2.11.26

Trump, Putin y Xi Jinping se reunirán en en Shenzhen, China, los días 18 y 19 de noviembre de 2026... ¿Puede una reunión entre las tres mayores potencias nucleares del mundo inaugurar una nueva arquitectura de orden internacional? Sugiere que Pekín, Moscú y Washington están explorando, al menos tentativamente, los límites de su competencia... la idea es las de un supuesto Sistema de Shenzhen, expresión del profesor Wang Wen, que desemboque en una recalibración estratégica... podría revelar si las grandes potencias son capaces de sustituir la lógica de la confrontación por una lógica de competencia regulada... el G3 sería un formato de gestión de crisis. Su función realista sería crear salvaguardas: líneas rojas, canales de comunicación, mecanismos de prevención de escalada, protocolos militares de emergencia y reglas mínimas de comportamiento. Sería una arquitectura de contención, no de justicia... China necesita tiempo. Su prioridad es proteger las condiciones que le permitan consolidar su posición en comercio, tecnología, producción avanzada y cadenas de suministro... una cumbre trilateral le conviene a Pekín si le permite congelar la competencia en un nivel administrable mientras gana tiempo tecnológico... Rusia busca algo distinto, reconocimiento. Para Moscú, sentarse en la misma mesa significaría salir del aislamiento impuesto por Occidente, recuperar estatus de gran potencia y demostrar que Rusia sigue siendo un actor central del sistema internacional... Estados Unidos parece moverse hacia una política más transaccional y hemisférica... Es difícil imaginar un conjunto de objetivos menos convergente para una cumbre que aspire a fundar un “paradigma” duradero. La reunión podría producir una distensión táctica, pero no necesariamente una transformación estructural... y revela que la exclusión de Europa y del Sur Global no es un accidente, sino una característica estructural del formato (Alejandro Marcó del Pont)

  "La confirmación de la asistencia del presidente estadounidense Donald Trump y del presidente ruso Vladímir Putin a la cumbre de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), prevista para los días 18 y 19 de noviembre de 2026 en Shenzhen, China, ha reactivado una pregunta que parecía reservada a los manuales de historia diplomática: ¿puede una reunión entre las tres mayores potencias nucleares del mundo inaugurar una nueva arquitectura de orden internacional?

La expectativa de un encuentro trilateral entre Trump, Xi Jinping y Putin no surge de la nada. Se inscribe en una secuencia de contactos presidenciales, señales públicas y maniobras diplomáticas que sugieren que Pekín, Moscú y Washington están explorando, al menos tentativamente, los límites de su competencia. La posibilidad de que esa exploración desemboque en una recalibración estratégica ha alimentado la idea de un supuesto “Sistema Internacional de Shenzhen”, expresión asociada al profesor Wang Wen, decano del Instituto Chongyang de Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China.

La referencia a Yalta no es casual. La Conferencia de Yalta de 1945 no creó un orden mundial perfecto, pero sí estableció las coordenadas fundamentales del sistema posterior a la Segunda Guerra Mundial. Un mundo organizado alrededor de grandes potencias, con esferas de influencia reconocidas, alianzas rígidas y una división del poder que terminó por cristalizar en la confrontación bipolar de la Guerra Fría. Durante décadas, esa arquitectura sostuvo una paz imperfecta, pero estable, entre los bloques. Lo hizo mediante disuasión nuclear, competencia ideológica, guerras periféricas y una disciplina geopolítica brutal. No fue un orden justo; fue un orden funcional.

El colapso de la Unión Soviética pareció anunciar el fin de esa lógica. Estados Unidos emergió como potencia hegemónica y durante un tiempo se creyó que la unipolaridad sería la forma definitiva de organización internacional. Sin embargo, la experiencia de las últimas tres décadas ha demostrado que la primacía estadounidense no eliminó los conflictos, sino que los reconfiguró. Las guerras de Afganistán e Irak, la crisis financiera de 2008, el ascenso de China, el regreso de Rusia como potencia militar, la fragmentación de las cadenas de suministro, la crisis climática y la irrupción de la inteligencia artificial han revelado que ningún actor puede administrar unilateralmente un mundo interdependiente. La unipolaridad no produjo estabilidad duradera; produjo resistencia, desorden y una creciente demanda de pluralidad.

En ese contexto, la eventual cumbre de Shenzhen adquiere un significado que excede la foto protocolar de tres líderes. No porque vaya a fundar un nuevo orden mundial —eso sería prematuro—, sino porque podría revelar si las grandes potencias son capaces de sustituir la lógica de la confrontación por una lógica de competencia regulada. La propuesta de Wang Wen no consiste en reemplazar a las Naciones Unidas ni en abolir las instituciones existentes, sino en reformular los principios de coexistencia entre las potencias. Su tesis es que el mundo ya no puede seguir operando bajo la mentalidad de Yalta: bloques enfrentados, esferas de influencia, suma cero y división territorial. La alternativa sería una coexistencia basada en respeto mutuo, prevención de conflictos, coordinación de políticas y competencia controlable.

Sin embargo, hay una objeción inmediata que Occidente suele formular. Una negociación de paz seria requiere una preparación mucho más rigurosa que una idea surgida de manera improvisada, especialmente si proviene del Kremlin. La crítica es legítima, pero incompleta. Las reuniones cara a cara entre jefes de Estado de grandes potencias nunca son improvisadas. Son el resultado visible de meses de diplomacia silenciosa, contactos técnicos, pruebas de posición y cálculos domésticos. Los hechos disponibles lo confirman. El 4 de febrero, Xi Jinping mantuvo conversaciones telefónicas por separado con Putin y Trump. Durante la tercera semana de mayo, Trump y Putin visitaron Pekín sucesivamente para reunirse con Xi. Entre el 23 y el 25 de septiembre, Xi viajó a Estados Unidos. El 1 de octubre, Putin declaró públicamente en la 23ª Reunión Anual del Club de Debate Valdai que una cumbre trilateral era posible, siempre que la agenda fuera adecuada.

Esa secuencia no prueba que exista ya un acuerdo de paz ni que Shenzhen vaya a producir uno. Pero demuestra que tal cumbre no sería una ocurrencia espontánea. Sería el punto culminante de una diplomacia preparatoria. La incertidumbre no reside en si los presidentes pueden reunirse, sino en si comparten una agenda mínima capaz de transformar una reunión simbólica en un proceso político sostenible.

Para entender el alcance real del posible encuentro, conviene abandonar la retórica del “nuevo orden” y examinar los objetivos concretos de cada potencia. Porque si hay algo que la historia diplomática enseña con crudeza es que las cumbres no nacen de la armonía, sino de la necesidad.

China necesita tiempo. Su prioridad no es rediseñar el sistema internacional, sino proteger las condiciones que le permitan consolidar su posición en comercio, tecnología, producción avanzada y cadenas de suministro. Pekín atraviesa una fase de transición hacia lo que denomina “desarrollo de alta calidad”, un modelo que exige estabilidad externa, acceso a mercados, seguridad tecnológica y continuidad en el comercio global. China ha demostrado que puede utilizar la interdependencia como instrumento de poder: el control de tierras raras y minerales críticos es el ejemplo más visible. Pero ese poder solo es sostenible si el sistema económico mundial no se fragmenta de manera irreversible. Una desvinculación total entre China y Occidente sería costosa para ambos lados, aunque no simétricamente.

Por eso, una cumbre trilateral le conviene a Pekín si le permite congelar la competencia en un nivel administrable mientras gana tiempo tecnológico. China quiere presentarse como el anfitrión indispensable, como el actor capaz de reunir a las tres mayores potencias nucleares y ofrecer una imagen de multipolaridad ordenada. No busca necesariamente imponer un nuevo orden, sino impedir que el orden actual se degrade hasta un punto en que la confrontación se vuelva incontrolable. Su apuesta es pragmática: ganar tiempo, reducir riesgos y consolidar posición.

Rusia busca algo distinto, reconocimiento. Para Moscú, sentarse en la misma mesa que Trump y Xi sería un logro simbólico de enorme magnitud. Significaría salir del aislamiento impuesto por Occidente, recuperar estatus de gran potencia y demostrar que Rusia sigue siendo un actor central del sistema internacional. Pero el objetivo ruso no es únicamente simbólico. Putin busca asegurar el reconocimiento de su perímetro estratégico: Ucrania, el espacio postsoviético, la reversión de la expansión de la OTAN y una arquitectura de seguridad europea que refleje sus intereses. Una cumbre trilateral le permitiría presentar la guerra en Ucrania como un asunto de seguridad entre grandes potencias.

Esa es la clave del riesgo. Si Shenzhen se convierte en un foro donde se discute el futuro de Ucrania sin Ucrania, el encuentro no sería una negociación de paz, sino una legitimación de esferas de influencia. Rusia no necesita que la cumbre produzca un tratado; le basta con obtener reconocimiento, legitimidad y un espacio para negociar desde una posición de igualdad aparente. Para Moscú, incluso una declaración vaga sería una victoria diplomática.

Estados Unidos, por su parte, parece moverse hacia una política más transaccional y hemisférica. La “doctrina Donroe” captura una tendencia real del trumpismo, la recuperación de la primacía estadounidense en el hemisferio occidental como eje estratégico. Las acciones militares en Venezuela, las presiones sobre Colombia y Cuba y la idea de que el dominio estadounidense en América no volverá a ser cuestionado revelan una voluntad de reafirmar la esfera de influencia tradicional de Washington. Pero eso no significa que Estados Unidos se desentienda de Asia o Europa. Significa que Washington prioriza resultados concretos, acuerdos puntuales y beneficios verificables por encima de compromisos institucionales de largo plazo.

La incompatibilidad es evidente. China quiere tiempo y estabilidad. Rusia quiere reconocimiento y esferas de influencia. Estados Unidos quiere resultados transaccionales y reafirmación hemisférica. Es difícil imaginar un conjunto de objetivos menos convergente para una cumbre que aspire a fundar un “paradigma” duradero. La reunión podría producir una distensión táctica, pero no necesariamente una transformación estructural.

El calendario agrava la fragilidad. La cumbre de Shenzhen está prevista para el 18 y 19 de noviembre de 2026, apenas días después de las elecciones de medio término en Estados Unidos. Si Trump sufre un revés electoral importante, su margen de maniobra se estrecharía drásticamente. Una derrota republicana en el Congreso no eliminaría automáticamente su política exterior —mantendría el veto presidencial y podría recurrir a órdenes ejecutivas—, pero sí limitaría su capacidad para concretar acuerdos con Rusia, aprobar fondos, levantar sanciones o sostener compromisos de largo plazo.

Ya existe resistencia bipartidista en el Congreso frente a los acercamientos de Trump con Moscú. Reuters ha señalado que las concesiones económicas hacia Rusia y las críticas a Ucrania han generado oposición incluso dentro del Partido Republicano. Si los demócratas ganan control del Senado, podrían bloquear nominaciones de seguridad nacional y utilizar ese poder como palanca en las disputas sobre Ucrania, China, Irán e inteligencia artificial. En ese escenario, la cumbre de Shenzhen podría convertirse en un ejercicio simbólico de bajo contenido, o incluso en una reunión que nunca llegue a producirse.

Este es el punto más incómodo del planteamiento, la política doméstica estadounidense es el eslabón más débil de cualquier arquitectura de orden que dependa de la continuidad de un presidente. Sin consenso bipartidista, el “paradigma Shenzhen” no sobreviviría al ciclo electoral. La confianza entre líderes puede abrir una puerta, pero no construye instituciones. Y sin instituciones, los acuerdos entre potencias son tan frágiles como la voluntad de quienes los firman.

El valor analítico del G3 no reside, por tanto, en lo que probablemente logre, sino en lo que revela. En primer lugar, revela que el orden de Yalta ya no funciona, pero que tampoco existe consenso sobre su reemplazo. La crítica china al viejo paradigma es correcta: el mundo ya no puede organizarse exclusivamente alrededor de bloques enfrentados y esferas de influencia. Pero la alternativa propuesta sigue siendo demasiado vaga y demasiado dependiente de la buena voluntad de tres potencias con agendas divergentes.

