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8.9.26

La victoria de la AfD en Sajonia el domingo fue aplastante... esta votación giró principalmente en torno a las pensiones, los salarios, las facturas de energía y la guerra, no sobre la migración... Una encuesta a pie de urna reveló que casi dos tercios de los trabajadores votaron por la AfD. Al preguntarles sobre los motivos de su voto, la migración ocupó el sexto lugar, después de la educación. La seguridad social encabezó la lista, seguida de la paz en Europa y la economía... la AfD se ha opuesto a la abolición de la pensión a los 63 años propuesta por Merz, y ha prometido pensiones más altas y generosos pagos únicos por cada recién nacido... El problema radica en cómo se financiaría todo esto, especialmente considerando que la AfD quiere mantener el freno constitucional de la deuda... «dentro del programa del partido se pueden identificar dos bandos que representan convicciones fundamentalmente opuestas: quienes desean restringir la influencia del Estado y dejar la economía en manos del libre mercado, y quienes buscan atraer a los votantes económicamente desfavorecidos mediante un amplio Estado de bienestar»... Mientras la migración ha dominado el debate, la economía y el bienestar no representaban un gran problema. Sin embargo, ahora los dos temas chocan... el partido deberá responder a la demanda de seguridad social y económica de sus votantes (Thomas Fazi)

 "La victoria de la AfD en Sajonia-Anhalt el domingo fue aplastante. El partido obtuvo el 43,8% de los votos, más del doble que en 2021, aunque aún sin alcanzar la mayoría absoluta. Pero estas elecciones fueron históricas en otros aspectos. Con una participación del 77,8%, fue la más alta registrada en el estado desde la reunificación, en una región tradicionalmente asociada a la apatía electoral. La AfD no solo conquistó a los democristianos desilusionados, sino que recuperó a votantes que habían perdido la fe en las urnas.

Ahora comienza el verdadero desafío para la AfD. Además de la cuestión de si el partido podrá formar gobierno —y las medidas extraordinarias que el gobierno está considerando para impedir que un posible gobierno estatal de la AfD ejerza su mandato—, se vislumbra un problema mayor. Una encuesta a pie de urna reveló que casi dos tercios de los trabajadores votaron por la AfD. Al preguntarles sobre los motivos de su voto, la migración ocupó el sexto lugar, después de la educación. La seguridad social encabezó la lista, seguida de la paz en Europa y la economía. En otras palabras, esta votación giró principalmente en torno a las pensiones, los salarios, las facturas de energía y la guerra, no sobre la migración.

Esto plantea un problema a la AfD, ya que su programa económico no está bien preparado para abordar ninguno de los problemas que enfrenta Alemania. El partido aboga por la simplificación del sistema tributario y propone un sistema de impuesto sobre la renta con pocos tramos que ofrecerían beneficios fiscales para todos. Quiere aumentar la exención básica y abolir los impuestos sobre el patrimonio y las herencias. También pretende reducir los impuestos de sociedades a un nivel competitivo. Mientras tanto, la AfD ha prometido pensiones más altas y generosos pagos únicos por cada recién nacido.

El problema radica en cómo se financiaría todo esto, especialmente considerando que la AfD quiere mantener el freno constitucional de la deuda, la norma legal que limita la cantidad de dinero que el gobierno puede endeudarse. Si a esto le sumamos el apoyo del partido al aumento del gasto en defensa, resulta difícil ignorar la contradicción inherente a su programa económico y por qué es probable que conduzca a nuevos recortes en el bienestar social. Esta contradicción refleja un conflicto interno que se ha estado desarrollando durante mucho tiempo. Como señaló un comentarista alemán, «dentro del programa del partido se pueden identificar dos bandos que representan convicciones fundamentalmente opuestas: quienes desean restringir la influencia del Estado y dejar la economía en manos del libre mercado, y quienes buscan atraer a los votantes económicamente desfavorecidos mediante un amplio Estado de bienestar».

Resulta significativo que el programa del partido para las elecciones de Sajonia-Anhalt apenas abordara cuestiones socioeconómicas, centrándose en la remigración y el simbolismo de la guerra cultural. Entre las promesas figuraban la retirada de fondos a las fundaciones que apoyan a los partidos rivales en sus zonas de influencia y la eliminación de las banderas arcoíris de los edificios públicos.

Esta es una contradicción que el partido pronto se verá obligado a afrontar. Mientras la migración ha dominado el debate, la economía y el bienestar no representaban un gran problema. Sin embargo, ahora dos temas chocan. Friedrich Merz ha virado bruscamente a la derecha en materia de migración, reduciendo el margen de maniobra de la AfD. Sus propuestas de reformas económicas, como la posible abolición de la pensión a los 63 años para los trabajadores con larga trayectoria, han planteado interrogantes que el programa de bienestar del partido evita abordar. Cabe destacar que la AfD se ha opuesto a la abolición de la pensión a los 63 años propuesta por Merz, pero una postura defensiva aislada no sustituye una agenda económica. Si el partido no quiere desperdiciar un mandato de esta magnitud, deberá responder a la demanda de seguridad social y económica de sus votantes."

( , UnHerd, 08/09/26, traducción google)

16.6.26

Organizaciones campesinas de la provincia de Los Andes, en el departamento de La Paz, resolvieron radicalizar las movilizaciones y amenazaron con el posible corte de servicios básicos a la sede del gobierno boliviano... Para entender la magnitud de las movilizaciones es preciso analizar los orígenes del mandatario, quién siguió los pasos de sus colegas en la ultraderecha latinoamericana contemporánea: peregrinó a Washington para recibir indicaciones de Donald Trump. Así, formó su gabinete con una mezcla de personajes a su imagen y semejanza –educados en el extranjero, neoliberales a ultranza, miembros de los gobiernos que se enriquecieron con el saqueo del país en la década de 1990 e inicios de la siguiente– y empresarios en abierto conflicto de interés. Como botón de muestra, puso frente a la cartera de Medio Ambiente a un talador de bosques y exportador de madera... el mandatario intentó imponer a Bolivia un programa de choque calcado del que Javier Milei infligió a Argentina, ignorando las abismales diferencias en los niveles de conciencia política y la capacidad de resistencia de cada sociedad. Con la misma perversidad y falta de realismo, intenta sustituir el Estado plurinacional por un Estado feudal, en el que los hombres fuertes de cada región deciden los destinos de la gente que habita los territorios bajo su poder... Al verse acorralado, Paz confronta a las multitudes indígenas y campesinas con sectores urbanos y gremiales, un juego peligroso que puede tener saldos sangrientos y perpetuar la división de la sociedad (La Jornada)

"Organizaciones campesinas de la provincia de Los Andes, en el departamento de La Paz, resolvieron radicalizar las movilizaciones y amenazaron con el posible corte de servicios básicos a la sede del gobierno boliviano. La decisión se produce cuando el levantamiento social cumple siete semanas de bloqueos carreteros, que han empeorado el deterioro económico y la escasez de productos básicos que, tanto en su campaña como en su toma de posesión, el presidente Rodrigo Paz Pereira prometió resolver.

Para entender la magnitud de las movilizaciones contra una administración que ha contado con apenas seis meses para atender sus compromisos y enmendar la crisis económica en que se encontraba sumida la nación andina, es preciso analizar los orígenes del mandatario, sus taras ideológicas y las decisiones que ha tomado desde antes de llegar al Palacio Quemado. Hijo y sobrino nieto de ex presidentes, Paz ha ocupado puestos de poder público durante el último cuarto de siglo, siempre como parte de las alianzas y las redes de tráfico de influencias de su familia. La segunda vuelta de las elecciones presidenciales lo puso frente a un antiguo correligionario, Jorge Quiroga, con quien coincidió en el mandato legal de Hugo Banzer (1997-2001), militar que mantuvo una dictadura de 1971 a 1978.

Al imponerse en los comicios, siguió los pasos de sus colegas en la ultraderecha latinoamericana contemporánea: peregrinó a Washington para recibir indicaciones de Donald Trump. Así, formó su gabinete con una mezcla de personajes a su imagen y semejanza –educados en el extranjero, neoliberales a ultranza, miembros de los gobiernos que se enriquecieron con el saqueo del país en la década de 1990 e inicios de la siguiente– y empresarios en abierto conflicto de interés. Como botón de muestra, puso frente a la cartera de Medio Ambiente a un talador de bosques y exportador de madera. En un país donde 60 por ciento de la población es indígena, eliminó toda representación de esos grupos con la consigna de que es “la hora de la meritocracia”, escudándose en la falacia de que los gobiernos indígenas no tuvieron ningún resultado positivo. Los datos lo desmienten: la pobreza moderada se redujo de 60 por ciento en 2005 a 34 por ciento en 2018; la extrema cayó de 38 por ciento en 2005 a 15 por ciento en 2018; el índice de Gini (donde 0 es perfecta igualdad y 1 es absoluta desigualdad) bajó de un 0.59 en 2005 a 0.45 en 2016. Más de 3 millones de personas se incorporaron a los estratos de ingresos medios durante esos tres lustros. Para Paz, el problema es que no sólo mintió a la ciudadanía, sino que se privó a sí mismo de todos los canales de comunicación con organizaciones sociales de gran peso en los asuntos nacionales; canales que ahora intenta reconstruir a marchas forzadas tras dinamitar la confianza.

En su dogmatismo, el mandatario intentó imponer a Bolivia un programa de choque calcado del que Javier Milei infligió a Argentina, ignorando las abismales diferencias en los niveles de conciencia política y la capacidad de resistencia de cada sociedad. Con la misma perversidad y falta de realismo, intenta sustituir el Estado plurinacional por un Estado feudal, en el que los hombres fuertes de cada región deciden los destinos de la gente que habita los territorios bajo su poder. Este viraje responde a las exigencias centenarias de Santa Cruz, departamento de gran riqueza controlado por una oligarquía racista que nunca ha aceptado la existencia de un gobierno nacional encabezado por indígenas y que prefiere separarse del país antes que reconocer la igualdad de los pueblos originarios con los blancos “civilizados”.

Al verse acorralado, Paz confronta a las multitudes indígenas y campesinas con sectores urbanos y gremiales, entre los que se cuentan la Central Obrera Boliviana y poderosas organizaciones de transportistas, un juego peligroso que puede tener saldos sangrientos y perpetuar la división de la sociedad. En vez de añadir a los problemas económicos una guerra étnica con fragmentación rural-urbana, el tecnócrata y la oligarquía detrás de él deben deshacer sus entuertos, reconocer la pluralidad y modernizar al Estado con políticas incluyentes, progresivas y democráticas." 

(Editorial de La Jornada, 16/06/26) 

22.5.26

Estamos asistiendo a una nueva crisis social en Bolivia que hace tambalear al gobierno del derechista Rodrigo Paz Pereira, electo presidente hace solamente nueve meses... es un nuevo capítulo de un largo proceso de crisis política e institucional que arranca por lo menos en el año 2020... las medidas neoliberales adoptadas por Rodrigo Paz como por ejemplo, el aumento del precio de la gasolina e incluso la distribución de gasolina adulterada, la eliminación de subsidios y programas sociales, nuevos impuestos para los pequeños productores y comerciantes,la privatización y entrega a empresas trasnacionales del gas y el litio, la derogación de impuestos a las grandes fortunas y a las transacciones financieras, han desatado al máximo el descontento de la gran mayoría de la población y en particular de los trabajadores organizados, bloqueando carreteras en todo el país... la respuesta de las autoridades ha sido la represión de de la policía y de las las fuerzas armadas... Si algo faltaba en este escenario caótico era el resquebrajamiento institucional, con con las declaraciones del Vicepresidente de Bolivia, Edman Lara, acompañado por legisladores del PDC: “una vez más le pedimos al presidente bajar la soberbia, llamar al diálogo, dialogar con los sectores movilizados y no con esos grupos que al presidente le conviene dialogar” ( Carlos Flanagan)

 "En estos días estamos asistiendo a una nueva crisis social en Bolivia que hace tambalear al gobierno de derecha de Rodrigo Paz Pereira (quien fuera el candidato del PDC), electo presidente hace solamente nueve meses, el 17 de agosto del pasado año.

Desde ya podemos afirmar que la presente crisis no es para nada un rayo en una noche de verano, ni tiene su inicio hoy.

Es más bien un nuevo capítulo de un largo proceso de crisis política e institucional que arranca por lo menos en el año 2020, como mencionáramos en artículos previos e inmediatamente posteriores a las ya mencionadas elecciones de agosto pasado.

Señalábamos que el MAS no tenía cuadros políticos formados para la gestión gubernamental; debido a que nunca funcionó como un partido de acción política permanente y cotidiana, sino por el contrario lo hizo como un instrumento electoral puntual.

En segundo lugar remarcábamos el nefasto papel jugado por Evo Morales quien asumió la presidencia del MAS en el año 2020, luego de haber sido Presidente de Bolivia desde desde el 22 de enero de 2006 hasta su renuncia, el 10 de noviembre de 2019.

En su obsesión de ser el eterno candidato a presidente de la izquierda boliviana, no sólo no organizó la formación política de cuadros, sino que llevó adelante una férrea oposición al gobierno del propio MAS, encabezado por Luis Arce y David Choquehuanca (ex ministro de economía y relaciones respectivamente bajo su presidencia), a los que llegó a tildar de traidores.

Llegó a dividir incluso a la bancada parlamentaria del MAS entre “arcistas” y “evistas” (votando estos últimos muchas veces con la derecha en contra de proyectos del gobierno).

Finalmente en las elecciones promovió el voto anulado, lo que facilitó el triunfo de la derecha.

Como tercer elemento marcábamos las debilidades de la política económica del presidente Arce que dieron lugar al aumento de la inflación que llegó a un 24%, el mayor porcentaje en 39 años.

El valor del dólar que desde hacía años cotizaba entre 6,50 y 7 bolivianos, pasó a costar entre 13 y 20 bolivianos en el mercado paralelo.

No existió un debido control a la evasión de ganancias de firmas exportadoras a la banca offshore.

Y para completar el panorama de crisis y falta de credibilidad en el gobierno, una gran escasez de combustible obligó a la gente a hacer largas filas durante horas en las distintas estaciones de servicio.

Hoy las medidas neoliberales adoptadas por Rodrigo Paz como por ejemplo:

  • la derogación de impuestos a las grandes fortunas y a las transacciones financieras,
  • nuevos impuestos para los pequeños productores y comerciantes,
  • eliminación de subsidios y programas sociales,
  • la revisión de la ley de trabajo,
  • la privatización y entrega a empresas trasnacionales del gas y el litio,
  • aumento del precio de la gasolina e incluso la distribución de gasolina adulterada,

han desatado al máximo el descontento de la gran mayoría de la población y en particular de los trabajadores organizados.

A principios de mes hubo paros de transportistas y en el magisterio. A su vez la COB presentó un pliego con 100 demandas que fue rechazado en su totalidad por el gobierno.

La respuesta popular

Ante la falta de diálogo, la misma no se hizo esperar y en los últimos días se bloquearon diversas carreteras en todo el país; principalmente en El Alto y La Paz, que está prácticamente aislada con 18 puntos de bloqueo de un total de 22 en el país hasta la fecha.

La respuesta de las autoridades hasta el momento ha sido la contención y represión a las manifestaciones que están llegando a las cercanías de la plaza Murillo, sede del gobierno.

Además de la policía, están participando las fuerzas armadas; lo que sería ilegal dada la inexistencia de la autorización previa parlamentaria.

Asimismo han librado orden de aprehensión contra Mario Argollo, Secretario Ejecutivo de la COB y otros 24 dirigentes sociales.

Una voz discordante en el gobierno

Si algo faltaba en este escenario caótico era el resquebrajamiento institucional.

El mismo se hace patente con las declaraciones nada menos que del Vicepresidente de Bolivia, Edman Lara en el día de ayer domingo 17, acompañado por legisladores del PDC de las cuales transcribimos algunos pasajes en forma textual: “una vez más le pedimos al presidente bajar la soberbia, llamar al diálogo, dialogar con los sectores movilizados y no con esos grupos que al presidente le conviene dialogar, porque hemos visto que se ha reunido solamente con los que son afines a él y eso no está bien”.

