24.5.26

José Antonio Martín Pallín describe la ofensiva judicial desde la derecha, como “una ofensiva judicial impregnada de ideología reaccionaria”... considera que el criterio usado siempre es el mismo: se busca una interpretación expansiva de la ley que pasa por encima de la división de poderes y que permite a los tribunales procesar y condenar a políticos, casi siempre de izquierdas o nacionalistas... desde los ERE de Andalucía, en los que nadie cuestiona el mal uso de los recursos del Estado, pero las decisiones refrendadas parlamentariamente no pueden estar sujetas a control penal, y se le atribuían responsabilidades administrativas a un cargo político a cuenta de la aprobación parlamentaria de ciertas partidas de gasto en la ley de presupuestos, que son actos soberanos del legislativo... al caso Atutxa, quién, tras la ilegalización de Batasuna, se resistió a disolver su grupo parlamentario, alegando que los jueces no podían imponer a un órgano legislativo una decisión como aquella... enumera otras condenas del Supremo cortadas por el mismo patrón: la resistencia al nombramiento de Dolores Delgado como fiscal de sala, la anulación del nombramiento de Magdalena Valerio como presidenta del Consejo de Estado, la condena del diputado de Podemos Alberto Rodríguez y la reciente condena del anterior fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz... la deformación de los principios del derecho se vuelve más chusca cuando repasa las actuaciones de órganos judiciales inferiores contra familiares varios del presidente del Gobierno, contra Ada Colau (que ha sobrevivido a 16 querellas) y contra Podemos (caso Neurona)... y es que los jueces conservadores españoles no entienden cabalmente lo que significa el control judicial de los actos políticos en un régimen democrático (Ignacio Sánchez-Cuenca)

"Uno de los escándalos que mayor impacto han tenido en la política española es el de los ERE en Andalucía. Que hubo un mal uso de los recursos del Estado no lo cuestiona nadie y así quedó acreditado judicialmente. Ahora bien, la jueza del caso, Mercedes Alaya, tiró por elevación y señaló a quien había sido consejero de Hacienda y luego presidente de la Junta, José Antonio Griñán. La Audiencia Provincial condenó a Griñán y a otros altos cargos por prevaricación y malversación. La sentencia fue luego confirmada por el Tribunal Supremo. Sin embargo, en 2024 el Tribunal Constitucional consideró que se había realizado una interpretación abusiva, pues se le atribuían responsabilidades administrativas a un cargo político a cuenta de la aprobación parlamentaria de ciertas partidas de gasto en la ley de presupuestos. Sin embargo, las decisiones refrendadas parlamentariamente no pueden estar sujetas a control penal, son actos soberanos del legislativo. Tanto la Audiencia Provincial como el propio Tribunal Supremo interpretaron la ley según unos esquemas legalistas rígidos que entraban en colisión con la división de poderes y con las reglas básicas de una democracia representativa. Tomaron un atajo de apariencia legal para castigar al PSOE andaluz.

Si no hubiera habido una mayoría progresista en el Tribunal Constitucional, el Supremo se habría salido con la suya. El Constitucional, sin embargo, impuso la razón democrática: no hay responsabilidad penal en los actos parlamentarios. Algo similar sucedió con el caso Atutxa. Juan María Atutxa era el presidente del parlamento vasco. Tras la ilegalización de Batasuna, se resistió a disolver el grupo parlamentario, alegando que los jueces no podían imponer a un órgano legislativo una decisión como aquella. El Tribunal Supremo condenó a Atutxa por desobediencia, pero en 2017 el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo falló contra España.

José Antonio Martín Pallín (con más de 3.000 juicios de experiencia a sus espaldas, fiscal y magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo entre 1989 y 2011) considera que el caso Atutxa es el origen de una práctica jurídica que ha ido ampliándose a medida que el país se polarizaba políticamente. El criterio usado siempre es el mismo: se busca una interpretación expansiva de la ley que pasa por encima de la división de poderes y que permite a los tribunales procesar y condenar a políticos, casi siempre de izquierdas o nacionalistas. La sentencia del procés es para el autor el caso más extremo (y al que dedicó un libro anterior, El gobierno de las togas, 2020): los jueces confundieron interesadamente la evidente inconstitucionalidad de las decisiones que tomaron las autoridades catalanas en 2017 con delitos penales. En el libro aparecen otras condenas del Supremo cortadas por el mismo patrón: la resistencia al nombramiento de Dolores Delgado como fiscal de sala, la anulación del nombramiento de Magdalena Valerio como presidenta del Consejo de Estado, la condena del diputado de Podemos Alberto Rodríguez y la reciente condena del anterior fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz.

La deformación de los principios del derecho se vuelve más chusca cuando el autor repasa las actuaciones de órganos judiciales inferiores contra familiares varios del presidente del Gobierno, contra Ada Colau (que ha sobrevivido a 16 querellas) y contra Podemos (caso Neurona). El resultado es desolador y Martín Pallín no se muerde la lengua a la hora de calificarlo: “Una ofensiva judicial impregnada de ideología reaccionaria”. Esta ofensiva de los jueces se apoya en la acusación popular que ejercen organizaciones ultraderechistas y en la excitación extraordinaria que producen este tipo de causas políticas en la prensa de derechas.

El mérito principal de Visto para sentencia es la habilidad del autor para mostrar, de forma clara y a mi juicio convincente, que más allá de la refriega política, el origen del problema se sitúa en una cierta incapacidad de los jueces conservadores españoles para entender cabalmente lo que significa el control judicial de los actos políticos en un régimen democrático." 

(Ignacio Sánchez-Cuenca , El País, 18/05/26)  

Según Adam Tooze, los "cuatro jinetes de la heterodoxia" que acechan a la economía son: nacionalizaciones, tipos de interés muy bajos, controles de precios y presión de los Estados sobre sus bancos centrales... en los entornos bursátiles y entre las élites financieras, esta crisis se ha encajado con mucha calma, la que aportan los beneficios extra, pero también con una extraña confianza en que será de corta duración... Gita Gopinath, execonomista jefe del FMI y profesora en Harvard, cree que no se trata tanto de que los mercados estén convencidos de que Trump vaya a dar marcha atrás y acepte una derrota en Irán, sino de que existe la confianza en que, como en otros momentos de crisis, los mercados contarán con un gran y duradero apoyo estatal. Si las cosas se ponen feas, los gobiernos acudirán al rescate... pero dado que el margen fiscal es limitado para un buen número de países, los gobiernos podrían desplegar estas medidas heterodoxas, para absorber el riesgo fiscal... Los dirigentes occidentales no se atrevían a sugerirlas, al menos en teoría, porque cuando llegaron las crisis algunas de ellas emergieron con la justificación de salvar la economía... Todos los Estados importantes han utilizado instrumentos heterodoxos en los últimos años y lo continuarán haciendo. Las nacionalizaciones de empresas en quiebra no han sido inusuales. Los gobiernos europeos seguirán inyectando dinero (unos más que otros, la capacidad fiscal alemana no es la misma que la española o la italiana), con los objetivos más diversos. El dogma alemán del déficit público cero lo han roto ellos mismos. La política industrial regresa de forma decidida... Esto no es una crisis, ni una sucesión de ellas, sino un cambio de orden. En la medida en que la circulación por los mares ya no es segura, en que la guerra ha hecho acto de aparición y que la carrera por el futuro entre EEUU y China, con especial énfasis en la inteligencia artificial, está lanzada, el orden anterior ya no es recuperable... En ese escenario, las medidas económicas heterodoxas aparecerán con más frecuencia y los países que las utilicen con mayor inteligencia abordarán la nueva época con mayor posibilidad de éxito (Esteban Hernández)

 "El primer ministro de la India, Narendra Modi, ha pedido a sus ciudadanos que usen el transporte público, eviten los viajes, trabajen desde casa, disminuyan el consumo de gasolina y diésel, reduzcan las compras de bienes importados, utilicen lo mínimo posible los fertilizantes y no compren oro. El cierre de Ormuz está causando perturbaciones serias en su país, al igual que ocurre en otros Estados asiáticos. En Europa, se han encendido las luces, pero todavía no suenan las alarmas. Y en los entornos bursátiles y entre las élites financieras, esta crisis se ha encajado con mucha calma, la que aportan los beneficios extra, pero también con una extraña confianza en que será de corta duración. Ken Griffin, CEO de Citadel, así lo subrayaba en la conferencia Milken, aunque avisaba de que las perturbaciones se vivirán de forma distinta según el ámbito geográfico: EEUU es una potencia energética y el cierre no le genera dificultades de abastecimiento, al contrario que a otros países. Otra cosa es que el bloqueo termine dañando de manera prolongada a los países en desarrollo, en cuyo caso la sacudida se notaría también en la economía estadounidense. Griffin no parecía demasiado preocupado, lo que resulta significativo en un momento tan incierto.

Esa divergencia en la percepción del riesgo entre los dirigentes políticos y el entorno inversor es explicada por Gita Gopinath, execonomista jefe del FMI y profesora en Harvard, desde una perspectiva realista. No se trata tanto de que los mercados estén convencidos de que Trump vaya a dar marcha atrás y acepte una derrota en Irán, sino de que existe la confianza en que, como en otros momentos de crisis, los mercados contarán con un gran y duradero apoyo estatal. Si las cosas se ponen feas, los gobiernos acudirán al rescate. Sin embargo, esta vez es distinto, porque no es tan fácil diseñar políticas que sean fiscalmente sostenibles y que apoyen el crecimiento a largo plazo. Como subraya Gopinath, dado que el margen fiscal es limitado para un buen número de países, los gobiernos podrían desplegar medidas heterodoxas, como el control de precios, los tipos muy bajos y la presión sobre los bancos centrales para absorber el riesgo fiscal.

Son medidas que resultaban aceptables para las dictaduras, pero que cualquier régimen democrático se negaba a adoptar

En los últimos tiempos, cuando se debía afrontar una crisis, los gobiernos inyectaban dinero en la economía. El problema añadido, y se vio durante el covid, era que las ayudas estaban destinadas mucho más a respaldar a las empresas cotizadas y a sus accionistas que a generar actividad económica. Esa es también parte de la divergencia actual entre la macroeconomía y la vida cotidiana. Sin embargo, la capacidad de seguir aumentando la deuda no es ilimitada, por lo que los mercados financieros empezarán a exigir de manera muy activa que los presupuestos públicos se ajusten. Entonces es cuando podrán aparecer esos instrumentos que Adam Tooze denomina "los cuatro jinetes de la heterodoxia": nacionalizaciones, tipos de interés muy bajos, controles de precios y presión de los Estados sobre sus bancos centrales.

