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14.9.16

El fin del conflicto armado en Colombia es el de conseguir la supresión del asesinato como práctica política.

"(...) El Viejo Topo.- El Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera suscrito entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP es un texto de 297 páginas. ¿Cuáles son en su opinión los aspectos más relevantes del Acuerdo?

Yezid Arteta.- El aspecto más relevante de los Acuerdos de La Habana tiene que ver con su enfoque territorial. En procesos de paz anteriores con agrupaciones rebeldes (M-19, EPL, CRS, PRT y Quintín Lame) las partes pactaron beneficios para los combatientes mientras la situación de marginalidad en los territorios no se modificó.

El acuerdo con las FARC-EP corrige esta deuda histórica con las comunidades que han vivido en primera persona las consecuencias de la guerra. Esto se traduce en una potente inversión económica en centenares de municipios dirigida a resolver los problemas estructurales que originan el conflicto. 

Los acuerdos contemplan la entrega de tierras y créditos a los labriegos, sustitución gradual de los cultivos ilícitos y la puesta en marcha de un ambicioso plan de infraestructura vial, educativa y sanitaria que cobijará a vastas regiones del país. El objetivo de los acuerdos es atacar las raíces socioeconómicas del conflicto.

 EVT.- Más allá del contenido estricto de los Acuerdos firmados, ¿cuál es el significado histórico y político de estos acuerdos de paz de La Habana?
 
Y.A.- Para Colombia es el acontecimiento histórico y político más relevante desde el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948, el cual desencadenó la llamada “violencia”. Dos generaciones de colombianos han sido tatuadas por la guerra y el asesinato político. 

Para Latinoamérica es el cierre de la vía armada e insurreccional como método para alcanzar el poder y el momento para evaluar los aciertos y desaciertos de una forma de lucha que tuvo en algunos casos orígenes foquistas, voluntaristas o vanguardistas y en otros –como es el caso de las FARC – fueron el resultado de mutaciones de grupos de resistencia campesina espontánea en guerrillas móviles con fines revolucionarios.

EVT.- El próximo 2 de octubre tendrá lugar el referéndum sobre el acuerdo de paz. ¿Cuál es el estado de opinión de los colombianos ante el referéndum y qué consecuencias puede tener el resultado?

Y.A.- Es un exabrupto que a un pueblo se le convoque para decidir si quiere o no la paz. Sin embargo, la refrendación de los Acuerdos de La Habana por la vía del Constituyente Primario es saludable si con ello se logra volverlos atemporales y resistentes a los vaivenes políticos.

 No hay la menor duda de que el “SÍ” a los acuerdos se impondrá el próximo 2 de octubre, pero es importante que la diferencia con respecto a los que voten por el “NO” sea considerable a fin de anular o minimizar a las fuerzas más retrógradas de Colombia que se han empeñado en mantener un statu quo que beneficia a una minoría ligada a los terratenientes y empresarios que se lucran de los negocios ligados a la guerra.

 EVT.- ¿Cuáles son los retos principales para el futuro del país? El fin del conflicto armado, ¿significa el fin del conflicto en Colombia?
 
Y.A.- Son dos los retos. El primero es no dejar que los Acuerdos de La Habana, por falta de voluntad o escasez de recursos, se vuelvan papel mojado. El segundo reto es el de conseguir la supresión del asesinato como práctica política. 

Si en los próximos dos años se logra implementar una buena parte de los acuerdos, es palmario que estaríamos ante un país distinto y en unas condiciones favorables para alcanzar transformaciones más complejas del actual modelo económico

. La izquierda y los movimientos sociales tienen mucho que ganar con la implementación de los acuerdos. El conflicto armado se volvió una especie de pared contra la que se chocaba la izquierda política y social. El establecimiento colombiano tiene varias asignaturas pendientes con las mayorías sociales y el fin del conflicto armado será una brillante ocasión para encauzar las luchas populares."         

29.2.16

El Proyecto de oleoducto de Catar a Europa, que beneficiaba a los americanos y a sus aliados sunníes, originó la guerra en Siria

"La decisión de Estados Unidos de organizar una campaña para derrocar al presidente de Siria, Bashar al Assad, en gran parte se basó en la negativa de este mandatario a permitir el paso por su país de un gasoducto desde Catar hacia Europa, asegura el abogado Robert Kennedy júnior, sobrino del expresidente norteamericano John F. Kennedy, en un artículo para la revista Politico.

"Nuestra guerra contra Bashar al Assad no comenzó por las protestas civiles pacíficas de la Primavera Árabe en 2011", sino en 2000, "cuando Catar ofreció construir un gasoducto por valor de 10.000 millones de dólares que atravesara Arabia Saudita, Jordania, Siria y Turquía", señala Kennedy.

Esa infraestructura hubiera garantizado que los reinos suníes del golfo Pérsico tuvieran una ventaja decisiva en los mercados mundiales de gas y hubiese fortalecido a Catar, que es el aliado más cercano que Estados Unidos posee en la región, según destaca el autor, quien hace hincapié en que allí se encuentran dos de las principales bases militares norteamericanas y la sede del Mando Central de Estados Unidos en Oriente Medio.

Este columnista indica que, para defender los intereses de Rusia, el presidente sirio se negó a firmar ese acuerdo y optó por otro gasoducto, que se hubiera extendido desde Irán a Líbano y hubiese convertido a los iraníes en los mayores proveedores de gas a Europa, lo cual iba en contra de los intereses de los árabes de mayoría sunita.

Inmediatamente después de la negativa al proyecto inicial, las agencias de inteligencia de EE.UU., Catar, Arabia Saudita e Israel comenzaron a financiar a la oposición de Siria y a preparar una revuelta para derrocar al régimen de Assad, según los datos de diversos informes secretos a los que ha tenido acceso Kennedy, quien detalla que la CIA transfirió seis millones de dólares a la cadena de televisión británica Barada para que elaborara reportajes en favor del derrocamiento del mandatario sirio.

Sin embargo, Robert Kennedy júnior subraya que las decisiones de Washington obviaron el hecho de que el Gobierno de Siria era mucho más moderado que las monarquías suníes, gracias a que el país era secular y poseía una élite pluralista. Además, Assad abogaba por la liberalización y, entre otras cosas, aportó a la CIA toda la información después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York.

El autor recuerda que la inteligencia norteamericana ha utilizado a los yihadistas para proteger los intereses relacionados con los hidrocarburos de Estados Unidos y derrocar a regímenes en Oriente Medio desde mediados del siglo XX, debido a que consideraba que las fuerzas religiosas radicales eran un contrapeso fiable a la influencia de la Unión Soviética en la zona.

