20.5.26

La historia dio un giro en Pekín... Desde la llegada de los Trump hasta su despedida el viernes, el líder chino le dejó claro al presidente —sin exagerar— que el líder de lo que algunos todavía insisten en llamar «el mundo libre» ya no es el líder del mundo... Xi aprovechó este momento para anunciar al 47.º presidente de Estados Unidos que la migración de poder es ahora irreversible y que es hora de que cada parte ocupe su lugar en un nuevo orden... no me sorprende en absoluto... Trump y su gabinete de incompetentes han demostrado una absoluta falta de seriedad a la hora de mantener siquiera una apariencia de orden mundial... La ilegalidad y la agresividad de Trump II han llevado finalmente a Pekín a intervenir, hasta ahora mediante la diplomacia, contra el retroceso mundial hacia un estado de caos premoderno... así, la rápida y contundente advertencia de Xi a Trump la semana pasada fue, a mi parecer, singularmente amenazante... Resulta sorprendente la rapidez con la que Trump se distancia de la estrategia norteamericana en Taiwan: "No busco que nadie se independice, y ya saben, se supone que tenemos que viajar 9500 millas para librar una guerra… No quiero eso"... Puede que existan todo tipo de presiones políticas por parte de los halcones antichinos en el Capitolio y otros lugares de Washington, pero hay muy pocas probabilidades de que Estados Unidos entre en guerra con Pekín en defensa de Taiwán. Todo se reducirá a meras demostraciones de fuerza por parte de los belicistas... ante esto, me resulta incomprensible que llegue a afirmar que en Pekín no pasó gran cosa... además, Xi también habló de la Trampa de Tucídides, ese concepto según el cual una potencia en ascenso y otra en declive están destinadas a entrar en guerra. No se trata de una simple advertencia: fue una señal de alerta... Se trataba de un presidente chino invitando a un estadounidense a colaborar mientras la República Popular trabaja con otros para preservar el orden internacional (Patrick Lawrence)

"¡ Qué refinados son los chinos, qué delicados sus gestos, tras dos milenios de experiencia en el arte de gobernar y la diplomacia! Pueden comunicar a un dignatario de alto rango que las relaciones han cambiado —y con ellas, el orden mundial— incluso antes de servir el té lapsang souchong. 

Donald Trump recibió un trato de lo más peculiar. Era de esperarse desde que bajaron las escaleras del Air Force One el jueves pasado para comenzar su cumbre de dos días con Xi Jinping. El líder chino no estaba en el aeropuerto para recibir al presidente estadounidense: Xi dejó esa tarea a unos niños con banderas en palos ya su vicepresidente, el poco conocido Han Zheng. 

No se dijo nada y se dijo mucho: esta es una característica habitual del repertorio diplomático de China.  

Cuando Trump llegó al Gran Salón del Pueblo poco después, la simbología era aún más evidente: Xi permanecía a distancia, sin avanzar, mientras Trump se acercaba a él con su habitual andar encorvado, el andar del cansado. Aquí , y merece la pena analizarlo brevemente, está el vídeo de CBS News del evento. 

La forma en que los chinos manejan el protocolo es asombrosa. 

Decir que no pasó gran cosa durante los dos días de Trump en la capital china, como muchos parecen creer, es no ver el bosque por los árboles. Desde la llegada de los Trump hasta su despedida el viernes, el líder chino le dejó claro al presidente —sin exagerar— que el líder de lo que algunos todavía insisten en llamar «el mundo libre» ya no es el líder del mundo. 

Esta es mi interpretación de lo sucedido en Pekín el jueves y el viernes pasados.

En los grandes movimientos de la historia moderna, el poder se ha desplazado significativamente hacia el oeste: desde la China imperial a Europa, luego a través del Atlántico y posteriormente por todo el territorio continental de Estados Unidos. 

La deriva transpacífica ha sido evidente desde hace tiempo. Xi aprovechó este momento para anunciar al 47.º presidente de Estados Unidos que la migración de poder es ahora irreversible y que es hora de que cada parte ocupe su lugar en un nuevo orden. 

El momento elegido por Pekín no me sorprende en absoluto. Tras poco más de un año del segundo mandato de Trump, él y su gabinete de incompetentes han demostrado una absoluta falta de seriedad a la hora de mantener siquiera una apariencia de orden mundial. 

Mucho antes de la llegada de Trump, los chinos, junto con los rusos, ya veían a Estados Unidos y su «orden basado en normas» como una preocupante amenaza para la estabilidad de las relaciones internacionales. La ilegalidad y la agresividad de Trump II han llevado finalmente a Pekín a intervenir, hasta ahora mediante la diplomacia, contra el retroceso mundial hacia un estado de caos premoderno. 

Retirada de la política de una sola China

Más concretamente, en el plano bilateral, existe el esfuerzo constante de Washington, que se remonta a los años de Biden, por socavar preventivamente los avances tecnológicos de China y, también desde la presidencia de Biden, el retroceso gradual de Estados Unidos respecto a los compromisos que adquirió en 1979, cuando la administración Carter adoptó la política de «Una sola China» y transfirió el reconocimiento de Taipéi a Pekín.

Las grandes ventas de armas a Taiwán —más de 30 durante los gobiernos de Trump I, Biden y Trump II—, las incesantes travesías de la Armada estadounidense en virtud de la «libertad de navegación» por el estrecho de Taiwán; las visitas provocadoras a la isla de sinofobos como Nancy Pelosi; las repetidas afirmaciones de Joe Biden de que Estados Unidos defenderá militarmente a Taiwán; la aprobación tácita, si no declarada, del movimiento independentista: Pekín ya ha tenido suficiente, y Xi —con otra venta de armas estadounidenses por valor de 14.000 millones de dólares pendiente— se lo hizo saber a Trump en cuanto se sentaron a hablar el jueves pasado, siendo este el primer punto del orden del día. 

Por supuesto, no hay un mensaje nuevo. Taiwán es territorio chino, al igual que Long Island es estadounidense. Qué irritante debe resultar para los chinos que los funcionarios estadounidenses y los medios de comunicación a su servicio repitan incesantemente la frase: «Taiwán, que China reclama como su territorio». 

Pero la rápida y contundente advertencia de Xi a Trump la semana pasada fue, a mi parecer, singularmente amenazante; singularmente decisiva, como si dijera: « Se acabó el juego ». Así citó el Ministerio de Relaciones Exteriores a Xi en su informe sobre su primer encuentro con Trump:

«La cuestión de Taiwán es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos. Si se maneja adecuadamente, la relación bilateral gozará de estabilidad general. De lo contrario, los dos países tendrán enfrentamientos e incluso conflictos, lo que pondrá en grave peligro toda la relación».

En realidad, se trató de una lección magistral, y Xi parece haberla concebido como tal. Resulta sorprendente la rapidez con la que Trump se distancia de la estrategia de «reducción gradual de poder» de los últimos años. Aquí lo vemos en una entrevista con Fox News, transmitida desde Pekín el viernes pasado:

«No busco que nadie se independice, y ya saben, se supone que tenemos que viajar 9500 millas para librar una guerra… No quiero eso. Quiero que se calmen. Quiero que China se calme. No queremos guerras, y si las cosas se mantienen como están, creo que a China no le importará.»

Me resulta incomprensible cómo se llega de esta afirmación a la conclusión de que en Pekín no pasó gran cosa. Esto devuelve la postura estadounidense a la de una sola China (o casi) y reconoce, de hecho, las relaciones entre ambos lados del estrecho como un asunto interno, lo cual, por supuesto, lo son, como vestigio de la guerra civil anterior a 1949 entre los ejércitos comunistas y nacionalistas. 

Es cierto que Xi escuchó a Trump disertar sobre la cuestión de Taiwán, y deseémosle buena suerte a China con esto. También es cierto que es muy probable que Trump se vea obligado, por razones políticas, a firmar el acuerdo de armas de 14 mil millones de dólares que ahora reclaman los sectores más belicistas de China. 

Aquí va una buena. En esa misma entrevista con Fox News, le preguntaron a Trump si tenía intención de aprobar la venta de armas, y respondió: «No, la mantengo en suspenso. Francamente, es una baza muy valiosa para nosotros en las negociaciones». Bueno, adiós a la supuesta urgencia de todos esos misiles y sistemas de defensa aérea. 

Esto me lleva a mi conclusión posterior a Pekín sobre la cuestión de Taiwán. La postura ha cambiado significativamente. Envíos de armas, visitas al Congreso, travesías navales por el estrecho de Taiwán: después de Pekín y de ahora en adelante, todo esto se reducirá a meras maniobras y nada más.

Puede que existan todo tipo de presiones políticas por parte de los halcones antichinos en el Capitolio y otros lugares de Washington, pero hay muy pocas probabilidades de que Estados Unidos entre en guerra con Pekín en defensa de Taiwán. Todo se reducirá a meras demostraciones de fuerza por parte de los belicistas. 

