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7.10.20

'Entre dos tierras': un documental explora el duelo migratorio de los españoles que viven en Londres

 "Adriana Páramo (34 años) dejó su Vigo natal hace una década y se mudó a Londres "por la necesidad de mejorar". En todo este tiempo, ha cursado estudios sobre cine, ha trabajado en el sector audiovisual, ha hecho amistades, se ha enamorado... Pero Adriana todavía no se siente de allí. Tampoco siente que Galicia sea su sitio cuando regresa de visita. Su sensación es siempre la de estar "entre dos emociones, entre dos culturas, entre dos lenguas", y así lo explica en el documental Entre dos tierras. Los retos emocionales de vivir en el extranjero, que ella misma produce.

Junto a esta gallega, una veintena de emigrantes españoles, en su mayoría millennials (nacidos a partir de 1980), relatan su experiencia de vivir en Londres en esta película dirigida por Javier Moreno Caballero y que desde el 1 de octubre se puede ver online en la plataforma Vimeo On Demand.

Estrenado por primera vez en 2019 en Londres, el documental cuenta con la participación de psicólogos especializados en lo que se conoce como "duelo migratorio", sentimientos asociados a la experiencia de vivir fuera de tu país. Una de estas profesionales es Celia Arroyo, quien ya explicaba en este artículo para Verne los estadios emocionales que normalmente atraviesan los emigrantes españoles, a los que lleva atendiendo por videollamada desde 2015 con su clínica privada Augesis. Según el INE, 2.6 millones de españoles residen en el extranjero, de los que 150.000 se encuentran en el Reino Unido.

Fue precisamente este artículo de la psicóloga lo que motivó a Moreno a crear Entre dos tierras. "Lo leí y me sentí tan identificado que decidí que debíamos contarlo. No hay muchas publicaciones que cuenten la experiencia de vivir fuera tal y como es", cuenta a Verne por teléfono Moreno (Madrid, 38 años) desde Londres, donde reside desde 2010. Ya en 2014, el joven madrileño, que trabaja como realizador audiovisual, creó la webserie Spaniards in London, que contaba las aventuras y desventuras de cuatro emigrantes españoles en la capital inglesa.

La experiencia de vivir fuera se resume en "ganancias y pérdidas" porque, como explica Arroyo, "no todo es un cuento de hadas, pero tampoco está lleno de miserias". "Hay programas de televisión que han retratado esta experiencia en el extranjero con una visión meramente triunfalista, generando mucha frustración para los que se iban y pensaban que todo sería así cuando llegasen a ese nuevo país. También ha habido otras publicaciones que solo se han centrado en la parte negativa", dice. Y añade: "En cualquier caso, vivir en otro país que no sea el nuestro puede ser complicado, pero también supone un gran aprendizaje en muchos aspectos".

Entre dos tierras relata ese proceso emocional que supone dejar atrás a la familia y a los amigos, echarles de menos, darse cuenta de que la vida en España sigue sin ellos, adaptarse a un idioma, un clima y una cultura diferentes... Pero también cuentan las "ganancias" de esa experiencia: volverse más independiente y resolutivo, aprender un nuevo idioma, descubrir nuevas vocaciones, hacer nuevas amistades o incluso crear su propia familia fuera del país de origen.

Todos los protagonistas del documental coinciden en una cosa: la aventura en el extranjero siempre parece tener una "fecha de caducidad". "Pero no siempre es fácil tomar la decisión de volver, especialmente si has conseguido un buen trabajo en ese otro país. Dejar esa estabilidad económica para regresar a España, donde no va a ser tan fácil conseguir un empleo con la misma remuneración, es un dilema que muchos experimentamos", cuenta Moreno.

Para algunos esa fecha de caducidad ya llegó y cuentan en el documental cómo fue volver a España, "otra migración en sí misma". "En estos casos, puede darse lo que se conoce como el choque cultural inverso, en el que el joven retornado experimenta una dificultad de adaptación porque ya no es la misma persona que la que se fue y su entorno quizás tampoco", explica Arroyo.

Prisas por volver a España tras la pandemia

Arroyo también colabora con Volvemos, una plataforma que facilita el regreso de emigrantes españoles con asesoramiento en materia laboral y también emocional. "Hemos notado cómo la pandemia ha acelerado las ganas de volver de muchos emigrantes, la situación está siendo muy dura", dice la psicóloga. "La falta de información o el no poder coger un avión y volver a casa en cualquier momento, como antes, incrementa la ansiedad por sentirse atrapados. Por otro lado, la vida social es muy importante cuando vives en el extranjero, así que el aislamiento social, que también se está produciendo en otros países, les está afectando mucho; y sobre todo, el sentimiento de culpa por estar lejos de la familia, que ya se daba en condiciones normales, pero ahora se agudiza con la situación actual", añade.

Moreno había comenzado a replantearse su vuelta antes de que llegase la pandemia. "Pero ahora tal y como está la situación económica en España no creo que sea el momento", dice. También ha notado cómo las oportunidades laborales que ofrecía el Reino Unido han disminuido. "A diferencia de la de 2008, que afectó principalmente a algunos países, esta es una crisis global y por eso no creo que vayamos a ver una emigración de jóvenes españoles a otros países igual que aquella".

La victoria del Brexit (la decisión del Reino Unido de dejar de ser miembro en la Unión Europea) en 2016 hizo que los españoles que residen allí se sintieran "traicionados" o decepcionados", como cuentan los protagonistas del documental. No solo la incertidumbre sobre la salida acordada del Reino Unido –que todavía sigue inmerso en disputas con sus exsocios europeos–, sino también las conductas racistas hacia ciudadanos de otras nacionalidades que empezaron a escalar tras el referéndum, han despertado las dudas de muchos españoles sobre su permanencia en el país, como también se refleja en Entre dos tierras.

Arroyo añade que la crisis sanitaria actual y las noticias que trascienden internacionalmente sobre España están reforzando el estigma de "ser español", lo que afecta psicológicamente a los emigrantes españoles que están fuera. "Comentarios del tipo ¿qué pasa, que en vuestro país no os laváis las manos? o ¿no tenéis un buen sistema sanitario?", cuenta la psicóloga, pueden crear un malestar que aumente también las ganas de retornar

El director de Entre dos tierras confiesa que el documental ha sido una gran terapia para él y para los emigrantes españoles que han participado. "Puedes pensar que eso solo te pasa a ti, pero en cuanto lo compartes, te das cuenta de que esos sentimientos son parte del duelo migratorio y son normales", dice Moreno, que espera que este documental pueda ayudar a aquellos que viven o acaban de regresar del extranjero como el artículo de Arroyo le ayudó a él."                 (Marta Villena, Verne, El País, 04/10/20)

25.9.20

Médicos e investigadores que tuvieron que irse a trabajar al extranjero responden a Ayuso: "El sistema hace agua desde hace mucho"... tiró de contactos en Francia, "se excusaron porque el contrato era de dos años: eso para ellos es inestabilidad laboral y para mí era la luz al final del túnel"



"Que "no hay médicos en España" y que "no hay oferta educativa". Son algunos de los argumentos que este lunes empleó la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, para explicar el déficit de sanitarios en Atención Primaria. 
 
Sin importar la rama o el ámbito específico, las palabras de la líder regional enfurecieron a los profesionales que no encuentran en suelo estatal una oportunidad para desarrollar su carrera. Sus afirmaciones llegaron con especial fuerza a los oídos de quienes se buscan la vida fuera de las fronteras: aquellos que se acaban de marchar y los que llevan años sin la esperanza de volver.

Este último es el caso de Alicia Sánchez-Lajusticia. Trabaja actualmente en el Hôpital Nord, del CHU de Saint Étienne, una ciudad cercana a Lyon (Francia). Y no entrevé posibilidad alguna de regresar a Madrid, "salvo que las cosas mejoren mucho, que no creo". Alicia es médico nuclear, una "especialidad poco conocida" que guarda relación estrecha con la radiología. 
 
Se formó en Madrid, en el Hospital Puerta de Hierro, entre los años 2005 y 2009. "Tuve la suerte de trabajar como adjunta en el mismo hospital", dice la profesional, quien recuerda que por aquellas fechas muchos médicos mayores se jubilaron. Aquello duró hasta 2013. "Desde entonces estoy aquí y no tengo idea de volverme para allá", admite.

