un respetado abogado y profesor estadounidense especializado en derechos humanos, fue detenido en el aeropuerto de Liverpool por la policía antiterrorista e interrogado por sus críticas a la política exterior occidental en Gaza e Irán.

Fahad Ansari, un abogado británico especializado en derechos humanos, fue detenido por la policía el año pasado al regresar al Reino Unido tras unas vacaciones familiares en Irlanda, en virtud del anexo 7 de la draconiana Ley contra el Terrorismo de 2000.

A ambos hombres se les confiscaron sus dispositivos electrónicos, a pesar de las protestas en las que se alegaba que esto era ilegal y violaba el secreto profesional entre abogado y cliente.

La detención de Ansari parece ser un acto flagrante de represalia política e intimidación. Había presentado alegaciones jurídicas impugnando una decisión del Ministerio del Interior de 2021 de ampliar la proscripción de Hamás a su ala política. Hamás nunca ha lanzado una operación militar en Gran Bretaña.

Para presentar el escrito, Ansari había reunido a un grupo de expertos para argumentar que la ampliación de la proscripción —deseada desde hace tiempo por Israel— estaba teniendo un efecto profundamente disuasorio en la labor de abogados, académicos, grupos de derechos humanos y periodistas a la hora de documentar y debatir los crímenes israelíes en Gaza.

Cinco expertos jurídicos de la ONU escribieron una carta de protesta por la violación de los derechos de Ansari como abogado, advirtiendo de que «tales medidas amenazan con criminalizar, estigmatizar y tener efectos disuasorios contra los abogados y las asociaciones jurídicas que realizan una labor legítima en materia de seguridad nacional y lucha contra el terrorismo».

Ese parece ser precisamente el objetivo. Acosar a los abogados es una característica, y no un error, del nuevo autoritarismo británico.

Una víctima aún más visible de este nuevo ataque a la profesión jurídica es el muy respetado abogado Rajiv Menon.

Ha trabajado en algunos de los casos de derechos humanos más importantes de la era moderna, denunciando los fallos y abusos de poder del Estado en relación con el asesinato del adolescente negro Stephen Lawrence, la muerte de casi 100 aficionados al fútbol del Liverpool en Hillsborough y las 72 víctimas del incendio de la Torre Grenfell.

Actualmente se enfrenta a un proceso por desacato al tribunal tras pronunciar en enero un alegato final que convenció al jurado de no declarar culpables a seis acusados de Palestine Action de ninguno de los cargos presentados por el Estado británico contra ellos. En 2024, los seis habían llevado a cabo una acción contra una fábrica de Elbit.

Se cree que es la primera vez que se procesa a un abogado por desacato al tribunal a raíz de un alegato final. Garden Court Chambers, donde Menon ha ejercido durante tres décadas, afirmó que el proceso había «causado conmoción en la profesión jurídica».

Advirtió de un grave efecto disuasorio sobre los abogados, que podrían mostrarse más reacios a presentar una defensa firme, especialmente en juicios con gran carga política, por miedo a las represalias.

Todo esto debe verse en el contexto de las medidas igualmente sin precedentes del Gobierno para socavar el principio jurídico fundamental del derecho a un juicio con jurado.

Los Estados autoritarios no admiten restricciones significativas a su capacidad para imponer su voluntad. Los abogados y los jurados con espíritu independiente son precisamente ese freno.

Criminalización de la protesta

Pero quizás el ataque más sostenido por parte del Estado británico haya sido contra los derechos de protesta y de reunión, lo que hace que expresar una opinión en el espacio público resulte cada vez más amenazador.

Desde que unos dos millones de personas salieron a las calles para oponerse a la invasión ilegal de Iraq por parte de Gran Bretaña en 2003, se han buscado nuevas formas de restringir la capacidad de los ciudadanos de a pie para alzar la voz contra el abuso del poder gubernamental y estatal.

La legislación reciente permite a la policía prohibir las protestas por ser «demasiado ruidosas» o causar «grave malestar». El concepto de «perturbación» se ha redefinido para incluir ahora cualquier obstáculo a la actividad cotidiana. Las protestas pueden prohibirse si tienen un impacto «acumulativo».

Todas estas son características inherentes a la protesta. Las manifestaciones masivas contra el ataque ilegal de Gran Bretaña a Iraq fueron ruidosas, perturbadoras y repetidas, al igual que lo han sido las marchas contra la connivencia de Gran Bretaña con el genocidio de Israel en Gaza.

Al juzgar la legalidad de las protestas según estos criterios selectivos y en gran medida subjetivos, el Estado ha otorgado a la policía un amplio margen de maniobra para decidir qué protestas deben tipificarse como delito y cuáles deben permitirse. No es de extrañar, pues, que la policía esté centrando actualmente sus esfuerzos en las marchas contra el genocidio, que ponen de relieve la complicidad británica en los crímenes de Israel.

También se está implantando la tecnología de reconocimiento facial —pionera en Israel contra los palestinos—, lo que normaliza el Estado panóptico tan querido por Mahmood.

¿A dónde nos lleva todo esto? La respuesta es a una nueva ley que la ministra del Interior ha hecho aprobar a toda prisa en el Parlamento.

La Ley de Seguridad Nacional (Amenazas al Estado) otorga al Estado poderes sin precedentes para proscribir grupos, tal y como hizo con Palestine Action, pero ahora sin necesidad de alegar que existen pruebas de una amenaza terrorista.

La ministra del Interior puede realizar dicha designación de forma unilateral, sin ningún tipo de supervisión parlamentaria, simplemente porque afirme que el grupo es un actor estatal extranjero «hostil» que supone una amenaza para la seguridad nacional o la seguridad pública.

Mahmood ya lo ha hecho con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), que es, en la práctica, el ejército de Irán.

Además, cualquier persona que colabore con un grupo proscrito o reciba un «beneficio material» —cuya definición incluye la «información»— de dicho grupo puede ser condenada a hasta 14 años de cárcel. Esto incluye expresar apoyo al grupo o compartir información que este haya facilitado.

El mero hecho de organizar un acto en el que alguien exprese su apoyo al grupo podría dar lugar a un proceso judicial, al igual que publicar algo en las redes sociales que el Estado británico considere un «argumento» de un Estado extranjero hostil, independientemente de que la información sea cierta o no.

Prohibición de la búsqueda de la verdad

Una vez más, se trata de un ataque a los valores más fundamentales de la Ilustración.

