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22.4.25

Wolfgang Munchau: Los empleos en la industria automotriz estadounidense no volverán. Las fábricas del mañana serán de cuello blanco... ¿dónde quedan los fabricantes de automóviles europeos, como Jaguar, Land Rover, Audi y Porsche, que venden coches en EE.UU. pero no tienen plantas de producción allí? Para anular los aranceles, tendrían que construir fábricas en Estados Unidos, reinventando así toda su cadena de suministro. Algunos lo harán, pero muchos no... La revolución de la cadena de suministro ha sido el gran acontecimiento industrial de los últimos 30 años. Pero pronto habrá otra gran revolución industrial: La Industria 4.0... lo que realmente distingue a la Industria 4.0 de su predecesora es la dependencia de volúmenes masivos de datos, que se almacenarán y procesarán en centros de datos de alto consumo energético del tipo que solo China y Estados Unidos tienen actualmente ... Alemania no dispone de energía barata, la fusión nuclear podría cambiar el panorama, pero aún faltan décadas De todos los países del mundo, ninguno está mejor situado para la Industria 4.0 que China. Puede que Estados Unidos también lo consiga. Pero los europeos vamos irremediablemente rezagados... Mantengo la mente abierta sobre si Trump fracasará o tendrá éxito... La vía más probable para que Trump triunfe es a través de la Industria 4.0... Sus aranceles son burdos. Pero creo que ha dado en el clavo. También lo hizo Joe Biden con su engañosamente llamada Ley de Reducción de la Inflación, un amplio programa de subvenciones para atraer a las industrias globales a trasladarse a Estados Unidos

 "En la rueda de prensa en la Rosaleda de la Casa Blanca con la que soltó el torbellino de aranceles de este mes, Donald Trump subió al atril a un trabajador jubilado de la industria automovilística de Detroit. Subió Brian Pannebecker, del sindicato United Auto Workers. «He visto cerrar planta tras planta, en Detroit y en el área metropolitana de Detroit», dijo Pannebecker. Las políticas de Trump, dijo, harían que esas plantas volvieran a la vida.

Pannebecker representa una parte clave de la coalición de Trump, y su observación de la muerte de la industria es totalmente correcta. Donde se equivoca es en la idea de que Trump arreglará el problema. Las políticas de Trump seguramente atraerán empresas de vuelta a Estados Unidos. Sin embargo, no serán empresas en las que trabajen o quieran trabajar los miembros de United Auto Workers. La manufactura volverá, pero no el tipo de manufactura de Pannebecker.

Lo que ocurrió en lugares como Detroit es la consecuencia de que una de las ideas más poderosas de la economía saliera terriblemente mal: La teoría de la ventaja competitiva comparativa de David Ricardo. La versión simplificada de su idea es que los países deben renunciar voluntariamente a hacer cosas en las que son buenos por hacer cosas en las que son mejores. Así es como Estados Unidos y el Reino Unido abandonaron la industria manufacturera. Así es como Detroit perdió fábricas de automóviles, y cómo China y Alemania las ganaron.

 Hay un gran problema con esta idea. Se trata de gente como Pannebecker. Ricardo tenía razón en conjunto: los ganadores de la globalización ganaron más de lo que perdieron los perdedores. Pero lo que importa para la política es que haya más perdedores que ganadores. En el lenguaje de la estadística: a los economistas les importan los ingresos medios, o los ingresos totales. A la política le importan los ingresos medios. Es el votante medio el que decide las elecciones.

Aunque el diagnóstico de lo que ha ido mal con la hiperglobalización no es difícil de hacer, es más difícil pensar en lo que viene después. Vivimos en un mundo creado por un periodo de nueve años de acuerdos comerciales que comenzó con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre EE.UU., Canadá y México en 1992; continuó con la creación de la Organización Mundial del Comercio en 1995; y concluyó con la adhesión de China a la OMC en 2001. En todo el mundo, estos cambios supusieron una expansión masiva del comercio mundial. En Estados Unidos, desencadenaron la deslocalización industrial. Esto ocurrió hace más de 20 años, y desde entonces el mundo de la industria ha cambiado hasta volverse irreconocible.

 Lo que solía hacer la vieja industria era recibir materias primas como el acero o los plásticos -el «producto» al que se refiere Pannebecker- y transformarlas en un producto acabado. Las fábricas empleaban a miles, a veces decenas de miles de trabajadores. Si usted vive en Scunthorpe, en el noreste de Inglaterra, es probable que sea un trabajador del acero o que tenga un trabajador del acero en su familia. Si vivía en Detroit en los años sesenta, o trabajaba en el sector del automóvil o se dedicaba a la música.

La globalización no sólo expulsó a las empresas de Estados Unidos y el Reino Unido. Cambió la forma de trabajar de las empresas industriales. Las empresas manufactureras modernas no se parecen en nada a las plantas industriales de antaño. Es mejor pensar en ellas como redes globales de cadenas de suministro que como empresas con una planta y un comedor para los trabajadores. Los fabricantes de Europa Occidental obtienen sus materias primas de China, y recientemente también de Rusia. Obtienen sus bienes intermedios, que se utilizan en el proceso de producción, de Europa del Este y otras partes del continente euroasiático. Muchas de las fábricas que se ven en Alemania son plantas de montaje final. El principal trabajo de estas plantas es poner el sello Made-in-Germany en el producto acabado.

Tras la rueda de prensa en la Rosaleda, ¿dónde quedan los fabricantes de automóviles europeos, como Jaguar, Land Rover, Audi y Porsche, que venden coches en EE.UU. pero no tienen plantas de producción allí? Para anular los aranceles, tendrían que construir fábricas en Estados Unidos, reinventando así toda su cadena de suministro. Algunos lo harán, pero muchos no.

La revolución de la cadena de suministro ha sido el gran acontecimiento industrial de los últimos 30 años. Pero pronto habrá otra gran revolución industrial: La Industria 4.0. La versión número uno fue la revolución industrial de finales del siglo XVIII. La segunda fue la invención de la producción en masa. Luego vino la revolución digital. La Industria 4.0 consiste en la digitalización de la industria, y su máximo exponente serán las fábricas inteligentes.

Para entender el concepto de fábrica inteligente, recordemos el Internet de las Cosas. Es el término que designa la unión de objetos físicos en una red digital. Piense en el frigorífico que conoce la fecha de caducidad de todo lo que lleva dentro. Ahora aplique esta idea a una fábrica. Las fábricas inteligentes serán operadas por robots, y estarán llenas de sensores que estarán en constante comunicación. Seguirán necesitando materias primas para fabricar cosas, pero dependerán menos de complejas cadenas de suministro globales. Esta es la razón por la que todo el mundo, y no solo Trump, se centra en asegurar el suministro de materias primas críticas como el litio y los metales de tierras raras.

Pero lo que realmente distingue a la Industria 4.0 de su predecesora es la dependencia de volúmenes masivos de datos, que se almacenarán y procesarán en centros de datos de alto consumo energético del tipo que solo China y Estados Unidos tienen actualmente la capacidad de desarrollar a escala. Se necesitará otra generación de comunicaciones móviles, la 6G, para poder transmitir los datos de los sensores de las fábricas a los centros de datos. Los centros de datos se alimentarán con energía barata y estarán supervisados por una mano de obra digitalmente alfabetizada. Estas fábricas seguirán empleando a personas, pero estos empleados tendrán una formación más cercana a la de los trabajadores tecnológicos de Silicon Valley que a la de Pannebecker y sus antiguos compañeros de trabajo.

De todos los países del mundo, ninguno está mejor situado para la Industria 4.0 que China. Puede que Estados Unidos también lo consiga. Pero los europeos vamos irremediablemente rezagados. Mientras nosotros luchamos con nuestro despliegue de comunicaciones móviles 5G, los chinos ya están desarrollando la 6G. El Gobierno chino acaba de aprobar la construcción de una enorme presa hidroeléctrica en el río Yarlung Tsangpo, en el Tíbet. La producción prevista de esta presa será de 60 gigavatios, lo que equivale aproximadamente al consumo medio anual de electricidad de Alemania. La producción será aproximadamente tres veces superior a la de la presa de las Tres Gargantas, hasta ahora la mayor de su clase. La construcción de la presa afectará a las poblaciones locales, desplazará a pueblos enteros y sumergirá antiguos monasterios. También afectará a los medios de subsistencia de las comunidades que viven aguas abajo en Bangladesh e India. Pero su mayor impacto se producirá en el funcionamiento de la industria.

No hay forma de que una Europa centrada en Net Zero pueda competir con esto. Alemania, por ejemplo, fue uno de los grandes ganadores de la revolución mundial de la cadena de suministro. Pero no dispone de energía barata, sobre todo tras el cierre de sus centrales nucleares y la interrupción del suministro de gas barato procedente de Rusia. La fusión nuclear podría cambiar el panorama, pero aún faltan décadas. La Industria 4.0 no va a esperar tanto. Llegará pronto, y lo hará impulsada por presas, fracking estadounidense, energía nuclear y gas. Si hay un país occidental capaz de explotar la ventaja comercial de la Industria 4.0, ese es el Estados Unidos de Trump.

Veo mucho wishful thinking entre los macroeconomistas y otros comentaristas que siguen diciéndonos que las políticas de Trump están destinadas al fracaso. El poeta alemán Christian Morgenstern escribió una vez: «Porque, razona agudamente / Lo que no debe, no puede ser». Mantengo la mente abierta sobre si Trump fracasará o tendrá éxito. Pero si tiene éxito, estoy absolutamente seguro de que será un shock total.

La vía más probable para que Trump triunfe es a través de la Industria 4.0. Es un escenario que pocos de sus críticos tienen en su radar. Esto va especialmente para los economistas que se centran principalmente en el efecto de los aranceles sobre el PIB. Su enfoque podría llevarnos a sacar conclusiones erróneas. Yo mismo entendí la economía del Brexit cuando vi una oscura estadística, publicada por el Departamento de Trabajo y Pensiones del Reino Unido, según la cual el votante británico medio había sufrido una caída de la renta real disponible en los 10 años anteriores al referéndum de 2016. Si te fijaras solo en el PIB, el paro y las métricas oficiales habituales, no habrías visto esto. La fraternidad económica adoctrinada en Ricardo no vio venir el Brexit, ni la reacción contra la globalización.

