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5.7.26

Devuelvan la riqueza robada a Venezuela para una recuperación total tras el terremoto... Para que Venezuela pueda reconstruirse y recuperarse de este desastre, exigimos de Estados Unidos: El levantamiento total y permanentemente todas las sanciones contra Venezuela... La devolución de los ingresos petroleros de Venezuela al gobierno venezolano... El descongelamiento de todos los activos venezolanos en el extranjero, incluyendo miles de millones en oro y otras divisas depositadas en el Banco de Inglaterra y otros lugares... La liberación del presidente Nicolás Maduro y a la primera dama Cilia Flores de la cárcel estadounidense donde se encuentran detenidos ilegalmente como presos políticos... y la abstención de usar la ayuda humanitaria como pretexto para la ocupación militar... Es hora de devolver a Venezuela lo que le pertenece por derecho ( Jill Clark-Gollub)

"Tras los devastadores terremotos, y para lograr una recuperación completa, “Es hora de devolver a Venezuela lo que legítimamente le pertenece”. SanctionsKill/Americas Without Sanctions invita a activistas y organizaciones de solidaridad internacional a firmar y compartir la siguiente declaración aquí.

Extendemos nuestra más sincera solidaridad y condolencias al pueblo venezolano mientras afronta la tragedia humana causada por los dos terremotos del 24 de junio de 2026. Aplaudimos la ayuda de emergencia para rescatar a quienes quedaron atrapados bajo los escombros y atender las necesidades de las víctimas sobrevivientes.

Este desastre natural se suma a la invasión estadounidense y el secuestro del presidente en enero, varios meses de ejecuciones extrajudiciales en aguas territoriales venezolanas, años de sanciones estadounidenses letales y el robo de los activos venezolanos en el extranjero.

Para que Venezuela pueda reconstruirse y recuperarse de este desastre, exigimos que Estados Unidos:

- Levantamiento total y permanentemente todas las sanciones contra Venezuela;

- Devolver los ingresos petroleros de Venezuela al gobierno venezolano;

- Descongelar todos los activos venezolanos en el extranjero, incluyendo miles de millones en oro y otras divisas depositadas en el Banco de Inglaterra y otros lugares;

- Liberar al presidente Nicolás Maduro y a la primera dama Cilia Flores de la cárcel estadounidense donde se encuentran detenidos ilegalmente como presos políticos; y

- Abstenerse de usar la ayuda humanitaria como pretexto para la ocupación militar.

La supuesta amistad del gobierno estadounidense con Venezuela resulta vacía, tras años de sanciones y agresión militar que han causado decenas de miles de muertes. La ayuda estadounidense para la reconstrucción será insignificante comparada con el enorme robo que ha perpetrado contra el país mediante el hurto de activos y las sanciones. Lo que Venezuela necesita para la reconstrucción tras el terremoto es la devolución de los miles de millones de dólares que el gobierno estadounidense y sus aliados han robado.

Es hora de devolver a Venezuela lo que le pertenece por derecho.

 ( Jill Clark-Gollub , Scheer Post, 04/07/26, traducción google)  

4.7.26

Venezuela: manipular la tragedia humana... la humanidad sufrió los efectos del covid-19... que destapó a políticos, intermediarios y empresarios cuyo objetivo fue enriquecerse con la muerte y la enfermedad... Boris Johnson, José María Aznar, Jair Bolsonaro, Donald Trump, celebraron fiestas, no respetaron la cuarentena y en algún caso llamaron a consumir lejía para contrarrestar el virus... Hoy, la tragedia sacude a Venezuela, país que sufre la intervención del imperialismo estadounidense, con décadas de sanciones económicas, sabotaje, procesos desestabilizadores... el mensaje no puede ser más insidioso. Todo lo que ocurre es producto del chavismo... El periódico ABC titula: "Las viviendas sociales de Hugo Chávez se desploman como un castillo de arena". Pero el desmentido es singular. Exequiel Gallardo, bombero chileno desplazado a La Guaira, declara: "las viviendas vacacionales quedaron más destruidas que las sociales". Lo mismo que dijeron miembros de una ONG noruega... Las noticias están centradas en mostrar el chavismo y su gobierno actual son un lastre... El País, el Mundo, La Vanguardia, el Periódico, ABC, La Razón, tienen esa línea editorial.. No mencionan la gran coordinación entre las instituciones públicas desde el gobierno, pasando por los ayuntamientos, los servicios médicos, bomberos, fuerzas armadas, ingenieros, arquitectos, trabajadores desplazados de todos los estados de Venezuela. Y tampoco se habla de los cooperantes internacionales. Nada sobre los ministros en el terreno y las múltiples organizaciones que trabajan día y noche. Menos de los médicos cubanos desplazados para las labores de apoyo en hospitales (Marcos Roitman Rosenmann)

"Siempre hay palabras para expresar el dolor. También para denunciar la falta de escrúpulos de quienes buscan aprovecharse de un desastre natural para obtener réditos políticos. 

Un hecho tan poco previsible como son los terremotos, hace transparente la canalla humana.

No hace mucho la humanidad sufrió los efectos de una pandemia zoonótica como el covid-19. Y ahí, se desnudaron las vergüenzas. No sirvió para mostrar lo humano del ser humano. Por el contrario, destapó a políticos, intermediarios y empresarios cuyo objetivo fue enriquecerse con la muerte y la enfermedad. 

Cobraron porcentajes desorbitados, negociaron con las mascarillas, vacunas o certificados de antígenos. Y por si fuera poco, políticos sin escrúpulos se saltaron las reglas. Boris Johnson, José María Aznar, Jair Bolsonaro, Donald Trump, celebraron fiestas, no respetaron la cuarentena y en algún caso llamaron a consumir lejía para contrarrestar el virus.

Hoy, la tragedia sacude a Venezuela, país que sufre la intervención del imperialismo estadunidense, a lo cual se agregan décadas de sanciones económicas, sabotaje, procesos desestabilizadores y una guerra no convencional con diferentes gamas de intensidad, desarrollada durante dos décadas. Se han confiscado sus reservas en oro, cuando no entregadas a opositores. Y se ha desarrollado una campaña mediática a nivel mundial señalando a Venezuela como un país terrorista. 

Un sismo sirve para seguir promoviendo una ayuda internacional destinada a favorecer a las políticas de la oposición. La Unión Europea, como en su momento hizo con Juan Guaidó, autoproclamado presidente interino, dona 3 millones de euros a María Corina Machado para las víctimas del terremoto.

Lo cual es significativo. Constituye un atentado contra el derecho internacional. Ursula von der Leyen y su ministra de Exteriores, Kaja Kallas, prefieren hablar con quienes han decidido conspirar. Para eso sirve el dinero. Los partidos de la oposición venezolana y sus delegaciones en el exterior se aprestan a recibir millones. Abren cuentas para recaudar fondos, solicitan medicamentos y productos no perecederos. Se inicia la campaña: nada para el gobierno ni sus autoridades legítimas. Aducen caos, desorganización, inoperancia y corrupción. Ellos harán llegar las ayudas a los damnificados. Mientras, los medios de comunicación social, redes e influencers sirven para propagar su discurso.

La televisión pública y privada en España emiten imágenes una y otra vez donde se ve un edificio colapsando. A continuación, otro donde se observa gente saliendo de los vagones del Metro de Caracas espantados. Todo presentado como si transcurriera en vivo. Sin embargo, el primer video corresponde al sismo del 6 de febrero de 2023, ocurrido en Turquía y la ciudad de Gaziantep. 

El segundo, donde se ve gente saliendo de los vagones del Metro de Caracas, corresponde al incendio en la línea 1 del Metro de Caracas ocurrido el 25 de septiembre de 2021. Cuando las redes descubren los bulos, televisión española en su noticiero 24 horas tiene que salir a la palestra. No pide disculpas, señala que circulan bulos, obviando haberlos utilizado en sus informativos. Lo han emitido todas las cadenas de televisión. 

Y el mensaje no puede ser más insidioso. Todo lo que ocurre es producto del chavismo. La radio y la prensa escrita no son menos. Sus corresponsales hablan de inoperancia de las autoridades, de indolencia, de una descoordinación y abandono. El pueblo venezolano está desamparado. No hay orden, ni se ve la ayuda por ninguna parte. 

El periódico ABC titula: “Las viviendas sociales de Hugo Chávez se desploman como un castillo de arena”. Pero el desmentido es singular. Exequiel Gallardo, bombero chileno desplazado a La Guaira, experto en recuperación de personas, declara: “las viviendas vacacionales quedaron más destruidas que las sociales”. Y la foto del ABC, para más INRI, la foto muestra las viviendas sociales construidas por el “chavismo” incólumes. Invisibilizan la ayuda internacional entre estados. 

Tampoco mencionan la gran coordinación entre las instituciones públicas desde el gobierno, pasando por los ayuntamientos, los servicios médicos, bomberos, fuerzas armadas, ingenieros, arquitectos, trabajadores desplazados de todos los estados de Venezuela. Y tampoco se habla de los cooperantes internacionales que se han puesto a las órdenes de las autoridades para coordinar los trabajos de rescate y búsqueda de sobrevivientes. 

Nada sobre los ministros en el terreno y las múltiples organizaciones que trabajan día y noche. Menos de los médicos cubanos desplazados en más 50 para las labores de apoyo en hospitales. 

Las noticias están centradas en mostrar el desacuerdo con las actuaciones del gobierno. El País, el Mundo, La Vanguardia, el Periódico, ABC, La Razón, tienen una línea editorial. El chavismo y su gobierno actual son un lastre. Represión, corrupción y abandono institucional. Venezuela, señalan, es un Estado fallido, sobrepasado por las circunstancias. Todos los males tienen un nombre y apellido, la presidenta encargada Delcy Rodríguez. En contraposición, la figura de María Corina Machado se presenta como la alternativa democrática.

Se puede estar más o menos a favor del gobierno de Delcy Rodríguez, hay más que discutir. Pero no se puede utilizar la catástrofe para emponzoñar una acción ejemplar. Venezuela es un Estado asediado desde dentro y fuera. El objetivo: acabar con el proyecto de cambio social, reconquistar el poder y controlar la producción de hidrocarburos. Sean extranjeros o criollos. Hablen inglés o castellano."

(Marcos Roitman Rosenmann , La Jornada, 02/07/26) 

1.7.26

La falta de maquinaria pesada en Venezuela tras los devastadores terremotos que sacudieron el país durante el fin de semana ha condenado a miles de personas a una muerte lenta y por asfixia. Estas muertes pueden no haber llegado en la punta de un misil estadounidense, pero ciertamente llegaron a través de las sangrientas manos de un imperio sádico... La ausencia de excavadoras, retroexcavadoras y máquinas de movimiento de tierras es una consecuencia directa de casi tres décadas de aplastantes sanciones estadounidenses que han buscado empobrecer, desmoralizar, debilitar y finalmente colapsar al país en nombre de la libertad... Las sanciones de Estados Unidos a Venezuela prohíben a los estadounidenses comprar, vender o tener cualquier contacto con el gobierno venezolano, cualquier empresa estatal u otras compañías en la lista de sancionados... El resultado final es una escasez masiva de todo tipo de bienes y equipos, incluyendo y especialmente máquinas de excavación y movimiento de tierras, que son ampliamente utilizadas por la industria minera y petrolera, fuertemente sancionadas... Los periodistas parecen haber hecho grandes esfuerzos para evitar este contexto y han culpado de todo a las autoridades venezolanas por la ausencia de maquinaria salvavidas... Reuters dijo que Venezuela ha estado "sumida durante mucho tiempo en una profunda crisis política y económica", pero omite mencionar qué país ayudó a sumirla en esta crisis, o el efecto de las sanciones... Ahora, 50.000 personas están desaparecidas, muchas atrapadas bajo los escombros de edificios derrumbados, y muchas se presumen muertas... La situación en Venezuela no es responsabilidad exclusiva de Donald Trump. Es responsabilidad de todos los presidentes estadounidenses, comenzando con Bill Clinton, quien respondió a la elección de Hugo Chávez en 1998 con devastadoras sanciones destinadas a castigar al pueblo por elegir a un socialista que nacionalizó la industria petrolera, expulsó a las compañías petroleras estadounidenses y creó un estado de bienestar con las ganancias (Nate Bear)

"Venezuela: Terremotos, Sanciones Mortales y Engaño Mediático.

  No entres en pánico

La falta de maquinaria pesada en Venezuela tras los devastadores terremotos que sacudieron el país durante el fin de semana ha condenado a miles de personas a una muerte lenta y por asfixia. Estas muertes pueden no haber llegado en la punta de un misil estadounidense, pero ciertamente llegaron a través de las sangrientas manos de un imperio sádico.

La ausencia de excavadoras, retroexcavadoras y máquinas de movimiento de tierras es una consecuencia directa de casi tres décadas de aplastantes sanciones estadounidenses que han buscado empobrecer, desmoralizar, debilitar y finalmente colapsar al país en nombre de la libertad. En esta explicación, algunos podrían ver un argumento antiimperialista que perezosamente busca culpar a Estados Unidos por un desastre natural.

Pero es simplemente la realidad.