Son el tipo de políticas que los mercados desprecian y temen, y que han estado proscribiendo durante años. Los dirigentes occidentales no se atrevían a sugerirlas: eran medidas que resultaban aceptables en las dictaduras, pero que cualquier régimen democrático se negaba a adoptar. Al menos en teoría, porque cuando llegaron las crisis algunas de ellas emergieron con la justificación de salvar la economía.

La teoría y la realidad

Sin embargo, es muy posible que tales instrumentos se vuelvan más frecuentes en estos tiempos. Si el margen de la inyección fiscal se acorta, se buscarán otros caminos. Son las cosas que nadie quiere hacer, y que nadie sugiere, pero de las que se echa mano cuando el resto de caminos aparecen cerrados. Tooze insiste en que son medidas que no deben demonizarse, que pueden ser útiles en determinados contextos y que deben utilizarse con prudencia y de manera pragmática. En esencia, lo que está de fondo es el debate sobre si el Estado debe intervenir en la economía o si, como se insistía hasta ahora, hay que dejar que el mercado opere por sí mismo.

El carácter progresista de Tooze y de otros economistas que ven adecuadas estas medidas provoca que, a menudo, la discusión derive hacia la ideología, hacia un enfrentamiento entre las distintas formas de gestión económica que propugnan la izquierda y la derecha.

Las medidas heterodoxas han sido utilizadas por los Estados importantes desde hace tiempo. En un contexto difícil, serán más frecuentes

Pero esas discusiones son ociosas. Todos los Estados importantes han utilizado instrumentos heterodoxos en los últimos años y lo continuarán haciendo. Las nacionalizaciones de empresas en quiebra no han sido inusuales. Los gobiernos europeos seguirán inyectando dinero (unos más que otros, la capacidad fiscal alemana no es la misma que la española o la italiana), con los objetivos más diversos. Antes fue la crisis de las 'subprime', más tarde la del covid y ahora la energía y la necesidad de rearme. El dogma alemán del déficit público cero lo han roto ellos mismos cuando lo han necesitado. EEUU no solo ha impuesto aranceles, sino que está priorizando las empresas nacionales en ámbitos muy significativos y Trump está presionando a la Fed. Rusia está en economía de guerra. China es otro nivel en cuanto a la dirección de la economía desde el Estado. La política industrial regresa de forma decidida. Lo cierto es que las medidas heterodoxas han estado presentes en los Estados importantes desde hace tiempo, por lo que resulta esperable que, en un contexto de dificultad, amplíen su ámbito de acción.

Mientras tanto, Europa sigue con su idea de derivar recursos públicos para destinarlos al rearme al mismo tiempo que se ajustan presupuestos y se quieren reformar las pensiones para reducir el gasto estatal. Europa está centrada en acabar con la regulación excesiva, con la búsqueda del déficit cero, y con la reforma de los planes de pensiones para evitar que los 'boomers' les roben el futuro a los jóvenes. Es la idea continuamente presente del regreso a la normalidad: todas las medidas que se han tomado fueron forzadas por contextos excepcionales y, en la medida que desaparezcan, se volverá a la ortodoxia, al sentido común económico, a lo de siempre y a lo bien hecho. Pero habría que preguntarse si no es justo eso "de siempre" lo que ha creado vulnerabilidades extremas a Europa al promover economías excesivamente dependientes del exterior en áreas críticas; si la normalidad a la que se pretende volver no es más que el regreso a aquellas políticas que desindustrializaron Europa salvo en ámbitos muy limitados, no generaron fuentes de energía propia y dañaron el poder adquisitivo y el nivel de vida de la mayoría de sus ciudadanos.

Lo que está de fondo es la búsqueda de fórmulas que permitan a los Estados transitar por una época complicada con rumbo firme

En segundo lugar, esa idea de la excepcionalidad es absurda. Esto no es una crisis, ni una sucesión de ellas, sino un cambio de orden. En la medida en que la circulación por los mares ya no es segura, en que la guerra ha hecho acto de aparición y que la carrera por el futuro entre EEUU y China, con especial énfasis en la inteligencia artificial, está lanzada, el orden anterior ya no es recuperable. Las armas, las finanzas, el papel del dólar, la seguridad en el abastecimiento energético y la protección frente a las turbulencias internacionales suponen un cambio sustancial de dirección. En el mejor de los casos, EEUU y China traerán el orden de nuevo mediante la fijación de esferas de influencia propias; en el peor, iremos hacia una inestabilidad internacional continua. En ese escenario, las medidas económicas heterodoxas aparecerán con más frecuencia y los países que las utilicen con mayor inteligencia abordarán la nueva época con mayor posibilidad de éxito. Lo que está de fondo no es una pelea de la izquierda contra la derecha, sino la búsqueda de fórmulas que permitan a los Estados transitar con mejor rumbo por una época complicada. En ese escenario, será el pragmatismo lo que guíe las acciones de los gobiernos mucho más que la ortodoxia." 

(Esteban Hernández, El Confidencial, 14/05/26)

Inteligencia artificial y futuro del capitalismo... ¿Provocará la IA una descalificación generalizada de la mano de obra o no? A primera vista, parece que la IA conducirá a la descalificación de la mano de obra, simplemente porque muchas habilidades (como la informática, el desarrollo de software, la redacción e incluso las matemáticas) serán redundantes, ya que pueden ser asumidas por las máquinas... Sin embargo, este proceso puede verse, y es probable que se vea, contrarrestado por la creación de puestos de trabajo en los que las competencias laborales superarán el nivel actual, simplemente porque tendrán que ser superiores a los niveles de competencia generados por la IA para que la gente quiera adquirir dichos productos y servicios. Por lo tanto, mientras que una parte de la población activa puede sufrir una descalificación, o para decirlo sin rodeos, un empobrecimiento de las competencias, otra parte de la población activa se volverá más sofisticada y mucho más cualificada... podemos pensar que siempre habrá un segmento de esa mano de obra que hará cosas que las máquinas no pueden hacer, o incluso cuando ambos produzcan el mismo resultado, este será más apreciado (y, por tanto, más valorado) si lo realiza mano de obra humana en lugar de la IA. Es poco probable que una patinadora sobre hielo generada por IA, por muy bella que sea, sea tan apreciada como una patinadora humana. Al menos, por los humanos (Branko Milanovic)

"¿Cuáles serían los posibles efectos de una introducción masiva de la inteligencia artificial en la economía, desde el punto de vista marxista? Curiosamente, que yo sepa, esta pregunta no se ha planteado hasta ahora.

A primera vista, las implicaciones para la teoría marxista del valor-trabajo parecen negativas o contradictorias con los hechos o nuestras expectativas. La IA implica la introducción de técnicas de producción extremadamente intensivas en capital o, por utilizar la terminología marxista, de procesos con una composición orgánica del capital muy elevada. En otras palabras, la IA implica una relación c/v muy elevada. Esa es la relación entre el capital constante (c) y el capital destinado a la contratación de mano de obra (v). Si la presencia de mano de obra es escasa, y tal vez en casos de producción totalmente automatizada, cercana a cero, la plusvalía producida por el trabajo también debe ser escasa o cercana a cero. 

 Independientemente de lo elevada que sea la tasa de explotación, un v muy pequeño implica un s (plusvalía) muy pequeño. Así pues, establecemos que la tasa de ganancia (s/(c+v)) también debe ser muy pequeña, en consonancia con una de las «leyes del desarrollo capitalista» más famosas de Marx, a saber, la tendencia a la caída de la tasa de ganancia con la introducción de procesos de producción más intensivos en capital. En el caso de una producción casi totalmente automatizada, la tasa de ganancia debe ser cero o estar cerca de cero. Como nos dicen Marx, Schumpeter y el sentido común, el capitalismo con ganancias cero es un absurdo. Los capitalistas no invertirán si su rendimiento esperado es cero. Por lo tanto, la tendencia a la caída de la tasa de ganancia supone la ruina del capitalismo.

Mucho antes de que la IA entrara en escena, esta era la idea que debatían los economistas marxistas de principios del siglo XX, como Rosa Luxemburg y Henryk Grossman. Ellos preveían precisamente lo que observamos hoy: que al introducir procesos de producción más intensivos en capital —que, para cada capitalista individual que los introduce, son más rentables—, los capitalistas como clase, cuando todos lo hacen, desplazan la mano de obra viva, reducen la cantidad de plusvalía y, por lo tanto, como resultado, reducen su propia tasa de ganancia (para todos los capitalistas en su conjunto) a cero.

 ¿Acabará, pues, la IA con el capitalismo? Esto no parece encajar bien con los hechos y las expectativas de que la introducción de la IA no traería consigo una reducción, sino un aumento, de las tasas de ganancia. ¿Se equivocó Marx por completo? Quizá no.

Para comprenderlo, imaginemos una economía compuesta por dos sectores. En primer lugar, el sector con una composición orgánica del capital muy elevada, tal y como lo hemos descrito. Pero ahora supongamos que la automatización total de la producción en este sector crea una demanda de producción de bienes y servicios que solo el trabajo humano vivo puede realizar, o en los que el trabajo humano vivo es superior a la IA: pensemos en las actividades de cuidado, los deportes, la enfermería, las habilidades culinarias de alto nivel, la formación de entrenadores, los camareros, la escritura creativa y multitud de otras tareas que, precisamente porque algunas de ellas pueden ser realizadas de forma rudimentaria por la IA, se volverán cada vez más valiosas cuando las realice mano de obra humana real y cualificada. Miles de profesores pueden ser sustituidos por la IA, pero la demanda de profesores realmente buenos, capaces de superar a la IA, aumentará.

 Entonces, se desarrollará un segundo sector, totalmente opuesto al sector totalmente automatizado. Se caracterizaría por una baja composición orgánica del capital: el capital constante (c) sería reducido en relación con el capital variable (es decir, con la cantidad de capital empleado que se paga en forma de salarios). A diferencia del sector automatizado, generaría una enorme cantidad de plusvalía.

Pero, como sabemos, en el capitalismo, las mercancías y los servicios no se venden a su valor de trabajo, sino a los precios de producción que igualan las tasas de ganancia en los sectores intensivos en capital y en mano de obra (es decir, en sectores con diferentes composiciones orgánicas del capital). Esto, a su vez, significa que la cantidad de ganancia en el sector automatizado será, en equilibrio, proporcional a la (enorme) cantidad de capital empleado en dicho sector. Por lo tanto, el beneficio de nuestro sector automatizado no será insignificante, como parecía en un principio cuando lo analizábamos de forma aislada y suponíamos que toda la economía se componía únicamente de él. Por el contrario, la tasa de beneficio podría aumentar, ya que la sustitución de la mano de obra en un sector va acompañada de la creación de procesos de producción más intensivos en mano de obra en otros lugares.

