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17.7.24

Tenemos que redistribuir la renta o la riqueza o enfrentarnos al fascismo: esa es la elección que tenemos ante nosotros... la razón es que el neoliberalismo ha fracasado... El beneficio de los últimos más de 40 años de gobierno neoliberal ha sido una redistribución masiva de la riqueza hacia arriba en la sociedad... La consecuencia ha sido el auge del fascismo... ¿Hay alguna forma de evitarlo? Sí, obviamente la hay. La respuesta es bastante sencilla. Si esta alienación de un gran número de personas está causada por el hecho de que las recompensas del crecimiento económico neoliberal no se han distribuido equitativamente, la respuesta es distribuir equitativamente la renta y la riqueza que existe ahora... Y los políticos que niegan que la redistribución de la renta y la riqueza no sea posible porque, dicen, no sería políticamente aceptable para quienes la poseen, están equivocados. Al excusar el camino hacia el fascismo, son facilitadores del fascismo (Richard Murphy)

 "Ha sido un día inquietante en la política mundial.

Donald Trump ha elegido un nuevo compañero de fórmula, J. D. Vance, senador de Ohio.  Vance fue anteriormente un duro crítico de Trump, sugiriendo que podría ser el Hitler de los Estados Unidos, pero desde entonces ha cambiado drásticamente de tono.  Ha caído bajo la influencia de Peter Thiel, antiguo director de PayPal y uno de sus fundadores y, en consecuencia, multimillonario.

Thiel es uno de los financiadores de la ultraderecha estadounidense, que lleva el libertarismo mucho más allá de los límites conocidos hasta ahora.  Cuestionan el derecho del Estado a existir. Su objetivo es socavar en todo momento su administración. Creen que la libertad y la democracia son incompatibles.  Su objetivo es restaurar los derechos del individuo, pero consideran que el individuo en cuestión es un hombre blanco.

Sus actitudes hacia el aborto amenazan el bienestar de las mujeres estadounidenses.

Sus actitudes sobre la raza son atroces.

El temor es que cuentan con el apoyo populista de gran parte de la población, y la razón es que el neoliberalismo ha fracasado.

 De hecho, el neoliberalismo no ha recompensado a la mayoría de los estadounidenses, como tampoco ha recompensado a la mayoría de los británicos o europeos. El beneficio de los últimos más de 40 años de gobierno neoliberal en todos esos lugares, en la estela de la revolución de Milton Friedman y Hayek - presentada por Margaret Thatcher y Ronald Reagan como la respuesta a los años de posguerra de consenso keynesiano - ha sido que hemos visto una redistribución masiva de la riqueza hacia arriba en la sociedad.

Los ingresos medios y bajos han experimentado, en general, un aumento relativamente pequeño de su bienestar.  Y esto es especialmente cierto en el caso de las rentas más bajas.  Se sienten especialmente perjudicados por lo ocurrido y, como consecuencia, se sienten, no sin razón, ajenos a todo el proceso político. Esto es especialmente cierto cuando, como ocurre en el Reino Unido, Estados Unidos y en muchos otros países, como Irlanda, Alemania y Francia, los principales partidos gobernantes actúan en coalición para preservar la hegemonía de la vía neoliberal y bloquear cualquier alternativa que pueda surgir, sobre todo por parte de quienes, desde la izquierda, buscan la redistribución de la renta y la riqueza en beneficio de todos los miembros de la sociedad.

 La consecuencia ha sido el auge del fascismo. Donald Trump lo ha explotado. En el Reino Unido estamos viendo a Nigel Farage hacerlo con Reform. En Francia estamos viendo a Marie Le Pen hacerlo. Y, por supuesto, en Alemania ha surgido la AfD.  En Irlanda la reacción es ligeramente diferente. El movimiento ha sido hacia el Sinn Féin en la izquierda y no hacia la derecha, aunque hay políticos de derechas muy desagradables en Irlanda que están creando disidencia, particularmente en áreas de privación.

¿Qué estamos viendo? Estamos viendo un desafío al modo de vida democrático con el que la mayoría de nosotros estamos familiarizados, con el que hemos crecido y del que siempre hemos supuesto que continuará.  Existe la posibilidad de que no sea así. Existe una posibilidad real de que la democracia esté ahora en peligro.

Ahora tenemos una democracia defectuosa, no pretendo lo contrario. En el Reino Unido tenemos elecciones por mayoría simple, que no dan lugar a un parlamento que refleje la voluntad de la gente de este país. Eso está más que claro. Pero lo que también sabemos es que hay un elemento de elección en esto, aunque nuestros partidos políticos han conspirado para cerrarlo, en particular en el Reino Unido al menos, eliminando a la izquierda de la consideración como consecuencia.

 Con la desaparición de los laboristas como partido de izquierdas bajo el mandato de Keir Starmer, no existe ahora ninguna fuerza electoral fuerte de centro-izquierda con perspectivas de gobierno inmediato en el Reino Unido.  Como consecuencia, la gente siente que no puede ser representada por los partidos existentes. Y como era de esperar, vemos cómo el Reformismo aumenta en el Reino Unido.

Y vemos a los republicanos de Trump creciendo en Estados Unidos, y así sucesivamente.

¿Hay alguna forma de evitarlo? Bueno, sí, obviamente la hay. La respuesta es bastante sencilla. Si esta alienación de un gran número de personas está causada por el hecho de que las recompensas del crecimiento económico neoliberal no se han distribuido equitativamente, la respuesta es distribuir equitativamente la renta y la riqueza que existe ahora.

La renta y la riqueza están masivamente desequilibradas en cuanto a su distribución en todas las economías que he mencionado, por lo que los que han quedado fuera han empezado a sentir que no tienen ninguna posibilidad de compartir la prosperidad que nosotros, como países, hemos generado. Porque no lo discutamos, somos más ricos que nunca, a pesar de todos los retos a los que nos enfrentamos.

Así pues, la respuesta ahora es muy sencilla. Podemos elegir. Podemos redistribuir la renta y la riqueza, o podemos allanar el camino al fascismo. Y los políticos que niegan que la redistribución de la renta y la riqueza no sea posible porque, dicen, no sería políticamente aceptable para quienes la poseen, están equivocados. Al excusar el camino hacia el fascismo, son, en mi opinión, facilitadores del fascismo.

 Se trata de una situación muy peligrosa.  Me preocupa mucho. No voy a fingir lo contrario. A veces me siento en las profundidades de la desesperación pensando en la perspectiva de lo que está por venir, la amenaza que supone y los riesgos inherentes a ella.

El desafío es para aquellos que quieren defender la verdad y que llaman la atención sobre el potencial baño de sangre que se planea, porque seamos claros, eso es lo que Trump ha prometido en los EE.UU. si no gana.  Todo esto, por supuesto, me deja preocupado. ¿Por qué no habría de hacerlo? Por qué no habría de preocuparse nadie ante semejante riesgo?

