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18.7.26

Discurso del presidente chino, Xi Jinping, en la reunión sobre Gobernanza Global de la Inteligencia Artificial... Los seres humanos debemos responder a las preguntas que plantea nuestro tiempo: ¿Cómo convivir con las máquinas pensantes? Desde la perspectiva china, todos los países deberían adoptar un enfoque centrado en las personas y desarrollar la IA para el bien común. Con este fin, deseo compartir cuatro observaciones... En primer lugar, debemos adherirnos al principio de apertura y beneficio mutuo, e impulsar el desarrollo basado en la innovación. Debemos aprovechar esta oportunidad única e histórica para fomentar el código abierto, la transparencia, la colaboración y el intercambio... En segundo lugar, debemos reforzar la concienciación sobre los riesgos y garantizar que la IA sea segura y controlable. La IA debe ser una herramienta fiable para la humanidad... En tercer lugar, debemos fomentar la inclusión y promover el aprendizaje mutuo entre civilizaciones. El desarrollo de la IA y su aplicación no deben erosionar ni menoscabar la diversidad de las civilizaciones del mundo ni la singularidad de las culturas de los distintos países... En cuarto lugar, debemos promover la solidaridad y mejorar la gobernanza global. La IA es un recurso invaluable que encapsula la sabiduría colectiva de la humanidad. Debemos practicar un verdadero multilateralismo y reconocer el importante papel de las Naciones Unidas. Debemos fortalecer la alineación y la coordinación en las estrategias de desarrollo de la IA, las normas de gobernanza y los estándares técnicos, para así conformar cuanto antes un marco de gobernanza global basado en el consenso que permita que esta tecnología de vanguardia beneficie a la humanidad. Debemos impulsar una amplia cooperación internacional y ayudar a los países del Sur Global a fortalecer sus capacidades para superar las brechas digitales y de IA, promover el desarrollo sostenible y evitar la creación de nuevas injusticias históricas en el ámbito de la IA

 "El presidente chino, Xi Jinping, pronunció un discurso de apertura en la ceremonia de inauguración de la Conferencia Mundial de IA de 2026 y la Reunión de Alto Nivel sobre Gobernanza Global de la IA, celebradas aquí el viernes.

A continuación se presenta el texto completo del discurso:

Uniendo fuerzas para construir un sistema justo y equitativo para la gobernanza global de la IA.

Discurso de apertura de Su Excelencia Xi Jinping

Presidente de la República Popular China

En la Ceremonia de Apertura de la Conferencia Mundial de IA de 2026 y la Reunión de Alto Nivel sobre Gobernanza Global de la IA

Shanghái, 17 de julio de 2026

Estimados colegas e invitados,

Damas y caballeros,

Amigos,

Hace setenta años, un grupo de jóvenes investigadores propuso por primera vez el concepto de inteligencia artificial (IA) en el Taller de Dartmouth, en New Hampshire, Estados Unidos. Durante los siguientes setenta años, científicos e investigadores de IA de todo el mundo se adentraron en este territorio desconocido, superaron obstáculos y lograron avances significativos gracias a un trabajo arduo y constante. Siete décadas después, en medio de la nueva ola de desarrollo de la IA, nos reunimos a orillas del río Huangpu para debatir cómo promover la IA a nivel mundial para el bien común y la humanidad. Todo esto confiere a nuestra reunión una gran importancia. En nombre del gobierno y el pueblo chinos, les doy una calurosa bienvenida.

A lo largo de la historia, la invención de la máquina de vapor marcó el comienzo de la civilización industrial, el acceso generalizado a la electricidad impulsó el desarrollo de la sociedad moderna y el nacimiento de internet conectó al mundo entero. Cada una de estas revoluciones tecnológicas ha transformado profundamente nuestra forma de trabajar y vivir, y ha propiciado un salto gigantesco en el desarrollo económico y social.

Hoy, se están acelerando en todo el mundo cambios trascendentales, sin precedentes en un siglo. La nueva ola de revolución tecnológica y transformación industrial avanza a un ritmo vertiginoso, y el mundo ha entrado en un periodo sin precedentes de innovación activa en tecnologías de IA. La conectividad inteligente, la colaboración humano-máquina, la integración intersectorial, la creación y el intercambio conjuntos, y otras tecnologías inteligentes están desatando un poder inmenso. Todo esto conlleva grandes oportunidades, así como desafíos para la gobernanza. Los seres humanos debemos responder a las preguntas que plantea nuestro tiempo: ¿Cómo convivir con las máquinas pensantes? ¿Cómo garantizar la seguridad cuando el algoritmo forma parte de la toma de decisiones? ¿Cómo abordar los desafíos éticos que plantean las tecnologías mediante una gobernanza adaptativa? ¿Cómo lograr que la IA sea accesible para todos cuando la brecha sigue ampliándose? Estas preguntas exigen una reflexión profunda y respuestas concretas de toda la comunidad internacional.

Desde la perspectiva china, todos los países deberían adoptar un enfoque centrado en las personas y desarrollar la IA para el bien común. Debemos garantizar que la IA sea un motor importante para la prosperidad compartida y la seguridad común. Debemos unir fuerzas para construir un sistema justo y equitativo para la gobernanza global de la IA. Con este fin, deseo compartir cuatro observaciones.

En primer lugar, debemos adherirnos al principio de apertura y beneficio mutuo, e impulsar el desarrollo basado en la innovación. Como nuevo motor del crecimiento económico mundial y acelerador de la transformación de los motores de crecimiento, la IA está pasando del mundo digital al físico. Debemos aprovechar esta oportunidad única e histórica para fomentar el código abierto, la transparencia, la colaboración y el intercambio. Debemos facilitar la innovación tecnológica, el desarrollo industrial y la aplicación de la IA en función de escenarios específicos. Debemos impulsar avances coordinados en la transformación y modernización de las industrias tradicionales, el desarrollo y crecimiento de las industrias emergentes y la planificación prospectiva para las industrias del futuro, de modo que todos los sectores y empresas puedan beneficiarse de la IA.

En segundo lugar, debemos reforzar la concienciación sobre los riesgos y garantizar que la IA sea segura y controlable. La IA debe ser una herramienta fiable para la humanidad. Debemos tomar en serio los diversos tipos de riesgos inherentes y secundarios que la IA puede generar. Debemos establecer leyes y reglamentos, sistemas de monitoreo tecnológico, alerta temprana y respuesta ante emergencias para fortalecer la seguridad, prevenir abusos y usos maliciosos, y garantizar que la IA esté siempre bajo control humano. Asimismo, debemos oponernos conjuntamente a la sobreextensión del concepto de seguridad nacional en el ámbito de la IA y a anteponer la seguridad de un país a la de otros.

En tercer lugar, debemos fomentar la inclusión y promover el aprendizaje mutuo entre civilizaciones. El desarrollo de la IA y su aplicación no deben erosionar ni menoscabar la diversidad de las civilizaciones del mundo ni la singularidad de las culturas de los distintos países. Debemos alinear los valores de la IA con los valores comunes de la humanidad y aprovechar las tecnologías de IA para fomentar la comprensión, la tolerancia, el intercambio y la colaboración entre todas las civilizaciones. Debemos cuidar con esmero el jardín de las civilizaciones para asegurar que la belleza de cada una sea apreciada y compartida.

En cuarto lugar, debemos promover la solidaridad y mejorar la gobernanza global. La IA es un recurso invaluable que encapsula la sabiduría colectiva de la humanidad. Debemos practicar un verdadero multilateralismo y reconocer el importante papel de las Naciones Unidas. Debemos fortalecer la alineación y la coordinación en las estrategias de desarrollo de la IA, las normas de gobernanza y los estándares técnicos, para así conformar cuanto antes un marco de gobernanza global basado en el consenso que permita que esta tecnología de vanguardia beneficie a la humanidad. Debemos impulsar una amplia cooperación internacional y ayudar a los países del Sur Global a fortalecer sus capacidades para superar las brechas digitales y de IA, promover el desarrollo sostenible y evitar la creación de nuevas injusticias históricas en el ámbito de la IA.

Damas y caballeros,

Amigos,

Este año marca el inicio del XV Plan Quinquenal de China. Este plan traza el desarrollo económico y social del país para los próximos cinco años y ofrece enormes oportunidades para la comunidad internacional. En los últimos años, China ha adoptado la IA con entusiasmo. Hemos impulsado la interacción entre un mercado eficiente y un gobierno eficaz, fortalecido la innovación en IA, promovido activamente la Iniciativa IA Plus y construido un ecosistema sólido para que todas las entidades prosperen juntas. Las industrias clave de la economía inteligente tienen un valor de al menos 1 billón de yuanes. Los dispositivos inteligentes en innumerables hogares mejoran notablemente la calidad de vida de las personas. La manufactura inteligente en China se ha convertido en otro sello distintivo de la modernización china.

Al mismo tiempo, China otorga gran importancia a la seguridad en el desarrollo de la IA. Con un profundo conocimiento de las tendencias y la lógica del desarrollo de la IA, mejoramos continuamente las leyes, regulaciones, políticas, mecanismos, normas de aplicación y principios éticos para garantizar que la IA sea segura, confiable y controlable, y que este valioso recurso avance con velocidad y estabilidad.

Como gran potencia responsable, China siempre se ha comprometido a proporcionar bienes públicos internacionales relacionados con la IA. Desde que propuse la Iniciativa de Gobernanza Global de la IA, China ha promovido la adopción por consenso de la Resolución de la Asamblea General de la ONU sobre el fortalecimiento de la cooperación internacional en materia de desarrollo de capacidades en inteligencia artificial, ha publicado el Plan de Acción para el Desarrollo de Capacidades en IA para el Bien y para Todos, ha anunciado la Iniciativa de Cooperación Internacional IA Plus y ha abogado por la creación de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO). China ha contribuido de manera constante a la gobernanza global de la IA.

En China solemos decir: «Una sola cuerda no hace música, y un solo árbol no hace un bosque». El desarrollo de la IA no debe ser una obra solitaria de un solo país, sino una sinfonía de cooperación internacional. Gracias a nuestros esfuerzos conjuntos, WAICO se ha hecho realidad en Shanghái. Nuestra visión de hace un año es ahora una realidad. Este es un paso importante de China para responder al llamado del Sur Global y unir a la comunidad internacional en pro de un desarrollo y una gobernanza de la IA dinámicos. Será un hito importante en la historia del desarrollo de la IA.