En la Ley de Seguridad Nacional, lo único que importa es quién difunde la información, no cuál es esa información ni si es veraz. No existe ninguna defensa basada en el interés público, como la denuncia de actos delictivos cometidos por el Estado británico o sus aliados.

No hay exención para los periodistas, abogados, académicos ni grupos de derechos humanos. Les resultará imposible realizar la parte más esencial de su trabajo: recabar información, contrastar las afirmaciones de una parte con las de la otra y permitir que el público determine la verdad.

Suponiendo que se declare a Hamás como actor extranjero hostil —lo cual parece casi seguro—, se prohibirá a los periodistas recabar datos sobre las víctimas palestinas del Ministerio de Sanidad de Gaza o hablar con los médicos de allí. ¿Por qué? Porque el Gobierno de Hamás dirige el Ministerio de Sanidad y los hospitales.

Peor aún, sería imposible que los periodistas visitaran Gaza para investigar los crímenes israelíes —algo que hará las delicias de Israel—, ya que dicha visita tendría que organizarse a través del Gobierno de Hamás. Hacerlo supondría arriesgarse a 14 años de cárcel.

Lo mismo ocurrirá con los reportajes desde Irán o Rusia, si así lo decide la ministra del Interior.

La única excepción aparente será para los periodistas que obtengan la autorización previa del Gobierno británico.

Esto debería garantizar que solo los periodistas más dóciles y ávidos de acceso, pertenecientes a medios de comunicación estatales o propiedad de multimillonarios, puedan relacionarse con actores extranjeros «hostiles», en formas que el Estado británico pueda estar seguro de que representarán mejor sus intereses.

En virtud de esta nueva ley, la búsqueda de la verdad —y, potencialmente, la propia verdad— se tipificará como delito.

Dentro del panóptico

La Ley de Seguridad Nacional sistematiza todas las demás medidas que hemos señalado anteriormente. Otorga al Estado carta blanca para criminalizar a cualquiera que cuestione o desafíe su autoridad moral o jurídica.

¿Quién debería estar indignado ante este monstruoso ataque legislativo al derecho a buscar la verdad, a exigir responsabilidades al Estado y a actuar como guardián frente al abuso de poder?

Si los medios de comunicación propiedad de multimillonarios hicieran alguna de estas cosas, los medios de comunicación estarían liderando la resistencia. Sin embargo, en su mayoría guardan silencio, porque no hacen nada de eso.

Será a los periodistas independientes, los comentaristas, los abogados y los activistas de derechos humanos a quienes irán eliminando uno por uno, enviando así un mensaje al resto de la población para que mantengan un perfil bajo.

Se espera que la ciudadanía, privada de información veraz y de un análisis crítico de las acciones del Estado británico, se vuelva más ignorante, más dócil y más pasiva a medida que se le vayan privando progresivamente de sus derechos.

A medida que se intensifique la crisis climática, que se aceleren las guerras por los recursos y que la austeridad interna se haga sentir más, se señalará con el dedo no a los verdaderos culpables —los superricos, sus medios de comunicación y el Estado cautivo—, sino a las víctimas anteriores de Occidente: aquellos que huyen de las guerras que nosotros iniciamos, de un clima cada vez más inestable provocado por nuestro consumo desmesurado y de la escasez de recursos tras siglos de saqueo colonial.

Mientras se nos anima a culpar a «los inmigrantes», o a «los musulmanes», o a «la izquierda», o a «los que odian a Israel», el Estado se apresura a erigir un andamiaje de control para protegerse antes de que nos demos cuenta del engaño.

El tiempo se agota en todos los frentes. La falta de urgencia para abordar estas crisis no se debe a que las crisis no existan, sino a que nuestra pasividad ha sido orquestada. La verdad es que ya estamos en el panóptico, y nuestras mentes ya están profundamente moldeadas para la obediencia." 

(Jonathan Cook, blog, 16/07/26, traducción Voces del Mundo)  

7.7.26

¿Somos los malvados? Si Putin hubiera hecho lo que ha hecho Occidente, estaríamos aullando de furia... la prensa occidental, al comentar con regocijo el asesinato del ayatolá Jameneí en Irán, ni siquiera ha emitido un murmullo sobre la muerte de su nieta de un año... Parece que la culpa es de los iraníes por tener una niña pequeña allí cuando EE. UU. decidió matar a su abuelo con un ataque sorpresa... imaginemos el escándalo que se montaría en Europa si Rusia hubiera hecho lo mismo que los estadounidenses en la escuela de niñas de Minab, o lo que los israelíes han hecho con Gaza... Por estas propuestas, ya sé que volverán a llamarme apaciguador, traidor, etc... Esta sarta de disparates sin reflexión hunde el debate en países que han permitido que la propaganda más primitiva desplace al pensamiento. Si seguimos por este camino, nos espera un desastre nacional absoluto (Peter Hitchens)... Sí, preguntas tan evidentes como esta pocos se atreven a plantearlas en voz alta en la prensa dominante de Occidente

"El veterano periodista británico Peter Hitchens plantea, en las páginas del Mail on Sunday, preguntas muy incómodas sobre el doble rasero de Occidente. El titular de su artículo: «¿Somos los malvados? Si Putin hubiera hecho lo que ha hecho Occidente, estaríamos aullando de furia».

Señala que la prensa occidental, al comentar con regocijo el asesinato del ayatolá Jameneí en Irán, ni siquiera ha emitido un murmullo sobre la muerte de su nieta de un año: «NADIE en el Gobierno de EE. UU. ha comentado jamás su muerte directamente, y mucho menos se ha disculpado. Parece que la culpa es de los iraníes por tener una niña pequeña cuando EE. UU. decidió matar a su abuelo con un ataque sorpresa».

A continuación, pide que imaginemos el escándalo que se montaría en Europa si Rusia hubiera hecho lo mismo que los estadounidenses con la escuela de niñas de Minab, o lo que los israelíes han hecho con Gaza. Hitchens concluye:

«¿Quizá valdría la pena intentar algo diferente?

Por estas propuestas, ya sé que volverán a llamarme apaciguador, traidor, etc.

Esta sarta de disparates sin reflexión hunde el debate en países que han permitido que la propaganda más primitiva desplace al pensamiento. Si seguimos por este camino, nos espera un desastre nacional absoluto».