De acuerdo a los datos del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, el pasado año se batió el récord de médicos que miraron al extranjero: fueron expedidos un total de 4.100 certificados de idoneidad para salir al exterior. Un 18,7% más que el año anterior. Dos comunidades están a la cabeza en la fuga de talento: Cataluña, con 591 certificados emitidos, y Madrid, con 570. La tercera y cuarta posición la ocupan Andalucía y la Comunitat Valenciana, a años luz de distancia –285 y 217 certificados, respectivamente–.

Alicia tomó la decisión de hacer las maletas, en primer lugar, por "dificultades personales", pero la gota que colmó el vaso fue "la ausencia de estabilidad laboral". Alicia, que acaba de cumplir 40 años, recuerda que el trabajo en la Comunidad de Madrid se basaba en "ir encadenando contratos de tres y seis meses". "También tuve uno de nueve y llegué a tener otro de un mes", puntualiza. Y eso que su especialidad "no es de las peores". 
 
Sin embargo, relata, entre 2009 y 2013 perdió "un tercio del salario, quitaron dos de las catorce pagas y también parte de los días de libre disposición". Ella y sus compañeros tenían un horario de 8:00 a 15:00 horas, pero completaban "las tardes como si fueran guardias", así que estaban "obligados a hacerlas pero no las pagaban como horas extra". Todo ello, reconoce, "acaba decepcionando".

Al final Alicia tiró de contactos en Francia y acabó en una "rotación externa siendo médico residente". Le ofrecieron, de entrada, un contrato de dos años. Y lo hicieron casi pidiéndole disculpas. "Poco más que se excusaron porque el contrato era de dos años: eso para ellos es inestabilidad laboral y para mí era la luz al final del túnel". Aquellos dos años eran prorrogables a otros dos y después de esa primera prórroga llegó un ascenso. "Me ascendieron y me propusieron sacarme la oposición, así que me la saqué y desde hace cuatro años soy titular de mi plaza", presume la médico.

Sobre las palabras de la presidenta autonómica se le agotan los adjetivos. "Ha sido la guinda del pastel", estalla. Ella hace siete años que se marchó, pero "la situación precaria" viene de atrás. "No soy la única ni la peor, he visto compañeros con contratos para una noche, conozco cómo funciona el sistema" y el problema no es que "falten médicos formados, al contrario: hay un exceso en las facultades, pero hay un cuello de botella a la hora de formar especialistas". Alicia recalca la "disparidad entre las plazas que se ofrecen y la gente que se presenta" para MIR. Además, añade, "no todos los que terminan con su diploma pueden ser contratados y no es porque no se necesiten, sino porque se priorizan los contratos temporales y no se convocan oposiciones".

Alicia lo dice claro: "El problema son las condiciones". También la "consideración que tienen los políticos de los médicos, yo diría que es hasta maltrato". A su entender, "no se puede tirar siempre de la vocación médica, tienes que ofrecer condiciones consecuentes". Alicia enmienda a la líder madrileña y recalca que el conflicto no está en la escasez de profesionales, sino que se trata de "un problema estructural y de maltrato desde hace muchos años. Siempre se ha sabido, los que estamos fuera y dentro lo hemos dicho", sentencia.

Sobre las condiciones de trabajo, pero también la forma de entender la profesión, habla María Ramírez. Tiene 35 años y estudió Medicina en la Universidad Complutense de Madrid. Tras terminar la carrera ejerció como médico residente en el Hospital de Alcorcón, pero enseguida comenzó a informarse sobre las posibilidades de echar currículum fuera de las fronteras. "Veía que en Atención Primaria estaban bastante mal, había trabajo pero siempre de sustituciones, lo que implicaba estar en un centro de salud un día y al siguiente en otro, siempre en función de si había un puente o vacaciones", explica en conversación telefónica desde Suecia, donde reside actualmente.

En 2016 empezó a mirar ofertas y a preparar las maletas. A través de varias empresas puente, la médico situó su objetivo en el país nórdico. Después de un procedimiento capitaneado por la empresa que la seleccionó, basado esencialmente en el aprendizaje del idioma, se mudó con su pareja en el año 2017. Inició entonces un periodo de especialización en un centro de salud, con una duración de dos años hasta su renovación automática para la posterior firma de un contrato indefinido.

María habla de los primeros meses en el centro Öxnehaga Vårdcentral en Huskvarna como una suerte de "entrenamiento, con tutores y asesoramiento continuo". Se trata de un punto de partida focalizado hacia la formación y la especialización. En mitad del proceso, se quedó embarazada y estuvo un año de baja por maternidad, así que el entrenamiento se detuvo. "Ahora estoy terminando el proceso de ser residente y pasaré a ser especialista en Medicina de Familia, pero en condiciones diferentes" a las españolas.
 
 La Atención Primaria, subraya, nada tiene que ver con "cinco minutos y 50 personas por jornada, aquí el peor día vemos a ocho personas, durante veinte minutos o media hora por paciente". Los médicos pueden "mandar todo tipo de pruebas, hacer seguimiento" y llevan un "ritmo de trabajo diferente".

De elegir, ella lo tiene claro: "Me quedo aquí, sobre todo ahora". Y de nuevo introduce el condicional: "Si en algún momento mejora me lo plantearía, pero es mucho suponer, el sistema hace agua desde hace mucho". De ahí que no se explique las palabras de Isabel Díaz Ayuso. "O es desconocimiento o realmente es que está mintiendo", baraja. "No es que falten médicos, es que se está invirtiendo muchísimo dinero en formación, pero no en que la gente se quede", completa. (...)

Si el área de la Atención Primaria pasa por su momento más frágil, la inestabilidad atraviesa también a otros sectores. El de la investigación es quizá el más paradigmático. Lo sabe bien el epidemiólogo Usama Bilal. El asturiano estudió Medicina en la Universidad de Oviedo y casi desde el primer momento supo que quería investigar. Con sólo esa intuición reparó también en que iba a tener que pelear por su futuro. Cuando terminó la carrera lo intentó en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), en Madrid. "Me quería dedicar a la Salud Pública y a la Epidemiología, pero enseguida supe que la única manera de tener una carrera era hacerlo fuera".

En un primer momento, relata al otro lado del teléfono, realizó un Máster de Salud Pública en la Escuela Nacional de Sanidad (ENS) y después obtuvo una beca de La Caixa para hacer el doctorado en Baltimore, Estados Unidos. Desde ahí habla hoy. Usama decidió quedarse con una beca posdoctoral y otra concedida por el instituto de salud local para desarrollar un grupo de investigación por cinco años. "Sabía que la carrera investigadora era imposible en España porque las universidades no contratan o lo hacen de forma precaria, así que encontré más oportunidades fuera", lamenta.

Pese a todo, sus trabajos siguen estando muy vinculados a la situación epidemiológica en su país y si tuviera la oportunidad de desarrollar su trabajo en condiciones, no dudaría en volver. "Me encantaría volver, pero sólo lo haría en buenas condiciones. Mi calidad de vida sería mucho mejor en España, pero no lo haría a cualquier precio y ahora mismo sería muy difícil", coincide con todas las demás voces entrevistadas. (...)" (Sabela Rodríguez, InfoLibre, 23/09/20)

5.3.20

Habla de su experiencia en Estados Unidos como un exilio. ¿Qué hace que lo sea? El hecho de que la posibilidad de volver sea mínima. Me fui en 2009, cuando terminé la carrera y estalló la crisis. Lo que iba a ser una estancia temporal pronto resultó ser otra cosa... en Estados Unidos tengo la sensación de que puede ocurrir un tiroteo en cualquier momento. Siempre estoy muy alerta, busco cuáles son las posibles salidas de emergencia, etcétera...

"Cuando terminamos la entrevista, realizada vía Skype, Azahara Palomeque se disculpa. 

“Habrás notado que no hablo muy bien. Me atasco. Antes hablaba rapidísimo, pero ahora me tengo que parar a pensar cada palabra.” Tras más de una década en Estados Unidos, ya no se siente segura de su dominio del castellano, que –eso sí– todavía habla con el acento de su Badajoz natal. 

Si la sensación de ir perdiendo un idioma nativo siempre es dolorosa, lo es más para una escritora. Palomeque (El Sur, 1986) tiene publicadas tres colecciones de poesía, escribe reportajes en CTXT y acaba de sacar Año 9. Crónicas catastróficas en la era Trump (Ril), un libro en el que da cuenta, desde su experiencia personal, del desastre que es Estados Unidos hoy. 

