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12.7.24

La visión del xiísmo sobre el futuro inmediato de China se construye en torno al objetivo de culminar el proceso histórico de la modernización del país abordando los retos planteados por la cuarta revolución industrial... En lo económico, apunta a una gran transformación estructural y productiva valiéndose de la innovación científica y tecnológica, para alentar el desarrollo de lo que llaman las nuevas fuerzas productivas de calidad abarcando tanto las industrias emergentes como las tradicionales. La innovación afectaría a las tecnologías, pero también a las instituciones y los modelos de gestión... las reformas institucionales que se anuncian tienen por objetivo completar la construcción de una economía de mercado socialista de alto nivel para 2035... las dinámicas de mercado ganarán proyección en la gestión de la economía. Pese a ello, no va a suponer en modo alguno la liquidación de los planes quinquenales. Muy al contrario, los dos que se adivinan en el horizonte (hasta 2030 y hasta 2035) hilarán muy fino en su diagramación, con hojas de ruta detalladas y ejecutables... en lo político, el mismo PCCh que promete abrir la mano en lo económico, sugiere un fortalecimiento mayor del papel de su militancia en la conducción general del país... China está en vías de resolver con éxito importantes retos. La transformación tecnológica está siendo espectacular (invierte ya el 2,64 % del PIB en I+D, superando el nivel medio de la Unión Europea). En la cuestión ambiental, está en condiciones de alcanzar sus objetivos en materia de energías renovables para 2030 este mismo año, con seis de antelación antes de lo previsto en virtud del rápido crecimiento de la capacidad solar y eólica del país. Lo social requiere de un empeño idéntico... Importa asegurar que el profundo cambio que se avizora en el sistema económico no recaiga sobre los hombros de los mismos de siempre (Xulio Ríos)

 "La visión del xiísmo sobre el futuro inmediato de China se construye en torno al objetivo de corregir los desequilibrios del desarrollo de los últimos lustros y culminar el proceso histórico de la modernización del país abordando con arrojo los retos planteados por la cuarta revolución industrial.

Ahora, transcurrida una década desde la elección de Xi Jinping al frente del Partido Comunista (PCCh), el tercer pleno de su dirección que tendrá lugar a partir del 15 de julio plantea un ejercicio de inflexión con el horizonte de 2035, en la que será la primera gran zancada del xiísmo (la segunda alcanza a 2049, primer centenario de la República Popular China).

Contrariamente a la idea que asocia el xiísmo con el fin solapado de la reforma y apertura iniciada por Deng Xiaoping a finales de los 70, todo invita a pensar que nos aguarda otra vuelta de tuerca de dicho proceso sobre dos ejes principales.

En primer lugar, en lo económico. La profundización del reformismo apunta a una gran transformación estructural y productiva valiéndose de la innovación científica y tecnológica.  Las experiencias acumuladas en los últimos años serán sintetizadas para alentar el desarrollo de lo que llaman las nuevas fuerzas productivas de calidad abarcando tanto las industrias emergentes como las tradicionales. La innovación afectaría a las tecnologías, pero también a las instituciones y los modelos de gestión.

Igualmente lejos de la imagen de recuperación de cierto maoísmo económico, las reformas institucionales que se anuncian tienen por objetivo completar la construcción de una economía de mercado socialista de alto nivel para 2035. Esto vendría a significar, por ejemplo, que la economía privada no verá mermada su importancia y, sobre todo, que las dinámicas de mercado ganarán proyección en la gestión de la economía. Pese a ello, no va a suponer en modo alguno la liquidación de los planes quinquenales. Muy al contrario, los dos que se adivinan en el horizonte (hasta 2030 y hasta 2035) hilarán muy fino en su diagramación, con hojas de ruta detalladas y ejecutables.

