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21.10.19

Volvió el miedo a la recesión que está por venir... la inversión no existe... el riesgo para la economía europea es el peligro alemán...

"(...) la crisis es general o no es crisis. Y en este caso, está alimentada por la falta de demanda efectiva, o lo que es lo mismo, por la sobreproducción en algunos sectores clave. Por otra parte, la escasa demanda está sostenida artificialmente por bajas tasas de interés (que pueden continuar) y petróleo barato (que es dudoso que se mantenga). 

Es decir, la solución de los últimos años fue la creación de una burbuja económica en el mercado de valores en los años 90, en el inmobiliario entre 2002 y 2007 y ahora de nuevo activos financieros inundados de liquidez generada por los bancos centrales. El capitalismo financiero genera la burbuja, vive de la burbuja, y tiene miedo que reviente.

En una palabra, en estas economías lo que faltan son salarios e inversiones. Ahora ya hay indicios de que la inversión de capital se va a reducir a nivel mundial, y las inversiones en capacidad productiva, generadoras de empleo, hace mucho que caen. La incertidumbre resultante está enmascarada por el efecto positivo de este temor: las inversiones financieras corren a refugiarse en la deuda pública, que está garantizada, por lo que las tasas de interés caen, aliviando las presiones presupuestarias en países con un alto ratio de deuda soberana. La inversión no existe.

El peligro alemán

Aquí es donde aparece el "problema alemán", como dice Paul Krugman. La "locura de la austeridad" o la "ruinosa obsesión alemana contra la deuda pública", escribe, ha reducido la capacidad productiva y el empleo sostenible, impone normas absurdas, tales como la prohibición constitucional de aumentar el gasto para financiar un déficit estructural superior al 0,35% del PIB. Alemania tiene ahora un exceso de cuenta corriente del 7,4% del PIB y un superávit fiscal del 1,7%, incluso con estas espléndidas cifras va camino de una recesión (...)

Esta política de austeridad externa con excedente nacional fue la forma germánica y egoísta de extender la restricción de la demanda agregada, lo que agrava los problemas inmediatos y futuros: ni siquiera se ha comenzado a crear una economía que responda al envejecimiento de la población ni ha habido la inversión necesaria en infraestructura para la transición climática. 

Por el contrario, se ha impuesto a toda Europa un mecanismo de austeridad que precipitó la privatización, aumentó los impuestos, las fusiones bancarias y otras desafortunadas aventuras. Pero eso reforzó la compresión de la demanda y por lo tanto se multiplicaron las condiciones de la crisis. Ahora, desesperada y en recesión, Merkel pondera poner en marcha un programa de gasto de 50 mil millones de euros. 

Las señales de humo

Si el riesgo para la economía europea es el peligro alemán (y el miedo al 'Brexit'), para la economía mundial es Trump. (...)"                

(Francisco Louça  , catedrático de economía de la Universidad de Lisboa, Sin Permiso, 27/08/19)

24.1.17

El problema para Estados Unidos, para Españ, para Europa, para Asia... es la debilidad de la demanda mundial

"En los mass media patrios, salvo muy honrosas excepciones, se observan dos tendencias muy preocupantes. 

Por un lado, predomina una narrativa donde se nos trata de vender como “verdades indiscutibles” un relato económico y una serie de recetas que no son nada más que meros juicios metodológicos previos, de carácter ideológico –por ejemplo, las penúltimas chorradas del gobernador de Banco de España sobre los salarios-. 

Por otro, no dudan ciertas élites del Ibex 35 en subvencionar a distintos medios para que recojan la visión de economistas cuyas opiniones hacen parecer bueno a un sistema intrínsecamente corrupto, ineficiente e injusto como el nuestro. Ya saben ustedes, el instinto de clase.

Frente a los chamanes, el rigor intelectual. La realidad es muy dura y al final hay que plegarse  a la evidencia. Eso es lo que acaba de hacer un medio de la ortodoxia neoclásica dominante como The New York Times. En una pieza exquisita, “Embracing Wynne Godley, an Economist Who Modeled the Crisis”,  aunque a buenas horas mangas verdes, desglosa la figura de Wynne Godley. 

Se trata de  uno de los economistas postkeynesianos cuyos modelos anticiparon, entre otras cosas, el fin del boom económico en 1973-1974, el posterior aumento del desempleo en los años 80, el desplome de la libra en 1992, el pinchazo de la burbuja tecnológica o la Gran Recesión… (...)

 El problema es que Godley, por desgracia, murió a los 83 años en 2010, y no pudo disfrutar del reconocimiento y del crédito que sus aportaciones a la ciencia económica merecen. Todo lo contrario. Sus ideas y recetas económicas no gustaban a esas élites corruptas que se han apropiado a lo largo de los años de nuestras rentas. 

Mientras el periódico inglés The Times, nada sospechoso de herejías o heterodoxias varias, lo denominó como "el pronosticador macroeconómico más perspicaz de su generación”, a comienzos de los años ochenta, el gobierno conservador británico de Margaret Thatcher, aliado con ciertos economistas neoliberales de Cambridge, afilaron sus cuchillos para apuñalar a Wynne, y acabar en última instancia con el  Departamento de Economía Aplicada que él dirigía. La historia pone a cada uno en su sitio. Frente a los chamanes, el rigor.

Si la profesión y la academia económica asumen el desafío de reelaborar unos modelos convencionales que no dieron una, pero que sirvieron de pretexto para el mayor proceso de acumulación de capital en unas pocas manos, debe empezar a enseñar ya en las universidades los modelos de stock-flujo de Wynne Godley. (...)

Los modelos convencionales utilizan la alquimia. Están llenos de auténticas estupideces no corroboradas por los datos. Consideran que a medida que los individuos maximizan su propio interés, los mercados mueven la economía al equilibrio. 

Los períodos de boom y crash se deben a meteoritos (“shocks”) externos como el gasto errático del gobierno o los avances tecnológicos. El papel del dinero y los bancos es tratado como algo exógeno, cuasi irrelevante, y por eso nunca lo incluyeron o lo hicieron forzados de aquella manera.

En los modelos de Godley, por el contrario, los bancos juegan un papel crucial, promoviendo el crecimiento, pero también planteando serias amenazas –financiarización de la economía-. Los hogares y las empresas toman préstamos para construir casas y/o invertir en producción. 

Pero sus expectativas pueden ir mal, terminan con una deuda excesiva, y se ven forzados, cuando estallan las enésimas burbujas, a recortar deuda, hundiendo el consumo y la inversión. Y ya no hablamos de la dinámica propia de los mercados financieros que con sus ciclos de aversión-propensión al riesgo generan booms y recesiones.

En los modelos económicos neoclásicos se supone que los individuos optimizan el equilibrio entre consumir hoy y ahorrar para el futuro, entre otras cosas. Pero para Godley y los economistas postkeynesianos tal optimización no existe. En cambio, Godley construyó su modelo económico en torno a la idea de que los sectores - hogares, empresas de producción, bancos, gobierno, sector exterior- siguen en gran medida ciertas reglas básicas.

 Por ejemplo, las empresas agregan un margen de beneficio estándar a sus costes de mano de obra y otros insumos. Tratan de mantener inventarios adecuados para satisfacer la demanda sin acumular excedentes excesivos. Si las ventas decepcionan y los inventarios se acumulan, se corrigen recortando la producción y despidiendo a los trabajadores.

En la economía, en los modelos convencionales, se establece un equilibrio donde la oferta es igual a la demanda. Para Wynne Godley, Hyman Minsky o Steve Keen, la economía se rige por el principio de demanda efectiva y es menos estable de lo que muchos economistas tradicionales suponen. En vez de la oferta y la demanda que guían la economía al equilibrio, los ajustes pueden ser abruptos, donde la deuda y el crédito juegan un papel fundamental. 

 Si los hogares, las empresas o el gobierno se ven forzados a reducir deuda por el estallido de una burbuja financiera o inmobiliaria, o como consecuencia del escaso retorno que ciertas adquisiciones de empresas producen –véase el proceso de internacionalización de nuestra industria patria-, y/o los bancos cierran el grifo del crédito, la economía se hunde. Esto es lo que debería preocupar a Luis María Linde y no los salarios. Frente a los chamanes, el rigor.

 ¿Qué predicen ahora los modelos de Godley? Un reciente análisis del Levy Institute expresa su preocupación no por los graves desequilibrios financieros, al menos en los Estados Unidos, sino por la debilidad de la demanda mundial. "La principal dificultad ha sido convencer a los líderes económicos de la naturaleza del problema principal: la insuficiente demanda agregada". Pero hasta el momento esos líderes mundiales no hacen mucho caso.

