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17.7.26

El descenso a los infiernos... Volkswagen se encuentra sumida en una profunda crisis, al igual que todo el sector automovilístico alemán... su desastre es un desastre interno, y es representativo de los errores cometidos por el capitalismo alemán. Los directivos se durmieron en sus laureles. El «dieselgate», en el que el grupo manipuló los resultados de las emisiones de sus vehículos para mantener la producción, es una caricatura de esa postura... Adam Tooze destaca que «en lo que respecta a Alemania y su industria automovilística, se disponía de sumas de dinero comparables [a las inversiones chinas en vehículos eléctricos] para invertir en forma de beneficios récord». Pero en lugar de invertir, los grupos alemanes, con VW a la cabeza, colmaron a sus accionistas con dividendos récord... Mientras los medios económicos occidentales se esforzaban por justificar esos pagos de dividendos, el Estado chino construía una capacidad de producción que competía directamente, tanto en precio como en calidad, con los mercados controlados por los alemanes... en 2023, los tres grandes fabricantes de automóviles alemanes (VW, BMW y Daimler) repartieron nada menos que 31 000 millones de euros en dividendos, a pesar de que el choque chino ya se hacía evidente... Esta obsesión por la rentabilidad entierra las ambiciones del sector automovilístico alemán. La inversión solo puede reactivarse de forma forzada, la batalla se libra a la baja en los precios, en un contexto en el que China está recuperando terreno en términos de calidad... la lógica competitiva dictaría que los grupos europeos acabaran trasladando a China la producción que aún se mantiene en Europa... Todo ello pone de manifiesto un pánico perfectamente comprensible... el problema fundamental de la competitividad de la industria automovilística alemana es que no puede aspirar a volver a niveles de costes sostenibles. Sobre todo porque el grupo —y esta es su gran debilidad frente a sus rivales chinos— debe garantizar la remuneración de sus accionistas antes de pensar en su propio futuro (Romaric Godin)

 "Durante mucho tiempo Volkswagen fue la empresa que encarnaba el modelo alemán. El grupo de Wolfsburgo arrollaba a la competencia con sus ventas y sus beneficios y representaba el éxito descarado de la República Federal. A través de él, se reconocía toda la constelación de los «líderes mundiales», los «Weltmarktführer», que por entonces abundaban en Alemania.

Pero todo eso ya es cosa del pasado. «VW» se encuentra sumida en una profunda crisis, al igual que todo el sector automovilístico alemán. El viernes 26 de junio, la revista Manager reveló un plan de recorte de gastos que se presentará el 9 de julio al comité de empresa del grupo. En el programa: un ahorro de 11 000 millones de euros, la mitad de los cuales afectará al empleo. Esto afecta a nada menos que 100 000 de los 675 000 puestos de trabajo del grupo en todo el mundo, lo que supone algo menos del 15 % del total.

Se trata, sobre todo, del doble de lo previsto hasta ahora en el marco de un plan que se había negociado duramente con el sindicato IG Metall en 2024. El sindicato había aceptado el principio de un cierre de fábrica en Alemania y la congelación salarial para salvaguardar el principio de la seguridad laboral. Las supresiones de puestos de trabajo debían limitarse estrictamente a la no sustitución de los puestos vacantes.

Pero este compromiso tan duro que IG Metall había querido hacer pasar por una victoria no ha durado ni dos años. De hecho, la situación del grupo se ha deteriorado aún más. En 2025, la facturación global del grupo se redujo un 0,9 %, hasta los 321 910 millones de euros, y el resultado neto cayó un 44,3 %, hasta los 6 900 millones de euros. Solo en el primer trimestre de 2026, la situación se deterioró aún más rápidamente: las ventas cayeron un 2,4 % interanual y el beneficio operativo, un 15 %.

Estancamiento de las ventas, explosión de los costes

La magnitud del desastre para Volkswagen resulta aún más impactante si se analiza con mayor perspectiva. En 2019, el margen operativo del grupo se situaba en el 6,7 % de la facturación. En 2025, este ratio se redujo a una cuarta parte y se situó en tan solo el 2,8 %, lo que pone de manifiesto el colapso de la rentabilidad del fabricante.

En cuanto a los vehículos entregados, la caída también es notable. En 2019, VW entregó 10,974 millones de vehículos, su récord hasta la fecha. Seis años más tarde, se entregaron casi dos millones de vehículos menos, es decir, 9,022 millones. Un descenso del 17,8 % que se compensó en parte con subidas de precios (la facturación aumentó un 27 % en el mismo periodo) hasta 2023.

A partir de esa fecha, los precios de los vehículos del grupo se volvieron demasiado elevados. La ventaja en la que se apoyaba el grupo era una competitividad ajena a los costes: la calidad de los vehículos justificaba un precio elevado. Pero desde principios de la década, esta ventaja parece haber quedado obsoleta por dos razones.

En primer lugar, la subida de precios fue excesiva justo en el momento en que surgió de China una competencia más barata, pero de calidad comparable. En segundo lugar, Volkswagen, al igual que la mayoría de los fabricantes occidentales, no supo subirse al tren de la electrificación y tuvo que ceder cuota de mercado a fabricantes más avanzados en este ámbito, también en este caso principalmente chinos. Resultado: entre 2023 y 2025, las ventas retrocedieron un 3,8 % en volumen y un 0,2 % en valor.

Pero, al mismo tiempo, los costes se han mantenido elevados e incluso han aumentado. El margen bruto, que relaciona los costes de producción con la facturación, pasó así del 18,92 % en 2023 al 15,92 % en 2025. Por supuesto, los costes energéticos desempeñaron un papel importante, a raíz de la invasión rusa de Ucrania, pero quizá menos de lo que se piensa, ya que se vieron compensados por la subida de los precios. En 2023, el margen bruto repuntó 0,2 puntos con respecto a 2022. En realidad, el principal problema de Volkswagen es el exceso de capacidad. Sus ventas de vehículos están disminuyendo y su parque industrial está infrautilizado.

Esta infrautilización es consecuencia, por un lado, de una falta de inversión que hace que la capacidad productiva quede en parte obsoleta con respecto al mercado, pero también de malas decisiones tomadas por la dirección del grupo y sus filiales. En 2025, el aumento de los costes de producción se explica así también por el fuerte incremento de las amortizaciones de activos, es decir, de inversiones pasadas. Una cosa es segura: la caída del margen bruto no se debe al aumento de los costes de personal, que se redujeron un 1,4 % en dos años, entre 2023 y 2025, es decir, a un ritmo más rápido que la facturación.

La función social de Volkswagen no es tanto fabricar automóviles como generar beneficios para sus accionistas. Por ello, el grupo se fijó ya en 2024 el objetivo de volver a un margen operativo del 8 al 10 % en 2030. El objetivo parece hoy inalcanzable, por lo que la dirección se ha embarcado en una amplia reestructuración para reducir el exceso de capacidad actual mediante cierres de fábricas y la duplicación de los recortes de plantilla.

El naufragio de la cogestión

El sindicato IG Metall ha prometido luchar «con todas sus fuerzas» contra las decisiones de la dirección. Pero la reacción sindical es, en gran medida, meramente formal. Durante años, la «cogestión» en Volkswagen, tan alabada por la socialdemocracia europea, se ha reducido a un acompañamiento benévolo de las desastrosas decisiones de las sucesivas direcciones.

La cruda realidad que revela este nuevo anuncio es que IG Metall nunca ha sido capaz de erigirse en contrapoder. El poderoso sindicato ha negociado el acompañamiento del descenso a los infiernos del grupo. El acuerdo de finales de 2024 es, desde este punto de vista, ejemplar. Al ceder a las principales exigencias patronales para salvaguardar la garantía de empleo, IG Metall ha allanado el camino para que se ponga en tela de juicio esa misma garantía de empleo.

Su postura, siempre defensiva y de colaboración con la dirección, convierte al sindicato en corresponsable de este desastre social e industrial. Así es la cogestión al estilo alemán: no implica que los representantes de los trabajadores puedan participar en la estrategia de la empresa y mucho menos corregirla, sino que supone la colaboración sindical con la estrategia de la dirección para aumentar los beneficios. El sindicato puede entonces «recompensar» a sus afiliados con generosas participaciones. Hasta que esta estrategia se estrella de lleno contra un muro y son los trabajadores quienes pagan los platos rotos.

Porque el desastre de Volkswagen es, en gran parte, un desastre interno, aunque sea representativo de los errores cometidos por el capitalismo alemán en su conjunto. Los directivos del grupo, durante la década de 2010, se durmieron tranquilamente en sus laureles, encerrándose en una postura conservadora, como si los éxitos de entonces garantizaran los éxitos futuros. El «dieselgate», en el que el grupo manipuló los resultados de las emisiones de sus vehículos para mantener la producción actual, es, evidentemente, una caricatura de esa postura.

Desde esta visión conservadora, el capitalismo alemán consideró innecesario invertir los generosos beneficios que obtenía en aquel momento. Como destaca el historiador Adam Tooze en una entrada reciente de su blog Chartbook«en lo que respecta a Alemania y su industria automovilística, se disponía de sumas de dinero comparables [a las inversiones chinas en vehículos eléctricos] para invertir en forma de beneficios récord». Pero en lugar de invertir, los grupos alemanes, con VW a la cabeza, colmaron a sus accionistas con dividendos récord.

Mientras los medios económicos occidentales se esforzaban por justificar esos pagos de dividendos, el Estado chino construía una capacidad de producción que competía directamente, tanto en precio como en calidad, con los mercados controlados por los alemanes y los europeos.

Lo que se conoce como el «segundo choque chino», que ahora afecta a la industria de gama alta de Alemania, no ha llevado a los capitalistas alemanes a cambiar su estrategia. Como señala Adam Tooze, en 2023, los tres grandes fabricantes de automóviles alemanes (VW, BMW y Daimler) repartieron nada menos que 31 000 millones de euros en dividendos, a pesar de que el choque chino se hacía evidente y de que el volumen de ventas llevaba estancado casi cinco años.

En 2025, Volkswagen volvió a repartir 2.600 millones de euros entre sus accionistas, manteniendo una tasa de reparto del 30 % de los beneficios atribuibles al grupo. El informe anual precisa que el mantenimiento de esta tasa de reparto sigue siendo el objetivo a largo plazo de la empresa. Por lo tanto, no hay que equívocarse. Esta nueva medida de Volkswagen tiene como objetivo, ante todo, hacer que los trabajadores paguen el aumento nominal del dividendo repartido.  

El callejón sin salida alemán

Esta obsesión por la rentabilidad entierra, de hecho, las ambiciones del sector automovilístico alemán, que se ha quedado sin soluciones. La inversión solo puede reactivarse de forma forzada y esta reactivación, aunque sea necesaria, dista mucho de ser una solución milagrosa. Y es que el exceso de capacidad industrial de los fabricantes alemanes no es más que una parte de un exceso de capacidad global, lo que significa que la batalla se libra a la baja en los precios, en un contexto en el que China está recuperando terreno en términos de calidad.