Sí, preguntas tan evidentes como esta pocos se atreven a plantearlas en voz alta en la prensa dominante de Occidente."

(La casa de mi tía, 07/07/26,  fuente The Mail)

4.7.26

Venezuela: manipular la tragedia humana... la humanidad sufrió los efectos del covid-19... que destapó a políticos, intermediarios y empresarios cuyo objetivo fue enriquecerse con la muerte y la enfermedad... Boris Johnson, José María Aznar, Jair Bolsonaro, Donald Trump, celebraron fiestas, no respetaron la cuarentena y en algún caso llamaron a consumir lejía para contrarrestar el virus... Hoy, la tragedia sacude a Venezuela, país que sufre la intervención del imperialismo estadounidense, con décadas de sanciones económicas, sabotaje, procesos desestabilizadores... el mensaje no puede ser más insidioso. Todo lo que ocurre es producto del chavismo... El periódico ABC titula: "Las viviendas sociales de Hugo Chávez se desploman como un castillo de arena". Pero el desmentido es singular. Exequiel Gallardo, bombero chileno desplazado a La Guaira, declara: "las viviendas vacacionales quedaron más destruidas que las sociales". Lo mismo que dijeron miembros de una ONG noruega... Las noticias están centradas en mostrar el chavismo y su gobierno actual son un lastre... El País, el Mundo, La Vanguardia, el Periódico, ABC, La Razón, tienen esa línea editorial.. No mencionan la gran coordinación entre las instituciones públicas desde el gobierno, pasando por los ayuntamientos, los servicios médicos, bomberos, fuerzas armadas, ingenieros, arquitectos, trabajadores desplazados de todos los estados de Venezuela. Y tampoco se habla de los cooperantes internacionales. Nada sobre los ministros en el terreno y las múltiples organizaciones que trabajan día y noche. Menos de los médicos cubanos desplazados para las labores de apoyo en hospitales (Marcos Roitman Rosenmann)

"Siempre hay palabras para expresar el dolor. También para denunciar la falta de escrúpulos de quienes buscan aprovecharse de un desastre natural para obtener réditos políticos. 

Un hecho tan poco previsible como son los terremotos, hace transparente la canalla humana.

No hace mucho la humanidad sufrió los efectos de una pandemia zoonótica como el covid-19. Y ahí, se desnudaron las vergüenzas. No sirvió para mostrar lo humano del ser humano. Por el contrario, destapó a políticos, intermediarios y empresarios cuyo objetivo fue enriquecerse con la muerte y la enfermedad. 

Cobraron porcentajes desorbitados, negociaron con las mascarillas, vacunas o certificados de antígenos. Y por si fuera poco, políticos sin escrúpulos se saltaron las reglas. Boris Johnson, José María Aznar, Jair Bolsonaro, Donald Trump, celebraron fiestas, no respetaron la cuarentena y en algún caso llamaron a consumir lejía para contrarrestar el virus.

Hoy, la tragedia sacude a Venezuela, país que sufre la intervención del imperialismo estadunidense, a lo cual se agregan décadas de sanciones económicas, sabotaje, procesos desestabilizadores y una guerra no convencional con diferentes gamas de intensidad, desarrollada durante dos décadas. Se han confiscado sus reservas en oro, cuando no entregadas a opositores. Y se ha desarrollado una campaña mediática a nivel mundial señalando a Venezuela como un país terrorista. 

Un sismo sirve para seguir promoviendo una ayuda internacional destinada a favorecer a las políticas de la oposición. La Unión Europea, como en su momento hizo con Juan Guaidó, autoproclamado presidente interino, dona 3 millones de euros a María Corina Machado para las víctimas del terremoto.

Lo cual es significativo. Constituye un atentado contra el derecho internacional. Ursula von der Leyen y su ministra de Exteriores, Kaja Kallas, prefieren hablar con quienes han decidido conspirar. Para eso sirve el dinero. Los partidos de la oposición venezolana y sus delegaciones en el exterior se aprestan a recibir millones. Abren cuentas para recaudar fondos, solicitan medicamentos y productos no perecederos. Se inicia la campaña: nada para el gobierno ni sus autoridades legítimas. Aducen caos, desorganización, inoperancia y corrupción. Ellos harán llegar las ayudas a los damnificados. Mientras, los medios de comunicación social, redes e influencers sirven para propagar su discurso.

La televisión pública y privada en España emiten imágenes una y otra vez donde se ve un edificio colapsando. A continuación, otro donde se observa gente saliendo de los vagones del Metro de Caracas espantados. Todo presentado como si transcurriera en vivo. Sin embargo, el primer video corresponde al sismo del 6 de febrero de 2023, ocurrido en Turquía y la ciudad de Gaziantep. 

El segundo, donde se ve gente saliendo de los vagones del Metro de Caracas, corresponde al incendio en la línea 1 del Metro de Caracas ocurrido el 25 de septiembre de 2021. Cuando las redes descubren los bulos, televisión española en su noticiero 24 horas tiene que salir a la palestra. No pide disculpas, señala que circulan bulos, obviando haberlos utilizado en sus informativos. Lo han emitido todas las cadenas de televisión. 

Y el mensaje no puede ser más insidioso. Todo lo que ocurre es producto del chavismo. La radio y la prensa escrita no son menos. Sus corresponsales hablan de inoperancia de las autoridades, de indolencia, de una descoordinación y abandono. El pueblo venezolano está desamparado. No hay orden, ni se ve la ayuda por ninguna parte. 

El periódico ABC titula: “Las viviendas sociales de Hugo Chávez se desploman como un castillo de arena”. Pero el desmentido es singular. Exequiel Gallardo, bombero chileno desplazado a La Guaira, experto en recuperación de personas, declara: “las viviendas vacacionales quedaron más destruidas que las sociales”. Y la foto del ABC, para más INRI, la foto muestra las viviendas sociales construidas por el “chavismo” incólumes. Invisibilizan la ayuda internacional entre estados. 

Tampoco mencionan la gran coordinación entre las instituciones públicas desde el gobierno, pasando por los ayuntamientos, los servicios médicos, bomberos, fuerzas armadas, ingenieros, arquitectos, trabajadores desplazados de todos los estados de Venezuela. Y tampoco se habla de los cooperantes internacionales que se han puesto a las órdenes de las autoridades para coordinar los trabajos de rescate y búsqueda de sobrevivientes. 

