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13.5.21

Confesiones de un adicto: “Nadie se autodestruye porque quiere. Nadie, jamás”

 "Javier Giner, cineasta bilbaíno y el hombre que desde hace años lleva las agendas mediáticas de Penélope Cruz y Pedro Almodóvar, está experimentando esta mañana de martes la cara oscura de haber publicado un libro sobre la época más vulnerable de su vida: repetir la historia una y otra vez en entrevistas. 

“Esto no se lo he dicho a nadie, pero cuando tuve el manuscrito final, llamé a mi editor y le dije: ‘Que sepas que estoy fantaseando con no dar entrevistas, que sea el libro el que se defienda’. En el mundo en que vivimos eso es irreal, a no ser que seas, no sé, Philip Roth”, explica durante una pausa de la promoción, que hace por Zoom desde su piso en Barcelona. “Pero no te puedo negar que es una sensación extrañísima. Llevo dos días haciendo entrevistas de 30 minutos con gente que no conozco y ellos tienen acceso no ya a secretos de mi vida, sino a la parte más oculta. Si lo pienso, me muero del vértigo”.

Esa parte más oculta de su vida es la adicción de Giner al alcohol y la cocaína, así como su rehabilitación, que cuenta en Yo, adicto (Paidós). “Es el proyecto más importante que he llevado a cabo en toda mi vida. No el libro, sino mi reconstrucción personal”, confiesa. No se trata solo de un relato autobiográfico. Es la deconstrucción de una enfermedad, la toxicomanía, no para hacer un manual con su experiencia, sino para convertirla en universal. 

“Hago un esfuerzo por derribar el estigma del toxicómano, que no es el que va por la calle con la jeringa en la mano. No es el otro, ese que nada tiene que ver conmigo: es una persona profundamente enferma y la realidad de su enfermedad es emocional y psicológica, dos cosas que compartimos todos los seres humanos. Los miedos, las inseguridades, la no aceptación de uno mismo, la ira, la frustración, el malestar… Intento acercar ese prejuicio y decir, ‘en distinta medida, toxicómanos somos todos”.

Los años más oscuros de su adicción se despachan en las primeras 43 páginas del libro, un delirio de autodestrucción, de sesiones de drogas y sexo compulsivo (y créditos al banco para financiarlo todo). Ningún adicto se ve reflejado en las cosas que hace movido por su enfermedad. 

“Lo comparo con La invasión de los ultracuerpos, con una posesión demoníaca; una forma absurda de explicarlo, pero muy directa. Sigues teniendo tu aspecto, sigues siendo tú, pero el resto ya no tiene nada que ver con tu identidad”, explica el autor. “Uno de los grandes dramas de esta enfermedad es que te convierte en alguien que hace cosas en las que ni siquiera te reconoces. Intento incidir mucho en eso en el libro: nadie se autodestruye porque quiere. Nadie, jamás”.

El resto del libro, casi 500 páginas, recoge los días de 2009 que Giner pasó en una clínica de rehabilitación, su resistencia a enfrentarse los vacíos que le condujeron al abismo, la convivencia con otros toxicómanos en los que aprende a verse a sí mismo (y nosotros con él), el pánico a la vida. “Tuve que aprender que ese proceso no me iba a convertir en alguien que no era yo, sino que justamente, si salía de él con éxito, era convertirme en el yo más auténtico que he tenido en mi vida”, confiesa.

 “Hay un momento revelador: en la clínica, desde que llegué, firmaba con una especie de burruño que no se entendía nada. Anaís, mi educadora social, me dijo, ‘chico, es que no se ve tu nombre’. En ese momento, empecé a firmar como Javier Giner, hasta el día de hoy. Javier. Giner. Entré en esa clínica como un burruño sin identidad, y salí con un nombre y un apellido: los míos”.

