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26.1.21

Es posible que la crisis que se avecina nos venga bien si conseguimos que haya mecanismos de reestructuración bien articulados. Pero para ello deberíamos ser capaces de acertar con las narrativas: los alemanes están convencidos de que son los paganinis de Europa cuando tienen una moneda significativamente infravalorada

 "(...) Estancamiento secular. “Tenemos un problema global de demanda: lo que Larry Summers llama estancamiento secular.  

Creo que nos falta explicar por qué: si la economía funcionara razonablemente bien, el equilibrio económico global se regeneraría en una recesión porque los recursos pasarían de empresas en decadencia a empresas con futuro, de sectores inviables a sectores viables. Eso no ocurre porque tenemos problemas con los precios: con los tipos de cambio, por ejemplo. China es un ejemplo de libro. 

El euro también: Alemania y el Norte tienen una moneda significativamente infravalorada; el resultado es que Alemania sigue invirtiendo en su sector exportador, pese a que los retornos son muy bajos, en lugar de invertir en casa, donde podría rentabilizar su demanda interna. 

Es posible que la crisis que se avecina, paradójicamente, nos venga bien si conseguimos que haya mecanismos de reestructuración bien articulados. 

Pero para ello deberíamos ser capaces de acertar con las narrativas: Trump ha convencido a los estadounidenses de que los EE UU han sido los perdedores de la Guerra Fría y de la globalización; los alemanes están convencidos de que son los paganinis de Europa. 

Tremendo error”. “El síntoma más evidente del gran desequilibrio que tiene la economía mundial son los bajísimos tipos de interés. La otra cifra preocupante es el nivel de deuda. Tarde o temprano veremos quiebras de empresas, reestructuraciones de deuda privada, y crisis de deuda soberana en los emergentes. 

También necesitamos una reforma de la gobernanza monetaria global, que corre el peligro de fragmentarse. Ojalá seamos suficientemente audaces”.

 (Entrevista a Mervyn King, exgobernador del Banco de Inglaterra, Claudi Pérez, El País, 17/01/21)

15.5.19

Sigo sin entender como en España, pudiendo las empresas contratar por cuatro duros, explotar al personal y obtener un beneficio tremendo, hay un 14% de paro...


 
Sigo sin entender como en España, pudiendo las empresas contratar por cuatro duros, explotar al personal y obtener un beneficio tremendo, hay un 14% de paro...

 
Pues porque hay falta de demanda y un 14% de desempleo. Tú puedes pagar en cacahuetes, que si no te entra gente por la puerta del restaurante da igual.

13.9.18

Bancos sistémicos, ¿la semilla de la segunda fase de la Gran Recesión? La solidez del sistema bancario europeo y estadounidense no ha mejorado durante estos últimos 10 años

"Este mes se cumple el décimo aniversario del colapso financiero de Lehman Brothers (...)

La actual crisis sistémica fue aprovechada por las élites bancarias y ciertos oligopolios, con la ayuda inestimable de sus brazos políticos, para implementar su particular ajuste de cuentas. Pero contaron además con el soporte teórico de ciertos economistas e instituciones académicas que validaron las actuales políticas económicas distópicas. El virus realidad duró bien poco.

 No contentos con no prever nada, impusieron su diagnóstico y sus recetas, y les dieron un nombre, “reformas estructurales”. ¿A qué suena bien, eh? ¿Quién se va a negar a ser reformista?

 Existen multitud de teorías, con sus respectivas hipótesis, que han demostrado ser de muy escasa utilidad, por mucho que los medios de comunicación nos deleiten presentándolas, día sí y día también, como si fueran verdades ineludibles, cuando en realidad son meras conjeturas no soportadas por la realidad de los datos. (...)

Hace bien poco, la semana pasada, en una reunión del comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetario, Pierre Moscovici, con la flamante ministra de economía, Nadia Calviño, se recalcaba la necesidad de seguir implementando ajustes estructurales y disciplina presupuestaria. ¿En base a que teorías? En base a ninguna, simplemente a ese componente chamán que rodea a la ciencia económica actual y donde se aplica los principios goebellianos de simplificación y unanimidad. (...)

Si Moscovici y Calviño conocieran las balanzas sectoriales de Wynne Godley usarían la siguiente ecuación: Balance Privado Doméstico + Balance Público Doméstico + Balance Exterior = 0
Y serían conscientes de que si un sector tiene superávit presupuestario por lo menos uno de los sectores tiene que incurrir en déficit presupuestario. 

En términos de variables stock, para que un sector acumule patrimonio financiero neto al menos uno de los sectores tiene que aumentar su endeudamiento en la misma proporción. Es imposible que todos los sectores acumulen patrimonio financiero neto incurriendo en superávits financieros. Por lo tanto, el criterio de Maastricht sobre déficit público (no superar el 3% del PIB) no se basa en nada. 

Por el contrario, la deuda privada alrededor de una burbuja jamás es neutra para la economía y suele acabar como el rosario de la Aurora. 

Tras la recesión de balances privados correspondiente, aplicando la identidad de Wynne Goodley, el déficit público se dispara. Volverá a pasar.

 Respecto a las cacareadas reformas estructurales, si Moscovici y Calviño, y la mayoría de economistas, conocieran ciertas investigaciones de los economistas del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional, aplicarían al menos, espero, la duda metódica de Descartes. En un documento de trabajo reciente del Banco Central Europeo, con el sugerente título “On the sources of business cycles: implications for DSGE models”, que ya analizamos, los autores demuestran la existencia de grandes regularidades en los co-movimientos de variables macroeconómicas clave, en múltiples economías, en el análisis de los ciclos económicos. 

Y encuentran que hay una fuente dominante de dichos co-movimientos en términos reales: la demanda agregada, es decir, el gasto. Por lo tanto, todas esas reformas propuestas desde el lado de la oferta obedecen a chascarrillos sin fundamento alguno.

 Pero ahí los tienen, inasequibles e imperturbables al desaliento, apoyando lo indefendible. Si en la segunda fase de la gran Recesión, vuelven de nuevo a tratar de aplicar restricción presupuestaria y reformas estructurales, solo conseguirán una crisis sistémica.

 La solidez del sistema bancario europeo y estadounidense no ha mejorado durante estos últimos 10 años. No hubo ninguna reforma del capitalismo tras la Gran Recesión. ¡Qué rápido aprendieron algunos del teatro barroco español! Existe suficiente evidencia que sugiere tanto una supervisión como una regulación laxa e incompetente de los bancos sistémicos, aquellos demasiado grandes para quebrar.

Y como ha demostrado diversos estudios y análisis, incluidos algunos del FMI y del BIS, los grandes bancos siguen beneficiándose de subsidios públicos implícitos creados por la expectativa de que el gobierno los respaldará si se encuentran en dificultades financieras. Este subsidio implícito distorsiona la competencia entre bancos, y favorece una toma excesiva de riesgos y, en última instancia, puede implicar elevados costes para los contribuyentes.

 La expectativa de que obtendrán respaldo estatal reduce los incentivos de los acreedores para controlar el comportamiento de los grandes bancos, alentando así un apalancamiento y una toma de riesgos excesivos. Vean los trabajos y últimos datos de Anat Admatti y entenderán lo peliagudo de la situación actual.

