Pablo Iglesias {R} @PabloIglesias
Que con lo que hoy sabemos de Suárez, de Felipe González, de Aznar, de Rajoy y de Juan Carlos I, sea Zapatero el primer presidente imputado, define muy bien la historia de la justicia española y de nuestro sistema político
Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
19.5.26
Una buena reflexión sobre lo de Zapatero... "Que con lo que hoy sabemos de Suárez, de Felipe González, de Aznar, de Rajoy y de Juan Carlos I, sea Zapatero el primer presidente imputado, define muy bien la historia de la justicia española y de nuestro sistema político" (Pablo Iglesias)
3.5.25
JACOBIN: El proyecto de Yolanda Díaz, de reorganizar la izquierda radical, ha implosionado... Gran parte del capital político que Díaz acumuló como ministra de Trabajo pro-obrera se ha dilapidado en los últimos dos años en un enfrentamiento de alto riesgo con la actual dirección de Podemos... se echó en falta un papel para la organización de las bases o un discurso claro contra las élites... fracasando en su intento de ampliar su popularidad como ministra de la época de la pandemia para construir una marca u organización electoral sostenible... cuando se encuentra operando en un campo político marcado por una mayor polarización y en el que ahora es incapaz de avanzar en soluciones políticas... Sumar no ha sido capaz de mantener un perfil político diferenciado del PSOE en los últimos dieciocho meses... «La política actual se basa en la confrontación de modelos, valores y visiones del mundo... En cambio, Sumar se basa en la idea de que los votantes simplemente quieren soluciones a los problemas a los que se enfrentan. Centrarse únicamente en políticas como el salario mínimo o la reducción de la semana laboral sin enmarcarlas en una visión más amplia sólo puede conducir a la derrota electoral.»
"El partido de izquierdas español Sumar celebró su segundo congreso nacional los días 29 y 30 de marzo, con su futuro ya en entredicho. En dos encuestas recientes, el socio menor del Gobierno de coalición había perdido más de la mitad de sus apoyos desde las elecciones generales de 2023 (del 12,3% a cerca del 6%). Más preocupante aún, Público calcula que esto significaría que Sumar sólo conservaría un tercio de sus escaños, lo que hace difícil ver cómo uno de los pocos gobiernos de amplia izquierda de Europa podría asegurarse la reelección.
El proyecto de la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, de reorganizar la izquierda radical ha implosionado tras su sólido resultado electoral inicial en 2023. Este colapso se explica en parte por las contradicciones internas. La capacidad de Sumar para funcionar como plataforma de unidad de la amplia izquierda, destinada a aglutinar fuerzas dispersas, se vio minada desde el principio por la guerra de facciones entre Díaz y Podemos, la fuerza anteriormente hegemónica en la izquierda española.
Gran parte del capital político que Díaz acumuló como ministra de Trabajo pro-obrera se ha dilapidado en los últimos dos años en un enfrentamiento de alto riesgo con la actual dirección de Podemos. En particular, su decisión de no ofrecer ni a Ione Belarra ni a Irene Montero un papel ministerial en la segunda legislatura del Gobierno de coalición dio a su partido la excusa que había estado buscando para romper con Sumar, sólo unos meses después de presentarse bajo su bandera a las elecciones de 2023.
Tras esta desmoralizadora ruptura y una serie de duras derrotas en las elecciones regionales y europeas, Sumar sufrió un duro golpe el pasado octubre, cuando estalló un escándalo de conducta sexual inapropiada en torno a su principal estratega, Íñigo Errejón. Tras su dimisión y el reconocimiento de su comportamiento abusivo hacia las activistas, Sumar tuvo que esforzarse por responder a las preguntas sobre qué y cuándo había tenido conocimiento de las acusaciones. Cuando surgió una acusación posterior de violación (que Errejón niega), la derecha española pasó al ataque, denunciando la hipócrita moralización de la izquierda en torno al feminismo. Podemos vio una oportunidad para socavar aún más el prestigio de Díaz.
Sin embargo, el caso Errejón fue también la primera vez desde las elecciones generales que una noticia relacionada con Sumar había captado realmente la atención nacional. Como socio menor de una coalición gobernante ahora sin mayoría parlamentaria, ha luchado por mantener la relevancia a lo largo de más de dieciocho meses de bloqueo institucional. Esto contrasta fuertemente con la experiencia de la izquierda radical en el primer gobierno de coalición del presidente Pedro Sánchez de 2020 a 2023. Operando bajo la anterior alianza electoral Unidas Podemos, había forzado concesiones específicas pero sustanciales del Partido Socialista (PSOE) de centro-izquierda de Sánchez, que iban desde medidas para hacer frente a la crisis del coste de la vida y un fortalecimiento de las leyes laborales hasta una serie de leyes feministas.
Pero ahora, enfrentados a un equilibrio de fuerzas mucho peor en el Parlamento, los cuatro nuevos ministros de Sumar que Díaz incorporó al gabinete han seguido siendo figuras marginales, cuyos limitados cometidos no les han proporcionado los medios para intervenir en la agenda política de los últimos dieciocho meses. Esto es especialmente devastador, ya que el perfil de liderazgo de Díaz se basa en los resultados obtenidos en el cargo, y en su reputación de asegurar avances políticos progresistas. Sumar ya no puede presumir de su influencia institucional, carece de estructuras extraparlamentarias propias e incluso de una fuerte presencia en los medios de comunicación, por lo que ha pasado a un segundo plano.
Liderazgo pandémico
Esto, a su vez, apunta a la estrecha base en torno a la cual Díaz había intentado reorganizar la izquierda española a partir de mediados de 2022. Basándose en la experiencia del gobierno de coalición en la gestión de la pandemia, así como en sus logros legislativos en el fortalecimiento de los derechos de los trabajadores, Sumar trató de ampliar el atractivo electoral de la izquierda presentándose como un partido de gobierno creíble, capaz de ofrecer avances políticos concretos. En este sentido, su perfil encajaba con el espíritu tecnocrático de principios de la década de 2020. Era un momento en el que Bidenomics y el fondo de rescate COVID-19 de la Unión Europea parecían abrir la posibilidad de un nuevo intervencionismo estatal progresista y en el que -muy brevemente- el populismo de extrema derecha estaba en retirada.
Durante la presentación de Sumar en una serie de actos públicos a finales de 2022 y principios de 2023, Díaz se mostró pragmática y reformista. Señalando el éxito de la limitación de los precios de la energía por parte de la coalición y su reforma para acabar con los falsos autónomos en la economía colaborativa, insistió en que a través de la negociación institucional y la colaboración social se podría lograr un nuevo contrato social para el siglo XXI que fuera más allá del neoliberalismo. Sin embargo, se echó en falta un papel para la organización de las bases o un discurso claro contra las élites: el perfil más directivo de Díaz y los mensajes más suaves de su plataforma marcaron una diferencia con el populismo combativo de izquierdas de Podemos.
De hecho, el fundador de Podemos, Pablo Iglesias, tampoco había conseguido combinar eficazmente su papel de ministro con un discurso de oposición durante sus dieciocho meses en el gabinete, involucrándose en polémicas de gran carga en torno al lawfare y la parcialidad de los medios de comunicación que alienaron a los votantes en el punto álgido de la pandemia. Por el contrario, Díaz se convirtió en el líder político mejor valorado de España tras supervisar con éxito el plan de bajas laborales COVID-19 del Estado español e impulsar repetidos aumentos del salario mínimo. Gracias a estas medidas, Díaz se convirtió rápidamente en un nombre conocido y fue capaz de atraer a una parte sustancial del voto del PSOE a pesar de ser miembro del Partido Comunista de España y ministra de Unidos Podemos. Cuando Iglesias dimitió y nombró a Díaz vicepresidenta del Gobierno en 2021, muchos en la izquierda española creyeron que su candidatura podría hacer que la izquierda parlamentaria ampliara su perfil y su peso en el gabinete.
Reorganizar la izquierda para explotar esta oportunidad era el núcleo de la hipótesis táctica de Sumar. Sin embargo, en última instancia Díaz y su círculo más cercano no fueron capaces de aprovechar esta promesa inicial, fracasando en su intento de ampliar su popularidad como ministra de la época de la pandemia para construir una marca u organización electoral sostenible. Al igual que Podemos antes que ella, Sumar se construyó como una plataforma delgada y vertical, pero que a diferencia de su predecesora no tuvo sus orígenes en una ola de movimiento más allá de las instituciones, sino que se construyó desde el cargo. Esto ha reforzado aún más la sensación de que se define más por su promesa de un gobierno progresista «eficaz» que por una identidad social o política clara.
En un principio, Sumar adoptó una línea obrerista, resaltando los vínculos de Díaz con el sindicalismo, antes de pivotar hacia un discurso ecologista impregnado de pop durante las elecciones anticipadas de 2023 y de volver lentamente hacia un cierto mensaje social y obrerista en los últimos meses, tras la salida de Errejón. Pero estos cambios discursivos se produjeron sin que nunca articulara un proyecto político más amplio que fuera más allá de su participación en el gobierno.
Límites a la gobernabilidad
Incluso en la campaña de las elecciones generales de 2023, la primera vez que se puso en marcha la maquinaria de Sumar, la plataforma tuvo dificultades para calar, ya que su campaña centrada en las políticas carecía de una narrativa clara y resultaba excesivamente técnica para muchos votantes. Aunque Díaz se había dado a conocer por sus reformas laborales y sociales, sus asesores ecologistas cambiaron de rumbo y centraron la campaña de Sumar en políticas innovadoras relacionadas con el tiempo libre, la igualdad de oportunidades y la salud mental. En parte, era una forma de distinguir a Sumar del discurso de Sánchez a favor de la estabilidad socialdemócrata, pero propuestas como su plan de herencia universal inspirado en Thomas Piketty (por el que todos los jóvenes españoles de dieciocho años recibirían 20.000 euros para «poner en marcha un proyecto de vida») no lograron atraer a las bases de la izquierda, y los jóvenes académicos y asesores profesionales que trabajaban en la campaña fueron incapaces de vender sus políticas.
La buena actuación de Díaz en la recta final de la campaña, especialmente en el debate de líderes, fue suficiente para repetir el resultado obtenido por la alianza Unidos Podemos en 2019, pero no para ganarse a los votantes del PSOE en las cifras previstas anteriormente. De hecho, en medio de una oleada reaccionaria global, Sánchez rompió la tendencia más amplia de los titulares de cargos que fueron castigados por la crisis del coste de la vida, entre otras cosas debido a la protección más sólida del Gobierno español de los niveles de vida de los trabajadores, que la presión de la izquierda había sido clave para asegurar.
