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23.7.26

Alemania: Las importaciones procedentes de China aumentaron un 6,2% en el período de enero a mayo de 2026. Las exportaciones a China se desplomaron (DeStatis)

"    China sigue siendo el socio comercial más importante de Alemania en el periodo enero-mayo de 2026
    El superávit comercial con China aumenta hasta los 42 800 millones de euros (enero-mayo de 2025: +33 500 millones de euros)
    Las exportaciones de vehículos de motor por carretera a China registran un fuerte descenso

WIESBADEN – La República Popular China siguió siendo el socio comercial más importante de Alemania en términos de importaciones durante los primeros cinco meses de 2026. La Oficina Federal de Estadística (Destatis) informa además de que el valor de las importaciones alemanas procedentes de China en el periodo comprendido entre enero y mayo de 2026 se situó en 72 400 millones de euros. Esto supuso un aumento del 6,2 % en las importaciones con respecto al mismo periodo del año anterior. En comparación con el mismo mes del año anterior, las importaciones en mayo de 2026 aumentaron un 2,1 %, hasta alcanzar los 14 000 millones de euros (mayo de 2025: 13 700 millones de euros).

(DeStatis, 20/07/26, traducción DEEPL)

17.7.26

El descenso a los infiernos... Volkswagen se encuentra sumida en una profunda crisis, al igual que todo el sector automovilístico alemán... su desastre es un desastre interno, y es representativo de los errores cometidos por el capitalismo alemán. Los directivos se durmieron en sus laureles. El «dieselgate», en el que el grupo manipuló los resultados de las emisiones de sus vehículos para mantener la producción, es una caricatura de esa postura... Adam Tooze destaca que «en lo que respecta a Alemania y su industria automovilística, se disponía de sumas de dinero comparables [a las inversiones chinas en vehículos eléctricos] para invertir en forma de beneficios récord». Pero en lugar de invertir, los grupos alemanes, con VW a la cabeza, colmaron a sus accionistas con dividendos récord... Mientras los medios económicos occidentales se esforzaban por justificar esos pagos de dividendos, el Estado chino construía una capacidad de producción que competía directamente, tanto en precio como en calidad, con los mercados controlados por los alemanes... en 2023, los tres grandes fabricantes de automóviles alemanes (VW, BMW y Daimler) repartieron nada menos que 31 000 millones de euros en dividendos, a pesar de que el choque chino ya se hacía evidente... Esta obsesión por la rentabilidad entierra las ambiciones del sector automovilístico alemán. La inversión solo puede reactivarse de forma forzada, la batalla se libra a la baja en los precios, en un contexto en el que China está recuperando terreno en términos de calidad... la lógica competitiva dictaría que los grupos europeos acabaran trasladando a China la producción que aún se mantiene en Europa... Todo ello pone de manifiesto un pánico perfectamente comprensible... el problema fundamental de la competitividad de la industria automovilística alemana es que no puede aspirar a volver a niveles de costes sostenibles. Sobre todo porque el grupo —y esta es su gran debilidad frente a sus rivales chinos— debe garantizar la remuneración de sus accionistas antes de pensar en su propio futuro (Romaric Godin)

 "Durante mucho tiempo Volkswagen fue la empresa que encarnaba el modelo alemán. El grupo de Wolfsburgo arrollaba a la competencia con sus ventas y sus beneficios y representaba el éxito descarado de la República Federal. A través de él, se reconocía toda la constelación de los «líderes mundiales», los «Weltmarktführer», que por entonces abundaban en Alemania.

Pero todo eso ya es cosa del pasado. «VW» se encuentra sumida en una profunda crisis, al igual que todo el sector automovilístico alemán. El viernes 26 de junio, la revista Manager reveló un plan de recorte de gastos que se presentará el 9 de julio al comité de empresa del grupo. En el programa: un ahorro de 11 000 millones de euros, la mitad de los cuales afectará al empleo. Esto afecta a nada menos que 100 000 de los 675 000 puestos de trabajo del grupo en todo el mundo, lo que supone algo menos del 15 % del total.

Se trata, sobre todo, del doble de lo previsto hasta ahora en el marco de un plan que se había negociado duramente con el sindicato IG Metall en 2024. El sindicato había aceptado el principio de un cierre de fábrica en Alemania y la congelación salarial para salvaguardar el principio de la seguridad laboral. Las supresiones de puestos de trabajo debían limitarse estrictamente a la no sustitución de los puestos vacantes.

Pero este compromiso tan duro que IG Metall había querido hacer pasar por una victoria no ha durado ni dos años. De hecho, la situación del grupo se ha deteriorado aún más. En 2025, la facturación global del grupo se redujo un 0,9 %, hasta los 321 910 millones de euros, y el resultado neto cayó un 44,3 %, hasta los 6 900 millones de euros. Solo en el primer trimestre de 2026, la situación se deterioró aún más rápidamente: las ventas cayeron un 2,4 % interanual y el beneficio operativo, un 15 %.

Estancamiento de las ventas, explosión de los costes

La magnitud del desastre para Volkswagen resulta aún más impactante si se analiza con mayor perspectiva. En 2019, el margen operativo del grupo se situaba en el 6,7 % de la facturación. En 2025, este ratio se redujo a una cuarta parte y se situó en tan solo el 2,8 %, lo que pone de manifiesto el colapso de la rentabilidad del fabricante.

En cuanto a los vehículos entregados, la caída también es notable. En 2019, VW entregó 10,974 millones de vehículos, su récord hasta la fecha. Seis años más tarde, se entregaron casi dos millones de vehículos menos, es decir, 9,022 millones. Un descenso del 17,8 % que se compensó en parte con subidas de precios (la facturación aumentó un 27 % en el mismo periodo) hasta 2023.

A partir de esa fecha, los precios de los vehículos del grupo se volvieron demasiado elevados. La ventaja en la que se apoyaba el grupo era una competitividad ajena a los costes: la calidad de los vehículos justificaba un precio elevado. Pero desde principios de la década, esta ventaja parece haber quedado obsoleta por dos razones.

En primer lugar, la subida de precios fue excesiva justo en el momento en que surgió de China una competencia más barata, pero de calidad comparable. En segundo lugar, Volkswagen, al igual que la mayoría de los fabricantes occidentales, no supo subirse al tren de la electrificación y tuvo que ceder cuota de mercado a fabricantes más avanzados en este ámbito, también en este caso principalmente chinos. Resultado: entre 2023 y 2025, las ventas retrocedieron un 3,8 % en volumen y un 0,2 % en valor.

Pero, al mismo tiempo, los costes se han mantenido elevados e incluso han aumentado. El margen bruto, que relaciona los costes de producción con la facturación, pasó así del 18,92 % en 2023 al 15,92 % en 2025. Por supuesto, los costes energéticos desempeñaron un papel importante, a raíz de la invasión rusa de Ucrania, pero quizá menos de lo que se piensa, ya que se vieron compensados por la subida de los precios. En 2023, el margen bruto repuntó 0,2 puntos con respecto a 2022. En realidad, el principal problema de Volkswagen es el exceso de capacidad. Sus ventas de vehículos están disminuyendo y su parque industrial está infrautilizado.

Esta infrautilización es consecuencia, por un lado, de una falta de inversión que hace que la capacidad productiva quede en parte obsoleta con respecto al mercado, pero también de malas decisiones tomadas por la dirección del grupo y sus filiales. En 2025, el aumento de los costes de producción se explica así también por el fuerte incremento de las amortizaciones de activos, es decir, de inversiones pasadas. Una cosa es segura: la caída del margen bruto no se debe al aumento de los costes de personal, que se redujeron un 1,4 % en dos años, entre 2023 y 2025, es decir, a un ritmo más rápido que la facturación.

La función social de Volkswagen no es tanto fabricar automóviles como generar beneficios para sus accionistas. Por ello, el grupo se fijó ya en 2024 el objetivo de volver a un margen operativo del 8 al 10 % en 2030. El objetivo parece hoy inalcanzable, por lo que la dirección se ha embarcado en una amplia reestructuración para reducir el exceso de capacidad actual mediante cierres de fábricas y la duplicación de los recortes de plantilla.

El naufragio de la cogestión

El sindicato IG Metall ha prometido luchar «con todas sus fuerzas» contra las decisiones de la dirección. Pero la reacción sindical es, en gran medida, meramente formal. Durante años, la «cogestión» en Volkswagen, tan alabada por la socialdemocracia europea, se ha reducido a un acompañamiento benévolo de las desastrosas decisiones de las sucesivas direcciones.

La cruda realidad que revela este nuevo anuncio es que IG Metall nunca ha sido capaz de erigirse en contrapoder. El poderoso sindicato ha negociado el acompañamiento del descenso a los infiernos del grupo. El acuerdo de finales de 2024 es, desde este punto de vista, ejemplar. Al ceder a las principales exigencias patronales para salvaguardar la garantía de empleo, IG Metall ha allanado el camino para que se ponga en tela de juicio esa misma garantía de empleo.

Su postura, siempre defensiva y de colaboración con la dirección, convierte al sindicato en corresponsable de este desastre social e industrial. Así es la cogestión al estilo alemán: no implica que los representantes de los trabajadores puedan participar en la estrategia de la empresa y mucho menos corregirla, sino que supone la colaboración sindical con la estrategia de la dirección para aumentar los beneficios. El sindicato puede entonces «recompensar» a sus afiliados con generosas participaciones. Hasta que esta estrategia se estrella de lleno contra un muro y son los trabajadores quienes pagan los platos rotos.

Porque el desastre de Volkswagen es, en gran parte, un desastre interno, aunque sea representativo de los errores cometidos por el capitalismo alemán en su conjunto. Los directivos del grupo, durante la década de 2010, se durmieron tranquilamente en sus laureles, encerrándose en una postura conservadora, como si los éxitos de entonces garantizaran los éxitos futuros. El «dieselgate», en el que el grupo manipuló los resultados de las emisiones de sus vehículos para mantener la producción actual, es, evidentemente, una caricatura de esa postura.

Desde esta visión conservadora, el capitalismo alemán consideró innecesario invertir los generosos beneficios que obtenía en aquel momento. Como destaca el historiador Adam Tooze en una entrada reciente de su blog Chartbook«en lo que respecta a Alemania y su industria automovilística, se disponía de sumas de dinero comparables [a las inversiones chinas en vehículos eléctricos] para invertir en forma de beneficios récord». Pero en lugar de invertir, los grupos alemanes, con VW a la cabeza, colmaron a sus accionistas con dividendos récord.

Mientras los medios económicos occidentales se esforzaban por justificar esos pagos de dividendos, el Estado chino construía una capacidad de producción que competía directamente, tanto en precio como en calidad, con los mercados controlados por los alemanes y los europeos.

Lo que se conoce como el «segundo choque chino», que ahora afecta a la industria de gama alta de Alemania, no ha llevado a los capitalistas alemanes a cambiar su estrategia. Como señala Adam Tooze, en 2023, los tres grandes fabricantes de automóviles alemanes (VW, BMW y Daimler) repartieron nada menos que 31 000 millones de euros en dividendos, a pesar de que el choque chino se hacía evidente y de que el volumen de ventas llevaba estancado casi cinco años.