Entonces, ¿por qué no se hace lo obvio? Les propongo dos reformas ineludibles. Los grandes bancos sistémicos deben trocearse y evitar así el problema de riesgo moral "too big to fail", demasiado grande para quebrar. Finalmente, se debe restablecer la ley Glass-Steagall de separación entre banca de inversión y banca comercial. No se preocupen, no lo harán. Y ya ustedes saben por qué: la eterna defensa de los intereses de clase."                     (Juan Laborda, Vox Populi, 11/09/18)

26.6.18

Un documento del BCE llega a la relevante conclusión de que no se sustenta por ningún lado la austeridad expansiva defendida por el FMI o la Troika europea. La demanda agregada es lo que explica las dinámicas de crecimiento e inflación

"Vivimos tiempos de vértigo. Lo improbable se hace posible. Pedro Sánchez alcanza la Presidencia del Gobierno de España. Nace en Italia el Gobierno del Movimiento Cinco Estrellas y la Liga. Mientras, los medios de comunicación convencionales dan muestras de cierta irritación, agotamiento, descontrol y estupefacción. 

No comprenden aún que llevamos años de tiempos de maleza. Hay un hastío amplio en la ciudadanía. Y en el origen de todo, un sistema roto de gobernanza económica, el "neoliberalismo".  (...)

El neoliberalismo no es una ideología en estricto-sensu. Es el momento político donde el poder corporativo se quita la careta, deja de ser un fenómeno puramente económico y se transforma en una coparticipación globalizadora con el Estado. El objetivo, la mayor concentración posible de riqueza y poder en las menores manos plausibles. Es el neo-feudalismo. 

Y es ese poder corporativo el que pacta, apoya, dificulta la formación de gobiernos o dirige el voto de la ciudadanía. Para ello invierten en medios de comunicación. Es una inversión muy rentable. La antidemocracia, y el dominio de la élite son sus rasgos más destacados.  (...)

Pero vayamos a la evidencia empírica, aquella que invalida todos y cada uno de los supuestos que hay detrás de las políticas económicas más significativas del neoliberalismo.

 La evidencia se expande cada día más y hasta el mismo Banco Central Europeo (BCE) aporta una crítica demoledora contra los fundamentos de aquellos que reclaman reformas desde la oferta. En este sentido, es llamativo que un documento de trabajo reciente del BCE, con el sugerente título “On the sources of business cycles: implications for DSGE models”, haya realizado sin duda una de las mayores críticas a la teoría económica dominante, esa que estudian los alumnos de económicas y empresariales en la universidades de medio mundo. 

Sus autores, Michal Andrie, Jan Bruha y Serhat Solmaz, investigan las fuentes de las fluctuaciones económicas. Para ello consideran el PIB, el consumo, la inversión, las exportaciones y las importaciones, todas ellas en términos reales, incluyendo además la tasa de desempleo y la inflación subyacente. Utilizan datos de los Estados Unidos y de otros países desarrollados.

La importancia de esta investigación es que los modelos convencionales -neoclásicos, neokeynesianos o monetaristas- que estudian los ciclos económicos enfatizan las motivaciones del lado de la oferta y afirman que los shocks de demanda son temporales en el mejor de los casos.

 Esto es crucial porque si eso fuera cierto, entonces la afirmación de que la política fiscal no puede alterar permanentemente el curso de una economía sería válida. Pero el documento del BCE refuta esta creencia general.

Los autores demuestran la existencia de grandes regularidades en los co-movimientos de variables macroeconómicas clave, en múltiples economías, en el análisis de los ciclos económicos. Y encuentran que hay una fuente dominante de dichos co-movimientos en términos reales. Dicho de otro modo, la dinámica del ciclo económico de los datos macroeconómicos clave puede explicarse, en gran medida, por una única fuente de variación.

 ¿Y saben ustedes cuál es? Pues aquella que siempre hemos defendido desde estas líneas: la demanda agregada, es decir, el gasto. ¡Es el dominio aplastante del principio de demanda efectiva! Por lo tanto, todas esas reformas propuestas desde el lado de la oferta, tan cacareadas a bombo y platillo, obedecen a chascarrillos sin fundamento alguno. 

Pero ahí los tienen, inasequibles e imperturbables al desaliento, defendiendo lo indefendible.

Implicaciones de las nuevas evidencias empíricas

Las implicaciones son brutales porque los modelos de equilibrio general dinámico estocástico, los famosos DGSE, muy queridos por la ortodoxia, no pasan la prueba del algodón. Los autores lo explicitan de la siguiente manera:

 "Los modelos más destacados de DSGE hoy en día no son compatibles con nuestros hallazgos empíricos sobre la cantidad de factores y la naturaleza del movimiento conjunto en los datos macroeconómicos”. ¡Touché!

Los resultados apuntan a "solo un componente principal dinámico dominante": la demanda agregada. La implicación más relevante es que no se sustenta por ningún lado la austeridad expansiva defendida por el FMI o la Troika europea

Estos organismos durante la Gran Recesión obligaban a los gobiernos a reducir sus déficits utilizando la austeridad fiscal, bajo su creencia de que ello generaría crecimiento económico. Obviamente ello no sucedió, simplemente porque así no funcionan las economías. Tuvieron rápidamente que cambiar.

La investigación del BCE confirma la notable estabilidad de los movimientos conjuntos entre las variables agregadas. Si cae la inversión, o el gasto público, el consumo privado disminuye. ¿Por qué? Porque la disminución de la inversión (o el gasto en general) crea una brecha de producción y las empresas despiden a los trabajadores. El ingreso nacional cae y el consumo y el ahorro de los hogares disminuyen. ¡Elemental mi querido Watson!

En términos simples, estos resultados significan que la mayoría de los modelos macroeconómicos utilizados por los organismos u oficinas de política económica, los neokeynesianos, los monetaristas, o los nuevos clásicos, al ignorar el predominio de la demanda agregada para explicar las dinámicas de crecimiento e inflación, tendrán una escasísima utilidad. 

Los autores del documento de trabajo del BCE consideran que "cualquier modelo económico estructural debe, al menos, ser capaz de generar la estructura de componentes principales de los datos que se supone que representan", razón por la cual los modelos macroeconómicos dominantes fracasan.

El otro resultado clave del artículo es que el análisis de las variables reales y la inflación revela un estrecho co-movimiento, a menudo puesto en tela de juicio por la literatura dominante. Dicho de otra manera, la producción y la inflación se mueven conjuntamente como resultado de la dinámica de la demanda.

 Esto significa que la gran mayoría de los modelos macroeconómicos que explotan lo que se conoce como la "dicotomía clásica", es decir, que el dinero es neutral a largo plazo ya que está determinado exclusivamente por las fuerzas de la oferta, es simple y llanamente otra leyenda urbana, y ya van muchas.

Si a fecha de hoy se mantienen ciertas políticas económicas basadas en meras leyendas urbanas, ello ya no solo obedece a una incompetencia estructural de quienes la proponen, que también, sino a la defensa de los intereses de ciertos grupúsculos, es decir, al principio de dominio de la élite.

 ¡Ojalá los asesores de Pedro Sánchez le puedan trasladar a él estas evidencias irrefutables!"                  (Juan Laborda, Vox Populi, 05/06/18)

5.7.17

Draghi: la precariedad laboral es una de las grandes causas de la mediocre recuperación... el cinismo de los banqueros

"El Banco Central Europeo (BCE) exigió, en ocasiones por carta, reformas laborales a países como Italia y España en las peores fases de la crisis del euro. La narrativa al uso en las instituciones europeas dice que esas reformas explican 16 trimestres consecutivos de recuperación y la creación de casi 6,5 millones de empleos (buena parte de ellos en España) desde lo más hondo de la crisis. Pero todas las políticas tienen efectos secundarios. 

Lo raro es que sea un banquero central el único en advertirlos: el jefe del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha señalado hoy en Sintra —el enclave portugués donde se celebra el foro anual del eurobanco— que el subempleo y la temporalidad, dos de los efectos de las reformas laborales en países como España, explican buena parte de la historia de la mediocre recuperación en Europa.

