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16.9.24

Desde 2017, la economía francesa se ha debilitado, la productividad ha disminuido y el crecimiento ha sido mínimo. Para garantizar la rentabilidad, algunas fracciones del capital se han vuelto cada vez más dependientes del apoyo estatal, con una estimación de 130.000 a 200.000 millones de euros distribuidos a empresas privadas cada año. El empeoramiento del déficit público es un reflejo de ello: el Estado garantiza una tasa de rentabilidad superior a la tasa de crecimiento y asume la responsabilidad del déficit... sin embargo, una fracción importante del capital -el financiero- exige garantías férreas sobre la deuda pública... por tanto, Macron lo ha hecho trasladando la carga del ajuste a los trabajadores: de ahí la caída de los salarios reales, la reducción de las prestaciones por desempleo y los recortes en los servicios públicos desde 2021... En este contexto hay que entender su creciente autoritarismo, que alcanzó nuevas cotas con la reforma de las pensiones del año pasado... para mantener su programa favorable al capital, no puede aceptar ningún acuerdo de este tipo con la izquierda... Desde el punto de vista del capital, este movimiento tiene mucho sentido. Pero presupone la traición del frente republicano y el establecimiento de una «entente cordiale» con Le Pen, convertida en la única alternativa «creíble» al macronismo... La situación francesa confirma que la extrema derecha sólo puede llegar al poder con el apoyo de fuerzas dedicadas a defender los intereses del capital... Los sepultureros de la democracia, encabezados por Michel Barnier, están trabajando duro (Romaric Godin)

"(...) Desde 2017, la economía francesa se ha debilitado, la productividad ha disminuido y el crecimiento ha sido mínimo. Para garantizar la rentabilidad, algunas fracciones del capital se han vuelto cada vez más dependientes del apoyo estatal, con una estimación de 130.000 a 200.000 millones de euros distribuidos a empresas privadas cada año. El empeoramiento del déficit público es un reflejo de ello: el Estado garantiza una tasa de rentabilidad superior a la tasa de crecimiento y asume la responsabilidad del déficit. Sin embargo, una fracción importante del capital -el financiero- exige garantías férreas sobre la deuda pública. El macronismo se ve así obligado a actuar como juez de paz del capital, tratando de conciliar estos intereses en conflicto.

Lo ha hecho trasladando la carga del ajuste a los trabajadores: de ahí la caída de los salarios reales, la reducción de las prestaciones por desempleo y los recortes en los servicios públicos desde 2021. El objetivo de la presidencia de Macron es mantener esta asimetría entre trabajadores y patronal. En este contexto hay que entender su creciente autoritarismo, que alcanzó nuevas cotas con la reforma de las pensiones del año pasado. Impulsada por el parlamento frente a la oposición popular generalizada, y aplicada a nivel de calle con la ayuda de la brutalidad policial sin control, la política fue denunciada tanto por la izquierda como por la extrema derecha.

Sin embargo, RN intenta ahora proyectar una imagen de «respetabilidad» ante los mercados financieros y el electorado conservador tradicional. Durante la campaña electoral de junio, sometió su programa a una «auditoría de las finanzas públicas», anunciando de hecho que la mayoría de sus medidas «sociales» serían anuladas si llegaba al poder. La izquierda, por su parte, acordó un programa relativamente moderado, aunque -en una clara ruptura con el macronismo- pretendía revertir las reformas del presidente y hacer pagar al capital. La dificultad de Macron es, por tanto, la siguiente: para mantenerse a flote políticamente, su bando debe forjar una nueva alianza electoral; pero para mantener su programa favorable al capital, no puede aceptar ningún acuerdo de este tipo con la izquierda. Así, tras la segunda vuelta, el Presidente trató de excluir al Nuevo Frente Popular a pesar de haber obtenido el mayor número de escaños, alegando el «peligro» que supondría para la economía francesa. Con el apoyo explícito del Medef, el sindicato patronal francés, impuso nuevas restricciones a la democracia: descartó de hecho cualquier política económica alternativa.

Desde el punto de vista del capital, este movimiento tiene mucho sentido. Pero presupone la traición del frente republicano y el establecimiento de una «entente cordiale» con la RN. Para este último, esta exclusión de la izquierda es una bendición, ya que la convierte en la única alternativa «creíble» al macronismo, al tiempo que le otorga un poder extraordinario sobre el nuevo gobierno. En las últimas semanas, Macron presentó los nombres de los candidatos a primer ministro a Marine Le Pen, que era libre de hacer su selección. Barnier debe su nombramiento a la buena voluntad de ella, que presumiblemente se ganó con sus comentarios virulentamente antimigrantes durante las primarias de 2021. Su nombramiento representa un intento de garantizar la agenda antiobrera de Macron bajo la atenta mirada de la RN, que tendrá derecho de vida o muerte sobre su mandato. Se ha convertido en el eje de una alianza de facto entre el macronismo y la extrema derecha.

El Gobierno de Barnier aún no se ha formado, pero dos de sus características políticas ya han quedado claras: su compromiso con la austeridad y su obsesión por la inmigración. En su primera entrevista televisiva, Barnier prometió «no aumentar la deuda» y «controlar los flujos migratorios». Mientras se habla de restablecer un «ministerio de inmigración», el nuevo Primer Ministro visitó un hospital parisino para afirmar que serán necesarios importantes recortes. El «retournement des alliances» que encarna sólo puede acelerar el declive de la democracia francesa. La estrategia del frente republicano ha resultado ser una trampa, y las elecciones han arrojado un resultado contrario a la lógica del voto. Los ciudadanos rechazaron el macronismo en la primera vuelta y la RN en la segunda. Ahora reciben ambos.

La situación francesa confirma que la extrema derecha sólo puede llegar al poder con el apoyo de fuerzas dedicadas a defender los intereses del capital. También expone las limitaciones de la izquierda. Al insistir en que el cambio debe perseguirse únicamente a través del ámbito electoral, y al limitar ese cambio a la regulación o mejora del capitalismo, se ve empujada a los márgenes de una democracia cada vez más estrechamente delimitada por un capitalismo en crisis. Si la izquierda quiere renovarse, debe reconocer que la crisis del régimen es sólo una faceta de otra más amplia. Pero puede que ya sea demasiado tarde. Los sepultureros de la democracia, encabezados por Michel Barnier, están trabajando duro."

( Romaric Godin , SIDECAR, 12/09/24, traducción DEEPL)

19.8.24

Ann Pettifor: La deuda pública y los déficits deben entenderse, en cambio, como la consecuencia de los niveles históricamente bajos de inversión pública y privada posteriores a 2010; de la caída de los salarios y del estancamiento económico. La deuda y los déficits son un resultado, no una causa del fracaso económico... Cuando (como en la pandemia) la economía se desmorona, la deuda pública y el déficit público aumentan... Cuando la economía prospera, la deuda pública y el déficit disminuyen y se restablece el equilibrio. Cuando, como ahora, la economía sigue estancada y el gobierno (al igual que el sector privado) no consigue financiar la inversión necesaria para impulsar la recuperación y la seguridad económica, cabe esperar que la deuda pública se mantenga obstinadamente alta... Cuando las políticas monetarias del Banco (tipos de interés elevados y endurecimiento cuantitativo) van en contra de los objetivos del Gobierno (incluidos los del reciente Gobierno conservador), cabe esperar que la deuda pública siga siendo elevada... Como Keynes dijo una vez en una conversación con Sir Josiah Stamp (conversación publicada en The Listener en 1933) en respuesta a las preocupaciones de Stamp sobre el «Presupuesto desequilibrado»: "Pero, querido Stamp, nunca equilibrarás el Presupuesto con medidas que reduzcan la renta nacional."

 "Tras una semana de aterradores incendios forestales en los suburbios de Atenas; y de agitación racista y fascista aquí en casa, en esta pequeña isla... en la que una turba intentó quemar un hotel que albergaba a cientos de solicitantes de asilo atrapados...

... Estoy de vuelta en mi escritorio ... con mucho que escribir.

Quiero empezar con el tema dominante del discurso de hoy: un tema fuertemente promovido por la nueva Ministra de Hacienda, la Honorable Rachel Reeves MP.

No, no se trata de la necesidad de utilizar el poder del Estado para atajar y acabar con la ira pública, la desigualdad y la pobreza; de proporcionar trabajo cualificado y bien remunerado y una vivienda digna a millones de personas cuyos bajos ingresos hacen inasequible el alquiler o la compra de una vivienda (se descubrió que algunos de los alborotadores acusados de delitos violentos «no tenían domicilio fijo»).

Tampoco se trata de devolver la dignidad y la esperanza a esos cuatro millones de votantes que votaron a un partido protofascista, Reform, y que sienten, según la encuesta de YouGov,    que los trabajadores ordinarios no reciben su parte justa de la riqueza de la nación (73%). 

También creen que los ricos deberían pagar más impuestos que los trabajadores medios (69%), pero al mismo tiempo piensan que las prestaciones sociales son actualmente demasiado generosas (60%).

El Canciller tampoco cree que sea necesario utilizar el poder de las finanzas del Estado para preparar seriamente al pueblo británico ante la amenaza del colapso climático y de la naturaleza. En otras palabras, para cumplir con el fin último y la responsabilidad del Estado y su Canciller: la provisión de seguridad a sus ciudadanos. (El Estado griego incumplió manifiestamente esa responsabilidad con los ciudadanos de Atenas la semana pasada. El coste político y económico será alto).

No, el tema dominante del nuevo Canciller es nada menos que el «crecimiento», la respuesta a todas nuestras plegarias.

Es, nos dicen, la respuesta a la obsesión de la clase dirigente británica por el gasto público y las finanzas públicas. Una obsesión que no se limita al Tesoro de Su Majestad (HMT), a la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR), al Instituto de Estudios Fiscales (IFS) o a los economistas ortodoxos. Una obsesión compartida por la mayoría de los economistas «postkeynesianos» convencidos de que las finanzas públicas merecen situarse por encima de otras fuerzas (incluidas las monetarias e internacionales) que configuran la economía en general.

La mayoría de estas organizaciones tratan las finanzas de la nación, y la política fiscal laxa como causante del declive. Y el «crecimiento» como la respuesta.

Recortar el déficit y la deuda se considera esencial para la recuperación y el «crecimiento».

No estoy de acuerdo

La deuda pública y los déficits deben entenderse, en cambio, como la consecuencia de los niveles históricamente bajos de inversión pública y privada posteriores a 2010; de la caída de los salarios y del estancamiento económico. La deuda y los déficits son un resultado, no una causa del fracaso económico.

Cuando (como en la pandemia) la economía se desmorona, la deuda pública y el déficit público aumentan.

Como la noche sigue al día.

Cuando la economía prospera, la deuda pública y el déficit disminuyen y se restablece el equilibrio.

Cuando, como ahora, la economía sigue estancada y el gobierno (al igual que el sector privado) no consigue financiar la inversión necesaria para impulsar la recuperación y la seguridad económica, cabe esperar que la deuda pública se mantenga obstinadamente alta.

