29.4.26

El inspector Morocho ratifica que recibió "instrucciones" para que Rajoy no saliera en su informe sobre la 'caja b' del PP... Confirma que el nombre de Dolores de Cospedal también fue excluido por indicaciones de sus jefes... El policía que investigó el 'caso Gürtel' y los 'papeles de Bárcenas' asegura que recibió "todo tipo de objecciones" de toda la escala de mandos para que no aparecieran "cargos públicos" en sus informes... La hostilidad hacia él llegó a un punto que cuando el DAO Eugenio Pino le presentó al comisario Enrique García Castaño, este le espetó: "Y tú qué haces aquí, si tenías que estar muerto"... ha asegurado que dio cuenta de estas presiones a los jueces que estuvieron al frente de la instrucción del caso Gürtel y que presentó una queja ante la Fiscalía Anticorrupción (Ana María Pascual)

 "El inspector Manuel Morocho, investigador del caso Gürtel y de los papeles de Bárcenas, copa la sesión de este miércoles del juicio por la operación Kitchen. Fue el responsable del informe de la Unidad Central de Delincuencia Económica (UDEF) sobre el caso Gürtel y denunció presiones internas de sus superiores para hacer desaparecer los nombres de Mariano Rajoy, entre otros dirigentes del PP.

A Cospedal no se la pudo incluir

Apartarle del caso

Los informes, parados, en la DAO y el PP

(Ana María Pascual , Público, 29/04/26)  

Carlos Hernández Quero, diputado de Vox, explica que ha votado que a su hermana le suban el alquiler junto al PP y los antiguos criminales de Junts, hoy socios respetables... A la mierda mi hermana y que se joda Sánchez... Su hermana, que lo estaría viendo por la tele mientras buscaba empresa de mudanzas, no sabría si aplaudir la lista de merecidas hostias sociales al Gobierno más progresista de la historia o recordarle al diputado de barrio –le gusta presentarse así– que su partido Vox ha votado sistemáticamente en contra de todas esas medidas sociales... No quiero ni imaginarme la próxima comida familiar, pero es fácil hacerlo... resulta que en España, patriotas de derecha españolista y catalanista han encontrado un punto de entendimiento a la hora de joder a la gente. Vía salarios, gasolina o alquileres. Escuché hace años decir a un tipo muy sabio que no entendía a los patriotas. Pues yo creo que cada vez se les entiende mejor (Gerardo Tecé)

 "Los más jóvenes quizá no lo recuerden, pero hubo un tiempo, hace un par de años, en el que votar junto a Junts te convertía en enemigo de España. En cómplice de cosas horribles. El Gobierno pacta con delincuentes prófugos, decían los titulares y en las sobremesas españolas se hablaba más de Puigdemont que de Mbappé. ¿Qué habrá sido de él? De Puigdemont, digo. Le perdimos la pista cuando Junts decidió que sus socios parlamentarios habituales fuesen PP y Vox. Entonces dejó de ser noticia Junts. En las bodas más pijas hace tiempo que ya no se canta durante la barra libre aquello de “Puigdemont, te vamos a meter en prisión”. Y es cuestión de tiempo y aritmética electoral que, tras sonar el himno nacional, novio y novia coreen “Puigdemont, hazme presidente a Feijóo”. Se llaman valores sólidos y abundan en la España fetén.

Miro perplejo la intervención en el Congreso del chaval de Vox que no es pijo. Sí, hay uno. La empresa de Abascal, aunque presume de antiwoke, apuesta por hacerle contrato a gente que representa a minorías. Hay algunas mujeres, un negro e incluso este diputado llamado Carlos Hernández Quero en lugar de Carlos Javier De Hernández y Quero-Quero, que hubiese sido lo normal. Escucho al working class hero de la cuota inclusiva de Vox y no doy crédito. Dice que ha votado junto al PP y los antiguos criminales de Junts –hoy conocidos como socios respetables– que a su hermana le suban el alquiler de su piso. Que esta decisión va en contra de su familiar hasta el punto de que la pobre tendrá que cambiar de barrio, no llegará a fin de mes e incluso tendrá dificultades para formar una familia y tener hijos, explica el hermano del año. Pero que se joda Pedro Sánchez, concluye. Soy ateo, pero juraría que hay algo en la Biblia que hablaba de lo frito que tienes que tener el cerebro para sacrificar a un familiar porque tu dios –una ideología enferma en este caso– así te lo pide.

Continuaba el diputado Carlos Sinape –lo llaman así en el Grupo Parlamentario de Vox porque no tiene apellidos– explicando que, en España, además del precio de la vivienda, tenemos otros graves problemas como que los salarios no den para vivir o que estén por las nubes los alimentos, la luz o la gasolina. Su hermana, que lo estaría viendo por la tele mientras buscaba empresa de mudanzas, no sabría si aplaudir la lista de merecidas hostias sociales al Gobierno más progresista de la historia o recordarle al diputado de barrio –le gusta presentarse así– que su partido Vox ha votado sistemáticamente en contra de todas esas medidas sociales. En contra de subir los salarios, en contra de topar precios de la energía, en contra de subir las pensiones y a favor del genocida israelí y el millonario norteamericano que han provocado que en la gasolinera del barrio la gasolina esté a dos euros. No quiero ni imaginarme la próxima comida familiar, pero es fácil hacerlo.

“Quiero que este país se convierta en un agujero de mierda. Quiero que este país se hunda en una puta pesadilla”, decía Paul Golding, joven líder del ultraderechista partido Britain First (Británicos Primero) pillado en una grabación en la que hablaba de estrategias para llegar al poder. Que el líder de Britain First tenga como objetivo primero joder a los británicos encaja bien con que en España, patriotas de derecha españolista y catalanista hayan encontrado un punto de entendimiento a la hora de joder a la gente. Vía salarios, gasolina o alquileres. Si para construir un agujero de mierda hay que empezar por la familia, pues se empieza. Escuché hace años decir a un tipo muy sabio que no entendía a los patriotas. Pues yo creo que cada vez se les entiende mejor." 

(Gerardo Tecé , CTXT, 29/04/26) 

Según el diario israelí Maariv, la guerra de Israel en el Líbano deriva en fracaso, con la retirada de tropas y Hezbolá manteniendo una presión constante en el campo de batalla... el ejército israelí está reduciendo su presencia en el Líbano y planea mantener una presencia limitada a través de dos divisiones posicionadas a lo largo de lo que denomina la «Línea Amarilla», de forma similar a lo que hizo en Gaza... El informe reconoció que Hezbolá ha continuado disparando durante toda la guerra, mientras que Israel ha vuelto a una realidad de seguridad anterior al 7 de octubre... los colonos israelíes en el norte, y las autoridades locales advirtieron sobre el deterioro de las condiciones de seguridad y amenazaron con cerrar las escuelas en medio de la continua actividad de drones y los ataques... Maariv concluyó que la guerra ha entrado de hecho en una nueva fase de enfrentamiento limitado, en la que ambas partes operan bajo «ecuaciones» de disuasión en constante evolución (Gaceta Crítica)

"«Fracaso y amargura»: evaluación israelí

El periódico israelí Maariv informó que el ejército israelí ha comenzado a poner fin a su guerra en el Líbano, describiendo la campaña como un final de «fracaso y con mucha amargura», mientras que los residentes del norte fueron «abandonados a su suerte».

Según los análisis del corresponsal militar de Maariv, Avi Ashkenazi, las fuerzas de ocupación israelíes ya han comenzado a retirar unidades, incluida la 162.ª División, y se esperan retiradas adicionales en los próximos días a medida que el ejército abandona las operaciones activas.

El informe señalaba que el ejército había entrado en el frente libanés al mismo tiempo que se enfrentaba a Irán, creando lo que describía como un desequilibrio estratégico que dejó a las fuerzas israelíes expuestas a ataques constantes de Hezbolá y otros frentes.

Retiradas bajo presión

Según Maariv, el ejército israelí está reduciendo su presencia en el Líbano, y la 98.ª División y varias brigadas, incluidas unidades de paracaidistas y Nahal, han sido redesplegadas a otros frentes.

Según los informes, el ejército planea mantener una presencia limitada a través de dos divisiones posicionadas a lo largo de lo que denomina la «Línea Amarilla», de forma similar a lo que hizo en Gaza.

Según Maariv, las retiradas son objeto de críticas, a pesar de la ausencia de un acuerdo integral y mientras Hezbolá continúa atacando a las fuerzas de ocupación israelíes y los asentamientos del norte.

Vídeo | Hezbolá ataca a soldados israelíes que invaden Taybeh, en el sur del Líbano. Informes israelíes confirman la muerte de un soldado y cinco heridos de gravedad.

Un segundo dron FPV intentó atacar a las fuerzas de evacuación, pero fue derribado a pocos metros del helicóptero de evacuación. pic.twitter.com/C2CvsjL2P4

— Red de Noticias de Quds (@QudsNen) 27 de abril de 2026

Presión de Hezbolá y dinámica en el campo de batalla

El informe reconoció que Hezbolá ha continuado disparando durante toda la guerra, restableciendo de hecho lo que describió como «los días de las ecuaciones», mientras que Israel ha vuelto a una realidad de seguridad anterior al 7 de octubre.

Maariv citó un incidente reciente en la ciudad libanesa de Taybeh, en el sur del país, donde un ataque con drones explosivos mató a un soldado israelí e hirió a otros seis, cuatro de ellos de gravedad.

Durante las labores de evacuación, otros drones atacaron las operaciones de rescate israelíes, incluido un helicóptero militar, lo que pone de manifiesto la intensidad y la persistencia de las operaciones de Hezbolá.

La amenaza de los drones deja al descubierto las deficiencias militares.

Maariv también destacó lo que describió como un importante fallo operativo a la hora de abordar el uso de drones por parte de Hezbolá.

El informe señalaba que este tipo de drones, a menudo adaptados de tecnología civil, operan a baja altitud con una detección mínima, lo que dificulta su interceptación con sistemas de radar convencionales.

Los oficiales militares israelíes admitieron que la magnitud de la amenaza se comprendió demasiado tarde, y que no se implementaron contramedidas adecuadas durante las primeras etapas de la guerra.

