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15.9.25

Desde hace décadas, los presupuestos autonómicos contra incendios repiten un patrón: para extinción se dedica el 85%, para prevención el 15%. La literatura especializada y la experiencia internacional son cristalinas: prevenir es más eficaz y más barato; pero, en el marco neoliberal vigente, extinguir es más rentable. ¿Rentable para quién, nos preguntamos?: para un oligopolio de empresas —con fondos de inversión internacionales a la cabeza— que concentran las licitaciones para extinción... la magnitud de los incendios en España son el resultado de una negligencia estructural de las Comunidades Autónomas y del servilismo gubernamental frente a los dictados de la Unión Europea, que termina subordinando las prioridades públicas a los intereses de grandes fondos de inversión y conglomerados energéticos. El fuego es un síntoma; la enfermedad, un régimen de gobernanza que convierte todo lo común en subcontrato, toda política pública en catálogo de licitaciones, y todo territorio en un solar disponible para la especulación... Donde la prevención demanda continuidad (limpiezas, clareos, cortafuegos, gestión del matorral, manejo del pastoreo), la extinción permite picos de facturación asociados a campañas y emergencias. Donde la prevención exige empleo estable y cualificado, la extinción tolera plantillas parciales, rotación alta y salarios bajos. Y mientras la prevención persigue reducir el número de incendios, la extinción vive —inevitablemente— de que los haya. El incentivo está mal diseñado y la política pública lo ha asumido como si fuera ley de la gravedad (Eduardo Luque)

"NEOLIBERALISMO Y NEGLIGENCIA CRIMINAL

España ardió y seguirá ardiendo. Unos Intentan reducir la explicación a una fatalidad etérea: el “Cambio climático”; otros ni siquiera se molestan en buscar excusas, guardan silencio. Todos coinciden al final en no abordar las causas profundas y por tanto acaban absolviendo a los responsables políticos y económicos de una cadena de decisiones que han convertido el monte en pólvora, el territorio en mercancía y la tragedia en negocio.

Llevamos décadas sufriendo esta plaga. Este año ha batido records. En apenas ocho meses, cerca de medio millón de hectáreas ardieron. No es una cifra desnuda: son hogares, explotaciones, ecosistemas y vidas —de vecinos y de trabajadores forestales— consumidas por un fuego que otros han preparado durante años con desregulación, externalizaciones, recortes y abandono.

Esta reflexión parte de una tesis sencilla y, a la vez, incómoda: la magnitud de los incendios en España son el resultado de una negligencia estructural de las Comunidades Autónomas y del servilismo gubernamental frente a los dictados de la Unión Europea, que termina subordinando las prioridades públicas a los intereses de grandes fondos de inversión y conglomerados energéticos.

El fuego es un síntoma; la enfermedad, un régimen de gobernanza que convierte todo lo común en subcontrato, toda política pública en catálogo de licitaciones, y todo territorio en un solar disponible para la especulación.

El negocio del fuego: de la prevención barata a la extinción rentable

Desde hace décadas, los presupuestos autonómicos al respecto repiten un patrón: para extinción se dedica el 85%, para prevención el 15%. La literatura especializada y la experiencia internacional son cristalinas: prevenir es más eficaz y más barato; pero, en el marco neoliberal vigente, extinguir es más rentable. ¿Rentable para quién, nos preguntamos?: para un oligopolio de empresas —con fondos de inversión internacionales a la cabeza— que concentran las licitaciones para extinción. En torno a 654 millones de euros anuales se movilizan entre ambos niveles de la administración (estatal y autonómica) aunque una parte sustantiva termina engordando las cuentas de resultados que no conocen temporada baja. Esta lógica mercantil aplicada al monte es perversa. Donde la prevención demanda continuidad (limpiezas, clareos, cortafuegos, gestión del matorral, manejo del pastoreo), la extinción permite picos de facturación asociados a campañas y emergencias. Donde la prevención exige empleo estable y cualificado, la extinción tolera plantillas parciales, rotación alta y salarios bajos. Y mientras la prevención persigue reducir el número de incendios, la extinción vive —inevitablemente— de que los haya. El incentivo está mal diseñado y la política pública lo ha asumido como si fuera ley de la gravedad.

El marco legal como mecha

El segundo pilar de esta arquitectura inflamable es jurídico. La Ley de Montes (43/2003), reformada en 2015, descentralizó competencias hacia las CCAA y, en su desarrollo reglamentario, abrió un corredor de arbitraje normativo. Sobre el papel, obligaba a planificar prevención, vigilancia y extinción. En la práctica, la combinación de trabas burocráticas para pequeños propietarios, la externalización de servicios y las excepciones urbanísticas —como la posibilidad de alterar la calificación si concurren “razones imperiosas de interés público de primer orden” (Ley de Montes 2015, párrafo V)— ha funcionado como anzuelo para la especulación. Resultado: el terreno arrasado queda a tiro de recalificación o de instalación de macroproyectos energéticos. La “protección” deviene retórica, mientras la norma, modulada por reglamentos y desarrollos autonómicos, facilita que el incendio no sea el final de nada, sino el comienzo del negocio. Lo que debía garantizar el interés general terminó siendo un manual de instrucciones para la privatización del territorio. Ya tenemos los primeros ejemplos. En Alcarrrás, en la comarca del Segriá (Lérida) y, a pesar del rechazo popular, se ha aprobado la primera macro-instalación de placas solares sobre un terreno quemado en 2021. En total se instalarán unos 100.000 paneles solares. La declaración de utilidad pública que permite edificar en terreno no urbanizable han sido imprescindible para imponer este proyecto a pesar de la oposición de la propia Generalitat, ayuntamientos…

Latifundismo y despoblación: combustible estructural

El latifundismo sigue siendo un vector silencioso del fuego. En un país que es el segundo de la UE en superficie forestal, sólo superado por Suecia, la concentración de la tierra en muy pocas manos impide gestiones activas y próximas del monte: el 1% de propietarios controla más del 50% de la superficie agraria útil, mientras la gran mayoría de explotaciones, pequeñas y medianas, apenas rozan el 10%. La España vaciada —envejecida, con servicios menguantes y economía deprimida— carece de manos y medios para la gestión cotidiana del bosque. En 2023, uno de cada tres municipios rurales estaba en riesgo de desaparecer. Sin gente, no hay cuidado; sin cuidado, el monte se densifica, acumula biomasa muerta y cualquier chispa se convierte en catástrofe.

La solución intuitiva —apoyar políticas activas de repoblación, servicios públicos y economía rural— ha sido desplazada por una narrativa tecnocrática que mide el territorio en megavatios y no en vidas. Los incendios aceleran y lo harán aún más, la expulsión facilita la recalificación; la recalificación consolida un modelo extractivo que cierra el círculo: menos campesinos, más proyectos a gran escala.