Cuando, como ahora, el Banco de Inglaterra ignore su mandato de política monetaria

    (a) mantener la estabilidad de precios, y

    (b) sujeto a ello, apoyar la política económica del Gobierno de Su Majestad, incluyendo sus objetivos de crecimiento y empleo.

Cuando las políticas monetarias del Banco (tipos de interés elevados y endurecimiento cuantitativo) van en contra de los objetivos del Gobierno (incluidos los del reciente Gobierno conservador), cabe esperar que la deuda pública siga siendo elevada.

En estas circunstancias, la austeridad no es la respuesta.

Como Keynes dijo una vez en una conversación con Sir Josiah Stamp (conversación publicada en The Listener en 1933) en respuesta a las preocupaciones de Stamp sobre el «Presupuesto desequilibrado»:

   Pero, querido Stamp, nunca equilibrarás el Presupuesto con medidas que reduzcan la renta nacional. 1

(Digo «aparentemente» porque gran parte del discurso político actual parece «performativo». Son simples intentos de una narrativa destinada a protegerse de los ataques del enemigo, mientras que entre bastidores puede estar ocurriendo algo diferente. Por ejemplo, el Canciller acaba de acordar el nombramiento de un economista anti-austeridad, el profesor Alan Taylor, para el Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra).

Estoy siendo generoso aquí, porque en un ataque que me inclino a tomar como algo personal, el equipo de marketing de la Canciller elaboró una pulcra refutación de la primera frase de mi último libro, The Case for the Green New Deal. Era:

    "Podemos permitirnos lo que podemos hacer"

No, respondió el nuevo Canciller en una entrevista en la BBC el 30 de julio de 2024.

    "Si no podemos permitírnoslo, no podemos hacerlo."

No me dejaré amedrentar por este sofisma, y ustedes tampoco deberían.

Pocos días después de las elecciones generales británicas del 4 de julio, el Tesoro emitió la siguiente declaración:

    "El Canciller ha prometido hoy (8 de julio) tomar medidas inmediatas para arreglar los cimientos de la economía, reconstruir Gran Bretaña y hacer que cada parte del país esté mejor."

Al abordar la difícil herencia económica a la que se enfrenta este Gobierno, se comprometió a tomar medidas inmediatas para impulsar un crecimiento económico sostenido, la única vía para mejorar la prosperidad de nuestro país y el nivel de vida de los trabajadores.

Su argumento público parece ser el siguiente: para estabilizar las finanzas públicas, para «equilibrar las cuentas» es necesario recurrir a la austeridad para reducir la renta nacional, entre otras medidas, recortando el subsidio de combustible de invierno para los pensionistas, limitando las prestaciones sociales a las familias numerosas y recortando la inversión propuesta de 28.000 millones de libras en el Nuevo Pacto Verde.

Esto, se afirma, «arreglará los cimientos... reconstruirá Gran Bretaña» y estimulará el «crecimiento».

Ya lo veremos.

¿Qué tiene que ver el «crecimiento»?

«Crecimiento» es un término utilizado por economistas y políticos que apunta a una expansión de la actividad económica: un aumento de la inversión, del empleo y de la producción de bienes y servicios. A la inversa, lo utilizan en sentido peyorativo los defensores del medio ambiente, convencidos de que la expansión sin fin de la actividad económica en un mundo de recursos finitos es insostenible. Su antónimo, «decrecimiento», se utiliza en su lugar, como en The Future Is Degrowth: Guía para un mundo más allá del capitalismo.

Sorprendentemente, el uso y la evolución del «crecimiento», y su vínculo con el PIB, representan una etapa importante en el desarrollo del sistema financiero internacional actual, basado como está en las expectativas de un «crecimiento» continuo facilitado por la desregulación financiera internacional y la movilidad del capital. «Crecimiento» que desde los años 60, y en el contexto del capitalismo financiarizado, ha conducido a desequilibrios ecológicos, sociales y económicos que amenazan con un fracaso sistémico.

Los orígenes del «crecimiento» y la desregulación

La historia comienza con el economista británico John Maynard Keynes. En la década de 1930, Keynes desempeñó un papel mucho más importante en la creación y construcción de las cuentas nacionales del Reino Unido (y, en última instancia, del mundo) de lo que se suele reconocer. No lo hizo con fines contables, sino para evaluar el nivel de renta existente frente al nivel de renta potencial en determinadas condiciones políticas.

El valor de lo que entonces se conocía como «renta nacional», y que llegó a ser definido por Simon Kuznets como «PIB», era de menor interés para Keynes. Como explica Geoff Tily, Keynes consideraba el desarrollo de este tipo de contabilidad como un medio para alcanzar un fin, no como un fin en sí mismo. «Las cuentas nacionales se desarrollaron para apoyar la política: para resolver la crisis de desempleo de la Gran Depresión y para ayudar al despliegue de los recursos nacionales en toda su extensión posible para la conducción de la Segunda Guerra Mundial». Es importante reconocer, continúa Tily, que

    "estas iniciativas teóricas y prácticas estaban dirigidas al nivel de actividad -al aumento y luego al pleno empleo de los recursos y a la plena extensión de la producción nacional- más que al crecimiento de la actividad. En esta fase, los responsables políticos no tenían la menor idea de que el nivel de actividad pudiera aumentar de forma sistemática o uniforme de un año a otro; la intención era lograr cambios de nivel puntuales. (Énfasis añadido)."

La revolución del «crecimiento

El planteamiento de Keynes sobre las cuentas nacionales cambió radicalmente a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. En el Reino Unido, varios economistas profesionales - sin olvidar a Sir Samuel Brittan, destacado columnista del Financial Times - defendieron un nuevo concepto de «crecimiento» continuo y se definieron a sí mismos como «los hombres del crecimiento». Fue un planteamiento que cambió el carácter de la política durante la posguerra. Abandonando el objetivo de fijar el nivel de empleo y producción en niveles sostenibles, los gobiernos se fijaron una meta sistemática e improbable: perseguir el crecimiento. Nadie parece haberse parado a considerar si el crecimiento -derivado como la tasa de cambio de una función continua- era una forma significativa o válida de interpretar los cambios en el tamaño de las economías a lo largo del tiempo, escribe Tily.

Paralelamente, la política económica hizo cada vez más hincapié en los enfoques basados en la oferta y, por tanto, en un compromiso práctico con una mayor desregulación de la actividad económica. Ejemplo de ello es que el Consejo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) adoptó el 12 de septiembre de 1961 un «Código para la Liberalización de los Movimientos de Capitales». Este código, un marco para la eliminación progresiva de las barreras a los flujos transfronterizos de capital, presumiblemente fue diseñado para permitir lo que Tily llama la

   "ambición ridícula de un crecimiento rápido e incesante, independientemente del grado de capacidad del mercado laboral."

En octubre de 1961, la OCDE celebró una conferencia sobre «Crecimiento económico e inversión en educación» en la Brookings Institution de Washington DC. Alentada por los economistas «clásicos» y desalentada por lo que (en comparación con los niveles actuales) eran unos niveles de actividad económica elevados pero sostenibles, la OCDE propuso turboalimentar la economía del Reino Unido y de otros países. En aquel momento, el Reino Unido se encontraba en la feliz situación de ofrecer pleno empleo. En palabras del entonces Primer Ministro Harold Macmillan, los británicos «nunca lo habían tenido tan bien». El 17 de noviembre de 1961, la OCDE acordó un objetivo de crecimiento del 50% para el Reino Unido entre 1960 y 1970. El objetivo de la OCDE equivalía a un 4,1 por ciento anual. En aquel momento, la tasa de desempleo británica era del 1,2%.

El resultado de esta fijación de objetivos excesivamente ambiciosos era totalmente previsible: una era de inflación galopante en los años setenta, seguida de periodos de excesos financieros y crisis recurrentes. Desde entonces, la culpa de esta inflación se ha atribuido directa e injustamente a Keynes y al movimiento obrero.

De hecho, el intento de alcanzar un objetivo de crecimiento inverosímil en condiciones de casi pleno empleo condujo a la ruina del legado de Keynes: la «edad de oro» del capitalismo de 1945 a 1971. Sobre todo, condujo al desmantelamiento del sistema de gobernanza económica mundial dirigida establecido en la conferencia de Bretton Woods en 1944.(...)

1La conversación de Keynes con Stamp puede encontrarse en la página 103 del libro «Keynes on the Wireless», publicado por Palgrave Macmillan en 2010."

( Ann Pettifor , blog, 18/08/24, Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com, enlaces en el original)

12.8.24

No dejan de sorprender las piruetas ideológicas que está ensayando el Fondo Monetario Internacional... Acostumbrada a pontificar durante décadas sobre unas leyes de mercado escritas incorruptiblemente en roca, hoy, con una dosis de cinismo y asombrosa flexibilidad teórica, coquetea con planteamientos anteriormente excomulgados del léxico económico... Ante la guerra comercial iniciada por EEUU contra China desde 2018 y que tiro al basurero de la historia la muletilla de la “eficiente asignación de recursos por del mercado global”, el FMI acuñó el atractivo concepto de “fragmentación geoeconómica”, un eufemismo para aceptar que los tiempos del libre comercio mundial habían terminado para dar paso al “comercio de amigos”. La “seguridad nacional” de las grandes economías occidentales, se ponía por encima de su ineficiencia productiva respecto al gran taller mundial de la China... El proteccionismo que hasta hace una década era considerado un desvarío pre-económico, ahora luce el reconocimiento fondomonetarista y es presentado como la nueva tendencia económica mundial... desde el 2008, se han implementado más de 32.000 acciones proteccionistas en todo el mundo, 5 veces más que las acciones en favor del libre comercio. En otras palabras, proteccionismo en cualquier parte (Álvaro García Linera, ex-vicepresidente boliviano)

 "No dejan de sorprender las piruetas ideológicas que está ensayando el FMI. Acostumbrada a pontificar durante décadas sobre unas leyes de mercado escritas incorruptiblemente en roca, hoy, con una dosis de cinismo y asombrosa flexibilidad teórica, coquetea con planteamientos anteriormente excomulgados del léxico económico mainstream.

Déficit fiscal cero, contracción del gasto público, reducción del endeudamiento, supresión de subvenciones, apertura comercial, privatizaciones de empresas públicas y desregulación del mercado laboral eran unos preceptos “universales” distribuidos bajo el formato copy-page a cuanto país del mundo solicite crédito externo. Podía ser Bolivia, Ecuador, Rusia, Polonia, Nigeria, Chile, Grecia o cualquier otra nación en apuros, había un único camino para abrazar la prosperidad occidental. Para problemas e historias distintas, se tenía el mismo inevitable y sagrado destino: el libre mercado que premiaría a los triunfadores y entregaría a la caridad a los perdedores.

Hoy, en tanto haya algunas elites políticas y empresariales sobreviviente de esos jurásicos tiempos liberales, el recetario será el mismo. Pero los del FMI no son tontos. Saben que ese anacronismo solo es apetecible para algunos fósiles extraviados en África o Latinoamérica. Comprenden que en el resto del mundo, especialmente en los países que son miembros de las “economías avanzadas”, el viejo vademécum de mercado ni funciona ni seduce a millones y millones de votantes enojados con la desigualdad y la humillación de ser los perdedores.

