Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
15.3.26
Las renovables son la gran oportunidad para España. A corto plazo hay que superar el programa reforzado de ciclos combinados y, a medio plazo, hay que acelerar la electrificación con más inversión y una fiscalidad más favorable a la electricidad frente a las energías fósiles (Carlos Martín Urriza)
Las renovables son la gran oportunidad para España. A corto plazo hay que superar el programa reforzado de ciclos combinados y, a medio plazo, hay que acelerar la electrificación con más inversión y una fiscalidad más favorable a la electricidad frente a las energías fósiles
9:19 p. m. · 14 mar. 2026 ·8.458 Visualizaciones
6.3.26
El crecimiento económico per cápita en España se ha traducido en un aumento de la productividad por hora del 0,7% anual y en un crecimiento del 2% anual de la ratio entre horas trabajadas y población total, y la remuneración real por hora trabajada ha crecido por encima del crecimiento de la productividad por hora, y el peso de las rentas del trabajo en el PIB se ha elevado hasta el 62,5%... algunos factores que podrían explicarlo no son meramente coyunturales, y están relacionados con los cambios en el mercado de trabajo (creación de empleos indefinidos y reducción de la temporalidad, aumento de las ocupaciones técnicas y del empleo en sectores de alto valor añadido y en empresas de mayor tamaño); con un giro de la inversión hacia un mayor peso de los activos intangibles y relacionados con las tecnologías de la información, y un aumento de la actividad innovadora (por ejemplo, patentes) y, finalmente, con el impulso de la inversión pública asociada a los fondos europeos (Jorge Uxó, Un. Complutense)
"Durante más de veinte años, los salarios españoles se "desacoplaron" del crecimiento real de la economía, castigando el poder adquisitivo de los hogares. Sin embargo, los datos recientes revelan un cambio de rumbo. El profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense Jorge Uxó expone cómo la remuneración por hora trabajada ha logrado superar, al fin, al avance de la productividad. ¿Bastarán las políticas actuales para mantener este reparto y asegurar una verdadera "prosperidad compartida"?
España está registrando tasas de crecimiento del producto interior bruto (PIB) muy por encima de la zona euro: 2,8% en 2025, o una media del 3,8% en los últimos cuatro años
(2022-2025, para no incluir los años de la pandemia). Y aún es más
relevante que, en un contexto de aumento de la población (1% anual,
asociado a la entrada de personas migrantes), crezca también el PIB per
cápita (2,7% de media en estos cuatro años), se haya elevado 3 puntos la
tasa de empleo y exista una tasa de paro por debajo del 10%
por primera vez en 17 años. Por comparar con las expansiones anteriores
de este siglo, en los años de la burbuja inmobiliaria (2000-2008) el PIB per cápita creció un 1,8% anual y en la recuperación que siguió a la crisis financiera (2014-2019) lo hizo al 2,4% anual.
¿Está mejorando también la productividad? La reciente publicación del primer Informe Anual del Consejo de la Productividad de España (disponible aquí) es una oportunidad para reflexionar sobre ello.
¿Cómo se reparte el crecimiento del PIB per cápita entre empleo y productividad en España?
Es habitual hablar de crecimiento "intensivo" o "extensivo" para referirse a situaciones en las que el crecimiento se materializa principalmente en aumentos de la productividad por hora, en el primer caso, o de las horas trabajadas, en el segundo. En ocasiones se expresa de forma categórica una preferencia por el crecimiento intensivo, considerándolo mejor que el crecimiento extensivo, pero es necesaria una mayor prudencia.
En los últimos cuatro años, el crecimiento económico per cápita en España se ha traducido en un aumento de la productividad por hora del 0,7% anual y en un crecimiento del 2% anual de la ratio entre horas trabajadas y población total. Pues bien: lejos de confrontar ambas cifras, estas son —conjuntamente— las dos primeras buenas noticias.
Por un lado, el crecimiento del empleo (más personas trabajando y mayor intensidad laboral, por la extraordinaria reducción de la temporalidad) es una de las vías más importantes que permite ampliar las personas que se benefician de los frutos del crecimiento del PIB. Sin el aumento del empleo, esas personas quedarían excluidas de esa mejora. En un país caracterizado históricamente por tasas de paro elevadas, su reducción debe seguir siendo un objetivo prioritario de la política económica. La creación de empleo ha permitido que el porcentaje de hogares con personas activas en los que todas estaban desempleadas se haya reducido en 2,6 puntos a finales de 2025 respecto al que había a finales de 2021, y que el porcentaje de hogares en los que todos sus miembros activos tenían un empleo se haya incrementado en 5,6 puntos. El porcentaje de personas que viven en hogares con baja intensidad laboral —un indicador frecuentemente asociado con el riesgo de pobreza— también se ha reducido: desde el 11,7% en 2021 hasta el 8% en 2025. Todas estas cifras también son mejores que en 2019, antes de la pandemia.
Por otro lado, el crecimiento de la productividad por hora registrado en estos años (0,7% anual) es mayor que el observado durante la burbuja inmobiliaria (0,4% anual) o en el periodo anterior a la pandemia (0,5%). Solo fue más alto durante la Gran Recesión (2009-2013, cuando creció un 2%), pero se debió a la masiva destrucción de empleo y se acompañó de una caída del PIB per cápita. Hablando de crecimiento intensivo o extensivo, de hecho, los últimos años son el periodo de crecimiento en que el aumento de la productividad por hora representa el mayor porcentaje de avance del PIB per cápita (26%, frente al 21% en 2014-2019 y 18% en 2000-2008).
El mayor crecimiento de la productividad tiene, indudablemente, efectos positivos. Por ejemplo, permite alcanzar las mismas tasas de crecimiento del PIB per cápita a la vez que se reduce la jornada laboral (por eso es una mala idea usar el PIB por persona ocupada, en vez de por hora trabajada, para medir los avances de la productividad). Y también es necesario para garantizar un ritmo adecuado de crecimiento una vez que la economía se vaya acercando al pleno empleo, especialmente si el peso de la población en edad de trabajar se reduce.
Aunque todavía es necesario que transcurra más tiempo para confirmar que este mejor desempeño de la productividad se consolida, algunos factores que podrían explicarlo no son meramente coyunturales, y están relacionados con los cambios en el mercado de trabajo (creación de empleos indefinidos y reducción de la temporalidad, aumento de las ocupaciones técnicas y del empleo en sectores de alto valor añadido y en empresas de mayor tamaño); con un giro de la inversión hacia un mayor peso de los activos intangibles y relacionados con las tecnologías de la información, y un aumento de la actividad innovadora (por ejemplo, patentes) y, finalmente, con el impulso de la inversión pública asociada a los fondos europeos.
Que la productividad crezca es importante, pero no suficiente para que las familias se beneficien del buen desempeño macroeconómico: además, debe repartirse adecuadamente. Para la mayoría de los hogares, las rentas del trabajo son la fuente principal de sus ingresos. Por tanto, la traducción de los crecimientos de la productividad en crecimientos de los salarios es muy relevante para que podamos hablar, realmente, de una "prosperidad compartida".
Es un hecho conocido que la tendencia más o menos paralela que habían seguido la productividad y los salarios durante buena parte del siglo XX en las economías desarrolladas se quebró a partir de los años ochenta de ese siglo. Aunque en la literatura académica hay debate sobre sus causas, lo cierto es que los salarios se "desacoplaron" desde entonces del crecimiento de la productividad y las rentas del trabajo perdieron peso en la renta nacional. España no ha sido una excepción.
Fijándonos en este siglo, los datos que ofrece AMECO muestran que el peso de las rentas del trabajo en el PIB pasó del 65% en el año 2000 al 59% en 2017, cuando alcanzó su punto más bajo. Es decir: durante estos años, los crecimientos de la productividad solo se tradujeron (muy) parcialmente en mejoras salariales.
La tercera buena noticia (aunque aún insuficiente) es precisamente el cambio que se observa en esta tendencia: en los años 2018 a 2025, la remuneración real por hora trabajada ha crecido por encima del crecimiento de la productividad por hora, y el peso de las rentas del trabajo en el PIB se ha elevado hasta el 62,5% (una cifra que es todavía inferior a la registrada a principios de siglo).
Aún no disponemos de suficientes datos para poder afirmar categóricamente cuáles son las causas de este cambio de tendencia, pero las políticas laborales desplegadas estos años han podido jugar nuevamente un papel relevante (en particular, la subida del SMI y la reforma laboral para reducir la temporalidad) junto al mayor peso de las ocupaciones técnicas —mejor remuneradas— en el empleo que se ha creado. Estos factores han compensado, a partir de 2023, la reducción de los salarios reales durante la crisis inflacionista, cuando las empresas trasladaron a sus precios finales los aumentos en los costes de la energía y materias primas (manteniendo o aumentando los márgenes de beneficios).
Tres desafíos para consolidar la productividad y su reparto
Los datos que hemos presentado hasta aquí reflejan que el panorama de la productividad ha cambiado a mejor en España en estos últimos años. Lejos de la complacencia (nuestra productividad sigue siendo aproximadamente el 77% de la de media de la zona euro), el reto para los años que vienen es consolidar este cambio mediante las políticas públicas adecuadas. En este sentido, cabe destacar tres desafíos especialmente relevantes.
En primer lugar, la inversión empresarial ha sido uno de los componentes de la demanda que ha registrado un menor dinamismo en estos años. Esto es en cierta medida sorprendente, porque, aunque las empresas contaban con capacidad productiva todavía sin utilizar, ocurre en un contexto de fuerte expansión de la demanda. Además, el sector de sociedades no financieras ha acumulado en estos años recursos, producto de los beneficios obtenidos, que se han dedicado a reducir la deuda o adquirir activos financieros antes que activos productivos. Por eso cabe valorar positivamente iniciativas como el anunciado fondo público soberano España Crece, vinculado a los fondos europeos, en la medida en que puedan servir de marco estratégico estable para un relanzamiento de la inversión hacia sectores especialmente relevantes.
El segundo desafío tiene que ver con la inversión pública, que ha tenido en estos años un mejor desempeño que la privada, gracias al impulso de los fondos europeos. Sin embargo, sigue situándose por debajo de la media europea en porcentaje del PIB, por lo que en los próximos años debe mantenerse este esfuerzo inversor. En este sentido, los PERTE son un instrumento novedoso de política industrial cuya continuidad puede ser útil para dirigir recursos hacia sectores con un mayor potencial de cambio estructural y crecimiento de la productividad. Por eso es tan relevante evaluar su diseño, su gobernanza y su impacto final sobre la productividad y la inversión productiva privada.
Por último, para que los crecimientos de la productividad se traduzcan realmente en mejoras para la mayoría de la población, es necesario romper con el estancamiento que los salarios reales han sufrido en las últimas décadas. La experiencia pasada nos enseña, sin embargo, que no se puede dar por seguro que el aumento de la productividad se traslade, en la misma medida y de forma automática, a mayores salarios o menores jornadas laborales. Cualquier estrategia para incrementar la productividad debe ir acompañada por políticas públicas para seguir favoreciendo su reparto adecuado."