El final, su exitosa desintoxicación, no solo hace del libro algo más luminoso: lo convierte en un testimonio importante. “Cuando esto haya pasado, cuando este artículo esté publicado, volveré a mi clínica, a decir: ‘chicos, llevo 12 años sobrio, de esto se puede salir’. Cuando ingresas, las únicas personas que vuelven son las que recaen. El mensaje que estás recibiendo es: ‘vuelve otro, vuelve otro, vuelve otro”, explica. “Es importante que esas personas sepan lo que digo en el libro. Vas a encontrar 1.500 obstáculos, vas a sufrir como un perro. Pero de esto se puede salir”.               (Tom C. Avendaño, Icon, El País, 12/05/21)

22.1.14

Obama: "La marihuana no es más peligrosa que el alcohol o el tabaco"

"El presidente estadounidense, Barack Obama, cree que la marihuana no es más peligrosa que el tabaco o el alcohol, aunque no consideró que la legalización sea una "panacea" que resuelva todos los problemas, según una entrevista con la revista New Yorker publicada este domingo.

"Como ha quedado bien documentado, fumé marihuana de joven y yo lo veo como un mal hábito y un vicio no muy diferente a los cigarrillos que he fumado durante mi juventud y en gran parte de mi vida adulta. 

No creo que [fumar marihuana] sea más peligroso que el alcohol", explica Obama en la entrevista. Obama aseguró que fumar cannabis no es algo a lo que anime. "He dicho a mis hijas que es una mala idea, una pérdida de tiempo y no muy saludable".

Para el presidente estadounidense el principal problema con el consumo de cannabis en Estados Unidos son las desproporcionadas penas y la manera en que estas afectan con más dureza a minorías como la negra y la hispana y a personas de bajos recursos. 

"No deberíamos encerrar en la cárcel a jóvenes o individuos por largos períodos de tiempo por consumir (marihuana) cuando los que están escribiendo esas leyes han hecho probablemente lo mismo", afirma Obama en una entrevista, que se realizó a finales de noviembre de 2013.

En este sentido consideró que las leyes estatales como la del estado de Colorado, que despenaliza el consumo privado de marihuana, deben avanzar, ya que permiten acabar con la injusta situación en la que grandes partes de la sociedad han violado la prohibición y "solos unos pocos son castigados".

 No obstante, Obama opinó que la legalización de la marihuana no es una "panacea", ya que la problemática es mucho más compleja, algo que opinó se verá en casos como los de los estados de Colorado y Washington.

Para el presidente de Estados Unidos el gran problema es la idea de dónde poner el límite a la permisividad con las drogas, ya que otros narcóticos más duros siguen provocando "un profundo daño y coste social". 

En este sentido alertó de los problemas sobre dónde "dibujar una línea" y sobre aquellos que puedan pensar en la posibilidad de negociar dosis aceptables de otras drogas más duras como la cocaína o las anfetaminas. (...)"       (Público, 20/01/2014)

13.12.12

Me pregunto cuánto dinero, qué cantidad exacta, habrán dejado como beneficio estas cinco vidas del Madrid Arena. Y a quién corresponde cada parte

"Se me ocurrió decir que una política francesa, comunista de cierto prestigio y casada con un célebre escritor, tras visitar la ciudad con mucha curiosidad se había quedado perlática al ver los botellones de Madrid y Barcelona.

 “Están ustedes elevando la peor juventud de Europa”, dijo con un claro galicismo. Se alzaron aquella noche muchas voces para tacharla de reaccionaria, de francesa reprimida, de menopáusica, de estar casada con el mayor imbécil que había luchado con el Che y otras grandezas. 

El más furioso era un señor delgadito de aspecto insignificante que aullaba sobre los derechos de la juventud a “pasárselo bien” y a rechazar a sus padres, todos ellos reaccionarios y franquistas.

Luego supe que era el marido de una concejala de la parte más elegante del partido, que controlaba los bares clandestinos de la zona baja. Gracias a él las discotecas atronaban sin que nadie pudiera hacer nada contra ellas. Se había enriquecido alquilando con hombres de paja gigantescos alpendres del extrarradio que abrían para macrofiestas sin permiso municipal ni el menor sistema de seguridad. 

Fue entonces cuando por primera vez me percaté de la enorme cantidad de dinero que las hienas de la noche iban a recaudar en estrecha relación con las mafias locales. Luego he ido viendo que esa gigantesca escupidera de oro se sostiene sobre tres patas: las mafias que trafican con alcohol y drogas (suelen, además, adjudicarse la “seguridad”), los así llamados empresarios de la noche (dueños de locales que en su mayor parte no son suyos) y la conexión municipal. Si falla una de estas tres patas, el negocio no funciona. Se necesitan entre sí como líquenes parasitarios.