Según el informe, solo recientemente el ejército israelí ha comenzado a desarrollar respuestas estructuradas en coordinación con las industrias de defensa.

Tensión del Frente Norte e impacto en la población civil

El periódico también señaló la creciente presión de los colonos israelíes en el norte, y las autoridades locales advirtieron sobre el deterioro de las condiciones de seguridad y amenazaron con cerrar las escuelas en medio de la continua actividad de drones y los ataques.

Según declaraciones de un funcionario regional, definir la zona como segura «no es una política, es una negligencia», lo que refleja la creciente frustración entre los residentes.

Maariv concluyó que la guerra ha entrado de hecho en una nueva fase de enfrentamiento limitado, en la que ambas partes operan bajo «ecuaciones» de disuasión en constante evolución, mientras que el riesgo de una nueva escalada sigue siendo alto."

(Gaceta Crítica, 29/04/26, fuente Maariv y The Palestine Chronicle, 29/04/26) 

Diego Fusaro: China supera a Estados Unidos en los índices de aprobación globales... es una noticia relevante, que marca el declive de un paradigma: el de Estados Unidos como referente mundial al que todos los pueblos del planeta deberían aspirar... dos factores esenciales han contribuido a este cambio de paradigma... primero, el declive cada vez más evidente de Estados Unidos no solo como potencia económica líder, sino también como faro —real o supuesto— de civilización. La civilización de la hamburguesa ya no parece capaz de expresar otra cosa que pobreza y guerra, nihilismo y barbarie... Si bien la historia ciertamente no ha terminado, una historia sí ha concluido: la del dominio estadounidense del planeta, tanto material como simbólicamente... en segundo lugar, no debemos pasar por alto el gran salto adelante de China... también en términos de su fiabilidad y credibilidad a escala global... el imperio chino se presenta sin duda como la potencia política más fiable y sabia, la que trabaja más activamente para poner fin a las guerras y generar un modelo alternativo de relaciones internacionales entre estados, a una distancia prudencial del imperialismo estadounidense clásico y avanzando hacia un modelo multipolar que fomente la cooperación entre los pueblos del mundo, según el uso adecuado del internacionalismo como una relación de solidaridad entre las naciones. Digámoslo abiertamente y sin rodeos: China representa hoy la esperanza para toda la humanidad. También la posibilidad de un modelo alternativo al cruel y despiadado del imperialismo estadounidense

"La noticia que los medios occidentales difunden con reticencia estos días concierne a China: ha superado oficialmente a Estados Unidos en los índices de aprobación global. Esto significa que China ya no es la civilización del dólar, como lo fue tradicionalmente hasta hace poco, sino el modelo a seguir al que el mundo entero mira con admiración. Esta es una noticia relevante, que marca el declive de un paradigma: el de Estados Unidos como referente mundial al que todos los pueblos del planeta deberían aspirar. Esto confirmaría la tesis que Giovanni Arrighi defendió con considerable argumentación, convencido del inminente fin del siglo estadounidense y el inminente amanecer de un nuevo siglo chino. En nuestra opinión, dos factores esenciales han contribuido a este cambio de paradigma, que quisiéramos recordar brevemente.

 Primero, el declive cada vez más evidente de Estados Unidos no solo como potencia económica líder, sino también como faro —real o supuesto— de civilización. La civilización de la hamburguesa ya no parece capaz de expresar otra cosa que pobreza y guerra, nihilismo y barbarie. El surgimiento del modelo BRICS representa claramente el deseo de una parte cada vez mayor del planeta de desviarse de la trayectoria global. Si bien la historia ciertamente no ha terminado, como creía Fukuyama, una historia sí ha concluido: la del dominio estadounidense del planeta, tanto material como simbólicamente. 

En segundo lugar, no debemos pasar por alto el gran salto adelante de China desde Mao hasta nuestros días. No solo en términos del extraordinario crecimiento económico que caracteriza al imperio chino (¿acaso el comunismo no fue un fracaso?), sino también en términos de su fiabilidad y credibilidad a escala global. Mientras que Estados Unidos parece cada vez más una civilización en decadencia, oscilando entre la guerra y la barbarie, entre la nada y la destrucción, el imperio chino se presenta sin duda como la potencia política más fiable y sabia, la que trabaja más activamente para poner fin a las guerras y generar un modelo alternativo de relaciones internacionales entre estados, a una distancia prudencial del imperialismo estadounidense clásico y avanzando hacia un modelo multipolar que fomente la cooperación entre los pueblos del mundo, según el uso adecuado del internacionalismo como una relación de solidaridad entre las naciones. Huelga decir que gran parte del discurso occidental que desacredita a China cae bajo la etiqueta de "propaganda", es decir, el habitual intento de Occidente de demonizar a cualquiera que escape a su dominación y control. Digámoslo abiertamente y sin rodeos: China representa hoy la esperanza para toda la humanidad. También la posibilidad de un modelo alternativo al cruel y despiadado del imperialismo estadounidense."

(Diego Fusaro, blog, 21/04/26, traducción La Casa de mi tía) 

¿Qué sucede cuando la lógica de la disuasión nuclear deja de ser una fría ecuación militar y se convierte en una cuestión de fe? ¿Cuando el dedo en el gatillo pertenece a quienes se creen instrumentos de un mandato divino irrevocable?... Esto no es un ejercicio de fantasía política. Es la cuestión sin resolver que subyace a la seguridad global... El desarme no ha sido recompensado; la negociación, como ha demostrado el caso libio, puede incluso acelerar su propio fracaso... Un mundo con veinte potencias nucleares, algunas impulsadas por nacionalismos religiosos radicales, otras inmersas en conflictos sin resolver entre sí, y sin mecanismos creíbles de desescalada: esta es quizás la configuración más peligrosa que la historia de la humanidad haya producido jamás... El caso israelí es el más complejo y el más urgente. El concepto de Eretz Israel Hashlemah —la Tierra de Israel en su totalidad, en sus versiones más extensas, desde el Nilo hasta el Éufrates— no es una mera curiosidad teológica, es una categoría política vigente en el actual gobierno israelí... Junto a esto se encuentra el cherem: el mandamiento bíblico del exterminio sagrado de los pueblos de la Tierra Prometida... Es en este contexto que debemos leer la llamada Doctrina Sansón –la doctrina nuclear israelí de último recurso– y la categoría que impone al pensamiento estratégico... Su mensaje es claro: aunque no poseáis la bomba, si nos lleváis al borde de la destrucción, responderemos con armas nucleares contra vuestras ciudades... es creíble no porque se base en la racionalidad instrumental, sino porque se fundamenta en una forma estructurada de irracionalidad... El momento de mayor peligro es la convicción de que las propias acciones son pasos necesarios en un plan que conduce al fin de la historia. En ese momento, la disuasión racional deja de funcionar (Vincenzo Pellegrino)

"DIOS, LA BOMBA ATÓMICA Y EL FIN DE LA DISUASIÓN NUCLEAR RACIONAL

Hay una pregunta que el mundo prefiere no formular, con la misma obstinación con la que evitamos mirar demasiado de cerca un precipicio: ¿qué sucede cuando la lógica de la disuasión nuclear deja de ser una fría ecuación militar y se convierte en una cuestión de fe? ¿Cuando el dedo en el gatillo pertenece a quienes se creen instrumentos de un mandato divino irrevocable?

Esto no es un ejercicio de fantasía política. Es la cuestión sin resolver que subyace a la seguridad global, una cuestión que la arquitectura de paz posterior a 1945 ha optado por ignorar, con la misma sistematicidad con la que ignoró lo más aterrador. Y es en torno a este vértigo que gira «La bomba de Abraham: Armas nucleares a la luz de la revelación bíblica», un dossier editado por el Centro de Estudios Aurora y cuyas líneas esenciales este artículo retoma y desarrolla. Un análisis interdisciplinario que abarca la geopolítica, la teología comparada y la teoría de la disuasión para ofrecer una visión clara de uno de los temas más explosivos —en el sentido más literal del término— de la actualidad: la relación entre las tres grandes tradiciones abrahámicas y las armas nucleares.

Un sistema que se puede desmontar pieza por pieza.

Para comprender nuestra situación actual, debemos analizar la secuencia de los últimos veinte años sin excepciones: Corea del Norte abandona el Tratado de No Proliferación Nuclear en 2004, Estados Unidos se retira del acuerdo nuclear con Irán en 2018, Rusia suspende el Nuevo START en 2023 y el Tratado de Euromisiles queda prácticamente anulado en 2019. Cada episodio, considerado de forma aislada, parecía una crisis manejable, una alteración en el orden establecido. Leídos en secuencia, estos acontecimientos revelan algo mucho más inquietante: el desmantelamiento progresivo del consenso internacional que hacía posible un mundo sin proliferación descontrolada.

La lección que esta secuencia ha dejado a los gobiernos es cruel por su sencillez: quienes poseen la bomba no se ven afectados. Quienes han renunciado a ella —o nunca la desarrollaron— permanecen expuestos. El desarme no ha sido recompensado; la negociación, como ha demostrado el caso libio, puede incluso acelerar su propio fracaso. Esta cruel pedagogía nos empuja inevitablemente hacia un mundo con muchas más potencias nucleares de las que conocemos hoy. Arabia Saudita, Turquía, Corea del Sur y Japón ya están considerando —con creciente seriedad— si el paraguas de otros países sigue siendo fiable.

Es difícil exagerar las implicaciones. Un mundo con veinte potencias nucleares, algunas impulsadas por nacionalismos religiosos radicales, otras inmersas en conflictos sin resolver entre sí, y sin mecanismos creíbles de desescalada: esta es quizás la configuración más peligrosa que la historia de la humanidad haya producido jamás.

El ingrediente que nadie quiere nombrar

Pero la geopolítica por sí sola no basta para llegar al fondo del asunto. Comprender los mecanismos de proliferación es necesario, pero no suficiente. Porque quienes gestionan esos arsenales lo hacen dentro de un horizonte de significado, una cosmovisión que moldea sus percepciones, sus límites de tolerancia y la propia definición de amenaza existencial. Y ese horizonte tiene cada vez más una dimensión religiosa que la ciencia de las relaciones internacionales ha erradicado sistemáticamente de su campo de visión, en una operación que se asemeja más a la represión que al rigor científico.

