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14.6.26

¿Por qué el fascismo aún atrae a millones de personas en todo el mundo? El fascismo triunfó porque hablaba directamente a un vacío emocional ya presente en la sociedad. Se basó en esperanzas, miedos, anhelos, prejuicios, odios y fantasías utópicas existentes —re- ensamblándolos en un poderoso movimiento político... Promete restaurar la grandeza perdida, recuperar una civilización herida, devolver la nación a su «verdadera» identidad... La retórica del nacionalismo hindú invoca constantemente la idea de la recuperación civilizatoria: una civilización hindú que una vez fue gloriosa, debilitada por el dominio musulmán, el secularismo constitucional, los disidentes, las minorías, los liberales o la traición histórica... Si la esperanza atrae a la gente hacia los movimientos fascistas, el miedo les enseña a quién culpar. La política fascista prospera al convencer a las sociedades de que la decadencia está siendo causada por «conspiradores externos» que operan desde dentro... El objetivo no es solo la discriminación, sino también un condicionamiento emocional a largo plazo. Hay que enseñar a asociar a todo un grupo con el peligro mismo. Como en la India actual los ciudadanos musulmanes... la población excluida por el movimiento fascista ya no es simplemente mal vista; es redefinida como un problema. En la India, este cambio se puede apreciar en el lenguaje cotidiano. Términos despectivos como «infiltrados», «terroristas» y «yihadistas» circulan ahora sin esfuerzo... Convierten los prejuicios en odio... La soledad es una de las condiciones esenciales que preparaban a las sociedades para los movimientos totalitarios y los regímenes autoritarios...«que la soledad se haya convertido en una experiencia cotidiana»... Los movimientos fascistas entienden este vacío emocional y ofrecen pertenencia... El individuo aislado de repente se siente parte de algo más grande, eterno e históricamente importante... La gente marchaba junta. Cantaban juntos. El movimiento fascista transforma las ansiedades privadas en una identidad colectiva... El individuo en la sociedad fascista queda liberado de inmediato del peso de la insignificancia... todo movimiento fascista promete alguna versión de un futuro purificado... Una nación sin musulmanes. Sin disidentes. Sin oposición ideológica (Deep Sharma)

" Por qué el fascismo aún atrae a millones de personas en todo el mundo.

 El fascismo se presenta como pertenencia, revitalización y esperanza. Este ensayo explica cómo funciona y por qué millones de personas en todo el mundo todavía lo encuentran atractivo.

Los movimientos políticos de extrema derecha en todo el mundo ya no se esconden en los márgenes de la vida pública. Se están volviendo más ruidosos, más fuertes electoralmente, más poderosos financieramente y cada vez más cómodos con el lenguaje del autoritarismo.

En Hungría, Viktor Orbán pasó dieciséis años concentrando el poder en torno a su partido mientras debilitaba las instituciones. En Turquía, los arrestos de periodistas, académicos y figuras de la oposición vaciaron la disidencia tras el fallido golpe de Estado de 2016. En Estados Unidos, Donald Trump desafió repetidamente la legitimidad de las elecciones de 2020, alimentando la crisis política que culminó en el asalto al Capitolio del 6 de enero.

En la India se están desarrollando patrones de populismo autoritario, donde la política nacionalista hindú ha pasado de los márgenes a la dominación —convirtiendo las instituciones públicas en armas para silenciar la disidencia y la oposición, capturando el aparato estatal, los medios de comunicación e incluso el cine. Pero el fascismo en la India debe entenderse en un contexto más amplio.

Desde 2014, las noticias principales en la India se parecen cada vez más a tribunales ideológicos. La propaganda de derecha y los videos de linchamientos multitudinarios circulan como trofeos en grupos de WhatsApp. Los lemas políticos se construyen en torno a la humillación y la purificación nacional. Los ecosistemas de noticias falsas en línea alimentan sin cesar la paranoia, el resentimiento y la sospecha en millones de indios cada día.

Más preocupante es lo normal que se ha vuelto todo esto. Uno debe detenerse y preguntarse:

### ¿Por qué millones de personas comunes y corrientes siguen cayendo bajo el hechizo de los movimientos fascistas —mucho después de que la historia haya demostrado a dónde conducen?

Parte de la respuesta reside en algo que el historiador George Mosse entendió con una claridad sorprendente. El fascismo no triunfó porque fuera original. Triunfó porque hablaba directamente a un vacío emocional ya presente en la sociedad. Se basó en esperanzas, miedos, anhelos, prejuicios, odios y fantasías utópicas existentes —re ensamblándolos en un poderoso movimiento político.¹

El fascismo, en otras palabras, ofrece muy poco que sea original.

## Esperanza: la promesa de un renacimiento nacional

Al principio, los movimientos fascistas no se presentan a sí mismos como destructivos. Se presentan como esperanzadores. En la República de Weimar en Alemania, tras la Primera Guerra Mundial, el nazismo surgió en el seno de una sociedad humillada por la derrota militar, el colapso económico, la inestabilidad política y el orgullo nacional herido. Al principio, Hitler no atrajo a millones de alemanes haciendo campaña abiertamente por la dictadura o el genocidio. Los atrajo prometiendo restauración y reformas radicales.

Alemania, afirmaba, había caído de su grandeza. La nación había sido debilitada, traicionada, contaminada y humillada, especialmente por la política de izquierdas. Solo un movimiento nacional unificado podía hacerla fuerte de nuevo. Esa promesa emocional sigue siendo central en la política autoritaria actual.

Los movimientos fascistas y los líderes populistas casi siempre hablan el lenguaje de la revitalización antes de hablar el lenguaje de la exclusión. Prometen restaurar la grandeza perdida, recuperar una civilización herida, devolver la nación a su «verdadera» identidad.

Esta retórica emocional es visible de manera ostensible en la India. La retórica del nacionalismo hindú invoca constantemente la idea de la recuperación civilizatoria: una civilización hindú que una vez fue gloriosa, debilitada por el dominio musulmán, el secularismo constitucional, los disidentes, las minorías, los liberales o la traición histórica.

El templo de Ram construido sobre la mezquita de Babri, demolida en Ayodhya, es quizás uno de los ejemplos más claros de esta lógica. *The Guardian* informó que Modi enmarcó el evento como el cumplimiento de «el sueño que muchos han acariciado durante años». En el pensamiento hindutva, la construcción del templo representaba una corrección simbólica de la humillación histórica —la recuperación de una civilización que finalmente recupera su lugar legítimo.

## Miedo: la búsqueda de enemigos internos

Si la esperanza atrae a la gente hacia los movimientos fascistas, el miedo les enseña a quién culpar.

La política fascista prospera al convencer a las sociedades de que la decadencia está siendo causada por «conspiradores externos» que operan desde dentro:

- Las minorías y los inmigrantes — los otros
- Los disidentes y los intelectuales — los refunfuñones (como los llamaba Goebbels)
- Los periodistas críticos y los «antinacionales» — los enemigos internos

Esta simplificación es políticamente dañina porque transforma cuestiones complejas en una explicación insulsamente simple.

La Alemania nazi perfeccionó este mecanismo mediante la representación sistemática de los judíos como corruptos, desleales y peligrosos para el cuerpo de la nación. El objetivo no era solo la discriminación, sino también un condicionamiento emocional a largo plazo.

Había que enseñar al público —lenta y repetidamente— a asociar a todo un grupo con el peligro mismo. Como en la India actual, los ciudadanos musulmanes son encuadrados a diario a través de una campaña coordinada de desinformación sobre infiltración, amenazas demográficas, incompatibilidad civilizatoria y teorías de conspiración como el *love-jihad*, la ocupación ilegal de tierras, el terrorismo, y a menudo se les exige que demuestren su lealtad a los hindúes mayoritarios a su antojo.

Crean una atmósfera donde grupos enteros empiezan a parecer culturalmente sospechosos dentro de la propia nación. Hemos llegado a un punto en el que la ciudadanía ya no es suficiente para ser indio —una cuestión que exploré en mi ensayo anterior, «cuando la ciudadanía no es suficiente».

## Anhelo: el deseo de pertenecer

Hannah Arendt advirtió que la soledad era una de las condiciones esenciales que preparaban a las sociedades para los movimientos totalitarios y los regímenes autoritarios. «Lo que prepara a la gente para la dominación totalitaria», escribió, «es que la soledad se haya convertido en una experiencia cotidiana».²

Los movimientos fascistas entienden este vacío emocional de forma instintiva y tienen algo que ofrecer: pertenencia. No una pertenencia democrática construida en torno a la convivencia y el pluralismo, sino una fusión emocional con la nación, la mayoría, el movimiento y el líder. El individuo aislado de repente se siente parte de algo más grande, eterno e históricamente importante. Condiciones como el desempleo, la violencia callejera y los políticos sin escrúpulos se convierten en un costo que una nación debe soportar para volver a ser «grande».

La gente marchaba junta. Cantaban juntos. Repetían lemas juntos. Llevaban símbolos juntos. El movimiento fascista transforma las ansiedades privadas en una identidad colectiva.

En la India, este anhelo de identidad colectiva a menudo toma la forma de restablecer la civilización antigua que fue interrumpida, humillada y obligada a olvidarse de sí misma. Las invasiones extranjeras, el dominio colonial y décadas de fracaso político se convierten en capítulos de una narrativa más amplia de decadencia de su gloria. A la generación actual y a los soldados de infantería del Hindutva se les dice que han heredado una misión histórica: completar la obra inconclusa de la restauración nacional.

La promesa de pertenencia es seductora porque convierte la vida ordinaria en un propósito histórico. En un movimiento fascista, el graduado desempleado ya no solo lucha por encontrar trabajo —está participando en un despertar civilizatorio de la nación. El individuo en la sociedad fascista queda liberado de inmediato del peso de la insignificancia.

Las decepciones y dificultades personales se disuelven en una historia más amplia sobre el destino de la nación. Por eso los movimientos de renacimiento nacional suelen inspirar una lealtad tan feroz. Los líderes de los movimientos autoritarios dicen a sus masas que sus antepasados fueron grandes, que su cultura está amenazada, que se ha negado a su nación el lugar que le corresponde en la historia —y que ellos han sido elegidos para restaurarlo.

## Convertir los prejuicios en odio

Los movimientos fascistas a menudo no empiezan con odio: toman los prejuicios, los miedos a medio formar y los resentimientos, y los arrastran hasta convertirlos en retórica política, dándoles legitimidad, lenguaje y propósito político.

George Mosse observó que los movimientos fascistas se basaban en gran medida en mitos, prejuicios, nacionalismo romántico y fantasías heredadas de la Europa del siglo XIX. No crearon estas creencias de la nada. Las recogieron, las organizaron en forma de propaganda y las fusionaron con la vida política común.

El prejuicio deja de ser vergonzoso cuando se repite en la televisión, es refrendado por políticos, circula en las redes sociales y es repetido por figuras culturales en una sociedad.

En ese momento, la población excluida por el movimiento fascista ya no es simplemente mal vista; es redefinida como un problema. Se cuestiona su lealtad, se escruta su presencia, se condiciona su pertenencia.

En la India, este cambio se puede apreciar en el lenguaje cotidiano. Términos despectivos como «infiltrados», «terroristas» y «yihadistas» circulan ahora sin esfuerzo entre los mítines políticos, los debates televisivos, los feeds de las redes sociales y la conversación cotidiana de la gente común. Repetidos con suficiente frecuencia, dejan de sonar como insultos y empiezan a sonar como descripciones.

El prejuicio por sí solo es inestable. Debe ser afilado, repetido, cargado emocionalmente. La propaganda moderna hace esto con una eficiencia despiadada. A través de estudios de televisión, grupos de WhatsApp, feeds algorítmicos y mensajes coordinados, opera incesantemente, incrustando la sospecha en el pensamiento cotidiano.

La lógica no es nueva. El régimen nazi la perfeccionó: los judíos no eran retratados simplemente como oponentes, el pensamiento y la propaganda nazi los presentaban como contaminantes —algo que corrompía la nación desde dentro. El objetivo no era solo la hostilidad, sino también la deshumanización.