 El último análisis estratégico del Levy Economics Institute basado en los modelos stock-flujo, “Destabiliziong an Unestable Economy”, revela que la economía estadounidense sigue siendo frágil debido a tres problemas estructurales persistentes: la débil demanda de las exportaciones estadounidenses, el conservadurismo fiscal y la tendencia creciente en desigualdad de ingresos durante las cuatro últimas décadas.

 También afronta los riesgos del estancamiento en las economías de los socios comerciales de los Estados Unidos, la apreciación del dólar y la contracción de los precios de los activos –riesgo endógeno-.

 Este análisis y sus conclusiones son perfectamente extrapolables a nuestro país. Sin embargo, el Banco de España de la mano de su gobernador, Luis María de Linde, nos continúa hablando del peligro de los salarios. Como diría mi otrora paisano José María Labordeta, ¡a la mierda!"                  (Juan Laborda, Vox Populi, 05/01/17)

15.12.16

La única vía para salir de la Gran Recesión es aumentar la demanda doméstica... financiando el mayor gasto público con gravación real a las rentas superiores, los impuestos de sucesiones y de patrimonio, y con un IRPF más progresivo

"(...) La única vía para salir de la Gran Recesión es precisamente aumentar la demanda doméstica para estimular la economía a través de medidas que sigan una dirección opuesta a las que se están aplicando. 

Y puesto que la mayoría de la demanda doméstica procede de las rentas del trabajo, es condición sine qua non para la recuperación económica que aumenten los salarios (y también el gasto público, del cual el gasto social es el gasto público que se traduce en mayor aumento del consumo y la demanda). 

Una condición para que ello ocurra es que se refuercen los sindicatos y todos los instrumentos del mundo del trabajo (tales como los convenios colectivos), con un giro de 180º en las políticas públicas del país, que deberían estar orientadas hacia crear buen empleo, no solo directamente (mediante inversiones públicas en la infraestructura social, energética y de comunicaciones del país), sino también indirectamente, exigiendo (por parte de las autoridades públicas) a las empresas privadas que paguen buenos salarios como condición para que sean contratadas por el Estado (sea este central, autonómico o local). 

El Estado es en cualquier país el mayor contratante de servicios, y debe utilizar esta situación para configurar las prácticas empresariales en el sector privado, a favor del mundo del trabajo.
 
Y esta notable expansión del sector público debería financiarse a través de reformas a las que el PP, Ciudadanos, el PSOE y el PDECat se están oponiendo, tales como el aumento de los ingresos al Estado mediante mayor gravación real a las rentas del capital, a las rentas superiores, recuperando los impuestos de sucesiones y de patrimonio, y reformando el IRPF, haciéndolo más progresivo y redistributivo, medidas que algunos sectores del PSOE podrían apoyar, aunque ello requeriría un cambio notable en la dirección y el aparato de tal partido, y muy en particular de sus asesores económicos, la mayoría de los cuales proceden de los sectores más neoliberales próximos al mundo empresarial, con el cual han establecido amplias complicidades. 

Sería de desear que estos cambios en el PSOE ocurrieran para poder ayudar a los cambios tan urgentes y necesarios que España (incluyendo Catalunya) necesita. 

El bienestar de las clases populares depende, en gran medida, de que haya una amplia base de apoyo a estas políticas opuestas a las políticas neoliberales dominantes, con una amplia coalición de partidos políticos y movimientos sociales que exijan su aplicación y desarrollo, interrumpiendo las políticas que se han ido aplicando llevando al país a una situación insostenible e intolerable. Así de claro."            (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 1 de diciembre de 2016, en www.vnavarro.org, 01/12/16)

17.11.16

Si tienes que pagar un 40% de tus ingresos para la vivienda, un 15% de tu sueldo es retenido por la Seguridad Social, etc... te queda sólo un 25% o un 30% de tu salario para comprar bienes y servicios. Eso es todo

"(...) Michael, ¿actualmente estamos todavía en una recesión o estamos firmemente en una recuperación?

HUDSON: No estamos en una recuperación y no estamos realmente en una recesión tradicional. La gente piensa en un ciclo económico, que es un auge seguido de una recesión y luego los estabilizadores automáticos reactivan la economía. Pero esta vez no la podemos reactivar. 

La razón es que cada recuperación desde 1945 se ha iniciado con un nivel de deuda cada vez mayor. La deuda es tan alta ahora, que desde 2008 hemos estado en lo que yo llamo la deflación de la deuda. La gente tiene que pagar tanto dinero a los bancos que no tienen suficiente dinero para comprar los bienes y servicios que producen. 

Así que no hay demasiada inversión nueva, no hay nuevos puestos de trabajo (excepto los empleos de « servicios » de salario mínimo) los mercados se están reduciendo y la gente no puede pagar sus deudas. Así que muchas empresas no pueden pagar a sus bancos.

El producto de los bancos es la deuda. Tratan de decir a los clientes que "las deudas son buenas para usted", pero los clientes no pueden permitirse más deuda, así que no hay forma de que los bancos puedan continuar con su plan de negocios corriente. De hecho, no hay manera de que los bancos puedan cobrar todo lo que se les debe.

 Eso es lo que el FMI no sigue a través de su análisis diciendo: "Mira, los bancos están en la ruina porque el sistema financiero está en quiebra; y el sistema financiero está en quiebra porque la idea de intentar enriquecerse mediante el endeudamiento no funciona ".

Era un modelo falso. Así que, en realidad, estamos al final de un ciclo largo que se inició en 1945 alimentando a la economía con la deuda. No podremos salirnos de ello hasta que eliminemos las deudas.

 Pero eso es impensable para el FMI. No puede decir eso, porque se supone que representa los intereses de los bancos. Así pues, todo lo que el FMI puede hacer es retorcerse las manos por el hecho de que los bancos no van a ganar dinero, incluso si hay una recuperación.

Pero en realidad no hay una recuperación y no hay indicios de ella en el horizonte, porqué la gente tiene que pagar a los bancos. Es un círculo vicioso –o mas bien, una espiral descendente. Básicamente, los economistas del FMI se limitan a alzar los brazos admitiendo que no saben qué hacer, dados los límites de su visión restringida.

BROWN: Bueno, Michael, ayúdanos a entender por qué el crecimiento ha sido tan débil durante estos últimos ocho o seis años más o menos.

HUDSON: Si se toma el presupuesto medio familiar - lo he dicho muchas veces en tu programa - podemos ir a los números. Si tienes que pagar del cuarenta al cuarenta y tres por ciento de tus ingresos para la vivienda ; además, el quince por ciento de tu sueldo es retenido por la Seguridad Social ; tienes que pagar la atención médica ; tienes que pagar a los bancos tu deuda de la tarjeta de crédito ; préstamos estudiantiles. 

Después de esto te queda sólo un veinticinco o un treintaicinco por ciento, tal vez una tercera parte de tu salario para comprar bienes y servicios. Eso es todo.

El problema es que la manera de conseguir un trabajo es con una empresa que vende bienes y servicios. Las empresas no contratan porque los consumidores no tienen suficiente dinero para comprar los bienes y servicios.

Estamos en una deuda-deflación crónica. No hay manera de recuperarse a menos que se perdonen las deudas. Eso es básicamente lo que el FMI está dando a entender (de forma explicita en el caso de Grecia), pero no lo dice claramente porque eso no se puede decir, porque no se considera correcto. (...)"                   (Entrevista a Michael Hudson: "La Gran Recesión en realidad no ha terminado",Kim Brown , Sinpermiso, en Rebelión, 24/10/16)

15.7.16

Las causas de la crisis... españolas y mundiales

"(...) Las rentas de un país pueden derivar del trabajo o pueden derivar de la propiedad del capital (es decir, de la propiedad que genera rentas). (...)

Las reformas neoliberales iniciadas a principios de la década de los años ochenta por el Presidente Reagan en EEUU y antes, a finales de los años setenta, por la Sra. Thatcher en el Reino Unido, y que fueron reproducidas más tarde por la Tercera Vía (el Sr. Blair en el Reino Unido y el Sr. Schröder en Alemania) dentro de la socialdemocracia, redujeron significativamente las rentas del trabajo, a costa de que subieran las rentas del capital.  (...)

Este descenso de las rentas del trabajo tuvo un efecto devastador en la demanda doméstica en cada uno de estos países, puesto que tal demanda procede en su mayoría de las rentas del trabajo, de manera que al bajar estas rentas, bajaron también el consumo y la demanda doméstica, disminuyendo el estímulo económico y, con ello, generándose un decrecimiento económico y una destrucción de empleo (con el consiguiente aumento de la tasa de desempleo y el descenso de la tasa de ocupación). Y, repito, ahí está la raíz del problema.