 En pocas palabras: mientras que una parte de la economía funcionará únicamente con máquinas (entendiendo por «máquina» también la IA), otra parte de la economía será mucho más intensiva en mano de obra, probablemente incluso más que en la actualidad. Esto, a su vez, significa que los beneficios en el sector de la IA pueden ser elevados, pero solo si el crecimiento de dicho sector va acompañado de un aumento de la demanda de bienes y servicios producidos por mano de obra humana y, por lo tanto, del surgimiento de ese segundo sector. Si el sector de la IA se adueña de toda la economía, entonces, según los análisis marxistas, la tasa de ganancia tenderá a cero. E incluso según el análisis neoclásico, ese sería el caso, porque una producción totalmente automatizada que no emplea mano de obra en absoluto implica unos salarios totales de cero o cercanos a cero, y no queda claro a quién se podría vender la bonanza de la nueva producción. Así, la abundancia generada por la IA conduce, también en un mundo neoclásico (a falta de una enorme redistribución a las personas que no trabajan), a una demanda agregada insuficiente y, en consecuencia, a una tasa de ganancia cercana, o igual, a cero. En el mundo neoclásico, al igual que en el mundo marxista, el auge de la IA debe ir acompañado de un aumento equivalente de las actividades intensivas en mano de obra para mantener la economía en equilibrio y no hacer que la demanda agregada y la tasa de beneficio caigan a cero.

 En resumen: tanto en el marco marxista como en el neoclásico, una economía compuesta únicamente por un sector altamente automatizado es incompatible con el mantenimiento del capitalismo. En un caso, porque la plusvalía producida —y, por tanto, el beneficio— es nula; en el otro, porque una demanda agregada insuficiente conduce a unos beneficios nulos. La situación solo puede «salvarse» mediante un crecimiento equivalente del sector intensivo en mano de obra o mediante una redistribución masiva a las personas que no trabajan.

Por lo tanto, vemos un futuro menos sombrío para el trabajo de lo que algunos sostienen. Florecerán las actividades en las que el trabajo no puede ser sustituido por la IA. ¿Provocará la IA una descalificación generalizada de la mano de obra o no? A primera vista, parece que la IA conducirá a la descalificación de la mano de obra, simplemente porque muchas habilidades (como la informática, el desarrollo de software, la redacción e incluso las matemáticas) serán redundantes, ya que pueden ser asumidas por las máquinas.

 Sin embargo, este proceso puede verse, y es probable que se vea, contrarrestado por la creación de puestos de trabajo en los que las competencias laborales superarán el nivel actual, simplemente porque tendrán que ser superiores a los niveles de competencia generados por la IA para que la gente quiera adquirir dichos productos y servicios. Por lo tanto, mientras que una parte de la población activa puede sufrir una descalificación, o para decirlo sin rodeos, un empobrecimiento de las competencias, otra parte de la población activa se volverá más sofisticada y mucho más cualificada. Para mantenerse a la vanguardia, tendrá que competir más con las máquinas que con otros seres humanos. Pero mientras creamos en la capacidad de adaptación humana, podemos pensar que siempre habrá un segmento de esa mano de obra que hará cosas que las máquinas no pueden hacer, o incluso cuando ambos produzcan el mismo resultado, este será más apreciado (y, por tanto, más valorado) si lo realiza mano de obra humana en lugar de la IA. Es poco probable que una patinadora sobre hielo generada por IA, por muy bella que sea, sea tan apreciada como una patinadora humana. Al menos, por los humanos.

P. D. En el artículo he utilizado indistintamente los términos «mayor intensidad de capital de la producción» y «mayor composición orgánica del capital». El primero es, por supuesto, un término neoclásico, el segundo, marxista, pero en este contexto ambos expresan lo mismo: las máquinas (incluida la IA) sustituyen a los humanos." 

Branko Milanovic , blog, 15/05/26) 

El Ministerio Federal de Defensa alemán publicó su primera estrategia militar oficial. Su objetivo es transformar la Bundeswehr en el ejército convencional más poderoso de Europa para 2035 y en una fuerza tecnológicamente superior para 2039, con Alemania como la principal potencia militar del continente y socio primordial de sus aliados europeos... contempla un rearme masivo con un amplio despliegue de inteligencia artificial, automatización y sistemas autónomos, y un total de 460.000 soldados, incluidas las reservas. La reserva indica una intención de militarización social más amplia... pero el rearme de Alemania no busca aumentar su soberanía militar, sino consolidar su papel como principal vasallo dentro de la estructura de mando de la OTAN, controlada por Estados Unidos. El propio documento lo deja claro... En otras palabras: Alemania debe rearmarse para sostener la hegemonía estadounidense en el continente... Washington «está desplazando cada vez más su enfoque estratégico hacia el hemisferio occidental y el Indo-Pacífico». En este contexto, Alemania debe convertirse en «un aliado militar aún más fuerte para Estados Unidos» precisamente porque este último se está reposicionando en otros lugares... Europa tendría que asumir la responsabilidad de «gestionar su propia seguridad», es decir, mantener la presión sobre Rusia a través de Ucrania... En este contexto, Alemania debe entenderse como el pilar de un nuevo núcleo duro de la OTAN europeizado, integrado por Alemania, Francia, el Reino Unido y la propia Ucrania (aunque formalmente fuera de la alianza)... El rearme alemán y europeo, en el contexto de la OTAN, no fortalece la autonomía europea, sino que la erosiona aún más. Convierte a Europa en cómplice de las aventuras militares cada vez más temerarias de Washington, y empuja al continente hacia una confrontación potencialmente catastrófica con Rusia. Moscú observa y responde en consecuencia (Thomas Fazi)

"Trump ha vuelto a generar revuelo en Europa al anunciar la retirada de unos 5.000 soldados de Alemania, como parte de una decisión del Pentágono motivada por su disputa pública con el canciller alemán Friedrich Merz sobre la guerra con Irán. El recorte representa aproximadamente el 14% de los cerca de 35.000 a 36.000 soldados estadounidenses actualmente estacionados en Alemania y se espera que se implemente en un plazo de seis a doce meses, devolviendo así a las fuerzas estadounidenses los niveles previos a la invasión rusa de Ucrania en 2022. Trump ha insinuado que podrían producirse más recortes. Ha presentado la medida como un «castigo» por las críticas de Merz a la gestión de Washington en la guerra con Irán, incluyendo la afirmación de Merz de que Irán había «humillado» a Estados Unidos.

Trump estaba particularmente indignado. «El canciller de Alemania, Friedrich Merz, cree que está bien que Irán tenga un arma nuclear. ¡No sabe de lo que habla!», escribió en una publicación en redes sociales , y añadió, para colmo: «¡No me extraña que a Alemania le vaya tan mal, tanto económicamente como en otros aspectos!».

Esto forma parte de una ofensiva más amplia que Trump ha estado librando contra los aliados de la OTAN en las últimas semanas por su negativa a enviar fuerzas navales para ayudar a abrir el estrecho de Ormuz. Les dijo a los miembros de la OTAN que “tendrán que empezar a aprender a luchar por sí mismos” porque “EE. UU. ya no estará ahí para ayudarlos, al igual que ustedes no estuvieron ahí para nosotros”. Trump también ha amenazado con retirar tropas de Italia y España, y ha vuelto a plantear la posibilidad de que Estados Unidos abandone la OTAN por completo. Cuando se le preguntó en una entrevista reciente si reconsideraría la membresía de Estados Unidos en la Alianza, Trump respondió: “Oh, sí, diría que [es] irrevocable”.

Como de costumbre, esto ha provocado una ola de alarma entre los diplomáticos europeos, muchos de los cuales afirman que esto no deja a Europa otra opción que acelerar su propio rearme y reducir su dependencia de Washington.

En este contexto, el ambicioso programa de rearme de Alemania se presenta a menudo como un paso positivo en la dirección correcta: Europa finalmente toma las riendas de su propia seguridad. Pero, ¿es válida esta narrativa? ¿Y hasta qué punto debemos tomar en serio la amenaza de Estados Unidos de abandonar la OTAN? Un análisis más detenido revela una realidad muy diferente.

El mes pasado, el Ministerio Federal de Defensa alemán publicó su primera estrategia militar oficial, presentada por el ministro de Defensa, Boris Pistorius. Su principal objetivo es transformar la Bundeswehr en el ejército convencional más poderoso de Europa para 2035 y en una fuerza tecnológicamente superior para 2039, con Alemania como la principal potencia militar del continente y socio primordial de sus aliados europeos. Para lograrlo, la estrategia contempla un rearme masivo con armas de largo alcance, un amplio despliegue de inteligencia artificial, automatización y sistemas autónomos, y un total de 460.000 soldados —incluidas las reservas—. La reserva se concibe explícitamente como un puente hacia la sociedad civil, lo que indica una intención de militarización social más amplia.

La estrategia ha suscitado reacciones muy divergentes. Algunos la consideran un paso largamente esperado hacia la liberación de Alemania —y, por extensión, de Europa— de la tutela militar estadounidense, dada la aparente «desconexión» de Estados Unidos con la OTAN. Otros la ven como un peligroso resurgimiento del nacionalismo militar alemán, que evoca el capítulo más oscuro de la historia europea del siglo XX. Ambas interpretaciones son erróneas. El rearme de Alemania no busca aumentar su soberanía militar —para bien o para mal—, sino consolidar su papel como principal vasallo dentro de la estructura de mando de la OTAN, controlada por Estados Unidos.

El propio documento lo deja claro. Una de sus frases clave reza: «La OTAN debe volverse más europea para mantener su carácter transatlántico». El papel de Alemania se concibe no solo como el de un actor militar de primera línea, sino como el centro logístico y estratégico de la OTAN: el nodo que une Europa del Este, Central y Occidental, manteniendo al mismo tiempo la conexión transatlántica con Norteamérica. En otras palabras: Alemania debe rearmarse para sostener la hegemonía estadounidense en el continente. Parafraseando una famosa frase de la novela italiana El Gatopardo : «Todo tiene que cambiar para que todo siga igual».

