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4.1.22

Los españoles son los europeos más optimistas: el 50% cree que en 2022 todo irá mejor... En general, los europeos, según la encuesta de Gallup y Sigma Dos, somos mucho más cenizos que latinoamericanos, africanos e indios

 "(...) Esto es lo que describe la Encuesta Mundial de Final de Año de Gallup, realizada en España a través de Sigma Dos entre octubre y diciembre, en 44 países alrededor del mundo.

Más de la mitad de los españoles consultados cree que 2022 va a ser mejor que este año que acaba, cuatro puntos por encima que el estudio de 2021. Somos más optimistas que la media mundial y en comparación con nuestros vecinos europeos somos la alegría de la huerta. Un año más, los italianos son los más pesimistas a pesar del impulso económico y político que les ha dado el efecto Draghi. Los transalpinos no olvidan que fueron uno de los países más golpeados al inicio de la pandemia. Las peores expectativas de futuro a corto plazo se registran en Europa Oriental, con polacos y búlgaros ahogados por el pesimismo. (...)

La mitad del país se describe como feliz o muy feliz, frente a un 11% que se siente infeliz y un 34% que ni fu ni fa. Estos datos no deben impedir ver que la situación se deteriora: los felices bajan 13 puntos en relación a 2020 y muchos más, hasta 20, respecto a 2019, cuando por estas fechas se celebraban las últimas navidades prepandémicas.

«En el caso de España se da una aparente contradicción: por un lado, somos menos felices que en 2019 y 2020; por otro, somos más optimistas que el año pasado, explica Rosa Díaz, de Sigma Dos. «Esto puede deberse a que, tras dos años de pandemia la sociedad experimenta un cansancio psicológico seguido de una necesidad de creer, con las vacunas, que la vida mejorará». (...)

Somos los europeos los más cenizos, porque la felicidad y el optimismo crecen en general en el mundo, tirado por el impulso vital de los países africanos, latinoamericanos y la India. En estos conceptos tan subjetivos, la renta per cápita no condiciona las opiniones porque los países en vías de desarrollo tienen mucho más impulso. La mayoría de la ciudadanía mundial, un 56%, se describe como feliz, un resultado ligeramente mejor al registrado en 2021, en pleno ciclón pandémico. Mayor mérito tienen si tenemos en cuenta que en muchos de esos países las cifras de población vacunada es mucho menor que en los países ricos. La nación más contenta es Colombia. El segundo lugar lo ocupa Kazajistán y el tercero, Albania.

La fuerza vitalista de los latinoamericanos y el primer lugar de España en el ranking europeo hacen preguntarse si nuestra cultura es determinante en la visión del futuro. Tanto españoles como latinoamericanos hemos encontrado la fórmula de la felicidad compatible con la crisis económica. Un logro psicológico muy particular, una vacuna hispana que contempla el futuro con esperanza."        (Jorge Benítez, El Mundo, 28/12/21)

17.10.18

Chomsky: los votantes de Trump, de los pantanos de Louisiana, creen hallarse en una línea en la que están de pie, esperando avanzar, mientras trabajan duro y mantienen todos los valores convencionales. Pero su posición en la línea se ha estancado. Lo que les causa angustia real es lo que está sucediendo detrás de ellos. Creen que los programas del gobierno federal, que perciben como diseñados para beneficiar a los afroamericanos, a los inmigrantes y a otros a los que consideran personas que no lo merecen y que no siguen las reglas, provocan que éstos los adelanten

"(...) Y para los trabajadores, existe una gran diferencia entre un trabajo estable en la fabricación con salarios y beneficios sindicales, como en años anteriores, y un trabajo temporal con poca seguridad en el sector servicio. Aparte de los salarios, los beneficios y la seguridad, hay una pérdida de dignidad, de esperanza para el futuro, de la sensación de que este es un mundo al que pertenezco y y en el que desempeño un papel valioso.

 El impacto lo refleja bien la delicada e iluminadora representación de Arlie Hochschild de un bastión de Trump en Louisiana, donde vivió y trabajó durante muchos años. Ella usa la imagen de una línea en la que los residentes están de pie, esperando avanzar constantemente mientras trabajan duro y se mantienen en todos los valores convencionales. 