La única forma de diferenciarse sería, pues, proponer una innovación que permitiera mantener o aumentar las cuotas de mercado. Pero el conservadurismo alemán les ha hecho perder mucho terreno. Durante mucho tiempo, la ventaja cualitativa de los fabricantes alemanes les permitió mantener una ventaja con un mínimo de innovación. Esto es aún más cierto si se tiene en cuenta que el principal ámbito de innovación, el de la electricidad, se encuentra ahora en China.

La lógica competitiva dictaría que los grupos europeos acabaran deslocalizando a China la parte restante de la producción que aún permanece en Europa.

Hasta tal punto que, ahora, son los fabricantes europeos los que buscan obtener transferencias de tecnología de sus rivales chinos a través de alianzas. Volkswagen se encuentra en tal situación de desconcierto que, a finales de abril, el director general del grupo, Oliver Blume, llegó incluso a insinuar que estaba dispuesto a ofrecer capacidad de producción en Europa a sus rivales chinos a cambio de transferencias de tecnología. Volkswagen ya cuenta con tres empresas en régimen de asociación («joint-venture») en China.

Pero esta estrategia tiene sus límites: no permite albergar esperanzas de superar a los rivales chinos, que, por otra parte, tienen un coste de producción un 30 % inferior. En realidad, la lógica competitiva dictaría que los grupos europeos acabaran trasladando a China la parte restante de la producción que aún se mantiene en Europa. En 2025, Volkswagen había destacado que le sería posible fabricar vehículos eléctricos en China a la mitad de precio en comparación con los costes europeos.  

Debilitamiento estructural

Todo ello pone de manifiesto un pánico perfectamente comprensible. En pocos años, los fabricantes alemanes se han visto debilitados estructuralmente. Lo que está en juego aquí no es una cuestión coyuntural, sino que se está produciendo una redefinición de las cadenas de valor globales de la industria automovilística. Una redefinición de la que Alemania está pagando las consecuencias.

La crisis de Volkswagen no es más que la punta del iceberg, cuya magnitud hay que evaluar desde una perspectiva macroeconómica. En diez años, según datos de Destatis, la Oficina Federal de Estadística, el superávit comercial alemán en el sector del automóvil se ha reducido en un tercio, con unas exportaciones estancadas y unas importaciones que han aumentado un 45,7 %.

El índice de producción industrial en este mismo sector registra, en abril de 2026, un descenso del 38,4 % en diez años y del 22,2 % desde abril de 2019. Si se excluyen los efectos de la crisis sanitaria y de la de 2008-2009, hay que remontarse a 2002 para encontrar un nivel de producción más bajo en un mes de abril.

En cuanto al volumen de ventas, este ha retrocedido un 16,2 % en los últimos diez años y se encuentra en su nivel más bajo desde 2011 (excluyendo los efectos de la crisis sanitaria). Solo el mercado de la zona del euro se mantiene relativamente estable (−3,1 % en los últimos diez años en abril de 2026): el mercado alemán ha registrado un descenso del 23,6 % entre abril de 2016 y abril de 2025, y el mercado fuera de la zona del euro ha retrocedido un 15,9 %.

En este contexto, los recortes de empleo anunciados por Volkswagen podrían ser solo el principio. Y es que no resuelven en absoluto el problema fundamental de la competitividad de la industria automovilística alemana, que no puede aspirar a volver a niveles de costes sostenibles. Sobre todo porque el grupo —y esta es su gran debilidad frente a sus rivales chinos— debe garantizar la remuneración de sus accionistas antes de pensar en su propio futuro. Volkswagen parece estar atrapado en una trampa sin salida."

Romaric Godin , Rebelión, 17/07/2026)

14.7.26

Volkswagen va a despedir 100 000 trabajadores. No se trata únicamente de Volkswagen, sino de toda la industria automovilística europea, que a su vez no es más que la punta del iceberg de la crisis del sector manufacturero de Europa occidental... Es muy probable que asistamos a una nueva ola de deslocalizaciones de la producción hacia países con salarios bajos desde Alemania y, en menor medida, desde Francia y, tal vez, desde España... La deslocalización podrá llevarse a cabo bien saturando la capacidad productiva de las plantas ya existentes en países periféricos, bien realizando inversiones directas en el extranjero... existe el peligro real de que Alemania, el país económicamente más importante de la UE, se desindustrialice, al menos parcialmente, con repercusiones negativas no solo para su economía en su conjunto, sino también para la de otros países europeos, en particular para sus proveedores de bienes intermedios y componentes, incluida Italia... Por otra parte, la crisis del sector automovilístico alemán se produce en una etapa histórica de estancamiento del PIB alemán y de otros países de la zona del euro... El fracaso de Europa destaca especialmente si se compara con el éxito de China, que está ganando la competencia cada vez menos gracias a los bajos salarios y cada vez más gracias a su capacidad de innovación tecnológica, basada en la intervención planificada y organizada del Estado. Por lo tanto, sería conveniente que la UE e Italia tomaran como referencia la experiencia china, abandonaran las lógicas neoliberales y aplicaran políticas estatales de planificación industrial —previstas en el artículo 41 de la Constitución italiana— y de renacionalización de las empresas. Pero se trata de una cuestión de decisiones y, por lo tanto, es un asunto que solo se resuelve a nivel político (Domenico Moro)

"Las razones de la crisis del sector automovilístico alemán y europeo y del auge del sector automovilístico chino

Mientras que la opinión pública europea e italiana se centra en la inmigración como origen de los problemas de Europa occidental y, en particular, de la bajada de los salarios, se ignoran las verdaderas causas de la profunda crisis social que se está viviendo. Sin embargo, en los últimos tiempos se han producido algunos hechos que deberían dar que pensar a la opinión pública de Italia y de Europa. En Italia, en el Ministerio de Industria, se ha roto el acuerdo entre los sindicatos y Natuzzi, multinacional líder mundial en sofás de piel, que había decidido cerrar dos fábricas en la provincia de Bari y trasladar la producción a Rumanía, donde cuenta con una fábrica desde hace años. El cierre no solo afectará a los trabajadores de Natuzzi, sino también a 600 pequeñas y medianas empresas de Apulia y Basilicata, proveedoras de Natuzzi. 

Pero la noticia más importante procede de Alemania, donde una revista ha revelado el plan de Volkswagen, segundo fabricante mundial de automóviles, de despedir a 100 000 trabajadores, más del 15 % de su plantilla global. Se trata de una de las reestructuraciones más importantes de la historia industrial. Aún más importante es que dicha reestructuración se centrará en el corazón de la multinacional, en Alemania, donde se despedirá a 50 000 empleados y se cerrarán cuatro plantas.

Sin embargo, no se trata únicamente de Volkswagen, sino de toda la industria automovilística europea, que a su vez no es más que la punta del iceberg de la crisis del sector manufacturero de Europa occidental, lo que corre el riesgo de acelerar la desindustrialización.

 La multinacional estadounidense Ford ha anunciado recortes del 14 % en su plantilla europea (3 900 empleados) en España, el Reino Unido y, sobre todo, en Alemania. Mercedes, tras haber despedido a 4 000 trabajadores mediante bajas voluntarias a finales de 2025, ha declarado que pretende proceder a nuevos despidos, con lo que ahorrará mil millones de euros en personal de aquí al año que viene. BMW prevé una reducción de plantilla del 5 % a nivel mundial de aquí a finales de año. La crisis del sector del automóvil también afecta a los fabricantes de componentes; por ejemplo, la empresa alemana Bosch ha programado recortes de 18 500 empleados. 

El temor es muy grande también entre los fabricantes italianos de componentes para automóviles, cuyos principales clientes son los fabricantes alemanes, a los que se destina el 20 % de las exportaciones de piezas y accesorios para vehículos de motor, aunque su valor (2.9 mil millones de euros en 2025) tiene un impacto reducido en el total de las exportaciones manufactureras italianas a Alemania (72.2 mil millones)[i].

Las causas de la crisis del sector del automóvil alemán y europeo

Ante esta debacle, ¿cuáles son las causas de la crisis del sector del automóvil europeo y, en especial, alemán? Los analistas suelen atribuirla a cuatro razones. 

La primera fue la interrupción, tanto para Alemania como para Italia, tras las sanciones impuestas por la UE a Rusia, del suministro de gas a bajo coste, lo que provocó un aumento de los costes de producción. 

La segunda es el aumento de los aranceles estadounidenses sobre los automóviles importados de Europa, del 2,5 % al 15 % y, posteriormente, al 25 %. Estos aranceles penalizan sobre todo a Volkswagen y a sus marcas de lujo, Porsche y Audi. Volkswagen solo cuenta con una planta de montaje de automóviles en EE. UU. y tiene una presencia mucho mayor en México, país que, a su vez, se ve afectado por aranceles del 25 %. BMW y Mercedes se han visto menos afectadas, ya que cuentan con una mayor capacidad productiva en EE. UU. 

Una tercera razón es la transición energética puesta en marcha por la Comisión Europea, que ha impuesto que las emisiones de CO2 de los automóviles fabricados en la UE se reduzcan en un 55 % para 2030 y en un 100 % para 2035, fecha en la que debería cesar la producción de vehículos con motor de combustión. En consecuencia, las empresas europeas se han orientado hacia los vehículos eléctricos, invirtiendo sumas colosales que, sin embargo, no han tenido eco en el mercado europeo, donde los consumidores solo han adquirido unos pocos de los demasiado costosos vehículos eléctricos europeos. De ahí el desplome de los beneficios de las empresas alemanas y europeas.

La cuarta y más importante razón es China, que ha afectado negativamente a la industria alemana y europea de dos maneras. La primera es la reducción de la capacidad del mercado chino —que representa el 30 % del mercado mundial del automóvil y el 75 % del de los vehículos eléctricos[ii]— para absorber los vehículos alemanes fabricados tanto en Alemania como en China. 

Volkswagen ha pasado de un máximo histórico en 2019 de 4,2 millones de vehículos vendidos en China a 2,7 millones en 2025. La caída de las ventas se debe a la competencia de los fabricantes de automóviles chinos —sobre todo BYD, Geely y SAIC Motor—, quienes, mientras los fabricantes alemanes seguían ofreciendo vehículos de combustión, han lanzado al mercado vehículos eléctricos más económicos y mejor equipados con la tecnología y el software que tanto aprecian los consumidores chinos, especialmente los más jóvenes. 

En 2025, las marcas chinas aumentaron sus ventas en el mercado nacional en un 16,8 % con respecto al año anterior, superando la cuota del 70 %; por el contrario, las marcas alemanas registraron una caída del 7,7 %[iii]. Pero la capacidad competitiva china no solo se ha manifestado en su propio país, sino también en el extranjero y, en particular, en el mercado europeo, donde los vehículos eléctricos e híbridos a precios asequibles procedentes de este país del Lejano Oriente están gozando de una acogida cada vez mayor entre los consumidores.

Estas son las causas más inmediatas y visibles. Sin embargo, existe una causa más profunda que está relacionada con las más superficiales. Dicha causa es la sobreproducción de capital. Esto significa que se ha acumulado un exceso de capital (en forma de medios de producción) en relación con la capacidad de este capital creciente para obtener la tasa de ganancia esperada por los capitalistas. En esencia, el capital, para aumentar la productividad de cada trabajador, introduce una cantidad cada vez mayor y más innovadora de maquinaria y tecnología en relación con los trabajadores empleados. 