No estoy diciendo que la muerte de cinco pobres muchachas hace una semana sea debida a las tres patas antes mencionadas ni a la rampante criminalidad madrileña, pero que las tres patas andaban metidas en el negocio de las dieciséis mil criaturas encerradas en aquella ratonera, no puede dudarse. 

Equipos de seguridad que no actúan o que se van a tomar un café cuando se produce la avalancha. Un segundo cuerpo de seguridad (igualmente pagado a alguien por alguien) que sólo se ocupa del exterior, pero que en realidad no se ocupa de nada. Venta de entradas sin control alguno. Edificio municipal sin las menores garantías de evacuación. Inspectores inexistentes. Médicos zarzueleros que vienen a salir a uno por cada ocho mil personas. 

En fin, el conjunto de chapuzas que acabó con la vida de esas cinco muchachas habría sido imposible si alguien hubiese creído que podía tener alguna responsabilidad. Pero no. Todos eran irresponsables, sea porque estaban protegidos, sea porque les importaba una higa, ya que sabían que no iba a pasarles nada. Y lo cierto es que seguramente no les pasará nada. Los jóvenes tienen derecho a divertirse y los mayores a ganar dinero chupándoles la sangre. Luego dejan el cadáver tirado en una cuneta. (...)

Muchas veces, cuando cruzas la ciudad y observas los grupos, nutridos y jaraneros, de borrachos vociferantes, los portales convertidos en urinarios, las peleas y vomitorios que en algún momento llegarán hasta los informativos de la tele, pero sólo como ilustración de lo bien que se lo pasan los chavales, uno se pregunta cuánto dinero debe de estar haciendo alguien para quien la vida de las gentes (las que arman bulla y las que no pueden dormir) es como la vida de las gallinas para el granjero. Un inconveniente con el que hay que contar. A veces se mueren, y no es bueno para el negocio, pero tampoco nos vamos a arruinar cuidándolas, ¿verdad? Dos bombillas y a vivir.

Quizás algún día, cuando vuelva a existir el periodismo, a alguien se le ocurra seguir la senda (por otra parte facilísima de trazar) que lleva del mafioso al munícipe y de éste al “emprendedor”.

 Porque los tres se necesitan, los tres se protegen, los tres se encubren, tienen el mismo despacho de abogados y sólo alguien externo puede señalarlos cuando pasean por la calle. De los tres, el que más repugnancia produce es el topo introducido en el ayuntamiento. No tiene que hacer absolutamente nada.

 Sólo controlar los papeles: que entren los que han de entrar, que no salgan los que no han de salir. Y vigilar el matasellos cubierto de telarañas junto a los dos mil expedientes amontonados.

Me pregunto cuánto dinero, qué cantidad exacta, habrán dejado como beneficio estas cinco vidas. Y a quién corresponde cada parte."           ( , El País, 9 DIC 2012)

19.7.12

Drogas… ¿qué drogas? En Portugal existen 700.000 alcohólicos sobre una población de 10 millones. Que las 1.200 agresiones sexuales denunciadas en 1995 están directamente relacionadas con el alcohol

"José “Pepe” Mujica, presidente de Uruguay, propuso legalizar la marihuana y que el Estado monopolice su producción y comercialización. En Argentina, que según la ONU es el país -junto con Chile- donde más drogas se consumen en América del Sur, una comisión de la Cámara Baja analiza actualmente un proyecto de despenalización del uso de drogas. Un debate que se generaliza.

 En marzo pasado,  César Gaviria el ex presidente de Colombia (nada menos, para el caso), se pronunció por la despenalización durante una reunión del Sistema de Integración Centroamericana (SICA). En 2009, junto al ex presidente de México Ernesto Zedillo, y al ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso, Gaviria  ya había presentado una propuesta para cambiar la estrategia en el combate contra las drogas, centrada en acabar con la criminalización del consumo.

