Mostrando entradas con la etiqueta h. Salud mental del trabajador. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta h. Salud mental del trabajador. Mostrar todas las entradas

17.2.25

Slavoj Žižek: La nueva cara de la protesta... Cada vez más, los chinos más jóvenes muestran una actitud de resignación pasiva, plasmada en la nueva palabra de moda bai lan (“que se pudra”)... el término bai lan insta a hacer lo mínimo en materia de trabajo... Las protestas masivas que se están produciendo en Serbia sugieren otras posibilidades. Los manifestantes no sólo reconocen que hay algo podrido en el estado serbio; también insisten en no dejar que las cosas sigan pudriéndose... los manifestantes serbios no amenazan con violencia, pero también han rechazado el diálogo. Esa simplicidad causa confusión, al igual que la aparente ausencia de líderes obvios... En este sentido, las protestas tienen algunas similitudes con el bai lan... la postura “apolítica” de los manifestantes crea las condiciones para una nueva política... un llamamiento simple y directo a la ley y al orden puede ser más subversivo que la violencia anárquica. Los serbios quieren el estado de derecho sin todas las reglas no escritas que dejan la puerta abierta a la corrupción y al autoritarismo... Después de bloquear durante 24 horas un puente sobre el Danubio en Novi Sad, los jóvenes manifestantes decidieron prolongar su concentración tres horas más para poder limpiar la zona. ¿Se imaginan a los parisinos de 1968 haciendo lo mismo después de lanzar piedras? Aspiran a cambios fundamentales en el funcionamiento de las instituciones básicas, y se niegan a hacer política según las reglas existentes

 "Algo importante está ocurriendo en China, y debería preocupar a los dirigentes políticos del país. Cada vez más, los chinos más jóvenes muestran una actitud de resignación pasiva, plasmada en la nueva palabra de moda bai lan (“que se pudra”). Nacido de la desilusión económica y la frustración generalizada ante unas normas culturales asfixiantes, el término bai lan rechaza la carrera de la rata e insta a hacer lo mínimo en materia de trabajo. El bienestar personal tiene prioridad sobre la carrera profesional.

La misma tendencia se refleja en otra palabra de moda reciente: tang ping (“tumbado”), un neologismo de la jerga que denota una sensación de resignación ante la incesante competencia social y profesional. Ambos términos manifiestan un rechazo de las presiones de la sociedad para que se superen las expectativas, y de la participación social como un juego de tontos cada vez con menos beneficios.

El pasado mes de julio, la CNN informó que muchos trabajadores chinos estaban cambiando los trabajos de oficina de alta presión por trabajos manuales flexibles. Una joven de 27 años de Wuhan explicaba: “Me gusta limpiar. A medida que mejora el nivel de vida (en todo el país), también aumenta la demanda de servicios de limpieza… El cambio que me representa es que ya no me siento mareada. Siento menos presión mental. Y estoy llena de energía todos los días”.

Estas actitudes se presentan como apolíticas, y manifiestan un rechazo tanto de la resistencia violenta al poder como de cualquier tipo de diálogo con quienes lo detentan. Ahora bien, ¿estas son las únicas opciones para los alienados?

Las protestas masivas que se están produciendo en Serbia sugieren otras posibilidades. Los manifestantes no sólo reconocen que hay algo podrido en el estado serbio; también insisten en no dejar que las cosas sigan pudriéndose.

Las protestas comenzaron el pasado noviembre en Novi Sad, tras el derrumbe de un techo que causó 15 muertos y dos heridos graves en una estación de ferrocarril recientemente renovada. Las manifestaciones se han extendido desde entonces a 200 ciudades y pueblos serbios, atrayendo a cientos de miles de personas y convirtiendo este activismo en el mayor movimiento liderado por estudiantes en Europa desde 1968.

Obviamente, el derrumbe del techo no fue más que la chispa que encendió la mecha del descontento reprimido. Las preocupaciones de los manifestantes abarcan muchos temas, desde la corrupción desenfrenada y la destrucción ecológica (el gobierno planea dedicarse de lleno a la extracción de litio) hasta el desprecio general que el presidente serbio, Aleksandar Vučić, ha mostrado hacia la población. Lo que el gobierno presenta como un plan para acceder a los mercados mundiales, los jóvenes serbios lo ven como una artimaña para encubrir la corrupción, vender los recursos nacionales a inversores extranjeros en condiciones turbias y eliminar gradualmente a los medios de comunicación opositores al gobierno.

¿Pero qué hace únicas a estas manifestaciones? La consigna de los manifestantes es: “No tenemos exigencias políticas y mantenemos distancia de los partidos de la oposición. Simplemente pedimos que las instituciones serbias trabajen en interés de los ciudadanos”. Con ese fin, insisten, en sentido estricto, en la transparencia sobre la renovación de la estación de tren de Novi Sad, el acceso a todos los documentos sobre el accidente, la desestimación de los cargos contra los detenidos durante la primera protesta de noviembre contra el gobierno y el procesamiento penal de quienes atacaron a los manifestantes estudiantiles en Belgrado.

Así, los manifestantes quieren provocar un cortocircuito en el proceso que ha permitido al partido gobernante mantener al estado como rehén controlando todas las instituciones. Por su parte, el gobierno de Vučić ha reaccionado de manera violenta, pero también con una técnica conocida en boxeo como “clinching”: cuando un boxeador rodea con los brazos a un oponente para impedirle golpear libremente.

Cuanto mayor es el pánico de Vučić, más desesperado está por intentar llegar a algún acuerdo con los manifestantes. Pero los manifestantes rechazan cualquier diálogo. Han especificado sus demandas e insisten en ellas de manera incondicional.

Tradicionalmente, las protestas masivas se basan, al menos implícitamente, en la amenaza de violencia, combinada con una apertura a la negociación. Sin embargo, en este caso ocurre lo contrario: los manifestantes serbios no amenazan con violencia, pero también han rechazado el diálogo. Esa simplicidad causa confusión, al igual que la aparente ausencia de líderes obvios. En este sentido, las protestas tienen algunas similitudes con el bai lan.

En algún momento, por supuesto, la política organizada tendrá que entrar en juego. Pero, por ahora, la postura “apolítica” de los manifestantes crea las condiciones para una nueva política, en lugar de otra versión del mismo juego de siempre. Para lograr la ley y el orden, hay que despejar la mesa.

Esta es razón suficiente para que el resto del mundo apoye incondicionalmente las protestas. Demuestran que un llamamiento simple y directo a la ley y al orden puede ser más subversivo que la violencia anárquica. Los serbios quieren el estado de derecho sin todas las reglas no escritas que dejan la puerta abierta a la corrupción y al autoritarismo.

Los manifestantes están muy lejos de la vieja izquierda anárquica que dominó las manifestaciones de 1968 en París y en todo Occidente. Después de bloquear durante 24 horas un puente sobre el Danubio en Novi Sad, los jóvenes manifestantes decidieron prolongar su concentración tres horas más para poder limpiar la zona. ¿Se imaginan a los parisinos de 1968 haciendo lo mismo después de lanzar piedras?

Aunque algunos podrían considerar como hipócrita el apoliticismo político de los manifestantes serbios, se entiende mejor como un signo de su radicalismo. Se niegan a hacer política según las reglas existentes (en su mayoría no escritas). Aspiran a cambios fundamentales en el funcionamiento de las instituciones básicas.

