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13.7.26

Feijóo apuesta por recortar sueldo “y prestaciones” a los trabajadores de baja... La sentencia ya ha sido dictada. Una vez más, somos culpables. Estamos pidiendo bajas por encima de nuestras posibilidades. No aprendemos... Primero provocamos el colapso sanitario acudiendo a urgencias más de lo que debíamos, o yendo al centro de salud más de lo que debíamos, o tomando paracetamol como si no hubiera un mañana. Después colapsamos el sistema financiero y causamos la Gran Recesión viviendo por encima de nuestras posibilidades. Ahora, diagnostica el doctor Núñez Feijóo, estamos enfermando de cáncer nuestro mercado laboral porque nos pillamos las bajas sin tener que justificarlas y nos pagan igual... Desde 2020 las bajas laborales en España se han duplicado... ¿Qué pasa entonces a partir de 2020 y después de la pandemia? Nada tiene que ver, al parecer, que hayamos pasado una pandemia siendo uno de los países más afectados y con más casos de COVID persistente —más de dos millones de personas—. Tampoco nada tiene que ver, al parecer, que España tenga una de las fuerzas laborales más envejecida de la UE; o la distribución por actividad de nuestro mercado laboral y su evidente impacto sobre el tipo de bajas más comunes. Mucho menos tiene que ver, al parecer, que buena parte del tiempo de esas bajas se deba a los retrasos y cuellos de botella acumulados por un sistema sanitario —121 días de demora media— sometido a una prueba de estrés permanente... la sanitaria es mi favorita entre todas las causas ignoradas. Primero deterioran, descapitalizan y desmantelan el sistema público sanitario para recortar nuestro derecho a una sanidad universal de calidad en nombre de la eficiencia y la lucha contra el abuso y ahora utilizan el colapso provocado en el sistema sanitario para recortar nuestros derechos laborales en nombre de la lucha contra el fraude; el crimen perfecto (Antón Losada)

"Feijóo apuesta por recortar sueldo “y prestaciones” a los trabajadores de baja “con o sin acuerdo” sindical

La sentencia ya ha sido dictada. Una vez más, somos culpables. Estamos pidiendo bajas por encima de nuestras posibilidades. No aprendemos.

Primero provocamos el colapso sanitario acudiendo a urgencias más de lo que debíamos, o yendo al centro de salud más de lo que debíamos, o tomando paracetamol como si no hubiera un mañana. Después colapsamos el sistema financiero y causamos la Gran Recesión viviendo por encima de nuestras posibilidades. Ahora, diagnostica el doctor Núñez Feijóo, estamos enfermando de cáncer nuestro mercado laboral porque nos pillamos las bajas sin tener que justificarlas y nos pagan igual.

Nada han tenido o tienen que ver la incapacidad, la codicia, la desigualdad o la ideología de los gestores y los responsables. Todo siempre culpa nuestra, por avariciosos y jetas. La casa siempre gana.

La cifra resulta incuestionable. Desde 2020 las bajas laborales en España se han duplicado. Pero hay otras cifras igualmente incuestionables que, oportunamente, casi nadie menciona. Antes de la pandemia España —datos Eurostat, 2014, 2024— se situaba en bajas laborales en la media de la UE (2%), más de medio punto por debajo de Suecia (2,5), Portugal (2,6%) o Bélgica (2,6%), casi un punto por debajo de Alemania (2,8%) y más de un punto por debajo de Francia (3,2%). A ver si va a ser que antes pedíamos bajas por debajo de lo que teníamos derecho. El incremento de España (4,5) también ha de ponerse en un contexto europeo creciente: Bélgica (4,1%), Francia (3,9), Portugal (3,6%) o Alemania (3,2).

¿Qué pasa entonces a partir de 2020 y después de la pandemia? El sistema de bajas continúa siendo el mismo, pero, al parecer, España ha pasado de una cultura de esfuerzo ejemplar a llenarse de jetas y vagos. A la pandemia del COVID le ha seguido una epidemia de haraganería que no afecta solo a España. He aquí la prueba de cargo de la acusación. El mismo sistema que antes nos homologaba con Europa en disposición al trabajo ahora incentiva y recompensa a quienes no quieren trabajar.

Nada tiene que ver, al parecer, que hayamos pasado una pandemia siendo uno de los países más afectados y con más casos de COVID persistente —más de dos millones de personas—. Tampoco nada tiene que ver, al parecer, que España tenga una de las fuerzas laborales más envejecida de la UE; o la distribución por actividad de nuestro mercado laboral y su evidente impacto sobre el tipo de bajas más comunes. Mucho menos tiene que ver, al parecer, que buena parte del tiempo de esas bajas se deba a los retrasos y cuellos de botella acumulados por un sistema sanitario —121 días de demora media— sometido a una prueba de estrés permanente.

Si me permiten, la sanitaria es mi favorita entre todas las causas ignoradas. Primero deterioran, descapitalizan y desmantelan el sistema público sanitario para recortar nuestro derecho a una sanidad universal de calidad en nombre de la eficiencia y la lucha contra el abuso y ahora utilizan el colapso provocado en el sistema sanitario para recortar nuestros derechos laborales en nombre de la lucha contra el fraude; el crimen perfecto.

Sostiene la acusación que tenemos un problema con el absentismo laboral. Hay más de un millón de trabajadores de baja cada día, denuncian alarmados. Pero cuando se le pregunta si se refieren a la gente que padece incapacidad temporal por una enfermedad, aclaran que solo se refieren a los “jetas”. Las bajas no son lo único que se ha doblado desde 2020. También se ha duplicado el gasto de las empresas en detectives para perseguir el fraude: de más de novecientos mil euros en 2024 a casi un millón novecientos mil euros en 2025. Si hubiera una bolsa estoy casi seguro de que ya nos lo habría contado todos los días.

Ya lo sabe. Es usted nuestro principal sospechoso. Como lo es cuándo acude a urgencias, o a su centro de salud, o pide el paro, o una beca, o una ayuda o, en general, intenta ejercer alguno de sus derechos; también cuando se ponga enfermo y pida una baja. Te estamos vigilando, jeta."                                 (Antón Losada , eldiario.es, 12/07/26)  

27.6.26

Federico Quevedo: Me volví crítico con el poder... se entendía que yo era un periodista etiquetado en la derecha... el Gobierno de Mariano Rajoy cometió muchos errores y lo señalé. Y cuando a determinados gobiernos se les critica desde lo que ellos consideran que son uno de los suyos, lo llevan mal. Fueron a por mí... Me sacaron de los medios en los que colaboraba y hubo consecuencias económicas. Una amenaza directa por parte del entonces ministro de Hacienda (Cristóbal Montoro) de que o cambiaba mi manera de enfocar lo que estaba pasando o la inspección de Hacienda iría por mí, que fue lo que pasó... Cuando ocurrió todo lo de 2017 en Cataluña, me llamó el presidente de la cadena y me dijo: “Me han pedido tu cabeza. No la voy a dar, pero…”. Fue una advertencia. Todavía aguanté unos meses, pero metieron en la cárcel a Oriol Junqueras y me mostré muy crítico con que estuviera en prisión por una cuestión política, y lo denuncié en el programa. Pasaron unos meses y me llamaron para decirme: “No vuelvas más por aquí”. Yo sabía quién había sido, el brazo ejecutor, que se llama Soraya Sáenz de Santamaría y María Pico, que era su ariete. En otros medios me había pasado también tres cuartos de lo mismo. En un programa del Canal 24 Horas me acabaron tachando... Eso me llevó a tocar fondo y decidí incluso acabar con mi vida

"Federico Quevedo (Hamburgo, 64 años) emplaza a EL PAÍS en la redacción de Capital Radio. “Llevo ya treinta y muchos años de carrera, he pasado por todo tipo de medios, aunque ha habido una constante, la radio. Es el medio con el que más me identifico”, cuenta. De números hablará poco, pero mucho de oficio, de política y del coste que le supuso ser crítico con el poder, con un intento de suicidio y una crisis personal de la que hoy dice estar recuperado.

Pregunta. De toda esa trayectoria, casi siempre ha estado ligado al periodismo económico, que tiene fama de aburrido.

Respuesta. Es verdad que tiene ese marchamo de ser un poquito más plasta, más plomo, pero cuando estuve en La Gaceta de los Negocios empecé a hacer información política dentro de la prensa económica, lo cual era un poco innovador. Me encanta la información política.

P. ¿Y la política?

R. Creo que es esencial para los ciudadanos, para la vida pública, y para la mejora de las condiciones de vida de las personas. También tiene sus elementos negativos, pero para eso estamos nosotros, para contarlo y para conseguir que la política sea mejor.

P. ¿En qué nos hemos equivocado los periodistas o cuánto hemos contribuido a la desafección o a alimentar la antipolítica?

R. Como profesión nos afectó mucho la crisis de 2008, y a partir de ahí nos ha costado mucho adaptarnos a la nueva situación. ¿Cuál es la nueva situación? Un entorno con internet y redes sociales al que nos está costando mucho adaptarnos, y los ciudadanos se informan cada vez más ahí en vez de en los medios de comunicación clásicos. Pero mi sensación es que no es tan grave. Yo creo que le damos demasiada importancia.

P. ¿A qué? ¿A las redes?

R. Sí, tenemos que estar en las redes porque es donde está la mayoría de la gente, pero tenemos que conseguir, y lo podemos hacer, que la gente confíe en el periodismo de verdad. El verdadero periodismo se sigue haciendo en los medios tradicionales y vamos a estar siempre ahí.

P. Siempre ha tenido presencia mediática, pero hubo un momento en el que se convirtió en noticia.

R. Fue un momento difícil. Digamos que estaba en lo alto de la curva, en televisión, radio, en prensa, pero me volví crítico con el poder. O sea, no es que no lo hubiera sido antes, pero se entendía que yo era un periodista etiquetado en la derecha. Pero creo que el Gobierno de Mariano Rajoy cometió muchos errores y lo señalé. Y cuando a determinados gobiernos los critican desde posiciones distintas, digamos que lo tienen como interiorizado, pero cuando se les critica desde lo que ellos consideran que son uno de los suyos, lo llevan mal. Fueron a por mí.

P. ¿Qué pasó?

R. Me sacaron de los medios en los que colaboraba y hubo consecuencias económicas. Una amenaza directa por parte del entonces ministro de Hacienda (Cristóbal Montoro) de que o cambiaba mi manera de enfocar lo que estaba pasando o la inspección de Hacienda iría por mí, que fue lo que pasó realmente, porque obviamente yo no cambié mi manera de pensar ni de manifestar mi opinión. Eso me llevó a tocar fondo y decidí incluso acabar con mi vida.