Este progresivo cambio de enfoque obedece, en primer lugar, al fracaso de las políticas represivas, que no hacen más que propagar el consumo de todo tipo de substancias adulteradas y fomentar el poder económico, la influencia política –corrupción mediante- y la violencia de las organizaciones de narcotraficantes. El temor de una evolución del problema “a la mexicana” (50.000 muertos en los últimos tres años y un Estado desmantelado por la corrupción), orienta progresivamente el enfoque del problema en una dirección más razonable y civilizada.

El otro factor es la propia realidad social. El consumo de algunas drogas, muy en particular la marihuana, ha adquirido carta de ciudadanía, por así decirlo. El uso de drogas es tema de discusión en familia, sobre todo cuando hay hijos adolescentes. El consumo se ha expandido a tal punto en todas las clases sociales que resulta imposible negarlo. 

Antes de asumir como Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton tuvo que confesar que había fumado marihuana en la universidad, aunque, eso sí, “sin tragar el humo”… La realidad del consumo masivo, desfasada de una legislación basada en el desconocimiento y los prejuicios, obliga a la hipocresía y a salidas del paso infantiles.

Pero acercarse a la solución del problema empieza por analizar sin prejuicios qué son las drogas; establecer similitudes y diferencias entre ellas; analizar el uso que han hecho y siguen haciendo diversas culturas y la significación que les atribuyen; sus peligros, valor terapéutico y eventualmente espiritual; la autonomía del individuo, su responsabilidad ante la sociedad y la actitud de ésta frente a un tema que, como tantos otros, afecta el ámbito de lo puramente individual, pero repercute en el conjunto. Otro tanto respecto a la comercialización, legal e ilegal, de todas las drogas.

Conviene subrayar esto: legal o ilegal, porque ¿qué porcentaje de la criminalidad y/o adicción debe atribuirse a las drogas legales? El Centro Regional de Alcoholemia de Coimbra (Portugal), publicó en 1996 un informe según el cual en ese país hay más de 700.000 alcohólicos crónicos -además de los bebedores habituales- sobre una población de 10 millones; que las 1.200 agresiones sexuales denunciadas en 1995 (el 20% sobre menores de 13 años, ¡y se estima que los casos denunciados representan sólo el 20% del total real!), están directamente relacionadas con el alcohol. ¿Se debería entonces prohibir el alcohol o las anfetaminas, somníferos, etc., responsables de la abrumadora mayoría de adicciones graves en el mundo?

En los Estados Unidos se intentó esta vía con el alcohol en los años ‘20 (la “Ley Seca”), con los resultados conocidos: lo único positivo fue una excelente filmografía y literatura sobre gangs, mafias, crímenes y todo tipo de delitos vinculados con la prohibición. 

Por eso, numerosas personalidades tan poco sospechosas de irresponsabilidad, izquierdismo o nihilismo como George Soros, Laurance Rockefeller, Milton Friedman y Fernando Savater, o uno de los semanarios más prestigiosos del mundo, The Economist, se pronuncian con matices, pero abiertamente, por la legalización de las drogas. 
El Secretario General de Interpol, Raymond Kendall afirmó en 1995, ante el congreso anual de la Organización Internacional de Policía del Crimen, que "hoy, la amenaza real para nuestras sociedades es una combinación del crimen organizado y el tráfico de drogas (...) la guerra contra las drogas va mucho más allá de los daños que inflingen a los individuos. 

Los grandes beneficios del narcotráfico indican que el crimen organizado puede corromper nuestras instituciones en el más alto nivel. Si pueden hacer eso, entonces nuestras democracias están en peligro". Es como si Kendall hubiese descrito con anticipación al México de hoy o la Argentina de mañana…

Las actitudes abiertas y pragmáticas ante el problema, aunque no se compartan las conclusiones, son sin duda mucho más positivas que la ceguera represiva. Dejar de lado la evidencia y complejidad de los hechos concretos y recargar el análisis de ideología y moralismo no ayuda a la solución del problema. (...)

Todo depende entonces del conocimiento que tenga el sujeto sobre la materia inerte que manipula; de la cultura -en su sentido más amplio- en la que vive y se ha educado. Los ejemplos históricos y científicos sobre este concepto elemental son abrumadores. 