Ya en 1957, EE.UU. trató en vano de provocar una revolución en Siria y derrocar al gobierno secular democráticamente elegido. Sin embargo, no se detuvo ahí, sino que la aparición de "el grupo criminal petrolero" Estado Islámico es el resultado de una larga historia de intervención de Estados Unidos en la región, finaliza el jurista. "            (Jaque al neoliberalismo, 26/02/16)

29.12.15

La aviación rusa atacó a los turcomanos y esto es lo que Ankara parece haber vengado con la destrucción del cazabombardero ruso

"Quizá algo abochornados por la barbarie turca al derribar sin contemplaciones un caza ruso que volaba sobre la frontera turco-siria, aunque sin mostrarlo ostensiblemente pues Turquía es un viejo aliado que desempeñó un papel fundamental durante la Guerra Fría, los 28 representantes nacionales ante la OTAN se vieron forzados a celebrar una reunión de urgencia a petición del Gobierno de Ankara. (...)

Con la boca pequeña y sin identificarse, algunos de los embajadores ante la OTAN han reconocido que el protocolo normal en estos casos es que los cazas que salen a interceptar un avión incursor, tras la identificación visual, lo escolten fuera del espacio aéreo violado, haciéndole notar la trasgresión en la que ha incurrido. 

Posteriormente tendrían lugar las oportunas reclamaciones diplomáticas por las vías usuales y las investigaciones para aclarar el motivo de la infracción.  (...)

El asunto se explica mejor al observar que Turquía y Rusia no combaten en Siria contra el mismo enemigo. Más aún: tienen enemigos distintos, enfrentados además entre sí, lo que complica bastante la cuestión. Esto no es nada nuevo, dada la variedad de actores que operan en territorio sirio.

Uno de los grupos rebeldes alzados contra el Gobierno sirio son los turcomanos, un pueblo étnicamente turco que lleva siglos habitando en la región. Algunos se concentran en las montañas cercanas a la frontera con Turquía. 

Fueron perseguidos por el régimen de Bagdad, que les prohibió el uso de su idioma y combatió sus señas de identidad; se sublevaron en 2011 contra El Asad, contando con el apoyo de Ankara y unidos a otras facciones que también aspiraban a derribar al presidente sirio.

Instruidas y entrenadas por Turquía, las brigadas turcomanas agrupan a unos 10.000 combatientes que luchan a la vez contra el ejército regular sirio y contra el Estado Islámico. Les apoyan otras fuerzas, como el Ejército Libre de Siria, la rama de Al Qaeda en el país (el Frente Nusra) y el grupo islamista Ahrar al-Sham. Es precisamente en esta vinculación con grupos próximos al terrorismo internacional donde se basa la acusación de Putin a Turquía de apoyar al yihadismo.

La aviación rusa atacó a los turcomanos y esto es lo que Ankara parece haber vengado con la destrucción del cazabombardero ruso, en una acción sin precedentes después de la Guerra Fría. Es natural que ambas partes -Rusia y Turquía- presenten versiones distintas del mismo hecho, sobre todo en una zona donde la frontera serpentea entre Siria y Turquía. 

Se discute también si en el momento del ataque el avión ruso estaba penetrando o abandonando el espacio aéreo turco. Teniendo en cuenta que Rusia y Turquía no están en guerra, el hecho presenta enorme gravedad.  (...)

El acto de guerra que supone abatir un cazabombardero ruso solo por haber violado brevemente el espacio aéreo turco, sin ningún otro indicio de acción agresiva contra Turquía, es un acto hostil y como tal debe ser tratado en los foros internacionales. La OTAN deberá explicar debidamente esta agresión, aunque no haya estado controlada por los órganos militares de la Alianza y sea responsabilidad exclusiva de Ankara. 

Convendrá que la Alianza ignore esas voces exaltadas que exigen estar “al lado del amigo, con razón o sin ella”, porque los ojos del mundo están puestos en una Alianza militar que se quedó sin el enemigo que la hizo nacer y crecer y algunas de cuyas acciones recientes han suscitado razonable desconfianza."              (Alberto Piris - República.com , en Attac 10/12/015)

26.11.15

Por qué el duelo entre Rusia y Turquía nos afecta de lleno

"Turquía y Rusia no están en guerra, pero hay una cosa que debemos tener clara. Ambos gobiernos apoyan a bandos diferentes en la guerra civil siria. No son aliados ni coinciden sus intereses estratégicos. 

Desde hace cuatro años, el objetivo de Erdogan ha sido acabar con el régimen de Asad. Un Gobierno islamista, la alternativa más probable pero no segura en ese caso, sería un aliado natural de Ankara e impediría cualquier ayuda a los kurdos de origen turco. Reforzaría el papel de Turquía como gendarme de la zona, lo que siempre es discutible dado que los turcos, como todos deberíamos saber, no son árabes.

Putin no va a permitir que el régimen sirio se venga abajo. Su preocupación no es el destino personal de Asad, sino contar con un aliado seguro en Oriente Medio, que le conceda un puerto seguro en el Mediterráneo y la consideración de Rusia como un país con el que hay que contar en los grandes conflictos de Oriente Medio. Una gran potencia no puede ser irrelevante en esa zona.

Turquía protege con celo su espacio aéreo. No se puede decir lo mismo de su espacio terrestre. En los últimos años los grupos insurgentes han utilizado las ciudades turcas cercanas a la frontera con Siria como base de operaciones. Por ahí han pasado la mayoría de los extranjeros que se han unido a las filas de la insurgencia siria. 

Esa es una zona que siempre ha estado muy controlada por el Ejército y los servicios de inteligencia del país. A lo largo de décadas, imperaba allí un régimen militar de facto. La autoridad que contaba era militar, no civil. A pesar de que todas las guerras generan situaciones caóticas e impredecibles en los países vecinos, Turquía no puede haber ignorado lo que ha sucedido en su territorio.

Las patrullas aéreas constantes son una forma de hacer ver a otros países implicados en la guerra que no se puede dejar fuera Turquía de cualquier solución o iniciativa diplomática o militar. Y en ese caso, Erdogan tendrá lista una larga lista de exigencias.

Putin no olvida los desafíos a su poder, que es prácticamente absoluto dentro de sus fronteras. La posición legal de partida de Moscú es sólida. Ayuda a un Gobierno que le ha solicitado ayuda y ninguna resolución de la ONU le impide hacerlo. En términos que podría explicar Kissinger, no puede dejar que el final del conflicto sirio suponga una merma en su reputación. Su capacidad disuasoria ante enemigos actuales y potencias quedaría muy comprometida.

Eso mismo estará pensando Erdogan. Ahora que los rusos están atacando duro a los insurgentes, derribar un avión ruso es una buena muestra de que Turquía no los va a abandonar ni se acobardará ante el poder de Putin. La reputación, una vez más.
Putin no declarará la guerra a Turquía. 

