Mostrando entradas con la etiqueta l. Drogas y los medicamentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta l. Drogas y los medicamentos. Mostrar todas las entradas

2.2.25

Los avances científicos con las sustancias psicodélicas están revolucionando la investigación farmacológica y la terapia psicológica... La pandemia global de la salud mental ha llevado al gobierno australiano a regularizar el uso de MDMA y psilocibina como tratamientos de salud mental... han considerado que existen suficientes pruebas para abrir la puerta a su uso por parte de médicos y psiquiatras... En Estados Unidos, varios fármacos están cerca de ser aprobados y las clínicas que usan algunas de estas drogas se extienden cada vez más. Pero como suele ocurrir, en Europa las cosas van más despacio y el uso de este tipo de sustancias sigue encontrándose en un limbo regulatorio... Es por ello que un grupo de 32 asociaciones lideradas por un colectivo multidisciplinar de científicos, médicos, terapeutas y defensores de los derechos humanos de 18 países ha lanzado una campaña ciudadana de recogida de firmas bajo el nombre PsychedeliCare con el objetivo promover el acceso seguro y legal a terapias asistidas por sustancias psicodélicas, integrándolas de forma regulada en los sistemas de salud pública de Europa (Yago Álvarez Barba)

 "Los avances científicos con las sustancias psicodélicas están revolucionando la investigación farmacológica y la terapia psicológica. Pero la pandemia de problemas de salud mental va más rápido que las aprobaciones por parte de las autoridades farmacológicas y que los ensayos clínicos. En Australia, por ejemplo, han decidido no esperar más. La pandemia global de la salud mental ha llevado al gobierno australiano a regularizar el uso de MDMA y psilocibina como tratamientos de salud mental. Muchos de los ensayos con esas sustancias todavía no han pasado todas las fases hasta su aprobación, pero han considerado que existen suficientes pruebas para abrir la puerta a su uso por parte de médicos y psiquiatras.

En Estados Unidos, varios fármacos están cerca de ser aprobados y las clínicas que usan algunas de estas drogas se extienden cada vez más. Pero como suele ocurrir, en Europa las cosas van más despacio y el uso de este tipo de sustancias sigue encontrándose en un limbo regulatorio. Lo que va igual de rápido o más en el viejo continente son los graves problemas de salud mental como la depresión, estrés postraumático o los desórdenes por consumo de sustancias.

Según datos del último barómetro de salud de la Unión Europea (UE), una de cada seis personas en el continente sufre algún tipo de problema de salud mental. La ansiedad y la depresión eran los más frecuentes en la UE antes de la pandemia, seguidos de los trastornos relacionados con el consumo de alcohol y drogas, el trastorno bipolar y la esquizofrenia.

Es por ello que un grupo de 32 asociaciones lideradas por un colectivo multidisciplinar de científicos, médicos, terapeutas y defensores de los derechos humanos de 18 países ha lanzado una campaña ciudadana de recogida de firmas bajo el nombre PsychedeliCare con el objetivo promover el acceso seguro y legal a terapias asistidas por sustancias psicodélicas, integrándolas de forma regulada en los sistemas de salud pública de Europa. 

La campaña arrancó el pasado 14 de enero y tiene un año para recoger un millón de firmas en un año. De conseguirlo, la Comisión Europea tiene tres meses para pronunciarse y plantearse su implementación, lo que podría dar forma a una iniciativa legislativa que se debería votar y debatir en el Parlamento Europeo.

El primero objetivo de la campaña es “apoyar el establecimiento de un consenso de expertos con psicodélicos y promover una postura unificada que facilite su regulación”, explica a El Salto Elizabet Domínguez, psicóloga y doctora en farmacología, coordinadora del equipo español de PsychedeliCare y vocal de la Sociedad Española de Medicina Psicodélica (Sempsi).

Por el momento, son solo algunas empresas farmacéuticas las que firman acuerdos con hospitales para avanzar en la investigación y en los ensayos clínicos. Es por ello que la campaña también exige que  se fomente la inversión pública europea de las terapias asistidas con psicodélicos. “Se necesita que, tanto los profesionales como los pacientes, tengan más seguridad regulatoria y que este tipo de terapias lleguen a más gente”, dice Domínguez, que señala que actualmente este tipo de tratamientos en Europa se hacen en clínicas privadas que no todo el mundo se pueden permitir: “La inversión pública y su fomento en la sanidad pública favorecerá que estas terapias lleguen a más gente”.

Ese mismo enfoque lo comparte la fundación International Center for Ethnobotanical Education, Research and Service (ICEERS), que apuntan en un comunicado en apoyo a la campaña que “este tipo de regulaciones no sólo beneficiarán a los pacientes, sino que también contribuirán al desarrollo de un modelo de salud pública más inclusivo e innovador”. Desde esta organización que también forma parte de la campaña, defienden que “estas prácticas, respaldadas por investigaciones científicas, ofrecen soluciones prometedoras para trastornos mentales que los tratamientos convencionales no han logrado resolver de manera efectiva”, en palabras de su director científico José Carlos Bouso, el cual trabaja actualmente en un prometedor ensayo clínico para tratar las adicciones a drogas usando la ibogaina, una sustancia extraída de un arbusto original de África llamado iboga.

El arranque de la recogida de firmas también tendrá su presentación en las instituciones europeas el próximo 6 de febrero en el que expertos en la materia y componentes de la campaña la presentarán en el Parlamento Europeo. El evento unirá a legisladores, sociedad civil, médicos, investigadores y representantes de pacientes y manifestará “una llamada a la acción hacia la innovación en Europa, para la inclusión de estas terapias tan prometedoras en respuesta a las limitadas opciones de tratamiento existentes y las muchas necesidades por cubrir”.                   (Yago Álvarez Barba , El Salto, 02/02/25)

25.1.25

La farmacéutica Purdue y los miembros de la multimillonaria familia Sackler, propietarios de la compañía, han acordado pagar 7.400 millones de dólares, por la la mortal epidemia de opiáceos que ha arrasado EE UU en las dos últimas décadas... La crisis de adicciones que protagonizó el OxyContin, recetado legal y muchas veces fraudulentamente por médicos convencidos por los vendedores de Purdue de su inocuidad y de su eficacia en el tratamiento del dolor crónico, ha provocado más de 700.000 muertes por sobredosis en Estados Unidos en las dos últimas décadas. La ligereza con que prescriptores sanitarios recetaban este fármaco ha dejado un reguero de demandas por parte de Estados, gobiernos locales, comunidades indígenas y miles de adictos, así como familiares de las víctimas de sobredosis... fue La peor crisis de salud pública vivida en EE UU entre la del sida y la pandemia del coronavirus (María Antonia Sánchez-Vallejo)

 "La farmacéutica Purdue y los miembros de la multimillonaria familia Sackler, propietarios de la compañía, han acordado pagar 7.400 millones de dólares a un grupo de Estados, gobiernos locales y particulares que interpusieron miles de demandas por el papel de OxyContin, fármaco estrella de Purdue, en la mortal epidemia de opiáceos que ha arrasado EE UU en las dos últimas décadas.

El acuerdo, de alcance nacional, se produce después de que el Tribunal Supremo de EE UU rechazara el año pasado un acuerdo preliminar de 6.000 millones de dólares que habría protegido a los Sackler de cualquier otro litigio relacionado con la crisis de las adicciones y sobredosis mortales provocada por la oxicodona, un opioide recetado para el dolor crónico y terminal con un alto potencial adictivo. El acuerdo de principio alcanzado este jueves no otorga a la familia protección automática frente a futuros litigios, ha declarado en un comunicado la fiscal general de Nueva York, Letitia James. El pacto fue anunciado también por el fiscal general de Texas, Ken Paxton.

El Supremo dictaminó en su día que los Sackler, que a diferencia de Purdue Pharma no se declararon en quiebra, no tenían derecho a las protecciones legales destinadas a permitir a los deudores en quiebra “comenzar de nuevo”, es decir, un plan para reestructurar el negocio, que ha sido otro elemento perturbador en el litigio. En virtud del nuevo acuerdo, los Sackler pagarán 7.400 millones de dólares, aunque ello no zanja otras demandas de Estados, gobiernos locales o víctimas individuales de la crisis de los opioides. Aquellos que no deseen sumarse al acuerdo son libres de demandar a los Sackler, que han afirmado que se defenderán enérgicamente ante los tribunales.

La crisis de adicciones que protagonizó el OxyContin, recetado legal y muchas veces fraudulentamente por médicos convencidos por los vendedores de Purdue de su inocuidad y de su eficacia en el tratamiento del dolor crónico, ha provocado más de 700.000 muertes por sobredosis en Estados Unidos en las dos últimas décadas. La ligereza con que prescriptores sanitarios recetaban este fármaco ha dejado un reguero de demandas por parte de Estados, gobiernos locales, comunidades indígenas y miles de adictos, así como familiares de las víctimas de sobredosis.

Purdue es uno más de los muchos fabricantes de medicamentos, distribuidores, operadores de farmacias y proveedores que en los últimos años han acordado pagar en total alrededor de 50.000 millones para resolver demandas e investigaciones de estados y gobiernos locales que los acusan de alimentar una epidemia mortal de adicción a los opioides en el país, un siniestro prólogo a la actual crisis del fentanilo. Pero su protagonismo como fabricante de OxyContin le reserva un papel estelar en la crisis.