Para seguir apoyando el desarrollo mundial de la IA y promover el desarrollo de capacidades globales en este campo, anuncio que, en los próximos cinco años, China ofrecerá a los países en desarrollo 5.000 oportunidades en programas de formación y seminarios sobre IA; desarrollará centros internacionales de cooperación para la aplicación de la IA con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, la Liga de los Estados Árabes, la Unión Africana, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la Organización de Cooperación de Shanghái y los BRICS; y permitirá que 30 países utilicen el sistema de alerta meteorológica basado en IA, o MAZU, para proteger los hogares de todo el mundo.

Damas y caballeros,

Amigos,

Como observaban los antiguos chinos: «El hombre sabio se adapta a los cambios; el hombre de conocimiento actúa según las circunstancias». Con la IA avanzando a una velocidad vertiginosa, debemos asegurar que su desarrollo sea positivo, beneficioso para la humanidad. Debemos garantizar una supervisión y gobernanza precisas y eficaces, y perfeccionar constantemente las medidas para evitar la pérdida de control. Siempre debemos guiar el desarrollo de la IA con la sabiduría humana y el consenso internacional, para que la IA pueda convertirse en una fuerza poderosa que incremente el bienestar de la humanidad y haga avanzar la civilización.

China está dispuesta a ser más abierta, a tomar medidas más prácticas y a adoptar una perspectiva más visionaria. Estamos listos para colaborar con todas las partes para aprovechar las oportunidades que ofrece el desarrollo de la IA, afrontar los desafíos y unir fuerzas para construir un futuro mejor para la humanidad.

¡Gracias!"          

( , Observatorio Política China , 17/07/26)

17.7.26

El descenso a los infiernos... Volkswagen se encuentra sumida en una profunda crisis, al igual que todo el sector automovilístico alemán... su desastre es un desastre interno, y es representativo de los errores cometidos por el capitalismo alemán. Los directivos se durmieron en sus laureles. El «dieselgate», en el que el grupo manipuló los resultados de las emisiones de sus vehículos para mantener la producción, es una caricatura de esa postura... Adam Tooze destaca que «en lo que respecta a Alemania y su industria automovilística, se disponía de sumas de dinero comparables [a las inversiones chinas en vehículos eléctricos] para invertir en forma de beneficios récord». Pero en lugar de invertir, los grupos alemanes, con VW a la cabeza, colmaron a sus accionistas con dividendos récord... Mientras los medios económicos occidentales se esforzaban por justificar esos pagos de dividendos, el Estado chino construía una capacidad de producción que competía directamente, tanto en precio como en calidad, con los mercados controlados por los alemanes... en 2023, los tres grandes fabricantes de automóviles alemanes (VW, BMW y Daimler) repartieron nada menos que 31 000 millones de euros en dividendos, a pesar de que el choque chino ya se hacía evidente... Esta obsesión por la rentabilidad entierra las ambiciones del sector automovilístico alemán. La inversión solo puede reactivarse de forma forzada, la batalla se libra a la baja en los precios, en un contexto en el que China está recuperando terreno en términos de calidad... la lógica competitiva dictaría que los grupos europeos acabaran trasladando a China la producción que aún se mantiene en Europa... Todo ello pone de manifiesto un pánico perfectamente comprensible... el problema fundamental de la competitividad de la industria automovilística alemana es que no puede aspirar a volver a niveles de costes sostenibles. Sobre todo porque el grupo —y esta es su gran debilidad frente a sus rivales chinos— debe garantizar la remuneración de sus accionistas antes de pensar en su propio futuro (Romaric Godin)

 "Durante mucho tiempo Volkswagen fue la empresa que encarnaba el modelo alemán. El grupo de Wolfsburgo arrollaba a la competencia con sus ventas y sus beneficios y representaba el éxito descarado de la República Federal. A través de él, se reconocía toda la constelación de los «líderes mundiales», los «Weltmarktführer», que por entonces abundaban en Alemania.

Pero todo eso ya es cosa del pasado. «VW» se encuentra sumida en una profunda crisis, al igual que todo el sector automovilístico alemán. El viernes 26 de junio, la revista Manager reveló un plan de recorte de gastos que se presentará el 9 de julio al comité de empresa del grupo. En el programa: un ahorro de 11 000 millones de euros, la mitad de los cuales afectará al empleo. Esto afecta a nada menos que 100 000 de los 675 000 puestos de trabajo del grupo en todo el mundo, lo que supone algo menos del 15 % del total.

Se trata, sobre todo, del doble de lo previsto hasta ahora en el marco de un plan que se había negociado duramente con el sindicato IG Metall en 2024. El sindicato había aceptado el principio de un cierre de fábrica en Alemania y la congelación salarial para salvaguardar el principio de la seguridad laboral. Las supresiones de puestos de trabajo debían limitarse estrictamente a la no sustitución de los puestos vacantes.

Pero este compromiso tan duro que IG Metall había querido hacer pasar por una victoria no ha durado ni dos años. De hecho, la situación del grupo se ha deteriorado aún más. En 2025, la facturación global del grupo se redujo un 0,9 %, hasta los 321 910 millones de euros, y el resultado neto cayó un 44,3 %, hasta los 6 900 millones de euros. Solo en el primer trimestre de 2026, la situación se deterioró aún más rápidamente: las ventas cayeron un 2,4 % interanual y el beneficio operativo, un 15 %.

Estancamiento de las ventas, explosión de los costes

La magnitud del desastre para Volkswagen resulta aún más impactante si se analiza con mayor perspectiva. En 2019, el margen operativo del grupo se situaba en el 6,7 % de la facturación. En 2025, este ratio se redujo a una cuarta parte y se situó en tan solo el 2,8 %, lo que pone de manifiesto el colapso de la rentabilidad del fabricante.

En cuanto a los vehículos entregados, la caída también es notable. En 2019, VW entregó 10,974 millones de vehículos, su récord hasta la fecha. Seis años más tarde, se entregaron casi dos millones de vehículos menos, es decir, 9,022 millones. Un descenso del 17,8 % que se compensó en parte con subidas de precios (la facturación aumentó un 27 % en el mismo periodo) hasta 2023.

A partir de esa fecha, los precios de los vehículos del grupo se volvieron demasiado elevados. La ventaja en la que se apoyaba el grupo era una competitividad ajena a los costes: la calidad de los vehículos justificaba un precio elevado. Pero desde principios de la década, esta ventaja parece haber quedado obsoleta por dos razones.

En primer lugar, la subida de precios fue excesiva justo en el momento en que surgió de China una competencia más barata, pero de calidad comparable. En segundo lugar, Volkswagen, al igual que la mayoría de los fabricantes occidentales, no supo subirse al tren de la electrificación y tuvo que ceder cuota de mercado a fabricantes más avanzados en este ámbito, también en este caso principalmente chinos. Resultado: entre 2023 y 2025, las ventas retrocedieron un 3,8 % en volumen y un 0,2 % en valor.

Pero, al mismo tiempo, los costes se han mantenido elevados e incluso han aumentado. El margen bruto, que relaciona los costes de producción con la facturación, pasó así del 18,92 % en 2023 al 15,92 % en 2025. Por supuesto, los costes energéticos desempeñaron un papel importante, a raíz de la invasión rusa de Ucrania, pero quizá menos de lo que se piensa, ya que se vieron compensados por la subida de los precios. En 2023, el margen bruto repuntó 0,2 puntos con respecto a 2022. En realidad, el principal problema de Volkswagen es el exceso de capacidad. Sus ventas de vehículos están disminuyendo y su parque industrial está infrautilizado.

Esta infrautilización es consecuencia, por un lado, de una falta de inversión que hace que la capacidad productiva quede en parte obsoleta con respecto al mercado, pero también de malas decisiones tomadas por la dirección del grupo y sus filiales. En 2025, el aumento de los costes de producción se explica así también por el fuerte incremento de las amortizaciones de activos, es decir, de inversiones pasadas. Una cosa es segura: la caída del margen bruto no se debe al aumento de los costes de personal, que se redujeron un 1,4 % en dos años, entre 2023 y 2025, es decir, a un ritmo más rápido que la facturación.

La función social de Volkswagen no es tanto fabricar automóviles como generar beneficios para sus accionistas. Por ello, el grupo se fijó ya en 2024 el objetivo de volver a un margen operativo del 8 al 10 % en 2030. El objetivo parece hoy inalcanzable, por lo que la dirección se ha embarcado en una amplia reestructuración para reducir el exceso de capacidad actual mediante cierres de fábricas y la duplicación de los recortes de plantilla.

El naufragio de la cogestión

El sindicato IG Metall ha prometido luchar «con todas sus fuerzas» contra las decisiones de la dirección. Pero la reacción sindical es, en gran medida, meramente formal. Durante años, la «cogestión» en Volkswagen, tan alabada por la socialdemocracia europea, se ha reducido a un acompañamiento benévolo de las desastrosas decisiones de las sucesivas direcciones.

La cruda realidad que revela este nuevo anuncio es que IG Metall nunca ha sido capaz de erigirse en contrapoder. El poderoso sindicato ha negociado el acompañamiento del descenso a los infiernos del grupo. El acuerdo de finales de 2024 es, desde este punto de vista, ejemplar. Al ceder a las principales exigencias patronales para salvaguardar la garantía de empleo, IG Metall ha allanado el camino para que se ponga en tela de juicio esa misma garantía de empleo.

Su postura, siempre defensiva y de colaboración con la dirección, convierte al sindicato en corresponsable de este desastre social e industrial. Así es la cogestión al estilo alemán: no implica que los representantes de los trabajadores puedan participar en la estrategia de la empresa y mucho menos corregirla, sino que supone la colaboración sindical con la estrategia de la dirección para aumentar los beneficios. El sindicato puede entonces «recompensar» a sus afiliados con generosas participaciones. Hasta que esta estrategia se estrella de lleno contra un muro y son los trabajadores quienes pagan los platos rotos.

Porque el desastre de Volkswagen es, en gran parte, un desastre interno, aunque sea representativo de los errores cometidos por el capitalismo alemán en su conjunto. Los directivos del grupo, durante la década de 2010, se durmieron tranquilamente en sus laureles, encerrándose en una postura conservadora, como si los éxitos de entonces garantizaran los éxitos futuros. El «dieselgate», en el que el grupo manipuló los resultados de las emisiones de sus vehículos para mantener la producción actual, es, evidentemente, una caricatura de esa postura.

