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15.6.24

Estaban Hernández: La intrahistoria de la dimisión de Yolanda Díaz: por qué se ha marchado (a medias)... Díaz entendió que era el momento de organizar una formación diferente, organizada alrededor de un núcleo de personas con ideas y visión de futuro, y mucho menos sujeta a los equilibrios a los que obligaban los partidos. Díaz buscaba un Movimiento Sumar mucho más que una coalición encabezada por ella... El momento era complicado, no solo por la oposición de Podemos, y por el difícil encaje del partido de Iglesias en Sumar, sino por la negativa del resto de organizaciones. Sumar debía ser poco más que una coalición electoral, y no el proyecto personal de Yolanda Díaz... Díaz, en la semana previa al 9-J, ya había decidido dimitir como coordinadora... lo más relevante del comunicado de Sumar no son las personas elegidas, sino las intenciones anunciadas en el texto. En él aparece repetidamente la expresión ‘Movimiento Sumar’... El mandato recibido por la Coordinadora colegiada incluye el impulso y la actualización del Proyecto País, la búsqueda de apoyos en la sociedad civil y una acción que garantice el protagonismo de las personas que conformen el Movimiento Sumar... se pretende hacerlo en los mismos términos que la vicepresidenta segunda tenía en mente

 "La obsesión de la izquierda a la izquierda del PSOE, en al menos los últimos ocho años, ha sido la organización. Desde que Errejón intentó dar un golpe de Estado a Iglesias aprovechando la estancia de este en el Europarlamento, la cuestión interna ha sido clave para entender el devenir de ese espacio. Este error no solo ha generado múltiples enfrentamientos, a menudo airados y aireados, sino que ha provocado que las cuestiones programáticas, el tipo de oferta que proponían a los ciudadanos, haya quedado relegada a un lugar secundario. En esa priorización del control, en esas peleas por el territorio, las ideas han sido con frecuencia las sacrificadas.

La campaña de las europeas y los cambios vividos en Sumar tras el mal resultado electoral no han sido una excepción a esta dinámica. Y no podía ser de otra manera, en la medida en que todos esos asuntos estuvieron presentes desde el principio, con la pugna entre Iglesias y Díaz, entre Podemos y Sumar. Todo aquel ruido, sin embargo, que se saldó con la salida de los de Belarra de la formación, ocultó en buena medida otros choques de fondo que estaban presentes en el mismo espacio.

Sumar nació como una necesidad para articular electoralmente a las fuerzas a la izquierda del PSOE, ya que el sistema electoral penaliza la dispersión, pero también como producto del capital simbólico de su líder, la ministra de Trabajo, que estaba en un momento dulce en la aceptación popular. En el periodo previo a la formalización de la coalición, en el que ya se había anunciado que la candidata sería Díaz, la ministra funcionó como paraguas de todas las esperanzas. Unos valoraban su perfil gestor, más centrado en las medidas concretas que en la confrontación de Iglesias, otros confiaban en la conformación de un espacio laborista, otros veían en ella a una persona que apostaría por los derechos LGTBI y por la reconversión verde y otros la percibían como la mejor solución de urgencia. En todo caso, había consenso.

Díaz, con ese capital, entendió que era el momento de organizar una formación diferente, organizada alrededor de un núcleo de personas con ideas y visión de futuro, y mucho menos sujeta a los equilibrios a los que obligaban los partidos. Díaz buscaba un Movimiento Sumar mucho más que una coalición encabezada por ella. No quería ser la cara visible de un proyecto dirigido por los líderes de las formaciones que integraban Sumar, sino que aspiraba a conformar un proyecto propio, rodeada de un núcleo de personas cuyo conocimiento y criterio valoraba.

Díaz no quería ser la cara visible de un proyecto dirigido por los partidos que formaban Sumar: aspiraba a poner en marcha uno propio

El momento era complicado, no solo por la oposición de Podemos, y por el difícil encaje del partido de Iglesias en Sumar, sino por la negativa del resto de organizaciones. Sumar debía ser poco más que una coalición electoral, y no el proyecto personal de Yolanda Díaz. Esa confrontación ha sido el núcleo del pulso continuo sobre el que Sumar se ha construido.