Sin embargo, el alivio por haber evitado un gobierno de extrema derecha del Partido Popular-Vox se vio pronto atenuado por la debilidad de los números de la segunda coalición en el Parlamento, ya que la administración depende ahora del apoyo del partido de centro-derecha nacionalista catalán Junts para tener una mayoría que le permita aprobar leyes. En los últimos dieciocho meses, este partido independentista ha utilizado su veto efectivo para paralizar la mayor parte de la agenda del gobierno, incluido el bloqueo de la coalición para aprobar cualquier presupuesto gubernamental desde las elecciones. Al mismo tiempo, también se han puesto de manifiesto los límites de la agenda reformista de la primera coalición, sobre todo en lo que respecta a su desdentada ley de vivienda, con la que las ciudades más grandes de España se enfrentan a subidas de los alquileres de entre el 10% y el 14% en 2024.
Sin embargo, ante este cambio de escenario, Sumar se ha mantenido fiel a su línea de gobierno progresista, incluso cuando se encuentra operando en un campo político marcado por una mayor polarización y en el que ahora es incapaz de avanzar en soluciones políticas. En parte, esto refleja el hecho de que Díaz ha construido la plataforma a su imagen y semejanza, eliminando la primera fila de Unidos Podemos antes de las elecciones e incorporando a una serie de candidatos poco conocidos con formación política y profesional. Los nuevos diputados no han sido capaces de generar sus propios perfiles mediáticos ni han mostrado mucha capacidad para la comunicación política -como ejemplifica la primera portavoz parlamentaria de la plataforma, Marta Lois, cuyas contenidas intervenciones durante sus breves cinco meses en el puesto fueron simplemente ahogadas en medio de la exaltada atmósfera de la política española actual.
En última instancia, sin el impulso institucional previo de la izquierda y la capacidad de Díaz para conseguir concesiones políticas de alto perfil en el gabinete, Sumar no ha sido capaz de mantener un perfil político diferenciado del PSOE en los últimos dieciocho meses. Junts se ha negado a apoyar la propuesta política estrella de Díaz de reducir la jornada laboral de 40 a 37,5 horas semanales, mientras que también ha votado en contra de medidas como la renovación del impuesto extraordinario sobre los beneficios de las compañías eléctricas y una reforma vital que habría permitido controlar los alquileres de corta duración.
El analista político Mario Ríos duda de que esas medidas por sí solas hubieran podido sostener a Sumar, dado el rumbo político de la Europa pospandémica. «En el panorama político actual, la gobernabilidad es necesaria, pero no es la principal herramienta para atraer votantes y ganar elecciones», explica en relación al posicionamiento de Sumar. «La política actual se basa en la confrontación de modelos, valores y visiones del mundo», continúa. «En cambio, Sumar se basa en la idea de que los votantes simplemente quieren soluciones a los problemas a los que se enfrentan. Centrarse únicamente en políticas como el salario mínimo o la reducción de la semana laboral sin enmarcarlas en una visión más amplia sólo puede conducir a la derrota electoral.»
Unidad fallida
Sin embargo, el fracaso de Sumar a la hora de concretar su proyecto y su falta de resultados en el gabinete no pueden explicar por sí solos el desplome de la popularidad de Díaz entre el propio electorado de izquierdas. En los últimos dieciocho meses, ha pasado de ser la opción preferida para presidenta del Gobierno de dos tercios de los votantes de Sumar en 2023 a serlo sólo del 23 por ciento. También hay ahora bastantes más votantes de Sumar de las últimas elecciones que preferirían a Pedro Sánchez al frente del Gobierno que a ella. Aunque sus índices generales de aprobación siguen siendo mucho más altos que los de Iglesias cuando éste dimitió, sólo el 40,9% de los votantes le dan ahora un aprobado o más, frente al 54,9% de hace dos años.
En este sentido, el descenso de sus cifras entre sus propias bases y los desastrosos resultados de la plataforma en las elecciones europeas del año pasado también deben verse en términos del descenso de Sumar a una espiral de crisis internas y escándalos. La plataforma parecía haber tocado fondo la noche de las elecciones europeas del pasado junio, cuando Díaz dimitió como su líder tras haber obtenido sólo el 4,6 por ciento de los votos y tres escaños. Más tarde aclaró que seguiría como vicepresidenta del Gobierno y que seguiría siendo la figura de la izquierda en el Gobierno, pero que ya no lideraría la construcción de un proyecto de unidad de la izquierda.
En ese momento, sin embargo, su autoridad ya se había esfumado. Izquierda Unida, liderada por los comunistas, que había sido el mayor apoyo de Sumar sólo un año antes, denunciaba ahora su estructura de «hiperliderazgo» y su falta de democracia interna después de haberse quedado sin escaño en el Parlamento Europeo por primera vez desde su creación en 1986. «Se acabó el tiempo en que Sumar marcaba la agenda y otras fuerzas la seguían», insistió el coordinador de Izquierda Unida, Antonio Maíllo. La dimisión de Errejón privó a la plataforma de su única figura reconocida a nivel nacional y abrió una tormenta de recriminaciones en la izquierda.
En términos más generales, sin embargo, la velocidad con la que Sumar implosionó debe verse en términos de dos factores relacionados con su desarrollo interno. En primer lugar, se construyó en oposición a Podemos. En segundo lugar, la reorganización de la izquierda española en torno a una plataforma centrada en la personalidad la hizo dependiente de la popularidad continuada de Díaz, y Sumar, como Podemos antes que ella, se saltó el duro trabajo de organización sobre el terreno durante su auge inicial, cuando aún tenía impulso.
En cuanto al primer punto, no debe ignorarse la responsabilidad de Podemos en tres años de faccionalismo debilitante, sobre todo por la forma en que Iglesias nombró a Díaz como su sustituta como vicepresidenta del Gobierno a través de las redes sociales sin ni siquiera consultarla. En aquel momento, Iglesias parecía calcular que, sin ninguna base de poder propia, Díaz funcionaría como una figura independiente mientras seguía dependiendo de Podemos. Pero en realidad, el propio Podemos no tenía una infraestructura de base robusta que pudiera haber funcionado como una sólida plataforma de lanzamiento para su candidatura, más allá, quizás, de su plataforma mediática, que llegó a ser Canal Red.
A medida que Díaz intentaba distanciarse del partido e instituir una renovación más amplia del espacio de izquierdas, Iglesias, Montero y Belarra reaccionaban con creciente hostilidad. Sin embargo, su respuesta a la presión de Podemos ha sido repetidamente desproporcionada, y en lugar de buscar un acuerdo de trabajo viable de cara a las elecciones de 2023, cuando el partido estaba más debilitado, apostó por acabar con su actual dirección, al vetar a Irene Montero, su figura activa más destacada, para presentarse en la lista de Sumar. Al hacerlo, jugó demasiado su baza y subestimó la capacidad del partido para sobrevivir como fuerza independiente en el flanco izquierdo de Sumar -aunque de forma muy reducida, con Podemos obteniendo un 3,3% y dos escaños en las elecciones europeas-.
Además, la nueva posición de Podemos en los bancos de la oposición también ha complicado aún más las opciones abiertas a Sumar desde el punto de vista táctico. Como señala el analista político Sergio Pascual, «Sumar se encuentra ahora atrapada en una pinza entre PSOE y Podemos. En los temas que dominan la agenda actual, como Gaza, el rearme o la vivienda, le queda muy poco espacio que ocupar entre el posicionamiento ampliamente progresista de Sánchez, por tímido que sea en el fondo, y el maximalismo de izquierdas de Podemos.» «Los mensajes suaves y muy racionales de Sumar no pueden ganar tracción», continúa. Ríos está de acuerdo, señalando que «incluso si Sumar quisiera movilizar a los votantes más a la izquierda, por ejemplo, abandonando la coalición por cuestiones como el gasto militar o la vivienda, obtendría muy poca ventaja electoral porque ahora se enfrenta a un rival más radical, que está mejor posicionado para canalizar esta frustración y la ira de la izquierda.»
Intentar un reseteo
En este difícil contexto, Sumar celebró su segunda conferencia nacional los días 29 y 30 de marzo. El evento se había retrasado casi cuatro meses a causa del escándalo Errejón, ya que el antiguo portavoz de Sumar había estado redactando su nuevo documento de estrategia política mientras salían a la luz las acusaciones contra él. Díaz, criticada por su gestión del escándalo, se enfrentó a una importante revuelta interna de los distintos partidos de su alianza electoral, que insistieron en que Sumar ya no estaba en condiciones de actuar como fuerza unificadora de la izquierda parlamentaria.
En la conferencia, Sumar aceptó un reajuste de las relaciones con sus aliados al formalizar su estatus como un partido político más, sin sus pretensiones anteriores de incorporar también a otras fuerzas dentro de su plataforma paraguas. Ahora, con dos leales a Díaz poco conocidos nombrados como sus nuevos líderes, el horizonte de Sumar se limitará en gran medida a construir una base de poder para la vicepresidenta del Gobierno. Esto significa crear una base organizativa desde la que negociar su lugar y el de su frente dentro de un nuevo acuerdo electoral de izquierdas que se espera para antes de las próximas elecciones, y en el que Sumar ya no desempeñará un papel tan definitorio.
Los detalles siguen siendo escasos, pero Maíllo, de Izquierda Unida, ha propuesto una nueva alianza de «iguales» en un intento de evitar la fragmentación completa del espacio de izquierdas. Sin embargo, la gran incógnita sigue siendo la capacidad de Podemos y los restos de Sumar para trabajar juntos. En su actual papel de oposición de izquierdas al Gobierno de coalición, Podemos parece convencido de que tiene más que ganar yendo en solitario en las próximas elecciones. Sin embargo, esto podría cambiar en función de las encuestas y de si una lista de unidad podría ser decisiva para evitar una mayoría de derechas.
«Ahora mismo, no veo un interés genuino de ninguna de las partes por acercarse, por lo que cualquier negociación tendrá que ser empujada por otros actores de este espacio, como Izquierda Unida o quizá el sindicato Comisiones Obreras», argumenta Pascual. Para Ríos, el proyecto inicial de Sumar «ya está muerto». Pero insiste en que «el principal beneficiario de una izquierda dividida será la extrema derecha, que reforzará su posición relativa [en cuanto al reparto de escaños].» «Ahora hace falta buena voluntad por parte de todos los de la izquierda alternativa», prosigue. «De lo contrario, nos enfrentamos a la perspectiva de un gobierno reaccionario de derechas en un momento de declive democrático mundial».
Estas elecciones no se vislumbran en el horizonte inmediato. Sin embargo, incapaz de aprobar un presupuesto gubernamental, y con España enfrentándose a nuevas presiones sobre el coste de la vida, es improbable que Sánchez aguante los cuatro años. La otra incógnita es el propio futuro de Díaz y su disposición a continuar en primera línea política más allá de dos legislaturas en el Gobierno y en una nueva alianza que no sea de su propia cosecha. En su forma actual, sin embargo, es poco probable que Sumar sobreviva de alguna forma sin ella. Así lo puso de manifiesto la pequeña escala de su conferencia, que reunió a unos cientos de personas en un teatro de tamaño medio, muy lejos de los miles que abarrotaron su acto de presentación hace menos de tres años.
