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15.3.26

La agricultura regenerativa produce la misma cantidad de alimentos sin ningún sobrecoste... Ya hay un primer estudio científico que lo prueba... la escala no varía, los alimentos son más saludables y los campos mucho más resilientes al clima extremo... las calabazas cultivadas en las parcelas regeneradas tuvieron un mayor contenido mineral y de sustancias antioxidantes. Y las peras regenerativas también maduraron con un contenido superior en polifenoles y el doble de capacidad antioxidante, “todo esto ayuda a reducir el estrés oxidativo celular y favorece una mayor protección frente a enfermedades”... la concentración de carbono en el suelo regenerativo es de al menos un 35% mayor en las parcelas regenerativas en comparación con las convencionales... Otro dato clave es la retención de agua, un 9% más alta en las parcelas regenerativas «Esto supone que pueden absorber más agua en caso de inundación y tener más reservas en caso de sequía”

 "La agricultura convencional suele invalidar las técnicas regenerativas argumentando que ofrecen menos cultivos con costes productivos más elevados. Ya hay un primer estudio científico –liderado por el CREAF– que lo refuta: la escala no varía, los alimentos son más saludables y los campos mucho más resilientes al clima extremo.

Cuando se habla de agricultura regenerativa –modelo agrícola que busca regenerar, estimular y mantener la fertilidad y biodiversidad de la tierra–, los empresarios agrícolas, defensores de los usos intensivos del suelo, suelen comenzar sus frases con un “sí, pero”. En el sí reconocen algunas de las bondades de estas técnicas alternativas –suelos más sanos, tierras más fértiles, cosechas de mayor calidad, etc.–. Sin embargo, tras el pero, repiten siempre el mismo argumento: que es imposible alimentar a las 8.000 millones de personas del planeta con una agricultura que tiene una escala limitada y unos costes de producción más elevados. En enero de 2026, este mantra ha sido refutado por la evidencia científica. 

En una sala céntrica de Madrid, ubicada a pocos metros de la estación de Atocha, el CREAF y la Asociación Española de Agricultura Regenerativa Ibérica dieron a conocer esta semana los resultados del primer estudio científico (Regenera.cat) que, durante dos años, ha comparado en un mismo territorio (Cataluya) parcelas regenerativas con convencionales. Una de las principales conclusiones es que las primeras –después de un periodo de transición y una vez se recupera la salud del suelo– producen misma cantidad de alimentos que el sistema tradicional y lo hacen con un coste similar o incluso inferior. 

“Esto es importante porque echa por tierra ese falso argumento de que con la agricultura regenerativa no se puede producir a gran escala. Siempre lo refutamos, pero hoy tenemos la validación científica”, ha explicado Javier Retana, catedrático de Ecología de la Universitat Autònoma de Barcelona, investigador del CREAF y coordinador de este proyecto.

Múltiples beneficios 

Entre los resultados del estudio –realizado entre enero de 2024 y enero de 2026–, el equipo científico destaca que los productos obtenidos por técnicas regenerativas incrementan la concentración de algunos nutrientes y son, por tanto, más saludables. «Existen pocos trabajos que hayan evaluado la densidad nutricional de los alimentos obtenidos por técnicas regenerativas”, indica Dolores Raigón, investigadora de la Universitat Politècnica de València y experta en análisis nutricional. 

Por ejemplo, las calabazas cultivadas en las parcelas regeneradas tuvieron un mayor contenido mineral y de sustancias antioxidantes. Y las peras destacaron por su equilibrio en la concentración de ácidos y azúcares totales. “Es decir, son frutas más compensadas en el sabor, ni muy dulces ni muy ácidas”, explica la experta. Al igual que en las calabazas, las peras regenerativas también maduraron con un contenido superior en polifenoles y el doble de capacidad antioxidante, “todo esto ayuda a reducir el estrés oxidativo celular y favorece una mayor protección frente a enfermedades”.  

Por su parte, la leche procedente de las vacas de las fincas regenerativas de Planeses (Girona) presentaron un índice aterogénico claramente más bajo, “esto quiere decir que hay menos ácidos grasos asociados a la formación de placas en las arterias”, añade la experta. En el caso del yogur regenerativo, los resultados son aún más positivos, ya que presenta índices aterogénicos y trombogénicos -que mide la tendencia de las grasas a favorecer la formación de coágulos en la sangre- más bajos. «En general, esto se asocia a un perfil lipídico más saludable, con menor riesgo cardiovascular y de formación de trombos”, explican los científicos.

Más agua y carbono en el suelo  

Más allá de los alimentos, los resultados de este estudio pionero revelan que la gestión regenerativa tiene “efectos muy positivos” sobre el suelo. En concreto, la concentración de carbono en el suelo regenerativo es de al menos un 35% mayor en las parcelas regenerativas en comparación con las convencionales. “Para hacernos una idea de la importancia de este dato, se ha estimado que aumentando cada año un 0,4% la retención de carbono de todos los suelos agrícolas y forestales podría compensarse la totalidad de las emisiones actuales de gases de efecto invernadero”, destaca Sara Marañón, investigadora del CREAF, quien también forma parte del proyecto.

Otro dato clave es la retención de agua, un 9% más alta en las parcelas regenerativas «Esto supone que pueden absorber más agua en caso de inundación y tener más reservas en caso de sequía”, explica Marañón. Durante la presentación, Ana Digón, presidenta de la Asociación, mostró una foto de estos días de borrascas interminables de dos parcelas linderas pero con diferentes modelos agrícolas –tradicional/regenerativo–. Una estaba toda inundada, con la cosecha estropeada; la otra estaba verde, sin acumulación de agua, gracias a la esponja de su cobertura vegetal.

El estudio también muestra que el modelo regenerativo mantiene mejor el microclima del suelo. “Esto es muy positivo porque, por ejemplo, se amortigua la temperatura cuando hace calor y se mantiene mejor la humedad. De hecho, hemos visto que se pueden amortiguar hasta 3,6 ºC las temperaturas máximas del suelo en verano”, añade Marañón.

Se ha observado, además, que hay más biodiversidad de bacterias, hongos y microartrópodos en el suelo, y varias de las especies que se han detectado son bioindicadores de una mejor calidad del ecosistema. “También aparecen especies reconocidas como biopesticidas comerciales, como Metarhizium sp., es decir, que pueden actuar como control natural de plagas”, explica Xavi Domene, otro de los investigadores del CREAF.

10 criterios para evitar el greenwashing 

Con la presencia de agricultores que vienen desde hace años apostando por la agricultura regenerativa, la presentación de los resultados de este estudio sirvió para oficializar el primer documento que establece los diez criterios básicos que determinan qué es la agricultura regenerativa real.

El diagnóstico de la Asociación Española de Agricultura Regenerativa Ibérica es que el ansiado auge de este modelo no ha ido acompañado de una certificación oficial, “lo que ha provocado que empresas y otros actores se apropien de este término como herramienta de greenwashing”.

Este decálogo ha contado con el consenso de casi 200 personas productoras, entidades y representantes del sector, además de personal científico de universidades y centros de investigación de toda España. 

Los criterios:

1. Contextualidad: adaptar y aplicar las prácticas regenerativas al contexto territorial, ambiental, social y agronómico de cada finca, en coherencia con una planificación a largo plazo.

2. Agua: planificar, dimensionar y desarrollar la producción agroganadera acorde con la disponibilidad hídrica y la realidad geológica y edafoclimática de la región, y realizar prácticas de manejo hidrológico que promuevan un uso responsable y no contaminante del agua, favoreciendo la captación y retención de aguas pluviales en el paisaje.

3. Biodiversidad: realizar prácticas que activamente protejan y aumenten la biodiversidad tanto silvestre como cultivada/doméstica.

4. Pastoreo dirigido: en presencia de ganado herbívoro u omnívoro, que es una práctica altamente deseable y recomendable, integrarlo con pastoreo dirigido.

5. Sin labranza: eliminar el laboreo con volteo de las capas del suelo y reducir al máximo la labranza vertical.

6. Cobertura: mantener el suelo cubierto durante el mayor periodo de tiempo posible con materia vegetal o animal

7. Cultivos: en el caso de los cultivos estacionales, aplicar asociaciones y/o rotaciones y/o diversificación de cultivos combinándolos en el espacio y en el tiempo.

8. Insumos: gestionar, como objetivo fundamental, la finca sin fertilizantes o biocidas de síntesis química (herbicidas, insecticidas y fungicidas), transgénicos ni los generados por edición genética (aplicando siempre el principio de precaución y teniendo en cuenta los posibles avances científicos).

9. Plásticos y residuos: minimizar el uso de plástico y de materiales no reciclables, y garantizar el reciclaje adecuado del que se utilice.

10. Vínculo social y territorial: fomentar la cooperación territorial y la transferencia de conocimiento para fortalecer la comunidad y la sostenibilidad del territorio."

