6.8.26

Hoy conviven tres vulnerabilidades que nunca antes se habían dado al mismo tiempo: una sobrevaloración concentrada en torno a la inteligencia artificial, una estructura de mercado más estrecha y frágil que en 1987, y un entorno macrofinanciero que ha convertido el crédito, los intermediarios no bancarios y los balances domésticos en pólvora seca... Lo que hace único a 2026 es que estos tres mecanismos pueden activarse en secuencia: primero el crash técnico (1987), luego la compresión de valoraciones (2000), y finalmente el contagio al crédito y la economía real (2008). Y esta vez, el Estado tiene menos herramientas que entonces... Hoy, el 36-40% del S&P 500 está en manos de apenas diez compañías, todas ellas ligadas a la IA... Si una de esas firmas titubea, arrastra al índice; si dos lo hacen, el mercado entra en pánico... Cuando los beneficios no lleguen al ritmo esperado, y ya hay señales, la caída de la valorización será brutal aunque no caigan los beneficios o ventas de las empresas. Y será más rápida que en 2000 porque el mercado está mucho más interconectado y apalancado... Una caída del 5% puede desencadenar ventas forzadas que la lleven al 15% en horas... El BIS advierte que los intermediarios no bancarios ya tienen el 53% de la deuda soberana de los países avanzados, y que su exposición a bonos corporativos y crédito privado es mayor que nunca... Imaginemos la secuencia. Primero, una decepción en los resultados de una de las grandes hyperscalers, las grandes empresas tecnológicas (como Amazon, Microsoft, Google o Meta)... Después, las empresas más pequeñas del ecosistema IA, que dependían de refinanciaciones constantes, no pueden renovar su deuda. La inversión en infraestructura se paraliza, los contratos se cancelan y el desempleo tecnológico comienza a subir... Finalmente, el consumo cae por el efecto riqueza, la economía entra en recesión, y los bancos centrales se ven obligados a elegir entre inflación y colapso... Eso no es ciencia ficción. El BIS ya ha estimado que una reversión del boom de IA podría congelar el crédito corporativo (Juan Laborda)

"En octubre de 2025 publiqué en este medio un artículo bajo el título Sí, predigo el pinchazo de la burbuja financiera de la Inteligencia Artificial en 2026. En este nuevo texto extiendo y explicito mucho más lo que allí expresé, usando modelos de machine learning para tales previsiones. Lo más importante es que las lecturas que salen son horrendas. No es una posibilidad remota. No es una advertencia para inversores nerviosos. Es una conclusión que se impone al observar los datos, la estructura del mercado y la arquitectura financiera global. Una gran caída bursátil en los próximos meses no es plausible: es una certeza que sucederá. Y quienes la descartan como otro “esto ya lo vivimos” están cometiendo el mismo error de quienes en 2000 miraban el Nasdaq y veían el futuro, o en 2007 contemplaban las hipotecas subprime y creían que el riesgo estaba “contenido”.

La razón no es que haya una burbuja tecnológica más. Es que hoy conviven tres vulnerabilidades que nunca antes se habían dado al mismo tiempo: una sobrevaloración concentrada en torno a la inteligencia artificial, una estructura de mercado más estrecha y frágil que en 1987, y un entorno macrofinanciero que ha convertido el crédito, los intermediarios no bancarios y los balances domésticos en pólvora seca. Y lo más inquietante: el sistema ya no tiene margen de maniobra para apagar el incendio sin quemarse él mismo.

El mercado está más caro que en 2000, pero mucho más concentrado

Empecemos por lo obvio: las valoraciones no son “algo elevadas”. Son históricamente absurdas. El CAPE de Shiller (divide el precio de un índice entre el beneficio medio real de los últimos 10 años (ajustado por inflación) para valorar si la bolsa está barata o cara) del S&P 500 ronda 41,7, más del doble de su media histórica, y el PER trailing (calcula cuántos años tardarías en recuperar tu inversión utilizando los beneficios reales y auditados que la empresa ha generado en los últimos 12 mesessupera 32, frente a un promedio de 16. Las ratios precio/ventas y precio/valor contable han superado los máximos de la burbuja puntocom. Pero esto no es un déjà vu: en 1999, la exageración estaba repartida entre cientos de empresas con modelos de negocio dudosos. Hoy, el 36-40% del S&P 500 está en manos de apenas diez compañías, todas ellas ligadas a la IA. Esa concentración no es un dato curioso: es un mecanismo de amplificación. Si una de esas firmas titubea, arrastra al índice; si dos lo hacen, el mercado entra en pánico; si el sector decepciona, no hay “valor refugio” dentro de la bolsa porque todos los refugios son la misma apuesta.

Y el Banco de Pagos Internacionales (BIS) lo ha dicho con claridad: las grandes tecnológicas están descontando tasas de crecimiento de beneficios que no tienen precedentes, con primas de riesgo comprimidas hasta niveles que solo se vieron en los momentos más eufóricos de la historia. La narrativa de la IA es poderosa, pero las narrativas no pagan los múltiplos. Cuando los beneficios no lleguen al ritmo esperado, y ya hay señales de que el capex descomunal en centros de datos no está generando retornos proporcionales, los inversores estarán dispuestos a pagar cada vez menos por cada unidad de negocio (compresión de múltiplos) y la caída de la valorización será brutal aunque no caigan los beneficios o ventas de las empresas. Y será más rápida que en 2000 porque el mercado está mucho más interconectado y apalancado.

 Tres fantasmas en una misma habitación: 1987, 2000 y 2008

Aquí está la novedad que hace único este momento. No estamos ante una repetición de un solo episodio, sino ante una concatenación de tres arquetipos de crisis que hasta ahora habían sido excluyentes.

La IA es real, pero su rentabilidad no llegará al ritmo que descuentan los precios. Cuando los inversores comprendan que el gasto en infraestructura no se traduce en beneficios inmediatos, los múltiplos comenzarán a comprimirse

El fantasma de 1987: aquel octubre, el Dow cayó un 22,6% en un solo día. No fue por una recesión inminente, sino por una estructura de mercado frágil: portfolio insurance, futuros mal gestionados y un desajuste entre contado y derivados que convirtió una corrección en cascada. Hoy tenemos ETFs apalancados, estrategias de volatilidad, fondos sistemáticos y un volumen de derivados que multiplica por diez al de 1987. Una caída del 5% puede desencadenar ventas forzadas que la lleven al 15% en horas.

El fantasma de 2000: entonces el Nasdaq se desplomó un 78% en dos años. No fue un crash, fue una lenta agonía de expectativas frustradas. La IA es real, pero su rentabilidad no llegará al ritmo que descuentan los precios. Cuando los inversores comprendan que el gasto en infraestructura no se traduce en beneficios inmediatos, los múltiplos comenzarán a comprimirse y no habrá comprador de fondo porque todos los compradores ya están dentro.

El fantasma de 2008: lo que convirtió aquella crisis en sistémica no fue la caída de la vivienda, sino el hecho de que esa caída estaba apalancada con crédito, titulizada y en manos de intermediarios no bancarios que operaban con colateral frágil. Hoy, el mercado repo está lleno de hedge funds con apalancamiento oculto; el private credit ha crecido sin supervisión; y los fondos de inversión abiertos poseen activos ilíquidos que no podrán vender si se produce una avalancha de reembolsos. El BIS advierte que los intermediarios no bancarios ya tienen el 53% de la deuda soberana de los países avanzados, y que su exposición a bonos corporativos y crédito privado es mayor que nunca. Si el equity cae, el colateral se deteriora, los haircuts suben, y la financiación repo se congela. Eso no es una crisis bursátil: es una crisis de crédito disfrazada de corrección.

Lo que hace único a 2026 es que estos tres mecanismos pueden activarse en secuencia: primero el crash técnico (1987), luego la compresión de valoraciones (2000), y finalmente el contagio al crédito y la economía real (2008). Y esta vez, el Estado tiene menos herramientas que entonces. La deuda pública está por las nubes, y para nuestra desgracia nadie de la ortodoxia quiere oír hablar de la Teoría Monetaria Moderna; la inflación sigue siendo un fantasma y los bancos centrales no pueden bajar tipos hasta el 0% sin provocar una hemorragia fiscal. El margen de maniobra es mínimo.

El capitalismo financiarizado ya no puede crecer sin burbujas

Pero el problema no es solo de valoraciones o de estructura de mercado. Es de modelo. Desde los años ochenta, el capitalismo ha ido sustituyendo la inversión productiva por la valorización financiera. Los beneficios se han disparado, pero no porque las empresas produzcan más o mejor, sino porque han concentrado poder de mercado, han reducido salarios y han destinado el excedente a recompras de acciones en lugar de a nueva capacidad productiva. La participación del trabajo en la renta nacional no ha dejado de caer; la inversión privada es débil a pesar de la elevada rentabilidad; y el crecimiento depende cada vez más del efecto riqueza que generan los precios de los activos.

Ese régimen tiene una contradicción interna: necesita burbujas para sostener el consumo y la inversión, pero cada burbuja eleva la fragilidad sistémica. Cuando la burbuja estalla, no hay un “amortiguador” real porque la economía real se ha vuelto dependiente de la riqueza financiera. Por eso una corrección bursátil no es un fenómeno aislado: es el ajuste necesario de un sistema que ha estado viviendo por encima de sus posibilidades durante décadas para beneficiar exclusivamente a unos cuantos pijos psicópatas multimillonarios. La IA ha sido el último catalizador de esa dinámica, no su solución. El gasto descomunal en centros de datos y chips no está generando una nueva ola de productividad generalizada, sino una burbuja de inversión que, cuando reviente, arrastrará a proveedores, contratistas y bancos expuestos.

El escenario que nadie quiere nombrar

Imaginemos la secuencia. Primero, una decepción en los resultados de una de las grandes hyperscalers, las grandes empresas tecnológicas (como Amazon, Microsoft, Google o Meta) que gestionan gigantescas infraestructuras de computación en la nube y concentran la mayor parte de la inversión mundial en inteligencia artificial. La noticia se extiende, los algoritmos de trading reaccionan, los ETFs apalancados amplifican la caída, y el S&P 500 pierde un 10% en dos sesiones. Luego, los hedge funds reciben margin calls (órdenes de venta para respaldar sus deudas), venden bonos corporativos para obtener liquidez, los spreads se disparan, y el crédito se encarece.

Después, las empresas más pequeñas del ecosistema IA, que dependían de refinanciaciones constantes, no pueden renovar su deuda. La inversión en infraestructura se paraliza, los contratos se cancelan y el desempleo tecnológico comienza a subir. Finalmente, el consumo cae por el efecto riqueza, la economía entra en recesión, y los bancos centrales se ven obligados a elegir entre inflación y colapso.

No son predicciones alarmistas: son advertencias basadas en modelos que ya han fallado antes por exceso de optimismo

Eso no es ciencia ficción. El BIS ya ha estimado que una reversión del boom de IA podría congelar el crédito corporativo; el Mecanismo de Estabilidad Europeo (ESM) ha simulado escenarios donde una corrección bursátil estadounidense combinada con tensiones geopolíticas recorta un 20% el S&P y un 30% las bolsas europeas en 18 meses. No son predicciones alarmistas: son advertencias basadas en modelos que ya han fallado antes por exceso de optimismo.

La única salida es cambiar el modelo

No hay rescate que valga. La tentación natural es pensar que la Fed o el BCE volverán a salvar el día. Pero esta vez no pueden. Los bancos centrales están atrapados en un dilema: si no actúan, la crisis se profundiza; si actúan, siembran la semilla de la siguiente. Y el sistema financiero no bancario, que ha crecido en la sombra, no tiene acceso a las ventanillas de liquidez de los bancos centrales. Cuando los fondos de inversión, los dealers y los hedge funds necesiten liquidez, no habrá prestamista de última instancia para ellos. La crisis será más rápida y menos controlable que en 2008.

