"El magnate dijo en Evian que no quiere ser comparado con
Herbert Hoover, presidente de EE.UU. cuando el crack bursatil que llevó a
la Gran Depresión. Mientras Irán lo obliga a negociar bajo sus propias
condiciones, es tachado de ‘perdedor’ y ‘traidor’ por los ultras de
Israel y The Boss no puede amarrar a sus mastines talmúdicos
Tras la frágil entrada en vigor del memorando de entendimiento entre
EE.UU. e Irán para poner fin a las hostilidades y tratar de alcanzar un
acuerdo duradero en 60 días –saboteado inmediatamente por Israel–, el
periodo de complejas conversaciones diplomáticas entre las delegaciones
de Washington y Teherán entraron en una fase que, de resultar
satisfactorias para la lucha existencial de la nación persa, ubicaría a
sus autoridades en el umbral de una victoria estratégica contra el
proyecto sionista-estadunidense y marcaría un punto de inflexión en la
dominación imperial en Medio Oriente,
De cara a esas negociaciones tácticas, Irán sabe que la perfidia, la traición, la mentira, las amenazas y el engaño flagrante y manifiesto han sido características esenciales de la política de EE.UU. y su proxy, Israel, que opera como un apéndice del Pentágono y del lobby sionista
AIPAC (Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos). De allí que más
allá de las tensiones y disonancias de la coyuntura, la gran pregunta es
si será posible que el criminal de guerra y prófugo de la Corte Penal
Internacional, Benjamín Netanyahu y su banda de psicópatas talmúdicos
exterminadores de niños, terminen disciplinándose ante la voz de mando
de Donald Trump, The Boss (El Jefe), según se autoproclamó el magnate en la cumbre del G7 de Evian, Francia.
A pesar del descomunal despliegue aeronaval del Pentágono en el golfo
Pérsico, la táctica de guerra asimétrica de desgaste y la capacidad de
Irán para cerrar el estrecho de Ormuz fue un duro golpe político,
militar y psicológico para la administración Trump, y arroja sombras
sobre la hegemonía de Estados Unidos.
La guerra de agresión de EE.UU. e Israel no logró ninguno de sus
objetivos declarados: cambio de régimen, clausurar el programa nuclear
iraní, destruir sus misiles balísticos de última generación y poner fin
al apoyo de Teherán a los otros miembros del Eje de la Resistencia:
Hamás en Gaza, Hezbolá en Líbano, Ansarolá en Yemen y las milicias
iraquíes.
Como señaló el reconocido internacionalista clásico de la escuela
realista estadounidense, John Mearsheimer, “Irán ganó la guerra y el
cabildero israelí hundió a Estados Unidos”. Lo que dejó al jefe de la
Casa Blanca en una posición más débil que cuando ordenó la guerra a
traición el 28 de febrero pasado.Por eso, el ‘equipo inmobiliario’ del
presidente (su yerno Jared Kushner y Steve Witkoff, ambos pérfidos
simuladores sionistas) se vio obligado a solicitar a la mediación
paquistaní abrir una nueva fase de conversaciones.
Negociación secuencial, vinculatoria y con rendición de cuentas
Irán llega a esta etapa con una posición de fuerza y con el
control de la escalada militar. A través de canales pakistaníes, qataríes y
omaníes, los negociadores iraníesimpusieron en el memorando de entendimiento
plazos inamovibles, vincularon cada concesión a un compromiso previo por parte
de Estados Unidos y dejaron claro que nuevos ataques contra el Líbano podrían
desencadenar un enfrentamiento regional más amplio y que cualquier acuerdo
podría fracasar.
Además de esa forma de negociación secuencial –que se extiende más
allá de los asuntos militares–, cada fase establece un marco claro de
rendición de cuentas inmediata y diaria, lo que impide que EE.UU.
ofrezca promesas vagas a cambio de concesiones sustantivas por parte de
Irán y moldee las percepciones sobre la marcha de las conversaciones.