Esta revolución en curso, unida al incremento de las tensiones con Occidente, afrontará importantes retos sociales. Algunos sectores como el textil o la electrónica ya aprecian en carne propia los efectos de la reconversión, azuzados también por la deslocalización debido, entre otros, al aumento de los costes de producción. Las protestas se multiplican en las zonas costeras donde proliferan los casos de salarios impagados y los despidos por cierre o traslado de fábricas. Los incidentes se multiplicaron por diez el año pasado, según el China Labour Bulletin. La gestión de esa inquietud no es una cuestión menor.

En segundo lugar, en lo político, el mismo PCCh que promete abrir la mano en lo económico, sugiere un fortalecimiento mayor del papel de su militancia en la conducción general del país. Esto supone, de entrada, ninguna bajada de guardia en la lucha contra la corrupción, pero, igualmente, el incremento del blindaje ideológico. A la espera de conocer el alcance de las propuestas concretas en materia de gobernanza, la autoridad política del PCCh está fuera de cuestión y cualquier medida de impulso institucional servirá para elevar su liderazgo gestor. Esto afectaría también a Xi Jinping. En su tercer mandato actualmente, no se descarte su continuidad en la siguiente década.

Un retraso inusual 

Si ese es el contexto general, en otro orden cabe significar que este tercer pleno es el más importante de los celebrados cada año, en parte porque llega con un retraso que el PCCh justifica en función de los estudios, informes y visitas llevados a cabo para ultimar un documento guía riguroso para la década que viene, un tiempo crítico para el xiísmo. Estamos ante la primera vez desde 1984 que no se realizó en el año siguiente al congreso del PCCh, celebrado cada cinco años (el último en 2022).

El mensaje anticorrupción, precedido por las expulsiones de los ex ministros de defensa Wei Fenghe y Li Shangfu, que se suman a la larga lista de 250 altos funcionarios que el PCCh ha condenado por este motivo desde 2013, sigue muy vigente. A la espera de lo que ocurra con el ex ministro de exteriores Qin Gang, las invocaciones de ejemplaridad y ética tratarán de compensar los dañinos efectos de fenómenos como la cooptación de clanes, la competencia intrapartidista o la más prosaica obligación de resultados que actúan como poderosos activadores de la corrupción. 

¿Más mercado o más justicia social?

China está en vías de resolver con éxito importantes retos. La transformación tecnológica está siendo espectacular (invierte ya el 2,64 % del PIB en I+D, superando el nivel medio de la Unión Europea). En la cuestión ambiental, está en condiciones de alcanzar sus objetivos en materia de energías renovables para 2030 este mismo año, con seis de antelación antes de lo previsto en virtud del rápido crecimiento de la capacidad solar y eólica del país. Lo social requiere de un empeño idéntico.  

Aunque siga bajo el gobierno estricto del PCCh, las medidas que estos días se aprueben con seguridad supondrán más holgura para el mercado en la gestión de la economía china. Esto no solo despejará dudas respecto a las hipótesis de involución neomaoísta sino también de estancamiento o pérdida de impulso. Importa asegurar que el profundo cambio que se avizora en el sistema económico no recaiga sobre los hombros de los mismos de siempre."             (Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China, Other news, 11/07/24)

2.1.23

CHINA 2023: ¿del Covid a la Lucha de Clases? Hemos entrado en una nueva etapa de la globalización y en ella el despertar del pueblo chino puede tener gran incidencia

 "CHINA está hoy en portada de la atención mundial. Por su historia reciente, cuando ha pasado de ser el taller del mundo a empezar a ser también un importante mercado del mundo. Y, desde la pandemia del Covid-19, por su particular experiencia de cómo hacerle frente con indudables éxitos estadísticos en una primera etapa, aunque provocando el cuestionamiento de cómo avanzar en la necesaria gobernanza mundial y local al presentarnos una experiencia de duro autoritarismo.

Pero su ordenada, aunque autoritaria, conducción de la pandemia en este mes de diciembre de 2022 han derivado hacia el caos. Después de su XX Congreso del PCCh (otro XX Congreso para la Historia, con un ordinal igual a aquel del PCUS), que consolidaba el carácter del Partido (el Partido Comunista de China) y confirmaba a su actual líder Xi Jinping como indiscutible dirigente sin fecha de caducidad, se han producido acontecimientos que pueden marcar el inicio de una nueva etapa en este país, y, por su significación, en el mundo.

