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28.6.25

Turiel: Hubo algún incidente en la red que generó un problema, desatando una inestabilidad, esa es la causa inmediata. Y la causa última es todo lo que llevó a la red a no poder absorber esta incidencia recuperando la estabilidad. Y esto segundo hace tiempo que está pasando y que se sabe, y tiene que ver con cómo se han implementado las energías renovables... Las renovables se han instalado masivamente en los últimos años pero sin sistemas de estabilización, sistemas que las otras centrales sí llevan: centrales nucleares, de ciclo combinado, o una hidroeléctrica si que llevan volantes de inercia, u otros sistemas que están pensados justamente para ayudar cuando hay oscilaciones en la red. En cambio, se ha permitido que las renovables funcionen «a pelo»... la normativa europea no sólo lo ha permitido sino que lo ha favorecido porque se buscaba una implementación rápida de las renovables. Pero esto es peligroso... Hubo un incidente el 8 de enero de 2021 en el que casi se cae toda la red europea. Es un problema que afecta a toda la red europea y que viene del modelo de integración de las renovables. Se ha hecho de una manera que es una barbaridad y una cacicada, porque se han implementado sin sistemas de estabilización, y estamos pagando las consecuencias... el oligopolio eléctrico, que ha obtenido enormes beneficios con el auge de las renovables, ha aplicado el ‘low cost’ en seguridad, y se ha negado a invertir en sistemas de estabilización. ¿Es eso? ¿Estamos ante un apagón causado por la codicia monopolista? Exactamente, eso es... hay sistemas de estabilización de las renovables. Sistemas que no se ha querido hacer una inversión para implementarlos por el coste de los mismos. ¿Qué sistemas deberíamos instalar para dar estabilidad a las renovables? Volantes de inercia, baterías de litio, sistemas de sales fundidas. ¿Qué debería hacerse? Pues combinar todas estas soluciones técnicas, todas juntas, en un sistema bien planificado, para que se aprovechen sus sinergias, como si fuera una orquesta. ¿Qué pasa? Que todo esto, a escala nacional y no digamos europea, es caro, muy caro. Requiere de una enorme inversión... “La producción de electricidad debería estar nacionalizada”

 "Meses después del 'gran apagón' que dejó a España a oscuras, aún no sabemos las causas inmediatas del incidente, pero hay una abrumadora cantidad de evidencias que sí apuntan hacia una causa última: la voracidad y avaricia de un oligopolio eléctrico que sólo actúa en pos del máximo beneficio. Así lo piensa Antonio Turiel, experto energético del CSIC.

Antonio Turiel Martínez es físico teórico, investigador y divulgador especializado en sostenibilidad y crisis energética. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC en Barcelona y es conocido por su crítica a las políticas energéticas actuales, abogando por el decrecimiento como solución a la crisis energética. En libros como «Petrocalipsis» (2020) y «El otoño de la civilización» (2022), Turiel ha analizado la dependencia de los combustibles fósiles y las limitaciones de las energías renovables. Es un firme defensor de la corriente del decrecimento, promoviendo un cambio en los hábitos de consumo para evitar un colapso ecológico​.

Cinco semanas después ¿qué sabemos sobre el gran apagón que nos dejó a oscuras?

Pues casi lo mismo que el primer día. La causa inmediata del apagón puede ser más o menos difícil de dilucidar -aunque yo empiezo a sospechar que no es tan compleja- pero creo que es más importante conocer la causa última.

Hubo algún incidente en la red que generó un problema, desatando una inestabilidad, esa es la causa inmediata. Y la causa última es todo lo que llevó a la red a no poder absorber esta incidencia recuperando la estabilidad. Y esto segundo hace tiempo que está pasando y que se sabe, y tiene que ver con cómo se han implementado las energías renovables.

Las renovables se han instalado masivamente en los últimos años pero sin sistemas de estabilización, sistemas que las otras centrales sí llevan: centrales nucleares, de ciclo combinado, o una hidroeléctrica si que llevan volantes de inercia, u otros sistemas que están pensados justamente para ayudar cuando hay oscilaciones en la red. En cambio, se ha permitido que las renovables funcionen «a pelo». Uno no puede conectarse de cualquier manera a la red nacional de alta tensión, que es un sistema muy complejo que se adapta sin que tú se lo tengas que pedir.

Para que nos entendamos. Cuando tú enciendes la luz o un aparato eléctrico en tu casa, no llamas primero a la red para avisarle y pedirle permiso, simplemente enciendes el interruptor. Entonces el sistema percibe una pequeña caída de tensión y se adapta. Es una virguería tecnológica que implementa muchos sistemas de estabilización.

Entonces tú lo que no puedes hacer es conectar la enormidad de potencia instalada de energías renovables que se ha incorporado en los últimos años como el que se compra una placa solar y la conecta a la red. Pero es lo que se ha hecho, de hecho la normativa europea no sólo lo ha permitido sino que lo ha favorecido porque se buscaba una implementación rápida de las renovables.

Pero esto es peligroso. Es como comprarte un coche de muchos caballos… pero sin frenos. Cuando la implementación de las renovables era baja, el resto de los sistemas que sí que tienen capacidad de inercia y de absorber las oscilaciones de la red, pues se hacían cargo de que el sistema se estabilizara y no se fuera a la porra.

Pero el día de autos -el lunes del apagón, que no es casualidad que ocurrió a eso de las 12 del mediodía, cuando el sol estaba más alto y la fotovoltaica estaba a pleno rendimiento- en las entradas de la red teníamos un 53% de fotovoltaica, un 10% de eólica, 10% de nuclear -que aunque tenga inercia, no es nada flexible y se adapta muy mal a los cambios de potencia solicitada-… y por tanto nos quedaba más o menos en torno a un 20% que sí tenía cierta flexibilidad: algo de hidroeléctrica y muy poquito ciclo combinado (3,5%).

Entonces aquí hay un intento de desviar la atención por parte de las autoridades, de la ministra Aagesen, de Red Eléctrica, del oligopolio… que todo el trato mezclan causas con consecuencias, confundiendo a la gente.

Por ejemplo han dicho que media hora antes del apagón, en Europa se observaba que la frecuencia oscilaba. Esa es una consecuencia: es porque España estaba desestabilizando la red europea, y menos mal que hay cortafuegos, que se cortó nuestra interconexión con Francia, y que nuestro apagón no produjo uno en toda la UE, porque hubiera sido una catástrofe de varias semanas para reiniciar. Es un ejemplo de cómo se juega a confundir causa con efecto.

Últimamente se ha hablado un poco más de que en aquel momento la red estaba sobretensionada, y me parece que eso se acerca a la verdad. Yo tengo una sospecha: que desde al menos media hora antes del apagón se estaba sobreproduciendo electricidad fotovoltaica, se estaba arrojando demasiada tensión a la red eléctrica, que no lo pudo soportar y empezó a oscilar. Hacia esa causa apunta un estudio de la Universidad de Oviedo, que analiza la capacidad de inercia de la red -la capacidad de adaptarse a oscilaciones rápidas- y que afirma que había caído por debajo del límite que marca la normativa europea, que ya es bastante laxa.

Resumiendo: a estas alturas conocemos más o menos lo que al principio, y es que tenemos un sistema inestable, cosa que se sabe desde hace años. Hubo un incidente el 8 de enero de 2021 en el que casi se cae toda la red europea. Es un problema que afecta a toda la red europea y que viene del modelo de integración de las renovables. Se ha hecho de una manera que es una barbaridad y una cacicada, porque se han implementado sin sistemas de estabilización, y estamos pagando las consecuencias.

Es como comprarte un coche sin frenos

Entonces, el oligopolio eléctrico, que ha obtenido enormes beneficios con el auge de las renovables, ha aplicado el ‘low cost’ en seguridad, y se ha negado a invertir en sistemas de estabilización. ¿Es eso? ¿Estamos ante un apagón causado por la codicia monopolista?

Exactamente, eso es. Y claro, en medio de este rio revuelto hay algunos que aprovechan para decir que el problema son las renovables. ¡Pues no!. Lo que hay que hacer es implementar las renovables como Dios manda, instalarlas como se sabe que se tienen que hacer y ya se está haciendo en otros países, con mecanismos de estabilización.

Para mí lo más revelador es que desde que ocurrió el apagón Red Eléctrica está todo el rato poniendo entre un 10 y un 30% de gas, manteniendo las centrales de ciclo combinado en «parada caliente», listas para salir a estabilizar el sistema si hay un problema. Dicen que es porque están en «operaciones reforzadas», pero es evidente que esto -que es un mecanismo de seguridad- no estaba listo el día del apagón y hubiera evitado la caída.

Lo de las centrales de ciclo combinado en parada caliente a lo mejor no se puede hacer todo el rato, porque es caro, y porque hay que estar quemando gas natural que produce CO2 y efecto invernadero, pero hay otros sistemas de estabilización de las renovables. Sistemas que no se ha querido hacer una inversión para implementarlos por el coste de los mismos. Las empresas dicen «nosotras hemos cumplido con la normativa, no nos podéis obligar».

Y así estamos: de fondo se sabe que el sistema es inestable, que para estabilizarlo hace falta una gran inversión en sistemas de seguridad. Y el pulso está en quién va a pagar todo eso, si los ciudadanos y el erario público… o los enormes beneficios de este oligopolio.

¿Cuáles son esos sistemas de estabilización para las renovables que deberían haberse implementado para evitar sucesos como el gran apagón?

Hay varias maneras de hacerlo, voy a ir de lo más sencillo a lo más complicado. Pero ninguna es barata: eso también hay que decirlo, y sobre todo ahora que hay que arreglar tanto porque se ha metido mucho.

Además hay una limitación en el modelo de implantación del sistema de renovables a escala industrial: y es que no sólo es electricidad lo que necesitamos. La electricidad no es la forma principal de consumo de energía. En España en forma eléctrica sólo se consume el 22% de la energía final, y ese porcentaje no ha variado mucho a lo largo de las décadas. Y nos han vendido la moto de una electrificación masiva de la sociedad que es técnicamente imposible: por falta de materiales, de prestaciones… De nuevo a estas alturas todo esto ya se sabe.

Y por eso, no tiene sentido que sigamos instalando masivamente más y más potencia renovable si no sabemos que utilidad va a tener. Y eso no quita -quiero subrayarlo- que la electricidad que produzcamos debería ser 100% renovable y limpia, para frenar el calentamiento global. Eso por supuesto.

¿Qué sistemas deberíamos instalar para dar estabilidad a las renovables? Hay algunos que son sencillos técnicamente, y que darían inercialidad al sistema. Son sistemas clásicos, los de toda la vida: un volante de inercia, una turbina conectada a un alternador que gira. Eso puede funcionar como un motor, cuando sube la potencia de manera excesiva, absorbe ese exceso. De esta manera transformamos una energía que es discontínua e intermitente, en una estable y que genera energía contínua. Esto habría que implementarlo para la fotovoltaica pero también para la eólica

Esta solución generaría algo muy útil, que es capacidad de absorber potencia reactiva. Por intentar explicarlo: los cables que transportan la electricidad a veces acumulan energía en forma de campos eléctricos y magnéticos que a veces son un poco impredecibles, porque de golpe te devuelven esa energía. Pero esta turbina podría absorber esta oscilación.

Después de los volantes de inercia, otra solución son las baterías, lo que permitiría almacenar la energía sobrante y liberarla cuando la necesitemos. Pero hay un problema: serían baterías de litio -como las de los móviles, los ordenadores o los coches eléctricos-, y es un material caro. Pero podrían liberar gran cantidad de energía para usarla rápidamente.