Las sanciones de Estados Unidos a Venezuela prohíben a los estadounidenses comprar, vender o tener cualquier contacto con el gobierno venezolano, cualquier empresa estatal u otras compañías en la lista de sancionados (actualmente 154 entidades), o individuos en esa lista. Esto equivale a una gran parte de la economía venezolana. E incluso si una empresa no está técnicamente sancionada, se convierte en sancionada de facto porque los bancos occidentales no procesarán pagos relacionados con Venezuela.

El resultado final es una escasez masiva de todo tipo de bienes y equipos, incluyendo y especialmente máquinas de excavación y movimiento de tierras, como excavadoras y retroexcavadoras, que son ampliamente utilizadas por la industria minera y petrolera, fuertemente sancionadas.

Sin embargo, en todos los artículos de los medios tradicionales que he leído, ninguno ha hecho este vínculo de manera clara y explícita. Los periodistas parecen haber hecho grandes esfuerzos para evitar este contexto y han culpado de todo a las autoridades venezolanas por la ausencia de maquinaria salvavidas.

Un artículo de The Guardian del 26 de junio decía: "años de mala gestión económica y corrupción han dejado a las autoridades terriblemente despreparadas para un desastre de esta magnitud". No se mencionan las sanciones, ni se proporciona ningún contexto sobre por qué el país podría estar tan despreparado. The Guardian utiliza cínicamente un desastre natural que ha matado a quizás 50.000 personas como una mera oportunidad más para patear a un país ya derribado.

Un artículo de ITV describe a familias llevando a cabo operaciones de rescate por sí mismas porque habían "renunciado a esperar al gobierno". El gobierno, por supuesto, es el que está bajo control de Estados Unidos desde el secuestro de Nicolás Maduro en enero. Pero Estados Unidos no es mencionado en el artículo, y mucho menos culpado por la situación.

El domingo, Reuters dijo que Venezuela ha estado "sumida durante mucho tiempo en una profunda crisis política y económica", pero omite mencionar qué país ayudó a sumirla en esta crisis, o el efecto de las sanciones. Para cualquier periodista con amor propio que quiera transmitir con veracidad cómo Venezuela llegó a este punto, esto debería ser un pecado capital.

The Associated Press dijo que la gente había "tomado en sus propias manos la búsqueda de sus seres queridos desaparecidos, cavando entre los escombros de sus propias casas, citando la escasez de rescatistas gubernamentales". Una vez más, cero menciones a las asesinas sanciones diseñadas explícitamente para negar al país la maquinaria que necesitaría en un desastre natural como este.

Una interpretación generosa es que estos periodistas son simplemente perezosos y mal informados. Una interpretación más realista es que no son árbitros neutrales de los hechos que buscan proporcionar la historia completa, sino cobardes y escribas desvergonzados del imperio que reproducen instintivamente las narrativas imperiales. Culpar la falta de equipamiento a la mala gestión y la corrupción en lugar de a las sanciones estadounidenses es solo su memoria muscular deshonesta poniéndose en marcha.

Y debido a que la mayoría de la gente tiene poca idea de lo abarcadoras que son las sanciones estadounidenses, cómo funcionan y hasta qué punto están destinadas a estrangular una economía objetivo, este periodismo selectivo cae en oídos ya propagandizados y ayuda a reforzar las narrativas imperiales.

Ahora, 50.000 personas están desaparecidas, muchas atrapadas bajo los escombros de edificios derrumbados, y muchas se presumen muertas. Las comunidades suplican el equipo pesado que podría rescatar a los que aún viven, o al menos recuperar los cuerpos de sus seres queridos para darles una despedida digna. Algo está en camino, pero será demasiado tarde para salvar vidas.

El imperio ha cometido nuevamente asesinato en masa, esta vez como un efecto secundario de su perversión hegemónica.

La situación en Venezuela no es responsabilidad exclusiva de Donald Trump. Es responsabilidad de todos los presidentes estadounidenses, comenzando con Bill Clinton, quien respondió a la elección de Hugo Chávez en 1998 con devastadoras sanciones destinadas a castigar al pueblo por elegir a un socialista que nacionalizó la industria petrolera, expulsó a las compañías petroleras estadounidenses y creó un estado de bienestar con las ganancias. El imperio vistió su depravación, como siempre lo hace, con el vestido de gala de la libertad, y los medios liberales regurgitaron felizmente las mentiras sobre el autoritarismo y la democracia, a pesar de que Chávez fue elegido democráticamente en elecciones consideradas libres y justas por observadores internacionales, en cuatro ocasiones.

Y aún así, a pesar de que Venezuela se ha convertido en un estado títere estadounidense dócil, el régimen de Trump se ha negado a levantar las sanciones frente a este desastre. Porque al imperio no le interesa salvar vidas, solo le interesa la dominación hemisférica de las Américas. Un desastre natural que paraliza aún más la capacidad del pueblo para afirmar su poder y ejercer la autodeterminación es, en realidad, una bendición para los imperialistas.

Al imperio le encanta el caos, y le encanta usar sanciones para crear ese caos.

Estados Unidos, entonces liderado por Joe Biden, hizo lo mismo en 2023, negándose a levantar las sanciones a Siria después de que los terremotos golpearan Siria y Turquía, matando a decenas de miles en ambos países.

Este es simplemente el manual de juego imperial en acción.

La muerte por sanciones en Venezuela es, tristemente, algo nuevo. Un estudio de 2017 del economista Jeffrey Sachs encontró que solo en un año, las sanciones estadounidenses habían matado a aproximadamente 40.000 venezolanos a través de la negación de medicamentos y equipos médicos salvavidas.

Pero estas cifras son solo una fracción del total general.

Un estudio reciente de la revista médica The Lancet estimó que las sanciones estadounidenses, apoyadas por países dentro de la órbita imperial occidental, han causado 38 millones de muertes excesivas desde 1970.

La cifra anual promedio de muertes por sanciones, dependiendo del año que se mida, es de 400.000 a un millón. Actualmente, 54 países que suman dos mil millones de personas están bajo sanciones estadounidenses.

¿Por qué?

Porque, como lo describen los investigadores Utsa y Prabhat Patnaik, los países del Sur Global que no están alineados con Estados Unidos y que persiguen la soberanía económica y el desarrollo industrial independiente "pueden aumentar el precio de la oferta o desafiar los monopolios industriales y tecnológicos del núcleo". Una cuarta parte de la humanidad está siendo asfixiada por el imperio capitalista en un esfuerzo por asegurar que no surja ningún desafío significativo que obstaculice su capacidad para forzar la sumisión y ejercer control.

Un sistema que utiliza su poder económico y financiero para matar hasta un millón de personas cada año para mantener su hegemonía es de una violencia asombrosa y debería ser ampliamente considerado ilegítimo.

Las personas que mueren enterradas bajo los escombros porque el imperio les impide poseer las máquinas que podrían sacarlos están tan muertas como las asesinadas por la violencia directa.

Y que la historia del terremoto no sea una historia sobre la violencia de las sanciones imperiales, o sobre la ilegitimidad de la hegemonía occidental, sino sobre el fracaso de un gobierno bajo la bota del imperio, es una prueba más, como si hiciera falta, de la complicidad de los medios en la barbarie de este imperio." 

Nate Bear , Scheer Post, 01/07/26, traducción Deep Seek, enlaces y gráficos en el original) 

30.6.26

Las sanciones estadunidenses y europeas ya estaban asesinando a inocentes en todo el planeta mucho antes de los sismos de esta semana.... en el que se hizo evidente que el Estado venezolano está rebasado por la catástrofe: los hospitales carecen de la capacidad para atender a los damnificados y los equipos de rescate no pueden entrar plenamente en acción porque las excavadoras y otros vehículos se encuentran fuera de servicio... Como buitres, políticos de derecha y medios de comunicación de todo el continente se abalanzaron sobre la tragedia para convertirla en carroña política, acusando a las administraciones chavistas del deterioro institucional que ha impedido una respuesta adecuada ante los terremotos. Sin embargo, cualquier mirada honesta a la situación deja claro que los principales responsables de convertir la catástrofe natural en una crisis social y humanitaria se encuentran en Washington y, en menor medida, en Bruselas... Desde que la administración de Barack Obama emitió la Orden Ejecutiva 13692 en 2015, declarando a Venezuela una “amenaza inusual y extraordinaria”, el país ha sido sometido a un asedio económico que viola la Carta de Naciones Unidas... La radicalización del acoso aniquiló de manera deliberada la economía venezolana con embargos petroleros y bloqueos financieros frente a los cuales ningún Estado puede salir indemne... Bajo las sanciones ilegales de Estados Unidos, el sector salud no puede adquirir equipos médicos de alta tecnología, repuestos para generadores eléctricos de emergencia ni medicinas traumatológicas vitales en catástrofes. El sistema eléctrico venezolano se encuentra en ruinas porque las empresas internacionales tienen prohibido proveer mantenimiento, turbinas o repuestos... De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica The Lancet, entre 1970 y 2021 las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea han causado aproximadamente 38 millones de muertes (La Jornada)

 "El pasado miércoles 24 de junio, dos sismos consecutivos de magnitud 7.2 y 7.5, separados por apenas 39 segundos, fracturaron el centro-norte de Venezuela, dejando a su paso edificios colapsados en La Guaira, una destrucción material incuantificable en Caracas, más de mil personas fallecidas, miles de heridos y 50 mil desaparecidos reportados hasta el cierre de esta edición. De inmediato, se hizo evidente que el Estado venezolano está rebasado por la catástrofe: los hospitales carecen de la capacidad para atender a los damnificados y los equipos de rescate no pueden entrar plenamente en acción porque las excavadoras y otros vehículos se encuentran fuera de servicio.

Como buitres, políticos de derecha y medios de comunicación de todo el continente se abalanzaron sobre la tragedia para convertirla en carroña política, acusando a las administraciones chavistas del deterioro institucional que ha impedido una respuesta adecuada ante los terremotos. Sin embargo, cualquier mirada honesta a la situación deja claro que los principales responsables de convertir la catástrofe natural en una crisis social y humanitaria se encuentran en Washington y, en menor medida, en Bruselas.

Desde que la administración de Barack Obama emitió la Orden Ejecutiva 13692 en 2015, declarando a Venezuela una “amenaza inusual y extraordinaria”, el país ha sido sometido a un asedio económico que viola la Carta de Naciones Unidas, al ser aplicado fuera del marco del Consejo de Seguridad. La radicalización del acoso en los dos mandatos de Donald Trump (y en el de Joe Biden) aniquiló de manera deliberada la economía venezolana con embargos petroleros y bloqueos financieros frente a los cuales ningún Estado puede salir indemne, y mucho menos uno que por medio siglo ha dependido de las exportaciones petroleras para sufragar la práctica totalidad de sus gastos.

Bajo las sanciones ilegales de Estados Unidos, el sector salud no puede adquirir equipos médicos de alta tecnología, repuestos para generadores eléctricos de emergencia ni medicinas traumatológicas vitales en catástrofes. El sistema eléctrico venezolano se encuentra en ruinas porque las empresas internacionales tienen prohibido proveer mantenimiento, turbinas o repuestos. El embargo a la petrolera estatal PDVSA y la prohibición de importar diluyentes y repuestos para refinerías limitaron la capacidad de movilización de maquinaria pesada. Hoy, el traslado de retroexcavadoras, grúas y ambulancias se ve directamente entorpecido por una escasez estructural de combustible refinado y repuestos automotrices, producto directo de las sanciones. Los edificios mismos se encontraban debilitados por la falta de mantenimiento o el carácter subóptimo de los materiales de construcción debidos a los obstáculos para fabricar o importar lo más elemental.

Para asignar responsabilidades no es necesario especular, pues las cifras hablan por sí mismas. Hasta diciembre del año pasado, el consenso mediático y académico aseguraba que la caída en la producción y exportación de hidrocarburos se debía de manera exclusiva a la ineptitud y la corrupción de los gobiernos de Nicolás Maduro y su antecesor Hugo Chávez. Pero, después de que el primero fue secuestrado por las fuerzas armadas estadunidenses, las exportaciones de crudo crecieron 144 por ciento, al pasar de 0.62 en enero a 1.5 millones de barriles a mediados de junio. Lo que cambió en esos seis meses no fue la estructura del gobierno venezolano, sino el levantamiento de una parte de las sanciones mediante “licencias de exportación”.

 El imperialismo descarnado que pone en práctica el trumpismo no se limita a la afrenta de que un país nominalmente soberano necesite licencias de otro para vender sus propios recursos, sino que además todo el dinero proveniente del crudo venezolano es administrado por el Departamento del Tesoro. Es decir, Caracas no puede destinar sus ingresos a atender las necesidades de la población, sino únicamente a lo que la Casa Blanca disponga.

