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21.12.25

Las tres narrativas sobre Gaza: una, la de Trump; se basa en la afirmación interesada de que el presidente de EE. UU., Donald Trump, resolvió personalmente la crisis en Oriente Medio, inaugurando una paz que supuestamente ha eludido a la región durante miles de años, posicionando la aprobación de EE. UU. como la única medida de legitimidad.... dos, la de los palestinos: apoyada por el Sur Global, su el objetivo es la libertad y los derechos palestinos basados en el derecho internacional y los principios humanitarios... y tres, la narrativa israelí de dominación y genocidio, Sus actores operan con una impunidad escalofriante, creando rápidamente hechos irreversibles en el terreno. Crucialmente, la falta de hacer cumplir la responsabilidad por esta violencia generalizada es la razón principal por la que Israel ha podido sostener su devastador genocidio en Gaza durante dos años completos; se articula a través de los escalofriantes actos y empujes legislativos de los funcionarios gubernamentales de más alto rango. Ningún funcionario israelíes muestra el más mínimo interés en el "plan de paz" de Trump o en la visión palestina de la soberanía estatal. El objetivo principal de Netanyahu es asegurar que el derecho internacional nunca se implemente, que no se establezca ningún atisbo de soberanía palestina y que Israel pueda contradecir la ley en el momento y de la manera que elija... Mientras la narrativa pro-Palestina carezca de las herramientas para hacer cumplir sus principios, Israel y sus partidarios occidentales no verán ninguna razón para cambiar de rumbo. Los estados deben reemplazar los gestos simbólicos y priorizar medidas de rendición de cuentas agresivas y proactivas. Esto significa ir más allá de la simple condena verbal y aplicar presión legal y económica concreta. Israel está ahora más aislado que nunca, con la opinión pública colapsando rápidamente a nivel mundial. Esta aislamiento debe ser aprovechado por las fuerzas pro-Palestina a través de una acción diplomática coordinada y decisiva, impulsando un frente global unificado que exija la aplicación de la ley internacional y responsabilice a Israel y a sus numerosos criminales de guerra por sus crímenes continuos... Una paz duradera solo puede construirse sobre la base de la justicia, no sobre la realidad militar establecida por un agresor que no duda en emplear el genocidio al servicio de sus designios políticos. Esta es la frontera moral innegable: confrontar y desmantelar la impunidad que permite a un estado perseguir el exterminio como una herramienta política (Ramzy Baroud)

 "Tres narrativas dominantes compiten por el futuro de Gaza y Palestina ocupada, pero solo una se está traduciendo en acciones concretas: la narrativa israelí de dominación y genocidio. Esta visión singular y violenta es la única respaldada por la fuerza bruta de la política y los hechos.

La primera narrativa pertenece a la administración Trump, ampliamente adoptada por los aliados occidentales de Estados Unidos. Se basa en la afirmación interesada de que el presidente de EE. UU., Donald Trump, resolvió personalmente la crisis en Oriente Medio, inaugurando una paz que supuestamente ha eludido a la región durante miles de años. Figuras como Trump, su yerno Jared Kushner y el embajador de EE.UU. en Israel, Mike Huckabee, son presentadas como arquitectos de un nuevo orden regional.

Esta narrativa es exclusiva, dominante y centrada en Estados Unidos. Fue ejemplificado por el propio Trump cuando declaró que el conflicto en Gaza estaba "terminado" y presentó un "plan de paz" que evitaba estratégicamente cualquier compromiso claro con la creación de un estado palestino. Toda la visión se basa en una diplomacia transaccional y un rechazo del consenso legal internacional, posicionando la aprobación de EE. UU. como la única medida de legitimidad.

La segunda narrativa es la de los palestinos, apoyada por las naciones árabes y gran parte del Sur Global. Aquí, el objetivo es la libertad y los derechos palestinos basados en el derecho internacional y los principios humanitarios.

Este discurso está frecuentemente moldeado por declaraciones de altos funcionarios árabes. El Ministro de Relaciones Exteriores de Egipto, Badr Abdelatty, por ejemplo, afirmó el pasado abril que la solución de dos estados es “la única manera de lograr seguridad y estabilidad en esta región”, añadiendo una advertencia: “Si ignoramos el derecho internacional, (…) esto abrirá el camino para que prevalezca la ley de la selva.” Esta narrativa sigue insistiendo en que el derecho internacional es fundamental para una verdadera paz regional.

La tercera narrativa es la de Israel—y es la única respaldada por una política concreta y agresiva. Esta visión se escribe a través de una violencia sostenida y sistemática contra los civiles, confiscaciones agresivas de tierras, demoliciones deliberadas de hogares y declaraciones explícitas del gobierno de que nunca se permitirá un estado palestino. Sus actores operan con una impunidad escalofriante, creando rápidamente hechos irreversibles en el terreno. Crucialmente, la falta de hacer cumplir la responsabilidad por esta violencia generalizada es la razón principal por la que Israel ha podido sostener su devastador genocidio en Gaza durante dos años completos.

Esta narrativa no es teórica; se articula a través de los escalofriantes actos y empujes legislativos de los funcionarios gubernamentales de más alto rango.

El 8 de diciembre, el Ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, apareció en una sesión de la Knéset con un pin en forma de lazo mientras impulsaba un proyecto de ley de pena de muerte dirigido a prisioneros palestinos. El ministro declaró abiertamente que la soga era "solo una de las opciones" a través de las cuales implementarían la pena de muerte, enumerando "la opción de la horca, la silla eléctrica y (...) la inyección letal".

El Ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, mientras tanto, anunció una asignación de $843 millones para expandir los asentamientos ilegales en los próximos cinco años, un paso masivo hacia la anexión formal. Este financiamiento sin precedentes está destinado específicamente a reubicar bases militares, establecer clústeres de absorción de casas móviles y crear un registro de tierras dedicado para formalizar el control gubernamental israelí sobre el territorio palestino ocupado.

Esta política de expansión territorial está cimentada por el líder ideológico del gobierno, ya que el propio Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dejó claro que "no habrá un estado palestino". Es muy simple: no se establecerá,” llamando a su posible creación “una amenaza existencial para Israel.” Este rechazo inequívoco confirma que la estrategia oficial del gobierno israelí es la expansión territorial total y la negación permanente de la autodeterminación palestina.

Ninguno de estos funcionarios israelíes muestra el más mínimo interés en el "plan de paz" de Trump o en la visión palestina de la soberanía estatal. El objetivo principal de Netanyahu es asegurar que el derecho internacional nunca se implemente, que no se establezca ningún atisbo de soberanía palestina y que Israel pueda contradecir la ley en el momento y de la manera que elija.

El hecho es que estas narrativas no pueden seguir coexistiendo. Solo una verdadera rendición de cuentas — a través de presión política, legal y económica — puede detener el avance de Israel hacia la continuación de su campaña genocida, destrucción y legislación punitiva. Esto debe incluir la rápida imposición de sanciones a Israel y sus altos funcionarios, embargos de armas integrales contra Tel Aviv para poner fin a las guerras en curso, y plena responsabilidad ante la Corte Penal Internacional (CPI) y la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

Mientras la narrativa pro-Palestina carezca de las herramientas para hacer cumplir sus principios, Israel y sus partidarios occidentales no verán ninguna razón para cambiar de rumbo. Los estados deben reemplazar los gestos simbólicos y priorizar medidas de rendición de cuentas agresivas y proactivas. Esto significa ir más allá de la simple condena verbal y aplicar presión legal y económica concreta.

Israel está ahora más aislado que nunca, con la opinión pública colapsando rápidamente a nivel mundial. Esta aislamiento debe ser aprovechado por las fuerzas pro-Palestina a través de una acción diplomática coordinada y decisiva, impulsando un frente global unificado que exija la aplicación de la ley internacional y responsabilice a Israel y a sus numerosos criminales de guerra por sus crímenes continuos.

Una paz duradera solo puede construirse sobre la base de la justicia, no sobre la realidad militar establecida por un agresor que no duda en emplear el genocidio al servicio de sus designios políticos. Esta es la frontera moral innegable: confrontar y desmantelar la impunidad que permite a un estado perseguir el exterminio como una herramienta política." 

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1.12.25

Papa León XIV: "Sabemos que Israel no ... acepta el Estado Palestino", pero "lo vemos como la única solución"... Personalmente, no veo cómo se puede conseguir un estado palestino independiente en Cisjordania y Gaza dado la colonización israelí de la primera y la destrucción de la segunda. Pero, es bueno ver al Papa ser completamente honesto con nosotros sobre la postura israelí y no involucrarse en la típica tergiversación occidental. También es bueno verlo decidido a no rendirse y a señalar que el Vaticano está dispuesto a mediar en un acuerdo cuando llegue el momento... Lo que me gusta de los comentarios del Papa León es que admitió abiertamente que el gobierno israelí está firmemente en contra de una solución de dos estados. Esta refrescante franqueza suele faltar por completo en Washington... Netanyahu ha prometido repetidamente que nunca habrá un estado palestino (Juan Cole, Un. Michigan)

 "El Papa León XIV voló de Turquía a Líbano el domingo y sorprendió al grupo de prensa que volaba con él al hacerles algunos comentarios. Su predecesor, el Papa Francisco, había estado más comprometido con la prensa en tales situaciones. Justin McClellan en el National Catholic Reporter informa que Leo dijo que el Vaticano sigue presionando por una solución de dos estados para el conflicto israelo-palestino y añadió,

"Sabemos que en este momento, Israel no acepta esta solución, pero la vemos como la única que puede ofrecer una solución al conflicto que están viviendo." También somos amigos de Israel, y tratamos con ambas partes de ser una voz mediadora que pueda ayudar a acercarlos a una solución con justicia para todos.

El Vaticano reconoció el estado de Palestina en 2015.

Lo que me gusta de los comentarios del Papa León es que admitió abiertamente que el gobierno israelí está firmemente en contra de una solución de dos estados. Esta refrescante franqueza suele faltar por completo en Washington, D.C., donde generaciones de políticos estadounidenses han pronunciado su apoyo a una solución de dos estados sin reconocer que los palestinos no tienen un socio para la paz.

El Primer Ministro Benjamin Netanyahu ha prometido repetidamente que nunca habrá un estado palestino. Reafirmó esa oposición acérrima a principios de este mes y gruñó: "No necesito afirmaciones, tuits o lecciones de nadie."

Sin embargo, Netanyahu aparentemente necesita miles de millones de dólares del dinero de los estadounidenses, solo que quiere que lo entreguen con humildad y en silencio.

Aún así, rutinariamente escuchas a presidentes, secretarios de estado, diplomáticos, senadores, congresistas y prácticamente a todos los que se les pregunta en público qué harían con respecto al conflicto de Oriente Medio, decir que ponen su fe en la solución de dos estados. Ningún reportero sigue con la pregunta: "¿Pero cómo lograrán eso si los israelíes lo rechazan?" Y los políticos no se ofrecen a abordar ese problema.

Parte del objetivo del genocidio en Gaza para el gobierno de extrema derecha en Tel Aviv es precisamente evitar la aparición de un estado palestino, haciéndolo inhabitable y apuntando a su limpieza étnica. Netanyahu no permitirá que Gaza sea gobernada por la Autoridad Palestina, creada por los Acuerdos de Oslo de 1993 que Israel firmó, junto con el gobierno de Estados Unidos. La ANP, que se autodenomina el Estado de Palestina, reconoció a Israel en 1993. Netanyahu prefirió que el volátil Hamas fundamentalista musulmán estuviera a cargo de Gaza, con el fin de dividir Palestina y gobernarla. Fue esa aspiración por parte de Netanyahu de impedir para siempre un estado palestino, incluso a costa de colaborar con Hamas, lo que llevó a los ataques del 7 de octubre de 2023.

Personalmente, no veo cómo se puede conseguir un estado palestino independiente en Cisjordania y Gaza dado la colonización israelí de la primera y la destrucción de la segunda. Pero, es bueno ver al Papa ser completamente honesto con nosotros sobre la postura israelí y no involucrarse en la típica tergiversación occidental. También es bueno verlo decidido a no rendirse y a señalar que el Vaticano está dispuesto a mediar en un acuerdo cuando llegue el momento. La Iglesia Católica Romana tiene importantes recursos diplomáticos para desempeñar tal papel.