También tenemos otra solución, que son sistemas de sales fundidas, un método de almacenamiento de energía por transferencia de calor que utiliza sales inorgánicas en estado líquido a altas temperaturas. Cuando sobra energía, calientas estas sales, cuando te hace falta, usas ese calor para volver a producir electricidad. Esto tiene pérdidas, pero hay formas de reducirlo bastante, y sirven para almacenar una gran cantidad de energía. El gran inconveniente es que es un sistema lento: lento para calentarse y lento para liberar la energía.

¿Qué debería hacerse? Pues combinar todas estas soluciones técnicas, todas juntas, en un sistema bien planificado, para que se aprovechen sus sinergias, como si fuera una orquesta.

¿Qué pasa? Que todo esto, a escala nacional y no digamos europea, es caro, muy caro. Requiere de una enorme inversión…

Hay que implementar las renovables como Dios manda

Claro, se trata de obligar al oligopolio eléctrico a que asuman este coste. A que destinen una parte de sus gigantescos beneficios en dar estabilidad a un sistema del que dependemos todos

Bueno, llegados a este punto y a ser osados, voy a ir más lejos y a apostar: la producción de electricidad -en Europa y en España- debería estar nacionalizada, y no depender de la codicia y el ansia de beneficio de unas pocas empresas.

Usted es una voz que desde la ciencia nos alerta contra las catastrófica el cambio climático, y la necesidad de hacer una transición energética. Pero también no deja de advertir que las soluciones que se están dando a esta amenaza no son neutrales, y que las actuales políticas de transición ecológica están enfocadas desde los intereses de los más ricos, desde los intereses de las grandes corporaciones monopolistas… ¿Es así?

No sólo es así, es que es peor. Porque no se están dando respuesta a los actuales problemas. Parece que sí, porque se invierte dinero y se hacen instalaciones. Pero como no se está dando una respuesta adecuada, se gastan un montón de recursos y al final el problema climático se sigue agravando. Las emisiones globales de CO2 no es que sean enormes, es que alcanzaron un nuevo récord en 2024.

Y eso que España, como muchos otros países occidentales, está inmerso en una crisis industrial, donde cada vez se produce menos -por la desaparición de empresas- y hay un menor consumo de energía, particularmente del consumo de electricidad. No se está haciendo ninguna transición ecológica realmente efectiva.

Porque efectivamente, estamos en un sistema volcado en conseguir beneficios a corto plazo, y el modelo de «transición ecológica» por el que se está apostando ha sido decidido por grandes firmas económicas, que han diseñado lo que hay que hacer para mantener el tinglado capitalista en marcha. Y es un modelo -y así lo perciben muchos ciudadanos- que excluye a los pobres, a las personas con bajas rentas. Si tú vives en un barrio obrero o en una ciudad dormitorio, no te vas a comprar un Tesla eléctrico de 60.000 euros, sino que igual tienes que seguir tirando con el viejo coche diésel que va como un mechero.

Una transición ecológica al servicio de los ricos

Muchos, desde la ciencia y la defensa del medio ambiente, abogan por la necesidad de hacerlo desde la necesidad el decrecimiento, que muchos piensan que implica renunciar al bienestar. ¿Qué defiende esta corriente de pensamiento?

Claro, porque hay una cuestión que es incontestable. Los recursos del planeta son finitos, y algunos ya comienzan a dar signos de agotamiento.

Muchos apuestan todo a que la alternativa para la transición ecológica pasa por la electrificación, pero materiales como el cobre comienzan a ser escasos. Y no digamos ya las tierras raras.

Pase lo que pase, el modelo de crecimiento sin parar conduce al desastre. Y va acompañado de un proceso de bombeo de renta desde abajo hacia arriba, desde los sectores más vulnerables y empobrecidos hacia las élites.

Mira lo que pasa con la vivienda. Hace veinte años tuvimos una burbuja inmobiliaria en torno a la compra de pisos, con las hipotecas; ahora es en torno al alquiler. Ahora es que no podemos vivir ni siquiera en un piso que no es nuestro. Súmale a eso la inflación de los alimentos y de lo demás, al aumento de la precariedad.

Entonces, es necesario decrecer. O lo hacemos de forma catastrófica, desordenada y abrupta… o podemos hacerlo de forma racional, planificada, de manera que signifique un aumento de bienestar para la mayoría. Eso es lo que defiende la corriente del decrecimiento." 

(Entrevista a Antonio Turiel Martínez, 

22.5.25

El apagón de la liberalización: cómo el mercado eléctrico ha fallado a la ciudadanía... La liberalización no ha cumplido ninguna de sus promesas y ha generado riesgos estructurales para la economía, el medioambiente y la cohesión social... el problema de fondo no radica en las renovables, sino en el modelo de integración impuesto por las grandes eléctricas, cuya prioridad es maximizar beneficios, y no asegurar la resiliencia del sistema mediante las inversiones correspondientes. El actual sistema favorece las grandes plantas centralizadas, incluso en el caso de las renovables, en lugar de promover un modelo distribuido, con almacenamiento y gestión local. A día de hoy, las renovables carecen de sistemas de estabilización suficientes, como baterías, almacenamiento hidroeléctrico o gestión inteligente de la demanda. Esto no es casual... El mercado ha sido capturado por unos pocos oligopolios que ejercen poder de mercado, y manipulan precios... La financiarización ha convertido el sistema eléctrico en un canal de redistribución regresiva, donde los hogares y empresas pagan cada vez más, mientras los beneficios se concentran en las élites financieras globales... A más de tres décadas del inicio del proceso de liberalización eléctrica, los resultados son irrefutables: precios más altos, menor seguridad de suministro, menor inversión productiva, mayor volatilidad e impactos sociales crecientes como la pobreza energética... Urge repensar el sistema desde la lógica del servicio público, la planificación democrática y la soberanía energética (Juan Laborda)

 "España vivió un apagón eléctrico de grandes proporciones que afectó a millones de ciudadanos. No soy experto a la hora de analizar cuáles fueron las causas de dicho apagón, de manera que, a falta de la auditoría encargada por el Gobierno, acudo a aquellas fuentes y expertos que llevan realizando un análisis serio sobre el funcionamiento del mismo en los últimos años y que además nos avisaron de que esto podía ocurrir.

Uno de ellos es el investigador del CSIC Antonio Turiel, físico y matématico, que en su blog Crash Oil explicó como este incidente no fue fruto de una tormenta solar ni un problema técnico aislado, sino el reflejo de un sistema eléctrico profundamente mal estructurado. A pesar de la proliferación de energías renovables en el mix energético, los cortes se produjeron por la manera en que éstas se integran en la red. Y es que, el problema de fondo no radica en las renovables, sino en el modelo de integración impuesto por las grandes eléctricas, cuya prioridad es maximizar beneficios, y no asegurar la resiliencia del sistema mediante las inversiones correspondientes.

El actual sistema favorece las grandes plantas centralizadas, incluso en el caso de las renovables, en lugar de promover un modelo distribuido, con almacenamiento y gestión local. A día de hoy, las renovables carecen de sistemas de estabilización suficientes, como baterías, almacenamiento hidroeléctrico o gestión inteligente de la demanda. Esto no es casual: estabilizar la red es caro y no siempre rentable para las compañías, que han presionado para que la inversión y la planificación a largo plazo desaparezcan en favor de una lógica estrictamente mercantil.

En este contexto, y frente a ciertas opiniones esparcidas estos días, la energía nuclear no es la solución. Su inflexibilidad operativa hace que no pueda responder con rapidez a los desequilibrios de la red. De hecho, durante el apagón español, varias centrales nucleares entraron en parada de emergencia, agravando aún más el colapso. En lugar de estabilidad, aportaron rigidez. Además, como han documentado múltiples informes, la energía nuclear es cara, lenta de desplegar y con costes ocultos en residuos y seguridad. Juntemos, además, algo de lo que no se habla, el uranio con el paso del tiempo será muy escaso. La alternativa, el torio, sólo China, con su planificación económica estatal a largo plazo, la está desarrollando.

Por su parte, Red Eléctrica de España (REE), la empresa encargada de la operación del sistema, ha tenido un papel complaciente. Lejos de ejercer un control técnico riguroso e independiente, ha facilitado que las grandes empresas privadas impongan su lógica de negocio. Esta subordinación del interés general al beneficio empresarial revela una fragilidad estructural del sistema regulatorio que debería ser corregida con urgencia si se quiere evitar una mayor frecuencia de fallos sistémicos.

La reestructuración neoliberal del sistema eléctrico: promesas rotas

Este tipo de incidentes no son una excepción, sino una consecuencia previsible de la liberalización del sector eléctrico iniciada hace décadas bajo las premisas del fundamentalismo de mercado. Como demuestra Lynne Chester en su artículo académico “The Failure of Market Fundamentalism: How Electricity Sector Restructuring is Threatening the Economic and Social Fabric”, la reestructuración neoliberal del sistema eléctrico —que incluyó la desintegración vertical, la creación de mercados mayoristas, la privatización de empresas públicas y el debilitamiento del control estatal— prometía eficiencia, menores precios y más competencia. Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta.

Los precios de la electricidad se han disparado mucho más allá de la inflación, sin que ello haya supuesto mejoras proporcionales en eficiencia o capacidad. Las inversiones productivas no han sido estimuladas por la señal de precios, como se prometía; en cambio, el capital se ha orientado hacia actividades financieras y especulativas. El mercado, lejos de disciplinar a los actores, ha sido capturado por unos pocos oligopolios que ejercen poder de mercado y manipulan precios a través de prácticas como el rebidding, permitidas por los reguladores.

La liberalización tampoco ha mejorado la seguridad energética. Como destaca Chester, los picos de precio (spikes) no se corresponden con escasez real de oferta, sino con estrategias de manipulación de mercado. La inversión en nueva capacidad renovable o de respaldo no se ha producido a los niveles necesarios, generando una creciente fragilidad ante eventos inesperados. En lugar de una señal de eficiencia, el precio se ha convertido en un campo de batalla especulativo, con consecuencias devastadoras para hogares y empresas.

La financiarización del sistema eléctrico

El fracaso de la liberalización no puede entenderse sin analizar el proceso de financiarización del sector eléctrico, es decir, su transformación en un espacio de extracción de rentas para grandes fondos de inversión y actores financieros. El uso de mercados marginalistas —donde el precio lo fija la tecnología más cara, como el gas— combinado con la desregulación de derivados energéticos ha convertido la electricidad en un activo especulativo, más que en un bien esencial.

En el gráfico adjunto, con base 100 en enero de 2002, que muestra la evolución del IPC y dos rúbricas adicionales, entre ellas la Electricidad, queda muy claro la inestabilidad de los precios eléctricos frente a la evolución más estable del IPC. Esta volatilidad responde a lógicas especulativas del mercado mayorista, donde el precio diario depende de apuestas financieras, no de costes reales. El resultado: “spikes” brutales, episodios de precios negativos y máximos históricos sin que haya cambios significativos en la oferta o demanda. Lejos quedan las promesas de precios más bajos y estables.

En este contexto, la “excepcionalidad ibérica”, introducida por los efectos de la guerra de Ucrania, permitió a España y Portugal limitar temporalmente el impacto del gas en el precio de la electricidad, desacoplando los mercados y fijando un tope a los precios del gas usado para generación. Esta medida fue una excepción regulatoria que demostró que otra gestión es posible. Sin embargo, también reveló hasta qué punto el sistema actual responde a intereses financieros, no técnicos ni sociales.

El segundo aspecto que relaciona financiarización y precio de la luz, es la entrada de fondos soberanos (Qatar, Arabia Saudí y Noruega) y grandes fondos institucionales (BlackRock, Vanguard, Amundi o Capital Group) como accionistas relevantes en las principales eléctricas españolas. Estas entidades no persiguen el desarrollo energético ni la estabilidad del sistema, sino la extracción sistemática de rentas a través de dividendos, plusvalías y estrategias de arbitraje. La financiarización ha convertido el sistema eléctrico en un canal de redistribución regresiva, donde los hogares y empresas pagan cada vez más, mientras los beneficios se concentran en las élites financieras globales.