Muchos de los inicialmente entusiasmados por el liderazgo de Díaz se habían quedado aislados en los grupos de mensajería de Telegram de Sumar, sin vías abiertas para su afiliación o participación formal durante los dos primeros años de la plataforma. Cuando llegó el momento de organizar algo básico a raíz de las elecciones europeas, la energía ya había desaparecido de la sala.
En realidad, ésta es una historia familiar en la izquierda española. Una serie de proyectos de izquierdas internamente diversos han experimentado un auge electoral inicial durante la última década, desde Podemos a nivel nacional y plataformas municipalistas como Ahora Madrid y Zaragoza en Común hasta el anterior vehículo de Díaz, En Marea, en Galicia. Pero al operar en un vacío organizativo, la mayoría se han deshecho muy rápidamente bajo presiones externas y tensiones internas. Cualquier proyecto de futuro sostenible para la izquierda española tendrá que trascender este modelo de «máquina de guerra electoral». No parece probable que Díaz vaya a liderarlo." (Eoghan Gilmartin, JACOBIN, 13/04/25, traducción DEEPL)
9.4.25
Antonio Maestre: Hay que atender muy bien cuáles son los movimientos de Antonio Maillo e IU que, a pesar de su debilidad actual, son los únicos que mantienen una mínima estructura de partido alejado de las estructuras oligárquicas que son Podemos y Sumar. Su decisión girará la balanza a un lado u otro... no tengo ninguna duda de su bonhomía, es precisamente por eso, porque creo que es una buena persona, creo que no es capaz de comprender el nivel de vileza en el que se mueve la partida... El plan no es que esté oculto. Irene Montero ya ha instado a que la gente de Sumar se vaya al PSOE, porque su intención es ser la cabeza de un nicho que les permita mantener la hegemonía del espacio por incomparecencia o por haber convertido la izquierda en una lucha sin cuartel en la que solo sobrevive quien tiene menos escrúpulos para ir destruyendo personalmente a cualquiera que no les sirva para su cometido. El capital político expulsado estos diez años es ingente y la toxicidad de la lucha de poder por seguir viviendo de los recursos públicos ha acabado con la salud mental hasta de los más próximos al clan...
"Hay un plan para acabar con el Gobierno de coalición y no es de la derecha, ni siquiera de la extrema derecha y, aunque no lo crean, Izquierda Unida tiene la clave para llevarlo a cabo o desactivarlo. De la decisión que tome Antonio Maíllo dependerá el futuro de Sumar, Podemos, de la izquierda española en el medio plazo y de que el Gobierno de Pedro Sánchez tenga alguna posibilidad de reeditarse. Todos somos conscientes, y quien no lo sea a estas alturas es que vive en un mundo utópico, es que Irene Montero y Yolanda Díaz nunca podrán compartir espacio electoral. No voy a perder más tiempo con el debate de la unidad porque eso solo se produciría en una coyuntura extrema en la que se les obligara por parte del cuerpo social progresista y no se me ocurre cómo esa situación se puede dar en un contexto de enajenación, apatía y desmovilización generalizada. Eliminada esa posibilidad de la unidad, y por ende, de que el Gobierno de coalición progresista se repita. Se trata de ver quién es la cabeza visible de una izquierda institucional jibarizada. Controlar el cotarro, aunque solo sirva para pagar sus hipotecas.
El plan no es que esté oculto. Irene Montero ya ha instado a que la gente de Sumar se vaya al PSOE, porque su intención es ser la cabeza de un nicho que les permita mantener la hegemonía del espacio por incomparecencia o por haber convertido la izquierda en una lucha sin cuartel en la que solo sobrevive quien tiene menos escrúpulos para ir destruyendo personalmente a cualquiera que no les sirva para su cometido. El capital político expulsado estos diez años es ingente y la toxicidad de la lucha de poder por seguir viviendo de los recursos públicos ha acabado con la salud mental hasta de los más próximos al clan.
Manu Levín se refirió en privado a esta lucha entre Sumar y Podemos como una "dinámica de guerra" en la que solo servía destruir al par. Para eso no se han dejado ninguna de las políticas que desde la izquierda se venían rechazando, como es el hecho de utilizar el consejero que les toca en TVE por turno para asegurarle al PSOE la victoria en las votaciones del consejo a cambio de que el empresario tenga sitio en las tertulias del ente público y colocar a sus más afines de la empresa en el resto de tertulias. El uso de los recursos públicos para beneficio privado es algo que se debería rechazar, pero parece que si lo hacen los que venían a asaltar los cielos se les perdona.
Voy a insistar las veces que haga falta. Una empresa que se dedica a la comunicación con una línea editorial que es la que marca la línea política de Podemos conseguirá más dinero, más suscripciones y más apoyos si gobierna la extrema derecha. Los proyectos contrahegemónicos siempre funcionan mejor a la contra, polarizando, con la gente sufriendo y buscando algún asidero, que siendo tan solo el pepito grillo de un gobierno progresista al que has pertenecido. Esto significa que cuanto peor le vaya a la clase trabajadora, y a los colectivos vulnerables, más podrá capitalizarlo el exvicepresidente que ahora es empresario.
En esta coyuntura, sin posibilidad de que exista un proyecto político a la izquierda, hay que atender muy bien cuáles son los movimientos de Antonio Maillo e IU que, a pesar de su debilidad actual, son los únicos que mantienen una mínima estructura de partido alejado de las estructuras oligárquicas que son Podemos y Sumar. Su decisión girará la balanza a un lado u otro. Antonio Maíllo es un político honesto y honrado al que estas luchas criminales de Madrid le pillan un poco lejos. La decisión que tome la hará pensando en lo mejor para las clases populares, no tengo ninguna duda de su bonhomía, es precisamente por eso, porque creo que es una buena persona, creo que no es capaz de comprender el nivel de vileza en el que se mueve la partida. A Podemos, de IU solo le interesan los cuadros y su estructura y si puede vampirizarlas y luego dejarlos boqueando en una cuneta es lo que hará. A Irene Montero solo le sirve un proyecto en el que manden de manera zhdanovista. Al menos que en IU tengan en cuenta lo que ocurrirá si deciden formar un frente con quien solo quiere usarlo como huésped en un estrategia parasitaria."
(Antonio Maestre , blog, 09/04/25)
5.7.24
¿Y si acosaran a Ayuso frente a su ático? Los familiares de los 7291 ancianos fallecidos en las residencias sin tratamiento médico, tienen argumentos morales suficientes y razones de peso para no dejar vivir en paz a Isabel Díaz Ayuso ni en su ámbito privado. Pero no. No lo harán... son personas honestas e íntegras que solo buscan justicia... ese tipo de actitudes es lo que nos aleja de la barbarie y nos garantiza vivir en paz sin matarnos unos a otros y sin establecer la violencia política como norma... El golpe togado blando en el que lleva inmerso la justicia desde que Pedro Sánchez tomó el poder lanzó un nuevo mensaje disciplinante esta semana al absolver al hombre que estuvo siete meses apostado frente a la casa de Pablo Iglesias, Irene Montero y sus tres hijos. Es una advertencia clara, no tendrás defensa ni protección si perteneces al adversario declarado por la judicatura... Es preceptivo recordar que Isabel Díaz Ayuso difundió una imagen de la vivienda de Pablo Iglesias e Irene Montero para, con la excusa de denunciar el acoso a su vivienda, promoverlo... Todos sabemos lo que ocurriría si si hicieran lo mismo con Isabel Díaz Ayuso, en la calle madrileña donde disfruta de su ático con su pareja... la policía acudiría rauda a proteger la vivienda de la presidenta, como es normal, e impediría que cualquier persona se apostara, no ya durante siete meses, sino una simple hora, frente a la vivienda de Ayuso. Todo aquel que hubiera participado, estando simplemente presente, habría acabado multado y condenado por el primer juez que recibiera la denuncia. Eso es lo que debería pasar... Si no ha habido una escalada de violencia política de una magnitud difícilmente imaginable ha sido porque la izquierda ha soportado con paciencia el acoso sin responder de la misma manera y manteniendo la paz social... No ha habido manifestaciones a la puerta de la casa de la lideresa porque la izquierda tiene una concepción moral superior a la de la derecha que sí considera que cualquier actuación es válida contra el adversario... No existe la polarización política. Existe la violencia política por parte de una reacción que no tolera la pérdida de poder y una izquierda responsable y, en ocasiones inocente, que ha soportado el peso de la democracia y la paz en las calles en sus hombros... Es de recibo reconocer a los líderes de Podemos que fueran responsables en aquellos momentos de tensión y no usaran el poder omnímodo que tienen sobre buena parte de su militancia para responder del mismo modo al acoso que sufrieron. La izquierda somos mejores, y tanto Pablo Iglesias como Irene Montero han sido mejores que sus enemigos (Antonio Maestre)
"Los familiares de los 7291 ancianos fallecidos en las residencias sin tratamiento médico, cuidados paliativos y sufriendo un triaje político tienen argumentos morales suficientes y razones de peso para no dejar vivir en paz a Isabel Díaz Ayuso ni en su ámbito privado. Pero no. No lo harán. Nadie merece que le acosen en su propia casa durante siete meses y los familiares de los fallecidos en las residencias son personas honestas e íntegras que solo buscan justicia y no se vengarán por sus medios. Condenar ese tipo de actitudes es lo que nos aleja de la barbarie y nos garantiza vivir en paz sin matarnos unos a otros y sin establecer la violencia política como norma. La norma de civismo básico y de respeto a las reglas democráticas y de convivencia mínimas exigen que todos defendamos que la vida privada y la vivienda de nuestros dirigentes políticos sea un espacio libre al margen de la confrontación. Pero eso no se respetó con Pablo Iglesias e Irene Montero y lo ha validado una jueza que está a salvo de vivir una situación ni siquiera parecida.
El golpe togado blando en el que lleva inmerso la justicia desde que Pedro Sánchez tomó el poder lanzó un nuevo mensaje disciplinante esta semana al absolver al hombre que estuvo siete meses apostado frente a la casa de Pablo Iglesias, Irene Montero y sus tres hijos. Es una advertencia clara, no tendrás defensa ni protección si perteneces al adversario declarado por la judicatura. La izquierda vuelve a tener que tragar y seguir adelante sin responder en los mismos términos de agravio. Una vez más ejerciendo la responsabilidad política unilateral y la superioridad moral y democrática.
Es preceptivo recordar que Isabel Díaz Ayuso difundió una imagen de la vivienda de Pablo Iglesias e Irene Montero para, con la excusa de denunciar el acoso a su vivienda, promoverlo. Todos nos conocemos, nadie difundiría una imagen de la vivienda de un adversario político si la intención es denunciar el acoso y más conociendo las claves con las que se maneja el asesor áulico de IDA. Todos sabemos lo que ocurriría si alguien publica la imagen del ático de Isabel Díaz Ayuso con un mensaje que diga que es inaceptable que nadie vaya a acosar a la presidenta a su domicilio. Pero en este país desde la pandemia hemos tolerado comportamientos mafiosos por parte de la derecha política y sus acólitos mediáticos con un estoicismo militante. Si no ha habido una escalada de violencia política de una magnitud difícilmente imaginable ha sido porque la izquierda ha soportado con paciencia el acoso sin responder de la misma manera y manteniendo la paz social.