Cuando la música pare —y parará— la corrección no será una oportunidad de compra, sino el principio de un ajuste estructural que llevamos décadas aplazando

Por eso, la respuesta no puede ser técnica. No basta con endurecer los requisitos de capital o exigir más transparencia a los fondos. Hace falta algo más profundo: reequilibrar el poder de mercado, reducir la financiarización, incentivar la inversión productiva y redistribuir la renta para que la demanda no dependa de la riqueza financiera. Políticas antimonopolio agresivas, fiscalidad progresiva sobre las rentas del capital, gobierno corporativo que desincentive las recompras, y una inversión pública que oriente el ahorro hacia la transición ecológica y la infraestructura real. Esa es la única manera de romper el círculo vicioso de burbuja-rescate-nueva burbuja.

Pero, mientras tanto, el mercado sigue bailando al son de la IA, los múltiplos siguen subiendo y los inversores siguen comprando como si el futuro estuviera ya escrito. No lo está. Y cuando la música pare —y parará— la corrección no será una oportunidad de compra, sino el principio de un ajuste estructural que llevamos décadas aplazando. La pregunta no es si ocurrirá, sino cuándo. Y ese “cuándo” puede estar mucho más cerca de lo que imaginas."

 (Juan Laborda  , El Salto, 15/07/26) 

"Miraron hacia otro lado": el demoledor informe del senador demócrata Ron Wyden, que destapa cómo los bancos de Wall Street blindaron a Epstein... la pregunta central en torno a sus actividades no sólo ha sido quiénes formaban parte de su red de contactos y quién abusó gracias a él de chicas menores de edad, sino cómo logró sostener una compleja estructura económica global para financiar sus delitos... ahora una exhaustiva investigación del Senado de los Estados Unidos, liderado por el senador demócrata Ron Wyden, sostiene que altos ejecutivos bancarios ignoraron o encubrieron las maniobras de Epstein... los bancos más grandes de Wall Street (Bank of America, Deutsche Bank, JPMorgan Chase), eligieron ignorar pruebas claras de tráfico sexual y blanqueo de capitales solo para mantener a un cliente rico en sus libros (HuffPost)

 "Durante años, la pregunta central en torno a las actividades ilícitas del financiero estadounidense Jeffrey Epstein no sólo ha sido quiénes formaban parte de su red de contactos y quién abusó gracias a él de chicas menores de edad, sino cómo logró sostener una compleja estructura económica global para financiar sus delitos. Ahora, una exhaustiva investigación del Senado de los Estados Unidos publicada esta semana ofrece respuestas contundentes sobre el papel jugado por varias de las mayores instituciones financieras de Wall Street.

El dossier, titulado reveladoramente Looking the Other Way ("Mirar hacia otro lado") y liderado por el senador demócrata Ron Wyden -el miembro de mayor rango en el Comité de Finanzas del Senado-, sostiene que altos ejecutivos bancarios ignoraron o encubrieron las maniobras de Epstein. Según el documento, las entidades prefirieron mantener los depósitos del magnate y conservar el acceso a su red de clientes multimillonarios antes que cumplir con sus obligaciones legales de prevención del lavado de dinero.

"Dijimos desde el principio que para llegar al fondo del encubrimiento de Jeffrey Epstein había que seguir la pista del dinero. Los registros bancarios detallan un patrón impactante: los bancos más grandes de Wall Street eligieron ignorar pruebas claras de tráfico sexual y blanqueo de capitales solo para mantener a un cliente rico en sus libros", afirmó el senador Wyden al presentar las conclusiones.

Cientos de millones bajo sospecha

El reporte da cierre a un proceso de indagación iniciado en 2022 que incluyó la revisión de miles de páginas de Reportes de Actividad Sospechosa (SAR, por sus siglas en inglés), archivos de demandas judiciales e información interna facilitada por el Departamento del Tesoro.

Entre los hallazgos principales destaca la actuación de Bank of America, entidad a la que el informe acusa de haber "violado probablemente" las leyes federales contra el blanqueo de capitales al omitir notificar a tiempo transferencias por un valor acumulado de 170 millones de dólares procedentes del magnate inversor Leon Black hacia cuentas vinculadas a Epstein.

Respecto a JPMorgan Chase, la investigación revela cómo algunos de sus ejecutivos presuntamente asesoraron a Epstein sobre cómo retirar elevadas sumas de dinero en efectivo a través de empresas pantalla. Esta táctica habría permitido al magnate ocultar el destino del capital tanto a los departamentos de cumplimiento normativo del propio banco como a los reguladores federales.

Por su parte, Deutsche Bank es señalado por haber presentado avisos de actividad sospechosa únicamente después de la muerte de Epstein en una prisión de Nueva York en 2019, omitiendo las alertas durante los años en que el financista canalizaba fondos de forma activa.

Principales infracciones

Entre los principales movimientos sospechosos que ha detectado el Comité de Finanzas del Senado está el retraso en los avisos obligatorios: los bancos tardaron meses o años en notificar las operaciones irregulares al gobierno federal, en presunta violación de las normas antiblanqueo.

Además, queda acreditada la financiación de la red de abusos, porque la disponibilidad constante de dinero en efectivo facilito la captación, traslado y permanencia de las víctimas de la red de tráfico sexual. También se ve a las claras la priorización de clientes VIP, toda vez que las entidades antepusieron sus relaciones comerciales con multimillonarios asociados a Epstein por encima de las alertas de cumplimiento interno.

No sólo facilitaron las cosas, sino que bloquearon la supervisión de lo que estaba pasando. Wyden criticó a agencias federales y a previas administraciones (sin hacer sangre en colores políticos porque a todos salpica) por entorpecer el acceso completo a los expedientes del caso.

El informe presentado por el demócrata no se limita a detallar las irregularidades, sino que se plantea como una "hoja de ruta" dirigida a fiscales e investigadores federales para exigir responsabilidades judiciales a las élites financieras involucradas.

Asimismo, el senador Wyden ha planteado un paquete de reformas legislativas para endurecer la supervisión sobre el sector bancario. La primera sería la firma personal de ejecutivos, esto es, la exigencia de que los banqueros certifiquen individualmente haber realizado la debida diligencia sobre cuentas pertenecientes a clientes de muy alto patrimonio.

Además, reclama sanciones más severas, como incrementar las penas civiles y penales para entidades y directivos que incurran en negligencia continuada ante operaciones sospechosas, y requerir que los bancos informen de inmediato al Departamento del Tesoro cuando decidan cancelar la cuenta de un cliente por sospechas de tráfico de personas o blanqueo de capitales.

Las reacciones

Tras la publicación del documento, las entidades bancarias señaladas emitieron comunicados reafirmando su compromiso normativo o recordando los acuerdos alcanzados anteriormente. No ha habido grandes peticiones de perdón o disculpa, como era de esperar, pero alguna ha dejado entrever su vergüenza por lo ocurrido, aunque no haya más consecuencias por ahora. 

Un portavoz de Bank of America aseguró que la institución toma con "total seriedad" sus obligaciones legales y reglamentarias, señalando que "como se ha dicho anteriormente, el banco no facilitó ninguna actividad ilícita".

Por su parte, un representante de Deutsche Bank expresó el pesar de la entidad por su vínculo pasado con el financista: "Lamentamos nuestra conexión histórica con Jeffrey Epstein. Hemos cooperado plenamente con las agencias reguladoras y policiales en sus investigaciones y hemos realizado inversiones significativas para reforzar nuestros sistemas de control interno".

JPMorgan Chase, entidad que en 2023 alcanzó un acuerdo extrajudicial multimillonario con víctimas de Epstein sin admitir responsabilidad legal, no hizo comentarios inmediatos tras la difusión de este nuevo reporte. 

Su divulgación se produce en un ambiente de elevada tensión política en Washington, a pocos meses de las elecciones legislativas de medio término (midterms) fijadas para noviembre de 2026, en las que los demócratas podrían arrebatar a los republicanos el control de la Cámara de Representantes o del Senado, ambas en manos conservadoras y facilitadoras, pues, de las políticas del presidente, Donald Trump, cuyo papel en el caso Epstein, del que fue un gran amigo, sigue sin aclararse." 

( Huffpost, 05/08/26)

Dos propuestas que hace apenas unos años parecían extravagantes: supermercados públicos y/o seguridad social alimentaria... la propuesta de supermercados públicos del alcalde de Nueva York, Mandani, busca garantizar que todo el mundo tiene acceso a los alimentos que necesita... en Francia se debatió la creación de una seguridad social de la alimentación. Si la sanidad, la educación y las pensiones son —en Europa— derechos consagrados en la constitución y garantizados mediante provisión pública, ¿por qué no podría serlo también la alimentación? Consistiría en un programa de unos 100-150 euros al mes a toda la población, para gastar en establecimientos asociados... establece incentivos para que los patrones de consumo cambien progresivamente... pues el programa solo funciona para ciertos productos que han sido declarados “producto agroecológico”, y porque el productor encuentra una demanda estable que le da garantías para convertir su producción en agroecológica. El reciente estudio de la cooperativa El Pa Sencer, por ejemplo, calcula que la propuesta costaría 76.800 millones de euros (un 5,7% del PIB español)... En España hace ya se cuenta con un proyecto piloto en Getafe... y Podemos ya propuso la creación de un supermercado público... En la medida en que el sector primario se está convirtiendo, cada vez más rápido, en un sector crítico y vulnerable, queda justificada la intervención directa por parte del Estado para planificar su reorientación. Algo similar a lo que está sucediendo en el sector industrial... pero aplicado al sistema que nos da de comer. Esto conllevaría la necesidad de programas específicos que pueden incorporar la compra de tierras, ayudas y subsidios suficientes a la producción agroecológica, creación y reforzamiento de nuevas infraestructuras públicas (entre ellas, los supermercados), etc. Todo ello destinado a que más temprano que tarde cualquier país, por ejemplo, España, disponga de un sistema agroalimentario ecológico con el que producir alimentos saludables (Alberto Garzón Espinosa)

"La disyuntiva entre supermercados públicos o seguridad social alimentaria está mal formulada. Las dos son necesarias y, al mismo tiempo, insuficientes: la primera actúa sobre la distribución; la segunda, sobre la demanda, pero ninguna puede transformar por sí sola la forma en que producimos los alimentos. Y ese es uno de los elementos críticos del siglo XXI

En pocos meses, dos propuestas que hace apenas unos años parecían extravagantes han entrado en el debate político internacional. Por un lado, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdami, ha dado un nuevo paso en su proyecto para crear cinco supermercados públicos en la ciudad, con el objetivo declarado de reducir los precios de la cesta de consumo de la clase trabajadora. La iniciativa es eco del socialismo municipal de Milwaukee, ciudad estadounidense que tuvo alcaldes del Partido Socialista durante la mayoría del período entre 1910 y 1960, y que municipalizó muchos servicios otrora privados. Como ha recordado recientemente el sociólogo del trabajo Eric Blanc, aquella experiencia histórica es hoy una lección para construir una alternativa al neoliberalismo demócrata y el autoritarismo trumpista en los Estados Unidos. En este caso, la propuesta de supermercados públicos busca garantizar que todo el mundo tiene acceso a los alimentos que necesita.

Por otro lado, en Francia se debatió el año pasado en la Asamblea nacional otra propuesta con espíritu similar: la creación de una seguridad social de la alimentación. Si la sanidad, la educación y las pensiones son —en Europa— derechos consagrados en la constitución y garantizados mediante provisión pública, ¿por qué no podría serlo también la alimentación? La propuesta no llegó a aprobarse por el boicot de los diputados conservadores, pero consiste en un programa de unos 100-150 euros al mes a toda la población para gastar en establecimientos asociados. En Francia, hay varias decenas de proyectos piloto, siendo el más destacado el de Montpellier. Aunque a primera vista parezca una propuesta asistencialista, el programa va mucho más allá de la necesidad de combatir el hambre entre las familias con menos recursos. En España hace poco tuvo lugar un debate, promovido por la Fundación Carasso, en el que además de debatir la experiencia francesa se presentó una propuesta para España (que ya cuenta con un proyecto piloto en Getafe).

