16.9.26

“Hay un millón en lista de espera hospitalaria” es una frase que lleva incrustada en el imaginario colectivo madrileño desde hace dos años... ¿Una lista de espera de un millón? No, 1,3 millones... Según la última Memoria oficial del SERMAS, la lista de espera hospitalaria agrupada no es de un millón, sino de 1.324.689 personas... con un incremento brutal de los pacientes en espera sin cita... No dar cita se ha convertido en la herramienta perfecta: oculta a más de 360.000 que aguardan fecha, pero no se les contabiliza, y alimenta el negocio de la sanidad privada... 253.738 pacientes derivados pero sin cita asignada para primera consulta con el especialista... 112.865 personas permanecen en este limbo contable, para pruebas diagnósticas... La falta de asignación de fecha se ha disparado en la práctica totalidad de las técnicas: 43.000 pacientes aguardan una resonancia magnética (el triple que en 2021); 29.267 esperan una ecografía (ocho veces más); y 13.599 pendientes de una endoscopia (multiplica por 2,8 las cifras de 2021)... Cuando un médico deriva a un paciente a un especialista o solicita una prueba, el sistema debe casar la demanda con la oferta disponible en las ‘agendas’ de cada servicio hospitalario. Sin embargo, si un servicio decide o se ve obligado a “cerrar” su agenda por saturación o falta de personal, el paciente queda atrapado en un limbo... si el paciente no tiene cita, su tiempo de espera simplemente no cuenta para la media oficial del hospital ni la global de la especialidad/prueba diagnóstica... Esta mecánica genera una clara ficción contable: la lista de espera real aumenta, pero la demora promedio oficial se mantiene estable o incluso baja en las estadísticas, porque no refleja cuánto aguardan realmente los pacientes, sino solo el tiempo del grupo que ya ha logrado una cita en la agenda... y los hospitales de gestión privada: absorben cientos de miles de usuarios vía libre elección, lo que se traduce en un incremento directo de sus ingresos... No tener fecha en un volante se ha convertido en la herramienta perfecta: invisibiliza el colapso ante la opinión pública mientras alimenta el negocio de la sanidad privada (Óscar Hernández)

 "A María su médico de familia la derivó el 26 de julio al especialista de Digestivo del Hospital 12 de octubre, solicitando un estudio funcional del esófago. Todavía no la han contactado. Sonia aguarda desde el 10 de junio una resonancia pedida por su neurólogo en La Paz. Alex espera la misma prueba en ese hospital desde finales de noviembre. A la hija de 11 años de Alicia le solicitaron en enero una ecografía de bazo de la que no tiene noticias. No cuesta encontrar decenas de casos como estos, porque es una realidad compartida por cientos de miles de madrileños que esperan consulta o prueba sin tener fecha asignada. 

“Hay un millón en lista de espera hospitalaria” es una frase que lleva incrustada en el imaginario colectivo madrileño desde hace dos años. Sin embargo, los datos que prensa y oposición están utilizando están claramente infravalorados.

¿Una lista de espera de un millón? No, 1,3 millones

El volumen de pacientes derivados a una primera consulta o prueba diagnóstica que carecen de cita no se recoge en los informes que publica mensualmente la Consejería de Sanidad en su web oficial. Son estos documentos mensuales los que se utilizan ordinariamente para hacer el seguimiento de la sanidad pública madrileña.

Sin embargo, para contabilizar el total real –incluyendo a quienes siguen aguardando una cita asignada– es necesario acudir a las Memorias anuales del Servicio Madrileño de Salud (SERMAS) o a los datos reportados semestralmente al Ministerio de Sanidad. Según la última Memoria oficial del SERMAS, la lista de espera hospitalaria agrupada no es de un millón, sino de 1.324.689 personas a 31 de diciembre. 

Estos datos coinciden con los que la Consejería reporta semestralmente al Ministerio y aparecen publicados en el Sistema de Información Sanitaria estatal: al 100% en el caso de las consultas  y prácticamente igual en el caso de las cirugías. 

El incremento brutal de los pacientes en espera sin cita

El desajuste entre los datos que el SERMAS publica mensualmente y los que reporta de forma semestral al Ministerio o anualmente en sus Memorias se ha disparado en los últimos dos años. El origen de esta brecha radica en el crecimiento exponencial del número de pacientes derivados que ni siquiera logran obtener una fecha en su volante.  

En lo relativo a primeras consultas con el especialista, a cierre del ejercicio se alcanzaron los 253.738 pacientes derivados pero sin cita asignada, una cifra que multiplica por 22 los registros de 2021. En pruebas diagnósticas la evolución sigue la misma senda: 112.865 personas permanecen en este limbo contable, cuatro veces más que cuatro años antes.

Las diez especialidades monitorizadas en las Memorias del SERMAS superan el 500% de incremento en pacientes sin cita entre 2021 y el último año analizado. Sin embargo, la situación la encabeza Traumatología, que alcanzó los 44.726 pacientes a la espera de fecha (31 veces más que en 2021). Le siguen en volumen Ginecología (18.968; x28), Digestivo (18.746; x11) y Urología (13.984; x19).

