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1.7.26

Cuba se convierte, inevitablemente, en espejo de Gaza. No porque las circunstancias históricas sean idénticas —no lo son—, sino porque ambas revelan la misma verdad desnuda sobre el mundo en que vivimos. Gaza: dos millones y medio de civiles atrapados en una franja de tierra, bajo bloqueo terrestre, aéreo y marítimo dependiendo de importaciones para sobrevivir... Cuba: diez millones de civiles atrapados en una isla, bajo bloqueo marítimo y financiero, dependiendo de importaciones para sobrevivir... Quizás dentro de treinta años la pregunta más importante sea: cómo fue posible que nadie estuviera dispuesto a impedirlo... seguiremos asistiendo, con la misma impotencia de siempre, al lento desmantelamiento de todo aquello que alguna vez creímos que era innegociable... Si Cuba colapsara mañana —y el verbo «colapsar» ya no es una hipótesis académica sino una posibilidad clínica—, su epitafio no hablaría únicamente de una nación caribeña. Hablaría de una época. Diría que aquí yace un país que creyó que la moral podía imponerse al poder, que resistió durante más de seis décadas de asfixia programática, y que terminó descubriendo una verdad tan antigua como incómoda: en la política internacional, la solidaridad suele terminar donde comienzan los costos... Mientras Cuba desmontaba parte de la arquitectura económica construida desde 1959, el mundo siguió adelante. Moscú tenía otras prioridades. Beijing realizaba sus propios cálculos. Bruselas observaba desde la distancia. América Latina emitía declaraciones. Nadie parecía dispuesto a asumir el costo de impedir el deterioro de la isla... Cuba queda sola, y nadie dice nada... Hospitales sin anestesia ni vacunas. Escuelas sin clases. Desnutrición infantil en aumento. Un éxodo migratorio que ha vaciado la isla de un millón y medio de personas en cinco años. Una generación entera que aprende a vivir sin futuro. Todo esto, insisto, no es crisis. Es política, decisión y cálculo... Lo que ocurre en Cuba no es una crisis económica. Es un estrangulamiento deliberado, meticuloso, sostenido durante sesenta y seis años, y agudizado hasta la tortura en los últimos dieciocho meses (Alejandro Marcó del Pont)

"Si Cuba colapsara mañana —y el verbo «colapsar» ya no es una hipótesis académica sino una posibilidad clínica—, su epitafio no hablaría únicamente de una nación caribeña. Hablaría de una época. Diría que aquí yace un país que creyó que la moral podía imponerse al poder, que resistió durante más de seis décadas de asfixia programática, y que terminó descubriendo una verdad tan antigua como incómoda: en la política internacional, la solidaridad suele terminar donde comienzan los costos.  

El 19 de junio de 2026 será recordado como algo más que la fecha en que el gobierno cubano presentó 176 medidas económicas. Será la jornada en que una revolución nacida para desafiar el orden hemisférico admitió, de manera implícita pero inequívoca, que la resistencia ya no era suficiente. La autorización de la banca privada, la apertura ampliada al capital extranjero, la progresiva desaparición de subsidios históricos, la dolarización parcial y la transformación del papel del Estado no fueron simples reformas técnicas. Fueron la expresión de una realidad más profunda. La presión acumulada durante décadas había terminado por modificar aquello que ni invasiones, ni sabotajes, ni aislamiento diplomático habían conseguido transformar. Pero lo verdaderamente revelador no fue la magnitud de las reformas. Fue el silencio que las acompañó.

Mientras Cuba desmontaba parte de la arquitectura económica construida desde 1959, el mundo siguió adelante. Moscú tenía otras prioridades. Beijing realizaba sus propios cálculos. Bruselas observaba desde la distancia. América Latina emitía declaraciones. Nadie parecía dispuesto a asumir el costo de impedir el deterioro de la isla. Y ahí comienza la verdadera historia, la que no se escribe en los tratados ni se negocia en las cumbres. No existe ningún documento firmado sobre Cuba. Ninguna potencia se reunió en un balneario para decidir su destino.

Sin embargo, los hechos sugieren algo igualmente poderoso, una convergencia de intereses. Estados Unidos considera al Caribe una zona estratégica irrenunciable. Rusia tiene prioridades existenciales en Europa. China no está dispuesta a arriesgar su relación económica con Washington por una isla sin peso decisivo en el comercio global. Ninguno necesita acordar nada con los otros. Les basta con llegar a la misma conclusión. Así funciona la Yalta invisible del siglo XXI: no con tinta, sino con silencio; no con firmas, sino con abstenciones; no con acuerdos explícitos, sino con cálculos paralelos que convergen en el mismo resultado. Cuba queda sola, y nadie dice nada.

Esa Yalta sin protocolo es la verdadera arquitectura del poder contemporáneo. Ya no se trata de esferas de influencia delimitadas con mapas y garabatos de estadistas, sino de una geopolítica de la indiferencia calculada, donde cada actor optimiza sus beneficios y externaliza sus costos. El Caribe se convierte, así, en una zona de sacrificio consensuada tácitamente: Washington ejerce la presión, Moscú se retira sin ruido, Pekín no interviene, y Europa observa con la distancia que le permite su dependencia atlántica. No hay traición, porque no hubo promesa; no hay abandono, porque no hubo compromiso formal. Hay, simplemente, una aritmética que ningún principio logra contrarrestar. Y esa aritmética, en política internacional, casi siempre gana.

Pero la Yalta invisible no actúa sola. Requiere de un mecanismo operativo que la haga efectiva, y ese mecanismo es el bloqueo, entendido no como una reliquia de la Guerra Fría sino como una tecnología de poder perfeccionada hasta la brutalidad. Lo que ocurre en Cuba no es una crisis económica. Es un estrangulamiento deliberado, meticuloso, sostenido durante sesenta y seis años, y agudizado hasta la tortura en los últimos dieciocho meses. El bloqueo estadounidense contra Cuba es el más largo de la historia moderna, pero el de 2026 no es el bloqueo de los años sesenta. Ahora es algo cualitativamente distinto, es el bloqueo de las sanciones secundarias, esa arma jurídica que permite a Washington castigar no solo a Cuba, sino a cualquier país, empresa o banco del mundo que comercie con la isla.

La Ley Helms-Burton, promulgada en 1996, y la Orden Ejecutiva 14404, firmada por Trump en mayo de 2026, han convertido al dólar en una trampa. Ningún banco europeo quiere procesar una transacción cubana y arriesgarse a perder su corresponsalía en Nueva York. Ninguna naviera asiática quiere atracar en La Habana y tener sus buques prohibidos en puertos estadounidenses por ciento ochenta días. Ninguna multinacional quiere invertir en la isla y enfrentarse a demandas bajo el Título III de la Helms-Burton. El resultado es lo que los especialistas llaman sobrecumplimiento. El miedo a la sanción es tan grande que la sanción ni siquiera necesita aplicarse. Las empresas se autocensuran. Los bancos cierran cuentas preventivamente. Los inversores ni siquiera llaman. Es el capitalismo de la vigilancia llevado a su expresión más abstracta: Cuba está vigilada, aislada, asfixiada, sin que nadie tenga que mover un dedo. La máquina funciona sola.

Y las consecuencias son las que cualquiera puede imaginar pero que pocos en el hemisferio norte se toman la molestia de mirar. Apagones de treinta horas. Hospitales sin anestesia ni vacunas. Escuelas sin clases. Desnutrición infantil en aumento. Un éxodo migratorio que ha vaciado la isla de un millón y medio de personas en cinco años. Una generación entera que aprende a vivir sin futuro. Todo esto, insisto, no es crisis. Es política, decisión y cálculo.

Un cómputo, por cierto, cuyo nombre y apellido tienen residencia en Miami. Marco Rubio no quiere reformas en Cuba. Quiere un final, y el gobierno cubano, sin saberlo quizás, le ha brindado el primer acto. El secretario de Estado cubanoamericano, hijo de exiliados y arquitecto de la presión máxima, ha construido toda su carrera política sobre una promesa de regresar a una Cuba libre. Las 176 medidas no le parecen una apertura. La línea dura de Florida no las ve como una concesión, sino como el anuncio para las elecciones de medio término. Y aquí es donde la historia se vuelve verdaderamente siniestra, porque no hay negociación posible. No la ha habido nunca, y no la habrá ahora.

Llegamos así al punto más amargo, al que ningún diplomático cubano quiere escuchar pero que debe decirse con toda claridad. Las 176 medidas son, en sí mismas, todo lo que Washington podía pedir. Son la rendición económica del castrismo. Son el fin del modelo que rigió la isla durante seis décadas. ¿Y qué ha obtenido Cuba a cambio? Nada. Ni una palabra de alivio. Ni un gesto de apertura. Ni siquiera el reconocimiento de que ha dado un paso. Washington no busca un acuerdo. Busca una capitulación total, y una vez obtenida, buscará la siguiente concesión, y la siguiente, y la siguiente, hasta que no quede nada que pedir.

Esta es la esencia de la lógica del depredador, ese concepto que Zbigniew Brzezinski formuló con precisión quirúrgica: cortar las concesiones en rebanadas tan finas que la víctima nunca perciba el momento en que debe decir «basta«. El depredador no devora de una vez; desgasta. No exige la rendición inmediata; administra un despojo gradual. No impone la derrota; la diluye en una cadena interminable de pequeños pasos hacia atrás, cada uno de los cuales parece razonable, inevitable, incluso necesario. Y cuando la víctima mira hacia atrás, ya no hay territorio que recuperar, solo una larga estela de concesiones que nunca fueron suficientes.

Esa lógica se despliega con implacable coherencia en el tablero global. Para cada actor, ayudar a Cuba tiene un costo y un beneficio. Y en todos los casos, sin excepción, el costo supera al beneficio. Para Rusia, el costo de enviar petróleo a Cuba es una nueva ronda de sanciones, un desvío de recursos de Ucrania, un enfrentamiento directo con Estados Unidos a noventa millas de Florida; el beneficio es mantener un aliado menor, una base simbólica, un gesto ideológico.

Para China, el costo es arriesgar el comercio con Estados Unidos, provocar sanciones secundarias, abrir un frente innecesario en el hemisferio occidental; el beneficio es influencia caribeña, prestigio en el Sur Global. Para México, el costo es perder el mercado estadounidense, que absorbe el ochenta por ciento de sus exportaciones y sostiene millones de empleos; el beneficio es mantener un principio —la no intervención, la solidaridad— que no da de comer a nadie. Para Brasil, el costo es una crisis diplomática con Washington, sanciones a sus multinacionales, pérdida de inversión extranjera; el beneficio es un liderazgo regional que ya no ejerce. Para Europa, el costo es romper con la OTAN, con el eje transatlántico, con la alianza que la protege desde 1949; el beneficio es comerciar con una isla de diez millones de habitantes sin recursos estratégicos. En todos los casos, la aritmética apunta al mismo resultado: dejar caer a Cuba.

Pero hay un segundo mecanismo que refuerza esta inercia, y es quizás el más perturbador porque toca la fibra misma de la conciencia moral, la empatía selectiva. Cuba se convierte, inevitablemente, en espejo de Gaza. No porque las circunstancias históricas sean idénticas —no lo son—, sino porque ambas revelan la misma verdad desnuda sobre el mundo en que vivimos. Gaza: dos millones y medio de civiles atrapados en una franja de tierra, bajo bloqueo terrestre, aéreo y marítimo, dependiendo de importaciones para sobrevivir, con aliados regionales que declaman, pero no actúan, con potencias globales que miran para otro lado o protegen al verdugo.

