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20.9.24

La Reserva Federal norteamericana dijo que establecería un aumento del 16% de los requisitos de capital para los 37 bancos con más de 100.000 millones en activos... Trataba de evitar que se produzcan nuevos episodios de falta de liquidez o solvencia bancaria que generen problemas letales al conjunto de la economía... los grandes bancos se opusieron a esa medida y amenazaron con demandar a la Reserva Federal si se aplicaba. Ante la ofensiva de los bancos, esta última cedió y finalmente aprobó en agosto pasado una subida mínima y, según sus propio análisis previos, insuficiente... La gran banca privada ha vuelto a ganar... Y el argumento que da la banca para oponerse al incremento de las garantías de capital es que disminuirían sus beneficios... Sus directivos reconocen que, para obtener los beneficios extraordinarios que obtienen, o incrementan sin cesar la inseguridad que pone en peligro cierto al conjunto de la economía, o dejan de proporcionarle crédito. No se puede expresar de una forma más transparente y sincera que la gran banca privada de nuestro tiempo es una bomba de relojería... La única alternativa posible para garantizar que la economía internacional funcione con seguridad y que empresas y hogares dispongan del crédito que necesitan para generar riqueza productiva e ingresos es desmantelar a los grandes bancos. Las consecuencias de no hacerlo las hemos visto ya varias veces y volveremos a verlas de nuevo, más pronto que tarde y con peores daños... se han producido 151 crisis bancarias en todo el mundo de 1970 a 2018... (Juan Torres López)

 "En muchos de mis artículos y libros he mostrado que la independencia de los bancos centrales que estos reclaman como algo fundamental para las economías es un mito. O, mejor dicho, un fraude que nos cuesta mucho dinero a los contribuyentes.

Hoy voy a poner un nuevo y reciente ejemplo que lo demuestra.

El verano pasado, la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos, anunció que era necesario aprobar nuevas garantías de capital para los bancos. Para que se me entienda bien, esas garantías son como el «colchón» que puede protegerlos en casos de pérdidas, shocks o crisis inesperados. Sin suficiente protección, cualquier incidencia los puede llevar a la quiebra y volvería a ocurrir lo que pasó a partir de 2007 o, en menor escala, el año pasado, dentro y fuera de Estados Unidos.

Pues bien, la Reserva Federal dijo entonces que establecería un aumento total del 16% de los requisitos de capital para los 37 bancos con más de 100.000 millones en activos (y para los que, teniendo menos, realicen una actividad comercial significativa). Trataba así de evitar que se produzcan nuevos episodios de falta de liquidez o solvencia bancaria que generen problemas letales al conjunto de la economía. Algo que es seguro que terminará ocurriendo una vez más, dada la acumulación exagerada de activos financieramente explosivos en los balances de los grandes bancos. Sólo los cuatro mayores de Estados Unidos (Goldman Sachs, JPMorgan, Citibank y Bank of America) poseían a finales de 2023 un total de 168,26 billones de dólares en productos financieros derivados, los calificados por Warren Buffet como «armas de destrucción masiva para la economía».

En cuanto se anunció, los grandes bancos se opusieron a esa medida y llevaron a cabo una ingente campaña de publicidad en los programas de mayor audiencia de televisión, con anuncios en los demás medios y en redes sociales, y con una web llena de afirmaciones falsas, como se ha demostrado aquí. Finalmente, amenazaron con demandar a la Reserva Federal si se aplicaba.

Ante la ofensiva de los bancos, esta última cedió y finalmente aprobó en agosto pasado una subida mínima y, según sus propio análisis previos, insuficiente en los requisitos de capital. La gran banca privada ha vuelto a ganar, imponiendo su voluntad a la banca central «independiente».

Como he dicho, la Reserva Federal consideraba necesario establecer más garantías de capital para dar seguridad al sistema financiero y evitar crisis bancarias, de las que se han producido 151 en todo el mundo de 1970 a 2018. Y el argumento en contra que da la banca (tanto en Estados Unidos como en Europa) para oponerse al incremento de las garantías de capital es muy simple: con más garantías para asegurar al sistema, habría menos flujo de crédito a la economía y disminuirían sus beneficios.

Se trata, pues, de una auténtica y clara confesión, de una sorprendente autoinculpación de la banca privada.

Sus directivos reconocen que, para obtener los beneficios extraordinarios que obtienen, o incrementan sin cesar la inseguridad que pone en peligro cierto al conjunto de la economía, o dejan de proporcionarle crédito. No se puede expresar de una forma más transparente y sincera que la gran banca privada de nuestro tiempo es una bomba de relojería que, antes o después, como en realidad ya ha pasado varias veces, explotará llevándose consigo al conjunto de la economía. Son sus propios dirigentes y analistas quienes reconocen implícitamente que se trata de una institución mal diseñada, muy peligrosa e ineficiente. Ellos mismos están diciendo a gritos que lo coherente es acabar con ella.

Y llevan razón. La única alternativa posible para garantizar que la economía internacional funcione con seguridad y que empresas y hogares dispongan del crédito que necesitan para generar riqueza productiva e ingresos es desmantelar a los grandes bancos. Las consecuencias de no hacerlo las hemos visto ya varias veces y volveremos a verlas de nuevo, más pronto que tarde y con peores daños."                   (Juan Torres López, blog, 17/09/24)

1.5.24

La desaparecida Caja Postal de Ahorros, un buen antecedente para el banco público y ético que necesita España

 "La Caja Postal ha sido la única caja de ahorros de ámbito nacional que ha tenido España. Se creó en 1909, obtuvo su reglamento operativo en 1916 y  se trasformó en Caja Postal S.A en 1991, formando parte de la Corporación Bancaria Española, posteriormente Argentaria.  Desapareció definitivamente en 1.999 cuando Argentaria se integró en el grupo BBVA.

Pequeña historia.

La Ordenanza Postal aprobada el 19 de mayo de 1960 encomienda a la Caja Postal “fomentar, recoger y administrar el ahorro nacional de primer grado” para realizar “operaciones genuinamente bancarias y comerciales”. Más tarde, en 1968 obtuvo la condición de “entidad  estatal autónoma” y en 1972 se la definió como institución de derecho público, con plena capacidad jurídica para el cumplimiento de sus fines. Era una caja de ahorros con la garantía del Estado.

Históricamente se limitó a la captación de ahorros y a la inversión en deuda pública (imprescindible para el desarrollo del país), pero no ofreció servicios financieros a las empresas, por lo que su peso en el sistema financiero español pudo ser mayor. Y aunque en sus últimos años se introdujeron nuevos servicios al ciudadano (6 tipos de cartillas, cuentas corrientes, tarjeta de crédito VISA, planes de ahorro remunerados entre el 5% y el 10%, cajeros automáticos, financiación a la vivienda, …) y aumentaron sus actiivdades (seguros, operaciones con activos, adelantos informáticos…), el crédito a las empresas se quedó a las puertas.

Hoy en Europa hay instituciones postales de ahorro públicas en las que se puede obtener crédito y préstamos de forma directa o indirecta, como ocurre con la Banque Postale francesa, el Banco Posta italiano o el Post Finance suizo. El primero pasó de ser entidad de ahorro a banco en 2006; el Banco Posta funciona como banco, aunque no es realmente un banco (los préstamos personales, las hipotecas y las tarjetas prepagos han sido desarrollados en asociación con bancos y otros intermediarios financieros) y el Post Finance suizo, que teniendo licencia bancaria y ser una institución “demasiado grande para caer”, no concede ni hipotecas ni prestamos: el Estado garantiza que cubrirá el déficit de capital en el caso de quiebra.

La Caja Postal en cifras.

Las datos que se ofrecen provienen de “El sistema bancario español en cifras: años 1985, 1986 y 1987”. En1987 (justo antes del comienzo del proceso de su privatización)  su tamaño, medido por su activo, era mucho menor que el de las dos cajas de ahorros y de los 7 bancos privados de mayor tamaño en España. El activo de la Caja Postal era de 665.788 millones de pesetas frente a los 2.431.335 de la Caja de Pensiones de Cataluña y Baleares, los 1.504.710 de Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, los 2.891.146 del Central o los 2.517.429 del Banesto (los mayores bancos). Sin embargo la confianza que mostraban los ciudadanos por depositar sus ahorros en ella, medido por su cuota de mercado, un 18,9%, era mucho mayor que la que tenían en los bancos. La máxima cuota de mercado la tuvo Caja Madrid con un 31,3% y la máxima cuota de los bancos estaba en el 6,46% del Central. Asombroso fue el ROE de la caja Postal (rentabilidad de los fondos propios), un 39,61%: el mayor de todas las cajas, que a su vez tenían un ROE superior al de los 7 mayores bancos (que estaban entre el 20,88% del Vizcaya y el 12,9 % del Santander-¡ y el Hispano con un 0,09%! ). Su  ratio de margen financiero (diferencia entre los intereses cobrados y pagados  con respecto al activo), un 5,71%, estaba en la media de los grandes bancos y cajas y la tesorería, tanto en cajas y bancos era muy alta (40% del activo en el Central y Banesto, y 33% de la Caja Postal). Significativo es comprobar que el crédito comercial fue prácticamente inexistente y que la ratio de solvencia de las cajas (porcentaje de recursos propios respecto activos totales) y en concreto la de la Caja Postal con un 4.81%, era inferior al de los 7 mayores bancos (el máximo. un 8,39%, lo tenía el Popular). Y mientras las cajas repartían dotaciones a su obra social (hasta el 50% de sus beneficios, como la Caja Postal) los grandes bancos lo hacían a los accionista con un “pay out” similar.

Necesidad de un banco postal hoy.

Leandro Briones, en “La Caja Postal de Ahorros: pasado, presente y futuro” (1976), señalaba que el gran atractivo de la Caja Postal fue la extensión de sus oficinas por los pueblos del país y la garantía del Estado y pedía, como estrategia de buen futuro, “volver al origen, al entusiasmo del personal y a dar un servicio que sirva”. Ahora también, aprovechando el buen recuerdo que dejó la Caja Postal, y la confianza que mostraban los ciudadanos para depositar en ella sus ahorros, es el momento de pensar en una caja postal como antecedente de ese banco postal minorista que no tiene este país. Un banco postal público y ético que promueva el desarrollo rural y la atención cercana a las personas y a las pequeñas empresas desde la extensa red de las oficinas de Correos."

(Aurora Martínez, profesora de Economía jubilada y miembro de la Plataforma Banca Pública, Attac España, 27/04/24)

27.11.23

Cómo se llegó a la dolarización ecuatoriana

 "Para la economía internacional el segundo quinquenio de la década de 1990 estuvo signado por la denominada crisis asiática, inaugurada en 1997 con el derrumbe del bath tailandés, a la cual siguieron las tormentas financieras en Rusia y Brasil, así como una agudización de la situación en la vecina Colombia.

Fisiología del «crack» financiero

No obstante su condición de eslabón casi perdido en la cadena del capitalismo mundial, Ecuador resintió esas conmociones por la vía del deterioro de sus exportaciones primarias (petróleo, banano, camarón, flores) y de la contracción de los flujos de inversión productiva externa. La asfixia fiscal no se hizo esperar, agudizada por las protuberancias en el servicio de la deuda externa y por los coletazos de la corriente de El Niño que, entre 1997 y 1998, devastaron la agricultura y la infraestructura de la Costa.