P. ¿Cómo detectó las primeras señales de lo que estaba pasando?

R. Yo entonces hacía con Fernando Jáuregui una cosa que se llamaba El confidencial de La Linterna en la cadena COPE. Cuando ocurrió todo lo de 2017 en Cataluña, me llamó el presidente de la cadena y me dijo: “Me han pedido tu cabeza. No la voy a dar, pero…”. Fue una advertencia. Todavía aguanté unos meses, pero metieron en la cárcel a Oriol Junqueras y me mostré muy crítico con que estuviera en prisión por una cuestión política, por muy grave que fuera el asunto, y lo denuncié en el programa. Pasaron unos meses y me llamaron para decirme: “No vuelvas más por aquí”. Yo sabía quién había sido, el brazo ejecutor, que se llama Soraya Sáenz de Santamaría y María Pico, que era su ariete. En otros medios me había pasado también tres cuartos de lo mismo. En un programa del Canal 24 Horas me pusieron en la lista de tertulianos y me acabaron tachando.

P. ¿Qué o quién le sostuvo durante ese tiempo?

R. Mis hijos. El pequeño tenía entonces cinco o seis años y en el momento en el que tomé la decisión de acabar con mi vida surgió su imagen en la pantalla de mi teléfono móvil. Fue entonces cuando llamé a emergencias y dije: “Acabo de hacer esto”. Me contestaron: “Deja la puerta abierta porque vas a perder el conocimiento y así podemos entrar en tu casa”. Me desperté en el hospital.

P. Hoy está mejor, pero hay compañeros y compañeras, también políticos, amenazados por ejercer su profesión. ¿Usted tiene miedo?

R. Miedo no, pero sí he sentido el linchamiento en redes sociales cuando he manifestado ciertas posiciones. Hace no mucho se me ocurrió decir que me parecía mucho más democrático en este momento un partido como EH Bildu que Vox. Fue brutal, pero me da da igual. Lo sigo pensando, que EH Bildu tiene aún que hacer un recorrido, pero ha demostrado ser mucho más democrático que Vox.

P. ¿Alguna vez ha puesto alguna denuncia?

R. Una vez, a un tipo que me amenazó con pegarme un tiro en la nuca y gané. Era una cantidad muy pequeña, pero pagó y se lo di a una ONG.

P. Esos hijos que le sostuvieron entonces, ¿le han pedido alguna vez que lo deje?

R. No. Y eso que a veces no están de acuerdo con algunas de mis opiniones, como es lógico. Me califico como un liberal de centro que cree en el diálogo. Sé que eso hoy en día se lleva muy mal y provoca muchas tensiones aun en los extremos. Pero, pero no son los mismos unos extremos que otros, ¿eh?

P. Menudo melón que acaba de abrir.

R. En la extrema derecha hay un negacionismo de los derechos civiles que no hay en la extrema izquierda, y para mí eso es una diferencia fundamental. La extrema izquierda puede tener muchas cosas con las que yo no estoy de acuerdo, sobre todo en cuestiones de la libertad personal o de la libertad económica, pero en la defensa de los derechos estoy de acuerdo prácticamente al 99 por ciento." 

(Entrevista a Federico Quevedo , Ángeles Caballero , El País, 24/06/26) 

5.11.24

Miles de trabajadores se quedaron atrapados en sus puestos de trabajo por la negativa de sus empleadores a que salieran antes de la hora prevista... Los polígonos industriales del área metropolitana se vieron inundados o aislados cuando la mayoría de empresas seguía funcionando... “Tuvimos que subirnos a la oficina de la nave, porque el agua anegaba todo, y nos quedamos sin luz eléctrica ni cobertura sobre las nueve de la noche. No podíamos avisar a nuestros familiares de que estábamos atrapados, tampoco sabíamos si los servicios de emergencias conocían nuestra situación”... las presiones por parte de encargados y empresarios provocaron que se quedasen aislados en sus lugares de trabajo... en un restaurante del centro Centro Comercial Bonaire, “Nos hemos jugado el pellejo por vender cuatro menús”... los trabajadores del IKEA se vieron atrapados en el establecimiento... las imágenes muestran varios rescates realizados por los mismos empleados... en Inditex no avisaron las encargadas de estas tiendas... Durante buena parte del temporal, empresas de reparto como Glovo y Uber Eats continuaron operando. Los repartidores, muchos de ellos en motocicleta o bicicleta, se enfrentaron a intensas lluvias, carreteras anegadas y fuertes ráfagas de viento... la “alerta roja” se banalizo en importancia y habrá que ver cuántos fallecidos han sido por acudir a sus puestos de trabajo a pesar de las advertencias

"Los polígonos industriales del área metropolitana se vieron inundados o aislados cuando la mayoría de empresas seguía funcionando.

Miles de trabajadores se quedaron atrapados en sus puestos de trabajo por la negativa de sus empleadores a que salieran antes de la hora prevista. Tuvieron que pasar la noche ahí mientras que el agua iba anegando las instalaciones. “Cuando llegó la alerta a los móviles, el agua ya había empezado a entrar en la nave en la que trabajo”, relata una trabajadora. Su empresa está en el Polígono El Oliveral, en Riba-roja, pero la trabajadora explica que “prefiero no identificarla, porque no me gustaría recibir represalías por esto”.

“Tuvimos que subirnos a la oficina de la nave, porque el agua anegaba todo, y nos quedamos sin luz eléctrica ni cobertura sobre las nueve de la noche. No podíamos avisar a nuestros familiares de que estábamos atrapados, tampoco sabíamos si los servicios de emergencias conocían nuestra situación”, relata esta trabajadora. No es un caso aislado. En la noche del martes, a través de las redes sociales, empezaron a circular mensajes de familiares y amigos de trabajadores, angustiados por que no podían contactarles e ignoraban su paradero. Hicieron noche allí y no fueron rescatados hasta el día siguiente, bien entrada la mañana, ya que el acceso al polígono continuaba bloqueado. “Nuestros coches fueron arrastrados por el agua, en estos momentos, no se ni dónde está el mío”, relata esta trabajadora.

El propio alcalde de la localidad, Robert Raga, explicó ayer, un día después de la crecida, que sacaron a los trabajadores de estas empresas llenando autobuses en cada viaje y calcula que se tuvieron que realizar unos 30 viajes para rescatarlos: “Hemos conseguido rescatar a todos los trabajadores que se habían quedado atrapados en El Oliveral. Habremos rescatado a más de mil, pero había más que han salido por otros medios. Si queda alguno a estas horas es porque ha tenido que quedarse de forma voluntaria, ya sea por trabajo o cualquier otra situación”, ha explicado en declaraciones a los medios.

Otro de los polígonos industriales en donde las personas empleadas tuvieron que pasar la noche fue el de Almussafes, donde unos 400 se quedaron bloqueados en la fábrica de la Ford. Los empleados del turno de tarde tanto de la compañía automovilística como de las empresas subcontratadas por esta, no pudieron salir cuando terminaba su turno.

La compañía tampoco avisó al turno de noche para que no acudiese. Por lo que se vieron obligados a refugiarse en los comedores de la factoría, y eso a pesar de que en esa zona no se produjeron inundaciones. Pero el colapso de las carreteras de acceso les impidió abandonar las instalaciones durante la noche.

Aunque la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, establece que el trabajador “tendrá derecho a interrumpir su actividad y abandonar el lugar de trabajo, en caso necesario, cuando considere que dicha actividad entraña un riesgo grave e inminente para su vida o su salud”, la realidad es que las presiones por parte de encargados y empresarios provocaron que se quedasen aislados en sus lugares de trabajo.

Ejemplo de estas presiones son las que ha relatado Bárbara Jiménez, trabajadora en un restaurante del centro Centro Comercial Bonaire, en Valencia, que tuvo que pasar la noche del martes refugiada en los cines de este centro junto a otras 200 personas. “Nos hemos jugado el pellejo por vender cuatro menús”, declaró en el Canal 24 Horas de TVE. Esta trabajadora explicó que su supervisor “no les dejó irse a casa porque no lo veían suficientemente grave”. Bonaire se encuentra en Aldaia, en el área metropolitana de València, en una zona que ni siquiera fue la peor parada por la avenida de aguas. En su caso les afectó el desbordamiento del Barranc de la Saleta, que fue más leve que el acaecido en la periferia sur.

La trabajadora se queja de que los encargados de Cinesa, no les permitieron coger alimentos de los que comercializa la empresa, a pesar de que tuvieron que hacer noche ahí. Según denuncia en su twitter Jiménez, cuando preguntaron si podían acceder a la comida allí disponible, incluso pagando, los encargados tomaron la decisión de decirles que no y guardar en un sitio fuera de la vista de las personas refugiadas los snacks.

No muy lejos de allí, en Alfafar, los trabajadores del IKEA se vieron atrapados en el establecimiento, que se acabó convirtiendo en refugio durante toda la noche para unas 700 personas, entre clientes y trabajadores. Las imágenes muestran varios rescates realizados por los mismos empleados. Según han narrado trabajadores del centro, la empresa no contempló ni dispensarles de los turnos ni cerrar las puertas del establecimiento, a pesar de las alertas metereológicas. Durante la noche, el personal de la compañía se dedicó a ayudar a las personas que tenían refugiadas en el establecimiento, aunque explican que pudieron descansar por turnos.

Según denuncia la portavoz de la Intersindical Valenciana, Beatriu Cardona, trabajadoras de las tiendas de Inditex no pudieron salir a tiempo de sus establecimientos porque no se enteraron de la alerta roja, ya que, según ha explicado “tienen prohibido llevar su móvil personal consigo”. La portavoz sindical denuncia que tampoco les avisaron las encargadas de estas tiendas, que sí tienen acceso a sus terminales.
Atrapados en la carretera

Entre los cientos de vehículos que se quedaron atrapados durante la tarde del martes en la A-3, es fácil identificar camionetas de reparto de conocidas marcas como Amazon. Por la mañana, el consorcio de Bomberos de València, difundió un rescate en helicóptero al conductor de una camioneta de Mercadona que se había quedado atrapado por la riada. La empresa no alertó a los trabajadores y siguieron trabajando a pesar del peligro. Sin embargo, al día siguiente mostraba sus condolencias por las personas fallecidas añadiendo un lazo negro a su logo como denunciaba la periodista Ana Polo en la red X.

La situación no fue mejor para los repartidores de comida a domicilio. Durante buena parte del temporal, empresas de reparto como Glovo y Uber Eats continuaron operando. Los repartidores, muchos de ellos en motocicleta o bicicleta, se enfrentaron a intensas lluvias, carreteras anegadas y fuertes ráfagas de viento. Los trabajadores denuncian la falta de medidas preventivas y la ausencia de protocolos de suspensión de actividades en circunstancias de emergencia climática.