Lo digo por dos razones. Primero , Trump parece haber encontrado convincente la aspereza implícita en la advertencia de Xi sobre Taiwán, y con toda razón. La línea roja de Pekín se ha vuelto aún más roja. 

En segundo lugar, la seguridad con la que Xi habló con Trump —sobre este tema y sobre todo lo demás que abordaron— puede interpretarse como una medida de hasta qué punto el equilibrio de poder —tanto bilateral como global— se ha inclinado a favor de China. 

La postura de China sobre la guerra de Estados Unidos contra Irán.

Entre los demás temas que abordaron Xi y Trump, lo más acuciante fue la postura de Pekín sobre la guerra con Irán. En este punto, Trump recurrió a la mentira y la tergiversación para dar la impresión de haber obtenido información de los chinos sobre este asunto. 

Los franceses deberían inventar una nueva palabra para este tipo: Es un charlatán empedernido. 

Aquí está el comunicado de la Casa Blanca que describe la postura china sobre el estrecho de Ormuz:

“El presidente Xi también dejó clara la oposición de China a la militarización del estrecho y a cualquier intento de cobrar un peaje por su uso, y expresó su interés en comprar más petróleo estadounidense para reducir la dependencia de China del estrecho en el futuro”.

Espantoso. Xi dejó claro que favorece un estrecho «abierto», pero no dijo nada sobre «militarización» ni «peajes», y parece que ni siquiera mencionó la posibilidad de comprar más petróleo estadounidense para reemplazar el 40 por ciento de sus importaciones que normalmente provienen del Golfo Pérsico. 

Aquí está Trita Parsi, vicepresidenta ejecutiva del Instituto Quincy, escribiendo el viernes en Responsible Statecraft , su boletín informativo:

«Según mis conversaciones con diplomáticos chinos, estar ‘abierto’ a China significa que el tráfico fluye a través del estrecho. Entran y salen petróleo, gas y mercancías. Se intercambia dinero. El comercio prevalece».

 Esto no significa que no pueda existir un mecanismo mediante el cual los estados de la región cobren una tarifa por el tránsito. Incluso con la tarifa, el petróleo puede seguir fluyendo. Un bloqueo [como el que mantiene Estados Unidos] es lo que mantiene cerrado el estrecho, no la tarifa.

Si bien su preferencia [la de los chinos] es, comprensiblemente, que no haya ningún peaje, circulan propuestas que les resultan aceptables. Podrían aceptar, por ejemplo, un mecanismo regional que cobre una tasa de gestión ambiental. Es decir, un peaje que no se presenta como tal .

Cabe señalar, en este sentido, que los buques chinos han transitado regularmente por el estrecho desde que Irán lo controló (y la Armada estadounidense no se ha atrevido a detenerlos). Asimismo, cabe recordar que, tras la imposición de sanciones por parte del Tesoro estadounidense a las refinerías chinas que reciben crudo iraní para su procesamiento, Pekín les ordenó ignorar esta última incursión estadounidense en la extralimitación territorial.

Para complicar aún más las cosas, las propuestas que mencionó Parsi ya están circulando. Reuters informó el sábado que Irán presentará un mecanismo para gestionar el tráfico marítimo a través del estrecho. Citando a Ebrahim Azizi, presidente del Comité de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, afirmó que el paso solo se permitiría a los buques que cooperaran con Irán y que se les cobrarían tarifas por servicios especializados. 

Cabe destacar que Irán no planea cobrar “peajes”.

Según la sección del comunicado de la Casa Blanca que describe el intercambio entre Xi y Trump sobre los programas nucleares de la República Islámica, «ambos países coincidieron en que Irán nunca podrá tener un arma nuclear». 

Aun teniendo en cuenta la vulgaridad de Trump y su gente, hay momentos en que me asombra su descaro. La afirmación citada anteriormente es rotundamente falsa.

Sí, China es signataria del Tratado de No Proliferación Nuclear de 1970, al que se adhirió en 1992. Los chinos también formaron parte del grupo “P-5+1”, las seis naciones que negociaron el acuerdo de 2015 que limita las actividades nucleares de Irán. No cabe duda de la postura de Pekín sobre la cuestión de la proliferación. 

Pero Pekín también sabe mucho de disuasión. China inició su propia investigación nuclear a mediados de la década de 1950, cuando Estados Unidos se mostró abiertamente hostil hacia la recién creada República Popular China. En momentos críticos —1954, 1958, cuando las tensiones por Taiwán eran excepcionalmente altas— el presidente Dwight Eisenhower demostró el uso de armas nucleares contra China. Seis años después, en 1964, China construyó su primera bomba. 

¿Por qué no leer el informe posterior a la cumbre del Ministerio de Asuntos Exteriores chino sobre la cuestión nuclear teniendo en cuenta este contexto? 

Este conflicto, que jamás haya ocurrido, no tiene razón de continuar. Es importante mantener el impulso para aliviar la situación, seguir avanzando hacia una solución política, entablar un diálogo y consultas, y alcanzar un acuerdo sobre el programa nuclear iraní y otros asuntos que satisfaga las preocupaciones de todas las partes.

Hay algunos puntos que conviene destacar sobre esta afirmación.

En primer lugar, no dice absolutamente nada sobre si Irán debería o no desarrollar una bomba en este momento. La única forma en que la Casa Blanca de Trump pudo interpretar el intercambio entre Xi y Trump como lo hizo fue tergiversándolo gravemente.

En segundo lugar , es un buen ejemplo de la diplomacia china. Condena a Estados Unidos por haber iniciado la guerra, pero no expresa una condena explícita. 

Finalmente, vuelve a adoptar la forma de una lección, un poder estable que se detiene justo antes de reprender a aquel cuya ilegalidad y conducta irresponsable lo hacen necesitar instrucción; el sabio reprendiendo al estúpido, si no es exagerado señalándolo. 

Xi y Trump hablaron de otros asuntos durante su encuentro la semana pasada: comercio, inversión, narcotráfico. El único éxito de Trump podría ser —repito, podría ser— el acuerdo de China para comprar más soja a los agricultores de las Grandes Llanuras y más aviones a Boeing Co. 

Lamentable, si resulta ser cierto. Un presidente estadounidense se reúne en China para negociar acuerdos a medias. ¡Qué patético! Pero, al fin y al cabo, se trata de Trump.

«No hubo avances decisivos, pero tampoco errores garrafales», informó The Washington Post tras la cumbre. «Xi logró un empate con la administración Trump», tituló The New York Times . Este es el tono que adoptan los principales diarios estadounidenses cuando la verdad de lo ocurrido en Pekín resulta demasiado amarga para aceptarla. 

Supongo que es bastante fácil escuchar las declaraciones de Xi y tomarlas como la papilla de las relaciones transpacíficas. «Una nueva era», 2026 como «un año histórico y trascendental», «un nuevo capítulo en las relaciones entre China y Estados Unidos»: Vale, vale. Entendido, les diré. 

Esta es una interpretación superficial y poco atenta de lo que acaba de suceder al otro lado del Pacífico. 

Xi también habló, en más de una ocasión, de la Trampa de Tucídides, ese concepto académico según el cual una potencia en ascenso y otra en declive están destinadas a entrar en guerra. No se trata de una simple advertencia: fue una señal de alerta. Habló de «cuestiones importantes para nuestros dos países y para el mundo», y demostró su preocupación por la necesidad de mantener la estabilidad global. 

Cuando el líder de la potencia más dinámica del mundo habla de estabilidad al líder de la nación más responsable de amenazarla, tampoco se trata de meras palabras.

Me llamó especialmente la atención la referencia de Xi —de nuevo, más de una— a “trabajar juntos” en todos esos “asuntos importantes para nuestros dos países y para el mundo”. Escuchemos con atención. 

No se trataba de un presidente chino preguntando a un estadounidense cómo la República Popular China podría ayudar al líder mundial a mantener el orden internacional. Se trataba de un presidente chino invitando a un estadounidense a colaborar mientras la República Popular trabaja con otros para preservar dicho orden.

Así fue como la historia dio un giro en Pekín la semana pasada." 