Nada sobre los ministros en el terreno y las múltiples organizaciones que trabajan día y noche. Menos de los médicos cubanos desplazados en más 50 para las labores de apoyo en hospitales. 

Las noticias están centradas en mostrar el desacuerdo con las actuaciones del gobierno. El País, el Mundo, La Vanguardia, el Periódico, ABC, La Razón, tienen una línea editorial. El chavismo y su gobierno actual son un lastre. Represión, corrupción y abandono institucional. Venezuela, señalan, es un Estado fallido, sobrepasado por las circunstancias. Todos los males tienen un nombre y apellido, la presidenta encargada Delcy Rodríguez. En contraposición, la figura de María Corina Machado se presenta como la alternativa democrática.

Se puede estar más o menos a favor del gobierno de Delcy Rodríguez, hay más que discutir. Pero no se puede utilizar la catástrofe para emponzoñar una acción ejemplar. Venezuela es un Estado asediado desde dentro y fuera. El objetivo: acabar con el proyecto de cambio social, reconquistar el poder y controlar la producción de hidrocarburos. Sean extranjeros o criollos. Hablen inglés o castellano."

(Marcos Roitman Rosenmann , La Jornada, 02/07/26) 

22.6.26

Pasa otro mes y Gaza apenas aparece en las noticias... mientras que el plan a muy largo plazo sigue siendo tan espantoso como siempre: la terrible Riviera de Gaza de Donald Trump, que cuenta con la partida de los palestinos, y su reemplazo por clubes nocturnos, casinos, bares, complejos turísticos, rascacielos y turistas occidentales: un nuevo patio de recreo para los ricos y para los israelíes, que se alza sobre una silenciosa necrópolis de gazatíes muertos... Otra razón es que el ejército israelí asesinaron a casi todos los periodistas palestinos que cubrían sus atrocidades en el enclave. Por último, el régimen de Trump reprimió violentamente la libertad de expresión sobre Palestina en los campus universitarios estadounidenses... Trump logró lo que el genocida Joe Biden no pudo: el silencio... El borrado planificado de noticias sobre el genocidio en Gaza... La gente considera la aventura israelí en Gaza como una atrocidad tras otra, y millones coinciden en que se trata de un genocidio. Por lo tanto, Israel ha perdido el apoyo de la opinión pública estadounidense. ¿La solución? ¿Que Israel ya no tenga que preocuparse por lo que piensen los estadounidenses? Fusionar los ejércitos de ambos países. Esto eliminaría para siempre la criminalidad militar israelí del alcance de la opinión pública estadounidense. Es una idea brillantemente repugnante (Eve Ottenberg)

"Pasa otro mes y Gaza apenas aparece en las noticias: la inerte y autodenominada Junta de Paz sigue haciendo su trabajo. Quizás pensaste que ese trabajo consistía en la reconstrucción para que los gazatíes pudieran usar el agua, las carreteras, los mercados de alimentos, los hospitales y las escuelas que hacen la vida digna, pero si fue así, te equivocaste. La Junta de Paz, con su nombre orwelliano (o Junta del Imperio o Junta del Genocidio, según sea más apropiado), tenía como objetivo acallar la opinión pública haciendo desaparecer Gaza, mientras que el plan a muy largo plazo sigue siendo tan espantoso como siempre: la terrible Riviera de Gaza de Donald Trump, que cuenta con la partida de los palestinos culturalmente conservadores y su reemplazo por clubes nocturnos, casinos, bares, complejos turísticos, rascacielos y turistas occidentales: un nuevo patio de recreo para los ricos y para los israelíes, que se alza sobre una silenciosa necrópolis de gazatíes muertos.

Otra razón por la que los asesinatos israelíes en Gaza han desaparecido de las noticias es sencilla: las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) asesinaron a casi todos los periodistas palestinos que cubrían sus atrocidades en el enclave. Por último, a partir de la primavera de 2024, el régimen de Trump reprimió violentamente la libertad de expresión sobre Palestina en los campus universitarios estadounidenses. Eso tampoco ayudó.

Mientras tanto, miles de palestinos languidecen en prisiones israelíes, rehenes entre los que destaca el Dr. Abu Safiya, un pediatra de probada integridad, torturado con tal crueldad por Israel que ahora se encuentra al borde de la muerte. El 5 de junio, el Consejo de Relaciones Islámico-Estadounidenses (CAIR) instó al Congreso a exigir la liberación inmediata del doctor, quien actualmente se encuentra en «aislamiento», según CAIR, «a pesar de estar detenido sin cargos… Expertos de la ONU afirman que el Dr. Abu Safiya ha sido sometido a torturas bajo custodia israelí», y cita a Médicos por los Derechos Humanos Israel: «Está recluido en la prisión del Néguev en condiciones precarias, sin acceso a medicamentos ni atención médica, mientras su salud continúa deteriorándose». Según los espeluznantes detalles publicados por Amnistía Internacional, el doctor ha sido torturado brutalmente, con el claro y, quién sabe, ¿logrado?, objetivo de quebrarlo. Pero el sufrimiento del Dr. Safiya, al igual que el de su país, Gaza, ha desaparecido en gran medida de los titulares.

Al moderar el genocidio de Gaza, Trump logró lo que el genocida Joe Biden, con su odiosa negativa, incluso simbólica y engañosa —al igual que Trump—, a mover un dedo por los palestinos, no pudo: el silencio. El silencio que Israel deseaba, el silencio que sus partidarios estadounidenses exigían, el silencio que clamaban nuestros medios corporativos propiedad de multimillonarios: un silencio semejante al de la tumba.

Así pues: atrocidades israelíes en Gaza. Atrocidades contra palestinos en cárceles israelíes. Todo esto plantea la pregunta: ¿de verdad queremos fusionar el ejército estadounidense con el israelí? Este es el tema que se debate actualmente en el Congreso, y surge, no por casualidad, en un momento en que la mayoría de los estadounidenses (el 60%) y la mitad de los judíos estadounidenses ven con muy malos ojos las acciones de Israel desde el 7 de octubre de 2023. En este sentido, conviene tener en cuenta la observación de Brian Berletic, un experto en aventuras imperiales, de que la coordinación militar, e incluso la fusión, entre Estados Unidos y la OTAN, así como entre Estados Unidos y sus aliados del Pacífico, se asemeja bastante a la propuesta para Estados Unidos e Israel. Berletic incluso afirma en X que Israel, el perro de ataque de Estados Unidos, es un chivo expiatorio perfecto para el Imperio estadounidense. Puede que sea cierto, pero no creo que esto convierta esta propuesta de fusión en otra cosa que no sea una pésima idea.