Pero, en ese caso, ¿por qué estos políticos, que han llegado al poder como neoliberales, se empeñan tanto en que deben continuar por los mismos caminos que han seguido durante algún tiempo, alimentando así el auge del populismo?  Ojalá supiera la respuesta, porque sinceramente no la sé.  Presumo de ellos que son personas de buena voluntad, personas que desean lo mejor y que esperan poder hacer del mundo un lugar mejor.  Pero sus acciones niegan esa posibilidad.  ¿Por qué tienen tantos conflictos?

¿Qué hay en su sistema de creencias y en la inculcación del neoliberalismo dentro de su ethos que distorsiona tanto su pensamiento que no pueden ver que sin un cambio fundamental en la sociedad que tenemos la alternativa no es algo un poco diferente de donde estamos con algunos retoques aquí y allá en el camino, que es lo que estos neoliberales proponen.

 Espero que de alguna manera podamos hacerles llegar ese mensaje sobre cómo están allanando el camino hacia el fascismo.

Reitero que la elección es sencilla.  Redistribuimos la renta y la riqueza, o allanamos el camino al fascismo.  Eso es todo.

Yo sé por qué camino me inclino.  Quiero redistribuir la renta y la riqueza.

¿No es hora de que nuestros políticos hagan lo mismo, porque la amenaza del fascismo es mucho mayor que la amenaza a la que se enfrentan por molestar a unas pocas personas ricas que podrían tener que pagar un poco más de impuestos para preservar el bienestar de la sociedad en la que vivimos y que en realidad mantiene intacta la riqueza de esas personas?

(Richard Murphy , Profesor de Contabilidad, Escuela de Administración de la Universidad de Sheffield, Brave New Europe, 17/07/24, traducción DEEPL, enlaces en el original)

16.5.18

Las democracias revertirán el proceso de globalización... tienen que elegir entre ignorar la desigualdad de la renta y riqueza y permitir que empeore, como hasta ahora, o comenzar a imponer restricciones al comercio y a los flujos de capital

"A las democracias que se precien de ser concebidas como tales no les queda más remedio que empezar a revertir parte del proceso de globalización vivido en las últimas décadas. No es solo una cuestión ideológica, que también. El sistema de gobernanza económica denominado “neoliberalismo” está roto, finiquitado. 

Es ante todo una cuestión de pura supervivencia. Solo queda una opción realista, aumentar los salarios y redistribuir la renta. Si no se hace, y más vale que se empiece pronto, todo acabará como el rosario de la aurora. Por cierto, en España ello se debe traducir en revertir la devaluación salarial y las dos últimas reformas laborales.

Todo ello viene a colación de un artículo muy reciente, no llega a una semana, del economista Michael Pettis, “High wages Versus high savings in a globalized world”, traducido a román paladín: “salarios altos versus altos ahorros en un mundo globalizado”. La tesis del autor es que las democracias tendrán que elegir cada vez más entre aumentar los salarios y redistribuir la renta o mantener el libre comercio y los flujos de capital.

 Debido a que es probable que elijan lo primero, el mundo se puede enfrentar a una reversión a largo plazo de la globalización. Para ello repasa dos modelos de crecimiento diferentes con enfoques distintos respecto a los salarios, un modelo de salarios altos versus un modelo de ahorro elevado.

Este análisis se produce además en un momento donde todo el foco de la atención mediática global está concentrado en el papel de las dos grandes superpotencias económicas, Estados Unidos y China.

 El propio Pettis, en su libro “The Great Rebalancing: Trade, Conflict, and the Perilous Road Ahead for the World Economy”, mostraba como los graves desequilibrios comerciales de estas dos superpotencias estimularon la reciente crisis financiera y fueron el resultado de políticas desafortunadas que distorsionaron los patrones de ahorro y consumo.

El modelo basado en al ahorro no es sostenible

En el modelo de crecimiento de altos salarios, son justamente estos salarios altos el motor del crecimiento económico, vía demanda neta. Por el contrario, en el modelo basado en el ahorro, la inversión en infraestructuras es el motor del crecimiento económico, siendo esta inversión subsidiada vía transferencias ocultas o explícitas desde los hogares, lo que simultánea y paradójicamente reduce la participación de las familias en el PIB, forzando a éstas a aumentar la tasa de ahorro. 

Con la globalización, a través del proceso de financiarización unido a una apuesta decidida por flexibilizar los mercados laborales, controlar y reducir salarios, en ambos modelos se produjo un aumento brutal de la deuda.

 En este sentido, el crecimiento basado en la inversión es muy intensivo en deuda, ya que las inversiones no se financian solamente con recursos propios sino también con deuda y muy especialmente bajo el favorable tratamiento fiscal de los intereses versus los dividendos.

 Viendo el comportamiento de ciertas economías como la china, el modelo de crecimiento basado en el ahorro aparentemente genera períodos más vigorosos de crecimiento económico, sustancialmente mayor en el corto y medio plazo. Pero el problema es que no es sostenible en el largo plazo. 

Debido a que el modelo de alto ahorro produce una demanda doméstica débil, especialmente una vez que las necesidades de inversión se han cumplido, los países que persiguen este tipo de modelo requieren grandes superávits comerciales para resolver la incapacidad de su economía de absorber todo lo que produce. 

Un período de crecimiento rápido bajo el modelo basado en tasas de ahorro altas siempre ha sido seguido por un ajuste brutal, durante el cual se ha revertido gran parte del avance relativo logrado durante el período de crecimiento. 

Esto se debe a que los desequilibrios generados por este modelo de crecimiento han sido especialmente difíciles de revertir. Véase Estados Unidos en los años previos a La Gran Depresión, el Japón de los 80, la China actual, o la tomadura de pelo de la zona Euro con una Alemania subsidiada, vía tipo de cambio, por el Sur de Europa.  

¡Son los salarios, estúpidos!

En una economía mundial globalizada, el modelo de crecimiento basado en salarios altos puede descarrilar debido a su impacto en la competitividad. Si los costes de transporte y los costes hundidos son muy bajos y existen pocas barreras comerciales, los altos salarios hacen que la demanda se traslade a productores extranjeros con salarios más bajos.

 Como resultado, en lugar de obligar a los productores locales a invertir en innovaciones que mejoran la productividad, los productores extranjeros de bajos salarios simplemente los obligan a dejar el negocio. En un mundo globalizado, la forma de ganar competitividad es reducir el valor real de los salarios, ya sea reduciendo los salarios nominales (como hicieron Alemania y España) o devaluando la moneda (como lo hacen muchos países asiáticos).

Las autoridades chinas, por ejemplo, son muy conscientes de que deben implementar un cambio de modelo desde el actual basado en inversión a otro basado en demanda doméstica. Lo llevan intentando varios años pero no lo consiguen. Desafortunadamente, hasta que se complete el reequilibrio, China necesita de grandes superávits comerciales para resolver la baja demanda interna. 

Sin embargo, a medida que el mundo se vuelve cada vez más proteccionista, países como China pueden verse forzados a un ajuste mucho más rápido y una resolución posiblemente dramática de sus cargas de deuda. De nuevo vuelve a funcionar la inestabilidad financiera de Hyman Minsky.

 Este proceso de incremento del proteccionismo se va extender a occidente por dos razones. El neoliberalismo ha fracasado. Las economías occidentales llevan años de crecimiento mediocre y continuas crisis financieras. Pero además la desigualdad se ha disparado hasta niveles insostenibles para una democracia sana. 

