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19.7.26

Thomas Piketty: Francia va a tomar decisiones políticas decisivas durante el próximo año. Por un lado, una derecha nacionalista en pleno auge propone un referéndums contra los inmigrantes que permitan «devolver la voz al pueblo». Frente a esto, la izquierda, para aclarar sus posiciones y unir sus fuerzas,debe proponer la aprobación, mediante referéndum, de un impuesto de solidaridad nacional que grave a los multimillonarios y a los que poseen patrimonios de cientos de millones... La izquierda también debe devolver la palabra al pueblo, pero situándose en el terreno de la solidaridad y la justicia, y situándo la cuestión democrática en el centro de la campaña presidencial. Y demostrando, de paso, que el discurso antimigrantes del RN no es más que una fachada destinada a desviar la ira social y a defender a los más ricos... Ese impuesto de solidaridad constaría, por un lado, de un impuesto excepcional con un tipo del 50 % sobre los enriquecimientos superiores a 100 millones de euros entre 2017 y 2027; y, por otro lado, un impuesto anual y permanente con un tipo del 5 % sobre los patrimonios superiores a 100 millones y del 10 % a partir de 1 000 millones... Los ingresos se situarían en torno a los 800 000 millones de euros (400 000 millones correspondientes al componente excepcional y 400 000 millones en 10 años para el componente permanente), lo que supone aproximadamente el 30 % del PIB... Para evitar cualquier elusión, el ISN se devengaría en proporción al número de años de residencia en Francia, de modo que el exilio fiscal no supondría un gran coste para el fisco (un contribuyente que se exiliara tras 60 años en Francia seguiría pagando 60/61 del impuesto que deben los residentes el primer año, 60/62 el segundo, etc.)... en Francia se aplicó un impuesto similar en 1945

"Un referéndum para un modelo de desarrollo alternativo

 Francia va a tomar decisiones políticas decisivas durante el próximo año. Por un lado, una derecha nacionalista en pleno auge, cada vez más cercana a los círculos empresariales, y que pretende llegar al poder estigmatizando la inmigración y a los extranjeros. En su arsenal, referéndums contra los inmigrantes que permitan «devolver la voz al pueblo». Frente a esto, la izquierda titubea, vacila, se divide y se enreda. Para aclarar sus posiciones y unir sus fuerzas, la izquierda debe proponer la aprobación, mediante referéndum, de un impuesto de solidaridad nacional que grave a los multimillonarios y a los que poseen patrimonios de cientos de millones. Teniendo en cuenta el estado del debate y la magnitud de lo que está en juego, esta es la mejor manera de zanjar la cuestión. La derecha quiere devolver la palabra al pueblo en materia de identidad e inmigración. La izquierda debe hacer lo mismo, pero situándose en el terreno de la solidaridad y la justicia. Y demostrando, de paso, que el discurso antimigrantes del RN no es más que una fachada destinada a desviar la ira social y a defender a los más ricos.   

 Una propuesta de este tipo permitiría aclarar las opciones disponibles y situar la cuestión democrática en el centro de la campaña presidencial. En Francia no se ha celebrado ningún referéndum desde 2005 (algo inédito desde 1945). La crisis de los Chalecos Amarillos debería haber sido la ocasión para crear un auténtico referéndum de iniciativa ciudadana. No se ha hecho nada. Ha llegado el momento de confiar en los ciudadanos y devolverles la palabra sobre un tema que ocupa un lugar central en la historia del país desde 1789: la igualdad y el fin de los privilegios.  

El texto sometido a referéndum podría inspirarse en el impuesto de solidaridad nacional (ISN) aprobado por la ordenanza del 15 de agosto de 1945. El ISN constaba de dos componentes: por un lado, un impuesto sobre los patrimonios más elevados en 1945, con un tipo que alcanzaba el 20 % para las mayores fortunas; y, por otro lado, una contribución excepcional sobre el enriquecimiento constatado entre 1938 y 1945, con un tipo que alcanzaba el 100 % para los aumentos patrimoniales más importantes.  

El ISN versión 2027 propuesto por la izquierda para su aprobación mediante referéndum también podría constar de dos componentes: por un lado, un impuesto excepcional con un tipo del 50 % sobre los enriquecimientos superiores a 100 millones de euros entre 2017 y 2027; y, por otro lado, un impuesto anual y permanente con un tipo del 5 % sobre los patrimonios superiores a 100 millones y del 10 % a partir de 1 000 millones. 

 Los ingresos se situarían en torno a los 800 000 millones de euros (400 000 millones correspondientes al componente excepcional y 400 000 millones en 10 años para el componente permanente), lo que supone aproximadamente el 30 % del PIB. Esta cifra sigue siendo modesta en comparación con el Lastenausgleich alemán de 1952, un sistema de tributación excepcional de los patrimonios más elevados cuyos ingresos representaban el 60 % del PIB alemán de la época, a pesar de que las fortunas privadas eran mucho menos prósperas que en la Francia actual (el 250 % del PIB frente a más del 500 %). Para evitar cualquier elusión, el ISN se devengaría en proporción al número de años de residencia en Francia, de modo que el exilio fiscal no supondría un gran coste para el fisco (un contribuyente que se exiliara tras 60 años en Francia seguiría pagando 60/61 del impuesto que deben los residentes el primer año, 60/62 el segundo, etc.).   

 Esos 800 000 millones de euros serían aportados en forma de valores por los multimillonarios y los centimillonarios, y se invertirían en un fondo soberano que permitiría a los poderes públicos reorientar la inversión en función de las prioridades estratégicas del país, especialmente en el ámbito energético. Sobre la base de estos nuevos activos, Francia lanzaría un empréstito excepcional de 400 000 millones que permitiría financiar un ambicioso plan de inversión y contratación en los ámbitos de la formación, la investigación y la sanidad. Se trata de un nuevo contrato social, otro modelo de desarrollo, más soberano, más equitativo y más sostenible, sobre el que se celebraría este referéndum (véase el Global Justice Report: A Plan for Equality & Prosperity within Planetary Boundaries) . Todo lo contrario al modelo que nos proponen los multimillonarios y los tecnonacionalistas, cuyo único proyecto es cubrir el mundo de centros de datos y enriquecerse cada vez más, sin ninguna preocupación social ni medioambiental.  

 Habrá quien intente alegar que un impuesto de solidaridad nacional de este tipo sería jurídicamente imposible o inconstitucional. Este argumento resulta incomprensible desde el punto de vista histórico, ya que en Francia se aplicó un impuesto similar en 1945 (al igual que, por cierto, en numerosos países de Europa y en Japón para hacer frente a los retos de la posguerra, un periodo marcado por una elevada deuda y una gran necesidad de inversión pública, como ocurre hoy en día), y que ninguna modificación constitucional introducida desde entonces ha prohibido ni limitado la tributación progresiva del patrimonio. Por otra parte, el artículo 11 de la Constitución permite al presidente someter a los electores cualquier proyecto de ley relativo a «la política económica o social de la nación» (sin necesidad de aprobación parlamentaria previa). El artículo 34 precisa que la fijación de los tipos y las bases imponibles de todo tipo es competencia de la ley (y de nadie más). Si un presidente elegido, al proponer un referéndum de este tipo, activa el artículo 11 al día siguiente de su elección, será sencillamente imposible oponerse a ello desde el punto de vista democrático.   

 Por supuesto, se puede oponerse políticamente al ISN, por ejemplo, argumentando que las enormes desigualdades patrimoniales actuales son indispensables para hacer frente a los retos del futuro, o bien que un impuesto de este tipo sería deseable en teoría, pero fácilmente eludible en la práctica. Estos argumentos carecen de peso a la luz de los datos históricos disponibles, pero el debate es legítimo. Lo que es seguro es que hay que dejar de esconderse tras pseudoargumentos jurídicos y aceptar situar el debate en el terreno político, histórico, social y económico. Ese es el debate democrático al que tienen derecho los votantes." 

(Thomas Piketty, blog, 23/06/26, traducción DEEPL)

29.6.26

¿Por qué "los que mandan" en España están locos por quitarse de en medio al Gobierno progresista? El concepto clave aquí es "transferencia de rentas". En economía, el dinero no desaparece, cambia de manos. Durante la última década, las medidas del bloque progresista han supuesto un trasvase directo de recursos desde los beneficios del capital hacia el sector público y los salarios. ¿De cuánta pasta estamos hablando? Más de 30.000 millones de euros. Un "roto" a las cuentas de resultados que explica el enorme nerviosismo en los despachos del IBEX... El coste acumulado de las medidas impositivas y regulatorias del Ejecutivo para el conjunto del gran capital, la banca, las energéticas y las grandes rentas se traduce en un detrimento de aproximadamente 15 a 17 millones de euros cada día en que el Gobierno está en el poder... así que el ecosistema corporativo e inversor destina aproximadamente entre 1,8 y 2,2 millones de euros al día a engrasar la maquinaria mediática en España. Los jueces y los policías todavía les salen más baratos... Esos 16,5 millones de euros diarios que el marco regulatorio le ha restado a los márgenes del gran capital no se han guardado en un cajón; han servido para sostener el poder adquisitivo de 9 millones de pensionistas, el "escudo social", reducir el déficit público y amortiguar el golpe de la inflación en la calle... "Los que mandan" no están enfadados por ideología, sino porque el entorno regulatorio actual les cuesta dinero, les reduce el margen operativo y aumenta su coste de capital. Cambiar el Gobierno no es una batalla cultural; para el poder económico, es una inversión de alta rentabilidad (Hipólito José Aceituno Aldeguer)

Hipólito José Aceituno Aldeguer  @hjaceituno

¿Por qué "los que mandan" en España están locos por quitarse de en medio al Gobierno progresista? No es una cuestión de simpatías políticas o de debates de televisión. Es una cuestión puramente matemática, de balances contables y de reparto del pastel. Dentro hilo con los datos reales de la "factura".

 1/ El concepto clave aquí es "transferencia de rentas". En economía, el dinero no desaparece, cambia de manos. Durante la última década, las medidas del bloque progresista han supuesto un trasvase directo de recursos desde los beneficios del capital hacia el sector público y los salarios.

 2/ ¿De cuánta pasta estamos hablando? Las estimaciones económicas sitúan el detrimento total para las grandes corporaciones y rentas altas en más de 30.000 millones de euros acumulados. Un "roto" a las cuentas de resultados que explica el enorme nerviosismo en los despachos del IBEX.

 3/ La primera vía ha sido la fiscalidad directa. Se acabó la barra libre. Con la introducción del tipo mínimo del 15% en el Impuesto de Sociedades y, sobre todo, el recorte al 95% en la exención de dividendos extranjeros, las multinacionales han tenido que empezar a pagar de verdad.

 4/ Pero el verdadero "hachazo" llegó con los gravámenes extraordinarios. El impuesto del 4,8% a la gran banca (sobre intereses y comisiones) y el del 1,2% a las eléctricas y gasistas han supuesto una factura directa de unos 2.900 millones de euros AL AÑO. Dinero limpio que iba a dividendo y ahora va a Hacienda

 5/ A esto hay que sumar las tasas específicas. La "Tasa Tobin" (un 0,2% a la compra de acciones de grandes empresas) y la "Tasa Google" (un 3% a los ingresos digitales de las tecnológicas) han arañado otros 2.000 millones de euros al ecosistema corporativo.

 6/ Sin embargo, lo que más duele no son los impuestos, es el "lucro cesante" (lo que les han prohibido ganar). El ejemplo de manual fue la "Excepción Ibérica" y el tope al gas. Al intervenir el mercado energético, el Gobierno fulminó miles de millones en "beneficios caídos del cielo" de las eléctricas

 7/ Lo mismo ha ocurrido en el sector inmobiliario. El tope a la subida de los alquileres por la Ley de Vivienda (fijado en el 2% y 3%) cortó de raíz las expectativas de rentabilidad de los grandes tenedores y fondos buitre en plena ola inflacionaria. Menos renta para el propietario, más ahorro para el inquilino.

 8/ ¿Y el empleo? Aunque las grandes corporaciones no sufren directamente la subida del SMI (porque sus convenios pagan más), sí sufren el aumento de las cotizaciones sociales (como el MEI o el destope de las bases máximas). Para el accionista, eso es más coste laboral y menos margen de beneficio.

 El coste acumulado de las medidas impositivas y regulatorias del Ejecutivo para el conjunto del gran capital, la banca, las energéticas y las grandes rentas se traduce en un detrimento de aproximadamente 15 a 17 millones de euros cada día que el Gobierno está en el poder.

 Si cruzamos ambas variables, el ecosistema corporativo e inversor destina aproximadamente entre 1,8 y 2,2 millones de euros al día a engrasar la maquinaria mediática en España a través de publicidad comercial, patrocinios institucionales y soporte financiero de estructuras deficitarias. Los jueces y los policias todavía les salen más baratos...