Es posible que Trump subestime la dificultad de desenmarañar las cadenas de suministro mundiales. Sus aranceles son burdos. Pero creo que ha dado en el clavo. También lo hizo Joe Biden con su engañosamente llamada Ley de Reducción de la Inflación, un amplio programa de subvenciones para atraer a las industrias globales a trasladarse a Estados Unidos. Algunas empresas se trasladarán a Estados Unidos. Apple ya ha anunciado que aumentará su producción en Estados Unidos. También lo ha hecho TSCM, el mayor fabricante mundial de semiconductores, con sede en Taiwán, y la farmacéutica Eli Lilly. Lo que no volverá es la vieja industria, con sus trabajadores sindicalizados.

Uno de los 20 ex compañeros que Pannebecker llevó consigo a la juerga del Día de la Liberación de Trump fue Chris Vitale, trabajador del automóvil de tercera generación. Dijo al Detroit News que la desindustrialización había vaciado su comunidad. Por eso Trump fue elegido. Pero aunque consiga recuperar la industria, me temo que la comunidad de Vitale seguirá vacía."

( , UnHerd, 22/04/25, traducción DEEPL)

27.10.24

Europa al borde del abismo industrial... A medida que los países asiáticos avanzan con velocidad en la innovación tecnológica, España y Europa observan, inmóviles, su propia decadencia... Pero no solo la automoción ha sido golpeada, la industria tecnológica europea también está en declive... Siemens, Alcatel-Lucent y Ericsson trasladan producciones a China... El sabotaje a manos de Ucrania del Nord Stream, fue un golpe fatal para una Europa ya mermada por sus propios errores, lo que ha hecho inviable competir con China y otras economías emergentes... Estos meses desde la UE, a petición de EE.UU, se está incrementando el creciente enfrentamiento comercial con China... Este error estratégico no solo complica las relaciones comerciales entre Europa y China, sino que podría acelerar el colapso de sectores industriales europeos que dependen de las exportaciones. España debe desvincularse de una política económica suicida y una postura política servil, ya que no le aporta beneficio alguno, sino todo lo contrario: pone en riesgo numerosas exportaciones clave hacia China que son fundamentales para nuestra economía... El error de Europa en la escalada de tensiones entre China y EEUU, que arrastra al continente como un mero seguidor, no debería afectar a España. Hay demasiado en juego (Rafael Pérez Gil)

 "Europa, antaño líder en innovación tecnológica y desarrollo industrial, se enfrenta a una crisis estructural que pone en jaque su supervivencia en el escenario global. La industria automovilística, pilar de la economía europea durante décadas, es uno de los sectores más afectados por esta decadencia, atrapada en una trampa de su propia creación.

Mientras Europa ha intentado liderar la transición hacia el coche eléctrico, la realidad es que ha quedado rezagada, siendo superada tanto por EEUU como por China, quienes ahora dictan el ritmo de la evolución tecnológica en el sector. Especialmente China, donde solamente con su comercio interno de coche eléctrico ya supera al de combustión.

Un ejemplo reciente y devastador en Europa es la situación de Northvolt, empresa clave en la producción de baterías eléctricas, cuya incapacidad para reducir su dependencia de la tecnología china ha resultado en una serie de despidos masivos. Esta dependencia expone las debilidades de Europa en un sector que una vez lideró con orgullo: la investigación y desarrollo (I+D).  Ahora, en lugar de ser la vanguardia, Europa va a la zaga de potencias como China y EE.UU., viendo cómo su otrora poderosa industria se desvanece.

A medida que los países asiáticos avanzan con velocidad en la innovación tecnológica, España y Europa observan, inmóviles, su propia decadencia. Un ejemplo es la planta de Nissan en Barcelona, que cerró definitivamente en 2021, dejando a miles de trabajadores desempleados, y ahora cuenta con una propuesta de reapertura por la empresa Omoda, de nacionalidad china. O el caso de Ford en España que ha enfrentado importantes desafíos en los últimos años en términos de empleo y viabilidad de sus operaciones. Ford ha reducido significativamente su plantilla, alrededor de 2.000 puestos de trabajo en menos de 5 años y la incertidumbre sobre el futuro de las instalaciones de Almussafes es real. Además, la situación es más sangrante ya que Ford ha recibido una importante cantidad de fondos públicos en forma de ayudas y subvenciones con el pretexto de mantener su actividad e inversión en España. Sin embargo, la compañía sigue despidiendo personal y anuncia que será necesario ajustar aún más la plantilla. Del mismo modo, en Europa vemos casos como el cierre de plantas de Volkswagen en Alemania, que supone un riesgo para la gran inversión de la marca en Sagunto.

Otro caso paradigmático es el de Bosch, que en 2022 anunció el cierre de su planta en Múnich para 2025, trasladando la producción a países con menores costes laborales. Esta deslocalización, impulsada por la búsqueda de competitividad en un mercado globalizado, refleja una tendencia cada vez más común entre las empresas europeas, que ven inviable mantener sus fábricas en el continente debido a los elevados costes de producción.

Pero no solo la automoción ha sido golpeada, la industria tecnológica europea también está en declive. Siemens, la icónica empresa alemana, ha reducido drásticamente su capacidad productiva en Europa, externalizando gran parte de su fabricación a China y el sudeste asiático. O el declive de Alcatel-Lucent, empresa francesa de telecomunicaciones que había sido un referente en la industria tecnológica, cuya competencia con China la obligó a reducir su actividad en Europa, contribuyendo a la desaparición de empleos altamente cualificados. Otro ejemplo es la empresa sueca Ericsson, pionera en telecomunicaciones, que ha reducido considerablemente su producción en Europa y ha trasladado gran parte de su cadena de suministro a China y otros países asiáticos. Este cambio refleja la incapacidad de Europa para mantener industrias competitivas en un contexto globalizado y dominado por potencias emergentes.

La situación de la industria se ve agravada por un error estratégico en cuanto a los costes energéticos entre otros temas, lo que ha hecho inviable competir con China y otras economías emergentes. En lugar de liderar el cambio hacia energías renovables con agilidad, Europa ha sido lenta y torpe en su transición energética. A ello se suma la decisión, influenciada por EEUU., de cortar lazos energéticos con Rusia en el contexto de la guerra de Ucrania o con América Latina. Esta acción, impulsada por intereses geopolíticos espurios y en beneficios económicos para los norteamericanos, ha resultado en un encarecimiento brutal del suministro energético europeo, dificultando aún más la competitividad de su industria. El sabotaje a manos de Ucrania del Nord Stream, fue un golpe fatal para una Europa ya mermada por sus propios errores. Lo que con un contexto de paz habría sido una oportunidad para fortalecer la cooperación con Rusia y otros países estratégicos como Venezuela, Brasil o países centro-africanos, se ha convertido en una herida abierta que drena los recursos y la capacidad de reacción de la industria y la economía europea.

Mientras tanto, Europa ha seguido perdiendo oportunidades diplomáticas con América Latina, África y otros países emergentes, donde un enfoque más pragmático, respetuoso con los derechos humanos y menos subordinado a los intereses de EE. UU podría haber generado alianzas estratégicas. En lugar de ello, la política exterior europea, por orden de Washington, ha apostado por embargos y conflictos innecesarios, alineándose con los intereses de la OTAN. Un ejemplo del desvío de prioridades es la reciente apuesta por la industria armamentística, una estrategia no solo negligente y contraproducente, sino que también refuerza la imagen de una Europa que fomenta la guerra en lugar de la paz. Esta estrategia, en lugar de fortalecer el continente, lo debilita al desviar recursos y esfuerzos de áreas clave como la innovación tecnológica, la transición energética y la producción industrial. Europa ha desperdiciado la oportunidad de ser ejemplo y valedor de la paz en el mundo y ahora forma parte del problema.

Estos meses desde la UE, a petición de EE.UU, se está incrementando el creciente enfrentamiento comercial con China que añade otra capa de complejidad a la crisis industrial europea. Los aranceles impuestos a productos chinos, mientras se presentan como una medida de protección, corren el riesgo de eliminar las ya de por sí reducidas oportunidades de exportación a uno de los mercados más dinámicos del mundo. Este error estratégico no solo complica las relaciones comerciales entre Europa y China, sino que podría acelerar el colapso de sectores industriales europeos que dependen de las exportaciones.

España debe desvincularse de una política económica suicida y una postura política servil, ya que no le aporta beneficio alguno, sino todo lo contrario: pone en riesgo numerosas exportaciones clave hacia China que son fundamentales para nuestra economía. El error de Europa en la escalada de tensiones entre China y EEUU, que arrastra al continente como un mero seguidor, no debería afectar a España. Hay demasiado en juego.

Por todo esto podemos afirmar que la industria europea ha sido, en muchos sentidos, víctima de su propia trampa. A medida que las potencias emergentes como China, India y Brasil avanzan rápidamente en la creación de nuevas tecnologías y mercados, Europa se enfrenta a una encrucijada. La deslocalización de empresas clave es solo la punta del iceberg, si Europa no reevalúa su papel en el escenario global, corrigiendo sus errores estratégicos en energía, derechos humanos, diplomacia y tecnología, no solo perderá su relevancia, sino que podría condenar a su industria a la desaparición total en el corto y medio plazo. El tiempo para una reacción efectiva se agota y las decisiones que se tomen en los próximos meses determinarán si Europa puede recuperarse o si se hundirá irremediablemente en la irrelevancia industrial, laboral y económica."

(Rafael Pérez Gil..Responsable federal de política municipal de Izquierda Unida, Público, 25/10/24)

11.4.24

El ajuste de cuentas económico de Alemania... La pérdida del gas ruso barato ha socavado el modelo industrial alemán... la competencia china en el sector del automóvil y una política industrial estadounidense asertiva están causando daños económicos... A medida que los componentes de producción se trasladan fuera de Alemania, las cadenas de suministro se fragmentan y se dispersan conocimientos y competencias cruciales... Dado que los puntos fuertes tradicionales de la economía alemana son las industrias basadas en los combustibles fósiles, que consumen mucha energía, la próxima transición exigirá grandes inversiones públicas y privadas... Berlín debería animar a las capitales europeas a considerar empresas conjuntas que puedan replicar el éxito del fabricante de aviones Airbus, que se desarrolló como un esfuerzo cooperativo entre Francia, Alemania, España y el Reino Unido. Un unicornio paneuropeo de la IA no está garantizado, pero seguir trabajando con la inteligencia artificial puede reportar otros beneficios. Alemania, con sus vastos conocimientos sobre fabricación, puede ayudar a las empresas europeas a utilizar la IA para aumentar la eficiencia (Sudha David-Wilp)

  "Cuando las fuerzas rusas invadieron Ucrania hace dos años, Alemania se preparó para un doloroso ajuste de cuentas. El ejército alemán carecía de fondos suficientes y no estaba preparado para responder a una amenaza a la seguridad de esa magnitud. Aproximadamente la mitad del carbón y el gas natural de Alemania, además de un tercio de su petróleo, se importaba de Rusia, una dependencia que Moscú podía convertir en arma si lo deseaba. Berlín había disfrutado del ahorro que suponía mantener unas fuerzas armadas reducidas y comprar gas ruso barato. Pero Alemania ya no podía permitirse el lujo de descuidar su capacidad militar, ni podía permitir que su dependencia de la energía rusa diera al Kremlin el poder de socavar la economía alemana y dividir a Europa.