Los periodistas de medios progresistas conocen la dirección de la vivienda de Isabel Díaz Ayuso por las informaciones que han tenido que trabajar sobre los delitos fiscales de su pareja y no ha habido ninguna filtración ni se conoce que nadie haya acudido a la vivienda de la presidenta a molestar ni acosarla. No ocurrirá. Esa información está a salvo en esas manos, pero todos sabemos lo que pasó cuando la información sobre la vivienda de Iglesias acabó en manos de periodistas reaccionarios. No ha habido manifestaciones a la puerta de la casa de la lideresa porque la izquierda tiene una concepción moral superior a la de la derecha que sí considera que cualquier actuación es válida contra el adversario.
¿Qué
dirían los que justifican el acoso en la vivienda de Pablo Iglesias e
Irene Montero por declaraciones pasadas si hicieran lo mismo con Isabel
Díaz Ayuso en la calle madrileña donde disfruta de su ático con su
pareja? Todos lo sabemos. No solo se quedaría en declaraciones y
denuncias, sino que la policía acudiría rauda a proteger la vivienda de
la presidenta, como es normal, e impediría que cualquier persona se
apostara, no ya durante siete meses, sino una simple hora, frente a la
vivienda de Ayuso. Todo aquel que hubiera participado, estando
simplemente presente, habría acabado multado y condenado por el primer
juez que recibiera la denuncia. Eso es lo que debería pasar, por eso lo
anómalo es que eso no ocurriera con el vicepresidente del Gobierno y una
ministra de la nación.
No existe la polarización política. Existe la violencia política
por parte de una reacción que no tolera la pérdida de poder y una
izquierda responsable y, en ocasiones inocente, que ha soportado el peso
de la democracia y la paz en las calles en sus hombros. Este país no
habría soportado de manera pacífica que la izquierda hubiera respondido a
las estrategias de acoso y violencia que la derecha ha ejercido sobre
sus líderes con las mismas armas. Es de recibo reconocer a los líderes
de Podemos que fueran responsables en aquellos momentos de tensión y no
usaran el poder omnímodo que tienen sobre buena parte de su militancia
para responder del mismo modo al acoso que sufrieron. La izquierda somos mejores, y en ese periplo de acoso y respuesta tanto Pablo Iglesias como Irene Montero han sido mejores que sus enemigos." (Antonio Maestre, blog, 05/07/24)
16.3.24
Acabar como empezaste: la lección política que deja la taberna de Pablo Iglesias... El anuncio de que Pablo Iglesias abrirá en Madrid un bar en Lavapiés nos recuerda que la gente tiene que buscarse la vida incluso después de haber sido vicepresidente... Como es obvio, la noticia generó numerosas chanzas. El aprecio que se ha ganado Iglesias no ha sido mucho, y eso ha dado alas a quienes lo miran desde la superioridad o el desprecio... en la carte del bar se dejan sentir algunas de las constantes de lo que ha sido la izquierda millennial, la que tomó la escena en la década pasada... Traer a escena el pasado como fórmula de marketing fue siempre una característica de lo hípster y de la gentrificación, pero también de la izquierda de la década anterior. Es normal que esos mismos recursos discursivos se empleen ahora para vender la experiencia de visitar el bar de Pablo Iglesias (Esteban Hernández)... por cierto, Pablo Iglesias se puso un bar... a Casado le pusieron un chiringuito, de los suculentos
"La política es dura para mucha gente. Estamos acostumbrados a oír hablar de puertas giratorias, de trabajos bien remunerados que se consiguen después de haber ocupado un cargo público, pero lo habitual, y más en los últimos tiempos, es lo contrario: que mucha gente esté pendiente de qué hará el día después. Haber integrado la estructura de un partido o de un Gobierno —local, autonómico o nacional— no es buena carta de presentación para regresar al mercado laboral, en especial si el cargo no era muy visible. Quizá por ello, muchas personas que se dedican a la política son funcionarios de carrera, tienen recursos de familia o son jóvenes que encuentran en esa vía una oportunidad laboral. El anuncio de que Pablo Iglesias abrirá en Madrid un bar en Lavapiés nos recuerda que la gente tiene que buscarse la vida incluso después de haber sido vicepresidente.
Hay en la opción escogida por Iglesias algo muy de clase media: cuando te quedas sin trabajo, te conviertes en emprendedor con algún capital que tienes o que buscas. Los bares suelen ser el negocio preferido por mucha gente, ya sean quienes no encuentran empleo y tienen que pagar las facturas o esos hijos de la clase media alta o esas figuras populares que amplían sus ingresos con una nueva fuente. Como es obvio, la noticia generó numerosas chanzas. El aprecio que se ha ganado Iglesias no ha sido mucho, y eso ha dado alas a quienes lo miran desde la superioridad o el desprecio: mira dónde ha terminado, montando un bar en Lavapiés. Sin embargo, lo personal es lo de menos, todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida.
El bastión de la libertad proletaria
El bar en cuestión, la Taberna Garibaldi, servirá cócteles como el Durruti Dry Martini, el mojito Fidel, el daiquiri Ché o el negroni Gramsci. Entre sus lemas están: "Las tabernas son el único bastión de la libertad del proletariado" o "La verdadera grandeza se logra sirviendo a los demás". Entre el guiño, el chiste y el marketing en que se mueve la carta de bar, se dejan sentir algunas de las constantes de lo que ha sido la izquierda millennial, la que tomó la escena en la década pasada. Porque esto es lo significativo de la taberna, que no es más que una evolución lógica de lo que fue su opción política.
La década en la que triunfó Iglesias fue también la de los hípsters, aquella en la que viejas y desprestigiadas formas de consumo se reconvirtieron en nuevas modas. El gusto por lo vintage en moda y mobiliario, la reactualización de estilos musicales, la revalorización de bebidas antaño casi exclusivas de la clase obrera, como el gin-tonic, o la conversión de barrios deteriorados en espacios urbanos prestigiosos fueron parte de ese movimiento.
Lo paradójico del mundo activista, ese que afirmaba traer la innovación a la política, es que muchas de sus prácticas no eran más que una operación de gentrificación. Los asuntos que pusieron en la agenda, como la Transición, el régimen del 78, la redefinición del oprimido y la (teórica) horizontalidad en las organizaciones no eran más que las obsesiones de un ámbito, el izquierdista, que habían caído en el desprestigio y que ellos revitalizaron. Cogieron lo viejo y lo convirtieron en moda; tomaron el producto de fracasos anteriores y lo presentaron como novedoso objeto de deseo.
Revolución gentrificada
Si los pisos de barrios antaño desprestigiados, como Chueca, Malasaña y Lavapiés, se convirtieron en deseables para una nueva clase social integrada por licenciados universitarios, la opción política de la izquierda millennial consistió, primero con Podemos y después con Sumar, en reconvertir las posiciones de izquierda para hacerlas atractivas a los ojos de esa nueva clase social urbana. Citaban a Gramsci y a Lenin, pero llevaban sus ideas a un nuevo terreno, mucho más profiláctico y distinguido, el mismo que el de esos objetos y lugares que habían sido gentrificados. Es curioso que muchos de quienes militan en Sumar o en ámbitos activistas se hayan burlado de la Taberna Garibaldi, cuando vienen del mismo lugar y se dirigen al mismo sitio.
El tiempo pasa, y aquellos espacios que una vez fueron ocupados por clases jóvenes urbanas, formadas y con recursos, están transformándose en pisos turísticos y en zonas atractivas para turistas y visitantes que quieren divertirse. Son más lugares de ocio que de vida. En esos barrios, cada vez queda menos del carácter precedente: una cascada de luces de restaurantes, tiendas y bares de nuevo cuño inunda sus calles. Se han integrado con éxito en el mero comercio de experiencias.
Y eso es, en definitiva, la Taberna Garibaldi, una propuesta atractiva para quienes acuden a la ciudad como parte de esa oferta turística y de ocio que convierte lo revolucionario en lúdico e inofensivo y cobra por ello. Traer a escena el pasado como fórmula de marketing fue siempre una característica de lo hípster y de la gentrificación, pero también de la izquierda de la década anterior. Es normal que esos mismos recursos discursivos se empleen ahora para vender la experiencia de visitar el bar de Pablo Iglesias." (Esteban Hernández , El Confidencial, 15/03/24)
23.1.24
Antonio Maestre: Ontología política de una década en Podemos... en el espacio que capitalizó Podemos desde el año 2014, ya no hay espacio para una relación política que no esté completamente intoxicada por los humores personales... ya sea la inquina personal o una estrategia política lo que mueve a Pablo Iglesias, la indubitada existencia del conflicto define los marcos de la disputa política... Nombrar a Yolanda Díaz en contra de su voluntad, fue un intento por destruir la credibilidad del liderazgo que la ministra de Trabajo se había forjado con su labor ministerial... fue un ejercicio maquiavélico para destruirla... y proyectar hacia el futuro el liderazgo de Irene Montero, ya que consideraba que en aquella fase estaba en condiciones de crecer desde el ministerio de Igualdad, tal y como había hecho Díaz desde el ministerio de Trabajo... y estuvo a punto de conseguirlo con la Reforma Laboral... aprovechó que las formaciones independentistas iban a votar en contra para intentar maniobrar contra su aprobación... pero Yolanda Díaz mostró autonomía política y destruyó el plan de la cúpula de Podemos... Díaz pagó a Iglesias con la misma moneda... La resolución del conflicto aún no la hemos visto... Nunca ha habido diferencias políticas o programáticas de calado, que fueran las que explicaran los movimientos... La única razón por la que ahora no se vota en el Congreso una norma que beneficia a los parados, tomando como rehenes a los colectivos más vulnerables, es para hacer daño personal a quien consideran que les hizo daño
"La respuesta corta es que odia a Yolanda Díaz porque es una mujer a la que no pudo utilizar. Pablo Iglesias tenía un plan para matarla políticamente y usarla como escudo para que fuera Irene Montero la que emergiera como líder. La nombró como sucesora para eso, para utilizarla como camino transitorio al liderazgo de la exministra de Igualdad porque Ione Belarra nunca ha sido más que un peón prescindible en un juego que le trascendía y al que no tenía fuerza para oponerse. La respuesta larga es que en el espacio que capitalizó Podemos desde el año 2014 ya no hay espacio para una relación política que no esté completamente intoxicada por los humores personales. Podemos, después de 10 años, ya solo es un espacio político-identitario-empresarial en el que se dirimen vendettas. De lo personal es político, a todo lo político es un problema personal.