Hoy en día, estos mecanismos se despliegan con herramientas más sofisticadas. En la India, la identidad musulmana es enmarcada a través de insultos, amenazas y como un problema. Los detalles específicos pueden cambiar, pero el efecto es la sospecha constante y la exclusión de los musulmanes de la vida pública.

Con el tiempo, la repetición hace su trabajo. El prejuicio empieza a sentirse como vigilancia. Y cuando esa transformación se completa, el odio ya no se anuncia a sí mismo como odio. Se llama a sí mismo patriotismo.

## Utopía: la fantasía de una sociedad pura

En última instancia, todo movimiento fascista promete alguna versión de un futuro purificado: una nación restaurada, un pueblo unificado, una sociedad finalmente limpia, libre de corrupción y con los enemigos internos completamente desaparecidos.

La política fascista está obsesionada con los pasados míticos y, en esencia, el fascismo ofrece una fantasía de pureza. Por ejemplo, la Alemania nazi idealizaba la pureza racial, la sangre, el suelo, la masculinidad heroica y la fantasía de una comunidad nacional orgánica no contaminada por forasteros. La democracia, el pluralismo, el desacuerdo y la diversidad no eran retratados como fortalezas, sino como síntomas de decadencia e incluso debilidad civilizatoria.

En la India, la imaginación política del Hindutva gira cada vez más en torno al sueño de una civilización hindú culturalmente unificada: una nación purificada de contradicciones internas, permanentemente mayoritaria y liberada de las molestias del pluralismo y del propio secularismo.

Una nación sin musulmanes. Sin disidentes. Sin oposición ideológica. Sin la fricción intelectual y moral que produce la democracia.

La utopía de un movimiento fascista no es un futuro al que llegar, sino un silencio producido por aquello que ha sido eliminado.

También te puede interesar:

1. George Mosse, *The Fascist Revolution: Toward a General Theory of Fascism*. Madison: University of Wisconsin Press, 1999.
2. Hannah Arendt, *The Origins of Totalitarianism*. Nueva York: Schocken Books, 1951." 

(Deep Sharma , blog, 31/05/26, traducción Deep Seek, enlaces en el original) 

25.2.26

En su discurso "Trump se centró en la comunidad somalí de Minnesota... dijo que el vicepresidente JD Vance lideraría una "guerra contra el fraude", al criticar el estado de Minnesota, por las estafas, muchas de ellas involucrando a migrantes somalíes... Vance dijo que crearía una nueva sección de fraude... El anuncio se produjo después de que el Departamento de Justicia disolviera unidades como el equipo nacional de aplicación de la ley de criptomonedas, contra el uso criminal de activos digitales, incluyendo el fraude y la extorsión"... El The New York Times informó que "Trump ha utilizado el cargo de presidente para ganar al menos 1.400 millones de dólares. Sabemos que esta cifra es una subestimación porque parte de sus ganancias permanece oculta a la vista pública. Y siguen creciendo"... Lo que tenemos aquí expuesto son dos técnicas fascistas clásicas. Uno es acusar a tu enemigo de lo que realmente estás haciendo. La segunda es de distracción directa. Ambos son conocidos desde hace mucho tiempo. Nadie debería caer en sus trampas (Richard Murphy)

 "Esto es del Financial Times de esta mañana, comentando el discurso sobre el Estado de la Unión, gran parte del cual se situó tan lejos en el reino de la fantasía que no vale la pena comentarlo:

"Donald Trump dijo que el vicepresidente JD Vance lideraría una "guerra contra el fraude", al criticar el estado de Minnesota, donde el gobernador Tim Walz abandonó el mes pasado su candidatura a la reelección debido a acusaciones de fraude estatal generalizado en el bienestar.

Los fiscales federales han afirmado que las estafas, muchas de ellas involucrando a migrantes somalíes, han ocurrido a una escala mayor de lo que se pensaba anteriormente. Trump se centró en la comunidad somalí de Minnesota durante su discurso.

Vance dijo el mes pasado que el Departamento de Justicia crearía una nueva sección de fraude.

El anuncio se produjo después de que el Departamento de Justicia disolviera unidades como el equipo nacional de aplicación de la ley de criptomonedas, que se creó bajo el expresidente Joe Biden para centrarse en el uso criminal de activos digitales, incluyendo el fraude y la extorsión."

Déjame poner eso en contexto. En enero de este año, The New York Times informó que:

"El consejo editorial es un grupo de periodistas de opinión cuyas opiniones se basan en la experiencia, la investigación, el debate y ciertos valores arraigados. Está separado de la redacción.

El presidente Trump nunca ha sido un hombre que pregunte qué puede hacer por su país. En su segundo mandato, como en el primero, está probando los límites de lo que su país puede hacer por él.

Ha volcado su energía y creatividad en la explotación de la presidencia, en averiguar cuánto dinero están dispuestos a poner en sus bolsillos personas, corporaciones y otras naciones con la esperanza de doblegar el poder del gobierno al servicio de sus intereses.

Una revisión del consejo editorial basada en análisis de organizaciones de noticias muestra que el Sr. Trump ha utilizado el cargo de presidente para ganar al menos 1.400 millones de dólares. Sabemos que esta cifra es una subestimación porque parte de sus ganancias permanece oculta a la vista pública. Y siguen creciendo."

Lo que tenemos aquí expuesto son dos técnicas fascistas clásicas.

Uno es acusar a tu enemigo de lo que realmente estás haciendo.

La segunda es de distracción directa.

Ambos son conocidos desde hace mucho tiempo. Nadie debería caer en sus trampas.

Nos estamos acostumbrando a la mala conducta en los cargos públicos en el Reino Unido en la actualidad. Parece estar sucediendo a nuestro alrededor, pero dudo que alguien lo haya hecho tan descaradamente como Trump en toda la historia de la humanidad.

Mi pregunta es, ¿serán despojados él y su familia de esta riqueza en un solo día? Y si no, ¿por qué no?."

(Richard Murphy, blog, 25/02/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)

22.2.26

El lenguaje de la humillación, en el que los funcionarios se refieren a grupos sociales y raciales enteros como «alimañas», «basura» o «invasores»... no es simplemente insultar, sino alimentar el «ciclo de la carnada de la ira, "palabra clave de Oxford para 2025"... un alto funcionario ataca a toda una comunidad o al «otro bando» y espera una respuesta, intensifica los ataques y luego se presenta como protector de las tradiciones, los valores y de Estados Unidos... esto va más allá de simplemente «vaciar» la democracia, prepara al país para una «polarización afectiva «, donde las personas ya no solo discrepan en asuntos políticos, sino que se detestan activamente por quiénes son y lo que supuestamente representan... ¿De qué otra manera se pueden explicar las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump? Estamos entrando en una situación de división del régimen... una lucha política que ya no se centra en ganar elecciones, sino en una en la que los grupos dominantes discrepan fundamentalmente sobre la definición misma de lo que constituye una nación... Independientemente de los resultados de noviembre, gran parte del resultado ya está predeterminado: un conflicto social más amplio en Estados Unidos es inevitable. El punto de quiebre se acerca rápidamente... se está generando una guerra civil en Estados Unidos (Ramzy Baroud)

 "Una encuesta de Gallup de enero de 2026 mostró que el 89 por ciento de todos los estadounidenses esperan altos niveles de conflicto político este año, mientras el país se dirige hacia una de sus elecciones intermedias más decisivas de la historia.

Gallup, sin embargo, afirmaba lo obvio. Es sorprendente que no todos los estadounidenses piensen así, a juzgar por el discurso grosero, a menudo abiertamente racista, que actualmente normalizan los altos funcionarios estadounidenses. Algunos llaman a esta nueva retórica el » lenguaje de la humillación «, en el que los funcionarios se refieren a grupos sociales y raciales enteros como «alimañas», «basura» o «invasores».

El objetivo de este lenguaje no es simplemente insultar, sino alimentar el «ciclo de la carnada de la ira «, palabra clave de Oxford para 2025: un alto funcionario ataca a toda una comunidad o al «otro bando», espera una respuesta, intensifica los ataques y luego se presenta como protector de las tradiciones, los valores y de Estados Unidos. Esto va más allá de simplemente «vaciar» la democracia, como sugería un informe de Human Rights Watch de enero pasado; prepara al país para una «polarización afectiva «, donde las personas ya no solo discrepan en asuntos políticos, sino que se detestan activamente por quiénes son y lo que supuestamente representan.

¿De qué otra manera se pueden explicar las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien declaró en diciembre pasado: «Somalia… apenas es un país… Su país apesta y no los queremos en el nuestro… Vamos a ir por mal camino si seguimos recibiendo basura en nuestro país. Ilhan Omar es basura. Ella es basura. Sus amigos son basura». Esto no es simplemente un presidente enojado, sino un discurso político desmesurado, apoyado por millones de estadounidenses que siguen viendo a Trump como su defensor y salvador.

Esta polarización alcanzó su punto álgido en el Super Bowl de 2026, donde la selección del artista puertorriqueño Bad Bunny para el entretiempo desató una polémica sobre la identidad nacional. Mientras millones celebraban la actuación, Trump y comentaristas conservadores lanzaron un boicot, calificando el espectáculo en español de «insuficientemente estadounidense» e inapropiado. La retórica se intensificó aún más cuando la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, sugirió que agentes de ICE estarían presentes en todo el evento, excluyendo así a innumerables personas de su derecho a pertenecer a una cultura distinta dentro de la sociedad estadounidense.

La instrumentalización de la cultura y el idioma no se limitó al escenario; dividió a la audiencia estadounidense en dos bandos: quienes presenciaron la actuación oficial y quienes optaron por una transmisión alternativa «típicamente estadounidense» presentada por Turning Point USA con Kid Rock. Esta «contrarrevolución» es la esencia misma del conflicto estadounidense, que muchos han predicho acertadamente que eventualmente alcanzará un punto crítico similar a una guerra civil.

Esa conclusión parece inevitable ya que la guerra cultural se combina con tres tendencias alarmantes: la deshumanización de la identidad; el reflejo partidista (la visión de que la otra parte es una amenaza existencial); y el conflicto institucional (donde las agencias federales son percibidas como «sin ley», las congresistas en funciones son etiquetadas como «basura» y las opiniones disidentes son tildadas de traidoras).

Esto nos lleva a la cuestión fundamental de la legitimidad. En una democracia sana, todas las partes generalmente reconocen la legitimidad del sistema, independientemente de las disputas internas. En Estados Unidos, esto ya no es así. Estamos entrando en una situación de división del régimen : una lucha política que ya no se centra en ganar elecciones, sino en una en la que los grupos dominantes discrepan fundamentalmente sobre la definición misma de lo que constituye una nación.

La crisis actual no es un fenómeno nuevo; se remonta a la tensión histórica entre la «asimilación» dentro de un «crisol» estadounidense y el «multiculturalismo», a menudo comparado con una «ensalada». El principio del crisol, frecuentemente promovido como un ideal social positivo, presiona eficazmente a las comunidades inmigrantes y a las minorías para que se integren en una estructura social dominada por los cristianos blancos. En contraste, el modelo de la ensalada permite a las minorías sentirse profundamente estadounidenses, manteniendo sus lenguas, costumbres y prioridades sociales distintivas, sin perder así sus identidades únicas.

Si bien este debate persistió durante décadas como un ejercicio académico altamente intelectualizado, se ha transformado en un conflicto cotidiano y visceral. El Super Bowl de 2026 fue una clara manifestación de esta fricción cultural más profunda. Varios factores han empujado a Estados Unidos a este precipicio: una economía en crisis, una creciente desigualdad social y una brecha demográfica que se cierra rápidamente. Los grupos sociales dominantes ya no se sienten seguros. Aunque la amenaza percibida a su estilo de vida a menudo se presenta como un agravio cultural o social, es, en esencia, una lucha por el privilegio económico y el dominio político.