Su diagnóstico, despiadado, va desde el maltrato institucional de los inmigrantes hasta el colapso de los servicios públicos, la crisis de la sanidad, la proliferación de las armas de fuego y las carencias afectivas de los “niños bien” que acabarán administrando la feroz economía del país.  (...)

Ahora vive en Filadelfia, donde es profesora y administradora en la Facultad de Política y Práctica Social de la Universidad de Pensilvania.

En su libro, habla de su experiencia en Estados Unidos como un exilio. ¿Qué hace que lo sea?

El hecho de que la posibilidad de volver sea mínima. Me fui en 2009, cuando terminé la carrera y estalló la crisis. Lo que en un principio pensaba que iba a ser una estancia temporal, solo para hacer un máster, muy pronto resultó ser otra cosa. El mismo año que acabé el máster ocurrió el 15-M. Entonces supe que no había vuelta atrás. Esa ausencia del retorno marca la experiencia del exilio. 

También es verdad que una se tiene que crear una especie de genealogía para sentirse parte de algo. Para mí, ha sido la del exilio español de la Guerra Civil, el tema de mi tesis doctoral. Encuentro cierto consuelo en el hecho de que otra gente pasara por una experiencia parecida, aunque a nivel político y económico hay muchísimas diferencias. 

Cuando Max Aub vuelve a visitar España en 1969, al cabo de 30 años de exilio en México, se da cuenta de que ha sido un privilegiado comparado con sus amigos que se quedaron atrás en el franquismo. Le choca, porque él siempre había pensado en su destierro en clave de sufrimiento. 

Es una tensión que también he sentido. En un principio era más consciente de mi privilegio. En España mi franja de edad tenía un desempleo de más del 50%. Mis amigos lo estaban pasando muy mal. Yo, en cambio, me veía independiente y ganando el dinero suficiente como para poder mantenerme. Pero con el tiempo, esa sensación de privilegio se ha ido equilibrando. Ahora creo que pesa más la nostalgia por las cosas que he ido perdiendo. 

Mis amigos en España se han ido recolocando, han rehecho sus vidas. Pero yo no he vuelto, no he recuperado un país. Cada vez va pesando más la pérdida: no poder interactuar de la manera en que interactúas con la gente en tu país, no tener una comunidad alrededor en la que apoyarte. Acabas perdiendo rasgos de tu personalidad. En estos tres últimos años prácticamente no he hablado español, por ejemplo. A nivel emocional e incluso intelectual he perdido mucho.

Hablando de privilegios, parte de su exilio la pasa en el espacio enrarecido que es la universidad de élite norteamericana, investigando y enseñando en Princeton. De su libro se deduce que fue, sobre todo, un periodo muy duro, para usted tanto como para todos los demás. ¿En Princeton no hay nadie que no sufra?

La verdad es que la experiencia en Princeton fue muy distópica. A cualquiera que se la cuentes, y que no haya vivido algo parecido, te puede mirar con ojos raros y decirte que estás exagerando. A mí me lo han dicho: “La gente en España estaba en las calles, en el paro, y tú estabas en una de las mejores universidades del mundo. ¿Cómo vas a quejarte?” 

Pero el microcosmos de ese ambiente híper competitivo que es Princeton hay que verlo para creerlo. “Aquí hay más premios Nóbel que bares,” me dijeron antes de llegar. Y es verdad. Y no estaba acostumbrada a ese tipo de privilegio. Mis estudiantes, sí: si tú vienes de la escuela privada y gozas de un ambiente intelectual toda tu vida, tienes el habitus. Sabes cómo manejar los códigos, cómo sentarte, cómo y cuándo intervenir en una conversación y cuándo callarte.

 Pero habiendo crecido en Badajoz y con una experiencia de vida bastante humilde, ese ambiente puede ser muy dañino. En el libro hablo de cuestiones como la salud mental de los estudiantes. Son espeluznantes las estadísticas sobre la incidencia de depresión y ansiedad en la población estudiantil de este tipo de centros educativos. Además, el año que yo entré hubo un suicidio en el departamento. Por eso, no creo que exagere.

El microcosmos hispano que se crea en cualquier departamento de español en Estados Unidos, ¿no daba un poco de protección?

En este tipo de comunidades tan cerradas se produce un fenómeno muy esquizofrénico. Claro, permite que una conserve la lengua nativa y hasta cierto punto las costumbres; tú puedes ir a un bar y siempre los hispanos vamos a ser los que hablamos más alto. Pero, al mismo tiempo, te estás contagiando de los códigos americanos, que son los de la institución. 

Y tú eres parte de esa institución, que te está pagando un sueldo por ser estudiante de doctorado y por dar clases también, donde estás en contacto con alumnos americanos. Y ese conflicto entre los códigos que uno va adoptando para sobrevivir en el ambiente americano y los que trae de casa puede resultar un cóctel molotov bastante explosivo.

Este libro lo ha escrito para un público lector español. ¿Ha sido consciente de tener que traducir la realidad norteamericana e incluso despejar ideas equivocadas sobre la vida aquí?

Desde el principio fui muy consciente de mi labor de traducción, incluso al nivel de las palabras. Me costó muchísimo que fluyera la escritura. Muchas veces se me colaban expresiones en inglés, que me obligaban a parar y buscar la expresión adecuada en español. Ha habido una lucha constante con el lenguaje. 

Después, ya en otro nivel, me interesa la voz del cronista, del corresponsal, porque hay muchísima desinformación sobre Estados Unidos en España, donde mucha gente bebe de la imagen que transmite la industria cinematográfica. Las cosas que una vive como inmigrante son muy diferentes. Eso sí, escribo desde mi experiencia personal, admitiendo que la de otra persona puede ser diferente. Aun así, creo que la mía es bastante representativa. 

Por ejemplo, en una crónica del libro hablo de tener la sensación de que puede ocurrir un tiroteo en cualquier momento. Siempre estoy muy alerta, busco cuáles son las posibles salidas de emergencia, etcétera. Hablándolo con amigos míos americanos, les pregunto si soy una paranoica. Y me dicen que no, que sienten lo mismo. A lo mejor a un lector español no se le ocurre que ese tipo de pensamientos sea una experiencia normal, habitual de la vida aquí en Estados Unidos.

 Entre otras cosas, su libro es un diagnóstico de Estados Unidos hoy. Y me parece que constata dos grandes carencias: una pobreza de lo público –no hay apenas transporte público, espacios públicos, bienes públicos– y una gran pobreza afectiva: describe a jóvenes muy privilegiados que, sin embargo, son unos discapacitados a la hora de entablar cualquier relación humana. Lo que no me queda claro es si registra esas patologías como propias de Estados Unidos –el país protestante y capitalista que es– o si las apunta como aviso para navegantes, porque pronostican lo que pronto será una realidad en otros espacios, incluido el europeo.

Es verdad que esas dos formas de pobreza se dan aquí de manera sangrante. Pero no podemos caer en la patología: además de ser de un esencialismo brutal, significaría que no hay salida. Si la realidad es la que es, es porque ha habido unas circunstancias históricas, políticas, económicas que han desembocado en esto. Pero sí, un aviso para navegantes sí que es, hasta cierto punto. En España veo cada vez más problemas –en cuestiones de salud mental, por ejemplo– que yo pensaba que eran exclusivos de Estados Unidos. 

Dicho esto, la situación de aquí me parece tan exacerbada que me cuesta trabajo pensar que en Europa se pueda llegar a eso. Aun así, noto que van cambiando los marcos. Ya tengo amigos españoles que dicen: “Ah, bueno, me han operado de apendicitis, pero por lo menos no he tenido que pagar”. Ese pensamiento en la España de hace diez años no se contemplaba. 

Su libro es precioso, pero da pocos motivos de esperanza. ¿No ve brotes redentores, algo que permita una pizca de optimismo? A mí, por ejemplo, en Estados Unidos siempre me ha impresionado el nivel de compromiso con lo cívico que representan organizaciones militantes como la Unión de Libertades Civiles, la ACLU, con su millón y medio de miembros pagando su cuota, y que defiende a inmigrantes y minorías del propio Estado…

Repito: no ha sido mi intención sugerir que este país tiene una esencia inamovible y que no puede cambiar. Pero es verdad que yo no soy naturalmente optimista. Y muchas cosas solo han ido a peor. El problema de la sanidad, por ejemplo, no siempre ha sido tan acuciante. 