La tasa de paro de la eurozona está por debajo del 10%, pero el subempleo (trabajadores que querrían trabajar más horas o que tienen contratos temporales y desearían tener contratos fijos) alcanza el 18%. "Las reformas laborales han hecho que los salarios sean más flexibles para bajar, pero no necesariamente para subir", ha explicado Draghi en una conferencia organizada por el BCE en Sintra (Portugal).  (...)

Eso, al final, se deja notar en una inflación que no consigue recuperarse, por ende, y en un crecimiento económico por debajo del obtenido en otras recuperaciones.

Draghi no lo dice con claridad, pero ese argumento supone una especie de cuadratura del círculo. El BCE presionó para que los países periféricos hicieran reformas laborales: España aprobó tres en un lustro.

 Ahora, esas mismas reformas han provocado niveles de precariedad elevados, con un impacto evidente en la recuperación, y el Eurobanco parece el único en advertirlo, pese a que se refiere a la eurozona en su conjunto, no a España: Con un paro del 18%, las autoridades españolas creen que es preferible que siga entrando gente en el mercado laboral a que aumenten los salarios: ese mensaje estaría dirigido, según esa interpretación, a países como Alemania.  (...)

Draghi no quiere repetir el error Trichet, que subió los tipos de interés a destiempo en 2008 y en 2011 y truncó, por dos veces, el atisbo de recuperación europea.

Junto con ese mensaje ortodoxo, últimamente da otro más heterodoxo: pide con insistencia subidas de sueldos en Alemania, políticas fiscales capaces de acompañar el estímulo monetario (también en Alemania) y alerta contra la precariedad laboral y los efectos indeseados de algunas reformas. 

Sorpresa en el antiguo monasterio de Sintra en el que el BCE reúne a lo más granado de la política monetaria internacional: no todos los banqueros son iguales. Ben Bernanke y Mario Draghi alertaron ayer de los peligros de la desigualdad; el italiano avisa hoy también de los riesgos que supone la precariedad en el mercado de trabajo. En Bruselas y Berlín casi nadie ha hecho todavía un análisis ni remotamente parecido."                (   , El País, 27/06/17)

31.3.17

¿Cómo terminará esta Larga Depresión? La Gran Depresión sólo terminó cuando Estados Unidos se preparó para entrar en la guerra mundial... y el gobierno asumió el control del sector privado para dirigir la inversión y el empleo

"Recientemente, el editor de economía del periódico británico The Guardian, Larry Elliott, hizo una comparación entre la Gran Depresión de los años 1930 y la actual.  (...)

La Larga Depresión, como me gusta llamar a la actual, comenzó con una crisis del mercado inmobiliario en los EEUU, seguida por una crisis bancaria que se extendió globalmente y que fue seguida por una enorme caída en la producción, la inversión y el empleo. 

Las secuelas en ambas depresiones fueron una recuperación económica larga, lenta y débil, y muchas economías nacionales aún no han recuperado los niveles previos al colapso de la producción, la inversión o la rentabilidad. (...)

Elliott señala que muy pocos economistas o expertos predijeron la crisis de 1929 en el momento de auge de los mercados bursátiles y de expansión económica. Del mismo modo, muy pocos pronosticaron la crisis del mercado inmobiliario de EEUU y la posterior crisis financiera mundial. Pero algunos lo hicieron.

La parte más interesante del relato de Elliott son las causas alegadas de la Gran Depresión de los años treinta y si son las mismas de la actual Larga Depresión. Elliott cita al biógrafo de Keynes, Lord Skidelsky, en el sentido de que la causa principal fue y es la deuda excesiva.

 “La Gran Depresión fue provocada por las mismas causas que la crisis de 2008: una enorme montaña de deuda, la especulación en el mercado de valores, una inflación excesiva de activos y unas tasas de interés demasiado altas como para mantener unos niveles de inversión capaces de mantener el pleno empleo”.

 Esta explicación es casi la convencional entre los economistas izquierdistas y heterodoxos. Skidelsky combina los puntos de vista de los economistas post-keynesianos (Steve KeenAnn Pettifor) y de otros economistas convencionales (Mian y Sufi) que destacan los niveles -la gran montaña- de la deuda del sector privado (en particular la deuda de los hogares), siguiendo a Keynes, en el sentido de que “las tasas de interés eran demasiado elevadas para sostener el pleno empleo”.  (...)

Hay mucho de verdad en el argumento de que la deuda excesiva (o el crédito, que es simplemente la otra cara del balance) es un indicador primordial de una crisis financiera inminenteLa deuda fue alta en la década de 1920 antes de la crisis. Esto ha sido documentado por muchos estudios, incluyendo el trabajo pionero de Rogoff y Reinhart. 

Y Claudio Borio, del Banco de Pagos Internacionales también ha acumulado muchas pruebas para demostrar que es el nivel y la tasa de aumento o disminución del crédito (de hecho, el ciclo de la deuda) es mucho mejor indicador de posibles crisis financieras que la idea neo-keynesiana de un cierto estancamiento secular del crecimiento y un colapso de la “demanda agregada” (como Paul Krugman o Larry Summers).  (...)

El otro argumento que está vinculado a la causalidad de la deuda excesiva es el aumento de la desigualdad como causa de las crisis de 1929 y 2008. 

Como Elliott dice: “mientras que los asalariados vieron su trozo de la tarta económica reducirse, para los ricos y los poderosos, los “alegres veinte” fueron estupendos. En los EEUU, la reducción a la mitad de la tasa máxima del impuesto sobre la renta al 32% significó más dinero para la especulación en los mercados de acciones y bienes raíces. Los precios de las acciones subieron seis veces en Wall Street en la década anterior al colapso de Wall Street. La desigualdad fue alta y creciente, y la demanda sólo se mantuvo gracias a una burbuja de crédito”. Sí, parecido al período previo a la crisis de 2008.

Ahora bien, no creo que la creciente desigualdad haya sido la causa de la crisis de los años treinta o de 2008 y he expuesto mis argumentos en contra de esta opinión en varios lugares. La evidencia empírica no apoya una conexión causal entre desigualdad y crisis. De hecho, un nuevo estudio de JW Masonpresentado en Assa 2017 en Chicago añade más peso al argumento de que el aumento de la desigualdad y el consecuente (?) aumento de la deuda de los hogares no fue la causa del colapso financiero de 1929 o 2008.  (...)

La esencia de mi punto de vista es que la desigualdad es siempre parte del capitalismo (y, por lo tanto, de las sociedades de clase, por definición) y la creciente desigualdad de la década de 1980 en el período neoliberal se prolongó durante décadas antes de que se produjera la crisis. 

Pero es más convincente como explicación que el aumento de la rentabilidad y la creciente apropiación por el capital de los beneficios del trabajo en el proceso de acumulación fue la causa del aumento de la desigualdad, no al revés. Así que la causa subyacente de la crisis debe buscarse en el propio proceso de acumulación capitalista y algún cambio en el mecanismo de la rentabilidad. 

La tercera causa o razón ofrecida por Elliott para la Gran Depresión de los años 30 y la Larga Depresión actual es que no existe un poder hegemónico capaz de actuar como”prestamista de último recurso” para rescatar a los bancos y las economías nacionales con crédito y al mismo tiempo establecer las reglas para la recuperación económica mundial.  (...)

Pero, ¿la crisis del 2008 es el resultado de la debilidad del poder imperial estadounidense o de un excesivo poder estadounidense? De cualquier manera, dudo que la teoría hegemónica de la estabilidad sea una explicación suficiente de la Gran Depresión o de la Larga Depresión.

 Claramente, Estados Unidos ha sufrido un declive (relativo) como principal poder imperialista económico, aunque sigue siendo la principal potencia financiero y la potencia militar predominantemente– de manera similar al Imperio romano en su período de declive.