Los intentos de revertir la desigualdad de la renta se ven torpedeados por los requisitos de una economía mundial globalizada. Por eso las democracias se enfrentarán con dos opciones: o ignorar la desigualdad de la renta y riqueza, como están haciendo hasta ahora, y permitir que empeore; o comenzar a imponer restricciones al comercio y a los flujos de capital, de modo que las reformas destinadas a revertir la desigualdad de la renta y riqueza, vía mayores salarios, no conduzcan simplemente a un mayor desempleo. De nuevo el péndulo de la historia volverá a actuar."                 (Juan Laborda, Vox Populi, 10/04/18)

26.4.18

Manuel Monereo: "El Proyecto Europeo es un sistema tiránico que contribuye a que Alemania domine al resto de países". La UE es un sistema de dominio. Hay una deriva estructural de los países del sur para convertirse en países dependientes y subdesarrollados de los países del norte. En este contexto, el futuro es poco alentador y bastante predecible. España, como Portugal o Grecia, se encaminará cada vez más hacia el subdesarrollo...

"(...) Monereo es historia de España: sufrió la dictadura franquista, fue encarcelado y torturado, vivió una transición que no recuerda como una etapa modélica, y encontró en la política una escuela de vida.  (...)

Centrémonos en Europa. ¿Por qué es tan crítico con el proyecto europeo?

Para mí, la unión europea es un sistema de dominio. Hay una deriva estructural de los países del sur para convertirse en países dependientes y subdesarrollados de los países del norte. Ahora mismo en Europa hay una división del trabajo entre un centro explotador y una periferia cada vez más dependiente.

¿La implantación del euro y el desarrollo del mercado único favorecen esas desigualdades?

Completamente. Europa se ha ido construyendo como un mercado, y no como un estado, donde rigen las leyes de hierro del propio mercado y donde no hay un mecanismo redistributivo. El estado español tiene la capacidad de redistribuir renta, riqueza y poder de las regiones más ricas a las menos ricas. En Europa, eso no existe. 

El presupuesto europeo es un 1% del PIB. Es 49 veces más pequeño que el español. Con ese presupuesto, no se pueden hacer políticas redistributivas. Por eso, cuando irrumpen las crisis, ocurre lo que hemos visto en Grecia o en España: llegan unos durísimos planes de austeridad que nos empobrece y nos desmantela nuestro estado de bienestar. 

El proyecto europeo no es mantenible si hace que unos pueblos sean más pobres, y otros más ricos. Tarde o temprano se verá que se trata de un proyecto tiránico que sirve para que un estado, Alemania, domine al resto de países.

¿En qué se evidencia la subordinación de los países de la periferia a los intereses de Alemania?

Todos los déficits que tiene España son con Alemania. Ocurre lo mismo con Grecia, o Portugal. Esto tiene mucho que ver con la división de trabajo entre centro y periferia. Alemania nos vende de todo, pero no está dispuesto a pagar nada. Ése es el gran problema.

 El ejemplo catalán es muy ilustrativo. Cataluña dice que España le roba, porque paga más de lo que recibe. Sin embargo, se olvida de una cosa: el déficit comercial que tiene el resto de España con Cataluña es enorme, porque Cataluña nos vende más de lo que nosotros le vendemos. 

Por eso existe un mecanismo redistributivo que hace que esa diferencia se compense con el pago de un mayor número de impuestos. Eso es precisamente lo que no hace Alemania, y por eso hablo de subordinación y dependencia de los países del Sur hacia Alemania.

Si seguimos inmersos en este sistema, ¿qué cabe esperar del futuro?

Actualmente, España no es un país independiente. Hace y dice lo que otros deciden. Nos ponen límites que nosotros acatamos. Somos una mera proyección periférica de las economías avanzadas. 

En este contexto, el futuro es poco alentador y bastante predecible. España, como Portugal o Grecia, se encaminará cada vez más hacia el subdesarrollo, cuanto más se deteriore su capacidad productiva y crezca su dependencia.

Si seguimos así, el paro y la precariedad serán la norma general, la desigualdad social crecerá aún más y los derechos sociales como la educación, las pensiones o la sanidad terminarán siendo insostenibles. Como esto siga así, iremos perdiendo cada vez más valores asociados con la democracia y seguiremos perdiendo soberanía popular. (...)"               (Entrevista a Manuel Monereo, Lucía Tolosa, 06/04/18)


 "Como alternativa a la salida del euro y para conseguir la soberanía financiera:  europeseta electrónica

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.
Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467  )
Los artículos de Juan José R. Calaza (Juan José Santamaría y Juan Güell) muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna: 
 
Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html
Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html  
Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815
Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:
Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas':    http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html

8.1.18

Las empresas belgas y los ricos ya no saben qué hacer con sus montañas de dinero en efectivo. En los últimos tres años han enviado más de 300.000 millones de euros a los paraísos fiscales. Con mil millones de euros se puede emplear a 30.000 personas durante todo un año

"Las empresas belgas y los ricos ya no saben qué hacer con sus montañas de dinero en efectivo. En los últimos tres años han enviado más de 300.000 millones de euros a los paraísos fiscales. (8). 

Con mil millones de euros se puede emplear a 30.000 personas durante todo un año. (9) Calculen lo que se podría hacer aunque fuera con una parte de ese monto. Las diez familias más ricas de nuestro país disponen de un capital de 42.000 millones de euros, prácticamente lo mismo que los dos millones de belgas más pobres. 

Nunca antes había sido tan grande como ahora la brecha entre lo posible y lo que se hace realmente. Dicho de otra manera, dado el elevado nivel de prosperidad en nuestra sociedad es un verdadero escándalo que haya tantas personas que no pueden satisfacer sus necesidades más elementales. 

En Bélgica la riqueza ha llegado a niveles sin precedentes. Hoy en día producimos cinco veces más por habitante que hace sesenta años (1). Para un hogar medio compuesto por dos adultos y dos hijos representa unos ingresos potencialmente disponiblesde 8.650 euros por mes y a un capital de 785.000 euros (2). 

Con semejante riqueza podríamos vivir todos en la abundancia y sin preocupaciones. En todo caso, las condiciones materiales para que “este sea el cielo para todos” están más que cubiertas. 

¿Qué podría significar “el cielo para todos"? 

Se han aumentado las prestacionesde inclusióny los subsidios por encima del umbral de pobreza. El miedo cotidiano a caer en la pobreza es cosa del pasado. Actualmente concierne al 20 % de los belgas. 

Los hogares monoparentales ya no corren peligro de caer en la pobreza o en la marginación. Actualmente el 54% de los hogares monoparentales se enfrentan a esta situación.
Existe el pleno empleo y los que están en paro pueden dejar de temer no llegar a fin de mes. En 2017 sigue siendo un problema para el 70% de los parados. 

La semana es de 25 horas con el mismo salario. Si actualmente el trabajo se reparte equitativamente entre la población activa (en el trabajo y entre quienes buscan empleo) se llega ya a un promedio de 30 horas semanales. Además, un trabajador del sector privado no financiero ve desaparecer una parte no desdeñable del valor que él mismo produce. 