Cuba: diez millones de civiles atrapados en una isla, bajo bloqueo marítimo y financiero, dependiendo de importaciones para sobrevivir. La diferencia, y aquí está la clave, es la visibilidad. Gaza tiene imágenes. Edificios que caen. Niños bajo los escombros. Hospitales bombardeados en tiempo real. Las redes sociales transmiten el horror segundo a segundo, y la empatía —esa emoción frágil y selectiva— se moviliza un poco. Cuba no tiene imágenes. Tiene apagones. Tiene filas. Tiene ancianos que se desmayan esperando un medicamento. Tiene médicos que se van porque no pueden alimentar a sus hijos. Nada de eso es televisivo. Nada de eso genera tendencia en las redes. Nada de eso mueve la aguja de la conciencia global. Esta es la teoría de la empatía selectiva: el mundo solo siente cuando el costo de sentir es bajo, cuando el horror es visible, cuando la empatía no amenaza intereses.

El sufrimiento silencioso, el que ocurre en la penumbra de los apagones y en la rutina de las colas, no tiene audiencia. Y sin audiencia, no hay presión; sin presión, no hay cambio; sin cambio, solo queda la aceptación resignada de que algunos pueblos están destinados a desaparecer lentamente del mapa de la preocupación humana.

Esta selectividad no es un defecto psicológico, sino un rasgo estructural de nuestro sistema de información y de poder. Los medios globales operan con una lógica de espectacularidad: lo que no se ve, no existe; lo que existe, pero no es novedoso, se ignora; lo que se ignora, se abandona. Cuba lleva sesenta y seis años bajo bloqueo; su agonía es crónica, no aguda; no hay un momento único que concentre la atención, sino una larga disolución que se vuelve ruido de fondo. Y el ruido de fondo, por definición, no moviliza.

Por eso, cuando el IX Encuentro Continental y Caribeño de Solidaridad con Cuba reunió en octubre de 2025 a 556 delegados de 35 países en México, el resultado fue una vez más declaraciones y compromisos de organizar más encuentros, pero sin fondos concretos, sin ayuda material significativa, sin compromisos de gobiernos para proveer petróleo o financiamiento. La solidaridad se expresó en el lenguaje de la retórica, porque la retórica no tiene costo; el petróleo, los medicamentos y los dólares sí.

América Latina, por su parte, carga con una vergüenza que ningún discurso podrá lavar. Porque aquí no hablamos de realpolitik lejana. Hablamos de vecinos. De hermanos. De una tradición de solidaridad que se remonta a Bolívar y Martí, a décadas de proclamas contra el imperialismo y de himnos en plazas llenas. Y, sin embargo, cuando Cuba más lo necesitó, América Latina miró hacia otro lado. México, primero. Claudia Sheinbaum, hija de la izquierda, nieta del exilio español, ella misma científica y mujer de Estado, llegó al poder prometiendo soberanía. Sheinbaum detuvo los envíos de petróleo. Lo anunció con eufemismos —revisión de procedimientos, ajustes logísticos—, pero la traducción era clara: no podemos.

Brasil, después. Lula da Silva, el obrero que llegó dos veces a la presidencia, el símbolo de la izquierda continental, el hombre que prometió un siglo suramericano, se limitó a condenar verbalmente el bloqueo. Emitió declaraciones. Firmó comunicados conjuntos con España y México. Expresó profunda preocupación. Nada más. Brasil tiene una economía que no termina de arrancar, una dependencia creciente de los mercados occidentales, y una clase empresarial que no perdonaría un enfrentamiento con Estados Unidos. Lula eligió la retórica. Porque la retórica es gratis, y el petróleo cuesta.

Y Venezuela, por supuesto, ya no existe como actor. Desde la intervención estadounidense de enero de 2026, aquella operación que sacó a Maduro del poder y reconfiguró el Caribe en una semana, Caracas es un fantasma. El país que durante dos décadas fue el pulmón de Cuba, el que enviaba cien mil barriles diarios a cambio de médicos, el que sostenía el ALBA y Petrocaribe, ese país ya no existe. O existe como satélite de Washington, y por lo tanto como instrumento del asfixia. Lo que queda de América Latina es, entonces, un continente paralizado. Instituciones regionales que son papel mojado: la OEA es un instrumento estadounidense, la CELAC es un club de declaraciones, la UNASUR es un cadáver. Presidentes que hablan de integración, pero actúan como gerentes de sucursal. Una izquierda que descubrió, con horror, que gobernar es distinto a gritar.

Pero sería injusto, y además inexacto, atribuir todo el desenlace a la cobardía ajena. La política exterior cubana tampoco supo construir redes de contención efectivas ante el bloqueo. Se combinaron dos factores que se retroalimentaron: una inoperancia histórica que no logró crear mecanismos financieros estructurales —fondos de reserva, líneas de crédito internacionales, alianzas bancarias—, y un mecanismo de miedo a sanciones que es más devastador que cualquier prohibición directa, porque hace que el mundo se aleje de Cuba anticipadamente sin que EE. UU. tenga necesidad de sancionar formalmente cada país o banco.

Más de cincuenta bancos internacionales han cortado relaciones con Cuba porque temen sanciones por tener incluso una transacción mínima con la isla; 130 bancos extranjeros se han negado a operar con Cuba: 75 de Europa, 21 de América y 34 del resto del mundo, afectando 267 operaciones concretas. No hace falta que EE. UU. prohíba cada transacción directamente, basta con colocar a Cuba bajo una categoría —la lista de países patrocinadores del terrorismo, activada en 2021— que active temor global, y ese miedo termina funcionando como sanción anticipada.

Las empresas, aseguradoras, compañías comerciales, plataformas financieras y bancos se alejan de operaciones que consideran riesgosas, y la economía cubana queda en condiciones excepcionales con costos mayores, menos intermediarios y menos margen de maniobra. Cuba intentó acercarse a los BRICS como país asociado, ingresando oficialmente el 1 de enero de 2025, pero los países asociados no tienen los mismos derechos ni beneficios que los miembros plenos, y ni China ni Rusia mostraron compromisos masivos. La red de contención nunca se tejió, y cuando se intentó tejer, ya era tarde.

Y Cuba, en medio de todo eso, se queda sola. Con sus diez millones de habitantes. Con sus centrales eléctricas de los años ochenta. Con sus médicos emigrando por miles. Con sus jóvenes que no recuerdan un día sin apagones. Con sus 176 medidas que no le han comprado ni un día más de dignidad, ni un gramo de alivio, ni una palabra de reconocimiento. Porque las concesiones nunca son suficientes. Nunca lo han sido. Y nunca lo serán. El que tiene la fuerza no negocia, anula. El que tiene el poder no dialoga, impone. El que tiene el dólar no comparte, asfixia.

Quizás dentro de treinta años los historiadores no discutan únicamente por qué Cuba terminó donde terminó. Tal vez la pregunta más importante sea otra: cómo fue posible que nadie estuviera dispuesto a impedirlo. La respuesta probablemente no se encuentre en La Habana. Estará en la lógica que domina las relaciones internacionales contemporáneas, una lógica donde los principios sobreviven mientras no exijan sacrificios, donde la empatía depende de la visibilidad del sufrimiento y donde la solidaridad se evalúa con la misma calculadora que las inversiones o las alianzas militares.

Por eso Cuba se ha convertido en algo más que una isla en crisis. Se ha convertido en un espejo. Como Gaza, aunque desde una realidad completamente distinta, obliga a observar la distancia entre los valores proclamados y las decisiones efectivamente tomadas. Ambas revelan que la indignación internacional no depende únicamente de la magnitud del sufrimiento, sino también de su utilidad política, de su visibilidad mediática y del costo que implica actuar.

Esa es la verdadera lógica del depredador. No destruir de una vez, sino avanzar gradualmente. No exigir una rendición inmediata, sino una cadena interminable de concesiones. No imponer la derrota, sino administrarla. Las concesiones nunca son suficientes porque el objetivo no es obtener una concesión. Es transformar la relación de fuerzas. Y esa quizás sea la lección más incómoda que deja Cuba al mundo. No que los débiles estén solos. Sino que, cuando el costo de ayudarlos se vuelve demasiado alto, incluso sus amigos descubren razones para mirar hacia otro lado.

La Yalta invisible no es un complot; es una inercia. La empatía selectiva no es un pecado; es un reflejo. La lógica del depredador no es una maldad; es una estrategia. Y mientras no comprendamos que estas tres fuerzas operan en silencio, sin necesidad de malvados ni de mártires, seguiremos asistiendo, con la misma impotencia de siempre, al lento desmantelamiento de todo aquello que alguna vez creímos que era innegociable." 

(Alejandro Marcó del Pont, blog, 24/06/26) 

23.3.26

Déjame contarte algo sobre Cuba... los logros de Cuba con el socialismo son sumamente impresionantes: Cuba logró alcanzar algunos de los mejores resultados sociales del mundo en desarrollo, rivalizando incluso con países de altos ingresos en el núcleo imperial... alcanzó y superó en esperanza de vida a Estados Unidos en 2003, a pesar de tener un 80% menos de PIB per cápita... Cuba también desarrolló una de las industrias biotecnológicas más avanzadas del mundo, escapando de la dependencia de los monopolios occidentales y proporcionando asistencia vital a otros países del Sur global... Cuba desarrolló un sistema público de alimentación que garantiza el acceso de todos a los nutrientes básicos. Gracias a este sistema, Cuba tiene una de las tasas de mortalidad por desnutrición más bajas del mundo, incluso inferior a la de muchos países de altos ingresos, como Estados Unidos, Dinamarca y Francia... El bloqueo estadounidense se está intensificando, asfixiando al país privándolo de lo esencial, con el fin de destruir su potencial, su dignidad y su soberanía. No lo hacen porque el socialismo haya "fracasado", sino porque ha triunfado, y esa realidad es inaceptable (Jason Hickel)

Jason Hickel @jasonhickel

Déjame contarte algo sobre Cuba. 

Los funcionarios estadounidenses afirman constantemente que "el socialismo en Cuba es un fracaso". Pero, de hecho, los logros de Cuba con el socialismo son sumamente impresionantes: 

En primer lugar, recordemos que Estados Unidos impuso sanciones y un bloqueo a Cuba *inmediatamente* después de la revolución, con el objetivo explícito de destruir la economía, impedir el desarrollo y empobrecer al pueblo. 

Y, sin embargo, Cuba logró alcanzar algunos de los mejores resultados sociales del mundo en desarrollo, rivalizando incluso con países de altos ingresos en el núcleo imperial. 

La presión sobre Cuba se intensificó drásticamente tras la caída de la URSS, que era un socio comercial clave. El bloqueo se endureció y Cuba se vio obligada a afrontar una grave contracción económica conocida como el "período especial". 

Sin embargo, incluso mientras el PIB y el consumo disminuían o se estancaban durante este período, Cuba no solo *aceleró* su progreso en la esperanza de vida, sino que alcanzó y superó a Estados Unidos en 2003, a pesar de tener un 80% menos de PIB per cápita. 

Cuba también utilizó su política industrial para desarrollar una de las industrias biotecnológicas más avanzadas del mundo, escapando de la dependencia de los monopolios occidentales y proporcionando asistencia vital a otros países del Sur global.

¿Cómo? ¡Gracias al socialismo! El socialismo permitió a los cubanos organizar la producción y los recursos en torno a lo que es más importante para las necesidades humanas, en lugar de lo que es más rentable para el capital. Esto los hizo extremadamente eficientes a la hora de convertir los recursos limitados en bienestar humano, a pesar del bloqueo. 

El sistema alimentario cubano es un claro ejemplo de ello. Cuba desarrolló un sistema público de alimentación que garantiza el acceso de todos a los nutrientes básicos. Gracias a este sistema, Cuba tiene una de las tasas de mortalidad por desnutrición más bajas del mundo, incluso inferior a la de muchos países de altos ingresos, como Estados Unidos, Dinamarca y Francia. 

