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23.12.21

La recuperación del PIB y empleo en Europa tras la epidemia del covid ha sido cuatro veces más rápida con las políticas de gasto público que con las políticas de austeridad tras la crisis del 2008... Que las políticas expansivas con las que está enfrentando la Unión Europea y los Estados miembro esta crisis son mejores que las políticas restrictivas de austeridad que usaron (o impusieron a los países del sur) es algo que ya solo unos pocos economistas tuiteros son capaces de negar. Incluso los políticos más liberales se han tenido que rendir a la evidencia que muestran los datos

 


 "Que las políticas expansivas con las que está enfrentando la Unión Europea y los Estados miembro esta crisis son mejores que las políticas restrictivas de austeridad que usaron (o impusieron a los países del sur) es algo que ya solo unos pocos economistas tuiteros son capaces de negar. Incluso los políticos más liberales se han tenido que rendir a la evidencia que muestran los datos.

Hoy le ha tocado el turno al presidente del Eurogrupo y ministro de Economía de Irlanda, el liberal Paschal Donohoe. En un hilo en su cuenta de Twitter ha explicado que el PIB de la Zona Euro ha regresado a niveles pre-Covid tras ocho trimestres, lo que significa que “la recuperación ha sido cuatro veces más rápida que en la crisis financiera”.

 Acompañando al tweet, el presidente del Eurogrupo ha publicado una gráfica con datos de Eurostat y las predicciones para otoño de la Comisión Europea en la que se compara la evolución del PIB durante la anterior crisis (línea roja) y con la crisis del Covid (línea de puntos en forma de V). En la gráfica se puede observar la pronta recuperación del PIB en comparación con los casi 30 trimestres que se necesitó con la aplicación de medidas de austeridad.

 De la misma forma ha ocurrido con los niveles de empleo. Según los datos mostrados por Donohoe, el empleo en la Unión Europea ha alcanzado los niveles anteriores a la pandemia en siete trimestres. Con las medidas de austeridad se necesitaron 33 trimestres, más de ocho años. “Esto minimizará los riesgos relacionados con las cicatrices económicas a largo plazo”, ha explicado en el tweet.

 El presidente del Eurogrupo ha sacado pecho afirmando que estos datos son “una fuerte evidencia de que nuestras políticas están funcionando” y que la política económica para enfrentar esta crisis a nivel europeo “ha sido solidaria, rápida y coordinada”.

No obstante, Donohoe ha remarcado que no es momento para la complacencia y pone la lupa en los riesgos que todavía sobrevuelan a Europa con el virus, las posibles interrupciones adicionales de la cadena de suministro y la inflación, los cuales necesitarán “una especial atención”. Ha terminado el hilo afirmando que “la política económica seguirá siendo solidaria, ágil y cada vez más focalizada en 2022”.               (El Salto, 16/12/21)

28.9.18

La única forma de reanimar nuestras economías de manera plena requiere que el sector público retome su papel esencial como inversor estratégico, a largo plazo y orientado a un objetivo...

 "(...) El crecimiento requiere un sector financiero que funcione bien, en el que las inversiones a largo plazo tengan su recompensa por encima del juego a corto plazo. 

Sin embargo, en Europa se introdujo una tasa a las transacciones financieras solamente en 2016 y las llamadas finanzas pacientes siguen siendo inadecuadas en casi todas partes. Por consiguiente, el dinero que inyecta en la economía, por ejemplo, la facilitación monetaria, acaba regresando a los bancos. 

El predominio del pensamiento a corto plazo refleja una incomprensión fundamental del papel económico adecuado al Estado. Contrariamente al consenso posterior a la crisis, la inversión estratégica activa del sector público resulta crucial para el crecimiento. Esta es la razón por la que las grandes revoluciones tecnológicas – sea en la medicina, los ordenadores o la energía – han sido posibles gracias a que el Estado actúo como primera opción para inversor.

Sin embargo, seguimos con las fantasías de los agentes privados en sectores innovadores, ignorando su dependencia de los productos de la inversión pública. Elon Musk, por ejemplo, no sólo ha recibido más de 5.000 millones en subvenciones del gobierno norteamericano; sus empresas, SpaceX y Tesla, se han levantado gracias al trabajo de la NASA y el Departamento de Energía, respectivamente. 

La única forma de reanimar nuestras economías de manera plena requiere que el sector público retome su papel esencial como inversor estratégico, a largo plazo y orientado a un objetivo. Para ese fin, resulta vital desmentir los relatos errados respecto a cómo se crean valor y riqueza.

La presunción popular es que el Estado facilita la creación de riqueza (y redistribuye la que se crea), pero no crea en realidad riqueza. Por el contrario, a los líderes empresariales se les considera agentes económicos productivos, una noción a la que algunos recurren para justificar la creciente desigualdad. 

Dado que las actividades de las empresas (a menudo arriesgadas) crean riqueza – y por tanto empleos – sus directivos merecen ingresos más elevados. Esos supuestos tienen también como resultado un uso equivocado de las patentes, que en los últimos decenios han estado bloqueando, en lugar de incentivar la innovación, en la medida en que había tribunales bien dispuestos hacia las patentes que les han permitido cada vez más utilizarlas de manera demasiado amplia,  privatizando los instrumentos de investigación, en lugar simplemente de los resultados del final del proceso.

Si estos supuestos fueran ciertos, los incentivos fiscales espolearían un aumento de la inversión empresarial. En cambio, esos incentivos – tal como los recortes fiscales a las empresas en los EE.UU promulgados en diciembre de 2017 – reducen los ingresos del Estado, en conjunto, y contribuyen a impulsar beneficios empresariales que baten marcas, mientras que producen poca inversión privada. 
Esto no debería resultar chocante. 

En 2011, el empresario Warren Buffett señalo que los impuestos a las ganancias del capital no impiden que los inversores realicen inversiones ni socavan la creación de empleo. “Se añadió una red de casi 40 millones de puestos de trabajo entre 1980 y 2000,” advirtió. “Ya sabemos lo que ha ocurrido desde entonces: tipos de impuestos más bajos y una creación de empleo bastante más reducida”.

Estas experiencias chocan con las creencias forjadas por la llamada Revolución Marginalista del pensamiento económico, cuando la teoría del valor trabajo fue substituida por la moderna y subjetiva teoría del valor de los precios del mercado. En resumen, asumimos que, en la medida en que una organización o actividad alcanza un precio, está generando valor.

Con ello se refuerza esa noción que normaliza la desigualdad según la cual quienes ganan mucho debe ser que crean una gran cantidad de valor. Es la razón por la que el director de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, tuvo el valor de declarar en 2009, justo un año después de la crisis a la que había contribuido su propio banco, que sus empleados se contaban entre “los más productivos del mundo”. 

Y es también la razón por la que las empresas farmacéuticas se salen con la suya recurriendo a la “fijación de precios basada en el valor” para justificar el precio astronómico de los medicamentos, aun cuando el gobierno norteamericano se gasta más de 32.000 millones de dólares anuales en los eslabones de alto riesgo de la cadena de innovación de la que salen estos medicamentos. 

Cuando el valor no se determina con una métrica concreta sino más bien por medio del mecanismo del mercado de la oferta y la demanda, el valor se convierte sencillamente “en el ojo del que mira” y las rentas (los ingresos inmerecidos) acaban confundiéndose con los beneficios (ingresos bien ganados), la desigualdad aumenta y cae la inversión en la economía real. 

Y cuando las posiciones ideológicas defectuosas respecto a cómo se crea valor en la economía son las que configuran la aplicación de las medidas políticas, el resultado son medidas que recompensan sin darse cuenta el cortoplacismo y socavan la innovación.

Una década después de la crisis, seguimos teniendo la necesidad de abordar debilidades económicas duraderas. Eso significa, primera y primordialmente, reconocer que el valor lo determinan de manera colectiva las empresas, los trabajadores, las instituciones públicas estratégicas y los organismos del a sociedad civil. 

La forma en que interactúan estos diversos agentes determina no sólo el ritmo del crecimiento económico sino también si el crecimiento lo guía la innovación, incluso si es sostenible. Sólo reconociendo que la política debe tener tanto que ver con dar forma y co-crear activamente los mercados como con arreglarlos cuando las cosas van mal podemos poner punto final a esta crisis."     