En segundo lugar, revela que el G3 es un formato de gestión de crisis, no de fundación de orden. Su función realista sería crear salvaguardas: líneas rojas, canales de comunicación, mecanismos de prevención de escalada, protocolos militares de emergencia y reglas mínimas de comportamiento. No redistribuiría poder ni democratizaría la gobernanza global. Sería una arquitectura de contención, no de justicia.

En tercer lugar, revela que la exclusión de Europa y del Sur Global no es un accidente, sino una característica estructural del formato. Un directorio de tres potencias no puede ser, por definición, inclusivo. Su eficiencia depende precisamente de su pequeñez. Pero esa eficiencia tiene un costo: la pérdida de legitimidad ante quienes quedan fuera. Ucrania, la Unión Europea, India, Brasil, África, el mundo árabe y el resto del Sur Global no pueden ser tratados como variables de ajuste en un tablero decidido por tres capitales.

La estabilidad de las grandes potencias no es lo mismo que la justicia del orden. El G3 podría gestionar crisis —Ucrania, deuda, clima, inteligencia artificial, proliferación nuclear— de forma que estabilice el sistema para las potencias, pero sin alterar las asimetrías estructurales que generan esas crisis. La inflación global, la fragmentación de las cadenas de suministro, las crisis de deuda, el cambio climático, la gobernanza de la IA y la no proliferación nuclear son problemas interdependientes que exceden la diplomacia bilateral. Ninguno puede resolverse sin algún grado de coordinación entre Estados Unidos, China y Rusia, porque son las tres mayores potencias nucleares y actores decisivos en energía, tecnología, finanzas y seguridad. Pero coordinación no equivale a solución. Coordinar crisis no es lo mismo que transformar las condiciones que las producen.

Por eso, una coexistencia sostenible necesitaría beneficios recíprocos durante el proceso, obligaciones graduales, mecanismos de verificación y revisiones periódicas. La confianza entre presidentes puede facilitar el comienzo, pero no resuelve la contradicción estructural. Podría existir una ventana para que los tres gobiernos administren sus diferencias porque necesitan aliviar presiones distintas: China necesita tiempo, Rusia necesita legitimidad y Estados Unidos necesita resultados. Eso justificaría explorar una distensión. Pero para convertirse en un paradigma duradero, tendría que superar dos pruebas: que ninguna potencia utilice la pausa para preparar una imposición posterior —algo que Washington ha hecho con frecuencia en la historia reciente— y que los compromisos sobrevivan a los cambios políticos internos.

La cumbre podría abrir esa posibilidad. No demostraría todavía que esas condiciones existen. La diferencia entre una cumbre y un sistema es la diferencia entre una foto y una institución. La foto puede ser poderosa; la institución requiere reglas, permanencia, inclusión y capacidad de sanción. Sin eso, Shenzhen será solo otro episodio de diplomacia de cumbres, no el nacimiento de un nuevo orden.

La conclusión más honesta es que el verdadero legado de Shenzhen no será un “Sistema Internacional de Shenzhen”, sino la evidencia empírica de que las tres potencias llamadas a coordinar el mundo no comparten una visión del mundo que puedan coordinar. Europa teme ser marginada. Ucrania teme ser negociada. El Sur Global teme ser excluido. Y todos tienen razón en recelar.

En ausencia de una visión compartida, el orden internacional seguirá siendo menos un diseño consciente que un equilibrio precario entre intereses temporales. La pregunta no es si Trump, Xi y Putin pueden sentarse juntos en Shenzhen. La pregunta es si pueden sentarse juntos sin convertir el mundo en una mesa de reparto. Esa es la prueba que ningún comunicado, ninguna foto ni ninguna declaración podrá eludir." 

(Alejandro Marcó del Pont, blog, 01/11/26) 

SER: El presidente de la Audiencia Nacional aconsejaba al número 2 de Interior del PP, el mismo órgano jurisdiccional que le acabó imputando, por la operación Kitchen... El presidente de la Audiencia le informó sobre la investigación judicial bajo secreto, accedió buscarle un auto reservado del juez para preparar su “defensa” y a trasladarle el contenido de interrogatorios secretos, porque le pareció una persona “desvalida”... pues podrían darle el mismo trato de amigo, a las madres desahuciadas con hijos menores

"El juzgado central de instrucción número 6 de la Audiencia Nacional ha levantado el velo a miles de mensajes de WhatsApp del exsecretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, a quien la Fiscalía Anticorrupción pide 15 años de cárcel por malversación, encubrimiento y delitos contra la intimidad por el espionaje ilícito al extesorero del PP, Luis Bárcenas, en la operación Kitchen.

Entre esas cadenas de mensajes, figuran las conversaciones mantenidas por Martínez entre el 14 de febrero de 2019 y el 23 de enero de 2020 con el presidente de la Audiencia Nacional, José Ramón Navarro, el mismo órgano jurisdiccional que le acabó imputando.

Es casi un año con centenares de mensajes en los que Martínez pide información sobre el transcurso de la investigación secreta a Navarro, le tantea sobre la posición de la Fiscalía o la actitud del juez del caso, pregunta por su futuro judicial y la posibilidad de que termine imputado, o reclama un auto judicial secreto para preparar su defensa así como conocer el contenido de la declaración reservada de un comisario involucrado en la causa.

El presidente de la Audiencia Nacional, José Ramón Navarro, en ningún momento se niega ante las peticiones de Martínez, cuya futura imputación ya se rumoreaba al poco tiempo de iniciar la cadena de mensajes. Contesta con frases como “ya te cuento en cuanto sepa”, “me entero y te digo, “mañana te digo en cuanto salga de las oposiciones”, le transmite “tranquilidad” o se compromete a contarle “cuál es la idea” del juzgado una vez ya habían anunciado su imputación, en enero de 2020.

José Ramón Navarro, niega a la SER que diera jamás información alguna a Francisco Martínez. Asegura que se limitó a darle “largas” y concede que pudo pecar de “imprudencia” por no cortar el flujo de mensajes ante una persona que le pareció “desvalida”.

Algunas de las conversaciones no permiten determinar si ciertas peticiones de Martínez tuvieron éxito, pero las reclamaciones del exsecretario de Estado se prolongaron durante casi un año y en varias ocasiones Martínez agradece a José Ramón Navarro sus esfuerzos; “si buenamente te puedes enterar de algo te lo agradecería mucho, como siempre”, le escribe el 8 de octubre de 2019.

El presidente de la Audiencia Nacional incluso invitó a su casa a cenar a Francisco Martínez en primavera de 2019, cuando se hizo público que el entonces líder del PP, Pablo Casado iba a prescindir de él y del resto de posibles implicados en la Kitchen, a la hora de configurar las listas de aquellas elecciones. En un cruce de whatsapps, José Ramón Navarro y Martínez discutieron sobre quién iba a llevar el vino Vega Sicilia para aquella cena.

Conversación fechada el 02/04/19 (El secreto de sumario no fue levantado hasta septiembre de 2020)

- Francisco Martínez (FM): Buenos días! Hay alguna posibilidad de tener el Auto del JCI 6 de 23 noviembre 2018 que solicitó al Consejo de Ministros la desclasificación de Kitchen?? Estoy preparando argumentos de defensa, solo por si acaso.... Abrazos

- José Ramón Navarro (JRN): Mañana te digo Paco !

- FM: Cuando buenamente puedas….

- JRM: En cuanto salga de las oposiciones!

8/10/19

- Francisco Martínez: Hola José Ramón. Leo en prensa que hoy declaraba otra vez García Castaño. Si buenamente te puedes enterar de algo te lo agradecería mucho, como siempre.

- José Ramón Navarro: 

- FM: Un fuerte abrazo

- JRN: Otro enorme Paco, que estoy en el avión ya han cerrado las puertas.

- FM: Por lo que leo, es la misma declaración que hizo en junio... supongo que a alguien le interesa mover el tema en campaña…

- JRN: Ya te cuento en cuanto sepa…

3/07/19

- Francisco Martínez: Querido Jose, no sé si a estas alturas tienes ya alguna intuición de cuándo me citarán.. Siento molestarte tanto. Muchísimas gracias y un abrazo.

- José Ramón Navarro: En cuanto sepa algo te lo indico Paco! Enorme abrazo

22/01/20

- Francisco Martínez: Me han citado el viernes a las 10:30 [como imputado en el caso Kitchen]

- José Ramón Navarro: No me ha comentado nada Ab; a ver qué me cuenta y cuál es la idea

- FM: Pues la idea imagino que será joderme….

- JRN: Espero que no! Lo que me extraña es que no me haya comentado nada

6/03/19

- Francisco Martínez: Muchísimas gracias por todo! Y a cenar a casa cuando venís... tengo el Vega Sicilia reservado…

- José Ramón Navarro: Ese lo pongo yo ejjjj

- FM: Noooo

- JRN: Siiiiiii

21/02/2019

Francisco Martínez: Ya han filtrado a la prensa que no iré en la lista de Madrid... obviamente solo son filtraciones, pero ya ves cómo está la cosa. Han citado a varios policías, sinceramente no sé qué buscan pero me preocupa que los fiscales traten de “agitar” este tema en período electoral.

José Ramón Navarro: Estoy fuera en malaga ! Mañana te cuento!

FM: Ok, pero a ti no te han dicho de momento nada diferente de lo que hablamos, ¿verdad?

JRN: Nada

8/04/2019

Francisco Martínez: [Jorge Fernández Díaz] quiere querellarse contra el medio pero se lo voy a desaconsejar. Es darles publicidad, que es lo que buscan…

José Ramón Navarro: Que no se le ocurra, al menos por ahora! Les vendría mejor que bien

El sábado 11 de mayo de 2019 a las 19:58 se produce la siguiente conversación:

Francisco Martínez: Querido Jose, hoy vuelven a llamarme periodistas para decirme con seguridad (según ellos) que después del 21/05 me llamarán a declarar. Ya siento ser tan pesadísimo pero vivo esto con bastante angustia y muy poca ayuda, salvo la tuya y de algún otro. Por favor no olvides el tema para que pueda estar preparado anímicamente (además de jurídicamente). Disculpa la lata y un gran abrazo.

José Ramón Navarro: (A las 20:01) El lunes te confirmo lo que haya; por ahora no me suena; pero te lo confirmo el lunes Paco sin Falta; un enorme abrazo!!

El lunes no hubo llamada pero sí el martes 14 de mayo a las 12:37 minutos. Según el registro del teléfono de Martínez, es José Ramón Navarro quien le hace una llamada de WhatsApp, que no dejan rastro de su contenido, pero Martínez no llega a cogerla. Unos segundos después, José Ramón Navarro le escribe:

JRN: Llámame cuando puedas con tranquilidad 

FM: Te llamo en breve

FM: Discúlpame, justo me has pillado en una comida con bastante gente y no podía hablar. Hablamos cuando puedas." 

(Miguel Ángel Campos , SER, 01/03/23)  

La administración Trump ha recortado drásticamente la financiación de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), ha sugerido en repetidas ocasiones una relación entre las vacunas y el autismo, ha cancelado cientos de millones de dólares destinados a la investigación de vacunas de ARNm y ha reestructurado un comité de expertos en vacunas... Esta situación ha permitido a Europa atraer a investigadores y desarrolladores de vacunas, algunos ya están eligiendo Europa para llevar a cabo su trabajo... Sin embargo, la financiación sigue siendo el «punto más débil» de Europa. «Si Europa decidiera invertir seriamente en la innovación en materia de inmunización, fabricación y acceso, tiene una oportunidad única de obtener una ventaja competitiva.” (Claudia Chiappa)

 "Los recortes en la investigación en Estados Unidos y el escepticismo hacia las vacunas han brindado a Europa la oportunidad de consolidarse como líder en el ámbito científico, especialmente en el desarrollo de inmunizaciones.

Esto es particularmente cierto en el caso de tecnologías innovadoras como el ARNm, el avance científico más reciente en materia de vacunas, utilizado por primera vez en las dosis contra la COVID-19.

Desde que asumió el cargo en enero de 2025, la administración Trump ha recortado drásticamente la financiación de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), ha sugerido en repetidas ocasiones una relación entre las vacunas y el autismo, ha cancelado cientos de millones de dólares destinados a la investigación de vacunas de ARNm y ha reestructurado un comité de expertos en vacunas.