 Pero su posición en la línea se ha estancado. Delante de ellos, ven gente saltando hacia adelante, pero eso no causa mucha angustia, porque es "la forma estadounidense" para que el (supuesto) mérito sea recompensado. Lo que les causa angustia real es lo que está sucediendo detrás de ellos.  

Creen que los programas del gobierno federal que erróneamente ven como "diseñados para beneficiar a los afroamericanos, a los inmigrantes y a otros a los que a menudo consideran con desprecio" personas que no merecen "y que no" siguen las reglas "se están moviendo por delante de ellos.  

Todo esto se ve agravado por las confesiones racistas de [Ronald] Reagan sobre las Welfare Queens ("aprovechadas de las ayudas públicas" (por implicación son de raza negra) que roban el dinero duramente ganado a la gente blanca y otras fantasías.A veces, la falta de explicación, que en sí misma es una forma de desprecio, desempeña un papel en el fomento del odio al gobierno.  

Una vez conocí a un pintor de casas en Boston que se había vuelto amargamente en contra del gobierno "malvado" después de que un burócrata de Washington que no sabía nada sobre pintura organizó una reunión de contratistas de pintura para informarles que ya no podían usar pintura con plomo, "el único tipo que Funciona ”, como todos sabían, pero el del traje no lo entendía.  

Eso destruyó su pequeño negocio, obligándolo a pintar casas por su cuenta con material de mala calidad por culpa de las élites gubernamentales.

 A veces también hay razones reales para estas actitudes hacia las burocracias gubernamentales. 

Hochschild describe a un hombre cuya familia y amigos están sufriendo amargamente los efectos letales de la contaminación química, pero que desprecia al gobierno y a las "élites liberales", porque para él, la EPA significa un tipo ignorante que le dice que no puede pescar, pero que no hace nada por las plantas químicas.

  Estas son solo muestras de la vida real de los partidarios de Trump, a quiénes han llevados a creer que Trump hará algo para remediar su difícil situación, aunque la mera mirada a sus propuestas fiscales y de otro tipo demuestra lo contrario (...)

Hay otros factores en el éxito de Trump. Los estudios comparativos muestran que las doctrinas de la supremacía blanca han tenido un control aún más poderoso sobre la cultura estadounidense que en Sudáfrica, y no es ningún secreto que la población blanca está disminuyendo. En una década o dos, se proyecta que los blancos sean una minoría de la fuerza laboral, y no mucho más tarde, una minoría de la población.  

La cultura conservadora tradicional también se percibe como atacada por los éxitos de las políticas de identidad, consideradas como un asunto propio de las elites que solo desprecian a los "estadounidenses trabajadores [blancos] con auténticos valores de familia" que ven desaparecer el  país que conocían ante sus ojos.

 Una de las dificultades para llevar la preocupación pública sobre las amenazas muy severas del calentamiento global es que el 40 por ciento de la población de los Estados Unidos no ve por qué es un problema, ya que Cristo regresará en unas pocas décadas.  

Casi el mismo porcentaje cree que el mundo fue creado hace unos miles de años. Si la ciencia entra en conflicto con la Biblia, tanto peor para la ciencia. Sería difícil encontrar algo similar en otras sociedades.

 El Partido Demócrata abandonó cualquier preocupación real por la gente trabajadora en la década de 1970 que, por lo tanto, se ha sentido atraída a las filas de sus peores enemigos de clase, pero que al menos pretenden hablar su idioma: es el caso del estilo popular de Reagan de hacer pequeños chistes mientras comía caramelos.

La imagen cuidadosamente cultivada de George W. Bush de un tipo normal que puedes conocer en un bar al que le encantaba podar el pincel en su rancho a 40 grados, y sus declaraciones con errores de pronunciación, probablemente falsas (es poco probable que hablara así en Yale), y ahora Trump , quien da voz a las personas con agravios legítimos, personas que han perdido no solo empleos, sino también un sentido de autoestima personal, y que critican al gobierno que perciben como que ha socavado sus vidas (no sin razón).

 Uno de los grandes logros del sistema doctrinal ha sido desviar la ira desde el sector empresarial al gobierno que implementa los programas que diseña el sector corporativo (...)