(Jorge Uxó , Un. Complutense, Agenda Pública, 05/03/26)
19.2.26
El inexistente Apocalipsis. La positiva capacidad de la economía española... destaca la robustez de la economía española en un contexto geopolítico convulso... las causas: el crecimiento económico y la reducción del déficit... En los últimos cinco años, el verdadero motor de las exportaciones españolas de bienes ha sido la industria química. No se trata de una casualidad ni de un simple arrastre por tendencias globales, sino de una ganancia real de cuota en los mercados internacionales. Esta evolución demuestra la importancia de la estrategia frente al azar en la consolidación de España en sectores dinámicos. En resumen, la Universidad de Harvard considera alentador el patrón exportador actual, ya que la mayor parte del crecimiento procede de productos de complejidad media y alta, con especial protagonismo de los bienes intermedios y farmacéuticos. Dadas sus exportaciones actuales, algunos de los sectores con mayor potencial para la diversificación productiva en España son la maquinaria industrial y la maquinaria y equipos eléctricos. Avanzar en la diversificación y complejidad de la estructura productiva permitirá a la economía española gozar de salarios reales más altos... la economía española ha sabido navegar, de manera que ha sido —y es— observada como un modelo en política económica desde espacios mediáticos y políticos en Italia, Francia, Alemania y el Reino Unido... los factores esenciales que destacan son: el crecimiento potente del PIB, la diversificación económica (los servicios no turísticos con cuota exportadora), el gran dinamismo del mercado laboral, la efectiva atracción para los inversores extranjeros, la confianza en los mercados financieros y la relevancia de la economía turística (Carles Manera)
"Carles Manera: El inexistente Apocalipsis. La positiva capacidad de la economía española
ENERO 2026
Resumen
Desde plataformas mediáticas conservadoras se han ido publicando análisis económicos que destacan una situación calamitosa de la evolución económica de España, con un vector clave de divulgación: la mala actuación del Gobierno de coalición en política económica, reflejada —se indica— en las nega tivas cifras de la evolución del PIB per cápita. Estos apuntes aguantan poco el espejo implacable de los datos, pero han sido recogidos por los voceros de la oposición política, por boca del líder de la derecha conservadora. El presente trabajo persigue contrarrestar esas afirmaciones, a partir de la presentación y el análisis de variables de toda solvencia, de manera que se destaca la robustez de la economía española en un contexto geopolítico convulso.
1. Introducción
Desde plataformas mediáticas conservadoras se han ido publicando análisis eco nómicos que destacan una situación calamitosa de la evolución económica de España, con un vector clave de divulgación: la mala actuación del Gobierno de coalición en política económica, reflejada en las negativas cifras de la evolución del PIB per cápita. Estos apuntes, que aguantan poco el espejo implacable de los datos, han sido recogidos por los voceros de la oposición política, por boca del líder de la derecha conservadora, Alberto Núñez-Feijóo. Se habla, entonces, de que 2025 cierra el “peor año de la democracia” (sic), con frases incendiarias que hablan del “colapso del sanchismo” (sic), de su año final1. Una hiperventilación exacerbada, sin que se aporte dato alguno. De nuevo, cabalgan para las derechas los jinetes del Apocalipsis, abocados a destruir todo lo que se les cruza, espoleados por una retórica tremendista que vomita de manera reiterada todo tipo de mensajes fatalistas, corrosivos, de un pretendido final de ciclo que dará paso, ahora sí, al nirvana de la gran recuperación de la mano de unas formaciones ultraconservadoras cuya política económica propositiva es, lo afirmamos sin tapujos, meridianamente desconocida. Un erial. Estamos, una vez más, ante una cuestión de fe. Podemos intuir, sin embargo, por dónde irían los caminos de una alianza de las derechas para gobernar España si oteamos lo que están desplegando en las comunidades autónomas donde ya tienen responsabilidades de gestión: reducción de impuestos a las rentas altas y procesos graduales de privatización de servicios públicos estratégicos, como la sanidad y la educación. Ese es el frontispicio en el que, además, se habla de una excesiva presión fiscal en España, y ello se vincula a una mala gestión de la economía pública. Otra afirmación que no se sustenta en la realidad.
Frente a esos asertos, debemos acudir a los datos oficiales: los que ofrecen instituciones respetables, tanto nacionales como internacionales, variables que deberían conocer los propagadores de ese infierno que describen. Si no saben de esas cifras, su ignorancia es supina; si las conocen —nos tememos que sí—, entonces esa fe a la que aludíamos se convierte en algo distinto: en mala fe, en tergiversación, en mentira, en bulo. Y todo ello les invalida. Nada, por otra parte, que no conozcamos ya.
2. Una economía robusta
Dejemos que los caballos apocalípticos sigan relinchando. Y vayamos a las magni tudes económicas centrales. Empecemos con el último informe del Banco de España sobre previsiones económicas para 2026, presentado en diciembre de 20252. Se señala un crecimiento del PIB esperado del orden del 2,2 %, tras un cierre previsto para 2025 del 2,9 %. Una economía sólida que crece por encima de la media de la eurozona. Una segunda variable, la inflación, se estima en el 2,1 % para 2026, de manera que se acerca al objetivo determinado por el Banco Central Europeo del 2 %. En paralelo, el mercado laboral crea empleo: este es un gran motor del crecimiento —con 21,8 mi llones de afiliados a la Seguridad Social—, que no excluye aumentos salariales en 2026; la tasa de paro previsible: 10 %, descendiendo desde el dato de 2025 (10,6 %). Otros dos vectores, el déficit público y la deuda, aportan guarismos importantes. En relación con el primero, se prevé una reducción hasta el 2,1 % sobre el PIB, desde la cifra del 2,5 % para 2025; en cuanto al segundo, la deuda pública puede ubicarse por debajo del 100 % sobre el PIB en 2026. Las causas: el crecimiento económico y la reducción del déficit.
Diversos análisis procedentes de servicios de estudios van en la misma dirección. A título de muestra, CaixaBank Research expone el repunte del consumo privado, la fortaleza del mercado laboral y la moderación de la inflación, junto con la revisión al alza de los cálculos sobre el PIB, como elementos explicativos de la perspectiva ma croeconómica española: las nuevas estimaciones plantean un escenario positivo para la economía, con la demanda interna como primordial motor3. En líneas similares, tenemos los informes de FUNCAS y de BBVA4. Por su parte, AIReF señala que la economía española crecerá en torno al 2 % en 2024 y que el déficit público se reducirá hasta el 3 % sobre PIB5.
Los datos presentados por el regulador español se alinean con los publicados por otras entidades internacionales de referencia, tal y como se comprueba en la tabla 1. Las cifras correspondientes al PIB per cápita, un tema que ha suscitado enorme revuelo, habida cuenta de que se ha afirmado que el PIB per cápita se encuentra congelado al nivel de 2019, manifiestan, a partir de la base de datos de Eurostat, que esa hibernación no parece nada clara si se consultan la tabla 2 y los gráficos 1 y 2. En el apartado de euros constantes, y adoptando como índice base 2020, el avance es notable desde 2021, con un crecimiento previsible del 25 % para 2025 (con variables del FMI todavía provisionales en este último caso, y a la espera del dato estadístico que divulgue Eurostat).
Las comparaciones con medias comunitarias permiten observar varios factores (véanse gráficos 3 y 4):
El crecimiento del PIB per cápita en euros constantes, con base 100 en 2020, señala el mayor avance de la economía española con relación a la UE-27. La recuperación poscovid ha sido más intensa en el caso de España.
Ahora bien, si adoptamos el criterio de paridad de poder adquisitivo (PPA), se constata que España se encuentra a ocho puntos de la media comunitaria, si bien se corrobora la recuperación a la que remitíamos antes desde 2020. Es decir, se ha ido aproximando al nivel medio de los países de la eurozona.
3. Sobre la redistribución de la renta 6
Los datos anteriores deben sumarse a los disponibles sobre la distribución funcional de la renta entre salarios, beneficios y rentas7. Esto condiciona profundamente la distribución de la renta disponible personal, porque cada renta funcional se asocia a un grupo de población: el trabajo es la principal fuente de ingresos de la mayoría de los hogares; las rentas y los beneficios lo son únicamente para los más ricos, que acaparan casi la totalidad de aquellos, aunque en el capitalismo moderno las capas sociales más privilegiadas también perciben los salarios más altos, un fenómeno que Branko Milanovic denominó homoploutia y que contribuye asimismo a explicar el incremento de la desigualdad interpersonal de la renta8. La distribución funcional también afecta a la personal por vías indirectas, como a través de la tasa de crecimiento del PIB, el empleo, el endeudamiento de los hogares, etc.
Por todo ello, la caída de la participación de los trabajadores en la renta se asocia con un aumento de la desigualdad de la renta personal y de la riqueza. En el mundo occidental, así ha ocurrido desde los años setenta, y de manera especialmente destacada en España, donde dicha participación ha descendido unos 14 puntos porcentuales del PIB a precios de factores desde mediados de los años setenta. Este descenso implica que los salarios reales han crecido a un ritmo inferior al de la productividad real por ocupado. En conjunto, puede deducirse que la caída de la participación salarial en el VAB desde 2010 ha contribuido al aumento de la desigualdad personal. Ahora bien, la participación salarial en la renta aporta informaciones de interés, como se recoge en el gráfico 5.
La participación de los salarios cayó notoriamente durante la Gran Recesión. Con la recuperación de tasas positivas de crecimiento económico y la creación de empleo a partir de 2014, la caída del wage share en España se frena, y este permanece estable hasta que inicia una etapa de crecimiento en 2019. A partir de este año, se observa un cambio de tendencia significativo: la participación de la remuneración de los asalariados aumentó con fuerza, impulsada por la recuperación del empleo, el dinamismo del salario mínimo interprofesional y la reducción de la temporalidad tras la reforma laboral. En los años 2021 y 2022, sin embargo, la participación de los salarios volvió a caer debido, en buena parte, al proceso inflacionario que siguió a la crisis de la COVID-19. En 2023, los salarios nominales aumentaron considerablemente, lo que supuso una recomposición parcial de la distribución funcional de la renta a favor del trabajo, aunque sin revertir completamente las pérdidas acumuladas durante 2021 y 2022. Hablamos, entonces, de mejoras en la capacidad de consumo del factor trabajo, un elemento clave que nos acerca a aspectos más microeconómicos9.
Ahora bien, en cuanto a la distribución personal de la renta, la desigualdad en España es sensiblemente superior a la media de la Unión Europea. La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), oficial para el conjunto de la UE-27, sitúa a España entre el cuarto y el octavo puesto de los países más desiguales en el período 2014-2023. La regresión a estas posiciones se explica por los efectos de la crisis de 2008-2014 y su gestión: la desigualdad se disparó hasta niveles muy elevados, tanto por la fuerte caída de las rentas más bajas y la progresiva pérdida de peso de las rentas medias como por la resiliencia de las rentas altas. Todo ello revirtió los avances en la movilidad intergeneracional de ingresos, lo que hizo descender a España hasta el tramo medio-bajo a escala global. Por tanto, la desigualdad es contracíclica: aumenta de forma intensa durante las crisis económicas y disminuye más lentamente y con cierto retraso como subproducto del crecimiento económico.
Los gráficos 6 y 7 señalan un desafío claro para la economía española: la sociedad padece más la pobreza que la europea. Esto también lo indica la tasa de población en riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE, por sus siglas en inglés)10. No obstante, la tasa ha caído desde la pandemia, en línea con el índice Gini, y presenta una tendencia generalmente descendente desde que la economía comenzó a experimentar tasas de crecimiento económico positivas. Lo macro impacta en lo micro.
Las contribuciones que se han presentado se visualizan con claridad en las previsiones para 2025 y 2026, con el contraste entre España, su espacio geoeconómico y algunos de los países más relevantes en la economía europea. Esto es lo que se expresa en el gráfico 8.
Los datos son incuestionables: desde instituciones comunitarias y desde el FMI, se indica que el crecimiento económico español, tanto para 2025 como en el esperado para 2026, va a superar con creces la media de la UE-27, y va a ser más consistente que las cifras recogidas para Alemania, Francia e Italia. España es, por tanto, la economía más dinámica del entorno europeo, y esto es lo que ha promovido comentarios elogiosos desde ámbitos dispares en Italia, el Reino Unido y Francia. Las características fundamentales de este crecimiento diferencial las hemos expuesto en otro lugar —al que remitimos—, con una importante batería de datos oficiales, de carácter nacional e internacional11.
Siguiendo con las comparativas que se han señalado en las extemporáneas declaraciones que se han ido divulgando, la afirmación de que España es un país con enormes impuestos, un “infierno fiscal” (sic)12, según dirigentes y economistas conservadores (abonados a la fallida curva de Laffer todavía13), el gráfico 8 es ilustrativo de la falsedad de esas aseveraciones.