Por lo tanto, el capital invertido en mano de obra disminuye en relación con el capital invertido en medios de producción. Sin embargo, dado que la tasa de beneficio viene determinada por la relación entre la plusvalía (que constituye el beneficio y es creada únicamente por los trabajadores) y el capital total invertido, se producirá una tendencia a la disminución de la tasa de beneficio, es decir, una caída porcentual del beneficio sobre el capital invertido.

 Los capitalistas, sin embargo, pueden compensar la disminución de la tasa de beneficio con el aumento de la masa de beneficio. Así, la plusvalía o beneficio, aunque disminuya en proporción al capital total invertido, puede aumentar en valor absoluto. Esta masa de beneficio aumentada se traduce, no obstante, en un aumento de la masa de mercancías producidas que presionan para ser vendidas en el mercado. 

Dado que, en la sociedad capitalista, la producción global no está regulada por un plan que ajuste la producción a la capacidad real de compra de la sociedad (es decir, a las dimensiones del mercado), cada capital individual, al actuar de forma autónoma con el fin de maximizar su beneficio, aumenta las unidades producidas y, en consecuencia, crece el volumen total de mercancías que no logran venderse en el mercado. 

De hecho, en el modo de producción capitalista, el mercado resulta cíclicamente demasiado reducido en comparación con la mayor capacidad de producción. Así se observa que la sobreproducción de capital genera necesariamente la sobreproducción de mercancías y el aumento de la competencia entre los capitales, lo que reduce los precios y, con ellos, los beneficios[iv].

Esta era la situación del mercado europeo, donde los productores, en las últimas décadas —sobre todo en los años 80 y 90—, habían aumentado la productividad mediante la introducción masiva de la automatización y la informática. 

De este modo, el mercado europeo se había saturado de automóviles fabricados y la industria presentaba una sobreacumulación de capital. Con la posterior globalización, se había encontrado una salida a la caída de la tasa de beneficio mediante la externalización de la producción al extranjero, donde los salarios eran más bajos y, por lo tanto, las tasas de beneficio eran más elevadas. 

Los fabricantes de automóviles europeos, empezando por Volkswagen, Renault y Fiat, habían trasladado así el capital y la producción a Europa del Este —desde Polonia hasta Rumanía y Serbia—, al norte de África, a América Latina —sobre todo a México y Brasil— y a Asia, desde Turquía hasta China. A pesar de ello, la sobreproducción de capital y de mercancías no tardó en reaparecer, en particular en Europa occidental. 

No es casualidad que Sergio Marchionne, consejero delegado de Fiat, solía repetir, hasta su fallecimiento en 2018, que en Europa había un exceso de capacidad productiva —en otras palabras, una sobreproducción de capital— y que, por lo tanto, era necesario proceder al cierre de plantas y a fusiones entre grandes grupos. De hecho, Fiat, tras haber absorbido a la estadounidense Chrysler, se fusionó unos años después de la muerte de Marchionne con Peugeot y absorbió también a Opel en un nuevo megagrupo, Stellantis, que ahora ocupa el segundo puesto en Europa y el cuarto en el mundo.

 Fue en ese momento cuando, para resolver la situación de un mercado europeo ya saturado, se pensó en impulsar una nueva expansión de la demanda mediante la transformación del propio producto, pasando del coche de combustión al coche eléctrico. Además, el coche eléctrico, al ser mucho más sencillo de fabricar, requiere menos horas de trabajo para su fabricación y, por lo tanto, se pensaba que permitiría aumentar la productividad y los beneficios.

Sin embargo, esta estrategia no tardó en revelarse como un fracaso. La transformación de la producción exigió una considerable inversión de capital en un plazo muy breve, pero a dicha inversión no correspondió un volumen de ventas adecuado, lo que provocó pérdidas significativas y una caída generalizada de los beneficios de los fabricantes europeos. Así pues, una vez más, en el capitalismo, el mercado ha demostrado no ser capaz de absorber la producción, generando un exceso de producción de capital y de mercancías. El problema, además de la escasez de infraestructuras públicas de recarga, es que los fabricantes europeos han producido coches eléctricos o híbridos demasiado caros en comparación con los de combustión, y el ya saturado mercado automovilístico europeo ha seguido prefiriendo estos últimos o los coches eléctricos o híbridos chinos, más económicos.

Por qué el automóvil chino se está imponiendo no solo en China, sino también en la UE

Llegados a este punto, debemos comprender por qué China es más competitiva que Europa. En primer lugar, China cuenta con el mayor mercado automovilístico del mundo, por lo que puede lograr impresionantes economías de escala, ahorrando en costes, especialmente en la producción de baterías, que son la parte del coche eléctrico que en Europa tiene unos costes elevados. Además, China es prácticamente un monopolista mundial en la extracción y el refinado de tierras raras, que son esenciales para la producción de automóviles y baterías eléctricas. A esto se suma que China, a pesar del aumento de los salarios reales de los últimos años (+10,7 % anual solo entre 2008 y 2014[v]), sigue contando con una ventaja salarial y una abundante mano de obra. Pero la razón más importante es que China está pasando de ser un país periférico —que produce basándose en tecnologías y capitales occidentales, con sus bajos salarios como ventaja competitiva— a convertirse en un país industrialmente autónomo, con sus propios grupos industriales y su propia tecnología avanzada. En la práctica, China es quizás el único país periférico que está saliendo de un desarrollo dependiente de Occidente —que perpetúa el subdesarrollo— para avanzar hacia lo que Samir Amin definía como «desarrollo autocentrado»[vi]. China depende cada vez menos de las cadenas de valor dominadas por empresas occidentales y, en cambio, crea cada vez más cadenas de valor controladas por sus propias empresas. Ocupar la posición más alta en una cadena de valor es un factor esencial, ya que permite controlar la producción de valor a lo largo de toda la cadena y, por lo tanto, «captar» una mayor cuota de plusvalía, es decir, de beneficio. En consecuencia, hoy en día China consigue retener en su territorio una mayor parte de la plusvalía producida por sus trabajadores, que antes era (y sigue siéndolo, aunque en menor medida) «captada» por las multinacionales europeas, estadounidenses y japonesas.

Pero, ¿por qué está ocurriendo esto en China y no en otros países del Sur global? La respuesta es que, en China, el Estado ha mantenido un control muy firme sobre la economía, a diferencia de Europa, donde el modelo liberal se ha impuesto con fuerza. Esto se debe a que China no depende políticamente del imperialismo occidental y, a través del Partido Comunista, mantiene firmemente en sus manos su soberanía política, a diferencia de muchos países del Sur global. 

El modelo chino demuestra así ser mejor que el europeo, ya que se basa en el denominado «socialismo con características chinas». El sector del coche eléctrico es uno de los mejores ejemplos en este sentido. En él convive un sector de empresas de propiedad totalmente estatal (entre ellas se encuentra SAIC-Motor, que fabrica la marca MG, muy extendida en Italia), junto a otro sector de empresas dirigidas por capitalistas privados, pero que, no obstante, con el tiempo han recibido capital de fondos de inversión estatales y de bancos públicos, para financiar su desarrollo global. 

Hay quien define el modelo chino como «capitalismo de Estado» y lo compara con la Italia de la Primera República, con su economía mixta público-privada. Sin embargo, entre la Italia de hace unos cuarenta años y la China actual existe una diferencia importante: en Italia, el Estado seguía estando dominado por los capitalistas privados, de los que dependían la mayoría de los partidos de la época, y, de hecho, en un momento dado, la contrarreforma neoliberal pudo imponerse con facilidad. 

Por el contrario, en China son los capitalistas privados quienes dependen del Estado y del Partido Comunista, que controla las riendas de la economía, empezando por la moneda, a través de los planes quinquenales económicos. Ha sido, por tanto, gracias a su modelo económico que China ha podido desarrollar mejor y antes que Europa y EE. UU. las tecnologías relacionadas con el coche eléctrico, rompiendo con ese lugar común extendido en Occidente según el cual el socialismo estaría necesariamente viciado por una ineficiencia subyacente.

Cómo reacciona el capital europeo ante la crisis del sector del automóvil

Llegados a este punto, debemos preguntarnos cómo están reaccionando el capital europeo y sus multinacionales del automóvil ante la sobreproducción de capital y de mercancías y, sobre todo, cómo reaccionan ante la competencia china. La solución principal al exceso de sobreacumulación de capital —es decir, de capacidad productiva— es la destrucción de parte de dicha capacidad; en otras palabras, de parte del capital fijo. 

De hecho, Volkswagen, demostrando así el carácter de sobreproducción de capital de su crisis, tiene previsto cerrar cuatro fábricas en Alemania. Como confirmación adicional de que las enormes inversiones en vehículos eléctricos han contribuido al exceso de acumulación de capital, las plantas que cerrarán son las que producen coches eléctricos, en particular la de Zwickau, que fue la primera fábrica convertida por completo a la movilidad eléctrica con una inversión de 1 200 millones de euros. Además, las inversiones de capital del grupo se reducirán en un 15 %, situándose en 130 000 millones de euros en los próximos cinco años. Por último, en consonancia con el objetivo de reducir la sobreproducción de mercancías, Volkswagen ha reducido su producción de 12 millones de vehículos al año a 9 millones.

Otra forma de contrarrestar el exceso de producción de capital es la reducción del salario de los trabajadores, lo que conlleva un aumento de la explotación y, por lo tanto, un incremento de la tasa de beneficio. El rumor sobre la intención de despedir a 100 000 trabajadores, la mitad de ellos en Alemania, podría ser también una estrategia negociadora para obligar al poderoso sindicato alemán IG Metal —quizá a cambio de una reducción de los despidos— a aceptar recortes salariales. 

Otra forma de reducir la parte de los costes destinada a la mano de obra sería, además, el traslado de la producción a países que tienen un coste laboral mucho más bajo y una tasa de explotación más elevada que la alemana. En esencia, la crisis del sector del automóvil y, en general, la crisis de sobreproducción pueden generar una nueva ola de deslocalizaciones que conduciría a una mayor desindustrialización de Europa occidental, especialmente de los dos países que, a pesar de la globalización, habían conservado una sólida industria manufacturera: Alemania e Italia. 

Por otra parte, volviendo al ejemplo mencionado al principio sobre la deslocalización de la producción de Natuzzi, el coste medio de la mano de obra en la industria, la construcción y los servicios es de 32 euros en Italia, mientras que en Rumanía es de 13,6 euros, es decir, menos de la mitad[vii]. Por lo tanto, la externalización transfronteriza, especialmente la de las fases con mayor intensidad de mano de obra, permite a Natuzzi aumentar considerablemente sus beneficios.