 En los países donde estas rentas del trabajo bajaron más, como en España (en 2015, las rentas del trabajo llegaron a ser tan bajas como un 51,2% de todas las rentas), la crisis fue mayor. (...)


Es importante señalar que este descenso de la demanda doméstica fue ocurriendo paulatinamente, y su efecto negativo no apareció tan rápidamente como hubiera ocurrido si no hubiera sido por dos eventos que retrasaron la aparición de la crisis. 

Uno fue en Europa, y fue la unión de Alemania, la cual generó un enorme aumento del gasto público en aquel país (pasando el país de estar en superávit –un 0,1% del PIB- a un déficit de un 3,4%) en su intento de estimular la economía de la Alemania del este (cuyo PIB per cápita era mucho menor que el existente en la Alemania occidental), estímulo que afectó la demanda no solo en toda Alemania, sino en toda Europa, como consecuencia de la centralidad de la economía alemana dentro de la economía europea.

Y el otro hecho que aminoró el impacto negativo del descenso de las rentas del trabajo (como porcentaje de las rentas totales del país) sobre la demanda doméstica fue el endeudamiento. Las familias se tuvieron que endeudar para mantener su nivel de vida. 

Este endeudamiento explica el gran crecimiento de la banca, que fue mayor en aquellos países donde las rentas del trabajo habían bajado más y donde la población tenía mayor necesidad de endeudarse, como fue el caso de España. En realidad, nuestro país tiene un sector bancario hipertrofiado, tres veces mayor (proporcionalmente) que en EEUU.

Este crecimiento del endeudamiento disminuyó y retrasó el impacto negativo que la disminución de las rentas del trabajo hubiera tenido en el consumo y, por lo tanto, en la demanda doméstica. Retrasarlo, sin embargo, no es lo mismo que eliminarlo.(...)

En realidad, el descenso del crecimiento económico continuó, pero no tanto como hubiera descendido si el endeudamiento no hubiera permitido continuar el consumo, aunque este fuera a menos año tras año. Consecuencia de ello es que las inversiones financieras bajaron su rentabilidad en el sector de la economía productiva, es decir, donde se producen los bienes y servicios que la población consume.

 De ahí que el capital financiero (predominantemente la banca) invirtiera, en lugar de en la economía productiva (en donde se producen los bienes de consumo) en la economía especulativa, en la cual el sector inmobiliario era particularmente beneficioso. Estas inversiones especulativas fueron responsables de las burbujas. 

Y entre ellas, en España, hubo la burbuja inmobiliaria que consumió una enorme cantidad de recursos y que cuando explotó creó la enorme crisis financiera. De ahí que cuando estas burbujas inmobiliarias explotaron (haciéndolo primero en EEUU, pero expandiéndose a Europa enseguida) crearon un gravísimo problema al sistema bancario europeo, y muy en particular al español. 

Y así comenzó la crisis financiera que estaba basada en la crisis económica, resultado del enorme crecimiento de las desigualdades sociales, con el descenso de las rentas del trabajo, a costa del aumento de las rentas del capital.  (...)"         

 (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 22 de junio de 2016, en vnavarro.org, 22/06/16)

24.5.16

Solo hay una salida: una expansión cuantitativa dirigida directamente a aliviar la deuda de familias, no de la banca sistémica

"(...) Nos encontramos ante el final de un ciclo, al borde de un nuevo colapso económico global cuyo epicentro, como hemos detallado hasta la saciedad, se localiza en un sistema financiero quebrado, a punto de colapsar.

 Bajo una “financiarización” sin límites de la economía, la ortodoxia económica propuso para salir de la crisis una combinación de política fiscal restrictiva, política monetaria expansiva, y deflación salarial, absolutamente inadecuada, perversa, errónea. (...)

Se puede afirmar sin tapujos que sus recetas económicas han fracasado. Como corolario, no paran de revisar de manera continuada y adaptativa sus previsiones económicas a la baja. El inconveniente es que sus políticas afectan a la gente, tienen consecuencias en nuestras vidas, no son neutras. Y en el trasfondo, las enormes ayudas, subsidios, encubrimientos y protecciones a la banca sistémica mundial.

 El problema subyacente es la falta de demanda agregada global, fruto de sus políticas: deflación salarial, inflación de activos, endeudamiento global, ausencia de inversión productiva, desigualdades, insolvencia del sistema bancario, caída de la productividad. No han dado una. 

Pero como respuesta, erre que erre, el Banco Central Europeo (BCE) ha intensificado su estímulo monetario, al igual que el Banco de Japón. Incluso los Bancos Centrales de Suecia y Suiza han fijado tipos de interés negativos.

 ¿De verdad no se han dado cuenta que el multiplicador monetario no ha funcionado, al estar en trampa de la liquidez? (...)

La política de tipos cero, la expansión de balances, solo generan burbujas y desigualdad. Lo mismo sucederá con los tipos de interés negativos. Desde el lado de la política monetaria solo hay una salida: una expansión cuantitativa dirigida directamente a aliviar la deuda de familias, no de la banca, de manera que permita mantener un nivel de gasto razonable.

El error de proteger a la banca sistémica

Lo que los Bancos Centrales deberían haber hecho, y aún a fecha de hoy deberían estar haciendo, era, y es, centrarse en un correcto mecanismo de transmisión de la política monetaria a través del flujo o canal crediticio. Para ello los Bancos Centrales deberían haber restaurado la capacidad y disposición de los bancos locales para prestar a las pequeñas y medianas empresas.

 Sin embargo, en el mundo entero, la autoridad monetaria sólo se centró en rescatar y proteger a la banca sistémica, cuya excesiva asunción de riesgos y prácticas abusivas causaron la crisis de 2008. Por contra, dejaron a su suerte a un inmenso número de pequeños bancos que sí que estaban preocupados por la restauración de la inversión, el empleo y el crecimiento. Y lo que han generado son auténticas armas de destrucción masiva. (...)

En su informe What’s Wrong with Banking and What to Do About It  Admati analizaba por qué el sistema bancario es demasiado frágil e ineficiente, y proponía diversas líneas de actuación.

 Permítanme, sin embargo, comentar hoy brevemente un artículo muy reciente de Aristóbulo de Juan Los Problemas de la Unión Bancaria publicado en el diario El País. Se trata de un artículo minucioso, excelente, a cuya lectura me remito, pero del cual se extraen aspectos tangentes y complementarios al análisis de Anat Admati. (...)

El otrora Director General de Banco de España y persona clave en el diseño del rescate bancario español de la década de los 80, señala en el artículo aspectos muy jugosos sobre la Unión Bancaria en la Unión Europea (...)

Por un lado, “no se refuerza la vigilancia de la pérdida de valor de los activos, verdadera causa de la insolvencia y de las crisis bancarias”,… “e incluso las exigencias regulatorias de capital validan componentes de escasa calidad y conceptualmente muy discutibles, por ser onerosos o exigibles o por carecer de sustancia económica o de liquidez -activos fiscales diferidos y ciertos títulos híbridos-“.

 Por otro lado, “las inspecciones dirigidas por el Mecanismo Único de Supervisión evitan que se cuantifiquen los ajustes, reduciendo al mínimo la duración de las inspecciones”,… “abandonando incluso un mecanismo clave para una buena supervisión, la revisión de los expedientes de crédito de cara a detectar la capacidad de pago del deudor”. 

Estos diagnósticos defectuosos supondrán, respecto al mecanismo de resolución, “retrasar, obstaculizar e incluso impedir el tratamiento pronto y eficaz de la insolvencia”. Impactante, ¿verdad?

En definitiva, termina rematando Aristóbulo de Juan, “un diagnóstico y un tratamiento tardío o equivocado de la insolvencia encarecería fuertemente las soluciones, que serían sufragadas por los propios sistemas financieros y el “bail-in” de los acreedores… sin excluir incluso a los contribuyentes”. 

En resumidas cuentas, los Bancos Centrales vuelven a proteger a la banca sistémica frente al interés general de la ciudadanía. ¿Para esto querían algunos la independencia de los Bancos Centrales? ¿Para cuándo una auditoría del BCE?"                (Juan Laborda, Vox Populi, 20/04/16)

18.5.16

La caída de la demanda será el próximo cisne negro de la economía mundial

"El próximo 'cisne negro' para la economía mundial puede ser el bajo nivel de consumo, señala a CNBC el economista principal de la empresa analítica Prevedere, Andrew Duguay. En lenguaje económico se llama 'cisne negro' a eventos que es poco probable que ocurran pero que de todas formas influyen en los consumidores. 

