"La Vanguardia, decano de la prensa catalana, fundada en 1881
por los condes de Godó, resulta una especie de sismógrafo de las
tribulaciones de los poderes fácticos de la sociedad catalana. Un diario
que ha demostrado una camaleónica capacidad de adaptación a los cambios
políticos de la convulsa historia del país: monarquía alfonsina,
Segunda República, a la dictadura franquista, transición, pujolismo,
ascenso del independentismo, vuelta al orden constitucional… Eso sí,
siempre con una línea editorial conservadora y combativa contra las
izquierdas, como demostraron sus implacables e incansables campañas
contra el tripartito de izquierdas de Maragall y Montilla o más
recientemente contra la alcaldesa de Barcelona Ada Colau.
El pasado domingo 21 de septiembre publicó una encuesta de intención
de voto que disparó las alarmas en los estados mayores de los partidos
políticos catalanes, al atribuir un crecimiento espectacular a dos
formaciones de ultraderecha Aliança Catalana (AC) y en menor medida a
Vox. AC pasaría de dos a 19 diputados, mientras Junts bajaría de 35 a 21
escaños. Además, sería primera fuerza política en las circunscripciones
de Girona y Lleida. Vox subiría de los 11 a los 16 diputados, mientras
que el PP descendería de los 15 a los 13 escaños. Según este sondeo, el
PSC continuaría siendo la fuerza más votada, aunque experimentaría un
notable retroceso, de 42 a 36 diputados, de manera que la eventual
fórmula tripartita con ERC y Comunes no alcanzaría la mayoría absoluta
para garantizar la gobernabilidad.
Las elecciones catalanas del 12 de mayo de 2024 significaron un
cambio de ciclo político que, con la investidura del socialista Salvador
Illa, vino a cerrar la década procesista de mayorías absolutas en el
Parlament de Catalunya y de gobiernos independistas en la Generalitat.
La segunda novedad del escrutinio, además de la pérdida de la mayoría
absoluta independentista, radicó en la representación dual de la extrema
derecha en Catalunya con la entrada de dos diputados de Aliança
Catalana.
El precedente de Plataforma per Catalunya
Desde la década de los 90 se asiste a un movimiento migratorio de
trabajadores procedente, por este orden, de Marruecos, África
subsahariana y América Latina. El primer síntoma que en Catalunya
existía un terreno abonado para la extrema derecha xenófoba e islamófoba
se produjo en Vic donde surgió en 2002 Plataforma per Catalunya (PxC).
Una ciudad de la Catalunya profunda que entonces contaba con un 22% de
población extranjera, la mayoría musulmana que trabajaba en las
explotaciones de una próspera industria agropecuaria, especialmente de
la cabaña porcina. Su fundador, Josep Anglada Rius, provenía de la
extrema derecha franquista de Fuerza Nueva de Blas Piñar, pero se
recicló con un discurso identitario e islamófobo en sintonía con la
extrema derecha francesa de los Le Pen.
En las municipales de 2003, PxC entró con un regidor en los
ayuntamientos de Vic, Manlleu, Cervera y El Vendrell. Unos resultados
que duplicó en las locales del 2007 con 17 ediles en Catalunya. En las
municipales del 2011 logró, con 66 mil votos, representación en
numerosos ayuntamientos, tanto de la Catalunya metropolitana (Mataró,
l’Hospitalet, Santa Coloma, Sant Boi de Llobregat, Sant Adrià del Besos,
Badia del Vallès…) como en la Catalunya profunda (Igualada, Ripoll,
Amposta, Tàrrega, Tortosa…) Todas ellas con elevados porcentajes de
inmigración musulmana.
El pasado y comportamiento fascista de Anglada, las disputas internas
y escisiones marcaron su declive tras fracasar, por un puñado de votos,
en su objetivo de entrar en el Parlament de Catalunya en las
autonómicas del 2010 y 2012, cuando con 75 mil votos (2,4%) se quedaron a
escasas décimas de conseguir representación parlamentaria. Todo lo cual
condujo a la desaparición del partido. No obstante, Anglada, con
diferentes siglas, ha mantenido su acta de regidor por Vic, en las
municipales del 2023 con la formación Som Identitaris (SOMI)
Los éxitos electores de PxC demostraron que existía un terreno
abonado para este tipo de ofertas políticas que, basadas en el racismo,
la islamofobia y el rechazo a la inmigración, mantenía la ambigüedad
respecto a la identidad nacional española/catalana, en línea divisoria
entre el ellos y el nosotros. Algo imposible de sostener actualmente con
la máxima polarización identitaria generada en los años del procés.