Desde esta visión conservadora, el capitalismo alemán consideró innecesario invertir los generosos beneficios que obtenía en aquel momento. Como destaca el historiador Adam Tooze en una entrada reciente de su blog Chartbook«en lo que respecta a Alemania y su industria automovilística, se disponía de sumas de dinero comparables [a las inversiones chinas en vehículos eléctricos] para invertir en forma de beneficios récord». Pero en lugar de invertir, los grupos alemanes, con VW a la cabeza, colmaron a sus accionistas con dividendos récord.

Mientras los medios económicos occidentales se esforzaban por justificar esos pagos de dividendos, el Estado chino construía una capacidad de producción que competía directamente, tanto en precio como en calidad, con los mercados controlados por los alemanes y los europeos.

Lo que se conoce como el «segundo choque chino», que ahora afecta a la industria de gama alta de Alemania, no ha llevado a los capitalistas alemanes a cambiar su estrategia. Como señala Adam Tooze, en 2023, los tres grandes fabricantes de automóviles alemanes (VW, BMW y Daimler) repartieron nada menos que 31 000 millones de euros en dividendos, a pesar de que el choque chino se hacía evidente y de que el volumen de ventas llevaba estancado casi cinco años.

En 2025, Volkswagen volvió a repartir 2.600 millones de euros entre sus accionistas, manteniendo una tasa de reparto del 30 % de los beneficios atribuibles al grupo. El informe anual precisa que el mantenimiento de esta tasa de reparto sigue siendo el objetivo a largo plazo de la empresa. Por lo tanto, no hay que equívocarse. Esta nueva medida de Volkswagen tiene como objetivo, ante todo, hacer que los trabajadores paguen el aumento nominal del dividendo repartido.  

El callejón sin salida alemán

Esta obsesión por la rentabilidad entierra, de hecho, las ambiciones del sector automovilístico alemán, que se ha quedado sin soluciones. La inversión solo puede reactivarse de forma forzada y esta reactivación, aunque sea necesaria, dista mucho de ser una solución milagrosa. Y es que el exceso de capacidad industrial de los fabricantes alemanes no es más que una parte de un exceso de capacidad global, lo que significa que la batalla se libra a la baja en los precios, en un contexto en el que China está recuperando terreno en términos de calidad.

La única forma de diferenciarse sería, pues, proponer una innovación que permitiera mantener o aumentar las cuotas de mercado. Pero el conservadurismo alemán les ha hecho perder mucho terreno. Durante mucho tiempo, la ventaja cualitativa de los fabricantes alemanes les permitió mantener una ventaja con un mínimo de innovación. Esto es aún más cierto si se tiene en cuenta que el principal ámbito de innovación, el de la electricidad, se encuentra ahora en China.

La lógica competitiva dictaría que los grupos europeos acabaran deslocalizando a China la parte restante de la producción que aún permanece en Europa.

Hasta tal punto que, ahora, son los fabricantes europeos los que buscan obtener transferencias de tecnología de sus rivales chinos a través de alianzas. Volkswagen se encuentra en tal situación de desconcierto que, a finales de abril, el director general del grupo, Oliver Blume, llegó incluso a insinuar que estaba dispuesto a ofrecer capacidad de producción en Europa a sus rivales chinos a cambio de transferencias de tecnología. Volkswagen ya cuenta con tres empresas en régimen de asociación («joint-venture») en China.

Pero esta estrategia tiene sus límites: no permite albergar esperanzas de superar a los rivales chinos, que, por otra parte, tienen un coste de producción un 30 % inferior. En realidad, la lógica competitiva dictaría que los grupos europeos acabaran trasladando a China la parte restante de la producción que aún se mantiene en Europa. En 2025, Volkswagen había destacado que le sería posible fabricar vehículos eléctricos en China a la mitad de precio en comparación con los costes europeos.  

Debilitamiento estructural

Todo ello pone de manifiesto un pánico perfectamente comprensible. En pocos años, los fabricantes alemanes se han visto debilitados estructuralmente. Lo que está en juego aquí no es una cuestión coyuntural, sino que se está produciendo una redefinición de las cadenas de valor globales de la industria automovilística. Una redefinición de la que Alemania está pagando las consecuencias.

La crisis de Volkswagen no es más que la punta del iceberg, cuya magnitud hay que evaluar desde una perspectiva macroeconómica. En diez años, según datos de Destatis, la Oficina Federal de Estadística, el superávit comercial alemán en el sector del automóvil se ha reducido en un tercio, con unas exportaciones estancadas y unas importaciones que han aumentado un 45,7 %.

El índice de producción industrial en este mismo sector registra, en abril de 2026, un descenso del 38,4 % en diez años y del 22,2 % desde abril de 2019. Si se excluyen los efectos de la crisis sanitaria y de la de 2008-2009, hay que remontarse a 2002 para encontrar un nivel de producción más bajo en un mes de abril.

En cuanto al volumen de ventas, este ha retrocedido un 16,2 % en los últimos diez años y se encuentra en su nivel más bajo desde 2011 (excluyendo los efectos de la crisis sanitaria). Solo el mercado de la zona del euro se mantiene relativamente estable (−3,1 % en los últimos diez años en abril de 2026): el mercado alemán ha registrado un descenso del 23,6 % entre abril de 2016 y abril de 2025, y el mercado fuera de la zona del euro ha retrocedido un 15,9 %.

En este contexto, los recortes de empleo anunciados por Volkswagen podrían ser solo el principio. Y es que no resuelven en absoluto el problema fundamental de la competitividad de la industria automovilística alemana, que no puede aspirar a volver a niveles de costes sostenibles. Sobre todo porque el grupo —y esta es su gran debilidad frente a sus rivales chinos— debe garantizar la remuneración de sus accionistas antes de pensar en su propio futuro. Volkswagen parece estar atrapado en una trampa sin salida."

Romaric Godin , Rebelión, 17/07/2026)

15.7.26

Sobre la “desaceleración” de China... El crecimiento del PIB de China en el segundo trimestre experimentó una desaceleración significativa... los «expertos» occidentales siguen argumentando que esta desaceleración confirma su visión de que China se encamina hacia el estancamiento... la brecha entre la tasa de crecimiento promedio de China desde entonces y la de las economías del G7 no ha desaparecido... la participación de China en el PIB mundial ha disminuido en términos nominales , pero no en términos reales... Esto no significa que se deba ignorar la actual desaceleración del crecimiento general de la inversión... ¿Qué hay detrás de esto? El problema radica en la continua caída del sector inmobiliario y las dificultades que enfrentan los gobiernos locales para gestionar la acumulación de deuda que se disparó durante el auge inmobiliario. Estos son los factores que impulsan la relativamente débil demanda interna... La expansión económica de China continúa, pero depende en gran medida del comercio de exportación. A pesar de los aranceles y otras sanciones de Trump (¡que se suman cada día!), las exportaciones chinas al resto del mundo han alcanzado niveles récord... Este auge se vio fuertemente acelerado por dos catalizadores principales: el rápido desarrollo de la infraestructura global de inteligencia artificial y el aumento masivo de los envíos de tecnología verde... parece probable que la crisis inmobiliaria esté tocando fondo y que los gobiernos locales comiencen a abordar su elevado endeudamiento. Además, la inversión en nuevos sectores tecnológicos se está disparando. Por lo tanto, hay motivos suficientes para esperar que China alcance su objetivo de crecimiento actual del 4,5% al ​​5% este año (Michael Roberts)

"El crecimiento del PIB de China en el segundo trimestre experimentó una desaceleración significativa, cayendo al 4,3% interanual desde el 5,0% del primer trimestre y por debajo de las previsiones. Este fue el crecimiento más lento registrado en cualquier trimestre desde el inicio del confinamiento por la pandemia en 2022. Sin embargo, incluso con esta desaceleración en el segundo trimestre, el crecimiento del PIB real de China para el primer semestre de 2026 se mantiene dentro del rango objetivo del gobierno, en el 4,7% interanual.

No obstante, los «expertos» occidentales siguen argumentando que esta desaceleración confirma su visión de que China se encamina hacia el estancamiento. Consideremos los puntos planteados por Richi Sharma en el FT , antes de la publicación de esta última cifra de crecimiento: « Aunque muchos analistas siguen esperando que China supere a Estados Unidos como la principal economía mundial, su crecimiento alcanzó su punto máximo en 2021. Desde entonces, la participación de China en el PIB mundial ha caído en términos nominales del 18 % al 16,5 %, mientras que la de Estados Unidos ha aumentado al 26 %. La tasa de crecimiento de China ha caído por debajo de la del resto del mundo, incluyendo Estados Unidos. En términos reales, las estimaciones independientes sitúan ahora el crecimiento de China más cerca de cero que del objetivo oficial del 4,5 % al 5 %».

Permítanme responder a estos puntos uno por uno. En primer lugar, si bien la tasa de crecimiento del PIB real de China pudo haber alcanzado su punto máximo en 2014, la brecha entre la tasa de crecimiento promedio de China desde entonces y la de las economías del G7 no ha desaparecido. En promedio, desde 2014, la tasa de crecimiento de China ha sido más de 4 puntos porcentuales superior a la tasa de crecimiento promedio del G7.

Sí, la participación de China en el PIB mundial ha disminuido en términos nominales , pero no en términos reales . Por lo tanto, Sharma está siendo poco sincero .   La contracción en términos nominales se debe principalmente al debilitamiento del yuan chino frente a un dólar estadounidense muy fuerte y a la deflación interna. Dado que el PIB nominal se calcula en dólares estadounidenses corrientes, las fluctuaciones del tipo de cambio y de los precios comprimen artificialmente el tamaño de la economía china en el escenario mundial. En términos reales, utilizando la paridad del poder adquisitivo (PPA), podemos eliminar el efecto de las fluctuaciones cambiarias. Entonces, en lugar de una caída de la participación de China en el PIB mundial de 1,5 a 2,0 puntos porcentuales, en términos reales se ha producido un aumento de 1,4 puntos porcentuales.

Datos de tendencias históricas (2021–2026)AñoParticipación nominal del PIB mundialParticipación real (PPA) del PIB mundial202118,74% (Pico)18,5%202218,09%18,7%202317,28%18,99%202417,00%19,31%202516,70%19,63%2026 (Actual)16,50%19,89%

Fuentes: Recopilado a partir del seguimiento realizado por IMF DataMapper , Statista y TheGlobalEconomy .