Insistió en que el presidente escuche a la COB y que si no puede acceder al aumento del 20% que solicitan, que se les otorgue lo que permita la economía del Estado.

No puede usted escuchar a unos y rechazar a otros, no puede usted conversar con unos y mandar a reprimir y a patear a otros bolivianos”, expresó Lara, quien además exigió la destitución del comandante general de la Policía Boliviana, Mirko Sokol Saravia, y del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Víctor Hugo Valderrama.

La siempre necesaria solidaridad

Desde ya el PIT-CNT, la central única de los trabajadores uruguayos, manifiesta su absoluta solidaridad con sus hermanos de clase nucleados en la COB y su disposición a colaborar en lo que sea menester.

Finalmente nos resta señalar una vez más, que ante el empuje neoliberal y privatizador de este gobierno, la única alternativa será la acumulación de fuerzas que hagan factible la mejor resistencia. Y eso sólo se logrará con la unidad de acción de todas las fuerzas sindicales y sociales en lo que en su momento fue el llamado pacto de unidad que integraron la COB y distintas organizaciones campesinas y de pueblos originarios.

Carlos Flanagan fue integrante de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio de Uruguay. Exembajador de Uruguay ante el Estado Plurinacional de Bolivia."

( Carlos Flanagan , Rebelión,  20/05/26)

4.5.26

Me centré en la desigualdad impulsada por los impuestos, y específicamente en la evasión y elusión fiscal, y en el secreto de los paraísos fiscales que lo permitían. Las pérdidas totales involucradas son asombrosas. Las pérdidas en todo el mundo ascienden a cientos de miles de millones de dólares al año, y la parte del Reino Unido de eso bien podría ser de decenas de miles de millones de libras al año, y esa es una carga fiscal trasladada a quienes no deberían pagarla... El impuesto no se pierde. El gobierno sigue obteniendo los ingresos que desea, pero las personas equivocadas están pagando, y entiendo que eso es crítico... La evasión y la elusión fiscal son un síntoma de la enfermedad y no un fin en sí mismo. La enfermedad es un sistema económico diseñado para concentrar la riqueza y el poder. El abuso fiscal existe porque ayuda a alcanzar ese objetivo para algunos, y ese sistema se justifica por una economía que es simplemente errónea, porque se centra en la acumulación de riqueza para unos pocos, con indiferencia a las consecuencias para la mayoría de las personas... Eso es porque la economía que nos enseñan es profundamente política. La economía convencional no es una ciencia social neutral. Es un conjunto de supuestos que sirve a intereses particulares, y los intereses particulares a los que sirve son los de los ricos... La idea de que un gobierno debe equilibrar sus cuentas como un hogar es simplemente errónea... La idea de que los mercados siempre asignan los recursos de manera eficiente es, de nuevo, simplemente incorrecta... Y la idea de que nunca hay suficiente dinero para los servicios públicos es aún más errónea que las dos primeras afirmaciones, y sin embargo, es muy útil para quienes quieren que se recorten esos servicios (Richard Murphy, Un. Sheffield)

 "(...) Hay una pregunta que me hago a menudo, y es esta: ¿Por qué hago esto?

Con lo que quiero decir, ¿por qué he escrito 25.000 entradas de blog en los últimos 20 años? Eso son 3.4 al día todos los días, 365 días al año, durante 20 años.

¿Y por qué, en los últimos dos años, he hecho un video todos los días?

50 millones de personas han leído ese blog durante los 20 años que llevo publicándolo. 45 millones de personas han visto estos videos. Se podría decir que esa es razón suficiente para responder a la pregunta, pero en realidad no lo es.

Entonces, ¿por qué gasto todo este esfuerzo en escribir esos blogs y hacer estos videos? ¿Qué es lo que me impulsa a mantener esa producción día tras día, año tras año? ¿Y por qué lo hago si al hacerlo me lleva hasta 12 horas de trabajo al día? La respuesta honesta no es complicada, pero sí requiere alguna explicación.

Hace mucho tiempo, ahora, hace 50 años para ser exactos, fui a la universidad a estudiar economía, luego me formé como contable y trabajé en la práctica. Al hacer ambas cosas, siempre seguí viendo el mismo fenómeno dentro de nuestra economía, y era que el dinero fluía lejos de la gente común y los servicios públicos necesarios, y hacia aquellos con riqueza. Y la explicación que se ofreció para esto fue inevitablemente errónea. Desde que era estudiante de pregrado, sabía que era así. Toda la economía que me enseñaban era un montón de tonterías, y al final, no pude quedarme callado al respecto.

Mi enfoque inicial, cuando empecé a asomar la cabeza por encima del parapeto alrededor de los 40 años, habiendo aprendido exactamente cómo funcionaba el sistema, lo cual creo que fue algo increíblemente importante de hacer, fue centrarme en la desigualdad impulsada por los impuestos, y específicamente en la evasión y elusión fiscal, y en el secreto de los paraísos fiscales que lo permitían. Las pérdidas totales involucradas fueron asombrosas, y eso sigue siendo así. Las pérdidas en todo el mundo ascendieron a cientos de miles de millones de dólares al año, y la parte del Reino Unido de eso bien podría ser de decenas de miles de millones de libras al año, y esa es una carga fiscal trasladada a quienes no deberían pagarla.

El impuesto no se pierde. El gobierno sigue obteniendo los ingresos que desea, pero las personas equivocadas están pagando, y entendí que eso era crítico. El daño causado a las comunidades, a las vidas ordinarias, a la moral pública y a los servicios públicos fue real, y eso es porque, y recordemos esto, en muchos países del mundo, los impuestos todavía financian los servicios gubernamentales. Eso es cierto en muchos países en desarrollo donde la moneda local no es tan fuerte como el dólar, y por lo tanto, los servicios públicos tienen que pagarse en moneda extranjera, lo que necesita ser gravado en beneficio del país.

Pero la respuesta política a todas estas pérdidas cuando empecé a trabajar en estos temas fue de indiferencia y de aceptación de que esto sucedía y que no se podía hacer nada al respecto. Pensé lo contrario, y alguien necesitaba presentar el caso de manera clara y persistente, y lo hice con mi colega John Christensen. Cofundamos la Red de Justicia Fiscal, y lo hicimos con cierto éxito.

Pero entonces vi un panorama más amplio. La evasión y la elusión fiscal son, me di cuenta, un síntoma de la enfermedad y no un fin en sí mismo. La enfermedad es un sistema económico diseñado para concentrar la riqueza y el poder. El abuso fiscal existe porque ayuda a alcanzar ese objetivo para algunos, y ese sistema se justifica por una economía que, en esencia, es simplemente errónea, porque en lo que se centra es en la acumulación de riqueza para unos pocos, con indiferencia a las consecuencias para la mayoría de las personas.

Que la economía se equivoca sobre la motivación humana. Está equivocado sobre cómo funciona el dinero. Está equivocado sobre lo que significa la deuda pública, y está equivocado sobre la escasez, sobre los mercados, sobre el valor, y sobre casi todo lo demás que analiza.

Eso es porque la economía que nos enseñan es profundamente política. La economía convencional no es una ciencia social neutral. Es un conjunto de supuestos que sirve a intereses particulares, y los intereses particulares a los que sirve son los de los ricos.

 La idea de que un gobierno debe equilibrar sus cuentas como un hogar es simplemente errónea, pero es increíblemente conveniente para quienes quieren un Estado más pequeño.

La idea de que los mercados siempre asignan los recursos de manera eficiente es, de nuevo, simplemente incorrecta, pero es increíblemente conveniente para aquellos que quieren lucrarse con la desregulación.

Y la idea de que nunca hay suficiente dinero para los servicios públicos es aún más errónea que las dos primeras afirmaciones, y sin embargo, es muy útil para quienes quieren que se recorten esos servicios.

Estos no son solo errores académicos cometidos por unos pocos economistas. Estas ideas se han implementado porque tienen consecuencias reales, y muchos de esos economistas lo saben. Se utilizan para justificar los recortes a la seguridad social. Se utilizan para explicar la pobreza como algo inevitable. Se despliegan para resistir la acción sobre el cambio climático. Son la cobertura intelectual para decisiones que perjudican a millones de personas.

Entonces, ¿quién iba a desafiarlos? Los economistas académicos no lo eran. En gran medida, ellos mismos controlan su disciplina, y quienes desafían la ortodoxia dentro de ella luchan por ser publicados y escuchados. Los políticos carecían tanto del conocimiento como del incentivo para contrarrestar estas falsedades, y en los paraísos fiscales, los políticos las promovían. La mayoría de los periodistas, mientras tanto, no tienen la formación ni los conocimientos para cuestionar los supuestos con los que se les presenta. Había un hueco, y decidí ocuparlo.

Entonces, ¿por qué blogueé? Un blog, que empecé en 2006, me dio la libertad de publicar diariamente sin guardianes editoriales que me dijeran lo que podía y no podía hacer.

Me permitió desarrollar argumentos a lo largo del tiempo, volviendo a los temas, refinando ideas y respondiendo a los acontecimientos.

Construyó una audiencia que quería análisis serios y no fragmentos de sonido, y 20 años después y 25,000 publicaciones más tarde, esa audiencia sigue ahí, y tal vez aún creciendo. El año pasado, 10 millones de personas vieron mi blog. Uno a la vez, quiero persuadir a todas esas personas de que existe una alternativa a la economía burda que estamos sufriendo.

Entonces, ¿por qué hacer video? Bueno, eso es porque la escritura llega a un público y el video a otro. Muchas personas que nunca leerían una publicación de formato largo verán una explicación de cinco o diez minutos en un video sobre el mismo tema que estoy abordando en esa publicación. El video fuerza la claridad; eso también es un beneficio real. No puedes esconderte detrás de una prosa densa cuando le hablas a esta cámara, y la respuesta ha sido extraordinaria. 45 millones de vistas no es una audiencia de nicho.

¿Así que qué estoy tratando de hacer? No estoy tratando de entretener, aunque espero que lo que hago sea interesante. Estoy tratando de explicar cómo funciona realmente la economía. No como quieren que pienses que funciona los que están en el poder. Quiero que la gente pueda ver a través de los argumentos utilizados para justificar decisiones que les perjudican.

Hago esto porque hay mucho en juego.

Nos enfrentamos a una crisis climática que requiere una inversión pública masiva.

Tenemos servicios públicos que se están desmoronando después de años de subfinanciación deliberada.

Tenemos niveles de desigualdad que son económicamente perjudiciales e moralmente indefendibles.

Nada de esto cambiará a menos que la gente entienda que se puede encontrar el dinero para abordar estos problemas y que la excusa de la escasez utilizada con respecto al dinero es una elección política y no un hecho económico.

Y hago esto porque, por encima de todo, soy un ciudadano y no solo un economista. Claro, tengo cierta experiencia profesional que puedo aportar aquí, pero esto no es solo un ejercicio intelectual para mí. Me importa el tipo de sociedad en la que vivimos. Me importa si la gente tiene servicios públicos decentes, seguridad en la vejez y un planeta habitable. Eso es lo que me impulsa, no el rendimiento académico ni la reputación profesional.

 Entonces, ¿por qué lo hago todos los días? Eso es porque la gente que impulsa la otra opinión nunca se detiene. Están bien financiados, son muchos. Tenemos que cuestionar lo que están haciendo todo el tiempo. y también publico todos los días porque siguen ocurriendo eventos que necesitan ser analizados, y porque una audiencia que regresa todos los días es una audiencia que está aprendiendo, pensando y cambiando su forma de ver el mundo. La consistencia no es una disciplina; es una declaración de intenciones.

Entonces, ¿qué he aprendido como resultado?

Sé que hay un gran apetito por una explicación económica seria si es accesible. La gente no es analfabeta económicamente. Se les ha mantenido deliberadamente en la oscuridad. Cuando explicas las cosas de manera clara y honesta, la gente responde. 50 millones de lecturas de blogs y 45 millones de visualizaciones de videos me lo dicen.

¿Y qué del futuro? Puede que tenga 68 años, pero no he terminado. Los argumentos aún necesitan ser presentados, los mitos aún necesitan ser desmantelados, y el caso para un tipo diferente de economía, una que funcione para las personas y no solo para el capital, aún necesita ser escuchado.

Así que volvamos a esa primera pregunta. ¿Por qué hago esto? Porque, sencillamente, alguien tiene que hacerlo, y porque yo puedo, y porque la alternativa, que es permanecer en silencio mientras la mala economía causa daños reales, simplemente no me resulta aceptable.

Eso es lo que significa financiar el futuro. No es solo un título de blog o un nombre de canal. Es una descripción del trabajo que realizo, y seguiré haciéndolo porque nuestro futuro depende de que entendamos cómo podemos acertar con su financiación.

Esa es la pregunta crucial que todos necesitan responder, y si la tenemos, podemos ofrecer un mundo mejor para todos mañana, al día siguiente, la semana que viene el martes, e incluso dentro de 50 años, cuando ya no esté, pero espero que algunas personas puedan beneficiarse del pensamiento que estamos explorando aquí ahora mismo.

Eso es lo que pienso. ¿Qué te parece? (...)" 

(Richard Murphy, Un. Sheffield,  blog, 03/05/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)

15.4.26

La era de la desinflación, el aumento de los precios generales de los bienes y servicios, pero a un ritmo cada vez más lento, ha llegado a su fin... La inflación de los precios se ha convertido en la norma, pero ahora el problema es el ritmo de dicha inflación... A partir de la década de 1980, Estados Unidos (y otras grandes economías) entraron en un periodo de desinflación progresiva, que culminó en la Gran Depresión de la década de 2010, una década con una tasa media de apenas el 1,8 %... a partir del repunte inflacionista posterior a la pandemia de COVID en 2022, las principales economías parecen haber entrado en un nuevo periodo de inflación... La oferta monetaria aumentó considerablemente en la década de 2010, cuando los bancos centrales intentaron mantener bajos los tipos de interés y proporcionar liquidez al sector financiero tras la crisis financiera mundial. Esta inyección monetaria se denominó «flexibilización cuantitativa». La teoría monetarista dominante sostenía que esto provocaría un fuerte aumento de la inflación. No ocurrió tal cosa; al contrario, la inflación de precios se ralentizó casi hasta cero, porque una gran parte de la inyección monetaria del banco central nunca salió del sistema bancario... Ahora, con el conflicto de Irán y la reducción de las exportaciones de petróleo y otras materias primas, la inflación vuelve a estar en la agenda. La presión sobre la cadena de suministro global ya se estaba acumulando incluso antes del conflicto de Irán. La guerra de Irán y las consiguientes subidas de los precios del petróleo y las materias primas son claramente un problema del lado de la oferta. La caída de la oferta elevará los precios, pero también reducirá el crecimiento, ya que mermará los salarios y los ahorros de los hogares y aumentará los costes para las empresas... Las principales economías aún no se encuentran en una situación de «recesión inflacionaria»... Pero la mayor parte de este aumento de los beneficios se concentra en los gigantes tecnológicos de Silicon Valley. El resto del sector empresarial está pasando apuros. Los beneficios de todo el sector empresarial no financiero cayeron en 2025. Y el impacto del conflicto de Oriente Medio en los beneficios aún no se ha dejado sentir plenamente (Michael Roberts)

"La era de la desinflación ha llegado a su fin. Por desinflación me refiero a un aumento de los precios generales de los bienes y servicios, pero a un ritmo cada vez más lento. La deflación supone una caída real de los precios. Este no ha sido el caso durante muchas décadas, en realidad desde que el dinero dejó de ser una mercancía física —es decir, el oro— y se introdujeron las denominadas monedas fiat, es decir, el dinero acuñado, «impreso» o creado digitalmente por los Estados nacionales para sustituir al oro. Solo en contadas ocasiones los Estados han restringido tanto la oferta de dinero fiat que ello ha provocado deflación, y en realidad esto solo ocurrió cuando ya existía una recesión en la producción capitalista.

Durante los últimos 70 años o más, los gobiernos han controlado la emisión de moneda, por lo que se ha separado la relación directa entre la producción de valor en una economía y su representación mediante la oferta y la circulación del dinero. La inflación de los precios se ha convertido en la norma, pero ahora el problema es el ritmo de dicha inflación.