Ante la guerra comercial iniciada por EEUU contra China desde 2018 y que tiro al basurero de la historia la muletilla de la “eficiente asignación de recursos por del mercado global”, el FMI acuñó el atractivo concepto de “fragmentación geoeconómica”, un eufemismo para aceptar que los tiempos del libre comercio mundial habían terminado para dar paso al “comercio de amigos”. La “seguridad nacional” de las grandes economías occidentales, se ponía por encima de su ineficiencia productiva respecto al gran taller mundial de la China.

Ahora, el 2024, acaba de publicar varios textos de antología equilibrista. El proteccionismo que hasta hace una década era considerado un desvarío pre-económico, ahora luce el reconocimiento fondomonetarista y es presentado como la nueva tendencia económica mundial que “ha regresado con fuerza”.

En un documento titulado “The return of industrial policy in data” (enero/ 2024) e “Industrial policy coverage in IMF surveillance” (feb/2024), el FMI intenta mezclar las viejas machaconerías de mercado con el nuevo léxico de intervencionismo y subvenciones estatales que ya se han convertido en irreversibles.

Por prurito verbal, el FMI no se aferra al concepto de proteccionismo, lo que sería ya casi una abdicación moral, y prefiere referirse a las “industrial policy” o “políticas industriales”. Lo interesante del último documento es que establece lo que el FMI tiene que hacer frente a esta indeseable realidad ascendente.

Inicialmente el FMI define a las “políticas industriales” como “intervenciones gubernamentales especificas destinadas a apoyar empresas, industrias o actividades económicas nacionales para lograr ciertos objetivos nacionales (económicos o no económicos)”. Y Se aplican mediante múltiples mecanismos a favor de empresas públicas y privadas: los subsidio, por ejemplo a los carburantes y la energía eléctrica; las donaciones económicas directas; prestamos estatales concesionales, reducción de impuestos, inyección de capital gubernamental, impuestos a las exportaciones, subsidios a la exportación, alivios a las cargas sociales, restricciones a la transferencia tecnológica, restricciones de contratación en obras públicas, requisitos de contenido local a productos comercializados, etc.

A estas alturas los liberales jurásicos se estarán revolcando en el piso al ver juntas tantas “ofensas” a la libertad económica. Pero si, ese es el nuevo lenguaje del FMI. Y no se trata de un exceso verbal sino de una realidad. Como se ve en la gráfica, este tipo de intervenciones estatales que ya comenzaron a aflorar tras la crisis del 2008, se han disparado los últimos años. De cerca de 200 a inicios del año 2000, a 3500 el año 2022 y cerca de 2800 en 2023.

Según el Global Trade Alert, desde el 2008, se han implementado más de 32.000 acciones proteccionistas en todo el mundo, 5 veces más que las acciones en favor del libre comercio. Lo más llamativo de todo ello es que quienes encabezan este neoproteccionismo no son países en “vías de desarrollo” sino las llamadas “economías avanzadas”.

Las áreas donde más se está sustituyendo el “libre comercio” son en los sectores de semiconductores, minerales críticos necesarios para el cambio de la matriz energética; ramas industriales de acero y aluminio; tecnologías de uso civil-militar; tecnologías bajas en carbono; especialmente automóviles eléctricos y paneles solares; insumos médicos y, en general, cualquier sector de empleo de “tecnologías avanzadas”, que incluye las actividades de mayor rentabilidad. En otras palabras, proteccionismo en cualquier parte.

Un ejemplo claro y reciente de ello son los 6.600 millones de dólares de subvención, y 5.500 de crédito concesional del gobierno norteametricano para la instalación de una planta de microprocesadores de la empresa taiwanesa TSMC en Arizona; o la elevación de los impuestos a la importación de autos eléctricos chinos, del 100 % al ingresar a EEUU; del 47 % el hacerlo a la Unión Europea.

Sin embargo, el FMI no pierde sus raíces y añoranza por los “dorados años” del hiperglobalismo, hoy en retirada. Resignado al curso del viento de los nuevos tiempos de revival nacionalista o regionalista de la economía mundial, considera que el neoproteccionismo no solo tiene el “listón bien alto” para intentar abordar las “fallas del mercado” sino que, además, puede generar numerosas “ineficiencias”, como las distorsiones en la asignación local de recursos, en los flujos comerciales, en la inversión y, además, alentar “políticas de ojo por ojo” del lado de los socios comerciales, como lo que viene sucediendo entre EEUU y China.

De ahí que, para adelante, el FMI elabora un catálogo de “recomendaciones” para la ejecución de nuevas “políticas industriales”, además de establecer un conjunto de requisitos para involucrar al propio FMI en su aplicación. ¿Significa esto que el FMI se ha vuelto proteccionista? No, para nada. Solo se trata de una dosis de sobrio realismo y una enorme voluntad de atemperar, lo más que se pueda, un proteccionismo que parece querer desbocarse.

Entre las recomendaciones para políticas proteccionistas está el de pedir a sus ejecutores que previamente estudien si en verdad existe alguna falla en el mercado; el de mantener la neutralidad competitiva que no discrimine demasiado a privados locales o extranjeros; el de implementar una gobernanza sólida y evaluar los costos y beneficios de esas medidas.

El propio FMI se da cuenta de la ingenuidad de estos pedidos frente a la impronta de la “seguridad nacional” y la competencia geopolítica, pero confía en que algún gobernante pequeño de algún país empequeñecido tenga oídos receptivos. Que se sepa hasta hoy, ninguna medida proteccionista ha sido implementada consultándole al FMI.

Y en lo que respecta a las condiciones para “supervisar” o “acompañar” políticas industriales, señala que esto podrá suceder si “son consistentes con la promoción de la estabilidad macro económica”, es decir, no se incrementen déficits fiscales; no se ponga en riesgo la balanza de pagos, es decir, se pague puntualmente a los acreedores extranjeros; ser rentables, es decir, nada de desvaríos para subvencionar bienestar social. Y, en el caso de tratarse de temas de “seguridad nacional”, el FMI mirara a otro costado, preocupándose únicamente en el impacto económico interno y sus “efectos transfronterizos”.

Con estos requisitos, tengo curiosidad de saber cuándo se producirá el primer “memorándum de asistencia proteccionista” del FMI. Claramente nunca sucederá con las grandes potencias que están implementando su proteccionismo como les da la gana y les importa un comino si este incumple “sus obligaciones con la Organización mundial del Comercio”, tal como reclama lastimeramente el FMI. Estas condiciones, son para la nueva realidad que se avecina en los países en “vías de desarrollo”.

No cabe duda que las reglas de la economía mundial están cambiando, aunque no necesariamente el bienestar de la gente. Mientras ahora, en “occidente” comienza a ser bien vistas las políticas proteccionistas para contener el avance industrial chino, en las relaciones laborales sigue campeando las reglas de liberalización de los contratos que aseguran bajos salarios y precariedad ocupacional.

En ello se devela la hipocresía empresarial, denunciada hace más de 150 años por Marx en su manuscrito sobre el paladín del proteccionismo decimonónico, Friedrich List, que pretendía “desconocer para afuera de las fronteras” aquellas reglas del libre comercio que se aplican implacablemente contra los trabajadores al interior de cada país.

El resultado, una economía anfibia que combinara proteccionismo y libre comercio en gradaciones que dependerán de que sector social es el que conduce esta transición de época."

( Álvaro García Linera , ex-vicepresidente boliviano, Jaque al neoliberalismo , 11/08/24, fuente Estrategia La)

24.7.24

Juan Laborda: Lo fundamental es la defensa de un orden liberal en descomposición... y para ello, la política fiscal debe de ser un tabú... En vez de preocuparse por alcanzar el objetivo de pleno empleo y mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía, nos dicen que lo fundamental es el ajuste presupuestario... no les gustan las consecuencias del mantenimiento del pleno empleo a largo plazo. “Bajo un régimen de pleno empleo permanente, el miedo dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria"… Su instinto de clase les dice que el desempleo es una parte integral del sistema capitalista normal... y sucede que "la minoría más y mejor protegida de Occidente es sin duda la de los ricos.... Así que las democracias liberales se han convertido en oligarquías liberales"... Los nuevos chamanes nos piden realizar un ajuste presupuestario adicional en 2025 para aprovechar la recuperación económica y reducir así el déficit público. Siguen sin entender los balances sectoriales de Wynne Godley. Que hubiera déficit público cuasi cero en el segundo Gobierno de Aznar, y superávit público en el primer Gobierno de Zapatero, no era un síntoma de buena gestión. Simplemente era el reflejo de un endeudamiento privado descomunal alrededor de la mayor burbuja inmobiliaria de nuestra historia... Al menos, y menos mal, Mario Draghi, como presidente del Banco Central Europeo, sí salvo al euro en 2012, por su cuenta y riesgo... Draghi decidió financiar a los Tesoros europeos en el mercado secundario. Por eso cuando abandonó el BCE pidió estudiar la Teoría Monetaria Moderna (TMM)... las oligarquías liberales, enfatizan ahora la importancia de retirar gradualmente las medidas de apoyo desplegadas durante la pandemia y la crisis inflacionaria... ¡Viva la financiarización y la extracción de rentas a través de la vivienda, la energía, los alimentos, la luz, el agua, … los otrora derechos humanos básicos!... En una economía con desempleo y capacidad no utilizada, el gasto público puede ser crucial para mantener la demanda... La obsesión con la reducción de la deuda pública puede llevar a políticas de austeridad que reducen la demanda agregada y aumentan el desempleo, y acaban incrementando la deuda pública

 "No aprenden. Les da igual el ascenso imparable de la derecha extrema. Les da igual que la ciudadanía, los electores, cada día, en su inmensa mayoría, lo estén pasando peor. Lo fundamental es la defensa de un orden liberal en descomposición. Y, para ello, así lo decidieron los chamanes ortodoxos de la economía de ese orden liberal, la política fiscal debe de ser un tabú. Por eso, “la Autoridad Fiscal Europea ha recomendado a España que haga un ajuste adicional en su presupuesto para 2025, aprovechando la situación económica favorable actual. Según el Consejo Fiscal de la UE, la recuperación económica permite adoptar políticas fiscales más estrictas y sugiere retirar el apoyo que se implementó durante la crisis inflacionaria de 2022. Enfatiza la importancia de que los países con altos niveles de deuda, como España, tomen medidas para reducir su déficit. Estas recomendaciones están alineadas con las nuevas normas fiscales europeas que se aplicarán a partir de 2025.” En vez de preocuparse por alcanzar el objetivo de pleno empleo y mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía, estos chamanes nos dicen que lo fundamental es el ajuste presupuestario.

Desde estas mismas líneas ya respondimos a la pregunta clave: ¿por qué existe entre ciertas élites políticas y económicas tanta aversión al uso de la política fiscal? La respuesta ya la dio en su momento uno de los grandes economistas del siglo XX, Michal Kalecki. En 1943 en Political Aspects of Full Employment exponía tres razones por las que a las élites no les gustaba, y sigue sin gustarles, la idea de utilizar la política fiscal como instrumento de política económica.