Pero los desafíos a los grandes imperios nunca quedan sin respuesta. Hay otras formas de contraatacar y Moscú cuenta con varias opciones sobre la mesa. Puede redoblar sus ataques contra los grupos insurgentes apoyados directamente por Ankara, en especial aquellos que se han hecho fuertes en la zona norte del país tras tomar la provincia de Idlib y amenazar a la provincia de Latakia, donde está la actual base de operaciones rusa en Siria.

El suministro de gas ruso es fundamental para Turquía, pero cortarlo perjudicaría a ambos. Políticamente, es más sencillo, como se ha hecho, recomendar a los rusos que no viajen a ese país apelando a razones de seguridad. Por nacionalidades, los turistas rusos son el segundo cliente de Turquía, por detrás de los alemanes.

 Líneas aéreas y agencias turísticas rusas lo tendrán difícil para resistirse a las órdenes que reciban del Gobierno. Todos saben que negarse no es una actitud inteligente. La agencia RIA ya ha informado que hay un 20% de cancelación de billetes con destino a Turquía. Ese porcentaje aumentará.  (...)

Agobiada por la amenaza de ISIS, Europa está inmersa en un debate sobre cómo acabar con ese grupo yihadista y su amenaza en las ciudades europeas. Si nos declaran la guerra, ¿cómo podemos negar que estamos en guerra?, dicen muchos comentaristas que pasan por razonables (el último, Iñaki Gabilondo).

 Pero es imposible hacer la guerra a ISIS sin lanzarse sobre territorio sirio, y eso nos devuelve a Irak en 2003, a lo que dejamos allí, que terminó convirtiéndose en la semilla de la que creció ISIS años después, y a la realidad que han construido líderes como Putin y Erdogan.

No controlamos los acontecimientos. Será mejor que seamos conscientes de eso antes de convocar a los perros de la guerra. Porque hay otros que se nos han adelantado mientras pensábamos que la fortaleza europea tenía los muros lo bastante altos como aislarnos por completo de lo que ocurriera en Siria."               (Iñigo Sáenz de Ugarte , Guerra eterna, 25/11/15)

20.11.15

Francia y Siria, su geopolítica

"(...) El Papa Francisco, conocedor cabal del momento geopolítico y “global player” desde Roma, fue claro en su primera intervención tras conocer la noticia: se trata de la “Tercera Guerra Mundial en trozos” de la que viene advirtiendo desde inicios de su papado. 

Otra argentina influyente, nada menos que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, también había metido el dedo en la llaga, un año atrás en la Organización de Naciones Unidas, consultando sobre el patrocinio ´non sacto´ de ISIS: “Mi país no produce armas, ¿de dónde sacan los recursos? ¿quiénes son los que les venden armas?”.

Acá entra uno de los puntos principales para entender lo que sucede en Siria: en vías a desplazar a Bashar Al Assad, potencias occidentales -como EEUU y determinados países de la Unión Europea- impulsaron diversos grupos radicales y moderados, según las crónicas periodísticas, a fin de disputar el poderío interno. 

Pero, mal que le pese a la mass media, en los hechos hubo más radicales que moderados, y el multimillonario ISIS avanzó hasta Palmira, difundiendo videos de ejecuciones que parecieran del siglo pasado de no ser por el HD que verifica, nuevamente, que no hablamos de improvisados en ningún aspecto (ni siquiera en el comunicacional).

"EEUU dijo antes: ´Si sale Gaddafi, Libia va a crecer´. Lo mismo con Hussein en Irak"*. La sugestiva frase corresponde al canciller ruso Serguei Lavrov, en confrontación clara con su par estadounidense John Kerry, quien luego de los atentados parísinos seguía más preocupado en como deshacerse de Al Assad que en confrontar con el pujante Estado Islámico.

 ¿Qué quiere decir Lavrov, en términos concretos? Que la discusión ya no es “Assad si, Assad no”, sino como frenar lo antes posible la brutalidad del EI. Por ello EEUU y Rusia acordaron la confrontación conjunta con estos grupos irregulares -algo que Moscú viene llevando adelante desde hace meses- sumado a un diálogo que deberá promover Al Assad con la oposición realmente existente (y no las organizaciones terroristas, claro está) durante los próximos meses.

Todo esto nos lleva a una conclusión rápida: el no acuerdo entre Moscú y Washington en torno al papel de Al Assad debe también tomar en consideración lo acontecido en Libia e Irak, tal como proponía Lavrov en la conferencia de prensa conjunta. 

La segunda conclusión tiene que ver con la multipolaridad vigente: la multiplicidad de “jugadores globales” que, de una u otra manera están involucrados en esta situación, hace que -por suerte- sea más compleja la toma de decisiones (algo que no sucedió con la unilateralidad norteamericana en, por ejemplo, Irak). 

EEUU debe comprender que su papel en el concierto de naciones ya no es el que era, incluso desde mensajes simbólicos: llamó mucho la atención que Obama hablase antes que el propio Hollande tras los atentados.

En definitiva, se trata de la urgencia de entender la convulsionada geopolítica de la “Tercera Guerra Mundial en trozos” para avanzar en cuatro ejes:

a) impedir la consumación de nuevos atentados como el que el viernes pasado sufriera París;

b) avanzar en desarticular a ISIS, promoviendo asimismo un diálogo político verdadero en Siria -es decir, con Al Assad sentado en la mesa de negociación- y cortando cualquier línea de financiamiento occidental a grupos irregulares;

c) rechazar cualquier intento de “islamofobia” que se pretenda descargar sobre los pueblos árabes a raíz de atentados provocados por un sector de dudosa procedencia;

d) promover la multipolaridad desde acuerdos tácticos concretos, como el que a esta hora ensayan Moscú y Washington, a fin de pacificar a un mundo cada vez más convulsionado."         (Juan Manuel Karg , Rebelión, 16/11/15)

Desde que estalló la crisis financiera de 2008, el belicismo occidental no ha dejado de crecer. La OTAN ha atacado Libia y Siria; ocupa Líbano, Irak y Afganistán. El conflicto bélico está sólidamente instalado en la humanidad del siglo XXI

"El viernes 13 de noviembre un comando de combatientes islámicos atacó a la población civil de París, produciendo cerca de 140 muertos y cientos de heridos. Imagino que los fabricantes de armamento y los partidarios de la guerra tendrán motivos para celebrarlo. 

Estos atentados confirman que el conflicto bélico está sólidamente instalado en la humanidad del siglo XXI; tal parece que ante la falta de perspectivas económicas claras, la industria bélica puede ser la solución: la venta de armas va viento en popa en medio de la crisis económica y se presenta como la salvación del capitalismo liberal. 