(Patrick Lawrence, Gaceta Crítica, 19/05/26)

Tras la visita de Putin a Pekín, Xi Jinping ha conseguido colocar a China en el centro de la geopolítica internacional... Moscú sigue dependiendo del respaldo económico chino para sostener su economía frente a las sanciones occidentales, y las exportaciones energéticas rusas a China le han permitido a ésta capear el temporal... existe una convergencia estratégica mucho más profunda. China y Rusia comparten una visión común del orden mundial, rechazan la hegemonía estadounidense, cuestionan las instituciones internacionales dominadas por Occidente y promueven un sistema multipolar... Rusia quiere mostrar que no está aislada y que mantiene una alianza sólida con la segunda economía del planeta. China necesita evitar un colapso ruso que fortalezca todavía más a Estados Unidos... China considera que Estados Unidos continúa utilizando la cuestión taiwanesa como mecanismo de presión estratégica. Por eso, la aproximación entre China y Rusia también tiene una dimensión militar y de seguridad... En paralelo, las declaraciones sobre una posible intervención militar en Cuba han elevado la alarma general... Lo que está en juego es la situación internacional de las próximas décadas... China, además de haber emergido como la mayor potencia económica, es también el centro alrededor del cual están girando las grandes decisiones estratégicas del planeta (Pedro Barragán)

"El encuentro entre el presidente ruso Vladímir Putin y Xi Jinping, dos socios estratégicos, ocurre en uno de los momentos de mayor tensión geopolítica global desde el final de la Guerra Fría. El mundo asiste simultáneamente al deterioro del orden internacional liberal, al ascenso definitivo de China como potencia global, a una nueva escalada militar en Oriente Medio y a una creciente polarización entre Europa y Moscú.

"La judicatura quiere hacer caer al Gobierno”... se trata de un nuevo ejemplo de lawfare... el auto de la imputación a Zapatero convierte sospechas en indicios”... Ramiro García de Dios, miembro de Juezas y Jueces para la Democracia, habla de "cacería" con distintos elementos de apoyo, distintos fusileros”, como el de José Luis Calama, el juez que ha imputado a Zapatero. “Es un gran aliado del PP”, dice... “Es una utilización clarísima (de las herramientas legales y los poderes del Estado)... Empezó con Podemos y los independentistas… a Podemos les abrieron veintipico causas... Martín Pallín, exmiembro del Tribunal Supremo, afirma que “antes de considerar a dicha persona como investigada, tiene que hacer las averiguaciones pertinentes que contiene la denuncia... “Si Zapatero desmonta todas las acusaciones, ¿qué va a pasar?”... puede que ocurra como en el caso Neurona, que se investigó durante tres años y no se llegó a nada... porque “Europa autorizó a los gobiernos de los estados (Francia, Alemania, Portugal) a subvencionar a todas las compañías aéreas que se habían visto afectadas por el coronavirus"... y siempre “todos los denunciantes han sido contra personas de izquierdas” (Ramiro García de Dios y José Antonio Martín Pallín)

"La imputación del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el marco del caso Plus Ultra, no queda exenta de polémica y está dando de qué hablar también entre los expertos jurídicos. Así, son varias las voces que cuentan con sobrada trayectoria en el ámbito de la jurisprudencia las que lamentan que se trata de un nuevo ejemplo de lawfare.

De este modo, las sospechas de “cacería” van más allá del Gobierno de España, el PSOEel entorno del que fuera antecesor de Pedro Sánchez u otros políticos y expolíticos y quedan avaladas por personas que conocen a la perfección el funcionamiento del sistema judicial de nuestro país. Uno de esos nombres a los que respalda toda una vida dedicada a la Justicia es el de Ramiro García de Dios, magistrado durante más de tres décadas y miembro en la actualidad de Juezas y Jueces para la Democracia

Corto, al pie y en tono contundente, repite precisamente el término “cacería” en declaraciones a ElPlural.com preguntado sobre el último señalamiento a una persona muy cercana al actual responsable de Moncloa. “(Esta cacería) tiene distintos elementos de apoyo, distintos fusileros”, emite aportando nombres propios, como el de José Luis Calama, el juez que ha imputado a Zapatero. “Es un gran aliado del PP”, dice en conversación telefónica con este periódico.  

Sin embargo, no se queda ahí, sino que su crítica acapara otros escalafones judiciales, políticos y los satélites mediáticos de la derecha y extrema derecha, además de colectivos como Manos Limpias, sindicato ultra cuya querella ha sido clave para la nvestigación de la Audiencia Nacional contra el expresidente.

"Le tienen muchas ganas"

“Es una utilización clarísima (de las herramientas legales y los poderes del Estado)”, considera el togado jubilado en 2018, quien echa la vista atrás. “Empezó con Podemos, los independentistas… Hubo gente que pensó que se iba a parar ahí, y a Podemos les abrieron veintipico causas y a los independentistas los persiguieron”, relata, centrando la mirada en hechos más recientes: “Ha pasado lo mismo con la esposa del presidente, el hermano y, ahora, un antiguo presidente al que le tienen muchas ganas porque sigue siendo un gran activo del PSOE y del Gobierno actual”.

En su opinión, hay organismos judiciales que “permiten barbaridades” de jueces que entienden la profesión con un “sentido autoritario” y forman parte de esa “cacería” de “forma entusiasta”.  “Hay una parte de la judicatura que está dispuesta a hacer todo lo que pueda y más, porque se siente impune, para derrocar al Gobierno”, complementa. “Está muy bien asentada en sus distintas secciones; y está desatada”, emite

A ello, le suma un “sistema mediático” que se rige por los mismos principios, siempre atendiendo a la opinión del juez, y las “asociaciones miserables ultras” -para referirse a Manos Limpias- que son “jaleadas” por el resto de actores y dar como resultado el escenario actual. 

En el caso que concierne estas líneas, analiza también el auto de la imputación a Zapatero, el cual está redactado “para rellenar y que se diga que lo que hizo el expresidente es una barbaridad”: “Convierten sospechas en indicios”.

"Peligrosísimo"

A la otra voz que habla para el presente artículo también le sobra andadura. Se trata de José Antonio Martín Pallín, jurista español y magistrado emérito del Tribunal Supremo. Más contenido que su compañero de profesión, tampoco escatima en un análisis crítico. 

En primera instancia, preguntado por el auto que sitúa a Zapatero como líder de una estructura “jerarquizada” de tráfico de influencias, defiende que “todo juez puede admitir una denuncia o querella, más cuando la protagoniza una persona de relevancia política”, pero que “antes de considerar a dicha persona como investigada, tiene que hacer las averiguaciones pertinentes que contiene la denuncia, comprobar todos los puntos de la misma” y, en determinados aspectos, contemplar por ejemplo una comisión rogatoria.

Martín emplaza a esperar a ver qué pasa de aquí a unos días. “Si Zapatero desmonta todas las acusaciones, ¿qué va a pasar?”, pregunta, lanzando la siguiente advertencia: “Puede pasar que se admita que sus declaraciones tienen consistencia, pero también que puede haber indicios y ocurra como en el caso Neurona, que se investigó durante tres años y no se llegó a nada”, detalla.

El ex magistrado del Alto Tribunal reconoce que estamos asistiendo a una “repetición preocupante” de modus operandi que se han dado en otras personas en un momento en que “lo único que terminará en condena es lo referente a José Luis Ábalos” y “se considera como fuente irrebatible de datos”. “Me parece peligrosísimo, porque estamos en un país en el que cualquiera puede poner patas arriba un gobierno”.

Asimismo, recuerda que “todos los denunciantes han sido contra personas de izquierdas” cuando hay otros casos “escandalosos” que involucran a dirigentes de la derecha, como la que fuera ministra de Defensa, con el Gobierno de Mariano Rajoy, María Dolores de Cospedala quien “no se le ha imputado después de conocer las conversaciones con Villarejo”.

Esta otra fuente utiliza términos además de "peligroso" como “lamentable” para definir la actualidad y rememora lo siguiente: “Europa autorizó a los gobiernos de los estados (Francia, Alemania, Portugal) a subvencionar a todas las compañías aéreas que se habían visto afectadas por el coronavirus, y la justicia europea resolvió que el rescate de Air Europa se hizo conforme a la legalidad"."

( , El Plural, 20/05/26)  

Bolivia se ha sumido en un nuevo ciclo de disturbios generalizados, contra las políticas neoliberales impuestas por el presidente Rodrigo Paz Pereira. Exigen su renuncia... es contra una serie de medidas de ajuste económico que afectan principalmente a los sectores más vulnerables del país... se paralizaron los subsidios (como el de combustibles), se recortó drásticamente el gasto público y se redujo el Estado (congelamiento de salarios y nuevas contrataciones), se adoptaron medidas para desregular aún más el mercado, entregando tierra, territorios y bienes comunes al capital transnacional... el ex presidente Evo Morales también denunció el plan orquestado por Estados Unidos y Rodrigo Paz, para "detenerme y matarme” (Giorgio Trucchi )

"Tres semanas de alzamiento popular en Bolivia con paros de labores, movilizaciones y bloqueos de carreteras que involucran a pueblos originarios, campesinos, obreros fabriles, mineros, maestros y juventudes, en rebelión contra las políticas neoliberales impuestas por el presidente Rodrigo Paz Pereira. Exigen su renuncia.