No cabe duda de que esto ha tenido algún efecto en la capacidad de todas las grandes economías capitalistas para salir de esta depresión y la creciente tendencia hacia el nacionalismo, el proteccionismo y el aislacionismo que ahora vemos en muchos países y en la propia América de Trump. 

Pero el fin de la “globalización” no ha sido provocado por el debilitamiento del poder estadounidense sino el resultado de la desaceleración de la inversión mundial, del comercio y, sobre todo, de la rentabilidad del capital que la evidencia empírica ha revelado desde finales de los años noventa. La “muerte” de la globalización fue acelerada por la crisis financiera mundial y el estancamiento del comercio mundial y los flujos de deuda desde 2008.  

La Larga Depresión ha continuado no debido a la alta desigualdad o el debilitamiento de la hegemonía estadounidense o por el giro proteccionista (que apenas ha comenzado). Sigue, sostengo, por la incapacidad de una rentabilidad insuficiente a la hora de reactivar la inversión productiva y el crecimiento de la productividad; y la continua resaca del capital ficticio y de la deuda. De hecho, he demostrado que éstas son las mismas razones que prolongaron la Gran Depresión de los años treinta: baja rentabilidad, altos niveles de deuda y comercio débil. (...)

 El proteccionismo y las devaluaciones son cada vez más probables en este período post-Trump, post-Brexit de la Larga Depresión. De hecho, el últimodocumento de política económica para la próxima cumbre del G20 en Alemania la semana que viene ha eliminado su condena de las políticas proteccionistas.  (...)

La Gran Depresión sólo terminó cuando Estados Unidos se preparó para entrar en la guerra mundial en 1941. Entonces el gobierno asumió el control del sector privado para dirigir la inversión y el empleo y utilizar el ahorro y el consumo de la gente para el esfuerzo de guerra. La rentabilidad del capital se disparó y continuó después del final de la guerra. 

Mirando hacia atrás, la depresión de las décadas de 1880 y 1890 en las principales economías sólo terminó después de una serie de crisis que finalmente lograron elevar la rentabilidad del capital en los sectores y economías nacionales más eficientes y así asegurar una inversión más sostenida. Aunque al final agravó las rivalidades imperialistas sobre la explotación del planeta y acabó estallando la primera guerra mundial.

¿Cómo terminará esta Larga Depresión?"                (Publicado originalmente en el blog de Michael RobertsMichael Roberts , El Viejo Topo, 22/03/17)

8.3.17

Estamos en el final de la aparente recuperación económica impulsada por los estímulos de Obama y de la Reserva Federal... y el inicio de un nuevo ciclo de aversión al riesgo en los mercados financieros, profundamente sobrevalorados

"(...) La economía global, profundamente inestable, podría registrar una notable desaceleración a partir del eslabón que, tanto analistas como economistas, consideran más fuerte, los Estados Unidos.

La razón hay que buscarla en un riesgo endógeno olvidado por gran parte de dichos analistas y economistas, el inicio de un nuevo ciclo de aversión al riesgo en los mercados financieros, profundamente sobrevalorados.

Dicho ciclo se iniciaría en los mercados financieros yankees, los más sobrevalorados del planeta, con una divisa excesivamente apreciada, y en un contexto de desaceleración-recesión de dicha economía no anticipada por la mayoría de analistas. Pero vayamos a los datos. (...)

Para Estados Unidos disponemos del modelo GDPNow alimentado por la Reserva Federal de Atlanta, y que ofrece una previsión o estimación oficial del PIB actual, previa a su publicación y que se va modificando con la publicación de nuevos datos, tanto de indicadores de actividad como de encuestas.

Con los datos publicados este viernes de consumo y renta personal prevé un crecimiento intertrimestral anualizado del +1,8% para el trimestre en curso, lo que supone una fuerte desaceleración respecto a lo que preveía con anterioridad a la publicación de este dato.

 La evolución del mismo sugiere que los Estados Unidos podrían registrar un crecimiento inferior al 1% intertrimestral anualizado. Prácticamente ha acertado todas las previsiones desde su aparición en el año 2015.  (...)

La razón de la fuerte desaceleración que el modelo GDPNow apunta para los Estados Unidos es el hundimiento del gasto personal en términos reales en enero de 2017. Cayó un -0.3% desde diciembre. Se trata del registro más bajo desde septiembre de 2009, justo después del final de la Gran Recesión, según el National Bureau of Economic Research (NBER) en junio de 2009.

Coincide además con un momento en el que los mercados financieros asignan una probabilidad de aumento en los tipos de interés oficiales por parte de la Reserva Federal del 82% en su reunión del 15 de marzo. Pero ya veremos.

 Estamos en el final de la aparente recuperación económica impulsada por los estímulos de Obama y de la Reserva Federal. Y aunque no es culpa de Donald Trump, como no se remangue y se ponga a trabajar duro durante los siguientes trimestres, implementado las distintas propuestas económicas que contenía su programa, la economía estadounidense colapsará, arrastrando al resto de las economías del planeta.

Para ello debería empezar a poner en macha el tan cacareado plan de gasto en infraestructuras públicas, de hasta un billón de dólares, en un contexto donde la inversión privada está estancada por falta de demanda efectiva. Y todo ello combinado con otra de sus promesas, la subida del salario mínimo a 10 dólares la hora.

 Como dudo que al final se haga todo aquello que se recogió en dicho programa económico, hemos de estar preparados para el siguiente cataclismo, que vendrá de nuevo de un aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros, tal como sucedió en 2000-2002 y 2007-2009. (...)"          (Juan Laborda, Vox Populi, 05/03/17)

15.12.16

La única vía para salir de la Gran Recesión es aumentar la demanda doméstica... financiando el mayor gasto público con gravación real a las rentas superiores, los impuestos de sucesiones y de patrimonio, y con un IRPF más progresivo

"(...) La única vía para salir de la Gran Recesión es precisamente aumentar la demanda doméstica para estimular la economía a través de medidas que sigan una dirección opuesta a las que se están aplicando. 

Y puesto que la mayoría de la demanda doméstica procede de las rentas del trabajo, es condición sine qua non para la recuperación económica que aumenten los salarios (y también el gasto público, del cual el gasto social es el gasto público que se traduce en mayor aumento del consumo y la demanda). 

Una condición para que ello ocurra es que se refuercen los sindicatos y todos los instrumentos del mundo del trabajo (tales como los convenios colectivos), con un giro de 180º en las políticas públicas del país, que deberían estar orientadas hacia crear buen empleo, no solo directamente (mediante inversiones públicas en la infraestructura social, energética y de comunicaciones del país), sino también indirectamente, exigiendo (por parte de las autoridades públicas) a las empresas privadas que paguen buenos salarios como condición para que sean contratadas por el Estado (sea este central, autonómico o local). 

El Estado es en cualquier país el mayor contratante de servicios, y debe utilizar esta situación para configurar las prácticas empresariales en el sector privado, a favor del mundo del trabajo.
 
Y esta notable expansión del sector público debería financiarse a través de reformas a las que el PP, Ciudadanos, el PSOE y el PDECat se están oponiendo, tales como el aumento de los ingresos al Estado mediante mayor gravación real a las rentas del capital, a las rentas superiores, recuperando los impuestos de sucesiones y de patrimonio, y reformando el IRPF, haciéndolo más progresivo y redistributivo, medidas que algunos sectores del PSOE podrían apoyar, aunque ello requeriría un cambio notable en la dirección y el aparato de tal partido, y muy en particular de sus asesores económicos, la mayoría de los cuales proceden de los sectores más neoliberales próximos al mundo empresarial, con el cual han establecido amplias complicidades. 

Sería de desear que estos cambios en el PSOE ocurrieran para poder ayudar a los cambios tan urgentes y necesarios que España (incluyendo Catalunya) necesita. 