Las sanciones estadunidenses y europeas ya estaban asesinando a inocentes en todo el planeta mucho antes de los sismos de esta semana. De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica The Lancet, entre 1970 y 2021 las sanciones económicas unilaterales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea han causado aproximadamente 38 millones de muertes; de las cuales 800 mil ocurrieron tan sólo en el último año de la investigación. Está claro, entonces, que la mejor ayuda que las potencias occidentales pueden prestar a Venezuela y a todos los países en desarrollo es abstenerse de interferir en sus asuntos internos y de usar la economía como arma."     (La Jornada, 27/06/26) 

11.5.26

Craig Murray, exdiplomático inglés: La Venezuela de Delcy Rodríguez... Lo que he visto y oído me convence de una cosa: Delcy Rodríguez no es una traidora. Es una socialista que está haciendo lo único que le es posible en esta situación imposible: ganar tiempo para que la Revolución Bolivariana sobreviva... No he conocido a nadie que dude de que un cambio de régimen en Caracas conduciría a matanzas masivas inmediatas de izquierdistas y a una larga guerra civil... La alternativa al Gobierno socialista es el caos... Por lo tanto, Delcy Rodríguez tiene que mantener al Partido Socialista en el Gobierno, o ver cómo masacran a sus partidarios y se desata una guerra civil... al mismo tiempo, debe hacer frente a la descarada afirmación colonialista de control sobre los activos y las finanzas de Venezuela por parte de EE. UU., mientras apacigua al irascible e irracional Trump... los elementos fundamentales del socialismo bolivariano que Delcy Rodríguez lucha ahora por salvaguardar son el Estado socialdemócrata financiado por el petróleo, los servicios públicos nacionalizados, las estructuras de democracia directa de las comunas y las medidas para extender la afirmación de la propiedad popular sobre la producción... Maduro había logrado, en un grado extraordinario, erradicar las drogas de las calles de Venezuela y detener el tráfico. El hecho de que se encuentre ahora en una cárcel estadounidense acusado de «narco-terrorismo» es una verdadera muestra de lo depravado que se ha vuelto Estados Unidos... Rodríguez se ve reducida a negociar con los ocupantes sobre cuánto del propio dinero de Venezuela se le permite gastar en su propio pueblo. La estrategia de Rodríguez es, por lo tanto, de tenaz resistencia: agachar la cabeza, preservar lo que se pueda preservar y esperar un cambio de viento político en Washington

 "Cuando salía de la Universidad de las Comunas en Tocuyito, tras una visita alegre y estimulante, un joven profesor muy serio se me acercó y me llevó aparte. En voz muy baja, me preguntó qué iba a pasar. Varios de los estudiantes estaban aterrorizados ante la posibilidad de que se produjera un cambio de régimen y de que ellos, elegidos como jóvenes líderes socialistas en el movimiento de las comunas, fueran encarcelados, torturados y ejecutados.     

Con estudiantes en un proyecto agrícola de la comuna de Vittoria

Fue un duro golpe de realidad tras un día estupendo en esta universidad incipiente. Pero es muy real. Había conocido a diplomáticos serios y profesionales en el Ministerio de Relaciones Exteriores que sabían exactamente a qué parte de las montañas huirían con rifles de asalto en caso de que la derecha llegara al poder, y estaban resignados a una vida de guerrilla, incluyendo a sus parejas e hijos. No he conocido a nadie que dude de que un cambio de régimen en Caracas conduciría a matanzas masivas inmediatas de izquierdistas y a una larga guerra civil.    

Casi todo lo que se le cuenta en Occidente sobre Venezuela es falso, y la mayor mentira es que Machado, Guaidó y las agrupaciones que los rodean sean, en ningún sentido, demócratas o liberales. No lo son, y tienen vínculos familiares y políticos directos con los regímenes asesinos patrocinados por la CIA de los años previos a Chávez. Además, tienen muchas cuentas que saldar: la familia de Machado, por citar solo un ejemplo, dominaba el suministro eléctrico antes de que fuera nacionalizado.

Un gran número de los «presos políticos» por los que Occidente se muestra tan preocupado participaron en intentos de golpe militar o de insurrección violenta, de los cuales el intento de ópera cómica de Guaidó en 2019 fue solo el más publicitado. Tras las controvertidas elecciones de 2024, muchos de los encarcelados llegaron a empuñar armas: conocí a las familias de tres jóvenes que me contaron que sus hijos fueron engañados para salir a la calle armados, y que esperaban que salieran en libertad gracias a la amnistía actual.

Las sanciones causaron grandes dificultades económicas que afectaron a la popularidad del Gobierno. Pero es un enorme error equiparar el descontento con el Gobierno de Maduro con el apoyo a Machado: casi no hay pruebas de este último, por mucho que se busque. Que Machado no cuenta con el apoyo interno necesario para gobernar el país es una de las pocas cosas que Trump ha afirmado con veracidad. La alternativa al Gobierno socialista es el caos.

Por lo tanto, Delcy Rodríguez tiene que mantener al Partido Socialista en el Gobierno, o ver cómo masacran a sus partidarios y se desata una guerra civil. Al mismo tiempo, debe hacer frente a la descarada afirmación colonialista de control sobre los activos y las finanzas de Venezuela por parte de EE. UU., mientras apacigua al irascible e irracional Trump.

Dejemos una cosa clara. He hablado personalmente con las personas más cercanas al presidente Nicolás Maduro. He hablado con Francisco Torrealba, quien sucedió a Maduro como presidente del Sindicato de Trabajadores del Transporte y también ocupó el escaño de Maduro en la Asamblea Nacional. He hablado con el hijo de Maduro, también llamado Nicolás. Ninguna de estas personas cree ni por un segundo que Delcy Rodríguez estuviera implicada de alguna manera en el secuestro de Nicolás y Cilia Maduro.

¿Por qué casi todo el mundo en Occidente cree una versión que nadie en Venezuela cree, y que estoy bastante seguro de que es falsa?

Esa versión se les ha impuesto a la fuerza. Trump socavó a Delcy Rodríguez al elogiarla abiertamente y afirmar que ella es su elección. La verdad, por supuesto, es otra: como vicepresidenta de Maduro, ella asume naturalmente las funciones de presidente, tal y como lo ha confirmado el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela. Un esfuerzo coordinado de sesiones informativas a los periodistas por parte de la administración Trump, de los servicios de seguridad y de los venezolanos alineados con Machado en Miami proporcionó a los medios de comunicación, de manera coordinada, una historia detallada de las negociaciones entre Delcy y su hermano Jorge y los estadounidenses, para una estrategia de reforma económica que incluía la destitución de Maduro.

He vuelto a revisar muchos artículos que difunden esta narrativa, y todos ellos muy obviamente provienen principalmente de fuentes de Washington, y es una narrativa que Estados Unidos se ha esforzado mucho, mucho en hacerles creer.

Esto plantea la pregunta: si Delcy es realmente una marioneta de Occidente, ¿por qué el establishment occidental está tan interesado en decirles eso? En cualquier otra circunstancia, como en el caso de las monarquías del Golfo o de al-Jolani, siempre se muestran ansiosos por promover el mito de que sus títeres no son títeres.

Mi máxima, según la cual si el Gobierno realmente quiere que se sepa algo, probablemente significa que no es cierto, se cumple en este caso. Trump quiere que se sepa que Delcy Rodríguez es su títere porque forma parte de su narrativa de victoria, la historia falsa de la grandeza de Trump. También tiene como objetivo dividir y debilitar el movimiento socialista en Venezuela.

Debemos fijarnos en la noche del 3 de enero, cuando Maduro fue secuestrado. Hay un hecho clave que, una vez más, simplemente no forma parte de la narrativa occidental. Fue Nicolás Maduro quien ordenó a los militares que se mantuvieran al margen y no lucharan, en caso de que se produjera un intento de secuestrarlo. De hecho, era consciente de que tal evento era inminente, aunque no sabía la fecha exacta.

La principal preocupación de Maduro era evitar una guerra entre Venezuela y Estados Unidos, una guerra que devastaría este país pacífico.

Es importante señalar que Maduro seguía conscientemente el modelo de su mentor, el presidente Hugo Chávez, durante su secuestro en un golpe de Estado orquestado por la CIA en 2002. (Ese enlace es un doloroso recordatorio de que hubo un tiempo en que The Guardian y The Observer no eran controlados por los servicios de seguridad). Tras la insurrección armada de la oposición el 11 de abril de 2002, en la que 19 partidarios de Chávez fueron masacrados y 150 resultaron heridos, un golpe militar capturó al presidente Chávez y fue trasladado en un avión fletado por la CIA a la isla de La Orchila.

El líder de la oposición, Pedro Carmona, fue investido presidente por los mandos militares y reconocido de inmediato por el régimen de Bush en Washington. Anunció la derogación inmediata de todas las medidas reformistas de Chávez. Sin embargo, el pueblo y la mayor parte de las fuerzas armadas se levantaron contra los golpistas y, tras solo 48 horas, recuperaron el control. Chávez volvió al poder. Esta es la base del brillante documental irlandés The Revolution Will Not Be Televised (que, naturalmente, nunca se televisó).

Lo fundamental que hay que comprender es que —sorprendentemente— Chávez no ejecutó a ninguno de los participantes en el golpe, ni siquiera a los militares. De hecho, hubo pocos procesos judiciales, las penas de cárcel fueron notablemente leves y a muchos —incluido el «presidente» Carmona— se les permitió «escapar» al exilio. Las penas de cárcel más largas fueron para quienes participaron realmente en la masacre del 11 de abril. Chávez concedió una amnistía general en diciembre de 2007.

Se mostró la misma asombrosa tolerancia hacia Juan Guaidó, el títere de Occidente que intentó un farsesco golpe militar el 30 de abril de 2019. Aunque su golpe fue un patético fracaso y el número total de militares desertores fue de 50, causó, no obstante, la muerte de cuatro personas y dejó 230 heridos.

Una vez más, la respuesta del gobierno socialista fue sorprendentemente indulgente. No se ejecutó a nadie. Se celebraron juicios en regla a los acusados y las penas de cárcel fueron notablemente leves, incluso para los condenados por traición. Cabe señalar que el número de personas juzgadas y las penas impuestas fueron notablemente más leves que las dictadas por la «insurrección» del Capitolio de Washington de 2021.

A un grupo de treinta personas que se refugiaron en la embajada brasileña de Bolsonaro se les permitió abandonar el país pacíficamente. Guaidó nunca fue detenido y se le permitió deambular por el país durante años autoproclamándose presidente, así como entrar y salir libremente, hasta que fue acusado por el Gobierno de Colombia de entrar ilegalmente en ese país en 2023.

La negativa de los socialistas a derramar sangre nunca ha tenido su reflejo en la derecha. La gran mayoría de esos «presos políticos» de los que se oye hablar constantemente estuvieron involucrados en estos o en toda una serie de intentos armados menos conocidos, o en los vínculos muy reales de la oposición con el tráfico de drogas y el crimen organizado.

Lo que me sorprende no es el supuesto autoritarismo del Gobierno socialista, sino, por el contrario, su sorprendente indulgencia con la oposición ante los repetidos intentos de derrocamiento, a menudo armados y patrocinados por la CIA.

Basta con imaginar cómo habría actuado un gobierno latinoamericano de derecha ante repetidos intentos de golpe de Estado armados por parte de la izquierda para apreciar lo extraordinaria que ha sido esta moderación. La ausencia de violencia o venganza siempre ha caracterizado la reacción de la Revolución Bolivariana ante los intentos de golpe de Estado de la derecha. Aunque es una postura admirablemente basada en principios, ni siquiera estoy seguro de que este grado extremo de tolerancia sea prudente.

Es en el contexto de esta renuencia socialista de larga data a recurrir a la violencia donde hay que situar la decisión de Maduro de ordenar a las fuerzas de defensa que no intervinieran en caso de una misión de secuestro estadounidense. Se trata de un gobierno que no solo utiliza consignas revolucionarias, sino que vive de acuerdo con ellas, y la «paz» es una de las fundamentales. Es casi seguro que Maduro esperaba que la solidaridad interna obligara a su rápido regreso, tal y como había ocurrido con Chávez. Es poco probable que se le ocurriera que Trump simplemente —y sin sentido— destituiría a Maduro y dejaría a su Gobierno en el poder.

Varias fuentes me han confirmado que se ordenó a las fuerzas venezolanas que se retiraran. Visité la ubicación en la ladera de Fuerte Tiuna donde la joven teniente Alejandra del Valle Oliveros Velásquez, de 23 años, desobedeció la orden de retirarse y continuó montando guardia con su arma en una instalación de comunicaciones vital situada en la cima de una colina. Falleció cuando la instalación fue alcanzada por misiles estadounidenses.

Este es también un aspecto que falta en la narrativa occidental de los acontecimientos militares. La postura defensiva de Venezuela está irremediablemente desfasada en la era de la guerra con misiles de precisión. Sus instalaciones de radar y baterías antiaéreas son muy visibles en ubicaciones abiertas en lo alto de las colinas, no en búnkeres fortificados. Sus tropas se encuentran en cuarteles abiertos, al igual que los guardias cubanos asesinados innecesariamente.

La indignación ante el ataque estadounidense, totalmente injustificado, ha devuelto a Venezuela un sentido de unidad nacional muy necesario. En el amargo epílogo de las controvertidas elecciones presidenciales de julio de 2024, muchos partidarios del Gobierno, incluidos algunos en el poder, admiten que la ola de detenciones fue demasiado lejos. Esa extralimitación dañó la autoridad moral del Gobierno en el país y proporcionó valiosa munición propagandística a sus críticos en el extranjero.

No se distinguió suficientemente entre manifestantes armados y desarmados, y aunque muchos argumentarían que las medidas de emergencia eran esenciales para prevenir la violencia anárquica inmediata, se admite en general que muchas detenciones se han prolongado demasiado.