Purdue se declaró en bancarrota en 2019 ante las miles de demandas que la acusaban junto a los miembros de la familia Sackler por la comercialización engañosa de su analgésico altamente adictivo. Una labor de zapa de sus vendedores y visitadores, desde el Congreso a convenciones médicas y consultorios rurales —especialmente en zonas degradadas y desindustrializadas—, convenció a muchos galenos de que OxyContin no enganchaba al paciente.

 La semana pasada, el Departamento de Justicia acusó a la cadena de farmacias Walgreens de contribuir a la epidemia al despachar millones de recetas ilegales de analgésicos adictivos y otros fármacos, sin referencia expresa, pero sí implícita, al OxyContin. Una demanda colectiva presentada en un tribunal federal de Chicago había acusado a la cadena de ignorar “las señales de alarma” provocadas por el uso —y en muchos casos abuso— del analgésico y despachar recetas de opioides y otras sustancias teóricamente controladas que carecían de justificación clínica.

Purdue Pharma se declaró culpable de los cargos de falsificación y fraude relacionados con la comercialización de OxyContin en 2007 y 2020. Los miembros de la familia Sackler han negado haber actuado mal, limitándose a expresar su “pesar” por el papel de Oxycontin en la crisis de los opioides y, en algunos casos, retirando su apellido de iniciativas de mecenazgo, como salas de museos y centros universitarios. La peor crisis de salud pública vivida en EE UU entre la del sida y la pandemia del coronavirus ha sido narrada en documentales estremecedores como Dopesick y en libros como El imperio del dolor, de Patrick Radden Keefe."               (María Antonia Sánchez-Vallejo , El País, 23/01/25)

7.6.22

La salud mental está en crisis y las psicoterapias asistidas con psicodélicos podrían ser una solución... La humanidad lleva milenios usando psicodélicos. Nos parece algo nuevo porque en Occidente los abandonamos. Ahora lo estamos retomando adaptándolos a nuestros modelos de salud mental... El hachís y la marihuana pueden tener algunos efectos parecidos... El cannabis es de administración habitual durante el tratamiento, como un antidepresivo o un ansiolítico, e incluso podría llegar a venderse en farmacias

 "Antón Gómez-Escolar (Madrid, 33 años) es máster en Psicofarmacología y Drogas de Abuso, consultor científico y asesor especializado en psicodélicos, nootrópicos y otras sustancias psicoactivas. (...)

P. ¿Y qué son los psicodélicos?

R. Sustancias como la psilocibina, LSD, MDMA o ketamina, capaces de manifestar procesos mentales subconscientes y relajar algunos patrones mentales aprendidos, facilitando su cambio. Y esto es tremendamente útil cuando se está trabajando en conocer y tratar un trastorno mental.

P. ¿Manifiestan la mente o son alucinaciones?

R. Las alucinaciones son una forma más de manifestación de la mente y pueden ser parte del proceso. Los viajes introspectivos o interiores son alucinaciones útiles en terapia.

P. Defina “renacimiento psicodélico”.

R. Es el proceso en el que estamos inmersos desde finales del siglo XX, en el que un número creciente de investigadores en salud mental y neurociencias están sumergiéndose en el estudio de los psicodélicos para aplicarlos en salud mental. Es un renacimiento, porque en los años cincuenta y sesenta ya pasó.

P. ¿Qué despertó el renacimiento precisamente entonces?

R. Entre otras cosas, que llevamos muchos años sin fármacos nuevos para los trastornos mentales, los que tenemos no resultan del todo efectivos en muchas ocasiones y las enfermedades de salud mental están alcanzando dimensiones pandémicas. La salud mental está en crisis y las psicoterapias asistidas con psicodélicos podrían ser una solución.

 

P. ¿Están creciendo o somos más conscientes de ellas?

R. Diría que ambas. Cada vez las vemos más, pero también se extienden más porque la vida moderna nos expone a factores de riesgo, sobre todo durante la pandemia de covid-19.

P. ¿Entonces el objetivo de este renacimiento es encontrar fármacos?

R. Es algo diferente. Es como un catalizador que busca inducir una experiencia psicodélica transformadora de resultados terapéuticos muy duraderos, no tapar los síntomas, y por ello se deben administrar a personas preparadas y en un contexto determinado, siempre bajo supervisión profesional. Lo importante de la psicoterapia asistida con psicodélicos es que es un pack indivisible que incluye ambas cosas.

P. ¿Con “persona preparada” quiere decir gurú?

R. A día de hoy en Occidente lo llamamos terapeuta. No interviene tanto durante la experiencia, sino en la preparación previa e integración posterior, pero mientras acompaña y apoya.

P. ¿Esto no es lo que hacían los hippies en los sesenta?

R. Protocolizado y en un contexto muy diferente. La humanidad lleva milenios usando psicodélicos. Nos parece algo nuevo porque en Occidente los abandonamos. Ahora lo estamos retomando adaptándolos a nuestros modelos de salud mental.

 P. Hasta ahora el pionero en ilegalizar era Estados Unidos, pero da la impresión de que en este momento la legislación en EE UU y Canadá es más progresista que la europea.

R. Fueron pioneros en la ilegalización, pero ahora que han visto que pueden ser una respuesta a la crisis, se han lanzado a investigar para aprovecharlo.

P. En los sesenta la investigación era igual de prometedora y las ilegalizaron.

R. Entonces una serie de movimientos contraculturales contrarios al status quo tomaron los psicodélicos como una herramienta y seña de identidad y se convirtieron en un chivo expiatorio. Tampoco se conocían estas sustancias tan bien como ahora.

P. Se les atribuía una capacidad revolucionaria. ¿Eso se ha perdido?

R. Están apareciendo muchas empresas que están adaptando el uso de los psicodélicos al modelo capitalista. Es un proceso inevitable. De los psicodélicos para romper con el sistema en los sesenta a las “microdosis” para aumentar la productividad en Silicon Valley ahora. Pero estas sustancias tienen algo intrínseco que las hace revolucionarias. Deconstruyen muchas cosas y eso no se puede quitar de los psicodélicos.

P. ¿Y qué pasa en Europa?

R. Europa y, concretamente, España han sido pioneros en esta investigación, pero, como suele pasar, en EEUU apoyaron más el desarrollo y ahora todo apunta a que la FDA aprobará primero estos tratamientos, y luego ya lo hará aquí la Agencia Europea del Medicamento.

P. ¿El hachís y la marihuana son un psicodélico?

R. Pueden tener algunos efectos parecidos. Pero con los psicodélicos hablamos de una o dos administraciones puntuales en un entorno clínico controlado y que tienen efectos durante meses o incluso años, pero el paciente nunca se lo llevaría a casa. El cannabis es de administración habitual durante el tratamiento, como un antidepresivo o un ansiolítico, e incluso podría llegar a venderse en farmacias.

 P. ¿Tan efectivas son?

R. En muchos casos, sí. Son sustancias que han recibido la calificación de “terapia innovadora” por la FDA (agencia de alimentos y medicamentos) estadounidense. Una calificación solo para sustancias con un grandísimo potencial, que están funcionando muy bien, son seguras y que tratan un trastorno que está muy extendido y para el que no hay un tratamiento muy efectivo. Es el caso de la depresión, la ansiedad, las adicciones o el estrés postraumático.

P. ¿40 años clasificadas como inútiles y ahora resulta que son todo lo contrario?

R. Cuando se produce una innovación, al principio hay expectativas infladas, pero luego se ve que no es la panacea. Es lo que se llama un ciclo de sobreexpectación. Pero todo indica que estas sustancias, aun reduciendo su efectividad cuando se empiecen a usar en muchos pacientes, van a seguir siendo más eficaces que los tratamientos actuales.

P. ¿No ha habido aún ensayos a gran escala?

R. Es el momento en el que estamos entrando ahora.

P. ¿A quién se dirigirán los tratamientos?

R. En principio, sería un tratamiento de segunda línea, para pacientes que no hayan experimentado mejoras con los convencionales. Y no serían para cualquiera, porque tienen riesgos psicológicos y psiquiátricos que hay que conocer muy bien para prevenir.

P. Después de medio siglo tratando los psicodélicos como veneno ¿Está la sociedad preparada para esto?

R. Por eso hemos decidido sacar la colección. Queremos que la gente sepa que un psicodélico es una sustancia que se alimenta del contexto y que no es lo mismo un contexto terapéutico, que uno ritual o uno recreativo. Y que los efectos y riesgos son distintos. En uno de ocio la persona se enfrenta a más peligros, porque suele haber menos conocimiento, control y preparación. Las posturas en contra de la investigación clínica con psicodélicos cada vez se están quedando más huérfanas.

P. ¿Esto es un paso antes de una legalización total?

R. No creo. Ahora mismo el renacimiento psicodélico está enfocado en el uso clínico que es el más urgente para Occidente hoy: tener mejores herramientas para combatir y prevenir los problemas de salud mental. Se aboga por un uso terapéutico controlado para no cometer los errores de los años cincuenta y sesenta, que llevaron a la ilegalización y el tabú social.

P. ¿En cuántos años tendremos fármacos psicodélicos?

R. En EE UU todo apunta a que un psicodélico atípico como el MDMA podría estar autorizado en 2023. La Psilocibina, poco después. Canadá ya ha autorizado a determinados médicos a acceder a estas sustancias. En Europa llevamos pocos años de distancia con EE UU. Estamos hablando de que de aquí a cinco años podría haber algún psicodélico autorizado para uso médico. De hecho, ya hay uno que se usa, la ketamina.