( Andrés Actis , Rebelión, 13/03/26) 

25.2.26

China transforma el desierto en tierra cultivable con cianobacterias... Las semillas se basan en cianobacterias en forma sólida. Una vez dispersas en la arena, se reactivan bajo el efecto de la lluvia, se agregan con los granos y forman una biopelícula. Esta capa estabiliza la superficie y facilita el crecimiento de las plantas... la biopelícula, cuya formación espontánea puede tardar hasta quince años, podría aparecer en uno o dos años. La tasa de supervivencia supera el 60 por cien... La tecnología que se está probando en China no busca la transformación inmediata en tierras fértiles. Establece una base biológica. Las plantas pioneras pueden arraigar sobre esa base, allanando el camino para la regeneración gradual del suelo. En lugar de plantar árboles directamente, una estrategia a menudo ineficaz en dunas inestables, los investigadores priorizan la reconstrucción de la estructura del suelo (mpr21)

 "Investigadores chinos están acelerando la estabilización de los suelos desérticos. Una tecnología experimental desarrollada en el noroeste de China forma una capa biológica en tan solo unos años, en comparación con más de una década en condiciones naturales.

Un equipo científico chino está probando “semillas de suelo” capaces de fijar la arena y preparar el terreno para la vegetación. El experimento se lleva a cabo en la estación de investigación Shapotou, de la Academia China de Ciencias.

Las semillas se basan en cianobacterias en forma sólida. Una vez dispersas en la arena, se reactivan bajo el efecto de la lluvia, se agregan con los granos y forman una biopelícula. Esta capa estabiliza la superficie y facilita el crecimiento de las plantas. En Shapotou, los investigadores hablan de un cambio de escala.

Inicialmente, las pruebas de laboratorio no resistieron las condiciones del desierto. Expuestas al viento y a las arenas movedizas, las cianobacterias desaparecieron en menos de una semana. Inspirado por los mecanismos naturales, el equipo perfeccionó su método. La inyección a presión permite ahora introducir los microorganismos entre los granos de arena, lo que limita su dispersión y mejora su asentamiento.

Los hallazgos de los investigadores sugieren que la biopelícula, cuya formación espontánea puede tardar hasta quince años, podría aparecer en uno o dos años. La tasa de supervivencia supera el 60 por cien. La estabilización de la arena, un proceso que puede prolongarse durante largos periodos, se reduciría a tan solo unos pocos años. Estos resultados aún se basan en ensayos experimentales.

Los retos van más allá de la simple lucha contra la erosión. En muchos países, la expansión de las zonas áridas reduce las tierras cultivables y pone en peligro la producción de alimentos. En África y Asia, se están perdiendo millones de hectáreas debido a la desertificación. Restaurar los suelos es una vía directa para mantener la producción agrícola, limitar el éxodo rural y asegurar los ingresos de los agricultores.

La tecnología que se está probando en China no busca la transformación inmediata en tierras fértiles. Establece una base biológica. Las plantas pioneras pueden arraigar sobre esa base, allanando el camino para la regeneración gradual del suelo. En lugar de plantar árboles directamente, una estrategia a menudo ineficaz en dunas inestables, los investigadores priorizan la reconstrucción de la estructura del suelo. El sistema se ha integrado en el programa de bosques cortavientos del norte del país. Los científicos pretenden restaurar entre 5.300 y 6.600 hectáreas en los próximos cinco años."

(mpr21, 25/02/26) 

15.1.26

Los 16 mayores problemas medioambientales de 2026: Calentamiento global provocado por los combustibles fósiles... Politización de la crisis climática... Pérdida de biodiversidad... Contaminación por plásticos... Deforestación... Contaminación atmosférica... Desperdicio de alimentos... Derretimiento de los casquetes polares y aumento del nivel del mar... Acidificación de los océanos... Agricultura tradicional... Degradación del suelo... Inseguridad alimentaria e hídrica... Moda rápida y residuos textiles... Inteligencia artificial... Sobrepesca... Minería de cobalto (Earth.org)

 "El mundo se enfrenta a una serie de retos medioambientales urgentes que requieren atención y medidas inmediatas. Desde los desastres provocados por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación por plásticos hasta el auge de la inteligencia artificial, los 16 mayores problemas medioambientales de 2026 pintan un panorama desolador que pone de manifiesto la urgente necesidad de mitigar el cambio climático y adaptarse a él.

1. Calentamiento global provocado por los combustibles fósiles

Acaba de concluir otro año marcado por olas de calor récord y fenómenos meteorológicos extremos catastróficos, y 2025 se perfila como uno de los tres años más cálidos de la historia. Esto pone fin a más de una década de calor sin precedentes a nivel mundial, impulsado por las actividades humanas, en la que cada uno de los últimos 11 años (2015-2025) ha sido uno de los diez más cálidos de la historia. Actualmente, 2024 encabeza la clasificación, seguido de 2023.

Sin duda, uno de los mayores problemas medioambientales de nuestra vida es el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, que retienen el calor del sol en la atmósfera, elevando la temperatura de la superficie terrestre y provocando olas de calor más largas y intensas. Las concentraciones atmosféricas de los tres principales gases que calientan el planeta —dióxido de carbono (CO2), metano y óxido nitroso— nunca han sido tan altas. Debido a la extremadamente larga durabilidad de estos gases en la atmósfera, el mundo se enfrenta ahora a un «aumento de la temperatura a más largo plazo», afirmó el mes pasado Ko Barret, vicesecretario general de la Organización Meteorológica Mundial.

«El calor atrapado por el CO2 y otros gases de efecto invernadero está acelerando nuestro clima y provocando fenómenos meteorológicos más extremos. Por lo tanto, reducir las emisiones es esencial no solo para nuestro clima, sino también para nuestra seguridad económica y el bienestar de la comunidad», añadió Barrett.

El aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero ha provocado un rápido y constante aumento de las temperaturas globales, lo que a su vez está causando catástrofes en todo el mundo, desde Australia y Estados Unidos, que están sufriendo algunas de las temporadas de incendios forestales más devastadoras jamás registradas, y las plagas de langostas que están diezmando los cultivos en partes de África, Oriente Medio y Asia, hasta una ola de calor en la Antártida, donde las temperaturas superaron los 20 °C por primera vez.

Los científicos advierten constantemente de que el planeta ha superado una serie de puntos de inflexión que podrían tener consecuencias catastróficas, como el avance del deshielo del permafrost en las regiones árticas, el deshielo de la capa de hielo de Groenlandia a un ritmo sin precedentes, la aceleración de la sexta extinción masiva y el aumento de la deforestación en la selva amazónica.

La crisis climática está provocando que las tormentas tropicales y otros fenómenos meteorológicos, como los ciclones tropicales (más conocidos como huracanes y tifones), las olas de calor y las inundaciones, sean más intensos y frecuentes que nunca.

Incluso si se detuvieran inmediatamente todas las emisiones de gases de efecto invernadero, las temperaturas globales seguirían aumentando en los próximos años. Por eso es absolutamente imperativo que empecemos ahora mismo a reducir drásticamente las emisiones, a invertir en fuentes de energía renovables y a eliminar progresivamente los combustibles fósiles lo más rápido posible.

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2. Politización de la crisis climática

La innegable realidad de la crisis climática no ha impedido su politización. Especialmente en los últimos años, lo que antes era solo una cuestión científica se ha convertido en un campo de batalla partidista en el que las opiniones suelen alinearse con la ideología política, alimentadas por campañas de desinformación, intereses económicos vinculados a los combustibles fósiles y opiniones divergentes sobre la intervención del gobierno, lo que dificulta el consenso y obstaculiza la acción.

Esto ha sido especialmente cierto en países como Estados Unidos, que bajo la presidencia de Donald Trump ha dado un enorme paso atrás en la acción climática. Desde que asumió el cargo en enero de 2025, Trump ha implementado importantes retrocesos en las políticas y regulaciones medioambientales, ha abandonado organizaciones internacionales y tratados climáticos, ha desmantelado la investigación climática y ha tratado de recuperar prácticas destructivas, desde la minería en aguas profundas y la tala de bosques hasta la producción de combustibles fósiles.

Un grupo de mineros del carbón aplaude mientras el presidente Donald Trump firma órdenes ejecutivas sobre la industria del carbón el 8 de abril de 2025. (Foto: La Casa Blanca/Flickr).

Decenas de empresas, desde plataformas de redes sociales y compañías energéticas hasta firmas de inversión, aerolíneas, grandes bancos e incluso organizaciones filantrópicas, también han dado marcha atrás en sus compromisos medioambientales para alinearse con la agenda anticlimática de la administración Trump.

El ejemplo de Estados Unidos refleja un cambio más amplio en la prioridad que los gobiernos de todo el mundo otorgan al cambio climático. La Unión Europea es otro buen ejemplo de ello, ya que recientemente ha dado marcha atrás en su agenda climática, que en su día se consideró el plan más ambicioso del mundo para hacer frente a la crisis climática.

A nivel mundial, las recientes conferencias sobre el clima han sido criticadas por no haber logrado nada significativo, mientras que la influencia de los combustibles fósiles es cada vez mayor y más poderosa. La COP30 del pasado mes de noviembre terminó sin mencionar los combustibles fósiles, a pesar de la presión de más de 80 países para que se incluyera un plan de eliminación gradual en el acuerdo final. Uno de cada 25 asistentes (unas 1600 personas) representaba a la industria de los combustibles fósiles.

Más sobre el tema: Cómo Estados Unidos revirtió años de progreso climático

3. Pérdida de biodiversidad

En los últimos 50 años se ha producido un rápido crecimiento del consumo humano, la población, el comercio mundial y la urbanización, lo que ha dado lugar a que la humanidad utilice más recursos de la Tierra de los que esta puede reponer de forma natural.