En 2025, Volkswagen volvió a repartir 2.600 millones de euros entre sus accionistas, manteniendo una tasa de reparto del 30 % de los beneficios atribuibles al grupo. El informe anual precisa que el mantenimiento de esta tasa de reparto sigue siendo el objetivo a largo plazo de la empresa. Por lo tanto, no hay que equívocarse. Esta nueva medida de Volkswagen tiene como objetivo, ante todo, hacer que los trabajadores paguen el aumento nominal del dividendo repartido.  

El callejón sin salida alemán

Esta obsesión por la rentabilidad entierra, de hecho, las ambiciones del sector automovilístico alemán, que se ha quedado sin soluciones. La inversión solo puede reactivarse de forma forzada y esta reactivación, aunque sea necesaria, dista mucho de ser una solución milagrosa. Y es que el exceso de capacidad industrial de los fabricantes alemanes no es más que una parte de un exceso de capacidad global, lo que significa que la batalla se libra a la baja en los precios, en un contexto en el que China está recuperando terreno en términos de calidad.

La única forma de diferenciarse sería, pues, proponer una innovación que permitiera mantener o aumentar las cuotas de mercado. Pero el conservadurismo alemán les ha hecho perder mucho terreno. Durante mucho tiempo, la ventaja cualitativa de los fabricantes alemanes les permitió mantener una ventaja con un mínimo de innovación. Esto es aún más cierto si se tiene en cuenta que el principal ámbito de innovación, el de la electricidad, se encuentra ahora en China.

La lógica competitiva dictaría que los grupos europeos acabaran deslocalizando a China la parte restante de la producción que aún permanece en Europa.

Hasta tal punto que, ahora, son los fabricantes europeos los que buscan obtener transferencias de tecnología de sus rivales chinos a través de alianzas. Volkswagen se encuentra en tal situación de desconcierto que, a finales de abril, el director general del grupo, Oliver Blume, llegó incluso a insinuar que estaba dispuesto a ofrecer capacidad de producción en Europa a sus rivales chinos a cambio de transferencias de tecnología. Volkswagen ya cuenta con tres empresas en régimen de asociación («joint-venture») en China.

Pero esta estrategia tiene sus límites: no permite albergar esperanzas de superar a los rivales chinos, que, por otra parte, tienen un coste de producción un 30 % inferior. En realidad, la lógica competitiva dictaría que los grupos europeos acabaran trasladando a China la parte restante de la producción que aún se mantiene en Europa. En 2025, Volkswagen había destacado que le sería posible fabricar vehículos eléctricos en China a la mitad de precio en comparación con los costes europeos.  

Debilitamiento estructural

Todo ello pone de manifiesto un pánico perfectamente comprensible. En pocos años, los fabricantes alemanes se han visto debilitados estructuralmente. Lo que está en juego aquí no es una cuestión coyuntural, sino que se está produciendo una redefinición de las cadenas de valor globales de la industria automovilística. Una redefinición de la que Alemania está pagando las consecuencias.

La crisis de Volkswagen no es más que la punta del iceberg, cuya magnitud hay que evaluar desde una perspectiva macroeconómica. En diez años, según datos de Destatis, la Oficina Federal de Estadística, el superávit comercial alemán en el sector del automóvil se ha reducido en un tercio, con unas exportaciones estancadas y unas importaciones que han aumentado un 45,7 %.

El índice de producción industrial en este mismo sector registra, en abril de 2026, un descenso del 38,4 % en diez años y del 22,2 % desde abril de 2019. Si se excluyen los efectos de la crisis sanitaria y de la de 2008-2009, hay que remontarse a 2002 para encontrar un nivel de producción más bajo en un mes de abril.

En cuanto al volumen de ventas, este ha retrocedido un 16,2 % en los últimos diez años y se encuentra en su nivel más bajo desde 2011 (excluyendo los efectos de la crisis sanitaria). Solo el mercado de la zona del euro se mantiene relativamente estable (−3,1 % en los últimos diez años en abril de 2026): el mercado alemán ha registrado un descenso del 23,6 % entre abril de 2016 y abril de 2025, y el mercado fuera de la zona del euro ha retrocedido un 15,9 %.

En este contexto, los recortes de empleo anunciados por Volkswagen podrían ser solo el principio. Y es que no resuelven en absoluto el problema fundamental de la competitividad de la industria automovilística alemana, que no puede aspirar a volver a niveles de costes sostenibles. Sobre todo porque el grupo —y esta es su gran debilidad frente a sus rivales chinos— debe garantizar la remuneración de sus accionistas antes de pensar en su propio futuro. Volkswagen parece estar atrapado en una trampa sin salida."

Romaric Godin , Rebelión, 17/07/2026)

14.7.26

Volkswagen va a despedir 100 000 trabajadores. No se trata únicamente de Volkswagen, sino de toda la industria automovilística europea, que a su vez no es más que la punta del iceberg de la crisis del sector manufacturero de Europa occidental... Es muy probable que asistamos a una nueva ola de deslocalizaciones de la producción hacia países con salarios bajos desde Alemania y, en menor medida, desde Francia y, tal vez, desde España... La deslocalización podrá llevarse a cabo bien saturando la capacidad productiva de las plantas ya existentes en países periféricos, bien realizando inversiones directas en el extranjero... existe el peligro real de que Alemania, el país económicamente más importante de la UE, se desindustrialice, al menos parcialmente, con repercusiones negativas no solo para su economía en su conjunto, sino también para la de otros países europeos, en particular para sus proveedores de bienes intermedios y componentes, incluida Italia... Por otra parte, la crisis del sector automovilístico alemán se produce en una etapa histórica de estancamiento del PIB alemán y de otros países de la zona del euro... El fracaso de Europa destaca especialmente si se compara con el éxito de China, que está ganando la competencia cada vez menos gracias a los bajos salarios y cada vez más gracias a su capacidad de innovación tecnológica, basada en la intervención planificada y organizada del Estado. Por lo tanto, sería conveniente que la UE e Italia tomaran como referencia la experiencia china, abandonaran las lógicas neoliberales y aplicaran políticas estatales de planificación industrial —previstas en el artículo 41 de la Constitución italiana— y de renacionalización de las empresas. Pero se trata de una cuestión de decisiones y, por lo tanto, es un asunto que solo se resuelve a nivel político (Domenico Moro)

"Las razones de la crisis del sector automovilístico alemán y europeo y del auge del sector automovilístico chino

Mientras que la opinión pública europea e italiana se centra en la inmigración como origen de los problemas de Europa occidental y, en particular, de la bajada de los salarios, se ignoran las verdaderas causas de la profunda crisis social que se está viviendo. Sin embargo, en los últimos tiempos se han producido algunos hechos que deberían dar que pensar a la opinión pública de Italia y de Europa. En Italia, en el Ministerio de Industria, se ha roto el acuerdo entre los sindicatos y Natuzzi, multinacional líder mundial en sofás de piel, que había decidido cerrar dos fábricas en la provincia de Bari y trasladar la producción a Rumanía, donde cuenta con una fábrica desde hace años. El cierre no solo afectará a los trabajadores de Natuzzi, sino también a 600 pequeñas y medianas empresas de Apulia y Basilicata, proveedoras de Natuzzi. 

Pero la noticia más importante procede de Alemania, donde una revista ha revelado el plan de Volkswagen, segundo fabricante mundial de automóviles, de despedir a 100 000 trabajadores, más del 15 % de su plantilla global. Se trata de una de las reestructuraciones más importantes de la historia industrial. Aún más importante es que dicha reestructuración se centrará en el corazón de la multinacional, en Alemania, donde se despedirá a 50 000 empleados y se cerrarán cuatro plantas.

Sin embargo, no se trata únicamente de Volkswagen, sino de toda la industria automovilística europea, que a su vez no es más que la punta del iceberg de la crisis del sector manufacturero de Europa occidental, lo que corre el riesgo de acelerar la desindustrialización.

 La multinacional estadounidense Ford ha anunciado recortes del 14 % en su plantilla europea (3 900 empleados) en España, el Reino Unido y, sobre todo, en Alemania. Mercedes, tras haber despedido a 4 000 trabajadores mediante bajas voluntarias a finales de 2025, ha declarado que pretende proceder a nuevos despidos, con lo que ahorrará mil millones de euros en personal de aquí al año que viene. BMW prevé una reducción de plantilla del 5 % a nivel mundial de aquí a finales de año. La crisis del sector del automóvil también afecta a los fabricantes de componentes; por ejemplo, la empresa alemana Bosch ha programado recortes de 18 500 empleados. 

El temor es muy grande también entre los fabricantes italianos de componentes para automóviles, cuyos principales clientes son los fabricantes alemanes, a los que se destina el 20 % de las exportaciones de piezas y accesorios para vehículos de motor, aunque su valor (2.9 mil millones de euros en 2025) tiene un impacto reducido en el total de las exportaciones manufactureras italianas a Alemania (72.2 mil millones)[i].

Las causas de la crisis del sector del automóvil alemán y europeo

Ante esta debacle, ¿cuáles son las causas de la crisis del sector del automóvil europeo y, en especial, alemán? Los analistas suelen atribuirla a cuatro razones. 

La primera fue la interrupción, tanto para Alemania como para Italia, tras las sanciones impuestas por la UE a Rusia, del suministro de gas a bajo coste, lo que provocó un aumento de los costes de producción. 

La segunda es el aumento de los aranceles estadounidenses sobre los automóviles importados de Europa, del 2,5 % al 15 % y, posteriormente, al 25 %. Estos aranceles penalizan sobre todo a Volkswagen y a sus marcas de lujo, Porsche y Audi. Volkswagen solo cuenta con una planta de montaje de automóviles en EE. UU. y tiene una presencia mucho mayor en México, país que, a su vez, se ve afectado por aranceles del 25 %. BMW y Mercedes se han visto menos afectadas, ya que cuentan con una mayor capacidad productiva en EE. UU. 

Una tercera razón es la transición energética puesta en marcha por la Comisión Europea, que ha impuesto que las emisiones de CO2 de los automóviles fabricados en la UE se reduzcan en un 55 % para 2030 y en un 100 % para 2035, fecha en la que debería cesar la producción de vehículos con motor de combustión. En consecuencia, las empresas europeas se han orientado hacia los vehículos eléctricos, invirtiendo sumas colosales que, sin embargo, no han tenido eco en el mercado europeo, donde los consumidores solo han adquirido unos pocos de los demasiado costosos vehículos eléctricos europeos. De ahí el desplome de los beneficios de las empresas alemanas y europeas.

La cuarta y más importante razón es China, que ha afectado negativamente a la industria alemana y europea de dos maneras. La primera es la reducción de la capacidad del mercado chino —que representa el 30 % del mercado mundial del automóvil y el 75 % del de los vehículos eléctricos[ii]— para absorber los vehículos alemanes fabricados tanto en Alemania como en China. 