Como lo ha venido haciendo desde el inicio de la guerra de
agresión, cuando la información es insuficiente o incierta, Trump podría
intentar llenar ese vacío con su propia narrativa, para moldear potencialmente
la opinión pública tanto a nivel nacional como internacional de formas que
perjudiquen a Irán. De hecho, junto con su amanuense, el director general de la
Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Rafael Grossi, Trump y su
maquinaria de propaganda tóxica buscanembarrar la mesa de negociaciones,
contrabandeando el tema sobre las inspecciones de sitios nucleares iraníes
(prevista para discutirse en la segunda fase del memorando), tratando de crear
hechos consumados mediante el ruido mediático.
Para Irán, el énfasis en neutralizar la guerra híbrida y
psicológica en curso, implica que la dimensión diplomática del conflicto va más
allá de las negociaciones oficiales y abarca la percepción pública y la guerra
cognitiva.
A su vez, el hacer hincapié en la implementación precisa y
completa de la Disposición Uno (terminación de las operaciones militares),
refleja el reconocimiento de que la ambigüedad crea oportunidades de
manipulación. La condición relativa a la retirada de las fuerzas de ocupación
israelíes del sur del Líbano representa una aplicación específica del principio
general de fin de las operaciones militares.
El énfasis del ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi,
en que, sin la retirada –o el inicio de un proceso de retirada de tal forma que
permita su conclusión antes del final del período de negociación de 60 días–la
primera disposición no se considera cumplida, establece un estándar claro de
cumplimiento.
Este requisito aborda una táctica común en cualquier
resolución de guerra: declarar el fin de las hostilidades mientras se mantiene
la ocupación del territorio. Tales tácticas permiten al agresor, en este caso
Israel, afirmar que cumple las disposiciones del alto el fuego mientras
conserva los frutos de la agresión. Al insistir en que el cese de las
operaciones militares incluya la retirada de los territorios ocupados, Irán
impide esta maniobra y garantiza que el fin de las hostilidades produzca una
restauración real de la integridad territorial y el fin de la ocupación ilegal.
Irán, el Eje de la Resistencia y Ormuz
Para Irán el Líbano es una línea roja. Pero además, la
referencia específica al país de los cedros y a la lucha contra la ocupación
israelí refleja las dimensiones regionales de la guerra. El apoyo de Irán al
Frente de la Resistencia encarna un compromiso estratégico con la oposición a
la ocupación ilegal en toda la región. El marco de condiciones protege
explícitamente los derechos del Frente de la Resistencia, incluida la lucha
contra la ocupación, garantizando que el proceso de negociación no se produzca
a expensas de compromisos regionales más amplios.
Por otra parte, el requisito de que Estados Unidos ponga
fin por completo al bloqueo naval ilegal en el estrecho de Ormuz en un plazo de
30 días, aborda una preocupación de seguridad crítica. Los bloqueos marítimos
representan una forma de guerra económica que impone costos significativos a la
nación objetivo, al tiempo que evita a menudo la confrontación militar directa
que caracterizaría otras formas de agresión. La importancia estratégica de esta
condición va más allá de las preocupaciones económicas inmediatas. Al poner fin
al bloqueo naval, Estados Unidos eliminaría una herramienta coercitiva
significativa, reduciendo el margen de presión del enemigo y normalizando las
operaciones marítimas de Irán.
Como se decía arriba, si la implementación del memorando de
entendimiento es imprecisa o incompleta, la otra parte puede explotar
esas ambigüedades para afirmar cumplimiento mientras mantiene en
realidad la presión coercitiva. Así, el requisito de una implementación
precisa cumple múltiples funciones estratégicas: impide la explotación
de ambigüedades por parte de EE.UU., preserva la credibilidad de Irán y
elimina la tentación de repetir los ciclos de guerra, alto el fuego, traición, perfidia y negociación llevados
a cabo por EE.UU. e Israel en las dos últimas guerra, la de “los doce
días” de junio de 2025 y la del Ramadán de febrero de 2026.
En lugar de jugar a la defensiva, Teherán diseñó el
memorando de tal forma que obtuviera el alivio de las sanciones, el acceso al
dinero congelado, exenciones para la exportación de petróleo y el control sobre
el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, todo ello antes incluso de que
comenzaran las partes más difíciles de las negociaciones nucleares.