El mayor hipócrita de esta historia es la Unión Europea, que se abstiene de presionar a Vučić por miedo a que gravite hacia Rusia. Mientras que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha expresado su apoyo al pueblo de Georgia “que lucha por la democracia”, ha guardado un notable silencio sobre el levantamiento en Serbia -un país que oficialmente es candidato a la adhesión a la UE desde 2012-. La UE deja que Vučić se salga con la suya porque prometió estabilidad y exportaciones de litio, un insumo clave para los vehículos eléctricos.

La falta de críticas de la UE, incluso ante las acusaciones de fraude electoral, ha dejado en la estacada, en repetidas ocasiones, a la sociedad civil serbia. ¿Debería sorprendernos que los manifestantes agiten tan pocas banderas de la UE? La idea de una “revolución de colores” como la que se inició en Ucrania hace 20 años para “unirse al Occidente democrático” ya no cuela. La UE ha vuelto a caer políticamente bajo."              

 ( ,  Revista de prensa, 15/02/25, fuente Project Syndicate)

12.1.25

La crisis de la vivienda se ceba con los niños: "Estuvo sin dormir y con pesadillas antes del desalojo"... Entre el 70% y el 80% de las familias que sufren desahucios tiene hijos... cientos de menores son reescolarizados repetidas veces en cuestión de pocos años debido a las sucesivas ejecuciones hipotecarias que llegan a sufrir... este clima de inestabilidad permanente como traumático, en tanto que implica la pérdida recurrente de relaciones significativas... las infancias atravesadas por la precariedad "presentan comportamientos disruptivos como peleas y síntomas que van desde la desmotivación hasta problemas de sueño, aislamiento social y todo tipo de miedos". Parte de estos síntomas se deben, explica, "al estigma que supone vivir un desahucio y a la soledad e indefensión que acarrea verse expulsado de manera continuada"... "el arraigo a la comunidad es una cuestión de supervivencia y por ello las estrategias de afrontamiento ante la expulsión inmobiliaria pasan por resistir al máximo y quedarse en el barrio"... "No nos damos cuenta de que al final estamos cargando problemas de adultos en las vidas de niños que no tienen por qué querer abandonar su casa porque consideran que es su hogar seguro, su refugio" (Alejandra Mateo Fano)

 "La crisis de la vivienda ha sido uno de los temas que han marcado la agenda mediática y el debate público este 2024 en España. Organizaciones como el Sindicato de Inquilinas y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) llevan años denunciando la creciente inaccesibilidad de los alquileres, especialmente en las grandes urbes. Algunos datos recientes prueban este escenario: según el Instituto Nacional de Estadística, desde 2015 se ha producido una escalada de los precios de la vivienda en propiedad de hasta un 46,6%.

Reescolarización constante y pérdida de redes afectivas

El desarraigo tras la exclusión residencial

30.9.24

Así impacta la crisis de la vivienda en la salud mental: “A veces solo quieres llorar y tienes que pedir ayuda”... El 38% de la población ha sentido angustia ante la posibilidad de perder su casa... en la ciudad de Madrid, el salario medio creció un 3,3% en la última década, frente al 61,8% del alquiler. No es una excepción... “No tenemos ni una casa y solo podemos pensar que, al menos, si nuestras madres la tienen pagada, a última hora tendremos un sitio donde caernos muertas” (David Noriega)

 "Rosa tiene 54 años y trabaja en una gran multinacional española. Tiene un sueldo que prefiere no revelar, pero que ubica en la media. “Es un salario digno, como el de cualquiera, pero pagando 1.100 euros de alquiler me han precarizado”, lamenta. Cuando esta mujer se separó en 2018, comenzó a abonar una renta de 630 euros, que casi se ha duplicado en un lustro. También empezó con los ansiolíticos, la ansiedad, los mareos y unos dolores que le atenazan la espalda. Y una duda que planea en asambleas, ocupa conversaciones informales y ronda constantemente su cabeza: “¿En qué momento voy a rehacer mi vida, tener algo mío? ¿qué futuro van a tener mis hijos? Fíjate el estrés que te puede generar eso...”

El Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (Cgate) y la consultora GAD3 han publicado los resultados de una encuesta que muestra que el 38% de la población ha sentido angustia ante la posibilidad de perder su hogar. Casi 4 de cada 10 personas han experimentado esa sensación, que se agrava en el caso de quienes viven de alquiler: el 67% de quienes tienen una vivienda en propiedad o una hipoteca disfrutan de una sensación de bienestar que cae al 49% en el caso de los inquilinos. “No debemos olvidar que la vivienda adecuada está reconocida como un derecho humano y no disponer de ella puede comprometer otros derechos”, recordaba el presidente del Consejo, Alfredo Sanz, durante la presentación del informe 'La situación de la vivienda en España'.

Que la dificultad para hacer frente a una vivienda digna o para mantenerla en unas condiciones adecuadas tiene un impacto en la salud mental, y también física, de la población es una evidencia que diferentes trabajos llevan abordando desde hace años, pero que no acaban de tener un impacto claro en las políticas públicas. “La crisis se concentra, sobre todo, en un problema de precios elevados respecto a los salarios que, aunque quizá ahora se está recrudeciendo, es estructural en España”, explica la portavoz de la ONG Provivienda, Andrea Jarabo. Por ejemplo, en la ciudad de Madrid, el salario medio creció un 3,3% en la última década, frente al 61,8% del alquiler. No es una excepción, porque los precios han subido en torno al 30% de media en las grandes y medianas urbes.

Alfredo tiene 35 años y hace poco ha vuelto a vivir a casa de sus padres. Consiguió independizarse con un par de amigos hace una década pero tras varias mudanzas, cambios de compañeros y rentas cada vez más elevadas, decidió darse un tiempo. “La última búsqueda de piso fue realmente frustrante, no había nada por debajo del 30% de mi sueldo. Llegué a obsesionarme, no podía pensar en otra cosa. Por la noche me pasaba horas despierto pensando qué iba a hacer”, explica en conversación con elDiario.es.

“Somos una generación que ha puesto sobre la mesa temas como la salud mental, pero siempre se habla desde el punto de vista clínico, cuando también influyen las condiciones de vida y la carencia material. Hablar de salud mental es hacerlo del acceso a la vivienda, de salarios dignos, de temporalidad no deseada...”, considera la presidenta del Consejo de la Juventud de España, Andrea Henry, que recuerda que este grupo de edad es el más cercano al salario mínimo interprofesional. Con las medias salariales y de alquiler en la mano, “para que un joven pueda acceder a una vivienda en solitario, debe dedicar el 100% de su sueldo”. Un ejemplo: en 2023, el precio medio del alquiler en Barcelona fue de 1.136,40 euros, 13.636.8 al año. Un año antes, según los últimos datos ofrecidos por el Ayuntamiento de la ciudad, los menores de 24 años percibían un salario medio de 16.432 euros brutos.

Proyectos vitales que se retrasan

Según el último estudio del Observatorio de la Emancipación, la edad media de independizarse en España es la más alta desde que hay registros. Se sitúa en los 30,4 años, muy por encima de los 26,3 de la media europea. “Muchos proyectos vitales, personales y familiares se retrasan”, insiste Henry, que recuerda que “un problema de salud mental es la inestabilidad, pensar cuándo podrás emanciparte en solitario o construir tu vida desde ese punto”. ¿Pensar en tener un bebé? “Lo veo muy lejano si no puedo ni pagar un alquiler solo”, lamenta Alfredo.

