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20.7.26

The New York Times: España celebra tanto una victoria futbolística como un éxito más amplio. Para muchos aficionados, la victoria en el Mundial afianzó la creencia de que algo prometedor —un resurgimiento cultural, económico y deportivo— está ocurriendo en el país... Al ganar el campeonato del mundo, solo tres años después de que sus homólogas femeninas hicieran lo mismo, la selección masculina de fútbol de España ha reforzado la sensación de que estar aquí ahora es estar en el lugar correcto, en el momento adecuado... "Estamos en un buen momento". Muchas facetas de la vida parecían sonreír a España y "otros países se dan cuenta de ello". "Todo va unido"... su sólida economía es la envidia de gran parte de Europa, y el año pasado representó más del 40% de los empleos creados en la Unión Europea. Está muy por delante de gran parte de Occidente en la conversión a energías renovables... En el ámbito cultural, España también funciona a pleno rendimiento. El cine español cosecha grandes elogios en el extranjero. Rosalía está impulsando un cambio en Spotify, alejándose de las canciones en inglés... Políticamente, España también destaca. Pedro Sánchez se ha convertido en un querido referente liberal mundial por posicionar al país como una isla de izquierdas en medio de una marea derechista... "Somos simplemente el mejor país del mundo", dijo Vicente Salavert, de 19 años... Como dice Roger Senserrich: "No nos damos cuenta la envidia que damos fuera de España"

Roger Senserrich @4freedoms.es
No nos damos cuenta la envidia que damos fuera de España. 

"España celebra tanto una victoria futbolística como un éxito más amplio. Para muchos aficionados, la victoria en el Mundial afianzó la creencia de que algo prometedor —un resurgimiento cultural, económico y deportivo— está ocurriendo en el país.https://www.nytimes.com/2026/07/20/world/europe/spain-victory-world-cup.html?unlocked_article_code=1.zFA.iBdb.woJskMmMP0-2&smid=nytcore-ios-share

20:52 · 20 jul 2026 48 likes31 republicaciones2 citas 5 guardados

  "España celebra tanto un triunfo futbolístico como una sensación de éxito más amplio.

Para muchos aficionados, la victoria en la Copa del Mundo consolidó la creencia de que algo prometedor —un renacimiento cultural, económico y deportivo— está sucediendo en el país.

Después de que España ganara la Copa del Mundo de fútbol, Lucía Sánchez se unió a un bullicioso río de aficionados vestidos con camisetas rojas y amarillas en la madrugada del lunes en Madrid e hizo balance del momento especial que vivía su país.

"Estamos en un buen momento", dijo la señorita Sánchez, de 22 años, a las puertas de la abarrotada Plaza de Colón de Madrid, mientras la multitud cercana coreaba "Yo soy español, español, español". Muchas facetas de la vida parecían sonreír a España y "otros países se dan cuenta de ello", afirmó. "Todo va unido".

Al ganar el campeonato del mundo, solo tres años después de que sus homólogas femeninas hicieran lo mismo, la selección masculina de fútbol de España ha reforzado la sensación de que —en medio de un renacimiento cultural, económico y deportivo más amplio— algo prometedor está ocurriendo en España, y que estar aquí ahora es estar en el lugar correcto, en el momento adecuado.

España tiene una crisis de vivienda, y su gobierno está acosado por escándalos de corrupción, lo que frena cualquier triunfalismo sin matices. Aun así, su sólida economía es la envidia de gran parte de Europa, y el año pasado representó más del 40% de los empleos creados en la Unión Europea. Está muy por delante de gran parte de Occidente en la conversión a energías renovables, atrayendo a inversores que buscan construir centros de datos y otras industrias que esperan beneficiarse de su electricidad más barata.

En el ámbito cultural, España también funciona a pleno rendimiento. El cine español ha entrado en una nueva era más diversa, cosechando grandes elogios en el extranjero. Javier Ambrossi y Javier Calvo, expareja conocida simplemente como Los Javis, ganaron el premio al mejor director en Cannes este año y recibieron una ovación de 20 minutos, la segunda más larga en la historia del festival. Rosalía, una cantante barcelonesa, está impulsando un cambio en Spotify, la plataforma de música en streaming, alejándose de las canciones en inglés.

Los extranjeros visitan España en números cada vez mayores —el gobierno espera un récord de 100 millones de turistas este año— y la capital, Madrid, está en plena efervescencia con nuevos restaurantes, exposiciones, expatriados y energía. Un visitante reciente fue el Papa León, que pasó una agradable semana en España en junio y felicitó a la iglesia madrileña por marcar un "gol espectacular", ya que sus apariciones congregaron a enormes multitudes. Esto puso fin a un largo período sin visitas papales al país y despertó esperanzas entre los católicos españoles de un renacimiento espiritual.

Mientras otros países dan la espalda a los inmigrantes, España también está atrayendo la atención, y elogios de los liberales, debido a los esfuerzos de su gobierno por fomentar la inmigración, aunque no todos en España lo ven como algo positivo. Algunas multitudes futbolísticas se han sumado a cánticos antimusulmanes; un ex primer ministro dijo que la diversa selección francesa no tenía "ningún jugador francés". Pero la diversidad —abrazada por algunos españoles aunque despreciada por la extrema derecha— se refleja cada vez más en la selección nacional masculina de fútbol.

Después de que España ganara, su jugador estrella, Lamine Yamal, de 19 años, musulmán nacido de padres de Marruecos y Guinea Ecuatorial, hizo una postración islámica en el campo mientras los derrotados jugadores argentinos forcejeaban con sus compañeros detrás de él. Nico Williams, que dio la asistencia del gol de la victoria y que también es hijo de inmigrantes africanos, lo celebró entregando su medalla de oro a su madre, nacida en Ghana, quien cruzó el Sahara para llegar a España.

Políticamente, España también destaca. Aunque a nivel nacional el círculo íntimo del primer ministro Pedro Sánchez está envuelto en acusaciones de corrupción, él se ha convertido en un querido referente liberal mundial por posicionar al país como una isla de izquierdas en medio de una marea derechista.

Se ha enfrentado al presidente Trump por la guerra en Irán, además de adoptar una postura diferente en migración y otros temas. Su gobierno fue uno de los primeros y más firmes defensores de la creación de un Estado palestino y ha descrito durante mucho tiempo la guerra de Israel en Gaza como un genocidio, acusación que Israel rechaza. (El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, dijo antes del partido que apoyaba a Argentina).

Por una vez, la victoria puso al Sr. Sánchez en la misma sintonía que el líder de la oposición conservadora española, Alberto Núñez Feijóo.

"¡Somos los campeones!", publicó el Sr. Sánchez después de que el equipo ganara.

"Tan merecido. ¡CAMPEONES DEL MUNDO!", escribió el Sr. Feijóo en las redes sociales, junto a una foto suya con una camiseta de España celebrando en la Plaza de Colón.

El cansancio público con el Sr. Sánchez provocó una rara nota de negatividad tras el partido. La plaza y las avenidas de Madrid retumbaron con insultos espontáneos contra el Sr. Sánchez, que tomaron la forma de un cántico de estadio de fútbol. Incluso la Sra. Sánchez, que se definió como de izquierdas (y no tiene parentesco con el primer ministro), dijo que no era seguidora suya.

Pero el primer ministro estaba lejos, asistiendo al partido en Nueva Jersey, donde se reunió brevemente con el Sr. Trump. El presidente estadounidense, a quien nada le gusta más que un ganador, ha cambiado recientemente su tono sobre España. Tras las señales de que España aumentaría su gasto militar, el Sr. Trump pasó de llamar a España un "espectáculo de terror" dirigido por "gente mala" a "muy generosa".

El Sr. Trump fue ruidosamente abucheado por los españoles que veían el partido en las pantallas de Madrid después de entregar la copa al equipo y luego quedarse de pie con incomodidad. Los jugadores esperaron a que se apartara a un lado antes de alzar la copa sobre sus cabezas, pero el Sr. Trump logró permanecer en el encuadre.

Para entonces, toda España, ya fuera en sus abarrotadas plazas o amplias avenidas, ciudades antiguas o enclaves de inmigrantes, estaba en pleno modo de celebración para La Roja, como se apoda al equipo por sus camisetas rojas.

Algunos aficionados, sin embargo, por muy eufóricos que estuvieran, vieron la victoria solo como un escaso momento de buenas noticias de un país al que le podría ir mucho mejor.

"España no cree en España", dijo María Griñón, de 38 años, trabajadora de una aerolínea de Extremadura, mientras ondeaba una bandera y tomaba fotos de los aficionados que celebraban en Madrid. Lamentó el desempleo juvenil —la tasa de España es una de las más altas de la Unión Europea— y una crisis de vivienda agravada por los altos alquileres y los bajos salarios. "El deporte es lo que nos va bien", dijo.

Sin embargo, para muchos, esos problemas se olvidaban fácilmente en una noche de alegría. La pantalla gigante de la Plaza de Colón gritaba "Reyes del mundo", y los aficionados trepaban a farolas, faroles, cualquier cosa que les permitiera levantar los puños más alto en el aire. En Valencia, la ciudad de la costa oriental amante de los fuegos artificiales, el cielo estalló en colores.

"Es el día más feliz de mi vida", dijo Marc Sáez, de 18 años, que lo vio con amigos en Valencia antes de lanzarse de nuevo entre la multitud para celebrar.

Otros allí vieron la victoria como una prueba de lo lejos que había llegado el país. "Somos simplemente el mejor país del mundo", dijo Vicente Salavert, de 19 años." 

( The New York Times, 20/07/26) 

19.7.26

Imagina que España gana, Sánchez se pone la camiseta de Lamine, grita 'lawfare' y convoca elecciones... en esto hay algo de realidad. Pedro Sánchez, cuando percibe una oportunidad, no la deja escapar. y una oportunidad de esa clase pueda surgir, ya sea por noticias judiciales o económicas o por errores de los rivales... El bloque de las derechas estaría en torno a unos 185 diputados reales y “eso, en términos futbolísticos, es un 2-0”. Se puede remontar... Hay unos tres millones de personas en la izquierda que no suelen votar socialista. Poner en marcha una candidatura y una organización que puedan recoger los intereses de esa parte de la población es la primera tarea que debe acometer el nuevo Sumar... Pero eso implica convencer al PSOE de que es mejor una alianza que una competición entre las izquierdas... No hay que olvidar la propuesta de que se ponga en marcha una candidatura conjunta al Senado y que hay provincias, como algunas castellanas, en que concurrir en común podría suponer un freno a la potencia de las derechas. Son cuestiones que aparecerán en algún momento de los próximos meses... las acciones que lleve a cabo Pedro Sánchez de aquí en adelante serán la demostración de cuál es el camino escogido (Esteban Hernández)

"Ha circulado una broma estos días en los que España está pendiente del campeonato mundial: “Imagina que, con Trump delante, España gana a Argentina, Pedro Sánchez se enfunda la camiseta de Lamine Yamal, grita lawfare y convoca elecciones”.

Es una boutade, pero también contiene una realidad. Por más que el calendario esperado señale que las generales serán después de que no se aprueben los Presupuestos, o que el PSOE continúe insistiendo en que agotará la legislatura, lo cierto es que la fecha de las elecciones será cuando el presidente decida, y es una persona habituada a los golpes de efecto: cuando percibe una oportunidad, no la deja escapar. Y el contexto es lo suficientemente convulso para que una oportunidad de esa clase pueda surgir, ya sea por noticias judiciales o económicas o por errores de los rivales. En esta fase en que la contienda está lanzada, no hay acontecimientos improbables.