También existe una disparidad significativa en el enfoque político. Mientras que la derecha —representada por el movimiento MAGA y TPUSA— posee una visión clara y una relativa cohesión política, el otro bando permanece sumido en la ambigüedad. La institución demócrata, que pretende representar las reivindicaciones de todos los demás grupos marginados, carece de la confianza de los estadounidenses más jóvenes, en particular de los pertenecientes a la generación Z. Según una encuesta reciente del Centro de Información e Investigación sobre Aprendizaje y Participación Cívica (CIRCLE), la confianza en las instituciones políticas tradicionales entre los votantes de 18 a 25 años se ha desplomado a mínimos históricos, con más del 65 % expresando su insatisfacción con ambos partidos principales.

A medida que se acercan las elecciones intermedias, la sociedad está llevando su polarización actual a un nuevo extremo. Mientras la derecha se aferra a la esperanza de un salvador que haga al país «grande de nuevo», la izquierda se rige en gran medida por la política de contrademonización y agravios reactivos, lo cual no constituye un enfoque revolucionario de gobierno.

Independientemente de los resultados de noviembre, gran parte del resultado ya está predeterminado: un conflicto social más amplio en Estados Unidos es inevitable. El punto de quiebre se acerca rápidamente."

(Ramzy Baroud, Gaceta Crítica, 21/02/26, fuente Palestine Chronicle)

11.2.26

Andrea Zhok: una advertencia sobre cómo se va a tratar el escándalo Epstein... con la táctica de la 'dilución'... consiste en desacreditar por completo las «supuestas verdades» que han salido a la luz con el escándalo... primero se difunden mezclas de verdades y mentiras, se involucra en una sospecha generalizada incluso a personas insospechables... y después se lanzan fáciles desmentidos... se busca provocar en la mente de la mayoría una capa de duda generalizada: «Ya no se entiende nada, ya no se puede distinguir el bien del mal»... se basa en el gusto popular por las narrativas apocalípticas y en el placer inherente que muchos sienten al ver caer a quienes antes se consideraban héroes... sobre esta base psicológica, la difusión de mentiras retractables y de culpabilizaciones indiscriminadas se inflama rápidamente, y tras una gran llamarada se apaga con la misma rapidez... esta táctica está entrando en pleno funcionamiento estos días, solo que aún no somos plenamente conscientes de ello... es el momento en el que no hay que dejarse llevar por la furia sagrada de quemarlo todo, de inmediato y de forma indiscriminada... una de las tendencias es la de involucrar de forma sensacionalista a personajes «por encima de toda sospecha», como Stephen Hawking, Noam Chomsky, Woody Allen y otros... en todos estos casos, lo que ha salido a la luz hasta ahora se enmarca en las categorías de «relaciones cuestionables», «bromas inapropiadas», etc... Personalmente, no me interesa defender a ninguno de esos personajes. Ninguno de ellos se encuentra entre mis «figuras de referencia»... al generalizar el indignación, al meter en el mismo saco la pedofilia y las «frases sospechosas» todo el asunto pasará al departamento de «leyendas urbanas»... la complacencia en destruir a los «héroes» del pasado es el mejor cómplice psicológico de quienes quieren inculcar la resignación, de quienes quieren seguir detentando el poder sin ser molestados

 "ADVERTENCIA

En los grandes escándalos públicos, el poder utiliza tres tácticas sucesivas para limitar los daños.

La primera táctica es la más obvia: la NEGACIÓN, el recurso a la «negabilidad plausible». Simplemente se afirma que todo es falso y que no ha pasado nada. Si la gente está lo suficientemente distraída y los medios de comunicación complacientes hacen su trabajo, el encubrimiento funciona.

La segunda táctica es más elaborada y es la DESVIACIÓN, la mentira engañosa: se admite que algo ha sucedido, pero se atribuye a motivos y causas que no tienen nada que ver, con el fin de limitar los daños y tal vez golpear en el camino a algún enemigo de larga data.

La tercera táctica entra en juego cuando las dos primeras han fracasado; podemos llamarla la táctica del DILUCIÓN. Consiste en desacreditar por completo las «supuestas verdades» que han salido a la luz con el escándalo. Este resultado se obtiene en dos fases: en la primera se alimentan rumores exagerados, se difunden mezclas de verdades y mentiras, se involucra en una sospecha generalizada incluso a personas insospechables; en la segunda fase se aplasta la pelota así lanzada, mediante fáciles desmentidos. El resultado que se quiere obtener es provocar en la mente de la mayoría una capa de duda generalizada: « Sí, algo ha pasado, pero quién sabe cuánto de lo que dicen es cierto»; «Ya no se entiende nada, ya no se puede distinguir el bien del mal».

La primera táctica apela a la tendencia de la mayoría a querer confiar en el sistema (porque admitir su maldad es demasiado fatigante e inquietante).

La segunda táctica apela a la misma tendencia psicológica, pero desviando su interpretación.

La tercera táctica se basa en el gusto popular por las narrativas apocalípticas y en el placer inherente que muchos sienten al ver caer a quienes antes se consideraban héroes: sobre esta base psicológica, la difusión de mentiras retractables y de culpabilizaciones indiscriminadas se inflama rápidamente, y tras una gran llamarada se apaga con la misma rapidez.

En el escándalo Epstein, la primera táctica resistió durante años, prácticamente hasta hace unos meses. Había quienes estaban alerta, pero para el gran público se trataba o bien de una invención de la prensa sensacionalista o bien de una historia de libertinaje común, como tantas otras que se oyen, materia de crónica negra.

La segunda táctica ha surgido recientemente, tan pronto como la primera comenzó a demostrarse insuficiente, sobre todo tratando de acreditar la versión de que detrás de todo está el proverbial «villano» del Occidente decente, es decir, Putin y el Kremlin.

La tercera táctica está entrando en pleno funcionamiento estos días, solo que aún no somos plenamente conscientes de ello. Dada la naturaleza tentacular de los documentos, la dificultad de explorarlos y la falta de fiabilidad de las fuentes oficiales, los archivos Epstein se prestan a convertirse en el lugar ideal para hacer circular bocados mixtos de verdad y mentira, de documentación y conjeturas, que primero deben calentar el debate público al rojo vivo disparando a quemarropa contra todo y todos, para luego lanzar desmentidos selectivos, como cubos de agua helada que apagan en la opinión pública tanto lo falso como lo verdadero.

Creo que este es el momento en el que no hay que dejarse llevar por la furia sagrada de quemarlo todo, de inmediato y de forma indiscriminada, porque el gran riesgo es diluir todo el edificio de verdades inquietantes, hacer que degenere en un ruido de fondo: «Sí, todo es posible, pero se dicen muchas cosas».

En el contexto de esta última táctica, una de las tendencias que veo con preocupación es la de involucrar de forma sensacionalista a personajes «por encima de toda sospecha», cuya participación documentada entra en la categoría de «relaciones dudosas», pero que la inclinación plebeya de arrastrar por el barro a los héroes del pasado alimenta con facilidad. Pienso en algunos nombres que circulan mucho estos días, como Stephen Hawking, Noam Chomsky, Woody Allen y otros.

Ahora bien, es perfectamente lógico que si salieran a la luz actos manifiestamente inmorales o sustancialmente ilegales relacionados con cualquiera de estos personajes públicos, se sacarían las consecuencias del caso. Sin embargo, en todos estos casos, lo que ha salido a la luz hasta ahora se enmarca en las categorías de «relaciones cuestionables», «bromas inapropiadas», etc. Por supuesto, hoy en día hay muchas más cosas que parecen cuestionables que hace meses o años, cuando todavía se utilizaba la táctica mediática de la «negabilidad plausible»

Personalmente, no me interesa defender a ninguno de esos personajes «por encima de toda sospecha». Ninguno de ellos se encuentra entre mis «santos», entre mis «figuras de referencia».

Pero recuerdo que, hasta ahora, los archivos de Epstein son una cantidad colosal de palabras por verificar, de afirmaciones que cualquier abogado podría desestimar como malentendidos, palabras en libertad, confabulación y mitomanía. Si no se llevan a cabo investigaciones y búsquedas de pruebas, todo este enorme material no conducirá literalmente a nada. Y para que no pase a la fase de investigación, las presiones son y serán enormes. Lo único que está del lado de la búsqueda de la verdad es la presión de una opinión pública convencida de su verosimilitud.

En este contexto, recomiendo encarecidamente ir con cuidado con las conjeturas a ultranza, y ello por dos razones.

El primero ya se ha mencionado en parte anteriormente: al generalizar el indignación, al meter en el mismo saco la pedofilia y las «frases sospechosas», los proyectos de cambio de régimen y la «insuficiente distancia», etc., se acaba creando un inmenso caldo de cultivo melodramático en el que todo se confunde y en el que, en cuanto algo empiece a no cuadrar, todo el asunto pasará al departamento de «leyendas urbanas».

La segunda razón es que la complacencia en destruir a los «héroes» del pasado es el camino directo que conduce al populismo (como si necesitáramos más populismo). El sutil placer plebeyo de poder decir que, al fin y al cabo, «ya ves, todo es un magna magna, todos son iguales, todo es una porquería, el más limpio tiene sarna, predican bien y practican mal», y así sucesivamente con los lugares comunes, es el mejor cómplice psicológico de quienes quieren inculcar la resignación, de quienes quieren seguir detentando el poder sin ser molestados."

(Andrea Zhok, Facebook, 10/02/26) 

30.1.26

La violencia estadounidense... desde 1990, no ha habido un solo día en el que Estados Unidos no haya estado en guerra en algún lugar del mundo... y Trump ha desatado el potencial violento de la sociedad estadounidense a nivel interno al incitar a la mitad de la población contra la otra... Trump renuncia a los discursos cultos pronunciados con una elocuencia legalista; pero el núcleo violento de su idea de una Pax Americana no es nada nuevo... el «orden basado en normas» fue administrado por Estados Unidos como policía, tribunal y verdugo del mundo, todo a la vez, y solo por ellos, a su discreción. Nunca aplicaron este orden a sí mismos: véase la invención del «deber de proteger» en la década de 1990, el estado de emergencia permanente en el marco de la «guerra contra el terrorismo», que se amplió continuamente después de 2001, Israel y los territorios palestinos ocupados como zona experimental sin ley para la despoblación no nuclear, la cruzada armada por la «democracia» contra el «autoritarismo». Bajo el pretexto del «orden»: un arsenal de justificaciones para imponer «sanciones» de todo tipo a voluntad por parte del único poder punitivo que ni siquiera pudo rendir cuentas por su mortífera invención de las «armas de destrucción masiva» iraquíes (con un estimado de 500 000 civiles muertos)... la gran cantidad de muertes infligidas gracias a la tecnología avanzada, sin apenas pérdidas por su parte, tiene, desde el punto de vista fenomenológico, algo de fascista. En 15 años de guerra, murieron aproximadamente tres millones de vietnamitas, frente a 50 000 soldados estadounidenses, lo que en la década de 1960 correspondía al número de víctimas mortales por accidentes de tráfico en Estados Unidos cada año (Wolfgang Streeck)

 "Durante su primer mandato como presidente, Trump prometió centrarse principalmente en el pueblo estadounidense. ¿Estamos presenciando ahora, por el contrario, una especie de neoimperialismo estadounidense?

El programa de Trump para «Hacer grande de nuevo a Estados Unidos» siempre tuvo dos vertientes: reparar la sociedad estadounidense, que se encuentra en crisis, o restaurar el dominio mundial de Estados Unidos. Cuál de estas dos vertientes prevalecería era una cuestión abierta, y sigue siéndolo hoy en día. A veces tenemos aislacionismo, a veces intervencionismo; actualmente, ambos de forma alterna o incluso simultánea. La «Doctrina Donroe» de Trump es una versión particular de esta mezcla: intervencionismo, pero limitado a América Central y del Sur; nada nuevo en sí mismo. A nivel mundial, esto equivaldría a una división del mundo en «esferas de influencia» regionales mutuamente respetadas, en las que una gran potencia gobierna más o menos a su antojo. Lo que no encaja en este panorama es el apoyo incondicional a Israel en su guerra de aniquilación en Gaza y Cisjordania, ni las amenazas de bombardear Irán.