Podría decirse que en la relación entre Yolanda Díaz y Pablo Iglesias habita una dimensión ontológica de la política, porque toda interpretación de su relación, sin importar si hay una relación de odio, o una expresión puramente política, es ontopolítica. Para la izquierda todo conflicto tiene una dimensión ontológica porque su misma existencia define el terreno de lo político. No importa si lo político define el odio, o es el odio lo que define lo político porque existiendo el conflicto se define su carácter ontológico. Es decir, ya sea la inquina personal o una estrategia política lo que mueve a Pablo Iglesias la indubitada existencia del conflicto define los marcos de la disputa política.
Nombrar a Yolanda Díaz en contra de su voluntad fue un intento por destruir la credibilidad del liderazgo que la ministra de Trabajo se había forjado con su labor ministerial. El acto de la sucesión fue un ejercicio maquiavélico para destruirla mediante la exposición, intentando poner en primera línea a quien pretendes desgastar y asumiendo que la misma erosión que sufrieron los liderazos en Podemos acabarían con Yolanda Díaz, engrasando ese desgaste provocando quiebras internas. El nombramiento de Yolanda Díaz a dedo pasando por encima de sus deseos fue un acto excelso de machismo porque Iglesias consideró que tenía la potestad de decidir por ella sin consultarle nada para proyectar hacia el futuro el liderazgo de Irene Montero ya que consideraba que en aquella fase estaba en condiciones de crecer desde el ministerio de Igualdad tal y como había hecho Díaz desde el ministerio de Trabajo.
Pablo Iglesias siempre tuvo como objetivo preservar el liderazgo del espacio en la familia pero le salió tan bien como a Susana Díaz poner a un señor guapo sin carisma a competir con Eduardo Madina. La elección de Yolanda Díaz fue una estrategia correcta según el análisis de Iglesias, pero con puntos de incertidumbre que fueron los que acabaron siendo los que marcaran el camino, porque cuando cedes el poder, pierdas la seguridad de poder recuperarlo y de que sea usado en contra de tus intereses. Eso es lo que ocurrió, Yolanda Díaz mostró autonomía política y destruyó el plan de la cúpula de Podemos. Lo que no quiere decir que la guerra haya terminado, porque a falta de construir un proyecto convincente el único objetivo de la dirección morada es afianzar un nicho del que vivir y tomarse la venganza destruyendo el proyecto político de Sumar. Para Pablo Iglesias, una vez que no ha logrado el poder le da lo mismo que el PSOE acapare y capitalice a toda la izquierda. El proyecto político ha terminado y ahora solo queda afianzar el personal.
El nombramiento venía derivado por el diagnóstico hecho por Pablo Iglesias de que Podemos estaba en un declive de difícil solución para hacerse hegemónico del espacio. Sabedor de que ya solo podría ser un socio minoritario del PSOE y la ventana de oportunidad para su proyecto se había tapiado había que asegurarse una salida personal y familia. Pablo Iglesias buscaba evidenciar en Yolanda Díaz la derrota, una práctica política teorizada por el movimiento feminista que se llama efecto "Glass Cliff" y que Noemí López Trujillo explicó en un artículo sobre la feminización de la política por derrota. Un proceso por el cuál las mujeres asumen los liderazgos en fases de crisis sociales, políticas o internas de los partidos. Comerse el marrón y gestionar la disolución.
Pablo Iglesias utilizó todas las armas posibles para destruir a Yolanda Díaz y estuvo a punto de conseguirlo con la Reforma Laboral. El exvicepresidente consideraba completamente irrelevante el contenido de la norma. No le importaba lo que decía, los beneficios que tenía, ni las lagunas que hubiera. Para Iglesias era mucho más importante mantener unido lo que consideraba una alianza estratégica con ERC y Bildu así que aprovechó que las formaciones independentistas iban a votar en contra para intentar maniobrar contra su aprobación. Lo hizo incluso utilizando trabajadores del partido que estaban a sus órdenes y se mantenían en el equipo de Yolanda Díaz en el intermezzo hasta que la ministra de Trabajo formaba su propio equipo. Fue un tiempo en el que quien organiza las cacerías digitales en Podemos se postuló ante Yolanda Díaz para que le mantuviera como asesor en vicepresidencia porque decía que tenía una muy buena relación con Pedro Sánchez. Muchas de las maniobras de ahora se entienden porque no les colocaron en su momento. El intento por tumbar a Yolanda Díaz con la no aprobación de la Reforma Laboral estuvo cerca de prosperar si no llega a ser por el voto negativo de Alberto Casero. No sabemos si Iglesias tenía conocimiento previo de que el PP tenía comprados a dos tránsfugas para tumbar la norma, lo que sí conocemos es la excelente relación con miembros conservadores que sabían antes que Ione Belarra que Podemos se iría al grupo mixto.
Yolanda Díaz sabía desde el primer momento que el nombramiento era envenenado y que se buscaba usarla como puente hacia el liderazgo de Irene Montero. Por eso acabó rodeándose de afines y de todos aquellos que fueron purgados por Pablo Iglesias y tenían un rencor que facilitaría el aislamiento del bunker de Podemos. Díaz pagó a Iglesias con la moneda que este había venido utilizando desde que vino de Europa para hacerse con el poder interno de la formación y laminar cualquier disidencia interna tras Vistalegre II. La resolución del conflicto aún no la hemos visto. El modo en el que Podemos utilizó las cesiones en los puestos de las listas para lograr un grupo tránsfuga de cinco diputados, que no hubiera logrado de ninguna otra manera, y atreverse a tumbar una norma que incluía derechos para los parados y las mujeres con hijos lactantes es una muestra de que los cuchillos están afilados y dispuestos para usarse sin ningún tipo de línea roja. Yolanda Díaz se ha equivocado en su relación por Podemos si quería una legislatura productiva, hay quien considera en los medios que lo ha hecho por la dureza con la que trató a Podemos, pero dentro de la coalición es por lo contrario, por no haber matado al partido y haber sido mucho más transigente de lo que la dirección morada merecía. El hecho incontestable es que se ha equivocado porque ha facilitado a su mayor enemigo un poder que usarán contra ella desde el Congreso.
Los diez años de Podemos no
pueden entenderse sin las filias y fobias personales. Nunca ha habido
diferencias políticas o programáticas de calado que fueran las que de
forma primordial explicaran los movimientos, la primacía de los
enfrentamientos buscaban el mantenimiento del poder a costa de destruir a
quienes se les tenía odio y agrupándose entre fieles. Es normal que en
política haya que buscar argumentos para justificar ante el electorado
que tus movimientos tienen una base ideológica, pero lamentablemente no
es verdad. La única razón por la que ahora no se vota en el Congreso una norma que beneficia a los parados tomando
como rehenes a los colectivos más vulnerables es para hacer daño
personal a quien consideran que les hizo daño. El ser del espacio es la
venganza." (Antonio Maestre , blog, 17/01/24)
17.1.24
Diez años de Podemos: un balance... no se trata de las recillas personales, es otra cosa... En esos 10 años, hemos visto cómo se doblaba el brazo a Tsipras, cómo la opción de Francia Insumisa se convertía en un revoltijo para urbanitas, cómo Die Linke se ha hundido y cómo los verdes alemanes ejercen cada vez más como motor involuntario de la extrema derecha... En esta década, no solo han cambiado los partidos, sino las perspectivas ideológicas... la izquierda española de los últimos años, como la occidental, se ha convertido en una fuerza cuyo principal programa es combatir a la extrema derecha... Han tenido escaso éxito. A quien mejor le ha salido la jugada, una vez más, ha sido al PSOE... Es la economía, señores, la que ocupa el centro de mando de la realidad. El progresismo, las izquierdas y las propuestas que vengan del lado popular tienen que resolver en primer lugar ese problema... En estos 10 años, no hemos visto a la izquierda emergente del 15-M perder apoyo social, ni convertirse en motivo de mofa por sus peleas internas, ni verse rechazada por las nuevas generaciones. Lo que hemos visto es el mundo cambiar... hay que dejar de vivir en las burbujas de clases medias altas urbanas y su altivez credencial, proponer un proyecto positivo a la altura de los tiempos que vaya más allá del cambio climático y de combatir a los fascistas y, sobre todo, entender la sociedad a la que se dirigen (Esteban Hernández)
"La izquierda no tiene un problema en España, es otra cosa. No se trata de que 10 años después del surgimiento de Podemos (y 13 después del 15-M), las rencillas personales, la falta de perspectiva política de sus dirigentes y su manejo deficiente de las organizaciones hayan llevado los partidos existentes a una situación enfrentada y agria que expulsa a los votantes. El problema es mucho más profundo, en la medida en que las izquierdas occidentales han experimentado un retroceso sustancial en apoyo electoral al mismo tiempo que crecen las extremas derechas.
Pero si nos ceñimos al caso español, lo paradójico es que la izquierda que vino a sustituir al PSOE es ahora minoritaria, mientras que los socialistas son la gran esperanza progresista en Europa; Podemos está en caída libre, convertido en un partido cuyo peso se ha situado en Canal Red, y Sumar se ha querido convertir en una suerte de partido verde, pero todavía no se sabe muy bien hacia dónde va.
En esos 10 años, hemos visto cómo se doblaba el brazo a Tsipras, cómo la opción de Francia Insumisa se convertía en un revoltijo para urbanitas, cómo Die Linke se ha hundido y cómo los verdes alemanes ejercen cada vez más como motor involuntario de la extrema derecha.
Las dos opciones
En esta década, no solo han cambiado los partidos, sino las perspectivas ideológicas. En realidad, las dos opciones mayoritarias en Occidente quedan bien simbolizadas en el escenario estadounidense, Trump contra Biden. Hay diferentes derivas locales y nacionales de estas posiciones políticas, pero todas ellas se parecen. En España, el lugar en que mejor se aprecian esas dos ideologías es Madrid. Ayuso realizó ayer una lectura del momento político que tendría todo el sentido si su objetivo fuera presentar la candidatura a la presidencia del Partido Popular y a la de Vox al mismo tiempo, mientras que Mónica García publicaba un vídeo con árboles de fondo en el que afirmaba que “el encuentro en Davos pone dos cosas de manifiesto: que la economía mundial está cambiando de paradigma y que Ayuso y Feijóo defienden un modelo caduco y agotado”. En él, aporta valoraciones que son propias no de una ministra de este Gobierno, sino de una ministra del PSOE en este Gobierno, probablemente porque todo lo que García propone lo defienden mejor Sánchez y los socialistas que Sumar o Más Madrid.
La izquierda se ha especializado en contar al mundo qué se debía hacer para evitar que las extremas derechas tuvieran éxito
Más allá de la reconversión verde y feminista, la izquierda española de los últimos años, como la occidental, se ha convertido en una fuerza cuyo principal programa es combatir a la extrema derecha. Han abundado los análisis sobre cómo parar a las nuevas fuerzas reaccionarias, y muchas de las figuras progresistas, también académicas y mediáticas, se han especializado en contar al mundo qué se debía hacer para evitar que los partidos extremistas tuvieran éxito, en denunciar a quienes tomaban posturas que les parecían ambiguas y en constituirse como batallón de choque discursivo que impidiera el giro hacia las derechas de las poblaciones occidentales. Han tenido escaso éxito. A quien mejor le ha salido la jugada, una vez más, ha sido al PSOE, que ha utilizado ese argumento para mantener el Gobierno.