Vox o la extrema derecha españolista
Vox, liderado por Ignacio Garriga Vaz da Conceição, había entrado con
fuerza en el Parlament de Catalunya en las anteriores autonómicas,
celebradas el 14 de febrero de 2021, con 11 diputados 218.121 votos
(7,6%) con un discurso islamófobo y ultraespañolista. Garriga, nacido en
Sant Cugat el 1987, odontólogo de profesión, es hijo de padre catalán y
madre de la excolonia española de Guinea Ecuatorial. Por ello, se le
conoce con el apodo del mulato o el negro de Vox. Miembro supernumerario
del Opus Dei, se afilió al PP en 2005, al cumplir los 18 años, que
abandonó en 2015 para ingresar en Vox.
Vox revalidó estos registros en las catalanas del 12 de marzo de 2024
con los mismos diputados, 251.096 votos (7,9%) en un contexto de
recomposición postprocesista de la centroderecha españolista en
Catalunya tras el hundimiento de Ciudadanos (Cs). Esta formación,
liderada por Albert Rivera e Inés Arrimadas, que concentró en los años
del procés el voto útil antiindependentista, pasó en esos
comicios de los 36 diputados y 1,1 millones de votos a los seis
diputados y unos 150 mil votos. Ciertamente, el desafío a la unidad
nacional española planteado por proceso independentista fue uno de los
factores desencadenantes –no el único– del ascenso de Vox en España. En
Catalunya, parte de ese millón votos perdidos por Cs fue a parar a Vox,
otra volvió al PP que pasó de los tres a 15 diputados y otra al PSC.
Vox obtuvo sus mejores resultados en los barrios periféricos del Área
Metropolitana de Barcelona como Santa Coloma de Gramanet, l’Hospitalet o
Gavà, en torno al 10% de los votos. Se trata de municipios habitados
por trabajadores de lengua castellana de segunda o tercera generación de
la emigración meridional española de los años 60 del franquismo, ahora
con elevados porcentajes de inmigración extracomunitaria. Aquí, Aliança
Catalana, apenas alcanza el 1% de los votos. También Vox obtiene buenos
resultados en Tarragona (11,4%) o Reus (12,4%).
Aliança Catalana o la extrema derecha independentista
Esta formación, liderada por Sílvia Orriols, alcaldesa de Ripoll,
concurría por primera vez a las elecciones al Parlament de Catalunya el
12 de marzo. La formación cosechó un gran éxito al obtener dos
diputados, uno por Girona y otro por Lleida, con 119.149 votos (3,7%).
Por escasas décimas, no logró a superar la barrera del 3% de los
sufragios en la circunscripción de Barcelona que le hubieran reportado
tres escaños más y grupo parlamentario.
Aliança Catalana cosechó sus mejores registros en los municipios de
la provincia de Girona como Ripoll (33%), Capdevànol (26%) Olot (15%);
de la Catalunya Central como Berga (10,5%) o Vic (8,5%); de Lleida como
Balaguer (10%) o Tàrrega (10,7%). Es decir, en las comarcas de la
Catalunya profunda donde la extinta Convergència de Jordi Pujol obtenía
sus mejores resultados y que en el siglo XIX fueron feudos del carlismo.
Se trata, a diferencia de los votantes de Vox, de ciudadanos de lengua
catalana y clase media, muchas de las cuales se implicaron a fondo en
las movilizaciones del proceso soberanista. Por otro lado, en la ciudad
de Girona, Vox y AC empatan con el 6,3% de los sufragios y en la de
Lleida se reparten el electorado xenófobo entre Vox (9,4%) y AC (6,7%).
El hecho que el epicentro de Aliança Catalana sea Ripoll, con una
población de unos 10.000 habitantes, merece una explicación adicional.
