Mostrando entradas con la etiqueta f. Guerras: Yugoslavia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta f. Guerras: Yugoslavia. Mostrar todas las entradas

28.3.24

El 25º aniversario de la agresión de la OTAN contra Yugoslavia permite poner las cosas en perspectiva histórica y merece ser recordado... 25 años después del bombardeo de la OTAN a Yugoslavia la hiperpotencia norteamericana se halla en declive... ¿Cómo se ha llegado a esta situación? La respuesta podría resumirse con el antiguo concepto griego de hibris, con el que se describe un comportamiento que mezcla la arrogancia y un exceso de confianza en sí mismo... La (falsa) conciencia de no poseer rivales inmediatos a sus intereses llevó a las elites estadounidenses a adoptar posiciones cada vez más agresivas en política exterior... esta incómoda realidad es insoslayable. Quedó plasmada en la fotografía granulosa del teniente general Christopher T. Donahue subiendo por la rampa de un C-17 en el aeropuerto de Kabul como el último soldado estadounidense que abandonaba Afganistán

 "Un cuarto de siglo después de la que fue llamada Operación Fuerza Aliada contra Yugoslavia, el orden internacional ha retrocedido a favor de una carrera armamentística encabezada por Estados Unidos pero seguida también porotras potencias mundiales. 

(...) la superficie es el derecho internacional, la sustancia, la violencia estatal. El año pasado fue, por muchos motivos, dramático en este sentido y este 2024 no parece que vaya a ser mucho mejor. En su último barómetro —publicado en mayo de 2023 y referente al 2022—, el Instituto para la Investigación Internacional de Conflictos de Heidelberg (HIIK) registró un total de 316 conflictos en el mundo, un 60% de los cuales tenían un carácter violento. Ante un panorama así, un artículo como éste puede parecer algo secundario. Con todo, el 25º aniversario de la agresión de la OTAN contra Yugoslavia permite poner las cosas en perspectiva histórica y merece ser recordado. (...)

Lo que acaso convenga más recordar hoy, a la luz de los acontecimientos en marcha en diversos puntos del planeta, es sobre todo cómo la Alianza Atlántica llevó a cabo el bombardeo sin una autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, por lo que, en arreglo a la Carta de las Naciones Unidas, puede considerarse como una agresión contra un estado soberano. Entonces se argumentó que ésta, a diferencia del resto, era una “intervención humanitaria” —por qué no hubo ni antes ni después “intervenciones humanitarias” occidentales en otros puntos del planeta en los que sus élites no tenían intereses políticos y empresariales inmediatos es algo que no nos explicaron—, y al servicio de esta se desplegó una campaña de presión a la opinión pública o, por usar una expresión más técnica, de “gestión de la percepción”, para conseguir su aquiescencia. (...)

Este derecho a la intervención unilateral, por lo demás, había sido rechazado décadas atrás por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en su sentencia sobre el canal de Corfú, un conflicto territorial que enfrentó al Reino Unido con la República Popular de Albania. Tras registrarse varios incidentes entre buques de la Royal Navy y la Marina albana, Reino Unido realizó una operación en aguas territoriales albanas para dragar minas sin autorización de Tirana. Por citar de nuevo aquel artículo:

En su sentencia, los magistrados de la CIJ rechazaron la línea de defensa británica al considerar “el supuesto derecho de intervención exclusivamente como manifestación de una política de fuerza como las que en el pasado han dado pie a los más graves abusos y, en consecuencia, no puede, cualesquiera sean los defectos actuales en la organización internacional, encontrar lugar en la legislación internacional”. Según la CIJ, “la intervención es acaso aún menos admisible en la forma particular que asumiría aquí, pues, por la naturaleza de los hechos, quedaría reservada a los estados más poderosos y conduciría fácilmente a la perversión de la justicia internacional misma. El representante de Reino Unido, en su documento de respuesta, ha clasificado la Operación Retail como un método de autoprotección o autodefensa. La Corte no puede aceptar tampoco esta defensa”. La sentencia de la CIJ de 1949 sirvió de base para el juicio que enfrentó a Nicaragua contra EEUU en 1986 tanto por el apoyo estadounidense a la Contra como por haber colocado minas en sus aguas territoriales y haber violado su espacio aéreo.

Casi 75 años después de aquella sentencia de la CIJ, hoy vivimos en esa “perversión de la justicia internacional misma”. La elite política y económica rusa, siempre atenta a las acciones de su rival histórico, ha aprendido las lecciones de las intervenciones militares estadounidenses en los Balcanes, en Afganistán, en Iraq y en otros tantos lugares para aplicarlas en Ucrania: sin una declaración de guerra formal —los documentos oficiales y los medios de comunicación rusos emplean la expresión “Operación Militar Especial” (SBO)— y con una de las partes arrogándose el derecho a desarmar a la otra. Efectivamente, otros estados pueden sentirse hoy tentados de resolver sus propios conflictos territoriales recurriendo al uso de la fuerza de manera unilateral, gracias a que los Estados Unidos abrieron la puerta a ello en 1999 liderando la agresión militar contra Yugoslavia.

 ¿Cómo se ha llegado a esta situación? La respuesta podría resumirse con el antiguo concepto griego de hibris, con el que se describe un comportamiento que mezcla la arrogancia y un exceso de confianza en sí mismo. La hibris lleva a quien lo afecta a desafiar las normas sociales y los dioses, conduciendo en última instancia a su propia desgracia. Como es notorio, la desintegración de la Unión Soviética en 1991, y del orden mundial en gran medida bipolar que existió entre 1948 y 1991, y del sistema de equilibrios que le era propio, convirtió a EEUU en potencia hegemónica, en solitario y aparentemente sin contrincantes en el horizonte. El a la sazón ministro de Exteriores francés Hubert Vedrine llegó a calificar entonces a los Estados Unidos de “hiperpotencia”.

 La (falsa) conciencia de no poseer rivales inmediatos a sus intereses llevó a las elites estadounidenses a adoptar posiciones cada vez más agresivas en política exterior. Significativamente, estos días se ha desenterrado una comparecencia del 20 de junio de 1997 del entonces senador de Delaware Joe Biden sobre la ampliación de la OTAN en la que éste bromeaba sobre la eventual aproximación entre Moscú y Beijing como consecuencia. “Y si eso no os funciona, intentadlo con Irán”, apostilló Biden, causando risas entre los periodistas. Pero en 25 años eso es exactamente lo que ha pasado: como recogía Wolfgang Münchau en EuroBriefing, el comercio entre Rusia e Irán, dos de los países más sancionados del mundo, florece. Las exportaciones iraníes a Rusia han sobrepasado los dos mil millones de dólares y el volumen del comercio bilateral ascendió en 2023 a los 4.900 millones de dólares, según cifras de la Cámara de Comercio de Teherán. Esta relación comercial, detallaba Münchau, viene facilitada por la interconexión entre los sistemas bancarios iraní (Sepam) y ruso (SPFS) creados para sortear las sanciones occidentales.

Aquella “hiperpotencia” ha perdido hoy claramente su vigor. Será materia de debate entre los historiadores del futuro cuándo comenzó con mayor o menor exactitud este declive, que puede extenderse durante décadas. El periodista Mark Ames, por ejemplo, situó este momento en 2005, cuando Rusia intervino en el conflicto entre Georgia y Abjasia y Osetia del Sur a favor de estas últimas. “Hemos entrado en un momento peligroso en la historia”, escribió Ames, “unos Estados Unidos en declive están reaccionando histéricamente, aullando y chillando y montando un escándalo, desesperados por demostrar que aún tienen dientes”. “Y los tiene”, se apresuraba a añadir, “pero no de la vieja manera dominante que EEUU quiere o cree tener.” “La historia”, sentenciaba Ames, “muestra que es en este momento, cuando [un país] se desliza hacia el declive y la humillación, cuando se toman las peores decisiones, tan estúpidamente destructivas que harán que la campaña de Iraq parezca un ejercicio de entrenamiento con autos de choque en comparación.”