La cifra española está por debajo de naciones de referencia —que siempre se invo can— y, en el gráfico, está por encima de Estados Unidos y del Reino Unido, dos países —sobre todo el primero— que, desde la década de los ochenta, se han definido como los principales artífices de los recortes tributarios a las rentas más elevadas, con claras con secuencias negativas en sus servicios públicos. Y con desenlaces no deseados: aumentos del déficit público y de la deuda. Laffer en estado puro. Por otro lado, desde el ámbito de la economía financiera, los datos son positivos, tal como se recogen en dos indicadores básicos: la prima de riesgo de la deuda española en relación con el bono alemán a diez años y la evolución del mercado bursátil. Esto se dibuja en los gráficos 9, 10 y 11.
El descenso de la prima de riesgo para España es palmario; lo es desde junio de 2012, tras la declaración solemne de Mario Draghi, entonces presidente del Banco Central Europeo. Pero esa variable ha ido perdiendo fuerza a partir de 2022, y su contraste con otros países determinantes de la Unión Europea delata el grado de confianza y solvencia que provoca la deuda española en los mercados financieros14.
En paralelo, la evolución de la bolsa en su índice primordial, el IBEX-35, ha registra do un incremento notable en el cierre de 2025 (superando, según Bloomberg, al EURO STOXX y al S&P 500), en una senda de empuje desde 2023 y tras una etapa complicada entre 2020 y 2022 por la crisis vírica y el estallido de la guerra de Ucrania. El aumento del valor agregado del índice es cercano al 50 % en 2025 respecto a 2024; y del 81 % si la referencia es 2015, una década atrás. Se trata, por tanto, de un indicador clave de los beneficios empresariales y de la confianza inversora.
5. Una sólida economía destacada en el contexto internacional
Los datos expuestos demuestran, una vez más, que las visiones catastrofistas sobre la economía española tienen escaso fundamento, y obedecen más a planteamientos ideológicos que científicos. Tales ideas, además, se enfrentan no solo a lo que exponen las estadísticas oficiales, sino que también chocan contra lo que se está señalando, desde Europa, sobre la solidez y relevancia de la economía española. Sin embargo, sería importante adoptar más medidas valientes que sigan trasladando lo macro a lo micro para dar el impulso que necesitan los años de legislatura que restan hasta 202715. Así, la vivienda —que exige mayor claridad y contundencia para frenar y contener sus altos precios, consecuencia de una escasa oferta pública de vivienda de alquiler social—, las pensiones —que vuelven a ser objetivo de ataques por parte de intereses que buscan su privatización recurriendo al falso e interesado argumento del “enfrentamiento generacional”—, la prestación universal para la crianza —que contribuya a mitigar la pobreza infantil que sufre España—, los impuestos a los muy ricos —que permitan hacer realidad la fiscalidad que necesita un Estado de bienestar propio de un país moderno y avanzado—, la sanidad y la enseñanza públicas —que sufren la asfixia de las comunidades autónomas que gobiernan las derechas de este país—. Un empuje decidido en lo que queda de legislatura, que completaría y daría sentido a los aciertos del Gobierno en la gestión macro de la economía. Un aspecto que, como señalábamos, se resalta en la esfera internacional. Unas muestras representativas:
— En la BBC se afirma que la economía española es la “envidia de Europa […] tiene el mejor desempeño del mundo” (10 de febrero de 2025).
— En el Global Finance Magazine y The Economist: “España: campeona tras la pospandemia” (25 de junio de 2025).
— El FMI sitúa a España como la gran economía avanzada que más crece (14 de octubre de 2025).
— En el Financial Times (27 de diciembre de 2025) se indica que “España reduce diferencias de deuda y atrae la confianza de los inversores”.
— Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea: España es ahora “una potencia económica, como la segunda economía turística más avanzada del mundo”, así como “una pionera en energías renovables y transporte sostenible […] ha ayudado a Europa a convertirse en líder mundial en energías renovables” (El Periódico, 1 de enero de 2026).
Los factores esenciales que se destacan de la economía española en estas informaciones económicas de alta divulgación son: el crecimiento potente del PIB, la diversificación económica —los servicios no turísticos, con cuota exportadora; véase el gráfico 14—, el gran dinamismo del mercado laboral, la efectiva atracción para los inversores extranjeros, la confianza en los mercados financieros y la relevancia de la economía turística —la evolución de la llegada de turistas se representa en el gráfico 13—.
En efecto, en los últimos años, la economía española está experimentando transformaciones que merece la pena destacar. Según el enfoque de la complejidad económica, impulsado desde la Universidad de Harvard, la prosperidad de un país depende en gran medida de su capacidad para sofisticar su estructura productiva. De hecho, los países que albergan una gran diversidad de conocimientos productivos, en particular conocimientos especializados y complejos, son capaces de producir una amplia variedad de productos sofisticados que los otros países no pueden fabricar. Se ha comprobado que la complejidad de las exportaciones de un país predice en gran medida sus niveles actuales de renta o, cuando la complejidad supera lo esperable para su nivel de renta, que el país experimente un crecimiento más rápido en el futuro. Además, la complejidad productiva está estrechamente vinculada a la innovación, la reducción de las desigualdades y la transición hacia sociedades más sostenibles en lo social y en lo ecológico.
Sobre estas bases, la estructura productiva española sigue marcada por sectores de baja complejidad como el turismo y la construcción; sin embargo, entre 2020 y 2023 (último año con datos disponibles), España ha mejorado su posición en la clasificación mundial de complejidad económica (según el Atlas of Economic Complexity, de la Universidad de Harvard)16, pasando del puesto 41 (con un índice de 0,53) al 34 (0,61). Es decir, ha avanzado siete posiciones en tres años. Esto sugiere que se está produciendo una transformación relevante en su estructura productiva. En los últimos cinco años, el verdadero motor de las exportaciones españolas de bienes ha sido la industria química. No se trata de una casualidad ni de un simple arrastre por tendencias globales, sino de una ganancia real de cuota en los mercados internacionales. Esta evolución demuestra la importancia de la estrategia frente al azar en la consolidación de España en sectores dinámicos. En resumen, la Universidad de Harvard considera alentador el patrón exportador actual, ya que la mayor parte del crecimiento procede de productos de complejidad media y alta, con especial protagonismo de los bienes intermedios y farmacéuticos. Dadas sus exportaciones actuales, algunos de los sectores con mayor potencial para la diversificación productiva en España son la maquinaria industrial y la maquinaria y equipos eléctricos. Avanzar en la diversificación y complejidad de la estructura productiva permitirá a la economía española gozar de salarios reales más altos.
En relación con esta temática, los gráficos 13 y 14 suponen sendas consideraciones. En primer término, la potente evolución del turismo desde 2020, tras el hundimiento por la pandemia, hasta llegar a cifras récord en 2025. Esto debe leerse en clave positiva —toda vez que el turismo representa cerca del 14 % del PIB nacional, y sigue siendo un sector relativamente poco considerado por la economía aplicada—, ya que el turismo de masas es capaz, también, de incentivar diversificaciones en el seno del sector terciario de la economía. Pero también existe un registro negativo, habida cuenta de las externalidades de todo tipo que está provocando la actividad turística y sus derivadas (entre estas, el incremento en los precios de la vivienda en zonas tensionadas turísticamente, junto con procesos de gentrificación). En este punto, los impactos ecológicos del turismo en España se han ido analizando, con la determinación de que urgen formas de contención en la venida de visitantes y de contrasaturación en las áreas más congestionadas17. En segundo lugar, el provechoso desempeño de las exportaciones de servicios no turísticos, un factor que, como decíamos, confirma un cierto grado de diversificación de la economía en actividades con mejores valores añadidos. Estas exportaciones, desde 2020, se han incrementado en más del 80 %, y sería importante conocer —con investigaciones específicas— el grado de correlación entre ese potente desarrollo y los proyectos Next Generation EU, al margen de otras iniciativas que se hayan impulsado en relativamente poco tiempo.
6. Conclusión: combatiendo las falacias económicas
Los datos más importantes que se han aportado en este trabajo, provenientes de bases estadísticas públicas y privadas, pero todas ellas de consulta obligada para la economía aplicada, han sido los siguientes:
1. Crecimiento del PIB, 2025-2026.
2. Inflación, 2026.
3. Afiliación a la Seguridad Social, 2025.
4. Tasa de paro, 2025-2026.
5. Déficit público, 2026.
6. Deuda pública, 2026.
7. PIB per cápita, 2010-2021 (euros corrientes y constantes).
8. Comparativa PIB per cápita con países europeos (euros constantes). 9. PIB per cápita en paridad del poder adquisitivo.
10. Remuneración de los asalariados en España, 2000-2023.
11. Índice de Gini, España, UE-27, 2007-2023.
12. Tasa AROPE, España, UE-27, 2017-2023.
13. Presión fiscal España y países OCDE, 2025.
14. Prima de riesgo España y otros países, 2025.
15. Prima de riesgo España, 2017-2025.
16. Cierre cotizaciones bursátiles IBEX 35, 2015-2025.
17. Clasificación de complejidad económica de España.
18. Llegadas de visitantes a España, 2015-2025.
19. Evolución de las exportaciones de servicios no turísticos, 2015-2025.
Las instituciones consultadas: AIReF, Banco de España, CaixaBank Research, Co misión Europea, Eurostat, Financial Times, Fondo Monetario Internacional, FUNCAS, Fundación BBVA, Instituto Nacional de Estadística, OCDE y Universidad de Harvard.
Diecinueve indicadores sustanciales con un rasgo común, y esta es la principal conclusión que se debe extraer, con datos en mano: son positivos para la economía española en diecisiete de ellos —y en los dos restantes se patentizan mejoras desde 2020, y constituyen un toque de atención para el Gobierno—, tanto en los últimos años que se han podido observar como en las previsiones anotadas para 2026. Estas magnitudes señalan un corolario más que evidente: no denotan el retroceso económico y el catastrofismo derrotista que se predica desde amplios espacios de las derechas y de la economía más conservadora. No hay un cielo apocalíptico que nos cubra, más allá de la incertidumbre que preside la economía mundial, un grado de inestabilidad propiciado por las tensiones geopolíticas en las que, urge remarcarlo, la economía española ha sabido navegar, de manera que ha sido —y es— observada como un modelo en política económica desde espacios mediáticos y políticos en Italia, Francia, Alemania y el Reino Unido. Mientras tanto, aquí, el griterío y las palabras gruesas —que incluyen insultos gravísimos y la deshumanización de los adversarios políticos— opacan la posibilidad de que sus ejecutores ofrezcan otra hoja de ruta para la economía española. Esta se ha instalado, en las comunidades autónomas en las que gobiernan las derechas, en el mantra económico de siempre: la reducción de los impuestos a los más pudientes; la privatización de servicios públicos —ejercicio realizado de forma gradual, pero tangible—; la negación de realidades incontrovertibles, como las consecuencias letales del cambio climático, la vacunación o la violencia de género, y los retrocesos en políticas sociales y culturales. No hay más política, entonces, que las actitudes crispantes, que buscan polarizar y persiguen una equidistancia inexistente —en la que suele caerse—: una politiquería en la que la economía —en el sentido aristotélico— no existe. Desde esos ángulos que destilan una constante animadversión, la Política, con mayúsculas, ni está ni se la espera.