 En resumen: "Los que mandan" no están enfadados por ideología, sino porque el entorno regulatorio actual les cuesta dinero, les reduce el margen operativo y aumenta su coste de capital. Cambiar el Gobierno no es una batalla cultural; para el poder económico, es una inversión de alta rentabilidad

 ¿En qué se ha gastado el Gobierno progresista los más de 30.000 millones "detraídos" al gran capital? Ya sabemos lo que le cuesta a los de arriba (unos 16,5M€ al día). Pero, ¿adónde va a parar ese dinero exactamente? ¿Se ha esfumado o ha cambiado de manos? Dentro hilo con el destino real de los fondos.

 1/ En España rige el principio de "caja única": los impuestos no llevan una pegatina que dice "para sanidad" o "para carreteras". Todo entra en un mismo fondo común. Sin embargo, la ejecución presupuestaria deja muy claro cuáles han sido los tres grandes agujeros negros que han absorbido este extra.

 2/ El primer destino, y con mucha diferencia, ha sido el blindaje de las pensiones. La decisión de ligar por ley la subida de las pensiones al IPC para que los mayores no perdieran poder adquisitivo frente a la inflación disparó la factura mensual de la Seguridad Social a niveles récord.

 3/ Aunque el empleo está en máximos y las cotizaciones recaudan más que nunca, no basta para la generación del baby boom. El Estado ha tenido que inyectar de forma directa más de 45.000 millones de euros anuales a la Seguridad Social para sostener el sistema de reparto y pagar las nóminas de los jubilados.

 4/ El segundo pilar es el llamado "escudo social". El Ingreso Mínimo Vital (IMV) y las prestaciones contra la pobreza infantil se han consolidado como partidas fijas, con un coste que ya supera los 5.500 millones de euros al año para proteger las rentas de los hogares más vulnerables

 5/ ¿Te acuerdas de la gratuidad de los abonos de Renfe (Cercanías y Media Distancia) o los descuentos en el transporte urbano? Parte de los beneficios recortados a la banca y a las energéticas se justificaron políticamente para financiar esto, además de la ampliación de los bonos sociales térmicos y eléctricos.

 6/ Pero no todo se ha "gastado" en nuevas medidas. Hay una parte crucial que se ha usado para algo menos vistoso pero vital: reducir el déficit público. España ha logrado rebajar su déficit por debajo del 3% del PIB (hasta el entorno del 2,2%), cumpliendo de sobra con las exigencias de Bruselas.

 7/ Reducir el déficit significa, en cristiano, que el Estado necesita pedir menos dinero prestado. Al emitir menos deuda pública, se ahorran miles de millones de euros en intereses que, de otra forma, acabarían en manos de los grandes fondos de inversión internacionales.

 8/ En resumen: la batalla económica de estos años ha sido un gigantesco ejercicio de vasos comunicantes. Los 16,5 millones de euros diarios que el marco regulatorio le ha restado a los márgenes del gran capital no se han guardado en un cajón; han servido para sostener el poder adquisitivo de 9 millones de pensionistas y amortiguar el golpe de la inflación en la calle.

1:13 p. m. · 28 jun. 2026 desde Melilla, Ciudad de Melilla·87,4 mil Visualizaciones

24.6.26

Thomas Piketty: Un referéndum para un nuevo modelo de desarrollo... Para aclarar sus posiciones y unir sus fuerzas, la izquierda debe proponer la aprobación, mediante referéndum, de un impuesto de solidaridad nacional que grave a los multimillonarios y a los que poseen patrimonios de cientos de millones... Una propuesta de este tipo permitiría aclarar las opciones disponibles y situar la cuestión democrática en el centro de la campaña presidencial... Ha llegado el momento de confiar en los ciudadanos y devolverles la palabra sobre un tema que ocupa un lugar central en la historia del país desde 1789: la igualdad y el fin de los privilegios... El texto sometido a referéndum podría inspirarse en el impuesto de solidaridad nacional (ISN) aprobado por la ordenanza del 15 de agosto de 1945... El ISN versión 2027 podría constar de dos componentes: por un lado, un impuesto excepcional con un tipo del 50 % sobre los enriquecimientos superiores a 100 millones de euros entre 2017 y 2027; y, por otro lado, un impuesto anual y permanente con un tipo del 5 % sobre los patrimonios superiores a 100 millones y del 10 % a partir de 1 000 millones... Los ingresos se situarían en torno a los 800 000 millones de euros (400 000 millones correspondientes al componente excepcional y 400 000 millones en 10 años para el componente permanente), lo que supone aproximadamente el 30 % del PIB... Esos 800 mil millones de euros serían abonados en títulos por los multimillonarios y los centimillonarios, y se invertirían en un fondo soberano que permitiría a los poderes públicos reorientar la inversión en función de las prioridades estratégicas del país, especialmente en el ámbito energético. Sobre la base de estos nuevos activos, Francia lanzaría un empréstito excepcional de 400 mil millones que permitiría financiar un ambicioso plan de inversión y contratación en los ámbitos de la formación, la investigación y la sanidad. Se trata de un nuevo contrato social, otro modelo de desarrollo, más soberano, más equitativo y más sostenible

"Francia va a tomar decisiones políticas decisivas durante el próximo año. Por un lado, una derecha nacionalista en pleno auge, cada vez más cercana a los círculos empresariales, y que pretende llegar al poder estigmatizando la inmigración y a los extranjeros. En su arsenal, referéndums contra los inmigrantes que permiten «devolver la voz al pueblo». Frente a esto, la izquierda titubea, vacila, se divide y se enreda. Para aclarar sus posiciones y unir sus fuerzas, la izquierda debe proponer la aprobación, mediante referéndum, de un impuesto de solidaridad nacional que grave a los multimillonarios y a los que poseen patrimonios de cientos de millones. Teniendo en cuenta el estado del debate y la magnitud de lo que está en juego, esta es la mejor manera de zanjar la cuestión. La derecha quiere devolver la palabra al pueblo en materia de identidad e inmigración. La izquierda debe hacer lo mismo, pero situándose en el terreno de la solidaridad y la justicia. Y demostrando, de paso, que el discurso antimigrantes del RN no es más que una fachada destinada a desviar la ira social y a defender a los más ricos.   

 Una propuesta de este tipo permitiría aclarar las opciones disponibles y situar la cuestión democrática en el centro de la campaña presidencial. En Francia no se ha celebrado ningún referéndum desde 2005 (algo inédito desde 1945). La crisis de los Chalecos Amarillos debería haber sido la ocasión para crear un auténtico referéndum de iniciativa ciudadana. No se ha hecho nada. Ha llegado el momento de confiar en los ciudadanos y devolverles la palabra sobre un tema que ocupa un lugar central en la historia del país desde 1789: la igualdad y el fin de los privilegios.  

El texto sometido a referéndum podría inspirarse en el impuesto de solidaridad nacional (ISN) aprobado por la ordenanza del 15 de agosto de 1945. El ISN constaba de dos componentes: por un lado, un impuesto sobre los patrimonios más elevados en 1945, con un tipo que alcanzaba el 20 % para las mayores fortunas; y, por otro lado, una contribución excepcional sobre el enriquecimiento constatado entre 1938 y 1945, con un tipo que alcanzaba el 100 % para los aumentos patrimoniales más importantes.  

El ISN versión 2027 propuesto por la izquierda para su aprobación mediante referéndum también podría constar de dos componentes: por un lado, un impuesto excepcional con un tipo del 50 % sobre los enriquecimientos superiores a 100 millones de euros entre 2017 y 2027; y, por otro lado, un impuesto anual y permanente con un tipo del 5 % sobre los patrimonios superiores a 100 millones y del 10 % a partir de 1 000 millones.

Los ingresos se situarían en torno a los 800 000 millones de euros (400 000 millones correspondientes al componente excepcional y 400 000 millones en 10 años para el componente permanente), lo que supone aproximadamente el 30 % del PIB. Esta cifra sigue siendo modesta en comparación con el Lastenausgleich alemán de 1952, un sistema de tributación excepcional de los patrimonios más elevados cuyos ingresos representaban el 60 % del PIB alemán de la época, a pesar de que las fortunas privadas eran mucho menos prósperas que en la Francia actual (el 250 % del PIB frente a más del 500 %). Para evitar cualquier elusión, el ISN se devengaría en proporción al número de años de residencia en Francia, de modo que el exilio fiscal no supondría un gran coste para el fisco (un contribuyente que se exiliara tras 60 años en Francia seguiría pagando 60/61 del impuesto que deben los residentes el primer año, 60/62 el segundo, etc.).   

 Esos 800 mil millones de euros serían abonados en títulos por los multimillonarios y los centimillonarios, y se invertirían en un fondo soberano que permitiría a los poderes públicos reorientar la inversión en función de las prioridades estratégicas del país, especialmente en el ámbito energético. Sobre la base de estos nuevos activos, Francia lanzaría un empréstito excepcional de 400 mil millones que permitiría financiar un ambicioso plan de inversión y contratación en los ámbitos de la formación, la investigación y la sanidad. Se trata de un nuevo contrato social, otro modelo de desarrollo, más soberano, más equitativo y más sostenible, sobre el que se celebraría este referéndum (véase el Global Justice Report: A Plan for Equality & Prosperity within Planetary Boundaries) . Todo lo contrario al modelo que nos proponen los multimillonarios y los tecnonacionalistas, cuyo único proyecto es cubrir el mundo de centros de datos y enriquecerse cada vez más, sin ninguna preocupación social ni medioambiental.  

 Habrá quien intente alegar que un impuesto de solidaridad nacional de este tipo sería jurídicamente imposible o inconstitucional. Este argumento resulta incomprensible desde el punto de vista histórico, ya que en Francia se aplicó un impuesto similar en 1945 (al igual que, por cierto, en numerosos países de Europa y en Japón para hacer frente a los retos de la posguerra, un periodo marcado por una elevada deuda y una gran necesidad de inversión pública, como ocurre hoy en día), y que ninguna modificación constitucional introducida desde entonces ha prohibido ni limitado la tributación progresiva del patrimonio. Por otra parte, el artículo 11 de la Constitución permite al presidente someter a los electores cualquier proyecto de ley relativo a «la política económica o social de la nación» (sin necesidad de aprobación parlamentaria previa). El artículo 34 precisa que la fijación de los tipos y las bases imponibles de todo tipo es competencia de la ley (y de nadie más). Si un presidente elegido, al proponer un referéndum de este tipo, activa el artículo 11 al día siguiente de su elección, será sencillamente imposible oponerse a ello desde el punto de vista democrático.   

 Por supuesto, se puede oponerse políticamente al ISN, por ejemplo, argumentando que las enormes desigualdades patrimoniales actuales son indispensables para hacer frente a los retos del futuro, o bien que un impuesto de este tipo sería deseable en teoría, pero fácilmente eludible en la práctica. Estos argumentos carecen de peso a la luz de los datos históricos disponibles, pero el debate es legítimo. Lo que es seguro es que hay que dejar de esconderse tras pseudoargumentos jurídicos y aceptar situar el debate en el terreno político, histórico, social y económico. Ese es el debate democrático al que tienen derecho los votantes." 

(Thomas Piketty , blog, 23/06/26, traducción Deepl) 

10.5.26

Vox presenta la «prioridad nacional» como criterio de reparto cuando no hay suficiente para todos... Frente al discurso del «no hay recursos para todos», la izquierda no puede caer en la trampa de responder que todos tienen los mismos derechos a la hora de repartir lo escaso. Debe mostrar que esa escasez es artificialmente provocada generando una deliberada falta de financiación de aquello que se necesita... Cuando una persona no tiene vivienda, empleo digno o cita con el médico y le ofrecen ser la primera a la hora de acceder, es inútil decirle que sea ejemplar y no piense egoístamente, ni sea racista... Es un error discutir quién accede antes a lo escaso. Hay que mostrar por qué lo escaso sigue siéndolo en sociedades cada vez más ricas.... Hay recursos de sobra para que todos los seres humanos vivamos con suficiencia y dignidad. Lo que no hay es voluntad política de distribuirlos, y eso no es una desgracia colectiva que nos obligue a poner a unas personas por delante de otras, como propone la derecha, sino una elección de clase. La izquierda debería decirlo con esa claridad... Hay que señalar por qué la escasez de vivienda, de plazas sanitarias o de empleos dignos es el resultado deliberado de décadas de decisiones políticas concretas. De presión fiscal insuficiente sobre las rentas más altas y el capital; de transferencias masivas de riqueza hacia arriba, consentidas o promovidas por los mismos que hoy proponen racionar lo que queda... No es un problema de origen moral (aunque también tenga esa connotación), sino de sistema económico... Estos serían los argumentos que la derecha no puede rebatir (Juan Torres López)

"La izquierda que responde con argumentos morales a un problema material está situando a la extrema derecha en el terreno del sentido común

La derecha española no ha tardado mucho en hacerse con uno de los grandes lemas del extremismo mundial, la «prioridad nacional» como criterio de reparto cuando no hay suficiente para todos

El francés Jean-Marie Le Pen utilizó el mismo término (préférence nationale) en los años ochenta del siglo pasado. La ultraderecha alemana popularizó el Deutschland zuerst (Alemania primero), lo mismo que dice Trump en Estados Unidos (America First).

