"1- El pacto ERC-PSC no es una ley, como su nombre
indica, sino –ay, uy– un texto político, esa cosa cuyo significado parte
de su lectura, claro, pero también de su contemplación piadosa. Esto
es, de situar lo leído en su contexto interpretativo –su tradición, su
época, su función–, momento en el que, si todo sale bien, se puede
observar su significado real. Todo en la vida posee su significado real,
si bien, en las cosas colectivas, ese significado real suele estar a
tomar por XXXX de su significado aparente. Ser Sapiens, ese ser
simbólico, en fin, nunca fue fácil.
2- ¿Qué dice literalmente el pacto –a partir de ahora, P–? No se lo pierdan, amiguitos.
3- El pacto es un recorrido que atraviesa
nueve tramos. El primero, el más importante, efectista incluso, y el que
marca la interpretación del resto, es la cosa financiación. En este
apartado se establece que, sea lo que sea que pase, pasaría en el primer
semestre de 2025 –un puente muy lejano para un Gobierno que va tirando
con una mayoría progresivamente inestable, mientras el Palacio de la
Moneda va siendo bombardeado por jueces peinados–. En ese momento, en
todo caso, una Comisión Bilateral Gene-Estado –en Cat, todo lo que acaba
en bilateral es como en el resto del mundo todo lo que acaba en
liguero– habrá conducido hasta una Comisión Mixta –un objeto erótico más
peninsular– de Asuntos Económicos, todo aquello que debía de ser
conducido, que será mucho, pues el P no especifica, no establece tantos
por cientos, montos, límites, cifras, modos. Para entonces, una Agencia
Tributaria Cat habrá empezado a recaudar –de manera progresiva; es
decir, poco a poco, como el fin del mundo– impuestos. Se especifica que
el primero sería el de la Renta. Yupi. En segundo lugar caería la cosa
IVA, la cosa Pymes y la cosa alquileres turísticos, aún no fijados por
la UE –el P, en ese sentido, es un adelantado a su tiempo–.
4- La Gene, como recaudadora única del Estado al
Este del río Ebro, debería, para entonces, realizar anualmente dos pagos
al Estado. Uno a) por los servicios y las inversiones recibidas. Eso
obligaría al mosqueo y al mal rollo de evaluar esos servicios e
inversiones. De pegar golpes en la mesa, de gritarse, de querellarse
judicialmente. Como en Alemania. Lo que es bueno. El otro sería en
concepto federal de b) solidaridad. ¿A cuánto asciende eso? No se sabe
–ni, me temo, se sabrá; no se pierdan el punto 8–. La Gene, por tanto,
se financiaría restando a lo recaudado los conceptos a) y b). Es decir,
la Gene debería de establecer, por sí sola, qué pasta tiene, y gestionar
y establecer sus gastos y los límites a su gasto, como los niños
mayores. El P, claro, no garantiza que la Gene mejore sus ingresos, ni
que los contabilice de manera acertada. En todo caso, y esto es
importante –no sale en el Estatut, pero sí que parece estar contemplado
por el marco constitucional–, ninguna comunidad autónoma podría contar
con más recursos que Cat, una vez aplicada su tarifa solidaria anual. Es
decir, primaría el principio federal de la ordinalidad.
5- No se menciona, en ningún momento, el papelón de
la Agencia Tributaria Estatal, que debería desaparecer, ceder espacio,
formar y supervisar a la Agencia Tributaria Cat, en una movida que, de
producirse, sería comparable al nacimiento de la policía autónoma cat,
aquel trasiego de uniformados desde unos cuerpos policiales a otros.
Inciso: por lo general, muy contentos, pues iban a cobrar más pasta. El
patriotismo es ansí.