Medicina paliativa
Ese reparto de las izquierdas entre el progresismo verde, por una parte, y la posición antifascista, por otra, puede ser útil mediáticamente, pero es poco práctico, a juzgar por sus resultados. Conviene escuchar a uno de los suyos, Álvaro García Linera, el exvicepresidente boliviano, que llegó a publicar un libro con Errejón, y su descripción del momento: “En tiempos de crisis, la economía manda, punto. Resuelve ese primer problema y luego el resto. Estamos en un tiempo histórico en que surgen el progresismo y las extremas derechas, y decae la centroderecha clásica neoliberal, tradicional, universalista. ¿Por qué? Por la economía. Es la economía, señores, la que ocupa el centro de mando de la realidad. El progresismo, las izquierdas y las propuestas que vengan del lado popular tienen que resolver en primer lugar ese problema”.
La cuestión es que, cuando la izquierda tiene que abordar la economía desde una perspectiva de izquierdas, no entiende a quién se está dirigiendo; no sabe quiénes están al otro lado. Linera señala con acierto que “el porvenir social va a ser con informalidad, con ese pequeño trabajador, pequeño campesino, pequeño emprendedor, asalariado informal, atravesado por relaciones familiares y de vínculos muy curiosos de lealtad local o regional, subsumido en instancias donde las relaciones capital-trabajo no son tan diáfanas como en una empresa formal”.
Se refiere a Latinoamérica, pero esa misma incomprensión de la economía productiva y de sus actores está plenamente presente en la occidental y, desde luego, en la española. Sin embargo, “el mundo de la informalidad agrupado bajo el concepto de economía popular es un agujero negro para las izquierdas que no lo conocen, no lo entienden y no tienen propuestas productivas para ella que no sean los meros paliativos asistenciales”. Tiene especial razón García Linera, en este giro que ha dado, cuando señala que la izquierda se ha convertido, en su acción económica, en una suerte de medicina paliativa: proporciona cuidados, pero no sabe cómo afrontar las enfermedades.
El ignorado cambio internacional
El otro espacio en el que la izquierda está fuera de la realidad es el internacional, siempre importante para la política interna, pero especialmente ahora. Las tendencias latentes se agudizaron con la pandemia, entraron en una etapa nueva el mismo día que Putin invadió Ucrania y se han acelerado todavía más desde el 7 de octubre. Las rupturas electorales en los países occidentales, en los que distintas élites están peleando por hacerse con el control, están plenamente relacionadas con esas transformaciones
En ese contexto, es simpático que Mónica García cite a Davos como referencia. En un mundo en el que las bombas no dejan de caer, en el que hay una recomposición del orden internacional profundo, en el que Occidente está siendo puesto en cuestión de una manera que no habíamos visto desde hace décadas, los dos mayores riesgos, para el WEF, son la desinformación y el cambio climático. Son conclusiones obvias, siempre y cuando vivas en un mundo distinto de este. Esa desorientación no es solo un mal que se contrae en la montaña mágica, sino que se ha expandido entre las izquierdas.
El desafío internacional implica grandes interrogantes sobre el futuro de Occidente, sobre sus capacidades perdidas y sobre cómo va a salir de una globalización que se ha vuelto en contra. Señala otro papel de los Estados, otra manera de enfrentarse a los desafíos económicos, de reconstruir las cadenas productivas y asegurarlas, de cómo salvaguardar las libertades en un mundo en cambio, de cómo manejar las tensiones entre las élites. Todas estas cosas están siendo afrontadas por países que no son occidentales de una manera directa.
No ocurre aquí, donde la posición habitual es ver el futuro con optimismo, confiar en la inteligencia artificial y en la tecnología y pensar que, en realidad, las transformaciones se disolverán. Llevamos años en ese marco y los cambios se aceleran en lugar de frenarse. La respuesta de la izquierda española es atacarse entre sí, hablar de la plurinacionalidad, la lucha contra el cambio climático y las posibilidades de la tecnología. Buena suerte
En estos 10 años, no hemos visto a la izquierda emergente del 15-M perder apoyo social, ni convertirse en motivo de mofa por sus peleas internas, ni verse rechazada por las nuevas generaciones. Lo que hemos visto es el mundo cambiar. La izquierda seguirá su declive incesante si no se pone a la altura de los acontecimientos. Y eso supone dejar de vivir en las burbujas de clases medias altas urbanas y su altivez credencial, proponer un proyecto positivo a la altura de los tiempos que vaya más allá del cambio climático y de combatir a los fascistas y, sobre todo, entender la sociedad a la que se dirigen."
(Esteban Hernández, El Confidencial, 17/01/24)
12.1.24
Antonio Maestre: Que se jodan los parados... Hoy ha sido Podemos quien les ha dicho a los parados que se jodan para usarlos como arma arrojadiza contra Yolanda Díaz... La política puede ser elevada y responsable, pero también se puede ejercer una política de mierda... Esta última acción pública, dispuesta a joder la vida de ciudadanos vulnerables solo por conseguir sacar la cabeza y ganarle una batalla a quien se odia por motivos personales, es la peor manera de hacer política... Es normal que a Belarra, ganando 210 euros al día, le pueda parecer una miseria esa subida de 90 euros y prefiera votar en contra para hacer daño político a quien Podemos considera que ha evitado que Irene Montero tenga un ministerio. Para quien gana 480 euros al mes una subida de 90 euros es un cambio a mejor dentro de la miseria que supone encontrarse en una situación tan precaria. Para Podemos eso es irrelevante
"Andrea Fabra lanzó un sonoro "¡Que se jodan!" en el Congreso cuando el PP aprobó un masivo recorte a los derechos de los parados. Aquella expresión fue uno de los aldabonazos que activó la indignación de las clases populares y que acabó llevando a Podemos al Congreso para hacer todo lo contrario de lo que han hecho. Hoy ha sido Podemos quien les ha dicho a los parados que se jodan para usarlos como arma arrojadiza contra Yolanda Díaz. La liquidación del partido morado está más cerca gracias a la ineptitud y la miseria política de Ione Belarra.
La política puede ser elevada y responsable, pero también se puede ejercer una política de mierda. Esta última acción pública, dispuesta a joder la vida de ciudadanos vulnerables solo por conseguir sacar la cabeza y ganarle una batalla a quien se odia por motivos personales, es la peor manera de hacer política. La política de mierda no tiene nada que ver con la sociopatía ideológica ni con los valores ni con la acción criminal de algunos políticos, ni siquiera con la corrupción; es quizás más despreciable porque consiste en sacar una ventaja mínima y hacer daño en las peleas internas aunque eso contribuya a arruinar a quien más necesita la acción del Estado por su situación de extrema vulnerabilidad. Hay pocas cosas más despreciables que usar la vida de los parados más precarios para cobrarse una vendetta.
Ione Belarra cobró el año pasado 77.000 euros al año. Eso la incluye entre el 10% de los que más cobran en este país. Solo desde esa posición de privilegio se puede comprender que en su partido prefieran hacer daño a Yolanda Díaz antes que aprobar una medida que sube el subsidio en 90 euros al mes a los parados más vulnerables. Es normal que a Belarra, ganando 210 euros al día, le pueda parecer una miseria esa subida de 90 euros y prefiera votar en contra para hacer daño político a quien Podemos considera que ha evitado que Irene Montero tenga un ministerio. Para quien gana 480 euros al mes una subida de 90 euros es un cambio a mejor dentro de la miseria que supone encontrarse en una situación tan precaria. Para Podemos eso es irrelevante. Es muy fácil destruir aquello que tardó mucho en construirse, pero Ione Belarra por su incapacidad para separarse del clan familiar ha decidido que ese será su legado. La explicación es sencilla y no tiene nada que ver con el contenido del decreto. Les da igual lo que mejore la vida de la gente, lo importante es qué pueden sacar de ventaja para seguir viviendo de la política olvidando aquello de los tres SMI de margen y los 8 años como máximo en cargos públicos.
Podemos no se presentó a las elecciones del 23 de julio con su marca. Sabía que el resultado sería desastroso, así que fue en coalición con Sumar aprovechándose de la marca sacando cinco diputados que jamás sacarían habiendo ido en solitario. Los cinco diputados de Podemos se convierten en tránsfugas pasando al Grupo Mixto y usan ese poder de representación robado a la ciudadanía para unirse a los fascistas y tumbar un decreto tomando a los parados como rehenes solo para perjudicar a Yolanda Díaz por no haberle dado un ministerio a Irene Montero. Esta es la realidad, la inquina personal de Irene Montero y Pablo Iglesias hacia Yolanda Díaz por privarles del poder dentro del espacio político.
Podemos nunca ha tenido reparos en tragar con medidas infames con tal de mantener su puesto en el gobierno. Ione Belarra e Irene Montero votaron a favor del mayor aumento de gasto en defensa de la historia de la democracia mientras se enviaban armas a Ucrania e Israel porque lo importante en aquel momento era mantener el poder y así repartir nóminas entre quienes en el mercado de trabajo fuera de la política nunca soñarían tener los sueldos que ganan siendo serviles al emérito. Podemos ha decidido votar con PP y Vox para tumbar una mejora sustancial de los derechos de las personas más vulnerables solo por perjudicar a Yolanda Díaz. El esperpento es mayúsculo cuando intentan explicar que son ellos quienes defienden a los parados de los recortes junto a los fascistas mientras Bildu, ERC, BNG, Sumar, PSOE y PNV querían recortarles derechos. Les deseo mucha suerte a los pocos que les quedan como asesores para intentar trasladar eso a la opinión pública al margen de su órgano de propaganda.
La no aprobación de los reales decretos por parte Podemos ha impedido que más de 700.000 parados tengan 90 euros más al mes en su subsidio. No ha sido lo único que ha evitado Podemos votando junto a Vox y al amigo del narco.