En nuestro (próximo) artículo sobre la inflación, Guglielmo Carchedi y yo identificamos dos períodos distintos de inflación de precios en Estados Unidos desde 1945 hasta la actualidad. El primero fue de 1948 a 1981 y el segundo, de 1981 a 2019. En el primer período, la tasa de inflación aumentó, lo que constituyó un período inflacionista. En el segundo periodo, la tasa de inflación descendió, lo que constituyó un periodo desinflacionista.

Entre 1948 y 1981, la tasa media anual de inflación fue del 4,3 %; de 1981 a 2019 se ralentizó hasta el 3,0 %.

Si observamos la tasa media anual por década, podemos apreciar el cambio con mayor claridad.

A partir de la década de 1980, Estados Unidos (y otras grandes economías) entraron en un periodo de desinflación progresiva, que culminó en la Gran Depresión de la década de 2010, una década con una tasa media de apenas el 1,8 % (y un aumento de solo el 0,1 % en 2015). Pero ahora, en la década de 2020, a partir del repunte inflacionista posterior a la pandemia de COVID en 2022, las principales economías parecen haber entrado en un nuevo periodo de inflación, es decir, de aumento de la tasa de variación de los precios.
En diversas entradas, he defendido, en contra de las teorías dominantes, que la inflación está impulsada por la oferta, no por la demanda. Lo que determina la tasa de inflación en una economía capitalista moderna con monedas fiduciarias es la tasa de crecimiento de la producción de valor en relación con la tasa de crecimiento de la oferta monetaria. Esta última excluye la oferta monetaria que se acumula en los bancos o se utiliza para la especulación con activos financieros (capital ficticio, por emplear el término de Marx). La oferta monetaria aumentó considerablemente en la década de 2010, cuando los bancos centrales intentaron mantener bajos los tipos de interés y proporcionar liquidez al sector financiero tras la crisis financiera mundial. Esta inyección monetaria se denominó «flexibilización cuantitativa». La teoría monetarista dominante sostenía que esto provocaría un fuerte aumento de la inflación. No ocurrió tal cosa; al contrario, la inflación de precios se ralentizó casi hasta cero, porque una gran parte de la inyección monetaria del banco central nunca salió del sistema bancario.

A medida que el desempleo caía a mínimos no vistos desde la década de 1960, la teoría monetaria keynesiana también sostenía que un elevado gasto público (grandes déficits presupuestarios) y unos mercados laborales «ajustados» crearían una inflación «impulsada por la demanda». Sin embargo, faltaban las pruebas empíricas de esta teoría —la famosa curva de Phillips que supuestamente revelaba la relación inversa entre la caída del desempleo y el aumento de las tasas de inflación—. La curva de Phillips era plana. El bajo desempleo no condujo a una alta inflación. Esto se debe a que se había reducido la diferencia entre la tasa de crecimiento de la oferta monetaria inyectada por el sistema bancario en la economía y el crecimiento de la producción de valor.

El repunte de la inflación posterior a la COVID estuvo claramente impulsado por la oferta, ya que el cierre de la producción y el comercio que provocó la recesión pandémica de 2020 vino acompañado de una prolongada ruptura de las cadenas de suministro mundiales y de la subida de los precios de la energía y las materias primas clave por parte de las empresas multinacionales. Un nuevo informe de la Fed confirma que «la dinámica subyacente de la inflación ha cambiado desde la COVID». La proporción de la cesta de la compra que registra una inflación superior al 3 % sigue estando muy por encima de la media de 2014-2019 en las principales economías, y se ha más que duplicado en la zona del euro y el Reino Unido. La Reserva Federal sigue queriendo achacar esto a los «aumentos salariales excesivos», pero los datos no lo corroboran. Los ingresos reales por hora prácticamente se duplicaron entre 1940 y 1970, pero apenas han aumentado desde 1980.

Los bancos centrales han estado desorientados en su intento por controlar la inflación. En la década de 2010, bajaron los tipos de interés a cero y elevaron la oferta monetaria a nuevos máximos, pero la inflación se ralentizó. Posteriormente, en el periodo pospandémico, subieron los tipos de interés e introdujeron un «endurecimiento cuantitativo» de la oferta monetaria. Sin embargo, esto no logró impedir que la inflación superara el 10 % anual, una tasa que no se había visto desde la crisis del petróleo impulsada por la oferta de la década de 1970. La versión oficial entonces era que la inflación estadounidense de los años 70 remitió porque la Reserva Federal de EE. UU., bajo la dirección de Paul Volcker, elevó su tipo de interés oficial a un máximo sin precedentes. La realidad fue que la inflación solo descendió porque la economía estadounidense entró en una grave recesión entre 1980 y 1982 que diezmó su industria manufacturera. La política de tipos de interés elevados de la Reserva Federal no hizo más que agravar ese colapso de la inversión y la producción. La estanflación se convirtió en recesión. De hecho, la tasa de inflación anual se mantuvo por encima de la media de la década de 1960 hasta, al menos, la década de 1990.
Ahora, con el conflicto de Irán y la reducción de las exportaciones de petróleo y otras materias primas, la inflación vuelve a estar en la agenda. La presión sobre la cadena de suministro global ya se estaba acumulando incluso antes del conflicto de Irán.

Las interrupciones en el suministro de los mercados de metales, cereales y ganado pueden generar efectos macroeconómicos comparables a las crisis del petróleo. Cuando se producen perturbaciones adversas en el suministro de estas materias primas no petroleras, la inflación aumenta de forma persistente mientras que la producción industrial cae, lo que se asemeja mucho a la dinámica de estanflación típicamente asociada a las subidas del precio del petróleo.
Las señales de un retorno a la inflación ya están presentes en el aumento de las tasas de inflación registrado en lo que va de 2026. Los últimos datos del IPC de marzo para EE. UU. muestran que se está produciendo otro repunte de la inflación. La inflación de los precios al consumo subió al 3,3 % en marzo, un salto de casi un punto porcentual con respecto a febrero. Y se producirá una nueva subida hasta alcanzar el 4 % o más este año, a medida que se vaya reflejando el impacto duradero del bloqueo energético y comercial.

 Las rabietas arancelarias de Trump no hacen más que agravar la presión inflacionista. Basándose en los datos de 2025-2026, la Reserva Federal de EE. UU. estima que los aranceles han dado lugar a una «repercusión casi total en los precios al consumo, contribuyendo aproximadamente con 0,8 puntos porcentuales a la inflación subyacente del PCE y explicando el exceso de inflación en los bienes subyacentes».

La inflación de los bienes fue del +0,84 %, un enorme aumento intermensual (10,6 % anualizado) y el mayor desde enero de 2022.

Y la zona del euro está experimentando un repunte similar.

 Una vez más, los principales bancos centrales se encuentran en una situación de confusión. Los responsables de la política monetaria de la Reserva Federal debatieron durante la reunión del banco central celebrada en marzo sobre cómo responder si la guerra con Irán desencadena un período prolongado de precios elevados de la energía. Las actas de la reunión de marzo revelaron que «la mayoría» de los miembros del Comité Federal de Mercado Abierto temían que una guerra prolongada pudiera justificar una bajada de los tipos para apoyar el mercado laboral, mientras que «muchos» sugirieron que podría ser necesario subirlos para contrarrestar el aumento de los precios.
Antes de la guerra, se esperaba que el BCE mantuviera los tipos estables en 2026. Sin embargo, el repunte de los precios de la energía provocado por la guerra reavivó las preocupaciones sobre la inflación. Olaf Sleijpen, miembro del Consejo de Gobierno del BCE, advirtió de que las perturbaciones energéticas prolongadas podrían seguir alimentando presiones generalizadas sobre los precios. «Los precios del petróleo persistentemente elevados acabarán repercutiendo en los precios de otros productos y, por lo tanto, también en la formación de los salarios, lo que podría amplificar los efectos inflacionistas», afirmó. «En ese caso, el BCE intervendrá naturalmente para mantener la inflación en torno al 2 % a medio plazo».

Han surgido divisiones dentro del Banco de Inglaterra. Andrew Bailey, gobernador del banco, indicó que espera que la deprimida demanda y los mercados laborales del Reino Unido hagan que los efectos de «segunda ronda» derivados del aumento de los precios de la energía y los alimentos sean menos peligrosos que en 2021-22, reduciendo el riesgo de otra espiral de salarios y precios. Sin embargo, otros miembros del Comité de Política Monetaria, entre ellos el economista jefe Huw Pill y la vicegobernadora Clare Lombardelli, se mostraron menos optimistas.

Esta confusión podría resolverse si los bancos centrales reconocieran que la política monetaria tiene poca influencia sobre la inflación de precios, que depende ante todo del ritmo de creación de valor. Si la producción de las economías se ralentiza y las autoridades monetarias reaccionan aumentando la oferta monetaria y reduciendo el «precio» del dinero (los tipos de interés), la inflación se acelerará. Si el crecimiento de la oferta monetaria se mantiene cercano al crecimiento del valor, la inflación remite.

Tras haber visto fracasar el monetarismo y las políticas monetarias keynesianas, los economistas de los bancos centrales han recurrido a una teoría psicológica de las «expectativas de los consumidores» respecto a la inflación, es decir, que la inflación aumenta porque los consumidores la esperan y actúan en consecuencia comprando más para adelantarse a las subidas de precios. Pero, como concluyó el economista de la Reserva Federal Rudd en 2021: «Los economistas y los responsables de la política económica creen que las expectativas de los hogares y las empresas sobre la inflación futura son un determinante clave de la inflación real. Una revisión de la literatura teórica y empírica pertinente sugiere que esta creencia se asienta sobre cimientos extremadamente inestables, y se puede argumentar que adherirse a ella acríticamente podría conducir fácilmente a graves errores de política». Pero los bancos centrales no van a admitir esto porque eliminaría su papel percibido en la gestión macroeconómica de la economía capitalista y lo reduciría a actuar simplemente como «prestamista de última instancia» para el sistema bancario.

En su último informe Perspectivas de la economía mundial, el FMI estima que el crecimiento económico no se ralentizará mucho si el conflicto con Irán es de corta duración. Sin embargo, prevé un aumento significativo de la inflación mundial. Además, esta vez el «choque de oferta» no será fácil de contener. FMI: «el repunte de 2022 reflejó una curva de oferta agregada inusualmente pronunciada, en la que una fuerte demanda se topó con cuellos de botella en la oferta, lo que permitió a los bancos centrales lograr la desinflación con pérdidas de producción limitadas. Los datos actuales apuntan a un retorno a una curva de oferta más plana, lo que encarece la desinflación.» No obstante, el FMI aboga por que los bancos centrales estén preparados para subir los tipos de interés porque «si las expectativas de inflación a medio o largo plazo se desvían al alza a medida que repuntan los precios y los salarios, el restablecimiento de la estabilidad de precios debe tener prioridad sobre el crecimiento a corto plazo, con un endurecimiento rápido».

La guerra de Irán y las consiguientes subidas de los precios del petróleo y las materias primas son claramente un problema del lado de la oferta. La caída de la oferta elevará los precios, pero también reducirá el crecimiento, ya que mermará los salarios y los ahorros de los hogares y aumentará los costes para las empresas. Los altos precios de la energía son un impuesto regresivo que recae con especial dureza sobre los consumidores de ingresos medios y bajos. El menor consumo no energético y el aumento de los costes generan presión sobre los márgenes de las empresas, lo que a su vez provoca despidos y el colapso del mercado laboral. El crecimiento del PIB real de EE. UU. en el cuarto trimestre fue de apenas un 0,5 % (intertrimestral anualizado) y el índice de confianza del consumidor acaba de alcanzar su mínimo histórico.

Las principales economías aún no se encuentran en una situación de «recesión inflacionaria». En EE. UU., los márgenes de beneficio de las empresas se mantienen en máximos históricos. Además, se espera que los beneficios empresariales del primer trimestre de 2026 sean muy sólidos. Las ayudas fiscales previstas por Trump para las empresas estadounidenses son sustanciales, con incentivos fiscales para las empresas que inviertan en maquinaria y equipamiento industrial. Y la debilidad del dólar en la segunda mitad de 2025 contribuirá a impulsar los ingresos en dólares procedentes de las inversiones extranjeras.

Pero la mayor parte de este aumento de los beneficios se concentra en los gigantes tecnológicos de Silicon Valley. El resto del sector empresarial está pasando apuros. Los beneficios de todo el sector empresarial no financiero cayeron en 2025.

Y el impacto del conflicto de Oriente Medio en los beneficios aún no se ha dejado sentir plenamente." 

( 

23.3.26

A los bancos centrales les tiemblan las piernas... Durante décadas, los bancos centrales han hablado antes que nadie, diciendo lo que había que hacer... Por eso sorprende tanto la cautela e incuso el mutismo actual... Y ahí no hay mucho margen para el optimismo... La economía global está en tensión desde hace tiempo y los precios suben por múltiples factores: aranceles de Trump, concentración de los mercados, restricción crediticia, burbuja de la inteligencia artificial y, últimamente, por la guerra de Irán. Sin embargo, los bancos centrales siguen pensando en utilizar el único instrumento de siempre: los tipos de interés. Y el problema es evidente. Subir tipos enfría la demanda, pero no resuelve cuellos de botella ni abarata la energía. Lo que provoca, en cambio, es un efecto claro: encarece la financiación, frena la inversión y debilita la actividad... Y en economías deprimidas como la europea que crece al 0,9%, o en la de Estados Unidos afectada por los aranceles, eso podría ser una puntilla definitiva que las frenara en seco. Una vez más, subir ahora los tipos sólo beneficiaría a los grandes poseedores de capital y paralizaría aún más la actividad económica... La arquitectura de la política monetaria está mal diseñada y no es útil ante los problemas económicos... los bancos centrales empiezan a ser conscientes de ello... Hay que ampliar su mandato más allá del control de la inflación, incluyendo estabilidad financiera sistémica, prevención de burbujas de activos, sostenibilidad ambiental y objetivos de desarrollo sostenible, evaluando los efectos distributivos de cada decisión. Urge reformar su gobernanza y es fundamental institucionalizar la coordinación de su política monetaria con la política fiscal, no como subordinación, sino como arquitectura: protocolos formales, transparentes y sujetos a rendición de cuentas (Juan Torres López) (Juan Torres López)

"Durante décadas, los bancos centrales han hablado antes que nadie, diciendo lo que había que hacer y con la prepotencia típica de quien está seguro de que posee la verdad absoluta. Sus directivos han actuado siempre como árbitros de la política económica en general y únicos custodios de la credibilidad institucional.

Por eso sorprende tanto la cautela e incuso el mutismo actual. La presidenta Lagarde habla con desconocida modestia: «simplemente no podemos ofrecer una orientación«.  En la Reserva Federal, Powell, en lugar de pontificar como era habitual, se ha limitado a subrayar «la incertidumbre que rodea el shock del petróleo».

Estos días, los bancos centrales dan la imagen del jugador que mira desde el banquillo sin saber si el entrenador le va a pedir que salga al campo ni qué deberá hacer si tiene que jugar.

Una actitud muy distinta a la que adoptaron cuando estalló la guerra en Ucrania y los precios de la energía se dispararon. Inmediatamente mantuvieron que la inflación era de naturaleza monetaria y respondieron con su único instrumento: la subida de tipos. Sin importarle que la inflación tuviera un origen claramente externo; ni que subir el precio del dinero sobre unos costes energéticos ya disparados supusiera añadir más leña al fuego.

Prepotencia injustificada

La tradicional actitud prepotente de los bancos centrales ha sido siempre, cuando menos, llamativa, porque todos ellos cargan con un largo historial de predicciones erróneas y de consecuencias devastadoras.

Powell insistió en que la inflación postpandémica era «transitoria». No lo era. La presidenta Lagarde aseguró que sería «muy improbable» una subida de tipos en 2022. Los subió ese mismo año. El Banco de la Reserva de Australia prometió públicamente que los tipos no subirían hasta 2024; los subió en 2022.