Al ser preguntado sobre sus conversaciones del sábado con el presidente turco Tayyip Erdogan sobre el tema, el Papa reconoció que el presidente de Turquía "está ciertamente de acuerdo" con la solución de dos estados y dijo que Turquía "tiene un papel importante que podría desempeñar en esto".

Al aterrizar en Líbano, el Papa León se reunió con el presidente cristiano, Joseph Aoun, y otros funcionarios en el palacio presidencial de Baabda.

Se dirigió a la población multicultural libanesa, diciendo: "Ustedes son un pueblo que no se rinde." Se levantan ante las dificultades y saben renacer. Dijo que muchos libaneses en el país y en el extranjero están trabajando silenciosamente por la paz.

Los adultos libaneses son aproximadamente 1/3 cristianos, y la mayoría del resto son musulmanes sunitas o chiitas. Aproximadamente el 6% son drusos, una rama esotérica del ismailismo chií. Al Jazeera informa que “el principal clérigo druso, el jeque Sami Abi al-Muna, [dijo] que Líbano ‘necesita el destello de esperanza representado por esta visita.'”

El Papa León dijo: "Líbano puede estar orgulloso de una sociedad civil vibrante, rica en talentos y jóvenes capaces de expresar los sueños y esperanzas de todo el país." Les insto a que permanezcan conectados con su pueblo y se pongan a su servicio. Hablen un solo idioma: el idioma de la esperanza, que une a todos y les permite empezar de nuevo.

Refiriéndose de manera indirecta a la guerra israelí en curso con el partido-milicia chiita libanés Hezbollah, el papa dijo: "Esto no es solo un desafío para Líbano, sino para todo el Medio Oriente: ¿Cómo podemos asegurar que los jóvenes, en particular, no se sientan obligados a dejar su patria?" ¿Cómo podemos animarles a encontrar la paz en su hogar y convertirse en sus líderes? Los cristianos, musulmanes y todos los demás componentes religiosos y cívicos de la sociedad libanesa están llamados a desempeñar su papel y a involucrar a la comunidad internacional en este esfuerzo.

Está claramente preocupado de que el conflicto interminable con Israel y el consiguiente daño a la economía libanesa lleven a la emigración de un gran número de jóvenes. Debe preocuparse especialmente por el declive del cristianismo en el Medio Oriente. La guerra de Irak y sus secuelas durante la administración Bush prácticamente vaciaron Irak de sus cristianos, que habían sido una minoría significativa en ese país. Líbano está particularmente mal gobernado, de modo que se permitió que algunos productos químicos viejos almacenados en el puerto explotaran, el gerente del banco central parece haber robado todo el dinero del país, y la electricidad y el internet son intermitentes. Así que si el Papa está preocupado por una posible emigración de libaneses, incluidos los cristianos libaneses, tendría todo el derecho de estarlo."

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19.11.25

Trump impulsó en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución elaborada por Israel con el objetivo de eliminar la posibilidad de un Estado de Palestina. La resolución hace tres cosas. Establece el control político de Estados Unidos sobre Gaza. Separa Gaza del resto de Palestina. Y permite a Estados Unidos, y por lo tanto a Israel, determinar el calendario para la supuesta retirada de Israel de Gaza, lo que significaría: nunca... Esto es imperialismo disfrazado de proceso de paz... Esto supondría un retorno manifiesto al mandato británico de hace 100 años, con la única diferencia de que sería Estados Unidos quien ostentaría el mandato en lugar de Gran Bretaña. Si no fuera tan trágico, sería ridículo... Increíblemente, según el proyecto de resolución, se concederían poderes soberanos en Gaza a la Junta de Paz. La soberanía palestina queda a discreción de la Junta, que decidiría por sí sola cuándo los palestinos están «listos» para gobernarse a sí mismos, ¿quizás dentro de otros 100 años? Para que Israel logre su objetivo de crear un «Gran Israel», Estados Unidos está aplicando una clásica estrategia de «divide y vencerás», presionando a los Estados árabes e islámicos con amenazas e incentivos... Estados Unidos no ofrece ninguna protección real, sino que orquesta una red de protección, extrayendo concesiones de los países en los que tiene influencia. Esta extorsión continuará hasta que la comunidad internacional se oponga a estas tácticas e insista en la soberanía palestina genuina y en el cumplimiento del derecho internacional por parte de Estados Unidos e Israel (Jeffrey Sachs)

 "La administración Trump está impulsando esta semana en el Consejo de Seguridad de la ONU (CSNU) una resolución elaborada por Israel con el objetivo de eliminar la posibilidad de un Estado de Palestina. La resolución hace tres cosas. Establece el control político de Estados Unidos sobre Gaza. Separa Gaza del resto de Palestina. Y permite a Estados Unidos, y por lo tanto a Israel, determinar el calendario para la supuesta retirada de Israel de Gaza, lo que significaría: nunca.

Esto es imperialismo disfrazado de proceso de paz. En sí mismo, no es ninguna sorpresa. Israel dirige la política exterior de Estados Unidos en Oriente Medio. Lo que sí es una sorpresa es que Estados Unidos e Israel puedan salirse con la suya con esta farsa a menos que el mundo alce la voz con urgencia e indignación.

El proyecto de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU establecería una Junta de Paz dominada por Estados Unidos y Reino Unido, presidida nada menos que por el propio Donald Trump, y dotada de amplios poderes sobre la gobernanza, las fronteras, la reconstrucción y la seguridad de Gaza. Esta resolución dejaría de lado al Estado de Palestina y condicionaría cualquier transferencia de autoridad a los palestinos a la indulgencia de la Junta de Paz.

Esto supondría un retorno manifiesto al mandato británico de hace 100 años, con la única diferencia de que sería Estados Unidos quien ostentaría el mandato en lugar de Gran Bretaña. Si no fuera tan trágico, sería ridículo. Como dijo Marx, la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa. Sí, la propuesta es una farsa, pero el genocidio de Israel no lo es. Es una tragedia de primer orden.

Increíblemente, según el proyecto de resolución, se concederían poderes soberanos en Gaza a la Junta de Paz. La soberanía palestina queda a discreción de la Junta, que decidiría por sí sola cuándo los palestinos están «listos» para gobernarse a sí mismos, ¿quizás dentro de otros 100 años? Incluso la seguridad militar está subordinada a la Junta, y las fuerzas previstas no responderían ante el Consejo de Seguridad de la ONU ni ante el pueblo palestino, sino ante la «orientación estratégica» de la Junta.

La resolución de Estados Unidos e Israel se presenta precisamente porque el resto del mundo, salvo Israel y Estados Unidos, ha tomado conciencia de dos hechos. En primer lugar, Israel está cometiendo un genocidio, una realidad que se observa cada día en Gaza y en Cisjordania, donde se asesina a palestinos inocentes para satisfacción de las Fuerzas de Defensa de Israel y los colonos ilegales israelíes en Cisjordania. Segundo, Palestina es un Estado, aunque su soberanía sigue siendo obstaculizada por Estados Unidos, que utiliza su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU para bloquear la membresía permanente de Palestina en la ONU. En la ONU, el pasado mes de julio y de nuevo en septiembre, la Asamblea General votó por abrumadora mayoría a favor de la condición de Estado de Palestina, un hecho que puso en marcha al lobby sionista israelí-estadounidense, lo que dio lugar al actual proyecto de resolución.

Para que Israel logre su objetivo de crear un «Gran Israel», Estados Unidos está aplicando una clásica estrategia de «divide y vencerás», presionando a los Estados árabes e islámicos con amenazas e incentivos. Cuando otros países se resisten a las exigencias de Estados Unidos e Israel, se les priva de tecnologías fundamentales, se les niega el acceso a la financiación del Banco Mundial y del FMI y sufren bombardeos israelíes, incluso en países donde hay bases militares estadounidenses. Estados Unidos no ofrece ninguna protección real, sino que orquesta una red de protección, extrayendo concesiones de los países en los que tiene influencia. Esta extorsión continuará hasta que la comunidad internacional se oponga a estas tácticas e insista en la soberanía palestina genuina y en el cumplimiento del derecho internacional por parte de Estados Unidos e Israel.

Palestina sigue siendo la víctima eterna de las maniobras de Estados Unidos e Israel. Los resultados no solo son devastadores para Palestina, que ha sufrido un genocidio absoluto, sino también para el mundo árabe y más allá. Israel y Estados Unidos se encuentran actualmente en guerra, de forma abierta o encubierta, en el Cuerno de África (Libia, Sudán, Somalia), el Mediterráneo oriental (Líbano, Siria), la región del Golfo (Yemen) y Asia occidental (Irak, Irán).

Si el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas quiere proporcionar una seguridad verdadera de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas, no debe ceder a las presiones de Estados Unidos y, en cambio, debe actuar con decisión de acuerdo con el derecho internacional. Una resolución verdaderamente pacífica debería incluir cuatro puntos fundamentales. En primer lugar, debería acoger al Estado de Palestina como Estado miembro soberano de la ONU, con el levantamiento del veto de Estados Unidos. En segundo lugar, debería salvaguardar la integridad territorial del Estado de Palestina e Israel, de acuerdo con las fronteras de 1967. En tercer lugar, debería establecer una fuerza de protección mandatada por el Consejo de Seguridad de la ONU y formada por Estados de mayoría musulmana. En cuarto lugar, debería incluir la retirada de fondos y el desarme de todas las entidades no estatales beligerantes, y debería garantizar la seguridad mutua de Israel y Palestina.

La solución de dos Estados tiene que ver con la paz verdadera, no con el politicidio y el genocidio de Palestina, ni con los continuos ataques de los militantes contra Israel. Es hora de que tanto los palestinos como los israelíes estén a salvo, y de que Estados Unidos e Israel renuncien a la cruel ilusión de gobernar permanentemente al pueblo palestino." 

( Jeffrey Sachs , Sybil Fares , blog, 13/11/25, traducción DEEPL)

9.10.25

Un plan de paz de 20 puntos sin colonialismo... El plan de 20 puntos del presidente Trump ofrece algunas propuestas constructivas sobre los rehenes, la ayuda humanitaria y la reconstrucción. Sin embargo, se ve empañado por marco colonial inconfundible: Gaza será supervisada por el propio Trump, con Tony Blair y otros extranjeros como administradores... Un verdadero plan de paz debe eliminar el andamiaje colonial. Debe restaurar la soberanía palestina abordando la cuestión central: la creación del Estado palestino... punto 9. Palestina, y Gaza como parte integral de la misma, serán gobernadas por la Autoridad Palestina... punto 16. Israel no ocupará ni anexará Gaza ni Cisjordania. Las fuerzas israelíes se retirarán por completo de todos los territorios palestinos ocupados... punto 19. El Estado de Palestina gobernará sus territorios soberanos totalmente a partir del 1 de enero de 2026... punto 20. Estados Unidos reconocerá inmediatamente un Estado soberano de Palestina, con membresía permanente en las Naciones Unidas, como una nación pacífica que coexiste con el Estado de Israel (Jeffrey D. Sachs)

 "Una versión revisada del plan de Trump para poner fin a la guerra en Gaza y la ocupación de Cisjordania. Es momento de honestidad, determinación global y claridad moral.

El plan de 20 puntos del presidente Trump ofrece algunas propuestas constructivas sobre los rehenes, la ayuda humanitaria y la reconstrucción. Sin embargo, se ve empañado por marco colonial inconfundible:  Gaza  será supervisada por el propio Trump, con Tony Blair y otros extranjeros como administradores del gobierno palestino, mientras que la creación de un Estado palestino se aplaza indefinidamente.

Esta lógica no es nueva. Retoma el enfoque angloamericano sobre  Palestina que se ha mantenido durante un siglo, desde el Tratado de Versalles de 1919, cuando Gran Bretaña adquirió el Mandato sobre Palestina, hasta las sucesivas intervenciones estadounidenses, tanto directas como indirectas en la región desde 1945.

Un verdadero plan de paz debe eliminar el andamiaje colonial. Debe restaurar la soberanía palestina abordando la cuestión central: la creación del Estado palestino. El plan debe empoderar la agencia palestina estableciendo que la Autoridad Palestina ejerza el gobierno desde el principio, que la planificación económica esté exclusivamente en manos de los palestinos, que no intervengan «virreyes» externos y que se establezca un cronograma claro y breve para la retirada israelí y la plena soberanía palestina para principios de 2026.