P. Si hubiera que prohibir una droga por dañina, ¿sería el alcohol?

R. Las drogas más dañinas son aquellas sobre las que menos sabemos. La ignorancia es lo más peligroso ante cualquier sustancia, y en este sentido la prohibición y el tabú traen más problemas que beneficios. Estoy de acuerdo en que el alcohol o el tabaco son drogas sobre las que la población tiene una percepción de riesgo muy baja para lo tóxicas que son, y que son más peligrosas que algunas drogas ilegales, pero todo siempre depende de muchos factores de persona, contexto y sustancia. Por eso creo que deberíamos tener más información sobre todas las sustancias, legales e ilegales."            (Iñigo López Palacios , El País, 21/05/22)

5.4.21

La Politécnica de Catalunya crea un hub con empresas y centros de investigación, en el que participa la Generalitat, con el fin de fomentar el conocimiento sobre el cáñamo y convertirse en un lobby del sector. Con él, antiguamente se hacían velas para los barcos, papel, ropa, muebles, hasta levantar casas, producir alimentos, cosméticos, bioplásticos, aceites… Es lo que se conoce como cáñamo industrial

 "La Universidad ha decidido entrar de lleno en el campo de la investigación del cannabis para su aplicación en los ámbitos agroalimentario, industrial y farmacéutico.

 El gran paso lo ha dado la Politécnica de Catalunya (UPC), una de las universidades con más prestigio de España en los estudios de ingenierías y ciencias, que ha creado el primer hub de cannabis de Europa con el fin de fomentar el conocimiento sobre los usos industriales de esta planta, mediante la colaboración con empresas e instituciones públicas y privadas que trabajan en el sector.

La planta del cannabis tiene infinitos usos, más allá de los más conocidos como el meramente recreativo o el medicinal. Con ella, antiguamente se hacían velas para los barcos, se puede fabricar papel, ropa, muebles, hasta levantar casas, producir alimentos, cosméticos, bioplásticos, aceites… Es lo que se conoce como cáñamo industrial, cuyo porcentaje de THC (componente psicoactivo) no debe superar el 0,2% para ser considerado como tal y, por tanto, permitido su cultivo y producción, aunque los vericuetos legales que rodean a esta planta continúan siendo tan ambiguos como resbaladizos por la falta de una regulación general clara sobre su uso.

En ese campo del cáñamo es en el que se va a mover el Cannabis Hub que ha creado, en colaboración con la empresa Valenveras de Barcelona, la Universidad Politécnica de Catalunya, una institución pública con 28.000 estudiantes, 9 campus territoriales de ingenierías, ciencias y arquitectura, más de 180 titulaciones y un presupuesto anual de 300 millones de euros, que la sitúan entre las principales de España y en un puesto muy destacado en el ránking internacional universitario. (...)

"Queremos ejercer liderazgo en la investigación en proyectos competitivos y transversales, promover la colaboración entre los socios participantes y convertirnos en el centro de referencia en la captación de talento para la aplicación de tecnología en este sector del cannabis", explica Jordi Berenguer, vicerrector de Transferencia de Conocimiento e Innovación de la UPC, también conocida como BarcelonaTech.

 No es el primer hub que crea la Politécnica de Catalunya, que ya tiene experiencia en montar estos espacios de colaboración con empresas de diferentes sectores, entre ellos el del coche conectado 5G con Seat para conseguir un vehículo autónomo o el de una aplicación de inteligencia artificial para turbinas con Siemens, aunque ésta será la primera vez que va a establecer una relación directa con las entidades participantes.

De momento, son ya 18 los participantes, entre empresas, centros de investigación y asociaciones del sector del cannabis en el campo de la agroalimentación, los nutrientes, la farmacia y otros sectores, los que se han sumado al Cannabis Hub, que contará con un comité de expertos y otro científico de colaboración público y privada. Entre ellos se encuentra el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), adscrito al Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat de Catalunya, que cuenta con una licencia de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios del Ministerio de Sanidad para investigación con cultivo de cannabis . Su objetivo es la obtención de variedades de cannabinoides para la industria farmacéutica mediante la aplicación de herramientas para mejorar la genética de las plantas.

 "Nuestro propósito es crear una comunidad, un ecosistema alrededor del cannabis, de innovación, investigación e incluso de ámbito legislativo. Generar conocimiento y generar negocio", explicó Joan Simó, coordinador del ámbito agroalimentario de la UPC, en la presentación del Cannabis Hub. Su diagnóstico fue claro: "el cultivo del cannabis es extraordinario porque tiene un potencial brutal que está infraestudiado en muchos campos".

 Fomentar la investigación en este campo, generar conocimiento, buscar talentos en la universidad para la industria del sector, propiciar el intercambio de experiencias y, también, ayudar a un desarrollo económico sostenible. Según el vicerrector de la UPC, el cáñamo necesita menos agua que el algodón para crecer, por lo cual su uso reduce el coste ecológico en la producción textil, es mucho menos agresivo que el eucalipto para la fabricación de papel y puede ser utilizado como hormigón en la construcción en lugar de otros materiales más contaminantes.

"Queremos que el Cannabis Hub sea un dinamizador de todo esto. Nos ha sorprendido que nada más presentarlo ha despertado mucho interés entre las empresas del sector, pero la cuestión es ir creciendo poco a poco, captar fondos europeos, potenciar las aplicaciones industriales del cáñamo y actuar como un lobby en este ámbito, de acuerdo siempre con las directrices de la UE", explica Jordi Berenguer.

 La empresa Valenveras, que ha colaborado con la UPC en la gestación del Cannabis Hub, se dedica a la innovación en biotecnología para mejorar el proceso productivo de plantas medicinales, entre ellas la marihuana. Su responsable, el ingeniero agrónomo Rubén Valenzuela, considera "muy positiva" la creación de este órgano de colaboración entre empresas e instituciones públicas y privadas en lo que califica como "nueva era de la expansión del cáñamo".

A juicio de Valenzuela, en España hay un gran mercado del cáñamo industrial, con empresas que se dedican a la producción de bloques para construcción, papel, textil, plásticos, productos farmacéuticos, al que se puede facilitar conocimiento, talentos y desarrollo para propiciar su crecimiento. Y en el otro lado se encuentran los estudiantes universitarios, "mentes privilegiadas para proponer nuevas ideas" en esos sectores, dice, como ya están haciendo en algunos de los retos que tienen en marcha con la UPC: introducción de tecnología en drones para hacer lecturas de cultivos en campo abierto, automatización de todo el proceso de trazabilidad desde las semillas hasta la fabricación de un pantalón de fibra de cáñamo o mejora de las analíticas.

"Con el Cannabis Hub se busca poder dar soluciones a todos los agentes de la cadena de valor a través de la investigación y la innovación, para facilitar la producción y la transformación tanto en el ámbito tecnológico como a través de una regulación más clara y sencilla que permita trabajar con esta planta de manera segura", explican sus responsables.

 Otra de las entidades participantes en el Cannabis Hub es Bhalutek Sens, que dispone de otra autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios para el cultivo de cannabis con fines de investigación, y que forma parte también del Polo Tecnológico del Cáñamo que se ha puesto en marcha en Extremadura, otra de las destacadas experiencias de colaboración en el sector en España.

El Polo Tecnológico cuenta con la participación de más de una veintena de entidades, de las cuales cinco son centros de las universidades públicas de Extremadura, Málaga y Alicante, seis empresas con licencias de cultivo de la Agencia Española y de la de Portugal, y una decena de empresas que trabajan en diferentes ámbitos del cáñamo industrial. Este órgano, que funciona como una network para favorecer la aplicación del I+D en la producción del cáñamo industrial, cuenta con el apoyo de la Junta de Extremadura y, entre sus objetivos, se propone impulsar un cambio regulatorio que acabe con la ambigüedad y la inseguridad normativa en este sector, enfrentado a un laberinto de leyes divergentes en los ámbitos de la alimentación, la farmacia, la cosmética, la agricultura y hasta el deporte."         (Santiago F. Reviejo, Público, 02/04/21)

22.10.19

Las sobredosis de medicamentos opioides causan más de 1.000 muertes al año en España

"Más de 7.000 personas han muerto en España entre 2010 y 2017 por sobredosis relacionadas con medicamentos opioides, según datos del Observatorio del Dolor de la Universidad de Cádiz a los que ha tenido acceso EL PAÍS. 

La tendencia durante estos años ha sido al alza: los 700 fallecimientos anuales registrados a principios de esta década han pasado a ser más de 1.000 en los dos últimos ejercicios con datos disponibles. El incremento global asciende al 52% y es mayor entre las mujeres, que partían de unas tasas inferiores pero cuya mortalidad casi se ha duplicado. 

Según esta información, más de dos tercios de muertes se producen por envenenamiento accidental, mientras que en el resto la intoxicación es voluntaria. Los grupos más afectados son hombres de mediana edad y mujeres de más de 65 años.