Puertas giratorias: el poder invisible que modela el sistema

Uno de los factores clave que explican la permanencia de este modelo fallido es la existencia de puertas giratorias entre el sector público y el sector eléctrico. Numerosos estudios académicos, (véase, por ejemplo, el artículo de David Coen (2009) Business lobbying in the European Union dentro del libro Lobbying the European Union: Institutions, actors and issues, en las páginas 145-168), y que demuestran que las industrias reguladas tienden a capturar a sus reguladores mediante la circulación de altos cargos entre empresas, ministerios, organismos reguladores y despachos de abogados o consultoras.

España es un caso paradigmático. El sector eléctrico es uno de los espacios donde más puertas giratorias se producen, tanto desde ministerios (Industria, Transición Ecológica, Economía) como desde la CNMC o las consejerías autonómicas. Ex ministros y altos cargos han acabado en consejos de administración de las grandes eléctricas y, viceversa, directivos del sector han sido nombrados en cargos públicos de responsabilidad.

Este proceso no es neutro: crea un ecosistema donde la regulación es débil, la supervisión es complaciente y las decisiones estratégicas se alinean más con los intereses de las grandes corporaciones que con el bien común. Además, las puertas giratorias están mediadas por el poder financiero, que conecta los intereses del sector eléctrico con los de bancos, aseguradoras y fondos de inversión, formando una red de poder opaca pero extremadamente eficaz para bloquear reformas estructurales.

Conclusión: el fracaso global de la liberalización eléctrica

A más de tres décadas del inicio del proceso de liberalización eléctrica, los resultados son irrefutables: precios más altos, menor seguridad de suministro, menor inversión productiva, mayor volatilidad e impactos sociales crecientes como la pobreza energética. La desregulación, impulsada en nombre del mercado y la eficiencia, ha transformado un servicio público esencial en un campo de especulación financiera y extracción de rentas.

El caso español, con apagón incluido, precios volátiles con un crecimiento por encima de la inflación general y del crecimiento de los salarios, y conflictos regulatorios, es solo un síntoma más de un modelo que ha colapsado. La liberalización no ha cumplido ninguna de sus promesas y ha generado riesgos estructurales para la economía, el medioambiente y la cohesión social. Urge repensar el sistema desde la lógica del servicio público, la planificación democrática y la soberanía energética."       ( Juan Laborda , El Salto, 10/05/25)

16.5.25

Las causas del apagón están en el oligopolio eléctrico, que no ha implementado mecanismos para estabilizar la incorporación de las renovables... las renovables confieren un cierto riesgo de inestabilidad al sistema eléctrico, pero ya hay muchas tecnologías y estrategias que permiten compensar y estabilizar eso, y esas herramientas no se han implementado, ¿y por qué no se han implementado? La contestación es evidente... estas tecnologías y estrategias que estabilizan la red eléctrica ante la implementación masiva de las renovables no maximizan el beneficio. Son estrategias que dan seguridad pero no son baratas... invertir en seguridad es lo no se ha hecho. Por la combinación, muy peligrosa, de privatizar el sector eléctrico, y de gobiernos que no han tenido voluntad política para obligar a esas empresas en acometer los gastos necesarios para dar seguridad a la red eléctrica, en tecnologías que ya están disponibles pero que cuestan dinero... por ejemplo a las centrales de ciclo combinado con el gas, que deberían haber estado en «parada caliente», listas para entrar al quite ante la caída de los quince gigavatios. Pero esas centrales, en el momento del apagón, estaban paradas. ¿Por qué? Por interés económico... Pero algo muy similar podríamos decir de las centrales nucleares. En el momento del «cero» dos centrales nucleares estaban deliberadamente apagadas desde hacía semanas por lo mismo... o grandes turbinas que por su gran masa conservan la inercia durante un tiempo. De forma que si la red cae durante segundos o incluso minutos, estas turbinas siguen girando y son de ayuda para recuperar el suministro. Esto ya se ha probado en Escocia (Fernando Valladares)

 "El pasado lunes 28 de abril la red eléctrica se fue a cero. En cinco segundos desaparecieron 15 gigavatios de la energía que se estaba produciendo. Todos nos preguntamos qué pasó y cuales son las causas. Ante este suceso además se han levantado polémicas interesadas. Algunos cuestionan las renovables y defienden la necesidad de alargar la vida de las centrales nucleares.

Hablamos de todo ello con un experto en energías renovables y cambio climático, así como uno de los más reconocidos divulgadores medioambientales de nuestro país. Fernando Valladares es biólogo e investigador en el Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC, y profesor de Ecología en la Universidad Rey Juan Carlos.

Hay una investigación en marcha y sabemos que llegar al fondo del asunto llevará tiempo, pero … ¿qué se sabe ya sobre el apagón? ¿hacia adónde apuntan las causas?

Bueno, antes que nada debemos distinguir entre las «causas proximales» y las «causas últimas». Paradójicamente, ahora mismo de lo que podemos hablar más y mejor es de las causas últimas, que son las circunstancias que favorecieron el apagón, y que son múltiples.

Las causas más proximales, concretas e inmediatas son en este caso las más difíciles de determinar, y son las que todo el mundo tiene prisa por saber cuanto antes, para que un apagón así no se vuelva a producir. Es lo que se pide en el debate político, o la pregunta que está en la calle: «pero ¿Qué fue? ¿Un ciberataque, un sabotaje, una avería?».

Determinar estas causas concretas que pudieron disparar una cascada de fallos en el sistema como para que toda la red eléctrica se vaya a cero van a llevar tiempo. Está sometido a un proceso de investigación lento y meticuloso -como no puede ser de otra manera- que es una investigación forense, como la que se hace tras la muerte de una persona, sólo que con millones de datos. Y para que se haga bien, para que sea sólido, detallado y fiable, necesita tranquilidad y tiempo, como poco semanas y seguramente dos o tres meses.

Para entonces la actualidad y la atención pública estará en otro sitio. Como la atención mediática es muy cortoplacista, esa investigación tendrá ya una importancia relativa, y la gente dirá «lo que han tardado». Pero es que no puede ser de otra manera, porque estamos hablando de un sistema muy complejo, y hay muchas responsabilidades y consecuencias detrás. Por ejemplo, para que nos hagamos una idea, en ese estudio forense hay que escalar datos meteorológicos en la escala de tiempo de segundos y minutos, hay que hacerlo para toda la península, para cada central energética y subestación. Y luego están que los fallos en la red eléctrica se miden en la escala de milisegundos. Revisar todo eso, poner en un mismo formato todos los datos, someter las anomalías o perturbaciones a análisis estadístico y matemático, eso es un estudio científico-técnico muy complejo que requiere semanas o meses.

Por eso, todo aquel que quiera saber ya qué ha pasado, y se pregunte por qué «los políticos no nos ofrecen ya una explicación», pues hay que decirle que algunos políticos dicen más de la cuenta, otros menos de la cuenta, y que la ciencia tiene sus tiempos y sus procedimientos. No se puede hacer de otra manera si se quiere hacer bien, y determinar correctamente las causas concretas para ayudar a que esto no vuelva a pasar.

Muchos apuntan a que el enorme auge de las energías renovables -que son intermitentes, al depender del sol o del viento- en los últimos años no ha ido acompañado de mecanismos de estabilización y seguridad en la red. ¿Puede ser esta una de las posibles causas “últimas” del apagón?

Si, si, exacto. Efectivamente esta es la reflexión que va permeando -a pesar de crispaciones y de debates un poco estériles de blanco y negro- en la mente de todos los que nos hemos parado un poco a pensar por dónde van las causas que rodean al apagón.

Porque es verdad que la intermitencia de las renovables confiere un cierto riesgo de inestabilidad al sistema eléctrico, pero ya hay muchas tecnologías y estrategias que permiten compensar y estabilizar eso, y esas herramientas no se han implementado.

La pregunta que viene a continuación es ¿y por qué no se han implementado?. Y la contestación es evidente. No hace falta ser un técnico ni ser un lince para darse cuenta que la privatización del sector eléctrico a lo que ha llevado es a priorizar el beneficio económico por encima de todo. Y todas estas tecnologías y estrategias que estabilizan la red eléctrica ante la implementación masiva de las renovables no maximizan el beneficio. Son estrategias que dan seguridad pero no son baratas. Es como si tu refuerzas la puerta de tu casa o cambias frecuentemente a tu coche de neumáticos. Tu casa no es más bonita ni tu coche es más rápido, pero tienes menos riesgo de robos o de tener un accidente. Pero eso cuesta un dinero, que sólo entendemos que vale su precio cuando ocurre una desgracia.

Esto, invertir en seguridad, en dar estabilidad al sistema ante la incorporación de renovables, es lo no se ha hecho. Por la combinación, muy peligrosa, de privatizar el sector eléctrico, y de gobiernos que no han tenido voluntad política para obligar a esas empresas en acometer los gastos necesarios para dar seguridad a la red eléctrica.

Pero es que es más grave si piensas en los tremendos beneficios económicos que tiene el oligopolio eléctrico. No es un sector deficitario al que haya que ayudar porque atraviesan un mal momento. No, no: ellos mismos no dejan de enseñarnos las enormes ganancias que tienen cada año. Y ahí entramos en el debate fiscal, porque encima se han escaqueado del impuesto a las eléctricas.

Entonces, desde luego, todo apunta a que una de las causas es un oligopolio que sólo está pendiente de la maximización de beneficios, y de un poder político que no le obliga a destinar parte de ese margen en robustecer la red, en implementar mecanismos de almacenamiento o de seguridad, en tecnologías que ya están disponibles pero que cuestan dinero.

¿Cuáles son esas tecnologías y mecanismos que necesitamos para dar estabilidad a la red ante la naturaleza intermitente de las renovables?

Bueno, los primeros mecanismos que ya tenemos muy a mano y que se podían haber usado para evitar este apagón, son las otras formas de energía más contaminantes, o más peligrosas o menos deseables, que no han estado cuando las hemos necesitado.

Me refiero por ejemplo a las centrales de ciclo combinado con el gas, que deberían haber estado en «parada caliente», listas para entrar al quite ante la caída de los quince gigavatios. Pero esas centrales, en el momento del apagón, estaban paradas. ¿Por qué?. Por interés económico, porque en ese momento la energía se pagaba muy barata y no les salía a cuenta a las grandes compañías tenerlas listas «en caliente», por precaución, para salir en auxilio si fuera necesario.

Pero algo muy similar podríamos decir de las centrales nucleares. En el momento del «cero» dos centrales nucleares estaban deliberadamente apagadas desde hacía semanas por lo mismo, porque no era rentable para sus propietarios del oligopolio tenerlas activas por el bajo precio de la energía, dada la abundancia de renovables. Con la salvedad de que mientras que las de ciclo combinado se apagan y encienden relativamente rápido, las nucleares tardan bastante.

Este, el tener en parada caliente a las otras energías no renovables, es uno de los mecanismos que había más a mano y que no se usaron por criterios de rentabilidad. Pero no es ni mucho menos el mejor, porque la energía nuclear es sucia, contaminante y peligrosa, y quemar gas natural produce CO2.

Hay otros mecanismos mucho mejores para estabilizar a las energías renovables que no se están implementando, o muy poco. Mecanismos y tecnologías para almacenar la energía renovable cuando esta es excedentaria, o muy barata, para liberarla cuando hace falta, por ejemplo cuando no hay sol o no sopla el viento. Estrategias que requieren de inversión y donde hay mucho margen de mejora.

¿Cómo se puede almacenar la energía renovable cuando es demasiado abundante? De muchas maneras. Por ejemplo en baterías, aunque esto no está exento de riesgos, de peligros y de contaminación, sobre todo en su fabricación. Pero si se invierte y se investiga, seguro que se encuentran soluciones.