Díaz se veía con las manos demasiado atadas para desarrollar esa idea. Anunció la creación de un proyecto de país, pero fue demorando su desarrollo, en parte por las necesidades del ciclo electoral, en parte por indecisión, y en parte por la ausencia de una dirección clara, lo que generó desánimo entre quienes se habían acercado al partido. Finalmente, pospuso el lanzamiento de ese proyecto, que llevaría el nombre de Movimiento Sumar, para después de una serie larga de elecciones.

La derrota

Los comicios gallegos, vascos y catalanes fueron mal o muy mal. Y así se llegó a las europeas. La confección de la lista de candidatos fue una piedra en el zapato que acentuó las disensiones dentro del espacio. La candidata elegida no gustó a nadie, los resquemores por colocar a Compromís en el número tres fueron notables, IU se sintió maltratada por el cuarto puesto y Más Madrid envió al quinto a una joven desconocida, Andere Nieva, dado que nadie se quería quemar en una posición en la que no se contaba apenas con opciones.

Díaz, en la semana previa al 9-J, ya había decidido dimitir como coordinadora

La campaña fue mala en todos los sentidos, también porque nadie quiso hacer campaña más allá de los actos electorales en los que participaban la cúpula de Sumar y los candidatos. IU se movilizó en Andalucía para intentar salvar el cuarto eurodiputado, Más Madrid tampoco apoyó a su candidata y, cuando lo hizo, fue por fuera de Sumar. Compromís hizo campaña por Compromís y los comunes cada vez cuentan menos. Hubo ciudades en las que los carteles de Sumar que se pegaron fueron uno o ninguno. Era evidente, días antes de las elecciones, que los resultados no iban a ser buenos.

Díaz, en la semana previa al 9-J, había decidido dimitir como coordinadora. Fuentes del partido aseguran que el propósito era hacerlo la semana posterior a las elecciones, pero que los malos resultados y las críticas de los partidos del espacio, que llegaron al minuto siguiente, aceleraron el proceso. El día siguiente al 9-J compareció para anunciar su renuncia.

Ahora se puede decir: Movimiento Sumar

El pasado jueves, Sumar nombró una coordinadora integrada por dos personas de la organización, Lara Hernández, muy afín a Díaz, y Txema Guijarro, secretario general del grupo parlamentario, y otras dos sin aspiraciones de liderar el espacio, Elizabeth Duval y Rosa Martínez. Yolanda Díaz conserva sus cargos institucionales, así como la coordinación de la acción de gobierno.

El reparto de funciones es significativo, en la medida en que permite a Díaz centrarse en la tarea política, de cara al Gobierno y en el ministerio, mientras que la Coordinadora debe ocuparse de los asuntos internos y de las relaciones con los partidos del espacio. Díaz puede dedicarse a gobernar, como otros ministros, caso de Urtasun o de Bustinduy, que no querían jugar papel alguno en la Coordinadora.

Díaz, para evitar un desenlace indeseado, dejó la coordinación. Mientras tanto, los suyos siguen aspirando a construir una fuerza propia

Sin embargo, lo más relevante del comunicado de Sumar no son las personas elegidas, sino las intenciones anunciadas en el texto. En él aparece repetidamente la expresión ‘Movimiento Sumar’, algo que el año pasado era desaconsejado internamente; animaban a que se utilizase Sumar a secas. El matiz simbólico tiene su importancia, en la medida en que expresa la voluntad de construir ese espacio propio al margen de los partidos que era objeto de disputa antes de las elecciones, y en que señala que se pretende hacerlo en los mismos términos que la vicepresidenta segunda tenía en mente. El mandato recibido por la Coordinadora colegiada incluye el impulso y la actualización del Proyecto País, la búsqueda de apoyos en la sociedad civil y una acción que garantice el protagonismo de las personas que conformen el Movimiento Sumar.

El problema al que se enfrentaba Díaz, y esto explica en gran medida su dimisión, era doble. Para construir la clase de movimiento que deseaba necesitaba o bien aumentar su capital simbólico o conseguir unos buenos resultados electorales. En ambos casos, su liderazgo se afirmaría y podría torcer la voluntad de los partidos a la hora de imponer sus condiciones. Como nada de eso ha ocurrido, se encontró de frente con la realidad: con el documento organizativo suscrito, no tenía fuerza interna para supeditar a las distintas formaciones a su proyecto; más al contrario, los partidos aprovecharían para convertirla en la gestora de decisiones ajenas.

