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7.7.26

Cuba y Rusia anuncian la creación de su primera empresa mixta en el sector biofarmacéutico, dentro de la plataforma tecnológica de Skólkovo, uno de los principales polos de innovación de Rusia... Actualmente, la colaboración incluye varios medicamentos ya registrados y en uso. Entre ellos se encuentran Heberprot-P, un remedio único para la curación eficaz de las úlceras del pie diabético; Hebermin, una crema con factor de crecimiento utilizada para tratar úlceras por quemaduras; así como CIMAvax-EGF, vacuna terapéutica para el tratamiento del cáncer de pulmón, y Jusvinza, un fármaco utilizado en el tratamiento de procesos inflamatorios graves (Nodal)

"Cuba y Rusia anuncian la creación de su primera empresa mixta en el sector biofarmacéutico

 Actualmente, la colaboración incluye varios medicamentos ya registrados y en uso. Entre ellos se encuentran Heberprot-P, un remedio único para la curación eficaz de las úlceras del pie diabético; Hebermin, una crema con factor de crecimiento utilizada para tratar úlceras por quemaduras; así como CIMAvax-EGF, vacuna terapéutica para el tratamiento del cáncer de pulmón, y Jusvinza, un fármaco utilizado en el tratamiento de procesos inflamatorios graves

Rusia y Cuba han anunciado la creación de su primera empresa mixta en el sector biofarmacéutico, un hecho sin precedentes en las relaciones bilaterales. El proyecto fue comunicado por el vicepresidente primero de la corporación estatal cubana BioCubaFarma, Eulogio Pimentel, y marca un paso significativo en la cooperación científica y tecnológica.

Esta alianza estratégica tiene como objetivo impulsar el desarrollo biotecnológico, la producción de medicamentos innovadores y el intercambio de conocimientos en el ámbito de la salud.

En este contexto, se destaca la participación de proyectos vinculados a ‘startups’ en incubación dentro de la plataforma tecnológica de Skólkovo, uno de los principales polos de innovación de Rusia.

Actualmente, la colaboración incluye varios medicamentos ya registrados y en uso. Entre ellos se encuentran Heberprot-P, un remedio único para la curación eficaz de las úlceras del pie diabético; Hebermin, una crema con factor de crecimiento utilizada para tratar úlceras por quemaduras; así como CIMAvax-EGF, vacuna terapéutica para el tratamiento del cáncer de pulmón, y Jusvinza, un fármaco utilizado en el tratamiento de procesos inflamatorios graves."

(NODAL, 30/06/26) 

1.7.26

Cuba se convierte, inevitablemente, en espejo de Gaza. No porque las circunstancias históricas sean idénticas —no lo son—, sino porque ambas revelan la misma verdad desnuda sobre el mundo en que vivimos. Gaza: dos millones y medio de civiles atrapados en una franja de tierra, bajo bloqueo terrestre, aéreo y marítimo dependiendo de importaciones para sobrevivir... Cuba: diez millones de civiles atrapados en una isla, bajo bloqueo marítimo y financiero, dependiendo de importaciones para sobrevivir... Quizás dentro de treinta años la pregunta más importante sea: cómo fue posible que nadie estuviera dispuesto a impedirlo... seguiremos asistiendo, con la misma impotencia de siempre, al lento desmantelamiento de todo aquello que alguna vez creímos que era innegociable... Si Cuba colapsara mañana —y el verbo «colapsar» ya no es una hipótesis académica sino una posibilidad clínica—, su epitafio no hablaría únicamente de una nación caribeña. Hablaría de una época. Diría que aquí yace un país que creyó que la moral podía imponerse al poder, que resistió durante más de seis décadas de asfixia programática, y que terminó descubriendo una verdad tan antigua como incómoda: en la política internacional, la solidaridad suele terminar donde comienzan los costos... Mientras Cuba desmontaba parte de la arquitectura económica construida desde 1959, el mundo siguió adelante. Moscú tenía otras prioridades. Beijing realizaba sus propios cálculos. Bruselas observaba desde la distancia. América Latina emitía declaraciones. Nadie parecía dispuesto a asumir el costo de impedir el deterioro de la isla... Cuba queda sola, y nadie dice nada... Hospitales sin anestesia ni vacunas. Escuelas sin clases. Desnutrición infantil en aumento. Un éxodo migratorio que ha vaciado la isla de un millón y medio de personas en cinco años. Una generación entera que aprende a vivir sin futuro. Todo esto, insisto, no es crisis. Es política, decisión y cálculo... Lo que ocurre en Cuba no es una crisis económica. Es un estrangulamiento deliberado, meticuloso, sostenido durante sesenta y seis años, y agudizado hasta la tortura en los últimos dieciocho meses (Alejandro Marcó del Pont)

"Si Cuba colapsara mañana —y el verbo «colapsar» ya no es una hipótesis académica sino una posibilidad clínica—, su epitafio no hablaría únicamente de una nación caribeña. Hablaría de una época. Diría que aquí yace un país que creyó que la moral podía imponerse al poder, que resistió durante más de seis décadas de asfixia programática, y que terminó descubriendo una verdad tan antigua como incómoda: en la política internacional, la solidaridad suele terminar donde comienzan los costos.  

El 19 de junio de 2026 será recordado como algo más que la fecha en que el gobierno cubano presentó 176 medidas económicas. Será la jornada en que una revolución nacida para desafiar el orden hemisférico admitió, de manera implícita pero inequívoca, que la resistencia ya no era suficiente. La autorización de la banca privada, la apertura ampliada al capital extranjero, la progresiva desaparición de subsidios históricos, la dolarización parcial y la transformación del papel del Estado no fueron simples reformas técnicas. Fueron la expresión de una realidad más profunda. La presión acumulada durante décadas había terminado por modificar aquello que ni invasiones, ni sabotajes, ni aislamiento diplomático habían conseguido transformar. Pero lo verdaderamente revelador no fue la magnitud de las reformas. Fue el silencio que las acompañó.

Mientras Cuba desmontaba parte de la arquitectura económica construida desde 1959, el mundo siguió adelante. Moscú tenía otras prioridades. Beijing realizaba sus propios cálculos. Bruselas observaba desde la distancia. América Latina emitía declaraciones. Nadie parecía dispuesto a asumir el costo de impedir el deterioro de la isla. Y ahí comienza la verdadera historia, la que no se escribe en los tratados ni se negocia en las cumbres. No existe ningún documento firmado sobre Cuba. Ninguna potencia se reunió en un balneario para decidir su destino.

Sin embargo, los hechos sugieren algo igualmente poderoso, una convergencia de intereses. Estados Unidos considera al Caribe una zona estratégica irrenunciable. Rusia tiene prioridades existenciales en Europa. China no está dispuesta a arriesgar su relación económica con Washington por una isla sin peso decisivo en el comercio global. Ninguno necesita acordar nada con los otros. Les basta con llegar a la misma conclusión. Así funciona la Yalta invisible del siglo XXI: no con tinta, sino con silencio; no con firmas, sino con abstenciones; no con acuerdos explícitos, sino con cálculos paralelos que convergen en el mismo resultado. Cuba queda sola, y nadie dice nada.

Esa Yalta sin protocolo es la verdadera arquitectura del poder contemporáneo. Ya no se trata de esferas de influencia delimitadas con mapas y garabatos de estadistas, sino de una geopolítica de la indiferencia calculada, donde cada actor optimiza sus beneficios y externaliza sus costos. El Caribe se convierte, así, en una zona de sacrificio consensuada tácitamente: Washington ejerce la presión, Moscú se retira sin ruido, Pekín no interviene, y Europa observa con la distancia que le permite su dependencia atlántica. No hay traición, porque no hubo promesa; no hay abandono, porque no hubo compromiso formal. Hay, simplemente, una aritmética que ningún principio logra contrarrestar. Y esa aritmética, en política internacional, casi siempre gana.

Pero la Yalta invisible no actúa sola. Requiere de un mecanismo operativo que la haga efectiva, y ese mecanismo es el bloqueo, entendido no como una reliquia de la Guerra Fría sino como una tecnología de poder perfeccionada hasta la brutalidad. Lo que ocurre en Cuba no es una crisis económica. Es un estrangulamiento deliberado, meticuloso, sostenido durante sesenta y seis años, y agudizado hasta la tortura en los últimos dieciocho meses. El bloqueo estadounidense contra Cuba es el más largo de la historia moderna, pero el de 2026 no es el bloqueo de los años sesenta. Ahora es algo cualitativamente distinto, es el bloqueo de las sanciones secundarias, esa arma jurídica que permite a Washington castigar no solo a Cuba, sino a cualquier país, empresa o banco del mundo que comercie con la isla.

La Ley Helms-Burton, promulgada en 1996, y la Orden Ejecutiva 14404, firmada por Trump en mayo de 2026, han convertido al dólar en una trampa. Ningún banco europeo quiere procesar una transacción cubana y arriesgarse a perder su corresponsalía en Nueva York. Ninguna naviera asiática quiere atracar en La Habana y tener sus buques prohibidos en puertos estadounidenses por ciento ochenta días. Ninguna multinacional quiere invertir en la isla y enfrentarse a demandas bajo el Título III de la Helms-Burton. El resultado es lo que los especialistas llaman sobrecumplimiento. El miedo a la sanción es tan grande que la sanción ni siquiera necesita aplicarse. Las empresas se autocensuran. Los bancos cierran cuentas preventivamente. Los inversores ni siquiera llaman. Es el capitalismo de la vigilancia llevado a su expresión más abstracta: Cuba está vigilada, aislada, asfixiada, sin que nadie tenga que mover un dedo. La máquina funciona sola.

Y las consecuencias son las que cualquiera puede imaginar pero que pocos en el hemisferio norte se toman la molestia de mirar. Apagones de treinta horas. Hospitales sin anestesia ni vacunas. Escuelas sin clases. Desnutrición infantil en aumento. Un éxodo migratorio que ha vaciado la isla de un millón y medio de personas en cinco años. Una generación entera que aprende a vivir sin futuro. Todo esto, insisto, no es crisis. Es política, decisión y cálculo.

Un cómputo, por cierto, cuyo nombre y apellido tienen residencia en Miami. Marco Rubio no quiere reformas en Cuba. Quiere un final, y el gobierno cubano, sin saberlo quizás, le ha brindado el primer acto. El secretario de Estado cubanoamericano, hijo de exiliados y arquitecto de la presión máxima, ha construido toda su carrera política sobre una promesa de regresar a una Cuba libre. Las 176 medidas no le parecen una apertura. La línea dura de Florida no las ve como una concesión, sino como el anuncio para las elecciones de medio término. Y aquí es donde la historia se vuelve verdaderamente siniestra, porque no hay negociación posible. No la ha habido nunca, y no la habrá ahora.

Llegamos así al punto más amargo, al que ningún diplomático cubano quiere escuchar pero que debe decirse con toda claridad. Las 176 medidas son, en sí mismas, todo lo que Washington podía pedir. Son la rendición económica del castrismo. Son el fin del modelo que rigió la isla durante seis décadas. ¿Y qué ha obtenido Cuba a cambio? Nada. Ni una palabra de alivio. Ni un gesto de apertura. Ni siquiera el reconocimiento de que ha dado un paso. Washington no busca un acuerdo. Busca una capitulación total, y una vez obtenida, buscará la siguiente concesión, y la siguiente, y la siguiente, hasta que no quede nada que pedir.

Esta es la esencia de la lógica del depredador, ese concepto que Zbigniew Brzezinski formuló con precisión quirúrgica: cortar las concesiones en rebanadas tan finas que la víctima nunca perciba el momento en que debe decir «basta«. El depredador no devora de una vez; desgasta. No exige la rendición inmediata; administra un despojo gradual. No impone la derrota; la diluye en una cadena interminable de pequeños pasos hacia atrás, cada uno de los cuales parece razonable, inevitable, incluso necesario. Y cuando la víctima mira hacia atrás, ya no hay territorio que recuperar, solo una larga estela de concesiones que nunca fueron suficientes.

Esa lógica se despliega con implacable coherencia en el tablero global. Para cada actor, ayudar a Cuba tiene un costo y un beneficio. Y en todos los casos, sin excepción, el costo supera al beneficio. Para Rusia, el costo de enviar petróleo a Cuba es una nueva ronda de sanciones, un desvío de recursos de Ucrania, un enfrentamiento directo con Estados Unidos a noventa millas de Florida; el beneficio es mantener un aliado menor, una base simbólica, un gesto ideológico.

Para China, el costo es arriesgar el comercio con Estados Unidos, provocar sanciones secundarias, abrir un frente innecesario en el hemisferio occidental; el beneficio es influencia caribeña, prestigio en el Sur Global. Para México, el costo es perder el mercado estadounidense, que absorbe el ochenta por ciento de sus exportaciones y sostiene millones de empleos; el beneficio es mantener un principio —la no intervención, la solidaridad— que no da de comer a nadie. Para Brasil, el costo es una crisis diplomática con Washington, sanciones a sus multinacionales, pérdida de inversión extranjera; el beneficio es un liderazgo regional que ya no ejerce. Para Europa, el costo es romper con la OTAN, con el eje transatlántico, con la alianza que la protege desde 1949; el beneficio es comerciar con una isla de diez millones de habitantes sin recursos estratégicos. En todos los casos, la aritmética apunta al mismo resultado: dejar caer a Cuba.

Pero hay un segundo mecanismo que refuerza esta inercia, y es quizás el más perturbador porque toca la fibra misma de la conciencia moral, la empatía selectiva. Cuba se convierte, inevitablemente, en espejo de Gaza. No porque las circunstancias históricas sean idénticas —no lo son—, sino porque ambas revelan la misma verdad desnuda sobre el mundo en que vivimos. Gaza: dos millones y medio de civiles atrapados en una franja de tierra, bajo bloqueo terrestre, aéreo y marítimo, dependiendo de importaciones para sobrevivir, con aliados regionales que declaman, pero no actúan, con potencias globales que miran para otro lado o protegen al verdugo.