Transición energética: fondos europeos y servidumbre de paso

En este tablero, los fondos europeos actúan como palanca. El Plan de Recuperación asigna decenas de miles de millones a transición energética, vivienda, industria “verde” y movilidad. El problema no es el objetivo —descarbonizar— sino el vehículo institucional: una arquitectura de condicionalidades y ventanillas que prioriza el tamaño y la capacidad del lobby. Los grandes grupos energéticos y financieros absorben la mayor parte de los recursos, mientras el mundo rural apenas recibe migajas en forma de compensaciones, subvenciones menores o subcontratas precarias.

Aquí se revela el servilismo gubernamental: no en el cumplimiento de estándares climáticos, sino en la asimetría con que se ejecutan. Cuando Bruselas dice “aceleren la transición ecológica”, el Gobierno traduce “abran paso” a macroparques eólicos y fotovoltaicos, aunque se implanten sobre territorios golpeados por el fuego, sin participación real, sin propiedad local y sin retornos significativos para la comunidad.

La política energética se convierte en política de suelo; y el incendio, en pórtico de oportunidad.

Geopolítica de la impotencia: sanciones, helicópteros varados y gasto militar creciente

Hay además una dimensión geopolítica que, leída desde el territorio, suena a sarcasmo. La paralización de la flotilla de helicópteros rusos Kamov, (valoradas como excelentes máquinas en tareas de extinción) que no puede volar porque están sujetas a las sanciones que impusieron la UE y Washington contra Rusia. Esto refleja cómo decisiones tomadas en clave de alineamiento estratégico se traducen en impotencia operativa a pie de monte. La misma UE que exige aceleración verde mantiene restricciones que dejan fuera de servicio medios críticos; la misma España que incrementa el gasto militar en la órbita de la OTAN recorta o precariza servicios esenciales como la prevención de incendios aunque vea como el país arde. Nos hemos de alegrar de que la UME colabore contra el fuego, deberíamos alegrarnos de que no fueran necesarios porque mientras decenas de cuadrillas de bomberos están en paro por desidia de los gobernantes, lo soldados ocupan ese lugar. El mensaje implícito es brutal: hay dinero para armas; no lo hay para cortafuegos. No se trata de elegir entre seguridad nacional o seguridad humana: se trata de recordar que la seguridad empieza donde la gente vive. Y hoy, en demasiados pueblos, la amenaza inmediata no es una invasión rusa, sino una lengua de fuego empujada por vientos cálidos sobre un monte abandonado.

La precariedad como política

Cuando la columna de humo ya se ve desde la autovía, aplaudimos a bomberos forestales y brigadas helitransportadas. Bien está. Pero la épica no paga facturas. En regiones como Castilla y León o Madrid, los trabajadores llevan tiempo denunciando salarios en torno a 1.300 euros, falta de personal, temporalidad, equipos obsoletos y altísima rotación. Son más de 35 empresas privadas las encargadas de controlar los incendios, compitiendo entre sí. Es el reverso de la externalización: el precio ofertado para ganar el contrato (siempre el más bajo) se sostiene después recortando nóminas y plantillas. La Administración mira a otro lado y el empresario mira su EBITDA 1. En el centro del círculo, arden los pinares. Si el Estado acepta que la protección civil sea una actividad de mercado, debe asumir que el mercado hará lo que siempre hace: optimizar costes y maximizar ingresos. Es decir, precarizar. La única forma de alinear incentivos con el interés general es republicanizar el núcleo del servicio, garantizando plantillas, formación, carrera profesional y salarios dignos como elemento no negociable de la política de prevención.

La coartada climática.

El cambio climático es real y sus efectos —olas de calor, sequías prolongadas, eventos extremos— agravan el riesgo de incendios. Negarlo sería tan irresponsable como culparlo de todo. Aquí radica la trampa discursiva del servilismo gubernamental: convertir una causa agravante en explicación total. Al hacerlo, el Gobierno desdibuja responsabilidades concretas: la no aplicación de planes de prevención por parte de las CCAA, los recortes en personal, la privatización mal supervisada, las puertas giratorias que vinculan regulación y negocio, y, sobre todo, la ausencia de una estrategia territorial que integre energía, agricultura, forestal y vivienda. España no está condenada a arder. Arde porque hemos industrializado la extinción y tercerizado la prevención; porque hemos convertido la Ley en una vía rápida hacia la recalificación; porque confundimos Europa con obediencia, transición ecológica con colonización energética, y seguridad con tanques y fragatas mientras los montes se convierten en mechas perfectas. La devastación que vivimos no es un capricho del clima ni una suma de descuidos; es consecuencia de una acción política. Se expresa en el diseño de contratos, en la priorización presupuestaria, en el modo en que se legisla y reglamenta. La negligencia criminal no es un exabrupto retórico: es la lógica que, sabiendo cómo evitar el desastre, persiste en alimentarlo porque ciertos actores ganan con ello.

Nota: 1 La EBITDA ( Earnings Before Interest, Taxes,) es un indicador financiero de rentabilidad operativa."

10.9.25

Un oligopolio controla el negocio privado de la extinción con medios aéreos, compuesto por un "reducido número de fabricantes de aeronaves y de empresas operadoras". Así, Avincis tiene un 80% de cuota en el mercado de los servicios aéreos de emergencias, que además de la lucha contraincendios incluye el salvamento marítimo y las emergencias sanitarias... Los pilotos se quejan también de que trabajan hasta 2.000 horas al año, con turnos diarios de 12 horas y programaciones de 22 días al mes... (Begoña P. Ramírez)

 "El Ministerio de Transición Ecológica ha adjudicado en los dos últimos años casi 270 millones de euros a empresas privadas para contratar helicópteros y aviones con los que apoyar a las comunidades autónomas en la extinción de incendios. De esa cantidad, 156,4 millones corresponden a un macrocontrato para tres años –2025, 2026 y 2027– dividido en 17 lotes que se han repartido ocho operadores aéreos. Es el precio que el Gobierno está pagando por el servicio que prestan 43 aeronaves, de las que 32 son helicópteros, cinco son aviones anfibios y seis, aviones de carga.          

El aumento de precios no se traslado a los salarios

Cuando el dueño es un fondo de inversión 

(Begoña P. Ramírez ,  Público, 19/08/25)

15.8.25

La gestión economicista de lo público es una de las razones de los incendios, y hay que subrayarlo más... No solo hay menos gasto en prevención, sino que la gestión se externaliza con el objetivo de ahorrar... Cuando esto ocurre de manera generalizada en muchos sectores públicos incentiva que se monten chiringuitos destinados a generar beneficios y no a cumplir funciones y objetivos. Es un elemento perverso... lleva, por ejemplo, a que se despida a la plantilla justo después de la temporada alta y se pierda capacidad operativa, al margen de que se contrate a gente sin experiencia y con salarios bajos... a corto plazo, las cuentas públicas están más limpias, hay gente que utiliza gráficos para afirmar que la eficiencia reina, que las instituciones ahorran, que son buenos gestores y que además favorecen a la economía porque externalizan... Hasta que llegan los incendios. Ahí se llama a la UME para arreglar el problema y se cargan las culpas a otros (Esteban Hernández)

Esteban Hernández @HdezEsteban

La gestión economicista de lo público es una de las razones de los incendios y hay que subrayarlo más. 