Esta renovada preocupación por el derecho a la alimentación coincide con la resaca del proceso inflacionario desencadenado en 2022 tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia y también con la guerra en Irán iniciada este febrero de 2026. Como se ve en el siguiente gráfico, los precios de los alimentos a nivel mundial se mantuvieron relativamente estables durante la década de los noventa y principios de siglo, pero han mostrado una gran volatilidad y una tendencia alcista desde la crisis de 2007-08. Además, en la mayoría de países los precios de los alimentos han subido mucho más que los salarios, provocando un deterioro preocupante en los presupuestos familiares, especialmente entre las clases trabajadoras (que dedican más recursos a la alimentación).

En el debate público, sin embargo, rara vez se menciona que la inflación alimentaria no es sólo el resultado de episodios coyunturales provocados por guerras, tensiones geopolíticas o especulación financiera. Es también el síntoma de un sistema agroalimentario extremadamente dependiente de combustibles fósiles, cadenas logísticas globales y recursos naturales cada vez más escasos, todo ello en tiempos de nemercantilismo y proteccionismo. En este sentido, a la pregunta de cómo conseguimos abaratar los alimentos debe sumarse la idea de cómo garantizar que puedan seguir produciéndose.

En todo caso, el crecimiento de los precios de los alimentos ha provocado reacciones políticas también en España, donde en el año 2023 el partido Podemos ya propuso la creación de un supermercado público; en febrero de este año 2026, Más Madrid presentó en la Asamblea regional una propuesta para crear una red de supermercados públicos —fue rechazada por la derecha, pero tampoco la apoyó el Partido Socialista—; en junio, a propuesta de Sumar, el Congreso aprobó una proposición no de ley que insta al gobierno a crear “infraestructuras públicas que distribuyan productos saludables, ecológicos y de proximidad”; y hace unas semanas Adelante Andalucía anunció que propondrá la creación de supermercados públicos.

A primera vista, el debate parece reducirse a una elección entre dos instrumentos: crear supermercados públicos o implantar una seguridad social alimentaria. Pero, en realidad, como dice el economista político de la alimentación Raj Patel, ambas son más compatibles que antagónicas, y sólo tienen sentido si se entienden como piezas de una transformación mucho más profunda del sistema agroalimentario, que actualmente afronta límites económicos, ecológicos y geopolíticos cada vez más importantes.

Democratizar el acceso a los alimentos

La primera de las propuestas, la de Mamdani, consiste en crear un supermercado público. Debe recordarse que un supermercado es parte de la infraestructura necesaria para que los alimentos que se producen en el mundo agrario lleguen a los hogares —que se concentran generalmente en las ciudades—. La mayoría de esa infraestructura es hoy de naturaleza privada, por lo que las redes de producción, transporte, distribución y comercialización siguen la lógica de la rentabilidad a través de las señales del mercado. Esto es importante porque bajo el capitalismo los productores no producen alimentos para nutrir a las poblaciones, sino para ganar dinero. Y todos los agentes de la cadena siguen invariablemente esa lógica.

Lo que sucede es que la estructura de esa cadena es muy desigual, y muchísimos productores venden sus productos a un número muy reducido de grandes empresas de distribución y comercialización, que concentran un enorme poder de negociación. Por ejemplo, en España las cinco principales cadenas de distribución reúnen algo más de la mitad del mercado y una sola empresa, Mercadona, concentra en torno al 27 % del gasto en distribución alimentaria. Ese poder se ejerce en toda la cadena: condiciona los precios que reciben agricultores y ganaderos, determina las condiciones de suministro e incluso decide qué productos llegan finalmente a los lineales. Tal estructura atrapa a los productores entre la provisión industrial de inputs (semillas, fertilizantes, pesticidas, gasoil, etc.) y la compra de su producción por parte de grandes cadenas.

Esta estructura ayuda también a entender una parte importante de la inflación alimentaria reciente. Como ha señalado la economista Isabella Weber, cuando se produce un shock de oferta —como ocurrió tras la invasión de Ucrania o ante las tensiones en el estrecho de Ormuz— las empresas con poder de mercado pueden trasladar e incluso ampliar esos incrementos de costes para proteger o aumentar sus márgenes de beneficio. Y estos shocks de oferta están afectando al canal de la alimentación no solo a través de la energía sino también de los fertilizantes. Al final, el resultado son precios más elevados para los consumidores, mientras los salarios no crecen al mismo ritmo.

En este contexto, la propuesta de crear supermercados públicos pretende introducir un contrapeso a ese poder privado. Al no estar sometido a la lógica de maximizar beneficios, un operador público podría trabajar con márgenes menores y contribuir tanto a abaratar la cesta de la compra como a aumentar la competencia en un mercado muy concentrado. Ésa es la principal argumentación económica de la propuesta, que también es aplicable, por ejemplo, al defender una empresa pública de energía.

No obstante, las experiencias pasadas nos recuerdan que el proyecto no es en absoluto sencillo. Hay precedentes de supermercados públicos en lugares donde ya no llega la iniciativa privada —los llamados desiertos alimentarios—, o creados para competir directamente con ella; y muchos han fracasado. Entre los principales problemas está la escala, ya que contar con unos pocos supermercados no es suficiente para servir realmente de contrapeso al poder privado o para negociar precios mayoristas baratos con los productores y distribuidores; pero también está la problemática de la gestión profesionalizada, la financiación, la oferta de productos (los supermercados de Mamdani no ofrecerán carne ni comida caliente), y la viabilidad política a medio y largo plazo, entre otros. La idea es buena y necesaria, pero la mejor forma de conseguir que funcione un supermercado público es integrarlo dentro de un programa más amplio y ambicioso capaz de transformar realmente el sistema alimentario.

Pero antes de entrar en ello, conviene subrayar un elemento ciego en esta propuesta. Un supermercado público nace con un mandato muy claro: vender más barato. Ahora bien, para vender barato hay que comprar barato. ¿Y dónde se compra barato hoy? En la cadena industrial: producción intensiva, insumos importados de países con salarios y recursos baratos, grandes volúmenes y operaciones a escala, contratos con centrales de compra. Es decir, exactamente en el modelo agroalimentario convencional. En ese sentido, el supermercado público es una buena política de coste de la vida, si bien bajo el ropaje de política alimentaria, pero el objetivo debería ser más audaz.

La razón es que vivimos en el contexto de una crisis ecosocial. Usar este concepto significa aceptar que la degradación ecológica y el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría no son dos crisis distintas que coinciden por casualidad en el tiempo, sino dos manifestaciones del mismo proceso de acumulación. Y, sobre todo, que no se pueden jerarquizar. La formulación habitual de la izquierda es “primero garanticemos que la gente coma, y ya después nos ocuparemos de la sostenibilidad”. Pero la realidad es que los dos plazos han acabado coincidiendo, como demuestran los episodios de Ucrania u Ormuz: la inflación que hoy erosiona el presupuesto de un hogar trabajador tiene entre sus causas el encarecimiento de la energía y los recursos naturales, y ese encarecimiento anticipa la restricción biofísica de mañana. No son dos problemas sino uno. De modo que la pregunta no puede ser sólo cómo facilitamos a la clase trabajadora el acceso a los alimentos, sino también a qué alimentos y cómo se producen.

Estamos comiendo petróleo

Cada vez que llenamos el carro de la compra creemos estar comprando alimentos, pero también estamos comprando petróleo, gas natural y una enorme cantidad de energía fósil incorporada en fertilizantes, pesticidas, transporte, refrigeración y envases. Decía con razón el ecólogo Howard Odum que una de las características centrales de las sociedades industriales era que habíamos aprendido a comer patatas hechas en parte de petróleo. El punto crítico es que, si consideramos toda la energía que gastamos para producir, distribuir y consumir alimentos, teniendo presente toda la cadena, resulta que es muy superior a la energía que obtenemos de esos mismos alimentos: un sistema completamente insostenible porque depende de lo que Joan Martínez Alier y Vaclav Smil llaman subsidio o dopaje fósil. Esto es parte de la anomalía de la era de los combustibles fósiles, ya que ninguna sociedad humana anterior pudo mantener durante mucho tiempo (antes de colapsar) rendimientos netos negativos de la energía.

Ese subsidio fósil sirve, sobre todo, para remendar una fractura. Marx, leyendo la química agrícola de su tiempo, describió una ruptura en el intercambio de materia entre el ser humano y la tierra: la ciudad consume los nutrientes que el campo produce y no los devuelve, de modo que el ciclo se rompe y hay que reponerlo desde fuera. John Bellamy Foster convirtió aquella intuición en concepto —la ruptura metabólica— y Kohei Saito la ha situado en el centro de la lectura ecológica del último Marx. Siglo y medio después la descripción sigue sirviendo, sólo que la fractura ha ido creciendo de escala: primero fue entre la ciudad y su campo, después entre unas comarcas y otras, y hoy es entre países enteros. En España se ve con toda claridad en la ganadería. Casi una cuarta parte de la biomasa que come nuestra cabaña se produce fuera, y con ese pienso entra también el nitrógeno que después se queda aquí. Como el animal está donde no está el cultivo, los nutrientes hacen un viaje de ida sin vuelta: allí donde se produce el pienso el suelo se empobrece, y donde se concentra el ganado el nitrógeno sobra hasta acabar en los acuíferos, contaminando ríos y suelos.

Todo esto tiene enormes implicaciones porque está afectado no sólo el consumo de una energía no renovable sino también porque se sostiene sobre relaciones ecológicas desiguales: por ejemplo, el nivel de consumo alimentario de los países del Norte global sería imposible si no fuera por la cantidad de alimentos importados en los países del Sur Global y que consumen allí los recursos naturales, destacadamente la tierra y el agua. Por ejemplo, la Unión Europea consume una superficie del tamaño de España en tierras agrícolas en otras partes del mundo. Como es evidente, dado que la disponibilidad de tierra en el planeta es finita, no es posible generalizar a todos los países este tipo de modelo de abastecimiento alimentario.

Por estas razones, en un mundo que aspira a vivir sin combustibles fósiles la producción alimentaria tiene que cambiar radicalmente. Por eso mismo, garantizar el acceso universal a los alimentos dentro de un sistema metabólicamente insostenible es garantizar el acceso a algo que va a dejar de existir en la forma en que hoy existe. En consecuencia, el objetivo debe ser transformar el modelo productivo agroalimentario y, como inmediatamente se verá, los patrones de consumo.

Transformar la demanda a través de la Seguridad Social Alimentaria

La segunda propuesta, la de Seguridad Social Alimentaria, es un instrumento de política pública que trata de modificar la demanda de alimentos a través de incentivos. El programa concede a cada ciudadano una cantidad determinada de dinero para que se gaste en establecimientos acreditados, lo que permite condicionar a qué tipo de gasto se destina. Por esa razón las diferentes formulaciones del programa postulan que el objetivo no es sólo inyectar recursos económicos para compra de alimentos, sino también estimular la compra de alimentos con características tales como su sostenibilidad ecológica y su impacto positivo en la salud de los consumidores.