Este 19 de mayo, poco más de seis meses después de asumir Paz el mandato presidencial, el país amaneció con decenas de cortes de carreteras en al menos seis departamentos del país (La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca, Cochabamba y Santa Cruz). La protesta, que involucra a amplios sectores de la sociedad boliviana, es contra una serie de medidas de ajuste económico que afectan principalmente a los sectores más vulnerables del país.

A través de decretos y reformas presupuestarias, como el decreto 5503, se paralizaron los subsidios (como el de combustibles), se recortó drásticamente el gasto público y se redujo el Estado (congelamiento de salarios y nuevas contrataciones), se adoptaron medidas para desregular aún más el mercado, entregando tierra, territorios y bienes comunes al capital transnacional.

Ese “plan de austeridad” ha desencadenado la protesta social, que ha venido subiendo de tono y se ha vuelto cada vez más masiva a medida que el gobierno ha venido endureciendo posiciones y ha desencadenado la represión.

Hasta el momento se reportan más de 150 personas detenidas, al menos 50 heridas y ya habría un muerto entre los manifestantes. Órdenes de captura han sido giradas contra Mario Argollo, dirigente de la Central obrera boliviana (Cob), David Quispe, dirigente la Confederación sindical única de trabajadores de Bolivia (Csutcb), Justino Apaza, vicepresidente de la Confederación nacional de juntas vecinales de Bolivia (Conaljuve). También se han emitido órdenes de aprehensión contra el dirigente campesino Héctor Huacani, el senador suplente Nilton Condori y el líder de los “ponchos rojos” de El Alto, Winston Genio.

Las acusaciones contra ellos son de instigación pública a delinquir, asociación delictuosa, terrorismo, financiamiento al terrorismo, atentados contra la seguridad de los medios de transporte y de los servicios públicos.

Bajo fuego también el ex presidente Evo Morales, quien, desde su cuenta de X, denuncia el plan orquestado por Estados Unidos y puesto en marcha por Rodrigo Paz. “Estados Unidos ordenó al gobierno de Rodrigo Paz ejecutar una operación militar, con el apoyo de la DEA y el Comando Sur, para detenerme y matarme”. También señala a otros actores del supuesto plan homicida, entre otros, el exministro Carlos “Zorro” Sánchez, el viceministro de Defensa Social, Ernesto Justiniano y el argentino Fernando Cerimedo.

Entrevistado en el programa Geopolítica desde la Aldea, el periodista y ex asambleísta boliviano Sergio de la Zerda analiza el contexto en que se da este nuevo alzamiento popular.

“Estamos viviendo un nuevo proceso insurreccional frente a las políticas neoliberales impuestas por Rodrigo Paz, quien pretende revivir aquellas medidas que hemos sufrido durante veinte años (1985-2005) y que nos han dejado un país sumido en la miseria”, explica el comunicador.

Entre 2006 y 2018, con los gobiernos de Evo Morales, Bolivia gozó de un proceso de transformación económica y social muy importante, con una reducción masiva de la pobreza extrema (del 38,2% al 15,2%). El golpe de 2019, su derrota en las elecciones de 2020 y las fuertes contradicciones que caracterizaron el gobierno de Luis Arce y el Movimiento al Socialismo (MAS) despejaron el camino para la victoria electoral de la derecha boliviana.

Para De la Zerda, en tan sólo seis meses las y los bolivianos han asistido al incumplimiento sistemático de las promesas electorales del presidente Paz. “Comenzó eliminando impuestos sobre las grandes fortunas, solicitó préstamos millonarios a instituciones financieras multilaterales, emitió decretos cortando subvenciones, trajo al país ‘gasolina basura’ que dañó buena parte del parque vehicular nacional”.

También, continúa el periodista, permitió la reversión de la pequeña propiedad campesina para el aprovechamiento y beneficio de latifundistas y banqueros. “Todo esto desencadenó lo que estamos viendo desde hace casi un mes. Las movilizaciones son masivas y el gobierno, en lugar de llamar a una mesa de diálogo, ha optado por acelerar la persecución y la represión. Pese a los ataques, remarcamos este espíritu de insurgencia popular en oposición a un retorno al neoliberalismo y a una Bolivia para muy poquitos”.

Para el exlegislador, no hay duda alguna que detrás de la imposición de una vuelta al pasado están el gobierno y el gran capital estadounidense. “Bolivia tiene la primera reserva mundial de litio, nuestro sector minero sigue siendo importante en materia de estaño, cobre, materia aurífera y tierras raras. Lamentablemente, todo esto está siendo comprometido en oscuros pactos con gobiernos y multinacionales, incluyendo los hidrocarburos que fueron nacionalizados por el gobierno de Evo Morales”.

No es un caso que contra la protesta social y en defensa del presidente boliviano se hayan pronunciado, con un comunicado conjunto, ocho países latinoamericanos [1] de los más sumisos a las políticas norteamericanas.

“Ante estos planes y el clima de inseguridad que se ha generado en los últimos meses, el pueblo se ha indignado, ha reaccionado y ha decidido ponerle un alto. Es un proceso de indignación que ha venido creciendo y que ahora se expresa en las calles y está siendo brutalmente reprimido”.

Contra la represión se ha pronunciado ALBA Movimientos. “La sangre derramada en las calles de Bolivia es responsabilidad directa de un gobierno que, subordinado a los intereses de las élites empresariales y del imperialismo estadounidense, ha decidido responder con violencia a las legítimas demandas populares”.

Para la organización continental, lo que está pasando en estos días no es producto del caos, ni de una supuesta conspiración antigubernamental, sino “la consecuencia directa de un proyecto neoliberal y antipopular que busca privatizar los bienes comunes, mercantilizar la tierra, entregar los recursos estratégicos y descargar la crisis económica sobre las espaldas del pueblo trabajador”.

En este sentido, el gobierno boliviano no sólo representa un proyecto de restauración conservadora subordinado a los intereses de Estados Unidos, de las corporaciones transnacionales y los organismos financieros internacionales, sino que “el alineamiento a dichos intereses y el ataque a las conquistas populares son parte de una estrategia continental para recolonizar Nuestra América”.

Además de condenar enérgicamente los asesinatos, las detenciones arbitrarias y la militarización, ALBA Movimientos exige el cese inmediato de la represión y denuncia “el silencio cómplice de los organismos internacionales y de los gobiernos de la región frente a la violencia ejercida contra el pueblo boliviano”.

Finalmente hace un llamado a las fuerzas vivas del continente a multiplicar las acciones de solidaridad con Bolivia y a denunciar internacionalmente la violencia del gobierno. “La lucha del pueblo boliviano es la lucha de toda Nuestra América. Porque frente al avance del fascismo, del neoliberalismo y del imperialismo, la única salida es más organización popular, más unidad continental y más lucha”.

“Estoy convencido que si Rodrigo Paz insiste en este camino de sus antecesores neoliberales le va a ir muy mal. El pueblo boliviano ya no permite masacres y está muy atento a las conquistas sociales logradas en décadas de lucha”, concluyó de la Zerda.

Nota:

[1]  Argentina, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú.

Fuente: LINyM" 

( Giorgio Trucchi  , Rebelión, 20/05/2026)

A una hora de haber aterrizado en Shanghái, estaba sentada en la parte trasera de un taxi de Didi mientras el conductor me intentaba convencer de que engañara al algoritmo de la empresa... Explicó que había un exceso de conductores compitiendo por muy pocos viajes... Si yo cancelaba, él podría ocupar un lugar cerca de la parte delantera de la fila. “Espero que lo entiendas”, dijo. “Tengo que mantener a una generación mayor y a otra más joven”... La difícil situación del conductor me recordó a la de los trabajadores en Estados Unidos de Amazon Flex que compiten por los escasos bloques de reparto... tanto en Estados Unidos como en China hay una sensación compartida de precariedad, y es posible observar la marcada división que la IA ha generado en ambos países... En Estados Unidos, la élite tecnológica de Silicon Valley se identifica como de alta agencia, mientras que el resto de nosotros somos bots condenados a la subclase permanente. En China, los trabajadores de a pie se describen a sí mismos como shechu (“ganado corporativo”)... Los trabajadores del conocimiento de ambos países sienten la presencia vigilante de la tecnología. La IA se utiliza ahora para la toma de decisiones sobre la contratación y el despido de empleados. Realiza un seguimiento de la asistencia al trabajo, predice el potencial de crecimiento de un empleado, señala las horas de ocio y aplica la disciplina... la contienda entre Estados Unidos y China se justifica por la carrera a toda velocidad en nombre de vencer al otro. Al enfocarnos en nuestra rivalidad, nos hemos vuelto ciegos a nuestra propia vulnerabilidad, en lugar de fijarnos en que debemos trabajar juntos para mejorar las condiciones de las personas que ambos países han dejado atrás... en 2019 los programadores chinos lanzaron una campaña para protestar contra las extenuantes horas de trabajo. Recibieron el apoyo de trabajadores tecnológicos estadounidenses y de cientos de empleados tecnológicos de todo el mundo (Yi-Ling Liu)

"A una hora de haber aterrizado en Shanghái, estaba sentada en la parte trasera de un taxi de Didi mientras el conductor me intentaba convencer de que engañara al algoritmo de la empresa. Didi es conocido como el Uber de China y tiene una presencia omnipresente en el país, donde despacha decenas de millones de viajes al día. ¿Podría cancelar el viaje y pagarle directamente por WeChat?