La obsesión con la eficiencia es un gran riesgo, en muchos campos. 

No solo hay menos gasto en prevención, sino que la gestión se externaliza con el objetivo de ahorrar. 

Cuando esto ocurre de manera generalizada en muchos sectores públicos incentiva que se monten chiringuitos destinados a generar beneficios y no a cumplir funciones y objetivos. Es un elemento perverso. 

En el caso de la prevención, lleva, por ejemplo, a que se despida a la plantilla justo después de la temporada alta y se pierda capacidad operativa, al margen de que se contrate a gente sin experiencia y con salarios bajos. 

Pero, a corto plazo, las cuentas públicas están más limpias, hay gente que utiliza gráficos para afirmar que la eficiencia reina, que las instituciones ahorran, que son buenos gestores y que además favorecen a la economía porque externalizan. 

Hasta que llegan los incendios. Ahí se llama a la UME para arreglar el problema y se cargan las culpas a otros.

11:04 a. m. · 15 ago. 2025 12,5 mil Visualizaciones

4.6.25

En el Reino Unido, quizás no haya un símbolo más concreto de fracaso estatal que el agua del Támesis. En el sistema de agua británico privatizado, Thames Water es el mayor proveedor del país. Proporciona agua a alrededor de 16 millones de personas, incluida Londres. A pesar de esto, y de un mercado literalmente cautivo, la empresa necesita un rescate, por una deuda de £20 mil millones... Thames Water es el ejemplo más atroz de la mezcla kafkiana de lo público y lo privado que ha surgido en tantas áreas de los servicios públicos británicos y de la economía en general... El caso más costoso de demasiado grande para quebrar para el gobierno británico, por supuesto, fue su sistema bancario. Eso explotó en la cara del Reino Unido hace casi dos décadas, durante la crisis financiera mundial. Desde entonces, ha habido pocos avances en la búsqueda de un modelo económico alejado de las empresas que son nominalmente privadas, pero que dependen implícitamente del respaldo del Estado si las cosas salen mal... Tratar de racionalizar este desastre sería un proyecto político que el partido laborista de centroizquierda, si nadie más, podría llevar a cabo. Pero hasta ahora no hay una visión más amplia para esto (Eurointelligence)

 "Por el desagüe 

 En el Reino Unido, quizás no haya un símbolo más concreto de fracaso estatal que el agua del Támesis. En el sistema de agua británico privatizado, Thames Water es el mayor proveedor del país. Proporciona agua a alrededor de 16 millones de personas, incluida Londres. A pesar de esto, y de un mercado literalmente cautivo, la empresa se ha encontrado en dificultades financieras y necesita un rescate. Una opción para hacer esto acaba de desaparecer. Inicialmente, KKR, el grupo de capital privado, había dicho que pondría £4 mil millones en Thames Water y presentaría un plan para cambiar la empresa. Pero ayer, se retiró del trato. 

 Ahora habrá que encontrar otra opción. El gobierno preferiría que Thames Water y su pila de deudas de £20 mil millones se convirtieran en responsabilidad de los acreedores de la empresa, quienes se harían cargo de la empresa y tratarían de cambiarla. Pero también es posible que la empresa se ponga en un llamado régimen de administración especial, o SAR. Esto implicaría básicamente que el gobierno, por un tiempo, nacionalizara la empresa. Thames Water es el ejemplo más atroz de la mezcla kafkiana de lo público y lo privado que ha surgido en tantas áreas de los servicios públicos británicos y de la economía en general. Las empresas fueron privatizadas. Pero en muchos casos, como los viajes en tren y especialmente el agua, esto sucedió en sectores donde los mercados competitivos son muy difíciles de lograr. Por lo tanto, existía una regulación estricta para garantizar servicios decentes y evitar el aumento excesivo de precios. 

 Pero estos se han vuelto difíciles de soportar financieramente. El resultado es un sistema en el que tiene empresas privatizadas de jure pero respaldadas casi por el Estado. El agua del Támesis podría no ser administrada por el gobierno. Pero si no hay otra opción, así será. Es casi la definición de demasiado grande para fallar. El caso más costoso de demasiado grande para quebrar para el gobierno británico, por supuesto, fue su sistema bancario. Eso explotó en la cara del Reino Unido hace casi dos décadas, durante la crisis financiera mundial. Desde entonces, ha habido pocos avances en la búsqueda de un modelo económico alejado de las empresas que son nominalmente privadas, pero que dependen implícitamente del respaldo del Estado si las cosas salen mal. Tratar de racionalizar este desastre sería un proyecto político que el partido laborista de centroizquierda, si nadie más, podría llevar a cabo. La nacionalización ferroviaria y la reforma de la planificación ya son pasos tentativos en un sistema que eliminaría la privatización sustituta y dejaría que el sector privado realmente existente haga lo que tiene que hacer. Pero hasta ahora no hay una visión más amplia para esto. Cambiar la economía y los servicios públicos es lo único que salvará la decreciente popularidad del gobierno. Tratar de estar a dieta Nigel Farage no lo logrará. Tampoco lo harán los acuerdos de recortes con Donald Trump que solo mitigan parcialmente el daño en sectores que apenas existen en el Reino Unido, como la exención de los nuevos aranceles del 50% sobre el acero y el aluminio." (Eurointelligence, 04/06/25, traducción Yandex)

6.2.25

Los beneficios del miedo... Los planes de deportación masiva de Trump son un tinglado racista con profundas raíces en la historia y las leyes de EEUU... rendirán dividendos de múltiples maneras: Permitiendo un mayor lucro de las prisiones privadas y otras corporaciones carcelarias a las que se recurra para gestionar la represión que se avecina, al tiempo que permiten a Trump beneficiarse políticamente de la afirmación de que los migrantes son los principales culpables de «la carnicería estadounidense.»... Una dimensión importante de estos sistemas entrelazados fue la privatización... las empresas de capital privado han realizado cuantiosas inversiones en centros federales de detención de inmigrantes... Observar la maquinaria de detención y deportación que Trump y su gabinete de fanáticos adinerados están poniendo en marcha es contemplar toda una economía política del miedo y el castigo, que genera beneficios privados a partir del combustible de la propaganda demagógicaGrupos de derechos humanos han protestado contra las brutalidades que han resultado de la dependencia de la administración Biden de la multimillonaria industria de la detención (Alberto Toscano)

 "«Aún no han visto una mierda. Esperen hasta 2025». Así lo dijo Tom Homan, el recién nombrado «zar de las fronteras» de Donald Trump, en la conferencia National Conservatism del pasado julio, donde Homan anunció que, si Trump volvía a la Casa Blanca, dirigiría «la mayor fuerza de deportación que este país haya visto.»            

Unos meses antes, Stephen Miller, subjefe de gabinete entrante de Trump y principal agitador antimigrante, expuso su propia visión oscura para «la represión migratoria más espectacular«: Alistar toda la gama de poderes federales para una campaña de deportación masiva que abrumaría a los abogados de derechos de los inmigrantes y cualquier esfuerzo para proteger a los trabajadores indocumentados de la vigilancia, el encarcelamiento y la expulsión.