Pero hay otras formas de almacenamiento mucho más limpias, como el almacenamiento en forma hidráulica, con presas de dos niveles. Cuando las renovables son excedentarias, o muy baratas, se bombea agua a la presa superior. Cuando ya no hay renovables -de noche o cuando no hay viento- se deja caer el agua a la presa inferior, moviendo una turbina y recuperando la energía. Además así no se pierde una gota de agua. Todos recordamos como hace unos años, en medio de la sequía y con los precios de la energía disparados, las grandes compañías tuvieron las narices de vaciar pantanos en medio del verano para sacar grandes beneficios.

Hay más formas que tenemos que explorar o desarrollar para almacenar la energía renovable, como es el hidrógeno verde. El excedente de renovables se usa para hidrolizar el agua, produciendo hidrógeno verde, y luego este gas se quema de nuevo cuando hace falta, como en las centrales de ciclo combinado, solo que este combustible no genera CO2 sino de nuevo agua.

Y finalmente tenemos otras tecnologías inerciales, de grandes turbinas que por su gran masa conservan la inercia durante un tiempo. De forma que si la red cae durante segundos o incluso minutos, estas turbinas siguen girando y son de ayuda para recuperar el suministro. Esto ya se ha probado en Escocia por ejemplo, y en otros sitios.

Pero claro, todas estas soluciones son una inversión, cuestan dinero. Por eso, aunque ya están disponibles no se van a implementar si no se obliga a las grandes compañías, por ley, a desembolsar una parte de sus enormes beneficios. Ellas ‘a motu proprio’ no lo van a hacer.

A la propaganda interesada contra las renovables, despreciando su carácter imprescindible en la transición ecológica y en la lucha contra el cambio climático, se suma ahora una acalorada defensa de la energía nuclear.¿Qué responde a esto?

Yo creo que ese debate va a morir de muerte natural, aunque me preocupa que «muera matando», o como poco haciéndonos perder el tiempo.

Las nucleares no son defendibles de ninguna manera. Pero no solamente no lo es desde el punto de vista medioambiental o desde los riesgos para la población. Es que es carísima, hasta el punto que sus propietarios apagan las centrales cuando no les sale a cuenta.

Es muy cara, muy peligrosa y muy contaminante. En su día fue muy novedosa, pero ha quedado anticuada y rebasada tanto ambiental, como tecnológicamente o desde el punto de vista de la rentabilidad. Todos los mecanismos de seguridad que tienes que poner para que los riesgos de accidentes sean pequeños -y nunca pueden ser cero- suponen una enorme inversión y la encarecen enormemente. Y luego están los residuos radiactivos, que nadie sabe qué hacer con ellos.

Entonces, ¿a quién le pueden interesar que salgan las nucleares, de manera oportunista, en el debate de qué ha pasado tras el apagón? Pues a un listado muy concreto de grandes empresas que piden mantenerlas abiertas pidiendo exenciones fiscales a ver si así les cuadran las cuentas. Las mismas que se han rebelado contra el impuesto a sus enormes beneficios piden alargar la vida de las centrales, pero con el dinero de todos.

Y por supuesto, está el tema del peligro de accidentes. Nos dicen que ocurren muy raramente. Ya, pero cuando ocurren las consecuencias son terribles. Fukushima tiene décadas por delante en las que estará vertiendo agua radiactiva al Pacífico, con todo el mundo mirando a otro lado.

Entonces, no tenemos dinero ni tenemos planeta para hacer frente a una energía tan sucia, peligrosa y cara. Sobre todo cuando las alternativas son infinitamente mejores.

Usted defiende la idea de decrecimiento. No basta con potenciar las renovables, sino que hay que cambiar la manera de producir y consumir. ¿En qué consiste?

Pues respondiendo a esto lo que quiero es trasladar un mensaje de optimismo y positividad, un poco para sorprender con el paso cambiado a todos los que dicen que defender el decrecimiento es poco más o menos que volver a las cavernas.

Hay estudios científicos que afirman que países como España podrían producir y consumir la mitad de la energía al mismo tiempo que maximizamos el bienestar y la salud de las personas. Si reducimos a la mitad la producción y el consumo de energía, el riesgo de apagones y el impacto ambiental de la producción de electricidad disminuye exponencialmente.

Que aprendamos a vivir mejor produciendo y consumiendo menos es una buenísima noticia, salvo que te llames Endesa, Repsol, Iberdrola, Enagás o Naturgy, que ganan más cuanto más se produce y se consume, y más en las condiciones que les pone el Estado, que se lo regala todo.

Producir y consumir menos es una parte muy importante de la economía del decrecimiento, que es un pensamiento racional, sensato e ineludible, que también atañe a los alimentos, a la tecnología y a otros aspectos.

La reducción del consumo y la producción va a ocurrir, es inevitable, porque los recursos son finitos. Pero puede ocurrir por las malas, de manera abrupta, por colapsos del sistema como este apagón, por una crisis o una recesión, cosas que debemos evitar. O podemos hacerlo de manera pilotada, racional y planificada, para que no cause trastornos.

Se trata de planificar que aspectos de la economía -y especialmente en el Norte Global donde hay un exceso en la explotación de los recursos; no en el Sur Global, porque allí no es aplicable ni justo, se tienen que desarrollar- se pueden repensar para vivir mejor produciendo y consumiendo menos.

Entonces, el decrecimiento es a favor de la abundancia, de mejorar el nivel de vida de la gente, la salud de la población y del planeta. Hemos asociado «crecer» con vivir mejor, y eso no siempre es cierto."

(Entrevista a Fernando Valladares, 

13.5.25

Lecciones del apagón: en la UE las eléctricas públicas ganan terreno y los gestores de la red son estatales

"El reciente apagón eléctrico sufrido en España reabre debates sobre la estructura y composición del sistema energético. El lobby nuclear y la derecha política están criticando el importante peso de las renovables en el mix y ahondando en los posibles errores de la red para evitar el fundido a negro, disparando los reproches a Red Eléctrica, una empresa privada con una participación minoritaria del Estado, que sí escoge a sus directivos. El peso de las renovables es creciente en toda la UE, en línea con la tendencia española, pero un análisis más amplio muestra una diferencia clara: España ha dejado en manos privadas todo su sistema energético.

La polémica sobre el apagón español y sus causas ha llegado a la UE. En la Comisión Europea, el titular de Energía, Dan Jørgensen, rechaza que la composición del mix energético sea la causa principal del apagón. “No hay razón para pensar que es por la renovables”, cree el política danés, quien insiste en que “muchos países tienen muchas renovables y tienen menos minutos de apagones al año que otros que no las tienen”. Jørgensen se manifestaba así en un encendido debate en el Pleno de Estrasburgo del Parlamento Europeo, de nuevo instrumentalizado por el Partido Popular y la extrema derecha para convertirlo en lucha doméstica.

Antes de esa cita, Jørgensen, mantenía un encuentro con el Foro Europeo de las Energías Renovables en el que coincidió precisamente en la necesidad de agilizar los trámites para la instalación de renovables en España y Portugal. En un momento en el que arrecian las críticas contra esas fuentes verdes, en Europa “el consenso amplio es la necesidad de modernizar y conectar nuestras infraestructuras”, afirma el eurodiputado socialista Nicolás González Casares, quien estuvo en el encuentro con el comisario y señala que la apuesta fue a favor de “un marco regulatorio claro que facilite estas inversiones”.

En la Eurocámara, el comisario europeo de Energía felicitó a España y Portugal “por la forma en que gestionaron la crisis”, “la peor en décadas” y “obviamente una situación desafiante”. Horas en las que Francia se desconectó rápidamente de la red peninsular, lo que reveló de nuevo el enorme problema de las escasas interconexiones con el continente. El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, que visitó España esta semana, abogó precisamente por profundizar en esa integración, para lo que pidió mayores inversiones públicas. Durante el Pleno de Estrasburgo, González Casares, criticó que no se aprovechase el debate sobre el apagón español para “reivindicar las interconexiones o para hablar de modernizar y digitalizar las redes europeas y avanzar en almacenamiento y flexibilidad del sistema”.

La malla eléctrica gestionada por Red Eléctrica Española (REE) está actualmente conectada con la francesa por dos puntos, en Euskadi y Cataluña, tras el acuerdo de dos décadas con la Réseau de Transport d'Électricité (RTE) que permitió duplicar “la capacidad de intercambio” pasando “de 1.400 a 2.800 megavatios (MW)", según datos de Redeia, la matriz de REE. Su plan de desarrollo de 2024 Visión Global concreta una tercera interconexión por el Golfo de Vizcaya para 2028.
Los gestores de la red en Europa, principalmente públicos

Red Eléctrica española es el operador del sistema eléctrico. Redeia está participada por el Estado en un 20% a través de la SEPI (página 133 del PDF), el mayor accionista de la empresa, a la que sigue Pontegadea, el instrumento financiero de Amancio Ortega, con un 5%, y el gran fondo de inversiones Blackrock con un 4,6%. El resto del accionariado, un 70%, es capital flotante en bolsa. Su homóloga gala, la Réseau de Transport d'Électricité, es también una sociedad anónima pero el control del Estado es mucho más elevado. Francia posee un 80% a través de la eléctrica EDF y la Caisse des Dépôts et Consignations, en un modelo mixto de fuerte presencia pública, mayoritario en la Unión Europea. El gestor del sistema eléctrico belga, Elia, es una empresa con accionistas principales públicos, como la cooperativa de municipalidades y entes intermunicipales o las energéticas semiestatales. En manos privadas sólo está un 40%.

Más ambición pública tiene Dinamarca, con un operador del sistema de transmisión de electricidad y gas natural estatal, gestionado por el Ministerio de Clima y Energía fruto de la fusión de diferentes entes a principios de siglo. Entre los nórdicos, Finlandia también apuesta por el control público mayoritario de su red. El gestor Fingrid Oyj es propiedad del Estado en un 53,1% y el resto del accionariado está en manos de entidades financieras o aseguradoras.

Alemania presenta el sistema más complejo de la UE y es de las pocas excepciones donde la red está mayoritariamente en manos extranjeras privadas. La malla se divide en cuatro grandes regiones con sus respectivos operadores: la antigua Alemania occidental formaría tres zonas y la cuarta sería la Alemania oriental. En esta última, el operador eléctrico es propiedad de la belga Elia y de un fondo de inversión australiano; las otras tres están controladas por grandes inversores alemanes, como fondos de pensiones o aseguradoras y por alianzas de energéticas.
Las energéticas públicas crecen en Alemania

Frente a este modelo de gestión de la red, la producción y distribución de energía avanza en sentido contrario en Alemania. Gigantes como RWE o E.On son privados pero en los últimos años las ciudades germanas han creado sus propias empresas eléctricas y en localidades como Munich dos tercios de los hogares obtienen la luz de ellas. Son las Stadtwerke, que generan energía de las renovables. El informe Local Energy Ownership in Europe, de Energy Cities, cifra en unas mil estas empresas públicas, “un tamaño relativamente bajo”, explica, pero “aun así representan más de la mitad de la oferta de energía al mercado”. En Hamburgo, la compañía municipal de aguas creó una empresa similar y en menos de un año contaba con 100.000 clientes de gas y electricidad renovable.

La efectividad de las Stadtwerke les ha llevado a ser más ambiciosas e involucrarse en proyectos industriales o de suministro a mayor escala. La de Hess ha costeado más de 70 millones de euros en proyectos de renovables mientras que la de Augsburgo financió una planta de hidroeléctrica y en otras localidades estas empresas están remunicipalizando las redes locales de distribución.

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El modelo comunitario y público se extiende por el continente, según recoge el informe de Energy Cities. En Francia existen asociaciones de ayuntamientos propietarias de plantas de biogás, biomasa, campos de paneles solares o de molinos de viento para suministrar energía a explotaciones agrícolas y a sus ciudadanos. El propio consejo regional de la Ile-de-France, el de París, creó hace una década una empresa semi-pública que ofrece energía a miles de hogares y ciudades como Grenoble o Metz aplican también este modelo.