Este orden de factores -desequilibrios externos y fiscales- galvanizaron una situación recesiva que no tardaría en proyectarse al sector financiero, que hasta entonces había sido el principal beneficiario de un modelo económico especulativo, exacerbado por las reformas liberales y aperturistas del gobierno de Sixto Durán y el “mago” Alberto Dahik. En esencia, tal modelo consistía en privilegiar al capital financiero sobre el capital productivo y en fomentar el ingreso de capitales externos cortoplacistas -“golondrinas”- garantizándoles elevadas tasas de interés.

Cuando Mahuad juró la presidencia con su memorable discurso cosmogónico (10 de agosto de 1998), el terreno de las finanzas se encontraba minado, tanto por las tendencias económicas descritas como por las recurrentes prácticas permisivas y corruptas de la mayoría de entidades bancarias. 

Apenas dos semanas después de la posesión del mandatario demócrata cristiano, el ministro de Finanzas, Fidel Jaramillo, anunciaba la liquidación del Banco de Préstamos. En noviembre del mismo año y a pesar de un jumbo e ilegal préstamo de salvataje por 760 millones de dólares otorgado por el Banco Central, se derrumbó La Filantrópica (Grupo Isaías), supuestamente la institución financiera más poderosa y sólida del país.

El liberalismo esquizofrénico de Mahuad -Estado de bienestar para los ricos, Estado mínimo para los pobres- terminó por desnudar el descalabro económico-financiero que había incubado en Ecuador el Consenso de Washington.

Presionado por la rancia oligarquía costeña liderada por el expresidente León Febres Cordero, el gobierno mahuadista hizo aprobar en el Congreso, a fines del 98, la creación de la Agencia de Garantía de Depósitos (AGD), un instrumento de protección estatal a la banca privada. Igualmente, respaldó un proyecto de ley, promovido por el entonces diputado socialcristiano Jaime Nebot Saadi, norma que sustituyó al Impuesto a la Renta por el Impuesto a la Circulación de Capitales (ICC). La entrada en vigor de esta última ley terminó por detonar la institucionalidad financiera nacional, puesto que para eludir el nuevo tributo los banqueros y financistas nativos y extranjeros intensificaron sus operativos de descapitalización del país.

 

Similar efecto tuvo la desaprensiva decisión de Carondelet de disponer, ateniéndose a una recomendación del FMI, la flotación del tipo de cambio. Algo similar a buscar apagar el fuego con gasolina.

A resultas de las susodichas medidas, entre enero y febrero de 1999 habrían fugado al exterior unos 2 mil millones de dólares, un equivalente a la mitad de las exportaciones anuales del país. De su lado, el servicio de la deuda extenuaba el presupuesto estatal (a comienzos de ese año, el 80 ciento de los ingresos ordinarios del Fisco se destinaba al pago de ese tributo imperial, del cual se nutrían también connotados “buitres” criollos).

Esta constelación de factores tornaba inminente la “explosión” de la fragilizada economía ecuatoriana, la misma que llegó en marzo de 1999.

La Semana Negra y el desplome del sucre

La primera y simbólica víctima del colapso económico/financiero de Ecuador fue la moneda nacional. Entre el 1 y el 5 de ese mes, el sucre se desplomó desde una relación de 7 mil por dólar hasta los surrealistas niveles de 17 y 18 mil.

A propósito de evitar nuevas “corridas” de depósitos y proteger a las entidades con problemas de liquidez -particularmente al Banco del Progreso (Grupo Aspiazu)-, Mahuad decretó un feriado bancario que se extendió entre el 8 y el 12 de marzo. La reapertura del sistema se concretó ligada a un congelamiento/incautación de una gran masa de depósitos e inversiones del público, aproximadamente unos 4 mil millones de dólares.

El “corralito” ecuatoriano perjudicó inmediatamente a un estimado de dos millones de agentes económicos, pese a lo cual la mayoría de entidades financieras terminó desbarrancándose. A la quiebra del Banco del Progreso, en abril de 1999, siguieron las caídas del Banco Popular, Pacífico, La Previsora, Azuay, etc. La debacle bancaria derivó en una estatización pro capitalista del 70 por ciento del sistema financiero y en la fuga a Miami de sus principales protagonistas y responsables.

 Ni qué decir que para comenzar a equilibrar nuestros desequilibrios económico/financieros, la mano invisible del mercado dispuso el éxodo de 1.5 a 2 millones de depauperados compatriotas, especialmente a USA, España e Italia.

Además de la macro “socialización de las pérdidas” y sus inherentes tragedias humanas, el derrumbe del sistema bancario debilitó aún más las finanzas públicas al punto que, en septiembre del 99, el régimen mahuadista –en el cual el banquero Guillermo Lasso, que fungía como superministro, se vio forzado a declarar una moratoria de la deuda Brady -aproximadamente unos 6 mil millones de dólares- y a abdicar de la soberanía monetaria mediante la dolarización inconstitucional decretada el tristemente memorable 9 de enero del 2000, medida que nos convirtió en una opaca estrella de Washington y Wall Street.

 Acción y reacción. La espectacular decisión del hasta ahora prófugo Mahuad derivó en vastas movilizaciones a lo largo y ancho del país con proclamas de orden ético y nacionalista. La mayor de ellas, concertada por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador y los mandos medios de las Fuerzas Armadas, y cumplida en Quito el 21 de enero del referido año 2000, desalojó de Carondelet al mandatario “dolarizador”.

 A este evento, la prensa internacional lo identificó como “el primer golpe de Estado del siglo XXI”, en tanto que los shamanes lo bautizaron con el estético nombre de la Revolución del Arco Iris."

"René Báez: Profesor (J) de la PUCE y de la Universidad Central. Rebelión, 16/11/23)

18.5.23

Yanis Varoufakis: ¿Quién les tiene miedo a las monedas digitales de los bancos centrales? Existe una alternativa para la absorción financiada por impuestos de bancos pequeños como First Republic por parte de megabancos como JPMorgan. Y esta alternativa no trasladaría al contribuyente el costo de respaldar los depósitos no asegurados: cuentas de depósito de la Fed o, de manera análoga, el lanzamiento gradual de un dólar digital emitido por la Fed... Analicemos cómo habría funcionado una moneda digital del banco central de Estados Unidos, o CBDC, en el caso de First Republic... En lugar de que la FDIC tenga que garantizar los depósitos del banco con dinero de los contribuyentes, la Fed crea cuentas (o billeteras) digitales para los depositantes de First Republic y les acredita su saldo... Mientras estén en su cuenta de la Fed, sus depósitos están garantizados de facto por la Fed sin ninguna necesidad de sobrecargar a los contribuyentes o cobrar cargos a otros bancos

 "Cuando quebró el First Republic Bank, la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC) organizó una venta de sus activos por la fuerza a JPMorgan Chase. Eso violó la regla cardinal de la FDIC de que a ningún banco que tiene más del 10% de los depósitos asegurados en Estados Unidos se le debería permitir crecer aún más mediante la absorción de otro banco norteamericano. Pero, como prevaleció el concepto de ahorrarles a los contribuyentes el costo de otra quiebra bancaria, las autoridades norteamericanas le permitieron al banco más grande de Estados Unidos, que ya es una institución demasiado grande para quebrar (TBTF), volverse aún más grande. En realidad, contribuyeron a que esto sucediera.

En una rara muestra de bipartidismo, demócratas y republicanos por igual aplaudieron las acciones de la FDIC, exultantes de que JPMorgan hubiera intervenido con un plan del “sector privado” para evitar sobrecargar a los contribuyentes. Desafortunadamente, la verdad fue menos heroica: Jamie Dimon, el jefe ubicuo de JPMorgan Chase, negoció una línea de crédito de 50.000 millones de dólares y un acuerdo de reparto de pérdidas con la FDIC que resultará en una pérdida de 13.000 millones de dólares para los contribuyentes norteamericanos. En resumen, la resolución de First Republic sobrecargó a los norteamericanos con una factura tributaria elevada y con los mayores riesgos sistémicos implícitos en un banco TBTF más grande.

First Republic era pequeño, pero su destino es un presagio de cosas más importantes. Debido al alza de los precios y (en menor medida) de los salarios, la deuda pública estadounidense como porcentaje del ingreso nacional se achicó. Pero ahora que la Reserva Federal impulsa las tasas de interés para frenar la inflación, el valor de los títulos del Tesoro que figura en los libros de los bancos cayó (¿por qué comprar un bono de segunda mano y de bajo rendimiento cuando se puede comprar uno nuevo con un rendimiento más alto?). Y como la mayoría de los activos seguros en manos de los bancos son títulos del Tesoro, se produjeron quiebras como las de Silicon Valley Bank, Signature Bank y First Republic.

Es poco probable que esta dinámica termine pronto. Habrá más quiebras bancarias, lo que hará que los bancos TBTF planteen amenazas sistémicas aún mayores para la sociedad. Además de engañar a la población diciéndole que se está poniendo a salvo sus impuestos, las autoridades están preparando el escenario para una futura crisis bancaria, que obligará a una población exasperada a pagar aún más.

Existe una alternativa para la absorción financiada por impuestos de bancos pequeños como First Republic por parte de megabancos como JPMorgan. Y esta alternativa no trasladaría al contribuyente el costo de respaldar los depósitos no asegurados: cuentas de depósito de la Fed o, de manera análoga, el lanzamiento gradual de un dólar digital emitido por la Fed.

Analicemos cómo habría funcionado una moneda digital del banco central de Estados Unidos, o CBDC, en el caso de First Republic. En lugar de que la FDIC tenga que garantizar los depósitos del banco con dinero de los contribuyentes, la Fed crea cuentas (o billeteras) digitales para los depositantes de First Republic y les acredita su saldo. Los depositantes pueden mantener el dinero en su nueva cuenta de la Fed, y hacer pagos desde allí con un nombre de usuario y un PIN proporcionado por la Fed, o transferir el saldo a cualquier otra cuenta bancaria.

Mientras estén en su cuenta de la Fed, sus depósitos están garantizados de facto por la Fed sin ninguna necesidad de sobrecargar a los contribuyentes o cobrar cargos a otros bancos. Si la Fed teme que, al impulsar la oferta monetaria, el aumento asociado de su balance resulte inflacionario, puede esterilizar el dinero nuevo vendiendo un valor equivalente de parte de la montaña de activos (como hipotecas y bonos) que ya tiene en su poder.

Al final de cuentas, los contribuyentes están totalmente protegidos mientras que, a los megabancos como JPMorgan, no se les permite volverse más grandes. De hecho, Wall Street finalmente enfrenta una competencia bienvenida de las cuentas de la Fed, lo que la obliga a mejorar su rendimiento.

Imagino a los enemigos indignados de los CBDC corriendo a sus teclados para denunciarme por colaborar con el esfuerzo infame de Gran Hermano por controlar cada transacción de los ciudadanos. Pero están errando el tiro. El dinero digital ya está entre nosotros y, cada vez más, elimina los pagos en efectivo. En un santiamén, el IRS, el FBI y hasta la policía local tienen un acceso instantáneo a nuestros pagos. Justin Trudeau, el primer ministro canadiense, no necesitó un CBDC para congelar las cuentas bancarias de los camioneros que protestaban contra las vacunas. Los bancos y las Grandes Tecnológicas suelen dejar de lado a las personas cuyas opiniones se consideran inapropiadas, o se niegan a hacer comercio con ellas.