El politólogo Robert Pape denomina a esto “maximización del
poder”: utilizar las negociaciones no para encontrar un
término medio, sino para acumular más ventajas con el paso del tiempo.
The Boss y sus mastines talmúdicos
Para Trump, limitado por la política interna, las
inminentes elecciones de mitad de legislatura, las divisiones dentro de su
propia administración y el deseo de asegurar de manera urgente un éxito
diplomático, se trata de una maniobra a fin de ganar tiempo y apaciguar a los
mercados petroleros y de bonos. Y como advirtió Pepe Escobar, para, de forma
encubierta, “convertir en arma el marco de alto el fuego”.
En el mejor de los casos, si The Bosslogra aplacar a sus
mastines sionistas, la estrategia bélica imperial continuará a un ritmo
más lento, con una negación plausible aún mayor. El deep state(Estado
profundo) y la plutocracia gobernante en Washington, nunca aceptarán el
núcleo condicionado, vinculante y verificable de los 14 puntos de Irán;
no tienen ningún interés en algún tipo de paz con Irán. Además, como ha
subrayado el canciller ruso Serguéi Lavrov, “EE.UU. es incapaz de
llegar a un acuerdo”.
Por eso mismo, desde el ala belicista del Senado aceitada
por el lobby sionista llegaron los cuestionamientos al cese
al fuego. Jeanne Shaheen calificó el memorando firmado por Trump como una
“capitulación total”. Su colega Bill Cassidy dijo que “Reagan se estará
revolviendo en su tumba” y calificó la guerra como “el peor error de política
exterior en décadas”. Y Chris Murphy, demócrata, lo describió como un “acuerdo
descabellado”, una “humillación” y “un pago multimillonario a cambio de nada”.
“Trump se rindió. Y eso es, en esencia, lo que representa este memorando”,
dijo.
El martes 23, con 50 votos a favor y 48 en contra, el
Senado de Estados Unidos aprobó una resolución que pretende poner fin a la
ofensiva militar de Washington contra Teherán. Ya aprobada por la Cámara de
Representantes, la iniciativa legislativa insta al presidente Trump a cesar las
hostilidades en Irán o buscar la autorización de los congresistas para seguir
adelante con los ataques. Si bien la resolución es en gran medida simbólicay no
tienen fuerza de ley, su aprobación constituye una declaración contundente por
parte del Congreso y entraña una reprimenda a las acciones militares del
gobierno.
En parte, junto con el vicepresidente JD Vance; la
jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles; el director de la CIA, John Ratcliffe;
los secretarios de Guerra y de Estado, Pete Hegseth y Marco Rubio, y el jefe
del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, la culpa del desastre la tiene
Netanyahu. Todos ellos estaban presente hace apenas cuatro meses, cuando el
primer ministro israelí persuadió a Trump en la Sala de Crisis de la Casa
Blanca, para que se uniera a él en lo que a la postre sería una catástrofe estratégica.
Netanyahu le aseguró a Trump que juntos derrocarían al régimen iraní y
acabarían con “sus ambiciones nucleares” antes de que tuviera la oportunidad de
cerrar el Estrecho de Ormuz. Pero no sucedió así.
Narcisista irrefrenable, en su arrogancia Trump cometió un
error fatal que Clausewitz habría denominado la confusión entre la guerra real
y la guerra sobre el papel. Y eso tuvo un costo: según cifras preliminares de
un próximo análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales
(CSIS, por sus siglas en inglés), el conflicto le costó al Departamento de
Guerra (el Pentágono) unos US$ 40 mil millones de dólares. La realidad, pues,
le pasa ahora a Trump la factura en lo interno.
Pero no le fue mejor entre sus viejos compinches de Tel
Aviv, que, basados en mitos y falsos relatos impulsan una versión fabricada y
distorsionada de la Torá (el Antiguo Testamento) y en la consecución del “Gran
Israel”, recrudecieron sus planes de colonización e implantación mediante las
operaciones de tierra arrasada, limpieza étnica y castigo colectivo en Líbano,
Gaza y Cisjordania ocupadas.