El caso israelí es el más complejo y el más urgente. El concepto de Eretz Israel Hashlemah —la Tierra de Israel en su totalidad, en sus versiones más extensas, desde el Nilo hasta el Éufrates— no es una mera curiosidad teológica relegada a las yeshivás. Es una categoría política vigente en el actual gobierno israelí, el más derechista de la historia del país, donde figuras destacadas hablan abiertamente de su mandato histórico y espiritual. Más de 700.000 colonos en Cisjordania están produciendo discretamente sobre el terreno, sin el coste político de la anexión formal, lo que la teología promete para la era mesiánica.

Junto a esto se encuentra el cherem: el mandamiento bíblico del exterminio sagrado de los pueblos de la Tierra Prometida, que se halla en el corazón del Deuteronomio. No es un texto vergonzoso que ocultar: es un precepto central, clasificado entre los 613 mandamientos de la tradición halájica. Su fundamento no es el odio étnico, sino la profilaxis espiritual: los pueblos cananeos amenazan la integridad religiosa de Israel, y su eliminación se concibe como un acto sagrado, una ofrenda. Los críticos históricos y arqueológicos tienen buenas razones para dudar de que esta conquista haya ocurrido realmente en la escala que describe el texto. Pero un texto no tiene por qué ser históricamente cierto para tener poder cultural y político: simplemente tiene que ser creído.

La Doctrina de Sansón, o de la asimetría total.

Es en este contexto que debemos leer la llamada Doctrina Sansón –la doctrina nuclear israelí de último recurso– y la categoría que impone al pensamiento estratégico, que hemos designado en el expediente como CNAD: Destrucción Nuclear Convencional Asegurada.

Para comprender su importancia, debemos recordar la lógica subyacente a la disuasión de la Guerra Fría. La Destrucción Mutua Asegurada (MAD) se basaba en una lógica simétrica: si se usaba la bomba, se perdía junto con el enemigo. Funcionaba porque presuponía dos actores racionales, ambos interesados ​​en su propia supervivencia y capaces de un cálculo frío. Un equilibrio de terror, en su geometría casi elegante.

La CNAD es algo radicalmente diferente y mucho más inquietante. Su mensaje no va dirigido a otra potencia nuclear: va dirigido a cualquier adversario, incluso a uno que no posea armas nucleares, que se acerque al umbral de una amenaza existencial.

Su mensaje es claro: aunque no poseáis la bomba, si nos lleváis al borde de la destrucción, responderemos con armas nucleares contra vuestras ciudades. No se trata de simetría, sino de una asimetría total. Y el umbral de activación no es ni objetivo ni verificable desde fuera: es subjetivo, depende de la percepción de quienes gobiernan, una percepción marcada por el recuerdo del Holocausto, el mandato teológico de Eretz Israel y el arquetipo de Sansón abrazando los pilares del templo enemigo, aceptando su propia muerte junto con la de todos los presentes.

La CNAD es creíble no porque se base en la racionalidad instrumental, sino porque se fundamenta en una forma estructurada de irracionalidad. Esto la hace, paradójicamente, más eficaz como elemento disuasorio, e infinitamente más peligrosa como doctrina operativa, en caso de que la disuasión fracase.

Las tres religiones y la tentación de lo sagrado

Sin embargo, sería miope limitar este análisis únicamente a la tradición judía. Las tres grandes religiones abrahámicas contienen, cada una a su manera, poderosos recursos para limitar la violencia, así como mecanismos igualmente poderosos para sacralizarla. La historia del riesgo nuclear es también la historia de cuál de los dos polos prevaleció y por qué.

En el cristianismo evangélico estadounidense, el dispensacionalismo premilenial —la teología que considera los conflictos de Oriente Medio como pasos necesarios hacia el Armagedón y el regreso de Cristo— produce una paradójica indiferencia estructural hacia la prevención de conflictos. Quienes creen que la escalada forma parte del plan divino no tienen ningún incentivo para detenerla. Esta no es una corriente marginal: ha permeado, explícita o indirectamente, décadas de debate sobre la política exterior estadounidense, influyendo en decisiones con consecuencias reales para millones de personas.

En el islam, el fiqh al-harb —las leyes islámicas de la guerra codificadas en el siglo VIII— es, de hecho, uno de los sistemas más sofisticados para limitar la violencia bélica en la historia del pensamiento humano. El Corán prohíbe explícitamente el fasad fil-ard, la corrupción y devastación de la tierra: una prohibición que, aplicada consecuentemente, haría radicalmente ilegítimas las armas nucleares. Sin embargo, el principio de maslaha —el interés público superior que, en circunstancias excepcionales, puede prevalecer sobre las normas ordinarias— se ha invocado para eludir precisamente lo que prohíben dichas normas, generando la paradoja de la llamada «bomba islámica» de Pakistán.

En cada tradición, la selección que realiza el nacionalismo religioso es la misma: enfatiza los recursos que legitiman la violencia, mientras oculta aquellos que la moderan. El mandato territorial del sionismo religioso eclipsa la crítica profética interna de Amós y Jeremías. El dispensacionalismo cristiano eclipsa las Bienaventuranzas. El islamismo político silencia la prohibición coránica de la devastación y la tradición de Sulh al-Hudaybiyyah —la paz aceptada por el Profeta incluso en condiciones de humillación—. A cada tradición se le amputan sus voces más incómodas.

El punto de no retorno

El momento de mayor peligro —cuando la teología y la estrategia nuclear convergen de forma explosiva— se produce cuando un liderazgo empieza a interpretar su situación desde una perspectiva escatológica. No se trata simplemente de creer que el Estado tiene un mandato divino: es la convicción de que las propias acciones son pasos necesarios en un plan que conduce al fin de la historia. En ese momento, la disuasión racional deja de funcionar. No porque los actores sean malvados —ese sería un análisis demasiado simplista—, sino porque su estructura de pensamiento es cerrada, autorreferencial e impermeable a la evidencia en contrario. Esta es la configuración de mayor riesgo que han identificado los analistas de seguridad: no la intención de destruir, sino la imposibilidad de ser disuadidos.

La elección que ninguna doctrina puede hacer por nosotros

Sin embargo, la historia no es una trayectoria predeterminada, y sería deshonesto concluir que lo es. El Tratado de No Proliferación de 1968 parecía imposible hasta la víspera de su firma. El diálogo entre Kennedy y Khrushchev en octubre de 1962 no estaba escrito: fue la decisión personal, difícil y nada obvia de dos hombres de no destruir el mundo. Sudáfrica desmanteló voluntariamente su arsenal. Mandela optó por la reconciliación cuando la venganza habría sido comprensible. Ninguna de estas decisiones fue inevitable: fueron contingentes, costosas, posibles solo porque quienes las tomaron tenían acceso a una visión del mundo en la que el valor de la vida humana prevalecía sobre la lógica de la confrontación.

La pregunta que sigue abierta —y que nos concierne a todos, no solo a los gobiernos— no es si la humanidad es capaz de construir la bomba. Lo ha sido durante ochenta años y siempre lo será. La pregunta es si es capaz de elegir, con los pilares del templo en sus manos, no usarla. ¿Sobre qué fundamento construye esa elección? ¿Y si los libros que considera sagrados la ayudarán o la obstaculizarán?"

(Vincenzo Pellegrino, El Viejo topo, 27/04/26, fuente La Fionda)

Imanol Zubero: Una respuesta más compleja y más honesta a la cuestión de la “preferencia nacional”... los nativismos contemporáneos implican exclusión, jerarquización de vidas y negación de derechos básicos, pero hay que evitar la ingenuidad de ignorar que esa lógica está inscrita en la propia arquitectura del Estado moderno... Ferrajoli y Baumann no proponen una ruptura inmediata con el Estado-nación, sino una estrategia de transformación progresiva de sus categorías... su aportación más sugerente es el desplazamiento del eje de derechos desde la ciudadanía hacia la residencia. Esta idea introduce una vía intermedia entre el universalismo abstracto y el realismo estatal: reconocer derechos efectivos a quienes viven en un territorio, independientemente de su estatus formal... reconfigurar progresivamente la titularidad de derechos en torno a la persona y a la residencia, abriendo espacios de igualdad efectiva dentro y más allá del Estado... Esto no elimina de un plumazo las tensiones, pero sí mueve el terreno del debate. Frente a la dicotomía empobrecida entre “preferencia nacional” o “fronteras abiertas” entendidas de forma caricaturesca, introduce una agenda más exigente: la de construir instituciones que hagan compatibles la garantía de derechos con la pluralidad y movilidad de las sociedades contemporáneas... (o sea, es español el que vive, trabaja y paga impuestos en España, aunque no quiera ser catalán)

"La llamada “preferencia nacional”, tal como ha sido planteada en el acuerdo entre PP y Vox en Extremadura, no es simplemente una medida técnica de política social o económica: es, en realidad, una toma de posición moral y política de gran calado. Supone establecer una jerarquía de dignidad entre seres humanos en función de su pertenencia nacional, y eso la sitúa en una tradición claramente iliberal. La idea de que los derechos, o incluso el acceso a bienes básicos, deben depender del origen o la nacionalidad rompe con uno de los pilares normativos de las democracias contemporáneas: la igualdad moral de todas las personas.

Desde este punto de vista, la propuesta de Vox, y la asunción de sus premisas por parte del PP, encierra una profunda inhumanidad. No se trata solo de que discrimine a quienes llegan desde fuera, aunque esa llegada se haya producido en muchos casos hace años; es que redefine la comunidad política como un espacio de exclusión, donde la otra y el otro son sospechosos por definición. En un contexto global marcado por las migraciones, muchas de ellas forzadas por conflictos, desigualdades estructurales o crisis climáticas, esta concepción no solo resulta éticamente problemática, sino que contribuye a erosionar los fundamentos mismos de la convivencia democrática.
Nación, ciudadanía y exclusión: los límites del marco estatonacional

Ahora bien, una crítica honesta no puede detenerse ahí. Existe un riesgo evidente en limitarse a denunciar la “preferencia nacional” como si fuera una anomalía introducida por la extrema derecha. En realidad, esa lógica, aunque sea en formas más suaves o implícitas, está profundamente arraigada en la organización estatonacional del mundo moderno. Los Estados, incluso los más liberales, operan sobre la base de una distinción entre nacionales y no nacionales, entre quienes pertenecen plenamente a la comunidad política y quienes no. La ciudadanía, con todo su valor emancipador, también es un mecanismo de delimitación.