Un informe de WWF de 2020 reveló que el tamaño de las poblaciones de mamíferos, peces, aves, reptiles y anfibios ha experimentado un descenso medio del 68 % entre 1970 y 2016. El informe atribuye esta pérdida de biodiversidad a diversos factores, pero principalmente al cambio en el uso del suelo, en particular la conversión de hábitats, como bosques, praderas y manglares, en sistemas agrícolas. Animales como los pangolines, los tiburones y los caballitos de mar se ven muy afectados por el comercio ilegal de vida silvestre, y los pangolines están en peligro crítico de extinción debido a ello.

En términos más generales, un análisis de 2021 ha revelado que la sexta extinción masiva de fauna silvestre en la Tierra se está acelerando. Más de 500 especies de animales terrestres están al borde de la extinción y es probable que desaparezcan en un plazo de 20 años; el mismo número se perdió a lo largo de todo el siglo pasado. Los científicos afirman que, sin la destrucción de la naturaleza por parte de los seres humanos, esta tasa de pérdida habría tardado miles de años en producirse.

En la Antártida, el deshielo del mar provocado por el cambio climático está afectando gravemente a los pingüinos emperador y podría acabar con poblaciones enteras ya en 2100, según una investigación de 2023.

En virtud del Marco Mundial de Kunming-Montreal para la Diversidad Biológica de 2022, los países se han comprometido a proteger y conservar al menos el 30 % de la tierra y el agua del mundo para 2030 (también conocido como el objetivo «30 por 30»). La protección mundial actualmente no alcanza este objetivo, ya que solo el 9,6 % de los océanos está protegido de forma eficaz.

Sin embargo, no todo es pesimismo. En todo el mundo, los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil y las comunidades han dado pasos significativos para proteger el mundo natural, preservando ecosistemas preciosos, reforzando la legislación y llevando a los tribunales a las industrias destructivas.

El año pasado, Marruecos se convirtió en el 60.º país en ratificar el Tratado de Alta Mar, alcanzando el umbral de ratificación para su entrada en vigor. El tratado establece un marco jurídico para crear redes de áreas marinas protegidas (AMP) en aguas internacionales, un paso fundamental, dado que la protección de las aguas nacionales por sí sola no será suficiente para alcanzar el objetivo 30 por 30. Y el año pasado, muchos países, entre ellos Australia y Argentina, Portugal, Colombia y Santo Tomé y Príncipe, Polinesia Francesa, España y Pakistán, dieron un paso en la dirección correcta.

En terra firma, los gobiernos también dieron un paso adelante para ampliar las protecciones. Si bien el 17,6 % de la tierra está protegida a nivel mundial, los anuncios realizados en 2025 sugieren que se está generando un impulso hacia el objetivo 30 por 30. Colombia, por ejemplo, designó un territorio único en su tipo para proteger a un grupo indígena no contactado. Con una extensión de más de 1 millón de hectáreas, la nueva zona prohíbe todo desarrollo económico y contacto humano forzado, protegiendo tanto al pueblo Yuri-Passé como a la rica biodiversidad que lo habita.

Más sobre el tema: Más allá de los titulares: definiendo los logros políticos para la naturaleza en 2025

4. Contaminación por plásticos

En 1950, el mundo producía más de 2 millones de toneladas de plástico al año. En 2015, esta producción anual aumentó hasta los 419 millones de toneladas, lo que agravó los residuos plásticos en el medio ambiente.

Actualmente, aproximadamente 14 millones de toneladas de plástico llegan a los océanos cada año, dañando los hábitats de la fauna silvestre y a los animales que viven en ellos. Las investigaciones han revelado que, si no se toman medidas, la crisis del plástico aumentará hasta alcanzar los 29 millones de toneladas métricas al año en 2040. Si incluimos los microplásticos en esta cifra, la cantidad acumulada de plástico en el océano podría alcanzar los 600 millones de toneladas en 2040.

Residuos plásticos en una playa de la isla de Lamma, Hong Kong, en julio de 2025. (Foto: Martina Igini).

Alrededor del 91 % de todo el plástico que se ha fabricado nunca se recicla, lo que lo convierte en uno de los mayores problemas medioambientales de nuestra vida. Teniendo en cuenta que el plástico tarda 400 años en descomponerse, pasarán muchas generaciones hasta que deje de existir. No se sabe qué efectos irreversibles tendrá la contaminación por plásticos en el medio ambiente a largo plazo.

Para abordar esta cuestión, en 2022 la ONU inició un proceso para crear un tratado internacional jurídicamente vinculante destinado a frenar la contaminación por plásticos. Se suponía que culminaría en una reunión en Busan (Corea del Sur) en noviembre de 2024, pero los negociadores se marcharon sin llegar a un acuerdo. Una reunión posterior celebrada en Ginebra (Suiza) en agosto de 2025 tampoco logró producir un tratado tan necesario. Sigue sin estar claro cuándo y cómo continuarán las negociaciones.

Activistas en la segunda parte de la quinta sesión del Comité Intergubernamental de Negociación sobre la contaminación por plásticos, incluso en el medio marino (INC-5.2), en Ginebra (Suiza). (Foto: PNUMA a través de Flickr)

5. Deforestación

Cada hora se talan bosques del tamaño de 300 campos de fútbol. Para el año 2030, el planeta podría tener solo el 10 % de sus bosques; si no se detiene la deforestación, podrían desaparecer en menos de un siglo.

Los tres países que experimentan los niveles más altos de deforestación son Brasil, la República Democrática del Congo e Indonesia. La Amazonía, la selva tropical más grande del mundo, con una extensión de 6,9 millones de kilómetros cuadrados (2,72 millones de millas cuadradas) y que cubre alrededor del 40 % del continente sudamericano, es también uno de los ecosistemas con mayor diversidad biológica y alberga alrededor de tres millones de especies de plantas y animales.

A pesar de los esfuerzos por proteger los bosques, la deforestación legal sigue siendo rampante, y alrededor de un tercio de la deforestación tropical mundial se produce en la selva amazónica de Brasil, lo que supone 1,5 millones de hectáreas cada año.

Vista aérea de una zona deforestada en el área de conservación «Ñembi Guasu» en Bolivia, Sudamérica. (Foto: Marcelo Perez del Carpio/Climate Visuals Countdown)

La agricultura es la principal causa de la deforestación, otro de los mayores problemas medioambientales que aparecen en esta lista. Se talan bosques para criar ganado o plantar otros cultivos que se comercializan, como la caña de azúcar y el aceite de palma. Además de la captura de carbono, los bosques ayudan a prevenir la erosión del suelo, ya que las raíces de los árboles lo fijan y evitan que se desplace, lo que también previene los deslizamientos de tierra.

La COP30, que tuvo lugar en el corazón de la Amazonía, aportó poco en materia de protección forestal. Aunque la ministra de Medio Ambiente de Brasil, Marina Silva, presionó para que se utilizara un lenguaje contundente, el acuerdo final no mencionó la deforestación.

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6. Contaminación atmosférica

Entre los mayores problemas medioambientales actuales se encuentra también la contaminación atmosférica. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que entre 4,2 y 7 millones de personas mueren cada año en todo el mundo a causa de la contaminación atmosférica y nueve de cada diez personas respiran aire con altos niveles de contaminantes. En África, 258 000 personas murieron como consecuencia de la contaminación atmosférica exterior en 2017, frente a las 164 000 de 1990, según UNICEF.

Las causas de la contaminación atmosférica provienen principalmente de fuentes industriales y vehículos de motor, así como de las emisiones procedentes de la quema de biomasa y la mala calidad del aire debido a las tormentas de polvo.

Tráfico intenso durante las horas punta de la mañana en Yakarta, Indonesia, el 22 de noviembre de 2023. Millones de residentes de Yakarta han sufrido durante los últimos meses una de las peores contaminaciones atmosféricas del mundo. (Foto: Aji Styawan/Climate Visuals)

Según un estudio de 2023, la contaminación atmosférica en el sur de Asia, una de las zonas más contaminadas del mundo, reduce la esperanza de vida en unos cinco años. El estudio culpa a una serie de factores, entre ellos la falta de infraestructuras y financiación adecuadas, de los altos niveles de contaminación en algunos países. La mayoría de los países de Asia y África, que en conjunto contribuyen con alrededor del 92,7 % de los años de vida perdidos a nivel mundial debido a la contaminación atmosférica, carecen de las normas clave de calidad del aire necesarias para desarrollar políticas adecuadas. Además, solo el 6,8 % y el 3,7 % de los gobiernos de ambos continentes, respectivamente, proporcionan a sus ciudadanos datos totalmente abiertos sobre la calidad del aire.

Una investigación reciente relacionó casi 280 000 muertes en toda la Unión Europea en 2023 con la exposición a concentraciones de contaminación atmosférica que superaban los niveles considerados seguros. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, que realizó el estudio, alrededor del 95 % de los europeos están expuestos a niveles peligrosos de contaminación atmosférica. Mientras tanto, en los Estados Unidos, los investigadores descubrieron que la contaminación atmosférica procedente de las industrias del petróleo y el gas es responsable de 91 000 muertes prematuras, 10 350 partos prematuros y 216 000 casos de asma infantil y 1610 casos de cáncer cada año en el país.

7. Desperdicio de alimentos

Un tercio de los alimentos destinados al consumo humano, alrededor de 1300 millones de toneladas, se desperdician o se pierden. Esto es suficiente para alimentar a 3000 millones de personas. El desperdicio y la pérdida de alimentos representan aproximadamente una cuarta parte de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero; si fuera un país, el desperdicio de alimentos sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero, por detrás de China y Estados Unidos.