 En muy pocos días hemos visto pasar bruscamente de unas rigurosas normas de confinamiento máximo, con la referencia al covid cero, a nuevas normas de permisividad que están ya provocando el caos hospitalario y millones de contagios y de fallecimientos. No voy a detenerme ahora en las consideraciones sanitarias del problema. Los medios están abordando ampliamente este aspecto del viraje chino. Pero sí merece detenerse en las causas que lo han provocado, porque no han sido razones de los expertos sanitarios, sino la decisión política de las instituciones de gobierno de este país como respuesta a una enorme e inesperada, y aparentemente novedosa, reacción de la sociedad china. (...)

La nueva China, en su modelo de Socialismo con particularidades chinas, con un importante sector público y grandes empresas privadas, a la vez que con un creciente mercado interior, está desarrollando una nueva estructura social con una creciente diferenciación de clases sociales con lógicos intereses no coincidentes. Y sin mecanismos establecidos para resolver las inevitables contradicciones, la inevitable “lucha de clases”, con los necesarios instrumentos de búsqueda de la “síntesis” tras las correspondientes “tesis” y “antítesis”. La clase trabajadora, tanto en empresas públicas como privadas, no dispone hoy de formas de defensa de sus intereses colectivos, habiendo incluso desaparecido la huelga de la Constitución y de las normas laborales. El “sindicato” oficial no es capaz de abordar, ni lo pretende, los conflictos reales que explosionan de vez en cuando, con huelgas importantes desde hace años, como he comentado en diversos trabajos[3] al respecto, expresión de mi aproximación a este mundo en la decena de veces que viajé a ese país en los que pude visitar una cincuentena de fábricas y entrevistarme con representantes de instituciones locales y nacionales.

 Para entender ese país hay que abordar la inexistencia de una organización institucionalizada de representación de la clase trabajadora, hay que examinar el carácter y la función del Partido Comunista, partido único que asume la responsabilidad de la plena dirección del país, sin perjuicio de la existencia de organismos casi decorativos que resultan de tímidas formas de representación, como la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino[1].

Las manifestaciones en las calles de China de estas últimas semanas y la rápida y radical modificación de la política oficial china para hacer frente a la pandemia han puesto de manifiesto dos importantes cuestiones, fáciles de interiorizar por parte de la sociedad china. Una, que Dios (el Partido) puede equivocarse (tanto en las primeras medidas frente al Covid como en las nuevas improvisadas y sin soporte sanitario y organizativo adecuados). Y otra, que la movilización ciudadana puede obligar a los que mandan a modificar sus decisiones. En definitiva, que este Dios no es todopoderoso, invencible.

Este aprendizaje de la sociedad china puede acabar siendo clave ante el problema de fondo que supone la crisis económica que se apunta. Después de varios decenios de muy alto crecimiento del PIB, así como de los salarios (que en las zonas industriales superaron a los de algunos países de la Unión Europea) durante años muy por encima de la inflación con evidente mejora de las condiciones de vida de millones de trabajadores, el esquema puede ser inviable en la actual coyuntura, como ya me manifestaron algunos empresarios en mis últimos viajes al país. Y ante todo ello, insisto, no hay instituciones e instrumentos en la sociedad china para la negociación y el acuerdo social, como parte necesaria de la apuntada lucha de clases, para resolver las inevitables contradicciones sociales.

 En un plazo breve las viejas y nuevas contradicciones de la sociedad china pueden llevar a estallidos sociales mucho más graves que los vividos en las últimas semanas. La solución de las crisis del modelo chino es evidentemente de primera importancia para el pueblo chino, pero de interés para todos. Atentos pues desde este nuestro Extremo Occidente mundial. También nos interesa que la sociedad china encuentre un camino de avance no traumático. El mundo está cambiando. Hemos entrado en una nueva etapa de la globalización y en ella el despertar del pueblo chino puede tener gran incidencia."           (Isidor Boix, blog, 30/12/22)

3.3.21

Los obreros de una siderurgia china matan al director general después de que anunciara 25.000 despidos... interesante...