No son anécdotas aisladas. Los estudios académicos muestran que las proyecciones de los principales bancos centrales han estado sistemáticamente sesgadas en la misma dirección (mostrando escenarios más optimistas que la realidad) y que sus errores, casualmente, siempre tienden a favorecer al sector financiero y a los grandes capitales.

Más independencia y poder, peor rendimiento

Es muy significativo que los grandes errores y fracasos de los bancos centrales se hayan producido precisamente cuando han disfrutado de total independencia y, además, siempre por la misma razón.

Siendo una de sus principales funciones garantizar la estabilidad financiera, resulta que la creciente independencia de los bancos centrales no ha evitado una mayor recurrencia de episodios de inestabilidad. La base de datos más reciente registra más de 151 crisis bancarias sistémicas de 1970 a 2019, 200 de deuda soberana desde 1960 y 414 cambiarias desde 1950: el período de mayor densidad de crisis de toda la historia documentada.

Ni siquiera se puede decir que la inflación se haya mantenido controlada gracias a la política monetaria, pues se moderó por factores estructurales: la integración de China que hundió los precios industriales en Occidente; y las políticas de recortes, el envejecimiento demográfico, la desigualdad y la debilidad inversora que han mantenido la economía con el freno puesto. Cuando esas fuerzas desaparecieron —con la pandemia y las guerras comerciales—, la inflación regresó con virulencia y los bancos centrales no supieron preverlo ni explicarlo.

Además, una cosa es domeñar un indicador estadístico y otra frenar las subidas de precios de lo que más importa. La inflación general acumulada en la UE entre 2010 y 2024 fue del 39%, pero los precios de la vivienda subieron el 53%. Mientras los precios de consumo se moderaban por factores estructurales, los activos —vivienda, bolsa, deuda— se encarecían, sin que los bancos centrales hayan sido capaces de evitarlo. Y esta inflación es la que más condiciona la vida económica real.

La razón por la que se producen tantos fallos, los errores continuos y graves de los bancos centrales es algo cada día más evidente. No son, como se quiere hacer creer, instituciones técnicas o neutrales. Como expliqué con detalle en mi libro Más difícil todavía, responden a un diseño ideológico basado desde los años ochenta en tres grandes pilares: la inflación es un fenómeno monetario, su independencia es un principio rector imprescindible para evitar expectativas inflacionistas y los tipos de interés son la herramienta necesaria y suficiente para influir sobre los precios.

El primero cae ante la evidencia: la inflación tiene múltiples causas y aplicar siempre la misma respuesta es como recetar el mismo tratamiento para cualquier enfermedad.

El segundo ha mostrado sus límites en las crisis. Durante la pandemia, la coordinación con los gobiernos fue inevitable, aunque improvisada y sin marco institucional claro.

El tercero es cada vez más cuestionado. Los tipos de interés no afectan por igual a todos los sectores ni garantizan una transmisión eficaz al conjunto de la economía.

¿Cambio de actitud o falta de rumbo?

A la vista de tantos fallos acumulados, cabe preguntarse si la moderación de estas últimas semanas significa que los bancos centrales se han dado cuenta de ese sesgo y de sus efectos nocivos y que, por tanto, están dispuestos a rectificar.

Naturalmente, no podemos saber lo que pasa por la cabeza de sus dirigentes, pero sí conocemos sus análisis y los instrumentos a los que se siguen aferrando para tomar medidas ante los problemas económicos. Y ahí no hay mucho margen para el optimismo.

La economía global está en tensión desde hace tiempo y los precios suben por múltiples factores: aranceles de Trump, concentración de los mercados, restricción crediticia, burbuja de la inteligencia artificial y, últimamente, por la guerra de Irán. Sin embargo, los bancos centrales siguen pensando en si utilizan o no el único instrumento de siempre: los tipos de interés. Y el problema es evidente. Subir tipos enfría la demanda, pero no resuelve cuellos de botella ni abarata la energía. Lo que provoca, en cambio, es un efecto claro: encarece la financiación, frena la inversión y debilita la actividad. Y no hay que ser un lince para darse cuenta de que, en economías deprimidas como la europea que crece al 0,9%, o en la de Estados Unidos afectada por los aranceles, eso podría ser una puntilla definitiva que las frenara en seco. Una vez más, subir ahora los tipos sólo beneficiaría a los grandes poseedores de capital y paralizaría aún más la actividad económica.

El silencio actual de los bancos centrales no es humildad. Es parálisis. No se parece al del sabio que calla porque sabe que las palabras precipitadas hacen daño. Es el del técnico que, ante un tablero de control para el que fue entrenado en condiciones de laboratorio, descubre que los indicadores no responden como el manual predice.

Lo que los hechos están imponiendo, con la fuerza acumulada de varios choques simultáneos, es el reconocimiento de que los modelos de los bancos centrales no sirven. Cada vez resulta más evidente que el único instrumento que utilizan produce efectos imprevisibles cuando los problemas son de naturaleza mixta y compleja. La arquitectura de la política monetaria está mal diseñada y no es útil ante los problemas económicos de nuestro tiempo.

Todo indica que los bancos centrales empiezan a ser conscientes de ello. Lo dicen, entre líneas, cuando admiten, como Lagarde, que no pueden «ofrecer orientación», o cuando Powell subraya la incertidumbre como si fuera una novedad y no la condición permanente de la economía real.

Por eso, ahora que el entrenador les dice que se preparen para salir al campo, les tiemblan las piernas.

Las reformas que se necesitan

Es un error alegrarse de la moderación y cautela actual de los bancos centrales. Es sólo una muestra de su impotencia que nos indica la urgencia de rediseñarlos profundamente.

Hay que ampliar su mandato más allá del control de la inflación, incluyendo estabilidad financiera sistémica, prevención de burbujas de activos, sostenibilidad ambiental y objetivos de desarrollo sostenible, evaluando los efectos distributivos de cada decisión.

Se debe redefinir la medición de la inflación, incluyendo el precio efectivo de la vivienda —no el alquiler equivalente hipotético— y los activos que realmente determinan el bienestar de las personas y la buena marga de las empresas.

Es imprescindible sustituir la brocha gorda de los tipos de interés por instrumentos quirúrgicos: coeficientes de capital contracíclicos, límites a la relación préstamo-valor en hipotecas, requisitos de liquidez sectoriales que actúen sobre los focos de fragilidad sin ahogar el conjunto de la economía…

Urge reformar su gobernanza: los órganos de gobierno de los bancos centrales son socialmente homogéneos, lo que genera puntos ciegos colectivos. Se necesita diversidad de enfoques, rendición de cuentas real ante los parlamentos y evaluaciones externas independientes.

Y es fundamental institucionalizar la coordinación de su política monetaria con la política fiscal, no como subordinación, sino como arquitectura: protocolos formales, transparentes y sujetos a rendición de cuentas.

El problema no es que los bancos centrales se equivoquen tanto. Es que actúan como si no pudieran equivocarse nunca. Y que se lo estamos permitiendo."

 (Juan Torres López , CTXT, 20/03/2026)

18.3.26

Argentina registra la segunda mayor caída industrial del mundo. El sector manufacturero acumuló una contracción del 7,9% en dos años, con la pérdida de 72.955 empleos y una utilización de capacidad instalada en mínimos históricos, con un promedio del 57,9%... lo que equivale a la desaparición del 5% del total de firmas industriales... la contracción se debe a una combinación de caída del consumo interno, encarecimiento de costos en dólares y menor inversión en maquinaria e insumos... Ramas como metalmecánica, textil y producción de bienes intermedios registraron fuertes retrocesos. En sectores como tabaco, químicos y caucho y plástico, los niveles operativos fueron incluso inferiores a los de 2020... la caída reciente de las importaciones responde principalmente al descenso en la compra de bienes de capital e insumos productivos, lo que refleja una contracción de la inversión y de la capacidad de expansión industrial... la pérdida de capital humano calificado y el cierre de capacidades productivas complejas podrían dificultar una eventual recuperación del entramado industrial sin políticas de incentivo y estabilidad macroeconómica sostenida (Hoy Día Córdoba)

 "La industria argentina cerró el bienio 2024-2025 con una fuerte contracción que la ubicó como la segunda peor caída industrial del mundo entre 56 países relevados por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), solo por detrás de Hungría.

Según el Informe Sectorial N° 41 de la consultora Audemus, el sector acumuló una retracción promedio del 7,9% respecto a 2023, con impacto directo en el tejido empresarial y el empleo formal.

Cierre de empresas y caída del empleo

El estudio detalla que 2.436 empresas manufactureras dejaron de aportar al sistema de seguridad social, lo que equivale a la desaparición del 5% del total de firmas industriales.

En paralelo, el sector perdió 72.955 puestos de trabajo registrados entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, lo que representa una reducción del 6% del empleo industrial.

El informe señala que la contracción no responde a un proceso de eficiencia productiva, sino a una combinación de caída del consumo interno, encarecimiento de costos en dólares y menor inversión en maquinaria e insumos.

Capacidad instalada en niveles críticos

La utilización de la capacidad instalada industrial se ubicó en un promedio del 57,9% en 2025, el nivel más bajo de la última década excluyendo el año de la pandemia por COVID-19.

Ramas como metalmecánica, textil y producción de bienes intermedios registraron fuertes retrocesos. En sectores como tabaco, químicos y caucho y plástico, los niveles operativos fueron incluso inferiores a los de 2020.

Crisis de inversión y menor producción

El documento advierte que la caída reciente de las importaciones responde principalmente al descenso en la compra de bienes de capital e insumos productivos, lo que refleja una contracción de la inversión y de la capacidad de expansión industrial.

Además, la dinámica del empleo privado mostró una baja de casi 17.900 puestos en un solo mes y una pérdida acumulada superior a 80.000 empleos totales en el último año calendario, incluyendo el ajuste en la Administración Pública Nacional, que redujo más de 64.600 posiciones.

Sectores que resistieron

Los únicos segmentos que lograron estabilidad o recuperación fueron aquellos vinculados a la exportación de commodities, como la molienda de cereales y oleaginosas, y la industria farmacéutica, cuyo comportamiento estuvo sostenido por una demanda más inelástica y mercados externos activos.

El informe concluye que la pérdida de capital humano calificado y el cierre de capacidades productivas complejas podrían dificultar una eventual recuperación del entramado industrial sin políticas de incentivo y estabilidad macroeconómica sostenida."

(Hoy Día Córdoba, 03/03/26) 

23.2.26

Lo que viene desde Argentina... Cuanto menor sea el salario en el coste de producción, mucho mejor. Sin que se vincule esto con la capacidad de consumo y, por tanto, con efectos sobre la demanda. Si las empresas ganan más, el objetivo se cubre, a pesar de los costes sociales... En tal aspecto, las propuestas de Milei son extremas: elevar la jornada laboral a 12 horas; establecer un “salario dinámico” –que puede también ser devengado en especie– y que, a su vez, se pueda bajar si la empresa considera que se ha reducido la productividad; no abonar las horas extras; facilitar al máximo el despido sin indemnización; que las empresas puedan elegir las vacaciones de sus trabajadores... Esto es entender la economía como una disciplina desprovista de las consecuencias sociales que acarrean unas orientaciones drásticas, muy ideologizadas, sin atender a los resultados socioeconómicos. Éstos están ya dibujando un país con mayor desocupación, más vulnerabilidad, menos auxilios sociales y económicos, reducciones salariales y de pensiones y despidos indiscriminados en el sector público. El relativo control de la inflación se ha conseguido a partir de una contracción brutal de la demanda agregada, y una pérdida de la calidad de vida... ese modelo argentino en España se observa con interés por parte de la extrema derecha y de gobiernos autonómicos el de Madrid sería el más representativo... El espejo argentino puede ser útil para saber lo que nos espera si triunfan las opciones que lo defienden (Carles Manera)

"   Uno de los paraísos del capitalismo en su estado extremo tiene su sede: Argentina. No es el único emplazamiento, pero sin duda constituye una muestra muy elocuente de este neocapitalismo, bautizado como anarcocapitalismo, en el que se critica la intervención del Estado en economía, pero se recurre a ese Estado para todo lo que se adscriba a negociaciones de carácter privado. Lo estamos viendo también en Estados Unidos, con la administración Trump. El planteamiento económico de Javier Milei es claro: él ha manifestado reiteradamente su admiración por los economistas austríacos y por sus concepciones de la política económica, básicamente monetaria, si bien Milei no ha entendido nada de la visión que esos economistas tenían en relación con el ciclo económico. 
 
Lo que está desplegando Milei ofrece recordatorios de las tesis más acendradas de esa Escuela Austríaca en Economía y, en particular, de uno de sus principales próceres, Friedrich Hayek. En un estudio publicado en 1931 (Preciosyproducción, este es el título), Hayek seguía defendiendo los preceptos básicos del patrón-oro, cuyas reglas, aplicadas a una economía en depresión a raíz del crac de 1929, demostraban un fracaso estrepitoso. En ese contexto, la tesis de Hayek descansaba en no bajar los tipos de interés, toda vez que eso infería un mensaje engañoso al mercado, habida cuenta que las empresas podían alargar la estructura de la producción, pero sin ahorro efectivo. Éste, para el austríaco, solo proviene del ahorro real, mientras el crédito bancario excesivo va a conducir a ajustes bruscos y a crisis económicas. La intervención pública no se contempla, y debe ser un mercado sin cortapisas lo que facilite el crecimiento de la economía, bajo la única vigilancia de la autoridad monetaria. En tal sentido, no ha lugar a una inversión pública que pueda generar déficit público, al tiempo que se contempla el salario como un precio más con el que “jugar”.

            Ambos elementos derivados de los preceptos de Hayek, la reducción del gasto público en coyunturas de crisis y el recorte de prestaciones salariales y sociales, conforman un binomio clave en la política económica argentina actual. De hecho, el salario se convierte para Milei en un precio relativo más del sistema y se determina por la productividad marginal del trabajo. Este axioma, curiosamente, es siempre invocado; pero no cuando la productividad del trabajo es más elevada y los salarios se pretende mantenerlos estáticos: aplicando ese baremo, éstos deberían subir acorde a la productividad. 

Pero la regla no funciona siempre, y el componente político y de posición en la estructura productiva –la fuerza empresarial frente a la debilidad sindical, por ejemplo– es determinante. En esas coordenadas, la filosofía económica de Hayek se desliza hacia estas conclusiones: si los salarios son rígidos por la acción de los sindicatos y por la intervención estatal, el ajuste que debe imputarse a la economía se dificulta. Son cortapisas a una economía con la radicalidad del libre mercado en sus manifestaciones más extremas. La posibilidad política de limitar al máximo los costes laborales unitarios y, especialmente, los salarios, se viste con el planteamiento de avanzar en la competitividad empresarial. Cuanto menor sea el salario en el coste de producción, mucho mejor. Sin que se vincule esto con la capacidad de consumo y, por tanto, con efectos sobre la demanda. Si las empresas ganan más, el objetivo se cubre, a pesar de los costes sociales.

            En tal aspecto, las propuestas de Milei son extremas: elevar la jornada laboral a 12 horas; establecer un “salario dinámico” –que puede también ser devengado en especie– y que, a su vez, se pueda bajar si la empresa considera que se ha reducido la productividad; no abonar las horas extras; facilitar al máximo el despido sin indemnización; que las empresas puedan elegir las vacaciones de sus trabajadores; y que, en fin, las bajas laborales se costeen en un mínimo del 50% entre trabajadores y empresarios, conforman un paquete de factores de carácter regresivo, con un claro desenlace: el aumento de la explotación. Y con otra derivada: el retroceso de las conquistas sociales y laborales históricas. Este es el modelo que un gran elenco de economistas neoliberales tiene en la cabeza, con la promesa de mejores desempeños económicos.