Quien visita Cuba se da cuenta de inmediato de que es completamente diferente a cualquier otro país en desarrollo. No se ven personas sin hogar, hambrientas ni mendigando en las calles. Si bien no hay gente rica, nadie vive en la miseria. La gente tiene dignidad, libertad y soberanía. 

Siempre me pregunto: ¿cómo sería Cuba si no hubiera sido por el bloqueo estadounidense? ¿Qué habría pasado si se le hubiera permitido desarrollarse libremente? No es difícil imaginar los grandes avances que los cubanos podrían haber logrado. 

El bloqueo estadounidense se está intensificando, asfixiando al país privándolo de lo esencial, con el fin de destruir su potencial, su dignidad y su soberanía. No lo hacen porque el socialismo haya "fracasado", sino porque ha triunfado, y esa realidad es inaceptable.

Let me tell you something about Cuba. US officials are constantly saying "socialism in Cuba is a failure". But in fact Cuba's achievements with socialism are extremely impressive: First, remember that the US imposed sanctions and blockade on Cuba *immediately* after the revolution, with the explicit objective of destroying the economy, preventing development, and immiserating the people. And yet Cuba nonetheless managed to achieve some of the very best social outcomes in the developing world, rivalling even high-income countries in the imperial core. The pressure on Cuba intensified dramatically after the fall of the USSR, which was a key trading partner. The blockade bit harder and Cuba was forced into a severe economic contraction known as the "special period". And yet, even while GDP and consumption were declining or stagnating during this period, Cuba not only *accelerated* its progress on life expectancy, it caught up to and surpassed the United States in 2003, despite having 80% less GDP/capita. Cuba also used industrial policy to develop one of the most advanced biotech industries in the world, escaping dependence on Western monopolies, and providing life-saving assistance to other countries in the global South. How? Because of socialism! Socialism enabled Cubans to organize production and resources around what is most important for human needs, rather than what is most profitable to capital. This made them *extremely* efficient at converting limited resources into human well-being, despite the blockade. Cuba's food system is a great example of this. Cuba developed a public food system that guarantees everyone has access to basic nutritional requirements. Thanks to this system, Cuba has one of the lowest death rates due to malnutrition in the world, lower even than in many high-income countries, such as the United States, Denmark and France. Anyone who visits Cuba immediately notices that it is totally unlike any other developing country. You just don't see people homeless and starving and begging on the street. People certainly aren't rich, but nobody lives in misery. People have *dignity*, they have freedom, they have sovereignty. I always find myself thinking, what could Cuba be like if it was not for the US blockade? What if it had been allowed to develop freely? It is not difficult to imagine the heights of human progress the Cubans could have achieved. The US blockade is tightening, strangling the country of basics, in order to destroy that potential. To destroy that dignity and sovereignty. They are doing it not because socialism "failed", but because it has succeeded, and that reality cannot be accepted.)

Última edición11:57 a. m. · 18 mar. 2026·57,9 mil Visualizaciones

1.2.26

Del bloqueo a la asfixia: la guerra de Estados Unidos contra Cuba entra en su fase más brutal... "A medida que el avión se acercaba, el suelo debajo estaba casi completamente a oscuras, salpicado solo por la luz de los microsistemas, que siguen funcionando incluso en momentos de corte de energía"... el estado insular seguía funcionando a duras penas con los suministros de petróleo venezolano, cada vez más restringidos por las sanciones de Estados Unidos, al tiempo que recurría a otras fuentes: México, Rusia, Argelia; las barcazas eléctricas turcas ancladas en La Habana inyectaban un poco más de energía a la red... El objetivo declarado de las sanciones de Estados Unidos a Cuba desde principios de la década de 1960 ha sido deslegitimar al Gobierno infligiendo miseria económica a la población; el hecho de que la esperada revuelta aún no se haya producido dos tercios de siglo después ha suscitado poca reflexión estratégica... Cuba cuenta con cierto suministro interno de crudo y capacidad de refinado, que representa una parte nada desdeñable de lo que consume —el 41 % en 2023, incluso antes del colapso de los suministros venezolanos—; aparentemente suficiente para mantener en funcionamiento las destartaladas centrales termoeléctricas que constituyen la columna vertebral de la red eléctrica cubana... Cuba podría tener cierta capacidad para resistir incluso un embargo total de combustible, pero no obstante será un reto: no hay que restar importancia al hecho de que, en ese mismo año, la mayor parte del suministro de petróleo de Cuba —que representa el 84 % de su consumo total de energía— procedía de Venezuela. ¿Podrían las energías renovables venir al rescate? «Por mucho que quieran, no pueden quitar el sol», dijo un funcionario... China ha estado financiando recientemente proyectos solares en todo el país, y es imaginable que la situación pueda transformarse con relativa rapidez... La cuestión es si el Estado cubano tiene la capacidad de aguantar lo suficiente como para alcanzar un nuevo terreno estratégico... Aunque cualquier enfrentamiento directo sería claramente una lucha entre David y Goliat, un enfoque directo de «botas sobre el terreno» podría resultar costoso e impopular para Estados Unidos. Por lo tanto, el llamamiento de Trump a los cubanos para que vengan «por voluntad propia» y «lleguen a un acuerdo» es probablemente el camino más realista hacia la victoria de Estados Unidos... Pero no hay que subestimar la fuerza del nacionalismo cubano. El Estado-nación aquí es algo prácticamente sui generis: el producto tardío no de iniciativas criollas de la élite, como era habitual en América, sino del vuelco de una lucha de independencia convencional en una guerra social por la liberación de los esclavos... y la consolidación de un tipo de Estado peculiar —internacionalista, social, popular— distinto de los típicos de su región... los gritos de «patria o muerte», a menudo realizados en las altas esferas del Estado, no carecen de bases populares residuales. E incluso en lo más profundo de la desmoralización tras años de crisis y el desvanecimiento de la generación revolucionaria, las amenazas externas pueden soplar oxígeno sobre esas brasas (Rob Lucas)

 "La última vez que visité La Habana, en marzo de 2025, la ciudad se encontraba en medio de lo que entonces era el peor apagón en años. A medida que el avión se acercaba, el suelo debajo estaba casi completamente a oscuras, salpicado solo por la luz de los microsistemas, que siguen funcionando incluso en momentos de corte de energía. Esa noche de sábado, la mayoría de los bares de la ciudad estaban cerrados, salvo aquellos que podían permitirse sus propios generadores. Por casualidad, mi vecino durante la travesía del Atlántico era un ingeniero muy hablador de una delegación de la UE que proponía parques solares descentralizados y baterías que, según él, podrían resolver los problemas crónicos de suministro eléctrico de Cuba durante los próximos treinta años. Pero el progreso era lento, una cuestión de años, en lugar de una solución a corto plazo para la crisis energética, y él culpaba a la burocracia. Mientras tanto, el estado insular seguía funcionando a duras penas con los suministros de petróleo venezolano, cada vez más restringidos por las sanciones de Estados Unidos, al tiempo que recurría a otras fuentes: México, Rusia, Argelia; las barcazas eléctricas turcas ancladas en La Habana inyectaban un poco más de energía a la red. Cuba ha sufrido apagones desde 2024, cuando las importaciones de petróleo venezolano se redujeron drásticamente, un problema agravado por el envejecimiento de la tecnología, en gran parte de la era soviética. La electricidad limitada se raciona mediante cortes programados, mientras que los excesos momentáneos de demanda se gestionan mediante «descargas de carga» y apagones parciales. Ningún lugar se libra por completo de los cortes de electricidad —en algunos momentos se ha caído toda la red—, pero fuera de la capital la situación es mucho peor.

Tras un periodo de relativo optimismo con la apertura de Obama y el inicio de un programa de «reformas» por parte de La Habana, la reescalada del bloqueo bajo Trump y Biden, en un contexto de desastres agravados —la COVID-19 y el colapso del turismo internacional, la inflación mundial, el desorden macroeconómico local, la escasez de productos básicos y la migración masiva de jóvenes—, han dejado al Estado cubano en su momento más débil desde la revolución. Incluso en el «período especial» postsoviético, cuando también sufrió problemas de suministro eléctrico y las restricciones en el abastecimiento de alimentos provocaron brotes de enfermedades hasta entonces desconocidas, la isla logró mantener una población en crecimiento; ahora se enfrenta a un colapso demográfico. Desgracia tras desgracia, en 2025, un resurgimiento internacional de enfermedades transmitidas por mosquitos, el chikunguña y el dengue, azotó un país que sufría escasez de medicamentos, mientras el huracán Melissa dejaba una estela de destrucción en su parte oriental. Mientras tanto, un amenazante despliegue estadounidense —el más grande en la región desde el final de la Guerra Fría— se estaba concentrando en el Caribe, ejecutando sumariamente a los llamados «narcoterroristas» frente a la costa venezolana. Lo absurdo de las afirmaciones de la administración Trump sobre el «Cartel de los Soles», al tiempo que aumentaba la presión sobre Maduro, reforzó la sensación de que los verdaderos objetivos no se decían abiertamente; ¿era Cuba el verdadero objetivo?

Las estrechas relaciones entre los Estados venezolano y cubano comenzaron a formarse a principios de la primera presidencia de Chávez, sobre la base de convicciones políticas compartidas y la amistad entre Chávez y Castro, quienes, según me han dicho, solían llamarse regularmente a altas horas de la madrugada para debatir sobre política mundial y literatura. En 2000, el Convenio Integral de Cooperación entre ambos países estableció acuerdos según los cuales Cuba enviaría personal médico y técnico a cambio de petróleo; el tratamiento por parte de médicos cubanos se convirtió en algo habitual en Venezuela. Un intento de golpe militar en 2002, un referéndum revocatorio en 2004 y un referéndum constitucional perdido en 2007 llevaron sucesivamente a Chávez a pedir el apoyo de Cuba para reforzar su gobierno mediante la reestructuración de los servicios militares y de inteligencia. Este es el origen de la presencia de guardaespaldas cubanos que serían asesinados en el secuestro de Maduro el 3 de enero. En la febril imaginación de la derecha de Miami, estos acuerdos se convirtieron en la base de una tesis según la cual la isla era el verdadero gobernante de un país muchas veces superior en población, superficie y riqueza. El derrocamiento del chavismo por parte de Washington podría así reconceptualizarse implícitamente como un acto de liberación nacional del dominio cubano.

Desde el comienzo de su carrera política, Marco Rubio ha pulido sus credenciales anticomunistas para la escena de Miami, presentando a sus padres como refugiados de la Cuba de Castro, a pesar de que se convirtieron en residentes estadounidenses tres años antes de la revolución. Ya durante la primera Administración Trump —un contexto receptivo a los halcones de América Latina—, desempeñó un papel en la configuración de políticas agresivas hacia Caracas y La Habana. Por lo tanto, se esperaba que su nombramiento como secretario de Estado supusiera una mayor presión sobre ambos. Desde que, tras el 11-S, se empezara a perseguir la financiación de Al Qaeda, Estados Unidos ha perfeccionado sus herramientas de guerra económica, reclutando a los Departamentos del Tesoro y de Comercio para causar estragos en las economías de sus oponentes designados —Corea del Norte, Irán, Rusia, Venezuela— excluyéndolos de los mercados financieros mundiales, de los mecanismos de compensación del dólar, del sistema de pagos SWIFT o, simplemente, haciendo que sea demasiado arriesgado para los bancos tratar con ellos. Los resultados típicos son la inflación, la depreciación de la moneda y la escasez. Estas medidas se han convertido en las armas preferidas en un periodo en el que las intervenciones militares directas han perdido su atractivo, dado el desastre que dejó la invasión de Irak y la humillación de la derrota ante los talibanes.