El programa de la seguridad social alimentaria no obliga a los ciudadanos a consumir ciertos tipos de alimentos, sino que establece incentivos para que los patrones de consumo cambien progresivamente. Por un lado, porque el programa solo funciona para ciertos productos que han sido declarados previamente. Por otro lado, porque el productor encuentra una demanda estable que le da garantías para convertir su producción en agroecológica. Es una forma menos invasiva de orientar el sistema alimentario hacia un nivel sostenible y saludable, lo que quiere decir que es también una herramienta de transición ecológica. El reciente estudio de la cooperativa El Pa Sencer, por ejemplo, calcula que la propuesta costaría 76.800 millones de euros (un 5,7% del PIB español), pero asegura que los costes sanitarios ocultos con el patrón de consumo actual son de hasta 23.379 millones de euros anuales debido a las enfermedades asociadas.

La lógica de la propuesta es parecida a la que se usa actualmente con la compra pública alimentaria, que afecta a comedores escolares, hospitales, residencias, centros de día, cocinas centrales, etc. Cuando fui ministro de Consumo pusimos en marcha la redacción de nuevos criterios para esas compras, siguiendo guías científicas, y el ministerio actual, con Pablo Bustinduy al frente, ha continuado y culminado con éxito varios momentos críticos de esa hoja de ruta. Se trata de mover un volumen de demanda grande y planificable a varios años, que es justamente la señal que un agricultor necesita.

Sin embargo, la propuesta de seguridad social alimentaria no está exenta de dificultades. Desde la definición exacta de “producto agroecológico” hasta el diseño de sus instituciones de gobierno, que pretenden acercarse a una democracia participativa donde decide la comunidad implicada más que el Estado. Pero también ocurre que para que una propuesta como esta sea exitosa y vaya más allá de los canales cortos (donde el productor vende casi de forma directa) necesitará del apoyo de la infraestructura. Un agricultor puede producir estupendamente y no tener dónde almacenar, cómo enfriar, dónde transformar ni cómo llegar a un comprador grande. Es un problema de logística. Como en el caso de los supermercados públicos, en España podría utilizarse una infraestructura pública ya existente: la red de Mercas —los mercados mayoristas de titularidad mixta, estatal y municipal—, que junto con los mercados municipales de abastos constituyen un sistema de acopio, frío y distribución mayorista que ya está construido, ya está amortizado y ya está ubicado exactamente donde tiene que estar.

En resumen, si los supermercados públicos actúan sobre la distribución y la seguridad social alimentaria sobre la demanda, entonces falta necesariamente un tercer elemento: intervenir sobre la propia capacidad de producir alimentos.

Política Industrial para el sector primario

Ya he mencionado que el sistema alimentario actual es ecológicamente insostenible, así como internacionalmente desigual e injusto. Ello también implica que es vulnerable a los shocks geopolíticos o climáticos, en tanto puede quedar comprometida la capacidad de abastecimiento. Transformar este sistema en uno que proporcione alimento suficiente al tiempo que se reducen sus impactos ecológicos debe ser el objetivo principal.

El problema es que los combustibles fósiles son precisamente la varita mágica principal que ha permitido la multiplicación de los rendimientos de las explotaciones agrarias, produciendo muchos más alimentos por superficie. Sin ellos, la capacidad de producción queda comprometida. No obstante, hay un debate muy importante abierto al respecto, ya que hay formas de producción agroecológica que ofrecen rendimientos iguales o más elevados para ciertos productos. Sin embargo, hay otro tipo de productos alimentarios cuya producción no puede de ningún modo generalizarse, como es el caso de la carne procedente de grandes explotaciones industriales y altamente dependiente de inputs importados (conocidas como macrogranjas).

Por esta razón, no se trata tampoco sólo de transformar un sistema agroalimentario basado en combustibles fósiles en otro basado en prácticas agroecológicas. Para cumplir con los objetivos de sostenibilidad ese desplazamiento exige, además, un cambio en las dietas o patrones de consumo. Sé que aquí entramos en terreno minado, porque es el de la famosa polémica sobre el consumo de carne que tanto me persiguió —o que tanto perseguí, según se mire— durante mi etapa política. Pero conviene plantearlo bien, porque casi siempre se plantea mal.

Los costes de la dieta actual no se reparten al azar. Las enfermedades asociadas a malos hábitos alimentarios, como el alto consumo de ultraprocesados, presentan un gradiente social inverso a la renta: cuanto menos dinero tienes, más las sufres. Quien peor lo pasa con el patrón alimentario dominante es la clase trabajadora. De manera que la transición dietética consiste precisamente en la retirada de una carga que las familias más pobres vienen soportando de forma desproporcionada. Y debemos deshacer un malentendido sobre qué dieta estamos hablando. La que prescriben los sanitarios y dibujan los modelos biofísicos —con más peso de la legumbre, cereal, aceite de oliva, hortaliza de temporada y proteína animal ocasional y de calidad— no es un invento de nutricionistas urbanos. Es, básicamente, lo que llamamos dieta mediterránea, y que exportamos como marca país y celebramos como patrimonio de la humanidad, a pesar de que está en franco retroceso.

El problema es que el sistema alimentario actual está profundamente distorsionado, y transformarlo no es sencillo. Por ejemplo, como se ve en el siguiente gráfico, en España se importa una gran cantidad de grano para pienso, con el que se alimentan animales cuya carne se exportará luego: es el modelo típico de la ganadería intensiva, sostenida sobre desequilibrios ecológicos muy serios. Es una dinámica muy arraigada y de la que viven muchos actores económicos, lo que dificulta la transformación.

Sin embargo, el informe del think tank Alimentta, publicado a instancias de Greenpeace, sostiene que tal transformación es perfectamente viable para España. Según su modelización, España puede llegar a tener un modelo agroalimentario perfectamente sostenible para 2050. En la actualidad, el sistema español emite 107 megatoneladas de dióxido de carbono, contribuyendo a un cambio climático que, como recuerda el propio informe, «producirá una reducción mayor de la producción nacional» en el futuro. Esto no es en absoluto desconocido para el sector: hace unos años COAG presentó su informe “Empieza la cuenta atrás” en el que valoraba el impacto del cambio climático en la agricultura española. Según Alimentta, la modelización ecológica permite imaginar que en 2050 el sistema alimentario español podría convertirse en sumidero neto, es decir, no emitir dióxido de carbono, sino absorber 17 megatoneladas anuales. Las condiciones para lograrlo son una enorme transformación en el tipo de producción y consumo alimentario, acabando con modelos como la ganadería intensiva y promoviendo la producción de alimentos típicos de la dieta mediterránea.

Como se puede ver, todos estos elementos —supermercado público, seguridad social alimentaria, cambio del modelo— están profundamente interrelacionados. Piénsese en que pasaría si, siguiendo la política de reorientación de la demanda inducida por la seguridad social alimentaria, de repente entraran miles de millones de euros de nueva demanda de productos ecológicos. En España, actualmente sólo el 12% de la superficie cultivada se corresponde con estas características, un porcentaje del todo insuficiente para abastecer a la población. La consecuencia sería un proceso inflacionario tremendo en ese nicho de mercado, razón por la cual los programas de seguridad social alimentaria aconsejan el gradualismo a la hora de implantarse.

Sin embargo, hay otra opción: política industrial. En la medida en que el sector primario se está convirtiendo, cada vez más rápido, en un sector crítico y vulnerable, queda justificada la intervención directa por parte del Estado para planificar su reorientación. Algo similar a lo que está sucediendo en el sector industrial en los nuevos tiempos neomercantilistas, y particularmente en la transición energética, pero aplicado al sistema que nos da de comer. Esto conllevaría la necesidad de programas específicos que pueden incorporar la compra de tierras, ayudas y subsidios suficientes a la producción agroecológica, creación y reforzamiento de nuevas infraestructuras públicas (entre ellas, los supermercados), etc. Todo ello destinado a que más temprano que tarde cualquier país, por ejemplo, España, disponga de un sistema agroalimentario ecológico con el que producir alimentos saludables.

Conclusiones

Volvamos entonces a la pregunta del principio: ¿supermercados públicos o seguridad social alimentaria? La respuesta es que la pregunta está mal formulada. No porque ambas propuestas sean equivocadas, sino porque las dos son necesarias y, al mismo tiempo, insuficientes. Una actúa sobre la distribución; la otra, sobre la demanda, pero ninguna puede transformar por sí sola la forma en que producimos los alimentos. Y ese es uno de los elementos críticos del siglo XXI."

( Alberto Garzón Espinosa , Rebelión,  05/08/2026)

La cotización del yen baja rápidamente, aumentando el problema, porque una moneda más débil favorece las exportaciones, pero también encarece las importaciones de energía, alimentos y materias primas que en gran volumen realiza Japón, lo que impulsa las subidas de precios. Y, en esas condiciones, la política monetaria se enfrenta a una disyuntiva fatal: para evitar el hundimiento de la divisa necesita fuertes alzas de los tipos de interés, pero entonces la deuda pública se dispararía por el coste de los intereses, justo cuando más está gastando un gobierno empeñado en aumentar su potencia militar... Sin posibilidades reales de aumentar los tipos de interés lo suficiente, lo que han venido haciendo las autoridades japonesas ha sido comprar su propia moneda en los mercados internacionales. Para hacerlo necesitan gastar reservas, y el gran temor es que si sus reservas no bastan, acaben teniendo que vender de forma masiva los los bonos del Tesoro de Estados Unidos... Precisamente para evitar ese escenario, Estados Unidos ha hecho en las últimas semanas lo que no suele hacer: intervenir para defender la moneda de otro país... Lo que oculta la intervención de Estados Unidos es la peligrosa interrelación entre las finanzas de las grandes potencias y el riesgo al que está sometida la deuda estadounidense... Si el gobierno y el banco central de Japón tuvieran que deshacerse de una parte considerable de esos títulos, la Reserva Federal quizá se viera obligada a elevar los tipos de interés, encareciendo la financiación del Gobierno estadounidense y desestabilizando al conjunto del sistema financiero internacional... Si se siguen acumulando tensiones, alguno de los grandes tenedores de deuda y títulos estadounidenses se verá obligado, antes o después, a venderlos para poder salvar sus muebles. Y el contagio, entonces, será inmediato, global y quizá imparable... Estados Unidos no está ayudando a Japón por generosidad, sino para evitar que se produzca allí un terremoto monetario que, con toda probabilidad, llevaría consigo un tsunami que alcanzaría a su propia economía... La globalización financiera no ha eliminado los riesgos, los ha conectado, y una tensión monetaria localizada puede recorrer el planeta en cuestión de horas (Juan Torres López )

"Mientras medio mundo sigue pendiente de los aranceles de Trump, de las guerras o de la inteligencia artificial, en Japón se está produciendo uno de los movimientos financieros más peligrosos de los últimos años. Tanto, que hasta el Gobierno de Estados Unidos ha considerado necesario intervenir para intentar frenarlo. El pasado 3 de agosto, Tokio y Washington confirmaron oficialmente que días antes habían comprado yenes de forma coordinada en los mercados. Ha sido la primera operación conjunta de esta naturaleza desde 1998 y la última vez que ambos países actuaron juntos en el mercado del yen fue en marzo de 2011 para debilitarlo, por cierto, justo después del terremoto y el tsunami de Töhoku. 

En este artículo voy a tratar de explicar de la forma más sencilla posible qué está sucediendo y lo que podría venir después.

La larga excepción japonesa

La economía de Japón se está comportando desde hace décadas como un caso verdaderamente excepcional. Tras el estallido de su burbuja inmobiliaria y bursátil, a comienzos de los años noventa del siglo pasado, el país entró en un período de crecimiento débil, con tipos de interés próximos a cero y sin apenas inflación.

Desde entonces, el Estado fue acumulando una gigantesca deuda pública que se sitúa en torno al 235% del PIB, con diferencia la más alta del mundo desarrollado. Aunque, en contra de lo que generalmente se afirmaba que iba a ocurrir, esa montaña de deuda no produjo el colapso de la economía. Gracias al ahorro de los propios japoneses y a las compras masivas de deuda por parte del Banco de Japón y con tipos de interés artificialmente bajos, se pudieron financiar los déficits sin grandes problemas.