Un sistema sin una política fiscal activa significativa supone colocar en el asiento del conductor a los hombres de negocios; y sus “animal spirits” pueden determinar el estado de la economía. “Esto les da a los capitalistas un poderoso control indirecto sobre la política del gobierno”. Pero es que, además, en segundo lugar, el gasto público pone en tela de juicio un principio moral de la mayor importancia para la élite: “Los fundamentos de la ética capitalista requieren que te ganarás el pan con el sudor -a menos que tengas los medios privados suficientes-”.

Finalmente, y quizás la más importante, a los hombres de negocio no les gustan las consecuencias del mantenimiento del pleno empleo a largo plazo. “Bajo un régimen de pleno empleo permanente, el miedo dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria… La disciplina en las fábricas y la estabilidad política son más apreciadas que los beneficios por líderes empresariales. Su instinto de clase les dice que el pleno empleo duradero es poco sólido... y que el desempleo es una parte integral del sistema capitalista normal“.

Las oligarquías liberales

Tal como señala el historiador, demógrafo, sociólogo y politólogo Emmanuel Tood en su último libro La Derrota de Occidente (Akal,2024): “En el caso de Occidente, la disfunción de la representación mayoritaria no permite conservar el término 'democracia'. En cambio, nada impide mantener el término 'liberal' ya que la protección de las minorías se ha convertido en una obsesión… En este sentido la minoría más y mejor protegida de Occidente es sin duda la de los ricos, ya representen el 1% de la población, el 0,1% o el 0,01%.... Así que las democracias liberales se han convertido en oligarquías liberales”. Por eso, ante todo, tal como señalaba Kalecki, la política fiscal debe estar bajo el control de esas élites liberales, no vaya a ser que se alcance el pleno empleo y la gente crea realmente que es libre y nos la monten.

El proyecto europeo está hoy, aunque las oligarquías liberales no se den por aludidas, completamente muerto. Han intentado, estas élites, tal como señala Tood, con la búsqueda de un nuevo enemigo exterior, la Rusia de Putin, recomponerse y avanzar: “Tras haber diseñado una maquinaria disfuncional en Maastricht, nuestras élites podrían echarle la culpa a Rusia, su oscuro deseo sería que la guerra liberará a Europa de si misma… La Unión Europea ha desaparecido detrás de la OTAN, ahora más sumisa que nunca a Estados Unidos”. Pero todos los cálculos realizados por las élites europeas, y estadounidenses, han salido, digámoslo suavemente, rematadamente mal. Como corolario, entre otras cosas, Trump va a arrasar. ¿Qué hará Europa ante el probable retorno de Trump al Gobierno de Estados Unidos?

¿Por qué hay que tener cuidado con los ajustes presupuestarios?

Los nuevos chamanes nos piden realizar un ajuste presupuestario adicional en 2025 para aprovechar la recuperación económica y reducir así el déficit público. Siguen sin entender los balances sectoriales de Wynne Godley. Que hubiera déficit público cuasi cero en el segundo Gobierno de Aznar, y superávit público en el primer Gobierno de Zapatero, no era un síntoma de buena gestión. Simplemente era el reflejo de un endeudamiento privado descomunal alrededor de la mayor burbuja inmobiliaria de nuestra historia. Dicho superávit anticipaba, en el momento en que pinchara la burbuja, una gran recesión y/o depresión. Que en los últimos años hubiera déficit presupuestario no era un síntoma de despilfarro. Solamente reflejaba un exceso de ahorro privado. Durante estos años, España, además, magia cadabra, está financiando, por primera vez en su historia, en términos netos, al resto del mundo.

Al menos, y menos mal, Mario Draghi, como presidente del Banco Central Europeo, sí salvo al euro en 2012, por su cuenta y riesgo. Frente a la locura de austeridad y de devaluación salarial emprendida por esas oligarquías liberales, Draghi decidió financiar a los Tesoros europeos en el mercado secundario. Por eso cuando abandonó el BCE pidió estudiar la Teoría Monetaria Moderna (TMM). Según la TMM, un gobierno que emite su propia moneda no enfrenta las mismas restricciones presupuestarias que un hogar o una empresa. Reducir el déficit público puede llevar a una reducción en la demanda agregada, especialmente si el sector privado está endeudado y el sector exterior está en déficit. Esto podría desencadenar una recesión económica.

Estas mismas oligarquías liberales, enfatizan ahora la importancia de retirar gradualmente las medidas de apoyo desplegadas durante la pandemia y la crisis inflacionaria. ¡Les da igual la creciente masa de ciudadanos que no llegan a final de mes! Ante todo, se debe proteger a esa minoría guay, la de los más ricos. ¡Viva la financiarización y la extracción de rentas a través de la vivienda, la energía, los alimentos, la luz, el agua, … los otrora derechos humanos básicos!

En una economía con desempleo y capacidad no utilizada, el gasto público puede ser crucial para mantener la demanda. Si el sector privado no está en una posición de absorber la reducción del gasto público debido a altos niveles de deuda, y si el sector exterior está en déficit, retirar las medidas de apoyo podría llevar a una contracción en la demanda. Esto podría causar una desaceleración económica o incluso una recesión.

Pero, además, hacen un llamamiento a los países con altos niveles de deuda, como España, para adoptar medidas proactivas que aseguren una trayectoria fiscal sostenible a largo plazo. La sostenibilidad fiscal no debe ser medida únicamente por el nivel de deuda pública, sino por la capacidad de la economía para generar empleo y crecimiento. La obsesión con la reducción de la deuda pública puede llevar a políticas de austeridad que reducen la demanda agregada y aumentan el desempleo, y acaban incrementando la deuda pública. Basta para entenderlo, de nuevo, con manejar los balances sectoriales de Godley. Es más importante que el gobierno se enfoque en políticas que promuevan el pleno empleo y el crecimiento económico sostenible.

Un consejo final, en vez de tanta obsesión por el déficit y la deuda pública céntrense en lo importante, y reviertan el inmenso y vergonzoso proceso de desregulación, liberalización, reestructuración, financiarización, que por obra y gracia de ciertos chamanes, ha acabado creando una caída de la inversión productiva; un hundimiento de la productividad del capital; un incremento brutal de la desigualdad; una percepción de inseguridad en los aspecto vitales fundamentales –vivienda, salarios, empleo, sanidad,…- ; crisis recurrentes financieras y de deuda privada…- Estos chamanes, por ejemplo, aún no se han enterado que los últimos episodios inflacionistas obedecen a un conflicto de intereses por el reparto de la tarta. Y así todo."                  (Juan Laborda , El Salto , 22/07/24)

11.4.24

Es más eficiente para las cuentas públicas que la meta sea reducir el paro, y no el déficit... Otra política económica es posible para garantizar la sostenibilidad de la deuda pública sin recortes y aumentar el empleo... Prueba de la eficacia de esta política alternativa es que sin normas fiscales el déficit público se ha recortado del 10% del PIB al 3,66% y la deuda pública del 125% al 108%, al tiempo que el empleo alcazaba una cifra récord, 21 M de afiliados... el objetivo macro central debe ser el empleo, y que a través de la inversión pública se impulse la ocupación y el PIB por encima de la deuda en la que se incurra para financiarla (déficits públicos productivos)... (Martín Urriza)

Carlos Martín Urriza @carlosurriza

Otra política económica es posible para garantizar la sostenibilidad de la deuda pública sin recortes y aumentar el empleo. Los profesores  @JorgeUxo@ivanhayala, @pvillenueve y
@EladioFebrero lo muestran en un artículo académico que resume @DYebra

 Prueba de la eficacia de esta política alternativa es que sin normas fiscales el déficit público se ha recortado del 10% del PIB al 3,66% y la deuda pública del 125% al 108%, al tiempo que el empleo alcazaba una cifra récord, 21 M de afiliados

 El artículo propone que para España el objetivo macro central sea el empleo, dada la alta tasa de paro y que a través de la inversión pública se impulse la ocupación y el PIB por encima de la deuda en la que se incurra para financiarla (déficits públicos productivos)

 Esta propuesta incide en la visión cooperativa dentro de la UE frente a unas normas fiscales que ponen en riesgo las posibilidades de que países como España puedan acometer las inversiones necesarias para no quedar descolgados de las transiciones verde y digital, y del progreso

 Que el viejo fantasma del fascismo vuelva a recorrer Europa es resultado de una arquitectura institucional insuficiente y una política económica equivocada. Éstas han promovido un crecimiento basado en el empobrecimiento del vecino y en la devaluación de las condiciones laborales

De eldiario.es

10:16 a. m. · 7 abr. 2024 1.398 Reproducciones

 

 "Es mejor para el sostenimiento de la deuda y el crecimiento fijar objetivos de empleo que de déficit.

 Los tambores de 'recortes' y austeridad vuelven a sonar en la Unión Europea (UE). En 2025, se restablecerán definitivamente las reglas fiscales comunitarias, tras permanecer cuatro años suspendidas para hacer frente al doble shock de la pandemia y de la crisis de inflación por la invasión rusa de Ucrania. La propia Comisión Europea, el Banco de España y el resto de sospechosos habituales han corrido a advertir que hay que afrontar lo que eufemísticamente denominan “consolidación fiscal”.

Pero también hay propuestas alternativas, como la que firman los economistas Jorge Uxó, Eladio Febrero, Iván Ayala y Paloma Villanueva. Una investigación (publicada recientemente) que concluye que es mejor para la sostenibilidad de la deuda pública y para el crecimiento económico que la política fiscal se fije objetivos de reducción de la tasa de desempleo en vez de seguir insistiendo con rebajar el déficit estructural.

La propuesta final de las nuevas reglas fiscales de la UE, negociada por los gobiernos a partir de un primer texto de la Comisión Europea, es más flexible que el 'corsé' original que asfixió a España y al resto de países periféricos (Grecia, Portugal, Italia...) después del estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, “y que fue contraproducente para la meta de bajar el endeudamiento y el déficit”, recuerdan los autores de la investigación. Aunque, de nuevo, lleva el sello de Alemania, el bastión de la ortodoxia económica, especialmente intransigente con los desequilibrios presupuestarios y el endeudamiento.

Una ortodoxia que parece obviar que la permisividad desde 2020 respecto al incremento de la deuda pública o del déficit (la diferencia entre los ingresos y los gastos de Estado) ha sido crucial para que España y el resto de la UE hayan salvado dos golpes críticos e inéditos a la actividad económica, a los sistemas sanitarios y a la seguridad. Mientras, al mismo tiempo, se han planteado las transiciones ineludibles: la ecológica y la digital. Un esfuerzo que se ha realizado con el histórico apoyo de la Comisión Europea, que incluso decidió emitir deuda conjunta (sobre las espaldas de todas la UE) para desplegar el Plan de Recuperación, y también del BCE, que mantuvo la financiación más barata que nunca hasta julio de 2022.

 Ahora, el tablero económico ha vuelto a girar hacia la disciplina fiscal, para adelgazar las ratios de endeudamiento y para mantener controlados los desequilibrios entre ingresos y gastos, con sendas a medio plazo (eso sí, menos rígidas que las anteriores a la COVID). Pero, ¿y si ese mismo camino se pudiera recorrer centrándose en crear puestos de trabajo y en reforzar la inversión posible? Uxó, Febrero, Ayala y Villanueva argumentan que es posible.