Cuba: diez millones de civiles atrapados en una isla, bajo bloqueo marítimo y financiero, dependiendo de importaciones para sobrevivir. La diferencia, y aquí está la clave, es la visibilidad. Gaza tiene imágenes. Edificios que caen. Niños bajo los escombros. Hospitales bombardeados en tiempo real. Las redes sociales transmiten el horror segundo a segundo, y la empatía —esa emoción frágil y selectiva— se moviliza un poco. Cuba no tiene imágenes. Tiene apagones. Tiene filas. Tiene ancianos que se desmayan esperando un medicamento. Tiene médicos que se van porque no pueden alimentar a sus hijos. Nada de eso es televisivo. Nada de eso genera tendencia en las redes. Nada de eso mueve la aguja de la conciencia global. Esta es la teoría de la empatía selectiva: el mundo solo siente cuando el costo de sentir es bajo, cuando el horror es visible, cuando la empatía no amenaza intereses.

El sufrimiento silencioso, el que ocurre en la penumbra de los apagones y en la rutina de las colas, no tiene audiencia. Y sin audiencia, no hay presión; sin presión, no hay cambio; sin cambio, solo queda la aceptación resignada de que algunos pueblos están destinados a desaparecer lentamente del mapa de la preocupación humana.

Esta selectividad no es un defecto psicológico, sino un rasgo estructural de nuestro sistema de información y de poder. Los medios globales operan con una lógica de espectacularidad: lo que no se ve, no existe; lo que existe, pero no es novedoso, se ignora; lo que se ignora, se abandona. Cuba lleva sesenta y seis años bajo bloqueo; su agonía es crónica, no aguda; no hay un momento único que concentre la atención, sino una larga disolución que se vuelve ruido de fondo. Y el ruido de fondo, por definición, no moviliza.

Por eso, cuando el IX Encuentro Continental y Caribeño de Solidaridad con Cuba reunió en octubre de 2025 a 556 delegados de 35 países en México, el resultado fue una vez más declaraciones y compromisos de organizar más encuentros, pero sin fondos concretos, sin ayuda material significativa, sin compromisos de gobiernos para proveer petróleo o financiamiento. La solidaridad se expresó en el lenguaje de la retórica, porque la retórica no tiene costo; el petróleo, los medicamentos y los dólares sí.

América Latina, por su parte, carga con una vergüenza que ningún discurso podrá lavar. Porque aquí no hablamos de realpolitik lejana. Hablamos de vecinos. De hermanos. De una tradición de solidaridad que se remonta a Bolívar y Martí, a décadas de proclamas contra el imperialismo y de himnos en plazas llenas. Y, sin embargo, cuando Cuba más lo necesitó, América Latina miró hacia otro lado. México, primero. Claudia Sheinbaum, hija de la izquierda, nieta del exilio español, ella misma científica y mujer de Estado, llegó al poder prometiendo soberanía. Sheinbaum detuvo los envíos de petróleo. Lo anunció con eufemismos —revisión de procedimientos, ajustes logísticos—, pero la traducción era clara: no podemos.

Brasil, después. Lula da Silva, el obrero que llegó dos veces a la presidencia, el símbolo de la izquierda continental, el hombre que prometió un siglo suramericano, se limitó a condenar verbalmente el bloqueo. Emitió declaraciones. Firmó comunicados conjuntos con España y México. Expresó profunda preocupación. Nada más. Brasil tiene una economía que no termina de arrancar, una dependencia creciente de los mercados occidentales, y una clase empresarial que no perdonaría un enfrentamiento con Estados Unidos. Lula eligió la retórica. Porque la retórica es gratis, y el petróleo cuesta.

Y Venezuela, por supuesto, ya no existe como actor. Desde la intervención estadounidense de enero de 2026, aquella operación que sacó a Maduro del poder y reconfiguró el Caribe en una semana, Caracas es un fantasma. El país que durante dos décadas fue el pulmón de Cuba, el que enviaba cien mil barriles diarios a cambio de médicos, el que sostenía el ALBA y Petrocaribe, ese país ya no existe. O existe como satélite de Washington, y por lo tanto como instrumento del asfixia. Lo que queda de América Latina es, entonces, un continente paralizado. Instituciones regionales que son papel mojado: la OEA es un instrumento estadounidense, la CELAC es un club de declaraciones, la UNASUR es un cadáver. Presidentes que hablan de integración, pero actúan como gerentes de sucursal. Una izquierda que descubrió, con horror, que gobernar es distinto a gritar.

Pero sería injusto, y además inexacto, atribuir todo el desenlace a la cobardía ajena. La política exterior cubana tampoco supo construir redes de contención efectivas ante el bloqueo. Se combinaron dos factores que se retroalimentaron: una inoperancia histórica que no logró crear mecanismos financieros estructurales —fondos de reserva, líneas de crédito internacionales, alianzas bancarias—, y un mecanismo de miedo a sanciones que es más devastador que cualquier prohibición directa, porque hace que el mundo se aleje de Cuba anticipadamente sin que EE. UU. tenga necesidad de sancionar formalmente cada país o banco.

Más de cincuenta bancos internacionales han cortado relaciones con Cuba porque temen sanciones por tener incluso una transacción mínima con la isla; 130 bancos extranjeros se han negado a operar con Cuba: 75 de Europa, 21 de América y 34 del resto del mundo, afectando 267 operaciones concretas. No hace falta que EE. UU. prohíba cada transacción directamente, basta con colocar a Cuba bajo una categoría —la lista de países patrocinadores del terrorismo, activada en 2021— que active temor global, y ese miedo termina funcionando como sanción anticipada.

Las empresas, aseguradoras, compañías comerciales, plataformas financieras y bancos se alejan de operaciones que consideran riesgosas, y la economía cubana queda en condiciones excepcionales con costos mayores, menos intermediarios y menos margen de maniobra. Cuba intentó acercarse a los BRICS como país asociado, ingresando oficialmente el 1 de enero de 2025, pero los países asociados no tienen los mismos derechos ni beneficios que los miembros plenos, y ni China ni Rusia mostraron compromisos masivos. La red de contención nunca se tejió, y cuando se intentó tejer, ya era tarde.

Y Cuba, en medio de todo eso, se queda sola. Con sus diez millones de habitantes. Con sus centrales eléctricas de los años ochenta. Con sus médicos emigrando por miles. Con sus jóvenes que no recuerdan un día sin apagones. Con sus 176 medidas que no le han comprado ni un día más de dignidad, ni un gramo de alivio, ni una palabra de reconocimiento. Porque las concesiones nunca son suficientes. Nunca lo han sido. Y nunca lo serán. El que tiene la fuerza no negocia, anula. El que tiene el poder no dialoga, impone. El que tiene el dólar no comparte, asfixia.

Quizás dentro de treinta años los historiadores no discutan únicamente por qué Cuba terminó donde terminó. Tal vez la pregunta más importante sea otra: cómo fue posible que nadie estuviera dispuesto a impedirlo. La respuesta probablemente no se encuentre en La Habana. Estará en la lógica que domina las relaciones internacionales contemporáneas, una lógica donde los principios sobreviven mientras no exijan sacrificios, donde la empatía depende de la visibilidad del sufrimiento y donde la solidaridad se evalúa con la misma calculadora que las inversiones o las alianzas militares.

Por eso Cuba se ha convertido en algo más que una isla en crisis. Se ha convertido en un espejo. Como Gaza, aunque desde una realidad completamente distinta, obliga a observar la distancia entre los valores proclamados y las decisiones efectivamente tomadas. Ambas revelan que la indignación internacional no depende únicamente de la magnitud del sufrimiento, sino también de su utilidad política, de su visibilidad mediática y del costo que implica actuar.

Esa es la verdadera lógica del depredador. No destruir de una vez, sino avanzar gradualmente. No exigir una rendición inmediata, sino una cadena interminable de concesiones. No imponer la derrota, sino administrarla. Las concesiones nunca son suficientes porque el objetivo no es obtener una concesión. Es transformar la relación de fuerzas. Y esa quizás sea la lección más incómoda que deja Cuba al mundo. No que los débiles estén solos. Sino que, cuando el costo de ayudarlos se vuelve demasiado alto, incluso sus amigos descubren razones para mirar hacia otro lado.

La Yalta invisible no es un complot; es una inercia. La empatía selectiva no es un pecado; es un reflejo. La lógica del depredador no es una maldad; es una estrategia. Y mientras no comprendamos que estas tres fuerzas operan en silencio, sin necesidad de malvados ni de mártires, seguiremos asistiendo, con la misma impotencia de siempre, al lento desmantelamiento de todo aquello que alguna vez creímos que era innegociable." 

(Alejandro Marcó del Pont, blog, 24/06/26) 

26.6.26

"Médicos cubanos están prestando servicios en Venezuela tras los terremotos"... Supongo que tras el terremoto de Venezuela, todos pediremos que vuelvan los médicos cubanos expulsados por ofrecer asistencia médica gratuita a los venezolanos... los pocos que todavía quedan están ofreciendo una ayuda impagable (dado que no se espera una gran afluencia de médicos norteamericanos o europeos)... Y es que según Blomberg, pasó esto: "A finales de abril, muchos pacientes que llegaron a un centro médico en el este de Caracas fueron rechazados. Los servicios que necesitaban ya no estaban disponibles. Los especialistas se habían marchado"... lo más urgente es que vuelvan, en el caso de que interese la salud de los venezolanos

"Médicos cubanos están prestando servicios en Venezuela tras los terremotos. Según el MINSAP, todos están bien  (Facebook)


"Éxodo de médicos cubanos agrava crisis de salud en Venezuela: presión de EE.UU. acelera salidas.

A finales de abril, muchos pacientes que llegaron a un centro médico en el este de Caracas fueron rechazados. Los servicios que necesitaban ya no estaban disponibles. Los especialistas se habían marchado.

El centro, que lleva el nombre del expresidente chileno Salvador Allende, forma parte de la red Barrio Adentro, un programa lanzado por el difunto Hugo Chávez en 2003 para proporcionar atención médica gratuita en comunidades pobres, en gran parte con personal cubano. Ese modelo, en el que Venezuela proporcionaba petróleo subvencionado a cambio de médicos, se está desmoronando.

Los profesionales sanitarios cubanos, incluidos pediatras, obstetras, ginecólogos, oftalmólogos y fisioterapeutas, están abandonando esta y otras instalaciones en toda Venezuela a medida que aumenta la presión estadounidense para cerrar las misiones médicas de La Habana en el extranjero. La campaña para ahogar los ingresos que aportan los médicos forma parte de un impulso más amplio del presidente Donald Trump para poner fin a casi siete décadas de régimen comunista en la nación caribeña.

“Expulsar a los médicos cubanos no conducirá a un cambio político en Cuba, pero hará retroceder la atención sanitaria en Venezuela”, dijo Miguel Tinker Salas, historiador del Pomona College de California. “Las poblaciones que dependían de esos servicios se llevarán la peor parte”.

A finales del año pasado, la misión médica cubana en el país -la mayor en el extranjero- contaba con unos 13.000 trabajadores sanitarios. Prestaban sobre todo atención primaria, pero también cirugías oculares, servicios odontológicos y tratamiento de la diabetes en todo el país, incluidas zonas fronterizas y de difícil acceso en estados como Amazonas y Delta Amacuro. En muchas comunidades indígenas aisladas de esos estados, a las que solo se puede llegar en barco o en avioneta, los médicos cubanos eran a menudo los únicos profesionales médicos disponibles.

Con la esperanza de salvar el programa, que Estados Unidos califica de trabajo esclavo, las autoridades cubanas están sopesando un nuevo modelo que permitiría a los médicos conservar hasta el 95% de lo que pagan los países anfitriones, frente al 30% actual, según fuentes familiarizadas con el asunto que solicitaron el anonimato por no estar autorizadas a hablar públicamente. No está claro si este cambio, similar a los acuerdos utilizados para los atletas cubanos, podrá frenar la fuga de médicos de Venezuela bajo el mandato de Delcy Rodríguez, la presidenta interina afín a Estados Unidos.

El sistema sanitario de la nación sudamericana rica en petróleo ya era frágil. Fue testigo de un éxodo de más de 22.000 de sus propios médicos entre 2012 y 2017 después de que la hiperinflación redujera drásticamente los salarios, una fracción de los casi 8 millones de venezolanos que han huido durante la última década de colapso económico. Esos médicos han hecho ahora sus vidas en lugares como Colombia, Chile y Brasil. Y los que permanecen en el país no están dispuestos a llenar los huecos que dejan los cubanos debido a los bajos salarios.

Más allá de la salida de médicos, el sistema sanitario de Venezuela está sometido a una gran presión debido a la pobreza generalizada y a los brotes recurrentes de enfermedades tropicales y transmitidas por mosquitos, como el dengue. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia declaró en enero que 3,8 millones de jóvenes venezolanos necesitaban ayuda humanitaria, advirtiendo de que la desnutrición, las enfermedades evitables y los riesgos para la salud materna estaban empeorando en medio de hospitales desbordados y una financiación en declive. Mientras tanto, el Fondo de Población de la ONU sitúa a Venezuela entre los países con las tasas de embarazo adolescente más altas de la región, con aproximadamente 76 nacimientos por cada 1.000 jóvenes de entre 15 y 19 años.

La marcha de los trabajadores sanitarios cubanos también subraya una ruptura más profunda: el rápido desmantelamiento de una de las alianzas políticas y económicas más importantes de América Latina.