Ahora lo utiliza Vox para indicar lo mismo: los recursos son limitados e insuficientes y alguien debe ir primero a la hora de disfrutarlos.

Al presentarlo así, la derecha no sólo propone sólo una medida, impone un marco: el de la escasez inevitable y la competencia entre iguales. Un terreno de juego en el que siempre lleva las de ganar, puesto que deja a un lado el problema de por qué hay escasez para poner en primer plano un aspecto moral o emocional: quién debe estar primero en la fila, quién tiene derecho prioritario de acceso a lo que está racionado.

Lo sorprendente no es que la derecha ponga esa trampa, sino que la izquierda caiga en ella y pique el anzuelo, como está ocurriendo en España.

Desde que Vox comenzó a hablar de prioridad nacional, la respuesta de los dirigentes de los diferentes partidos de izquierdas, e incluso de periodistas progresistas líderes de opinión ha sido mayoritariamente la misma.

El presidente Sánchez dijo en el Parlamento que esa propuesta «no es sino racismo, xenofobia, segregación, confrontación». Prácticamente repitió lo mismo la ministra Mónica García: Lo que hay detrás de la “prioridad nacional” del PP y VOX no es otra cosa que el mismo racismo, la misma xenofobia y la misma exclusión sanitaria que atenta contra los mismos derechos humanos que desprecian».

Y en la misma dirección se han pronunciado la dirigente de Podemos, Ione Belarra, («Es una proclama abiertamente racista»), el lider independentista Gabriel Rufián, o periodistas como Julia Otero (“¿Por qué lo llamamos prioridad nacional cuando en realidad es racismo?”) o Ignacio Escolar («El racismo de la prioridad nacional»).

Otros dirigentes, como Rodríguez Zapatero, han respondido al criterio de reparto que propone Vox como algo «ignominioso» por establecer «preferencia, superioridad, discriminación» y ser, además, anticonstitucional. En el debate electoral reciente, Montero (PSOE) recriminó al candidato de Vox porque su propuesta «criminaliza a los niños», Maíllo (Por Andalucía) reclamó empatía a quienes la defienden y García (Adelante Andalucía) le reprochó que implica mirar «a nuestros vecinos como culpables».

La respuesta generalizada de la izquierda responde a un patrón reiterado en las últimas décadas: responder con argumentos y juicios morales al problema material de reparto que plantea la derecha.

De ese modo, la izquierda fracasa necesariamente porque, ante la falta de vivienda, de servicios de salud, de plazas educativas, o de trabajos que permitan vivir dignamente, la gente corriente no piensa con categorías morales, principios éticos o reglas constitucionales.

Vox establece un hecho (no hay recursos) y la izquierda responde con un criterio moral de acceso. Un criterio sin duda loable, pero una respuesta equivocada.

La persona que carece de recursos no se pregunta si la prioridad nacional es constitucional, si encaja con el derecho europeo, si es o no discriminatoria, éticamente aceptable o moralmente inclusiva. Se plantea si con ella conseguirá más fácilmente una vivienda, bajará la lista de espera, o tendrá más oportunidades de empleo y más ayudas. Y lo que entonces le dice la izquierda es que, pensado así, es racista.

Al responder como lo está haciendo la izquierda, está aceptando el marco-trampa que le plantea la derecha (hay una lucha por los recursos limitados) y sólo se diferencia de ella donde va a perder, en el criterio de reparto. La derecha dirá que los españoles primero, y la izquierda que todos merecen disfrutarlos, pero ambas coinciden en lo fundamental, quedando entonces encerradas en un mismo marco mental: “No hay suficiente para todos”.

La derecha le señala un terreno de debate, el del mayor o menor derecho de cada persona, y la izquierda cae en la trampa al no salirse de él. Se subordina al relato (tramposo, por falso) de la derecha.

Las izquierdas lograron defender con éxito los intereses más amplios de los pueblos cuando impedían que se fragmentaran entre sí por razones de sexo, nación, etnia o religión, manteniendo a las élites fuera de foco.

Frente al discurso del «no hay recursos para todos», la izquierda no puede caer en la trampa de responder que todos tienen los mismos derechos a la hora de repartir lo escaso. Debe mostrar que esa escasez es artificialmente provocada generando una deliberada falta de financiación de aquello que se necesita.

Si no lo hace, como viene ocurriendo, está perdida porque, nos guste o no, la moral universalista moviliza menos que la promesa de protección preferente a quienes, sobre todo entre las clases precarizadas, se encuentran en situación de ansiedad y carencia material.

Cuando una persona no tiene vivienda, empleo digno o cita con el médico y le ofrecen ser la primera a la hora de acceder, es inútil decirle que sea ejemplar y no piense egoístamente, ni sea racista.

Cuesta decirlo, pero lo cierto es que la izquierda que responde con argumentos morales a un problema material está situando a la extrema derecha en el terreno del sentido común. Deja a Vox el papel de padre o madre de familia que organiza el reparto de lo escaso mientras que presenta a la sociedad como la guardiana de principios de legalidad y moral con los que, la gente desposeída, sabe que no le basta para vivir con dignidad.

El discurso moralizante en el que la izquierda lleva décadas instalada es más fácil y da un aura de superioridad ética indiscutible, pero políticamente es letal y lleva l deja en una posición subalterna, secundaria. En la que está en casi todo el mundo, incluso cuando gobierna.

Es más. A veces, la respuesta moral incluso refuerza el discurso de la extrema derecha. Por ejemplo, cuando se quiere insistir en que los inmigrantes tienen derecho porque «también aportan», «nos proporcionan ingreso», «están empleados en donde los nacionales no queremos trabajar» o «gastan menos que nosotros en servicios públicos». Es el propio discurso «progresista», cuando se fórmula en esos términos, el que pone en cuestión su aspiración universalista e igualitaria, al practicar una especie de “contabilidad identitaria” que convierte los derechos en el resultado de un balance entre costes y beneficios, entre lo que se “aporta” y lo que se “cuesta”.

Es un error discutir quién accede antes a lo escaso. Hay que mostrar por qué lo escaso sigue siéndolo en sociedades cada vez más ricas. Hay que señalar por qué la escasez de vivienda, de plazas sanitarias o de empleos dignos es el resultado deliberado de décadas de decisiones políticas concretas. De presión fiscal insuficiente sobre las rentas más altas y el capital; de infrafinanciación de los servicios públicos para que, al funcionar cada día peor, los privados parezcan inevitables y salvadores; de transferencias masivas de riqueza hacia arriba, consentidas o promovidas por los mismos que hoy proponen racionar lo que queda.

Hay recursos de sobra para que todos los seres humanos vivamos con suficiencia y dignidad. Lo que no hay es voluntad política de distribuirlos, y eso no es una desgracia colectiva que nos obligue a poner a unas personas por delante de otras, como propone la derecha, sino una elección de clase. La izquierda debería decirlo con esa claridad.

A la propuesta trampa de Vox no se puede responder con argumentos morales superiores, sino desplazando el foco. No se trata de decir a la gente «todos tenemos los mismos derechos para acceder a lo que escasea», sino que nos han arrebatado lo que nos pertenece y que tenemos delante de nosotros a los responsables.

La izquierda no se debe arrogar el papel de árbitro entre las víctimas que compiten por las migajas.

Aceptar que el problema es repartir lo escaso, lo insuficiente, obliga a seguir jugando en el campo de la derecha. El terreno que libera es otro: el que explica por qué se produce artificialmente la escasez, el que muestra los intereses de quienes la generan y la sostienen, y el que señala los instrumentos políticos y fiscales que han de utilizarse para revertirla. No es un problema de origen moral (aunque también tenga esa connotación), sino de sistema económico.

Estos serían los argumentos que la derecha no puede rebatir, pero es en ese terreno en donde la izquierda lleva demasiado tiempo sin aparecer.

Publicado en La voz del Sur el 8 de mayo de 2026."

 (Juan Torres López , Rebelión, 09/05/2026)

4.5.26

Me centré en la desigualdad impulsada por los impuestos, y específicamente en la evasión y elusión fiscal, y en el secreto de los paraísos fiscales que lo permitían. Las pérdidas totales involucradas son asombrosas. Las pérdidas en todo el mundo ascienden a cientos de miles de millones de dólares al año, y la parte del Reino Unido de eso bien podría ser de decenas de miles de millones de libras al año, y esa es una carga fiscal trasladada a quienes no deberían pagarla... El impuesto no se pierde. El gobierno sigue obteniendo los ingresos que desea, pero las personas equivocadas están pagando, y entiendo que eso es crítico... La evasión y la elusión fiscal son un síntoma de la enfermedad y no un fin en sí mismo. La enfermedad es un sistema económico diseñado para concentrar la riqueza y el poder. El abuso fiscal existe porque ayuda a alcanzar ese objetivo para algunos, y ese sistema se justifica por una economía que es simplemente errónea, porque se centra en la acumulación de riqueza para unos pocos, con indiferencia a las consecuencias para la mayoría de las personas... Eso es porque la economía que nos enseñan es profundamente política. La economía convencional no es una ciencia social neutral. Es un conjunto de supuestos que sirve a intereses particulares, y los intereses particulares a los que sirve son los de los ricos... La idea de que un gobierno debe equilibrar sus cuentas como un hogar es simplemente errónea... La idea de que los mercados siempre asignan los recursos de manera eficiente es, de nuevo, simplemente incorrecta... Y la idea de que nunca hay suficiente dinero para los servicios públicos es aún más errónea que las dos primeras afirmaciones, y sin embargo, es muy útil para quienes quieren que se recorten esos servicios (Richard Murphy, Un. Sheffield)

 "(...) Hay una pregunta que me hago a menudo, y es esta: ¿Por qué hago esto?

Con lo que quiero decir, ¿por qué he escrito 25.000 entradas de blog en los últimos 20 años? Eso son 3.4 al día todos los días, 365 días al año, durante 20 años.

¿Y por qué, en los últimos dos años, he hecho un video todos los días?

50 millones de personas han leído ese blog durante los 20 años que llevo publicándolo. 45 millones de personas han visto estos videos. Se podría decir que esa es razón suficiente para responder a la pregunta, pero en realidad no lo es.

Entonces, ¿por qué gasto todo este esfuerzo en escribir esos blogs y hacer estos videos? ¿Qué es lo que me impulsa a mantener esa producción día tras día, año tras año? ¿Y por qué lo hago si al hacerlo me lleva hasta 12 horas de trabajo al día? La respuesta honesta no es complicada, pero sí requiere alguna explicación.

Hace mucho tiempo, ahora, hace 50 años para ser exactos, fui a la universidad a estudiar economía, luego me formé como contable y trabajé en la práctica. Al hacer ambas cosas, siempre seguí viendo el mismo fenómeno dentro de nuestra economía, y era que el dinero fluía lejos de la gente común y los servicios públicos necesarios, y hacia aquellos con riqueza. Y la explicación que se ofreció para esto fue inevitablemente errónea. Desde que era estudiante de pregrado, sabía que era así. Toda la economía que me enseñaban era un montón de tonterías, y al final, no pude quedarme callado al respecto.

Mi enfoque inicial, cuando empecé a asomar la cabeza por encima del parapeto alrededor de los 40 años, habiendo aprendido exactamente cómo funcionaba el sistema, lo cual creo que fue algo increíblemente importante de hacer, fue centrarme en la desigualdad impulsada por los impuestos, y específicamente en la evasión y elusión fiscal, y en el secreto de los paraísos fiscales que lo permitían. Las pérdidas totales involucradas fueron asombrosas, y eso sigue siendo así. Las pérdidas en todo el mundo ascendieron a cientos de miles de millones de dólares al año, y la parte del Reino Unido de eso bien podría ser de decenas de miles de millones de libras al año, y esa es una carga fiscal trasladada a quienes no deberían pagarla.

El impuesto no se pierde. El gobierno sigue obteniendo los ingresos que desea, pero las personas equivocadas están pagando, y entendí que eso era crítico. El daño causado a las comunidades, a las vidas ordinarias, a la moral pública y a los servicios públicos fue real, y eso es porque, y recordemos esto, en muchos países del mundo, los impuestos todavía financian los servicios gubernamentales. Eso es cierto en muchos países en desarrollo donde la moneda local no es tan fuerte como el dólar, y por lo tanto, los servicios públicos tienen que pagarse en moneda extranjera, lo que necesita ser gravado en beneficio del país.