En otras palabras, ya vivimos en una sociedad tecno-feudal donde necesitamos pedirle a nuestro banco, e indirectamente a nuestro gobierno, permiso para pagar. Las compañías de tarjetas de crédito, los bancos, los burócratas y otros intermediarios irresponsables y opacos pueden interceptar nuestros pagos digitales.

Quizá de manera contraintuitiva, los CBDC pueden mejorar la privacidad de los ciudadanos con relación al status quo y protegernos de un poder exorbitantemente centralizado. Se pueden introducir controles y contrapesos basados en dos sistemas de gestión de datos separados y aislados. El sistema que maneja las cuentas de la Fed puede ser totalmente anónimo (de la misma manera que las cuentas cripto son anónimas y están identificadas por una larga serie de números), mientras un sistema separado supervisado por autoridades relevantes puede chequear cualquier actividad ilícita como la evasión impositiva y el lavado de dinero. En consecuencia, un CBDC apropiado y controlado democráticamente puede aportar los beneficios combinados de fortalecer el cobro de impuestos, combatir la deflación y mejorar la protección contra Gran Hermano (y sus muchos hermanos más pequeños).

¿Por qué, entonces, tanto veneno contra los CBDC de parte de aquellos a quienes no les preocupa la vigilancia y el control que ya ejerce sobre nosotros el dinero digital controlado por Wall Street? ¿Quién realmente les tiene miedo a los CBDC?

Hace mucho tiempo, la codicia de las tabacaleras se canalizaba a través de la indignación libertaria ante la restricción de la libertad de los fumadores de elegir contraer cáncer. Esta vez, la indignación está favoreciendo los intereses de los banqueros que entran en pánico ante la perspectiva de que existan cuentas de la Fed. Dimon y otros maestros del universo TBTF tienen razón de tener miedo, porque un CBDC de la Fed amenazaría su construcción de imperios. Y los banqueros en todo el mundo tienen razón de tener miedo de que dejen de solicitarse muchos de sus servicios lucrativos. Si estos servicios -guardar depósitos, procesar pagos y demás- se “desintermediarizan”, de pronto perderían su capacidad de tener a las sociedades de rehén."           (

31.3.23

Lagarde ha anunciado que el BCE está dispuesto a entrar en la contradicción de hundir la economía de hogares y pymes con el alza de tipos, al tiempo que se rescata a los bancos a los que la subida les venga mal para su modelo de negocio... cuando, en el s. XXI se puede repartir el aumento de costes de manera … civilizada entre empresarios, trabajadores, contribuyentes y rentistas utilizando para ello el big data en manos de la Administración Pública (C. M. Urriza)

Carlos Martín Urriza @carlosurriza

Lagarde ha anunciado que el BCE está dispuesto a entrar en la contradicción de hundir la economía de hogares y pymes con el alza de tipos al tiempo que se rescata a los bancos a los que la subida les venga mal para su modelo de negocio.

"BCE: el arte de sorber y soplar"   (El Confidencial, 24/03/23)

El BCE sostendrá con liquidez preferente y generalizada modelos de negocio bancario insostenibles y a las empresas zombis que financian. El BCE ya facilita beneficios extraordinarios a los bancos, pagándoles a un tipo creciente la liquidez que aparcan en su facilidad de depósito.

Esto a su vez ha disminuido los beneficios de los bancos centrales del euro sistema. En el Banco de España ha provocado pérdidas por 2.000 millones; lo ha supuesto menos ingresos en los PGE y un recorte del espacio fiscal de España

Más allá de estas contradicciones, la cuestión de fondo es que el BCE combate la inflación con un martillo en la mano y todo le parece clavos. Pero en el s. XXI esto ya no va de destruir la demanda a martillazos, sino de apretar tuercas. De repartir el aumento de costes de manera

… civilizada entre empresarios, trabajadores, contribuyentes y rentistas utilizando para ello el big data en manos de la Administración Pública. Cómo hacer esto te lo contamos desde el Gabinete Económico de @CCOO aquí:

"Machete o bisturí. Las empresas no solo están trasladando toda la subida de costes energéticos y laborales a precios, además están aumentando sus márgenes a niveles nunca antes vistos y de manera casi general" (C. M. Urriza et al., eldiario.es, 04/12/22)

4:33 p. m. · 28 mar. 2023 1.926 Reproducciones

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30.3.23

Yanis Varoufakis : Esta vez, la crisis bancaria es diferente. De hecho, es peor que en 2007-08... esta vez los reguladores y los bancos centrales estaban al tanto de todo... Tenían un acceso absoluto a los modelos de negocios de los bancos. Podían ver claramente que esos modelos no sobrevivirían a la combinación de aumentos significativos de las tasas de interés a largo plazo y un retiro repentino de los depósitos. Aun así, no hicieron nada... porque fue la respuesta de los bancos centrales a la crisis financiera de 2008 la que había dado lugar a esos modelos de negocios -y los responsables de las políticas lo sabían... los banqueros occidentales supusieron que, si la inflación volvía a levantar cabeza, los bancos centrales subirían las tasas de interés y, al mismo tiempo, los rescatarían. Tenían razón: eso es precisamente lo que estamos presenciando hoy... siempre hemos sabido que los bancos no estaban diseñados para ser seguros... El problema es que, hasta ahora, no teníamos otra alternativa... Hoy, en cambio, la tecnología nos pone delante una alternativa espléndida... Imaginemos que el banco central le diera a todo el mundo una billetera digital gratuita, en la práctica, una cuenta bancaria gratuita con un interés equivalente a la tasa de interés a un día del banco central... Es hora de hacer estallar un sistema bancario irredimible que favorece a los dueños de propiedades y a los accionistas a expensas de la mayoría

 "Esta vez, la crisis bancaria es diferente. De hecho, es peor que en 2007-08. En aquel entonces, podíamos culpar del colapso secuencial de los bancos al fraude mayorista, al crédito predatorio generalizado, a la colusión entre las agencias de calificación y a los banqueros en las sombras que vendían derivados sospechosos -todo esto posible gracias al por entonces flamante desmantelamiento del régimen regulatorio por parte de políticos formados en Wall Street, como el secretario del Tesoro de Estados Unidos Robert Rubin-. Las quiebras bancarias de hoy no tienen nada que ver con todo eso

Es cierto que Silicon Valley Bank había sido bastante tonto al asumir un riesgo de tasas de interés extremo con una base de depositantes, en su mayoría, no asegurados. También es cierto que Credit Suisse tenía una historia sórdida con delincuentes, estafadores y políticos corruptos. Pero, a diferencia de 2008, no hubo un delator al que se acalló, los bancos cumplieron (más o menos) con las regulaciones que se reforzaron luego de 2008 y sus activos eran relativamente sólidos. Asimismo, ninguno de los reguladores en Estados Unidos y Europa podría decir, creíblemente, como lo hicieron en 2008, que los han tomado por sorpresa. De hecho, los reguladores y los bancos centrales estaban al tanto de todo. Tenían un acceso absoluto a los modelos de negocios de los bancos. Podían ver claramente que esos modelos no sobrevivirían a la combinación de aumentos significativos de las tasas de interés a largo plazo y un retiro repentino de los depósitos. 

Aun así, no hicieron nada. ¿Tal vez los funcionarios no previeron una fuga en masa, motivada por el pánico, de grandes depositantes y, por lo tanto, no asegurados? Quizá. Pero el verdadero motivo por el que los bancos centrales no hicieron nada frente a los modelos de negocios frágiles de los bancos es aún más perturbador: fue la respuesta de los bancos centrales a la crisis financiera de 2008 la que había dado lugar a esos modelos de negocios -y los responsables de las políticas lo sabían. 

 La política post-2008 de austeridad dura para la mayoría y de socialismo estatal para los banqueros, puesta en práctica simultáneamente en Europa y Estados Unidos, tuvo dos efectos que forjaron el capitalismo financiarizado en los últimos 14 años. 

Primero, te. Más precisamente, garantizó que al capaz de restablecer el equilibrio entre la demanda y la oferta monetaria y, al mismo tiempo, evitar una ola de quiebras bancarias. 

Segundo, como se sabía que ninguna tasa de interés por sí sola podía alcanzar una estabilidad de precios y una estabilidad financiera, los banqueros occidentales supusieron que, si la inflación volvía a levantar cabeza, los bancos centrales subirían las tasas de interés y, al mismo tiempo, los rescatarían. Tenían razón: eso es precisamente lo que estamos presenciando hoy

 Frente a la difícil elección entre frenar la inflación y salvar a los bancos, los analistas venerables apelan a los bancos centrales a as:  seguir subiendo las tasas de interés y continuar con la política de socialismo para los banqueros posterior a 2008 que, en igualdad de circunstancias, es la única manera de evitar que los bancos colapsen como piezas de dominó. 

Sólo esta estrategia -ajustar la soga monetaria al cuello de la sociedad y, al mismo tiempo, prodigar rescates al sistema bancario- puede satisfacer simultáneamente los intereses de los acreedores y de los banqueros. También es una manera segura de condenar a la mayoría de la gente a un sufrimiento innecesario (como consecuencia de precios evitablemente altos y un desempleo previsible), sembrando al mismo tiempo las semillas de la próxima conflagración bancaria.

No debemos olvidar que siempre hemos sabido que los bancos no estaban diseñados para ser seguros y que, en su conjunto, conforman un sistema constitucionalmente incapaz de cumplir con las reglas de un mercado que funciona bien. El problema es que, hasta ahora, no teníamos otra alternativa: los bancos eran la única manera de que el dinero llegara a la gente (a través de cajeros, sucursales, cajeros automáticos y demás). Esto hizo que la gente pasara a ser rehén de una red de bancos privados que monopolizaban los pagos, los ahorros y el crédito. Hoy, en cambio, la tecnología nos pone delante una alternativa espléndida.

Imaginemos que el banco central le diera a todo el mundo una billetera digital gratuita -en la práctica, una cuenta bancaria gratuita con un interés equivalente a la tasa de interés a un día del banco central-. Dado que el sistema bancario actual funciona como un cartel antisocial, el banco central también podría recurrir a la tecnología basada en la nube para ofrecer transacciones digitales y almacenamiento de ahorros gratis para todos, y usar sus ganancias netas para pagar los bienes públicos esenciales. 

Liberada de la compulsión de mantener su dinero en un banco privado, y pagar un ojo de la cara por operar a través de su sistema, la gente sería libre de elegir si quiere usar, y cuándo, instituciones financieras privadas que ofrecen una intermediación de riesgo entre ahorristas y prestatarios. Inclusive en esos casos, su dinero seguiría residiendo perfectamente seguro en el libro mayor del banco central. La hermandad de las criptomonedas me acusará de bregar por un banco central al estilo Gran Hermano que ve y controla todas las transacciones que hacemos.

 Dejando de lado su hipocresía -esta es la misma gente que exigía un rescate inmediato del banco central de sus banqueros de Silicon Valley-, cabe mencionar que el Tesoro y otras autoridades estatales ya tienen acceso a cada transacción que hacemos. La privacidad se podría salvaguardar mejor si las transacciones se concentraran en el libro mayor del banco central bajo la supervisión de una suerte de “Jurado de Supervisión Monetaria” conformado aleatoriamente por ciudadanos seleccionados y expertos provenientes de un amplio rango de profesiones. 