 Con todos sus defectos, el gobierno está, en cierta medida, bajo la influencia y el control popular, a diferencia del sector corporativo. Es altamente ventajoso para el mundo de los negocios fomentar el odio hacia los burócratas del gobierno de cabeza puntiaguda y sacar de la mente a la gente la idea subversiva de que el gobierno podría convertirse en un instrumento de la voluntad popular, un gobierno de, por y para la gente. (...)"                (Entrevista a Noam Chomsky, C. J. Plychroniou, Truthout, 14/11/16)

5.4.18

"Algunas élites políticas, en EE UU, tienen un fuerte interés propio en mantener a la gente en la pobreza". En EE UU no hay voluntad alguna de eliminar sistemáticamente la pobreza... en cambio el presidente Xi Jinping está absolutamente decidido a que en 2020 no haya ni una sola persona debajo de la línea de pobreza extrema... la comparación es muy dramática

"(...) Philip Alston, relator especial de las Naciones Unidas sobre la pobreza extrema y los derechos humanos, presenta ante la prensa nacional e internacional el preinforme de su visita oficial a Estados Unidos. 

Es un informe devastador: 40 millones de pobres, de los cuales los niños representan el 32,6%, y casi la mitad de ellos viviendo en pobreza extrema. 

Para Angus Deaton, premio Nobel de Economía, el informe Alston demuestra que "EE UU tiene un problema urgente y ya no puede ocultarlo". (...)

En su informe preliminar señala que "el sueño americano se está convirtiendo rápidamente en una ilusión". ¿En qué consistió dicho sueño? ¿Por qué se ha convertido en una ilusión? 

En el pasado de EE UU, tanto por la legislación laboral como por factores económicos, hubo una gran nivelación de ingresos económicos. En primer lugar, EE UU fue la tierra de las oportunidades por la expansión de la frontera hacia el Oeste y la fiebre del oro de California. Siguió habiendo muchas oportunidades de hacer fortuna durante el periodo inicial de la industrialización. 

Luego hubo un gran periodo de desequilibrio económico, desde la Primera Guerra Mundial hasta la Gran Depresión, que finalizó con el New Deal y la economía de guerra, lo que originó una nivelación de los ingresos económicos hasta finales de los años setenta. Por lo tanto, hay razones económicas de peso para argumentar que seguía siendo un país de oportunidades, incluso para los más pobres. 

Sin embargo, esto ha comenzado a cambiar económicamente en términos de cifras de desigualdad y, en particular, de movilidad social, que es la más baja de cualquier país de la OCDE. Por lo tanto, considero que es una ilusión decir que el sueño americano está vivo y que la gente puede fácilmente pasar de ingresos bajos a más altos cuando en realidad es mucho más difícil.

¿En qué momento EE UU pasó de ser la tierra de las oportunidades a tener 40 millones de pobres?

Sorprendentemente, muchos académicos están de acuerdo en que incluso en tiempos de Richard Nixon había una gran predisposición para abordar la desigualdad, vestigio de las iniciativas sociales de Lyndon Johnson. Cabía esperar que Jimmy Carter siguiese con las mismas políticas; sin embargo, las estadísticas comienzan a ser mucho más negativas y luego, a partir de Ronald Reagan, se disparan. 

Respecto a Reagan, más importante aún que su política fiscal fue la actitud social y la revolución conservadora que lo acompañó. Desde la perspectiva de los derechos humanos -hablamos de derechos económicos y sociales-, éstos recibieron apoyo nivel nacional en EE UU hasta 1982, con la llegada de la Administración Reagan. 

También se empezó a cuestionar, de forma sistemática, la noción de que estos derechos fueran derechos humanos, y esto no ha cambiado desde entonces, ni siquiera con Clinton y Obama. Hicieron esfuerzos puntuales, diciendo: “sí que apoyamos estos derechos”. 

La realidad es que no sólo no los han apoyado, sino que estaban constantemente bloqueando iniciativas a nivel internacional. A su vez, la retórica interna neoliberal se ha hecho más fuerte asociando los derechos sociales a una dependencia del sistema del bienestar, apareciendo por ello como algo negativo. 