Francia es el ejemplo europeo con la energética pública de mayor tamaño. EDF fue completamente renacionalizada en 2022 para garantizar su viabilidad financiera ante las importantes inversiones en el sector nuclear, pilar del suministro eléctrico galo. Pero ya antes París controlaba la multinacional con más de un 80% de su accionariado y bonos convertibles de su deuda. El Estado francés también mantiene una participación de casi el 25% en la empresa de distribución Engie, otro gigante europeo del sector. El Estado italiano cuenta con una participación parecida, casi la cuarta parte del accionariado, en la mayor energética de su país, Enel, que controla la española Endesa.

Suecia posiblemente sea el modelo eléctrico más público de toda la UE. Una empresa estatal es propietaria de la red nacional y la gestiona como operador, como lo es la principal energética del país Vattenfall. Mientras, España renunció en los 90 a una presencia semejante, apostó por privatizar completamente sus empresas y ni ahora con el apagón eléctrico ni durante la reciente crisis de los precios de la luz fructifica el debate sobre la presencia pública en el sector."

( Alexandre Mato , InfoLibre, 11/05/25)

10.5.25

La red eléctrica en España está controlada por un oligopolio de compañías privadas... el apagón del pasado 28 de abril no fue una crisis técnica, sino una señal sobre el poder que ejercen unas pocas compañías sobre un servicio que debería ser de la ciudadanía. ¿Se puede avanzar a un sistema totalmente renovable con un sistema altamente privatizado? Lo vemos en este reportaje (Helena Margarit)

 "Cómo muchos otros sectores, el eléctrico tampoco se libra del abuso de poder ni de las famosas puertas giratorias. La red eléctrica en España está controlada por un oligopolio de compañías privadas que, como todas las empresas, tiene como objetivo su propio beneficio económico. Por eso, el apagón del pasado 28 de abril no fue una crisis técnica, sino una señal sobre el poder que ejercen unas pocas compañías sobre un servicio que debería ser de la ciudadanía.

7.5.25

Nuestra red es frágil porque la introducción masiva de las energías fotovoltaica y eólica se hizo sin un sistema de respaldo y estabilización suficientes... Nuestra red eléctrica no es lo suficientemente robusta. Durante demasiadas horas y durante demasiados días del año sus sistemas de estabilización no son capaces de responder a eventos raros, pero no excepcionales, de perturbación de la red... Esto es lo que se conoce como inercia de una red eléctrica. La oferta y la demanda de energía eléctrica deben estar sincronizadas a cada instante, y si alguna de ellas varía, inmediatamente se activan mecanismos de compensación... ¿por qué se han introducido así las nuevas renovables? para ahorrar dinero. Y no estamos hablando de una cantidad pequeña, sino de cantidades enormes de dinero. ¿Puede dotarse a las nuevas renovables de inercialidad y de cierto grado de flexibilidad? Posiblemente nunca podrá funcionar exactamente igual que los viejos sistemas, pero se pueden mejorar mucho sus características con el uso de sistemas de estabilización adecuados, desde las baterías y los supercapacitores, pasando por los volantes de inercia hasta los motores reactivos, sales fundidas y otros sistemas de almacenamiento de energía de lo más diverso, que permiten absorber la energía cuando sobra y devolverla cuando falta... Sin ellos, en los momentos en los que hay una gran penetración de las nuevas renovables, el sistema no tiene margen de maniobra y cualquier pequeña inestabilidad puede ampliarse sin control hasta hacer caer la mayor parte de la red, como pasó el 28 de abril. Además, a estos sistemas de estabilización, para un sistema puramente basado en renovables intermitentes, hay que sumar otros elementos de almacenamiento a medio y largo plazo, que aseguren el suministro de energía cuando la producción baje, por ejemplo, debido a la reducción de horas de sol en invierno, generando y almacenando excedentes en verano... si queremos ir a un modelo en el que durante la mayor cantidad de tiempo posible la electricidad que produzcamos sea de origen renovable, eso implica acompasar el despliegue de plantas con la instalación de esos sistemas de estabilización, que son extraordinariamente caros (Antonio Turiel)

 "El gran apagón del pasado 28 de abril no solo supuso una disrupción total del funcionamiento de nuestra sociedad, sino que fue mucho más que eso. Fue la constatación de la fragilidad del modo en que organizamos nuestras vidas. Nos asomamos a un abismo que queríamos creer que estaba mucho más lejos y era mucho menos profundo. Y aunque ahora estén los de siempre intentando restar importancia a lo que ocurrió, o convencernos de que no vimos ese abismo, sabemos perfectamente lo que vimos.

A día de hoy se está discutiendo cuál pudo ser el disparador concreto de la caída masiva de la red eléctrica, pero lo que de verdad interesa es saber si la red era y es lo suficientemente robusta. Y la respuesta corta es que no. Nuestra red eléctrica no es lo suficientemente robusta. Durante demasiadas horas y durante demasiados días del año sus sistemas de estabilización no son capaces de responder a eventos raros ‒pero no excepcionales‒ de perturbación de la red. Esto es lo que se conoce como inercia de una red eléctrica. La oferta y la demanda de energía eléctrica deben estar sincronizadas a cada instante, y si alguna de ellas varía, inmediatamente se activan mecanismos de compensación.

Cuando se diseñó la red eléctrica, todos los métodos de generación de electricidad (hidroeléctrica –la vieja renovable–, centrales térmicas, nucleares, ciclos combinados) se basaban en lo mismo: un líquido o gas, cuyo flujo puede ser regulado, empuja una turbina de varias decenas de toneladas, que genera así una señal eléctrica oscilante (corriente alterna) con una forma muy precisa (sinusoidal) y perfectamente repetitiva. Ese comportamiento permite dotar al sistema de estabilidad, porque hace más fácil sincronizar el movimiento de todos los generadores (si alguno va desfasado, se producen cortocircuitos de gran potencia que pueden fundir los elementos que no van “al paso”). Además, eso permite hacer bajadas de producción suaves y graduales (las turbinas, con su gran peso, tienen mucha inercia y conservan el movimiento mucho rato,aun cuando se cierren las válvulas al agua o gas). Además, estos sistemas (con la notable excepción de la nuclear) son despachables (es decir, pueden ajustarse a voluntad, básicamente abriendo o cerrando escotillas o válvulas), y son flexibles (esto es, pueden adaptarse fácilmente a los cambios de demanda y oferta de la red), así que se ajustan casi automáticamente a esos cambios.

Por el contrario, las nuevas renovables (eólica y fotovoltaica) dependen de que en ese momento haya viento o sol (son intermitentes, en oposición a los sistemas despachables), son asíncronas y no son inerciales. La que peor sale parada es la fotovoltaica, porque la corriente que genera es continua y por tanto necesita generar la onda de corriente alterna sintéticamente, usando unos dispositivos electrónicos denominados inversores. Por eso, con las nuevas renovables, conseguir mantener la sincronía con la red es siempre un reto, y la adaptación a los cambios es casi imposible: son sistemas inflexibles.

¿Puede dotarse a las nuevas renovables de inercialidad y de cierto grado de flexibilidad? Posiblemente nunca podrá funcionar exactamente igual que los viejos sistemas, pero se pueden mejorar mucho sus características con el uso de sistemas de estabilización adecuados, desde las baterías y los supercapacitores, pasando por los volantes de inercia hasta los motores reactivos, sales fundidas y otros sistemas de almacenamiento de energía de lo más diverso, que permiten absorber la energía cuando sobra y devolverla cuando falta. Cada sistema tiene sus tiempos de respuesta y de duración específicos, y un sistema bien equilibrado requerirá de una mezcla adecuada de todos ellos. Sin ellos, en los momentos en los que hay una gran penetración de las nuevas renovables, el sistema no tiene margen de maniobra y cualquier pequeña inestabilidad puede ampliarse sin control hasta hacer caer la mayor parte de la red, como pasó el 28 de abril. Además, a estos sistemas de estabilización, para un sistema puramente basado en renovables intermitentes, hay que sumar otros elementos de almacenamiento a medio y largo plazo, que aseguren el suministro de energía cuando la producción baje, por ejemplo, debido a la reducción de horas de sol en invierno, generando y almacenando excedentes en verano.

La conclusión es, pues, que nuestra red eléctrica es más frágil de lo que debería, y que es el modo en que se han introducido de forma masiva las energías fotovoltaica y eólica lo que ha ocasionado ese aumento de la fragilidad.

Tenemos ahora dos grandes preguntas. La primera es: ¿esto se sabía? Y la segunda: ¿por qué se han introducido así las nuevas renovables?

La respuesta a la primera pregunta es un categórico sí. No solo quienes firmamos el presente artículo habíamos avisado en repetidas ocasiones de esta situación, sino que la propia compañía encargada de la gestión, Red Eléctrica de España, había alertado del riesgo de desconexiones severas en su informe anual a los inversores de 2024, precisamente por la introducción masiva de las renovables sin el suficiente respaldo (a falta de sistemas de estabilización, se puede mantener la estabilidad de la red usando centrales convencionales de respuesta rápida, pero para ello deben estar listas, y eso, en el caso de la elección más habitual, los ciclos combinados, implica quemar cierta cantidad de gas para mantener cierta inercia rotatoria con su coste correspondiente). También la CNMC había avisado de problemas para el control de la tensión por el mismo motivo.

Respecto a la segunda pregunta, la respuesta es bastante sencilla: para ahorrar dinero. Y no estamos hablando de una cantidad pequeña, sino de cantidades enormes de dinero. Porque si queremos ir a un modelo en el que durante la mayor cantidad de tiempo posible la electricidad que produzcamos sea de origen renovable, eso implica acompasar el despliegue de plantas con la instalación de esos sistemas de estabilización, que son extraordinariamente caros.

Para que el apagón del pasado 28 de abril llegara a ocurrir intervinieron varios factores que no son técnicos, sino puramente humanos. El primero es la codicia de las compañías eléctricas, que obviamente han presionado para vender el máximo de producción renovable posible y no sufrir desconexiones ‒curtailments‒ por motivos técnicos de estabilización de la red. Es lo que cabe esperar cuando se ha dejado en manos casi exclusivamente del mercado un servicio esencial. Y lo hemos permitido incluso sacrificando sectores vitales como la agricultura, o peor aún, poniendo en riesgo los modos de vida que garantizan la biodiversidad de la que dependemos, la vida autoorganizada de comunidades secularmente adaptadas, incluidas las humanas.

Pero los factores humanos no son solo estos. ¿Por qué el legislador no obligó a introducir los mencionados sistemas de estabilización a la vez que se aumentaba la capacidad de generación renovable? Aquí la respuesta es más compleja, pero existe una causa. Desde hace años muchas personas sensibilizadas por los temas medioambientales, entre ellas los firmantes de este artículo, hemos denunciado que la forma en que se pretendía reducir la dependencia energética de los combustibles fósiles ni era la correcta ni, en definitiva, iba a servir para reducir emisiones de gases de efecto invernadero. En primer lugar, las nuevas tecnologías de captación de energías renovables (que son sobre todo eólica y fotovoltaica), no son ni mucho menos tan baratas como han querido hacer creer si tenemos en cuenta los costes ocultos de estabilización de la red. Se nos ha vendido que se había dado con la solución mágica para los problemas de las actuales fuentes de energía, con la que íbamos a conseguir la neutralidad, o casi, a nivel medioambiental y seguir con nuestras vidas normales y el sagrado crecimiento económico para siempre. Pero el problema es que nos han mentido. Una conjunción de intereses empresariales de las grandes energéticas y unos políticos que han encontrado la ocasión de parecer los abanderados del medioambientalismo han provocado la fragilización de la red que llevó al gran apagón del 28 de abril.