 En cualquier caso, esta incómoda realidad es insoslayable. Quedó plasmada en la fotografía granulosa del teniente general Christopher T. Donahue subiendo por la rampa de un C-17 en el aeropuerto de Kabul como el último soldado estadounidense que abandonaba Afganistán el 30 de agosto de 2021. Detrás suyo quedaban dos décadas de ocupación que terminaron con el retorno del régimen de los talibanes, cuyo desalojo había sido el objetivo de la invasión veinte años atrás. De acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), EEUU invirtió unos 877 mil millones de dólares en el presupuesto de defensa de 2022, un 40% del gasto de defensa mundial, muy por delante de China (292 mil millones) o Rusia (86,4 mil millones). Este gasto pesa como una losa sobre el presupuesto estadounidense, exacerbando sus contradicciones internas.

 La doctrina militar de las “fuerzas avanzadas” (tripwire force), que sirvió durante la guerra fría como una forma de disuasión efectiva frente a la posibilidad de una ofensiva soviética (desplegando, por ejemplo, un contingente estadounidense en Berlín occidental lo suficientemente pequeño como para ser incapaz de hacer frente a una ofensiva, pero cuyo ataque hubiese arrastrado a la fuerza a Washington a la guerra con la URSS), parece haber perdido casi toda su efectividad. Como ha escrito un comentarista conservador ruso-estadounidense, este despliegue militar en Oriente Medio, destinado a contener la influencia iraní, “es demasiado pequeño como para detener de manera creíble un ataque, pero lo suficientemente grande como para invitar a uno”. La influencia iraní no solo no ha sido frenada, sino que se ha aprovechado de las circunstancias creadas por las intervenciones estadounidenses en Iraq y Siria, no a pesar, sino a causa del mismo tipo de despliegue.

“Todo ello está siendo demostrado en tiempo real”, escribe este comentarista, “con las muestras estadounidenses de fuerza fracasando completamente a la hora de frenar las actividades iraníes.” Las bases militares estadounidenses, sigue, “han soportado un incesante ataque con misiles por parte de los proxies iraníes (ataques que han acabado con la vida de soldados estadounidenses) y el movimiento Ansarollah (los hutíes) continúa obstruyendo el comercio marítimo en el Mar Rojo a pesar de la campaña aérea limitada”. En consecuencia, “en un entorno geoestratégico en el que la disuasión ya no es creíble, las fuerzas tripwire (como las bases estadounidenses en Al-Tanf y Tower 22) dejan de ser parte de la disuasión y se convierten en meros objetivos”. Además, señala que “la muerte de soldados estadounidenses ya no inspira la indignación pública y la fiebre guerrera de antaño: después de décadas de guerra en Oriente Medio, los estadounidenses están simplemente habituados a oír sobre bajas en lugares que nunca han oído y que tampoco les importan”. Por eso, concluye, “tanto como instrumento geoestratégico como de política interna, el tripwire está acabado”.

 Estados Unidos abrió en 1999 una puerta pensando que podía controlar su apertura y cierre a voluntad, solo para descubrir que otros han puesto un pie para hacer exactamente lo mismo. La arquitectura internacional de posguerra necesita una reparación y revisión seria.

Promover un multilateralismo efectivo

No se trata solo de la hipocresía sobre “el orden internacional basado en normas” de lo que en Rusia se conoce como el “Occidente colectivo”, una característica muy obvia que ha quedado completamente al desnudo con la operación militar israelí en Gaza. Como no podía ser de otro modo, la reputación de Naciones Unidas entonces sufrió y se vio gravemente afectada como resultado de la agresión militar occidental a Yugoslavia. Muchos comenzaron a verla como un organismo inútil, un ornamento moral del que se podía prescindir si las circunstancias así lo ameritaban. En los discursos de los sectores más reaccionarios del Partido Republicano —rápidamente copiados por el resto de la derecha mundial—, pero también entre algunos de los halcones del Partido Demócrata, la ONU fue presentada como una organización burocrática, demasiado lenta, ineficaz e incluso, en el caso de los primeros, comunistizante por sus metas universalistas (hoy, un Partido Republicano aún más radicalizado emplearía el término “globalistas”). Incluso algunos sectores de la izquierda parecen sumarse hoy a este discurso anti-ONU. Ahora bien, si se envía el mensaje de que las relaciones internacionales se rigen en última instancia (y en ocasiones ni siquiera eso) de acuerdo al criterio del “garrote más grande” (por emplear la expresión de Theodore Roosevelt), no puede sorprenderse uno de que el resto intenten hacerse quizá no con el garrote más grande, pero sí al menos con un garrote más grande del que tienen actualmente.

En Imperialismo humanitario, el intelectual belga Jean Bricmont destacaba la importancia de contar con el derecho internacional: “Bertrand Russell dijo que hablar de las responsabilidades de la Primera Guerra Mundial era como discutir las responsabilidades de un accidente de coche en un país sin normas de tráfico”, escribía. “La toma de conciencia de que la legislación internacional debe ser respetada y que los conflictos entre estados deberían poder ser controlados por una instancia internacional”, añadía, “es en sí misma un progreso enorme en la historia humana, comparable a la abolición del poder de la monarquía y de la aristocracia, la abolición de la esclavitud, el desarrollo de la libertad de expresión, el reconocimiento de los derechos sindicales y los de las mujeres, o el concepto de seguridad social”."                    (Ángel Ferrero, El Salto, 24/03/24)

27.3.24

25 aniversario del ataque de la OTAN a Yugoslavia... El bombardeo alteró los equilibrios y expuso al mundo a una inestabilidad que aún perdura. La independencia europea y el orden jurídico internacional se quebraron... El 24 de marzo de 1999, sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, fuerzas aéreas y navales de la OTAN lanzaron un ataque con bombas y misiles contra el territorio de la República Federal de Yugoslavia... Los ataques se prolongaron por espacio de 78 días, causaron más de 2.500 muertos, incluidos 87 niños, y produjeron un daño estimado en más de 100.000 millones de dólares. Se arrojaron 9.160 toneladas de explosivos contra las ciudades e infraestructuras del país, civiles en su mayor parte... atacaron depósitos de agua y combustible, puentes, fábricas de automóviles y electrodomésticos, trenes de pasajeros, plantas químicas y refinerías de petróleo, la embajada de la República Popular China en Belgrado, edificios de apartamentos, colegios, un rascacielos, aeródromos, hospitales y centros de maternidad, la sede del Ministerio de Defensa, el edificio de la Radio y Televisión de Yugoslavia e incluso columnas de refugiados albaneses... La guerra contra Yugoslavia fue la primera guerra dictada por criterios geopolíticos imperiales de la era moderna. A partir de ahí, comenzaron una serie de guerras dictadas por intereses geopolíticos cuya culminación es Ucrania (Yarisley Urrutia)

 "El bombardeo alteró los equilibrios y expuso al mundo a una inestabilidad que aún perdura. La independencia europea y el orden jurídico internacional se quebraron. Y aumentó la desconfianza de Rusia hacia las intenciones de ampliación de la OTAN.

El 24 de marzo de 1999, sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, fuerzas aéreas y navales de la OTAN lanzaron un ataque con bombas y misiles contra el territorio de la República Federal de Yugoslavia, entonces ya solo compuesta por Serbia y Montenegro. Los ataques se prolongaron por espacio de 78 días, causaron más de 2.500 muertos, incluidos 87 niños, y produjeron un daño estimado en más de 100.000 millones de dólares.

Se arrojaron 9.160 toneladas de explosivos contra las ciudades e infraestructuras del país, civiles en su mayor parte. Unas 15 toneladas de la munición empleada contenían uranio empobrecido, de efectos nocivos para el medio ambiente y la salud humana. Desde entonces, Serbia experimentó un auge de casos de enfermedades oncológicas. Casi 60.000 nuevos pacientes cada año, cifra muy alta para un país de poco más de siete millones de habitantes, sin contar la provincia de Kosovo. Y es el país europeo que presenta mayor porcentaje de muertes provocadas por cáncer.