Además, la tasa de crecimiento de China no ha caído por debajo de la del resto del mundo,como afirma Sharma. En este punto, recurre a estimaciones independientes que sitúan el crecimiento real de China más cerca de cero que del objetivo oficial del 4,5 al 5 por ciento. ¿ Cuáles son estas estimaciones «independientes»?   Provienen de una fuente específica: el Grupo Rhodium, una unidad de investigación occidental que se autoproclama experta en China. El Grupo Rhodium descarta las estimaciones oficiales del PIB, argumentando que están sesgadas al alza y no tienen en cuenta la débil actividad económica interna.  

Rhodium afirma estimar el crecimiento de China desde la base, desagregando los gastos (no la producción) por sectores. Su método de «desagregación» se reduce básicamente a multiplicar significativamente las cifras oficiales de inversión en activos fijos hasta alcanzar el nivel de inversión en el sector inmobiliario. Y, como es bien sabido, el sector inmobiliario lleva tiempo en una grave crisis. En efecto, Rhodium reduce la tasa de crecimiento de la inversión en China (que en general está cayendo un 5,7% interanual) a la tasa de crecimiento de la inversión inmobiliaria, que está cayendo un 18% interanual, lo que perjudica la tasa general. Si se utiliza la inversión inmobiliaria como medida de la tasa de inversión en China, no es de extrañar que el crecimiento general sea cero.  

Rhodium estima la tasa de crecimiento de China basándose únicamente en datos de «demanda», como las ventas minoristas, el crecimiento del crédito y la «confianza del consumidor». Ignora los indicadores de «oferta», como la producción industrial, las exportaciones y la manufactura en general. Sin embargo, la mayoría de las estimaciones occidentales del PIB de China no siguen el enfoque de Rhodium. El Banco de Finlandia, por ejemplo, tampoco acepta las cifras oficiales y, en su lugar, realiza un seguimiento de indicadores de producción como la generación de electricidad, el transporte ferroviario de mercancías y las exportaciones netas. Según sus cálculos, el crecimiento del PIB real de China es aproximadamente un punto porcentual inferior a las cifras oficiales, lo que aún representa un crecimiento de alrededor del 4% anual.

De hecho, la producción industrial de China aumentó un 5,4% en el primer semestre de 2026, con un incremento del 6% en el sector manufacturero y del 14% en el sector tecnológico.

En el sector industrial chino, es evidente que la demanda externa es el factor clave del crecimiento: los sectores ferroviario, naval y aeroespacial registraron un aumento del 18,2%, el automotriz del 8,7% y el de computadoras, comunicaciones y equipos electrónicos del 15,7%. La producción de semiconductores alcanzó un máximo de 17 meses, con un crecimiento interanual del 25,4%, en medio del continuo auge tecnológico.

Esto no significa que se deba ignorar la actual desaceleración del crecimiento general de la inversión. La inversión en activos fijos cayó un 5,7% interanual durante el primer semestre del año, alcanzando su nivel más bajo desde mayo de 2020. La inversión del sector privado disminuyó un 8,5%, y la inversión estatal también se redujo aún más, hasta el 2,3%. Tanto las empresas privadas como las estatales parecen estar posponiendo sus planes de inversión, lo que agrava un entorno de inversión ya de por sí débil.

¿Qué hay detrás de esto? El problema radica en la continua caída del sector inmobiliario y las dificultades que enfrentan los gobiernos locales para gestionar la acumulación de deuda que se disparó durante el auge inmobiliario. Estos son los factores que impulsan la relativamente débil demanda interna.

Los precios de los inmuebles siguen bajando, aunque a un ritmo mucho más lento, e incluso algunas ciudades experimentan un ligero aumento. Sin embargo, incluso excluyendo el sector inmobiliario, la inversión en activos fijos disminuyó un 2,7% en los seis meses hasta junio, un descenso aún mayor que la caída del 1,2% registrada en los primeros cinco meses del año. 

Otro factor que frena la demanda interna es el elevado endeudamiento derivado del estallido de la burbuja inmobiliaria, que ahora se concentra principalmente en los gobiernos locales. Los préstamos concedidos por los gobiernos locales a promotores privados durante la burbuja inmobiliaria siguen vigentes, lo que paraliza a muchos a la hora de realizar nuevas inversiones. Mientras que el gobierno central y los bancos estatales están expandiendo la inversión y el crédito hacia las «nuevas fuerzas productivas», como los sectores tecnológico y solar, los gobiernos locales no pueden seguir su ejemplo.

Una de las principales razones de la caída de la inversión china radica en los efectos negativos de la especulación inmobiliaria y la financiación a nivel local. Los líderes comunistas chinos cometieron un grave error: permitieron que la urbanización del país, el crecimiento de las ciudades y la construcción de viviendas cayeran en manos del sector privado. En lugar de implementar un programa nacional de desarrollo de vivienda estatal, optaron por que los gobiernos locales financiaran a promotores inmobiliarios privados.

De este modo, el gobierno chino permitió una expansión masiva de inversiones improductivas y especulativas por parte del sector capitalista de la economía.  En su afán por construir suficientes viviendas e infraestructuras para la creciente población urbana, los gobiernos centrales y locales dejaron la tarea en manos de promotores privados. En lugar de construir viviendas para alquilar, optaron por la solución del «libre mercado» de que los promotores privados construyeran para la venta. Por supuesto, era necesario construir viviendas, pero como el presidente Xi Jinping afirmó tardíamente:  «Las casas son para vivir en ellas, no para especular». 

Como resultado, la mayoría de las empresas chinas en quiebra son promotoras inmobiliarias, que siguen lastrando el crecimiento y la inversión nacionales. Los gobiernos locales se han visto obligados a absorber gran parte de estas deudas incobrables de bancos y promotoras inmobiliarias locales, mientras que se enfrentan a restricciones en la emisión de deuda y Pekín sigue mostrando un apoyo limitado.

La expansión económica de China continúa, pero depende en gran medida del comercio de exportación. A pesar de los aranceles y otras sanciones de Trump (¡que se suman cada día!), las exportaciones chinas al resto del mundo han alcanzado niveles récord.Las exportaciones de China aumentaron un 27% interanual, alcanzando un máximo histórico de 412 mil millones de dólares en junio de 2026. Este crecimiento impulsó el valor total de las exportaciones chinas durante el primer semestre de 2026 a 2,12 billones de dólares (un aumento interanual del 17,6%). Este auge se vio fuertemente acelerado por dos catalizadores principales: el rápido desarrollo de la infraestructura global de inteligencia artificial y el aumento masivo de los envíos de tecnología verde.

No voy a entrar en los argumentos incesantes de los «expertos» occidentales que afirman que China está causando «desequilibrios globales » debido a su éxito exportador y al exceso de capacidad que genera al vender productos a precios muy bajos en los mercados mundiales.   Ya he abordado estos argumentos en publicaciones anteriores. Pero hay un nuevo ataque: la afirmación de que la creciente participación de China en las exportaciones mundiales está desplazando a otras economías exportadoras del Sur Global. Este argumento es particularmente absurdo. Los «expertos» occidentales nunca se preocuparon por el éxito exportador de China hace dos décadas, cuando creían que se basaba en empresas estadounidenses y europeas con sede en China. Pero ahora que China ha desarrollado sus propias empresas industriales y lidera sectores clave de exportación, estos expertos afirman que está perjudicando a los países «pobres». 

Vietnam desmiente esa afirmación. Su economía tiene un modelo similar al de China, es decir, un sector estatal y de propiedad estatal, junto con un sector capitalista. La participación de Vietnam en las exportaciones mundiales ha aumentado significativamente en los últimos diez años, pasando de aproximadamente el 1,2% hace una década a alrededor del 1,35% en la actualidad. 

China no está desplazando a Vietnam. El fracaso de otros países para aumentar su cuota de mercado de exportación se debe principalmente a que la mayoría de las economías del Sur Global están dominadas por multinacionales extranjeras y carecen de un sector estatal significativo o de un plan independiente. El imperialismo ha hecho imposible que el Sur Global se ponga al día, no China.

El crecimiento interno de China no es lo suficientemente rápido, a pesar de que el gasto real de los consumidores ha promediado más del 6% anual desde 2014, un ritmo mucho más lento que en el G7. Sin embargo, parece probable que la crisis inmobiliaria esté tocando fondo y que los gobiernos locales comiencen a abordar su elevado endeudamiento. Además, la inversión en nuevos sectores tecnológicos se está disparando. Por lo tanto, hay motivos suficientes para esperar que China alcance su objetivo de crecimiento actual del 4,5% al ​​5% este año."

( , blog, 15/07/26, traducción Gaceta Crítica, gráficos en el original) 

12.7.26

China tiene claro el propósito de alentar una gobernanza postoccidental... Ese cambio de paradigma por el que aboga se fundamenta en la nueva realidad global. No es un voluntarismo ideológico. Su modelo de gobernanza global es la multipolaridad y por eso apuesta por abrir espacios mayores a los países en desarrollo y del Sur Global... Occidente deberá aceptar y convivir con esa nueva realidad porque ya no está en su mano imponer otra cosa. Esta evolución marcará el nuevo estatus global de China y representará uno de los legados más significativos del xiísmo... China crítica la ansiedad occidental por preservar, al coste que sea, su posición privilegiada en un contexto de grandes transformaciones que apuntan tanto a reequilibrios económicos como al surgimiento de nuevos ámbitos de poder que es preciso regular –desde la inteligencia artificial al ciberespacio... China plantea una reforma y actualización del sistema internacional, de modo que evolucione en paralelo a la realidad mundial. En ese sentido, defiende el mantenimiento de la ONU como “núcleo” del sistema –que EEUU pretende finiquitar como si nada–. China no aspira a que se liquide, más bien a que se actualice... China, por ejemplo, lidera la instalación de sedes como la Organización Mundial de Datos o la Organización Internacional de Mediación. A la vez, incide cada vez más en desafíos que hoy condicionan el futuro de la humanidad, como el clima... Para Occidente, una cosa es la seguridad y otra el bienestar, mientras que para China representan las dos caras de una misma moneda. Y eso, en la práctica, explica también la dificultad que puede encontrar EEUU para subvertir los fuertes vínculos económicos con muchos países, ahora con gobiernos alineados con la peor derecha estadounidense. En América Latina, por ejemplo... su influencia avanza, muy especialmente en los países del Sur Global, precisamente porque van acompañadas de acciones prácticas que interpretan como un beneficio mutuo... Todo ello puede sonar a mera narrativa persuasiva que oculta un propósito hegemónico. Esta China, no obstante, abandonó hace tiempo cualquier intención mesiánica y es consciente de los severos condicionantes de su propia realidad económica, demográfica, etc., y de que le queda un largo trecho para culminar su modernización... figura en la posición 73 en renta per cápita. Mucho por hacer aún (Xulio Ríos)

 "La gobernanza global en modo China. El país apuesta por la multipolaridad y por abrir espacios mayores a los países en desarrollo y del Sur Global.