1 A título ilustrativo:
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/espana/2025/12/29/feijoo-enume
ra-diez-fracasos-peor-gobierno-historia-democratica-2025/00031767006230537562596.htm
2
(https://www.bde.es/wbe/es/publicaciones/analisis-economico-investigacion/proyecciones
macro-informe-trimestral/proyecciones-e-informe-trimestral-de-la-economia-espanola-diciembre
2025.html)
3 Véase Informe mensual, 487, marzo de 2024; y 488, abril de 2024. 4 FUNCAS, Previsiones económicas para España, 2024-2025, abril de 2024 (https://www.funcas. es/wp-content/uploads/2024/04/Previsiones-economicas-para-Espana-2024-2025-abril-2024. pdf); BBVA, Previsiones económicas, marzo de 2024 (https://www.bbva.com/es/economia-y finanzas/economia/macroeconomia/previsiones-economicas/). 5 Véase https://www.airef.es/es/noticias/la-airef-preve-que-la-economia-crecera-un-2-en-2024- y-el-deficit-bajara-al-3-del-pib/
6 Agradezco al profesor José Pérez-Montiel la proporción de datos e informaciones para la redacción de este apartado. 7 Sobre esto, véase José Pérez-Montiel, Carles Manera, Ferran Navinés y Javier Franconetti, “Cri tical globalisation: Productive capacity and capital productivity in the United States, 1945-2020”, The Economic and Labour Relations Review, 35(1), pp. 66-78. Sigo también la reciente investigación de Jacobo Ferrer y José Pérez-Montiel, “La evolución de la distribución de la renta en España”, en
9 Otros elementos ilustrativos proceden del Banco de España
(https://www.bde.es/wbe/es/
publicaciones/analisis-economico-investigacion/proyecciones-macro-informe-trimestral/proyecciones
e-informe-trimestral-de-la-economia-espanola-diciembre-2025.html):
• El vigor de la financiación de vivienda y de consumo continuó impulsando el crecimiento del crédito a hogares.
• El repunte de la financiación a las empresas.
•
Los índices de gestores de compras (PMI) tienen un buen comportamiento
en el cierre de 2025, tanto en manufacturas como en servicios, junto
con un incremento de la facturación empresarial según EBAE.
• La tasa de ahorro está a niveles elevados, del orden del 11,8 %.
•
Se aprecia un incremento de los ingresos públicos del orden del 8 %
interanual. 10 La tasa AROPE se define como la proporción de habitantes
que se encuentran en una o más de las tres situaciones siguientes:
riesgo de pobreza relativa, hogares con ingresos por debajo del 60 % de
la renta mediana de la población; carencia material grave (población
que no puede permitirse consumir bienes y servicios considerados
deseables o esenciales para llevar una vida adecuada), y hogares con
baja intensidad de trabajo (en los que la mayoría de los miembros en
edad y disposición de trabajar —personas de entre 18 y 59 años,
excluyendo a quienes tienen entre 18 y 24 años y están estudiando— no
trabajan o trabajan muy poco). Estos indicadores son los utilizados por la Unión Europea para realizar el seguimiento del
cumplimiento de los objetivos de pobreza y exclusión social de la
Agenda 2030.
11 Carles Manera, “Sobre la reciente evolución económica de España”, en José Félix Tezanos y Constanza Tobío (eds.), España 2025. Estructura económica y desigualdades, Madrid, CIS, 2025, pp. 9-31. 12 https://www.abc.es/economia/ano-hacienda-recibe-200000-reclamaciones-resuelve-favor 20251224000507-nt.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F. 13 Como justificación de la curva, José Félix Sanz-Sanz, “La curva de Laffer ¿mito o realidad? Discusión, modelización y evidencias en el IRPF español”, Papeles de Economía Española, núm. 154, 2017, pp. 179-197. Los trabajos académicos que cuestionan e invalidan la curva son abundantes; a título de ejemplo, cito el más canónico: Peter Diamond y Emmanuel Saez, “The case for a progresive tax: from basic research to policy recommendations”, Journal of Economic Perspectives, 25(4), 2011, pp. 165-190. Los informes de la OCDE de 2010, 2012 y 2018, indican que en países avanzados los tipos impositivos están muy por debajo del punto de recaudación máxima. A su vez, se asevera que subir impuestos progresivos aumenta los ingresos sin dañar el crecimiento. Y se concluye que la curva de Laffer no es relevante para la mayoría de los impuestos reales. Por su parte, el FMI, en su informe de 2015, señala que bajar impuestos a los más ricos no impulsa el crecimiento, y que los recortes fiscales a los más ricos empeoran los balances públicos e incrementan la deuda.
14 El rating de la deuda española, en su calificación más reciente, es A+ en S&P (12 de septiembre de 2025); A3 en Moody’s (26 de septiembre de 2025), y A en Fitch (26 de septiembre de 2025). Calificaciones consideradas estables y muy positivas. Los datos se han tomado de: https://es.finance. yahoo.com/noticias/fitch-eleva-calificaci%C3%B3n-espa%C3%B1a-panorama-211827307.html; y https://datosmacro.expansion.com/ratings/espana.
15 Reproduzco los argumentos de Carles Manera y Jorge Fabra Utray, “El gran acoso”, Eco nomistas Frente a la Crisis, 17 de diciembre de 2025 (https://economistasfrentealacrisis.com/el gran-acoso/).
16 Se trata de una clasificación de los países basada en el grado de diversificación y complejidad de su cesta exportadora. La complejidad económica de un país se calcula a partir de la diversidad de los productos que exporta y de su ubicuidad, es decir, del número de países capaces de producirlos (y de la complejidad de dichos países). Véase: https://direct.mit.edu/books/oa-monograph/3014/ The-Atlas-of-Economic-ComplexityMapping-Paths-to.
17 Sobre esto, estamos trabajando en una investigación sobre la intensidad turística y la satu ración: Carles Manera y Elisabeth Valle, “Global Tourism Intensity (1995-2022): Methodological Update and the First Regional Application to the Autonomous Communities of Spain”. Véanse también de los dos autores citados, “Tourist intensity in the world, 1995-2015: two measurement proposals”, Sustainability, 10(2), publicado en línea en 2018, 4546. Carles Manera y Antònia Mo rey, “The growth of mass tourism in the Mediterranean, 1950-2010”, Journal of Economics and Finance (IOSR-JEF), 2019, 7(4), pp. 84-91. Sobre nuevas métricas para el turismo de masas, que contemplan las externalidades ambientales: Carles Manera, Eloi Serrano, José Pérez-Montiel y Màrian Buil-Fàbrega, “Construction of Biophysical Indicators for the Catalan Economy: Building a New Conceptual Framework”, Sustainability, 13, 2020, 7462; y Carles Manera, José Pérez-Montiel y Ferran Navinés, “Non chrematistic indicators and growth in the Balearic Islands, 2000-2015”, Symphonya. Emerging Issues in Management, 1, 2021, pp. 85-99.
(Carles Manera, Catedrático de Economía e Historia Económica, Universidad de las Islas Baleares , Sistema, nº 275, enero, 2026)
¿Cómo dejó de ser España la economía europea con más paro? Que Finlandia tenga hoy más paro que España no es una prueba de fortaleza del modelo mediterráneo sobre el escandinavo. Se trata de una pista sobre cómo se está transformando la economía europea... El tipo de actividades que generaron empleo durante años está cambiando, empujado por la digitalización, la transición energética y la reorganización de los procesos productivos. No todas las economías se adaptan del mismo modo... En economías más intensivas en industria, como Finlandia, la adaptación se traduce antes en aumento del paro... El modelo español refleja una mayor capacidad para sostener el empleo en momentos de transición, gracias al peso de sectores intensivos en mano de obra y a un ajuste más flexible del tiempo de trabajo... Desde la perspectiva de la política económica española, la comparación con Finlandia sugiere tres líneas de actuación claras. En primer lugar, reforzar las políticas activas de empleo orientadas a la transición, facilitando que los trabajadores se desplacen con mayor rapidez entre sectores... avanzar en una estrategia de crecimiento que eleve la productividad de forma sostenida, apoyándose en inversión, organización del trabajo y capital humano, y no solo en la contención de costes laborales. Y, en tercer lugar, complementar los objetivos tradicionales de empleo con un seguimiento sistemático de indicadores como horas trabajadas, vacantes y productividad... Además, en una economía como la española, marcada por el envejecimiento de la población y por la coexistencia de vacantes sin cubrir y empleo de baja productividad, la inmigración no es solo una cuestión social, sino también productiva. La inmigración refuerza sectores con escasez de mano de obra, facilita la transición hacia actividades de mayor valor añadido y alivia las tensiones en el mercado laboral sin presionar a la baja la calidad del empleo (Iñaki Aliende)
"Que Finlandia tenga hoy más paro que España no es una prueba de fortaleza del modelo mediterráneo sobre el escandinavo. Se trata de una pista sobre cómo se está transformando la economía europea.
En
las últimas décadas, la comparación entre los mercados laborales del
norte y del sur de Europa se ha mantenido estable. Países como Finlandia
han combinado tasas de paro reducidas con niveles elevados de
productividad y una fuerte especialización industrial, mientras que España ha destacado por un desempleo alto, incluso en fases de crecimiento.
Esta divergencia es estructural y refleja diferencias en modelos
productivos, instituciones laborales y respuesta ante los ciclos
económicos. Por eso, el hecho de que en el momento actual
Finlandia registre una tasa de paro superior a la española no constituye
un simple dato llamativo, sino una ruptura parcial de un
patrón histórico que invita a analizar cómo se están ajustando hoy las
economías europeas ante el ciclo económico internacional.
Las economías europeas siguen creciendo, pero están inmersas en un proceso de transformación. El tipo de actividades que generaron empleo durante años está cambiando, empujado por la digitalización, la transición energética y la reorganización de los procesos productivos. No todas las economías se adaptan del mismo modo.
Que el paro aumente no siempre significa que falte trabajo. En algunos casos, lo que ocurre es que hay empleo disponible, pero no encaja fácilmente con las personas que lo buscan. Esto es lo que se conoce como fricción en el mercado laboral. En Finlandia, el aumento del desempleo convive con un número apreciable de puestos sin cubrir, lo que indica que muchas empresas siguen necesitando trabajadores, aunque no siempre con el perfil adecuado o en el lugar adecuado.
El país se enfrenta a un problema de ajuste. Los trabajos que se crean o se mantienen no coinciden de inmediato con quienes pierden su puesto. En España, estas fricciones son menores, en parte porque el empleo se concentra en sectores con menos barreras de entrada, pero eso también limita la capacidad de la economía para reorientarse hacia actividades con mayor productividad que permitan a largo plazo incrementar la renta per cápita y el bienestar.
Las diferencias entre España y Finlandia no se entienden solo mirando el empleo, sino también observando cómo se produce y cuánto valor se genera con ese trabajo. En Finlandia, la mayoría del empleo se concentra en actividades que producen mucho por trabajador, como la industria avanzada o los servicios tecnológicos. Esto permite salarios más altos, pero también hace que las empresas reaccionen con rapidez cuando esas actividades cambian o se reorganizan.
En España, una parte mayor del empleo se concentra en sectores donde es más fácil mantener a los trabajadores, aunque cada hora trabajada genere menos valor. Esto ayuda a sostener el empleo en el corto plazo, pero implica que los costes laborales crezcan más rápido que la productividad, lo que puede limitar la capacidad de la economía para crear empleo de calidad en el futuro.
Comparar países únicamente a partir de la tasa de paro puede llevar a conclusiones engañosas. Que Finlandia registre hoy más desempleo que España no significa que su mercado laboral funcione peor, sino que atraviesa un periodo de ajuste a la espera de nuevos nichos de empleo. Del mismo modo, un menor paro no garantiza una mayor solidez económica como se observa en muchos países en vías de desarrollo. Las cifras reflejan resultados distintos de procesos con diferencias en cómo se ajusta el empleo, cómo se transforman los sectores productivos y qué margen existe para recolocar trabajadores. La cuestión es qué economías están mejor preparadas para adaptarse a los cambios sin deteriorar su capacidad de generar bienestar a medio plazo.