El sistema bancario que damos por sentado es irreparable. Esa es la mala noticia. Pero ya no necesitamos depender de ninguna red de bancos privada, con prácticas rentistas y socialmente desestabilizadora, al menos no como lo venimos haciendo hasta ahora. Es hora de hacer estallar un sistema bancario irredimible que favorece a los dueños de propiedades y a los accionistas a expensas de la mayoría. Los mineros de carbón han descubierto por las malas que la sociedad no les debe un subsidio permanente para dañar el planeta. Es hora de que los banqueros aprendan una lección similar. "            (

29.3.23

La banca se encuentra en una encrucijada crucial... Janet Yellen ha hablado de que el Gobierno estadounidense ofrezca una garantía federal del 100% a todos los depositantes de los bancos más pequeños; después lo negó... La motivación de Yellen es obvia. Quiere asegurarse de que el dinero permanece en los bancos más pequeños. Sin una garantía sabe que va a fluir, con bastante rapidez, de esos bancos a los grandes. Si quiere salvar al pequeño sector bancario, no tiene más remedio que ofrecer esta garantía... Es hora de que hablemos de lo que viene a continuación... si todos los depósitos bancarios están garantizados al 100%, todo el mercado de repos deja de tener sentido. Eso acabaría con todo un sector bancario. El repo sólo existe porque no hay garantía de depósitos para las grandes empresas... también desaparece la razón para comprar, en EE.UU., bonos del Tesoro... Al fin y al cabo, los bonos del Estado no son más que depósitos a plazo fijo 100% asegurados por el Estado... ofrezca depósitos garantizados al 100% y, ¿quién querría un un bono del Tesoro estadounidense? Así que se eliminarían los mercados de deuda pública... en ese caso, ¿cuál es el papel que le queda a la banca privada? Se habrá eliminado parte de su capacidad de especulación... Todo lo que le quedaría por hacer sería la banca de inversión... No es de extrañar que Janet Yellen haya dudado en ese caso... Una garantía de depósitos del 100% podría salvar a los bancos pequeños, pero al mismo tiempo cambiaría por completo todo el modelo de banca tal y como lo conocemos... la banca seguirá funcionando sobre la base de la pretensión de que no existe una garantía de depósito del 100%, cuando en realidad todos sabemos que sí la hay, porque nunca se va a abandonar a ningún depositante bancario: el coste político de hacerlo es demasiado alto. La banca se encuentra en una enorme encrucijada

 "Janet Yellen ha hablado de que el Gobierno estadounidense ofrezca una garantía federal del 100% a todos los depositantes de los bancos estadounidenses más pequeños, que son muchos. Y ahora ha negado que se esté considerando esta posibilidad, en un movimiento que ayer hizo caer las acciones de dichos bancos, por lo que sospecho firmemente que esta garantía se hará realidad.

No se puede reflexionar sobre esta cuestión cuando se está en la posición de Yellen como Secretaria del Tesoro de EE.UU. y luego decir que se ha cambiado de opinión y no esperar una corrida contra los bancos en cuestión. Pensar en voz alta y luego decir que no era tu intención no es una opción en su posición. Así que mi suposición es que va a suceder.

La motivación de Yellen es obvia. Quiere asegurarse de que el dinero permanece en los bancos más pequeños. Sin una garantía sabe que va a fluir, con bastante rapidez, de esos bancos a JP Morgan Chase, Bank of America y similares. Si quiere salvar al pequeño sector bancario, no tiene más remedio que ofrecer esta garantía.

Pero entonces pensemos en lo que ocurrirá después. Al hacerlo, prepárense para un buen paseo.

En primer lugar, Yellen no puede ofrecer esta garantía a los pequeños bancos sin hacerlo también a los grandes. Porque a menos que ofrezca esa garantía a los depositantes de los bancos más grandes, éstos van a trasladar sus fondos a los bancos pequeños. Si Credit Suisse puede quebrar a pesar de pasar todas las pruebas de solvencia bancaria, los depositantes no están ahora de humor para confiar en nadie. Así que, al reflexionar en voz alta, Yellen ha abierto la puerta a un sistema bancario estadounidense con el 100% de los depósitos garantizados. Es el fin de la banca estadounidense tal y como la conocíamos.

Pero, antes de considerar eso ahora piense en la situación de una gran empresa en el Reino Unido que no goza de tal garantía. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que cambie sus fondos de libras esterlinas a un banco estadounidense para obtener una garantía de depósito? Y luego pregúntele lo mismo a las empresas alemanas, francesas, españolas y de otros países. Harán lo mismo.

Por supuesto, se podría argumentar que pueden utilizar repos para simular una garantía gubernamental sobre los fondos depositados, pero si manteniendo los fondos en dólares se puede tener la garantía real, ¿por qué no aceptarla? Creo que puedo garantizar esos flujos al dólar. Cinco bancos centrales incluso han creado una línea de crédito para permitirlo en la actualidad. El resultado es evidente. Uno tras otro, los gobiernos de los países van a tener que sucumbir y ofrecer garantías del 100% de los depósitos bancarios. ¿Cuánto tardarán? Es difícil saberlo, pero quizá sólo semanas.

Entonces, piénselo bien. En primer lugar, si todos los depósitos bancarios están garantizados al 100%, todo el mercado de repos deja de tener sentido. Eso acabaría con todo un sector bancario, y sería inevitable. El repo sólo existe porque no hay garantía de depósitos para las grandes empresas.

La supresión del repo también elimina una forma en la que el gobierno puede influir en los tipos de interés a corto plazo: efectivamente, uno de sus llamados acuerdos de "operaciones de mercado abierto" que se utilizan para comunicar los tipos básicos bancarios al mercado se evapora, de la noche a la mañana.

Pero entonces también desaparece otra cosa, que es la razón para comprar gilts (o en EE.UU., bonos del Tesoro). Al fin y al cabo, los bonos del Estado no son más que depósitos a plazo fijo 100% seguros en el Estado. Se pueden describir de cualquier otra forma, pero la frase anterior dice todo lo que se necesita saber, salvo el hecho de que estas cuentas de depósito se organizan de forma que se puedan negociar entre quienes deseen poseerlas. Ahora ofrezca depósitos garantizados al 100% y ¿quién querría un gilt o un bono del Tesoro estadounidense? Entonces se podría obtener toda la seguridad que se desee depositando el dinero en su lugar, y muy probablemente con una cláusula de ruptura. Así que básicamente se eliminan los mercados de deuda pública y el supuesto mecanismo de financiación que proporcionan a los gobiernos.

 Pero ahí no acaban las consecuencias. Como reconocen ahora universalmente los bancos centrales, los depósitos bancarios sólo se crean prestando dinero. Y si esos depósitos sólo existen como pasivo bancario (que es lo que son en el balance de un banco) porque hay un activo bancario correspondiente, que es una suma adelantada como préstamo al cliente, ahora hay que hacerse una pregunta sencilla. Esa pregunta es si es creíble esperar que un gobierno garantice los depósitos y no tenga ningún interés en la calidad de los préstamos que crean esos depósitos. Parece muy poco probable que esto siga siendo así durante mucho tiempo: de lo contrario, el riesgo de riesgo moral sería fuera de escala. Así pues, la regulación de los préstamos debe derivarse de la garantía del 100% de los depósitos: no tiene sentido regular sólo una parte de la transacción.

Pero en ese caso, ¿cuál es el papel que le queda a la banca privada? Su capital ha dejado de tener consecuencias porque ha sido sustituido por una garantía gubernamental. Sus depositantes no necesitan tener fe en él. Sólo les preocupa la garantía del Estado. Sus préstamos estarán regulados. Se habrá eliminado parte de su capacidad de especulación. Su capacidad de decisión sobre los tipos de interés habrá sido reducida. Todo lo que le quedaría por hacer sería la banca de inversión, y sería fácil ver cómo podría promulgarse una nueva Ley Glass Steagall, separando la banca de inversión de la captación de depósitos, para garantizar que esta división, abandonada de forma perjudicial por el presidente Clinton, pudiera volver a crearse.

 No es de extrañar que Janet Yellen haya dudado en ese caso. Quizás tampoco sea de extrañar que se haya dado cuenta del peligro de su especulación, que pronunció en voz demasiado alta como para negarla jamás. Una garantía de depósitos del 100% podría salvar a los bancos pequeños, pero al mismo tiempo cambiaría por completo todo el modelo de banca tal y como lo conocemos. Al mismo tiempo, cambiaría la forma en que los gobiernos pretenden financiarse mediante el endeudamiento. Lo que sin duda se adelantaría es la era de los depósitos de los bancos centrales, probablemente a través de cuentas digitales de los bancos centrales.

Tal vez Yellen se haya dado cuenta de esto. Quizá se haya dado cuenta de que este cambio es inevitable. Creo que probablemente lo sea. O, a menos que se reconozca que es necesario, la banca seguirá funcionando sobre la base de la pretensión de que no existe una garantía de depósito del 100%, cuando en realidad todos sabemos que sí la hay, porque nunca se va a abandonar a ningún depositante bancario: el coste político de hacerlo es demasiado alto.

La banca se encuentra en una enorme encrucijada. Es hora de que hablemos de lo que viene después."         
     

(Richard Murphy , Profesor de Contabilidad en la Escuela de Gestión de la Universidad de Sheffield. Brave New europe, 23/03/23; traducción DEEPL)

28.3.23

Han sido estas subidas de tipos las que han jugado un papel relevante en las quiebras de los bancos intervenidos... La Reserva Federal y el Banco Central Europeo estaban decididos a continuar con su absurda política monetaria restrictiva para controlar la inflación... cuando lo que ha provocado la inflación actual no tenía nada que ver con las razones que sí justificarían una restricción monetaria, ¿por qué estaban dispuestos a frenar la economía y afectar negativamente a empresas y familias, especialmente a las más vulnerables? ¿No van a decir nada ante el aumento de poder de mercado de determinas corporaciones, en determinados sectores y su impacto fuertemente inflacionista? Estas preguntas nos las hacíamos antes de la quiebras de SVB y Signature. Tras éstas, pelillos a la mar

 "Vuelta a las andadas. La tecnocracia no ha aprendido absolutamente nada. Los Bancos Centrales, de nuevo en el disparadero. (...)

El domingo por la noche, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, la Reserva Federal y la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC), raudos y veloces, emitieron un comunicado conjunto en el que esbozaron un plan para poner a disposición de los clientes todos los depósitos de Silicon Valley Bank, así como de Signature Bank, que fue cerrado por los reguladores de Nueva York a primera hora del lunes 13 por la mañana. (...)

La decisión de respaldar todos los depósitos en SVB y Signature, no sólo los 250.000 dólares que están asegurados por la ley federal, se basó en la opinión de que era necesario para evitar un colapso 'sistémico' más amplio. Esta medida sin duda debería activar una tormenta política sobre la decisión de proteger activos de empresas tecnológicas, capital-riesgo y de ciertas personas ricas en California. La Reserva Federal, dura con los débiles, sin entender aún que está provocando la espiral inflacionista actual, no dudó en exprimir a la clase trabajadora, y a las Pymes estadounidenses con tipos de interés cada vez más absurdamente altos. Y han sido estas subidas las que han jugado un papel relevante en las quiebras de los dos bancos intervenidos. Cuando el colateral de la deuda de estos bancos se hunde, boom, se activa la hipótesis de inestabilidad financiera de Minsky. Sí, estamos de nuevo en un momento Minsky.