Este municipio, famoso por su monasterio románico, está connotado
simbólicamente al ser considerado por la historiografía romántica
catalanista como uno de los centros donde se forjó la milenaria nación
catalana. Justamente, aquí se originó la célula yihadista autora de los
atentados de Barcelona y Cambrils en agosto de 2017, en las vísperas del
referéndum del 1 de octubre. Unos atentados que el movimiento
independentista atribuyó a la complicidad de los servicios secretos del
Estado, por la condición de confidente del CNI del imán de Ripoll, que
desembocaron en la comisión de investigación parlamentaria en Madrid.
Esta fue otra de las condiciones exigidas por Junts para dar luz verde a
la investidura de Pedro Sánchez. Unas negociaciones protagonizadas
entonces por Santos Cerdán, actualmente en prisión, cuyo relevo ha
tomado el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.
Sílvia Orriols Serra, nacida en Vic en 1984, tras un fugaz paso por
las juventudes de ERC, militó en pequeños partidos independentistas con
una fuerte carga identitaria como Estat Català y Front Nacional de
Catalunya. Muy activa en las movilizaciones independentistas en Ripoll,
fundó en 2020, bajo el impacto de los atentados islamistas, Aliança
Catalana que fue la fuerza más votada de Ripoll con seis concejales, en
las municipales de 2023. Sin mayoría absoluta, ERC propuso un cordón
sanitario para impedir que accediese a la alcaldía. La ejecutiva de
Junts, regida con mano de hierro por Puigdemont, desautorizó desde
Waterloo a su sección local y permitió con su abstención la investidura
de Orriols. Un primer indicio de la delicada relación de Junts respecto a
AC, semejante a la del PP con Vox, cuando ambas formaciones perciben el
trasvase de votos hacia la extrema derecha. Una palanca que le sirvió
para dar el salto a la política nacional y su elección como diputada en
la cámara legislativa catalana.
Por otro lado, Lluís Llach, cantautor y presidente de la Assemblea
Nacional de Catalunya (ANC), levantó el veto a la presencia de AC en la
manifestación de la última Diada, rompiendo el cordón sanitario y
reconociendo implícitamente su carácter de formación independentista
legítima.
El caso de Badalona
No podemos completar este periplo por las extremas derechas en
Catalunya sin mencionar el caso de Badalona. Mientras en Ripoll, en el
corazón de la Catalunya catalana, la extrema derecha se hacía con la
alcaldía, Xavier García Albiol del PP, se aposentaba en la alcaldía de
Badalona con una aplastante mayoría absoluta de 18 sobre 27 concejales.
Un municipio de 227 mil habitantes, donde nació Joan Manel Serrat, y el
mayor gobernado por el PP en Catalunya.
García Albiol, nacido en Badalona en 1967, es hijo de inmigrante
almeriense y madre barcelonesa. Presidente del PP catalán en los años
álgidos del procés, accedió a la alcaldía de Badalona entre 2011 y 2015 con un peculiar estilo populista, antinmigración y antiocupa, con el lema “limpiar Badalona”.
En las municipales del 2015 fue la fuerza más votada, pero con mayoría
simple fue sometido a un cordón sanitario por parte del resto de
partidos del Consistorio, destruido ahora por su amplia mayoría
absoluta.
Aquí, a diferencia de otros municipios del Área Metropolitana de
Barcelona, Vox no obtuvo representación. Al igual que Isabel Díaz Ayuso
en Madrid, Albiol ha asumido con éxito gran parte del discurso de la
extrema derecha en materia de inmigración y seguridad ciudadana.
Ultranacionalismos antagónicos
Uno de los elementos comunes de los municipios donde Vox y AC
obtienen sus mejores resultados radica en el elevado porcentaje de
trabajadores extranjeros. Sin embargo, mientras Vox expresa el rechazo a
la inmigración en los barrios obreros de las áreas metropolitanas de
Barcelona y Tarragona; AC lo manifiesta en los municipios de la
Catalunya profunda de Girona i Lleida.
El proceso independentista actuó como un acumulador de fuerzas para
ambas formaciones, pero en sentido contrario. Vox creció en los años de
ascenso del procés que activó los registros del
ultranacionalismo español en defensa de la unidad de la patria amenazada
por los separatistas catalanes. Aliança Catalana es un producto del
declive del procés, de la frustración provocada en amplios
sectores del movimiento independentista por las falsas promesas, la
desunión de los partidos y la falta de perspectivas, de una hoja de
ruta, para avanzar hacia la secesión.