 Berlín ha hecho progresos en el frente militar. Pocos días después de la invasión rusa, el Canciller Olaf Scholz anunció una Zeitenwende, o punto de inflexión, para hacer frente a los nuevos retos geopolíticos de Alemania. Puede que la política no se ejecute a la perfección -los trámites burocráticos y los retrasos en la toma de decisiones han ralentizado su aplicación-, pero los esfuerzos para aumentar el presupuesto de defensa alemán y modernizar las fuerzas armadas del país están en marcha. Con la ayuda de una asignación especial de 100.000 millones de euros, Alemania va camino de alcanzar este año el objetivo de gasto en defensa de la OTAN del dos por ciento del PIB. Scholz se ha comprometido a mantener este nivel de gasto a largo plazo, y su ministro de Defensa ha sugerido aumentar aún más el presupuesto. Alemania ha recorrido un largo camino desde su mísera oferta de enviar cascos a Ucrania al comienzo de la guerra: hoy en día, la ayuda militar del país a Kiev es la segunda después de la de Estados Unidos.

 Sin embargo, en lo que respecta a la economía alemana, las tendencias recientes son más preocupantes. La pérdida del gas ruso barato ha socavado el modelo industrial alemán. Aunque el repunte inicial de los precios de la energía tras la invasión de 2022 ha remitido, no se espera que los costes vuelvan pronto a los niveles de antes de la guerra. En 2023, la economía alemana se contrajo un 0,3%. El Vicecanciller y Ministro de Economía, Robert Habeck, advirtiendo de las "aguas revueltas" que se avecinan, ha previsto que el crecimiento del país en 2024 alcance apenas el 0,2%. Las nuevas presiones explican la reciente contracción, pero los problemas económicos de Alemania son más profundos. En la última década, Berlín ha evitado realizar inversiones y reformas fundamentales para atraer a trabajadores cualificados y adaptarse a un mundo basado en los datos. Y Berlín ha insistido a menudo en que lo que es una política fiscal buena y comedida para Alemania es también lo correcto para la UE, una mentalidad predominante que, al limitar la inversión pública en muchos Estados miembros, ha impedido que las economías europeas se adapten a las nuevas condiciones.

Puede que los intereses de Alemania y los de la UE no coincidan perfectamente, pero Europa necesita a Alemania para ser una potencia económica. Alemania es la tercera economía del mundo y el mayor contribuyente al presupuesto de la UE. Y aunque las mediciones de la salud económica de la UE, incluidas su balanza por cuenta corriente, productividad y estadísticas de deuda, apenas dan motivos de alarma, si la economía alemana se debilita, este panorama puede cambiar. Europa podría perder su capacidad para responder a las crisis, incluida la guerra en Ucrania o una segunda presidencia de Trump en Estados Unidos, y para avanzar en ambiciosos programas políticos, como la expansión de la industria de defensa europea o la aceleración de sus transiciones verde y digital. La ya menguante influencia de la UE en la escena mundial podría degradarse aún más.

Alemania necesita, por tanto, una nueva agenda de crecimiento. Debe orientar los recursos del país hacia las industrias ecológicas que acelerarán la descarbonización y las tecnologías emergentes que configurarán el futuro de la economía mundial. Berlín tiene que reunir la voluntad política necesaria para respaldar políticas migratorias que apoyen el crecimiento económico. Y debe hacer todo esto en estrecha coordinación con Bruselas. Si los esfuerzos de revitalización tienen éxito, una economía alemana fuerte puede impulsar la competitividad europea y preparar a la UE para afrontar los retos del futuro.

DEL BOOM A LA QUIEBRA

Alemania fue próspera durante la mayor parte de la década pasada. Bajo el mandato de la canciller Angela Merkel, de 2005 a 2021, la economía del país creció un 34%. Las elevadas exportaciones y los ingresos fiscales inesperados dieron a la economía alemana un colchón suficiente para que incluso superara la pandemia relativamente ilesa.

Pero los tiempos de bonanza no duraron. Hoy, además de los altos precios de la energía, la competencia china en el sector del automóvil y una política industrial estadounidense asertiva están causando daños económicos. Las subvenciones e incentivos incluidos en la Ley de Reducción de la Inflación de 2022 tienen a las empresas alemanas dispuestas a trasladar su producción a Estados Unidos. El fabricante de automóviles de gama alta Porsche, por ejemplo, está considerando construir una nueva fábrica de baterías al otro lado del Atlántico en lugar de en Baden-Württemberg, el estado donde se fundó la empresa. A medida que los componentes de producción se trasladan fuera de Alemania, las cadenas de suministro se fragmentan y se dispersan conocimientos y competencias cruciales. Los entornos integrados son motores de innovación; sin ellos, Alemania podría perder esta ventaja clave.

La deslocalización no es la única preocupación económica de Berlín. Las industrias que consumen mucha energía, incluidos los sectores químico y siderúrgico, han reducido su producción a medida que suben los precios de la energía, lo que hace temer que Alemania pierda el control sobre las cadenas de suministro industrial de extremo a extremo. Los trabajadores de ferrocarriles y aeropuertos han organizado frecuentes huelgas en busca de mayores salarios en medio de una crisis del coste de la vida. La interrupción del transporte, por no mencionar los estridentes silbidos y el retumbar de los tractores que despertaron a los berlineses cuando los agricultores protestaron por los recortes de subvenciones previstos, han ensombrecido el ya de por sí sombrío estado de ánimo del país.

Los puntos débiles de la economía alemana eran evidentes mucho antes de que los actuales dirigentes asumieran el poder a finales de 2021. El país decidió eliminar progresivamente la energía nuclear en 2002 y aceleró su calendario tras la catástrofe nuclear de Fukushima en 2011, pero la transición a fuentes de energía renovables para llenar el vacío sigue avanzando lentamente. La promesa de Merkel de adoptar las tecnologías digitales tampoco se ha traducido en medidas significativas. Cuando Scholz y sus socios de coalición asumieron el poder, presentaron un ambicioso programa para acelerar la transición ecológica, invertir en educación e introducir la digitalización. Pero Rusia invadió Ucrania pocos meses después. Desde entonces, Berlín ha mostrado su liderazgo en términos de contribuciones financieras y militares a Ucrania, pero la crisis también ha desviado la atención de Berlín de la resolución de las debilidades estructurales de la economía.

El freno constitucional de la deuda complica aún más la capacidad de Berlín para restablecer la salud económica del país. Por ley, el endeudamiento del gobierno federal está limitado a una cantidad correspondiente al 0,35% del PIB del país. La medida pretende garantizar la estabilidad, pero se ha convertido en un obstáculo para el tipo de inversiones que Alemania necesita para transformar su economía. La reforma es muy necesaria, pero es poco probable que se produzca antes de que Alemania celebre elecciones federales el año que viene. Mientras tanto, Berlín puede centrarse en resolver la escasez de mano de obra, mejorar la cooperación con los socios de la UE y agilizar los procesos burocráticos.

DAR FORMA

 Alemania ya ha dado la vuelta a su economía en el pasado, y puede hacerlo de nuevo. Tras un período de estancamiento económico a finales de la década de 1990, el Canciller Gerhard Schröder -socialdemócrata, como Scholz- introdujo la Agenda 2010, un conjunto de reformas laborales difíciles de digerir. Con la sucesora de Schröder, Merkel, las reformas dieron sus frutos, y la creciente fortaleza económica de Alemania hizo posible que el país actuara como acreedor de último recurso de Europa durante la crisis del euro. Alemania desempeñó un papel destacado en la toma de decisiones de la UE durante este periodo, ya que Merkel utilizó el peso económico del país para dirigir las políticas de Bruselas sobre medidas de austeridad, privacidad de datos y migración.

 Los esfuerzos de Merkel por ejercer influencia en Bruselas al servicio de los intereses alemanes no siempre le granjearon amigos. La UE aún se enfrenta a las consecuencias: La decisión de Alemania de abandonar la energía nuclear y utilizar el gas natural como puente hacia las energías renovables dejó no sólo a Alemania sino a gran parte de Europa en una situación vulnerable ante las amenazas rusas de cerrar los gasoductos en 2022. Ahora, con unos precios de los combustibles fósiles notablemente superiores a los de Estados Unidos y la tarificación del carbono impuesta por la UE ejerciendo presión sobre las economías del continente, Europa necesita completar su transición ecológica lo antes posible. Pero el actual gobierno alemán sigue un viejo patrón. Aunque Berlín es un orgulloso defensor del objetivo europeo de emisiones netas cero, en la práctica ha intentado bloquear la clasificación de la UE de la energía nuclear como fuente de energía respetuosa con el clima, ha diluido una prohibición de los motores de combustión interna aprobada por el Parlamento Europeo en un intento de proteger la industria automovilística alemana y se ha opuesto a una directiva de la UE que obligaría a las grandes empresas a realizar informes de diligencia debida sobre los daños medioambientales de sus cadenas de suministro. El Gobierno alemán se enfrenta a un desafío populista de derechas en su propio país, por lo que su preferencia por limitar las perturbaciones económicas no es del todo sorprendente. Pero la toma de decisiones errática en Berlín introduce incertidumbre en el entorno normativo de la UE, poniendo en peligro los planes a largo plazo del bloque para una transición ecológica.

Alemania aún puede desempeñar un papel productivo en Bruselas. Puede identificar las industrias que ayudarán a la economía europea a descarbonizarse y tomar medidas para aumentar la producción de energías renovables lo antes posible, por ejemplo facilitando el proceso alemán de concesión de permisos para nuevas líneas de transmisión a la red y para la producción de paneles solares y energía eólica. Este esfuerzo no sólo aliviará los crecientes costes energéticos de Europa, sino que también dejará a Alemania y a la UE en buena posición para competir con la producción de energía limpia en lugares como China y Estados Unidos.