Esta situación ha permitido a Europa atraer a investigadores y desarrolladores de vacunas, además de reforzar la posición de su organismo regulador de medicamentos gracias a su firme postura científica.

«Veo una gran oportunidad para que la [Agencia Europea de Medicamentos] se convierta en un referente clave para otros países», señaló Heidi Larson, profesora de antropología y ciencias del riesgo y la toma de decisiones en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, y directora fundadora del *Vaccine Confidence Project*.

«Representan un activo sumamente valioso para Europa y, en el contexto actual, podrían desempeñar un papel global aún más relevante», declaró a POLITICO.

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) —el organismo regulador de medicamentos de la Unión Europea— se ha consolidado desde hace tiempo como un referente científico de confianza.

«Podemos ofrecer información neutral y basada en hechos» a los desarrolladores de vacunas y medicamentos, afirmó el miércoles Emer Cooke, directora ejecutiva de la EMA, ante los periodistas durante un acto en su sede de Ámsterdam. «Queremos estar presentes... como una fuente de información fiable en la que se pueda confiar».

La oportunidad del ARNm

La innovadora tecnología de ARNm es un ámbito en el que Europa podría liderar.

El año pasado, la administración Trump canceló cerca de 500 millones de dólares en subvenciones y contratos destinados a la investigación y el desarrollo de ARNm.

«Analizamos la base científica, escuchamos a los expertos y tomamos medidas», declaró entonces el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr. La Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado (BARDA) de EE. UU. puso fin a 22 inversiones en el desarrollo de vacunas de ARNm «porque los datos demuestran que estas vacunas no protegen eficazmente contra las infecciones de las vías respiratorias superiores, como la COVID-19 o la gripe», afirmó. Kennedy añadió que la financiación se redirigiría hacia «plataformas de vacunación más seguras y de mayor alcance, que sigan siendo eficaces incluso cuando los virus mutan». Para los investigadores y desarrolladores, sin embargo, esto envió una señal.

«Algunas de las políticas que está promoviendo [Estados Unidos] simplemente no son fiables», afirmó Larson, quien también es directora fundadora del Vaccine Confidence Project (Proyecto de Confianza en las Vacunas). «Las decisiones públicas, como la de no financiar el ARNm, envían la señal de que no confían en esta tecnología», añadió.

«Actualmente, Estados Unidos ha dejado un vacío», señaló Sibilia Quilici, directora de Vaccines Europe, un grupo de presión del sector. «Europa, y especialmente la EMA [Agencia Europea de Medicamentos], ya han manifestado... que ven con buenos ojos la innovación en ARNm que se está desarrollando aquí, en Europa».

Algunos desarrolladores ya están eligiendo Europa para llevar a cabo su trabajo.

«Observamos que los desarrolladores acuden cada vez más a la EMA en primer lugar, sobre todo en ámbitos como la tecnología de ARNm, porque confían en nuestro enfoque científico y en nuestra capacidad para trabajar con tecnologías innovadoras», declaró a POLITICO Marco Cavaleri, responsable de amenazas a la salud pública en la EMA. «La EMA se ha convertido en un referente mundial en materia de ciencia regulatoria».

Este año, la UE fue el primer mercado del mundo en autorizar la vacuna combinada de Moderna contra la COVID-19 y la gripe. En Estados Unidos, Moderna se enfrentó a contratiempos después de que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) solicitara más datos sobre su vacuna contra la gripe.
El vacío en el mercado

Pero ser una potencia científica no es suficiente.

«Es evidente que Estados Unidos sigue siendo un mercado enorme, y Europa debe continuar esforzándose por atraer la innovación», afirmó Cavaleri.

A pesar de su compromiso con el fomento de la innovación biotecnológica, Europa sigue lidiando con un mercado fragmentado, dificultades en materia de precios y reembolso, y una capacidad de producción inestable.

Solo este año, la empresa biotecnológica alemana BioNTech anunció el cierre de sus centros de fabricación de vacunas contra la COVID-19 en Alemania —lo que supone la supresión de una quinta parte de su plantilla, es decir, hasta 1800 puestos de trabajo—, mientras que la farmacéutica británica GSK comunicó el cierre de una planta de producción de vacunas en Alemania. «El ARNm es una plataforma tecnológica crucial para las vacunas que debemos ser capaces de producir en Europa a toda costa», afirmó Stine Bosse, eurodiputada del grupo Renew, quien aboga por garantizar que plataformas tecnológicas como la del ARNm puedan optar a más incentivos en el marco de la Ley de Biotecnología.

Europa cuenta con «sólidos sistemas regulatorios», señaló Quilici, y tanto la EMA como las autoridades nacionales competentes en materia de medicamentos «realizan una labor fantástica al garantizar una evaluación rigurosa y basada en pruebas de cualquier tecnología o producto».

La nueva Ley de Biotecnología de la UE también reconoce la importancia de este sector, incluidos los desarrolladores de vacunas, añadió.

Sin embargo, la financiación sigue siendo el «punto más débil» de Europa, apuntó Quilici. «Si Europa decidiera invertir seriamente en la innovación en materia de inmunización, fabricación y acceso, tiene una oportunidad única de obtener una ventaja competitiva.”

(Claudia Chiappa  , POLITICO,   30/10/26)

1.11.26

Reino Unido nacionalizará sus ferrocarriles y creará un fondo para nuevas infraestructuras... Los pasajeros británicos llevan años criticado la alta diferenciación de tarifas y el alto coste de los servicios ferroviarios, por lo que la medida ha sido recibida con popularidad por la ciudadanía... como el británico, el modelo ferroviario español tiene un problema, y en buena medida se debe a su privatización, que ha incrementado presión sobre la infraestructura y sobre las condiciones laborales, al mismo tiempo que ha reducido recursos... La competencia empresarial empuja el precio del billete a la baja, pero... ¿a qué coste? Mayor presión sobre la infraestructura, ahorro en costes de producción, presión para cumplir horarios... Tanto Ouigo como Iryo operan en números rojos para poder ser competitivos... Una de las formas que encontraron para ahorrar fue presionar para que se redujera los cánones a ADIF, algo que consiguieron gracias al apoyo político y mediático de la derecha. Menos cánones implica menos recursos para mantenimiento de la vía... Con los recortes, ADIF perdió más de 2.300 trabajadores entre 2005 y 2020, el 90% personal operativo. Con menos recursos humanos, se vio obligada a contratar a empresas privadas para el mantenimiento de las vías. Una de ellas fue la encargada de la soldadura que falló en Adamuz... cuando Renfe mantenía el monopolio y no se tenía que ver obligada a competir, no hubo accidentes mortales en el AVE. Desde 2021 a 2026, con la competición desatada, ya van más de 200. No puede ser casualidad. Y es terrible... algunos países como Reino Unido, Argentina o Nueva Zelanda han dado marcha atrás en la liberalización y privatización del sector. Se han dado cuenta de que fue un error grave. Francia, por su parte, lleva décadas oponiéndose a la presión europea para privatizar... cualquier debate para mejorar nuestro sistema ferroviario debe de sopesar incluso la posibilidad de revertir su privatización (Eduardo Garzón, Víctor de Elena)

Eduardo Garzón@edugaresp

A falta de conocer bien las causas del accidente de Urda, lo que parece claro es que el modelo ferroviario actual tiene un problema, y en buena medida se debe a su liberalización, que ha incrementado presión sobre la infraestructura y sobre las condiciones laborales, al mismo tiempo que ha reducido recursos

 La liberalización del sector ferroviario fue promovida desde la Unión Europea a partir de 1991 en un periodo neoliberal en el que se creía que privatizar y liberalizar sectores económicos era una muy buena idea. Más de 30 años después, la opinión generalizada es la contraria.

 El gobierno de Aznar aprobó en 2003 la separación en ADIF (encargada de la infraestructura) y de Renfe (encargada del transporte), así como el inicio de la privatización de las mercancías. Zapatero y Rajoy continuaron dando pasos en la liberalización.

 En 2018 el gobierno de Sánchez transpuso la directiva europea para liberalizar el transporte de viajeros. En 2020 se adjudicaron a Renfe, Ouigo (francesa pública) y Iryo (italiana pública) los tres corredores principales. Se desató entonces la competición.

 La competencia empresarial empuja el precio del billete a la baja, pero... ¿a qué coste? Mayor presión sobre la infraestructura, ahorro en costes de producción, presión para cumplir horarios... Tanto Ouigo como Iryo operan en números rojos para poder ser competitivos

 Una de las formas que encontraron para ahorrar fue presionar para que se redujera los cánones a ADIF, algo que consiguieron gracias al apoyo político y mediático de la derecha. Menos cánones implica menos recursos para mantenimiento de la vía

 Además, recordemos el contexto: tras la crisis del año 2008 los gobiernos de Zapatero y Rajoy recortaron salvajemente la inversión pública, porque es la que no tiene coste a corto plazo. Esto sólo cambió cuando llegó el gobierno de coalición actual.

 Con todos estos recortes, ADIF perdió más de 2.300 trabajadores entre 2005 y 2020, el 90% personal operativo. Con menos recursos humanos, se vio obligada a contratar a empresas privadas para el mantenimiento de las vías. Una de ellas fue la encargada de la soldadura que falló en Adamuz.

 Por otro lado, más empresas y más competencia implicaron más trenes y más viajeros: entre 2019 y 2024, los viajeros de alta velocidad comercial se duplicaron. Eso es mucha mayor presión para la infraestructura. Se antepuso el negocio a cualquier otra cosa.

 El gobierno actual, apoyado también en los Fondos Next Generation, ha aumentado mucho la inversión y el mantenimiento de la infraestructura de alta velocidad, aunque si se tiene en cuenta la inflación y el número de kilómetros nuevos, los números no destacan tanto.

 Tengamos en cuenta que desde 1992 hasta 2021, cuando Renfe mantenía el monopolio y no se tenía que ver obligada a competir, no hubo accidentes mortales en el AVE. Desde 2021 a 2026, con la competición desatada, ya van más de 200. No puede ser casualidad. Y es terrible.

 Los problemas de liberalizar el sector ferroviario no son exclusivos de España: muchos estudios han identificado que esos procesos han aumentado los costes, afectado al mantenimiento y reducido la eficiencia en países como el Reino Unido, Argentina, Suecia y Nueva Zelanda

 De hecho, algunos países como Reino Unido, Argentina o Nueva Zelanda han dado marcha atrás en la liberalización y privatización del sector. Se han dado cuenta de que fue un error grave. Francia, por su parte, lleva décadas oponiéndose a la presión europea.

 En consecuencia, cualquier debate para mejorar nuestro sistema ferroviario debe incorporar la necesidad de transformar radicalmente el modelo actual basado en la competencia feroz entre operadoras, sopesando incluso la posibilidad de revertirlo por completo.

6:13 p. m. · 29 oct. 2026 ·21,3 mil Visualizaciones

 

 "Reino Unido nacionalizará sus ferrocarriles y creará un fondo para nuevas infraestructuras.

 El Rey Carlos III del Reino Unido ha anunciado la renacionalización de todos los servicios ferroviarios del país, actualmente gestionados por distintas operadoras privadas, así como la constitución de un fondo para la construcción de nuevas infraestructuras. Ambas medidas formaban parte del programa electoral del Partido Laborista, que se proclamó ganador en las pasadas elecciones celebradas el 4 de julio en el país.

El monarca británico ha hecho este anuncio con motivo del nombramiento del primer ministro laborista, Keir Starmer, cuyo discurso de investidura es redactado por el Gobierno pero leído por el Rey. Así, Carlos III ha revelado una serie de nuevas leyes planeadas por el nuevo Ejecutivo, que incluye planes para que el servicio ferroviario vuelva a ser gestionado y dirigido por las instituciones públicas, no como en la actualidad, que está concesionado a actores privados sin supervisión del Estado.

Para llevar a cabo estos planes, el nuevo Gobierno contempla la creación de una autoridad estatal que llevará el nombre de Great British Railways y nacionalizará a los operadores ferroviarios en un plazo máximo de 5 años. "Mis ministros presentarán la legislación para mejorar los ferrocarriles reformando las franquicias ferroviarias, estableciendo Great British Railways y convirtiendo a los operadores de trenes en propiedad pública", ha asegurado el Rey en su intervención.