Desde el año 2000, cuando Chávez y Fidel Castro firmaron un acuerdo de cooperación, Venezuela transfirió a Cuba el equivalente a US$63.800 millones en subsidios petroleros, inversiones y ayuda financiera, según un informe del Centro Miranda para la Democracia, un centro de estudios con sede en Washington. Este acuerdo se desmoronó tras la captura del sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, por las fuerzas estadounidenses en una incursión nocturna en Caracas a principios de enero.

Además de detener los envíos de petróleo venezolano a Cuba, Washington ha presionado a otros países para que abandonen el uso de las misiones médicas cubanas, que EE.UU. calcula que generan más de US$6.000 millones en ingresos anuales para La Habana. Honduras y Guatemala dijeron en febrero que desecharían sus programas, y el enviado de Trump en Cuba incluso viajó a Italia para presionar a un gobierno regional de ese país para que siguiera su ejemplo.

El secretario de Estado, Marco Rubio, critica con frecuencia lo que describe como el programa cubano de “exportación coercitiva de mano de obra”. “Este plan enriquece al corrupto régimen cubano y priva al pueblo cubano de atención médica esencial”, declaró Rubio el año pasado al anunciar restricciones de visado para funcionarios internacionales involucrados en misiones médicas.

En el centro Salvador Allende, el impacto es inmediato. Ya no hay ningún traumatólogo cubano. Tampoco hay ecografista cubano. Los equipos clave están averiados o solo funcionan parcialmente tras años de inversiones insuficientes en medio de una crisis económica más amplia. Los pacientes son enviados a otros lugares, a menudo a instalaciones que se enfrentan a las mismas carencias, después de hacer cola antes del amanecer para una de las aproximadamente 30 citas para el día siguiente.

La partida de los cubanos está afectando con mayor dureza a las comunidades donde el acceso a la atención médica ya era deficiente. Con solo el 6% de la población con seguro médico, casi el 39% de los venezolanos acudieron a centros de salud como el Salvador Allende el año pasado, en comparación con el 34% que visitó hospitales y el 20% que fue atendido en clínicas privadas, según una encuesta nacional sobre condiciones de vida conocida como Encovi.

Las autoridades de Caracas se esfuerzan por contener las consecuencias. Un plan gubernamental lanzado a principios de este año pretende ampliar la atención quirúrgica para cataratas, traumatismos y otras afecciones a través de clínicas privadas, utilizando a las aseguradoras como intermediarias. Rodríguez ha supervisado personalmente la entrega de suministros médicos y la rehabilitación de instalaciones sanitarias públicas en varios estados.

Además, presidió la ceremonia de graduación de más de 1.600 médicos comunitarios integrales que se incorporaron de inmediato al sistema público de salud, y agregó que otros 45.000 estudiantes se matricularon en estudios de medicina en la Universidad de Ciencias de la Salud Hugo Chávez. Rodeada de legisladores, personal de la Cruz Roja y graduados sonrientes con batas blancas y boinas rojas, Rodríguez afirmó que los venezolanos tienen derecho a la atención médica gratuita a través del sistema público de salud, mientras el gobierno trabaja para coordinar e integrar con el sistema privado de salud.

Pero es poco probable que esos esfuerzos compensen el colapso de la atención médica de primera línea en centros como el Salvador Allende, donde años de falta de inversión —y ahora la partida de médicos cubanos— han debilitado gravemente el sector de la salud.

El cambio ideológico se extiende más allá de los médicos. La presencia de seguridad cubana que una vez rodeó a Maduro y a su predecesor ha desaparecido, otra señal de lo rápido que se está desmantelando el viejo orden.

Rodríguez, aunque sigue invocando la retórica chavista, se ha movido con decisión para romper con ese legado a medida que consolida el poder. En cuestión de días, empezó a dar marcha atrás en las políticas petroleras nacionalistas que habían definido el sector energético de Venezuela durante más de dos décadas.

Está estrechando rápidamente sus lazos con Washington. La bandera estadounidense ha ondeado en el Palacio de Miraflores durante visitas de alto nivel, algo impensable bajo el régimen de Maduro. Además, Rodríguez ha recorrido instalaciones petroleras junto a funcionarios estadounidenses.

Su gobierno también está desmantelando programas sociales emblemáticos vinculados a Chávez y Maduro, al tiempo que deja de lado a los partidarios de la línea dura y eleva a los tecnócratas. El contraste con el pasado es marcado.

En 2014, Maduro dijo que los médicos cubanos habían realizado el 80% de casi 650 millones de consultas durante la década anterior, calificándolo de “ayuda incalculable” que reconfiguró el sistema sanitario de Venezuela.

Ahora, funcionarios cubanos describen en privado el momento con una mezcla de preocupación y resignación.

Los diplomáticos de La Habana permanecen en Caracas, manteniendo una presencia considerable y continuando algunos compromisos formales. Pero la relación que una vez definió la política exterior de ambos gobiernos se está reduciendo rápidamente.

En el centro Salvador Allende, los trabajadores ya no esperan una mejora. Cuando se les preguntó si se repararían los equipos averiados, se rieron.

No es una prioridad, dijo uno de ellos." 

(Andreína Itriago , Blomberg, 

21.6.26

Carta de una socióloga cubana al Secretario de Estado Marco Rubio, en respuesta a su mensaje dirigido al pueblo cubano el 20 de mayo pasado: Entre el 29 de enero de este año hasta hoy, su gobierno nos impuso un bloqueo energético total... Estas desgracias que sufrimos día a día desde enero de este año, multiplicaron como nunca antes las que sufrimos durante años. Le menciono, Sr. Rubio, sólo algunas que han convertido las vidas en infiernos. Los apagones largos e impredecibles. El agua llega a los hogares con dificultad. El acceso a los servicios de salud se alteró, porque sólo se mantienen abiertas las emergencias y las consultas en policlínicos y hospitales. Las únicas cirugías que se realizan son las menores... Hay 16 mil pacientes que requieren radioterapia, que viven con miedo a no poder cumplir su tratamiento por las carencias energéticas... Su Presidente afirma que los cubanos triunfan en “TODAS las industrias, en todos los países, excepto uno: Cuba”... En los últimos cinco meses de bloqueo energético, los cubanos viviendo en la Isla continúen destacándose internacionalmente... La Dra. Teresita Rodríguez, del Centro de inmunología molecular, creó junto a su equipo el Neuro Epo para aliviar el progreso del Alzheimer, medicamento que, una vez certificado, está al alcance de los cubanos. Reveló que pacientes de EEUU vinieron a La Habana para someterse a este medicamento con resultados satisfactorios... El Sr. Trump afirma que los cubanos ansiamos vivir en nuestro país como viven nuestros familiares en EEUU. Es cierto que el “sueño americano” nos cala porque almacenamos mucho de la cultura de su país. A la par conocemos las angustias de quienes emigraron a EEUU en años recientes, ante el peligro de ser deportados. Alertan a los de aquí que “aquello no es como pensaban”, porque trabajan hasta en tres lugares... Usted, Sr. Rubio, es uno de los principales culpables que estemos al borde de una crisis humanitaria, no sólo por sus funciones como Secretario de Estado desde 2025, sino por las medidas que promovió durante años, que impiden convertir en realidades los proyectos e la Revolución... Por tanto, me despido de usted con desprecio

"Carta de una socióloga cubana:

La revista Temas invitó a un grupo de académicos y expertos en historia y política de EE.UU. y de Cuba a analizar el mensaje del Secretario de Estado Marco Rubio dirigido al pueblo cubano el 20 de mayo pasado, con el propósito de esclarecer las referencias utilizadas, la naturaleza de los argumentos, el significado y objetivo de este mensaje.

Compartimos la primera publicada por Temas, escrita por la socióloga Marta Núñez Sarmiento.
La Habana, 25 de mayo de 2026

Sr. Marco Rubio

Secretario de Estado

EE.UU.

Sr. Rubio:

Soy una socióloga y profesora universitaria quien, junto a otros académicos cubanos, estudio las vías de transformación anticapitalista por las que Cuba optó desde 1959 para transitar a un socialismo cubano, mientras las compruebo en carne propia.

Hallé falsedades en su “Mensaje al pueblo cubano en ocasión del día de la independencia”, que deseo comunicarle.

El 20 de mayo de 1902 la bandera cubana no ondeó por primera vez sobre una Cuba independiente, porque Estados Unidos continuó controlándola hasta 1959.

Agregó que explicará a quienes permanecemos en Cuba las verdaderas causas de las “dificultades inimaginables” que experimentamos.

Estas desgracias que sufrimos día a día desde enero de este año, multiplicaron como nunca antes las que sufrimos durante años. Le menciono, Sr. Rubio, sólo algunas que han convertido las vidas en infiernos. Los apagones largos e impredecibles provocan que la comida encarecida la cocinemos “al día”, porque los refrigeradores no permiten conservarla o están rotos. Los escolares asisten a sus clases cansados porque no durmieron. El agua llega a los hogares con dificultad. Las “fiestas de quince”, que las familias preparan desde que nacen las niñas, se posponen indefinidamente. Los celulares no se pueden cargar, impidiendo que la población se comunique o no pueda acceder a sus sitios preferidos de internet. El acceso a los servicios de salud se alteró, porque sólo se mantienen abiertas las emergencias y las consultas en policlínicos y hospitales. Las únicas cirugías que se realizan son las menores. Transportarse es un lujo, ya sea para acudir a trabajar, a una consulta médica o a un centro de estudios. Las visitas a familiares y a amigos sólo las hacemos si podemos llegar caminando. Ni hablar de ir a las actividades culturales. Los viajes al exterior para visitar familiares y/o para que estos vengan a Cuba no existen para este verano. Tampoco los nietos pueden venir a Cuba a pasar sus vacaciones.

Usted culpa a Gaesa de estas desgracias, con lo que simplifica la madeja de causas internas y externas que las crearon en los últimos treinta años. Es una funesta práctica para un diplomático que está obligado a conocer las esencias de los acontecimientos en los países con quienes desea colaborar o destruir, como es, en esta segunda opción, el caso cubano. Solicite a la Agencia central de inteligencia (CIA) sus análisis sobre las causas de las crisis cubanas desde 1991 hasta hoy, con énfasis en las que se endurecieron desde enero de este año. No creo que achaquen a Gaesa todas las desgracias, como usted lo hace. Yo sólo accedí al Studies in Intelligence/ Vol. 68, No. 2/ (June 2024), donde no encontré nada sobre mi país.

Las verdaderas razones externas de la crisis de hoy comenzaron en 1960, antes que entrara en vigor el bloqueo en 1962. Sólo lo suavizaron un poco en 2015 y 2016, cuando la economía cubana respiró. En junio de 2017 la primera administración del Presidente Trump anunció una nueva arremetida contra mi país, que comenzó oficialmente en septiembre de 2019. Desde entonces hasta diciembre de 2025, las casi 250 medidas contra Cuba se mantuvieron intactas. Entre el 29 de enero de este año hasta hoy, su gobierno nos impuso un bloqueo energético total, mientras que el 1 de mayo amenazó a quienes desde terceros países mantuvieran contactos económicos con Cuba, que les confiscaría sus cuentas bancarias en EEUU. Llevamos casi cinco meses esperando una agresión armada del estilo de la de Venezuela, escuchando que somos un estado fallido, que somos incapaces de cambiar, que practicamos el terrorismo. Hace pocos días culparon a Raúl Castro por derribar dos avionetas en febrero de 1996, por lo que le pronostican que correrá la misma suerte del secuestrado Presidente Maduro.

Usted, Sr. Rubio, ha sido el arquitecto más relevante de estas campañas, por lo que su Mensaje del 22 de mayo suena a hipocresía.
Deje que los cubanos sigamos transformando lo que no funciona internamente, incluidos los análisis sobre Gaesa, además de las corrupciones, las desigualdades, la pobreza y muchísimos más. Cuba cuenta con un capital de profesionales que constantemente identifican los problemas y ofrecen soluciones. Es cierto que no siempre nos escuchan, pero la situación interna se agravó tanto desde inicios de este año, que urge contar con nuestra sabiduría.

Cuba nunca recibió petróleo gratis de Venezuela. Existió desde inicios de este siglo una colaboración en la que mi país enviaba profesionales de la salud, de la educación y del deporte, a cambio de petróleo. El único crudo por el que no pagamos fue el del barco “Anatoly Kolodkin”, que envió el gobierno ruso como ayuda humanitaria. Sirvió para que el país se iluminara durante ocho días.

Declara que su Presidente Trump “ofrece una nueva relación entre Estados Unidos y Cuba”, directamente con el pueblo, no con Gaesa. Comenzaría por enviar cien millones de dólares en alimentos y medicinas que distribuirían la Iglesia católica u otro grupo caritativo de confianza. A continuación derrama un torrente de mentiras.

Esta Revolución que, para usted, no existe, nunca practicó caridades, sino que nos enseñó a todos “a pescar”, como suele identificarse popularmente el desarrollo. A fines de los 1950 yo recogí dinero en alcancías para las Ligas contra el cáncer y la ceguera. Seguramente lo recaudado no sirvió para que quienes no tenían acceso a la salud, solucionaran esas enfermedades. Doy fe, por experiencia propia, que aquí existen programas de salud que detectan esas dolencias y las atienden gratuitamente. Ante las carencias que provocó el bloqueo energético del 29 de enero, el estado priorizó las atenciones, incluso las quirúrgicas, del cáncer.
Sin embargo, la sobrevivencia de niños con cáncer descendió de 85% a 65%. Hay 16 mil pacientes que requieren radioterapia, que viven con miedo a no poder cumplir su tratamiento por las carencias energéticas.

El Sr. Trump afirma que los cubanos ansiamos vivir en nuestro país como viven nuestros familiares en EEUU. Es cierto que el “sueño americano” nos cala porque almacenamos mucho de la cultura de su país. A la par conocemos las angustias de quienes emigraron a EEUU en años recientes, ante el peligro de ser deportados. Hay cubanos que abrieron pequeños negocios privados aquí con éxito, y marcharon a Estado Unidos para ampliar sus victorias empresariales. Alertan a los de aquí que “aquello no es como pensaban”, porque trabajan hasta en tres lugares.