Díaz, para evitar ese desenlace, dejó la coordinación. Pero, mientras tanto, los suyos siguen aspirando a construir una fuerza interna que permita girar los partidos hacia sus posiciones, de modo que Sumar se convierta en el Movimiento Sumar. Este mandato es el que recoge la Coordinadora colegiada.

Lo irresuelto

Esta posición, sin embargo, deja varios problemas irresueltos, cuya solución se pospone. La intención evidente, expresada por Más Madrid desde el mismo momento de las elecciones, es que Sumar abandone ese propósito de convertirse en un primus inter pares. No quieren un rey que imponga condiciones a los barones territoriales.

En segunda instancia, está el problema de la electoralmente demandada reunión de las izquierdas en un solo espacio. Más Madrid es muy insistente en este extremo, pero en sentido contrario a lo que suele escucharse: la unidad de la izquierda es un fetiche que debe ser abandonado.

Más Madrid es muy hostil a cualquier reunión con Podemos, pero tampoco ve con buenos ojos a IU. La unidad de la izquierda resta

Mientras fuentes de Sumar insisten en que se ha reorganizado el espacio por arriba "para poder articular ahora todo el espacio de izquierdas", y señalan que el hecho de que esta crisis haya tenido lugar ahora en lugar de antes de las generales "es una buena noticia", porque dará tiempo a la recomposición, en Más Madrid apuestan por que Sumar sea un lugar de reunión de fuerzas existentes en momentos puntuales. Pero van más allá. No se trata únicamente de que Más Madrid sea muy hostil a cualquier reunión con Podemos, que por supuesto, sino que tampoco ve con buenos ojos a IU: piensan que les restan electoralmente más de lo que aportan, y que la unidad de la izquierda es en muchas ocasiones un problema en lugar de una solución. El encaje de perspectivas tan diferentes, con una IU que aspira a tener un papel mucho más relevante en Sumar, va a ser muy complicado.

En tercer lugar, está la cuestión del liderazgo. La Coordinadora colegiada tiene el mandato de trabajar para el futuro, y ahora es sencillo, en la medida en que nadie quiere postularse para un cargo que genera muchos más inconvenientes que ventajas. Pero en algún momento habrá que resolver la cuestión de quién encabeza el espacio. Mientras tanto, Díaz se ha replegado en la acción institucional, donde espera volver a ganar capital simbólico, haciendo valer su tarea como ministra y vicepresidenta, y lo mismo ocurre con el resto de los ministros del espacio. Los partidos tampoco pueden ofrecer candidatos potentes. A medida que se vaya avanzando en el nuevo camino, la pregunta sobre quién encabezará el espacio volverá a ser fuente de tensiones, y más contando con que Díaz no ha dicho la última palabra al respecto.

Lo que viene

De fondo está Podemos, el factor disruptor, que carece de fuerza por sí mismo para liderar algo más que su nicho, pero cuyo potencial para romper el brazo de los partidos competidores es curiosamente grande. La campaña de las europeas de Montero, centrada en las guerras, tenía un objetivo táctico: atraer a votantes de IU descontentos con la posición de Sumar hacia su espacio. Pero también insinuar a cuadros de Izquierda Unida que estarían mucho mejor conformando una alianza con ellos que yendo de la mano con los de Díaz.

Y, más allá, está el incontrolable (para Sumar) factor tiempo. Si hubiera un adelanto de las elecciones generales, todas las estrategias saltarían por los aires, y el espacio de la izquierda tendrá que resolver corriendo todos los problemas pendientes. Pero si no lo hay, las siguientes serán las andaluzas, un territorio donde IU tiene presencia, y donde Maíllo jugará un papel protagonista.

En definitiva, el pulso interno sigue bien vivo y no se agota con el paso al lado de Díaz. Sin embargo, todo este recorrido impide en ocasiones que el foco se ponga en algo evidente. Desde las izquierdas, que han estado sumidas en las peleas por la organización y por los nombres desde hace mucho tiempo, el descenso electoral se explica por el problema irresuelto de cómo estructurarse, y se confía en que, si se logra poner orden, todo se encauce de nuevo. Pero el descenso electoral también puede estar causado por la ausencia de un programa atractivo y por la falta de sintonía con los potenciales electores, y este asunto no es contemplado ni por unos ni por otros."                 (Esteban Hernández , El Confidencial, 15/06/24)