¿Por qué hay tan poca resistencia a las políticas de Trump en la democracia más antigua del mundo?

A primera vista, esto resulta sorprendente. Pero no a segunda vista. La Constitución estadounidense tiene casi dos siglos y medio de antigüedad y nunca se ha adaptado a las realidades de un Estado centralizado moderno (hasta 1945, ni siquiera tenía un ejército federal permanente). Durante un tiempo, los antiguos controles y contrapesos se mantuvieron, pero solo mientras el país funcionaba razonablemente bien. En la profunda crisis social en la que se encuentra sumido Estados Unidos desde hace tiempo, las lagunas y fracturas de la estructura constitucional se están haciendo visibles y facilitan que una figura sin escrúpulos y ávida de poder como Trump —él mismo producto de la crisis— las explote brutalmente (con cinco jueces nombrados de por vida para el Tribunal Supremo, prácticamente todo es posible), mientras engaña a sus votantes haciéndoles creer que la «miseria» de la que hablaba Carter en la década de 1970 finalmente se está superando.

¿Representa Trump un nuevo tipo de fascismo?

Para decirlo sin rodeos: no hay nada nuevo en ello, salvo que se ha dejado caer la hoja de parra. Y no toda la violencia es «fascista»; no malgastemos el concepto. Estados Unidos siempre ha sido sorprendentemente propenso a la violencia, tanto a nivel nacional como internacional. Para ellos, el período de posguerra comenzó con Hiroshima y Nagasaki, luego Corea, Vietnam (ya nadie sabe por qué se exterminó a millones de personas con napalm allí) y, desde 1990, no ha habido un solo día en el que Estados Unidos no haya estado en guerra en algún lugar del mundo. Actualmente mantienen aproximadamente 750 bases militares repartidas por todo el mundo. Es cierto que Trump ha desatado el potencial violento de la sociedad estadounidense a nivel interno al incitar a la mitad de la población contra la otra. Pero su tipo de guerra civil está muy lejos de la esclavitud y las guerras indias del siglo XIX, ni es responsable del sistema penitenciario extraordinariamente vasto y cruel; eso es obra de sus predecesores.

¿Quiénes, por ejemplo?

Bueno, en política exterior, principalmente Bush y Cheney, que causaron estragos en Irak, Afganistán y Siria, países que no habían hecho nada a Estados Unidos y que nunca podrían haber hecho nada. Admito que la gran cantidad de muertes infligidas gracias a la tecnología avanzada, sin apenas pérdidas por su parte, tiene, desde el punto de vista fenomenológico, algo de fascista. En 15 años de guerra, murieron aproximadamente tres millones de vietnamitas, frente a 50 000 soldados estadounidenses, lo que en la década de 1960 correspondía al número de víctimas mortales por accidentes de tráfico en Estados Unidos cada año.

¿Cómo deben comportarse los europeos con respecto a Estados Unidos y Trump? Algunos hablan de la relativa fortaleza de la UE como zona económica, mientras que otros destacan la desunión y la debilidad.

Ambos tienen razón. Los estadounidenses seguirán jugando duro con los europeos durante bastante tiempo; Musk y sus compañeros oligarcas se encargarán de ello. ¿Por qué pueden hacerlo? Lo más importante es que los europeos no pueden librar una guerra, ya sea caliente o fría, contra Rusia sin exponerse a las imposiciones de Estados Unidos. Y en lo que respecta a la «unidad», creo que Alemania no podrá seguir eternamente la política de sanciones de Estados Unidos contra Rusia, y especialmente contra China, por razones económicas. Tampoco puede comprometerse con una política báltica o polaca que conlleve el riesgo de tener que enviar tropas terrestres alemanas a combatir contra Rusia sin sus propias armas nucleares.

El canciller Merz confía en su «buena relación» con Trump y está aplicando un enfoque «amigable». ¿Es esta la estrategia correcta?

Nadie lo sabe. Pero, ¿qué se supone que debe hacer Merz? ¿Enviar a la marina alemana a la bahía de Chesapeake y exigir la extradición de Trump a la Corte Penal Internacional? Por otro lado, no puede mostrarse tan amable como María Corina Machado, ya que no tiene un Premio Nobel que donar. (No es que a ella le sirviera de mucho). ¿Recuerdan cómo Scholz se mostró públicamente amable con Biden, incluso cuando este último dijo a la prensa que los estadounidenses sabían muy bien cómo cerrar Nord Stream 2 si los alemanes no lo hacían ellos mismos? Tampoco se necesitaba a Trump para eso.

¿Creéis que Groenlandia debería dejarse en manos de los estadounidenses para evitar un conflicto importante?

Tú y yo no tenemos voz en este asunto y, por lo tanto, no es necesario que tengamos una opinión al respecto. Los estadounidenses llevan mucho tiempo profundamente involucrados en Groenlandia, desde la Segunda Guerra Mundial y, de forma permanente, desde la Guerra Fría. Si hubieras sobrevolado el norte de Groenlandia en un día soleado antes de 1990, como yo tuve la suerte de hacer, habrías visto una base militar estadounidense tras otra. Si quieres una predicción: dada la rusofobia de Dinamarca, supongo que, con el apoyo de una OTAN aliviada, concederá a los estadounidenses algo así como la soberanía de facto, con pequeños ajustes cosméticos para salvar las apariencias.

¿Qué peligro tendrá el conflicto entre Estados Unidos y China?

Mucho. Estados Unidos lleva mucho tiempo debatiendo sobre China, desde Obama, desde la perspectiva de la llamada «trampa de Tucídides». En resumen, el historiador griego, él mismo un general muy admirado, explicó la derrota de los atenienses ante los espartanos en la Guerra del Peloponeso por el hecho de que habían esperado demasiado tiempo mientras Esparta crecía y se hacía más poderosa, en lugar de atacar pronto, en un momento en el que podrían haber acabado con ellos rápidamente.

¿Qué significa eso?

Como saben, la estrategia militar oficial de Estados Unidos tiene como objetivo impedir el surgimiento de cualquier potencia en cualquier parte del mundo que pueda rivalizar con Estados Unidos. El debate entre los expertos gira actualmente en torno a la cuestión de si ya se ha perdido el momento adecuado para atacar o no. Hace unos días, Trump anunció que el presupuesto de defensa de Estados Unidos aumentará un 50 %, hasta alcanzar los 1,5 billones de dólares en 2027. ¿Para qué, cabe preguntarse?

No se aprecian avances en las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia. ¿No indica esto que Putin no quiere la paz?

¿Podría ser que Estados Unidos, o la Unión Europea, tampoco quiera la paz? A diferencia de Ursula von der Leyen y nuestros otros estrategas, los estadounidenses no dan por sentado que Rusia pueda ser derrotada. Pero eso no les importa; les basta con que los europeos mantengan a Rusia ocupada en una guerra de desgaste «hasta el último ucraniano». Un efecto secundario positivo es que una guerra prolongada hace imposible cualquier acercamiento entre Alemania y Rusia, lo que es la pesadilla tradicional, especialmente de la política británica hacia Europa continental.

Bueno, la guerra en Ucrania la empezó Rusia, no Estados Unidos, ¿no?

Es una larga historia. No se puede planear desplegar misiles de alcance intermedio a 500 millas de la capital de una potencia nuclear rival sin que esta reaccione. Pero estoy de acuerdo con usted en que Rusia ha logrado modernizar su armamento y convertirse en una economía de guerra durante los cuatro años de guerra, a pesar de haber sufrido aparentemente grandes pérdidas en el campo de batalla. Ahora parece estar ganando terreno cada día frente a una coalición europea que había jurado a los ucranianos a principios de 2022 que la guerra habría terminado en Navidad, con una derrota rotunda para Rusia (von der Leyen incluso anunció que «nosotros» «desmantelaríamos capa a capa» la sociedad industrial rusa mediante las milagrosas sanciones que ella misma había ideado).

¿Qué se deduce de esto?

Rusia puede ver ahora una oportunidad para ir mucho más allá de las negociaciones de Minsk y Estambul, y eliminar efectivamente a Ucrania como Estado-nación viable en el futuro previsible, al tiempo que humilla por completo a la UE. Me imagino que Putin encontraría algo así irresistible. Los «europeos» se lo habrían buscado ellos mismos.

Macron planteó la idea de que Putin asistiera a la cumbre del G7. ¿Pura desesperación o una buena idea?

Una de las famosas autopromociones intrascendentes de Macron. Aparte de eso, es sorprendente lo exótico que parece el simple sentido común en estos días. ¿Cómo se puede poner fin a una guerra que no se puede ganar en el campo de batalla si se niega a hablar con la otra parte?

¿Estamos asistiendo al fin de un mundo que conocemos, con su orden basado en normas?

No sé hasta qué punto este mundo te resultaba familiar; para mí, ha sido inquietante desde al menos el bombardeo de Belgrado con el bombardero estratégico Northrop B-2, si no antes. Y, de todos modos, en realidad no se basaba en «normas», salvo quizá el régimen comercial de la OMC, que, sin embargo, desde la crisis financiera de 2008 existe cada vez más solo sobre el papel. Proclamado tras el llamado fin de la historia a principios de la década de 1990, el «orden basado en normas» fue administrado por Estados Unidos como policía, tribunal y verdugo del mundo, todo a la vez, y solo por ellos, a su discreción. Nunca aplicaron este orden a sí mismos: véase la invención del «deber de proteger» en la década de 1990, el estado de emergencia permanente en el marco de la «guerra contra el terrorismo», que se amplió continuamente después de 2001, Israel y los territorios palestinos ocupados como zona experimental sin ley para la despoblación no nuclear, la cruzada armada por la «democracia» contra el «autoritarismo». Bajo el pretexto del «orden»: un arsenal de justificaciones para imponer «sanciones» de todo tipo a voluntad por parte del único poder punitivo que ni siquiera pudo rendir cuentas por su mortífera invención de las «armas de destrucción masiva» iraquíes (con un estimado de 500 000 civiles muertos).

¿Y qué ha cambiado con Trump?

A diferencia de sus predecesores, Trump renuncia a los discursos cultos pronunciados con una elocuencia legalista; pero el núcleo violento de su idea de una Pax Americana no es nada nuevo. Por cierto, en comparación con Bush II y Obama, la pretensión de Trump al Premio Nobel de la Paz no es del todo absurda, al menos por ahora. Recordemos que Obama lo obtuvo gratis, un año después de comenzar su primer mandato. E incluso Kissinger lo obtuvo al final.

La siguiente entrevista se publicó por primera vez en el Frankfurter Rundschau el 24 de enero.

Wolfgang Streeck , New Left Review, 28/01/26, traducción DEEPL) 

27.1.26

Quequé anuncia que lo deja porque no puede más... El cómico había hecho sátira sobre el periodismo basura que en esos días andaba revoloteando la tragedia ferroviaria en busca de carroña. Sátira encarnada en Nacho Abad... El modus operandi se repite con éxito una y otra vez a la hora de eliminar rivales políticos de izquierdas usando el método conjunto mentira-miedo... La mentira consistía en que millones repitieran que Héctor de Miguel había hecho algo que no hizo hasta convertirlo en una verdad indiscutible. Tras la mentira, el miedo encarnado por grupos de ultraderecha –nazis de mierda para que nos entendamos– anunciando que lo buscarán por la calle para darle su merecido... Quequé y el equipo de Hora Veintipico tenían un bolo en un teatro de Móstoles. A las puertas del teatro estaba el miedo. Había grupos nazis organizados esperando en los alrededores a Héctor y su equipo, les informaron horas antes del bolo, sin que nadie pudiese garantizar la seguridad de quienes iban a hacer humor, su trabajo. Ojalá un Ministerio de Interior controlado por un gobierno de izquierdas para que estas cosas no pasen... Esto fue la gota del vaso que colmó en forma de comunicado. No me apetece ser un mártir, dijo Quequé y se despidió sin fecha de vuelta. Han ganado (Gerardo Tecé)

 "Fumigado. Si uno lee los comentarios al comunicado en el que el cómico Héctor de Miguel anuncia que lo deja porque no puede más, fumigado quizá sea una de las palabras que más encontrará. Los españoles de bien –ya saben, colores nacionales, banderas de Israel o cruces de Borgoña– bailan sobre la tumba profesional de Quequé al ritmo de “cierra al salir, rojo de mierda”. Junto a “fumigado”, probablemente, la expresión más repetida. Días antes, los mensajes emitidos por los mismos que hoy celebran su victoria eran otros bien diferentes. Eran mensajes sentidos que hablaban de indignación, del dolor profundo provocado por el mítico cómico y presentador, tras burlarse cruelmente de las víctimas de un trágico accidente de tren en su programa Hora Veintipico. Un monstruo. 