 Esta es la primera vez que se publican en España datos sobre las muertes relacionadas con opioides, un indicador más conocido por su acrónimo en inglés (ORD). Una investigación del Observatorio —centrada en este caso solo entre 2013 y 2016— concluye que las ORD constituyen en España un “problema con importantes costes sociales” que “requieren una especial vigilancia” y causan “la pérdida de 30.000 años de vida anuales”, otro indicador que mide el impacto de la mortalidad prematura en una población.

 La catedrática de la Universidad de Cádiz Inmaculada Failde, autora principal, detalla que el objetivo de “este primer estudio hecho en España” sobre las ORD es “comparar los resultados obtenidos con la misma metodología con los publicados en Estados Unidos”. El trabajo concluye que “es muy poco probable” que España repita la crisis ocurrida en la otra orilla del Atlántico, donde una epidemia de adicciones lleva años causando más de 50.000 muertes anuales.

 Precisamente estos días se dirime en Ohio una macrocausa contra la industria farmacéutica del país, que puede llegar a pagar casi 50.000 millones de euros de indemnización a los demandantes. “Las tasas de mortalidad estandarizadas en Estados Unidos han sido entre ocho y 12 veces más elevadas que en España”, recalca. La fuente de los datos usada por el Observatorio, al igual que en estudios equiparables a nivel internacional, es la Clasificación Internacional de Enfermedades. (...)

Sobre las causas de estas tendencias, el trabajo no ofrece respuestas, ya que este “no era era su objetivo” ni la fuente de datos “permite obtenerlas”. Tampoco existen otras investigaciones en España que aporten demasiada luz al fenómeno. 

Sobre los mayores de 65 años, el Ministerio de Sanidad y los expertos consultados coinciden en que “el envejecimiento de la población” aumenta la incidencia de enfermedades susceptibles de ser tratadas con opioides. “Y a mayor uso de opioides mayor riesgo de efectos secundarios, también de los más graves”, coinciden estas fuentes. (...)

El debate que rodea a los opioides resulta a veces “delicado” e “incómodo”, admiten la mayoría de expertos y cargos públicos consultados. La razón es que las dantescas cifras de muertes en Estados Unidos se solapan sobre la realidad española. “Aquí había miedo y rechazo a tratar al dolor. 

La gente sufría de forma innecesaria y hemos avanzado mucho en los últimos años”, afirma Luis Sordo, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. “Seguro que hay cosas que mejorar, pero ahora el miedo es que los errores de Estados Unidos los acaben pagando los pacientes españoles”.  (...)

En este sentido, Failde apuesta por “contar con sistemas de registro precisos sobre consecuencias y circunstancias de consumo”. Esto, en su opinión, permitiría “evitar situaciones de alarma injustificadas que puedan llevar a un descenso de la prescripción cuando esta sí está justificada”. En sentido contrario, “también permitiría detectar situaciones de consumo irresponsable en poblaciones vulnerables”, concluye la investigadora.

Canos advierte de que “los nuevos opioides sintéticos, con menos efectos secundarios y fáciles de usar, seguramente han suscitado una confianza irreal en la inocuidad de algunas de estas presentaciones”. “En los últimos años ha aumentado forma notable la prescripción, en algunos casos de forma alejada a las indicaciones y con poco control sobre los pacientes”, lamenta. Sin embargo, la especialista descarta que “la mayor prescripción de opioides registrado en España se haya visto acompañado de un problema significativo de adicciones, sin negar la evidencia de que esta existe en algunos casos”. Para evitarlo, y aumentar la seguridad del enfermo frente a una posible sobredosis, Canos estima “imprescindible el seguimiento exhaustivo de cada paciente, especialmente de los que consumen las presentaciones con mayores riesgos”. (...)"                      (Oriol Güell, El País, 21/10/19)

9.10.19

La mal llamada "epidemia" de los opiáceos más bien ha sido en buena medida una auténtica drogodependencia diseminada desde el mismo corazón de la industria farmaceútica... esa "epidemia" ha sido inoculada, y parece ser que incluso planificada, o conociendo las consecuencias que el asunto podría llegar a infligir a la población

"A estas alturas de la pesadilla, parece que hablar como hablábamos hace unos años de la epidemia de opiáceos es, en cierta manera, banalizar el tema como si fuese consecuencia de un factor exógeno. Pero no, realmente de exógeno no tiene absolutamente nada; más bien es todo lo contrario: es un factor muy (pero que muy) endógeno. (...)

Y en este caso ya hay una farmaceútica declarada en bancarrota por las indemnizaciones a las que tiene que hacer frente, tras toda esta catástrofe socio-sanitaria de proporciones imponderables. (...)

A pesar de ser un término que desde aquí también llegamos a utilizar, pero sin ocultar ni un ápice de la evidente culpabilidad que en realidad había tras ella, la mal llamada "epidemia" más bien ha sido en buena medida una auténtica drogodependencia diseminada desde el mismo corazón de la industria farmaceútica, y por ende, desde muy adentro desde nuestros propios sistemas socioeconómicos. 

Las cifras son literalmente apabullantes, tal y como ya expusieron en el pasado nuestros compañeros de Xataka Magnet. Y los números no dan tregua: actualmente siguen muriendo de media 130 estadounidenses al día por sobredosis de opiáceos. Una auténtica barbaridad cuyas cifras se han disparado a raíz de este tema, y que en varios indicadores incluso han batido las siniestras marcas de los heroinómanos años 80. 

 Y no, no ha sido un virus o un germen, esa "epidemia" ha sido (al menos parcialmente) inoculada, y parece ser que incluso podría haber sido de forma macabramente planificada, o, al menos, conociendo a priori las consecuencias que el asunto podría llegar a infligir a la población. Tenemos así que esa "epidemia" sólo es admisible llamarla como tal por la auténtica dimensión masiva que este caso de drogodependencia ha adquirido. ¿Y cómo ha podido llegarse a esto? Pues con el claro agravante de que, al ser prescrito el famoso opiáceo OxyContin y otros por los propios médicos tan alegremente (al parecer, "alentados" desde algunas famaceúticas), el consumidor se entregaba totalmente confiado y, a la postre, desprotegido al tener baja la guardia ante el que era propio médico.

El desarrollo de los acontencimientos se ha repetido sistemáticamente una y otra vez hasta la saciedad, paciente tras paciente, individuo tras individuo, adicto tras adicto, vida tras vida, sobredosis tras sobredosis. Cuando el dolor a mitigar desaparecía y el médico dejaba de ver necesario seguir recetando el funesto OxyContin o similares, el paciente, acostumbrado a una opiácea sensación de bienestar de la cual ya le resultaba difícil prescindir, pasaba a comprar la misma medicación en el mercado negro. Pero lo que tienen los opiáceos es que el cuerpo recuerda y ansía lograr el mismo nivel de "cuelgue" sensorial, y por otro lado el cuerpo se habitúa muy rápidamente a ellos, con lo que la misma dosis en poco tiempo ya no "coloca" lo mismo. Ése es el punto crítico y el verdadero salto al abismo en esta "epidemia".

Ante el elevado precio de los medicamentos opiáceos en el mercado ilegal, algún "elemento" de su entorno, les acaba recomendando dar el salto a la siempre siniestra heroína. Misma opiácea sensación, pero con muchos menos decigramos por la potencia de este estupefaciente. Aunque de nuevo la heroína hace honor a su opiácea condición, y la dosis necesaria para conseguir la misma intensidad de paraíso artificial va subiendo y subiendo, hasta llegar al orden de los gramos cada un paréntesis de varias horas o pocos días. Y claro, la heroína en esas dosis tiene un coste desorbitado. 

(...) esta "epidemia" de opiáceos no ha sido ni de lejos exclusivamente una moda de adolescentes, ni un hábito propio de zonas de discotecas, ni una adicción de ciertos estratos sociales excluídos de la sociedad que buscan refugio donde no lo hay, ni una auto-lesiva tendencia de ciertos individuos con claros síntomas de auto-destrucción... No, con el OxyContin han caído en el mundo de la heroína innumerables padres y madres de familia con una vida estable, con hijos, con un cierto nivel de madurez, y con un entorno en general poco propicio para elegir por voluntad propia la auto-destrucción. Y no es que su vida valga más que la de los otros grupos sociales, pero ello demuestra que el drama es (al menos parcialmente) inoculado en vena contra su voluntad, y además alcanza una dimensión personal y familiar indescriptible.   (...)

No se puede satanizar automáticamente a unos fármacos que han aportado mucho a la asistencia sanitaria y a la calidad de vida de muchos enfermos, que además generalmente lo son de enfermedades especialmente graves o dolorosas. Las unidades del dolor son esenciales especialmente en el caso de enfermos terminales. No se lleven de este artículo la idea de que los opiáceos no hay que tomarlos jamás de los jamases. Lo único que hay que hacer es tomarlos sólo cuando estén indicados (de verdad), y bajo un escrupuloso seguimiento médico que permita detectar ciertos efectos secundarios y potenciales dependencias antes de que sea demasiado tarde.

Pero eso es precisamente lo que ha fallado en la mal llamada "epidemia" de opiáceos de EEUU. Y claro, el riesgo además es que el narcótico mal se está extendiendo de país en país, especialmente cuando EEUU marca muchas veces tendencia en múltiples planos socioeconómicos. Así, la heroína se ha puesto de moda otra vez en ciertas esferas también de otros tantos lugares: las cifras de heroinómanos también (des)cotizan al alza en nuestro país.