El bloque de las derechas estaría en torno a unos 185 diputados reales y “eso, en términos futbolísticos, es un 2-0”. Se puede remontar

Las encuestas actuales, que otorgan una ventaja significativa al bloque de las derechas, se están realizando bajo la premisa de que las izquierdas concurrirán separadas. Pero si al más del 6% de Sumar se le añade el 3% de Podemos en una sola opción, el número de diputados del nuevo partido sería bastante mayor por efecto del sistema electoral.

Los expertos electorales avisan de que la diferencia no es tan elevada. Si las izquierdas concurren juntas, el bloque de las derechas estaría en torno a unos 185 diputados y “eso, en términos futbolísticos, es un 2-0”. Una ventaja considerable, pero no imposible de remontar. Bastaría con que los progresistas ganaran diez diputados para que hubiera un empate.

Si las elecciones se adelantasen por una oportunidad que aparezca en el horizonte, el perjudicado principal sería el espacio a la izquierda del PSOE, que está por construir, carece de un candidato y no ha tejido una posición ideológica común. Es un espacio vacío que el PSOE puede recoger para sí. Pero si actuase de esta manera, sería más difícil repetir gobierno. Los socialistas necesitan su apoyo para que el bloque pueda ganar.
La decisión socialista

En este escenario, Moncloa debe tomar una decisión relevante. Más allá de que en público maneje un discurso u otro, ha de elegir entre fagocitar a su izquierda para obtener el mayor número de diputados, o dar cuerda a los partidos progresistas para que repetir gobierno sea factible. La situación actual empuja hacia la primera opción, ya que el papel internacional de Sánchez, el carácter de dique de la extrema derecha que el presidente se ha atribuido, la polarización personalizada. la posibilidad de volver la presión judicial a su favor y el erial en la izquierda son factores favorables para que el PSOE crezca electoralmente, y todo ello en un contexto que hace muy difícil pensar en que se pueda conservar el gobierno.

La izquierda necesita de tiempo para asentar una nueva candidatura y de un margen de acción propio que quizá el PSOE no le conceda

La segunda opción requeriría de ambición, pero también de muchos cambios en la izquierda, de tiempo para asentar una nueva candidatura y de un margen de acción propio que permita una diferenciación clara entre el PSOE y el nuevo Sumar. Hay unos tres millones de personas en la izquierda que no suelen votar socialista. Poner en marcha una candidatura y una organización que puedan recoger los intereses de esa parte de la población es la primera tarea que debe acometer el nuevo Sumar.

Pero eso implica convencer al PSOE de que es mejor una alianza que una competición entre las izquierdas, construir una opción política con personalidad propia, y, en última instancia, contar con un candidato que sepa trabajar tanto a corto como a medio plazo (y en especial, para un futuro sin Sánchez). Demasiadas tareas a la vez para un entorno que parece desorientado.
La decisión de las izquierdas

En esas circunstancias, el asunto del candidato no es menor, porque marcará una señal clara. Bustinduy sigue autodescartándose, Urtasun cuenta con escasa aceptación y establecería una línea de continuidad con el pasado que es claramente negativa y Ada Colau, de la que se sigue hablando como posible, sería una elección que generaría rechazo en partes de España. La opción Rufián no se toma en serio. No se vislumbran más opciones.

A esto se le suma una variable subjetiva. Las encuestas no aventuran buenos tiempos electorales para las izquierdas. Repetir gobierno no parece demasiado factible e incluso en el caso de que la suma diera, estaría por ver que las izquierdas quisieran formar parte de él, como ha ocurrido hasta ahora. Cuando había cargos en el horizonte, no faltaba gente que quisiera ocuparlos. Más tarde, esos puestos se redujeron, pero los disponibles tenían más brillo: se formaba parte del gobierno y eso suponía la presencia en ministerios; siempre había gente dispuesta. Ahora se adivina un momento en el que habrá pocos puestos y con poco brillo. Puede haber una travesía del desierto y pocos quieren formar parte de ella, más allá de quienes tienen el sillón relativamente asegurado.

Unai Sordo es una opción que no agrada a todos los partidos progresistas, pero las apuestas le señalan como el mejor situado

En estas circunstancias, cada vez más se concentra la atención en Unai Sordo. No se ha postulado, incluso ha señalado que no es su intención, pero continúa en la recámara como la opción más factible. Reúne varios de los requisitos necesarios: supone una ruptura con los liderazgos anteriores, ya que no es un perfil salido del microclima del 15M; ha tenido tareas de gestión durante años en un sindicato, con lo que sabe lo que es dirigir colectivos; está acostumbrado a pactar, lo que facilitaría las cosas con el PSOE; y podría jugar un papel activo en el caso de que el gobierno de España fuera PP-Vox. Es una opción que no agrada a todos los partidos del espectro progresista y que generaría dificultades para atraer a Podemos, pero las apuestas le señalan como el mejor situado.

Y, por otra parte, la opción Sordo favorecería un clima de diálogo con el PSOE. No hay que olvidar la propuesta de que se ponga en marcha una candidatura conjunta al Senado y que hay provincias, como algunas castellanas, en que concurrir en común podría suponer un freno a la potencia de las derechas. Son cuestiones que aparecerán en algún momento de los próximos meses.

Pero además de la voluntad final de Unai Sordo, y de la posibilidad de que algún otro candidato emerja a última hora, será importante conocer cuál es la decisión de Moncloa, la pieza que altera todos los encajes: si va a competir con sus izquierdas para ganar el máximo espacio posible o si el objetivo es repetir gobierno. Será una decisión que se dejará sentir más que explicitarse: las acciones que lleve a cabo de aquí en adelante serán la demostración de cuál es el camino escogido. El PSOE ya es consciente de que Junts no tiene intención alguna de aprobar los presupuestos y sin su voto, el final es bien conocido. Moncloa tendrá que tomar algunas decisiones." 

(Esteban Hernández, El Confidencial, 19/07/26)

Adam Tooza: Desde la perspectiva de la historia económica, el partido entre España y Argentina supone una final verdaderamente fascinante para el Mundial de 2026, en el conjunto en la economía mundial y en el terreno de juego... España se convirtió, en la era posfranquista, en uno de los grandes casos de éxito de Europa. Por el contrario, Argentina tiene una economía que ha ido dando tumbos de una crisis a otra... La España recientemente próspera se ha convertido, en el siglo XXI, en una potencia deportiva mundial... La gran mayoría de la plantilla española procede de equipos españoles, en su abrumadora mayoría del Real Madrid y del Barça, lo que contribuye a explicar su coherente juego «en equipo»... Por el contrario, toda la alineación argentina para 2026 juega fuera de su propio país, repartida entre diversos clubes de élite europeos... En su propio país, el fútbol argentino, que hace un siglo aún estaba muy por delante de su homólogo provincial español, ahora se encuentra muy rezagado... Desde un punto de vista económico, independientemente del talento y el valor de los jugadores a título individual, la final de 2026 será un enfrentamiento tremendamente desigual

"Desde la perspectiva de la historia económica, el partido entre España y Argentina supone una final verdaderamente fascinante para el Mundial de 2026. Cam y yo hemos investigado esta relación para el último episodio de «Ones and Tooze».

https://open.spotify.com/show/44pekawcpIJ7KgwcFIgZDr?go=1&sp_cid=6a24cb792a35d8b63115320388235110
Si alguna vez ha habido un caso en el que un gráfico valga más que mil palabras, es este.

El drama comienza con la independencia de Argentina en julio de 1816 y el contraste entre el prolongado estancamiento de España, en medio del colapso de su imperio latinoamericano, y el auge de la economía argentina a finales del siglo XIX. Por mucho que la élite argentina aspirara a la independencia de España, el auge del crecimiento económico de su país se debió, sobre todo, a su incorporación al imperio informal británico. A partir de la década de 1870, esto se tradujo, sobre todo, en la expansión de la red ferroviaria argentina, que abrió el interior del país al desarrollo agrícola. En 1860, Argentina carecía de una red ferroviaria digna de mención. En 1910 ya contaba con 23 994 kilómetros.

En 1937, la red se había ampliado hasta alcanzar los 40 000 kilómetros de vías férreas, de los cuales el 66 % era de propiedad británica. En un país nominalmente independiente, la infraestructura vital estaba controlada por extranjeros. No es de extrañar que Argentina se convirtiera en un campo de pruebas para las teorías de la «dependencia».

En general, aproximadamente la mitad de «los activos fijos de Argentina (excluidos los terrenos) eran propiedad de extranjeros, principalmente británicos, en 1914… Argentina realizaba alrededor del 28 % de su comercio exterior (importaciones y exportaciones) con Gran Bretaña en 1913», lo que a su vez representaba el 5 % del comercio británico.

Por muy subordinada que estuviera, el efecto neto, a principios del siglo XX, fue situar a Argentina, en términos per cápita, entre las diez primeras economías del mundo —junto a otras economías «colónicas», como EE. UU., Nueva Zelanda, Australia y Canadá—. España se quedó tan rezagada que apenas logró situarse entre las veinte primeras.

La promesa de prosperidad convirtió a Argentina en un destino enormemente atractivo para la inmigración, sobre todo procedente de Italia. Hasta el día de hoy, el español argentino (y uruguayo) presenta fuertes trazas del italiano napolitano.

Sin duda, fue la élite compradora argentina la que más se benefició de esta incorporación desigual al sistema mundial británico. Pero hubo, al menos, cierto efecto de goteo. Lo que impulsó el enorme flujo de migración transatlántica fue una diferencia salarial entre Argentina, Italia y España que, durante gran parte de ese período, superó el cien por ciento.

Hoy en día, más del 60 por ciento de los argentinos remontan sus raíces familiares a Italia. Como bromeó alguien, Argentina se convirtió en un país de italianos que hablaban español y cuya élite se creía inglesa. Cabría añadir que Buenos Aires, que en su momento presumía de tener el mayor número de psicoanalistas del mundo, solía describirse como el París de América Latina. Y los militares argentinos se inspiraron, sobre todo, en Alemania.

En este sentido, Argentina es un producto paradigmático de la «condición global» del siglo XIX, supervisada por los británicos. Argentina fue el caso paradigmático de «imperio informal». España, por supuesto, no quedó al margen de dicha condición global, pero su posición fue la de perdedora perpetua, al ceder Puerto Rico, Cuba y Filipinas a los Estados Unidos en 1898.

Tanto en Argentina como en España, la cultura del fútbol fue producto de esa misma condición. El rugby, el críquet y el fútbol eran pasatiempos que los expatriados británicos llevaban consigo allá donde iban. Estos, a su vez, dieron lugar a intensas culturas deportivas locales: el críquet en el Caribe y el sur de Asia; el rugby y el críquet en Sudáfrica y Australasia; y el fútbol, el tenis y el golf en todo el imperio informal británico.

A finales de la década de 1870, fueron los empleados de la empresa minera anglo-alemana Rio Tinto quienes se contaron entre los primeros en disputar un partido de fútbol en suelo español. Esta es una de las primeras imágenes de un partido de fútbol disputado en España, posiblemente de un encuentro entre un equipo que representaba a Huelva y el Rio Tinto FC.

Los británicos también llevaron el fútbol a Cataluña, donde en 1899 un expatriado suizo fundó el FC Barcelona. A principios del siglo XX, en el circuito imperial británico, los equipos argentinos y uruguayos ya eran considerados rivales de todo respeto. Su dominio del juego se valoraba muy por encima del de sus contemporáneos europeos.

A principios del siglo XX, el fútbol estaba echando profundas raíces locales y, a medida que se derrumbaba el orden mundial liberal, tanto Argentina como España comenzaron a forjar caminos nacionales distintos en la «Era de los Extremos».