Como pudimos comprobar cuando las lágrimas de cocodrilo dejaron paso de forma inmediata al “fumigado otro rojo de mierda”, todo era una farsa política. Una mentira instrumental consistente en minar la moral del objetivo marcado. Una performance masiva practicada con gran violencia y éxito en ocasiones anteriores. No, Héctor de Miguel no se había reído de ninguna víctima del accidente. El cómico había hecho sátira sobre el periodismo basura que en esos días andaba revoloteando la tragedia ferroviaria en busca de carroña. Sátira encarnada en Nacho Abad, MVP en la búsqueda de audiencia sin importar el cómo. No importa que fuera cierto o falso. Importa que el humorista “ya no tiene ganas de hacer bromitas”, como explicaba con acierto, sinceridad y alegría uno de los muchos usuarios nacionaltuiteros que descorchó champán tras el comunicado.

El modus operandi se repite con éxito una y otra vez a la hora de eliminar rivales políticos de izquierdas usando el método conjunto mentira-miedo. Sirvió para Sarah Santaolalla la pasada semana cuando su nombre apareció junto a las tumbas vandalizadas de las Trece Rosas fusiladas tras una mentira: eran terroristas. La mentira en este caso consistía en que millones repitieran que Héctor de Miguel había hecho algo que no hizo hasta convertirlo en una verdad indiscutible. Tras la mentira, el miedo encarnado por grupos de ultraderecha –nazis de mierda para que nos entendamos– anunciando que lo buscarán por la calle para darle su merecido por aquello que no había hecho: reírse de ninguna víctima. Mentira y miedo son dos ingredientes que casan muy bien. La ultraderecha no sería nada sin ellos, como la historia nos enseña. Y lo que funciona se repite. 

Con la mentira instalada, el equipo de Hora Veintipico tenía un bolo en un teatro de Móstoles el pasado sábado 24 de enero. Y si la mentira estaba en las redes, a las puertas del teatro estaba el miedo. Había grupos nazis organizados esperando en los alrededores a Héctor y su equipo, les informaron horas antes del bolo, sin que nadie pudiese garantizar la seguridad de quienes iban a hacer humor, su trabajo. Ojalá un Ministerio de Interior controlado por un gobierno de izquierdas para que estas cosas no pasen. Esto fue la gota del vaso que colmó en forma de comunicado. No me apetece ser un mártir, dijo Quequé y se despidió sin fecha de vuelta. Han ganado. Han ganado los nazis, repite desde aquella tarde el entorno de un programa de humor que queda descabezado sin su cara visible. Hoy es Héctor de Miguel, mañana seremos usted y yo. El miedo es poderoso, nadie quiere ser mártir y la policía de Marlaska anda infiltrada en grupos ecologistas, no vayan a desplegar una pancarta." 

(Gerardo Tecé , CTXT, 27/01/2026)

24.1.26

La mitad de la población española confiesa odiar a alguna persona o colectivo... El odio que se expresa en España es, fundamentalmente, identitario. No se dirige tanto hacia la vulnerabilidad —que suele generar rechazo o desprecio— como hacia aquello que moviliza identidades, concentra poder o genera polarización. En este sentido, se identifican dos grandes macroodios: el odio a la derecha y el odio a la izquierda, que reflejan de forma clara el alto grado de polarización política y social que atraviesa el país... el odio no es un fenómeno marginal ni residual, sino un elemento con un peso significativo en el clima social actual... Líderes y movimientos políticos que basan su estrategia en la confrontación, la polarización y la creación de enemigos –así como quienes buscan conservar o reforzar su poder– se benefician directamente de la expansión del odio (Belén Barreiro)

 "Los resultados de la encuesta muestran que el odio es un fenómeno profundamente arraigado en la sociedad española. La mitad de la población reconoce sentir odio hacia alguno de los 70 colectivos analizados, una cifra muy elevada si se tiene en cuenta que se trata de una emoción intensa y extrema. Este dato confirma que el odio no es un fenómeno marginal ni residual, sino un elemento con un peso significativo en el clima social actual.

El odio que se expresa en España es, fundamentalmente, identitario. No se dirige tanto hacia la vulnerabilidad —que suele generar rechazo o desprecio— como hacia aquello que moviliza identidades, concentra poder o genera polarización. En este sentido, se identifican dos grandes macroodios: el odio a la derecha y el odio a la izquierda, que reflejan de forma clara el alto grado de polarización política y social que atraviesa el país. Junto a ellos aparecen varios microodios que, aunque afectan a colectivos concretos, pueden tener consecuencias muy graves en forma de discriminación y exclusión social. Entre estos destacan el odio hacia el colectivo LGTBIQ+, el vinculado al origen racial o étnico y el dirigido a los poderes e instituciones consideradas influyentes.

La encuesta también analiza los entornos en los que se manifiesta el odio. Las redes sociales destacan, con mucha diferencia, como el principal espacio de expresión de los discursos de odio. Aunque este resultado no resulta sorprendente, sí es relevante que esta percepción sea compartida tanto por adultos como por menores. Tras las redes sociales, los siguientes entornos señalados son los grupos de mensajería privada y los medios de comunicación. Además, el estudio pone de relieve que los discursos de odio no se limitan al ámbito digital: también están presentes en espacios laborales, algo que afecta especialmente a la población adulta.

El estudio pone de relieve que los discursos de odio no se limitan al ámbito digital

La preocupación aumenta al analizar no solo la percepción general, sino la exposición directa al odio. Los datos muestran cifras especialmente alarmantes entre los menores: siete de cada diez afirman haber presenciado discursos de odio en redes sociales, frente al 60 % de los adultos. No obstante, incluso en los entornos donde el odio aparece con menor frecuencia, los porcentajes siguen siendo elevados. Que el 30 % de los menores observe discursos de odio en los centros educativos resulta especialmente grave, al tratarse de espacios que deberían garantizar protección, convivencia y aprendizaje en valores. De igual modo, que el 30 % de las personas adultas detecte odio en el ámbito familiar evidencia hasta qué punto este fenómeno ha penetrado en la vida cotidiana.

El estudio también permite identificar a los principales beneficiarios de los discursos de odio. Estos no son los colectivos que los sufren, sino aquellos actores que los utilizan como herramienta de movilización y control social. Líderes y movimientos políticos que basan su estrategia en la confrontación, la polarización y la creación de enemigos –así como quienes buscan conservar o reforzar su poder– se benefician directamente de la expansión del odio, tanto en el ámbito nacional como internacional.

En conjunto, las conclusiones de este primer acercamiento confirman que el odio constituye un problema estructural de gran alcance, con profundas implicaciones sociales y democráticas. Su concentración en las redes sociales, especialmente entre los menores, y su capacidad para generar discriminación y fractura social subrayan la urgencia de intervenir. Este estudio sienta una base sólida para seguir investigando el fenómeno y para que la fundación pueda desarrollar estrategias de prevención del odio y de construcción de una sociedad más cohesionada, inclusiva y libre de polarización extrema."

(Belén Barreiro, CTXT, 22/01/26)

30.12.25

El mayor cambio de tendencia en 2025: La decencia ha muerto... Un año de Trump II ha destruido por completo el papel de la decencia en la vida estadounidense... Trump sustituyó el retrato de Joe Biden en la Casa Blanca por una foto de un autopen y, más recientemente, hizo bromas sobre el asesinato del actor Rob Reiner (que, según Trump, se debió «a la ira que provocó en los demás a través de... una enfermedad mental incapacitante conocida como SÍNDROME DE DESEQUILIBRIO DE TRUMP»)... Las cuentas oficiales de redes sociales del Departamento de Seguridad Nacional publican casi a diario memes con bromas sobre las deportaciones. Todo ha ido tan lejos que está provocando malestar en algunos de los sectores más insospechados, como el del cómico populista Shane Gillis, que la semana pasada expresó: «Sí, claro, la inmigración ilegal, debemos solucionarla, [pero] no la conviertan en algo gracioso, joder» (Ken Klippenstein)

 "Un año de Trump II ha destruido por completo el papel de la decencia en la vida estadounidense. El profesor se ha ido, el sustituto se ha sentado en una tachuela y ha salido corriendo del aula llorando, y el presidente está haciendo sus imitaciones de payaso de clase de ambos entre carcajadas.

Ya nadie está realmente al mando, lo que ha creado un vacío de poder que ha permitido el ascenso de Zohran Mamdani. Es un momento excepcional lleno de posibilidades, pero lo único que ven los alumnos aventajados de la clase es lo contrario que es todo esto a las normas.

No tienen a nadie a quien culpar más que a ellos mismos.

La profesora —el Congreso, los líderes de los partidos políticos, los principales medios de comunicación— renunció a su poder, fingiendo estar enferma para poder ver maratones de reposiciones de Ley y orden. ¿Es eso realmente menos grave que un partido político que nomina repetidamente a personas de 70 años que están literalmente muriéndose (incluidos tres casos solo en 2025)? 

 Trump no necesitó ningún ariete para derribar la puerta del palacio; la madera estaba tan podrida que simplemente se desmoronó. Y ahora cualquiera puede atravesarla, incluido usted.

Los alumnos del aula, por seguir con la metáfora, no son solo seguidores de Trump del tipo MAGA. Son todos aquellos que, como yo, no soportaban la pompa y la solemnidad de un sistema político que no puede proporcionar a sus ciudadanos las necesidades más básicas, como vivienda, asistencia sanitaria y seguridad. Trump no va a cumplir ninguna de esas promesas, por supuesto, pero ha marcado el fin del decoro, y en ningún sitio es esto más evidente que en las redes sociales.

En 2025:

-   Miles de madres de Facebook se abalanzaron sobre la publicación de UnitedHealthcare sobre su director ejecutivo asesinado para burlarse de él con emojis de risa y comentarios sarcásticos («¡Espero que su ambulancia estuviera dentro de la red!»).

-  Trump sustituyó el retrato de Joe Biden en la Casa Blanca por una foto de un autopen y, más recientemente, hizo bromas sobre el asesinato del actor Rob Reiner (que, según Trump, se debió «a la ira que provocó en los demás a través de... una enfermedad mental incapacitante conocida como SÍNDROME DE DESEQUILIBRIO DE TRUMP»).

-  La congresista Jasmine Crocket llamó al líder parapléjico de su estado, Greg Abbot, «gobernador Hot Wheels».

-  Y más recientemente, hay un tsunami de memes de Charlie Kirk burlándose del comentarista asesinado.

Nadie está eliminando estas publicaciones ni pidiendo disculpas; tampoco hay muchos intentos de «desplazar» o «cancelar» a sus autores.

El decoro ha muerto, flotando boca abajo en el alcantarillado atascado de tonterías sobre mostrar respeto a políticos, figuras públicas y funcionarios del Gobierno que nunca te mostrarían ninguno a ti. Hay mucho de bueno en eso. Pero también hay un lado feo.