Después de todo, esta fusión militar entre Estados Unidos e Israel permitiría al Congreso burlarse de los estadounidenses, al tiempo que ayuda a Israel a eludir la furia de la opinión pública. La gente considera la aventura israelí en Gaza como una atrocidad tras otra, y millones coinciden en que se trata de un genocidio. Por lo tanto, Israel ha perdido el apoyo de la opinión pública estadounidense. ¿La solución? ¿Que Israel ya no tenga que preocuparse por lo que piensen los estadounidenses? Fusionar los ejércitos de ambos países. Esto eliminaría para siempre la criminalidad militar israelí del alcance de la opinión pública estadounidense. Es una idea brillantemente repugnante.

Según The Guardian, el 5 de junio, los defensores de Israel se han visto «conmocionados por el desplome del apoyo público a las políticas israelíes en Gaza, Líbano y Cisjordania, así como hacia Irán». Por ello, «los defensores de Israel buscan desesperadamente aumentar el apoyo estadounidense al Estado judío de maneras que no dependan de la defensa de sus políticas… esto implica evitar el debate público sobre las políticas israelíes en Gaza, Líbano, Cisjordania o Irán». La ley propuesta comprometería «la investigación y el desarrollo bilaterales, la coproducción de armas, las empresas conjuntas, los acuerdos de licencia y una integración sin precedentes de las industrias armamentísticas de Estados Unidos e Israel». Todo ello oculto a toda costa.

Huelga dice que AIPAC respalda esta legislación y presionó a favor de ella durante el primer trimestre de este año. «Si bien ni la legislación de la Cámara de Representantes ni la del Senado lograron salir del comité, la misma estructura legislativa y gran parte del lenguaje mismo apareció en la sección 224 de la NDAA [Ley de Autorización de Defensa Nacional], ocultas en lo profundo del borrador de la legislación». Así que esta ley que encubre el genocidio israelí en Gaza tiene una posibilidad real de llegar al escritorio de Trump. The Guardian la denomina el marco del sionismo 2.0. Como quiera que se la llame, apesta. Vincula al complejo militar-industrial estadounidense, ya hasta el cuello de sangre y grandes machos en el mundo, con el ejército israelí, culpable de genocidio y tantas atrocidades horribles que los soldados de las FDI no pueden aventurarse en las redes sociales sin incriminarse de forma evidente.

Un intento audaz de eliminar esta abominable adición de la NDAA, liderado por los congresistas Thomas Massie y Ro Khanna, fracasó, según informó Kelley Beaucar Vlahos el 4 de junio en Responsible Statecraft. El artículo, publicado inicialmente por Ben Freeman en la misma publicación la semana anterior, describía a los partidarios de la disposición para fusionar las dos fuerzas armadas como quienes difundían «medias verdades e inexactitudes flagrantes sobre hasta qué punto esta disposición integraría los sectores de defensa de Estados Unidos e Israel». «Estados Unidos e Israel ya colaboran intensamente en defensa antimisiles», escribió Freeman, «pero esta disposición ampliaría la coordinación a prácticamente todas las áreas de la tecnología de defensa, incluyendo IA, computación cuántica, sistemas autónomos, energía dirigida, ciberseguridad, biotecnología y muchas más… En otras palabras, los datos del ejército estadounidense pronto podrían ser los datos del ejército israelí». Casualmente, el senador Bernie Sanders emitió una declaración expresando su profunda oposición a esta fusión militar.

En este sentido, cabe señalar que el 5 de junio, el Pentágono evaluó que Israel representa una seria amenaza de espionaje para Estados Unidos. Así que ahí lo tienen. (Esta filtración sugiere que a algunos miembros del Pentágono les resulta alarmante esta propuesta de fusión. Bien. Debería ser así). Luego está el tema del dinero. Como señaló Vlahos, esta legislación «desviaría los 3.800 millones de dólares anuales que Estados Unidos destina actualmente a Israel… a estos programas… donde la transparencia es escasa ya menudo fugaz. Una solución perfecta —que, por cierto, cuenta con el respaldo del primer ministro Benjamin Netanyahu— dada la menguante ayuda estadounidense a las guerras de Israel ya la asistencia militar estadounidense para ellas». Así pues, Israel espera que no haya más protestas molestas de Estados Unidos por financiar los crímenes de Jerusalén.

Gracias al llamado Consejo de Paz, Gaza desapareció de los medios de comunicación y, mientras las noticias corporativas se centraban en la masacre israelí en el sur del Líbano y cómo esta había contribuido a la implicación de Estados Unidos en la guerra contra Irán, la atención también se desvió de las atrocidades que Israel comete en sus cárceles. Sin embargo, el mundo no ha olvidado el genocidio de Gaza, a pesar de que el Consejo de Paz y unos medios de comunicación controlados por multimillonarios complacientes hayan intentado que esto se olvide. Tampoco ha olvidado a la Dra. Safiya. Y dado que estos hechos no se han olvidado, ahora tenemos este horrible plan para fusionar los ejércitos israelí y estadounidense.

Es difícil imaginar que Trump tenga la valentía de oponerse a esto, como debería hacer cualquier presidente estadounidense que se precie. En lo que respeta a Israel, su postura es muy débil, y la pregunta que plantea la extrema derecha de MAGA es pertinente (en la medida en que se pueda aplicar ese término a un movimiento así): ¿es Trump el presidente de «Estados Unidos Primero» o de «Israel Primero»? Si firma una NDAA con semejante lenguaje sobre Israel, tendremos la respuesta, como nos advirtió Marjorie Taylor Greene —una política con, como se demuestra, bastante carácter—. Ella diría que lo primero en la lista de Trump, si cae en esta trampa, NO es Estados Unidos. Yo matizaría eso. Lo primero en la lista de Trump es incorporar a todos los aliados, vasallos y perros de ataque de Estados Unidos, desde Israel hasta Ucrania y Filipinas, en una aterradora máquina imperial de destrucción. Y va camino de lograrlo." 