Esto quedó explícito en una publicación reciente en X de Elbridge Colby, Subsecretario de Defensa para Políticas. Colby celebró la nueva estrategia militar de Alemania como una reivindicación de la presión ejercida por Trump sobre los aliados europeos para que se rearmen, enmarcándola como un paso hacia lo que él denomina «OTAN 3.0». Su argumento central es que Europa, liderada por Alemania, debe ahora convertir los Compromisos de La Haya —en los que los europeos se comprometieron a una histórica inversión en defensa, con el objetivo de destinar el 5% de su PIB a la defensa para 2035— en capacidades militares concretas. Citó con aprobación al Secretario General de la OTAN, Rutte: «Sistemas de defensa aérea, drones, municiones, radares, capacidades espaciales: eso es lo que nos mantendrá a salvo». En lo que respecta a Alemania en concreto, Colby presentó la nueva estrategia militar como prueba de que Berlín finalmente estaba dando un paso al frente tras «años de desarme», señalando que el Departamento de Defensa ya estaba colaborando estrechamente con los alemanes para acelerar la transición. Citó directamente el prólogo del general Breuer a la nueva estrategia militar: «Alemania debe y asumirá un papel de liderazgo dentro de la OTAN, también a nivel militar. Representa un cambio de paradigma».

La estrategia en sí, tal como la citó Colby, reconoce que Washington «está desplazando cada vez más su enfoque estratégico hacia el hemisferio occidental y el Indo-Pacífico» y exige a sus aliados «intensificar sus esfuerzos para salvaguardar su propia seguridad». En este contexto, Alemania debe convertirse en «un aliado militar aún más fuerte para Estados Unidos» precisamente porque este último se está reposicionando en otros lugares.

Esto no es más que una reiteración de la «división del trabajo» que el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, anunció al inicio de la administración Trump. Dejó claro que Estados Unidos debía reorientar su estrategia hacia otros frentes —ahora sabemos que se refería a Irán y, en última instancia, a China— y que, por lo tanto, Europa tendría que asumir la responsabilidad de «gestionar su propia seguridad», es decir, mantener la presión sobre Rusia a través de Ucrania. Europa cumplió con creces: aumentó su gasto en defensa y redobló su apoyo a Kiev, incluso mediante el préstamo de 90.000 millones de euros recientemente aprobado. Ahora observamos la consecuencia lógica de esta estrategia, a medida que Europa se involucra directamente en la guerra indirecta contra Rusia.

En resumen, Estados Unidos no se está «desvinculando de Europa»; simplemente exige que Europa contribuya más a la OTAN, sin dejar de estar firmemente integrada en la estructura de mando de la Alianza; en definitiva, que pague más por su propia subordinación.

Esto exige una reevaluación de la estrategia general de Trump hacia Rusia. Si bien se le acusa habitualmente de «apaciguar a Putin» —citando la suspensión de la financiación estadounidense a Ucrania y sus intentos (fallidos) de negociar un acuerdo de paz—, la realidad es más compleja. Desde una perspectiva histórica más amplia, uno de los objetivos centrales de Washington al avivar este conflicto —al respaldar el derrocamiento del gobierno democráticamente electo de Ucrania en 2014 e incorporar firmemente a Ucrania a la órbita informal de la OTAN— era obligar a Europa a desvincularse del gas ruso y sustituirlo por gas natural licuado (GNL) estadounidense. El atentado contra el gasoducto Nord Stream debe entenderse siempre como parte de esta estrategia. Esto se hace aún más evidente a la luz de la última Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, publicada en noviembre de 2025, que designa el «dominio energético estadounidense» en petróleo, gas, carbón y energía nuclear como una prioridad estratégica máxima, enmarcando explícitamente la expansión de las exportaciones energéticas estadounidenses como un medio para «proyectar poder».

Esta lógica no solo explica las campañas militares de Estados Unidos contra Venezuela e Irán, sino también por qué, para mantener a Europa dependiente de la energía estadounidense y aislada de los suministros rusos, Washington tiene un interés estructural en continuar la guerra indirecta. Por lo tanto, es fácil concluir que Estados Unidos nunca fue sincero en sus intenciones de hacer la paz con Rusia. La única diferencia hoy es que la guerra contra Rusia se libra ahora no solo a través de Ucrania, sino a través de la propia Europa.

En este contexto, las supuestas «amenazas» estadounidenses de abandonar la OTAN —y el programa de rearme de la élite europea, sobre todo el de Alemania— se revelan como parte de una misma estrategia: mantener a Europa subordinada a las prioridades geopolíticas estadounidenses. La nueva estrategia militar alemana no es más que Alemania cumpliendo el papel que Washington le ha asignado: contener a Rusia mientras Estados Unidos se centra en el Indo-Pacífico y el hemisferio occidental. Esto no es nacionalismo, militar o de cualquier otro tipo, sino todo lo contrario: el debilitamiento de los intereses fundamentales alemanes y europeos a manos de una élite globalista transnacionalizada —Merz es, al fin y al cabo, un antiguo ejecutivo de BlackRock— que considera la guerra permanente y la militarización como una forma de afianzar su riqueza y poder a costa de la prosperidad y la seguridad europeas.

En este contexto, Alemania debe entenderse como el pilar de un nuevo núcleo duro de la OTAN europeizado, integrado por Alemania, Francia, el Reino Unido y la propia Ucrania (aunque formalmente fuera de la alianza). Esto también refleja un plan estadounidense de larga data. En su libro de 1997 , El gran tablero de ajedrez , el influyente diplomático polaco-estadounidense Zbigniew Brzezinski predijo que «la colaboración política franco-alemana-polaca-ucraniana… podría evolucionar hacia una asociación que reforzara la profundidad geoestratégica de Europa», y añadió que «el objetivo geoestratégico central de Estados Unidos en Europa se puede resumir de forma muy sencilla: consolidar, mediante una asociación transatlántica más auténtica, la cabeza de puente estadounidense en el continente euroasiático».

Esto debería disipar cualquier idea que aún persista de que lo que estamos presenciando equivale a un avance hacia la autonomía estratégica alemana o europea. No es casualidad que la nueva estrategia militar de Alemania identifique a Rusia como «la amenaza más grave e inmediata» para la seguridad europea, una afirmación que forma parte de una narrativa europea más amplia que advierte de una guerra inevitable con Moscú en los próximos años. A primera vista, esta postura antirrusia podría parecer reflejar una posición claramente «europea», aparentemente contraria a la postura pública de Washington. Pero esto es en gran medida una ilusión óptica. No solo la élite transatlántica europea ha interiorizado por completo las prioridades estratégicas de Estados Unidos, sino que la jerarquía de mando de la OTAN deja clara la verdadera cadena de mando.

El control operativo real de la guerra indirecta contra Rusia permanece firmemente en manos angloamericanas. A la cabeza se encuentra el Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas en Europa (SHAPE), con sede en Mons, Bélgica, que traduce las decisiones políticas en objetivos militares. El Comandante Supremo Aliado en Europa (SACEUR), siempre un general estadounidense, que también ostenta el cargo de comandante del Comando Europeo de los Estados Unidos, lo dirige junto con un adjunto británico. Un general alemán coordina el trabajo del Estado Mayor como Jefe de Estado Mayor, pero la toma de decisiones efectiva recae en los dos máximos responsables.

Por debajo de SHAPE, el mando operacional se divide en dos ramas: tres Mandos de Fuerzas Conjuntas (JFC), los verdaderos comandantes de teatro de operaciones para operaciones a gran escala, y tres Mandos de Componente que abarcan el espacio aéreo (Ramstein, Alemania), el espacio terrestre (Izmir, Turquía) y el espacio marítimo (Northwood, Reino Unido). MARCOM ha estado tradicionalmente bajo el mando del Reino Unido, pero Estados Unidos asumió recientemente su control, colocando los tres Mandos de Componente bajo mando estadounidense, una consolidación significativa que ha pasado prácticamente desapercibida. Incluso cuando un oficial europeo comanda un JFC, como ocurrió recientemente con el mando del JFC Nápoles, que pasó de Estados Unidos a Italia, la dirección estratégica general permanece bajo control estadounidense, ya que los comandantes de los JFC implementan los objetivos establecidos por SHAPE.

Dos dependencias estructurales adicionales refuerzan el dominio estadounidense. La primera es el concepto C4ISR (Mando, Control, Comunicaciones, Computadoras, Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento): los aliados europeos dependen casi por completo de las plataformas satelitales, aéreas y marítimas estadounidenses para obtener inteligencia, vigilancia y designación de objetivos en tiempo real, la columna vertebral de la capacidad bélica de la OTAN. De hecho, incluso el Wall Street Journal ha reconocido que las operaciones de ataque profundo de Ucrania dentro de Rusia —incluidas, recientemente, contra varias instalaciones de producción de petróleo— no podrían haberse llevado a cabo sin las capacidades satelitales y de inteligencia estadounidenses. La segunda dependencia, menos visible en el debate público pero potencialmente más trascendental, es la densa presencia de oficiales estadounidenses integrados en toda la estructura de mando de la OTAN en todos los niveles de la jerarquía, lo que otorga a Washington un control institucional que ningún cambio en los títulos de mando puede desplazar fácilmente.

Todo esto debería disipar cualquier idea de que Estados Unidos no esté profundamente involucrado en la guerra de Ucrania, o de que pretenda abandonar la OTAN y desvincularse por completo de Europa. Más allá de la estructura de mando, Estados Unidos opera numerosas bases e instalaciones militares en todo el continente, tanto dentro del marco de la OTAN como bajo control estadounidense exclusivo, indispensables para su proyección de poder global. La base aérea de Ramstein, en Alemania, que alberga a unos 16 000 soldados, funciona como centro neurálgico para el control del tráfico de drones militares a escala mundial, a la vez que coordina las operaciones aéreas estadounidenses en Europa, África y Oriente Medio.

Una reciente investigación del Wall Street Journal confirmó que, a pesar de las protestas públicas de los líderes europeos, las bases estadounidenses en todo el continente han funcionado como la infraestructura esencial para la guerra de Estados Unidos contra Irán. Como señala el artículo, «Europa sigue siendo la base de la proyección de poder de Estados Unidos en el mundo». Incluso el secretario general de la OTAN, Rutte, describió recientemente el propósito de la OTAN como una «plataforma de proyección de poder para Estados Unidos».

Otro elemento es lo que los analistas denominan los “dividendos ocultos” de la OTAN: contratos y pedidos para la industria de defensa estadounidense. La red de 1300 acuerdos entre los 32 estados miembros que establecen estándares para las armas y el equipo de la OTAN —que abarcan desde los calibres de las municiones hasta los diámetros de los tanques de combustible— fue impuesta originalmente por Washington y favorece abrumadoramente al complejo militar-industrial estadounidense.

