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14.11.25

Adam Tooze: Mamdani, la ciudad de Nueva York y la promesa de revivir la socialdemocracia en Estados Unidos... más de la mitad de nuestros conciudadanos de la ciudad de Nueva York son pobres o tienen bajos ingresos. Es una estadística impactante, pero que no sorprenderá a nadie que viva aquí... El precio medio de una guardería es ahora de más de 23 000 dólares al año... las familias tienen que ganar al menos 100 000 dólares para poder cubrir sus necesidades básicas... «Ganan 120 000 o 140 000 dólares al año, y eso no es suficiente para llevar una vida de clase media-alta en Nueva York. Y esos son los votantes de Mamdani»... Nueva York es una ciudad en la que no es absurdo decir que una gran parte de la clase media comparte intereses y experiencias cotidianas con el 56 % de la población que tiene bajos ingresos o vive en la pobreza. El mensaje estrictamente disciplinado de Mamdani promete que su administración municipal abordará esas experiencias compartidas... Es el mensaje de necesidad común lo que resulta tan crucial. Y la personalidad importa en la política municipal de una manera distintiva... Mamdani representa una visión del siglo XXI de la ciudad global. Ese es uno de los mensajes que transmite al abrazar su identidad musulmana... las políticas y promesas de Mamdani son concretas, modestas y «realizables»: mejorar los autobuses (700 millones de dólares), ofrecer servicios de guardería (5000-8000 millones de dólares) y estabilizar los alquileres... Propone financiar la ampliación de los servicios de guardería aumentando en un 2 % el impuesto sobre la renta de los aproximadamente 90 000 neoyorquinos que tienen la suerte de declarar más de un millón de dólares en ingresos imponibles y aumentando el tipo del impuesto de sociedades del 7,5 % al 11,5 %, en línea con el vecino estado de Nueva Jersey... las subidas de impuestos están diseñadas para recaudar 10 000 millones de dólares al año... las economías de la ciudad y del estado son lo suficientemente fuertes como para soportar la carga fiscal... y tiene que gestionar intereses como los de la policía de Nueva York y los profesores... tendrá que esforzarse por evitar una huelga policial lenta... si Mamdani puede demostrar que un alcalde socialista puede dirigir la ciudad más compleja del país, reescribirá las reglas de lo que es política y económicamente posible en Estados Unidos

 "La elección de Zohran Mamdani como alcalde de la ciudad de Nueva York fue una sorpresa política que quedó bien reflejada en el tuit de esa noche:

(Adam Tooze , blog, 09/11/25, traducción DEEPL, gráficos en el original)

6.11.25

Los votantes holandeses se han dejado seducir por el optimismo de un patriotismo progresista. Cinco estrategias definieron ese éxito: Adopta una mentalidad de "sí se puede"... Sé orgullosamente patriótico... Quítate los guantes cuando sea necesario, y pelea... Cuenta una historia económica sin disculpas desde la izquierda. los datos de las encuestas de los Países Bajos revelan cuán de izquierda son muchos en cuestiones económicas. La mayoría de los votantes de casi todos los partidos holandeses apoyan gravar menos el trabajo y más el capital. En consecuencia, D66 hizo campaña por un impuesto sobre herencias y donaciones más progresivo, la abolición de una deducción de intereses hipotecarios regresiva y, sobre todo, mayores recompensas por el trabajo. El partido incluso propuso un impuesto a los millonarios. Y funcionó... Unión, no división. Los progresistas que están de acuerdo entre sí en el 80% de los temas a menudo se fijan en el 20% donde difieren. Jetten rompió con ese hábito... Desde 2012, el bloque progresista en general ha ido disminuyendo constantemente. Jetten logró llegar al electorado de derecha y construir una gran unión. Los escépticos insistirán en que cualquier coalición que Jetten lidere será inevitablemente menos progresista que su manifiesto. Pero eso no es el punto... En un país cansado del cinismo y desinspirado por la tristeza de la izquierda, Jetten pudo demostrar que el optimismo no es ingenuo, que la confianza no tiene que ser conservadora y que la esperanza, bien argumentada y firmemente sostenida, no es una señal de debilidad sino una fuente de fortaleza (Simon van Teutem, The Guardian)

 "Los progresistas a menudo tratan el patriotismo como algo radiactivo. Las banderas y los himnos se dejan a la derecha populista. Pero el partido centrista D66, que casi triplicó sus escaños en las elecciones holandesas de esta semana y parece estar listo para formar el próximo gobierno en los Países Bajos, ha demostrado que es posible otro enfoque.