A medida que los flujos de capital internacional se agotaban en la década de 1920, el giro de Argentina hacia el nacionalismo económico coincidió con la culminación de la larga crisis española en la Guerra Civil y el establecimiento del régimen de Franco. Ninguno de los dos países participó en la Segunda Guerra Mundial, lo que los dejó marginados en el mundo de la posguerra. El resultado, en la década de 1950, fue una convergencia breve y frágil, simbolizada por la «ratline» de nazis fugitivos que se desplazaban a través de Madrid hacia Buenos Aires.

Pero luego se produjo el cambio de rumbo de los últimos cincuenta años. España, que ya crecía rápidamente en la década de 1960, se convirtió, en la era posfranquista, en uno de los grandes casos de éxito de Europa. Por el contrario, Argentina volvió a caer en una brutal dictadura militar en 1976. La Junta presidió la fase final del Mundial de 1978. Puede que Argentina ganara en el terreno de juego, pero su economía ha ido dando tumbos de una crisis a otra, sacudida por los mercados de capitales extranjeros y la agitación de la política interna.

En palabras de un conocido argentino, Argentina se ha «latinoamericanizado», mientras que España se ha «europeizado».

En lo que respecta a las finanzas de un juego en el que «el ganador se lo lleva todo», como es el fútbol moderno, las cifras del PIB subestiman la ventaja de España sobre Argentina.

La España recientemente próspera se ha convertido, en el siglo XXI, en una potencia deportiva mundial. En mayo de 2026, Forbes declaró que el Real Madrid y el «Barça» eran las dos franquicias futbolísticas más valiosas del mundo.

Durante la temporada 2024-25, el Real Madrid registró unos ingresos de 1.27 mil millones de dólares, un 12 % más que la cifra del año anterior, lo que ya suponía un récord para un club de fútbol. De hecho, esta nueva cifra supera por muy poco los 1.23 mil millones de dólares de los Dallas Cowboys de la temporada 2024 de la NFL, lo que la convierte en la cifra total de ingresos más alta jamás registrada por Forbes para un equipo deportivo (sin ajustar por la inflación). Así pues, a pesar de que el Real Madrid no participe en la final de la Liga de Campeones de este sábado —en la que el Arsenal y el París Saint-Germain se disputarán 29 millones de dólares adicionales en premios—, los «Blancos» son el equipo de fútbol más valioso del mundo por quinto año consecutivo, y por décima vez en las últimas 13 ediciones de la clasificación anual de Forbes. El Real Madrid está valorado actualmente en 9.5 mil millones de dólares, lo que supone una ventaja de 2 mil millones sobre el segundo clasificado, el Barça, que la temporada pasada se convirtió en el único otro club de fútbol que ha superado los mil millones de dólares en ingresos (excluyendo el traspaso de jugadores).

Si nos fijamos en los treinta equipos de fútbol más valiosos del mundo, la clasificación está totalmente dominada por la Premier League, la MLS y sus homólogos europeos.

La gran mayoría de la plantilla española procede de equipos españoles, en su abrumadora mayoría del Real Madrid y del Barça, lo que contribuye a explicar su coherente juego «en equipo».

Por el contrario, toda la alineación argentina para 2026 juega fuera de su propio país, repartida entre diversos clubes de élite europeos.

En su propio país, el fútbol argentino, que hace un siglo aún estaba muy por delante de su homólogo provincial español, ahora se encuentra muy rezagado. Mientras que el Real Madrid y el Barça están valorados por Forbes en más de 9.000 millones y 7.000 millones de dólares respectivamente, (...)

Ningún equipo argentino puede permitirse un jugador valorado en 10 millones de euros, razón por la cual las superestrellas nacionales juegan en el extranjero.

En el top ten latinoamericano, el Boca argentino, número 1, ocupa el puesto n.º 9, superado con creces por los gigantes del vecino Brasil. La última noticia es que el FBI estadounidense está investigando el blanqueo de capitales a través de Miami por parte de altos cargos de la Asociación del Fútbol Argentino.

Desde un punto de vista económico, independientemente del talento y el valor de los jugadores a título individual, la final de 2026 será un enfrentamiento tremendamente desigual.

En el mundo del fútbol, incluso más que en la economía mundial, no es la «convergencia» lo que impera, sino el desarrollo desigual y combinado.

(Adam Tooze , blog, 18/07/26, traducción Salvador L. Arnal, gráficos en el original)

23.6.26

Los dos últimos viajes de Sánchez a China han tenido como contrapartida varios proyectos de fábricas de automóviles chinos en España... pero ahora vienen tiempos más complicados para la relación con China. La balanza comercial Unión Europea-China se está desequilibrando mucho en favor de los chinos... Habrá una reacción adversa de la UE ante la invasión de productos chinos. Habrá tensiones y esa tensión repercutirá en España... Creo que el próximo Gobierno español, sea cual sea su composición, recibirá fuertes presiones para corregir la actual política de aproximación a China. Creo que ese será uno de los ejes fundamentales de la política exterior. Sin el tema China creo que no se acaban de entender algunas cosas que están pasando actualmente en España. Cuando hay una Guerra Fría, y estamos en una Guerra Fría, acercarse al otro lado tiene sus riesgos. ¿Era consciente José Luis Rodríguez Zapatero de los riesgos que corría acercándose al otro lado en Venezuela y China? (Enric Juliana)... Washington planteó que, para la batalla en el Pacífico, necesitaba recuperar su esfera de influencia. Lo que vemos en Latinoamérica es una sucesión de gobiernos de derecha o de extrema derecha. En esa esfera de influencia, una de las exigencias de Estados Unidos es el alejamiento de China, no solo de Latinoamérica, sino también de Europa... El problema es que China es una potencia inversora. Estados Unidos está exigiendo que las inversiones vayan a parar a su territorio, y buena parte del capital se dirige a la esfera financiera estadounidense en lugar de a la esfera europea para producir inversión. En la brecha entre una gran potencia que exige y otra que ofrece, aunque sea con condiciones discutibles, muchos países se acercan a la potencia que ofrece. Esa ha sido la esencia del desarrollo chino fuera de sus fronteras (Esteban Hernández)

 "El adjunto al director de 'La Vanguardia', Enric Juliana, y el periodista en 'El Confidencial' y ensayista Esteban Hernández, autores del libro 'Viaje a un Nuevo Mundo', analizan la posición internacional de España en un mundo atravesado por China, Trump, Alemania y la crisis de la socialdemocracia. "El problema es que a veces, teniendo razón, te pueden descalabrar", advierte Juliana sobre la política exterior de Pedro Sánchez y sus costes posibles.

Hay libros que ayudan a entender un momento, y otros que obligan a ordenar el desorden. Viaje a un Nuevo Mundo, de Enric Juliana y Esteban Hernández, publicado por el excelente sello Arpa –una editorial que se ha vuelto imprescindible hoy en día para el ensayo, el pensamiento crítico y el debate político–, pertenece más bien a esta segunda categoría. Durante mi conversación en Madrid, el adjunto al director de La Vanguardia y el periodista y ensayista de El Confidencial acaban haciendo una cartografía de ese cambio de época: Juliana y Hernández van de la política exterior de Pedro Sánchez a la presión de China, de la crisis alemana a Marruecos, y de la recomposición de la derecha europea al agotamiento de la socialdemocracia. "En el orden internacional se han roto muchos conceptos", advierte Juliana, antes de situar la política exterior española dentro de una tensión más amplia entre la política interna y el nuevo equilibrio global.

El diálogo gira también sobre Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo, Vox y el papel que puede jugar España en una Europa cada vez menos cohesionada. Hernández recuerda que "la política exterior ofrece pocos réditos en la política interna", mientras Juliana alerta de que el próximo Gobierno español se enfrentará a la política que viene: "Europa pedirá a Feijóo no incendiar Catalunya y que una fórmula portuguesa —un PP en minoría sostenido de algún modo por PSOE, PNV o sectores catalanes— podría aparecer si el PSOE queda muy debilitado". Hernández, en cambio, ve una derecha europea cada vez más convergente en inmigración, atlantismo, austeridad, defensa y energía, y cree que PP y Vox podrían encajar en ese marco. En el fondo, ambos describen un escenario en el que España ya no puede pensar su política nacional al margen del mundo: "la geopolítica no puede aislarse de la política nacional", resume Hernández.
 
  ¿Qué imagen internacional creen que tiene hoy España?

Enric Juliana (E. J.): En una reciente portada del dominical de The Guardian aparecían varios primeros ministros europeos flotando con salvavidas en el mar. España llama la atención en algunas cosas, pero no está en un foco muy permanente. Quizá en Italia, donde la izquierda reivindica a Pedro Sánchez, Meloni ha buceado en el interior de la política española para poder crear un discurso alternativo al del presidente del Gobierno español. En Francia he visto en fechas recientes algunos artículos en la prensa conservadora que dicen que España no es lo que parece y que también tiene sus problemas.

Este ensayo de política exterior semiautónoma que se está haciendo llama un poco la atención y, a la vez que llama la atención, preocupa a algunas instancias. Pensemos, por ejemplo, en la cuestión de China. Evidentemente, los alemanes no están tranquilos con esto. Y no sé si los franceses tampoco.

Esteban Hernández (E. H.): La valoración de la acción exterior española variará a medida que cambie Europa. Conforme la política europea adopte otra configuración, la posición española quedará más fuera de juego o más integrada, sobre todo porque el Gobierno español ha basado buena parte de su acción exterior en la buena relación con la Comisión.
"Conforme la política europea adopte otra configuración, la posición española quedará más fuera de juego o más integrada"
Esteban Hernández - Periodista y ensayista
También hay un papel simbólico en el plano internacional, cuya valoración depende del entorno en el que se reciba. Para los progresistas latinoamericanos, es una baza interesante; para la derecha latinoamericana, un problema que hay que superar. En todo caso, refleja tendencias de la esfera occidental que ya están presentes en España.

En tiempos de agitación, una postura interesante en un momento puede volverse complicada en otro y volver a adquirir interés más adelante. Existe, además, una tensión político-ideológica significativa orientada a restar espacio a los partidos socioliberales dentro y fuera de Europa. Es muy difícil que Sánchez se sustraiga a esa tendencia.

¿Están los dos grandes partidos políticos de España más lejos que nunca en cuanto a elementos fundamentales de la política exterior?

E. J.: En el orden internacional se han roto muchos conceptos. Lo que ha pasado en España no es ajeno a lo que está ocurriendo en la escena internacional. Si hace un año nos explican que Estados Unidos lanza una guerra y al cabo de tres meses la tiene que cerrar deprisa porque se le cae el andamiaje de las elecciones de noviembre, no nos lo creemos. Y unos que tenían que desaparecer de la faz de la tierra ahora están celebrando la victoria. Nos sentimos confusos en la asimilación de lo que está pasando.

En lo que se refiere a la política exterior española, pienso que hay un viejo principio, que citan mucho los diplomáticos, según el cual no puede haber una política exterior sólida si no hay solidez en la política interna. La política interna determina la política exterior y viceversa: si la política exterior tiene fuerza, refleja la política interior.

Pedro Sánchez ha querido jugar un papel de capitán de lo que queda de la socialdemocracia e intenta maximizar este capital político en la escena internacional sin acabar de traspasar las líneas peligrosas, pero forzando. Jugar al límite sin traspasar la línea.

E. H.: A partir de 2004 se produce una ruptura muy significativa en la política exterior española, que se corresponde con la ruptura interna. El giro hacia Estados Unidos y hacia Bush que había tejido Aznar queda interrumpido con la llegada de Zapatero al poder, y España vuelve a resituarse en el eje europeo franco-alemán. Esto perdura en la memoria de muchas instituciones, mientras se quiebra también la política interna.