Aquí resulta iluminadora la reflexión de R. H. S. Crossman sobre la dificultad de definir qué es una nación. Sus ejemplos son incisivos: el nazi que apela al linaje biológico mientras perpetra el genocidio; el inglés que invoca la historia y la cultura mientras convive con tensiones internas en el Reino Unido; el estadounidense que habla de voluntad política común mientras evita mirar de frente sus propias fracturas raciales y sus políticas migratorias restrictivas. La lección es clara: ya sea racial, cultural o cívica, toda definición de nación contiene elementos problemáticos, exclusiones más o menos explícitas, zonas de sombra.

Esto cuestiona también la supuesta solución ofrecida por la distinción clásica entre el nacionalismo culturalista de Johann Gottfried Herder y el nacionalismo cívico de Ernest Renan. La célebre idea de Renan de la nación como un “plebiscito cotidiano” resulta seductora porque parece desplazar el foco desde la identidad esencial hacia la voluntad compartida. Sin embargo, esta visión presupone una homogeneidad que rara vez existe. ¿De verdad todos los miembros de una comunidad nacional comparten por igual una historia de sacrificios? ¿No es más preciso afirmar que esa historia está atravesada por conflictos, desigualdades y memorias divergentes, en las que algunas personas y grupos se han sacrificado o han sido sacrificados en favor de otros? Frente al idealismo de Locke y Rawls, no hay contrato social que no sea al tiempo un contrato sexual (Pateman), racial (Mills) y clasista (Marx) y, por lo mismo, nunca igualitario.

En toda sociedad compleja hay grupos que han sido sistemáticamente marginados, explotados o silenciados, mientras otros han acumulado privilegios. Presentar la nación como una comunidad de destino homogénea implica invisibilizar esas tensiones. En ese sentido, la mirada de Renan, aunque menos abiertamente excluyente que la de Herder, también puede derivar en una forma de totalización que resulta peligrosa.

La reflexión de José Antonio de Obieta Chalbaud (jurista y teólogo vasco, uno de los principales especialistas en derecho internacional público y derechos humanos en el ámbito hispano durante la segunda mitad del siglo XX), sobre el derecho de autodeterminación introduce otra perspectiva inquietante. Su insistencia en el derecho de un pueblo a definirse a sí mismo, decidiendo quién pertenece y quién no, pone de relieve un problema central: la delimitación de la comunidad nacional nunca es neutral ni pacífica. Escribe Obieta: «Pueden llegar a ser extremadamente peligrosas para un pueblo esas expresiones de carácter demagógico expresadas a veces por algunos líderes políticos –ignorantes o malignos– que propugnan como criterio para determinar la pertenencia de ciertas personas o grupos a un pueblo el hecho de residir simplemente en él, o aun inclusive el de “vender en él su fuerza de trabajo”. Si en ningún Estado del mundo se siguen criterios tan laxos y simplistas para obtener la nacionalidad, ¿por qué habría de seguirlos cuando se trata de meros grupos étnicos, o pobres pueblos indefensos, quienes a diferencia de los Estados, no poseen poder político propio capaz de contrarrestar eficazmente las consecuencias desnacionalizadoras que la aplicación de tales principios podrían producir?» (El derecho humano de la autodeterminación de los pueblos, Tecnos, 1993).

Cuando el autor advierte contra criterios “laxos” como la residencia o la participación económica, está señalando el temor a la dilución identitaria, pero también legitima la posibilidad de exclusiones más rígidas. El argumento puede justificar políticas profundamente discriminatorias bajo la apariencia de defensa colectiva.

Lo que emerge de todo este entramado es una tensión hoy por hoy irresoluble: por un lado, la aspiración universalista de igualdad; por otro, la realidad de comunidades políticas que se definen mediante fronteras, tanto físicas como simbólicas y, sobre todo, éticas. La “preferencia nacional” de Vox no es, en ese sentido, una aberración aislada, sino una radicalización explícita de una lógica que ya está presente, aunque más disimulada, en el funcionamiento de los Estados.

Precisamente por eso resulta tan importante combatirla. No basta con señalar su crudeza; hay que cuestionar las bases que la hacen posible. Defender una sociedad decente implica no solo rechazar las formas más agresivas de exclusión, sino también interrogar críticamente los límites de nuestras propias categorías políticas. La ciudadanía, la nación, el Estado: todos ellos deben ser repensados a la luz de un principio más exigente de justicia.

En última instancia, la cuestión no es si puede existir alguna forma de preferencia hacia los propios -algo que, en cierto grado, parece inevitable en el marco estatal-, sino hasta qué punto estamos dispuestas a aceptar que esa preferencia se traduzca en desigualdad estructural, en negación de derechos, en deshumanización de la otra y el otro. La propuesta de Vox responde a esa pregunta de la peor manera posible. La tarea crítica consiste no solo en rechazarla, sino en impedir que su lógica siga filtrándose, de manera más sutil, en el sentido común de nuestras democracias.
Cuando la preferencia nacional se vuelve social

En octubre de 2007 la revista El Viejo Topo, referencia esencial del pensamiento crítico durante la transición y buena parte de los años de democracia en España, publicó un Informe sobre la inmigración firmado por Jorge Vestrynge. Su planteamiento, formulado desde posiciones que se reclamaban abiertamente críticas con el neoliberalismo, introducía una defensa de la prioridad de los nacionales en el acceso a recursos escasos -empleo, prestaciones, servicios públicos- en nombre de la protección de las clases populares. Aquí la “preferencia nacional” ya no se presentaba como una cuestión identitaria o cultural, sino como una supuesta exigencia de justicia social. El informe finalizaba planteando el siguiente decálogo, que reproduzco literalmente:

1º. Hasta poder asistir correctamente a los inmigrantes que están ya dentro de España, cerrar puertas al menos a los inmigrantes no comunitarios.

2º. Expulsión de todos los inmigrantes que hayan cometido delitos importantes y, desde luego de todos los ilegales. Primero porque no existe ningún derecho humano (ni en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano francesa ni en la onusiana) que permita forzar la entrada a la casa del vecino (y menos aún sin aceptar cumplir con las normas básicas de convivencia de la casa huésped). Segundo, porque si la inmigración tira los salarios a la baja, la ilegal los lleva al abismo…

3º. Inmigración sólo aceptada en base a contratos previamente obtenidos y temporales (y validados, por un visado en buena y debida regla en el caso de inmigrantes no comunitarios): si la precariedad afecta al trabajador español y al inmigrante legal ya establecido, lo menos es que al mismo rasero sea sometido el “aspirante” no comunitario.

4º. Números clausus en las empresas: en tanto se cumpla dicha limitación, aportarán las empresas una cantidad a la Seguridad Social destinada a financiar los gastos de vivienda, sanidad y educación tanto del inmigrante como de su familia “reagrupada” y del coste del transporte de repatriación. En el caso de que la empresa emplee ilegales habría que duplicar esa aportación.

5º. Políticas estrictas de visados para el llamado “falso turismo”.

6º. Legalizaciones sólo caso por caso.

7º. Nacionalizaciones sólo caso por caso y tras 5 años de residencia permanente, y siempre y cuando la entrada en el país sea legal y no se haya delinquido gravemente.

8º. Reagrupación familiar sólo en el caso de familias de la Europa comunitaria.

9º. Cuatro años de vida en común demostrada para obtener la nacionalidad por matrimonio o pareja de hecho.

10º. Dichas medidas podrán ser suavizadas en el caso de los inmigrantes procedentes de la UE.

El mecanismo de fondo es inquietantemente similar. Lo que cambia es el lenguaje, no la lógica: donde la derecha radical habla de identidad, amenaza o civilización, ciertas formulaciones de izquierda apelan a la protección social, al conflicto distributivo o a la soberanía económica. Pero en ambos casos se introduce una frontera moral entre quienes “merecen primero” y quienes deben esperar o quedar fuera. Se establece, de nuevo, una jerarquía de acceso basada en la pertenencia.

Un año después, en la misma revista, Vestrynge se reafirmaba en su propuesta y respondía a quienes le habían criticado con un artículo titulado Cuando las barbas de tu vecino…, en el que, afirmando que “los trabajadores son en primer lugar los nuestros, los españoles, y los europeos. Eso primero y después lo demás”, concluía así: “Entonces: si la inmigración es un arma en manos del capital para luchar contra las reivindicaciones de nuestros trabajadores y mantener tasas altas de beneficio, ¿cómo no ver que la defensa de nuestros trabajadores pasa por una regulación estricta de la inmigración? Y que es a los comunistas a quien corresponde, por excelencia, la defensa de nuestros trabajadores. ¿O creen ustedes que las demás fuerzas políticas del sistema lo van a hacer? Porque no lo harán; entonces, el etnonacionalismo surgiría, y hará inútil, sobrante, a la izquierda real”.

Esto obliga a afinar la crítica: no basta con denunciar la crudeza discursiva de Vox, hay que identificar el patrón común que permite que esa crudeza sea políticamente inteligible e incluso, en ciertos contextos, socialmente aceptable. Y ese patrón tiene que ver con la naturalización de la comunidad nacional como sujeto prioritario de derechos.

En el caso de Vestrynge, la argumentación se apoya en una premisa que puede parecer intuitiva: en un contexto de escasez, el Estado debe proteger preferentemente a los suyos. Pero esa premisa encierra varios problemas de fondo. El primero es que desplaza el foco del conflicto: en lugar de interrogar las causas estructurales de la escasez -las desigualdades globales, las dinámicas del capital, las políticas económicas-, sitúa el problema en la competencia entre pobres, entre nacionales y migrantes. El resultado es una forma de redistribución excluyente que no cuestiona el marco general, sino que lo gestiona mediante la segmentación de derechos.