Explicó que había un exceso de conductores compitiendo por muy pocos viajes. Después de dejarme, lo enviarían de vuelta al aeropuerto, donde tendría que esperar horas por otro pasajero. Si yo cancelaba, él podría ocupar un lugar cerca de la parte delantera de la fila. “Espero que lo entiendas”, dijo. “Tengo que mantener a una generación mayor y a otra más joven”.

La difícil situación del conductor me recordó a la de los trabajadores de DoorDash en Estados Unidos, cuyos ingresos están controlados por sistemas de despacho optimizados, o a la de los trabajadores de Amazon Flex que compiten por los escasos bloques de reparto, sin saber nunca con certeza cuándo llegará el siguiente trabajo.

La visita del presidente Donald Trump a China hace unos días nos brinda un momento para comparar. He pasado años reportando y viviendo tanto en Estados Unidos como en China, y escribí un libro en el que hice una crónica de la historia y la evolución del internet chino. Al moverme entre ambos países, me ha sorprendido cómo han llegado a imitarse y parecerse. Hay una sensación compartida de precariedad que subyace a la envidia y la desconfianza: el futuro tecnológico está tomando forma a una velocidad vertiginosa, pero lo que promete no es para todos.

El crecimiento de la inteligencia artificial se ha presentado como una rivalidad entre dos sistemas fundamentalmente diferentes. Estados Unidos controla el capital y los chips, mientras que China reúne el talento de la ingeniería y la destreza en la fabricación. Estados Unidos tiene ventaja en la creación de software: herramientas empresariales y plataformas en la nube. China es líder en hardware: humanoides y vehículos autónomos. Estados Unidos avanza con modelos fronterizos, con sus laboratorios de inteligencia artificial que apuestan por construir una superinteligencia. China se enfoca en la escala y la difusión, con sus empresas tecnológicas que incorporan la IA lo antes posible en todos los sectores de la sociedad.

Se nos ha dicho que el objetivo final de la IA es alcanzar la inteligencia artificial general, o IAG. El país que encuentre cómo conseguirlo, según la teoría, establecerá el dominio mundial mediante un poder económico y militar turbocargado. En pódcasts y discursos políticos —formados por ejecutivos de Silicon Valley y expertos en política de Washington—, Estados Unidos y China casi siempre están luchando, compitiendo o enzarzados en esta carrera. China lleva años de retraso, no, meses de retraso; está avanzando; está ganando; está perdiendo, está corriendo hacia la IAG, no está corriendo hacia la IAG; está corriendo en una pista diferente.

La historia de la carrera creció el año pasado tras la presentación de DeepSeek R1, un modelo chino de código abierto que, según reportes, rivalizaba con los modelos de frontera estadounidenses a una pequeña fracción de su costo. Una oleada de envidia de China se apoderó de los líderes tecnológicos estadounidenses, quienes se maravillaron de la rapidez con la que China construía puentes, trenes de alta velocidad y prototipos avanzados. Marc Andreessen advirtió que Estados Unidos debía reindustrializarse o se quedaría atrás ante un mundo de “robots chinos”.

El influente de izquierda Hasan Piker viajó a China en 2025, con una copia de citas de Mao Zedong en la mano, para ver qué Estados Unidos podría “adoptar y emular”. El popular YouTuber Darren Watkins, conocido como IShowSpeed, transmitió su viaje a Shenzhen, donde bailó con humanoides y pidió KFC por dron. Al igual que los chinos se quedaron fascinados alguna vez por la abundancia consumista estadounidense —sus centros comerciales y sus suburbios en expansión—, los estadounidenses se han obsesionado con los robots y la potencia manufacturera de China.

Pero al ver más allá de los titulares y los videos de resumen, es posible observar la marcada división que la IA ha generado en ambos países. Los que construyen y financian la tecnología hablan del futuro como una promesa de la que sacar provecho, una oportunidad que explotar. En Silicon Valley, personas que dejaron la universidad hablan de que la IA abordará el cambio climático y curará enfermedades. Se corteja a los investigadores con salarios de nueve cifras como si fueran estrellas de la NBA, y las vallas publicitarias en las carreteras instan a los residentes a “Supercargar tu IA” y “Dejar de contratar humanos”. Los trabajadores de la tecnología han adoptado seriamente el infame horario de trabajo 996 de China: de 9 a. m. a 9 p. m., seis días a la semana. Se están esforzando y concentrando para asegurarse de emerger como los ricos y poderosos vencedores de la fiebre del oro de la IA.

Los centros tecnológicos de China están impulsados por un sentimiento de urgencia similar. En el Zhongguancun de Pekín, conocido como el Silicon Valley de China, las torres de oficinas permanecen iluminadas hasta altas horas de la noche, mientras los empleados de los laboratorios de IA se apresuran para superar a sus rivales del otro lado de la calle. Las empresas se roban mutuamente a sus ingenieros estrella, mientras que los programadores independientes queman decenas de miles de tokens de Claude para codificar productos intuitivamente mediante la IA. Los fundadores de empresas emergentes buscan lo que llaman el fengkou o “respiradero”, una oportunidad que, si se aprovecha en el momento adecuado, puede impulsar a un empresario directamente a la fortuna. Estudian traducciones de De cero a uno, de Peter Thiel, y ensalzan a Elon Musk porque, como me dijo un trabajador tecnológico: “Se mueve con rapidez, su ejecución es una locura y realmente puede entregar cosas”.

El emprendimiento más reciente de China fue “criar langostas”, una forma abreviada de referirse al entrenamiento del agente de IA OpenClaw, gratuito y de código abierto. Casi 1000 personas, desde programadores aficionados hasta amas de casa, hicieron fila afuera de la sede del gigante tecnológico Tencent para instalar el software en sus dispositivos. Los usuarios afirmaban que OpenClaw podía dar un empujón a sus empresas paralelas y duplicar el rendimiento de sus acciones; los padres contrataban servicios de instalación de langostas para que sus hijos en primaria estuvieran a la altura de sus compañeros. Las empresas tecnológicas se apresuraron a monetizar esta ansiedad y cobraron a los usuarios por los servidores en la nube y el acceso al software. “Esto no es ‘abrazar el futuro’”, describió así la locura de OpenClaw un usuario desilusionado en RedNote. “Es ‘ser cosechado por el futuro’”.

Más al sur, en Shenzhen, la capital china del hardware, las empresas emergentes se jactan de operar a la “velocidad de Shenzhen” y han incorporado la IA a todo, desde cafeteras hasta grúas de construcción. En una feria de alta tecnología en la ciudad, celebrada en 20 pabellones del tamaño de hangares de aeropuerto, pasé junto a puestos que anunciaban pianos de IA, fabricantes de fideos de carne de IA, guías turísticos holográficos de IA y tutores de inglés de IA. Me senté delante de un doctor de medicina tradicional china impulsado por IA que me escaneó la lengua y me dio un diagnóstico. Una multitud se reunió en torno a un ring de boxeo para animar a un par de contendientes humanoides fabricados por el gigante de la robótica Unitree.

“Ahora mismo, el entorno es muy competitivo”, me dijo un ingeniero de software de Shenzhen. “Siento que si me detengo, me quedaré atrás”. Su ansiedad no es nueva. Las situaciones laborales inestables y la inseguridad económica son anteriores al auge actual de la IA. Pero la IA ha potenciado esos temores y los ha vuelto mucho más difíciles de combatir.

Ha surgido un conjunto paralelo de memes para captar la sensación de impotencia. En Estados Unidos, la élite tecnológica de Silicon Valley se identifica como de alta agencia, mientras que el resto de nosotros somos bots condenados a la subclase permanente. En China, los trabajadores de a pie se describen a sí mismos como shechu (“ganado corporativo”) y jiabangou (“perros de las horas extras”). Estos mismos trabajadores han utilizado durante mucho tiempo el término viral “involución” para reflejar la sensación de estar atrapados en un ciclo de competencia sin sentido. En ambos países, quienes han perdido el entusiasmo por la IA se identifican con el meme de videojuegos del personaje no jugador, conocido por su sigla en inglés, NPC. Se sienten como el papel de fondo en el videojuego de alguien más, que solo existe para llenar el mundo pero no para darle forma.