 Aunque la diferencia entre el salario real italiano y el rumano es menos acusada en términos reales —dado que los salarios en Italia, entre 2008 y 2024, han perdido un 8,7 % de su poder adquisitivo, la mayor caída entre los países del G20 [viii], mientras que en Rumanía han registrado un aumento y que la parte del coste laboral, una vez descontado el salario que el trabajador percibe realmente, es del 28,1 % del total en Italia y solo del 4,8 % en Rumanía, lo que importa a las multinacionales es la diferencia en el coste laboral nominal, que repercute en la distribución del valor a nivel de la cadena de producción global. Este argumento es aún más válido para Alemania y Francia, cuyo coste laboral por hora es de 45 y 44,3 euros, respectivamente, frente a los 19,1 euros de Polonia, los 15,2 euros de Hungría y los aproximadamente 12 euros de Bulgaria y Serbia. Sin embargo, fuera de la UE, por ejemplo en América Latina, Asia Oriental y el norte de África, la brecha con respecto al coste laboral de Europa Occidental es aún mayor.

El capital europeo también puede contar con otra herramienta para hacer frente a la crisis del sector del automóvil: el apoyo público de la UE. Dicho apoyo se materializa, en primer lugar, en la reducción del 100 % al 90 % de la cuota de vehículos eléctricos que la UE obliga a producir de aquí a 2035, lo que da más tiempo a los fabricantes para pasar por completo de los vehículos de combustión a los eléctricos. 

En segundo lugar, la UE ha aumentado los aranceles sobre los vehículos eléctricos chinos, alegando que los fabricantes en China se benefician de importantes subvenciones estatales que distorsionan la competencia. En octubre de 2024, al arancel estándar del 10 % se le añadió una serie de aranceles adicionales que varían, en función de las ayudas estatales que reciben las empresas, desde el 7,8 % para los Tesla fabricados en Shanghái hasta el 35,3 % aplicado a los vehículos de SAIC. 

Posteriormente, dado que los fabricantes chinos habían eludido los aranceles exportando vehículos híbridos en lugar de vehículos totalmente eléctricos, la UE amplió los aranceles también a los vehículos híbridos. Por último, a partir de febrero de 2026, la UE ha permitido a los fabricantes chinos quedar exentos de los aranceles siempre que adopten un «precio mínimo permitido» por la UE, se ajusten a un determinado volumen de vehículos importados anualmente y se comprometan a invertir en la producción de vehículos eléctricos en Europa. ¿Ha sido eficaz el proteccionismo a la hora de proteger la industria europea? Sí, al menos en parte. Sin duda, sin los aranceles, los coches chinos se habrían extendido de forma descontrolada.

 No obstante, la cuota de mercado de los fabricantes chinos en la UE se ha triplicado en los últimos tres años, pasando del 2,3 % en 2023 al 6 % en 2025 y al 9 % en los primeros cinco meses de 2026, apenas por debajo del tercer fabricante europeo, Renault, con un 10,2 %. El fabricante chino con mayor cuota de mercado es Geely (2,6 %), que supera a fabricantes de renombre y con una larga trayectoria en Europa, como Ford (2,3 %) y Nissan (1,9 %), seguido de SAIC y BYD (2,1 %)[ix].

Además de los aranceles, la UE ha decidido intervenir con una inversión de 1.800 millones de euros para facilitar la creación de una cadena de suministro de baterías eléctricas para automóviles en Europa. Además, en marzo de 2026, a través de laIndustrial Accelerator Act (IAA), propuso conceder subvenciones para la compra de vehículos eléctricos, siempre que el 85 % de su valor total se haya producido en la UE. Si al menos el 70 % de los vehículos eléctricos vendidos por un mismo fabricante cumplen este requisito, todos sus vehículos eléctricos se beneficiarán de las subvenciones. 

Más recientemente, los tres principales fabricantes europeos —Volkswagen, Stellantis y Renault— han enviado una carta al Parlamento Europeo solicitando modificaciones a la IAA, que consisten, sobre todo, en reducir el porcentaje del valor producido en la UE de los vehículos vendidos del 85 % al 70 %, a fin de que puedan optar a las ayudas. Se trata de una petición interesante, ya que permite a los fabricantes europeos producir una mayor parte del vehículo fuera de la UE, donde los costes —incluidos, sobre todo, los laborales— son más bajos.

Por otra parte, la producción de las multinacionales se basa en la cadena de valor global, es decir, en la división de las fases de producción de un producto destinado al consumidor final entre varias fábricas, situadas en distintos países. En cada fase productiva se genera una determinada cantidad de valor que, al final, al sumar todo el valor producido a lo largo de toda la cadena, se traduce en un precio de producción. La cuestión más importante es que la parte del valor incorporado al producto en cada fase productiva se calcula a precios locales, que, en los países periféricos, son mucho más bajos que los de los países centrales, como Alemania, Francia e Italia. 

La consecuencia es que, en la contabilidad y en las estadísticas globales, el valor —en términos de tiempo de trabajo— efectivamente transferido a la mercancía resulta subestimado en los países periféricos (Rumanía, México, Brasil, India, China, etc.), con bajos costes laborales, y sobreestimado en los países centrales (Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia, Japón, etc.), con altos costes laborales[x]. En consecuencia, es indudable que la cuota del valor real del automóvil producido en la UE sería, de hecho, muy inferior al 85 % del total (o al 70 %, si se aceptaran las peticiones de los tres grupos automovilísticos europeos) previsto por la IAA. 

Esta es la razón por la que las multinacionales europeas, como Volkswagen y Stellantis, en el transcurso de la denominada globalización, han deslocalizado masivamente a países de la periferia o del Sur global, como preferimos llamarlos, obteniendo beneficios extraordinarios.

El futuro nos depara deslocalizaciones y una caída de los salarios, ¿cómo contrarrestarlas?

A pesar de la globalización, en Alemania se había mantenido una cuota importante de la producción de automóviles (4,148 millones de vehículos en 2025 frente a los 5,13 millones de 2000), cuyas exportaciones han ido viento en popa hasta hace poco. Esto ya no es posible por las razones que hemos expuesto hasta ahora. 

De hecho, «el consejo de administración del grupo [Volkswagen] ha declarado en varias ocasiones que el modelo de negocio histórico y durante años exitoso, orientado a desarrollar vehículos globales en Alemania, fabricarlos en Europa y venderlos en todo el mundo, ya no funciona». [xi] 

Entonces, ¿cuál será la solución a la crisis del sector del automóvil alemán y europeo que pondrán en práctica las multinacionales? Es muy probable que asistamos a una nueva ola de deslocalizaciones de la producción hacia países con salarios bajos desde Alemania y, en menor medida, desde Francia (que en 2025 produjo 1,06 millones de automóviles, frente a los 2,87 millones de 2000[xii]) y, tal vez, desde España (1,81 millones de automóviles en 2025, frente a los 2,44 millones de 2000). 

En cuanto a Italia, aquí la producción ya se había reducido prácticamente a cero en los últimos años (237 000 automóviles en 2025 frente a 1,4 millones en 2000) y el sector del automóvil ha sido sustituido, en cuanto a su contribución al PIB y a las exportaciones, por otros sectores de alta tecnología, como el farmacéutico y, sobre todo, el químico, que en conjunto representaron en 2025 el 28,8 % del valor total de las exportaciones italianas, frente al 2,23 % del sector del automóvil[xiii]

A modo de comparación, cabe señalar que la producción china ha pasado de 600 000 automóviles en el año 2000 a 30 millones en 2025, lo que representa el 42 % de la producción mundial. La deslocalización de la industria automovilística alemana y de Europa occidental podrá llevarse a cabo bien saturando la capacidad productiva de las plantas ya existentes en países periféricos, bien realizando inversiones directas en el extranjero (IDE) greenfield, es decir, construyendo nuevas plantas, siempre en países periféricos, o bien procediendo a fusiones con otros fabricantes y racionalizando la producción, es decir, logrando economías de escala y recortando puestos de trabajo.

En cualquier caso, existe el peligro real de que Alemania, el país económicamente más importante de la UE, se desindustrialice, al menos parcialmente, con repercusiones negativas no solo para su economía en su conjunto, sino también para la de otros países europeos, en particular para sus proveedores de bienes intermedios y componentes, incluida Italia. Por otra parte, la crisis del sector automovilístico alemán se produce en una etapa histórica de estancamiento del PIB alemán y de otros países de la zona del euro, como Francia y, especialmente, Italia. Sin duda, otro efecto de las nuevas deslocalizaciones puede ser la aparición de dificultades en el mercado laboral alemán y europeo, con una contracción de la demanda de mano de obra y la consiguiente reducción de los salarios. Siempre y cuando Volkswagen no negocie con el sindicato una reducción salarial a cambio de la reducción prevista del exceso de mano de obra.

Esto tendrá repercusiones en la sociedad y en la política europea, especialmente en la de Alemania. El Gobierno del canciller Merz, una coalición de democristianos (CDU-CSU) y socialdemócratas (SPD), ya ha alcanzado los mínimos históricos de popularidad de un Gobierno alemán. Además, el partido alemán de extrema derecha y fuertemente antiinmigración, Alternative für Deutschland (AfD), ha superado en las encuestas a la CDU-CSU de Merz como primera fuerza política, con un 28 % frente al 24 %. Sin embargo, ante los despidos anunciados por Volkswagen, el Gobierno de Merz se ha mantenido pasivo: «Intentamos evitar cualquier cierre de plantas en Alemania (…) —comentó un portavoz del Gobierno—. Pero, en última instancia, se trata de decisiones de las empresas, que deben tomarse según criterios económicos».[xiv] La reestructuración de todo el sector del automóvil, que, sin contar los componentes, representa el 10 % del total de las exportaciones alemanas (156 mil millones de 1.563) , puede, por lo tanto, acentuar la crisis del orden social y político alemán, que desde el final de la Segunda Guerra Mundial se ha basado en la alternancia entre la CDU-CSU y el SPD, y que hoy en día no logra mantenerse ni siquiera uniendo a estos dos partidos.

¿Cómo responder a la deslocalización —no solo del sector del automóvil— y a la desindustrialización, que reduce los salarios y transforma los puestos de trabajo de la industria en empleos precarios y mal remunerados en el sector servicios? Sin duda, deberían generalizarse algunas propuestas que los sindicatos italianos y europeos han elaborado en los últimos años, como las leyes contra la deslocalización, que impongan sanciones y la devolución de las ayudas estatales a las empresas que se deslocalizan; el aumento de la frecuencia de las renovaciones de los convenios colectivos nacionales, combinadas, no obstante, con la introducción de salarios mínimos; y la obligación de que los subcontratistas apliquen los convenios colectivos de referencia. A estas medidas habría que añadir otras, destinadas a reducir la movilidad de los capitales a nivel internacional, la cual, al aumentar con el neoliberalismo, ha dado lugar a la globalización de la producción. En lo que respecta a Italia, dado que los salarios (y el coste laboral) italianos son significativamente más bajos que los del resto de los países europeos avanzados y son los que más poder adquisitivo han perdido en el G20, sería necesaria una campaña nacional, en la que participen conjuntamente la política y los sindicatos, contra los bajos salarios en todos los sectores. Pero esto no basta, ya que la cuestión y las soluciones son de carácter más general.

En definitiva, la crisis del sector automovilístico alemán supone la confirmación del fin definitivo del llamado «modelo renano» alemán —que ya llevaba tiempo en dificultades—, basado en una especie de pacto social entre empresas, sindicatos, bancos y Gobierno. Pero también es la prueba del fracaso del modelo neoliberal —basado en las exportaciones, la moderación salarial, las privatizaciones y la retirada del Estado de la economía—, que se ha impuesto en Europa en las últimas décadas.