Pero la respuesta política a todas estas pérdidas cuando empecé a trabajar en estos temas fue de indiferencia y de aceptación de que esto sucedía y que no se podía hacer nada al respecto. Pensé lo contrario, y alguien necesitaba presentar el caso de manera clara y persistente, y lo hice con mi colega John Christensen. Cofundamos la Red de Justicia Fiscal, y lo hicimos con cierto éxito.

Pero entonces vi un panorama más amplio. La evasión y la elusión fiscal son, me di cuenta, un síntoma de la enfermedad y no un fin en sí mismo. La enfermedad es un sistema económico diseñado para concentrar la riqueza y el poder. El abuso fiscal existe porque ayuda a alcanzar ese objetivo para algunos, y ese sistema se justifica por una economía que, en esencia, es simplemente errónea, porque en lo que se centra es en la acumulación de riqueza para unos pocos, con indiferencia a las consecuencias para la mayoría de las personas.

Que la economía se equivoca sobre la motivación humana. Está equivocado sobre cómo funciona el dinero. Está equivocado sobre lo que significa la deuda pública, y está equivocado sobre la escasez, sobre los mercados, sobre el valor, y sobre casi todo lo demás que analiza.

Eso es porque la economía que nos enseñan es profundamente política. La economía convencional no es una ciencia social neutral. Es un conjunto de supuestos que sirve a intereses particulares, y los intereses particulares a los que sirve son los de los ricos.

 La idea de que un gobierno debe equilibrar sus cuentas como un hogar es simplemente errónea, pero es increíblemente conveniente para quienes quieren un Estado más pequeño.

La idea de que los mercados siempre asignan los recursos de manera eficiente es, de nuevo, simplemente incorrecta, pero es increíblemente conveniente para aquellos que quieren lucrarse con la desregulación.

Y la idea de que nunca hay suficiente dinero para los servicios públicos es aún más errónea que las dos primeras afirmaciones, y sin embargo, es muy útil para quienes quieren que se recorten esos servicios.

Estos no son solo errores académicos cometidos por unos pocos economistas. Estas ideas se han implementado porque tienen consecuencias reales, y muchos de esos economistas lo saben. Se utilizan para justificar los recortes a la seguridad social. Se utilizan para explicar la pobreza como algo inevitable. Se despliegan para resistir la acción sobre el cambio climático. Son la cobertura intelectual para decisiones que perjudican a millones de personas.

Entonces, ¿quién iba a desafiarlos? Los economistas académicos no lo eran. En gran medida, ellos mismos controlan su disciplina, y quienes desafían la ortodoxia dentro de ella luchan por ser publicados y escuchados. Los políticos carecían tanto del conocimiento como del incentivo para contrarrestar estas falsedades, y en los paraísos fiscales, los políticos las promovían. La mayoría de los periodistas, mientras tanto, no tienen la formación ni los conocimientos para cuestionar los supuestos con los que se les presenta. Había un hueco, y decidí ocuparlo.

Entonces, ¿por qué blogueé? Un blog, que empecé en 2006, me dio la libertad de publicar diariamente sin guardianes editoriales que me dijeran lo que podía y no podía hacer.

Me permitió desarrollar argumentos a lo largo del tiempo, volviendo a los temas, refinando ideas y respondiendo a los acontecimientos.

Construyó una audiencia que quería análisis serios y no fragmentos de sonido, y 20 años después y 25,000 publicaciones más tarde, esa audiencia sigue ahí, y tal vez aún creciendo. El año pasado, 10 millones de personas vieron mi blog. Uno a la vez, quiero persuadir a todas esas personas de que existe una alternativa a la economía burda que estamos sufriendo.

Entonces, ¿por qué hacer video? Bueno, eso es porque la escritura llega a un público y el video a otro. Muchas personas que nunca leerían una publicación de formato largo verán una explicación de cinco o diez minutos en un video sobre el mismo tema que estoy abordando en esa publicación. El video fuerza la claridad; eso también es un beneficio real. No puedes esconderte detrás de una prosa densa cuando le hablas a esta cámara, y la respuesta ha sido extraordinaria. 45 millones de vistas no es una audiencia de nicho.

¿Así que qué estoy tratando de hacer? No estoy tratando de entretener, aunque espero que lo que hago sea interesante. Estoy tratando de explicar cómo funciona realmente la economía. No como quieren que pienses que funciona los que están en el poder. Quiero que la gente pueda ver a través de los argumentos utilizados para justificar decisiones que les perjudican.

Hago esto porque hay mucho en juego.

Nos enfrentamos a una crisis climática que requiere una inversión pública masiva.

Tenemos servicios públicos que se están desmoronando después de años de subfinanciación deliberada.

Tenemos niveles de desigualdad que son económicamente perjudiciales e moralmente indefendibles.

Nada de esto cambiará a menos que la gente entienda que se puede encontrar el dinero para abordar estos problemas y que la excusa de la escasez utilizada con respecto al dinero es una elección política y no un hecho económico.

Y hago esto porque, por encima de todo, soy un ciudadano y no solo un economista. Claro, tengo cierta experiencia profesional que puedo aportar aquí, pero esto no es solo un ejercicio intelectual para mí. Me importa el tipo de sociedad en la que vivimos. Me importa si la gente tiene servicios públicos decentes, seguridad en la vejez y un planeta habitable. Eso es lo que me impulsa, no el rendimiento académico ni la reputación profesional.

 Entonces, ¿por qué lo hago todos los días? Eso es porque la gente que impulsa la otra opinión nunca se detiene. Están bien financiados, son muchos. Tenemos que cuestionar lo que están haciendo todo el tiempo. y también publico todos los días porque siguen ocurriendo eventos que necesitan ser analizados, y porque una audiencia que regresa todos los días es una audiencia que está aprendiendo, pensando y cambiando su forma de ver el mundo. La consistencia no es una disciplina; es una declaración de intenciones.

Entonces, ¿qué he aprendido como resultado?

Sé que hay un gran apetito por una explicación económica seria si es accesible. La gente no es analfabeta económicamente. Se les ha mantenido deliberadamente en la oscuridad. Cuando explicas las cosas de manera clara y honesta, la gente responde. 50 millones de lecturas de blogs y 45 millones de visualizaciones de videos me lo dicen.

¿Y qué del futuro? Puede que tenga 68 años, pero no he terminado. Los argumentos aún necesitan ser presentados, los mitos aún necesitan ser desmantelados, y el caso para un tipo diferente de economía, una que funcione para las personas y no solo para el capital, aún necesita ser escuchado.

Así que volvamos a esa primera pregunta. ¿Por qué hago esto? Porque, sencillamente, alguien tiene que hacerlo, y porque yo puedo, y porque la alternativa, que es permanecer en silencio mientras la mala economía causa daños reales, simplemente no me resulta aceptable.

Eso es lo que significa financiar el futuro. No es solo un título de blog o un nombre de canal. Es una descripción del trabajo que realizo, y seguiré haciéndolo porque nuestro futuro depende de que entendamos cómo podemos acertar con su financiación.

Esa es la pregunta crucial que todos necesitan responder, y si la tenemos, podemos ofrecer un mundo mejor para todos mañana, al día siguiente, la semana que viene el martes, e incluso dentro de 50 años, cuando ya no esté, pero espero que algunas personas puedan beneficiarse del pensamiento que estamos explorando aquí ahora mismo.

Eso es lo que pienso. ¿Qué te parece? (...)" 

(Richard Murphy, Un. Sheffield,  blog, 03/05/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)

22.4.26

Thomas Piketty: 1789, 1945, 2026: Tres crisis de deuda... La primera lección de esta larga historia es que hay varias formas de salir adelante, incluso en pocos años y con deudas más elevadas que las actuales... Tanto en 1920 como en 1945, la deuda pública francesa superó en ambas ocasiones el 200 % del producto interior bruto, el nivel más alto registrado hasta la fecha. En ambos casos, la deuda se redujo considerablemente en pocos años, con una miríada de exacciones excepcionales sobre los más ricos, al igual que en 1789... en 1945, se adopta un impuesto en Alemania con un tipo que alcanza el 50 % sobre los patrimonios más elevados, y en Japón del 90 %... Pasemos al año 2026. Nadie sabe cuándo llegará la crisis... La idea de que el ajuste se llevará a cabo gravando discretamente a las clases medias y populares (a través de los impuestos o de la inflación) o reduciendo los servicios públicos y las prestaciones sociales a las que tienen derecho, no resiste un análisis riguroso. Al igual que en 1789 y 1945, los gobernantes no tendrán más remedio que recurrir a los más ricos, y esto deberá hacerse con tipos impositivos mucho más elevados que el impuesto mínimo del 2 % sobre los ultra ricos que se debatió el otoño pasado. Terminemos con una nota optimista. Francia nunca ha sido tan rica, en gran parte gracias a la igualación de condiciones. Los patrimonios privados están floreciendo, cuando en 1945 estaban exangües. Si logramos superar el conservadurismo político imperante, es posible encontrar colectivamente soluciones justas y eficaces que nos permitan volver a avanzar

 "Al igual que muchos países, Francia no es ajena a las crisis de deuda pública. Se pueden distinguir tres grandes episodios: 1789, 1945 y 2026. La primera lección de esta larga historia es que hay varias formas de salir adelante, incluso en pocos años y con deudas más elevadas que las actuales. Pero esto siempre pasa por grandes convulsiones políticas, a la altura de los intereses contradictorios en juego.  

Retrocedamos en el tiempo. La primera gran crisis de la deuda es, por supuesto, la que condujo a la Revolución Francesa. Incapaz de hacer pagar impuestos a las clases privilegiadas, el Antiguo Régimen acumuló una deuda considerable —aproximadamente un año de renta nacional, una cantidad cercana al nivel actual, pero en un contexto en el que la economía estaba poco monetizada y los impuestos no superaban unos pocos puntos porcentuales de la producción anual. 

 Luis XVI acabó convocando a los Estados Generales para salir del punto muerto. Ya se sabe lo que pasó después: fin de los privilegios, implantación de un sistema fiscal universal que gravaba todas las propiedades (impuesto sobre la propiedad y sobre sucesiones, lamentablemente proporcional y no progresivo, a pesar de las innovadoras propuestas ya formuladas en aquella época) y, sobre todo, nacionalización sin compensación de los bienes eclesiásticos, que se subastaron para sanear las arcas. En la práctica, las clases nobles y burguesas que poseían títulos de la deuda pública se convirtieron a menudo en los nuevos propietarios de los bienes de la Iglesia. Para gran disgusto de los campesinos pobres, que esperaban que la Revolución les permitiera por fin acceder a la tierra y dejar de trabajar para otros.  

La segunda gran crisis de la deuda tuvo lugar tras las guerras mundiales. Tanto en 1920 como en 1945, la deuda pública francesa superó en ambas ocasiones el 200 % del producto interior bruto, el nivel más alto registrado hasta la fecha. En ambos casos, la deuda se redujo considerablemente en pocos años, con una miríada de exacciones excepcionales sobre los más ricos, al igual que en 1789. 

En 1920, una de las mayorías más conservadoras de la historia de la República, el Bloque Nacional —procedente de las corrientes políticas que hasta 1914 se oponían al impuesto sobre la renta del 2 %—, acabó votando a favor de un tipo impositivo del 72 % para los más ricos. Prueba, si es que hace falta alguna, de que a veces es difícil prever desde la oposición lo que se hará en el poder, y de que el peso del contexto histórico puede conducir a innovaciones imprevistas. Lamentablemente, el Senado —que bajo la Tercera República usa y abusa de su derecho de veto sobre toda la legislación (tanto sobre el presupuesto como sobre el voto de las mujeres)— bloquea en 1925 el proyecto de gravar con un 10 % el capital privado, aprobado por el Cartel de las Izquierdas. Sin embargo, era la única forma de resolver el problema de la deuda sin inflación, que en el fondo no es más que un impuesto injusto y regresivo sobre las clases medias y populares.   

 En 1945, las relaciones de poder cambiaron. La deuda volvía a superar el 200 % del PIB, pero el Senado había perdido su derecho de veto, y la Asamblea Nacional, de mayoría de izquierdas, aprobó sin oposición un impuesto de solidaridad nacional (ISN) que gravaba con un tipo del 20 % los patrimonios más elevados y alcanzaba hasta el 100 % en el caso de quienes habían experimentado un enriquecimiento nominal entre 1938 y 1945. El ISN puede pagarse en títulos, que se ingresan entonces en las «sociedades de inversión nacional» (una especie de fondo soberano de la época) creadas a tal efecto. En la práctica, sin embargo, la inflación atenúa los efectos del ISN, que resulta menos eficaz que el impuesto equivalente adoptado en Alemania (con un tipo que alcanza el 50 % sobre los patrimonios más elevados) y en Japón (90 %).  