Volkswagen ha pasado de un máximo histórico en 2019 de 4,2 millones de vehículos vendidos en China a 2,7 millones en 2025. La caída de las ventas se debe a la competencia de los fabricantes de automóviles chinos —sobre todo BYD, Geely y SAIC Motor—, quienes, mientras los fabricantes alemanes seguían ofreciendo vehículos de combustión, han lanzado al mercado vehículos eléctricos más económicos y mejor equipados con la tecnología y el software que tanto aprecian los consumidores chinos, especialmente los más jóvenes. 

En 2025, las marcas chinas aumentaron sus ventas en el mercado nacional en un 16,8 % con respecto al año anterior, superando la cuota del 70 %; por el contrario, las marcas alemanas registraron una caída del 7,7 %[iii]. Pero la capacidad competitiva china no solo se ha manifestado en su propio país, sino también en el extranjero y, en particular, en el mercado europeo, donde los vehículos eléctricos e híbridos a precios asequibles procedentes de este país del Lejano Oriente están gozando de una acogida cada vez mayor entre los consumidores.

Estas son las causas más inmediatas y visibles. Sin embargo, existe una causa más profunda que está relacionada con las más superficiales. Dicha causa es la sobreproducción de capital. Esto significa que se ha acumulado un exceso de capital (en forma de medios de producción) en relación con la capacidad de este capital creciente para obtener la tasa de ganancia esperada por los capitalistas. En esencia, el capital, para aumentar la productividad de cada trabajador, introduce una cantidad cada vez mayor y más innovadora de maquinaria y tecnología en relación con los trabajadores empleados. 

Por lo tanto, el capital invertido en mano de obra disminuye en relación con el capital invertido en medios de producción. Sin embargo, dado que la tasa de beneficio viene determinada por la relación entre la plusvalía (que constituye el beneficio y es creada únicamente por los trabajadores) y el capital total invertido, se producirá una tendencia a la disminución de la tasa de beneficio, es decir, una caída porcentual del beneficio sobre el capital invertido.

 Los capitalistas, sin embargo, pueden compensar la disminución de la tasa de beneficio con el aumento de la masa de beneficio. Así, la plusvalía o beneficio, aunque disminuya en proporción al capital total invertido, puede aumentar en valor absoluto. Esta masa de beneficio aumentada se traduce, no obstante, en un aumento de la masa de mercancías producidas que presionan para ser vendidas en el mercado. 

Dado que, en la sociedad capitalista, la producción global no está regulada por un plan que ajuste la producción a la capacidad real de compra de la sociedad (es decir, a las dimensiones del mercado), cada capital individual, al actuar de forma autónoma con el fin de maximizar su beneficio, aumenta las unidades producidas y, en consecuencia, crece el volumen total de mercancías que no logran venderse en el mercado. 

De hecho, en el modo de producción capitalista, el mercado resulta cíclicamente demasiado reducido en comparación con la mayor capacidad de producción. Así se observa que la sobreproducción de capital genera necesariamente la sobreproducción de mercancías y el aumento de la competencia entre los capitales, lo que reduce los precios y, con ellos, los beneficios[iv].

Esta era la situación del mercado europeo, donde los productores, en las últimas décadas —sobre todo en los años 80 y 90—, habían aumentado la productividad mediante la introducción masiva de la automatización y la informática. 

De este modo, el mercado europeo se había saturado de automóviles fabricados y la industria presentaba una sobreacumulación de capital. Con la posterior globalización, se había encontrado una salida a la caída de la tasa de beneficio mediante la externalización de la producción al extranjero, donde los salarios eran más bajos y, por lo tanto, las tasas de beneficio eran más elevadas. 

Los fabricantes de automóviles europeos, empezando por Volkswagen, Renault y Fiat, habían trasladado así el capital y la producción a Europa del Este —desde Polonia hasta Rumanía y Serbia—, al norte de África, a América Latina —sobre todo a México y Brasil— y a Asia, desde Turquía hasta China. A pesar de ello, la sobreproducción de capital y de mercancías no tardó en reaparecer, en particular en Europa occidental. 

No es casualidad que Sergio Marchionne, consejero delegado de Fiat, solía repetir, hasta su fallecimiento en 2018, que en Europa había un exceso de capacidad productiva —en otras palabras, una sobreproducción de capital— y que, por lo tanto, era necesario proceder al cierre de plantas y a fusiones entre grandes grupos. De hecho, Fiat, tras haber absorbido a la estadounidense Chrysler, se fusionó unos años después de la muerte de Marchionne con Peugeot y absorbió también a Opel en un nuevo megagrupo, Stellantis, que ahora ocupa el segundo puesto en Europa y el cuarto en el mundo.

 Fue en ese momento cuando, para resolver la situación de un mercado europeo ya saturado, se pensó en impulsar una nueva expansión de la demanda mediante la transformación del propio producto, pasando del coche de combustión al coche eléctrico. Además, el coche eléctrico, al ser mucho más sencillo de fabricar, requiere menos horas de trabajo para su fabricación y, por lo tanto, se pensaba que permitiría aumentar la productividad y los beneficios.

Sin embargo, esta estrategia no tardó en revelarse como un fracaso. La transformación de la producción exigió una considerable inversión de capital en un plazo muy breve, pero a dicha inversión no correspondió un volumen de ventas adecuado, lo que provocó pérdidas significativas y una caída generalizada de los beneficios de los fabricantes europeos. Así pues, una vez más, en el capitalismo, el mercado ha demostrado no ser capaz de absorber la producción, generando un exceso de producción de capital y de mercancías. El problema, además de la escasez de infraestructuras públicas de recarga, es que los fabricantes europeos han producido coches eléctricos o híbridos demasiado caros en comparación con los de combustión, y el ya saturado mercado automovilístico europeo ha seguido prefiriendo estos últimos o los coches eléctricos o híbridos chinos, más económicos.

Por qué el automóvil chino se está imponiendo no solo en China, sino también en la UE

Llegados a este punto, debemos comprender por qué China es más competitiva que Europa. En primer lugar, China cuenta con el mayor mercado automovilístico del mundo, por lo que puede lograr impresionantes economías de escala, ahorrando en costes, especialmente en la producción de baterías, que son la parte del coche eléctrico que en Europa tiene unos costes elevados. Además, China es prácticamente un monopolista mundial en la extracción y el refinado de tierras raras, que son esenciales para la producción de automóviles y baterías eléctricas. A esto se suma que China, a pesar del aumento de los salarios reales de los últimos años (+10,7 % anual solo entre 2008 y 2014[v]), sigue contando con una ventaja salarial y una abundante mano de obra. Pero la razón más importante es que China está pasando de ser un país periférico —que produce basándose en tecnologías y capitales occidentales, con sus bajos salarios como ventaja competitiva— a convertirse en un país industrialmente autónomo, con sus propios grupos industriales y su propia tecnología avanzada. En la práctica, China es quizás el único país periférico que está saliendo de un desarrollo dependiente de Occidente —que perpetúa el subdesarrollo— para avanzar hacia lo que Samir Amin definía como «desarrollo autocentrado»[vi]. China depende cada vez menos de las cadenas de valor dominadas por empresas occidentales y, en cambio, crea cada vez más cadenas de valor controladas por sus propias empresas. Ocupar la posición más alta en una cadena de valor es un factor esencial, ya que permite controlar la producción de valor a lo largo de toda la cadena y, por lo tanto, «captar» una mayor cuota de plusvalía, es decir, de beneficio. En consecuencia, hoy en día China consigue retener en su territorio una mayor parte de la plusvalía producida por sus trabajadores, que antes era (y sigue siéndolo, aunque en menor medida) «captada» por las multinacionales europeas, estadounidenses y japonesas.

Pero, ¿por qué está ocurriendo esto en China y no en otros países del Sur global? La respuesta es que, en China, el Estado ha mantenido un control muy firme sobre la economía, a diferencia de Europa, donde el modelo liberal se ha impuesto con fuerza. Esto se debe a que China no depende políticamente del imperialismo occidental y, a través del Partido Comunista, mantiene firmemente en sus manos su soberanía política, a diferencia de muchos países del Sur global. 

El modelo chino demuestra así ser mejor que el europeo, ya que se basa en el denominado «socialismo con características chinas». El sector del coche eléctrico es uno de los mejores ejemplos en este sentido. En él convive un sector de empresas de propiedad totalmente estatal (entre ellas se encuentra SAIC-Motor, que fabrica la marca MG, muy extendida en Italia), junto a otro sector de empresas dirigidas por capitalistas privados, pero que, no obstante, con el tiempo han recibido capital de fondos de inversión estatales y de bancos públicos, para financiar su desarrollo global. 

Hay quien define el modelo chino como «capitalismo de Estado» y lo compara con la Italia de la Primera República, con su economía mixta público-privada. Sin embargo, entre la Italia de hace unos cuarenta años y la China actual existe una diferencia importante: en Italia, el Estado seguía estando dominado por los capitalistas privados, de los que dependían la mayoría de los partidos de la época, y, de hecho, en un momento dado, la contrarreforma neoliberal pudo imponerse con facilidad. 

Por el contrario, en China son los capitalistas privados quienes dependen del Estado y del Partido Comunista, que controla las riendas de la economía, empezando por la moneda, a través de los planes quinquenales económicos. Ha sido, por tanto, gracias a su modelo económico que China ha podido desarrollar mejor y antes que Europa y EE. UU. las tecnologías relacionadas con el coche eléctrico, rompiendo con ese lugar común extendido en Occidente según el cual el socialismo estaría necesariamente viciado por una ineficiencia subyacente.

Cómo reacciona el capital europeo ante la crisis del sector del automóvil

Llegados a este punto, debemos preguntarnos cómo están reaccionando el capital europeo y sus multinacionales del automóvil ante la sobreproducción de capital y de mercancías y, sobre todo, cómo reaccionan ante la competencia china. La solución principal al exceso de sobreacumulación de capital —es decir, de capacidad productiva— es la destrucción de parte de dicha capacidad; en otras palabras, de parte del capital fijo. 

De hecho, Volkswagen, demostrando así el carácter de sobreproducción de capital de su crisis, tiene previsto cerrar cuatro fábricas en Alemania. Como confirmación adicional de que las enormes inversiones en vehículos eléctricos han contribuido al exceso de acumulación de capital, las plantas que cerrarán son las que producen coches eléctricos, en particular la de Zwickau, que fue la primera fábrica convertida por completo a la movilidad eléctrica con una inversión de 1 200 millones de euros. Además, las inversiones de capital del grupo se reducirán en un 15 %, situándose en 130 000 millones de euros en los próximos cinco años. Por último, en consonancia con el objetivo de reducir la sobreproducción de mercancías, Volkswagen ha reducido su producción de 12 millones de vehículos al año a 9 millones.