En cuanto a las pruebas diagnósticas, aunque recientemente ha cobrado relevancia mediática el aumento de derivaciones para mamografías sin cita previa –superando las 9.000 a cierre de ejercicio–, no se trata de un caso aislado. La falta de asignación de fecha se ha disparado en la práctica totalidad de las técnicas: 43.000 pacientes aguardan una resonancia magnética (el triple que en 2021); 29.267 esperan una ecografía (ocho veces más); y 13.599 pendientes de una endoscopia (multiplica por 2,8 las cifras de 2021)

El limbo de las agendas cerradas: la paradoja de la demora media

Para entender por qué se ha disparado el número de pacientes sin fecha hay que analizar cómo se gestionan las citas hospitalarias. Cuando un médico deriva a un paciente a un especialista o solicita una prueba, el sistema debe casar la demanda con la oferta disponible en las ‘agendas’ de cada servicio hospitalario.  

Sin embargo, si un servicio decide o se ve obligado a “cerrar” su agenda por saturación o falta de personal, el paciente queda atrapado en un limbo. Y es aquí donde se produce la distorsión estadística: primero) para que el tiempo de espera de un paciente computen en el indicador oficial de “demora promedio”, es imprescindible que ese paciente tenga una fecha asignada; segundo) si el paciente no tiene cita, su tiempo de espera simplemente no cuenta para la media oficial del hospital ni la global de la especialidad/prueba diagnóstica.

Esta mecánica genera una clara ficción contable: la lista de espera real aumenta, pero la demora promedio oficial se mantiene estable o incluso baja en las estadísticas. Como se observa en el siguiente gráfico, el número absoluto de pacientes en lista de espera para primera consulta no ha parado de crecer, pasando de unos 350.000 en 2021 a superar los 965.000 en 2025 (lo que supone pasar de 53 a 137 pacientes en espera por cada 1.000 habitantes). Mientras en 2021 apenas había 11.000 personas sin cita (menos del 2% del total), en 2025 ese colectivo roza los 254.000 pacientes, representando ya más del 26% (uno de cada cuatro madrileños en espera). Como la tasa de pacientes con cita se ha estancado e incluso se reduce ligeramente en el último año (alrededor de 101 por cada 1.000 habitantes), la estadística oficial refleja un “espejismo” claramente beneficioso para los gestores: la espera media cae drásticamente desde un pico de 59 días en 2024 a menos de 27 días en 2025. El indicador que ofrecen como un logro no refleja cuánto aguardan realmente los pacientes, sino solo el tiempo del grupo que ya ha logrado una cita en la agenda. 

¿Cómo funciona el sistema? De la agenda cerrada al call center: la letra pequeña de la citación hospitalaria

Para comprender el crecimiento exponencial de los pacientes sin fecha asignada hay que analizar el procedimiento interno de citación hospitalaria. Cuando un médico deriva a un paciente a un especialista o solicita una prueba, el sistema debe casar la solicitud con los huecos disponibles en las ‘agendas’ de los hospitales. Estas agendas varían en función del centro, la subespecialidad o de si están abiertas o no a Atención Primaria.

Un paciente queda atrapado en la categoría de “sin cita” cuando es derivado a un servicio de un hospital que tiene la agenda cerrada en ese momento. Al no asignarle un día en el calendario, el paciente entra en un limbo asistencial: acumula tiempo de espera real, pero ese retraso no computa en el informe oficial mensual para la demora promedio ni para el volumen de lista de espera oficial de ningún hospital.

La organización interna y la compatibilización de la actividad pública y privada impactan directamente en los tiempos de espera

¿Por qué un servicio hospitalario mantiene cerradas sus agendas? La respuesta directa remite a la saturación por la escasez de profesionales para cubrir la demanda. Sin embargo, la gestión de las agendas responde también a otros factores organizativos y de incentivos. Por un lado, existen importantes brechas de productividad entre servicios y hospitales, poniéndose de manifiesto cómo la organización interna y la compatibilización de la actividad pública y privada impactan directamente en los tiempos de espera. Por otro lado, en el caso de los centros de gestión indirecta, el manejo de las agendas ha quedado salpicado por la búsqueda de rentabilidad empresarial. El ejemplo más claro afloró con la filtración de los audios de la cúpula directiva del Hospital de Torrejón –gestionado por el Grupo Ribera–, en los que se revelaban instrucciones internas para demorar la citación de pruebas o derivar a determinados pacientes con el objetivo expreso de mejorar los márgenes de beneficio del centro.