Que conste que, para que el mal se extendiese tan rápida y masivamente, han coincidido en el tiempo una serie de factores que han hecho que el lobbying de opiáceos haya sido como echar gasolina al fuego, sin que ellos dejen de ser ni un ápice unos auténticos pirómanos de libro. Para poder valorar todo el panorama en su conjunto, hay que remontarse a la época de la Gran Recesión. Si bien los opiáceos estaban presentes en el mercado y en las consultas desde hacía tiempo, y ya suponían una amenaza para la salud nacional, fue especialmente a raíz de las deplorables condiciones socioeconómicas que sobrevinieron a muchas familias con la temible crisis subprime con las que también fueron empujadas masivamente a querer escapar de una realidad que ya era ciertamente terrible de por sí.

Ése fue el tortuoso sendero que muchos recorrieron con más ansiedad y desesperación que consciencia, especialmente tras hacer probado la sensación de los paraísos artificiales de la mano de una receta legal, pero que, al buscar la salida a sus problemas financieros y laborales donde no estaba, sus vidas pasaron de aquellos terribles problemas a ser ahora un auténtico infierno.

(...) una proporción relevante de la población en edad de trabajar ya no es ni tan apenas apta para hacerlo, mientras que muchas empresas no pueden cubrir sus necesidades de trabajadores. De hecho, hasta la FED tomó cartas en el asunto e hizo unas significativas declaraciones al respecto.

(...)  ya tenemos a Purdue Pharma, la fabricante del OxyContin y primer responsable en caer del entramado de "promoción" y lobbying de analgésicos opiáceos entre la comunidad médica, bajo una complicada situación judicial y legal

Esta compañía en cuestión está sucumbiendo bajo un auténtico aluvión de miles de indemnizaciones millonarias, cada una por parte de un estado, ciudad, o condado que representa a su vez a miles o millones de ciudadanos afectados. Ello marca una gran distancia con otros litigios comparables del pasado, y hacen de éste un caso legal verdaderamente único y sin precedentes. Desde la compañía tratan desesperadamente de cerrar todos estos litigios, no sin polémica y desacuerdos, y que le han llevado a la citada bancarrota.

Mientras tanto, la familia propietaria, los Sackler, están incomprensiblemente pudiéndose llevar cientos de millones de dólares a cuentas suizas y de otros países. Así, el daño es doble para los afectados: no sólo les han destrozado la vida, sino que además puede acabar no habiendo el dinero que debiera para que cobren ni una mínima fracción del daño que les han ocasionado tan despiadadamente. Pero hay otras empresas farmaceúticas bajo sospecha, y susceptibles de acabar sufriendo en sus propias carnes una situación similar.(...)

 Con la bancarrota de Purdue Pharma se cierra un ciclo, pero sólo en el plano socio-sanitario y judicial. El ciclo socioeconómico tardará años en limpiar los restos de la epidémica adicción de sus venas.  (...)"                     ( , El blog salmón, 08/10/19)

2.7.19

La cara factura de los opiáceos en Estados Unidos. La epidemia empezó cuando la farmacéutica Purdue Pharma desarrolló el OxyContin, un analgésico. A los cinco años sus ventas superaban los 1.000 millones anuales. Este estallido se fraguó con la ayuda de un ejército de vendedores que convencían a los médicos de la seguridad del medicamento, regalos a los doctores, una intensa estructura de relaciones públicas y un despliegue lobista en Washington...

"El dolor para millones de personas es igual que llevar dentro un campo de concentración. Una rutina de alambradas, desesperación y un insomne sufrimiento. La epidemia de los opiáceos en Estados Unidos deja un camposanto de 192 muertes diarias y un coste anual que supera los 100.000 millones de dólares (88.000 millones de euros), según la consulora Altarum. 

Desde 1990, unos 400.000 estadounidenses han muerto por sobredosis de estas sustancias. Ya sean prescritas por médicos u obtenidas de forma ilegal. Por situar ese túmulo en perspectiva, la interminable década de la guerra de Vietnam costó la vida a 58.220 americanos. En tiempos más actuales (2017), la carretera se cobra un peaje de 40.100 muertos.

Pero todo tiene un inicio. La epidemia empezó cuando la farmacéutica Purdue Pharma, propiedad de la familia Sackler, desarrolló el OxyContin, un analgésico basado en la oxicodona. La máxima autoridad sanitaria de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) lo aprobó en diciembre de 1996. En términos de potencia, no tenía comparación con anteriores opiáceos. Los médicos empezaron a prescribirlo con irresponsabilidad. 

A los cinco años, las recetas se habían disparado de 670.000 a 6,2 millones. Para entonces, las ventas del OxyContin (conocido como Oxy) superaban los 1.000 millones de dólares anuales. Este estallido se fraguó con la ayuda de un ejército de vendedores que convencían a los médicos de la seguridad y eficacia del medicamento, regalos a los doctores, una intensa estructura de relaciones públicas y un despliegue lobista en Washington.

Solo entre 2000 y 2018, las farmacéuticas destinaron 3.300 millones de euros a estos grupos de presión. Los pacientes se engancharon rápidamente. Algunos galenos y familiares de enfermos que habían muerto por el uso de opiáceos alzaron la voz. Y en 2007, Purdue tuvo que pagar una multa de 634 millones de dólares por informar mal sobre los riesgos de adicción. Tres años más tarde, la versión original fue sustituida por una menos adictiva. Aunque el medicamento siguió consumiéndose.

Entre medias, acorde con el Departamento de Justicia, se supo que la empresa conocía desde muy pronto que el Oxy se estaba esnifando e inyectando, pero lo escondió. Actualmente, 48 Estados junto a 500 ciudades, condados y gobiernos locales han denunciado a la farmacéutica, acusándola de propagar la epidemia empleando infinidad de malas prácticas. Purdue podría declararse en bancarrota. ¿Y la familia Sackler? En una entrevista en Vanity Fair, uno de sus miembros, David (tercera generación), defendía que “ellos no habían causado la crisis”. 

Apenas dos semanas antes de esta frase, Mike Hunter, fiscal general de Oklahoma, acusaba frente al juez al coloso farmacéutico Johnson & Johnson de engañar a los pacientes sobre los peligros de los opiáceos para tratar el dolor severo. “¿Cómo ha sucedido esto?”, se cuestionó el letrado republicano en el tribunal. “Tengo una respuesta de una sola palabra: codicia”.

Sin embargo, el problema no se explica solo señalando con el dedo. Es ininteligible sin el declive industrial, la inequidad creciente en Estados Unidos, la marginación o la desconexión con el entorno familiar y social. Ni tampoco sin el contrasentido público. “La FDA dice que ha aprendido la lección e impondrá normas más estrictas pero el año pasado, o sea, hace poco, aprobaba otro analgésico fuerte y muy controvertido: el Dsuvia, fabricado por AcelRx, que es mil veces más potente que la morfina”, critica Rajan Menon, investigador del Instituto Saltzman de Estudios sobre Guerra y Paz de la Universidad de Columbia.

Si siguen apareciendo opiáceos, si siguen prescribiéndose de forma incorrecta, la epidemia continuará. Un artículo de The New York Times revelaba que la mayoría de las mujeres que dan a luz con cesárea regresan a casa con una receta de un mes de opiáceos. “Y como hay cientos de miles de operaciones anuales: ¡esta forma de prescribir conduce a miles de nuevos adictos cada año!”, exclama Janet Currie, codirectora del Centro para la Salud y el Bienestar de la Universidad de Princeton. 

Parece que alguien hubiera instalado una cámara anecoica entre la economía y la sociedad. Silencio. “Hace falta una regulación que proteja a los consumidores en áreas donde son mal informados, que es lo que sucede con productos complejos como las drogas farmacéuticas”, defiende Nicholas Barr, profesor en la London School of Economics.  (...)

Desde luego, monetizar el sufrimiento va contra la esencia humana, pero también es una vía para hacer tangible la epidemia. Porque se acerca a Europa. Están aumentando, según la OCDE, las muertes relacionadas con opiáceos en Suecia, Noruega, Irlanda, Inglaterra y Gales. La organización que agrupa a los países más ricos del mundo no tiene datos sobre España, aunque sí algunas pistas. La disponibilidad de esas sustancias aumentó un 19% entre 2011-2013 y 2014-2016.

 “Es un signo de alarma, pero no es suficiente, por sí mismo, para predecir una potencial crisis del opio”, aclara Stefano Scarpetta, director de Empleo, Trabajo y Asuntos Sociales de la OCDE. Sin embargo, ahí está, como un asesino a punto de ser descubierto por la luz de una farola. “Carecemos de estimaciones para Europa pero es probable que el coste económico, si surge una epidemia similar a la de Estados Unidos, sea del 2,8% del PIB europeo. La misma tasa que en el país de las barras y estrellas”, calcu­la el experto.

Este dolor en observación se deja sentir especialmente —según el trabajo Addressing Problematic Opioid Use in OECD Countries— en los parados y en quienes no tienen techo. En Estados Unidos, un 1% de aumento en la tasa de desempleo está relacionado con el 3,6% de incremento en la ratio de muertes por opiáceos. Y la drogadicción es un factor que contribuye a un entorno familiar inestable y a la pérdida del hogar.