(Eve Ottenberg, Gaceta Crítica, 22/06/26) 

11.6.26

Golpe informativo en la SER (el acompañamiento del golpe de estado judicial y político del PP contra el gobierno de Pedro Sánchez)... Àngels Barceló se despide en su último 'Hoy por Hoy' de la SER: “Pasamos página, yo soy la página de la izquierda, toca completar la de la derecha... Que vengan a perseguirnos con los datos históricos del Hoy por Hoy... Sed muy felices con lo que os toque" (elDiario.es)... la locutora habría recibido presiones para girar la línea editorial hacia la derecha, haciéndola más conservadora. Ante esta situación, Barceló ha optado por no aceptarlas y presentar su renuncia... un momento clave en la derechización de la emisora fue la entrevista a Borja Sémper en Hora 25 días antes de la salida de Barceló, cuando el director de contenidos, Fran Llorente, se dirigió al político vitoriano en un tono casi imperativo para que “presentaran de una vez” la moción de censura contra el Gobierno de Pedro Sánchez (El Plural)... La salida no es un simple relevo generacional. Desde hace semanas, la dirección de la cadena mantenía la exigencia directa de más tertulianos conservadores. La periodista, que gozaba de una autonomía total como directora del programa estrella, se habría resistido, y el choque con Fran Llorente se ha hecho insostenible.... El debate sobre qué pluralidad quiere Prisa para su buque insignia —más voces de derecha, menos activismo— va a marcar la próxima temporada de la radio matinal (Qué!)

"(...) Según podía saber ElPlural.com de fuentes de la emisora, la locutora habría recibido presiones para girar la línea editorial hacia la derecha, haciéndola más conservadora. Ante esta situación, Barceló ha optado por no aceptarlas y presentar su renuncia, no renovando su contrato con la cadena radiofónica del grupo Prisa.

Además, este medio también pudo conocer otro momento clave en esta derechización de la emisora: la entrevista a Borja Sémper en Hora 25 días antes de la salida de Barceló. Según fuentes consultadas, fue llamativo el despliegue de la cúpula de la emisora para recibir a un “simple portavoz” orgánico, que fue agasajado por los principales responsables editoriales y empresariales del grupo: el director de Informativos, Guillermo Rodríguez; el director de Contenidos, Fran Llorente; el director general, Jaume Serra; y la CEO del Grupo Prisa, Pilar Gil.

Una movilización de directivos que suele ser habitual para los principales cabezas de cartel del panorama político, si bien es cierto que se trataba del regreso a la primera línea de Sémper tras superar un cáncer de páncreas. Pero el malestar creció cuando algunos de los presentes escucharon el contenido de la conversación entre la cúpula de la empresa y el portavoz orgánico. De hecho, las fuentes consultadas apuntan a que Llorente se dirigió al político vitoriano en un tono casi imperativo para que “presentaran de una vez” la moción de censura contra el Gobierno de Pedro Sánchez. (...)"

( , El Plural, 26/05/26)  

 

 "Àngels Barceló se despide de la SER tras 21 años: la polémica por la pluralidad estalla.

Lo anunció en directo y la redacción aún está en shock. La exigencia de más voces conservadoras en la tertulia ha encendido un debate interno sobre el rumbo editorial de Prisa.

Lo anunció en directo, sin aviso previo, y la Cadena SER se ha quedado helada. Àngels Barceló ha soltado este jueves que su 'Hoy por Hoy' de hoy era el último. Tras 21 años en la emisora —siete al frente de las mañanas—, la periodista ha dicho adiós con una frase que ya corre por todos los grupos de WhatsApp: “Pasamos página, lo dejo aquí; yo soy la página de la izquierda, toca completar la de la derecha”.

El anuncio, que muchos esperaban a finales de mes, ha pillado a la redacción con el pie cambiado. Barceló, con el control lleno de compañeros, ha reivindicado que deja el programa en lo mejor de la audiencia y con datos históricos del 'Hoy por Hoy'. “Que vengan a perseguirnos”, ha retado. Su despedida ha sido un mensaje a los oyentes que ya es tendencia: “Cuando uno se recupera de una ruptura, se pasa un tiempo de duelo, pero luego la gente es capaz de volverse a enamorar. Enamórense de nuevo, yo no me desenamoraré de la radio”.

La exigencia de más voces conservadoras que incendió la redacción

La salida no es un simple relevo generacional. Desde hace semanas, la dirección de la cadena ha insistido en que Barceló incorporara más pluralidad a la tertulia, un eufemismo que fuentes de la redacción interpretan como una exigencia directa de más tertulianos conservadores. La periodista, que gozaba de una autonomía total como directora del programa estrella, se habría resistido, y el choque con Fran Llorente, director de contenidos, se ha hecho insostenible.

La reacción del equipo no se ha hecho esperar. Carles Francino, en 'La Ventana', ha asegurado que “no es el mejor día en la historia de la Cadena SER” y ha pedido prudencia antes de sentenciar que la emisora se ha derechizado. Aún así, las redes han ardido. Mara Torres ha sido más contundente: “La SER no debía permitirse perder a alguien como ella”, ha dicho en 'Al cielo con ella', y ha comparado su etapa solo con la de Iñaki Gabilondo. El sindicato CCOO, mayoritario, ha publicado un comunicado defendiendo el rigor y negando un giro editorial, pero la herida ya está abierta y la desconfianza entre la línea editorial y la dirección es ya un debate público. (...)"

(Nacho Pérez, Qué!, 11/06/26)
 

 "La periodista Àngels Barceló ha anunciado por sorpresa este jueves que se despide de la Cadena SER tras 21 años en la emisora

 “Pasamos página, lo dejo aquí; yo soy la página de la izquierda, toca completar la de la derecha”, ha dicho la presentadora en el que ya es su último Hoy por Hoy tras siete años. “Agradezco infinito la lealtad y la confianza de los oyentes, de mis equipos y de mis colaboradores”, ha asegurado en un adiós inesperado que se esperaba para finales de mes al terminar la temporada radiofónica.

“Últimos minutos del programa y hoy yo soy la que hablo”, ha comenzado Àngels Barceló en el regreso del programa tras el boletín de las 12. “Algo os estáis oliendo porque está el estudio y el control lleno, es el último Hoy por Hoy que hago. Se acabó. Lo he acordado con la casa y con su complicidad que lo dejo aquí, porque la casa tiene que empezar a pensar en lo que viene. Pasamos página: yo soy la página de la izquierda, toca completar la de la derecha”, ha explicado la periodista que ha reivindicado que deja Hoy por Hoy en “lo mejor de la audiencia”: “Que vengan a perseguirnos con los datos históricos del Hoy por Hoy”.