No estoy exagerando. Desde que estalló la crisis financiera de 2008 el belicismo de las potencias occidentales no ha dejado de crecer. La OTAN ha atacado Libia y Siria; ocupa varios países en Oriente Medio, Líbano, Irak y Afganistán. 

El ejército estadounidense ha incrementado hasta alrededor de 800 bases militares para el control de la geografía mundial; Francia ha intervenido repetidamente en África (Costa de Marfil, Mali, Chad, Congo, República Centroafricana,…). Etc. 

Estamos en guerra, pero las acciones bélicas ocurren en países lejanos y apenas nos afectan; por eso son fáciles de disfrazar bajo nombres bonitos como ‘guerra humanitaria’, ‘guerra de civilizaciones’, ‘guerra contra el terrorismo’ o ‘guerra preventiva’. 

En los medios de comunicación europeos se nos presenta como una guerra defensiva en nombre de los derechos humanos: el agresor se disfraza de víctima. Y ni puede ser declarada abiertamente como conflicto entre seres humanos, ni tampoco puede generalizarse porque el armamento atómico garantiza la ‘destrucción mutua asegurada’ de los contendientes. 

Es una guerra de baja intensidad, contenida y discreta, que debe mantenerse dentro de los límites tolerables; una guerra que se desarrolla en los países pobres y para los pobres, y no puede molestar demasiado a los ricos. A veces nos lo recuerdan esos atentados que se suceden para justificar las intervenciones de los ejércitos imperiales: París 13.11, Madrid 14M, Londres 7 de julio, Nueva York 11S,…

La guerra se desarrolla lejos; y de vez en cuando salpica también a los ricos. Pero lo peor es que esas guerras han sido creadas por los ricos para mantener su dominio sobre los pobres; pues ¿de dónde podría nacer la barbarie sino del egoísmo satisfecho de los poderosos? 

Los comandos islamistas son una creación de la inteligencia americana -¿inteligencia?… Decía Heráclito hace 2500 años: los muchos conocimientos no dan la sabiduría)-. Utilizaron a los fanáticos musulmanes para combatir una República laica apoyada por la URSS; en Afganistán en los años 80 cuando las mujeres afganas iban a la universidad, la inteligencia americana (¿inteligencia?) financió, entrenó y armó una guerrilla de musulmanes integristas que no ha dejado de crecer desde entonces. 

De allí salió Ben Laden. Ahora en Afganistán esos integristas asesinan a la niñas que van a la escuela, en un país que lucha contra su ocupación por las fuerzas de la OTAN y sus aliados. 

Los integristas viven y se desarrollan con el dinero del petróleo que compran sus aliados occidentales, bajo cobertura de las monarquías feudales del Golfo Pérsico. En Irak, Libia y Siria, los comandos integristas han sido directamente apoyados por la aviación de la OTAN en sus combates contra estados legítimos, laicos y modernizantes. 

No, no era por principios morales o políticos, que se atacaron esas repúblicas; estas guerras imperialistas se hacen para controlar los recursos naturales que los ricos necesitan para mantener sus altos niveles de bienestar.

Claro que todo eso no aparece en los medios de (des)información: la posición oficial de la OTAN afirma luchar contra los grupos terroristas. Pero es demasiado tarde, la infección del fanatismo se ha extendido ya demasiado; y además tenemos la sospecha bien fundada de que los mayores terroristas son los propios ejércitos de la OTAN. 

Pues ¿realmente se ha hecho alguna vez algún esfuerzo para combatir el integrismo violento desde la OTAN? Las evidencias no corroboran esas saludables intenciones que manifiestan los políticos. 

¿No es verdad que, como afirma Lavrov –el ministro de asuntos exteriores ruso-, la mayor parte de los soldados entrenados por la OTAN para combatir a Bachar el-Assad en Siria están ahora luchando junto al ISIS (Estado Islámico), o bien con al-Nusra (el brazo sirio de al-Qaeda)?

 Y lo mismo con el armamento cedido por la OTAN al Ejército Libre Sirio de la oposición moderada: está en manos de los integristas. Parece que Hillary Clinton está desesperada al constatar esa realidad. 

La opinión pública de los países occidentales debería informarse al respecto: las promesas de luchar contra los comandos islámicos son meras excusas sin efectividad práctica; las acciones emprendidas para cumplir esas promesas han resultado contraproducentes, o bien se han diseñado para que tengan un resultado contraproducente. 

Sin embargo, ha bastado con el esfuerzo diplomático ruso y algunas pequeñas maniobras de los ejércitos de este país, para que la situación en Oriente Medio esté empezando a cambiar.

La extrema derecha de occidente está encantada: los acontecimientos se desarrollan a pedir de boca. Más combustible para el odio étnico. Cada vez que sucede un atentado de este tipo aumenta el número de votos de los conservadores radicales: Republicanos en los EE.UU., UKIP en Inglaterra, Front National en Francia, por no hablar de la proliferación de partidos fascistas y nazis en Europa nórdica, central y oriental.  (...)"            (Miguel Manzanera Salavert , Rebelión, 16/11/15)

18.11.15

La sombra de la guerra de Argelia en el terrorismo de París

"La identidad franco-argelina de uno de los atacantes demuestra de qué modo la salvaje guerra francesa de 1956-62 en Argelia continúa infectando las atrocidades de hoy. 

La absoluta negativa a contemplar el papel de Arabia Saudita como proveedora de la forma más extrema del islam, la wahabita sunita, en la que cree el Isis, muestra de qué manera nuestros líderes aún rehúsan reconocer los vínculos entre el reino y la organización que atacó a París. 

Y nuestra falta total de voluntad de aceptar que la única fuerza militar regular en combate constante con el Isis es el ejército sirio –que lucha por el régimen que Francia desea destruir– nos impide aliarnos con los inmisericordes soldados que están en acción contra el Isis con mayor ferocidad aún que los kurdos.

Siempre que Occidente es atacado y nuestros inocentes perecen, caemos en borrar el banco de memoria. Por tanto, cuando los reporteros nos dijeron que los 129 muertos en París representaron la peor atrocidad perpetrada en Francia desde la Segunda Guerra Mundial, omitieron mencionar la masacre en París de hasta 200 argelinos que participaban en una marcha ilegal contra la salvaje guerra colonial francesa en Argelia, en 1961. 

La mayoría fueron asesinados por la policía francesa; muchos fueron torturados en el Palais des Sports y sus cuerpos arrojados al Sena. Los franceses sólo reconocieron 40 muertos. El oficial de policía a cargo era Maurice Papon, quien trabajó para la policía colaboracionista de Petain en Vichy en la Segunda Guerra Mundial y deportó a más de mil judíos hacia su muerte.