Ahora tenemos cuatro grandes problemas. Por una parte, tenemos a los reaccionarios de siempre, que niegan que exista un problema medioambiental y que haya escasez de combustibles fósiles, y que pretenden vendernos que seguimos en un mundo que desapareció hace ya más de 50 años, en la primera crisis del petróleo en 1973. Aunque saben que esto es falso, tratan de colocar su mercancía averiada con la esperanza de poder seguir manteniendo sus privilegios el mayor tiempo posible, aunque sea a costa de provocar un cambio climático descontrolado y, a la postre, un mundo inhabitable para el ser humano.

En segundo lugar, tenemos a los razonables, que hablan de ir introduciendo energías que no emitan gases de efecto invernadero, pero siempre y cuando la economía no se resienta. Pero, ¿qué van a pensar estos cuando se den cuenta de que son caras si se introducen debidamente y, por tanto, siempre van a perjudicar a la economía? Sobre todo en un mundo cada vez más difícil en el que ese crecimiento cada vez es más complicado de conseguir.

Luego tenemos a los tecnoptimistas, que creen que la tecnología lo solucionará todo y que hay que apostar por la energía nuclear de fisión de uranio hasta que lleguen, primero, las centrales de torio, y luego, las de fusión nuclear. A estos optimistas nos gustaría preguntarles varias cuestiones. Primero, si creen que la proliferación nuclear es la mejor de las ideas en un mundo cada vez más inestable. Segundo, si han sumado las necesidades de uranio para cubrir la demanda energética fósil mundial y se han dado cuenta de que no son ni remotamente suficientes. Y tercero, si creen que esas tecnologías futuras en las que confían van a ser realidad solo porque al ser humano, según ellos, le convenga tenerlas.

Por último, tenemos a quienes algunos llamamos greenewdealers (en referencia al Green New Deal), que confían en las energías fotovoltaica y eólica como el Santo Grial de la energía, sin darse cuenta de que estas energías no son solo mucho más caras de lo que nos han contado, sino que, además, tampoco disponemos de las materias primas requeridas por estos sistemas, algunas de ellas muy escasas, en cantidad suficiente como para sustituir a los combustibles fósiles. Y, no digamos ya, si además pretenden sostener el sacrosanto crecimiento económico.

Entonces, ¿no existe salida? La respuesta corta es que sí que existe. Por supuesto que existe.

En primer lugar es preciso replantearse a fondo la forma actual del despliegue de las energías renovables y, en general, la configuración de todo el sistema energético, ya que ha dejado de ser un servicio público para ser un medio de concentración de riqueza en cada vez menos manos.

En el fondo subyace que el crecimiento económico como objetivo irrenunciable del ser humano es algo muy nuevo en nuestra historia. Pero existen otros modos de organizar nuestras sociedades de forma que no sea necesario el crecimiento. Modos en los que han pensado muchas personas desde hace mucho tiempo. Unos modos que consisten en priorizar lo importante para todas las personas sobre lo superfluo, en respetar y cuidar el mundo que garantiza nuestras vidas, no solo para la generación actual sino para las generaciones futuras, pues nuestra existencia depende completamente de él; en reconocer la realidad de que el impacto que ejercemos sobre el planeta es ya es demasiado grande y hay que reducirlo radicalmente, sin consentir los ofensivos beneficios de un engranaje institucional y empresarial que, mientras hace gala de sostenibilidad en los medios, nos arrastra hacia una inmolación colectiva. 

Por eso esta única salida viable exige cambiar el modo en que nos pensamos y pensamos el mundo, y esto es precisamente lo que hace que esté fuera del gran debate público, dominado por intereses de gentes que gozan de enormes privilegios que no serían posibles en ese mundo diferente. Un mundo en el que recuperemos la conciencia de lo que es importante de verdad a la vez que no dejamos a nadie atrás. ¿Es posible? Por supuesto que es posible. Todavía es posible, pero cada vez queda menos tiempo y hay que comenzar cuanto antes."

(Antonio Aretxabala / Juan Carlos Barba / Juan Bordera / Irene Calvé / David Feria / Guillem Planisi / Pedro Prieto / Daniel Rueda y Antonio Turiel , CTXT, 06/05/25)

2.5.25

El apagón es producto de esa debilidad nacional que lleva a que nadie se tome el Estado en serio... Es el tipo de acontecimiento que demuestra que hay algo profundo que no funciona... El Estado se ha convertido en un centro endeble del que todo el mundo tira, un simple espacio del que muchos actores extraen recursos, ya sean territoriales, privados o incluso servidores públicos... El apagón revela también una transición defectuosa desde las empresas públicas hacia las privadas en el sector eléctrico. Desde luego, por el hecho mismo del fallo, pero también porque las posibilidades de la generación barata de energía no han sido aprovechadas (no existen las subestaciones necesarias) ni tampoco se ha trazado un plan para sacar partido de esa teórica fortaleza. La red necesita inversión, que tendría que haberse realizado hace tiempo... ni se ha sacado todo el partido a lo positivo ni se ha generado la seguridad suficiente... La electricidad, como elemento crítico para los Estados contemporáneos, requiere de una arquitectura y de una planificación que debería ser objeto de un planteamiento estratégico. Qué clase de energías utilizar, en qué porcentaje, con qué clase de redes y con qué conexiones son asuntos esenciales que no pueden dejarse de la mano de unos gobiernos cambiantes, tanto en España como en Europa, ni de los lobbies... Estos son los grandes asuntos de Estado. No pueden abandonarse a un mercado cuyas necesidades son exclusivamente las de rentabilidad, pero tampoco existe una voluntad política clara para nacionalizar o diseñar empresas públicas... A través de ese espacio intermedio, que es más estrecho de lo que parece, deberían penetrar las necesidades estratégicas españolas, de forma que orienten al país hacia una provisión energética segura, estable y repartida. Para ese objetivo hace falta un plan, una visión de país, que hoy está ausente. Y no solo porque sea necesario por sí mismo, sino porque, en este instante de la historia, todos los Estados relevantes están actuando en esos términos... Sin esa mirada estratégica, los acontecimientos nos llevarán pasivamente hacia los lugares que otros decidan (Esteban Hernández)

 "El apagón que España sufrió esta semana habría sido mucho menos perturbador para la vida cotidiana si hubiera ocurrido hace un par de décadas. Las comunicaciones no habrían quedado interrumpidas, buena parte de los trabajos habrían podido realizarse, tiendas y bares no habrían tenido que cerrar, ya que los sistemas de pago habrían funcionado, y se habría cocinado en la gran mayoría de las casas. En otras palabras, la electricidad es cada vez más importante en nuestras vidas. Casi todas las actividades dependen de una fuente de alimentación que, si se desconecta, paraliza a un país.

No parece un proceso que se vaya a detener aquí. Más al contrario, todas las previsiones señalan que las actividades que necesitarán de energía eléctrica irán en aumento: los procesos de digitalización son cada vez más numerosos y el horizonte de la inteligencia artificial los impulsará aún más. Hechos como el vivido esta semana muestran claramente la enorme dependencia que los países tienen de la energía, y en especial de la eléctrica. Es un sector crítico.

Todos los países que juegan un papel relevante en el nuevo contexto están priorizando sus intereses nacionales (y los de sus empresas)

Los tiempos están cambiando en muchos más sentidos. Por primera vez en décadas, el regreso a lo nacional es indisimulado. No se trata únicamente del golpe al orden internacional que han supuesto los aranceles dictados por Trump, sino de que todos los países que juegan un papel relevante en el nuevo contexto, desde EEUU a China pasando por Arabia Saudí, Turquía, Israel, Rusia o India, están priorizando sus intereses nacionales (y los de sus empresas) y utilizan para ello todas las bazas con las que cuentan. El fortalecimiento nacional es su objetivo, y la energía es un asunto prioritario.

Ambas cosas, la debilidad que España ha mostrado y los propósitos de los grandes países, ponen sobre la mesa la especial importancia de las capacidades estratégicas para un Estado. La pregunta obvia es si España es consciente de este momento y de todo lo que conlleva. La pregunta derivada es si la Unión Europea, una reunión de Estados que no ha puesto en común los elementos que brindan esas capacidades, podrá jugar en el tablero del poder sin dar pasos adelante en la dirección del reforzamiento y de la reunión de sus fortalezas.

El Estado endeble

El apagón, en lo discursivo, ha terminado formando parte de la dinámica nacional: partidarios de las renovables y de las nucleares se enfrentan; parte de los expertos señalan a Red Eléctrica, otros a las compañías energéticas; hay quienes dejan caer la tesis de la interferencia extranjera; el gobierno se enfrenta a la oposición. Todo lo que sea choque parece ser bienvenido al escenario nacional.

Elevar el tono, sin embargo, no ha llevado a que se tome en serio la lección que supone un apagón de estas características. Es el tipo de acontecimiento que demuestra que hay algo profundo que no funciona, dado que tuvieron que producirse varios fallos a la vez para las luces se apagaran y ni siquiera hemos podido conocer aún las causas.

España es un país que se ha dejado llevar por la inercia que los tiempos traían y ha seguido los lugares comunes de la época

El apagón es producto de esa debilidad nacional que lleva a que nadie se tome el Estado en serio, a que no exista una dirección que abogue por los intereses del país en su conjunto y a que no exista una mirada estratégica que diseñe el futuro.

El Estado se ha convertido en un centro endeble del que todo el mundo tira, un simple espacio del que muchos actores extraen recursos, ya sean territoriales, privados o incluso servidores públicos. La falta de un núcleo que impulse las capacidades que el país posee y que permita que las capacidades estratégicas se articulen es un aspecto esencial de la desvertebración de España. Es un país que se ha dejado llevar por la inercia que los tiempos traían y que ha seguido los lugares comunes de la época. Pero los tiempos han cambiado, y convendría cambiar con ellos.

La electricidad como ejemplo

El apagón revela también una transición defectuosa desde las empresas públicas hacia las privadas en el sector eléctrico. Desde luego, por el hecho mismo del fallo, pero también porque las posibilidades de la generación barata de energía no han sido aprovechadas (no existen las subestaciones necesarias) ni tampoco se ha trazado un plan para sacar partido de esa teórica fortaleza. La red necesita inversión, que tendría que haberse realizado hace tiempo. La existencia de oligopolios genera un mercado disfuncional, en el que hace falta más competencia. El sistema de precios puede promover sustituciones de un tipo de energía por otra para obtener mayor beneficio: entre las diversas explicaciones del apagón, también aparece esta. En conjunto, ni se ha sacado todo el partido a lo positivo ni se ha generado la seguridad suficiente.

Críticas a la falta de información durante la crisis energética

La electricidad, como elemento crítico para los Estados contemporáneos, requiere de una arquitectura y de una planificación que debería ser objeto de un planteamiento estratégico. Qué clase de energías utilizar, en qué porcentaje, con qué clase de redes y con qué conexiones son asuntos esenciales que no pueden dejarse de la mano de unos gobiernos cambiantes, tanto en España como en Europa, ni de los lobbies.

Estos son los grandes asuntos de Estado. No pueden abandonarse a un mercado cuyas necesidades son exclusivamente las de rentabilidad, pero tampoco existe una voluntad política clara para nacionalizar o diseñar empresas públicas. A través de ese espacio intermedio, que es más estrecho de lo que parece, deberían penetrar las necesidades estratégicas españolas, de forma que orienten al país hacia una provisión energética segura, estable y repartida.

Para ese objetivo hace falta un plan, una visión de país, que hoy está ausente. Y no solo porque sea necesario por sí mismo, sino porque, en este instante de la historia, todos los Estados relevantes están actuando en esos términos. No operar de esa manera hará que España tenga menos relevancia en la Unión Europea, justo cuando debería ser al contrario, y que cuente con menos peso internacional. Sin esa mirada estratégica, los acontecimientos nos llevarán pasivamente hacia los lugares que otros decidan."