En su informe preliminar afirma de forma contundente que "algunas élites políticas [en EE UU] tienen un fuerte interés propio en mantener a la gente en la pobreza". He leído en entrevistas suyas que un posible contraejemplo es China, donde también realizó una visita oficial para analizar la pobreza extrema.

Uno siempre corre el riesgo de que se le malinterprete al decir que el modelo chino es el modelo de política económica y social más eficaz. Es indudable que China es un sistema autoritario que no respeta los derechos civiles y políticos. Sin embargo, hay un auténtico compromiso de las altas autoridades para erradicar la pobreza extrema.

 Aun estando definido en términos muy vagos, la realidad es que el presidente Xi Jinping está absolutamente decidido a que en 2020 no haya ni una sola persona debajo de la línea de pobreza extrema que ha sido fijada. 

Por el contrario, en EE UU, donde hay un 14% de pobreza, no hay voluntad alguna de eliminar sistemáticamente la pobreza, y asumen que otras políticas indirectamente ayudarán a eliminarla. No hay una política per se para la pobreza porque es un problema de los individuos y, por lo tanto, se las tienen que arreglar ellos solos. En mi opinión, la comparación es muy dramática.

Esta comparación no habrá caído muy bien en EE UU...

Los comentaristas estadounidenses me responden: "claro que Xi Jinping quiere erradicar la pobreza, pero lo hace para asentar el poder del partido y crear una cierta legitimidad a ojos de la sociedad". También me dicen que es porque se quiere mantener en el poder. A lo que respondo: "¿acaso el único objetivo de los políticos americanos no es mantenerse en el poder?".

 Creo que sería algo positivo que para mantenerse en el poder eligiesen eliminar la pobreza. Pero hacen todo lo contrario: quieren mantenerse en el poder, pero no les importa lo más mínimo el 20% inferior de la población.

En su informe usted afirma que si algo distingue a EE UU de los demás países es su falta de empatía con los pobres. En España, aporofobia (fobia a las personas pobres o desfavorecidas) ha sido elegida palabra del año y ha sido incluida en el diccionario de la RAE. Parece que se está convirtiendo en un fenómeno global.

Considero fascinante que se haya acuñado esta palabra. Va en línea con las presunciones de la economía neoliberal y la filosofía libertaria que se resume en que cada persona se las tiene que arreglar por sí sola en vez de desarrollar la solidaridad social. No es algo exclusivo de EE UU, pero sí creo que lo ha llevado a las últimas consecuencias.

En una conferencia que impartió en la London School of Economics en diciembre de 2016 usted se mostró crítico con la comunidad de los derechos humanos por no interiorizar los derechos económicos y sociales como derechos humanos. ¿Puede desarrollar esta idea?

Creo que la comunidad de los derechos humanos ha aceptado la ideología diametralmente opuesta a la ideología comunista, es la que EE UU y otros países han promocionado: la idea de que si toda la sociedad disfruta de sus derechos civiles y políticos, inevitablemente disfrutará de sus derechos económicos y sociales porque el sistema electoral asegurará que haya una cierta distribución de los recursos. 

En mi opinión, la comunidad de los derechos humanos ha comprado esta idea aun cuando existen indicios muy claros de que un sistema político dinámico puede ignorar al 20% de la población más pobre o cualquiera que sea ese ratio. Tomemos el ejemplo de EE UU. Su elite política ha erigido sistemáticamente barreras para impedir la participación política de los pobres. 

Por lo tanto, incluso si crees que el pleno disfrute de los derechos civiles y políticos acarreará inevitablemente que se traten los derechos económicos y sociales, en realidad se han tomado las medidas necesarias para que los pobres estén excluidos del sistema electoral. A este respecto un político me preguntó: “¿conoces algún distrito electoral donde haya muchos pobres y vaya algún político a hablarles?” La respuesta es negativa. Su incidencia en las elecciones es tan marginal que ya han asumido que son irrelevantes. 

También señala que en muchas ocasiones se ignora la política fiscal, cuando resulta capital para los derechos humanos.

Sí, la comunidad de los derechos humanos suele estar dominada por abogados y estos suelen estar familiarizados con ciertos fenómenos, como la función de los tribunales, de la policía y en general de los derechos civiles.