El rearme alemán y europeo, en el contexto de una OTAN supuestamente más «europea», no fortalece la autonomía europea, sino que la erosiona aún más. No solo convierte a Europa en cómplice de las aventuras militares cada vez más temerarias de Washington, como demuestra la guerra de Irán, sino que, aún más grave, empuja al continente hacia una confrontación potencialmente catastrófica con Rusia. Moscú observa y responde en consecuencia. En un discurso reciente , el ministro de Asuntos Exteriores, Lavrov, declaró abiertamente: «Se ha declarado abiertamente la guerra contra nosotros. El régimen de Kiev está siendo utilizado como punta de lanza. Sin embargo, todos saben que esta punta es inutilizable sin el suministro occidental de armas, datos de inteligencia, sistemas satelitales, entrenamiento de personal militar y mucho más». Añadió que los líderes occidentales están preparando activamente a sus poblaciones para la guerra con Rusia —utilizando Ucrania para ganar tiempo— y que Rusia actuará en consecuencia. No se puede exagerar el peligro del camino que estamos siguiendo.

Una última observación es pertinente. El historiador francés Emmanuel Todd ha argumentado que gran parte de lo que hoy se considera nacionalismo en Occidente —desde Alemania hasta Japón— es, de hecho, una forma de nacionalismo «imaginario»: un vasallaje hacia Estados Unidos disfrazado de soberanía. Contrasta esto con el nacionalismo «real», una política genuinamente orientada a la soberanía, hoy en día prácticamente ausente. El neomilitarismo alemán, como se argumenta aquí, se enmarca claramente en la primera categoría. Pero esto no significa que un nacionalismo alemán «auténtico» —con sus consiguientes aspiraciones a la hegemonía continental— no pueda resurgir. La militarización de la sociedad alemana y el endurecimiento del sentimiento antirruso son fenómenos reales y cada vez más profundos. Al fin y al cabo, existe un precedente histórico. Hace un siglo, la élite angloamericana desempeñó un papel fundamental al permitir el rearme militar nazi como baluarte antisoviético, solo para que el monstruo alemán finalmente se liberara de sus ataduras. El contexto interno alemán actual es obviamente muy diferente —y, por supuesto, se podría argumentar, y esperar, que un nacionalismo alemán «auténtico» reconocería que los verdaderos intereses de Alemania residen en la paz y no en la guerra—, pero los paralelismos son imposibles de ignorar."

(Thomas Fazi, Revista de prensa, 23/05/26, fuente The Delphi Initiative)

Comité Editorial del The New York Times: Nunca ha habido un ejemplo de corrupción presidencial como éste... El Departamento de Justicia del presidente Donald Trump está utilizando el dinero de los contribuyentes para crear un fondo de enriquecimiento político de 1.800 millones de dólares para recompensar a leales dispuestos a desafiar la ley y cometer actos violentos en nombre del presidente... los estadounidenses deberían tener claro lo que está haciendo el presidente. Está tomando su dinero para repartirlo entre delincuentes... el fondo continúa su patrón de uso del Departamento de Justicia como ejecutor para castigar a quien considera sus adversarios y proteger a sus amigos y aliados, pues se sitúa en el contexto del proyecto político de Trump, que está destruyendo pilares de la democracia estadounidense para consolidarse en el poder. Utiliza las fuerzas de seguridad federales para investigar y perseguir a sus enemigos. Incentiva a sus partidarios a infringir la ley en su nombre y los recompensa cuando lo hacen. Ordena a sus aliados que cambien las reglas electorales para mantener a su partido en el poder... El proyecto de Trump aún no ha triunfado, al menos no del todo... pero, a estas alturas, sin embargo, nadie debería hacerse ilusiones sobre lo que intenta hacer... El gobierno le ha concedido a Trump y a su familia inmunidad frente a las auditorías de sus pagos de impuestos. Para sus partidarios, las dádivas procederán de una caja negra... El fondo también fomenta la anarquía futura en nombre de Trump. Envía el mensaje de que utilizará su poder no solo para proteger de la rendición de cuentas a quien infrinja la ley, sino también para colmarles de beneficios. Así como el castigo es un elemento disuasorio, las recompensas son un incentivo

"¿Ha habido alguna vez un episodio de corrupción presidencial tan flagrante y amenazante para el orden constitucional? Desde luego, no en los tiempos modernos. El Departamento de Justicia del presidente Donald Trump está utilizando el dinero de los contribuyentes para crear un fondo de enriquecimiento político de 1.800 millones de dólares. Aunque supuestamente fue creado para compensar a quienes, según el departamento, han “sufrido la instrumentalización y la persecución de la ley”, en realidad recompensará a leales dispuestos a desafiar la ley y cometer actos violentos en nombre del presidente.

El fondo consigue combinar tres de los comportamientos más alarmantes de Trump. Uno, es una forma evidente de corrupción, procedente de un presidente que ha utilizado su cargo para enriquecerse a sí mismo, a su familia y a sus aliados. Dos, el fondo continúa su patrón de uso del Departamento de Justicia como ejecutor para castigar a quien considera sus adversarios y proteger a sus amigos y aliados. Tres, el fondo es su último intento de reescribir la historia sobre las elecciones de 2020 y el ataque al Congreso del 6 de enero de 2021.

Vale la pena hacer una pausa para situar el fondo en el contexto más amplio del proyecto político de Trump: está destruyendo pilares de la democracia estadounidense para consolidarse en el poder. Sostiene que las elecciones solo son legítimas cuando él gana. Utiliza las fuerzas de seguridad federales para investigar y perseguir a sus supuestos enemigos. Expulsa de su partido a los dirigentes que se atreven a desafiarlo. Califica a los miembros del otro partido y de la sociedad civil de traidores y enemigos. Incentiva a sus partidarios a infringir la ley en su nombre y los recompensa cuando lo hacen. Ordena a sus aliados que cambien las reglas electorales para mantener a su partido en el poder.

El proyecto de Trump aún no ha triunfado, al menos no del todo. Muchos estadounidenses –en el sistema judicial, en el Congreso, en los gobiernos estatales y en otros lugares– siguen defendiendo la democracia y oponiéndose a sus ambiciones autocráticas. A estas alturas, sin embargo, nadie debería hacerse ilusiones sobre lo que intenta hacer.

La existencia del fondo es una historia de autogestión política. Es nominalmente el producto de una endeble demanda personal que Trump presentó este año contra el Servicio de Impuestos Internos (IRS, por su sigla en español), organismo que él supervisa, por la filtración de sus declaraciones de impuestos durante su primer mandato. Esa demanda dio lugar a una negociación absurda, en la que los abogados de una parte representaban a Trump, el ciudadano, y los de la otra, a Trump, el presidente.

Para mayor absurdo, los abogados del gobierno dependían de Todd Blanche, el fiscal general en funciones, quien anteriormente había trabajado como abogado personal de Trump. Una juez federal de Miami que ayudaba a supervisar el caso, Kathleen Williams, señaló que las dos partes no eran adversarias, lo que ponía en duda el proceso. Incluso Trump reconoció la situación poco después de presentar la demanda al decir: “Se supone que tengo que llegar a un acuerdo conmigo mismo”.

Aun así, las conversaciones siguieron adelante porque el Departamento de Justicia de Trump estaba al mando. Como era de esperar, desembocaron en un acuerdo extremadamente favorable para él.

A cambio de que el presidente retirara la demanda contra el IRS, tanto él como sus partidarios recibirán beneficios financiados por el Estado. Para Trump, la ayuda viene en forma de permiso para haber eludido impuestos. El gobierno le ha concedido a Trump y a su familia inmunidad frente a las continuas auditorías de sus pagos de impuestos. Según los expertos, tiene un largo historial de maniobras contables cuestionables, y las auditorías podrían haberle costado más de 100 millones de dólares. Ahora no le costarán nada.

Para sus partidarios, las dádivas procederán de una caja negra. El Departamento de Justicia recurrirá a una fuente permanente de ingresos que el Congreso creó en 1956, conocida como Fondo de Sentencias, destinada originalmente a resolver demandas contra el Gobierno federal. Como señaló Paul Figley, antiguo funcionario del Departamento de Justicia, el nuevo fondo parece legal pero contrario a la intención del Congreso. “Es una política horrible”, dijo Figley a El Times.

El departamento ha destinado 1800 millones de dólares a lo que denomina, en un alarde orwelliano, Fondo contra la instrumentalización, y ha invitado a presentar solicitudes a quienes hayan sido objeto de ataques por “motivos políticos, personales o ideológicos”. Blanche –que mantiene su cargo de fiscal general en funciones en gran medida por su disposición a utilizar el poder federal al servicio de los caprichos personales de Trump– nombrará una junta de cinco miembros, y los líderes del Congreso podrán opinar sobre uno de los cinco. Trump puede despedir a cualquiera de los miembros en cualquier momento.

Para entender quién probablemente recibirá pagos, basta con observar quiénes ya han recibido anteriormente acuerdos del Departamento de Justicia. Michael Flynn, quien fue brevemente asesor de seguridad nacional de Trump en 2017, recibió 1,25 millones de dólares, a pesar de que se declaró culpable de mentir a agentes del FBI. La familia de Ashli Babbitt, que participó en los disturbios del 6 de enero, y a quien agentes federales dispararon cuando ella y otros se acercaban al hemiciclo de la Cámara de Representantes, recibió casi 5 millones de dólares, a pesar de que los investigadores exculparon a los autores de los disparos. El gobierno de Trump está pagando a quienes cometieron actos violentos y delitos, siempre que sean sus aliados.

El calendario del fondo es la clave de cómo Trump planea usarlo. El Departamento de Justicia dijo que el fondo dejaría de procesar las reclamaciones el 15 de diciembre de 2028, semanas antes de que el presidente abandone el cargo, asegurándose de que el dinero se distribuya mientras él todavía tiene el poder de despedir a quien se oponga. El plazo coincide exactamente con la duración de la autoridad de Trump.

Incluso algunos de sus defensores habituales están descontentos. El senador John Thune, republicano de Dakota del Sur y líder de la mayoría, dijo mansamente que “no era muy partidario” del fondo. Brian Morrissey, consejero general del Departamento del Tesoro, renunció a las pocas horas del anuncio, siete meses después de que el Senado lo hubiera confirmado.

Ofrecer sobornos es solo una parte de la cuestión. Otra, según Blanche, es “garantizar que esto no vuelva a ocurrir”. ¿Qué es exactamente “esto”? La aplicación ecuánime de la ley.

El gobierno de Trump ya ha despedido a agentes federales que cumplieron con su deber al investigar los intentos del presidente de anular las elecciones de 2020. Trump ha concedido clemencia general a más de 1500 alborotadores del 6 de enero, algunos de los cuales ahora podrían recibir pagos. Su Departamento de Justicia consiguió que James Comey, el exdirector del FBI, fuera imputado por cargos dudosos como retribución por su papel en la investigación de los vínculos de la campaña de Trump con Rusia en 2016. El fondo continúa el esfuerzo por convertir la aplicación de la ley en una herramienta de poder político bruto.