“Las personas jóvenes se están emancipando en algunas de las peores condiciones de los últimos años. Vemos que son obligadas a desplazarse a los grandes núcleos, donde los precios de la vivienda son mucho más elevados”, explica la responsable del programa de juventud de Oxfam Intermón, Julia García, que junto al Consejo de la Juventud ha elaborado el informe 'Equilibristas: las acrobacias de la juventud para sostener su salud mental en una sociedad desigual'. Este indica que el 40% de las personas menores de 30 años creen que vivirán peor que sus padres y que sufrirán episodios de ansiedad y bajo estado anímico.

Rosa carga en su mochila con el peso de la vivienda desbocada, pero también con la angustia por el futuro de sus hijos. “Tengo uno de 23, que está estudiando, y otra de 35, que cobra 1.200 euros, a la que estoy ayudando, porque con esa edad no puede irse a vivir con su novio, ni tener hijos”, lamenta.

Los problemas de vivienda no solo profundizan los que ya padecen aquellos que viven otras situaciones de vulnerabilidad, también hacen caer a miles de personas por el abismo de la precariedad. “Además de la revulnerabilizar a poblaciones concretas, el alquiler ha empobrecido a cuatro de cada 10 hogares, de los que 250.000 cuentan con ingresos medios”, explica Jarabo. Los datos han sido extraídos del informe ‘Prevención y atención de la exclusión residencial: Factores explicativos’, que Provivienda publicó en 2023 y que estuvo financiado por el Ministerio de Derechos Sociales.

Aunque el factor más determinante es la accesibilidad, las expertas señalan también otros puntos que también en la estabilidad y la salud mental. “La situación de infravivienda, la pobreza energética, la falta de suministros, el aislamiento o el hacinamiento...”, enumera Jarabo. Precisamente, en el primer informe 'Cuando la casa nos enferma', en colaboración con el Ministerio de Sanidad, en 2018, ya se indicaba que el 17,9% de los hogares más pobres no disponen de espacio suficiente, lo que repercute en situaciones de depresión, estrés e insomnio. Además, señalaba que esto no ocurre solo en las viviendas de mayor precariedad. “Los problemas de habitabilidad se dan también en hogares que residen en viviendas de alquiler y que no pueden asumir las reparaciones del hogar o cuyo limitado poder de negociación con la propiedad para que esta asuma las reparaciones les lleva a convivir con situaciones de grave dificultad”.

La Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud 2022-2026 ya reconoce la importancia de sensibilizar a los y las profesionales sobre la aparición de nuevas fragilidades vinculadas a cuestiones sociales, como la dificultad de acceso a la vivienda. Son los llamados determinantes sociales de la salud, reconocidos por organismos como la propia Organización Mundial de la Salud y en los que el Gobierno viene haciendo hincapié en los últimos años. “No podemos hacer un abordaje de la salud mental si no abordamos el resto de determinantes. Hay otras políticas que son beneficiosas, como las de movilidad, de medioambiente o de vivienda”, reconocía al poco tiempo de llegar al Ejecutivo la ministra del ramo, Mónica García.

La líder de Más Madrid vivió la pasada semana un enfrentamiento en el Congreso con la diputada del Partido Popular, Noelia Núñez, que insistía también en la idea de que “la juventud padece ansiedad” debido a problemas económicos y estructurales. “Al segundo día del mes, el alquiler ya se ha comido su sueldo”, le espetó a la ministra. “¿Sabe qué afecta a la salud mental? Qué ustedes votaron contra la bajada de los alquileres de los ciudadanos”, le respondió García. El PP se ha negado a aplicar en los territorios donde gobierna la Ley Estatal de Vivienda, que les permite declarar zonas tensionadas y limitar los precios. “Es un atentado contra la propiedad”, aseguró la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.

Ángeles tiene una discapacidad del 65%, por la que recibe una prestación de 517 euros. “260 se me van en la vivienda”, explica. Tiene 60 años y se ha visto obligada a compartir piso en un recurso de la ONG Provivienda. Fue su única salida cuando se divorció para escapar de una situación de malos tratos. “Es muy duro tener que vivir sola, metida en la habitación, porque el resto son compañeros de piso, nada más”, cuenta en conversación con elDiario.es desde su cuarto, donde se pregunta si para los caseros “no es mejor perder un poquito y dar con buena gente”. “Hoy te piden un aval, un mes de agencia —prohibido por ley pero que algunas agencias siguen solicitando con excusas como la limpieza del inmueble o el seguro antiokupas— y la fianza. Es imposible”.

“Está genial compartir piso, lo que no está genial es hacerlo de forma forzada, porque no te queda otra o con gente que no conoces de nada y que a veces dificulta la convivencia”, explica Henry sobre un problema que se cronifica entre la juventud pero que escala a poblaciones de más edad, como Ángeles. “Antes estaba muy enfocado a universitarios, estudiantes de Erasmus... pero ahora no es así. Hay gente joven con un salario que podríamos considerar digno o que tienen una oposición y no pueden permitirse el precio de una vivienda. Pero también se ve en familias migrantes, madres monoparentales... que ven reducidas sus posibilidades de acceder a una vivienda”.

Rosa repite una y otra vez el mensaje de que “no hay salida”: “No tenemos ni una casa y solo podemos pensar que, al menos, si nuestras madres la tienen pagada, a última hora tendremos un sitio donde caernos muertas”. Pero en su discurso hay también un halo de optimismo, reivindicación y rebeldía. “Estoy devolviendo el seguro de impago y gracias a las asambleas del Sindicato de Inquilinas ves que no estás sola, porque cuando solo tienes ganas de llorar y no puedes respirar, tienes que pedir ayuda. Tampoco me quedo sentada esperando a que me arreglen las cosas. El 13 de octubre tenemos una manifestación para decir que hasta aquí hemos llegado. ¡Es por mi salud!”."

( David Noriega, eldiario.es, 29/09/24)

29.9.24

Los trabajos más estresantes en Europa: agentes de policía, trabajadores sociales, profesionales del bienestar y la vivienda, los empleos de enfermería... A nivel europeo, se estima que dos tercios de los empleados se sienten estresados en su trabajo... el Reino Unido presenta un 70% de empleados estresados, y Londres se destaca como la ciudad más afectada por el 'burn-out' en Europa, con un alarmante 91% de los trabajadores experimentando niveles "altos o extremos" de estrés

 "El estrés laboral es un fenómeno creciente en Europa, afectando a un número significativo de empleados en diversos sectores. Según un estudio de Claims.co.uk, que utiliza datos del regulador nacional británico de salud y seguridad en el trabajo (HSE), se han identificado algunos de los trabajos más estresantes en el Reino Unido. Este análisis revela que los agentes de policía, los trabajadores sociales, los profesionales del bienestar y la vivienda, los empleos de enfermería, así como los profesionales de la educación y el personal de recursos humanos y administrativos del Gobierno nacional, se encuentran entre los más afectados por el estrés.

