"Juan Carlos Barrabés se define a sí mismo así: “Un tío de
Benasque (Huesca) que casi no he estudiado y he hecho un montón de
cosas”. El empresario, de 56 años, creó a mediados de los noventa su
primera tienda online de ropa de montaña con su apellido. En el
año 2000 gestó Barrabés Internet, una empresa que ofrecía formación a
nuevos emprendedores de negocios para el comercio electrónico. Su
carrera despegó así, convirtiéndose en un referente en el mundo de la
innovación. En 2024, el juez Juan Carlos Peinado decidió imputarlo
en la causa que impulsa contra la esposa del presidente del Gobierno,
Begoña Gómez, en cuyo máster en la Universidad Complutense de Madrid,
Barrabés dio “dos o tres” clases. En ese momento, según explica, él se
encontraba gravemente enfermo debido al síndrome de Poems que padece, un
trastorno sanguíneo que provocó que le tuvieran que autotransplantar
células madre. Recién operado y aislado en una habitación del hospital,
el magistrado ordenó que las fuerzas de seguridad le incautaran el
teléfono móvil. Una decisión que posteriormente fue anulada.
Tanto
el juez Peinado como la Fiscalía Europea mantienen abiertas distintas
investigaciones contra él por tres adjudicaciones de contratos públicos
de la entidad Red.es. Ahora recuperado, Barrabés decide dar a EL PAÍS su
primera entrevista desde que comenzó esta causa y asegura que no se
siente una víctima del procedimiento, sino un “instrumento”. “He estado a
punto de morirme y me están intentando matar”, apunta. Asegura que
confía en la justicia e incide en que no busca que la causa se anule:
“Quiero ganar”.
Pregunta. ¿Cuál era su relación con Pedro Sánchez? ¿Cómo y cuándo lo conoció?
Repuesta. Es
muy simple: no hay relación. He escuchado que le enseñé a esquiar, que
he tenido jornadas hablando con él dando largos paseos. Todo es mentira.
Solo le vi una vez en una reunión con ciento y pico empresarios; y fui
porque me llamaron 40 veces y porque llamaron a todos para llenar la
sala. Y luego otra vez porque me llamó (como tantas veces tanta gente me
llama) y me preguntó cómo veía yo el tema de la innovación, las pymes y
todo esto, que es de lo que sé. No tengo una relación de asesor o algo
así. No es verdad.
P. ¿Fue una reunión en La Moncloa?
R. Sí.
Fueron dos: en una nos conocimos y en otra quedamos. Hay que dar el
detalle exacto porque ya me he dado cuenta de que, si no, parece que
escondes algo.
P. ¿Y a Begoña Gómez cuándo la conoce?
R. A Begoña la conocí en Mañana,
un evento muy chulo sobre el futuro de la sostenibilidad. Sobre 2010,
yo ya estaba muy convencido de que realmente el futuro de la innovación
pasaba por la sostenibilidad y que los países no podrían tener una
industria competitiva sin ese componente. Entonces hice muchas cosas en
ese mundo y ella vino la primera vez a escuchar. Y la conocí allí y, ya
está, no tiene más historia.
P. Y, a partir de ese momento, ¿cómo fue su relación con ella?
R. En
un momento dado, me llamó y me dijo que estaba montando un máster de
sostenibilidad. No surgió la idea de mí, ni nada por el estilo. Me
pareció bien porque muchísima gente me preguntaba dónde podía estudiar
sostenibilidad. Hay que tener en cuenta el momento: en España no había
estudios de sostenibilidad. A todos les tenía que recomendar cosas
fuera. Me dijo que si podía ayudar con una parte, de estrategia, y le
dije que sí. Me pareció normal. Tuvimos algunas reuniones para
profesores, para la estructura. Yo tenía mucha experiencia en másteres.
Pero, si se refiere a si soy su amigo, si me he ido a cenar con ella:
no, nunca, jamás. No tengo amistad con ella. No conoce a mis hijos, no
conoce a mi mujer. Hemos tenido una relación profesional. Y cuando yo he
ido a La Moncloa es porque pensaba que era su oficina. Yo ayudé a hacer
un máster de sostenibilidad social, y di dos o tres clases.
P. ¿Y tiene alguna relación actual con Begoña Gómez?
R.