            Pero este tipo de política económica se puede aplicar de una manera efectiva si se vive en un régimen dictatorial, con censuras políticas, limitaciones de movimientos, laminación de la libertad de expresión y prohibición de sindicatos y partidos políticos. De hecho, muchas de las medidas adoptadas en el régimen del dictador chileno Augusto Pinochet por parte de economistas formados bajo la tutela de Milton Friedman, se inspiraron en la obra de Hayek que hemos citado, junto a la más filosófica Camino de servidumbre. Milei trata de seguir esa senda, que proporcionó para Chile datos macroeconómicos transitoriamente positivos, con un elevadísimo coste social y una represión terrible. El gobierno de Milei puede tener problemas para hacer efectivas esas líneas de actuación, si tenemos en cuenta las protestas callejeras que ya se están generando. Veremos las respuestas sindicales. Esto es entender la economía como una disciplina desprovista de las consecuencias sociales que acarrean unas orientaciones drásticas, muy ideologizadas, sin atender a los resultados socioeconómicos. Éstos están ya dibujando un país con mayor desocupación, más vulnerabilidad, menos auxilios sociales y económicos, reducciones salariales y de pensiones y despidos indiscriminados en el sector público. El relativo control de la inflación se ha conseguido a partir de una contracción brutal de la demanda agregada, y una pérdida de la calidad de vida.

            La base de ese modelo argentino, que en España se observa con interés por parte de la extrema derecha y de gobiernos autonómicos –el de Madrid sería el más representativo–, promueve la destrucción gradual pero inexorable de la economía pública, la privatización de los servicios esenciales –sanidad y educación– y el apoyo a las iniciativas privadas con capital público que se detrae de asignaciones presupuestarias que deberían canalizarse hacia hospitales, universidades, escuelas y servicios sociales. Todo invocando la libertad. 

El Estado –fijémonos de nuevo en Argentina– es abyecto; pero ese Estado se pliega a las instituciones económicas internacionales –y en gobiernos extranjeros, como el de Estados Unidos– para poder subsistir. Las premisas del mercado libre, sin ataduras, solo sirven para una sociedad general a la que se dice defender; el Estado, por el contrario, es útil para esos mismos dirigentes si tras sus puertas se hallan contratos, subvenciones y descargas fiscales. Sería muy positivo que la población supiera qué se esconde tras soflamas como el enaltecimiento de una libertad sin que se cualifique, o sobre encendidas diatribas a favor de una patria cuyo contenido real debe rellenarse, más allá de las banderas u otros utensilios. El espejo argentino puede ser útil para saber lo que nos espera si triunfan las opciones que lo defienden."                                (carlesmanera , blog, 20/02/26)  

22.2.26

Una economía en auge ya no garantiza que el nivel de vida también aumente... La política solía centrarse en la calidad de vida de las personas, y luego empezó a contar números. Esto, más que nada, explica la desconexión entre las personas y la política... La frase es 'Nivel de Vida' y su desaparición ha causado que los políticos se confundan mucho, mucho sobre lo público... vimos los ingresos como una función del "crecimiento económico" (lo cual no es así). Y veíamos el costo de vida solo como una función de la inflación (lo cual tampoco es cierto)... En términos muy sencillos, el concepto de una política centrada en la cuestión de la naturaleza y la experiencia de las vidas que llevamos fue reemplazado por una política que veía el nivel de vida como una función directa de las estadísticas macroeconómicas basadas en cuánto podíamos consumir... estamos en una "boomcesión", un período de la historia económica donde las estadísticas dicen que las cosas van bastante bien, pero el público no está de acuerdo porque no lo siente. Los números suben, pero nuestra experiencia de nuestro nivel de vida está cayendo, ¿qué pasa cuando falta una palabra o una frase? Es una frase que solía usarse todo el tiempo. Fue una de las expresiones más utilizadas en política y fue un campo de batalla clave en elección tras elección... Así que, impulsados por los sacerdotes de la economía de libre mercado, reemplazamos ese concepto con sustitutos... esos indicadores tenían todos una característica común: todos eran números en lugar de palabras. Rompieron el concepto consistente y unificado de "¿qué nivel de vida estoy llevando? y lo convirtieron en conceptos fragmentados como ingresos, inflación, bienestar, poder adquisitivo, costos evitables e inevitables, tasas de interés, etc... La siguiente palabra en ser eliminada fue "pobreza" (que trataba sobre el dinero), reemplazada por la "inclusión social" (que trataba sobre todo menos de dinero)... "ahora todos somos consumidores" y por lo tanto midió nuestro consumo como la medida de la calidad de vida. Y ha llevado la política a un mundo de callejones sin salida... antes del final de la década de Blair en el poder, el sistema bancario comenzó a tambalearse y luego colapsó... las antiguas medidas dejaron de medir lo que se suponía que debían medir... Hay un mundo de "renta económica" y "tarifas ocultas que actúan como impuestos" y mucho más que las corporaciones utilizan ahora de forma rutinaria, que son invisibles para las estadísticas pero golpean duramente a los ciudadanos (Robin McAlpine)

"¿Puedes pensar sin usar palabras? Este ha sido uno de los debates más importantes en el campo de la neurolingüística y sigue siendo controvertido, así que te dejaré explorar esa madriguera si te interesa. Pero permítanme hacer una afirmación más específica: no se puede pensar en política y políticas sin palabras, porque no hay absolutos, solo opciones.

Y las palabras que usas para pensar en política darán forma a cómo se desarrolla ese pensamiento. Alguien que piensa que los incendios forestales se tratan de "gestión forestal" hace cosas diferentes a alguien que piensa que son "campistas salvajes delincuentes". Las palabras dan forma a nuestra comprensión de todo.

Entonces, ¿qué pasa cuando falta una palabra? ¿O en este caso una frase? Es una frase que solía usarse todo el tiempo. Fue una de las expresiones más utilizadas consistentemente en política y fue un campo de batalla clave en elección tras elección – y luego desapareció. Hemos estado pensando sin la frase desde entonces, y se nota.

La frase es Nivel de Vida y su desaparición ha causado que los políticos se confundan mucho, mucho sobre el público. Arreglar esto significa analizar cómo perdimos la frase y por qué lo que la reemplazó no funciona correctamente.

¿Así que cómo lo perdimos? Esto, como tantas otras cosas, fue una dinámica creada por Thatcher pero ejecutada por Blair. El problema para el capitalismo neoliberal es que lo que es bueno para los capitalistas del libre mercado simplemente no es bueno para todos los demás. Es decir, el funcionamiento del capitalismo globalizado de libre mercado es perjudicial para el nivel de vida de las personas. Así que, impulsados por los sacerdotes de la economía de libre mercado, reemplazamos ese concepto con sustitutos.

Esos indicadores tenían todos una característica común: todos eran números en lugar de palabras. Rompieron el concepto consistente y unificado de "¿qué nivel de vida estoy llevando? y lo convirtió en conceptos fragmentados como ingresos, inflación, bienestar, poder adquisitivo, costos evitables e inevitables, tasas de interés, etc. Estos siempre existieron, pero no a expensas de su efecto acumulativo.

Y luego se gestionaron a través de otros proxies. Por ejemplo, realmente no perdimos tiempo midiendo los ingresos ni hablando mucho sobre ellos. En cambio, vimos los ingresos como una función del "crecimiento económico" (lo cual no es así). Y veíamos el costo de vida solo como una función de la inflación (lo cual tampoco es cierto).

En términos muy sencillos, el concepto de una política centrada en la cuestión de la naturaleza y la experiencia de las vidas que llevamos fue reemplazado por una política que veía el nivel de vida como una función directa de las estadísticas macroeconómicas basadas en cuánto podíamos consumir. O, para decirlo de otra manera, la calidad de tu vida fue reemplazada por la calidad de vida de las corporaciones como medida de nuestro éxito nacional.

Era parte del asalto blairista al lenguaje. Recuerdo que en 1997 me llevaron a un lado y me dijeron que ya no había "problemas", solo "desafíos". Oh, cómo me reí... durante unos diez minutos hasta que me di cuenta de lo que significaba. El siguiente en ser eliminado fue la "pobreza" (que trataba sobre el dinero), reemplazada por la "inclusión social" (que trataba sobre todo menos el dinero).

El nivel de vida nunca fue realmente eliminado oficialmente. Blair simplemente decidió que "ahora todos somos consumidores" y por lo tanto midió nuestro consumo como la medida de la calidad de vida. Y ha llevado la política a un mundo de callejones sin salida. Porque la teoría de que "los números suben" significa que cuando todos los números elegidos por los economistas de libre mercado suben, los políticos piensan que eso está resuelto.

Pero han estado sucediendo cosas extrañas, porque antes del final de la década de Blair en el poder, el sistema bancario comenzó a tambalearse y luego colapsó. Causó que todo cambiara. Echa un vistazo al gráfico de la semana de esta semana y verás un ejemplo, pero es solo uno de docenas. Efectivamente, las antiguas medidas dejaron de medir lo que se suponía que debían medir.

O, por decirlo de otra manera, hubo un "gran desacoplamiento" de las estadísticas y de cómo se suponía que se relacionaban entre sí y con nosotros. Esto sucedió lentamente después de la crisis financiera, y luego, muy, muy rápido después de la pandemia.

Así que, por ejemplo, ahora el aumento del PIB empeora el desempleo. Eso es todo al revés, está hecho para hacer lo contrario. Pero después de una década y media de un "socialismo para los ricos" sin precedentes (que recibieron rescates gubernamentales masivos dos veces y los utilizaron para inflar los valores de los activos donde tienen la mayor parte de su riqueza), la economía ya no funciona como antes.

Para darte otro ejemplo, el aumento del gasto del consumidor significa cosas muy diferentes en una era en la que el 50 por ciento de todo el gasto corresponde al diez por ciento más rico (en Estados Unidos). Asimismo, si no se incluyen los tipos de interés en la inflación, en realidad se está subestimando una crisis del coste de la vida. Otro ejemplo es dar el mismo peso al gasto discrecional y al no discrecional. Los timbres de video más baratos no compensan el aumento de los alquileres...

Esto es bastante denso para cavar. Hay un mundo de "renta económica" y "tarifas ocultas que actúan como impuestos" y mucho más que las corporaciones utilizan ahora de forma rutinaria, que son invisibles para las estadísticas pero golpean duramente a los ciudadanos. Quiero decir, ¿es la televisión más barata ahora que hace diez años?... [Verifica el número de suscripciones de streaming... no, no lo es.]

Y no son solo costos, es mucho más. La vivienda es un problema enorme y nuestras casas son cada vez más pequeñas e inaccesibles para toda una generación. El alquiler es más caro que una hipoteca, así que, de nuevo, si la gente se ve obligada a alquilar, eso es inflación más oculta. (...).

Dice que estamos en una "boomcesión", un período de la historia económica donde las estadísticas dicen que las cosas van bastante bien, pero el público no está de acuerdo porque no lo siente. Los números suben, pero nuestra experiencia de nuestro nivel de vida está cayendo. Y no estamos contentos por eso.

La forma de revertir esto es comparativamente simple, al menos el primer paso lo es. Necesitamos resucitar la idea de los niveles de vida. No son indicadores de nivel de vida, no es el "costo de vida", no es el PIB: una conversación sobre si la vida está mejorando y por qué. Cambia la perspectiva al instante. Si las casas se están volviendo más pequeñas, eso es positivo en términos de PIB pero malo para el nivel de vida.

Si construyes casas nuevas en urbanizaciones fuera de la ciudad, la gente no puede ir a ningún lado sin coche. El PIB no se preocupa, pero tú sí. Menos de una de cada cinco personas en Gran Bretaña tiene algún deseo de vivir en uno de esos desarrollos de "cajas blancas en un campo" que tanto parecen amar los funcionarios de planificación.

El punto es que el nivel de vida es complicado y narrativo. No se puede poner precio a todo, por mucho que lo exija tu hoja de cálculo. Entonces, ¿dónde está la métrica para 'mi casa es una caja de zapatos y me siento atrapado'? ¿Dónde está la métrica para "jódete, dos horas con un chatbot de IA y no he avanzado nada"?

¿Cómo se incluye el fraude en las cifras de inflación? Mantenerse al día con los consejos sobre fraude se siente como obtener un título universitario hoy en día. ¿Y los servicios públicos? ¿Por qué siguen diciendo que el crecimiento los arreglará? ¿Crecimiento para qué? ¿Solo más grande? ¿Cuánto más grande? ¿Cuándo llegamos?

Aquí hay otro ejemplo: la comida se abarató. Pero se abarató al dejar de ser realmente comida. Nos está enfermando y eso nos está haciendo miserables, pero las estadísticas dicen lo contrario. ¿Es el juego algo bueno o algo malo? Lo medimos casi por completo como algo bueno. Eso en sí mismo es extraño; los mismos argumentos económicos se aplicarían a la heroína. Los traficantes de drogas son claramente peores cabilderos...

Es lo de los cuatro ciegos que intentan averiguar qué es un elefante tocando cada uno partes separadas. Cada parte individual tiene sentido: es una gran serpiente subiendo por dos árboles que está unida a una vaca alta.

¿Así que nuevas estadísticas? Sí... y no. A menudo sostengo que estamos contando las cosas equivocadas, pero tal vez eso te dé la idea de que si cuentas las cosas correctas, los problemas desaparecerán. Esa es solo una versión diferente del mismo malentendido. Vamos, descríbeme el color amarillo usando solo números de una manera que tenga algún sentido para mí.

Parte de esto es simplemente binario: o puedes alimentar a los niños y calentar la casa, o no puedes. Algunas cosas son intangibles: o sientes que le importas a los políticos o no. Parte de ello es demasiado complejo: intenta describir por qué algunos vecindarios son deseables y otros no, y empiezas a darte cuenta de que muchos y muchos números van y vienen pero no se suman realmente para dar una respuesta.

Hasta que dejemos de usar proxies para la experiencia de las personas y encontremos otra forma de pensar en ello, seguiremos haciendo esto. Por eso el nivel de vida es un concepto tan útil, porque solo puede ser definido por los propios ciudadanos. Podrías pensar que estoy feliz de que mi factura de calefacción haya bajado, cuando en realidad sé que he estado apagando la calefacción porque estoy sin blanca y ahora me estoy congelando.

Solía haber una forma de hacer esto, de averiguar lo que la gente realmente quería. Era una cultura cívica rica y diversa (iglesias, sindicatos, asociaciones de inquilinos) que proporcionaba una retroalimentación activa del mundo real vinculada al conocimiento de base, una mayor participación en la política y (no puedo enfatizar esto lo suficiente) la suposición de que los intereses de las grandes empresas y de los ciudadanos están en tensión. La mayor parte de lo que describo arriba es una señal clara del abuso del poder corporativo.

Quizás por encima de todo, la idea de regulación se ha distorsionado. Las regulaciones son medidas para proteger al público de los poderosos. Durante 40 años se han presentado como cualquier cosa menos eso. De hecho, en mi vida adulta ni un solo político en el poder ha dejado de hablar de las regulaciones como el enemigo del bien público.

Realmente me gustaría describir la alternativa ahora, pero el cambio de conceptos aquí ha sido tan extenso que realmente requiere cierta explicación para mostrar por qué lo que te han enseñado a creer que es "política racional" es, de hecho, cualquier cosa menos eso. Está produciendo resultados que sabe que son contraproducentes, y lo está haciendo porque nadie está mirando esto desde la perspectiva de los ciudadanos.

Tu calidad de vida no está asegurada por el aumento de los números, sino por tu experiencia de que el mundo mejore. Eso no se puede expresar con números simples. El rumbo que ha tomado la política, obsesionada con los números, es simplemente un conjunto limitado de políticos que fingen desesperadamente poder gestionar la complejidad si la ignoran y gestionan otra cosa en su lugar.

En pocas palabras, una economía en crecimiento ya no es garantía de que los niveles de vida también aumentarán, y hasta que aceptemos eso y comencemos a enfocarnos en lo último, esta desconexión política seguirá creciendo y creciendo, con todo el daño que conlleva." 