 El problema del estrés laboral no es exclusivo del Reino Unido. A nivel europeo, se estima que dos tercios de los empleados se sienten estresados en su trabajo. Los sectores más afectados incluyen la educación y la atención sanitaria, donde las exigencias y responsabilidades son especialmente altas.

En cuanto a los porcentajes de estrés laboral por países, se observa que el Reino Unido presenta un 70% de empleados estresados, seguido de Alemania con un 71%, Bélgica con un 67% y los Países Bajos con un 56%. En Alemania, los sectores más estresantes son la educación, la fabricación de automóviles, la sanidad, los servicios públicos y las finanzas. Por su parte, en los Países Bajos, la sanidad, la educación, los servicios públicos, la restauración y la información y comunicación son los más estresantes.

Los factores que contribuyen al estrés laboral son variados e incluyen horarios laborales extensos, altas responsabilidades, roles de cara al público y la difuminación de límites entre la vida personal y laboral, especialmente con el aumento del trabajo a distancia. Una encuesta realizada por YouGov también indica que para algunas personas, especialmente en pequeñas empresas, desconectarse del trabajo no es una opción viable.

Respecto a la responsabilidad sobre el estrés laboral, las opiniones varían entre los países europeos. Un 29% de los neerlandeses cree que es su responsabilidad prevenir el estrés, mientras que el porcentaje aumenta al 47% en Bélgica, al 49% en el Reino Unido y al 51% en Alemania. Sin embargo, el deseo de apoyo laboral es alto: el 57% de los neerlandeses y alemanes, el 67% de los belgas y el 65% de los británicos desean recibir más apoyo de sus empleadores.

Londres se destaca como la ciudad más afectada por el 'burn-out' en Europa, con un alarmante 91% de los trabajadores experimentando niveles "altos o extremos" de estrés. Las búsquedas relacionadas con el agotamiento laboral en Google reflejan esta preocupación, con 2.240 búsquedas mensuales en Londres, frente a 520 en Ámsterdam y 420 en Berlín.

Las razones detrás del estrés laboral son múltiples e incluyen una gran carga de trabajo, el aumento de tareas no remuneradas, horas extras sin compensación, sensación de aislamiento, ansiedad por la seguridad laboral y el acoso por parte de compañeros. Entre los signos de agotamiento se encuentran la dificultad para concentrarse, la pérdida de visión de los objetivos, menor orgullo por el trabajo, pérdida de motivación, fatiga, frustración, dolores de cabeza inexplicables y cambios en el apetito o hábitos de sueño.

La situación actual demanda una atención urgente para abordar el estrés laboral en Europa, ya que afecta no solo la productividad de los empleados, sino también su bienestar general."

( , GaliciaPress, 29/09/24)

30.8.23

Estados Unidos bate un nuevo récord en suicidios... Explicar estos actos desesperados pasa por el entorno, un tejido socio-político en pleno proceso de desmoronamiento tan sui generis que no tiene parangón en otros puntos del llamado mundo desarrollado... Falta de prestaciones sociales, sanidad orientada al lucro y no al bienestar ciudadano, trabajos no acompañados por derechos laborales, políticos comprados, armas por doquier… Todo ello moldea un paisaje que, sin necesidad de que caigan bombas, por momentos remite a indicadores de guerra, la conflagración desatada por unas élites que decidieron hace no tantos años dejar caer al resto

 "Cada uno de nosotros hubiera podido suicidarse, a unos se lo podíamos leer siempre antes con claridad en el rostro, a otros no, pero rara vez nos equivocábamos”. Extraigo esta cita del primer tomo de los Relatos autobiográficos (Anagrama, 2023) del escritor austríaco Thomas Bernard, El origen. Aquí narra con una dureza excepcional su infancia en un internado de Salzburgo en mitad de la II Guerra Mundial, época tenebrosa, marcada por nazismo, donde la muerte por voluntad propia se volvió tan prevalente que casi constituye en sí misma un personaje.

Bernhard anunciaba contundente: “el suicida no es culpable de nada, la culpa es de su entorno”, indicando que las circunstancias adversas desgarraban a las personas hasta el punto de conducirlas a no querer vivir más. La belleza áspera de su prosa transmite un hecho que pocos negarían: la autolisis no debería considerarse un arrebato aislado; siempre hay factores externos que arrastran al individuo al abismo, y la lid aglutina muchos de ellos.

Ahora quiero viajar en el tiempo y el espacio hasta situarme en los Estados Unidos de América actuales, un país que cuenta con la tasa de suicidios más alta de su historia desde, precisamente, los primeros años de la II Guerra Mundial. Así lo han confirmado los datos provisionales del Centro de Prevención y Control de Enfermedades (CDC): 2022 fue el año más deletéreo en cuanto a quitarse la vida se refiere de las últimas ocho décadas: 49.449 personas fenecieron por esta causa, 14,9 por cada 100.000 habitantes, superando el anterior récord reciente de 2018: 14,2, unas cifras que se pueden considerar alarmantes para tratarse de tiempos de paz. Explicar estos actos desesperados pasa, como decía Bernhard, por el entorno, un tejido socio-político en pleno proceso de desmoronamiento tan sui generis que no tiene parangón en otros puntos del llamado mundo desarrollado.

 Una gran mayoría de expertos coinciden en señalar la ubicuidad de las armas, cuya venta aumentó sustancialmente durante la pandemia, como factor de peso. Más de la mitad de los suicidios en 2022 fueron por armas de fuego, tendencia que se ha repetido en años anteriores. Según un estudio de la Universidad de Johns Hopkins, realizado con los mismos datos del CDC (provisionales hasta final de año, pero considerados bastante exactos por la comunidad científica), casi 27.000 de esas muertes las desataron las balas, superando a las más de 19.500 clasificadas como homicidios.

El crimen (los asesinatos) no ha parado de crecer, de manera generalizada, en los últimos tiempos, pero el daño autoinfligido lo sobrepasa, y además, por primera vez, el suicidio con arma de fuego afectó a más niños y adolescentes negros que blancos, siendo estos últimos más numerosos en población. Que la disponibilidad de armas incrementa los fallecimientos por autolisis, debido a su letalidad, parece casi una obviedad. Aun así, un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford dedicó 12 años a examinar dicha relación en una población de 26 millones de habitantes. Sus esfuerzos arrojaron las siguientes conclusiones: la posesión de armas en hombres incrementa la probabilidad de suicidio ocho veces; en mujeres, el número es 35.

Muertes por desesperación

Existe otro problema de fondo, estrechamente vinculado al anterior: la esperanza de vida en EE.UU. no ha parado de caer en los últimos años, nos dice el Council on Foreign Relations, y actualmente es de 77 años, entre las más bajas de los países ricos (la de España se sitúa en 82,4 años, cercana a la de Francia, Suecia, Italia o Irlanda, mientras que la nación norteamericana se asemejaría a Eslovaquia -77 años- o a Colombia -76,7-). Esta tendencia, preocupante desde antes de la pandemia, despertó la curiosidad del Premio Nobel e investigador Angus Deaton y la también investigadora Anne Case, que desgranaron los motivos en el libro Deaths of Despair (2020) o Muertes por desesperación: aquéllas resultantes del suicidio, la sobredosis y el alcoholismo, devastación contra uno mismo que rebasa el margen causal del gatillo y exige una indagación más profunda.