 "Una turbamulta de trabajadores amenazados con perder el empleo mató a golpes a un empresario en la nororiental provincia de Jilin. El desasosiego por el paro rampante ya se ha canalizado violentamente en China antes mediante manifestaciones y secuestros temporales, pero es la primera vez que acaba en la muerte de un directivo. Miles de empleados se enfrentaron después a la policía, con el resultado de un centenar de heridos.

El desencadenante del tumulto fue el anuncio de despidos masivos en Tonghua Acero y Hierro, una compañía estatal que se halla en medio de un proceso de fusión con otra privada, Jianlong Acero. No ha sido un buen año para la industria metalúrgica en China, principal productor y consumidor mundial. Pekín intenta adelgazarla para incrementar la competitividad, a menudo con despidos y recortes de sueldos que no son bien recibidos por los trabajadores. La medida choca a menudo con los gobiernos de las provincias, reticentes a perder esas fuentes de ingresos.

 Las últimas subidas del precio del acero eran la primera buena noticia que recibían en años los trabajadores de Tonghua, en su mayoría accionistas. Así que cuando les dijeron que 25.000 de los 30.000 serían despedidos en tres días, el optimismo mudó en violenta frustración. Chen Guojun, director general de la compañía, fue golpeado hasta morir tras anunciar la noticia en una de las naves de producción. 

Chen era escasamente querido por los trabajadores desde que se supo que su sueldo ascendió el año pasado a tres millones de yuanes (unos 300.000 euros), cuando los jubilados se iban con indemnizaciones de 200 yuanes (20 euros) por mes. Después de masacrar a Chen, miles de trabajadores cortaron las carreteras de acceso a la fábrica y la vía del tren, detuvieron la producción, impidieron la entrada de ambulancias y se enfrentaron con la policía.

 La rendición llegó a primera hora de la mañana. El Gobierno de Jilin anunció que posponía indefinidamente la fusión. Entonces, la prensa local informó de que se ha recuperado la paz social. Esta era la segunda vez que Jianlong Acero intentaba comprar a Tonghua. (...)

La causa es mucho más vieja: la absorción de empresas públicas por privadas. Estas suelen preceder a bajadas de sueldos en nombre del libre mercado o despidos masivos, todo envuelto en operaciones poco transparentes.

La producción china ha pasado del monopolio estatal a la preminencia privada, y con ello se han perdido los derechos laborales maoístas. Hasta no hace tanto, la unidad de trabajo destinaba a los chinos a una empresa, que le suministraba la vivienda. Era el tazón de acero de arroz, un mínimo para la supervivencia asegurado a todos. 

El proceso de privatización ha dejado a millones de trabajadores en el paro, muchos de ellos con edad avanzada y escasas posibilidades de encontrar otro empleo, y con subvenciones misérrimas. Ese era el panorama que se les presentó a los miles de trabajadores de Tonghua antes de moler a palos al directivo Chen. (...)"                  (Adrián Foncillas, El Periódico, 28/02/21)

19.10.15

China: desaceleración económica y luchas obreras

"La desaceleración económica de China, y en particular la caída de sus exportaciones, constituye el marco de la reciente ola de conflictos laborales en el sector industrial.  (...)

Y no se ve ninguna solución fácil. En efecto, el gobierno esperaba potenciar la producción industrial y hasta cierto punto cerró los ojos ante el declive de la producción de baja tecnología para la exportación.

Esta situación favorece una tendencia a largo plazo a la deslocalización del capital industrial tanto en el interior de las mismas regiones industriales como de la costa meridional al interior del país, o incluso al sudeste asiático. Debido al aumento de los salarios y de la conflictividad laboral, en particular a lo largo de la última década, algunas fábricas simplemente han cerrado. 