Hace 30 años la gente se podía pagar una operación sin arruinarse. También es verdad que rayos de esperanza veo muy pocos. Hay sociedades donde hoy existe un compromiso cívico de una protesta en las calles constantes. En Estados Unidos, no. Aquí, donde el individualismo es muy poderoso, es muy difícil que la gente salga a la calle a reclamar algo. 
No es que a la gente no le importen los problemas de los demás. De hecho, muchos americanos son muy solidarios. Pero todo pasa todo por soluciones individuales: “Voy a donar a tal organización o voy a montar mi propia organización. Si los colegios públicos no funcionan, pues bueno, tengo esta ONG que por las tardes les da clases de apoyo”. Pero no dicen: “Vamos todos a la plaza, vamos a manifestarnos para que la educación pública sea de calidad”. La gente es muy bienintencionada, pero me parece que solo se ponen parches. 

Con respecto a España y Europa, ¿es más optimista?

Sí. He estado siguiendo las huelgas en Francia, que parecen un ejemplo poderosísimo de compromiso cívico, no sólo por la gente que estaba en huelga en sí, sino por todo el apoyo que tenían de los que no lo estaban. En España también creo que existe una cultura democrática que pasa por la protesta social, por cuestiones como asambleas, cosas que cuando yo era pequeña no existían. La crisis nos ha cambiado a todos. Pero también hay diferencias incluso, digamos, a nivel de bar, en la cena de Nochevieja con tus suegros.

En España las conversaciones siempre están muy politizadas. Se habla de todo. Aquí en Estados Unidos lo que veo es un nivel de autocensura brutal en mucha gente, en muchos aspectos –en la familia, en el trabajo– por miedo a ofender al otro. No se habla de política o de religión, no vaya a ser que alguien se moleste. Pero si tú las cosas no las discutes, dejan de existir. No tienes ni vocabulario para nombrarlas. Esto creo que es gran parte del problema. 

Lleva diez años en Estados Unidos y sin embargo sigue escribiendo en español para españoles. ¿Habrá un momento en que se haga con el pasaporte estadounidense e intervenga en la esfera pública de aquí?

Hacerme ciudadana americana la verdad es que no me hace mucha ilusión. Estos años me está ocurriendo una cosa muy curiosa porque es como si estuviera en una fase de transición.

 Ya no soy, digamos, la española que ha venido aquí y sólo se mueve en los departamentos de español, y actúa como si este país no existiera. Seamos honestos: esa es la experiencia de muchísimos académicos españoles en este país. Se benefician económicamente de las instituciones americanas que les pagan, pero no tienen ni idea de lo que está pasando aquí. Ni les importa, porque tienen la mirada puesta en otro sitio, en España. 

Mi situación es distinta desde que decidí abandonar esos círculos y trabajar en inglés. Y además estoy trabajando en una facultad de políticas públicas, de política social y trabajo social, que responde a una preocupación que tenía desde hacía tiempo. Hice voluntariado en ONGs de inmigrantes, por ejemplo. Esto significa que me he hecho mucho más permeable a la situación americana. 

Por eso digo que las injusticias de este país son intolerables, me cabreo muchísimo ante el hecho de que el presupuesto de defensa sea mastodóntico, o que la gente no tenga acceso a la sanidad, o por la permisividad de las armas, la pésima calidad de la educación pública y otras cuestiones que discuto en el libro. Entonces no me extrañaría nada que acabara por intervenir también en la esfera pública aquí. No descarto que toda esa furia en algún momento salga en inglés.

Pero por ahora sigo teniendo esta conexión con España. Intento que no se me olvide, a través de la lengua, sea escribiendo en español para la prensa o llevando la cuenta de Twitter. Por un lado, el hecho de que mi instrumento de comunicación sea siempre el español es lo que me devuelve al origen. Por otro, la mirada la tengo puesta desde hace tiempo en Estados Unidos, que obviamente es una sociedad que me importa. Si no, no escribiría sobre ella."             (Entrevista a Azahara Palomeque, Sebastiaan Faber, CTXT, 27/02/20)

26.4.19

Vivir en la Europa de la extrema derecha, según los emigrantes españoles... que desean que España siga siendo la excepcionalidad en Europa, el dique de contención contra la extrema derecha...

"(...) Este fenómeno de ascenso de la extrema derecha en forma de partido es reciente en España, pero agita las banderas de otros países europeos desde hace años. Lo saben bien los españoles que actualmente residen en estos estados.

 Con motivo de las citas electorales que se aproximan en nuestro país, en Cuartopoder.es hemos conversado con varios de ellos para conocer cómo miran la oleada de ultraderecha que se extiende por Europa, por el mundo y amenaza con instalarse en la Península. 

Carlos Panadero tiene 31 años y es profesor en Polonia desde hace seis. Considera que este país, con una democracia más reciente que la de otros estados europeos, es “muy tradicional” y que su ciudadanía es “ultracatólica” e “hipernacionalista”. Un cóctel histórico-cultural hace que los polacos observen “con recelo al diferente”, indica. 

A este país lo diferencia la inexistencia de partidos de izquierdas y el peso importantísimo que tiene la Iglesia en la política y la educación. Del partido Ley y Justicia le inquiera algo que también observa en Vox: “Utilizan la bandera como arma, pretendiendo ser más religiosos que nadie y apropiándose del concepto de familia”.

En Hungría, donde gobierna Viktor Orban (Fidesz), la extrema derecha no conquistó abiertamente el poder, sino que llegó de forma paulatina. “Un partido teóricamente conservador ha legitimado las ideas de la extrema derecha (Jobbik) al llevarlas a la práctica”, explica Luis García Prado, de 43 años, editor y copropietario de una cafetería en Budapest, donde reside desde hace dos años y medio. 

En su opinión, las formas de control del Gobierno sobre la población pueden ser sutiles, pero igualmente peligrosas para la ciudadanía. “El modelo de Estado que Fidesz ha creado en Hungría no se basa en la represión violenta, sino en la captura de las instituciones, en la centralización del poder y en la amenaza para el estatus o el nivel de vida de los discrepantes”, aclara.

En este mismo sentido, Chus Martínez Domínguez, profesora de español en Hungría desde hace 20 años, explica que “la mayoría absoluta ha hecho posible al Gobierno de Orban modificar la Constitución y las leyes según sus propios intereses”. Cree que lo más grave es el control de los medios de comunicación, en especial en las zonas rurales, donde Fidesz tiene más apoyo. 

A través de los mismos, inculcan “el nacionalismo y el odio exacerbado a los inmigrantes”, según considera. Denuncia que esto conlleva inevitablemente a la autocensura: mejor no hablar que “exponerse a ser vilipendiado públicamente por la prensa leal al Gobierno”.

A Lucía Sánchez Rodríguez, de 28 años, quien se desempeña como diseñadora gráfica y camarera en una cafetería, le preocupa que “el racismo o la misoginia” estén “legitimados” por el poder. Considera que Viktor Orban ha sabido erigirse como líder mesiánico dispuesto a dar solución a los problemas de la nación y que se le ve como “un padre”, a veces demasiado estricto, pero que vela por el interés general y de la nación húngara.

Celia Montero lleva viviendo en Italia cuatro años y es responsable de una bodega en una zona vinícola del país. “Italia siempre ha sido un país muy de derechas y si la extrema derecha ha conseguido llegar a poder es porque la gente no encuentra trabajo y tiene miedo a los inmigrantes por un discurso que se ha ido construyendo a lo largo de los años”, diagnostica.

En esta línea dura de xenofobia y rechazo a la inmigración o a la acogida de refugiados en Europa, se encuentra el gobierno austriaco. Andrea Gomez Roque, que tiene 28 años y trabaja de arquitecta en Viena, admite que ella no ha experimentado discriminación en este país por ser española, pero es consciente de que «si fuera turca no hubiera tenido la misma aceptación», ya que hay «mucho rechazo a todo lo árabe o musulmán».

Con más preocupación sobre esta cuestión vive Nesa Ruth Sadijui Vidal, que es de Toledo y de padre iraní. En España ha sufrido el racismo por su color de piel, pero cree que Austria es como “un pueblo grande” donde la xenofobia o el machismo están legitimados. También acusa un profundo machismo que parece “sacado de las películas”, ya que se intenta proteger a la mujer «como si fuera un ser inferior”. 

El Gobierno, además, asegura que la violencia machista no existe y, si hay casos, «culpa a los extranjeros de haber influido a los nacionales”, explica. Aunque a ella le cuesta escuchar este discurso, su pareja, que es de Hungría, acostumbrado a un gobierno de extrema derecha, lo acepta con mayor naturalidad.