Su Presidente afirma que los cubanos triunfan en “TODAS las industrias, en todos los países, excepto uno: Cuba”.

En los últimos cinco meses de bloqueo energético, los cubanos viviendo en la Isla continúen destacándose internacionalmente.

La Dra. Teresita Rodríguez, del Centro de inmunología molecular, explicó en el documental “El sueño de Teresita” (“Teresita´s Dream”) de Belly of the Beast, cómo creó junto a su equipo el Neuro Epo para aliviar el progreso del Alzheimer, medicamento que, una vez certificado, está al alcance de los cubanos. Reveló que pacientes de EEUU vinieron a La Habana para someterse a este medicamento con resultados satisfactorios.

Al campeonato de lucha celebrado en Coralville, Iowa, a mediados de mayo, Cuba llevó diez gladiadores de los treinta posibles; no pudo llevar a más por limitaciones económicas. Tres fueron muchachas. De los diez, nueve obtuvieron medallas: cinco de oro, dos de plata y dos de bronce. Sólo una de las jóvenes quedó sin galardones.


Hablando de cultura, a inicios de mayo el documental “Mi sueño dorado”, que el realizador español Christian Dehugo dedicó a la compañía Lizst Alfonso Dance Cuba, clausuró el Havana Film Festival de New York. En 2016, la compañía recibió el International Spotlight Award en la Casa Blanca, entregado por la primera dama Michelle Obama, un galardón que subrayó su papel como embajadora cultural de Cuba en el mundo. [i]

En su propuesta para crear una Nueva Cuba, el Presidente Trump, promete a los cubanos que serán dueños “de una gasolinera o de una tienda de ropa, o de un restaurante”. Sr. Rubio, hace años que los restaurantes (que bautizamos de “paladares”, inspirados por una telenovela brasileña de hace 30 años), las cafeterías, las tiendas de ropa, calzado y alimentos, son negocios privados. Hace tres meses el gobierno autorizó a los propietarios privados importar gasolina para sus negocios, con la condición de que la dispensarían en las estaciones de servicio estatales.

Las cubanas y los cubanos creamos nuestras propias plataformas de información, ventas y de entretenimiento en las redes sociales, usando YouTube, X, Wassap y Google, además de las cubanas. Busque Revolico y quizás encuentre algo que le interese adquirir.

Usted, Sr. Rubio, es uno de los principales culpables que estemos al borde de una crisis humanitaria, no sólo por sus funciones como Secretario de Estado desde 2025, sino por las medidas que promovió durante años, que impiden convertir en realidades los proyectos e la Revolución.

Por tanto, me despido de usted con desprecio,

Marta Núñez Sarmiento"
(Marta Núñez Sarmiento, El Viejo Topo, 21/06/26, Fuente: Cubadebate)

28.4.26

¿Cómo vive Cuba el bloqueo energético? Tanto políticos como grandes medios luego coinciden en que la situación en Cuba es de desesperación y colapso inminente... Hemos estado en Cuba... Hemos descubierto un pueblo golpeado y sufriendo por el bloqueo energético, pero con un gobierno que está gestionando la situación y unos ciudadanos que están saliendo adelante... Trump dice que Cuba es un Estado fallido pero, precisamente porque hay un Estado presente en la organización de la sociedad, se está logrando gestionar el déficit energético, dando el principal rango a las áreas donde hay un hospital o instalaciones sanitarias, escuelas, bomberos, industrias de alimentos… En esas zonas protegidas casi nunca se va la electricidad... En una carrera contra reloj, y con la ayuda de China, cada día se están inaugurando sistemas solares que suministran energía a centros sanitarios y hospitales. En cuanto a la distribución de la gasolina, el criterio también es social, los servicios públicos tienen un suministro garantizado... el Estado mantiene la energía al mismo precio y no existen distribuidores que puedan especular o acumular, y no hay inflación... La transparencia del gobierno cubano hacia la situación energética es absoluta... China en doce meses lleva ya construidos 75 parques solares, lo que hizo que su generación total haya pasado del 5,8% al 20%... ¿Se imaginan qué pasaría a España se le impidiese que llegase una gota de petróleo o gas? Es evidente que el objetivo del bloqueo energético es provocar un levantamiento popular contra el gobierno, algo que parece cada vez más lejos y absurdo... En conclusión, un Estado socialista que planifica y prioriza, una solidaridad de China y una inventiva cubana están consiguiendo que, una vez más, Cuba avance y los planes de derrocamiento de Estados Unidos sigan fracasando (Pascual Serrano)

"Todo el mundo parece indignado por Trump, sus interpretaciones geopolíticas, sus medidas políticas y sus guerras. Sin embargo, tanto políticos como grandes medios luego coinciden con él en que la situación en Cuba es de desesperación y colapso inminente. El escenario que promueven es el de un Estado fallido para que una intervención militar pueda interpretarse, más que como una agresión, como una salvación o, en el menor de los casos, algo que no puede agravar más la situación. El objetivo, como dice Belén Gopegui, es implantar la idea de que “ya no hay nada que hacer”, solo esperar la llegada del imperialismo.

Hemos estado en Cuba, hemos visto, observado, preguntado y tomado nota. Hemos descubierto un pueblo golpeado y sufriendo por el bloqueo energético, pero con un gobierno que está gestionando la situación y unos ciudadanos que están saliendo adelante.

El primer dato a tener en cuenta es que a Cuba se le ha impuesto un bloqueo energético por el cual ha estado cuatro meses sin entrar ni una gota de petróleo en la isla. Petroleo que antes recibía de México o Venezuela. Como consencuencia se han quedado las plantas termoeléctricas de la isla sin materia prima para operar. Sorprende cómo el mundo se indignó por el bloqueo en la ayuda alimentaria que Israel impuso a Gaza, pero bloquear el acceso a la energía es igual de asfixiante para una economía y de criminal para un país. ¿Se imaginan qué pasaría a España se le impidiese que llegase una gota de petróleo o gas? ¿O a una isla como Dominicana, al lado de Cuba? Imaginen, bloquear el acceso de República Dominicana a los 50 o 60 millones de barriles anuales que le llegan, o los 2,8 millones de barriles diarios que importa Japón. Y cuando esos países no puedan desarrollarse por la falta de esa energía, decir que el capitalismo no funciona.

La primera paradoja es que el gobierno de Trump dice que Cuba es un Estado fallido pero, precisamente porque hay un Estado presente en la organización de la sociedad, se está logrando gestionar el déficit energético. El Estado cubano ha clasificado las zonas según prioridades energéticas, que llaman circuitos con niveles de importancia, dando el principal rango a las áreas donde hay un hospital o instalaciones sanitarias, escuelas, bomberos, industrias de alimentos… En esas zonas protegidas casi nunca se va la electricidad.

Del mismo modo, el Estado cubano está dando prioridad a centros sanitarios, educativos o de servicios sociales para la instalación de paneles solares. En una carrera contra reloj, y con la ayuda de China, cada día se están inaugurando sistemas solares que suministran energía a centros sanitarios y hospitales.

En cuanto a la distribución de la gasolina, el criterio también es social, los servicios públicos tienen un suministro garantizado, igual que la producción agrícola o las empresas estratégicas, mientras que el uso privado es el que dispone de menos combustible y a un precio muy caro.

Igualmente, el Estado planifica conexiones y desconexiones territoriales en sus centrales termoeléctricas para asegurar el reparto del suministro y evitar que el sistema colapse por una demanda por encima de la electricidad disponible.

Ha sido la planificación del Estado la que ha permitido que los 730.000 barriles de crudo (“tercera parte de lo que necesitamos en un mes”, en palabras del presidente Díaz-Canel) que llegaron en el barco ruso Anatoly Kolodkin el pasado 31 de marzo puedan ser estirados y optimizados al máximo hasta generar 800 o 1.000 mw, la tercera parte de todo lo que se necesita en el horario pico.

A diferencia de nuestros países, donde una subida de la energía se convierte instantáneamente en inflación y subida de precios, en Cuba no se observa un aumento de los precios de los productos de primera necesidad. El motivo es que para su producción el Estado mantiene la energía al mismo precio y no existen distribuidores que puedan especular o acumular. Por otro lado, los productos importados no tienen por qué aumentar su precio porque no les afecta ningún bloqueo energético.

El gobierno de Estados Unidos precisamente plantea permitir la importación de combustible pero solo para el sector privado, es decir, para ricos y empresas privadas independientemente de su importancia. O sea, quiere eliminar los criterios sociales y estratégicos del Estado cubano. Si no hubiese un Estado que priorizase las necesidades y coordinase la conexiones y desconexiones, las demandas particulares provocarían el colapso constante del sistema.

Dice que es un Estado fallido pero precisamente lo que quiere es desactivarlo porque sabe que no tiene nada de fallido.

La iniciativa de los cubanos de a pie también es de destacar. Las calles de La Habana están llenas de motos eléctricas chinas, e incluso triciclos que transportan hasta seis personas y que ya han sustituido a la mayoría de los coches de gasolina y, sobre todo, a los taxis. Esas motos, que están resolviendo el transporte en La Habana, están costando en torno a 600 o 700 dólares, una cantidad importante para un cubano, pero recordemos que ellos llevan toda la vida pagando una cantidad mínima por la energía eléctrica, menos de un dólar al mes. Recargar ahora la batería de sus motos en sus casas es prácticamente gratuito.

Por otro lado, muchas viviendas ya cuentan con paneles solares para garantizar su autosuficiencia energética. Es curioso que esa transición energética los españoles la estamos haciendo a la fuerza para poder encajar las sanciones que nosotros mismos hemos puesto a Rusia y el encarecimiento del gas que han provocado esas sanciones. En Cuba se está haciendo pero por el bloqueo estadounidense.

La afectación en el transporte provoca que muchos trabajadores se queden en casas de amigos y familiares para no tener que desplazarse cada día a su puesto de trabajo, o que lleven la comida o la ropa a la nevera o la lavadora del familiar que dispone de electricidad. Es decir, el país ni se para ni se colapsa. De hecho, aunque hemos visto menos vehículos de gasolina por las calles de La Habana y una brusca caída del turismo, moverse por la ciudad no es complicado, la gente va a trabajar y el fin de semana los locales de ocio no se pueden quejar de público cubano. Nada parecido al periodo especial de los años noventa.

La transparencia del gobierno cubano hacia la situación energética es absoluta. Los cubanos siguen un canal de wasap de la Unión Eléctrica de Cuba donde todos los días difunden un gráfico de “Actualización del Sistema Energético Nacional”. Allí pueden comprobar que lo habitual en el horario pico es disponer de unos 2.000 mw (hace veinte días no se llegaba a los 1.500) y una demanda de 3.000 mw. Los mil de déficit deben repartirse según prioridades y escalonarse para que el sistema no colapse.

La situación actual es que China en doce meses lleva ya construidos 75 de los 92 parques solares que se comprometió a poner en marcha para 2028, lo que hizo que su generación total haya pasado del 5,8% al 20%. Cada parque solar cuesta aproximadamente 16 millones de dólares, y los 75 ya construidos representan una inversión superior a 1.200 millones de dólares en infraestructura energética instalada a velocidad récord. Cada megavatio de capacidad solar instalada representa ceca de 18.000 toneladas de combustible que ya la isla no necesita importar.

Hoy ya la energía solar en Cuba produce 1.000 mw, el 20 o 25% de la energía que necesita el país. Hay que tener en cuenta que la energía solar actual ayuda a cubrir el pico diurno, pero no resuelve los apagones nocturnos sin sistemas de almacenamiento masivo, no olvidemos que los cubanos por la noche usan mucha electricidad para sus aires acondicionados.

La velocidad del despliegue sorprende incluso a los estándares chinos: algunos parques entraron en operación en apenas 35 días tras la llegada de los equipos. Además del aporte masivo a la red eléctrica, el acuerdo con China incluye la donación de 70 toneladas de piezas para generadores y planes para instalar 10.000 sistemas fotovoltaicos en hogares, maternidades y clínicas.

Es evidente que el objetivo del bloqueo energético es provocar un levantamiento popular contra el gobierno, algo que parece cada vez más lejos y absurdo. Es difícil saber con precisión cuál es porcentaje de apoyo u oposición al gobierno cubano, pero es indiscutible que el apoyo es mayor del 36% que tiene Trump. Yo diría que incluso es mayor que el que tenía hace unos años. La soberbia y torpeza de Trump afirmando que quería “tomar Cuba”, ha despertado el rechazo incluso entre los cubanos que, ingenuamente, podían pensar que la Administración estadounidense alguna vez estuviera interesada en democracia o derechos humanos para Cuba.

En conclusión, un Estado socialista que planifica y prioriza, una solidaridad de China y una inventiva cubana están consiguiendo que, una vez más, Cuba avance y los planes de derrocamiento de Estados Unidos sigan fracasando como en los últimos sesenta años." 