6- A todo esto se le llamaría Financiación Singular
–no lo es; no se pierdan el punto 7–, o soberanía fiscal –no lo es; esos
palabros tan solo satisfacen el fetichismo de la política cat ante el
palabro soberanía; y, de paso, ilustran el sumamente limitado registro
léxico del procesismo, que utiliza como progre y chachi una palabra que
en Europa y las Américas da escalofríos, al habérsela quedado la derecha
yuyu, la de los colmillos–. ERC llama al compendio Concierto Económico
solidario, un buen nombre artístico. Pero no lo es, no se pierdan el
punto 8, que es la aportación al mundo de este artículo, me temo. Bueno,
a partir del 9 tampoco está mal.
7- Para realizar todo esto sería necesario modificar
dos leyes ordinarias y una ley orgánica, la LOFCA –Ley Orgánica de la
Financiación de las CC.AA.–. Para cambiar esta ley se requiere una
mayoría hermosa. A cambio de esos apoyos, se supone, el modelo sería
expandido a otras CC.AA., de manera que pasaría a ser el modelo general.
Vamos, que el modelo cat no sería singular. Pero, y aquí empieza lo
divertido, si la cosa va en serio, si se pretende lo que se dice, y no
que la Gene haga de gestoría, y recaude los impuestos, by the face, para
el Estado, como el BBVA, también sería necesaria una reforma
constitucional. Esto es, 234 diputados –ya nadie sabe lo que es eso; no
me los imagino juntos ni que en el techo del Congreso aterrice el
helicóptero de Tulipán– que hagan esa propuesta, unas elecciones
generales anticipadas, la legislación de esa propuesta, otra vez con el
voto afirmativo de 234 dipus –uno no se imagina 234 juntos ni siquiera
en la celebración del Día Europeo del Percebe–, y referéndum posterior
en todo el Estado. Y, eso, ¿por qué?, se estarán preguntado.
8- Por casi nada. Por la sentencia al Estatut de
2010. Hasta aquella sentencia –un antes y un después no solo en la
tradición descentralizadora local, sino en la democrática– hubiera sido
posible en Cat, al menos sobre el papel, un sistema de financiación
foral, el concierto ese del que habla ERC, y del que habla el P. Era
posible –al menos sobre el papel– cambiar la LOFCA hacia ese sentido.
Después de aquella sentencia, desfederalizadora, como la evolución del
sistema autonómico después de 1981, quedaba descartada toda posibilidad
de un sistema de financiación singular, alejado del general. Se puede
hacer, claro. Pero el TC lo enviará a la papelera de Windows. Punto y
pelota, me temo. Recordemos, ya puestos y para aportar un preciosismo
estético de aquella sentencia, que en el voto particular de un vocal
–progre, además– del TC se señalaba que el sistema autonómico era “un
mero sistema de descentralización administrativa”. Lo que, si se fijan,
da, en efecto, muy poco de sí.
9- Para los chicos y las chicas federales, el P es una buena música. Pero una letra chunga. Y que, además, nos suena. Es como un déjà vu. Algo
aparentemente vivido. De hecho, los mayores de 21 años lo hemos vivido.
Bienvenidos a la dimensión desconocida, ninu-ninu-ninu-ninu.
10- En efecto, lo que plantea el P viene a ser algo
de la música y de la letra del Pacte del Tinell –aka Acord Govern
catalanista i d’esquerres en la Gen de Cat–, que cristalizó, en parte,
en el Estatut de 2006, y en su propuesta inicial de federalismo por la
puerta de atrás. Fracasada por todo lo alto, como saben, y rematada en
la sentencia del TC de 2010. Una sentencia, se debe señalar, lenta,
retrasada, de poco empaque, de escasa vistosidad intelectual, de escasa
valentía y nulo lucimiento legal. El TC, roto ya de tanto usarlo,
empezaba a ser la parodia en la que se convirtió poco después, tras su
reforma de 2015, cuando pasó a ser un tribunal político abierto de
noche, como los bares de vampiros ubicados en una pirámide maya.
