"Entre el 7 y el 10 de junio, la convención cuatrienal de la AFL-CIO se ha reunido en Minneapolis con el objetivo declarado de organizarse “con unidad y claridad de propósito para empoderar a los trabajadores”.
Esa claridad de propósito debería incluir un compromiso real para
afrontar el mayor y más importante reto de organización al que se
enfrentan los sindicatos en esta era: Amazon.
Hasta ahora, a pesar de algunos inspiradores focos de lucha aislados,
el movimiento sindical estadounidense no ha conseguido llevar a Amazon a
la mesa de negociación.
A nivel nacional, y continuando con un declive histórico, la afiliación sindical el año pasado fue de un mísero 10 %
en EEUU, y eso sin contar siquiera los afiliados perdidos cuando Trump
rompió los convenios colectivos que cubrían a casi un millón de
trabajadores federales. Esto ha dejado a decenas de millones de
trabajadores por organizar, pero los más importantes son los 1,5
millones de trabajadores y contratistas de Amazon.
Hace noventa años General Motors era el pionero del capitalismo,
imitado por otros industriales que buscaban perfeccionar la eficiencia
productiva, la explotación de los trabajadores y la extracción de
beneficios. Los trabajadores de GM, organizados bajo la bandera del CIO y
respaldados por sindicatos que no esperaban ganar nuevos afiliados con
el proyecto –como el Sindicato de Mineros Unidos–, se opusieron a esa
explotación, se declararon en huelga y consiguieron nuevas condiciones.
Anunciaron un periodo de organización masiva, el apogeo moderno del
poder sindical.
Amazon es el General Motors de hoy. Lo que le suceda a los
trabajadores de Amazon –para bien o para mal– le sucederá a los
trabajadores de todo el mundo.
Amazon es un banco de pruebas para el futuro del trabajo de todos
nosotros. Los empleadores de todo el mundo buscan imitar el modelo
laboral de este gigante, caracterizado por la explotación, la
inestabilidad laboral y –lo que es aterrador– el uso de tecnologías de
IA para disciplinar y restar poder a los trabajadores.
Amazon está perfeccionando la subcontratación, la mano de obra “justo
a tiempo” y el aumento del ritmo de trabajo. Sus más de 250.000
repartidores en EEUU están todos subcontratados, ya sea a través de una
multitud de pequeñas empresas llamadas socios de servicios de reparto
(DSP) o contratados como autónomos. De esa forma, Amazon puede eludir la
responsabilidad cuando los repartidores sufren lesiones, piden un
aumento de sueldo o intentan sindicarse. Los almacenes funcionan con un
modelo de mano de obra reducida. Los horarios normales a tiempo completo
en los almacenes son cuatro turnos consecutivos de diez horas, pero
Amazon suele recortar las horas de los trabajadores cada vez que la
producción se ralentiza, incluso en medio de un turno, lo que causa
estragos en unos presupuestos familiares ya de por sí ajustados. Luego,
entre Acción de Gracias y Navidad Amazon impone horas extra obligatorias
–una hora extra al día, más un día laborable adicional obligatorio cada
semana–, lo que eleva la semana laboral a unas brutales 55 horas y hace
caso omiso de los efectos en la vida personal y familiar de los
trabajadores.
A través de su agresiva introducción de robots –ahora más de un millón–,
Amazon está sustituyendo a los trabajadores y obligando a los que
quedan a trabajar más rápido. No es de extrañar que los empleados sufran
accidentes laborales con tanta frecuencia, y que la grave tasa de lesiones de la empresa sea casi el doble que la de sus homólogos del sector de los almacenes.
Luego está la IA. Sé algo de esto de primera mano, ya que he
trabajado durante el último año y medio como repartidor a tiempo parcial
de Amazon. La empresa de reparto para la que trabajo es un empleador
justo, pero el problema no es ella; es Amazon, porque, aunque
técnicamente los repartidores no somos empleados de la empresa, todos
estamos sujetos a su seguimiento y supervisión.
Cuando estoy en el camión de Amazon, cada movimiento que hago es
rastreado con tecnología y evaluado por programas de IA: dónde estoy,
qué paquetes he entregado y si voy al ritmo que el algoritmo de Amazon
ha determinado que debo cumplir. Los informes al final de cada turno
muestran cómo se comparan mis entregas con los tiempos prescritos por el
estándar algorítmico de Amazon. Cada semana se nos evalúa para
determinar si tomamos fotos precisas en el momento de la entrega, si
entregamos los paquetes exactamente donde el cliente lo solicitó y si
recibimos comentarios positivos o negativos de los clientes. A través de
este sistema, los conductores que no “alcanzan el ritmo” o que no
cumplen con los estándares prescritos por Amazon pierden su empleo.