Se trata de aproximadamente un 43 % que va a los bolsillos del patrón o de los accionistas y una parte, entre un cuarto o un tercio, al Estado en forma de impuestos sobre los beneficios. De modo que él o ella trabajan “gratuitamente” 15 horas para el patrón. Si las reducimos a diez horas – suficiente en cuanto a beneficios e ingresos para el patrón o sus accionistas –la semana laboral todavía se puede reducir cinco horas (3). 

Por lo tanto, una semana de 25 horas no es nada radical. Keynes, uno de los más célebres economistas, predecía ya en 1930 que sus nietos no tendrían que trabajar más de 15 horas semanales para disponer de un nivel de vida correcto (4). 

Las personas pueden acceder a su jubilación a los 65 años y hay maneras de hacerlo a los 55 años. El aumento de la productividad puede absorber cómodamente el envejecimiento. En estos diez últimos años, el envejecimiento ha costado 1,4 puntos de porcentaje del PBI, es decir, menos de 0,2 puntos de porcentaje por año. El crecimiento anual es un múltiplo de ello. 

Desde ahora los ciudadanos extracomunitarios ya no viven en la pobreza. Actualmente es el caso de un 70 % de ellos. Tampoco existe subempleo, ni falta de servicios o de vivienda, lo que hace desaparecer las tensiones entre los diferentes grupos de población. 

Ya no hay problemas con la factura de la atención sanitaria. Nadie deja de ir al médico o de comprar medicamentos por falta de dinero. Hoy lo padecen respectivamente un 26 % y un 88 % de los belgas(5). 

El modelo “kiwi” permite economizar 2.000 millones (6). Pagar a los médicos especialistas de forma “normal”, por ejemplo, dándoles el trato de un profesor universitario, puede aportar 2.000 millones suplementarios. 

 Evitar los exámenes superfluos en el hospital aboliendo el sistema de “pago por prestación” aporta otros 800 millones. Estas medidas son más que suficientes para resolver el déficit sanitario. 

La educación cuenta con medios y personal suficientes, y vuelve a estar a la cabeza de la clasificación mundial. El retraso en la construcción de escuelas , que en Flandes llega hoy a 2500 escuelas,se ha solucionado. 

Se han terminado las listas de espera para los discapacitados, los niños, las residencias de ancianos o las viviendas sociales. Hoy en día un 10 % de los flamencos se mantiene en estas listas de espera. 

Todas las viviendas son de una calidad adecuada y se hallan suficientemente aisladas. Se trata hoy en día del 37 % y el 60% respectivamente de las viviendas. 

Todo el mundo puede pagar el alquiler, utilizar la calefación en casa y se puede permitir preparar cada dos días una comida que contenga carne, aves o pescado. Hoy en día no es el caso del 5 % de la población. 

Ahora todas las familias pueden ahorrar y guardar algo de dinero para la vejez o para los hijos. Para el 40 % de los hogares esto es imposible hoy en día. 

Todo el mundo puede salir de vacaciones sin problemas. Actualmente el 27 % de los hogares no puede hacerlo. 

En gran parte son los gigantes energéticos quienes disponen de los remedios  para los objetivos climáticos y por eso están en el sector público. Se han pasado en masa a las energías verdes. Además, un vasto programa de inversiones (transportes públicos, aislamiento, captación y almacenamiento del CO2, etc.)se dedica a llegara tiempo a los objetivos climáticos acordados en París. 

¿No hay bastante dinero para todo esto?"                

24.11.17

Más del 80% de los hogares de EE.UU. experimentaron un estancamiento o disminución de sus ingresos entre 2009 y 2016. También fue el caso del 90% de hogares en Italia y del 70% en Gran Bretaña. Por tanto, más de una tercera parte de los norteamericanos están dispuestos a apoyar a un gobierno autoritario. Trump sería un chiste...

"(...) Si se analiza la prosperidad material, se mire como se mire, los datos no podrían ser más persuasivos: nunca hemos gozado de mayor prosperidad. Esto es del todo cierto a escala global donde el PIB ha pasado de 1,1 billones en 1900 a 77,9 billones en 2016 (ambas cifras calculadas en dólares americanos de 1990). 

Esto también es verídico a escala nacional. Estados Unidos, por ejemplo, recuperó en 2012 el PIB anterior a la crisis, lo cual significa que hoy posee más riqueza que nunca. Actualmente, el PIB per cápita de Estados Unidos es de 53.000 dólares, una cantidad más de diez veces superior a la de 1960. Las cifras de crecimiento son similares en el Reino Unido, España y otros países occidentales, los cuales, no obstante, están experimentando una profunda tormenta política. 

El hecho de que una creciente oleada de populismo esté cuestionando el sistema liberal es, por lo tanto, un fracaso de la inteligencia o, dicho de otro modo, una manifestación de nuestra incapacidad para administrar la prosperidad. 

El desarrollo tecnológico y el subsiguiente aumento de productividad que ha generado están detrás de la explosión de riqueza descrita anteriormente. Y a su vez, también está detrás de lo que está alimentando nuestros problemas actuales. (...)

Desde la aparición de los equipos informáticos avanzados, sin embargo, lo que ha empezado a ser sustituido en el ámbito laboral es la potencia de procesamiento; esencialmente ahora estamos sustituyendo los cerebros humanos por robots y algoritmos avanzados.

 Un informe reciente llevado a cabo por la Oxford Martin School calcula que cerca del 50% de todos los empleos actuales corren el peligro de ser automatizados en las próximas dos décadas. 

(...) ahora sabemos que desde la década de 1970 a hoy la productividad procedente de los bienes y servicios ha aumentado cerca del 250% mientras los salarios se han estancado. Se trata de un acontecimiento extremadamente significativo: nuestra principal herramienta redistributiva, la prosperidad que se filtra desde la productividad hacia los salarios, ha dejado de funcionar.

La desvinculación entre la productividad y los salarios es lo que explica el estancamiento estructural de los sueldos de la clase media y el aumento de la desigualdad en el seno de nuestras sociedades. La riqueza se está concentrando en manos de las personas que invierten y son dueñas de los robots y algoritmos mientras la mayoría de las personas que viven de sus salarios pasan apuros.

 El McKinsey Global Institute ha informado recientemente de que más del 80% de los hogares de EE.UU. experimentaron un estancamiento o disminución de sus ingresos en el período comprendido entre  2009 y 2016. Este también fue el caso del 90% de hogares en Italia y del 70% en Gran Bretaña. 

El estancamiento de ingresos combinado con un rápido crecimiento económico genera desigualdad. En Estados Unidos hay hoy más desigualdad que en los últimos 100 años y habría que remontarse hasta mediados del siglo XIX para encontrar una Gran Bretaña que supere la  desigualdad actual.

 Las personas más perjudicadas por dichas tendencias son los abandonados de la época actual, los ignorados, que están empezando a constituir una nueva clase política. La personificación de esta nueva clase no son solo los desempleados, sino también los subempleados y los trabajadores pobres: personas que han visto cómo las oportunidades económicas se esfumaban a lo largo de las últimas décadas

La reacción de estos a una situación que consideran una injusticia constante ha sido votar a opciones políticas cada vez más radicales. Y no solo eso: muchos ciudadanos de nuestras sociedades están empezando a cuestionarse la democracia como sistema de gobierno. 