El objetivo declarado de las sanciones de Estados Unidos a Cuba desde principios de la década de 1960 ha sido deslegitimar al Gobierno infligiendo miseria económica a la población; el hecho de que la esperada revuelta aún no se haya producido dos tercios de siglo después ha suscitado poca reflexión estratégica. Al parecer, este acuerdo ha persistido durante tanto tiempo que la voluminosa literatura reciente sobre sanciones tiene dificultades para encontrar algo que decir al respecto. La política estadounidense hacia Cuba ha sido tan persistentemente punitiva desde la revolución que parece razonable preguntarse si hay algo más que puedan hacer. Sin embargo, las sanciones a Cuba han cambiado durante la nueva era de la guerra económica, comenzando con la focalización en la industria turística en 2003 y continuando con la reimposición por parte de Trump y Biden del Título III de la Ley Helms-Burton, cuyo objetivo es disuadir la inversión extranjera mediante amenazas legales. Con el interés por los «puntos de estrangulamiento» geoeconómicos ganando protagonismo en la política exterior estadounidense —y un «giro hemisférico» en el horizonte—, la dependencia cubana del petróleo venezolano ofrecía un objetivo obvio y la posibilidad de matar dos pájaros de un tiro. Si bien Cuba ha mantenido un grado significativo de apoyo internacional, los remanentes impopulares del chavismo oficial —que reinaban de forma antidemocrática sobre una sociedad sumida en la corrupción y en sus propias crisis económicas recurrentes— eran un objetivo que pocos lamentarían a nivel internacional, excepto Cuba.

A partir de 2017, la primera Administración Trump intensificó las sanciones contra Venezuela. Pero, al igual que con Rusia, la guerra económica aquí no ha sido una simple cuestión de bloqueo a la antigua usanza —independientemente del reciente espectáculo de los petroleros capturados en el mar—, ya que la larga imbricación de los sectores petroleros venezolano y estadounidense persistió de forma reducida incluso bajo Chávez, mientras que Chevron obtuvo una dispensa especial del Departamento del Tesoro para seguir operando en Venezuela a pesar de las sanciones, un acuerdo que finalmente se les ordenó concluir solo en la primavera de 2025. Debido a estas complicaciones, las medidas estadounidenses han amenazado con resultar contraproducentes en algunos momentos: en un cómico paso en falso, el Estado ruso, a través de Rosneft, estuvo a punto de heredar una importante infraestructura petrolera en Estados Unidos tras el naufragio de la empresa venezolana PdVSA, de la que Rosneft poseía una gran parte, lo que llevó a los funcionarios del Tesoro a apresurarse a cerrar la puerta.

Tras una pausa entre 2020 y 2022, las importaciones estadounidenses de crudo venezolano se reanudaron en 2023, mucho antes de la reciente intervención militar, a un ritmo muy superior al de los envíos de Venezuela a Cuba (compárense la figura 2, más abajo, y la figura 1, más arriba). En lugar de centrarse simplemente en la producción, las sanciones se aplicaron, al igual que en el caso de Rusia, al transporte marítimo, creando una distinción que los propios Estados Unidos han vigilado entre petroleros lícitos e ilícitos. No hay duda de en qué lado de esta línea se situaban los envíos a Cuba: parte de la campaña de presión naval sobre Maduro incluyó la incautación en diciembre de un envío con destino a Cuba, en un año en el que los propios Estados Unidos ya habían aceptado una cantidad mucho mayor de crudo venezolano. Los responsables de las sanciones estadounidenses no suelen preocuparse mucho por la coherencia de los discursos legalistas y morales que acompañan a sus actos de guerra económica.

En 2025, México desplazó a Venezuela como principal proveedor de Cuba, probablemente ofreciendo parte del petróleo con descuento o de forma gratuita, aunque a niveles muy inferiores a los que Caracas había estado enviando anteriormente. Ahora incluso esto está en duda, ya que México ha suspendido los envíos, una decisión que Sheinbaum ha calificado de «soberana», aunque la postura amenazante de Estados Unidos hacia México en un momento en que se está revisando el acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá es un contexto relevante. Cuando se publicó este artículo, la Administración Trump acababa de declarar que impondría aranceles a cualquier país que suministrara petróleo, basándose en el argumento claramente ridículo de que Cuba había tomado «medidas extraordinarias que perjudican y amenazan» a Estados Unidos, y que «apoya el terrorismo y desestabiliza la región a través de la migración y la violencia».

El cerco se estrecha, pero Cuba cuenta con cierto suministro interno de crudo y capacidad de refinado, que representa una parte nada desdeñable de lo que consume —el 41 % en 2023, incluso antes del colapso de los suministros venezolanos—; aparentemente suficiente para mantener en funcionamiento las destartaladas centrales termoeléctricas que constituyen la columna vertebral de la red eléctrica cubana. También cuenta con gas natural, que representó el 12,6 % de la generación de electricidad y el 23,6 % de la producción energética nacional en 2023; en conjunto, estos combustibles fósiles por sí solos representan una escasa mayoría de la producción energética procedente de fuentes «soberanas». Por lo tanto, Cuba podría tener cierta capacidad para resistir incluso un embargo total de combustible, pero no obstante será un reto: no hay que restar importancia al hecho de que, en ese mismo año, la mayor parte del suministro de petróleo de Cuba —que representa el 84 % de su consumo total de energía— procedía de Venezuela.

¿Podrían las energías renovables venir al rescate? «Por mucho que quieran, no pueden quitar el sol», dijo un funcionario al que pregunté en 2025. China ha estado financiando recientemente proyectos solares en todo el país, y es imaginable que la situación pueda transformarse con relativa rapidez: en 2023, el total de electricidad generada ascendió a 54 304 MWh al día, de los cuales solo 457,5 MWh, el 0,8 %, procedían de la energía solar, pero la capacidad solar es ahora aparentemente de 3250 MWh al día, lo que supone un aumento del 610 % en solo un par de años. Aunque todavía es una parte bastante pequeña de lo que se necesita (alrededor del 6 % del total de 2023), se prevé que esta cifra se triplique, como mínimo, para 2030, lo que situaría a la energía solar en torno al 18 % del total. La cuota combinada de las energías renovables en la combinación energética ya había aumentado de manera significativa, hasta el 5,2 % en 2021. Aunque todavía no se trata de una revolución energética, hay indicios de que podría producirse una transición relativamente rápida, con la energía solar llenando cada vez más el vacío dejado por las fuentes de energía no soberanas. Es posible que la actual crisis energética represente un momento crucial en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, entre el punto crítico de la dependencia del petróleo venezolano y una alternativa ecológica a este.

La cuestión es si el Estado cubano tiene la capacidad de aguantar lo suficiente como para alcanzar un nuevo terreno estratégico. Además de la ampliamente difundida exigencia de Trump del 11 de enero de que Cuba «llegue a un acuerdo, ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE», y a pesar de mantener su habitual tono amenazante, ha mostrado cierta ambivalencia sobre las perspectivas de Estados Unidos en este sentido, quizá basándose en alguna evaluación de los servicios de inteligencia:

"No creo que se pueda ejercer mucha más presión, salvo entrar y arrasar el lugar. Mire, ellos son… toda su savia, toda su vida era Venezuela. […] Creo que Cuba pende de un hilo. […] Mire, Cuba obtenía todo su dinero por proteger. Eran como protectores. Son gente dura, fuerte. Son gente estupenda. Marco tiene un poco de sangre cubana. […] Creo que Cuba está realmente en serios problemas. Pero, para ser justos, la gente lleva muchos años diciendo eso de Cuba. Cuba lleva 25 años en problemas. Y, como usted sabe, no han caído del todo, pero creo que están muy cerca de hacerlo por voluntad propia."

A pesar de su debilidad, vale la pena recordar algunos detalles sobre Cuba que pueden poner en duda las perspectivas de una victoria fácil de Estados Unidos.

No hace falta decir que, en cualquier enfrentamiento militar directo, Estados Unidos tendría una capacidad destructiva absolutamente abrumadora; podría «reducir el lugar a cenizas» con mucha facilidad. Pero Estados Unidos tiene un historial deficiente en lo que se refiere a ganar incluso guerras pequeñas, algo que puede estar relacionado con su dependencia de la superioridad tecnológica. Es más, su población se sitúa en general bastante a la izquierda del lobby de Miami en lo que respecta a la política hacia Cuba: una clara mayoría apoyó la apertura de la era Obama y el fin de las sanciones. Cuba, por su parte, cuenta con un arsenal pequeño y decrépito, en su mayor parte de la era soviética, con algunos suministros rusos más recientes. Sin embargo, a nivel mundial, su gasto militar es relativamente alto: el 4,2 % del PIB en 2020, según la última estimación publicada por la CIA (aunque cabe señalar que la proporción del PIB puede deberse en parte a la prioridad dada al gasto militar en un contexto de reducción de la producción total). Según el informe de 2025 de Global Firepower, su presupuesto de defensa fue de 4500 millones de dólares, lo que le sitúa en el puesto 54 de 145 países: una cifra bastante considerable para un país pobre con una población inferior a 10 millones de habitantes.

Cuba tiene un historial de superar sus posibilidades: es el único país de su tamaño con un historial de campañas militares extranjeras exitosas, emprendidas por iniciativa propia y por invitación de los movimientos de independencia nacional de Angola, Guinea-Bissau y Mozambique, por no mencionar los sorprendentes logros de sus servicios de inteligencia contra los Estados Unidos. Por supuesto, Cuba se ha estado preparando para una invasión estadounidense más o menos desde la revolución. Sus fuerzas armadas cuentan con unos 50 000 miembros en activo y están estrechamente integradas en el régimen civil del Partido Comunista, mientras que una gran parte de la población está nominalmente disponible para el reclutamiento. Gozan de un alto nivel de legitimidad entre la población cubana, ya que se han mantenido al margen de la represión interna y controlan los sectores más rentables de la economía: turismo, finanzas, construcción, inmobiliaria, etc. Y, salvo la base estadounidense de la bahía de Guantánamo, Cuba tiene la ventaja insular de contar con fronteras naturalmente defendibles.

Aunque cualquier enfrentamiento directo sería claramente una lucha entre David y Goliat, un enfoque directo de «botas sobre el terreno» podría resultar costoso e impopular para Estados Unidos, factores que a menudo son decisivos para ganar una guerra. Por lo tanto, el llamamiento de Trump a los cubanos para que vengan «por voluntad propia» y «lleguen a un acuerdo» es probablemente el camino más realista hacia la victoria de Estados Unidos. Es intrínsecamente más difícil evaluar si parte del ejército, la burocracia o el Gobierno podrían ser receptivos a tales súplicas, como parece haber sido el caso en Venezuela; estas cosas son opacas por naturaleza. El hecho de que las Fuerzas Armadas Revolucionarias controlen partes clave de la economía en un contexto de liberalización parcial y crisis generalizada tal vez conlleve un riesgo de corrupción. La experiencia generalizada de familias divididas entre Cuba y Florida, con la inevitable comparación de riqueza, puede suponer un atractivo subjetivo para personas de todo el Estado cubano y las fuerzas armadas.