Omar Ismail Mostafai, uno de los atacantes suicidas en París, era de origen argelino, y acaso también lo eran los otros sospechosos identificados. Said y Cherif Kouachi, los hermanos que asesinaron a los periodistas de Charlie Hebdo, eran descendientes de argelinos. 

Procedían de la comunidad argelina en Francia, integrada por más de 5 millones de personas, para muchas de los cuales la guerra en Argelia nunca terminó, y que hoy viven en los barrios bajos de Saint-Denis y otros enclaves argelinos en París. 

Sin embargo, el origen de los asesinos del 13 de noviembre –y la historia de la nación de la que proceden sus padres– ha sido casi borrado de la narrativa de los horribles sucesos del viernes. Un pasaporte sirio con un sello griego es más emocionante, por razones obvias.

Una guerra colonial de hace medio siglo no justifica un asesinato en masa, pero ofrece un contexto sin el cual cualquier explicación de por qué hoy Francia ha sido tomada de blanco tiene poco sentido. Al igual que la fe sunita-wahabita saudita, que es fundamento del califato islámico y sus asesinos, presuntos practicantes de ese culto.

Mohammed ibn Abdel al Wahab fue el clérigo y filósofo purista cuyo implacable deseo de purgar a los chiítas y otros infieles de Medio Oriente condujo a las masacres del siglo XVIII, en las que la dinastía original al Saud estuvo profundamente involucrada.

El actual reino saudita, que con regularidad decapita a supuestos criminales tras someterlos a juicios injustos, construye un museo en Riad dedicado a las enseñanzas de al Wahab, y la furia del viejo prelado hacia los idólatras y la inmoralidad ha encontrado expresión en la acusación del Isis contra París como centro de prostitución. 

Gran parte del financiamiento del Isis proviene de los sauditas, aunque, una vez más, este hecho ha sido borrado de la historia terrible de la matanza del viernes. (...)"                      (Robert Fisk, La Jornada, en Jaque al neoliberalismo, 17/11/15)

17.11.15

No, no es una guerra y no necesitamos un George Bush francés que nos meta en otra guerra perdida

"François Hollande ha declarado a la guerra a ISIS y como presidente tiene la capacidad de arrastrar a todo su país con ella. “Nuestro enemigo en Siria es Daesh (ISIS). No se trata de contener, sino de destruir esa organización”. (...)

¿Tiene razón Hollande? ¿Es responsabilidad de los países asumir la eliminación contra ISIS como un objetivo prioritario? Estas son algunas de las razones por las que hay que decir que no.

Es un triunfo para ISIS

Declarar la guerra al grupo yihadista supone concederle un triunfo propagandístico de consecuencias difíciles de prever. Es el mismo estatus de combatiente en la guerra contra Occidente que Al Qaeda siempre anheló. 

ISIS no es un Ejército. Las personas que disparan con fusiles de asalto contra civiles en un restaurante o una sala de conciertos no son combatientes ni protagonistas de ninguna guerra. Son asesinos que deben ser perseguidos y detenidos.  (...)

La proclamación de Hollande da a ISIS un estatus que no debería tener y tendrá efectos peligrosos. Los jóvenes musulmanes europeos radicalizados pueden creer que ISIS es la mejor forma de desafiar al Estado.

Contra los disidentes

Las guerras no admiten disidentes. Si la nación está en peligro, aquellos que cuestionen la política del Gobierno y su visión de los conflictos de Oriente Medio acabarán siendo tachados de traidores o cómplices del enemigo. 

Hollande no ha dicho cómo ejecutará su objetivo de aniquilar a ISIS en Siria, pero sí ha desgranado varias propuestas para limitar los derechos civiles, empezando por una reforma constitucional. Los que se opongan a estos últimos cambios tienen muchas papeletas para ser acusados de poner en peligro la seguridad de los franceses.

Una guerra al servicio de intereses políticos

(...) se toman decisiones militares que no tienen una lógica militar, sino política. Un ejemplo de ello es el ataque aéreo francés de la noche del domingo contra la ciudad siria de Raqqa, ocupada por ISIS desde hace casi dos años.

Raqqa ha sido atacada en varias ocasiones por aviones norteamericanos, y en las últimas semanas por aviones rusos. Es de suponer que tras la matanza de ISIS los dirigentes del grupo yihadista no iban a estar esperando a que les cayeran las bombas. 

El bombardeo no degradó la capacidad de ISIS de cometer atentados, a menos que se crea que acabar con un campo de entrenamiento que se compone de una explanada de tierra y unas casetas es un paso dramático para acabar con la amenaza.

Ese ataque fue un gesto político para demostrar que el Gobierno no dejará ningún ataque sin respuesta. Su parte fundamental no fue el daño infligido, sino las imágenes de aviones despegando que aparecieron en los informativos de televisión.

Ignorar el origen de las ideas de ISIS

Lanzar una guerra contra ISIS en Siria es inútil si no nos enfrentamos a la base ideológica que anima a los grupos yihadistas que operan en Siria u otros países. De lo contrario, acabar con ellos será sólo una etapa más en una guerra interminable. Si Hollande es sincero en su intención de acabar con la funesta ideología que está detrás de ISIS, debería señalar al país que ha alentado y financiado la versión más violenta del salafismo en las últimas décadas.

Ese país es Arabia Saudí.  

Nos hace cómplices de otras guerras

¿Cuál es por tanto la credibilidad de Hollande para alentar una gran campaña contra la violencia yihadista si está colaborando en otra guerra en la que los civiles están siendo atacados de forma indiscriminada? Es el caso de Yemen. Francia además no es el único país responsable. 

EEUU acaba de vender munición para que los aviones saudíes continúen bombardeando Yemen (lo que incluye zonas civiles o un hospital de Médicos sin Fronteras). La factura alcanza los 1.300 millones de dólares y permite por ejemplo comprar mil bombas guiadas por láser de cerca de una tonelada. (...)

La guerra de Yemen es otro ejemplo de las prioridades saudíes. (...)

La coalición fantasma

Hollande dice que quiere armar una coalición internacional para hacer frente a ISIS. Como explica Olivier Roy, los países implicados en las guerras de Oriente Medio tienen otros enemigos que les preocupan más. 

 Asad está más preocupado por las otras fuerzas insurgentes que le amenazan directamente. Erdogan tiene en su punto de mira a los kurdos. Los kurdos iraquíes pretenden por encima de todo mantener su estatus casi independiente. Para los saudíes, su enemigo mortal es Irán. (...)