La producción de alimentos representa alrededor de una cuarta parte (26 %) de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Our World in Data.

El desperdicio y la pérdida de alimentos se producen en diferentes etapas en los países en desarrollo y desarrollados; en los países en desarrollo, el 40 % del desperdicio de alimentos se produce en las etapas posteriores a la cosecha y al procesamiento, mientras que en los países desarrollados, el 40 % del desperdicio de alimentos se produce en las etapas de venta al por menor y consumo.

En la fase de venta al por menor, se desperdicia una cantidad alarmante de alimentos por razones estéticas; de hecho, en Estados Unidos, más del 50 % de todos los productos agrícolas que se tiran se desechan porque se consideran «demasiado feos» para venderse a los consumidores, lo que supone alrededor de 60 millones de toneladas de frutas y verduras.

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8. Derretimiento de los casquetes polares y aumento del nivel del mar

La crisis climática está calentando el Ártico más del doble de rápido que cualquier otro lugar del planeta. Hoy en día, el nivel del mar está subiendo más del doble de rápido que durante la mayor parte del siglo XX, como resultado del aumento de las temperaturas en la Tierra.

Aumento del nivel del mar (1993-2025). Imagen: Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA.

Los mares están subiendo ahora una media de 3,2 mm al año en todo el mundo y seguirán creciendo hasta unos 0,7 metros a finales de este siglo. En el Ártico, la capa de hielo de Groenlandia supone el mayor riesgo para el nivel del mar, ya que el deshielo terrestre es la principal causa del aumento del nivel del mar.

Este es uno de los mayores problemas medioambientales a los que se enfrenta nuestro planeta en la actualidad, y resulta aún más preocupante si se tiene en cuenta que las temperaturas registradas durante el verano de 2020 provocaron la pérdida de 60 000 millones de toneladas de hielo en Groenlandia, lo que bastaría para elevar el nivel del mar en todo el mundo en 2,2 mm en solo dos meses.

Según los datos de los satélites, la capa de hielo de Groenlandia perdió una cantidad récord de hielo en 2019: una media de un millón de toneladas por minuto a lo largo del año. Si toda la capa de hielo de Groenlandia se derritiera, el nivel del mar aumentaría seis metros.

Por su parte, el continente antártico contribuye con aproximadamente 1 milímetro al año al aumento del nivel del mar, lo que supone un tercio del aumento global anual. Según datos de 2023, el continente ha perdido aproximadamente 7,5 billones de toneladas de hielo desde 1997. Además, la última plataforma de hielo totalmente intacta de Canadá en el Ártico se derrumbó recientemente, tras perder unos 80 kilómetros cuadrados —o el 40 %— de su superficie en un periodo de dos días a finales de julio, según el Servicio Canadiense del Hielo.

La Antártida ha perdido aproximadamente 7,5 billones de toneladas de hielo desde 1997.

El aumento del nivel del mar tendrá un impacto devastador en quienes viven en las regiones costeras: según el grupo de investigación y defensa Climate Central, el aumento del nivel del mar en este siglo podría inundar las zonas costeras que ahora albergan a entre 340 y 480 millones de personas, obligándolos a emigrar a zonas más seguras y contribuyendo a la superpoblación y a la presión sobre los recursos en las zonas a las que emigran. Bangkok (Tailandia), Ciudad Ho Chi Minh (Vietnam), Manila (Filipinas) y Dubái (Emiratos Árabes Unidos) se encuentran entre las ciudades con mayor riesgo de subida del nivel del mar e inundaciones.

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9. Acidificación de los océanos

El aumento de la temperatura global no solo ha afectado a la superficie, sino que también es la principal causa de la acidificación de los océanos. Nuestros océanos absorben alrededor del 30 % del dióxido de carbono que se libera a la atmósfera terrestre. A medida que se liberan mayores concentraciones de emisiones de carbono debido a actividades humanas como la quema de combustibles fósiles, así como a los efectos del cambio climático global, como el aumento de la frecuencia de los incendios forestales, también lo hace la cantidad de dióxido de carbono que se absorbe de nuevo en el mar.

El más mínimo cambio en la escala de acidez puede tener un impacto significativo en la acidez del océano. La acidificación oceánica tiene efectos devastadores en los ecosistemas y especies marinas, en sus cadenas alimenticias, y provoca cambios irreversibles en la calidad del hábitat. Cuando los niveles de acidez (pH) son demasiado bajos, los organismos marinos como las ostras, sus conchas y sus esqueletos pueden incluso empezar a disolverse.

Sin embargo, uno de los mayores problemas medioambientales derivados de la acidificación oceánica es el blanqueamiento de los corales y la consiguiente pérdida de arrecifes de coral. Este fenómeno se produce cuando el aumento de la temperatura del océano altera la relación simbiótica entre los arrecifes y las algas que viven en ellos, ahuyentando a las algas y provocando que los arrecifes de coral pierdan sus vivos colores naturales. Algunos científicos han estimado que los arrecifes de coral corren el riesgo de desaparecer por completo en 2050. Una mayor acidez en el océano obstaculizaría la capacidad de los sistemas de arrecifes de coral para reconstruir sus exoesqueletos y recuperarse de estos episodios de blanqueamiento.

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10. Agricultura tradicional

Los estudios han demostrado que el sistema alimentario mundial es responsable de hasta un tercio de todas las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el ser humano, de las cuales el 30 % proviene de la ganadería y la pesca. La producción de cultivos libera gases de efecto invernadero, como el óxido nitroso, debido al uso de fertilizantes.

Un grupo de 28 agricultores de Machakos, Kenia, cultiva una parcela de 4 acres donde producen naranjas, aguacates, verduras y maíz. (Foto: Wikimedia Commons)

El 60 % de la superficie agrícola mundial se dedica a la ganadería, aunque solo representa el 24 % del consumo mundial de carne.

La agricultura no solo ocupa una gran cantidad de tierra, sino que también consume una gran cantidad de agua dulce, otro de los mayores problemas medioambientales de esta lista. Las tierras cultivables y los pastos cubren un tercio de la superficie terrestre y, en conjunto, consumen tres cuartas partes de los limitados recursos de agua dulce del mundo.

Los científicos y ecologistas han advertido continuamente que debemos replantearnos nuestro sistema alimentario actual; cambiar a métodos agrícolas más sostenibles y una dieta más orientada a las plantas reduciría drásticamente la huella de carbono de la industria agrícola convencional.

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11. Degradación del suelo

La materia orgánica es un componente crucial del suelo, ya que le permite absorber el carbono de la atmósfera. Las plantas absorben el CO2 del aire de forma natural y eficaz a través de la fotosíntesis, y parte de este carbono se almacena en el suelo como carbono orgánico del suelo (SOC). Un suelo sano tiene un mínimo del 3-6 % de materia orgánica. Sin embargo, en casi todo el mundo, el contenido es mucho menor.

Según las Naciones Unidas, alrededor del 40 % del suelo del planeta está degradado. La degradación del suelo se refiere a la pérdida de materia orgánica, los cambios en su condición estructural y/o la disminución de la fertilidad del suelo, y a menudo es el resultado de actividades humanas, como las prácticas agrícolas tradicionales, incluido el uso de productos químicos tóxicos y contaminantes. Si se mantiene la situación actual hasta 2050, los expertos prevén una degradación adicional de una superficie casi del tamaño de Sudamérica. Pero hay más. Si no cambiamos sus prácticas imprudentes y tomamos medidas para preservar la salud del suelo, la seguridad alimentaria de miles de millones de personas en todo el mundo se verá comprometida de forma irreversible, y se prevé que en 20 años se produzca un 40 % menos de alimentos, a pesar de que se prevé que la población mundial alcance los 9300 millones de personas.

12. Inseguridad alimentaria e hídrica

El aumento de las temperaturas y las prácticas agrícolas insostenibles han provocado una creciente inseguridad alimentaria e hídrica.

A nivel mundial, cada año se erosionan más de 68 000 millones de toneladas de tierra vegetal a un ritmo 100 veces superior al que puede reponerse de forma natural. Cargada de biocidas y fertilizantes, la tierra acaba en los cursos de agua, donde contamina el agua potable y las zonas protegidas aguas abajo.

Además, la tierra expuesta y sin vida es más vulnerable a la erosión eólica e hídrica debido a la falta de sistemas radiculares y miceliales que la mantengan unida. Un factor clave que contribuye a la erosión del suelo es el laboreo excesivo: aunque aumenta la productividad a corto plazo al mezclar los nutrientes de la superficie (por ejemplo, los fertilizantes), el laboreo es físicamente destructivo para la estructura del suelo y, a largo plazo, conduce a la compactación del suelo, la pérdida de fertilidad y la formación de costras en la superficie, lo que empeora la erosión de la capa superior del suelo.

Dado que se prevé que la población mundial alcance los 9000 millones de personas a mediados de siglo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) prevé que la demanda mundial de alimentos pueda aumentar en un 70 % para 2050. En todo el mundo, más de 820 millones de personas no tienen suficiente para comer.