El segundo problema es más profundo: aceptar ese principio implica asumir que la igualdad moral entre seres humanos puede ser legítimamente suspendida en función de la pertenencia política. Y una vez que se acepta esa excepción, el terreno queda abonado para ampliarla, endurecerla y radicalizarla. Ahí es donde las posiciones de derecha encuentran un espacio fértil: no necesitan construir su lógica desde cero, sino llevarla a sus últimas consecuencias. En este sentido, la “preferencia nacional de izquierdas” no es un antídoto frente a la versión iliberal de Vox, sino una de sus condiciones de posibilidad. Funciona como un puente conceptual que traduce una lógica de exclusión en términos socialmente más aceptables, pero sin desactivarla.

Volvemos así al problema de fondo que atraviesa toda la reflexión: la tensión entre universalismo e inscripción estatal de los derechos. La izquierda, históricamente, ha oscilado entre ambos polos. Por un lado, una vocación internacionalista, igualitarista, que reconoce en todo ser humano un sujeto de derechos; por otro, una práctica política que se despliega dentro de marcos estatales y que, en ocasiones, asume sus límites como inevitables. El riesgo aparece cuando esos límites dejan de ser percibidos como una constricción a superar y pasan a ser reivindicados como principio normativo. Cuando la ciudadanía deja de ser un instrumento provisional de organización política para convertirse en un criterio legítimo de exclusión moral.

La lección que se desprende tanto del acuerdo PP-Vox como de las posiciones de Vestrynge es, a mi juicio, bien clara: la “preferencia nacional” no es un accidente ideológico, sino una tentación estructural de todas las sociedades enriquecidas en el marco de esta necronomía capitalista. La derecha la expresa de forma más descarnada, ciertas corrientes de izquierda la reformulan en clave social, pero ambas beben de una misma fuente: la aceptación de que la comunidad política puede y debe priorizar a los suyos frente a los otros.
Universalismo en tensión: de la crítica a las alternativas posibles

Frente a todo lo expuesto, la tarea crítica no puede limitarse a elegir la versión “menos mala”, exige cuestionar la propia premisa básica y resistirse a la comodidad de respuestas que, bajo distintas banderas, terminan por legitimar lo que en el fondo comparten: la exclusión radical de vidas que, simplemente, no importan.

Propuestas como las de Luigi Ferrajoli y Gerd Baumann permiten dar un paso decisivo en la reflexión: pasar de la crítica necesaria de la “preferencia nacional” a la exploración de alternativas normativas que no sean meramente idealistas, pero tampoco resignadas al marco existente.

En su ensayo Derechos y garantías Ferrajoli formula su diagnóstico con una claridad difícil de eludir: la ciudadanía, que en su origen moderno funcionó como un mecanismo de inclusión frente a los privilegios estamentales, se ha invertido en su función histórica. Hoy, en un mundo atravesado por desigualdades globales profundas y por movimientos migratorios masivos, la ciudadanía de los países ricos actúa como un “privilegio de estatus”, es decir, como un dispositivo de exclusión. Esta inversión es clave para entender por qué la “preferencia nacional” resulta tan fácilmente defendible desde posiciones tan distintas: porque se apoya en una estructura jurídica y política que ya discrimina de facto. La radicalidad de Ferrajoli no reside solo en la denuncia, sino en la consecuencia que extrae: si queremos tomarnos en serio la universalidad de los derechos fundamentales, debemos desvincularlos de la ciudadanía como pertenencia estatal. Y esto no en abstracto, sino en un punto muy concreto y sensible: el derecho de residencia y el derecho de circulación. Es decir, allí donde hoy se juega de manera más evidente la frontera entre inclusión y exclusión, el “derecho a tener derechos” (Hannah Arendt),

Esta propuesta tiene una virtud decisiva frente a las derivas nativistas, tanto de derechas como de izquierdas, al desactivar el presupuesto de escasez nacionalmente delimitada. Si los derechos fundamentales no dependen de la ciudadanía, la pregunta deja de ser “a quién priorizamos” dentro de una comunidad cerrada, y pasa a ser “cómo garantizamos derechos en un marco ampliado”. La lógica de la preferencia pierde así parte de su fuerza justificativa. Ahora bien, el propio planteamiento de Ferrajoli se enfrenta a una dificultad evidente: su viabilidad política en un mundo organizado en Estados soberanos. Y aquí es donde la reflexión de Baumann introduce un elemento de mediación especialmente valioso.

En El enigma multicultural, Baumann no propone una ruptura inmediata con el Estado-nación, sino una estrategia de transformación progresiva de sus categorías. Su primer movimiento es desmitificador: reconocer el Estado-nación como una construcción problemática, “pseudoétnica” y “pseudosecular”. Es decir, como una forma histórica contingente que no debe ser naturalizada. Pero su aportación más sugerente, en relación con el debate que nos ocupa, es el desplazamiento del eje de derechos desde la ciudadanía hacia la residencia. Esta idea -que converge claramente con Ferrajoli- introduce una vía intermedia entre el universalismo abstracto y el realismo estatal: reconocer derechos efectivos a quienes viven en un territorio, independientemente de su estatus formal.

Este desplazamiento tiene implicaciones profundas. En primer lugar, rompe la identificación automática entre pertenencia nacional y titularidad de derechos, sin necesidad de abolir de inmediato el marco estatal. En segundo lugar, reduce el espacio político de la “preferencia nacional”, al ampliar la comunidad de quienes tienen derecho a reclamar igualdad. Y en tercer lugar, introduce un criterio más empírico y menos identitario: la vida en común, la participación de hecho en una sociedad. A esto se suma otro elemento clave en Baumann: la necesidad de “desreificar” las identidades. Es decir, dejar de concebir las identidades nacionales, étnicas o religiosas como bloques fijos y homogéneos, y entenderlas como procesos dinámicos, atravesados por relaciones y conflictos. Esta perspectiva conecta directamente con la crítica previa a las concepciones de nación -desde Herder hasta Renan- y refuerza la idea de que toda política basada en una comunidad homogénea es, en el mejor de los casos, una simplificación, y en el peor, una mistificación peligrosa.

La convergencia entre Ferrajoli y Baumann permite, por tanto, esbozar una respuesta más compleja y más honesta a la cuestión de la “preferencia nacional”. Por un lado, mantienen una crítica firme a su formulación explícita en los nativismos contemporáneos: porque implica exclusión, jerarquización de vidas y negación de derechos básicos. Pero, por otro, evitan la ingenuidad de ignorar que esa lógica está inscrita en la propia arquitectura del Estado moderno. La salida que sugieren no es inmediata ni sencilla. Implica, en esencia, un doble movimiento: 1) desnaturalizar la ciudadanía como criterio último de distribución de derechos, reconociendo su carácter histórico y excluyente; 2) reconfigurar progresivamente la titularidad de derechos en torno a la persona y a la residencia, abriendo espacios de igualdad efectiva dentro y más allá del Estado. Por aquí va, o debería ir, el proceso de regularización extraordinaria actualmente en marcha.

Esto no elimina de un plumazo las tensiones, pero sí mueve el terreno del debate. Frente a la dicotomía empobrecida entre “preferencia nacional” o “fronteras abiertas” entendidas de forma caricaturesca, introduce una agenda más exigente: la de construir instituciones que hagan compatibles la garantía de derechos con la pluralidad y movilidad de las sociedades contemporáneas. En este sentido, las propuestas de Ferrajoli y Baumann no solo ayudan a repensar críticamente la “preferencia nacional”; permiten también desenmascarar su aparente realismo. Porque lo que hoy se presenta como sentido común -priorizar a “los nuestros”- descansa en una estructura que ellos mismos muestran como contingente, problemática y, en última instancia, reformable.

La cuestión no es si podemos prescindir completamente de toda forma de delimitación política, sino si estamos dispuestas a aceptar que esa delimitación siga funcionando como un criterio legítimo de desigualdad en derechos fundamentales. Ahí es donde nuestra crítica debe mantenerse firme: no, no estamos dispuestas a aceptarlo. Y ahí es también donde estas propuestas, aun con todas sus dificultades, abren un horizonte que va más allá de la resignación o del repliegue identitario."

( Imanol Zubero , Noticias Obreras, 26/04/26)  

Ataques de colonos azotan la Cisjordania ocupada... Grupos armados de colonos judíos llevaron a cabo ataques generalizados en toda la Cisjordania ocupada el sábado, incluyendo desplazamientos forzados, incendios provocados y asaltos armados, según el Observatorio de Asentamientos... 20 familias de la comunidad beduina árabe de al-Khawli, cerca de Kafr Thuluth, se vieron obligadas a huir después de que los colonos atacaran sus tiendas de campaña y tierras. En Qusra y Jalud, colonos armados abrieron fuego e incendiaron vehículos y equipos palestinos, y en Khirbet Tana, un predicador islámico fue agredido y sus fieles detenidos por colonos y soldados israelíes... Seis adolescentes israelíes de entre 13 y 17 años fueron arrestados por el asesinato de Yemanu Binyamin Zelka, un trabajador de una pizzería de 21 años, en Petah Tikva, Israel... más de 1500 pacientes en la lista de evacuación médica han fallecido mientras esperaban tratamiento en el extranjero debido a las restricciones israelíes que impiden su salida... un adolescente palestino, Obada Montaser Asaad Al-Qadi, de 17 años, falleció tras sufrir un infarto mientras era perseguido y detenido por las fuerzas de ocupación israelíes (Drop Site News)

 "(...) Ataques de colonos azotan la Cisjordania ocupada; se registran seis muertes de palestinos la semana pasada: Grupos armados de colonos judíos llevaron a cabo ataques generalizados en toda la Cisjordania ocupada el sábado, incluyendo desplazamientos forzados, incendios provocados y asaltos armados, según el Observatorio de Asentamientos. Se registraron incidentes en las gobernaciones de Qalqilya, Nablus, Salfit, al-Khalil y el Valle del Jordán. Alrededor de 20 familias de la comunidad beduina árabe de al-Khawli, cerca de Kafr Thuluth, se vieron obligadas a huir después de que los colonos atacaran sus tiendas de campaña y tierras. En Qusra y Jalud, colonos armados abrieron fuego e incendiaron vehículos y equipos palestinos, y en Khirbet Tana, un predicador islámico fue agredido y sus fieles detenidos por colonos y soldados israelíes.