No queremos volver a la guerra de Bush

España y Gran Bretaña sufrieron en la década pasada ataques similares al ocurrido en París. Con ser horrible, esta es una situación por la que hemos pasado antes en Europa. Hemos visto a jóvenes ver sus sueños mutilados, a padres enterrar a sus hijos, a trabajadores asesinados cuando acudían a sus puestos en el transporte público. 

Siempre hemos tenido delante el mismo dilema y, a pesar de haber cometido muchos errores cuyas consecuencias aún estamos pagando, ha persistido en la mayor parte de la opinión pública europea la idea de que restringir al máximo los derechos civiles y embarcarse en aventuras imperiales en Oriente Medio sólo puede agravar nuestra situación. Si no somos como los terroristas, y no lo somos, tenemos que demostrarlo. España lo demostró después del 11M.

¿De qué habla Hollande cuando pronuncia la palabra guerra?

"Los ataques de París han dejado sin palabras al mundo. Los calificativos se agotaron en minutos por la brutalidad de la actuación terrorista. (...)

Desde los atentados del 11-S la estrategia internacional contra el terrorismo global se ha basado, fundamentalmente, en el objetivo compartido por todos los países desarrollados de evitar que la violencia de raíz islamista atravesase sus fronteras.

 Ante la dificultad de acabar con un fenómeno tan incontrolable en sus comunidades de origen, se trataba de acotar sus efectos, de intentar que el terror no saliera de Oriente Medio, de Afganistán, de Pakistán o de Somalia. Aunque la rivalidad interreligiosa, los reajustes en la galaxia Al Qaeda y hasta la competitividad entre esta y el Estado Islámico han acabado multiplicando el peligro yihadista. Con un añadido. (...)

Es evidente que la guerra no puede quedar al albur de una especie de alistamiento moral a favor, en contra o por la indiferencia. Pero tampoco puede sojuzgar las conciencias que conforman las sociedades abiertas. Es por ello obligado que se conozca de qué se trata. De qué habla Hollande cuando pronuncia la palabra, y qué entendía Rajoy por ir a la raíz del problema del éxodo sirio o iraquí. 

Las sociedades democráticas no pueden afrontar la amenaza yihadista de manera dicotómica, apelando al sistema de derechos y garantías en las acciones a desarrollar en los países libres y dando rienda suelta a la utilización de la fuerza en las zonas controladas por el Estado Islámico.

 Como si los terroristas, los sospechosos de serlo o los procedentes de dichos lugares pudieran ser tratados como personas con derechos en un caso y pasaran a cosificarse en un grupo informe con el que acabar en el otro.

 La certeza de que los integrantes del EI no son precisamente sensibles a una aproximación pacifista hacia sus posesiones, ni a iniciativas de interposición, tampoco exime a los gobiernos que emprendan expresamente la guerra contra el Estado Islámico de dar cuenta de lo que hacen y no a bulto. 

Porque esa rendición de transparencia es el mínimo indispensable para que los gobiernos democráticos no se deshagan del Estado de derecho cuando actúan fuera de sus fronteras.

Es sabido que los victimarios necesitan hacerse las víctimas para soportarse a sí mismos. Ocurre hasta en las expresiones más patológicas del terror. Los asaltantes de París gritaban al parecer “Os vamos a hacer lo que nos hacéis en Siria”. 

El nosotros yel vosotros totalizan la realidad en un conflicto descarnado visto por ojos fanáticos. Por eso la asunción de la guerra como acción de Estado ha de renunciar al vosotros y conjugar el nosotros patrio con moderación y respeto a la libertad. El nosotrosvíctima tampoco puede ser objeto de una leva moral."               (Guerra sin lenguaje, de Kepa Aulestia en La Vanguardia, en Caffe Reggio, 17/11/15)

16.11.15

¿Qué hay que hacer para acabar con esto? Con esto no se acaba... Tenemos una situación como la actual para varias generaciones

"Ganar esta guerra es no perderla.

Pero después de ésta, vendrá otra similar, y luego otra similar también…

Me pregunta mucha gente: ¿Qué hay que hacer para acabar con esto?

Con esto no se acaba:

Tenemos, y, sobre todo, tienen los que vendrán, una situación como la actual o más bien peor para varias generaciones. Digamos, en general, para el siglo XXI. 

Todos esos avances del genoma y la lucha contra el cáncer y etcétera, vendrán, sí. Pero se quedarán para los señoritos del mundo.  

Hemos, y habréis, y habrán de hacerse a la idea de que no se puede acabar con este tipo de guerras. Hay que irlas ganado una a una y, sobre todo, hay que acostumbrarse a vivir en la guerra, a gestionar la guerra.

Durante años el Imperialismo ha sido un pimpampum de feria muy cómodo: Cualquiera, desde cualquier ideología, podía ganarse unos puntos criticándolo. Desde la izquierda antiamericana hasta la Guerra de las Galaxias.

Pero los imperios, desde que se inventaron hace cinco mil años, tenían una virtud: Imponían la paz en un espacio en el que antes, y después, había una pléyade de grupos étnicos dispuestos a zurrarse la badana a modo. 

La Pax Romana sembró de crucificados las vías romanas, pero antes las construyó. Evidentemente ha habido imperios más bestias e imperios más benévolos. Pero el quid de la cuestión es que, en este estado de la humanidad, sin imperio que imponga su paz, hay lo que tenemos. Y ya no quedan imperios.

O sea: esta situación no se acabará hasta que no haya un imperio que se imponga, y el único que se puede vislumbrar, por el momento, es un futuro imperio chino. Quizá nuestros esfuerzos deban estar dedicados a conseguir que los chinos sean lo más civilizados posible.
Hay una alternativa, pero sólo sobre el papel, que lo aguanta todo: el triunfo de la democracia en los diferentes países y consiguientemente la solución de los problemas mediante el diálogo.

Estamos muy lejos de eso, por una razón muy sencilla: Para que en un país triunfe la democracia no basta que haya una minoría urbana que sabe leer y escribir, usa Internet, chamulla mejor o peor el inglés y quiere tener wifi en sus ciudades, y cine americano y música y tiendas de Zara y McDonalds; y que están dispuestos a montar una primavera para pedir todo eso. 

En sus países, por cada demócrata de esos hay diez proletarios rurales a los que todo eso les importa un bledo porque lo que quieren es hacer lo que les dicen sus señoritos (civiles, militares y religiosos) de toda la vida. O sea, como en España, sólo que aquí ya no son rurales.  

Para que en un país triunfe la democracia hace falta una muy respetable mayoría de demócratas. Si no, se va al caciquismo y se regresa a donde ya estaban.