Pasemos al año 2026. Nadie sabe cuándo llegará la crisis. Es posible que los tipos de interés reales, históricamente muy bajos, de los que se benefician actualmente los países ricos (en parte debido al exceso de ahorro mundial y en parte debido a un sistema financiero que los favorece) se mantengan durante algún tiempo. Pero es probable que acaben subiendo, en cuyo caso la crisis será brutal. La idea de que el ajuste se llevará a cabo gravando discretamente a las clases medias y populares (a través de los impuestos o de la inflación) o reduciendo los servicios públicos y las prestaciones sociales a las que tienen derecho no resiste un análisis riguroso. 

 Al igual que en 1789 y 1945, los gobernantes no tendrán más remedio que recurrir a los más ricos, y esto deberá hacerse con tipos impositivos mucho más elevados que el impuesto mínimo del 2 % sobre los ultra ricos que se debatió el otoño pasado, y que, lógicamente, debería haberse aprobado por unanimidad. Quienes repiten sin cesar que un gravamen tan minúsculo sería una expropiación no hacen más que poner de manifiesto su rechazo a cualquier debate sereno y racional, basado en la historia. Al dedicar tanta energía a defender los intereses de los poderosos, contribuyen a desviar la ira social hacia los conflictos identitarios y los discursos antimigrantes y antipobres. Esto no resolverá nada en absoluto (los miles de millones no están en ese lado) y solo retrasará el momento de la verdad, pero puede ocupar la atención política durante un tiempo, causando mientras tanto daños considerables. Más allá de los juegos de roles de unos y otros, la realidad es que nacionalistas y liberales tienen intereses comunes y nos están llevando a lo peor.  

 Terminemos con una nota optimista. Francia nunca ha sido tan rica, en gran parte gracias a la igualación de condiciones, a las infraestructuras colectivas y a la democratización social y educativa que se han producido a lo largo de un extenso período. Los patrimonios privados están floreciendo, cuando en 1945 estaban exangües. Los fundamentos económicos son mucho más favorables que en crisis anteriores. Si logramos superar el conservadurismo político imperante, es posible encontrar colectivamente soluciones justas y eficaces que nos permitan volver a avanzar. "

(Thomas Piketty , blog, 14/04/26, traducción DEEPL, enlaces en el original)

7.4.26

Dos propuestas audaces para gravar la riqueza en Estados Unidos: Bernie Sanders impondría un impuesto del 5 por ciento sobre la riqueza a los hogares con más de mil millones de dólares, que recaudaría unos 4,4 billones de dólares en diez años, y se centraría por completo en los aproximadamente 950 multimillonarios estadounidenses... y gravaría con un "impuesto de salida" del 60 por ciento a los multimillonarios que renuncien a su ciudadanía estadounidense... La senadora Elizabeth Warren propone un impuesto anual sobre la riqueza del 2 por ciento a los hogares y fideicomisos valorados en más de 50 millones de dólares. Añadiría un impuesto adicional del 1 por ciento anual sobre la riqueza y los fideicomisos de más de mil millones de dólares... gravaría a las 260.000 familias más ricas, y recaudaría sobre 6.2 billones de dólares en diez años... también incluye un "impuesto de salida" del 40 por ciento para multimillonarios y billonarios que renuncien a su ciudadanía estadounidense... Ambas propuestas de impuesto sobre la riqueza amplían la conversación y la visión nacional sobre lo que es posible si gravamos las concentraciones oligárquicas de riqueza y poder. No buscan desmantelar grandes fortunas como un fin en sí mismo; delinean directamente las abundantes oportunidades y beneficios que los estadounidenses podrían obtener de mayores ingresos... La política es increíblemente popular en todos los partidos políticos y parece de sentido común para cientos de millones de personas en todo el país... Es casi seguro que gravar la riqueza estará en el centro del discurso de las elecciones presidenciales de 2028 (Chuck Collins)

 "¿Cómo puede Estados Unidos revertir las concentraciones de riqueza y poder que distorsionan la democracia? Un impuesto federal anual sobre la riqueza debe ser parte de la ecuación.

El 0,1 por ciento más rico —el uno por mil superior de los hogares, todos con un patrimonio superior a 50 millones de dólares— ha visto aumentar su riqueza desde el inicio de la pandemia de Covid en 2020. Los multimillonarios estadounidenses han visto duplicar su riqueza desde 2019, y los 19 principales multimillonarios de EE. UU. agregaron billón a su riqueza solo en 2024.

Los políticos y el público se están dando cuenta del impacto disruptivo de los multimillonarios, como se narra en mi libro reciente, "Quemados por los multimillonarios: cómo la riqueza y el poder concentrados están arruinando nuestras vidas y nuestro planeta". Pero la mayoría de las recomendaciones políticas no logran abordar verdaderamente la riqueza y el poder acumulados del 0,1 por ciento más rico.

Mientras el Congreso estaba ocupado aprobando un enorme recorte de impuestos para los ultrarricos, activistas de Massachusetts a Washington han propuesto varios "impuestos para millonarios" a nivel estatal, que son formas esenciales para que los estados construyan sistemas fiscales más justos con o sin participación federal.

Aumentar los tipos impositivos máximos sobre la renta recauda más ingresos de los "ricos que trabajan", es decir, aquellos con ingresos altos como médicos, abogados y directores ejecutivos. Aquellos con una riqueza sustancial en activos han encontrado innumerables formas de jugar al escondite y reducir sus impuestos sobre la renta, incluida su carga fiscal sobre las ganancias de capital. (El nuevo libro de Ray Madoff, The Second Estate: How the Tax Code Made An American Aristocracy, cubre sus astutos mecanismos de evasión).

El impuesto único y de emergencia del 5 por ciento sobre la riqueza propuesto por California para los multimillonarios es la iniciativa estatal más audaz. Tiene la vulnerabilidad de cualquier política estatal progresista: la clase multimillonaria global mueve su dinero por todo el planeta hacia paraísos fiscales que compiten por los negocios. Incluso las meras amenazas de los multimillonarios de que se mudarán han sacudido a los votantes estatales. (Es importante señalar que Massachusetts, después del impuesto a los millonarios, ha experimentado una tasa de abandono notablemente baja — hubo algo de faroleo.)

No existe una solución mágica para los impuestos porque los ricos de Estados Unidos contratan falanges de abogados y gestores de patrimonio de la "industria de defensa de la riqueza" con amplias herramientas de evasión fiscal a su disposición. (Para más información, consulte mi libro Los acaparadores de riqueza).

Estados Unidos necesita un "ecosistema" de reformas fiscales que incluya parches al impuesto sobre la renta, un impuesto sobre sucesiones sólido (para reemplazar el poroso impuesto sobre el patrimonio) y una aplicación significativa de la supervisión, para que los multimillonarios no puedan escabullirse de las fronteras para evitar pagar su parte justa.

Una piedra angular esencial para reducir la desigualdad extrema de riqueza es un impuesto federal anual sobre la riqueza con severas sanciones para los multimillonarios que renuncian a su ciudadanía para evitar impuestos. En las últimas semanas se han presentado dos propuestas audaces que deberían celebrarse y apoyarse.

El senador Bernie Sanders y el representante Ro Khanna (D-CA) han presentado la "Ley para que los multimillonarios paguen su parte justa", que impondría un impuesto del 5 por ciento sobre la riqueza a los hogares con más de mil millones de dólares, replicando la iniciativa fiscal para multimillonarios de California a nivel federal. El impuesto recaudaría unos 4,4 billones de dólares en diez años, aunque la conservadora Tax Foundation estima que la evasión reducirá los ingresos a unos 3,3 billones de dólares. La propuesta fiscal invierte el 1 por ciento de los ingresos en fortalecer la aplicación y grava con un "impuesto de salida" del 60 por ciento a los multimillonarios que renuncien a su ciudadanía estadounidense.

El proyecto de ley incluye una serie de disposiciones populares, entre ellas un pago directo de 3.000 dólares a cada persona que gane menos de 150.000 dólares al año, en el primer año (o 12.000 dólares para una familia de cuatro). Otras disposiciones incluyen la reversión de los recortes presupuestarios de Trump a Medicaid, la ampliación de la cobertura sanitaria, las inversiones en viviendas asequibles y un salario mínimo de 60.000 dólares para todos los profesores de escuelas públicas.

 La senadora Elizabeth Warren ha reintroducido una versión actualizada de su "Impuesto a los ultramillonarios" de 2021, con los representantes Pramila Jayapal (D-WA) y Brendan Boyle (D-PA) como principales patrocinadores en la Cámara. Esta propuesta impondría un impuesto anual sobre la riqueza del 2 por ciento a los hogares y fideicomisos valorados en más de 50 millones de dólares. Añadiría un impuesto adicional del 1 por ciento anual sobre la riqueza y los fideicomisos de más de mil millones de dólares.

Mientras que el impuesto sobre la riqueza de Sanders-Khanna se centraría por completo en los aproximadamente 950 multimillonarios estadounidenses, la propuesta fiscal de Warren gravaría a las 260.000 familias más ricas, excluyendo al 99,85 por ciento de los contribuyentes. El impuesto sobre la riqueza de Warren recaudaría un estimado de 6.2 billones de dólares en diez años. Como escribe David Dayen en The American Prospect, "la desigualdad ha crecido tanto en la década de 2020 que un impuesto del 2 por ciento sobre la riqueza de los multimillonarios, introducido inicialmente en 2021, generaría hoy más del doble de ingresos".

La propuesta revisada de Warren-Jayapal-Boyle responde a la evasión fiscal agresiva de los ricos y a sus facilitadores de la "industria de defensa de la riqueza", a los que nuestros sistemas de supervisión desinvertidos luchan por responder. Los legisladores sugieren imponer impuestos a la riqueza en fideicomisos y activos mantenidos en el extranjero, y modernizar el IRS para detectar mejor la evasión y rastrear las complejas valoraciones de activos de los ultrarricos. La propuesta también incluye un "impuesto de salida" del 40 por ciento para multimillonarios y billonarios que renuncien a su ciudadanía estadounidense.

Si bien los ingresos no están asignados, los copatrocinadores de la legislación prevén inversiones masivas en vivienda asequible, cuidado infantil universal, ampliación de la elegibilidad para Medicare y colegios comunitarios gratuitos. Ambas propuestas de impuesto sobre la riqueza amplían la conversación y la visión nacional sobre lo que es posible si gravamos las concentraciones oligárquicas de riqueza y poder. No buscan desmantelar grandes fortunas como un fin en sí mismo; delinean directamente las abundantes oportunidades y beneficios que los estadounidenses podrían obtener de mayores ingresos.

Es casi seguro que gravar la riqueza estará en el centro del discurso de las elecciones presidenciales de 2028. La política es increíblemente popular en todos los partidos políticos y parece de sentido común para cientos de millones de personas en todo el país. Quienes se oponen a los nuevos impuestos deberían considerar por qué están tan fuera de sintonía — y subirse al carro rápidamente."

(Chuck Collins, Institute for Policy Studies, Counter Punch, 07/04/26, traducción Quillbot, enlaces y gráficos en el original) 

18.3.26

Bajar impuestos: lo de siempre, que solo funciona para los ricos... Los partidos conservadores siguen prometiendo reducción de impuestos... Lo hicieron Ronald Reagan en Estados Unidos, Margaret Thatcher en Reino Unido, Ángela Merkel en Alemania y Mariano Rajoy en España... En todos los ejemplos que se han indicado, los ingresos cayeron en picado... Ahora bien, los impuestos sobre los ricos han disminuido sustancialmente en la OCDE... pero los estudios a nivel macro sobre las consecuencias económicas de reducir las tasas marginales más altas de impuestos sobre la renta en Australia, Nueva Zelanda y Noruega, determinan el escaso impacto de esa laxitud fiscal sobre la génesis de un crecimiento económico robusto... En un estudio muy reciente, David Hope y Julian Limberg, de la London School of Economics, concluyen que las contracciones impositivas a la franja más rica de la población no aportan prácticamente nada a la consecución del crecimiento económico, después de analizar todas las reducciones importantes en los impuestos sobre los ricos en 18 países de la OCDE desde 1965 hasta 2015... e indican que los países con fiscalidad digamos que “normal” –en función de los diferentes tramos de renta, lo cual infiere un aumento en la capacidad recaudatoria de la hacienda pública– desarrollan estados del bienestar más vigorosos. Y ello impacta sobre un incremento de la renta per cápita... además el 36% de las ganancias multinacionales se trasladan a paraísos fiscales a nivel mundial... Si las ganancias transferidas se reasignaran a sus países de origen, los beneficios internos aumentarían alrededor de un 20% en los países de la Unión Europea con impuestos altos, un 10 % en Estados Unidos y un 5% en los países en desarrollo, mientras que caerían un 55% en los paraísos fiscales. Este coste de oportunidad, calculado por Torslov, Wier y Zucman, es brutal (Carles Manera)

 "Y, como siempre, vayamos a los datos…

Los partidos conservadores siguen prometiendo reducción de impuestos. Este es un reclamo electoral de primer orden. Y lo saben. A pesar de que, en la práctica, cuando esos mismos partidos conservadores han llegado al poder, acaban por subir la tributación, con argumentos muchas veces peregrinos (herencias recibidas, facturas en los cajones, etc.: todo de manual). Esto se ve tanto en escenarios internacionales como en los más próximos. Lo hicieron Ronald Reagan en Estados Unidos, Margaret Thatcher en Reino Unido, Ángela Merkel en Alemania y Mariano Rajoy en España. En todos estos ejemplos –podrían sumarse algunos más–, el conservadurismo político y económico promulgó, antes de los comicios, generosas bajadas fiscales que, sin embargo, no iban a generar ni déficit, ni deuda, ni menoscabos en la economía pública. Los resultados empíricos son bien distintos. En todos los ejemplos que se han indicado, los ingresos cayeron en picado, los gastos no solo se redujeron en capítulos como la sanidad y la educación, sino que se incrementaron en partidas como las asignadas a la industria militar –esto es particularmente evidente en Estados Unidos–, de tal manera que la plasmación fue clara: déficits gemelos, público y de balanza de pagos.