Este es un verdadero plan descolonizado: similar en esencia al de Trump, pero libere de de 100 años de engaños, mandatos, administración y otras imposiciones externas. También es coherente con el derecho internacional: en línea con el fallo de 2024 de la  Corte Internacional de Justicia , la reciente resolución de la  Asamblea General de las Naciones Unidas y el reconocimiento de Palestina por parte de  157 países  de todo el mundo.

El Plan Revisado de 20 Puntos: El Plan de Trump sin ataduras coloniales

Revisamos el plan Trump, conservando sus elementos centrales relacionados con la liberación de rehenes, el fin de los combates, la retirada del ejército israelí, la ayuda humanitaria de emergencia y la reconstrucción de la Palestina devastada por la guerra, eliminando al mismo tiempo el lenguaje y bagaje colonialistas. Los lectores pueden hacer una comparación punto por punto con el Plan de Trump original, disponible  aquí .

1. Palestina e  Israel  serán países libres de terrorismo  de tal forma que no representen una amenaza para sus vecinos.

2. Palestina será reconstruida  en beneficio de los palestinos, que han sufrido más que suficiente.

3. Si ambas partes aceptan esta propuesta, la guerra terminará inmediatamente. Las fuerzas israelíes se retirarán a la línea acordada para preparar la liberación de los rehenes. Todas las operaciones militares terminarán.

4. En un plazo de 72 horas desde que ambas partes acepten públicamente este acuerdo, todos los rehenes, vivos y muertos, serán devueltos.

5. Una vez liberados todos los rehenes, Israel liberará a los presos condenados a cadena perpetua y a los palestinos que detenidos después del 7 de octubre de 2023.

6. Una vez que todos los rehenes sean devueltos, se concederá amnistia a los miembros de Hamás que se comprometan a coexistir pacíficamente y a entregar sus armas. A los miembros de Hamás que deseen salir de Gaza se les proporcionará un paso seguro a los países de acogida.

7. Tras la aceptación de este acuerdo, se enviará inmediatamente ayuda completa a la Franja de Gaza. Como mínimo, las cantidades de ayuda serán consistentes con lo estipulado en el acuerdo del 19 de enero de 2025 relativo a la ayuda humanitaria, incluyendo la rehabilitación de infraestructuras (agua, electricidad, alcantarillado), la rehabilitación de hospitales y panaderías, y la entrada del equipo necesario para retirar escombros y abrir carreteras.

8. Tanto la entrada como distribución de ayuda a la Franja de Gaza se realizará sin interferencia de ambas partes a través de las Naciones Unidas y sus organismos, Red Crescent y otras instituciones internacionales que no estén asociadas de ninguna manera con las partes. La apertura del paso fronterizo de Rafah en ambas direcciones estará sujeta al mismo mecanismo implementado en virtud del acuerdo del 19 de enero de 2025.

9. Palestina, y Gaza como parte integral de la misma, serán gobernadas por la Autoridad Palestina . Los asesores internacionales podrán apoyar este esfuerzo, pero la soberanía reside en los palestinos.

10. La Autoridad Palestina, con el apoyo de un grupo de expertos de la región árabe y de expertos externos elegidos por los palestinos, elaborarán un plan de reconstrucción y desarrollo . Se podrán considerar propuestas externas, pero la planificación económica estará a cargo de los árabes.

11. Los palestinos podrán establecer una zona económica especial, con aranceles y tasas de acceso negociadas entre Palestina y los países socios.

12. Nadie será obligado a abandonar ningún territorio palestino soberano. Quienes deseen marcharse podrán hacerlo libremente y regresar libremente.

13. Hamás y otras facciones no tendrán ningún papel en el gobierno. Toda la infraestructura militar y terrorista será desmantelada y desactivada, bajo la supervisón de observadores independientes.

14. Los socios regionales garantizarán que Hamás y otras facciones cumplan con lo acoraddo, asegurando que Gaza no represente una amenaza para sus vecinos ni para su propio pueblo.

15. Los socios árabes e internacionales, por invitación de Palestina, desplegarán una Fuerza Internacional de Estabilización (FIS) temporal a partir del 1 de noviembre de 2025 para apoyar y capacitar a la seguridad palestina, en consulta con Egipto y Jordania. La FIS asegurará las fronteras, protegerá a la población y facilitará el rápido transporte de mercancías para la reconstrucción de Palestina.

16. Israel no ocupará ni anexará Gaza ni Cisjordania. Las fuerzas israelíes se retirarán por completo de todos los territorios palestinos ocupados antes del 31 de diciembre de 2025, a medida que la FIS y las fuerzas de seguridad palestina establecen el control.

17. Si Hamás retrasa o rechaza la propuesta, la ayuda y la reconstrucción se llevarán a cabo en áreas bajo la autoridad de la FIS y la Autoridad Palestina .

18. Se establecerá un proceso de diálogo interreligioso para promover la tolerancia y la coexistencia pacífica entre palestinos e israelíes.

19. El Estado de Palestina gobernará sus territorios soberanos totalmente a partir del 1 de enero de 2026 , de conformidad con la resolución del 12 de septiembre de la Asamblea General de las Naciones Unidas y la Opinión Consultiva de 2024 de la Corte Internacional de Justicia.

20. Estados Unidos reconocerá inmediatamente un Estado soberano de Palestina, con membresía permanente en las Naciones Unidas, como una nación pacífica que coexiste con el Estado de Israel.

Estas son las principales diferencias con el Plan Trump.

Soberanía y Estado Palestino: La versión de Trump postergó la creación de un Estado Palestino a un futuro indefinido, sujeto a reformas y a la aprobación externa. El plan descolonizado establece fechas firmes: Israel se retira el 1 de noviembre de 2025 y Palestina asume la plena soberanía el 1 de enero de 2026. 126 años desde el Tratado de Versalles son suficientes.

Eliminación de la Supervisión Colonial: La propuesta de Trump creó una «Junta de Paz» presidida por el propio Trump, con Tony Blair como miembro principal. El plan descolonizado elimina esta supervisión, reconociendo que los palestinos no necesitan virreyes extranjeros. El gobierno recae en los palestinos desde el primer día.

Soberanía Económica: El plan de Trump anunció un «Plan de Desarrollo Económico Trump» para reconstruir Gaza. El plan descolonizado deja la planificación económica en manos de los palestinos, con el apoyo de expertos árabes, y las propuestas externas se consideran sólo a discreción de los palestinos.

Fin de la tutela angloamericana: Trump presentó a Estados Unidos como garante y árbitro del futuro palestino, con el apoyo del Reino Unido El plan descolonizado pone fin explícitamente a este modelo de 100 años, afirmando el liderazgo palestino y árabe.

En resumen, el plan revisado de 20 puntos, no difiere radicalmente en su forma del de Trump. Mantiene las disposiciones relativas a la desmilitarización, la ayuda humanitaria, la reconstrucción económica y el diálogo interreligioso. La principal diferencia radica en la soberanía y la condición de Estado Palestino.

Durante más de un siglo, los palestinos han estado sometidos al control colonial externo: el mandato británico, el dominio diplomático estadounidense, la ocupación israelí y los planes periódicos de administración fiduciaria, como en el nuevo plan de Trump. Desde la Declaración Balfour hasta Versalles, Oslo y la «Junta de Paz» de Trump, los palestinos no han sido tratados como actores soberanos. Este plan corrige eso y reconoce que el pueblo palestino es una nación de enormes talentos y expertos altamente capacitados y experientes. No necesitan tutela. Necesitan soberanía.

Nuestro plan revisado afirma que los palestinos, mediante su propia autoridad, deben, finalmente y por fin, gobernarse a sí mismos, tomar sus propias decisiones económicas y forjar su propio destino. Los actores internacionales pueden asesorarlos y apoyarlos, pero no deben imponerles su voluntad. La retirada de Israel y el reconocimiento de la soberanía de Palestina deben ser hitos fijos y no negociables.

Un verdadero plan de paz debe estar en consonancia con el derecho internacional, incluyendo las sentencias inequívocas de la Corte Internacional de Justicia y las resoluciones de las Naciones Unidas. Un verdadero plan de paz debe estar en consonancia con la abrumadora voluntad de la comunidad internacional que apoya la implementación de la solución de dos Estados. Todas las partes del plan de paz deben suscribir a este marco. Este es el momento de la honestidad, la determinación global y la claridad moral. Solo las medidas prácticas que implementen la soberanía y la condición de Estado Palestino traerán una paz duradera."

 (Jeffrey D. Sachs* y Sybil Fares , Other News, 08/10/25, fuente  Common Dreams

3.9.25

Cómo evitar que Israel mate de hambre a Gaza. Israel ha cruzado la línea clara hacia los crímenes más oscuros... con la complicidad de Estados Unidos, está cometiendo genocidio en Gaza mediante la hambruna masiva de la población, así como asesinatos masivos directos y la destrucción física de la infraestructura de Gaza. Israel hace el trabajo sucio. El gobierno estadounidense lo financia y le proporciona cobertura diplomática mediante su veto en la ONU... La magnitud de la hambruna es alarmante... medio millón de palestinos se enfrentan a una hambruna catastrófica y al menos 132.000 niños menores de cinco años corren el riesgo de morir de desnutrición aguda. La magnitud del horror está documentada detalladamente por Haaretz... El mundo está horrorizado, pero parece paralizado ante la maquinaria asesina israelí-estadounidense. Sin embargo, el mundo puede actuar... La abrumadora voz de la humanidad está del lado del pueblo palestino. El pasado diciembre, 172 países , con más del 90% de la población mundial, votaron a favor del derecho de Palestina a la autodeterminación... Medidas prácticas que el mundo puede adoptar: Turquía ha tomado la decisión correcta al cortar todos los vínculos económicos, comerciales, marítimos y aéreos con Israel... todos los Estados miembros de la ONU que aún no lo han hecho deberían reconocer el Estado de Palestina... los signatarios árabes de los Acuerdos de Abraham, Bahréin, Marruecos, Sudán y los Emiratos Árabes Unidos, deberían suspender sus relaciones diplomáticas con Israel hasta que termine el asedio de Gaza... la Asamblea General de la ONU, por el voto de dos tercios de los presentes y votantes, debería suspender a Israel de la Asamblea General de la ONU hasta que levante su asedio mortífero a Gaza, basándose en el precedente de suspender a Sudáfrica durante su régimen de apartheid. Estados Unidos no tiene derecho a veto en la Asamblea General de la ONU... los Estados miembros de la ONU deben detener la exportación de todos los servicios tecnológicos que apoyan la guerra hasta que termine el asedio de Gaza... la Asamblea General de la ONU debería enviar una Fuerza de Protección de la ONU a Gaza y Cisjordania, bajo el mecanismo de " Unidos por la Paz ", cuando el Consejo de Seguridad llega a un punto muerto, la autoridad para actuar pasa a la Asamblea General. Existe un precedente: en 1956, la Asamblea General autorizó a la Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas (FENU) a entrar en Egipto y protegerlo de la invasión en curso de Israel, Francia y el Reino Unido. Por invitación de Palestina, la fuerza de protección entraría en Gaza para asegurar la ayuda humanitaria de emergencia para la población hambrienta. Si Israel atacara a la fuerza de protección de la ONU, esta estaría autorizada a defenderse a sí misma y a los gazatíes. Queda por ver si Israel y Estados Unidos se atreverían a luchar contra una fuerza designada por la Asamblea General de la ONU para proteger a los gazatíes hambrientos... Israel ha cruzado la línea que separa a los crímenes más siniestros: matar de hambre a civiles y dispararles mientras hacen fila, demacrados, para obtener comida. No hay más línea que cruzar, ni tiempo que perder. La familia de naciones está siendo puesta a prueba y convocada a la acción como no lo ha sido en décadas (Jeffrey D. Sachs)

 "Israel ha cruzado la línea clara hacia los crímenes más oscuros.

Israel, con la complicidad de Estados Unidos, está cometiendo genocidio en Gaza mediante la hambruna masiva de la población, así como asesinatos masivos directos y la destrucción física de la infraestructura de Gaza. Israel hace el trabajo sucio. El gobierno estadounidense lo financia y le proporciona cobertura diplomática mediante su veto en la ONU. Palantir, a través de " Lavendar ", proporciona la inteligencia artificial para un asesinato masivo eficiente. Microsoft, a través de los servicios en la nube de Azure, y Google y Amazon, mediante la iniciativa " Nimbus ", suministran infraestructura tecnológica esencial al ejército israelí.