Por otro lado, muchas de las miles de personas que se vieron bloqueadas en las carreteras, se encontraban realizando el desplazamiento de vuelta hacia su casa tras terminar su jornada. La Guardia Civil explicó, la noche del miércoles, un día después de la tragedia, que aún seguían bloqueadas más de mil personas en las carreteras. Entre ellas, cientos de transportistas que se vieron atrapados por el bloqueo masivo de las carreteras.
Denuncias en redes sociales y sindicales

Tras la indignación generalizada por la actitud de la mayoría de empresas, que decidieron no dispensar de sus jornadas a sus trabajadores, ha surgido una iniciativa (Denuncies Dana) para exponer denuncias anónimas sobre comportamientos abusivos de las empresas. Por otro lado, sindicatos como CNT València, han expresado su malestar por la poca consciencia de las empresas obligando a presentarse a los trabajadores en sus puestos, a pesar de las alertas. “Esto es un claro síntoma de la presión que ejercen muchas direcciones de empresa y la vulneración que existe en muchos centros de trabajo. Este episodio de DANA está sacando a la luz problemas contra los que desde CNT luchamos a diario. La seguridad y la salud en el trabajo es un derecho fundamental”, expresan en un comunicado.

Por su parte, CCOO ha expresado en un comunicado “que se debe reflexionar sobre las consecuencias de este acontecimiento en términos de seguridad y salud en el trabajo, porque muchas de las personas que han fallecido o que se han visto afectadas lo han hecho mientras trabajaban, por lo que en caso de sufrir daños tendrán la consideración de accidente de trabajo”.

Desde CGT, en otro comunicado, han señalado a “la clase empresarial que obligó a muchos trabajadoras y trabajadores a acudir a sus puestos de trabajo a pesar de que desde hace días se venían avisando de un fenómeno meteorológico de grandes dimensiones, como así ha sido. Esa “alerta roja” se banalizo en importancia y habrá que ver cuántos fallecidos han sido por acudir a sus puestos de trabajo a pesar de las advertencias”."                    (Tomás Muñoz, El Salto, 31/10/24)

20.10.23

El aumento de los trabajos de mierda... Un trabajo de mierda es un empleo que es tan innecesario que incluso la persona que lo está haciendo cree íntimamente que este empleo no debería existir. Y de estos empleos hay ahora más que nunca... existen diversos tipos, los lacayos, los fantoches, los cinta-adhesiva, los cumplimenta-casillas, los manda-faenas, y lo que yo pienso como contadores de frijoles

 "Un trabajo de mierda es un empleo que es tan innecesario que incluso la persona que lo está haciendo cree íntimamente que este empleo no debería existir. Y de estos empleos hay ahora más que nunca.

Suzi Weissman, autora de  Victor Serge: A Political Biography, entrevista a David Graeber.

En su último libro, David Graeber, autor del libro Debt: The First 5000 Years (Deuda: Los primeros 5.000 años), argumenta que muchos empleos hoy son esencialmente inútiles, o como el título del libro les denomina, trabajos de mierda.

Suzi Weissman de Jacobin Radio se sentó con Graeber para descubrir lo que son trabajos de mierda y por qué han proliferado en los últimos años. 

Una taxonomía

SW

Vayamos directamente a eso. ¿Cuál es la definición de un trabajo de mierda?

DG

Un trabajo de mierda es un empleo que es tan innecesario, incluso perjudicial, que hasta la persona que lo está haciendo cree íntimamente que este empleo no debería existir.  Naturalmente, tiene que fingir: esa es la parte estúpida, que de algún modo tienes que fingir que hay alguna razón para que este empleo exista. Pero por dentro, crees que si este trabajo no existiera, o bien nada cambiaría en absoluto, o el mundo de hecho sería un lugar un poco mejor.  

SW

En el libro, comienzas haciendo una distinción entre los trabajos de mierda absurdos de los trabajos basura. Quizás deberíamos comenzar haciendo eso justamente ahora, así que podemos hablar sobre  ello. ¿Qué son los trabajos de mierda?  

DG

Cierto, la gente a menudo comete este error. Cuando hablas sobre trabajos de mierda, ellos piensan justo en trabajos que son malos, trabajos que son degradantes, trabajos que tienen condiciones terribles, sin seguros, etc. Pero incluso, lo irónico es que esos trabajos de facto no son de mierda. Si tienes un mal empleo, es posible que estés en realidad haciendo algo bueno en el mundo. De hecho, cuanto más beneficioso sea tu trabajo para los demás, probablemente menos te paguen, y posiblemente sea en ese sentido un trabajo malo [en el sentido de explotador].  Así, puede verse casi como una contradicción.

Por un lado, tienes empleos que son trabajos explotadores, pero que son realmente útiles. Si estás limpiando baños o algo así, los baños necesitan ser limpiados, así que al menos tienes la dignidad de saber que estás haciendo algo beneficioso para los demás, incluso si no obtienes mucho más. Y por otro lado, tienes empleos donde eres tratado con dignidad y respeto, te pagan bien, tienes buenas prestaciones, pero sin decirlo, trabajas sabiendo que tu empleo, tu trabajo, es completamente inútil.  

SW

Divides los capítulos según las diferentes clases de empleos de mierda. Hay los lacayos, los fantoches, los cinta-adhesiva, los cumplimenta-casillas, los manda-faenas, y lo que yo pienso como contadores de frijoles. Tal vez podamos ir contando qué son estas categorías.

DG

Claro. Esto  viene de mi propio trabajo, de pedirle a la gente que me envíe sus testimonios. Reuní varios cientos de testimonios de personas que tenían trabajos de mierda. Pregunté a la gente, “¿Cuál es el trabajo más absurdo que has tenido? Cuéntame. Cuéntamelo todo de él; cómo crees que sucede, cuál es la dinámica, ¿lo sabía tu jefe?”.  Conseguí ese tipo de información. Hice pequeñas entrevistas con la gente después, material de seguimiento. Y así, de algún modo, ideamos un sistema de categorías juntos. La gente me sugeriría ideas, y gradualmente las junté en cinco categorías.

Tal como dices, tenemos, primero, los “lacayos”. Esa categoría es algo evidente. Un “lacayo” existe solo para hacer que algún otro luzca. O que se sientan bien consigo mismos, en algunos casos. Todos sabemos qué tipo de empleos son, pero un ejemplo obvio sería, digamos, un recepcionista en un lugar que realmente no necesita un recepcionista. Algunos lugares obviamente necesitan recepcionistas, que están ocupados todo el tiempo. En otros lugares el teléfono suena quizá una vez al día. Pero aun así tienen a alguien, a veces dos personas, sentados allí pareciendo importantes. Así que no tengo que llamar a nadie por teléfono, tendré a alguien que dirá “hay un bróker muy importante que quiere hablar con usted.” Eso es un lacayo.  

Un fantoche es un poco más sutil. Pero de algún modo tenía que hacer esta categoría porque la gente no dejaba de decirme que sentían que sus empleos eran una mierda, fueran un agente de televenta, fueran abogados corporativos, estuvieran en relaciones públicas, marketing, cosas así. Tenía que aceptar que se sentían de esa manera.

El esquema parecía ser que estos trabajos son realmente útiles en muchas ocasiones para las compañías para las que trabajan, pero ellos sentían que toda esa industria no debería existir. Son básicamente gente que está ahí para molestarte, para presionarte de alguna manera. Dentro de lo que sea necesario, solo es necesario porque otras personas los tienen. Tú no necesitas un abogado corporativo si tu competidor no tiene un abogado corporativo. No  necesitas un televendedor para nada, pero en la medida que puedas fabricar una excusa para decir que los necesitas, es razón para que los otros tipos tengan uno. Bien, así que es bastante fácil.

Los “cinta-adhesiva” son gente que está ahí para resolver problemas que ya en primer lugar no deberían existir. En mi antigua universidad, parece que teníamos solo un carpintero, y era realmente difícil conseguir uno. Hubo un momento en que la estantería se desplomó en mi despacho en la Universidad, donde yo trabajaba en Inglaterra. El carpintero se supone que vendría porque había un gran agujero en la pared, se podía ver el daño. Y él nunca parecía que se fuera a asomar por allí, siempre tenía algo más que hacer. Finalmente entendimos que habría un tipo sentado allí todo el día, lamentándose por el hecho de que el carpintero nunca venía.  

Hace muy bien su trabajo, es muy agradable aunque siempre parecía un poco triste y melancólico, y era muy difícil enojarse con él, que es, por supuesto de lo que va realmente su trabajo. Ser un frena críticas, efectivamente.  Pero llegado un punto pensé, si despidieran a ese hombre y contrataran a otro carpintero, no le necesitarían. Así que es el clásico ejemplo de un “cinta-adhesiva”.

SW

Y luego los ¿“cumplimenta-casillas”?

DG

Los “cumplimenta-casillas” están ahí para permitir a una organización que diga que está haciendo algo que realmente no está haciendo. Es una especie de comisión de investigación. Si el gobierno se ve implicado en algún escandalo  — digamos, policías disparando a un montón de ciudadanos negros — o hay alguien aceptando sobornos, hay algún tipo de escándalo. Se forma una comisión de investigación, fingen que ellos no sabían lo que estaba sucediendo, aparentan que van a hacer algo sobre ello, lo que es completamente falso.  

Pero las empresas hacen esto, también. Están siempre creando comités. Hay cientos de miles de personas alrededor del mundo que trabajan en conformidad con bancos, y eso de los comités es una fantasmada total. Nadie tiene la intención de seguir alguna de estas leyes que se les imponen. Su trabajo es simplemente aprobar cada transacción, pero por supuesto no es suficiente aprobar cada transacción porque parece sospechoso. Entonces, tienes que inventar razones para decir que hay algunas cosas que investigaste. Hay rituales muy elaborados de pretender investigar un problema, que en realidad no estás investigando para nada.

SW

Entonces entras en los “manda-tareas”.

DG

Los “manda-tareas” son la gente que está ahí para dar a la gente trabajo que no es necesario, o para supervisar a la gente que no necesita supervisión. Todos sabemos de quienes estamos hablando. Mandos intermedios, naturalmente, son un ejemplo clásico para esta categoría. Tuve gente que no tenía pelos en la lengua, “sí, tengo un trabajo de mierda, soy un mando intermedio. Fui ascendido. De hecho solía hacer este trabajo, me pusieron arriba y me dijeron que supervisara a la gente, que les hiciera trabajar. Y sé perfectamente bien que ellos no necesitan a nadie para supervisarlos o hacerles trabajar. Pero tengo que aparecer con cualquier excusa para existir de algún modo.” Así, finalmente en una situación como esa, dices, “Muy bien, vale, vamos a presentar estadísticas de objetivos, de modo que pueda probar que estás haciendo realmente algo que yo ya sé que estás haciendo, de manera que pueda sugerir que yo fui el tipo que te hizo hacerlo.”