Los datos de la Encuesta Mundial de Valores obtenidos durante varias décadas muestran que, actualmente, la cantidad de estadounidenses que afirman que vivir en una democracia es “esencial” para ellos es menor que en cualquier momento de la historia reciente; y más de una tercera parte están dispuestos a apoyar a un gobierno autoritario.

Una comparación histórica útil para entender la situación que estamos atravesando sería remontarnos a la década de 1900 y al período que siguió a la Primera Revolución Industrial. Por entonces, el mundo también sufrió un importante golpe en su economía y en el modo en que la riqueza se generaba y distribuía. 

El punto de encuentro de esa crisis fue entonces, al igual que hoy, el mercado laboral, con la destrucción de prácticamente la totalidad de empleos en el sector agrícola. Es en la correlación entre empleo e ingresos salariales donde, al parecer, se libra la batalla. 

Hace tan solo un siglo, la crisis económica provocó la aparición de una nueva clase política, el proletariado, que en última instancia se manifestó políticamente y exigió un nuevo contrato social. 

Tras un período significativo de convulsión política, que incluyó el ascenso del fascismo y el comunismo y dos guerras mundiales, se encontró un nuevo equilibrio: la ampliación del derecho al voto y la aparición del estado de bienestar.
Lo que obligó a que la convulsión fuera necesaria a comienzos del pasado siglo fue la rigidez de nuestros sistemas políticos.

 En 1900, muy poca gente estaba dispuesta a aceptar que el estado tuviera que aumentar sus ingresos y redistribuirlos más, pero fue precisamente esto lo que se acabó acordando pocas décadas después con el establecimiento de los sistemas de salud y educación públicas y otros planes de asistencia social.  (...)

Lo que estamos empezando a entender, sin embargo, es que la tendencia actual es insostenible y que será necesario poner en marcha nuevas formas, públicas y privadas, de redistribución de la riqueza. Es evidente que existe la necesidad de implantar un nuevo contrato social. 

 La extensión y profundidad de la convulsión política en la que nos estamos adentrando dependerá de nuestra agilidad e inteligencia colectiva para encontrar una solución."            

(Manuel Muñiz es decano de la IE School of International Relations and Senior Associate of the Belfer Center for Science and International Affairs, Harvard University. Este artículo se publicó en Social Europe , CTXT, 08/11/17)

8.11.16

Bolivia es campeón planetario en mejorar los ingresos para el 40% de la población más pobre... y crece al 4,5% en medio del estancamiento mundial

"Bolivia camina por su propio carril. Este año acabará con un crecimiento del PIB por encima del 4,5%. En un momento de contracción económica mundial, de vientos en contra, el país andino crece sostenidamente. (...)

Desde el inicio de su mandato en el año 2006, Bolivia construyó un orden económico propio. En absoluto, autárquico ni desconectado del mundo. Todo lo contrario: un modelo económico vinculado con el exterior pero en forma soberana e inteligente. Lo primero fue la nacionalización de los hidrocarburos, fundamental para edificar una casa propia. 

Justa en clave social y eficaz en materia económica. Se rompe así el mito que cualquier nacionalización merma capacidad de crecimiento. Bolivia multiplicó su PIB nominal por cuatro en este tiempo. Y aún continúa en su ciclo largo de crecimiento pese a la coyuntura internacional. (...)

Hoy en día Bolivia presume de tener reservas (38% PIB) para afrontar efectivamente el actual shock externo negativo. Pero no es únicamente ahorro público, también hay un significativo crecimiento del ahorro privado. 

En total, contemplando todas las fuentes, Bolivia posee un ahorro de 48.000 millones de dólares. Muy por encima de su PIB (38.000 millones de dólares). Lo que le permite apalancar inversiones productivas para los próximos años. Tiene colchón suficiente para sortear la restricción externa. 

Bolivia optó por una economía eficazmente precavida. No arrastrada por los vaivenes de los precios de las materias primas. Supo construir su cinturón de seguridad sin necesidad de sacrificar derechos sociales. Lo hizo gracias a una deliberada intención de conformar un mercado interno. 

La redistribución de la riqueza, además de satisfacer principios de justicia social, fue indispensable como método para ampliar la demanda interna. El consumo creció gracias a un incremento de los ingresos a lo largo de toda la distribución. Las políticas activas de empleo y los programas sociales para niños (Bono Juancito Pinto), mayores (Renta Dignidad) y mujeres embarazadas (Bono Juana Azurduy) fueron cruciales para este logro. Según el propio Banco Mundial, Bolivia es campeón planetario en mejorar los ingresos para el 40% de la población más pobre. 

El país se fue desendeudando socialmente sin mayor endeudamiento financiero; la deuda pública actualmente es del 19% del PIB. Y además, la inversión pública no paró de crecer pasando de 879 millones de dólares en 2006, a los 6.396 millones de dólares proyectados en los Presupuestos Generales del Estado para 2016. Este aumento de la inversión pública ha llegado hasta el punto que la formación bruta de capital fijo es mayor hoy en día que el volumen destinado a los salarios públicos. 

La política económica boliviana no obedece a ningún manual. Tomó su propio camino mezclando un poco de todo con muy buenos resultados macroeconómicos. Tras ello, existe una indudable explicación: la política. Este éxito económico es fruto de una buena gestión técnica sometida a criterios políticos acertados e innegociables.

 Ejemplo de esto fue el serial de nacionalizaciones que Evo decidió a lo largo de esta década. En el sector minero, el Estado en promedio se queda con el 50-55% del excedente generado; en el sector hidrocarburífero, con el 85-93%. Se demuestra así que las decisiones políticas a favor de las mayorías no están reñidas con la eficacia económica. 

En el caso boliviano, la bonanza macroeconómica no viene acompañada de malestar microeconómico, ni austeridad social. Se impone la evoconomía: llegar a la meta pero sin rezagados ni excluidos."                 (Alfredo Serrano Mancilla , Rebelión, 02/11/16)

13.6.16

La sociedad de clases medias se consiguió gracias a una enorme reducción de la desigualdad de rentas

"(...) La sociedad de clase media en la que creció mi generación, la de la explosión demográfica, no surgió por casualidad; fue un producto del New Deal, que fue capaz de conseguir lo que los economistas llaman la “Gran Compresión”, una enorme reducción de la desigualdad de rentas. 

Por un lado, las políticas de protección de los trabajadores condujeron a una sorprendente expansión de los sindicatos, lo que, junto al establecimiento de un salario mínimo relativamente alto, contribuyó a elevar los sueldos, sobre todo los más bajos. 

Por otra parte, subieron mucho los impuestos a las grandes fortunas, mientras que programas clave como el de la Seguridad Social sirvieron para ayudar a las familias trabajadoras.

Es algo que también podemos ver al comparar unos países con otros. Entre los países desarrollados, Estados Unidos tiene el grado más alto de desigualdad y Dinamarca, el más bajo. ¿Cómo lo consigue Dinamarca?