 En 2022, Kanye West fue expulsado de Twitter / X por su publicación antisemita en la que declaraba «muerte con 3 a los judíos». El director ejecutivo Elon Musk defendió repetidamente la expulsión. Pero este año, su videoclip titulado «Nigga Heil Hitler» (que es literalmente el estribillo) no solo no ha dado lugar a su expulsión, sino que sigue estando disponible en toda la plataforma.

Esta vez, Elon no ha dicho nada.

También este año, el director ejecutivo de Meta (Facebook / Instagram / Threads), Mark Zuckerberg, anunció una reducción drástica de las restricciones de contenido para el gigante de las redes sociales. Zuckerberg se disculpó en un discurso público por lo que calificó de «demasiada censura» por parte de la plataforma, incluido su programa de verificación de datos por terceros, que fue eliminado.

La razón, según Zuck, fue el cambio de tendencia que describo aquí, que él vio reflejado en la victoria electoral de Trump.

«Las recientes elecciones también parecen un punto de inflexión cultural hacia, una vez más, la priorización de la libertad de expresión», dijo Zuckerberg. «Es hora de volver a nuestras raíces de libertad de expresión en Facebook e Instagram».

 Se trata de un cambio profundo. Hace solo cinco años, un día después del 6 de enero, Facebook e Instagram bloquearon las cuentas del entonces presidente Trump en respuesta a sus elogios hacia quienes habían asaltado el Capitolio.

«Creemos que los riesgos de permitir que el presidente siga utilizando nuestro servicio durante este periodo son simplemente demasiado grandes», declaró Zuckerberg en ese momento.

Sé que estos gigantes de las redes sociales actúan en función de sus propios intereses. Pero también se trata de una batalla por el control de las redes sociales y por quién decide lo que aparece en ellas: los estudiantes de sobresaliente, los verificadores de datos o tú, el usuario.

Una investigación publicada este año en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias señala que la verificación centralizada de datos «es vista cada vez con más escepticismo por parte de algunos sectores de la población». Es de suponer que esa es la razón por la que tantas plataformas importantes se han alejado de ella. El estudio cita resultados experimentales que muestran que la verificación de datos al estilo de las notas comunitarias es tan eficaz como la de los verificadores «profesionales» centralizados, lo que dice mucho sobre la seriedad de esa profesión.

 El cambio de ambiente que describo va más allá de las plataformas de redes sociales. «Cancel culture» (cultura de la cancelación) es un término que no he visto en meses.

Comentaristas liberales como Matt Yglesias ahora utilizan con torpeza la palabra «retard» (retrasado), que, según Google Trends, alcanzó su punto álgido en 2025 (su primer aumento en años).

Las cuentas oficiales de redes sociales del Departamento de Seguridad Nacional publican casi a diario memes con bromas sobre las deportaciones.

Todo ha ido tan lejos que está provocando malestar en algunos de los sectores más insospechados, como el del cómico populista Shane Gillis, que la semana pasada expresó en el programa de Joe Rogan su incomodidad con los memes.

«Sí, claro, la inmigración ilegal, debemos solucionarla, [pero] no la conviertan en algo gracioso, joder», dijo Gillis. «Es algo serio lo que están haciendo».

Desde Donald Trump humillando a Vladimir Zelensky en el Despacho Oval (¡incluso declarando que era «gran televisión»!) hasta Zohran Mamdani diciendo que no visitaría Israel, las supuestas leyes inmutables de lo que se puede y no se puede decir en política ya no se aplican.

Olvídate de tocar el tercer carril: ahora puedes hacer posturas de yoga en él. Yo lo haré. ¿Y qué hay más sagrado que la seguridad nacional?" 

(Ken Klippenstein , blog, 29/12/25, traducción DEEPL) 

19.10.25

Trump desnuda su alma en un inaudito vídeo donde se caga sobre sus compatriotas díscolos, mofándose del ‘No Kings’... Cuesta tomárselo a broma porque refleja un estado mental muy preocupante (Roberto R. Aramayo)



 
 
"(...) En breve se celebrará en 250 aniversario de la Independencia norteamericana, que repudió a la monarquía británica para devenir una república. Y lo hará con un rey de facto en La Casa Blanca, que se siente como si fuera ‘el puto amo’ a quienes todos deben obedecer, secundando sus veleidosos caprichos cual si fueran mandatos divinos. Ante las protestas cada vez más multitudinarias de sus compatriotas, la reacción de Trump ha sido desnudar su alma con un vídeo burlesco, realizado por la Inteligencia Artificial, donde se le ve con una corona real pilotando un caza que deja caer fango sobre los manifestantes en Times Square. Su avión suelta lo que parecen bolas de mierda como si fueran bombas, cuál si se cagara sobre sus díscolos compatriotas. Cuesta tomárselo a broma porque refleja un estado mental muy preocupante."

18.10.25

Desde el asesinato de Charlie Kirk, millones de estadounidenses se han enfrentado en una guerra que comienza en las redes sociales y se extiende al mundo real... Mike Arnold siempre se había considerado un pacificador, un conservador conciliador que se opuso a Donald Trump en 2016 por la forma en que avivó la ira y el odio en discursos de campaña que “sobrepasaban los límites de la decencia”... Usaba un collar hecho con monedas extranjeras obtenidas en sus viajes misioneros a Nigeria, donde ayudó a recaudar fondos para construir una escuela... pero tras el asesinato de Kirk más se sentía identificado con la ira del presidente... “Dense cuenta de la relevancia de este momento”, escribió a sus 1700 seguidores en Facebook, "No podemos echarles alquitrán y emplumarlos. Pero podemos hacer la siguiente mejor opción. Exponerlos. Llamar a sus jefes. Hacerlos famosos. Hacer que los despidan. Esto es guerra. Y así es como contratacamos”... Danielle Meyers, paramédica y bombera, se había registrado como republicana, coleccionaba armas y había votado por Trump en 2016. Era vegetariana. Bisexual. Considetraba a Kirk “un bravucón”, cuyo lenguaje le parecía una afrenta personal a su identidad... “Qué bueno”, escribió en Facebook, unas horas después de la muerte de Kirk. “Pensamientos y oraciones para el otro tipo”. Lo publicó sin pensarlo dos veces... Arnold revisó publicaciones, e hizo circular las acusaciones sobre ella y animaba a otros a unirse... Su departamento de bomberos recibió cientos de llamadas... La exigencia de consecuencias llegó hasta el gobernador de Texas, Greg Abbott, quien estaba usando su propia plataforma para atacar a un maestro de primaria y a dos estudiantes universitarios... fue despedida por “conducta inaceptable”... Arnold examinó su feed, contando victorias. “Más de 1000 despedidos”, escribió. “Que sean 10 veces más mañana”. “Creo que todas estas personas que se han vuelto imposibles de contratar probablemente deberían autodeportarse”, escribió. “De todas formas, no los queremos aquí”. algunas de las otras personas de las zonas rurales de Texas que Arnold había atacado estaban empezando a organizar campañas contra él... “Este no es el momento de retirarse”, publicó. “Esto no es un juego. Esto es, en todos los sentidos del término, una guerra civil” (Eli Saslow , The New York Times)

 "Mike Arnold estaba tratando de alejarse de la vida política cuando las primeras alertas iluminaron su teléfono. Como alcalde voluntario de la pequeña localidad texana de Blanco, había sido vilipendiado por convertir el desfile festivo en un desfile navideño y era acosado por sus críticos más feroces mientras arreglaba baches. Fue objeto de burlas en internet hasta que empezaron a llegarle amenazas a su correo. La política se había convertido en un deporte sangriento. Terminó su mandato en mayo y se dedicó al negocio de construcción de su familia, antes de que su teléfono lo volviera a atraer.   

“¡Mira esto! Estamos en guerra”, le escribió un amigo el mes pasado, y Arnold, de 55 años, hizo clic en el enlace. Vio a Charlie Kirk, un cristiano conservador como él, hablando ante una multitud de estudiantes en Utah. Oyó el eco de un rifle. Vio cómo Kirk se desplomaba. Arnold, que había cazado suficientes ciervos como para reconocer un disparo mortal, empezó a rezar; no por la supervivencia de Kirk, sino por el país que dejaba atrás.

Como alcalde, Arnold les había advertido a sus electores sobre el debilitamiento de los valores cristianos, la propagación de la indecencia y la frágil “capa de civilidad” que mantenía al país unido. Ahora creía que se estaba fracturando. Retirarse ya no le parecía una opción. Entró en Facebook, cambió su foto de perfil por una de Kirk y se unió a la lucha en línea.

“Es hora de quitarse los guantes”, escribió. “Ya basta”.

En las semanas transcurridas desde el asesinato de Kirk, millones de estadounidenses se han enfrentado en una guerra en internet, inundando los feeds de unos y otros con acusaciones y ataques que comienzan en la pantalla y se extienden al mundo real en lugares como Blanco, un pueblo de 2100 habitantes localizado en la región de Hill Country, en Texas. Tras la muerte de Kirk, cientos de personas han sido objeto de filtraciones de datos personales, despidos o amenazas por publicaciones de redes sociales percibidas como insensibles o triunfalistas. Un acto histórico de violencia política ha detonado una oleada de amenazas nuevas, profundizando el ciclo de división en una nación que se divide en dos bandos hostiles.

Arnold siempre se había considerado un pacificador, un conservador conciliador que se opuso a Donald Trump en 2016 por la forma en que avivó la ira y el odio en discursos de campaña que “sobrepasaban los límites de la decencia”, dijo Arnold. Usaba un collar hecho con monedas extranjeras obtenidas en sus viajes misioneros a Nigeria, donde ayudó a recaudar fondos para construir una escuela para cientos de niños que vivían en un campo de desplazados. Había dedicado su carrera profesional al ministerio, acumulando deudas personales para fundar una organización sin fines de lucro que llevó a miles de niños a sus primeros viajes de caza y pesca. Cada verano enseñaba a adolescentes a usar un rifle y luego los bautizaba en ríos o bebederos para caballos.

“Sé que tal vez suene cursi”, decía a los donantes. “Pero creo que la mejor manera de cambiar el mundo es amando y guiando a las personas, de uno en uno”.

Sin embargo, ahora Arnold recorría Facebook y veía poco de ese amor. Algunas personas de la extrema izquierda se reían del asesinato de Kirk en videos eufóricos; otras de la derecha planeaban venganzas. El presidente Trump decía que “odiaba” a sus oponentes —que “solo teníamos que darles una paliza”— y cuanto más revisaba Arnold sus redes sociales, más se sentía identificado con la ira del presidente. Si un grupo de estadounidenses estaba dispuesto a celebrar un asesinato a sangre fría, entonces ya no quedaba ninguna línea que cruzar.

Se preguntó si habría otra manera de ayudar a cambiar el mundo de uno en uno: no con amabilidad, sino con exposición.

“Dense cuenta de la relevancia de este momento”, escribió a sus 1700 seguidores en los primeros días tras la muerte de Kirk. “Necesitamos hombres y mujeres de fe, valentía y acción que lleven la lucha al enemigo de forma legítima, abierta, intrépida.

“No podemos sacar el cepo. No podemos echarles alquitrán y emplumarlos. Pero podemos hacer la siguiente mejor opción. Exponerlos. Llamar a sus jefes. Hacerlos famosos. Hacer que los despidan. Y asegurarnos de hacer capturas de pantalla.

“Esto es guerra. Y así es como contratacamos”.

A 64 kilómetros por carretera, Danielle Meyers estaba parada junto a un cadáver cuando se enteró de que le habían disparado a Charlie Kirk. Meyers, de 36 años, trabajaba como paramédica y bombera en el condado rural de Comal, y dictaba una capacitación para seis colegas sobre formas de detectar traumatismos internos. Trabajaba sobre el cadáver con un ecógrafo, explorando el abdomen, hasta que se dio cuenta de que algunos de sus alumnos se habían distraído con un video en sus teléfonos.