Ahora, a menos de dos semanas de la toma de posesión de Trump, las amenazas contra funcionarios municipales o estatales dispuestos a ampliar «santuario» no han hecho más que hacerse más explícitas, como cuando Homan recientemente prometió procesar al alcalde de Chicago Brandon Johnson si continúa «albergando y ocultando» a los solicitantes de asilo.

Los planes de deportación masiva de Trump son alarmantes, pero también son una recapitulación consciente (aunque turboalimentada) de la larga historia de racismo de Estado antimigrante de Estados Unidos, así como el producto de un sistema muy rentable de detención y vigilancia apoyado por sucesivas administraciones de los dos principales partidos.

Tanto si adoptan la forma «espectacular» que busca Miller, rendirán dividendos de múltiples maneras: Permitiendo un mayor lucro de las prisiones privadas y otras corporaciones carcelarias a las que se recurra para gestionar la represión que se avecina, al tiempo que permiten a Trump beneficiarse políticamente de la afirmación de que los migrantes son los principales culpables de «la carnicería estadounidense.» Que esta estrategia no conoce límites morales o fácticos fue evidente en la respuesta MAGA a la reciente violencia en Nueva Orleans y Las Vegas –declarando «Necesitamos asegurar esa frontera» incluso cuando ambos ataques fueron perpetrados por ciudadanos estadounidenses nacidos en el país con largos antecedentes militares.

Para desafiar el violento chivo expiatorio de los migrantes que se avecina será necesario movilizarse contra la pretensión de la administración Trump de ser la campeona del «trabajador estadounidense«.

150 años de lawfare anti-migrantes

La retórica que rodea la política de cabecera del movimiento MAGA es como una recopilación de grandes éxitos de 150 años de lawfare anti-migrante nativista. Los desplantes sinófobos de Trump contra el fentanilo chino que entra por la frontera recuerdan cómo los trabajadores chinos fueron el primer objetivo de las leyes de inmigración represivas y racistas de Estados Unidos, empezando por la Ley Page de 1875, así como de un movimiento obrero nativista que luchó por mantener el trabajo blanco.

Pero eso es sólo el principio. En 2015, Trump invocó la infame ley de deportación 1954 «Operación Espalda Mojada» de Dwight Eisenhower como un posible modelo a seguir por su propia administración. Las mentiras que Trump y el vicepresidente electo JD Vance difundieron este otoño sobre los inmigrantes haitianos en Springfield, Ohio, se hacen eco de lo crucial que ha sido el racismo antinegro y antilatino, desde el 1980 levantamiento del barco Mariel de inmigrantes cubanos y haitianos, a la hora de enmarcar la migración como una crisis de seguridad nacional. La promesa de la plataforma 2024 de los republicanos de «deportar a los radicales pro-Hamas» de los campus universitarios nos recuerda con qué frecuencia las políticas antimigración han estado vinculadas al pánico político a los subversivos extranjeros, desde la Ley McCarran-Walter de 1952, que clasificaba a comunistas y anarquistas como «extranjeros deportables», hasta la Alien Enemies Act de 1798, utilizada para justificar el internamiento masivo de estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial (y ahora también citada por Trump y sus compinches como un para eludir los obstáculos legales a la detención de millones de inmigrantes indocumentados). Ahora el Congreso está a punto de aprobar la Ley Laken Riley con un considerable apoyo demócrata, ampliando aún más la detención obligatoria, incluida la de inmigrantes documentados, bajo el pretexto de una inexistente ola de «delincuencia migrante».

Si la ideología xenófoba de MAGA apenas ha innovado con respecto a sus antepasados -destacando principalmente por su crudeza sin paliativos-, sus esfuerzos por convertir el racismo nativista en una plataforma política central también encuentran precedentes en la historia reciente de la ley de inmigración y su aplicación;

El gobierno de Bill Clinton, y especialmente su apoyo a proyectos de ley como la Ley de Reforma de la Inmigración Ilegal y Responsabilidad de los Inmigrantes, que criminalizaba la inmigración, fueron un momento decisivo para la «máquina de deportación de Estados Unidos». Como Silky Shah, director ejecutivo de Detention Watch Network, ha argumentado, el giro punitivo durante los años de Clinton facilitó la fusión de la aplicación de las leyes de inmigración y el complejo industrial penitenciario en un único paisaje carcelario.

Fue en 2014, durante la presidencia de Barack Obama -apodado el «Deportador en Jefe» mucho antes de que Trump asumiera el cargo-, cuando el mismo Tom Homan, entonces un alto cargo de la U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE), comenzó a promover la idea de utilizar «la separación familiar» para disuadir a la inmigración. Aunque Obama se negó a poner en práctica la idea, al año siguiente honró a Homan con el Premio al Rango Presidencial. Y como señala Shah, el trabajo de la administración Obama para conectar el sistema de detención y deportación con la aplicación de la ley «se expandió y creó una poderosa maquinaria» que Trump explotaría más tarde.

Beneficio privado, propaganda pública

Una dimensión importante de estos sistemas entrelazados fue la privatización. Al amparo de las benévolas «reformas», la administración Obama supervisó tanto el aumento de la persecución federal de delitos de inmigración como la reentrada ilegal como el incremento del uso de prisiones privadas y «alternativas a la detención» para los migrantes, incluidas diversas formas de vigilancia y «e-carcelación.»

Por su parte, y hasta sus últimos días, la administración Biden extendió lucrativos contratos con las corporaciones que administran las instalaciones privadas que almacenan a la mayoría de los migrantes indocumentados detenidos-más del 90% de los detenidos por el ICE estaban en centros de detención privados en julio de 2023 – a pesar de los casos documentados de «desatención médica, muertes evitables, uso punitivo del aislamiento, falta de garantías procesales y trato discriminatorio y racista», como informó The Guardian. Incluso los centros de detención que la Oficina del Inspector General del Departamento de Seguridad Nacional exigió explícitamente que se cerraran siguen abiertos 

Grupos de derechos humanos han protestado contra las brutalidades que han resultado de la dependencia de la administración Biden de la multimillonaria industria de la detención, dirigida por empresas como GEO Group (antes Wackenhut) y CoreCivic (antes Corrections Corporation of America). Mientras tanto, como The Lever informó, las empresas de capital privado han realizado cuantiosas inversiones en centros federales de detención de inmigrantes, «lo que significa que los opacos, irresponsables y lucrativos intereses de Wall Street están dispuestos a ganar cientos de millones de dólares deteniendo y vigilando a los inmigrantes del país.»

Ahora, el sector de las prisiones privadas, que ya vio cómo sus acciones se revalorizaban con la noticia de la victoria electoral de Trump, anticipa una ganancia inesperada bajo su segunda administración. Como el presidente ejecutivo del Grupo GEO declaró en una llamada de ganancias después de las elecciones: «Esperamos que la administración entrante de Trump adopte un enfoque mucho más agresivo con respecto a la seguridad fronteriza, así como a la aplicación de la ley en el interior, y que solicite financiación adicional al Congreso para lograr estos objetivos.» Esa mayor agresividad contra los migrantes se traduce directamente en mayores ingresos para GEO y sus afines.