11.8.23

Boaventura de Sousa Santos: El gran problema de Pablo Iglesias fueron las rivalidades internas de liderazgos y un estado de confrontación permanente con las derechas que lo levaran a olvidarse del ADN de democracia participativa del 15 M y posteriormente condujeran a su aislamiento... Yolanda se propone un doble reto: construir al mismo tiempo un partido y un frente de partidos. ¿Una misión imposible? Yolanda nos ha acostumbrado a que nada es imposible en política... la articulación de un partido-movimiento... Solo el partido-movimiento puede defender la democracia liberal como punto de partida y no como punto final... En este momento de luchas defensivas, es importante defender la democracia liberal representativa para neutralizar a los fascistas y radicalizar desde ella la democratización de la sociedad y la política. Solo el partido-movimiento puede librar esta lucha... Vivimos en un período de luchas defensivas. Corresponde al partido movimiento ser freno sin perder de vista las luchas ofensivas... Además de los partidos y los movimientos sociales, es necesario contar con los movimientos espontáneos, con su presencia colectiva en las plazas públicas. El partido-movimiento debe ser consciente de estos estallidos y solidarizarse con ellos sin intentar dirigirlos o cooptarlos... El partido-movimiento debe saber combinar cuestiones generales con cuestiones sectoriales... los movimientos sociales tienden a centrarse en temas más específicos... Los partidos pueden sostener una agenda política más permanente... El partido-movimiento combina la acción institucional con la acción extrainstitucional

 "Acompaño muy de cerca las políticas de izquierda de España en los últimos veinte años. Por cierto, un periodo de grande renovación política y de la emergencia de liderazgos de un nuevo perfil: una nueva lectura de la transición de 1978, una mirada crítica sobre la monarquía y sobre el bipartidismo, una revalorización de las autonomías, un intento de articular democracia representativa con democracia participativa, el fin de los dogmatismos pos (y pre) Segunda Guerra mundial que dividían las izquierdas y así facilitaban la vida a las derechas cuyos negocios siempre les exige la unión.

El agente político partidario emergente fue Podemos y, más tarde, Unidas Podemos y la personalidad política dominante fue Pablo Iglesias, asesorado por un grupo de jóvenes entusiastas y un gran científico político, Juan Carlos Monedero.

Mi interés particular en acompañar este proceso era (y es) mi lucha por la articulación entre las diferentes fuerzas de izquierda, siempre divididas, menos por ideología que por inercias antiguas o rivalidades entre personalidades.

En Portugal logramos una articulación exitosa en 2016 que, lamentablemente, fracasó en 2021.

Todos los grandes movimientos innovadores, también cuando fracasan, inscriben su marca en la Historia del país, y de la ruina suelen emerger semillas que florecen en el periodo siguiente. Así paso en España. Hoy, Yolanda Díaz es la primera figura incontestable de la izquierda española a la izquierda del PSOE. Su estilo es muy distinto al de Pablo Iglesias y parece haber aprendido con los defectos de este sin perder sus virtudes. ¿Hasta qué punto? El contexto político de Yolanda es muy distinto del de hace diez años. Las recientes elecciones probaron que el gran tema de la política española es cómo contener a la extrema-derecha.

La memoria histórica en España se reveló un recurso precioso. Pero esto no basta para construir una nueva política, tanto en los procesos como en el contenido. El gran problema de Pablo Iglesias fueron las rivalidades internas de liderazgos y un estado de confrontación permanente con las derechas que lo levaran a olvidarse del ADN de democracia participativa del 15 M y posteriormente condujeran a su aislamiento.

 

Yolanda se propone un doble reto: construir al mismo tiempo un partido y un frente de partidos. ¿Una misión imposible? Yolanda nos ha acostumbrado a que nada es imposible en política. Este doble reto mismo si imposible es urgente. Lo más difícil es que presupone una condición hasta ahora nunca realizada: una triple capa de articulación entre democracia representativa y democracia participativa, la articulación que a mi juicio va a determinar los partidos del futuro, como partidos-movimientos, los únicos capaces de sobrevivir: mantener la democracia participativa al interior de su nuevo partido, al interior de los muchos (¿quince?) partidos que podrán integrar el Frente (lo que no depende de ella) y en todas las decisiones del Frente en cuanto agente político autónomo. En este contexto, parece adecuado recordar lo que escribí hace poco sobre el partido-movimiento del futuro.

1. No hay ciudadanos despolitizados; hay ciudadanos que no se dejan politizar por las formas dominantes de politización, sean partidos o movimientos de la sociedad civil organizada.