Pero no hay que subestimar la fuerza del nacionalismo cubano. El Estado-nación aquí es algo prácticamente sui generis: el producto tardío no de iniciativas criollas de la élite, como era habitual en América, sino del vuelco de una lucha de independencia convencional en una guerra social por la liberación de los esclavos, en un último reducto de la economía de plantación atlántica. Esto dotó al proyecto cubano de un aspecto social mucho antes de Castro, y fue esencialmente esto lo que se reprimió cuando Estados Unidos invadió en 1898 —con el pretexto de apoyar la independencia del pueblo cubano— para reclamar las últimas colonias de España y apoderarse de gran parte de la economía local. Por esta razón, lo que Fernando Martínez Heredia denominó la primera y la segunda «repúblicas» de Cuba resultaron finalmente inestables: bajo el dominio estadounidense, lucharon por establecer un tipo de asentamientos que pudieran resolver las demandas sociales pendientes. Si bien las presiones geopolíticas han empujado durante mucho tiempo a Cuba hacia la condición de protectorado de Estados Unidos, sus fuerzas sociales —plenamente conscientes de ello— han supuesto un importante freno. Así ocurrió incluso bajo el régimen de Batista, un momento simbolizado de forma famosa en El padrino, parte II, cuando la mafia corta un pastel que representa la isla.

Estas tensiones solo pudieron resolverse en última instancia mediante una revolución y la consolidación de un tipo de Estado peculiar —internacionalista, social, popular— distinto de los típicos de su región. La forma de Estado arquetípica aquí es tan extrovertida y socialmente dividida que apenas puede considerarse «nacional»: propensa a los golpes de Estado, con una pequeña élite rica que controla gran parte de la economía y tiende a alinearse con los intereses extractivos extranjeros; plagada de delincuencia y corrupción; solo fugazmente democrática, si es que lo es. Esta es una configuración de la que Cuba salió en gran medida gracias a la revolución, que, a pesar de sus aspectos autoritarios y burocráticos, ha mantenido un aspecto demótico inusual y una capacidad intermitente de participación masiva durante décadas. La identidad cubana es algo complejo, dada su dispersión diaspórica y la contradicción que encarna el estrecho de Florida, pero en la medida en que todavía se identifica con un territorio y una vívida experiencia de trato dominante por parte de su vecino del norte, puede adoptar fácilmente una forma militante. La identificación con la guerrilla mambise, la invocación de la carga con machetes, el ensayo de los gritos de «patria o muerte», a menudo realizados en las altas esferas del Estado, no carecen de bases populares residuales. E incluso en lo más profundo de la desmoralización tras años de crisis y el desvanecimiento de la generación revolucionaria, las amenazas externas pueden soplar oxígeno sobre esas brasas.

La famosa afirmación de Charles Tilly de que «la guerra hizo al Estado» tiene cierta plausibilidad en este caso. El gobierno revolucionario tuvo que rehacer los aparatos represivos internos y las fuerzas militares externas prácticamente desde cero, bajo la amenaza inminente de una invasión estadounidense, y pudo hacerlo con una historia nacional convincente: la epopeya de la independencia, desde Martí hasta Castro. Bajo una intensa presión, se crearon estructuras para imponer la disciplina frente a las amenazas conjuntas de la contrarrevolución interna y la intervención externa. No es de extrañar que esto diera lugar a un Estado parcialmente militar-autoritario: vale la pena recordar que Francia y Gran Bretaña formaron Estados de este tipo en sus momentos revolucionarios, por no mencionar, por supuesto, la experiencia más amplia de las revoluciones comunistas del siglo XX. Algunos aspectos del modelo estatal cubano —el monolito, la desconfianza hacia las corrientes críticas, la intolerancia cultural— se importaron posteriormente de una Unión Soviética ya conservadora, pero también se conservó una independencia y una capacidad de actuar de forma diferente que eran artefactos de su propio momento anticolonial; no se puede simplemente injertar otro modelo estatal al por mayor sin bases materiales. De hecho, si ha habido una influencia externa significativa en la formación del Estado cubano, es la presión persistente a la que ha estado sometido por parte de Estados Unidos. Sin duda, esto ha acentuado las tendencias hacia la consolidación autoritaria y ha obstaculizado las perspectivas de una plena participación democrática, mientras que la aceptación de migrantes por parte de Estados Unidos ha tenido el efecto perverso de proporcionar una válvula de escape a los sectores descontentos de la población, al tiempo que debilita demográficamente a Cuba.

En comparación, a pesar de la larga historia de golpes de Estado y corrupción anterior a Chávez, y de una constitución popular y democrática bajo su mandato, el Estado venezolano nunca experimentó el mismo tipo de remodelación revolucionaria. A pesar de que Chávez contó con el apoyo de Cuba para reestructurar parte del ejército y los servicios de inteligencia, las transformaciones chavistas tuvieron un alcance más limitado. Es probable que esto haya creado más oportunidades para que los servicios de inteligencia estadounidenses ganen terreno o encuentren posibles traidores con los que negociar. Es difícil imaginar que esto sea igualmente cierto en el caso de Cuba. Sin duda, los espías han estado estudiando cuidadosamente el terreno para ver dónde podrían hacer su magia, pero los mecanismos creados precisamente para evitarlo pueden seguir teniendo cierta vigencia. El ejemplo reciente de Alejandro Gil Fernández, ministro de Economía hasta su caída en 2024 —condenado por espionaje, corrupción, malversación, soborno, evasión fiscal y blanqueo de capitales— puede ser una señal de ello, aunque la mezcla de acusaciones y la opacidad del proceso sugieren que no hay que tomarse al pie de la letra la versión oficial. Han circulado rumores sobre casos de corrupción de alto nivel y cooptación por parte de servicios de inteligencia extranjeros, pero es difícil saber qué creer. Ahí radica el mayor peligro. Los Estados revolucionarios no permanecen inalterables a lo largo del tiempo, y sus mutaciones suelen estar relacionadas con la pérdida de sus fundadores. Con el paso de la cohorte revolucionaria, Cuba se encuentra en territorio desconocido. ¿Encontrará su antiguo antagonista finalmente colaboradores adecuados, o sus últimas agresiones movilizarán a las nuevas generaciones?" 

(Rob Lucas , New Left Review, 30/01/26, traducción DEEPL)  

17.10.25

Moscú no podría dejar sin respuesta la provocación de desplegar misiles de crucero potencialmente capaces de transportar ojivas nucleares, gestionados necesariamente por personal militar estadounidense... así que deberíamos preguntarnos cuánto ha influido en la decisión de Trump de frenar el suministro de Tomahawks a Kiev, y en la de reunirse con Putin en Budapest, la "variable cubana"... el 8 de diciembre el Consejo de la Federación Rusa ratificó en sesión plenaria el acuerdo intergubernamental de cooperación militar con Cuba... Según el nuevo acuerdo, podrían ser transferidas a Rusia unidades orgánicas del Ejército Cubano, como ocurrió con el ejército de Corea del Norte... El acuerdo ruso-cubano se ratifica mientras las fuerzas estadounidenses operan frente a las costas de Venezuela y el propio Trump no descarta un ataque a la nación aliada de Moscú... El acuerdo permite desplegar prácticamente cualquier sistema ofensivo en el territorio de la isla... Para que nos entendamos, es probable que Putin le haya explicado a Trump que en respuesta a los Tomahawk en Ucrania, Rusia podría desplegar los misiles hipersónicos Kinzhal u Oreschnik en Cuba... sucede que mientras los misiles estadounidenses subsónicos serían interceptados al menos en parte por las defensas aéreas rusas, contra los misiles hipersónicos rusos no existen actualmente defensas eficaces en Estados Unidos y Europa, lo que podría haber contribuido a que Trump reevaluara la cesión de los Tomahawk... En consecuencia, las posibilidades de alcanzar la paz en Ucrania dependerán sobre todo de la disposición de Zelensky y de los europeos a aceptar las bien conocidas condiciones impuestas por Moscú (que está ganando la guerra en los campos de batalla), tendentes a redefinir un marco de seguridad en las fronteras occidentales de Rusia y en las orientales de Europa con el objetivo de concluir definitivamente el conflicto (Gianandrea Gaiani , Analisidifesa)

 "(...) La variable cubana

Si las cosas son realmente así, lo veremos en las próximas horas, pero ciertamente los misiles Tomahawk que Estados Unidos parecía poder ceder a Kiev no impresionaron mucho a los rusos en el plano militar ("reforzaremos las defensas aéreas", había dicho Putin), pero corrían el riesgo de devolver a Rusia y Estados Unidos a un pulso que evocaba la crisis de Cuba y la de los Euromisiles.

Como es fácil intuir, Moscú no podría dejar sin respuesta la provocación de desplegar misiles de crucero potencialmente capaces de transportar ojivas nucleares, gestionados necesariamente por personal militar estadounidense, cerca de la frontera rusa y en una nación externa a la OTAN.

Por eso deberíamos preguntarnos cuánto ha influido, no solo en la aparente decisión de Trump de frenar el suministro de Tomahawks a Kiev, sino en el contexto general que llevó a los dos presidentes a decidir reunirse en un campo amistoso para ambos (Budapest), un elemento completamente externo a la guerra en Ucrania y que podríamos definir como la "variable cubana".

Aunque, como suele ocurrir con las noticias realmente relevantes, nuestros medios y televisión apenas informaron sobre ello, el 8 de diciembre el Consejo de la Federación Rusa ratificó en sesión plenaria el acuerdo intergubernamental de cooperación militar con Cuba, que proporciona plena base jurídica para definir los objetivos, modalidades y ámbitos de la cooperación militar entre ambos países, fortaleciendo aún más los lazos bilaterales en el sector de la defensa.

El acuerdo había sido firmado el 13 de marzo en La Habana y el 19 de marzo en Moscú. En el pasado, expertos y funcionarios rusos habían especulado sobre un posible despliegue de sistemas militares rusos en el área del Caribe, incluyendo Cuba y Venezuela. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Maria Zakharova, reiteró que cualquier decisión al respecto es competencia del Ministerio de Defensa, pero según los servicios de inteligencia militar ucranianos, al menos un millar de voluntarios cubanos estarían luchando actualmente junto a los rusos en Ucrania.

Según el nuevo acuerdo, podrían ser transferidas a Rusia unidades orgánicas del Ejército Cubano, como ocurrió con el ejército de Corea del Norte.

El acuerdo ruso-cubano se ratifica mientras las fuerzas estadounidenses operan frente a las costas de Venezuela y el propio Trump no descarta un ataque a la nación aliada de Moscú, confirmando que autorizó operaciones encubiertas de la CIA en Venezuela, como anticipó el New York Times.

No en vano, Alexander Stepanov, del Instituto de Derecho y Seguridad Nacional de la Academia Presidencial Rusa de Economía Nacional y Administración Pública, declaró a la TASS que la ratificación del acuerdo de cooperación militar ruso-cubano representa "una respuesta simétrica al posible suministro de Tomahawk".

El acuerdo ratificado amplía al máximo nuestra cooperación militar y permite, en el marco de la interacción bilateral y en coordinación con el gobierno de la República de Cuba, desplegar prácticamente cualquier sistema ofensivo en el territorio de la isla.

Para que nos entendamos, es probable que Putin le haya explicado a Trump que en respuesta a los Tomahawk en Ucrania, Rusia podría desplegar los misiles hipersónicos Kinzhal u Oreschnik en Cuba.

A la espera de tener en pocas horas más aclaraciones de la reunión entre Trump y Zelensky, la evaluación de que mientras los misiles estadounidenses subsónicos serían interceptados al menos en parte por las defensas aéreas rusas, contra los misiles hipersónicos rusos no existen actualmente defensas eficaces en Estados Unidos y Europa, podría haber contribuido a que Trump reevaluara la cesión de los Tomahawk.

Así que el contexto que podría haber dado origen a la nueva cumbre ruso-estadounidense podría ser muy diferente al que relata Zelensky, es decir, el miedo ruso a los Tomahawk.

En consecuencia, las posibilidades de alcanzar la paz en Ucrania dependerán sobre todo de la disposición de Zelensky y de los europeos a aceptar las bien conocidas condiciones impuestas por Moscú (que está ganando la guerra en los campos de batalla), tendentes a redefinir un marco de seguridad en las fronteras occidentales de Rusia y en las orientales de Europa con el objetivo de concluir definitivamente el conflicto, no solo de suspenderlo por un tiempo determinado."