“Hemos tenido siempre el compromiso de contaros la verdad, de ser rigurosos y de hacerles pasar un buen rato con la radio”, ha asegurado Barceló en un mensaje a la audiencia. “Hoy termina una etapa, comienza otra. Yo tampoco hubiera llegado hasta aquí sin mi equipo”, ha dicho la periodista que ha adelantado que lo le toca ahora es “poner los pies en remojo, sin perder de vista la información y sin perderos de vista a vosotros”. “Sed muy felices con lo que os toque, yo os aseguro que seré muy feliz con lo que me toca”, ha añadido.

“Estos días he recibido tantas muestras de cariño por parte de la gente que me decía ‘es que no será igual, es que nada será lo mismo’. Cuando uno se recupera de una ruptura o de un amor que no ha funcionado al final de todo, se pasa un tiempo de duelo, pero luego la gente es capaz de volverse a enamorar. O sea que enamórense de nuevo, yo no me desenamoraré de la radio”, ha dicho Àngels Barceló.

En su último mensaje a los oyentes, Àngels Barceló les ha pedido que cuiden al equipo de Hoy por Hoy: “Cuídenlos mucho a todos y cuiden mucho a José Luis Sastre”. Solo una hora más tarde, la Cadena Ser ha anunciado que Sastre relevará a Aimar Bretos al frente de Hora 25.

Aimar Bretos sustituirá a Barceló al frente de Hoy por Hoy

Según informó la SER, el 31 de agosto será el estreno de la nueva temporada 26-27 sin Barceló a la que relevará Aimar Bretos, hasta ahora director de Hora 25. “Agradezco infinito la lealtad y la confianza de los oyentes, de mis equipos y de mis colaboradores”, ha señalado la presentadora tras su renuncia. Durante el primer programa tras el anuncio, añadió que “solo puedo decir gracias” al personal de la cadena por el trabajo de estos años: “A los que han estado al otro lado de la pecera, a los oyentes por las muestras de cariño, a toda la redacción de esta casa, que me han mostrado que cuando uno trabaja a favor las cosas salen mucho mejor”.

La salida de Barceló se produce en medio de un enfrentamiento de diferentes profesionales de la Cadena SER con el director de contenidos, Fran Llorente, agudizado en este caso por la mayor autonomía de la periodista como directora del programa estrella de la cadena. Fuentes de la redacción señalaron a elDiario.es cuando se anunció su salida que la dirección de Prisa exigía a la periodista “más pluralidad” en la tertulia del programa sin aclarar si su concepto de pluralidad se refería a una mayor presencia de tertulianos conservadores.

Los trabajadores de la SER defienden la “profesionalidad” de la plantilla

Varios compañeros de la Cadena SER han lamentado públicamente las formas de la salida de Barceló durante estas últimas semanas. “No es el mejor día en la historia de la Cadena SER”, aseguró el arranque de su programa Carles Francino que añadió que “me cabrea, pero la SER sigue en su lugar de siempre”. “Agradecería un pelín más de prudencia a la hora de sentenciar que la SER se ha derechizado o se va a derechizar”, afirmó el director y presentador de La Ventana.

En la misma línea, la sección sindical de Comisiones Obreras en Prisa Radio, la empresa del Grupo Prisa que engloba a la Cadena SER, y mayoritaria en el comité de empresa, afirmó en un comunicado que manifestaban su “absoluto rechazo” a las acusaciones que han sido vertidas en algunos medios y en redes sociales “en las que se pone en duda la labor y profesionalidad de la plantilla” o se vincula la situación “a supuestos giros ideológicos o a injerencias” que, afirman, “a día de hoy” no les consta “se hayan producido”.

“La Cadena SER, como cualquier medio, cuenta con una línea editorial definida, pero esta nunca se sitúa por encima del principio que vertebra nuestro trabajo: el rigor informativo y el compromiso con la verdad”, aseguraron desde el sindicato CCOO, que defendieron que los profesionales de la cadena radiofónica ejercen su responsabilidad con “criterios periodísticos firmes basados en el contraste de fuentes, la verificación de los hechos y el respeto estricto a la deontología”. Y añadieron que “ese rigor y la lealtad hacia los ciudadanos es lo que nos ha consolidado como referente informativo durante décadas”.  

Por su parte, Mara Torres, conductora de El Faro, en la misma cadena, señaló que “la SER no debía permitirse perder a alguien como ella”. “Ha hecho el mejor Hoy poy Hoy desde Iñaki Gabilondo”, subrayó durante una entrevista en Al cielo con ella, en la 1 de TVE.

Siete años al frente de las mañanas de la SER

Barceló (Barcelona, 1963), que desde 2019 hasta hoy ha presentado cada mañana el programa Hoy por Hoy (programa líder de las mañanas en audiencias) tiene una larga trayectoria a las espaldas. Empezó a trabajar con 20 años en Catalunya Radio, tras lo que dio el salto a la televisión para presentar el informativo de TV3. Años más tarde, en 1997, se estrenó en la televisión nacional como editora de los informativos de Telecinco los fines de semana.

Fue en 2005 cuando fichó por la Cadena SER para dirigir y presentar el programa A vivir que son dos días, que se emite los fines de semana. En 2007 fue elegida para ponerse al frente de Hora 25, el programa informativo diario de las tardes, labor que comenzó a principios de 2008.

Con Daniel Sánchez. Abordamos los temas clave para profesores, padres y alumnos, porque la educación es responsabilidad de toda la sociedad.

Desde el 2 de septiembre de 2019, dirige y presenta Hoy por hoy, desde las 6.00 horas hasta las 12.20, de lunes a viernes. Entre medias, también ha sido conductora de programas deportivos en Cuatro, como previas de los partidos de la Selección o programas durante la Eurocopa de 2008.