El bienestar de las clases populares depende, en gran medida, de que haya una amplia base de apoyo a estas políticas opuestas a las políticas neoliberales dominantes, con una amplia coalición de partidos políticos y movimientos sociales que exijan su aplicación y desarrollo, interrumpiendo las políticas que se han ido aplicando llevando al país a una situación insostenible e intolerable. Así de claro."            (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 1 de diciembre de 2016, en www.vnavarro.org, 01/12/16)

6.9.16

El Nobel Akerlof: se necesita crear "más demanda, trabajos adicionales y por tanto, un plan de estímulo". Subiendo impuestos y gasto público para bajar el paro en España

"El profesor de la Universidad de Berkeley y premio Nobel de Economía en el año 2001, George Akerlof, ha indicado este jueves que "España necesita un plan de estímulo económico" para combatir el elevado desempleo. 

Para el economista, esto pasa por "subir los impuestos y al mismo tiempo elevar el gasto público", aunque reconoce que "esta medida es muy difícil de aceptar por las autoridades".

 Akerlof ha explicado que cuando "hay un desempleo tan elevado es porque claramente, la demanda de empleo es inferior a la oferta disponible: necesitas crear más demanda, trabajos adicionales y por tanto, un plan de estímulo". (...)

En el Foro de la Economía del Agua que ha tenido lugar este jueves en Madrid, el Nobel ha asegurado que para que realmente se solucionen los problemas medioambientales en general y los hídricos en particular, "la ciudadanía y las políticas deben crear historias que promuevan e incentiven la concienciación".   (...)"      (El País, 08-07-16)

20.6.16

Morgan Stanley: La economía mundial cada vez se asemeja más a la Gran Depresión

"Para entender qué está pasando en la economía mundial, eche la vista atrás unos 80 años. Como en la década de los 30 del pasado siglo, el crecimiento está estancado porque las compañías no quieren invertir, todo el mundo espera que la inflación siga baja, y los gobiernos están retirando los estímulos fiscales.

El detonador de la actual situación fue la crisis financiera, que nos ha dejado una resaca de deuda y desapalancamiento que coincide además con regulaciones bancarias más estrictas que, a su vez, exacerban las presiones deflacionistas. Se mire como se mire, es algo muy parecido a lo que ocurría antes de la Segunda Guerra Mundial, como pone de manifiesto un informe realizado por Morgan Stanley. 

"Creemos que el actual entorno macroeconómico tiene una gran cantidad de puntos en común con el de los años 30, así que se pueden sacar lecciones particularmente relevantes para el día de hoy", explican. "La similitud crítica entre los años 30 y el ciclo que comenzó en 2008", explican, "es que el shock financiero y los niveles relativamente altos de endeudamiento cambiaron la propensión al riesgo del sector privado y les empujaron a equilibrar sus balances".

Es decir, que las empresas no sólo no se endeudan para acometer nuevas inversiones, sino que se emplean a fondo para reducir su apalancamiento. Y como en los años 30, esto puede llevar a un periodo de debilidad prolongada y de expectativa de baja inflación. El peligro es que si los bancos centrales se mueven demasiado rápido subiendo tipos, o si los gobiernos recortan su gasto público, se podría desencadenar un frenazo aún mayor.

"En 1936 y 1937, el endurecimiento prematuro y súbito de las políticas monetarias y fiscales llevó a Estados Unidos a una recaída en la recesión y la deflación en 1938. Hoy, mientras el crecimiento se recupera, los gobiernos están procediendo a endurecer la austeridad fiscal, y eso ha contribuido a provocar una ralentización en el crecimiento en los últimos trimestres", según el informe.

La cuestión ya es objeto de debate abierto. Si en diciembre a la Reserva Federal le llovieron las críticas por subir los tipos de interés por primera vez en nueve años demasiado pronto, en febrero los líderes de las principales economías mundiales prometían que sus gobiernos seguirían intentando reanimar la demanda.

Pese a esas buenas palabras, desde entonces los únicos que parecen estar haciendo los deberes son los bancos centrales, que han continuado sus políticas de hiperestimulación monetaria en todo el mundo. Pero ya es hora, según los analistas que firman el estudio de Morgan Stanley, de que los que tienen el grifo del gasto se pongan a la tarea.

La conclusión es simple: "Activar la política fiscal podría desencadenar un círculo virtuoso en el que el sector privado invierta de nuevo y se estimule así la creación de empleos y con ella el crecimiento de la renta".       (El Economista, 17/06/16)

8.6.16

La crueldad y/o incompetencia del Banco de España

"(...) Pero al impacto sumamente negativo sobre el bienestar y calidad de vida de las clases populares que han tenido las políticas promovidas por el Banco de España y por el gobierno Rajoy, hay que sumarle el enorme daño al quehacer económico. 

El Estado español, que estaba en superávit cuando se inició la crisis (2007), y que tenía una deuda pública de solo algo más de un 30% del PIB, hoy tiene un elevado déficit y en un nivel de deuda pública que sobrepasa ya el 100% del PIB. A la luz de estos datos, es sorprendente el grado de adhesión del Banco de España al dogma liberal, cuando las políticas inspiradas por este dogma han sido claramente desacreditadas al analizar sus resultados. 

Es difícil sostener que tales políticas hayan conseguido lo que proclamaban que deseaban. En realidad, tales políticas han causado un gran dolor entre las clases populares, consiguiendo lo opuesto a lo que en teoría decían desear. 

Y a pesar de esta obviedad, continúan perjudicándonos, con la impunidad y pomposidad que les da el poder (y las grandes cajas de resonancia que les proveen los mayores medios de información y persuasión), señalando que hay que continuar flexibilizando el mercado de trabajo, bajando los salarios y recortando el gasto público (y específicamente el gasto público social). (...)

La teoría que utiliza el equipo de dirección del Banco de España (incluyendo su gobernador, el Sr. Luis María Linde) es que el mayor problema de España es su supuesta falta de competitividad. De esta lectura derivan que hay que disminuir los salarios para vender los productos más baratos en el exterior, basando su estrategia de recuperación y estímulo de la economía en la necesidad de expandir el crecimiento de las exportaciones. 

Pero este mensaje se ha mostrado poco creíble en base a los datos procedentes tanto de España como de otros países –sobre todo en Latinoamérica- que quisieron salir de la crisis a base de las exportaciones, devaluando la demanda doméstica a base de bajar los salarios. En todos ellos esta estrategia ha fracasado, y por causas muy comprensibles. En realidad, durante los años de gran crisis las exportaciones en España han ido bien, sin descender. Es más, subieron sin que ello significara una salida de la crisis. Y ello es fácil de entender.

El mayor estímulo de la economía no procede de las exportaciones, sino de la demanda doméstica, que a su vez procede de dos factores: el número de asalariados y el nivel de sus salarios, por un lado, y el gato público por el otro. Estos dos factores son claves para entender el consumo y la demanda doméstica, el crecimiento económico y la producción de buen empleo.

La evidencia de ello es clara y contundente. La manera como EEUU salió de la Gran Depresión fue a base de un gran aumento del gasto público y una expansión de la población ocupada y de los salarios (mediante el estímulo de la sindicalización, incentivada por las políticas del gobierno federal). Algo parecido ocurrió inmediatamente después de la II Guerra Mundial en Europa, en donde las economías estaban en recesión. 

La solución fue un gran aumento del gasto público (estimulado por el Plan Marshall), el establecimiento del Estado del Bienestar y un crecimiento de los sindicatos. Y ahora que estamos en una situación que para millones de españoles es semejante a la Gran Depresión, el Banco de España aconseja bajar los salarios y reducir y desmantelar el Estado del Bienestar.