Como señaló el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, en una reunión virtual de alto nivel celebrada en 2020, «a menos que se tomen medidas inmediatas, cada vez es más evidente que se avecina una emergencia mundial en materia de seguridad alimentaria que podría tener repercusiones a largo plazo en cientos de millones de adultos y niños». Guterres instó a los países a replantearse sus sistemas alimentarios y fomentó prácticas agrícolas más sostenibles.

En cuanto a la seguridad hídrica, solo el 3 % del agua del mundo es agua dulce, y dos tercios de esa cantidad se encuentran en glaciares congelados o no están disponibles para su uso. Como resultado, alrededor de 1100 millones de personas en todo el mundo carecen de acceso al agua, y un total de 2700 millones sufren escasez de agua durante al menos un mes al año. Para 2025, dos tercios de la población mundial podrían enfrentarse a la escasez de agua.

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13. Moda rápida y residuos textiles

La industria de la moda es responsable del 10 % de las emisiones globales de carbono, lo que la convierte en uno de los mayores problemas medioambientales de nuestro tiempo. Solo la moda produce más emisiones de gases de efecto invernadero que los sectores de la aviación y el transporte marítimo juntos, y casi el 20 % de las aguas residuales mundiales, es decir, alrededor de 93 000 millones de metros cúbicos procedentes del teñido de textiles, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Además, se estima que el mundo genera 92 millones de toneladas de residuos textiles cada año, una cifra que se espera que aumente hasta los 134 millones de toneladas anuales en 2030. La ropa desechada y los residuos textiles, la mayoría de los cuales no son biodegradables, acaban en los vertederos, mientras que los microplásticos de materiales textiles como el poliéster, el nailon, la poliamida, el acrílico y otros materiales sintéticos se filtran en el suelo y en las fuentes de agua cercanas.

También se vierten cantidades monumentales de textiles en países en desarrollo, como se puede ver en el desierto de Atacama, en Chile. Cada año llegan millones de toneladas de ropa procedentes de Europa, Asia y América. En 2023, se vertieron 46 millones de toneladas de ropa desechada, que se dejaron pudrir allí, según las estadísticas de la aduana chilena.

Fábrica de ropa en Filipinas. (Foto: OIT Asia-Pacífico/Flickr)

Este problema, que crece rápidamente, se ve agravado por el modelo de negocio de la moda rápida, en constante expansión, en el que las empresas se basan en la producción barata y rápida de ropa de baja calidad para satisfacer las últimas y más novedosas tendencias. Si bien la Carta de las Naciones Unidas para la Acción Climática en la Industria de la Moda prevé que las empresas de moda y textiles signatarias se comprometan a alcanzar emisiones netas cero para 2050, la mayoría de las empresas de todo el mundo aún no han abordado su papel en el cambio climático.

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14. Inteligencia artificial

En el informe sobre riesgos globales para 2025 del Foro Económico Mundial, el cambio climático y los riesgos relacionados con la inteligencia artificial (IA) encabezan la lista de los 10 principales riesgos globales para la próxima década. El informe también señala las interconexiones entre los riesgos económicos, geopolíticos y sociales con los riesgos medioambientales y tecnológicos.

En 2025 se ha producido un enorme crecimiento de las tecnologías de IA en todo el mundo, que están beneficiando a los ámbitos climáticos, desde la predicción meteorológica y la conservación hasta la reducción del riesgo de desastres. Sin embargo, esta tecnología conlleva graves implicaciones medioambientales y éticas, lo que alimenta la preocupación por su crecimiento, en gran medida no regulado.

El impacto medioambiental de la IA se deriva del consumo de energía en el entrenamiento de los modelos de IA, la inferencia del uso diario de las herramientas de IA, el consumo de agua para refrigerar los centros de datos que la alimentan y la huella de carbono del hardware. El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, reveló recientemente que el simple hecho de decir «por favor» y «gracias» a ChatGPT añade decenas de millones en costes informáticos debido al mayor consumo de energía.

Según se informa, Open AI consumió unos 1287 MWh de electricidad para entrenar su modelo GPT-3, lo que equivale a la energía necesaria para abastecer a más de 120 hogares estadounidenses durante un año. Debido al gran volumen de consultas que se procesan a diario, la inferencia representa más del 60 % de la huella de carbono total de la IA.

Un estudio sobre la huella hídrica de la IA destacó que, dependiendo de cuándo y dónde se implemente la IA, GPT-3 consume una botella de agua de 500 ml por cada 10-50 respuestas de longitud media. El mismo estudio también reveló que se prevé que la extracción de agua del uso global de la IA alcance entre 4200 y 6600 millones de metros cúbicos en 2027, lo que supera entre 4 y 6 veces la extracción total anual de agua de Dinamarca.

A pesar de estos impactos, todavía no existe un método estandarizado para medir las emisiones relacionadas con la IA debido a la falta de transparencia de los proveedores, la variabilidad de la intensidad de carbono de las redes eléctricas locales y la diversidad de las herramientas de IA en uso. Por lo tanto, aunque el atractivo del potencial de la IA es innegable, debemos afrontar de frente su impacto negativo.

15. Sobrepesca

Más de 3000 millones de personas en todo el mundo dependen del pescado como su principal fuente de proteínas. Aproximadamente el 12 % de la población mundial depende de la pesca de una forma u otra, y el 90 % de ellos son pescadores a pequeña escala, es decir, una pequeña tripulación en un bote, no en un barco, que utiliza redes pequeñas o incluso cañas y carretes y señuelos no muy diferentes de los que probablemente utiliza usted. De los 18,9 millones de pescadores que hay en el mundo, el 90 % pertenece a esta última categoría.

La mayoría de las personas consumen aproximadamente el doble de alimentos que hace 50 años y hay cuatro veces más personas en la Tierra que a finales de la década de 1960. Este es uno de los factores que ha llevado a que el 30 % de las aguas de pesca comercial se clasifiquen como «sobreexplotadas». Esto significa que las reservas de las aguas pesqueras disponibles se están agotando más rápido de lo que pueden reponerse.

La sobrepesca tiene efectos perjudiciales para el medio ambiente, como el aumento de las algas en el agua, la destrucción de las comunidades pesqueras, la contaminación de los océanos y tasas extremadamente altas de pérdida de biodiversidad.

Como parte del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 14 (ODS 14) de las Naciones Unidas, la ONU y la FAO están trabajando para mantener la proporción de las poblaciones de peces dentro de niveles biológicamente sostenibles. Sin embargo, esto requiere una regulación mucho más estricta de los océanos del mundo que la que ya existe.

En julio de 2022, la Organización Mundial del Comercio prohibió las subvenciones a la pesca para reducir la sobrepesca mundial en un acuerdo histórico. De hecho, las subvenciones para combustible, artes de pesca y construcción de nuevos buques solo incentivan la sobrepesca y, por lo tanto, representan un enorme problema.

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16. Minería de cobalto

El cobalto se está convirtiendo rápidamente en el ejemplo definitivo del dilema de los minerales que se encuentra en el centro de la transición hacia las energías renovables. Como componente clave de los materiales de las baterías que alimentan los vehículos eléctricos (VE), el cobalto se enfrenta a un aumento sostenido de la demanda a medida que avanzan los esfuerzos de descarbonización. El mayor proveedor mundial de cobalto es la República Democrática del Congo (RDC), donde se estima que hasta una quinta parte de la producción procede de mineros artesanales.

La minería del cobalto, sin embargo, está asociada a la peligrosa explotación de los trabajadores y a otros graves problemas medioambientales y sociales. Las regiones meridionales de la RDC no solo albergan cobalto y cobre, sino también grandes cantidades de uranio. En las regiones mineras, los científicos han observado altos niveles de radiactividad. Además, la extracción de minerales, al igual que otras actividades mineras industriales, suele producir contaminación que se filtra en los ríos y fuentes de agua vecinos. Se sabe que el polvo de la roca pulverizada también causa problemas respiratorios a las comunidades locales." 

(by Deena Robinson , Martina Igini  , Earth.org, 09/01/26, traducción DEEPL, enlaces y gráficos en el original)

11.5.25

La agroganadería regenerativa del olivar más sostenible de España... “Lo que estamos haciendo no es nada nuevo, se trata de enmendar el error histórico cometido al desconectar la agricultura de la ganadería, que fue cuando nos hicimos esclavos de las grandes compañías que venden los insumos”... “Las plantas autóctonas juegan un papel clave en la agricultura regenerativa, ya que ayudan a mejorar la salud del suelo mediante la fijación de nutrientes y la retención de agua. A través de la fotosíntesis, capturan carbono y contribuyen a reducir los efectos del cambio climático promoviendo ecosistemas agrícolas más resilientes”... Las aves insectívorasayudan con la dispersión de semillas y polen que transporta el animal de unas parcelas a otras, así como el aporte de materia orgánica a los suelos y para combatir dos de las principales plagas que sufre el olivar, como la mosca del olivo y el prays (polilla del olivo)... “El resultado es un suelo verde y rico, homogéneo y variado, con variedad de plantas y sin surcos o cárcavas, que demuestran la capacidad del terreno para soportar la sequía y las lluvias torrenciales”... La apuesta por la sostenibilidad ha significado la multiplicación del valor de su producto, un beneficio que viene sobre todo del ahorro que supone la no utilización de abonos químicos y otros productos (Ginés Donaire)

 "El canto de los jilgueros, verderones, abubillas, currucas, mosquiteros, chochines e incluso el sonido de los mochuelos alegra el paseo matutino por la finca regenerativa Valle del Conde, en Luque, en el parque natural de las Sierras Subbéticas de Córdoba. Los buitres que anidan en cortados cercanos también dejan su impronta entre los visitantes, que transitan gratamente sorprendidos sobre un terreno con plantas autóctonas como la caléndula, achicoria o la mielga de caracolillo. Y en el otro extremo, cinco rebaños de ovejas participan en esta especie de simbiosis entre la naturaleza y el hombre, que es esta explotación agroganadera que acaba de ser reconocida con el premio al olivar más sostenible de España, galardón exaequo con la finca el Cortijo Guadiana (Úbeda), otorgado por la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO).