Algo se ha resquebrajado dentro del hombre cuando quiere mitigar su desesperación con sustancias como el carfentanil, un compuesto para sedar elefantes. Hacen falta 13 miligramos si queremos tranquilizar a un paquidermo adulto. Pero bastan 0,5 miligramos para matar a un ser humano. En la primera mitad de 2017, más de 800 personas fallecieron por sobredosis de esta droga. A lo que se añade el “éxito” del fentanilo. Es un opiáceo sintético —cincuenta veces más potente que la morfina— cuyo consumo ilegal se ha disparado.

 “Cuesta producirlo más que la heroína, pero no necesita amapolas y se vende en cantidades pequeñas, así que resulta fácil de distribuir y es muy lucrativo”, relata Giles Alston, analista de Oxford Analytica. La sociedad se engancha y Estados Unidos destinará 7.000 millones este año para combatir la crisis. Una cifra insuficiente. 

Porque la epidemia, sostiene David Mark Walton, profesor de fisioterapia en la Universidad Western Ontario, “es un indicador de problemas sociales más profundos, como la estigmatización, el acceso a servicios de salud mental, la pobreza, el aislamiento, la criminalidad y la pérdida de conexión con las comunidades”. Es una imagen terrible que el único sentido que encuentran a sus vidas cientos de miles de personas sea una jeringuilla, una cuchara, una pastilla; y, en silencio: querer desaparecer."                        (Miguel Ángel García Vega, El País, 28/06/19)

3.1.19

"Somos diez millones de pacientes con dolor. Dejadnos que el cannabis sea una opción"

"La casa de Carola Pérez siempre está en penumbra. "El dolor se lleva mal con la luz", se excusa al abrir la puerta. Y en su hogar siempre hay penumbra porque siempre hay dolor. Un dolor físico insoportable, que le postra en cama durante largos periodos de tiempo.

Un día, cuando tenía 11 años, salió a patinar, como tantas veces, y se cayó. Igual que en otras ocasiones. Pero esa vez no era lo mismo. Ella no lo sabía, pero esa caída le iba a cambiar la vida para siempre. Rotura de coxis. Con ella vendría el dolor crónico neuropático, la peor de las versiones del dolor. "¿Alguna vez te has roto un hueso? Pues imagina ese dolor constantemente", trata de explicarlo.


Hoy, 29 años después, Carola es un referente mundial en cannabis y dolor. Autodidacta, la llaman de todas partes del mundo para que dé charlas y cuente su experiencia. Tras años de un sufrimiento insoportable tratándose por la vía convencional, a base de opiáceos, acabó recurriendo a la marihuana para paliar su dolor. Probó variantes, aceites, flores. Mezcló plantas, las curó, desarrolló sus propias cepas hasta encontrar lo que su dolor necesitaba: "Cada dolor necesita una cosa".

Lograda la estabilidad física propia, ahora dedica todos sus esfuerzos a la ajena, a través de la asociación Dos Emociones, de ayuda a pacientes. Y en el tiempo libre que le deja su actividad profesional hace lobby , "pero sin ser lobby, no tenemos financiación", para lograr la legalización del cannabis con fines terapéuticos desde el Observatorio Español de Cannabis Medicinal, que fundó. (...)

"Dicen que no hay evidencia, que está aumentando el consumo de tabaco entre menores. ¿A mí qué me cuenta, que consumo aceites, cremas y vapeo sobre todo? ¿Los israelíes, los alemanes, los italianos, lo están haciendo mal? Dame un argumento diferente, que el paciente pueda entender".

Y no son pocos. No existe estadística oficial de los consumidores de cannabis con fines terapéuticos (entre otras cosas porque la mayoría de las personas no lo admite, es casi como "salir del armario", explica Carola), pero se sabe que casi el 8% de la población declara haber consumido cannabis en el último mes. "Ponle que un 10% de ellos lo hace por cuestiones médicas. Serían 360.000 personas. Igual creen que no votamos".   (...)

Cuenta Carola que lo más sangrante es que España lo tiene todo para ser un referente mundial en el cannabis medicinal. De hecho lo es, pero no de manera oficial. "Somos pioneros en sacar cepas como esta", dice mientras señala un bote lleno de cogollos que ella misma prepara, "que luego nos copian los israelíes y los canadienses. 

 Tenemos los mejores investigadores del mundo", cita a Manuel Guzmán, catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense que trabaja con el OECM, a Cristina Sánchez, referencia en cannabis y cáncer de mama, a Guillermo Velasco, compañero de Guzmán, o a José Antonio Orgado.

"Tenemos sol, tenemos licencias para cultivar marihuana [una empresa llamada Alcaliber, que tendrá que exportar a otros países toda su producción], tenemos el proyecto europeo que más sabe de cannabis y dolor". 

Pero está prohibido comprar, transportar o consumir cannabis en la vía pública. Se puede cultivar en casa si es para consumo personal, se puede fumar en tu salón. Pero hasta ahí. "Nadie lo entiende. El otro día se lo intentaba explicar a una periodista belga y no era capaz de comprenderlo. Creía que mi inglés no era bueno".   (...)

Carola recuerda que no lucha por capricho ni tiene que ver con la reivindicación de los grupos que buscan la legalización integral, también de la marihuana lúdica, al estilo canadiense o uruguayo (aunque ella la apoye). "Las necesidades no son las mismas. El que quiere consumir de manera lúdica, consume", expone en referencia a la posibilidad del autoconsumo o la existencia de los clubes de fumadores.

Para los enfermos no es tan fácil. Se sabe científicamente que el cannabis alivia el dolor, ayuda al sistema nervioso, con las convulsiones, la epasticidad, abre el apetito, un aspecto no menor para los pacientes. Pero cada persona es un mundo, la planta tiene diferentes sustancias activas (el THC y el CBD son las dos conocidas con mayores propiedades médicas) y no es lo mismo, por ejemplo, consumir un cannabis con un 3% de CDB (que no es psicoativo) y un 10% de THC que viceversa. 

Y en el mercado –muy propicio para ser negro– no hay manera de saber con certeza qué lleva una determinada variedad de marihuana o un aceite o crema. En el OECM lo saben bien: estudiaron 15 aceites comprados por internet y solo en dos de los lotes la composición anunciada en el etiquetado era real.

"Hay diez millones de personas con dolor crónico, tres de ellas con neuropático. El 70% de los pacientes no encontramos ninguna solución. Déjanos que al menos esto sea una opción. No decimos que sea la panacea, ni siquiera que sirva a todo el mundo ni que nos vaya a curar. Mi coxis roto sigue ahí. Yo no me habría puesto los electroestimuladores y no tendría esta cicatriz horrible. Con que ayudara a, ponle, un 40% de los pacientes ya sería un éxito", reflexiona.

Porque, prohibida como está, un médico no puede recomendar un tratamiento a base de cannabis. Mucho menos dispensarlo. Los hay, de hecho, "que lo desprecian", lamenta Carola. Como cuando fue al Colegio de Médicos y un doctor le vino a decir que el cannabis era como el Reiki o como si me tomara un zumo de boniato.

 "Hay mucha ignorancia", expone una persona que, si no fuera por el cannabis, hace tiempo habría dejado de luchar, según explica con la tranquilidad y serenidad de quien tiene una certeza grabada en la piel.

"No se habla del dolor. Como no se ve, es como si no existiera. Últimamente cada vez sale más gente y eso me pone muy contenta. Pero hay muchas personas sufriendo porque no quieren hacer esto hasta que no sea legal y se pueda hacer bien", expone.

Carola cuenta que la opción más habitual son los opiáceos legales. Fentanilo, benzodiazepinas, morfina. "Te hacen un adicto y luego te sueltan. Y estás enganchado, no te acompañan en el proceso", cuenta una situación que conoce de primera persona. "Te ves de repente en el Centro de Atención a la Drogodependencia, con un sentimiento de culpa tremendo, con los yonkis del barrio. En el CAD de la Casa de Campo la mitad de los 400 pacientes que tienen son personas adictas a los opiáceos", abunda.

Entre tanto disgusto, dolor y frustración, Carola ha encontrado su lugar en el mundo en la asociación Dos Emociones, que fundó y preside. Junto a otras tres mujeres, se dedican a atender, aconsejar, apoyar y, si se da, enseñar a cultivar marihuana y administrarse dosis a personas en su misma situación, sobre todo pacientes con dolor crónico. Ellas son, para su desgracia, su última esperanza.
"Somos el clavo ardiendo, y yo no quiero. 

 Yo querría ser el primer clavo, el que te da el impulso para salir hacia arriba", comenta. Atienden a unas 150 familias al año porque no dan más de sí. Tienen una lista de espera casi igual de grande, pero los fondos son limitados porque se nutren, básicamente, de la cuota de los socios (seis euros al mes) y de donaciones desinteresadas de empresas u organizaciones vinculadas al mundo del cannabis.

Por la puerta de Dos Emociones cruzan madres desesperadas porque sus hijos de dos años convulsionan sin remedio hasta que prueban el cannabis (en forma de aceite para los niños). "Mañana tengo cinco pacientes. Cinco personas con familia, con hijos, que necesitan apoyo, que alguien les escuche. A veces, aunque el cannabis no funcione, la gente necesita que alguien les escuche, y hoy en día los médicos no lo están haciendo. El dolor tiene un componente emocional muy grande", cuenta. 