 En términos más generales, es la demostración de las contradicciones insuperables del modo de producción capitalista, desde la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción hasta la anarquía del mercado. El fracaso de Europa destaca especialmente si se compara con el éxito de China, que está ganando la competencia cada vez menos gracias a los bajos salarios y cada vez más gracias a su capacidad de innovación tecnológica, basada en la intervención planificada y organizada del Estado. Por lo tanto, sería conveniente que la UE e Italia tomaran como referencia la experiencia china, abandonaran las lógicas neoliberales y aplicaran políticas estatales de planificación industrial —previstas en el artículo 41 de la Constitución italiana— y de renacionalización de las empresas. Pero se trata de una cuestión de decisiones y, por lo tanto, es un asunto que solo se resuelve a nivel político. Lo cual no significa que todo se reduzca a la contienda electoral, sino que hay que modificar, mediante la lucha —empezando por los lugares de trabajo—, las relaciones de fuerza globales entre las clases sociales, es decir, entre el capital transnacional y el trabajo asalariado.
Notas
[i] Elaboración propia a partir de datos de Eurostat, «International trade of EU and non-EU countries since 2002 by SITC». Cabe señalar que Italia tiene un superávit comercial de 13 mil millones con respecto a Alemania. https://ec.europa.eu/eurostat/comext/newxtweb/submitresultsextraction.do
[ii] Focus2move, China 2026: caída en picado mientras Geely desplaza a BYD como marca líder.
[iii] https://www.marklines.com/en/report/rep2969_202602
[iv] Karl Marx, El capital, Libro III, Sección III: «La caída tendencial de la tasa de ganancia», editorial Newton Compton, Roma, 1996.
[v] Organización Internacional del Trabajo (OIT), «Salarios, productividad y participación salarial en China», abril de 2016.
[vi] Amin Samir, El desarrollo desigual. Ensayo sobre las formaciones sociales del capitalismo periférico, Giulio Einaudi Editore, Turín, 1977.
[vii] Eurostat, Base de datos, «Niveles de costes laborales por actividad según la NACE Rev. 2».
[viii] Organización Internacional del Trabajo (OIT), Informe mundial sobre los salarios 2024-2025.
[ix] Página web de Unrae con datos de Acea.
[x] John Smith, Imperialism & the globalization of production, tesis doctoral, julio de 2010.
[xi] Mario Cianflone, Una señal de alarma, pero el grupo puede recuperarse, il Sole24ore, 27 de junio de 2026.
[xii] Página web de la Organización Internacional de Fabricantes de Automóviles (OICA), Estadísticas de producción.
[xiii] Según los datos de Eurostat, las exportaciones italianas de automóviles entre 2024 y 2025 descendieron de 15,2 a 14,4 mil millones, mientras que las del sector farmacéutico aumentaron de 52,9 a 68,76 mil millones y las del sector químico, de 101,3 a 116 mil millones.
[xiv] Matteo Meneghello, «Volkswagen prepara 100 000 despidos y cierra plantas en Alemania», Il Sole 24 Ore, 27 de junio de 2026."

(Domenico Moro, Sinistra in rete, 09/07/26, traducción Salvador López)

7.7.26

La empresa china Gotion High-Tech, en colaboración con la eslovaca Inobat, ha presentado este miércoles su proyecto de construcción en Valladolid de dos gigafactorías pioneras destinadas a cubrir toda la cadena de suministro de baterías para vehículos eléctricos en territorio europeo... la producción de cátodos permitirá completar la cadena de valor del vehículo eléctrico en el continente y reforzar la competitividad de la industria europea gracias a una estrategia que combinará el reciclaje de baterías con el aprovechamiento de materias primas procedentes de Marruecos... Óscar Puente ha atribuido el éxito de la operación al trabajo desarrollado durante estos años, pero también a factores como la disponibilidad de energía limpia y competitiva en Castilla y León, el ecosistema industrial de la automoción, los fondos europeos y una estrategia de colaboración con China... la implantación del grupo chino convertirá a Valladolid en uno de los grandes “hubs” europeos de la movilidad eléctrica y permitirá completar en España toda la cadena de valor de las baterías, “el corazón del vehículo eléctrico” (EFE)... o sea, reindustrialización

"Gotion presenta sus plantas de baterías de Valladolid, en las que invertirá mil millones de euros.

La empresa china Gotion High-Tech, en colaboración con la eslovaca Inobat, ha presentado este miércoles su proyecto de construcción en Valladolid de dos gigafactorías pioneras destinadas a cubrir toda la cadena de suministro de baterías para vehículos eléctricos en territorio europeo y que tendrán un valor cercano a los mil millones de euros, con mil empleos estables.

Una delegación de la tecnológica llegada de China ha expuesto, junto a los ministros de Transportes y de Industria, Óscar Puente y Jordi Hereu, respectivamente, un proyecto que ha obtenido subvenciones públicas que suman 138,21 millones de euros a cargo del PERTE VEC V de 2026.

A largo plazo

«Los peces no van solos del mar a la cesta, hay que tirar la caña. Muchos se escapan y vuelven al mar, pero no es el caso. Este pez ya está en la cesta», ha afirmado durante la presentación el ministro y exalcalde de Valladolid, Óscar Puente, en alusión al proyecto empresarial de Gotion.

El vicepresidente de Gotion, Fu Zhou, ha asegurado que tienen una «visión a largo plazo en España», de la mano de las administraciones, para convertir a este proyecto en una «referencia en Europa de la transición energética».

El complejo, que comenzará a construirse en 2027, ocupará una superficie de 700.000 metros cuadrados y se desarrollará en dos fases: una primera destinada al reciclaje de hasta 200.000 toneladas anuales de baterías y una segunda para fabricar otras 200.000 toneladas de cátodos, el componente que concentra alrededor del 60 % del valor de una batería.

La empresa prevé crear unos 2.500 empleos durante la construcción de las instalaciones y un millar de puestos de trabajo estables en la primera fase de explotación, con el objetivo de levantar una planta “con cero emisiones” y convertir Valladolid en un referente europeo de la movilidad eléctrica.

Una planta “única” en Europa

Puente ha defendido que el proyecto no consiste simplemente en construir “dos fábricas de baterías”, sino en implantar una instalación que “no existe en ningún otro lugar de Europa”.

Según ha detallado, la producción de cátodos permitirá completar la cadena de valor del vehículo eléctrico en el continente y reforzar la competitividad de la industria europea gracias a una estrategia que combinará el reciclaje de baterías con el aprovechamiento de materias primas procedentes de Marruecos.

Puente ha atribuido el éxito de la operación al trabajo desarrollado durante estos años, pero también a factores como la disponibilidad de energía limpia y competitiva en Castilla y León, el ecosistema industrial de la automoción, los fondos europeos y una estrategia de colaboración con China.

«A vosotros os toca cocinar el pez y ponerlo en la mesa», ha afirmado dirigiéndose al Ayuntamiento de Valladolid y a la Junta de Castilla y León, de quienes ha dicho no tener dudas sobre su implicación para hacer realidad el proyecto.

El Gobierno destaca la “solvencia” del proyecto

El ministro de Industria, Jordi Hereu, ha subrayado que las ayudas concedidas a Gotion responden exclusivamente a la elevada calidad técnica de una iniciativa que ha obtenido de forma definitiva 138,2 millones de euros del PERTE del Vehículo Eléctrico y Conectado.

De esa cantidad, 82,3 millones se destinarán a la planta de reciclaje y recuperación de materiales, y otros 55,9 millones a la futura fábrica de cátodos.

Hereu ha considerado que la implantación del grupo chino convertirá a Valladolid en uno de los grandes “hubs” europeos de la movilidad eléctrica y permitirá completar en España toda la cadena de valor de las baterías, “el corazón del vehículo eléctrico”.

 (EFE, 01/07/26) 

30.6.26

Llevamos aproximadamente diez años informando sobre el declive de la industria automovilística alemana, y podemos afirmar con total seguridad que se trata de una cuestión de tecnología... En una encuesta interna seis miembros del Consejo de Administración expresaron su desconfianza hacia el futuro de VW, un ejemplo de lo que sucede cuando décadas de complacencia se convierten en pánico y resignación. Tienen un problema de innovación que están tratando como un problema de costes... Los europeos están rezagados en software y energía, los dos principales componentes de valor añadido de un coche eléctrico actual y futuro. Una devaluación del 20% del tipo de cambio no solucionará esto. Se trata de una crisis tecnológica... Recordamos una larga época en la que las compañías automovilísticas alemanas presumían de estar a la vanguardia en tecnología de conducción manos libres. En aquel entonces, Alemania aún aspiraba a convertirse en líder mundial en IA. Esto entra en la categoría de ilusiones... En resumen, el valor añadido en un automóvil se está desplazando de los motores y sistemas de transmisión, y la integración de tecnologías digitales en máquinas analógicas, hacia el software y las baterías. Los alemanes fueron líderes tecnológicos en los automóviles de combustión, mientras que China y Estados Unidos lideran en los vehículos eléctricos. Todavía existen estrategias viables para empresas como VW, pero no seguirán siendo líderes del mercado mundial. Tampoco alimentarán grandes cadenas de suministro. Se integrarán en la cadena de suministro de otra empresa. Seguirán fabricando automóviles, pero el valor ya no será suyo (Eurointelligence)

"Un accidente automovilístico fatal en Alemania

Llevamos aproximadamente diez años informando sobre el declive de la industria automovilística alemana, y podemos afirmar con total seguridad que no se trata de un problema macroeconómico, sino de una cuestión de tecnología.

Durante el fin de semana, se filtraron dos importantes informaciones de VW. La primera, y la que acaparó la mayor atención mediática, es el plan de recortar 100.000 puestos de trabajo y cerrar cuatro fábricas en Alemania, según la revista Manager. Esto representa el 15% de la plantilla global de la compañía.

En una encuesta interna realizada entre nueve miembros de los consejos de administración y supervisión, seis expresaron su desconfianza hacia el futuro de la empresa. VW es un ejemplo de lo que sucede cuando décadas de complacencia se convierten en pánico y resignación. Tienen un problema de innovación que están tratando como un problema de costes.

La noticia que más nos alarmó este fin de semana, publicada por Bild, es que VW ha cancelado su alianza con Bosch en materia de conducción autónoma. La mayor parte del debate sobre los automóviles se centra en las baterías, pero el software será otro factor clave para la generación de ingresos en el futuro. En este ámbito, las empresas europeas están aún más rezagadas con respecto a la competencia china.

VW cancela el proyecto por dos razones: la necesidad de ahorrar dinero y la falta de progreso. La tecnología de Bosch se está quedando atrás en el área de la conducción autónoma en ciudades. Esto no sorprende, dado el escaso número de datos recopilados en Alemania y Europa en general, en comparación con Estados Unidos y China. Bosch es el mayor proveedor mundial de componentes para automóviles, pero se está quedando atrás en una de las tecnologías futuras más importantes. Los europeos están rezagados en software y energía, los dos principales componentes de valor añadido de un coche eléctrico actual y futuro. Una devaluación del 20% del tipo de cambio no solucionará esto. Se trata de una crisis tecnológica.