Bajo el liderazgo de Rob Jetten, utilizó lo que podríamos llamar patriotismo progresista, y los votantes respondieron. Cinco estrategias definieron ese éxito. Los políticos de toda Europa podrían aprender una o dos cosas.

1 Adopta una mentalidad de "sí se puede".

Durante años, la izquierda holandesa a menudo ha sonado como un padre quejumbroso: "no se puede", "no se hará", "imposible". Jetten cambió el guion. Su mensaje no fue: "El mundo está condenado, así que debemos dejar de hacer todo, desde volar hasta comer albóndigas o incluso tener hijos". En cambio, les dijo a las personas: "Este país puede hacerlo mucho mejor, así que ¿por qué no empezar?"

El eslogan prestado de Jetten, het kan wél, era una torpe traducción al holandés del "sí, podemos" de Barack Obama. Pero el mensaje positivo resonó. Resonaba con la filosofía Yimby popularizada por los escritores estadounidenses Ezra Klein y Derek Thompson: "Sí en mi patio trasero". Una civilización obsesionada con evitar todo mal posible se vuelve incapaz de hacer cualquier bien medible.

2 Sé orgullosamente patriótico

 Durante años, el nacionalismo fue considerado un dominio de la derecha. Las expresiones de orgullo fueron cedidas al partido de extrema derecha PVV y a las protestas de los agricultores. En los círculos progresistas, decir que uno estaba "orgulloso de los Países Bajos" corría el riesgo de resonar con un eslogan trumpiano de "Primero los Países Bajos".

D66 rompió con esa autocrítica mal entendida. Demostró que se puede estar orgulloso de un país que se encuentra entre los más felices del mundo sin excluir a las minorías ni vilipendiar a los forasteros. En el congreso del partido D66, Jetten se mostró radiante bajo una ondeante tricolor holandesa.

En los debates, acorraló al líder del PVV, Geert Wilders, al adoptar un nuevo tipo de orgullo: el patriotismo progresista. No: "Tú defiendes a los Países Bajos mientras yo defiendo a la UE, la ONU o el derecho internacional", sino más bien: "Defendemos a los Países Bajos en nuestros propios términos".

3 Quítate los guantes cuando sea necesario

 Una cosa destacó durante los debates. Mientras otros líderes de izquierda y centristas intentaban sonar como primeros ministros, Jetten se quitó los guantes. Se enfrentó implacablemente a Wilders sobre los detalles de las políticas del PVV, desde la crisis climática hasta la migración.

Muchos líderes temen que los intercambios acalorados envenenen el ambiente político. "Cuando ellos bajan, nosotros subimos" sigue siendo un mantra para muchos liberales.

Pero las elecciones están destinadas a exponer las diferencias de políticas, y más aún en un parlamento con 15 partidos. Jetten evitó peleas innecesarias con partidos ideológicamente adyacentes y se centró en cambio en su opuesto polar.

4 Cuenta una historia económica sin disculpas desde la izquierda.

Dado el número de personas que votan por la derecha en cuestiones culturales, los datos de las encuestas de los Países Bajos revelan cuán de izquierda son muchos en cuestiones económicas.

La mayoría de los votantes de casi todos los partidos holandeses apoyan gravar menos el trabajo y más el capital.

En consecuencia, D66 hizo campaña por un impuesto sobre herencias y donaciones más progresivo, la abolición de una deducción de intereses hipotecarios regresiva y, sobre todo, mayores recompensas por el trabajo.

El partido incluso propuso un impuesto a los millonarios. Y funcionó. Los votantes no tienen miedo de tales políticas; las quieren.

Sin posturas anticapitalistas, sin hablar de decrecimiento, solo ideas socialdemócratas sencillas y tradicionales. Los liberales malinterpretan al público si piensan que los votantes temen tales políticas.