"No hay drogas, sino drogadictos", sostiene Escohotado -que analiza los escritos de una larga lista de "drogadictos" históricos, entre ellos Carlyle, Bismark, Thomas Jefferson-, y agrega: "no matan las drogas, sino la ignorancia".

La revista dominical del New York Times publicó en 1997 un largo artículo de Michael Pollan, en el que se analizaban los efectos, pros y contras de la Proposición 215, votada en noviembre de 1996 en California, autorizando a los médicos a recetar marihuana con fines terapéuticos o analgésicos, ante cualquier "enfermedad grave". 

La decisión de los ciudadanos de ese Estado enfureció al gobierno federal y a la Drug Enforcement Agency (DEA), empeñados en una guerra sin cuartel ni debate contra el consumo y venta de drogas.

El artículo explicaba en detalle y con abundantes ejemplos y testimonios médicos que fumar marihuana ayuda a los enfermos de cáncer a soportar la quimioterapia; a los sidosos a recuperar el apetito, a los epilépticos a prevenir convulsiones, etc., sin efectos secundarios significativos. Esto se sabía hace ya mucho tiempo, pero la realidad tardó en abrirse paso en la fronda de prejuicios, ignorancia e intereses que la oculta.

 Porque ¿qué pasaría con los carísimos productos de laboratorio, ampliamente publicitados, si algunos males pudieran ser tratados, aliviados o prevenidos con una plantita de balcón? ¿No abriría eso el camino al uso de otras drogas naturales, en detrimento de las sintéticas? ¿Qué sería de los miles de millones del narcotráfico que reciclan los bancos y oxigenan no pocas economías y campañas políticas?

"La marihuana es el mayor cultivo comercial de Estados Unidos (…) casi el doble del algodón, el siguiente cultivo más rentable", apuntaba Pollan, subrayando que "el mensaje de la marihuana medicinal es que hay diferentes clases de drogas y diferentes razones para utilizarlas; que el uso y el abuso no son necesariamente la misma cosa y que el gobierno federal podría no tener la última palabra en el tema (…) debe darse una discusión en la que la opinión de médicos y científicos cuente mucho más que la de políticos y moralistas. 

La Proposición 215 marca el final del ‘simplemente diga que no’ (el slogan del gobierno) y el comienzo de los ciudadanos diciendo muchas cosas interesantes sobre drogas. La guerra contra las drogas podría no sobrevivir a esta discusión".

Tal parece que esto último es lo que está empezando a ocurrir, a menos que la evolución política de este mundo en crisis diga otra cosa."                  (Sin Permiso, 15/07/2012, 'Drogas… ¿qué drogas?', de Carlos Gabetta)

28.2.11

"Al menos en este país (Inglaterra), y por motivos que siguen siendo un misterio, las drogas parece que están pasando de moda"

"Según las estimaciones, el número de adultos jóvenes en Gran Bretaña que probaron una droga ilegal en la década de los sesenta fue inferior al 5%. Esta cifra llegó casi al 10% en los setenta y a entre el 15 y el 20% en los ochenta. En 1995, casi la mitad de todos los jóvenes afirmaba que habían tomado drogas.

Por ello resultan tan sorprendentes las últimas noticias. Según las cifras publicadas en enero por el NHS, el servicio de sanidad nacional en Reino Unido, y que se basan en datos del British Crime Survey (encuesta británica sobre criminalidad), el porcentaje de adultos en Inglaterra y Gales que han consumido sustancias ilegales entre 2009 y 2010, el 8,6%, ha sido el más bajo desde que comenzó el estudio en 1996.

Entre la población de 16 a 24 años, el resultado era el mismo, con sólo un 20% que afirmaba haber consumido drogas en el año anterior, otra cifra baja, y un tercio más bajo que la proporción de hacía 15 años. (...)

Se ha reducido el consumo de cocaína y de speed y el del cannabis mucho más. El consumo de LSD es el mismo, pero tan sólo una quinta parte de lo que era en 1996. Aunque el consumo de heroína sigue siendo estable, ha disminuido el número de jóvenes que solicitan actualmente tratamiento por su adicción a esta sustancia.