¡Qué va! Nada. Hace muchísimos años que no tengo relación. Creo que me
puso un mensaje para Navidad. Que yo he estado a punto de morirme y no
me ha llamado. Este rollo de la deshumanización de la gente no está
bien. Porque esto consiste en quemar y destrozar la vida. La gente que
se deja instrumentalizar con estas cosas, tanto periodistas como
entornos judiciales, no sabe lo que hace. No te puedes convertir en una
herramienta para permitir que la gente haga el mal. Tienes que
protegerte para que no te utilicen, para que no te instrumentalicen,
para deshumanizar y fastidiar. Nos estamos jugando la democracia.
P. En su trayectoria como empresario, ¿ha tenido relación con otros gobiernos?
R.
Claro, a mí me han llamado siempre. Desde el año 90 y poco, siempre me
han llamado para preguntar. Es normal, es que me dedico a la innovación.
Cómo no van a preguntar, es que sería irresponsable no hacerlo.
P. ¿Algún ejemplo que pueda poner?
R. Si
se pregunta si he hablado con gente muy importante de gobiernos y de
empresas, sí. Aquí y fuera de España. Lo que pasa es que si ahora nombro
a alguien, lo van a crujir. Porque estamos todos locos. Pero es que a
mí me parece normal que las personas que se dedican a la vida pública y a
las grandes empresas se informen de lo que pasa. Y yo era una persona
que podía contar lo que pasaba de una manera diferencial. He salido en
las listas de los más influyentes no sé cuántos años.
P. ¿Ha tenido contratos con otras administraciones?
R. No
recuerdo ninguna administración o empresa importante con la que no haya
trabajado. Llevo toda mi vida currando. A mí no me dan un contrato.
Primero, los gano. Y segundo, no los gano solo. En uno de estos casos
[que se están investigando], por ejemplo, KPMG tiene el 60%. No son unos
que hay por ahí, unos mataos.
P. ¿Cómo fueron los contratos con Red.es?
R.
Creo que nos hemos presentado a 300 y pico contratos. De repente, en
España explotaron los fondos europeos. El 100% de las consultoras que se
presentan a estos multiplicaron su facturación. Solo te presentas a lo
que crees que puedes ganar y, aun así, ganas entre el 15 y el 20% si
tienes experiencia. Es muy difícil. Siempre ganas muy pelado y muchas
veces se recurre. En estos casos [los que se investigan], no se
recurrieron. Hay 12 o 15 funcionarios profesionales, cada uno de su
padre y de su madre, con experiencia. Sinceramente, no sabría cómo
influirles. No lo haría, pero es que no sabría hacerlo. Hacer un
programa para 3.000 personas que aprendan de ciberseguridad en tantas
ciudades en España durante tres años es súper difícil. De hecho, no lo
había hecho nunca nadie. Nunca he tenido la consultora como un negocio;
ha sido una plataforma para cumplir mis ideas. Jamás me ha movido el
dinero en la consultora. Ahora ya no la tengo, me la han robado. Ahora
la cuestión es quién me la va a pagar. Me han robado empleados, que
llevábamos muchísimos años juntos; me han robado la posibilidad en un
montón de proyectos increíbles; me han robado una potencia que tenía yo
para hacer cosas. Es como si me hubieran robado el riñón.
P. ¿Se le han ido empleados?
R. Bueno,
la empresa, al final, he tenido que venderla a un euro. Pero es que me
he quedado con la deuda. El tema es que me han robado la empresa. Éramos
un ejemplo para mucha gente. Y eso era precisamente lo que a nosotros
nos gustaba: hacer cosas muy potentes y con mucho impacto. Pero yo no
soy una víctima, soy un elemento necesario para los objetivos de este
proceso. Pero no me siento una víctima. Por ahora son negocios. Pero he
visto llorar a mi mujer hace poco. A mí, la pasta me da igual, pero
estas cosas no me dan igual. Se deshumaniza a la gente. ¿Para qué?
Porque entonces los puedes matar.
P. En la
investigación también se mencionan unas cartas de recomendación que
firmó la esposa del presidente ¿Cómo surge la firma de este tipo de
cartas?
R. Cuando tú te presentas a un concurso,
presentas cartas de apoyo al proyecto. No es una carta de recomendación.