Reconocer esto no significa aceptar las cifras infladas y la metodología politizada impulsadas por ONG financiadas por Occidente, como Foro Penal y sus socios internacionales. Esos recuentos suelen agrupar a disidentes genuinos con conspiradores armados, participantes en intentos de insurrección violenta y delincuentes declarados —muchos de los cuales esgrimían armas o estaban vinculados a redes golpistas.

Las cifras exageradas de las ONG no constituyen un seguimiento neutral de los derechos humanos; forman parte de una operación de guerra informativa de larga data, generosamente financiada por los mismos gobiernos y fundaciones que llevan años apoyando los esfuerzos por un cambio de régimen en Venezuela. Su indignación selectiva y la constante exageración de las cifras de «presos políticos» responden a un claro propósito político: deslegitimar el proceso bolivariano y justificar la injerencia externa.

Es esencial adoptar una perspectiva más amplia. Las detenciones no surgieron de la nada. Se produjeron tras años de dificultades económicas provocadas por las sanciones, repetidos intentos de la oposición de subvertir el orden constitucional mediante la violencia callejera, la perturbación de las elecciones tanto física como electrónica, y los resultados electorales falsificados o manipulados selectivamente por la oposición. La respuesta fue dura, pero se produjo en un contexto de amenazas reales para la seguridad.

La narrativa de que la oposición obtuvo el 70 % de los votos en las elecciones de 2024 es sencillamente absurda para cualquiera que conozca Venezuela. En sus mítines electorales finales, Maduro reunió a un millón de personas en las calles de Caracas y la oposición a 50 000. Muchas de las supuestas impresiones de las máquinas de votación difundidas por el régimen de Biden eran falsificaciones muy evidentes: con la misma letra en diferentes lugares y múltiples ejemplos de escrutadores o responsables de partido que firmaban con una X en un país con una tasa de alfabetización de casi el 100 %.

La oposición se negó a presentar estos impresos ante el Tribunal Supremo para su verificación. La verdad es que el proceso electoral electrónico (no soy partidario de él) se vio gravemente afectado por ataques informáticos externos, casi con toda seguridad por parte de EE. UU. Efectivamente, existía un descontento popular con los efectos de las sanciones económicas, y muchos observadores experimentados consideran que las elecciones estuvieron reñidas. Nunca será posible descubrir el resultado real. Pero las afirmaciones occidentales de un 70 % de apoyo a la oposición son un disparate absoluto.

De hecho, no creo que ni el Gobierno ni el Tribunal Supremo conocieran realmente el resultado verdadero. Yo, desde luego, no lo conozco. Pero fue la perturbación orquestada por Estados Unidos lo que lo hizo imposible.

Venezuela es un país sustancialmente libre. La gente me ha criticado al Gobierno abiertamente y sin miedo, incluso ante la cámara. Hace unas semanas hubo una manifestación de la oposición en Caracas. La presencia policial fue muy escasa. Los oradores podían decir lo que quisieran —el apoyo a Donald Trump fue un tema clave— y nadie ha sido interrogado posteriormente. Acudieron unas 500 personas. He visto tres o cuatro carteles de la oposición por la ciudad. Nadie los retira.

He estado filmando por toda Venezuela durante un total de seis semanas, y nunca me han preguntado quién soy ni los funcionarios ni la policía, ni me han exigido presentar documentos de identidad. Recibí un permiso del Ministerio de Comunicaciones, pero nadie lo ha mirado jamás. Nadie me ha sugerido nunca lo que debo decir, ni me ha ordenado que no filme algo.

He estado en muchas zonas y provincias diferentes. En todas partes las tiendas están bien surtidas y los bares y restaurantes funcionan con normalidad. La gente parece bien alimentada. No he visto ni un solo drogadicto, mendigo o persona sin hogar. He visto cinco controles policiales o militares en seis semanas: tres en la residencia presidencial, la sede de la Policía y la Asamblea Nacional; uno en el que se revisaban los neumáticos y las luces de los coches; y otro a la salida de un parque nacional dedicado a la conservación de la fauna silvestre.

He estado prestando especial atención a este tema porque los periodistas occidentales siempre incluyen controles policiales y militares en sus descripciones imaginarias de Venezuela, redactadas a miles de kilómetros de distancia. La oposición de Machado lo ha convertido en un meme, difundiendo consejos que dicen que no está obligado a mostrar documentos de identidad en los controles policiales. Sería muy difícil encontrar un control donde mostrar sus documentos.

Este no es un gobierno represivo. El ambiente de represión brilla por su ausencia y eso se debe a que los mecanismos de represión brillan por su ausencia. No hay una fuerte presencia policial. La gente no tiene miedo de los delatores. He visto muy pocas armas en poder de la policía, y ninguna en poder de nadie más.

La narrativa que domina ahora los medios de comunicación occidentales —según la cual cualquier liberalización económica o apertura pragmática bajo el mandato de Delcy Rodríguez es una capitulación repentina forzada por la presión de Trump— es sencillamente falsa. El propio Nicolás Maduro inició procesos de liberalización económica años antes, como respuesta directa de supervivencia al peso aplastante de las sanciones. Estas son las políticas de Maduro. La reciente legislación que liberaliza el sector de los hidrocarburos fue desarrollada íntegramente bajo la dirección de Nicolás Maduro y aprobada por él.

La dolarización se extendió desde abajo a medida que la gente común buscaba estabilidad; el Gobierno relajó gradualmente los controles de precios, permitió una mayor participación del sector privado en las importaciones y la distribución, y desarrolló soluciones alternativas para la venta de petróleo. Se trataba de adaptaciones pragmáticas impuestas a la revolución mucho antes de que Trump regresara a la Casa Blanca.

Como les dije a los estudiantes de la Universidad de las Comunas, si el capitalismo tardío fuera (como afirma) el orden natural de la sociedad, en lugar de una serie de instituciones y acuerdos totalmente artificiales diseñados para producir una concentración extrema de recursos en manos de una élite, impuesta en última instancia mediante la violencia del Estado, entonces los Estados capitalistas no necesitarían aplastar a los Estados que practican otros sistemas, mediante sanciones devastadoras y el aislamiento del intercambio de recursos y capital, y en última instancia mediante la fuerza militar.

Su propia ideología fundacional afirma que el capitalismo prevalecerá naturalmente con el tiempo en cualquier sociedad gracias a su mayor beneficencia y a una distribución más eficiente de los recursos. Sin embargo, los gobernantes de los Estados capitalistas buscan constantemente aplastar a cualquier Estado que practique un sistema alternativo. Lo hacen por temor a que su propia población vea la posibilidad de un camino mejor que el de trabajar como esclavos de facto, mientras el valor producido por su trabajo se concentra íntegramente en manos de la clase de Epstein.

Nunca sabremos cómo se habría desarrollado la Revolución Bolivariana de no ser por las sanciones financieras y comerciales que la paralizaron.

Pero este es el hecho clave. Venezuela fue blanco de ataques debido a los extraordinarios éxitos del chavismo, no porque fuera un Estado fallido. La pobreza se redujo a más de la mitad. La alfabetización aumentó hasta alcanzar tasas superiores a las de Estados Unidos. Se instauraron la educación y la sanidad gratuitas. Se triplicó el número de beneficiarios de pensiones. Se nacionalizaron los servicios públicos. Se proporcionaron cantidades masivas de viviendas sociales. Estos fueron los logros que precipitaron las sanciones.

El colapso económico de 2017 no fue causado por los fallos de un sistema socialista. El colapso —y la posterior ola masiva de emigración— fue causado íntegramente por el régimen de sanciones, y en particular por el bloqueo de todos los sistemas de pago y las transacciones financieras.

Hay un punto obvio del que rara vez se habla: las sanciones —en particular las sanciones financieras que bloquean las transacciones de pago internacionales normales y los canales bancarios— no solo causan dificultades.

Las sanciones fomentan activamente la corrupción.

Cuando se impide a un gobierno soberano llevar a cabo actividades comerciales y financieras legítimas a través de los sistemas globales habituales, se le empuja a los brazos de quienes se especializan en eludir las sanciones, en redes de transferencia informales y en el blanqueo de capitales. Estas asociaciones forzadas con elementos ajenos a la economía formal contagian entonces al propio aparato estatal, creando nuevas vías para la corrupción y el abuso.

Se trata de un ciclo vicioso y predecible orquestado por la política de Washington.

Las sanciones obligan a los Estados, por su mera supervivencia, a realizar actividades clasificadas como ilegales, y arrastran a sus funcionarios al ámbito de los verdaderos delincuentes. Algunas de las críticas al Gobierno de Maduro deben considerarse desde esta perspectiva; y, por supuesto, no existe, ni ha existido nunca, ningún Estado totalmente libre de corrupción.

El mandato de Maduro no es el fracaso que se suele describir en Occidente. La economía se ha recuperado notablemente. Bajo el mandato de Maduro, el Gobierno ha logrado éxitos cuantificables en materia de seguridad pública. Las tasas de homicidios se han reducido en más de dos tercios y las bandas de narcotraficantes han desaparecido casi por completo de las calles.

Las operaciones a gran escala han reducido significativamente la producción de narcóticos y las rutas de tráfico a través del territorio venezolano. Venezuela informó de incautaciones récord de drogas a la Comisión de Estupefacientes de la ONU: casi 66 toneladas solo en 2025, el nivel más alto en dos décadas. Los datos de la ONU indican que Venezuela desempeña un papel muy marginal en los flujos mundiales de cocaína, y casi ninguno en la producción. En cuanto al fentanilo, no figura en absoluto.

Maduro ha logrado, en un grado extraordinario, erradicar las drogas de las calles de Venezuela y detener el tráfico. El hecho de que se encuentre ahora en una cárcel estadounidense acusado de «narco-terrorismo» es una verdadera muestra de lo depravado que se ha vuelto Estados Unidos.

Al mismo tiempo, la tasa general de criminalidad descendió drásticamente. Ciudades que antes figuraban entre las más peligrosas del mundo se volvieron notablemente más seguras para los ciudadanos de a pie. Incluso los venezolanos críticos con el Gobierno por otros motivos reconocen esta mejora en la vida cotidiana y la seguridad personal. Hace apenas dos noches hablaba con una venezolana que había vuelto a casa desde Alemania, quien me contó que antes le aterrorizaba caminar por las calles de Caracas de noche, pero que ahora se sentía perfectamente segura.

Es importante comprender qué tipo de socialismo practicó realmente Venezuela bajo Chávez y Maduro.

El proyecto bolivariano nunca consistió en la propiedad estatal total de los medios de producción y distribución prevista en los textos marxistas clásicos. Venezuela siempre ha sido una economía mixta. Su rasgo distintivo —y su mayor fortaleza— era la fuerte dependencia del Estado de la propiedad de toda la gama de actividades del sector petrolero, tanto en la fase de exploración y producción como en la de refino y distribución, para canalizar los ingentes ingresos públicos hacia objetivos de orientación socialista: educación gratuita y universal desde la cuna hasta la universidad, un servicio nacional de salud que llevó clínicas y hospitales a todos los barrios, una seguridad social ampliada, programas de vivienda como la Gran Misión Vivienda, y subsidios que mantuvieron los alimentos básicos a precios asequibles para los pobres.

La nacionalización de los servicios públicos —electricidad, telecomunicaciones, agua— siguió la misma lógica. En muchos aspectos se asemejaba al modelo socialdemócrata occidental de la década de 1970, cuando los gobiernos europeos utilizaban la fiscalidad progresiva para financiar el Estado del bienestar, dejando al mismo tiempo gran parte de la economía en manos privadas. La enorme escala de viviendas públicas asequibles y de calidad decente en Venezuela es verdaderamente una maravilla digna de contemplar para una economía en desarrollo.

Lo que hizo que el bolivarianismo fuera diferente, y en última instancia más radical, fue el movimiento de las comunas. Su filosofía es genuinamente de base. Las comunas no surgieron de decretos del Palacio de Miraflores; crecieron desde abajo, a partir de los consejos comunales que la gente común de los barrios pobres formó para resolver sus propios problemas: arreglar carreteras, organizar la recogida de basura, construir clínicas.

Chávez otorgó a estas estructuras comunales orgánicas reconocimiento constitucional y poder legal, pero la energía provenía de las propias comunidades.

La toma de decisiones en las comunas es democracia directa en acción: las asambleas debaten y votan sobre cómo gastar los fondos que se les asignan. El pueblo decide sus propias prioridades. Siempre he sido escéptico respecto a las asambleas populares y la democracia directa. Visitar las comunas de Venezuela me ha convencido. El factor clave es la prevalencia, bastante sorprendente, de la educación política y la conciencia social entre los miembros comunes de la clase trabajadora venezolana.

Durante mucho tiempo, las comunas se mantuvieron en gran medida como un mecanismo para redistribuir los ingresos del petróleo de una manera más democrática y transparente. Pero seguía siendo, en esencia, socialdemocracia con retórica revolucionaria: gastar las rentas del petróleo en bienes sociales.

Pero el movimiento de las comunas no se ha quedado estancado. Ha comenzado a expandirse, reivindicando la propiedad comunal sobre los medios de producción y distribución. Un número cada vez mayor de comunas gestiona ahora sus propias pequeñas fábricas, cooperativas agrícolas, panaderías, mataderos, colectivos de transporte y redes de distribución. He debatido con altos cargos del Gobierno cómo utilizar las empresas de propiedad comunal como punta de lanza en los sectores liberalizados de la economía, para socializar los beneficios.