Sin embargo, eso ocurrió de forma excepcional, gracias a condiciones muy difíciles de reproducir que han empezado a desaparecer.

Lo que oculta la intervención de EEUU es una falla estructural del sistema financiero internacional, un peligro real de la que apenas se habla

El equilibrio que dejó de serlo

El aparente estado de bonanza de la economía japonesa comenzó a mostrarse de otro modo cuando, ya en 2019, empezaron a registrarse cuellos de botella en el comercio internacional que se agravaron con las tensiones inflacionistas posteriores a la COVID, a la invasión de Ucrania y, ya más tarde, con la guerra en Irán.

Los tipos de interés y la rentabilidad de los bonos de otros países subían, y los casi nulos de Japón llevaron a que los capitales buscasen mayor rentabilidad en el exterior, al mismo tiempo que disminuía el ahorro interior y que los gobiernos de derecha aumentaban el gasto público y bajaban impuestos. El coste de la financiación del Estado empezó a aumentar justo cuando el gran volumen de deuda acumulada hace que cualquier incremento de los intereses tenga efectos multiplicados.

En esas condiciones, la cotización del yen bajaba rápidamente, aumentando así el problema, porque una moneda más débil favorece las exportaciones, pero también encarece las importaciones de energía, alimentos y materias primas que en gran volumen realiza Japón, lo que impulsa las subidas de precios. Y, en esas condiciones, la política monetaria se enfrenta a una disyuntiva fatal: para evitar el hundimiento de la divisa necesitaría fuertes alzas de los tipos de interés, pero si las lleva a cabo con ese fin, la deuda pública se dispararía por el coste de los intereses, justo cuando más está gastando un gobierno empeñado en aumentar su potencia militar.

Estados Unidos entra en juego

Sin posibilidades reales de aumentar los tipos de interés lo suficiente, lo que han venido haciendo las autoridades japonesas ha sido comprar su propia moneda en los mercados internacionales. Para hacerlo necesitan gastar reservas, y el gran temor, lo que de verdad late en el trasfondo de todo esto, es que, si esas reservas no bastan, acaben teniendo que vender de forma masiva los activos más líquidos que poseen: los bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Precisamente para evitar ese escenario, las autoridades monetarias han recurrido a dos artificios muy reveladores en la intervención que han llevado a cabo.

Por un lado, Japón ha anunciado que utilizará un mecanismo de la Reserva Federal, el llamado repo FIMA, que le permite acceder hasta a 60.000 millones de dólares por día entregando temporalmente sus bonos de Estados Unidos como garantía durante un máximo de siete días, sin tener que venderlos. Y, por otro, la Reserva Federal, en vez de vender dólares para comprar yenes (lo que bajaría la cotización del dólar), lo que hizo fue vender euros de sus reservas, un movimiento insólito (como explico después) que sorprendió a todos los operadores.

Son dos movimientos que apuntan a lo mismo: no quieren que se encienda la mecha de una venta forzada de deuda estadounidense ni que el dólar se deprecie en exceso.

Si la operación fuese puntual o de escasa cuantía, a Estados Unidos podría afectarle, porque al haber más oferta de bonos debe subir su rendimiento y eso encarece su financiación, pero sólo temporalmente y sin mayores problemas.

Sin embargo, Estados Unidos ha hecho en las últimas semanas lo que no suele hacer: intervenir para defender la moneda de otro país y, menos aún, cuando se trata de una economía avanzada, como la japonesa, de la que se supone que tiene un banco central con suficientes instrumentos para resolver sus problemas monetarios.

Lo que oculta, por tanto, la intervención de Estados Unidos es una falla estructural del sistema financiero internacional, un peligro real de la que apenas se habla: la peligrosa interrelación entre las finanzas de las grandes potencias y el riesgo al que está sometida la deuda estadounidense.

EEUU no está ayudando a Japón por generosidad, sino para evitar que se produzca un terremoto monetario que llevaría a un tsunami que alcanzaría a su economía

Estados Unidos logró disponer de un privilegio único: la moneda que imprime a su voluntad es la más deseada y utilizada por los demás países, lo que significa que puede emitirla sin cesar. Puede endeudarse emitiendo bonos de su Tesoro mientras haya suficientes dólares circulando y los demás países vayan obteniendo excedentes que materialicen en la divisa estadounidense. Pero si, por el contrario, las demás economías entran en crisis y se ven obligadas a obtener liquidez para mantener la cotización de sus propias monedas, como le ocurre ahora a Japón, la deuda que peligra es la de Estados Unidos.

Japón es hoy día uno de los mayores poseedores de deuda pública estadounidense (en torno a 1,2 billones de dólares) y también de otros activos, como acciones (1,2 billones) o deuda de empresas (300.000 millones de dólares). Si el gobierno y el banco central de Japón tuvieran que deshacerse de una parte considerable de esos títulos, lo que provocaría sería un problema de gran dimensión en Estados Unidos: la Reserva Federal quizá se viera obligada a elevar los tipos de interés, encareciendo la financiación del Gobierno estadounidense y desestabilizando al conjunto del sistema financiero internacional.

Estados Unidos no está ayudando a Japón por generosidad, sino para evitar que se produzca allí un terremoto monetario que, con toda probabilidad, llevaría consigo un tsunami que alcanzaría a su propia economía.

Especulación como telón de fondo

Lo que hay que retener y comprender bien es cómo un problema monetario japonés puede convertirse en un problema de todos.

Durante años, los tipos de interés casi nulos de Japón convirtieron al yen en la moneda favorita para una operación especulativa muy rentable pero muy peligrosa llamada “carry trade”. Los especuladores se endeudan en yenes prácticamente gratis para invertir ese dinero en activos de mayor rendimiento en el resto del mundo, desde bonos estadounidenses hasta bolsas o criptomonedas.

El problema de este mecanismo es que, cuando el yen se aprecia bruscamente, por ejemplo, si los bancos centrales salen a comprarlo, ese enorme entramado de posiciones especulativas se deshace en cadena y obliga a vender activos por todo el planeta para devolver los préstamos contraídos en yenes porque dejan de ser rentables. Algo que ya ocurrió en agosto de 2024, cuando una subida relativamente modesta del yen fue suficiente para provocar una caída bursátil global de varios días.

Es difícil calcular con exactitud la magnitud de este tipo de operaciones, pero en cualquier caso es muy grande. En su acepción más amplia, se estima que ese carry trade en Japón movía unos 20 billones de dólares en 2023, más de cinco veces el PIB de Japón y un volumen que se ha mantenido e incluso aumentado su componente especulativa desde entonces. Y aunque se acepte que sólo una parte, quizá unos cuatro billones de dólares, corresponda a posiciones especulativas capaces de deshacerse en tromba, se trataría de uno de los mayores, menos vigilados y más peligrosos motores de liquidez del planeta. En palabras textuales de BCA Reasearch en febrero de 2026, “una bomba de relojería”.

Europa dispone de una de las grandes monedas internacionales, pero rara vez ejerce un liderazgo equivalente en la gobernanza monetaria mundial

El euro paga, sin comerlo ni beberlo, y China juega otra partida

Para no debilitar al dólar al ayudar al yen, la Reserva Federal financió la compra de yenes vendiendo euros, lo que pilló a contrapié a los mercados y metió al euro en un conflicto que no era el suyo. El euro ha servido como instrumento financiero de la operación, pero la Unión Europea no apareció como actor político de la respuesta. Una nueva muestra de la paradoja europea: dispone de una de las grandes monedas internacionales, pero rara vez ejerce un liderazgo equivalente en la gobernanza monetaria mundial. 

Y, mientras tanto, este proceso ha puesto de relieve un contraste interesante entre lo que ocurre en Japón y lo que hace China.

Tokio vende, o tiene miedo a tener que vender, porque está acorralado, ha de defender su moneda y trata de vender dólares y títulos estadounidenses a la desesperada. Pekín, por el contrario, lo hace por estrategia, de forma deliberada, sostenida y ordenada, no por necesidad como Japón. Ahora bien, ambos movimientos tienen el mismo efecto: erosionan el privilegio que permite a Estados Unidos financiarse barato porque el resto del mundo necesita y desea sus dólares. Y la paradoja es que una parte creciente de la deuda récord que está tensionando las finanzas japonesas se destina a un rearme militar acelerado pensado, sobre todo, en enfrentarse a China. Pero, en ese proceso, Japón debilita su economía, endeudándose hasta el límite de lo sostenible, para armarse contra el país que, por el contrario, se fortalece al desprenderse con calma del dólar y acumular oro.

Sólo pagar los intereses de la deuda va a llevarse en torno a la décima parte del presupuesto de Japón en 2026

La compra de yenes alivia, pero no es solución

Cuando uno o varios bancos centrales intervienen masivamente en el mercado de divisas para frenar la caída brusca de una moneda, como ahora hacen los de Japón y Estados Unidos, la caída puede frenarse. Pero no se eliminan las causas que la provocan.

Japón sigue teniendo una deuda gigantesca y, aunque se la debe principalmente a los propios japoneses, ya se está viendo que no va a poder hacerlo continuamente sin soportar tensiones muy fuertes. Las cifras marean: el rendimiento de su bono a 40 años ha superado el 4% por primera vez, el de su bono a 10 años ha llegado a rebasar al de la deuda china, lo que nunca había sucedido, y sólo pagar los intereses de la deuda va a llevarse en torno a la décima parte del presupuesto del Estado en 2026.

El envejecimiento de la población es acelerado y eso frena el crecimiento potencial de la economía japonesa; su gobierno de extrema derecha se ha embarcado en una carrera de gasto militar muy costosa, reduce al mismo tiempo los impuestos, y el Banco de Japón no sale del dilema realmente irresoluble que hemos comentado.

La economía japonesa va a seguir sufriendo los mismos desequilibrios que han generado tensiones en las finanzas internacionales, y todo eso ocurre porque se ha permitido que exista un sistema financiero global casi totalmente interconectado, en donde hay plena libertad de movimientos para el capital sin que apenas existan mecanismos de contención o reequilibrio que no sean el tipo de intervenciones puntuales que hemos comentado.

El riesgo de tsunami

Por supuesto, sería pura imprudencia asegurar que las dificultades de Japón van a provocar una crisis financiera mundial. Pero igual de imprudente resulta minimizar la importancia de lo que está ocurriendo.

El propio secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha pedido que el mecanismo FIMA se amplíe en los próximos meses y cuando el bombero pide más potencia al extintor no tranquiliza, sino que más bien señala la medida del incendio. Precisamente, porque el problema al que se quiere hacer frente no es puntual, sino estructural, tanto en Japón como en las finanzas globales.

Si se siguen acumulando tensiones, alguno de los grandes tenedores de deuda y títulos estadounidenses se verá obligado, antes o después, a venderlos para poder salvar sus muebles. Y el contagio, entonces, será inmediato, global y quizá imparable.

Durante años se ha dicho que los mercados financieros distribuían bien el riesgo y lo que ahora estamos comprobando es justamente lo contrario

Contemplar la cotización del yen como si ese fuera el problema es como detener la atención en el dedo que señala a la Luna. Lo que el terremoto monetario de Japón está poniendo de relieve es lo irreal y frágil del presupuesto sobre el que se sostiene el edificio de las finanzas internacionales: aumentar sin cesar la deuda (el gran negocio de los bancos y de las grandes empresas cada vez más volcadas en otorgar crédito privado) gracias a tipos de interés extraordinariamente bajos y confiando exclusivamente en que el orden lo impongan los mercados.