 Adolescente palestino muere de infarto durante persecución israelí: Obada Montaser Asaad Al-Qadi, de 17 años, falleció tras sufrir un infarto mientras era perseguido y detenido por las fuerzas de ocupación israelíes. Era originario de Surif, al norte de Hebrón, en la Cisjordania ocupada.

 El jefe del Ministerio de Salud de Gaza informó el domingo que más de 1500 pacientes en la lista de evacuación médica han fallecido mientras esperaban tratamiento en el extranjero debido a las restricciones israelíes que impiden su salida, y que 20 000 pacientes siguen atrapados y sin poder acceder a atención médica fuera del territorio.

 Seis adolescentes israelíes de entre 13 y 17 años fueron arrestados por el asesinato de Yemanu Binyamin Zelka, un trabajador de una pizzería de 21 años, en Petah Tikva, Israel, según el Times of Israel. Zelka fue apuñalado mortalmente tras pedir a un grupo de jóvenes que dejaran de usar gas pimienta dentro del restaurante donde trabajaba. El grupo supuestamente esperó afuera a que Zelka terminara su turno antes de agredirlo y matarlo. (...)"                        (Drop Site News, 27/04/26) 

Paul Krugman: La crisis del petróleo se agrava... El tiempo no juega a favor de la economía mundial... ¿Cuánto tiempo pasará antes de que Trump acepte la realidad de que no tiene las cartas en la mano, de que al final su aventura con Irán se resolverá de una manera que dejará a Irán más fuerte y a Estados Unidos más débil que antes de la guerra? La crisis energética es física, si el flujo de petróleo procedente del Golfo Pérsico sigue estando muy deprimido, en algún momento tendrá que producirse una «destrucción de la demanda» suficiente para reducir el consumo y ajustarlo a la oferta reducida... Por lo tanto, si el estrecho no se reabre, los precios tendrán que dispararse lo suficiente —e infligir un daño económico suficiente— como para destruir otros 11 o más millones de barriles diarios de demanda. Eso es mucho... Pero Trump está hablando de su salón de baile... Su frágil autoestima depende de creer constantemente que él es un ganador, mientras que los demás son perdedores... Así que Trump lo afronta haciendo caso omiso de la guerra que él mismo inició, centrándose en un proyecto grandioso que alimenta su ego y le permite afirmar su dominio sobre los republicanos serviles y las empresas que están pagando la factura... cuanto más dure su estado de fuga, peor será el daño

 "Sigo de vacaciones, pero me tomo un breve descanso de las vacaciones para ponerme al día con las noticias y opinar sobre algo más importante que el salón de baile de Trump: las consecuencias que sigue teniendo la desastrosa guerra de Estados Unidos con Irán.

El estrecho de Ormuz sigue cerrado. Irán ha presentado una propuesta para reabrirlo, pero Trump, según el New York Times, está «insatisfecho» con el plan, entre otras cosas porque «aceptarlo podría parecer que le niega una victoria al Sr. Trump». Efectivamente: proclamar la victoria suele ser difícil cuando se ha perdido, y por goleada.

¿Cuánto tiempo pasará antes de que Trump acepte la realidad de que no tiene las cartas en la mano, de que al final su aventura con Irán se resolverá de una manera que dejará a Irán más fuerte y a Estados Unidos más débil que antes de la guerra? Los mercados se muestran cada vez más pesimistas. (...)

 La caída de los precios tras el anuncio del alto el fuego se ha revertido casi por completo. Y cuanto más se prolongue la negación de la realidad, peor será la situación.

Como argumenté hace una semana, en última instancia la crisis energética es física: si el flujo de petróleo procedente del Golfo Pérsico sigue estando muy deprimido, en algún momento tendrá que producirse una «destrucción de la demanda» suficiente para reducir el consumo y ajustarlo a la oferta reducida.

Ese proceso apenas ha comenzado. Según una nota reciente de Goldman Sachs (sin enlace), esto es lo que está ocurriendo con la oferta y la demanda mundial de petróleo:

    "Reducción extrema de las existencias. Estimamos que las pérdidas de producción de crudo del Golfo Pérsico, de 14,5 mb/d, están provocando que las existencias mundiales de petróleo se reduzcan a un ritmo récord de 11-12 mb/d en abril."

Traducción: Hasta ahora, a pesar de los precios del petróleo mucho más altos, la demanda de petróleo solo ha caído una fracción de la pérdida de oferta. En cambio, la economía mundial funciona sacando petróleo de los almacenes. Dado que el petróleo de los tanques es limitado, esto no puede seguir así. Por lo tanto, si el estrecho no se reabre, los precios tendrán que dispararse lo suficiente —e infligir un daño económico suficiente— como para destruir otros 11 o más millones de barriles diarios de demanda. Eso es mucho.

Pero Trump está hablando de su salón de baile.

 Esto puede parecer extraño, pero tiene sentido si se analiza desde el punto de vista psicológico. Trump está claramente disociándose. Su frágil autoestima depende de creer constantemente que él es un ganador, mientras que los demás son perdedores. Ahora se enfrenta a la realidad de que él, prácticamente por sí solo, ha llevado a Estados Unidos a una humillante derrota estratégica.

También está perdiendo en otros frentes. La caída de Viktor Orbán fue una gran derrota para Trump. Lo mismo puede decirse, en mi opinión, de la supervivencia de Ucrania, que parece estar ganando poco a poco ventaja sobre la Rusia de Putin a pesar del intento de Trump de traicionar a nuestro antiguo aliado.

Así que Trump lo afronta haciendo caso omiso de la guerra que él mismo inició, centrándose en un proyecto grandioso que alimenta su ego y le permite afirmar su dominio sobre los republicanos serviles y las empresas que están pagando la factura.

Pero aunque él haya terminado con su guerra, la guerra no ha terminado con él —ni con la economía mundial—. Y cuanto más dure su estado de fuga, peor será el daño." 

(Paul Krugman , blog, 28/04/26, traducción DEEPL, gráficos y enlaces en el original)  

Al leer la cobertura de Cole Allen, el presunto tirador de la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, uno pensaría que es el modelo a seguir de la creencia de la administración de que el país está sitiado por una insurgencia de izquierda... La evidencia dice lo contrario, pero todos se aferran al guion... Extremista. Radicalizado. Izquierdista. Anticristiano. Demócrata... Incluso el corresponsal de "Justicia e Inteligencia" repite la línea de la administración, afirmando que Allen "encaja con el patrón de lo que hemos visto con Luigi Mangione, acusado de matar al CEO de United Healthcare, o Tyler Robinson, acusado de matar a Charlie Kirk, de este tipo de personas en los márgenes de la extrema izquierda que se han radicalizado"... Allen, según revelan sus publicaciones en redes sociales, no estaba únicamente centrado en Trump. También sentía mucho desprecio por los líderes demócratas, un desprecio por ambos partidos que, lejos de ser marginal, lo sitúa firmemente en la mayoría de la opinión pública estadounidense... Llamar a Allen un soldado de a pie de la izquierda demócrata requiere ignorar gran parte de lo que publicó en línea. Es una narrativa conveniente... presenta la violencia política como producto del extremismo partidista en lugar de lo que realmente sugieren las encuestas: un amplio colapso bipartidista de la fe en las instituciones estadounidenses y sus líderes (Ken Klippenstein)

 "Extremista. Radicalizado. Izquierdista. Anticristiano. Demócrata.

Al leer la cobertura de Cole Allen, el presunto tirador de la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, uno pensaría que es el modelo a seguir de la creencia de la administración de que el país está sitiado por una insurgencia de izquierda (ver: NSPM-7). La evidencia, como verás, dice lo contrario, pero todos, desde la Casa Blanca hasta los principales medios de comunicación, se aferran al guion de todos modos.

El presidente Trump declaró a Allen "radicalizado".

El presidente del RNC, Joe Gruters, culpó a la "izquierda radicalizada" por el incidente, calificándolo como "el resultado inevitable de una izquierda radicalizada que ha normalizado la violencia política".

El fiscal general interino Todd Blanche dijo que los investigadores estaban investigando cualquier conexión que Allen pudiera tener con grupos de izquierda o buscando cómplices y co-conspiradores.

Incluso el corresponsal de "Justicia e Inteligencia" de MSNOW (anteriormente MSNBC), el hiperliberal Ken Dilanian, repite la línea de la administración, afirmando que Allen es uno de varios atacantes "en los márgenes de la extrema izquierda":

"Así que realmente encaja con el patrón de lo que hemos visto con Luigi Mangione, acusado de matar al CEO de United Healthcare, o Tyler Robinson, acusado de matar a Charlie Kirk, de este tipo de personas en los márgenes de la extrema izquierda que se han radicalizado, que viven en un mundo de irrealidad, bombardeados por teorías de conspiración, que deciden que tienen que tomar medidas violentas".

Pero como he escrito, Luigi Mangione, Tyler Robinson y ahora Cole Allen no eran de extrema izquierda ni estaban en ningún extremo partidista. En cambio, estaban unidos en un sentido de frustración con instituciones fallidas definidas por la inacción, y en la determinación de encarnar lo contrario a través de espectáculos impactantes de acción. Lo que nadie en el poder quiere admitir es que la creencia de que las instituciones han fracasado es tan generalizada como Taylor Swift, no el radicalismo marginal de grupos de los años 70 como Weather Underground que los expertos siguen invocando.

Allen, según revelan sus publicaciones en redes sociales, no estaba únicamente centrado en Trump. También sentía mucho desprecio por los líderes demócratas, un desprecio por ambos partidos que, lejos de ser marginal, lo sitúa firmemente en la mayoría de la opinión pública estadounidense. A principios de 2025, el Partido Demócrata había caído a mínimos históricos: un 27% de aprobación en las encuestas de NBC News y un 29% en CNN, el nivel más bajo en las encuestas de CNN desde 1992. Una encuesta de Pew encontró que el 59% de los demócratas desaprobaba su propio liderazgo en el Congreso. Eso es más de 25 millones de votantes estadounidenses, según las últimas cifras.

Odiar el establishment político pudo haberte convertido en miembro de la franja radical en su día, pero esos tiempos quedaron atrás hace mucho. Por extraño que parezca, Allen es, políticamente hablando, uno más del montón.