Esta agencia, que formará parte de la futura Ley de Ferrocarriles del Reino Unido, procederá a reemplazar a los operadores privados a medida que las actuales concesiones ferroviarias vayan caducando, en aras de racionalizar el sistema, homogeneizar tarifas y mejorar los servicios. Los pasajeros británicos llevan años criticado la alta diferenciación de tarifas y el alto coste de los servicios ferroviarios, por lo que la medida ha sido recibida con popularidad por la ciudadanía.

Los planes de los laboristas también contemplan un impulso a la edificación de nuevas viviendas e infraestructuras "de alta calidad". Su programa electoral incluye un plan para reformar el sistema de manera que se construyan 1,5 millones de nuevas viviendas en los próximos cinco años. En materia de movilidad urbana, el Ejecutivo de Starmer contempla una cesión de competencias a los municipios para que puedan gestionar los servicios de autobús con más autonomía, traspasando la gestión de las concesiones."

(Víctor de Elena, El Economista, 17/07/24)

Aunque la guerra en Ucrania no sea por sí sola el origen de la crisis del coste de la vida, es evidente que ha alimentado la desintegración del continente al perturbar sus cadenas de suministro energético. Sobre todo, hemos podido constatar la incompetencia de las élites europeas ante esta situación. Las sanciones contra Rusia han contribuido a debilitar sus propias economías, mientras que los ingresos de las clases populares de los países más frágiles, en particular Francia, han sido literalmente aplastados... Y todo ello por una guerra que estas élites han sido incapaces de ganar, en particular por falta de una base industrial suficiente para su producción de armamento, después de décadas de deslocalizaciones hacia Asia... El conflicto en Ucrania ha acelerado finalmente la implosión de la sociedad francesa, cuyas ondas de choque golpean ahora a todo el Viejo Continente. Las revueltas en Italia, España y Bélgica forman efectivamente parte de esta desintegración general (Emmanuel Todd)

"Emmanuel Todd: “En Francia y Europa los problemas son los mismos: juventud maltratada y élites irresponsables”

El antropólogo e historiador Emmanuel Todd, autor de ensayos de referencia como ‘La invención de Europa’ (1990) analiza las últimas protestas protagonizadas por la juventud de su país, Francia.

En su último libro “La Dislocación” (La dislocation, no traducido al castellano, que presenta tal vez como “su libro testamento”, el famoso antropólogo francés Emmanuel Todd (Saint-Germain-en-Laye, 1951) destaca la aceleración de la descomposición de las sociedades occidentales, incapaces, según él, de encontrar los recursos morales para afrontar sus problemas de empobrecimiento y de envejecimiento. Afirma que los recientes acontecimientos en Francia y en Europa confirman su tesis.

¿Qué le inspiran las escenas de revuelta en Francia?
Esta situación me resulta personalmente dolorosa, como francés apegado a mi país. Pero me esfuerzo por observar con frialdad y racionalidad, a la manera de un investigador weberiano. En cierto modo, estamos asistiendo a una forma de desintegración de la sociedad francesa. Ya había descrito este proceso en La Dislocación, en el que dediqué un capítulo específico a la situación francesa, titulado “Francia: ¿la caída final?”.

¿Cuál es la naturaleza de esta desintegración?
Se debe, ante todo, y esto es innegable, a la transformación de la democracia en gerontocracia. Francia es el país de Europa donde los jóvenes sufren más restricciones. El profundo malestar de la juventud no se manifiesta únicamente en las estadísticas económicas, en particular la tasa de desempleo, sino también en los datos demográficos. La mortalidad infantil se encuentra entre las más elevadas de Europa, tras años de aumento constante. Detrás de estas cifras dramáticas aparecen las difíciles condiciones de vida de los padres jóvenes. Paralelamente, Francia es uno de los países donde la esperanza de vida en buena salud a los 60 años es la más elevada. La injusticia generacional se manifiesta allí de forma flagrante. Hay que comprender de dónde empezó este movimiento: de los institutos de los suburbios, donde la población de origen inmigrante es numerosa y la juventud está especialmente despreciada. Algunos jóvenes empezaron a bloquear sus centros educativos porque los profesores ausentes no eran sustituidos, en un contexto en el que la movilidad social se deteriora y la escuela aparece cada vez más como el único medio para escapar de su propia condición social. Mientras tanto, el debate político francés está atrapado en temas como la seguridad y las pensiones. Es para llorar.

Lo que se pone de manifiesto es que el sistema político juega estructuralmente en contra de la juventud. El sufragio universal ya no logra arbitrar los conflictos que atraviesan la sociedad, en la medida en que los jubilados ocupan un lugar preponderante dentro del cuerpo electoral. Los mecanismos democráticos se vuelven así estructuralmente conservadores. Como demócrata convencido, estoy absolutamente horrorizado por esta conclusión. Sin embargo, el envejecimiento de la población hace que, por primera vez, sea válido un argumento contra el sufragio universal. Es espantoso.
Esta supuesta reafirmación del orden republicano va a provocar mecánicamente la perpetuación de un desorden permanente

El Gobierno francés quiere reafirmar una forma de “orden republicano” para poner fin a la movilización, jugando con el miedo a los saqueos. ¿Ve en ello un giro autoritario?
Sinceramente, las escenas de saqueo me resultan bastante dolorosas. Es lógico que una parte de la población se incline hacia el partido del orden después de haber sido testigo de los estragos en los centros urbanos. Pero este supuesto orden republicano no es hoy más que un espejismo. ¿Por qué? Porque no hace sino perpetuar un sistema que garantiza la reproducción conservadora de las instituciones mediante el voto de las personas mayores y, por tanto, el mantenimiento de las desigualdades actuales.

En un contexto en el que los jubilados constituyen una parte preponderante del cuerpo electoral, los mecanismos de mediación entre el Estado y el resto de la sociedad ya no funcionan correctamente. Por tanto, el aplastamiento de los ingresos de los jóvenes no va a parar.

En realidad, los manifestantes que salen pacíficamente a la calle, de acuerdo con las tradiciones políticas francesas de la segunda mitad del siglo XX, saben muy bien que están emprendiendo algo que no sirve de nada. A mi juicio, en la medida en que son conscientes del bloqueo del sistema, algunos manifestantes acaban por no condenar con tanta severidad a quienes provocan destrozos e incluso a veces llegan a unirse a ellos.

Por consiguiente, esta supuesta reafirmación del orden republicano va a provocar mecánicamente la perpetuación de un desorden permanente.

En cuanto a los saqueos, me inspiran otra reflexión: la de un debilitamiento de los valores morales. Pero cuando la propia clase dirigente se comporta de manera profundamente inmoral, después de haber destrozado la economía y la sociedad francesas durante décadas, al tiempo que se desinteresa de los problemas reales del país, ¿cómo sorprenderse de que esta inmoralidad se extienda al resto de la sociedad?

¿Cuáles son los factores que impulsan la crisis específica que afecta a Francia?
Es cierto que esta revueta se esperaba desde hacía muchos meses, teniendo en cuenta el rápido deterioro de la situación económica del país. Se esperaba un regreso de los Chalecos Amarillos que incendiaron las calles de Francia en el 2018; finalmente hemos asistido a un alzamiento de la juventud.

Francia se dirige hacia la quiebra porque su integración en la zona euro la ha llevado a una dependencia excesiva de los mercados financieros, que ahora acaban estrangulándola al aumentar los tipos de interés. En la medida en que el euro y la financiarización han contribuido a destruir el aparato productivo francés, Francia no ha tenido otra opción que recurrir al endeudamiento para financiar su modelo social y sostener su economía.
Las “élites” francesas se encuentran incapaces de amar a su país tal como existe hoy y, por consiguiente, de proponer otro proyecto que no sea una austeridad punitiva de por vida

Evidentemente, la crisis de la sociedad francesa recuerda a la de otros países europeos. En todo el Viejo Continente, los problemas son los mismos: envejecimiento de la población, juventud maltratada y élites irresponsables. No obstante, creo que existe una particularidad francesa: un desapego especial de las clases dirigentes respecto de la población, cuyas raíces son más profundas.

Para un francés, el orgullo de pertenecer a su país suele estar vinculado a una gran historia de poder. Pensemos en Napoleón, en la proyección internacional de la Revolución francesa y en la influencia histórica de Francia, de su filosofía y de su cultura, en el mundo. La pérdida de poder de Francia seguramente es vivida de forma muy dolorosa e inconsciente por las “élites” francesas, que se encuentran incapaces de amar a su país tal como existe hoy y, por consiguiente, de proponer otro proyecto que no sea una austeridad punitiva de por vida.

Italia, España, Bélgica: el movimiento se extiende a toda Europa. ¿Estamos en los albores de una gran crisis económica y política europea?
Los disturbios que se han producido en Italia y Bélgica, así como las ocupaciones de plazas en Portugal y España, nos recuerdan que los mecanismos de injusticia generacional que operan en Francia existen en toda Europa. Tiendo a ver en ello una forma de “otoño de los pueblos” en referencia a la “primavera de los pueblos” de 1848, que partiría de Francia para extenderse al resto del continente, pero en un contexto no de progreso, sino de desintegración.

Se conocen los problemas relacionados con la opresión de la juventud en un contexto de grave crisis demográfica, así como los efectos devastadores de los mecanismos ultraliberales y del libre comercio. Sin embargo, las sociedades europeas parecen incapaces de producir otra cosa que divisiones internas.
Considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro

Las raíces del mal son más profundas que una crisis del capitalismo. En realidad, la atomización social de Europa, combinada con los mecanismos gerontocráticos, impide a las sociedades hacer frente a sus problemas. En mi libro anterior, La derrota de Occidente (Akal, 2024), detecté un “estado cero de la religión de las ideologías” para caracterizar a unas sociedades europeas que describo como sumidas en un vacío metafísico, una ausencia de valores que las vuelve incapaces incluso de organizarse colectivamente para evitar la desintegración de sus naciones, por ejemplo, emprendiendo grandes proyectos colectivos de reindustrialización. Actualmente no existe ninguna organización política lo bastante poderosa para abordar estos problemas… La hora es más bien la de la “deificación del vacío”, lo que yo llamo nihilismo.

Más allá de este sombrío diagnóstico, deseo alertar a los defensores acérrimos de la Unión Europea sobre el riesgo real de su desintegración. En efecto, los problemas de Francia en los mercados financieros y el aumento de las divergencias de los tipos de interés con respecto a Alemania socavan el proyecto europeo en su corazón. Como partidario de la paz y del entendimiento entre las naciones, considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro, para que cada nación pueda utilizar el instrumento de la política monetaria para afrontar sus problemas.

Como probablemente esto no sucederá, predigo que el euro será destruido por una crisis descontrolada, quizá cuando las divergencias entre las tasas de interés de las distintas naciones se vuelvan insostenibles. Es posible que estemos en los albores de un proceso de desintegración parecido al de la URSS: recordemos que el fin del Imperio soviético fue decidido por la propia Rusia; quizá, por tanto, la zona euro acabe siendo enterrada por su potencia dominante: Alemania.

Mientras tanto, el euro habrá completado su misión de destrucción de la economía francesa. Me divierte calcular la diferencia entre el coste de esta moneda única para mi país y los daños provocados por los destrozos del 17 de octubre. ¡Hay que reconocer que el euro gana por goleada!

¿El futuro es, por tanto, la desintegración, según usted?
Lo que yo llamo el mundo “posdesarrollado”, es decir, Europa y Estados Unidos, se resquebraja efectivamente por todas partes. Lo llamativo de nuestra época es que ninguna crisis parece evolucionar independientemente de las demás. Observemos la situación europea, donde la guerra con Rusia está desatada. Aunque la guerra en Ucrania no sea por sí sola el origen de la crisis del coste de la vida, es evidente que ha alimentado la desintegración del continente al perturbar sus cadenas de suministro energético. Sobre todo, hemos podido constatar la incompetencia de las élites europeas ante esta situación. Las sanciones contra Rusia han contribuido a debilitar sus propias economías, mientras que los ingresos de las clases populares de los países más frágiles, en particular Francia, han sido literalmente aplastados.

Y todo ello por una guerra que estas élites han sido incapaces de ganar, en particular por falta de una base industrial suficiente para su producción de armamento, después de décadas de deslocalizaciones hacia Asia.