Según sus previsiones, en un futuro próximo se incrementará el número de señales de que la recesión global está cerca, pero la "debilidad de los consumidores" será la principal razón para el inicio de una crisis económica a gran escala. Duguay detalla que el nivel de consumo está influenciado por tres factores: los salarios, la inflación y la confianza del consumidor.

 El último informe sobre el mercado de trabajo en EE.UU. mostró un estancamiento de los salarios. Esta falta de crecimiento de los sueldos puede afectar el comportamiento de los consumidores y su forma de pensar, empujándolos a ahorrar más que comprar. (...) 

 El analista constata que actualmente los consumidores están empezando a reducir su gasto en bienes y servicios al sentir los efectos de la caída en el comercio mundial, lo que puede al final derrumbar la economía global. (...)"                          (Jaque al neoliberalismo, 16/05/16)

5.4.16

La crisis estructural de nuestro sistema está en plena expansión... porque sin una demanda efectiva, no puede haber acumulación de capital.

"(...) Ahora todos estamos en un juego de espera. ¿Acaso las tímidas jugadas recomendadas por el FMI y la OCDE restañarán la realidad de una demanda mundial en declive? ¿Podrá resistir el dólar una ulterior pérdida de la confianza en su capacidad para ser un repositorio estable del valor? ¿O nos movemos hacia un alocado vaivén mucho mayor y más severo en el llamado mercado, con todas las consecuencias políticas que esto sin duda acarreará?

Una caída en la demanda mundial es la consecuencia directa de una reducción en el empleo mundial. En los últimos 200, inclusive 500 años, cada vez que había un cambio tecnológico que desaparecía empleos en alguno de los sectores productivos, los obreros que estaban perdiendo su empleo resistieron estos cambios. Quienes resistían se involucraron en las llamadas demandas ludditas de mantener la tecnología previa.

Políticamente, la resistencia luddita siempre ha demostrado ser infructuosa. Las fuerzas del establishment dijeron siempre que se crearían nuevos empleos en reemplazo de aquellos que se perdieron, y que se renovaría el crecimiento. Y era cierto. De hecho se crearon nuevos empleos –pero no entre los trabajadores de cuello azul. Más bien los nuevos empleos fueron trabajos de cuello blanco. (...)

 Se ha asumido siempre que los empleos de cuello blanco estaban exentos de eliminación. Se suponía que estos empleos requerían interacciones de humanos con otros humanos. Se pensaba que no había máquinas que pudieran reemplazar al trabajador humano. Bueno, eso ya no es así. (...) 

 Sin embargo, ahora, cuando desaparecen puestos de cuello blanco, ¿dónde está el contenedor de los nuevos empleos que vayan a crearse? Y si no pueden ser localizados, el efecto global es que disminuyen severamente la demanda efectiva. Sin embargo, la demanda efectiva es el sine qua non del capitalismo como sistema histórico. Sin una demanda efectiva, no puede haber acumulación de capital. 

Ésta es la realidad que parece colarse reptando. No sorprende entonces que se expresen las preocupaciones. Pero no es probable que los tímidos intentos de lidiar con esta nueva realidad hagan, de hecho, una diferencia. La crisis estructural de nuestro sistema está en plena expansión. La gran pregunta no es si podemos reparar el sistema, sino con qué vamos a reemplazarlo. "                        (Immanuel Wallerstein, La Jornada, en Jaque al neoliberalismo, 13/03/16)

31.3.16

Las ignoradas causas de la enorme crisis que estamos viviendo

"Por extraño que parezca, poco se ha escrito sobre las causas reales de la enorme crisis económica y financiera que se conoce como la Gran Recesión (que para millones de españoles es la Gran Depresión), crisis que continúa existiendo.  (...)

La Gran Recesión se ha ido gestando desde los años ochenta y está causada por la enorme concentración de la riqueza y de las rentas en la gran mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte, lo que ha estado ocurriendo a costa del descenso de la riqueza y de las rentas de la mayoría de la población, que deriva sus ingresos del mundo de trabajo. (...)

La distribución de las rentas en la “época dorada del capitalismo” (1945-1979)

Comencemos por analizar la situación en EEUU (cuyo gobierno federal es uno de los que recoge con mayor detalle la información sobre la distribución de las rentas) y la evolución de las rentas durante el periodo 1945-2014, que dividiremos en dos periodos. El primero va desde la II Guerra Mundial hasta el año 1979-1980. 

Durante este periodo hubo una redistribución de las rentas, de manera que el 80% de la población (los cuatro quintiles inferiores) vio crecer año tras año sus ingresos un 2,3% anual como promedio, siendo tal crecimiento en las rentas inferiores (2,5%) mayor que en las renta superiores (2,2%). En realidad, el grupo que vio crecer menos sus rentas fue el 5% superior de la población (los súper ricos). 

Su tasa de crecimiento anual promedio fue de un 1,9%. Durante aquel periodo, los salarios crecieron paralelamente al crecimiento de la productividad. El país iba creciendo, pero las rentas de la mayoría de la población iban creciendo más y más rápido que las rentas superiores (ver Elise Gould, Debates on Income Inequality and Social Cohesion, Economic Policy Institute, February 2016).

La reacción neoliberal (1979-2014)

Pero a partir de los años ochenta, cuando se llevaron a cabo las políticas neoliberales iniciadas por el Presidente Reagan en EEUU y la Sra. Thatcher en el Reino Unido, y más tarde hechas suyas por la Tercera Vía en el socialismo europeo, esto cambió y se revirtió. 

A partir de entonces, el crecimiento de las rentas superiores, el 5% superior de la población, fue mucho más rápido (un 2%) que el de las del resto de la población. En realidad, el 40% (los dos quintiles inferiores de la población, que constituyen la clase trabajadora de EEUU) apenas vio crecer sus ingresos durante el periodo 1979-2007 (un promedio del 0,2%). 

Y en el periodo de la Gran Recesión (2007-2015), que no ha terminado, sufrió un descenso en sus ingresos de un 2,4%. La bajada de la capacidad adquisitiva de la gran mayoría de la población (la clase trabajadora y las clases medias de renta media y baja) ha sido muy dramática durante esta crisis. Durante este periodo, el crecimiento de los salarios ha sido muy inferior al crecimiento de la productividad. (...)

Las consecuencias del crecimiento de las desigualdades de renta

Las consecuencias de este crecimiento de las desigualdades de renta son muchas. A nivel humano (que es el nivel que debería ser más importante), estas desigualdades han tenido un enorme impacto en la calidad de vida, salud y bienestar de las poblaciones. 

La esperanza de vida (años de vida de la persona) de las personas con niveles de ingreso iguales o superiores a la media ha subido, durante el período neoliberal 1972-2001, casi siete años. 

En cambio, para las personas de nivel de ingresos inferior a la media (la mitad inferior de la población estadounidense), ha subido solo 1,9 años. En realidad, para las mujeres de clase trabajadora la esperanza de vida ha descendido 3 años, un descenso más que considerable.

Pero lo que es igualmente importante es que cuando analizamos el impacto de este crecimiento de las desigualdades de renta en las áreas económicas, es cuando vemos las causas de la crisis actual.

 La reducción de la capacidad adquisitiva de la gran mayoría de la población (al ser el crecimiento de los ingresos mucho menor, e incluso negativo) determinó una bajada muy marcada de la demanda de bienes y servicios, generando un enorme descenso del crecimiento económico, alcanzando incluso niveles negativos como hemos estado viendo en el sur de Europa, incluyendo España. 

La reducción de los salarios (así como la reducción del gasto público, incluyendo el social) ha sido una de las mayores causas de la Gran Recesión. La evidencia científica de ello es abrumadora y se podía ver fácilmente que las políticas de austeridad y las reformas laborales que caracterizan las políticas liberales (conocidas como neoliberales), encaminadas a reducir los salarios estaban creando un grave problema económico, como ya indiqué en mi libro Neoliberalismo y Estado del Bienestar, escrito en 1997.

 Hoy, por fin, incluso el último informe de la OCDE y el grupo de investigación del Fondo Monetario Internacional (FMI) han admitido el error de tales políticas, aunque los economistas neoliberales que monopolizan los espacios mediáticos en España, con chaquetas llamativas o normales, todavía no lo reconocen, aferrados a su dogma liberal.(...)"                         

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 28 de marzo de 2016, en www.vnavarro.org, 28/03/16)

16.3.16

Las sombrías perspectivas económicas de 2016 se deben a que el poder adquisitivo de la mayoría de los consumidores del mundo desarrollado ha disminuido por causa de las políticas neoliberales

"(...) Transcurridos los dos primeros meses del año, instituciones u organizaciones internacionales, como el Fondo Monetario Internacional ( FMI ), el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ( OCDE ) y el Citigroup Inc., la mayor empresa de servicios financieros del mundo, coinciden en rebajar las perspectivas de crecimiento de la economía mundial en el año 2016. (...) y cunde el temor a una nueva Gran Recesión comparable a la acaecida en los años 2007-08. (...)