La comparación entre España y Finlandia muestra ventajas y límites en ambos modelos económicos. El modelo español refleja una mayor capacidad para sostener el empleo en momentos de transición, gracias al peso de sectores intensivos en mano de obra y a un ajuste más flexible del tiempo de trabajo. Sin embargo, esa resiliencia tiene un coste: menor productividad media y mayores dificultades para mejorar salarios y renta per cápita. El modelo finlandés, por su parte, se apoya en actividades de mayor valor añadido y productividad, lo que favorece empleos mejor remunerados y una mayor capacidad de crecimiento a largo plazo, aunque a costa de ajustes más visibles en el corto plazo cuando esas actividades se reorganizan. Ninguno de los dos modelos es plenamente superior al otro; ambos afrontan retos distintos en un contexto de evolución económica que exige combinar adaptación, eficiencia y cohesión social.
Desde la perspectiva de la política económica española, la comparación con Finlandia sugiere tres líneas de actuación claras. En primer lugar, reforzar las políticas activas de empleo orientadas a la transición, facilitando que los trabajadores se desplacen con mayor rapidez entre sectores y reduzcan los desajustes que hoy limitan la reasignación del empleo. En segundo lugar, avanzar en una estrategia de crecimiento que eleve la productividad de forma sostenida, apoyándose en inversión, organización del trabajo y capital humano, y no solo en la contención de costes laborales. Y, en tercer lugar, complementar los objetivos tradicionales de empleo con un seguimiento sistemático de indicadores como horas trabajadas, vacantes y productividad, para anticipar tensiones y diseñar respuestas más ajustadas a la transformación en curso del mercado laboral español.
Además, en una economía como la española, marcada por el envejecimiento de la población y por la coexistencia de vacantes sin cubrir y empleo de baja productividad, la inmigración no es solo una cuestión social, sino también productiva. La inmigración refuerza sectores con escasez de mano de obra, facilita la transición hacia actividades de mayor valor añadido y alivia las tensiones en el mercado laboral sin presionar a la baja la calidad del empleo."
(Iñaki Aliende , Un. Complutense, Agenda Pública, 18/02/26, gráficos en el original)
17.2.26
Tenía ganas de leer algo así: España ha afrontado un importante cambio para bien en su estructura productiva en los últimos años... según un estudio de Harvard, España ha registrado una importante mejora en el desarrollo de la complejidad económica, un factor del que depende la prosperidad de un país. Según el Atlas of Economic Complexity de la universidad estadounidense, entre los años 2020 y 2023 España ha pasado del puesto 41 al 34... esta transformación ha quedado patente en que en los últimos cinco años el verdadero motor de las exportaciones españolas de bienes ha sido la industria química... y según el Ivie y la Fundación BBVA, “la productividad española crece un 1,4% anual desde la pandemia, reforzando su contribución al crecimiento económico frente al estancamiento de Europa”... Hay margen de maniobra para mejorar. Los aspectos positivos son la palanca para afrontar los desafíos pendientes. España, por ejemplo, tiene una presión fiscal seis y siete puntos inferior a la de Italia y Francia, respectivamente (Andreu Missé)
"Son bien conocidos los serios problemas que no es capaz de resolver la economía española. Destacan el encarecimiento de la vivienda, la pobreza infantil y la pérdida de poder adquisitivo. Sin embargo, esta precaria realidad social se desarrolla al mismo tiempo en una economía que muestra una notable fortaleza y solvencia según relevantes indicadores.
En el estudio, El inexistente Apocalipsis. La positiva capacidad de la economía española, (276, SISTEMA), Carles Manera, catedrático de las islas Baleares, concluye que existen diecinueve indicadores sustanciales que revelan un claro comportamiento positivo de la economía española desde 2020.
Algunos de estos comportamientos son bien conocidos como el mayor crecimiento económico. Otros menos divulgados señalan el menor coste de financiación de la deuda pública española que la que pagan Francia e Italia. Una situación que “delata el grado de confianza y solvencia que provoca la deuda española en los mercados financieros”, según el profesor Manera. También es significativo que el crecimiento económico per cápita entre 2020 y 2024 ha aumentado un 22% en España frente al 11% en la UE.
El trabajo destaca la importante mejora que ha registrado España en el desarrollo de la complejidad económica, que según la Universidad de Harvard es un factor del que depende la prosperidad de un país. Según el Atlas of Economic Complexity de la universidad estadounidense, entre los años 2020 y 2023 España ha pasado del puesto 41 al 34. Se ha producido una gran transformación en su estructura productiva, que ha quedado patente en que en los últimos cinco años el verdadero motor de las exportaciones españolas de bienes ha sido la industria química.
La transformación de la economía es registrada también por el Observatorio de Productividad y Competitividad que elaboran el Ivie y la Fundación BBVA que subrayan que “la productividad española crece un 1,4% anual desde la pandemia, reforzando su contribución al crecimiento económico frente al estancamiento de Europa”.
El profesor Manera señala que la realidad de las cifras “no denotan el retroceso económico y el catastrofismo derrotista que se predica desde amplios espacios de las derechas y de la economía más conservadora”. Ningunear los aspectos positivos de la economía es una forma de boicotear la resolución de los problemas de fondo. Hay margen de maniobra para mejorar. Los aspectos positivos son la palanca para afrontar los desafíos pendientes. España, por ejemplo, tiene una presión fiscal seis y siete puntos inferior a la de Italia y Francia, respectivamente.
Manera aboga por “adoptar medidas valientes” para dar impulso a los años que quedan de legislatura hasta 2027. Y afrontar las necesidades en vivienda, asegurar las pensiones, la prestación universal para la crianza contra la pobreza infantil, y los impuestos a los muy ricos para financiar la sanidad y enseñanza pública.
Una senda en dirección radicalmente contraria a la que ejecutan la derechas catastrofistas donde tienen responsabilidades de gestión: reducción de impuestos a las rentas altas y procesos graduales de privatización de sanidad y educación, recetas que, por cierto, no han traído nada bueno donde se han aplicado."
(Andreu Missé, El País, 16/02/26)
21.1.26
La llegada al poder de Donald Trump en el ámbito económico y social, implica el desmantelamiento de lo público de una manera radical... En este contexto, es difícil establecer una única prioridad. Las nuestras para el año 2026 son la creciente desigualdad y la necesidad de profundizar y reforzar el Estado del Bienestar... En España, el 1% más rico soporta una presión tributaria total inferior a la que paga el 10% con menores ingresos y mucho menos que el resto. Los super ricos han de pagar los impuestos que deben. La justicia fiscal es un imperativo clave para sostener y renovar el estado de bienestar. Si no se consigue que paguen, se pone en grave peligro a los sistemas de bienestar, salud, educación, pensiones e, incluso, a nuestras sociedades democráticas... La vivienda es uno de los componentes del estado del bienestar con un grado de cobertura de las necesidades en España muy inferior a los niveles alcanzados en materia de educación, sanidad y pensiones. Para atender a la demanda más desfavorecida, se ha de crear un fondo financiero estatal para financiar la construcción de un parque público de viviendas sociales en alquiler... la pobreza infantil afecta a un tercio de los menores, un nivel que solo supera Bulgaria en la Unión Europea, a pesar de mejoras recientes y de la dificultosa implementación de políticas como el Ingreso Mínimo Vital (IMV). Por ello es necesario profundizar en otras prestaciones sociales que tengan carácter incondicional y automátic, como la Prestación Universal por Crianza (PUC) con carácter universal y tributable, muy eficaz en otros países para reducir la intensidad de la pobreza infantil... el debate en torno a las pensiones va a seguir y la ofensiva contra el sistema público se acrecienta en España debido a que las reformas promovidas por el actual gobierno de coalición han tenido, por primera vez, más en cuenta el interés de los que se jubilan que el de las entidades que buscan hacer negocio; el objetivo es una pensión digna para todos... Entendemos que la verdadera eficiencia económica y social no se alcanza sin el soporte de servicios públicos y del propio Estado liderando estrategias de progreso.No son buenos tiempos para estas ideas (Cecilia Castaño, Economistas frente a la crisis)
"Más allá del neoliberalismo imperante, con la llegada al poder de Donald Trump asistimos a una ofensiva reaccionaria que en el ámbito económico y social implica el desmantelamiento de lo público de una manera radical. Tanto el gasto social, considerado ineficiente, como la retirada de instituciones internacionales de referencia, el menosprecio hacia el multilateralismo, la pérdida de los valores democráticos, y el desprecio de las clases medias, trabajadoras y las capas más desfavorecidas de la población. En España y en Europa no son pocos quienes se apuntan a esta ofensiva.
En este contexto, es difícil establecer una única prioridad. Las nuestras para el año 2026 son la creciente desigualdad y la necesidad de profundizar y reforzar el Estado del Bienestar pensando en las nuevas generaciones, atendiendo a la justicia fiscal, la vivienda, la sanidad, la pobreza infantil, las pensiones,
En España, el 1% más rico soporta una presión tributaria total inferior a la que paga el 10% con menores ingresos y mucho menos que el resto. Los recortes de impuestos a los ricos no mejoran el crecimiento económico, pero tienen repercusiones sociales y económicas muy negativas. Los super ricos han de pagar los impuestos que deben. Lo necesitan quienes ocupan el lado opuesto en la escala de renta y riqueza. Cuanto mayor es la desigualdad, más escandaloso es el contraste de bienestar, y más fuerte el malestar social. La justicia fiscal es un imperativo clave para sostener y renovar el estado de bienestar. Si no se consigue que paguen, se pone en grave peligro a los sistemas de bienestar, salud, educación, pensiones e, incluso, a nuestras sociedades democráticas.
La vivienda es uno de los componentes del estado del bienestar con un grado de cobertura de las necesidades en España muy inferior a los niveles alcanzados en materia de educación, sanidad y pensiones. La actual crisis de la vivienda está provocando un aumento de las desigualdades y puede afectar de forma negativa a los restantes componentes del bienestar. La especulación no es la causa, sino la consecuencia de la subida de precios, aunque retroalimenta el problema principal, el desequilibrio entre oferta y demanda. Para atender a la demanda más desfavorecida, se ha de crear un fondo financiero estatal para financiar la construcción de un parque público de viviendas sociales en alquiler
En Sanidad, hay que reforzar el Sistema Nacional de Salud (SNS) resolviendo su infrafinanciación sistemática con más recursos, pero también más eficiencia. Reforzar la Atención Primaria y ampliar su deber de curar con el de prever y promover la salud a lo largo del ciclo vital de las personas, pero también cuidar las relaciones laborales y las condiciones profesionales de los cuidadores. En el ámbito de la gestión clínica, desarrollar el Plan de Salud Mental así como hacer a las mujeres más visibles para la medicina. En la gestión, regular los conciertos público-privados con instrumentos de inspección y control sólidos, con límites expresos para la gestión privada de la sanidad pública y priorizando a las organizaciones sin afán de lucro. Finalmente reforzar la cohesión territorial y la equidad del sistema con descentralización y gobernanza compartida en el marco de un Contrato Social Sanitario.
En nuestro país la pobreza infantil afecta a un tercio de los menores, un nivel que solo supera Bulgaria en la Unión Europea, a pesar de mejoras recientes y de la dificultosa implementación de políticas como el Ingreso Mínimo Vital (IMV). Por ello es necesario profundizar en otras prestaciones sociales que tengan carácter incondicional y automático como derechos de la ciudadanía a una vida digna. Por ejemplo la Prestación Universal por Crianza (PUC) con carácter universal y tributable, muy eficaz en otros países para reducir la intensidad de la pobreza infantil.
Entendemos que el debate en torno a las pensiones va a seguir y la ofensiva contra el sistema público se acrecienta en España debido a que las reformas promovidas por el actual gobierno de coalición han tenido, por primera vez, más en cuenta el interés de los que se jubilan que el de las entidades que buscan hacer negocio. A la incesante marea de estudios y opiniones que pretenden demostrar que el sistema no es sostenible y, por tanto, sería necesario reformarlo reduciendo el gasto, debe oponerse un discurso coherente, bien argumentado y apoyado en hechos, que no esté contaminado por los intereses del mundo financiero y, al contrario, tenga en cuenta con claridad el objetivo de una pensión digna para todos.