(Mariana Mazzucato  . Profesora de Economía de la Innovación y Valor Público en el University College de Londres. Sin Permiso, 23/09/18. Fuente: Social Europe, 17 de septiembre)

8.3.17

Estamos en el final de la aparente recuperación económica impulsada por los estímulos de Obama y de la Reserva Federal... y el inicio de un nuevo ciclo de aversión al riesgo en los mercados financieros, profundamente sobrevalorados

"(...) La economía global, profundamente inestable, podría registrar una notable desaceleración a partir del eslabón que, tanto analistas como economistas, consideran más fuerte, los Estados Unidos.

La razón hay que buscarla en un riesgo endógeno olvidado por gran parte de dichos analistas y economistas, el inicio de un nuevo ciclo de aversión al riesgo en los mercados financieros, profundamente sobrevalorados.

Dicho ciclo se iniciaría en los mercados financieros yankees, los más sobrevalorados del planeta, con una divisa excesivamente apreciada, y en un contexto de desaceleración-recesión de dicha economía no anticipada por la mayoría de analistas. Pero vayamos a los datos. (...)

Para Estados Unidos disponemos del modelo GDPNow alimentado por la Reserva Federal de Atlanta, y que ofrece una previsión o estimación oficial del PIB actual, previa a su publicación y que se va modificando con la publicación de nuevos datos, tanto de indicadores de actividad como de encuestas.

Con los datos publicados este viernes de consumo y renta personal prevé un crecimiento intertrimestral anualizado del +1,8% para el trimestre en curso, lo que supone una fuerte desaceleración respecto a lo que preveía con anterioridad a la publicación de este dato.

 La evolución del mismo sugiere que los Estados Unidos podrían registrar un crecimiento inferior al 1% intertrimestral anualizado. Prácticamente ha acertado todas las previsiones desde su aparición en el año 2015.  (...)

La razón de la fuerte desaceleración que el modelo GDPNow apunta para los Estados Unidos es el hundimiento del gasto personal en términos reales en enero de 2017. Cayó un -0.3% desde diciembre. Se trata del registro más bajo desde septiembre de 2009, justo después del final de la Gran Recesión, según el National Bureau of Economic Research (NBER) en junio de 2009.

Coincide además con un momento en el que los mercados financieros asignan una probabilidad de aumento en los tipos de interés oficiales por parte de la Reserva Federal del 82% en su reunión del 15 de marzo. Pero ya veremos.

 Estamos en el final de la aparente recuperación económica impulsada por los estímulos de Obama y de la Reserva Federal. Y aunque no es culpa de Donald Trump, como no se remangue y se ponga a trabajar duro durante los siguientes trimestres, implementado las distintas propuestas económicas que contenía su programa, la economía estadounidense colapsará, arrastrando al resto de las economías del planeta.

Para ello debería empezar a poner en macha el tan cacareado plan de gasto en infraestructuras públicas, de hasta un billón de dólares, en un contexto donde la inversión privada está estancada por falta de demanda efectiva. Y todo ello combinado con otra de sus promesas, la subida del salario mínimo a 10 dólares la hora.

 Como dudo que al final se haga todo aquello que se recogió en dicho programa económico, hemos de estar preparados para el siguiente cataclismo, que vendrá de nuevo de un aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros, tal como sucedió en 2000-2002 y 2007-2009. (...)"          (Juan Laborda, Vox Populi, 05/03/17)

23.9.16

La inversión pública masiva como medida de creación de empleo y la oposición a los tratados de libre comercio, medidas propuestas por Sanders, y por Trump, han logrado el consenso político de que ambas son necesarias para salir de la Gran Recesión

"El programa económico del candidato republicano, Donald Trump, es neoliberalismo puro, característico, en muchos aspectos, de los programas del Partido Republicano: incluye unos grandes recortes de impuestos que favorecerían enormemente a las rendas superiores y a las rendas derivadas del capital. (...)

Otra medida predecible del programa republicano del Sr. Donald Trump es el compromiso de eliminar y/o reducir gran cantidad de regulaciones laborales, medioambientales y en defensa del consumidor, que el mundo de las grandes empresas siempre ha deseado reducir o incluso eliminar.(...)

Ahora bien, hay dos propuestas del programa de Trump que son claramente diferentes y que no aparecen en el ideario neoliberal, y que han tenido gran atractivo y capacidad de movilización entre las clases populares, y muy en particular entre la clase trabajadora (sobre todo de raza blanca). 

Las dos propuestas pertenecen más a la sensibilidad socialdemócrata (antes de que la mayoría de estos partidos dejaran de ser socialdemócratas y se convirtieran en partidos socioliberales) y son, repito, sumamente populares entre la clase trabajadora de aquel país.

Una de estas propuestas nuevas consiste en establecer un programa activo de inversiones públicas en las infraestructuras del país como medida de creación de empleo. A primera vista, puede parecer paradójico que un político de extrema derecha haga esta propuesta. 

Pero no lo es tanto si se tiene en cuenta que el nazismo y/o el fascismo (que se autodefinieron como partidos nacional-socialistas) incluyeron en sus programas propuestas de carácter socialista que tenían, como objetivo, atraer a la clase obrera, compitiendo con los partidos socialistas y comunistas por el apoyo de tal clase. 

Una situación semejante está ocurriendo ahora en EEUU. En realidad, el candidato que lideró primero estas propuestas en la campaña electoral fue el candidato socialista Bernie Sanders, que generó gran apoyo entre los jóvenes y entre la clase trabajadora (por debajo de 45 años). 

El candidato Trump (cuya ideología tiene muchos componentes del fascismo populista europeo, tales como el nacionalismo extremo, el racismo, la xenofobia, el caudillismo, el antidemocratismo, autoritarismo y el canto a la fuerza –al militarismo) hizo suyas tales propuestas, siendo una de las medidas que ha generado mayor movilización popular y apoyo, tanto a Donald Trump como al candidato socialista Bernie Sanders, que compitió en las primarias del Partido Demócrata.

El otro gran capítulo nuevo para un candidato republicano ha sido la oposición de Trump a los tratados de libre comercio, sumamente impopulares en EEUU por haber sido una de los mayores causas de destrucción de empleo en el sector manufacturero estadounidense. 

Tal sector es el que concentra los puestos de trabajo mejor pagados y más estables del mercado de trabajo estadunidense, y que ocupan, en su gran mayoría, obreros de raza blanca. Al destruirse tales puestos de trabajo, el grupo más afectado es precisamente la clase trabajadora blanca.

La movilidad de las empresas manufactureras a países como México y China ha tenido un impacto sumamente negativo en los estados industriales de EEUU (Ohio, Michigan y Pennsylvania, entre otros), lo que explica el gran atractivo de esta propuesta entre tal clase trabajadora. 

En este capítulo, de nuevo, fue el candidato demócrata Bernie Sanders el que presentó una serie de propuestas exigiendo el fin de los tratados mencionados, propuestas sumamente populares y que hizo suyas también el candidato Trump. (...)

Las dos grandes propuestas citadas (la inversión pública masiva como medida de creación de empleo y la oposición a los tratados de libre comercio), apoyadas por el candidato demócrata Bernie Sanders (un miembro del Partido Socialista de EEUU y candidato independiente a la Presidencia del Partido Demócrata), y por el candidato republicano Donald Trump, han tenido un gran impacto en Partido Demócrata. 

Hoy el programa de tal partido ha virado claramente a la izquierda, debido a la candidatura Sanders (que ganó en 22 de los 50 Estados) y del temor a Donald Trump. Hilary Clinton, vencedora de las primarias del Partidos Demócrata, es plenamente consciente de que, sin el apoyo de los sanderistas, no podrá ganar las elecciones. 

De ahí que haya un acuerdo, que llega a nivel de consenso, de que, para salir de la Gran Recesión, se necesita una inversión masiva federal de gasto público para producir empleo y un rechazo a los mal llamados tratados de libre comercio, que están excesivamente influenciados por los intereses de los lobbies empresariales a costa del bienestar de las clases populares.

Es interesante señalar que en Europa han comenzado a aparecer propuestas semejantes (gran inversión pública y oposición al Tratado TTIP) por parte de movimientos sociales y políticos, siendo en España Unidos Podemos el único partido que ha propuesto medidas semejantes, que, como era predecible, ha sido acusado por las fuerzas conservadoras y liberales como utópico e irrealizable. 