Hay varias grandes mentiras que se dicen muchas veces y la gente se las
cree: como que yo soy socio [de Begoña Gómez], lo de las cartas de
recomendación. Esto no funciona así. Una carta de apoyo al proyecto
quiere decir que, si el proyecto sale, se comprometen a hablar con quien
gane el proyecto. ¿Para qué sirve? Para demostrar que estás en el
mundo. No cuenta, pero todo el mundo lo hace porque, en el fondo, es una
manera de decir que no eres un pirata. ¿Y cómo se hace?
Automáticamente. ¿Y cuántas se piden? Miles al año. ¿La pedí yo? No.
Esta
gente no va con las mismas armas. No va con buena fe. El juzgado sabía
que yo iba a ser autotrasplantado. Y, cuando te autotrasplantan, en las
primeras dos semanas, y sobre todo los primeros dos o tres días, tienes
cero defensas. Yo estaba llagado, hecho polvo, medio muerto... No puedes
estar con la gente, porque con cualquier cosa [infección] te mueres. Y,
de repente, oigo unos ruidos y eran dos tíos del juzgado en mi cuarto.
Pusieron en riesgo mi vida descomunalmente. Uno me decía: “Usted, si no
ha hecho nada, no se preocupe”. Y me cogen el móvil y se piran. Me
dejaron sin comunicación y yo sin saber nada, medio muerto —la Audiencia
Provincial de Madrid anuló la incautación del teléfono, así como los
registros en la casa y empresas de Barrabés con un duro reproche al juez
Peinado: “No todo es lícito”—.
P. Volviendo a las cartas. Había otra, por ejemplo, del Ayuntamiento de Madrid, del PP. Después de su imputación, ¿rompieron los proyectos que había o los renovaron?
R.
No quiero hablar del Ayuntamiento de Almeida porque no voy a
criminalizar a nadie. No voy a hacer lo que me hacen. Lo que pasó es
que, en el mundo de la consultora, desapareció todo el mundo y nos
echaron de los sitios que pudieron. Yo lo entiendo porque, si al final
tú tienes esa presencia mediática, pues la gente se asusta.
P.
Sobre la cátedra codirigida por Begoña Gómez, el juez Peinado mantiene
que usted “no se limitó a contactos puntuales”, sino que se “proyectó”
sobre “la propia estructura de la cátedra, en la que quedó integrado de
forma estable”. ¿Cuál fue exactamente su participación en la cátedra?
R. Mi
participación en la cátedra fue inexistente. Cero patatero. De hecho,
ahora me he enterado de que existía la cátedra. No he estado nunca y
nadie me ha visto nunca en la cátedra. Han pasado los de la Complutense
[por el juzgado] y han dicho que yo no estaba en la cátedra. Esto
consiste en tener cuatro o cinco mentiras muy gordas y repetirlas todo
el rato. No soy el socio de Begoña Gómez; no he tenido un aumento de
ingresos por los concursos públicos, tenía un 10-12% en un mundo que
crecía al 800%. Llevo toda la vida ganando concursos públicos. ¿Dónde
está la pasta? A mí me han buscado en mi casa a ver si había pasta. Pero
no tengo dinero negro. Nunca he tenido. Han venido a buscarme cuentas, y
no las tengo.
P. ¿Usted conocía al rector de la universidad?
R. Qué va.
P. ¿Y a Luis Prieto? —director de Economía Digital en Red.es—.
R. A
Luis Prieto le conozco porque es un tío que lleva 30 años en el gremio,
y le he visto dos o tres veces en mi vida. Luis Prieto tiene la fama de
ser el tío más duro del gremio. ¿Y ahora dice un informe que falta el libro blanco
[un trámite necesario para la adjudicación]? Claro que está el libro
blanco. O sea, tú haces un informe policial y dices lo que dice la
gente, pero no miras a ver si es verdad. ¡Pues claro que está el libro
blanco!
P. ¿Usted habló con algún miembro de Red.es o sabe si alguien intercedió para que su oferta fuera “la buena”, como decían los mensajes incautados a los trabajadores de la entidad?
R. No,
absolutamente no. Ellos tienen su manera de adjudicar los proyectos. Y
tienen un proceso en el que abren una discusión. Y en una discusión, lo
normal es que uno diga una cosa al otro, y que uno se equivoque. Pero la
realidad es que lo hacen así con todos los proyectos. De hecho,
nosotros hemos pedido 20 veces que nos dejen investigar otros
[contratos] y nos lo echan para atrás.