De hecho, tienes gente rellenando todos estos formularios, de modo que están gastando menos tiempo en su trabajo. Esto sucede cada vez más en todo el mundo, pero en EEUU alguien hizo un estudio estadístico y descubrió, creo que como un 39% es el tiempo medio que un oficinista se supone que trabajaría en lo suyo realmente. Cada vez más, se ocupan de correos electrónicos administrativos, reuniones sin sentido, todo tipo de llenado de formularios, y de documentación, básicamente.

Administración inflada

SW

En el pensamiento marxista o radical, hay esta idea de trabajo productivo e improductivo. Me pregunto cómo conecta la categoría de trabajo de mierda con el concepto de empleos o trabajos improductivos.   

DG

Es diferente. Porque ese productivo o improductivo se refiere a si está produciendo plusvalía para los capitalistas. Esa es una cuestión bastante diferente. Nuestro trabajo de mierda es una valoración subjetiva del valor social del trabajo de las propias personas que lo hacen.

Por un lado, la gente acepta de algún modo la idea de que el mercado determina el valor. Esto es cierto en la mayoría de los países actualmente, de hecho. Casi nunca oirás de la gente empleada en ventas o servicios diciendo, “yo vendo palos de selfie, ¿Para qué quiere la gente palos de selfie?  Eso es estúpido, la gente es tonta.” Ellos no dicen eso. No dicen, “¿Bueno, por qué necesitas gastarte cinco dólares en una taza de café?” Así, la gente que trabaja en el sector servicios no cree que tengan trabajos de mierda, en casi ningún caso. Aceptan que si hay un mercado para algo, y la gente lo quiere, ¿quién soy yo para juzgarlo? Compran la lógica del capitalismo hasta ese grado.  

Sin embargo, entonces se fijan en el mercado laboral, y dicen, “espera un minuto, me pagan 40.000 dólares al año por sentarme y hacer memes de gatos todo el día y quizá contestar alguna llamada telefónica, eso no puede estar bien.”  Así pues, el mercado no siempre tiene razón; claramente el mercado laboral no funciona de un modo económicamente racional. Hay una contradicción. Tienen que idear otro sistema, un sistema tácito de valores, que sea muy diferente del productivo o improductivo para el capitalismo.

SW

¿Cómo se relaciona el aumento de estos trabajos de mierda con lo que nosotros consideramos trabajos productivos?

DG

Bueno, eso es muy interesante. Tenemos esta narrativa del aumento de la economía de servicios. Ya sabes, desde los años 80 nos estamos alejando de la industria manufacturera. Del modo que lo presentan, en estadísticas económicas, parece que el trabajo agrícola mayormente ha desaparecido, el empleo industrial ha caído — no tanto como la gente parece creer, pero lo ha hecho — y el empleo en el sector servicios se ha disparado. 

Pero eso también es porque ellos descompusieron el sector servicios para incluir empleos de oficina, gerenciales, de supervisión y administrativos. Si tú los diferencias, si miras el sector servicios en ese sentido, de gente que está cortándote el pelo o sirviéndote una comida, bien, la verdad, ese sector servicios ha permanecido muy constante en el 25% de la fuerza de trabajo durante los últimos 150 años. No ha cambiado para nada. Lo que realmente ha cambiado es esta gigantesca explosión de “traslada-papeles”, y ese es el sector de empleos de mierda.

SW

Tú llamas eso a la burocracia, al sector administrativo, al sector de mandos intermedios.   

DG

Exactamente.  Es un sector donde ambos, lo público y lo privado, más o menos se funden. De hecho, un área para la proliferación masiva de estos empleos es precisamente donde no está del todo claro lo que es público y lo que es privado: la interfaz, donde privatizan los servicios públicos, donde el gobierno está respaldando a los bancos.

El sector bancario es una locura. Hay un tipo con el que comencé el libro, de hecho. Yo le llamo Kurt, no sé su nombre verdadero. Él trabaja para una subcontrata de una subcontrata de otra subcontrata que trabaja a su vez para el ejército alemán. Básicamente, hay un soldado alemán que quiere mover su ordenador de una oficina a otra. Tiene que presentar una solicitud a alguien para que llame a alguien para que a su vez llame a alguno, esto va a través de tres empresas diferentes. Finalmente, tiene que conducir 500 kilómetros en un coche alquilado, rellenar los formularios, embalar el ordenador, trasladarlo, alguien más lo desembalará, y él firmará otro formulario y se marchará. Este es el sistema más ineficiente que posiblemente pudieras imaginar, pero está todo creado por esta interfaz de material entre lo público y lo privado, que supuestamente hace las cosas más eficientes.

SW

Así que la actitud, que tú señalas, desde la época de Thatcher–Reagan, es que el Estado es siempre el problema y en el Estado es donde están todos estos empleos. Por tanto, fue un ataque al sector público. Mientras que tu muestras que un montón de ellos vienen del sector privado, esta burocratización. ¿No es acaso la necesidad de maximizar beneficios y recortar costes — que es lo que pensamos en términos de capitalismo y la presión de la competencia — los que militan en contra de la creación de estos empleos inútiles en ese sector privado?

DG

Uno piensa que así sería, pero parte de la razón por la que eso no sucede es que, cuando nosotros imaginamos el capitalismo, aún estamos imaginando un puñado de empresas medianas implicadas en fabricación y venta, y compitiendo unas con otras. Y eso no es realmente lo que parece en el panorama actual, especialmente en los sectores financiero, de seguros e inmobiliario.

Igualmente, si miras lo que la gente realmente hace, hay toda esta idea de reducir y simplificar. Si tú eres un CEO (director ejecutivo), recibes elogios por la cantidad de personal que despides, que reduces, y a la que metes prisa. La plantilla que está siendo despedida y acelerada son los trabajadores, los productivos, los tipos que realmente están haciendo las cosas, moviéndolas, manteniéndolas, haciendo el trabajo real. Si estoy en UPS (United Parcel Service), los conductores están taylorizados constantemente.   

Sin embargo tú no le haces eso a los tipos en las oficinas. Sucede exactamente lo contrario. Dentro de la corporación, está todo este proceso de construcción de imperios, por el cual diferentes gerentes compiten entre sí, principalmente sobre la cantidad de personas que trabajan para ellos. No tienen incentivos, en absoluto, por librarse de personal.

Tienes a esos tipos, equipos de gente, cuyo trabajo al completo es escribir los informes que ejecutivos importantes presentaran en las grandes reuniones. Grandes reuniones que son una especie de encuentros equivalentes a las justas feudales, o como altos rituales del mundo corporativo. Entras ahí, y tienes todo este equipo, has logrado toda esta historia, tus puntos de poder y tus informes y etcétera. Así, hay equipos completos que están allí solo para decir: “yo hago las ilustraciones para el informe sobre estos tipos,” y “yo hago las gráficas,” y “yo hice y puse al día la base de datos”.

Ni siquiera nadie lee estos informes, solo están ahí para lucirse. Es el equivalente a un señor feudal.  Yo tengo un tipo cuyo trabajo es simplemente arreglarme el bigote, y otro tipo que está puliendo mis estribos, etc.  Sólo para demostrar que puedo hacer todo eso.

SW

También ves un paralelismo con el ascenso de los trabajos de mierda, que es el ascenso de los “no-trabajos de mierda.” Los llamas trabajos de cuidados. ¿Puedes describir estos empleos? ¿Por qué hay un ascenso en esos empleos, y en qué sectores están?  

DG

Estoy tomando el concepto fundamentalmente de la teoría feminista. Creo que es muy importante, porque la noción tradicional de trabajo, pienso, que es muy teológica y patriarcal. Tenemos esta noción de producción. Viene con ese concepto de que el trabajo debe ser penoso, es el castigo que Dios nos ha infligido, pero también es una imitación de Dios. Sea Prometeus, o sea la Biblia, los humanos se rebelan contra Dios, y Dios dice, “Ah, querías mi poder, bien, puedes crear el mundo, pero va a ser miserable, sufrirás cuando lo hagas.”

Pero también es visto como esta quintaesencia del contrato masculino: las mujeres parirán y los hombres producirán cosas, es la ideología. Naturalmente, se invisibiliza todo el trabajo real que las mujeres hacen, de mantenimiento del mundo. Esta noción de producción, que se encuentra en el corazón de las teorías del movimiento obrero en el siglo XIX, la teoría laboral del valor es un poco engañosa.

Pregunta a cualquier marxista sobre empleo y valor del trabajo, siempre van inmediatamente a la producción. Bueno, aquí hay una taza. Alguien tiene que hacer la taza, es verdad. Pero hacemos una taza una vez, y la lavamos diez mil veces, ¿cierto? Ese trabajo precisamente desaparece completamente en la mayoría de esas cuentas, la mayor parte del trabajo no es produciendo cosas, es mantenerlas igual, es mantenerlas, cuidarlas, pero sobre todo cuidar la gente, cuidar las plantas y los animales.  

Recuerdo un debate que hubo en Londres sobre trabajadores del metro. Estaban cerrando todas esas oficinas expendedoras de tickets en el metro de Londres. Un montón de marxistas estaban diciendo, “Ah, sabéis, es probablemente en cierto sentido un trabajo de mierda, porque tu no necesitarías tickets realmente bajo un comunismo total, el transporte sería gratuito, así que quizá no deberíamos defender estos empleos". Recuerdo haber pensado que había algo bastante superficial allí.

Y entonces vi este documento que fue publicado por los huelguistas, donde decían, “Buena suerte os deseamos en el Nuevo Metro de Londres sin nadie trabajando en la estación de metro. Esperemos que vuestro hijo no se pierda, solo esperemos que no pierdas tus cosas, solo esperemos que no haya ningún accidente. Solo esperemos que nadie se asuste y tenga un ataque de ansiedad o se emborrache y empiece a acosarte.”   

Se repasa la lista de todas las diferentes cosas que ellos realmente hacen. Te das cuenta que incluso un montón de estos empleos clásicos de clase trabajadora son realmente trabajos de cuidados, se trata de cuidar de la gente. Pero no lo piensas como tal, no te percatas. Son mucho más como una enfermera que como un obrero de fábrica.

Mas allá de un trabajo de mierda

SW

Una de las cosas que dices en tu libro es que pensaste en que el movimiento Occupy podría ser el comienzo de la rebelión de la clase de cuidadores.

DG

Ahí está ese “somos el 99%” en una página del blog Tumblr, y era para las personas que estaban de hecho demasiado ocupadas trabajando para tomar parte en las manifestaciones de manera continua. La idea era: puedes escribir un pequeño cartel donde hables de tu situación vital y por qué apoyas el movimiento. Terminaría siempre con el “yo soy el 99%”. Tuvo una tremenda respuesta; miles y miles de personas hicieron esto.