Está claro que o son incompetentes (lo cual no descarto para el equipo de dirección del Banco de España), o son tan fanáticos con su dogma neoliberal que a pesar de todo siguen siendo insensibles al enorme daño que están causando. En realidad es justa la pregunta de cómo pueden ser tan insensibles. Y la respuesta es también fácil de ver. Es su servilismo y docilidad hacia el capital financiero (a la banca privada) y hacia el mundo empresarial, que están consiguiendo lo que siempre desearon. 

Hoy las rentas del capital en España (como porcentaje de las rentas totales) son ya superiores a las rentas del trabajo. Una situación única en la UE-15 (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo al que tiene España). Y ahí está la raíz del problema. La pobreza de la demanda y la pobreza de la población y del sector público se deben a que la mayoría de ingresos al Estado proceden de las rentas del trabajo. Al descender estas, desciende la demanda y aumenta la pobreza. 

Pero el Banco de España prefiere ignorar esta situación. Quiere que continúen la precariedad, los bajos salarios y los recortes. Y todo ello propuesto por un gobernador y unos consejeros que tienen los contratos más rígidos y más estables, y unos de los salarios más altos que hay en España, los cuales, desde la élite y casta donde viven, aconsejan que se haga lo opuesto para todos los demás. Así es el Banco de España."               

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 7 de junio de 2016, en www.vnavarro.org, 07/06/16)

24.5.16

Solo hay una salida: una expansión cuantitativa dirigida directamente a aliviar la deuda de familias, no de la banca sistémica

"(...) Nos encontramos ante el final de un ciclo, al borde de un nuevo colapso económico global cuyo epicentro, como hemos detallado hasta la saciedad, se localiza en un sistema financiero quebrado, a punto de colapsar.

 Bajo una “financiarización” sin límites de la economía, la ortodoxia económica propuso para salir de la crisis una combinación de política fiscal restrictiva, política monetaria expansiva, y deflación salarial, absolutamente inadecuada, perversa, errónea. (...)

Se puede afirmar sin tapujos que sus recetas económicas han fracasado. Como corolario, no paran de revisar de manera continuada y adaptativa sus previsiones económicas a la baja. El inconveniente es que sus políticas afectan a la gente, tienen consecuencias en nuestras vidas, no son neutras. Y en el trasfondo, las enormes ayudas, subsidios, encubrimientos y protecciones a la banca sistémica mundial.

 El problema subyacente es la falta de demanda agregada global, fruto de sus políticas: deflación salarial, inflación de activos, endeudamiento global, ausencia de inversión productiva, desigualdades, insolvencia del sistema bancario, caída de la productividad. No han dado una. 

Pero como respuesta, erre que erre, el Banco Central Europeo (BCE) ha intensificado su estímulo monetario, al igual que el Banco de Japón. Incluso los Bancos Centrales de Suecia y Suiza han fijado tipos de interés negativos.

 ¿De verdad no se han dado cuenta que el multiplicador monetario no ha funcionado, al estar en trampa de la liquidez? (...)

La política de tipos cero, la expansión de balances, solo generan burbujas y desigualdad. Lo mismo sucederá con los tipos de interés negativos. Desde el lado de la política monetaria solo hay una salida: una expansión cuantitativa dirigida directamente a aliviar la deuda de familias, no de la banca, de manera que permita mantener un nivel de gasto razonable.

El error de proteger a la banca sistémica

Lo que los Bancos Centrales deberían haber hecho, y aún a fecha de hoy deberían estar haciendo, era, y es, centrarse en un correcto mecanismo de transmisión de la política monetaria a través del flujo o canal crediticio. Para ello los Bancos Centrales deberían haber restaurado la capacidad y disposición de los bancos locales para prestar a las pequeñas y medianas empresas.

 Sin embargo, en el mundo entero, la autoridad monetaria sólo se centró en rescatar y proteger a la banca sistémica, cuya excesiva asunción de riesgos y prácticas abusivas causaron la crisis de 2008. Por contra, dejaron a su suerte a un inmenso número de pequeños bancos que sí que estaban preocupados por la restauración de la inversión, el empleo y el crecimiento. Y lo que han generado son auténticas armas de destrucción masiva. (...)

En su informe What’s Wrong with Banking and What to Do About It  Admati analizaba por qué el sistema bancario es demasiado frágil e ineficiente, y proponía diversas líneas de actuación.

 Permítanme, sin embargo, comentar hoy brevemente un artículo muy reciente de Aristóbulo de Juan Los Problemas de la Unión Bancaria publicado en el diario El País. Se trata de un artículo minucioso, excelente, a cuya lectura me remito, pero del cual se extraen aspectos tangentes y complementarios al análisis de Anat Admati. (...)

El otrora Director General de Banco de España y persona clave en el diseño del rescate bancario español de la década de los 80, señala en el artículo aspectos muy jugosos sobre la Unión Bancaria en la Unión Europea (...)

Por un lado, “no se refuerza la vigilancia de la pérdida de valor de los activos, verdadera causa de la insolvencia y de las crisis bancarias”,… “e incluso las exigencias regulatorias de capital validan componentes de escasa calidad y conceptualmente muy discutibles, por ser onerosos o exigibles o por carecer de sustancia económica o de liquidez -activos fiscales diferidos y ciertos títulos híbridos-“.

 Por otro lado, “las inspecciones dirigidas por el Mecanismo Único de Supervisión evitan que se cuantifiquen los ajustes, reduciendo al mínimo la duración de las inspecciones”,… “abandonando incluso un mecanismo clave para una buena supervisión, la revisión de los expedientes de crédito de cara a detectar la capacidad de pago del deudor”. 

Estos diagnósticos defectuosos supondrán, respecto al mecanismo de resolución, “retrasar, obstaculizar e incluso impedir el tratamiento pronto y eficaz de la insolvencia”. Impactante, ¿verdad?

En definitiva, termina rematando Aristóbulo de Juan, “un diagnóstico y un tratamiento tardío o equivocado de la insolvencia encarecería fuertemente las soluciones, que serían sufragadas por los propios sistemas financieros y el “bail-in” de los acreedores… sin excluir incluso a los contribuyentes”. 

En resumidas cuentas, los Bancos Centrales vuelven a proteger a la banca sistémica frente al interés general de la ciudadanía. ¿Para esto querían algunos la independencia de los Bancos Centrales? ¿Para cuándo una auditoría del BCE?"                (Juan Laborda, Vox Populi, 20/04/16)

18.5.16

La caída de la demanda será el próximo cisne negro de la economía mundial

"El próximo 'cisne negro' para la economía mundial puede ser el bajo nivel de consumo, señala a CNBC el economista principal de la empresa analítica Prevedere, Andrew Duguay. En lenguaje económico se llama 'cisne negro' a eventos que es poco probable que ocurran pero que de todas formas influyen en los consumidores. 

Según sus previsiones, en un futuro próximo se incrementará el número de señales de que la recesión global está cerca, pero la "debilidad de los consumidores" será la principal razón para el inicio de una crisis económica a gran escala. Duguay detalla que el nivel de consumo está influenciado por tres factores: los salarios, la inflación y la confianza del consumidor.

 El último informe sobre el mercado de trabajo en EE.UU. mostró un estancamiento de los salarios. Esta falta de crecimiento de los sueldos puede afectar el comportamiento de los consumidores y su forma de pensar, empujándolos a ahorrar más que comprar. (...) 

 El analista constata que actualmente los consumidores están empezando a reducir su gasto en bienes y servicios al sentir los efectos de la caída en el comercio mundial, lo que puede al final derrumbar la economía global. (...)"                          (Jaque al neoliberalismo, 16/05/16)

13.5.16

Desde el año 2007 los Bancos Centrales han creado 12,2 billones de dólares para tapar el agujero de la banca mundial

"(...) Según datos del Bank of America, desde el año 2007 los Bancos Centrales han creado 12,2 billones de dólares para comprar activos a entidades financieras. El objetivo de esta política monetaria no ha sido otro que tapar el gran agujero en el que se ha visto envuelto el sector financiero.