 ¿Pero qué ocurre con la política fiscal? Es algo capital. En EE UU, como en el resto del mundo, es determinante para saber quién tiene qué, qué grupos se benefician, qué grupos se penalizan, etcétera. A mi parecer, una política integral de los derechos humanos que ignora la dimensión fiscal es una mera ilusión. (...)"                    

 (Entrevista a Phillip Alston, profesor de la Universidad de Nueva York después de serlo en Harvard, experto independiente de las Naciones Unidas, Hernán Garcés, Alternativas Económicas, 10/03/18)

5.3.10

La crisis abre un desafío colosal al ejercicio del poder, desata desconfianza en las élites y abre un nuevo flanco a los populistas

"Las democracias llevan tres años retrocediendo, y se han reducido a 116, según calcula la prestigiosa Freedom House, un centro de estudios independiente estadounidense fundado en 1941 que analiza la situación mundial de libertades y democracia. A los factores específicos, nacionales, de cada colapso, se suma ahora un preocupante temblor global: la crisis económica. Incubada y estallada en el seno del capitalismo, se abate ahora sobre el modelo político liberal con agresividad, alimentando frustración popular y evidenciando fragilidades de su sistema de gobierno. A la ineptitud para regular adecuadamente los mercados financieros, los gobiernos democráticos suman ahora tremendas dificultades para paliar el desastre y tomar medidas necesarias pero impopulares. ¿Está a punto de resucitar la historia? (...)

El populismo es una vieja y conocida plaga de las democracias, y los colapsos económicos son su caldo de cultivo preferido. En otras décadas parieron monstruos.

"Yo creo que el mayor impacto de la crisis actual consiste en una profunda transformación interna a los regímenes democráticos", argumenta Krastev. "Somos testigos de un colapso de la confianza en las élites políticas y empresariales y de la emergencia de una nueva oleada populista global. Ahora, las tensiones estructurales en las democracias modernas no son tanto entre izquierda y derecha, sino entre pueblo y élite. Las elecciones están perdiendo su significado de opción entre alternativas y se transforman en procesos a las élites. Así, la democracia ya no es una cuestión de confianza, sino más bien de gestión de la desconfianza", concluye Krastev. (...)

"No es que haya un nuevo entusiasmo por el autoritarismo, pero después de la crisis mucha gente cree que el capitalismo autoritario tiene sus ventajas", considera Krastev. "Aun así, creo que incluso los admiradores del modelo chino tienen sus dudas en imitarlo", coincide.

En el pasado, algunos analistas han considerado provocativamente la diferencia en la tasa de crecimiento de China (10% anual de media en la última década) y de India (6%) como el precio de la democracia. (...)

Las opiniones son volátiles, y un leve cambio de viento económico soplará sin duda hacia arriba ciertas encuestas. Pero hasta entonces, será necesario cuidar un sentimiento más profundo e importante para las sociedades: la pérdida de la sensación de progreso. La revista The Economist le dedicó en diciembre un interesante artículo de portada.

"La idea de progreso es la espina dorsal de una sociedad. En el extremo, sin la posibilidad de progreso, el avance de uno es la pérdida de otro", escribía el rotativo británico. El problema es acuciante en una etapa de alto paro y recorte de derechos sociales. La falta de progreso agudiza el instinto de mors tua, vita mea sobre el que juegan xenófobos y populistas. Quienes intentan dividir las sociedades entre "nosotros" y "ellos", sobre la base de la raza, o de la clase social.

"Esta crisis económica, como todas, dará un nuevo impulso al populismo", comenta en una conversación telefónica Michael Kazin, profesor de Historia de la Universidad de Georgetown. "Lo bueno, en esta ocasión, es que no hay alternativas tan preocupantes como las de los años treinta. Pero incluso si contenidos en el seno de los regímenes democráticos, los movimientos populistas pueden tener efectos sensibles. El Tea Party, en EE UU, creo que afectará sobre todo al Partido Republicano. Pero a través de esa influencia, polarizará la escena política nacional, y cobrará resultados, como ya está haciendo con la reforma de la sanidad", dice Kazin, autor de The populist persuasion: an American History." (El País, ed. Galicia, 27/02/2010, p. 34/5)