En los tres meses que duró la agresión, los aviones de la alianza atlántica y los misiles lanzados desde sus buques en el mar Adriático atacaron depósitos de agua y combustible, puentes, fábricas de automóviles y electrodomésticos, trenes de pasajeros, plantas químicas y refinerías de petróleo, la embajada de la República Popular China en Belgrado, edificios de apartamentos, colegios, un rascacielos, aeródromos, hospitales y centros de maternidad, la sede del Ministerio de Defensa, el edificio de la Radio y Televisión de Yugoslavia e incluso columnas de refugiados albaneses. Las bajas en personal y material del Ejército Federal Yugoslavo, oculto y disperso en los bosques, fueron muy reducidas.

La llamada matanza de Racak, donde a juicio (sin pruebas) del jefe de la misión de la OSCE en la región, el estadounidense William Walker, 45 campesinos albanokosovares habían sido asesinados por fuerzas policiales serbias, fue la excusa que activó la Conferencia de Rambouillet, celebrada durante enero y febrero de 1999 en el castillo homónimo al suroeste de París, donde so pretexto de evitar una supuesta limpieza étnica en ciernes en la provincia de Kosovo y Metohija, la OTAN planteó unas condiciones leoninas que el Gobierno yugoslavo no podía aceptar, como la pérdida de soberanía y la presencia en el territorio de 30.000 militares de la alianza atlántica.

Los exámenes de dos comisiones forenses, una bielorrusa y otra finlandesa, no pudieron concluir que los cuerpos hallados en Racak hubieran sido masacrados a quemarropa y que la totalidad de los cadáveres fueran de civiles albaneses. Se sospechó que muchos fueran en realidad de militantes de la banda terrorista albanokosovar UCK caídos en combate. El incidente de Racak dio pie a la OTAN para plantear que las autoridades yugoslavas habían diseñado un plan para acometer una limpieza étnica, cuya existencia también se cuestionó.

A pesar de todas las dudas razonables frente a las acusaciones y pese a la disposición del Gobierno yugoslavo en el último momento de negociar la entrada de tropas de la OTAN en su territorio, el secretario general de la alianza atlántica, el español Javier Solana, instruyó el 23 de marzo al general estadounidense Wesley Clark para que cursara la orden de atacar a Yugoslavia al día siguiente.

El papel de los medios

Se suele admitir que el ataque de la OTAN contra Yugoslavia puso fin al último capítulo de las guerras -impulsadas por Occidente- que asolaron los Balcanes desde principios de los años noventa. Las tensiones separatistas en Kosovo se intensificaron tras la decisión de la banda narcotraficante más radical del separatismo albanés de emprender la lucha armada: el autodenominado Ejército de Liberación de Kosovo (UCK).

Para cuando llegó ese momento, el presidente serbio, Slobodan Milosevic, ya estaba completamente demonizado por los medios de comunicación de Occidente. Así lo estima el periodista y autor Alfredo Serrano, quien escribe que durante la crisis de Kosovo, esos medios se posicionaron a favor del UCK "con el objetivo de embestir contra Milosevic, a pesar de que hasta entonces esa organización había sido catalogada como organización terrorista por el propio Departamento de Estado norteamericano".

Así que, a ojos de la opinión pública española y occidental, cuando las bombas empezaron a caer sobre Yugoslavia, caían sobre un personaje maléfico y sobre los malévolos serbios, que buscaban perpetrar una limpieza étnica en Kosovo, aunque al final fueron ellos los expulsados. Las crónicas de los medios de comunicación asumían sin cuestionamiento ninguno los partes de guerra que distribuía el inglés Jamie Shea, entonces portavoz y jefe de Prensa de la OTAN, que aseguraba que solo se atacaban objetivos militares y con armamento "inteligente".

"Los partes informativos replicaban la verdad de la OTAN: los muertos kosovares siempre eran una masacre étnica de civiles, mientras que los civiles serbios muertos nunca existían. Las viudas y huérfanos entrevistados siempre eran albaneses o bosnios", recuerda Serrano, que explica que en España la OTAN tuvo más fácil difundir su mensaje "porque su secretario general era español y, para más inri, socialista: Javier Solana".

"Si la supuesta izquierda española estaba a favor del ataque al gobierno socialista de Yugoslavia, imagina la derecha", dice Serrano, que afirma que el amplio consenso entre casi todo el espectro político europeo obró que el establishment no cuestionara la destrucción y la matanza, llegándose a calificarlas de "intervención humanitaria".

"Una diferencia con el panorama mediático actual es que entonces los únicos medios eran occidentales, no había acceso a medios internacionales rusos, latinoamericanos, iraníes, libaneses o chinos, como hay ahora. Es decir, éramos más fáciles de engañar", asegura.

Así pasó con el bombardeo el 22 de abril de las instalaciones de la Radio y Televisión de Yugoslavia (JRT), donde murieron 16 trabajadores. La OTAN, en palabras de Jamie Shea, justificó el ataque porque "su labor estaba más allá de la profesionalidad y la ética periodística". En realidad, desde la JRT se difundían todas las imágenes de los bombardeos, donde se podía ver que los objetivos no eran solo militares y que el armamento no era para nada inteligente.

Algunas asociaciones protestaron, como la Federación Internacional de Periodistas. "Pero fue un pequeño ruido de apenas dos días", lamenta Alfredo Serrano, que recuerda el "tremendo consenso" entre la derecha y la socialdemocracia en apoyo a los bombardeos. "Los Verdes alemanes, los primeros", subraya.

¿Un plan con Europa como primer objetivo?

Para perpetrar la agresión de la OTAN a Yugoslavia y la posterior sustracción de una parte de su territorio en aras de una supuesta protección humanitaria se obvió la falta de acuerdo en el Consejo de Seguridad de la ONU, conculcándose el Derecho Internacional. Las consecuencias derivadas se dejan sentir hoy en un mundo que es resultado del plan subyacente al ataque. En opinión del diplomático y ensayista nicaragüense Augusto Zamora, la agresión fue en realidad el "primer paso" de un plan que en EEUU gestó un grupo de presión que posteriormente llegó al poder con la presidencia de George W. Bush. "Preconizaban el New American Century, según el cual el siglo XXI, después de la destrucción de la URSS, debía ser un siglo estadounidense con EEUU como hiperpotencia", explica. Se quiso redibujar el mundo para acomodarlo a la visión unipolar de EEUU, "una visión mesiánica y que tiene no pocos elementos en común con el sueño de los 1.000 años del III Reich".

A juicio de Zamora, una vez desaparecida la URSS y con la influencia de Rusia en mínimos, EEUU consideró que la primera zona donde debía consolidar su dominación para obrar una reconfiguración mundial era Europa. Kosovo se presentó como un "pretexto ideal para disfrazar una guerra de agresión imperialista" y EEUU involucró a sus aliados en una aventura que en realidad menoscababa sus intereses, considera este diplomático.

En 1999 se creaba la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) y el euro se acababa de aprobar como moneda común. "Y tanto el euro como la PESC eran considerados por EEUU como una amenaza a su proyecto", explica Zamora, que añade que Washington encontró en Kosovo "la ocasión para lanzar una guerra y alinear obligadamente a la UE con sus tesis".

"Después de la agresión -subraya-, la PESC desapareció. El euro nació golpeado. EEUU puso en marcha su objetivo estratégico: la ampliación de la OTAN hasta las fronteras de Rusia. Aquello no fue una guerra improvisada, jamás estuvieron en juego los DDHH. Pero la guerra cumplió con los objetivos de los impulsores del New American Century y esto llevó finalmente a la guerra de la OTAN en Ucrania".

Una caja de Pandora

"Uno puede iniciar una guerra, pero no puede saber las consecuencias que traerá", recalca Zamora, que recuerda que las agresiones que siguieron en Afganistán, Irak, Libia y Siria, terminaron por escapar del control de EEUU.

"Porque en sus planes, EEUU no consideraba que pudiera haber otras potencias que se les opusieran. Daban por hecho que Rusia estaba muerta, China domada y Europa bajo la bota de la OTAN; el campo estaba abierto para EEUU. Pero esa secuencia se rompe cuando Rusia empieza a reaccionar; primero en Georgia para parar el proyecto de incorporarla a la OTAN y luego, aún más determinante, en Siria, donde su acción fue efectiva y rápida", explica.