Esto marca crímenes de guerra del siglo XXI como una colaboración público-privada entre Israel y Estados Unidos. La hambruna masiva que Israel ha provocado en la población de Gaza ha sido confirmada por las Naciones Unidas , Amnistía Internacional , la Cruz Roja, Save the Children y muchos otros. El Consejo Noruego para los Refugiados , junto con 100 organizaciones, ha estado pidiendo el fin del uso de la ayuda alimentaria como arma por parte de Israel. Esta es la primera vez que se confirma oficialmente la hambruna masiva en Oriente Medio.

La magnitud de la hambruna es alarmante. Israel priva sistemáticamente de alimentos a más de dos millones de personas. Más de medio millón de palestinos se enfrentan a una hambruna catastrófica y al menos 132.000 niños menores de cinco años corren el riesgo de morir de desnutrición aguda. La magnitud del horror está documentada detalladamente por Haaretz en un artículo reciente titulado "El hambre está en todas partes". Quienes logran acceder de alguna manera a los puntos de distribución de alimentos son atacados sistemáticamente por el ejército israelí.

Como explicó recientemente un exembajador estadounidense en Israel , la intención de matar de hambre a la población ha estado presente desde el principio. El ministro de Patrimonio de Israel, Amichai Eliyahu, declaró recientemente: «Ninguna nación alimenta a sus enemigos». El ministro Bezalel Smotrich declaró recientemente: «Quien no evacue, no lo dejen. Sin agua ni electricidad; pueden morir de hambre o rendirse. Esto es lo que queremos».

Sin embargo, a pesar de estas flagrantes declaraciones de genocidio, los representantes estadounidenses en la ONU niegan repetidamente los hechos y encubren los crímenes de guerra de Israel. Estados Unidos, por sí solo, vetó la admisión de Palestina a la ONU en 2024. Ahora, Estados Unidos niega visas a los líderes palestinos para asistir a la ONU en septiembre, lo que constituye otra violación del derecho internacional.

Estados Unidos ha utilizado su poder, y especialmente su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, para instigar el genocidio israelí contra los palestinos y bloquear incluso las respuestas humanitarias más básicas. El mundo está horrorizado, pero parece paralizado ante la maquinaria asesina israelí-estadounidense. Sin embargo, el mundo puede actuar, incluso ante la intransigencia estadounidense. Estados Unidos se mantendrá solo y sin tapujos en su criminal complicidad con Israel.

Seamos claros. La abrumadora voz de la humanidad está del lado del pueblo palestino. El pasado diciembre, 172 países , con más del 90% de la población mundial, votaron a favor del derecho de Palestina a la autodeterminación . Israel y Estados Unidos quedaron prácticamente aislados en su oposición. Mayorías abrumadoras similares se expresan repetidamente a favor de Palestina y en contra de las acciones de Israel.
El gobierno violento de Israel ahora cuenta únicamente con el apoyo de Estados Unidos, pero incluso ese apoyo podría no durar mucho. A pesar de la intransigencia de Trump y los intentos del gobierno estadounidense de reprimir las voces pro-palestinas, el 58% de los estadounidenses quiere que la ONU reconozca el Estado de Palestina, en comparación con solo el 33% que no lo quiere. Además, el 60% de los estadounidenses se opone a las acciones de Israel en Gaza.

A continuación se presentan medidas prácticas que el mundo puede adoptar.

En primer lugar, Turquía ha tomado la decisión correcta al cortar todos los vínculos económicos, comerciales, marítimos y aéreos con Israel. Israel es actualmente un estado rebelde, y Turquía tiene razón al tratarlo como tal hasta que termine la hambruna masiva provocada por Israel y el Estado de Palestina sea admitido en la ONU como el 194.º miembro, con las fronteras del 4 de junio de 1967. Otros estados deberían seguir de inmediato el ejemplo de Turquía.

En segundo lugar, todos los Estados miembros de la ONU que aún no lo han hecho deberían reconocer el Estado de Palestina. Hasta la fecha, 147 países reconocen a Palestina. Decenas más deberían hacerlo en la Cumbre de la ONU sobre Palestina del 22 de septiembre, incluso a pesar de las vehementes objeciones de Estados Unidos.

En tercer lugar, los signatarios árabes de los Acuerdos de Abraham, Bahréin, Marruecos, Sudán y los Emiratos Árabes Unidos, deberían suspender sus relaciones diplomáticas con Israel hasta que termine el asedio de Gaza y el Estado de Palestina sea admitido en la ONU.

En cuarto lugar, la Asamblea General de la ONU, por el voto de dos tercios de los presentes y votantes, debería suspender a Israel de la Asamblea General de la ONU hasta que levante su asedio mortífero a Gaza, basándose en el precedente de suspender a Sudáfrica durante su régimen de apartheid. Estados Unidos no tiene derecho a veto en la Asamblea General de la ONU.

En quinto lugar, los Estados miembros de la ONU deben detener la exportación de todos los servicios tecnológicos que apoyan la guerra hasta que termine el asedio de Gaza y el Consejo de Seguridad de la ONU apruebe la membresía de Palestina en la ONU. Las empresas de consumo como Amazon y Microsoft que persisten en ayudar a las Fuerzas de Defensa de Israel en el contexto de un genocidio deberían enfrentar la ira de los consumidores de todo el mundo.

Séptimo, la Asamblea General de la ONU debería enviar una Fuerza de Protección de la ONU a Gaza y Cisjordania. Normalmente, sería el Consejo de Seguridad de la ONU quien ordenaría el envío de una fuerza de protección, pero en este caso, Estados Unidos bloquearía al Consejo de Seguridad con su veto. Hay otra opción.

Bajo el mecanismo de " Unidos por la Paz ", cuando el Consejo de Seguridad llega a un punto muerto, la autoridad para actuar pasa a la Asamblea General. Tras una sesión del Consejo de Seguridad y el casi inevitable veto estadounidense, el asunto se sometería a la Asamblea General de las Naciones Unidas en la reanudación de su décimo período extraordinario de sesiones de emergencia sobre el conflicto entre Israel y Palestina. Allí, la Asamblea General puede, por una mayoría de dos tercios sin veto estadounidense, autorizar una fuerza de protección en respuesta a una solicitud urgente del Estado de Palestina. Existe un precedente: en 1956, la Asamblea General autorizó a la Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas (FENU) a entrar en Egipto y protegerlo de la invasión en curso de Israel, Francia y el Reino Unido.

Por invitación de Palestina, la fuerza de protección entraría en Gaza para asegurar la ayuda humanitaria de emergencia para la población hambrienta. Si Israel atacara a la fuerza de protección de la ONU, esta estaría autorizada a defenderse a sí misma y a los gazatíes. Queda por ver si Israel y Estados Unidos se atreverían a luchar contra una fuerza designada por la Asamblea General de la ONU para proteger a los gazatíes hambrientos.

Israel ha cruzado la línea que separa a los crímenes más siniestros: matar de hambre a civiles y dispararles mientras hacen fila, demacrados, para obtener comida. No hay más línea que cruzar, ni tiempo que perder. La familia de naciones está siendo puesta a prueba y convocada a la acción como no lo ha sido en décadas." 

(Jeffrey D. Sachs, y Sybil Fares,  Other News, 01/10/25)

12.8.25

"El genocidio no va a acabarse cuando cesen las acciones del Ejército israelí. Desviarán la atención de amplios sectores de la sociedad, que asumirán que la situación ha sido resuelta... No hay que hablar de paz o reconciliación en ese momento, sino de justicia transicional, que en los términos más simples incluye el derecho de retorno de los refugiados, la redistribución de la tierra, y los recursos naturales... No hablemos de «la única democracia en Oriente Medio», hablemos de un Estado colonialista de apartheid, no hablemos de reconciliación a día de hoy, hablamos de descolonización, no hablemos de Palestina como ciertos puntos A, B y C en un mapa, sino que hablemos de los palestinos como los residentes de Gaza y Cisjordania... Tenemos que insistir en que los palestinos se sienten al volante: ellos son los que nos deben dar su visión de futuro, cómo ven a los 8 millones de judíos que viven en Israel: tan solo el movimiento nacional palestino, independientemente de cómo lo definas o entiendas, puede hacerlo, porque es un error el acercarse al ‘supermercado europeo de ideas’ y pensar que ahí podemos encontrar la solución... La primera parte del proceso supondría la implosión de Israel, es básicamente una guerra civil entre los judíos seculares, que se ven a sí mismos como liberales y progresistas, y aquellos judíos que se ven como más religiosos, teocráticos y mesiánicos... más de 500.000 los israelíes que han escapado, y todos ellos son parte de la élite económica y académica. Ahora gente mucho menos competente controla el Gobierno, el servicio secreto, el Ejército y pronto, el sistema judicial... Otra circunstancia para la implosión es el colapso de la economía: Israel en la actualidad es totalmente dependiente económicamente de EEUU... Ahora los pagos directos ascienden a 14.000 millones y, como ya han dicho públicamente los israelíes, no es suficiente, necesitan más. Y el actual clima político en EEUU, donde los aislacionistas están tomando fuerza, amenaza esta situación... El día después del genocidio debe ser el de la justicia para los palestinos (Ilan Pappé, historiador israelí)

 "¿Cómo describiría la situación actual en Palestina?

Este es probablemente el peor momento de la historia de la Palestina moderna. Y mira que Palestina ha conocido momentos muy malos, como la Nakba de 1948, la ocupación de 1967, las violaciones diarias de los derechos humanos y civiles, las masacres de Líbano, el cerco de Gaza entre los años 2007 y 2023.

Pero creo que nada es comparable a la situación de los últimos 22 meses. Creo que debemos centrarnos en el genocidio en todos los ámbitos, desde las entrevistas, conferencias y reuniones hasta la vida diaria. Sabemos lo que podemos y debemos hacer, y que deberíamos continuar haciéndolo, porque los palestinos no pueden permitirse nuestra desesperanza. Y por ellos necesitamos seguir haciendo lo que estamos haciendo, redoblando nuestros esfuerzos.

Pero en algún momento tendrá que acabar el genocidio.

Sí, pero el genocidio no va a acabarse cuando cesen las acciones del Ejército israelí. Desviarán la atención de amplios sectores de la sociedad, que asumirán que la situación ha sido resuelta. Esto es lo que los implicados en lo que obscenamente se denomina el proceso de paz llamarán el día después, usando el viejo lenguaje de paz, el tipo de lenguaje que se usaba antes del 7 de octubre del 2023 y que, en cierta manera, contribuyó a lo que ocurrió aquel día y desde entonces. Por lo tanto, es muy importante que nos comprometamos a crear un vocabulario para el día después, un lenguaje que sea apropiado y refleje la realidad.

¿A qué se refiere con lenguaje apropiado?

Es pensar en el mejor antídoto para el día después, como lo denominan en los medios, porque ese será el día para pensar en la justicia transicional como la única forma de progresar. No hay que hablar de paz o reconciliación en ese momento, sino de justicia transicional, que en los términos más simples incluye el derecho de retorno de los refugiados, la redistribución de la tierra, y los recursos naturales, cuestiones como los asentamientos que se han construido en Cisjordania.

Es fácil solucionar la cuestión de las pequeñas colonias, pero ¿qué haces con las pequeñas ciudades pobladas por colonos? Todo eso debe de ser estudiado, el tema de las cuestiones prácticas en torno al derecho al retorno, el proceso de descolonización en sí mismo, pero también la realidad posterior en Israel-Palestina.

No hablemos de «la única democracia en Oriente Medio», hablemos de un Estado colonialista de apartheid, no hablemos de reconciliación a día de hoy, hablamos de descolonización, no hablemos de Palestina como ciertos puntos A, B y C en un mapa, sino que hablemos de los palestinos como los residentes de Gaza y Cisjordania. Esto es esencial a la hora de acabar con el colonialismo sionista en el futuro.

¿Qué opina de los llamados procesos de paz del pasado?