Aquí radica la explicación del fenómeno de la existencia de dos
ofertas políticas de extrema derecha en Catalunya. El ultranacionalismo y
la xenofobia son dos de los principales ejes ideológicos de las
extremas derechas occidentales. Los trabajadores inmigrantes,
especialmente los musulmanes, son considerados como una amenaza para la
identidad nacional/cultural y una competencia en el acceso a los
servicios públicos y prestaciones sociales. Vox y AC coinciden, tanto en
el discurso racista como en sus propuestas de medidas legislativas
punitivas contra la inmigración, pero discrepan radicalmente en la
cuestión de la identidad nacional. Vox es la expresión del
ultranacionalismo español en España y Catalunya y AC del
ultranacionalismo catalán. El anticatalanismo resulta uno de los
elementos estructurales del nacionalismo reaccionario español, al igual
que el antiespañolismo lo es para el nacionalismo identitario catalán.
Los nacionalismos necesitan de enemigos internos y externos como
factores esenciales para la cohesión del movimiento. Así, el
anticatalanismo ejerce esa función en el españolismo y viceversa. Eso
sí, con una gran diferencia: el nacionalismo español dispone de un
Estado -el templo de la Nación- mientras que el catalán aspira a
tenerlo.
Esa dialéctica nacionalitaria impide por ahora los pactos entre PP y
Junts, muy próximos en el eje ideológico derecha/izquierda como se ha
comprobado en el tema de la reducción de la jornada laboral. Además,
ambas formaciones se enfrentan a la fuga de votos por su derecha que
representan Vox y Aliança Catalana. Así, evidenció con la reunión de los
barones del PP en Murcia, escenario de los graves incidentes en Torre
Pachecho, donde se difundieron sus polémicas propuestas sobre la
inmigración o los argumentos xenófobos de Junts en defensa de la
transferencia de las competencias en la materia pactadas con el PSOE.
En otro orden de cosas, tanto Vox como AC, difunden su mensaje
incansablemente y con gran habilidad a través de las redes sociales y
menosprecian el papel de los medios de comunicación tradicionales. El
éxito electoral en las elecciones europeas de Se Acabó la Fiesta de
Alvise Pérez demostró la eficacia de las extremas derechas en el manejo
de las redes sociales como nuevas formas de comunicación y movilización
política.
Duplicación de los espacios políticos
Ciertamente, el ascenso de las extremas derechas en Occidente es un
fenómeno global con muy diversas concreciones y particularidades
nacionales. La singularidad del caso catalán radica en la consolidación
de dos formaciones que comparten un discurso antiinmigración, islamófobo
y sionista, pero que militan en ultranacionalismos antagónicos. Además,
representan una base identitaria, territorial y social muy distinta que
puede resumirse esquemáticamente en las antinomias: lengua
castellana/catalana, clase trabajadora/clase media, Catalunya
metropolitana/interior.
Desde el punto de vista ideológico, Vox no ha roto amarras con el
nacionalcatolicismo franquista cuyos símbolos y memoria reivindica. Por
el contrario, los referentes históricos de AC son fascistas catalanes de
los años 30 como Daniel Cardona de Nosaltres Sols o los hermanos Badia
de Estat Català.
Respecto al factor generacional, tanto Vox como AC obtienen elevados
apoyos electorales entre la juventud; aunque, en el caso de AC sus
perfiles sean más transversales.
La consolidación de Vox y AC expresa, como en un espejo oscuro, la
profunda segmentación de la sociedad catalana que no afecta únicamente a
la extrema derecha. El caso de García Albiol en Badalona, donde
concluyen ambos perfiles sociológicos, podría ser la excepción que
confirma la regla. El procés ha acelerado la duplicación del
espectro político en función de la adscripción nacional: dos formaciones
de derecha “tradicional” (PP y Junts), dos partidos socialdemócratas
(PSC y ERC) y dos coaliciones izquierdistas (Comunes y CUP).
En este paisaje político, Salvador Illa aspira a ocupar la
centralidad en los dos ejes, nacional y social, como practicó con éxito
en tiempos pasados Jordi Pujol, aunque sin su carisma."
(Antonio Santamaría , El Viejo Topo, 16/10/25)