Desde entonces, ya no ha sido igual. Llega la crisis, aparecen nuevos partidos, se acumula toda la agitación y resulta muy difícil construir una mirada hacia fuera, porque casi todos los partidos han mirado hacia dentro, hacia la conservación del poder nacional. Esa ha sido la prioridad fundamental hasta que Sánchez ha intentado jugar un papel autónomo de España, también en el ámbito ideológico y fuera de nuestras fronteras, como capitán de la socialdemocracia.

Pero llevamos ya más de veinte años de ruptura. Este momento, además, es especial porque la fractura ya no se da únicamente entre partidos. No solo se ha roto el consenso entre partidos, que ya era bastante inestable antes, sino que hay movimientos de fondo en el plano internacional, como vemos en Europa. Hay un desplazamiento significativo que está dejando poco espacio a los socialdemócratas. A ello se suma un deterioro institucional y político muy relevante en Occidente y también en España: el alejamiento de la ciudadanía respecto de la política, el descontento y, por tanto, la posibilidad de que surjan movimientos perturbadores frente a los consensos establecidos. Durante un tiempo tuvimos una ruptura más o menos controlada, con la aparición de nuevos partidos y consensos débiles; ahora aparece también la amenaza de la inestabilidad inherente a sociedades descontentas.
"Pedro Sánchez ha querido jugar un papel de capitán de lo que queda de la socialdemocracia"
Enric Juliana - Periodista
E. J.: Esta política autónoma, semiautónoma, presenta riesgos objetivos. Y yo la pregunta que me hago a la luz de los acontecimientos actuales es: ¿ha hecho el presidente una evaluación realista y de riesgos del mundo? Será uno de los elementos que se deberá tener en el balance del mandato. Es algo fundamental en todos los ámbitos, en la vida de las personas, de las organizaciones y de las instancias de todo tipo. 


En este sentido, ¿cuáles son los costes que están por llegar?

E. H.: Comenzaría refutando la idea de que Sánchez sigue una política plenamente autónoma. Está vinculado a corrientes políticas e ideológicas estadounidenses, aunque son las corrientes perdedoras. Hemos visto su relación con Soros y con distintas figuras del ámbito demócrata estadounidense, un espacio que ahora podría tener alguna opción de resurgir por la debilidad interna de Trump.

Sánchez no ha hecho una política en el vacío. Su orientación coincide con la de buena parte de los demócratas estadounidenses, especialmente los situados alrededor de Kamala Harris y Biden. Por tanto, las consecuencias dependerán también de los cambios en el orden estadounidense y europeo durante los próximos años. Resulta muy difícil que Estados Unidos cambie de dirección, incluso si los demócratas vuelven al Gobierno. Las transformaciones ya están en marcha y la historia reciente muestra que, cuando se consolidan, es difícil revertirlas.
"[Sánchez] está vinculado a corrientes políticas e ideológicas estadounidenses, aunque son las corrientes perdedoras"
Esteban Hernández
Sánchez, además, no está solo. Según el nivel de apoyos que tenga, las consecuencias serán unas u otras. Ese es un primer factor. El segundo es qué tipo de política harán PP y Vox si llegan al poder. Damos por descontado que ambos girarían las posiciones internacionales, y eso también tendría consecuencias para España. Si ese giro implica una integración fuerte en la tendencia dominante, esas consecuencias pueden ser mucho menos agresivas. Es un escenario muy abierto.

E. J.: Hay un aspecto concreto, pero me parece significativo de estos días. Posiblemente, cuando aparezca publicada la entrevista, solo faltará el voto en el Senado –ya se habrá votado favorablemente en el Congreso– para la ratificación del Tratado de Amistad con Francia, firmado en enero de 2023. Han pasado tres años y no ha sido ratificado por España todavía. Francia lo hizo, no sin alguna discusión parlamentaria, y en España queda rechazado porque quería incluir como novedad simbólica la posibilidad de que los ministros de ambos países puedan participar periódicamente en reuniones de los consejos de ministros del otro país.

Vox clava la bandera soberana y el PP se mueve en esa dirección. Puigdemont le quiso hacer pagar a Sánchez aquello: Sánchez quiso firmar el tratado en Barcelona y en la montaña de Montjuïc. De manera simbólica, le decía a Macron: "tengo a Barcelona a mis pies, el independentismo ha sido derrotado". Ahora imaginémonos si esto sigue bloqueado. En tal caso, se abre casi un conflicto diplomático con Francia, que es uno de nuestros principales aliados.

¿Marruecos podría ser una de las próximas consecuencias de la política autónoma o semiautónoma? Esta pregunta me la suscita la entrevista en ABC al líder del Frente Polisario.

E. J.: Permítame una ironía: creo que el líder del Frente Polisario, hace un año, ni en sueños podía imaginar que sería entrevistado por un diario como ABC. Y eso también nos da una medida de cómo están las cosas. No sé hasta qué punto Marruecos está hoy interesado en la caída abrupta de Sánchez, sinceramente. Por un motivo: porque yo creo que el Partido Popular, incluso Vox, pero sobre todo el Partido Popular, mantendrá básicamente inalterada la política relacionada con Marruecos.
"El líder del Frente Polisario, hace un año, ni en sueños podía imaginar que sería entrevistado por un diario como 'ABC'"
Enric Juliana
Es verdad que cuando te has puesto el vestido de torero frente a Rabat, pues algún pase de torero tendrías que hacer, ¿no? Marruecos es un país que está creciendo, que está adquiriendo fuerza, que tiene un aparato estatal que funciona y que sabe procesar la información; tiene mucha información. La pregunta para mí es si hoy el Gobierno de Marruecos quiere al PSOE destruido.
 
  ¿Ven una vinculación clara entre estar haciendo una política semiautónoma o autónoma y el hecho de que quien la hace considera que esto puede tener un rédito electoral para él?

E. H.: En general, la política exterior ofrece pocos réditos en la política interna. Lo relevante aquí es hasta qué punto Sánchez logra plantear estas elecciones como algo existencial, incluso para la izquierda y no solo para él. También importa en qué condiciones llega a esos comicios para defender esa postura. Si llega con la expectativa de que es posible repetir gobierno, los resultados serán unos. Si llega en un escenario en el que la derrota ya se da por descontada, el golpe puede ser revelador. Desde ese punto de vista, salvo que consiga elevar el debate a un plano existencial, una política exterior autónoma no le dará rédito interno, o le dará muy poco.

E. J.: En la Unión Europea hoy cada país tiene más prioridad nacional. El propio concepto de política autónoma es equívoco, porque viene a dar por supuesto que todos los demás están disciplinados alrededor de una única línea, y hoy en Europa vemos que no es exactamente así. Cada uno de los países europeos tiene su política exterior y esta cuestión se ha acentuado.

Alemania empieza a decir: "Alemania primero". En Francia tenemos el ejemplo reciente del fracaso del avión de combate europeo. Dicen: "Yo no puedo rebajar la presencia de mis intereses en este proyecto a partir de aquí y este ha de ser un avión de combate que se base en el Rafale francés". Hasta hace dos o tres meses la política italiana decía: "Oye, nosotros somos el puente con Estados Unidos". España lo que ha hecho es una política exterior autónoma a la izquierda, mientras que los otros la hacían a la derecha, para decirlo en términos que nos podamos entender. Y todas tienen una clave interna.

Este es el mosaico. La cuestión es cuál de estos virajes acaba teniendo éxito y cuál fracasa y choca contra la pared. En el plano discursivo, podríamos decir que, en algunos elementos básicos de su diagnóstico, los hechos le dan la razón a Sánchez. Ya sea con Irán, ya sea la relación con Israel. El problema es que a veces, teniendo razón, te pueden descalabrar. Y esta es la disyuntiva en la que se encuentra.
"Salvo que consiga elevar el debate a un plano existencial, una política exterior autónoma no le dará rédito interno"
Esteban Hernández
E. H.: España está desarrollando una política autónoma limitada en lo que se refiere al fortalecimiento interno del país. Mientras Alemania, Francia e Italia, dentro de sus posibilidades, intentan impulsar los elementos de su economía y de su futuro con mayor recorrido, España ha apostado por una política en la que el exterior pesa mucho. El crecimiento español depende fundamentalmente de dos factores: la atracción de turistas y la atracción de mano de obra. Los vínculos exteriores están siendo sólidos, tanto con Europa como con China, pero no hay un fortalecimiento interno equivalente. A medida que varíe la coyuntura general, esto puede complicarse. La política exterior autónoma de España se dirige a generar más lazos hacia fuera. Alemania y Francia no están haciendo exactamente eso.

En segundo lugar, conviene preguntarse qué tipo de política autónoma puede hacer Europa y qué margen tienen los países europeos. El caso de Irán es significativo, porque es otro ejemplo de lo ocurrido hasta ahora con Trump. Los grandes perdedores de la guerra con Irán han sido los países aliados de Estados Unidos en el Golfo. Del mismo modo, en la guerra arancelaria los grandes perjudicados no han sido China ni Rusia, sino los europeos. Por eso también hay cierta desconfianza: ser aliado estadounidense ya no genera réditos especiales. En la Guerra Fría sí los generaba, pero en este momento de inestabilidad todos miran con desconfianza, y los países con cierta potencia y rigor intentan modular su posición.

En tercer lugar, Enric señalaba antes la necesidad de unir la política exterior con la interna. Si no hay una política interna fuerte, es muy difícil tener una política exterior fuerte.

Eso suele ser así salvo para los imperios. El Imperio romano tuvo épocas de enormes debilidades interiores que compensaba con la expansión exterior. También le ocurrió al Imperio británico. Estados Unidos no puede expandirse territorialmente, pero sí puede expandir sus capacidades. Es decir, sus capacidades de conquista ya no son únicamente militares ni consisten en llegar a un territorio, tomarlo y quedarse con él. Sus capacidades de expansión ya no consisten en una conquista militar clásica —llegar a un territorio, tomarlo y quedarse con él—, sino en una expansión tecnológica: "Vas a utilizar mis plataformas militares, vas a estar conectado con mi ejército y con mis finanzas". Eso es lo que está intentando fundamentalmente Trump.

En este contexto, en el que las finanzas, la tecnología, las armas y la energía provienen, en gran medida, de Estados Unidos, ¿qué capacidad de acción autónoma tiene un país si depende de Estados Unidos? Esa es la pregunta que se están haciendo en Alemania y también en Argentina, aunque de una manera distinta. Argentina está absolutamente vinculada a la tecnología estadounidense, pero ese es el juego en el que estamos todos.

En el caso de España, la estrategia ha consistido en desarrollar una política relativamente autónoma orientada hacia la actividad exterior, con el objetivo de conservar y diversificar sus conexiones internacionales. Según esas conexiones se cierren o se amplíen en los próximos años, España tendrá una capacidad de actuación mayor o menor.
 
  ¿Por qué habíamos hablado tan poco de China en España hasta hace relativamente poco? ¿Ha ido colocándose en una esfera pro-China?

E. J.: Es un factor que también sucede con otros temas como el de Ucrania y Rusia. Aquí influye la lejanía geográfica. España no vive con la misma intensidad algunas percepciones sobre la política internacional que se tienen en la gran Unión Europea. No creo que pueda decirse que España haya sido silenciosamente pro-China hasta hace dos años.