El punto de partida podría ser la propia experiencia de los últimos 4 años. En 2020, el déficit presupuestario rebasó el 10% del PIB (Producto Interior Bruto) por el desplome de la actividad, con meses de casi hibernación. En 2021, en consecuencia, la ratio de deuda pública respecto a PIB llegó a dispararse por encima del 125%. Al cierre de 2023, estas dos medidas, las más inmediatas para medir la sostenibilidad de las cuentas públicas, habían disminuido al 3,66% y al 107,7%, respectivamente, primordialmente por la intensa recuperación y por la fortaleza del mercado laboral, que han propiciado un récord de recaudación de impuestos (de ingresos públicos), y por el afloramiento de la economía sumergida.

Con este precedente, los investigadores empiezan por discutir el concepto de déficit estructural que condiciona las reglas fiscales de la UE (en 2024, España debería reducir este desequilibrio 0,7 puntos desde el 4%, según el nuevo 'corsé') y, después, presentan un nuevo modelo de política fiscal para España basado en el objetivo de disminuir un punto porcentual la tasa de paro cada año. Según los cálculos hasta 2028, su propuesta alternativa estimularía el crecimiento del PIB y del empleo y acabaría rebajando el endeudamiento. Sin embargo, con las reglas fiscales la deuda se mantendrá estancada por encima del 100% del PIB. Un escenario, que, por cierto, comparte el último ejercicio de previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI).

“En los últimos 25 años, la tasa de desempleo de España sólo se acercó a la media europea entre 2005 y 2007, durante el periodo expansivo impulsado por la burbuja inmobiliaria. En 2022, la tasa de desempleo de España se situó en el 12,9%, el doble de la media europea. Por lo tanto, un objetivo relevante de la política fiscal en los próximos años debería ser reducir el paro”, inciden Uxó, Febrero, Ayala y Villanueva.

“Además, España se enfrenta a una falta de inversión pública. En el periodo de recuperación anterior a la pandemia (2014-2019), la inversión pública se situó en una media del 2,1% del PIB, por detrás de la media de la UE, que fue del 2,9%. En consecuencia, España debería mantener un importante esfuerzo inversor en los próximos años, especialmente teniendo en cuenta las tan necesarias transiciones energética y digital. De ahí que surjan dos enfoques alternativos de política fiscal para España en los próximos años, una vez que se restablezcan las reglas fiscales europeas. Por un lado, el primer enfoque se centraría en el concepto convencional de ”déficit estructural“ y su reducción. Por otro, el segundo enfoque daría prioridad a la reducción del desempleo y a garantizar un nivel adecuado de inversión pública”, continúan estos economistas.

Tanto esta propuesta alternativa como la propia Comisión Europea contemplan una reforma fiscal en España. Esta misma semana, desde Bruselas se le recordó al Gobierno de coalición que existe este compromiso dentro del marco del Plan de Recuperación. El principal problema es que los ingresos públicos respecto al PIB de España siguen estando por debajo de la media de la UE, con grandes agujeros especialmente en el impuesto de Sociedades. La fragmentación parlamentaria y el abrupto calendario electoral (Euskadi, Catalunya y Parlamento Europeo) complican que esta reforma se vaya a abordar antes del segundo semestre de este año.

La oportunidad pérdida

“El texto inicial [de las nuevas reglas fiscal] presentado por la Comisión Europea (2022) contenía ideas valiosas, al establecer la sostenibilidad de la deuda como objetivo central, reconociendo al mismo tiempo la necesidad de conciliarlo con la preservación del crecimiento y la inversión pública. Además, se entendía que las reglas fiscales debían tener en cuenta la creciente heterogeneidad de las situaciones de los países”, observan Uxó, Febrero, Ayala y Villanueva. 

 “Las negociaciones posteriores entre los gobiernos nacionales condujeron a un acuerdo de reforma en diciembre de 2023 que introduce numerosos requisitos adicionales que deben cumplir los planes fiscales presentados por los Ejecutivos para su aprobación comunitaria, denominados 'cláusulas de salvaguardia'. Por ejemplo, la 'salvaguarda de sostenibilidad de la deuda' establece una disminución anual mínima de los niveles de deuda y la 'salvaguarda de resistencia del déficit' busca garantizar un margen de seguridad por debajo del valor de referencia del déficit del 3% del PIB. Estas cláusulas suponen un retroceso respecto a la propuesta inicial de la Comisión Europea y asestan un golpe a las aspiraciones de un conjunto de reglas fiscales más coherentes con el crecimiento económico y la sostenibilidad de las finanzas públicas”, lamentan los economistas.

“¿Deberíamos reconsiderar nuestras conclusiones sobre la mejor estrategia de política fiscal para España a la luz del posible incumplimiento de estos requisitos numéricos y a pesar de su coherencia con los principales objetivos que debería promover la reforma? Creemos que no. La respuesta no debe interpretarse como una evaluación de la idoneidad de nuestra propuesta, sino de la propia reforma propuesta. Si las normas impiden la aplicación de estrategias beneficiosas para la economía que garanticen la sostenibilidad fiscal, habrá que cambiar las normas (no la política fiscal)”, finalizan."                (Daniel Yebra , eldiario.es, 06/04/24)

La narrativa del miedo a la deuda se utiliza para destruir el Estado del bienestar... De repente, la deuda pública francesa, que el Ministro de Finanazas ha contribuido alegremente a acumular gracias a la generosidad con el sector privado, se ha vuelto insostenible. Y es urgente... pero recortar el gasto para reducir la deuda en un periodo de débil crecimiento es garantía de debilitar aún más el crecimiento y, por tanto, de hacer la deuda aún más difícil de pagar. La lección ha quedado claramente demostrada en la última década por la crisis de la eurozona... las diversas formas de ayuda al sector privado ascienden a casi 200.000 millones de euros al año. Para desviar la atención de esta responsabilidad, el problema se centra en el gasto social y lo servicios públicos... Puede resumirse así: el objetivo del espantajo de la deuda es desmantelar lo que queda del Estado del bienestar para preservar las transferencias al sector privado y mantener su rentabilidad frente al estancamiento del crecimiento... El problema es que esta lógica de la deuda se resquebraja por todos lados. No sólo no produce crecimiento, sino que los costes sociales y medioambientales que conlleva debilitan la capacidad de reembolso de la deuda. La guerra social alimentada por la narrativa de la deuda es un callejón sin salida. Detrás del vodevil, hay una narrativa mortal (Romaric Godin)

"Es una obra que se repite una y otra vez en el espectáculo general de la economía. A intervalos regulares, un armario se abre y un ministro de finanzas descubre con horror la existencia de instrumentos de deuda que él mismo ha colocado en el armario. Sobreviene un pánico general bien ensayado, con portazos y todo el mundo clamando bancarrota, apelando a la responsabilidad y amenazando con un ataque a los mercados financieros.

Todo el mundo pide recortes en el gasto público y austeridad "para salvar al país". De hecho, aquí hay un empleado del ministerio con una pila de estudios económicos muy serios que demuestran que la austeridad refuerza el "crecimiento estructural". Contra el populismo, la razón dicta que hay que recortar el gasto.

Se prepara entonces el escenario para un severo régimen de austeridad que afecta sobre todo a los más pobres. La miseria aumenta, el país ve derrumbarse su crecimiento estructural y la recesión está asegurada. El colofón lo pone el mismo ministro que jura, con la mano en el corazón, que no le volverán a pillar. Antes de volver a llenar el armario...

En estos primeros meses de 2024, Francia parece haberse metido de cabeza en este mal vodevil cien veces repetido, pero cuyas consecuencias prácticas son considerables. Los discursos alarmistas sobre la deuda se multiplican. Como señala a Mediapart Benjamin Lemoine, sociólogo y autor de L'Ordre de la dette (La Découverte, 2022), "el efecto sorpresa político y mediático es fingido".

Señala que, "cuando los tipos de interés estaban en su nivel más bajo, gracias a la capacidad del BCE para gestionar el mercado de la deuda pública, la preocupación de los poderes públicos era la desaparición de la deuda como problema". Una vez retirado este apoyo, "había que preparar a la opinión pública para lo que estamos viendo ahora, que es una vuelta al orden de la deuda". Es precisamente en esta preparación en la que Bruno Le Maire lleva trabajando más de tres meses.

El Ministro de Finanzas ha abierto el famoso armario. De repente, la deuda pública francesa, que él ha contribuido alegremente a acumular gracias a la generosidad con el sector privado, se ha vuelto insostenible. Y es urgente.

En su libro-programa titulado La Voie française, publicado la semana pasada por Flammarion, el Ministro dedica un capítulo a la necesidad de reducir la deuda. Hace un torpe intento de explicar por qué son tan urgentes los recortes del gasto. Es una verdadera cueva de Alí Babá de argumentos, que van desde la subida de los tipos de interés (que debe terminar el próximo mes de junio) a la "degradación de Francia" (recurriendo a burdos anacronismos que evocan los gastos excesivos de San Luis y Luis XIV), sin olvidar a la reina de las pruebas: la caída del crecimiento.

 Desde que se supo que las previsiones de crecimiento del Gobierno para 2024 eran demasiado elevadas, la mayoría macronista no ha dejado de recurrir a este argumento, resumido así por el ministro grafómano en su libro: "El débil crecimiento frena nuestra reducción de la deuda; por tanto, debe llevarnos a encontrar otras palancas para reducir la deuda en un futuro inmediato."

El vodevil se convierte entonces en un pastiche de Ubu roi, porque recortar el gasto para reducir la deuda en un periodo de débil crecimiento es garantía de debilitar aún más el crecimiento y, por tanto, de hacer la deuda aún más difícil de pagar. La lección ha quedado claramente demostrada en la última década por la crisis de la eurozona.

Bruno Le Maire y los líderes actuales estaban vivos y coleando entonces. Deberían haber aprendido este simple hecho. Pero ahora tienen una historia diferente que contar, precisamente la misma que en 2010-2014, cuando la creencia en la "austeridad expansiva" proclamada por Jean-Claude Trichet sumió a la eurozona en una de las recesiones más largas de su historia.

La reducción de la deuda impulsada por el pánico contribuyó a un aumento duradero de la carga de la deuda. Y la prisa por reducir la deuda pública en la eurozona, ¿ha mejorado su capacidad para invertir en el futuro y construir una economía más fuerte y sostenible, como se predijo? De hecho, ha ocurrido lo contrario.

El Tribunal de Cuentas, escenificando el drama de la deuda

Sin embargo, esta es la misma narrativa que se viene desarrollando en la escena pública desde hace tres meses. A este respecto, no se puede subestimar el papel del Tribunal de Cuentas en la construcción de este relato.

Desde hace varios años, la institución de la rue Cambon es la guardiana del templo de la ortodoxia financiera. Dada su independencia teórica, es un punto de apoyo extremadamente práctico para construir la narrativa del pánico de la deuda. Desempeña un papel extremadamente afinado en la justificación de la idea de una deuda insostenible.