El fondo también fomenta la anarquía futura en nombre de Trump. Envía el mensaje de que utilizará su poder no solo para proteger de la rendición de cuentas a quien infrinja la ley, sino también para colmarles de beneficios. Así como el castigo es un elemento disuasorio, las recompensas son un incentivo.

Después de los abusos del presidente Richard Nixon en el escándalo Watergate, el Congreso y el poder ejecutivo construyeron normas y tradiciones para garantizar que las agencias federales, especialmente el Departamento de Justicia, operaran en el interés público, y no en el del presidente. Trump ha intentado desmantelar este sistema. Una vez que se haya ido, habrá que reconstruirlo, y mejor que antes. Ha expuesto y explotado sus defectos y lagunas. A menos que se subsanen, la corrupción y la perversión de la justicia de Trump corren el riesgo de convertirse en la norma.

Mientras tanto, los estadounidenses deberían tener claro lo que está haciendo el presidente. Está tomando su dinero para repartirlo entre delincuentes.

El Comité Editorial está conformado por un grupo de periodistas de opinión cuyos puntos de vista se basan en su experiencia, investigación, debates y valores muy arraigados. Es independiente de la sala de redacción."

 ( de The New York Times, 21/05/26) 

¡Ya ha sido creada la trama Zapatero! Misión cumplida de la UDEF, de la Fiscalía Anticorrupción y y del juez... porque en los muchos senderos bifurcados que se abren en la resolución del juez Calama, una cosa parece indiscutible: la influencia de Zapatero es invisible... ¿Va a reconocer Julito que utilizó el nombre de Zapatero para persuadir a los directivos de Plus Ultra de que su influencia merecía ser pagada, pero que, en realidad, todo era un tocomocho? Puede caer en la tentación de hacer lo que públicamente le sugiere Aldama, lo cual sería recibido con los brazos abiertos por la UDEF y la Fiscalía Anticorrupción... Es decir “derrotar” a Zapatero... pero al “hacer un Aldama” tendrá que explicar qué gestiones, según él, hizo Zapatero, para conseguir la concesión del préstamo a Plus Ultra... sea como sea, la “trama Zapatero” ha destruido al exvicepresidente y a su familia, más allá de las explicaciones que pueda dar al juez el 2 de junio (Ernesto Ekaizer)

 "Aunque el empresario Julio ‘Julito’ Martínez quiera ‘derrotar’ –es decir, lo que, según el argot policial, se define como ‘vender’ o delatar a su amigo el expresidente español–, siguiendo los pasos de Aldama en relación a José Luis Ábalos, tendria que rellenar el vacío asumido por los acusadores: ¿quiénes son los funcionarios relacionados con Zapatero que, por la relación personal que mantenían con él, le hicieron el favor –tráfico de influencias– de conceder el préstamo de 53 millones a la aerolínea española Plus Ultra, operación cuya ilegalidad, por otra parte, estaría por demostrar?

“Me gusta ser muy sincero y tengo que decir que en España las causas más complejas no las instruye el juez de instrucción, que es independiente ni el Ministerio Fiscal, sino que por lo general nos vienen precocinadas por la labor de policía que cumple sus funciones, pero que no tiene el estatuto de los países anglosajones y de la Agencia Tributaria, con lo cual después la capacidad de filtraje crítico de los que nos viene resulta siempre muy limitado. De ahí nuestra insistencia para la creación de un modelo en el que la Policía judicial y la Agencia Tributaria dependan en mayor medida, no del control, sino de la dirección, que es muy distinto, del Ministerio Fiscal”

Eduardo Torres-Dulce, fiscal general del Estado, comparecencia ante la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, 23 de abril de 2014.

Si uno se atiene a los razonamientos de dos informes elaborados por la Unidad de Delincuencia Económica y Financiera (UDEF), y a la síntesis de ellos, en cuya elaboración han participado la fiscal Elena Lorente, de la Fiscalía Anticorrupción -se supone que será quien interrogue a Zapatero, en solitario o acompañada por el fiscal jefe Alejandro Luzón- y el juez José Luis Calama, titular del juzgado central número 4 de la Audiencia Nacional, a través del imputación, el expresidente del Gobierno español, líder de la banda que traficaba influencias, tuvo la pericia suficiente para esconder la mano después de tirar la piedra, es decir, ejerció sus múltiples influencias sin dejar rastro alguno.

Porque en los muchos senderos bifurcados que se abren en la resolución del juez Calama, una cosa parece indiscutible: la influencia de Zapatero es invisible.

Tal ausencia de indicios en lo que se suele llamar la “explotación del operativo” – que suele estar precedida por una larga y cuidadosa preparación – está suplantada por un despliegue de sociedades, relaciones y cruzamientos, que se aleja del centro de lo que se pretende investigar.

De ahí esa borgiana imagen del jardín cuyos senderos se bifurcan.

Es que el delito de tráfico de influencias (artículos 428-430 del Código Penal) exige al juez de instrucción dos cosas: identificar a la persona o las personas influidas para hacer realidad la concesión del préstamo a Plus Ultra.

Es decir: describir que se trata de un funcionario o autoridad con la potestad necesaria para dictar una resolución que diera satisfacción a la influencia ejercida.

Y, segundo, comprobar si en el sujeto activo concurre una circunstancia concreta de prevalimiento – es decir, que la persona se aprovecha de una circunstancia de poder sobre otra- habida cuenta de que en este caso se trata de un particular.

Qué relación personal concreta le permitió a este particular, en este caso el expresidente, ejercer su pravalecimiento sobre el funcionario influido, acometer la influencia presuntamente ilícita?

El juez dice investigar un delito inexistente: el Código Penal no castiga la “creación” de tramas abstractas de tráfico de influencias.

Lo que si castiga es un tráfico de influencias en concreto. Eso es derecho penal.

Las “tramas” no está -que sepamos-tipificadas.

Estos dos requisitos son sustituidos por una cantidad de datos con el mensaje central sobre la existencia de una trama que sería el equivalente de aquel adagio de que “la letra con sangre entra”: el relato de esa organización criminal incluye seis veces el participio femenino singular “liderada” y tres veces el sustantivo masculino “liderazgo”.

Con un auto de estilo totum revolutum, basado en dos informes de la UDEF que suman unas mil páginas, el mensaje ha dado nacimiento a la “trama Zapatero”, cuyo viaje solo acaba de empezar y cuyas escalas serán numerosas hasta la declaración del expresidente el 2 de junio.

Si tan arraigada está en la UDEF, la Fiscalía Anticorrupción y el juez instructor la convicción como para proclamar con tal contundencia la existencia de esa trama y de su liderazgo, ¿por qué esperar dos semanas, entre la publicación del auto el pasado martes 19 de mayo y hacer que Zapatero declare, el próximo 2 de junio?

Ah… quizá para obtener más datos que puedan emanar de los registros de las oficinas que se acometerán el pasado martes.

Pero es que el instructor ya ha advertido que el imputado, habida cuenta de las filtraciones y noticias publicadas durante meses, habria podido destruir pruebas : “La amplia difusión mediática y la notoriedad del procedimiento judicial en curso hacen razonablemente presumible que cualquier elemento incriminatorio eventualmente existente habría sido ya retirado, destruido o trasladado, lo que debilita la proporcionalidad y necesidad de la medida restrictiva solicitada [por la Policía]."

Es decir, la UDEF, la Fiscalía Anticorrupción y el juez instructor presumen que Zapatero ha destruido material.

Pero, al tiempo, siguen pescando. Porque ahora han incautado los dispositivos de la secretaria del expresidente, Getrudis Alcázar, quien al tiempo ya ha sido citada por el Partido Popular a comparecer en la cámara de la Inquisición o caja de resonancia de los procedimientos judiciales que es el Senado.

Y al Senado se han unido, como era previsible, la personación del PP, Vox y Hazte Oir, admitida este viernes, en la causa.

Decíamos que Zapatero está en manos de Julio Martínez Martínez, Julito.

Julito es quien ha tenido el monopolio del acceso personal a Zapatero -con quien trabó amistad en un gimnasio, solian correr juntos y se ocupó de los negocios del expresidente, haciéndole pagos a él y a sus hijas de 1,9 millones de euros en los cinco años 2020-2025- y ha alardeado, inflado o inventado -lo que haya dicho- sobre la participacion del expresidente en el presunto tráfico de influencias. Los demás que se refieren a Zapatero son el eco de Julito.

Se trata de unas presuntas gestiones que llegaron a convencer a los ejecutivos y socios de Plus Ultra de que debían pagarle a Julito una comisión de 530.000 euros por conseguir el préstamo de 53 millones

¿Va a reconocer Julito que hizo name-dropping, es decir, utilizó el nombre de Zapatero para persuadir a los directivos de Plus Ultra de que su influencia merecía ser pagada, pero que, en realidad, todo era un tocomocho?

Julito, según declaró a Okdiario, publicación con la que mantiene muy buen feeling, según fuentes consultadas, se lo está pensando y se muestra sorprendido.

Si reconoce que vendió la burra, sale mal parado.

Y, por tanto, puede caer en la tentación de hacer lo que públicamente le sugiere Aldama, lo cual sería recibido con los brazos abiertos por la UDEF y la Fiscalía Anticorrupción.

Es decir “derrotar” a Zapatero.

Pero al “hacer un Aldama” tendrá que explicar qué gestiones, según él, hizo Zapatero, para conseguir la concesión del préstamo a Plus Ultra.

Y Zapatero niega que haya intentado ejercer influencia en esta operación.

La “trama Zapatero” ha destruido al exvicepresidente y a su familia, más allá de las explicaciones que pueda dar al juez el 2 de junio.

Su relación con Julito, que ha permitido el montaje en curso, es uno de los errores más espectaculares que se pueden cometer, del cual forma parte, sin duda, haberse convertido -y dejarse convertir- en uno de los íconos más relevantes del PSOE y de Pedro Sánchez desde la campaña electoral de julio de 2023." 