Ahora bien, los impuestos sobre los ricos han disminuido sustancialmente en la OCDE en las últimas décadas. Las investigaciones que se han ido desarrollando, sin embargo, delatan un hecho clave: los estudios a nivel macro sobre las consecuencias económicas de reducir las tasas marginales más altas de impuestos sobre la renta en Australia, Nueva Zelanda y Noruega, determinan el escaso impacto de esa laxitud fiscal sobre la génesis de un crecimiento económico robusto (Angelopoulos et alt., 2007; Piketty et alt., 2014; Rubolino-Waldenström, 2020). Los defensores de los recortes de impuestos para los ricos subrayan los beneficiosos efectos sobre la evolución de la economía. Como decíamos, esta línea de razonamiento ha sido medular en los argumentos presentados a favor de varias reformas fiscales importantes en Estados Unidos y Gran Bretaña. Pero los datos –ay, los datos– no acompañan a tales premisas benefactoras para el crecimiento y el empleo, a raíz de una reducción impositiva (véase también Trabandt-Uhlig, 2011).

En un estudio muy reciente de David Hope y Julian Limberg, de la London School of Economics (Hope-Limberg, 2022), publicado en Socio-Economic Review (edición del 8 de enero de 2022, https://researchonline.lse.ac.uk/id/eprint/107919/1/Hope_economic_consequences_of_major_tax_cuts_published.pdf), se recuerdan aportaciones concretas en la dirección que defiende la reducción de los impuestos (el artículo detalla una bibliografía completísima en tal aspecto, a la que remitimos); pero, al mismo tiempo, y esto nos parece determinante, se ofrecen nuevas metodologías y cálculos econométricos –claramente explicitados en el texto– que concluyen que las contracciones impositivas a la franja más rica de la población no aportan prácticamente nada a la consecución del crecimiento económico. Esta es la conclusión seminal de la investigación de Hope y Limberg.

El trabajo, con amplia perspectiva, analiza todas las reducciones importantes en los impuestos sobre los ricos en 18 países de la OCDE desde 1965 hasta 2015. La batería estadística es de impresión, incontestable, ya que no se trata de estudios puntuales de caso.

Los resultados esenciales son palmarios:

  • Los grandes recortes de impuestos para los ricos aumentan la desigualdad de ingresos;
  • La magnitud del efecto es considerable. En promedio, cada reforma importante conduce a un aumento de más de 0,7 puntos porcentuales en la participación del 1% superior del ingreso nacional antes de impuestos;
  • El crecimiento económico, medido por el PIB real per cápita y la tasa de desempleo, no se ve significativamente afectado por importantes recortes de impuestos para los ricos.

…y saquemos conclusiones a partir de ellos

La gran cantidad de datos y estudios disponibles –remitimos de nuevo a la bibliografía del trabajo de Hope y Limberg– indican que los países con fiscalidad digamos que “normal” –en función de los diferentes tramos de renta, lo cual infiere un aumento en la capacidad recaudatoria de la hacienda pública– desarrollan estados del bienestar más vigorosos. Y ello impacta sobre un incremento de la renta per cápita. Precisamente, la evasión fiscal que promueven otros países (y empresas; sobre esto, véase otro estudio muy reciente de: Thomas Torslov-Ludvig Wier-Gabriel Zucman: “The Missing Profuts of Nations”, The Review of Economic Studies, https://doi.org/10.1093/restud/rdac049, julio de 2022), y que suele ser ignorada cuando no aplaudida por determinadas formaciones políticas, acaba por consolidar problemas a los países con fiscalidades –como decíamos– “normales”. De hecho, el 36% de las ganancias multinacionales se trasladan a paraísos fiscales a nivel mundial. Las multinacionales estadounidenses transfieren el doble de ganancias que otras multinacionales en relación con el tamaño de sus ganancias extranjeras. Si las ganancias transferidas se reasignaran a sus países de origen, los beneficios internos aumentarían alrededor de un 20% en los países de la Unión Europea con impuestos altos, un 10 % en Estados Unidos y un 5% en los países en desarrollo, mientras que caerían un 55% en los paraísos fiscales. Este coste de oportunidad, calculado por Torslov, Wier y Zucman es brutal, y constituye una pieza más, de gran relevancia, sobre las promesas fiscales y las facilidades elusivas gracias a las mayores laxitudes en las medidas de control tributario.

Cuando políticos de derecha y extrema derecha dicen que el éxito del crecimiento económico se debe a una menor carga fiscal, estamos ante una afirmación falsa. Esta no se ajusta en absoluto a un análisis de la realidad, que siempre es más compleja que una simple aseveración vacía de contenido, formulada para un consumo electoralista. Y que, además, responde más a una propaganda populista para desviar el foco de la discusión de los problemas reales que preocupan a la ciudadanía. 

Bibliografía citada

ANGELOPOULOS, K. et alt. (2007): “Tax-Spending Policies and Economic Growth: Theoretical Predictions and Evidence from the OECD”, European Journal of Political Economy, 23, pp. 885-902.

HOPE, D.-LIMBERG, J. (2022): “The economic consequences of major tax cuts for the rich”, Socio-Economic Review, vol. 00, pp. 1-21.

PIKETTY, T. et alt. (2014): “Optimal Taxation of Top Labor Incomes: A Tale of Three Elasticities”, American Economic Journal, 6, pp. 230-271.

RUBOLINO, E.-WALDENSTRÖM, D. (2020): “Tax Progressivity and Top Incomes Evidence from Tax Reforms”, The Journal of Economic Inequality, 18, pp. 261-289.

TORSLOV, TH.-WIER, L.-ZUCMAN, G.: “The Missing Profuts of Nations”, The Review of Economic Studies, https://doi.org/10.1093/restud/rdac049, julio de 2022).

TRABANDT, M.-UHLIG, H. (2011): “The Laffer curve revisited”, Journal of Monetary Economics, 38, 4, pp. 305-327." 

( 

23.2.26

Gabriel Zucman: España lidera una coalición de países que han acordado trabajar juntos para promover un impuesto mínimo del 2% a las fortunas de más de 100 millones de euros (tasa Zucman)... es crucial actuar a nivel nacional. El progreso no se logra mediante grandes acuerdos internacionales, sino cuando un país lidera con el ejemplo y comienza a implementarlo... Cualquier país puede combinar el impuesto con un escudo contra la fuga: si los superricos se mudan al extranjero, seguirán sujetos al impuesto mínimo durante cinco, diez, quince años… En California se están recogiendo firmas para crear un impuesto único del 5% a los milmillonarios. Sería el primero del mundo. La Asamblea Nacional francesa fue el primer parlamento en aprobar, hace justo un año, el impuesto mínimo del 2%. El Senado lo bloqueó, pero no va a desaparecer... En España, generaría unos 5.000 millones anuales... Un impuesto mínimo a los superricos es importante y urgente por tres razones. La primera es de justicia: no debería permitirse que paguen menos que el resto; es una violación de nuestros principios más básicos de igualdad ante la ley. En segundo lugar, los impuestos que los superricos no pagan los acaba pagando el resto de la población. Y la tercera y más importante es la emergencia democrática. Con el auge de la riqueza extrema, el poder de los multimillonarios se ha disparado. Esto siempre genera una tensión con la democracia, con consecuencias dramáticas para la población. Lo estamos viendo en Estados Unidos... La riqueza de los milmillonarios crece tan rápido (un 10% anual de media) que, incluso con un impuesto del 2%, su patrimonio seguiría aumentando un 8% al año de media, mucho más rápido que la tasa media de crecimiento de la riqueza de una persona común. Por lo tanto, no es suficiente, pero es necesario. Y lo es en un sentido amplio, necesitamos un nuevo movimiento internacional en el que trabajemos juntos —España, Brasil, Francia, Sudáfrica, etcétera— para reescribir las reglas del juego económico de manera que protejan la democracia, los trabajadores y el medio ambiente. Esta iniciativa es el embrión de lo que podría ser un nuevo internacionalismo...

 "Con tan solo 39 años, el economista francés Gabriel Zucman (París, 1986) se ha convertido en un referente de la izquierda progresista mundial y en la némesis de buena parte de los ultrarricos. Célebre por sus estudios sobre la evasión y elusión fiscal de multinacionales y megamillonarios, su propuesta de crear un impuesto mínimo del 2% a las fortunas de más de 100 millones de euros, conocida como tasa Zucman, estuvo a punto de aprobarse en su país natal. “El Senado la bloqueó, pero no va a desaparecer”, asegura durante una entrevista en el Palacio de La Moncloa celebrada este viernes, tras la firma de un memorando con el Gobierno para colaborar en la investigación sobre cómo mejorar los sistemas fiscales. “No debería permitirse que los multimillonarios paguen menos [impuestos] que el resto; es una violación de nuestros principios más básicos de igualdad ante la ley”, zanja el también director del Observatorio Fiscal Internacional, antes de enumerar las iniciativas y el interés que este debate está generando en todo el mundo. “Ya estamos ante un punto de inflexión”, afirma.

Pregunta. ¿Para cuándo una tasa Zucman en España?

Respuesta. Lo antes posible. Todos los países necesitan este nuevo principio. No es una cuestión técnica, ni fiscal. Son deberes ineludibles para con la sociedad. Un impuesto mínimo a los superricos es importante y urgente por tres razones. La primera es de justicia: no debería permitirse que paguen menos que el resto; es una violación de nuestros principios más básicos de igualdad ante la ley. En segundo lugar, los impuestos que los superricos no pagan los acaba pagando el resto de la población. Y la tercera y más importante es la emergencia democrática. Con el auge de la riqueza extrema, el poder de los multimillonarios se ha disparado. Esto siempre genera una tensión con la democracia, con consecuencias dramáticas para la población. Lo estamos viendo en Estados Unidos. Sería un error pensar que aquí no puede pasar. Con ese auge de la riqueza extrema, necesitamos crear nuevos principios, políticas e instituciones para proteger la democracia.

P. ¿España puede liderar esta iniciativa? ¿El Gobierno se ha comprometido a aprobar el impuesto?

R. España ya es un referente. Está liderando el inicio de una coalición de países que han acordado trabajar juntos para promover este impuesto mínimo. El debate comenzó en 2024, cuando Brasil presidía el G-20. Tras la reelección de Trump, las posibilidades de avance en ese foro se han visto mermadas. Ahora es crucial actuar a nivel nacional. El progreso no se logra mediante grandes acuerdos internacionales, sino cuando un país lidera con el ejemplo y comienza a implementarlo.

P. ¿Con un país es suficiente?

R. Sí. El miedo que siempre se agita es que los multimillonarios se vayan del país, y que por tanto es necesario aplicar el impuesto de manera coordinada a nivel global. No es cierto. Cualquier país puede combinar el impuesto con un escudo contra la fuga: si los superricos se mudan al extranjero, seguirán sujetos al impuesto mínimo durante cinco, diez, quince años…

P. ¿Qué falta para que tengamos ese impuesto?

R. Nada. Todos los ingredientes están ahí. El primero y más importante es el abrumador apoyo popular. En segundo lugar, hay una propuesta, cuya viabilidad y practicidad creo que todo el mundo entiende, y existe la urgencia de hacer algo. El statu quo es muy difícil de defender. Ahora es una cuestión de voluntad política hacerlo realidad.