"La guerra contra Yugoslavia fue la primera guerra dictada por criterios geopolíticos imperiales de la era moderna. A partir de ahí, comenzaron una serie de guerras dictadas por intereses geopolíticos cuya culminación es Ucrania". Es decir, el plan aplicado por EEUU desde 1999 en Yugoslavia enfrentó sus primeras dificultades en 2008 y experimentó un freno en 2015, en palabras de Augusto Zamora.

Durante el proceso, entre Moscú y Pekín se ha venido tejiendo una sólida alianza a todos los niveles. Téngase en cuenta que durante el bombardeo de Belgrado incluso se atacó la Embajada de China, un hecho sin precedentes. "No fue una equivocación", recuerda Zamora, que describe la acción como intimidatoria, una señal de que EEUU "podía hacer lo que quisiera".

Pero es precisamente esta alianza estratégica entre Rusia y China lo que terminó por romper las aspiraciones del plan New American Century. "Tanto es así, que en 2018 Washington cambia de estrategia; el vector Asia-Pacífico lo denomina ya Indo-Pacífico y en 2021 se retira derrotado de Afganistán. Se olvida del plan de hiperpotencia y plantea una estrategia basada en la construcción de una red de alianzas vitales para hacer frente al resurgir de Rusia y a la emergencia contundente de China. Y en esas estamos", concluye."          (Yarisley Urrutia, Jaque al neoliberalismo, 25/03/24, fuente La Haine)

28.3.23

Estados Unidos sentó las bases de la guerra en Bosnia... Washington quería ver a Yugoslavia reducida a la ruina y planeaba someter duramente a los serbios, cuyo patriotismo era un obstáculo para los planes globalistas de la Casa Blanca, prolongando la guerra todo lo posible... según documentos desclasificados de los servicios de inteligencia canadienses

 "La verdad sobre la guerra de Bosnia: ¡sensacionales documentos desclasificados de los servicios de inteligencia canadienses!

Un mito occidental bien establecido sobre la guerra de Bosnia es que los separatistas serbios intentaron apoderarse de territorios croatas y bosnios para crear una "Gran Serbia" y supuestamente purgaron a los musulmanes nativos como parte de un plan genocida deliberado, negándose a participar en las negociaciones de paz. Sin embargo, contra esta visión ideologizada, a la que se ha prestado incluso la historiografía hegemónica de las universidades suizas y europeas, por no hablar de los medios de comunicación públicos y privados de esta parte del mundo, hablan ahora los primeros documentos desclasificados. Y la verdad parece ser muy distinta.

 
La escalada del conflicto y el apoyo a los islamistas

La Inteligencia de las Fuerzas Armadas canadienses demuestra de hecho que esa retórica era una cínica farsa. El portal Grayzone publicó material de la misión UNPROFOR en Bosnia, que demuestra que Estados Unidos sentó las bases de la guerra en Bosnia.

El acuerdo de paz celebrado por la Comunidad Europea a principios de 1992 preveía la formación de una confederación en Bosnia, dividida en tres regiones semiautónomas dentro de sus propias fronteras étnicas. Aunque esta opción no era la ideal, podría haber evitado un conflicto a gran escala. Sin embargo, el 28 de marzo de 1992, el embajador estadounidense en Yugoslavia, Warren Zimmerman, propuso al presidente Izetbegovic que Washington reconociera a Bosnia como Estado independiente. El embajador prometió apoyo incondicional en la guerra posterior si rechazaba la propuesta europea. Pocas horas después, el islamista Izetbegovic, azuzado por EEUU contra Europa y Serbia, se puso en pie de guerra y casi inmediatamente estallaron sangrientas hostilidades.

 El vínculo entre EEUU y la futura UE

A los imperialistas estadounidenses les preocupaba que el protagonismo de Bruselas en las negociaciones debilitara el prestigio internacional de Washington y contribuyera a que la futura UE se convirtiera en un bloque de poder independiente. Por el contrario, Washington quería ver a Yugoslavia reducida a la ruina y planeaba someter duramente a los serbios, cuyo patriotismo era un obstáculo para los planes globalistas de la Casa Blanca, prolongando la guerra todo lo posible. 

La amplia ayuda de Washington a los bosnios sirvió eficazmente a estos objetivos. En el segmento occidental existe la creencia de que la intransigencia serbia en las negociaciones ha bloqueado el camino hacia la paz en Bosnia. Sin embargo, los mensajes de UNPROFOR dejan claro que es exactamente lo contrario. Por supuesto, ¡ningún periodista libre de la Radio y Televisión Suiza dirá eso!

 La demonización de Serbia es funcional a la OTAN

Las fuerzas de paz canadienses llamaron la atención sobre el carácter intratable de los bosnios, no de los serbios. Como se afirma en un pasaje, el objetivo "insuperable" de "satisfacer las demandas musulmanas será el principal obstáculo en cualquier negociación de paz". Los materiales desclasificados también afirman que "la interferencia externa en el proceso de paz no ha ayudado a mejorar la situación" y que la paz no se alcanzará "si las partes externas siguen animando a los musulmanes a ser exigentes e inflexibles en las negociaciones". Por interferencia externa, UNPROFOR, por supuesto, se refería a Washington. 

El 7 de septiembre de 1993, la inteligencia militar canadiense declaró que "la incitación de Izetbegovic a exigir más concesiones y el claro deseo de Estados Unidos de levantar el embargo de armas a los musulmanes y bombardear a los serbios son graves obstáculos para el fin de las hostilidades en la antigua Yugoslavia". Al día siguiente, los cuarteles generales canadienses fueron informados de que 'los serbios han cumplido al máximo los términos del alto el fuego'. Alija Izetbegović basó su posición negociadora en la "imagen popular de los serbios de Bosnia como los malos".

 También tenía un beneficio colateral: acelerar los ataques aéreos de la OTAN contra la Serbia gobernada por la alianza patriótica firmada entre los comunistas de JUL y los socialistas de Slobodan Milosevic. Al mismo tiempo, insistió la inteligencia del ejército canadiense, los militantes musulmanes "no dieron ninguna oportunidad a las conversaciones de paz con sus temerarias acciones". En los últimos meses de 1993, llevaron a cabo innumerables ataques contra los serbios, violando el alto el fuego.

Todavía hoy, en nuestras latitudes, no faltan periodistas y profesores que repiten unilateralmente la narrativa funcional al atlantismo, con la única intención de denigrar la capacidad de resistencia del pueblo serbio frente a los dictados imperialistas. Y dudamos que los documentos relatados en este artículo se tengan en cuenta a la hora de actualizar los planes de estudio y los libros de texto. La historiografía alternativa que intenta cuestionar esta visión de las cosas, incluso cuando adopta el método marxista, es tachada sin miramientos de chovinismo y, por tanto, ni siquiera se considera digna de debate.

 No faltan casos en los que en la democrática y cada vez menos neutral Suiza se denuncia penalmente incluso a quienes se atreven a relativizar la responsabilidad de Serbia por menospreciar un crimen contra la humanidad. En definitiva, este ámbito de los estudios históricos también está atravesado por la contradicción primordial de nuestro tiempo: por un lado, el multipolarismo (del que Serbia es uno de los promotores en Europa), y por otro, el sistema liberal-atlántico unipolar con la tracción estadounidense Esta contradicción no es sólo geopolítica, como podría parecer, sino que pronto afectará también a la economía, la sociología y las ciencias históricas."           

(Sinistrainrete, 09/03/23; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

14.2.23

El verdadero sentido de la guerra de Kosovo fue que transformó a la OTAN de una alianza defensiva en una agresiva, dispuesta a hacer la guerra en cualquier lugar, sin mandato de la ONU, con el pretexto que quisiera. Esta lección estaba clara para los rusos. Después de la guerra de Kosovo, la OTAN ya no podía afirmar de forma creíble que era una alianza puramente "defensiva"... Tan pronto como el presidente serbio Milosevic, para salvar la infraestructura de su país de la destrucción de la OTAN, accedió a permitir que las tropas de la OTAN entraran en Kosovo, Estados Unidos se apoderó sin contemplaciones de una enorme franja de territorio para construir su primera gran base militar estadounidense en los Balcanes... Esta sería la oportunidad para que Estados Unidos se hiciera con la base naval rusa en Crimea. Como se sabía que la mayoría de la población de Crimea quería volver a Rusia (como lo hizo desde 1783 hasta 1954), Putin pudo adelantarse a esta amenaza celebrando un referéndum popular que confirmara su regreso

  "(...) Aunque el revanchismo antirruso alemán puede haber tardado un par de generaciones en imponerse, hubo una serie de revanchismos más pequeños y oscuros que florecieron al final de la guerra europea y que se incorporaron a las operaciones de la Guerra Fría de Estados Unidos. (...)