( Pascual Serrano, Globalter, 28/04/26)

16.4.26

La guerra de la Administración Trump contra Cuba... quieren que la economía cubana esté en ruinas para poder decir que el comunismo no funciona, que la gente se rebele, y que construyamos campos de golf estadounidenses y Trump Towers por toda la isla... algunas de las formas en que Estados Unidos ha saboteado la economía cubana durante tanto tiempo, dificultando las remesas, dificultando el turismo, y luego hay una fuente de ingresos que siempre me pareció brillante para Cuba y para el mundo. Y eran los profesionales médicos que iban tanto a países pobres —a menudo financiados por agencias de la ONU— como a países más ricos, como Italia durante la COVID, donde los costes los sufragaban los propios países. Eso se convirtió en una importante fuente de ingresos para Cuba. Y el Gobierno de EE. UU. intervino y amenazó sistemáticamente a los países para que no aceptaran a médicos cubanos... tampoco se puede utilizar el sistema financiero internacional, el sistema SWIFT, lo que implica que no se puede comerciar en la arena internacional, pero no poder obtener combustible supone un nivel completamente nuevo. Y nadie puede decir en este momento que no existe un bloqueo sobre Cuba. Ahora todo el mundo puede verlo, y es devastador... en un momento dado fue una amenaza por ser un buen ejemplo, una amenaza porque contaba con un próspero sistema sanitario que llevó a Cuba a tener una tasa de mortalidad infantil más baja que en la mayoría de lugares de Estados Unidos, y sigue siendo un sistema totalmente gratuito. Y eso supone una amenaza para todas las personas en EE. UU. que se benefician de nuestro pésimo sistema sanitario con ánimo de lucro... Cuba se ha abierto a la empresa privada, no a gran escala, pero sí de una manera muy significativa. Se pueden tener empresas privadas. Se puede contratar hasta a 100 personas. Yo diría que la mayoría de los cubanos trabajan ahora de una forma u otra en el sector privado, porque el sector público se ha derrumbado en muchos aspectos, pero lo que quiere la administración Trump son cosas a lo grande. Quiere poseer tierras. Quiere poder construir lo que quiera y que las empresas estadounidenses entren y se hagan cargo de lo que ha sido nacionalizado (Medea Benjamin)

 "Esta entrevista también está disponible en plataformas de podcast y Rumble.

Medea Benjamin, cofundadora de la organización pacifista CODEPINK, habla con Chris Hedges sobre su reciente visita a Cuba como parte de una de las muchas delegaciones humanitarias que han visitado la isla en respuesta al severo bloqueo económico impuesto por la Administración Trump. Benjamin describe la situación actual como «desesperada», la peor que ha vivido en sus 50 años de trabajo solidario con Cuba, y se refiere a la escalada del bloqueo como un «asedio medieval».

La escasez de combustible ha tenido consecuencias mortales, provocando cortes de electricidad en todo el país. Las sanciones y el bloqueo han provocado escasez de alimentos, medicinas y otros productos de primera necesidad. Benjamin relata: «La gente no puede ir a trabajar porque los autobuses no funcionan o, si llegan al trabajo, no hay electricidad ni materiales». Afirma que médicos y profesores están abandonando el país porque sus salarios son demasiado bajos para sobrevivir.

Los medios de comunicación estadounidenses achacan las penurias de Cuba a su gobierno comunista, pero Benjamin destaca los avances logrados desde la Revolución, a pesar de haber soportado más de sesenta años de sanciones impuestas por Estados Unidos. Cuba, un país pobre de diez millones de habitantes, creó un sistema de sanidad universal que en su día fue envidiable y un excelente sistema educativo gratuito para los residentes. Ahora, muchos de esos logros, como la reducción de la mortalidad infantil y la mejora de la esperanza de vida, se están deteriorando bajo el yugo del imperialismo estadounidense.

Este año han viajado a Cuba delegaciones de todo el mundo para llevar paneles solares, medicamentos y otros artículos de primera necesidad. Los palestinos participaron en la delegación que Benjamin ayudó a organizar y fueron testigos de muchas similitudes entre Cuba y Gaza. Además de la escasez, otra similitud es el creciente poder del lobby cubano-estadounidense que apoya el bloqueo, el cual sigue el modelo del lobby israelí-estadounidense, el AIPAC.

A pesar de ello, la situación en Cuba es tan grave que incluso muchos miembros del Congreso ya no pueden negar la crueldad de la situación. Hay dos nuevos proyectos de ley en el Congreso que CODEPINK y otras organizaciones de solidaridad con Cuba apoyan. Benjamin insta a la gente a actuar de cualquier forma que pueda, ya que cree que los cubanos no podrán soportar las penurias del bloqueo por mucho más tiempo.

Chris Hedges: La administración Trump, tras haber puesto en el punto de mira a Venezuela e Irán, parece decidida a derrocar al Gobierno cubano. Ha orquestado un asedio a la isla, cortando los envíos vitales de petróleo venezolano hace tres meses. Esto ha dejado a la economía cubana sin petróleo importado, así como sin diesel, gasolina, combustible para aviones y gas licuado de petróleo. Cuba depende de esos envíos para aproximadamente el 60 % de su energía.

Cuba está sufriendo ahora cortes de electricidad masivos, incluidos dos apagones en toda la isla en los últimos días. La orden ejecutiva de Trump del 29 de enero de 2026 establece: «Las políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba constituyen una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos». La orden acusa al Gobierno cubano de permitir abiertamente que Rusia y China —que, según se informa, cuenta con cuatro puestos de escucha en la isla— establezcan allí sofisticadas capacidades militares y de inteligencia que amenazan la seguridad nacional de Estados Unidos. Señala que Cuba alberga la mayor instalación de inteligencia de señales de Rusia en el extranjero, que intenta sustraer información sensible de seguridad nacional de Estados Unidos. La Casa Blanca de Trump ha invocado la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977, que faculta a EE. UU. a imponer aranceles a los países extranjeros que «suministren, directa o indirectamente, petróleo al Gobierno cubano».

Esto ha provocado escasez de transporte, reducción de la jornada laboral y cancelaciones de vuelos, además de la escasez no solo de combustible, sino también de alimentos, medicamentos y equipos vitales, incluido el material médico. El Departamento de Justicia ha imputado a varios funcionarios y entidades cubanas por su presunta implicación en el tráfico de drogas, una táctica que también se está utilizando para atacar al presidente de Colombia, Gustavo Petro. «Cuba va a caer muy pronto», anunció Trump. «Quieren llegar a un acuerdo. Así que voy a enviar a Marco allí y veremos cómo sale eso. Ahora mismo estamos muy centrados en este [se refería a Irán]. Tenemos mucho tiempo, pero Cuba está lista tras 50 años. Llevo 50 años observándola y me ha caído del cielo gracias a mí, ha caído, pero, en cualquier caso, me ha caído del cielo y nos está yendo muy bien».

El objetivo es la reafirmación del imperialismo estadounidense sobre la isla, que la revolución cubana liderada por Fidel Castro derrotó en 1959. Si Trump no logra sus objetivos en Irán, lo cual parece cada vez más probable, parece dispuesto a centrar su atención en Cuba. Con el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y el colapso de la Unión Soviética, Cuba cuenta con pocos aliados que puedan acudir en su ayuda, aunque un petrolero ruso que transporta 730 000 barriles de crudo parece dirigirse a Cuba.

Me acompaña para hablar de la guerra contra Cuba Medea Benjamin, cofundadora del grupo pacifista CODEPINK, que acaba de regresar de un viaje a Cuba donde ella y otros grupos solidarios entregaron ayuda humanitaria y suministros, entre ellos medicamentos, paneles solares, bicicletas y alimentos. Así pues, Medea, ha sido usted duramente criticada en el Washington Post. Aunque creo que esto dice mucho más del Washington Post que de usted. El titular reza: «Idiotas útiles visitan Cuba justo a tiempo». Voy a leerle un par de frases y le dejaré responder:

«El comunismo ha empobrecido la isla. A los izquierdistas estadounidenses solo les importa ahora porque pueden culpar a Trump. Izquierdistas de todo el mundo se desplazaron a Cuba durante el fin de semana para un “viaje humanitario” [entre comillas] destinado a protestar contra el bloqueo petrolero de Estados Unidos y desempeñaron a la perfección el papel de idiotas útiles. Nada demuestra más solidaridad que ir a un país empobrecido y alojarse en un hotel de cinco estrellas». Más abajo: «La mejor manera de ayudar al pueblo cubano, por supuesto, sería liberarlo de una dictadura que lleva más de medio siglo sin satisfacer sus necesidades. Sin embargo, la lista de asistentes estaba más interesada en criticar a Estados Unidos. Y luego, mientras que los turistas socialistas pueden culpar a las sanciones estadounidenses por el declive de la isla, los cubanos creen de forma abrumadora que la culpa es de quienes han dirigido su economía desde 1959». Y la última línea: «La verdad es que a estos activistas solo les importan los cubanos ahora que tienen una excusa para arremeter contra Estados Unidos. El numerito podría haber sido más convincente sin las fiestas». Estoy segura de que estuvieron de fiesta día y noche en Cuba. Pero, en fin, es que no me lo podía creer. Suena a algo sacado de la National Review, o quizá de The Onion, no lo sé.

Medea Benjamin: O del New York Post.

Chris Hedges: Sí.

Medea Benjamin: ¿Quiere que comente eso, Chris?

Chris Hedges: Bueno, sí, es decir, es un ataque tan duro y una distorsión tan grande de la historia. Quiero decir, hemos estado estrangulando a Cuba desde sus inicios.

Medea Benjamin: Bueno, por supuesto. Y, ya sabe, fue interesante que se tratara de un grupo tan multigeneracional. Llevábamos 170 personas en nuestro avión fletado con todos esos medicamentos. Y algunos de ellos eran jóvenes cubanos, se hacen llamar «Cubanoamericanos por Cuba». Algunos nunca habían estado en Cuba antes. Y muchos de nosotros, los de más edad, llevamos décadas trabajando en temas relacionados con Cuba. Así que decir que solo vinimos a esto para criticar a Trump es un poco gracioso, porque yo llevo yendo a Cuba desde 1979 e intentando cambiar la política estadounidense desde entonces. Así que eso es una cosa.

La otra es esta cuestión de echar toda la culpa al gobierno comunista. Ya sabe, hay una respuesta muy fácil para eso, Chris, que es: bueno, levanten las sanciones y entonces podrán echarle toda la culpa al gobierno comunista. Llevamos años y años y años diciendo eso, pero no quieren hacerlo porque quieren que la economía cubana esté en ruinas para poder decir que el comunismo no funciona, que la gente se rebele, y que construyamos campos de golf estadounidenses y Trump Towers por toda la isla. Y en cuanto a que nos alojáramos en hoteles de lujo, eso también me parece bastante gracioso, porque hay una lista que podríamos ir desplazando, que no tendría fin, de hoteles en los que el Gobierno de EE. UU. dice que no se nos permite alojarnos porque, según ellos, están relacionados de alguna manera con el ejército cubano. Así que solo hay cinco hoteles en los que se nos permite alojarnos. Todos son «hoteles de lujo» y todos son propiedad de empresas extranjeras.

Nos alojamos en uno que se llamaba Iberostar. Es una empresa de propiedad española. Y también nos alojamos allí por, bueno, otras dos razones. Una, nos hicieron un precio muy bueno, y dos, estaba en el centro, porque los demás están más lejos y no queríamos usar autobuses. No queríamos consumir mucho combustible. Así que solo utilizamos los autobuses para ir del aeropuerto al hotel y volver al aeropuerto. Y la mayor parte del tiempo, caminamos y caminamos y caminamos bajo el sol abrasador. Y fue muy bueno para la gente hacer eso, porque es algo que los cubanos hacen todos los días. Cuando desayunábamos en el hotel y preguntábamos a los trabajadores: «¿Cómo han llegado aquí esta mañana?», nos respondían: «He caminado tres millas. He caminado cuatro millas». Así que intentamos dejar una huella ecológica mínima, pero supongo que eso no impresionó al Washington Post.

Chris Hedges: Hablemos de la situación de Cuba. Quiero decir, Cuba lleva, por supuesto, décadas sometida a sanciones. Y, brevemente, todo tipo de intentos de la CIA para derrocar al gobierno de Castro, la invasión de Bahía de Cochinos, que fue frustrada por Cuba durante la administración Kennedy. Creo que hubo siete intentos concertados de asesinato contra el propio Castro. Me refiero a todo tipo de cosas extrañas, como puros explosivos, si no recuerdo mal, y, no sé, trozos de coral envenenados o algo así. No recuerdo qué era todo eso. Pero esta guerra contra Cuba nunca ha remitido, aunque en muchos sentidos lo que está ocurriendo ahora —y le dejaré a usted que comente al respecto— es quizás lo más grave.

Medea Benjamin: Sí, quiero decir que sí amainó un poco durante la presidencia de Obama, cuando hubo algunas aperturas y se levantaron algunas de las sanciones, y vimos un florecimiento de la empresa privada y de la llegada de turistas, y la economía realmente repuntó, lo cual fue bueno para el pueblo estadounidense y para el pueblo cubano; pero, lamentablemente, la administración Trump revirtió todo eso, y la administración Biden no hizo nada para mejorar las relaciones, y ahora nos hemos quedado atascados con Trump de nuevo. Ahora bien, cuando usted dice que la situación es peor que nunca, sí, eso es absolutamente cierto debido a esa fanfarronada de Trump de que ni una gota de petróleo ha llegado a la isla en más de tres meses. Estados Unidos impidió que Venezuela enviara petróleo y obligó a México a no enviarlo. Veremos qué ocurre con este petrolero ruso, y eso debería ser interesante. Pero, como usted ha dicho, Chris, esto no es nada nuevo.

Y solo quiero señalar algunas de las formas en que Estados Unidos ha saboteado la economía cubana durante tanto tiempo. Una de ellas es que se trata de una isla caribeña, y en países pequeños como los de Centroamérica y el Caribe, una de las principales fuentes de ingresos son las remesas, es decir, lo que las personas de esos países que se trasladan a países más ricos, como Estados Unidos o España, envían a sus familiares. Estados Unidos ha complicado mucho incluso el simple hecho de enviar dinero a la familia en la isla.