Tras la orden de ataque, como dos viejos amigotes, Trump y Netanyahu
persiguieron los mismos objetivos de dominación y se repartieron los
papeles de “policía bueno” y “policía malo”. Pero en la coyuntura, tras
perder la guerra, y con un desplome estrepitoso de su popularidad –el
diario The Economisten colaboración con YouGov mostró que el
índice de aprobación de Trump era de tan solo el 37 por ciento esta
semana, en tanto el índice de desaprobación ha aumentado a casi el 60
por ciento–, la decisión de Trump de gestionar la crisis para salir del
pantano de cara a las elecciones intermedias de noviembre en EE.UU. y la
consiguiente perspectiva de su destitución si pierde, erosionó esa
sintonía.
De hecho, la saturación y el fastidio de Trump con
Netanyahu ya había comenzado a manifestarse durante las negociaciones para un
alto el fuego en la Franja de Gaza, según revela el libro Cambio
de régimen: dentro de la presidencia imperial de Donald Trump (Regime Change:
Inside the Imperial Presidency of Donald Trump),publicado este
martes por dos periodistas del New York Times. De acuerdo con
sus autores, Maggie Haberman y Jonathan Swan,el 27 de septiembre de 2025, Trump
y sus principales negociadores, Steve Witkoff y Jared Kushner, llamaron al
primer ministro israelí para convencerlo de que aceptara el plan de paz de
20 puntos con Hamás. En el transcurso del diálogo, el mandatario estalló contra
Netanyahu, diciéndole: “Todos están hartos de ti, Bibi. Todos los judíos
están hartos de ti. Incluso los dos judíos que están en esta llamada
están hartos de ti”, refiriéndose a Witkoff y Kushner. Al mismo tiempo,
Trump se calificó a sí mismo como “el mejor amigo que Israel jamás haya tenido
(…) Todos te odian, y yo te he apoyado”, indicó. El presidente instó a
Netanyahu a aceptar el acuerdo para poner fin a la guerra en Gaza y le advirtió
que la negativa resultaría en un “divorcio” entre ambos aliados.
La semana pasada, Trump declaró al New
York Times que Netanyahu debería agradecerle por evitar la
“aniquilación nuclear” de Israel. Pero Netanyahu –quien según John Mearsheimer
y el comentarista conservador Tucker Carlson arrastró a Trump a la guerra
con Irán y lo hizo cómplice del genocidio en Gaza–, está ahora políticamente
acorralado y necesita escalar la conflagración en Líbano y no dar la impresión
de que está obedeciendo órdenes de Trump, para sobrevivir a sus críticos de la
oposición, que van por él, y sortear el juicio por corrupción que lo llevaría a
la cárcel.
Con el apoyo de sus ministros más extremistas, Itamar
Ben-Gvir, de Seguridad Nacional, y Bezalel Smotrich, de Finanzas, si Israel
sigue atacando el Líbano, es la apuesta de Netanyahu, el memorando de Trump se
vuelve insostenible. Y si Trump intenta frenar a Israel, se arriesga a una
ruptura con el mismo aliado al que afirma haber protegido. Por eso los
partidarios de Netanyahu arremetieron contra Trump llamándolo “traicionero”,
“débil”, “perdedor”, y tildaron de “canalla” al vicepresidente JD Vance, y a
Witkoff y Kushner de “chicos judíos comprados por Qatar”. Se rumorea, además,
que el Mossad podría utilizar las nuevas revelaciones sobre el caso Epstein
para limitar más a Trump u obligarle a detenerse.
Así, mientras para Teherán la coyuntura representa un gran
logro estratégico –en su metamorfosis Irán pasó de paria a potencia
regional y, a la inversa, Israel encarna hoy el papel de Estado canalla–, la
sensación de derrota es palpable en los círculos de poder y la sociedad israelí
en general. Ahora Israel está a punto de descubrir qué se siente al estar al
otro lado. Aislado. Bajo la lupa. Percibido por el país más poderoso del mundo
no como un aliado vital, sino como un lastre. A partir de ahora, Israel tendrá
que vivir en un mundo en el que la “vaca sagrada” –como la llamó John
Mearsheimer– ha sido sacrificada y su carne se está subastando para obtener
beneficios políticos.