Los ciudadanos y las ciudadanas no están hartos de la política, sino de esta política; la inmensa mayoría de la ciudadanía no se moviliza políticamente ni sale a la calle a manifestarse, pero está llena de rabia en casa y simpatiza con los que se manifiestan; en general, no se afilian a partidos ni participan en movimientos sociales ni están interesados ​​en hacerlo, pero cuando salen a la calle solo sorprenden a las élites políticas que han perdido el contacto con “las bases”.

2. No hay democracia sin partidos, pero hay partidos sin democracia.

Una de las antinomias de la democracia liberal en nuestro tiempo es que se basa cada vez más en los partidos como forma exclusiva de agencia política, mientras que los partidos son internamente cada vez menos democráticos. Como la democracia liberal, la forma tradicional de partido ha agotado su tiempo histórico. Los sistemas políticos democráticos del futuro deben combinar la democracia representativa con la democracia participativa en todos los niveles de gobierno. La participación ciudadana debe ser multiforme y multicanal.

Los propios partidos deben estar constituidos internamente por mecanismos de democracia participativa.

3. Estar a la izquierda es un punto de llegada y no un punto de partida y, por lo tanto, se demuestra en los hechos.

La izquierda tiene que volver a sus orígenes, a los grupos sociales excluidos que ha olvidado durante mucho tiempo. La izquierda dejó de hablar o de saber hablar con las periferias, con los más excluidos. Quien habla hoy con las periferias y con los más excluidos son las iglesias evangélicas, pentecostales o los agitadores fascistas. Hoy en día, el activismo de izquierda parece limitarse a participar en una reunión del partido para hacer un análisis de la situación (casi siempre escuchar a los que están haciendo). Los partidos de izquierda, tal como existen hoy, no pueden hablar con las voces silenciadas de las periferias en términos que estas entiendan. Las izquierdas deben reinventarse.

4. No hay democracia, hay democratización.

La responsabilidad de la izquierda radica en que es la única que realmente sirve a la democracia. No la limita al espacio-tiempo de la ciudadanía (democracia liberal). Por el contrario, lucha por ella en el espacio de la familia, la comunidad, la producción, las relaciones sociales, la escuela, las relaciones con la naturaleza y las relaciones internacionales. Cada espacio-tiempo exige un tipo específico de democracia. Solo democratizando todos los espacios-tiempos se podrá democratizar el espacio-tiempo de la ciudadanía y la democracia liberal representativa.

5. El partido-movimiento es el partido que contiene en sí a su contrario.

Para ser un pilar fundamental de la democracia representativa, el partido-movimiento debe construirse a través de procesos no representativos, sino más bien participativos y deliberativos. Esta es la transición de la forma tradicional de partido a la forma de partido- movimiento. Consiste en aplicar a la vida interna de los partidos la misma idea de complementariedad entre democracia participativa / deliberativa y democracia representativa que debe orientar la gestión del sistema político en general.

La participación / deliberación concierne a todos los dominios del partido-movimiento, desde la organización interna hasta la definición del programa político, desde la elección de los candidatos a las elecciones hasta la aprobación de líneas de acción en la situación actual.

6. Ser miembro de la clase política es siempre transitorio.

Tal calidad no permite ganar más que el salario medio en el país; los parlamentarios electos no inventan temas ni toman posiciones: transmiten los que surgen de las discusiones en las estructuras de base. La política de partidos debe tener rostros, pero no está hecha de rostros; idealmente, existen mandatos colectivos que permiten la rotación regular de representantes durante la misma legislatura; la transparencia y la rendición de cuentas deben ser completas; el partido es un servicio ciudadano a los ciudadanos y, por lo tanto, debe ser financiado por ellos y no por empresas interesadas en capturar el Estado y vaciar la democracia.

7. El partido-movimiento es una contracorriente contra dos fundamentalismos.

Los partidos convencionales sufren de un fundamentalismo anti-movimiento social.

Consideran que tienen el monopolio de la representación política y que este monopolio es legítimo precisamente porque los movimientos sociales no son representativos. A su vez, los movimientos adolecen de un fundamentalismo anti-partido. Consideran que cualquier colaboración o articulación con las partes, comprometen su autonomía y diversidad y siempre acaba en un intento de cooptación.

Mientras la democracia representativa esté monopolizada por partidos anti-movimiento y la democracia participativa por movimientos o asociaciones sociales anti-partidos, no será posible la vinculación entre democracia representativa y participativa, en detrimento de ambas. Es necesario vencer a los dos.