Una de las medidas que entraba en vigor de manera inmediata era la
prioridad de los convenios colectivos autonómicos frente a los
estatales, lo que suponía un avance sustancial, sobre todo para los
trabajadores de Galicia, País Vasco y Cataluña. Pero aún hay más. Si se
hubiera aprobado la norma las trabajadoras tendrían un derecho más, el
de acumular el permiso de lactancia aunque la empresa no quiera, con esa
norma podrían acumular una hora por día laborable hasta que el bebé
cumpliera nueve meses y cogerlo todo junto. Podemos lo ha impedido también haciendo fuerza con los fascistas. Estos son los hechos, que intenten explicar su política de mierda." (Antonio Maestre , blog, 10/01/2024)
11.1.24
Eduardo Garzón: por qué Podemos ha tumbado la reforma del subsidio (y por qué es un grave error)... es innegable que la reforma amplía derechos al llegar a más colectivos y al incrementar la cuantía del subsidio... Se quería ayudar a los beneficiarios del subsidio para que no acabaran con una pensión demasiado baja por culpa del bajo salario mínimo. Sin embargo, el salario mínimo ha aumentado casi un 50% en los últimos cinco años y se encuentra actualmente en los 1.260 euros mensuales (en 12 pagas). Ahora, la “sobrecotización” del 125% no es tan necesaria porque las pensiones calculadas a partir del salario mínimo ya no son tan bajas. Poniendo un ejemplo extremo y simplificado: el 100% de los 1.260 euros actuales de salario mínimo arrojaría un resultado de 1.260 euros, mientras que el 125% de los 857,5 del salario mínimo de hace cinco años arrojaría un resultado de 1.071,9 euros... Es decir, aunque el porcentaje de la base de cotización sea menor, la base de cotización (el salario mínimo) es mucho mayor, y el resultado también lo puede ser... Pero hay otra justificación para este cambio: dejar la cotización en el 125% a los subsidios para mayores de 52 años genera una injusticia comparativa con trabajadores que cobran ese salario mínimo, porque ellos siguen cotizando al 100%. Es decir, actualmente se puede dar el caso de que una persona trabajando por el salario mínimo acaba teniendo una pensión por debajo de la que recibiría una persona sin trabajar y cobrando el subsidio de desempleo, pues estaría cotizando al 125%, no al 100%
"Podemos ha sorprendido a muchos al votar conjuntamente con Vox, PP y UPN en contra de la reforma del subsidio de desempleo. Los votos positivos del PSOE, Sumar, Bildu, ERC y BNG no han sido suficientes para convalidar el real decreto, por lo que su contenido deja de estar en vigor apenas unas semanas después de aprobarse.
Reformar el sistema de subsidio era una condición impuesta por la Unión Europea para activar una nueva transferencia de fondos europeos, concretamente 10.000 millones de euros, y tenía que haber sido aprobada a finales de 2022 para cumplir con los plazos comprometidos con Bruselas. Esta tardanza se explica básicamente porque los dos ministerios competentes no se ponían de acuerdo en los cambios que dicha reforma debía incorporar. Mientras que el Ministerio de Trabajo, liderado por Yolanda Díaz, se inclinaba más por ampliar derechos, el Ministerio de Economía, liderado por Nadia Calviño, se inclinaba más por restringirlos. Esta dura y lenta negociación finalmente desembocó el pasado 19 de diciembre en un texto que, sin ser tan positivo como quería la ministra de Trabajo, apenas incorporaba las restricciones que quería la ministra de Economía.
Entre las principales medidas acordadas se encuentran:
1) la acumulación universal del permiso retribuido de lactancia;
2) la prioridad del convenio colectivo autonómico sobre el estatal (una medida muy favorable para los trabajadores);
3) la ampliación del número de beneficiarios del subsidio de desempleo (llegando a menores de 45 años sin cargas familiares y a los eventuales del campo);
4) el incremento de la cuantía del subsidio desde 480 euros al mes hasta los 570 euros (Trabajo quería que fueran 660 euros) aunque con un ritmo decreciente por meses hasta volver a los 480 euros (Economía quería que fueran menos);
5) la compaginación del subsidio con un puesto de trabajo (aunque con menor cuantía a exigencia de Economía);
6) la eliminación del mes de espera entre el final de la prestación de desempleo y el cobro del subsidio; y
7) la reducción progresiva de la cotización de los mayores de 52 años (a exigencia de Economía) desde el actual 125% hasta el 100% en 2028.
En términos generales, y aunque a Trabajo le hubiese gustado llegar más lejos, es innegable que la reforma amplía derechos al llegar a más colectivos y al incrementar la cuantía del subsidio. Sin embargo, el último aspecto mencionado ha sido el escollo para Podemos, que lo ha catalogado como un claro “recorte” de derechos. Pero esta modificación, que podría parecer que recorta derechos, en realidad trata de corregir una injusticia comparativa, además de seguir manteniendo bien protegidos a los beneficiarios. Además, por si fuera poco, esta medida entraba en vigor el 1 de junio de 2024 y sólo iba afectar a quienes lo obtuvieran a partir de entonces (así que, en todo caso, no iba a tocar ningún derecho a ningún actual beneficiario del subsidio).
En consecuencia, Podemos ha tumbado todas las medidas positivas del decreto que ya estaban en vigor alegando que una medida, a la que le faltaban más de cinco meses para entrar en vigor, es un recorte. ¿No hubiese sido mejor votar a favor para asegurar los beneficios a millones de personas y, luego, tratar de corregir ese último elemento? Tiempo tenían…
Pero es que a todo esto hay que sumarle que resulta difícil justificar que dicha medida sea un recorte. El subsidio de desempleo para mayores de 52 años (recuperado en 2019 por el Gobierno en solitario del PSOE tras su supresión por el PP en 2012) tenía una “sobrecotización” del 125% porque se calcula sobre el salario mínimo y éste era por entonces muy bajo, de 857,5 euros en 12 pagas.
Se quería ayudar a los beneficiarios del subsidio para que no acabaran con una pensión demasiado baja por culpa del bajo salario mínimo. Sin embargo, el salario mínimo ha aumentado casi un 50% en los últimos cinco años y se encuentra actualmente en los 1.260 euros mensuales (en 12 pagas). Ahora, la “sobrecotización” del 125% no es tan necesaria porque las pensiones calculadas a partir del salario mínimo ya no son tan bajas. Poniendo un ejemplo extremo y simplificado: el 100% de los 1.260 euros actuales de salario mínimo arrojaría un resultado de 1.260 euros, mientras que el 125% de los 857,5 del salario mínimo de hace cinco años arrojaría un resultado de 1.071,9 euros. Es decir, aunque el porcentaje de la base de cotización sea menor, la base de cotización (el salario mínimo) es mucho mayor, y el resultado también lo puede ser (téngase en cuenta que el porcentaje de cotización bajaría solamente un 5% cada año, además durante un periodo en el que presumiblemente el salario mínimo seguirá aumentando).
Pero hay otra justificación para este cambio: dejar la cotización en el 125% a los subsidios para mayores de 52 años genera una injusticia comparativa con trabajadores que cobran ese salario mínimo, porque ellos siguen cotizando al 100%. Es decir, actualmente se puede dar el caso de que una persona trabajando por el salario mínimo acaba teniendo una pensión por debajo de la que recibiría una persona sin trabajar y cobrando el subsidio de desempleo, pues estaría cotizando al 125%, no al 100%. La reforma pretendía ir reduciendo lentamente la base de cotización de los nuevos (no de los actuales) subsidios para mayores de 52 años para equipararlos a los trabajadores con salario mínimo, y sin desprotegerlos por lo anteriormente argumentado.
Bien es cierto que se podría argumentar la conveniencia e incluso necesidad de que los mayores de 52 años tengan una “sobrecotización” por su situación de vulnerabilidad y desprotección, ya que tienen más dificultades para encontrar un puesto de trabajo. Pero eso es una cosa y otra muy diferente calificar de “recorte” a una modificación que sólo afectaría levemente a los nuevos beneficiarios del subsidio (no a los actuales). Además, por muy lesiva que uno pueda concebir esta modificación, desde luego no puede ser excusa para tumbar la ampliación de derechos a tantísimas personas, y mucho menos cuando a dicho “recorte” todavía le quedaban unos cinco meses para entrar en vigor.
Otros partidos políticos de izquierdas
críticos con el Gobierno de coalición como Bildu o ERC lo han entendido
perfectamente votando a favor. Y probablemente Podemos habría hecho lo
mismo si siguiese estando en el Consejo de Ministros. Por eso parece que
este –difícilmente justificable– comportamiento responde más a
cuestiones de política interna que a una verdadera preocupación por los
derechos de la gente." (Eduardo Garzón, eldiario.es, 10/01/23)
Estimado Pablo Iglesias... estimada Irene Montero... una explicación... "Podemos consumó el golpe a Díaz en la primera votación en la que tuvo ocasión: 700.000 perceptores del subsidio de momento no verán aumentada su cuantía"... “Es una gravísima irresponsabilidad, han votado con la derecha y la extrema derecha”, dijo Yolanda Díaz... o sea, mucha explicación... a los parados por 90 euros que no van a recibir este mes... el resto de las condiciones son las que pueden esperar... alguien de izquierda deberia dar muchas explicaciones por negar 90 euros mensuales a quien lo necesita
"Una vez más, la baraka de Pedro Sánchez hizo su aparición cuando todo parecía perdido. Fue una de las jornadas más rocambolescas que se recuerdan en el Parlamento, y deja un importante desgaste para la mayoría, pero de nuevo el presidente se salvó por la mínima y lo exhibió como un éxito, con todos sus diputados aplaudiéndole. En el último momento, después de hacer un discurso que apuntaba hacia el no, Junts decidió salvar los decretos del Gobierno —que incluían el llamado escudo social, la revalorización de las pensiones o el transporte gratuito para jóvenes, menores y desempleados— con un movimiento muy atípico y que mantuvieron en secreto varias horas: sus siete diputados no votaron, algo que funcionó como una abstención y permitió que saliera adelante el primer decreto por 172 a 171, un solo voto. Sin embargo, pese a que Junts mantuvo esta estrategia en las cuatro votaciones que había este miércoles, el “no” de Podemos se sumó al del PP, Vox y UPN para tumbar el segundo decreto —176 noes frente a 167 síes—, el que defendió Yolanda Díaz, líder de Sumar y enemiga declarada de la formación de Ione Belarra, que suponía un gran aumento del subsidio de desempleo, de 480 euros a 570 en los primeros seis meses y a 540 euros los seis siguientes (y sea compatible con los primeros 150 días de trabajo).
Podemos consumó así el golpe a Díaz en la primera votación en la que tuvo ocasión, mientras apoyaba los demás decretos después de una negociación con los socialistas. La pésima relación entre Sumar y Podemos después de que los de Belarra no lograran ningún ministerio tuvo así su primera consecuencia con efectos prácticos sobre más de 700.000 perceptores del subsidio, que de momento no verán aumentada su cuantía. Podemos exige que se vuelva a presentar el decreto sin la reducción de la cotización de los perceptores de más de 52 años, que según Trabajo se ha hecho para evitar que, con la subida del salario mínimo, se cotice más estando sin empleo que con él, un sinsentido. “Es una gravísima irresponsabilidad, han votado con la derecha y la extrema derecha”, dijo Díaz en Onda Cero sobre Podemos. Sánchez pidió a los de Belarra que valoren su decisión de tumbar un decreto que según él implica mejoras claras en el subsidio y apuntó que el Gobierno sacará esta medida adelante en las Cortes en cuanto pueda, aunque no dio fechas.