¿ Qué está pasando ?  ¿ Por qué la economía mundial no está creciendo en los primeros meses de 2016 al ritmo que se pronosticaba en 2015 ?

Todas las miradas se dirigen a China. China es ahora el chivo expiatorio. Convertido en la segunda economía mundial, tras Estados Unidos, el gigante asiático no va a crecer al ritmo de estos años pasados y, por consiguiente, se le va a responsabilizar del decaimiento de la economía mundial.

Sin embargo, si China va a importar menos energía, petróleo sobre todo, y menos materias primas, con el consiguiente perjuicio para los países exportadores de esas producciones y a reducir su producción industrial porque sus exportaciones ya no encuentran los mercados que en años anteriores absorbían sus productos, lo que conllevará una disminución de los beneficios para las compañías transnacionales radicadas en China, es lisa y llanamente porque el poder adquisitivo y la demanda solvente de la mayoría de los consumidores del mundo, localizada en el llamado mundo desarrollado ( Estados Unidos, Unión Europea, Japón, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, etcétera ), ha disminuido porque las políticas neoliberales de los gobiernos occidentales han empobrecido, en las últimas décadas, a quienes para vivir, la mayoría, dependen de un trabajo asalariado.

Ahí y no en la anécdota de la reducción del crecimiento de la economía china, es donde hay que ver la verdadera causa del menor crecimiento de la economía mundial y de la amenaza de una nueva Gran Recesión.

(...) muchos analistas que o bien vaticinan una nueva recesión, o bien se inclinan por la perspectiva de lo que Larry Summers y Paul Krugman  han llamado  ” estancamiento secular”, un estado duradero en el que la depresión económica sería la norma, con episodios de pleno empleo escasos y distanciados entre sí. Bonita perspectiva."         (Francisco Morote Costa, Atacc España, 06/03/16)

13.12.15

Las empresas han utilizado sus "ahorros" no para invertir en activos productivos como fábricas, sino para pagar más dividendos a los accionistas, subir los salarios de los altos ejecutivos y recomprar acciones para aumentar su valor en bolsa

"Martin Wolf, el periodista económico keynesiano en un artículo en la edición británica del Financial Times, ha llamado la atención sobre un documento elaborado por dos economistas de la Reserva Federal de Estados Unidos, Joseph Gruber y Steven Kamin, que muestra la brecha cada vez mayor entre el ahorro de las empresas (o sus beneficios) y la inversión empresarial en la mayoría de las principales economías.  (...)

A Martin Wolf y otros keynesianos les ha gustado esta idea porque sugiere que el problema de la economía mundial es un exceso de ahorro, que provoca una "falta de demanda". Este es argumento del último libro de Wolf .

En su libro, Wolf concluye que la causa de la Gran Recesión "fue un exceso de ahorro (o más bien de escasez de inversión); desequilibrios mundiales; aumento de la desigualdad y crecimiento débil del consumo que le acompaña; bajas tasas de interés real en activos seguros; búsqueda de rentabilidad; y el diseño de activos financieros teóricamente seguros, pero de relativo alto rendimiento".

Y sin embargo, no fue la caída del consumo o el aumento del ahorro lo que provocó la Gran Recesión, sino la caída de la inversión (como incluso Wolf reconoce en parte en la cita). La inversión es de lejos la parte más importante de la dinámica de una economía capitalista. Como dice Wolf: 

"Las empresas generan una enorme parte de la inversión. En las seis grandes economías de ingresos más altos (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia), las empresas aportaron entre la mitad y poco más de dos tercios de la inversión bruta en el año 2013 (el porcentaje más bajo en Italia y el más alto en Japón)".

 Así que ¿es un "exceso de ahorro" lo que provocó la brecha entre ahorro e inversión de las empresas?  (...)

Podemos ver que se ha producido una caída en la inversión en relación con el PIB en las principales economías, con la excepción de Japón, donde ha sido plana en general.

Así que la conclusión es clara: no ha habido un exceso de ahorro (o beneficios) en general de las empresas, sino escasez de inversión. No ha habido demasiados beneficios, sino muy poca inversión. El sector capitalista ha reducido su inversión en relación con el PIB desde finales de 1990 y en particular después de la final de la Gran Recesión

. Y cuando se lee de cerca el documento de la Fed citado por Wolf, esa es también la conclusión. Gruber y Kamin demuestran que las tasas de inversión de las empresas "han caído por debajo de los niveles que hubieran predicho los modelos estimados en los años anteriores".

Joseph Gruber y Steven Kamin concluyen su papel con un rompecabezas: "¿qué está causando esta escasez de oportunidades de inversión, y cuáles son sus implicaciones para la inversión y el crecimiento futuro?" Wolf cita varias explicaciones de la débil inversión empresarial: el envejecimiento de las sociedades, que ha frenado el potencial crecimiento; la globalización, que ha alentado la reubicación de las inversiones de los países de altos ingresos; la innovación tecnológica, que reduce la necesidad de capital; o unos directivos, que no son recompensado por invertir sino por mantener el precio de las acciones.

Muchas de estas causas han sido identificadas antes y las he analizado en otras notas. Pero es interesante que, después de citar el papel de la Reserva Federal, Wolf no mencione las conclusiones de los autores de la Fed sobre la causa de la debilidad de la inversión en los últimos 15 años. 

Cito: "Interpretamos estos resultados como una sugerencia de que la inversión en las principales economías avanzadas de hecho se ha debilitado en relación con lo que las tendencias determinantes sugieren, pero este proceso se inició mucho antes de la propia GCF (Gran Crisis Financiera). 

Por último, nos encontramos con que la contrapartida de la disminución de los recursos destinados a la inversión han sido aumentos de los pagos a los inversores en forma de dividendos y recompras de acciones (a menudo en mayor medida de lo previsto por los modelos estimados a partir de períodos anteriores), y, en menor medida, una mayor acumulación neta de activos financieros. 

La importancia de los pagos a los inversionistas sugiere que el aumento de la aversión al riesgo y de la demanda, motivada por la precaución, de reservas financieras no han sido la razón principal de que las empresas hayan reducido la inversión. Por el contrario, nuestros resultados son consistentes con aquellos puntos de vista que, por toda una serie de razones, defienden que se ha producido una disminución de lo que las empresas consideran oportunidades de inversión rentables disponibles".

Así que la causa de la debilidad de la inversión en activos productivos y el giro hacia la recompra de acciones, el pago de dividendos y el atesoramiento de dinero en efectivo se debió principalmente a la percepción de una falta de rentabilidad de las inversiones en activos productivos. Esto confirma las conclusiones de otros estudios que he citado en notas anteriores que cuestionan el argumento falaz de que las empresas están 'inundadas de dinero en efectivo".

Creo que ya tenemos una respuesta a la pregunta de por qué escasean las 'oportunidades de inversión rentables'. La rentabilidad global en las principales economías capitalistas alcanzó su punto máximo a finales de 1990 y no ha recuperado ese nivel desde entonces. He abordado este tema en un artículo reciente sobre la tasa de ganancia mundial (“Revisiting a World Rate of Profit”, junio 2015). 

Este gráfico, basado en la obra de Esteban Maito que cito en ese papel, muestra como la rentabilidad global alcanzó su punto máximo en la década de 1990 y no se ha recuperado despúes.


Como resultado, las empresas han utilizado sus "ahorros" no para invertir en activos productivos como fábricas, equipos o nuevas tecnologías que hubieran podido impulsar el crecimiento de la productividad (que se ha reducido al mínimo), sino para pagar más dividendos a los accionistas, subir los salarios de los altos ejecutivos y recomprar acciones para aumentar su valor en bolsa. 

Y las multinacionales han hecho gran parte de esto endeudándose con créditos con tasas cercanas a cero, al mismo tiempo que desviaban dinero en efectivo a los paraísos fiscales para evitar pagar impuestos.

En mi opinión, todo ello confirma la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancias de Marx como explicación de la debilidad de la inversión en las principales economías capitalistas desde 1998. 

La ley de Marx sugiere que cualquier caída de la tasa de ganancia debe ir acompañada de un aumento de la composición orgánica del capital (la relación entre el valor de los bienes de capital y los salarios de la fuerza de trabajo) más rápido que cualquier crecimiento de la tasa de plusvalía (el beneficio extraído de la fuerza de trabajo). 