Otra forma de contrarrestar el exceso de producción de capital es la reducción del salario de los trabajadores, lo que conlleva un aumento de la explotación y, por lo tanto, un incremento de la tasa de beneficio. El rumor sobre la intención de despedir a 100 000 trabajadores, la mitad de ellos en Alemania, podría ser también una estrategia negociadora para obligar al poderoso sindicato alemán IG Metal —quizá a cambio de una reducción de los despidos— a aceptar recortes salariales. 

Otra forma de reducir la parte de los costes destinada a la mano de obra sería, además, el traslado de la producción a países que tienen un coste laboral mucho más bajo y una tasa de explotación más elevada que la alemana. En esencia, la crisis del sector del automóvil y, en general, la crisis de sobreproducción pueden generar una nueva ola de deslocalizaciones que conduciría a una mayor desindustrialización de Europa occidental, especialmente de los dos países que, a pesar de la globalización, habían conservado una sólida industria manufacturera: Alemania e Italia. 

Por otra parte, volviendo al ejemplo mencionado al principio sobre la deslocalización de la producción de Natuzzi, el coste medio de la mano de obra en la industria, la construcción y los servicios es de 32 euros en Italia, mientras que en Rumanía es de 13,6 euros, es decir, menos de la mitad[vii]. Por lo tanto, la externalización transfronteriza, especialmente la de las fases con mayor intensidad de mano de obra, permite a Natuzzi aumentar considerablemente sus beneficios.

 Aunque la diferencia entre el salario real italiano y el rumano es menos acusada en términos reales —dado que los salarios en Italia, entre 2008 y 2024, han perdido un 8,7 % de su poder adquisitivo, la mayor caída entre los países del G20 [viii], mientras que en Rumanía han registrado un aumento y que la parte del coste laboral, una vez descontado el salario que el trabajador percibe realmente, es del 28,1 % del total en Italia y solo del 4,8 % en Rumanía, lo que importa a las multinacionales es la diferencia en el coste laboral nominal, que repercute en la distribución del valor a nivel de la cadena de producción global. Este argumento es aún más válido para Alemania y Francia, cuyo coste laboral por hora es de 45 y 44,3 euros, respectivamente, frente a los 19,1 euros de Polonia, los 15,2 euros de Hungría y los aproximadamente 12 euros de Bulgaria y Serbia. Sin embargo, fuera de la UE, por ejemplo en América Latina, Asia Oriental y el norte de África, la brecha con respecto al coste laboral de Europa Occidental es aún mayor.

El capital europeo también puede contar con otra herramienta para hacer frente a la crisis del sector del automóvil: el apoyo público de la UE. Dicho apoyo se materializa, en primer lugar, en la reducción del 100 % al 90 % de la cuota de vehículos eléctricos que la UE obliga a producir de aquí a 2035, lo que da más tiempo a los fabricantes para pasar por completo de los vehículos de combustión a los eléctricos. 

En segundo lugar, la UE ha aumentado los aranceles sobre los vehículos eléctricos chinos, alegando que los fabricantes en China se benefician de importantes subvenciones estatales que distorsionan la competencia. En octubre de 2024, al arancel estándar del 10 % se le añadió una serie de aranceles adicionales que varían, en función de las ayudas estatales que reciben las empresas, desde el 7,8 % para los Tesla fabricados en Shanghái hasta el 35,3 % aplicado a los vehículos de SAIC. 

Posteriormente, dado que los fabricantes chinos habían eludido los aranceles exportando vehículos híbridos en lugar de vehículos totalmente eléctricos, la UE amplió los aranceles también a los vehículos híbridos. Por último, a partir de febrero de 2026, la UE ha permitido a los fabricantes chinos quedar exentos de los aranceles siempre que adopten un «precio mínimo permitido» por la UE, se ajusten a un determinado volumen de vehículos importados anualmente y se comprometan a invertir en la producción de vehículos eléctricos en Europa. ¿Ha sido eficaz el proteccionismo a la hora de proteger la industria europea? Sí, al menos en parte. Sin duda, sin los aranceles, los coches chinos se habrían extendido de forma descontrolada.

 No obstante, la cuota de mercado de los fabricantes chinos en la UE se ha triplicado en los últimos tres años, pasando del 2,3 % en 2023 al 6 % en 2025 y al 9 % en los primeros cinco meses de 2026, apenas por debajo del tercer fabricante europeo, Renault, con un 10,2 %. El fabricante chino con mayor cuota de mercado es Geely (2,6 %), que supera a fabricantes de renombre y con una larga trayectoria en Europa, como Ford (2,3 %) y Nissan (1,9 %), seguido de SAIC y BYD (2,1 %)[ix].

Además de los aranceles, la UE ha decidido intervenir con una inversión de 1.800 millones de euros para facilitar la creación de una cadena de suministro de baterías eléctricas para automóviles en Europa. Además, en marzo de 2026, a través de laIndustrial Accelerator Act (IAA), propuso conceder subvenciones para la compra de vehículos eléctricos, siempre que el 85 % de su valor total se haya producido en la UE. Si al menos el 70 % de los vehículos eléctricos vendidos por un mismo fabricante cumplen este requisito, todos sus vehículos eléctricos se beneficiarán de las subvenciones. 

Más recientemente, los tres principales fabricantes europeos —Volkswagen, Stellantis y Renault— han enviado una carta al Parlamento Europeo solicitando modificaciones a la IAA, que consisten, sobre todo, en reducir el porcentaje del valor producido en la UE de los vehículos vendidos del 85 % al 70 %, a fin de que puedan optar a las ayudas. Se trata de una petición interesante, ya que permite a los fabricantes europeos producir una mayor parte del vehículo fuera de la UE, donde los costes —incluidos, sobre todo, los laborales— son más bajos.

Por otra parte, la producción de las multinacionales se basa en la cadena de valor global, es decir, en la división de las fases de producción de un producto destinado al consumidor final entre varias fábricas, situadas en distintos países. En cada fase productiva se genera una determinada cantidad de valor que, al final, al sumar todo el valor producido a lo largo de toda la cadena, se traduce en un precio de producción. La cuestión más importante es que la parte del valor incorporado al producto en cada fase productiva se calcula a precios locales, que, en los países periféricos, son mucho más bajos que los de los países centrales, como Alemania, Francia e Italia. 

La consecuencia es que, en la contabilidad y en las estadísticas globales, el valor —en términos de tiempo de trabajo— efectivamente transferido a la mercancía resulta subestimado en los países periféricos (Rumanía, México, Brasil, India, China, etc.), con bajos costes laborales, y sobreestimado en los países centrales (Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia, Japón, etc.), con altos costes laborales[x]. En consecuencia, es indudable que la cuota del valor real del automóvil producido en la UE sería, de hecho, muy inferior al 85 % del total (o al 70 %, si se aceptaran las peticiones de los tres grupos automovilísticos europeos) previsto por la IAA. 

Esta es la razón por la que las multinacionales europeas, como Volkswagen y Stellantis, en el transcurso de la denominada globalización, han deslocalizado masivamente a países de la periferia o del Sur global, como preferimos llamarlos, obteniendo beneficios extraordinarios.

El futuro nos depara deslocalizaciones y una caída de los salarios, ¿cómo contrarrestarlas?

A pesar de la globalización, en Alemania se había mantenido una cuota importante de la producción de automóviles (4,148 millones de vehículos en 2025 frente a los 5,13 millones de 2000), cuyas exportaciones han ido viento en popa hasta hace poco. Esto ya no es posible por las razones que hemos expuesto hasta ahora. 

De hecho, «el consejo de administración del grupo [Volkswagen] ha declarado en varias ocasiones que el modelo de negocio histórico y durante años exitoso, orientado a desarrollar vehículos globales en Alemania, fabricarlos en Europa y venderlos en todo el mundo, ya no funciona». [xi] 

Entonces, ¿cuál será la solución a la crisis del sector del automóvil alemán y europeo que pondrán en práctica las multinacionales? Es muy probable que asistamos a una nueva ola de deslocalizaciones de la producción hacia países con salarios bajos desde Alemania y, en menor medida, desde Francia (que en 2025 produjo 1,06 millones de automóviles, frente a los 2,87 millones de 2000[xii]) y, tal vez, desde España (1,81 millones de automóviles en 2025, frente a los 2,44 millones de 2000). 

En cuanto a Italia, aquí la producción ya se había reducido prácticamente a cero en los últimos años (237 000 automóviles en 2025 frente a 1,4 millones en 2000) y el sector del automóvil ha sido sustituido, en cuanto a su contribución al PIB y a las exportaciones, por otros sectores de alta tecnología, como el farmacéutico y, sobre todo, el químico, que en conjunto representaron en 2025 el 28,8 % del valor total de las exportaciones italianas, frente al 2,23 % del sector del automóvil[xiii]

A modo de comparación, cabe señalar que la producción china ha pasado de 600 000 automóviles en el año 2000 a 30 millones en 2025, lo que representa el 42 % de la producción mundial. La deslocalización de la industria automovilística alemana y de Europa occidental podrá llevarse a cabo bien saturando la capacidad productiva de las plantas ya existentes en países periféricos, bien realizando inversiones directas en el extranjero (IDE) greenfield, es decir, construyendo nuevas plantas, siempre en países periféricos, o bien procediendo a fusiones con otros fabricantes y racionalizando la producción, es decir, logrando economías de escala y recortando puestos de trabajo.

En cualquier caso, existe el peligro real de que Alemania, el país económicamente más importante de la UE, se desindustrialice, al menos parcialmente, con repercusiones negativas no solo para su economía en su conjunto, sino también para la de otros países europeos, en particular para sus proveedores de bienes intermedios y componentes, incluida Italia. Por otra parte, la crisis del sector automovilístico alemán se produce en una etapa histórica de estancamiento del PIB alemán y de otros países de la zona del euro, como Francia y, especialmente, Italia. Sin duda, otro efecto de las nuevas deslocalizaciones puede ser la aparición de dificultades en el mercado laboral alemán y europeo, con una contracción de la demanda de mano de obra y la consiguiente reducción de los salarios. Siempre y cuando Volkswagen no negocie con el sindicato una reducción salarial a cambio de la reducción prevista del exceso de mano de obra.

Esto tendrá repercusiones en la sociedad y en la política europea, especialmente en la de Alemania. El Gobierno del canciller Merz, una coalición de democristianos (CDU-CSU) y socialdemócratas (SPD), ya ha alcanzado los mínimos históricos de popularidad de un Gobierno alemán. Además, el partido alemán de extrema derecha y fuertemente antiinmigración, Alternative für Deutschland (AfD), ha superado en las encuestas a la CDU-CSU de Merz como primera fuerza política, con un 28 % frente al 24 %. Sin embargo, ante los despidos anunciados por Volkswagen, el Gobierno de Merz se ha mantenido pasivo: «Intentamos evitar cualquier cierre de plantas en Alemania (…) —comentó un portavoz del Gobierno—. Pero, en última instancia, se trata de decisiones de las empresas, que deben tomarse según criterios económicos».[xiv] La reestructuración de todo el sector del automóvil, que, sin contar los componentes, representa el 10 % del total de las exportaciones alemanas (156 mil millones de 1.563) , puede, por lo tanto, acentuar la crisis del orden social y político alemán, que desde el final de la Segunda Guerra Mundial se ha basado en la alternancia entre la CDU-CSU y el SPD, y que hoy en día no logra mantenerse ni siquiera uniendo a estos dos partidos.