Al igual que su predecesor Didier Migaud, primer presidente de esta institución, Pierre Moscovici, desastroso gestor durante su etapa en Bercy de 2012 a 2014 (que dirigió una política de "austeridad expansiva" durante su mandato, aumentando la deuda pública del 80% al 95% del PIB), también moviliza las figuras clásicas del miedo y la vergüenza para justificar una política de reducción rápida de la deuda.

Recurre a la comparación, eterna palanca de las políticas neoliberales. En una entrevista concedida a La Dépêche el 13 de marzo, el primer Presidente del Tribunal de Cuentas criticaba "nuestro gasto público, que es el peor de la zona euro". A continuación, retomó el argumento de un futuro arruinado. El 12 de marzo, en la presentación del informe del Tribunal sobre la adaptación al cambio climático, afirmó que el "preocupante" estado de nuestras finanzas públicas dificultaría la movilización de recursos para hacer frente a la crisis ecológica.

En resumen, todo vale para justificar la futura austeridad, incluso lo injustificable. Es difícil entender cómo pudimos encontrar el 20% del PIB para hacer frente a Covid cuando la deuda pública era del 100% del PIB, pero por qué no pudimos encontrar el dinero necesario para adaptarnos al cambio climático con una deuda del 110% del PIB...

Temor y temblor

Una vez establecido este marco narrativo, los medios de comunicación se pusieron manos a la obra, publicando numerosas noticias sobre la deuda, afirmando, con sondeos que las avalaban (como el publicado por La Tribune Dimanche hace diez días), que "Francia tiene miedo" del nivel de su deuda, y multiplicando los titulares y textos alarmistas, desde la "cura de desintoxicación para nuestro Estado adicto a la deuda" de Le Point hasta el "Francia al borde del abismo" de François Lenglet en TF1.

El anuncio, el 26 de marzo, de que el déficit público aumentaría al 5,5% en 2023, frente al 4,8% en 2022, supuso una gran conmoción. La palabra "desviación" se convirtió rápidamente en el titular de las cadenas de televisión y los sitios web de noticias. "¿Qué va a hacer el Gobierno?", se preguntaba BFM, a pesar de que el ratio deuda/PIB había bajado dos puntos el año pasado y no había tensiones en los mercados financieros.

Sea como fuere, hay que actuar, y rápido. Evidentemente, Bruno Le Maire en RTL y Pierre Moscovici en France Inter refuerzan esta idea de urgencia, repitiendo los argumentos ya mencionados y añadiendo uno último: el de la moralidad. La razón por la que la deuda francesa está "fuera de control" es que los franceses son indolentes, incapaces del rigor necesario.

"Tenemos una cultura nacional que hace que, después de las crisis, no sepamos reducir con suficiente rapidez nuestra dependencia del gasto", explica Pierre Moscovici en La Dépêche. Además, los franceses se niegan a ver la "verdad" a la cara, y el primer presidente del Tribunal de Cuentas reclama un "discurso de la verdad". Y para colmo, Bruno Le Maire ha declarado que los franceses deben comprender que "ya no puede haber barra libre" en el reembolso de los gastos médicos.

Detrás de estas lecciones de moral, se trata por supuesto de preparar a los ciudadanos para la austeridad "difícil pero necesaria" que tendrá que golpear a los señalados como "aprovechados" del gasto público. Para Benjamin Lemoine, "todo se ve en términos de gasto público, y olvidamos automáticamente lo que ha producido este déficit: la retórica anti-impuestos y la forma en que el Estado actúa como un Estado de bienestar para el capital". Un estudio del Institut de recherches économiques et sociales (Ires) ha calculado que las diversas formas de ayuda al sector privado ascienden a casi 200.000 millones de euros al año.

Para desviar la atención de esta responsabilidad, el problema se centra en el gasto social y los servicios públicos. Se dice que son los responsables de la creciente deuda, y la narrativa de la deuda se utiliza para justificar futuros recortes en los servicios públicos y las transferencias sociales. Estos recortes ya han comenzado con el recorte de emergencia de 10.000 millones de euros en febrero y las múltiples reformas del seguro de desempleo. Pero aún hay más por venir.

Un final de guerra social

Esta narrativa política sobre la deuda, machacada una y otra vez por el gobierno, parte de la oposición (y ahora incluso el Rassemblement National) y los "expertos", sirve sobre todo para justificar una política de clase. Puede resumirse así: el objetivo del espantajo de la deuda es desmantelar lo que queda del Estado del bienestar para preservar las transferencias al sector privado y mantener su rentabilidad frente al estancamiento del crecimiento.

El espectáculo de lamentarse por el estado de la deuda pública parece, pues, resolver un conflicto interno del capital planteado por la reciente evolución económica a expensas del trabajo y de los servicios públicos. Benjamin Lemoine subraya la renovada presión de los acreedores y del sector financiero. "Como la calidad de los activos sin riesgo ya no está explícitamente garantizada institucionalmente por las recompras del BCE, corresponde a los gobiernos tranquilizar a los prestamistas", explica, y resume: "Si el revólver de los chantajistas de la deuda había sido desactivado por estas recompras, ahora está parcialmente rearmado". Señala que la refinanciación sin trabas en el mercado de la deuda "se produce políticamente mediante promesas de reforma a los inversores".

Pero esta lógica choca con la situación de un crecimiento estructuralmente débil y la necesidad permanente de que otros sectores, en particular la industria, se beneficien de los flujos públicos directos e indirectos. Para resolver esta tensión, y permitir que todos los sectores del capital estén satisfechos, la solución pasa por hacer recaer el peso de la deuda sobre los gastos sociales y los servicios públicos. La propuesta de Bruno Le Maire de subir el IVA para resolver el problema -ya aplicada en el quinquenio Hollande- también se inscribe en este marco de represión social.

Benjamin Lemoine resume diciendo: "El retorno del orden de la deuda refuerza las desigualdades de clase", y añade: "Existen especificaciones sociales para mantener la deuda como un activo sin riesgo al servicio de los financieros: los más vulnerables, los que dependen de los servicios públicos como las organizaciones de la mano izquierda del Estado (sanidad, educación, investigación, etc.) son la variable de ajuste automático en esta lógica perpetuamente reiniciada."

En un artículo para la New Left Review en 2020, el historiador económico estadounidense Robert Brenner resumía lo que él cree que es un "nuevo régimen de acumulación", que denomina "capitalismo político", en esta sencilla fórmula: "la redistribución directa de la riqueza, impulsada políticamente, hacia arriba para apoyar elementos centrales de una clase capitalista dominante parcialmente transformada". Es esta lógica la que parece plenamente operativa en el caso francés.

"Mantener el orden de la deuda requiere un constante acto de equilibrio entre el apoyo al capital privado y la capacidad de servir la deuda sin sobresaltos políticos, y durante años esta capacidad se ha basado enteramente en el sacrificio del Estado social", señala Benjamin Lemoine. El problema es que esta lógica, apoyada en la narrativa de la deuda, se resquebraja por todos lados. No sólo no produce crecimiento, sino que los costes sociales y medioambientales que conlleva debilitan la capacidad de reembolso de la deuda. La guerra social alimentada por la narrativa de la deuda es un callejón sin salida. Detrás del vodevil, hay una narrativa mortal."              (Romaric Godin , Sin Permiso, 07/04/24)

22.12.23

El acuerdo sobre el nuevo pacto de estabilidad prevé un ajuste fiscal a largo plazo tanto para Francia como para Italia que ninguno de los dos países puede ni intentará siquiera intentar realizar... El propio freno de deuda fiscal de Alemania, mucho más estricto, también es inviable. No hay manera de que Alemania pueda satisfacer sus necesidades de inversión y gasto en defensa sin un cambio en sus reglas fiscales internas (Wolfgang Münchau)

 "Donde la ignorancia es felicidad... He aquí por qué no funcionará. El acuerdo sobre el nuevo pacto de estabilidad prevé un ajuste fiscal a largo plazo tanto para Francia como para Italia que ninguno de los dos países puede ni intentará siquiera intentar realizar. (...)

Olivier Blanchard lo resumió sucintamente. Escribió en X: "No soy un jugador, pero estoy dispuesto a apostar que esto no sucederá. Es casi seguro que, después de unos años (algunos países obtuvieron una interrupción temporal), las reglas resultarán inviables. Pueden ajustarse, y probablemente lo harán, pero sería "Habría sido mejor hacerlo bien desde el principio".  

Así lo vemos nosotros también. Esta es la iteración número cuatro del pacto de estabilidad, y una vez más tenemos un régimen fiscal que no es concebible que funcione. Se habla mucho de que este régimen es mejor que el anterior. Si está destinado al fracaso, ¿por qué debería importarnos?  

El propio freno de deuda fiscal de Alemania, mucho más estricto, también es inviable. No hay manera de que Alemania pueda satisfacer sus necesidades de inversión y gasto en defensa sin un cambio en sus reglas fiscales internas. No criticamos al Tribunal Constitucional alemán. El problema no es cómo debemos interpretar la ley sino la ley misma. Lo mismo ocurre con el Pacto de Estabilidad IV. 

La principal conclusión es que los ministros de Finanzas de la zona del euro todavía dan prioridad a las apariencias sobre el contenido, tal como lo hicieron sus predecesores. Los alemanes en particular no parecen temer otra crisis fiscal.  

Dejamos el comentario final a Thomas Gray: "Donde la ignorancia es felicidad, ser sabio es una locura".

 (Wolfgang Münchau  , Eurointelligence, 22/12/23; traducción google)

25.5.23

Las élites económicas y políticas europeas no han aprendido nada... La Comisión Europea ha anunciado que, a partir de 2024, los Estados miembros deberán implementar medidas de austeridad... La reforma busca exclusivamente limitar el gasto. No se aborda la cuestión de los ingresos públicos, ni se plantea ninguna reforma fiscal que permita mantener servicios públicos de calidad. Obviamente no se contempla considerar otras opciones como la Teoría Monetaria Moderna, como sí está haciendo, por ejemplo, Japón... El retorno a las reglas fiscales ad hoc es un acto intencional de saboteo del nivel de vida de los europeos más desfavorecidos. Si los burócratas europeos visitaran los hogares de las familias más pobres, verían que un superávit fiscal indica una negligencia deliberada ante los principales desafíos de nuestro tiempo. Las prioridades están equivocadas... Las reglas fiscales ad hoc europeas parten de una serie de mitos fundacionales falsos... ¿Por qué tanta aversión a la política fiscal? Un sistema sin una política fiscal significativa supone colocar en el asiento del conductor a los hombres de negocios, y a los hombres de negocio no les gustan las consecuencias del mantenimiento del pleno empleo a largo plazo... Lo que está en juego es determinar si el sector público tiene o no un papel en la economía. Los defensores de la austeridad intentan cambiar el modelo social, privatizar todo, forrarse a nuestra costa. ¿Verdad, señora Ayuso?

 "La Comisión Europea ha anunciado que, a partir de 2024, los Estados miembros deberán implementar medidas de austeridad y ajustarse a las reglas fiscales para disminuir su deuda pública y el déficit fiscal. Estas reglas, totalmente arbitrarias, que incluyen un límite del 3% de déficit público y un 60% de deuda pública sobre el PIB, siguen siendo las mismas que antes. Los países tendrán cuatro años para reducir su deuda, pero aquellos con un alto nivel de endeudamiento serán sometidos a intervenciones en su política fiscal y presupuestaria. Las élites económicas y políticas europeas no han aprendido nada.