El conflicto en Ucrania ha acelerado finalmente la implosión de la sociedad francesa, cuyas ondas de choque golpean ahora a todo el Viejo Continente. Las revueltas en Italia, España y Bélgica forman efectivamente parte de esta desintegración general.

En este contexto de revuelta, las crecientes divergencias entre Francia y Alemania, cuyos tipos de interés se separan peligrosamente, también dan testimonio de las tensiones que atraviesan Europa en su núcleo. Todo esto ocurre en un contexto preocupante, marcado por el envejecimiento extremo de la población y la llegada a la madurez de ese «estado cero de la religión» al que me refería antes.

Veo a Occidente un poco como un barco fantasma que vaga por la historia. Ahora se asoma la hora del fin del ciclo histórico de dominación occidental y del desplazamiento del centro de gravedad del mundo.

¿Es usted, por tanto, radicalmente pesimista?
En el caso de Francia, sorprendentemente, no. Cuando el sistema haya estallado —y este desenlace me parece seguro—, les sorprenderá descubrir que, en realidad, los franceses aman a su país y no intentarán destruirlo cayendo en pasiones racistas. Tampoco creo que Italia y España vayan a tomar el camino de la autodestrucción. Recientemente me he interesado por la divergencia entre las sociedades posprotestantes, en particular Estados Unidos e Inglaterra, y las sociedades poscatólicas, principalmente los países latinos. Si las primeras me parecen comprometidas en una trayectoria nihilista mucho más peligrosa, no encuentro ese mismo grado en las segundas.

La razón es sencilla: el protestantismo era una teología que solo se interesaba por la relación del creyente con Dios y no por la belleza del mundo. Cuando esta creencia religiosa se disuelve, del protestantismo no queda más que una relación conflictiva con un mundo percibido como malo, incluso podrido. De ahí surgen las graves desviaciones de las que somos testigos actualmente: la financiarización, Trump, pero sobre todo una necesidad muy inquietante de violencia que se manifiesta en un apetito por la guerra. Por eso hablo de una fase “-1” en lo que respecta al protestantismo.

En el marco de lo que llamo el “catolicismo cero”, este nihilismo queda atemperado por el hecho de que la fe católica aceptaba un interés por la belleza del mundo que permanece en las mentes incluso cuando desaparece la creencia en Dios. Inconscientemente, por mucha rabia que puedas sentir, no puedes ser francés, italiano o español —tres pueblos cuyas naciones concentran gran parte de las maravillas de este mundo— y desear la destrucción de tu propio país, del que cada uno de vosotros es consciente de que es el más hermoso del mundo."

(Entrevista a Emmanuel Tood, Rafael Karoubi , , El Salto, 01/11/26)

Cuando el sistema haya estallado —y este desenlace me parece seguro—, les sorprenderá descubrir que, en realidad, los franceses aman a su país y no intentarán destruirlo cayendo en pasiones racistas. Tampoco creo que Italia y España vayan a tomar el camino de la autodestrucción... me he interesado por la divergencia entre las sociedades posprotestantes, en particular Estados Unidos e Inglaterra, y las sociedades poscatólicas, principalmente los países latinos. Si las primeras me parecen comprometidas en una trayectoria nihilista mucho más peligrosa, no encuentro ese mismo grado en las segundas... La razón es sencilla: el protestantismo era una teología que solo se interesaba por la relación del creyente con Dios y no por la belleza del mundo. Cuando esta creencia religiosa se disuelve, del protestantismo no queda más que una relación conflictiva con un mundo percibido como malo, incluso podrido. De ahí surgen las graves desviaciones de las que somos testigos actualmente: la financiarización, Trump, pero sobre todo una necesidad muy inquietante de violencia que se manifiesta en un apetito por la guerra. Por eso hablo de una fase “-1” en lo que respecta al protestantismo... En el marco de lo que llamo el “catolicismo cero”, este nihilismo queda atemperado por el hecho de que la fe católica aceptaba un interés por la belleza del mundo que permanece en las mentes incluso cuando desaparece la creencia en Dios. Inconscientemente, por mucha rabia que puedas sentir, no puedes ser francés, italiano o español —tres pueblos cuyas naciones concentran gran parte de las maravillas de este mundo— y desear la destrucción de tu propio país, del que cada uno de vosotros es consciente de que es el más hermoso del mundo (Emmanuel Todd)

 "Emmanuel Todd: “En Francia y Europa los problemas son los mismos: juventud maltratada y élites irresponsables”

El antropólogo e historiador Emmanuel Todd, autor de ensayos de referencia como ‘La invención de Europa’ (1990) analiza las últimas protestas protagonizadas por la juventud de su país, Francia.

En su último libro “La Dislocación” (La dislocation, no traducido al castellano, que presenta tal vez como “su libro testamento”, el famoso antropólogo francés Emmanuel Todd (Saint-Germain-en-Laye, 1951) destaca la aceleración de la descomposición de las sociedades occidentales, incapaces, según él, de encontrar los recursos morales para afrontar sus problemas de empobrecimiento y de envejecimiento. Afirma que los recientes acontecimientos en Francia y en Europa confirman su tesis.

¿Qué le inspiran las escenas de revuelta en Francia?
Esta situación me resulta personalmente dolorosa, como francés apegado a mi país. Pero me esfuerzo por observar con frialdad y racionalidad, a la manera de un investigador weberiano. En cierto modo, estamos asistiendo a una forma de desintegración de la sociedad francesa. Ya había descrito este proceso en La Dislocación, en el que dediqué un capítulo específico a la situación francesa, titulado “Francia: ¿la caída final?”.

¿Cuál es la naturaleza de esta desintegración?
Se debe, ante todo, y esto es innegable, a la transformación de la democracia en gerontocracia. Francia es el país de Europa donde los jóvenes sufren más restricciones. El profundo malestar de la juventud no se manifiesta únicamente en las estadísticas económicas, en particular la tasa de desempleo, sino también en los datos demográficos. La mortalidad infantil se encuentra entre las más elevadas de Europa, tras años de aumento constante. Detrás de estas cifras dramáticas aparecen las difíciles condiciones de vida de los padres jóvenes. Paralelamente, Francia es uno de los países donde la esperanza de vida en buena salud a los 60 años es la más elevada. La injusticia generacional se manifiesta allí de forma flagrante. Hay que comprender de dónde empezó este movimiento: de los institutos de los suburbios, donde la población de origen inmigrante es numerosa y la juventud está especialmente despreciada. Algunos jóvenes empezaron a bloquear sus centros educativos porque los profesores ausentes no eran sustituidos, en un contexto en el que la movilidad social se deteriora y la escuela aparece cada vez más como el único medio para escapar de su propia condición social. Mientras tanto, el debate político francés está atrapado en temas como la seguridad y las pensiones. Es para llorar.

Lo que se pone de manifiesto es que el sistema político juega estructuralmente en contra de la juventud. El sufragio universal ya no logra arbitrar los conflictos que atraviesan la sociedad, en la medida en que los jubilados ocupan un lugar preponderante dentro del cuerpo electoral. Los mecanismos democráticos se vuelven así estructuralmente conservadores. Como demócrata convencido, estoy absolutamente horrorizado por esta conclusión. Sin embargo, el envejecimiento de la población hace que, por primera vez, sea válido un argumento contra el sufragio universal. Es espantoso.
Esta supuesta reafirmación del orden republicano va a provocar mecánicamente la perpetuación de un desorden permanente

El Gobierno francés quiere reafirmar una forma de “orden republicano” para poner fin a la movilización, jugando con el miedo a los saqueos. ¿Ve en ello un giro autoritario?
Sinceramente, las escenas de saqueo me resultan bastante dolorosas. Es lógico que una parte de la población se incline hacia el partido del orden después de haber sido testigo de los estragos en los centros urbanos. Pero este supuesto orden republicano no es hoy más que un espejismo. ¿Por qué? Porque no hace sino perpetuar un sistema que garantiza la reproducción conservadora de las instituciones mediante el voto de las personas mayores y, por tanto, el mantenimiento de las desigualdades actuales.

En un contexto en el que los jubilados constituyen una parte preponderante del cuerpo electoral, los mecanismos de mediación entre el Estado y el resto de la sociedad ya no funcionan correctamente. Por tanto, el aplastamiento de los ingresos de los jóvenes no va a parar.

En realidad, los manifestantes que salen pacíficamente a la calle, de acuerdo con las tradiciones políticas francesas de la segunda mitad del siglo XX, saben muy bien que están emprendiendo algo que no sirve de nada. A mi juicio, en la medida en que son conscientes del bloqueo del sistema, algunos manifestantes acaban por no condenar con tanta severidad a quienes provocan destrozos e incluso a veces llegan a unirse a ellos.

Por consiguiente, esta supuesta reafirmación del orden republicano va a provocar mecánicamente la perpetuación de un desorden permanente.

En cuanto a los saqueos, me inspiran otra reflexión: la de un debilitamiento de los valores morales. Pero cuando la propia clase dirigente se comporta de manera profundamente inmoral, después de haber destrozado la economía y la sociedad francesas durante décadas, al tiempo que se desinteresa de los problemas reales del país, ¿cómo sorprenderse de que esta inmoralidad se extienda al resto de la sociedad?

¿Cuáles son los factores que impulsan la crisis específica que afecta a Francia?
Es cierto que esta revueta se esperaba desde hacía muchos meses, teniendo en cuenta el rápido deterioro de la situación económica del país. Se esperaba un regreso de los Chalecos Amarillos que incendiaron las calles de Francia en el 2018; finalmente hemos asistido a un alzamiento de la juventud.

Francia se dirige hacia la quiebra porque su integración en la zona euro la ha llevado a una dependencia excesiva de los mercados financieros, que ahora acaban estrangulándola al aumentar los tipos de interés. En la medida en que el euro y la financiarización han contribuido a destruir el aparato productivo francés, Francia no ha tenido otra opción que recurrir al endeudamiento para financiar su modelo social y sostener su economía.
Las “élites” francesas se encuentran incapaces de amar a su país tal como existe hoy y, por consiguiente, de proponer otro proyecto que no sea una austeridad punitiva de por vida

Evidentemente, la crisis de la sociedad francesa recuerda a la de otros países europeos. En todo el Viejo Continente, los problemas son los mismos: envejecimiento de la población, juventud maltratada y élites irresponsables. No obstante, creo que existe una particularidad francesa: un desapego especial de las clases dirigentes respecto de la población, cuyas raíces son más profundas.

Para un francés, el orgullo de pertenecer a su país suele estar vinculado a una gran historia de poder. Pensemos en Napoleón, en la proyección internacional de la Revolución francesa y en la influencia histórica de Francia, de su filosofía y de su cultura, en el mundo. La pérdida de poder de Francia seguramente es vivida de forma muy dolorosa e inconsciente por las “élites” francesas, que se encuentran incapaces de amar a su país tal como existe hoy y, por consiguiente, de proponer otro proyecto que no sea una austeridad punitiva de por vida.

Italia, España, Bélgica: el movimiento se extiende a toda Europa. ¿Estamos en los albores de una gran crisis económica y política europea?
Los disturbios que se han producido en Italia y Bélgica, así como las ocupaciones de plazas en Portugal y España, nos recuerdan que los mecanismos de injusticia generacional que operan en Francia existen en toda Europa. Tiendo a ver en ello una forma de “otoño de los pueblos” en referencia a la “primavera de los pueblos” de 1848, que partiría de Francia para extenderse al resto del continente, pero en un contexto no de progreso, sino de desintegración.

Se conocen los problemas relacionados con la opresión de la juventud en un contexto de grave crisis demográfica, así como los efectos devastadores de los mecanismos ultraliberales y del libre comercio. Sin embargo, las sociedades europeas parecen incapaces de producir otra cosa que divisiones internas.
Considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro

Las raíces del mal son más profundas que una crisis del capitalismo. En realidad, la atomización social de Europa, combinada con los mecanismos gerontocráticos, impide a las sociedades hacer frente a sus problemas. En mi libro anterior, La derrota de Occidente (Akal, 2024), detecté un “estado cero de la religión de las ideologías” para caracterizar a unas sociedades europeas que describo como sumidas en un vacío metafísico, una ausencia de valores que las vuelve incapaces incluso de organizarse colectivamente para evitar la desintegración de sus naciones, por ejemplo, emprendiendo grandes proyectos colectivos de reindustrialización. Actualmente no existe ninguna organización política lo bastante poderosa para abordar estos problemas… La hora es más bien la de la “deificación del vacío”, lo que yo llamo nihilismo.