Considera sus publicaciones en redes sociales.

"Si este es el alcance hasta el que el liderazgo demócrata está dispuesto a liderar, es hora de formar un verdadero tercer partido", publicó Allen en Bluesky el 21 de enero de 2025.

Fue una de las numerosas publicaciones similares en las que Allen pedía una alternativa a los partidos Demócrata y Republicano.

"En este punto, podría ser más rápido reemplazarlo con un nuevo partido... llamémoslo el partido 'Haz Algo', no sé", dijo en otra publicación, uno de los innumerables indicios de su frustración con la inacción política.

"Si este es el nivel de análisis que sale de los líderes del partido demócrata... tal vez necesitemos un partido completamente nuevo, para ser honesto", dijo en otra publicación.

"Juro que el Partido Demócrata no comprende el concepto de prioridades...", escribió el 13 de febrero.

Para marzo, pedía la destitución del demócrata de más alto rango en el Congreso, el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer.

"¿Existe una moción de censura para el líder de la minoría del Senado?", publicó el 13 de marzo.

El día anterior, Allen hacía chistes sobre la inutilidad de Schumer.

"Schumer está actuando como un jugador de rol que acapara cada poción, potenciador y consumible que encuentra porque 'tal vez los necesite más tarde'", escribió el 12 de marzo.

"La tarea de Schumer no se entregó a tiempo", bromeó el 8 de abril, días antes del ataque.

Llamar a Allen un soldado de a pie de la izquierda demócrata requiere ignorar gran parte de lo que publicó en línea. Es una narrativa conveniente: presenta la violencia política como producto del extremismo partidista en lugar de lo que realmente sugieren las encuestas: un amplio colapso bipartidista de la fe en las instituciones estadounidenses y sus líderes.

 (Ken Klippenstein  , blog, 28/04/26, traducción Quillbot, enlaces en el original) 

28.4.26

¿Recomienda el ejército estadounidense que no se realicen más ataques contra Irán? Esperaba que Estados Unidos renovara su ataque contra Irán hoy, pero eso no sucedió y, basándome en los acontecimientos recientes, creo que no lo hará... Al menos si se consideran las opiniones de los oficiales al mando de la guerra contra Irán... El único activo que Trump puede emplear contra Irán es el poder aéreo, pero los resultados de las operaciones llevadas a cabo durante las primeras cinco semanas de la guerra mostraron que el poder aéreo estadounidense, aunque formidable, no logró reducir significativamente la capacidad de Irán para lanzar misiles balísticos y de crucero y drones... de hecho, Estados Unidos ha gastado un porcentaje significativo de sus misiles guiados de precisión... Medios como el New York Times, CNN, Washington Post, Fortune y otros señalan que el Pentágono gastó aproximadamente 24 mil millones de dólares en misiles en las primeras siete semanas... Esto ha reducido los inventarios a niveles que crean un "riesgo a corto plazo" para otro conflicto importante, particularmente contra un cuasi-igual como China en el Pacífico... A la luz de estas cifras, el general Derek France, comandante del CFACC, estaría recomendando no realizar más ataques contra objetivos iraníes. El almirante a cargo de las operaciones marítimas también reconoce que existen severas limitaciones en lo que la fuerza aérea de la Armada de EE. UU. puede hacer a la luz de la capacidad de Irán para atacar barcos estadounidenses a 400 millas de la costa iraní... La decisión sobre recomendar más combates recae en el almirante Cooper, quien creo que está inclinado a apoyar las recomendaciones de sus subordinados. No puedo predecir lo que hará Trump (Larry C. Johnson, ex-oficial de la CIA)

 "Esperaba que Estados Unidos renovara su ataque contra Irán hoy, pero eso no sucedió y, basándome en los acontecimientos recientes, creo que no lo hará... Al menos si se consideran las opiniones de los oficiales al mando de la guerra contra Irán. Aclarémonos sobre la cadena de mando: el Comandante del Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) — el Almirante Brad Cooper — reporta a Pete Hegseth, Secretario de Guerra, quien reporta a Donald Trump. El jefe del Estado Mayor Conjunto —el general Daniel Caine— es el asesor militar principal de Trump, pero no tiene autoridad de mando sobre el CENTCOM.

Permítame presentarle a los tres oficiales encargados de la guerra contra Irán. El almirante de la Marina de los Estados Unidos, Brad Cooper, se desempeña como comandante del CENTCOM, habiendo asumido el cargo en agosto de 2025 después de haber sido previamente comandante adjunto del CENTCOM y comandante de las Fuerzas Navales de los Estados Unidos en el Comando Central (NAVCENT), la Quinta Flota de los Estados Unidos y las Fuerzas Marítimas Combinadas. En otras palabras, el almirante Cooper está íntimamente familiarizado con la ahora destruida base naval estadounidense en Bahréin... que anteriormente albergaba a la Quinta Flota. Oficial de guerra de superficie y graduado de la Academia Naval con amplia experiencia operativa en varios teatros, incluidas misiones en Afganistán y liderazgo en operaciones en el Mar Rojo, supervisa todas las actividades militares estadounidenses en Oriente Medio y Asia Central, haciendo hincapié en la proyección de poder naval, las asociaciones y la disuasión en medio de tensiones regionales como las que existen con Irán.

El teniente general de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, Derek France, es el comandante de las Fuerzas Aéreas Centrales (AFCENT)/Novena Fuerza Aérea y se desempeña como comandante del componente aéreo de las fuerzas combinadas (CFACC) para el CENTCOM. En este cargo, dirige todas las operaciones aéreas y espaciales, los ejercicios de despliegue rápido y la generación de poder aéreo de combate en todo el teatro para mantener la preparación y apoyar las misiones conjuntas/de coalición.

El vicealmirante de la Armada de EE. UU. Curt A. Renshaw comanda las Fuerzas Navales de EE. UU. en el Comando Central (NAVCENT), la Quinta Flota de EE. UU. y es el Comandante del Componente Marítimo de las Fuerzas Combinadas (CFMCC), liderando la seguridad marítima, la aplicación de bloqueos y las operaciones navales en el área de responsabilidad del CENTCOM (incluidos puntos de estrangulamiento críticos como el Estrecho de Ormuz).

Estos líderes forman la tríada de mando superior para los dominios aéreo y marítimo de CENTCOM bajo la dirección general del almirante Cooper. ¿Notaste lo que falta? Sí, Comandante del Componente Terrestre de las Fuerzas Combinadas (CFGCC)... Uno no ha sido nombrado, al menos no todavía. Hasta que se nombre un CFGCC, es muy poco probable que Estados Unidos lance una operación terrestre de cualquier tamaño en Irán.

El único activo que Trump puede emplear contra Irán es el poder aéreo, pero los resultados de las operaciones llevadas a cabo durante las primeras cinco semanas de la guerra mostraron que el poder aéreo estadounidense, aunque formidable, no logró reducir significativamente la capacidad de Irán para lanzar misiles balísticos y de crucero y drones. De hecho, Estados Unidos ha gastado un porcentaje significativo de sus municiones guiadas de precisión. Los informes de la prensa estadounidense (principalmente de abril de 2026) han destacado un agotamiento significativo de las municiones guiadas de precisión y las reservas de misiles de alta gama de Estados Unidos tras el conflicto de aproximadamente siete semanas con Irán (Operación Furia Épica), basándose en un análisis importante del CSIS, evaluaciones del Pentágono y fuentes del Congreso.

Las principales disminuciones reportadas incluyen:

Al menos el 45% de los Misiles de Ataque de Precisión (PrSM, un nuevo sistema lanzado desde tierra que reemplaza a los ATACMS).

50% de los interceptores de misiles balísticos THAAD. Dados los datos de producción pública y agotamiento de existencias, y asumiendo que nunca se han disparado interceptores THAAD en combate, el inventario de EE. UU. al 31 de diciembre de 2025 habría sido de aproximadamente 530 a 540 interceptores THAAD producidos y entregados hasta finales de 2025, según los datos de entrega del Pentágono/Agencia de Defensa de Misiles. Sin embargo, los interceptores THAAD se utilizaron durante la guerra de 12 días de junio de 2025, y se han utilizado más durante las primeras cinco semanas de la guerra con Irán. Sospecho que el número real está más cerca del 30%.

Casi el 50% de los interceptores de defensa aérea Patriot. Aquí de nuevo, creo que el número real es mucho menor. De 2015 a 2025, Estados Unidos produjo un total de 6.420 interceptores Pac3. Al menos 1.000 se utilizaron en Ucrania entre 2023 y 2025 (recuerde, al menos dos Pac3 se disparan contra un misil balístico entrante) y Rusia disparó más de 12.000 misiles balísticos y de crucero durante ese período. Se estima que se dispararon 2.000 misiles Pac3 contra los misiles iraníes durante la guerra de junio de 2025 con Irán. Durante las primeras cinco semanas de la nueva guerra con Irán, Irán ha disparado aproximadamente entre 1.300 y 1.800+ misiles balísticos y un número menor de misiles de crucero (estimaciones de entre 20 y 50+ confirmados, con algunos informes de tipos rudimentarios o de ataque terrestre) desde el 28 de febrero de 2026, el inicio de las principales hostilidades en la Operación Furia Épica. Si los misiles Patriot se hubieran utilizado contra cada uno de ellos, se habrían lanzado un mínimo de 2.600 Pac3. Eso significa que el número real de interceptores Pac3 restantes está más cerca de 1.420. La depleción real probablemente esté más cerca del 75%.

 30% o más de los misiles de crucero Tomahawk (con más de 1.000 disparados, aproximadamente 10 veces la producción anual; estimaciones de más de 850 solo en el primer mes).

Una parte sustancial de los Misiles Conjuntos de Ataque a Distancia Aire-Superficie (JASSM), SM-3/SM-6 y otras armas de ataque de precisión de largo alcance.

Medios como el New York Times, CNN, Washington Post, Fortune y otros señalan que el Pentágono gastó aproximadamente 24 mil millones de dólares en municiones importantes en las primeras siete semanas (con costos diarios iniciales estimados en cientos de millones a ~1 mil millones de dólares). Esto ha reducido los inventarios a niveles que crean un "riesgo a corto plazo" para otro conflicto importante, particularmente contra un cuasi-igual como China en el Pacífico.