Pongamos un ejemplo: el primer gobierno de Giuseppe Conte en Italia firmó un acuerdo para formar parte de la Ruta de la Seda. Los americanos entraron en shock. Entonces era el primer mandato de Trump, que daba apoyo a un Salvini que lo adulaba constantemente. Pompeo, el secretario de Estado en aquel momento, dijo: "Esto no puede ser". Bueno, este gobierno de coalición duró un año y medio. Después de este, se formó otro gobierno del M5S con el Partito Democratico. Algunas de esas cosas empezaron a corregirse. Luego vino el Gobierno Draghi. Las primeras palabras de Draghi en el Parlamento italiano cuando pide la confianza son: "Italia va a volver a tener una política exterior rigurosamente atlántica". Y, cuando llega Meloni, se ve obligada a ponerse a los americanos a los pies, por lo que el acuerdo con China quedó cancelado. Para ellos era complicado, pues significaba entrar en una cierta tensión con China siendo la italiana una economía exportadora.

En paralelo a la adhesión de Italia a la Ruta de la Seda, los chinos ofrecieron a España entrar. Y, durante los primeros meses del Gobierno Sánchez, con Josep Borrell como ministro de Exteriores, lo descartó. Este me parece que es un dato interesante, porque es verdad que España ha hecho aproximaciones muy claras a China, pero no ha hecho bandazos. Porque, ¿cuál es la impronta de la política de la economía española? La búsqueda de inversiones exteriores.
"El primer gobierno de Giuseppe Conte en Italia firmó un acuerdo para formar parte de la Ruta de la Seda. Los americanos entraron en 'shock'"
Enric Juliana
Los dos últimos viajes de Sánchez a China han tenido además como contrapartida varios proyectos de fábricas de automóviles chinos en España. Estamos en otra fase y ahora vienen tiempos más complicados para la relación con China. La balanza comercial Unión Europea-China se está desequilibrando mucho en favor de la economía china. Ellos venden cada vez más en Europa. Habrá una reacción adversa de la UE ante la invasión de productos chinos. Habrá tensiones y esa tensión repercutirá en España. Atención, atención.

Creo que el próximo Gobierno español, sea cual sea su composición, recibirá fuertes presiones para corregir la actual política de aproximación a China. Creo que ese será uno de los ejes fundamentales de la política exterior. Sin el tema China creo que no se acaban de entender algunas cosas que están pasando actualmente en España. Cuando hay una Guerra Fría, y estamos en una Guerra Fría, acercarse al otro lado tiene sus riesgos. ¿Era consciente José Luis Rodríguez Zapatero de los riesgos que corría acercándose al otro lado en Venezuela y China?

El PSOE de 1977 nunca se acercó al otro lado. Insinuó de manera equívoca que estaba en contra de la permanencia en la OTAN y después dio el volantazo. Insisto: estamos ya en la Segunda Guerra Fría y lo que está pasando hoy en España tiene que ver con ello.

E. H.: Conviene situarlo en un contexto determinado. Antes China no era un peligro, sino una oportunidad. No fue un problema cuando entró en Latinoamérica a través de las materias primas, y Estados Unidos no ejerció una presión especial para evitarlo. Pero llegó un momento en que Washington planteó que, para la batalla en el Pacífico, necesitaba recuperar su esfera de influencia. Lo que vemos en Latinoamérica es una sucesión de gobiernos de derecha o de extrema derecha. En esa esfera de influencia, una de las exigencias de Estados Unidos es el alejamiento de China, no solo de Latinoamérica, sino también de Europa.
"Una de las exigencias de Estados Unidos es el alejamiento de China, no solo de Latinoamérica, sino también de Europa"
Esteban Hernández
El problema es que China no solo es una potencia exportadora, sino también inversora. Estados Unidos está exigiendo que las inversiones vayan a parar a su territorio, y buena parte del capital se dirige a la esfera financiera estadounidense en lugar de a la esfera europea para producir inversión. En la brecha entre una gran potencia que exige y otra que ofrece, aunque sea con condiciones discutibles, muchos países se acercan a la potencia que ofrece. Esa ha sido la esencia del desarrollo chino fuera de sus fronteras.


¿En qué medida les preocupa la situación de Alemania en el marco del contexto europeo y de la capacidad de Europa de tener más cuotas de unidad en ciertos ámbitos?

E. J.: No debemos olvidar nunca que, al concluir la Segunda Guerra Mundial, había opiniones de sectores de peso en Estados Unidos coincidentes con los soviéticos, incluso con los franceses, de que se tenía que impedir que Alemania volviese a ser potencia industrial. Esta era una manera de impedir el rearme alemán, pero la propia situación de ruina europea aconsejó a los norteamericanos ayudar a Alemania para poder recuperar la situación social europea, para evitar conflictos sociales, para no tener que pagar ellos o pagar menos.

Alemania, a medida que va recuperando fuerza en términos económicos, no ha dejado nunca de operar en base a sus intereses. El proceso de la Unión Europea es un proceso que le interesa para fortalecerse. La reunificación se hace aceleradamente, aprovechando la emoción del momento histórico.
"Alemania, a medida que va recuperando fuerza en términos económicos, no ha dejado nunca de operar en base a sus intereses"
Enric Juliana
Por lo tanto, Alemania fue haciendo políticas que la fortalecían y les ponía la bandera de Europa. Hoy esto es muy complicado de hacer por dos motivos. Uno, objetivo, podríamos decir, es que en un lapso de tres años se han encontrado con unos problemas descomunales. Ha fallado la base energética, ya que, después de Ucrania, la segunda víctima de la guerra de Ucrania es la economía alemana. Además, la relación comercial con China se complica. En lugar de vender hoy coches eléctricos alemanes a las puertas de China ocurre lo contrario. Los chinos están vendiendo en Alemania.

Se dan cuenta de que han invertido poco en infraestructuras y de que es el país de la ingeniería, pero no es el país de la tecnología digital. Además, desde el punto de vista social, la vieja división existente entre este y oeste se agudiza, adquiere una traducción política explícita con la Alternativa por Alemania, AfD, que se convierte en el partido de la protesta primero del este y ya de toda Alemania.

También se produce otro proceso que a mí me cuesta más descifrar, pero que creo que es muy importante: la actual generación joven ya no acaba de entender por qué el peso de la culpa ha de seguir pesando sobre sus hombros. Todo esto lo ponemos en la coctelera, lo agitamos y nos sale una Alemania nerviosa, inquieta, insegura, que lo que necesita ahora sobre todo es fortalecer su musculatura. La cuestión es si Alemania podrá seguir siendo en los próximos veinticinco años la potencia económica que ha sido.
"Si en algún momento en Alemania llegan a la conclusión o creen que no tienen otra opción que desvincularse de la Unión Europea, la Unión Europea se puede despedir"
Enric Juliana
En caso de que no lo pudiese ser, ¿qué pasa? 80 millones de habitantes en el centro, con área de influencia en el corazón del este de Europa y en el norte. Es la tentación que podría tener Alemania de convertirse en una potencia regional circunscrita al centro, norte y parte del este de Europa. Si en algún momento en Alemania llegan a la conclusión o creen que no tienen otra opción que desvincularse de la Unión Europea, la Unión Europea se puede despedir.

E. H.: La actitud de Estados Unidos ha consistido en imponer las reglas del juego para exigir más a sus aliados, especialmente a Alemania, uno de sus socios más prósperos. El mensaje de Washington es claro: recibir más sin ceder nada. A su vez, Alemania reproduce esa misma dinámica con sus socios europeos tradicionales, adoptando una postura de "menos Europa y más Alemania".

Apostar verdaderamente por "más Europa" exigiría alcanzar la llamada autonomía estratégica: independencia en áreas clave como la tecnología, los recursos y la capacidad militar. Esto implicaría, necesariamente, poner límites y entablar una negociación firme —incluso rebelde— con Estados Unidos. Sin embargo, es un coste político que Alemania no está dispuesta a asumir en este momento.

También hay que tener en cuenta un tercer factor: durante la globalización, Alemania no solo fue la gran ganadora económica, sino que también se erigió en referente de superioridad ética y moral por sus valores y su visión del mundo.

Nadie creyó tanto en la globalización como Alemania. Mientras potencias como China o Estados Unidos actuaban siempre pensando en sus propios intereses, Alemania asumió que podía hacer lo mismo apoyándose en su dominio sobre Europa, que le proporcionaba un entorno a medida.
"El mensaje de Washington es claro: recibir más sin ceder nada. A su vez, Alemania reproduce esa misma dinámica con sus socios europeos tradicionales"
Esteban Hernández
Sin embargo, cuando se han puesto a prueba sus capacidades, han quedado al descubierto sus debilidades actuales: la falta de capacidad militar, la fuerte dependencia energética del gas exterior y el hecho de que China siga enfocada únicamente en su propia expansión comercial. Como señalaba Enric, esta vulnerabilidad alemana es un dardo directo al corazón de Europa.

Llegados a este punto, existe un riesgo real de fragmentación. Al igual que la Unión Soviética acabó desintegrándose porque Rusia decidió que le resultaba más rentable caminar sola que cargar con el resto de las repúblicas, a la Unión Europea podría ocurrirle exactamente lo mismo si Alemania opta por esa vía.
 
  Creo que Europa pidió a Pedro Sánchez, cuando llegó al Gobierno, dos cosas importantes. Una era que Podemos no siguiera subiendo. La otra era Catalunya. Considero que Pedro Sánchez ha tenido éxito en las dos. ¿A qué se enfrenta Feijóo en el ámbito europeo e internacional con Vox en los sesenta diputados en las encuestas?

E. J.: Efectivamente, Sánchez tenía dos demandas estratégicas con sello europeo: frenar a Podemos y calmar la situación de Catalunya. Sánchez ha neutralizado a Podemos y ha calmado Catalunya. En el primer caso, basta ver la actual aritmética parlamentaria. En el segundo, la ley de amnistía está a punto de ser validada por la justicia europea. Puigdemont aún sigue en Bruselas, pero ya vemos a Junts haciendo vuelos acrobáticos con el PP en el Congreso. Eso era inimaginable hace dos años. Bueno, he de decir que hace dos años avisé: entre la bruma ya se veía venir un acercamiento Junts-PP.

Otra cosa es que Junts no pueda hoy votar una moción de censura encabezada por Núñez Feijóo, y este aún tiene reparos a la hora de viajar a Catalunya. No quiere mostrarse amable: ahí está Vox, vigilando.

Sánchez ha serenado Catalunya, la historia se lo reconocerá, pero la ley de amnistía ha tenido costes para el PSOE. Amnistía significa "todos dentro". Y este "todos dentro" lo estamos viendo estos días: esas ganas de pactar de nuevo entre Junts y el PP. He ahí un acontecimiento histórico.

Europa le pedirá a Feijóo que no estropee lo que se ha arreglado en Catalunya. Es decir: "No le pegues fuego a Catalunya".
"Me llamó mucho la atención el hecho de que Feijóo no asistiera al acto de la Sagrada Familia hace unos días en Barcelona. Es inexplicable"
Enric Juliana
En este aspecto me llamó mucho la atención el hecho de que Feijóo no asistiera al acto de la Sagrada Familia hace unos días en Barcelona. Es inexplicable. Está muy claro que aquello no era solo un acto religioso. Resultó ser muchísimo más y el líder de la derecha española no está en ese instante. Y luego aquí va a haber una cuestión de alineamientos. Considero que, de entrada, en el caso de que Feijóo presidiese el Gobierno de España, buscaría básicamente una fuerte sintonía con el canciller alemán.

E. H.: Actualmente, Occidente atraviesa un proceso de tensión interna dentro del bloque conservador para definir qué facción lidera la derecha. Sin embargo, en toda Europa se observa una clara convergencia de posturas. En Italia, Giorgia Meloni proviene de la derecha radical, pero ha forjado acuerdos estables con el sector tradicional. En Alemania, Friedrich Merz representa a la derecha clásica, pero está adoptando medidas propias de la derecha radical. Y en Francia, Jordan Bardella busca exactamente lo mismo: integrar a la derecha moderada en su proyecto político.