 En la diplomacia china es harto frecuente el aserto de que las capitales occidentales acostumbran a decir una cosa y hacer otra; en Beijing, por el contrario, se afanarían por hacer lo que dicen. Hay una máxima china recurrente que viene al caso: “Los antiguos hablaban poco por temor a que sus actos no fueran coherentes con sus palabras”. Quizá por eso, para las autoridades chinas, la coherencia, también en la diplomacia, no es cosa menor y procuran medir al milímetro sus palabras. 

Siguiendo dicho hilo de razonamiento, más allá de acometer la ardua tarea de leer en los posos del café que tantas veces puede resultar necesario para orientarse en la política china, importa especialmente tener en cuenta y tomar en serio las directivas formales que inspiran el proceder de Beijing en áreas clave. Un elemento relevante, por ejemplo, son los libros blancos pues, en gran medida, sintetizan sus diagnósticos y estrategias y, ciertamente, operan como hojas de ruta que es posible no solo seguir, sino muy conveniente analizar para prever conductas y acciones.

En la diplomacia china es harto frecuente el aserto de que las capitales occidentales acostumbran a decir una cosa y hacer otra

Recientemente publicado, el Libro Blanco sobre la Gobernanza Global ofrece su propia lectura sobre la coyuntura crítica que atraviesa el orden internacional, quizá en su momento más determinante tras el fin de la Guerra Fría. Mientras las instituciones de posguerra se debaten entre sus grandes aspiraciones y las capacidades tradicionalmente pírricas cotizando a la baja, tan agredidas también paradójicamente por las potencias que las inspiraron, los nuevos poderes emergentes pugnan por mejorar su nivel de reconocimiento e influencia.

Hubo un tiempo en que a China, muy centrada en su transformación económica interna, se le recriminaba su falta de compromiso y responsabilidad internacional. Estaba a lo suyo. Pero el incremento de su poder global debería entrañar también la asunción de cometidos y funciones de diverso calibre, de la misma manera que los asumían otras potencias. 

Desde entonces, China ha escalado de forma progresiva, incorporando mayores cotas de responsabilidad y trasladando al orden global su holgada posición en otros ámbitos, en especial los ligados al desarrollo y, ahora, la tecnología. Lo está haciendo con un discurso y una política propia, que no está gustando nada a muchos de aquellos que le reclamaban arrimar el hombro. El énfasis que está poniendo en defender otra visión y otra política, sin seguidismos ciegos, ha provocado otra crítica: se ha pasado de echarle en cara que no se implique a reprobar que lo haga al margen del discurso dominante. Entonces, se dijo que China era “asertiva” y que, en realidad, lo que pretendía es aprovechar el actual momento de confusión para desplazar a Occidente del liderazgo global y establecer una nueva hegemonía. 

Xi Jinping y el nuevo sinocentrismo

Desde el inicio de su mandato en 2012, Xi Jinping ha dado un gran impulso a la proyección internacional de China, acelerando significativamente el tránsito de la periferia al centro del sistema internacional. En paralelo, ha multiplicado las propuestas para implementar un sinocentrismo de nuevo tipo, adaptado a la realidad y expectativas del siglo XXI.

China defiende el mantenimiento de la ONU como “núcleo” del sistema –que EEUU pretende finiquitar –. China no aspira a que tan solo se actualice

Hoy día, podríamos decir que su iniciativa más destacada es la referida a la gobernanza global, un asunto sobre el que versa el citado libro blanco. En él, China bosqueja su crítica a la ansiedad occidental por preservar, al coste que sea, su posición privilegiada en un contexto de grandes transformaciones que apuntan tanto a reequilibrios económicos como al surgimiento de nuevos ámbitos de poder que es preciso regular –desde la inteligencia artificial al ciberespacio–, negándose a admitir que otros hagan lo de siempre de forma tan unilateral como impositiva. 

El nuevo mantra –que ya utilizó la Administración Biden– es que China quiere destruir “el orden basado en reglas”. Lo cierto es que, en gran medida, ha sido Occidente, eso que algunos llaman pomposamente la “comunidad internacional”, quien ha ido laminando dichas reglas porque el actual orden ya no conviene a sus propios intereses. Donald Trump es muy claro y rotundo en eso. Sin disimulos ni paños calientes. 

No obstante, lo que China plantea en sus papeles es una reforma y actualización del sistema internacional, de modo que evolucione en paralelo a la realidad mundial. En ese sentido, por ejemplo, defiende el mantenimiento de la ONU como “núcleo” del sistema –que EEUU pretende finiquitar como si nada–. China no aspira a que se liquide, más bien a que se actualice, una tarea nada fácil.

En paralelo, China ha desarrollado una red de asociaciones, como los BRICS o la Organización de Cooperación de Shanghái, muy centradas en el desarrollo y en una visión de la seguridad muy deudora de una cierta concepción del bienestar. Es esta una cuestión clave para diferenciar el eje de proyección de las capacidades chinas frente a las opciones securitarias occidentales, que establecen marcos de actuación completamente diferenciados. Para Occidente, una cosa es la seguridad y otra el bienestar, mientras que para China representan las dos caras de una misma moneda. Y eso, en la práctica, explica también la dificultad que puede encontrar EEUU para subvertir los fuertes vínculos económicos con muchos países, ahora con gobiernos alineados con la peor derecha estadounidense. En América Latina, por ejemplo. 

Complementariamente, las iniciativas (sobre desarrollo, seguridad, civilización o gobernanza) que teorizan a otra escala propuestas como la Franja y la Ruta, también arduamente combatidas o que dan forma a la “comunidad de futuro compartido”, trazan un sugestivo mapa indicativo de otra manera de interpretar e imaginar el orden mundial. Hay escepticismo sobre todo esto, sin duda, pero sería un error descalificarlo sin más y no reconocer que progresivamente su influencia avanza, muy especialmente en los países del Sur Global, precisamente porque van acompañadas de acciones prácticas que interpretan como un beneficio mutuo. 

La adopción de sistemas de gestión de los nuevos ámbitos emergentes y abiertos a la disputa es clave para asegurarse posiciones relevantes en los dominios del futuro. Por esta razón, China, por ejemplo, lidera la instalación de sedes como la Organización Mundial de Datos o la Organización Internacional de Mediación. A la vez, incide cada vez más en desafíos que hoy condicionan el futuro de la humanidad, como el clima, un aspecto en el que hoy pocos en Occidente le pueden ya dar lecciones. No hace muchos años era todo lo contrario. 

Todo ello puede sonar a mera narrativa persuasiva que oculta un propósito hegemónico. Esta China, no obstante, abandonó hace tiempo cualquier intención mesiánica y es consciente de los severos condicionantes de su propia realidad económica, demográfica, etc., y de que le queda un largo trecho para culminar su modernización. Es la segunda economía del mundo, es verdad, la primera en paridad de poder adquisitivo, pero figura en la posición 73 en renta per cápita. Mucho por hacer aún. Pero no solo. Quien conozca su historia y su cultura, puede convenir en que es altamente improbable que China aspire a ser el nuevo EEUU del siglo XXI. 

Por contra, es claro el propósito de alentar una gobernanza postoccidental. Eso incluye el rechazo de cualquier implicación en un hipotético G2 o un G7+1. Ese cambio de paradigma por el que aboga se fundamenta en la nueva realidad global. No es un voluntarismo ideológico. Su modelo de gobernanza global es la multipolaridad y por eso apuesta por abrir espacios mayores a los países en desarrollo y del Sur Global. Instituye el multilateralismo como mecanismo procedimental para abordar los desafíos globales. 

Reforma y no ruptura

El gradualismo que ha caracterizado la transformación de China en los últimos 40 años es el mismo gradualismo que plantea ahora para definir un nuevo sistema internacional, a partir del actual marco institucional.

Occidente deberá aceptar y convivir con esta nueva realidad porque ya no está en su mano imponer otra cosa

Esto sugiere que no será un proceso lineal. Habrá reveses. Ahora mismo podría parecer que los esfuerzos de Estados Unidos por frenar a China y restaurar su primacía en regiones como América Latina u Oriente Medio están dando sus frutos. Trump ha emprendido iniciativas más agresivas para movilizar a los países del hemisferio occidental en torno a su causa, echando mano de las herramientas habituales de su diplomacia, la presión, el poder duro y, en no menor medida, las alianzas económicas –minerales críticos, semiconductores, etc.–, para lograr este objetivo. No es solo China quien debe afrontar estas dificultades, sino también todos aquellos países que aspiren a ejercer libremente su autonomía estratégica.

Sea como fuere, con independencia de las vicisitudes de cualquier coyuntura, cabe esperar que la influencia de China se traslade mucho más y cada vez más velozmente de las instancias económicas a las políticas y a los ámbitos cruciales, asumiendo un mayor protagonismo. Y Occidente, la “comunidad internacional”, deberá aceptar y convivir con esa nueva realidad porque ya no está en su mano imponer otra cosa.  

Esta evolución marcará el nuevo estatus global de China y representará uno de los legados más significativos del xiísmo." 

(Xulio Ríos , CTXT, 09/07/26)  

8.7.26

La mayoría de las personas en 65 países, de los 84 encuestados en el Índice de Percepción de la Democracia 2026, afirmaron que Estados Unidos es el mayor peligro para el mundo... La mayoría de las personas en 63 de los 83 países encuestados dijeron que prefieren a China sobre EE.UU.... EE.UU. solo era popular en un pequeño grupo de naciones, como Israel, República Dominicana, Georgia y Nigeria. ... Otros 10 países (casi todos en Europa) dijeron que Rusia es la mayor amenaza... Siete (en Asia Occidental y África del Norte) señalaron a Israel... Israel dijo que Irán... Japón dijo que China (Ben Norton)

"Un estudio importante muestra que el mundo ve a EE.UU. como la mayor amenaza y prefiere a China

Una encuesta mundial encontró que las personas en la mayoría de los países ven a Estados Unidos como la mayor amenaza para el mundo y prefieren a China por encima de EE.UU. Estos son los resultados del Índice de Percepción de la Democracia, respaldado por la UE.