11- Es decir, el P es, a su vez, una parodia del
pasado, si pensamos que con la reforma del Estatut de 2006 quedó claro
el estancamiento político del Estado, su imposibilidad para reformarse,
ni siquiera con astucia, y su sensibilidad conservadora para la
reacción. El P es, tras las casillas procesistas, una vuelta a unos años
atrás –21, vamos–, hacia las casillas federalistas. Supongo que la
lógica es que, tras las casillas federalistas, vuelvan, en un tiempo,
las procesistas. Y así. Es un bucle. Que explica algo dramático: la
paralización de las reformas estructurales del Estado. Es decir, y por
lo mismo, el riesgo de contrarreformas. El P, como el procesismo, sería
así una buena música, para procesistas y federalistas, según, pero una
mala letra para ambos packs, pues la letra alude a cambios
irrealizables y que, al parecer, tampoco importa mucho realizar. El P de
la política como música. Ambiental, para pasar el rato en un Estado
que, en fin, no admite reforma alguna.
12- Lo único bueno del P es lo que esconde debajo,
mucho, de sí mismo. Un primer acuerdo entre indepes –esa cosa que, como
ha quedado vista, no existe– y federalistas –esa cosa que, como quedó
vista, no existe–, dos cosmovisiones que podrían estar –de existir– más
próximas de lo calculado, para un largo periplo, en un Estado paralizado
y paralizante. Si bien no está claro que sea eso lo que ha pasado.
13- Lo más probable es que el staff de ERC
se haya visto en un momento precario ante unas elecciones anticipadas, y
ha firmado lo que ha tenido más a mano, para sobrevivir cuatro años. Es
curioso que lo que tenía más a mano, lo que le alejaba del procesismo
reaccionario de Junts –no hay otro; Junts lidera ya el pack–,
lo que le acercaba a otras tradiciones de izquierda cat, sea algo tan
lejano como los pactos de 2003. El objetivo para ERC no es nada de lo
que aparece en el P, como sus objetivos, desde 2014, no eran nada de lo
que aparecía en aquellas hojas de ruta fantásticas, pura música, nula
letra, pactadas con CDC/PdCAT/Junts, sino seguir vivos, intentar no ser
devorados por Junts.
Las izquierdas no deberían de participar en mentiras colectivas, en músicas sin letras
14- El 2 de agosto se sabrá, tal vez, si finalmente
ERC ha sido devorada por Junts. Se sabrá si la política como identidad
personal –la política como club de fútbol, como forma de ser,
como forma de gritar– se ha comido a ERC, tras más de una década
practicando esa forma de política, próxima al fake, cercana a
la Guerra Cultural. Se sabrá, incluso, si ERC puede implosionar. Si
puede caer, de manera oficial o efectiva, en la órbita de
Puigdemont/Junts, esa forma de vivir el ocio para la clase media, con
tiempo y pasta para el simbolismo permanente, esa cosa tan cara. Hay
probabilidades de ello: a) no se sabe cuál será el resultado de la
consulta, y b) se está hablando de que las JERC –las juventudes de ERC–,
poseedoras de un escaño en el Parlament, votarían no a Illa, siguiendo
el argumentario católico-racial-sentimental de Junts. Lo que impediría,
de hecho, su elección.
15- El pacto, desde el punto de vista del PSC, es,
lo dicho, una buena música. Pero su letra habla también de la
imposibilidad de derogar la Ley Mordaza, de limitar, de manera efectiva,
el precio de los alquileres, del fin de los puntos y seguido y el
inicio de los puntos y aparte. De la política como fatalismo, como
palabras, como nada. Del futuro deslumbrante para las nuevas derechas,
las únicas que pueden emitir cambios. Hacia atrás, lo que no deja de ser
un cambio. El más probable hoy día, diría.
16- Las izquierdas no deberían de participar en
mentiras colectivas, en músicas sin letras, en –todo apunta a ello–
procesismos. No debería desgastar, quitar el sentido, a las palabras. "
(Guillem Martínez , CTXT, 01/08/24)