Desde la llegada del sionismo a Palestina, todos los procesos de paz tienen un elemento común: la premisa de no preguntar a los palestinos qué quieren. La de preguntar siempre a los israelíes qué es lo que quieren y tratar de vendérselo a los palestinos. Esa fue la realidad en Oslo y lo mismo ha ocurrido en los esfuerzos por lograr la paz tras Oslo y desde la famosa declaración de Balfour. Tenemos que insistir en que los palestinos se sienten al volante: ellos son los que nos deben dar su visión de futuro, cómo ven a los 8 millones de judíos que viven en Israel: tan solo el movimiento nacional palestino, independientemente de cómo lo definas o entiendas, puede hacerlo, porque es un error el acercarse al ‘supermercado europeo de ideas’ y pensar que ahí podemos encontrar la solución.

No es históricamente viable decir que se elegirá un periodo anterior al colonialismo y al sionismo, y será reconstruido. Esa no es una propuesta seria. Pero puede ser inspirado en ello por el hecho de que en Palestina cristianos, musulmanes y judíos vivían juntos en los mismos pueblos y calles. Inspirado por el hecho de la cultura que se producía ya por el año 1750 en ciudades de todo el Oriente medio, del Mediterráneo Este, en El Cairo, Bagdad, Jaffa y Beirut.

Pero la sociedad israelí parece inamovible…

La historia de otros conflictos nos enseña que se tienen que dar las circunstancias adecuadas para que una situación que se antojaba inamovible y permanente de repente se venga abajo. Ocurrió en la guerra del Vietnam, o con el régimen del apartheid en Sudáfrica y otros lugares donde los regímenes se desintegraron y colapsaron. El proceso estaba in situ, pero la mayoría de la gente no se percató de su existencia hasta que implosionaron. Fueron procesos muy rápidos cuando se dieron. Cuando el régimen colapsa y el Estado se desintegra, pero no hay nada que ocupe el espacio, se produce el caos. Un caos que puede dar lugar a largos periodos de violencia. Hemos conocido casos en Libia, Yemen, Siria, Irak… Hay que estar preparado para llenar el vacío de ideas, con visión e imaginación, de manera que se transforme lo caído en algo mucho mejor.

¿Y si hablamos del caso de Palestina?

La primera parte del proceso supondría la implosión de Israel: la idea del judaísmo como nacionalismo no está funcionando. Para explicarlo de manera simple, es básicamente una guerra civil entre los judíos seculares, que se ven a sí mismos como liberales y progresistas, y aquellos judíos que se ven como más religiosos, teocráticos y mesiánicos. Desafortunadamente, estos grupos no tienen nada contra el apartheid del Estado de Israel, pero sí tienen una perspectiva diferente con respecto a lo que significa ser judío en Israel. En los años 60 y 70, el grupo con ideas más ‘occidentales’, el más ‘liberal’, era tan dominante que la gente no pensaba que hubiera alternativa alguna. Pero esto ha cambiado, y el otro grupo, que no solo es racista con los palestinos, sino también con los judíos no religiosos y teocráticos, están planteando la batalla para tomar el control de Israel.

La gente pensó que lo ocurrido el 7 de octubre y a partir de entonces sería suficiente para unir a estos grupos, pero no se han creado las bases comunes ante la aparición del llamado ‘peligro existencial’, al que Israel dice enfrentarse desde aquel día o en su enfrentamiento con Irán. Se estima en más de 500.000 los israelíes que han escapado, y todos ellos son parte de la élite económica y académica. Ahora gente mucho menos competente controla el Gobierno, el servicio secreto, el Ejército y pronto, el sistema judicial. Otra circunstancia para la implosión es el colapso de la economía: Israel en la actualidad es totalmente dependiente económicamente de EEUU. Antes de 2023, Israel recibía 2.000 millones de dólares al año en pagos directos. Ahora los pagos directos ascienden a 14.000 millones y, como ya han dicho públicamente los israelíes, no es suficiente, necesitan más. Y el actual clima político en EEUU, donde los aislacionistas están tomando fuerza, amenaza esta situación. A ello hay que añadir que la nueva generación de judíos fuera de Israel, especialmente en EEUU, no quieren que se les asocie con el sionismo, y se acercan al movimiento de solidaridad con Palestina de forma numerosa, lo cual supone un problema para aquellos que usan el antisemitismo como un arma arrojadiza para acallar el apoyo a Palestina.

¿Qué rol considera que jugarán los palestinos que viven en Israel?

Para mí, los árabes del 48, los palestinos que se quedaron, los palestinos ciudadanos de Israel, son un grupo muy importante cuya presencia política es exclusivamente en Israel. Creo que en el proceso que se dará, estos jugarán un papel progresivamente más importante en la política palestina y no en la israelí. Si ello ocurre, su impacto será de gran interés, porque es el único grupo de palestinos que conoce a los israelíes no solo como soldados y colonos, sino también como personas. Y eso, por sí mismo, puede definir cómo el movimiento nacional palestino tratará el tema de la descolonización.

¿Cuál cree que será la actitud de los ciudadanos judíos en una Palestina descolonizada?

Un alto número de israelíes optará por marcharse, diciendo ‘no quiero vivir en un país que no es supremacista’; algunos se quedarán y se acostumbrarán. Recuerdo mi primera visita a Sudáfrica en 2014. Todos los blancos me decían que habían luchado contra el apartheid.

¿Conoce el proyecto de ampliación del tranvía en Jerusalén en el que participa la empresa vasca CAF? ¿Qué les diría a sus trabajadores?

Necesitan tomar una posición valiente y enrolarse en el movimiento de sanciones y boicot, salvarían a mucha gente y, en última instancia, contribuiría a la reconciliación y libertad para todos. La labor de los sindicatos debería ser la de defender los derechos de los trabajadores a no verse envueltos en actividades que ayudan al genocidio, apartheid y colonización.

¿Deberíamos apoyar la iniciativa de los países europeos de reconocer el Estado de Palestina?

A veces los políticos apuntan a algo, pero nosotros lo podemos ver como parte de un recorrido más largo, y este es tan solo un paso. Creo que es importante seguir hablando con ellos, continuar explicándoles que son pasos muy pequeños, que no es suficiente para cambiar la realidad, Pero, como en el caso de las críticas a la legislación internacional (de la que somos críticos porque nos ha fallado), somos conscientes de que es importante. Yo no me he encontrado un político europeo que no me haya admitido que la solución de los dos Estados está acabada. Pero los Gobiernos todavía piensan que es el camino correcto y, además, consideran que no pueden ir en contra de la Autoridad Palestina (ANP). En ese contexto, puedo apreciar la complejidad de la situación, pero asegurándonos de que no nos olvidamos del contexto."

(Entrevista a Ilan Pappé  , Iñaki Irigoien, Naiz, 09/08/25)

11.5.25

Piketty: El momento del liderazgo europeo: Apoyar una nueva vía para Israel y Palestina... Pedimos a la Unión Europea que apoye el modelo de una confederación de los Estados de Israel y Palestina dentro de un solo país

 "Condenar las atrocidades o expresar un apoyo abstracto a una «solución de dos Estados» ya no es suficiente, afirma un grupo internacional de 121 académicos e intelectuales.

La Unión Europea (UE) debe apoyar urgentemente el cambio político en favor de un futuro justo y equitativo para palestinos e israelíes, mediante una confederación de dos Estados soberanos. Basada en el principio de dos Estados en un país confederado, como propone el movimiento Una Tierra para Todos, esta confederación se fundamentaría en la plena igualdad política, el reconocimiento mutuo, la libertad de circulación, el reparto de Jerusalén y un mecanismo para el retorno de los refugiados mediante la cooperación entre los dos Estados, no la separación.

En un momento en el que la guerra está devastando las vidas de palestinos e israelíes, y en el que judíos y palestinos de todo el mundo están sumidos en el dolor, el miedo y el luto, creemos que Europa debe actuar con valentía y claridad. Una Tierra para Todos es un movimiento político que reúne a palestinos e israelíes de todo el mundo.

 El actual ciclo de guerra, ocupación y desplazamiento ha llegado a un punto de ruptura política y moral. El continuo apoyo -implícito o explícito- de la comunidad internacional al statu quo ha permitido la escalada de la violencia, la impunidad y el autoritarismo. Ya no basta con condenar las atrocidades o expresar un apoyo abstracto a una «solución de dos Estados». Lo que se necesita es un apoyo concreto a un nuevo horizonte político: uno enraizado en la justicia, la dignidad y la humanidad compartida de ambos pueblos.
Profunda interdependencia

El modelo de confederación -dos Estados en un único país confederado- ofrece este horizonte. Es un marco práctico, cuidadosamente pensado, creado por palestinos e israelíes trabajando juntos, basado en el derecho internacional y en las realidades actuales.

Partiendo de nuestro compromiso con el derecho internacional y del reconocimiento de las realidades sobre el terreno, proponemos una vía pragmática: ambos pueblos sienten un profundo vínculo con esta tierra, y eso no va a cambiar. Este vínculo debe ser reconocido y cualquier proceso político debe partir de la realidad actual, no de los marcos diplomáticos de hace treinta años, tal y como existían en la época de los acuerdos de Oslo.

 Este modelo aborda impasses de larga data -agua, asentamientos, refugiados y Jerusalén- no posponiéndolos, sino proponiendo soluciones pragmáticas y cooperativas desde el primer día. Se basa en la realidad de unas vidas entrelazadas y una profunda interdependencia entre palestinos e israelíes: en la vida económica, el medio ambiente, el acceso a los recursos naturales, Jerusalén y el propio territorio. La seguridad y la integración regional dependen también de la cooperación mutua, más que del control. Una Tierra para Todos ofrece un marco realista,

Es esencial afirmar y reforzar lo que ya se ha dicho: el vínculo entre, por una parte, el respeto del derecho internacional y de los derechos humanos y, por otra, la defensa del derecho de los palestinos a la libertad y a la autodeterminación, que la comunidad internacional no ha sabido garantizar durante demasiado tiempo. No puede haber una verdadera estabilidad internacional sin derechos para los palestinos. Este vacío socava todo el sistema internacional.

 Es deber de la UE -histórica, política y moralmente- tomar la iniciativa para apoyar este cambio. Europa ha experimentado los estragos de los conflictos nacionalistas y el poder de la integración. La UE se construyó sobre la promesa de que la soberanía compartida y la cooperación pueden sustituir a la guerra. Esta lección debe aplicarse ahora más allá de sus fronteras, sobre todo en una región en la que Europa desempeña desde hace tiempo un papel decisivo.

Una confederación es la única base realista para la seguridad, el desarrollo económico, el bienestar y la sostenibilidad medioambiental a largo plazo, tanto para israelíes como para palestinos. Puede evitar nuevos ciclos de deshumanización y garantizar que ambos pueblos puedan vivir con dignidad y en paz. Seguir apoyando a gobiernos que favorecen la expansión, la ocupación y el control por encima de la vida y la igualdad es una traición a los valores fundamentales de Europa.

Pedimos a la UE que adopte una valiente posición de principios a favor de la paz, la justicia y la igualdad en la tierra común de israelíes y palestinos.

 Significa apoyar públicamente el modelo de confederación como alternativa viable, justa y visionaria al statu quo que se desmorona. Significa reconocer el Estado de Palestina no como un gesto simbólico, sino como un paso transformador hacia el fin de la ocupación y el establecimiento de una soberanía igualitaria. Significa utilizar la influencia económica y diplomática de Europa para emprender acciones inmediatas y decisivas que pongan fin a la guerra y la anexión, y para fomentar pasos concretos hacia la igualdad, incluido el apoyo a la cooperación binacional. Significa apoyar firmemente las iniciativas de base y de la sociedad civil que promuevan la paz, la resiliencia democrática, la gobernanza compartida, el reconocimiento mutuo y la difícil labor de la justicia transicional.

No es momento para el silencio o la ambigüedad. La UE debe tomar partido por la paz y no por la dominación, por la igualdad y no por la opresión, por un futuro compartido por ambos pueblos y basado en la justicia. La era de la neutralidad ha terminado. Ha llegado el momento de que Europa asuma un papel protagonista.