5 Haz un gran campamento.

Los progresistas que están de acuerdo entre sí en el 80% de los temas a menudo se fijan en el 20% donde difieren. Jetten rompió con ese hábito, optando en su lugar por triangular en los temas principales, incluida la inmigración, construyendo una coalición de votantes amplia, aunque imperfecta.

Según las cifras de Ipsos I&O, el 20% de quienes votaron por D66 en estas elecciones provenían de la alianza de izquierda moderada GroenLinks/PvdA, el 13% del NSC de centro-derecha, el 11% del VVD de derecha, el 9% eran votantes anteriores que no habían votado antes y hasta el 7% había respaldado al PVV de extrema derecha.

Desde 2012, el bloque progresista en general ha ido disminuyendo constantemente. Jetten logró llegar al electorado de derecha y construir una gran carpa.

Los escépticos insistirán en que cualquier coalición que Jetten lidere será inevitablemente menos progresista que su manifiesto. Pero eso no es el punto.

Jetten entendió que la esperanza se vende. Mientras que el otro partido anteriormente liberal, el VVD, ahora más una fuerza conservadora, se volvió cada vez más sombrío y adoptó los temas del PVV, Jetten abrió las cortinas. En un país cansado del cinismo y desinspirado por la tristeza de la izquierda, Jetten pudo demostrar que el optimismo no es ingenuo, que la confianza no tiene que ser conservadora y que la esperanza, bien argumentada y firmemente sostenida, no es una señal de debilidad sino una fuente de fortaleza."

(Simon van Teutem, Revista de prensa, 04/11/25, fuente The Guardian )

5.6.24

Taylor Swift, Florentino y el Bernabeu, Gijón, Pola de Siero, Alemania y Estados Unidos: la clave de la política contemporánea... El presente político reúne a quienes defienden las necesidades del territorio y de sus habitantes frente a las necesidades del negocio... en Gijón gobierna Carmen Moriyón, de Foro, que es el partido que más está apoyando a la burguesía comercial e industrial. El PP está más del lado de la hostelería y la construcción, y el PSOE hace equilibrios entre unas, otras y sus votantes tradicionales, que provienen de los sindicatos y de las asociaciones de vecinos. Estos últimos colectivos cada vez más se acercan a la burguesía comercial e industrial, ya que comparten intereses, en cuanto a la defensa del tipo de trabajo y de la forma de vida... clases sociales distintas están coincidiendo en intereses, de forma que el hostelero de barrio, el comerciante o el industrial encuentran aliados en vecinos y sindicatos a la hora de defenderse del crecimiento amparado en grandes empresas, franquicias y constructoras... En el fondo, el dilema estadounidense es el mismo que el de Gijón, reorientar decididamente su economía desde lo financiero hacia lo productivo. Proporcionaría una ventaja estratégica adicional, ya que elevaría el nivel de vida de las clases trabajadoras, de las medias y de las medias altas estadounidenses, y sería fructífero para sus pequeñas y medianas empresas, pero Wall Street y el establishment de la política exterior se opondrán ferozmente... El territorio, el barrio, la ciudad, el Estado, ¿deben ser espacios que se adecúan para la extracción de rentas o deben convertirse en productivos? ¿Deben tener economías concentradas en muy pocos actores o deben promover una amplia pluralidad de ellos? ¿Deben generar estabilidad vital para sus poblaciones o es preferible la agitación de 'el ganador se lo lleva todo'? Cuando no solo las clases trabajadoras y medias se ven presionadas económicamente, sino que la desazón alcanza a escalones superiores, suele ser señal de que las tensiones van a ser mucho más profundas, como estamos viendo en todo Occidente (Estaben Hernández)

 "Los vecinos de las viviendas cercanas al Bernabéu se han quejado de las molestias que les causaron las actuaciones de Taylor Swift, pero esto no ha hecho más que empezar. Llega la temporada de conciertos en el estadio del Real Madrid, el próximo el de Duki. Los ingresos para el Real Madrid de Florentino Pérez y para los organizadores de los conciertos van a ser sustanciales (la de Taylor Swift va camino de ser la gira más lucrativa de la historia), y los problemas para los residentes en el barrio también.