Cuando lo repasé, me di cuenta de que casi todos ellos estaban en el sector de cuidados en algún sentido. Incluso si no lo estaban, los escritos parecían ser muy similares. Básicamente estaban diciendo, “Mira, yo quería un empleo donde al menos no estuviera haciendo daño a nadie. Donde estuviera realmente haciendo algún tipo de beneficio para la humanidad, quería ayudar a la gente de algún modo, quería cuidar de los demás, quería beneficiar a la sociedad.” Pero si acabas en el sector salud o en educación, servicios sociales, haciendo algo donde cuidas de otras personas, te pagarán tan poco, y te meterán tan profundamente en deudas, que ni siquiera podrás cuidar de tu propia familia. Esto es totalmente injusto.    

Fue ese sentimiento de una injusticia tan fundamental lo que creo que verdaderamente dirigió el movimiento más que ninguna otra cosa. Me di cuenta de que creaban esos trabajos fantoches, donde básicamente tu estas ahí para hacer que los ejecutivos se sientan bien con ellos mismos. Ellos tienen que recuperar trabajo para que otra gente lo haga. En educación, en salud, esto es increíblemente evidente. Siempre lo ves. Las enfermeras a menudo tienen que gastar la mitad de su tiempo de trabajo rellenando formularios. El profesorado, profesores de escuela primaria, gente como yo no es tan malo en la educación superior como lo es si estás enseñando quinto grado, pero sigue siendo malo. (...)"   

(Entrevista a David Graeber , antropólogo y activista. Da clases en la London School of Economics, tras ser expulsado de Yale y ser rechazado de todas las universidades de su país, Estados Unidos, por declararse anarquista. Fue uno de los líderes del movimiento Occupy Wall Street. Sin Permiso, 06/07/18)

21.4.22

Entre todas las razones que esgrimen los trabajadores para dejar sus empleos, la compensación económica ocupa el puesto 16... así que, ¿Cuáles son los principales motivos si el dinero no lo es? Según la investigación, la causa fundamental de la gran dimisión es la cultura laboral tóxica, a la que da diez veces más importancia que al salario a la hora de dejar el empleo

 "(...) me encontré con una investigación publicada en la revista de la MIT Sloan, la escuela de negocios del Instituto de Tecnología de Massachusetts, una de las más prestigiosas del mundo. Y, sobre todo, con el titular que encabezaba el estudio: “Toxic Culture Is Driving the Great Resignation” (La cultura tóxica está impulsando la gran resignación). Esto es oro, pensé. Aunque en el segundo párrafo avisaban que el objetivo era ayudar a los jefes a responder de manera efectiva a las dimisiones en masa, seguí leyendo.

El estudio en cuestión había analizado los perfiles de 34 millones de trabajadores estadounidenses para identificar a los que habían dejado sus empleos por cualquier motivo –el despido o la jubilación también – entre abril y septiembre de 2021, y concluía que las tasas de renuncia no eran uniformes en todos los sectores. En algunos, no llegaban al 2%; en otros, superaban el 30% en algunas empresas. Fíjense en este gráfico, en el que la venta de ropa, zapatos y accesorios encabeza la gran dimisión, mientras las aerolíneas están al final de la tabla. Pero miren también los tonos de azul de las barras, más claro para los empleos menos cualificados –yo no creo que el trabajo no cualificado exista, lean esto que publicamos en 2020, si les interesa el asunto–, más oscuro para los más. Parece que la precariedad no lo explica todo. 

Según las conclusiones de la investigación, la gran renuncia estaba afectando a sectores muy dispares –vean consultoría de gestión, la segunda de la lista– y dentro de esos sectores se observaban diferencias significativas en las tasas de deserción entre empresas similares. Por ejemplo: los trabajadores tenían 3,8 veces más probabilidades de dejar Tesla que Ford, y más del doble de abandonar JetBlue que Southwest Airlines. Netflix, Goldman Sachs, SpaceX, Nvidia… Las compañías más innovadoras del mundo estaban experimentando porcentajes de renuncia de sus empleados bastante más altos que sus competidores más antiguos.

Gran parte del debate sobre la gran dimisión se ha centrado en la insatisfacción de los empleados con sus salarios. De hecho, empresas como Starbucks, Costco, Walmart o Amazon se vieron forzadas a subir los sueldos si querían abrir sus puertas. Pero con el paso de los meses, las noticias sobre renuncias masivas llegaban también de esas compañías de cuello blanco en las que la explotación no está en el sueldo, sino en el tiempo. 

Los autores del estudio aseguran que, entre todas las razones que esgrimen los trabajadores para dejar sus empleos, la compensación económica ocupa el puesto 16. Y aquí, por fin, llegamos al hueso del asunto. ¿Cuáles son los principales motivos si el dinero no lo es? Según la investigación, la causa fundamental de la gran dimisión es la cultura laboral tóxica, a la que da diez veces más importancia que al salario a la hora de dejar el empleo. Comportamientos poco éticos por parte de los superiores, y trabajadores que no se sienten respetados. Supongo que alguna vez lo habrán sufrido. Yo sí. La segunda razón es la inestabilidad laboral y las reorganizaciones. Y la tercera, y aquí nos detendremos, los altos niveles de innovación. Recuerden las dimisiones en Tesla, Netflix o Goldman Sachs. Mantenerse constantemente a la vanguardia obliga a trabajar más horas, a un ritmo más intenso, con más estrés. ¿Y si ganar más de 100.000 dólares al año ya no compensa si apenas tienes tiempo para ducharte? ¿Y si por fin hemos comprendido, o estamos en ello, que la vida era otra cosa que pasarla trabajando?  

Hasta que no se demuestre lo contrario, seguiré buscando el carácter subversivo de la gran dimisión. E imaginando que en millones de cabezas, quizá como la suya, también hay una gran renuncia al trabajo entendido como una forma de autocracia que nos quita la dignidad y los derechos. Ahora que lo pienso, ¿cuántas dimisiones mentales habrá? Usted no lo ha pensado. Yo, no ni ná. "            (Vanesa Jiménez  , CTXT, 26/01/2022)

19.1.21

“La Comunidad de Madrid me amenazó con penalizarme por renunciar a ir al Zendal... Yo dije que no iba a ir ya que vivo a 68 kilómetros, no tengo vehículo para ir hasta allí, y tardo 2 horas en transporte público. Entonces me dijeron que me iban a penalizar un año en la bolsa”

"Quiero dar mi nombre y mi apellido porque considero que si se toma alguna represión conmigo por esto, es que estamos muy mal”. Inmaculada Pardo es enfermera de Urgencias y trabajaba hasta el pasado 8 de enero en el Hospital madrileño Puerta de Hierro. Ese día a las 19.00 h. de la tarde recibía una llamada. 

La exigían un traslado hasta el nuevo hospital de pandemias Enfermera Isabel Zendal, la nueva apuesta de la Comunidad de Madrid que ha nacido sin plantilla propia. “Tenía que estar al día siguiente a las 8:00 horas de la mañana en Valdebebas, y no había recogido ni mis cosas. Yo dije que no iba a ir ya que vivo a 68 kilómetros, no tengo vehículo para ir hasta allí, y tardo 2 horas en transporte público. Entonces me dijeron que me iban a penalizar un año en la bolsa”, asegura.

Su testimonio viene a confirmar la información publicada ayer por El País de las órdenes enviadas por escrito a las diferentes direcciones hospitalarias para no volver a contratar a ningún profesional que rechace ir al Isabel Zendal. Un total de tres correos electrónicos en los que se hace hincapié en que “ningún profesional podrá ser contratado nuevamente por otro motivo si previamente ha renunciado a su nombramiento covid, salvo que el motivo de la renuncia sea una mejora de empleo. 
 
Así mismo se recuerda que los profesionales que renuncien por su adscripción al Hospital de Emergencia Enfermera Isabel Zendal, no podrán continuar prestando servicio en el centro de origen”. “Cuando vi lo publicado sentí mucha indignación. Están enviando emails para que no nos vuelvan a contratar pese a que somos necesarios”.

Al día siguiente de la llamada Pardo tenía una cita médica pues tiene una lesión en la rodilla. “Pedí la baja para ser operada. No quería operarme en este momento porque considero que como enfermera soy necesaria ahora, es decir, que no están las cosas para que yo misma me convierta en paciente. Estuve tres días bastante mal. Hoy estoy en casa, las Urgencias del Puerta de Hierro están saturadas y sé que soy necesaria”, se lamenta. “Me han dicho que en cuanto me dé de alta seré enviada al Zendal”, informa quien ha comenzado una recogida de firmas en la plataforma change.org. (...)

Las nuevas instalaciones hospitalarias de Valdebebas nacieron sin plantilla propia y arrancaron a medio gas el pasado 1 de diciembre, con un pabellón activo de los tres prometidos. Tras un primer llamamiento de personal voluntario, lanzado entre el personal interino y fijo y con el que sólo se reclutaron 116 personas de las 669 necesarias, comenzaron los traslados forzosos de personal contratado de manera eventual. Personal que contaba con contrato hasta diciembre y que fue renovado hasta junio. Así, 553 serán destinados de manera obligatoria para nutrir este centro. (...)"                  (Sara Plaza, El Salto, 18/01/21)

19.11.20

El acoso y señalamiento a aquellos que intentan mejorar el servicio público es una práctica que el PP ha llevado hasta sus últimas consecuencias para mantener los negocios de sus amiguetes

 "Manuel (nombre ficticio) sale en un programa de máxima audiencia dedicado a la sanidad madrileña con la voz distorsionada y sin enseñar la cara. Denuncia que uno de los hospitales de gestión semiprivatizada de la Comunidad de Madrid, gestionado actualmente por un fondo buitre, ha mantenido un espacio óptimo para albergar 16 camas de UCI cerrado durante toda la pandemia de la COVID-19. 

María (nombre ficticio) denuncia en la radio con la voz distorsionada que ella trabaja en ese hospital y habla del "caos, la rabia y la tristeza" al conocer que en su hospital ha habido 16 camas de UCI sin estrenar desde hace meses donde podrían haber dado "un trato más digno" a sus pacientes. 

Juan (nombre ficticio) cierra su cuenta de Twitter donde denuncia los abusos e irregularidades que se cometen en su hospital, uno de los más importantes de Madrid. La cierra porque le han dicho que desde la Consejería están intentando averiguar quién está detrás de esa cuenta. 

Elena (nombre ficticio) me cita en su despacho tras contactarme a través de Twitter para enseñarme el limbo en el que se encuentran cientos de pacientes que deberían de estar en lista de espera por indicación de su cirujano y a los que no se les ha dado de alta en el Registro Unificado de Listas de Espera Quirúrgica de Madrid (RULEQ) y, por lo tanto, no aparecen en las estadísticas.

 "Una práctica que se intensifica en diciembre para que a finales de año los datos cuadren", confirma. Cuando le digo que cómo lo podemos denunciar me dice que ella solo me lo enseña pero que no puede denunciarlo porque tiene miedo. 