Europa continúa estancada en el dogma neoliberal que está condenando a la Unión Europea, y muy en especial a los países periféricos de la Eurozona, como España, a un estancamiento del cual será difícil salir a no ser que cambien radicalmente las políticas públicas neoliberales que han causado la Gran Recesión, que todavía no se ha resuelto (por mucho que el gobierno y sus aliados, así como los grandes medios, así lo digan). Y, si no se lo creen, esperen y lo verán."             

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 31 de agosto de 2016; en www.vnavarro.org, 31/08/16)

8.4.16

Nuevas tecnologías de pilas de almacenamiento harán viables a las energías alternativas

"Los debates sobre cómo construir un futuro verde tienden a centrarse en la necesidad de mejorar la generación de energía de fuentes renovables. Pero ese es sólo el primer paso. 

También son cruciales mecanismos mejores para almacenar y distribuir esa energía cuando no brilla el sol, no sopla el viento o los coches eléctricos se encuentran en continuo movimiento. 

Y, a diferencia de lo que se cree popularmente, es el sector público el que señala el camino hacia soluciones eficaces. 

 Desde el desarrollo comercial de baterías de litio-ion – las baterías recargables en la electrónica de consumo  – de principios de los años 90, ha resultado enojoso el desafío de almacenar y distribuir energía con eficacia suficiente como para hacer de las fuentes sostenibles de energía alternativas viables a los combustibles. 

Y los esfuerzos de multimillonarios empresariales como Bill Gates y Elon Musk para superar este desafío han sido objeto de mucha especulación mediática alborotada. Así que, ¿cuántos millonarios hacen falta para cambiar unas pilas?

Esta semana, Ellen Williams, directora de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada-Energía [Advanced Research Projects Agency-Energy, ARPA-E], parte del Departamento de Energía norteamericano, anunció que su agencia que su agencia había batido a los multimillonarios en eso.

 La ARPA-E, declaró, había conseguido “algún que otro santo grial en cuestión de baterías”, lo que le permitirá “crear un enfoque completamente nuevo para la tecnología de pilas, hacer que funcione y convertirlo en comercialmente viable”.

A la vez que alababa los logros de Musk, Williams establecía una nítida distinción entre ambos enfoques. Musk se ha implicado en la producción a gran escala de “tecnología ya existente y muy potente de baterías”.

 Por contraposición, la ARPA-E, ha ido buscando la innovación tecnológica en el sentido más puro: “crear nuevas formas de hacer” cosas. Y están “pero que muy convencidos” de que varias de sus tecnologías “tienen potencial para ser significativamente mejores”.

A mucha gente esta evolución puede parecerle sorprendente. Al fin y al cabo, al sector privado se le ha considerado durante mucho tiempo la fuente más importante de la economía de la innovación. Pero esta percepción no es del todo exacta.

De hecho, las grandes figuras empresariales de la historia se han apoyado con frecuencia en los hombros del Estado. El difunto fundador y director de Apple, Steve Jobs, fue un empresario inteligente, pero toda la tecnología que hace “inteligente” el iPhone se desarrolló con financiación del Estado.

 Esa es la razón por la que Gates ha declarado que solamente el Estado, en forma de instituciones públicas como la ARPA-E, puede señalar el camino hacia el logro de avances energéticos.

Resulta crucial advertir aquí que no es el Estado administrador el que cumple este papel; más bien se trata del Estado emprendedor en acción, que crea mercados, en lugar simplemente de ponerles remedio. 

Con un enfoque orientado a objetivos y la libertad de experimentar – entendiendo que el fracaso es un rasgo inevitable, e incluso bien recibido, del proceso de aprendizaje – el Estado es más capaz de atraer al mejor talento y buscar la innovación radical.

Pero, por supuesto, dirigir una revolución no será empresa fácil. Para tener éxito, los organismos públicos tendrán que superar desafíos de importancia.

Tomemos el caso de ARPA-E, que se fundó en 2009 como parte del paquete de estímulos económicos del presidente norteamericano Barack Obama. Aunque se encuentra todavía en su infancia, la agencia – basada en el modelo de la veterana Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa [Defense Advanced Research Projects Agency – DARPA] ya ha demostrado ser enormemente prometedora. 

Y siguiendo el compromiso expresado por Obama y otros 19 líderes mundiales en la cumbre en París de diciembre pasado sobre cambio climátic de doblar la inversión pública en investigación sobre energías verdes, la ARPA-E parece encaminada a recibir un impulso bien recibido en su financiación.

Pero  la ARPA-E carece todavía de la capacidad de crear y configurar nuevos mercados como los que disfruta, vamos a decir, la DARPA. Esto representa un desafío de envergadura, pues la agencia está trabajando en un sector que sigue estando en sus primeros estadios. 

Aunque el desarrollo de tecnologías de energía eólica y solar recibió un enorme impulso en la década de  1970, ambas están todavía marcadas por el mercado y la incertidumbre tecnológica. 

 Ante esa incertidumbre, el sector empresarial no entrará en el mercado hasta que se hayan realizado las inversiones más arriesgadas e intensivas en capital, o hasta que se hayan transmitido señales políticas coherentes y sistemáticas. 

Los gobiernos deben, por tanto, actuar decididamente para realizar las inversiones necesarias y proporcionar las señales correctas.De modo crucial, los gobiernos han de instalar también salvaguardas para garantizar que el Estado empresarial coseche una porción apropiada de la recompensa por sus esfuerzos. 

En el pasado, esto podia haberse realizado por medio de efectos colaterales impositivos. Pero el tipo marginal máximo no está ni mucho menos cerca del nivel en que estaba en los años 50, cuando se fundó en los EE.UU. la NASA, un ejemplo primordial de innovación patrocinada por el Estado (en esa época, el tipo impositivo marginal era del 91%.) (...)

En algunos países, como Israel (con su programa Yozma) y Finlandia (con su fondo Sitra), el Estado ha conservado participaciones en la innovación financiada por el Estado. Esto le permite al Estado empresarial seguir invirtiendo, catalizando la siguiente ola de innovaciones. ¿Por qué se muestran los países occidentales tan resistentes a esta sensata idea?"                (Mariana Mazzucato  , Sin Permiso, 20/03/2016)

29.3.16

¿Es "arrojar dinero desde helicópteros" la fórmula mágica para salvar la economía?

"Más de 600 recortes de tipos de interés y compras de activos por miles de millones de dólares: ninguna de estas medidas tomadas por los bancos centrales de los países desarrollados ha logrado impulsar la inflación o un crecimiento económico notable, escribe Bloomberg.

Con lo cual, para sacar al mundo del estancamiento desinflacionista podría utilizarse la estrategia conocida como 'arrojar dinero desde helicópteros', o sea, que los bancos centrales financien directamente el estímulo público. Dicho concepto fue propuesto por Milton Friedman, premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia, en 1969, quien imaginó el dinero recién impreso lanzado desde helicópteros.

La imagen es una metáfora para ilustrar la idea de que el dinero debe ser entregado directamente a la gente, que al tener más dinero gastará más. En su opinión, esta medida estimula la actividad económica y aumenta la inflación. En el sentido moderno, la estrategia no solo contempla la distribución directa de dinero, sino también otras formas de estimular el gasto de las familias como, por ejemplo, los beneficios fiscales.

La teoría, de momento jamás puesta en práctica por ninguna economía moderna grande, es fusionar las políticas monetarias y fiscales, subraya el medio. Gobiernos con problemas de liquidez venden deudas a corto plazo directamente a su banco central por el dinero recién impreso, que a continuación se inyecta directamente en la economía a través de recortes de impuestos o programas de gasto. En este caso se evitan los intermediarios habituales como los bancos.  (...)

"No sabemos con certeza si 'arrojar dinero desde helicópteros' será el próximo intento de fórmula milagrosa; sin embargo, el tema está recibiendo mucha atención", comentó Gabriel Stein, economista de Oxford Economics. "La probabilidad de que sea implementada una forma de la estrategia en algún lugar es razonablemente alta".

Los detractores señalan que la afluencia de dinero desatará la inflación, inflará la deuda nacional y "hará grandes agujeros en los balances de los bancos centrales". 