Y para que el mundo esté poblado mayoritariamente de demócratas faltan muchos, muchos años."               (La Lamentable, 16/11/15)

17.3.14

¿Quién tiroteó a los lituanos? El ministro de defensa... lituano

"(...) Audrius Butkevicius. En 1990 un joven fisioterapeuta de 31 años llamado Audrius Butkévicius fue nombrado por el gobierno lituano, “Director del Departamento de Defensa del país”, una especie de ministro de defensa. Butkévicius se graduó en la “Institución Albert Einstein” dirigida por un gurú norteamericano llamado Gene Sharp especializado en la “resistencia no violenta”.

 Los libros y enseñanzas de Sharp fueron aplicados por Butkévicius en Lituania y más tarde por organizaciones como Kmara (Georgia) Porá (Ucrania), KelKel (Kirguizia) o Zubr (Bielorrusia) en diversas “revoluciones coloreadas”.
 
En 1991 Lituania mantenía un pulso muy serio para lograr su independencia de la URSS. Se esperaban medidas de fuerza de parte de Moscú. Era la lucha entre David y Goliat. “Decidí no crear un pequeño ejército, sino usar la guerra sicológica”, explica Butkevicius años después. 

“Sabíamos bastante bien lo que el adversario iba a hacer y les estropeamos todo el escenario” (entrevista en Youtube, enero de 2013). ”Las ideas tradicionales de defensa no iban a funcionar”, decía en otoño de 1990. “Vamos a crear un grupo paramilitar de unos 500 hombres capaz de responder rápidamente a las crisis y varias unidades entrenadas en la guerra sicológica”. (Boletin del Instituto Einstein, Otoño 1990).

En Lituania había un genuino movimiento nacional popular. Moscú jugó movilizando a la minoría rusa. Quería provocar enfrentamientos y a continuación intervenir militarmente como “mediador”. Fue así como se llegó al “domingo sangriento”, el 13 de enero de 1991. 

La tropa rusa llegó a la torre de la televisión para desalojarla, pero la ciudadanía bloqueó el lugar. Entonces actuaron francotiradores. Más de una docena de personas murieron por impactos de armas de fuego y muchos más fueron heridos. 

Les tirotearon desde las azoteas y los balcones de los edificios circundantes. ¿Quién tiroteó a la multitud? “Mis hombres no estaban estacionados allí”, “La tropa especial del KGB no llevaba munición real en sus armas, solo en los bolsillos como reserva, nuestro objetivo era entrar en la sede de la televisión”, explica el jefe del operativo ruso, Mijail Golovatov (en Die Presse, 3 de septiembre de 2011). 

Inmediatamente después de los hechos todo eso ya se dijo, pero ¿quién iba a creer que Goliat no disparó contra David y que aquello no había sido una “masacre del KGB? Hubo que esperar más de diez años para que el propio Butkevicius explicara que fueron sus hombres, armados con fusiles de caza, quienes dispararon a la muchedumbre desde las azoteas. Lo dijo en una entrevista con la revista “Obzor” publicada en el 2000:

“No puedo justificar mi acción ante los familiares de las víctimas, pero sí ante la historia, porque aquellos muertos infligieron un doble golpe violento contra dos bastiones esenciales del poder soviético: el ejército y el KGB. Así fue como los desacreditamos. Lo digo claramente: fui yo el que planeó todo lo que ocurrió. 

Había trabajado bastante tiempo en la Institución Albert Einstein con el profesor Gene Sharp, que entonces se ocupaba de lo que se definía como “defensa civil”, en otras palabras la guerra sicológica. Sí, yo programé la manera de poner en dificultades al ejército ruso, en una situación tan incómoda que obligara a cada oficial ruso a avergonzarse.

 Fue guerra sicológica. En aquel conflicto no habíamos podido vencer con el uso de la fuerza, eso lo teníamos muy claro, por eso trasladé la batalla a otro plano, el del enfrentamiento sicológico, y vencí”.
“De otra manera habría muerto mucha más gente, en esa situación solo murieron los que murieron”, dice Butkevicius en el video de enero de 2013.

A la vista de lo que ha pasado en Kíev, con más de veinte muertos a manos de francotiradores el día 20 de febrero, la jornada que precipitó el acceso al poder del actual gobierno prooccidental, la pregunta sobre quién fue el Butkevicius de Kíev no es ninguna tontería. Hay que observar quién no quiere investigar aquellos hechos, además de reflexionar sobre a quién han beneficiado. (...)"          (Rafael Poch La Vanguardia, en Rebelión, 14/03/2014)

9.7.08

¡¡ Y luego dicen que el petróleo es caro !!

“El petróleo es uno de los elementos centrales de nuestra forma de vida. Gracias a él, disfrutamos de unos niveles de bienestar inéditos en la historia de la humanidad. Teniendo en cuenta el rendimiento que obtenemos de cada barril de crudo, y dado el enorme poder adquisitivo de nuestras sociedades, aún a los precios actuales, el litro de gasolina sigue siendo un buen negocio para Occidente. (...)

Para los países pobres o en vías de desarrollo, el oro negro puede suponer un drama aún mayor. Un reciente artículo de Michael L. Ross en la revista Foreign Affairs arroja un balance estremecedor: el petróleo tiende a reforzar las dictaduras; debilitar las democracias; incentivar la corrupción; alentar el separatismo y fomentar las guerras civiles. Casos como el de Guinea Ecuatorial ofrecen un buen ejemplo de hasta qué punto una tiranía pobre puede convertirse súbitamente en una cleptocracia inmune a la presión internacional.

Significativamente, hoy en día, un tercio de los conflictos bélicos del mundo tienen lugar en países productores de crudo. En ese sentido, el petróleo no se diferencia mucho de lo que significaron los diamantes en los años ochenta, cuando los seis grandes productores de África se vieron asolados por unos conflictos de inusitada crueldad. Por ello, el consumidor europeo, además de quejarse al llenar su depósito de combustible, hará bien en pensar en lo que se esconde detrás de cada preciado litro de gasolina. (...)

¿Qué hacer para lograr que esa fortuna que dejamos en el surtidor al menos redunde en beneficio de la democracia, los derechos humanos y el bienestar de la población de los países productores? Ante todo, debemos exigir transparencia tanto a los Gobiernos productores como a las multinacionales del petróleo… Pero la transparencia es sólo un primer paso: economistas como Paul Collier han propuesto a Naciones Unidas que impulse la firma de una Carta de los recursos naturales que establezca la obligación de los Gobiernos de los países productores a repartir de forma equitativa e invertir responsablemente los beneficios de dichos recursos.” (JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA: Barriles de sangre. El País, ed. Galicia, Internacional, 07/07/2008, p. 9)

8.3.07

Srebrenica, el horror que persigue a Holanda… y a Europa

“La pérdida de la inocencia de la sociedad holandesa suele fecharse el 6 de mayo de 2002, día del asesinato del líder ultraderechista Pim Fortuyn a manos de un ecologista radical. Sin embargo, la auténtica sacudida de la conciencia nacional se produjo semanas antes. Fue el 10 de abril, de la mano del informe sobre la matanza de Srebrenica.”