 Pero el parche no ha servido para reactivar la economía mundial tal como se había pregonado. Los resultados saltan a la vista. Todas las previsiones para este y los próximos años siguen siendo pesimistas. 

Los Bancos Centrales también han reducido los tipos de interés hasta en 600 ocasiones con la intención de abaratar los préstamos. Cada vez es más común observar a países con tasas de interés negativas. Esta política tampoco ha dado sus frutos de cara a impulsar un modelo económico productivo. 

¿Por qué son insuficientes o ineficaces estas políticas centradas en lo monetario para avivar la economía mundial? La respuesta está en la propia raíz del orden económico del capitalismo neoliberal. En tanto todas las fórmulas estén centradas en la política monetaria, en salvaguardar a la banca, la economía seguirá cojeando sin ningún tipo de indicio de recuperación.  (...)

Mientras se llevan a cabo políticas monetarias expansivas, las políticas fiscales son restrictivas. De nada sirve, implementar continuamente políticas de relajación cuantitativa que imprimen más y más billetes si la economía no está preparada para este nuevo escenario. No están dadas las condiciones básicas de la economía real para recuperarse únicamente porque un helicóptero siga lanzando dinero desde el aire.

 El dinero va a parar a unas pocas manos, que sanean sus balances contables, mientras en el resto todo sigue igual, o peor. Los estímulos monetarios entran en contradicción con las políticas de austeridad impuestas desde lo fiscal y lo salarial. 

¿Quién se atreve a pedir dinero prestado para invertir en la economía real si no hay demanda efectiva que garantice una tasa de retorno positiva y estable? No hay demanda segura porque el empobrecimiento salarial del 99% de la población explica la merma del poder de compra. Y ahora, a diferencia de lo que sucediera en otros momentos históricos, tampoco hay capacidad de expandirse más allá de las fronteras.  (...)

El 10 de marzo pasado, Draghi, presidente del Banco Central Europeo, decidió una especie de “super emisión” que incluía no solo a los bancos, sino también la posibilidad de financiar las obligaciones societarias de las grandes empresas industriales. Nuevamente, la ortodoxia monetaria creyendo en los milagros económicos.
¿Será efectivo esto en tanto Europa sigue sumergida en un mar de austeridad? La respuesta sigue siendo negativa. El verdadero propósito de esta medida es cubrirles las espaldas a las grandes empresas industriales (alemanas en su mayoría) para que recuperen su tasa de ganancia por la vía exportadora. 

La demanda interna europea se recuperaría con mayor salario, con más empleo, aumentando los niveles de productividad, con más inversión en ciencia y tecnología. Pero no. Lo que se propone es conseguir más mercados afuera para colocar todo lo que no se logra vender adentro. De ahí, la importancia que tiene la reciente ola de tratados comerciales promovidos desde Europa. No importa la política fiscal pero sí la comercial. 

Mientras la salvación económica sea limitada a lo monetario, a lo financiero, y nos sigamos olvidando de la economía real, estaremos ante un callejón sin salida.(...)"            (Alfredo Serrano Mancilla
 , CELAG, en Rebelión, 13/05/16)

5.4.16

La crisis estructural de nuestro sistema está en plena expansión... porque sin una demanda efectiva, no puede haber acumulación de capital.

"(...) Ahora todos estamos en un juego de espera. ¿Acaso las tímidas jugadas recomendadas por el FMI y la OCDE restañarán la realidad de una demanda mundial en declive? ¿Podrá resistir el dólar una ulterior pérdida de la confianza en su capacidad para ser un repositorio estable del valor? ¿O nos movemos hacia un alocado vaivén mucho mayor y más severo en el llamado mercado, con todas las consecuencias políticas que esto sin duda acarreará?

Una caída en la demanda mundial es la consecuencia directa de una reducción en el empleo mundial. En los últimos 200, inclusive 500 años, cada vez que había un cambio tecnológico que desaparecía empleos en alguno de los sectores productivos, los obreros que estaban perdiendo su empleo resistieron estos cambios. Quienes resistían se involucraron en las llamadas demandas ludditas de mantener la tecnología previa.

Políticamente, la resistencia luddita siempre ha demostrado ser infructuosa. Las fuerzas del establishment dijeron siempre que se crearían nuevos empleos en reemplazo de aquellos que se perdieron, y que se renovaría el crecimiento. Y era cierto. De hecho se crearon nuevos empleos –pero no entre los trabajadores de cuello azul. Más bien los nuevos empleos fueron trabajos de cuello blanco. (...)

 Se ha asumido siempre que los empleos de cuello blanco estaban exentos de eliminación. Se suponía que estos empleos requerían interacciones de humanos con otros humanos. Se pensaba que no había máquinas que pudieran reemplazar al trabajador humano. Bueno, eso ya no es así. (...) 

 Sin embargo, ahora, cuando desaparecen puestos de cuello blanco, ¿dónde está el contenedor de los nuevos empleos que vayan a crearse? Y si no pueden ser localizados, el efecto global es que disminuyen severamente la demanda efectiva. Sin embargo, la demanda efectiva es el sine qua non del capitalismo como sistema histórico. Sin una demanda efectiva, no puede haber acumulación de capital. 

Ésta es la realidad que parece colarse reptando. No sorprende entonces que se expresen las preocupaciones. Pero no es probable que los tímidos intentos de lidiar con esta nueva realidad hagan, de hecho, una diferencia. La crisis estructural de nuestro sistema está en plena expansión. La gran pregunta no es si podemos reparar el sistema, sino con qué vamos a reemplazarlo. "                        (Immanuel Wallerstein, La Jornada, en Jaque al neoliberalismo, 13/03/16)

22.3.16

¿Cuál es la solución si se quiere incrementar la demanda agregada en épocas de deflación? Gasto en educación, salud, infraestructura y desarrollo de nuevas tecnologías, sin temor de incurrir en déficit

"(...)¿Cuál es la solución si se quiere incrementar la demanda agregada en épocas de deflación? Una posibilidad de la que se habla hoy con más frecuencia es la del helicóptero monetario. 

Esta es una idea propuesta originalmente por el gurú del monetarismo contemporáneo, Milton Friedman, en 1969 (en su artículo La cantidad óptima de dinero). La imagen utilizada por Friedman fue la siguiente: si un banco central quisiera salir de la deflación y promover el crecimiento podría darle a la ciudadanía una transferencia directa de dinero, tal y como si un helicóptero dejara caer dinero sobre una comunidad. 

Esta transferencia directa tendría que ir acompañada de la certeza de que esta expansión de la oferta monetaria sería única: los consumidores podrían gastar libremente el dinero adicional, llevando la inflación al nivel deseado por el banco central. 

En 2012 Ben Bernanke desarrolló esta idea señalando que esto se podría llevar a cabo a través de reducciones en los impuestos directos, lo que llevaría a un incremento del déficit fiscal que podría ser financiado con creación monetaria por parte del banco central. 

 La gran diferencia entre el dinero esparcido por un helicóptero y la actual política de flexibilidad monetaria es que ésta sólo ha servido para comprar activos financieros (bonos del tesoro, por ejemplo) a cambio de reservas bancarias. Esto podría servir para que los bancos experimentaran menos restricciones y pudieran reanudar sus actividades de préstamos. 

 Pero la carga del sobrendeudamiento de familias y empresas ha impedido la expansión del crédito. Las transferencias directas realizadas por el helicóptero monetario irían a las manos del consumidor sin intermediación. No habría que esperar a que una especie de efecto de goteo desde el sector financiero lleve a un incremento del poder de compra de los consumidores. 