Carmen (nombre ficticio) me contacta al verme llevar una denuncia a la Fiscalía sobre los hospitales de gestión privada y me dice que tiene documentos que confirman mi denuncia pero que nunca se ha atrevido a denunciarlo porque tiene miedo a las represalias. 

La enfermera Goetti Pacheco (esta sí, a cara descubierta) denuncia en Twitter que en su centro de salud no hay más vacunas. Es cesada inmediatamente. 

No me extenderé en la infinidad de casos similares que durante estos meses –y años– hemos podido ver y escuchar a través de medios y, en mi caso, en reuniones y encuentros privados. Este es un pequeño esbozo de una de las caras ocultas de la sanidad madrileña: la normalización de una aberración. Una aberración asumida como parte de nuestra rutina, en la que los sanitarios que denuncian las irregularidades, los abusos o la merma en la calidad de la asistencia a sus pacientes tienen que salir con la voz distorsionada por miedo a las consecuencias.

 La misma voz distorsionada de los que denunciarían a una mafia o a una organización clientelar corrupta donde el silencio vale más que tu carrera. La misma voz distorsionada que escuchamos sin preguntarnos cómo es posible que lo que esté distorsionado sea la voz de quien denuncia y no la legitimidad y la responsabilidad de los denunciados. Distorsionar las voces para que nadie señale a quien denuncia la verdadera distorsión del sistema. Como si de un testigo protegido se tratara pero sin nadie que les proteja.

Veinticinco años de gobierno del Partido Popular en Madrid nos han dejado unas tupidas redes clientelares que carcomen lo más profundo de una institución que debería basar en la transparencia y en la lex artis médica y política su funcionamiento, porque estamos hablando de la que seguramente sea la mayor empresa de cuidados y protección de la salud. 

Resulta paradójico que mientras se protege la salud, no solo no se protege a los denunciantes y a los que reivindican la mejora del sistema sino que se les castiga. Una ley del silencio que tenemos interiorizada y que condiciona en demasiadas ocasiones nuestra conducta aún cuando sabemos que nos estamos jugando la práctica de nuestra profesión y la salud de nuestros pacientes. 

"Es que no me quiero significar por miedo a las consecuencias", "yo preferiría no firmar y que mi nombre no salga", "soy eventual y me la juego", son frases comunes que hacen tributo al "no te metas en política" que con tanto acierto han sabido inocular quienes querrían que la política siguiera siendo su coto privado. El acoso y señalamiento a aquellos y aquellas que intentan mejorar el servicio público es una práctica que el PP ha llevado hasta sus últimas consecuencias para mantener, cueste lo que cueste, los negocios de sus amiguetes y evitar perder los beneficios privados que les reporta mantener el Gobierno de la Comunidad. 

Hoy es la Sanidad Pública la que está en el punto de mira de los ataques del PP, sin embargo, no podemos obviar que esta ley del silencio y este hábito de saquear lo público es inevitable que intenten extenderlo a todos y cada uno de los derechos que los madrileños y madrileñas nos hemos ganado. La respuesta a la pandemia que propone el Gobierno de Ayuso pone en riesgo los servicios públicos, las políticas de bienestar y amenaza con imponer una mordaza invisible, pero no por ello menos efectiva, a quienes lo denuncien. (...)"               

(Mónica García , Diputada por Más Madrid en la Asamblea regional, el diario.es, 17/11/20)

5.5.20

Un alto cargo de Amazon dimite tras los despidos de trabajadores que pidieron protección contra el virus... "Los trabajadores de almacén son débiles y se debilitan cada vez más... Serán tratados como mierda debido al capitalismo. Cualquier solución empieza con su fuerza colectiva"

"El vicepresidente e ingeniero de Amazon Web Services Tim Bray ha dimitido y publicado una carta en la que acusa a la empresa de despedir a los trabajadores más críticos con sus condiciones de trabajo.

"Renuncio consternado ante Amazon despidiendo a quienes levantaron la voz por los empleados de almacén preocupados por el Covid-19", comienza la carta.
Bray trabajaba desde 2014 en la oficina de Vancouver de Amazon Web Services, la división de almacenamiento web de la compañía.

Su escrito narra cómo, al empezar la crisis del coronavirus, Amazon despidió a un trabajador de almacén que reclamó mejores condiciones de protección. Aquello fue en Estados Unidos a principios de abril. La prensa accedió a un documento interno que desvelaba la estrategia de Amazon para justificarse. "[El trabajador] no es ni listo ni elocuente. Dado que la prensa quiere enfocarse en nosotros versus él, estaremos en mejor posición si solo explicamos por enésima vez cómo tratamos de proteger a los trabajadores".

Los empleados de almacén acudieron entonces a los de 'cuello blanco', del área tecnológica, que disfrutan de mejores condiciones y salarios más altos. El año pasado, cerca de 9.000 de ellos se organizaron y crearon el grupo de Empleados de Amazon por la Justicia Climática (Amazon Employees for Climate Justice, AECJ). Estos prepararon y enviaron una petición de firmas en la que demandaban mejores medidas protección en almacenes.

Amazon despidió entonces a dos de las líderes del movimiento, Emily Cunningham y Maren Costa. "Las justificaciones fueron de broma: estaba claro que se las despidió por denunciar", continúa la misiva de Bray.

"La empresa podía haberse opuesto, exigido que se excluyera a personas externas, que los jefes estuvieran representados o cualquier otra cosa. Pero, simplemente, despidieron a las activistas", añade. "En ese momento estallé. Lo escalé internamente. Una vez hecho esto, seguir como vicepresidente de Amazon hubiera significado estar de acuerdo con las acciones que criticaba. Por eso dimití". Bray apunta además que todos los despedidos son personas "de color, mujeres o ambos". "Seguro que es una coincidencia, ¿no?", dice.

En su carta, el ex-vicepresidente añade varias frases que en su opinión describen los despidos de activistas: "mierda de gallina" ['chickenshit'], "matar al mensajero", "no conocer el efecto Streissand" o "diseñado para crear un clima de miedo". Los sindicatos de almacenes españoles también reclamaron al comienzo de la crisis mejores medidas de seguridad. Amazon no cerró sus almacenes, pese a haber detectado casos de coronavirus en la plantilla. 

"Despedir a denunciantes no es solo un efecto colateral de las fuerzas macroeconómicas. Es la evidencia de la toxicidad que recorre la cultura de la compañía", concluye Bray. "Los trabajadores de almacén son débiles y se debilitan cada vez más, debido al desempleo masivo y al seguro sanitario ligado a un puesto de trabajo en Estados Unidos. Serán tratados como mierda debido al capitalismo. Cualquier solución empieza con su fuerza colectiva".                (Analía Plaza, eldiario.es, 04/05/20)

12.5.17

“La crisis de régimen es la crisis de la sociedad del empleo”

"(...) “Creo que la figura socializada del emprendedor no explica nada, más bien necesita ser explicada. Hay que entenderla no por su significado intrínseco, sino por el que adquiere dentro de un conjunto de relaciones sociales y transformación de la propia naturaleza del trabajo.

 Ante el derrumbe de las certidumbres forjadas en torno a la identidad laboral del empleo se desplaza el riesgo y la responsabilidad a cada individuo, que debe hacer de su capacidad de empleabilidad una premisa frente a un mercado de trabajo competitivo.

 Se eliminan el contexto y las posibilidades que tiene una sociedad para modificarlo, asumiendo entonces que cada uno de nosotros nos convertimos en accionistas de nuestra propia fuerza de trabajo y como tal debemos comportarnos. 

Es el ser humano universalmente disponible a las necesidades motivadas por la rentabilidad económica, esto es, un tiempo orgánico, humano, obligado a funcionar al ritmo que exige el tiempo financiero haciendo de nuestras vidas un proceso de reconversión industrial continuo. 

Ahora bien, muchos de los elementos y cualidades que utiliza la épica empresarial son adaptaciones de reivindicaciones y formas de vida que por sí mismas no describen la racionalidad neoliberal. La idea de autonomía, o de tener iniciativa, de voluntad por cambiar, por emanciparse, no son en sí mismas desechables, lo es el modo de relaciones sociales de producción y dominación en el que están insertos.

 Lenin definía el capitalismo como “el aplastamiento inauditamente feroz del espíritu emprendedor, de la energía, de la iniciativa audaz de la masa de la población, de su inmensa mayoría, del 99 por 100 de los trabajadores”.  (...)

La rotura generacional gana visibilidad día a día. En Estudios del malestar, José Luis Pardo ironiza sobre una generación -la nuestra- que, ante la falta de empleo, busca forjar su identidad dedicándose a la transformación activa del mundo. 

Pardo reflexiona sobre una foto fija de la democracia liberal, sostenida en un Estado de bienestar que en el sur de Europa ha derivado en una ficción colectiva apoyada en la deuda ¿No hay alternativa? 
 
Creo que la situación que vivimos es parecida a la que interpreta Althusser en Maquiavelo, cuando el príncipe debe lanzarse a una aventura para fundar el nuevo principado; la obligación de afrontar una realidad sin las herramientas para hacerlo.

 Ante la glorificación de un cosmopolitismo obnubilado por la mundialización de la economía y el repliegue que mistifica el papel histórico del Estado-nación, ¿qué opciones quedan? ¿Cómo afrontar la dimensión europea cuando la UE se ha pensado para evitar el control democrático? Cambiar España pasa por cambiar Europa y para eso, también es fundamental forzar un rediseño integral de Europa impulsado desde una alianza de países. 

Ahora bien, esto precisa de procesos de movilización ideológica y de subjetivación colectiva a todas las escalas y en distintas latitudes. ¿Hasta dónde podemos pensar la alternativa? La necesaria introducción transversal de los límites medioambientales y energéticos, entre muchas otras cosas, obliga no solo a frenar a las fuerzas reaccionarias que surgen en Europa, sino, sobre todo, a las razones y racionalidad políticas y económicas que los cultivan.  (...)"              (Andrés Carretero
 , CTXT)

29.3.17

En Noruega, la realidad es que la explotación de los trabajadores y su creciente impotencia apenas encuentrtan eco en el debate público. “Lloramos todos los días en el trabajo”, informaba un raro artículo sobre el personal que limpia las habitaciones del hotel Oslo Plaza

"(...)  No cabe duda de que Noruega todavía se encuentra en la cubierta superior del barco global del bienestar, pero todo indica que se trata de la cubierta superior del Titanic.

En pocas palabras, podemos resumir diciendo que las desigualdades sociales también aumentan en nuestro país y que en los lugares de trabajo se instalan relaciones más autoritarias, entre otros factores a través de la americanización de los modelos organizativos y de gestión, como ha documentado tan bien el Instituto Público de Investigación Laboral. 