La encuesta mundial dice que EE.UU. es la mayor amenaza.

Un exhaustivo estudio global que encuestó a decenas de miles de personas en casi 100 países encontró que la gran mayoría ve a Estados Unidos como la mayor amenaza para el mundo.

Al mismo tiempo, cada vez más naciones afirman preferir a China sobre EE.UU. La valoración de China ha aumentado drásticamente en el Sur Global, en particular, donde el apoyo a EE.UU. se ha desplomado.

Estos fueron los resultados del Índice de Percepción de la Democracia 2026, un estudio anual realizado por un grupo llamado Alianza de Democracias.

La Alianza de Democracias no puede ser acusada en modo alguno de ser "pro-China" o "anti-EE.UU.". La organización fue fundada por Anders Fogh Rasmussen, exsecretario general de la OTAN y exprimer ministro danés de derechas.

También está financiada por una lista de organismos gubernamentales europeos, grandes corporaciones estadounidenses, grupos vinculados al gobierno de EE.UU. e incluso Taiwán.

Algunas de las organizaciones que financian la Alianza de Democracias incluyen Palantir, Microsoft, el Fondo Europeo para la Democracia de la UE, la red conservadora Atlas Network, Freedom House, patrocinada por el gobierno de EE.UU., y la Fundación Taiwan para la Democracia.

A pesar de estos vínculos, el Índice de Percepción de la Democracia 2026 del grupo llegó a algunas conclusiones que sin duda enfurecerán a los halcones y guerreristas de la Guerra Fría en Washington.

La encuesta preguntó a 23.968 encuestados en 84 países qué nación consideran "la mayor amenaza para el mundo".

La mayoría de las personas en 65 de los 84 países afirmaron que Estados Unidos es el mayor peligro.

Otros 10 países (casi todos en Europa) dijeron que Rusia es la mayor amenaza. Siete (en Asia Occidental y África del Norte) señalaron a Israel. Israel dijo que Irán. Japón dijo que China.

El Índice de Percepción de la Democracia también encuestó a personas en 97 naciones y les preguntó si creen que EE.UU. debería "tener bases militares en su país".

La mayoría de las personas en 86 países respondieron que no.

Solo hubo un apoyo claro a las bases militares de EE.UU. en cuatro de las 97 naciones encuestadas: Israel, Polonia, Puerto Rico y Corea del Sur.

La opinión popular sobre Estados Unidos también ha disminuido precipitadamente, según la encuesta.

El Índice de Percepción de la Democracia encontró que EE.UU. tiene una percepción neta negativa en el 74% de los países encuestados.

EE.UU. solo era popular en un pequeño grupo de naciones, como Israel, República Dominicana, Georgia y Nigeria.

A EE.UU. se le dislike más en Europa, Asia Occidental y África del Norte, y la región de Asia-Pacífico.

En contraste, la encuesta encontró que China es cada vez más popular en todo el mundo.

La mayoría de las personas en 63 de los 83 países encuestados dijeron que prefieren a China sobre EE.UU.

El informe señaló que EE.UU. tiene el nivel más alto de apoyo en Israel, Japón, Corea del Sur, Taiwán y Ucrania, pero señaló que estas son "excepciones".

China era especialmente popular en Asia Occidental, África del Norte, África Subsahariana, Europa y la región de Asia-Pacífico.

Además, el estudio preguntó a personas en 98 países qué opinan sobre la guerra de EE.UU. contra Irán. (La encuesta se realizó del 19 de marzo al 21 de abril de 2026, y EE.UU. lanzó unilateralmente una guerra de agresión contra Irán el 28 de febrero).

Una pluralidad de naciones, 41 de las 98, apoyó a Irán. Solo 28 dijeron que se alinean con EE.UU. (Las otras 29 estaban divididas o no tenían una posición clara).

El Índice de Percepción de la Democracia también preguntó a personas en 98 países si apoyan a Israel o Palestina.

Una ligera mayoría, 51 de los 98, dijo que respalda a Palestina. Solo 17 países prefieren a Israel.

Israel tiene su nivel más alto de apoyo en Ucrania, EE.UU., República Dominicana, Georgia y Panamá.

Otra pregunta que hizo la encuesta fue si la gente cree que su país "va por buen camino".

La nación número uno, con el nivel más alto de optimismo, fue China.

Los únicos países en el hemisferio occidental donde una mayoría de personas respondió que sí fueron El Salvador y Nicaragua (que está gobernado por el revolucionario Frente Sandinista).

Algunos de los niveles más bajos de optimismo se registraron en Francia, Puerto Rico, Líbano, Alemania y Nigeria." 

( , Geopolitical Economy, 06/07/26, traducción Deep Seek, enlaces y gráficos en el original)

30.6.26

La UE está trabajando en paquetes legislativos extremadamente hostiles contra China, como el llamado "instrumento de sobreproducción", una herramienta que dice que si China es competitiva en un sector dado de tal manera que exporta mucho, eso es prueba de sobreproducción, y legalmente significaría que todo el sector puede ser restringido en el mercado de la UE. En esencia, dice: si tus productos son lo suficientemente buenos como para que la gente quiera comprarlos, eso es motivo para prohibirlos... Ante esto, la cuenta Yuyuantantian, del canal estatal chino CCTV y creada durante la primera guerra comercial de China con EE.UU. para transmitir la posición de China, dice que "no tiene miedo" de un "punto de congelación" en las relaciones comerciales y económicas con el bloque, lo que presumiblemente significa una interrupción total del comercio... Como dice el artículo: los actores que pueden llevar a cabo tácticas de presión extrema solo pueden hacerlo si tienen "posiciones de liderazgo absoluto en áreas clave o una influencia internacional insustituible"... La UE no tiene ninguna de las dos, por lo que concluyen que la UE solo puede producir un tigre de papel"... explican que la UE se ha enfrentado a China en el pasado, pero siempre dentro de las reglas de la OMC, y siempre de una manera justificada y predecible. Sin embargo, el nuevo enfoque está diseñado para ser impredecible y arbitrario, y como tal hace que Europa sea cada vez menos atractiva y más riesgosa... el enfoque de Europa es puramente punitivo, cerrando todas las puertas simultáneamente: no puedes exportar a la UE (sobreproducción), no puedes invertir aquí (riesgo legal impredecible y arbitrario), y no te venderemos lo que quieres comprar (controles de exportación)... se entiende por qué China contempla un "punto de congelación" en las relaciones comerciales y económicas con Europa... no podría ser peor: habiéndose cortado de la energía rusa, habiendo cedido a los aranceles estadounidenses y habiendo desestabilizado su propia base industrial, el siguiente paso lógico aparentemente era elegir una guerra comercial con tu socio comercial más grande y la última gran potencia restante con buena voluntad genuina hacia ti. Porque esa es la verdadera tragedia de la relación China-Europa (Arnaud Bertrand)

Arnaud Bertrand @RnaudBertrand

Este es un mensaje realmente importante de China a Europa. La cuenta de redes sociales Yuyuantantian, operada por el canal estatal chino CCTV y creada en 2019 durante la primera guerra comercial de China con EE.UU. específicamente para transmitir la posición de China, acaba de publicar un artículo largo (https://mp.weixin.qq.com/s/lO6LXYcY7U_zuYkohReF6w) sobre la guerra comercial que se avecina entre China y Europa. 

Lo más notable es que dicen que la estrategia actual de la UE para tratar con China "solo puede producir un tigre de papel" (lo que significa que no puede dañar a China) y que China "no tiene miedo" de un "punto de congelación" en las relaciones comerciales y económicas con el bloque, lo que presumiblemente significa una interrupción total del comercio. 

Esta frase es inquietantemente similar a lo que China le dijo a Trump cuando este reveló los aranceles sobre China (y el mundo entero) en abril de 2025. En ese momento, el Ministerio de Comercio de China dijo que "si EE.UU. insiste en salirse con la suya, China luchará hasta el final" (https://english.mofcom.gov.cn/News/PressConference/art/2025/art_3f539956ed274e34b61d9b4df5634677.html). 

El contexto es que la UE está trabajando actualmente en una serie de paquetes legislativos nuevos y extremadamente hostiles contra China, como el llamado "instrumento de sobreproducción" sobre el que escribí una publicación larga a principios de mes (ver abajo).

 Este instrumento es básicamente una herramienta legal que dice que si China es competitiva globalmente en un sector dado de tal manera que exporta mucho, eso es prueba de sobreproducción, y legalmente significaría que todo el sector puede ser restringido del mercado de la UE. En esencia, es una ley que dice: si tus productos son lo suficientemente buenos como para que la gente quiera comprarlos, eso es motivo para prohibirlos.

 ¡Lo cual es bastante loco! También hay un llamado "instrumento de diversificación" en desarrollo junto con él, que —según el propio Maroš Šefčovič, el jefe de comercio de la UE— está modelado en cómo la UE redujo su dependencia de la energía rusa después de la invasión de Ucrania (https://scmp.com/news/china/diplomacy/article/3356159/eu-needs-dedicated-instrument-unwind-china-dependencies-trade-chief-says) y se desarrolla pensando en China. 

En su artículo, Yuyuantantian dice que todo esto forma parte de una estrategia de "escalar primero, desescalar después" —esencialmente acoso— que la UE tomó prestada de observar a EE.UU., pero sin ninguno de los recursos para respaldarla. Como dice el artículo: los actores que pueden llevar a cabo tácticas de presión extrema solo pueden hacerlo si tienen "posiciones de liderazgo absoluto en áreas clave o una influencia internacional insustituible".

 La UE, señala, no tiene ninguna de las dos, por lo que concluyen que la UE "perseguir forzosamente 'escalar primero, desescalar después' solo puede producir un tigre de papel". Otro encuadre muy consequential en el artículo es que caracterizan a Europa como convirtiéndose —esencialmente— en un actor renegado en el sistema internacional, que ya no se preocupa por las reglas. 

Lo cual, dicen, es suicida para Europa en varios sentidos. Primero que nada, como escriben, la identidad internacional de la UE en el sistema internacional —su USP, si se quiere— descansa enteramente en ser un "poder normativo", un actor institucional basado en reglas con el que puedes hacer negocios precisamente porque no moverá los postes de meta. 

Eso es lo que hizo que los estándares europeos valieran la pena cumplir y que los mercados europeos valieran el costo de entrada. Como explican, la UE se ha enfrentado a China en el pasado, pero siempre dentro de las reglas de la OMC (con herramientas como antidumping y antisubvenciones), y siempre de una manera algo justificada y predecible, básicamente el costo de hacer negocios. 