Las comunas están pasando de limitarse a recibir y gastar dinero del Estado a controlar la creación y la asignación efectivas de la riqueza. Este es el salto cualitativo que distingue al socialismo bolivariano como algo más que un estatismo asistencialista al estilo de los años setenta.

Maduro instituyó la Universidad de las Comunas en 2025. Su objetivo es impartir enseñanza práctica de nivel universitario en áreas de especial valor para las comunas, que van desde la administración pública hasta la ingeniería eléctrica y la agricultura. La producción agrícola es un ámbito en el que participan muchas de las más de 7.000 comunas de Venezuela.

La agricultura se derrumbó en Venezuela mucho antes de Chávez. Esto es algo común en muchos Estados petroleros.

Mi primer destino diplomático en el extranjero fue un nombramiento en Nigeria en 1986, como segundo secretario (Agricultura y Recursos Hídricos), donde mi estadística favorita era que Nigeria pasó, en tan solo 8 años, de ser el mayor exportador mundial de aceite de palma a ser el mayor importador mundial de aceite de palma. Las monedas respaldadas por el petróleo suelen hacer que las exportaciones agrícolas sean poco competitivas y que los productos agrícolas importados resulten más baratos que los nacionales.

Esto provocó el colapso de los sectores del cacao, el café, el maíz y otros sectores agrícolas de Venezuela décadas antes de que Chávez llegara al poder.

Las comunas están reintroduciendo la producción agrícola desde la base. Visité la comuna local de Vittoria, no muy lejos de la Universidad. Cuenta con más de 20 unidades de producción agrícola, y los estudiantes estaban ayudando a desarrollar, por ejemplo, corrales de bambú para el ganado con el fin de sustituir las vallas de hierro que ya no se importan debido a las sanciones occidentales.

En el otro extremo del proceso de producción, visité la sede central de Metro en Caracas el día en que todos los trabajadores y jubilados de Metro reciben paquetes mensuales que incluyen aceite de cocina, pasta, harina, huevos y conservas de carne y fruta, todo ello producido ahora en Venezuela, y casi todos son productos nuevos desde la crisis de 2018.

Lo que llama la atención de todo visitante es el extraordinario nivel de concienciación pública sobre la filosofía socialista. En las comunas, en las universidades bolivarianas, en los círculos de educación política, la gente común debate con conocimiento de causa la diferencia entre socialdemocracia y socialismo, el papel de la comuna como «tejido celular» de la nueva sociedad y la necesidad de pasar de la distribución a la producción.

La ideología es una práctica cotidiana. He oído a adolescentes y vendedores del mercado citar a Chávez y a Marx con facilidad, y con la confianza de que sus interlocutores les seguirán.

Estos son los elementos fundamentales del socialismo bolivariano que Delcy Rodríguez lucha ahora por preservar y salvaguardar frente a la embestida de Trump: el Estado socialdemócrata financiado por el petróleo, los servicios públicos nacionalizados, las estructuras de democracia directa de las comunas y las medidas para extender la afirmación de la propiedad popular sobre la producción.

Piénselo: Venezuela tiene las playas caribeñas más hermosas que he visto jamás. Son tan bonitas como las de Mauricio o las Maldivas. Estas son mis propias fotos y los colores no están retocados.

Lo que llama la atención de esto es que todas las personas que se ven son venezolanos de a pie. No hay ni un turista extranjero a la vista: ningún bar, restaurante u hotel junto a la playa acordonando tramos de playa y cubriéndolos de tumbonas. En su lugar, hay familias venezolanas felices con neveras portátiles disfrutando del día de forma gratuita. Esto se debe a que, aparte de Isla Margarita, la Revolución Bolivariana protege los cientos de kilómetros de playas de arena blanca de Venezuela mediante parques nacionales.

Mientras que el chavismo ve un gran servicio para el pueblo y un hábitat asombroso que hay que preservar, la visión del mundo de Kushner y Machado ve miles de millones de dólares en propiedades inmobiliarias de primera línea de playa, listas para construir complejos de apartamentos y enormes hoteles. No crean ni por un momento que no tienen el ojo puesto en ello como parte de la apropiación imperialista. No quieren que los venezolanos se diviertan con sus familias en esas playas. Quieren reservarlas para turistas estadounidenses e israelíes, con los únicos venezolanos vestidos de camisa blanca y pajarita llevando bandejas de bebidas.

Puede parecer una pequeña digresión, pero creo que es un símbolo potente y conmovedor del choque de cosmovisiones que se encuentra en el corazón de la lucha en Venezuela.

Lo que la oposición desea hacer es desmantelar toda esta arquitectura. Machado se ha comprometido a abolir las comunas, a privatizar los servicios públicos, a devolver a Venezuela al modelo pre-Chávez en el que la riqueza petrolera fluía hacia arriba, hacia una pequeña élite y las corporaciones extranjeras, mientras que la mayoría existía únicamente para servir. La tarea de Delcy es mantener la línea para que las comunas, y la conciencia que han creado, puedan seguir desarrollándose mientras se mantienen la educación universal, la sanidad y las prestaciones sociales.

Pero esta es la realidad a la que se enfrenta ahora Delcy Rodríguez: Trump impuso un bloqueo naval físico a las exportaciones de petróleo venezolano. Los petroleros que transportaban petróleo venezolano a compradores no aprobados por EE. UU. fueron físicamente interceptados por la Marina estadounidense. Así, Estados Unidos, mediante la fuerza militar, impuso el control sobre las ventas de crudo venezolano.

Los ingresos se desviaron inicialmente a una cuenta controlada por Estados Unidos en Catar, y posteriormente se transfirieron a cuentas del Tesoro de Estados Unidos. Los desembolsos al Gobierno de Rodríguez son discrecionales y puntuales —por ejemplo, solo se liberaron 300 millones de dólares de los primeros 500 millones, y se requiere la aprobación de Estados Unidos para su gasto. El mecanismo opera al amparo de poderes ejecutivos de emergencia en EE. UU., pero sin ninguna autoridad venezolana. Esto no cuenta con el consentimiento de Delcy Rodríguez.

Es totalmente ilegal en todos los sentidos. El bloqueo naval, la incautación de petroleros, el robo de los ingresos petroleros. Todo ello va absolutamente en contra del derecho internacional. No tengo ni idea de qué «emergencia» justifica los poderes de Trump, ni siquiera en el marco de la legislación interna de EE. UU.

Estados Unidos no tiene ningún tratado con Venezuela ni mandato internacional que le permita confiscar el petróleo de Venezuela y venderlo. Se trata de un simple robo.

Al controlar los petroleros, Washington se hizo con el control de la única fuente significativa de ingresos extranjeros de Venezuela y paralizó el Gobierno de Delcy Rodríguez. El petróleo representa más del 70 % de los ingresos del Gobierno venezolano.

Los cargamentos de petróleo aprobados por Estados Unidos se venden ahora en el mercado internacional, pero los ingresos no se pagan a Caracas. Increíblemente, se pagan al Tesoro de Estados Unidos. El régimen de Trump dispensa pagos ad hoc al Gobierno venezolano —la parte que elija, cuando lo elija— para permitir que continúen las funciones básicas del Estado. Es un sistema totalmente regido por los caprichos de Donald Trump, que controla otro Estado soberano.

Esto está menos estructurado que la autoridad de ocupación formal que Estados Unidos impuso a Irak después de 2003, pero el principio es idéntico. Los ingresos petroleros de Irak se han tratado de esta manera durante 25 años. Muchísima gente desconoce que todos los ingresos petroleros de Irak son desviados hacia cuentas del Tesoro de Estados Unidos: los medios de comunicación tradicionales nunca se lo cuentan.

Es el modelo colonial clásico. Es exactamente como la Compañía Británica de las Indias Orientales administró los estados principescos de la India en los siglos XVIII y XIX: se permitía al gobernante local permanecer en el cargo de forma nominal, pero los impuestos los recaudaban los británicos y se devolvía al gobernante local lo que estos decidieran. Los altos funcionarios de la Compañía de las Indias Orientales en el cargo recibían, de hecho, el título de «recaudador».

La cobertura occidental lo denomina «salvaguardia», «protección» o «influencia»; la realidad es pura piratería física.

Sin embargo, Delcy Rodríguez se encuentra en un callejón sin salida. No dispone de fuerzas militares capaces de contrarrestarlo. La Armada venezolana no puede hacer frente a la flota estadounidense, mientras que los gigantescos bombarderos de EE. UU. pueden llegar a Caracas con bombas de 900 kg directamente desde las bases aéreas estadounidenses en Florida. Cualquier intento abierto de desafío desencadenaría un cambio de régimen militar por parte de EE. UU. que conduciría a una masacre.

Rodríguez se ve, por lo tanto, reducida a negociar con los ocupantes sobre cuánto del propio dinero de Venezuela se le permite gastar en su propio pueblo. Se ve obligada a acoger una serie de visitas repugnantes de los secuaces sonrientes de Trump, que humillan abiertamente y violan a Venezuela. Las afirmaciones de que Rodríguez quiere esto, y más aún de que ella lo ha orquestado, son una locura.

He visto críticas de la izquierda política en Occidente, según las cuales Venezuela debería haber luchado, debería seguir luchando, debería unirse a la resistencia antiimperialista. He visto cómo se tacha a los venezolanos de «vendidos».

Son muy pocos los que formulan estas críticas y que se han ido personalmente a las montañas con un AK-47 para luchar contra una superpotencia que ha abandonado abiertamente toda pretensión de respetar las leyes de la guerra sobre la protección de la vida civil y las infraestructuras. Sin duda es una opción; pero el número de víctimas mortales sería espantoso y Venezuela se vería condenada a muchos años de guerra civil y ocupación militar estadounidense.

Es una opción suicida, como reconoció el propio Maduro.

Delcy Rodríguez lucha bajo una carga casi insoportable. Una socialista de toda la vida cuyo propio padre fue torturado hasta la muerte por un servicio de seguridad venezolano dirigido por la CIA, ahora se encuentra, en la práctica, prisionera de Estados Unidos. Venezuela no es Irán. No posee la capacidad militar, la profundidad estratégica ni las alianzas para luchar contra Estados Unidos. Si Trump se despierta una mañana y decide un cambio de régimen total —y podría hacerlo—, el resultado sería un baño de sangre inmediato y la anulación total de todos los logros sociales de veinticinco años de chavismo.

Para evitar esa catástrofe, Rodríguez debe apaciguar a Trump. Debe hablar el lenguaje de la liberalización económica que Washington quiere oír, aunque los cambios políticos reales solo supongan un mínimo ajuste hacia la derecha en una economía que sigue siendo abrumadoramente mixta. Los logros socialdemócratas fundamentales —la educación, las misiones de salud, los programas de vivienda, las pensiones y el bienestar social, los servicios públicos privatizados— se están preservando.

La estrategia de Rodríguez es, por lo tanto, de tenaz resistencia: agachar la cabeza, preservar lo que se pueda preservar y esperar un cambio de viento político en Washington. Fuentes muy cercanas a ella mencionan repetidamente las elecciones de mitad de mandato de noviembre en EE. UU. como el próximo posible punto de inflexión.

La tragedia es que esta mujer debe soportar la imagen que se difunde desde Washington en el extranjero, la de una traidora a su clase y a su país. No puede criticar demasiado abiertamente a Trump sin correr el riesgo de provocar al psicópata hacia precisamente la violencia que está tratando de evitar. Un amigo que la conoce desde hace décadas me dijo: «Está haciendo lo que puede para mantener la paz en estos tiempos de guerra».

Existen pruebas muy concretas de la lealtad de Rodríguez hacia Maduro. Lejos de eclipsar a Maduro o de posicionarse como el nuevo rostro de la revolución, Delcy Rodríguez ha cubierto Venezuela con vallas publicitarias y arte callejero muy visibles con el lema «Liberen a Nicolás y a Cilia», sin introducir ningún material que la alabe a sí misma o intente construir su propio culto a la personalidad. Este simbolismo público es una poderosa respuesta en la vida real a las narrativas de deslealtad o traición.

Una de mis críticas personales al chavismo es que se centra demasiado en el culto a la personalidad. Es un hecho clave que Rodríguez esté haciendo justo lo contrario de intentar atraer ese foco de atención hacia sí misma.

La mayoría de los críticos de Rodríguez, especialmente los de los medios de comunicación y los comentaristas occidentales, no saben prácticamente nada de Venezuela. La mayor parte de lo que el público occidental cree saber es justo lo contrario de la verdad; la capacidad de los medios occidentales para mantener una narrativa falsa resulta sorprendentemente evidente al visitar el país.

He pasado ya un total de seis semanas en el país repartidas en dos viajes, hablando con estudiantes, diplomáticos, líderes sindicales, activistas comunitarios y personas del Gobierno —y con un gran número de camareros—. Lo que he visto y oído me convence, sobre todo, de una cosa: Delcy Rodríguez no es una traidora. Es una socialista que está haciendo lo único que le es posible en esta situación imposible: ganar tiempo para que la Revolución Bolivariana sobreviva." 