 ( , Analisidifesa, 17/10/25, tradcción Quillbot) 

4.2.24

Médicos cubanos acuden en ayuda de la Italia de Meloni... Es la segunda vez en cuatro años que una brigada de médicos cubanos ayuda a Italia a salir de un apuro. Que un país pobre como Cuba envíe médicos a un país rico como Italia es cuando menos curioso. ¿Qué está pasando exactamente? Casi la mitad de las vacantes de médicos de urgencias quedaron sin cubrir... Además de los salarios más bajos, las deficientes infraestructuras, las largas jornadas laborales y la burocracia no solo disuaden a las y los enfermeros italianos, sino que también impiden la entrada de extranjeros en busca de oportunidades en el sector en Italia en 2020. Esta escasez se debe a la emigración masiva de médicos italianos al extranjero... Resulta cuando menos curioso que un país del Sur con un nivel de prosperidad al menos diez veces inferior al de Italia y que además vive bajo el bloqueo más estricto y prolongado de la historia mundial, demuestre ser capaz de intervenir eficazmente en las crisis sanitarias de Italia... Es revelador que un país en el que gobierna la extrema derecha tenga que recurrir a médicos “comunistas” para salir del paso

 "Al principio de la crisis del covid Italia se vio desbordada por el virus. Todo el mundo recuerda las terribles imágenes de hospitales abarrotados con pacientes moribundos. Cuba envió entonces una brigada médica para ayudar a hacer frente a los peores sufrimientos. Una vez controlada la pandemia, las y los médicos y enfermeros cubanos regresaron a casa.

Dos años más tarde otra brigada de personal médico de Cuba se desplazó a Italia, concretamente a Calabria, la zona más meridional de Italia. La brigada sigue activa. Esta vez no se trata de una urgencia, sino de una escasez grave y crónica de médicos italianos en la región. Un ejemplo: casi la mitad de las vacantes de médicos de urgencias quedaron sin cubrir en Italia en 2020.

Esta escasez se debe a la emigración masiva de médicos italianos al extranjero. Entre 2019-2021, 21.000 médicos, en su mayoría jóvenes, y otros 17.000 enfermeros se marcharon a países europeos en su mayoría, pero también a los Estados del Golfo, donde pueden ganar más. Según una encuesta, el 40% del personal médico italiano se plantea marcharse. Los médicos también se están desviando a clínicas privadas italianas que les pagan más.

Además de los salarios más bajos, las deficientes infraestructuras, las largas jornadas laborales y la burocracia no solo disuaden a las y los enfermeros italianos, sino que también impiden la entrada de extranjeros en busca de oportunidades en el sector. Médicos de otros países no quieren trabajar en Italia porque ganan mucho más en países como Francia, Alemania o Bélgica.

Lorenzo Grillo della Berta, responsable de sanidad en Morbegno, al norte de Milán, habla de un hospital con solo 15 camas que cerró por falta de personal. «Es un lugar remoto y no es atractivo. Una vez que cruzas la frontera con Suiza, ganas mucho más», concretamente 3.000 euros al mes frente a 1.500 euros.

Cuba presente

La situación se hizo insostenible en Calabria. Roberto Occhiuto, presidente de este estado meridional, hizo todo lo posible por traer médicos del extranjero, pero fue en vano. «Lo intenté con médicos albaneses. Me dijeron que en Italia pueden ganar entre cinco y seis veces más que en su país, pero que en Alemania pueden ganar mucho más».

La Habana sí respondió positivamente a su petición y se firmó un contrato para 497 médicos, 171 de los cuales ya trabajan actualmente en la región con la idea de quedarse tres años.

En 2025 cuando los cubanos regresen a su país, una cuarta parte de los 102.000 médicos italianos habrá alcanzado la edad de jubilación, según los sindicatos italianos. Así que para entonces el problema seguirá sin resolverse.

Medicina para el pueblo

Resulta cuando menos curioso que un país del Sur con un nivel de prosperidad al menos diez veces inferior al de Italia y que además vive bajo el bloqueo más estricto y prolongado de la historia mundial, demuestre ser capaz de intervenir eficazmente en las crisis sanitarias de Italia, primero durante la pandemia del covid en el norte del país y ahora desde hace más de un año en el Sur.

Tal vez eso diga mucho sobre el modelo socialista de sociedad y sus prioridades. La sanidad es una prioridad absoluta en Cuba. El país invierte el 11,4% de su PIB en el sector, más del doble que la mayoría de los países de América Latina.

Cuba tiene 9 médicos por cada mil habitantes, frente a solo 2,3 en Estados Unidos. Según Unicef, Cuba es el país más seguro de América Latina para que vivan niños y adolescentes. A pesar de la actual escasez de medicamentos y otros problemas económicos, en 2023 la mortalidad infantil fue del 4 por mil. Es la cifra más baja del continente y comparable a la de los países ricos industrializados.

El Banco Mundial lo describe así: «Cuba ha recibido reconocimiento internacional por sus logros en educación y sanidad, con unos resultados en la prestación de servicios sociales que superan a la mayoría de los países del Sur y en algunas áreas igualan los criterios del primer mundo.»

La asistencia sanitaria en Cuba está totalmente en manos del gobierno. La formación de médicos es gratuita para todos y quienes la inician no lo hacen, desde luego, para ganar mucho dinero. A consecuencia de ello Cuba forma a muchos más médicos de los que necesita para su propia población y algunos de ellos están encantados de ser enviados al extranjero.

“Vale, pero millones de veces más la vida un solo ser humano que todas las propiedades del hombre más rico de la tierra». Es una cita de Che Guevara situada a la entrada del Hospital Universitario de La Habana, que sin duda inspira a las y los cubanos que van de misión y salvan vidas en todo el mundo.

¿O medicina por el dinero?

En Cuba los especialistas, médicos generales y demás personal sanitario son asalariados. En otras palabras, son empleados. En Europa, suelen ser «autónomos» y sobre todo los especialistas, apuestan por los mayores ingresos posibles, en un sistema de medicina por prestaciones y salarios honorarios.

Para mantener esos salarios altos, a menudo se crea o se mantiene una escasez artificial. Un exceso de médicos reduciría los ingresos de los médicos y especialistas. Por eso los “sindicatos” de médicos de los países europeos intentan limitar el acceso a los estudios de medicina.

Y luego están los recortes en el sector. En Italia se hacen sentir con mucha fuerza. Durante la pandemia el gobierno prometió invertir más en sanidad pública, pero solo fueron promesas. El gobierno de extrema derecha de Meloni está recortando el gasto sanitario. En 2023 el gasto era del 6,6% del PIB, en 2025 será solo del 6,2%, en un momento en que la población envejece y, por tanto, aumentan las necesidades.

Mientras que los especialistas ganan bastante menos que en los países vecinos, los salarios de los demás médicos y trabajadores sanitarios de los hospitales públicos son escandalosamente bajos. No es de extrañar, pues, que haya una aguda escasez de personal médico y que los trabajadores sanitarios se declararan en huelga a principios de diciembre. Se calcula que el 85% del personal sanitario ha dejado de trabajar.

Es revelador que un país en el que gobierna la extrema derecha tenga que recurrir a médicos “comunistas” para salir del paso."                  

( Marc Vandepitte, Toon Danhieux , Rebelión, 29/01/2024, fuente: de wereld morgen)

20.1.21

Cuba prepara la primera vacuna pública contra la COVID-19... Cuba tiene la capacidad tecnológica y productiva para suministrar vacunas para todo el país y es muy probable que ayude a países del sur global

 "Cuba es el único país del mundo que contará con una vacuna propia elaborada con recursos y financiación estatales al 100% y con la finalidad de ser autosuficientes en inmunizar a su población, hito previsto para el primer semestre de 2021.

Este viernes se firmó la cooperación entre el iraní Instituto Pasteur y el Instituto Finlay, de Cuba para realizar en Irán la fase 3 del ensayo clínico de la vacuna más avanzada de las que prepara el país; la Soberana 2. 

Los investigadores de la isla caribeña preparan cuatro candidatas a vacuna para la Covid-19. Dos de ellas, Soberana 1 y Soberana 2, desarrolladas por investigadores del Instituto Finlay, en su mayoría mujeres y en colaboración con otros centros, entrarán en fase 3 en las próximas semanas. Esto se debe a los buenos resultados obtenidos en las fases 1 y 2, según el doctor Chiodo, único investigador no cubano que ha participado en su desarrollo. 

El inmunólogo italiano Fabrizio Chiodo, es profesor de Química en la Universidad de La Habana. Después de doce años en el extranjero, entre un doctorado en Donostia y una beca postdoctoral en dos hospitales holandeses, ha vuelto Italia donde ha conseguido una plaza fija como investigador en el Consejo Nacional de Investigación italiano (CNR) en octubre de 2020. Su trayectoria profesional está ligada a Cuba desde el 2014 cuando empezó a colaborar con el Instituto Finlay de Vacunas al conocer a su director, el Dr. Vicente Vérez Bencomo.

Su especialidad es la interacción entre los patógenos y el sistema inmunológico. “En mi campo de investigación, los carbohidratos, los cubanos son las estrellas. Lo conocí en conferencias internacionales donde Vicente era el invitado número uno y empezamos a colaborar”. Chiodo ha participado en el diseño de las vacunas Soberana 1 y 2.

¿Cómo funcionan?

Son vacunas de subunidades basadas en proteínas. Estas vacunas se encuentran a medio camino entre las genéticas y las de virus inactivado. Las genéticas, como las de Pfizer y Moderna, se basan en la nueva tecnología del ARN mensajero, es decir, inyectan el material genético que da las instrucciones a las células para crear las proteínas del virus que despertarán la inmunidad. El otro extremo es el de las vacunas clásicas, que inyectan el virus inactivado o atenuado para despertar la acción de nuestro sistema inmunitario.

Las vacunas de subunidades, en cambio, inyectan una proteína del virus. Es el caso tanto de Soberana 1 y Soberana 2 como de otras que están en fase 3 como la estadounidense Novavax y la del centro ruso Vector Institute. Actualmente de las 63 vacunas que se encuentran en ensayos clínicos en humanos, las basadas en proteínas son el 30%.(...)

 Además, el país cuenta con otras dos vacunas candidatas contra la COVID-19, elaboradas en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba: Abdala y Mambisa. Esta última se aplicará de forma nasal y ambas se encuentran en fase 1 de los ensayos clínicos. 

¿Cuándo estarán disponibles?

El 28 de diciembre, el Gobierno de Cuba emitió un comunicado en el que se anuncian los estados de los ensayos clínicos. “Ambas han demostrado confianza en cuanto a seguridad y respuesta inmune. Soberana 02 en específico, por sus características, ha mostrado una respuesta inmune temprana (a los 14 días), lo que permite pasar a fase 2 de ensayo clínico de forma más rápida”. El viernes se anunció una alianza con Irán, que hará que a las 150.000 personas que participarán en La Habana, se sumen ciudadanos iranís, debido a la baja prevalencia de la COVID-19 en la población cubana.  (...)

Cuba tiene la capacidad tecnológica y productiva para suministrar vacunas para todo el país y es muy probable que ayude a países del sur global por lo que la producción también se podría extender a otros lugares. Se trata de las únicas vacunas de América Latina y las únicas totalmente públicas del mundo. Esto es en parte lo que hizo que Fabrizio Chiodo se interesase por trabajar con Cuba. 