Más allá de las diferencias de intensidad, todas estas corrientes comparten una agenda común: políticas más duras contra la inmigración, alineamiento exterior inequívocamente atlantista y un programa económico basado en la austeridad, el saneamiento de las cuentas públicas y el aumento del gasto en defensa. En el ámbito energético, ambas facciones muestran reticencias hacia las políticas verdes y defienden la energía nuclear, así como un uso prolongado de los combustibles fósiles.
"Más allá de las diferencias de intensidad, todas estas corrientes comparten una agenda común"
Esteban Hernández
En España, tanto el Partido Popular como Vox suscribirían estas líneas generales. Por tanto, el peso específico de cada partido en una hipotética coalición no alteraría el rumbo general de la economía o de la política exterior; solo cambiarían la intensidad o los portavoces concretos. La única excepción relevante sería la política interior, por ejemplo la gestión de Catalunya, donde una mayor influencia de Vox sí marcaría una diferencia sustancial.

E. J.: Existían dos demandas tácitas, de esas que nunca figuran en los documentos oficiales, pero que son muy reales: "Frenen esto y resuélvanlo", en aras de la estabilidad. Durante un tiempo, Pedro Sánchez y la línea política que representa el Partido Socialista resultaron ser muy funcionales para dar respuesta a esa exigencia estructural.

Sin embargo, la pregunta que debemos hacernos ahora es si los problemas que atraviesa Sánchez actualmente se deben, al menos en parte, a que esa "funcionalidad" se ha agotado. El trabajo que se le pedía ya está hecho. Ahora, los elementos que él introduce en la ecuación política europea resultan contradictorios con los intereses de Bruselas.

La Europa que en su momento le exigió ciertas políticas a Pedro Sánchez ya no es la misma de hoy. Se trataba de un ciclo con una lógica particular, donde existía un consenso europeo y el Gobierno español nadaba a favor de la corriente. Sin embargo, una vez cumplido ese cometido inicial, las nuevas medidas que intenta impulsar van contra la corriente actual, lo que explica las fuertes resistencias que está encontrando.

En este contexto, y dependiendo del resultado de las elecciones, es muy probable que se ponga sobre la mesa la "fórmula portuguesa": un gobierno minoritario del Partido Popular apoyado, de una u otra forma, por el PSOE, el PNV y ciertos sectores de Catalunya. Evidentemente, ya no estamos en el escenario de los pactos de 1996, por lo que articular algo así no será nada fácil y dependerá de la fuerza que obtenga el PSOE en las urnas. Si el PSOE resiste y Sánchez se mantiene en la oposición, esta opción queda descartada.
 
En cambio, si el PSOE sale debilitado y se abre una crisis interna, puede pasar de todo. De hecho, esta gran coalición tácita podría ser la fórmula preferida por los centros de poder europeos. Aun así, hay que hablar en condicional, porque el intenso calendario electoral del próximo año —con elecciones presidenciales en Francia y comicios legislativos en España, Polonia e Italia— podría volver a cambiar el tablero por completo.

E. H.: Los dos puntos señalados por Enric convergen en una misma idea central: la crisis de la socialdemocracia en el entorno europeo actual. Ya no se trata solo de evaluar si Pedro Sánchez resulta útil o no al sistema, sino de cuestionar la viabilidad de toda una ideología que construyó el consenso europeo en las últimas décadas y que ahora parece estar quedando obsoleta.

De hecho, si Europa avanza hacia la derecha, un Gobierno español formado por PP y Vox resultaría mucho más funcional y afín al bloque que un Gobierno del PP apoyado desde fuera por el PSOE. Las opciones socioliberales están perdiendo tanta fuerza que incluso El País ha dedicado editoriales a reivindicar su valor histórico.
"Ya no se trata solo de evaluar si Pedro Sánchez resulta útil o no al sistema, sino de cuestionar la viabilidad de toda una ideología"
Esteban Hernández
Por otro lado, es esencial entender la extrema tensión que atraviesan nuestras sociedades. Venimos de una década con fugas hacia posiciones políticas impensables y una fuerte tendencia al voto de castigo: hoy las elecciones las suele ganar la oposición, como muestra el vaivén cíclico entre Trump, Biden y Trump. En un momento económico en el que "las costuras se resquebrajan", resulta muy difícil que gobiernos como el de Donald Trump o el del actual canciller alemán, Friedrich Merz, logren generar consenso. Lo más probable es que provoquen fuertes reacciones en contra.

En definitiva, la geopolítica no puede aislarse de la política nacional; los valores, ideales y expectativas de la ciudadanía están cambiando radicalmente. Si la sociedad alemana, por ejemplo, da la espalda a Merz y este sale del Gobierno, Europa afrontará años de profunda inestabilidad. Debemos tomarnos muy en serio este clima de agitación, una advertencia sobre la importancia de la vida en común que, curiosamente, hoy casi solo pone sobre la mesa el Papa.

Una última pregunta. La respuesta tiene que ser lo que piensan, no lo que creen que es mejor, y tiene que ser sí o no. ¿Vox entrará en el Gobierno del PP?

E. J.: No.

E. H.: Sí.

Muchas gracias a los dos." 

(Marc López Plana , Agenda Pública, 21/06/26)  

21.6.26

El espejismo de la derechización... los datos apuntan más bien a una izquierda desmovilizada que a un cambio ideológico del electorado... España sigue inclinada ideológicamente hacia la izquierda: 4,64 en abril de 2026... Este primer indicador del CIS plantea, no obstante, una paradoja: si la sociedad no se está derechizando, ¿por qué la derecha da ahora la impresión de encontrarse más cerca del poder que en varios momentos de la última década? Esta intuición no es nueva... La clave histórica es la capacidad de cada bloque para mantenerse cohesionado y movilizado; la conversión ideológica masiva pesa mucho menos... los datos no apuntan a una expansión histórica de la derecha, sino sobre todo a una contracción de la izquierda... la izquierda aparece otra vez debilitada tras varios años de gobierno, mientras que la derecha logra concentrar una dinámica de alternancia favorable... La cuestión de la vivienda resume probablemente mejor que ninguna otra esa pérdida progresiva de credibilidad material de la izquierda. Tras varios años de gobierno de coalición, amplios sectores populares y buena parte de los jóvenes siguen percibiendo que el acceso a la vivienda continúa deteriorándose... Vox puede así implantarse en sectores populares no porque la condición popular se haya vuelto espontáneamente conservadora, sino porque otras dimensiones de la experiencia social han adquirido una relevancia política creciente frente a la sola pertenencia de clase... la situación apuntaría a una alternancia coyuntural, de las que el ciclo político español ya ha conocido... la derecha puede ganar sin que el país vire en bloque al conservadurismo: en un sistema parlamentario fragmentado, su verdadera ventaja no es haber convencido a muchos más electores, sino haber recuperado una arquitectura más cohesionada, y con ella una ventaja de movilización que diferencias de participación reducidas bastan para convertir en mayoría... además, los procesos de removilización electoral parecen favorecer más a las derechas que a las izquierdas dentro del grupo de los abstencionistas (Marco Alagna Morales)

 "A un año de las próximas elecciones legislativas, la idea de una alternancia conservadora se va imponiendo en el debate político. Sin embargo, los datos sociológicos cuentan una historia mucho menos sensacionalista que la de una España súbitamente arrollada por la derecha.

El relato dominante ya se ha asentado plenamente en el panorama mediático: España se estaría “derechizando”. El ascenso de Vox, la radicalización de la cuestión migratoria y las crecientes dificultades de la izquierda alimentan la idea de un próximo giro conservador. Las series estadísticas largas dibujan un cuadro mucho más matizado. 

Desde mediados de los años ochenta, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) pide regularmente a los españoles que se sitúen en una escala que va del 1 (izquierda) al 10 (derecha). Una lectura atenta de la serie muestra una notable estabilidad de fondo durante las últimas cuatro décadas. Ello no significa que no se hayan producido movimientos significativos. A finales de los años noventa y comienzos de los 2000 se observa un pronunciado giro hacia la derecha, coincidiendo con el ciclo que culminó en la mayoría absoluta de José María Aznar, que terminó revirtiéndose posteriormente. En conjunto, las variaciones permanecen contenidas dentro de una horquilla relativamente estrecha y los desplazamientos hacia la izquierda o hacia la derecha tienden a neutralizarse con el tiempo, manteniendo la media en torno al centro del eje político. 

Ni la crisis económica y la irrupción de Podemos –que podrían haber provocado un vuelco hacia la izquierda como el de Syriza en Grecia– ni el conflicto catalán y el ascenso de Vox –que habrían podido anunciar una derechización de fondo– han alterado ese equilibrio. España sigue inclinada ideológicamente hacia la izquierda: 4,64 en abril de 2026, por debajo del punto medio real de la escala, que es el 5,5 puesto que el rango es de 1 a 10. A diferencia de los porcentajes por bloques, que dependen de dónde se sitúe la frontera entre izquierda y derecha, la media no exige fijar ese umbral, y se mantiene a la izquierda con independencia de dónde se trace esa frontera. La posición de esa media resulta aún más significativa cuando se compara con la de los distintos electorados en abril de 2026: Sumar (2,45), PSOE (3,21) y ERC (3,42) ↔ España (4,64) ↔ PP (6,86) y Vox (7,33). Incluso la media nacional se sitúa por debajo de la observada entre los votantes de Junts (5,15) y del PNV (5,05). Si España se estuviera desplazando mayoritariamente hacia la derecha, cabría esperar una media superior al punto medio de la escala y más próxima a la de los electorados conservadores. Los datos del CIS sugieren más bien lo contrario. 

Este primer indicador del CIS plantea, no obstante, una paradoja: si la sociedad no se está derechizando, ¿por qué la derecha da ahora la impresión de encontrarse más cerca del poder que en varios momentos de la última década? Esta intuición no es nueva: Alberto Garzón sostenía a comienzos de 2026 que España no es un país de derechas, sino un país progresista desmovilizado. Ello no implica ignorar el peso de los factores coyunturales. La derrota del PP en 2004, tras la gestión política de los atentados del 11-M, y la del PSOE en 2011, precedida por semanas de negación de la gravedad de la crisis económica, ilustran hasta qué punto una parte del electorado centrista puede reaccionar a determinados acontecimientos y alterar temporalmente los equilibrios entre bloques. Pero el objeto de este artículo son las tendencias estructurales de largo plazo que configuran los equilibrios políticos españoles. 

Desde 1982, el campo conservador ha atravesado crisis sucesivas (desaparición de la UCD, marginación del CDS, hundimiento de Ciudadanos), pero los partidos cambian sin que el bloque se mueva. Hoy, Vox funciona en gran medida como un instrumento de rearticulación interna de toda la derecha tras el colapso del centroderecha liberal de Rivera. Esa plasticidad organizativa contrasta con la trayectoria reciente del conjunto de los partidos progresistas. 

El PSOE mantiene, desde luego, una base electoral sólida, pero las fuerzas políticas a su alrededor se han desintegrado durante la última década. Podemos logró, tras 2014, canalizar parte del descontento surgido de la crisis financiera y de la austeridad, pero esa recomposición nunca llegó a producir una expansión prolongada del bloque de izquierda. Sobre todo, modificó su equilibrio interno.

Si aplicamos aquí la teoría de juegos, los histogramas sugieren un sistema bastante cercano a un juego de suma cero entre bloques: desde los años ochenta, el peso global de la izquierda y de la derecha cambia relativamente poco, de modo que el avance de un campo suele coincidir con el retroceso del otro. Pero no es un juego de suma cero perfecto tampoco, porque parte de las pérdidas electorales no pasan directamente (o de forma marginal) al adversario, sino a la abstención o a la desmovilización. La clave histórica que muestran los gráficos es la capacidad de cada bloque para mantenerse cohesionado y movilizado; la conversión ideológica masiva pesa mucho menos. 