(Craig Murray, exdiplomático inglés, blog, 31/03/26, traducción DEEPL) 

18.2.26

En 2011, Venezuela era el segundo país más igualitario del hemisferio occidental; solo Canadá tenía niveles de desigualdad más bajos... pero «lo más transformador» de Hugo Chávez, fue la transferencia del poder a los sectores populares mediante la creación de nuevas formas de asambleas populares y experimentos con controles obreros y consejos comunitarios... Pero a partir de 2013, las cosas empezaron a ir mal, y mucho. Entre 2013 y 2021, el PIB de Venezuela cayó un 75 %, la inflación alcanzó el 130 000 % en 2018... Desde 2016, millones de venezolanos han huido del país en busca de trabajo en el extranjero para enviar dinero a sus hogares... ¿Cómo se explica este colapso, de la inspiración a la pesadilla? hubo dos causas. La primera fueron las sanciones impuestas por Estados Unidos a Venezuela, junto con varios intentos del Estado estadounidense de socavar la economía venezolana... El éxito inicial de la presidencia chavista era anatema... Solo entre 2017 y 2018, las sanciones causaron la muerte de unos 40 000 venezolanos y sumieron a muchos más en la precariedad. Más de 300 000 personas se vieron en situación de riesgo debido a la falta de medicamentos y atención sanitaria, entre ellas 80 000 venezolanos seropositivos... obtener los medicamentos cardiovasculares o la insulina que necesitan es un reto para los 16 000 venezolanos que necesitan diálisis, los 4 millones que padecen diabetes e hipertensión y las 16 000 personas que tienen cáncer... el otro componente importante fue la mala gestión económica y el programa neoliberal del gobierno cada vez más autoritario de Maduro... Maduro buscó compromisos y acuerdos con los sectores empresariales, incluida Fedecámaras, la gran organización empresarial que había desempeñado un papel clave en el fallido golpe de Estado de 2002 contra Chávez. Las voces de las organizaciones de la clase trabajadora fueron ignoradas (Michael Roberts)

 "El secuestro del presidente Maduro y su esposa por parte de las fuerzas militares estadounidenses, la posterior toma del poder por parte de la vicepresidenta Rodríguez y su acuerdo para permitir que Estados Unidos controle los ingresos por exportación de petróleo de Venezuela y atraiga a multinacionales energéticas estadounidenses para que inviertan, todo ello señala el final del juego de la revolución chavista que comenzó hace más de 25 años. Por lo tanto, es muy oportuno que se haya publicado un nuevo libro sobre lo que sucedió en Venezuela para llegar a este punto.

Titulado Venezuela in Crisis y publicado por Haymarket Books, este libro reúne a «algunos de los pensadores marxistas, socialistas y anticapitalistas más importantes de Venezuela, que representan una amplia gama de tradiciones y organizaciones políticas de izquierda». Estos escritores en lengua española han sido traducidos para que los angloparlantes puedan leer los argumentos y las experiencias de la izquierda venezolana. Algunos de los colaboradores formaron parte del gabinete de Chávez y ahora se han convertido en críticos del Gobierno de Maduro. «Llevar estas voces al público angloparlante permitirá a los lectores participar en los debates y perspectivas actuales de la izquierda venezolana».

El libro ha sido editado por Anderson Bean, de la Universidad Estatal Agrícola y Técnica de Carolina del Norte, que ya ha escrito anteriormente sobre Venezuela. Su capítulo introductorio ofrece al lector la esencia de los capítulos del libro. Bean comienza señalando que, a lo largo de la década de 2000, la revolución chavista-bolivariana en Venezuela fue una inspiración para otros en el llamado Sur Global, quizás incluso más que la revolución cubana de la década de 1960. La elección de Hugo Chávez en las elecciones de 1998, tras décadas de gobiernos corruptos, procapitalistas y proestadounidenses, fue un soplo de aire fresco. En los años siguientes, la presidencia de Chávez «mejoró el bienestar material de los venezolanos, trajo una mayor igualdad social y empoderó a sectores de la sociedad que tradicionalmente habían sido excluidos del proceso político».

Bean sostiene que hubo tres componentes clave de la presidencia de Chávez: en primer lugar, la reescritura de la Constitución para promover una amplia participación ciudadana y la protección integral de los derechos humanos; en segundo lugar, la redistribución de los beneficios del petróleo a través de diversos programas sociales que redujeron los niveles oficiales de pobreza en un 37,6 % y la «pobreza extrema» en un 57,8 %. En 2008, Venezuela también tenía el salario mínimo más alto de toda América Latina, y la desigualdad en el país se redujo a una de las más bajas de América. En 2011, Venezuela era el segundo país más igualitario del hemisferio occidental; solo Canadá tenía niveles de desigualdad más bajos. Y en tercer lugar, lo que Bean considera que fue «lo más transformador», fue la transferencia del poder a los sectores populares mediante la creación de nuevas formas de asambleas populares y experimentos con controles obreros y consejos comunitarios.

Pero a partir de 2013, las cosas empezaron a ir mal, y mucho. Entre 2013 y 2021, el PIB de Venezuela cayó un 75 %, la inflación alcanzó el 130 000 % en 2018, ¡la más alta del mundo! El porcentaje de hogares clasificados como pobres aumentó del 48,4 % en 2014 al 81,5 % en 2022. El salario mínimo mensual, de 2,23 dólares estadounidenses, era entonces el más bajo de toda América Latina. De hecho, el salario mínimo mensual era de solo 0,15 dólares al día, ocho veces menos que el límite de pobreza absoluta del Banco Mundial, que entonces era de 1,25 dólares al día. En comparación, el salario mínimo mensual bajo Chávez era de 300 dólares, más de 60 veces superior.

El colapso de los ingresos reales y el fuerte aumento de la pobreza en la década de 2010 provocaron una crisis migratoria. Desde 2016, millones de venezolanos han huido del país en busca de trabajo en el extranjero para enviar dinero a sus hogares. Hoy en día, se estima que el número de refugiados y migrantes venezolanos en todo el mundo es de alrededor de 7,7 millones, es decir, el 20 % de todos los venezolanos. Venezuela tiene ahora el mayor número de personas desplazadas de América Latina y el segundo más alto del mundo, solo por detrás de Siria.

¿Cómo se explica este colapso, de la inspiración a la pesadilla? Bean afirma que hubo dos causas. La primera fueron las sanciones impuestas por Estados Unidos a Venezuela, junto con varios intentos del Estado estadounidense, en colaboración con la oposición derechista venezolana, de socavar la economía venezolana con el fin de llevar a cabo un cambio de régimen. El imperialismo estadounidense veía a Venezuela como una amenaza, con la renacionalización de la industria petrolera por parte de Chávez y su intento de establecer relaciones comerciales con otros países latinoamericanos fuera de la órbita de los acuerdos comerciales liderados por Estados Unidos, al tiempo que buscaba apoyo en materia de comercio e inversión de países como China. El éxito inicial de la presidencia chavista era anatema.

De hecho, en 2002, Estados Unidos, en colaboración con la clase empresarial venezolana, intentó un golpe de Estado para derrocar a Chávez. Este fue destituido de su cargo durante cuarenta y siete horas, antes de ser reinstaurado por movilizaciones populares masivas. Desde finales de 2002 hasta principios de 2003, Estados Unidos apoyó un bloqueo petrolero para detener la producción de petróleo con el objetivo declarado de obligar a Chávez a dimitir. En 2014, Estados Unidos volvió a respaldar a la derecha venezolana en violentas protestas callejeras llamadas guarimbas, exigiendo «la salida» de Maduro. Estados Unidos, de nuevo en colaboración con sectores de la derecha venezolana, intentó otro golpe de Estado en enero de 2019, cuando Juan Guiadó se autoproclamó presidente de Venezuela de forma inconstitucional. Después de que el golpe de enero fracasara en su intento de derrocar a Maduro, Guiadó lo intentó de nuevo en abril de 2019, pero fue frustrado una vez más.

Estos intentos de golpe fracasaron, pero se impuso una letanía de sanciones económicas. Bajo las sanciones de Trump, se prohibió a las instituciones y ciudadanos estadounidenses comerciar con la deuda venezolana. Se congelaron todos los activos del Gobierno. Se impidió al país reestructurar su deuda externa o sus calendarios de pago. Se bloquearon los pagos enviados por los países que participaban en su programa de pago preferencial del petróleo. Se prohibió la venta de miles de millones de dólares en créditos comerciales. Las sanciones también cerraron a Venezuela su mercado petrolero más importante, Estados Unidos, y se confiscaron propiedades en el extranjero, como la empresa estadounidense Citgo, de la que el Estado dependía como fuente de ingresos. Estas medidas provocaron una pérdida de 6000 millones de dólares en ingresos petroleros solo en 2018. Las sanciones congelaron 17 000 millones de dólares de los activos del país y le costaron alrededor de 11 000 millones de dólares en pérdidas por exportaciones en 2019, es decir, 30 millones de dólares al día.

El Centro de Investigación Económica y Política, con sede en Washington D. C., publicó un informe en 2019 en el que se detallaban los efectos de las sanciones estadounidenses sobre Venezuela. Solo entre 2017 y 2018, las sanciones causaron la muerte de unos 40 000 venezolanos y sumieron a muchos más en la precariedad. Más de 300 000 personas se vieron en situación de riesgo debido a la falta de medicamentos y atención sanitaria, entre ellas 80 000 venezolanos seropositivos que llevan años sin recibir medicamentos antirretrovirales. Además, obtener los medicamentos cardiovasculares o la insulina que necesitan es un reto para los 16 000 venezolanos que necesitan diálisis, los 4 millones que padecen diabetes e hipertensión y las 16 000 personas que tienen cáncer.

Pero los autores de este libro se esfuerzan por argumentar que el colapso de Venezuela no puede achacarse únicamente al imperialismo estadounidense y sus sanciones. A pesar del daño que las sanciones han causado en Venezuela, el otro componente importante fue la mala gestión económica y el programa neoliberal del gobierno cada vez más autoritario de Maduro. Los economistas capitalistas convencionales afirman que el colapso de Venezuela fue el resultado del socialismo, mientras que muchos en la izquierda afirman que el régimen de Maduro debía defenderse como un ejemplo de socialismo. Ambos bandos están equivocados. Bean y los demás autores de este libro no aceptan que Chávez (y Maduro después de él) hubieran establecido una economía socialista, ni siquiera que Venezuela estuviera en el «camino hacia el socialismo».

Como he argumentado en mis propias publicaciones sobre Venezuela, el relativo éxito de Chávez en la mejora de la situación de la mayoría de los venezolanos se basó en el auge de los precios de las materias primas durante la década de 2000. Con el alto precio del petróleo y el gas natural, incluso un modesto aumento de las regalías y los impuestos generó una enorme afluencia de ingresos para el Gobierno. Estos ingresos adicionales permitieron a Chávez aumentar el gasto social, crear diversos programas de distribución y mejorar el nivel de vida de la mayoría de los venezolanos.

Pero, como señala Bean, Chávez pudo hacerlo sin tocar el sector capitalista venezolano. «No hubo una transformación significativa de las relaciones sociales de propiedad, ni una transformación de la división internacional del trabajo, ni un desafío a las prerrogativas del capital transnacional». El capital privado siguió dominando en Venezuela durante las presidencias de Chávez y Maduro. La inmensa mayoría de los medios de producción permaneció en manos de la esfera privada y de la clase capitalista. De hecho, bajo Chávez, entre 1999 y 2011, la participación del sector privado en la actividad económica aumentó del 65 % al 71 %. La producción y distribución de la mayoría de los bienes y servicios, incluidas industrias clave como las principales operaciones de importación y procesamiento de alimentos, productos farmacéuticos y piezas de automóviles, siguen estando controladas por el sector privado.

Incluso en los casos en que el Estado era propietario de los medios de producción, por ejemplo, la empresa estatal de petróleo y gas natural Petróleos de Venezuela (PDVSA) y las industrias del hormigón y el asfalto, es la burocracia estatal la que controla y toma todas las decisiones en estas industrias, y no los trabajadores. De hecho, como dijo el propio Chávez: «¿Quién se atrevería a decir que Venezuela es un país socialista? No, eso sería engañarnos a nosotros mismos. Estamos en un país que todavía vive en el capitalismo, solo hemos iniciado un camino; estamos dando pasos contra la corriente mundial, incluso hacia un proyecto socialista; pero esto es a medio o largo plazo». Lo más importante, como también argumenté, es que no se rompió la dependencia del país de la exportación de minerales e hidrocarburos. La dependencia de Venezuela de las exportaciones de petróleo aumentó durante la era Chávez y Maduro, dejando al país como un «caballo de un solo truco» dependiente de los mercados financieros y petroleros mundiales.

El «compromiso» con el capital venezolano terminó con el fin del auge de las materias primas en 2013. En 2015, los precios de las materias primas habían alcanzado su nivel más bajo en doce años. Este cambio también coincidió con la muerte de Chávez y su sustitución por Maduro. Maduro se enfrentó a un dilema. Como dice Bean: «Ahora, en una situación de austeridad de los ingresos estatales, ¿quién iba a pagar la crisis? ¿Iban a ser los trabajadores y la gente común, las bases sociales que apoyaron y votaron a Chávez para que llegara al poder?». Y lo más importante, «¿iba a haber un conflicto con el capital que se había retrasado durante años?».