Los repartidores de Amazon de todo el país informan ahora de que no les despide un humano, sino la IA
¿Qué permite este nivel de supervisión? El Gran Hermano: el
“NetradyneDriver•i” , tu compañero de viaje en la furgoneta. Las lentes
de la cámara apuntan en todas direcciones, midiendo continuamente tu
velocidad y distancia. Netradyne también controla si te detienes
completamente en cada señal de stop, si utilizas el intermitente, si
evitas desviarte del carril, si frenas, aceleras o tomas las curvas
demasiado rápido. Observa la orientación y el movimiento de tus ojos. Si
bostezas. Si apartas la vista de la carretera durante demasiado tiempo.
Todos estos datos se introducen en un sistema de IA donde la
tecnología, y no una persona, evalúa tu comportamiento cada segundo. Netradyne se jacta de esto y lo denomina “IA física implementada a gran escala”.
En los grupos de chat de Reddit, los repartidores de Amazon de todo
el país informan ahora de que no les despide un humano, sino la IA. En
el caso de los trabajadores de almacén, Amazon ha aprovechado la misma
tecnología de vigilancia para asegurarse de que las tasas de recogida,
embalaje y clasificación de los trabajadores cumplan con sus estándares
determinados algorítmicamente, que sus escaneos sean perfectos y que
minimicen el “tiempo fuera de la tarea” –como ir al baño–. Todo se mide y
se supervisa. Y si no “alcanzas la tasa”, primero te aconsejan, luego
te sancionan y, finalmente, te despiden.
En muchos almacenes, Amazon recurre a agentes de seguridad y a la
policía local para imponer “una cultura organizativa de obediencia casi
carcelaria –lo que equivale a una “militarización” de las funciones de
recursos humanos”, según un informe académico reciente.
“Parece que estamos entrando en una prisión y que intentan asegurarse
de que no nos escapemos”, cita el informe a un trabajador.
Esta distopía laboral se está perfeccionando en Amazon y luego se
exporta a otros empleadores: en fábricas, tiendas de alimentación,
hospitales, restaurantes, hoteles, obras de construcción, laboratorios y
oficinas. Este es el sombrío futuro que estamos legando a nuestros
hijos, a menos que organicemos a los trabajadores de Amazon a gran
escala y luchemos.
Amazon no es solo un problema para quienes trabajamos en el sector
logístico. De ser una humilde tienda de libros en línea, se ha
transformado en una referencia que puede revolucionar otros sectores. Su
avaricia no hace más que crecer. Amazon gestiona hoy 532 tiendas de
alimentación Whole Foods y está ampliando rápidamente su red de reparto
de comestibles. Este es el siguiente gran sector que pretende
revolucionar.
A través de Amazon Web Services, la empresa es ahora un proveedor
global dominante de potencia informática, almacenamiento, redes,
análisis y seguridad. Amazon fabrica sus propios chips de IA Trainium,
compitiendo directamente con Nvidia. Amazon produce y distribuye
películas y series de televisión a través de sus Amazon MGM Studios. El
fundador de Amazon, Jeff Bezos, es propietario del Washington Post.
Amazon One Medical es un servicio de atención primaria que ofrece
asistencia en línea y en clínicas, y está entrando con fuerza en el
mercado de los medicamentos con receta a través de Amazon Pharmacy. A
través de su filial Ring, Amazon domina hoy en día el mercado de la
seguridad doméstica y ofrece otros productos electrónicos de consumo
líderes, como Alexa y Kindle.
¿Se puede derrotar a una empresa tan grande y expansiva, un gigante con casi tres billones de dólares de valoración bursátil?
Sí, se puede. Pero, como destaca un informe publicado el 4 de junio, se
necesitará un esfuerzo titánico y sin reservas por parte de todo el
movimiento sindical estadounidense para hacer que retroceda –no solo los
valientes pero fragmentados esfuerzos que hemos visto hasta ahora–.
El informe, Renewing Labor and Winning at Amazon,
del que soy coautor junto con Michael McQuarrie y Benjamin Y. Fong, y
que fue publicado por el Center for Work and Democracy de la Universidad
Estatal de Arizona, documenta cómo, a diferencia de la década de 1930,
cuando los organizadores del CIO pudieron frenar la producción mediante
huelgas en unos pocos centros de producción clave, el proyecto de
organización de Amazon debe apuntar más allá. Con una red de cientos de
almacenes, centros de clasificación e instalaciones de carga aérea, “la
empresa tiene la agilidad necesaria para redirigir el flujo de paquetes a
otras instalaciones, manteniendo intacta la cadena de suministro” y
haciendo que las huelgas en un solo centro resulten en gran medida
irrelevantes, señala el informe, concluyendo que “los estrategas
sindicales de hoy en día deben reconocer que, para tener éxito, la
organización debe interrumpir el flujo de la cadena de suministro de
Amazon”.