En mi reciente papel antes citado, se demuestra como en el actual período de "depresión" desde el año 2000, la composición orgánica del capital creció un 41%, muy por encima de la subida de la tasa de plusvalía del 7%. Así que la tasa de beneficio ha caído un 20%. Las 'oportunidades de inversión rentables' se han reducido.

Ben Bernanke y sus discípulos nos han dicho, y Martin Wolf se ha hecho eco, que los problema actuales de 'estancamiento secular' son causado por un "exceso de ahorro mundial" en los países con superávit e incluso en los países del G-7. En otras palabras, que hay demasiado plusvalia (valor) para 'absorber'. 

Pero esto es una falacia. No hay un "exceso de ahorro", sino una "falta de inversión". Al caer la rentabilidad, la inversión disminuyó y el crecimiento tuvo que ser impulsado por una expansión del capital ficticio (crédito o deuda) para mantener el consumo, que a su vez alimento la especulación financiera e inmobiliaria improductiva. 

La razón de la Gran Recesión y la posterior débil recuperación no ha sido una falta de consumo (el consumo como porcentaje del PIB en los EE.UU. se ha mantenido cerca del 70%), sino un colapso de la inversión."         (Michael Roberts  , Sin Permiso, 21/11/2015)

9.11.15

Europa, sin demanda... y estancada

"(...) Reducido crecimiento y tasas negativas de inflación siguen siendo las piezas básicas de cualquier diagnóstico, el más reciente del FMI. Para este año, considerado el de la recuperación del área monetaria, el crecimiento del PIB no superará el 1,5% y será del 1,6% en 2016, una décima menos de lo previsto en julio. En las más largas proyecciones de esa institución, hasta 2020, la eurozona nunca superará esa última tasa y las de desempleo se mantendrán en niveles históricamente elevados.

El crecimiento potencial seguirá siendo excepcionalmente bajo como consecuencia de los daños generados por la crisis, fundamentalmente la erosión de todas las formas de capital, pero también de una evolución demográfica adversa y una pobre evolución de la productividad total de los factores (PTF) que tampoco es precisamente un fenómeno nuevo. 

(...) diversas investigaciones recientes, como la de Antonio Fatas y Lawrence Summers (The Permanent Effects of Fiscal Consolidations), concluyendo que los efectos de las consolidaciones fiscales disponen de impactos adversos a largo plazo sobre el PIB, extendiendo el horizonte mucho más de lo que lo hacía el análisis tradicional de los multiplicadores fiscales. 

Apoyan, en definitiva, las hipótesis de “consolidaciones fiscales autodestructivas” que ya avanzaron el propio Summers y Bradford de Long en un documento de la Brooking Institution en 2012 (Fiscal Policy in a Depressed Economy) o las conclusiones del profesor de la London School of Economics Paul de Grauwe, que califica esta de “crisis autoinfligida”. 

Los intentos por reducir la relación entre deuda pública y PIB mediante políticas de austeridad a ultranza se han traducido en elevaciones de ese ratio, tanto más explícitas cuanto más depresiva era la situación de partida. Pero, además, han contribuido al debilitamiento adicional de la demanda y a la correspondiente ampliación del outut gap, alimentando las presiones deflacionistas en el conjunto del área. (...)

Esa es la principal razón, no tanto la sobreoferta de crudo, que mantiene los precios del petróleo históricamente bajos, condicionando unas expectativas de inflación a medio plazo que no favorecen el alejamiento de los temores deflacionistas en la eurozona.

Las declaraciones del presidente del BCE tras la última reunión de su consejo de gobierno son consecuentes con ese panorama. Se muestra dispuesto a revisar el próximo 3 de diciembre (dos semanas antes de la importante reunión de la Reserva Federal) la cantidad, composición y duración de su programa de quantitative easing, más allá de septiembre del próximo año. Y a reducir aún más los tipos de interés.

 Desde el pasado marzo el BCE viene comprando 60.000 millones de euros al mes en títulos de deuda pública fundamentalmente. Su compromiso era mantenerlos hasta septiembre de 2016, pero aunque han facilitado la recuperación, esta sigue siendo frágil, sin que la inflación inicie el necesario repunte. 

La tasa de variación de los precios sigue en territorio negativo, igual que antes del inicio del programa de estímulos, con las expectativas lejos de ese 2% que mantiene el banco central como referencia de la estabilidad de precios.  (...)

La escasa sensibilidad que muestra la inversión privada a la abundancia de liquidez renueva la virtualidad de esos escenarios de “estancamiento secular” comentados desde hace meses en estas páginas. Es la eurozona, en mayor medida que la economía estadounidense que tomaron como referencia los proponentes de esta hipótesis, de la mano del exsecretario del tesoro Larry Summers, la que ahora centra la atención.  (...)

No quedan más alternativas que adoptar políticas fiscales estimuladoras con el fin de aumentar el crecimiento potencial. No hace falta violar los principios de estabilidad presupuestaria asumidos en la UE. 

Basta con que se acelere la aplicación de iniciativas como el Plan Juncker, tendentes a incrementar la inversión en el conjunto de la UE en destinos posibilitadores de crecimientos de la productividad y del necesario fortalecimiento de la cohesión interna en la región.  (...)"                (   , El País 1 NOV 2015)

29.9.15

El hundimiento de las materias primas es una crisis en toda regla

 

"Los 15 meses de caída libre de las materias primas se ha convertido ya en una crisis en toda regla. Los inversores están reaccionando a la menor demanda de China y el final de la era de dinero barato de la Reserva Federal, y eso se está notando en los precios: el índice de futuros de las materias primas de Bloomberg ha caído un 50% desde sus máximos de 2011, y 8 de las 10 peores empresas del S&P 500 este año están relacionadas con este sector. La naviera japonesa Daiichi Chuo quiebra: es la última víctima.

Ahora parece que todo se está desmoronando el mismo tiempo. Ayer, Alcoa, el mayor productor de aluminio de EEUU, anunció que se dividiría en dos para afrontar el exceso de producción. La petrolera Royal Dutch Shell confirmó que abandonaba sus exploraciones en el Ártico tras gastarse 7.000 millones de dólares. 

Y Glencore, el otrora todopoderoso bróker de materias primas, llegó a desplomarse más del 30% en la bolsa de Londres, todo un símbolo de la era que toca a su fin. Precisamente Glencore salió a bolsa en 2011, y desde entonces ha perdido tres cuartas partes de su valor.
"Con China desacelerándose y tanta incertidumbre, los miedos del mercado se han intensificado y la reducción del crecimiento de la demanda en todas las materias primas parece haber lanzado a todo el mundo por el precipicio", señaló Ed Hirs, gestor de un pequeño productor de petróleo y profesor de la Universidad de Houston. (...)

Además, todo puede estar a punto de ir a peor, según los analistas John LaForge y Warren Pies, de Ned Davis Research. Las materias primas podrían estar en el cuarto año de un "super-ciclo bajista" de 20 años, según su último informe de agosto. Estos analistas investigaron los estallidos de precios de las materias primas desde el siglo XVIII y descubrieron que suelen estar provocados más por factores como el estado de ánimo del mercado que los fundamentales del mismo, explican a Bloomberg en una entrevista.

Lo menos malo de todo esto es que la mayor parte del daño se hace en los primeros seis años del ciclo, puntualiza LaForge. "En las materias primas vas a tener un montón de quiebras, muchas empresas van a cerrar. Esto es necesario para reducir la oferta", añade.(...)

La onda expansiva de la crisis de las materias primas también ha golpeado al mundo empresarial más allá de las compañías propias del sector. La multinacional de maquinaria pesada Caterpillar anunció la semana pasada que reduciría su plantilla un 9%, 10.000 empleos, ante los problemas del sector minero. La química Huntsmann sufrió también su peor caída en cuatro años después de publicar que los bajos precios del titanio iban a afectar a sus beneficios del tercer trimestre.

El mundo empresarial nota el hundimiento de los precios, algo que lleva tiempo sintiéndose también en las economías más exportadoras de commodities: desde alumnos aventajados como Noruega, Australia y Canadá, hasta países con muchos problemas como Venezuela o Rusia, o potencias emergentes como Brasil y los grandes productores de petróleo del Oriente Medio como Arabia Saudí, que podría tener este año un déficit del 20%."          (El Economista, 29/09/2015)

30.4.15

Por mucho que mejoren los beneficios empresariales la inversión productiva no despega por falta de demanda

"(...) Aún no han entendido nada de lo sucedido. Estamos ante una profunda recesión de balances. La economía mundial se está adentrando en un nuevo territorio que activará en los siguientes trimestres una crisis de deuda y de solvencia global. (...)