P. Si la instrucción terminara en juicio, ¿preferiría que le juzgara un tribunal profesional o un jurado?
R. Una
inteligencia artificial [bromea]. Es más fácil controlar los sesgos
ideológicos. Y sería rápido. Porque el mayor problema de esto es que te
arruinan y te destrozan la imagen con el tiempo.
P. Y quitando la inteligencia artificial, que no es posible, ¿preferiría un tribunal o un jurado?
R. Un
tribunal. Siempre prefiero trabajar con profesionales. Y te digo la
verdad: yo confío en la justicia. Lo que le está pasando a la justicia
es que está siendo atacada. Eso es lo que pienso. Y, cuando te atacan,
te atacan desde dentro y desde fuera. Y si viene un jurado, pues yo sigo
confiando en la justicia y supongo que habrá manera de reclamar. Pero
lo normal es que un jurado popular te cuelgue vivo. Tampoco hay que ser
muy listo para verlo. Vete a la calle y dile a nueve ciudadanos que hay
un empresario en España, del que durante dos años y medio han estado
diciendo que es un ladrón enorme y un confabulador. Y diles que no lo
condenen. No se me ocurre una indefensión mayor.
P. ¿Cómo ha vivido el proceso a nivel personal?
R.
Tú ves que estás a punto de morirte y que no le importa a la gente. Y
es muy duro. Y ya cuando me enteré de que habían entrado en mi casa, con
mis hijos... El otro día, en el juzgado, estaba viendo a los abogados
de la acusación y pensé: “Si son como los abogados de Torrente, frikis
diciendo chorradas”.
P. Cuando empieza el procedimiento, ¿usted ya estaba enfermo?
R. Claro. Tenía el síndrome de Poems, que es una enfermedad rara. Esto es una enfermedad tumoral.
P. Y, cuando le citaron primero como testigo, ¿estaba en el hospital?
R. Yo
estaba desahuciado. Joder, que no era broma. Yo he estado en el
hospital, entrando y saliendo, ocho meses y medio o nueve. Vamos, mírame
cómo me he quedado —necesita bastones para desplazarse y no tiene
sensibilidad en las extremidades—. El problema es que a mí me hicieron
muchas cosas sin estar imputado. Declaré sin estar imputado. Yo he sido
un tío de monte y estuve siete años en un internado porque en Benasque
no había colegio. Soy un tío fuerte. Entonces, tiro para adelante. El
problema no soy yo. El problema son mi mujer, mis hijos, mi familia y mi
familia extendida: empleados y amigos. Que esto afecte a ellos. Yo
estoy viviendo esto como una parte de mi vida. Y hasta ahora son
negocios. Pero empiezan a no ser negocios. Es muy duro despertarte a las
cuatro de la mañana y ver que, realmente, eres el producto de una
cadena para hacer daño. Te están instrumentalizando para hacer daño.
Pues dices, ¿Esto qué es? Y si te mueres, eres una pieza de la cadena,
ya cogerán otra. Esto no puede ser. Yo no quiero que declaren este
juicio nulo, quiero ganarlo. No me da la gana que lo declaren nulo. No
quiero porque eso es una salida muy fácil. Así no queda claro que yo no
lo he hecho. Yo quiero ganarlo.
Hay una economía de la desgracia en todo esto. Hay una economía de las fake news.
Son unos mediocres y esto les permite llevar un ritmo de vida que no
han llevado en su vida. Y es increíble porque estamos llegando a un
mundo sostenido por unos mediocres. La democracia tiene que protegerse.
El ascenso de los mediocres es el fin de la democracia.
Me
han intervenido el móvil. Que es la razón por la que mi mujer estaba
llorando. Me acabo de enterar. Me humilló profundamente. Creo que en
todo el proceso no hay nada que me haya humillado más que eso. ¿De verdad me tenéis que intervenir el móvil dos años o tres después
[de que se abriera la causa]? Es que van con todo. En la Fiscalía
Europea han pasado 68 personas a declarar. Y está todo clarísimo. Y solo
se han filtrado, curiosamente, los mensajitos.
P. ¿Cuál es su opinión sobre cómo el juez Peinado ha llevado la instrucción?
R. Pues mira, visto lo visto, no lo voy a decir. Porque eso tiene un coste."
(Irene Dorta , J. J. Gálvez , El País, 09/07/26)