“Lo que estamos haciendo no es nada nuevo, se trata de enmendar el error histórico cometido al desconectar la agricultura de la ganadería, que fue cuando nos hicimos esclavos de las grandes compañías que venden los insumos”, explica Francisco Ruiz, director técnico de esta finca cordobesa convertida en referente en la regeneración de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático a través de la recuperación del suelo, de las relaciones entre seres vivos y el conocimiento científico.

El Valle del Conde es un reducto montañoso de 230 hectáreas en el que las lomas y picos se entremezclan con un paisaje donde domina el olivar y que completa el bosque mediterráneo. La familia Ruiz adquirió esta finca en 1985 con la intención de resarcirse de la crisis que se llevó por delante su negocio de la industria textil. Pero no fue hasta el año 2019 cuando se produjo el punto de inflexión en la gestión de la finca, convertida en una explotación ecológica que alberga hoy unos 20.000 olivos que producen 150.000 kilos de aceite de oliva.

Al llegar a esta finca, que se encuentra encajonada y extendida entre varias elevaciones calcáreas y lindando con terrenos pétreos y boscosos, llama la atención el verde intenso de la cubierta vegetal que se extiende por toda la superficie agraria. Es un paisaje atípico en una zona como esta, la Subbética cordobesa, que acostumbra a mostrar terrenos secos y apelmazados más propios de un desierto que de un bosque. “El suelo es nuestro mayor tesoro y la clave de esta agroganadería regenerativa que implantamos”, subraya Ruiz, que comparte con sus hermanos la gestión de esta finca familiar.

Suelo sano

“La cobertura vegetal protege contra la erosión y mejora la estructura del suelo, reduciendo la necesidad de insumos sintéticos”, explica. Aunque el elemento diferenciador de esta finca respecto a otras experiencias de prácticas regenerativas en el campo es la apuesta de agricultura y ganadería. Las aves ayudan con la dispersión de semillas y polen que transporta el animal de unas parcelas a otras, así como el aporte de materia orgánica a los suelos y para combatir dos de las principales plagas que sufre el olivar, como la mosca del olivo y el prays (polilla del olivo). El hábitat protegido de estas pequeñas aves insectívoras les permite también ofrecer rutas ornitológicas para los visitantes.

De otro lado, las plantas que brotan en el suelo (apenas existen los jaramagos) retienen el agua, aportan nitrógeno y gestionan el carbono. “Eso es señal de vida y de que el suelo está sano y sin herbicidas, se ha regulado solo respetándolo”, expone el agricultor de Luque. Y añade: “Las plantas autóctonas juegan un papel clave en la agricultura regenerativa, ya que ayudan a mejorar la salud del suelo mediante la fijación de nutrientes y la retención de agua. A través de la fotosíntesis, capturan carbono y contribuyen a reducir los efectos del cambio climático promoviendo ecosistemas agrícolas más resilientes”.

No menos importante resulta el pastoreo regenerativo. Hasta cinco rebaños de ovejas participan en esta simbiosis, que alimenta al ganado y produce una labor de recorte y abonado, un proceso que se repite varias veces a lo largo del año, dando como resultado una especie de manto recortado todo el año. Incluso la lana de las ovejas, con un tratamiento de procesos naturales, se convierte en abono orgánico. Las labores de poda producen el típico picado de ramas que se encargan una vez expandidas de aportar nutrientes naturales. Tras la tala, la madera de los olivos se lleva para ser carbonizada y se transforma en pequeñas piezas que se reparten por el suelo. A esto se unen los restos orgánicos y de tierra que se criba en las almazaras cuando se realiza la entrega de la recolección. Es decir, un tipo de agricultura donde casi todo lo que genera la finca se queda en ella.

“El resultado es un suelo verde y rico, homogéneo y variado, con variedad de plantas y sin surcos o cárcavas, que demuestran la capacidad del terreno para soportar la sequía y las lluvias torrenciales”, relata Ruiz. Un estudio realizado por la Universidad de Berna (Suiza) demostró que el suelo de la finca permanecía en los meses de más calor hasta 10 grados por debajo de la media en las fincas colindantes y, pese a disponer de varias charcas de agua que utilizan para alimentar al ganado, el olivar ecológico no tiene necesidad de riego.

Este olivar tradicional de montaña tiene más de 120 años de vida y las variedades dominantes son picudo y picual. Se trata de un aceite de recolección temprana, que se produce entre los meses de octubre y diciembre, y comercializan bajo la marca de AOVE Ancestral, nombre que rinde tributo a sus antepasados. La apuesta por la sostenibilidad ha significado la multiplicación del valor de su producto, un beneficio que viene sobre todo del ahorro que supone la no utilización de abonos químicos y otros productos que sí se emplean en el olivar tradicional.

En definitiva, una agroganadería regenerativa que va más allá de una simple técnica de cultivo. “Se trata de una práctica agrícola, pero también de una filosofía de vida, una herramienta para la producción sostenible y un compromiso con el futuro”, concluye Ruiz. La finca cordobesa sirve en la actualidad como lugar de acogida de investigadores, profesores o alumnos que llegan hasta aquí (la última semana lo han hecho desde Chile y Portugal) para estudiar in situ este tipo de agroganadería regenerativa y trasladar esta experiencia a otros lugares del mundo."               (Ginés Donaire , El País, 09/05/25)

23.4.25

Michael Löwy: El pontífice inesperado... con el Papa Francisco, desaparece una figura poco común que, en una Italia gobernada por los neofascistas y una Europa cada vez más reaccionaria, se distinguía por un sorprendente compromiso ético, social y ecológico... Desde que Pío XII excomulgó a los comunistas, la izquierda solo podía esperar anatemas del Vaticano... aunque siempre ha habido corrientes de izquierda en el catolicismo, pero solo han encontrado hostilidad por parte de las autoridades romanas... Max Weber constató la «profunda aversión» de la ética católica hacia el espíritu del capitalismo... hay que tenerlo en cuenta para comprender lo que sucedió en Roma con la elección del Papa argentino... Su formación intelectual, espiritual y política le debe mucho a la teología del pueblo, una variante argentina no marxista de la teología de la liberación, que reconoce el conflicto entre pueblo y «antipueblo» y apoya la opción prioritaria por los pobres... pero me parece que Bergoglio, en su crítica al «ídolo del capital» y a todo el «sistema socioeconómico» actual, va más lejos que sus inspiradores argentinos... última Encíclica, 'Laudato si', es un acontecimiento de importancia planetaria, desde el punto de vista religioso, ético, social y político... es una contribución crucial al desarrollo de una conciencia ecológica crítica... propone una nueva interpretación de la tradición judeocristiana —rompiendo con el «sueño prometeico de dominación del mundo»— y una reflexión crítica sobre las causas de la crisis ecológica... con una inseparable asociación del «clamor de la tierra» y el «clamor de los pobres»... para él los dramáticos problemas ecológicos de nuestro tiempo son el resultado de los engranajes de la economía globalizada actual, engranajes constituidos por un sistema global «estructuralmente perverso de relaciones comerciales y de propiedad»... «la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas»... Laudato si’ constituyó una contribución preciosa e inestimable a la reflexión y a la acción para salvar a la naturaleza y a la humanidad de la catástrofe

 "Con la muerte de Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, desaparece una figura poco común que, en una Italia gobernada por los neofascistas y una Europa cada vez más reaccionaria, se distinguía por un sorprendente compromiso ético, social y ecológico.

Desde que Pío XII excomulgó a los comunistas, la izquierda solo podía esperar anatemas del Vaticano. ¿Acaso Juan Pablo II y Ratzinger no persiguieron a los teólogos de la liberación, acusados de utilizar conceptos marxistas? ¿No intentaron imponer a Leonardo Boff un «silencio obsequioso»? Es cierto que, desde el siglo XIX, siempre ha habido corrientes de izquierda en el catolicismo, pero solo han encontrado hostilidad por parte de las autoridades romanas. Por otra parte, las corrientes clericales críticas con el capitalismo solían ser bastante reaccionarias. Criticando el socialismo feudal o clerical en El Manifiesto Comunista, Marx y Engels constataban «su absoluta incapacidad para comprender el curso de la historia»; pero reconocían en esta mezcla de «ecos del pasado y estruendos del futuro» una «crítica mordaz y espiritual» que a veces podía «golpear a la burguesía en el corazón».

Max Weber ofrece un análisis más general sobre la relación entre la Iglesia y el capital: en sus trabajos sobre sociología de las religiones, constató la «profunda aversión» (tiefe Abneigung) de la ética católica hacia el espíritu del capitalismo, a pesar de las adaptaciones y los compromisos. Es una hipótesis que hay que tener en cuenta para comprender lo que sucedió en Roma con la elección del Papa argentino.