(Esteban Hernández , El Confidencial, 01/05/25)

4.5.24

Nacionalizar las farmacéuticas... para garantizar el acceso a medicamentos asequibles... Durante y después de Covid, mucha gente se dio cuenta de que dependemos demasiado de las multinacionales farmacéuticas. Hay un sentimiento creciente de que necesitamos recuperar el control sobre el desarrollo y la producción de nuestros medicamentos. Un número significativo de personas progresistas de toda Europa están considerando alternativas públicas para recuperar el control. La conferencia se centró en la farmacia pública en Europa, destacando cómo su desarrollo y producción podrían ayudar a resolver los retos actuales a los que nos enfrentamos

"En esta entrevista, Tim Joye analiza la importancia de pasar de la producción farmacéutica privada a la propiedad pública, haciendo hincapié en la necesidad de recuperar el control sobre el desarrollo y la producción de medicamentos, al tiempo que se impulsa la necesidad de la producción local. Destacando ejemplos y retos, subraya la necesidad de alternativas públicas para abordar la fijación de precios, la escasez y la innovación en ámbitos sanitarios cruciales. Para los países postsocialistas que se enfrentan a una mayor presión financiera sobre los presupuestos sociales, la exploración de la farmacia pública ofrece una vía para independizarse de las multinacionales y garantizar el acceso a medicamentos asequibles.

Sopiko Japaridze (SJ): Explíquenos los motivos de la conferencia «Public Pharma for Europe»   

Tim Joye (TJ): Durante y después de Covid, mucha gente se dio cuenta de que dependemos demasiado de las multinacionales farmacéuticas. Hay un sentimiento creciente de que necesitamos recuperar el control sobre el desarrollo y la producción de nuestros medicamentos. Un número significativo de personas progresistas de toda Europa están considerando alternativas públicas para recuperar el control. La conferencia se centró en la farmacia pública en Europa, destacando cómo su desarrollo y producción podrían ayudar a resolver los retos actuales a los que nos enfrentamos.

SJ: ¿Cómo imagina este paso de la producción farmacéutica privada a la propiedad pública? ¿Existen precedentes en los que podamos inspirarnos?

TJ: El sistema actual no funciona bien. Durante la conferencia debatimos algunas experiencias de la farmacia pública. Empezamos los dos días con una charla de Els Torreele, economista e investigadora de innovación farmacéutica, que dijo que la mayoría de la gente reconoce que el modelo actual no funciona: Los precios son demasiado altos, lo que ejerce presión sobre nuestros sistemas de seguridad social. Este es uno de los problemas. Otro es la creciente escasez de medicamentos vitales, causada por el actual modelo de producción que asume demasiados riesgos. Torreele también destacó el tercer problema, la falta de innovación en ámbitos cruciales de la salud pública, como la resistencia a los antimicrobianos. En muchos casos, la innovación en las grandes farmacéuticas es en realidad innovación para obtener beneficios por encima de la salud pública. Necesitamos explorar alternativas públicas para abordar la fijación de precios, la escasez y la innovación.

Valentin Veron Toma, de Rumanía, explicó que en su país las vacunas eran producidas por instituciones públicas, como ocurría en muchos países europeos. Sin embargo, la privatización se produjo en los últimos 30 años de neoliberalismo. También hay ejemplos de otras partes del mundo. Un invitado de Brasil compartió cómo algunos medicamentos son producidos actualmente por laboratorios farmacéuticos públicos. Además, un representante de la Universidad de Barcelona habló del desarrollo de una nueva terapia celular contra el cáncer en su farmacia pública. Se enfrentan al reto de mantener públicos sus conocimientos y evitar la privatización por parte de empresas multinacionales que pretenden patentarlos. La terapia celular del cáncer es un ejemplo inspirador de la conferencia. Se debatió ampliamente la cuestión de las patentes; aunque en teoría los padres pretenden estimular la innovación, a menudo la obstaculizan en la práctica.

SJ: Es posible que algunos no comprendan lo que está en juego aquí con respecto a las patentes. Repasemos cómo las empresas desarrollan medicamentos y qué implican las patentes. ¿Cuál es el modelo actual y por qué las patentes pueden ser perjudiciales?

TJ: La mayoría de los nuevos medicamentos que podemos encontrar en Europa están protegidos por patentes. Las patentes son algo que puedes pedir como empresa o investigador, si tienes un producto o una tecnología que es nueva, que aporta un valor añadido a lo que ya existe, te da la protección de hasta veinte años que otras empresas no pueden vender tu producto. La idea es dar protección a las empresas privadas para que inviertan en nuevas investigaciones sabiendo que tienen el monopolio para vender durante veinte años. Gran parte de la innovación se hace con dinero público en las universidades. El problema es que cuando se tiene un nuevo descubrimiento científico, se necesita mucho dinero para los ensayos con el fin de llevarlo al mercado. Se necesita mucho dinero para ensayos clínicos y estudios con pacientes. El modelo actual consiste en que los investigadores acuden a las grandes farmacéuticas para que inviertan en su producto, lo patenten para que se puedan realizar los ensayos clínicos, lo que significa que obtienen la patente y el monopolio para determinar el precio hasta que finalice la patente durante 20 años. Es un sistema en el que la innovación se hace con financiación pública, pero el resultado se privatiza y queda en manos de 10-12 grandes multinacionales farmacéuticas a las que no les interesa nuestra salud. Lo que quieren es obtener el mayor beneficio posible.

SJ: Denos un ejemplo de una patente sobre un nuevo medicamento que podría ser perjudicial.

TJ: Nuevo medicamento para la fibrosis quística,Trikafta, un MNC estadounidense Vertex, es una enfermedad, una enfermedad genética. Los que padecen esta enfermedad necesitan un trasplante de pulmón antes de los 30 años. Existe un nuevo medicamento que resuelve el problema genético en la base de la enfermedad, que da unos resultados fantásticos. Este descubrimiento científico se hizo gracias a la financiación benéfica de asociaciones de pacientes de Estados Unidos. Pero hoy, todo el conocimiento, la tecnología y el monopolio para venderlo en el mercado es propiedad de la multinacional americana vertex que lo vende a diferentes países. Lo venden por 200.000 euros al año.

Sabemos por un economista de la salud que analizó los informes financieros anuales de Vertex, que sólo cuesta el 3% de este precio fabricar el producto. El precio es excesivamente alto. ¿Por qué? ¿Cómo pueden hacer esto? Tienen un monopolio protegido por la patente. Por un lado, en Europa, los medicamentos disponibles tienen un impacto enorme en nuestra seguridad social. Se necesitan millones y millones para comprar para todos los pacientes con fibrosis quística. Por otro lado, en África, América Latina y Asia, no pueden permitirse pagar los medicamentos. No está disponible en India, ni en Sudáfrica, ni en Brasil. Ahora mismo hay una campaña internacional para presionar a Vertex. Este es un buen ejemplo de por qué el sistema actual no funciona. Tenemos que encontrar formas de producir medicamentos en el futuro. Para que los gobiernos y las sociedades no dependan de las multinacionales en el futuro.

SJ: ¿Puede explicarnos todo el proceso de fabricación de los medicamentos?

TJ: En el caso de Vertex, la mayor parte del dinero procedía de grupos de pacientes. En otros casos, se trata sobre todo de dinero estatal, universitario. Le pondré el ejemplo del ZOLGENSMA, de Novartis, que hasta hace poco era el medicamento más caro del mundo. Una inyección cuesta 1,9 millones de euros. Es para una enfermedad genética rara, la atrofia muscular espinal (AME). Es una enfermedad letal. Esta inyección cura esta enfermedad, es fantástico. Podemos dar a los niños un futuro. El precio que pide Novartis es demasiado alto. Se descubrió en un centro público de investigación de París que ZOLOGENSMA consiguió dinero del gobierno francés y de asociaciones de pacientes. También consiguieron dinero del crowdfunding. Toda la innovación se hizo gracias a la investigación pública, los pacientes y el crowdfunding. Se necesita mucho dinero para pagar los ensayos clínicos, como he dicho antes, así que hay que probarlo en personas antes de sacarlo al mercado, fabricarlo y hacer un seguimiento de los pacientes durante 2-3 años. El centro de investigación hizo un spinoff privado, para que los capitalistas de los mercados financieros pudieran invertir. Novartis, la multinacional, compró la spin-off, no estoy seguro, por 1.000 o 2.000 millones de euros, y adquirió la patente y la tecnología. Compraron el monopolio para sacarlo al mercado. Lo controlan todo. Tienen la protección del mercado durante 8 años más. Los gobiernos son impotentes. La innovación científica original fue realizada por un centro de investigación público con dinero público. Esto ocurre con casi todos los medicamentos nuevos.

SJ: Volvamos a la conferencia. ¿Cómo eligió a los oradores? ¿Qué espera que sea un paso adelante?

TJ: La introducción corrió a cargo de Els Torreele, quien reiteró los tres problemas principales: 1) precios, 2) escasez 3) falta de innovación. Necesitamos un nuevo modelo que dé prioridad a las personas. Contamos con la presencia de Massimo Florio, economista italiano que ya redactó hace dos años un informe para el Parlamento Europeo sobre cómo podrían ser los centros médicos públicos en Europa. Ya existe un plan creado por este economista. Así que hizo una introducción sobre el informe y los debates actuales en el Parlamento Europeo sobre la farmacia pública. Así que dio a la conferencia un contexto político para el debate.

Luego tuvimos un panel con cinco ponentes, que habían desarrollado una visión de la farmacia pública. Yo era de Bélgica, Joost Smiers de los Países Bajos, Valentin-Veron Toma de Rumanía, Keir Milburn del Reino Unido y Beat Ringger de Suiza. Es una locura ver a cuatro personas de cuatro países -sin conocerse entre sí- tomar la iniciativa de escribir sobre la farmacia pública en Europa. Demuestra que cada vez hay más gente que piensa en ello. Muestra la diversidad de ideas». La visión de Jost es la investigación sin patentes, la de Reino Unido se centraba en la producción pública. Estas cuatro visiones eran complementarias. También deberíamos hablar de investigación, desarrollo y producción. Hubo una propuesta de crear un instituto Salk europeo para la coordinación regional. Mientras que la propuesta (de Suiza) era local, y empezaba a construir la red desde abajo. Estos dos enfoques eran complementarios. Luchar a nivel europeo y luchar desde la base podían reforzarse mutuamente.

Durante el resto de la conferencia celebramos dos talleres. Nos preguntamos: ¿Cómo debe un instituto público poner a disposición de todos sus conocimientos y los resultados de su investigación? ¿Cuál es la visión alternativa sobre las patentes? En segundo lugar, ¿cómo financiarlo? ¿Es económicamente sostenible? Contamos con las propuestas de Dana Brown, una activista estadounidense. Brown dejó claro que la farmacia pública no es imposible, ahora puede parecer descabellado, pero es perfectamente posible tener una política más abierta y transparente y financiar este tipo de institutos. Es económicamente sostenible: es una cuestión de voluntad política. ¿Queremos dejarlo en manos del mercado o tomar el control? ¿Cómo avanzar? ¿Cómo seguir adelante? Percibimos que muchos de los presentes tenían ganas de avanzar y seguir reuniéndose. Incluir esto en la agenda política. Vamos a crear una coalición pública de farmacia pública en Europa que pueda desarrollar más lo que podría ser. Al mismo tiempo, queremos organizar seminarios web y almuerzos en todos los países. Es importante decir que no se trata sólo de ONG, queremos llegar al personal sanitario, a los trabajadores de la farmacia, a los farmacéuticos y a las asociaciones de pacientes. Queremos llegar a miles de investigadores que investigan nuevos medicamentos, pero están atrapados en un sistema en el que su investigación depende de las grandes farmacéuticas. Todas estas personas son víctimas del sistema actual y queremos llegar a ellas y pedirles que se unan a nosotros.