Más allá de este sombrío diagnóstico, deseo alertar a los defensores acérrimos de la Unión Europea sobre el riesgo real de su desintegración. En efecto, los problemas de Francia en los mercados financieros y el aumento de las divergencias de los tipos de interés con respecto a Alemania socavan el proyecto europeo en su corazón. Como partidario de la paz y del entendimiento entre las naciones, considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro, para que cada nación pueda utilizar el instrumento de la política monetaria para afrontar sus problemas.

Como probablemente esto no sucederá, predigo que el euro será destruido por una crisis descontrolada, quizá cuando las divergencias entre las tasas de interés de las distintas naciones se vuelvan insostenibles. Es posible que estemos en los albores de un proceso de desintegración parecido al de la URSS: recordemos que el fin del Imperio soviético fue decidido por la propia Rusia; quizá, por tanto, la zona euro acabe siendo enterrada por su potencia dominante: Alemania.

Mientras tanto, el euro habrá completado su misión de destrucción de la economía francesa. Me divierte calcular la diferencia entre el coste de esta moneda única para mi país y los daños provocados por los destrozos del 17 de octubre. ¡Hay que reconocer que el euro gana por goleada!

¿El futuro es, por tanto, la desintegración, según usted?
Lo que yo llamo el mundo “posdesarrollado”, es decir, Europa y Estados Unidos, se resquebraja efectivamente por todas partes. Lo llamativo de nuestra época es que ninguna crisis parece evolucionar independientemente de las demás. Observemos la situación europea, donde la guerra con Rusia está desatada. Aunque la guerra en Ucrania no sea por sí sola el origen de la crisis del coste de la vida, es evidente que ha alimentado la desintegración del continente al perturbar sus cadenas de suministro energético. Sobre todo, hemos podido constatar la incompetencia de las élites europeas ante esta situación. Las sanciones contra Rusia han contribuido a debilitar sus propias economías, mientras que los ingresos de las clases populares de los países más frágiles, en particular Francia, han sido literalmente aplastados.

Y todo ello por una guerra que estas élites han sido incapaces de ganar, en particular por falta de una base industrial suficiente para su producción de armamento, después de décadas de deslocalizaciones hacia Asia.

El conflicto en Ucrania ha acelerado finalmente la implosión de la sociedad francesa, cuyas ondas de choque golpean ahora a todo el Viejo Continente. Las revueltas en Italia, España y Bélgica forman efectivamente parte de esta desintegración general.

En este contexto de revuelta, las crecientes divergencias entre Francia y Alemania, cuyos tipos de interés se separan peligrosamente, también dan testimonio de las tensiones que atraviesan Europa en su núcleo. Todo esto ocurre en un contexto preocupante, marcado por el envejecimiento extremo de la población y la llegada a la madurez de ese «estado cero de la religión» al que me refería antes.

Veo a Occidente un poco como un barco fantasma que vaga por la historia. Ahora se asoma la hora del fin del ciclo histórico de dominación occidental y del desplazamiento del centro de gravedad del mundo.

¿Es usted, por tanto, radicalmente pesimista?
En el caso de Francia, sorprendentemente, no. Cuando el sistema haya estallado —y este desenlace me parece seguro—, les sorprenderá descubrir que, en realidad, los franceses aman a su país y no intentarán destruirlo cayendo en pasiones racistas. Tampoco creo que Italia y España vayan a tomar el camino de la autodestrucción. Recientemente me he interesado por la divergencia entre las sociedades posprotestantes, en particular Estados Unidos e Inglaterra, y las sociedades poscatólicas, principalmente los países latinos. Si las primeras me parecen comprometidas en una trayectoria nihilista mucho más peligrosa, no encuentro ese mismo grado en las segundas.

La razón es sencilla: el protestantismo era una teología que solo se interesaba por la relación del creyente con Dios y no por la belleza del mundo. Cuando esta creencia religiosa se disuelve, del protestantismo no queda más que una relación conflictiva con un mundo percibido como malo, incluso podrido. De ahí surgen las graves desviaciones de las que somos testigos actualmente: la financiarización, Trump, pero sobre todo una necesidad muy inquietante de violencia que se manifiesta en un apetito por la guerra. Por eso hablo de una fase “-1” en lo que respecta al protestantismo.

En el marco de lo que llamo el “catolicismo cero”, este nihilismo queda atemperado por el hecho de que la fe católica aceptaba un interés por la belleza del mundo que permanece en las mentes incluso cuando desaparece la creencia en Dios. Inconscientemente, por mucha rabia que puedas sentir, no puedes ser francés, italiano o español —tres pueblos cuyas naciones concentran gran parte de las maravillas de este mundo— y desear la destrucción de tu propio país, del que cada uno de vosotros es consciente de que es el más hermoso del mundo."

(Entrevista a Emmanuel Tood, Rafael Karoubi , , El Salto, 01/11/26)

Se esperaba un regreso de los Chalecos Amarillos, finalmente hemos asistido a un alzamiento de la juventud, y a una forma de desintegración de la sociedad francesa...una forma de “otoño de los pueblos” en referencia a la “primavera de los pueblos” de 1848, que partiría de Francia para extenderse al resto del continente, pero en un contexto no de progreso, sino de desintegración... Se conocen los problemas de la opresión de la juventud en una grave crisis demográfica, así como los efectos devastadores de los mecanismos ultraliberales y del libre comercio... pero las sociedades europeas parecen incapaces de producir otra cosa que divisiones internas... Francia se dirige hacia la quiebra porque su integración en la zona euro la ha llevado a una dependencia excesiva de los mercados financieros, que ahora acaban estrangulándola al aumentar los tipos de interés... dado que el euro y la financiarización han contribuido a destruir el aparato productivo francés, Francia no ha tenido otra opción que recurrir al endeudamiento para financiar su modelo social y sostener su economía... existe el riesgo real de la desintegración de la Unión Europea. En efecto, los problemas de Francia en los mercados financieros y el aumento de las divergencias de los tipos de interés con respecto a Alemania socavan el proyecto europeo en su corazón... considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro, para que cada nación pueda utilizar el instrumento de la política monetaria para afrontar sus problemas... Como probablemente esto no sucederá, predigo que el euro será destruido por una crisis descontrolada, quizá cuando las divergencias entre las tasas de interés de las distintas naciones se vuelvan insostenibles. Es posible que estemos en los albores de un proceso de desintegración parecido al de la URSS: recordemos que el fin del Imperio soviético fue decidido por la propia Rusia; quizá, por tanto, la zona euro acabe siendo enterrada por su potencia dominante: Alemania (Emmanuel Todd)

"Emmanuel Todd: “En Francia y Europa los problemas son los mismos: juventud maltratada y élites irresponsables”

El antropólogo e historiador Emmanuel Todd, autor de ensayos de referencia como ‘La invención de Europa’ (1990) analiza las últimas protestas protagonizadas por la juventud de su país, Francia.

En su último libro “La Dislocación” (La dislocation, no traducido al castellano, que presenta tal vez como “su libro testamento”, el famoso antropólogo francés Emmanuel Todd (Saint-Germain-en-Laye, 1951) destaca la aceleración de la descomposición de las sociedades occidentales, incapaces, según él, de encontrar los recursos morales para afrontar sus problemas de empobrecimiento y de envejecimiento. Afirma que los recientes acontecimientos en Francia y en Europa confirman su tesis.

¿Qué le inspiran las escenas de revuelta en Francia?
Esta situación me resulta personalmente dolorosa, como francés apegado a mi país. Pero me esfuerzo por observar con frialdad y racionalidad, a la manera de un investigador weberiano. En cierto modo, estamos asistiendo a una forma de desintegración de la sociedad francesa. Ya había descrito este proceso en La Dislocación, en el que dediqué un capítulo específico a la situación francesa, titulado “Francia: ¿la caída final?”.

¿Cuál es la naturaleza de esta desintegración?
Se debe, ante todo, y esto es innegable, a la transformación de la democracia en gerontocracia. Francia es el país de Europa donde los jóvenes sufren más restricciones. El profundo malestar de la juventud no se manifiesta únicamente en las estadísticas económicas, en particular la tasa de desempleo, sino también en los datos demográficos. La mortalidad infantil se encuentra entre las más elevadas de Europa, tras años de aumento constante. Detrás de estas cifras dramáticas aparecen las difíciles condiciones de vida de los padres jóvenes. Paralelamente, Francia es uno de los países donde la esperanza de vida en buena salud a los 60 años es la más elevada. La injusticia generacional se manifiesta allí de forma flagrante. Hay que comprender de dónde empezó este movimiento: de los institutos de los suburbios, donde la población de origen inmigrante es numerosa y la juventud está especialmente despreciada. Algunos jóvenes empezaron a bloquear sus centros educativos porque los profesores ausentes no eran sustituidos, en un contexto en el que la movilidad social se deteriora y la escuela aparece cada vez más como el único medio para escapar de su propia condición social. Mientras tanto, el debate político francés está atrapado en temas como la seguridad y las pensiones. Es para llorar.

Lo que se pone de manifiesto es que el sistema político juega estructuralmente en contra de la juventud. El sufragio universal ya no logra arbitrar los conflictos que atraviesan la sociedad, en la medida en que los jubilados ocupan un lugar preponderante dentro del cuerpo electoral. Los mecanismos democráticos se vuelven así estructuralmente conservadores. Como demócrata convencido, estoy absolutamente horrorizado por esta conclusión. Sin embargo, el envejecimiento de la población hace que, por primera vez, sea válido un argumento contra el sufragio universal. Es espantoso.
Esta supuesta reafirmación del orden republicano va a provocar mecánicamente la perpetuación de un desorden permanente

El Gobierno francés quiere reafirmar una forma de “orden republicano” para poner fin a la movilización, jugando con el miedo a los saqueos. ¿Ve en ello un giro autoritario?
Sinceramente, las escenas de saqueo me resultan bastante dolorosas. Es lógico que una parte de la población se incline hacia el partido del orden después de haber sido testigo de los estragos en los centros urbanos. Pero este supuesto orden republicano no es hoy más que un espejismo. ¿Por qué? Porque no hace sino perpetuar un sistema que garantiza la reproducción conservadora de las instituciones mediante el voto de las personas mayores y, por tanto, el mantenimiento de las desigualdades actuales.

En un contexto en el que los jubilados constituyen una parte preponderante del cuerpo electoral, los mecanismos de mediación entre el Estado y el resto de la sociedad ya no funcionan correctamente. Por tanto, el aplastamiento de los ingresos de los jóvenes no va a parar.

En realidad, los manifestantes que salen pacíficamente a la calle, de acuerdo con las tradiciones políticas francesas de la segunda mitad del siglo XX, saben muy bien que están emprendiendo algo que no sirve de nada. A mi juicio, en la medida en que son conscientes del bloqueo del sistema, algunos manifestantes acaban por no condenar con tanta severidad a quienes provocan destrozos e incluso a veces llegan a unirse a ellos.

Por consiguiente, esta supuesta reafirmación del orden republicano va a provocar mecánicamente la perpetuación de un desorden permanente.

En cuanto a los saqueos, me inspiran otra reflexión: la de un debilitamiento de los valores morales. Pero cuando la propia clase dirigente se comporta de manera profundamente inmoral, después de haber destrozado la economía y la sociedad francesas durante décadas, al tiempo que se desinteresa de los problemas reales del país, ¿cómo sorprenderse de que esta inmoralidad se extienda al resto de la sociedad?

¿Cuáles son los factores que impulsan la crisis específica que afecta a Francia?
Es cierto que esta revueta se esperaba desde hacía muchos meses, teniendo en cuenta el rápido deterioro de la situación económica del país. Se esperaba un regreso de los Chalecos Amarillos que incendiaron las calles de Francia en el 2018; finalmente hemos asistido a un alzamiento de la juventud.