En el año 2026 seguiremos dedicando nuestro esfuerzo a estas prioridades organizando debates públicos, apoyando iniciativas progresistas, promoviendo publicaciones especializadas y en nuestro blog www.economistasfrentealacrisis.com
Y, sobre todo, hablando claro. Los economistas suelen ser oscuros cuando no pueden ser profundos. En nuestro caso, se trata de ser profundos y dar mensajes claros, con contenido, que se traduzcan en políticas públicas."
(Cecilia Castaño Economistas frente a la crisis, 20/01/26)
8.5.24
Tenía ganas de leer algo así... España, una economía resistente y dinámica... Fracasaron los augures del precipicio. No llega la hecatombe que preveían algunos analistas con lecturas muy interesadas, y que aireaban algunas formaciones políticas. Los datos de la economía española se mantienen en senda de crecimiento. Lo dicen el INE, CaixaBankResearch, Banco de España, BBVAResearch, Comisión Europea, FMI. Todos…menos esos “algunos”... ¿Qué más vemos en esta economía española? Factores positivos: dinamismo del crédito, del consumo privado, del consumo público, mayor resiliencia a las subidas de precios de la energía, intenso crecimiento de la ocupación, menor inflación en contraste con la UE, relevancia del turismo, importancia de las exportaciones de servicios no turísticos, mejora de competitividad. Pero atención con estos otros: debilidad de las inversiones, endeudamiento relevante, anemia industrial, adecuación a las nuevas reglas fiscales –todavía escasamente definidas– de la UE... Diagnóstico: homologar nuestra fiscalidad a la media comunitaria. Estamos a 38.000 millones de euros de menores ingresos fiscales. Pensemos lo que se podría hacer con ellos, de tenerlos (Economistas frente a la crisis)
"Fracasaron los augures del precipicio. No llega la hecatombe que preveían algunos analistas con lecturas muy interesadas, y que aireaban algunas formaciones políticas. Los datos de la economía española se mantienen en senda de crecimiento. Lo dicen el INE, CaixaBankResearch, Banco de España, BBVAResearch, Comisión Europea, FMI. Todos…menos esos “algunos” a los que nos referíamos. Rubrica la positividad Paolo Gentiloni, Comisario de Economía, UE: España está en mejor forma que el resto de la eurozona. El crecimiento económico en España: entorno del 2%, con control paulatino de la inflación. Trayectos que los profetas de la catástrofe no atinaban. España ha recuperado más fuelle económico que Francia, según datos de Eurostat, a partir del cierre de las Cuentas Nacionales del cuarto trimestre de 2023. No hay apocalipsis. Lo venimos diciendo desde hace mucho tiempo. Se confirma una vez más. Con datos. No con percepciones ni con torturas estadísticas: con variables homologadas por las principales instituciones económicas.
¿Qué más vemos en esta economía española? Factores positivos: dinamismo del crédito, del consumo privado, del consumo público, mayor resiliencia a las subidas de precios de la energía, intenso crecimiento de la ocupación, menor inflación en contraste con la UE, relevancia del turismo, importancia de las exportaciones de servicios no turísticos, mejora de competitividad. Pero atención con estos otros: debilidad de las inversiones, endeudamiento relevante, anemia industrial, adecuación a las nuevas reglas fiscales –todavía escasamente definidas– de la UE (datos concretos: en las fuentes enunciadas más arriba).
En tal contexto, la complacencia no es buena consejera. Pero tampoco lo es anunciar las plagas de Egipto cada dos por tres: la mentira tiene las patas cortas. Sobre lo dicho más arriba, ¿qué podemos afirmar, sugerir, reflexionar? Veamos algunas claves. Dinamizar la inversión: persistir en los “activos intangibles” (tecnología, conocimiento), que no es una invención teórica, sino que viene avalada por números; seguir invirtiendo en TIC (que va en aumento desde el año 2000); analizar la productividad, que probablemente presenta dualismos (sectores con productividad alta, frente a otros con productividades débiles); seguir por la apuesta hacia la transición energética, la digitalización y los servicios sociales. Problemas: encajar esto con esas reglas fiscales que van a requerir mayor control del gasto público…a la vez que desde la misma UE se reclaman esfuerzos en asignar más recursos a las partidas que (entre otras que podrían acoplarse) hemos anotado antes. Aquí se abren posibilidades de actuaciones en política tributaria. Andreu Missé comentaba, hace poco, la publicación del libro Los ricos no pagan IRPF. Un texto firmado por dos técnicos de Gestha (poca broma). Diagnóstico: homologar nuestra fiscalidad a la media comunitaria. Estamos a 38.000 millones de euros de menores ingresos fiscales. Pensemos lo que se podría hacer con ellos, de tenerlos. En paralelo, hay quien sigue confiando en reducir la capacidad tributaria, bajando impuestos a las rentas altas. Las cifras no dan. Aprendámoslo: la importancia de lo público.
Vindicación de lo público…con datos previos
Veamos. Datos positivos de inflación general para España. De las más bajas de la Eurozona, por debajo de la de Alemania. Previsiones de instituciones internacionales: seguirá esta tendencia bajista. Un hecho que ya se está viendo, también, en Estados Unidos. La liberación de los corsés comerciales, provenientes de la guerra, hace efectiva una mejor circulación de las mercancías. Sobre todo, del gas licuado. El shock de oferta se ha ido limando con el tiempo, por fortuna. Si a ello le sumamos el tope ibérico, el resultado micro es potente: reducción en la factura energética de los hogares. Con otro dato relevante: el acopio de gas en la Eurozona llega ya al 90%, de manera que no se otean dificultades de suministro. Pero, además, como recordaba hace poco la profesora Mariana Mazzucato, en el caso de España la inflación también se ha reducido por la gratuidad del transporte público y, esencialmente, por la fiscalidad sobre los beneficios caídos del cielo a empresas energéticas oligopolísticas. Todo un acerbo de políticas públicas que demuestran una realidad innegable: la economía pública está siendo determinante para evitar serios problemas a consumidores y empresas, lo cual no quiere decir que desaparezcan. Pero la inacción o dejar que el mercado, de forma espontánea, resolviera las ecuaciones hubiera conducido a una depresión en la economía. Tal y como aconteció en el pasado más inmediato, con la crisis financiera de 2008.
Negar la relevancia del sector público y de sus gestores forma parte del acerbo ideológico de la economía y de la política más ortodoxas, menos permeable a buscar otras soluciones a los retos que se tienen. Estas encrucijadas tienen perfiles nítidos, y no son temas de futuro. Están presentes, y algunos los han negado arrinconando las aportaciones de la ciencia. El cambio climático, la emergencia energética, la digitalización, el envejecimiento de la población, factores que tienen –y tendrán todavía más– corolarios claros en los mercados de trabajo. Debates abiertos, con aluvión de datos. Igualmente, en las políticas de migración y de pensiones. No es extraño, por tanto, que instituciones financieras estén trabajando sobre estos temas, e incluso desde los bancos centrales se estimulen investigaciones que aportan datos, argumentos, modelos matemáticos, para encarar tales envites. En diferentes reuniones científicas al respecto, con presencia de representantes del Banco Central Europeo, Reserva Federal, Banco de Inglaterra, Banco de España, entre otras entidades, se ha trabajado con intensidad, a partir de documentos concretos. Con matices y diferenciaciones argumentales, se defiende en buena parte de ellos la reivindicación de que el sector público debe intervenir, en coordinación con los instrumentos de política monetaria. Aspecto relevante, a discutir, a debatir, a repensar. Tras las esperadas convulsiones electorales, se debe dar tiempo a volver, con serenidad y rigor, a esos temas. Blindarlos de la cacofonía acientífica de los ignorantes. "
(Carles Manera , Economistas frente a la crisis, 23/03/24)
22.1.24
Retos de España para 2024: más industria y menos turismo barato... La economía española atraviesa, pero ya desde hacer muchos años, un problema serio de descapitalización humana que obliga a muchos trabajadores a emigrar porque sus disciplinas laborales no gozan de oportunidades solventes y bien pagadas. Según la investigación del IVIE, esta pérdida se cuantificó en 150.000 millones de euros en 2022... Sin una formación adecuada y sin mecanismos de empleabilidad para trabajos de todo tipo de cualificación, estamos abocados a que sean los servicios de menor cualificación los que proliferen y tiren del empleo, casi siempre con fuerte carácter estacional, lo que redunda en una bajísima productividad, salarios reducidos, poca intermediación sindical y una limitada dimensión empresarial, elementos que explican la vulnerabilidad empresarial y su elevada rotación... con una tasa de paro natural del 8% resulta desalentador que se desprecien iniciativas solventes sobre la urgencia de planes de empleo garantizado que ya han sido experimentados en algunos países como Japón. Sectores como los cuidados de mayores, ocio y cultura, medio ambiente y cuidado de bosques ofrecen algunas alternativas al pago de subsidios o la pobreza crónica a la que sometemos a una parte no desdeñable de nuestra sociedad... (Alejandro Inurrieta)
"España ha finalizado 2023 con un crecimiento muy superior a la media de la UE: a falta del dato definitivo el PIB habría avanzado más de un 2,4%. Este avance, que si se midiese bien el PIB sería aun superior, es esgrimido por el Ejecutivo actual como fruto de su brillante política económica, algo que, cuando se analiza sin las gafas de la militancia política, hay que poner seriamente en duda.
La economía española atraviesa, pero ya desde hacer muchos años, un problema serio de descapitalización humana que obliga a muchos trabajadores y trabajadoras a emigrar porque sus disciplinas laborales no gozan de oportunidades solventes y bien pagadas. Según la investigación del IVIE, esta pérdida se cuantificó en 150.000 millones de euros en 2022, un 40% más que antes de la pandemia. Esta sangría, que suele ser escondida por los medios de comunicación tradicionales y que no despierta mucha preocupación social, explica, en gran parte, la debilidad estructural de la economía española, que solo crece cuando se generan burbujas especulativas o por elevada demanda de servicios de bajo valor añadido como el turismo de masas, lo que cronifica la estructura productiva de bajo valor añadido.
El mayor crecimiento relativo, a pesar de todo, no nos permite converger con la UE en renta y riqueza, por lo que el mercado laboral no se puede vaciar, incluso en épocas de elevado crecimiento nominal. El tener una tasa de paro natural del 8% apenas despierta interés entre la clase política, cegada y drogada por el elixir del corto plazo y las soflamas de parte. En este sentido, resulta desalentador que se desprecien iniciativas solventes sobre la urgencia de planes de empleo garantizado que ya han sido experimentados en algunos países como Japón. Sectores como los cuidados de mayores, ocio y cultura, medio ambiente y cuidado de bosques ofrecen algunas alternativas al pago de subsidios o la pobreza crónica a la que sometemos a una parte no desdeñable de nuestra sociedad.
Un elemento clave para esta nueva estrategia laboral, que nos debería llevar al verdadero pleno empleo, es la revolución de los servicios públicos de empleo, el SEPE, que hace lustros que no cumplen con el objetivo de una verdadera política de inserción laboral. La pobreza de los contendidos de formación continua, la mala praxis con los fondos destinados a la formación continua y la desidia política, explican la baja tasa de inserción laboral que se produce a través de los agentes públicos. La forma más frecuente de reclutamiento laboral en España, los contactos personales y familiares, reflejan muy bien la dualidad social y laboral en España, lo que sin duda reduce claramente la posibilidad de que el ascensor social funcione y permita a amplias capas sociales poder acceder a una vida digna.