La defensa rusa de Donbass, sabia o imprudente, no indica en absoluto una intención rusa de invadir otros países. Esta falsa alarma es el pretexto para la remilitarización de Alemania en alianza con las potencias anglosajonas contra Rusia.

El preludio yugoslavo

Este proceso comenzó en la década de 1990, con la desintegración de Yugoslavia.

Yugoslavia no era miembro del bloque soviético. Precisamente por eso, el país obtuvo préstamos de Occidente que en los años 70 desembocaron en una crisis de la deuda en la que los dirigentes de cada una de las seis repúblicas federadas querían cargar la deuda sobre otras. Esto favoreció las tendencias separatistas en las repúblicas relativamente ricas de Eslovenia y Croacia, tendencias reforzadas por el chovinismo étnico y el estímulo de las potencias exteriores, especialmente Alemania.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la ocupación alemana había dividido el país. Serbia, aliada de Francia y Gran Bretaña en la Primera Guerra Mundial, fue sometida a una ocupación punitiva. La idílica Eslovenia fue absorbida por el Tercer Reich, mientras que Alemania apoyaba a una Croacia independiente, gobernada por el partido fascista Ustasha, que incluía la mayor parte de Bosnia, escenario de los combates internos más sangrientos. Cuando terminó la guerra, muchos Ustasha croatas emigraron a Alemania, Estados Unidos y Canadá, sin renunciar a la esperanza de revivir el nacionalismo secesionista croata.

En Washington, en la década de 1990, los miembros del Congreso obtuvieron sus impresiones sobre Yugoslavia de un único experto: la croata-estadounidense Mira Baratta, de 35 años, asistente del senador Bob Dole (candidato presidencial republicano en 1996). El abuelo de Baratta había sido un importante oficial de la Ustasha en Bosnia y su padre participaba activamente en la diáspora croata en California. Baratta se ganó, no sólo a Dole, sino a prácticamente todo el Congreso, la versión croata de los conflictos yugoslavos, culpando de todo a los serbios.

En Europa, alemanes y austriacos, sobre todo Otto von Habsburg, heredero del extinto Imperio Austrohúngaro y miembro del Parlamento Europeo por Baviera, consiguieron presentar a los serbios como los villanos, logrando así una eficaz venganza contra su histórico enemigo de la Primera Guerra Mundial, Serbia. En Occidente, se hizo habitual identificar a Serbia como "aliado histórico de Rusia", olvidando que en la historia reciente los aliados más cercanos de Serbia fueron Gran Bretaña y especialmente Francia.

En septiembre de 1991, un destacado político democristiano alemán y abogado constitucionalista explicó por qué Alemania debía promover la ruptura de Yugoslavia reconociendo a las repúblicas secesionistas yugoslavas eslovena y croata. (El ex ministro de Defensa de la CDU, Rupert Scholz, en el 6º Simposio de Fürstenfeldbrucker para el liderazgo de los militares y empresarios alemanes, celebrado el 23 y 24 de septiembre de 1991).

Al poner fin a la división de Alemania, dijo Rupert Scholz, "hemos superado y dominado, por así decirlo, las consecuencias más importantes de la Segunda Guerra Mundial... pero en otros ámbitos seguimos lidiando con las consecuencias de la Primera Guerra Mundial", que, señaló, "empezó en Serbia".

"Yugoslavia, como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, es una construcción muy artificial, nunca compatible con la idea de autodeterminación", dijo Rupert Scholz. Y concluyó: "En mi opinión, Eslovenia y Croacia deben ser reconocidas inmediatamente a nivel internacional. (...) Cuando se produzca este reconocimiento, el conflicto yugoslavo dejará de ser un problema interno yugoslavo, en el que no se puede permitir ninguna intervención internacional."

Y, efectivamente, al reconocimiento le siguió una intervención masiva de Occidente que continúa hasta hoy. Al tomar partido, Alemania, Estados Unidos y la OTAN acabaron produciendo un resultado desastroso, una media docena de statelets, con muchas cuestiones sin resolver y muy dependientes de las potencias occidentales. Bosnia-Herzegovina está bajo ocupación militar y bajo los dictados de un "Alto Representante" que resulta ser alemán. Ha perdido casi la mitad de su población debido a la emigración.

Sólo Serbia muestra signos de independencia, negándose a sumarse a las sanciones occidentales contra Rusia, a pesar de las fuertes presiones. Para los estrategas de Washington, la desintegración de Yugoslavia fue un ejercicio de utilización de las divisiones étnicas para romper entidades más grandes, la URSS y luego Rusia.

Bombardeo humanitario

Los políticos y los medios de comunicación occidentales convencieron a la opinión pública de que el bombardeo de la OTAN sobre Serbia en 1999 era una guerra "humanitaria", emprendida generosamente para "proteger a los kosovares" (después de que los múltiples asesinatos perpetrados por secesionistas armados provocaran que las autoridades serbias ejercieran la inevitable represión utilizada como pretexto para el bombardeo).

Pero el verdadero sentido de la guerra de Kosovo fue que transformó a la OTAN de una alianza defensiva en una agresiva, dispuesta a hacer la guerra en cualquier lugar, sin mandato de la ONU, con el pretexto que quisiera.

Esta lección estaba clara para los rusos. Después de la guerra de Kosovo, la OTAN ya no podía afirmar de forma creíble que era una alianza puramente "defensiva".

Tan pronto como el presidente serbio Milosevic, para salvar la infraestructura de su país de la destrucción de la OTAN, accedió a permitir que las tropas de la OTAN entraran en Kosovo, Estados Unidos se apoderó sin contemplaciones de una enorme franja de territorio para construir su primera gran base militar estadounidense en los Balcanes. Las tropas de la OTAN siguen allí.

Al igual que Estados Unidos se apresuró a construir esa base en Kosovo, estaba claro lo que se podía esperar de Estados Unidos después de que lograra en 2014 instalar un gobierno en Kiev ansioso por unirse a la OTAN. Esta sería la oportunidad para que Estados Unidos se hiciera con la base naval rusa en Crimea. Como se sabía que la mayoría de la población de Crimea quería volver a Rusia (como lo hizo desde 1783 hasta 1954), Putin pudo adelantarse a esta amenaza celebrando un referéndum popular que confirmara su regreso. "

 (Diana Johnstone , Consortium News, 12/09/22;  Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

28.2.22

Branko Milanović: El bombardeo ruso de Kiev me trajo recuerdos muy dolorosos de un bombardeo similar de Belgrado por las fuerzas de la OTAN en la primavera de 1999, duró 78 días... Todo ese periodo está borroso para mí. (No pude ver el bombardeo mucho más brutal de Bagdad en 2003, ni puedo ver ahora el bombardeo de Kiev)... Muchos de mis familiares y amigos estuvieron en Belgrado durante esos 78 días... como la rendición no llegaba, la OTAN decidió subir la apuesta. Comenzaron a atacar centrales térmicas, fábricas, refinerías (lo que provocó espantosos incendios), etc... la rendición seguía sin producirse... la OTAN ideó las llamadas bombas de carbono, que inutilizan el sistema de transmisión de electricidad (se acumulan en los cables)... cuando no hay electricidad, tampoco hay agua en los grandes bloques de apartamentos, y cuando no hay agua los retretes no funcionan correctamente. Los ascensores tampoco funcionan. Tenía un amigo que vivía en el piso 20 de un edificio... La guerra no es divertida. No es buena en Belgrado. No fue buena para las víctimas del asedio de Sarajevo bombardeado por las fuerzas serbias; no fue divertida en Kosovo. Y no es divertida en Kiev hoy. Me gustaría que algunos de los que deciden bombardear ciudades pasaran algún tiempo siendo bombardeados ellos mismos. Tal vez se lo pensarían dos veces antes de ordenar tales ataques

 "El bombardeo ruso de Kiev me trajo recuerdos muy dolorosos de un bombardeo similar de Belgrado (1,5 millones de personas) por las fuerzas de la OTAN en la primavera de 1999. 