 La Reserva Federal y el Banco Central Europeo estaban decididos a continuar con su absurda política monetaria restrictiva para controlar la inflación, aunque ésta no tuviera absolutamente nada que ver con las causas que sí requerirían de una restricción monetaria. Si lo que ha provocado la inflación actual no tenía nada que ver con las razones que sí justificarían una restricción monetaria,, ¿por qué estaban dispuestos a frenar la economía y afectar negativamente a empresas y familias, especialmente a las más vulnerables? ¿Van a actuar de esta manera cada vez que los mercados de derivados de materias primas formen burbujas especulativas? ¿No van a decir nada ante el aumento de poder de mercado de determinas corporaciones, en determinados sectores y su impacto fuertemente inflacionista? Estas preguntas nos las hacíamos antes de la quiebras de SVB y Signature. Tras éstas, pelillos a la mar, los tipos de interés oficiales, tachan, no subirán.

 La actual subida de tipos de interés oficiales por parte de los Bancos Centrales para frenar la inflación es un ejemplo de políticas distópicas. No se han implementado aún ninguna de las medidas de política económica que sí podrían atajar las causas que han originado el episodio de inflación actual, iniciado en la segunda mitad de 2021, y exacerbado tras la invasión de Ucrania. Implementarlas supondría una enmienda a la totalidad del marco teórico con el que trabajan los bancos centrales, como reconocer que se han equivocado. El problema es que juegan con el bienestar de la ciudadanía, y ya van demasiadas equivocaciones.

La primera de las causas, de la cual los Bancos Centrales aún a fecha de hoy no han dicho ni una palabra, fue la desregulación de los mercados derivados de materias primas entre finales de los 90 y principios del siglo XXI. Los Bancos Centrales fueron parte de esas cheerleaders que animaron a desregular estos mercados. Respecto a la segunda de las causas, la reestructuración del mercado eléctrico global, los Bancos Centrales eran uno de esos hooligans que aplaudieron y defendieron el sistema marginalista actual. La tercera de las causas, la más importante en la actualidad, es el aumento de poder de mercado de ciertas corporaciones, en determinados sectores, derivado de serie de desregulaciones, liberalizaciones, en un contexto de financiarización, de todo lo cual los bancos centrales fueron unos entusiastas defensores.

 Sin embargo, el pecado original que nos ha llevado al actual callejón sin salida, fue la derogación de la Ley Glass-Steagall. La regulación es una forma de intervencionismo que representa un impuesto directo o indirecto sobre la economía. Pero, en muchísimos casos, la regulación bien vale su coste, ya que proporciona beneficios que compensan el impuesto económico y la carga impuesta a los demás. La Ley Glass-Steagall de 1933 fue un ejemplo de ello. Aunque limitaba las líneas de negocio en las que podían participar los bancos, los protegía y, lo que es más importante, a la población de la depresión económica. Muchos factores han pesado sobre la economía en los últimos años y, en mi modesta opinión, la derogación de Glass-Steagall es uno de ellos. Su derogación en 1999 supone un claro punto de inflexión en la historia de las instituciones financieras y las actividades que esta regulación limitaba antaño.

La Ley Glass-Steagall de 1933 se promulgó para combatir las actividades bancarias extralimitadas que provocaron inestabilidades financieras y alimentaron la Gran Depresión. El principal objetivo de la ley era evitar otro colapso bancario como el que en aquel momento estaba paralizando a los bancos y dejando a los depositantes sin un céntimo. Para ello, se separaban las actividades bancarias tradicionales comerciales de las de inversión. Desde 1933 hasta su derogación en 1999, se prohibió a los bancos que captaban depósitos negociar y suscribir valores no gubernamentales y sin grado de inversión. La Glass-Steagall impidió que se produjera una crisis de la magnitud de la Gran Depresión.

 Pero bajo la administración Clinton, con el partido demócrata, en 1999, el Congreso aprobó la Ley Gramm-Leach-Bliley (también conocida cómicamente como Ley de Modernización de los Servicios Financieros de 1999), que derogó Glass-Steagall. La derogación, tras una actividad lobista del sector financiero, puertas giratorias mediante, fue promovida al público como un medio para liberar la capacidad de los banqueros de proporcionar más capital y liquidez para estimular la actividad económica. Menos de diez años después de la firma de la Ley Gramm-Leach-Bliley, las instituciones financieras sufrieron una implosión sin precedentes desde la Gran Depresión. Sin el salvavidas de los rescates masivos financiados por los contribuyentes, la política monetaria y los cuestionables cambios en las normas contables, la carnicería financiera de la crisis de 2008 podría haber igualado o incluso superado la de la Gran Depresión. Si a ello unimos la ley de desregulación bancaria de 2018 firmada por Donald Trump, y que relajaba la supervisión de los bancos medianos, ¿qué podía salir mal? Sin duda alguna ni el Diablo Cojuelo lo podría haber diseñado mejor.

Los beneficiarios de las políticas dirigidas a la industria financiera, sector FIRE, alrededor del 1% de la población, obviamente no han tenido ninguna queja. Pero, para el otro 99% de la ciudadanía, hay un cierto resentimiento justificado por el hecho de que no sólo se quedaron atrás sino que subsidiaron las políticas que alimentaban la riqueza del 1% más rico. ¡Y ahí seguimos todavía!"               (Juan Laborda, Vox Populi, 16/03/23)

27.3.23

La verdad sobre el Deutsche Bank... Alemania tiene un sistema de país (todavía) muy rico con una posición financiera neta positiva de alrededor de 3 billones de dólares... el Estado alemán tiene (todavía) un amplio margen de maniobra... la alquimia para salvar al Deutsche Bank la encontrarán los alemanes de todos modos... ni más ni menos que lo que ocurrió hace sólo unos días con Credit Suisse; rescate garantizado si es necesario y castigo para los chivos expiatorios... Entonces, ¿dónde está el problema? ¿Por qué hay tantos bancos occidentales en quiebra o en peligro de quiebra? Los países deudores netos son Francia y Gran Bretaña, los dos grandes enfermos con una posición financiera exterior neta de más de 800.000 millones de dólares cada uno, pero también España y Portugal, y fuera del euro también Polonia y Hungría... Aquí no hay capital y pueden ser necesarias maniobras de austeridad y, en el caso de los países de la UE, la intervención del MEDE

 "Unas semanas después de la sonada quiebra del banco estadounidense Silicon Valley y una semana después del igualmente sonado rescate in extremis del banco suizo Credit Suisse, se ha producido un revuelo en los principales medios de comunicación y en los sitios de Internet sobre la inminente quiebra del gigante bancario alemán Deutsche Bank.

El desencadenante de estos rumores fue el espectacular aumento del coste de los CDS (Credit Default Swaps) que aseguran a los acreedores del Deutsche Bank contra la quiebra. A su vez, la subida de estos particulares valores derivados desencadenó el desplome bursátil de la cotización del gigante alemán.

En tiempos de histeria mediática, esto bastó para que muchos pronosticaran un cataclismo bancario europeo con todas las consecuencias imaginables para el sistema financiero mundial.

Sin duda es cierto; tras la quiebra de Lehman Brothers todo es posible, incluso lo impensable. Sin embargo, nunca hay que olvidar analizar los llamados fundamentos relativos al país donde está radicada la empresa en cuestión antes de entregarse a predicciones cuando menos temerarias.

Alemania tiene un sistema de país (todavía) muy rico con una posición financiera neta positiva de alrededor de 3 billones de dólares (lo que significa que la nación alemana es acreedora del resto del mundo por valor de esta cifra estelar), el Estado alemán tiene (todavía) un amplio margen de maniobra con un ratio déficit/PIB del 4,1% y un ratio deuda/PIB del 72% (estas son las cifras oficiales para 2022), y además donde los particulares tienen un amplio margen de maniobra gracias al enorme capital acumulado en el extranjero.

Por lo tanto, no hay que ser Tiresias para predecir que la alquimia para salvar al Deutsche Bank la encontrarán los alemanes de todos modos. En caso de impago (pero no lo será) éste será controlado y con el único objetivo político de "castigar" en parte a los accionistas, bonistas y directivos del banco considerados responsables. En resumen, ni más ni menos que lo que ocurrió hace sólo unos días con Credit Suisse; rescate garantizado si es necesario y castigo para los chivos expiatorios.

Entonces, ¿dónde está el problema? ¿Por qué hay tantos bancos occidentales en quiebra o en peligro de quiebra? El problema es -en mi opinión- la salida de recursos financieros (saudíes, chinos y rusos, por citar sólo algunos) de los circuitos financieros occidentales hacia otras orillas. En consecuencia, los tipos suben porque ante una demanda constante de dinero, si hay menos liquidez disponible, la lucha por el atesoramiento hace subir los precios (que cuando se trata de dinero son los tipos de interés).

En ese momento, por ejemplo, estallan los problemas de los instrumentos derivados en las carteras de muchos bancos; pero a medio plazo, la subida de los tipos afectará también a la capacidad de las empresas para devolver sus préstamos, aumentando las insolvencias y erosionando en consecuencia la rentabilidad y el capital.

Así pues, nos enfrentamos tanto a problemas inmediatos de liquidez como a problemas de recapitalización en el futuro. Los primeros pueden resolverse mediante inyecciones de los bancos centrales y los segundos mediante ampliaciones de capital en las que se recurra a inversores privados y públicos para que suscriban las acciones de nueva emisión.

En lo que respecta a las inyecciones de liquidez, todos los bancos centrales occidentales, desde la FED hasta el Banco de Japón, pasando por el BCE, han declarado que están dispuestos a hacer lo que sea necesario: en esencia, los Señores de la Moneda han puesto en marcha la red de arrastre "Cueste lo que cueste".

La cuestión de las eventuales (y yo diría probables) ampliaciones de capital necesarias es diferente. Ciertamente, los bancos centrales no pueden imprimir dinero para suscribir las acciones de los bancos; eso supondría su pérdida total de credibilidad, así como la pérdida de credibilidad del dinero que imprimen.

Así que el capital debe ser aportado por quienes lo tienen. Y aquí resulta erróneo hablar del sistema occidental en general: hay que distinguir al menos entre los países (entendidos como nación y, por tanto, como suma de Estado, hogares y empresas) que son acreedores y, por tanto, en posesión de ese capital que necesitan los bancos y los países que, en cambio, son deudores netos frente al exterior. Entre los primeros se encuentran Alemania, Austria, Países Bajos, Bélgica, Dinamarca y Suecia. Entre los países deudores exteriores netos están sin duda Francia y Gran Bretaña, los dos grandes enfermos con una posición financiera exterior neta de más de 800.000 millones de dólares cada uno, pero también España y Portugal, y fuera del euro también Polonia y Hungría.

Aquí no hay capital y pueden ser necesarias maniobras de austeridad y, en el caso de los países de la UE, la intervención del MEDE.

Unas últimas palabras sobre Italia.

En caso de crisis bancaria, el sistema italiano (entendido como la suma de Familias, Empresas y Estado) también dispondría de capital para rescates, dado que la posición financiera neta del Bel Paese es positiva en unos 300.000 millones de dólares. El problema es que el Estado italiano está lleno de deudas y, por tanto, esos fondos están -por lógica- totalmente en manos de particulares y en algún lugar del extranjero.