Jorge Bergoglio, el Papa Francisco

¿Qué podíamos esperar del cardenal Jorge Bergoglio, elegido Pontifex Maximum en marzo de 2013? Es cierto que era un latinoamericano, lo que ya significaba todo un cambio. Pero había sido elegido por el mismo cónclave que había entronizado al conservador Ratzinger y procedía de Argentina, un país donde la Iglesia no es famosa por su progresismo, ya que varios de sus dignatarios colaboraron activamente con la sangrienta dictadura militar de 1976. No fue el caso de Bergoglio: según algunos testimonios, incluso ayudó a esconderse o a abandonar el país a personas perseguidas por la Junta Militar. Pero tampoco se opuso al régimen: un «pecado de omisión», podría decirse. Mientras que algunos cristianos de izquierda, como el Premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel, siempre lo apoyaron, otros lo consideraban como un opositor de derecha al gobierno de los «peronistas de izquierda» Néstor y Cristina Kirchner.

Sea como fuere, una vez elegido como Sumo Pontífice, Francisco —nombre que eligió en referencia a San Francisco, el amigo de los pobres y de los pájaros— se distinguió inmediatamente por su postura valiente y comprometida. En cierto modo, recuerda al Papa Roncalli, Juan XXIII, quien fue elegido como un «Papa de transición» para garantizar la continuidad y la tradición, pero inició el cambio más profundo en siglos en la Iglesia: el Concilio Vaticano II (1962-65). De hecho, Bergoglio había pensado inicialmente en tomar el nombre de Juan XXIV, para honrar a su predecesor de los años sesenta.

El primer viaje del nuevo pontífice fuera de Roma fue en julio de 2013, al puerto italiano de Lampedusa, donde llegaban cientos de inmigrantes ilegales, mientras muchos otros se ahogan en el Mediterráneo. En su homilía, no tuvo miedo de ir contra el Gobierno italiano —y gran parte de la opinión pública— al denunciar la «globalización de la indiferencia» que nos hace «insensibles a los gritos de los demás», es decir, a la suerte de «los inmigrantes muertos en el mar, en esas embarcaciones que, en lugar de ser un camino de esperanza, eran un camino de muerte». Luego volvería varias veces sobre esta crítica a la inhumanidad de la política europea hacia los inmigrantes.

En relación con América Latina también se produjo un cambio notable. En septiembre de 2013, Francisco se reunió con Gustavo Gutiérrez, fundador de la teología de la liberación, y el diario vaticano Osservatore Romano publicó por primera vez un artículo favorable a este pensador. Otro gesto simbólico fue la beatificación —y más tarde, canonización— del arzobispo salvadoreño Óscar Romero, asesinado en 1980 por militares tras denunciar la represión antipopular, un héroe celebrado por la izquierda católica latinoamericana pero ignorado por anteriores pontífices. Durante su visita a Bolivia en julio de 2015, Bergoglio rindió un intenso y vibrante homenaje a la memoria de su compañero jesuita Luis Espinal Camps, sacerdote misionero, poeta y cineasta español asesinado el 21 de marzo de 1980, bajo la dictadura de Luis García Meza, por su compromiso con las luchas sociales. Durante su encuentro con Evo Morales, el presidente socialista boliviano le regaló una escultura realizada por el mártir jesuita: una cruz apoyada sobre una hoz y un martillo de madera…

Durante su visita a Bolivia, Francisco participó de un Encuentro Mundial de Movimientos Sociales en la ciudad de Santa Cruz. Su discurso en esta ocasión ilustra la «profunda aversión» al capitalismo de la que hablaba Max Weber, pero en un grado nunca alcanzado por ninguno de sus predecesores. He aquí un pasaje ya famoso de su discurso:

Se está castigando a la tierra, a los pueblos y las personas de un modo casi salvaje. Y detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción, se huele el tufo de eso que Basilio de Cesarea llamaba «el estiércol del diablo». La ambición desenfrenada de dinero que gobierna. Ese es el estiércol del diablo. El servicio para el bien común queda relegado. Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común.

Como era de esperar, el planteamiento de Francisco encontró una considerable resistencia en los sectores más conservadores de la Iglesia. Uno de los opositores más activos es el cardenal norteamericano Raymond Burke, entusiasta partidario de Donald Trump, que también entró en contacto, durante un viaje a Italia, con Matteo Salvini, el líder de la Legga del Norte. Algunos de estos opositores acusaron al nuevo pontífice de ser un hereje, o incluso un… marxista disfrazado.

Cuando Rush Linebaugh, un periodista católico reaccionario estadounidense, lo calificó de «Papa marxista», Francisco respondió refutando cortésmente el adjetivo, al tiempo que añadía que no se sentía ofendido ya que conocía «a muchos marxistas que eran buenas personas». De hecho, en 2014 el Papa recibió en audiencia a dos destacados representantes de la izquierda europea: Alexis Tsipras, entonces líder de la oposición al Gobierno derechista de Atenas, y Walter Baier, coordinador de la red Transform, formada por fundaciones culturales vinculadas al Partido de la Izquierda Europea (como la Fundación Rosa Luxemburgo, de Alemania). En esa ocasión, se decidió iniciar un proceso de diálogo entre marxistas y cristianos, que se plasmó en varios encuentros, incluyendo una Universidad de Verano conjunta en la isla de Syros, en Grecia, en 2018. En 2024 el Papa recibió a una delegación de los participantes de este diálogo (cristianos y marxistas), incluyendo al autor de la presente nota.

Es cierto que cuando se trata del derecho de la mujer a controlar su propio cuerpo y de la moral sexual en general —anticoncepción, aborto, divorcio, homosexualidad— Francisco se aferró a posiciones conservadoras de la doctrina de la Iglesia. Pero hubo algunos signos de apertura, de los que el violento conflicto de 2017 con la cúpula de la Orden de Malta, una institución rica y aristocrática de la Iglesia católica, fue un síntoma llamativo. El archiconservador Gran Maestre de la Orden, el príncipe (¡¿?!) Matthew Festing, exigió la dimisión del canciller de la Orden, el barón de Boeselager, por el terrible pecado de distribuir preservativos a las poblaciones pobres amenazadas por la epidemia de sida en África. El Canciller apeló al Vaticano, que falló a su favor contra Festing; pero éste —apoyado por el cardenal Burke— se negó a obedecer, por lo que fue destituido de su cargo por el Vaticano. Esto no implicó la adopción de los anticonceptivos por parte de la doctrina moral de la Iglesia, pero fue un cambio…

Está claro que no había nada marxista en el Papa Francisco y que su teología estaba muy alejada de la forma marxista de la teología de la liberación. Su formación intelectual, espiritual y política le debe mucho a la teología del pueblo, una variante argentina no marxista de la teología de la liberación, cuyos principales inspiradores fueron Lucio Gera y el teólogo jesuita Juan Carlos Scannone. La teología del pueblo no pretende basarse en la lucha de clases, pero reconoce el conflicto entre pueblo y «antipueblo» y apoya la opción prioritaria por los pobres. También muestra menos interés por las cuestiones socioeconómicas que otras formas de teología de la liberación y le presta más atención a la cultura, en particular a la religión popular.

En un artículo de 2014 («El Papa Francisco y la teología del pueblo»), Juan Carlos Scannone subraya con razón cuánto le deben a esta teología popular las primeras encíclicas del Papa, como Evangelii Gaudium (2014), denostada por sus críticos de izquierda como «populista» (en el sentido argentino y peronista del término, no en el europeo). Sin embargo, me parece que Bergoglio, en su crítica al «ídolo del capital» y a todo el «sistema socioeconómico» actual, va más lejos que sus inspiradores argentinos. Sobre todo en su última Encíclica, Laudato si’ (2015), que merece una reflexión marxista.

Laudato si’

La «Encíclica ecológica» del Papa Francisco es un acontecimiento de importancia planetaria, desde el punto de vista religioso, ético, social y político. Teniendo en cuenta la enorme influencia de la Iglesia católica, es una contribución crucial al desarrollo de una conciencia ecológica crítica. Si bien fue recibida con entusiasmo por los auténticos ecologistas, también suscitó preocupación y rechazo por parte de los conservadores religiosos, los representantes del capital y los ideólogos de la «ecología de mercado». Se trata de un documento de gran riqueza y complejidad, que propone una nueva interpretación de la tradición judeocristiana —rompiendo con el «sueño prometeico de dominación del mundo»— y una reflexión crítica sobre las causas de la crisis ecológica. En ciertos aspectos, como la inseparable asociación del «clamor de la tierra» y el «clamor de los pobres», es evidente que la teología de la liberación —en particular la del eco-teólogo Leonardo Boff — fue una de sus fuentes de inspiración.

En las breves notas que siguen, me gustaría subrayar un aspecto de la Encíclica que explica la resistencia que encontró en el establishment económico y mediático: su carácter antisistémico.

Para el Papa Francisco, las catástrofes ecológicas y el cambio climático no son únicamente el resultado de comportamientos individuales —aunque estos desempeñan un papel—, sino de «los actuales modelos de producción y consumo». Bergoglio no es marxista, y la palabra «capitalismo» no aparece en la encíclica. Pero queda muy claro que para él los dramáticos problemas ecológicos de nuestro tiempo son el resultado de los engranajes de la economía globalizada actual, engranajes constituidos por un sistema global «estructuralmente perverso de relaciones comerciales y de propiedad» (sección 52 del documento, énfasis añadido).