Según este informe, VW ha decidido abandonar el desarrollo de su propio software y adquirir el paquete de otro proveedor. Los líderes del mercado son de Estados Unidos, China o Israel. Estados Unidos y China están prácticamente empatados en conducción autónoma de nivel cuatro. La posición relativa entre ambos países depende de si se incluye o no a Tesla. La mayor parte de los datos de Tesla provienen de su flota actual, no de pruebas de conducción autónoma. Europa también cuenta con una empresa que compite en este sector, Wayve, con sede en el Reino Unido. Pero la situación es la misma que en el ámbito de la IA: Europa se está quedando atrás con respecto a la competencia, y la brecha se está ampliando.

Recordamos una larga época en la que las compañías automovilísticas alemanas presumían de estar a la vanguardia en tecnología de conducción manos libres. En aquel entonces, Alemania aún aspiraba a convertirse en líder mundial en IA. Esto entra en la categoría de ilusiones, aunque no del todo erróneas.

Nosotros mismos experimentamos un fenómeno similar en la industria de los medios de comunicación. Cuando las industrias entran en declive, atraviesan una larga fase de negación, seguida de ira, un periodo durante el cual no abordan el problema. Esto también ha estado ocurriendo en la industria automovilística. En resumen, el valor añadido en un automóvil se está desplazando de los motores y sistemas de transmisión, y la integración de tecnologías digitales en máquinas analógicas, hacia el software y las baterías. Los alemanes fueron líderes tecnológicos en los automóviles de combustión, mientras que China y Estados Unidos lideran en los vehículos eléctricos.

Todavía existen estrategias viables para empresas como VW, pero no seguirán siendo líderes del mercado mundial. Tampoco alimentarán grandes cadenas de suministro. Se integrarán en la cadena de suministro de otra empresa. Seguirán fabricando automóviles, pero el valor ya no será suyo." 

( Eurointelligence, 29/06/26)

28.6.26

Volkswagen planea cerrar cuatro plantas en Alemania y despedir a 100.000 trabajadores en todo el mundo... pese a que el fabricante había acordado con los sindicatos no cerrar plantas en Alemania... “Aún no hay nada claro, pero hay riesgos para España”... “Los ataques de Volkswagen contra la ley, la cogestión [el sistema alemán de participación de los trabajadores en los órganos de dirección] y nuestros centros de trabajo constituyen amenazas irresponsables. Si esos planes siguieran adelante, haríamos todo lo que esté en nuestra mano para impedirlos”, han advertido los representantes de los trabajadores (alemanes)... también dicen que “en lugar de actuar de forma precipitada y sin rumbo, [Volkswagen] debería por fin hacer su trabajo y centrarse en sus verdaderas responsabilidades: desarrollar productos y tecnologías competitivos, optimizar las estructuras y las sinergias del grupo y, con ello, garantizar también un empleo seguro”... “El desarrollo que he visto en España en el automóvil en los últimos años es un ejemplo para Europa. Es el segundo fabricante europeo de coches y eso también lo vemos cuando empresas de fuera del continente deciden invertir aquí. España tiene una oportunidad muy grande, ya que hace unas décadas se dedicaba al ensamblaje. Ahora, entramos en una fase de tecnología profunda. Es una gran oportunidad también para los jóvenes”, dijo el consejero delegado del grupo Volkswagen, Oliver Blume... Veremos (Manu Granda)

"El grupo Volkswagen vuelve a meter la tijera en su estructura de costes. El gigante del automóvil alemán prevé recortar hasta 100.000 puestos de trabajo en todo el mundo, el doble de los que había anunciado hasta ahora, según ha adelantado el medio especializado Manager Magazin. Además, pese a que el fabricante había acordado con los sindicatos no cerrar plantas en Alemania, ahora estudia bajar la persiana en cuatro fábricas del país, algo inédito en su historia.

Los planes forman parte de los nuevos objetivos establecidos para 2030 que el consejo de administración de la compañía planteó el miércoles. El 9 de julio debatirá sobre ello el consejo de supervisión del grupo automovilístico. Las fábricas afectadas por el posible cierre a medio plazo son tres de la marca Volkswagen (Hannover, Zwickau y Emden), y la de Audi en Neckarsulm. Ante las preguntas de este medio, la compañía ha explicado que no hará comentarios “sobre documentos internos confidenciales”. El grupo, que ha matizado que “los asuntos subyacentes se discutirán y aprobarán en los comités correspondientes”, ha recordado que el conjunto del sector está “experimentando una profunda transformación” y que el modelo de negocio de la compañía (“desarrollar coches en Alemania, producirlos en Europa y exportarlos al mundo”) ya no funciona en la actualidad para todas las marcas.

El grupo Volkswagen había anunciado en la presentación anual de sus resultados de 2025 el recorte de 50.000 empleos en Alemania hasta 2030, unos 15.000 más que los que había pactado en la navidad de 2024 con el sindicato IG Metall. Entonces, la compañía acordó con los representantes de los trabajadores mantener abiertas todas las fábricas alemanas, pese a las turbulencias en las que estaba inmersa Volkswagen. Según cifras de Bloomberg, el grupo da trabajo a unas 657.000 personas en todo el mundo.

En una declaración conjunta, el sindicato IG Metall y el comité de empresa de Volkswagen han condenado con dureza los planes de la compañía, de los que han dicho que generan “inquietud” entre la plantilla y en los territorios donde hay plantas de producción. “Los ataques de Volkswagen contra la ley, la cogestión [el sistema alemán de participación de los trabajadores en los órganos de dirección] y nuestros centros de trabajo constituyen amenazas irresponsables. Si esos planes siguieran adelante, haríamos todo lo que esté en nuestra mano para impedirlos”, han advertido los representantes de los trabajadores.

La compañía toma la decisión después de una sucesión de malos ejercicios en los que ha sufrido sobremanera la competencia de las marcas chinas. En el mercado alemán ha pasado de ser la primera firma en ventas a la tercera, por detrás de BYD y Geely. Y vive una situación parecida en los otros mercados europeos, en los que las automovilísticas del gigante asiático se están abriendo paso de forma rápida pese a los aranceles aprobados por la Unión Europea contra los vehículos eléctricos made in China. Según medios alemanes, la Comisión Europea se plantea imponer aranceles también a los híbridos enchufables chinos, una medida que protegería a grupos como Volkswagen, BMW o Mercedes-Benz.

Por si fuera poca la presión proveniente de China, Volkswagen también ha acusado el golpe de los aranceles de Estados Unidos al automóvil europeo. Alemania es el mayor vendedor de vehículos al país norteamericano. Y “mantener el éxito” en ese contexto, ha razonado el mayor fabricante continental de coches (y segundo del mundo), significa que “todo el grupo debe ser significativamente más competitivo, lo que requiere una mayor precisión y una disciplina más estricta en materia de costes e inversiones”.

“El consejo de administración ha trabajado intensamente en los últimos meses en un plan futuro para la reestructuración de la compañía. El objetivo es lograr una mayor eficiencia y agilidad en toda la empresa, así como aprovechar de forma consistente el potencial de sinergias tecnológicas”, añade la empresa. “Esto se aplica, en particular, a los procesos y estructuras de toma de decisiones, especialmente en el desarrollo e integración de nuevas tecnologías, así como en la cartera de modelos para nuestros clientes. En la siguiente fase, esta transformación integral se implementará tras la aprobación del consejo de supervisión”.

Pero esos argumentos no convencen a los representantes de los trabajadores. “En lugar de actuar de forma precipitada y sin rumbo, [Volkswagen] debería por fin hacer su trabajo y centrarse en sus verdaderas responsabilidades: desarrollar productos y tecnologías competitivos, optimizar las estructuras y las sinergias del grupo y, con ello, garantizar también un empleo seguro”, reza el comunicado que han hecho público. El texto lo firman la presidenta de IG Metall, Christiane Benner; la presidenta del comité de empresa general y del grupo de Volkswagen, Daniela Cavallo; el director regional de IG Metall en los Estados de Baja Sajonia y Sajonia-Anhalt; así como por el negociador de IG Metall para el convenio colectivo de Volkswagen, Thorsten Gröger.

La situación de Volkswagen en España

En cuanto a España, el consorcio germano cuenta con dos plantas de coches, la de Landaben (Navarra) y la de Martorell (Barcelona). Ambas han sido agraciadas con la asignación de cuatro modelos eléctricos que, de momento, son los más baratos que comercializa la compañía, con precios que parten en el entorno de los 25.000 euros sin ayudas. Estos son el Cupra Raval, el Volkswagen ID Polo, el ID Cross y el Skoda Epiq. Los dos primeros ya han comenzado a salir de las líneas de ensamblaje de la factoría catalana, mientras que los otros dos, ensamblados en Navarra, llegarán a los concesionarios también este año. Además, Volkswagen está levantando una planta de baterías en Sagunto (Valencia), la cual se encuentra en un avanzado estado de construcción. En total, el grupo, sus socios y el Gobierno han movilizado 10.000 millones de euros para electrificar la producción del grupo en España.

“El desarrollo que he visto en España en el automóvil en los últimos años es un ejemplo para Europa. Es el segundo fabricante europeo de coches y eso también lo vemos cuando empresas de fuera del continente deciden invertir aquí. España tiene una oportunidad muy grande, ya que hace unas décadas se dedicaba al ensamblaje. Ahora, entramos en una fase de tecnología profunda. Es una gran oportunidad también para los jóvenes”, dijo el consejero delegado del grupo Volkswagen, Oliver Blume, durante su visita a Madrid el pasado abril con motivo de la presentación mundial del Raval.

Por otro lado, fuentes sindicales explican a este periódico que esta situación puede poner en riesgo la asignación de la segunda plataforma de vehículos eléctricos por la que pugna la planta de Martorell. Estas fuentes indican que la plataforma actual (de la que salen el Raval y el ID Polo) es insuficiente para mantener el trabajo a largo plazo cuando se dejen de hacer los otros modelos de combustión que ensambla la factoría, como el León o el Cupra Formentor. “Aún no hay nada claro, pero hay riesgos para España”, señalan desde los sindicatos." 