8.El partido-movimiento combina la acción institucional con la acción extrainstitucional

Los partidos tradicionales favorecen la acción institucional, dentro de los marcos legales y con la movilización de instituciones como el Parlamento, los tribunales, la Administración pública. Por el contrario, los movimientos sociales, aunque también utilizan la acción institucional, suelen recurrir a la acción directa, las protestas y manifestaciones en calles y plazas, las sentadas, la difusión de agendas a través del arte (“artivismo”). En vista de esto, la complementariedad no es fácil y debe construirse con paciencia.

Hay condiciones políticas en las que las clases que están en el poder son demasiado represivas, demasiado monolíticas; hay otras en las que son más abiertas, menos monolíticas y hay mucha competencia entre ellas. A mayor competencia entre las élites, se abren más brechas para que el movimiento popular y la democracia participativa ingresen a través de ellas.

Lo importante es identificar las oportunidades y no desperdiciarlas. Con frecuencia se desperdician por razones de sectarismo, dogmatismo, arribismo.

La práctica de los movimientos a menudo tiene que oscilar entre lo legal y lo ilegal. En algunos contextos, la criminalización de la impugnación social está reduciendo la posibilidad tanto de lucha institucional como de lucha legal extrainstitucional. En tales contextos, la acción colectiva pacífica puede tener que enfrentar las consecuencias de la ilegalidad.

Sabemos que las clases dominantes siempre han utilizado la legalidad y la ilegalidad a su conveniencia. No ser clase dominante radica precisamente en tener que afrontar las consecuencias de la dialéctica entre legalidad e ilegalidad y protegerse al máximo.

9. La revolución de la información electrónica y las redes sociales no son, en sí mismas, un instrumento incondicionalmente favorable al desarrollo de la democracia participativa.

Por el contrario, pueden contribuir a manipular la opinión pública hasta tal punto que el proceso democrático puede quedar fatalmente desfigurado. El ejercicio de la democracia participativa requiere hoy más que nunca encuentros presenciales y discusiones presenciales. Hay que reinventar la tradición de células partidarias, círculos ciudadanos, círculos culturales, comunidades eclesiásticas de base. No hay democracia participativa sin una estrecha interacción.

10. El movimiento de partidos se basa en la pluralidad no polarizada y el reconocimiento de competencias concretas.

Una pluralidad no polarizada es aquella que permite distinguir entre lo que separa y lo que une a las organizaciones y promueve articulaciones entre ellas a partir de lo que las une, sin perder la identidad de lo que las separa. Lo que las separa solo se suspende por razones pragmáticas.

El partido-movimiento debe saber combinar cuestiones generales con cuestiones sectoriales. Los partidos tienden a homogeneizar sus bases sociales y a enfocarse en temas que abarcan a todos o a grandes sectores. Por el contrario, los movimientos sociales tienden a centrarse en temas más específicos, como el derecho a la vivienda, la inmigración, la violencia policial, la diversidad cultural, la diferencia sexual, el territorio, la economía popular, etc. Trabajan con lenguajes y conceptos distintos a los utilizados por los partidos.

Los partidos pueden sostener una agenda política más permanente que los movimientos. El problema con muchos movimientos sociales radica en la naturaleza de su estallido social y mediático. En un momento tienen una gran actividad, están en la prensa todos los días, y al mes siguiente están ausentes o entran en reflujo y la gente no va a reuniones o asambleas.

La sostenibilidad de la movilización es un problema muy grave porque, para lograr una cierta continuidad en la participación política, se necesita una articulación política más amplia que involucre a los partidos. A su vez, los partidos están sujetos a transformar la continuidad de la presencia pública en una condición para la supervivencia de cuadros burocráticos.

11. El partido-movimiento prospera en una lucha constante contra la inercia.

Se pueden generar dos inercias: por un lado, la inercia y reflujo de los movimientos sociales que no logran multiplicar y densificar la lucha y, por otro, los partidos que no modifican en absoluto sus políticas y quedan sujetos al estancamiento burocrático.

Superar estas inercias es el mayor desafío para la construcción del partido-movimiento.

Trabajando con experiencias concretas, se advierte que los partidos que tienen vocación de poder suelen afrontar bien el tema de los desequilibrios en el espacio público. Pero como compiten por el poder, no quieren transformarlo, quieren tomarlo.