 En una de sus conferencias, Deaton matizó el contenido del volumen para responsabilizar directamente a las políticas neoliberales surgidas de la Escuela de Chicago por estas vidas perdidas. Específicamente, el Nobel culpó al conglomerado sanitario, cuyos lobbies controlan en buena medida lo que se aprueba en Congreso; “un sistema [que] hace un uso excesivo de procedimientos que son mejores en optimar los beneficios económicos que la salud”.

La crisis de los opiáceos, causante de más de 100.000 muertes anuales, constituiría un ejemplo claro: creada artificialmente por la codicia de las farmacéuticas –concretamente Purdue Pharma, a la que Deaton señala–, logró producir millones de pacientes adictos que, privados más tarde de las recetas médicas, se lanzaron al mercado negro en busca de estupefacientes.

A la nefasta gestión sanitaria, privatizada, excesivamente cara tanto para las arcas públicas como para los clientes, se suma un mercado de trabajo desigual que no ofrece seguro médico a los empleados con menos formación, o directamente los condena al ostracismo al externalizar puestos o automatizarlos: “contemplamos este desastre de mercado laboral como una de las fuerzas más poderosas que amplifican las muertes por desesperación entre la clase trabajadora estadounidense” –aseguró Deaton.

 Falta de prestaciones sociales, sanidad orientada al lucro y no al bienestar ciudadano, trabajos no acompañados por derechos laborales, políticos comprados, armas por doquier… Todo ello moldea un paisaje que, sin necesidad de que caigan bombas, por momentos remite a indicadores de guerra, la conflagración desatada por unas élites que decidieron hace no tantos años dejar caer al resto."                     (Azahara Palomeque , La Marea, 28/08/23)

24.4.23

«La inutilidad social de nuestros trabajos de mierda nos come el alma, nos hace polvo»... «Lunes de mañana: tu cuerpo se acomodará a la ecuación exacta de una silla»...«Enhebrar, rebaja tras rebaja, una factura/ de alquiler a medias, copagos,/ transacciones médicas, hacer el amor/ cuando la ansiedad lo permite» (Azahara Palomeque)

 "«Enhebrar, rebaja tras rebaja, una factura/ de alquiler a medias, copagos,/ transacciones médicas, hacer el amor/ cuando la ansiedad lo permite». Azahara Palomeque (1986) toma en su último poemario, Currículum (Ril Editores), el pulso al sinsentido del trabajo turbocapitalista y a la zozobra de una generación, la suya, que se encuentra atrapada en el estrecho solapamiento de un diagrama de Venn de dos círculos en el que uno es el apocalipsis planetario, y el otro, el impenitente deber de acudir cada día a la oficina.

«Lunes de mañana: tu cuerpo se acomodará a la ecuación exacta de una silla». En los poemas de Currículum (Ril Editores) hay constantes referencias al cuerpo: bilis, encías, ovarios, nudillos… El trabajo es una «disciplina de órganos». Con frecuencia pensamos el trabajo actual como algo sin cuerpo, una actividad solo intelectual. Pero, igual que la nube digital necesita servidores materialísimos que consumen cantidades ingentes de energía, quien trabaja con un ordenador no deja de trabajar con el cuerpo, y de torturarlo.

Yo tengo una trayectoria de hablar del cuerpo en mis libros anteriores. Una cosa que me pasó como emigrante es que todo lo somatizaba. Me di cuenta de que tenía un cuerpo, y no precisamente para bien: contraje muchas infecciones, padecí estrés, ansiedad que antes no tenía, taquicardias que no sabes de dónde vienen, bruxismo… Síntomas que se fueron desarrollando conforme a una serie de mecanismos de explotación y de sometimiento.

Sí: tendemos a desmaterializarlo todo; o a decir que hay trabajos del cuerpo y trabajos de la mente. Si tú estás en una oficina, se supone que no trabajas con el cuerpo; y si estás en el campo, se supone que no trabajas con la mente. Pero es falso. A mí me gusta recordar el concepto de biopolítica de Foucault. El cuerpo sigue ahí. Si trabajas doce horas en una oficina, vas a tener problemas de espalda; si te oprimen, se te va a caer el pelo, como se me cayó a mí, o vas a perder la regla, como me pasó a mí. Somos siempre cuerpo, carne, huesos, sangre, órganos.

Es muy simbólico lo que comenta de la pérdida de la regla. El trabajo nos hace perder la misma capacidad de procrear. Usted habla en un poema de los «abrazos postergados»; pide que «aquello que el deseo unió no lo separe el trabajo». El trabajo hace que se resienta nuestra misma capacidad de amar.

Las relaciones afectivas se ven también muy dañadas por estas dinámicas de explotación y sometimiento al orden capitalista, sí. En otro poema, hablo de «hacer el amor cuando la ansiedad lo permita». Por poner el ejemplo contrario, cuando he vuelto a España y me he sentido muchísimo mejor, habiendo abandonado todo ese mundo tóxico de sometimiento al trabajo, he notado también una mejoría en el cuerpo, en mi capacidad de desarrollar, no solo encuentros sexuales, sino afectos en general. ¿Cómo vas a poder amar y desarrollar afectos cuando estás compitiendo con compañeros por ver quién alcanza los objetivos, a quién le dan un ascenso…? Eso también destruye el tejido colectivo que necesitamos para organizarnos y reclamar derechos.

¿Ha notado, a su vuelta a España, que la cultura del trabajo de aquí sea menos, digamos, despiadada que la estadounidense?

Sí. En parte, por una paradoja. En España hay más precariedad, menos posibilidades de ascenso; y la contrapartida es que eso permite establecer unas relaciones más saludables con tus compañeros, que acaban por ser amigos porque nadie está peleando por cuatro migas de pan; la movilidad social está rota y nadie piensa que vaya a heredar la empresa o que se vaya a convertir en clase media acomodada o alta por trabajar a destajo. La gente se resigna y se concentra en pasarlo bien e irse de cañas. No quiero minusvalorar la gravedad de esa precariedad o de las necesidades económicas que tenemos, pero tiene ese efecto. Y luego, claro, están los derechos laborales que existen aquí y en Estados Unidos no. El derecho a una baja por enfermedad o por parto mejoran bastante la vida.

Manejamos, o hay quien maneja, un imaginario del mundo del trabajo que sigue pensando en el obrero de mono azul y la cadena de montaje. Pero, para muchos proletarios de hoy, el mono es un traje y una corbata.

 Pervive ese imaginario marxista muy fuerte, sí, pero trabajos de manufactura cada vez hay menos, al menos en Europa. Lo que hay más son lo que David Graeber llamaba trabajos de mierda: labores administrativas, de marketing, de teleoperador, etcétera, que no valen para nada y que te comen el alma, porque su inutilidad social es tan grande que hace que la gente sienta que no cumple un rol social. Eso te hace polvo, tanto más en un momento de crisis política, energética, climática, etcétera, como este. El mundo se desmorona y tú sigues encerrado en una oficina.

El trabajador de un astillero, por duro que fuera el trabajo, sentía el orgullo de construir un barco que recorrería el mundo durante décadas; el de una mina, la épica del arrancar de las entrañas de la tierra la sustancia que movía el mundo. Un teleoperador no siente esa satisfacción de hacer algo útil socialmente. La sintaxis desordenada, quebrada, que maneja en sus poemas, ¿es una manera deliberada de reflejar ese absurdo, esa incomprensibilidad?