Junts decidió al final no votar, según un comunicado oficial de esta formación, porque el PSOE se ha comprometido con ellos a traspasar a Cataluña las competencias en inmigración a través de una ley, la publicación inmediata de las llamadas balanzas fiscales y la supresión del artículo 43 bis de la ley de enjuiciamiento civil que iba en el primer decreto, el ómnibus, que según la interpretación de Junts “ponía en peligro la ley de amnistía”. Además, Junts ha logrado el compromiso de que el IVA del aceite será del 0% y también una reforma de la ley de sociedades de capital “para revertir el decreto del PP de 2017 para que las empresas puedan volver a Cataluña”, dice el texto, que no menciona sanciones. Además se multiplicarán por cinco el presupuesto para la digitalización de la justicia. Fuentes del PSOE confirman estos extremos, salvo el que señala que “el Estado asumirá la totalidad del coste de las bonificaciones del precio del transporte público”. Se asumirá, aseguran estas fuentes, el 30%, como en todas las autonomías. Pero el resto de concesiones, mucho más amplias de las que se habían discutido públicamente, sí son las negociadas, según los socialistas.
Sánchez obvió estas concesiones, se concentró en el resultado y cargó contra el PP: “ya dije que para revalorizar las pensiones buscaría votos debajo de las piedras. El PP dijo que estaba a favor de revalorizar las pensiones y ha vuelto a votar en contra. Esta oposición tiene que preguntarse para qué está en política. ¿Para ilegalizar partidos políticos?”, dijo visiblemente satisfecho, como si nada hubiera pasado. (...)" (Carlos E. Cué, El País, 10/01/24)
6.12.23
Podemos se hace tránsfuga. Era el camino que les quedaba por transitar... Llevo más de dos años escribiendo sobre la deriva de la dirección de Podemos a la bunkerización haciendo cada vez más pequeño el espacio... La ley de hierro de las oligarquías ha intoxicado a la dirección del partido y ya hay más traidores que dirigentes (Antonio Maestre)
AntonioMaestre @AntonioMaestre
Podemos se hace tránsfuga. Era el camino que les quedaba por transitar.
4:59 p. m. · 5 dic. 2023 104,8 mil Reproducciones
AntonioMaestre @AntonioMaestre
Llevo más de dos años escribiendo sobre la deriva de la dirección de Podemos a la bunkerización haciendo cada vez más pequeño el espacio. Los que me han leído sabían desde hace tiempo que esto que describe ahora el número 1 de Podemos en la Comunidad de Madrid estaba pasando. La ley de hierro de las oligarquías ha intoxicado a la dirección del partido y ya hay más traidores que dirigentes.
1:10 p. m. · 5 dic. 2023 303,6 mil Reproducciones
19.11.23
Sumar y Podemos, historia de un divorcio inevitable... la relación de Sumar y Podemos ha alcanzado el punto de no retorno. Sin Irene Montero en el Gobierno, Podemos optará por seguir su camino y se negará a aceptar la autoridad de Yolanda Díaz en el Congreso... sus cinco diputados “negociarán de forma autónoma todas y cada una de las leyes” que lleve el Gobierno al Congreso."... los votantes de izquierda, serán los que más sufran las consecuencias
"(...) Los divorcios pueden estar llenos de acontecimientos dolorosos y deplorables. Nadie sale bien librado de ellos. El de Sumar y Podemos lleva camino de ser uno de ellos, tan caliente que convierta en una pira la idea sagrada de la unidad de la izquierda. Ahora la gran batalla es por saber quiénes serán ministros en el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez. En realidad, la historia, repleta de recriminaciones y amistades que han acabado en rencor, comenzó hace ya tiempo.
Todo se aceleró con las elecciones autonómicas y municipales de mayo. Podemos optó por negar la evidencia y no reconocer el hundimiento de sus resultados y lo que significaba para su futuro. Meses después, Sumar decidió seguir una línea similar e ignorar que la alianza con Podemos de cara a las elecciones de julio ni siquiera podía presentarse como un matrimonio de conveniencia. Ambos partidos han intentado que sea el otro el que dé el paso definitivo hacia la separación, que ya es inevitable. Nadie quiere aparecer como el malo de la película, porque piensa que le resulta más rentable que la gente crea que es la víctima de la perfidia del otro.
Desde mayo, y en especial desde julio, Podemos ha intentado una y otra vez presentarse como la verdadera izquierda, mientras Sumar sólo sería una copia desvaída que no tiene lo que hay que tener.
Yolanda Díaz fue elegida personalmente por Pablo Iglesias para sucederle cuando este decidió tirar la toalla, abandonar el Gobierno y prestar a su partido un último servicio en las elecciones autonómicas de Madrid. Después, todo fue a peor. (...)
Podemos dedicó su campaña en las elecciones de Madrid en mayo de este año a denunciar a una izquierda que sólo aparentaba serlo. “Madrid ya tiene una izquierda conservadora, que no quiere cambiar las cosas, que solo cumple cuando Podemos le obliga a cumplir. Madrid ya tiene una izquierda cuqui”, dijo Belarra refiriéndose al PSOE y Más Madrid. Los votantes apostaron por lo cuqui y dejaron a Podemos fuera de la Asamblea y del Ayuntamiento de la capital.
“Quieren que seamos la izquierda como la de antes, relegada a una esquinita del tablero, un adorno del PSOE”, había dicho antes Belarra en la Fiesta de Primavera del partido.
Después del veto a la presencia de Irene Montero en las listas de Sumar en julio, Belarra culpó a Yolanda Díaz del descenso en el número de escaños. “La estrategia de renunciar al feminismo e invisibilizar a Podemos no ha funcionado electoralmente”. El partido insistía en presentarse como la única fuerza política que defiende el feminismo por estar encarnado en la figura de Montero.
En una de las pocas veces en que Díaz respondió directamente a estas acusaciones, comparó sus datos con la catástrofe sufrida por la izquierda en mayo: “Yo lo único que le digo es que en el último proceso electoral Unidas Podemos obtuvo un millón de votos”. En julio, Sumar recibió tres millones.(...)
Izquierda cuqui, izquierda servil, adorno del PSOE. Cada declaración pública era un ataque a Yolanda Díaz y su proyecto de unir a quince partidos en una nueva plataforma. Y en última instancia, para impedir que hablara en nombre de todo ese espacio político en sus negociaciones con Pedro Sánchez para el nuevo Gobierno. El acuerdo entre ambos fue recibido por el partido de Belarra con una evidente frialdad.
Sumar decidió no entrar al trapo. Díaz, la portavoz parlamentaria, Marta Lois, y el portavoz del partido, Ernest Urtasun, rehuían las preguntas de los periodistas cuando les planteaban sus relaciones con Podemos. Hacían todo lo posible para no darles un titular que alimentara el conflicto. Ya antes, Yolanda Díaz no había querido explicar en público cuál era el problema de contar con Montero en las listas electorales. Lo máximo que se atrevían a afirmar es que “la gente” aspiraba a que la izquierda se ocupara de sus problemas y no de sus disputas internas.
Sólo Ada Colau decidió desentonar en ese perfil bajo al apuntar que Podemos debe respetar la disciplina del grupo parlamentario si no quiere quedarse sin la parte de los fondos públicos que le han sido asignados. Esa opinión, de la que todos los implicados son muy conscientes y que por tanto era innecesaria, provocó una dura respuesta de Pablo Iglesias. Otra antigua amistad que se iba por el desagüe.
Por la vía de los hechos, Sumar sí actuó contra Podemos. Le dejó fuera de los tres puestos de portavoz adjunto del grupo parlamentario. No tenía ninguna intención de darles un papel protagonista en el Congreso. Era el inquilino molesto que da problemas, pero al que no puedes echar del piso.
Con la formación del Gobierno, la apuesta por la continuación de Irene Montero al frente del Ministerio de Igualdad pasó a ser la trinchera en la que Podemos estaba dispuesta a morir. Era una meta imposible desde el enfrentamiento con el PSOE por la reforma de la ley del sólo sí es sí. El pleno en el que se debatieron los cambios pactados por los socialistas con el PP fue un espectáculo durísimo en que los dos socios del Gobierno se abrieron en canal.
Podemos acusó al PSOE de estar recuperando el “Código Penal de la manada” y de someter a las víctimas a “un calvario”. También le llamó el “Código Penal de la violencia y la intimidación”. Ambas expresiones fueron empleadas por Montero. Pensar que Sánchez podía volver a entregar el Ministerio de Igualdad a la persona que le había acusado de traicionar al feminismo estaba fuera de la realidad.
La mayoría de la investidura de 2019 se hizo pedazos en ese momento. Fue un factor relevante, además obviamente del resultado de la cita electoral de mayo, en la decisión de Sánchez de adelantar las elecciones, que en ese momento pintaban muy mal para la izquierda.
Podemos reclamó un Ministerio en el Gobierno y elegir a su titular, como había permitido a sus aliados en 2019. No se bajó de la exigencia de que Montero repitiera en Igualdad. El viernes, Sumar hizo un movimiento que sabía que no iba a ser aceptado. Ofreció como cuota de Podemos el nombramiento de Nacho Álvarez. A cambio, el partido debería “cesar en los ataques públicos y en los insultos” a Sumar y Díaz, y comprometerse a no presentarse en solitario a las elecciones europeas de 2024. Paz a cambio de un ministro al que Podemos ya no ve como uno de los suyos.
Álvarez era secretario de Economía de Podemos y ha trabajado cuatro años con Belarra en Asuntos Sociales como secretario de Estado. Cometió la afrenta imperdonable de aceptar ser portavoz económico de Sumar en la campaña y representarlo en las negociaciones con el PSOE, y fue tachado por ello de desleal. En la noche del viernes, anunció que no aceptaba la oferta, que agradeció a Díaz, y que dimitía de sus cargos en Podemos.
“Para mí, eres uno de los imprescindibles. Este país pierde un gran ministro”, le dijo en Twitter Irene de Miguel, líder de Podemos en Extremadura. “España se va a perder a un tipo que ha conseguido mejorar la vida de la gente. Otra vez talento perdido. Otra vez”, comentó Roberto Sotomayor, que fue candidato de Podemos en las elecciones municipales de Madrid.
El rechazo de Belarra a la oferta había sido inmediato. Insistió en que lo que quiere el partido es el Ministerio de Igualdad. Irene Montero o nada.
Más trascendencia tiene lo que ha dicho esta semana Pablo Iglesias en su medio, Diario Red, portavoz oficioso del partido, y en sus intervenciones en tertulias. Los planes ya están trazados. Si se confirma que Podemos no estará en el Gobierno, dijo, “pasará a contar con una completa autonomía política y parlamentaria” y sus cinco diputados “negociarán de forma autónoma todas y cada una de las leyes” que lleve el Gobierno al Congreso."
En esas condiciones, Podemos no aceptará la autoridad de Yolanda Díaz en el grupo parlamentario y pasará a ser un partido con una posición similar a la de Esquerra, EH Bildu y el BNG, según el pronóstico de Iglesias, que nunca ha fallado a la hora de adelantar lo que haría Podemos. Es decir, fuera de la coalición que levantó Díaz para las elecciones.
Ese será el momento del divorcio definitivo. Los hijos, es
decir, . También un problema añadido para el amigo de la familia,
Pedro Sánchez. Con respecto a los padres, hace tiempo que decidieron que
no se soportan." (Iñigo Sáenz de Ugarte , eldiario.es, 18/11/23)