La encuesta British Crime Survey tiende a subestimar el consumo de drogas (porque no implica a personas sin hogar, en prisión o que vivan en alojamientos para estudiantes) y estos descensos no son los primeros, pero constituyen una tendencia que ya es demasiado sólida como para hacer caso omiso de ella.

Al menos en este país, y por motivos que siguen siendo un misterio, las drogas parece que están pasando de moda. (...)

Por desgracia, el descenso en el consumo de drogas no se ha traducido en una disminución de los daños que producen. De hecho, los ingresos hospitalarios por sobredosis aumentaron el año pasado un 4,8%, y los problemas psiquiátricos, un 5,7%. Resulta complicado determinar los fallecimientos relacionados con el consumo de drogas, pero parecen estar aumentado. Es difícil explicarlo.

Podría ser un indicador desfasado, el reflejo del envejecimiento de la población de adictos a la heroína del país. O bien, tal y como exponía el profesor David Nutt, antiguo presidente del Consejo Asesor sobre el Abuso de Drogas, podría existir otra causa. "Sin duda se están produciendo más muertes por el alcohol [aunque esté descendiendo el consumo general del alcohol]", afirma.

"Así pues, creo que el consumo excesivo de alcohol aparece como alternativa al consumo de otras drogas. Aunque también la cultura de beber hasta no poder más, de sobrepasar los límites y tomar muchas drogas también está contribuyendo a que se produzcan esas muertes". (PressEurop, 25 febrero 2011, citando a The Guardian Londres)

11.2.11

Los españoles fuman y beben menos... por la crisis

"Aunque ahí no acaban sus efectos secundarios, ya que la crisis no solo ha permitido mejorar aspectos tan teóricos como estos, sino que también ha llevado a muchos españoles a reducir algunos hábitos no del todo saludables por mera economía de subsistencia. (...)

Por este motivo, los consumidores han optado por beber y fumar menos. Y esto se está notando en la cuenta de resultados de grandes multinacionales del sector como Diageo, por el lado de las bebidas alcohólicas, y Phillip Morris, por el del tabaco.

Las dos compañías han presentado esta semana sus resultados de 2010 y, en ambos casos, España aparece destacado en rojo en sus presentaciones.

Para Diageo, líder mundial del sector de las bebidas espirituosas, "las presiones económicas que se han vivido en España, Grecia e Irlanda han causado un retroceso del 13% en las ventas" durante el pasado año.

El descenso ha sido especialmente destacado en el caso del güisqui J&B, que en España tiene su principal mercado, lo que ha provocado que la distribución de esta marca haya caído en el conjunto de Europa pese a que en países vecinos como Francia ha incrementado en un 8% sus ventas.

Tampoco ha ido bien la facturación de otras de sus enseñas más populares como el vodka Sminorff o Johnny Walker, aunque en este último caso la empresa estadounidense destaca que parte del retroceso se ha enjugado gracias a la popularización del Johnny Walker Etiqueta Negra, más caro que el tradicional Etiqueta Roja.

Por el contrario, solo suben las ventas de la ginebra Tanqueray, una bebida que se ha puesto de moda en los últimos años." (El País, 11/02/2011)

15.12.10

El alcohol, esa droga dura, durísima... pero legal

"Con la heroína casi desaparecida (la toma menos del 0,1% de la población) y la cocaína en retroceso (los que la han probado en el último mes ha bajado del 1,6% al 1,2% entre 2007 y 2009), el mercado de las sustancias adictivas se rinde a los productos legales.

Alcohol y, en menor medida, tabaco son los únicos cuyo consumo aumenta entre la población de 15 a 64 años, según los datos de la última Encuesta Nacional sobre Alcohol y Drogas en España, que presentó ayer la ministra de Sanidad, Leire Pajín. (...)

En concreto, bebe diariamente un 11% de la población (0,8 puntos más que en 2007); lo ha hecho en el último mes el 63,3% (3,3 puntos más que hace tres años) y lo ha tomado el último año el 78,7% (5,8 puntos más).