P. ¿Solo se necesita voluntad política o hay actores que bloquean el cambio?

R. Estos cambios siempre necesitan tiempo. La discusión comenzó internacionalmente en 2024 y en España, a nivel nacional, muy recientemente, con Sumar. No es cuestión de días o semanas. Se trata de ampliar el alcance de la democracia, de atraer a los superricos al ámbito de la solidaridad nacional. Llegaremos, y tal vez sea relativamente pronto, por lo rápido que evoluciona el debate. En California se están recogiendo firmas para crear un impuesto único del 5% a los milmillonarios. Sería el primero del mundo. La Asamblea Nacional francesa fue el primer parlamento en aprobar, hace justo un año, el impuesto mínimo del 2%. El Senado lo bloqueó, pero no va a desaparecer. Estamos ante un punto de inflexión. Creo que los años 2025 y 2026 se verán como el comienzo de un nuevo movimiento internacional, el inicio de un cambio de tendencia.

P. ¿Por qué en Francia no se pudo aprobar?

R. En primer lugar, por la situación política: el Senado está dominado por partidos conservadores. Además, los más ricos utilizaron todas sus armas para meter miedo, principalmente a través de los medios de comunicación que poseen y controlan. Dijeron “pagamos cero y queremos seguir así”, alegando que cualquier otra cifra destruiría la economía. Todo eso ralentiza el proceso, pero no lo puede parar. Francia está en una situación presupuestaria muy grave. Ya no va a ser posible pedirles a todos los demás que paguen más impuestos o que vean cómo se les recorta la sanidad, mientras que los ultrarricos son intocables, ahora que ha quedado claro que casi no pagan impuesto sobre la renta. No es sostenible. Llegará a su fin, ya sea en el debate presupuestario de 2026 o después de las elecciones presidenciales de 2027.

P. ¿Cómo se ha llegado al punto de que los superricos casi no paguen impuestos?

R. Probablemente siempre ha sido así. Con un gran esfuerzo de investigación internacional hemos descubierto que el impuesto sobre la renta siempre ha fallado a la hora de gravar eficazmente a los superricos. Para ellos es muy fácil evitarlo, estructurando el patrimonio de tal manera que genere muy pocos o ningún ingreso imponible. El impuesto sobre el patrimonio, allí donde existe, como en España, también ha fallado, porque siempre ha tenido exenciones para los activos empresariales, que constituyen casi toda la riqueza de los superricos. Por eso necesitamos un suelo mínimo. Los milmillonarios que ya pagan una cantidad decente —si la suma de IRPF y patrimonio ya equivale al menos al 2% de su riqueza total— no deberán pagar nada más con mi propuesta.

P. España ya tiene un impuesto autonómico y otro estatal sobre el patrimonio. ¿Qué pasaría con ellos?

R. Se quedarían y el nuevo sería complementario. Solo se pediría una contribución adicional a los multimillonarios que paguen menos de ese 2%. No es un impuesto extra, sino una salvaguarda.

P. ¿Cuánto se recaudaría?

R. En España, generaría unos 5.000 millones anuales en ingresos adicionales. Es probablemente una estimación conservadora, que debe refinarse. Justo hoy [por el viernes] hemos lanzado una colaboración con Hacienda para arrojar más luz sobre cuánta recaudación hay exactamente en juego. Es un punto ciego de las estadísticas públicas en todos los países, que guardan silencio sobre la riqueza de los superricos, sus ingresos y sus pagos de impuestos, pese a su importancia. Por eso hemos podido, trabajando con las administraciones tributarias en casi 10 países hasta ahora, disipar esta opacidad. Esperamos hacerlo ahora también en España.

P. Una de las grandes causas de la desigualdad en España es la vivienda.

R. La crisis de acceso a la vivienda forma parte del problema más amplio del aumento vertiginoso del coste de la vida, y parte de la solución pasa por pedir más a quienes más tienen y pagan impuestos insuficientes. Así se podrían reducir los impuestos a la clase media o invertir más en servicios públicos: vivienda, educación, sanidad, infraestructuras.

P. El 10% de la población mundial tiene el 75% de la riqueza. ¿Gravar más a los más ricos reduciría esa enorme desigualdad?

R. Quiero ser claro: el impuesto mínimo no va a ser suficiente por sí solo para reducir la concentración de la riqueza. No es la solución definitiva al aumento de la desigualdad. La riqueza de los milmillonarios crece tan rápido (un 10% anual de media) que, incluso con un impuesto del 2%, su patrimonio seguiría aumentando un 8% al año de media, mucho más rápido que la tasa media de crecimiento de la riqueza de una persona común.

Por lo tanto, no es suficiente, pero es necesario. Y lo es en un sentido amplio: necesitamos un nuevo movimiento internacional en el que trabajemos juntos —España, Brasil, Francia, Sudáfrica, etcétera— para reescribir las reglas del juego económico de manera que protejan la democracia, los trabajadores y el medio ambiente. Esta iniciativa es el embrión de lo que podría ser un nuevo internacionalismo, alternativo a la visión trumpista basada en la coacción, la preeminencia de la riqueza y la captura plutocrática de los gobiernos.

P. Parece que el mundo se va moviendo hacia la extrema derecha. ¿Va a frenar el proceso?

R. Volvemos a las diversas iniciativas que están surgiendo en Brasil, California, Francia, Bélgica, España, el Reino Unido... Si avanzamos en este asunto, se reducirá el atractivo de los movimientos de extrema derecha, que prosperan sobre la idea de que los gobiernos son impotentes para ejercer cualquier tipo de autoridad sobre los actores económicos más poderosos. Es crucial demostrar que los gobiernos tienen poder para ejercer su autoridad sobre los milmillonarios y que podemos lograr progresos concretos hacia una mayor justicia económica. Entonces se abrirá un abanico de posibilidades y se devolverá la fe a mucha gente. Si podemos hacerlo con los milmillonarios, podemos hacerlo con las multinacionales y reescribir las reglas del comercio internacional.

P. Menciona las multinacionales. El impuesto mínimo de la OCDE se ha quedado descafeinado. ¿Hemos vuelto a la casilla de salida?

R. Desafortunadamente, se ha visto drásticamente debilitado. Se introdujeron muchos resquicios legales y, más recientemente, se ha eximido a Estados Unidos de las reglas comunes. Pero no hemos vuelto al punto de partida. Ahora sabemos que podemos ponernos, que forma parte del terreno de lo posible. El tema volverá y lo haremos mejor la próxima vez.

P. Se ha convertido en un referente de la izquierda. ¿Ha pensado en entrar en política?

R. Me gusta tanto lo que hago: investigar, orientar a los estudiantes, tener la libertad de trabajar en los temas que me interesan, desarrollar el observatorio... Este trabajo tiene influencia y ciertas repercusiones críticas. Estoy muy contento." 

(Laura Delle Femmine , El País, 22/02/26)  

El PP lo dice claro. Quiere eliminar Patrimonio, Sucesiones y el impuesto a banca... Patrimonio lo pagaron 192.041 personas y recaudó 1.961 M, aprox. 0,40% de la población... con una herencia de 1.000.000€, se pagan 140.000€ en Asturias, 110.000€ en Aragón, 70.000€ en Cataluña (y en varias CCAA, cero)... el gravamen Banca+energéticas aportó 2.859 M€ en 2024. Ese mismo año la gran banca ganó 31.768 millones de euros (récord) y las grandes energéticas 11.249 millones... el PP, solo busca bajar los impuestos a los más ricos. ¿Cómo se sostendrá esa bajada de la recaudación? O pagaremos todos o recortes. Así de sencillo (Julen Bollain)

Julen Bollain @JulenBollain

El PP lo dice claro. Quiere eliminar Patrimonio, Sucesiones y el impuesto a banca. 

Veamos: Patrimonio (2023): lo pagaron 192.041 personas y recaudó 1.961 M€ → aprox. 0,40% de la población (4 de cada 1.000 personas. 

Sucesiones: con una herencia de 500.000€ por hijo se paga aprox. 14.500€ en Castilla-La Mancha, 12.400€ en Cataluña, 5.200€ en Navarra; con 1.000.000€, 140.000€ en Asturias, 110.000€ en Aragón, 70.000€ en Cataluña (y en varias CCAA es cero en esos escenarios).

 Banca+energéticas: el gravamen aportó 2.859 M€ en 2024. Ese mismo año la gran banca ganó 31.768 millones de euros (récord) y las grandes energéticas 11.249 millones. ¡Casi nada! 

Es decir, el PP, como siempre, solo busca bajar los impuestos a los más ricos. ¿Cómo se sostendrá esa bajada de la recaudación? O pagaremos todos o recortes. Así de sencillo.

"Juan Bravo (PP): “Tenemos que desterrar Patrimonio, Sucesiones y el impuesto a la banca para recaudar más" (Demócrata)

Última edición9:07 a. m. · 23 feb. 2026 ·23 mil Visualizaciones

20.2.26

Paul Krugman: Los ultrarricos son diferentes a ti y a mí. Solo la gente común paga impuestos... el 1 % más rico solo paga el 27 % del total de los impuestos federales... Los ultra ricos —el 0,1 %, el 0,01 % y el 0,00001 %— pagan tipos impositivos mucho más bajos que los simplemente ricos... son los ultra ricos, que representan solo una pequeña fracción del 1 %, los que se han alejado del resto de la nación... la riqueza total en manos de los simplemente ricos —aquellos que se encuentran en el 1 % superior, pero no en el 0,1 % superior— ha disminuido desde la década de 2010.. Al mismo tiempo, la proporción de riqueza del 0,1 % más rico, los ultra ricos, se ha disparado... parte del aumento de la riqueza del 0,1 % corresponde a la clase de los supermultimillonarios, un pequeño subgrupo de personas con una riqueza casi inconcebible... ¿Por qué los ultra ricos se están alejando del resto? En parte porque pagan muchos menos impuestos que la gente común... ¿Cómo lo consiguen los ultra ricos? La mayor parte de su éxito implica estrategias que son legales, aunque no deberían serlo... la mayor parte de sus ingresos no se acumulen directamente en ellos mismos, sino en las empresas que controlan, y puedan beneficiarse de su riqueza sin convertirla nunca en ingresos imponibles... Fuimos capaces de gravar a los ricos durante una generación después de la Segunda Guerra Mundial, una generación en la que Estados Unidos logró el mejor crecimiento de su historia... los países avanzados tienen una enorme capacidad para alcanzar sus objetivos, si así lo desean. El problema, por supuesto, es que muchos políticos no quieren recaudar impuestos a los súper ricos, porque estos han utilizado su riqueza para alcanzar un inmenso poder político... es mejor que tomemos medidas antes de que sea demasiado tarde

 en Estados Unidos no abordan nos hemos convertido en una oligarquía, con una gran parte de los ingresos, una parte aún mayor de la riqueza y una enorme cantidad de poder político acumulados en manos de un número muy reducido de personas... 

 Para comprender lo que nos está sucediendo, debemos centrarnos en el 0,1 %, el 0,01 % e incluso el 0,00001 %... 

 

 "El miércoles, el Wall Street Journal publicó un artículo con el titular «Los bajos impuestos de los multimillonarios se están convirtiendo en un problema para la economía». Oye, ¿qué se puede esperar de un periodicucho izquierdista y progresista?

Para ser sinceros, el artículo no presentaba argumentos muy convincentes para defender su tesis aparente, según la cual la creciente concentración de la riqueza en la cima de la pirámide puede provocar inestabilidad económica. Sin embargo, sí ofrecía un buen análisis tanto de la creciente concentración de la riqueza en manos de una pequeña élite como del grado en que esta élite es capaz de eludir el pago de impuestos.

Muchos debates sobre la desigualdad en Estados Unidos no abordan la forma en que nos hemos convertido en una oligarquía, con una gran parte de los ingresos, una parte aún mayor de la riqueza y una enorme cantidad de poder político acumulados en manos de un número muy reducido de personas. Todavía se ven debates sobre la «élite» que se centran en el 20 % o el 10 % más rico, cuando la acción real se encuentra mucho más arriba en la escala. No importa el 1 %. Para comprender lo que nos está sucediendo, debemos centrarnos en el 0,1 %, el 0,01 % e incluso el 0,00001 %.

 Es cierto que incluso la situación económica del 1 % más rico es objeto de numerosos malentendidos. El artículo del WSJ sugería de forma engañosa que los estadounidenses que forman parte del 1 % más rico en su conjunto están sujetos a una fuerte presión fiscal, ya que pagan el 40 % de los impuestos sobre la renta. ¡Pero el impuesto sobre la renta no es el único impuesto! En concreto, el Gobierno federal también recauda muchos ingresos a través de los impuestos sobre las nóminas, que gravan mucho más a los estadounidenses con ingresos bajos y medios que a la clase alta. Como resultado, el 1 % más rico solo paga el 27 % del total de los impuestos federales: (...)

Además, los impuestos estatales y locales son muy regresivos: (...)

En general, el 1 % más rico como grupo paga como máximo una parte ligeramente mayor de los impuestos estadounidenses que su parte de los ingresos antes de impuestos.