¿Cómo responder a la deslocalización —no solo del sector del automóvil— y a la desindustrialización, que reduce los salarios y transforma los puestos de trabajo de la industria en empleos precarios y mal remunerados en el sector servicios? Sin duda, deberían generalizarse algunas propuestas que los sindicatos italianos y europeos han elaborado en los últimos años, como las leyes contra la deslocalización, que impongan sanciones y la devolución de las ayudas estatales a las empresas que se deslocalizan; el aumento de la frecuencia de las renovaciones de los convenios colectivos nacionales, combinadas, no obstante, con la introducción de salarios mínimos; y la obligación de que los subcontratistas apliquen los convenios colectivos de referencia. A estas medidas habría que añadir otras, destinadas a reducir la movilidad de los capitales a nivel internacional, la cual, al aumentar con el neoliberalismo, ha dado lugar a la globalización de la producción. En lo que respecta a Italia, dado que los salarios (y el coste laboral) italianos son significativamente más bajos que los del resto de los países europeos avanzados y son los que más poder adquisitivo han perdido en el G20, sería necesaria una campaña nacional, en la que participen conjuntamente la política y los sindicatos, contra los bajos salarios en todos los sectores. Pero esto no basta, ya que la cuestión y las soluciones son de carácter más general.

En definitiva, la crisis del sector automovilístico alemán supone la confirmación del fin definitivo del llamado «modelo renano» alemán —que ya llevaba tiempo en dificultades—, basado en una especie de pacto social entre empresas, sindicatos, bancos y Gobierno. Pero también es la prueba del fracaso del modelo neoliberal —basado en las exportaciones, la moderación salarial, las privatizaciones y la retirada del Estado de la economía—, que se ha impuesto en Europa en las últimas décadas.

 En términos más generales, es la demostración de las contradicciones insuperables del modo de producción capitalista, desde la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción hasta la anarquía del mercado. El fracaso de Europa destaca especialmente si se compara con el éxito de China, que está ganando la competencia cada vez menos gracias a los bajos salarios y cada vez más gracias a su capacidad de innovación tecnológica, basada en la intervención planificada y organizada del Estado. Por lo tanto, sería conveniente que la UE e Italia tomaran como referencia la experiencia china, abandonaran las lógicas neoliberales y aplicaran políticas estatales de planificación industrial —previstas en el artículo 41 de la Constitución italiana— y de renacionalización de las empresas. Pero se trata de una cuestión de decisiones y, por lo tanto, es un asunto que solo se resuelve a nivel político. Lo cual no significa que todo se reduzca a la contienda electoral, sino que hay que modificar, mediante la lucha —empezando por los lugares de trabajo—, las relaciones de fuerza globales entre las clases sociales, es decir, entre el capital transnacional y el trabajo asalariado.
Notas
[i] Elaboración propia a partir de datos de Eurostat, «International trade of EU and non-EU countries since 2002 by SITC». Cabe señalar que Italia tiene un superávit comercial de 13 mil millones con respecto a Alemania. https://ec.europa.eu/eurostat/comext/newxtweb/submitresultsextraction.do
[ii] Focus2move, China 2026: caída en picado mientras Geely desplaza a BYD como marca líder.
[iii] https://www.marklines.com/en/report/rep2969_202602
[iv] Karl Marx, El capital, Libro III, Sección III: «La caída tendencial de la tasa de ganancia», editorial Newton Compton, Roma, 1996.
[v] Organización Internacional del Trabajo (OIT), «Salarios, productividad y participación salarial en China», abril de 2016.
[vi] Amin Samir, El desarrollo desigual. Ensayo sobre las formaciones sociales del capitalismo periférico, Giulio Einaudi Editore, Turín, 1977.
[vii] Eurostat, Base de datos, «Niveles de costes laborales por actividad según la NACE Rev. 2».
[viii] Organización Internacional del Trabajo (OIT), Informe mundial sobre los salarios 2024-2025.
[ix] Página web de Unrae con datos de Acea.
[x] John Smith, Imperialism & the globalization of production, tesis doctoral, julio de 2010.
[xi] Mario Cianflone, Una señal de alarma, pero el grupo puede recuperarse, il Sole24ore, 27 de junio de 2026.
[xii] Página web de la Organización Internacional de Fabricantes de Automóviles (OICA), Estadísticas de producción.
[xiii] Según los datos de Eurostat, las exportaciones italianas de automóviles entre 2024 y 2025 descendieron de 15,2 a 14,4 mil millones, mientras que las del sector farmacéutico aumentaron de 52,9 a 68,76 mil millones y las del sector químico, de 101,3 a 116 mil millones.
[xiv] Matteo Meneghello, «Volkswagen prepara 100 000 despidos y cierra plantas en Alemania», Il Sole 24 Ore, 27 de junio de 2026."

(Domenico Moro, Sinistra in rete, 09/07/26, traducción Salvador López)

3.7.26

Nos advierten de que las economías han perdido competitividad por culpa de salarios demasiado altos y regulaciones demasiado gravosas. Nos dicen que abaratando la mano de obra y desregulando habrá abundancia de inversión privada... pero ya tenemos suficientes datos empíricos y experiencias reales para saber que es totalmente erróneo... tras un análisis de los últimos 25 años de registros financieros de las 300 mayores empresas europeas no financieras que cotizan en bolsa, vimos que dos décadas de capital barato y abundante con altos beneficios empresariales, no han impedido que la inversión, la productividad y los salarios estén estancados. Y el principal obstáculo al crecimiento no ha sido el precio de la mano de obra sino la asignación de capital... Cuando los beneficios de las mayores empresas europeas se destinan cada vez más a la recompra de acciones, al reparto de dividendos y a activos financieros, en vez de a producir e innovar, el resultado es un creciente costo social por mala asignación del capital. Conforme disminuye la rentabilidad del capital productivo, se vuelve más atractivo invertir cada euro adicional en activos financieros antes que en instalar una fábrica o un laboratorio... El precio de este proceso continuo de acumulación financiera lo pagaron los trabajadores. Su participación en la renta de la economía real (excepto en finanzas, seguros, bienes raíces y el sector público) hoy es inferior a la de 2000, y en varios de los principales países europeos sigue en caída... Esto implica que la reducción de empleo no fue en respuesta a pérdidas, sino una táctica de mejora de la rentabilidad. Las ganancias de dos décadas de crecimiento de los beneficios se destinaron al capital, no a los trabajadores que las generaron... El problema no es exclusivo de Europa; refleja una lógica de financierización arraigada en todo el mundo... Pero nada de esto es inevitable. La financierización es resultado de políticas... deben cambiar las condiciones de empleo y distribución del capital. Eso demanda supeditar las ayudas públicas a requisitos vinculantes; que la inversión pública no comparta solamente los riesgos sino también las recompensas; y un modelo de gobernanza corporativa orientada al largo plazo y no al próximo trimestre (Mariana Mazzucato)

"En todo el mundo desarrollado, se oye relatar con inquietud la misma historia. De Bruselas a Washington, dirigentes políticos y empresariales advierten de que las economías han perdido competitividad por culpa de salarios demasiado altos y regulaciones demasiado gravosas. Nos dicen que abaratando la mano de obra y desregulando habrá abundancia de inversión privada.

Este diagnóstico puede parecer cosa de sentido común para algunos. Pero ya tenemos suficientes datos empíricos y experiencias reales para saber que es totalmente erróneo. En un nuevo estudio para la Confederación Europea de Sindicatos, mis colegas y yo pusimos a prueba la hipótesis siguiéndole el rastro al dinero: hicimos un análisis de los últimos 25 años de registros financieros de las 300 mayores empresas europeas no financieras que cotizan en bolsa. Nuestras conclusiones deberían inquietar a los gobiernos dentro y fuera de Europa. Dos décadas de capital barato y abundante con altos beneficios empresariales no han impedido que la inversión, la productividad y los salarios estén estancados. Y el principal obstáculo al crecimiento no ha sido el precio de la mano de obra sino la asignación de capital.

Nuestro estudio detalla cómo las grandes empresas mantienen buenos márgenes de beneficio para sus accionistas a la par de una reducción de sus actividades reales. Cada vez más, las empresas hacen dinero como actores financieros (cobrando intereses por bonos o títulos públicos, recibiendo dividendos y prestando a sus propios clientes) antes que como agentes de producción. El resultado ha sido que los pagos a accionistas crecieron más rápido que las ganancias que los financian. Ahora el sector empresarial no financiero europeo no sólo ahorra más de lo que invierte, sino que desde 2009, ha sido un prestamista neto para el resto de la economía, en una sorprendente inversión de su papel histórico.

Cuando los beneficios de las mayores empresas europeas se destinan cada vez más a la recompra de acciones, al reparto de dividendos y a activos financieros, en vez de a producir e innovar, el resultado es un creciente costo social por mala asignación del capital. Conforme disminuye la rentabilidad del capital productivo, se vuelve más atractivo invertir cada euro adicional en activos financieros antes que en instalar una fábrica o un laboratorio. En las empresas que hemos estudiado, el stock de capital registra una disminución neta, y la formación neta de capital del sector empresarial no financiero de Europa como porcentaje del PIB se redujo a menos de la mitad desde el año 2000 (de 3,7 % a 1,6 %). Por cada euro de beneficios obtenido por las empresas no financieras europeas, la parte reinvertida en nuevas capacidades productivas (tras descontar la amortización) se redujo a menos de la mitad (del 18,9 % en 2000 a sólo el 7,4 % en 2024).

El precio de este proceso continuo de acumulación financiera lo pagaron los trabajadores. Su participación en la renta de la economía real (excepto en finanzas, seguros, bienes raíces y el sector público) hoy es inferior a la de 2000, y en varios de los principales países europeos sigue en caída. Más de dos tercios de las empresas examinadas habían anunciado medidas de reestructuración (poniendo en riesgo 2,7 millones de puestos de trabajo europeos) y casi el 80 % de esos anuncios correspondió a empresas que ese mismo año habían obtenido beneficios.

Esto implica que la reducción de empleo no fue en respuesta a pérdidas, sino una táctica de mejora de la rentabilidad. Durante el último cuarto de siglo, los beneficios del sector empresarial no financiero crecieron casi el doble que los salarios, y los pagos a accionistas todavía más. Las ganancias de dos décadas de crecimiento de los beneficios se destinaron al capital, no a los trabajadores que las generaron.

El problema no es exclusivo de Europa; refleja una lógica de financierización arraigada en todo el mundo. Pero el proceso se basa en una teoría del valor errónea, incapaz de distinguir entre la creación de valor y su extracción. Como muestro en mi libro The Value of Everything, la ciencia económica olvidó la diferencia entre los beneficios de la producción y las rentas de la posesión. Mientras no corrijamos este defecto fatal, los riesgos de la innovación seguirán asumiéndose de forma colectiva (por los contribuyentes, la investigación financiada con fondos públicos y los trabajadores) y la distribución de las recompensas estará cada vez más concentrada.