 Primeros firmantes: Annie Ernaux, escritora y Premio Nobel de Literatura en 2022; Sari Hanafi, profesor de Sociología en la Universidad Americana de Beirut; François Héran, profesor en el Collège de France; Cécile Laborde, profesora de Teoría Política en la Universidad de Oxford (Reino Unido); Chibli Mallat, abogado y profesor emérito de Derecho en la Universidad de Utah; Florian Meinel, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Gotinga (Alemania); Samuel Moyn, catedrático de Derecho e Historia de la Universidad de Yale (Connecticut); Thomas Piketty, director de estudios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) y profesor de la Escuela de Economía de París; Kenneth Pomeranz, Profesor de Historia en la Universidad de Chicago (Illinois); Julie Ringelheim, Profesora de Derecho en la Universidad de Lovaina (Bélgica); Gisèle Sapiro, Directora de Estudios en la EHESS y Directora de Investigación en el Centre national de la recherche scientifique (CNRS); Svetlana Slapsak, catedrática de Antropología de los Mundos Antiguos; Abram de Swaan, catedrático emérito de Ciencias Sociales de la Universidad de Ámsterdam; Olga Tokarczuk, escritora y Premio Nobel de Literatura 2018; Dag Tuastad, catedrático de Estudios sobre Oriente Medio de la Universidad de Oslo.


Todo el mundo puede firmar esta declaración aquí:

https://www.2s1hdeclaration.com/  

(

1.10.24

Etienne Balibar: Memorándum sobre el genocidio en curso en Gaza... "como intelectual, como comunista, como judío"... tras meses de masacre cuyo carácter genocida es evidente... no cabe duda de que el pueblo palestino ha demostrado en repetidas ocasiones su capacidad para sobrevivir y defender sus derechos, pero es difícil evitar el pesimismo. Esto no es razón para no intentar imaginar lo imposible. Es incluso una obligación... el nieto de un deportado de Vel' d'Hiv que murió en Auschwitz no puede aceptar que se invoque constantemente el recuerdo de la Shoah para justificar el colonialismo, el apartheid, la opresión e incluso el exterminio con el pretexto de proteger al pueblo judío. Reconozco que esta profesión de fe por mi parte pondrá en duda la neutralidad de mi juicio, pero en este asunto nadie es neutral... estoy de luto por todas las víctimas del conflicto actual, incluso por aquellas de las que podría decirse que han sido responsables de lo que les ha sucedido. Sus acciones no son iguales, pero sus muertes forman parte de la misma tragedia... El asalto asesino de Hamás contra pueblos, posiciones militares y una fiesta rave, se produjo en un contexto de años de represión y operaciones de terror israelíes. Pero fue incuestionablemente una acción terrorista. Históricamente, terrorismo y resistencia no son conceptos incompatibles... Hamás había previsto que su sangriento asalto desembocaría en una venganza devastadora. Por tanto, asumió a sabiendas la responsabilidad de sacrificar a su propio pueblo para infligir una derrota estratégica al enemigo, y el precio que habrá que pagar será largo y terrible... El gobierno israelí con su Ejército, cada vez más sometido a la influencia del partido de los colonos (que es un partido fascista), pero también capaz de contar con la comprensión de la inmensa mayoría de las y los ciudadanos judíos, ha explotado cínicamente el trauma sentido por la población y ha aprovechado esta "oportunidad milagrosa" para "terminar el trabajo" (como dijo David Ben Gourion en 1948): revivir la Nakba, ampliar los asentamientos de Cisjordania expulsando y diezmando a la población palestina... Es imposible no hablar aquí de genocidio... No digo que los palestinos y palestinas no tengan ninguna responsabilidad, pero nunca ha habido simetría y el nivel de brutalidad alcanzado hoy no tiene parangón. Por eso no podemos discutir el derecho de las y los palestinos a resistir a su aniquilación, incluso por la fuerza de las armas... Romper esta fatalidad significaría inventar una u otra forma de federalismo, con una condición irrenunciable: "igualdad o nada"... Estamos más lejos que nunca. Pero no debemos cansarnos de reafirmar el principio... los que se consideran judíos en todo el mundo deben disociarse en masa de la idea de que la protección del pueblo judío coincide con el apoyo al colonialismo israelí, que es asesino y autodestructivo. Y que rechacen la equiparación de la crítica al sionismo con el antisemitismo, como han oficializado imprudentemente varios Estados... los judíos en este preciso momento tienen sin duda una misión que cumplir

 "Invitado a participar en una conferencia que se celebra actualmente en Sudáfrica, Etienne Balibar ha escrito este memorándum, en el que expresa de la manera más sucinta posible sus posiciones sobre «Israel y Palestina», "como intelectual, como comunista, como judío". Con este poderoso texto, Les Temps qui restent abren un espacio de discusión sobre esta cuestión crucial y dolorosa, en el que se medirá la capacidad de nuestra sociedad para mantener un debate a la altura de la gravedad de lo que está en juego.

Este memorándum, solicitado por los organizadores de la conferencia "Condiciones narrativas hacia la paz en Oriente Medio", constituye también mi contribución a dicha conferencia, organizada por el New South Institute de Johannesburgo en el marco de la serie "Diálogos globales africanos", del 18 al 20 de septiembre de 2024.

Expondré mis posiciones de la forma más directa posible, con la esperanza de que el debate aporte los matices y complementos necesarios.

Debo comenzar con algunas observaciones preliminares.

En primer lugar, debo confesar que soy terriblemente pesimista sobre la evolución de la Palestina histórica. En un análisis publicado el 21 de octubre del año pasado, expresé el temor de que la guerra de aniquilación lanzada por Israel contra Gaza en venganza por la sangrienta incursión de Hamás del 7 de octubre condujera a la destrucción total del país y de sus habitantes 1. Así está resultando, tras meses de masacre cuyo carácter genocida es evidente. La complicidad activa o pasiva de la comunidad internacional, a pesar de los repetidos llamamientos del Secretario General de Naciones Unidas, no ha ayudado en nada, empezando por Estados Unidos, que suministra a Israel las bombas que están aplastando Gaza y veta cualquier resolución que pida un alto el fuego efectivo. Los Estados árabes del Golfo y la Unión Europea también son responsables. No cabe duda de que el pueblo palestino ha demostrado en repetidas ocasiones su capacidad para sobrevivir y defender sus derechos, pero es difícil evitar el pesimismo. Esto no es razón para no intentar imaginar lo imposible. Es incluso una obligación.

En segundo lugar, hablo aquí como intelectual, como comunista y como judío (entre otras identidades, ninguna excluyente). Israel siempre se presenta como el refugio que necesitan los judíos de todo el mundo amenazados por la persistencia del antisemitismo, lo que le da derecho a defenderse a cualquier precio. Pero el nieto de un deportado de Vel' d'Hiv que murió en Auschwitz no puede aceptar que se invoque constantemente el recuerdo de la Shoah para justificar el colonialismo, el apartheid, la opresión e incluso el exterminio con el pretexto de proteger al pueblo judío. Reconozco que esta profesión de fe por mi parte pondrá en duda la neutralidad de mi juicio, pero en este asunto nadie es neutral.

En tercer lugar, estoy de luto por todas las víctimas del conflicto actual, incluso por aquellas de las que podría decirse que han sido responsables de lo que les ha sucedido. Esto vale para el pasado, para el presente, pero también para el futuro, porque creo, desgraciadamente, que la catástrofe precipitada por esta guerra se extenderá aún más y amenazará a todos los habitantes de la región. Habrá otras víctimas, algunas inocentes, otras culpables. Sus acciones no son iguales, pero sus muertes forman parte de la misma tragedia.

En cuarto y último lugar, debo decir que no estoy satisfecho con la forma en que se ha organizado y publicitado esta conferencia 2. Hubiera preferido otra narrativa introductoria y otra composición de las mesas redondas. Por eso comprendo que algunos de los participantes anunciados inicialmente hayan decidido retirarse, aunque yo mismo he preferido quedarme e intentar decir lo que pienso. Pero en su forma actual esta conferencia no es equilibrada. Tendría que haber incluido a los abogados que prepararon el caso de Sudáfrica en apoyo de la acusación de genocidio ante la Corte Internacional de Justicia (o a alguno de sus colaboradores), a historiadores israelíes antisionistas, a representantes de grupos militantes, sudafricanos o no, que defienden la causa palestina, y no simplemente a defensores de la política israelí, algunos de los cuales abogan por la expulsión de los palestinos de Palestina.

A continuación resumiré mis posiciones sobre tres puntos.

El 7 de octubre y sus consecuencias

 El asalto asesino de Hamás contra pueblos, posiciones militares y una fiesta rave a la que asistieron miles de festivaleros, acompañado del asesinato de civiles, violaciones y otras brutalidades, y el secuestro de rehenes, se produjo en un contexto de años de represión y operaciones de terror israelíes contra la Franja de Gaza y su población. Desde un punto de vista estrictamente militar, lo que lo hizo posible fue el imperialismo del Ejército israelí y la complacencia de larga data del Estado hebreo hacia la organización Hamás, a la que veía como el adversario ideal a cultivar. Esto es lo que se supone que la venganza actual debe hacer olvidar o compensar. Pero no justifica nada. El atentado de Hamás no fue, como se tiende a decir, un pogromo (es contra los pueblos palestinos contra los que hay actualmente pogromos en Cisjordania). Pero fue incuestionablemente una acción terrorista. Históricamente, terrorismo y resistencia no son conceptos incompatibles, aunque el primero puede empañar la legitimidad de la segunda. Sigo creyendo que Hamás había previsto que su sangriento asalto desembocaría en una venganza devastadora. Por tanto, asumió a sabiendas la responsabilidad de sacrificar a su propio pueblo para infligir una derrota estratégica al enemigo, y el precio que habrá que pagar será largo y terrible.

Pero, ¿y la otra parte? El gobierno israelí con su Ejército, cada vez más sometido a la influencia del partido de los colonos (que es un partido fascista), pero también capaz de contar con la comprensión de la inmensa mayoría de las y los ciudadanos judíos que están seguros de sus derechos y cuyo nacionalismo les hace indiferentes a la suerte de las y los palestinos (con excepciones tanto más admirables cuanto que son cada vez más reprimidas), ha explotado cínicamente el trauma sentido por la población y ha aprovechado esta "oportunidad milagrosa" para "terminar el trabajo" (como dijo David Ben Gourion en 1948): revivir la Nakba, ampliar los asentamientos de Cisjordania expulsando y diezmando a la población palestina, arrasando los monumentos que atestiguan su historia y su cultura. Sobre todo, ha planificado y lleva a cabo una de las mayores masacres de civiles de la historia reciente, que aún continúa. Es imposible no hablar aquí de genocidio. El pasado mes de enero, la Corte Internacional de Justicia, en una sentencia dictada a petición de Sudáfrica, habló de "riesgo grave e inminente". Este riesgo se ha materializado desde entonces, lo que significa que el genocidio está en marcha. Las noticias, siempre parciales, que nos llegan del territorio de Gaza, a donde no se puede acceder, son insoportables. Como demostró la posterior sentencia de la Corte Penal Internacional que pedía órdenes de detención contra dirigentes israelíes y de Hamás (uno de los cuales ha sido asesinado desde entonces), nada de esto borra los crímenes del 7 de octubre. Pero la guerra de exterminio emprendida por Israel ha provocado un cambio cualitativo en el nivel de violencia, afectando irreversiblemente a nuestra percepción de la naturaleza del conflicto.

¿Conflicto israelo-palestino?

 Hablar de conflicto israelo-palestino es, de hecho, quedarse corto. Este es mi segundo punto. Porque este conflicto siempre ha sido profundamente asimétrico, tanto desde el punto de vista de la relación de fuerzas como desde el punto de vista moral. Un abismo separa a los adversarios. Desde antes de 1948 y sobre todo después, la población palestina ha sufrido la colonización, la expropiación (a través de una política sistemática de compra y posterior secuestro de tierras), la limpieza étnica, la discriminación racial y la reducción a la condición de ciudadanos de segunda clase, todo lo cual, en conjunto, conduce a borrar todo un pueblo de su propio suelo, con su propia historia y civilización. No digo que los palestinos y palestinas no tengan ninguna responsabilidad en la forma en que se puso en marcha y se desarrolló este proceso. Pero nunca ha habido simetría y el nivel de brutalidad alcanzado hoy no tiene parangón.