¿Estarán dispuestos los ricos frailes italianos a ayudar al pobre y miserable convento donde viven?"         (Giuseppe Masala, L'Antidiplomatico, 25/03/23; traducción DEEPL)

25.6.21

Nuevas cajas de ahorros. ¿Por qué no? Por ejemplo, en Tierra de Barros en Badajoz, sus 75.000 vecinos distribuidos en 15 municipios, pueden crear una nueva caja... actuarían en principio como neobancos, que fían toda su actividad a la tecnología, para ahorrar costes, pero con corresponsales para atención personalizada

 "Es evidente que muchos ciudadanos españoles se sienten desasistidos por el sistema financiero actual, incluso que echan de menos a las cajas de ahorros como eran hasta hace pocos años. Por tanto, no es descabellado plantearse crear nuevas cajas de ahorros al amparo de la Ley 26/2013 que está en vigor. En cualquier caso, esa Ley es susceptible de ser mejorada, lo que afectaría sin duda a las nuevas cajas.

En principio hay que reflexionar sobre a qué entidades les puede interesar crear una nueva caja de ahorros. La respuesta a mí me parece obvia: ayuntamientos, diputaciones provinciales y autonomías y para ello basta con recordar que en el pasado fueron estas entidades las que las crearon mayoritariamente.

 Dicho esto, la limitación más importante para crear una nueva caja de ahorro sin duda supone disponer de los recursos mínimos necesarios que son de 18 millones de euros, aunque habría que contar con un cierto margen para el inicio. Esta cifra es asequible para esas entidades salvo para la mayoría de los ayuntamientos. Sin embargo, nada se opone a que un grupo de ayuntamientos de la misma comarca, por ejemplo, de la Tierra de Barros en Badajoz, que comprende 75.000 vecinos distribuidos en 15 municipios, creen una nueva caja. 

 Hay un aspecto en la Ley cuya pretensión es limitar la dimensión de las cajas, y es que su cifra de negocio no supere los 10.000 millones de euros o el 35% del mercado de la zona donde actúe. Entonces, ¿puede ser viable una caja de ahorros de esa dimensión? La respuesta es sencillamente sí, tal como se explica en el párrafo siguiente. 

Si se revisan los datos financieros del ejercicio 2019 de las entidades de crédito con balance total de entre 5.000 y 14.000 millones de euros, excluías las integradas en grandes grupos bancarios, se obtienen unas interesantes conclusiones. Se ha visto que ninguna de las entidades consideradas presentó pérdidas en dicho ejercicio, por lo tanto,  ¿por qué va a ser diferente en una entidad de nueva creación?

Entrando en más profundidad si se calcula la correlación entre el total balance y los beneficios se observa que la correlación es positiva, 0,207 pero relativamente reducida. Por otra parte, las correlaciones entre los gastos de estructura y el tamaño del balance y los resultados obtenidos son respectivamente de 0,744 y -0,094, resultados coherentes y que nos ponen en la pista de como tendrían que ser las nuevas cajas de ahorros.

 Otra norma de la Ley limita la extensión geográfica de las cajas de ahorro a una sola comunidad autónoma o a diez provincias limítrofes, esto tiene un claro efecto respecto a su expansión a medio plazo. Teniendo en cuenta las diferencias en dimensión económica de las provincias españolas, en algunas de ellas habría que crear más de una caja y podría ser conveniente en otros casos crear una sola caja para varias provincias.

 El esquema de gobierno de las dos Cajas de ahorros según la Ley 26/2013 no se aparta sustancialmente del recogido en el Decreto 2270/1977, que se creó con la finalidad de democratizar su gestión, ya que este aspecto se había mantenido inalterado desde los años treinta del pasado siglo. Esa normativa, modificada por las autonomías, daba una gran preponderancia a ellas mismas, y algunos lo han visto como el origen de los males acecidos a las cajas. Sin embargo, por el momento habría que amoldarse a dichos principios.

No obstante, me atrevo a proponer otra estructura que entiendo sería mejor y cuya idea básica es separar claramente la administración de las cajas, responsabilidad de un consejo de administración, de su control que se atribuiría a una comisión específica. También se renunciaría a que los clientes y el personal tuvieran presencia directa en los órganos citados. El nombramiento de los miembros sería competencia fundamentalmente de los parlamentos y gobiernos autonómicos. 

 Otro aspecto muy significativo para la gestión de las nuevas cajas es que estas estarían sometidas a la supervisión de diversas instituciones públicas como son el Banco de España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores, y otros organismos del Estado. Esta dependencia sería si cabe más importante para el control de las cajas que sus propios órganos internos.

Otro reto es la gestión de las nuevas cajas en un entorno oligopolístico y asediado por las Fintech, pero respecto a lo cual también me atrevo a proponer una solución. Según se está viendo los grandes bancos tienen una estructura muy pesada que genera elevados costes fijos, qué en un momento de muy bajos tipos de interés, les está obligando por un lado a cerrar oficinas y a despedir personal y por otro a subir las comisiones a sus clientes. Las nuevas cajas al partir de cero no tendrían ese problema y podrían definir libremente su estrategia comercial.

 Recientemente se está abriendo paso en el sistema la figura de los “neobancos”, entidades que disponen de ficha bancaria, pero que fían toda su actividad a la tecnología, renunciado a disponer de oficinas físicas e incluso a la atención personal. Es conveniente diferenciar estos neobancos de otras empresas Fintech, que son poco más que chiringuitos financieros y cuya actividad financiera es y será casi anecdótica.

En ese sentido las nuevas cajas actuarían como neobancos, pero sin descuidar una atención personalizada cuando fuera conveniente, basándose en corresponsales colaborando a tiempo parcial. Muchos de esos colaboradores actuarían al principio como coachs tecnológicos para asesorar a los clientes que precisaran de su ayuda.

 Teniendo en cuenta todo lo anterior crear nuevas cajas de ahorros, lo que parecería ilusorio por la intensa campaña que se ha hecho contra ellas, es perfectamente factible. Solo faltaría la voluntad política en una sola comunidad autónoma o provincia para poner en marcha el proceso, que indudablemente se extendería a todo el Estado. Obviamente habría que solicitar del Banco de España la autorización pertinente siguiendo los cauces jurídicos adecuados. En cualquier caso, eso es más fácil que desarrollar una normativa legislativa exprofeso para desarrollar un nuevo tipo de banca de depósitos pública como algunos pretenden."                    (José Santos Pulido  , Nueva Tribuna.es, 23 de junio de 2021)

10.9.20

Caixabankia... Lo inaplazable era que el Estado saliera a toda costa del sector financiero... porque reproducir aquí lo que ya ocurre en Alemania con la VÖB, en Francia con la Caisse de Dépôts o la Banque Postale, en Suiza con sus bancos cantonales, en Países Bajos con el Banco Nederlanse Gemeenten, en Italia con la Banca Posta o la CDP y en Suecia con Nordea hubiera sido comunista, populista y bolivariano

 "(...) Las operación acaba con la pretensión de edificar en torno a Bankia -de la que el Estado pose el 61% tras la inyección de 22.000 millones del dinero de todos- una banca pública como contrapeso al oligopolio financiero, algo que ya se aparcó en el programa del Gobierno de coalición porque reproducir aquí lo que ya ocurre en Alemania con la VÖB, en Francia con la Caisse de Dépôts o la Banque Postale, en Suiza con sus bancos cantonales, en Países Bajos con el Banco Nederlanse Gemeenten, en Italia con la Banca Posta o la CDP y en Suecia con Nordea hubiera sido comunista, populista y bolivariano.

Lo inaplazable era que el Estado saliera a toda costa del sector financiero y, como lo de vender paquete de acciones a precio de derribo no era una opción, se ha impulsado esta vieja operación que ni siquiera puede presumir de ser la más rentable. Lo era la de Bankia con el Banco de Sabadell y lo hubiera sido la de Bankia con el BBVA, con sus directivos enfangados en el caso Villarejo, y que parece que fue un opción que se consideró en el Gobierno para librarse de una tacada de su ‘marrón’ y complacer al PNV, que suspiraba por recuperar el aliento vasco y de Neguri del banco con Goirigolzarri al frente del invento.

A los precios actuales, la ecuación de canje de la fusión de Caixabank y Bankia dejaría todavía al Estado como propietario de un 14% de la entidad resultante, con la Fundación La Caixa como primer accionista con cerca de un 30%. Nada más conocerse las negociaciones para un enlace que se lleva fraguando en secreto desde hace semanas, desde el Ministerio de Nadia Calviño emitía un comunicado haciéndose de nuevas: "El FROB la analizará con completa objetividad desde la perspectiva de generación de valor y optimización de su capacidad de recuperación de ayudas".

Llama la atención que sin conocerse aún los detalles de la operación o de si esta incluirá alguna fórmula que permita de saque algún resarcimiento al Estado ya se dé por sentado que Goirigolzarri ocupará la presidencia y que Gonzalo Gortázar será el consejero delegado. Lo primero es lo primero. ¿Los despidos? Bueno, eso ya se verá cuando toque."                  (Juan Carlos Escudier, Público, 04/09/20)

8.7.19

Continuar en el camino actual de un capitalismo financiero poco regulado llevará a otra catástrofe financiera, quizás una peor que la crisis de 2007-2008... para evitarla, ¿Qué es lo que hay que hacer?

"(...)  ¿Qué es lo que hay que hacer? 

En un estudio reciente patrocinado por el Transnational Institute que se publicará a finales de este año, expongo una justificación detallada de 10 imperativos importantes para el sector financiero mundial. Estos son: 
  1. Restringir las operaciones de los fondos de capital riesgo y cerrar los paraísos fiscales.
  2. Prohibir los valores respaldados por hipotecas y los derivados.
  3. Avanzar hacia la banca de reserva del 100 %.
  4. Nacionalizar las instituciones financieras que son demasiado grandes para quebrar.
  5. Reinstituir la Ley Glass-Steagall que colocó una “muralla china” entre la banca comercial y la banca de inversión.
  6. Poner límites drásticos a la remuneración de los ejecutivos.
  7. Eliminar gradualmente las agencias de calificación crediticia como Moody's y Standard and Poor.
  8. Convocar una nueva Conferencia de Bretton Woods para establecer nuevas instituciones y reglas para la gobernanza financiera mundial, poner fin al monopolio del dólar como moneda de reserva mundial y establecer nuevos y justos acuerdos para el desarrollo y la financiación del clima.
  9. Hacer que los bancos centrales rindan cuentas.
     10. Avanzar hacia la plena unión política, fiscal y monetaria en los países de la zona euro o salir del euro.

Las medidas propuestas constituyen un “programa de mínimos”, o un conjunto de medidas que refuerzan las defensas del mundo contra otra crisis financiera, aunque no eliminan la posibilidad de que ocurra tal cosa.

El capitalismo como sistema es estructuralmente propenso a generar crisis financieras, y el programa esbozado anteriormente asume un sistema económico global que continúa funcionando bajo sus reglas. La implementación exitosa de estas reformas sería un paso gigantesco en un proceso más largo de cambio transformador. Sin embargo, ese cambio no puede tener lugar sin abordar fundamentalmente otras dimensiones clave del capitalismo, especialmente su motor: el deseo insaciable de obtener cada vez mayores beneficios. 

Para algunos, la necesidad más urgente es cómo reformar el capitalismo. En su opinión, un programa de reforma financiera tendría que integrarse en un programa más amplio de reforma drástica del capitalismo. 

Esta empresa tendría que abordar seriamente la falta de demanda arraigada en la creciente desigualdad. Tendría que reconocer valientemente sus raíces en las relaciones desiguales de poder entre el capital y el trabajo, cómo este poder desigual se traduce en una creciente desigualdad, y cómo la desigualdad se traduce en una demanda anémica que frena la expansión de la producción. 