( Robin McAlpine, Common Weal, traducción Quillbot, enlaces en el original)

18.11.25

Martin Wolf, del Financial Times, afirmó esta semana que solo el crecimiento económico puede salvar la democracia... Sin embargo, su modelo económico solo beneficia a los ricos. Cuando se sacrifica a los trabajadores, se disparan los alquileres y se extiende la inseguridad, tal como él exige para que el crecimiento pueda darse a cualquier precio, la democracia se debilita y el fascismo prospera... es precisamente esa redistribución ascendente de la riqueza y el aumento de la desigualdad lo que hace que la gente se dé cuenta ahora de que se están quedando atrás, lo que está impulsando el fascismo... Si la gente supiera que tiene hogares seguros; si supieran que sus hijos están a salvo; si supieran que podrían tener un NHS que funcione; si supieran que podrían tener una pensión en la vejez; y si supieran que hay una red de seguridad social que los cuida si no pueden trabajar – algo de lo que Wolf afirma que deberíamos deshacernos – entonces no estarían mirando hacia el fascismo... el argumento de Wolf es que es la redistribución la que está suprimiendo el incentivo para crecer... cuando es la justicia fiscal libera recursos reales para la redistribución dentro de la economía. No saca dinero de la economía, sino que tiene efectos multiplicadores... Debemos entender que el estado tiene el poder de liberarnos de esa ideología del crecimiento porque crea el dinero y es el garante de la estabilidad dentro de nuestra economía que nada más puede proporcionar. . Es hora de construir, en cambio, una economía del cuidado: empleos seguros, servicios públicos sólidos y equilibrio ecológico (Richard Murphy)

 "Martin Wolf tuvo un artículo en el Financial Times esta semana que, en mi opinión, estaba tan equivocado que era dolorosamente embarazoso y, al mismo tiempo, profundamente peligroso.

Martin Wolf, para ponerlo en contexto, es un hombre que, creo, es bastante mayor que yo y ha estado escribiendo para el FT desde que usaban plumas, hasta donde recuerdo, y el punto es que él es un símbolo de la antigua visión de la economía en este mundo. Es, en mi opinión, un neoliberal hasta la médula.

Y lo que dijo fue que Rachel Reeves debe conseguir crecimiento a cualquier costo en el presupuesto que se avecina en el Reino Unido, porque de lo contrario el mundo ya no tendría sentido, y la democracia depende de la idea de que tengamos crecimiento, sin importar las consecuencias para las personas que se sacrifican en el proceso de crearlo.

Eso, para mí, mostró no solo una indiferencia cruel hacia los hechos de la economía tal como son ahora, sino una indiferencia cruel hacia las personas que trabajan en la economía tal como es ahora. Y al hacerlo, Martin Wolf parecía representar toda la visión de la élite financiera, que piensa que su ganancia debe venir, sin importar el costo para el resto del mundo, y creo que eso vale la pena discutirlo.

El crecimiento económico, según Martin Wolf, hace posible la democracia. Su afirmación es que vimos la explosión del crecimiento, particularmente después de la Segunda Guerra Mundial, debido a los aumentos en la productividad, los aumentos en el nivel de consumo, los aumentos, por lo tanto, en el bienestar, y todos nos sentimos bien, y por lo tanto creímos en la democracia y votamos por partidos que, según él, la entregaron, aunque creo que todos podemos cuestionar si eso fue realmente cierto o no.

Y así dice que ahora solo el crecimiento – el crecimiento continuo – puede proteger a la democracia del desafío que proviene del fascismo.   Y dejemos claro, de ahí proviene el desafío. Entonces dice que el Partido Laborista debe priorizar lo que sea necesario para lograr el crecimiento. Pero esto, en mi opinión, es una ilusión peligrosa, aunque desafortunadamente una que evidentemente comparte Rachel Reeves.

Los hechos no apoyan el argumento de Martin Wolf. El auge de mediados del siglo XX, que comenzó a desvanecerse al final de ese siglo, fue una anomalía histórica.   Los combustibles fósiles baratos y las externalidades ignoradas, junto con la explotación de nuestro planeta, crearon este mito del crecimiento, que era claramente insostenible.

Sabemos que ese mundo se ha ido. El cambio climático es real. Sabemos que debemos enfrentarlo. Pretender, como lo hace Martin Wolf, que de alguna manera los límites planetarios ya no existen y no restringen la economía es simplemente, bueno, no encuentro otra palabra para ello, pero estúpido, porque claramente eso no puede ser cierto.   No se puede tener un crecimiento infinito en un planeta finito. Eso es una imposibilidad matemática absoluta.

Pero hay algo aún peor que eso. Lo que argumenta Martin Wolf es que las personas deben ser sacrificadas para este crecimiento. Él dice que, a menos que permitamos ahora flexibilidad dentro de la economía – lo que significa que deberíamos permitir la destrucción creativa de las industrias que ya existen – y que deberíamos permitir el despido de los empleados que trabajan en esas industrias con una compensación mucho reducida – y que las personas deben estar dispuestas a ser flexibles sobre dónde trabajarán y qué harán, creando una inseguridad masiva para la mayoría de las personas en el mundo – entonces no podemos tener crecimiento.

Pero en ese caso, tenemos que hacernos la pregunta, ¿para qué quieres el crecimiento, Martin Wolf? ¿Cuál es el sentido del crecimiento y la democracia, que él dice apoyar, si la consecuencia es que hay personas que viven sin derechos laborales? ¿Quiénes viven con el miedo de perder sus empleos? ¿Quiénes viven con el miedo de tener que mudarse para encontrar trabajo, pero saben que no podrán mudarse porque no tienen capital ni ahorros que les permitan hacerlo, y que el costo de mudarse, a donde sea que vayan, podría significar que tendrán que pagar más de la mitad de su salario en alquiler porque ese es el precio que se les exige a las personas solo para tener un techo sobre sus cabezas?

Está exigiendo un sacrificio de personas para que se pueda obtener ganancias. Beneficio para unos pocos que son representados por él y su periódico. Él argumenta que debemos tener una redistribución ascendente de la riqueza porque dice que es una condición previa para la democracia. Y, sin embargo, es precisamente esa redistribución ascendente de la riqueza y el aumento de la desigualdad lo que hace que la gente se dé cuenta ahora de que se están quedando atrás, lo que está impulsando el fascismo y no la ausencia de crecimiento.

Si la gente supiera que tiene hogares seguros; si supieran que sus hijos están a salvo; si supieran que podrían tener un NHS que funcione; si supieran que podrían tener una pensión en la vejez; y si supieran que hay una red de seguridad social que los cuida si no pueden trabajar – algo de lo que Wolf afirma que deberíamos deshacernos – entonces no estarían mirando hacia el fascismo. En su lugar, estarían pensando en los méritos que el estado les está proporcionando. Pero no pueden hacer eso porque esas cosas no se están proporcionando.

Y Wolf no quiere que se proporcionen porque cree que necesitamos un estado más pequeño y un sector privado más grande, porque cree que esa es la condición previa para el crecimiento. Y, por lo tanto, quiere perjudicar a los trabajadores para lograr ese crecimiento, aunque ellos no se beneficiarán de él.

Este es un lenguaje del siglo XIX, no del siglo XXI. Pero es más que eso.   Él finge que el estado es impotente si no hay crecimiento. La analogía del presupuesto familiar recorre todo lo que dice.   Su argumento es que si no hay crecimiento, no puede haber impuestos adicionales, y por lo tanto no puede haber servicios porque el estado no puede tomar más para satisfacer las necesidades. Está equivocado.   Un gobierno emisor de moneda nunca puede quedarse sin dinero. Y es la voluntad política y no el dinero lo que, en cualquier caso, es la restricción dentro de nuestra economía.

Si necesitamos más básicos, y acabo de explicar que creo que los necesitamos, entonces los cimientos del crecimiento en nuestra economía no vendrán de la expansión del sector privado, que en su mayoría satisface las necesidades de los ya ricos, porque ahí es donde va la mayor parte del consumo. En cambio, el crecimiento solo puede venir de la expansión del estado, y el estado puede expandirse, ese es mi punto. Podemos satisfacer todas esas necesidades básicas, pero tendríamos que aumentar los impuestos como resultado, no porque los impuestos paguen por alguna de esas cosas – porque no lo hacen; sabemos que ese es el caso – sino porque tendríamos que recuperar el dinero que el gobierno ha inyectado en la economía para crear ese crecimiento a través de la tributación. ¿Y quién debería pagar más? Esos, por supuesto, con la mayor capacidad de pago, que son los ricos.

Pero el argumento de Wolf es que es la redistribución la que está suprimiendo el incentivo para crecer. Aparentemente, los rentistas del mundo no invertirán más en la extracción de sus beneficios a menos que se les permita una mayor parte de ellos, en otras palabras, mediante una reducción de impuestos. Y de nuevo, Wolf está equivocado.   La justicia fiscal libera recursos reales para la redistribución dentro de la economía. No saca dinero de la economía. Y si entendiera algo sobre los efectos multiplicadores – y Martin Wolf sabe cómo funciona la economía y no ha olvidado esas cosas, pero ha olvidado su relevancia política – lo entendería.

La democracia realmente requiere hogares seguros, atención universal, educación y participación, y la lucha contra el cambio climático para proporcionar un futuro seguro en el que la gente no tenga que preocuparse, cuando, en la actualidad, demasiadas personas viven con miedo.

Una política de cuidado dejaría de perseguir el PIB por sí mismo, que es exactamente lo que está haciendo Martin Wolf.

Una política de cuidado utilizaría los recursos existentes para satisfacer las necesidades humanas, pero eso no es lo que él está haciendo. Está agotando a los humanos para satisfacer las necesidades de los mercados.

Una política de cuidado mediría el bienestar y no el consumo. Y cosas como mejorar los ingresos de los más pobres serían una de las indicaciones de un aumento en el bienestar que apoya a todos.

Y la política de cuidado construiría resiliencia y no burbujas, que es exactamente lo que quiere Martin Wolf.

Estamos viviendo en un mundo que ya está estresado más allá de sus límites, y con mercados financieros que inevitablemente van a colapsar. Y sin embargo, Martin Wolf quiere llevar las cosas aún más lejos.

Debemos alejarnos de este tipo de política, de esta economía, de este mito basado en la analogía del hogar del que quiere hablar Martin Wolf.   Necesitamos vivir en un mundo donde pongamos nuestras prioridades en su lugar, y nuestras prioridades no son hacer más ganancias para el beneficio de unos pocos, incluso si eso aumenta el PIB.

Necesitamos financiar adecuadamente el NHS y el cuidado social, y necesitamos repensar qué está enfermando a las personas en nuestra economía, incluyendo abordar las causas subyacentes de eso, como los alimentos ultraprocesados.

Necesitamos construir viviendas ecológicas a gran escala para que las personas puedan vivir con seguridad y tranquilidad, sabiendo que sus hijos pueden crecer en un lugar donde puedan tener amigos a lo largo de sus vidas en desarrollo, lo cual es la base para su salud mental a largo plazo.

Necesitamos garantizar el pleno empleo con salarios dignos y no la inseguridad salarial, que es lo que Martin Wolf ofrece.

Y necesitamos invertir en la transición climática.

Después de eso, necesitamos asegurarnos de que la tecnología mejore la vida.

Ninguna de esas cosas va a suceder si Wolf se sale con la suya con su obsesión por el crecimiento, porque eso amenaza con un colapso ecológico. Exige que el estado se reduzca y que el beneficio gobierne, y que todos los demás, incluida la democracia – la cosa que dice apoyar – deban sufrir como consecuencia.

Su actitud es que las personas deben ser sacrificadas por una estadística, que es: 'Producto Interno Bruto', el llamado ingreso nacional. Esa es la ideología que está matando nuestro futuro. La democracia debe liberarnos de esa ideología del crecimiento. Debemos entender que el estado tiene el poder de liberarnos de esa ideología del crecimiento porque crea el dinero y es el garante de la estabilidad dentro de nuestra economía que nada más puede proporcionar.

El estado debe actuar por las personas y el planeta. El cuidado debe ser lo primero. Y necesitamos políticos valientes – políticos que se levanten y digan esto – cuando tenemos cobardes como Rachel Reeves, que cederán a cada demanda que Martin Wolf ponga en su escritorio.

Es hora de que también tengamos un medio que entienda que las personas son lo primero, y que incluso allí, no son solo consumidores, sino siempre participantes, y que el beneficio nunca ocurre a menos que lleves a las personas contigo.

El mundo económico ha olvidado ese último punto. Tenemos que llevar a la gente con nosotros. Esa es la base de la democracia. Esa es la base de la verdadera prosperidad. Y personas como Martin Wolf parecen haber olvidado todo sobre eso, y por eso necesitamos alejarnos de ellos. Necesitamos una nueva economía del cuidado."

(

13.11.25

Una condición previa para que los países del Sur global ganen autonomía económica es la condonación de la deuda, como condición previa para la soberanía económica. Su elección hoy es, por lo tanto, entre pagar sus deudas externas—al costo de bloquear su propio desarrollo—o afirmar que estas deudas son odiosas e insistir en que sean canceladas... Su autodeterminación solo puede lograrse uniéndose en un frente colectivo. La agresión arancelaria de Donald Trump ha catalizado este proceso al reducir drásticamente el mercado estadounidense para las exportaciones de los países deudores, impidiéndoles obtener los dólares para pagar sus bonos y deudas bancarias, por lo que estos no se pagarán en ningún caso. El mundo ahora está ocupado desdolarizando... La crisis de deuda occidental actual, la desindustrialización y la utilización coercitiva de las sanciones comerciales y financieras bajo el sistema financiero internacional dolarizado, culminadas por la política arancelaria de "América Primero", han creado una necesidad urgente para que los países busquen colectivamente la soberanía económica para independizarse del control estadounidense y europeo de la economía internacional. El colectivo BRICS+ (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica+) acaba de comenzar a hablar sobre hacer tal intento. El éxito de China ha hecho que una alternativa global sea alcanzable... Mantener la creación de dinero y crédito en manos del estado a través del Banco Popular de China evita que los intereses financieros y otros rentistas tomen el control de la economía y la sometan a los gastos financieros que han caracterizado a las economías occidentales... Por eso se considera una amenaza existencial para el actual modelo bancario occidental (Michael Hudson)

 "Resumen: La retórica evangelizadora de los Estados Unidos describe la inminente fractura política y económica de la economía mundial como un "conflicto de civilización" entre democracias (países que apoyan la política de EE. UU.) y autocracias (naciones que actúan de manera independiente). Sería más preciso describir esta fractura como una lucha de los Estados Unidos y sus aliados occidentales contra la civilización.

El capitalismo industrial fue revolucionario en su lucha por liberar las economías y parlamentos de Europa de los privilegios hereditarios y los intereses creados que sobrevivieron del feudalismo. Para hacer que sus manufacturas fueran competitivas en los mercados mundiales, los industrialistas necesitaban poner fin al alquiler de tierras pagado a las aristocracias terratenientes de Europa, los alquileres económicos extraídos por los monopolios comerciales y los intereses pagados a los banqueros que no desempeñaban ningún papel en la financiación de la industria. Estos ingresos rentistas se suman a la estructura de precios de la economía, aumentando el salario vital y otros gastos empresariales, lo que reduce las ganancias.

El siglo XX vio cómo el objetivo clásico de eliminar estas rentas económicas se revirtió en Europa, Estados Unidos (EE.UU.) y otros países occidentales. Las rentas de la tierra y los recursos naturales en manos privadas siguen aumentando e incluso reciben ventajas fiscales especiales. La infraestructura básica y otros monopolios naturales están siendo privatizados por el sector financiero, que es en gran parte responsable de fragmentar y desindustrializar las economías en nombre de sus clientes inmobiliarios y monopolistas—quienes destinan la mayor parte de sus ingresos por alquiler como intereses a banqueros y tenedores de bonos.

Lo que ha sobrevivido de las políticas mediante las cuales las potencias industriales de Europa y los Estados Unidos construyeron su propia manufactura es el libre comercio. Gran Bretaña implementó el libre comercio después de una lucha de 30 años en nombre de su industria contra la aristocracia terrateniente. Esto tenía como objetivo poner fin a los aranceles agrícolas proteccionistas—las leyes del maíz—promulgadas en 1815 para evitar la apertura del mercado interno a las importaciones de alimentos a bajo precio, lo que habría reducido los alquileres agrícolas. Después de derogar estas leyes en 1846, para reducir el costo de vida, Gran Bretaña ofreció acuerdos de libre comercio a los países que buscaban acceso a su mercado a cambio de que estos no protegieran su industria contra las exportaciones británicas. El objetivo era disuadir a los países menos industrializados de procesar sus propias materias primas.