(Ernesto Ekaizer , blog, 23/05/26)  

¿Qué sabemos realmente sobre el acuerdo en la guerra de Irán? Los detalles completos siguen sin estar claros, pero parece que implica un cese integral de las hostilidades, incluso en Líbano; la liberación gradual de los activos congelados de Irán; y el fin del "bloqueo del bloqueo" de Estados Unidos en el Estrecho de Ormuz. El tráfico marítimo a través del Estrecho se reanudaría bajo la supervisión conjunta de Irán y Omán. Una vez que estas medidas entren en vigor, las partes tendrían 30 días adicionales para negociar un acuerdo final... y parece haberse logrado un progreso significativo en el expediente nuclear... En esencia, este acuerdo restaura la situación a donde siempre debió estar después del anuncio del alto el fuego original... Los elementos genuinamente nuevos son un alivio limitado de las sanciones para Teherán y un compromiso formal de resolver el tema nuclear en los próximos 30 días... La aceptación regional es altamente significativa. Este anclaje regional le proporciona a Trump un grado de aislamiento político en Washington. Ante las inevitables acusaciones de los halcones de que el acuerdo equivale a una derrota o que traiciona a Israel... Sin embargo, a juzgar por el pánico público que ahora emana de los halcones de guerra de Washington y los círculos proisraelíes, es probable que los próximos 30 días sean políticamente brutales para Trump, porque cualquier acuerdo duradero requerirá casi con certeza un alivio sustancial, si no total, de las sanciones para Irán, lo que constituiría una derrota estratégica devastadora para Tel Aviv. Las dos guerras de Israel ha expuesto la incapacidad de Israel para enfrentarse a Irán sin un abrumador respaldo militar estadounidense (Trita Parsi, Quincy Ins.)

"Ayer escribí que Estados Unidos e Irán estaban al borde de un acuerdo. Trump pareció confirmar esto hace unas horas con una publicación inusualmente disciplinada en Truth Social —gramaticalmente coherente, diplomáticamente mesurada y notablemente desprovista de sus habituales teatralidades o humillación ritual de la parte contraria.

Esa moderación importa. A diferencia de sus anteriores proclamaciones de avances imaginarios, esta declaración tenía el tono de una señal diplomática seria más que de indisciplina política. Su momento, además, parecía desconectado de consideraciones de mercado o del espectáculo interno. Mis propias fuentes en Teherán también confirman que se ha logrado un avance importante, aunque sigue dependiendo de la aprobación final, tal como indicó Trump.

Entonces, ¿qué significa todo esto? ¿Qué sabemos realmente sobre los contornos del acuerdo? ¿Qué tan significativo fue el papel desempeñado por los actores regionales para asegurar el avance, y qué explica la casi total irrelevancia de Europa en el proceso? Si este acuerdo es simplemente un Memorando de Entendimiento, ¿dónde residen las principales vulnerabilidades a medida que las negociaciones entran en una segunda fase?

Además, ¿podrá Trump vender el acuerdo con éxito en casa? ¿Qué pasos puede —y probablemente tomará— Israel para sabotear el acuerdo? Y si se logra un acuerdo final, ¿qué tan profunda sería la derrota estratégica de Israel?

Permítanme intentar responder a estas preguntas una por una.

En primer lugar, los detalles completos siguen sin estar claros. Pero según los informes de Amwaj.media —muchos de los cuales he corroborado de forma independiente— el acuerdo implica un cese integral de las hostilidades, incluso en Líbano; la liberación gradual de los activos congelados de Irán; y el fin del "bloqueo del bloqueo" de Estados Unidos en el Estrecho de Ormuz.

El tráfico marítimo a través del Estrecho se reanudaría bajo la supervisión conjunta de Irán y Omán. Una vez que estas medidas entren en vigor, las partes tendrían 30 días adicionales para negociar un acuerdo final. Se espera que ese acuerdo de segunda etapa aborde tanto la cuestión nuclear como el estatus a largo plazo del Estrecho.

Sin embargo, ya parece haberse logrado un progreso significativo en el expediente nuclear y, según entiendo, se han acordado en gran medida los principios generales para su resolución.

En esencia, este acuerdo restaura la situación a donde siempre debió estar después del anuncio del alto el fuego original. Desde el principio, el alto el fuego estaba destinado a ser de alcance regional e incluir al Líbano. Nunca se supuso que hubiera un "bloqueo del bloqueo" —un esquema absurdo ideado por la Fundación para la Defensa de las Democracias que solo sirvió para socavar la posición estratégica de Estados Unidos.

Tampoco se pretendía que el tráfico comercial a través del Estrecho permaneciera interrumpido. Los elementos genuinamente nuevos son un alivio limitado de las sanciones para Teherán y un compromiso formal de resolver el tema nuclear en los próximos 30 días.

Sin embargo, aunque llegar a este punto es innegablemente significativo, no hay un acuerdo real hasta que se asegure un acuerdo final. Y la ventana de 30 días, aunque corta, ofrece, no obstante, amplias oportunidades para que los spoilers de todas las partes saboteen el proceso.

La aceptación regional —y el hecho de que Trump anunciara el acuerdo solo después de hablar con una amplia gama de líderes regionales clave, incluidos los de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto, Jordania y Bahréin, además de una llamada separada con Benjamín Netanyahu de Israel— es altamente significativo. Este anclaje regional le proporciona a Trump un grado de aislamiento político en Washington. Ante las inevitables acusaciones de los halcones de que el acuerdo equivale a una derrota o que traiciona a Israel, puede señalar el amplio apoyo regional como prueba de que los principales socios de Estados Unidos en Oriente Medio prefieren la diplomacia a la escalada.

 De hecho, en comparación con el acuerdo nuclear de 2015 del presidente Obama, la participación regional que rodea el acuerdo de Trump es objetivamente más profunda, más amplia y más políticamente trascendente. El acuerdo de Obama se negoció a pesar de la resistencia de Israel. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos; el de Trump parece estar tomando forma con respaldo regional activo. La casi total ausencia de Europa del proceso es, sin embargo, llamativa, aunque difícilmente problemática. A estas alturas, la irrelevancia diplomática de Europa en la diplomacia mayor de Oriente Medio se ha normalizado tanto que su exclusión apenas se nota.

Sin embargo, a juzgar por el pánico público que ahora emana de los halcones de guerra de Washington y los círculos proisraelíes, es probable que los próximos 30 días sean políticamente brutales para Trump. El FDD ya lo está atacando abiertamente. AIPAC está amplificando a los legisladores que denuncian el acuerdo. Un asesor del ex príncipe heredero de Irán ha acusado a Trump de "rendición total". Muchos de los mismos aliados que aplaudieron con entusiasmo la decisión de Trump de iniciar la guerra ahora se vuelven contra él por elegir la diplomacia en lugar de la escalada permanente.

Sin embargo, los políticos israelíes de alto rango podrían optar por un enfoque más cauteloso. En lugar de confrontar a Trump directamente, es probable que dejen que sus representantes en Washington libren la batalla pública en su nombre.

Se acercan las elecciones israelíes, y Trump sigue siendo profundamente popular entre los votantes israelíes, mientras que Netanyahu hasta ahora no ha logrado convertir la popularidad de la guerra de Irán en una ventaja electoral decisiva. Un enfrentamiento público directo con Trump sobre el acuerdo podría, por lo tanto, resultar políticamente peligroso para Netanyahu. Trump, si es provocado, podría causar daños sustanciales simplemente señalando su apoyo a uno de los rivales de Netanyahu.

Trump pudo haber insinuado esta dinámica hace unos días cuando, aparentemente de la nada, les dijo a los reporteros que disfruta de una "tasa de aprobación del 99%" en Israel y que él mismo podría postularse para primer ministro allí. En la superficie, sonaba como otro episodio de la característica bravuconería trumpiana. Pero en contexto, bien podría haber sido una advertencia directa a Netanyahu y al establishment político de Israel de que Trump puede dañarlos mucho más de lo que ellos pueden dañarlo a él.

Sin embargo, debería haber poca duda de que si se llega a un acuerdo final —y cualquier acuerdo duradero requerirá casi con certeza un alivio sustancial, si no total, de las sanciones para Irán— constituiría una derrota estratégica devastadora para Tel Aviv.

Las dos guerras de Israel han, paradójicamente, fortalecido la postura de disuasión de Irán, expuesto la incapacidad de Israel para enfrentarse a Irán sin un abrumador respaldo militar estadounidense e infligido daños incalculables a la posición global de Estados Unidos y a su aura de supremacía militar.

De hecho, el efecto acumulativo puede ser tan severo que la búsqueda de la primacía global estadounidense sin oposición ya no sea una opción realista. Al mismo tiempo, el apoyo a Israel dentro de Estados Unidos se ha erosionado drásticamente en casi todos los grupos demográficos, excepto entre los votantes republicanos de mayor edad.

Lo más importante es que el alivio de las sanciones liberaría la economía de Irán de décadas de restricción y cambiaría gradualmente el equilibrio de poder regional lejos de Israel y su visión de un "Gran Israel". Precisamente por esa razón, Israel casi con certeza hará todo lo que esté a su alcance —a puerta cerrada— para sabotear el acuerdo antes de que se vuelva irreversible.

Pero Israel no es la única amenaza para el acuerdo. Tanto Washington como Teherán tendrán que ejercer una disciplina extraordinaria para asegurar que sus narrativas contrapuestas de victoria no fortalezcan el campo de oposición de línea dura en el otro país. A lo largo de las negociaciones, Trump ha mostrado notablemente poca sensibilidad a cómo sus inflamatorios mensajes en las redes sociales complican la capacidad de Teherán para comprometerse. Irán debe evitar ahora cometer el mismo error. El triunfalismo público en Teherán podría socavar fácilmente la capacidad política de Trump para cumplir el acuerdo a nivel nacional.

El reciente tuit del portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní comparando el resultado de la guerra de Trump con los intentos romanos fallidos de subyugar el Imperio Persa Sasánida es un ejemplo de ello. Cualquiera que sea su atractivo interno en Irán, tal retórica corre el riesgo de endurecer la oposición en Washington precisamente en el momento en que más se necesitan la moderación y la ambigüedad estratégica.

Al final del día, para que las negociaciones de la Fase II tengan éxito —y para que cualquier acuerdo sea duradero— ambas partes deben poder reclamar la victoria." 