La respuesta pronto quedó clara. Como dice un capítulo del economista venezolano Luis Salas: «No hay mucha diferencia entre el programa económico de la oposición [de derecha] y el del Gobierno [de Maduro]. […] La única diferencia con la oposición es que el Gobierno quiere llegar a acuerdos con los rusos, los chinos o los turcos; y la oposición, con los estadounidenses y los europeos. Son alianzas capitalistas, pero con socios diferentes». Como argumenta Roberto López más adelante en el libro, «la toma de posesión de Nicolás Maduro como presidente en 2013 supuso el abandono casi total del programa antineoliberal y el retorno a las mismas políticas económicas aplicadas en la última década del siglo XX. Maduro mantuvo el mismo discurso radical que su predecesor y presentó a su Gobierno como genuinamente «obrero» y «socialista». Sin embargo, una vez en el cargo, ha implementado un verdadero cambio de rumbo económico, abriendo las puertas a las políticas neoliberales, en un marco de creciente autoritarismo». Esta era también mi opinión en mi publicación de entonces.

En 2016, la administración Maduro abrió el Arco Minero del Orinoco para la explotación minera. Y en 2021, Maduro introdujo las Zonas Económicas Especiales (ZEE) para las empresas capitalistas, libres de impuestos y regulaciones. En 2018, la presidencia de Maduro abolió el derecho a la huelga. Con la llamada Ley Antibloqueo de 2020, Maduro suspendió efectivamente la Constitución y otorgó autoridad al poder ejecutivo para dirigir la economía. Maduro abandonó la política de salario digno adoptada por Chávez e introdujo una ley contra la «incitación al odio» que establecía penas de prisión de hasta veinte años por discursos contra el Gobierno. El Gobierno también privatizó importantes ramas de la industria, como el petróleo, el hierro, el aluminio, el oro y los diamantes. «Muchas de estas privatizaciones se dirigieron precisamente a las industrias que Chávez había nacionalizado anteriormente, llevando a cabo, en efecto, una apropiación inversa que devolvió los antiguos activos estatales a la propiedad capitalista».

Pero quizás lo peor de todo es el amiguismo. Bajo Maduro, el Estado venezolano se ha convertido en una piñata, donde una casta político-militar distribuye recursos, privilegios y beneficios económicos para asegurarse la lealtad y mantener su control del poder. La administración Maduro buscó compromisos y acuerdos con los sectores empresariales, incluida Fedecámaras, la gran organización empresarial que había desempeñado un papel clave en el fallido golpe de Estado de 2002 contra Chávez. Las voces de las organizaciones de la clase trabajadora fueron ignoradas.

Los autores de este libro, pertenecientes a la izquierda venezolana, llegan a la conclusión de que entre los observadores de los países avanzados del Norte Global ha habido una tendencia «a dar credibilidad, sin darse cuenta, a un régimen que utiliza el lenguaje del socialismo para ocultar sus propias prácticas opresivas y antiobreras». Al no tener en cuenta las realidades de la crisis de Venezuela, esas posiciones marginan inadvertidamente las luchas del pueblo venezolano, que está luchando tanto contra las consecuencias del gobierno de Maduro como contra las asfixiantes sanciones impuestas por Estados Unidos». No es el socialismo lo que ha fracasado en Venezuela, sino la incapacidad de aplicar políticas socialistas para poner fin al sabotaje del sector capitalista en el país y unir a las organizaciones de la clase trabajadora en la lucha contra el imperialismo estadounidense.

Ahora, en febrero de 2026, la administración Rodríguez se postra ante el imperialismo estadounidense. La administración Trump ha sido inteligente y cautelosa; aún no ha sustituido a Maduro por la derechista, defensora del libre mercado y ganadora del Premio Nobel de la Paz (sic) María Machado, por temor a generar tumultos e incluso una guerra civil. En cambio, está obligando constantemente a Rodríguez a acceder a todas sus demandas en preparación para las elecciones posteriores, que luego pueden traer un régimen completamente proestadounidense. Apareciendo junto a Rodríguez en el palacio presidencial de Miraflores el miércoles pasado, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, dijo: «Queremos liberar al pueblo y la economía venezolanos». Una encuesta realizada esta semana por Gold Glove Consulting reveló que Machado obtendría una victoria aplastante en unas nuevas elecciones, con un 67 % a su favor frente al 25 % de Rodríguez. El 72 % de los encuestados consideraba que Venezuela estaba «avanzando en una dirección positiva» tras la captura de Maduro." 

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4.2.26

Ya llevo una semana en Caracas... aún no había visto un solo control... Colleen reportó desde Minneapolis que allí hay controles por todas partes, que las calles están llenas de hombres fuertemente armados, que la gente es detenida con frecuencia... La represión del socialismo en América Latina ha sido política de Estados Unidos durante un siglo... Las **reservas de oro y divisas en el extranjero** del gobierno de Venezuela han sido simplemente robadas por gobiernos extranjeros, y el bloqueo temporal de Venezuela del sistema de transferencias bancarias Swift causó estragos. Sin embargo, esto ha impulsado a los BRICS a desarrollar una alternativa no terminada, pero que funciona en Venezuela, lo que explica los estantes llenos en las tiendas... según la narrativa occidental la presidenta en funciones Delcy Rodríguez está en connivencia con Trump, traicionó a Maduro y levantó las defensas la noche de su secuestro, y ahora está instituyendo políticas neoliberales, incluida una nueva ley petrolera que establece que solo EE.UU. puede enviar petróleo venezolano y que los pagos por él se realizarán exclusivamente a través de EE.UU. en Qatar.... esto no es cierto en absoluto... Este nuevo esquema se ha impuesto mediante simple piratería... El gobierno venezolano simplemente no tiene capacidad física para impedir que la Marina de EE.UU. incaute petroleros... el sistema es casi idéntico al sistema impuesto a Irak después de su destrucción por Estados Unidos... La diferencia es que los ingresos iraquíes se pagaban al Tesoro de EE.UU., mientras que los fondos venezolanos van a una cuenta en Qatar bajo el control personal de Trump, fuera del alcance del Congreso... La captura de Maduro no ha cambiado nada en términos de política dentro de Venezuela, pero ha proporcionado una operación espectacular para que Trump la reclame como una victoria... Delcy Rodríguez está lidiando con dos ecuaciones imponderables... el gobierno se ha visto forzado a ceder terreno a Occidente, mientras intenta mantener las enormes conquistas sociales de la revolución chavista... a lo que se suma el factor Trump... Una cosa que Trump en realidad tiene razón es su afirmación de que **Machado no tiene el apoyo público para gobernar**. Esto me parece indiscutible, y un intento de imponerla resultaría en una guerra civil. Esto, por supuesto, en sí mismo socava la afirmación de que el equipo de Machado ganó masivamente las elecciones de 2024... Soy muy consciente de las limitaciones de mi experiencia hasta ahora. Pero ya me llama la atención la gran ventaja de estar aquí sobre los comentaristas en Occidente a quienes veo a diario, incluso cuando bien intencionados, equivocándose en todo (Craig Murray, exdiplomático inglés)

 "Ya llevo una semana aquí y creo que he absorbido lo suficiente como para intentar un pequeño análisis, a diferencia de las simples impresiones que di a mi llegada.

Sin embargo, esas impresiones siguen siendo válidas: este no es un estado represivo. El viernes estuve en el programa en vivo de Randy Credico en WBAI Nueva York, y por casualidad también estaba mi amiga, la renombrada denunciante del FBI Colleen Rowley, desde Minnesota (donde me he quedado con Colleen y su esposo en su casa).

Yo explicaba que, en una semana recorriendo toda Caracas, aún no había visto un solo control, que nadie en ningún momento me había preguntado quién soy, qué hacía o me había impedido ir a algún lado, y que las tiendas, bares y restaurantes funcionan con total normalidad.

Colleen reportó desde Minneapolis que allí hay controles por todas partes, que las calles están llenas de hombres fuertemente armados, que la gente es detenida con frecuencia, interrogada, obligada a mostrar documentos y desviada, y que muchos comercios, bares y restaurantes están cerrados porque el personal tiene miedo de aventurarse en las calles. Colleen está muy involucrada en el apoyo a detenidos y en llevar suministros a personas refugiadas en sus hogares.

Recuérdenme de nuevo, ¿quién de los dos está en una supuesta dictadura?

Quiero contarles un par de cosas para ayudar a explicar Venezuela. Visité el mausoleo de Simón Bolívar, un hombre genuinamente heroico. Sus restos han sido trasladados del Panteón Nacional principal a un moderno mausoleo dedicado y conectado al mismo. El Panteón en sí contiene los restos de muchos de los héroes de la Guerra de Independencia de Venezuela, y monumentos a todos ellos.

La Guerra de Independencia de Venezuela fue, por supuesto, en muchos aspectos similar a la guerra de Estados Unidos con el mismo nombre. Fue una guerra entre las élites coloniales y sus metrópolis. A diferencia de los padres fundadores de Estados Unidos, el propio Bolívar se oponía genuinamente a la esclavitud, pero eso no era cierto para muchos de sus aliados clave.

Así que el Panteón, tal como fue concebido originalmente a finales del siglo XIX, estaba habitado por los restos y la memoria casi en su totalidad de aquellas heroicas personas de ascendencia española que lucharon contra el control colonial de España. Este es el gran ideal fundacional de Venezuela.

Cuando Chávez y Maduro llegaron al poder, hicieron un cambio muy importante. Añadieron un monumento a los esclavos liberados que habían luchado contra los españoles. Luego, Chávez y Maduro añadieron cada uno un monumento extra: a líderes de los pueblos originarios que habían luchado contra la invasión española en primer lugar.

Esto provocó indignación entre la derecha, furiosa porque la pureza del Panteón, el gran foco del nacionalismo venezolano, estaba siendo profanada con lo que ellos consideraban fines políticos. Lo que me lleva a lo que creo es una observación fundamental: **la política en Venezuela es básicamente racial**.

Estoy pisando huevos aquí, pero en 2019 publiqué este post notando el contraste entre las fotos de grupo de la oposición y del gobierno. El liderazgo de la derecha es básicamente más blanco. Eso es simplemente lo que son.

Por supuesto, la división no es absoluta y existen excepciones individuales. Pero está ahí. La política en Venezuela está fuertemente basada en la clase, y en esta sociedad poscolonial es difícil separar la raza de la clase.

Lo que la oposición quiere es simplemente retroceder el reloj y restaurar el apartheid económico en Venezuela. Tuve una charla muy interesante con Ricardo Vaz de Venezuela Analysis. Él explicó cómo las políticas revolucionarias de Chávez habían incorporado a personas al discurso político que siempre habían sido ignoradas en lo que históricamente era una sociedad extremadamente desigual:

> "Los gobernantes, ahora la oposición, de repente descubrieron que su cocinera, su limpiadora, su conductor e incluso su jardinero estaban aprendiendo a leer y escribir y empezando a tener ideas políticas. Eso no les gustó nada".

Todavía no les gusta. No me es posible aquí ahora captar lo que sucedió exactamente en las elecciones de 2024. Está claro que a la oposición le fue relativamente bien, aunque no creo en lo más mínimo que obtuvieran el 68% del resultado. El mitin de cierre de Maduro reunió a 1 millón de personas, mientras que el de la oposición a 50,000.

Que el gobierno se mantenga en el poder contra la voluntad del 68% de la población requeriría un grado de represión estatal que simplemente no existe aquí. Hay muy poca vigilancia en comparación con los estados occidentales, y mucho menos con dictaduras reconocidas. No hay policías o milicias politizadas en las calles. No hay restricciones para que la gente se mueva y se mezcle.

**Machado se ha desacreditado a sí misma**, tan efectivamente como ha desacreditado al premio Nobel de la paz. Darle el premio a Trump la hizo parecer tonta y sumisa, y elogiar el bombardeo de su propio país que mató a conciudadanos realmente no ha sentado nada bien, ni siquiera entre los partidarios de la oposición.

Pero ni siquiera eso la ha perjudicado tanto como su comentario al Comité del Nobel de la Paz de que **el 60% de los venezolanos están involucrados en narcóticos o prostitución**. Esto no es exactamente lo que dijo, pero se acerca lo suficiente y realmente molestó a la gente aquí:

> "Tenemos la guerrilla colombiana, los carteles de la droga que se han apoderado del 60% de nuestras poblaciones, y no solo involucrados en el narcotráfico, sino en la trata de personas, en redes de prostitución. Así que esto ha convertido a Venezuela en el centro criminal de las Américas..."

Lo que me lleva de vuelta a las impresiones personales. Yo, como quienes me siguen esperarían, me he dedicado con ahínco a conocer los bares de Caracas. He encontrado algunos muy hermosos: el **Juan Sebastián Bar** es uno de los bares más bonitos que he visto jamás. Una pieza de diseño interior impresionante. Tomé estas fotos antes de que abriera una noche. Sirven mojitos incluso mejores que los que puedes conseguir en La Habana.

(Nota: ¡Eso no es un espejo, son dos pianos de cola!)

El punto es que ni en mi hotel, ni en ningún bar, ni en ninguna calle, he visto a una sola persona que pareciera estar ejerciendo como trabajadora sexual. Ni una sola. Y quizá yo pueda ser visto como un blanco bastante arquetípico. Del mismo modo, no he visto ninguna señal de abuso de narcóticos. En dos días en Salisbury investigando el fraude de los Skripal, me impactó la cantidad de drogadictos evidentes que vimos en las calles. No hay nada parecido en Caracas.