Además de perseguir la energía verde, Alemania -junto con el resto de Europa- debería desarrollar su capacidad en biotecnología, computación cuántica y otros campos emergentes. Los sectores tradicionales, como el químico y el automovilístico, siguen dominando la industria alemana. Las empresas alemanas han tardado en adoptar las tecnologías digitales, y la sensibilidad sobre la privacidad de los datos hace más difícil que los investigadores alemanes hagan avances en IA y aprendizaje automático.

Pero con su riqueza de talento en ingeniería, Alemania tiene potencial para estar a la vanguardia de las tecnologías emergentes. Junto con los demás Estados miembros de la UE, debería aunar capital, investigación y recursos humanos para crear la próxima generación de empresas. En lugar de que cada país respalde a su propio campeón de IA -como están haciendo ahora Alemania y Francia con las empresas Aleph Alpha y Mistral AI, respectivamente-, Berlín debería animar a las capitales europeas a considerar empresas conjuntas que puedan replicar el éxito del fabricante de aviones Airbus, que se desarrolló como un esfuerzo cooperativo entre Francia, Alemania, España y el Reino Unido. Un unicornio paneuropeo de la IA no está garantizado, pero seguir trabajando con la inteligencia artificial puede reportar otros beneficios. Alemania, con sus vastos conocimientos sobre fabricación, puede ayudar a las empresas europeas a utilizar la IA para aumentar la eficiencia. Y Bruselas puede aprovechar su ventaja como pionera en la regulación de la IA, asegurándose de que su enfoque basado en valores (moldeado, en parte, por Alemania) permita suficiente flexibilidad y adaptación para fomentar el desarrollo de nuevas empresas europeas.

Alemania necesitará ampliar su mano de obra cualificada si quiere aprovechar plenamente las nuevas tecnologías. Sin embargo, la población del país, como la de la mayor parte de Europa, está envejeciendo. La respuesta obvia a este problema demográfico es la inmigración, pero el auge del populismo de derechas en todo el continente dificulta que los responsables políticos aboguen por vías legales para la migración cualificada. Berlín, junto con los líderes de la UE en Bruselas, debe hacer hincapié en los argumentos económicos para atraer a trabajadores cualificados del conocimiento de países como Egipto y la India. Una serie de grandes manifestaciones de fin de semana en toda Alemania, condenando a la extrema derecha y pidiendo tolerancia, ha demostrado que ese cambio de impulso político es posible.

Dado que los puntos fuertes tradicionales de la economía alemana son las industrias basadas en los combustibles fósiles, que consumen mucha energía, la próxima transición exigirá grandes inversiones públicas y privadas. En estos momentos, las estrictas normas fiscales y las divisiones en el seno del gobierno de coalición de Berlín están frenando la reforma a la escala que Alemania necesita. Por ahora, sin embargo, hay medidas que Alemania puede tomar para que su propia economía -y la de Europa- sea más competitiva. Avanzando en la transición ecológica, atrayendo a inmigrantes cualificados y eliminando los obstáculos burocráticos, Alemania puede seguir siendo un líder mundial en fabricación y comercio y un ancla para el mercado único europeo en las próximas décadas."

(Sudha David-Wilp es Directora Regional para Alemania y Senior Fellow del German Marshall Fund of the United States. Jacob Kirkegaard es Senior Fellow del German Marshall Fund of the United States y Senior Fellow del Peterson Institute for International Economics. Foreing Affairs, 04/03/24; traducción DEEPL)

27.9.23

Yolanda Díaz cualifica de "éxito" o cume de emprego de Santiago: "Non hai marcha atrás" na democracia nas empresas... denuncia que “en cuestión de horas se puede deslocalizar una empresa sin la participación democrática de los trabajadores”... Por su parte, el presidente del Comité Económico Social Europeo (CESE), Oliver Rópke, defendió que “la democracia en el trabajo no es que sea bonita, sino que tiene que ser parte del sistema y ya está” y debe ser “obligatoria”... Reiner Hoffman, miembro del CESE, de que la democracia está “en riesgo” en Europa y en otros lugares del mundo y sentenció que “la democracia en el trabajo puede contribuir a estabilizar la democracia política”... el director de Asuntos Sociales de la patronal Business Europe, Maxime Cerutti, comentó que un estudio reciente apunta que en torno al 70% de los directivos aseguran que la democracia en el trabajo es algo positivo, aunque precisó que es importante salvaguardar la “competitividad industrial”

 "La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social en funciones, Yolanda Díaz, destacó este viernes la necesidad de avanzar hacia una mayor democracia en el mundo laboral y denunció que “en cuestión de horas se puede deslocalizar una empresa sin la participación democrática de los trabajadores”.

Díaz se expresó en estos términos en la apertura de la cumbre ‘El futuro del trabajo y el diálogo social’, que se celebra en Santiago de Compostela en el marco de la presidencia española de la Unión Europea, con la participación de los ministros de Empleo de la UE.

 “Los fondos de inversión, en cuestión de horas , entran y salen por la misma puerta de una empresa y es absolutamente ajeno que las personas trabajadoras, que hacen posible la vida de las empresas, no puedan decir nada”, lamentó Díaz, quien criticó que se pueda aprobar una deslocalización “en cuestión de horas” sin la “participación democrática” de los empleados.

Díaz expresó esta idea en consonancia con su postura crítica, por ejemplo, cuando Ferrovial decidió trasladar su sede social a Países Bajos o con el hecho de que la primera teleco de Arabia Saudí, STC, anunciara la adquisición del 9,9% de Telefónica. “Esta es una de las grandes desafecciones que tiene la empresa y el trabajo actual”, manifestó.

En este contexto, la titular de Trabajo apuntó que se deben “cambiar los derechos de información” de los empleados y avanzar “en el sentido de que si estos derechos de información no se cumplen” debe haber “alguna consecuencia de sanción”, puesto que, “de lo contrario” no van a servir “para nada” las modificaciones que se implementen.

Al respecto, Díaz puso como ejemplo de democracia en el trabajo a la economía social y señaló que demuestra que “no se pone en riesgo la competitividad por las diferentes formas de cogestión”. De hecho, sostuvo que este tipo de empresas son las que generan “más estabilidad en el empleo” y las que “despiden menos” en situaciones de crisis.

NO ES QUE SEA BONITA

Por su parte, el presidente del Comité Económico Social Europeo (CESE), Oliver Rópke, defendió que “la democracia en el trabajo no es que sea bonita, sino que tiene que ser parte del sistema y ya está” y debe ser “obligatoria”.

En consonancia, indicó que debe haber “normas vinculantes” y explicó que si la representación “responsable” de los trabajadores participa en la toma de decisiones “todo va mejor”. También destacó que es clave que los empleados puedan “hacer oír su voz” y remarcó que ello no afecta a la competitividad ni a la productividad de las compañías.

 Esta tesis fue reforzada por Reiner Hoffman, miembro del CESE y moderador de la mesa, quien avisó de que la democracia está “en riesgo” en Europa y en otros lugares del mundo y sentenció que “la democracia en el trabajo puede contribuir a estabilizar la democracia política”.

Por último, el director de Asuntos Sociales de la patronal Business Europe, Maxime Cerutti, comentó que un estudio reciente apunta que en torno al 70% de los directivos aseguran que la democracia en el trabajo es algo positivo, aunque precisó que es importante salvaguardar la “competitividad industrial”.            (La Vanguadia, Servimedia, 22/09/23)

 

"Díaz ha convocado a expertos, autoridades europeas, interlocutores sociales de la UE y miembros de organizaciones internacionales para plantear y estudiar propuestas que mejoren la vida de las personas trabajadoras.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social en funciones, Yolanda Díaz, ha instado a la Unión Europea a avanzar en la democracia en el trabajo, a crear un marco legal para regular la incidencia de los algoritmos y la inteligencia artificial en el mundo laboral, así como a incluir la negociación colectiva verde.

La ministra ha hecho estas declaraciones en Santiago de Compostela, donde ha convocado, en el marco de la Presidencia española del Consejo de la Unión Europea, un encuentro internacional para analizar 'El futuro del trabajo y el diálogo social'. Esta cita ha reunido a más de un centenar de personas entre autoridades europeas, interlocutores sociales del continente, organizaciones internacionales y expertos.

"La Unión Europea, estoy convencida, puede y debe ser un referente global en derechos humanos, climáticos, laborales y sociales", ha asegurado al cierre del encuentro la ministra, que ha reclamado una Unión que sea "modelo de derechos feministas y laborales, que impulse un nuevo paradigma de justicia social y de género".

Democratización en el trabajo

En su primera intervención de la jornada, la ministra ha abogado por ampliar la democracia en el trabajo, siguiendo experiencias exitosas que ya conocen algunas naciones europeas como Alemania o Suecia, entre otros. "Cuando las personas tienen la posibilidad de participar en las decisiones que les afectan, mejoran la productividad, la innovación y la organización del trabajo, así como el bienestar y las condiciones de trabajo", ha argumentado la vicepresidenta.

El comisario de Empleo y Derechos Sociales, Nicolas Schmit, ha manifestado su apoyo a esta propuesta española, abogando por que sea asumida por la Comisión.

Díaz ha planteado actualizar la Directiva sobre la información y la consulta a los trabajadores en la UE y la Directiva sobre los comités de empresa europeos para las empresas transnacionales, que se remontan a hace 20 años. El mundo del trabajo ha cambiado mucho desde entonces y, en su opinión, conviene abrir los consejos de administración a las personas trabajadores no por ideología, sino por la eficiencia económica y social de la medida. A favor de dar este paso, ha recordado la vicepresidenta, se ha manifestado el Consejo Económico y Social Europeo (CESE).

"Si nos tomamos en serio el desafío de democratizar Europa, debemos comenzar por que las personas trabajadoras europeas adquieran el derecho a participar de las decisiones que afectan a su día a día", ha insistido la ministra, quien ha avanzado que espera que en Consejo de Empleo y Política Social (EPSCO) se aprueben unas conclusiones para impulsar la democratización del trabajo y la negociación colectiva verde en los 28 países de la Unión.