Pero nada de esto es inevitable. La financierización es resultado de políticas, reflejo de decisiones moldeadas por las reglas de gobernanza corporativa, los códigos tributarios, los regímenes de ayudas estatales y las normas presupuestarias. Los gobiernos no deben contentarse con hacer que el capital sea más barato o abundante, ya que el capital barato no se convierte por sí solo en inversiones productivas, sino que deben cambiar las condiciones de empleo y distribución del capital. Eso demanda supeditar las ayudas públicas a requisitos vinculantes; que la inversión pública no comparta solamente los riesgos sino también las recompensas (en vez de la mera «reducción de riesgo» de las inversiones privadas); y un modelo de gobernanza corporativa orientada al largo plazo y no al próximo trimestre.

Estos ingredientes constituyen el núcleo de lo que yo llamo una «estrategia industrial orientada a misiones» moderna. La clave no está en elegir «ganadores», sino actores «bien dispuestos»: influir en los flujos de inversión a través de misiones públicas audaces y formar alianzas público‑privadas simbióticas y bien diseñadas que orienten el crecimiento hacia la creación de valor social y medioambiental real. La NASA no desalentó la innovación al incluir cláusulas contra la obtención de beneficios excesivos en los contratos de compra que en 1969 nos llevaron a la Luna y nos trajeron de vuelta. Al contrario, creó un sistema orientado a soluciones que por un lado resolvió problemas reales (qué ropas usarían los astronautas, qué comerían, cómo irían al baño) y por otro fomentó un crecimiento en la Tierra.

Se necesitan colaboraciones similares para hacer frente al cambio climático, que nos obliga a replantearnos lo que comemos, los modos en que nos desplazamos y los materiales con los que construimos. Y en todos estos desafíos, los trabajadores tienen que ocupar un lugar central y no marginal. Como hemos sostenido Damon Silvers y yo durante la huelga de los trabajadores de las automotrices estadounidenses en 2023, una transición verde que no genere también buenos puestos de trabajo carecerá del apoyo político que necesita para prosperar. Los trabajadores y los sindicatos no pueden ser una cuestión secundaria; deben ser parte de la infraestructura institucional de la economía; por eso es necesario un nuevo contrato social entre las empresas, los trabajadores y el Estado.

Creo que el argumento a favor de una nueva economía está ganando terreno. En mi nuevo libro The Common Good Economy, presento pautas para orientar el proceso. Debemos pasar de la mera corrección de fallos del mercado a replantear el objetivo; lo que Aristóteles llamó el telos de la polis. El «qué» y el «cómo» son importantes. Sólo prestando la misma atención a las relaciones entre el capital y el trabajo, lo público y lo privado, y el Estado y la sociedad civil podremos empezar a transformar las economías. La competitividad y la justicia no son objetivos opuestos. La verdadera elección es entre una economía que recompensa la extracción y otra que siente los cimientos compartidos de una prosperidad duradera.

 Project Syndicate, 30/06/26)

Bajo Trump, la construcción de fábricas ha caído rápidamente. La cifra de mayo fue casi un 25% inferior al máximo de 2024... Habla constantemente de los 18 billones de dólares en nuevas inversiones que ha conseguido para el país y de cómo todo el mundo está construyendo fábricas. Si bien todo puede suceder mañana, hasta la fecha no existe ninguna evidencia de este auge de inversión... con Trump tenemos un presidente que celebra un auge que solo existe en su imaginación. En realidad, la construcción de fábricas bajo su mandato ha sido un fracaso rotundo... hubo un auge masivo en la construcción de fábricas durante la administración Biden, directamente relacionado con las principales leyes de la presidencia de Biden: la ley de infraestructura, la Ley CHIPS y la Ley de Reducción de la Inflación (Dean Baker)

 "Una de las afirmaciones favoritas de Donald Trump sobre la economía es que ha impulsado un auge sin precedentes en la inversión, especialmente en la construcción de fábricas. Habla constantemente de los 18 billones de dólares en nuevas inversiones que ha conseguido para el país y de cómo todo el mundo está construyendo fábricas. Si bien todo puede suceder mañana, hasta la fecha no existe ninguna evidencia de este auge de inversión, y la construcción de fábricas está en declive rápidamente.  

Como algunos hemos señalado (no los principales medios de comunicación), hubo un auge masivo en la construcción de fábricas durante la administración Biden, alcanzando su punto máximo en 2024, más del doble de su nivel prepandémico, en el tercer trimestre de ese año. Este auge estuvo directamente relacionado con las principales leyes de la presidencia de Biden: la ley de infraestructura, la Ley CHIPS y la Ley de Reducción de la Inflación. 

Desde entonces, la construcción de fábricas ha caído rápidamente. La cifra de mayo fue casi un 25% inferior al máximo de 2024. Todos los políticos exageran sus logros, pero con Trump tenemos un presidente que celebra un auge que solo existe en su imaginación. En realidad, la construcción de fábricas bajo su mandato ha sido un fracaso rotundo."

(Dean Baker, CEPR, 02/07/26, traducción google, grafico en el original) 

30.6.26

Llevamos aproximadamente diez años informando sobre el declive de la industria automovilística alemana, y podemos afirmar con total seguridad que se trata de una cuestión de tecnología... En una encuesta interna seis miembros del Consejo de Administración expresaron su desconfianza hacia el futuro de VW, un ejemplo de lo que sucede cuando décadas de complacencia se convierten en pánico y resignación. Tienen un problema de innovación que están tratando como un problema de costes... Los europeos están rezagados en software y energía, los dos principales componentes de valor añadido de un coche eléctrico actual y futuro. Una devaluación del 20% del tipo de cambio no solucionará esto. Se trata de una crisis tecnológica... Recordamos una larga época en la que las compañías automovilísticas alemanas presumían de estar a la vanguardia en tecnología de conducción manos libres. En aquel entonces, Alemania aún aspiraba a convertirse en líder mundial en IA. Esto entra en la categoría de ilusiones... En resumen, el valor añadido en un automóvil se está desplazando de los motores y sistemas de transmisión, y la integración de tecnologías digitales en máquinas analógicas, hacia el software y las baterías. Los alemanes fueron líderes tecnológicos en los automóviles de combustión, mientras que China y Estados Unidos lideran en los vehículos eléctricos. Todavía existen estrategias viables para empresas como VW, pero no seguirán siendo líderes del mercado mundial. Tampoco alimentarán grandes cadenas de suministro. Se integrarán en la cadena de suministro de otra empresa. Seguirán fabricando automóviles, pero el valor ya no será suyo (Eurointelligence)

"Un accidente automovilístico fatal en Alemania

Llevamos aproximadamente diez años informando sobre el declive de la industria automovilística alemana, y podemos afirmar con total seguridad que no se trata de un problema macroeconómico, sino de una cuestión de tecnología.

Durante el fin de semana, se filtraron dos importantes informaciones de VW. La primera, y la que acaparó la mayor atención mediática, es el plan de recortar 100.000 puestos de trabajo y cerrar cuatro fábricas en Alemania, según la revista Manager. Esto representa el 15% de la plantilla global de la compañía.

En una encuesta interna realizada entre nueve miembros de los consejos de administración y supervisión, seis expresaron su desconfianza hacia el futuro de la empresa. VW es un ejemplo de lo que sucede cuando décadas de complacencia se convierten en pánico y resignación. Tienen un problema de innovación que están tratando como un problema de costes.

La noticia que más nos alarmó este fin de semana, publicada por Bild, es que VW ha cancelado su alianza con Bosch en materia de conducción autónoma. La mayor parte del debate sobre los automóviles se centra en las baterías, pero el software será otro factor clave para la generación de ingresos en el futuro. En este ámbito, las empresas europeas están aún más rezagadas con respecto a la competencia china.

VW cancela el proyecto por dos razones: la necesidad de ahorrar dinero y la falta de progreso. La tecnología de Bosch se está quedando atrás en el área de la conducción autónoma en ciudades. Esto no sorprende, dado el escaso número de datos recopilados en Alemania y Europa en general, en comparación con Estados Unidos y China. Bosch es el mayor proveedor mundial de componentes para automóviles, pero se está quedando atrás en una de las tecnologías futuras más importantes. Los europeos están rezagados en software y energía, los dos principales componentes de valor añadido de un coche eléctrico actual y futuro. Una devaluación del 20% del tipo de cambio no solucionará esto. Se trata de una crisis tecnológica.

Según este informe, VW ha decidido abandonar el desarrollo de su propio software y adquirir el paquete de otro proveedor. Los líderes del mercado son de Estados Unidos, China o Israel. Estados Unidos y China están prácticamente empatados en conducción autónoma de nivel cuatro. La posición relativa entre ambos países depende de si se incluye o no a Tesla. La mayor parte de los datos de Tesla provienen de su flota actual, no de pruebas de conducción autónoma. Europa también cuenta con una empresa que compite en este sector, Wayve, con sede en el Reino Unido. Pero la situación es la misma que en el ámbito de la IA: Europa se está quedando atrás con respecto a la competencia, y la brecha se está ampliando.

Recordamos una larga época en la que las compañías automovilísticas alemanas presumían de estar a la vanguardia en tecnología de conducción manos libres. En aquel entonces, Alemania aún aspiraba a convertirse en líder mundial en IA. Esto entra en la categoría de ilusiones, aunque no del todo erróneas.

Nosotros mismos experimentamos un fenómeno similar en la industria de los medios de comunicación. Cuando las industrias entran en declive, atraviesan una larga fase de negación, seguida de ira, un periodo durante el cual no abordan el problema. Esto también ha estado ocurriendo en la industria automovilística. En resumen, el valor añadido en un automóvil se está desplazando de los motores y sistemas de transmisión, y la integración de tecnologías digitales en máquinas analógicas, hacia el software y las baterías. Los alemanes fueron líderes tecnológicos en los automóviles de combustión, mientras que China y Estados Unidos lideran en los vehículos eléctricos.

Todavía existen estrategias viables para empresas como VW, pero no seguirán siendo líderes del mercado mundial. Tampoco alimentarán grandes cadenas de suministro. Se integrarán en la cadena de suministro de otra empresa. Seguirán fabricando automóviles, pero el valor ya no será suyo." 