Yo no estaba entonces en Belgrado y vi el bombardeo, mientras fui capaz de hacerlo mentalmente, en las noticias de la noche de Estados Unidos. Me di cuenta de que mientras lo veía casi no tenía sentimientos: ver las calles y las casas que conocía bien, incluido el edificio en el que vivía y en el que todavía tengo un apartamento, iluminadas de repente por las llamas de las explosiones cercanas me dejó casi insensible, como si mi mente hubiera emigrado a otro lugar. El bombardeo duró 78 días. Creo que dejé de ver las noticias después de un par de días. Todo ese periodo está borroso para mí. (No pude ver el bombardeo mucho más brutal de Bagdad en 2003, ni puedo ver ahora el bombardeo de Kiev).

Muchos de mis familiares y amigos estuvieron en Belgrado durante esos 78 días. Hay varias experiencias interesantes que son útiles para compartir sobre los bombardeos de alta precisión tal y como se practicaban a finales del siglo XX. Los bombardeos de la OTAN se realizaban siempre de noche. Los aviones volaban a gran altura y la defensa aérea serbia no podía alcanzarlos. Sólo un avión estadounidense fue derribado (el piloto fue catapultado) de los cientos de salidas que se realizaron. La mayoría de las salidas se realizaron desde una base aérea en Italia, llamada epónimamente Aviano, pero algunos aviones volaron diez o más horas desde las bases estadounidenses, sólo para bombardear durante una hora o más y luego volar de vuelta a los Estados Unidos.

Al principio, la OTAN pensó que Serbia se rendiría rápidamente (es decir, que el presidente Milosevic, el entonces autocrático aunque democráticamente elegido líder de Serbia, retiraría las tropas de Kosovo, donde estaban comprometidas, o a punto de empezar, a realizar operaciones militares y atrocidades). Así que, al principio, la OTAN apuntó sólo a objetos no civiles, muchos de ellos vacíos: diferentes ministerios que fueron evacuados previamente (especialmente el Ministerio de Defensa y el Ministerio del Interior), el cuartel general del Estado Mayor, la residencia personal de Milosevic, el edificio del partido socialista (antes comunista), etc. Todos ellos fueron destruidos en su totalidad o en gran parte. Fueron bombardeos rituales porque no quedó casi nadie en estos edificios y todos los documentos fueron sacados o quemados. La única excepción fue la residencia de Milosevic, donde la OTAN sí esperaba atraparlo y matarlo. (Más adelante se hablará de ello).

¿Cómo reaccionaron mi familia y mis amigos? No estaban demasiado asustados y también creían que el bombardeo duraría sólo unos días. Tres días, pensaban muchos. Algunos durmieron en los sótanos de grandes edificios, otros en sus dormitorios. Una amiga se negó a salir de su habitación porque creía que los estadounidenses no iban a por objetivos civiles y eran tan precisos que lo único que temía era que la defensa aérea serbia derribara un bombardero estadounidense y los restos cayeran sobre su edificio. Un poco como Obelix.

Como los bombardeos eran siempre nocturnos (fueron en los meses de marzo, abril, mayo y principios de junio) la vida durante el día era más o menos normal. No había escasez de productos de primera necesidad. Las sirenas sonaban al atardecer o más tarde y entonces la gente corría a los refugios, o simplemente volvía a casa. 

El arma elegida por Estados Unidos era el misil de crucero inteligente Tomahawk. Un amigo me contó que lo vio desde su ventana volar varios metros por encima del agua durante un kilómetro (Belgrado se encuentra en dos ríos), hacer un giro exactamente donde el río se curva y dar en su objetivo en la orilla. Como en un videojuego.

Pero como la rendición no llegaba, la OTAN decidió subir la apuesta. Comenzaron a atacar centrales térmicas, fábricas, refinerías (lo que provocó espantosos incendios), etc. Más tarde trabajé con un equipo que intentó evaluar los daños. Era difícil hacerlo: ¿se utiliza el valor contable de las fábricas destruidas o el valor neto actual de los ingresos futuros? Creo que llegamos a 25.000 millones de dólares. (Intentaré encontrar el folleto y conseguir la cifra correcta).

Sin embargo, la rendición seguía sin producirse. Así que la OTAN decidió entonces inventar lo que su inimitable portavoz, cínico y mentiroso, el hermano en la mentira de Maria Zaharova, Jamie Shea decidió llamar instalaciones de doble uso. Se trata de cosas que pueden utilizarse tanto para fines civiles como militares, como, por ejemplo, una panadería: vende pan tanto a los soldados como a los civiles. 

Las cosas empezaron a ponerse feas. Además, la OTAN ideó las llamadas bombas de carbono, que inutilizan el sistema de transmisión de electricidad (se acumulan en los cables) y dejan así la ciudad totalmente a oscuras hasta que se arreglan las cosas. Esto a veces duraba un día entero. Pero cuando no hay electricidad, tampoco hay agua en los grandes bloques de apartamentos, y cuando no hay agua los retretes no funcionan correctamente. Los ascensores tampoco funcionan. Tenía un amigo que vivía en el piso 20 de un edificio de apartamentos. Casi nunca salía, al piso: los vecinos organizaban equipos de varios jóvenes para comprar pan, leche, etc. y subirlo.

Belgrado tuvo la suerte de que los puentes de los que depende la ciudad se salvaron. Sin ellos, la ciudad casi habría muerto. Todas las noches, grupos locamente valientes de unas 100-200 personas se reunían en el puente, cantando canciones y esperando (pero esperando no) morir. Por suerte, nunca ocurrió. Al parecer, el presidente francés Jacques Chirac se negó a autorizar los puentes como objetivos. Sin embargo, en la segunda ciudad más grande de Serbia, Novi Sad, se destruyeron dos puentes.

La OTAN utilizó bombas de racimo y uranio empobrecido (ambas prohibidas por las convenciones internacionales de las que Estados Unidos es signatario). Varios niños murieron por las bombas de racimo. El uranio empobrecido tiene un efecto a largo plazo en el aumento de las tasas de cáncer (aunque este hallazgo es discutido por algunos). El efecto del uranio empobrecido fue mayor (porque la entrega fue mayor) en Kosovo.

 Pero, como la población de Kosovo vio el bombardeo como una liberación, no hubo muchos incentivos para investigar después si el bombardeo estaba relacionado con el aumento de las enfermedades. El número total de civiles fue de entre 1500 y 2000 muertos (menos de la mitad que en Belgrado).

Cuando hablo (raramente) de este episodio, la gente siempre me pregunta por el bombardeo estadounidense de la embajada china. Resulta que la embajada está a unos 300 metros de mi apartamento (como he dicho, yo no estaba allí entonces, pero mi amiga sí). Ella escuchó una potente explosión que rompió muchas ventanas de los edificios cercanos, pero no la suya. Mató a tres periodistas chinos e hirió a otros.

 ¿Fue un error o no? El objetivo ritual ostensible era, según Estados Unidos, la Oficina Federal de Exportación de Bienes Especiales (es decir, de exportación de armas). Pero ese edificio es mucho más grande, tiene una forma totalmente diferente, está a dos manzanas de distancia, e incluso el ángulo en el que se encuentra es diferente. Así que soy escéptico. Creo que el bombardeo estuvo motivado por las historias que circularon -incluso yo las escuché- de que Milosevic pasó la noche en la embajada china, suponiendo que los estadounidenses no bombardearían un recinto diplomático. Así que no creo que fuera un accidente,

Por supuesto, también fue la época en la que Novak Djokovic se entrenaba sólo de día y en una piscina. Esto se presenta a menudo en las noticias como una anécdota divertida, pero dista mucho de serlo. Como él mismo ha dicho, fue una experiencia traumática que le marcó de por vida.