Durante su carrera profesional, Barceló ha recibido varios premios por su trabajo, entre ellos dos premios Ondas –en 2017 a mejor presentadora de radio y en 2024 por su trayectoria profesional–, el premio Iris a mejor comunicadora de programas informativos en 2005, el premio Antena de Oro a mejor presentadora de informativos en 1999 o el premio Micrófono de Oro en 2010. En 2024 también recibió la Creu de Sant Jordi por sus cuatro décadas de trabajo periodístico."     (elDiario , 1/06/26) 

27.5.26

Editorial de CTXT: La cloaca mediática, policial y judicial se expande; el Estado de derecho se encoge... La imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero hasta por comercio ilegal de oro (amarillo, según la jerga de la UDEF) y otros minerales raros, ha convertido a la democracia española en un estercolero... El auto de Calama muestra que Zapatero es un expresidente haciendo, según afirman otros investigados, las cosas que suelen hacer los expresidentes, pero molestando a la derecha trumpista y a Estados Unidos... La filtración del auto del juez Calama, lleno de inferencias, dimes, diretes, errores y suposiciones ha conseguido su objetivo principal, el linchamiento y el escarnio / escarmiento de Zapatero y su familia / entorno... todos ellos saben que han sido cancelados para una larga temporada de la vida política, y posiblemente de la actividad laboral... a causa de la investigación de una Fiscalía Anticorrupción sesgada políticamente y de una UDEF que ha sido dirigida por un inspector jefe acusado de narcotráfico... Cuesta estos días distinguir las portadas de El País y la SER, o algunos informativos de RTVE, de las que despachan The Objective, El Mundo, El Debate o El Confidencial... la entrada del grupo editorial más respetado del país en la cacería de uno de los activos electorales del centro izquierda es una pésima noticia para la pluralidad, la democracia y el ecosistema mediático y social, porque es un ataque al derecho de la ciudadanía a recibir información veraz y contrastada... vivimos bajo un golpe de Estado judicial cuyo principal objetivo es desalojar a Pedro Sánchez de la presidencia del Gobierno. Las causas políticas abiertas de forma sucesiva contra Begoña Gómez, el fiscal general del Estado, el hermano de Sánchez y ahora el expresidente Zapatero confirman este hecho que cierra el círculo iniciado por la policía patriótica con Podemos, sus socios y el procesismo catalán... el fin evidente de esta operación es acabar como sea con el presidente del Gobierno; es decir, montar un caso Lula a la española

"La imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por organización criminal, blanqueo de capitales, tráfico de influencias y falsedad documental –sin descartar, de momento, posibles acusaciones de compraventa de joyas y de comercio ilegal de oro (amarillo, según la jerga de la UDEF) y otros minerales raros– ha convertido a la democracia española en un estercolero.  

La filtración del auto del juez Calama, lleno de inferencias, dimes, diretes, errores, suposiciones e indicios directamente transcritos de los dos informes de la UDEF, también convenientemente filtrados urbi et orbi, ha conseguido su objetivo principal. El linchamiento público y el escarnio / escarmiento de Zapatero y su familia / entorno. A estas alturas –y pase lo que pase con un proceso judicial que será todo lo largo que se necesite– todos ellos saben que han sido cancelados para una larga temporada de la vida política, y posiblemente de la actividad laboral. 

El juicio mediático paralelo que suelen celebrar las televisiones privadas y los medios y submedios de las cloacas contra los adversarios políticos –encausados o no– se ha expandido esta vez con mayor potencia que nunca, con una unanimidad casi total. Cuesta estos días distinguir las portadas de El País y la SER, o algunos informativos de RTVE, de las que despachan The Objective, El Mundo, El Debate o El Confidencial. Unos y otros se suman con la misma alegría y sin rubor alguno a la orgía, y desmenuzan cada detalle de las supuestas revelaciones escandalosas que depara la investigación de una Fiscalía Anticorrupción sesgada políticamente y de una UDEF que ha sido dirigida por un inspector jefe acusado de narcotráfico y blanqueo que escondía 20 millones de euros emparedados en su casa.  

El culmen de esa bacanal de inmundicia, sensacionalismo e irresponsabilidad ha sido la publicación masiva de las fotos de las joyas halladas por las Fuerzas de Seguridad en la caja fuerte que Zapatero tenía en su despacho. ¿Habría pasado lo mismo si los investigados hubieran sido Rajoy, Aznar o Felipe González? ¿Es medianamente decente e informativamente relevante esa exhibición de lo que los medios llaman “un botín”? ¿Tal vez intentan conseguir que el público piense que Zapatero es un gángster que se dedica a atracar joyerías?  

Confiar en la policía y la justicia españolas es una tarea cada vez más ardua. Como dice José Antonio Martín-Pallín, presidente de honor de esta revista, vivimos bajo un golpe de Estado judicial cuyo principal objetivo es desalojar a Pedro Sánchez de la presidencia del Gobierno. Las causas políticas abiertas de forma sucesiva contra Begoña Gómez, el fiscal general del Estado, el hermano de Sánchez y ahora el expresidente Zapatero confirman este hecho que cierra el círculo iniciado por la policía patriótica con Podemos, sus socios y el procesismo catalán.  

La reciente condena del TS al fiscal general, sin una sola prueba de cargo en su contra, indica que la judicatura ha traspasado ya todas las líneas rojas. El linchamiento policial y mediático de Zapatero –también, de momento, sin una sola prueba sólida en su contra– señala que el Grupo Prisa y algunos informativos de RTVE se han igualado con los medios más corruptos del país al renunciar a poner sus principios deontológicos y profesionales por encima del sectarismo, el amarillismo y la histeria.  

Acabe como acabe el proceso a Zapatero, la entrada del grupo editorial más respetado del país en la cacería de uno de los activos electorales del centro izquierda es una pésima noticia para la pluralidad, la democracia y el ecosistema mediático y social. Primero, porque es un ataque al derecho de la ciudadanía a recibir información veraz y contrastada. Pero también porque violenta las bases de un Estado de derecho edificado sobre el respeto a la presunción de inocencia. 

El auto de Calama muestra que Zapatero es un expresidente haciendo, según afirman otros investigados, las cosas que suelen hacer los expresidentes, pero molestando a la derecha trumpista y a Estados Unidos. Si lo que hizo es ilegal o delictivo, tendrá que dar explicaciones a la ciudadanía y luego competerá a los jueces probar su culpabilidad. En este caso, deberían ser investigados de oficio los demás expresidentes, y con el mismo celo. Pero las causas abiertas contra el entorno de Sánchez hacen pensar que eso no sucederá. Porque el fin evidente de esta operación es acabar como sea con el presidente del Gobierno; es decir, montar un caso Lula a la española."

(Editorial de CTXT, 26/05/26)