Los planes fiscales y estructurales serán la base de esta reforma y se utilizarán para evaluar anualmente el cumplimiento de los acuerdos pactados por cada país. Aquellos que no cumplan con las normas establecidas podrían recibir sanciones en forma de consecuencias económicas, de reputación o de retirada de fondos europeos. Para ello, se establecerá una regla de gasto que limitará el presupuesto de todas las instituciones, sin importar sus ingresos. La reforma busca exclusivamente limitar el gasto. No se aborda la cuestión de los ingresos públicos, ni se plantea ninguna reforma fiscal que permita mantener servicios públicos de calidad. Obviamente no se contempla considerar otras opciones como la Teoría Monetaria Moderna, como sí está haciendo, por ejemplo, Japón. 

 El retorno a las reglas fiscales ad hoc es un acto intencional de saboteo del nivel de vida de los europeos más desfavorecidos. Si los burócratas europeos visitaran los hogares de las familias más pobres, analizaran el estado de la sanidad pública tras la negligencia fiscal de años y examinaran la situación de la ciencia climática, verían que un superávit fiscal indica una negligencia deliberada ante los principales desafíos de nuestro tiempo. Las prioridades están equivocadas. 

Cómo el pensamiento gregario nos engaña sistemáticamente

Las reglas fiscales ad hoc europeas parten de una serie de mitos fundacionales falsos. Se trata de ciertos clichés con los que políticos, medios de comunicación y la mayoría de los economistas pretenden adormilarnos. Es falso que los gobiernos sean como los hogares. Es falso que la impresión de dinero para financiar los déficits presupuestarios sea inflacionaria. Es falso que los déficits presupuestarios y un elevado nivel de deuda pública conduzcan a elevados tipos de interés. Lo único que sí es cierto es que, cuando los sectores privados acumulan ahorros negativos alrededor de una burbuja, la economía acaba muy mal.

Desde que los bancos centrales, con Ben Bernanke en la Reserva Federal y Mario Draghi en el Banco Central Europeo, decidieron financiar en el mercado secundario a los Tesoros, hemos “descubierto” dos aspectos fundamentales del dinero y de los tipos de interés. Primero, la oferta de dinero es endógena, es decir, no puede ser fijada de manera arbitraria por los bancos centrales. La oferta de dinero en realidad viene determinada por la demanda de créditos y las preferencias del público. Por lo tanto, los créditos producen depósitos, y no al revés. A nivel agregado implica que es la inversión la que determina el ahorro. Segundo, los tipos de interés son exógenos. El Banco Central puede fijar donde quiera y como quiera el nivel del tipo de interés a corto plazo, el diferencial entre el tipo de interés a corto y a largo plazo, y el diferencial entre el coste de la deuda soberana y privada o entre deudas soberanas (BCE). Por lo tanto, si quiere un Banco Central, el tipo de interés será exógeno, es decir, se determina fuera del sistema, al margen de los mercados financieros.  

¿Por qué tanta aversión a la política fiscal?

La pregunta que surge es inmediata, ¿por qué existe entre ciertas élites políticas y económicas tanta aversión al uso de la política fiscal? La respuesta la dio en su momento uno de los grandes economistas del siglo XX, Michal Kalecki. En 1943, en 'Political Aspects of Full Employment', exponía tres razones por las que a las élites no les gustaba, y sigue sin gustarles, la idea de utilizar la política fiscal como instrumento de política económica.

Un sistema sin una política fiscal significativa supone colocar en el asiento del conductor a los hombres de negocios; y sus “animal spirits” pueden determinar el estado de la economía. “Esto le da a los capitalistas un poderoso control indirecto sobre la política del gobierno”. Pero es que, además, en segundo lugar, el gasto público pone en tela de juicio un principio moral de la mayor importancia para la élite: “Los fundamentos de la ética capitalista requieren que te ganarás el pan con el sudor -a menos que tengas los medios privados suficientes-”.

Finalmente, y quizás la más importante, a los hombres de negocio no les gustan las consecuencias del mantenimiento del pleno empleo a largo plazo. “Bajo un régimen de pleno empleo permanente, el miedo dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria… La disciplina en las fábricas y la estabilidad política son más apreciadas que los beneficios por líderes empresariales. Su instinto de clase les dice que el pleno empleo duradero es poco sólido... y que el desempleo es una parte integral del sistema capitalista normal”

El problema no es la austeridad. Se trata de determinar si el sector público tiene o no un papel en la economía, de mantener el “estado de bienestar”, de tener prestaciones sociales o leyes de pobres. Los defensores de la austeridad intentan cambiar el modelo social, privatizar todo -incluida la sanidad y la educación-, forrarse a nuestra costa. ¿Verdad señora Ayuso?"                 ( Juan Laborda, eldiario.es, 15/05/23)

9.5.23

El propio Fondo Monetario Internacional publica una investigación en la que se demuestra que las políticas de austeridad que defiende no funcionan, pero las sigue imponiendo... se demuestra que la austeridad no es útil para reducir la deuda. La realidad es que la aumentan, precisamente porque llevan consigo una disminución de los ingresos que obliga a que hogares, empresas y gobiernos se tengan que endeudar todavía más... es el aumento de la actividad, de la oferta y la demanda y no su restricción, la "responsable de aproximadamente un tercio de la reducción de la deuda... Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional no tiene en cuenta ni siquiera las evidencias puestas de relieve por sus propias investigaciones. Como mencioné al comienzo de este artículo, vuelve a recomendar la política de austeridad con carácter general... No hay una prueba más evidente de que las políticas que propone e impone el Fondo Monetario Internacional no tienen base científica ni respaldo empírico. Son fruto de sesgos cognitivos e ideológicos, de contar solamente con la información que coincide con sus propias expectativas e ignorar la que es incompatible con ellas. ¿Se trata tan solo de un error? no, porque lo cierto es que esos "errores" tienen consecuencias igualmente claras que delatan su auténtica naturaleza: desmantelan los servicios públicos, desprotegen a la población de por sí más empobrecida, disminuyen sus ingresos y la obligan a endeudarse en mayor medida. Mientras que, al mismo tiempo, ponen en manos de los grandes capitales y de los bancos la principal riqueza de los países, a los que convierte en simples negocios de donde extraen rentas sin límites... Al menos, hemos de agradecer al Fondo Monetario Internacional que sea ese mismo organismo quien se encargue de mostrar sin disimulo que sus políticas son un fraude intelectual, un colosal engaño al exclusivo servicio de los grandes poderes económicos y financieros

 "Hace un par de semanas el Fondo Monetario Internacional publicó en su último Monitor Fiscal un análisis de la situación económica en el que recomendaba volver a las políticas de austeridad para hacer frente a los rebrotes inflacionarios. Concretamente, decía que "los esfuerzos de las autoridades monetarias para que la inflación vuelva al nivel fijado como meta deben complementarse con una política fiscal más restrictiva".

A nadie pudo sorprender esa recomendación porque es la que viene defendiendo desde hace años, haga frío o haga calor, sea cual sea la situación en la que se encuentren las economías. Es la política llamada de austeridad que, una vez que ser aplica, lleva consigo recortes de gasto principalmente social y privatizaciones generalizadas.

Muchos economistas han puesto de relieve, también desde hace décadas, que ese tipo de política es inadecuada para estabilizar a las economías porque lo que provoca, en realidad, es un empeoramiento de la situación. Es una política que llamamos procíclica porque, en lugar de corregir el ciclo cuando hay baja actividad, lo que hace es agravar aún más su caída. Su efecto es como el de quitarle fuelle al motor cuando el problema es que éste ya lo estaba perdiendo y apenas tiene.

También se ha demostrado que las políticas de austeridad no son útiles para reducir la deuda, como asegura el Fondo Monetario Internacional cuando las recomienda con ese fin. La realidad es que la aumentan, precisamente porque llevan consigo una disminución de los ingresos que obliga a que hogares, empresas y gobiernos se tengan que endeudar todavía más.

Las consecuencias negativas de las políticas de austeridad que propone e impone el Fondo Monetario Internacional son, pues, bien conocidas, pero este organismo, como los políticos y economistas que las defienden, son literalmente inmunes a los argumentos en contra y a la evidencia empírica. Las mantienen como si actuaran con una especie de piñón fijo intelectual.

Lo sorprendente, sin embargo, ha ocurrido hace unos días, cuando es el propio Fondo Monetario Internacional quien publica una investigación en la que se demuestra que esas políticas restrictivas que defiende no funcionan.

En el capítulo 3 del último número de  Perspectivas de la economía mundial del FMI se presentan los resultados de una investigación realizada en 33 economías emergentes y 21 desarrolladas entre 1980 y 2019.

Sus autores reconocen que "en promedio, las consolidaciones tienen efectos insignificantes en los índices de deuda", no sólo porque no suelen ir acompañadas de otras medidas que serían necesarias sino porque "tienden a desacelerar el crecimiento del PIB".

También reconocen que, por el contrario, "la expansión fiscal se traduce en reducciones de la deuda" en diferentes casos y circunstancias, precisamente, porque esa expansión aumenta el crecimiento del PIB y los ingresos. Y también concluyen que es el aumento de la actividad, de la oferta y la demanda y no su restricción, la "responsable de aproximadamente un tercio de la reducción de la deuda observada durante ese período".

Los autores reconocen que la austeridad fiscal puede ser útil para reducir la deuda, si acaso, cuando las economías se encuentran en fase de crecimiento, pero no cuando están en recesión.

Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional no tiene en cuenta ni siquiera las evidencias puestas de relieve por sus propias investigaciones.

Como mencioné al comienzo de este artículo, vuelve a recomendar la política de austeridad con carácter general y, en el reciente caso de Sri Lanka, el Fondo Monetario Internacional llega aún más lejos. No sólo no ha matizado sus propuestas de consolidación fiscal en medio de una auténtica depresión económica, sino que las ha reforzado. Hasta el punto de que el jefe de la misión del Fondo en ese país, Peter Breuer, ha reconocido que se disponen a llevar a cabo un ajuste "muy brutal".

No hay una prueba más evidente de que las políticas que propone e impone el Fondo Monetario Internacional no tienen base científica ni respaldo empírico. Son fruto de sesgos cognitivos e ideológicos, de contar solamente con la información que coincide con sus propias expectativas e ignorar la que es incompatible con ellas, de usar modelos inadecuados que limitan el conocimiento de la realidad y de ignorar o interpretar erróneamente muchos de los datos disponibles.

Esta última no es una conclusión mía. He reproducido literalmente algunos de los errores que detectó la auditoría independiente que se hizo de la actuación del Fondo Monetario Internacional en la crisis que comenzó en 2007-2008. Parece evidente que siguen dándose, a pesar de que sea ya el propio organismo quien los detecta.

¿Se trata tan solo de un error? ¿Es solamente incompetencia de los miles de economistas magníficamente preparados y bien pagados que trabajan en el FMI?