Existe otra opción de circuito de asignación de cita. En el caso de que el médico de familia derive a una primera consulta general de una determinada especialidad, el paciente recibe un volante con un código que le permite acceder a la web de libre elección y elegir cita; si no formaliza la cita en un máximo de 48 horas, la centralita telefónica de la Consejería de Sanidad le contacta directamente para ofrecerle alternativas. El funcionamiento del algoritmo que determina qué centros y citas muestra la app u ofrece el call center permanece oculto. Se ha solicitado acceso al código fuente de esta herramienta (de la que es responsable la Consejería de Digitalización), pero la Administración se negó a facilitarlo. Y lo hizo ignorando una resolución del Consejo de Transparencia de la Comunidad de Madrid que, en base a la jurisprudencia del Tribunal Supremo sobre transparencia algorítmica, obligaba a su entrega. 

A través de este engranaje de agendas cerradas en la red pública y ofertas teledirigidas desde la app o el call center, cientos de miles de pacientes terminan desplazándose, tarde o temprano, desde sus centros de referencia hacia otros hospitales que, concretamente, suelen ser los de titularidad privada.  

Traumatología como síntoma: el trasvase de la Libre Elección

El impacto de este mecanismo se aprecia con claridad en Traumatología, la especialidad que según la última Memoria del SERMAS acumula mayor lista de espera en la región. En esta área, la lista de espera se ha duplicado (+109% entre 2021 y 2025) y los pacientes sin cita se han multiplicado por 30. 

Mientras la espera media oficial para quien logra cita parece caer de 70 a 53 días, la actividad asistencial sufre un desplazamiento directo: mientras las primeras consultas ordinarias caen un 3% en los centros de referencia, las realizadas mediante la ‘libre elección’ se disparan un 36%, representando ya más del 25% del total de consultas.

El balance de entradas (pacientes que tienen un hospital de referencia y acaban siendo atendidos por el que computa la entrada) y salidas de pacientes por libre elección revela la dirección exacta de este flujo. Según los datos publicados en las memorias de los hospitales del SERMAS (las últimas hacen referencia a 2023), los grandes hospitales de gestión pública de la capital actúan como emisores netos de pacientes vía libre elección: el Ramón y Cajal pierde 7.487 usuarios en esta especialidad, el 12 de Octubre 7.080 y La Paz 7.048, un saldo negativo que se repite en los centros del sur como Vallecas, Leganés, Fuenlabrada o Móstoles.

En el extremo opuesto, los receptores netos de esta demanda desplazada son los centros de gestión privada. Encabeza el balance el grupo Quirón, con la Fundación Jiménez Díaz al frente (+37.999 pacientes netos) y sus tres centros radiales (Rey Juan Carlos en Móstoles, Valdemoro y Villalba), junto al Hospital de Torrejón (gestionado por Ribera Salud).

La Consejería de Sanidad no facilita el desglose uno a uno de estos flujos de libre elección entre hospitales. Sin embargo, los datos publicados permiten constatar que los grandes centros ‘emisores’ de pacientes, como el Ramón y Cajal, son precisamente los que registraban mayores listas de espera (8.698 personas a 31/12/23) y una demora promedio más abultada (143 días). A cierre de 2025 –coincidiendo con el repunte masivo de pacientes en el limbo sin cita ni asignación a ningún centro–, la lista de espera oficial del Ramón y Cajal se redujo formalmente a 6.287 personas. Y el último dato publicado (julio de 2026) sitúa su demora promedio en Traumatología en 127 días (un 12% menos que en 2023). La demora promedio cae en el hospital con mayor balance negativo de la región. La explicación podría radicar en que una parte sustancial de sus pacientes (los que están en el limbo de no tener cita asignada) haya dejado de computar en la estadística mensual.

En el modelo madrileño, parece que la mejor forma de reducir la espera es simplemente no dar cita

Conclusión: a quién beneficia esta situación

El análisis de las memorias oficiales demuestra que el modelo actual genera un esquema de tres claros beneficiados. Primero, la Administración autonómica: al omitir de su fuente mensual a los 366.000 pacientes sin cita asignada, mantiene maquillados tanto el volumen real de lista de espera (al menos parcialmente, sólo aflora cuando se consulta la Memoria anual del SERMAS, no mes a mes), como el indicador de demora promedio.  Segundo, determinados servicios hospitalarios: la posibilidad de cerrar agendas permite amortiguar la presión asistencial y la falta de productividad sin que ello penalice las estadísticas oficiales de seguimiento.  Por último, los hospitales de gestión privada: absorben cientos de miles de usuarios vía libre elección, lo que se traduce en un incremento directo de ingresos al facturarse estas derivaciones al margen de la ‘cápita’ fija asignada por población de referencia. Una absorción que, además, pueden compaginar con buenos indicadores de demora mediante la priorización interna de sus agendas de citación. En el modelo sanitario madrileño, parece que la mejor forma de reducir la espera es simplemente no dar cita. No tener fecha en un volante se ha convertido en la herramienta perfecta: invisibiliza el colapso ante la opinión pública mientras alimenta el negocio de la sanidad privada.

 (Óscar Hernández, CTXT, 15/09/26, gráficos en el original)

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