Sin embargo, "la clara lección de los últimos años es que las medidas de política aparentemente inimaginables y limitadas antes a la teoría o los libros de historia pueden convertirse en realidad si las circunstancias económicas extraordinarias persisten durante un tiempo suficiente", observó Jonathan Loynes de Capital Economics."            (Jaque al neoliberalismo, 25/03/16, Tomado de RT)

28.3.16

Ante la imposibilidad de manejar las tasas de interés, ya negativas o próximas a cero, los policymakers están desarmados para enfrentar la recesión

"(...) La expansión de la liquidez financia la adquisición de activos ya existentes, reales o financieros, como la recompra de las propias acciones o el aumento de los recursos líquidos a fin de acumular activos financieros y reforzar balances, en lugar de financiar la adquisición de bienes y servicios. Nuevas burbujas de activos.

The Economist  llama la atención del lector sobre los miedos que acosan a los inversores: la economía internacional se estaría hundiendo en una nueva recesión.

Ante la imposibilidad de manejar las tasas de interés, ya negativas o próximas a cero en la mayoría de las economías desarrolladas, los policymakers  están desarmados para enfrentar la recesión.  (...)

The Economist sugiere  pasos para sacudir la economía de su crecimiento letárgico.

La revista maltrata, de forma tan sorprendente como bienvenida, a los gobiernos que adoptan la austeridad y trabajan contra los estímulos fiscales.

Es particularmente heterodoxa  la exhortación a los políticos junto a los bancos centrales para el combate contra la crisis. Aquí la bomba de los herederos de Walter Bagehot: “Pasar por encima de los bancos y de los mercados financieros y poner dinero fresco directamente en los bolsillos de la gente (...) 

Alentando a gastar y no ahorrar” o “aumentar los salarios para generar una espiral salarios-precios”.

La revista sugiere también el manejo de “herramientas menos arriesgadas”.  Propone desvergonzadamente el empleo de la política fiscal para estimular el crecimiento, una herejía capaz de provocar estremecimientos y silbidos en la opinión pública nativa.

“Los mercados de activos (mercados de bonos) y las agencias de calificación van a mirar más amablemente el aumento de la deuda pública si existen activos frescos y productivos del otro lado de los balances. Sobre todo, este tipo de activos deberían incluir infraestructura (...) 

Sería sabio que los gobiernos  trabajaran  más en la mejora de la infraestructura pública (...) Programas más grandes y de larga duración de gastos de capital  público darían  a  las empresas privadas una mayor confianza sobre la demanda futura y harían más probable una recuperación sostenida”.

Cualquier parecido con las ideas formuladas en La Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero, de John Maynard Keynes, la más importante contribución del siglo XX al pensamiento económico, no es mera coincidencia. (...)

Las exóticas operaciones financieras que precedieron a la crisis de 2008 en el mercado hipotecario estadounidense, los más de 500 mil millones de reales en intereses, que hunden la economía brasileña en la depresión y destruyen los balances  privados o a la exposición en derivativos al Deutsche Bank, equivalente a 20 veces el PBI alemán, son similares al mismo fenómeno, el fetiche de la liquidez.  (...)"         (Luiz Gonzaga Belluzzo , Gabriel Galípolo  , Sin Permiso, 19/03/2016)

22.3.16

El FMI urge a los gobiernos a poner fin al austericidio para evitar otra crisis global... cousas veredes

"El número dos del Fondo Monetario Internacional (FMI), David Lipton, ha hecho un llamamiento en contra de las políticas de austeridad y a favor de que los gobiernos que tengan margen para ello adopten políticas de crecimiento que eviten que la economía vuelva a sumergirse en una crisis global. (...)

Lipton cita la volatilidad de los mercados financieros y los bajos precios de las materias primas como factores clave, junto con las preocupaciones sobre una sequía de ideas o entusiasmo tanto de los gobiernos como de los bancos centrales.

“Estas preocupaciones en parte están siendo alimentadas por una percepción de que los políticos en muchas economías se han quedado sin munición o han perdido la voluntad de recurrir a ella”, considera el número dos de Lagarde.

 “Por el bien de la economía global, es imperativo que los países avanzados y en desarrollo disipen esta peligrosa noción mediante la reactivación de un espíritu audaz de acción y cooperación que caracteriza los primeros años de recuperación”.

“Ahora es el momento de apoyar decididamente la actividad económica y poner a la economía mundial sobre una base más sólida”. Para ello, Lipton es favorable a que los gobiernos hagan uso de políticas expansivas para evitar una nueva crisis.

A su juicio, las políticas fiscales deben hacerse “más favorables al crecimiento” cuando sea posible, y los países con “espacio fiscal” deben utilizar esa flexibilidad o bien para aumentar el gasto en infraestructura o bien para reducir impuestos. El riesgo de que la deuda pública siga subiendo es a su juicio secundario.

“Sabemos que la inversión en infraestructuras puede ser particularmente beneficiosa, no sólo porque es profundamente necesaria en algunas economías avanzadas, sino porque además tiene efectos secundarios positivos para el resto de la economía”.

Lipton no se queda ahí, sino que considera que un “aumento de los salarios” y “recortes de impuestos para promover el gasto” también podrían ser “eficaces”, especialmente en los países que tienen superávit en la balanza de cuenta corriente.  (...)"       (Luis SuárezEL BOLETIN , en Attac España, 11/03/16)


10.3.16

G-20: la economía mundial va hacia el estancamiento y la deflación prolongada.

"(...) si no se hace algo urgente, la economía mundial va hacia el estancamiento y la deflación prolongada.

 Las señales son muchas. Pero quizá la más clara sea la decisión de algunos bancos centrales —el último, el de Japón hace unas semanas— de aplicar tipos de interés negativos a los depósitos que la banca comercial tiene en el banco central. 

¿Qué otra cosa sino el temor a una depresión prolongada puede llevar a los normalmente ortodoxos bancos centrales a aplicar este tipo de medidas heterodoxas? Convendría, por tanto, prepararse para la próxima recesión. (...)

¿Cuáles son esas herramientas? Fundamentalmente, las políticas fiscales y monetarias no convencionales reservadas para situaciones económicas y sociales excepcionales. Se trata de mezclar en un único cóctel de medicinas las recomendaciones de John Maynard Keynes y Milton Friedman.

 Hasta ahora, los gobiernos han trasladado a los banqueros centrales la responsabilidad de estimular la demanda y el crecimiento. Pero la política monetaria convencional ha llegado a sus límites sin lograr activar la demanda ni crear inflación. 

Hay que volver la vista a los grandes programas keynesianos de gasto público, especialmente en infraestructuras, que a la vez que estimulen la demanda, el empleo y el ingreso de los hogares, mejoren la productividad y el crecimiento potencial a largo plazo.

Pero, ¿cómo financiar esos programas si las arcas públicas están exhaustas? Con la fórmula del “helicóptero” de Milton Friedman: financiación del nuevo gasto público directamente por los bancos centrales.

 En vez de seguir dando dinero a los bancos a través de operaciones de quantitative easing que no logran trasladar liquidez a los consumidores e inversores, se trataría de utilizar inyecciones de dinero en vena mediante la financiación por el BCE de las emisiones de deuda para inversiones.

Este tipo de herramientas excepcionales producen miedo a los timoratos. Pero en el panorama económico, social y político que estamos viviendo, a lo único que deberíamos temer es al miedo. Como ya ocurrió en los años treinta del siglo pasado, las políticas fiscal y monetaria “de guerra” son las únicas medidas inteligentes para salvar al capitalismo, la sociedad liberal y la democracia.

A pesar de la declaración del G 20, no todos estuvieron de acuerdo en utilizar todas las medidas posibles. Wolfgang Schäuble, el ministro alemán de finanzas, se mostró reacio y volvió a recitar la letanía de las reformas estructurales. Sin embargo, la región económica que tiene más números de volver a la recesión es la eurozona. 

La nueva recaída en la deflación de precios lo confirma. La austeridad no funciona. Sin embargo, la Comisión Europea sigue, erre que erre, recomendando el rápido recorte del déficit público. La estupidez macroeconómica europea parece no tener límites.