 En parte, con impuestos más altos y programas sociales de más envergadura, pero lo primero es reducir la desigualdad en los ingresos procedentes del trabajo y las rentas, gracias en buena medida a unos salarios mínimos altos y a un movimiento sindical que representa a dos tercios de los trabajadores.

Ahora bien, Estados Unidos no está a un paso de convertirse en Dinamarca y Obama, que se enfrenta a una oposición implacable en el Congreso, nunca ha estado en condiciones de repetir el New Deal. (Incluso los avances de Roosevelt frente a la desigualdad fueron limitados hasta que la Segunda Guerra Mundial confirió al Gobierno un control poco habitual sobre la economía). (...)"                (Paul Krugman, El País, 21/05/16)

3.4.16

El nivel de pobreza de un país depende de las relaciones de poder dentro de cada país

"(...) En realidad, los países que han resuelto más satisfactoriamente la pobreza han sido aquellos que han enfatizado las políticas redistributivas encaminadas a reducir las desigualdades sociales. 

La evidencia científica muestra claramente que a mayor desigualdad en un país, mayor es su pobreza. Los países con menor pobreza son los países menos desiguales, como los países escandinavos del Norte de Europa, donde el mundo del trabajo ha tenido gran influencia en las instituciones representativas.

 Ha sido en los países del sur de Europa, donde el mundo del capital ha sido más influyente, y el del trabajo más débil, en los que las desigualdades son mayores y la pobreza es también mayor.

Una situación idéntica ocurre con las políticas públicas encaminadas a promover la igualdad de oportunidades. Analizando la movilidad intergeneracional vemos que aquellos países que tienen menor desigualdad de rentas tienen también mayor movilidad intergeneracional. 

Comparando el porcentaje de niños de familias pertenecientes al 20% de renta inferior de un país que alcanzan a llegar al 40% del nivel de renta superior a lo largo de su vida, se ve que en los países que tienen mayores desigualdades de renta (como es EEUU) este porcentaje es mucho menor (18%) que en los países del norte de Europa -Suecia, Dinamarca y Noruega-, donde tales porcentajes son mucho mayores (28%, 33% y 27% respectivamente). 

En España tal porcentaje es más cercano al de EEUU que al de los países escandinavos. 

En realidad, la movilidad generacional es bastante limitada en EEUU, realidad que ha aparecido con toda intensidad en los últimos treinta años. El “sueño americano” está desapareciendo muy rápidamente, habiendo más movilidad vertical en los países del norte de Europa, conocidos por su hincapié en la reducción de las desigualdades, consecuencia de la gran influencia del mundo del trabajo sobre sus instituciones políticas. 

De hecho, el nivel de pobreza de un país depende de las relaciones de poder dentro de cada país. A mayor poder del mundo del capital, mayores desigualdades y mayor pobreza, y a mayor poder del mundo del trabajo, menores desigualdades y menor pobreza.
Las causas políticas de la pobreza

El hecho de que las estrategias orientadas a ofrecer la igualdad de oportunidades (que las opciones políticas de sensibilidad liberal priorizan por encima y a costa de las políticas redistributivas) hayan fracasado se debe a que no tocan la mayor causa de que no exista igualdad de oportunidades en un país y que es, ni más ni menos, que la enorme concentración de poder económico y financiero, que se reproduce a través de las instituciones llamadas representativas, y que dificulta la movilidad social en un país. 

La evidencia científica de que ello es así es contundente. A pesar de ello, tales opciones políticas continúan enfatizando esta estrategia de igualdad de oportunidades para evitar que se enfaticen las políticas redistributivas sin atreverse a corregir la enorme concentración de rentas y riqueza que existe en el país. 

El caso de España, incluyendo Catalunya, es un ejemplo de ello. Y lo que es más preocupante es que tal tema apenas tiene atención en el llamado pacto entre PSOE y Ciudadanos, en que el famoso “rescate social” asume que puede resolver la pobreza sin afectar la distribución del poder económico y político del país. Así de claro."               (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 10 de marzo de 2016, en www.vnavarro.org, 10/03/16)

24.11.15

El crédito como sustitutivo de una distribución más justa de la la riqueza ha sido uno de los silencios sepulcrales de la Gran Recesión

"(...) Aunque la desigualdad en el interior de los países haya crecido exponencialmente durante la crisis, ya estaba muy presente antes. Ha crecido sin parar desde los años ochenta del siglo pasado. 

Lo denunció, entre muchos otros, uno de los hombres más ricos del mundo, Warren Buffett, cuando escribió en 2011 un artículo en The New York Times, titulado Dejad de mimar a los ricos: “Mientras las clases media y baja luchan por nosotros en Afganistán, mientras los norteamericanos pelean por ganarse la vida, nosotros, los megarricos, continuamos teniendo exenciones fiscales extraordinarias”. 

 Ya entonces el mapa cotidiano de las clases medias y bajas era de salarios prácticamente estancados, amén de una creciente precariedad laboral. Las diferencias entre unos y otros se trataron de compensar con el acceso masivo al crédito, en un tiempo en que los tipos de interés eran bastantes bajos. 

No ganamos mucho, pero nos podemos endeudar para comprar casa, coche e irnos de vacaciones. Precisamente la expansión de los préstamos bancarios a las familias de menos ingresos fue el origen de las hipotecas subprime (de alto riesgo) con el que arranca la crisis financiera del verano de 2007.

 Los beneficios de esta forma de actuar —aumento del consumo, compra de viviendas, incremento del precio de las mismas, lo que hacía que las familias se sintieran más pudientes (el efecto riqueza), más empleo...— son inmediatos, en tanto que el pago de la inevitable factura se aplaza para el futuro. 

Pelotazo hacia adelante. Así se puso en marcha el ¡qué coman crédito!, que funcionó hasta que estalló la burbuja. El crédito como sustitutivo de una distribución más progresiva de la renta y la riqueza ha sido uno de los silencios sepulcrales de la Gran Recesión. 

Otro de ellos ha sido el de la distribución en las entrañas del mismo grupo social. Se ha instalado una verdad ideológica: no se puede distribuir desde el capital hacia el trabajo, desde los ricos hacia los pobres, porque las empresas y los ciudadanos ricos abandonan los países de altos impuestos hacia aquellos de gravámenes bajos o directamente hacia los paraísos fiscales, aprovechando la libertad de movimientos de capitales. 

La mayor parte de las reformas fiscales han reducido los impuestos al capital y han paliado o eliminado los impuestos del patrimonio (a lo que se posee, no a lo que se gana) y el de sucesiones y donaciones (a lo que se hereda). Las clases medias, ya suficientemente demediadas por la crisis, son las que padecen esas reformas fiscales y las reformas laborales que exigen dosis cada vez superiores de flexibilidad del mercado de trabajo. (...)

¿Y los demás? ¿Y los privilegiados de verdad? ¿Y las élites extractivas que se han amparado en las instituciones políticas y económicas para subir la cucaña social? Esas están muy lejos y no se las ve. En la cola social que no avanza se mira con envidia al vecino que está delante.