No es una cuestión localizada y ocasional, sino que forma parte de una dinámica general, que enfrenta las necesidades de los territorios y de sus habitantes, en este caso de un barrio, con las de los negocios de masas, que requieren de espacios dedicados a la rentabilidad y desposeídos de otra vida que no sea la del consumo. Cada vez más zonas céntricas de la capital de España son lugares sin alma, un decorado para la generación de beneficios. Si quieren referencias al respecto, lean El malestar de las ciudades, de Jorge Dioni López, El corazón del presente, de quien esto firma, o el libro de Fernando Caballero, Madrid D.F., que publicará Arpa este año.

Sin embargo, dentro de esta tendencia general, el barrio del Bernabéu cuenta con un elemento específico. Está poblado por personas con alto poder adquisitivo, muchos de ellos profesionales liberales, y cuentan con recursos y conocimiento para defenderse. Eso les permite ser más combativos. Sin ir más lejos, ganaron un procedimiento judicial al Ayuntamiento de Almeida para anular el proyecto de dos parkings y un túnel en la zona. Es probable que eso no detenga nada, pero al menos, están dando la batalla.

Ambas cosas muestran, mucho más de lo que parece, un momento importante en la política contemporánea, y dice mucho de los nuevos caminos que está siguiendo, también en cuanto a sus protagonistas.

1. Las dos tendencias que se disputan el poder

En una ciudad del norte de España conocen bien estas dinámicas. La representación política en su ayuntamiento está compuesta por los habituales partidos nacionales y por uno regionalmente fuerte, como en muchos otros lugares, pero la brecha que los divide está conformada por dos tendencias que están disputándose el poder real. Por una parte, la vieja burguesía comercial e industrial, ligada al tejido productivo de la ciudad, que está en declive, pero que aporta buena parte de los puestos de trabajo y que da servicio a los habitantes de la ciudad. Por otra, está el sector hostelero y el de la construcción, cuya agenda ha quedado ligada al turismo y a los procesos especulativos, y que está en auge, puesto que la ciudad atrae a cada vez más visitantes, pero también compradores de segundas residencias, frecuentemente madrileños, que la eligen por su benigno clima veraniego.

La idea que ambas fuerzas tienen de cómo debe ser una ciudad es muy distinta. La burguesía comercial e industrial quiere evitar que se convierta en un monocultivo del sector turístico, y plantea modelos en los que las instituciones públicas intervengan para limitar los pisos turísticos, apoyen al comercio local y mantengan la actividad industrial existente. La otra facción busca transformar la ciudad a través de la libertad de horarios, la promoción del mayor número posible de eventos y la ampliación de las épocas festivas para que el turismo sea mayor.

Esta pelea no tiene un reflejo diáfano entre las fuerzas políticas, aunque sí se estén dibujando tendencias. La ciudad es Gijón, y allí gobierna Carmen Moriyón, de Foro, que es el partido que más está apoyando a la burguesía comercial e industrial. El PP está más del lado de la hostelería y la construcción, y el PSOE hace equilibrios entre unas, otras y sus votantes tradicionales, que provienen de los sindicatos y de las asociaciones de vecinos. Estos últimos colectivos, por otra parte, cada vez más se acercan a la burguesía comercial e industrial, ya que comparten intereses, en cuanto a la defensa del tipo de trabajo y de la forma de vida.

Esta cercanía dibuja también un futuro político, en la medida en que reúne a quienes defienden las necesidades del territorio y de sus habitantes frente a quienes anteponen las necesidades del capital. La iniciativa Xixón en Marcha, que se celebró el pasado jueves, cumple esa función de aliar fuerzas que tejan propuestas para la ciudad que no pasen por el ladrillo y el turismo.

2. Los "paletos de ciudad" y los vecinos pobres

Estas tensiones entre territorio y rentabilidad tienen expresiones diferentes según los lugares, y un buen ejemplo es Pola de Siero. En la localidad asturiana se está librando otra de esas batallas a raíz de la instalación de un gran hipermercado Costco. Una de las mayores reivindicaciones de los industriales y comerciantes es la de reducir el espacio a las firmas de contenedor (Amazon, Uber o Airbnb), así como a las grandes empresas y franquicias. En Gijón, Starbucks inaugurará este verano su segundo local en Asturias, tras el instalado en Oviedo. El anuncio no ha generado mucha expectación: "Todos sabemos que tomarse un café en Starbucks es de paletos de ciudad. Hay sitios aquí donde tomar un café mejor y más barato", afirma uno de los participantes en Xixón en Marcha.