Es necesario organizarse en regiones enteras o en secciones completas de la cadena de suministro de la empresa
Eso significa organizarse en regiones enteras o en secciones
completas de la cadena de suministro de la empresa. El informe destaca
dos regiones estratégicas en particular. La primera se centra en el área
de Los Ángeles y el Inland Empire, justo al este de los puertos de Los
Ángeles y Long Beach, por donde pasa la mayor parte de la mercancía
importada de Amazon antes de distribuirse a los almacenes de todo el
país. La segunda comprende la región del noreste, donde se concentra una
gran cantidad de clientes de Amazon. El sindicato Teamsters ya está
organizándose en ambas regiones, donde los trabajadores se han
enfrentado tenazmente a la empresa. Pero la escala de la organización
hasta la fecha no está a la altura del desafío. En el enorme almacén
JFK8 en Staten Island, el Amazon Labor Union, ahora parte de los
Teamsters, ganó una histórica votación de representación sindical en
2022. Cuatro años después, a pesar de la persistente organización de los
trabajadores, Amazon aún no ha accedido a reconocer al sindicato ni a
negociar.
Cientos de organizadores internos –activistas políticos que han
aceptado puestos de trabajo en Amazon para “infiltrarse” u organizar
desde dentro– han desarrollado una gran sofisticación en la organización
en Amazon en los últimos años, y deben desempeñar un papel importante
en cualquier campaña nacional. Lo mismo ocurre con los miembros
sindicales existentes en los sectores de la logística, la alimentación,
la sanidad y otros. “Los miembros de Teamsters de UPS y DHL han sido
organizadores especialmente eficaces, ya que comparten con los
trabajadores de Amazon un lenguaje común y preocupaciones comunes sobre
el proceso de trabajo de la cadena de suministro, el aumento del ritmo
de trabajo, la tecnología y los problemas que plantea la dirección”,
señala el informe Renewing Labor and Winning at Amazon. “Ellos,
junto con los miembros sindicales de otros sectores, pueden señalar
fácilmente los logros que han conseguido mediante la negociación
colectiva y la huelga, que diferencian drásticamente sus condiciones de
trabajo de las de los trabajadores de Amazon”.
Si bien la organización debe centrarse en los almacenes y orientarse
hacia la construcción de acciones de huelga masivas, el movimiento
sindical debe concebir –y financiar– una campaña global que atraiga al
público, a otras empresas, a los gobiernos y a los reguladores. Esto se
debe a que el impacto de Amazon va mucho más allá del lugar de trabajo, y
se necesitará presión tanto dentro de la cadena de suministro como en
toda la sociedad para obligar a la empresa a negociar con los
sindicatos.
Decenas de miles de camiones de Amazon contaminan el aire, perjudican
la salud pública y deterioran las vías públicas, y las exenciones
fiscales que Amazon exige habitualmente privan a los gobiernos locales
de los recursos necesarios para prestar servicios públicos.
“Las comunidades en zonas con alta concentración de almacenes, como
el Inland Empire de California, son lugares idóneos para unir a los
trabajadores y a los miembros de la comunidad en campañas comunes contra
la explotación en los almacenes y contra las cargas externalizadas que
Amazon impone a la comunidad en general”, señala el informe.
Dado que la Junta Nacional de Relaciones Laborales no es una vía
eficaz para obligar a Amazon a negociar, los sindicatos deben impulsar
iniciativas electorales a nivel estatal y local para promover las
demandas clave de los trabajadores y la comunidad. Este no es un
concepto nuevo. Hace quince años, la campaña “Fight for $15” (Lucha por
los 15 dólares) se valió del poder de las iniciativas electorales para
conseguir aumentos salariales para millones de trabajadores. Algunos
llegaron a crear sindicatos en sus lugares de trabajo. Hoy en día, el
lema podría ser “Fight for $30” (Lucha por los 30 dólares), una cifra
que los trabajadores de Amazon citan con frecuencia como el mínimo
indispensable para sobrevivir.
Las iniciativas también podrían establecer normas de seguridad para
los trabajadores, prohibir la subcontratación de los repartidores de
Amazon y restringir la ubicación de los centros de datos.
Otra idea de iniciativa consiste en gravar a los robots. Esto
repondría los ingresos que los gobiernos pierden cuando Amazon sustituye
a los humanos –que pagan impuestos sobre la nómina y que también
contribuyen a los ingresos por impuestos sobre las ventas cuando gastan
dinero en la comunidad– por robots, que no hacen ninguna de esas cosas.