 Y si ya no se le ve porque ha avanzado mucho, se observa con antipatía a los que nos rodean y compiten por lo poco, por lo escaso. Así, la lucha de clases se convierte en la envidia dentro de la clase. El sociólogo francés Pierre Bourdieu escribió que los efectos ideológicos más seguros son aquellos que para ejercerse no precisan de palabras o no demandan más que silencios cómplices."               (   , El País , 22 NOV 2015)

9.11.15

Estados Unidos: el 20% más pobre pagará el 10,9% en impuestos... el 1% más rico, pagará el 5,4%

"Un estudio del Institute on Taxation and Economic Policy de Estados Unidos ha demostrado que en 2015 el 20% más pobre de la población de Estados Unidos pagará una media del 10,9% de sus ingresos en impuestos estatales o locales, el 20% que se encuentra en la mitad de la escala de ingresos pagará el 9,4% y el 1% más rico solo el 5,4% de todo lo que gane.

(Fuente: Who Pays? A Distributional Analysis of the Tax Systems in All 50 States (5th Edition))"                   (Juan Torres López,28/10/15)

8.9.15

Si los gobiernos quisieran aumentar el ritmo de crecimiento deberían concentrarse en ayudar al 20% más pobre de los ciudadanos

"(...) La nueva evidencia en un estudio del FMI bajo el título Causes and Consequences of Income Inequality: A Global Perspective elaborado por cincos coautores –Era Dabla-Norris, Kalpana Kochhar, Frantisek Ricka, Nujin Suphaphiphat, y Evridiki Tsounta– es un ataque en la línea de flotación contra ciertas chorradas neoliberales, meramente ideológicas.

 La idea de que el aumento de la desigualdad de ingresos hace que las economías sean más dinámicas ha sido rechazada de plano por este estudio del FMI, que muestra que la brecha de ingresos cada vez mayor entre ricos y pobres es mala para el crecimiento. Lo estamos viendo en nuestro país.

Los autores se andan sin rodeos. Si los gobiernos quieran aumentar el ritmo de crecimiento deberían concentrarse en ayudar al 20% más pobre de los ciudadanos. ¿Se habrá enterado el ínclito monclovita de esto, tan liado él por tratar de comprender que le ha pasado a su partido en las últimas elecciones? ¡Ojalá! 

El estudio, que es de carácter global e incluye en su análisis países avanzados, emergentes y en desarrollo, señala que el progreso tecnológico, unos sindicatos más débiles, la globalización y las políticas fiscales que favorecieron a los más ricos son las razones de la creciente desigualdad, y constituyen “el desafío que define nuestro tiempo". Los postkeynesianos hace décadas que lo tenemos muy claro.

El documento pone de manifiesto además, algo siempre hemos mantenido desde este blog, la evidencia empírica creciente que sugiere que el crecimiento de los ingresos de los más ricos y el estancamiento de las clases pobres y medias causan crisis financieras, perjudicando el crecimiento tanto a corto como a largo plazo. España es el país de la OCDE donde más se han disparado las desigualdades.

 Viendo esta evidencia empírica, la pregunta es inmediata, ¿es consciente el señor Rajoy del desastre que ha generado aquí? ¿Aún no se ha enterado que además de las mentiras, la corrupción, y por encima de ellas, la razón del hundimiento de su partido es la pobreza?"            (Juan Laborda, Vox Populi, 20/06/2015)

18.12.14

España gasta el doble en beneficios sociales para los más ricos que para los más pobres. Es que nadie les quiere, pobriños...


"Miren esta gráfica situada debajo de este párrafo. Deténganse en ella un minuto o dos. Mide los porcentajes de beneficios sociales en dinero contante y sonante que se pagan a los quintiles* de población más ricos y a los más pobres.

 Es una gráfica que aparece en un reciente informe de la OCDE sobre gasto social y del que he conocido gracias al politólogo (y amigo) José Fernández Albertos

Lo que muestra en esencia esta gráfica es que el gasto social en España no se reparte con equidad entre las distintas clases sociales. Bien al contrario, parece estar sirviendo para aumentar la desigualdad: Mientras que el 20% de la población de renta más baja recibe un apenas un 10% del total del gasto público social, el 20% de población más rica recibe algo más del 25%.

 El gasto público, tal como está diseñado en España, tiene efectos regresivos y no permite redistribuir la riqueza, sino al contrario. El país se sitúa así en el entorno de países como Italia, Grecia o Portugal, pero también como Austria o Luxemburgo. En el otro extremo, Australia, Noruega y Dinamarca, entre otros, muestran altísimos niveles de redistribución en favor de los quintiles más pobres. (...)

La lucha contra la desigualdad no es solo un tema moral o político. La evidencia muestra que es un tema de eficacia económica. Está claro que toda sociedad que quiera disponer de incentivos para la innovación y la creación de riqueza ha de sufrir con ciertos niveles de desigualdad, pero ésta no puede ser (en mi opinión) extrema, ya que en ese caso destruye los fundamentos de los sistemas democráticos tal cual los conocemos y genera un montón de externalidades negativas. 

Así, hay estudios recientes que concluyen que los países menos desiguales son los que luego crecen de forma más estable y resisten mejor las crisis. 

Los datos de Eurostat (ver gráfico inferior) demuestran que España está muy por debajo aún en el gasto público social respecto a la media europea (6.026 euros por persona, por debajo incluso de Grecia). Pero a nivel de PIB per cápita el país está mucho más cerca de la convergencia con la UE.

 Es decir, que en teoría hay margen para cambiar y mejorar la recaudación y el gasto público, así como la distribución del mismo. La sostenibilidad futura de la economía española depende de ello. No es posible continuar con estos niveles de desempleopobreza infantildesahucios y pobreza energética. No son asumibles más bajadas de salarios “lentas ineficaces e injustas”. No es propio de un país todavía rico. Lo diga Podemos o lo diga quien sea.

La lucha contra la desigualdad no es solo un tema moral o político. La evidencia muestra que es un tema de eficacia económica. Está claro que toda sociedad que quiera disponer de incentivos para la innovación y la creación de riqueza ha de sufrir con ciertos niveles de desigualdad, pero ésta no puede ser (en mi opinión) extrema, ya que en ese caso destruye los fundamentos de los sistemas democráticos tal cual los conocemos y genera un montón de externalidades negativas.

 Así, hay estudios recientes que concluyen que los países menos desiguales son los que luego crecen de forma más estable y resisten mejor las crisis. 

Los datos de Eurostat (ver gráfico inferior) demuestran que España está muy por debajo aún en el gasto público social respecto a la media europea (6.026 euros por persona, por debajo incluso de Grecia).

 Pero a nivel de PIB per cápita el país está mucho más cerca de la convergencia con la UE. Es decir, que en teoría hay margen para cambiar y mejorar la recaudación y el gasto público, así como la distribución del mismo. La sostenibilidad futura de la economía española depende de ello.

 No es posible continuar con estos niveles de desempleopobreza infantildesahucios y pobreza energética. No son asumibles más bajadas de salarios “lentas ineficaces e injustas”. No es propio de un país todavía rico. Lo diga Podemos o lo diga quien sea.  (...)"           (Nicolás M. Sarriésblogs.20minutos, Attac España, 06/12/2014)

18.6.14

Si realmente queremos reformar nuestra economía, por favor, tiren de una vez a la basura toda la teoría económica neoclásica

"(...) Si realmente queremos reformar nuestra economía, empiecen por mejorar las condiciones salariales y formativas del factor trabajo e implementen definitivamente aquello que urge.