En 2025, un grupo de investigadores de IA de Estados Unidos, Canadá y Europa acuñó el término “desempoderamiento gradual” para describir un futuro en el que una IA cada vez más capaz erosionaría silenciosamente la agencia humana. La tecnología dirigiría nuestras instituciones fundamentales sin tener en cuenta los valores humanos. Aunque enmarcado como un riesgo futuro, para quien ha estado observando de cerca a Estados Unidos y China, ya parecía un diagnóstico del presente.

Los trabajadores del conocimiento de ambos países sienten la presencia vigilante de la tecnología. La IA se utiliza ahora para la toma de decisiones sobre la contratación y el despido de empleados. Realiza un seguimiento de la asistencia al trabajo, predice el potencial de crecimiento de un empleado, señala las horas de ocio y aplica la disciplina.

Fuera de la oficina, tanto chinos como estadounidenses se han entusiasmado con la IA como fuente de compañía sin fricciones y como validación emocional, y ahora las empresas monetizan la intimidad emocional a gran escala. Más del 70 por ciento de los adolescentes estadounidenses afirman utilizar chatbots como compañía, y casi uno de cada ocho como apoyo para la salud mental.

Del mismo modo, en China, una encuesta reveló que casi la mitad de los jóvenes chinos habían utilizado un chatbot de IA para hablar sobre su salud mental. En un país en el que vivir solo se está convirtiendo rápidamente en la norma —se prevé que los hogares unipersonales alcancen los 200 millones en 2030—, la compañía de la IA ha surgido como una solución rápida a la epidemia cada vez mayor de soledad.

Este año, la aplicación ¿Estás muerto? —que avisa a un contacto si un usuario no se reporta— ha sido muy popular. (Su nombre chino, Sileme, es un juego morboso con el nombre de la popular aplicación de reparto de comida Ele.me, que significa “¿tienes hambre?”). Pero ¿Estás muerto? aborda una necesidad seria: el número cada vez mayor de personas que viven solas, lejos de sus familias y privadas de apoyo social, y que temen desaparecer sin que nadie se dé cuenta.

La gente de ambos países se vuelve hacia lo espiritual en busca de consuelo y agencia en un mundo que se acelera fuera de su control. Los veinteañeros estadounidenses consultan aplicaciones de astrología como Co-Star, que forma parte de una industria de 3000 millones de dólares. Algunos miembros de la generación Z están redescubriendo el cristianismo, y el conservadurismo religioso ha vuelto a la vida pública. En China, han aparecido bares de adivinación en las ciudades, aplicaciones de astrología como Cece se están haciendo virales y los jóvenes consultan DeepSeek para predecir su futuro.

El otoño pasado, en Pekín, estaba en una cena con un grupo de mujeres de entre 20 y 30 años cuya conversación giraba en torno a ansiedades familiares circulares: perspectivas de trabajo cada vez menores (e historias de terror sobre contrataciones), desencanto con las citas (ninguna quería casarse ni tener hijos) y una fascinación cada vez mayor por el bazi, el tarot y el ocultismo. Cuando le pregunté a una invitada por el atractivo creciente del tarot, respondió simplemente: “Nadie recurre al tarot cuando corren buenos tiempos”.

Cuando el futuro pierde su promesa, el pasado se convierte en un refugio. Ambas sociedades han visto surgir la nostalgia, la añoranza de un tiempo recordado como más sencillo y estable. Muchos chinos idolatran a los vloggers rurales, como la famosa youtuber Li Ziqi, que saltó a la fama viral durante la pandemia al compartir videos de su vida autosuficiente y pastoril en la campiña de Sichuan. Puedes ver la misma dinámica en la popularidad de la esposa de un rol tradicional, famosa en Instagram como Ballerina Farm, que documenta su granja en Utah, donde ordeña vacas y hace donas desde cero para sus nueve hijos. Ambas mujeres viven fuera del sistema de servicios públicos y encarnan un idilio imaginado en el que ni los chatbots ni las corporaciones existen.

La nostalgia también tiene un lado oscuro, pues fomenta que ideas antaño marginales y antiliberales asciendan a la corriente dominante. Esto lleva años ocurriendo en China, donde sus influentes e ideólogos rechazan las ideas liberales y se inclinan hacia una autoridad centralizada conservadora. En Estados Unidos, vemos la influencia cada vez mayor de expertos como Curtis Yarvin, quien sostiene que la democracia liberal debería desmantelarse en favor de una monarquía dirigida por un director ejecutivo, y sus ideas han encontrado eco entre la élite tecnológica y política estadounidense, desde Peter Thiel hasta JD Vance.

Ante un sistema así, la respuesta más sencilla es rendirse: aceptar nuestro destino, hundirnos en la apatía de la decadencia inevitable y, en palabras de los internautas chinos, dejar que se pudra. Es fácil huir de la fricción del mundo real por la comodidad de nuestros feeds y confiar en los chatbots en lugar de en los amigos. Al hacerlo, permitimos que nuestros dirigentes aprovechen nuestros miedos y trasladen nuestras ansiedades a la versión meme de un país extranjero.

En lugar de abordar los retos de la IA de forma aislada, ¿por qué no reunir a personas de todos los sectores de la sociedad para recuperar la agencia sobre nuestras propias vidas? Podemos buscar la colaboración, como ya han empezado a hacer científicos y responsables de políticas. Al margen de la Conferencia Mundial sobre Inteligencia Artificial celebrada en Shanghái el verano pasado, científicos de todo el mundo se reunieron para abordar los riesgos críticos de la Inteligencia Artificial, e hicieron un llamamiento a la cooperación internacional para garantizar que los sistemas avanzados de IA se mantengan alineados con los valores humanos.

Los trabajadores pueden unirse para oponerse a las culturas laborales tóxicas de las grandes empresas tecnológicas que sacrifican la dignidad humana en aras de la ganancia y la competencia. Apenas en 2019 los programadores chinos lanzaron la campaña 996.ICU en GitHub, para protestar contra las extenuantes horas de trabajo. Recibieron el apoyo de trabajadores tecnológicos estadounidenses y de cientos de empleados tecnológicos de todo el mundo, desde España hasta Singapur, una de las mayores movilizaciones en línea de trabajadores tecnológicos de la historia.

Durante la cumbre celebrada la semana pasada entre Trump y el presidente Xi Jinping, ambos países acordaron futuras conversaciones sobre la IA, incluida la creación de importantes salvaguardas. Pero no está claro cuándo tendrán lugar estas conversaciones. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que se sentía cómodo en cooperar con China porque “los chinos nos apoyan sustancialmente”.

Una vez que se da un paso atrás, es fácil ver el efecto distorsionador de la contienda entre Estados Unidos y China. Es una historia que se utiliza para justificar la carrera a toda velocidad hacia adelante, sin salvaguardas, en nombre de vencer al otro. Al enfocarnos en nuestra rivalidad, nos hemos vuelto ciegos a nuestra propia vulnerabilidad. En lugar de fijarnos en quién cruza primero la línea de meta, debemos trabajar juntos para mejorar las condiciones de las personas que ambos países han dejado atrás."

( , The New York Times , 18/05/26)

Resulta previsible, y hasta aburrido, la aparición de imputaciones judiciales de acuerdo con las necesidades políticas del PP... La última la de Zapatero... en línea con la del "entorno" que condenó al fiscal general, la del "mariano.punto.Rajoy" que liberó a Mariano Rajoy, la del "no existe absolutamente ningún indicio de que cualquiera de los acusados haya llevado a cabo hechos penalmente relevantes" del juez que enjuició a Mónica Oltra, a pesar de lo cual la Audiencia le obligó a enjuiciarla... hasta la del "infiero" que trata de acabar con Zapatero... como dijo José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo, sobre esta imputación a Zapatero: "En el auto, no veo actividad delictiva alguna"

 ℂ𝕣𝕚𝕤𝕥𝕚𝕟𝕒 ℙ. 𝕄𝕒𝕣𝕔𝕠𝕥𝕖 @crispmarcote

José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo, sobre la imputación de Zapatero en el caso Plus Ultra: "En el auto, no veo actividad delictiva alguna".

 https://x.com/i/status/2056999432084742641

9:24 a. m. · 20 may. 2026 ·2.028 Visualizaciones  

 