Sin una formación adecuada y sin mecanismos de empleabilidad para trabajos de todo tipo de cualificación, estamos abocados a que sean los servicios de menor cualificación los que proliferen y tiren del empleo, casi siempre con fuerte carácter estacional, lo que redunda en una bajísima productividad, salarios reducidos, poca intermediación sindical y una limitada dimensión empresarial, elementos que explican la vulnerabilidad empresarial y su elevada rotación. La atomización empresarial también explica otro de los fenómenos típicos de la economía española, la escasa cogobernanza entre empresarios y trabajadores. A la espera que pueda llegar la esperada Ley de Participación en los Consejos de Administración, copiando el modelo alemán, nada permite esperar que los trabajadores puedan formar parte de estos Consejos, lo que redundaría en una mejor gestión y mayor grado de reparto de la tarta de beneficios. Es precisamente el déficit de distribución de la renta lo que caracteriza a nuestro país, un país con elevado crecimiento cada vez más desigual y con menos capacidad pública de revertir esta situación.
Estas carencias distributivas se enmarcan en otro de los grandes problemas sin resolver, el papel del Sector Público. La administración española carece de un verdadero plan de modernización en su gestión y la evaluación de sus resultados. La cantidad de gestiones duplicadas, la ausencia de una política real de aprovechamiento de la información pública y su cruce entre administraciones, provoca que los escasos recursos distributivos, como el Ingreso Mínimo Vital, no lleguen a los ciudadanos que lo necesitan. Añádase a esto un sistema fiscal obsoleto y escasez de controles para hacer cumplir la legislación, y tenemos en España el paraíso para incumplidores, defraudadores fiscales y oligopolios impunes a la legislación anticompetencia.
Si a todo esto unimos el bajo salario social que ofrecen las administraciones –fundamentalmente vivienda asequible para clases humildes, pero también para rentas medias–, tenemos un cuadro social con propensión elevada a caer en la pobreza relativa, especialmente en segmentos de rentas por debajo de 20.000 euros. La vivienda es la gran asignatura pendiente que sigue sin ser resuelta, por más que se cree de nuevo un Ministerio especifico, eso sí, poniendo al mando a cesantes de otros departamentos con nula experiencia y conocimiento y escuchando poco a los grandes viviendistas que existen en este país. Hay que crear un parque de vivienda social que iguale los porcentajes europeos, pero también hay que trabajar sobre la legislación fiscal del suelo y la nacionalización de las plusvalías del suelo, y explorar nuevas formas constructivas para el medio rural, haciendo del derecho de superficie y el apoyo exclusivo al alquiler los ejes de la actuación pública.
El eje estratégico de la vivienda debería formar parte de una revolución en la consideración de la vida en las ciudades, desterrando la tendencia del fin del comercio de proximidad, extendiendo la política de eliminar el vehículo, focalizando en los empleos comunitarios y facilitando la conciliación personal y laboral, pero no abriendo guarderías de 7 de la mañana a 9 de la noche, como ocurre en Madrid. El medio ambiente y las renovables son, sin duda, las herramientas para mejorar la calidad de vida, a lo que hay que unir una verdadera política de usos del tiempo más acordes a la vida actual y no seguir anclados en el fordismo como faro de la producción en España. Menor jornada laboral y más productividad, dentro de un marco de revolución urbana, son algunas de las tareas que nadie se ha atrevido a acometer desde hace décadas.
En
esencia, tenemos por delante recuperar el peso industrial con elevado
valor añadido, cambiar la dimensión y las relaciones en las empresas,
más ciencia e investigación, empleo garantizado y una revolución en
vivienda, diseño de las ciudades y el medio rural. Todo ello es
incompatible con pensar en las próximas elecciones, por lo que soy muy
pesimista sobre la solución a estos grandes retos." ( Alejandro Inurrieta, eldiario.es, 11/01/24)
9.1.24
Sobre la agenda económica del nuevo gobierno... Hay respuestas posibles a los desafíos: pleno empleo mejorando salarios y productividad... se requiere más empleo y más productividad para reforzar la resiliencia que está exhibiendo nuestra economía en los últimos años, con un crecimiento económico de los mayores de la UE... Los convenios colectivos tienen que reforzarse para garantizar una mejor evolución de los salarios reales, y abordar las mejoras de productividad en las empresas en el marco de una mayor participación de los empleados... De mantenerse la orientación y la acción de esta política de reformas en el campo laboral puede asegurarse con una alta probabilidad que al final de esta legislatura se estará muy cerca o se habrá alcanzado el pleno empleo (en nuestro caso, una tasa de paro inferior al siete por ciento)... una gran parte de nuestro margen de mejora de la productividad (donde tenemos los mayores déficits) se sitúa en el capital humano... España sería el país en el que más aumentaría la productividad si se corrigieran los desajustes en materia de formación. No es algo desdeñable, es estratégico (Antonio Gonzaléz)
"(...) En la pasada legislatura, y en un contexto marcado por la sucesión de dos crisis (COVID 19, primero, Guerra en Ucrania, a continuación) en el aspecto negativo y la respuesta inédita de la UE con la aprobación de los Fondos “Next Generation UE” en el lado positivo, se han abordado importantes reformas que estaban pendientes en España desde hacía mucho tiempo, como la Reforma Laboral o la de Pensiones, por citar dos de las más importantes.
Asimismo, en ese contexto se han desarrollado importantes políticas sociales y laborales para compensar los efectos de ambas crisis y se han creado o reforzado otras políticas públicas sobre cuestiones, como sanidad y educación o salario mínimo, rentas mínimas y dependencia, entre otras, que precisaban desde hace tiempo de una respuesta a su deterioro y de un fortalecimiento. La disponibilidad de los mencionados fondos europeos, así como su obligada utilización en un marco de reformas, han apoyado de forma muy relevante el conjunto de esas actuaciones.
Todo ello, no obstante, ha puesto de manifiesto sobre todo dos cuestiones. Por un lado, las consecuencias de ambas crisis sobre aspectos de gran trascendencia, como el incremento hasta niveles considerables del endeudamiento público, que requiere un planteamiento claro y suficiente para su corrección, sólo posible en un marco temporal amplio. Y por otro, el carácter parcial y a veces embrionario de las reformas y del fortalecimiento mencionado de los servicios públicos y de las políticas sociales. Estas cuestiones, sobre todo, marcarán el contexto en el que deberán definirse las líneas de la política económica. (...)
Hay respuestas posibles a los desafíos: pleno empleo mejorando salarios y productividad
Hay, en definitiva, muchos y muy difíciles retos para el próximo gobierno. Sin embargo, eso no significa que no haya respuestas a los mismos. Comenzando por dar respuestas en lo que sobre todo depende de nosotros. Necesitamos resolver las contradicciones.
En primer lugar, la economía española ha de mantener en el tiempo, y reforzar, la resiliencia que está exhibiendo en los últimos años con un crecimiento económico de los mayores de la UE y de la zona euro. Para ello, se requiere más empleo y más productividad.
El primero debe continuar creciendo y aumentando también su resiliencia y, a su vez, eso nos lleva a la necesidad de abordar un nuevo impulso en las reformas laborales. Hay muchas cosas que han quedado pendientes o incompletas, como los riesgos de los ajustes de empleo ante las crisis, que no han quedado totalmente resueltos con los ERTES, y que requieren cambios importantes en el despido. O como el papel de los ajustes salariales, que deben canalizarse a través de los acuerdos colectivos, y no desencadenar una vez más procesos masivos de devaluación salarial que son autodestructivos.
Particularmente, están pendientes las reformas para fortalecer el desequilibrado papel del Trabajo en las relaciones laborales colectivas. Los convenios colectivos tienen que reforzarse para garantizar una mejor evolución de los salarios reales (somos el único país de Europa donde no han crecido nada durante el último cuarto de siglo, un dato impresionante y con grandes consecuencias económicas y sociales, pero también políticas, porque explica en buena medida la debilidad relativa de la izquierda, y que no puede resolverse solamente con los crecimientos del SMI), y para abordar las mejoras de productividad en las empresas en el marco de una mayor participación de los empleados. Ambas cosas, salarios reales y productividad de las empresas, son dos aspectos claves del crecimiento económico.
De mantenerse la orientación y la acción de esta política de reformas en el campo laboral puede asegurarse con una alta probabilidad que, salvo imponderables de la coyuntura económica internacional, al final de esta legislatura se estará muy cerca o se habrá alcanzado el pleno empleo (en nuestro caso, una tasa de paro inferior al siete por ciento), incluyendo la asimilación de los necesarios saldos migratorios positivos, y recuperando la ocupación de la gran mayoría de las personas desempleadas de larga duración. Para lo que hace falta que se pongan en marcha de una vez las inéditas durante décadas en España eficaces políticas activas de empleo. Este es otro elemento estratégico pendiente. Por lo tanto, más empleo, con más estabilidad y más productivo, y con mejores salarios.
Continuar avanzando en el empleo y en la productividad eleva el PIB y los ingresos públicos, lo que reduce la ratio de déficit y de deuda (respecto al PIB, que fija su importancia y sostenibilidad), por lo que esas reformas del funcionamiento del mercado de trabajo resultan funcionales para contribuir a resolver otros problemas.
En cuanto a la productividad, una gran parte de nuestro margen de mejora (donde tenemos los mayores déficits) se sitúa, aunque no exclusivamente, en el capital humano. Así lo demuestran los indicadores DESI (Índice de Economía y Sociedad Digitales, de la Comisión Europea) y los amplios y recurrentes informes de OCDE. Según DESI, la escasez de expertos digitales avanzados, y uno de los porcentajes más bajos de empresas que dan formación en TIC, dificultan las perspectivas de crecimiento del país y limitan la productividad, sobre todo para las pequeñas y medianas empresas (pymes) y las microempresas. Y de acuerdo con OCDE, seleccionando alguno de los muchos datos significativos, España es uno de los países con mayor nivel de sobrecualificación laboral en las empresas (el primero, según Eurostat) y también de infracualificación, así como de desajustes en el campo de los estudios, y en materia de alfabetización.
El problema es amplio y complejo y requiere de un estudio profundo, un diagnóstico certero y práctico, y un plan estratégico de aplicación de medidas que aporten avances rápidos. Los problemas de desajuste oferta-demanda se encuentran directamente en el interno (estructura y funcionamiento) de las empresas, en el desajuste del modelo educativo y en las competencias y cualificaciones de una gran parte de la fuerza laboral. Según cálculos de OCDE, España sería el país en el que más aumentaría la productividad si se corrigieran los desajustes en materia de formación. No es algo desdeñable, más bien lo contrario: es estratégico.
Más ingresos públicos y una mayor justicia fiscal son imprescindibles
Otra dimensión esencial para poder hacer frente al endeudamiento, pero también para otras cuestiones vinculadas con nuestro desarrollo económico y social, como las inversiones necesarias para la transición medioambiental, que son fuente de oportunidades de crecimiento y modernización del modelo productivo (pero para las que los recursos de los fondos europeos no serán suficientes), o como el desarrollo de la economía de los cuidados, o como la superación de los problemas de la sanidad y de la educación, y en definitiva para superar la situación de tensionamiento que padecen la mayoría de los servicios públicos y las limitaciones de la protección social y de las políticas dirigidas a los jóvenes, entre otras muchas, es la referida a los ingresos públicos.
La recaudación impositiva en España es muy baja (entre cinco y seis puntos del PIB inferior a la media de la zona euro y a mucha mayor distancia de los países más desarrollados de la UE) y además los impuestos son poco o nada progresivos, por lo que la fiscalidad carece de capacidad redistributiva. Sin justicia fiscal no puede haber justicia social.
Si no hay una decisión seria de realizar la reforma fiscal en profundidad, que lleva tantos años en espera, resulta inviable que se puedan solucionar muchos de los problemas que nos aquejan, al contrario, tenderán a aumentar, ni tampoco dar respuesta a las limitaciones de las políticas públicas. Los impuestos, al volver al sistema productivo a través del gasto público y de la actividad económica que este genera (el mutiplicador del gasto), tienen un alto retorno en forma de producción, empleo e ingresos públicos, sostienen el crecimiento de la economía y, con todo ello, permiten reducir mucho más rápidamente el endeudamiento público, atendiendo necesidades sociales e impulsando la economía y reduciendo las desigualdades.