Meyers interrumpió su clase para ver junto con ellos a un paramédico que evaluaba otro caso: un único disparo, un chorro instantáneo de sangre, un endurecimiento anormal de los brazos que ella identificó como postura de descerebración, señal de una lesión cerebral grave. “Brutal”, dijo. Volvió a enfocar su atención en el cadáver, pero los demás paramédicos seguían aturdidos, volviendo a ver el video, maldiciendo, rezando por Kirk y consolándose unos a otros mientras Meyers continuaba.

Ella estaba acostumbrada a estar aislada. Era una de las pocas mujeres de un cuerpo de bomberos de alrededor de 100 empleados, y aunque intentaba encajar durmiendo en la estación de bomberos dos noches a la semana —aunque había ganado el premio al Técnico de Emergencias Médicas del Año, había superado todas las pruebas de aptitud física, se había registrado como republicana, coleccionaba armas y había votado por Trump en 2016—, siempre se definió por sus diferencias. Era vegetariana. Bisexual. Era una mujer soltera que tenía el pelo rosa y perforaciones faciales en un mar de hombres en su mayoría blancos, cristianos y conservadores.

Una vez, en 2022, decidió unirse a una protesta nacional por el derecho al aborto poniéndose un pequeño pañuelo rojo en el uniforme. Después de una hora de burlas y acoso terminó llorando afuera de la estación de bomberos.

“Esta cultura es justo lo opuesto a la tolerancia”, le escribió por mensaje a una amiga.

Kirk a veces le recordaba a algunos de esos mismos colegas: “un bravucón”, dijo, cuyo lenguaje le parecía una afrenta personal a su identidad. Kirk animaba a las mujeres a tener muchos hijos a una edad temprana y a “someterse a un hombre piadoso”, pero ella era soltera y no tenía hijos. Kirk creía que un cierto número de muertes por armas de fuego era un costo necesario de la Segunda Enmienda, pero algunas de esas víctimas murieron mientras Meyers y sus compañeros les realizaban reanimación cardiopulmonar. Kirk criticaba las “contrataciones de diversidad” y una vez bromeó diciendo que se ponía nervioso al ver a un piloto negro en la cabina de un avión, y Meyers había oído esas mismas bromas despectivas sobre las mujeres paramédicas. Kirk decía que las personas transgénero eran una “abominación” y un “insulto a Dios”, pero algunas de esas personas formaban parte de las amistades íntimas de Meyers.

Terminó la capacitación y se subió a su coche para ir a la estación de bomberos. Los autos se amontonaban en la autopista; mientras ella estaba atrapada en el tráfico, veía Facebook en su teléfono. Le parecía como si todo el internet se hubiera transformado en un altar. Kirk era un mártir, un héroe, un genio, un ángel, un santo. Llevaba semanas sin publicar nada en su página privada de Facebook, pero estaba harta de autocensurarse en beneficio de los demás.

Meyers empezó a redactar una publicación para sus 400 seguidores. Su trabajo la obligaba a presenciar la muerte cada semana: el hombre de 43 años de facciones marcadas que saltó a un lago para salvar a un desconocido aunque no sabía nadar. La abuela que giró su camioneta para esquivar a un motociclista ebrio y chocó contra un árbol. El alcohólico que se disculpó por el desorden que había en su remolque e insistió en caminar a la ambulancia, donde se recostó en la camilla y murió. Ninguno fue celebrado. El mundo siguió adelante. A nadie más pareció importarle.

“Qué bueno”, escribió en Facebook, unas horas después de la muerte de Kirk. “Pensamientos y oraciones para el otro tipo”.

Lo publicó sin pensarlo dos veces. Mientras se dirigía a la estación de bomberos, su teléfono empezaba a vibrar con respuestas. “Eres una persona realmente repugnante”, escribió alguien. Borró ese mensaje y vio un mensaje de una de sus amigas.

“¿¿Por favor dime que no estamos en el punto en el que celebramos o nos reímos de que le disparan a alguien por sus opiniones políticas??”.

“¿Te refieres al tipo que le dice a la gente en voz muy alta que soy una abominación y dice que mis amigos no deberían existir?”, respondió Meyers.

“Esta forma de pensar y actuar lleva a nuestro país a un lugar muy oscuro”.

“No voy a dejar que me hagan sentir culpable”, respondió Meyers, pero para ese momento su mensaje empezaba a generar un flujo constante de respuestas, e incluso si no se arrepentía de su mensaje, no quería enfrentar más represalias o acoso. Cuarenta y siete minutos después de publicarlo, volvió a Facebook y lo borró.

“Bueno. Ya lo borré”, le dijo a una amiga. “Se acabó”.

Arnold se despertó antes del amanecer para ver Facebook, buscando pruebas de crueldad, reuniendo municiones y ordenando a sus seguidores que hicieran lo mismo. “Entren en las páginas de redes sociales de personas que sepan, a nivel local, que son de izquierda”, escribió. “Hagan capturas de pantalla de lo que encuentren. Háganlos famosos, hagan que los despidan, hagan que quiebren. Es nuestro turno”.

Durante años había observado cómo personas procedentes de Austin y San Antonio se instalaban en Hill Country en busca de tierras más baratas y una vida más tranquila, y Arnold pensaba que ellos imponían parte de su política liberal en su comunidad rural. Dejaron de rezar la oración tradicional antes de las reuniones municipales de Blanco, intentaron subir los impuestos y empezaron a aplicar sanciones menores a los granjeros por tener hierba crecida o gallinas en libertad. Todo lo que no encajaba en su agenda era ridiculizado como cosas de gente de mente estrecha. A quien no acataba se le tachaba de ignorante.

Como alcalde, Arnold había iniciado una celebración anual del Día de los Fundadores para conmemorar los 170 años de historia de Blanco con música y bailes en la plaza del pueblo, y algunos residentes habían ridiculizado el evento, llamándolo retrógrado y diciendo que glorificaba el asentamiento blanco en territorios apaches y comanches. Ahora, entró en algunas de sus páginas de Facebook y encontró algo más agresivo extendiéndose por internet.

“Charlie Kirk era, simple y llanamente, un nazi. Ahí está. Ya lo dije”.

“Se merece una zanja anónima en medio de la nada”.

“Qué bueno que se está pudriendo en el infierno”.

“Déjenselo a los buitres”.

“Su esposa también merece irse. Desháganse de toda la familia”.

Arnold creía haber presenciado una escalada similar durante sus frecuentes viajes a Nigeria. En el año 2010 viajó por primera vez a la capital, Abuja, y era un lugar pacífico, donde la mezquita nacional y el centro cristiano estaban uno justo enfrente del otro en la avenida Independence. Pero, en los años siguientes, Arnold vio en Nigeria un patrón que temía que estuviera empezando en Estados Unidos: un número cada vez mayor de atentados terroristas aislados, que luego se extendieron a zonas de conflicto cada vez más amplias y a campamentos de desplazados, que dieron paso a personas apuntándole con AK-47 a la cara de manera rutinaria en puestos de control. En alguno de sus viajes más recientes, en 2024, había visitado el lugar de una masacre navideña, donde se bombardearon iglesias y se atacó con machetes a cientos de inocentes en lo que Arnold creía que era un genocidio cristiano en curso.

Ahora Arnold pensaba que Estados Unidos corría el riesgo de sufrir un desmoronamiento similar, y que los valores cristianos que le había inculcado a sus cuatro hijos adultos estaban siendo atacados. Leyó la Biblia y se convenció de que las consecuencias de la expresión malvada eran necesarias, incluso piadosas. “No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, más bien denúncienlas”, decía el Nuevo Testamento.

“Debe haber consecuencias económicas para este veneno cancerígeno”, escribió Arnold a sus seguidores en Facebook pocos días después de la muerte de Kirk. “Compartan, compartan, compartan”.

“De pronto estoy disfrutando mucho la cultura de la cancelación”.

“La vergüenza no es venganza. El rechazo no es crueldad. Son las espinas que Dios pone en el camino para llevar a los hombres de vuelta al camino de la verdad”.

Arnold revisó publicaciones y luego señaló a un impresor local, a una psíquica y a un granjero aficionado. Miles de conservadores de todo el estado seguían los mismos métodos, creando una cámara de eco en línea que atacaba a quienes consideraban culpables. Juntos presentaron más de 280 denuncias contra maestros ante la Agencia de Educación de Texas. Señalaron a un empleado municipal del condado de Marble, y luego dirigieron su ira contra Meyers y su departamento de bomberos, mientras Arnold hacía circular las acusaciones sobre ella y animaba a otros a unirse.

“Médicos. Profesores. Ejecutivos. Hasta una bombera del condado de Comal”, escribió. “No son troles anónimos. Son personas en posiciones de confianza. Están por todas partes. Hay que exponerlos y avergonzarlos hasta que queden en el olvido”.

La mañana siguiente a la muerte de Kirk, Meyers fue convocada a una reunión con el jefe de bomberos. Algunos compañeros habían visto su publicación en Facebook, pero su perfil estaba configurado como privado y en su cuenta no aparecía nada que la identificara como bombera o paramédica en el condado de Comal. Meyers pidió disculpas al jefe por su falta de profesionalidad. Él dijo que lo investigaría y la envió de vuelta a su turno.

Pero cuando Meyers regresó a la estación de bomberos, sus amigos ya le estaban enviando capturas de pantalla de su mensaje, que estaba siendo difundido por todo internet. Lo había compartido un guía de caza local, lo había vuelto a publicar un antiguo grupo del Tea Party y lo había amplificado un cómico de derecha con cientos de miles de seguidores. Cuando Meyers se sentó para almorzar, buscó su nombre en internet y vio miles de publicaciones que sumaban millones de visitas.

“Sé dónde trabaja”, escribió alguien, compartiendo una foto de Meyers y un enlace al Departamento de Bomberos de Canyon Lake.

“Quítenle la licencia”, respondió otra persona. “No se le puede confiar una vida”.

“Que la ‘quemen’ no será suficiente castigo”.

“Ojalá Dios se lleve a alguien que ella adore. Ojalá haga que se asfixie”.

“Averigüen qué coche tiene y cuál es su dirección”.

“¡Oferta de $$$ en efectivo por un Domicilio Verificado!”.

Su departamento de bomberos recibió cientos de llamadas. También a otros tres departamentos de la zona; los tres emitieron comunicados para aclarar que Meyers no trabajaba ahí. Pronto las líneas de emergencia de Canyon Lake se colapsaron con llamadas que exigían el despido de Meyers. El departamento puso sus estaciones en confinamiento y envió a un policía a vigilarla. Ella intentó bromear con sus colegas sobre qué equipo de ambulancias podría responder cuando le dispararan, pero a altas horas de la noche, en la estación de bomberos, vio su teléfono y vio nuevas fotos de su cara, su coche, su casa, la casa de su madre.

La exigencia de consecuencias llegó hasta el gobernador de Texas, Greg Abbott, quien estaba usando su propia plataforma para atacar a un maestro de primaria y a dos estudiantes universitarios que habían hecho publicaciones sobre Kirk. Meyers se preguntó si ella sería la siguiente.

Salió de la estación de bomberos para regresar a su hogar, pero uno de sus compañeros le dijo que podía quedarse en su casa. Era un conservador que pensaba que la publicación de Meyers era horrible, pero ocultó el coche de ella detrás de su casa y le ofreció una habitación para los días siguientes. Insistía en seguirla a todas partes para protegerla, incluso a la oficina del jefe para otra reunión disciplinaria, donde fue despedida por “conducta inaceptable”.

Ella recogió sus pertenencias en la estación de bomberos y vio que había un mensaje en su teléfono. Era de un número de Nueva York, y una voz que no reconoció. “Qué basura de casita verde y de Jeep rojo”, decía el interlocutor, y ella se preguntó si la estaría vigilando.

Como paramédica, había respondido a cientos de llamadas al 911 por ansiedad, y ahora reconocía algunos de esos mismos síntomas en sí misma. Respiración entrecortada. Pulso acelerado. Pensamientos de pánico. El mundo parecía cerrarse sobre sí mismo, apretándola como un puño.