Estados Unidos ha perdido la partida en Irán. No tiene opción de salida que no parezca una derrota... la derrota sin paliativos de Estados Unidos es algo que los estrategas y propagandistas imperiales comienzan a reconocer... El ideólogo neocón Robert Kagan declaró que es “una derrota que no podrá repararse ni ignorarse. No habrá un regreso a la situación anterior a la guerra"... Trump ha fijado plazos para que Irán acepte sus condiciones en cinco ocasiones, pero no le han hecho caso. “No está claro si, detrás de su bravuconería, Trump comprende realmente la limitada naturaleza de sus opciones militares”, dice el columnista del Financial Times, Gideon Rachman... el cierre del estrecho de Ormuz provoca crisis del petróleo, escasez de alimentos e interrupciones en las cadenas de suministro. Convierte a Irán en un actor mundial clave. Su régimen no ha caído sino que más bien parece que se ha fortalecido... Irán coloca a Estados Unidos y a Israel en el papel de desestabilizadores mundiales... Cualquier cosa que Estados Unidos haga contra Irán, Teheran la puede devolver con mayor efecto, porque tiene el control de la escalada... hay cierta analogía con el fin de los imperios coloniales europeos tras la Segunda Guerra Mundial. El mundo había cambiado, el colonialismo ya no funcionaba, pero hasta que las metrópolis coloniales se dieron cuenta, se derramó mucha sangre... Ahora estamos en algo parecido, con la diferencia de que la presión del cambio global del capitalismo antropocéntrico no nos deja mucho tiempo para evitar un desastre planetario y que la situación de la capacidad de destrucción masiva y sus riesgos ha aumentado considerablemente (Rafael Poch)

"En Irán estamos presenciando una derrota sin paliativos de Estados Unidos. Eso es algo que los estrategas y propagandistas imperiales comienzan a reconocer. El ideólogo neocón Robert Kagan mencionaba la semana pasada (en The Atlantic) “una derrota que no podrá repararse ni ignorarse. No habrá un regreso a la situación anterior a la guerra, decía.En los últimos meses, el Presidente Trump ha fijado plazos para que Irán acepte sus condiciones en cinco ocasiones. Ha amenazado a Irán con la “edad de piedra” y con “arrasar una civilización”, pero no le han hecho caso. “No está claro si, detrás de su bravuconería, Trump comprende realmente la limitada naturaleza de sus opciones militares”, dice el columnista del Financial Times, Gideon Rachman (el 21/04/2026).

Lo de Irak también fue un desastre, pero lo de Irán es mucho peor. En Irak se venció militarmente y se derrocó al régimen, lo que inicialmente parecía una victoria, recuerden el “mission accomplished”(“misión cumplida”) proclamado por el iluso George W. Bush sobre la cubierta de un portaaviones antes de que se le incendiara aquella “victoria”. Pese a todo, las repercusiones internacionales de la catástrofe de Irak fueron limitadas. No hubo una crisis del petróleo, ni escasez de alimentos, ni interrupciones en las cadenas de suministro. Ahora el cierre del estrecho de Ormuz provoca todo eso. Convierte a Irán en un actor mundial clave. Su régimen no ha caído sino que más bien parece que se ha fortalecido.

Irán coloca manifiestamente a Estados Unidos y a Israel en el papel de desestabilizadores mundiales.

Sus aliados en el Golfo han descubierto que las bases y la protección americana les convierte en objetivo militar. Constatan la impotencia de su protector ante la evidencia de que están a merced de la destrucción total de sus economías. Y parece que están reaccionando. Turki al Faisal, un importante miembro de la familia real saudí que fue embajador en Estados Unidos e Inglaterra y dirigió los servicios de inteligencia saudíes, responsabiliza directamente a Israel de la guerra. Según el ex analista de la CIA Larry Johnson, “los chinos y los rusos están trabajando entre bastidores – utilizando a Pakistán como testaferro – para erigir una nueva arquitectura de seguridad en el Golfo Pérsico. El objetivo actual es convencer a Arabia Saudí y a Qatar de que rompan efectivamente sus lazos militares con EE.UU. y firmen un acuerdo estratégico que estará garantizado por Rusia y China. Si Arabia Saudí y Qatar se mantienen firmes en su prohibición de que EE.UU. utilice sus bases y su espacio aéreo para una nueva serie de ataques contra Irán, EE.UU. podría verse obligado a cancelar los ataques previstos”. Habrá que ver.

Los aliados asiáticos de Washington (Japón, Corea del Sur, taiwaneses y filipinos) ven su suministro energético en peligro. Cae necesariamente entre ellos la confianza hacia Estados Unidos. Todo eso sube las acciones de Rusia y China que llevan años proponiendo una nueva “arquitectura de seguridad colectiva” en el Golfo que sustituya al paraguas de defensa estadounidense centrado en el cerco a Irán.

En el fondo es lo mismo que en Europa: un cerco a Rusia en lugar de la arquitectura de seguridad colectiva que se prometió a la URSS de Gorbachov y que Rusia ha venido reclamando treinta años desde entonces.

La guerra de Irán no tiene salida para Trump.

Si ataca con aún mayor fuerza, restando aun más capacidades al frente ucraniano y trasladando al Golfo Pérsico aún más fuerzas militares destacadas en la contención a China en Asia Oriental, lo más probable es que la respuesta de Irán sea aún más dañina para las economías del Golfo y la economía mundial.

Sin electricidad y agua, los países del Golfo son países muertos.En esos países la mitad del año no se puede vivir sin aire acondicionado y si se destruyen las plantas de desalinización no hay recursos hídricos disponibles. Un cable de la CIA fechado en Riad y divulgado en 2008 por Wikileaks estimaba que en caso de destrucción por Irán de la planta desalinizadora que abastece de agua a la capital saudí (7 millones de habitantes, 20% de la población total del reino) la ciudad “debería ser evacuada en una semana”. Irán también es un país muy seco, pero la situación climática e hídrica allí es muy diferente. Todavía ahora, en primavera, las fotos de Teheran permiten ver una cadena montañosa nevada detrás de la ciudad. Cualquier cosa que Estados Unidos haga contra Irán, Teheran la puede devolver con mayor efecto, porque tiene el control de la escalada.

El país ha sufrido mucho. A 8 de abril registraba 3540 muertos, de ellos 1616 civiles y 244 niños, con trescientas instalaciones sanitarias dañadas solo en Teheran, 760 escuelas y 46.000 edificios. Pero, según estimaciones de la CIA, se conserva un gran stock de misiles, así como la capacidad de producirlos y lanzarlos en instalaciones subterráneas (Ver: U.S. Intelligence Shows Iran Retains Substantial Missile Capabilities – The New York Times). Las derrotas de Estados Unidos en Vietnam y Afganistán no tuvieron las consecuencias que tendrá la derrota en Irán. Porque el contexto mundial ha cambiado.

En los últimos 35 años hemos presenciado una sucesión de guerras continuas, todas ellas cosechando desastres con una factura humana monstruosa y bien conocida. (ahí están las cifras del estudio “Cost of Wars” de la Universidad Brown de Estados Unidos, particularmente recomendable.Costs of War | Brown University)

El motivo fundamental de esos desastres fue la creencia de Washington de que, concluida la guerra fría, su mundo bipolar y la autodisolución de la URSS, Estados Unidos era la única superpotencia. Así que podía dictar su voluntad e ignorar los intereses de los demás. Eso les llevó a cometer un error detrás de otro. En los últimos cuatro años esto se ha acelerado y evidenciado con tres errores de cálculo.

-El primero fue el de Rusia. Se creía que provocando la invasión de Ucrania, Moscú sufriría una “derrota estratégica” y una debacle económica como resultado de las sanciones y de un aislamiento internacional que se daba como seguro.

-El segundo fue creer que las barreras y sanciones comerciales y tecnológicas contra China doblegarían a Pekín.

-El tercero es lo que estamos viendo ahora con Irán.

Estos tres errores están unidos por la misma voluntad de contener e impedir militarmente la emergencia de un mundo multipolar, es decir basado en la interacción de las potencias y el multilateralismo, que ya es una realidad que no se puede soslayar y que es incompatible con el hegemonismo. Como dice el especialista en Irán Tirsa Parsí, “el peligro para Estados Unidos es continuar manteniendo una estrategia diseñada para un mundo que ya no existe”.

Rusia, China e Irán no son aliados pero están unidos por el vector de la integración euroasiática. Son eslabones de una misma cadena con motor chino que cambia por completo la correlación de fuerzas mundial y que acabará dando lugar a un nuevo sistema de gobernanza internacional. Y eso, en Occidente, se vive como una amenaza cuando lo único que exige es una adaptación que reconozca la nueva realidad de que el hegemonismo ya no funciona. En eso hay cierta analogía con el fin de los imperios coloniales europeos tras la Segunda Guerra Mundial. El mundo había cambiado, el colonialismo ya no funcionaba, pero hasta que las metrópolis coloniales se dieron cuenta y pusieron en marcha una nueva estrategia conjunta de dominio que acabó concretándose en la Unión Europea, se derramó mucha sangre.

Ahora estamos en algo parecido, con la diferencia de que la presión del cambio global del capitalismo antropocéntrico no nos deja mucho tiempo para evitar un desastre planetario y que la situación de la capacidad de destrucción masiva y sus riesgos ha aumentado considerablemente.