En este contexto, y como era de esperar, la intención de Costco es combatida firmemente por los comerciantes asturianos, dada la concentración de ventas que puede generarse. En Francia o en EEUU, entre otros países, la instalación de grandes superficies internacionales en las provincias ha llevado al declive inevitable de las tiendas locales y ha perjudicado a su tejido laboral.

La instalación de Costco en Pola de Siero tiene un escollo jurídico: se debería modificar la ley del suelo para que la empresa pudiera construir su centro, ya que la actual no lo permite. Hay una batalla política que ha movilizado también a sindicatos como Comisiones. El alcalde, Ángel García, del PSOE, es favorable al proyecto, ya que la localidad asturiana cuenta con una gran ventaja: está situada en un lugar relativamente céntrico dentro de su comunidad y cuenta con buenas comunicaciones. Constituye un emplazamiento atractivo para la logística de las grandes empresas, como Amazon, y para los centros comerciales. Obramat (antes Bricomart, especializado en materiales de construcción) quiere instalar allí un centro, pero no se lo permiten las actuales normas. Y Decathlon pretendió situar una macrotienda, pero no lo consiguió por la misma causa. El alcalde, del que se especula que pueda abandonar su partido y montar uno propio, está intentando que su ciudad crezca a partir de la promoción de este tipo de iniciativas, que son combatidas por los comerciantes y los industriales.

En este caso, la prioridad de un territorio choca con los colindantes, en la medida en que el desarrollo por esta vía de Pola de Siero supondría la absorción de recursos de otras zonas de Asturias: el tipo de negocios que allí se instalan son mucho menos productivos para la comunidad. Pola de Siero dista mucho de ser Madrid, pero la dinámica de crecimiento es parecida, dentro de su tamaño. Su auge significa el empobrecimiento de los vecinos.

Es un ejemplo más de que la lógica política se está desplazando, porque la variable tradicional izquierda/derecha no está en el tablero como el principal elemento: priman los elementos territoriales, y la división política principal reside en esa defensa de distintos intereses en cuanto a tipos de trabajo y formas de vida. Esta ruptura, sin embargo, no se ha trasladado claramente a los partidos. No hay formaciones que se posicionen inequívocamente de un lado o de otro, y tampoco utilizan ese marco de manera explícita en sus programas. Sin embargo, sí están produciéndose desplazamientos evidentes, ya que clases sociales distintas están coincidiendo en intereses, de forma que el hostelero de barrio, el comerciante o el industrial encuentran aliados en vecinos y sindicatos a la hora de defenderse del crecimiento amparado en grandes empresas, franquicias y constructoras.

Un asturiano del ámbito progresista, que prefiere permanecer en el anonimato, por si los suyos le causan problemas, señala que la izquierda debería "hacer esta lectura del conflicto en el poder y darse cuenta de las nuevas alianzas que se pueden tejer con otros sectores sociales; esto marcaría un camino político".

3. El dinero o el territorio

La variable territorial ha dado forma a la política nacional e internacional en los últimos años, desde partidos locales como Bildu o BNG hasta las formaciones de la extrema derecha europea, y es un hecho que no termina de constatarse. Tampoco las posibilidades y las derivas políticas que contiene.

Una de las contradicciones más interesantes es la que genera entre clases sociales con poder, como le ocurre al Bernabéu con sus vecinos, o a las distintas clases de burguesía en Gijón. Recordemos que las últimas décadas han sido las de la globalización feliz, en las que el poder del capital ha funcionado por encima de los territorios, por lo que es lógico que las resistencias hayan regresado en forma de reivindicaciones locales o nacionales, y sean apoyadas en buena medida por personas con recursos que perciben claramente cómo las prácticas de los últimos años les están perjudicando. Mientras la deslocalización y la búsqueda de la máxima rentabilidad afectaba solo a los trabajadores, era justificada porque resultaba más eficiente y generaba precios más baratos, pero ahora que sus consecuencias negativas ya se han extendido a otras clases sociales, los descontentos son muchos más, tienen más poder y se les escucha con más fuerza.