Luego está la cuestión del turismo. También un pilar fundamental de los países caribeños. Estados Unidos ha puesto tantas trabas que es muy difícil que el turismo prospere en la isla. No se puede ir como turista a tumbarse en las playas. Hay que encajar en una de las categorías para poder ir. No es tan difícil. La gente cree que es más complicado de lo que es, y por eso hay tanta gente que no va. Pero nuestros amigos europeos no pueden obtener el mismo visado estadounidense si han estado en Cuba. Y desde la COVID, el turismo ha sufrido un auténtico desplome. Y ahora, con Donald Trump, las condiciones son aún más difíciles para los turistas si no se puede desplazarse, si los autobuses no funcionan, ese tipo de cosas. Así que el turismo se ha visto realmente afectado.

Y luego hay una fuente de ingresos que siempre me pareció brillante para Cuba y para el mundo. Y eran los profesionales médicos que enviaban por todo el mundo. Estos médicos y enfermeros cubanos que iban tanto a países pobres —a menudo financiados por agencias de la ONU— como a países más ricos, como Italia durante la COVID, donde los costes los sufragaban los propios países. Eso se convirtió en una importante fuente de ingresos para Cuba. Y el Gobierno de EE. UU. intervino y amenazó sistemáticamente a los países para que no aceptaran a médicos cubanos, para que expulsaran a los que ya estaban allí, llegando incluso a decirles que no enviaran a sus estudiantes a estudiar gratuitamente en la facultad de medicina de Cuba.

Así pues, estas son solo algunas de las formas en que Estados Unidos ha estado saboteando. Y, por supuesto, estar en la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo significa que no se puede utilizar el sistema financiero internacional, el sistema SWIFT, lo que implica que no se puede comerciar en la arena internacional. Por lo tanto, esto no es nuevo, pero no poder obtener combustible supone un nivel completamente nuevo. Y nadie puede decir en este momento que no existe un bloqueo sobre Cuba. Ahora todo el mundo puede verlo, y es devastador.

Chris Hedges: La isla solo tiene 10 millones de habitantes. ¿Por qué, a lo largo de su historia, Estados Unidos ha considerado a Cuba una amenaza tan grande?

Medea Benjamin: Bueno, creo que en un momento dado fue una amenaza por ser un buen ejemplo, una amenaza porque contaba con un próspero sistema sanitario que llevó a Cuba a tener una tasa de mortalidad infantil más baja que en la mayoría de lugares de Estados Unidos, una mayor esperanza de vida y un sistema de médicos de familia que era la envidia de personas de todo el mundo. Quiero decir, imagínese, Chris, tener a su médico en su barrio. Había un médico por cada 125 familias. De hecho, le conocían. Sabían cuál era su estado de salud. Le visitaban en su casa. Quiero decir, era un sistema maravilloso. Ahora está muy deteriorado porque los pobres médicos ganan un sueldo miserable y muchos están abandonando la profesión, y no disponen de materiales con los que trabajar. Pero sigue siendo un sistema totalmente gratuito. Y eso supone una amenaza para todas las personas en EE. UU. que se benefician de nuestro pésimo sistema sanitario con ánimo de lucro.

La otra cuestión es que, al principio, el programa educativo y de alfabetización supuso un avance realmente trascendental: se pasó de una sociedad pobre con una alta tasa de analfabetismo a una población educada en la que se podía obtener educación gratuita hasta el doctorado.

También se consideró una amenaza debido a la relación con Rusia, ya que, incluso después de la crisis de los misiles en Cuba, Estados Unidos mantuvo relaciones con lo que era la Unión Soviética hasta el momento de su desintegración en 1991.

Y luego están todos los cubanoamericanos —aunque no debería decir «todos», ya que en realidad se trata de un pequeño grupo de cubanoamericanos— que abandonaron la isla tras la revolución y que, desde entonces, se han sentido indignados por haber perdido parte de sus propiedades y han estado presionando constantemente al Gobierno de EE. UU. para que derrocara al Gobierno cubano y así poder recuperar sus propiedades. Y finalmente, quiero decir que este grupo cubanoamericano se ha vuelto muy poderoso. Ellos se han inspirado en el grupo de presión proisraelí llamado AIPAC, y son un grupo de presión extranjero muy, muy poderoso para una población tan pequeña. Reciben millones de dólares de nuestros impuestos. Los obtienen año tras año para difundir propaganda contra el Gobierno cubano. Han elegido a cubanoamericanos para cargos públicos, como María Elvira Salazar, Carlos Giménez y Díaz-Balart, cuyas carreras se basan íntegramente en esta política contra el Gobierno cubano. Y esas son algunas de las razones.

Y, por último, permítame decir que ha habido una pugna por Florida entre demócratas y republicanos, y los demócratas han pensado que podrían recuperar algunos escaños en Florida si adoptaban esta postura de línea dura. No les ha salido bien, pero siguen creyendo que les beneficia no solo atacar al Gobierno cubano, sino también perjudicar al pueblo cubano.

Chris Hedges: Así pues, la respuesta del Gobierno cubano ha sido ofrecer concesiones. Creo que incluso han dicho que negociarían con los exiliados cubanos sobre las indemnizaciones por sus propiedades. Han hablado de flexibilizar las restricciones a la inversión extranjera. ¿Podría hablar un poco sobre cómo está respondiendo el Gobierno cubano?

Medea Benjamin: Bueno, el Gobierno cubano siempre ha estado abierto al diálogo y, de hecho, ha mantenido conversaciones con EE. UU. sobre cuestiones migratorias y sobre drogas. Y el Gobierno cubano ha sido de gran ayuda en la lucha contra las drogas en el Caribe. Pero en cuanto a estas cuestiones actuales sobre la inversión, Cuba se ha abierto a la empresa privada, no a gran escala, pero sí de una manera muy significativa. Se pueden tener empresas privadas. Se puede contratar hasta a 100 personas. Yo diría que la mayoría de los cubanos trabajan ahora de una forma u otra en el sector privado, porque el sector público se ha derrumbado en muchos aspectos. Y a los cubanoamericanos se les permite apoyar a empresas en Cuba. De hecho, todas esas pequeñas tiendas que se ven al pasear por las calles, no solo en La Habana, sino también en otras ciudades, existen en su mayoría gracias a las inversiones de sus familiares en Estados Unidos.

Pero lo que quiere la administración Trump son cosas a lo grande. Quiere poseer tierras. Quiere poder construir lo que quiera y que las empresas estadounidenses entren y se hagan cargo de lo que ha sido nacionalizado.

Así pues, esas son cuestiones sobre las que, de hecho, el Gobierno cubano está dispuesto a dialogar. Y, como usted ha dicho, recientemente han manifestado que están dispuestos a hablar sobre indemnizaciones. Ahora bien, cuando el Gobierno cubano comenzó a nacionalizar las propiedades extranjeras a principios de la década de 1960, todos los demás países negociaron y llegaron a un acuerdo con el Gobierno cubano. Estados Unidos fue el único país que se negó a llegar a un acuerdo. Pero los cubanos están diciendo ahora mismo: «Vamos a resolverlo. Mantengamos relaciones comerciales normales con Estados Unidos».

Chris Hedges: ¿Cuáles serán las consecuencias si este bloqueo continúa, cosa que supongo que sucederá? ¿Cuáles serán las consecuencias dentro de Cuba?

Medea Benjamin: Sabe, Chris, ni siquiera puedo imaginar que este bloqueo continúe, porque realmente está destruyendo la capacidad de llevar una vida normal. La gente no puede ir a trabajar porque los autobuses no funcionan o, si llegan al trabajo, no hay electricidad ni materiales. Entonces, ¿qué se supone que deben hacer? A los niños les cuesta mucho llegar a la escuela. Muchos de los profesores se han marchado porque sus salarios son muy bajos. Los hospitales apenas funcionan. Los médicos de allí son héroes, siguen aguantando, siguen intentando atender a sus pacientes con lo poco que tienen. Pero cuando ni siquiera se tiene acceso a agua caliente en el hospital, y mucho menos a analgésicos y todo tipo de cosas como suturas, elementos básicos necesarios para las operaciones, el Gobierno ha dicho que hay 60 000 personas esperando a ser operadas y 11 000 de ellas son niños.

La tasa de mortalidad infantil está aumentando. Los pacientes con cáncer no pueden recibir su tratamiento. Los pacientes con diabetes no pueden recibir sus tratamientos. Por lo tanto, esto está causando un gran sufrimiento en Cuba en este momento. Se ve la basura amontonada en las calles porque no tienen gasolina para los camiones. En los meses más calurosos, eso provocó un brote de tres enfermedades diferentes transmitidas por mosquitos que afectaron a un tercio de la población. ¿Cuánto tiempo puede durar esto? No lo sé. No lo sé. No creo que esto pueda prolongarse otros seis meses, por ejemplo, porque la gente está simplemente desesperada.

Y espero que haya conversaciones entre Estados Unidos y Cuba. Y oímos que las hay, pero no sé en qué consisten. Pero espero que las haya, porque algo tiene que cambiar. Y también espero que cada vez más gente empiece a darse cuenta de lo grave que es la situación en Cuba, de lo medieval que es este asedio al pueblo cubano, de lo hipócrita que es decir que le importan los derechos humanos en Cuba y, sin embargo, negar a la gente lo básico para vivir. Así que espero que cada vez más gente se informe y se movilice.

Acabamos de regresar de nuestro viaje a Cuba y hoy me he acercado al Congreso para unirme a un grupo de diez personas que iban de oficina en oficina pidiendo apoyo para una Ley de Poderes Bélicos, alegando que Trump no tiene derecho a invadir Cuba, así como para una ley denominada Ley de Comercio entre EE. UU. y Cuba, con el fin de levantar estas restricciones. Al visitar las oficinas, empezamos por las de los demócratas, y se mostraron extremadamente comprensivos porque habían oído hablar de las condiciones en la isla. Así que creo que la gente está tomando conciencia de lo que está sucediendo, y espero que podamos ejercer una presión significativa sobre nuestro Gobierno.

Chris Hedges: Aunque cada intento del Gobierno cubano por tender la mano es rechazado por Marco Rubio.

Medea Benjamin: Bueno, sin duda ese ha sido el caso, pero ya sabe, como estamos viendo en Irán y vimos en Venezuela, no siempre hay un acuerdo al 100 % entre Marco Rubio y Trump en lo que respecta a las políticas. Estoy segura de que Marco Rubio quería derrocar a todo el Gobierno de Venezuela, pero Trump se conformaba con secuestrar a Maduro y a su esposa y mantener al resto del Gobierno en su sitio siempre que pudiera obtener un mayor acceso —puesto que Chevron ya operaba en Venezuela—, pero un mayor acceso para las empresas estadounidenses.

Lo mismo podría ocurrir en el caso de Cuba, donde Marco Rubio sin duda quiere tener la oportunidad histórica de derrocar al Gobierno cubano, pero quizá Trump se conforme con algún tipo de acuerdo menor en Cuba en el que hubiera una mayor apertura a las inversiones. Así que ya veremos. No creo que debamos pensar que Marco Rubio tiene la última palabra sobre lo que sucederá con Cuba.

Chris Hedges: ¿Qué probabilidad le parece que haya una invasión terrestre real?

Medea Benjamin: Estados Unidos sigue diciendo que no está contemplando una invasión terrestre en Cuba, pero no podemos fiar de la palabra de nuestro Gobierno para nada. No puedo imaginar una invasión terrestre, pero tampoco podía imaginar que Estados Unidos invadiera e iniciara esta guerra con Irán. Creo que el ejército cubano tendría muchas dificultades para repeler un ataque militar de EE. UU. Pero una invasión terrestre sería otra historia. Y no creo que los cubanoamericanos quieran realmente ver a sus familiares bombardeados, aunque a muchos de ellos pareciera no importarles verlos morir de hambre. Así que no sé cuál sería la probabilidad de una invasión militar.

Chris Hedges: Cuando estuvo en Cuba, ¿qué fue lo que más le sorprendió?

Medea Benjamin: Lo que me sorprendió fue el grado de resignación que mostraban muchas personas. Que, a pesar de que detestaban la idea de que Trump dijera que iba a tomar el control del país y hacer lo que quisiera, muchas personas con las que hablé en la calle decían: «Da igual, solo sáquenos de esta miseria. No podemos seguir así».

Y eso es algo que no había visto antes. Y quiero decir, Chris, que llevo muchos años yendo a Cuba. Esta no es la Cuba que yo conocía. Hay muchísima gente mendigando en las calles. Nunca vi mendigos cuando fui por primera vez a Cuba. Hay gente, no muchos sin techo, pero los hay. Eso no lo había visto antes. Y el nivel de desigualdad es enorme porque los salarios son de 20 dólares al mes, 25 dólares al mes, y los precios son muy altos para la población local. Por lo tanto, es una situación similar a la que vemos en un lugar como Gaza, donde se ve comida en el mercado, pero la gente no tiene dinero para comprarla.

Por otro lado, aquellas personas que tienen familiares en el extranjero se encuentran en una situación mucho mejor, y ahora hay cubanos muy ricos. Y una de las cosas de las que nos hablaron nuestros ponentes fue del aumento de las disparidades raciales, ya que quienes tienen familiares en el extranjero que pueden enviar dinero suelen ser cubanos blancos. Por lo tanto, quienes suelen tener negocios dentro de Cuba son cubanos blancos. Y son los cubanos negros quienes suelen soportar la peor parte de este estrangulamiento económico.

Chris Hedges: Cuando habla de que los autobuses no circulan, ¿en qué medida se ve afectado el transporte? ¿Están las calles vacías?

Medea Benjamin: Las calles están increíblemente desiertas; hay algunos coches. Hay algunos vehículos eléctricos. Hay algunos vehículos que han conseguido gasolina en el mercado negro, que era muy, muy cara. Y lo que se les está ocurriendo son unos vehículos eléctricos muy innovadores. Hay unos vehículos llamados «tricicletas», de tres ruedas, eléctricos, en los que caben seis personas en la parte trasera y que se utilizan tanto para transportar mercancías como personas. Hay motocicletas eléctricas que tiene la gente. Y, con los pocos coches que hay en la carretera, la gente hace autostop, y quienes tienen coche se muestran muy comprensivos y se detienen constantemente para recoger a la gente. Les preguntamos a nuestras guías: «¿Cómo llegan hasta aquí?». Y una de ellas respondió: «Hago autostop todos los días, de ida y vuelta». A veces tiene que esperar bastante tiempo a que un coche la recoja.