Por lo menos hubo pérdida de inocencia; en el resto de Europa, la más completa indiferencia.

“… Thijsen, de 43 años. Estuvo en Srebrenica del 5 de enero al 24 de julio de 1995. "Éramos una fuerza de paz sometida a una situación de guerra. Había mala comunicación con los mandos de la OTAN y con la ONU. Incluso las solicitudes de apoyo aéreo se perdían. Daba la sensación de que los de arriba tenían otros planes. Al final, éramos unos 60 hombres protegiendo a 35.000 civiles". (El País, Internacional, 04-03-07, pp. 5)

Así fué... increiblemente.

25.2.07

¡Vuelve!

"La 'guerra de las galaxias' llega a Europa. Moscú amenaza con volver a construir cohetes de alcance medio ante el escudo antimisiles de EE UU." (El País, 24/02/07, pp. 2)
Y es que veinte años no son nada, sobre todo si se pierde el tiempo miserablemente.

5.2.07

Comparten identidades, pero no la tierra... por la que luchan

"Los israelíes están convencidos, desde hace más de medio siglo, de la legitimidad sagrada y mística de su Estado. Para ellos, la historia concreta sirve de apoyo a esa base mística. Los palestinos han experimentado el sufrimiento de ver sus tierras expropiadas, y también ellos han construido una mística de la nación igualmente sacralizada e intransigente. Frente a la idea israelí del "regreso" que pretende instaurar la identidad política de los judíos, oponen la del regreso de los refugiados palestinos que pretenden fundar la identidad nacional palestina. ¿Es posible una relación dialógica entre estas dos visiones, simétricase idénticas tanto en su presupuesto como en su formulación? Tal vez. Es incluso deseable. Pero es una equivocación pensar que ese diálogo podría servir hoy para algo que no sea alimentar el resentimiento mutuo, sobre todo porque la materialización política del reconocimiento (la existencia de un Estado palestino y el derecho intangible a la seguridad de Israel) no está establecida". ( Sami Nair: Israelíes y palestinos: una mirada al futuro, El País, Opinión, 02-02-07, pp. 17 )

Comparten identidades, la del expolio, pero no comparten la tierra, por la que luchan... la tierra de los palestinos... expoliada por los israelíes en el 45, porque a ellos los habían expoliado en los 40. Y sin embargo:

"Israel debe representar la mejor oportunidad para la democracia palestina, y el Estado palestino debe ser la mejor garantía de la seguridad de Israel. No existe otro remedio"




19.1.07

El Estado es...

"Nunca he visto un Gobierno en mi vida, sólo he visto jóvenes con armas y mucha destrucción", asegura Sara Alí Sharif, de 18 años, bien cubierta con el hiyab (pañuelo) musulmán. "Imagino que un Estado es algo que te protege de las balas y de los bombazos". Sara vive en Galcayo, cerca de la frontera etíope, y lejos de su familia, que permanece atrapada en Mogadiscio. "El Kaláshnikov es la única autoridad real de Somalia", afirma Amin, uno de los dos médicos del hospital de Galcayo". (El País, Portada, 19-01-07)

A los pobres les favorece un estado fuerte.

11.1.07

La alternativa de siempre...

JOAQUÍN VILLALOBOS: EE UU ahorcando al mundo

(…) La mayoría de los conflictos en África, la narco-guerra de Colombia, las pandillas en El Salvador, y la situación en Palestina luego de la muerte de Arafat son ejemplos de conflictos políticos que han derivado en violencia anárquica y procesos de desinstitucionalización. Sin actores organizados y coherentes la paz es extremadamente difícil y, en las condiciones actuales de globalización y pérdida de identidades, los conflictos no resueltos pueden derivar fácilmente en anarquía a nivel de comunidades, países o regiones.

El 11 de septiembre provocó una deslegitimación de la violencia contra el orden que abrió posibilidades a los procesos de paz en Sri Lanka, norte de Irlanda e incluso en España. Esos actos terroristas marcaron la frontera entre la violencia como medio y como propósito, obligando a rebeldes de distinto signo a desmarcarse o deslegitimarse.

Sin embargo, el fracaso moral, político y militar de la intervención en Irak y la legitimación del terrorismo entre grandes grupos sociales en Asia y África puede oxigenar la violencia contra el orden en lugares donde ésta ya estaba concluyendo.

(…) Las insurgencias y, en este caso, el terrorismo serán siempre un síntoma, no una solución; son una consecuencia y no una causa. La inteligencia no se demuestra probando que se tiene razón y que tu enemigo es un malo que merece morir. Inteligencia es evitar los conflictos o resolverlos. Desde esa perspectiva cobra fuerza la idea de quienes sostienen que la nueva polaridad del mundo no es entre la izquierda o derecha o entre cristianos e islámicos, sino entre inteligencia y estupidez.
( El País, Opinión, 05/01/2007, pp. 13 )

26.12.06

Filosofía del soldado de infantería

Inscripción en un "zippo" (mechero de gasolina que usaban los soldados norteamericanos en Vietnam):

"Somos los involuntarios llevados por los inútiles que hacen lo innecesario por los desagradecidos"
The New York Times-El País, 21-12-06, pp. 12

Una buena definición de la guerra.

15.12.06

Los Señores de la Guerra

"Somalia, el paradigma de las nuevas guerras. La mayoría de los conflictos se producen en países donde el estado se ha desintegrado y dónde las estructuras del ejército no son importantes. No hay armemento pesado, sino armas ligeras a base de Ak-47; no hay tampoco ni aviones, ni carros de combate, sustituídos por simples vehículos y camiones. Todo se pone al servicio de la guerra: no hay distinción ya no solo entre civiles y militares, sino entre adultos y niños, hombres y mujeres, cuyo papel se circunscribe en el frente y no solo en la rataguardia.

En estos conflictos, la figura clave es el Señor de la Guerra que crea estructuras paraestatales, y que vive por el conflicto y para el conflicto; estos señores de la guerra son los que reparten la ayuda internacional, y se alimentan precisamente de ella. Los embargos con los que la comunidad internacional intenta mermar estas guerras, producen, paradójicmente, lo contrario: un equilibrio de fuerzas y una perpetuación del conflicto, además de la entrada de terceros países que ayudan a los bandos violando el embargo y haciendo un gran negocio. Somalia es el mejor laboratario para observar esta triste realidad".

Fuente: Guerra y paz, 14-12-06