¿Cuáles son, para Francisco, estas características «estructuralmente perversas»? Ante todo, un sistema en el que predominan «los intereses limitados de las empresas» y «una racionalidad económica cuestionable», una racionalidad instrumental cuyo único objetivo es maximizar las ganancias. En consecuencia, «el principio de maximización de la ganancia, que tiende a aislarse de toda otra consideración, es una distorsión conceptual de la economía: si aumenta la producción, interesa poco que se produzca a costa de los recursos futuros o de la salud del ambiente» (sección 195). Esta distorsión, esta perversidad ética y social, no es más propia de un país que de otro, sino de un «sistema global, en el que predominan la especulación y la búsqueda de rentas financieras, que tienden a ignorar todo contexto y todo efecto sobre la dignidad humana y el medio ambiente». Parece, pues, que «la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas» (56).

La obsesión por el crecimiento ilimitado, el consumismo, la tecnocracia, el dominio absoluto de las finanzas y el endiosamiento del mercado son características perversas del sistema. En una lógica destructiva, todo se reduce al mercado y al «cálculo financiero de costos y beneficios». Sin embargo, hay que entender que «el ambiente es uno de esos bienes que los mecanismos del mercado no son capaces de defender o de promover adecuadamente» (190). El mercado es incapaz de tener en cuenta valores cualitativos, éticos, sociales, humanos o naturales, es decir, «valores que exceden todo cálculo» (36).

El poder «absoluto» del capital financiero especulativo es un aspecto esencial del sistema, como confirman las crisis bancarias. En este sentido, el comentario de la encíclica es desmitificador:

La salvación de los bancos a toda costa, haciendo pagar el precio a la población, sin la firme decisión de revisar y reformar el entero sistema, reafirma un dominio absoluto de las finanzas que no tiene futuro y que sólo podrá generar nuevas crisis después de una larga, costosa y aparente curación. La crisis financiera de 2007-2008 era la ocasión para el desarrollo de una nueva economía más atenta a los principios éticos y para una nueva regulación de la actividad financiera especulativa y de la riqueza ficticia. Pero no hubo una reacción que llevara a repensar los criterios obsoletos que siguen rigiendo al mundo. (189)

Esta dinámica perversa del sistema global que «sigue rigiendo el mundo» es la razón del fracaso de las Cumbres Mundiales sobre Medio Ambiente: «Hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos» (54). En cuanto predominan los imperativos de los poderosos grupos económicos

Sólo podrían esperarse algunas declamaciones superficiales, acciones filantrópicas aisladas, y aun esfuerzos por mostrar sensibilidad hacia el medio ambiente, cuando en la realidad cualquier intento de las organizaciones sociales por modificar las cosas será visto como una molestia provocada por ilusos románticos o como un obstáculo a sortear. (54)

En este contexto, la Encíclica denuncia la irresponsabilidad de los «responsables», es decir, de las élites dominantes o de las oligarquías interesadas en preservar el sistema, en relación con la crisis ecológica:

Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático. Pero muchos síntomas indican que esos efectos podrán ser cada vez peores si continuamos con los actuales modelos de producción y de consumo. (26)

Ante la dramática destrucción del equilibrio ecológico del planeta y la amenaza sin precedentes que supone el cambio climático, ¿qué proponen los gobiernos o los representantes internacionales del sistema (Banco Mundial, FMI, etc.)? Su respuesta es el llamado «desarrollo sostenible», un concepto cuyo contenido es cada vez más vacío, un verdadero flatus vocis, como decían los escolásticos de la Edad Media. Francisco no se hace ilusiones sobre esta mistificación tecnocrática:

El discurso del crecimiento sostenible suele convertirse en un recurso diversivo y exculpatorio que absorbe valores del discurso ecologista dentro de la lógica de las finanzas y de la tecnocracia, y la responsabilidad social y ambiental de las empresas suele reducirse a una serie de acciones de marketing e imagen. (194)

Las medidas concretas propuestas por la oligarquía tecnofinanciera dominante son completamente ineficaces, como los llamados «mercados de carbono». La crítica del Papa a esta falsa solución es uno de los argumentos más importantes de la Encíclica. Refiriéndose a una resolución de la Conferencia Episcopal Boliviana, Bergoglio escribe:

La estrategia de compraventa de «bonos de carbono » puede dar lugar a una nueva forma de especulación, y no servir para reducir la emisión global de gases contaminantes. Este sistema parece ser una solución rápida y fácil, con la apariencia de cierto compromiso con el medio ambiente, pero que de ninguna manera implica un cambio radical a la altura de las circunstancias. Más bien puede convertirse en un recurso diversivo que permita sostener el sobreconsumo de algunos países y sectores. (171).

Pasajes como éste explican la falta de entusiasmo en los círculos «oficiales» y entre los partidarios de la «ecología de mercado» (o del «capitalismo verde») por Laudato si’. Al vincular la cuestión ecológica con la cuestión social, Francisco insiste en la necesidad de medidas drásticas, es decir, de cambios profundos para hacer frente a este doble desafío. El principal obstáculo para ello es la naturaleza «perversa» del sistema: «La misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza» (175).

Si bien el diagnóstico de Laudato si’ sobre la crisis ecológica es impresionantemente claro y coherente, las acciones que propone son más limitadas. Es cierto que muchas de sus sugerencias son útiles y necesarias, por ejemplo: «Se pueden facilitar formas de cooperación o de organización comunitaria que defiendan los intereses de los pequeños productores y preserven los ecosistemas locales de la depredación». (180) También es muy significativo que la Encíclica reconozca la necesidad, para las sociedades más desarrolladas, de «detener un poco la marcha, en poner algunos límites racionales e incluso en volver atrás antes que sea tarde», es decir, «aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes» (193).

Pero precisamente lo que faltan son «medidas drásticas», como las que propone Naomi Klein en su libro This changes everything: romper con los combustibles fósiles (carbón, petróleo), antes de que sea demasiado tarde, dejándolos bajo tierra. No podemos cambiar las estructuras perversas del actual modo de producción y consumo sin un conjunto de iniciativas antisistémicas que cuestionen la propiedad privada, por ejemplo la de las grandes multinacionales de los combustibles fósiles (BP, Shell, Total, etc.). Es cierto que el Papa habla de la utilidad de «grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad», pero este aspecto estratégico está poco desarrollado en la Encíclica.

Reconociendo que «el actual sistema mundial es insostenible», Bergoglio busca una alternativa global, que denominó como «cultura ecológica»:

La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático. (111)

Pero hay pocos indicios de la nueva economía y de la nueva sociedad que correspondan a esta cultura ecológica. No se trata de pedirle al Papa que adopte el ecosocialismo, pero la alternativa de futuro sigue siendo un tanto abstracta.

El Papa Francisco hace suya la «opción prioritaria por los pobres» de las iglesias latinoamericanas. La Encíclica lo expone claramente, como un imperativo planetario:

En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres. (158)

Pero en la Encíclica, los pobres no aparecen como actores de su propia emancipación, el proyecto más importante de la teología de la liberación. Las luchas de los pobres, los campesinos y los pueblos indígenas para defender los bosques, el agua y la tierra frente a las multinacionales y el comercio agrícola, y el papel de los movimientos sociales, que son precisamente los principales actores en la lucha contra el cambio climático —Vía Campesina, Justicia Climática, el Foro Social Mundial— son una realidad social que no aparece mucho en Laudato si’.

Sin embargo, será un tema central en los encuentros del Papa con los movimientos populares, los primeros en la historia de la Iglesia. En el encuentro de Santa Cruz (Bolivia, julio de 2015) Francisco declaró:

Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de las “tres T”. ¿De acuerdo? Trabajo, techo y tierra. Y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, cambios nacionales, cambios regionales y cambios mundiales. ¡No se achiquen!

Por supuesto, como subrayó Bergoglio en la Encíclica, la tarea de la Iglesia no es ocupar el lugar de los partidos políticos proponiendo un programa de cambio social. Con su diagnóstico antisistémico de la crisis, que vincula inseparablemente la cuestión social y la protección del medio ambiente, «el grito de los pobres» y «el grito de la tierra», Laudato si’ constituyó una contribución preciosa e inestimable a la reflexión y a la acción para salvar a la naturaleza y a la humanidad de la catástrofe.

Corresponde a los marxistas, comunistas y ecosocialistas completar este diagnóstico con propuestas radicales para cambiar no sólo el sistema económico dominante, sino el perverso modelo de civilización impuesto globalmente por el capitalismo, formulando propuestas que incluyan no sólo un programa concreto de transición ecológica sino también una visión de otra forma de sociedad, más allá del reino del dinero y las mercancías, fundada en los valores de la libertad, la solidaridad, la justicia social y el respeto a la naturaleza.

Es difícil prever cuál será el futuro de la Iglesia después de la muerte del Papa Francisco: quien sea elegido por el próximo cónclave, ¿seguirá la orientación crítica y humanista de Bergoglio o volverá a la tradición conservadora de los pontífices anteriores? Muchos nuevos cardenales fueron nombrados por Francisco, es cierto, ¿pero cuáles son sus convicciones íntimas?

En las próximas semanas sabremos si Bergoglio fue solo un paréntesis o si efectivamente abrió un nuevo capítulo en la larga historia del catolicismo."

(Michael Löwy, Jaque al neoliberalismo, 23/04/25, fuente Jacobin)