 Los españoles consultados por Cuartopoder.es que viven en países extranjeros muestran, en general, inquietud ante un posible resultado favorable para los de Santiago Abascal. “Me da la impresión de que van a crecer bastante y esto me provoca bastante temor”, indica Andrea desde Austria. Desde este mismo país Nesa confiesa que quiere volver a España, pero si todo “se pone tan negro”, quizás no regrese. “Siendo mi país me duele más que se vuelva de esta manera”, explica.

Por otro lado, Carlos, desde Polonia, se queja “del auge que están teniendo estos partidos de odio” y le preocupa que “un país como España tenga que tirar de partidos ultras” porque “cuatro frikis” han conseguido conectar con un descontento que estaba latente. Lucía, desde Hungría, aporta una reflexión positiva en medio del caos

En cierta manera, le parece positivo que la extrema derecha se diferencie del resto de actores políticos creando sus propios partidos. “Por haber salido el demonio la gente se ha asustado y han surgido algunos movimientos. Se ha encendido un fueguito para la autorganización porque ha salido el lobo y hay que ir a votar”, apunta.

Lo cierto es que no todos han podido votar. El proceso para solicitar el voto rogado desde el extranjero para la ciudadanía española es complejo y muchas veces la ansiada papeleta no llega. Sin embargo, seguramente ellos y ellas estarán pendientes del resultado del domingo en las urnas, deseando que España siga siendo la excepcionalidad en Europa, el dique de contención contra la extrema derecha."                        (María F. Sánchez, Cuarto Poder, 24/04/19)

3.4.19

Por que se van? Algunhas respostas sobre a emigración de mozos e mozas

"Falamos con algunhas persoas novas que emigraron ao estranxeiro ou dentro do Estado. Poñemos as súas visións persoais sobre o por que se foron e cales son os motivos que os empurraron aos destinos onde viven agora.

A emigración actual de mozos e mozas a destinos tanto dentro do Estado como fóra, ten explicacións que atenden ademais de razóns económicas e laborais, tamén a outras estruturais con respecto ás posibilidades de desenvolvemento persoal que vían en Galicia.

 Isto podería ter unha explicación coa “Xeración Erasmus”, quen logo de teren visitado por motivos adémicos outros lugares da UE, a maneira de encontrar un traballo acorde cos seus estudos e por un salario mellor que o que poderían ofrecerlle en Galicia, deciden tentar probar sorte fóra.

Tamén a apertura de fronteiras para a mobilidade laboral e o uso da Rede, permite que moita xente nova dea o salto e marche fóra polo atractivo de ofertas laborais, a calidade de vida que poderían ter e ao mellor coñecen por outras persoas, ou a visión dunha sociedade envellecida que non quere darlles saídas e posibilidades.

MOVEMENTOS

O Instituto Nacional de Estadística ofrece unha estatística con datos sobre a emigración desde Galicia de persoas entre os 15 e os 34 anos. O maior número de persoas dentro desta marxe de idades que emigraron deuse nos últimos sete anos entre o 2015 e o 2016. Teoricamente a crise económica estaba superada en 2016, pero no primeiro semestre as persoas entre 30 e 34 anos, por poñer un exemplo, eran aínda o colectivo máis numeroso que colleu as maletas.

As mesmas enquisas indican que as persoas emigradas dentro da marxe de idade sinalada, non superou as mil persoas no primeiro semestre de 2018. Recuperación económica? Novas expectativas que aparecen no mercado laboral? Posiblemente existan razóns coma estas, pero a cuestión é que “algúns mozos e mozas ven que hai máis dificultades para acceder a un traballo fóra de Galicia, sobre todo no estranxeiro” di unha moza emigrada en Alemaña, que non quixo dar o seu nome.

 “Eu vinme a Alemania porque tiña a posibilidade de primeiro ter unha bolsa de estudos para a miña especialidade e logo, porque aquí vin que realmente podía continuar tanto estudando como traballando, e non estar pendente das listas das oposicións ás que me presentara, porque ás veces estaba moito tempo sen traballo”.

E onde están as dificultades? A mesma moza, que fai in traballo sobre xente nova emigrada a Alemania responde que “ no caso alemán, para a xente da Unión Europea é algo máis doado, non obstante os permisos de traballo e a burocracia arredor deles son moi complicados”. O muro burocrático fai que “moitos e moitas intenten quedar collendo algún “minijob” ou traballando en negro por uns meses, certo é que hai xente que acaba quedando cun traballo máis ou menos decente, pero ás veces comparas os salarios dos minijobs e os pagados en negro e pensan que a diferenza con Galicia non é tan grande nese punto”.

MOTIVACIÓNS

Galicia Confidencial púxose en contacto con máis persoas emigradas fóra e dentro do estado. Miguel Rodríguez, membro do equipo de “Té con gotas”, ofrécenos a súa visión. Os motivos polos que marchou ao Reino Unido foron varios, pero sobre todo académicos. “Viñen ao Reino Unido en setembro de 2017 porque me quixen especializar na área do xornalismo de datos e no Estado español non había unha grande oferta de cursos sobre este campo.

 Sabía que no Reino Unido estaban as Universidades máis avanzadas nesta área, mesturando xornalismo, con programación informática e análise e visualización de datos, e que tamén había moito interese por desenvolver este campo por parte da industria británica. Xunto coa dos EEUU, a prensa británica probablemente sexa a que está máis á vangarda no campo da innovación en novos formatos de xornalismo”

Tomás fotógrafo en Barcelona apunta que chegou á cidade Condal por motivos académicos e profesionais. Estudara Historia en Santiago pero en Barcelona estudou Fotografía e agora “si, vivo profesionalmente do que estudei aquí”. Miguel Rodríguez, que estudara Xornalismo, preguntado sobre se traballa do seu responden “si, en xuño de 2018 comecei a traballar para RADAR AI, a unidade de datos da Press Association, a axencia de noticias máis importante do Reino Unido, algo así como EFE en España.

O meu departamento logrou financiamento de Google para desenvolver un servizo de escritura automatizada de noticias locais a partir de bases de datos. Non poderíamos levar este traballo a cabo se non fose pola tradición de transparencia que existe no Reino Unido, onde todas as semanas se publican ducias de estatísticas, moitas delas con datos desagregados a nivel local”.

Sobre as motivacións que levan á xente nova a emigrar, Tomás é categórico “falta de oportunidades e confianza no traballo da xente nova”, o que apuntaría á falta de innovación e de creación de traballos en base a esa innovación. Miguel esténdese máis “a grosso modo penso que os que viñemos ao Reino Unido o fixemos porque laboralmente se ofrecen unhas oportunidades que en Galiza e no resto do Estado non existen, ou se existen non son o habitual. Falo de ter un traballo relativamente ben pagado, unha estabilidade e unha perspectiva de progresar e promocionar nun sector ou nunha empresa”.

Tamén apunta motivacións dentro da cultura laboral do Reino Unido “o dinamismo económico do UK (teñen un 3,9% do desemprego agora mesmo, un record histórico á baixa a pesar do Brexit) fai que os traballadores se movan moito, o cal permite subir máis facilmente na xerarquía dunha compañía e que as empresas estean interesadas en tratar ben aos empregados, porque saben que non hai 50 desempregados esperando na cola co seu currículum na man, como acontece en Galicia”.

Que solución sería posible para eles para frear a emigración? “creo que é un problema estructural. Non é normal que durante xeracións e xeracións as galegas tivesemos que emigrar por todo o mundo para gañarnos a vida”.

 E finaliza con que “sen ser un experto na materia, penso que a solución viría por que as administracións apostasen por desenvolver sectores nos que Galiza ten vantaxes para competir, fomentando o investimento en innovación neles e a colaboración coas Universidades. Se o futuro se fía a desenvolver o turismo e centros comerciais, non creo que o futuro sexa moi atractivo”.

Tomás, máis críptico, apunta “Precisase un cambio na mentalidade de que a un traballo se entra a través dun CV e crer máis na formación a través do traballo en si”.

E preguntados sobre a perspectiva que se ten de Galicia entre a emigración e a sociedade de acollida, Tomás resume en que “é unha sociedade avellentada que ten medo dos cambios”. Miguel responde “non é boa, pero advirto de que case sempre tendo a ser pesimista.