En
suma, muchos de los desafíos a los que nos enfrentamos tienen respuesta
dentro del arsenal de una política económica progresista. Por ello, una
legislatura más de gobierno de progreso y la voluntad de avanzar entre
otras en las líneas señaladas permitirían ir mucho más allá de los
importantes pasos, pero básicos, dados en la anterior y conseguir dar un
gran salto adelante en el proceso de desarrollo social y económico de
nuestro país." (Antonio González, Economistas frente a la crisis, 16/12/23)
29.12.23
Para el conjunto de la ciudadanía, la política económica aplicada por el Gobierno Sánchez ha sido mucho más favorable que la del Gobierno Rajoy, en cualquier circunstancia... El viraje político del Gobierno Sánchez en la pandemia evitó una catástrofe... el hundimiento habría convertido a España en una nueva Grecia, con heridas difícilmente recuperables en décadas... el espectacular desempeño del Gobierno de coalición durante la pandemia no fue que sonara la flauta por casualidad, sino un enfoque político exitoso que se mantuvo durante toda la legislatura... se puede afirmar, con datos objetivos y sin lugar a dudas, que la política económica y laboral de Nadia Calviño y Yolanda Díaz durante el Gobierno de coalición de Sánchez ha sido llamativamente mejor que la desarrollada por Luis De Guindos y Fátima Báñez durante el Gobierno Rajoy... además, se está produciendo un flujo creciente de extranjeros que se incorporan a la población activa, hasta un nivel similar al de los tiempos de la burbuja, pero que ahora no tiene como destino actividades especulativas indeseables sino estratégicas... sin afectar negativamente al empleo de los nacionales españoles... lo que es un síntoma de la fortaleza del crecimiento y una excelente noticia para el equilibrio etario-demográfico del mercado laboral y, por tanto, para el mantenimiento de las pensiones públicas... En resumen, la economía del Gobierno Sánchez va bien -bastante mejor que la de nuestros grandes socios comunitarios, con quienes antes ligábamos nuestra suerte-, está absorbiendo sin problema una fuerza adicional de trabajo procedente del exterior que es necesaria para la demografía del mercado laboral y la financiación de las pensiones (Economistas frente a la crisis)
"Unos días antes de las elecciones del 23 de julio explicaba en este artículo que votar al PP resultaba contraproducente. Condensaba entonces el argumento en un gráfico que comparaba los resultados de la política económica y laboral de los gobiernos de Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, utilizando un indicador combinado del PIB y el empleo y en la consideración de que el objetivo prioritario y urgente de cualquier gobierno en España debía ser, al menos desde la crisis del petróleo de 1973, crear empleo. No cualquier empleo, como aquel de la burbuja financiero-inmobiliaria destruido a mansalva tras la crisis 2008, sino empleo estable y de calidad.
El gráfico citado (la metodología para su elaboración puede consultarse en el citado artículo), ofrecía como resultado que, para el conjunto de la ciudadanía, la política económica aplicada por el Gobierno Sánchez ha sido mucho más favorable que la del Gobierno Rajoy en cualquier circunstancia, en periodo de crisis o de recuperación, obviando además que durante la etapa de Rajoy el empleo creado fue de mala calidad, con bajos salarios, altas tasas de precariedad laboral y temporalidad e indeseable concentración sectorial.
En aquel gráfico quedó un asunto pendiente. Las curvas estaban construidas con un indicador que calcula la evolución del empleo según la EPA restando la evolución del PIB desde el arranque de cada gobierno. Pero si los datos de la EPA son a priori definitivos, los del PIB no lo son hasta varios trimestres después, a lo que ha venido a sumarse que el INE, ante los clamorosos indicios -precisamente por la muy favorable evolución del empleo según la EPA o la no menos favorable de recaudación tributaria- de que las cifras del PIB pospandemia debían haber sido subestimadas, publico en septiembre una revisión del PIB al alza desde el primer trimestre de 2020.
Ahora
que toca a su fin el mandato de Nadia Calviño, con los datos del PIB de
dos trimestres más y la revisión de los anteriores, se puede rediseñar
el gráfico para verificar si la política económica del Gobierno Sánchez
ha seguido siendo más favorable que la del Gobierno Rajoy.
Durante los tres primeros trimestres del Gobierno Rajoy (la línea azul), en 2012, el empleo estuvo creciendo más que el PIB (en realidad ambos estaban cayendo, pero recuérdese que estamos observando la diferencia entre uno y otro). Se venía del Gobierno Zapatero, cuando tras la explosión de la burbuja financiero-inmobiliaria en 2008, germinada un decenio atrás en tiempos de Aznar, se destruyó empleo desproporcionadamente, principalmente en el sector de la construcción, por arrastre en la industria y menos dramáticamente en los servicios. Con Rajoy, la destrucción de empleo se acentuó, por obra y gracia de la política de austeridad, y la caída del PIB siguió hasta el comienzo de la recuperación, que puede situarse en el primer trimestre de 2014, ocho trimestres después de la toma de posesión de su Gobierno.
Es perfectamente visible en la línea azul que la peor evolución del empleo respecto al PIB -en negativo y por debajo de la línea horizontal que indica el cero, o sea, la igualdad de crecimiento de ambas magnitudes- no fue algo puntual del Gobierno Rajoy, sino una tendencia persistente, en momentos de crisis o de bonanza, y fruto, por tanto, de una determinada política económica y laboral. Las olas de la línea representan una creciente temporalidad del empleo, que se destruía sistemáticamente al acabar la temporada turística.
Veamos ahora lo que ocurrió durante el Gobierno de Sánchez (la línea roja del gráfico) con los datos actualizados. También es perfectamente visible que, durante su mandato, pasados los primeros trimestres de inercia por la política anterior, se rompe la tendencia. El empleo comienza a comportarse mejor respecto al PIB para, a partir del quinto trimestre de su Gobierno, el tercero de 2019, ponerse en positivo. Es decir, que el mantra del Gobierno anterior, que sostenía que en España solo se podía crear empleo por debajo del crecimiento del PIB, era falso de toda falsedad, para descrédito de los expertos predicadores de tal cosa y celebración del resto de los españoles.
En la línea roja del Gobierno Sánchez destaca el salto impresionante que se produce en los trimestres 7 y 8, que viene a coincidir con el confinamiento total por la pandemia en el primero y segundo trimestres de 2020. La interpretación es meridiana. Al evitar el despido de los trabajadores afectados por la paralización de la economía aplicando el recurso paliativo de los ERTE, el empleo cayó mucho menos que el PIB. En el primer trimestre de 2020 el PIB había caído un 3,3% respecto a su nivel al inicio de la legislatura, estando el empleo todavía ocho décimas por encima, con lo que la diferencia entre ambos fue de 4,1 puntos positivos. En el segundo trimestre de 2020, lo más duro del confinamiento total, esa caída del PIB llegó a alcanzar el 20,4%, pero el empleo “solo” cayó un 4,7%, con una diferencia, por tanto, de 15,7 puntos porcentuales en positivo a favor del empleo. Si la dinámica hubiese sido la habitual del Gobierno Rajoy, de una mayor caída del empleo que del PIB, el hundimiento del primero habría convertido a España en una nueva Grecia, con heridas difícilmente recuperables en décadas. El viraje político del Gobierno Sánchez en la pandemia evitó una catástrofe.
Por tanto, se puede afirmar, con datos objetivos, método neutral y sin lugar a dudas, que la política económica y laboral de Nadia Calviño y Yolanda Díaz durante el Gobierno de coalición de Sánchez ha sido llamativamente mejor que la desarrollada por Luis De Guindos y Fátima Báñez durante el Gobierno Rajoy.
Los datos revisados del PIB siguen confirmando lo anterior, si bien, con un PIB mayor y un mismo empleo, la curva roja está ahora más cerca del eje de abscisas, entre punto y punto y medio por debajo de la construida con los datos de avance. Aun así, en el primer trimestre 2023, con el dato revisado, todavía se estaba creando empleo 1,2 puntos por encima del PIB, mientras que en el mismo trimestre 19 del Gobierno Rajoy el empleo venía creciendo 1,8 puntos por debajo.
Pero del nuevo gráfico con los datos actualizados surge una nueva cuestión remarcable sobre los dos últimos trimestres publicados. En el segundo trimestre 2023 el empleo pegó un gran salto hasta situarse 3,8 puntos por encima del PIB, y en el tercer trimestre 2023 todavía subió más, hasta los 4,6 puntos. Como referencia, en ese mismo trimestre número 21 del Gobierno Rajoy, el primero de 2017, en plena recuperación, el empleo venía creciendo 3,8 puntos por debajo del PIB.
Ese diferencial tan elevado entre el empleo y el PIB en los dos últimos trimestres apunta a que la revisión al alza del PIB por el INE se ha podido quedar corta y que el crecimiento real sigue siendo mayor a lo publicado en las cifras de avance, lo que parece confirmarse por el hecho de que entre enero y octubre de 2023 la recaudación por IRPF ha subido un 9,6% respecto al año anterior, que sería un 13,3% sumando los ingresos perdidos por cambios normativos.
Por aportar una posible explicación que no se suele resaltar sobre esa disparidad, la aportación de las rentas de los no residentes podría estar siendo mayor que la estimada, habida cuenta de que en los últimos trimestres el mercado laboral está absorbiendo un importante contingente de inmigrantes. Veamos.
En G.1 se
observa que se está produciendo un flujo creciente de extranjeros que se
incorporan a la población activa, hasta un nivel similar al de los
tiempos de la burbuja, pero que ahora no tiene como destino actividades
especulativas indeseables sino estratégicas, como se puede comprobar por
la distribución sectorial del nuevo empleo. (...)
En G.2 se observa, además, que esa incorporación de extranjeros a la
población activa no está afectando negativamente al empleo de los
nacionales españoles que, a pesar de que su población activa (G.1) es la
menos creciente, sube con fuerza también en empleo. (...)
Y en G.3 se comprueba que, contrariamente a los augurios de la extrema derecha en el sentido de que los extranjeros vienen a quitar el empleo a los nacionales, a estos, cuyo crecimiento demográfico es menor, les va también mejor en cuanto al desempleo. (...)
Los datos de afiliación de noviembre 2023, cerca del cierre del año, señalan que esa creciente incorporación de extranjeros al mercado laboral continúa, lo que es un síntoma de la fortaleza del crecimiento y una excelente noticia para el equilibrio etario-demográfico del mercado laboral y, por tanto, para el mantenimiento de las pensiones públicas. Según la EPA, en el tercer trimestre de 2023 los ocupados extranjeros eran 567.900 más que en el tercer trimestre de 2019, antes de la pandemia, el 40,8% del empleo total creado desde entonces (1.391.600 trabajadores ocupados más). Con esa aportación, los extranjeros pasaron a representar el 14,1% del empleo en el tercer trimestre de 2023, cerca de dos puntos por encima de su nivel pre-COVID (eran el 12,2% en el tercer trimestre de 2019) y en un nivel similar al de la cima de la burbuja inmobiliaria (el 13,5% en el mismo trimestre de 2007) pero en buena salud sectorial.
En suma, según los datos macroeconómicos, la economía del Gobierno Sánchez va bien -bastante mejor que la de nuestros grandes socios comunitarios, con quienes antes ligábamos nuestra suerte-, está absorbiendo sin problema una fuerza adicional de trabajo procedente del exterior que es necesaria para la demografía del mercado laboral y la financiación de las pensiones. Pero, además, por la evolución de los datos de empleo y de recaudación tributaria, es posible que esté yendo bastante mejor de lo que reflejan los datos de avance estadístico. Sería conveniente verificar a conciencia esa eventualidad en próximas revisiones estadísticas del PIB."
(Luis Molina Temboury. Economista especializado en el análisis estadístico de la desigualdad. Economistas frente a la crisis, 25/12/23)