Negociación colectiva verde

Otro de los debates de la jornada se ha centrado en cómo involucrar a los agentes sociales a la hora de abordar soluciones y políticas medioambientales que tienen una incidencia en el mundo laboral.

Siguiendo la Recomendación del Consejo de junio de 2022, que reconoce el potencial de la negociación colectiva, se analizará cómo la participación de las empresas y los sindicatos puede contribuir de manera eficaz a desarrollar propuestas con impacto positivo en el medio ambiente.

Para la vicepresidenta el mundo laboral y el medio ambiente no pueden ser realidades que se enfrenten entre sí. Es por ello que el diálogo social emerge como la llave para consensuar políticas que sean beneficiosas tanto para las personas trabajadoras como para el medio ambiente. Una muestra de ello es la adaptación de la legislación laboral y de prevención de riesgos laborales al cambio climático como ha ocurrido en España, donde se han prohibido actividades profesionales cuando la Agencia Estatal de Meteorología decrete la alerta roja o naranja.

La adopción de medidas relacionadas, por ejemplo, con la movilidad en las ciudades para desplazarse al lugar de trabajo, así como la eficiencia energética, por ejemplo, son asuntos en los que se precisa un enfoque medioambiental.

En ese sentido, la negociación colectiva verde adquiere relevancia y resulta clave como un instrumento dinámico que favorece la adaptación de la realidad de las empresas y del trabajo a los retos que plantea la transición verde. "Las empresas y los sindicatos, a todos los niveles, son los mejor posicionados para que la transición ecológica se haga de forma justa e inclusiva", ha explicado la ministra.

Inteligencia Artificial, algoritmos y trabajo

El tercer debate de la jornada se ha fijado en las consecuencias de la acelerada incursión de la inteligencia artificial y los algoritmos en el mundo del trabajo, en concreto cómo todos esos procesos de toma de decisiones afectan al desempeño laboral de millones de personas y en cómo se puede reforzar el control humano sobre ellos.

Los expertos han coincidido en reclamar un marco regulatorio para evitar que el sesgo algorítmico y la falta de transparencia que existe en los sistemas automatizados que amenazan los derechos de las personas trabajadoras.

"El uso de la inteligencia artificial y de los algoritmos en el mundo del trabajo debe respetar los derechos individuales y colectivos de las personas trabajadoras y someterse al control humano, de forma que la digitalización se ponga al servicio de las personas", ha asegurado la vicepresidenta, quien ha adelantado que en octubre firmará en octubre con Estados Unidos una declaración conjunta sobre el sesgo algorítmico en el mundo del trabajo en la que se hace un llamamiento a colaborar con los interlocutores sociales para brindar a las personas una mejor protección.

"Está en nuestras manos transformar el proyecto europeo, imaginar y construir vías alternativas y caminos diferentes que avancen hacia la Europa social", ha concluido Díaz."                (La Moncloa, 22/09/23)

16.4.23

Ferrovial se va de Madrid. No han servido para que se quede los más de 200.000 euros en IRPF y 700.000 en Impuesto sobre el Patrimonio que le ahorraron sólo el año pasado las rebajas fiscales de Ayuso a su presidente Rafael del Pino. ¡Qué chorprecha!... No quiere formar parte de nuestra comunidad. Deja una sucursal para seguir sacando. Definitivamente hay que democratizar las empresas y pasar del actual modelo de accionistas al de partícipes, donde también estén representados los trabajadores y la comunidad... La única lección constructiva sobre la salida de Ferrovial apunta a la necesidad estructural de establecer en nuestro país un marco financiero y competitivo lo suficientemente profundo y ágil como para que este episodio no constituya un precedente peligroso para otras salidas

Carlos Martín Urriza @carlosurriza

Ferrovial se va de España. No quiere formar parte de nuestra comunidad. Deja una sucursal para seguir sacando. Definitivamente hay que democratizar las empresas y pasar del actual modelo de accionistas al de partícipes, donde tb estén representados los trabajadores y la comunidad

10:15 a. m. · 14 abr. 2023 20,8 mil Reproducciones 39 Retweets 18 Citas 93 Me gusta 2 Elementos guardados

Segundo González @Segundogg

Ferrovial se va de Madrid. No han servido para que se quede los más de 200.000 euros en IRPF y 700.000 en Impuesto sobre el Patrimonio que le ahorraron sólo el año pasado las rebajas fiscales de Ayuso a su presidente Rafael del Pino. ¡Qué chorprecha!

1:30 p. m. · 13 abr. 2023 43,5 mil Reproducciones 317 Retweets 4 Citas 763 Me gusta 4 Elementos guardados

 

 "La junta de accionistas de Ferrovial, reunida ayer en Madrid, ha aprobado el proceso de deslocalización de su matriz hacia Países Bajos, anunciado hace ahora unas semanas.

 A la perplejidad inicial por una decisión deficientemente explicada, le ha seguido la discusión sobre las razones últimas del cambio, financieras, fiscales o incluso, en una desafortunada expresión de Ferrovial cargada de metralla política, de seguridad jurídica para las empresas españolas. Las distintas respuestas del Gobierno han incluido la más poderosa de todas ellas, que es la voluntad de cotizar en Estados Unidos. Esta posibilidad a la que alude Ferrovial se podría activar, de hecho, a través de diferentes mecanismos para los que no existe ninguna limitación física o legal, sino el mero tiempo necesario para su realización.El resultado conocido ayer supone un duro golpe para la reputación de nuestro país. (...)

Se equivocan quienes hacen una lectura coyuntural sobre esta decisión trascendental: el proceso llevaba estudiándose años, y poco o nada tiene que ver con el color del Gobierno de turno. Las deslocalizaciones de empresas industriales han sido la tónica en las últimas décadas, por las más diversas razones, y tradicionalmente poco o nada puede hacerse a pesar de que todos los gobiernos pelean hasta el final: la libre movilidad es una de las enseñas de la Unión Europea. La única lección constructiva sobre la salida de Ferrovial apunta a la necesidad estructural de establecer en nuestro país un marco financiero y competitivo lo suficientemente profundo y ágil como para que este episodio no constituya un precedente peligroso para otras salidas. El fuerte crecimiento de empresas multinacionales españolas en las últimas décadas, muchas de ellas impulsadas por la diplomacia económica y una acertada política de internacionalización, no debería convertirse en un bumerán que descapitalice a nuestro país y nuestra economía.(...)

 Pero tampoco el Ejecutivo puede imponer decisiones a las empresas. Entre la necesidad de diseñar los incentivos adecuados para que la industria se fortalezca y preservar la libertad de decisión de los accionistas de las compañías hay una fina línea que el poder político debe explorar activamente, reescribiendo reglas siempre cambiantes para seguir compitiendo en pie de igualdad con otras economías avanzadas."             (Editorial de El País, 14/04/23)

25.5.22

Volvemos al principio. Dos años y medio después del brote de covid-19 en Wuhan, China se encuentra en la misma situación de parálisis. Además, la guerra en Ucrania ha amplificado la crisis energética y está creando tensiones globales sobre el suministro de materias primas agrícolas e industriales... todos temen lo que se avecina: una trombosis generalizada en las cadenas de suministro, marcada por nuevos desabastecimientos, escasez, plazos de entrega interminables y un aumento del coste de los suministros y del transporte aún más explosivo que durante la primera contención... lo que está provocando un dramático declive en la segunda economía del mundo, que sigue siendo, en gran medida, el mayor proveedor del planeta. Las primeras cifras empiezan a mostrar la magnitud de la crisis que se avecina... Ningún sector se ha librado. Los grupos mineros se quejan de que no pueden encontrar maquinaria de extracción. A los químicos les faltan materias primas. Los fabricantes de muebles están desesperados por conseguir madera. Los fabricantes de semiconductores se esfuerzan por encontrar equipos para quemar chips... Cualquier perspectiva de crecimiento o incluso de equilibrio global parece ahora infundada... No hay manera de volver a la normalidad. El gran movimiento de reorganización de la máquina de producción mundial está en marcha... La máquina de producción global, tal y como ha sido diseñada en los últimos 40 años, está permanente y quizás definitivamente desajustada

 "Volvemos al principio. Dos años y medio después del brote de covid-19 en Wuhan, China se encuentra en la misma situación de parálisis. Durante más de 45 días, Shanghái ha estado aislada del mundo. Y nadie se atreve a plantear la más mínima fecha del fin del confinamiento. El cerrojazo de la capital económica de China, al igual que el de otras grandes ciudades, está provocando un dramático declive en la segunda economía del mundo, que sigue siendo, en gran medida, el mayor proveedor del planeta. 

Las primeras cifras empiezan a mostrar la magnitud de la crisis que se avecina. El índice oficial de gestores de compras (PMI) del sector manufacturero, publicado el 2 de mayo, cayó a 47,4 en abril, frente a los 49,5 de marzo, lo que supone el segundo mes consecutivo de contracción, según informó el 7 de mayo la Oficina Nacional de Estadística (NBS). Es el nivel más bajo desde febrero de 2020. Tres días después, el PMI de servicios Caixin de abril registró la segunda mayor caída de su historia, pasando de 42 a 36,2. El 9 de mayo, las cifras de las exportaciones chinas mostraron un nuevo descenso, el mayor desde junio de 2020.

Incluso antes de que se publicaran estos indicadores, los grandes grupos mundiales sabían en qué situación se estaban metiendo. Con los ojos puestos en el mapa del puerto de Shanghái, el mayor de China, siguen en tiempo realel enorme atasco de buques de carga y portacontenedores, que ahora se ven obligados a pasar días esperando para descargar y recargar. Muchos de los que han apostado por El Doradochino han visto cómo se desplomaban sus ventas en las últimas semanas.

Maldiciendo la política de covid cero del Gobierno chino, que no se ha movido ni un ápice en dos años, todos temen lo que se avecina: una trombosis generalizada en las cadenas de suministro, marcada por nuevos desabastecimientos, escasez, plazos de entrega interminables y un aumento del coste de los suministros y del transporte aún más explosivo que durante la primera contención. Además de la parálisis en China, la guerra en Ucrania ha amplificado la crisis energética y está creando tensiones globales sobre el suministro de materias primas agrícolas e industriales. Cualquier perspectiva de crecimiento o incluso de equilibrio global parece ahora infundada.

 En sus resultados trimestrales, algunas empresas han comenzado a anticipar los meses que se esperan en un contexto de escasez, inflación y presiones sobre el poder adquisitivo. (...)