Las iniciativas también podrían exigir a Amazon que contribuya a un
fondo de vivienda asequible controlado públicamente para compensar la
destrucción de viviendas que provoca la expansión de los almacenes. O
podrían exigir a Amazon que financie clínicas de salud y la limpieza del
aire, para compensar la contaminación causada por el movimiento diario
de sus camiones y vagones.
Estas y otras ideas de iniciativas alteran el modelo de negocio de
explotación de Amazon y pueden ser mecanismos poderosos para unir a los
trabajadores y a los miembros de la comunidad en una causa común y en la
demanda definitiva de reconocimiento sindical y convenios colectivos.
En algunos casos, las iniciativas que desafían el modelo de negocio de
Amazon pueden llevarse a cabo como campañas legislativas. En la ciudad
de Nueva York, una coalición de sindicalistas y activistas comunitarios
está presionando al Ayuntamiento para que apruebe la Ley de Protección de la Distribución,
que obligaría a Amazon a contratar a los repartidores directamente y a
mejorar las normas de seguridad. Es un buen comienzo. Ahora imagina si
se lanzaran campañas a favor de la Ley de Protección de la Distribución
simultáneamente en 20 ciudades.
Los sindicatos también deberían aprovechar la frustración que los
proveedores y vendedores externos sienten por la presencia de Amazon.
Las personas y las pequeñas empresas que intentan vender sus productos
en la plataforma de Amazon ven cómo el gigante les reduce los márgenes. Algunas empresas le han acusado
de robarles sus ideas y luego lanzar productos competidores. Los
proveedores como los DSP [un programa que “permite a emprendedores crear
su propia empresa de reparto” dentro de Amazon] viven continuamente en
vilo, ya que sus contratos con Amazon pueden ser rescindidos casi sin
previo aviso. Una campaña creativa puede encontrar una causa común con
estas fuerzas dispares lanzando luchas locales y estatales para frenar
el poder de la compañía frente a los vendedores individuales y las
pequeñas empresas.
Amazon “tiene un dinamismo corporativo y una flexibilidad
infraestructural sin parangón en ninguna otra empresa contemporánea”,
señala el informe. “Pero su enorme tamaño y riqueza no la hacen
invencible. De hecho, la velocidad y la complejidad de la cadena de
suministro de Amazon la convierten en un objetivo de organización
vulnerable, además de desafiante. Una campaña multidimensional y bien
dotada de recursos puede garantizar el reconocimiento sindical y la
firma de convenios en Amazon”.
¿En qué consiste una campaña “bien dotada de recursos”? Actualmente,
los sindicatos gastan en total unos diez millones de dólares al año en
la organización referente a Amazon, y la mayor parte de esa cantidad
procede de los Teamsters. Eso simplemente no es suficiente para vencer a
una empresa con 1.500 centros de trabajo en EEUU y más de 120.000 millones de dólares en efectivo disponible.
Para sindicalizar a 80.000 trabajadores en Los Ángeles, o a 100.000 en
la costa este, o a 50.000 en Florida, o a las decenas de miles en otras
regiones creo que necesitaremos al menos 100 millones de dólares anuales
durante al menos una década para financiar a miles de organizadores,
tanto dentro como fuera de las instalaciones de Amazon, junto con una
sólida infraestructura de campaña para construir un nuevo movimiento de
organización industrial al estilo del CIO.
Puede parecer mucho dinero, pero hay que tener en cuenta que los activos del movimiento sindical estadounidense rondan hoy los 35.000 millones de dólares,
lo que supone un aumento del 225 % en los últimos 15 años, y que los
líderes sindicales estadounidenses gastaron más de 400 millones de
dólares en la fallida candidatura de Biden-Harris.
En conjunto, dentro del movimiento sindical, los recursos están ahí
para montar una campaña seria contra Amazon. Emprender o no la lucha es
una elección política.
Esta no puede ser una batalla que asuman solo unos pocos sindicatos.
Debe ser un esfuerzo conjunto. Hace unos 90 años, los líderes del
Sindicato de Mineros Unidos y otros sindicatos hicieron un pacto para
organizar a los trabajadores de las industrias del automóvil, el acero,
la electricidad y el caucho, porque sabían que sin una organización
masiva, toda la clase trabajadora estaba en peligro. Este fin de semana,
mientras los líderes de la AFL-CIO se reúnen en Minneapolis, los
sindicatos se encuentran en la misma encrucijada peligrosa. Esperemos
que tomen la decisión correcta, como hicieron sus predecesores hace 90
años."
(Jonathan Rosenblum, CTXT, 12/06/2026 )