Además, la mayoría de las personas que forman parte del 1 % más rico son lo que Leona Helmsley llamaba «gente pequeña», como en «Solo la gente pequeña paga impuestos». Los ultra ricos —el 0,1 %, el 0,01 % y el 0,00001 %— pagan tipos impositivos mucho más bajos que los simplemente ricos. En breve explicaré cómo lo consiguen. En primer lugar, permítanme señalar que son los ultra ricos, que representan solo una pequeña fracción del 1 %, los que se han alejado del resto de la nación.

 Los datos de las Cuentas Financieras Distributivas de la Reserva Federal son sorprendentes. Resulta que la proporción de la riqueza total en manos de los simplemente ricos —aquellos que se encuentran en el 1 % superior, pero no en el 0,1 % superior— ha disminuido desde la década de 2010:

Al mismo tiempo, la proporción de riqueza del 0,1 % más rico, los ultra ricos, se ha disparado: (...)

En 2022, la riqueza mínima necesaria para entrar en esta categoría era de 46 millones de dólares. Ahora es más.

Y gran parte del aumento de la riqueza del 0,1 % corresponde a la clase de los supermultimillonarios, un pequeño subgrupo de personas con una riqueza casi inconcebible. (...)  

¿Por qué los ultra ricos se están alejando del resto? En parte porque pagan muchos menos impuestos que la gente común. Algunos logran igualar a Leona Helmsley y no pagan impuestos en absoluto. Según estimaciones recientes de Balkin, Saez, Yagan y Zucman, en promedio pagan una tasa impositiva total (federal, estatal y local) de solo el 24 %. Eso es menos que la media de toda la población, que ronda el 30 %. Y es mucho menos que la tasa impositiva de los «trabajadores con mayores ingresos». Es decir, personas que reciben grandes sueldos, pero que reciben sueldos. Por el contrario, los ingresos de los ultra ricos provienen en gran medida de las empresas que poseen o a través de ellas.

Por decirlo de otra manera: el «tipo que gana 400 000 dólares al año trabajando en Wall Street, volando en primera clase y viviendo cómodamente», ridiculizado por Gordon Gekko en la película Wall Street, paga alrededor del 40 % de sus ingresos en impuestos. Los equivalentes modernos de Gekko —que ganan mucho más dinero que los depredadores financieros en los que se inspiró el personaje— suelen pagar solo la mitad.

¿Cómo lo consiguen los ultra ricos? La mayor parte de su éxito en la evasión fiscal se debe probablemente a la elusión fiscal más que a la evasión fiscal. La elusión, a diferencia de la evasión, implica estrategias que son legales, aunque no deberían serlo. Balkin et al. destacan la forma en que los ultra ricos se organizan para garantizar que la mayor parte de sus ingresos no se acumulen directamente en ellos mismos, sino en las empresas que controlan, y puedan beneficiarse de su riqueza sin convertirla nunca en ingresos imponibles.

El WSJ señala un ejemplo:

    "Acumular activos como acciones, pedir préstamos contra ellos en lugar de venderlos durante la vida del propietario y pasarlos a la siguiente generación después de la muerte se denomina a veces la estrategia de elusión fiscal «comprar, pedir prestado, morir»."

Está claro que, según cualquier criterio razonable, los extremadamente ricos pagan mucho menos de lo que les corresponde en impuestos.

¿Por qué el Gobierno de Estados Unidos no intenta cerrar las lagunas que permiten a los extremadamente ricos pagar tan poco? No digan que sería técnicamente difícil o que perjudicaría a la economía. Fuimos capaces de gravar a los ricos durante una generación después de la Segunda Guerra Mundial, una generación en la que Estados Unidos logró el mejor crecimiento de su historia. En general, los gobiernos de los países avanzados tienen una enorme capacidad para alcanzar sus objetivos, si así lo desean.

El problema, por supuesto, es que muchos políticos no quieren recaudar impuestos a los súper ricos, porque estos han utilizado su riqueza para alcanzar un inmenso poder político. Y el hecho de no gravarles eficazmente refuerza la enorme acumulación de riqueza en la cima.

Es un círculo vicioso. Y sea cual sea tu opinión sobre las propuestas específicas de impuestos sobre el patrimonio y otros enfoques para controlar a la clase multimillonaria de Estados Unidos, es mejor que tomemos medidas antes de que sea demasiado tarde." 

(Paul Krugman , blog, 20/02/26, traducción DEEPL, enlaces en el original)  

10.2.26

La siempre pendiente reforma fiscal en España... las carencias del sistema fiscal español se manifiestan en la insuficiencia crónica de recursos públicos, en la falta de equidad en la distribución de las contribuciones y en un diseño impositivo poco eficaz para incentivar comportamientos económicamente deseables —como la inversión productiva o la I+D+i— y desincentivar otros claramente contraproducentes, como las energías de origen fósil, el rentismo o los apartamentos turísticos... El resultado es un Estado estructuralmente infra financiado, con déficits recurrentes y un elevado endeudamiento público, así como una Agencia Tributaria carente de recursos suficientes, lo que favorece el fraude fiscal y la economía sumergida... Uno de los problemas más evidentes es la insuficiente capacidad recaudatoria... A la falta de recaudación suficiente se suma una estructura tributaria poco progresiva y desequilibrada en el reparto de las contribuciones... La imposición indirecta, por su parte, plantea importantes dilemas distributivos. El peso del IVA en la recaudación total es elevado y afecta de manera desproporcionada a los hogares con menor renta... Especialmente crítica resulta la situación del Impuesto sobre Sociedades, cuya recaudación efectiva es muy inferior a la que cabría esperar de un impuesto diseñado para gravar los beneficios empresariales. La existencia de deducciones, compensaciones de bases negativas, regímenes especiales y esquemas de consolidación fiscal permiten que muchas grandes empresas tributen a tipos efectivos muy reducidos, generando una competencia fiscal desleal frente a las PYMEs... La imposición sobre la riqueza es muy baja en Europa (2,3% del PIB) al igual que sobre las empresas. Aquí el economista Gabriel Zucman ha propuesto un impuesto adicional del 2% sobre el patrimonio a los superricos... En definitiva, el sistema fiscal español adolece de una combinación de insuficiencia en la recaudación, progresividad mejorable y falta de beligerancia para combatir comportamientos antieconómicos... Desgraciadamente, la composición actual del Parlamento seguirá aplazando su reforma siempre pendiente (Carlos Martín Urriza)

 "El sistema fiscal español arrastra desde hace décadas deficiencias estructurales que hacen imprescindible una reforma de calado. Estas carencias se manifiestan en la insuficiencia crónica de recursos públicos, en la falta de equidad en la distribución de las contribuciones y en un diseño impositivo poco eficaz para incentivar comportamientos económicamente deseables —como la inversión productiva o la I+D+i— y desincentivar otros claramente contraproducentes, como las energías de origen fósil, el rentismo o los apartamentos turísticos. Libro Blanco, tras Libro Blanco, los diagnósticos y recomendaciones se reiteran con una persistencia casi «sisífica«, sin que el sistema llegue a converger completamente con los estándares fiscales europeos, manteniéndose en una situación de insuficiencia en buena medida asumida como normal. El resultado es un Estado estructuralmente infra financiado, con déficits recurrentes y un elevado endeudamiento público, así como una Agencia Tributaria carente de recursos suficientes, lo que favorece el fraude fiscal y la economía sumergida.

Uno de los problemas más evidentes es la insuficiente capacidad recaudatoria. El nivel de contribución fiscal (incluidas cotizaciones sociales) se situaba en 2023 en España 3,1 puntos del PIB por debajo de la Eurozona, que se elevan a 5 puntos si se compara con Italia y a 7,3 con Francia.  Esto se traduce en decenas de miles de millones de euros que se dejan de ingresar cada año. Esta brecha limita de forma estructural la financiación de servicios públicos esenciales como la sanidad, la educación, las pensiones, la atención a la dependencia, o la inversión pública, lo que dificulta a su vez resolver el infradesarrollo del tejido productivo y pone en riesgo afrontar con éxito la transición verde y la revolución digital, en particular, cuando en agosto de este año se dejen de recibir los fondos para la inversión procedentes del Next Generation EU y persista el bloqueo para aprobar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado.

A la falta de recaudación suficiente se suma una estructura tributaria poco progresiva y desequilibrada en el reparto de las contribuciones. En el IRPF -la figura impositiva que más ingresos genera y donde el 80% de la recaudación procede de las rentas del trabajo-, la tendencia recurrente a introducir rebajas fiscales en momentos de crecimiento económico ha debilitado la progresividad del impuesto y reducido su capacidad redistributiva. Estas decisiones, frecuentemente justificadas como estímulos al consumo o al crecimiento, tienen efectos permanentes sobre la recaudación y limitan el margen de actuación de las políticas públicas en momentos de crisis. Por el contrario, el gobierno de coalición ha llevado a cabo cambios equilibrados y reforzado la progresividad: ha reducido el IRPF a los perceptores de rentas del trabajo por debajo de los 21.000 euros, elevado el mínimo exento hasta el salario mínimo y aumentado el impuesto para las rentas más altas en la tarifa general y de las rentas del capital.

La imposición indirecta, por su parte, plantea importantes dilemas distributivos. El peso del IVA en la recaudación total es elevado y afecta de manera desproporcionada a los hogares con menor renta. Aunque este tipo de impuestos tiene ventajas en términos de estabilidad recaudatoria, su uso sin mecanismos compensatorios adecuados contribuye a reforzar la regresividad del sistema fiscal en su conjunto. Con este fin, está pendiente reducir al 4% el IVA de los suministros básicos del hogar (agua, luz, gas, basuras y alcantarillado) y elevar el IVA de la hostelería hasta el 21% para aprovechar nuestra ventaja competitiva en el turismo, terminando así con la importante transferencia de renta que anualmente se hace a los no residentes que veranean en nuestro país. Asimismo, para compensar parte de la regresividad de la imposición indirecta sería oportuno recuperar el impuesto sobre el lujo: mansiones, yates, jets, coches de alta gama, relojes, joyas, etc.

Especialmente crítica resulta la situación del Impuesto sobre Sociedades, cuya recaudación efectiva es muy inferior a la que cabría esperar de un impuesto diseñado para gravar los beneficios empresariales. La existencia de deducciones, compensaciones de bases negativas, regímenes especiales y esquemas de consolidación fiscal permiten que muchas grandes empresas tributen a tipos efectivos muy reducidos, generando una competencia fiscal desleal frente a las PYMEs. Este fenómeno no solo reduce los ingresos públicos, sino que distorsiona el funcionamiento del mercado y penaliza a quienes no pueden acceder a estos mecanismos. Aquí se ha avanzado adoptando un impuesto complementario que establece un suelo tributario del 15% para multinacionales y grandes empresas; se han aproximado los tipos efectivos de las grandes y las PYMEs, aunque rebajando los tipos de estas últimas lo que afecta a la suficiencia; y se introdujeron prestaciones patrimoniales sobre los beneficios extraordinarios de las empresas de la energía y banca consecuencia de la guerra de Ucrania. No obstante, su proceso de conversión en impuestos terminó con la cancelación del primero y la rebaja del segundo.

La imposición sobre la riqueza es muy baja en Europa (2,3% del PIB) al igual que sobre las empresas. Aquí el economista Gabriel Zucman ha propuesto un impuesto adicional del 2% sobre el patrimonio a los superricos. En este apartado, el gobierno de coalición ha introducido un impuesto de solidaridad a las grandes fortunas que ha permitido recaudar 1.000 millones de euros adicionales y ha supuesto un límite a la competencia fiscal entre comunidades autónomas. Está pendiente completar este esquema con un impuesto sobre las grandes herencias que tenga el mismo efecto sobre las sucesiones y donaciones.

A estos problemas se añaden los retos derivados de la transición ecológica y la digitalización de la economía. La fiscalidad medioambiental y los nuevos impuestos sobre actividades digitales se presentan como instrumentos necesarios, pero su diseño actual resulta insuficiente o problemático. Una fiscalidad verde mal planteada puede trasladar los costes de la transición a los hogares más vulnerables sin compensaciones (impuesto al diésel), mientras que los gravámenes sobre la economía digital no han logrado corregir de forma efectiva la baja tributación de las grandes multinacionales tecnológicas (impuesto sobre determinados servicios digitales).

En definitiva, el sistema fiscal español -aun siendo moderno-, adolece de una combinación de insuficiencia en la recaudación, progresividad mejorable y falta de beligerancia para combatir comportamientos antieconómicos. La ausencia de una reforma integral perpetúa un modelo que no recauda todo lo que debería y es mejorable en la distribución de las contribuciones, lo que genera desconfianza ciudadana. Afrontar esta reforma no es solo una cuestión técnica, sino una decisión política clave para garantizar la cohesión social, la sostenibilidad del Estado del Bienestar y el progreso y estabilidad económica a largo plazo. Desgraciadamente, la composición actual del Parlamento seguirá aplazando su reforma siempre pendiente." 

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