Esa contradicción entre el territorio y el capital también cuenta con enormes consecuencias en el plano internacional y conduce hacia otro nivel. En el Sur Global no parece haber discusión. China, Rusia, Brasil, India, Turquía, Arabia Saudí o Sudáfrica, entre otros estados, incluido Israel, han apostado por operar en términos estatales y trazan alianzas con el capital, o lo subordinan al interés nacional, al tiempo que impulsan las relaciones comerciales que les resultan favorables. En Occidente hay más dudas porque se creyó firmemente en la bondad del orden basado en reglas, lo que hace necesario más tiempo para que el ajuste mental se produzca, pero también porque las contradicciones son mayores.

El caso más evidente es Alemania, que tiene varias opciones a la hora de encarar el futuro, pero todas dudosas. Debe optar entre apoyar su industria, que es la que le ha otorgado, junto con el euro, una posición de privilegio, o apostar por el capital. Si elige la segunda posibilidad, elimina su espacio de ventaja. Si opta por la primera, tendrá que aportar ayudas de Estado para la gran industria, con lo que eso supondría de cambio de reglas para el resto de la UE. Al mismo tiempo, trata de mantener abierta la globalización y su relación con China, justo a lo que se opone EEUU. Mantiene una postura incómodamente dubitativa sobre la necesidad de impulsar el mercado único y el mercado de capitales. Y, por si fuera poco, le sería muy conveniente llegar a buenos términos con Rusia para seguir contando con su gas barato mientras hace la transición, pero eso parece muy improbable ahora, y más dada la oposición de Washington. La ligazón de Alemania con el ámbito financiero y militar estadounidense y con la industria china, y su indefinición respecto del papel que debe jugar en la UE, está generando muchas tensiones internas, también con su Mittelstand, ese conjunto de pequeñas y medianas empresas industriales que son su gran fuerza.

4. El enredo estadounidense

Sin embargo, el caso más complicado de resolver es el de EEUU, y el hecho de que sea el país hegemónico lo vuelve aún más difícil. Entre sus élites hay lógicas enfrentadas, dado que deben elegir entre los beneficios que el capital, fundamentalmente financiero, les aporta, y las necesidades de su Estado a la hora de hacer frente al gran competidor que es China.

La mayor debilidad estadounidense proviene de su dependencia del exterior en toda clase de manufacturas, incluidas las tecnológicas, hasta el punto de que ha tenido que impulsar la fabricación autóctona de chips. Esa posición dependiente también se da en el ámbito bélico, ya que ni siquiera es capaz de producir munición y armas para abastecer a Ucrania e Israel, sus aliados en las dos guerras en curso. Los militares estadounidenses han alertado repetidamente de esta vulnerabilidad, sin demasiada suerte. Además, la fabricación nacional no solo es escasa, también ineficiente: Boeing es un ejemplo más de cómo la obsesión por lo barato ha acabado creando deficiencias en el funcionamiento de sus aviones, a veces con graves repercusiones. De fondo está el hecho estratégico: si un país hegemónico no produce, pone todas las bases para dejar de serlo, y más aún cuando ha dejado la fabricación en manos chinas (y todo para que Wall Street recogiera los dividendos).

La otra gran debilidad estadounidense es la interna. Décadas de deterioro de sus clases medias provocan que la inflación ahora sea particularmente dañina, en la medida en que su población estaba ya suficientemente presionada por los costes de los bienes básicos como para aguantar otro embate. Todo aquello de los precios baratos, justo la ventaja que parecían tener los intercambios globales, está desapareciendo. Ni siquiera las hamburguesas (como los kebabs en Alemania), lo son ya. La inestabilidad que causa la pérdida de un horizonte vital estable puede comprobarse día tras día en la política estadounidense.

A pesar de todo eso, la mayor parte del establishment de Washington apuesta por conservar el régimen de la globalización, solo que con una presencia militar más fuerte. Mantener el sistema económico en una línea similar a la vieja globalización requiere de una derrota rusa, de la contención a Irán y de volcar más recursos en el Pacífico. Recordemos que la globalización, la era de la paz mediante el comercio, lo ha sido de guerras continuas: en los Balcanes, en Afganistán, Irak, Libia, Siria, y ahora Ucrania y Gaza. El militarismo ha sido la otra cara del orden basado en reglas, y lo continuamos presenciando.