A la luz de estas cifras, el general Derek France, comandante del CFACC, estaría recomendando no realizar más ataques contra objetivos iraníes. El almirante a cargo de las operaciones marítimas también reconoce que existen severas limitaciones en lo que la fuerza aérea de la Armada de EE. UU. puede hacer a la luz de la capacidad de Irán para atacar barcos estadounidenses a 400 millas de la costa iraní.

La decisión sobre recomendar más combates recae en el almirante Cooper, quien creo que está inclinado a apoyar las recomendaciones de sus subordinados. No puedo predecir lo que hará Trump... Podría ser de cualquier manera. (...)" 

(  , ex-oficial de la CIA, blog, 26/04/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)

El actual entorno macroeconómico presenta una combinación particularmente compleja de riesgos que podrían desencadenar una corrección bursátil global, especialmente en Estados Unidos... la confluencia de tres factores configura un escenario de elevada incertidumbre macroeconómica caracterizado por presiones inflacionarias persistentes y una desaceleración del crecimiento económico... son el shock arancelario-legal en Estados Unidos derivado de la invalidación parcial del uso de la IEEPA (International Emergency Economic Powers Act) para imponer aranceles; la sentencia genera un vacío legal que introduce incertidumbre sobre la política comercial futura de Estados Unidos, afectando negativamente a las decisiones de inversión empresarial... el conflicto geopolítico en Oriente Medio con impacto directo sobre el precio de la energía; este canal de transmisión energía-fertilizantes-alimentos constituye uno de los mecanismos más relevantes para explicar la persistencia de la inflación incluso en un contexto de desaceleración económica... y el elevado nivel de apalancamiento corporativo en los Estados Unidos; la deuda de las corporaciones no financieras estadounidenses supera los 14 billones de dólares, un nivel históricamente elevado que incrementa la sensibilidad del sector empresarial a cambios en los tipos de interés y a deterioros en los beneficios (Juan Laborda)

"Los mercados bursátiles internacionales atraviesan un periodo de fuerte optimismo impulsado por el rápido desarrollo de la inteligencia artificial y por expectativas de crecimiento asociadas a la digitalización avanzada de la economía. El Nasdaq Composite Index continúa registrando máximos históricos en un entorno en el que numerosas empresas han anunciado desarrollos estratégicos hacia modelos de negocio vinculados a la IA, generando revalorizaciones bursátiles extraordinarias en periodos muy breves de tiempo.

Este fenómeno recuerda inevitablemente al observado durante el ciclo de la burbuja puntocom de finales de los años noventa. En aquel periodo, el simple hecho de asociar el nombre de una empresa a internet era suficiente para desencadenar fuertes subidas en bolsa, independientemente de la existencia de modelos de negocio sostenibles. Hoy, la etiqueta “IA” desempeña un papel similar en determinados segmentos del mercado. La cuestión no es si la inteligencia artificial transformará la economía global —lo cual resulta altamente probable—, sino si los precios actuales de los activos financieros ya incorporan expectativas excesivamente optimistas respecto a la magnitud y velocidad de dicha transformación. Como ha mostrado la historia económica, las grandes revoluciones tecnológicas suelen combinar avances estructurales genuinos con episodios de exuberancia financiera.

Uno de los indicadores más utilizados para evaluar el grado de sobrevaloración estructural es el CAPE (Cyclically Adjusted Price-to-Earnings ratio), desarrollado por Robert J. Shiller. Este indicador, basado en el promedio de beneficios reales ajustados a lo largo de diez años, se encuentra actualmente en niveles comparables a los observados durante el periodo 1998–2000, inmediatamente anterior al colapso del Nasdaq del 78%. Aunque el CAPE no constituye una herramienta predictiva a corto plazo, su evidencia histórica sugiere que niveles persistentemente elevados suelen asociarse con menores rentabilidades futuras y mayor vulnerabilidad ante shocks adversos.

El contexto macroeconómico: una tormenta perfecta

Pero, además, el actual entorno macroeconómico presenta una combinación particularmente compleja de riesgos que podrían desencadenar una corrección bursátil global, especialmente en Estados Unidos. Considero, en este sentido, que la aparición simultánea de tres perturbaciones macroeconómicas que se refuerzan mutuamente amplificarán el daño final: el shock arancelario-legal en Estados Unidos derivado de la invalidación parcial del uso de la IEEPA (International Emergency Economic Powers Act) para imponer aranceles; el conflicto geopolítico en Oriente Medio con impacto directo sobre el precio de la energía; y el elevado nivel de apalancamiento corporativo en los Estados Unidos. La confluencia de estos factores configura un escenario de elevada incertidumbre macroeconómica caracterizado por presiones inflacionarias persistentes y una desaceleración del crecimiento económico. Pero, vayamos por partes.

Un elemento especialmente relevante del escenario actual es el shock institucional derivado de la decisión del Tribunal Supremo estadounidense de limitar el uso de la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) como instrumento para la imposición de aranceles comerciales. De ello apenas se habla, pero la sentencia genera un vacío legal que introduce incertidumbre sobre la política comercial futura de Estados Unidos, afectando negativamente a las decisiones de inversión empresarial. La literatura académica muestra que la incertidumbre en política comercial actúa como un freno significativo para la inversión privada, promoviendo comportamientos de “wait and see” que amplifican el impacto de otros shocks negativos sobre el crecimiento económico. En un contexto en el que las cadenas globales de valor ya se encuentran sometidas a tensiones derivadas de rivalidades geopolíticas, el aumento de la incertidumbre institucional puede contribuir a una ralentización adicional del comercio internacional.

En segundo lugar, el conflicto en Oriente Medio ha incrementado el riesgo de interrupciones en el Estrecho de Ormuz, uno de los principales puntos de tránsito del comercio energético mundial. Aproximadamente el 25% del comercio marítimo de petróleo y el 19% del comercio global de gas natural licuado atraviesan este punto estratégico, lo que convierte cualquier disrupción en un shock de oferta global significativo. El encarecimiento de los costes de transporte marítimo y de las primas de riesgo en seguros logísticos ha generado un aumento generalizado de los costes energéticos y de fertilizantes, ampliando las presiones inflacionarias en sectores agrícolas y alimentarios. Este canal de transmisión energía-fertilizantes-alimentos constituye uno de los mecanismos más relevantes para explicar la persistencia de la inflación incluso en un contexto de desaceleración económica.

Finalmente, y quizás el elemento menos analizado en los mass media, sea la enorme fragilidad de la deuda corporativa estadounidense. Uno de los principales focos de riesgo para los mercados financieros globales es el elevado nivel de endeudamiento corporativo en Estados Unidos. La deuda de las corporaciones no financieras estadounidenses supera los 14 billones de dólares, un nivel históricamente elevado que incrementa la sensibilidad del sector empresarial a cambios en los tipos de interés y a deterioros en los beneficios.

El CEO de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, ha advertido que el próximo ciclo crediticio podría ser más severo de lo habitual debido al deterioro de los estándares de concesión de crédito y al crecimiento del mercado de crédito privado con cláusulas contractuales más laxas. El aumento de los spreads en el mercado high yield podría desencadenar un incremento significativo de las tasas de impago en un contexto de crecimiento débil y costes de financiación elevados. Históricamente, los episodios de aumento rápido de impagos corporativos han coincidido con correcciones significativas en los mercados bursátiles.

El riesgo de un cambio de régimen financiero

La combinación de valoraciones elevadas, incertidumbre institucional, tensiones geopolíticas y elevado apalancamiento corporativo sugiere la posibilidad de un cambio de régimen financiero caracterizado por mayor volatilidad y menores rentabilidades esperadas. Los periodos de transición tecnológica suelen generar tanto ganadores estructurales como episodios de destrucción de valor en segmentos sobrevalorados del mercado.

El paralelismo con el periodo 1998–2000 no implica necesariamente una repetición exacta de la dinámica de la burbuja puntocom, pero sí pone de relieve la posibilidad de que las expectativas de crecimiento vinculadas a la inteligencia artificial estén siendo incorporadas a los precios con un grado elevado de optimismo. En entornos de elevada concentración sectorial, como el actual mercado tecnológico estadounidense, las correcciones pueden amplificarse debido al peso dominante de un número reducido de compañías en los principales índices bursátiles.

El carácter global de los mercados financieros implica que una corrección significativa en Estados Unidos tendría efectos de contagio sobre otras economías desarrolladas y emergentes. La interconexión entre mercados de capitales, cadenas de suministro y flujos comerciales aumenta la probabilidad de transmisión internacional de shocks financieros. La combinación de tensiones geopolíticas, fragmentación comercial y cambios estructurales en la política industrial global sugiere que la economía mundial podría estar entrando en una fase de mayor volatilidad estructural.

Como corolario final podemos afirmar que la inteligencia artificial representa una tecnología con un potencial significativo para transformar la economía global, pero, sin embargo, la experiencia histórica sugiere que los mercados financieros tienden a sobrerreaccionar ante innovaciones disruptivas. Los niveles actuales del CAPE de Shiller, combinados con un entorno macroeconómico caracterizado por riesgos estanflacionarios y elevada fragilidad financiera, sugieren la necesidad de adoptar una perspectiva prudente respecto a las valoraciones actuales del mercado bursátil estadounidense.

El principal riesgo no reside en la tecnología en sí misma, sino en la posibilidad de que los precios actuales de los activos financieros reflejen un escenario excesivamente optimista respecto al crecimiento futuro. Como en episodios anteriores de cambio tecnológico, el desafío para los inversores consiste en diferenciar entre innovación estructural sostenible y exuberancia especulativa. En un contexto de elevada incertidumbre macroeconómica, la probabilidad de episodios de corrección significativa en los mercados bursátiles globales no puede descartarse.

La historia muestra que los ciclos de innovación suelen ir acompañados de fases de exuberancia seguidas de procesos de ajuste. La cuestión fundamental no es si la inteligencia artificial transformará la economía, sino si los mercados financieros han incorporado ya un futuro demasiado perfecto." 

 (Juan Laborda , El Salto, 27/04/26)