Siempre la he manejado, porque de alguna manera también representa ese cuerpo roto, desgarrado, o mi propia lucha con el lenguaje, que viene de estar deslocalizada, de mi lidiar con varias lenguas al mismo tiempo y encontrarme con un español que tenía casi que reconquistar cada vez que me ponía a escribir, algo que todavía me sigue pasando. Pero sí, también se puede relacionar con esa falta de utilidad o ese sentimiento de estar perdido en un trabajo útil para la empresa, pero sin función social.

Somos una generación a la que le han contado que si lo hacía todo bien y se esforzaba, las cosas serían maravillosas, y nos comeríamos el mundo. No ha sido así y nos encontramos ante un montón de mitos hechos trizas. El libro empieza con la búsqueda del trabajo, la espera, el a ver qué pasa. Al final sí que hay un trabajo, pero me refiero a él con poemas titulados La oficina (I), La oficina (II), La oficina (III); o Jornada laboral (I), Jornada laboral (II)… Esa repetición, ese bucle depresivo.

En Estados Unidos se habla hoy de una Gran Dimisión motivada por la pandemia. El confinamiento, el reencuentro con la vida que significó para mucha gente, ha hecho darse cuenta a muchas personas de que podían renunciar al trabajo o a parte de él a cambio de una existencia más plácida. Poder, por ejemplo, recuperar el placer perdido de una siesta, tema al que dedica un poema: «Recuerdas cómo era malversar el tiempo/ una tarde espigada/ tras el almuerzo, vientres de animal/ con que madre hacía milagros». Usted ha escrito alguna cosa sobre eso. ¿Hay una revolución mental en marcha contra el turbocapitalismo?

Está habiendo un cambio de paradigma lento, progresivo, que no va a ser radical, porque en Estados Unidos la identidad personal viene marcada por el trabajo. Siempre te preguntan: «What do you do?», y si no haces veinte mil cosas no eres persona. El carné de ciudadanía te lo da el trabajo. Pero sí que con la pandemia hubo esa gran dimisión. Yo la documenté bien y eran datos reales de miles de personas que dejaban los trabajos. Algunos, después, se reincorporaban, pero otros no. También los había que montaban su propia empresa buscando hacer algo que tuviera sentido; no seguir adelante con esas carreras laborales absurdas.

Hablamos de un país en el que, muchas veces, el seguro médico te lo da la empresa, lo cual hace que dejarla signifique un riesgo enorme. Pero mucha gente lo hacía a pesar de todo. También está pasando lo que allí llaman silent quitting, «renuncia silenciosa»: hacer lo mínimo posible para no ser despedidos; no hacer horas extra, no pretender superar las expectativas sobre ellos. En aquel contexto, es bastante sorprendente: significa ir en contra de lo que en teoría significa ser un buen ciudadano y no asumir que la identidad corporativa de tu empresa es también la tuya.

La pandemia ha cambiado las cosas. Nos hemos dado cuenta de nuestra vulnerabilidad, de que no es tan difícil morirse, algo que a mucha gente se le había olvidado. Además, estamos en un momento de crisis perpetua: cuando no sea una pandemia, va a ser una crisis económica o un desatre medioambiental. Y la gente se dice: «¿Para qué voy a dedicar diez o doce horas diarias de mi vida a esto, en un capitalismo que agoniza, mientras mis hijos crecen en una guardería?».

Termino preguntándole por la feminidad; por cómo sus poemas también transmiten el extra de penurias que la feminidad siempre significa. Ser mujer, aun en un mundo que ha hecho avances en materia de igualdad, sigue significando techos de cristal y suelos pegajosos. Hay un poema, Oferta de trabajo, en el que versifica la búsqueda de una mujer, «miembro obediente de aspecto/ calibradamente humano, sin excesos;/ que pueda desapercibirse sola».

El techo de cristal sigue siendo muy bajo, sí; tanto como para estar en cuclillas. Y el suelo, pegajoso. Fíjate, se habla del #MeToo, y creemos que el feminismo ha impactado mucho en Estados Unidos, y en algún momento lo hizo, pero ahora mismo está más arraigado en otros países que allí. La violencia de género sigue siendo violencia doméstica. Todo eso se traslada al ambiente laboral.

Allá, además, los patrones de feminidad están muy asociados a los patrones racistas: tú puedes ser un tipo de mujer u otro dependiendo de tu raza. Existe, por ejemplo, el estereotipo de que las mujeres negras tienen una personalidad muy fuerte y gritan más, y se permite, digamos, que tú seas más abiertamente agresiva o tengas una opinión cuando eres una mujer negra que si eres una mujer blanca, en cuyo caso se te pedirá ser más comedida, más disciplinada, sonreír más. A mí me ocurría que no me ajustaba a ninguno de esos patrones: primero, porque no eran los míos, porque no había crecido en esos códigos culturales; pero, segundo, porque yo no caía en ninguna de las dos partes de esa dicotomía racial. Mucha gente no me consideraba suficientemente blanca; tengo rasgos que se veían como de Oriente Medio. Pero era europea. Pero también era hispana. Esa mezcla resultaba rara allí. Obviamente, tampoco era negra. Desafiaba constantemente esos patrones raciales y de género."               (Pablo Batalla, La Marea, 17/11/22)

31.3.23

¿Cuál es la otra pandemia que nos está matando? Cerca de mil millones de personas sufren de depresión, bipolaridad, ansiedad, miedo, aislamiento, demencia, consumo de estupefacientes y alcohol, esquizofrenia y desórdenes alimenticios... La depresión, por ejemplo, es la principal causa de discapacidad. Y el suicidio ocupa el cuarto lugar en la lista de las causas de muerte de personas entre los 15 y los 29 años... el 14,3% de las muertes que ocurren en el mundo cada año, ocho millones de personas, son atribuibles a desórdenes mentales

 "Los gobiernos del mundo le están dedicando gran atención e ingentes recursos a contener la covid y sus mutaciones. Afortunadamente, están teniendo éxito. Pero, lamentablemente, están descuidando otra pandemia que lleva tiempo cobrándose millones de vidas cada año y discapacitando a millares de personas: las enfermedades mentales.

Las pandemias se caracterizan por esparcirse rápidamente y atacar a un gran número de habitantes. Este es el caso de los problemas de salud mental.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) cerca de mil millones de personas sufren de depresión, bipolaridad, ansiedad, miedo, aislamiento, demencia, consumo de estupefacientes y alcohol, esquizofrenia y desórdenes alimenticios (anorexia y bulimia) entre otros problemas. 14,3% de las muertes que ocurren en el mundo cada año, aproximadamente ocho millones de personas, son atribuibles a desórdenes mentales.

 La depresión, por ejemplo, es la principal causa de discapacidad. Y el suicidio ocupa el cuarto lugar en la lista de las causas de muerte de personas entre los 15 y los 29 años. Según el Project Hope (Proyecto Esperanza), una ONG que se especializa en estos temas, en el mundo se suicida una persona cada 40 segundos. Los hombres se suicidan al doble de la frecuencia con la que se quitan la vida las mujeres. A su vez, la depresión en las mujeres duplica la frecuencia con la que se deprimen los hombres. Si bien el suicidio es una realidad global, su mayor incidencia es en países de menores ingresos. En 2019, por ejemplo, el 77% de los suicidios en el mundo ocurrieron en países con ingresos bajos o medianos.