Si bien entiendo que la acusación es que Venezuela exporta narcóticos en lugar de consumirlos, siempre se producen focos de adicción alrededor de los puntos de producción y los nodos de tránsito. Simplemente no veo evidencia de que los tópicos comunes sobre Venezuela y los venezolanos sean ciertos: y soy un observador entrenado y experimentado.

Las **sanciones contra Venezuela** no comenzaron después de las disputadas elecciones de 2024; han sido aplicadas por las potencias occidentales más o menos desde el inicio mismo del experimento socialista de Chávez. La represión del socialismo en América Latina ha sido política de Estados Unidos durante un siglo, y cuanto más éxito tenía Chávez, más buscaba Occidente suprimirlo. Francia se negó a proporcionar repuestos para los aviones Mirage de la fuerza aérea venezolana, e igualmente se negó a suministrar repuestos para los trenes del Metro.

Las **reservas de oro y divisas en el extranjero** del gobierno de Venezuela han sido simplemente robadas por gobiernos extranjeros, y el bloqueo temporal de Venezuela del sistema de transferencias bancarias Swift causó estragos. Sin embargo, esto ha impulsado a los BRICS a desarrollar una alternativa, no completamente adoptada, no terminada, pero que funciona en Venezuela, lo que explica los estantes llenos en las tiendas y que en última instancia podría representar un momento significativo en la economía internacional.

Lenta y a regañadientes, el Partido Socialista bajo Maduro se ha visto forzado precisamente por el efecto paralizante de las sanciones a permitir más espacio para el sector privado y pasar de un modelo plenamente socialista a uno más socialdemócrata, aunque describir las reformas bajo Maduro como "neoliberales" es ridículo. Teóricamente puede ser posible construir el socialismo en un país, pero si las principales potencias económicas se unen para destruirte, se vuelve muy difícil.

Una narrativa peligrosamente simplista sobre lo que ha sucedido en Venezuela se ha apoderado de Occidente, alimentada por fuentes de Trump, la CIA y Machado/Miami.

Según esta lectura, la **presidenta en funciones Delcy Rodríguez** está en connivencia con Trump, traicionó a Maduro y levantó las defensas la noche de su secuestro, y ahora está instituyendo políticas neoliberales, incluida una nueva ley petrolera que establece que solo EE.UU. puede enviar petróleo venezolano y que los pagos por él se realizarán exclusivamente a través de EE.UU. en Qatar.

De hecho, esto no es cierto en absoluto. La nueva legislación petrolera de Venezuela no contiene disposiciones que prohíban las exportaciones de petróleo a China o Rusia ni ninguna disposición para que los pagos se canalicen a través de EE.UU. La nueva ley petrolera es de hecho una legislación que establece una nueva base comercial para la operación del sector petrolero venezolano bajo la misma base de concesiones, licencias y regalías que rige en casi todos los demás productores de petróleo.

El punto clave es que la legislación fue redactada bajo Maduro, con una amplia consulta y debate. Llegó para su primera lectura a la Asamblea literalmente el día después de que Maduro fuera secuestrado. Eso ya estaba programado, no fue un resultado del secuestro. La noción de que Maduro se oponía a la legislación y que Rodríguez tuvo que deshacerse de él para aprobarla es un sinsentido patente.

La legislación no está relacionada con el **secuestro actual por parte de Estados Unidos** de la venta de petróleo venezolano. Esto procede por simple piratería. Trump decretó que solo dos empresas, Vitol y Trafigura, tendrían permitido cargar petróleo venezolano, y que esas empresas pagarían el petróleo a Estados Unidos, a una cuenta especial mantenida en Qatar a nombre de Trump.

Este nuevo esquema se ha impuesto mediante simple piratería. Cualquier petrolero que transporte petróleo no propiedad de Vitol y Trafigura desde Venezuela ha sido ilegalmente incautado en el mar por la Marina de EE.UU., a veces asistida por el gobierno del Reino Unido. Estados Unidos ha estado afirmando que Venezuela acepta este acuerdo. Eso no es cierto. O es cierto en el sentido de que un rehén bajo la amenaza de un arma "acepta" quedarse quieto, en lugar de recibir una bala en el cráneo.

El gobierno venezolano simplemente no tiene capacidad física para impedir que la Marina de EE.UU. incaute petroleros.

Tampoco es cierto que el gobierno venezolano diera a Estados Unidos información sobre petroleros no de Vitol y Trafigura y solicitara su intercepción. Obviamente, Estados Unidos podría obtener la información sobre los petroleros "rebeldes" de Vitol y Trafigura.

Trafigura ha figurado en mis escritos durante décadas como la corporación occidental arquetípicamente corrupta. Su historial de contaminación deliberada y corrupción en África es espantoso, incluidos Angola y Costa de Marfil. Con frecuencia han estado involucrados en esquemas de la CIA para cambio de régimen.

Cómo Vitol y Trafigura llegaron a ser los beneficiarios de un duopolio, y qué sobornos pueden haber implicado, es otra cuestión. De hecho, esta es la única área de presión interna que ha forzado un retroceso de Trump, y el viernes pasado se anunció que el acuerdo se ampliará para incluir a más empresas.

Vale la pena señalar que el sistema no se ha inventado solo para Venezuela. Es casi idéntico al sistema impuesto a Irak después de su destrucción por Estados Unidos y sus aliados, con pagos por el petróleo iraquí hechos a EE.UU. y un porcentaje de ellos devuelto al gobierno iraquí.

La diferencia es que los ingresos iraquíes se pagaban al Tesoro de EE.UU., mientras que los fondos venezolanos van a una cuenta en Qatar bajo el control personal de Trump, fuera del alcance del Congreso. En la lectura más caritativa, le da un fondo secreto masivo para perseguir políticas fuera del marco legal estadounidense. Es como el Iran-Contra a gran escala.

Para reiterar: **ninguno de estos acuerdos de venta ha sido acordado por Rodríguez** y ninguno está contenido en la nueva legislación hidrocarburífera venezolana sobre concesiones y regalías. Hay dos cosas separadas que se están confundiendo ampliamente.

La línea de que Delcy Rodríguez acepta tanto el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia, como el secuestro de las ventas e ingresos del petróleo venezolano, ha sido difundida deliberadamente por EE.UU. y sus acólitos, a pesar de las furiosas negaciones de Delcy Rodríguez.

Si Rodríguez realmente fuera la mujer colocada por Trump, entonces jactarse de ello la socavaría fatalmente dentro de Venezuela y provocaría su caída, lo que obviamente sería totalmente contraproducente si hubiera algo de cierto en la afirmación.

Entonces, ¿por qué se difunde este rumor? Bueno, la razón obvia es precisamente socavar a Rodríguez y desestabilizar al gobierno de Venezuela.

Pero quizás un factor más importante es la **obsesiva necesidad de Trump de reclamar victoria**. Reunió una fuerza militar masiva frente a la costa de Venezuela, y corría el riesgo de ser objeto de burlas como el Gran Duque de York si simplemente la hacía zarpar de nuevo.

La captura de Maduro no ha cambiado nada en términos de política dentro de Venezuela, pero ha proporcionado una operación espectacular para que Trump la reclame como una victoria. En verdad, como demostración de las capacidades de la tecnología militar ofensiva de Estados Unidos, fue técnicamente impresionante.

Para que la remoción de Maduro sea retratada como un triunfo, Trump tiene que afirmar que Rodríguez es firmemente pro-EE.UU., aunque esto claramente no es cierto. Es meramente una parte del desfile triunfal que es un componente esencial tanto del ego de Trump como de su método grandilocuente.

Lo que ahora le suceda a Maduro y a Cilia, en esta lectura, no es realmente relevante. La narrativa completamente falsa del inexistente Cartel de los Soles ya ha sido abandonada como parte de la acusación. En el sistema de "justicia" (mal llamado) de EE.UU., tienen una variedad de acusaciones de testigos de diversas figuras dispuestas a firmar tonterías contra Maduro como parte de un acuerdo de culpabilidad. Estos incluyen testimonios rococó para complacer a Trump, como que Maduro estuvo involucrado en arreglar las elecciones presidenciales de EE.UU. de 2020 en nombre de Biden.

Mi predicción es que Trump "indultará" a Maduro antes de que el proceso se vuelva demasiado ridículo, y presentará eso como otra parte de su triunfo. Pero, ¿quién puede predecir a un loco?

Ese es precisamente el dilema que ahora enfrenta Delcy Rodríguez. Ella está lidiando con dos ecuaciones imponderables.

La primera ya era lo suficientemente difícil. Los historiadores e ideólogos debatirán durante siglos si el chavismo podría haber tenido éxito económicamente con su programa socialista pleno, si el mundo occidental no hubiera decidido destruirlo con sanciones paralizantes.

Lo que creo que está fuera de discusión es que las sanciones fueron tan paralizantes que causaron un considerable sufrimiento público e inflación masiva. Al mismo tiempo, el mero hecho de que Venezuela no sea altamente dictatorial y que tanto Chávez como Maduro permitieran ampliamente el debate, los partidos políticos de oposición y los medios libres, y la operación de ONG financiadas por Occidente, significó que la población venezolana fue continuamente bombardeada con propaganda occidental que culpaba a los problemas causados por las sanciones a la Revolución Bolivariana.

Esto erosionó el apoyo al proyecto socialista, que, aunque aún intacto, se ha desmoronado en los bordes. El gobierno bolivariano se ha visto obligado a intentar mitigar los efectos de las sanciones que robaron el propio capital del gobierno, y a buscar la eliminación de algunas sanciones, mediante la apertura de más espacio para la inversión y operación capitalista en la economía, notablemente pero de ninguna manera solo en el sector petrolero.

En otras palabras, el gobierno se ha visto forzado a ceder terreno a Occidente avanzando centímetro a centímetro en el espectro de socialista a socialdemócrata, mientras intenta mantener las enormes conquistas sociales de la revolución chavista.

Este es un ejercicio en el que Nicolás Maduro mismo estaba plenamente comprometido. Creo que tanto Maduro como Rodríguez tienen la intención de retroceder lentamente con el tiempo desde la socialdemocracia hacia el socialismo, una vez que las presiones hayan disminuido. El suyo es un juego de estrategia, no de táctica.

A este cálculo ya extremadamente sensible se suma el factor extraordinario de **Trump**. Su disposición a simplemente matar a personas inocentes, quebrantar el derecho internacional e imponer su voluntad explotando la enorme ventaja militar de Estados Unidos sobre un país pequeño, cambió todas las reglas del juego.

La presión para hacer cambios más rápido para apaciguar a alguien que está evidentemente mentalmente inestable, la dificultad de entender sus límites y sus verdaderos objetivos, es una experiencia angustiante cuando las vidas y muertes de los venezolanos están en tus manos. La increíble grandilocuencia de Trump, sus afirmaciones descabelladas de que la tierra y el petróleo venezolano son robados a EE.UU., no están contenidas dentro del ámbito de la negociación diplomática normal.

Delcy Rodríguez no está tanto caminando sobre la cuerda floja como navegando por un túnel de Indiana Jones lleno de trampas.

Una cosa que Trump en realidad tiene razón es su afirmación de que **Machado no tiene el apoyo público para gobernar**. Esto me parece indiscutible, y un intento de imponerla resultaría en una guerra civil. Esto, por supuesto, en sí mismo socava la afirmación de que el equipo de Machado ganó masivamente las elecciones de 2024.

Mientras tanto, la vida en Venezuela continúa para la gente común. Tuve el gran placer de asistir a un concierto de la **Orquesta Sinfónica Nacional** el domingo. Fue muy logrado, y el auditorio estaba lleno. El programa era enteramente de compositores venezolanos, y nunca antes había escuchado ninguna de las piezas. El poema sinfónico de apertura de Juan Bautista Plaza podría situarse junto al repertorio europeo sin sonrojar.

No me disculpo por traerles pequeñas porciones de la vida ordinaria, porque la imagen que nos han dado de Venezuela está tan extraña y masivamente distorsionada que requiere múltiples puntos de corrección.

Chávez instituyó un programa de educación musical para niños de clase trabajadora que se convirtió en la envidia del mundo de la música clásica, conocido simplemente como **El Sistema**. Podrían encontrarse ejemplos mucho más desgarradores de las sanciones occidentales, involucrando la provisión médica. Pero como ejemplo de la cruel absurdidad del régimen de sanciones, la orquesta juvenil de Venezuela tiene dificultades para conseguir simples consumibles: cuerdas, lengüetas, púas, debido a las sanciones.

Al traer cuerdas de violín a un niño, estaría cometiendo un delito en los Estados Unidos de América. Que eso sea un testimonio del absurdo de usar sanciones para aplastar el espíritu humano.

Soy muy consciente de que aún no he salido de Caracas y de las limitaciones de mi experiencia hasta ahora. Pero ya me llama la atención la gran ventaja de estar aquí sobre los comentaristas en Occidente a quienes veo a diario, incluso cuando bien intencionados, equivocándose en todo. Los medios de comunicación dominantes, por supuesto, producen una narrativa falsa completamente como cuestión de política. (...)." 

(Craig Murray, exdiplomático inglés, blog, 03/02/26, traducción DeepSeek)