Sin embargo, el nuevo enfoque está diseñado para ser esencialmente impredecible y arbitrario, y como tal hace que Europa sea cada vez menos atractiva y más y más riesgosa. Señalan la ironía de Europa por un lado diciendo que quiere más inversión y cooperación industrial para aprender de China, pero al mismo tiempo "elevar constantemente la vara para atraer inversión y mantener la cooperación industrial". 

Como escriben: "cuanto mayor sea la incertidumbre, menos probable es que el capital a largo plazo y las cadenas de suministro se atrevan a entrar, dañando en última instancia las propias fuentes de crecimiento de Europa". En segundo lugar, el artículo expone lo que es arguably la contradicción más autodestructiva en todo el enfoque de la UE: la justificación declarada de la UE para todas estas nuevas herramientas es su déficit comercial "insostenible" con China. 

Pero cuando China llegó a la mesa de negociaciones y dijo "de acuerdo, compraremos más de ti", la UE no tenía nada que ofrecer, porque lo que China quiere comprar son productos de alta tecnología, y eso es exactamente lo que Europa restringe bajo su política de controles de exportación (en gran medida a instancias de EE.UU.). 

En esencia, el enfoque de Europa es puramente punitivo, cerrando todas las puertas simultáneamente: no puedes exportar a nosotros (sobreproducción), no puedes invertir aquí (riesgo legal impredecible y arbitrario), y no te venderemos lo que quieres comprar (controles de exportación).

 Ahora entiendes por qué China se está frustrando hasta el punto de contemplar un "punto de congelación" en las relaciones comerciales y económicas con Europa. Cuando la parte al otro lado de la mesa te castiga por exportar, te bloquea de invertir y se niega a venderte lo que arreglaría el problema del que se quejan, no queda mucho de qué hablar. 

Mi opinión personal es que es innegable que Europa está sufriendo graves problemas económicos, pero está confundiendo síntomas con causa: está haciendo lo equivalente a querer castigar al corredor que te adelantó en lugar de preguntar por qué te están adelantando. La industria automovilística es un caso realmente bueno: los vehículos eléctricos chinos realmente son mejores que los autos alemanes en esta etapa, y NO es por subsidios (de hecho, todo lo contrario, ver esto: https://x.com/RnaudBertrand/status/2065354449225424925?s=20). 

Como tal, ¿cómo ayuda castigar a China por su competitividad a la industria automovilística alemana, específicamente? Lo que ayudaría son más bien iniciativas para aprender de lo mejor: cosas como asociaciones tecnológicas y dar la bienvenida a fábricas chinas en suelo europeo. 

La noción de que si prohíbes a China el problema desaparece es exactamente lo que hizo la dinastía Ming —en la China del siglo XVII— y eso es lo que directamente llevó al siglo de humillación porque se volvió tecnológicamente atrasada: es lo que llamamos en francés la "política del avestruz" ("la politique de l'autruche"), meter la cabeza en la arena y esperar que eso haga las cosas mejores. 

Y en términos de timing, no podría ser peor: habiéndose cortado de la energía rusa, habiendo cedido a los aranceles estadounidenses y habiendo desestabilizado su propia base industrial, el siguiente paso lógico aparentemente era elegir una guerra comercial con tu socio comercial más grande y la última gran potencia restante con buena voluntad genuina hacia ti. Porque esa es la verdadera tragedia de la relación China-Europa: hay un deseo genuino y francamente casi conmovedor de compromiso y cooperación del lado chino y Europa está haciendo todo lo posible por malgastarlo.

(traducción google)

4:39 a. m. · 29 jun. 2026 ·110,3 mil Visualizaciones

  
Arnaud Bertrand @RnaudBertrand

Siempre me asombra cómo prácticamente NO hay debate público —ni siquiera conciencia pública— en Europa sobre las decisiones que más moldearán la vida de las personas comunes. 

Estos días, la UE está redactando un nuevo marco legal anticompetencia china donde —literalmente— cuanto más asequibles y competitivos sean los productos chinos, más ilegales se volverían. Uno pensaría que los ciudadanos de la UE querrían estar informados sobre tales cosas —ya que no podría ser más consequential para su prosperidad—. 

Sin embargo, apuesto a que virtualmente ningún ciudadano de la UE es siquiera consciente de ello, más allá de una vaga sensación de que hay algún tipo de disputa comercial en curso. Entonces, ¿qué está pasando exactamente? Todo gira en torno a un nuevo instrumento legal que la UE está redactando llamado el "instrumento de exceso de capacidad" (https://euobserver.com/218003/china-threatens-retaliation-over-new-eu-tool-to-curb-chinese-overcapacity/). 

En primer lugar, la misma noción de "exceso de capacidad" es bastante ridícula desde el principio, especialmente la forma en que la está definiendo la UE, ya que básicamente significa ser lo suficientemente competitivo como para exportar. Por esta definición de "exceso de capacidad", prácticamente toda industria europea que alguna vez haya tenido un superávit comercial —los autos alemanes, el vino francés, la moda italiana— ha sido culpable de "exceso de capacidad". 

Ni siquiera estoy exagerando: si lees este estudio del Parlamento de la UE sobre "Excesos de capacidad industrial, con enfoque en China" (https://europarl.europa.eu/RegData/etudes/STUD/2026/783610/EXPO_STU(2026)783610_EN.pdf), definen "exceso de capacidad" como construir más capacidad de la que tu mercado doméstico puede absorber. Así que en el momento en que construyes capacidad para exportar al extranjero, estás en "exceso de capacidad". 

Totalmente ridículo. Y de lo que se trata este "instrumento de exceso de capacidad" es de crear un mecanismo legal permanente para que la UE bloquee la competencia china en sectores enteros de la economía, si resulta que están en "exceso de capacidad". En efecto, esto significa que si China es competitiva globalmente en un sector dado de tal manera que exporta mucho, eso es prueba de exceso de capacidad, y legalmente significaría que todo el sector puede ser restringido del mercado de la UE. 

Lo que significa que realmente, factual y literalmente, es un marco legal donde cuanto más asequibles y competitivos sean tus productos, más ilegales se vuelven. ¡Que es un CONCEPTO ECONÓMICO LOCO! Por favor nota que es diferente del instrumento legal antisubvenciones, que la UE ya implementó en 2023 (el "Reglamento de Subvenciones Extranjeras": https://competition-policy.ec.europa.eu/foreign-subsidies-regulation_en). 

Este "instrumento de exceso de capacidad" estaría por encima y más allá de esto: ni siquiera importaría si un sector particular estaba subsidiado por el gobierno chino o no, el mero hecho de su competitividad en exportaciones sería motivo para restricciones en la UE. 

No hace falta ser un genio para entender cuán mal podría impactar esto a la gente cotidiana: esto es a los consumidores europeos siendo obligados por ley a pagar más por productos peores, para que las empresas europeas no competitivas no tengan que mejorar. 

Los políticos lo enmarcan como evitar un "shock China 2.0", pero realmente esto es elegir un declive autoinfligido aún más pronunciado que el que ya existe, donde los ciudadanos de la UE subsidiarían a empresas mediocres de la UE que tendrían aún menos presión para ponerse al día. 

Es un impuesto oculto: subvenciones para empresas no competitivas pagadas por los consumidores en lugar de los gobiernos, lo que a su vez las hace menos incentivadas a volverse competitivas. El primer "shock China" sí desindustrializó un poco a Europa, pero al menos hizo las cosas más baratas para los consumidores europeos. 

Si esto se convierte en la respuesta de Europa a un segundo "shock China", no solo haría todo más caro, sino que no haría nada por la industria de la UE: no te vuelves competitivo prohibiendo la competencia... Mira a China misma: la forma en que se industrializó NO fue prohibiendo empresas occidentales, sino todo lo contrario, recibiéndolas estratégicamente y aprendiendo de ellas. 

Aprendes a competir... compitiendo, ¡duh! Lo que encuentro más impactante en todo esto ni siquiera es la política en sí —puedes hacer argumentos a favor y en contra del proteccionismo, y personas razonables pueden disentir—. Lo impactante es que virtualmente ningún medio europeo está explicando nada de esto al público. 

Esto es innegablemente una de las decisiones económicas más consequential que la UE tomará esta década, afectando el precio de todo, y se está redactando en un silencio casi total. Ningún periódico está publicando el titular "La UE planea hacer ilegales los bienes chinos si son demasiado asequibles" —a pesar de que eso es esencialmente lo que está pasando—. Pero eso es lo que llaman una "democracia" con "libertad de expresión" estos días, aparentemente...

(traducción google)

De euobserver.com

 5:19 a. m. · 2 jun. 2026·393,5 mil Visualizaciones

15.6.26

En Europa y Estados Unidos, un precio del petróleo de 150 dólares desencadena una reacción en cadena: aumento de los precios en las gasolineras, inflación galopante impulsada por los costos... Es un sistema que prospera gracias al apalancamiento financiero, mediante apuestas arriesgadas sobre el futuro llamados derivados, y artilugios similares que infestan los mercados de valores occidentales... Fuera de este perímetro respira otra economía mundial. Un subsistema liderado por los países BRICS+ que ahora produce más del 60% del PIB mundial... Este es el mundo de la economía real. Es el mundo del Gran Sur, que se ha convertido en el centro de gravedad de la economía global. Cuando un barril de petróleo alcanza cifras astronómicas en los mercados euroamericanos, una gigantesca parte de ese petróleo continúa circulando en el resto del mundo a precios radicalmente diferentes... Pekín, Teherán, Nueva Delhi y Moscú han estructurado desde hace mucho tiempo un circuito protegido. Rusia e Irán no venden su petróleo crudo siguiendo los índices de referencia del ICE con sede en Londres; Lo negocian mediante contratos a largo plazo, a menudo garantizados por importantes descuentos geopolíticos. Además, estos flujos están prácticamente desdolarizados... Este circuito cerrado neutraliza las perturbaciones cambiarias en su origen, evitando la destrucción de la demanda en los países emergentes y garantizando la continuidad operativa de las cadenas de valor físicas... Si la crisis de Ormuz se agrava, presenciaremos una creciente bifurcación de la economía mundial. Por un lado, tendremos a Occidente, financiarizado, obligado a sufrir los embates de la crisis energética y la recesión. Por otro lado, el subsistema de la economía real, protegido por la planificación estatal y el comercio Sur-Sur, continuará produciendo, intercambiando y creciendo (Pino Arlacchi )

"¿Por qué China y el Sur Global nos están salvando de una crisis global?