Si la austeridad no funciona y la deflación es una amenaza real, ¿por qué Schäuble y la Comisión Europea no cambian de postura? Hay varias explicaciones. 

La primera es que en la macroeconomía de tradición germánica-austríaca que domina la eurozona no hay ningún capítulo dedicado al tratamiento de las deflaciones. Es como si en los manuales de medicina no hubiese ninguna parte dedicada a la depresión. 

La segunda, es que a Alemania le ha ido bien esta situación al permitir a su sector público y a sus empresas financiarse a tipos de interés bajos o negativos, con un ahorro financiero extraordinario. 

La tercera, es que la UE no tiene una Hacienda propia que le permita embarcarse en grandes programas fiscales al estilo del Tesoro norteamericano o del británico. En estas circunstancias, la austeridad supone hacer de la necesidad virtud.

Pero la mejor explicación de la resistencia de Schäuble y de la UE a utilizar la política fiscal para evitar la próxima recesión es que están bajo el síndrome del alcohólico reformado. Los gobiernos y las élites europeas han interiorizado la falsa narrativa de que la crisis de deuda soberana de 2010 fue la consecuencia de la adicción de los gobiernos al gasto público durante la época de euforia. 

Después de recomendar la austeridad como terapia de rehabilitación, ahora temen que las medidas fiscales y monetarias excepcionales les hagan caer de nuevo en el alcoholismo. (...)"           ( , El País ,6 MAR 2016)

Gobernador del Banco de Inglaterra: medidas desesperadas. Financiar directamente a los consumidores de ingresos medios y bajos, y aumentos salariales generalizados de todos los empleadores privados

"(...) El agua barata abunda, pero el caballo se niega a beber. Ante la falta de señales inflacionarias y un crecimiento aún tibio y frágil, muchos pronostican desde un ritmo crónicamente lento hasta  una nueva recesión global.

Pero las autoridades tiene una opción más: adoptar una política fiscal “más pura”, financiando directamente el gasto público con emisiones adicionales de dinero, el llamado “salvamento desde el helicóptero”. Los fondos se saltarían los sectores financieros y corporativos para ir directamente a los caballos más sedientos: los consumidores de ingresos medios y bajos. 

El dinero podría llegar a ellos sin intermediarios, y también mediante inversiones en infraestructuras que mejoren la productividad y creen empleos. Al dar poder de compra a quienes más lo necesitan, la financiación monetaria directa del gasto público también ayudaría a mejorar la capacidad de inclusión de las economías en las que la desigualdad aumenta rápidamente.

En la actualidad, economistas tanto de izquierda como de centro proponen esta política. En cierto sentido, incluso algunos “conservadores” (aquellos que apoyan más gastos de infraestructura, pero también desean reducir impuestos y se oponen a un mayor endeudamiento) la apoyan de facto.

Últimamente han surgido propuestas más radicales que reflejan una sensación de urgencia y desilusión generalizada con la actual política monetaria. Más allá de manifestar su apoyo a un aumento de los salarios mínimos, algunos llaman a adoptar “políticas de ingreso inverso”

 O lo que es lo mismo, que los gobiernos impongan aumentos salariales generalizados a todos los empleadores privados, medida que estimularía los precios y eliminaría las expectativas deflacionarias. El hecho de que haya economistas cuyos puntos de vista nada tienen que ver con la izquierda que estén incluso planteándose un intervencionismo de este tipo muestra lo extremo de las circunstancias.

En cierta forma soy partidario de todas estas propuestas. Obviamente, los detalles de su puesta en marcha tendrían que variar dependiendo de las circunstancias de cada país. 

(...) hay otra dimensión del desafío que hasta ahora no se ha recalcado lo suficiente, a pesar de las advertencias de Carney, Roach y otros. Cuando se vuelven cuasi-permanentes, las tasas de interés reales cero o negativas socavan la asignación eficiente del capital y crean condiciones que facilitan burbujas, colapsos y crisis. 

También contribuyen a una mayor concentración del ingreso en los niveles más altos, afectando a los pequeños ahorradores y creando oportunidades para que los grandes actores financieros se beneficien del acceso a ahorros a coste real negativo. Por poco ortodoxo que pueda sonar, es probable que a la economía mundial le convenga tener tasas de interés ligeramente mayores. (...)

Si el mundo está inundado de deuda y estamos ante tipos de interés reales negativos, no deberíamos resignarnos al estancamiento secular

"La salida de la crisis se ha producido a base de políticas monetarias extraordinariamente expansivas, con la idea de que el camino de vuelta (retirada de estímulos, subidas de tipos) no tardaría en volver. 

Pero parece que esa reversión no es para nada sencilla. Y esa dificultad puede explicar parte de lo que está ocurriendo en el mercado: no hay guía u orientación porque estamos ante un programa de optimización nuevo, con restricciones y variables —política monetaria casi agotada y tipos de interés a cero o negativos—, con las que hasta ahora no se había trabajado. La política fiscal, aun con restricciones, constituye la única esperanza, aunque en el G20 muchos lo hayan querido obviar. (...)

Se teme una guerra de divisas. También ha habido malestar con aquellos que, con menos deuda y tan bajos tipos de interés, no tienen predisposición por gastar, como Alemania. Ese es el principio del gran problema: si el que puede no hace uso de la política fiscal, los problemas se perpetúan. Y el famoso plan de inversiones europeo no acaba de despegar. No hay atisbos de un esfuerzo común para ampliar el gasto.

Si el mundo está inundado de deuda y estamos ante tipos de interés reales negativos, no podemos resignarnos a la aceptación de una corrección a la baja en el nivel de crecimiento global, ni al estancamiento secular. Puede que haya que afrontar una época prolongada de moderación, hasta que una subida de tipos y un restablecimiento de equilibrios financieros sea asumible para los tenedores de deuda públicos y privados. 

Pero esto no es incompatible con planes de gasto coordinados, en paralelo a una consolidación fiscal en plazos más razonables. Los que ven en la tecnología la oportunidad para escapar de esta situación, tal vez tengan que esperar a otras innovaciones porque las actuales tienen un recorrido importante pero no parece que puedan, por sí solas, revertir el estado de depresión. "               (El País ,1 MAR 2016)

1.3.16

Financial Times: nada ha funcionado, es el momento de que los bancos centrales envíen el dinero (electrónico) directamente a las cuentas de los ciudadanos... cousas veredes

"A vueltas con el 'helicóptero del dinero'.  Martin Wolf, economista y redactor jefe del Financial Times, vuelve a insistir con esta opción para reanimar la economía de los países desarrollados. 

En su último artículo de opinión asegura que las herramientas convencionales y no convencionales de política monetaria utilizadas hasta ahora no han funcionado. De modo que ha llegado el momento de que los bancos centrales envíen dinero directamente a las cuentas de los ciudadanos.

Wolf hace referencia al famoso y exitoso gestor de fondos Ray Dalio: "La economía mundial no sólo se ha desacelerado, sino que se ha demostrado que 'la política monetaria 1' (bajos tipos de interés), la 'política monetaria 2' (compra masiva de activos o QE), se han agotado de forma clara. Por lo tanto, Dalio cree que el mundo necesita una 'política monetaria 3' que vaya directamente dirigida a incrementar el gasto.

 Esta política también ha sido defendido por Adair Turner, expresidente de la Autoridad de Servicios Financieros de Reino Unido". 

Por otro lado están los tipos de interés negativos (lo que parece una nueva herramienta), como los que están poniendo en marcha el BCE, Japón, Suecia o Dinamarca. Los tipos negativos a los depósitos de los entidades en el banco central "generan intereses negativos en los mercados sin imponer intereses negativos a los depositantes minoritarios... 

Pero por otra parte no está demasiado claro si son eficaces". Algunos expertos también han argumentado que no sólo no serán eficaces, sino que pueden llegar a ser contraproducentes. 

Enviar dinero electrónico

La opción favorita de Wolf es el 'helicóptero del dinero'. "Esto es una emisión permanente de dinero con la intención de incentivar la adquisición de bienes y servicios, ya sea por los gobiernos o por los hogares... Si el dinero fuera directamente utilizado por el gobierno, para reducir impuestos o ingresado directamente en las cuentas corrientes de las personas, seguramente tendría efecto", asegura Martin Wolf.