Por eso no podemos discutir el derecho de las y los palestinos a resistir a su aniquilación, incluso por la fuerza de las armas, lo que no significa que toda estrategia sea correcta o que toda forma de contraviolencia sea justa. En el otro lado, sin embargo, la cuestión de la legitimidad se plantea en términos completamente diferentes. Se ha producido un cambio radical. No considero en absoluto que la entidad israelí tal como fue reconocida por las Naciones Unidas en 1948 (a pesar de la oposición de los países árabes) fuera ilegítima. Pero sí creo que la legitimidad del Estado de Israel estaba condicionada, y que desde entonces se han perdido las condiciones que presuponía. ¿Por qué fue así? Lo que dio a Israel su legitimidad política y moral no fue, evidentemente, el mito del retorno de los judíos exiliados a su Tierra Prometida (que Golda Meir creía poder describir como una "tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra"). Tampoco fue la larga historia de asentamientos judíos en Palestina, promovidos por el movimiento sionista desde mediados del siglo XIX. El historiador israelí Shlomo Sand lo expresó muy bien en una declaración reciente: las naciones europeas, con su antisemitismo a veces virulento y sus persecuciones,"nos vomitaron a los judíos" (¡y resulta aún más irónico que los sionistas se presentaran entonces como los responsables de llevar la civilización y la modernidad europeas a Oriente!) Evidentemente, la población nativa no tenía ninguna obligación de abrirle los brazos (aunque, idealmente, el establecimiento de colonias judías en Palestina podría haber conducido a su incorporación a una sociedad que siempre había tenido un carácter multicultural y cosmopolita). La única base de esta legitimidad -pero pesaba mucho- era la capacidad del Estado de Israel para ofrecer refugio y un futuro común a los supervivientes de la Shoah, a quienes el mundo entero había rechazado.

Al menos implícitamente, y en contra de las tendencias más arraigadas de la ideología sionista (que desde este punto de vista es puro y simple nacionalismo europeo), este fundamento iba acompañado de dos condiciones que debían cumplirse a largo plazo: 1) el asentamiento de colonos judíos tenía que ser aceptado por sus vecinos, mediante negociaciones que condujeran a una alianza entre pueblos, en lugar de que las tierras históricas de las y los palestinos fueran acaparadas por recién llegados que creen o pretenden tener un derecho inmemorial sobre ellas; 2) el Estado de Israel tenía que construirse como un Estado democrático y laico, que confiriera los mismos derechos y la misma dignidad a todos sus ciudadanos. En lugar de ello (a costa de conflictos internos y aprovechando diversas circunstancias internacionales, incluidas las guerras emprendidas o planeadas por los Estados árabes), se ha institucionalizado la discriminación étnica, se ha sistematizado el terrorismo de Estado y el Estado de Israel ha eludido constantemente el derecho internacional, como si su vocación mesiánica lo situara por encima de la ley. El proceso culminó en 2018 con la proclamación de Israel como Estado-nación del pueblo judío, es decir, la adopción de una autodefinición racista que justifica el apartheid y presagia crímenes contra la humanidad. Israel ha perdido su legitimidad histórica; lo digo con tristeza y preocupación por las consecuencias. No siento ningún Schadenfreude [sentir alegría por el sufrimiento de otro].

Todos los pueblos tienen derecho a existir

 Mi tercer punto es el siguiente: todos los pueblos tienen derecho a existir, y me refiero a todos los pueblos, y por tanto es un crimen contra la humanidad negarles o privarles de ese derecho. Este derecho incluye la seguridad, la protección y la autodefensa. Pero eso no significa que el derecho a existir pueda ejercerse de cualquier forma constitucional, bajo cualquier nombre, dentro de cualquier frontera, y coincida con la afirmación de una soberanía absoluta, ajena a los derechos de los demás pueblos, como si cada uno estuviera solo bajo la mirada de Dios o de la Historia. La cuestión de Palestina es que en el último siglo, a través de una trágica cadena de violencia y enfrentamientos, se ha convertido en la tierra de dos pueblos, una tierra en la que hombres y mujeres de dos líneas ancestrales diferentes y de dos culturas distintas entierran a sus muertos y crían a sus hijos uno al lado del otro. Para que pudieran convivir pacíficamente, compartiendo los recursos y el derecho a existir que les pertenece, habría que recrear las condiciones: pero la guerra actual lo hace prácticamente impensable. Una vez más, no digo que los palestinos y palestinas no tengan ninguna responsabilidad, especialmente si se apoyan en la política de la yihad. Pero es el imperialismo israelí, al que las instituciones democráticas del Estado judío no ofrecen prácticamente ningún obstáculo interno, el que ha arruinado esta posibilidad. Romper esta fatalidad significaría inventar una u otra forma de federalismo y diseñar el camino que conduzca a su aceptación por ambos pueblos, con el apoyo de la comunidad internacional y bajo la supervisión de sus instituciones. Desde este punto de vista, las nociones de solución de un Estado o de solución de dos Estados siguen siendo fórmulas abstractas, que dan vueltas en círculo, mientras no se cumpla la condición irrenunciable de una solución, como afirmó claramente Edward Said después de Oslo: "igualdad o nada". Lo que significa también que hay que empezar por reparar las injusticias sufridas e invertir la trayectoria. Estamos más lejos que nunca. Pero no debemos cansarnos de reafirmar el principio.

Suponiendo que avancemos en esta dirección, las exigencias inmediatas no son difíciles de formular. Más difícil es ponerlas en práctica.

Debe producirse un alto el fuego incondicional en Gaza, seguido de un intercambio de los rehenes supervivientes por prisioneros políticos, una evacuación completa de lo que hoy queda de Gaza por parte de los invasores y la transferencia temporal de su administración a un grupo de organizaciones humanitarias bajo la autoridad de las Naciones Unidas. Las negociaciones abiertas con Hamás y otras fuerzas palestinas podrían facilitarlo.

Hay que reprimir la violencia de los colonos en Cisjordania y Jerusalén Este, y proceder al desmantelamiento progresivo de los asentamientos, contrarios al derecho internacional, aunque ello suponga un cambio de régimen en Israel y la reconstrucción de la Autoridad Palestina.

Las decisiones de los tribunales internacionales, incluida la Corte Internacional de Justicia a petición de Sudáfrica, cuyo papel decisivo es digno de elogio, deben aplicarse rigurosa y plenamente. Esto incluye, por supuesto, sanciones penales y la prohibición de suministrar armas a un ejército que está masacrando a civiles.

Por último, bajo la presión de Estados Unidos y sus aliados, debe levantarse la prohibición de reconocer el Estado de Palestina y su plena admisión en la ONU. Este es un punto de partida esencial para las negociaciones de paz.

A estas condiciones para una solución del conflicto, ampliamente reconocidas, si no realizables en la actualidad, me gustaría añadir una más, que puede parecer subjetiva, pero que es igual de política: los que se consideran judíos en todo el mundo deben disociarse en masa de la idea de que la protección del pueblo judío coincide con el apoyo al colonialismo israelí, que es asesino y autodestructivo. Y que rechacen la equiparación de la crítica al sionismo con el antisemitismo, como han oficializado imprudentemente varios Estados. Sí, el destino del Estado de Israel importa a los judíos, y las consecuencias de sus políticas son asunto suyo, porque su actitud colectiva no deja de influir en su comportamiento. Pero, en términos más generales, lo que está en juego es el significado que el nombre judío conservará en la historia: honor o deshonor, ésa es la cuestión. Es indudable que los judíos no tienen ningún privilegio que hacer valer en la defensa de los derechos del pueblo palestino, cuya causa es universal, como escribí hace mucho tiempo 3, pero en este preciso momento tienen sin duda una misión que cumplir.

19-09-2024"

(   , Viento Sur, 28/09/24, fuente Les temps qui restent )

31.5.24

Varoufakis: La separación estricta no es solución para Palestina e Israel... Para convencer al próximo gobierno israelí de que los palestinos deben tener plenitud de derechos políticos, es necesario que una nueva ola de países les otorgue reconocimiento formal, como acaban de hacer España, Irlanda y Noruega. Pero para que la ola no pierda fuerza y acabe convertida en un charco de simbolismo performativo, sus partidarios deben recalcar que el Estado palestino no debe ser ni la imagen en espejo de Israel ni un modo de crear una barrera estricta entre judíos y palestinos... La visión que inspira las protestas de los estudiantes propalestinos en Estados Unidos, Noruega, España, Irlanda y muchos otros países europeos es una visión de igualdad de derechos, no la de un derecho simétrico a imponer un apartheid... La idea de separar a los judíos de los palestinos es incompatible con los derechos humanos, porque implica traslados en masa o que a algunos se los trate como ciudadanos de segunda. De modo que ambas partes deben abandonar cualquier demanda de un Estado exclusivo (judío o árabe palestino)... Lo que sí implica es que el objetivo debe ser dos Estados, israelí y palestino, porosos, que garanticen la autodeterminación a ambos pueblos. Para que funcione, se necesitarán instituciones confederadas que protejan la igualdad de derechos. Y por último (sólo en la enumeración), un esquema de esta naturaleza exige doble ciudadanía plena. Esta solución aseguraría los derechos humanos que el sur global (muy bien representado en la actualidad por abogados sudafricanos) demanda, y que el norte global finge reverenciar... Israelíes y palestinos tienen que reconocerse mutuamente (tal vez mediante una Comisión de Verdad y Reconciliación como la de Sudáfrica) tres clases de dolor: el dolor que causó Europa a los judíos durante siglos; el dolor que Israel ha causado a los palestinos durante ocho décadas; y el dolor que palestinos y judíos han intercambiado bajo el influjo venenoso de la guerra y la resistencia

 "Reconocer un Estado palestino es un imperativo ético, y es el único modo de lograr una paz justa en Medio Oriente. Para convencer al próximo gobierno israelí de que los palestinos deben tener plenitud de derechos políticos, es necesario que una nueva ola de países les otorgue reconocimiento formal, como acaban de hacer España, Irlanda y Noruega. Pero para que la ola no pierda fuerza y acabe convertida en un charco de simbolismo performativo, sus partidarios deben recalcar que el Estado palestino no debe ser ni la imagen en espejo de Israel ni un modo de crear una barrera estricta entre judíos y palestinos.

Olvidemos por un momento el lamentable hecho de que por ahora no se vislumbra un gobierno israelí dispuesto a discutir una paz justa, y de que los palestinos no tienen un liderazgo dotado de legitimación democrática que los represente. Sólo imaginemos que estuviera a punto de comenzar un diálogo. ¿Qué principios debe encarnar para inspirar confianza en un resultado justo para todas las partes, con independencia de etnia, religión y lenguaje, desde el río (Jordán) hasta el mar (Mediterráneo)?

La razón por la que un Gran Israel siempre ha sido incompatible con la justicia es que Israel niega a sus ciudadanos palestinos (el 20% del total) la igualdad plena, para preservar su condición de Estado exclusivamente judío (no sólo israelí). El mero hecho de fundar un Estado palestino al lado de Israel no resolverá esta cuestión.

Y si Palestina se fundara como un Estado exclusivamente árabe‑palestino ¿qué sucedería con los judíos que se han establecido (ilegalmente) en Cisjordania y Jerusalén oriental? Algunos están hablando de reubicar poblaciones, como en el trágico intercambio que hicieron Grecia y Turquía después de la guerra de 1919‑22.

¿Nos hemos vuelto locos? Ha pasado un siglo desde ese acto de limpieza étnica y los descendientes de los intercambiados todavía añoran la tierra ancestral perdida. ¿De veras queremos promover una catástrofe similar, otro desenraizamiento a gran escala, en nombre de la paz y la justicia?

Imaginemos que un Estado palestino imitara la política israelí de construir rutas cerradas para conectar comunidades no contiguas (por ejemplo, una autopista cerrada entre Cisjordania y Gaza), o rutas exclusivas entre comunidades palestinas en Israel y el nuevo Estado palestino. Las rutas cerradas que ha construido Israel para conectar comunidades judías actúan como muros, que inevitablemente encierran poblaciones palestinas. Seguro que la solución no pasa por construir nuevas rutas cerradas que conecten a los palestinos y encierren a los judíos.