La consecuencia inmediata ha sido la proliferación de huelgas y manifestaciones combativas en los últimos dos años en los casos en que las empresas han tratado de evitar el pago de indemnizaciones por el cierre o el traslado.

 Los trabajadores reclaman la indemnización por despido y una compensación por el impago durante años, a veces incluso decenios, de los seguros sociales y de las contribuciones al fondo para la vivienda, tal como obliga la ley a las empresas.  (...)

centenares de trabajadores migrantes de la empresa de calzado Lide se declararon en huelga a finales de 2014 después de que llegaran rumores de un traslado de la fábrica. Muchos de ellos no estaban dispuestos a trasladarse y, a cambio, esperaban el pago de una indemnización por despido y otras compensaciones.

 La legislación laboral china contempla una serie de compensaciones de este tipo, pero como no se aplica, quien decide qué reciben y qué no reciben los trabajadores es la patronal. En el caso de Lide, la negativa inicial de la dirección a negociar honestamente dio lugar a una serie de huelgas y negociaciones que duraron muchos meses.

La huelga de Lide es un caso singular. Mientras que la mayoría de huelgas terminan en cuestión de días y pocas veces duran más de un par de semanas, los trabajadores de Lide no consiguieron que la patronal aceptara la mayor parte de sus reivindicaciones hasta mediados de 2015. 

Durante el mismo periodo, otra huelga, en muchos aspectos similar a la de Lide, saltó a los medios de comunicación a raíz de una campaña de solidaridad que reveló que la empresa era contratista de la compañía de confección japonesa Uniqlo, una marca popular que cuenta con más de 400 tiendas en China.

 La Shenzhen Artigas Clothing and Leather Company, conocida localmente por el nombre de Qingsheng, se fundó en 1992 con capital de Hong Kong, poco después de que Deng Xiaoping acelerara la apertura de China a la inversión extranjera directa y, principalmente, estaba orientada a la exportación. En 2014 se propuso trasladarse a otro polígono industrial sin consultar ni negociar previamente con la plantilla, lo que desencadenó una huelga de nueve días de duración en diciembre, a la que puso fin por la fuerza de la represión policial.

El 9 de junio de este año, cuando la empresa trató de cerrar la fábrica y llevarse la maquinaria, más de 900 trabajadores iniciaron la protesta ocupando los talleres para impedir que la dirección echara el cerrojo. Reclamaron que se negociara la indemnización por despido y otras compensaciones. 

En particular, los impagos a la seguridad social se convirtieron en una cuestión significativa de dichas huelgas, ya que muchos obreros llevan trabajando durante más de una década en la misma fábrica. Algunos trabajadores iniciaron una huelga de hambre para presionar todavía más a la patronal. La plantilla tuvo que soportar duras medidas represivas, incluido el acoso y la detención por parte de la policía local.

Tan solo después de tres semanas de ocupación persistente de la fábrica, la dirección aceptó finalmente sentarse a negociar. No obstante, se negó a mantener una negociación colectiva y pretendió tratar únicamente con cada trabajador a título individual. Los trabajadores rechazaron este intento de la empresa de dividirles y mantuvieron la huelga. Cuando esta parecía hallarse en un punto muerto, unos 200 trabajadores viajaron a Guangzhou y se manifestaron repetidamente ante el gobierno provincial de Guangdong. 

Después de manifestarse durante varios días y dormir en un parque cercano, intervino la policía para disolver el grupo y detener brevemente a sus componentes. La empresa también incrementó la presión sobre los demás trabajadores, que seguían ocupando la fábrica, cortando el suministro de agua y luz. Finalmente, con ayuda de la policía local consiguió desalojar a los trabajadores de la fábrica.

En contraste con la huelga de Lide, que logró imponer la mayoría de las reivindicaciones de los trabajadores, la de Qingsheng finalizó sin conseguir forzar a la empresa a negociar. Estos dos casos, y otros similares de los últimos meses, son reflejo del efecto negativo de la caída de las exportaciones para los trabajadores industriales. Las empresas que operan con un escaso margen de beneficio han decidido trasladarse, reducir la producción, recortar la plantilla y proponer a los trabajadores una modificación del contrato. (...)