En este contexto, a EEUU le beneficiaría enormemente la recuperación de su industria, lo que solo podría producirse con la adopción de medidas proteccionistas fuertes, cuando no muy fuertes. Robert Lighthizer, consejero de comercio de Trump en la presidencia de 2016, y un nombre que se da como fijo si regresara al poder, ya ha hecho público su contundente plan al respecto. Biden ha dado pasos en esa dirección, pero limitados y acotados al área de los chips y de la tecnología verde.

Ese camino, sin embargo, no puede seguirse sin adoptar una decisión indeseada para buena parte de sus élites, la de reorientar decididamente su economía desde lo financiero hacia lo productivo. Proporcionaría una ventaja estratégica adicional, ya que elevaría el nivel de vida de las clases trabajadoras, de las medias y de las medias altas estadounidenses, y sería fructífero para sus pequeñas y medianas empresas, así como para las arraigadas en el territorio, con independencia de su tamaño. Eso supondría mayor estabilidad interna, por no hablar de las ventajas militares y de las vulnerabilidades que cerraría no depender de otros países para el abastecimiento en materias esenciales (muchos de los principios activos de sus medicinas se fabrican en China, sin ir más lejos).

5. El dilema

Este giro, como es natural, resulta incómodo para los ganadores de la globalización. Lo explica bien el economista Michael Pettis, que ha defendido desde hace tiempo políticas industriales y comerciales que reactiven la industria manufacturera de su país: "Beneficiarán a los trabajadores, las empresas y la clase media estadounidenses, pero Wall Street y el establishment de la política exterior se opondrán a ellas ferozmente. Wall Street se opondrá especialmente, entre otras cosas, porque significará una disminución del papel internacional del dólar estadounidense y el fin del papel del sistema financiero estadounidense como acomodador de último recurso del exceso de ahorro global".

En el fondo, el dilema estadounidense es el mismo que el de Gijón, y tiene que ver con la naturaleza de la economía elegida. El territorio, el barrio, la ciudad, el Estado, ¿deben ser espacios que se adecúan para la extracción de rentas o deben convertirse en productivos? ¿Deben tener economías concentradas en muy pocos actores o deben promover una amplia pluralidad de ellos? ¿Deben generar estabilidad vital para sus poblaciones o es preferible la agitación de 'el ganador se lo lleva todo'?

Son preguntas que atraviesan el eje territorio/capital sobre el que se asienta la política y que se resuelve mediante una decisión: todo depende de si la economía productiva manda sobre la financiera o de si ocurre al revés. Mientras tanto, las perturbaciones prosiguen, y están teniendo consecuencias ideológicas y electorales significativas. Cuando no solo las clases trabajadoras y medias se ven presionadas económicamente, sino que la desazón alcanza a escalones superiores, suele ser señal de que las tensiones van a ser mucho más profundas, como estamos viendo en todo Occidente."                     (Esteban Hernández , El Confidencial, 02/06/24)

4.6.24

La izquierda debe defender el territorio, sus industrias, sus comercios y sus habitantes, frente a las necidades del capital especulativo... se requiere una coalición táctica entre los trabajadores y la burguesía productiva frente al capital extractivo... En una ciudad del norte de España se están disputando el poder real dos tendencias políticas antagónicas que no hace tanto tiempo iban de la mano... A un lado aparece la vieja burguesía comercial e industrial, ligada al tejido productivo de la ciudad, que está en declive, pero que aporta buena parte de los puestos de trabajo... Por otra, está el sector hostelero y el de la construcción, cuya agenda ha quedado ligada al turismo y a los procesos especulativos, y que está en auge, puesto que la ciudad atrae a cada vez más visitantes, pero también compradores de segundas residencias... La idea que ambas fuerzas tienen de cómo debe ser una ciudad es muy distinta. La burguesía comercial e industrial quiere evitar que se convierta en un monocultivo del sector turístico, y plantea modelos en los que las instituciones públicas intervengan para limitar los pisos turísticos, apoyen al comercio local y mantengan la actividad industrial existente. La otra facción busca transformar la ciudad a través de la libertad de horarios, la promoción del mayor número posible de eventos y la ampliación de las épocas festivas para que el turismo sea mayor... En esa pelea, las asociaciones de vecinos y los sindicatos, las fuerzas de izquierda, cada vez más se acercan a la burguesía comercial e industrial, ya que comparten intereses, en cuanto a la defensa del tipo de trabajo y de la forma de vida. Esta cercanía señala una alianza política, ya que reúne a quienes defienden las necesidades del territorio y de sus habitantes frente a quienes anteponen las necesidades del capital. Esta pelea por defender el territorio es una de las constantes de la política contemporánea (Esteban Hernández, Juan Laborda)