Claro, el helicóptero monetario es una simple metáfora: de lo que hay que hablar es de una redefinición de la política fiscal. Para que funcione esta política de transferencias directas se requiere rediseñar las relaciones entre el gasto público y el banco central. Específicamente, se necesita abandonar la idea de la autonomía del banco central y restablecer las condiciones bajo las cuales el gobierno puede cubrir un déficit fiscal a través de su monetización. 

De esta manera la política fiscal podría redirigirse a incrementar el gasto en educación, salud, infraestructura y desarrollo de nuevas tecnologías sin temor de incurrir en un déficit que sólo puede cubrirse a través de mayor endeudamiento en los mercados financieros. La política fiscal debe poder utilizarse plenamente y eso precisa una relación nueva entre gobiernos y bancos centrales. 

Eso debe ir acompañado de controles democráticos en un contexto republicano que evite los abusos de gobiernos irresponsables o corruptos, pero también los abusos del sector financiero (al que hoy en día están sometidos los bancos centrales en todo el mundo). Los dogmas neoliberales deben ser abandonados si se quiere salir de la deflación. "                    (Alejandro Nadal, La Jornada, en Jaque al neoliberalismo, 16/03/16)

10.3.16

Gobernador del Banco de Inglaterra: medidas desesperadas. Financiar directamente a los consumidores de ingresos medios y bajos, y aumentos salariales generalizados de todos los empleadores privados

"(...) El agua barata abunda, pero el caballo se niega a beber. Ante la falta de señales inflacionarias y un crecimiento aún tibio y frágil, muchos pronostican desde un ritmo crónicamente lento hasta  una nueva recesión global.

Pero las autoridades tiene una opción más: adoptar una política fiscal “más pura”, financiando directamente el gasto público con emisiones adicionales de dinero, el llamado “salvamento desde el helicóptero”. Los fondos se saltarían los sectores financieros y corporativos para ir directamente a los caballos más sedientos: los consumidores de ingresos medios y bajos. 

El dinero podría llegar a ellos sin intermediarios, y también mediante inversiones en infraestructuras que mejoren la productividad y creen empleos. Al dar poder de compra a quienes más lo necesitan, la financiación monetaria directa del gasto público también ayudaría a mejorar la capacidad de inclusión de las economías en las que la desigualdad aumenta rápidamente.

En la actualidad, economistas tanto de izquierda como de centro proponen esta política. En cierto sentido, incluso algunos “conservadores” (aquellos que apoyan más gastos de infraestructura, pero también desean reducir impuestos y se oponen a un mayor endeudamiento) la apoyan de facto.

Últimamente han surgido propuestas más radicales que reflejan una sensación de urgencia y desilusión generalizada con la actual política monetaria. Más allá de manifestar su apoyo a un aumento de los salarios mínimos, algunos llaman a adoptar “políticas de ingreso inverso”

 O lo que es lo mismo, que los gobiernos impongan aumentos salariales generalizados a todos los empleadores privados, medida que estimularía los precios y eliminaría las expectativas deflacionarias. El hecho de que haya economistas cuyos puntos de vista nada tienen que ver con la izquierda que estén incluso planteándose un intervencionismo de este tipo muestra lo extremo de las circunstancias.

En cierta forma soy partidario de todas estas propuestas. Obviamente, los detalles de su puesta en marcha tendrían que variar dependiendo de las circunstancias de cada país. 

(...) hay otra dimensión del desafío que hasta ahora no se ha recalcado lo suficiente, a pesar de las advertencias de Carney, Roach y otros. Cuando se vuelven cuasi-permanentes, las tasas de interés reales cero o negativas socavan la asignación eficiente del capital y crean condiciones que facilitan burbujas, colapsos y crisis. 

También contribuyen a una mayor concentración del ingreso en los niveles más altos, afectando a los pequeños ahorradores y creando oportunidades para que los grandes actores financieros se beneficien del acceso a ahorros a coste real negativo. Por poco ortodoxo que pueda sonar, es probable que a la economía mundial le convenga tener tasas de interés ligeramente mayores. (...)

1.3.16

Financial Times: nada ha funcionado, es el momento de que los bancos centrales envíen el dinero (electrónico) directamente a las cuentas de los ciudadanos... cousas veredes

"A vueltas con el 'helicóptero del dinero'.  Martin Wolf, economista y redactor jefe del Financial Times, vuelve a insistir con esta opción para reanimar la economía de los países desarrollados. 

En su último artículo de opinión asegura que las herramientas convencionales y no convencionales de política monetaria utilizadas hasta ahora no han funcionado. De modo que ha llegado el momento de que los bancos centrales envíen dinero directamente a las cuentas de los ciudadanos.

Wolf hace referencia al famoso y exitoso gestor de fondos Ray Dalio: "La economía mundial no sólo se ha desacelerado, sino que se ha demostrado que 'la política monetaria 1' (bajos tipos de interés), la 'política monetaria 2' (compra masiva de activos o QE), se han agotado de forma clara. Por lo tanto, Dalio cree que el mundo necesita una 'política monetaria 3' que vaya directamente dirigida a incrementar el gasto.

 Esta política también ha sido defendido por Adair Turner, expresidente de la Autoridad de Servicios Financieros de Reino Unido". 

Por otro lado están los tipos de interés negativos (lo que parece una nueva herramienta), como los que están poniendo en marcha el BCE, Japón, Suecia o Dinamarca. Los tipos negativos a los depósitos de los entidades en el banco central "generan intereses negativos en los mercados sin imponer intereses negativos a los depositantes minoritarios... 

Pero por otra parte no está demasiado claro si son eficaces". Algunos expertos también han argumentado que no sólo no serán eficaces, sino que pueden llegar a ser contraproducentes. 

Enviar dinero electrónico

La opción favorita de Wolf es el 'helicóptero del dinero'. "Esto es una emisión permanente de dinero con la intención de incentivar la adquisición de bienes y servicios, ya sea por los gobiernos o por los hogares... Si el dinero fuera directamente utilizado por el gobierno, para reducir impuestos o ingresado directamente en las cuentas corrientes de las personas, seguramente tendría efecto", asegura Martin Wolf.

Y es que, visto lo visto "los gobiernos no parecen estar dispuestos a comportarse de forma sensata", puesto que a pesar de que los costes por emitir deuda son históricamente bajos no parecen estar dispuestos ha incrementar el gasto en inversión (vía déficit público) para reactivar la economía. 

Dada esta situación, "los bancos centrales se quedan como únicos jugadores. Se les puede asignar la tarea de enviar dinero, a ser posible en formato electrónico, a todos los ciudadanos adultos. ¿Incrementaría esto la demanda? Absolutamente sí", sentencia el célebre economista.

El dinero enviado debería ser electrónico, porque de ese modo serviría a partes iguales para los bancos y para los ciudadanos. Si el dinero se entrega a cada individuo de forma física, estos podrían decidir guardar los billetes debajo del colchón o invertirlo en oro, dos movimientos que servirían para poco a la hora de incrementar la demanda.

 Mientras que el dinero electrónico puede ser usado por los bancos para poner en marcha el multiplicador monetario y dar crédito, a la par que puede ser utilizado por los ciudadanos para consumir.

Para concluir su opinión, Wolf termina advirtiendo a los políticos: "Deben prepararse para una 'nueva normalidad' en la que la política será más incómoda y menos convencional. ¿Puede el mundo escapar de esta debilidad crónica de demanda? Absolutamente sí. ¿Lo hará? Eso exige una gran audacia. Cuando se ha agotado todo lo que parece posible, lo que queda, por muy improbable que parezca, debe ser la respuesta".     (El Economista, 26/02/16)