( Eurointelligence, 29/06/26)

28.6.26

Volkswagen planea cerrar cuatro plantas en Alemania y despedir a 100.000 trabajadores en todo el mundo... pese a que el fabricante había acordado con los sindicatos no cerrar plantas en Alemania... “Aún no hay nada claro, pero hay riesgos para España”... “Los ataques de Volkswagen contra la ley, la cogestión [el sistema alemán de participación de los trabajadores en los órganos de dirección] y nuestros centros de trabajo constituyen amenazas irresponsables. Si esos planes siguieran adelante, haríamos todo lo que esté en nuestra mano para impedirlos”, han advertido los representantes de los trabajadores (alemanes)... también dicen que “en lugar de actuar de forma precipitada y sin rumbo, [Volkswagen] debería por fin hacer su trabajo y centrarse en sus verdaderas responsabilidades: desarrollar productos y tecnologías competitivos, optimizar las estructuras y las sinergias del grupo y, con ello, garantizar también un empleo seguro”... “El desarrollo que he visto en España en el automóvil en los últimos años es un ejemplo para Europa. Es el segundo fabricante europeo de coches y eso también lo vemos cuando empresas de fuera del continente deciden invertir aquí. España tiene una oportunidad muy grande, ya que hace unas décadas se dedicaba al ensamblaje. Ahora, entramos en una fase de tecnología profunda. Es una gran oportunidad también para los jóvenes”, dijo el consejero delegado del grupo Volkswagen, Oliver Blume... Veremos (Manu Granda)

"El grupo Volkswagen vuelve a meter la tijera en su estructura de costes. El gigante del automóvil alemán prevé recortar hasta 100.000 puestos de trabajo en todo el mundo, el doble de los que había anunciado hasta ahora, según ha adelantado el medio especializado Manager Magazin. Además, pese a que el fabricante había acordado con los sindicatos no cerrar plantas en Alemania, ahora estudia bajar la persiana en cuatro fábricas del país, algo inédito en su historia.

Los planes forman parte de los nuevos objetivos establecidos para 2030 que el consejo de administración de la compañía planteó el miércoles. El 9 de julio debatirá sobre ello el consejo de supervisión del grupo automovilístico. Las fábricas afectadas por el posible cierre a medio plazo son tres de la marca Volkswagen (Hannover, Zwickau y Emden), y la de Audi en Neckarsulm. Ante las preguntas de este medio, la compañía ha explicado que no hará comentarios “sobre documentos internos confidenciales”. El grupo, que ha matizado que “los asuntos subyacentes se discutirán y aprobarán en los comités correspondientes”, ha recordado que el conjunto del sector está “experimentando una profunda transformación” y que el modelo de negocio de la compañía (“desarrollar coches en Alemania, producirlos en Europa y exportarlos al mundo”) ya no funciona en la actualidad para todas las marcas.

El grupo Volkswagen había anunciado en la presentación anual de sus resultados de 2025 el recorte de 50.000 empleos en Alemania hasta 2030, unos 15.000 más que los que había pactado en la navidad de 2024 con el sindicato IG Metall. Entonces, la compañía acordó con los representantes de los trabajadores mantener abiertas todas las fábricas alemanas, pese a las turbulencias en las que estaba inmersa Volkswagen. Según cifras de Bloomberg, el grupo da trabajo a unas 657.000 personas en todo el mundo.

En una declaración conjunta, el sindicato IG Metall y el comité de empresa de Volkswagen han condenado con dureza los planes de la compañía, de los que han dicho que generan “inquietud” entre la plantilla y en los territorios donde hay plantas de producción. “Los ataques de Volkswagen contra la ley, la cogestión [el sistema alemán de participación de los trabajadores en los órganos de dirección] y nuestros centros de trabajo constituyen amenazas irresponsables. Si esos planes siguieran adelante, haríamos todo lo que esté en nuestra mano para impedirlos”, han advertido los representantes de los trabajadores.

La compañía toma la decisión después de una sucesión de malos ejercicios en los que ha sufrido sobremanera la competencia de las marcas chinas. En el mercado alemán ha pasado de ser la primera firma en ventas a la tercera, por detrás de BYD y Geely. Y vive una situación parecida en los otros mercados europeos, en los que las automovilísticas del gigante asiático se están abriendo paso de forma rápida pese a los aranceles aprobados por la Unión Europea contra los vehículos eléctricos made in China. Según medios alemanes, la Comisión Europea se plantea imponer aranceles también a los híbridos enchufables chinos, una medida que protegería a grupos como Volkswagen, BMW o Mercedes-Benz.

Por si fuera poca la presión proveniente de China, Volkswagen también ha acusado el golpe de los aranceles de Estados Unidos al automóvil europeo. Alemania es el mayor vendedor de vehículos al país norteamericano. Y “mantener el éxito” en ese contexto, ha razonado el mayor fabricante continental de coches (y segundo del mundo), significa que “todo el grupo debe ser significativamente más competitivo, lo que requiere una mayor precisión y una disciplina más estricta en materia de costes e inversiones”.

“El consejo de administración ha trabajado intensamente en los últimos meses en un plan futuro para la reestructuración de la compañía. El objetivo es lograr una mayor eficiencia y agilidad en toda la empresa, así como aprovechar de forma consistente el potencial de sinergias tecnológicas”, añade la empresa. “Esto se aplica, en particular, a los procesos y estructuras de toma de decisiones, especialmente en el desarrollo e integración de nuevas tecnologías, así como en la cartera de modelos para nuestros clientes. En la siguiente fase, esta transformación integral se implementará tras la aprobación del consejo de supervisión”.

Pero esos argumentos no convencen a los representantes de los trabajadores. “En lugar de actuar de forma precipitada y sin rumbo, [Volkswagen] debería por fin hacer su trabajo y centrarse en sus verdaderas responsabilidades: desarrollar productos y tecnologías competitivos, optimizar las estructuras y las sinergias del grupo y, con ello, garantizar también un empleo seguro”, reza el comunicado que han hecho público. El texto lo firman la presidenta de IG Metall, Christiane Benner; la presidenta del comité de empresa general y del grupo de Volkswagen, Daniela Cavallo; el director regional de IG Metall en los Estados de Baja Sajonia y Sajonia-Anhalt; así como por el negociador de IG Metall para el convenio colectivo de Volkswagen, Thorsten Gröger.

La situación de Volkswagen en España

En cuanto a España, el consorcio germano cuenta con dos plantas de coches, la de Landaben (Navarra) y la de Martorell (Barcelona). Ambas han sido agraciadas con la asignación de cuatro modelos eléctricos que, de momento, son los más baratos que comercializa la compañía, con precios que parten en el entorno de los 25.000 euros sin ayudas. Estos son el Cupra Raval, el Volkswagen ID Polo, el ID Cross y el Skoda Epiq. Los dos primeros ya han comenzado a salir de las líneas de ensamblaje de la factoría catalana, mientras que los otros dos, ensamblados en Navarra, llegarán a los concesionarios también este año. Además, Volkswagen está levantando una planta de baterías en Sagunto (Valencia), la cual se encuentra en un avanzado estado de construcción. En total, el grupo, sus socios y el Gobierno han movilizado 10.000 millones de euros para electrificar la producción del grupo en España.

“El desarrollo que he visto en España en el automóvil en los últimos años es un ejemplo para Europa. Es el segundo fabricante europeo de coches y eso también lo vemos cuando empresas de fuera del continente deciden invertir aquí. España tiene una oportunidad muy grande, ya que hace unas décadas se dedicaba al ensamblaje. Ahora, entramos en una fase de tecnología profunda. Es una gran oportunidad también para los jóvenes”, dijo el consejero delegado del grupo Volkswagen, Oliver Blume, durante su visita a Madrid el pasado abril con motivo de la presentación mundial del Raval.

Por otro lado, fuentes sindicales explican a este periódico que esta situación puede poner en riesgo la asignación de la segunda plataforma de vehículos eléctricos por la que pugna la planta de Martorell. Estas fuentes indican que la plataforma actual (de la que salen el Raval y el ID Polo) es insuficiente para mantener el trabajo a largo plazo cuando se dejen de hacer los otros modelos de combustión que ensambla la factoría, como el León o el Cupra Formentor. “Aún no hay nada claro, pero hay riesgos para España”, señalan desde los sindicatos." 

(Manu Granda , Yetlaneci Alcaraz  , El País, 26/06/26) 

20.6.26

Casi todo el mundo sigue subestimando enormemente el poder y el control que los oligarcas estadounidenses tienen sobre nuestras vidas. Ganen o pierdan, parece que van a destruir nuestro nivel de vida, así que deberíamos optar por salir de su juego amañado ahora mismo... todos ven a "Elon el billonario" principalmente como un signo de decadencia moral y codicia, y no como una amenaza existencial para la civilización occidental. Él es eso último... Para entender todo esto, hay que comprender la diferencia entre inversión productiva e inversión especulativa... La inversión productiva generalmente aumenta el capital fijo, lo que significa que se gasta en cosas reales que crean otras cosas reales... La revolución financiera de los años 80 socavó esto y la globalización de los 90 lo desmanteló por completo... en este nuevo sistema especulativo (corrupto), mientras el mercado siga subiendo, la inversión especulativa sigue funcionando. Y en Estados Unidos, eso es todo lo que hay ahora; literalmente creen que un rico que posee capital fijo productivo o gasta en investigación y desarrollo es un tonto. Así que todos los ricos de Estados Unidos necesitan que el mercado de valores no pare de subir... Elon Musk es un billonario sin obtener realmente ningún beneficio, porque puede atraer capital especulativo gracias a que tiene una base de fans enloquecida... Pero, ¿qué pasa si el mercado de valores no sube? Entonces te encuentras con los cinco jinetes del apocalipsis económico, contagio, liquidación de activos, crisis de liquidez, crisis de solvencia y desapalancamiento... Cosas realmente malas están sucediendo. O hacemos algo o nos hundimos (Robin McAlpine)

"No se puede reformar a los oligarcas: tenemos que dar la espalda

Mantengo firmemente la opinión de que casi todo el mundo sigue subestimando enormemente el poder y el control que los oligarcas estadounidenses tienen sobre nuestras vidas. Ganen o pierdan, parece que van a destruir nuestro nivel de vida, así que deberíamos optar por salir de su juego amañado ahora mismo.

Inversión especulativa más mercado alcista = beneficios enormes. Inversión especulativa más mercado bajista = contagio, liquidación de activos, crisis de liquidez, crisis de solvencia y desapalancamiento. Ambas situaciones nos perjudicarán gravemente y no podemos detenerlas, pero podríamos evitarlas. Y ahora voy a tener que explicar todo eso...

Esto no es más que mi profunda, muy profunda preocupación de que todavía no nos estamos tomando la amenaza de los oligarcas con la suficiente seriedad. Estoy convencido de que todos ven a "Elon el billonario" principalmente como un signo de decadencia moral y codicia, y no como una amenaza existencial para la civilización occidental. Él es eso último.

Para entender todo esto, hay que comprender la diferencia entre inversión productiva e inversión especulativa y cómo pasamos de una a la otra. La inversión productiva generalmente aumenta el capital fijo, lo que significa que se gasta en cosas reales que crean otras cosas reales. Para ganar dinero, mejorabas las máquinas de tu fábrica para que pudieran hacer las cosas mejor o más rápido.

La revolución financiera de los años 80 socavó esto y la globalización de los 90 lo desmanteló por completo. Ahora, alguien más poseía todo ese molesto capital fijo (básicamente China), porque era una carga costosa. Lo que hacías era apostar por el valor del logotipo que hacías que pusieran en el producto que fabricaban.