Francia se dirige hacia la quiebra porque su integración en la zona euro la ha llevado a una dependencia excesiva de los mercados financieros, que ahora acaban estrangulándola al aumentar los tipos de interés. En la medida en que el euro y la financiarización han contribuido a destruir el aparato productivo francés, Francia no ha tenido otra opción que recurrir al endeudamiento para financiar su modelo social y sostener su economía.
Las “élites” francesas se encuentran incapaces de amar a su país tal como existe hoy y, por consiguiente, de proponer otro proyecto que no sea una austeridad punitiva de por vida

Evidentemente, la crisis de la sociedad francesa recuerda a la de otros países europeos. En todo el Viejo Continente, los problemas son los mismos: envejecimiento de la población, juventud maltratada y élites irresponsables. No obstante, creo que existe una particularidad francesa: un desapego especial de las clases dirigentes respecto de la población, cuyas raíces son más profundas.

Para un francés, el orgullo de pertenecer a su país suele estar vinculado a una gran historia de poder. Pensemos en Napoleón, en la proyección internacional de la Revolución francesa y en la influencia histórica de Francia, de su filosofía y de su cultura, en el mundo. La pérdida de poder de Francia seguramente es vivida de forma muy dolorosa e inconsciente por las “élites” francesas, que se encuentran incapaces de amar a su país tal como existe hoy y, por consiguiente, de proponer otro proyecto que no sea una austeridad punitiva de por vida.

Italia, España, Bélgica: el movimiento se extiende a toda Europa. ¿Estamos en los albores de una gran crisis económica y política europea?
Los disturbios que se han producido en Italia y Bélgica, así como las ocupaciones de plazas en Portugal y España, nos recuerdan que los mecanismos de injusticia generacional que operan en Francia existen en toda Europa. Tiendo a ver en ello una forma de “otoño de los pueblos” en referencia a la “primavera de los pueblos” de 1848, que partiría de Francia para extenderse al resto del continente, pero en un contexto no de progreso, sino de desintegración.

Se conocen los problemas relacionados con la opresión de la juventud en un contexto de grave crisis demográfica, así como los efectos devastadores de los mecanismos ultraliberales y del libre comercio. Sin embargo, las sociedades europeas parecen incapaces de producir otra cosa que divisiones internas.
Considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro

Las raíces del mal son más profundas que una crisis del capitalismo. En realidad, la atomización social de Europa, combinada con los mecanismos gerontocráticos, impide a las sociedades hacer frente a sus problemas. En mi libro anterior, La derrota de Occidente (Akal, 2024), detecté un “estado cero de la religión de las ideologías” para caracterizar a unas sociedades europeas que describo como sumidas en un vacío metafísico, una ausencia de valores que las vuelve incapaces incluso de organizarse colectivamente para evitar la desintegración de sus naciones, por ejemplo, emprendiendo grandes proyectos colectivos de reindustrialización. Actualmente no existe ninguna organización política lo bastante poderosa para abordar estos problemas… La hora es más bien la de la “deificación del vacío”, lo que yo llamo nihilismo.

Más allá de este sombrío diagnóstico, deseo alertar a los defensores acérrimos de la Unión Europea sobre el riesgo real de su desintegración. En efecto, los problemas de Francia en los mercados financieros y el aumento de las divergencias de los tipos de interés con respecto a Alemania socavan el proyecto europeo en su corazón. Como partidario de la paz y del entendimiento entre las naciones, considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro, para que cada nación pueda utilizar el instrumento de la política monetaria para afrontar sus problemas.

Como probablemente esto no sucederá, predigo que el euro será destruido por una crisis descontrolada, quizá cuando las divergencias entre las tasas de interés de las distintas naciones se vuelvan insostenibles. Es posible que estemos en los albores de un proceso de desintegración parecido al de la URSS: recordemos que el fin del Imperio soviético fue decidido por la propia Rusia; quizá, por tanto, la zona euro acabe siendo enterrada por su potencia dominante: Alemania.

Mientras tanto, el euro habrá completado su misión de destrucción de la economía francesa. Me divierte calcular la diferencia entre el coste de esta moneda única para mi país y los daños provocados por los destrozos del 17 de octubre. ¡Hay que reconocer que el euro gana por goleada!

¿El futuro es, por tanto, la desintegración, según usted?
Lo que yo llamo el mundo “posdesarrollado”, es decir, Europa y Estados Unidos, se resquebraja efectivamente por todas partes. Lo llamativo de nuestra época es que ninguna crisis parece evolucionar independientemente de las demás. Observemos la situación europea, donde la guerra con Rusia está desatada. Aunque la guerra en Ucrania no sea por sí sola el origen de la crisis del coste de la vida, es evidente que ha alimentado la desintegración del continente al perturbar sus cadenas de suministro energético. Sobre todo, hemos podido constatar la incompetencia de las élites europeas ante esta situación. Las sanciones contra Rusia han contribuido a debilitar sus propias economías, mientras que los ingresos de las clases populares de los países más frágiles, en particular Francia, han sido literalmente aplastados.

Y todo ello por una guerra que estas élites han sido incapaces de ganar, en particular por falta de una base industrial suficiente para su producción de armamento, después de décadas de deslocalizaciones hacia Asia.

El conflicto en Ucrania ha acelerado finalmente la implosión de la sociedad francesa, cuyas ondas de choque golpean ahora a todo el Viejo Continente. Las revueltas en Italia, España y Bélgica forman efectivamente parte de esta desintegración general.

En este contexto de revuelta, las crecientes divergencias entre Francia y Alemania, cuyos tipos de interés se separan peligrosamente, también dan testimonio de las tensiones que atraviesan Europa en su núcleo. Todo esto ocurre en un contexto preocupante, marcado por el envejecimiento extremo de la población y la llegada a la madurez de ese «estado cero de la religión» al que me refería antes.

Veo a Occidente un poco como un barco fantasma que vaga por la historia. Ahora se asoma la hora del fin del ciclo histórico de dominación occidental y del desplazamiento del centro de gravedad del mundo.

¿Es usted, por tanto, radicalmente pesimista?
En el caso de Francia, sorprendentemente, no. Cuando el sistema haya estallado —y este desenlace me parece seguro—, les sorprenderá descubrir que, en realidad, los franceses aman a su país y no intentarán destruirlo cayendo en pasiones racistas. Tampoco creo que Italia y España vayan a tomar el camino de la autodestrucción. Recientemente me he interesado por la divergencia entre las sociedades posprotestantes, en particular Estados Unidos e Inglaterra, y las sociedades poscatólicas, principalmente los países latinos. Si las primeras me parecen comprometidas en una trayectoria nihilista mucho más peligrosa, no encuentro ese mismo grado en las segundas.

La razón es sencilla: el protestantismo era una teología que solo se interesaba por la relación del creyente con Dios y no por la belleza del mundo. Cuando esta creencia religiosa se disuelve, del protestantismo no queda más que una relación conflictiva con un mundo percibido como malo, incluso podrido. De ahí surgen las graves desviaciones de las que somos testigos actualmente: la financiarización, Trump, pero sobre todo una necesidad muy inquietante de violencia que se manifiesta en un apetito por la guerra. Por eso hablo de una fase “-1” en lo que respecta al protestantismo.

En el marco de lo que llamo el “catolicismo cero”, este nihilismo queda atemperado por el hecho de que la fe católica aceptaba un interés por la belleza del mundo que permanece en las mentes incluso cuando desaparece la creencia en Dios. Inconscientemente, por mucha rabia que puedas sentir, no puedes ser francés, italiano o español —tres pueblos cuyas naciones concentran gran parte de las maravillas de este mundo— y desear la destrucción de tu propio país, del que cada uno de vosotros es consciente de que es el más hermoso del mundo."

(Entrevista a Emmanuel Tood, Rafael Karoubi , , El Salto, 01/11/26)

La supervivencia económica de la población mayor en España depende fundamentalmente del sistema público de pensiones... sin ellas, la pobreza se dispararía hasta niveles incompatibles con la simple supervivencia de la inmensa mayoría... las pensiones de jubilación y supervivencia reducen sustancialmente la pobreza potencial, y el resto de las transferencias completa el efecto redistributivo... Todo intento de reducir las pensiones públicas al mínimo vital en favor del ahorro privado, o de basar las pensiones en un ahorro ficticio (nocional) supondría debilitar uno de los principales instrumentos redistributivos del Estado social. El gasto en pensiones es hoy muy moderado, como lo es su progresión futura. Lo que pone en peligro nuestro sistema público es la imparable concentración de ingresos y riqueza, en detrimento de la remuneración del trabajo, incluyendo las pensiones... su carácter de reparto, obligatorio y público permite socializar riesgos que el ahorro no puede cubrir adecuadamente: longevidad, inflación, interrupciones laborales, crisis económicas, desempleo, precariedad o desigualdades de género... La parte llamada contributiva de nuestro sistema parece pensada para las carreras completas.. para las carreras discontinuas o cortas, son necesarios mecanismos de compensación parcial mediante pensiones no contributivas. Y en materia de género se han incorporado correcciones que reconocen el coste laboral de los cuidados... La conclusión es clara: el sistema público de pensiones no elimina todas las desigualdades, pero impide que las desigualdades del mercado de trabajo se trasladen íntegramente a la vejez (Juan Antonio Fernández Cordón)

"Pensiones y desigualdades

La supervivencia económica de la población mayor en España depende fundamentalmente del sistema público de pensiones. En la población total, las pensiones de jubilación y supervivencia reducen sustancialmente la pobreza potencial, y el resto de las transferencias completa el efecto redistributivo. Considerando solo las personas mayores, el papel de las pensiones es aún más decisivo: sin ellas, la pobreza se dispararía hasta niveles incompatibles con la simple supervivencia de la inmensa mayoría.

Este dato inicial permite situar correctamente el debate. Las pensiones públicas no son solo un mecanismo de sustitución de rentas individuales, sino una institución central de cohesión social. Su carácter de reparto, obligatorio y público permite socializar riesgos que el ahorro no puede cubrir adecuadamente: longevidad, inflación, interrupciones laborales, crisis económicas, desempleo, precariedad o desigualdades de género. El ahorro personal, de gestión privado o pública, puede complementar la pensión pública, pero no sustituirla sin trasladar a los individuos riesgos que solo pueden gestionarse colectivamente. No es la contributividad la que legitima nuestro sistema, sino la solidaridad intra e intergeneracional, de la que es garante el Estado.

Este artículo examina la capacidad del sistema público para reducir las desigualdades que produciría una contributividad estricta. Si las pensiones replicaran mecánicamente las trayectorias laborales, reproducirían no solo las diferencias salariales ligadas a la cualificación, sino también discriminaciones, precariedad, desempleo, coyunturas adversas e interrupciones por cuidados. La cuestión es, por tanto, hasta qué punto el sistema español mantiene la continuidad salarial y hasta qué punto corrige las desigualdades acumuladas durante la vida activa.

Pensiones y continuidad salarial

En el sistema español, la pensión contributiva de jubilación se calcula tomando como referencia las bases de cotización de los años anteriores a la jubilación. Actualmente, el período de cómputo es de 25 años, aunque las reformas aprobadas prevén una transición hacia un período más amplio. Esta evolución aleja progresivamente la pensión de los salarios que determinan el nivel de vida previo a la jubilación y desplaza el centro de gravedad hacia la totalidad de lo cotizado, aproximando el razonamiento a una lógica de ahorro privado.

La idea de continuidad salarial no significa que la pensión deba equivaler al 100 % del salario bruto. Lo relevante es mantener el nivel de vida al jubilarse. Como en la jubilación desaparecen las cotizaciones sociales del trabajador y cambia la fiscalidad efectiva, una pensión algo inferior al salario bruto puede sostener una renta disponible similar. Por ello, la tasa de sustitución, evaluada en términos netos y, en la medida de lo posible, teniendo en cuenta la situación familia, debe erigirse en el principal parámetro del cálculo de la pensión inicial.

Para quienes han tenido carreras completas, el sistema actual se acerca a la continuidad salarial y, por consiguiente, reproduce las jerarquías salariales previas. Esa continuidad puede justificarse cuando las diferencias salariales responden sobre todo a cualificaciones distintas. Pero también reproduce desigualdades menos justificables, como discriminaciones salariales, segmentación laboral o diferencias derivadas de la posición desigual de hombres y mujeres en el mercado de trabajo.