Pero existe esta economía solidaria en la que la gente realmente se ayuda entre sí. Así que, aunque en un país donde no existe ese sentido del colectivismo se vería mucho más hambre, mucha más miseria, en Cuba se las arreglan para salir adelante gracias a este tipo de solidaridad. He estado recientemente en la parte oriental de la isla. Allí había aún menos tráfico. Pero lo que encontré en Holguín, por ejemplo, fue un resurgimiento del uso del caballo y la carreta. Y las carretas llevaban a la gente de un lado a otro. Las carretas también recogían la basura de la calle. Y eso hacía que estuviera mucho más limpio que en La Habana. Pero pregunté por los caballos en La Habana. Y estoy segura de que hay algunas restricciones, pero la gente me dijo que ni siquiera hay comida suficiente para mantener a los caballos lo suficientemente sanos como para proporcionar ese tipo de transporte.

Chris Hedges: Y esta iniciativa fue multinacional. Hubo una flotilla que partió de México, pero participaron personas de todo tipo de nacionalidades en este intento de llevar —que al final resulta simbólico— ayuda humanitaria y protestar contra el bloqueo, ¿es así?

Medea Benjamin: Ya sabe, nuestra presencia realmente animó a los cubanos. No podíamos caminar por la calle sin que la gente se nos acercara y nos dijera: «Gracias por su solidaridad. Les vi en la televisión. Gracias». Así que veníamos de toda Europa. Había delegaciones de Italia, de España. Había gente de Colombia, de Brasil, mucha gente de México y éramos muchos de Estados Unidos. Éramos 170 en nuestro grupo, pero también había grupos que venían con diferentes organizaciones, como el People’s Forum y Global Exchange. Había gente de la Red Nacional sobre Cuba, ese grupo de cubanoamericanos que mencioné, los Cubanoamericanos por Cuba. Así que éramos cientos de personas y fue maravilloso recorrer la ciudad, ver a la gente, recibir tantos saludos y muestras de solidaridad; realmente fue un gran estímulo. Y tuvimos un problema con los barcos, porque las compañías de seguros no querían asegurar barcos para ir a Cuba. Y también temían las amenazas de Trump. Así que conseguimos un barco que transportaba a unas 30 personas y luego un par de veleros. Y el barco más grande acaba de llegar hoy a Cuba, donde recibió una bienvenida realmente maravillosa. Y en ese barco había gente procedente de todas partes.

Y uno de los vínculos reales que se forjó fue el movimiento de solidaridad en torno a Gaza y Palestina y en Cuba. En nuestra delegación contábamos con profesionales palestinos, escritores palestinos, trabajadores sanitarios palestinos, Médicos contra el Genocidio, y se reunieron en Cuba con los palestinos que habían estado estudiando en la facultad de medicina y con algunos que ya se habían graduado. Y fue un encuentro precioso.

Además, en el barco, y también en nuestra delegación, hay muchas personas que forman parte de la Flotilla Global Sumud y que participarán en la próxima Flotilla Global Sumud que tendrá lugar en abril. Así pues, se establecieron muchos vínculos entre personas que han estado defendiendo al pueblo palestino y que ahora, en su mayoría, son conscientes de los problemas de Cuba y de las numerosas similitudes a las que se enfrentan los cubanos y los palestinos.

Chris Hedges: Cuando se reúnen con los legisladores, si se muestran comprensivos, ¿qué les piden?

Medea Benjamin: Pues bien, a partir de hoy se debate en el Senado y en la Cámara de Representantes la Ley de Poderes Bélicos, un proyecto de ley que establece que Trump no puede invadir Cuba sin pasar por el Congreso. Es muy importante, incluso simbólicamente, que se celebre ese tipo de votación. Y, por supuesto, estamos presionando a todos los demócratas e intentando que algunos republicanos también se sumen a la iniciativa. El Congreso está muy polarizado, y los republicanos tienen mucho miedo de ir en contra de Trump.

Pero esperamos conseguir que algunos de ellos también se sumen a esto, porque muchos no están contentos con lo que está sucediendo en Irán. Y esta sería una oportunidad para que demostraran que no apoyan que Estados Unidos se entrometa en todos esos otros países. Así que esa es una.

Y luego hay otro proyecto de ley que presentó recientemente Jim McGovern. Se trata de la Resolución 1721 de la Cámara de Representantes, la Ley de Comercio entre EE. UU. y Cuba, que levantaría el embargo y permitiría a las empresas estadounidenses comerciar con Cuba. Así que esto es lo que estamos pidiendo.

Y debo decir que hoy hemos recibido mucha simpatía. He podido hablar directamente con algunos miembros del Congreso y me han dicho: «Oh, estoy tan, tan indignado por lo que está ocurriendo en Cuba y me alegro de que por fin haya algún proyecto de ley al que puedan mostrar su apoyo». Por supuesto, estas personas podrían haber presentado su propio proyecto de ley hace mucho tiempo y no lo hicieron. Pero creo que obtendremos un apoyo bastante bueno en el Congreso.

Chris Hedges: ¿Hay algo más que quiera añadir, Medea, antes de terminar?

Medea Benjamin: Sí. También estamos intentando organizar viajes a Cuba de forma regular, yendo una y otra vez, porque nos hemos dado cuenta de que las personas que no pudieron venir en este viaje tienen muchas ganas de ir. Así que pueden consultar la página web de CODEPINK para ver los próximos viajes. Y otra cosa es organizar sus propias recaudaciones de fondos para Cuba. Es una forma estupenda de reunir a la gente, de hablar de lo que está pasando, de recaudar algo de dinero y de donarlo a alguna de las muchas organizaciones que recaudan fondos para paneles solares o para medicamentos destinados a Cuba. Así que esas son otras cosas que la gente puede hacer.

Chris Hedges: Estupendo. Gracias, Medea. Y quiero dar las gracias a Sophia, Thomas y Max, que han producido el programa. Pueden encontrarme en chrisedges.substack.com" 

(Entrevista con Medea Benjamin, Chris Hedges , blog, 15/04/26, traducción DEEPL)  

23.3.26

Déjame contarte algo sobre Cuba... los logros de Cuba con el socialismo son sumamente impresionantes: Cuba logró alcanzar algunos de los mejores resultados sociales del mundo en desarrollo, rivalizando incluso con países de altos ingresos en el núcleo imperial... alcanzó y superó en esperanza de vida a Estados Unidos en 2003, a pesar de tener un 80% menos de PIB per cápita... Cuba también desarrolló una de las industrias biotecnológicas más avanzadas del mundo, escapando de la dependencia de los monopolios occidentales y proporcionando asistencia vital a otros países del Sur global... Cuba desarrolló un sistema público de alimentación que garantiza el acceso de todos a los nutrientes básicos. Gracias a este sistema, Cuba tiene una de las tasas de mortalidad por desnutrición más bajas del mundo, incluso inferior a la de muchos países de altos ingresos, como Estados Unidos, Dinamarca y Francia... El bloqueo estadounidense se está intensificando, asfixiando al país privándolo de lo esencial, con el fin de destruir su potencial, su dignidad y su soberanía. No lo hacen porque el socialismo haya "fracasado", sino porque ha triunfado, y esa realidad es inaceptable (Jason Hickel)

Jason Hickel @jasonhickel

Déjame contarte algo sobre Cuba. 

Los funcionarios estadounidenses afirman constantemente que "el socialismo en Cuba es un fracaso". Pero, de hecho, los logros de Cuba con el socialismo son sumamente impresionantes: 

En primer lugar, recordemos que Estados Unidos impuso sanciones y un bloqueo a Cuba *inmediatamente* después de la revolución, con el objetivo explícito de destruir la economía, impedir el desarrollo y empobrecer al pueblo. 

Y, sin embargo, Cuba logró alcanzar algunos de los mejores resultados sociales del mundo en desarrollo, rivalizando incluso con países de altos ingresos en el núcleo imperial. 

La presión sobre Cuba se intensificó drásticamente tras la caída de la URSS, que era un socio comercial clave. El bloqueo se endureció y Cuba se vio obligada a afrontar una grave contracción económica conocida como el "período especial". 

Sin embargo, incluso mientras el PIB y el consumo disminuían o se estancaban durante este período, Cuba no solo *aceleró* su progreso en la esperanza de vida, sino que alcanzó y superó a Estados Unidos en 2003, a pesar de tener un 80% menos de PIB per cápita. 

Cuba también utilizó su política industrial para desarrollar una de las industrias biotecnológicas más avanzadas del mundo, escapando de la dependencia de los monopolios occidentales y proporcionando asistencia vital a otros países del Sur global.

¿Cómo? ¡Gracias al socialismo! El socialismo permitió a los cubanos organizar la producción y los recursos en torno a lo que es más importante para las necesidades humanas, en lugar de lo que es más rentable para el capital. Esto los hizo extremadamente eficientes a la hora de convertir los recursos limitados en bienestar humano, a pesar del bloqueo. 

El sistema alimentario cubano es un claro ejemplo de ello. Cuba desarrolló un sistema público de alimentación que garantiza el acceso de todos a los nutrientes básicos. Gracias a este sistema, Cuba tiene una de las tasas de mortalidad por desnutrición más bajas del mundo, incluso inferior a la de muchos países de altos ingresos, como Estados Unidos, Dinamarca y Francia. 

Quien visita Cuba se da cuenta de inmediato de que es completamente diferente a cualquier otro país en desarrollo. No se ven personas sin hogar, hambrientas ni mendigando en las calles. Si bien no hay gente rica, nadie vive en la miseria. La gente tiene dignidad, libertad y soberanía. 

Siempre me pregunto: ¿cómo sería Cuba si no hubiera sido por el bloqueo estadounidense? ¿Qué habría pasado si se le hubiera permitido desarrollarse libremente? No es difícil imaginar los grandes avances que los cubanos podrían haber logrado. 

El bloqueo estadounidense se está intensificando, asfixiando al país privándolo de lo esencial, con el fin de destruir su potencial, su dignidad y su soberanía. No lo hacen porque el socialismo haya "fracasado", sino porque ha triunfado, y esa realidad es inaceptable.

Let me tell you something about Cuba. US officials are constantly saying "socialism in Cuba is a failure". But in fact Cuba's achievements with socialism are extremely impressive: First, remember that the US imposed sanctions and blockade on Cuba *immediately* after the revolution, with the explicit objective of destroying the economy, preventing development, and immiserating the people. And yet Cuba nonetheless managed to achieve some of the very best social outcomes in the developing world, rivalling even high-income countries in the imperial core. The pressure on Cuba intensified dramatically after the fall of the USSR, which was a key trading partner. The blockade bit harder and Cuba was forced into a severe economic contraction known as the "special period". And yet, even while GDP and consumption were declining or stagnating during this period, Cuba not only *accelerated* its progress on life expectancy, it caught up to and surpassed the United States in 2003, despite having 80% less GDP/capita. Cuba also used industrial policy to develop one of the most advanced biotech industries in the world, escaping dependence on Western monopolies, and providing life-saving assistance to other countries in the global South. How? Because of socialism! Socialism enabled Cubans to organize production and resources around what is most important for human needs, rather than what is most profitable to capital. This made them *extremely* efficient at converting limited resources into human well-being, despite the blockade. Cuba's food system is a great example of this. Cuba developed a public food system that guarantees everyone has access to basic nutritional requirements. Thanks to this system, Cuba has one of the lowest death rates due to malnutrition in the world, lower even than in many high-income countries, such as the United States, Denmark and France. Anyone who visits Cuba immediately notices that it is totally unlike any other developing country. You just don't see people homeless and starving and begging on the street. People certainly aren't rich, but nobody lives in misery. People have *dignity*, they have freedom, they have sovereignty. I always find myself thinking, what could Cuba be like if it was not for the US blockade? What if it had been allowed to develop freely? It is not difficult to imagine the heights of human progress the Cubans could have achieved. The US blockade is tightening, strangling the country of basics, in order to destroy that potential. To destroy that dignity and sovereignty. They are doing it not because socialism "failed", but because it has succeeded, and that reality cannot be accepted.)

Última edición11:57 a. m. · 18 mar. 2026·57,9 mil Visualizaciones

22.3.26

Mientras Washington logra arruinar la economía cubana, los medios estadounidenses culpan a la víctima... el bloqueo le ha costado a Cuba entre 130 y 170 mil millones de dólares desde su inicio, y ha restringido el acceso del pueblo cubano a alimentos y medicinas. Y no ha logrado su objetivo principal de derrocar al gobierno cubano... resistir un ataque económico prolongado y negarse a permitir que Estados Unidos ejerza su derecho divino a decidir la estructura de cualquier país que elija, se describe como que los líderes cubanos están "dispuestos a ahogar a todo un pueblo en nombre de la ideología"... A medida que el régimen de Trump aprieta las tuercas del embargo restringiendo aún más el acceso al petróleo del país, una medida que ha sido condenada por expertos en derechos humanos de la ONU como una nueva violación del derecho internacional (New York Times, 13/2/26), los medios de comunicación tradicionales continúan siguiendo la línea del gobierno sobre el tema (Tyler Wann)

 "El bloqueo económico de décadas del gobierno de EE. UU. contra Cuba no es, en muchos sentidos, un tema complicado. La política de restringir el comercio con el gobierno comunista del país se aplicó en su totalidad bajo la administración Kennedy, con el objetivo explícito de causar suficiente dificultad económica, hambre y desesperación para impulsar un cambio de régimen.