El aumento salarial de los escalones inferiores se ha estancado. Un boletín publicado por la Confederación de Sindicatos de Noruega (LO) resume muy bien esta evolución en un artículo reciente basado en un nuevo informe del instituto de estudios independiente Fafo:

Si la tendencia actual se mantiene, Noruega conocerá pronto desigualdades tan grandes como Alemania y el Reino Unido. Un nuevo informe del Fafo muestra que Noruega ya no es un país de poca desigualdad. 

Noruega está cambiando rápidamente, y los peor pagados son los perdedores. Los salarios de los niveles inferiores en el sector público prácticamente no han variado desde 2008 […] cada vez menos trabajadores que perciben los salarios más bajos tienen un convenio colectivo.” (11/09/2016)

Al mismo tiempo, nos enfrentamos a patronos cada vez más ofensivos y agresivos, que, entre otras cosas, eluden su responsabilidad empresarial mediante la subcontratación y el empleo creciente de trabajadores de agencias de empleo temporal, debilitando así a los sindicatos. 

Además, las empresas se benefician enormemente de la política cada vez más antisindical de la UE y del EEE y sus tribunales, que contribuyen mucho a socavar los derechos sindicales. 

En la batalla persistente por controlar el proceso productivo, el trabajo queda cada vez más vacío de contenido en muchas partes del mercado laboral. Está cada vez más fragmentado y estandarizado y los trabajadores están siendo sometidos a un mayor control, al tiempo que aumenta la intensidad del trabajo. 

El profesor Sten Gellerstedt ha documentado esto muy bien con respecto a Suecia, mientras que Eurofound ha documentado un fuerte incremento del trabajo rutinario en Dinamarca (citado en Ugebrevet A4, 31/10/2016), y hay buenas razones para creer que la situación es más o menos la misma aquí en Noruega:

Los daneses realizan alrededor de un 30 % más de trabajo rutinario de lo que hacíamos nosotros hace 20 años. […] Es interesante observar que el trabajo rutinario aumenta más en las clases de trabajo que tradicionalmente no se asocian a la rutina. En particular, son los gestores, profesionales y oficinistas los que ahora ejecutan cada vez más trabajos rutinarios.”

Además, la ideología que vincula bienestar y trabajo contribuye enormemente a desviar la atención de las estructuras organizativas y las relaciones de poder a favor de la individualización, con sermones moralizantes, suspicacias y un brutal régimen de sanciones contra los individuos. De este modo se han revertido los cambios en el mundo del trabajo para la gran mayoría de los trabajadores en nuestra sociedad.

Por supuesto, la base de esta evolución se halla en la crisis económica. (...)

En Europa está cada vez más claro que entre los principales objetivos de esta política se incluye el desmantelamiento del Estados de bienestar y la derrota de los sindicatos. En cualquier caso, eso es lo que está ocurriendo bajo la dirección política de las instituciones de la UE realmente existentes. Que millones y millones de trabajadores de todo el mundo sean los “perdedores” en este proceso no debería extrañar a nadie. 

Ni tampoco que al final reaccionen con desconfianza, rabia y ciega rebelión. Esta parte de la clase obrera –a falta de partidos políticos de izquierda que aporten análisis, políticas y estrategias para abordar y afrontar la crisis y la ofensiva de las fuerzas capitalistas– se siente atraída por la retórica antiélite y antisistema de la extrema derecha, cosa que se puede entender en este contexto. (...)

Lo que es importante comprender es por qué muchos de los más explotados y desposeídos de la sociedad se sienten atraídos por la retórica antiélite de extrema derecha. Hemos de indagar en los motivos de que esto ocurra. 

 Tratando de entenderlo, hemos de tener presente cómo las relaciones de fuerza en los lugares de trabajo han cambiado drásticamente a favor de la patronal, cómo aumenta la brutalización del trabajo y cómo crece la inseguridad para grandes grupos de trabajadores. Esto será decisivo si queremos desarrollar una política basada en los intereses de la gente que responda a estos desafíos.

La realidad es que la explotación de los trabajadores y su creciente impotencia y subordinación apenas encuentrtan eco en el debate público. Los partidos socialdemócratas han cortado mayormente el vínculo con su antigua base electoral.

 En vez de recoger el descontento generado por un mercado laboral más brutal y politizarlo y canalizarlo hacia una lucha basada en el interés de los trabajadores, los partidos de izquierda de clase media ofrecen poca cosa más que los sermones moralizantes y el desprecio.

 De este modo, hacen poco más que empujar a amplios grupos de trabajadores a los brazos de los partidos de extrema derecha, que sí recogen el descontento y hacen todo lo posible por canalizar la furia de le gente contra otros grupos sociales (inmigrantes, musulmanes, gays, gente de color, etc.) y no contra las causas reales de sus problemas.  (...)

Por mucho que las masas explotadas apenas tengan hoy en día alguna voz organizada en el debate público, todavía logramos colgar pequeños incisos en los medios de comunicación sobre la otra realidad en los lugares de trabajo.

 Como cuando el diario Dagbladet (20/03/2016), bajo el título de “Lloramos todos los días en el trabajo” publicó un artículo sobre el personal de la multinacional de servicios ISS que limpia las habitaciones del hotel Oslo Plaza en condiciones extremadamente duras. 

O cuando nos encontramos con un número creciente de artículos anónimos en la prensa, escritos por trabajadores de distintos organismos públicos que nos informan de la existencia de regímenes de control cada vez más autoritarios al estilo del New Public Management (Nueva gestión pública), que destruye el entorno de trabajo y elimina lo último que quedaba de satisfacción en el trabajo.(...)

En resumen, la relación de fuerzas en el lugar de trabajo ha cambiado drásticamente, en detrimento del trabajo, los sindicatos y los órganos democráticos y a favor del capital, las empresas multinacionales y las entidades financieras. 

A lo largo de unas pocas décadas, los intereses capitalistas han conseguido abolir las principales normas que hicieron posibles el Estado de bienestar y el modelo nórdico: la cooperación monetaria internacional, el control de capitales, el control de inversiones y otras regulaciones del mercado. En esta situación, la idea de la colaboración social (es decir, la insistencia en los intereses comunes como ideología frente al creciente conflicto de intereses que tiene lugar en el mundo real) constituye una barrera a la lucha sindical y política.

El principal reto a que se enfrenta la izquierda actualmente es el de organizar la resistencia frente a esta evolución. Es la única manera de hacer retroceder al populismo de derecha. Una vez más, debemos ser capaces de construir un cielo sobre nuestra lucha, es decir, perspectivas y visiones de una sociedad mejor, una sociedad con una redistribución radical de la riqueza, en la que se ponga fin a la explotación y las necesidades humanas constituyan la base del desarrollo social.

 No es cuestión de utilizar declaraciones, manifestaciones y llamamientos a una cooperación tripartita que constantemente se vacía de contenido. Es una cuestión de poder: poder económico y político. Esto exigirá una movilización social masiva al estilo de cómo los sindicatos construyeron su fuerza para conquistar poder e influencia a comienzos del siglo pasado. (...)"                

(Asbjørn Wahl es asesor de la Campaña Noruega por el Estado de Bienestar. Artículo publicado en noruego en el diario Klassekampen el 28 de enero y en danés en el diario Dagbladet Arbejderen el 21 de febrero, en Viento sur, 23/03/17)

15.12.15

¿Reparto del trabajo? ¡Sí, pero manteniendo salarios!... La Toyota (Gotemburgo) tiene jornadas de 6 horas desde hace 13 años. Aumentó la productividad, la felicidad y los beneficios (un 25%). ¡O aumentan los salarios, o la economía occidental en su conjunto se hundirá!

"Allá por finales de abril del 2014, la ciudad sueca de Gotemburgo puso en marcha una jornada laboral de seis horas diarias sin rebajar salarios.

 El objetivo era trasladar a los trabajadores públicos de dicho ayuntamiento un horario experimental que ya llevaba funcionando 13 años en una fábrica automovilística de la misma ciudad, concretamente Toyota. Para ello dividieron a sus empleados públicos en dos grupos.

La mitad de ellos iban a trabajar durante un año 6 horas al día (60 minutos menos que el otro grupo) y percibirían el mismo sueldo. Con ello, el gobierno municipal quería comprobar si la nueva jornada laboral era beneficiosa para la productividad, la salud e, incluso, para la felicidad de los trabajadores. Ambas experiencias, en la misma ciudad, tanto la de Toyota como la del ayuntamiento, han sido un rotundo éxito.

En las instalaciones de Toyota en Gotemburgo, los empleados tienen jornadas de seis horas desde hace trece años. Antes de introducir este cambio los clientes ponían muchas más reclamaciones, había colas y los empleados estaban estresados. Solo había un turno que comenzaba a las siete de la mañana y terminaba a las cuatro de la tarde, con un descanso para comer. 

Con la introducción de la jornada de seis horas se han creado dos turnos, uno de seis de la mañana a doce y otro de doce a seis de la tarde. Tras estos cambios los trabajadores se siente mejor, tienen menos bajas voluntarias y es mucho más fácil encontrar nuevo personal para trabajar. El uso de la maquinaria es mucho más eficiente y se han reducido los costes del capital, y además los beneficios han crecido en un 25%.

En los funcionarios públicos el resultado ha sido el mismo: mayor productividad y menores bajas por enfermedad o depresión. Ahora, otras empresas de la ciudad y del país escandinavo copian este método para intentar mejorar la productividad y el bienestar de sus empleados.

 La productividad en Suecia se ha duplicado desde 1970, por lo que técnicamente hay potencial para que las jornadas laborales sean incluso de solo cuatro horas. Pero en todas estas experiencias hay un elemento clave del éxito: menor jornada laboral con el mismo salario como fórmula de reparto del trabajo.   (...)

Sin embargo, el sistema de reparto de trabajo no puede producir estos efectos positivos sobre la ocupación a no ser que el salario horario de los trabajadores se incremente, por lo menos en proporción al aumento de la productividad por hora de trabajo. 

Por lo tanto, para que un sistema de reparto del trabajo tenga éxito, es decir, genere nuevos empleos, debe ir acompañado por un aumento del salario hora de los trabajadores, a fin de evitar la disminución de la demanda efectiva.

 Los postkeynesianos, donde me incluyo, no somos muy partidarios de los programas de reparto de trabajo salvo que vayan acompañados de un aumento de la retribución horaria, es decir, mediante el mantenimiento de salario mensual previamente percibido por los ocupados.

El fundamento teórico tiene que ver con una de las mayores discrepancias entre la ortodoxia y la heterodoxia: la forma de la curva de demanda de trabajo. Para la ortodoxia, dado un gasto autónomo real, existe una relación negativa entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas. 

Por el contrario, para aquellos que defendemos el principio de demanda efectiva, bajo unos supuestos microeconómicos realistas, existe una relación positiva entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas. Un aumento del salario real comporta un desplazamiento a lo largo de la curva de demanda efectiva de trabajo, de manera que la subida del salario real acarrea por tanto un nivel de ocupación más elevado. 