Eso significa simplemente que estás especulando con que un determinado negocio aumentará de valor. Seamos claros: no en beneficios, no en valor de activos reales, ni siquiera necesariamente en valor de propiedad intelectual, solo en capitalización bursátil (valor de las acciones). Elon Musk es un billonario sin obtener realmente ningún beneficio, porque puede atraer capital especulativo gracias a que tiene una base de fans enloquecida.

Todo esto se disparó en 2007. Los ricos habían estado especulando con cosas cada vez más absurdas, incluidos "instrumentos financieros" que resultaron ser basura, compuestos por carteras de hipotecas de alto riesgo. Todo salió mal y hundieron la economía. No podían obtener beneficios porque habían creado una recesión, así que nos robaron a nosotros.

Imprimimos dinero, ellos lo usaron para comprar sus propios activos, esos activos aumentaron de valor más de lo que pagaron por ellos y se volvieron estratosféricamente ricos; y luego, habiendo aprendido este nuevo truco, siguieron inflando los activos para que su riqueza siguiera creciendo. Mientras tanto, alguien tenía que pagar todo esto o la economía se sobrecalentaría, así que lo pagamos el resto de nosotros.

(Este es el gran escándalo de la política moderna: la mayoría de la gente no entiende que cuando los ricos hundieron la economía, a todos y cada uno del resto de nosotros se nos obligó a compensarlos, y más, de nuestro propio bolsillo).

Ahora bien, este es el asunto: en este nuevo sistema (corrupto), mientras el mercado siga subiendo, la inversión especulativa sigue funcionando. Y en Estados Unidos, eso es todo lo que hay ahora; literalmente creen que un rico que posee capital fijo productivo o gasta en investigación y desarrollo es un tonto. Así que todos los ricos de Estados Unidos necesitan que el mercado de valores no pare de subir.

Y dado que los responsables de las políticas elaboran políticas para los ricos, toda la estrategia económica de Estados Unidos durante 30 años ha sido olvidarse de los beneficios, olvidarse de la productividad y olvidarse de la innovación, y huir de la manufactura, solo para mantener ese mercado de valores al alza. El último artificio son los centros de datos. Puede parecer un regreso al capital fijo, pero si observas la financiación, verás que no son más que una apuesta, pero mientras todos sigan poniendo su dinero sobre la mesa, la apuesta sigue funcionando.

Pero, ¿qué pasa si el mercado de valores no sube? Entonces te encuentras con los cinco jinetes del apocalipsis económico. Primero viene el contagio: todo está tan interconectado financieramente que cuando una cosa cae, arrastra a las demás. Un colapso, por ejemplo, en la IA o una implosión en el mercado bancario en la sombra se extiende muy rápidamente por toda la economía.

Luego viene la liquidación de activos. Si toda tu riqueza está en activos y estos se están desplomando, tienes que salir antes que tarde. Esto se convierte ahora en un círculo vicioso. Pero eso crea un nuevo problema: todo se sostiene sobre estos valores accionarios y ahí es donde se guarda la riqueza, pero todavía hay pasivos. Aún debes dinero a la gente.

Excepto que ahora se debe más dinero del que hay efectivo disponible para pagarlo (es decir, una crisis de liquidez). Muchas entidades, por lo tanto, se vuelven insolventes, ya sea porque no pueden pagar sus deudas o porque no pueden cobrar de sus deudores, lo que agrava el círculo vicioso. Y entonces todo se desapalanca; básicamente, nadie quiere prestar más y así, el motor que impulsa las economías occidentales (el endeudamiento) también se seca.

Y estamos completamente atascados.

Ahora quiero ser cuidadoso aquí. Eso es lo que sucedería si se produjera un colapso. La cuestión es: ¿qué tan estable es realmente este sistema? Sin entrar demasiado en esto, no es un panorama sencillo. Hay mucha menos deuda en el Estados Unidos financiero que en 2007, por lo que los efectos de insolvencia serán menores.

Por otro lado, la economía está mucho, mucho menos diversificada: nada menos que un tercio de la economía estadounidense (por capitalización bursátil) está directamente vinculada a corporaciones dependientes de la IA. Si eso se va, hay menos en otros lugares para apuntalarlo. Y, muy especialmente, la fuente habitual de "apuntalamiento" ha sido eliminada en pos del huevo de oro.

Porque normalmente esperas que los consumidores impulsen una recuperación, pero hoy en día, en Estados Unidos, solo compran los ricos, porque se quedaron con todo el dinero. Por otra parte, gran parte de las estadísticas son engañosas en este momento. El Reino Unido acaba de registrar una inflación más baja de lo esperado. Buenas noticias, ¿verdad? No realmente. Parece que gran parte se debe a que las empresas simplemente no pueden trasladar los costos porque la mayoría de la gente no puede permitirse ni un céntimo más. Así que las pérdidas se están ocultando. Por ahora.

    "No dejen que les digan que todo esto está bien. Estamos en problemas y deberíamos actuar"

Así que, como argumenté hace un par de semanas, definitivamente no estoy prediciendo un colapso, pero casi todo el mundo predice algún tipo de "corrección del mercado" en algún momento. Y en cualquier caso, lo que intento convencerles aquí es que ambas versiones de esto son una pesadilla absoluta para la mayoría de nosotros.

Básicamente, o estos tipos lo logran, la inversión en IA funciona, se apoderan de todos nuestros empleos y riqueza y toman el control total de nosotros, o no lo logran, y hunden la economía destruyendo nuestros empleos y nuestra riqueza. En el primer caso, somos vasallos; en el segundo, estamos en la indigencia. En ningún escenario tenemos el control de ninguna manera.

Pero este sistema se ha salido tanto de control que no solo se ha deshecho de las regulaciones que debería enfrentar, sino que ha encontrado formas de hacer imposible regularlo. Esto se logra mediante la coacción, la creación de reglas supranacionales que anulan la regulación nacional, mediante un cabildeo extremadamente poderoso o (cada vez más y especialmente) simplemente haciendo que las economías dependan totalmente de ellos.

EE.UU. podría arreglar esto, pero no lo hará. La UE podría mitigar gran parte de esto, pero está haciendo algo un poco más cercano a lo que sugiero aquí. Gran Bretaña podría intentarlo, pero sufriría un acoso severo y se echaría atrás. ¿Y Escocia? Independiente o no, no somos lo suficientemente poderosos para regularlos. Punto final.

Pero podemos reemplazarlos. Aquí es donde estoy ahora. No podemos domar su juego estúpido, pero podemos salir del campo y jugar a otro juego. Les ruego que se tomen esto en serio porque nuestros políticos no lo hacen. Y si quieren saber cómo se ve algo serio, miren por qué la guerra de Irán no hundió la economía.

¿Por qué? Porque instituimos el socialismo estatal global en el petróleo. Después de la crisis petrolera de 1972, decidimos que ya no podíamos depender de los mercados libres. Los gobiernos gastaron sumas enormes para construir una enorme capacidad de almacenamiento de petróleo y crearon una agencia global (la AIE) para gestionar el sistema fuera del mercado libre y asegurarse de que no se produjera un colapso.

Tenemos una estabilidad de precios comparativa y evitamos una gran depresión porque la planificación estatal creó un colchón que salvó la economía. Es decir, optó por un enfoque que no era solo de libre mercado. Y eso es lo que tenemos que aprender. Necesitamos optar por no usar el dinero tal como lo vemos ahora. Necesitamos optar por no consumir como se está consumiendo.

Necesitamos optar por no usar la energía tal como la han construido. Necesitamos optar por no usar el sistema alimentario que tenemos. Necesitamos optar por no usar los sistemas informáticos de propiedad extranjera. Y necesitamos optar por no usar el capitalismo de acciones.

¿De qué estoy hablando? Estoy hablando de la política de Common Weal. Volveré a todo esto una y otra vez porque todo esto realmente me quita el sueño. No podemos usar su sistema monetario. Está roto. Necesitamos un banco mutuo nacional, un reemplazo para el capital extranjero (un banco nacional de inversión adecuado) y necesitamos un sistema que dirija el dinero de las pensiones hacia el apoyo a la industria productiva nacional.

Necesitamos financiar al gobierno sin mercados de bonos, creando una relación diferente con el banco central. Necesitamos desesperadamente crear un sistema de software de código abierto y un modelo de "IA pública". Necesitamos tener la infraestructura de servidores para reemplazar nuestra dependencia total de Amazon.

Luego tenemos que decirle a Amazon que tiene que sindicalizarse. Así que se irán. Y entonces deberíamos simplemente tomar su infraestructura y construir un sistema público de distribución de productos. Deberíamos nacionalizar los supermercados y construir serios reservas de alimentos a largo plazo, de la misma manera que hicimos con el petróleo (China mantiene enormes reservas estatales de carne de cerdo congelada exactamente por esta razón). No solo previene la escasez, sino que estabiliza los precios.

Deberíamos construir un modelo de arrendamiento para reemplazar el consumo y luego construir una manufactura a gran escala para fabricar los productos que arrendamos aquí. No hay razón económica para evitar eso, siempre que sea un modelo de arrendamiento donde los costos se distribuyan a lo largo de la vida útil del producto.

Necesitamos analizar la fabricación de componentes informáticos esenciales y ver dónde podemos ser menos dependientes. Realmente creo que también deberíamos estudiar la capacidad de producción de chips soberanos. Necesitamos una transición energética rápida y una estrategia de cero petroquímicos. Empezaría comprando 20.000 coches eléctricos a China en un pedido al por mayor con descuento y crearía un servicio público de arrendamiento de coches barato para acelerar la electrificación.

Necesitamos reemplazar la calefacción de gas con calefacción urbana masiva. Haría que nuestra tierra trabajara para nosotros, haciéndonos lo más autosuficientes posible en materiales de construcción, tejidos, bioplásticos. Probablemente sepan que quiero huertos de aguacates y plantaciones de café en Escocia, cultivados en almacenes bajo luz artificial.

Literalmente me alejaría de este desastre siempre que pudiera. No soy un fantaseador. Sé que no podemos convertirnos en una autarquía total. Pero eso no significa que no haya alternativa al libre comercio globalizado para resolverlo todo. Igual que decidimos hacer con el petróleo.

He estado pensando en muchas de estas cosas durante un tiempo. Las luces rojas han estado parpadeando durante años. Pero decir lo anterior en voz alta habría sonado descabellado hace diez años, y probablemente incluso hace cinco. Sin embargo, gran parte de esto ya está sucediendo en países más ilustrados.

Cosas realmente malas están sucediendo. O hacemos algo o nos hundimos. Esas son las opciones reales. Cruzar los dedos es una temeridad. No dejen que les digan que todo esto está bien. Estamos en problemas y deberíamos actuar. Esto es lo que yo haría. Si tienen una idea mejor" 

(Robin McAlpine , Common Weal, 18/06/26, traducción Deep`Seek, enlaces en el original)