Ningún sector se ha librado. Los grupos mineros se quejan de que no puedenencontrar maquinaria de extracción. A los químicos les faltan materias primas. Los fabricantes de muebles están desesperados por conseguir madera. Los fabricantes de semiconductores se esfuerzan por encontrar equipos para quemar chips.

Esto se extiende a los rincones más inesperados. El grupo de defensa estadounidense Raytheon, por ejemplo, dijo que no podría mantener el ritmo de producción de las lanzaderas de misiles Stinger, muy utilizados por las fuerzas ucranianas contra los aviones rusos, debido a la escasez de componentes. En otro orden de cosas, los viticultores del suroeste de Francia están alarmados porque ya no pueden encontrar botellas de vidrio. 

No hay manera de volver a la normalidad

Para todos los grandes grupos internacionales, los que conforman y marcan el ritmo de la economía mundial, la llamada de atención es brutal. Todos contaban con volver a la normalidad una vez pasada la crisis sanitaria.Pero ahora todas sus creencias y certezas se desmoronan ante sus ojos. 

Durante décadas, estaban convencidos de que vivían en una economía real sin fricciones, idéntica al mundo de las finanzas, donde las mercancías y la producción, al igual que el capital, podían desplazarse sin problemas de un extremo a otro de la Tierra, e incluso dar varias vueltas a la Tierra, antes de llegar a los consumidores finales. Todo estaba disponible en cualquier momento con sólo pulsar un botón. 

Esto les permitió desarrollar un modelo común, adoptado por todas las grandes multinacionales del mundo: deslocalizar la producción a los países lejanos más baratos, subcontratar los trabajos de bajo valor añadido, confiar en la entrega y el envío justo a tiempo para reducir los costes.

Todos ellos afirmaban haber encontrado la fórmula más eficiente y racional para optimizar los costes, externalizando las cargas, empezando por los costes medioambientales, a toda la comunidad. En este modelo supuestamente óptimo, no habían incluido los riesgos geopolíticos, políticos y climáticos. (...)

La pandemia subsiguiente puso de manifiesto las fragilidades y vulnerabilidadesde una organización económica mundial extendida sin cuidado y sin estrategia, colocándola en un estado de dependencia insospechado, incluso para los productos esenciales. La guerra en Ucrania ha puesto el último clavo en el ataúd: ha puesto fin a una era de energía barata y ha marcado el regreso de un mundo fragmentado. La máquina de producción global, tal y como ha sido diseñada en los últimos 40 años, está permanente y quizás definitivamente desajustada.  (...)

En la mayor improvisación, todo el mundo busca ahora fuentes de suministro alternativas. En los últimos meses, las existencias de precaución han reaparecido en fábricas y almacenes. Toda la política de stock cero, de Just in Time, ha sido enterrada tranquilamente, sin flores ni coronas. (...)

Mientras que antes les imponían una competencia permanente y les pagaban con 90 días o más de antelación, algunos grandes grupos ofrecen ahora cooperación a sus subcontratistas esenciales, proponiéndoles pagarles en el momento del pedido sobre la base de contratos que pueden durar hasta dos años. Se trata de una auténtica revolución para el mundo industrial, acostumbrado a la ley del más fuerte.

Estas nuevas relaciones se están aplicando en Alemania, en el norte de Europa, a veces en Italia, pero mucho menos en Francia (...)

Tener existencias es un capital inmovilizado innecesariamente, según la teoría vigente hasta entonces. En los últimos meses, las industrias han comprobado que el coste adicional estaba más que justificado. Les ha permitido mantener su producción más o menos. (...)

Aunque no lo mencionen públicamente, la reflexión sobre la organización de su producción está en marcha en muchas sedes industriales. Todos son conscientes de que ahora deben incluir la cuestión de la seguridad del suministro, los costes medioambientales hasta ahora negados, en un nuevo entorno de avances tecnológicos en sus métodos de producción. 

Casi todo está sobre la mesa, desde los cambios en la producción hasta los traslados geográficos y el fin de las dependencias. 

Las disrupciones tecnológicas, en particular el auge de los vehículos eléctricos y la creciente influencia de la tecnología digital, ya habían desencadenado la necesidad de repensar las organizaciones de arriba a abajo. (...)

Más allá de esto, el imperativo de garantizar la seguridad del suministro y romper la dependencia de China de los suministros estratégicos está en primera línea de las preocupaciones de los industriales. Ante la insistencia del gobierno estadounidense, y más aún del Departamento de Defensa, el traslado de la producción de semiconductores volvió a ser una prioridad nacional al final del primer confinamiento. En el Congreso se está debatiendo un plan de 52.000 millones de dólares (Chips for America Act). (...)

De una forma u otra, todas las industrias están revisando sus cadenas de suministro, buscando formas de acortarlas o incluso repatriarlas a territorios nacionales o cercanos para hacerlas más seguras y controlables. Los gobiernosson los primeros en animarles a hacerlo, comprendiendo tardíamente hasta qué punto el control de los recursos y de la producción es una cuestión estratégica. 

Esta estrategia de deslocalización es muy criticada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que teme que ponga en cuestión la globalización (...)

Es probable que la advertencia no sea escuchada. El gran movimiento de reorganización de la máquina de producción mundial está en marcha. Acompaña, e incluso acelera, una fragmentación del mundo marcada por el aumento de las tensiones geopolíticas y la aparición de bloques rivales."  

(Martine Orange. Periodista especializada en economía, ha colaborado con Le Monde y Tribune, Rebelión, 23/05/22)

17.11.21

Las falacias sobre el repunte de la inflación... La inflación actual la está provocando, por un lado la financiarización de la economía, y su reflejo en la evolución de los precios de las materias primas energéticas y agrícolas. Por otro, el abaratamiento del factor trabajo, con la deslocalización y concentración empresarial que ha acabo generando, especialmente en las cadenas de suministro

 "(...) aquí en Españistán, ya saben, en ciertos mass media no interesa el rigor intelectual. Solo venden ideología, desinformando de manera perpetua a sus lectores. Lo peor es que los problemas que achancan a la economía actual son consecuencia de aplicar exactamente las recetas que dichos economistas sugerían: desregular, liberalizar, y dejar todo en manos del mercado, especialmente en un mundo globalizado.

La inflación no es un fenómeno monetario

Muchas de las columnas u opiniones de estos economistas, esparcidas las últimas semanas en distintos altavoces mediáticos, acerca del repunte de la inflación no dejan de asombrarme. ¡La achacan a la política monetaria de los bancos centrales y a la deuda pública! ¡Guau! Sí, son los mismos que nunca se enteraron de que fue la deuda privada alrededor de ciertas burbujas de activos financieros e inmobiliarios quien nos llevó al desastre, a la Gran Recesión. 

Para ellos la deuda privada era neutra, un equilibrio entre ahorradores y deudores, asumida racionalmente por los agentes privados. Claro, mientras ellos seguían con su ideología, los economistas de un banco de inversión como JP Morgan, allá por 2005 empezaron a estudiar la hipótesis de inestabilidad financiera de Hyman Minsky, economista y matemático post-keynesiano, lo que les permitió ahorrarse miles de millones de dólares, y ser el único banco de inversión sin problemas de capital en 2008. 

 Pero volvamos a lo nuestro, a la inflación. El cuento infantil que nos están relatando estos días es que la inflación es un fenómeno monetario, especialmente cuando la expansión de los bancos centrales sirve para financiar en el mercado secundario a los Tesoros de sus países.

 ¡Manda huevos! Llevamos casi 15 años con una expansión descomunal de los balances de los bancos centrales y el riesgo siempre ha sido la deflación, incluso cuando allá por 2008 la inflación se disparaba, como ahora, por encima del 5%. La teoría del multiplicador monetario, en la que se apoya, es ¡falsa! Tanto el Banco de Inglaterra como la Reserva Federal de los Estados Unidos ya han abandonado este relato. 

En septiembre de este año la Reserva Federal de St. Louis publicó el documento “Teaching the Linkage Between Banks and the Fed: R.I.P. Money Multiplier”. Parafraseando al presidente de la FED, Jerome Powell, “Bueno, cuando tú y yo estudiábamos economía hace un millón de años, M2 y los agregados monetarios generalmente parecían tener una relación con el crecimiento económico... esa relación clásica entre los agregados monetarios y el crecimiento económico y el tamaño de la economía, simplemente ya no se mantiene... así que algo tenemos que desaprender, supongo”.

Entonces, ¿qué está provocando la inflación?

La inflación actual la están provocando exactamente dos aspectos que son consecuencia directa de ideas y propuestas defendidas por los economistas conservadores, liberales y socio-liberales. Por un lado la financiarización de la economía, y su reflejo en la evolución de los precios de las materias primas energéticas y agrícolas. Por otro, el abaratamiento del factor trabajo, con la deslocalización y concentración empresarial que ha acabo generando, especialmente en las cadenas de suministro.

 Entre julio de 2007 y agosto de 2008 la tasa interanual de la inflación en España (pasó exactamente lo mismo en Estados Unidos y el resto de Europa) repuntó desde el 2,2% interanual al 5,3%, muy parecido a lo que está sucediendo desde abril de 2021. Detrás de ambos repuntes, los precios de la energía y materias primas agrícolas, establecidas en los mercados de derivados, concretamente en los mercados de futuros de materias primas. ¿La razón? Ya lo hemos detallado en estas líneas, la desregulación de dichos mercados que posibilitaron el auge de las materias primas en la década de 2000, especialmente entre 2002 y 2008, durante el cual los precios subieron más allá de lo que podían explicar la oferta, la demanda y otros factores fundamentales. Recomiendo tres artículos académicos. 

 El primero, de Sockin y Xiong, publicado en 2015 en la revista académica de finanzas más relevante, The Journal of Finance, bajo el título Informational frictions and commodity markets. En él los autores defienden que “las fricciones informativas impiden a los participantes en el mercado de materias primas observar los fundamentos, lo que hace que interpreten erróneamente la demanda de posiciones en materias primas que no está basada en información o relacionada con los fundamentos macroeconómicos como si transmitiera información sobre el futuro crecimiento macroeconómico, lo que repercute en el mercado”. Vamos, que los precios de los mercados de materias primas en el 2008 distorsionaban la realidad macroeconómica. Brutal, ¿verdad?