Por mucho que mejoren los beneficios empresariales la inversión productiva no despega por falta de demanda. Elemental, principio de demanda efectiva, la ecuación de Cambridge, puro análisis de Michal Kalecki y Nicholas Kaldor. Hace ya trimestres que avisábamos de ello. 

¿Saben ustedes una de las propuestas recogidas en dicho artículo? Pues sí, un amplio programa de infraestructuras públicas que sirva de arrastre a la inversión privada, lo que se denomina en palabras técnicas, “crowding in”, tal como proponían entre otros Yanis Varoufakis, Stuart Holland, y James Kenneth Galbraight en A Modest Proposal for Resolving the Euro Crisis. Version 4.0.

¡El principio de demanda efectiva, estúpidos!

Las políticas propuestas por la ortodoxia tenían como objetivo último atraer inversiones, pensando que mejorarían la competitividad, reactivarían el ciclo económico. Sin embargo, la deflación salarial, el desplome de los costes financieros, y la flexibilidad laboral extrema, no han sido capaces de atraer inversiones. Se “olvidaron” del principio de demanda efectiva.  (...)

Desde este blog siempre hemos hecho hincapié en que lo más urgente para una reactivación económica en el largo plazo pasaba por una reordenación y reducción del tamaño del sistema bancario mundial, que además conllevara una disminución de la deuda privada y pública existente, y donde los acreedores sufrieran la correspondiente quita. Sin embargo, no se ha hecho nada en este sentido.

Y todo lo que han propuesto no ha generado renta, solo burbujas financieras alimentadas por más deuda. Mientras que la economía mundial se enfrenta a un problema de solvencia vinculado a una acumulación excesiva de deuda, los bancos centrales del mundo están llevando a cabo políticas diseñadas para un problema de liquidez.

 Las élites dominantes hace ya muchos años que se quitaron cínica y descaradamente la careta. Tratan simplemente de ganar tiempo, que esto no colapse, que no les estalle a ellos. No dudan en llevarnos de burbuja en burbuja, de inflación de activos en inflación de activos, pero, y ahí está el quid de la cuestión, protegiendo su riqueza

Todo lo que ellos llaman reformas estructurales no son más que instrumentos destinados a continuar alimentando la mayor concentración de poder económico, político y mediático de los últimos cuarenta años.

Pero la realidad es muy dura. Los bancos mundiales se enfrentan a billones de euros, dólares, o la moneda que deseen, de deudas incobrables fuera de balance que eventualmente deben ser finiquitadas o resueltas, es decir, dadas de baja, lo cual lleva lastrando el crecimiento económico desde hace muchos años. 

Estas deudas son de todo tipo, desde los préstamos de los bancos alemanes a Grecia, hasta los préstamos con garantía hipotecaria en los Estados Unidos, o la deuda en dólares de empresas emergentes.

El sistema financiero mundial ya no posee capacidad productiva alguna para generar suficientes ingresos que permitan mantener los valores actuales de los activos. Los mercados financieros globales se encuentran sobrevalorados, sobrecomprados, el optimismo de los inversores es irracional. Cuando aumente la aversión al riesgo este nuevo esquema Ponzi estallará. (...)"          (Juan Laborda, Vox Populi, 15/04/2015)

3.4.15

La deflación nos amenaza por la debilidad de la demanda

"La caída de precios en España parece moderarse (-0,7% en marzo frente a -1,1% en febrero) pero siguen bajando. ¿Es motivo de preocupación? De momento, no. Pero todo puede cambiar de forma súbita y conviene anticiparse.

 La teoría convencional sugiere que la deflación tendría efectos devastadores. Los consumidores, ante la expectativa de mayores bajadas de precios, esperarían para realizar sus compras. 

La retracción del consumo dañaría los beneficios empresariales y haría caer la inversión y el empleo. Sin embargo, no parece que España sea hoy ese lugar donde los consumidores restringen su consumo esperando mejores precios. Donde se acumula ahorro y liquidez frenando drásticamente la inversión.

 La deflación más preocupante tendría que venir explicada por la debilidad de la demanda en lugar de por factores de oferta como la caída de precios del crudo.  (...)

Eso sí, los precios en terreno negativo no son asumibles de forma indefinida. En particular en países con España con elevado endeudamiento privado y desempleo. Si los precios persisten en niveles reducidos o negativos, las deudas se hacen más difíciles de pagar en términos reales. Esto supone una vulnerabilidad importante para afrontar, por ejemplo, una recesión.  (...)

 Pero los riesgos de medio plazo persisten en una Europa que no acaba de despegar y en un contexto financiero internacional incierto, plagado de experimentos monetarios. De ahí que en Europa se temiera tanto una tercera recesión porque los precios reducidos no serían ventajosos para el consumidor, simplemente porque no tendría ingresos para gastar ya que su renta se reduciría o habría perdido su empleo.  (...)"          (   , El País, Madrid 30 MAR 2015)

17.2.15

La causa de la crisis fue la falta de demanda... y sigue siendo la causa de que no salgamos de ella

"(...) Que el problema mayor que causa la Gran Recesión es la demanda, no es difícil de mostrar. Se acaba de publicar una encuesta realizada entre empresarios europeos en la que se les preguntaba sobre las causas que les habían forzado a reducir su actividad económica durante la crisis conocida como la Gran Recesión. 

En todos los países, la principal causa de que tuvieran que disminuir su producción de bienes y servicios fue, según los empresarios, la reducción de la demanda de tales bienes y servicios. Es decir, que la gente compraba mucho menos de sus productos y servicios de lo que hacía antes. 

Esta era, con mucho, la mayor causa de que tuvieran que disminuir su producción. Los españoles, por cierto, fueron los empresarios que presentaron un porcentaje más grande (62% frente al 38% en el promedio de la Unión Europea, UE) que indicaba la reducción de la demanda como su mayor dolor de cabeza.

Seguía por detrás el acceso al crédito bancario, señalando la dificultad de acceso a él como una causa de sus dificultades. 

Y muy en tercer lugar (con unos porcentajes muy bajos) aparecía el nivel salarial de sus empleados como una causa del descenso en la actividad económica de su empresa (todos estos datos proceden del artículo de Ronald Janssen “No Investment But Reforms Until the Economy Tanks Again”, Social Europe Journal, 03.12.14).

 Estos datos y muchos otros publicados, tanto en las revistas científicas como en los medios que gozan de credibilidad, muestran lo desacertadas que son las propuestas que están haciendo tanto el Banco Central Europeo como la Comisión Europea y el Consejo Europeo, así como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que continúan insistiendo en que una condición indispensable para salir de la crisis es continuar con las medidas de austeridad (que quiere decir reducir más y más el gasto público, y muy en especial el gasto público social) y con la profundización de las “reformas estructurales” (que quiere decir, facilitar el despido de los trabajadores por parte de los empresarios a fin de reducir los salarios).  (...)

El lector se preguntará por qué entonces estos organismos continúan proponiendo estas medidas. La respuesta es múltiple, e incluye desde una gran incompetencia de algunos dirigentes de estos organismos (hay que recordar que Rodrigo Rato llegó a ser director del FMI) hasta la creencia extendida entre el personal de tales agencias (personal muy cosmopolita y bien pagado) de que la manera de salir de la crisis es mediante el crecimiento de las exportaciones (en lugar de un aumento de la demanda doméstica), asumiendo que la reducción de los salarios es una manera de incentivar las exportaciones (y disminuir la demanda de importaciones, y con ello disminuir el déficit comercial).

El problema con esta creencia es que el sector exportador es, en cualquier país, un sector minoritario, cuya influencia sobre toda la economía, en países como España, es relativamente menor. 

De ahí que su capacidad para estimular la economía sea relativamente escasa. Y España es un ejemplo de ello. El sector exportador ha sido exitoso durante todos los años de crisis sin que haya permitido sacar a la economía de la crisis.(...)

Pero sería equivocado ver esta insistencia en promover aquellas políticas solamente como un error o como “una estupidez económica” (ver Joseph Stiglitz, “The Politics of Economic Stupìdity”, Social Europe Journal, 21.01.15). 

En realidad, sin excluir que haya incompetencia (y claramente la hay), hay que concluir que los grandes beneficiarios de estas políticas, que son predominantemente el capital financiero, están hoy dominando el mundo, no solo político-institucional, sino también el mediático y académico (financia la gran mayoría de centros de investigación económica, y revistas económicas) que continúa promocionando el dogma que sustenta el aparato ideológico que lo sostiene (ver Los Amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero, de Juan Torres y yo). 

Y en la Eurozona el capital financiero alemán es el que domina el capital financiero europeo que ejerce una desmesurada influencia sobre las instituciones del Banco Central Europeo, de la Comisión Europea y del Consejo Europeo.