Ni siquiera para trabajadores estables, el sistema replica el abanico salarial. En la parte baja, la existencia de bases mínimas implica que una persona con salario inferior a la base mínima cotiza por una base superior a su salario efectivo. Si esa situación se produce dentro del período de cálculo, la pensión resultante puede ser superior a la que derivaría estrictamente del salario real. En la parte alta, la base máxima de cotización y la pensión máxima limitan la continuidad salarial. Los ingresos superiores al tope ni cotizan ni generan derechos ordinarios de pensión. La reforma de 2023 introduce, además, una cuota de solidaridad sobre la parte del salario que supera la base máxima: una cotización adicional que no genera derechos futuros y que puede interpretarse como un recargo redistributivo sobre los salarios altos.

La pensión máxima tiene un importante efecto de compresión interna. Una persona que cotiza por la base máxima durante todo el período de cómputo no recibe una pensión proporcionalmente equivalente a esa base, sino la pensión máxima. Quienes se sitúan por debajo de ese nivel obtienen una proporción creciente de la base reguladora. Por tanto, el sistema respeta parcialmente las diferencias salariales, pero las atenúa en los extremos: protege la parte baja y limita la traducción plena de los salarios altos en pensiones altas.

Carreras incompletas, mínimos y lagunas

El problema principal aparece cuando la carrera laboral no ha sido completa. Cada vez más trabajadores llegan a la jubilación con trayectorias intermitentes, períodos de paro, parcialidad, temporalidad o salidas del mercado de trabajo. Una contributividad pura penalizaría severamente estas trayectorias. El sistema español introduce varios mecanismos correctores.

El primero es el complemento a mínimos. Cuando una pensión contributiva, una vez calculada y revalorizada, queda por debajo de una cuantía mínima fijada legalmente cada año, puede complementarse hasta alcanzar ese mínimo, siempre que se cumplan requisitos de renta y residencia. No se trata de un derecho consolidado: el complemento puede revisarse si cambian las circunstancias económicas o familiares del beneficiario. Su función es claramente redistributiva, pues protege sobre todo a quienes han tenido carreras incompletas, bases bajas, parcialidad o interrupciones laborales. En la práctica, beneficia de forma importante a mujeres y trabajadores precarios.

El segundo mecanismo es la integración de lagunas de cotización. Una laguna es todo mes dentro del período de cómputo en el que no existe base de cotización registrada. En el Régimen General, los primeros 48 meses de laguna se integran con el 100 % de la base mínima y los meses posteriores con el 50 %. Esto evita que la ausencia de cotización se compute como cero y reduce la penalización de carreras discontinuas. No obstante, la regla no se aplica por igual a todos: en el régimen de autónomos no se integraban las lagunas hasta la reforma de 2023 y ahora la integración es mucho más limitada que en el Régimen General.

Existen, además, tratamientos específicos para determinadas situaciones. Los permisos vinculados a maternidad, paternidad, incapacidad temporal, cuidados o excedencias pueden recibir bases imputadas o conservar bases previas. Estas reglas no responden a cotizaciones efectivas, sino al reconocimiento de que ciertas interrupciones no son simples decisiones individuales, sino costes sociales asociados al cuidado, la reproducción o la enfermedad. En este sentido, la pensión deja de ser solo continuidad del salario individual y pasa a incorporar una valoración colectiva de circunstancias que el mercado no remunera adecuadamente.

La pensión no contributiva representa el mecanismo asistencial más claro. Protege a quienes no alcanzan el mínimo de cotización exigido para acceder a una pensión contributiva, siempre que cumplan requisitos de edad, residencia e insuficiencia de ingresos. Está financiada con cargo a los Presupuestos Generales del Estado y funciona como un ingreso mínimo en la vejez. Sus beneficiarios son mayoritariamente personas con carreras laborales inexistentes, muy cortas, informales o discontinuas, entre ellas muchas mujeres.

Género, cuidados y desigualdad acumulada

Las desigualdades de género en pensiones son una consecuencia retardada de desigualdades laborales previas. Las mujeres han tenido, en promedio, salarios más bajos, carreras más cortas, más parcialidad y más interrupciones por cuidados. Por ello, la brecha de género en pensiones no se origina en el momento de la jubilación: se ha venido acumulando durante toda la vida activa.

Varios mecanismos generales benefician especialmente a las mujeres, aunque no estén diseñados exclusivamente para ellas: pensiones mínimas, integración de lagunas y reconocimiento de determinados períodos de cuidado. A estos se añade el complemento para la reducción de la brecha de género, que sustituye al antiguo complemento por maternidad. Su objetivo es compensar el perjuicio sufrido en la carrera profesional por la asunción principal de cuidados de hijos. Tras la jurisprudencia europea reciente, debe aplicarse también a los hombres en situaciones comparables.

Desde el punto de vista de la igualdad, estos instrumentos no deben verse como mecanismos externos al sistema, sino como correcciones necesarias de una contributividad pura que reproduciría desigualdades sin fundamento económico. Pueden verse como un paso, pequeño, hacia la inclusión en la continuidad salarial, no solo del salario individual, sino también de una valoración colectiva de los cuidados y de la reproducción social, como trabajo no remunerado.

Conclusión

La simple existencia de un sistema público de pensiones reduce de forma sustancial la pobreza y la desigualdad en la vejez. Pero el objetivo debe ser la continuidad de nivel de vida con el paso a la jubilación. La distinción entre contributivo y no contributivo carece de la importancia que le atribuyen, sobre todo, los que quieren debilitar el sistema público. La parte llamada contributiva de nuestro sistema parece pensada para las carreras completas, para las que más se acerca a la continuidad salarial, conservando en buena medida las diferencias salariales previas, aunque con límites en la parte alta y apoyos en la parte baja. Para las carreras discontinuas o cortas, son necesarios mecanismos de compensación parcial mediante mínimos, integración de lagunas y pensiones no contributivas. Y en materia de género se han incorporado, sobre todo en las reformas introducidas desde 2021, correcciones que reconocen, aunque todavía de forma insuficiente, el coste laboral de los cuidados.

La conclusión es clara: el sistema público de pensiones no elimina todas las desigualdades, pero impide que las desigualdades del mercado de trabajo se trasladen íntegramente a la vejez. Su defensa no es solo una cuestión de suficiencia económica, sino de igualdad social. Todo intento de reducir las pensiones públicas al mínimo vital en favor del ahorro privado, o de basar las pensiones en un ahorro ficticio (nocional) supondría debilitar uno de los principales instrumentos redistributivos del Estado social. El gasto en pensiones es hoy muy moderado, como lo es su progresión futura. Lo que pone en peligro nuestro sistema público, y su necesaria ampliación, es la aparentemente imparable concentración de ingresos y riqueza, en detrimento de la remuneración del trabajo, incluyendo las pensiones." 

( , Economista frente a la crisis, 22/10/26)

El primer ministro liberal polaco, Donald Tusk, justificó la toma armada del Tribunal Constitucional por parte de su gobierno y la imposición de varios jueces jurídicamente dudosos —que los partidos opositores conservadores y nacionalistas-libertarios consideran un golpe judicial— como una forma de «restaurar el Estado de derecho»... Tusk dijo que sus oponentes quieren que Polonia abandone la UE. Eso se publicó aproximadamente una hora antes de su intento de golpe judicial, e implica claramente que el golpe judicial que se produjo poco después fue orquestado en parte para salvar a Polonia de unos supuestos autoritarios antieuropeístas respaldados por Rusia... La realidad es que Polonia es uno de los lugares más rusófobos políticamente hablando del mundo, por lo que la afirmación es categóricamente falsa... aunque las élites de la UE probablemente se mostrarán muy receptivas a él, dándole posiblemente a Tusk un cheque en blanco para hacer lo que sea necesario para subordinar Polonia a la UE mediante su intento de golpe judicial y otros medios relacionados... sucede que la coalición liberal está llamada a perder el poder tras las próximas elecciones de otoño de 2027, según encuestas fiables, por lo que está urdiendo teorías conspirativas (Andrew Korybko)

"Los liberales gobernantes de Polonia ya culpan a Rusia de su intento de golpe judicial

Su mensaje sugiere firmemente que la toma armada del Tribunal Constitucional por parte del gobierno fue orquestada en parte para salvar a Polonia de unos supuestos autoritarios antieuropeístas respaldados por Rusia.

El primer ministro liberal polaco, Donald Tusk, justificó la toma armada del Tribunal Constitucional por parte de su gobierno y la imposición de varios jueces jurídicamente dudosos —que los partidos opositores conservadores y nacionalistas-libertarios consideran un golpe judicial— como una forma de «restaurar el Estado de derecho». La página de X de su coalición liberal gobernante compartió después un meme que muestra a Putin riéndose detrás del controvertido líder nacionalista-libertario Grzegorz Braun, quien se quita una máscara del líder conservador Jarosław Kaczyński.

Braun y Kaczyński, quien declaró a principios de este año que una hipotética coalición con Braun tras las próximas elecciones al Sejm de otoño de 2027 equivaldría a una alianza con Putin, se hicieron una selfie juntos frente al Tribunal Constitucional durante la protesta espontánea, multitudinaria y pacífica del viernes por la noche. Tusk alegó en primavera que esos dos, el otro partido opositor nacionalista-libertario y el presidente conservador Karol Nawrocki están todos confabulados con Rusia en torno a un supuesto «Polexit».

El reciente eco de Kaczyński del plan detallado de Nawrocki de noviembre de 2025 para reformar la UE en una unión de Estados-nación a fin de evitar su transformación en una federación dominada por Alemania —rumbo al que va encaminada— fue aprovechado por Tusk para mentir diciendo que sus oponentes quieren que Polonia abandone la UE. Eso se publicó aproximadamente una hora antes de su intento de golpe judicial. El día anterior, el viceministro de Defensa Cezasty Tomczyk bromeó diciendo que Kaczyński confundió el foro en el que hablaba con el Kremlin.

Este mensaje consecutivo implicaba claramente que el golpe judicial que se produjo poco después fue orquestado en parte para salvar a Polonia de unos supuestos autoritarios antieuropeístas respaldados por Rusia. El meme que la coalición gobernante compartió al día siguiente reforzó ese punto. Ellos y Tusk llamaron entonces la atención sobre la publicación del expresidente ruso Dmitri Medvédev comparando el intento de golpe judicial de Tusk con el exitoso golpe anterior de Zelenski. «No hay coincidencias» y «todo está claro», escribieron.

El ministro de Asuntos Exteriores, Radek Sikorski, añadió que «cuando los propagandistas de Putin te elogian, vale la pena preguntarse qué estás haciendo mal». La realidad es que Polonia es uno de los lugares más rusófobos políticamente hablando del mundo, por lo que la afirmación temáticamente similar de Sikorski del verano pasado de que Rusia ya ha cultivado una «quinta columna» —en alusión a las cuatro fuerzas opositoras antes mencionadas— es categóricamente falsa, como se explicó aquí en su momento. Ni una sola de ellas es un títere ruso.

La coalición liberal de Sikorski está llamada a perder el poder tras las próximas elecciones al Sejm de otoño de 2027 según encuestas fiables, por lo que están urdiendo teorías conspirativas al estilo del Russiagate por desesperación para engañar a los votantes. Esto contextualiza su «Gran Mentira» de que sus oponentes son autoritarios antieuropeístas respaldados por Rusia, cuya falsa noción han recirculado activamente en redes sociales en los últimos días para primero precondicionar al público para su intento de golpe judicial y luego justificarlo en parte sobre este falso pretexto.

Es un insulto a la inteligencia de los polacos insinuar que la oposición opera como proxies de Putin como parte de algún grandioso complot para sacar a Polonia de la UE. Aunque este mensaje podría por tanto volverse en su contra en casa, las élites de la UE probablemente se mostrarán muy receptivas a él, dándole posiblemente a Tusk un cheque en blanco para hacer lo que sea necesario para subordinar Polonia a la UE mediante su intento de golpe judicial y otros medios relacionados. Esto podría incluso incluir autorizar el uso de fuerza letal contra los manifestantes antigubernamentales." 

(Andrew Korybko , blog, 01/11/26, traducción deepseek, enlaces en el original)