Me temo que no, porque lo cierto es que esos "errores" tienen consecuencias igualmente claras que delatan su auténtica naturaleza: desmantelan los servicios públicos, desprotegen a la población de por sí más empobrecida, disminuyen sus ingresos y la obligan a endeudarse en mayor medida. Mientras que, al mismo tiempo, ponen en manos de los grandes capitales y de los bancos la principal riqueza de los países, a los que convierte en simples negocios de donde extraen rentas sin límites.

Al menos, hemos de agradecer al Fondo Monetario Internacional que sea ese mismo organismo quien se encargue de mostrar sin disimulo que sus políticas son un fraude intelectual, un colosal engaño al exclusivo servicio de los grandes poderes económicos y financieros."                     (Juan Torres López , Público, 20/04/23)

20.4.23

Tras elevar la edad de jubilación, Emmanuel Macron planea una "austeridad sin precedentes"... Macron ha escuchado la cólera de la calle: su respuesta ahora es la promesa de contratar diez mil magistrados y empleados más para el sistema judicial y doscientas nuevas brigadas de gendarmes

 "Emmanuel Macron ha impulsado un aumento de la edad de jubilación a pesar de las grandes protestas. En un discurso televisado el lunes por la noche, dijo que había "escuchado la ira" en las calles, pero los nuevos planes presupuestarios de su gobierno prometen nuevos ataques al modelo social francés.

 (...) En un discurso televisado a la nación el lunes, Macron expuso un programa de tres vertientes con el que pretendía hacer avanzar al país. Dijo que había escuchado la ira en las calles, pero que la respuesta a esto no debe ser ni "parálisis [ni] extremismo". En su lugar, Macron prometió avanzar: abriendo más institutos profesionales, tomando medidas para que las personas que reciben ayudas sociales vuelvan a trabajar y revisando la educación para que los estudiantes puedan dominar el francés y las matemáticas y los profesores ausentes puedan ser sustituidos de forma más eficiente.

Macron también dijo que se reconstruiría el sistema sanitario del país, y que el país avanzaría "hacia un nuevo modelo ecológico y productivo" desvelando un plan medioambiental en verano. Sin embargo, tras el guante suave de estas vagas promesas (incluida una promesa para que los estudiantes "hagan más ejercicio en la escuela") se escondía el puño de hierro. Macron ha escuchado la cólera de la calle: su respuesta ahora es la promesa de contratar diez mil magistrados y empleados más para el sistema judicial y doscientas nuevas brigadas de gendarmes (policía militar).

¿Está Francia preparada para avanzar como él sugiere?

En muchos sentidos, este ha sido el típico discurso de "restablecimiento" de Macron, una rutina familiar en la que promete una agenda audaz y transformadora. Sin embargo, una imagen más realista de sus planes reales a corto plazo puede encontrarse en el próximo presupuesto para 2024. A pesar de la oposición generalizada, el Gobierno sigue adelante con nuevos planes que atacan el modelo social del país. En el próximo presupuesto del año que viene se prevén profundos recortes de los programas sociales.
Llegar al límite

"Entre la inflación [y] la jubilación . . ya se ha llegado al límite", afirma Nicolas, técnico nuclear que el mes pasado acudió a protestar a París con una veintena de compañeros de la Unión Sindical Solidaria (SUD). No es el único que piensa así. Desde fuera del país, la posición de Macron parece tambaleante y disminuida, con advertencias incluso de la prensa económica conservadora de que esta situación representa el fin de su agenda interna, o incluso la naturaleza obsoleta del modelo presidencialista de la Quinta República. Pero Macron no tiene intención de detenerse ahora. Puede que las aceras de Francia giman con millones de manifestantes, pero él ya ha puesto sus ojos en el próximo premio.

 El paquete legislativo tiene tres objetivos en el punto de mira: el gasto social, los llamados "gastos marrones", que consisten en gastos relacionados con los combustibles fósiles, y las ayudas a las empresas.

Los recortes suponen una aceleración de la campaña de austeridad que Macron lleva a cabo desde que fue elegido. En una manifestación contra el coste de la vida el pasado noviembre, la diputada de France Insoumise Marianne Maximi, que representa a un distrito de Puy-de-Dôme, en el centro de Francia, ya denunció el presupuesto de 2023 como "un gran retorno de la austeridad en nuestro país."

"El resultado", dijo Maximi, "son 11.000 millones de euros de recortes presupuestarios. . . . Es el segundo presupuesto más austero de las últimas dos décadas".

Lo que esto significaba concretamente, explicó Maximi, era un gran impacto negativo en los servicios locales: comedores escolares, bibliotecas, piscinas públicas y calefacción en las escuelas.

"Los niños pasan frío, y lo seguirán pasando", afirmó.

France Insoumise no votaría a favor del presupuesto de 2023, remató Maximi, porque "la austeridad mata".

"¡Van a seguir cerrando camas en los hospitales, en plena crisis!".

Ya bajo el presidente conservador Nicolas Sarkozy, de 2007 a 2012, se recortaron unas 37.000 camas de hospital. Su sucesor, François Hollande, recortó otras 10.000. Luego, en el primer mandato de cinco años de Macron, que comenzó en 2017, a pesar de la pandemia de coronavirus y de un cierre justificado por la crítica falta de camas hospitalarias, el Gobierno recortó otras 21.000. (...)

Pero durante la excepcional crisis económica que provocó la pandemia, algunas de las ambiciones de recorte de gastos de Macron se vieron limitadas por la necesidad de evitar un colapso a gran escala de la economía. El programa de Macron pretendía contener la crisis aplicando una política fiscal que se conoció ampliamente, aunque de forma engañosa, como "cueste lo que cueste".

Hoy, todas esas medidas temporales a medias -como los cheques antiinflacionistas y las subvenciones para estabilizar el coste de la gasolina y el combustible- están en la guillotina. El pasado otoño, Gabriel Attal, Ministro de Cuentas Públicas, anunció que esa era había terminado. "Hemos pasado del 'cueste lo que cueste' al 'cueste lo que cueste'", declaró en una entrevista a Le Parisien.

un asesor de France Insoumise dijo a Jacobin que, en realidad, la mayor parte de las reducciones del gasto público de Macron se harán a expensas de los programas sociales. Explicaron que hablar de reducir los "gastos marrones" es una ilusión, y que recortar la ayuda a las empresas tampoco es probable.

En teoría, la reducción de estos "gastos marrones" consistiría en cerrar una serie de lagunas fiscales. Pero el Ministerio de Hacienda ya ha creado un grupo de trabajo gubernamental, compuesto principalmente por diputados favorables a Macron, para que elabore una legislación en favor de la industria verde. Su proyecto de ley debería presentarse en las próximas semanas. Ese grupo, según el asesor de France Insoumise, determinó que sería "contraproducente y prematuro" perseguir las desgravaciones fiscales sobre los gastos marrones. Es poco probable, concluyó el asesor de France Insoumise, que de ahí se deriven recortes del gasto.

En cuanto a la idea de que el Gobierno vaya a recortar el gasto en ayudas a las empresas, el asesor se mostró igualmente escéptico. Desde que Macron llegó a la presidencia, dijeron, la ayuda a las empresas se ha disparado; de hecho, ha aumentado en 80.000 millones de euros desde 2017. La tendencia estaba presente incluso antes de la pandemia, entre 2017 y 2019, cuando los gastos aumentaron en 30.000 millones de euros.

Éric Berr, profesor asociado de la Universidad de Burdeos, se hizo eco de este análisis. Berr, que también es codirector del Departamento de Economía del Instituto La Boétie -el think tank de France Insoumise-, me dijo que los últimos anuncios de Le Maire siguen la misma lógica del programa de estabilidad del Gobierno. Se trata de un documento que el Gobierno envía cada año al Parlamento y a la Comisión Europea detallando su plan para reducir el déficit.

"Su objetivo es reducir el déficit público. . . [por debajo del 3% del PIB en 2027", explicó Berr. Ese es el objetivo de déficit que la UE fija para sus Estados miembros.

Al mismo tiempo, el programa del Gobierno para reducir este déficit se basa únicamente en aumentar el crecimiento del PIB, excluyendo por completo la opción de subir los impuestos.

Todo lo contrario, dijo Berr: su objetivo es reducir los impuestos. "Así que si quieren reducir el déficit público, y al mismo tiempo reducir los impuestos, tendrá que haber un alto impacto en el gasto social".

La regla de mantener el déficit por debajo del 3% del PIB "no tiene ninguna realidad científica... ningún fundamento económico", explicó Berr. "La cifra fue inventada por los consejeros de François Mitterrand a principios de los años 80", dijo Berr.

Pero, me dijo el asesor de France Insoumise, "[su] hipótesis de crecimiento [está] inflada". En 2023, el gobierno prevé un crecimiento del 1% del PIB, una cifra que, según el asesor, el gobierno sabe que es errónea, y ya la han revisado a la baja una vez desde el 1,3%. El Banco de Francia estima que el crecimiento alcanzará sólo el 0,6 por ciento este año.

Si no se alcanzan estos objetivos, el déficit seguirá aumentando, a menos que se produzcan recortes significativos del gasto. ¿El resultado? "Una austeridad sin precedentes". Sin precedentes, y sin fin. Sin nuevo crecimiento a la vista, y sin perspectivas de nuevos impuestos, para disminuir el déficit será necesario, en cambio, que "cada año la austeridad tenga que ser más difícil que el anterior."

Eso será una buena noticia para el Fondo Monetario Internacional y el Consejo de Europa, que, explica Berr, han celebrado la última medida del Gobierno de retrasar la edad de jubilación. Para estas organizaciones económicas supranacionales liberales, sus llamadas reformas son "una señal de buena fe... de que Francia es un 'buen estudiante', que reducirá el déficit".

"Sin embargo, no es nada nuevo", dijo Berr.  "Sólo la continuación de lo que llevan diciendo desde el principio".

Berr cree que el anuncio de Le Maire pretende asegurar a las finanzas que, frente a los actuales movimientos sociales, el Gobierno francés "mantendrá el rumbo".

Ese rumbo, dijo, significa "bajar los impuestos, reducir el déficit público. . . [y] reducir el gasto público".

Para enviar esa señal, Berr dice que podría haber toda una serie de leyes en camino, incluida una que está preparando el ministro de Trabajo para cambiar el mercado laboral, u otra dirigida al seguro de desempleo.

Todo forma parte de un largo proyecto ideológico de Macron y la UE "para frenar la acción del Estado", dice Berr.

En una entrevista de 2019 con el periodista de investigación Marc Endeweld en Le Vent Se Lève, Endeweld explicó cómo el objetivo de larga data de Macron ha sido "liquidar el compromiso de posguerra, supuestamente para reconstruir algo [diferente]."

En realidad, sin embargo, Endeweld descubrió que Macron no tiene alternativa.

En su lugar, seguiremos oyendo a Macron hablar de "'adaptación'... ¡en nombre de Europa!  Y en nombre de la 'eficiencia'".

Eso significa que se avecinan tres cosas: recortes, recortes y más recortes."  
              ( Marlon Ettinger  , JACOBINLAT, 19/04/23; traducción DEEPL)