La gráfica muestra por otro lado que el escenario proyectado para 2027 por Sigma Dos, 40dB y GAD3 (histogramas rayados de la derecha) presenta varias similitudes con las elecciones generales de 2011. En ambos casos, el bloque de derecha supera claramente al de izquierda en número de votos, con una diferencia aproximada comprendida entre los 2,5 y los 3,2 millones de votos. Sin embargo, los datos no apuntan a una expansión histórica de la derecha, sino sobre todo a una contracción de la izquierda. El volumen de votos del bloque conservador sería algo similar al registrado en 2011, mientras que el de la izquierda volvería a niveles ya observados en 2000 y 2011.

Sin embargo, los datos no apuntan a una expansión histórica de la derecha, sino sobre todo a una contracción de la izquierda. El volumen de votos del bloque conservador sería muy similar al registrado en 2011, mientras que el de la izquierda volvería a niveles ya observados en 2000 y 2011.

Las proyecciones demoscópicas para 2027 muestran que la izquierda aparece otra vez debilitada tras varios años de gobierno, mientras que la derecha logra concentrar una dinámica de alternancia favorable. Y si el escenario proyectado para 2027 se parece realmente al de 2011, apuntaría a una alternancia coyuntural, de las que el ciclo político español ya ha conocido. 

Cabe aquí objetar que las elecciones autonómicas y municipales de 2023 desmienten, a primera vista, esa lectura. El PP recuperó entonces buena parte del poder territorial perdido durante el ciclo anterior y consolidó, junto a Vox, una amplia implantación institucional. Dos meses después, en las elecciones generales de julio, el bloque de derecha volvió además a imponerse en número de votos, aunque por una diferencia relativamente reducida –alrededor de 400.000 sufragios–. Esas elecciones han sido interpretadas por numerosos observadores como una sanción al Gobierno tras varios años en el poder y como la expresión de una lógica clásica de alternancia agravada por la fragmentación de la izquierda. La propia dificultad del PP para transformar esa ventaja electoral en una mayoría parlamentaria suficiente invita, en ese sentido, a distinguir entre una victoria territorial y un verdadero realineamiento del electorado español. 

Por tanto, tres lecturas de naturaleza distinta –la autoidentificación ideológica media del CIS (estable desde los años ochenta), el peso electoral de cada bloque y el paralelismo entre el escenario de 2027 y las generales de 2011– apuntan en la misma dirección: los cambios de mayoría responden más al desgaste de los gobiernos, a las crisis económicas y a la fragmentación partidista que a una transformación profunda de la sociedad española. 

La sucesión Podemos-Sumar ilustra bien las dificultades actuales de la izquierda: a medida que las alianzas se fragmentan, el bloque progresista se vuelve más dependiente de complejas coaliciones parlamentarias, de acuerdos con los nacionalistas regionales y de electorados mucho menos estabilizados. El principal problema de la izquierda reside hoy en la dificultad creciente para mantener una coalición electoral coherente. 

Esta fragilidad se debe, en particular, a que los distintos componentes electorales del bloque progresista ya no responden a las mismas prioridades sociales y culturales. Los jóvenes urbanos titulados, las clases populares precarizadas, los jubilados socialistas tradicionales o los electorados regionalistas siguen coexistiendo electoralmente, pero de una manera cada vez más inestable. Allí donde el bipartidismo español descansaba antaño sobre lealtades políticas relativamente sólidas, la izquierda funciona ahora más bien como una coalición cambiante de electorados fragmentados.

Las diferencias entre los distintos electorados de cada bloque aparecen con claridad cuando se observan sus bases sociales respectivas. Vox ya no es fuerte únicamente, como en sus inicios, en los sectores más conservadores: jubilados nostálgicos del nacionalismo, clases medias-altas, burguesías urbanas o provinciales católicas. Como muestran numerosos estudios, el partido alcanza ya el 24,4 % entre los jóvenes de 18 a 24 años y supera o ronda el 20 % en la mayoría de las categorías de edad activa. Pero, sobre todo, en las categorías de “clase media-baja/baja”, Vox obtiene hoy un apoyo superior al de Podemos y Sumar juntos. Dentro del propio bloque conservador, además, Vox supera ya al PP en casi todas las categorías sociales salvo entre las clases altas, lo que sugiere una creciente popularización –e incluso cierta “obrerización”– de su base electoral (véase el gráfico más abajo). 

Todos esos cambios sociopolíticos no significan que las generaciones jóvenes se hayan desplazado mayoritariamente hacia la derecha, pese a la imagen cada vez más extendida en el debate mediático. Según el Barómetro del CIS de mayo de 2026, los jóvenes de 18 a 24 años siguen situándose más a la izquierda que a la derecha en términos de autoidentificación ideológica (45,9 % frente a 32 %). Y aunque Abascal obtenga entre ellos un 20,4 % de opiniones positivas, Pedro Sánchez alcanza el 41,1 % y Yolanda Díaz el 36,6 %. La novedad histórica no reside, por tanto, en un vuelco conservador de la juventud española, sino en una creciente implantación y en una transformación de los equilibrios internos de cada bloque político. Mientras que en 2010 la derecha representaba una minoría reducida entre los jóvenes, hoy reúne a cerca de un tercio de esta cohorte. El avance de Vox refleja así menos un desplazamiento masivo hacia la derecha que la capacidad de la extrema derecha para atraer a una parte del electorado descontento que durante años encontró en la izquierda alternativa su principal vehículo de expresión. 

La progresión de Vox también puede interpretarse como el síntoma de una transformación más profunda de la estructura social. Durante buena parte del período democrático, la posición social o la pertenencia de clase permitían anticipar con relativa facilidad las orientaciones políticas de amplios sectores de la población. Hoy esos vínculos parecen menos estables. Las experiencias sociales de individuos pertenecientes a una misma categoría social son cada vez más heterogéneas, atravesadas por diferencias generacionales, educativas, territoriales o culturales que tienden a fragmentar las antiguas identidades colectivas. Las divisiones socioeconómicas (identidades verticales) siguen siendo importantes, pero se entrecruzan cada vez más con otros factores como la edad, el nivel educativo, el género o los valores culturales (identidades horizontales). Vox puede así implantarse en sectores populares no porque la condición popular se haya vuelto espontáneamente conservadora, sino porque otras dimensiones de la experiencia social han adquirido una relevancia política creciente frente a la sola pertenencia de clase. 

Esta evolución plantea un desafío particular para las izquierdas. Aunque en la actualidad el PSOE conserve todavía una sólida base social popular, la evolución de su electorado podría orientarse hacia una concentración cada vez mayor en los segmentos socialmente más protegidos –jubilados, función pública, titulados urbanos–, es decir, en aquellos a quienes la incertidumbre económica menos afecta. 

Reconquistar a otros electores supondría volver a hablarles de economía, precariedad, poder adquisitivo y vivienda: precisamente el terreno en el que Vox ha logrado capitalizar una parte creciente del malestar social al vincular esas dificultades con la inmigración. La cuestión de la vivienda resume probablemente mejor que ninguna otra esa pérdida progresiva de credibilidad material de la izquierda. Tras varios años de gobierno de coalición, amplios sectores populares y buena parte de los jóvenes siguen percibiendo que el acceso a la vivienda continúa deteriorándose. Y esa percepción se alimenta de una paradoja: aunque la economía española presenta hoy indicadores mucho más sólidos que durante la crisis de 2008-2012, muchos hogares de clase media y trabajadora tienen la sensación de no beneficiarse plenamente de esa mejora, debido sobre todo al encarecimiento de la vivienda y al aumento del coste de la vida. 

Y ahí reside el principal dilema estratégico de la izquierda de cara a los próximos comicios. Por un lado, le resultará difícil articular un discurso creíble de esperanza social ante sectores populares cuya situación material apenas ha mejorado desde su llegada al gobierno. Por otro, tampoco puede disputar frontalmente el terreno migratorio sin tensionar sus propios equilibrios internos, ya que ello implicaría alejarse tanto de su tradición ideológica como de una parte esencial de su base urbana, progresista y titulada. 

Las consecuencias de esa fragilidad estratégica aparecen con claridad en los patrones de fidelidad electoral. Los trasvases de voto muestran que el PP, y sobre todo Vox, conservan un electorado mucho más disciplinado que el del bloque progresista. Vox fideliza a cerca del 88 % de quienes lo votaron en 2023. Por el contrario, Sumar se muestra extremadamente frágil: solo la mitad de sus antiguos votantes declaran querer volver a votar a la coalición. Una parte regresa al PSOE, pero otra deriva hacia la abstención o la indecisión. 

De hecho, Sumar es el partido más afectado por estos comportamientos, al registrar la mayor proporción de electores que optan por el voto en blanco o que permanecen indecisos. Al mismo tiempo, los procesos de removilización electoral parecen favorecer más a las derechas que a las izquierdas dentro del grupo de los abstencionistas.

Sin embargo, la matriz de trasvases de voto no muestra que esté en marcha un desplazamiento masivo de antiguos votantes de la izquierda alternativa hacia Vox.

El avance de Vox en las clases populares y entre los jóvenes responde a procesos más difusos como el relevo generacional, la llegada de votantes primerizos, la captación de antiguos abstencionistas y los realineamientos progresivos de electores anteriormente poco politizados. Lo que cambia ante todo es la capacidad creciente de Vox para consolidarse en segmentos sociales donde la izquierda alternativa ocupó durante décadas una posición simbólicamente hegemónica. Esto resulta aún más relevante si se tiene en cuenta que los jóvenes electores constituyen históricamente en España una de las categorías más abstencionistas del cuerpo electoral. La irrupción de Podemos después de 2014 ya había mostrado la capacidad de una nueva fuerza política para removilizar a una parte de la juventud hasta entonces alejada de las urnas; el avance actual de Vox entre los jóvenes responde, al menos en parte, a un mecanismo comparable de repolitización.

Más allá de esta transformación del cuerpo electoral, la derecha puede ganar sin que el país vire en bloque al conservadurismo: en un sistema parlamentario fragmentado, su verdadera ventaja no es haber convencido a muchos más electores, sino haber recuperado una arquitectura más cohesionada, y con ella una ventaja de movilización que diferencias de participación reducidas bastan para convertir en mayoría. Las recientes investigaciones por corrupción que afectan al entorno del PSOE han reforzado probablemente esa tendencia en los sondeos, pero conviene no confundir ese desgaste coyuntural con una transformación duradera de los equilibrios ideológicos del país. 

La autoubicación ideológica media de los españoles apenas se ha modificado durante la últimas décadas

Ahora bien, incluso si la derecha termina gobernando en 2027, eso no significa que pueda aplicar sin fricciones todo el programa que hoy enarbola Vox. En un contexto de tensiones persistentes en el mercado laboral, envejecimiento demográfico y presión constante de la patronal para facilitar la inmigración económica, un eventual gobierno del PP con apoyo de Vox probablemente tendría que asumir la entrada de trabajadores extranjeros. Giorgia Meloni en Italia ofrece un precedente revelador: pese a la dureza de su discurso identitario, su gobierno ha terminado ampliando los cupos de inmigración laboral. Porque una cosa es capitalizar en la oposición el malestar en torno a la inmigración, y otra muy distinta gobernar una economía que depende estructuralmente de nuevos flujos de trabajadores. La inmigración podría convertirse así para PP y Vox en una contradicción comparable a la que la vivienda representa para la izquierda.