Es pronto para saber si nos encontramos ante una simple turbulencia o ante el comienzo de una transformación mucho más profunda. Durante años se repitió que Japón demostraba que las montañas de deuda podían sostenerse indefinidamente. Tal vez lo que estamos viendo ahora sea exactamente lo contrario: el primer aviso serio de que incluso las excepciones históricas tienen un límite. Y, sobre todo, algo mucho más importante. Durante años se ha dicho que los mercados financieros distribuían bien el riesgo y lo que ahora estamos comprobando una vez más es justamente lo contrario. La globalización financiera no ha eliminado los riesgos, los ha conectado, y una tensión monetaria localizada puede recorrer el planeta en cuestión de horas." 

(Juan Torres López  , CTXT, 5/08/2026 )

No es sólo el giro ultraconservador de las políticas europeas, detrás del discurso del control hay toda una industria de dispositivos de vigilancia fronteriza, empresas de venta de armamento, sistemas informáticos, agentes, etc: “Estas muertes están haciendo ganar mucho dinero a muchas personas”... la Eurocámara aprobó un aumento de 400 millones de euros en el presupuesto de control de fronteras y recortó en 6.000 millones de euros la partida de cohesión. “Aquí detrás hay un negocio grandísimo... Lo que quieren [los países de la UE] es que las personas intenten cruzar en condiciones cada vez de mayor vulnerabilidad, porque eso mueve el negocio de los instrumentos de control”... el discurso de las mafias de traficantes de personas que esgrimen los Estados miembros “ni siquiera les sirve ya, ese discurso está caduco”... Bruselas se escuda en él “mientras tienen en la cárcel a gente inocente acusada de dar agua en los cayucos o de llevar el timón incluso cuando la patera ha naufragado e intenta salvar las vidas de los migrantes”... y así, con la estrategia de la criminalización de los migrantes y los eslóganes de la prioridad nacional, los ultras han ignorado a los muertos y a las familias que siguen buscando a sus desaparecidas... mientras, la cifra de muertos en Ceuta continúa aumentando. Según Caminando Fronteras, ya son 141 las personas que han fallecido (Helena Maleno)

 "La cifra de muertos en Ceuta continúa aumentando. Según la ONG Caminando Fronteras, ya son 141 las personas que han fallecido desde el pasado 30 de julio, cuando decenas de miles de migrantes trataron de cruzar hacia suelo español, en lo que ya es la peor tragedia humanitaria ocurrida en las costas de nuestro país.

La organización detalla en su balance que, del total de víctimas, 78 cuerpos han sido recuperados en aguas y territorio español, mientras que otros 63 han sido localizados en la costa marroquí. Además, advierte de que esa cifra podría seguir creciendo conforme avanzan las labores de búsqueda e identificación de personas desaparecidas.

Helena Maleno es la fundadora de Caminando Fronteras, un colectivo que lleva más de veinte años documentando las vulneraciones de derechos humanos en la frontera sur española. Para ella, los sucesos de Ceuta muestran una instrumentalización de las personas migrantes en el marco de las relaciones bilaterales entre España y Marruecos basadas en la externalización de fronteras. Maleno comenta que ha habido otras ocasiones en las que el país africano “ha utilizado a los migrantes como moneda en sus intereses geopolíticos, pero ahora es un paso cualitativo puesto que, además, Marruecos tiene detrás a dos grandes socios internacionales como son Trump y Netanyahu”.

Un negocio millonario detrás del drama humano

La tragedia también ha reabierto el debate sobre la política migratoria de la Unión Europea, la cooperación con los llamados “terceros países” y las consecuencias humanitarias de un modelo que obliga a decenas de miles de personas a jugarse la vida cada año para intentar alcanzar suelo comunitario.

Sobre esto, Maleno asegura que no es sólo el giro ultraconservador de las políticas europeas, y habla de “un cambio exponencial, la capacidad de deshumanización de las personas migrantes y utilizarlas como herramienta de intereses económicos”, porque detrás del discurso del control, comenta, hay toda una industria de dispositivos de vigilancia fronteriza, empresas de venta de armamento, sistemas informáticos, agentes, etc: “Estas muertes están haciendo ganar mucho dinero a muchas personas”, señala.

El pasado noviembre, la Eurocámara aprobó un aumento de 400 millones de euros en el presupuesto de control de fronteras y recortó en 6.000 millones de euros la partida de cohesión. “Aquí detrás hay un negocio grandísimo”, puntualiza Maleno. “Lo que quieren [los países de la UE] es que las personas intenten cruzar en condiciones cada vez de mayor vulnerabilidad, porque eso mueve el negocio de los instrumentos de control”.

También incide en que el discurso de las mafias de traficantes de personas que esgrimen los Estados miembros “ni siquiera les sirve ya, ese discurso está caduco”, y enfatiza que Bruselas se escuda en él “mientras tienen en la cárcel a gente inocente acusada de dar agua en los cayucos o de llevar el timón incluso cuando la patera ha naufragado e intentar salvar las vidas de los migrantes”.

La extrema derecha utiliza la tragedia para difundir odio

A la vez, los principales líderes políticos y mediáticos de la extrema derecha española han aprovechado para instrumentalizar la crisis fronteriza para reafirmar sus discursos xenófobos, esparcir desinformación y difundir mensajes de odio. Con la estrategia de la criminalización de los migrantes y los eslóganes de la prioridad nacional, los ultras han ignorado a los muertos y a las familias que siguen buscando a sus desaparecidas para repetir términos como “invasión” o hablar de un falso colapso del Estado y de servicios públicos como la sanidad.

A ello se le ha sumado la rápida y abundante difusión de bulos y contenidos engañosos a través de las redes sociales, con imágenes descontextualizadas, cifras falsas o mensajes alarmistas. Para Maleno, la extrema derecha ha encontrado en Ceuta “la situación óptima para seguir difundiendo su xenofobia y su odio”. Con todo, destaca a los vecinos y vecinas de la ciudad “que han echado a los fascistas. También hay que creer en una ciudadanía que entiende que hay una situación terrible, que hay gente sufriendo en sus calles y que lo que no quieren es más odio y más violencia”.

La fundadora de Caminando Fronteras incide en que estos discursos contra las personas migrantes “calan porque los privilegios se basan sobre la explotación de otros, y porque estamos en un contexto global donde la geopolítica entiende que en esto hay también intereses”. Por eso pide “sentarse y revisar las narrativas, porque a veces, partidos políticos y organizaciones sociales siguen enviando unos mensajes que no están sirviendo para analizar lo que está sucediendo”, y pone el ejemplo del cuestionamiento de la libertad de circulación dentro de la UE (el espacio Schengen), donde Italia, Francia, Alemania, Polonia, Países Bajos, Suecia, Austria y Noruega han establecido controles a raíz de la crisis fronteriza de Ceuta.

Mientras los forenses trabajan para poner nombre a los cuerpos recuperados en Ceuta, a ambos lados de la frontera decenas de familias continúan pendientes de recibir noticias de sus hijos, hermanos o padres desaparecidos. Caminando Fronteras también está colaborando en ese proceso de identificación y aseguran que entre las víctimas no solo hay personas de nacionalidad marroquí, sino también procedentes de otros países de África como Sudán, Eritrea, Guinea o Costa de Marfil. La identificación de muchos cadáveres sigue siendo compleja y la organización mantiene abiertos varios canales de contacto para aquellos familiares que buscan información sobre sus seres queridos." 

(Helena Maleno, Alberto Mesas  , El Salto, 06/08/26) 

Al contrario de lo que afirman los responsables de la Administración Trump, estamos viviendo una explosión de miseria, y Donald Trump tiene toda la culpa... Para finales de este año habrá muchas más personas pasando hambre en Estados Unidos, especialmente niños, y muchas más personas sin seguro médico o con un seguro médico insuficiente. Y todo ello puede vincularse directamente a la acción o inacción legislativa por parte de la Administración Trump... se está imponiendo una barrera burocrática para recibir «cupones de alimentos», precisamente a las personas menos capaces de superarla. Por eso, estamos viendo cómo mucha gente pierde la ayuda alimentaria, y entre ellas hay millones de niños... mucha gente se enfrenta ahora a unos costes mucho más elevados si quiere conservar su seguro médico... Curiosamente, estos no son los más pobres. Los más pobres estarán cubiertos por Medicaid... son las personas de clase media, cuyos ingresos están ligeramente por encima del 400 % del umbral de pobreza, las que de repente se quedan sin subvención. Esto supone una dificultad para, una vez más, millones de personas... las inscripciones en los mercados creados para contratar seguros médicos han descendido en unos tres millones. Probablemente habrá muchas más bajas... El beneficiario medio de cupones de alimentos recibe 187 dólares al mes en ayuda alimentaria... lo que estamos hablando aquí no es realmente del dinero. Es una de esas historias en las que «lo importante es la crueldad» (Paul Krugman)

"Al contrario de lo que afirman los responsables de la Administración Trump, no estamos viviendo un crecimiento económico explosivo. Sin embargo, sí estamos viviendo una explosión de miseria —y Donald Trump tiene toda la culpa.

Hola, soy Paul Krugman, desde un lugar ligeramente diferente. Quiero hablar de los cupones de alimentos y del seguro médico, dos ámbitos en los que la situación ha empeorado drásticamente solo en el último año y sigue empeorando. Para finales de este año habrá muchas más personas pasando hambre en Estados Unidos, especialmente niños, y muchas más personas sin seguro médico o con un seguro médico insuficiente. Y todo ello puede vincularse directamente a la acción o inacción legislativa por parte de la Administración Trump y sus aliados.

Esto es lo que ha ocurrido. Tenemos lo que todo el mundo sigue llamando «cupones de alimentos», aunque oficialmente se denomine Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria. Pero ahora nos encontramos en una situación en la que la «Gran y Hermosa Ley» no redujo exactamente la cuantía de las prestaciones, sino que lo que hizo fue imponer requisitos laborales. 

 Podrías decir: «Bueno, ¿no deberían trabajar quienes pueden hacerlo?». Sí, pero eso no es realmente lo que está pasando. Lo que ocurre es que las personas que pueden trabajar y que trabajan —porque, entre quienes pueden trabajar y reciben cupones de alimentos, la gran mayoría sí que trabaja— deben presentar pruebas de que trabajan. Y eso supone, para muchas de esas personas, una carga prácticamente imposible de cumplir.

Piensa, por ejemplo, en quiénes suelen recibir cupones de alimentos. Es muy probable que tengan empleos irregulares. Seguramente no tienen un trabajo en el que puedan llamar al departamento de recursos humanos y conseguir los formularios necesarios. Además, se les exige un complicado trámite burocrático. Estamos hablando de personas que, en cierta medida, carecen de educación formal. Pero, sobre todo —yo nunca he sido pobre, gracias a Dios—, como puede confirmar cualquiera que haya estudiado o haya sido pobre, el mayor problema de la pobreza, en cierto sentido, es la carga cognitiva, la lucha constante por llegar a fin de mes, lo cual supone una enorme carga para todo lo demás.

Así que se está imponiendo un obstáculo burocrático, en realidad una barrera burocrática, precisamente ante las personas menos capaces de superarla. Por eso, como es lógico, estamos viendo cómo mucha gente pierde la ayuda alimentaria, y entre ellas hay millones de niños. 

 El seguro médico es un tema bastante distinto. La Ley de Asistencia Asequible supuso un cambio muy positivo en la vida de muchas personas —en este caso, de algunas personas a las que conozco bastante bien, como propietarios de pequeñas empresas y demás—. Pero, tal y como se diseñó, existen ayudas para facilitar la contratación de un seguro a través de los mercados de seguros. Estas ayudas están sujetas a condiciones de ingresos. Yo no podía obtener un subsidio para el seguro médico, ni debía hacerlo. Por lo tanto, estos se van reduciendo a medida que aumentan los ingresos. Pero, tal y como se estableció originalmente, se reducían demasiado rápido al aumentar los ingresos, y había un «precipicio» en el 400 % del umbral de pobreza, a partir del cual ya no había más subsidios, lo cual era claramente una mala política. Y eso ya se sabía en aquel momento. Es solo que resultaba difícil reunir los votos suficientes para que se aprobara la ley.