Oxalá tivese motivos para o contrario, pero nos últimos anos a industria foi ao traste, as caixas desapareceron co importantes que eran para o desenvolvemento dunha rexión como a nosa, a poboación envellece e, pensando no longo prazo, non creo que Galicia estea nos plans dun país que hai anos decidiu que o seu proxecto estratéxico estaba en Madrid e no Mediterráneo”.     (Moncho Mariño, Galicia Confidencial, 02/04/19)

20.2.19

Diez años de emigración española... El regreso de cerca de 2,5 millones de españoles que se fueron por la crisis es aún incierto...

"(...) Espoleados por la crisis de la banca, los diversos gobiernos europeos comenzaron políticas de recortes en los servicios públicos y liberalizaciones del mercado laboral. La consecuencia más directa ha sido un aumento de las tasas de desempleo y de la precariedad en muchos países de Europa, sobre todo en los periféricos. 

Esto ha provocado la intensificación de flujos migratorios económicos en Grecia, España, Portugal e Italia, por ejemplo, hacia otros países de la UE y, en muchas ocasiones, a destinos más lejanos. En España estas políticas han provocado la inversión de los flujos migratorios, tanto de personas extranjeras como con nacionalidad española.

 Este hecho resulta paradójico, ya que España se había convertido, a partir de la primera década del siglo XXI, en un país receptor de inmigrantes, llegando estos a representar hasta un 12% de la población total. 

(...) la pérdida de empleo masiva en sectores como la construcción primero, arrastrando a muchos otros sectores después, supone la salida de muchos inmigrantes (se estima que hasta 2,5 millones han abandonado España a día de hoy). 

Posteriormente, la política de recortes de empleo público y la precarización del mercado laboral provocaron que el fenómeno cobrara relevancia en la emigración española: a partir de 2009 comienzan a salir de manera notoria más españoles de los que retornan, hecho que se intensifica rápidamente en los años posteriores y que persiste a día de hoy. 

Se produce así una nueva ola de emigración española, con la peculiaridad de ser la primera vez que dicho fenómeno ocurre en democracia en nuestro país. (...)"                    (María Almena, Estudios de Política Exterior, Enero/Febrero, 2019)


12.2.19

La traición de España a sus jóvenes

"Si la mayor desgracia de la juventud es “no pertenecer a ella”, como decía Salvador Dalí, su mayor frustración debe ser serlo en lugares donde supone una desventaja. España se ha convertido en uno de ellos.

Los jóvenes españoles tienen la segunda tasa de desempleo más alta de Europa —36 por ciento—, ocupan los primeros puestos en fracaso educativo y los últimos a la hora de independizarse del hogar

A esto se suma el bajo índice de natalidad en España, que está provocando un envejecimiento de la población y que inclinará la balanza de las decisiones políticas aún más a favor de los mayores.

Mejorar la situación de los jóvenes en España es uno de los grandes desafíos para los próximos años de la nación que, para 2040, será la más longeva del mundo. No se trata de entrar en batallas generacionales, pero la baja participación de los menores de 30 años en las elecciones y su desinterés en la política hacen más difícil la incorporación de sus problemas al debate nacional. Si los jóvenes españoles quieren ser tenidos en cuenta, tendrán que hacerse escuchar.  (...)

La primera consecuencia de la falta de políticas en favor de la juventud es que uno los motores del milagro español, el optimismo que llevaba a cada generación a creer que viviría mejor que la siguiente, se ha desvanecido.

Ser joven en España solía ser una suerte en vísperas de la crisis económica de 2008. Nadie prestó atención a lo que ocurría en la trastienda de la fiesta, con un abandono escolar en máximos y un sistema educativo anticuado que no estaba preparando a los estudiantes para el mercado laboral con el que iban a encontrarse. Una década después, la resaca de aquella irresponsabilidad colectiva sigue ahí: uno de cada cinco jóvenes forman parte de los ninis, que ni estudian ni trabajan.

El Consejo de la Juventud de España (CJE) describe en su último informe a una juventud dividida entre quienes no han sido preparados para el futuro y los que, estando cualificados, se ven obligados a ocupar puestos menores o a aceptar sueldos que no les permiten incorporarse a la vida adulta. Al menos dos millones de españoles entre 16 y 29 años se encuentran en situación de pobreza, según el mismo estudio.

Lejos queda el mito repetido hasta la saciedad por los gobernantes españoles de que el país contaba con la generación mejor preparada de la historia.  (...)

 Los mejor preparados empezaron a emigrar tras el estallido de la crisis, llevándose su talento a países dispuestos a aprovecharlo, lo que provocó el mayor éxodo de jóvenes migrantes en democracia. Desde 2008, nada ha cambiado  (...)

“La sociedad española tiene una deuda pendiente con nuestros jóvenes”, decía el mes pasado el rey Felipe VI, admitiendo que el país les ha fallado. Lo que no se sabe es cómo piensa la clase dirigente saldar esa deuda, en caso de que haya intención de hacerlo.

 Lo más probable es que sea tarde para los hijos de la Gran Recesión —la ironía duele: no la provocaron ellos, sino sus mayores—, pero España está a tiempo de no repetir los mismos errores con las generaciones que vienen detrás.   (...)

“La sociedad española tiene una deuda pendiente con nuestros jóvenes”, decía el mes pasado el rey Felipe VI, admitiendo que el país les ha fallado. Lo que no se sabe es cómo piensa la clase dirigente saldar esa deuda, en caso de que haya intención de hacerlo. Lo más probable es que sea tarde para los hijos de la Gran Recesión —la ironía duele: no la provocaron ellos, sino sus mayores—, pero España está a tiempo de no repetir los mismos errores con las generaciones que vienen detrás."          (David Jiménez, the New York Times.es, 29/01/19)

7.11.18

Edinburgh in Protest: nos vamos reinventando a nosotras mismas como inmigrantes y de una forma inconsciente vamos edificando una cierta identidad distanciada de la visión estática del inmigrante como sujeto político pasivo y despolitizado...

"(...) ¿Hay muchos españoles en Escocia? ¿Cómo les tratan la población y las instituciones locales?

Podríamos decir que la mayoría viene en busca de una mínima estabilidad que el Estado español no ofrece. Aún realizando los trabajos más duros en el ámbito de la hostelería y otros servicios. (...)

Tanto Edimburgo como Escocia están llenos de lugares maravillosos y la gente es muy amable y hospitalaria, las instituciones suelen estar abiertas para todo el público, independientemente de la nacionalidad que se tenga y en líneas generales el trato es bueno.

Ahora bien, hay dos cosas fundamentales que no las resuelve la estabilidad laboral en la inmigración: además de la dureza del clima, por un lado resulta extremadamente difícil olvidar de donde vienes, a tu gente, tu familia y por otro lado la posición social que ocupamos. 

Es decir, la diferenciación de clase inmigrante y población autóctona, donde los primeros estaremos siempre en desventaja, y seremos más vulnerables a la explotación laboral o el abuso de poder en otros ámbitos como por ejemplo, la vivienda. 

¿Qué es Edimburgh in Protest? ¿Quiénes lo componen? ¿Qué es lo que hace? ¿Por qué?
 
Edinburgh in Protest (EIP) es un colectivo compuesto por exiliados y exiliadas económicas que surge principalmente con el objetivo de reflexionar sobre el reforzamiento del Estado penal/punitivo que se viene incrementando no sólo en el Estado español sino también en todos los países neoliberales. Aunque la principal preocupación tiene que ver con lo que acontece en el lugar de donde venimos, no se descartan temas relacionados con la represión en otros contextos.

Generalmente las actividades consisten en invitar a distintas personas afectadas por violencia institucional a participar en charlas, jornadas, cine debate, tanto presencialmente como por Skype, abriendo un espacio para la expresión, la visibilización y la reflexión. Todos los años se organizan unas jornadas anti-represivas con charlas, un taller feminista y conciertos donde todo el dinero recaudado se destina a las personas afectadas.

El grupo surge hace algunos años principalmente por la preocupación que siempre habíamos tenido por esta situación donde además, en todo este tiempo, podemos observar un sorprendente incremento de la criminalización de la pobreza y los movimientos sociales. Por otro lado, también sentíamos la necesidad de solidarizarnos de alguna manera con lo que ocurre en el Estado español y fue en un momento, después del 15M, cuando muchos teníamos ganas de hacer cosas aunque sin saber bien cómo ni qué hacer. 

¿Cuál es vuestra relación con las organizaciones de la izquierda local y con el resto de organizaciones de los españoles allí? 