Para otros, la situación exige una solución más allá de una reforma del capitalismo, incluso de tipo keynesiano radical. Desde su perspectiva, la búsqueda constante de rentabilidad es una fuente fundamental de inestabilidad que, en última instancia, socavará todos los esfuerzos por reformarlo.

Además, lo que hay que abordar no es solo la desigualdad social y la falta de demanda, sino el impulso del sistema productivo para crecer a expensas de la biosfera. Lo que se necesita, dicen, es un programa poscapitalista, hecho aún más urgente por la catástrofe climática que se está desarrollando. De hecho, en algunos círculos, se considera cada vez más necesaria una estrategia de decrecimiento.

En medio de este debate cada vez más acalorado sobre los sistemas alternativos, hay dos cosas sobre las que existe un consenso. Primero, que continuar en el camino actual de un capitalismo financiero poco regulado llevará a otra catástrofe financiera, quizás una peor que la crisis de 2007-2008. En segundo lugar, que alejarse de este camino hacia la ruina requerirá asumir y romper el poder del capital financiero."                                   (Walden Bello, CTXT, 18/06/19)

31.7.18

Las finanzas deberían convertirse en un servicio público, como solía serlo la electricidad, lo que significa que deberían ser públicamente poseídas y distribuidas. Las decisiones sobre el crédito, dónde invertir y qué proyectos financiar, deberían tomarse sobre la base no de la tasa del rendimiento, sino del valor y de la utilidad social. Y deberían tomarse de forma democrática

"(...) Bajo mi punto de vista, la mejor manera de reconstruir la izquierda es resucitar la vieja idea socialista del “Programa de Transición”[2] y dotarla de un nuevo contenido, apropiado para el siglo XXI. 

Hoy en día no podemos empezar diciéndole a la gente que vamos a socializar los medios de producción y que así conseguirán trabajos seguros y bien remunerados. Esta retórica está agotada. Lo que necesitamos, por contra, es lo que André Gorz llama “reformas no reformistas”. 

Éstas mejoran la vida de las personas en el aquí y el ahora trabajando, simultáneamente, en una dirección contrasistémica, en parte declinando la balanza en el poder de clase en detrimento del capital.

 Además, tales reformas no pueden centrarse exclusivamente en la producción y en el trabajo remunerado. Necesitan abordar igualmente la organización social de la reproducción —la provisión de educación, vivienda, cuidado médico, cuidados infantiles, cuidado de personas mayores, un medioambiente saludable, agua, servicios públicos, transporte, emisiones de carbono— y el trabajo no asalariado que sostiene a las familias y generar vínculos sociales más amplios.

Lejos de ser perfecta, la campaña de Bernie Sanders en los Estados Unidos tenía algunas ideas que apuntaban en esta dirección. A parte de elevar el salario mínimo a 15 dólares la hora, Sanders hizo campaña por un “Medicare para todos”, matrículas universitarias gratuitas, una reforma de la justicia penal, libertad reproductiva y por la división de los grandes bancos —todas ellas, medidas conectadas con el empleo. 

Sin duda, sus ideas no estaban completamente desarrolladas. Y podría decirse que eran más socialdemócratas que socialistas democráticas. Pero representaban los primeros indicios de una alternativa populista de izquierdas para los EUA.

La izquierda también necesita pensar en las finanzas y la banca. Uno de los pensadores más interesantes sobre este tema es Robin Blackburn, quien sostiene que las finanzas deberían convertirse en un servicio público, como solía serlo la electricidad, lo que significa que deberían ser públicamente poseídas y distribuidas. 

Las decisiones sobre el crédito, dónde invertir y qué proyectos financiar, deberían tomarse sobre la base no de la tasa del rendimiento, sino del valor y de la utilidad social. Y deberían tomarse de forma democrática —a través de juntas elegidas encargadas de representar a las comunidades y demás partes interesadas. 

Esta es una idea muy interesante, porque sin duda necesitamos un sistema de crédito. Abolir bancos e instituciones financieras globales no es la solución. Lo que se necesita, más bien, es socializar las finanzas.

Además, este es el momento perfecto para desarrollar un programa de izquierdas para las finanzas. Muchas personas están ahora familiarizadas con este problema. Después de todo, de eso se trataba “Occupy Wall Street”. 

Todo el mundo sabe que las empresas de inversión han vuelto a sus viejas trampas y que no se ha hecho nada en la dirección de una reforma estructural para evitar una crisis financiera global en un futuro cercano. Los estadounidenses son plenamente conscientes de que Obama usó nuestros impuestos para rescatar a los bancos cuyos mecanismos depredadores casi colapsan la economía mundial, pero que no hizo nada para ayudar a los 10 millones de personas que perdieron su hogar durante la crisis hipotecaria. 

No hay duda de que muchos están dispuestos a reconsiderar este sistema. En este ámbito, ni la derecha ni el centro tienen nada que ofrecer, así que se trata de una gran oportunidad para la izquierda.  (...)"

11.6.18

¿Y si los bancos dejaran de poder ‘fabricar’ dinero? Los suizos votan si quitan a los bancos comerciales su poderosa herramienta de crear dinero fiducidario y donde mantengan el 100% de sus reservas como depósitos

 "El domingo, los suizos rechazaron en un referéndum una propuesta conocida como dinero soberano o Vollgeld / Monnaie Pleine). 

 Esto propuso eliminar la 'banca fraccional' y convertir al banco central en la única autoridad para crear dinero.  

En el sistema bancario moderno, el banco central crea billetes y monedas (moneda) (junto con algunas reservas especiales). Pero esta 'base monetaria' solo representa una pequeña parte de la oferta monetaria total en una economía. En cambio, la mayoría del dinero es creado por los bancos comerciales cuando prestan a consumidores y empresas. Cuando los bancos otorgan préstamos a hogares, compañías y otras instituciones financieras, crean depósitos de dinero (porque estos préstamos aparecen como depósitos para los prestatarios en el banco).
Pero el monto que los bancos deben mantener como reservas para cumplir con las demandas de efectivo de estos depositantes y como amortiguador contra cualquier colapso en el valor de los activos ofrecidos por los prestatarios contra sus amortizaciones de activos de préstamos es muy pequeño en comparación con sus activos , Una fracción. Esto se debe a que el riesgo de falla o falta de pago es bajo y la demanda regular de efectivo es baja. En la práctica, los bancos mantienen alrededor del 5% de los pasivos como reservas fraccionarias.
La iniciativa suiza de dinero soberano propuso que todos los depósitos se mantengan como reservas (con el banco central). De modo que la capacidad de los bancos comerciales de "crear" dinero a través de préstamos desaparecería y, de hecho, el banco central estaría a cargo exclusivo del suministro de dinero.
¿Por qué hacer esto? El argumento es que los bancos comerciales son ineficientes en los préstamos y causan crisis financieras periódicas. Tienden a prestar más para la especulación financiera que para la inversión productiva y esto lleva a accidentes financieros. Si los bancos centrales tienen todo el efectivo del país, pueden controlar el préstamo y asegurarse de que sea para fines productivos. Y los bancos centrales podrían impulsar directamente la demanda en la economía mediante la expansión de la oferta monetaria sin el intermediario ineficiente del sistema bancario comercial.


 La idea del dinero soberano no es nueva, pero ha sido revivida debido a la crisis financiera mundial y la Gran Depresión que siguió. Anteriormente se discutió en la Gran Depresión de la década de 1930. El economista de la Deuda de la Deuda de la Universidad de Chicago, Irving Fisher, lo adelantó en ese momento. Más recientemente, algunos economistas del FMI resucitaron la idea en un documento de trabajo reciente, "The Chicago Plan Revisited" (Documento de trabajo del FMI WP / 12/202). Documento de trabajo del FMI WP / 12/202. Varios de los principales economistas keynesianos también han apoyado vigorosamente la idea, incluidos Martin Wolf en el Financial Times y Steve Keen, el economista poskeynesiano.
Naturalmente, las autoridades monetarias se oponen a la idea debido al temor de que los gobiernos eliminen la "independencia" del banco central y comiencen a utilizar los depósitos de efectivo del país ahora en el banco central para sus propios fines y también para ampliar la oferta monetaria. sin ningún respaldo de activos productivos, lo que lleva a una inflación galopante.
La otra pregunta es si poner toda la oferta de dinero en manos del banco central detendría futuros fracasos financieros. La crisis crediticia y la crisis financiera mundial de 2007-8 no se originaron en la banca comercial, sino en bancos de inversión como Bear Stearns y Lehmans. Estos bancos no tenían depósitos de clientes ni préstamos a los hogares, sino que participaban en capital especulativo como "derivados exóticos". Con la banca "soberana", tal especulación continuaría e incluso aumentaría en el sistema bancario comercial.
He tratado el esquema bancario anteriormente en una publicación anterior. Como argumenté entonces, el dinero soberano solo funcionaría si los bancos fuesen de propiedad pública y formaran parte de un plan general de financiación e inversión. Pero si eso sucediera, no habría necesidad de eso.
Detrás de estos esquemas está la creencia de que todo lo que está mal con el capitalismo es un mal sistema monetario y banqueros imprudentes. También está la creencia keynesiana de que la expansión monetaria controlada por el gobierno puede evitar crisis y desplomes al impulsar la "demanda efectiva". Es irónico que el propio Keynes con la experiencia de la Gran Depresión en la década de 1930 llegara a la conclusión de que el estímulo monetario era inadecuado para sacar a las economías de las recesiones y finalmente optó por el estímulo fiscal."      (Michael Roberts blog, 11/06/18)



 "Por qué la propuesta sobre los bancos del referéndum suizo es una pésima idea.

 Concretamente, se somete a votación arrebatar a los bancos comerciales la posibilidad de ofrecer créditos sin tener un respaldo absoluto en dinero oficial (que es el que crea el banco central), obligándolos por lo tanto a ser simples intermediarios (trasladando el dinero del ahorrador a la persona o empresa que quiere endeudarse). En román paladino: esta propuesta impediría que los bancos creasen dinero, dejando como único creador del dinero al banco central.

Para evaluar adecuadamente esta propuesta es importante entender cómo funciona la actual operativa de los bancos cuando dan préstamos. Al contrario de lo que la mayoría de la gente piensa, los bancos no son simples intermediarios del dinero, sino que también son creadores del mismo. Muchos creen erróneamente que cuando reciben un préstamo del banco ese dinero proviene de una persona o empresa. Pero no es así

Cuando un banco concede un crédito a alguien lo único que hace es incrementar el saldo de su cuenta bancaria en la cantidad correspondiente. No saca el dinero de ningún sitio, sino que teclea las cifras que sean y punto (lo explica perfectamente el banco central del Reino Unido). Crea “dinero bancario”, que no es otra cosa que una promesa de pagar “dinero oficial” (el dinero que crea el banco central). 

De esta forma, cuando la persona que ha recibido el crédito quiera pagar algo o quiera sacar una parte en monedas y billetes, el banco tendrá que convertir ese dinero bancario en dinero oficial.

Pero la clave es que la cantidad de transacciones bancarias son tan numerosas que, normalmente, los bancos necesitan muy poco dinero oficial para respaldar todo el dinero bancario que crean. De hecho, en la Eurozona la legislación permite que los bancos puedan crear 99 euros de dinero bancario por cada euro de dinero oficial que tengan. Para un desarrollo de todo esto sugiero leer aquí y aquí.