 Además el inmunólogo destaca la fuerza de la estructura biotecnológica de la isla por el uso en esta pandemia de fármacos de investigación y fabricación propia “en personas sanas han utilizado moléculas para aumentar la inmunidad natural y en enfermos han administrado interferón, péptidos inmunomoduladores y anticuerpos monoclonales contra el receptor de la interleuquina 6, que Cuba lo tiene y lo produce para otras enfermedades”. 

Todo esto a pesar del bloqueo

El bloqueo contra Cuba impuesto por Estados Unidos dificulta la vida de los cubanos desde 1962. Se trata de un embargo económico, comercial y financiero que asfixia económicamente a la nación caribeña y es el principal obstáculo para el desarrollo del país según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

Cada año desde 1992 la Asamblea General de las Naciones Unidas rechaza simbólicamente de manera casi unánime el embargo, con los únicos votos en contra del mismo Estados Unidos y de Israel, a los que en la última votación en 2019 se le sumó el voto de Brasil. (...)"               (Ana Iglesias Mialaret, UPF, 09/01/21)

3.12.20

Una señal de esperanza para los países empobrecidos... la vacuna cubana contra el covid-19

 "Justo algunos días antes que se restablecieran los vuelos comerciales con Cuba, a mediados de noviembre, el doctor y profesor suizo Franco Cavalli, viajó al país caribeño. Fue uno de los primeros científicos europeos en poder visitarlo luego del estricto confinamiento. (...)

Uno de los objetivos de su viaje fue el de informarse sobre el avance de la vacuna. Soberana 1 ha concluido la primera fase. Se experimentó en dos grupos etarios, uno de mayores de 60 años y otro de más jóvenes. La fase 2, en la cual se mide la eficacia especialmente a nivel de respuesta celular y de anticuerpos, está en marcha. Esperan comenzar con la fase 3 hacia fin de año. Calculan tenerla lista a fines de marzo y proyectan aplicarla hacia mitad del 2021. Existe un segundo proyecto, la vacuna Soberana 2, que también está en proceso.

“Cuba ha invertido desde hace muchos años en la investigación biomédica.  Sus investigadores tienen una enorme experiencia en este rubro. Por ejemplo, lograron la primera vacuna en el mundo contra el meningococo”, explica el profesor suizo. El Instituto Finlay, con el cual mantuvo estrechos contactos durante su reciente estadía, es uno de los 32 centros que hacen parte del polo científico de La Habana (BioCubaFarma), que ocupa, en total, cerca de 20 mil personas.

Una de las características de los entes especializados en Cuba es haber desarrollado en un mismo espacio la investigación y la producción industrial. Las exportaciones biotecnológicas significan una fuente importante de recursos para el país, recuerda. Un ejemplo: una gran parte del mercado latinoamericano de la eritropoyetina (EPO), esencial para el tratamiento crónico de anemias, disfuncionamiento renal y tratamientos posteriores a ciclos de quimioterapias, es asegurado por un producto cubano.  

“No estoy seguro, en este caso específico de la vacuna contra el SARS-CoV-2, si la capacidad productiva de Cuba puede ser suficiente en caso que llegara a imponerse en una parte del mercado mundial. Sin embargo, como BioCubaFarma cuenta con tres filiales en China, mi impresión es que una parte de la producción, dado el caso, podría venir desde allí”, reflexiona Cavalli.

El médico suizo recuerda haber escuchado en La Habana una frase conclusiva que lo marcó significativamente: “No seremos los primeros en tener una vacuna, pero aspiramos en ser el primer país que asegure la vacunación de toda su población”. Desafío que, dado los avances en la investigación, podría ser una realidad a mediano plazo.

La vacuna cubana, agrega el científico helvético, puede llegar a trascender fronteras. Hablando con varios responsables de la OMS /OPS (Organización Panamericana de la Salud) en la capital cubana, “llego a la conclusión que existe la esperanza que la misma podría ser distribuida en países de bajos recursos a precios asequibles. Adaptada para altas temperaturas – a diferencias de otras en experimentación-, sin exigencia de sofisticadas cadenas de frío, podría constituir una real alternativa a la de los grandes laboratorios farmacológicos”. (...)

Y esas nuevas reglas exigen horizontalidad Norte-Sur-Norte. De allí la esperanza del presidente de mediCuba Europa: ante el impacto devastador de la pandemia, en el futuro, una vacuna descubierta y producida en el Caribe, podría constituir una bocanada de esperanza para los relegados de la gran industria farmacéutica multinacional."                      (Sergio Ferrari, Rebelión, 02/12/20)

12.9.17

¿Por qué en Cuba no hay muertes cuando es arrasada por un huracán? Cuando un ciclón amenaza la isla, se activa la defensa civil, integrada por vecinos

"Tras el paso del huracán Matthew en 2016 por el Caribe quedó patente la efectividad de la Defensa Civil Cubana. Mientras en las demás islas los muertos se contaron por cientos y en Estados Unidos produjo una veintena de fallecidos, en Cuba las medidas de prevención permitieron pasar el ciclón sin una sola víctima mortal

Más recientemente, con Irma, que ha causado unos 30 muertos tras su paso devastador por el Caribe y al menos tres en Florida, tampoco hay que lamentar ni fallecidos ni heridos en la isla a pesar de los grandes destrozos e inundaciones, con calles de La Habana anegadas.

La Defensa Civil es una estructura gigantesca que va desde la dirección nacional hasta cada municipio, a pesar de lo cual solo se percibe durante el enfrentamiento a catástrofes y la más común de ellas son los ciclones. Solo en este siglo en Cuba han impactado más de 15 huracanes, produciendo 40 muertos, 20.000 millones de euros en perdidas materiales y dañando 1,5 millones de viviendas, a la espera de la evaluación que se haga del paso de Irma.

Apenas la trayectoria de un ciclón amenaza Cuba, se activa la defensa civil, los jefes nacionales, provinciales, municipales y zonales desempolvan sus uniformes verdeolivo y se ponen al frente de sus vecinos. El Jefe de la DC es el General Ramón Pardo pero el 90% de los miembros son civiles que durante el resto de año trabajan en sus profesiones y oficios. Sin embargo, ellos adquieren un poder enorme apenas un huracán apunta a Cuba.

La primera fase es la informativa, en ese momento todos los medios dedican largos espacios a informar detalladamente a la población sobre la dirección y características del huracán. En el momento en que ya se sabe con certeza que impactará se pasa a la fase de alerta, en la que comienzan los preparativos en los territorios que se verán afectados. Cuando ya es inminente el choque se entra en fase de alarma.

Durante la Alerta Ciclónica se inicia la evacuación de quienes viven en la región afectada en viviendas poco seguras. Durante el huracán Matthew la cifra superó las 600.000 personas pero en ocasiones anteriores ha llegado al millón. Con Irma, ha superado el millón y medio. Puede parecer un esfuerzo fabuloso y lo es, aunque una buena parte de los evacuados solo caminan unos pasos y son recibidos por los vecinos que cuentan con casa más seguras. 

La solidaridad es clave en la protección ciudadana pero no se deja al azar, cada familia sabe de antemano a que casa dirigirse. Estas viviendas se convierten en improvisados campamentos, con colchones en el suelo y la mesa del comedor llena de electrodomésticos que las familias acogidas traen consigo. Para los niños es casi una fiesta y a veces también para los adultos que pasan las horas jugando dominó a la luz de las velas.

Quienes no tienen espacio en casa particulares son instalados en cualquier institución que pueda soportar los vientos, cines, escuelas, casa de la cultura e incluso en el Capitolio de La Habana. Al llegar las familias encuentran colchones, agua, alimentos, atención médica y todo lo necesario para poder sobrevivir un par de días. Nunca los cubanos se organizan tan bien como cuando un ciclón apunta a la isla.

Los jefes de la Defensa Civil de cada zona disponen de todo lo que hay en su territorio, pueden utilizar los buses, camiones y maquinas herramientas de cualquier empresa. Esto les permite realizar evacuaciones de forma colectiva, evitando así las salidas en vehículos individuales y los atascamientos de tránsito, como los ocurridos en Nueva Orleans durante el huracán Katrine. 

Antes de la llegada de Matthew a Cuba, ya se habían preparado para la fase recuperativa, colocando alimentos, techos y postes eléctricos en las zonas que se suponía serían afectadas. Las brigadas la compañía eléctrica y de constructores fueron trasladadas a las provincias centrales para que estuvieran cerca y llegaran más rápido.

Por otra parte la ciudadanía tiene ya una cultura de ciclones, todos los cubanos siguen atentamente los partes informativos y se evacúan de forma voluntaria. Son muy pocos los que se niegan a trasladarse a lugares seguros, en esos casos los miembros de la Defensa Civil terminan imponiendo su autoridad. Nadie puede quedar en zonas o viviendas peligrosas. Tal vez lesionen los derechos individuales de algunos, paradójicamente de los mismos a los que les salva la vida.

El secreto del éxito de la Defensa Civil Cubana radica en no pensar en los costos de parar empresas, trasladar cientos de miles de personas, de la alimentación de los albergados y paralizar económicamente el país cuando es imprescindible. El éxito radica en priorizar por encima de todo la salvaguarda de la vida humana."                          (Público, 10/10/17)

13.12.16

Nelson Mandela, cuando viajó a Cuba: “¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?”

"Voice of America: Salim Lamrani, ¿por qué semejante implicación de Cuba en África? ¿Acaso los cubanos buscaban explotar los recursos naturales del continente? 

(...) es un internacionalista que siempre extendió una mano fraterna a los pueblos del Sur y particularmente a los pueblos que luchaban por su emancipación. Ello explica la intervención de Cuba en África. 

Cuba desempeñó un papel fundamental en la liberación del África austral. Conviene recordar lo que dijo Nelson Mandela cuando viajó a Cuba: “¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?”. Creo que esta cita de Nelson Mandela responde de alguna forma a su pregunta. 

Contrariamente a las demás naciones que intervinieron en África para saquear las riquezas del continente, el único país que intervino para defender el derecho de los africanos a la autodeterminación, a la dignidad y a la libertad, es la nación cubana, es el pueblo cubano y es Fidel Castro. 

Creo que ello explica la popularidad de este personaje no sólo en África, sino también en América Latina y en Asia. Fidel Castro es visto como el arquetipo del combatiente contra la opresión.  (...)

VOA: Sí, pero es un personaje controvertido, Salim Lamrani –disculpe que lo interrumpa– porque en Occidente muchos se muestran indignados por la lluvia de elogios tras la muerte de Fidel Castro. Para ellos era uno de los últimos dictadores comunistas del planeta que se aferró al poder durante cerca de cincuenta años, un hombre que hizo reinar el terror en su isla y que es acusado de haber sometido a los 11 millones de cubanos a la pobreza colectiva.   

(...) La diplomacia estadounidense instalada en Cuba ha mostrado mucha lucidez al respecto. Me refiero a un memorándum de 2009 que redactó Jonathan Farrar, entonces Jefe de la Sección de Intereses Norteamericanos en La Habana, en el cual dice que “ sería un error subestimar el apoyo del cual dispone el Gobierno, particularmente entre las comunidades populares y los estudiantes”. Creo que conviene recordar esta realidad. 

En cuanto a la pobreza –usted habló de pobreza– las instituciones internacionales contradicen su punto de vista. Según la UNICEF, el único país de América Latina y del Tercer Mundo en erradicar la desnutrición infantil es Cuba. 

VOA: Recordamos el apretón de manos histórico entre los presidentes Barack Obama y Raúl Castro en diciembre de 2013. Era en Soweto durante la ceremonia de homenaje a Nelson Mandela; una señal de que se escribía otra página. En efecto, un año más tarde, se anunció el acercamiento. Según usted ¿acaso la muerte de Fidel Castro acercará aún más a Cuba y Estados Unidos?
 