La guerra no es divertida. No es buena en Belgrado. No fue buena para las víctimas del asedio de Sarajevo bombardeado por las fuerzas serbias; no fue divertida en Kosovo. Y no es divertida en Kiev hoy. Me gustaría que algunos de los que deciden bombardear ciudades pasaran algún tiempo siendo bombardeados ellos mismos. Tal vez se lo pensarían dos veces antes de ordenar tales ataques. Todos deberíamos esperar que ninguno de ellos vuelva a ocurrir."                 

(Branko Milanović, Brave New Europe, 25/02/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

29.3.19

El relato del conjunto de la guerra en los Balcanes se basó en una fenomenal sarta de mentiras, amnesias y omisiones. La opinión pública europea fue intoxicada con una eficacia que hasta entonces, en Occidente, solo se consideraba posible en Estados Unidos...

"(...) Rachak y el policía Hensch

Rachak y Rugovo son dos pueblos del noroeste de Kosovo, al sur de la capital del distrito de Pec. Con la frontera albanesa muy cerca, en 1998 la región era zona de acción de la guerrilla albanesa UCK, sostenida y financiada por la OTAN, la CIA y el servicio secreto británico.

Aquel año la UCK cometió tantos desmanes con civiles serbios, gitanos y albaneses “colaboracionistas” que su jefe local, Ramush Haradinaj, luego primer ministro de Kosovo, hasta llegó a ser juzgado en La Haya por crímenes de guerra por un tribunal que era comparsa de la OTAN. 

Haradinaj fue absuelto, entre otras cosas porque diez de los nueve testigos que debían declarar contra él fueron eliminados antes de que pudieran hacerlo, unos en “accidentes de tráfico”, otros en “peleas de bar”, otros en atentados. Así hasta nueve. En cualquier caso, a principios de 1999 el ejército yugoslavo respondió con gran fuerza a aquella ofensiva de la UCK teledirigida por la OTAN, con una contraofensiva.

Cerca de Rachak y de Rugovo, varias decenas de guerrilleros albaneses cayeron en emboscadas ante el ejército. Henning Hensch, un policía alemán retirado con carnet del SPD, estuvo allí. Era uno de los seleccionados por el Ministerio de Exteriores para engrosar los equipos de observadores de la OSCE en Kosovo.

 En esa calidad actuó como perito en Rachak y Rugovo. Vio a los guerrilleros muertos con sus armas, carnets y emblemas de la UCK cosidos en sus guerreras. En Rugovo, los yugoslavos juntaron los cadáveres en el pueblo y los observadores de la OSCE hicieron fotos.

“Esas fotos, convenientemente filtradas de todo rastro de armas y emblemas de la UCK, hicieron pasar lo que fue un enfrentamiento militar con grupos armados, por pruebas de una masacre de civiles”, me explicó Hensch en 2012. “Ambos bandos cometían exactamente los mismos crímenes, pero había que poner toda la responsabilidad sólo sobre uno de ellos”, decía el policía jubilado.

El 27 de abril, el entonces ministro socialdemócrata de Defensa alemán, Rudolf Scharping, presentó en rueda de prensa aquellas fotos en las que se veía los cadáveres de los guerrilleros amontonados en el papel de civiles inocentes masacrados. Al día siguiente, el diario Bild publicaba una de ellas en portada con el titular: “Por esto hacemos la guerra”.

“Este era un país opuesto a la guerra y consiguieron que, por primera vez en más de cincuenta años, se metiera en una”, explicaba por teléfono Hensch, con sumo pesar. “Antes de esa experiencia, nunca imaginé que en mi país pudiera pasar algo así, es decir que el gobierno y la prensa mintieran al unísono y engañaran a la población”.

Para violentar el consenso básico de la sociedad alemana contra el intervencionismo militar, la OTAN, el gobierno de socialdemócratas y verdes (1998-2005) y los medios de comunicación, se tuvieron que emplear a fondo.

El Media Operation Center de la OTAN dirigido por el infame Jamie Shea, subordinado al secretario general, Javier Solana (a su vez subordinado al Pentágono), fue una fábrica de mentiras, que los periodistas retransmitían. Shea, un hombre deshonesto, decía que el truco era, “mantener a los periodistas lo más ocupados posible, alimentándoles constantemente con briefings, de tal manera que no tengan tiempo para buscar información por sí mismos”. Años después, Shea explicó que, “si hubiéramos perdido a la opinión pública alemana, la habríamos perdido en toda Europa”.

Fabricar la versión del conflicto

El relato del conjunto de la guerra en los Balcanes se basó en una fenomenal sarta de mentiras, amnesias y omisiones. La opinión pública europea fue intoxicada con una eficacia que hasta entonces, en Occidente, solo se consideraba posible en Estados Unidos.

Como hoy se conoce perfectamente, antes de la intervención de la OTAN no había en el conflicto de Kosovo la “catástrofe humanitaria” que las potencias se inventaron para intervenir, sino una violencia que en 1998 partió de la UCK y a la que el ejército yugoslavo respondió con la misma violencia, explicaron miembros del equipo de la OSCE como el general alemán retirado Heinz Loquai y la diplomática estadounidense Norma Brown en un documental de la cadena de televisión alemana ARD emitido en 2012 (“Es began mit einer Lüge” - Comenzó con una mentira).

Los medios alemanes ignoraron tres datos fundamentales: 

1) la tradicional hostilidad de su país hacia Yugoslavia, que diarios como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, y Die Welt, así como el semanario Der Spiegel, consideraban una “creación artificial”. 

2) El hecho de que tanto croatas como bosnios musulmanes, liderados en los noventa por dirigentes de la misma calaña que Milosevic, habían sido aliados de la Alemania nazi en la II Guerra Mundial y partícipes, junto con los alemanes, del genocidio de un millón de serbios desencadenado entonces por los nazis. 

Y 3) la naturaleza ilegal de las acciones militares de la OTAN desde el punto de vista de la ley internacional. El ministro de Exteriores verde Josef Fischer comparó a “los serbios” con los nazis y al conflicto de Kosovo con Auschwitz, comparaciones que el general Loquai califica de monstruosas, “especialmente en boca de un alemán”.

Algunas de las mentiras concretas y puntuales fueron las siguientes.

El catálogo de Scharping

El ministro de Defensa Rudolf Scharping dijo antes de la intervención que los serbios habían matado a 100.000 albaneses en Kosovo. La realidad es que se contabilizaron entre 5.000 y 7.000, entre muertos y desaparecidos, todos los bandos juntos e incluidas las víctimas de bombas de la OTAN.

Scharping suscribió la leyenda americana del “plan herradura” de Milosevic: rodear a la población albanesa y deportarla antes del inicio de los bombardeos. Mencionó la “expulsión de millones” y “400.000 refugiados” albaneses antes del inicio de la operación de la OTAN.

 La realidad fue que para verano de 1999, a las pocas semanas de la ocupación de Kosovo por la OTAN, 230.000 serbios, montenegrinos, gitanos y albaneses “colaboracionistas” fueron expulsados de Kosovo mientras en la región había 46.000 soldados de la OTAN, es decir uno por cada cuatro expulsados. Una genuina “limpieza étnica” bajo la ocupación militar de la OTAN.

Pueblos que habían sido destruidos después de iniciada la guerra por la OTAN se presentaron como destruidos antes, como incentivo para iniciarla.

Se ocultó que la miseria de los refugiados albaneses y su estampida también era consecuencia de los ataques de la OTAN.

Scharping informó del inexistente “campo de concentración” de Milosevic en el estadio de Pristina con “varios miles de internados”. Diez años después, el ministro dijo que sólo eran “sospechas”.
Se informó falsamente de “cinco dirigentes albaneses” ejecutados y de “veinte profesores” albaneses fusilados antes sus alumnos.

Todo ello se hizo para justificar más de 6.000 ataques de la OTAN sin mandato de la ONU cuyo sentido era demostrar que la OTAN tenía razón de ser y aprovechar las violencias –agravadas por la intervención de las potencias– para disolver Yugoslavia, un Estado anómalo en el nuevo orden europeo posterior al fin de la guerra fría. Ningún político y medio de comunicación se ha disculpado y la misma constelación actúa, y está bien preparada y engrasada para actuar, en los conflictos del presente y el futuro.