La Asamblea General de la ONU ha votado abrumadoramente y de manera consistente para poner fin al embargo desde que se presentó por primera vez una resolución al respecto en 1992. Los países miembros argumentan que el embargo viola el derecho internacional. Le ha costado al país entre 130 y 170 mil millones de dólares desde su inicio, y ha restringido el acceso del pueblo cubano a alimentos y medicinas. Y no ha logrado su objetivo principal de derrocar al gobierno cubano.

"Todos los ojos" están puestos en Cuba, dice Vivian Salama de The Atlantic (1/3/26), pero aparentemente no tantos como para que la revista pueda verificar si "la acogida de Cuba a las instalaciones de inteligencia de señales rusas", presentada por Salama como un hecho, es en realidad una realidad.

Estos son puntos clave que deberían incluirse en cualquier artículo que informe sobre las dificultades económicas de Cuba. Sin embargo, los periodistas estadounidenses se han inclinado consistentemente hacia el marco del gobierno de EE. UU. sobre el tema: que el gobierno comunista del país es en gran medida o exclusivamente culpable de sus problemas financieros (FAIR.org, 4/11/24).

A medida que el régimen de Trump aprieta las tuercas del embargo restringiendo aún más el acceso al petróleo del país, una medida que ha sido condenada por expertos en derechos humanos de la ONU como una nueva violación del derecho internacional (New York Times, 13/2/26), los medios de comunicación tradicionales continúan siguiendo la línea del gobierno sobre el tema, con una cobertura que carece de contexto o es directamente estenográfica.
Amenaza extraordinaria

El presidente Donald Trump ha intentado justificar la escalada significativa de tácticas de su administración basándose en que Cuba representa una "amenaza inusual y extraordinaria" para la seguridad de Estados Unidos, principalmente por apoyar a los enemigos geopolíticos de Estados Unidos. Esta acusación no es nueva: El país ha sido acusado previamente de albergar bases de espías tanto rusas como chinas. A pesar de que ninguna de las afirmaciones estaba respaldada por pruebas (Belly of the Beast, 2/6/26, 8/1/24), la administración Trump redobló sus esfuerzos al implementar su nuevo y más duro conjunto de políticas.

Pero la administración también reveló una nueva afirmación que elevó la apuesta: ¡Cuba aparentemente ha estado albergando a las fuerzas de Hamás y Hezbolá, a menos de 90 millas de nuestras costas! "Cuba acoge a grupos terroristas transnacionales, como Hezbolá y Hamás", dice una orden ejecutiva del 29 de enero, creando un entorno seguro para estos grupos malignos, de modo que estos grupos terroristas transnacionales puedan establecer lazos económicos, culturales y de seguridad en toda la región e intentar desestabilizar el hemisferio occidental, incluidos los Estados Unidos.

La administración no proporcionó pruebas para respaldar esta afirmación, y ninguna ha surgido, a pesar de los esfuerzos de investigación de los periodistas locales (Belly of the Beast, 2/2/26).

Eso no ha impedido que los medios tradicionales repitan la afirmación sin crítica, sin más que un "supuesto" o "acusado" adjunto, lo que sugiere que a los reporteros no les importa verificar los hechos. Esto se puede encontrar en la cobertura tanto del Guardian (29/1/26) como de CNN (1/2/26) al comienzo de la reciente ronda de escaladas.

Un mes entero después, tiempo suficiente para que un reportero serio investigara a fondo las acusaciones, o al menos preguntara a la administración qué pruebas tenía, The Atlantic (1/3/26) repitió la afirmación una vez más, con tan poca evidencia que la respaldara como cuando se hizo por primera vez. Añadir la palabra "presunto" hace poco para cambiar el hecho de que el gobierno de EE. UU. ha recibido el control primario de la narrativa en esta cobertura mediática.

 El gobierno cubano ha negado categóricamente albergar o apoyar a organizaciones terroristas (Granma, 2/2/26). Pero desafiando la práctica periodística básica, ni el Guardian ni el Atlantic dieron espacio alguno al gobierno cubano para responder a las acusaciones hechas en su contra.

The Atlantic citó a una fuente que se opuso a utilizar la designación de Cuba como "estado patrocinador del terrorismo" como justificación para derrocar a su gobierno. Pero esa designación precedió por mucho los comentarios recientes de Trump, y el artículo no ofreció ningún desafío a las acusaciones recientes. El artículo de CNN solo incluía que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel dijo que las amenazas de Trump se hicieron bajo "pretextos vacíos".

Es, en efecto, un bloqueo.

Algunos informes recientes del New York Times, por otro lado, han mostrado una disposición a romper con la narrativa oficial. Un artículo de la reportera Frances Robles (30/1/26) sobre la decisión de cortar el suministro de combustible a la isla señalaba que la administración no había presentado pruebas para respaldar sus afirmaciones de que Cuba alberga a combatientes de Hamás o Hezbolá.

La fuente del artículo también es más sólida. Por ejemplo, el Times le dio espacio a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, para oponerse a la decisión de Trump, afirmando su apoyo a la soberanía del pueblo cubano y el respeto al derecho internacional. A esto le siguió el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, quien afirmó que lo que su gobierno llama el "genocidio económico" que se está llevando a cabo con la decisión de Trump se basa en "una larga lista de mentiras". Una publicación en redes sociales atribuida al gobierno venezolano completó las fuentes opuestas que se oponen a la idea de que Cuba constituye una amenaza para Estados Unidos.

El Times (20/2/26) cuestionó la terminología oficial en otro artículo titulado "Un nuevo bloqueo estadounidense está estrangulando a Cuba". El artículo, de Jack Nicas y Christiaan Triebert, explicaba que el término "bloqueo" es controvertido:

El gobierno de EE. UU. llamó a su política de 1962 "cuarentena" para evitar usar la palabra "bloqueo", que legalmente podría interpretarse como un acto de guerra. La administración Trump también ha evitado usar la palabra "bloqueo".

Reuters (2/25/26) permitió al Secretario de Estado Marco Rubio afirmar sin contradicción que "la crisis humanitaria de Cuba ha sido provocada por las políticas del gobierno, no por un bloqueo petrolero estadounidense a Venezuela".

Independientemente de la negativa de la administración Trump a llamar "bloqueo" al reciente cambio de política, el artículo decía que "está funcionando como tal".

El artículo también citó a Fulton Armstrong, "ex analista principal para América Latina de la Agencia Central de Inteligencia", quien estuvo de acuerdo con el diagnóstico. "Entre nosotros, los observadores de Cuba desde hace mucho tiempo, siempre nos hemos resistido a que la gente use la palabra bloqueo", dice. Pero sí es un bloqueo.

(Por supuesto, el gobierno cubano ha considerado el castigo económico de Estados Unidos como un bloqueo ilegal y una "medida de guerra" mucho antes de la reciente escalada —Granma, 2/2/17.)

El artículo también contenía una rara referencia a la posible ilegalidad de las sanciones estadounidenses:

"Las Naciones Unidas han criticado la política estadounidense como una violación del derecho internacional que ha exacerbado el sufrimiento de los aproximadamente 10 millones de residentes de Cuba."

Liderar un ejército de exiliados

A pesar de la abundancia de evidencia sobre las intenciones de la política exterior estadounidense hacia Cuba, los medios tradicionales a menudo no logran dar el contexto adecuado al informar sobre el tema. En un informe de Reuters (2/25/26) sobre la administración Trump permitiendo la venta de petróleo a empresas privadas en Cuba en medio de la crisis actual, se le dio espacio al Secretario de Estado Marco Rubio para culpar al gobierno cubano por los problemas del país sin ninguna oposición.

Lo que el pueblo cubano debe saber es esto: que si tienen hambre y sufren, no es porque no estemos preparados para ayudarlos. "Lo estamos", dijo. Es que quienes se interponen en nuestro camino para ayudarlos son el régimen, el Partido Comunista.

El artículo permitió que esta cita quedara colgada de manera extraña en medio de una historia sobre el ejercicio desproporcionado de poder por parte de Estados Unidos sobre el país. El artículo culpó muy poco a Estados Unidos, señalando que sus recientes escaladas solo han estado "empeorando una crisis energética en el país gobernado por los comunistas, que está afectando la generación de energía y el combustible para vehículos, casas y aviación".

 En ninguna parte se mencionó la larga historia de ataques de Estados Unidos a la economía cubana. Tampoco hubo ninguna sugerencia de que Rubio, un hombre que de niño se jactaba de que algún día "lideraría un ejército de exiliados para derrocar a Fidel Castro y convertirse en presidente de una Cuba libre" (Atlantic, 23/12/14), pudiera estar interesado en políticas que pudieran lograr su sueño de infancia. La reciente admisión de Rubio (Belly of the Beast, 28/01/26) de que a la administración Trump le gustaría ver un cambio de régimen en Cuba, una condición que en sí misma está codificada en la ley estadounidense como requisito previo para levantar el "embargo", también está flagrantemente ausente.
Fracaso del modelo económico socialista

De manera similar, el Miami Herald (17/2/26), históricamente hostil al gobierno cubano, describió a Rubio como simplemente instando al gobierno cubano "a hacer reformas económicas como una forma de salir del estancamiento". Mientras documentaba las malas condiciones en las calles de Cuba, Nora Gámez Torres del Herald informó:

"La crisis económica, una profunda contracción económica que ha durado años, ha sido en gran medida el resultado del fracaso del modelo económico socialista, de un ejército hambriento de divisas que acumula miles de millones de dólares en sus cuentas y de años de líderes cubanos que han retrasado las reformas económicas urgentemente necesarias. La pandemia de Covid-19 y el endurecimiento de las sanciones estadounidenses bajo la primera administración Trump también jugaron un papel."

La referencia a "esconder miles de millones" se refiere a una historia falsa que el mismo reportero (Miami Herald, 6/8/25) publicó el año pasado; Gámez Torres, quien acusó al ejército cubano de tener una enorme reserva secreta de efectivo basada en una hoja de cálculo filtrada, aparentemente no entendió que el signo de dólar se utiliza para denotar tanto dólares estadounidenses como pesos cubanos (FAIR.org, 29/8/25). En su última pieza, la última línea del párrafo es la única referencia a la historia de décadas de guerra económica contra la isla.

"Por diseño, estas sanciones existen para asfixiar económicamente al país, y son muy efectivas para hacerlo", dijo Alexander Main, director de política internacional del Centro de Investigación Económica y Política, a FAIR. Señala que las sanciones tienen como objetivo aislar a Cuba del mundo económico en general. Por ejemplo, la inclusión actual de Cuba en la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo del Departamento de Estado de EE. UU. ha disuadido la inversión extranjera en el país.

No va a suceder porque nadie quiere invertir. "Están muertos de miedo de incumplir los criterios de las sanciones, así que hay este efecto de cumplimiento excesivo en el que las empresas simplemente no lo van a hacer", dice. El riesgo de ser afectado por sanciones secundarias es simplemente demasiado alto.

La crítica al bloqueo por parte del pueblo cubano rara vez se escucha en los medios corporativos estadounidenses (Belly of the Beast, 31/01/26).

Y, sin embargo, a lo largo del artículo del Herald, Estados Unidos es retratado como simplemente queriendo "hacer cambios económicos", "aumentando la presión externa" en un intento de "reformar la economía marxista de línea dura de la isla".
Dispuesto a ahogar a todo un pueblo

La idea de que el gobierno cubano ha sido rígido y no ha estado dispuesto a implementar reformas es falsa, según Main. Para bien o para mal, han tomado muchas medidas para abrir la economía, incluida una importante reforma en 2021 que dio acceso al sector privado a la mayoría de los sectores de la economía. Hay un número muy limitado de sectores que permanecen completamente bajo control estatal.

 "El problema con estas reformas", él dice, es que realmente no se pueden implementar cuando hay un embargo o bloqueo en curso, cuando básicamente estás restringiendo la entrada de todo el capital extranjero, cuando estás restringiendo los medios de los cubanos para importar insumos esenciales para su propia producción nacional, cuando estás privando a la economía de efectivo. Estas reformas no van a llegar muy lejos.

Sin embargo, los líderes cubanos son retratados a lo largo del artículo del Herald como tercos y crueles por negarse a ceder a la presión estadounidense, lo que la elección de fuentes del periódico te haría creer que es contrario a los intereses del pueblo. De hecho, resistir un ataque económico prolongado y negarse a permitir que Estados Unidos ejerza su derecho divino a decidir la estructura de cualquier país que elija, se describe como que los líderes cubanos están "dispuestos a ahogar a todo un pueblo en nombre de la ideología", según una "fuente anónima en conexión con funcionarios cubanos".

¿Hay ciudadanos cubanos comunes que valoren la soberanía de su nación, que no quieran que su gobierno ceda, o que culpen a Estados Unidos por implementar políticas diseñadas para dañar su propia economía? Los lectores del Herald quizás nunca lo sepan, ya que la fuente a la que se le da más espacio para responder al ataque económico es un ex congresista demócrata de Miami. También se incluye una referencia rápida a diplomáticos cubanos que fomentan comparaciones entre las acciones de la administración Trump e Israel en Gaza, cuatro párrafos antes del final del artículo, aunque solo en el contexto de "lo que algunos observadores de Cuba ven como una estrategia para culpar por completo la crisis humanitaria a Estados Unidos y crear una crisis de opinión pública que presionaría a la administración".

El Herald da prioridad a fuentes que son consistentemente críticas con el gobierno cubano, aunque no es especialmente difícil encontrar cubanos capaces de dar una perspectiva diferente, como muestra un video del medio centrado en Cuba Belly of the Beast (31/01/26). La cobertura del Herald deja claro que el periódico es capaz de dar voz a los cubanos, siempre y cuando esas voces canten la melodía correcta."

 (Tyler Wann, MROnline, 20/03/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)