SL: En definitiva todo depende de Estados Unidos porque conviene recordar que el conflicto entre Washington y La Habana es asimétrico. Por una parte hay una potencia, Estados Unidos, que impone sanciones a Cuba.

 La agresión y la hostilidad son unilaterales. Es Estados Unidos el que ocupa de modo ilegal e ilegítimo una parte del territorio soberano de Cuba (Guantánamo). Es Estados Unidos el que exige un cambio de régimen. 

Creo que el Presidente Barack Obama hizo una constatación muy lúcida cuando aceptó dialogar con La Habana. Se dio cuenta de que la política de hostilidad era anacrónica pues se remonta a la Guerra Fría. Es cruel, ya que las sanciones económicas afectan a las categorías más vulnerables de la población.

 Además es ineficiente ya que en vez de aislar a Cuba en la escena internacional, ha aislado a Estados Unidos. Incluso los más fieles aliados de Estados Unidos exigen un levantamiento de las sanciones económicas, que constituyen el principal obstáculo al desarrollo del país. 

Entonces creo que habrá que preguntar al próximo presidente de Estados Unidos si desea mantener relaciones cordiales y pacíficas con Cuba o si desea volver a una política de confrontación y hostilidad. 

VOA: Hubo una advertencia de Donald Trump. Amenazó con poner fin al acercamiento histórico con Cuba si La Habana no daba más contrapartidas en términos de derechos humanos y de apertura económica. ¿Cómo va la apertura económica de Cuba?
 
SL: Permítame una palabra sobre la cuestión de los derechos humanos. Creo que el presidente Donald Trump, quien exige cambios a nivel de la situación de los derechos humanos en Cuba debería leer el último informe de Amnistía Internacional sobre Cuba y compararlo con el de Estados Unidos. 

Cuando uno compara los dos informes se da cuenta de que el peor alumno no es quien uno piensa. Donald Trump y Estados Unidos no tienen la legitimidad necesaria para disertar sobre la cuestión de los derechos humanos. (...)

Voice of America, que empezó sus programas en 1942, es un servicio multimedia financiado por el Gobierno de Estados Unidos a través del Broadcasting Board of Governors. VOA difunde alrededor de 1.500 horas de noticias, informaciones, programas culturales y educativos cada semana, para más de 125 millones de auditores, telespectadores y lectores. En esta entrevistacon el académico francés Salim Lamrani, VOA evoca el papel de Cuba en África, el poder de Fidel Castro, la relación con Estados Unidos y la cuestión de los derechos humanos."           (Entrevista a Salim Lamrani, Salim Lamrani. Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Rebelión, 07/12/16)

29.11.16

Después de aguantar cincuenta años Fidel fue el primero en darse cuenta de que lo único que habían hecho en cincuenta años era eso: aguantar. No es poco; y es mucho a 120 millas de Florida y en medio del naufragio del continente

 "(...) Para cualquier americano negro que sepa algo sobre la historia del hemisferio occidental, tanto Cuba como Haití tienen especial significancia. 

Haití, por supuesto, la que expulsó exitosamente a los franceses en 1803 formando la segunda república de las Américas, una república negra. Cuba, por su parte, en 1959 expulsó a los Estados Unidos, a la mafia y a una clase dominante corrupta que había impuesto una opresión racista a la mayoría de los cubanos. 

En los casos de Haití y Cuba, su audacia en las narices de un imperialismo racista incendió la rabia de sus oponentes. ¿Cómo van a osar los cubanos enfrentarse a Estados Unidos? ¿Cómo puede un país de mestizos y negros empeñarse en dirigir su destino? 

Por tanto, Fidel Castro inmediatamente tuvo una especial significancia para innumerables negros estadounidenses. Cuando yo era un jovencito recuerdo a mi padre diciéndome que su cuñado, un profesor de la Universidad Johnson C. Smith, se había sentado a mirar las imágenes en televisión de los exiliados cubanos que llegaban a Estados Unidos luego de las revolución del 59. 

Su comentario a mi padre fue que todos eran cubanos blancos que se bajaban de aviones o botes. No había cubanos ni negros ni morenos. Esto hacía visible la naturaleza de la revolución cubana y de su líder Fidel Castro.(...)

Para muchos de nosotros en la comunidad negra de Estados Unidos, Castro representó la audacia que hemos buscado y deseado frente a la arrogancia racial e imperial. Si bien, es desafortunado que algunos de nosotros se hayan reservado preocupaciones y críticas por el respeto a Castro y a la Revolución Cubana, es comprensible. 

Después de todo, este fue el país que desplegó tropas en Angola y ayudó a aplastar a las tropas del apartheid sudafricano y sus aliados angoleños. Este fue el país que envió doctores a innumerables emergencias, a países que jamás podrían pagar por esa asistencia. 

Este es el país que estudió y que comprendió los huracanes a diferencia de los otros países de esta región de huracanes, tanto que ofreció asistencia a Estados Unidos luego del desastre de Katrina en 2005, una ayuda que la administración Bush rechazaría. "            (Bill Fletcher


"(...) Fidel encabezó una revolución “clásica” del siglo XX y, en las condiciones más adversas, mientras América Latina sucumbía al imperialismo estadounidense y a sus dictaduras ancilares, logró superar invasiones y bloqueos para dejar ahora, 58 años después, una Cuba descascarillada, pero viva, que duda entre el abandono y la revisión de su legado. 

Por el camino han quedado algunas contradicciones económicas y políticas mal resueltas en medio de una historia de dificultades, alivios y tropiezos: el cepo soviético y la crisis de los misiles, el “quinquenio gris” y su represión cultural (1971-1975) , el hundimiento económico del “período especial” (1991-1994), las crisis migratorias, el providencial gobierno de Chávez en Venezuela, la doble moneda, los “lineamientos económicos” que reintrodujeron en 2010 las relaciones de mercado, el retorno de miles de cubanos que habían abandonado el país, las reformas de consecuencias imprevisibles conducidas por la misma clase dirigente que hizo la revolución y a espaldas de esas nuevas generaciones que reclaman protagonismo, el restablecimiento -en fin- de relaciones diplomáticas con EEUU, hito inseparable de muchas promesas y muchas amenazas. 

La gran victoria de Fidel ha sido la supervivencia de Cuba a 58 años de acoso imperialista, una victoria rubricada en la última Asamblea General de las Naciones Unidas, donde por primera vez no hubo un solo voto -ni siquiera el de Washington- a favor del bloqueo. 

Fidel, que sobrevivió a 11 presidentes estadounidenses, ha visto cómo se debilitaba, al mismo tiempo que su salud, la hegemonía mundial del gigante imperialista que ha marcado la vida, en la isla y en Miami, de varias generaciones de cubanos.

El siglo XX acabó ayer y Fidel -junto con Lenin y Churchill– constituye sin duda su figura más señera e influyente. Nunca un país tan pequeño habrá dejado tanta huella en el mundo a través de un solo hombre. Nunca un anciano superviviente en mil refriegas habrá dejado a sus espaldas tanta admiración y tanta nostalgia, como si fuera -en la estela del Che o de Camilo Cienfuegos– un joven héroe precozmente muerto en la batalla. 

El siglo XX de la descolonización, de la dignidad recuperada del llamado Tercer Mundo, de las luchas anti-imperialistas, no puede entenderse sin él. Fidel es para América Latina lo que Mandela para África, lo que Ho Chi Min para Asia, lo que Nasser para el mundo árabe y, si los sobrevivió a todos ellos, su sombra se alarga también más lejos. 

Si miramos hacia atrás desde la exacta y tramposa perspectiva de la hamaca sin tiempo, podemos señalar los errores y las limitaciones, pero nadie con un mínimo de decoro -ese sustantivo tan martiano- podrá negar, repasando algunas acciones decisivas, que esas acciones estuvieron “bien” (como pensó Dios del mundo recién creado) o que, de haber estado vivos y con conciencia en esa época, también nosotros las hubiéramos celebrado, acompañado o apoyado: había que estar en el Moncada, había que estar en Sierra Maestra, había que estar en Playa Girón; y había que estar, luego, en la lucha contra el apartheid en África y en las misiones médicas del Sáhara, de Venezuela o de Pakistán; y había que estar siempre en la resistencia contra el bloqueo y sus crímenes cotidianos; y en la defensa cotidiana de la sanidad y la educación.(...)

La victoria de Fidel, ya imborrable, es la inversión de las proporciones: la hazaña de llegar a ser el más grande representando a los más pequeños, el más duradero representando a los más frágiles. Fidel, sin embargo, también fracasó. 

Su fracaso tiene que ver con la construcción fallida de un “hombre nuevo” que necesitaría dormir y comer tan poco como él, que correría tan deprisa como él y que soportaría, como él, todos los sacrificios. Buena parte del pueblo cubano lo adoraba y lo admiraba -lo adora y lo admira- pero no se parece a él. 

Bajo su mando Cuba construyó, eso sí, una vanguardia admirable de atletas morales -militantes e intelectuales- que, como me decía en una ocasión el gran periodista Enrique Ubieta, habían asumido la tarea “agobiante” de conciliar un “ideal” con la defensa de un Estado “real” siempre en peligro. Esa tensión es admirable, pero imposible en el tiempo, y más en condiciones de subdesarrollo económico y agresión exterior; y de la mano de una burocracia entrometida y “vieja” (en edad y en concepción). 

Fidel fracasó, como no podía ser de otro modo, a la hora de resolver esa paradoja eterna que el helenista marxista Luciano Canfora señalaba en uno de sus libros: “el impulso revolucionario no se transmite, ni por vía genética ni por vía pedagógica. Simplemente se pierde. Ya que la experiencia a lo sumo se puede explicar, pero no transmitir: es individual e irrepetible. 

Cuando obstinadamente se intenta prolongar por vía pedagógica su vitalidad de generación en generación, muy pronto esa pedagogía es percibida como retórica y, por tanto, rechazada”.  (...)

Después de aguantar cincuenta años Fidel fue el primero en darse cuenta de que lo único que habían hecho en cincuenta años era eso: aguantar. No es poco; y es mucho -y hasta una proeza política y moral- a 120 millas de Florida y en medio del naufragio del continente.  (...)"          (Santiago Alba Rico, Cuarto Poder, en Rebelión, 28/11/16)


"(...) El abrazo a Fidel de Mandela, recién liberado de sus 27 años de prisión, simboliza el papel internacional de esta pequeña isla que desde el 59 ha estado presente, material o simbólicamente, en todas las luchas anticoloniales del Tercer Mundo.

No sólo esto: con su ayuda humanitaria y personal sanitario, Cuba ha ejercido su solidaridad en cientos de desastres naturales. Incluso en España, el método de alfabetización cubano “Yo sí puedo” ha combatido el analfabetismo en barrios de Sevilla. Esto, desde una pequeña isla del Caribe sin apenas recursos, no es poco.

Contra todas las dificultades posibles y con el enemigo más poderoso del mundo a 90 millas, encabezó un proyecto colectivo que fue bandera para varias generaciones. Sobrevivió al terrorismo, a la guerra biológica, a numerosos magnicidios y a la caída de la URSS sin perder la atención sanitaria, la educación gratuita a todos los niveles, los derechos de la infancia y la atención a los mayores.

Ha sido probablemente el dirigente contra el que se ha abierto más fuego mediático. Cuando la Revista Forbes le atribuyó una fortuna personal de 900 millones de dólares, Fidel ofreció renunciar a sus cargos si la publicación demostraba personalmente de algún depósito en el extranjero. Forbes reconoció que carecía de pruebas, aunque no quiso desmentirse nunca.  (...)"              (José Sarrión Andaluz. Doctor en Filosofía, responsable federal de formación de Izquierda Unida, Público, 26/11/16)