¿Qué decir de la idea de que los colonos israelíes tengan acceso a la doble ciudadanía en un Estado palestino, lo mismo que los palestinos en Israel? Tiene sentido; pero, ¿qué garantías tendrán los judíos en Palestina y los palestinos en Israel de que no se los tratará como a ciudadanos de segunda clase? ¿Qué impedirá, por ejemplo, a las fuerzas de seguridad de cada uno de los Estados tratar a la minoría como un problema al que es preciso contener o tal vez eliminar en el futuro? En síntesis, ¿cómo hacemos para no reemplazar un Estado de apartheid con dos de esos Estados, uno al lado del otro?

Muchos palestinos, motivados por su larga opresión, tal vez quieran que se expulse a todos los colonos judíos del Estado palestino. Otros, para quienes la creación del Estado es prioridad, se contentarán con una solución de dos Estados de apartheid. Pero, ¿son objetivos por los que valga la pena luchar? ¿Pueden generar el apoyo mundial que necesitan los palestinos para alcanzar una paz justa?

Si los palestinos se plantearan como objetivo un Estado exclusivo, dudo de que Sudáfrica (cuyos juristas, formados en los principios humanistas de Nelson Mandela, tan elocuentemente acusaron a Israel en La Haya) sea de la partida. La visión que inspira las protestas de los estudiantes propalestinos en Estados Unidos, Noruega, España, Irlanda y muchos otros países europeos es una visión de igualdad de derechos, no la de un derecho simétrico a imponer un apartheid.

La idea de separar a los judíos de los palestinos es incompatible con los derechos humanos, porque implica traslados en masa o que a algunos se los trate como ciudadanos de segunda. De modo que ambas partes deben abandonar cualquier demanda de un Estado exclusivo (judío o árabe palestino).

No implica esto que el modo de vida judío deba disminuirse de algún modo, o que los palestinos deban renunciar a sus aspiraciones de tener un Estado. Lo que implica es que el objetivo debe ser dos Estados, israelí y palestino, porosos, que garanticen la autodeterminación a ambos pueblos. Para que funcione, se necesitarán instituciones confederadas que protejan la igualdad de derechos. Y por último (sólo en la enumeración), un esquema de esta naturaleza exige doble ciudadanía plena. Esta solución aseguraría los derechos humanos que el sur global (muy bien representado en la actualidad por abogados sudafricanos) demanda, y que el norte global finge reverenciar.

¿Cómo se llega allí? Tal vez haya algo de verdad en el famoso chiste irlandés, donde a uno le hacen esa pregunta y responde «bueno, yo no partiría de aquí»; pero creo que la respuesta ya la han dado los judíos, musulmanes y otros que hacen campaña al mismo tiempo contra el antisemitismo y contra el genocidio. Israelíes y palestinos tienen que reconocerse mutuamente (tal vez mediante una Comisión de Verdad y Reconciliación como la de Sudáfrica) tres clases de dolor: el dolor que causó Europa a los judíos durante siglos; el dolor que Israel ha causado a los palestinos durante ocho décadas; y el dolor que palestinos y judíos han intercambiado bajo el influjo venenoso de la guerra y la resistencia.

Mientras las bombas siguen cayendo, y con una guerra de propaganda desatada, cuesta imaginar alguna salida para la tragedia palestino‑israelí. Pero eso tal vez se deba a nuestra incapacidad para imaginar dos Estados que acerquen a las personas en vez de alzar entre ellas una barrera infranqueable."                 (Yanis Varoufakis, Project Syndicate, 28/05/24)

9.5.24

Conseguir la solución de dos estados en el contexto de la guerra de Gaza... La solución de los dos estados está consagrada en el derecho internacional y es el único camino viable hacia una paz duradera. Todas las demás soluciones -continuación del régimen de apartheid de Israel, un Estado binacional o un Estado unitario- garantizarían la continuación de la guerra por una de las partes o por ambas. Sin embargo, la solución de los dos estados parece irremediablemente bloqueada. Pero no es así. He aquí un camino... establecimiento de dos estados en fronteras acordadas globalmente, en particular las fronteras del 4 de junio de 1967 consagradas en las resoluciones del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General de la ONU. Los estados miembros de la ONU tendrán que imponer la solución de los dos estados, en lugar de esperar a que fracase otra negociación palestino-israelí... El Consejo de Seguridad, respaldado por la Asamblea General de la ONU, tiene el poder, según la Carta de la ONU, de imponer el acuerdo de dos estados. Puede hacerlo como una cuestión de derecho internacional, tras décadas de resoluciones pertinentes. A continuación, puede imponer la solución mediante una combinación de zanahorias (incentivos económicos, financiación de la reconstrucción, fuerzas de mantenimiento de la paz respaldadas por el CSNU, desarme, seguridad fronteriza, etc.) y palos (sanciones en caso de violación por cualquiera de las partes)... (Jeffrey D. Sachs Ha sido asesor de tres secretarios generales de la ONU)

 "La solución de los dos estados está consagrada en el derecho internacional y es el único camino viable hacia una paz duradera. Todas las demás soluciones -continuación del régimen de apartheid de Israel, un Estado binacional o un Estado unitario- garantizarían la continuación de la guerra por una de las partes o por ambas. Sin embargo, la solución de los dos estados parece irremediablemente bloqueada. Pero no es así. He aquí un camino.

El Gobierno israelí se opone firmemente a una solución de dos estados, al igual que una parte significativa de la población israelí, algunos por motivos religiosos (“Dios nos dio la tierra”) y otros por motivos de seguridad (“Nunca podremos estar seguros con un Estado de Palestina”). Una proporción significativa de palestinos considera que Israel es una entidad colono-colonial ilegítima y, en cualquier caso, desconfía de cualquier proceso de paz.

¿Cómo proceder entonces?

La recomendación habitual es la siguiente secuencia de seis pasos (1) alto el fuego; (2) liberación de los rehenes; (3) ayuda humanitaria; (4) reconstrucción; (5) conferencia de paz para las negociaciones entre Israel y Palestina; y finalmente (6) establecimiento de dos estados en fronteras acordadas. Este camino es imposible. Hay un punto muerto perpetuo en los pasos 5 y 6, y esta secuencia ha fracasado durante 57 años desde la guerra de 1967.

Dos estados soberanos, en las fronteras del 4 de junio de 1967, protegidos inicialmente por fuerzas de mantenimiento de la paz respaldadas por la ONU y otras garantías, serán el punto de partida de una paz global y justa…

El fracaso de Oslo es el caso paradigmático. Hay diferencias irreconciliables, como el estatuto de Jerusalén Este. Los fanáticos israelíes expulsarían del poder a cualquier político israelí que se atreviera a ceder Jerusalén Este a la soberanía palestina y los fanáticos palestinos harían lo mismo con cualquier dirigente palestino que renunciara a la soberanía sobre Jerusalén Este. Deberíamos renunciar a la continua ilusión de que Israel llegará alguna vez a un acuerdo, o de que Palestina tendrá alguna vez poder de negociación para entablar un diálogo significativo con Israel, especialmente cuando la Autoridad Palestina depende en gran medida de Estados Unidos y otros financiadores.

Por lo tanto, el enfoque correcto es el contrario, empezando por el establecimiento de dos estados en fronteras acordadas globalmente, en particular las fronteras del 4 de junio de 1967 consagradas en las resoluciones del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General de la ONU. Los estados miembros de la ONU tendrán que imponer la solución de los dos estados, en lugar de esperar a que fracase otra negociación palestino-israelí.

Así pues, la solución debería seguir el siguiente orden: (1) establecimiento de Palestina como 194º Estado miembro dentro del marco de la solución de dos estados en las fronteras del 4 de junio de 1967; (2) alto el fuego inmediato; (3) liberación de los rehenes; (4) ayuda humanitaria; (5) fuerzas de mantenimiento de la paz, desarme y seguridad mutua; y (6) negociación sobre las modalidades (asentamientos, retorno de los refugiados, intercambio de tierras de mutuo acuerdo y otros; pero no fronteras).

En 2011, el Estado de Palestina (ahora reconocido por 140 estados miembros de la ONU, pero aún no como Estado miembro de la ONU) solicitó el estatus de miembro de pleno derecho de la ONU. El Comité de Nuevos Miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (constituido por el Consejo de Seguridad de la ONU) reconoció la legitimidad de la solicitud de Palestina, pero como es absolutamente típico en el “proceso de paz”, el gobierno de EEUU prevaleció sobre la Autoridad Palestina para que aceptara el “estatus de observador”, con la promesa de que pronto llegaría el estatus de miembro de pleno derecho de la ONU. Por supuesto, no fue así.

El Consejo de Seguridad, respaldado por la Asamblea General de la ONU, tiene el poder, según la Carta de la ONU, de imponer el acuerdo de dos estados. Puede hacerlo como una cuestión de derecho internacional, tras décadas de resoluciones pertinentes. A continuación, puede imponer la solución mediante una combinación de zanahorias (incentivos económicos, financiación de la reconstrucción, fuerzas de mantenimiento de la paz respaldadas por el CSNU, desarme, seguridad fronteriza, etc.) y palos (sanciones en caso de violación por cualquiera de las partes).

La única frontera concebible para crear la solución de los dos estados es la del 4 de junio de 1967. Partiendo de esa frontera, las dos partes podrían negociar de mutuo acuerdo un intercambio de tierras en beneficio mutuo, pero lo harían sabiendo que la “mejor alternativa a un acuerdo negociado” (BATNA) es la frontera del 4 de junio de 1967.

Es muy posible, de hecho probable, que EEUU vete inicialmente la vía propuesta. Después de todo, Estados Unidos ya ha utilizado su veto en múltiples ocasiones para bloquear un simple alto el fuego. Sin embargo, el proceso de obtener el veto de Estados Unidos y luego conseguir una amplia mayoría de votos en la Asamblea General de la ONU será beneficioso por tres razones.

En primer lugar, la política estadounidense está cambiando rápidamente en contra de las políticas israelíes, dada la creciente comprensión por parte de la opinión pública estadounidense de los crímenes de guerra de Israel y del extremismo político israelí. Este cambio en la opinión pública hace mucho más probable que los líderes estadounidenses acepten, más pronto que tarde, el enfoque básico aquí esbozado debido a la dinámica política interna de Estados Unidos. En segundo lugar, el creciente aislamiento de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de la ONU también está pesando mucho sobre los dirigentes estadounidenses y obligándoles a reconsiderar sus posiciones políticas a la vista de consideraciones geopolíticas. En tercer lugar, una fuerte votación en el CSNU y la AGNU a favor de la solución de los dos estados en las fronteras del 4 de junio de 1967 contribuirá a reforzar el derecho internacional y los términos del eventual acuerdo tan pronto como se levante el veto estadounidense.

Por estas razones, existe una perspectiva realista de que la ONU ejerza finalmente su autoridad jurídica y política internacional para crear las condiciones necesarias para la paz.

Hace 22 años, los líderes árabes e islámicos afirmaron en la Iniciativa de Paz Árabe de 2002 que el único camino hacia la paz pasa por la solución de los dos estados. El 7 de febrero de 2024, el Ministerio de Asuntos Exteriores saudí reafirmó que sólo se logrará una paz completa reconociendo un Estado palestino independiente en las fronteras de 1967 y Jerusalén Este como capital. Los estados árabes y la comunidad mundial en general no deberían tragarse otro vago proceso de paz que probablemente esté condenado al fracaso, especialmente dada la urgencia causada por el genocidio en curso en Gaza y la mala voluntad acumulada durante los últimos 57 años de un “Proceso de Paz” infructuoso.

La paz puede llegar mediante la aplicación inmediata de la solución de los dos estados, haciendo de la admisión de Palestina en la ONU el punto de partida, no el punto final. Dos estados soberanos, en las fronteras del 4 de junio de 1967, protegidos inicialmente por fuerzas de mantenimiento de la paz respaldadas por la ONU y otras garantías, serán el punto de partida para una paz global y justa no sólo entre Israel y Palestina, sino también para una paz regional que asegure las relaciones diplomáticas en todo Oriente Medio y ponga fin a este conflicto que ha agobiado a sus habitantes, a la región y al mundo, durante más de un siglo."

(Jeffrey D. Sachs es director del Centro para el Desarrollo Sostenible de la Universidad de Columbia (EEUU) y presidente de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Ha sido asesor de tres secretarios generales de la ONU... Sybil Fares es especialista y asesora para Oriente Medio de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de la ONU. Globalter , 13/03/24)