Ocho de las nueve potencias nucleares (todas menos China) están hoy directamente implicadas en guerra o son partícipes en tensiones militares. Israel contra Irán, que es un estado cuasi nuclear. Estados Unidos contra Rusia en Ucrania y contra Irán. Rusia con Ucrania y con la OTAN. Corea del Norte, ayudando con tropasa Rusia y combatiendo en la región de Kursk el año pasado. India en tensión con incidentes militares con Paquistán, recientemente. Paquistán, con India y con Afganistán. Francia e Inglaterra, contra Rusia vía el “proxy” ucraniano y con Irán, colaborando en la defensa de Israel y su genocidio.

Comparado con esto la situación de la guerra fría era un juego de niños. Ahora los peligros se han multiplicado. En los ochenta los euromisiles sacaron a los europeos a la calle. Hoy a los alemanes, y a los europeos en general, se les está llevando de la oreja a la guerra Este año la guerra podría extenderse en Europa – Rafael Poch de Feliu y no se mueve nadie… Que Estados Unidos esté perdiendo la partida en Irán no es una mala noticia, pero en absoluto suscita tranquilidad."                                     ( 

Thomas Piketty: En la época dorada del conflicto electoral entre la izquierda y la derecha, aproximadamente entre 1910 y 1990, el enfrentamiento político enfrentaba a las clases favorecidas en su conjunto con las clases populares... Este sistema clasista se desmorona entre los periodos 1980-1990 y 2010-2020. En todas las democracias occidentales se observa que los ingresos y el nivel de estudios comienzan a tener efectos divergentes sobre el voto... la explicación principal radica en las decisiones políticas de los partidos socialdemócratas y afines, que han ido abandonando progresivamente toda ambición redistributiva, empujando así a una parte cada vez mayor de los votantes más desfavorecidos (especialmente entre las personas con menor nivel educativo de las pequeñas ciudades) hacia los nacionalistas y la abstención. Para salir de la crisis actual y del enfrentamiento ficticio entre élites, la izquierda debe retomar la ambición igualitaria del pasado y aglutinar a las clases populares de todos los territorios, asumiendo al mismo tiempo que las élites se unen en su contra. Es la única forma de recuperar la posibilidad de alternancias verdaderas y hacer frente a la desintegración democrática

 "En las sociedades trifuncionales tradicionales, el ímpetu de los guerreros se ve atenuado por los sabios consejos de los brahmanes. Se supone que esta alianza entre las dos clases dirigentes, los guerreros y los intelectuales, aporta equilibrio a la fuerza y garantiza un desarrollo armonioso de la sociedad, bajo la dirección de sus élites naturales, que pueden así encauzar eficazmente a la clase trabajadora, dotándola a la vez de orden y sentido, y repartiéndose prestigio y ventajas.

Guerreros, sacerdotes, trabajadores: el antropólogo George Dumézil creyó detectar ahí el punto común decisivo de las civilizaciones indoeuropeas. En realidad, esta estructura es mucho más general y, sobre todo, se asemeja cada vez más a un discurso normativo que a una realidad inmutable. Suele ser formulada por los sacerdotes, ya sean brahmanes hindúes en el Manusmriti (redactado hacia el siglo II a. C.) o obispos cristianos en la Europa del año mil. Su objetivo principal es disciplinar a los guerreros e imponerles un mínimo de respeto por el vasto saber y la cultura escrita de los intelectuales, lo que, evidentemente, no resulta nada evidente en la realidad histórica, donde nuevas clases guerreras toman el poder y se derrocan unas a otras constantemente. Pero a veces también es retomado por los guerreros, que ven en él una herramienta útil para ayudarles a mantener el orden y obtener el consentimiento de los dominados.

 Hoy en día, la historia parece repetir esa mala partitura de la rivalidad entre élites. Por un lado, una derecha mercantilista, belicista, nacionalista y a la que le gusta presentarse como antiintelectual, encarnada en Estados Unidos por Trump y los republicanos. Por otro, una izquierda brahmánica, titulada, liberal e internacionalista, encarnada al otro lado del Atlántico por los demócratas.

Al igual que en la era trifuncional, esta oposición entre la derecha mercantilista y la izquierda brahmánica es en gran parte ficticia. Permite a las élites nacionalistas y liberales repartirse el poder y afianzar su dominio sobre las clases trabajadoras, al tiempo que impide cualquier alternancia popular verdadera.

Digan lo que digan unos y otros, los trumpistas también se apoyan en cientos de expertos y académicos, reunidos en poderosos think tanks como la Heritage Foundation. El programa hipercapitalista que defienden —defensa visceral de las jerarquías sociales, glorificación de la concentración extrema del poder y la fortuna y de la fiscalidad favorable a los ricos que la sustenta— no difiere mucho del de los economistas liberales. En la época dorada del orden «liberal», cuando Bush invadió Irak, la brutalidad militar no tenía nada que envidiar a la actual. 

 Más allá de los enfrentamientos retóricos, siempre existirá una diversidad de aspiraciones, estilos e identidades dentro de las élites, al igual que ocurría con los conservadores y los liberales bajo las monarquías censitarias. Pero lo cierto es que a estas múltiples élites les conviene exagerar esas diferencias para alternarse en el poder, aunque sus opciones fundamentales apenas difieran.

¿Cómo hemos llegado a esta situación y cómo salir de ella? El mundo no siempre ha estado gobernado por las élites. A raíz de las revoluciones sociales del siglo XIX y del triunfo del sufragio universal en el siglo XX, las clases populares y sus organizaciones sindicales y políticas lograron imponer una profunda transformación social, a veces accediendo directamente al poder (socialdemócratas suecos de 1932 a 1976, los laboristas británicos en 1945, los socialistas y comunistas franceses en 1936 y 1945, los demócratas rooseveltianos en 1932), y, de manera más general, invirtiendo las relaciones de fuerza entre el trabajo y el capital. 

 En la época dorada del conflicto electoral entre la izquierda y la derecha, aproximadamente entre 1910 y 1990, el enfrentamiento político enfrentaba a las clases favorecidas en su conjunto con las clases populares. En todos los países y en todas las elecciones, las primeras votaban mucho más a los partidos de derecha que la media, independientemente del criterio que se tomara (patrimonio, ingresos, titulación), y lo contrario ocurría con las segundas. Las élites están políticamente unificadas, al igual que las clases desfavorecidas, y las clases populares rurales votan casi tan mayoritariamente a la izquierda como las urbanas. Esta dialéctica motriz permite situar la reducción de las desigualdades sociales en el centro del conflicto político.

 Este sistema clasista se desmorona entre los periodos 1980-1990 y 2010-2020. En todas las democracias occidentales se observa que los ingresos y el nivel de estudios comienzan a tener efectos divergentes sobre el voto. Para un mismo nivel de estudios, unos ingresos más elevados siguen conduciendo a un mayor voto a la derecha. Pero, para un mismo nivel de ingresos, un título académico más alto conduce ahora a un voto más a la izquierda. Esto puede explicarse por varios factores estructurales, empezando por la creciente complejidad de la estructura social (con la democratización de la educación, un mismo nivel de titulación da ahora acceso a ingresos muy diferentes, por razones tanto elegidas como impuestas) y el espectacular aumento de la brecha territorial (las ciudades pequeñas tienen menos acceso que las grandes aglomeraciones a las universidades y los hospitales y están más expuestas a la competencia internacional). 

 Pero la explicación principal radica en las decisiones políticas de los partidos socialdemócratas y afines, que han ido abandonando progresivamente toda ambición redistributiva, empujando así a una parte cada vez mayor de los votantes más desfavorecidos (especialmente entre las personas con menor nivel educativo de las pequeñas ciudades) hacia los nacionalistas y la abstención. Para salir de la crisis actual y del enfrentamiento ficticio entre élites, la izquierda debe retomar la ambición igualitaria del pasado y aglutinar a las clases populares de todos los territorios, asumiendo al mismo tiempo que las élites se unen en su contra. Es la única forma de recuperar la posibilidad de alternancias verdaderas y hacer frente a la desintegración democrática."

(Thomas Piketty, blog, 19/05/26, traducción DEEPL, enlaces en el original)

19.5.26

La querella de Manos Limpias contra Zapatero: una entrevista de Aldama con Iker Jiménez y una afirmación de un 'youtuber' (Ana María Pascual)

 "El pseudosindicato ultraderechista Manos Limpias presentó una querella contra el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero el 23 de diciembre de 2025, tras las detenciones practicadas por la UDEF en el marco del caso Plus Ultra, sobre el rescate público de la aerolínea durante la pandemia. Como ya es habitual, la organización ultra se personaba en una causa que salpicaba al Gobierno de Pedro Sánchez.

Aldama, de nuevo

(Ana María Pascual , Pilar Araque Conde  , Público, 19/05/26)