La relación es muy buena aunque no siempre hay una colaboración directa. Más bien un apoyo mutuo. Aquí hay dos cosas interesantes para analizar. En primer lugar, el hecho de que cuando intentamos realizar actividades conjuntamente respecto a la inmigración española, los grupos de izquierda locales no terminan de entender nuestras prioridades, nuestras necesidades y en definitiva nuestra forma de percibir como sujetos políticos que somos, tanto como inmigrantes como en lo que respecta a la situación política del Estado español.

En segundo lugar, el tema de la ideología o el dogmatismo político supone en ocasiones un obstáculo importante. Como ocurre habitualmente, los grupos de aquí pertenecen a distintas ramas de la izquierda con sus diferentes ideologías que intentan llevar a cabo. Sin embargo, nuestra prioridad es la participación colectiva, es decir, que las personas interesadas sientan el conflicto en las diferentes actividades que se llevan a cabo y que de una forma u otra tienen que ver con lo que nos afecta.

Nuestra relación con el resto de organizaciones de españoles es muy buena, las personas que integramos Edinburgh in Protest participamos en otros colectivos tanto de españoles como escoceses, lo cual hace las colaboraciones muy fáciles. Cabe destacar también el gran número de exiliados económicos del Estado que participan en distintos movimientos de la izquierda local. 

¿Cuáles son los principales problemas de los inmigrantes españoles en Escocia? ¿Cómo crees que podríamos contribuir, desde España, a solucionarlos? 

Aquí hay dos cuestiones que estaría bien mencionar: por un lado están los típicos problemas que conlleva la inmigración, explotación laboral y abusos de poder por estar en una posición social desfavorecida, la de inmigrante, y por otro lado la despolitización que mencionábamos más arriba. 

Es decir, necesitamos reconfigurar la idea de la inmigración y comprender que podemos empoderarnos en el espacio político y al menos visibilizar el contexto político en que se produce la emigración masiva. Para eso necesitamos desnaturalizar ciertas violencias que asumimos con absoluta normalidad así como generar un espacio de aceptación donde las personas con ganas de participar no se sientan incómodas. 

Se trata de buscar los objetivos comunes y empezar a construir a partir de ellos. Pero además, sería bueno que en el Estado español se nos visibilice, que se hable de estos grupos y la solidaridad internacional que están teniendo. Si bien existe la Marea Granate, aunque sus demandas y actividades son diferentes, no se habla del exilio económico. 

Respecto a la contribución desde el Estado español, siempre hemos pensado que sería interesante que algunos sindicatos estén dispuestos a estar en contacto por ejemplo con el grupo Orgullo Migrante el cual se relaciona con un sindicato local de Edimburgo para asuntos laborales y con el sindicato de la vivienda Living Rent para asuntos sobre la vivienda.

Quizás los sindicatos españoles podrían llegar a tener algún tipo de asesoramiento en primer lugar para la gente antes de emigrar. Se podría poner a esas personas en contacto con los grupos de aquí y en segundo lugar, es necesario el asesoramiento para la gente que retorna ya que en ocasiones se requiere por ejemplo para cobrar el paro, etc.

Se trataría de una comisión de personas exiliadas por motivos económicos dirigida a asesorar tanto a quienes se van como a quienes vuelven. Otro contacto interesante podría ser también el llamado PIE (punto de información para españoles), conocido como oficina Precaria de Edimburgo, el cual ejerce una labor imprescindible de asesoramiento laboral con abogadas y en castellano. 
¿Ves la posibilidad de un movimiento paneuropeo de españoles emigrantes? ¿Hay colectivos como Edimburgh in Protest en el resto de Europa?
 
Desconocemos la existencia de otro colectivo similar a Edinburgh in Protest en Europa, pero sí creemos que hay mucha gente con ganas de hacer cosas solo que no se sabe cómo empezar ni por dónde.  (...)

 ¿Qué te preocupa de todo esto? ¿Qué ideas tenéis para el futuro?

(...) Es preocupante que haya sectores de los movimientos sociales tan alejados de querer participar en una construcción colectiva, que ni siquiera estén dispuestos a la discusión y el debate. Una mirada hacia los movimientos sociales de América Latina podría aportar mucho en este sentido.

Resulta muy preocupante la forma que tienen con frecuencia algunos colectivos, o como se les quiera llamar, de plantear alternativas en nombre de las personas más desfavorecidas, con una verdad por delante que en ocasiones termina favoreciendo a la derecha más rancia. 

De ahí la emergencia de cuestionar y revisar el significado de ciertos conceptos que asumimos como una verdad absoluta cuando están llenos de historia y nacieron de una construcción colectiva en un momento político y contexto determinados, que no están libres de ideas preconcebidas, prejuicios, moral y ética funcionales a las clases dominantes.

Por eso creemos que además de tratar de hacer este trabajo, existe una necesidad de darle la importancia que se merece a la participación colectiva como un espacio donde generar un vínculo emocional que de una forma u otra termine generando consciencia social. Por ejemplo en nuestro caso, alguien podría cuestionar que somos poca gente, que no vamos a llegar a ningún lado, que no seguimos una ideología concreta o cosas por el estilo.

Sin embargo, lo que no se tiene en cuenta es que a lo largo de este proceso nos vamos reinventando a nosotras mismas como inmigrantes y de una forma inconsciente vamos edificando una cierta identidad distanciada de la visión estática del inmigrante como sujeto político pasivo y despolitizado.
A través de las actividades aprendemos, y de forma muy enriquecedora, de quienes pasan por aquí a darnos una charla y contarnos sus experiencias de resistencia social.

Es como un baño de conciencia. Esto es algo que cuesta ver y entender en la inmigración. Es necesario deconstruir la idea del inmigrante como una persona que se mueve de un lugar a otro solamente en busca de una estabilidad laboral, como una figura políticamente pasiva y ahistórica.

Así nos lo quieren vender y nos lo han vendido como ocurrió con la emigración de españoles a Alemania, Suiza o Australia durante el franquismo por ejemplo. Poco se sabe de las resistencias que se formaron en el exterior junto con sindicatos locales en aquella época. 

Politizarnos como inmigrantes, tratar de empoderarnos en el espacio político o generar otras representaciones sociales sobre los españoles en Edimburgo, contrarias al discurso hegemónico, es subversivo en sí mismo.

Por ejemplo, cuando se votó por el Brexit la izquierda local cercana a nuestro entorno no supo comprender el lugar que ocupábamos las personas migrantes en esa historia. Mientras las personas no británicas no tenían permitido votar muchas de la izquierda votaron a favor por el mero hecho de que salirse de la Unión Europea era algo positivo, sin leer que se trataba de un proyecto xenófobo y de derechas. 

Esto mostraba claramente la necesidad de una voz inmigrante en el espacio político de esta ciudad. De aquí surgió el grupo Orgullo Migrante el cual se compone solamente de inmigrantes y del cual también Edinburgh in Protest forma parte."                   (José Luis Carretero, El Salto, 30/10/18)

9.10.18

Propuestas de la emigración para promover un retorno en condiciones dignas... para no tener que reemigrar... que es lo que sucede ahora




"Desde hace algunos meses, al discurso de la recuperación económica del Estado español se ha ido asociando peligrosamente la idea del retorno, fomentada sobre todo por algunas iniciativas empresariales y planes de retorno”.

 Así comienza el documento Retorno: una perspectiva desde la emigración presentado este viernes por la federación de Izquierda Unida en el Exterior (IU Exterior) con el objetivo de realizar “un análisis profundo de la situación actual de la ciudadanía española en el exterior, así como crear un espacio de reflexión y debate dentro de la propia emigración, y también en las instituciones, sobre la idea del retorno y las condiciones que deben darse para que este pueda producirse”.  (...)

La federación de IU en el Exterior detecta una serie de problemas por los cuales los llamados planes de retorno no han funcionado: “Han tenido un alcance muy limitado, como demuestran experiencias locales como el plan de retorno del Ayuntamiento de Valladolid. El programa solo facilitó el retorno de 17 personas, un número anecdótico para una ciudad de más de 300.000 habitantes”.  (...)

Para IU Exterior, estos planes han tenido “un fuerte componente de retorno selectivo”, puesto que se han dirigido a personas “jóvenes, con un nivel de formación alto y con voluntad de emprender”. Sin embargo, la federación considera que “hay muchos más perfiles de personas que desearían retornar”. (...)

Los planes de retorno analizados por IU Exterior contemplan además “en muy pocas ocasiones” la recuperación de derechos por parte de las personas que han emigrado, como el acceso a la asistencia sanitaria o a la educación pública.  (...)