Y sin embargo…

Según una encuesta realizada en febrero para la asociación atlantista Atlantikbrücke, los alemanes siguen rechazando fuertemente las intervenciones militares de su ejército en el extranjero, iniciadas hace 20 años en Yugoslavia: solo el 14% las apoyan, contra un 77% que las rechazan.

(P.S. No es esta la única derrota del complejo político-mediático local. Pese a que desde hace años se les bombardea con la demonización de la Rusia de Putin, a los alemanes Trump les parece mucho menos fiable (82%) que el presidente ruso (56%), e incluso consideran a China como socio menos dudoso (42%) que Estados Unidos (86%), señala la misma encuesta.

 Esta opinión contradice directamente las últimas resoluciones del Parlamento Europeo a favor de incrementar las sanciones contra Rusia, país al que ya no puede considerarse “socio estratégico”, señala la resolución votada este mes por 402 diputados, contra 163 (y 89 abstenciones). Al mismo tiempo, la Comisión ha declarado a China “rival sistémico” en una resolución que casi coincidió con la votación en el Parlamento Europeo.

 La UE califica así, simultáneamente, como casi enemigos a China y Rusia. El propósito es aislar a esas potencias, pero teniendo en cuenta el estado de las relaciones con Estados Unidos, así como el proceso de creciente fragmentación de la UE, es legítimo preguntarse quién es el aislado)."                        (Rafael Poch, CTXT, 20/03/19)

24.4.17

Yugoslavia tuvo una década de austeridad económica que provocó nacionalismos xenófobos que llevaron a la guerra... en la Unión Europea está pasando lo mismo. Milosevic, un ex-banquero, era igual que Trump. Nos acercamos a una nueva guerra que está justo a la vuelta de la esquina... toca madera


"En su momento, la Yugoslavia gobernada por el Mariscal Tito logró constituirse como uno de los más poderosos países que, desde el Movimiento de los No Alineados, supo marcar una distancia crítica tanto del eje dominado por Estados Unidos como por la Unión Soviética.

«El experimento socialista yugoslavo comenzó a derrumbarse en los 80, mucho antes de la guerra civil de la década posterior, producto de su integración en el mercado mundial». Incluso en vida de Josip Broz Tito, Yugoslavia apeló a un modelo económico lejano a la planificación centralizada. Sin embargo, lo ocurrido en la década del ochenta aceleró un proceso de desintegración.

«Yugoslavia contrajo seis préstamos del FMI, aplicó y se produjo un proceso que derivó en el cierre de fábricas y en el consiguiente desempleo de trabajadores, ¿Qué vino después? el resurgimiento del nacionalismo, el repliegue a los Estados Nación y una sangrienta desintegración.

Si observamos el fenómeno con atención, la UE vive un proceso de desintegración similar. Nos acercamos a una nueva guerra que está justo a la vuelta de la esquina». (...)

Para Horvat, el Brexit significó «el comienzo de la desintegración de la UE, una desintegración que seguramente va a traer efectos sobre el resto del mundo. Estamos viviendo tiempos interesantes, pero muy peligrosos». (...)

Horvat, a su vez, forma parte del proceso de creación de «una red de ». Un tejido entre gobiernos de cambio departamentales y/o municipales de distintos países europeos es considerado, por el filósofo, como un aspecto central para esta nueva construcción. (...) " (Entrevista a Srećko Horvat, Nueva Sociedad, agosto,1916)

"(...) Existe un miedo general a que la Unión Europea se desintegre y, en este contexto, a menudo se habla del riesgo de la balcanización de Europa. ¿Qué significa?

Es un término antiguo que se refiere a un proceso de fragmentación, secesión y nacionalismo, en un contexto de caos y xenofobia, y que finalmente lleva a la guerra. Pero no estoy de acuerdo, porque es un estereotipo sobre los Balcanes que se debe desmontar.

Problemas de corrupción, xenofobia y nacionalismo de supremacía no son exclusivos ni característicos de los Balcanes. Cuando podamos entender este mito sobre los Balcanes, la noción de la Balcanización de Europa también adquirirá un significado muy diferente.

¿Por qué es un mito?

La explicación, que aún hoy es dominante, sobre la guerra en la ex Yugoslavia es que su desintegración fue causada por un nacionalismo exclusivo. Yo digo que esto es falso, y que es exactamente lo contrario.

Es verdad que había ciertas tendencias de nacionalismo en la ex-Yugoslavia, pero estas no fue la causa de la desintegración. El colapso fue causado por los programas de choque que implementó el FMI durante los años 80, que llevaron una década de austeridad, privatización y tasas de paro muy elevadas, resultando en miedo y frustración de gran parte de la población.

Esto llevó a la terrible guerra civil de los años 90. Aquí veo un paralelismo claro con lo que está pasando actualmente en Europa y en Estados Unidos, y la experiencia de ex-Yugoslavia puede ser más relevante que nunca.

Como desembocó esta situación económica en una guerra civil?

Durante toda la década de los años 80, progresivamente, el movimiento de protesta fue aumentando hasta llegar a más de 1.700 huelgas generales, durante el año 1987, con la participación de más de 300.000 personas. Pero en todas las protestas no había elementos de antagonismo entre las diferentes regiones de la antigua Yugoslavia.

Se llevaban siempre banderas comunistas y fotos del fallecido presidente Tito, símbolos pues de solidaridad y de nostalgia de la unidad federal, opuestos a la pérdida de soberanía por las reformas impuestas por el FMI. Esta situación cambió a partir de 1987, cuando aparecieron nuevos líderes políticos que convirtieron las protestas en campañas para un movimiento anti-burocrático, canalizaron miedo y frustración en nacionalismo y acapararon las protestas en favor como "campañas del pueblo ".

Uno de estos líderes era un ex banquero y se llamaba Slodoban Milosevic. Ver el paralelismo con Donald Trump y Nigel Farage? (...)

La Unión Europea y Estados Unidos van en esta dirección?

Creo que podemos evolucionar hacia una guerra si no aprendemos de la experiencia de la ex-Yugoslavia. Los partidos de la extrema derecha en Europa, y Trump en Estados Unidos, intentan convertir un problema económico y social en un proyecto xenófobo-nacionalista, implementando una agenda neoliberal.

Pero a la vez, en el Reino Unido, los votantes del Brexit son víctimas de las políticas neoliberales de Margaret Thatcher, y lo mismo ocurre en Estados Unidos.

No piensa que los estados europeos tienen unas instituciones más consolidadas que Yugoslavia a finales de los años 80?

No estoy tan seguro. Los estados nacionales tienen un déficit democrático, tienen un problema de legitimidad, al igual que Yugoslavia tras una década de implementar programas de austeridad.

Y el proyecto europeo supranacional está bajo presión: Brexit, la crisis de Grecia, el tratado escandaloso con Turquía sobre los refugiados, la pérdida de soberanía de Alemania en el pulso con Turquía, las revelaciones de Wikileaks de diciembre pasado sobre cooperación de servicios secretos de Estados Unidos y Alemania .... son todo consecuencias de una política económica y una política exterior fallida de la Unión Europea. (...)"                             (Entrevista a Srecko Horvat,Bart Grugeon , Directa, 20/03/17)

8.3.07

Srebrenica, el horror que persigue a Holanda… y a Europa

“La pérdida de la inocencia de la sociedad holandesa suele fecharse el 6 de mayo de 2002, día del asesinato del líder ultraderechista Pim Fortuyn a manos de un ecologista radical. Sin embargo, la auténtica sacudida de la conciencia nacional se produjo semanas antes. Fue el 10 de abril, de la mano del informe sobre la matanza de Srebrenica.”

Por lo menos hubo pérdida de inocencia; en el resto de Europa, la más completa indiferencia.

“… Thijsen, de 43 años. Estuvo en Srebrenica del 5 de enero al 24 de julio de 1995. "Éramos una fuerza de paz sometida a una situación de guerra. Había mala comunicación con los mandos de la OTAN y con la ONU. Incluso las solicitudes de apoyo aéreo se perdían. Daba la sensación de que los de arriba tenían otros planes. Al final, éramos unos 60 hombres protegiendo a 35.000 civiles". (El País, Internacional, 04-03-07, pp. 5)

Así fué... increiblemente.