El beneficio que se obtiene del castigo racializado de los inmigrantes indocumentados no se detiene con la detención y la deportación, sino que también incluye en gran medida el control y la vigilancia electrónicos de los inmigrantes. El Programa de Comparecencia Bajo Supervisión Intensiva del ICE incluye monitores de tobillo, «relojes» y aplicaciones de smartphone de reconocimiento facial-todo lo cual, junto con la minería de datos, son objeto de lucrativos contratos gubernamentales. Ante cierto escepticismo de que la administración Trump pueda llevar a cabo todos sus planes draconianos -Evan Benz, abogado del Centro Amica para los Derechos de los Inmigrantes, señala que no hay «ninguna manera rentable o práctica para que el ICE detenga y expulse legalmente a los más de tres millones de migrantes en la lista de no detenidos, a pesar de lo que Trump y sus secuaces fascistas puedan estar soñando para el próximo año»-, incluso un el fracaso de la campaña de deportación masiva seguiría siendo rentable para los intereses de las prisiones privadas, al tiempo que sembraría la miseria y el terror entre los migrantes.

Una economía del miedo

Observar la maquinaria de detención y deportación que Trump y su gabinete de fanáticos adinerados están poniendo en marcha es contemplar toda una economía política del miedo y el castigo, que genera beneficios privados a partir del combustible de la propaganda demagógica, pagando los salarios psicológicos del nativismo mientras se llenan las arcas de las corporaciones;

Para los trabajadores inmigrantes, el miedo siempre ha sido un factor económico: les obliga a realizar trabajos con salarios más bajos, dificulta la sindicalización y permite la existencia de empleadores despóticos. Como explica el estudioso crítico de la inmigración Nicholas De Genova , la principal función de la deportación en las economías capitalistas que dependen de la mano de obra inmigrante e indocumentada no es realmente expulsar a esos trabajadores, sino subordinarlos, haciendo que su mano de obra sea barata y controlable debido a su deportabilidad.

El propio Homan ha pedido la ampliación de los visados temporales para trabajadores estacionales a trabajadores migrantes durante todo el año en la industria láctea, que depende tanto de los trabajadores indocumentados que su ausencia duplicaría el precio de la leche. Cuando no se les considera una amenaza para la seguridad nacional, a los trabajadores sin papeles se les reduce a factores de producción, menos importantes que los animales que cuidan y los productos que producen.

Está claro que el objetivo principal de los planes de deportación masiva de Trump no es «el crimen migrante», sino esa vasta parte de la clase obrera estadounidense compuesta por trabajadores indocumentados y todos aquellos que caen bajo la temible sombra de la deportabilidad -sin olvidar a los activistas estudiantiles que se movilizan contra el genocidio. Eso hace que la defensa de las vidas de los inmigrantes no sea sólo una prioridad de cualquier movimiento por la justicia social, sino también una lucha política y laboral. Para que esa lucha cobre impulso, será necesario romper la ecuación reaccionaria de la clase trabajadora con la blancura y la ciudadanía nacional que ha perdurado desde finales del siglo XIX.

En 2018, miles de personas se manifestaron contra el programa de separación familiar del ICE, incluidos políticos demócratas como Kamala Harris, que más tarde se pasó a un mensaje «de mano dura con la inmigración». En un desarrollo prometedor, Liz Shuler, presidenta de la AFL-CIO, declaró esta semana que luchar contra las redadas en los lugares de trabajo y las deportaciones masivas es una «prioridad» para el movimiento obrero. Contrarrestar el ataque de Trump contra los migrantes requerirá un movimiento, con los trabajadores migrantes en su centro, que vaya más allá de la preocupación humanitaria y asuma la tarea prohibitiva pero necesaria de desmantelar la máquina de deportación."

(ALBERTO TOSCANO , Universidad Simon Fraser. Inthesetimes, 12/01/25, traducción DEEPL)

3.2.25

Los incendios de Los Ángeles... miles de hogares de la ciudad no habían renovado sus pólizas de seguro y el aumento de los costes de los seguros y las cancelaciones dejaron a muchos sin una cobertura adecuada contra incendios... ¿aumentará esta catástrofe los riesgos de estabilidad financiera más amplios en el Casino Global? “Dado que las compañías de seguros recurren en gran medida a gestores de inversiones externos, no siempre es posible realizar un examen detallado y oportuno de las exposiciones reales al riesgo subyacente”... Los riesgos que se ocultan, según el FMI, son los conocidos como «apalancamiento sintético», utilizados por los gestores de inversiones en el sector de los seguros para mejorar los rendimientos... El Banco Central Europeo explicó el apalancamiento sintético como la exposición implícita en los contratos de derivados de un tercero... Un riesgo que permite a la compañía amplificar las ganancias si la apuesta funciona, a riesgo de magnificar las pérdidas si no lo hace... el economista Gary W. Yohe advertía de que el cambio climático estaba socavando los sistemas de seguros en los que confiaban los propietarios de viviendas estadounidenses... pero el colapso de los sistemas de seguros estadounidenses podría suponer una amenaza para la estabilidad de los mercados financieros mucho más allá del alcance de los incendios. Un sector de seguros de propiedad disfuncional podría «crear una inestabilidad financiera generalizada», al igual que el colapso del valor de los paquetes opacos de derivados inmobiliarios en 2007-9, condujo a una Crisis Financiera Global... Ya estamos otra vez. Mientras que en 2007 fueron las Obligaciones de Deuda Colateralizadas (CDO), hoy es el «apalancamiento sintético» de los derivados... el Departamento de Bomberos de Los Ángeles tiene más de la mitad de sus camiones de bomberos fuera de servicio... se debe a que la compra de camiones de bomberos pertenece a una sola empresa, que está en una posición de monopolio para «forzar la subida de precios en todos los ámbitos»... El coste de los camiones de bomberos se ha disparado en los últimos años. No se trata sólo de los camiones, todos los equipos de bomberos están aumentando rápidamente de precio, desde los paquetes de suministro de aire hasta los contratos de mantenimiento (Ann Pettifor )

 "Después de 21 días y del 26 de enero de 2025, cuatro incendios permanecen activos en Los Ángeles. Se trata de los incendios Palisades Fire, Eaton Fire, Hughes Fire y Border 2 Fire. El presidente estadounidense hace valer su impotencia al emitir una 'orden ejecutiva' que pretende «cambiar la hidrología de California», según Karrigan Bork, profesora de Derecho de la Universidad de California en Davis y directora interina de su Centro de Ciencias de Cuencas Hidrográficas. Trump puede hacer poco «porque la naturaleza impone los límites más significativos a la cantidad de agua que puede fluir hacia el Valle Central y el sur de California».