(Manu Granda , Yetlaneci Alcaraz  , El País, 26/06/26) 

14.6.26

O galego Miguel Otero Iglesias, Real Instituto Elcano dí que España estao facendo ben porque soubo adiantarse a outros países na transición enerxética, por exemplo facilitando unha electricidade máis barata. Esta cuestión é clave no desembarco do grupo chinés de automoción SAIC en Galicia... En moitos países da UE, desde hai meses, había ese pensamento de que España se estaba a achegar demasiado á China... Chegouse a dicir que España era unha especie de nova Hungría, un cabalo de Troia na Unión... España está noutra pantalla. Fíxoo ben, mantén unha estratexia que coido que é acertada... España ten unha experiencia previa porque leva máis tempo convivindo e navegando co que supón a competencia chinesa. Por iso aquí non hai tanto medo, porque xa a sufrimos pero tamén soubemos, historicamente, absorber tecnoloxía e producir. Pola súa bagaxe histórica, España sabe que o proteccionismo non é a solución e vaise adaptando... Como me dixo un empresario un día: interésanos que China produza aquí e nos venda tecnoloxía barata porque nunca antes houbo tanta alta tecnoloxía e tan barata... É unha cuestión de equilibrio. Ter aranceis altos cómprennos para que as empresas chinesas veñan producir aquí, pero non nos cómpre unha guerra comercial para que acaben deixando de vir... No caso de España, China é unha oportunidade en canto a investimentos e desenvolvemento industrial, sobre todo no que ten que ver coa transición verde e o sector do vehículo eléctrico, onde China é líder mundial... Galicia é un sitio ideal e levo tres ou catro anos advertindo da conveniencia de que algunha destas empresas chinesas viñese producir a Galicia, polo ecosistema que no sector da automoción ten o país, con experiencia, unha enorme industria auxiliar e de compoñentes, a fábrica de Stellantis, as infraestruturas portuarias... As empresas chinesas non teñen tanta experiencia á hora de producir en Europa, tamén precisan saber como facelo

"O galego Miguel Otero Iglesias (Basilea, Suíza, 1979) é investigador principal do Real Instituto Elcano en economía política internacional e experto nas relacións UE-China. Fundador e coordinador, ademais, da ETNC (Rede Europea de Think Tanks sobre China), é un dos maiores coñecedores do sistema económico e empresarial de Pequín e do seu desenvolvemento e expansión exterior nos últimos anos. 

Licenciado en Xornalismo pola USC hai máis de dúas décadas, doutor en economía política internacional e actualmente Profesor da IE School of Politics, Economics and Global Affairs, reflexiona aquí sobre o desembarco do grupo chinés de automoción SAIC en Galicia cunha ollada máis fonda no contexto internacional e na estratexia das administracións ante o potencial tecnolóxico chinés, tamén no sector do vehículo eléctrico. 

Que lle parece a chegada de SAIC a Ferrol e As Pontes?

Hai xa tempo que digo que España ten que atraer investimento de China e máis nun sector estratéxico como o da automoción, no que é o segundo maior produtor e exportador de coches da Unión Europea e que representa entre un 10 e un 12% do seu PIB. China é líder no vehículo eléctrico e España sempre foi un dos mellores países para a produción, ademais de apostar ben e moito pola transición e a economía verde que marca a UE.  

Pero Pedro Sánchez recibiu moitas críticas polo seu achegamento á China, non só desde a oposición en España, senón mesmo desde Bruxelas...

En moitos países da UE, desde hai meses, había ese pensamento de que España se estaba a achegar demasiado á China... Empezaron a arquearse moitas cellas en relación á postura do Goberno de España con Pequín, acusándoo mesmo de desmarcarse da liña estratéxica da UE, máis aínda cando Pedro Sánchez amosou con contundencia o seu rexeitamento ás políticas de Donald Trump. Chegouse a dicir que España era unha especie de nova Hungría, un cabalo de Troia na Unión. 

Non é así, logo?

No contexto actual, onde hai moitas dúbidas e debate sobre o aumento da interdependencia ou a crecente dependencia de China, España está noutra pantalla. Fíxoo ben, mantén unha estratexia que coido que é acertada. 

A que se refire?

Nos últimos 150 anos houbo varios países na vangarda tecnolóxica e outros que non. Os Estados Unidos, Reino Unido, Alemaña, Xapón, Corea, algún país nórdico e, en menor medida, Holanda ou Francia... pero España nunca estivo aí. Aquí sempre se apostou máis por absorber esa tecnoloxía que por producila pero, ao tempo, no último medio século o avance económico no Estado veu tamén impulsado pola apertura económica, por atraer investimento estranxeiro. Despois chegou o século XXI, e España, por estar máis abaixo na cadea de valor, foi dos que máis sufriu o China shock dos 90 e 2000, o impacto que tivo sobre a industria e o emprego a entrada masiva de produto chinés barato nos mercados globais desde a entrada dese país na Organización Mundial do Comercio (OMC). Afectou no sector téxtil e do calzado, nos mobles, nos xoguetes, nos paneis solares, nas turbinas eólicas... Denunciábase a competencia desleal que iso supuña e reclamábanse máis aranceis, pero as grandes potencias, daquela, obviaban estas demandas e apostaban polo libre mercado e reivindicábano. Tiveron pouca empatía. 

Daquela, serviulle aquilo a España adaptarse a esta nova era?

Agora chegou o China shock 2.0, a aposta do goberno chinés por subsidios estatais á industria pesada e tecnolóxica e por produtos de alto valor engadido e tecnolóxico e de economía verde, como os coches eléctricos ou as baterías. Neste contexto, son aquelas potencias económicas as que se ven afectadas máis, países que antes apostaban polo libre mercado tornáronse agora nos máis proteccionistas, poñendo ou reclamando aranceis ante unha sobrecapacidade global que provoca que China exporte o seu excedente a prezos moi competitivos. España ten unha experiencia previa porque leva máis tempo convivindo e navegando co que supón a competencia chinesa. Por iso aquí non hai tanto medo, porque xa a sufrimos pero tamén soubemos, historicamente, absorber tecnoloxía e producir. Pola súa bagaxe histórica, España sabe que o proteccionismo non é a solución e vaise adaptando. 

A importancia é saber adaptarse mesmo ás contradicións, saber navegar neste contexto mundial?

Hai un debate, claro. Como me dixo un empresario un día: interésanos que China produza aquí e nos venda tecnoloxía barata porque nunca antes houbo tanta alta tecnoloxía e tan barata. E engadía outra reflexión: tería sido mellor ter protexido o sector dos paneis solares ou é mellor importalos cinco veces máis baratos e con eses paneis solares crear enerxía barata para producir de maneira rendible e sostible produtos con máis valor engadido e atraer investimentos? 

Cal é a resposta, logo...

É unha cuestión de equilibrio. Ter aranceis altos cómprennos para que as empresas chinesas veñan producir aquí, pero non nos cómpre unha guerra comercial para que acaben deixando de vir. A estratexia oficial da UE cara a Pequín considera á China socio estratéxico, competidor económico e rival sistémico. A aposta de España aquí é que iso está moi ben, pero que non podemos deixar de lado a parte de socio no contexto actual porque é fundamental. 



E cal é a súa recomendación?

Insisto. É unha cuestión de pragmatismo: nin idealizar a China como socio perfecto nin percibila como unha ameaza excepcional. No caso de España, China é unha oportunidade en canto a investimentos e desenvolvemento industrial, sobre todo no que ten que ver coa transición verde e o sector do vehículo eléctrico, onde China é líder mundial. 

Cal é a situación na China deste sector?

Na China apostaron polo coche eléctrico hai 15 anos, cunha política industrial que fomentou e impulsou este sector. Falamos dun capitalismo salvaxe, con 120 empresas de vehículos eléctricos nun mercado de 1.400 millóns de habitantes, cunha eficiencia produtiva enorme, unha cadea de traballo de gran precisión e unha importante competencia. Moitas destas empresas, con sobrecapacidade e sobreprodución, xa non poden vender máis aló e lanzáronse ao mercado exterior. Igual que lle pasou antes aos xaponeses, saben que exportar desde China a ese nivel é inviable e teñen que producir en Europa e deixar certo valor engadido no territorio. 

É aí onde Galicia e España deben aproveitar as oportunidades, logo?

España ten un déficit comercial enorme con China, tanto que representa o 75% do seu déficit total. Benvida sexa a produción chinesa aquí sempre que xere valor engadido. Obviamente, o maior valor engadido non está onde se ensamblan os coches, pero a presenza destas fábricas xera emprego e entre ter ou non ter estas factorías, mellor telas. España ten cada vez máis experiencia en atraer investimento estranxeiro que deixou e deixa valor aquí, por moito que aínda deixe máis nos Estados Unidos, en Francia ou no Reino Unido. Pero se os xaponeses, os alemáns ou os americanos trouxeron valor engadido, por que non o van traer os chineses?

Daquela, cre que España soubo aproveitar ben esta situación e a transición verde que impulsou a UE?

España estao facendo ben porque soubo adiantarse a outros países na transición enerxética, por exemplo facilitando unha electricidade máis barata. Esta cuestión é clave e fai que a China vexa en España un lugar atractivo onde investir e posicionarse, máis tendo en conta a importancia da industria da automoción, a segunda  máis importante de Europa. É un sitio atractivo para eles. 

"España é atractiva para o investimento de China: soubo adiantarse na transición enerxética, ten electricidade máis barata e unha importante industria da automoción"

Deu SAIC en Galicia cun sitio idóneo para o seu proxecto?

Claro, ben seguro. Galicia é un sitio ideal e levo tres ou catro anos advertindo da conveniencia de que algunha destas empresas chinesas viñese producir a Galicia, polo ecosistema que no sector da automoción ten o país, con experiencia, unha enorme industria auxiliar e de compoñentes, a fábrica de Stellantis, as infraestruturas portuarias... Galicia é un sitio idóneo como outros en España, como Barcelona, como Valencia, como Zaragoza, Navarra... Son moitos os sitios que devecen por un investimento deste tipo. 

Que hai que agardar da relación de SAIC coas administracións e o resto de actores sociais e económicos en Galicia?

Se SAIC vén a Galicia é porque ve valor no que aquí hai. O que si é esperable é que a relación da compañía coas administracións e o sector sexa dunha negociación e control constante, pero tamén de colaboración e asociación cotiá. Falamos dunha cultura que desembarca aquí, nun lugar cunha economía e cun contexto social diferente... As empresas chinesas non teñen tanta experiencia á hora de producir en Europa, tamén precisan saber como facelo. 

Terán moita importancia as negociacións entre partes, mesmo as relacións que se creen?

A iso me refiro, a que é unha cuestión de negociar, adquirir compromisos e facelos cumprir... O empresariado chinés é un negociador moi duro, pero gústalle negociar. Digamos que é moi diferente ao europeo, é máis latino, e nas negociacións con eles importa moito a presión que desde aquí se poida exercer. 

"A presión social, sindical, da prensa ou da Xunta é clave na relación con SAIC e para que as empresas chinesas acheguen máis e máis valor engadido a Galicia"

O debate aberto en Galicia é sobre o lugar onde se fabriquen os compoñentes para eses coches que se montarán aquí. A conselleira de Economía fala dun compromiso para que a metade procedan da industria local...

Se a conselleira di que hai un compromiso de que o 50% dos compoñentes dos vehículos se fabriquen en Galicia, supoñemos que se basea nalgún tipo de acordo que hai que exixir cumprir. Obviamente, unha empresa chinesa, de primeiras, vai intentar traer todos os compoñentes que poida da China porque sempre lles vai ser máis barato, máis aínda nun caso coma este, onde non falamos dunha joint venture, senón dunha compañía chinesa e dun investimento chinés ao completo. Pero as administracións, as facilidades que poñan e os acordos aos que se cheguen e as presións que se exerzan son fundamentais. E unha vez montada a fábrica, hai circunstancias claves que na China non se dan e hai que ter moi en conta. 