El aumento del consumo va acompañado de un cambio en el modelo de ingesta: aumentan las borracheras en todos los grupos de edad y en ambos sexos, y el denominado consumo de atracón (una mala traducción del binge drinking inglés), definido entre los hombres como tomar cinco o más copas en un par de horas (o una menos en las mujeres) se extiende. (...)

Calderón va más allá. Al comentar los datos de la encuesta destaca que "no hay consumo de drogas sin alcohol" y que "seguramente, el alcohol sea la sustancia de arranque" para los adictos. Calderón aporta otro dato. "La del alcohol es la edad de inicio más baja [alrededor de los 16 años]". (...)

Elzo, catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto, afirma que estos datos no le sorprenden, "Se corresponde con la evolución dentro de la sociedad y unos nuevos hábitos de vida", afirma. La explicación está en que "el alcohol ha desaparecido o está en trance de desaparecer de la vida cotidiana para convertirse en un hábito de los momentos de fiesta".

Esta especie de división de la vida en unos tiempos en los que se puede beber y otros en los que no se debe hacerlo, "siempre ha sido así, pero no tanto como ahora", afirma Elzo. El sociólogo cree que se trata "del efecto perverso de lo que es una buena cosa: que la gente esté más preocupada por estar en forma, que busque estar en mejores condiciones físicas de lunes a viernes".

Pero eso hace que "cuando desaparece ese periodo, aparece un nuevo tiempo en el que, por definición, no quiere que le pongan límites".

"Nuestra sociedad cada vez está más normativizada, más legislada, más limitada. Tenemos coches mejores y más potentes con los que podemos correr cada vez menos. Ahora nos van a prohibir fumar en todos los espacios cerrados. Ya no nos tomamos la copa de después de comer entre semana.

Por eso cuando llegamos al fin de semana decimos 'ahora déjeme en paz', 'no me complique la vida', 'vale, no voy a conducir, llevo toda la semana portándome bien, pero no me diga lo que puedo beber".

La prueba de esto son lo que Elzo llama "guateques posmodernos", la costumbre creciente de los adultos de juntarse en sitios para beber (una casa o un local) al que pueden ir caminando o, si pueden pagárselo, en taxi. O, para los más jóvenes, los botellódromos. (...)

Los que están en contacto directo con los adictos, que son los que llegan a las asociaciones especializadas, apuntan otro factor. Cómo no, uno de ellos es la crisis. "El alcohol es la droga más barata y la socialmente más aceptada.

Si digo que he tomado cocaína, mucha o poca, se me mira mal; si digo que he estado bebiendo, no", pone Recio como ejemplo. "El alcohol no produce rechazo ni marginación social", añade, "no provoca una necesidad de precaución". (...)

Calderón recoge el guante, y afirma que no se puede menospreciar una sustancia que pone en peligro al 4,4% de la población. "Cuando hablamos de cocaína hay unanimidad. A todos nos preocupa, y solo la toma frecuentemente el 1,2% de la población".

"Si una persona fuma un porro cada 15 días, decimos que es un drogadicto; del que se bebe cuatro whiskies cada día, no, decimos solo que está tomándose unas copas, nos hace hasta gracia", indica. "Y eso confunde a la opinión pública", afirma. "¿Usted permitiría que le llamaran drogadicto porque le han visto borracho?", se pregunta.

¿Cambiaría la apreciación si se planteara el imposible de que se declarara ilegal al alcohol? Para Recio esa no es la cuestión. "Ese es un problema político y económico. Nosotros lo que vemos son personas con un grave problema de consumo de una sustancia, el alcohol en este caso, a las que ya el asunto de la legalidad o la ilegalidad no les afecta.

Porque se legalicen las drogas no se va a evitar que nos lleguen auténticos dramas, y si se ilegalizara el alcohol, tampoco", afirma. La encuesta recoge que la legalización es la medida que los españoles creen como menos eficaz para reducir el consumo de drogas.