Y es que, visto lo visto "los gobiernos no parecen estar dispuestos a comportarse de forma sensata", puesto que a pesar de que los costes por emitir deuda son históricamente bajos no parecen estar dispuestos ha incrementar el gasto en inversión (vía déficit público) para reactivar la economía. 

Dada esta situación, "los bancos centrales se quedan como únicos jugadores. Se les puede asignar la tarea de enviar dinero, a ser posible en formato electrónico, a todos los ciudadanos adultos. ¿Incrementaría esto la demanda? Absolutamente sí", sentencia el célebre economista.

El dinero enviado debería ser electrónico, porque de ese modo serviría a partes iguales para los bancos y para los ciudadanos. Si el dinero se entrega a cada individuo de forma física, estos podrían decidir guardar los billetes debajo del colchón o invertirlo en oro, dos movimientos que servirían para poco a la hora de incrementar la demanda.

 Mientras que el dinero electrónico puede ser usado por los bancos para poner en marcha el multiplicador monetario y dar crédito, a la par que puede ser utilizado por los ciudadanos para consumir.

Para concluir su opinión, Wolf termina advirtiendo a los políticos: "Deben prepararse para una 'nueva normalidad' en la que la política será más incómoda y menos convencional. ¿Puede el mundo escapar de esta debilidad crónica de demanda? Absolutamente sí. ¿Lo hará? Eso exige una gran audacia. Cuando se ha agotado todo lo que parece posible, lo que queda, por muy improbable que parezca, debe ser la respuesta".     (El Economista, 26/02/16)

28.1.15

Un “Plan Marshall - Merkel” para Europa

"Desde que estalló la crisis económica de Europa hace más de cuatro años, los políticos y los analistas han reclamado una gran solución, invocando muchas veces el ejemplo del Plan Marshall de postguerra de Estados Unidos que, desde su inicio en 1948, ayudó a reconstruir las economías destruidas y oprimidas por la deuda de Europa Occidental. Pero el momento político nunca llegó a madurar. Eso podría estar a punto de cambiar.

La situación de Europa hoy tiene algunas similitudes con los años 1940. Agobiados por deudas públicas que son consecuencia de errores pasados, los gobiernos de la eurozona saben lo que tienen que hacer pero no cómo hacerlo. No confían demasiado unos en los otros como para colaborar.

 Mientras tanto, la demanda en la mayor parte de la Unión Europea es débil, lo que le cierra las puertas al crecimiento económico necesario para pagar las deudas y ofrecer esperanza a los 25 millones de desocupados.

Una sospecha corta de miras ha sido el principal obstáculo para una gran solución. Los contribuyentes de ningún país han querido sentir que están pagando por los excesos de otros: la moneda única no impuso una responsabilidad compartida. 

De manera que los países acreedores, liderados por Alemania, han intentado hacer lo mínimo necesario para mantener al euro vivo, mientras que los deudores han refunfuñado con impotencia sobre la insistencia de Alemania en una austeridad fiscal. (...)

Lo que hoy está refrenando a estas y otras economías europeas es la demanda débil en la eurozona en general.

Esa es la razón por la cual hace falta una versión moderna del Plan Marshall. Desde un punto de vista político, sería inteligente si la canciller alemana Angela Merkel tomara la iniciativa y propusiera una gran solución, en lugar de verse obligada a aceptar concesiones fragmentadas y reacias por parte de gobiernos nuevos en Grecia, España u otras partes.

Sería aún más inteligente compartir esa iniciativa con los líderes de las otras grandes economías de Europa: el presidente francés, François Hollande, quien luego de los atentados terroristas a comienzos de este mes, quizá sea especialmente receptivo de los esfuerzos por promover la unidad y le crecimiento económico, y el primer ministro británico, David Cameron, que acogería con agrado toda señal de una reforma europea.

Un Plan Marshall moderno debería tener tres componentes principales. Primero, la deuda soberana en la eurozona se reestructuraría para aliviar el dolor sufrido por Grecia y España. Segundo, un programa de inversión pública financiado colectivamente se centraría en la energía y otra infraestructura. Tercero, se establecería un cronograma para la conclusión de las reformas de liberalización del mercado único -particularmente para las industrias de servicios y la economía digital. 

En Alemania, la reestructuración de la deuda sería el componente más polémico. Pero se les debería recordar a los alemanes que, junto con los fondos del Plan Marshall para Europa occidental, el otro gran impulso para la recuperación económica de posguerra de Alemania provino de la reestructuración de la deuda. El Acuerdo de Londres de 1953 canceló el 50% de la deuda pública de Alemania y reestructuró la otra mitad para darle al país mucho más tiempo para pagar.

Si bien una cancelación de las deudas de la eurozona sería políticamente difícil, se podría refinanciar un porcentaje importante con eurobonos de vencimiento a más largo plazo, algo que todos los países de la eurozona suscribirían. Lo crucial es que un remedio de estas características se extienda a todos los miembros de la eurozona y no a un solo país elegido (Grecia).

Al incluir los otros componentes de la inversión pública y de la conclusión de un mercado único, el Plan Merkel (o, mejor dicho, el Plan Merkel-Hollande-Cameron) podría reiniciar el crecimiento económico abriendo a la vez a los países a un mayor comercio y una mayor competencia. Esto aborda una de las principales quejas británicas sobre la UE: que hasta el momento no logró concluir el mercado único, un proyecto en parte iniciado por Margaret Thatcher en los años 1980.

Por supuesto, un Plan Marshall moderno enfrentaría un muro de escepticismo y obstrucción por parte de grupos de interés nacionales. Pero, al mantenerse unidas, las autoridades europeas podrían ganar esa batalla. Y si no se lo intenta, los europeos del mañana tal vez nunca perdonen a sus líderes de hoy."            (Project Syndicate | Bill Emmott, en Tribuna Libre, 21/01/2015)

12.2.14

Grecia construye carreteras... abandona la austeridad, lo que posibilitará el crecimiento económico. ¿No se pudo hacer antes de hundir el país?

"(...) Ahora, el FMI está pronosticando crecimiento económico para el año 2014. Pero esta vez, es probable que, finalmente, esté en lo cierto. Es de vital importancia que entendamos porqué sucede esto.

El mes pasado, el parlamento griego aprobó un programa de estímulo bastante elevado que involucra la construcción de carreteras. Según el Ministerio de Infraestructura, Transporte y Redes, el gasto total para este proyecto será de 7 mil 500 millones de euros durante el próximo año y medio.

 Esto es equivalente a un 2,7% del PIB durante ese período. En comparación, el estímulo a nivel federal de EE.UU. que nos ayudó a salir de nuestra Gran Recesión de 2008-2009 (descontando las reducciones presupuestarias por parte de los gobiernos estatales) fue menor al 1% del PIB.

Es probable que este estímulo marque la diferencia entre el crecimiento y otro año de recesión. La mayor parte del financiamiento proviene de subvenciones de la Unión Europea, así que el estímulo no aumenta la deuda de Grecia.

En otras palabras, la economía griega va a crecer el próximo año debido al cambio importante en la orientación de la política. La austeridad, o ajuste fiscal, básicamente está llegando a su fin.
 
¿Por qué es esto tan importante? Porque los individuos que diseñaron o apoyaron las políticas de los últimos cuatro años van a sostener, cuando la economía griega empiece a recuperarse, que la “austeridad dio resultado”. Pero incluso el análisis sobre la economía griega del propio FMI refuta esa afirmación.

 La austeridad sólo puede “dar resultado” (si uno acepta el alto y obsceno costo humano) si el desempleo masivo logra reducir los salarios lo suficiente como para que la economía se vuelva más competitiva y pueda salir de la recesión a través de un mayor nivel de exportaciones. 

El FMI pronostica una caída del 20% en los sueldos y salarios para el período 2010-2014; pero esto no ha sido suficiente para hacer que las exportaciones griegas sean considerablemente más competitivas, según la última [PDF] evaluación del Fondo (en julio). Las exportaciones se han mantenido a niveles bajos y han estado lejos de compensar el ajuste fiscal y el menor gasto nacional privado. La estrategia de “devaluación interna” aún no ha dado resultado en Grecia, y —según el análisis y los datos del FMI— tampoco lo ha hecho para la eurozona en su conjunto.