La característica clave de estas huelgas estriba en el desarrollo de una movilización constante y una organización disciplinada durante un prolongado espacio de tiempo. Los trabajadores tienen que crear una organización específica e informal con representantes elegidos partiendo de cero y sostenerla durante meses sin perder la confianza del conjunto de la plantilla. 

Dado que además la ley no les protege, cuanto más tiempo dura una huelga, tanto mayor será el riesgo para los dirigentes de la misma. Sin duda, la ayuda de las ONG laborales chinas aporta experiencia y asistencia jurídica a los organizadores, pero la fuerza motriz de estas huelgas son siempre los propios huelguistas y no cualquier influencia externa. Cuando la empresa y la policía local actúan conjuntamente para forzar a los trabajadores a volver al trabajo, la movilización y la solidaridad de la plantilla son cruciales para la resistencia.

Un factor clave para la movilización es una firme convicción de tener derecho a lo que se reivindica por haber trabajado tantos años en la misma empresa, lo cual proporciona a los trabajadores una sólida razón moral y legal para actuar con decisión. En estas huelgas suele ocurrir que los trabajadores ponen el acento en el hecho de que la empresa se ha apoderado del fruto de su trabajo, situando de este modo su acción dentro de un marco de derecho tanto moral como legal. 

Además, el hecho de que muchos trabajadores se enfrenten a la rescisión de su contrato o prefieran irse de la empresa puede haber contribuido a su disposición a asumir riesgos. Y dado que el empleo industrial sigue siendo boyante, nadie tendrá muchos problemas para encontrar trabajo en otra empresa.

Seguramente, las huelgas relacionadas con el traslado y cierre de fábricas proliferarán en el sector industrial a lo largo de los próximos meses. Este fenómeno plantea una cuestión más general sobre la evolución del movimiento obrero chino. 

Los estudios sobre las acciones colectivas de los trabajadores señalan que en la última década, más o menos, a medida que los obreros han adquirido conciencia de sus derechos y su fuerza colectiva, el movimiento de la clase obrera migrante ha pasado de ser un movimiento principalmente defensivo frente a los atrasos en el pago de los salarios para convertirse en un movimiento ofensivo que reivindica aumentos salariales y en algunos casos la democratización de los sindicatos de fábrica, que suelen estar controlados por la patronal. 

Aunque esta formulación es por fuerza una generalización –de hecho, la demanda de salarios impagados sigue siendo el principal motivo subyacente de la mayoría de conflictos laborales actuales–, resulta útil para discernir una importante tendencia del movimiento.  (...)

Hay motivos para el pesimismo, pero también para el optimismo. En realidad, el hecho de que los trabajadores formulen reivindicaciones relativas a los seguros sociales y las contribuciones al fondo para la vivienda que las empresas no han pagado y que legalmente se les debe es igual de importante que su lucha por un aumento salarial. Dado que la contribución a la seguridad social y al fondo para la vivienda a cargo de la empresa está consagrada desde hace tiempo en la legislación laboral, reclamarla constituye un paso adelante importante. 

Es cierto que los trabajadores migrantes han sido reacios a la seguridad social porque ellos también han de pagar una cotización que se descuenta de sus magros salarios y tampoco están seguros de que se beneficiarán de las prestaciones cuando sean viejos. Sin embargo, dado que muchos de ellos ya se acercan a la edad de jubilación, esta cuestión está cobrando cierta urgencia para ellos.

Además, los trabajadores han planteado entre sus reivindicaciones la de la baja de maternidad pagada y el plus de altas temperaturas, entre otras cuestiones. Aunque la patronal suele pasarlas por alto en las negociaciones, estas demandas reflejan la mayor conciencia de los trabajadores de sus derechos laborales. (...)