Su activismo, haberse hecho un rostro público reconocible a su pesar a base de salir en televisión y dar entrevistas, ha venido con un precio. El desprecio de muchos, el estigma social que aún tiene el cannabis en ciertos sectores de la población, pese a que el 84% de las personas apoyaría la legalización con fines terapéuticos, según la última encuesta del CIS.

 "No fui consciente de lo que estaba pasando, y si tuviera que volver a hacerlo lo haría de otra manera", cuenta. "Porque la gente se cree que me estoy forrando con esto, cuando he rechazado ofertas de las farmacéuticas y de los partidos políticos. Como me ven bien, como el dolor no se ve, no son conscientes de lo que pasa cuando me voy a casa. Cuando hay días que te levantas con tal dolor que solo esperas que sea de noche para dormirte otra vez. O no despertarte nunca más".

Pero de momento solo queda seguir hacia delante: "Mientras tenga fuerzas voy a luchar por el dolor, no ya por el cannabis. El dolor, una patología abandonada que sufre mucha gente, y nadie hace nada. Yo ya no sé qué más puedo hacer. No me queda nada. No puedo salir más en la tele".             (Daniel sánchez Caballero, Público, 29/12/18)

18.6.18

Portugal legaliza el uso del cannabis para fines terapéuticos

"El Parlamento portugués aprobó este viernes un proyecto de ley que legaliza el uso del cannabis para fines terapéuticos y permitirá que los pacientes puedan comprarlo en las farmacias con receta médica.

El proyecto, elaborado por la Comisión de Salud a partir de textos presentados por el marxista Bloque de Izquierda y el Partido de las Personas, los Animales y la Naturaleza, obtuvo el voto a favor de todas las formaciones excepto del democristiano CDS, que se abstuvo.

El texto recoge que debe ser un médico quien prescriba el uso del cannabis o de productos a base de esta planta y que emitirá una receta para que el paciente pueda comprarlo en una farmacia.

El cannabis sólo podrá ser recetado en caso de que otras terapias convencionales no den resultado o tengan efectos adversos para el paciente, y los productos deberán estar autorizados por Infarmed, la autoridad portuguesa del medicamento.

Los textos iniciales incluían la posibilidad de que el paciente pudiese recurrir al autocultivo, pero este punto fue eliminado durante su tramitación parlamentaria.
En enero más de un centenar de médicos, investigadores y pacientes lusos firmaron una carta abierta en la que pedían al Parlamento portugués la legalización del cannabis para uso terapéutico.

El uso del cannabis para fines medicinales ya está permitido en países como Canadá, Israel, Perú o Uruguay."              (Alejandro Tena, Público, 15/09/18)

11.9.17

Hasta la FED está ya preocupada (económicamente) por la alarmante epidemia de opiáceos entre la ex-clase media blanca de EEUU

"(...) El hecho de que esta lacra socioeconómica esté causando estragos entre la población empieza a hacer que se sientan sus efectos a nivel macroeconómico

No se puede pasar por alto que esta epidemia tiene especial incidencia en las zonas más duramente golpeadas tras la crisis iniciada con las hipotecas subprime, y que afecta en mayor proporción al hombre blanco de clase media, o lamentablemente deberíamos decir de ex-clase media.

 La doble vertiente por la que les traemos hoy este asunto teñido de color salmón es porque uno de los principales desencadenantes de esta crisis sanitaria ha sido el factor económico, a lo que se añade ahora también que sus efectos macroeconómicos están en boca incluso de las principales instituciones económicas del país. (...)

Lo cierto es que este problema socio-sanitario, y ahora también económico, no es nuevo en absoluto, sino que más bien viene de (bastante) atrás. Realmente la (poca) novedad puede venir por la nueva vertiente macroeconómica que ha empezado a tomar el asunto, pero lo cierto es que hace varios años que ya se encendieron todas las alarmas a nivel sanitario, que lamentablemente no socioeconómico, en las calles de ciudades como Nueva York.

 En esta noticia del New York Times pueden leer cómo en 2014 la policía de la Gran Manzana empezó de nuevo a llevar de servicio kits anti-sobredosis, una medida que no se veía desde aquellos (en términos nacórticos) terribles años 80 y parte de los 90.

Así en las calles de las ciudades que marcan tendencia en todos los sentidos se empezó hace años a sentir el incremento de muertes por sobredosis, pero lo cierto es que la dimensión del problema también tenía una importante vertiente en la América rural (o al menos no tan cosmopolita), en especial en zonas donde la crisis golpeó con mayor virulencia.

 De hecho, en esta noticia del semanario económico Forbes pueden leer cómo la anterior administración del expresidente Obama ya trajo en 2016 una legislación específica sobre el asunto, que trataba de atajar la creciente (y entonces ya desbocada) ola de adicción a los opiáceos.

La situación ha seguido deteriorándose desde entonces, y la actual administración del presidente Trump está incluso valorando declarar el estado de emergencia nacional por este asunto, como pueden leer en esta noticia de USA Today

 Como no podía ser de otra forma, con un sector creciente de la población dependiente de una sustancia tan adictiva como es la heroína (aquel temible "caballo" de los años 80), se ha acabado llegando a una situación en la que tiene incluso impacto económico y laboral en las cuentas de Estados Unidos S.A.; punto en el cual la FED ha entrado en escena.

 El desarrollo de los acontecimientos parece en parte venir heredado de la prescripción "alegre" de medicamentos opiáceos, que demasiados facultativos han estado recetando incluso como analgésicos de uso común. 

De hecho, se ha legislado ya al respecto, y las barreras para tener acceso a estos medicamentos son cada vez mayores. Estas prescripciones, unidas a la terrible recesión que ha asolado condados enteros, ha acabado echando en brazos de la felicidad artificial a ciudadanos arrinconados por una crisis económica acuciante, y que no conseguían ver la luz al final del túnel.  (...)

Entonces ya les introdujimos a cómo el factor económico ha sido el principal desencadenante de la crisis socioeconómica que ha afectado a bastantes de los condados que coinciden en ser hoy por hoy los puntos "calientes" en cuanto a la adicción a la heroína y los opiáceos, y también en cuanto a la lamentable pérdida de vidas humanas por sobredosis. La última crisis ha sido la guinda de un largo proceso que, como pueden leer en este análisis de Brookings, ha llevado a la contundente pérdida de más de un tercio de los puestos de trabajo manufactureros que estaban radicados en EEUU, lo cual se traduce en más de seis millones de puestos de trabajo volatilizados.

 Una parte importante de esta pérdida de empleo manufacturero se ensañó en el Midwest y en los estados del conocido como "Rust Belt" (o "Cinturón de óxido", apodo que hace referencia a su carácter industrial), un polo manufacturero que abarca(ba) además del Midwest también al Midatlantic.

Como extremo más oriental de esta extensa región, el Midatlantic acaba en la ciudad de Baltimore, una ciudad costera que en sus recientes días de gloria fue uno de los puertos más importantes de la costa este. Como pueden leer en este artículo del National Observer, hasta la década de los 80 Baltimore era una pujante ciudad que alardeaba de una amplia clase acomodada, en donde los ingresos medios por hogar superaban en un 7% a la media nacional. 

El número de familias de clase media estaba por encima de la cifra del resto del país en una quinta parte, y el número de habitantes en situación de pobreza era inferior a la media estadounidense también en una quinta parte.

En la cúspide de su boom económico, tres cuartas partes de los trabajadores de Baltimore desarrollaban su actividad profesional en el sector de la industria manufacturera o en el sector portuario.

 Su puerto no sólo se beneficiaba de la pujante industria local, sino que era la vía de salida natural al mar de las mercancías producidas en el importante cinturón industrial del "Rust Belt", que se extendía por el este hacia el Midwest americano. Pero el declive económico llegó, con la estocada letal de la última crisis, según pueden leer en este artículo de ABC News, que lleva el representativo título de "Baltimore es la capital estadounidense de la heroína". 

Uno de los datos más alarmantes de la dimensión del drama narcótico de Baltimore revela cómo, en una ciudad de poco más de 600.000 almas, hay una impactante cifra de 60.000 heroinómanos: ni más ni menos un 10% de la población consume este potente, adictivo, y peligroso estupefaciente.

Y otro indicador representativo de la dimensión y alcance del problema viene del lado de la salud, el bienestar y la calidad de vida: según pueden leer en esta noticia y el gráfico de The Atlantic, la mortalidad se está disparando en el segmento de la población del hombre blanco de (ex)-clase media, que es el que más fielmente representa el perfil del descontento popular en Estados Unidos

Ante la desesperación y los problemas económicos acuciantes, no es de extrañar que una parte importante de este grupo de población haya podido creer encontrar en los opiáceos una efímera forma de ver la vida de otro color distinto al negro.

Entonces ya les introdujimos a cómo el factor económico ha sido el principal desencadenante de la crisis socioeconómica que ha afectado a bastantes de los condados que coinciden en ser hoy por hoy los puntos "calientes" en cuanto a la adicción a la heroína y los opiáceos, y también en cuanto a la lamentable pérdida de vidas humanas por sobredosis.

 La última crisis ha sido la guinda de un largo proceso que, como pueden leer en este análisis de Brookings, ha llevado a la contundente pérdida de más de un tercio de los puestos de trabajo manufactureros que estaban radicados en EEUU, lo cual se traduce en más de seis millones de puestos de trabajo volatilizados.