Pero tal aparato ideológico se está desmoronando hoy a los dos lados del Atlántico Norte, donde la percepción generalizada es que estas políticas han sido un desastre. (...)"          

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 12 de febrero de 2015. en www.vnavarro.org, 12/02/2015)

4.2.15

Roubini: Hay demasiada oferta y poca demanda. El resultado es una gran presión deflacionaria

"(...) En pocas palabras, vivimos en un mundo en el que hay demasiada oferta y poca demanda. El resultado es la persistente desinflación, una gran presión deflacionaria, a pesar de la flexibilización monetaria agresiva.

La incapacidad de las políticas monetarias no convencionales para evitar la deflación refleja en parte el hecho de que tales políticas buscan debilitar la moneda, mejorando así las exportaciones netas y el aumento de la inflación. Esto, sin embargo, es un juego de suma cero que sólo exporta deflación y recesión a otras economías.

Tal vez lo más importante ha sido un desajuste profundo con la política fiscal. Para ser eficaz, el estímulo monetario debe ir acompañado por el estímulo fiscal temporal, que ahora está ausente en todas las principales economías. De hecho, la zona euro, el Reino Unido, los EE.UU. y Japón persiguieron diversos grados de austeridad fiscal y la consolidaron.

Incluso el Fondo Monetario Internacional ha señalado correctamente que parte de la solución para un mundo con demasiada oferta y poca demanda tiene que ser la inversión pública en infraestructura, que no existe - o se ha desmoronado - en las economías más avanzadas y los mercados emergentes (con la excepción de China). 

Con las tasas de interés a largo plazo cerca de cero en la mayoría de las economías avanzadas (y en algunos casos incluso negativas), el caso de los gastos de infraestructura es realmente convincente. 

Pero una variedad de restricciones políticas - en particular el hecho de que las economías fiscalmente atadas recortan el gasto de capital antes de cortar los salarios del sector público, subsidios y otros gastos corriente - se frena el auge de la infraestructura necesaria.

Todo esto se suma a una receta para el continuo crecimiento lento, estancamiento secular, la desinflación, e incluso deflación. Es por ello que, en ausencia de políticas fiscales apropiadas para abordar la demanda agregada insuficiente, las políticas monetarias no convencionales seguirán siendo una característica central del paisaje macroeconómico."       (Nourel Roubini, Tomado de Project Syndicate, en Jaque al neoliberalismo, 01/02/2015)

22.1.15

Sabemos cómo escapar de nuestro malestar actual. El problema es que nuestras políticas son estúpidas

"Durante el 2014, la economía mundial se mantuvo estancada en la misma rutina en la que permanece desde que salió de la crisis financiera mundial de 2008. A pesar de se tomaron medidas gubernamentales aparentemente fuertes en Europa y Estados Unidos, ambas economías sufrieron recesiones profundas y prolongadas.

 La brecha entre dónde están y dónde hubiesen estado dichas economías si la crisis no hubiese entrado en erupción es enorme. En Europa, la brecha se acrecentó durante el transcurso del año. (...)

El malestar que aflige a la economía mundial en la actualidad se podría reflejar en dos slogans simples: “Es la política, estúpido” y “Demanda, demanda, demanda”.
El estancamiento casi mundial que se vivió en el año 2014 fue creado por el hombre. 

En varias de las principales economías el estancamiento es el resultado de su política y sus políticas – que fueron las que ahogaron a la demanda. Ante la falta de demanda, la inversión y el empleo no se materializarán. Es así de simple.

En ningún otro lugar esta situación se muestra con mayor claridad que en la eurozona, misma que ha adoptado oficialmente una política de austeridad – recortes en el gasto público que aumentan las debilidades en el gasto privado.

 La estructura de la eurozona es en parte culpable de obstaculizar el ajuste al shock generado por la crisis; debido a la ausencia de una unión bancaria, no causó sorpresa que el dinero fugara de los países más afectados, lo que debilitó a sus sistemas financieros y refrenó los préstamos e inversiones. (...)

El problema es que las tasas de interés bajas no motivarán a las empresas a invertir si no hay demanda para sus productos. Las tasas bajas tampoco inspiran a las personas a endeudarse para consumir si están preocupadas por su futuro (y tienen razón para estarlo). 

Lo que la política monetaria puede hacer es crear burbujas de precios de los activos. Incluso podría apuntalar el precio de los bonos gubernamentales en Europa, previniendo de esta manera una crisis de la deuda soberana. Sin embargo, es importante entender claramente lo siguiente: la probabilidad de que las políticas monetarias laxas restauraren la prosperidad mundial es nula.

Esto nos lleva de nuevo a la política y las políticas. La demanda es lo que el mundo necesita más. El sector privado – incluso con el generoso apoyo de las autoridades monetarias – no va a proveer dicha demanda. 

Pero la política fiscal si puede hacerlo. Disponemos de una amplia variedad de inversiones públicas entre las que podemos elegir, inversiones que podrían producir grandes ganancias – mucho más altas que el costo real del capital – y que fortalecerían las hojas de balance de los países que las realizan.

El gran problema que enfrenta el mundo en el año 2015 no es económico. Sabemos cómo escapar de nuestro malestar actual. El problema es que nuestras políticas son estúpidas."           (Project Syndicate | Joseph E. Stiglitz, en Tribuna Libre, 21/01/2015)

12.1.15

Se intentó fomentar que las personas pobres firmasen hipotecas altas y cumplieran las obligaciones que estipulaban sus contratos

"¿Qué ha definido la crisis desde el estallido de la burbuja en 2008?

La raíz de la crisis está en la palabra subprime, que se refiere a la clase subprime, sin capacidad de crédito. Se intentó fomentar que las personas pobres, no sólo las desempleadas, sino las que tienen salarios bajos, firmasen hipotecas altas y cumplieran las obligaciones que estipulaban sus contratos. ç

Ahora, en EE UU hay entre diez y quince millones de familias que se enfrentan a de­sahucios, se ha desalojado a varios millones de personas y esto es un gran problema. La pobreza y los bajos salarios en China y otros lugares productores de Asia son también parte del problema: se trasladó la producción porque era bueno para los beneficios, pero los salarios bajos de los chinos significan que no se crea un mercado para los productores de Europa o las Américas. 

La fragilidad de la demanda es uno de los factores que dispararon la crisis. Se intentó prevenirla ampliando créditos e hipotecas a personas pobres y hacer que fuera más fácil endeudarse con las tarjetas de crédito, sin cobrar penalizaciones por mora, para reducir la falta de consumo. Ésa fue la conjunción esencial para mantener la demanda y los beneficios.

¿Qué supone el descenso generalizado de salarios?

Los empleadores intentaron bajar los salarios, pero esto entraba en contradicción con el deseo de encontrar mercados amplios, ya que los trabajadores más pobres no podían seguir manteniendo estos créditos. Con el big bang de las instituciones financieras, éstas encontraron varias maneras de estimular la demanda ampliando el crédito y ofreciendo préstamos de distintas maneras. 

Esto acabó en 2008, momento en que Estados Unidos tuvo que convocar a los directivos de los principales bancos de Wall Street para decirles que estaban en quiebra porque los pobres no tenían dinero para pagar los créditos.

 Esto quedó un poco oculto por la opacidad del sistema bancario, se escondían los estados financieros de los bancos fuera de los balances. En ese punto los bancos aceptaron que estaban en bancarrota y se nacionalizó el sistema bancario por un tiempo para permitir que los bancos organizasen sus asuntos y llegaran a balances de pagos más sólidos. 

Los bancos son reacios a admitir pérdidas y a las autoridades financieras se les ocurrió el Quantitative Easing (QE) [o expansión cuantitativa, una herramienta para aumentar la oferta de dinero a disposición de las entidades financieras], que se aplica en la zona euro por el Banco Central Europeo.

 Esto es otra manera de intentar frenar la crisis del crédito: se le dio dinero a los bancos, pero no lo han utilizado para invertir en la economía real, sino para presumir de balance de pagos y sustituir los activos tóxicos por otros más sólidos. No fomentaron la producción, que es lo que se supone que deberían hacer, porque han visto una gran fragilidad de la demanda. 

En primer lugar, las familias tenían una deuda, ésta la asumían las instituciones financieras, que intentaban librarse de la deuda vendiéndola a fondos de inversión. Se ­produjo un exceso de deuda generalizado, las empresas también asumieron esto y les resultaba im­posible vender sus bienes. 

¿El parecido entre los bancos estadounidenses y europeos? En ambos casos la vivienda tiene un gran papel, mediante la creación de una economía-burbuja. (...)"               (Entrevista a Robin Blackburn, Pablo Elorduy, en colaboración con Nuria Alabao., Diagonal , 12/01/15)