Meros intermediarios

Así las cosas, la propuesta sometida a votación pretende impedir que los bancos puedan crear dinero bancario, de forma que si quisieran conceder créditos tuvieran que utilizar solamente dinero oficial (el dinero que crea el banco central). El resultado es que la creación de dinero recaería exclusivamente en el banco central, dejando a los bancos como meros intermediarios de ese tipo de dinero. Esto limitaría sobremanera la cantidad de créditos que podrían dar los bancos. 

A priori esta idea suele sonar bien. Sabemos que tradicionalmente los bancos han realizado una gestión desastrosa de los créditos, concediendo más de la cuenta y a agentes económicos que luego no los podían devolver. Impedir de golpe que puedan volver a hacerlo resulta muy atractivo. Sin embargo, es una medida que se pasa de frenada, pudiendo ser incluso más desastrosa que la situación actual.

Que haya muchas sucursales de bancos desperdigadas por todo el territorio gestionando la concesión de créditos es positivo para la actividad económica. Al fin y al cabo, estamos hablando de muchos trabajadores informándose sobre la situación económico-financiera de cada persona y empresa que solicita un crédito, realizando análisis de solvencia de muy diverso tipo, y gestionando multitud de problemas y dificultades relacionadas con la actividad crediticia. 

En cambio, el banco central apenas tiene una sede física y unos cuantos empleados que, hoy por hoy, no tienen las herramientas ni la infraestructura para gestionar la operativa crediticia a toda la población. 

Partiendo de la premisa indiscutible de que el crédito es indispensable hoy día para la actividad económica, pasar de buenas a primeras a que el único creador del dinero (y, por lo tanto, el prestamista más importante de todos) sea el banco central es una locura, porque sería incapaz de cubrir las necesidades de crédito de la población, provocando un shock financiero importante.

Las dos únicas formas de evitar ese colapso serían: nacionalizando buena parte de la banca privada para que esa nueva banca pública utilizase las herramientas, trabajadores y medios ya existentes para dar créditos directamente con dinero oficial del banco central; o que el cambio fuera tan paulatino que diese tiempo a que el banco central desarrollara un tejido y una estructura lo suficientemente importante (a costa, inevitablemente, de la banca privada) como para gestionar las necesidades de crédito de la mayor parte de la población.

Hundir la economía

Por otro lado, es importante entender que en la actualidad solo hay dos vías para inyectar dinero en la economía: la creación de dinero por parte de los bancos comerciales (como se ha comentado), y el déficit público (lo desarrollo en este artículo). 

Si de golpe y porrazo limitamos hasta su mínima expresión la primera vía, entonces solo quedaría la segunda para poder gestionar la cantidad de dinero que necesita la economía. Si quisiéramos que la liquidez de la economía suiza no se hundiera de golpe, sería necesario incrementar notablemente el déficit público del Estado suizo. 

Y de esto no se dice absolutamente nada en la propuesta suiza, ni tampoco en la de aquellos que defienden el sí en el referéndum, como Positive Money. Y puesto que la doctrina económica convencional le tiene histeria al déficit público (sin motivos racionales, como explico en este texto), sabemos que no defenderían esa salida. 

En consecuencia, limitando la primera vía y rechazando una compensación desde la segunda, el resultado es evidente: hundimiento de la liquidez en el sistema y crisis económico-financiera al canto. Por eso esta propuesta puede ser desastrosa en caso de salir adelante, porque sabemos que ni van a nacionalizar buena parte de la banca, ni van a permitir que el déficit público se eleve lo suficiente como para compensar la caída en los créditos.
Y es que para impedir que los bancos se excedan en su operativa crediticia no es necesario adoptar una medida tan extrema. Lo que hay que hacer es aplicar una regulación y supervisión bancaria eficaz, que impida que cometan abusos como los que hemos conocido pero que al mismo tiempo permitan una cierta creación de dinero bancario, tan importante y necesaria para la actividad económica. Ni tanto ni tal calvo; se necesita una solución intermedia.

Recordemos que esta propuesta no es nueva ni mucho menos. Fue ideada originalmente por la Escuela de Chicago en los años 30 del siglo pasado y es defendida actualmente por los economistas liberales o austriacos. Ello lo tienen claro: limitar sobremanera la creación de dinero es la mejor forma de conseguir que este acabe siendo escaso, lo que a su vez impide que repunte la inflación. 

Sin embargo, lo que nunca suelen apuntar este tipo de economistas es que la inflación no sería el único factor que se contraería, sino que también lo haría el crecimiento económico y el empleo. 

Porque la prioridad de quienes esgrimen estos planteamientos es combatir la inflación (que casualmente perjudica especialmente a quien más dinero tiene), una preocupación muy por encima de la de alcanzar el pleno empleo o un estado social fuerte.

Esperemos, por el bien de la ciudadanía suiza y también europea, que esta propuesta sea rechazada en el referéndum y que nunca salga adelante."          (Eduardo Garzón, El Salto, 10/06/18)


 "¿Que ocurriría si a los bancos solo se les permitiese prestar los fondos que guardan de sus clientes o, al menos, aquellos a los que puedan acceder a través de un préstamo de otra entidad?

 ¿Y si el único organismo que pudiera fabricar dinero fuera el banco central, dejando de lado en esta actividad al resto de entidades financieras privadas? Los suizos están a un paso de experimentar en carne propia la respuesta a estas preguntas. (...)


La idea es que el dinero en circulación sea tan solo el que los ciudadanos tocan con sus manos en forma de monedas y billetes; y que el único responsable de aumentar esta oferta monetaria sea el banco central, y no las entidades privadas.

Esto, aunque a mucha gente pueda sorprenderle, no es así en la actualidad. Gracias a —o, según los impulsores de la iniciativa, por culpa de— lo que se conoce como banca fraccionaria, el dinero contante y sonante supone en Suiza tan solo el 10% del total en circulación.

Y aunque el banco central es el único que puede acuñar moneda física, las entidades privadas se endeudan en los mercados internacionales con productos financieros hasta niveles muy superiores a los depósitos de sus clientes y a sus recursos propios. Con esta práctica contraintuitiva quieren acabar los activistas de Vollgeld.

“Proponemos un sistema en el que no sean las personas las que trabajan para la economía, sino al revés”, asegura en conversación telefónica desde Suiza Raffael Wüthrich, uno de los impulsores de la iniciativa. Él y sus compañeros defienden un sistema que, aseguran, evitaría nuevas burbujas y sería más seguro porque el dinero no desaparecería si un banco quebrara.

Al otro lado de la polémica, la visión es diametralmente opuesta. El gobernador del banco central suizo, Thomas Jordan, definió la propuesta como “un cóctel peligroso”. Más lejos fue el consejero delegado de UBS. “No creo que los suizos vayan a pegarse un tiro en la cabeza”, respondió Sergio Ermotti, jefe del mayor banco del país, al ser preguntado por las posibilidades de la propuesta de salir adelante.

 Me temo que sus defensores no son conscientes de la consecuencia de un sí, que traería un colapso del crédito y una subida de tipos, con el consiguiente impacto sobre el crecimiento. Dudo que la banca sobreviviera. Y los depositantes tendrían que pagar, en lugar de cobrar por sus ahorros”, resume el catedrático Joaquín Maudos, que define la iniciativa como algo “esotérico” que no ha sido bien explicado a los ciudadanos. 


“Si quieren evitar burbujas crediticias, hay otras formas mucho menos dañinas, como una buena regulación bancaria”, añade. 

Pese a estas críticas, no todos los expertos desechan la iniciativa como algo descabellado. En un artículo del Financial Times, Martin Wolf recomendaba a los suizos votar a favor pese a admitir que supondría “un miniterremoto”.

 “Esta propuesta podría ofrecer un futuro iluminador para la industria que durante mucho tiempo ha sido la más peligrosa del mundo”, concluía el prestigioso analista del periódico-biblia del capitalismo. (...)"             (Luis Doncel, El País, 08/06/18)



"(...) En 2008, cuando el sistema financiero mundial estalló tras la crisis de las hipotecas subprime Weber, como muchos otros, buscó lecturas que le permitieran entender cómo era posible que aquello hubiera sucedido.(...)

Se dio de bruces con el complicado sistema de funcionamiento de la banca y su capacidad para crear dinero fiducidario. Algo que de lo que todo el mundo forma parte, pero que muy pocos entienden. Que básicamente consiste en que con el depósito de un cliente, la entidad financiera puede dar créditos a otros muchos. 

Puesto que solo necesita una pequeña cantidad de dinero para rusticar la concesión de un crédito. Esto funciona siempre que los clientes no reclamen su dinero todos a la vez, porque cuando eso ocurre el banco cae. 

Los españoles ya se dieron una ración esta realidad con Banesto en 1993 y con el Popular en 2017. Weber lo descubrió en 2008 cuando también cayó en sus manso el libro “Creating New Money” de Joseph Huber y James Robertson, que acababa de ser traducido al alemán.

 En ese momento se le ocurrió que la única forma de evitar crisis como la que vivía el mundo en aquel momento era apostar por la simplicidad. “Lo que yo planteo es lo que entiende todo el mundo”, ha asegurado en declaraciones a la prensa. 

Su propuesta es simple: impedir que todos los bancos comerciales puedan crear dinero, casi de la nada, y deja esta capacidad como tarea exclusiva de los bancos centrales. En el caso concreto de Suiza, el banco central apenas crea el 10% de todo el dinero que se crea en el país. “Este modelo financiero conduce inevitablemente al abismo”, aseguran los mensajes de Weber.

Hasta aquí podría ser uno más de los miles de análisis que han tratado de arreglar el mundo tras la caída de Lehman Brothers. Pero este septuagenario no se ha limitado a escribir unos párrafos y difundirlos por la web, ni siquiera a escribir un libro reforzando las teorías de Huber.

Momo, la organización

Se unió al activista alemán Thomas Mayer y un nutrido grupo de expertos que confiaron en su propuesta y creó una organización Modernizing Money, conocida como MoMo, para difundir por todo el planeta la necesidad de crear un sistema financiero más seguro y más ligado a la economía real donde los bancos mantengan el 100% de las reservas como depósitos. 

Es decir, que si quieren prestar 100 tengan 100 unidades en reserva y no unas 10 como ahora. Fue el origen la propuesta que hoy se conoce como iniciativa Vollgeld o Iniciativa de dinero soberano.

Este señor, con aspecto de abuelo entrañable, invirtió su propio dinero en dinamizar esta propuesta con la que ha conseguido poner en jaque el sistema financiero mundial. Tomó de Huber la idea de que Suiza era el país ideal para comenzar su estrategia de ataque.

 Allí es posible que cualquier iniciativa pueda consultarse en referéndum si se consiguen 100.000 firmas en los 18 meses posteriores al lanzamiento de la idea. Momo consiguió 110.000. Por eso hoy los suizos están votando si quieren o no cambiar las reglas del sistema financiero suyo, y por ende mundial.

Suiza, el lugar ideal para iniciar la ofensiva

Es poco probable que el jaque de Weber se convierta en un mate a tenor de las encuestas publicadas en los medios de comunicación suizos en los últimos días.
Todos los partidos políticos suizos rechazan la medida. 

Las campañas ‘informativas’ de Momo que tuvieron mucha aceptación al comienzo de la iniciativa ha sido contraprogramadas por las autoridades financieras y políticas que se han esforzado, sobre todo en las últimas semanas, en advertir a la población sobre todo a través de la televisión, según confirman españoles asentados en aquel país, de los riesgos que implicaría aceptar la idea del dinero soberano. (...)"                 (Pilar Blázquez, La Vanguardia, 09/06/18)