Por supuesto, Grecia aún está lejos de librarse de sus problemas. Con una relación deuda/PIB del 176% (era de alrededor de un 115% cuando Grecia comenzó con la austeridad), y enfrentando altas tasas de interés si retorna al financiamiento de mercado, es posible que ocurran más episodios de crisis y otra restructuración de deuda en el futuro. 

E incluso si el retorno al crecimiento este año convence a los inversores de poner su dinero en Grecia, serán necesarios años para que el desempleo alcance niveles humanitarios. (...)

La tragedia humana de los últimos cinco años en Europa, al igual que las repetidas crisis financieras y el daño a la economía mundial ocasionado por malas políticas allí, hubiera podido ser evitada, como lo han sostenido muchos economistas. (...)"          (Mark Weisbrot, Público, 09/02/2014)

11.9.13

¿Y si Obama hubiera dado un impulso lo suficientemente fuerte a la creación de empleo para compensar los efectos de la recesión económica y del estallido de la burbuja inmobiliaria?

"De repente, estábamos contemplando la posibilidad real de una catástrofe económica.
Y la catástrofe llegó.

Un momento, dirán, ¿qué catástrofe? ¿No nos advirtió la gente de que se acercaba una segunda Gran Depresión? Y eso no ha pasado, ¿a qué no? Sí, nos lo advirtieron, y no, no pasó, aunque los griegos, los españoles y otros podrían no estar de acuerdo con este segundo punto. 

Sin embargo, lo importante es darse cuenta de que hay grados de desastre, de que puede darse un inmenso fracaso de la política económica aunque no llegue a provocar un desplome total. Y el fracaso de la política en estos últimos cinco años ha sido, en efecto, inmenso.

Parte de esa inmensidad puede medirse en dólares y céntimos. Los cálculos razonables sobre el desfase de producción a lo largo de los últimos cinco años —la diferencia entre el valor de los bienes y servicios que EE UU podría y debería haber producido y lo que de hecho ha producido— sobrepasan con creces los dos billones de dólares. Eso son billones de dólares de puro despilfarro que nunca recuperaremos.

Detrás de ese despilfarro financiero se oculta un despilfarro aún más trágico del potencial humano. Antes de la crisis financiera, el 63% de los estadounidenses adultos tenían empleo; ese número cayó rápidamente a menos del 59%, y ahí se ha quedado.

¿Cómo pasó eso? No fue un brote masivo de haraganería, aunque el ala derecha afirme que los estadounidenses en paro no están esforzándose lo suficiente en encontrar trabajo porque están viviendo a lo grande gracias a los cupones de alimentos y a los subsidios de desempleo y que hay que tratarles con el desprecio que merecen. (...)

Dejemos a un lado la política por un momento y preguntémonos cómo habría sido la situación en los últimos cinco años si el Gobierno de EE UU hubiera podido y querido realmente hacer lo que los manuales de macroeconomía dicen que debería haber hecho, es decir, dar un impulso lo suficientemente fuerte a la creación de empleo para compensar los efectos de la recesión económica y del estallido de la burbuja inmobiliaria, y posponer la austeridad fiscal y las subidas de impuestos hasta que el sector privado hubiese estado listo para tomar el relevo.

 He calculado a ojo de buen cubero lo que un programa así habría conllevado: habría sido unas tres veces más grande que el estímulo que tuvimos de hecho, y habría estado mucho más centrado en el gasto que en las reducciones de impuestos.

 ¿Y habría funcionado una política así? Todos los indicios de los últimos cinco años dicen que sí. El estímulo de Obama, por insuficiente que fuera, detuvo la caída en picado de la economía en 2009. 

El experimento europeo en contraestímulos —las duras reducciones del gasto impuestas a las naciones deudoras— no produjo el prometido repunte de la confianza del sector privado. En lugar de eso, provocó una grave contracción económica, como decía la economía de manual. El gasto público en creación de empleo habría creado ciertamente puestos de trabajo.

¿Pero no habría significado la clase de programa de gasto que estoy sugiriendo un aumento de la deuda? Sí. Según mi cálculo aproximado, a estas alturas la deuda federal que soportarían los ciudadanos sería de aproximadamente un billón de dólares más de la que es en realidad. Pero las advertencias alarmistas sobre los peligros de una deuda ligeramente más alta han demostrado ser falsas. 

Por otro lado, la economía también habría sido más fuerte, de modo que la relación deuda/PIB —la medida habitual de la posición fiscal de un país— habría sido solo unos puntos más alta. ¿Hay alguien que crea seriamente que esa diferencia habría provocado una crisis fiscal?

 Y, en el otro lado de la balanza, tendríamos un país más rico, con un futuro más prometedor, y no un país en el que millones de estadounidenses desanimados con toda probabilidad hayan dejado permanentemente de formar parte de la población activa, en el que millones de jóvenes estadounidenses probablemente han visto cómo se estropeaban para siempre sus perspectivas de una carrera de por vida y donde los recortes en la inversión pública han infligido un daño a largo plazo a nuestra infraestructura y a nuestro sistema de enseñanza. (...)

Evidentemente, la gente de Obama está menos equivocada que los republicanos. Pero si nos guiamos por cualquier criterio objetivo, la política económica estadounidense desde lo de Lehman ha sido un fracaso increíble y horroroso."                  ( , El País,  8 SEP 2013 )

30.5.13

Solución a la crisis europea... enviar cheques en euros a la población necesitada

"¿Qué hubiera hecho falta? ¿Un plan de reactivación a escala europea?


No me gusta el concepto "plan de reactivación", me parece que no se adapta bien a la situación actual. Lo que necesitáis es un plan de estabilización. Un buen plan colectivo para la estabilidad social. Lo primero que yo haría sería proveer de subvenciones a los desempleados, financiadas por presupuesto europeo común.

 Tras esto, proporcionaría jubilaciones con un plus, financiadas igualmente por presupuesto europeo, y destinadas a aquellos que lo necesiten. Distribuiría bonos alimenticios, por ejemplo, en las escuelas de aquellos países en los que no hay comedores, como es el caso de Grecia. La gente empieza a pasar hambre: hay que ocuparse de estos casos. Esto ayudará a estabilizar la situación y el plan económico  y político. 


La idea de un simple "plan de reactivación", según el cual basta con una inyección económica para recuperar, de manera espontánea, la prosperidad del pleno empleo es una engañifa. No es así como deben razonar los economistas keynesianos, como tampoco es este el modo con  el que los economistas modernos podrán afrontar eficazmente este tipo de situaciones. 


No obstante, financiar un vasto sistema social es, igualmente, una especie de plan de reactivación.


El problema de la expresión "plan de reactivación" es que implica una iniciativa de carácter temporal. No se puede crear una nueva realidad mediante un simple estímulo. Lo que hace falta es una organización social permanente. En última instancia, las subvenciones de los desempleados pueden ser temporales, si se consigue reactivar el empleo. 

Pero no es ése el caso de las jubilaciones: debéis prepararos  para racionar pensiones por un largo período de tiempo… El objetivo del plan de estabilización es el de procurar a la gente sin recursos económicos la capacidad de vivir de un modo digno y durante mucho tiempo. No solamente unos cuantos meses.


¿Cómo se financia un plan de estabilización como ése?


Enviando cheques.


¿Perdón?


Tenéis una moneda única, el euro. Podéis enviar cheques en euros. Es lo que hemos hecho nosotros: enviar cheques en dólares. La administración social ha enviado cheques del Tesoro Público, la gente lo ha canjeado, sin problema. 


Está hablando de creación monetaria….


Pues sí. ¿Le sorprende que los gobiernos creen dinero? Es algo que se lleva a cabo desde hace siglos. ¡Lo inventaron en Mesopotamia!  Es buen momento de reaprenderlo.  (...)

Si los alemanes no quieren participar en una economía europea que funciona de manera regular, pueden abandonarla. Es muy necesario tomar consciencia  de que no podéis estar dirigidos por gente que tiene una visión completamente irreal a la manera en la que funcionan economistas modernos sin que conduzca a toda una catástrofe.

 Esto es lo que está pasando ahora en Europa. No digo que en Estados Unidos no razonemos igual que aquí, pero, al menos, no se han destruido nuestras instituciones. 