Trump es el menor de los problemas de Los Ángeles. Como explica Matt Stoller, el Departamento de Bomberos de Los Ángeles tiene más de la mitad de sus camiones de bomberos fuera de servicio. Esto se debe en gran parte al papel del capital privado en la compra ('rolling up') o 'consolidación' de la industria de camiones de bomberos en una sola empresa, American Industrial Partners, que ahora está en una posición de monopolio para «forzar la subida de precios en todos los ámbitos».

     El coste de los camiones de bomberos se ha disparado en los últimos años: de unos 300.000-500.000 dólares por un camión de bomberos y 750.000-900.000 dólares por un camión de escalera a mediados de la década de 2010, a alrededor de un millón de dólares por un camión de bomberos y 2 millones de dólares por un camión de escalera en los últimos dos años. Mientras tanto, el tiempo que se tarda en recibir un camión de bomberos ha aumentado drásticamente, de menos de un año antes de la pandemia a entre 2 y 4,5 años en la actualidad. (No se trata sólo de los camiones, todos los equipos de bomberos están aumentando rápidamente de precio, desde los paquetes de suministro de aire hasta los contratos de mantenimiento).

Se han recortado los presupuestos estatales, y Lina Khan, la zar antimonopolio de Biden que dirigió muchas investigaciones sobre oligopolios, acaba de dimitir, en vista de la victoria de Trump, de su cargo en la Comisión Federal de Comercio.

California y el sector de los seguros

California registró en 2024 el verano más caluroso jamás registrado, debido a que el cambio climático secó la vegetación que rodea Los Ángeles. Bosques y praderas se convirtieron en yesca «alimentando quemas más rápidas e intensas», según Yale Climate Connections. [Los incendios -que se prevé que sean uno de los desastres más costosos de la historia de Estados Unidos- agravaron una crisis en el mercado de seguros de hogar del estado[ii]. Miles de hogares de la ciudad no habían renovado sus pólizas de seguro y el aumento de los costes de los seguros y las cancelaciones dejaron a muchos sin una cobertura adecuada contra incendios.

 «Marchamos hacia un futuro no asegurable en este país y en todo el mundo», escribió Dave Jones en julio de 2023. [iii] Jones fue comisionado de seguros de California de 2011 a 2018 y ahora dirige la Iniciativa de Riesgo Climático en la Universidad de California, Berkeley.

Estaba claro que el sector asegurador de California tenía problemas. La pregunta más importante era la siguiente: ¿aumentaría esa catástrofe los riesgos de estabilidad financiera más amplios en el Casino Global?

Las empresas de seguros que «gestionan» 40 billones de dólares de las primas de seguros del mundo -el 9% de los activos financieros mundiales, según el FMI- operan en el sector de los intermediarios financieros no bancarios (IFNB)[iv] Para entender por qué sus actividades en el Casino Global plantean riesgos no sólo para las personas, los hogares y las empresas, sino también para todo el sistema financiero mundial, es necesario explicar brevemente los tipos de juego, especulación y apalancamiento que tienen lugar en el corazón del sistema «bancario en la sombra».

En 2023, el FMI investigó los riesgos potenciales en el sector de las IFNB[v] y observó que las regulaciones relativamente estrictas para las compañías de seguros, en particular los estrictos requisitos de capital, limitaban el grado en que estas empresas podían invertir en activos de mayor riesgo. «Sin embargo», explicaron, “dado que las compañías de seguros recurren en gran medida a gestores de inversiones externos, no siempre es posible realizar un examen detallado y oportuno de las exposiciones reales al riesgo subyacente”.

 Las compañías de seguros están jugando a «escondernos» mientras nosotros jugamos a «pasar el paquete» con inversiones de riesgo.

Los riesgos que se ocultan, según el FMI, son los conocidos como «apalancamiento sintético», utilizados por los gestores de inversiones en el sector de los seguros para mejorar los rendimientos.

El Banco Central Europeo explicó el apalancamiento sintético como la exposición implícita en los contratos de derivados de un tercero[vi]. [vi] (Los derivados son contratos financieros complejos basados en el valor de un activo subyacente, un grupo de activos o una referencia. Del mismo modo que el valor de un contrato de seguro depende del valor de un activo subyacente, por ejemplo una propiedad en el Palisades de Los Ángeles).

Los derivados gestionados por terceros, sostiene el FMI, podrían permitir a una compañía de seguros asumir una exposición sintética (frente a terceros) al mercado (la cantidad que un inversor puede perder en caso de que fracase una inversión), a veces con un coste reducido para la compañía de seguros. Un riesgo que permite a la compañía amplificar las ganancias si la apuesta funciona, a riesgo de magnificar las pérdidas si no lo hace.

 Mientras los incendios forestales californianos causaban estragos, el economista Gary W. Yohe, catedrático de Economía y Estudios Medioambientales de la Fundación Huffington en la Universidad de Wesleyan, advertía de que el cambio climático estaba socavando los sistemas de seguros en los que confiaban los propietarios de viviendas estadounidenses para protegerse de las catástrofes[i]. [Pero, según él, hay otra amenaza menos reconocida: el colapso de los sistemas de seguros estadounidenses podría suponer una amenaza para la estabilidad de los mercados financieros mucho más allá del alcance de los incendios. Un sector de seguros de propiedad disfuncional podría «crear una inestabilidad financiera generalizada», escribió, al igual que el colapso del valor de los paquetes opacos de derivados inmobiliarios en 2007-9 -que aparecieron por primera vez como «problemas aparentemente localizados»- condujo a una Crisis Financiera Global.

Heigh Ho. Ya estamos otra vez. Mientras que en 2007 fueron las Obligaciones de Deuda Colateralizadas (CDO), hoy es el «apalancamiento sintético» de los derivados.....

Sólo hay un correctivo a esta historia cargada de fatalidad: es el Gran Estado Verde - subordinar el ingobernable Casino a lo que el Prof. Trevor Jackson llama nuestras «comunidades de obligación». "

(Ann Pettifor , blog, 28/01/25, traducción DEEPL, enlaces en el original)

30.9.24

Piketty, y más de un centenar de economistas de renombre mundial, firman una carta para apoyar a los trabajadores esenciales que se manifiestan en Bruselas a favor de unas normas de contratación pública de la UE que mejoren los salarios y las condiciones... para “detener la carrera a la baja” que han creado las normas de contratación pública de la UE... "La pandemia de Covid-19 puso de relieve el valor económico fundamental de los trabajadores subcontratados en sectores como la limpieza, la seguridad y los servicios alimentarios. Sin embargo, a pesar de los trabajadores esenciales que mantuvieron nuestras comunidades seguras, limpias y alimentadas durante los días más oscuros de la pandemia, con frecuencia son percibidos por entidades públicas y privadas como meros factores de coste en lugar de como inversiones cruciales en la salud, la seguridad y el bienestar de la sociedad. Un año y medio después de que la OMS declarara el fin del Covid-19 como emergencia sanitaria mundial, aún no ha llegado el fin de la emergencia social a la que se enfrentan muchos trabajadores esenciales"

 "El profesor Thomas Piketty y la profesora Isabella Weber se encuentran entre los firmantes de la carta, publicada hoy por UNI Europa, que pide “una reforma de las normas de contratación pública de la UE que refuerce la negociación colectiva y mejore las condiciones de trabajo en sectores de gran intensidad de mano de obra como la limpieza, la seguridad y los servicios alimentarios”.