Empacó una maleta con ropa, subió a su perro en el coche y se detuvo en casa de su madre. Su madre confundió su angustia con arrepentimiento, pero Meyers dijo que no lamentaba lo que había escrito. Si acaso estaba más enfadada, pero también necesitaba encontrar un sitio donde se sintiera segura en un país cada vez más tenso. Aún no sabía adónde iba, solo que necesitaba marcharse.

“Todo se está desmoronando”, dijo.

Arnold examinó su feed, contando victorias. Desde que era presidente de los jóvenes conservadores de la Universidad de Texas —hablando una vez en el mismo lugar del campus de Austin donde Charlie Kirk hizo eventos más tarde— le había dicho a la gente que la mejor manera de desenmascarar a los liberales era dejarlos hablar. Ahora estaban hablando, y Arnold creía que algunas de sus palabras eran tan insensibles y feas que requerían consecuencias. Dijo que, como cristiano, le dolía pensar que la gente perdiera su trabajo o sufriera el rechazo masivo, pero en este caso lo consideraba necesario.

“Más de 1000 despedidos”, escribió. “Que sean 10 veces más mañana”.

Vio una historia en internet sobre la bombera del condado de Comal que acababa de ser despedida y la compartió en su página. “Creo que todas estas personas que se han vuelto imposibles de contratar probablemente deberían autodeportarse”, escribió. “De todas formas, no los queremos aquí”.

Para ese momento, algunas de las otras personas de las zonas rurales de Texas que Arnold había atacado estaban empezando a organizar campañas contra él, exigiendo sus propias consecuencias. Compartieron su foto de perfil en páginas liberales y lo llamaron “bravucón de MAGA”. Buscaron la dirección de su casa y amenazaron con boicotear su negocio de construcción.

Uno de los amigos de Arnold escribió para decir que estaba preocupado: “Ponle atención a otra cosa que no sea esto por un tiempo. Es solo mi opinión, pero creo que no es sano para ti”.

“Gracias por preocuparte”, respondió Arnold, pero en los días que siguieron continuó examinando las redes mientras la fina capa de civilidad se deshacía en su pantalla. Desde que se había vuelto alcalde, sabía que le podía ir bien en el conflicto. Cuando creía en la causa, podía tolerar no caer bien, incluso que lo despreciaran. Pensaba que el país que amaba se hundía en la decadencia moral y cívica, y que su responsabilidad ante Dios y su familia era luchar por sus principios. Los ataques se intensificaban, pero también su determinación.

“Este no es el momento de retirarse”, publicó. “Esto no es un juego. Esto es, en todos los sentidos del término, una guerra civil”." 

( , The New York Times, 15/10/25) 

20.9.25

Tras el asesinato de Charlie Kirk, la gente coincide en que algo anda mal en EE. UU... “Esto podría ocurrirle a cualquiera en este país... Creo que la gente en general tiene miedo”... “Había alguien en la televisión que no paraba de decir que nosotros no éramos así, que no somos uno de esos países que le disparan a la gente por motivos políticos... Pero es lo que somos. Les disparamos a los líderes políticos. Somos ese país”... “Desafortunadamente, estamos rotos”... “Esto parece un punto de inflexión. ¿Cómo vamos a avanzar ahora?”... Emily Rose, liberal de 19 años, dijo que los estudiantes de su campus, políticamente heterogéneo, ya habían aprendido a contenerse y a hablar de política solo con personas afines. “A veces, cuando la conversación se desvía hacia la política en un espacio mixto, las cosas se ponen tensas”... “Este momento se siente como si se hubiera roto una presa. Las compuertas están abiertas y la violencia política ya forma parte de nuestra sociedad” (Shawn Hubler, The New York Times)

 "Después de que Charlie Kirk, activista de derecha, recibiera un disparo mortal durante una aparición política el miércoles, a Edward Padron, cerrajero de 67 años de Brownsville, Texas, se le ocurrieron dos pensamientos. Uno fue inmediato. El otro tomó más tiempo.

Padron, conservador desde hace mucho tiempo, dijo que primero asumió que acababa de ocurrir “un crimen de odio contra un republicano”. Pero luego pensó en otros actos recientes de violencia en todo el espectro político, desde los atentados del año pasado contra la vida del presidente hasta los tiroteos mortales de junio contra una legisladora demócrata de Minnesota y su esposo. Le parecía como si una terrible enfermedad se estuviera apoderando de la nación, sin una cura a la vista.

“Esto podría ocurrirle a cualquiera en este país”, dijo Padrón desde su casa, cerca de la frontera con México. “Creo que la gente en general tiene miedo”.

Esa ansiedad se repitió esta semana en entrevistas con estadounidenses, incluido un grupo de votantes que The New York Times ha seguido durante toda la presidencia de Donald Trump. Independientemente de su ideología política, la gente expresó su profunda inquietud tras el asesinato de Kirk, quien había construido un movimiento nacional que promovía la política de derecha en campus universitarios como el de Utah, donde su vida terminó.

Algunos de los entrevistados no habían oído hablar de Kirk. Otros tenían fuertes sentimientos hacia él y su política, a favor y en contra. Pero prácticamente todos estaban de acuerdo en que la violenta muerte de Kirk parecía confirmar el profundo temor de que algo anda muy mal en esta nación.

No se trataba solo de la violencia armada. En cierto sentido, eso se ha convertido en una tragedia cotidiana, lamentable pero no sorprendente. Como señalaron varias personas, el miércoles también hubo un tiroteo en una escuela de Colorado.

En cambio, la muerte de Kirk a los 31 años simbolizó para muchos el colapso de lo que creían que era un valor estadounidense básico, de sentido común, que no necesita ser debatido: que las personas que expresan una opinión política no deben ser acribilladas por ello

“Había alguien en la televisión que no paraba de decir que nosotros no éramos así, que no somos uno de esos países que le disparan a la gente por motivos políticos”, dijo Charles Phoenix, de 62 años, artista de izquierda que vive en el área de Los Ángeles.

“Pero es lo que somos. Les disparamos a los líderes políticos. Somos ese país”.

En las entrevistas, la gente repasó sus propias experiencias y temores, intentando entender por qué la situación se había vuelto tan fea. Hablaron de amistades que se disolvieron en discusiones, del flujo infinito de desinformación, de los insultos viscerales, de los llamamientos a la violencia, de la incapacidad de ver más allá de la manipulación partidista para debatir con calma.

“Desafortunadamente, estamos rotos”, dijo Dave Abdallah, de 60 años, agente inmobiliario de Dearborn, Míchigan.

Erwin McKone, de 55 años, vendedor cerca de Flint, Míchigan, quien votó a regañadientes por Donald Trump el pasado noviembre, estaba en el campo de golf cuando recibió la noticia del asesinato. No sabía mucho sobre Kirk, pero la noticia le golpeó como un puñetazo en el estómago. Conteniendo las lágrimas, dijo que el asesinato parecía surgir de una animadversión cada vez más desconectada de los hechos, la responsabilidad y la razón, hasta el punto de que apenas soportaba consumir noticias estos días.

“Parece que vivimos totalmente en la locura”, dijo, “cada momento de cada día”.

En Marietta, Georgia, Taylor Busch, de 44 años, dijo que el rencor por el tiroteo de Kirk se extendió a un canal de Discord en el que él y otros aficionados al videojuego Destiny 2 hablan habitualmente. Algunos de los miembros, dijo, se conocen desde hace 10 años.

“Siempre nos hemos mantenido muy discretos, alejados de los eventos políticos”, dijo Busch, quien el año pasado votó por Kamala Harris. Pero después de que uno de sus amigos publicara un video del asesinato, estalló una discusión.

Los jugadores que apoyaban a Kirk se pusieron furiosos. Dijeron: “‘Bueno, a mí me gustan las cosas que a él le gustaban. Yo creía en cosas en las que él creía. ¿Crees que debería ser asesinado?’”, recordó Busch. “Yo dije: nadie está diciendo eso”.

Busch dijo que intentaba dejar claro que Kirk “dijo esas cosas horribles y, al mismo tiempo, es horrible que muriera”.

Dos personas abandonaron el grupo, profundamente ofendidas.

Varias personas de la derecha informaron de una oleada similar de miedo y vulnerabilidad.

En Utah, Bryce Youngquist, de 43 años, vendedor de software en Salt Lake City, dijo que estaba en un almuerzo en su alma mater, la Universidad Brigham Young, cuando un recepcionista se levantó y anunció la noticia del ataque.

Entre los gritos ahogados y las oraciones, dijo, su tristeza por la familia de Kirk se mezcló con “una especie de sensación aterradora” de que, de algún modo, el tiroteo lo había amenazado como conservador.

“Esto parece un punto de inflexión”, dijo. “¿Cómo vamos a avanzar ahora?”.

Los liberales también sintieron la amenaza.

Thien Doan, de 36 años, ingeniero informático de Orange, California, dijo que había visto con tristeza cómo sus sobrinos, en edad universitaria, asistían a actos universitarios en los que Kirk iba a hablar. Doan discrepaba de Kirk en casi todos los temas y consideraba que muchas de sus declaraciones políticas —sobre género, raza, migración— equivalían a un discurso de odio. Pero le alarmó que Kirk hubiera sido asesinado.

Ahora teme una reacción violenta de la derecha. “Ahora todo es preocupante”, dijo Doan.

Algunos se preguntaron si los estadounidenses comprendían plenamente lo poco frecuente que es poder intercambiar ideas pacíficamente, especialmente las que provocan profundos desacuerdos.

En Míchigan, a Abdallah, el agente inmobiliario, le preocupaba que el tiroteo enfriara la libertad de expresión, agravara la polarización y animara a personas con “una orientación mental equivocada” a la acción violenta, como había ocurrido tan a menudo en Líbano, donde él nació.

“Espero que este tipo de cosas no disuadan a otras personas de ir al campus y hablar”, dijo, pero la respuesta a la muerte de Kirk le hizo temer por el discurso público estadounidense.

En la Universidad de Wisconsin-River Falls, Emily Rose, liberal de 19 años, dijo que los estudiantes de su campus, políticamente heterogéneo, ya habían aprendido a contenerse y a hablar de política solo con personas afines.

“A veces, cuando la conversación se desvía hacia la política en un espacio mixto, las cosas se ponen tensas”, dijo.

En la Universidad de Wyoming, a Charles Vaughters, de 25 años, quien sirvió en los Marines antes de matricularse en la universidad, le preocupaba que las cosas pudieran empeorar mucho.

Aunque no estaba de acuerdo con Kirk en algunas cuestiones, dijo que apreciaba el discurso. Pero, preguntó, cuando la gente de izquierda compara al gobierno de Trump con fascistas y nazis, ¿cómo puede sorprender la violencia política?

Al mismo tiempo, advirtió que el asesinato había convertido a Kirk en un mártir moderno para la extrema derecha, especialmente para muchos universitarios que lo idolatraban. Cuando la gira “American Comeback” (El regreso estadounidense) de Kirk hizo escala en su campus del estado republicano la primavera pasada, el auditorio rebosó con un lleno total de más de 1800 personas.

“Muchos jóvenes están muy enfadados por esto”, dijo.

En Lacombe, Luisiana, Clifford Eugene, de 74 años, también está preocupado por la retórica política.

“Desde la elección del presidente Barack Obama, creo que el país está cada vez más dividido”, dijo Eugene, inspector bancario jubilado del Departamento del Tesoro. “Ahora hay líderes que demonizan al otro bando y lo declaran enemigo del pueblo”.

Pero, ¿qué se puede hacer? Eugene, demócrata, se sentía incapaz de nombrar un remedio para esta nación enfadada y atrincherada.

“La violencia política, en mi opinión, es como el agua en un embalse: un dique la mantiene en su sitio”, dijo. “Este momento se siente como si se hubiera roto una presa. Las compuertas están abiertas y la violencia política ya forma parte de nuestra sociedad”." 

(Shawn HublerEdgar Sandoval y  , The New York Times, 12/09/25)