La covid produjo un aumento de un 25% en el número de personas que sufren ansiedad y depresión. Pero la crisis en la salud mental era ya una realidad preexistente. Jonathan Haidt, un prestigioso psicólogo social, mantiene que el aumento de las enfermedades mentales en adolescentes en Estados Unidos comenzó en 2012. Según él, “esta crisis está relacionada en gran medida con la transición hacia una infancia y adolescencia basadas en teléfonos y, con especial énfasis, en redes sociales”.

La evidencia de la crisis en EE UU es abrumadora. Entre 2004 y 2020 los adolescentes de ese país que sufren de una depresión mayor aumentaron un 145% entre las niñas y un 161% entre los niños. Desde el 2010, los estudiantes universitarios que sufren de ansiedad aumentaron un 134% y los que tienen trastornos bipolares un 57%. Entre 2010 y 2020 los suicidios de niñas adolescentes aumentaron un 82%. El Centro para el Control de Enfermedades (CDC) de EE UU reportó que entre 2011 y 2021 el número de mujeres jóvenes que se sienten persistentemente desesperanzadas y tristes aumentó un 60%. Cerca del 15% de las adolescentes entrevistadas por el CDC revelaron haber sido forzadas a tener relaciones sexuales, un aumento del 27% en dos años. La Academia Estadounidense de Pediatría, la Asociación de Hospitales de Niños y otras instituciones médicas de EE UU han declarado un “estado de emergencia nacional” con respecto a la salud mental de los niños.

Por otro lado, el mal uso y el abuso enfermizo de las tecnologías digitales no son hábitos exclusivos de los jóvenes. Hombres y mujeres de mediana edad y ancianos también evidencian el impacto negativo de las redes sociales en sus vidas cuando estas tecnologías son usadas de manera abusiva o tóxica.

 Esta es una crisis mundial. Las estadísticas y estudios en otros países muestran las mismas tendencias generales. El Estado Mental del Mundo es un reporte del 2022 basado en encuestas a más de 220.000 personas en 34 países. El estudio muestra un deterioro en la salud mental de todos los grupos etarios y de género. También encontró que los países de habla inglesa tienen los menores niveles de bienestar mental y que, en términos de edad, el grupo de 18 a 24 años sufre la peor salud mental de entre todos los demás grupos encuestados.

Lamentablemente, la escasez de psiquiatras, psicólogos y otros profesionales de la salud mental es la norma mundial. Según Project Hope, dos tercios de quienes necesitan ayuda no la reciben, aunque existen tratamientos eficaces para tratar su dolencia. Muchos países de menores ingresos cuentan con menos de un especialista en salud mental por cada 100.000 habitantes.

Factores culturales e institucionales dificultan la atención al paciente. En muchos países y culturas tener problemas de salud mental es una vergüenza que es mejor esconder. Sufrir de problemas de salud mental puede hacer que se pierda el trabajo, la pareja o las amistades. Desde el punto de vista institucional está la dificultad de acceder al seguro de salud, especialmente cuando es privado y, para muchos, prohibitivamente costoso.

Afortunadamente, las cosas están cambiando. La inteligencia artificial y el tratamiento remoto vía internet permitirá el acceso al sistema de salud a pacientes que ahora no lo tienen. Hay prometedores avances en medicinas y tratamientos. En muchos países la vergüenza está siendo reemplazada por el activismo que busca darles visibilidad y recursos a estos problemas. Ningún problema puede ser resuelto si antes no ha sido reconocido, estudiado y debatido. La salud mental es una crisis pandémica que requiere de más visibilidad y debate"                  (Moisés Naím , El País, 19/02/23)

23.2.23

Éxito rotundo del proyecto de la jornada de cuatro días en Reino Unido... El 92% de las empresas que han entrado en el proyecto piloto pretenden seguir con la reducción de jornada sin reducir el salario

"Éxito rotundo y gran aceptación por parte de las empresarios del mayor ensayo de la semana laboral de cuatro días. El estudio piloto ha sido realizado en el Reino Unido y los resultados muestran cómo la gran mayoría de las empresas y los trabajadores que han participado en él pretenden continuar con la jornada laboral reducida por los enormes beneficios obtenidos, tanto para empresarios como para trabajadores.

En el estudio participaron 61 organizaciones y unos 2.900 trabajadores que adoptaron voluntariamente semanas laborales de cuatro días con el mismo salario de junio a diciembre de 2022. Es decir, los empleados obtuvieron el 100% de su salario por el 80% de la jornada que hacían normalmente. La gran mayoría de ellas optó por la opción de reducir la jornada a cuatro días, aunque un pequeño porcentaje prefirió reducir la jornada diaria pero seguir trabajando los cinco días.

De este total de empresas que participaron, el 92%, un total de 56, han anunciado que pretenden continuar con la jornada reducida. El 30%, lo que supone 18 empresas, de ellas ya han introducido la política de reducción de jornada en la empresa de forma permanente. Tan solo el 5% de ellas tuvieron problemas y se vieron obligadas a pausar el programa piloto y el 3% todavía se encuentra en algunas de las fases del piloto, aunque estas dos empresas siguen considerando la posiblidad de reducir el horario de forma permanente. 

El resto de empresas lo tienen claro y los beneficios que se han observado convencen a empresas y trabajadores. Aumento de ingresos, descenso de la rotación y los menores niveles de agotamiento de los trabajadores son algunas de las ventajas observadas tras este experimento. Todo ello en medio de una recesión económica, incrementos de la inflación y una fuerte inestabilidad política que ha azotado el Gobierno británico y sus cambios de primer ministro en los últimos meses.

Según los datos del estudio publicados esta semana, el agotamiento de los empleados en sus jornadas laborales se ha disminuido en un 71%. Los días que estos 2.900 trabajadores han pedido bajas laborales también se ha visto reducida en un 65%. Además, los trabajadores fueron preguntados si tenían dificultades para dormir, que pueden ser un síntoma de estrés laboral, y hasta un 40% de los encuestados contestaron que sus dificultades para dormir se habían reducido, frente a un 45% que contestó que no habían cambiado nada y un 15% que contestó que habían aumentado en esos últimos meses. Ninguno de los 2.900 participantes preguntados dijo querer abandonar el horario de cuatro días y el 15% afirmó que  no volverían a los cinco días ni aunque les aumentaran el salario. 

Las empresas también ganan

Pero no fueron los empresarios los únicos que salieron beneficiados ni tampoco ha sido el menor número de bajas laborales el beneficio que obtuvieron las empresas. Según el estudio, las compañías que han participado en el experimento de la reducción de jornada han incrementado sus beneficios en dicho periodo respecto al año anterior en un 1,4% de media.

Los resultados del Reino Unido son la segunda publicación importante de datos de una serie en curso de pruebas de la jornada de cuatro días coordinadas por la organización internacional 4-Day Week Global, que se centra en promover campañas y experimentos para promover la reducción de jornada. Los autores del informe  que recoge los datos del experimento han defendido que, pese a que las empresas que lo han llevado a cabo se ofrecieron voluntariamente a participar y, por lo tanto, tenían más probabilidades de que funcionaria, los resultados muestran un fuerte argumento sobre la reducción de la jornada laboral y sus efectos positivos sobre empresas, proactividad y trabajadores. “No sabemos exactamente qué ocurrió con la productividad”, afirmó en unas declaraciones recogidas por la BBC Juliet Schor, del Boston College, que, junto con las universidades de Oxford y Cambridge, fue una de las instituciones académicas responsables del ensayo. “Pero sí sabemos que en otras métricas, como los ingresos, el abandono, la productividad, el bienestar de los empleados y los costes, obtuvimos muy buenos resultados”, concluyó Schor.