Su intervención se produce antes de que trabajadores esenciales –como limpiadores, guardias de seguridad y personal de servicios alimentarios– de nueve países europeos se concentren en Bruselas para “detener la carrera a la baja” que han creado las normas de contratación pública de la UE.

Dos billones de euros

La contratación pública, es decir, la contratación de empresas privadas por parte de las autoridades públicas para suministrar bienes y servicios, asciende a dos billones de euros, alrededor del 14% del PIB de la Unión Europea.

Millones de trabajadores están empleados en la UE a través de estos contratos, y las normas creadas a través de la contratación pública influyen en los salarios y las condiciones de trabajo en todo el sector privado.

En la carta de hoy, los economistas afirman que “las prácticas actuales de contratación pública –con su enfoque dominante en el precio más bajo en las licitaciones– crean unas condiciones de mercado que permiten a los licitadores hacer caso omiso de criterios sociales... como los derechos laborales y unas condiciones de trabajo justas, que son esenciales para un crecimiento económico sostenible y unos buenos puestos de trabajo”.

Orientaciones políticas

En sus orientaciones políticas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció una revisión de la Directiva sobre contratación pública de la UE en el nuevo mandato, misión encomendada al vicepresidente ejecutivo de Prosperidad y Estrategia Industrial, Stéphane Séjourné.

A principios de año, el informe de Enrico Letta sobre el futuro del mercado único europeo también destacaba la importancia de integrar la negociación colectiva en las políticas de contratación pública.

Los economistas afirman que “la negociación colectiva y los derechos sindicales son un pilar fundamental de unos mercados laborales equitativos”.

“Dado que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció una revisión de las directrices de contratación pública en su próximo mandato”, concluyen, “apoyamos a los trabajadores esenciales y a los sindicatos europeos en su lucha por garantizar unas normas laborales justas, reforzar la negociación colectiva y la voz de los trabajadores en estos servicios externalizados”.

Otros firmantes especialmente notables son: la economista británica Ann Pettifor, el economista alemán profesor Benjamin Braun, el economista italiano profesor Roberto Veneziani, el economista húngaro y excomisario de Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión de la UE László Andor.

Texto íntegro de la carta

Nosotros, economistas de todo el mundo, apoyamos las reivindicaciones de los trabajadores esenciales y de sus sindicatos en favor de una reforma de las normas de contratación pública de la UE que refuerce la negociación colectiva y mejore las condiciones de trabajo en sectores con gran intensidad de mano de obra, como los servicios de limpieza, seguridad y alimentación.

La pandemia de Covid-19 puso de relieve el valor económico fundamental de los trabajadores subcontratados en sectores como la limpieza, la seguridad y los servicios alimentarios. Sin embargo, a pesar de los trabajadores esenciales que mantuvieron nuestras comunidades seguras, limpias y alimentadas durante los días más oscuros de la pandemia, con frecuencia son percibidos por entidades públicas y privadas como meros factores de coste en lugar de como inversiones cruciales en la salud, la seguridad y el bienestar de la sociedad. Un año y medio después de que la OMS declarara el fin del Covid-19 como emergencia sanitaria mundial, aún no ha llegado el fin de la emergencia social a la que se enfrentan muchos trabajadores esenciales.

Además, muchos trabajadores esenciales son trabajadores migrantes –en su mayoría mujeres– y se enfrentan a la amenaza de una extrema derecha creciente que utiliza su poder político no sólo para presionar contra las políticas económicas progresistas, sino para estratificar aún más el mercado laboral en función de la nacionalidad, la religión, el género y la orientación sexual.

Pero ahora, los trabajadores esenciales y sus sindicatos se están movilizando ante Bruselas para impulsar una reforma progresista de las Directivas sobre contratación pública de la UE.

La contratación pública, o la contratación de empresas privadas por parte de las autoridades públicas para suministrar bienes y servicios, asciende a dos billones de euros, alrededor del 14% del PIB de la Unión Europea. Millones de trabajadores están empleados en la UE a través de estos contratos, y las normas creadas a través de la contratación pública influyen en las condiciones salariales y laborales en todo el sector privado. Sin embargo, las actuales prácticas de contratación pública, centradas en el precio más bajo, crean unas condiciones de mercado que permiten a los licitadores hacer caso omiso de los criterios sociales. El énfasis de la Directiva sobre contratación pública de la UE en el precio como principal criterio de adjudicación margina otros factores críticos, como los derechos laborales y unas condiciones de trabajo justas, que son esenciales para un crecimiento económico sostenible y unos buenos puestos de trabajo.

Dado que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado una revisión de las directrices de contratación pública en su próximo mandato, apoyamos a los trabajadores esenciales y a los sindicatos europeos en su lucha por garantizar unas normas laborales justas, reforzar la negociación colectiva y la voz de los trabajadores en estos servicios externalizados. Y colaboraremos con todas aquellas fuerzas progresistas que busquen mejorar los medios de vida y las condiciones laborales de los trabajadores, independientemente de su estatus, identidad y ocupación.

Por lo tanto, apoyamos la movilización del movimiento sindical para “detener la carrera a la baja” en la contratación pública que tendrá lugar en Bruselas el 1 de octubre de 2024. La negociación colectiva y los derechos sindicales son un pilar fundamental de unos mercados laborales equitativos. Es imperativo que sus principios se integren y apliquen en todos los procesos de contratación pública.

Firmantes: 

Thomas Piketty – Professor, EHESS, Paris School of Economics

Isabella Weber – Associate Professor of Economics, University of Massachusetts Amherst

Jason Hickel – Professor, ICTA-UAB, Visiting Senior Fellow, London School of Economics

Jayati Ghosh – Professor, Department of Economics, University of Massachusetts Amherst

Michael Heine – Professor Emeritus of Economics, HTW Berlin, University of Applied Sciences

Ann Pettifor – Director, Policy Research in Macroeconomics (PRIME); Member, Scottish Government’s Just Transition Commission

László Andor – Economist, Secretary General, Foundation for European Progressive Studies (FEPS) and former European Commissioner for Jobs and Social Rights

Michael Reich – Professor of Economics & Chair of the Center on Wage and Employment Dynamic, University of California, Berkeley

Benjamin Braun – Assistant Professor, London School of Economics and Political Science

Odd N. Hanssen – Economist, United Nations Development Program (UNDP)

Giorgos Galanis – Senior Lecturer in Applied Economics, Queen Mary University of London

Maria Nikolaidi – Associate Professor in Economics, University of Greenwich

Cecilia Rikap – Head of Research and Associate Professor in Economics, University College London Institute for Innovation and Public Purpose

Liam Campling – Professor of International Business and Development, Queen Mary University of London