En el segundo, Aït-Youcef en su artículo publicado en 2019 en la revista académica Economic Modelling bajo la rúbrica “How Index Investment Impacts Commodities: A Story about the Financialization of Agricultural Commodities” encuentra pruebas “de que se han reforzado los vínculos entre los mercados bursátiles y los mercados agrícolas desde 2004, lo que corresponde al aumento de las entradas de inversores institucionales en los mercados de derivados de materias primas”.

 Finalmente, Ouyang y Zhang en otra exquisita pieza académica, “Financialization of Agricultural Commodities: Evidence from China” publicada en 2020, también en Economic Modelling, consideran que la especulación en el mercado de futuros de productos básicos distorsiona los precios de los mismos, alejándolos de los niveles racionales. Estos hallazgos sugieren una creciente dependencia entre las materias primas y los mercados bursátiles, cuyo movimiento conjunto se intensificó tras la crisis financiera mundial, y que se pueden extender a los energéticos.

 El segundo factor que ha provocado el repunte de la inflación, los problemas de las cadenas de suministro, ha sido una consecuencia lógica de la deslocalización de la producción, el “just in time” y toda una serie de estrategias asociadas destinadas a abaratar a niveles extremos al factor trabajo. Una hipótesis de trabajo a contrastar, y que ya se está haciendo a nivel académico, es que la concentración empresarial, consecuencia lógica de esta estrategia, ha hundido la productividad del capital, ante el descenso en las inversiones en formación bruta de capital fijo. Pero además, la concentración en las cadenas de suministro está detrás de los cuellos de botella que también están haciendo repuntar temporalmente los precios de ciertos productos que no llegan al mercado.

En definitiva, la liberalización y desregulación aplicadas a los mercados derivados de materias primas; así como la concentración empresarial en las cadenas de suministro, y su explicación de los cuellos de botella actuales, consecuencia lógica de los procesos de deslocalización de la producción, están detrás del repunte actual de la inflación, y no las explicaciones espurias que ustedes pueden leer en ciertos mass media."                (Juan Laborda, El Salto, 12/11/21)

11.11.21

Las fuerzas que impulsan la desglobalización... Los últimos términos que se están popularizando son friendly-shoring y ally-shoring, que se refieren a una relocalización, pero que se limita a relocalizar no en el país de origen, sino en países “amigos”, con los que se comparten valores e intereses estratégicos

 "El tema es objeto de creciente debate en los círculos económicos. ¿Hemos entrado en una fase “estructural” de desglobalización, en la que van a perder intensidad los flujos internacionales de bienes, servicios, capitales? ¿O estamos ante un fenómeno transitorio, provocado fundamentalmente por las disrupciones de la pandemia, de forma que la globalización recuperará al acabo de un tiempo el impulso de épocas pasadas?

Hay que tener en cuenta que la tendencia a la desglobalización es anterior a la pandemia. (...)

Los trastornos en los procesos de producción se han trasladado a los consumidores. Según una encuesta de Gallup de agosto de 2021 en Estados Unidos, el 60% de los encuestados señalaba que en los últimos dos meses no había podido adquirir un producto que deseaba, mientras que un 57% habían experimentado un considerable retraso en la recepción de un producto que habían ordenado.

Al margen de los trastornos actuales en los procesos de producción provocados por la pandemia, los efectos de ésta pueden ser importantes también en el medio y largo plazo. Se pueden avanzar algunas tendencias:

1. El objetivo de conseguir una mayor seguridad en los suministros de inputs en sus procesos productivos va a hacer que las empresas revisen sus estrategias de deslocalización y aprovisionamiento.

Un informe de la Confederation of British Industry de agosto de 2021 señala que en la industria británica los stocks se encontraban en su nivel más bajo desde hace varias décadas, debido a diversos motivos, siendo uno de los principales las disrupciones en las cadenas de suministro.

Estos problemas pueden provocar que muchas empresas estudien una reestructuración de sus cadenas de suministro. Estos cambios de estrategia están dando lugar a la aparición y popularización de nuevos términos. Los últimos términos que se están popularizando son friendly-shoring y ally-shoring, que se refieren también a una relocalización, excepto que ésta no se limita a relocalizar en el país de origen: países “amigos”, con los que se comparten valores e intereses estratégicos, son también buenos destinos para trasladar la producción. (...)

lo cierto es que grandes empresas están anunciando cambios en sus localizaciones de producción. Por poner un ejemplo, Toyota, el mayor fabricante de automóviles del mundo anunció el pasado 10 de septiembre que en el presente año fiscal produciría 300.000 vehículos menos de los previstos (de 9,3 a 9 millones), debido a los problemas de suministros de componentes (en especial semiconductores) desde fabricantes del Sudeste asiático a causa del COVID-19. Toyota indica con claridad que está planeando transferencias de producción a otras regiones.

2. El aumento de costes de las transacciones internacionales también puede afectar negativamente a la internacionalización.

Diversos factores impulsan este aumento de los costes. En estos últimos tiempos, los costes de transporte marítimo han aumentado con fuerza. Puede ser un fenómeno a corto plazo, aunque permanecerá la percepción de que en un futuro se pueden producir nuevas disrupciones de origen diverso que repercutan en el coste del transporte de bienes.

Pero otros factores pueden incidir negativamente en el coste de las transacciones internacionales, a largo plazo, y por tanto en las ventajas de los intercambios:

a) La necesidad de prevenir situaciones de desabastecimiento de bienes como las que se están viviendo en la actualidad llevará a las empresas a aumentar sus niveles de stocks, en especial de aquellos bienes esenciales que proceden de localizaciones alejadas, con el consiguiente aumento de los costes empresariales.

b) Un efecto similar al anterior puede producirse cuando las empresas se planteen, no ya relocalizar, pero sí un mayor grado de diversificación en sus suministros. Ello supondrá incurrir en costes de búsqueda e identificación de proveedores. Es también posible que los nuevos proveedores sean más caros.

c) En la comunidad internacional está cobrando fuerza la idea de que es necesario establecer códigos de conducta a las empresas para asegurar que en sus cadenas de suministro se respeten criterios éticos en lo que se refiere a derechos humanos, trabajo infantil, condiciones laborales, medio ambiente. Estas mayores exigencias pueden suponer lógicamente un aumento de costes: las empresas tendrán que gastar recursos en implementar sistemas de due diligence para revisar sus cadenas de suministro, podrán verse forzadas a cambiar a suministradores más caros, etcétera.

Alemania ha aprobado en 2021 una ley que obliga a las empresas a vigilar por el respeto de los derechos humanos y medioambientales en sus cadenas de suministro.

d) Se está abriendo paso la idea de establecer aranceles basados en las emisiones de carbono para las importaciones procedentes de países que no adopten medidas para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Estos aranceles supondrían lógicamente un encarecimiento de las importaciones.

3. Los procesos de internacionalización de las empresas pueden verse afectados por restricciones a las transacciones internacionales de origen geopolítico. En diversas zonas se han reforzado o implementado en estos últimos años medidas de control de inversiones extranjeras, por razones políticas en primer lugar.

Las sanciones internacionales por efectuar transacciones de bienes u operaciones financieras con determinados países o empresas constituyen otra medida que se ha reforzado en los últimos tiempos, especialmente por parte de Estados Unidos, y todo indica que tienen una proyección a largo plazo.

4. El caso de China tiene a este respecto una importancia especial, por la relevancia del país. Los recelos geopolíticos frente a la potencia asiática han crecido con fuerza en estos últimos años. China es el primer exportador mundial. Se ha empezado a hablar de desacoplamiento en relación con la economía china.

Por otro lado, la propia China estaría promoviendo un desacoplamiento de su economía. Como señala Alicia García Herrero, la “estrategia de circulación dual”, adoptada por las autoridades chinas, busca en realidad reforzar la autosuficiencia de China en respuesta a un entorno exterior más hostil. China quiere evitar depender de resto del mundo para bienes estratégicos (por ejemplo, de alta tecnología). Ello provocará previsiblemente una tendencia contractiva sobre sus importaciones, y sobre el comercio mundial (China es el segundo importador mundial de mercancías).

Decía al principio de este artículo que es difícil hacer previsiones, dada la complejidad de los factores y fuerzas que inciden en la globalización. Pero son muchos los elementos que impulsan la desglobalización, un fenómeno que, no olvidemos, ya estaba en marcha desde principios de la década de 2010."                    (Enrique Fanjul, Real Instituto Elcano, 16/09/21)

8.11.21

La crisis de los semiconductores y el cambio de paradigma global ha descubierto la importancia de recuperar la soberanía industrial... La UE planea invertir una quinta parte de los fondos europeos de recuperación económica en proyectos estratégicos con el objeto fundamental de proteger el futuro de la industria alemana, su peso mundial y su supremacía en la UE, además de la francesa y de otros países centroeuropeos... Eso deja a la industria española en una situación más vulnerable, por ser periférica, subalterna y dependiente... CCOO plantea que el Gobierno de Coalición progresista PSOE-UP utilizar los fondos europeos para construir una fábrica que garantice el suministro de semiconductores

 "La industria mundial está siendo golpeada por el impacto de la crisis global de falta de semiconductores y los efectos que provoca en la producción y a cada vez más sectores industriales. Con la aceleración del proceso de digitalización y conectividad de la sociedad y la economía, cada día más componentes electrónicos dependen de semiconductores e integran nuestra vida cotidiana: móviles, televisiones, ordenadores, vehículos, electrodomésticos, Wi-fi, tecnología 5G, maquinaria industrial, etc.

Durante la pandemia también han cambiado los hábitos y las formas de trabajar (teletrabajo, comercio y gestiones telemáticas, etc.), que ha incrementado la demanda de dispositivos electrónicos, así como la falta y especulación con las materias primas. También ha afectado el acaparamiento de estocaje, en un contexto de aumento de la demanda interna en Estados Unidos y China, lo que también significa un menor flujo de materiales hacia Europa. El peligro de que se prolongue esta situación en el tiempo podría poner en jaque la recuperación económica tras el Covid-19. Y no parece que vaya a despejarse el horizonte; algunos estudios hablan de que la situación se alargará durante el 2022 e incluso hasta el 2023.

UNA INDUSTRIA ESTRATÉGICA, COMPLEJA, COSTOSA Y DE ALTA TECNOLOGÍA

Los semiconductores tienen propiedades para conducir electricidad, son esenciales para la fabricación de los microchips o circuitos integrados, necesarios para producción de los dispositivos electrónicos ligados a la conectividad y digitalización, fundamentales para el desarrollo de alta tecnología civil y militar. Es por lo que, tanto las materias primas como la fabricación de microchips, representan un sector estratégico. La fabricación de microchips es muy compleja y costosa. 