Pero esas limitaciones no serían únicamente económicas, sino también culturales. En apenas cuarenta años, España ha pasado de ser una de las sociedades más conservadoras de Europa occidental a una de las más liberales en matrimonio homosexual, derechos LGBT o aborto. El 88 % respalda hoy el matrimonio homosexual (Eurobarómetro 535, 2023); y según una encuesta de Simple Lógica para elDiario.es (febrero de 2023), el 80,5 % reconoce el derecho al aborto, incluido el 60,9 % de los votantes del PP y el 67,4 % de los de Vox. Esa evolución alcanza a la propia derecha: el PP, que en 2005 recurrió la ley del matrimonio homosexual, hoy descarta derogarla. Difícilmente un gobierno del PP con apoyo de Vox podría impulsar políticas como las de Orbán en Hungría, como confirmó el rápido repliegue ante el protocolo del “latido fetal” en Castilla y León. A ello se añade que los marcadores habituales de la “derechización” europea –el islam, el multiculturalismo, las cuestiones identitarias– siguen ocupando en España una posición mucho más periférica que en Francia, Bélgica, Holanda o Alemania. 

Parece más prudente hablar de una reorganización de los bloques políticos y de dinámicas de movilización que de una conversión de la sociedad española al conservadurismo

En cualquier caso, los datos invitan a matizar la idea dominante de una España en proceso de derechización. El avance electoral de las derechas, el aumento del número de personas que se declaran de derechas o la creciente implantación de Vox en determinados segmentos de la población constituyen fenómenos reales que sería absurdo ignorar. Sin embargo, ninguno de estos indicadores basta por sí solo para demostrar una derechización general de la sociedad española. Una mirada de largo plazo ofrece una imagen más compleja. La autoubicación ideológica media de los españoles apenas se ha modificado durante décadas, el bloque conservador no muestra una expansión histórica indiscutible en los sondeos, los análisis de trasvases de voto no evidencian tampoco por el momento una transferencia significativa de electores desde la izquierda hacia las derechas y, al mismo tiempo, la sociedad ha seguido evolucionando hacia posiciones ampliamente liberales en numerosas cuestiones culturales, incluso entre una parte significativa de los electores de derechas. De hecho, algunos de los cambios que hoy suelen asociarse a la irrupción de Vox parecen hundir sus raíces mucho antes. Las transferencias parciales de voto obrero hacia el PP observadas por la ciencia política española a finales de los años noventa (ver los estudios de Miguel Caínzos, por ejemplo) sugieren que algunos de estos realineamientos sociales fueron ya perceptibles, de forma episódica, antes de la aparición de Vox.

La cuestión, por tanto, no es si algunos indicadores apuntan a la derecha –algo indiscutible–, sino si reflejan una transformación profunda y duradera del equilibrio ideológico del país. La propia historia invita a la cautela: la victoria del PP en 2000 fue interpretada en su momento por algunos comentaristas como la prueba de un giro conservador duradero de España. La izquierda regresó al poder unos cuantos años después. A la vista de los datos disponibles, parece más adecuado y prudente hablar de una reorganización de los bloques políticos y de dinámicas de movilización diferenciadas que de una conversión masiva de la sociedad española al conservadurismo.

El último ciclo electoral, las andaluzas de 2026, apunta en esa misma dirección: incluso en el territorio más favorable para el PP, la derecha no ha logrado ampliar su bloque más allá de los niveles de 2022, lo que la situaría cerca de su máximo electoral, mientras que la izquierda conservaría reservas susceptibles de reactivarse a escala nacional. 

La prueba decisiva llegará en 2027: si el bloque de derecha no supera los 12 millones de votos –el máximo alcanzado por ese espacio ideológico en 2011 según una definición amplia de ese espacio–, no habrá habido expansión, sino reagrupación."

(Marco Alagna Morales, CTXT, 19/06/2026, gráficos en el original)

13.6.26

Miguel Sebastián, ex-ministro de Industria: Apenas llevo 3 meses como ministro de Industria... el ministro de Asuntos Exteriores me pide que vaya a Arabia Saudí... El rey, en efecto, estaba muy contento con mi presencia y, cuando íbamos a despegar de vuelta, un emisario real trae a pie de pista un regalo envuelto en papel de seda, con diversas joyas: una pulsera, unos pendientes, un anillo, todos de esmeraldas y brillantes, así como un reloj de brillantes... surgió el debate. Mi equipo estaba dividido sobre qué hacer con el obsequio, las secretarias me señalaban que todos los ministros se llevaban sus regalos, pues eran personales... Consulté a mi oficiala mayor, la recientemente fallecida Laura Morso, que me indicó que lo habitual era que los obsequios se los quedaran los ministros, pues se trataba de regalos a la persona y, más en mi caso, cuyo motivo era satisfacer un empeño personal del monarca saudí. Me dijo que no había un protocolo establecido, que no se trataba de renta en especie, porque no era remuneración por ningún trabajo (los ministros nunca cobramos por ningún servicio, dentro o fuera de España), por lo que no se tenía que declarar y que era una decisión personal mía... Nunca he considerado que dejarlos en el Ministerio en vez de llevármelos a mi casa, fuera una decisión “moralmente superior”. Detesto la moralina puritana que se ha instalado en nuestro país y nunca he sacado pecho de este gesto... me repugna es apelar al “origen turbio” de las joyas. No hay ningún origen turbio. No lo hubo en mi caso y, con toda seguridad, no lo habrá en el caso de Zapatero. Se tratará de un regalo de algún país árabe con motivo de alguno de sus viajes, vi que algunas de ellas guardaban una semejanza con las que yo había recibido en 2008... me repugna es la hipocresía de la clase política española con respecto a este tema. Sobre todo, del Partido Popular, que ha gobernado 15 años en España, algunos de ellos con importantes negocios bilaterales con Arabia Saudí, como, por ejemplo, el AVE de La Meca a Medina. ¿Es que hemos sido Zapatero y yo los únicos ministros, presidentes de gobierno, alcaldes o presidentes de comunidades autónomas que hemos recibido joyas o regalos valiosos de los países árabes? ¿De verdad hay que declarar todos los regalos que se reciban? No lo era en 2008

"Junio de 2008. Apenas llevo 3 meses como ministro de Industria, Turismo y Comercio (además de Energía y Telecomunicaciones), pero la agenda es enloquecida. Mi colega, el ministro de Asuntos Exteriores (MAE) español me pide que vaya a Arabia Saudí el fin de semana, para asistir a una reunión internacional de ministros de energía en Jedah. No era un viaje previsto en la agenda, era fin de semana y me resistí porque mi equipo estaba muy tensionado. El ministro me insistió, porque se trataba de un deseo personal del rey Abdalá, importante para las relaciones de Estado y me ofrecía uno de los Falcon para ese viaje, poder estar de vuelta el domingo por la noche y no tener que alterar más la agenda. Y allá que nos fuimos.

El rey, en efecto, estaba muy contento con mi presencia y, cuando íbamos a despegar de vuelta, un emisario real trae a pie de pista un regalo envuelto en papel de seda. Se trataba de una bonita cartera de piel. Como yo tenía varias, le ofrecí el regalo a los miembros de mi equipo, que se habían sacrificado tanto o más que yo con este viaje. El asesor que se quedó con la cartera, cuando ya estábamos en vuelo, descubrió que la cartera no estaba vacía. Contenía diversas joyas: una pulsera, unos pendientes, un anillo, todos de esmeraldas y brillantes, así como un reloj de brillantes. Todos ellos aparecen en la foto que encabeza este artículo.

Nuestro avión aterrizó en el aeropuerto militar de Torrejón, donde me esperaba el coche oficial, también a pie de pista, para trasladarme a mi domicilio, pues ya era una hora bastante intempestiva. Pedí a mi equipo que las joyas las llevaran al Ministerio al día siguiente, para ver qué hacía con ellas. Y ahí surgió el debate. Mi equipo estaba dividido sobre qué hacer con el obsequio, las secretarias me señalaban que todos los ministros se llevaban sus regalos, pues eran personales.

Consulté a mi oficiala mayor, la recientemente fallecida Laura Morso, que me indicó que lo habitual era que los obsequios se los quedaran los ministros, pues se trataba de regalos a la persona y, más en mi caso, cuyo motivo era satisfacer un empeño personal del monarca saudí. Me dijo que no había un protocolo establecido, que no se trataba de renta en especie, porque no era remuneración por ningún trabajo (los ministros nunca cobramos por ningún servicio, dentro o fuera de España), por lo que no se tenía que declarar y que era una decisión personal mía.

Nunca pudimos sospechar el valor de esas joyas, a nadie se le ocurrió pedir una valoración a Ansorena ni a ningún joyero. Tampoco quise elevar el tema al resto del gobierno y, discretamente, mandé construir una vitrina en la sala de espera de las visitas al Ministerio, donde iríamos colocando todos los regalos de un cierto valor y ahí siguen, propiedad de Patrimonio Nacional y convenientemente registrados.

Nunca he considerado que dejarlos en el Ministerio en vez de llevármelos a mi casa, fuera una decisión “moralmente superior”. Detesto la moralina puritana que se ha instalado en nuestro país y nunca he sacado pecho de este gesto. Tampoco lo he mantenido en secreto, pues las joyas están a la vista del que quiera verlas. He guardado un discreto silencio sobre este episodio hasta hoy, en que ya no puedo soportar más las barbaridades que se están diciendo, en medios y redes, sobre las joyas encontradas en el registro del despacho profesional de Zapatero.

Me repugna escuchar que las joyas estaban “ocultas”. Curioso lugar para “ocultar” unas joyas: guardarlas en un despacho. Siempre he considerado “ocultar” el dárselas a otra persona, enterrarlas, esconderlas en un altillo o, si me apuran, llevarlas a una caja de un banco. Pero ¿tenerlas a la vista en una caja fuerte de un despacho es “ocultar”? Es el lugar habitual para guardar, y eso es lo contrario a “ocultar”.

Lo segundo que me repugna es apelar al “origen turbio” de las joyas. No hay ningún origen turbio. No lo hubo en mi caso y, con toda seguridad, no lo habrá en el caso de Zapatero. Se tratará de un regalo de algún país árabe con motivo de alguno de sus viajes. En cuanto vi sus fotos en la prensa, por cierto, un secreto revelado a toda la población, pese a tratarse de muchas joyas familiares, violentando su derecho a la privacidad, vi que algunas de ellas guardaban una semejanza con las que yo había recibido en 2008 y que adjunto en la foto. Ni turbio ni remuneración por ningún servicio.

Y lo tercero que más me repugna es la hipocresía de la clase política española con respecto a este tema. Sobre todo, del Partido Popular, que ha gobernado 15 años en España, algunos de ellos con importantes negocios bilaterales con Arabia Saudí, como, por ejemplo, el AVE de La Meca a Medina. ¿Es que hemos sido Zapatero y yo los únicos ministros, presidentes de gobierno, alcaldes o presidentes de comunidades autónomas que hemos recibido joyas o regalos valiosos de los países árabes? Por mis sesgos cuantitativos, sé que la probabilidad de ese suceso es cero. No hemos podido ser los únicos. Por otra parte, ¿en serio se puede considerar “contrabando” aceptar un regalo personal y llevártelo a tu casa? ¿Por qué no se ha llenado entonces la vitrina ya habilitada en el Ministerio? ¿De verdad hay que declarar todos los regalos que se reciban? Es posible que en la actualidad lo sea, lo desconozco, porque llevo 15 años fuera de la política. Pero no lo era en 2008. E insisto, no me parece “moralmente superior” el dejarlo en una vitrina en el ministerio correspondiente. Es una opción personal tan aceptable como la otra." 

Miguel Sebastián , eldiario.es, 12/06/26)