Numerosos economistas, tanto en Estados Unidos como en Europa, consideran que la creación monetaria, si bien es demasiado importante, solo puede conducir a una inflación donde las burbujas especulativas….


Existe, efectivamente, un grupo de personas convencidas de que el principal peligro actual es el de perder el control de la inflación. Pero de aquellos que están en contacto con el mundo real, ninguno que yo conozca les toma en serio. Saben que el problema es el paro, el hundimiento social y político que está ocurriendo…

 ¡Eso se llama deflación, no inflación! Es un poco como si, en medio de un incendio, alguien llegase diciendo que el principal problema es el riesgo de lluvia. Estas personas tienen derecho a expresarse, evidentemente, pero confiarles la gestión de la política económica no es una buena idea.  (...)

¿Qué lecciones podemos extraer de la forma en que la crisis se superó en los años 30?


La lección de que hay que combatir la crisis por la solidaridad, la democracia, la flexibilidad y el pragmatismo, no por ideologías o dogmas. Y, sobre todo, sin aceptar que los acreedores financieros tengan bajo control los mecanismos económicos. Su único objetivo es tomar posesión de activos públicos para pagar una deuda que no puede ser reembolsada de ninguna de las maneras. 

Esta política destruye el tejido europeo y desprovee a los ciudadanos de sus bienes más preciados. Esto es lo que ocurre concretamente: varios equipos fueron enviados a Atenas para pedir que se venda como activos valiosos aquello que aún quede en el estado griego. Esto no es lo que reforzará a la Unión Europea…(...)

 Refiriéndonos a la deuda de estos países, ¿no cree que se debería concebir  un plan más audaz de reestructuración, incluso de recortes?


Lo mejor sería reestructurar la deuda del conjunto de los países de la zona euro, permitiendo la no estigmatización de los países más frágiles. Y la mejor manera de conseguirlo sería mutualizar una parte de la deuda de los países, por ejemplo hasta un importe del 60% del PIB, como ya se ha propuesto. Así, cada país disfrutaría de unas tasas de interés moderadas.

 Si la Unión Europea toma en serio la cuestión de su propia supervivencia, sería ésta una medida con la que comprometerse. Recientemente, le pregunté sobre ello a vuestro ministro de Economía y Finanzas, Pierre Moscovici, y su respuesta fue interesante. No se mostró hostil a la idea, pero cree que llevará su tiempo.


Sin estas medidas radicales que enuncia, ¿el euro podría sobrevivir?


No. A medida que avanzamos, se va condenando, aunque el proceso puede alargarse. Sin un cambio fundamental de aproximación, el euro conocerá el final de su existencia en circunstancias dramáticas. 

Hace falta sacar de Europa la lógica puramente comercial, con la que llegamos a prestar fondos con intereses superiores al crecimiento de los países vulnerables: esta lógica no hace sino agravar esa deuda. Hace falta introducir otro razonamiento, en la que los cambios comerciales sean moderados por un programa de estabilización social de solidaridad.


¿Quién es el responsable de la situación actual?


Friedrich Von Hayek y la Sociedad Mont Pelerin: ¡los arquitectos de esta visión neoclásica de la economía que rige la zona euro hoy en día! Y todos los economistas o tecnócratas europeos – ya sean alemanes, como Jens Wiedmann o franceses como Jean-Claude Trichet – que han adoptados estas ideas."    ('Lo que necesitáis en la UE es un buen plan colectivo para la estabilidad social. Entrevista James K. Galbraith, Sin Permiso, 26/05/2013)

13.5.13

¿Tienen los Gobiernos que inyectar dinero público para reactivar la economía o no?

"P. ¿Tienen los Gobiernos que inyectar dinero público para reactivar la economía o no?

R. Los Gobiernos europeos han empeorado la situación, aplicando una política de austeridad en vez de estimular la economía. Pero si quieres inyectar dinero te has de preguntar cómo. Es muy diferente dar dinero a los bancos que construir carreteras o escuelas. Ahora es muy necesario promover el crecimiento. 

Ha sido necesario durante cinco años. Necesitamos una economía de crecimiento, pero también un ajuste hacia sectores que crean puestos de trabajo. Si el crecimiento se basa en la banca y las finanzas no creará empleo suficiente para resolver el problema del paro juvenil que tiene España.
P. ¿Por qué hay que salvar un banco, pero no una planta de automóviles?

R. Eso nos preguntamos todos. Los bancos fueron salvados por una combinación de buenas y malas razones. La buena es que están tan interconectados que la crisis habría sido mucho peor si no eran rescatados.

 Pero hay diferentes formas de salvarlos. Y la mala razón es que la gente que tomó la decisión de salvarlos era demasiado cercana a la élite bancaria e hizo cosas que beneficiaban a esa élite. 

 La gran beneficiada del rescate ha sido la gente que tenía mucho dinero en los bancos, que estaba atada al régimen crediticio. Básicamente, hemos evitado que los tenedores de bonos tuvieran que aceptar recortes en sus beneficios. No hemos salvado realmente a la gente corriente."       ( Londres, El País,  5 MAY 2013)

25.1.13

Hay un país que está rompiendo con la ortodoxia de la austeridad y, sorprendentemente, es Japón

"En los últimos tres años, la política macroeconómica en todo el mundo desarrollado ha estado dominada por una ortodoxia de la austeridad; incluso en los países en los que no ha habido políticas de austeridad explícitas, como Estados Unidos, el miedo a los déficits ha impulsado un endurecimiento fiscal de facto, al tiempo que la política monetaria se ha quedado muy por debajo de la clase de medidas drásticas que cambian las expectativas y que el análisis teórico indica que son esenciales para una economía que trata de coger impulso en medio de una trampa de liquidez.

 Ahora bien, hay un país que al parecer está rompiendo con la ortodoxia y, sorprendentemente, ese país es Japón. Según un artículo reciente, "el Gobierno japonés ha aprobado medidas de estímulo urgentes que contemplan un gasto de 10,3 billones de yenes, como parte de un esfuerzo agresivo por parte del primer ministro Shinzo Abe para impulsar el crecimiento en una economía que lleva tiempo moribunda.

"Abe también ha reiterado su deseo de que el Banco Central de Japón adquiera un compromiso más firme para detener la deflación inyectando más dinero a la economía, lo cual, según el primer ministro, es esencial para animar a las empresas a invertir y a los consumidores a gastar".

Esto es particularmente llamativo porque Japón siempre se ha puesto como ejemplo de escarmiento: ¡Miren lo alta que es su deuda! ¡Se cierne un desastre! De hecho, allá por 2009, circulaban muchas historias que aseguraban que la largamente esperada catástrofe de la deuda japonesa por fin se avecinaba.

Pero la verdad es que no. Los tipos de interés a largo plazo japoneses aumentaron en la primavera de 2009 a causa de las esperanzas de recuperación, no por el miedo a los vigilantes de los bonos. Y cuando esas esperanzas se debilitaron, los tipos volvieron a caer, y en la actualidad se mantienen muy por debajo del 1%.

Y ahora viene Shizo Abe. Como nos cuenta Noah Smith, bloguero y redactor de The Atlantic, no se corresponde con la idea que uno tiene de un héroe económico; es un nacionalista, niega las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, y es un hombre al que la política económica interesa más bien poco. 

El que esté desafiando la ortodoxia  probablemente sea más un reflejo de la aversión que siente en general por la opinión culta que de una aceptación sopesada de la teoría heterodoxa.

 Pero puede que eso carezca de importancia. Es posible que Abe esté haciendo caso omiso de la creencia general en lo que respecta al gasto, y amedrentando al Banco de Japón, por las razones equivocadas, pero el hecho es que está proporcionando realmente un estímulo fiscal y monetario en un momento en el que todos los demás Gobiernos de los países avanzados están demasiado esclavizados por la Gente Muy Seria como para hacer algo diferente. Y hasta ahora los resultados han sido totalmente positivos: ningún repunte de los tipos de interés, pero una drástica caída del yen, lo cual es algo muy bueno para Japón.

Sería una amarga ironía que un tipo bastante malo, por todas las razones equivocadas, acabe haciendo lo correcto desde el punto de vista económico, mientras que todos los buenos fracasan porque están decididos a ser, eso, buenos.
Pero es lo que pasó también en la década de 1930."           (Paul Krugman, blog, El País, 25/01/2013)