Esteban Hernández @HdezEsteban

En una ciudad del norte de España se están disputando el poder real dos tendencias políticas antagónicas que no hace tanto tiempo iban de la mano. Es un asunto que merece atención, porque señala de manera bastante clara cambios ideológicos que reflejan el nuevo eje a partir del cual la política real se está llevando a cabo.

 A un lado de esa línea aparece la vieja burguesía comercial e industrial, ligada al tejido productivo de la ciudad, que está en declive, pero que aporta buena parte de los puestos de trabajo y que da servicio a los habitantes de la ciudad. Por otra, está el sector hostelero y el de la construcción, cuya agenda ha quedado ligada al turismo y a los procesos especulativos, y que está en auge, puesto que la ciudad atrae a cada vez más visitantes, pero también compradores de segundas residencias, frecuentemente madrileños, que la eligen por su benigno clima veraniego. 

La idea que ambas fuerzas tienen de cómo debe ser una ciudad es muy distinta. La burguesía comercial e industrial quiere evitar que se convierta en un monocultivo del sector turístico, y plantea modelos en los que las instituciones públicas intervengan para limitar los pisos turísticos, apoyen al comercio local y mantengan la actividad industrial existente. La otra facción busca transformar la ciudad a través de la libertad de horarios, la promoción del mayor número posible de eventos y la ampliación de las épocas festivas para que el turismo sea mayor. 

Una de las mayores reivindicaciones de los industriales y comerciantes es la de reducir el espacio a las firmas de contenedor (Amazon, Uber o Airbnb), así como a las grandes empresas y franquicias. En esa ciudad, Starbucks inaugurará este verano un local. El anuncio no ha generado mucha expectación: "Todos sabemos que tomarse un café en Starbucks es de paletos de ciudad. Hay sitios aquí donde tomar un café mejor y más barato". 

En esa pelea, las asociaciones de vecinos y los sindicatos, las fuerzas de izquierda, cada vez más se acercan a la burguesía comercial e industrial, ya que comparten intereses, en cuanto a la defensa del tipo de trabajo y de la forma de vida. Esta cercanía señala una alianza política, ya que reúne a quienes defienden las necesidades del territorio y de sus habitantes frente a quienes anteponen las necesidades del capital. Esta pelea por defender el territorio es una de las constantes de la política contemporánea, en sus más variadas expresiones.

10:18 a. m. · 2 jun. 2024 154,3 mil Reproducciones 

 
Juan Laborda @JuanLabordah

(1) Estimado Estebán dentro de los análisis sobre la financiarización y el aumento de poder de mercado de las empresas, destaca este paper de Barkai publicado en The Journal of Finance. Lo que dices está aquí académicamente demostrado onlinelibrary.wiley.com
Declining Labor and Capital Shares

 (2) El aumento de los beneficios puros (extracción de rentas), consecuencia del aumento de poder de mercado, debido a la financiarización (esta es la hipótesis en la que estoy trabajando académicamente), está afectando negativamente al capital productivo y al factor trabajo.

 (3) El choque de esas dos burguesías en la ciudad del norte va de eso. Por eso se requiere una coalición táctica entre los trabajadores y la burguesía productiva frente al capital extractivo. La izquierda debe buscar esa coalición táctica (no sé si sus líderes lo entenderán)!

 11:38 a. m. · 2 jun. 2024 7.054 Reproducciones