Predicho por las fuentes más autorizadas, el espectro de los 150 dólares por barril de petróleo crudo acecha los pasillos de las bolsas occidentales. Si se materializaran los modelos predictivos de las principales petroleras y bancos de inversión, la crisis energética provocada por el prolongado bloqueo del estrecho de Ormuz —que transporta aproximadamente una quinta parte de las necesidades petroleras mundiales diarias— podría amenazar con asestar el golpe final a una economía atlántica ya estructuralmente frágil.

En la lógica del siglo pasado, tal escenario tendría un solo significado: una recesión global profunda, inmediata e inevitable. Pero la lógica del siglo XXI ha cambiado. Si el auge energético no resulta en el colapso económico mundial, no se deberá a las maniobras de la Reserva Federal ni a los acuerdos diplomáticos tardíos en Oriente Medio. Se deberá a que, por primera vez en la historia contemporánea, existe un subsistema económico alternativo, paralelo al occidental, dominado por la economía real y el llamado Estado desarrollista. Este conjunto está impulsado por el eje entre China y el Sur Global, y es capaz de actuar como un potente amortiguador universal.

No es fácil comprender este punto de inflexión trascendental, y si logro delinear sus características y dinámicas, se lo debo a que no estoy cegado por la ilusión eurocéntrica y atlantista que plaga toda la narrativa de la crisis actual que prevalece en Occidente.

El capital financiero que esclaviza a Occidente tiende a proyectar sus vulnerabilidades sobre el resto del mundo. En Europa y Estados Unidos, un precio del petróleo de 150 dólares desencadena una reacción en cadena: aumento de los precios en las gasolineras, inflación galopante impulsada por los costos, una fuerte respuesta de los bancos centrales mediante el aumento de las tasas de interés y una consiguiente contracción del crédito, el consumo y la inversión. Es el cortocircuito de un sistema que prospera gracias al apalancamiento financiero, donde los precios de los bienes físicos se determinan mediante apuestas arriesgadas sobre el futuro llamadas derivados, y artilugios similares que infestan los mercados de valores occidentales. El resultado es la exposición del PIB de las naciones del G7 a una volatilidad alimentada por la especulación y el capital «caliente» y apátrida, dispuesto a huir al otro lado del planeta ante el más mínimo cambio en los datos económicos o en las circunstancias geopolíticas.

Pero la historia de hoy ya no termina aquí. Fuera de este perímetro respira otra economía mundial. Un subsistema liderado por los países BRICS+ que ahora produce más del 60% del PIB mundial cuando se calcula en paridad de poder adquisitivo, superando significativamente el escaso 29% que poseen las naciones del G7. Este es el mundo de la economía real, de las antifinanzas arraigadas en la materialidad de la producción, la infraestructura y el intercambio de bienes y servicios. Es el mundo del Gran Sur, que se ha convertido en el centro de gravedad de la economía global. Cuando un barril de petróleo alcanza cifras astronómicas en los mercados euroamericanos, una gigantesca parte de ese petróleo continúa circulando en el resto del mundo a precios radicalmente diferentes.

No encontrará rastro alguno, en los medios occidentales ni en las pontificaciones de los gurús neoliberales, del simple hecho de que Pekín, Teherán, Nueva Delhi y Moscú han estructurado desde hace mucho tiempo un circuito protegido. Rusia e Irán no venden su petróleo crudo siguiendo los índices de referencia del ICE con sede en Londres; Lo negocian mediante contratos a largo plazo, a menudo garantizados por importantes descuentos geopolíticos. Además, estos flujos están prácticamente desdolarizados: la proporción del comercio transfronterizo de China liquidado en renminbi ha superado el récord del 50%, superando al dólar estadounidense. Para el gigante manufacturero chino, el petróleo no cuesta «150 dólares», sino el equivalente previamente acordado en bienes industriales, tecnología o moneda nacional. Este circuito cerrado neutraliza las perturbaciones cambiarias en su origen, evitando la destrucción de la demanda en los países emergentes y garantizando la continuidad operativa de las cadenas de valor físicas.

Pero la defensa definitiva contra una crisis global reside en superar la dependencia del Sur respecto del consumo occidental. Durante décadas, la ortodoxia económica ha sostenido que si Occidente estornuda, Asia enferma, debido a su naturaleza puramente orientada a la exportación hacia los ricos mercados del Norte Global. Esta visión está obsoleta. El punto de no retorno ya se ha superado: el volumen del comercio Sur-Sur (comercio entre economías emergentes) ha superado históricamente el valor de las rutas Norte-Sur, sobrepasando la barrera anual de 5,3 billones de dólares. Los países emergentes ya no son la periferia que trabaja para satisfacer al centro atlántico; se han convertido en el centro en sí mismos.

China lidera este tablero de ajedrez y disfruta de una economía planificada que experimentó un giro estratégico con la doctrina de la «Doble Circulación» lanzada en 2020. Consciente de las crecientes sanciones, aranceles y derechos del proteccionismo occidental, Pekín ha desplazado gradualmente el foco de su desarrollo económico hacia el interior, centrándose en el crecimiento del consumo interno, que ahora representa más del 50% de su PIB, y en la expansión de la productividad mediante la automatización y la inteligencia artificial.

Mientras que el subsistema occidental responde a la innovación tecnológica con la «destrucción creativa» de Schumpeter —generando desempleo, inseguridad laboral y una consiguiente disminución del consumo—, el gobierno chino reubica a los trabajadores desplazados en sectores y servicios altamente cualificados, manteniendo la estabilidad social y el poder adquisitivo interno con una tasa de desempleo urbano estrictamente controlada por debajo del 5,5 %.

Al mismo tiempo, la diversificación de las exportaciones chinas ha transformado la geografía del consumo global. Pekín ya no exporta baratijas, sino infraestructura estratégica, redes de telecomunicaciones, fuentes de energía limpia y movilidad eléctrica. Los destinatarios ya no son los consumidores cansados ​​y empobrecidos de Roma, París o Washington, sino la constelación de países de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, América Latina, África y el Sudeste Asiático. Este último está compuesto por 11 países miembros de la ASEAN: 700 millones de habitantes que impulsan la quinta economía más grande del mundo. La ASEAN ha consolidado su papel como principal socio comercial de Pekín, superando tanto a la Unión Europea como a Estados Unidos.

El surgimiento de una vasta clase media en el Sur Global, estimada en más de 2 mil millones de personas, está absorbiendo la producción industrial de Asia Oriental y China a un ritmo que podría compensar cualquier caída de la demanda inducida por la estanflación occidental. Se trata de una simbiosis funcional: el Sur Global proporciona materias primas y energía, Asia las transforma en bienes tecnológicos e infraestructura para el desarrollo, y todo esto ocurre fuera del control del dólar y del sistema SWIFT.

Si la crisis de Ormuz se agrava, no presenciaremos una crisis global generalizada, sino una creciente bifurcación de la economía mundial. Por un lado, tendremos a Occidente, financiarizado, con sus reservas de divisas denominadas en dólares por debajo del 58%, atrapado en sus dogmas de libre mercado, obligado a sufrir los embates de la crisis energética y la recesión. Por otro lado, el subsistema de la economía real, protegido por la planificación estatal y el comercio Sur-Sur, continuará produciendo, intercambiando y creciendo.

China y el Sur Global no detendrán la disolución de Occidente, ni remediarán las deficiencias del tecnocapitalismo financiero estadounidense. Harán algo más limitado, pero no por ello menos crucial: impedirán que las toxinas de ese sistema envenenen al planeta entero.

Demostrarán que la producción física autónoma, la independencia del dólar y la solidez de las rutas comerciales terrestres y euroasiáticas constituyen una vía de escape mucho más fiable ante las crisis que cualquier artimaña de Wall Street o cualquier política de emergencia de los bancos centrales y gobiernos occidentales."

(Pino Arlacchi , El Viejo Topo, 15/06/26, Fuente: lantidiplomatico)

9.6.26

Huawei ha agradecido a Estados Unidos sus sanciones. Según ha explicado, si Washington no hubiera intentado asfixiar tecnológicamente a China, probablemente la industria china no habría acelerado tanto su independencia... ¿Bloqueo a China en la estación espacial internacional? China ha construido su propia estación espacial. ¿Restricciones en el sistema de navegación GPS? Ha creado BeiDou como alternativa más eficiente... La estrategia norteamericana lleva años basada en impedir que China acceda a los chips más avanzados para frenar su desarrollo en inteligencia artificial, telecomunicaciones y computación avanzada. El problema es que esa estrategia asumía que la innovación sólo ocurre cuando norteamérica te vende la tecnología adecuada... Cuando Huawei ha sido expulsada de Android, de los mercados occidentales, la idea era condenarla a la irrelevancia... Lo curioso es que Huawei sigue ahí. Y proponiendo rutas tecnológicas alternativas que empiezan a preocupar seriamente a Occidente... El ascenso de DeepSeek se ha convertido en otro de esos incómodos recordatorios de que la carrera global por la inteligencia artificial ya no gira exclusivamente alrededor de Silicon Valley... Pekín ya no necesita ni quiere integrarse en el ecosistema estadounidense. Defiende un sistema en código abierto donde todos los países del Sur Global no se vean obligados a escoger entre un tecnosistema u otro. Depender tecnológicamente de Estados Unidos equivale a vivir permanentemente bajo su amenaza geopolítica... frente a este supremacismo norteamericano, el relato del trabajo de un país entero y unido, socialista, con investigación e inversión, reorganizando su industria bajo la lógica de una autosuficiencia estratégica y alcanzando nuevos hitos en semiconductores, en IA, en telecomunicaciones, en satélites, en software y en computación avanzada en un tiempo récord desconocido hasta ahora (Pedro Barragán)

" Durante años, Estados Unidos ha actuado como un matón de discoteca. Si China no puede acceder a los chips más avanzados, si Huawei queda fuera del mercado occidental, si ASML deja de vender sus máquinas de litografía a China y Nvidia cierra el grifo de sus GPU para inteligencia artificial, entonces Pekín acabará inevitablemente arrodillado ante Silicon Valley. Esa ha sido la teoría de Biden continuada por Trump. En realidad, el sueño de unos Estados Unidos que creen que aún continúan en el vértice del supremacismo.