Como cales?

A presión social, dos sindicatos, da prensa, da propia Xunta... Iso é determinante para facer cumprir os acordos e para que as empresas chinesas acheguen máis e máis valor engadido a Galicia. O contexto e o ecosistema social e económico aquí non ten nada que ver co que eles teñen na China. 

En que sentido?

Poño un exemplo: o embaixador da China en España sempre ten que explicarlles aos empresarios que chegan o contexto de aquí, a importancia da reputación social, que non chegan a un país emerxente senón a unha economía consolidada onde a prensa, os sindicatos e as administracións controlan e fan presión. Por iso digo que a chegada dun grupo industrial así a España ou a Galicia trae tamén moitas oportunidades no que ten que ver cos labores de mediación, de asesoría, mesmo de tradución... Non é só producir, senón crear a contorna necesaria para que ambas partes se entendan, coñezan e traballen mellor. Eles son moi bos en producir cousas, pero en Galicia van xurdir tamén moitas oportunidades no márketing, por exemplo... Non van ser eles os que fagan os anuncios dos seus coches para os medios de comunicación, nin os que monten os concesionarios... A creación de emprego indirecto é moi importante nestes casos. 

"O novo regulamento que prepara a UE é clave para forzar á fabricación de compoñentes en Galicia; antes non había base legal para facelo"

No caso da exixencia de fabricación local a SAIC, a lexislación que se prepara na UE semella clave.

É fundamental e supón un cambio moi importante. Ata practicamente antonte non había base legal, nin en España nin na UE, para forzar un mínimo de fabricación local de compoñentes, de emprego da zona ou de transferencia de coñecemento e tecnoloxía. En Bruxelas estase a debater e preparar a denominada Lei de Aceleración Industrial, un novo regulamento que si establece condicións ao investimento estranxeiro e é evidente que a UE vai nese camiño, no de exixir unha participación importante da industria europea nestes proxectos chegados de fóra. España estivo e está moi activa nestas negociacións porque lle interesa que se establezan estes condicionantes. Loxicamente, á China non lle fai ningunha graza, como non llela facía ás empresas europeas cando lles impoñían certas condicións ao investir no seu país. 

Xunta e Estado destacaron a excelente colaboración que tiveron á hora de pular pola chegada de SAIC, unhas declaracións que mesmo soaron estrañas no clima político actual.

A colaboración que houbo entre a Xunta e o Goberno de España para atraer este investimento a Ferrol é un exemplo do que se debe facer e unha forma tamén de desmontar certos discursos. O executivo autonómico, liderado polo PP desde hai anos, intentou atraer e axudar na chegada de SAIC exactamente coa mesma intensidade coa que o fixo o executivo central, do PSOE. Levo tempo explicando en moitos foros o exemplar que son moitas iniciativas conxuntas pero que semella que se queren agochar ou non destacar. 

Algún exemplo?

O Plan España Auto 2030, a estratexia estatal para impulsar a descarbonización e a industria do automóbil, é un dos casos. Un exercicio de colaboración público-privado, privado-privado e público-público exemplar, onde estiveron implicados gobernos e administracións de distinta cor, fabricantes, empresas de compoñentes, sindicatos... Foi un exercicio á alemá de economía coordinada que debemos poñer en valor."

(Entrevista a Miguel Otero Iglesias, Real Instituto Elcano, Praza Gal, 14/06/26)

12.5.26

La industria europea del automóvil vive un momento dramático, con masivos recortes de empleo, pero España resiste... China elige a España como su gran fábrica de coches en Europa... Varias empresas automovilísticas chinas preparan su llegada al país para producir en plantas nacionales infrautilizadas o construir nuevas... España se ha posicionado como uno de los pocos lugares de la Unión capaz de atraer nuevas inversiones en un sector que simboliza la industrialización del continente (Manu Granda)

 "La industria europea del automóvil vive un momento dramático, con masivos recortes de empleo, pero España resiste. En medio de las tensiones generadas por la fuerte competencia china, la caída de ventas en el continente, el desafiante paso al vehículo eléctrico y el control de la cadena de valor de esta tecnología, España se ha posicionado como uno de los pocos lugares de la Unión capaz de atraer nuevas inversiones en un sector que simboliza la industrialización del continente.

Las próximas grandes inversiones vendrán, precisamente, del país que ha puesto a Europa de rodillas en el automóvil: China. El gigante asiático ha elegido a España como su gran fábrica europea, desde la que vender al resto del continente sin pagar aranceles, y ha puesto a sus marcas a negociar su desembarco en el país, siguiendo el ejemplo de Chery en 2024.

Uno de los que está más cerca de cerrar un acuerdo de producción es el gigante SAIC Motor. El dueño de la marca MG comercializa el vehículo chino más vendido en España —el MG ZS de gasolina— y planea levantar una fábrica nueva en Galicia. SAIC, que es el fabricante más afectado por los aranceles europeos al vehículo eléctrico made in China, mantiene negociaciones con la comunidad regida por el PP, la cual se convertiría, en caso de confirmarse, en el referente industrial del automóvil nacional. Esto se debe a que a día de hoy Galicia ya cuenta con la mayor fábrica del país, propiedad del grupo Stellantis (Citroën, Peugeot o Fiat, entre otras), que el año pasado ensambló casi 560.000 vehículos.

A diferencia de otros grupos automovilísticos chinos, SAIC tiene una oferta más diversificada y no tan centrada en el automóvil eléctrico. “Invertir en nuestra tierra es una excelente idea”, señaló el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, tras su visita institucional a China en abril, en la que se reunió con la cúpula de SAIC. Fuentes conocedoras de las conversaciones dan casi por hecho que MG terminará desembarcando en Galicia. Si bien aún no hay confirmada una localización exacta, la Xunta ofreció a MG el megaparque industrial de Plisan, al sur de Pontevedra, pero otros medios de comunicación apuntan a que la agraciada podría ser Ferrol. La Xunta reconoce a este medio las conversaciones, pero asegura que siguen negociando.

Otro fabricante de coches que saltó a los medios en las últimas semanas por su supuesto interés en producir en España es Changan, marca que acaba de aterrizar en España con dos SUV eléctricos. En su caso, la planta se situaría en Aragón, según Bloomberg.

Para Mathieu Bernard, responsable de automoción en Iberia en la consultora Roland Berger, este interés de China en el país se explica por el “acceso sin fricciones al mercado europeo, una base industrial competitiva, costes más bajos que en el norte europeo y una posición geográfica estratégica”, gracias a la cual España tiene acceso no solo a los mercados europeos, sino también a Latinoamérica y África.

Utilización de fábricas ya existentes

A las marcas ya mencionadas se suma el interés de otras automovilísticas que estudian producir en las instalaciones de otros grupos ya presentes en España. Ese sería el caso de la marca de lujo Hongqi, que negocia con Stellantis para fabricar en la planta que el consorcio tiene en Zaragoza, según Reuters. Estas instalaciones ya cuentan con inversión china comprometida por parte de CATL, el mayor productor de baterías del mundo, quien está levantando una gigafactoría al lado de la mencionada planta de coches, con un coste estimado de 4.100 millones de euros.

Lo que sí es seguro es que Leapmotor, marca china de la que Stellantis compró una parte en 2023 —junto con los derechos para comercializarla en Europa—, fabricará en dicha factoría zaragozana. La compañía confirmó este viernes que hará allí el B10 desde este mismo año y aportará su tecnología para un modelo eléctrico de Opel del segmento C. Fuentes conocedoras de los planes de la marca apuntan a que también producirá el B05 y el B03X en España.

La firma china será, a su vez, el salvavidas de la fábrica de Stellantis en Villaverde (Madrid), la cual produce a día de hoy los Citroën C4 y C4 X, pero que no tenía nuevos modelos en el horizonte. Leapmotor informó el viernes de que dicha planta “podría” pasar a ser propiedad de la joint venture (empresa conjunta) que tiene con Stellantis, y que hará allí un modelo eléctrico a partir del primer semestre de 2028.

Por su parte, Geely también negocia con Ford la utilización de parte de la planta de Almussafes, la cual vive actualmente con la respiración asistida del Mecanismo RED aprobado por el Gobierno en diciembre de 2024, que permite a la compañía usar un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) rotatorio para toda la plantilla. Ford solo hace allí un modelo, el Kuga, y anunciará en las próximas semanas el esperado modelo multienergía llamado a revitalizar la fábrica. Geely aportará carga de trabajo extra en las instalaciones de montaje de vehículos Body 3 de la factoría, un área hoy sin usar, donde hará un modelo propio y otro para Ford, según La Tribuna de Automoción. Ante las preguntas de este medio, la compañía estadounidense se limita a señalar que mantiene conversaciones con varias empresas y no confirma que hayan cerrado un acuerdo con Geely.

El contraste con el resto de Europa

El contraste entre España y las noticias que llegan del resto del continente es notable. Alemania, por ejemplo, cuna europea del automóvil, sufrirá el recorte de 50.000 puestos de trabajo hasta 2030 en Volkswagen, compañía que en paralelo está invirtiendo 10.000 millones en España para levantar una planta de baterías en Sagunto (Valencia) y convertir sus fábricas de coches españolas para que puedan producir vehículos eléctricos.

A la ya mencionada inversión de CATL en Zaragoza, se suman otras (que han de ser llevadas aún a la práctica) de fabricantes chinos de baterías como Envision, en Extremadura, o la de Gotion e Inobat en Valladolid. Mientras, ACC, empresa participada por Stellantis, Mercedes-Benz y TotalEnergies, suspendió definitivamente en febrero sus planes de levantar plantas de baterías en Italia y Alemania.

El único fabricante de coches chino que produce actualmente en España es Chery, que eligió asentarse en la antigua planta de Nissan en la Zona Franca de Barcelona junto a su socio local EV Motors, para el ensamblaje de la firma española Ebro y de marcas propias de Chery como Omoda y Jaecoo. Ebro monta sus coches con piezas que vienen desde China, un modelo de fabricación que ha sido criticado por voces del sector como Josep Maria Recasens, presidente de Anfac (la patronal nacional de automovilísticas) y máximo directivo de Renault España.

“Aquí [a Europa] no se puede venir y construir cuatro chapas con ruedas y asientos con poco valor añadido. Lo que hay que hacer es comprometerlas [a las marcas] a que nos enseñen, que vengan con productos con valor añadido. No lo hicimos así nosotros cuando fuimos a China, no deben hacerlo ellos cuando vienen a Europa”, afirmó Recasens en noviembre en una declaración en la que no mencionó expresamente a Chery, pero en la que apuntó directamente a su modelo de fabricación.

“En el corto plazo, el modelo dominante es el ensamblaje de vehículos a partir de kits importados desde China. Es una forma de reducir riesgos y acelerar la entrada en el mercado. A medida que aumenta el volumen, los fabricantes empiezan a integrar proveedores locales y a producir más componentes en Europa”, señala Bernard, de la consultora Roland Berger, quien ve “poco probable” que China transfiera completamente tecnologías clave como baterías o software, pero sí puede haber cierto desarrollo local y adaptación al mercado europeo." 

(Manu Granda , El País, 11/05/26)