Así que, durante los años de Biden, se mejoró el programa de subsidios. Se volvió algo más generoso, pero, lo que es más importante, ya no tenía ese «precipicio». Simplemente se reducía de forma gradual.

Por desgracia, ese cambio no fue permanente. No se convirtió en una ley para siempre. Había una fecha límite. ¿Por qué? Bueno, dos palabras: Joe Manchin. Pero, en cualquier caso, es obvio que Trump y los republicanos del Congreso se niegan incluso a plantearse prorrogar esas prestaciones mejoradas. Por eso, mucha gente se enfrenta ahora a unos costes mucho más elevados si quiere conservar su seguro médico. 

 Curiosamente, estos no son los más pobres. Los más pobres estarán cubiertos por Medicaid e incluso las personas que se sitúen ligeramente por encima de ese umbral seguirán contando con la subvención completa. Pero son las personas de clase media, cuyos ingresos están ligeramente por encima del 400 % del umbral de pobreza, las que de repente se quedan sin subvención. Esto supone una dificultad para, una vez más, millones de personas.

Hasta ahora sabemos que las inscripciones en los mercados creados para contratar seguros médicos han descendido en unos tres millones. Probablemente habrá muchas más bajas. Y es probable que esa cifra subestime la pérdida, ya que las personas que intentan ahorrar dinero —debido al encarecimiento de los precios— están optando, en muchos casos, por planes menos completos. Así pues, también hay un aumento en el número de personas con cobertura insuficiente. Lo que significa que un gran número de estadounidenses que tenían un seguro médico adecuado ya no lo tienen.

¿Cómo debemos interpretar todo esto? La Administración Trump ha publicado un informe sobre el descenso de las inscripciones en la Ley de Asistencia Asequible, un documento realmente indignante, ya que presenta el gran aumento de las inscripciones que tuvo lugar durante los años de Biden como un problema, alegando que se debió a un incremento del fraude. 

 Ahora bien, ¿hay fraude? Sí, hay fraude en la Ley de Asistencia Asequible. ¿Hay fraude en el programa de cupones de alimentos? Sí; hay fraude en todos los programas, tanto del sector público como del privado. Hay fraude en la oferta de pasta ilimitada de Olive Garden. Hay fraude en los programas de viajero frecuente. No hay motivos para creer que exista un fraude significativo, en el sentido de que constituya una parte importante o relevante de cualquiera de estos programas.

Y algo que siempre hay que tener en cuenta cuando hablamos de estos programas sujetos a condiciones de recursos es lo baratos que son. El beneficiario medio de cupones de alimentos recibe 187 dólares al mes en ayuda alimentaria: 187 dólares al mes, algo más de 2.000 dólares al año. Quizá una forma de ponerlo en contexto sea decir que el proyecto del salón de baile del ala este de Donald Trump, ese que de momento no es más que un agujero en el suelo y que, con suerte, nunca se terminará, está costando 600 millones de dólares. Así que solo ese proyecto, esa estafa —porque sabemos que hay mucha corrupción de por medio—, equivale a los cupones de alimentos para 300 000 personas durante un año.

Así que de lo que estamos hablando aquí no es realmente del dinero. Es una de esas historias en las que «lo importante es la crueldad». Y podríamos seguir hablando de ello, pero está claro que el hecho de que mucha gente vaya a sufrir no es una consecuencia involuntaria de estas políticas. Es, en cierto modo, el objetivo. 

 Además, es enormemente destructivo, no solo para la vida de las personas en el presente, sino también para el futuro.

Uno de los hechos mejor contrastados sobre los beneficios del gasto público es que la ayuda nutricional y sanitaria a los niños reporta beneficios a la sociedad en su conjunto. Los niños que recibieron cupones de alimentos o Medicaid en sus primeros años crecen y se convierten en adultos más sanos y productivos, que pagan más impuestos y tienen menos probabilidades de necesitar ayuda del Estado. Las tasas de rentabilidad tanto del programa de cupones de alimentos como de Medicaid —la ayuda original para la asistencia sanitaria de los más desfavorecidos— son enormes. Son mucho mayores y están mucho mejor fundamentadas que casi cualquier otra medida que se pueda adoptar.

Si te preguntas: «¿Qué sabemos sobre la rentabilidad de la inversión en infraestructuras?», bueno, creemos que es bastante elevada, pero… eso no se basa en pruebas sólidas. Las pruebas sobre estos programas son abrumadoras.

Así que, al recortar estos programas, al provocar esta explosión de miseria, no solo están haciendo que millones de estadounidenses sean mucho, mucho más pobres de lo que eran, sino que también están empobreciendo sustancialmente al país en su conjunto a largo plazo. Es una política contraria al crecimiento. Pero, por supuesto, la crueldad es el objetivo.

Y aquí estamos. Suceden muchas cosas en la economía, suceden muchas cosas en la sociedad que escapan al control del tipo de la Casa Blanca. Muchas cosas malas no son realmente culpa del partido en el poder. Esto es, absoluta y totalmente, culpa de Donald Trump."            

(Paul Krugman , blog, 05/08/26, traducción DEEPL)  

44 niños y 37 mujeres se encontraban entre los 112 miembros de las familias Al-Hasayna y Abu Sharia que recibieron sepultura en un funeral colectivo en el norte de Gaza... «La primera casa fue bombardeada, así que huyeron a una segunda casa, luego a una tercera, buscando un lugar seguro donde esconderse», declaró a Drop Site Nahed Al-Hasayna, anciana de la familia. «Eran todos niños y mujeres, pacíficos e inocentes. ¿Por qué crimen los mataron?»... los ataques israelíes han destruido sistemáticamente la capacidad de rescate de Gaza, impidiendo que los equipos lleguen a las personas atrapadas bajo los edificios derrumbados. “Podíamos oír los gritos y alaridos de los heridos entre los escombros… Pero, por falta de equipo, no pudimos llegar hasta ellos”, dijo, y añadió que muchos permanecieron atrapados durante días hasta que fallecieron (Drop Site News)

"(...)  44 niños y 37 mujeres se encontraban entre los 112 miembros de las familias Al-Hasayna y Abu Sharia que recibieron sepultura en un funeral colectivo en el norte de Gaza, después de que los equipos de Defensa Civil recuperaran recientemente sus cuerpos de entre los escombros.  

Abdel Qader Sabbah, colaborador de Drop Site, compartió imágenes del funeral y habló con los asistentes. 

 «La primera casa fue bombardeada, así que huyeron a una segunda casa, luego a una tercera, buscando un lugar seguro donde esconderse», declaró a Drop Site Nahed Al-Hasayna, anciana de la familia. «Eran todos niños y mujeres, pacíficos e inocentes. ¿Por qué crimen los mataron?». 

Fares Affana, director de los servicios de ambulancia y emergencia de Defensa Civil en el norte de Gaza, declaró a Drop Site que los ataques israelíes han destruido sistemáticamente la capacidad de rescate de Gaza, impidiendo que los equipos lleguen a las personas atrapadas bajo los edificios derrumbados. “Podíamos oír los gritos y alaridos de los heridos entre los escombros… Pero, por falta de equipo, no pudimos llegar hasta ellos”, dijo, y añadió que muchos permanecieron atrapados durante días hasta que fallecieron.  (...)"

Vídeo: https://x.com/DropSiteNews/status/2084735851003629692/video/1 

(Drop Site News, 05/08/26, traducción google) 

El incendio político del ático, que Isabel Díaz Ayuso ordenó comprar a un equipo fiel a sus caprichos... la operación de compra del ático de la calle Martínez Campos, en el barrio de Chamberí, fueron autorizados por el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid el 12 de noviembre de 2025. La cantidad ascendía a 9.052.666,86 euros... Los más de nueve millones presupuestados en 2025 superan ampliamente los 6,3 millones finalmente pagados... Parece difícil que la Comunidad de Madrid aprobara esos fondos en 2025, a menos que ya conociera con información privilegiada la intención de vender el inmueble... las cuentas de Planifica Madrid no reflejan ninguna nota posterior a las presentadas a finales de febrero de 2026 ni, por supuesto, existe rastro alguno en la auditoría... Se ha tratado, pues, de una operación secreta de Estado... todo secretismo obedece a algún propósito. Y, sobre todo, delatan los objetivos inconfesables de la operación, las falsedades difundidas al ser descubierta. Pero en la mentira puede estar la maquinación de Isabel Díaz Ayuso. A saber: lo usamos para determinadas reuniones y vamos creando una situación de hecho hasta que en cierto momento el ático será utilizado como la vivienda de Díaz Ayuso. La primera instrucción: no perder el ático de Martínez Campos (Ernesto Ekaizer)

"El 12 de noviembre de 2025 el Consejo de Gobierno de la Comunidad acordó autorizar la modificación del presupuesto de explotación y de capital de la empresa Planifica Madrid, Proyectos y Obras M.P., S.A., con un incremento de su importe global en 9.052.666,86 euros. ¿Para qué? No se ha explicado ni reflejado en las cuentas, ni en la auditoría.

«No, todavía no», contestó la diputada del Partido Popular, Cayetana Álvarez de Toledo, cuando el pasado sábado le preguntaron si entendía «lo de Isabel Díaz Ayuso y el ático» que ha comprado la Comunidad de Madrid en el barrio de Chamberí por 6,3 millones de euros.

Uno suele decir que «no entiende» algo cuando, por ejemplo, quien se explica resulta confuso.

Pero también se utiliza la expresión en sentido moral o de reproche: «¡No entiendo cómo se puede hacer algo así!».

No parece que la diputada, a quien le sobran recursos ante la prensa, quisiera evitar un titular que perjudica a una presidenta de la Comunidad acostumbrada a exigir una lealtad incondicional.

Según el economista Carlos Sánchez Mato, exdelegado del Área de Gobierno de Economía y Hacienda y exconcejal del Ayuntamiento de Madrid, los fondos para la operación de compra del ático de la calle Martínez Campos, en el barrio de Chamberí, fueron autorizados por el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid el 12 de noviembre de 2025. La cantidad ascendía a 9.052.666,86 euros.

Hasta ahora se asumía que la compra del ático, formalizada el 14 de abril de 2026 por 6,3 millones de euros, no se incluyó en el presupuesto de 2026.

A la pregunta de cómo sabe que precisamente esos fueron los fondos presupuestados, el economista responde que dos fuentes así se lo han asegurado.

Los más de nueve millones presupuestados en 2025 superan ampliamente los 6,3 millones finalmente pagados.

La inmobiliaria Promora, que vendió el ático de la escritora Astrid Gil-Casares, exesposa del presidente de Ferrovial, Rafael del Pino, ha informado de que la operación de venta comenzó en enero de 2026.

Parece difícil que la Comunidad de Madrid aprobara esos fondos el 12 de noviembre de 2025, a menos que ya conociera con información privilegiada la intención de vender el inmueble.

Pero, si la operación se cerró el 14 de abril, como parece aceptarse, tampoco se ha informado de cuándo dotó la Comunidad de Madrid a Planifica Madrid de los fondos para que efectuara la compra.

El acuerdo de gobierno brilla por su ausencia.

Además, antes del cierre del trato debieron de producirse las negociaciones habituales: reserva, arras, contrato de compraventa y comisión de la agencia.

Nada de esto se conoce. Tampoco las cuentas de Planifica Madrid reflejan ninguna nota posterior a las presentadas a finales de febrero de 2026 ni, por supuesto, existe rastro alguno en la auditoría.

El presidente de la Cámara de Cuentas de la CAM, el economista Joaquín Leguina, quizá debería abrir una rendija de luz sobre todo esto ¿no?

Se ha tratado, pues, de una operación secreta de Estado.

Por ello, como ha respondido Cayetana Álvarez de Toledo, no se entiende.