En tales países, los inversores extranjeros de Europa buscaban comprar recursos naturales que generaran rentas, encabezados por derechos minerales y de tierras, y la infraestructura básica encabezada por ferrocarriles y canales. Esto creó un contraste diamétrico entre la evitación de la renta en las naciones industriales y la búsqueda de renta en sus colonias y otros países anfitriones, mientras los banqueros europeos utilizaban el apalancamiento de la deuda para obtener el control fiscal de las antiguas colonias que habían ganado la independencia en los siglos XIX y XX. Bajo la presión de pagar las deudas extranjeras acumuladas para financiar sus déficits comerciales, intentos de desarrollo y creciente dependencia de la deuda, los países deudores se vieron obligados a ceder el control fiscal de sus economías a los tenedores de bonos, bancos y gobiernos de naciones acreedoras, presionándolos para privatizar sus monopolios de infraestructura básica. El efecto fue impedirles utilizar los ingresos de sus dotaciones naturales para desarrollar una base económica amplia para un desarrollo próspero.

Así como Gran Bretaña, Francia y Alemania intentaron liberar sus economías del legado de intereses creados con privilegios de extracción de rentas del feudalismo, la mayoría de los países de la mayoría global de hoy necesitan liberarse de la carga de rentas y deudas heredadas del colonialismo europeo y del control de los acreedores. Para la década de 1950, a estos países se les llamaba "menos desarrollados" o, incluso de manera más condescendiente, "en desarrollo". Pero la combinación de la deuda externa y el libre comercio les ha impedido desarrollarse a lo largo de las líneas equilibradas de lo público y lo privado que siguieron Europa Occidental y los Estados Unidos. La política fiscal y otras legislaciones de estos países han sido moldeadas por la presión de Estados Unidos y Europa para observar las reglas de comercio e inversión internacionales, lo que perpetúa la dominación geopolítica de sus banqueros e inversores extractores de rentas con el fin de controlar su patrimonio nacional.

El eufemismo "economía huésped" es apropiado para estos países porque la penetración económica occidental en ellos se asemeja a un parásito biológico que se alimenta de su huésped. Buscando mantener esta relación, los gobiernos occidentales están bloqueando los intentos de estos países de seguir el camino que las naciones industriales de Europa y los Estados Unidos tomaron para sus propias economías, con sus reformas políticas y fiscales del siglo XIX, que impulsaron su despegue. Estos países "en desarrollo" necesitan adoptar reformas fiscales y políticas para fortalecer su soberanía y perspectivas de crecimiento sobre la base de su patrimonio nacional de tierras, recursos naturales e infraestructura básica. De lo contrario, la economía mundial seguirá bifurcada entre las naciones rentistas occidentales y sus anfitriones de la mayoría global, sometidos a la ortodoxia neoliberal.
Éxito del modelo chino: Amenaza al Orden Neoliberal

Los líderes políticos en los EE. UU. señalan a China como un enemigo existencial de Occidente, no principalmente debido a su amenaza militar, sino porque China ofrece una alternativa económica exitosa al orden mundial neoliberal patrocinado por EE. UU. en la actualidad. Este orden se suponía que representaba el fin de la historia y su lógica de libre comercio, desregulación gubernamental e inversión internacional sin controles de capital, y no un desvío de las políticas anti-rentista del capitalismo industrial. Ahora podemos ver la absurdidad en esta visión evangélica autocomplaciente que ha surgido justo cuando las economías occidentales se están desindustrializando debido a las dinámicas de su propio capitalismo financiero postindustrial. Los intereses financieros y otros intereses rentistas están rechazando no solo a China, sino también la lógica del capitalismo industrial tal como la describieron sus propios economistas clásicos del siglo XIX.

Los observadores neoliberales occidentales han cerrado los ojos a reconocer las formas en que el "socialismo con características chinas" de China ha logrado su éxito mediante una lógica similar a la del capitalismo industrial defendido por los economistas clásicos para minimizar los ingresos de los rentistas. La mayoría de los escritores económicos de finales del siglo XIX esperaban que el capitalismo industrial evolucionara hacia el socialismo de una forma u otra a medida que aumentara el papel de la inversión pública y la regulación. Liberar a las economías y sus gobiernos del control de los terratenientes y acreedores era el denominador común del socialismo socialdemócrata de John Stuart Mill, el socialismo libertario de Henry George centrado en el impuesto sobre la tierra, y el socialismo cooperativo de ayuda mutua de Peter Kropotkin, así como el marxismo.

Donde China ha ido más allá que las reformas anteriores de economías mixtas socialistas ha sido en mantener la creación de dinero y crédito en manos del gobierno, junto con la infraestructura básica y los recursos naturales. El miedo a que otros gobiernos sigan el ejemplo de China ha llevado a los ideólogos del capital financiero de EE. UU. y otros países occidentales a ver a China como una amenaza que puede proporcionar un modelo para reformas económicas, que son precisamente lo opuesto a lo que la ideología pro-rentista y anti-gobierno del siglo XX defendía.

La carga de la deuda externa adeudada a los EE. UU. y otros acreedores occidentales, y facilitada por las reglas geopolíticas internacionales de 1945-2025 diseñadas por los diplomáticos estadounidenses en Bretton Woods en 1944, obliga al Sur Global y a otros países a recuperar su soberanía económica liberándose de su carga bancaria y financiera extranjera (principalmente dolarizada). Estos países también tienen el mismo problema de renta de la tierra que enfrentó el capitalismo industrial de Europa, pero sus rentas de la tierra y los recursos son propiedad de empresas multinacionales, otros apropiadores extranjeros y plantaciones latifundistas que extraen rentas de los recursos vaciando los recursos de petróleo y minerales del mundo y talando sus bosques.

Gravar la Renta Económica como Precondición para la Soberanía

Una condición previa para que los países del Sur global ganen autonomía económica es seguir el consejo de los economistas clásicos y gravar las principales fuentes de ingresos por alquiler—la renta de la tierra, la renta de monopolio y los rendimientos financieros—en lugar de permitir que se envíen al extranjero. Gravar estas rentas ayudaría a estabilizar su balanza de pagos mientras proporciona a sus gobiernos ingresos para financiar sus necesidades de infraestructura y el gasto social relacionado necesario para subsidiar su modernización económica. Así es como Gran Bretaña, Francia, Alemania y Estados Unidos establecieron su propia supremacía industrial, agrícola y financiera. Esta no es una política socialista radical. Siempre ha sido un elemento central del desarrollo capitalista industrial.

Recapturar las rentas de la tierra y los recursos naturales de un país como su base fiscal le permitiría evitar gravar el trabajo y la industria. Un país no necesitaría nacionalizar formalmente sus tierras y recursos naturales de manera absoluta. Simplemente necesita gravar la renta económica por encima de los "beneficios ganados" reales. Para citar el principio de Adam Smith y sus sucesores del siglo XIX, esta renta es la base impositiva natural. Pero la ideología neoliberal llama a tal tributación de la renta, y a la regulación de monopolios u otros fenómenos del mercado, una interferencia intrusiva en el "mercado libre".

Esta defensa de los ingresos rentistas invierte la definición clásica de un mercado libre. Los economistas clásicos definieron un mercado libre como aquel libre de renta económica, no como uno libre para la extracción de renta económica, y mucho menos como la libertad para que los gobiernos de las naciones acreedoras creen un "orden basado en reglas" para facilitar la extracción de renta extranjera y sofocar el desarrollo de los países anfitriones dependientes financieramente y del comercio.

La condonación de la deuda como condición previa para la soberanía económica

La lucha de los países para liberarse de su carga de deuda externa es mucho más difícil que la lucha de Europa en el siglo XIX para acabar con los privilegios de su aristocracia terrateniente (y menos exitosamente, de sus banqueros), porque tiene un alcance internacional. También se enfrenta ahora a una alianza de naciones acreedoras para mantener el sistema de colonización financiera creado hace dos siglos, cuando las antiguas colonias buscaron su independencia política pidiendo préstamos a banqueros extranjeros. A partir de la década de 1820, las regiones recién independizadas desde Haití, México y América Latina hasta Grecia, Túnez, Egipto y otras antiguas colonias otomanas lograron una libertad política nominal del control colonialista.

Pero para desarrollar su propia industria, tuvieron que asumir deuda extranjera—en la que casi inmediatamente incumplieron, lo que permitió a sus acreedores establecer autoridades monetarias encargadas de su política fiscal. Los gobiernos de estos países se convirtieron en agentes de cobranza para los banqueros internacionales a finales del siglo XIX. La dependencia financiera de los banqueros y tenedores de bonos reemplazó la dependencia colonial, obligando a los países deudores a dar prioridad fiscal a los acreedores extranjeros.

La Segunda Guerra Mundial permitió a muchos de estos países acumular reservas monetarias extranjeras sustanciales como resultado de suministrar materias primas a los beligerantes. Pero el orden postbélico diseñado por los diplomáticos estadounidenses basado en el libre comercio y los movimientos de capitales libres drenó estos ahorros, y obligó al Sur global y a otros países a endeudarse para cubrir sus déficits comerciales. Las deudas externas resultantes pronto llegaron a exceder la capacidad de estos países para pagar—es decir, para pagar sin rendirse a las demandas destructivas del Fondo Monetario Internacional (FMI) de austeridad que bloqueaban la inversión necesaria para aumentar su productividad y niveles de vida. No había manera de que pudieran satisfacer sus propias necesidades de desarrollo para invertir en infraestructura básica y proporcionar subsidios industriales y agrícolas, educación y atención médica públicas, y otros gastos sociales básicos que caracterizaban a las principales naciones industriales. Esto sigue siendo así.

Su elección hoy es, por lo tanto, entre pagar sus deudas externas—al costo de bloquear su propio desarrollo—o afirmar que estas deudas son odiosas e insistir en que sean canceladas. La cuestión es si los países deudores obtendrán la soberanía que se supone debe caracterizar una economía internacional de iguales, libre del control postcolonial extranjero sobre sus políticas fiscales y comerciales, así como sobre su patrimonio nacional.

Su autodeterminación solo puede lograrse uniéndose en un frente colectivo. La agresión arancelaria de Donald Trump ha catalizado este proceso al reducir drásticamente el mercado estadounidense para las exportaciones de los países deudores, impidiéndoles obtener los dólares para pagar sus bonos y deudas bancarias, por lo que estos no se pagarán en ningún caso. El mundo ahora está ocupado desdolarizando.

La necesidad de crear una alternativa al orden mundial centrado en Estados Unidos después de la guerra se expresó en 1955 en la Conferencia de Bandung de Países No Alineados en Indonesia. Pero les faltaba una masa crítica de autosuficiencia entre ellos para actuar juntos. Los intentos de crear un Nuevo Orden Económico Internacional en la década de 1960 enfrentaron el mismo problema. Los países no eran lo suficientemente fuertes industrial, agrícola o financieramente como para "hacerlo solos."

La crisis de deuda occidental actual, la desindustrialización y la utilización coercitiva de las sanciones comerciales y financieras bajo el sistema financiero internacional dolarizado, culminadas por la política arancelaria de "América Primero", han creado una necesidad urgente para que los países busquen colectivamente la soberanía económica para independizarse del control estadounidense y europeo de la economía internacional. El colectivo BRICS+ (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica+) acaba de comenzar a hablar sobre hacer tal intento.

El éxito de China ha hecho que una alternativa global sea alcanzable.

El gran catalizador para que los países tomen el control de su desarrollo nacional ha sido China. Como se indicó anteriormente, su socialismo industrial ha logrado en gran medida el objetivo clásico del capitalismo industrial de minimizar los gastos de los rentistas, sobre todo mediante la creación pública de dinero para financiar el crecimiento tangible. Mantener la creación de dinero y crédito en manos del estado a través del Banco Popular de China evita que los intereses financieros y otros rentistas tomen el control de la economía y la sometan a los gastos financieros que han caracterizado a las economías occidentales. La exitosa alternativa de China para asignar crédito evita obtener ganancias puramente financieras a expensas de la formación de capital tangible y los niveles de vida. Por eso se considera una amenaza existencial para el actual modelo bancario occidental.

Los sistemas financieros occidentales están supervisados por bancos centrales que han sido independizados del tesoro y de la "interferencia" regulatoria del gobierno. Su papel es proporcionar liquidez al sistema bancario comercial a medida que crea deuda generadora de intereses—principalmente con el propósito de generar riqueza financieramente mediante el apalancamiento de la deuda (inflación de precios de activos), no para la formación de capital productivo.

Las ganancias de capital—el aumento de precios de la vivienda y otros bienes raíces, acciones y bonos—son mucho mayores que el crecimiento del producto interno bruto (PIB). Pueden ser generadas fácilmente y rápidamente por los bancos, creando más crédito para aumentar los precios para los compradores de estos activos. En lugar de que el sistema financiero se industrializara, las corporaciones industriales occidentales se han financiero, y eso ha ocurrido de tal manera que ha desindustrializado las economías de EE. UU. y Europa.

La riqueza financiarizada puede generarse sin formar parte del proceso de producción. Los intereses, los cargos por demora, otras tarifas financieras y las ganancias de capital no son un "producto", pero se cuentan como tales en las estadísticas del PIB de hoy en día. Los cargos por mantenimiento de la creciente carga de deuda son transferencias al sector financiero, por parte de los trabajadores y las empresas, a partir de los salarios y las ganancias obtenidas por la producción real. Esto reduce el ingreso disponible para gastar en los productos producidos por el trabajo y el capital, dejando a las economías endeudadas y desindustrializadas.
Estrategia de las Naciones Acreedoras-Rentistas

La estrategia más amplia para evitar que los países eludan la carga rentista ha sido librar una campaña ideológica, desde el sistema educativo hasta los medios de comunicación masivos. El objetivo es controlar la narrativa de tal manera que se represente al gobierno como un Leviatán opresor, una autocracia inherentemente burocrática. La "democracia" occidental no se define tanto políticamente como económicamente, como un mercado libre cuyos recursos son asignados por un sector bancario y financiero independiente de la supervisión regulatoria. Los gobiernos lo suficientemente fuertes como para limitar la riqueza financiera y de otros rentistas en interés público son demonizados como autocracias o "economías planificadas", como si trasladar el crédito y la asignación de recursos a los centros financieros de Wall Street, Londres, París y Japón no resultara en una economía planificada por el sector financiero en su propio interés, con el objetivo de crear fortunas monetarias, no de mejorar la economía general y los niveles de vida.

Los funcionarios y administradores de la mayoría global que han estudiado economía en universidades de EE. UU. y Europa han sido adoctrinados con una ideología pro-rentista sin valores (es decir, sin alquileres) para enmarcar la manera en que piensan sobre el funcionamiento de las economías. Esta narrativa excluye la consideración de cómo la deuda polariza las economías al crecer exponencialmente con intereses compuestos. También está excluido de la lógica económica convencional el contraste clásico entre el crédito e inversión productivos y no productivos, y la distinción relacionada entre ingresos ganados (salarios y beneficios, los principales componentes del valor) e ingresos no ganados (renta económica).

Más allá de esta campaña ideológica, la diplomacia neoliberal utiliza la fuerza militar, el cambio de régimen y el control de las principales burocracias internacionales asociadas con las Naciones Unidas (ONU), el FMI y el Banco Mundial (y una red más encubierta de organizaciones no gubernamentales [ONGs]) para evitar que los países se retiren de las reglas fiscales pro-rentista y las leyes pro-acreedor de hoy en día. Estados Unidos ha tomado la delantera en el uso de la fuerza y el cambio de régimen contra los gobiernos que gravarían o limitarían de alguna otra manera la extracción de rentas.

Cabe señalar que ningún socialista temprano (excepto los anarquistas) abogó por la violencia en la búsqueda de sus reformas. Han sido los intereses creados—reacios a aceptar la pérdida de los privilegios que son la base de sus fortunas—quienes no han dudado en usar la violencia para defender su riqueza y poder contra los intentos de reforma que buscan limitar sus privilegios.