En el Estado español se ha conocido hace poco las bases para los dos proyectos para la reducción de jornada laboral que se han puesto en marcha. Uno ha sido impulsado por Compromís en el País Valencià y el otro a nivel nacional de la mano de Más País. De igual forma que con el experimento británico, estos dos proyectos financiarán que un número de empresas prueben la reducción de jornada laboral a cuatro días o menos horas durante los cinco, siempre sin reducir el salario, para luego poder analizar los resultados y poder comprobar sus efectos tal y como se ha hecho en Reino Unido."         (Redacción El Salto , El Salto, 21/02/23)

3.8.21

La precariedad laboral provoca depresión, ansiedad e intentos de suicidio

 "La precariedad laboral está muy relacionada con los problemas de salud mental que padecen muchas personas a día de hoy. Así lo ha afirmado la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en una entrevista concedida al diario Público. «Una de las razones principales de la afectación a la Salud Mental en nuestro país tiene que ver con la precariedad laboral», ha lamentado Díaz a la hora de analizar los posibles mecanismos a aplicar para modernizar el mercado de trabajo en España.

«Una madre que tiene un hijo o una hija, que trabaja tres horas (es decir, que es precaria); un joven que tiene que pagar el alquiler… la pregunta que me hago yo: ¿cómo no va a tener una enfermedad mental? ¿Cómo no va a tener una neurosis o una depresión?», ha planteado durante la entrevista la ministra de Trabajo, que ha aprovechado para anunciar que, desde septiembre, el Ministerio analizará la magnitud de su impacto.

Precariedad y trastornos

De tal forma lo ha expresado Díaz en Público: «Una de las causas próximas que llamamos en derecho de la salud mental es la propia precariedad. Crearemos un grupo de trabajo para que ponga el foco en esto». Porque, como ha denunciado, es «vergonzante tener a jóvenes trabajando por 400, 500, 600 euros; tener a mujeres que trabajan dos o tres horas al día y luego hacen horas complementarias». La ministra considera que esto no tiene que ver con «ser de izquierdas o de derechas», sino con «un pacto de país para restaurar esto».

Ya días atrás, Díaz defendió la necesidad de situar como ejes prioritarios de su Ministerio -y en esta línea del Gobierno de coalición- la negociación sobre la reforma fiscal, garantizar el acceso a la vivienda con medidas que permitan un alquiler asequible, el despliegue de políticas que acaben con la crisis de los cuidados, que garanticen las prestaciones mínimas a la población y que combatan la precariedad laboral."             (Alma Lorenzo, Diario16, 02/08/21)

22.3.21

La salud mental de los trabajadores empeora a gran velocidad. Existe una correlación entre el miedo al contagio, el aislamiento, la disponibilidad permanente y la crisis económica... y la siniestralidad laboral. Las muertes por infarto y derrame cerebral han subido un 11% en 2020... en un año en el que la actividad ha disminuido. A pesar de todo, el 60% de las personas salen fortalecidas de la crisis

 "Vicente vive solo en un pequeño apartamento del centro de Madrid que se ha convertido en su base de trabajo y de vida desde hace casi un año. Lejos de su familia, añora las relaciones sociales. Está que se sube por las paredes, deprimido, aseguran sus compañeros. Él refleja un estado emocional que, sin llegar a ser una patología diagnosticada, ha puesto a muchas compañías españolas en alerta. Algunas, como los Laboratorios Théa, han decidido que los trabajadores vuelvan por turnos a las oficinas precisamente al detectar ese desánimo.

“Es la primera vez en mis 22 años de trabajo que las empresas me piden proyectos de bienestar laboral para sus plantillas enfocados sobre todo en salud mental”, afirma Marta Romo, consejera delegada de la consultora de recursos humanos BeUp. Las organizaciones están viendo cómo la covid genera más ansiedad, estrés, depresión, problemas de concentración, pérdida de memoria... y estos se transforman en más bajas por ansiedad y fatiga, continúa.

Gustavo Diex, director de Nirakara Institute, constata que su centro está registrando mucha actividad en el área de empresas. “Son compañías del Ibex que incluyen casi por primera vez en su historia formaciones volcadas en la salud mental. Hay preocupación en la dirección porque seguramente han visto síntomas de estrés, ansiedad y depresión en sus equipos. Pero probablemente lo peor está por venir, ya que la crisis que llega va a traer mucho sufrimiento”.

(...)  no hay duda de que la covid está afectando al estado mental de las plantillas, asegura Ana García de la Torre, secretaria de Salud Laboral y Medio Ambiente de UGT. Esta experta ve una clara correlación entre este deterioro provocado por el miedo al contagio, el aislamiento, la disponibilidad permanente y la crisis económica, entre otras causas, y la siniestralidad laboral. 

Las muertes por infarto y derrame cerebral han subido un 11% en 2020, “es un aumento muy llamativo en un año en el que la actividad ha disminuido y en el que los fallecimientos han tenido lugar durante la jornada laboral”, sostiene, al tiempo que se queja del importante incremento de los accidentes laborales mortales y asegura que los riesgos psicosociales son la gran asignatura pendiente de la prevención de riesgos laborales en España. “Entre otras cosas porque, sin datos, lo que no se ve no puede prevenirse”, expone.

 Pese a ello, tanto los psicólogos como los expertos en recursos humanos hablan de un claro empeoramiento del estado emocional de las plantillas generado por la pandemia, que trasciende al experimentado por los sanitarios y los trabajadores esenciales. “Hay un repunte de la fatiga emocional porque no vemos salida a la situación. Y empieza a pasar factura en forma de crisis de ansiedad y episodios depresivos”, indica Guillermo Blanco Bailac, psicólogo clínico, que destaca el hecho de que durante el confinamiento el consumo de psicofármacos creció un 20%. 

“Los psicólogos percibimos un efecto en el trabajo que denominamos niebla mental, con el que cuesta enterarse, recordar, tomar decisiones... y genera irascibilidad y tristeza. La calidad del trabajo está decayendo y el desgaste es generalizado. Por ello vemos que las consultas están aumentando cerca del 20%”, confirma Isabel Aranda, vocal del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. (...)

“Cuando terminen las ayudas a los autónomos y los ERTE, prevemos que las bajas se disparen, ya que ahora los trabajadores se encuentran en un limbo, sin actividad”, pronostica Sara Alonso, psicóloga de la mutua Umivale.

Ese horizonte [unido a encuestas a empleados que reflejan que al menos la mitad sufre más estrés que antes de la covid] está llevando a las empresas a tomar medidas (a las grandes, porque en las pequeñas y las micropymes, el 76% del total en España, no se abordan los riesgos psicosociales, según la representante de UGT), a poner en marcha servicios de atención psicológica y a implementar formaciones para manejar el estrés continuado y la ansiedad. También de cara a reducir el absentismo y a intentar mitigar la desconexión emocional con la organización. (...)