Si no se quiere, claro, entender.

Lo que sí se entiende, en cambio, es que todo secretismo obedece a algún propósito. Y, sobre todo, delatan los objetivos inconfesables de la operación las falsedades difundidas al ser descubierta. Primero la campaña contra la prensa, segundo la defensa de la compra y tercero, la intención de pasar página con el anuncio de que el ático se pone a la venta para reunir dinero destinado a los afectados por los incendios. Muerto el perro se acabó la rabia.

¿Ante qué estamos?

Vamos a ver cómo unimos los cabos.

Isabel Díaz Ayuso y su pareja, Alberto González Amador, han puesto a la venta su piso y su ático en el barrio de Chamberí. Están a la espera de obtener una importante plusvalía.

Aparece el ático de Astrid Gil-Casares. La escritora se niega a hablar del asunto porque ha firmado un acuerdo de confidencialidad.

Díaz Ayuso ha sostenido desde hace tiempo que a diferencia de otros presidentes de Comunidades Autónomas, la Comunidad de Madrid no destina una vivienda para quien ejerce la presidencia.

Una primera explicación oficial -tras atacar a la prensa- fue que el ático tendría un uso temporal como oficina para reuniones mientras se desarrollan obras previstas de rehabilitación en la sede de la CAM de Puerta del Sol.

Eso no es posible porque se trata de un edificio en la que la actividad de oficina solo sería factible en la planta baja y primera planta.

Pero en la mentira puede estar la maquinación de Isabel Díaz Ayuso.

A saber: lo usamos para determinadas reuniones y vamos creando una situación de hecho hasta que en cierto momento el ático será utilizado como la vivienda que según Díaz Ayuso sería necesaria para la presidencia de la CAM.

La primera instrucción: no perder el ático de Martínez Campos.

Ya se vería después qué hacer.

De momento, se aparca el ático.

Y, en eso, en plenos incendios: ¡bum!

Ahora es el incendio político del ático soñado de Díaz Ayuso."

 (Ernesto Ekaizer  ,  blog, 05/08/26)

5.8.26

Estados Unidos ha agotado sus arsenales de misiles contra Irán, según Reuters... ha consumido casi cuatro quintas partes de su inventario de misiles THAAD en comparación con los niveles previos a la guerra y aproximadamente la mitad de sus interceptores Patriot desde el inicio del conflicto... El tema de las reservas volvió a plantearse antes de la decisión del presidente el fin de semana pasado de cancelar nuevos ataques contra Irán, lo que marca al menos la segunda vez en las últimas semanas que los principales asesores militares de Trump han expresado específicamente su preocupación por la disminución de su arsenal, durante las discusiones sobre una posible intensificación del conflicto con Irán... El Ejército de Estados Unidos también ha utilizado “prácticamente todas” sus armas de largo alcance, superficie-aire, de alta precisión durante el conflicto... Las recientes advertencias sobre la escasez de municiones —sumadas a otra inteligencia presentada a Trump sobre los posibles efectos negativos de atacar infraestructura crítica de Irán, incluidos objetivos relacionados con la energía, y a las preocupaciones expresadas por países del Golfo— han sido lo suficientemente convincentes como para persuadir a algunos de los asesores más belicistas de Trump de que había motivos para cancelar las operaciones planeadas para el fin de semana, dijeron las fuentes... las persistentes preocupaciones sobre las estimaciones de reservas facilitadas a CNN subrayan la gravedad de las carencias y ponen en duda la capacidad de Estados Unidos para llevar a cabo ataques contra Irán durante un periodo prolongado... La escasez de reservas también podría afectar la capacidad de las Fuerzas Armadas de EE.UU. para librar una posible guerra futura con China, Rusia o incluso Corea del Norte, han dicho expertos a CNN (CNN)

"Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos ha agotado casi el 80 % de sus interceptores de un sistema clave de defensa antimisiles, mientras altos mandos militares estadounidenses advierten que las reservas de municiones del Pentágono están “peligrosamente bajas”, según múltiples fuentes familiarizadas con el asunto.

Las reservas de sistemas clave de defensa aérea se han visto particularmente mermadas durante la guerra con Irán. Las Fuerzas Armadas han consumido casi cuatro quintas partes de su inventario de misiles THAAD en comparación con los niveles previos a la guerra y aproximadamente la mitad de sus interceptores Patriot desde el inicio del conflicto, según dos fuentes familiarizadas con el informe de inventario más reciente. La revelación del bajo inventario de THAAD no se había informado previamente.

El Center for Strategic and International Studies estima que Estados Unidos tenía alrededor de 2.200 Patriots (de las dos variantes más modernizadas de la plataforma) y 452 misiles THAAD en sus reservas antes de que comenzara la guerra con Irán.

Los países del Golfo también han expresado nuevas preocupaciones sobre cómo una escasez de sistemas de defensa aérea podría afectar su capacidad para repeler una posible represalia iraní si el presidente Donald Trump decide intensificar el conflicto en curso.

Varios de esos países dependen de sistemas de defensa aérea estadounidenses y han reconocido que la escasez de reservas podría obstaculizar su propia capacidad para interceptar ataques entrantes de misiles y drones iraníes, particularmente si son objetivo en respuesta a cualquier escalada estadounidense, dijeron múltiples funcionarios.

El tema de las reservas volvió a plantearse antes de la decisión del presidente el fin de semana pasado de cancelar nuevos ataques contra Irán, lo que marca al menos la segunda vez en las últimas semanas que los principales asesores militares de Trump han expresado específicamente su preocupación por la disminución del número de municiones clave de Estados Unidos durante las discusiones sobre una posible intensificación del conflicto con Irán.

El Ejército de Estados Unidos también ha utilizado “prácticamente todas” sus armas de largo alcance, superficie-aire, de alta precisión durante el conflicto, según la fuente familiarizada con informes internos recientes del Pentágono. Reuters informó primero sobre las preocupaciones específicas respecto de las reservas estadounidenses de misiles estratégicos de largo alcance.

Los ataques cancelados

Las recientes advertencias sobre la escasez de municiones —sumadas a otra inteligencia presentada a Trump sobre los posibles efectos negativos de atacar infraestructura crítica de Irán, incluidos objetivos relacionados con la energía, y a las preocupaciones expresadas por países del Golfo— han sido lo suficientemente convincentes como para persuadir a algunos de los asesores más belicistas de Trump de que había motivos para cancelar las operaciones planeadas para el fin de semana, dijeron las fuentes.

Trump planeaba el viernes seguir adelante con ataques masivos, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, recibió el “visto bueno” final el viernes, según un alto funcionario de Trump.

Pero Trump decidió dar marcha atrás tras hablar el sábado con aliados de Medio Oriente, quienes le dijeron que temían represalias iraníes, específicamente ataques de represalia contra su infraestructura energética, según el funcionario. Trump aceptó escucharlos y también a Irán. Posteriormente le dijo a Hegseth que se detuviera, por ahora, pero no está descartando los ataques planificados para una fecha futura.

“La armada de Estados Unidos es la más poderosa del mundo y tiene todo lo que necesita para ejecutar [operaciones] en el momento y lugar que el presidente elija”, dijo el portavoz principal del Pentágono, Sean Parnell, en un comunicado a CNN.

“Hemos ejecutado múltiples operaciones exitosas en distintos mandos combatientes, al tiempo que garantizamos que las Fuerzas Armadas de EE.UU. cuentan con un profundo arsenal de capacidades para proteger a nuestra gente y nuestros intereses”, añadió.

La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, dijo a CNN que las fuerzas estadounidenses “tienen más que suficientes municiones y reservas para cumplir todos los objetivos estratégicos del presidente Trump y más allá”.

“La Operación Epic Fury ha dejado al descubierto lo que pasa cuando te metes con Estados Unidos. Aun así, el presidente ha instado a nuestros contratistas de defensa a producir constantemente más armas hechas en Estados Unidos, que son las mejores del mundo”, añadió Kelly.

El presidente del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, planteó de forma similar el problema de las reservas durante otra reunión en la Casa Blanca a finales del mes pasado, en la que se debatieron opciones militares para escalar el conflicto, informó previamente CNN. También se planteó la posibilidad de enormes bajas civiles dentro de Irán si Estados Unidos reanudaba operaciones de combate de gran envergadura, dijo otra persona familiarizada con el asunto.

Pero las persistentes preocupaciones sobre las estimaciones de reservas facilitadas a CNN subrayan la gravedad de las carencias y ponen en duda la capacidad de Estados Unidos para llevar a cabo ataques contra Irán durante un periodo prolongado.

La escasez de reservas también podría afectar la capacidad de las Fuerzas Armadas de EE.UU. para librar una posible guerra futura con China, Rusia o incluso Corea del Norte, han dicho expertos a CNN.

“El ojo por ojo nunca dará fin”

“La falta de interceptores significa que los ataques convencionales pueden volverse en contra si los drones suicidas empiezan a atravesar en masa”, dijo una de las fuentes familiarizadas con las preocupaciones sobre las reservas. “El ojo por nunca nunca dará fin a esto”.

Los misiles de largo alcance que se han agotado principalmente durante la guerra con Irán se conocen como Army Tactical Missile Systems (ATACMS) y Precision Strike Missiles (PrSM), señalaron las fuentes.

Las reservas estadounidenses de misiles Tomahawk también siguen significativamente mermadas, ya que cerca de la mitad de esas armas se han utilizado durante la guerra, dijo una de las fuentes.

CNN informó en abril que las fuerzas estadounidenses habían utilizado casi el 30 % de sus Tomahawk durante las primeras etapas de la guerra.

El lunes, Trump calificó al liderazgo iraní de “sumamente engañoso” en redes sociales después de que Teherán contradijera su afirmación de que se reanudarían las negociaciones.

Más tarde insistió en que esta es la “última oportunidad” de Irán para firmar un acuerdo, pero también dijo que no tiene limitaciones de tiempo en las negociaciones porque no busca la reelección.

La fase inicial del conflicto con Irán, denominada Operación Epic Fury, hizo que las fuerzas estadounidenses gastaran miles de misiles clave utilizados para ataques de precisión de largo alcance y para defenderse de ataques aéreos y de misiles enemigos, según analistas e informes previos de CNN.

Las tasas de reposición son bajas para misiles clave, dijeron analistas a CNN: según los calendarios de entrega del actual año fiscal, el Pentágono está recibiendo aproximadamente 15 Tomahawk nuevos y 20 misiles Patriot nuevos al mes. El Center for Strategic and International Studies estimó que harían falta tres años o más para reconstruir los inventarios de THAAD hasta los niveles previos a la guerra con Irán.

El Departamento de Defensa ha acelerado en los últimos meses sus esfuerzos para ampliar la producción de misiles interceptores, incluidos dos acuerdos firmados esta semana para impulsar la fabricación de motores cohete de Patriot y THAAD, pero un portavoz declinó responder preguntas sobre cuándo la expansión dará resultados.

Los analistas dicen que podrían pasar años para reponer por completo las reservas estadounidenses de municiones de alta gama, como los misiles Patriot, debido al tiempo de fabricación que requieren esas armas.

Otros inventarios de misiles, como los del Precision Strike Missile y el Joint Air-to-Surface Standoff Missile, se recuperarán más rápido y deberían alcanzar su nivel previo a la guerra a mediados o finales de 2027, según un análisis del Center for Strategic and International Studies." 

( , y , CNN , 04/08/26) 

 

China pulse  @Eng_china5

Agotamiento total de las reservas de misiles Patriot y sistemas de defensa aérea de EE.UU. en Ucrania. Informe de la Fuerza Aérea Ucraniana: El ejército ucraniano no pudo interceptar durante la noche ningún misil balístico ruso que se dirigía hacia su objetivo.

8:21 a. m. · 5 ago. 2026 ·9.628 Visualizaciones