Cédric Durand – Economist, Professor of Political Economy, University of Geneva

Roberto Veneziani – Professor of Economics, Queen Mary University of London

Paul Sweeney – Economist, Former Chief Economist, Irish Congress of Trade Unions

Mike Haynes – Professor of International Political Economy, Business School, University of Wolverhampton

David Adler – Political Economist, Co-General Coordinator, Progressive International

Giorgio Ricchiuti – Professor of Political Economy, University of Florence

Yannis Dafermos – Reader in Economics, SOAS University of London

Heikki Patomäki – Professor of Global Political Economy, University of Helsinki

Giorgos Gouzoulis – Associate Professor in Human Resource Management, Queen Mary University of London

Francisco Louçã – Economist, Politician, Professor of Economics, Lisbon School of Economics and Management

Ourania Dimakou – Lecturer in Economics, Universidad Rey Juan Carlos

Leonardo Bargigli – Associate Professor of Political Economy, University of Florence

Michalis Nikiforos – Associate Professor of Political Economy, University of Geneva

Engelbert Stockhammer – Professor of International Political Economy, King’s College London

Oisín Gilmore – Economist, Think Tank for Action on Social Change (TASC)

Karsten Kohler – Associate Professor in Economics, University of Leeds

Trevor Evans – Professor, Institute for International Political Economy, Berlin School of Economics and Law

Hansjörg Herr – Professor, Institute for International Political Economy, Berlin School of Economics and Law

Christoph Scherrer – Associate Fellow, Global Labour University

Romas Lazutka – Professor Emeritus, Vilnius University

Michelle O’Sullivan – Lecturer in Industrial Relations, University of Limerick

Christian R. Proaño – Professor, University of Bamberg

Thomas Sauer – Professor Emeritus of Economics, Ernst Abbe University of Applied Sciences, Jena

Marcella Corsi – Professor, Sapienza University of Rome

Helena Pérez Niño – International Institute of Social Studies, Erasmus University Rotterdam 

Alessandra Mezzadri – Reader in Global Development and Political Economy, SOAS Anupam Das University of London

Marusca De Castris – Associate Professor of Economic Statistics, Roma Tre University

Caroline Hambloch – Doctor or Economics, Humboldt University Berlin

Susan Newman – Professor of Economics, Open University

Steve Keen – Honorary Professor, University College London

Hielke Van Doorslaer – University of Ghent & Minerva Think Tank

Sara Stevano – Development & Feminist Political Economist, Senior Lecturer in Economics, SOAS University of London

Irene van Staveren – Professor of Pluralist Development Economics, Institute of Social Studies, Erasmus University Rotterdam

Gerry McCartney – Professor of Wellbeing Economy, University of Glasgow

Stephanie Seguino – Professor Emerita of Economics, University of Vermont

Julie Metta – Postdoctoral Researcher in Circular Economy, KULeuven & Tilburg University

Olga Alonso-Villar – Professor of Economics, University of Vigo

Karin Schönpflug – Economics & Researcher, FH Campus Wien

Grace Blakeley – Economist and author

Helena Martínez-Cabrera – Phd Candidate and Research Assistant in Economic Development and Regional Integration, University of Santiago de Compostela

Kanchana N Ruwanpura – Professor at the Human Geography Department, University of Gothenburg

Alexandre Abreu – Assistant Professor in the Department of Economics, ISEG, University of Lisbon

Günseli Berik – Professor Emerita, University of Utah

Samanthi J. Gunawardana – Senior Lecturer Gender and Development, School of Social Science, Monash University

Roberto Ruiz Blum – Professor, University of Guayaquil

Vicente Ferreira – Professor, Sapienza University of Rome

Coral del Río Otero – Professor, University of Vigo

Tolga Tören – Research Associate, University of Kassel

Ingrid Harvold Kvangraven – Associate Professor in International Development, King’s College London

Níall Glynn – Economist, Founder of the Working Class Economists Group, Researcher at UNITE the Union

Dirk Ehnts – Lecturer, Torrens University, Adelaide

Ozlem Onaran – Professor of Economics, University of Greenwich

Mark Weisbrot – Co-Director, Center for Economic and Policy Research

Miriam Rehm – Professor of Socio-Economics, University of Duisburg-Essen

Narender Thakur – Professor of Economics, Dr. Bhim Rao Ambedkar College, University of Delhi

Arthur MacEwan – Professor Emeritus of Economics, University of Massachusetts Boston

Eduardo Strachman – Associate Professor of Economics, São Paulo State Universit 

John Miller – Professor of Economics, Wheaton College

Venkatesh Athreya – Economist & Activist, Tamil Nadu 

Gustavo Indart – Professor Emeritus of Economics, University of Toronto

Mary C. King – Emerita Professor of Economics, Portland State University

Mritiunjoy Mohanty – Professor at the Indian Institute of Management Calcutta, Kolkata, West Bengal

Julie Cai – Economist, Center for Economic and Policy Research

PN (Raja) Junankar – Emeritus Professor, Western Sydney University, Honorary Professor, UNSW Canberra

Alan Aja – Professor, Brooklyn College, City University of New York

Lara Merling – Senior Research Fellow, Center for Economic and Policy Research

Martial Toniotti – PHD Candidate and Teaching Assistant & Economist, UCLouvain

Eileen Appelbaum – Co-Director, Center for Economic and Policy Research

Jim Campen – Professor of Economics, Emeritus, University of Massachusetts Boston

Marcos Vasconcelos – Associate professor of Economics, Florida State University

Armine Yalnizyan – Economist and Atkinson Fellow on the Future of Workers

Gerald Friedman – Professor of Economics, University of Massachusetts at Amherst

Garry Sran – Economist and Researcher, Elementary Teachers’ Federation of Ontario

Anupam Das – Professor of Economics, Mount Royal University

Audrey Laurin-Lamothe – Associate Professor, Business and Society program, Department of Social Science, York University

Zagros Madjd-Sadjadi – Professor of Economics, Winston-Salem State University, and former Chief Economist, City and County of San Francisco

Michelle Holder – Associate Professor of Economics, John Jay College, City University of New York

Gabor Scheiring – Assistant Professor, Georgetown University Qatar

Patrick L. Mason – Professor Economics, University of Massachusetts – Amherst

Brenda Wyss – Professor of Economics, Wheaton College

Louis-Philippe Rochon – Professor of Economics – Laurentian University

Jim Stanford – Director, Centre for Future Work

Mario Seccareccia – Professor Emeritus of Economics, University of Ottawa

Stan De Spiegelaere – Guest Professor, Faculty of Economics, University of Ghent

Sem Vandekerckhove – Senior Researcher, HIVA-KU Leuven

Sam de Muijnck – Director, Centre for Economy Studies and Our New Economy

Stefano Filauro – Post-doctoral researcher, Bocconi University

Brent Bleys – Associate Professor of Ecological Economics, Ghent University

Thomas Marois – Professor of Political Economy and Canada Research Chair, McMaster University

Sotiria Theodoropoulou – Head of Unit European Economic, Employment and Social Policies, European Trade Union Institute"

 (Thomas Piketty / Ann Pettifor / Isabella Weber y cien firmas más (IP), CTXT, 30/09/24)