“El enfoque del que han partido considera que se dan las condiciones para retornar, y que si la gente no lo hace es porque no está informada, o porque desconfía, o porque nadie les ayuda”. Dicho enfoque se ha demostrado erróneo, según IU Exterior“Es necesario elaborar planes de retorno, pero es más necesario aún poder asegurar unas condiciones de retorno favorables”.  (...)

La federación reconoce que “hay personas que ya han retornado”, aunque no pueda hablarse de un retorno masivo”. De hecho, IU Exterior considera que muchas de esas personas migrantes “no regresan; se marchan de nuevo”. Estas “no van a ser las mismas que cuando se marcharon, y tampoco van a regresar al mismo país que un día dejaron atrás”. Es un fenómeno conocido en psicología como síndrome de Ulises o síndrome cultural reverso, señala la organización, que genera “una fuerte sensación de desarraigo cultural respecto al país de origen”. Muchas de estas personas pasan además por un proceso de “remigración” cuando tienen que volver a migrar ante la falta de empleo o estabilidad laboral en España. (...)

IU Exterior propone dar salida a todas las medidas enumeradas en el documento a través de las instituciones. Entre ellas, se incluyen la realización de estudios demográficos públicos, la reforma del Estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior para que este asegure la responsabilidad del Estado en lo concerniente a la realización de planes de retorno” o medidas para quienes ya han regresado: desde facilitar la convalidación de títulos y el reconocimiento de la formación y experiencia en el extranjero hasta medidas de acompañamiento para garantizar la integración de hijos e hijas.

Para que se den las condiciones para que se produzca el retorno, resulta “imprescindible” un cambio del modelo productivo basado en la inversión en investigación y desarrollo, así como la “protección y recuperación de las empresas públicas”, plantea IU Exterior. Entre otras medidas, la federación plantea vincular el retorno a las políticas de repoblación ligada al modelo productivo. “Vemos una íntima relación entre el retorno de las personas emigrantes y la población migrada a las grandes ciudades debido a la falta de alternativas al proyecto de vital que ofrece el sistema capitalista y neoliberal.

Además, con el fin de que las personas emigradas y sus familias no pierdan el contacto con las culturas locales, desde IU Exterior proponen una serie de medidas como el reforzamiento de los hermanamientos entre ciudades o países, así como la promoción de “campamentos de intercambio” para descendientes de personas emigradas de origen español “sin barreras de empadronamiento de origen”.

Otras medidas incluyen el fomento de talleres y cursos de idiomas o el proyecto “embajadoras”, formado de forma voluntaria por aquellas personas y colectivos sociales interesados en hacer un acompañamiento a lo largo del periodo de asentamiento."               (Terc3ra Información, 05/10/18)

5.4.18

Pagar por trabajar en Holanda... así es la explotación laboral de los españoles emigrados a los Países Bajos... similar a la de los trabajadores agrícolas de California en los años 30

"Desde hace años, colectivos como Marea Granate, las Oficinas Precarias y, más recientemente, Izquierda Unida Exterior, venimos denunciando que la emigración de más de un millón de personas de nacionalidad española desde el comienzo de la crisis económica es un fenómeno demasiado amplio como para poder ser descrito como una fuga de cerebros: jóvenes con alta cualificación y sin cargas familiares, que disfrutan de estupendos contratos en prestigiosas universidades, empresas y centros de investigación del extranjero.

 Aunque este sea el tópico sobre la emigración española difundido por muchos medios de comunicación y el que más ha calado en la opinión pública, la realidad —y los datos recientes lo confirman— es bien diferente.

Ni espíritu aventurero ni amplitud de miras. La emigración es sobre todo una cuestión de necesidad, y la crisis económica ha obligado a hacer las maletas a personas de todas las edades y niveles formativos. 

Ello incluye, por ejemplo, a familias cuyos miembros no cuentan con formación superior ni conocimiento del idioma del país de destino, a personas de más de cuarenta o cincuenta años, y a inmigrantes que llegaron a nuestro país en los primeros años de la burbuja inmobiliaria, consiguieron la nacionalidad, y luego, tras quedarse sin trabajo, emigraron a otro país.  (...)

Los casos de abusos son ya numerosos. A los españoles de origen sudamericano explotados en fincas agrícolas del sur de Francia, a las au pair esclavas de familias en Inglaterra, a las enfermeras en Berlín, y a los trabajadores de Amazon en Alemania, por citar algunos casos mediáticos, se han sumado recientemente los trabajadores del sector de la logística en el sur de Holanda. 

Estas personas aceptan ofertas de empresas de trabajo temporal (ETTs) —algunas de ellas subvencionadas por la UE— que se anuncian en portales de empleo como EURES, o en sus propias páginas web, para contratar a españoles menores de treinta años y ajustarse así a los criterios de subvención. 

Las condiciones que proponen en cuanto a salario son atractivas y los requisitos exigidos, mínimos: ser mayor de edad, tener título de Educación Primaria y un nivel básico de inglés. Además, las empresas financian el alojamiento y el transporte hasta el lugar de trabajo. Sin embargo, la realidad con la que las y los trabajadores se encuentran al llegar es muy diferente. 

 Paula Rivera, una de las afectadas, ya lo denunció públicamente en 2016: “Me encuentro en una casa pensada para ocho donde vivimos dieciséis personas y una familia de ratones, con un acondicionamiento precario y que, además, está pendiente de demolición”. 

Rivera explicaba que al llegar a Holanda el contrato —que muchas veces estaba disponible solo en holandés— se renovaba semanalmente con condiciones distintas, sin previo aviso al trabajador. 

Asimismo, eran frecuentes los contratos de cero horas, en vigor en países como el Reino Unido y los Países Bajos, y según los cuales la empresa no garantizaba un mínimo de horas de trabajo a la semana, sino que era el propio trabajador quien ponía su tiempo —mañanas, tardes y noches— a disposición de aquella.

De esta forma, las horas trabajadas a menudo no bastan para generar una nómina razonable, e incluso pueden ser insuficientes para cubrir el coste del alojamiento y el transporte, lo que hace a los trabajadores incurrir en deudas con la empresa o nóminas negativas. Una situación llamativamente similar a la de los trabajadores agrícolas de California en los años 30 —magistralmente descrita por John Steinbeck en la novela Las uvas de la ira—, o a la de los empleados de las plantaciones de caucho de la Cuenca Amazónica durante la primera mitad del siglo XX, solo que en el corazón de Europa y en pleno siglo XXI.

El informe Trabajar en Holanda: El calvario de los trabajadores migrantes españoles expulsados por el paro o el infraempleo, elaborado por Pablo López Calle y publicado en 2017 por la Fundación 1º de Mayo de CCOO, señala que las ETTs llegan a cobrar hasta 92 euros semanales a los trabajadores por una cama en una habitación doble en un barracón y hasta 5 euros al día por el transporte al lugar de trabajo.

 Estas empresas también cargan a los trabajadores otras contraprestaciones como el seguro médico (unos 100 euros al mes), con lo que se produce una reducción aún mayor de las nóminas.  (...)

También se denunciaba que el precontrato firmado en España acordaba un alquiler de 200 euros mensuales que resultó ser de 424; que ciertas empresas de seguridad vinculadas a las ETTs realizaban inspecciones semanales de forma sorpresiva, y que incluso se habían dado casos de extorsión. 

A estas irregularidades se añadía que a algunos operarios se les obligaba a desplazarse hasta el lugar de trabajo sobrepasando el límite permitido de cinco ocupantes por automóvil. También hemos sabido que son frecuentes los seguimientos de los vehículos por GPS y las reducciones en la nómina si las paradas para hacer la compra semanal se exceden más de lo previsto.

Otro trabajador nos relató que las empresas suelen desplazar a los trabajadores de sus lugares de trabajo y de alojamiento para evitar agrupamientos entre compatriotas, y que las ETTs no informan a los trabajadores de que el domicilio que les facilitan en campings no va a permitirles censarse en los Países Bajos, lo que les ocasiona una enorme pérdida de derechos y les impide sindicarse, vulnerando con ello el convenio colectivo para trabajadores temporales de la Federación de Agencias de Empleo Privado (ABU según sus siglas en neerlandés). (...)"              

(Eduardo Velázquez es co-portavoz de IU Exterior. Gonzalo Gómez es co-responsable de Comunicación de IU Exterior. Cristian Bailén es extrabajador de ETT en Holanda. CTXT, 27/03/18)