La posible solución, coinciden los expertos, está en no banalizar. "Todavía muchos padres ven normal que su hijo adolescente beba. Cuando un juez nos envía a su hijo, minimizan el problema, dicen que su hijo 'hace lo que todos'. Pero no será tan normal, cuando la justicia interviene", opina Recio. Aparte de los jóvenes, hay otro grupo de población que preocupa en las encuestas: las mujeres. "Antes bebían solas en casa, ahora lo hacen en público", dice." (El País, 08/12/2010, p. 30)

1.11.10

El alcohol, más dañino que la heroína y el 'crack', según un estudio británico

"El alcohol es más dañino que la heroína y el crack -un derivado de la cocaína que se fuma- según sostiene un novedoso estudio publicado hoy en la revista médica The Lancet, que considera de manera combinada el perjuicio que causa al consumidor una determinada droga y a las personas que le rodean.

El informe, elaborado por dos ex asesores del Gobierno británico, David Nutt y Leslie King, tiene por objetivo elaborar políticas estatales más eficaces para paliar el impacto social de sustancias adictivas, entre las que se incluye también el tabaco, otra droga tan legal como el alcohol en la mayoría de los países del mundo.

Según este informe, la segunda y tercera drogas en el ránking del daño individual y social son la heroína y el crack. (...)


Un estudio previo dirigido por Nutt en 2007 provocó una gran controversia al establecer nueve criterios principales de daño, desde el mal intrínseco de las drogas a los costes sanitarios que genera, cada uno de ellos con un mismo peso valorativo en la evaluación final.

Para mejorar el resultado, este estudio emplea el Análisis de Decisión Multicriterio, una técnica que ya ha sido usada con éxito para asesorar las autoridades en cuestiones con muchas aristas como el almacenamiento de residuos nucleares.

Nueve de los criterios utilizados en este estudio tienen que ver con el daño que una droga causa en el individuo y otros siete con los daños causados a otros, y todos ellos han sido divididos en cinco subgrupos referidos a los daños físicos, psicológicos y sociales. Las sustancias han sido valoradas del 0 al 100, siendo 100 el nivel máximo de daño causado en cada criterio específico.

Las nueve categorías de daño al individuo son: mortalidad a causa directa del consumo, mortalidad derivada del consumo, daño directo a causa del consumo, daño derivado del consumo, dependencia, discapacidad mental a causa del consumo, pérdida de capacidades de la percepción, daño a las relaciones personales y lesiones. Las siete categorías de perjuicios a los demás son crimen, conflicto familiar, daño al entorno cercano, daño al conjunto de la sociedad, coste económico y deterioro de la cohesión comunitaria.

Teniendo todas estas cuestiones en cuenta, el alcohol obtiene una puntuación de 72, seguido de la heroína (55) y el crack (54). El resto de drogas son metanfetamina en cristal (33), cocaína (27), tabaco (26), anfetaminas (23), cannabis (20), ácido gama-hidroxibutírico (18), benzodiazepinas (15), quetamina (15), metadona (14), mefedrona (13), butano (10), khat (nueve), éxtasis (nueve), esteroides anabolizantes (nueve), LSD (siete), buprenorfina (seis) y setas alucinógenas (cinco).

Con estos resultados, los autores del análisis subrayan que el alcohol, además de ser la droga más perjudicial en términos generales, es casi tres veces más dañina que la cocaína y el tabaco. Los autores indican que la heroína, el crack y la metanfetamina en cristal son las sustancias más dañinas para el individuo que las toma, mientras que el alcohol, la heroína y el crack lideran la lista de las más perjudiciales para el entorno directo.

La Organización Mundial de la Salud estima que las enfermedades y riesgos vinculados al alcohol causan 2,5 millones de muertes al año entre ataque al corazón, problemas en el hígado, accidentes de tráfico, suicidios y cáncer. Se trata del 3,8% de las muertes y el tercer factor de riesgo de muerte prematura y de discapacidad en todo el mundo.

Según el Informe Mundial sobre las Drogas 2010 de la Oficina de la ONU contra las Drogas y el Delito, entre 155 y 250 millones de personas consumen drogas ilícitas en el mundo, un 15% de las cuales (38 millones) son drogodependientes. La marihuana es la sustancia más consumida, por entre 129 y 190 millones de personas, seguida de las metanfetaminas, los opiáceos y la cocaína." (El País, 01/11/2010)