Cabe consignar que el manido recurso de la “guerra
existencial” utilizado por Netanyahu desde hace años, se convirtió ahora en el
acontecimiento militar más perjudicial para la economía israelí desde la
fundación de ese Estado. Un informe publicado por el sitio web de noticias
israelí Zman Yisrael, reveló que la ola de hostilidades que
libra Israel desde el 7 de octubre de 2023 en Gaza, Líbano, Siria e Irán se ha
convertido en la campaña militar más costosa de su historia. El reporte indicó
que el impacto total del conflicto ha alcanzado aproximadamente 228 mil
millones de dólares, cifra que incluye los gastos directos del gobierno, las
pérdidas macroeconómicas y la asistencia militar estadunidense.
El documento aclaró que esas categorías no computan la
extensa ayuda militar suministrada por Washington durante la contienda, la cual
ascendió a unos 26 mil millones de dólares en forma de armamento, municiones,
equipos de combate y soporte logístico, incluido el financiamiento de lo que el
portal digital describió como “la mayor movilización de fuerzas de reserva en
la historia de Israel”.
A nivel personal, la popularidad de Netanyahu, como la de
Trump, se ha desplomado de forma catastrófica en Israel. Y al igual que el
magnate, recoge los pedazos de su arraigada fatuidad y arrogancia.
El líder de la oposición, Yair Lapid, acusó a Netanyahu de
haber perdido la guerra mientras volvía “loco” a Trump con su petición de
indulto. El exministro de Defensa, Benny Gantz, describió el memorando como un
“fracaso estratégico”, y el ultranacionalista Avigdor Lieberman
propuso responder cualquier disparo de Hezbolá con ataques contra los
centros de mando y control de la organización en Dahiya y Baalbek; por cada
misil iraní lanzado destruir la isla de Kharg y el puerto de Bandar Abbas, y
que el Mossad se centre en el derrocamiento del régimen del ayatolá (tarea que
ha definido y asumido como una prioridad el nuevo jefe de la inteligencia
israelí, Roman Gofman).
Igual de extremista, Itamar Ben-Gvir, clamó que “por cada
lágrima de una madre israelí, mil madres libanesas deben llorar y todo el
Líbano debe arder. (…) Hay que volverse loco. Borrar. Aniquilar al terror”.
Como se escandalizó con razón el canciller iraní, Araqchi, ¡se trata de un
ministro!
Trump: no quiero ser comparado con Herbert Hoover
El domingo 21 de junio, mientras el vicepresidente JD Vance
entraba en la quinta hora de negociaciones con los representantes iraníes en el
complejo turístico de Burgenstock, a orillas del lago Lucerna, en Suiza, Trump
intervino con una amenaza inoportuna de volver a bombardear Irán. Durante una
entrevista telefónica con Trey Yingst, de Fox News, Trump violó de manera
flagrante el artículo 2 del memorando de entendimiento de Islamabad, al
amenazar en términos soeces y de manera directa a los negociadores iraníes,
advirtiéndoles que en caso de que el Cuerpo de Guardias Revolucionarias
Islámicas cierre el Estrecho de Ormuz, “los voy a hacer mierda (…) Lo cierran,
y (…) ni siquiera lograrán llegar a salvo de vuelta a su jodido país”. Esa
amenaza de decapitación provocó, en protesta, el abandono temporal de la
delegación gubernamental persa en Burgenstock.
Trump, “un rey adicto a la venganza, con una corte decadente”, según lo describen los periodistas del New York Times,
Haberman y Swan, está desolado. Y enamorado de sí mismo, teme fracasar.
Por eso dijo en Evian que no quiere ser comparado con Herbert Hoover,
el presidente republicano bajo cuyo mandato se produjo el colapso
bursátil de 1929 que derivó en la Gran Depresión. De allí que para
tratar de evitar la catástrofe económica de su presidencia imperial,
como Mambrú, Donald se fue a la guerra (por U$Slana, pues), pero ahora
corre el riesgo de salir trasquilado."
(
Carlos Fazio , R
ebelión, 26/06/2026)