Una parte importante de esta pérdida de empleo manufacturero se ensañó en el Midwest y en los estados del conocido como "Rust Belt" (o "Cinturón de óxido", apodo que hace referencia a su carácter industrial), un polo manufacturero que abarca(ba) además del Midwest también al Midatlantic.

Como extremo más oriental de esta extensa región, el Midatlantic acaba en la ciudad de Baltimore, una ciudad costera que en sus recientes días de gloria fue uno de los puertos más importantes de la costa este. Como pueden leer en este artículo del National Observer, hasta la década de los 80 Baltimore era una pujante ciudad que alardeaba de una amplia clase acomodada, en donde los ingresos medios por hogar superaban en un 7% a la media nacional. 

El número de familias de clase media estaba por encima de la cifra del resto del país en una quinta parte, y el número de habitantes en situación de pobreza era inferior a la media estadounidense también en una quinta parte.

En la cúspide de su boom económico, tres cuartas partes de los trabajadores de Baltimore desarrollaban su actividad profesional en el sector de la industria manufacturera o en el sector portuario. Su puerto no sólo se beneficiaba de la pujante industria local, sino que era la vía de salida natural al mar de las mercancías producidas en el importante cinturón industrial del "Rust Belt", que se extendía por el este hacia el Midwest americano. 

Pero el declive económico llegó, con la estocada letal de la última crisis, según pueden leer en este artículo de ABC News, que lleva el representativo título de "Baltimore es la capital estadounidense de la heroína". Uno de los datos más alarmantes de la dimensión del drama narcótico de Baltimore revela cómo, en una ciudad de poco más de 600.000 almas, hay una impactante cifra de 60.000 heroinómanos: ni más ni menos un 10% de la población consume este potente, adictivo, y peligroso estupefaciente.

Y otro indicador representativo de la dimensión y alcance del problema viene del lado de la salud, el bienestar y la calidad de vida: según pueden leer en esta noticia y el gráfico de The Atlantic, la mortalidad se está disparando en el segmento de la población del hombre blanco de (ex)-clase media, que es el que más fielmente representa el perfil del descontento popular en Estados Unidos. (...)

Como les decíamos antes, parte de la causa del problema ha sido la generalización del uso de los medicamentos opiáceos como analgésicos de uso común, lo cual ha introducido a amplios segmentos de población en el mundo de las sensaciones de bienestar "artificiales", sin ser muchas veces conscientes de ello y del peligroso terreno en el que se estaban adentrando

Una parte nada desdeñable de este grupo de población ha acabado yendo más allá, y, una vez desarrollada la adicción a estos medicamentos, ante la dificultad de seguir consiguiendo prescripciones de un doctor y el elevado precio de los medicamentos opiáceos, acaban recurriendo a la heroína para mantener esa sensación de felicidad inyectada por vena, que les ha permitido momentáneamente dejar de lado las calamidades económicas que les rodeaban.

La heroína inicialmente resulta mucho más barata en comparación con los carísimos medicamentos opiáceos, pero esta sustancia estupefaciente, además de ser tremendamente adictiva, resulta que conlleva una rápida evolución en la necesidad de inyectarse cada vez dosis mayores para mantener el nivel de sus efectos placenteros y de paraíso artificial. En este artículo de Xataka Magnet pueden ponerle cifras a la pasmosa epidemia sobre la que les hablamos hoy. 

De hecho, incluso iconos mediáticos y sociales han caído víctimas (mortales) de esta epidemia silenciosa, con el preocupante agravante de que algunos de ellos eran destacados estandartes anti-estupefacientes, que ni en los años 80 llegaron a caer en la tentación de la efímera felicidad inducida.

Entre las cifras más alarmantes que destacaban los compañeros de Magnet está que esta epidemia ha llevado a que, en los últimos tres años, el número de muertes en EEUU por sobredosis haya sobrepasado a las muertes por arma de fuego en el pico de los violentos 90, las de la epidemia del SIDA de aquellos mismos años, o las muertes por accidente de coche en los 70, cuando se empezó a actuar por una normativa estricta contra este tipo de sucesos.

 Y poniéndonos ya en el contexto concreto del consumo de estupefacientes, también hay que resaltar que 18 personas de cada 100.000 han muerto en 2017 por sobredosis, cuando en 2014 éstos eran 14.7 personas, y en 1999 sólo eran tan sólo 6 de cada 100.000. Parece tratarse pues de una verdadera situación de emergencia nacional.

El resultado es que hoy en día es tristemente frecuente encontrarse en ciertos condados, asolados por el paro y los problemas socioeconómicos, a parejas de padres y madres de familia heroinómanos, en entornos rurales o en ciudades como Baltimore.

 El choque socioeconómico que han sufrido en estos cinturones de población es doblemente grave, puesto que eran condados en los que hace tan sólo unos lustros se disfrutaba de un excelente nivel de vida, sensiblemente superior a la media nacional. 

El drama de esta epidemia llega al extremo de que es relativamente habitual para la policía de estos condados encontrarse a padres y madres de familia totalmente drogados en presencia de sus hijos pequeños, como pueden ver en las impactantes imágenes de esta noticia de The Inquisitr, sobre cuya crudeza les advierto. Debo decirles que las enlazamos simplemente con el ánimo de mostrar lo crudo de este drama, hasta qué punto de dependencia puede llevar una adicción tan fuerte y letal como es la de los opiáceos, y con la intención última de alertar de a qué acaba llevando esta efímera sensación de felicidad inyectada

 Ahí está el hueco de ese gap en el mercado laboral del que hablábamos antes: llegados a ese punto de adicción y dependencia, si se preocupan por sus propios hijos lo que parece (y eso que son lo más importante para unos padres), háganse una idea de lo que se van a preocupar por una simple entrevista para un puesto de trabajo. 

Y según abríamos con el título de este análisis, los efectos que esta terrible y extendida epidemia está teniendo en la población estadounidense ha acabado por impactar al mercado de trabajo de Estados Unidos. Recordemos que la FED tiene, como el BCE, el mandato de mantener bajo control la inflación, pero que además en el caso de la FED el mandato es doble, y debe también vigilar el empleo.

 Precisamente es por esta segunda parte del mandato de la Reserva Federal por lo que la FED ha mostrado su precoupación respecto a la epidemia de los opiáceos sobre la que les hablamos hoy. Como pueden leer en esta noticia de Bloomberg, es sorprendente cómo, a pesar del drama del desempleo que hay tras toda crisis, en especial tras esta última tan intensa, hay empresas en Estados Unidos que no son capaces de cubrir sus vacantes hoy en día.

Hoy por hoy, uno de cada siete hombres en la banda de edad entre los 25 y los 54 años de edad han desaparecido inexplicablemente del panorama laboral, a pesar de que la tasa de desempleo está sensiblemente por debajo del 5% actualmente. 

Como pueden leer en el enlace anterior, la FED cree que la epidemia de opiáceos está detrás de este gap laboral inexplicable, puesto que además afecta a la banda de edad preferida mayoritariamente en las contrataciones. De hecho, las distintas Reservas Federales Regionales afirman que las empresas de sus respectivas áreas citan recurrentemente la epidemia de opiáceos como un impedimento para cerrar con éxito sus procesos de selección.

Hasta qué extremo habrá llegado el asunto que la FED incluso ha incluido en su Libro Beige menciones varias sobre la dificultad de los empleadores para encontrar candidatos aptos para sus vacantes, y aquí está lo más revelador del asunto, cita en especial la dificultad en el sector manufacturero: recuerden, ¡Oh, casualidad!, aquel en cuyos desempleados se cebaron más las penurias económicas de la última crisis, el descontento social, y, por lo visto, la tentación de encontrar una salida donde no la hay.  (...)

. No es excusa que en su momento la epidemia pareciese de alcance limitado, porque tenemos amplia literatura de la experiencia que dejó en nuestras sociedades la heroína en los años 80 y 90. Sabíamos tanto a qué llevaba a los individuos que caían en sus jeringuillas, como lo rápidamente que se podía extender a nivel social, y apenas se ha hecho nada por cortarlo de raíz antes de que fuese demasiado tarde. 

La ecuación rentabilidad-riesgo le ha fallado tanto a la FED como a otros organismos federales, porque el riesgo era conocido y potencialmente muy relevante tanto en proporción como en impacto, mientras que la rentabilidad de haber acometido las políticas adecuadas en las etapas iniciales de la epidemia habría sido apabullante. 

Y no se equivoquen, hablo de "rentabilidad" en términos económicos pero también sanitarios y por supuesto sociales: no hay nada más valioso que la vida. Según la opinión de un servidor, el origen del problema está en no haber sabido ver que un problema considerado únicamente social y sanitario como es la drogodependencia, en realidad era un importante factor socioeconómico de gravedad exponencialmente creciente.  (...)

Me despido por hoy permitiéndome la licencia de dirigirme personalmente a los representantes de la FED. Creo que alguien tiene que sacarles a relucir hoy aquella famosa frase de Bill Clinton que abanderó su campaña electoral frente a George H. W. Bush allá por 1992: "It's the economy, stupid" ("Es la economía, estúpido"). 

El caso es que la economía sigue siendo la base de todo, y esta frase no ha cedido ni un ápice de protagonismo hoy en día, pero lo que sí requiere es una ligera readaptación a los tiempos que corren: “It’s the socioeconomy, stupid!”.                 ( , El blog salmón, 22/08/17)