Se necesitan años para construir plantas capacitadas, (instalaciones esterilizadas, con tecnología punta y maquinaria de altísima precisión y una mano de obra muy especializada y cualificada), que funcionen 24 horas al día, produciendo todo el año, además de tener que modernizarse permanentemente para no quedar obsoletas. La industria de los semiconductores también se caracteriza por la complejidad de su estructura y es producto de una división del trabajo a escala internacional, con una fuerte especialización entre las compañías suministradoras, que controlan las patentes, diseñan o desarrollan los chips con determinadas funciones, y las escasas empresas fabricantes a quienes se encarga realizar la producción, al tener fábricas con capacidad de abastecer el mercado mundial con los chips más pequeños, avanzados y sofisticados. Solo algunas empresas han mantenido su capacidad de diseñar y producir algunos de sus microchips, externalizando el resto de la producción a los fabricantes.

DE LA DESLOCALIZACIÓN OCCIDENTAL A LA DEPENDENCIA INDUSTRIAL DE ASIA

Esta fuerte especialización entre desarrollo y fabricación a escala internacional fue impuesta por las grandes multinacionales occidentales en los años de la globalización salvaje en los años 90 y 2000, con toda su oleada de deslocalizaciones de fábricas y producciones hacía Asia para maximizar beneficios, conquistar nuevos mercados y explotar mano de obra más barata, concentrando el monopolio tecnológico y financiero, las patentes, el diseño o el software en los países de la UE y EEUU. Lo que ayer significó una política de beneficios gigantescos para las grandes multinacionales y potencias occidentales, con un proceso de desindustrialización que condenó al desempleo y la miseria a zonas enteras en sus países para ir a explotar brutalmente a la clase obrera de otras naciones menos desarrolladas, se ha acabado convirtiendo en una fuerte dependencia industrial de estos países. Creyeron que su dominio mundial se mantendría eternamente, pero con el fuerte desarrollo autónomo de China (gracias a su potente sector público industrial y a la planificación económica), que ha impulsado a los países de la región de Asia-Pacífico, han aprendido a fabricar y desarrollado su propia tecnología sin depender de occidente, lo que ha quedado en evidencia y se ha visto agravado con el Covid-19.

EEUU: ¿HACIA UNA NUEVA “GUERRA FRÍA” CONTRA CHINA PARA MANTENER SU HEGEMONÍA?

El suministro mundial de semiconductores está controlado esencialmente por compañías de Taiwán y surcoreanas, que concentran la mayor parte de la producción internacional, de las que dependen los gigantes occidentales (Apple, Facebook, Microsoft, etc.). Frente al dominio tecnológico de las empresas estadounidenses y la dependencia industrial de las surcoreanas y taiwanesas, las empresas europeas no son de las primeras en ingresos, fabricación o suministro, aunque si concentran muchas patentes mundiales e innovaciones. Además, la compañía holandesa ASML tiene el monopolio de maquinaria clave que es fundamental para poder fabricar los chips.

China está tratando de alcanzar a los principales líderes en cuanto a innovación, después de haber logrado industrializarse en pocas décadas, con gigantescos avances en fabricación y diseño, sin someter a otros países. El gobierno y la dirección del PCCh están invirtiendo enormes recursos para liderar este sector estratégico en pocos años, potenciando a sus compañías, especialmente la estatal de semiconductores (SMIC). Es de resaltar que el 70% de la producción y gran parte de los yacimientos mundiales de los minerales imprescindibles para la fabricación de semiconductores se encuentran en China, lo que también le otorga una posición estratégica.

Pekín necesita desarrollar rápidamente su propia tecnología e industria de semiconductores, tanto para nutrir a su propio mercado como para preservar su soberanía, frente a las injerencias y ante la guerra comercial que trata de imponer EEUU para impedir su desarrollo. Washington quiere evitar que China acceda a tecnología punta para desarrollar su industria. Las sanciones y la persecución que impone EEUU a las empresas chinas, el sabotaje a su desarrollo y su acceso a tecnología punta, chocan con otra dura realidad: la dependencia de los minerales estratégicos que tiene el gigante asiático, sin los cuales no se pueden producir semiconductores que también necesitan las grandes compañías estadounidenses.

“DESGLOBALIZCIÓN” Y RELOCALIZACIÓN, ¿EL FIN DEL DOMINIO MUNDIAL DE OCCIDENTE?

El Covid-19 y la digitalización, han agravado unas crisis y contradicciones ya existentes: el declive del capitalismo estadounidense y occidental y el ascenso de nuevas potencias, especialmente de China. Para perdurar, el imperialismo trata de fragmentar y controlar los mercados mundiales en sus tradicionales áreas de influencia. En este contexto, occidente ha vuelto a "descubrir" la importancia de la soberanía industrial, iniciando un proceso de "desglobalización" y renacionalización de producciones, lanzándose a una temeraria y peligrosa confrontación económica, cerco militar y desestabilización, para desencadenar una "nueva guerra fría" (o caliente), ante la fracasada estrategia de someter a China y sus poderosas alianzas en Asia y el Pacífico.

 Quieren revertir su dependencia de los países asiáticos y recuperar la capacidad de producción industrial, inyectando cantidades ingentes de dinero y recursos públicos a sus grandes empresas e industrias privadas, en una carrera a marchas forzadas para recuperar terreno perdido hacia la construcción nuevas plantas y la recuperación de producciones de microchips y semiconductores, así como de otros sectores industriales estratégicos. No será fácil y tardará, al tratarse de industrias punteras, de calidad y alta tecnología que necesitan de fuerte inversión, infraestructura y una clase obrera especializada, para satisfacer una creciente demanda que se verá aumentada con la evolución tecnológica. 

 Los Estados Unidos ansían relocalizar parte de la producción en su territorio, tanto para recuperar capacidad industrial para competir como para relegitimarse entre amplios sectores descontentos de la clase obrera industrial, víctimas de las deslocalizaciones del pasado. La deriva proteccionista impuesta por Washington para mantener su estatus de única superpotencia mundial tras la caída de la URSS, está trastocando todas las alianzas mundiales, cambiando las dinámicas económicas, la división internacional del trabajo, las cadenas de producción de valor, la estructura de las empresas y la localización de las fábricas, lo que refuerza la tendencia a que China y otros países caminen hacia una vía más independiente (con sus fuerzas productivas y mercados), sino que también está lastrando a la Unión Europea hacia el precipicio. 

La UE planea invertir una quinta parte de los fondos europeos de recuperación económica tras la pandemia en proyectos estratégicos de digitalización, para reducir la dependencia de Asia y de EEUU, con el objeto fundamental de proteger el futuro de la industria alemana, su peso mundial y su supremacía en la UE, además de la francesa y de otros países centroeuropeos, duplicando su peso en la fabricación mundial hasta 2030.

LA FRÁGIL INDUSTRIA ESPAÑOLA DOBLEMENTE GOLPEADA, POR SUBALTERNA, DEPENDIENTE Y PERIFÉRICA

En este contexto de recomposición de fuerzas mundial que afecta al abastecimiento y la producción, la situación se agrava para nuestro país, ya que el reparto de los escasos microchips se hace desde la lógica centro-periferia. Eso deja a la industria española en una situación más vulnerable, por ser periférica, subalterna y dependiente. Debido al rol subordinado y rentista del capitalismo español, las principales industrias son integralmente de propiedad privada y de grandes empresas extranjeras, que toman las decisiones en función de los intereses de los propietarios y sus metrópolis. La industria española es manufacturera, de bajo valor añadido, especializada en ensamblar productos importados y muy dependiente de las decisiones y la tecnología foránea. 

En las condiciones de escasez de microchips, las grandes multinacionales centralizan la compra y distribución de los semiconductores, priorizando las producciones de menor volumen y de mayores márgenes de beneficios, lo que aumenta la escasez de suministros y azota a nuestro frágil tejido industrial. A corto plazo, las empresas están recurriendo a flexibilidad interna o a ERTEs, también a la reducción del empleo temporal, aunque algunas tratarán de aprovechar la situación de incertidumbre para intentar recortar derechos o reducir plantillas. Ante la prolongación y la magnitud de la situación, las organizaciones sindicales ya están planteando medidas extraordinarias para salvaguardar los puestos de trabajo y la mínima afectación en la prestación por desempleo, como recuperar el contador a cero o las garantías de empleo

A medio plazo, la única aspiración del enclenque empresariado español es no perder demasiado, subsidiados por las finanzas públicas, esperando que las grandes multinacionales extranjeras restablezcan la producción mundial que les provea de semiconductores para volver a fabricar lo que (y cuando) le digan sin rechistar, a cambio de obtener su margen de beneficios.

Solucionar la falta de semiconductores es complejo tecnológicamente, muy caro y requiere de tiempo. La alternativa a largo plazo pasa por recuperar la soberanía industrial, tal y como defiende la federación de Industria de CCOO. El sindicato plantea que el Gobierno de Coalición progresista PSOE-UP utilice los fondos europeos (PERTE), e invierta y atraiga a otros inversores, para construir una fábrica que garantice el suministro de semiconductores, teniendo en cuenta que la demanda seguirá aumentando con la digitalización, además de avanzar en un modelo económico más sostenible, circular que reaproveche los recursos y fomente el reciclaje.

 A esta propuesta sindical hay que añadir la necesaria participación del capital público, así como constituir un importante sector público industrial, ya que desde la intervención del Estado se puede variar la lógica de mercado, debilitar el dominio de las grandes empresas privadas y condicionar al capital extranjero, fiscalizando las inversiones públicas para que se transformen en una producción, más basada en el desarrollo y tecnología, que genere empleo de calidad y mayor soberanía. 

Otra de las grandes cuestiones pendientes es subir impuestos a las grandes empresas y fortunas para financiar la intervención estatal (añadida a los fondos europeos). El Gobierno debe enfrentar y vencer las resistencias de las grandes fortunas y empresas, así como a los sectores políticos que los representan, muy acostumbradas a las fórmulas “neoliberales” de recortar los servicios públicos y derechos laborales, mientras consiguen subvenciones, rebajas fiscales o directamente eluden o defraudan a la hacienda pública.(...)"               

 (Ricard Aje. Responsable Área Movimiento Obrero del PCE , Mundo obrero, 04/11/21)