 Busquen y creen mecanismos de financiación alternativos al bancario. Solucionen el problema energético de nuestro país, atrévanse a fijar el precio de la energía como un mark-up o margen sobre sus costes fijos. 

Hagan todo lo necesario para que la vivienda sea un bien de uso accesible y no un bien de inversión. Obliguen definitivamente a que los pagos a proveedores se hagan en un plazo máximo de 20 días. 

No se olviden de reordenar y reducir el sistema bancario a costa de sus acreedores y gerencia.

 Y, por favor, tiren de una vez por todas a la basura toda la teoría económica neoclásica en la que se apoyan. Además de ser una farsa, es lúgubre, esperpéntica, triste.

Ah, se me olvidaba, léanse uno de los últimos trabajos recientes del Fondo Monetario Internacional, me imagino que nada sospechoso para ustedes, ¿verdad? 

Se titula Redistribution, Inequality, and Growth, algo así como Redistribución, Desigualdad y Crecimiento, donde se demuestra que la baja desigualdad después de impuestos está altamente correlacionada con un crecimiento más alto y duradero, y que las políticas redistributivas no tienen un impacto negativo en el crecimiento, al revés el gasto en sanidad y educación es positivo. ¡Y miren que hace tiempo que les recomiendo seguir a los postkeynesianos!"           (Juan Laborda, Vox Populi, 30/04/2014)

4.8.13

Los grandes grupos tributan al 3,5%, creando un boquete descomunal en los ingresos públicos

"El informe anual de recaudación de 2011, publicado esta semana, completa el retrato del descalabro en el impuesto de sociedades, que grava los beneficios de las empresas. Los gigantes empresariales, los grupos consolidados, aprovecharon a fondo durante cinco años la reforma del impuesto, que bajó tipos, y su generoso sistema de deducciones. 

Pasaron de pagar a las arcas públicas 12.673 millones en 2006 a 3.012 millones en 2011, menos de la cuarta parte. Una cantidad que supone apenas el 3,5% de los 85.984 millones de beneficios declarados ese año. Y un boquete descomunal en los ingresos públicos. (...)

La crisis ha penalizado con dureza los beneficios de las compañías, grandes y pequeñas. Pero el impacto en la recaudación, por esas facilidades legales, fue mucho mayor. Los resultados empresariales sujetos al impuesto pasaron de 209.642 millones en 2006 a 143.890 millones en 2011, una caída del 31%.

 La cuota líquida, lo que pagaron todas las empresas a Hacienda por los resultados, bajó en el mismo periodo de 40.529 a 12.665 millones, un 68%. En el caso de los grupos consolidados, ese descenso fue del 76%.

Según la Agencia Tributaria, en 2011 había casi 4.000 grupos consolidados, que integraban en sus cuentas unas 32.000 empresas. Las normas fiscales permiten a estos conglomerados, que copan el Ibex 35, compensar los resultados de compañías del grupo (restar las pérdidas de unas a los beneficios de otras) para rebajar la factura fiscal."    (El País, 02/08/2013)

31.7.13

Las políticas de estímulo deberían estar orientadas a fomentar la demanda, pero de forma respetuosa con el medio ambiente

"Sin embargo, el argumento entre los partidarios de la austeridad y los keynesianos sobre cómo estimular la recuperación sostenida se cruza con otro debate. Llanamente, ¿qué tipo de economía posterior a la recuperación queremos? Es ahí donde la economía se convierte en política económica.

Aquellos que piensan que todo estaba bien en la economía antes de la crisis salvo los créditos irracionales que ofrecían los bancos, están convencidos de que evitar crisis en el futuro demanda solamente una reforma de la actividad bancaria. La nueva ortodoxia reformada es la “regulación macroprudencial” de los bancos comerciales por parte del banco central. 

Algunos irían más lejos y nacionalizarían los bancos o los dividirían. Pero su horizonte de reforma está igualmente limitado al sector bancario, y pocas veces preguntan qué fue lo que provocó el tan mal desempeño de los bancos.

De hecho, es posible considerar el crédito excesivo bancario como un síntoma de fallas económicas más profundas. El economista Thomas Palley lo percibe como una manera de contrarrestar el crecimiento de la desigualdad de ingresos, en donde el acceso al crédito asequible sustituye la garantía fallida de bienestar de la democracia social. Así pues, las reformas demandan una redistribución de ingresos y riqueza.

Las políticas redistributivas y las orientadas al estímulo se combinan bien porque se esperaría que aumentaran la demanda agregada en el corto plazo (debido a una menor tendencia de las familias de bajos ingresos al consumo) y minimizaría la dependencia de la economía en el endeudamiento financiero en el largo plazo. 

El perjuicio inicial de la confianza del sector empresarial provocado por impuestos más altos sobre la riqueza se equilibraría con la perspectiva de un consumo global mayor.

Otros argumentan que deberíamos tratar de reequilibrar la economía no solo entre riqueza y pobreza, sino entre consumo de energía y ahorro de energía. La premisa de la agenda ambiental económica es que hemos llegado a los límites ecológicos de nuestro actual modelo de crecimiento, y que necesitamos encontrar maneras de vivir con un menor uso de fuentes de energía no renovable.

Por ello, las políticas de estímulo deberían estar orientadas a fomentar no solo la demanda per se, sino también a impulsarla, pero de forma respetuosa con el medio ambiente. Por ejemplo, los ecologistas son partidarios de un transporte municipal gratis en las ciudades más importantes.

 En general, señalan que necesitamos más empeño no más autos, por lo que los fondos de los programas de estímulo deberían destinarse a la salud, educación y la protección del medio ambiente.

La verdad es que cualquier política de recuperación impulsada por aspectos fiscales está destinada a tener implicaciones reformistas. Por esta razón, los partidarios de la austeridad están en contra de ella y porque incluso aquellos que aceptan el supuesto teórico de un programa de estímulo insisten en ponerla en aplicación únicamente mediante la política monetaria.

Reequilibrar la economía mediante un menor consumo de gas y un mayor ahorro de energía –y de menor consumo privado a más de tipo público– acabará finalmente por alterar los fines de la política económica. Maximizar el crecimiento del PIB dejará de ser la prioridad número uno, en cambio, será algo que podríamos llamar “felicidad” o “bienestar” o “buena vida”.

El supuesto radical es que la economía previa a la crisis estalló no por errores evitables en el sector bancario, sino porque el dinero se había convertido en el único árbitro de valor. Así pues, debemos ser decisivos en la búsqueda de la recuperación, pero no de una manera en la que solamente se reproduzcan las fallas estructurales del pasado.

Como lo ha señalado acertadamente Dani Rodrik: “si la economía consistiera meramente en la maximización de los beneficios, sería solo otra forma de llamar a la administración de empresas. Es una disciplina social y la sociedad tiene otras formas de contabilizar los costos además de los precios del mercado.”        ( Robert Skidelsky, Project Syndicat