Es probable que la desaceleración del sector exportador continúe, y el gobierno considera que el abandono de la dependencia de las exportaciones es esencial para reequilibrar la economía china. La deslocalización y la reestructuración del capital en la industria transformadora seguramente pondrá en tela de juicio algunas de las conquistas obreras que tanto ha costado obtener. Comportará el desplazamiento de mano de obra y también puede desorganizar y fragmentar hasta cierto punto el naciente movimiento obrero.  (...)

Sin duda esta es una experiencia inevitable y necesaria para un movimiento obrero todavía joven. (...)"                   (Kevin Lin, Solidarity-us.org, en Jaque al neoliberalismo, 16/10/2015)

13.10.11

La que faltaba... la burbuja China. "El sector inmobiliario chino... se ha convertido en un espectáculo de terror… cuyos efectos se sentirán en el mundo entero”

"Si la locomotora de la economía mundial se desacelera, o se llegase a detener, las consecuencias serán mucho más graves de las que ha tenido la crisis griega, aun considerando el daño que esta le ha hecho al resto de Europa.


Aquí les doy algunos aburridos datos técnicos sobre lo que está pasando hoy en China: la actividad manufacturera ha caído por tercer mes consecutivo, la burbuja especulativa en la construcción (¿les suena?) está por estallar, los precios caen y a las grandes empresas de ese sector les cuesta conseguir financiación.

La deuda de los Gobiernos locales ha alcanzado un volumen equivalente al 27% del total de la economía y, por si eso fuera poco, los analistas creen que en el 80% de los casos estas deudas serán incobrables. Los precios de las acciones de empresas Chinas cotizadas en la Bolsa de Nueva York cayeron al conocerse que los reguladores están encontrando graves fallas en su contabilidad.

Quizás la siguiente cita del Financial Times resulte menos aburrida: “El sector inmobiliario chino, que hasta hace poco era muy atractivo para los inversores, se ha convertido en un espectáculo de terror… cuyos efectos se sentirán en el mundo entero”. (...)

Según Sun Liping, sociólogo de la Universidad de Tsinghua, en 2010 en China ocurrieron 180.000 protestas callejeras motivadas por un sinnúmero de causas.

Las calles en China se están calentando. Si esta tendencia llega a reducir el crecimiento del país, lo que suceda en las calles chinas nos afectará a todos. Mucho más que Grecia."            ( : No es Grecia, es China. El País, 02/10/2011, p. 8)
 

29.6.10

Una oleada de paros en demanda de mejores salarios y condiciones laborales agita el este de China Los trabajadores piden sindicatos independientes

"¿Es el fin de una época dorada? Una ola de huelgas para pedir subidas salariales y mejores condiciones de trabajo se ha extendido en los últimos días por empresas extranjeras en diferentes provincias de China, en un movimiento que ha llevado a analistas e inversores a interrogarse sobre la continuidad del país asiático como fábrica del mundo.

Las movilizaciones, que han afectado a compañías como la automovilística japonesa Honda, se han encadenado debido a lo que parece un efecto dominó tras las subidas de sueldos llevadas a cabo en otras empresas en las que se han registrado paros reivindicativos.

Las protestas se han multiplicado después de que la taiwanesa Foxcom incrementara un 67% el salario de sus varios cientos de miles de trabajadores en China y una de las filiales de Honda lo subiera un 24% para poner fin a una huelga. Foxcom, que fabrica los teléfonos iPhone y las tabletas iPad de Apple, reaccionó de esta forma al escándalo surgido tras el suicido de 11 de sus empleados -10 de ellos, en la ciudad sureña de Shenzhen-, según activistas laborales por las duras condiciones de vida en sus factorías.

La ola de movilizaciones supone un desafío para el Gobierno, ya que si por un lado se ha comprometido a reducir las fuertes diferencias sociales creadas por el proceso de desarrollo económico puesto en marcha hace 30 años, por otro teme que deriven en inestabilidad social, desemboquen en la petición de sindicatos que puedan desafiar al partido, eleven el precio de la mano de obra y disminuyan la rentabilidad de las empresas en China. Esto podría llevar a los inversores a mirar hacia otros países." (El País, ed. Galicia, internacional, 12/06/2010, p. 3)