Los movimientos sociales, por el contrario, saben que las formas de opresión provienen tanto del Estado como de actores económicos y sociales muy fuertes. En algunas situaciones, la distinción entre opresión pública y privada no es demasiado importante. Los sindicatos, por ejemplo, tienen una experiencia notable en la lucha contra los actores privados: jefes y empresas. Tanto los movimientos sociales como los sindicatos están hoy marcados por una experiencia muy negativa: los partidos de izquierda nunca dejaron de cumplir sus promesas electorales al llegar al poder tanto como lo han hecho últimamente. Este incumplimiento provoca que la descalificación de partidos sea cada vez mayor en más países. Esta pérdida de control sobre la agenda política solo puede recuperarse a través de los movimientos sociales en la medida en que se articulan con los nuevos partidos-movimiento.

12. La educación política popular es la clave para sostener el partido-movimiento.

Las diferencias entre partidos y movimientos son superables. Para ello es necesario promover el conocimiento mutuo a través de nuevas formas de educación política popular: círculos de conversación, ecologías de saberes, talleres de la Universidad Popular de Movimientos Sociales; discusión de posibles prácticas de articulación entre partidos y movimientos (presupuestos participativos, plebiscitos o consultas populares, consejos sociales o gestión de políticas públicas). Hasta ahora, las experiencias son principalmente a escala local. Debe desarrollarse la complementariedad a escala nacional y mundial.

13.El partido-movimiento va más allá de la articulación entre partido y movimiento social.

Después de más de cuarenta años de capitalismo neoliberal, de colonialismo y de un patriarcado siempre renovado, con una concentración escandalosa de la riqueza y destrucción de la naturaleza, las clases populares, el pueblo trabajador, cuando estalla o irrumpe indignado, tiende a hacerlo fuera de los partidos y los movimientos sociales. Ambos tienden a sorprenderse e ir tras la movilización. Además de los partidos y los movimientos sociales, es necesario contar con los movimientos espontáneos, con su presencia colectiva en las plazas públicas. El partido-movimiento debe ser consciente de estos estallidos y solidarizarse con ellos sin intentar dirigirlos o cooptarlos.

14. Vivimos en un período de luchas defensivas. Corresponde al partido movimiento ser freno sin perder de vista las luchas ofensivas.

La ideología de que no hay alternativa al capitalismo —que, de hecho, es una tríada: capitalismo, colonialismo (racismo) y patriarcado (sexismo) — acabó siendo interiorizada por gran parte del pensamiento de izquierda. El neoliberalismo logró conjugar el fin supuestamente pacífico de la historia con la idea de crisis permanente (por ejemplo, la crisis financiera). Esta es la razón por la que vivimos hoy en el dominio del corto plazo. Sus demandas deben ser satisfechas porque quienes tienen hambre o son víctimas de violencia de género, no pueden esperar a que llegue el socialismo para comer o ser liberados.

Pero no se puede perder de vista el debate civilizador que plantea la cuestión de las luchas ofensivas y de medio plazo. La pandemia, si bien hizo del corto plazo una máxima urgencia, generó la oportunidad de pensar que hay alternativas de vida y que si no queremos entrar en un período de pandemia intermitente, debemos prestar atención a las advertencias que nos está dando la naturaleza. Si no cambiamos nuestras formas de producir, consumir y vivir, nos dirigiremos hacia un infierno pandémico.

15. Solo el partido-movimiento puede defender la democracia liberal como punto de partida y no como punto final.

En un momento en que los fascistas están cada vez más cerca del poder -cuando no lo han alcanzado ya-, una de las luchas defensivas más importantes es la defensa de la democracia. La democracia liberal es de baja intensidad porque es poca. Acepta ser una isla relativamente democrática en un archipiélago de despotismo social, económico y cultural. Hoy en día, la democracia liberal es un buen punto de partida, pero no un punto de llegada. El punto de llegada debe ser una articulación profunda entre democracia liberal, representativa y democracia participativa, deliberativa. En este momento de luchas defensivas, es importante defender la democracia liberal representativa para neutralizar a los fascistas y radicalizar desde ella la democratización de la sociedad y la política. Solo el partido-movimiento puede librar esta lucha."

(Boaventura de Sousa Santos, sociólogo portugués. Profesor catedrático jubilado de la Facultad de Economía de la Universidad de Coímbra, Other News, 04/08/23)