Esta relación positiva es paradójica. Lo que es cierto para una empresa, puede ser falso a nivel macroeconómico. Es la paradoja kaleckiana de costes que tantas veces hemos comentado.

En realidad, la relación negativa entre salarios reales y empleo presentada por distintos autores neoclásicos conforma una correlación espuria. En economías que crecen vía deuda, los salarios reales caen. Por eso, las recomendaciones de la ortodoxia, la disminución del salario real llevará en realidad a una subida del margen de beneficios por unidad vendida, pero la masa de beneficios totales no cambia en modo alguno, mientras que la renta nacional, ventas y empleo global disminuirán. 

La propuesta de recortes salariales que hacen y defienden la inmensa mayoría de los economistas para luchar contra el paro acaba siendo contraproducente, acelerando la espiral de deflación por deuda. En esa estamos. Además, recuerden, prevemos el final del ciclo secular de deuda iniciado en los años 80. ¡O aumentan los salarios, o la economía occidental en su conjunto se hundirá!"          (Juan Laborda, Vox Populi, 11/11/2015)

15.4.15

Los salarios de los pilotos y copilotos de la aerolínea alemana están por debajo de casi todas las aerolíneas internacionales.

"(...) La restricción salarial alcanzó todos los rincones de la economía alemana. La compañía aérea Lufthansa no fue una excepción. 

Hoy los salarios de los pilotos y copilotos de la aerolínea alemana están por debajo de casi todas las aerolíneas internacionales. Las compañías en las que los salarios superan a los de Lufthansa (por orden ascendente) son Air France, KLM, Iberia, British Airways, United, Delta y, en el nivel más alto, Cathay Pacific. 

De una muestra de 12 aerolíneas internacionales, sólo SAS (la línea escandinava) tiene salarios inferiores a los de la compañía alemana (algo explicable por otras prestaciones del personal de SAS).

La lucha sindical para revertir esta situación nunca desapareció. Los sindicatos Ver.di y Vereinigung Cockpit han mantenido una resistencia constante frente a los planes para reducir costos laborales, recortar plazas, extender jornadas de trabajo y afectar planes de retiro. En los últimos 10 años, las huelgas de pilotos y sobrecargos, así como de personal de tierra de Lufthansa han sido frecuentes.

Las tendencias a la restricción salarial y la resistencia de los sindicatos no se limitaron a Lufthansa. La empresa subsidiaria de vuelos de bajo costo Germanwings también fue escenario de una disputa larvada entre patrones y sindicatos desde su creación. En febrero de 2015 las operaciones de Germanwings también se vieron afectadas por un conflicto laboral sobre condiciones de trabajo y planes de retiro.

La semana anterior a la tragedia del vuelo 9525 de Germanwings en el sur de Francia el 24 de marzo el personal de Lufthansa mantuvo una huelga importante. Como en ocasiones anteriores, la interrupción de labores afectó cientos de vuelos y a miles de pasajeros. El tono de la disputa se tornó más áspero a medida que las negociaciones se hicieron más difíciles.

Días antes de la catástrofe del vuelo 9525 el gerente general del grupo Lufthansa Carsten Spohr se vanaglorió de la seguridad y del récord de eficiencia de la compañía. Vale señalar que Spohr ha sido uno de los funcionarios claves sobre los cuales descansó la última ofensiva para mantener la presión sobre los sindicatos y trabajadores de Lufthansa y Germanwings.

Es obvio que el tema de los salarios de las compañías aéreas, y en especial de Lufthansa y Germanwings, no son la causa directa de la terrible tragedia del vuelo 9525. Los trastornos y neurosis del copiloto Lubitz, que lo llevaron al terrible asesinato de las 149 personas a bordo del vuelo 9525 deben tener múltiples causas. Nada exculpa su incalificable acto. 

Pero sí es importante destacar que en el momento en que se supo que Lubitz había informado sobre su episodio de depresión severa durante sus cursos de vuelo en 2009 se abrió un nuevo capítulo en esta tragedia, no sólo en relación a indemnizaciones, sino también a posibles responsabilidades penales por negligencia de ejecutivos de Lufthansa/Germanwings. 

Por lo pronto una pregunta: ¿tendrían prioridad las políticas de restricción salarial sobre las prácticas de escrutinio y supervisión de los pilotos de la compañía?

No sería la primera vez que los esfuerzos por reducir costos, laborales o de otro tipo, provocan una tragedia. Los ejemplos de Bhopal y de la plataforma Deepwater Horizon deben bastar para reflexionar.

En 2013 Carsten Spohr describió algunos de los rasgos distintivos del desempeño de Lufthansa. Señaló que entre más alta la clase de servicio, más es la inversión por pasajero. Con orgullo comentó que el 5 por ciento de la producción mundial de caviar es adquirido por Lufthansa para sus servicios de primera clase. Servicios reservados, por supuesto, a los estratos superiores. (...)"                 (Alejandro Nadal, La Jornada , en Jaque al neoliberalismo, 08/04/2015)

11.6.14

Las técnicas de acoso de La Caixa: Una mujer teme perder su empleo después de que el director de un banco fuese a su trabajo a reclamarle la hipoteca

"Hace 17 años, Juana Baca salió de Perú. Tenía 24 años, un hijo con dos que no pudo traerse hasta bastante tiempo después y todas las ganas del mundo por comenzar a edificar su proyecto de vida.

 En 2003, Juana se enamoró de Jorge y ochos años más tarde ambos se compraron una vivienda en la que cabían todos los sueños que Juana trajo de Perú. El sueldo de 2.500 euros mensuales de Jorge, con contrato fijo, y los 1.000 euros que cobraba y cobra ella, como cocinera en un hotel, eran más que suficientes para pagar 960 euros al mes del préstamo hipotecario.

En la sucursal bancaria todo fueron facilidades, a pesar de que en 2011 la crisis ya mordía. Además del cien por cien del precio de la vivienda, tasada en 170.000 euros, el director de la sucursal les ‘regaló’ 8.000 euros más para amueblar la cocina y los engatusó para que compraran acciones de la entidad financiera y aseguraran la vivienda con la aseguradora del banco. El préstamo hipotecario subió en 27.000 euros que se pagaría en cómodas mensualidades durante 30 años.

Once meses después de firmar la hipoteca y después de diez años en una gran empresa de la construcción, Jorge fue enviado a la larga y desesperante cola del paro. El sueño de Juana ya no era tan sueño. 

 Durante el tiempo que Juan estuvo cobrando el paro y la ayuda familiar, la familia pudo seguir pagando la hipoteca y dar de comer a sus dos hijos; pero cuando se acabó la ayuda familiar, Juana tuvo que decidir qué hacer con su salario de 1.000 euros: “O daba de comer a mis hijos o pagaba la hipoteca”. Juana eligió comer y pagarle a su hijo el “pasaje” para que vaya todos los días al instituto.

El sueño ya era una pesada losa. Juana se plantó: “No puedo pagar, vamos a renegociar el préstamo. Yo puedo pagar un alquiler social pero si pago, no como”, le dijo Juana al director de la oficina.

 “La deuda la tienes que pagar como sea”, le respondió el empleado de banca. Y “como sea” lleva intentando el director de la sucursal que Juana pague la hipoteca: amenazas telefónicas, hostigamiento psicológico, llamadas a familiares, trato humillante y degradante y un sinfín de episodios inhumanos, según relata Juana.

Hasta tal punto llegó la pesadilla que el banco bloqueó la nómina de Juana: “Un día salí de trabajar, fui al banco a sacar dinero para comer y me lo había quitado todo. No tenía nada, ni para comer ni para el billete de bus”, rememora. Así, al día siguiente se fue a la oficina, nada más abrir, “a rogarle al director” que le diera “por lo menos 200 euros” para poder comer.

 Después de mucho llorar y rogar, el jefe de la entidad accedió a darle 200 euros para comer a Juana para, acto seguido, amenazarle con “meter mano” a la cuenta de la madre de Jorge, una anciana con una modesta pensión: “Corriendo tuvimos que cambiar la cuenta de mi suegra a otra entidad bancaria”, detalla en un receso de la protesta que ella y su marido, junto a activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), protagonizaron la semana pasada en la puerta de una sucursal de La Caixa-Cajasol en Sevilla.

“Hemos venido hasta aquí porque la semana pasada el director de la oficina fue a mi trabajo a presionarme para que aceptara las condiciones de estafa que me ofrece para saldar la deuda”, explica Juana, quien se niega a firmar la propuesta “abusiva” que le ofrece el director del banco.

 La entidad financiera le ofrece la dación en pago de la vivienda, a cambio de pagar 40.000 euros –a pagar 200 euros al mes– y entregar el humilde apartamento de soltero de su marido, en el populoso barrio sevillano de Bellavista.

“Lo tienes que firmar. Si no aceptas, ejecución hipotecaria. Y lo vas a perder todo”, le infiere el director bancario a Juana, según su relato. “No voy a firmar”, le responde contundente la mujer que buscando su sueño anda envuelta en una pesadilla llena de amenazas e indefensión por parte de un sector financiero todopoderoso.

 Además, el director de la sucursal se presentó, hace unos días, en el hotel donde trabaja Juana: “He quedado aquí con Juana Baco, ¿la puede usted llamar, por favor?”, le propuso el empleado de banca al recepcionista del hotel donde trabaja, cuenta Juana, que asegura que nunca había quedado con el director del banco en su lugar de trabajo.

El recepcionista llamó a cocina e indicó a Juana el nombre y los apellidos del hombre que esperaba en la planta principal del hotel. “Cuando me dijeron quién estaba esperándome, se me paró el corazón”, sostiene quien ese día pasó la “vergüenza” de su vida. 

El director del hotel llamó a Juana a su despacho y, desde ese día, la mujer teme perder su empleo si las amenazas y molestias del banco se vuelven a repetir. “Ayer mismo despidieron a un compañero, la próxima puedo ser yo porque a las empresas no les gusta que los trabajadores demos problemas”, concreta.

Clara Isabel Pérez, una de las portavoces sevillanas de la PAH, cree que las presiones de La Caixa son fruto de su técnica de “agotar a la gente psicológicamente” para no tener que llegar a los juzgados. 

“Si ordenan una ejecución hipotecaria, los juzgados declararían ilegales las cláusulas suelo que aplica a los préstamos hipotecarios y los intereses de demora –el doble de lo legal– que añade a las personas afectadas por impagos”, afirma la activista antidesahucios, que también denuncia que La Caixa no se adhiere al Código de Buenas Prácticas que firmó con el Gobierno central.

Tampoco Juana puede denunciar: “No tengo dinero para las tasas judiciales”, sentencia. (...)"            (Público, 09/06/2014)