Para ser soberanas, las naciones deben crear una alternativa que les permita hacerse cargo de su propio desarrollo económico, monetario y político. Pero la diplomacia estadounidense considera cualquier intento de llevar a cabo las reformas políticas y fiscales necesarias y una fuerte autoridad reguladora gubernamental como una amenaza existencial al control estadounidense sobre las finanzas y el comercio internacionales. Esto plantea la cuestión de si es posible lograr reformas y una economía pública fuerte sin guerra. Es natural que los países se pregunten si pueden lograr la soberanía económica sin una revolución, como la que lucharon la Unión Soviética, China y otros países para poner fin a su dominación por parte de su clase terrateniente y acreedora apoyada por extranjeros.

La única manera de proteger la soberanía económica contra las amenazas militares es unirse a una alianza de apoyo mutuo, ya que los países individuales pueden ser aislados de la manera en que lo han sido Cuba, Venezuela e Irán. Como dijo Benjamin Franklin: "Si no nos unimos, nos ahorcaremos por separado."

Los escritores estadounidenses caracterizan el intento de otros países de unirse para lograr la soberanía económica como una guerra civilizacional. Aunque este es, de hecho, un concurso civilizacional, son los Estados Unidos y sus aliados los que están llevando a cabo una agresión contra los países que intentan retirarse de un sistema que les ha proporcionado un enorme flujo de rentas económicas y servicio de deuda de los países anfitriones sujetos a la diplomacia respaldada por Estados Unidos.

De la ocupación colonial europea al colonialismo financiero centrado en EE.UU.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la era del colonialismo estatal de colonos dio paso al colonialismo financiero, con la economía internacional dolarizada bajo el liderazgo de Estados Unidos. Las reglas de Bretton Woods establecidas en 1945 permitieron a las corporaciones multinacionales mantener las rentas económicas de la tierra, los recursos naturales y la infraestructura pública fuera del alcance fiscal doméstico. Los gobiernos se redujeron al papel de actuar como agentes de cobro para los acreedores extranjeros y como protectores de los inversores extranjeros de los intentos democráticos de gravar la riqueza rentista.

Estados Unidos pudo convertir el comercio mundial en un arma al monopolizar las exportaciones de petróleo por parte de empresas petroleras estadounidenses y aliadas (las Siete Hermanas), mientras que el proteccionismo agrícola estadounidense y europeo y la política de "ayuda" del Banco Mundial dirigieron a los países con déficit alimentario a centrarse en cultivos de plantación tropical en lugar de granos para alimentarse. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte de 1994 del presidente Bill Clinton con México inundó su mercado con exportaciones agrícolas estadounidenses a bajo precio (altamente subsidiadas por un fuerte apoyo gubernamental). La producción de granos en México se desplomó, dejándolo dependiente de alimentos.

Para bloquear a los gobiernos de gravar o incluso multar a los inversores extranjeros para recuperar compensaciones por daños en sus países, las potencias rentistas de hoy han creado tribunales de Solución de Controversias Inversor-Estado (ISDS) que exigen a los gobiernos compensar a los inversores extranjeros por el aumento de impuestos o la imposición de regulaciones que reduzcan los ingresos de propiedad extranjera. [1] Esto bloquea la soberanía nacional, incluyendo la prevención de que los países anfitriones puedan gravar la renta económica de sus tierras y recursos naturales propiedad de extranjeros. El efecto es que estos recursos se convierten en parte de la economía de la nación inversora, no de la suya propia. [2]

Otras naciones permitieron que Estados Unidos dictara el orden posterior a la Segunda Guerra Mundial, prometiendo generosa ayuda para apoyar el libre comercio, la paz y la soberanía nacional poscolonial, tal como se establece en la Carta de la ONU. Pero Estados Unidos derrochó su riqueza en gastos militares en el extranjero y en una adicción a la riqueza financiera en casa. Esto ha dejado el poder postindustrial de América basado principalmente en su capacidad para causar daño a otros países con el caos si no aceptan el "orden basado en reglas" diseñado para extraer tributo de ellos.

Estados Unidos impone aranceles proteccionistas y cuotas de importación a su antojo, y subsidia la agricultura y las tecnologías clave como posibles monopolios globales de alta tecnología, mientras prohíbe a otros países implementar tales políticas "socialistas" o "autocráticas" para volverse más competitivos. El resultado es un doble rasero en el que el "orden basado en reglas" de EE. UU. (sus propias reglas) reemplaza la adhesión al derecho internacional.

La política de apoyo a los precios agrícolas de EE. UU., iniciada bajo Franklin Roosevelt en la década de 1930, proporciona un buen ejemplo de sus dobles raseros. Hizo de la agricultura el sector más subvencionado y protegido. Se convirtió en el modelo para la Política Agrícola Común (PAC) de la Comunidad Económica Europea, introducida en 1962. Pero la diplomacia estadounidense se opone a los intentos de otros países, especialmente los del Sur Global, de imponer sus propios subsidios proteccionistas y cuotas de importación destinadas a lograr la autosuficiencia en la producción de alimentos básicos, mientras que la "ayuda crediticia" de EE. UU. y el Banco Mundial han (como se indicó anteriormente) apoyado la exportación de cultivos de plantaciones tropicales por parte de los países del Sur Global a través de préstamos para el transporte y el desarrollo portuario. La política de EE. UU. se ha opuesto consistentemente a la agricultura familiar y la reforma agraria en toda América Latina y otros países del Sur Global, a menudo con violencia.

No es sorprendente que, dado que Rusia ha sido durante mucho tiempo el principal adversario militar de Estados Unidos, haya tomado la delantera en protestar contra el orden unipolar estadounidense. Abogando por una alternativa multipolar al orden neoliberal de EE. UU. en 2023, el Ministro de Relaciones Exteriores Sergey Lavrov describió la subordinación económica poscolonial de los países que lograron la independencia política del dominio colonialista en los siglos XIX y XX, pero que ahora enfrentan la próxima tarea necesaria para completar su liberación.

Nuestros amigos africanos están prestando cada vez más atención al hecho de que sus economías enteras todavía se basan en gran medida en el desvío de recursos naturales de estos países. De hecho, todo el valor añadido es producido y embolsado por las antiguas metrópolis occidentales y otros miembros de la Unión Europea y la OTAN.

Occidente está utilizando sanciones unilaterales ilegales, que cada vez más se convierten en el presagio de un ataque militar, como ha sucedido en Yugoslavia, Irak y Libia y ahora está sucediendo en Irán, así como los instrumentos de competencia desleal, iniciando guerras arancelarias, apoderándose de los activos soberanos de otros países y aprovechándose del papel de sus monedas y sistemas de pago. El propio Occidente ha enterrado el modelo de globalización, que desarrolló después de la Guerra Fría para promover sus intereses. [3]

Marco Rubio hizo el mismo comentario en las audiencias del Senado de EE. UU. para confirmarlo como Secretario de Estado de Donald Trump, explicando que "el orden global de la posguerra no solo está obsoleto, ahora se está utilizando en nuestra contra." [4]
Violando las reglas del comercio e inversión exterior que los propios Estados Unidos dictaron en 1945, en otro caso más de que los Estados Unidos recurran al "orden basado en reglas" de sus propias reglas, los aranceles unilaterales del presidente Trump tenían como objetivo tanto trasladar los costos militares de la nueva Guerra Fría a otros países—que se esperaba compraran armas estadounidenses y proporcionaran ejércitos proxy—como obligar a los países a permitir que las empresas estadounidenses extrajeran rentas monopólicas sobre las principales tecnologías emergentes para reemplazar su poder industrial perdido.

Estados Unidos busca imponer derechos de monopolio y privilegios rentistas relacionados, exclusivamente favorables para sí mismo, en todo el comercio e inversión mundial. La diplomacia de América Primero de Trump exige que otros países realicen sus relaciones comerciales, de pagos y de deuda en dólares estadounidenses en lugar de sus propias monedas. La "regla de derecho" de EE. UU. es aquella que permite las demandas unilaterales de EE. UU. para imponer sanciones comerciales y financieras que dictan cómo y con quién pueden comerciar e invertir los países extranjeros. Se les amenaza con caos económico y la confiscación de sus reservas en dólares si no boicotean las relaciones comerciales y de inversión con Rusia, China y otros países que se niegan a someterse al control de EE. UU.

La influencia de Estados Unidos para obtener estas concesiones extranjeras ya no es el liderazgo industrial y la fortaleza financiera, sino su capacidad para causar caos en otros países. Al afirmar ser la nación indispensable, la capacidad de EE. UU. para interrumpir el comercio está acabando con su antiguo poder monetario y diplomático internacional. Ese poder originalmente se basaba en sus tenencias de las mayores reservas monetarias de oro del mundo en 1945, su estatus como la mayor nación acreedora y economía industrial, y después de 1971, su hegemonía del dólar—que surgió en gran parte como resultado de que su mercado financiero era el más seguro para que otras naciones mantuvieran sus reservas monetarias oficiales.

La inercia diplomática creada por estas ventajas anteriores ya no refleja las realidades de 2025. Lo que los funcionarios estadounidenses sí tienen es la capacidad de interrumpir el comercio mundial, las cadenas de suministro y los arreglos financieros, incluido el sistema de Sociedad para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Mundiales (SWIFT) de compensación bancaria de pagos internacionales. La confiscación por parte de Estados Unidos y Europa de 300 mil millones de dólares de los depósitos monetarios de Rusia ha oscurecido su reputación de seguridad financiera, mientras que sus crónicos déficits comerciales y de balanza de pagos amenazan con desestabilizar la estabilidad monetaria internacional y el libre comercio que lo convirtieron en el principal beneficiario del orden mundial de 1945-2025.

De acuerdo con el principio de soberanía nacional y no interferencia en los asuntos internos de otros países que subyace en la creación de la ONU (el principio básico del derecho internacional fundamentado en la Paz de Westfalia de 1648), el Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Lavrov, describió (en su discurso citado anteriormente) la necesidad de "establecer mecanismos de comercio exterior [que] el Occidente no podrá controlar, como corredores de transporte, sistemas de pago alternativos y cadenas de suministro." Como ejemplo de cómo Estados Unidos había paralizado la Organización Mundial del Comercio (OMC), que había creado sobre la base del libre comercio en una época en que Estados Unidos era la principal potencia exportadora del mundo, explicó:

"Cuando los estadounidenses se dieron cuenta de que el sistema globalizado que habían creado—uno basado en la competencia justa, los derechos de propiedad inviolables, la presunción de inocencia y principios similares, y que les había permitido dominar durante décadas—también había comenzado a beneficiar a sus rivales, principalmente a China, tomaron medidas drásticas." Como China comenzó a superarlos en su propio terreno y según sus propias reglas, Washington simplemente bloqueó el Órgano de Apelación de la OMC. Al despojarlo artificialmente de un quórum, inactivaron este mecanismo clave de resolución de disputas—y sigue inactivo hasta el día de hoy.

Estados Unidos ha podido bloquear la oposición extranjera a sus políticas nacionalistas al tener poder de veto en la ONU, el FMI y el Banco Mundial. Incluso sin tal poder, los diplomáticos estadounidenses han podido bloquear a las organizaciones de la ONU para que actúen independientemente de los deseos de Estados Unidos al negarse a nombrar líderes o jueces que no sean principalmente leales a su política exterior. [5] El mundo ya no debe ser gobernado por el derecho internacional, sino por las reglas unilaterales de Estados Unidos, sujetas a cambios abruptos dependiendo de las vicisitudes del poder económico o militar estadounidense (o de su pérdida). Como describió el presidente de Rusia, Vladimir Putin, este nuevo estado de cosas en 2022: “Los países occidentales han estado diciendo durante siglos que traen libertad y democracia a otras naciones,” sin embargo, “el mundo unipolar es inherentemente antidemocrático y no libre; es falso e hipócrita hasta la médula.” [6]

La autoimagen de los Estados Unidos describe su prolongada posición dominante en el mundo como un reflejo de su democracia, mercado libre e igualdad de oportunidades, que ha permitido a su élite de poder, según su perspectiva, adquirir su estatus al ser los miembros más productivos de la economía, a través de su gestión y asignación de ahorros y crédito. La realidad es que Estados Unidos se ha convertido en una oligarquía rentista, cada vez más hereditaria. Las fortunas de sus miembros se hacen principalmente adquiriendo activos que generan rentas (tierras, recursos naturales y monopolios) sobre los cuales obtienen ganancias de capital, mientras que pagan la mayor parte de su renta como interés a sus banqueros, quienes terminan con gran parte de estas rentas y se convierten en la nueva clase directiva de la oligarquía.
En resumen

El verdadero conflicto sobre qué tipo de sistema económico y político tendrá la mayoría global está ganando impulso. Los países del Sur Global y otros se han visto tan profundamente endeudados que se han visto obligados a vender su infraestructura pública para pagar sus costos de mantenimiento. Recuperar el control de sus recursos naturales e infraestructura básica requiere el derecho fiscal de imponer un impuesto sobre la renta económica a sus tierras, recursos naturales y monopolios, así como el derecho legal de recuperar los costos de limpieza ambiental causados por empresas extranjeras de petróleo y minería, y los costos de limpieza financiera por la carga de la deuda externa impuesta por los acreedores que no han asumido la responsabilidad de garantizar que sus préstamos puedan pagarse bajo las condiciones existentes.

La retórica evangelizadora de EE. UU. describe la inminente fractura política y económica de la economía mundial como un "conflicto de civilización" entre democracias (países que apoyan la política de EE. UU.) y autocracias (naciones que actúan de manera independiente). Sería más preciso describir esta fractura como una lucha de los EE.UU. y sus aliados europeos y otros aliados occidentales contra la civilización, asumiendo que la civilización implica, como parece que debe, el derecho soberano de los países a promulgar sus propias leyes y sistemas fiscales en beneficio de sus propias poblaciones dentro de un sistema internacional que tenga un conjunto común de reglas y valores básicos.

Lo que los ideólogos occidentales llaman democracia y mercados libres ha resultado ser un imperialismo financiero-rentista agresivo. Y lo que ellos llaman autocracia es un gobierno lo suficientemente fuerte como para prevenir la polarización económica entre una clase rentista superrica y una población empobrecida en general, como está ocurriendo dentro de las propias oligarquías occidentales.

Notas

[1] Proporciono los detalles y la discusión en el Capítulo 7 de El Destino de la Civilización (ISLET 2022).

[2] La compañía petrolera saudí, Aramco, por ejemplo, no era una filial corporativa distinta, sino una sucursal de Standard Oil de Nueva York (ESSO). Esta sutileza legal significaba que sus ingresos y gastos se consolidaban en el balance general de la empresa matriz en Estados Unidos. Esto le permitió recibir un crédito fiscal por la "deducción por agotamiento" del petróleo, lo que hacía que la empresa estuviera efectivamente libre del impuesto sobre la renta en EE. UU., aunque el petróleo que se estaba agotando era el saudí.

[3] Declaraciones y respuestas a preguntas del Ministro de Relaciones Exteriores Sergey Lavrov en el 11º Foro Internacional de Lecturas Primakov, Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, Moscú, 24 de junio de 2025, https://mid.ru/en/press_service/video/view/2030626/

[4] Marco Rubio, testimonio del 15 de enero de 2025, https://www.state.gov/opening-remarks-by-secretary-of-state-designate-marco-rubio-before-the-senate-foreign-relations-committee

[5] La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), encargada de mantener bajo control la proliferación nuclear, es el caso más reciente y notorio. Su líder, Grossi, proporcionó a la inteligencia estadounidense e israelí los nombres de los científicos iraníes que fueron asesinados y detalles de los sitios de refinamiento nuclear iraníes que fueron bombardeados. El veto de Estados Unidos ha impedido que casi toda la ONU condene los ataques israelíes contra la población palestina. Y cuando la Corte Penal Internacional (CPI) presentó cargos contra Benjamin Netanyahu por ser un criminal de guerra por llevar a cabo el genocidio de Israel contra los palestinos, los funcionarios estadounidenses exigieron la destitución del juez.

[6] Vladimir Putin, discurso del 30 de septiembre de 2022 tras la firma de los tratados sobre la adhesión de las repúblicas populares de Donetsk y Luhansk y las regiones de Zaporozhye y Jersón a Rusia, http://en.kremlin.ru/events/president/news/69465 " 

(, PRIME, 04/11/25, traducción Quillbot)