SJ: ¿Cómo puede la gente ponerse en contacto con usted para participar?

TJ: Tenemos una página web para la conferencia donde pueden encontrar más información. Pónganse en contacto con nosotros si quieren organizar algo en sus países. Únanse a nosotros en el próximo encuentro digital."


(Tim Joye es vicepresidente de la organización sanitaria belga «Médicos para el Pueblo» (MPLP). MPLP desarrolló la visión de un Instituto Salk europeo para el desarrollo y la producción de medicamentos. Left East, 30/04/24, traducción DEEPL, enlaces en el original)

21.4.24

Tenía ganas de leer algo así: ¿España primero? Ya nadie discute si hay que blindar las empresas estratégicas, la duda es cómo hacerlo... “En la pandemia nos dimos cuenta de que el papel estatal en algunos sectores económicos es esencial"... “llega Aznar, privatizan todo, y se quedan de presidentes miembros del PP”... Aunque algunos países de Europa no se lo creyeron del todo y en el tema de la energía Alemania, Francia, Portugal… conservaron sus empresas energéticas con un control suficiente porque entendían que eran un asunto estratégico”... ¿Y ahora? “Se están redefiniendo pautas del capitalismo. Lo que llaman autonomía estratégica da valor cada vez más a tener centros de poder cercanos en temas sensibles a la estrategia. Cada uno coloca lo que quiere en valor estratégico: agroalimentación, telecomunicaciones, sanidad… España sitúa agroalimentación, Defensa, energía…”... ¿Telefónica, Naturgy, Talgo, son empresas estratégicas? “Pues dependerá de lo que se considere”

"Llegaron encadenadas como las gotas salen del grifo. La inversión extranjera en España sobrepasó los 28.200 millones de euros en 2023 y los proyectos dirigidos a aumentar la capacidad productiva y el empleo en el país se incrementaron cerca del 12% en 2023, respecto al año anterior, hasta suponer 5.680 millones. En el último trimestre del ejercicio se produjo además un repunte de esa inyección, tanto bruta como neta, que se elevó un 52% y un 79% respecto al tercer trimestre, respectivamente. Los datos son del Registro de Inversiones Exteriores del Gobierno y están disponibles en DataInvex.

Más de la mitad de la inversión extranjera, el 54,3% del global, tuvo un destino: el sector servicios. El 42,2% fue a parar al industrial y un 3% a la construcción. Por subsectores, resultaron especialmente atractivos el comercio al por mayor, las telecomunicaciones, la energía eléctrica y los combustibles. Si se apunta a otro parámetro, los proyectos nuevos de instalaciones productivas, los denominados greenfield, se puede afirmar que gran parte de esos fondos se dirigieron a actividades de alto valor añadido. Así, a la luz de la información de la base de datos FDI Markets, en 2023 España fue el mayor receptor global de esos proyectos en el sector de energías renovables y el tercero en los que implicaron la realización de actividades de I+D. Ocupó la quinta posición, si se cuantifican los planes greenfield relacionados con la inteligencia artificial y fue el décimo mayor destinatario de éstos en el ámbito de las Tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y de las infraestructuras de internet.

Mónica Melle, profesora titular de Economía Financiera de la Universidad Complutense de Madrid, sostiene que España es “muy competitiva” en la esfera inversora, ya que “tiene una estabilidad geopolítica y salarios bastante asequibles, pese a las subidas del salario mínimo”. “Esto hace –se explica– que el capital esté interesando en invertir en el sector servicios y también en el industrial, que están tirando sobre todo”. A esto une “la situación económica". "Somos el país de Europa que más está creciendo, prácticamente lo hacemos igual que Estados Unidos, lo que hace que seamos atractivos. Sigue funcionando el sector turístico, la demanda va bien, el consumo se mantiene… Todo eso hace que seamos un sitio atractivo para invertir”, escancia. Y no ve cambios a corto plazo, ya que ”las previsiones de crecimiento económico hacen que haya previsión de rentabilidades positivas de la inversión”, asevera. Y remata: “Todo el sector servicios de alto valor añadido es pujante y se está viendo que somos muy competitivos porque hay personal cualificado y se están generando productos y servicios a un nivel similar a países como Estados Unidos. Hay capacidad productiva y de rentabilidades positivas que hacen que España interese”. Pero, ¿esto nos interesa?

En ese escenario hay otra realidad: el Gobierno vigila el desembarco de fondos exteriores en empresas e incluso ha vuelto al accionariado de alguna como es el caso de Telefónica. Preguntada sobre si estima conveniente ese control estatal, Melle responde que sí “en sectores que son fundamentales para el funcionamiento de la economía como el financiero, que es de interés general y no puede quebrar”. “De hecho –recuerda–, cuando ha tenido problemas ha habido que poner dinero público y ayudas para rescatarlo”. Al mismo nivel sitúa a las telecomunicaciones y la energía. “Las empresas no pueden funcionar sin energía y, en una economía digitalizada, no concebiríamos que no hubiera servicios de telecomunicaciones. No podemos arriesgarnos a que haya un problema en el suministro de este tipo de bienes y servicios, como no podemos arriesgarnos a que no haya crédito, que es como la sangre en el cuerpo humano, la economía lo necesita”, ejemplifica.

A su juicio, “hay sectores que son de interés general y en ellos no es descabellado el que haya participación pública, ocurre en países de nuestro entorno de la propia Unión Europea, y el que, de alguna manera, se preserve que el funcionamiento y las decisiones que se puedan adoptar vayan encaminadas en pro de la actividad económica en el resto de sectores y servicios” del país. “Es conveniente esa presencia” en órbitas como las de las telecomunicaciones, ligadas a menudo a “cuestiones de Defensa” por lo que “sería muy arriesgado el control de una empresa pública por parte de otros países como Araba Saudí”. Cree Melle que “para garantizar una autonomía estratégica es fundamental que el Estado cobre más protagonismo”. Mira hacia atrás: “En la pandemia nos dimos cuenta de que su papel en algunos sectores económicos es esencial, siempre que se respete en el gobierno de las empresas que la representación la ostentan profesionales con prestigio, cualificados y que aporten en esos consejos de administración una visión empresarial, no política, que sea profesionalizado”. Justifica el planteamiento de este requisito volviendo de nuevo la vista al pasado: “Se trata de que no pase como con las cajas de ahorro, cuyos órganos de gobierno fueron copados por perfiles que no eran profesionales y se tomaron decisiones asumiendo unos riesgos que fueron nefastos como financiar aeropuertos donde no había aviones. Ese tipo de cosas llevaron a la quiebra de cajas, pero no porque el modelo en sí fuera malo”, concluye. 

Los planteamientos geoestratégicos marcan el camino

Ignacio Muro, de Economistas Frente a la Crisis (EFC) y experto en modelos productivos y transiciones digitales, anota que “todo depende de los vaivenes del mundo y de lo que se entienda en cada momento por moderno y adecuado”. Se remonta a la década de los 80, “cuando se empezaron a privatizar empresas públicas”, para afirmar que “el Gobierno puso en marcha entonces lo que llamaba el núcleo duro, formado sobre todo por cajas de ahorro, BBVA… que mantenía a las direcciones una línea”. ¿Cuál? “Les dejaban libertad, salvo si había algún tipo de interés general”. Más tarde, “llega Aznar, privatizan todo, y se quedan de presidentes miembros del PP”, resume. Desde los años 90 a 2010, “la lógica que se impuso fue la libertad absoluta de mercado, no importaba el origen ni la nacionalidad de lo que se consumía, y Europa se descapitalizó, perdió industria, como EEUU. Se trasladó actividad y empleo a los países de Asia, fundamentalmente a China en lo que se ha llamado la globalización neoliberal”, señala. “Mientras –encadena– el centro del poder se vuelca en servicios de alto valor, intangibles, I+D… Aunque algunos países de Europa no se lo creyeron del todo y en el tema de la energía Alemania, Francia, Portugal… conservaron sus empresas energéticas con un control suficiente porque entendían que eran un asunto estratégico”.

Muro avanza en el tiempo para exponer que, tras la crisis global de 2008, “comienza a cambiar algo y más tarde llega Trump con su America First –América primero–, el Brexit e Inglaterra primero, o Italia primero… Ahí arranca un proceso de recolocación industrial y productiva y el control público es importante”, sintetiza. ¿Y ahora? “Se están redefiniendo pautas del capitalismo. Lo que llaman autonomía estratégica da valor cada vez más a tener centros de poder cercanos en temas sensibles a la estrategia. Cada uno coloca lo que quiere en valor estratégico: agroalimentación, telecomunicaciones, sanidad… España sitúa agroalimentación, Defensa, energía…”. En relación a este punto, plantea que quizá sería conveniente "definir cuáles son esos sectores estratégicos". “En el fondo –señala–, es el mismo debate que había en los 80, cuando se liberalizaba, pero había que mantener cierto control”, si bien, matiza que en el tiempo transcurrido desde entonces, “Europa ha avanzado” y en la actualidad, “al hablar de capital extranjero, no es lo mismo francés que árabe o chino”.

El rastro de los desembolsos árabes en España conduce a dinastías como los Saúd (Telefónica), Al Nahyan (Cepsa, Enagás, Cellnex) y Al Thani (Iberdrola, Colonial, El Corte Inglés) y es creciente, según los expertos. “Los fondos soberanos de países árabes siempre han sido grandes inversores desde los 70, con los petrodólares que se decía entonces, y hoy la cuestión es qué se deja en manos de quien, porque no es lo mismo Qatar que Arabia Saudí. Cuando, además, todo tiene un criterio paramilitar o defensivo ante una lógica que se está imponiendo por los conflictos bélicos”, avisa. “Es más”, apostilla, “antes de que nacieran habían empezado a crecer los gastos en armamento en todo el mundo, como si se vieran venir”, lanza.

A su entender, “todo está redefinido con planteamientos geoestratégicos. EEUU ha puesto barreras a China en temas tecnológicos de defensa y quiere que Europa le siga, pero ésta tendría que tener su propio criterio”, aboga. ¿Telefónica, Naturgy, Talgo, son empresas estratégicas? “Pues dependerá de lo que se considere”.

España está de moda, aunque la banca esquiva el 'boom'

Fuentes del ámbito económico confirman que hay varios factores en el país como “los tipos de interés altos, las buenas perspectivas de crecimiento económico y el que en algunos sectores haya habido mucha inversión doméstica” que constituyen “un buen caldo de cultivo” para que “fondos de inversión de países que no sufren la subida de tipos de interés, porque no tienen deuda, como China o los países del Golfo, compren activos en España”. Y a esto engarza que, en concreto los árabes, “aparte de contar con muchos fondos para gastar, tienen interés en sectores que consideran de futuro y que les permiten diversificar desde el mundo del petróleo y los hidrocarburos”.

Se trata de estados que "geopolíticamente no son adversarios, pero tampoco muy cercanos a Europa en general” y que se interesan, según estas fuentes, por áreas de actividad como “telecomunicaciones, energía, cadena de valor para coches eléctricos, renovables…”, como el gigante chino Envision que logró beneficiarse en 2023 de 200 millones en una subvención para poner en marcha una megafactoría en Navalmoral de la Mata (Cáceres) dedicada a la fabricación de baterías para coches eléctricos, según datos recopilados por Civio.

Estos fondos no se están fijando tanto en otras áreas de actividad como la banca y hay un motivo: “Con la subida del Euribor, las cotizaciones están muy altas, lo que hace que no sea un sector tan vulnerable a esas incursiones de capital extranjero, a no ser que cambie la coyuntura. Es difícil ahora por caro”, rematan las fuentes de esa órbita sondeadas que sí constatan que se podría decir que "España está de moda".                      (Noelia Acedo, InfoLibre, 20/04/24)