 Quincy Ins., Responsible Statecraft, 23/05/26, traducción Quiilbot , enlaces en el original)

Una noche brutal en Kiev mientras Rusia contraataca por el asesinato de estudiantes en el dormitorio de Starobilsk. La guerra se intensificará y se extenderá al territorio de la OTAN en las semanas y meses venideros. Sin embargo, el discurso sobre la seguridad europea y la guerra sigue siendo pueril, y la diplomacia está ausente (Glen Diessen, Un. Sureste Noruega)

Glenn Diesen @Glenn_Diesen

Una noche brutal en Kiev mientras Rusia contraataca por el asesinato de estudiantes en el dormitorio de Starobilsk. La guerra se intensificará y se extenderá al territorio de la OTAN en las semanas y meses venideros. Sin embargo, el discurso sobre la seguridad europea y la guerra sigue siendo pueril, y la diplomacia está ausente.

 https://x.com/i/status/2058427182473490680

(Traducción google)

7:57 a. m. · 24 may. 2026 ·56,8 mil Visualizaciones

23.5.26

Estados Unidos está gastando miles de millones de dólares para perder una guerra en Irán que enriquece a sus oligarcas, empobrece a sus ciudadanos, sabotea sus alianzas y fortalece a sus enemigos. La guerra pone de manifiesto un principio rector de la política exterior del presidente Donald Trump: el suicidio de una superpotencia... En los enfrentamientos internacionales, las superpotencias ganan al menos parte del tiempo. Pero la administración Trump pierde una y otra vez. La guerra contra Irán es una clara derrota estratégica... Las políticas de Trump dejaron más uranio enriquecido en manos de un régimen iraní más intransigente y provisto de nuevas fuentes de poder económico (el control del estrecho de Ormuz y la intimidación a los Estados del Golfo)... Estados Unidos tuvo en otros tiempos un funcionariado que era la envidia del mundo, además de fuerzas armadas altamente meritocráticas. Pero la administración Trump desvirtuó la función pública y purgó los altos mandos militares, y el proceso lo llevaron adelante personas no cualificadas... La idea del Estado como un servicio para los ultrarricos es incompatible con ganar guerras o con mantener los servicios sociales que permiten el funcionamiento de una sociedad moderna... Ya no tiene sentido hablar de reformas, porque el suicidio de la superpotencia estadounidense bajo Trump es un síntoma de desigualdades y distorsiones democráticas que hicieron posible una payasada estratégica como nunca antes se vio en la historia (Timothy Snyder)

"Estados Unidos está gastando miles de millones de dólares para perder una guerra en Irán que enriquece a sus oligarcas, empobrece a sus ciudadanos, sabotea sus alianzas y fortalece a sus enemigos. La guerra pone de manifiesto un principio rector de la política exterior del presidente Donald Trump: el suicidio de una superpotencia. Los imperios surgen y caen, pero que yo sepa, jamás un Estado destruyó su poder de modo intencional y sistemático (y menos aún con tanta rapidez).

Admitir este suicidio estratégico puede ser difícil; ojalá las desventuras de Trump se basaran en cierta idea del interés nacional estadounidense. Pero no es así.

Como mínimo, una superpotencia debe ser un Estado moderno que incluya (a través del Estado de derecho y otras instituciones) un conjunto sustancial de ciudadanos comprometidos con un esfuerzo común. Pero la administración Trump trata a Estados Unidos no como un Estado moderno, sino como una oportunidad comercial para unos pocos elegidos.

Una superpotencia también debe tener una idea de interés nacional. Aunque hay divergencias entre los expertos en relaciones internacionales respecto del modo en que las dirigencias definen ese concepto, lo que nadie esperaba era una situación en la que el presidente fuera indiferente al bien del pueblo o del Estado.

Para seguir siendo superpotencia, un Estado también debe mantenerse en el tiempo. Y esa continuidad depende de un principio de transmisión de la autoridad política. Pero con sus aspiraciones de permanecer en el poder por tiempo indefinido y sus ataques a la credibilidad de las elecciones, Trump está poniendo en tela de juicio el principio de la sucesión política en Estados Unidos. Por supuesto, hay otros modos de sucesión, por ejemplo por transmisión dinástica o decisión de un politburó. Pero la adopción de un sistema semejante (y en tal sentido, podríamos imaginar un politburó capitalista en la camarilla de tecnooligarcas que impulsó el ascenso del vicepresidente J. D. Vance) acabaría con la república estadounidense.

Para que un Estado obtenga y conserve el poder, es fundamental que estén al mando las personas correctas. A lo largo de la historia, los Estados poderosos buscaron formas de identificar personas cualificadas y promoverlas a puestos de autoridad, sin distinción de nacimiento. La antigua China tenía un sistema de exámenes. Napoleón puso como principio el mérito, tanto en la vida civil como en la militar.

Estados Unidos, por su parte, tuvo en otros tiempos un funcionariado que era la envidia del mundo, además de fuerzas armadas altamente meritocráticas. Pero la administración Trump desvirtuó la función pública y purgó los altos mandos militares, y el proceso lo llevaron adelante personas no cualificadas para los cargos que ocupan. Que Tulsi Gabbard, Kash Patel y Pete Hegseth sean directora de inteligencia nacional, director del FBI y secretario de defensa, respectivamente, es claro indicio de una superpotencia que se suicida.

En un nivel más profundo, una superpotencia debe tener un sistema educativo capaz de preparar a su población (y, por ende, a su dirigencia política) para enfrentar los desafíos globales. Pero en los Estados Unidos de Trump, se priva de recursos a la educación pública, se castiga a las universidades que defienden la libertad académica y se eliminan libros útiles de las bibliotecas de las escuelas (e incluso de las academias militares).

Asimismo, el ascenso de muchas grandes potencias se basó en la ciencia, pero ahora en los Estados Unidos de Trump la ciencia está bajo ataque. Igual que los antiguos mesopotámicos, cuyos astrónomos idearon métodos científicos para cartografiar los cielos, y los romanos, que pusieron en práctica la ciencia griega para construir y defender un imperio, Estados Unidos se convirtió en superpotencia mediante la creación de instituciones estatales encargadas de financiar la ciencia y atraer científicos (a menudo inmigrantes).

Pero la administración Trump lanzó una ofensiva asombrosa contra la ciencia. Desfinancia la investigación por motivos ideológicos, desalienta la radicación en Estados Unidos de científicos (noveles y expertos) y pone en duda hallazgos fundamentales de la ciencia, por ejemplo el cambio climático antropogénico.

Por eso la administración Trump paró en seco la transición energética de Estados Unidos, y en su lugar, subsidia los combustibles fósiles (que ya van quedando obsoletos en términos ecológicos y económicos). Como demuestra un magnífico libro que está por salir, las sociedades que se adelantan a adoptar nuevas formas de energía prosperan, y las otras fracasan. Tal vez sea la verdad más profunda de la historia de la humanidad, y eso convierte la decisión de Trump en un error existencial que acelerará la pérdida de relevancia de los Estados Unidos y mejorará la posición de China, su principal rival y superpotencia mundial en energías limpias.

Lo mismo se aplica a las tecnologías e innovaciones que sostienen el poder militar. Estados Unidos siempre gastó cifras astronómicas en armamento, pero este gobierno prioriza equipamientos del pasado, por ejemplo una nueva clase de buques de guerra que llevarán el nombre de Trump. El plan es pura fantasía. Incluso si se los termina construyendo, serán totalmente inadecuados para la guerra moderna (de la que el conflicto ultratecnológico entre Rusia y Ucrania nos da un primer atisbo). Esos buques están hundidos antes de zarpar.

La guerra en Ucrania es un ejemplo claro del desdén de la administración Trump hacia el arte de la diplomacia y su preferencia por negociar «acuerdos». Pero hay abundantes pruebas de que Trump no sabe negociar, y esto incluye su sumisión al presidente ruso Vladímir Putin. Además, maltrata y margina a aliados de Estados Unidos por motivos puramente personales.

Sin una idea de interés nacional, no puede haber comprensión de la utilidad de las alianzas. Tampoco puede haber apreciación del sistema internacional (leyes, reglas y normas en las que se basó la primacía global de Estados Unidos). Cuesta expresar hasta qué punto la postura de Trump es primitiva y hasta qué punto alegra a los enemigos de Estados Unidos.

Lo cual nos lleva de vuelta a Irán. En los enfrentamientos internacionales, las superpotencias ganan al menos parte del tiempo. Pero la administración Trump pierde una y otra vez. La guerra contra Irán es una clara derrota estratégica; si Estados Unidos tuvo en ella algún objetivo, no lo consiguió. Las políticas de Trump dejaron más uranio enriquecido en manos de un régimen iraní más intransigente y provisto de nuevas fuentes de poder económico (el control del estrecho de Ormuz y la intimidación a los Estados del Golfo); al mismo tiempo, eliminaron casi cualquier posibilidad de que Estados Unidos ejerza influencia en la sociedad iraní.

Además, el gobierno estadounidense celebra la derrota con un simbolismo propio de Estados en declive. Basta pensar en la comparación que hizo Hegseth entre el rescate de un piloto estadounidense derribado y la resurrección de Jesús: una blasfemia tan chirriante que tal vez nos distraiga de la impotencia estratégica que esconde. Esas imágenes cristológicas se suelen usar para transformar derrotas reales en victorias imaginarias. Por ejemplo, el romanticismo polaco vio en el derrumbe de una república (causado ante todo por la desigualdad de la riqueza) una prueba de que Polonia era el «Cristo de las naciones».

Finalmente, muchos Estados pierden poder porque ya no pueden mantenerlo. Por primera vez desde 1945, la deuda nacional de los Estados Unidos es mayor que su PIB. La comparación es útil: un déficit elevado es normal en el contexto de un desafío como la Segunda Guerra Mundial. Pero la administración Trump incurre en déficit por una razón totalmente diferente: para no cobrar impuestos a personas y corporaciones adineradas. La idea del Estado como un servicio para los ultrarricos es incompatible con ganar guerras o con mantener los servicios sociales que permiten el funcionamiento de una sociedad moderna.

Ya no tiene sentido hablar de reformas, porque el suicidio de la superpotencia estadounidense bajo Trump es un síntoma de desigualdades y distorsiones democráticas que hicieron posible una payasada estratégica como nunca antes se vio en la historia. Lo que hizo de Estados Unidos una superpotencia también habilitó este intento de autodestrucción. En vez de tratar de volver al statu quo anterior, necesitamos un esfuerzo denodado en pos de reestructurar la política estadounidense de modos que otorguen a la ciudadanía más poder para crear un futuro más justo." 

( Project Syndicate )

Denuncian torturas y violencia sexual contra activistas de la Flotilla Global Sumud tras el secuestro de las embarcaciones... Parte médico de la flotilla: huesos fracturados, heridas de balines y agresiones sexuales... “Hay tres bastante graves. Uno tiene [fracturas] en rodilla, hombro, costillas, mandíbula y le dijeron que podía tener también daños en órganos internos, pero no hay confirmación. Otro tiene las costillas rotas y algo en el hombro. Y un tercero tiene también daños internos. Pero todos tenemos hematomas por los golpes, disparos de balas de goma o por estar esposados”... “Si esto nos lo hacen a nosotros que tenemos la atención del mundo y el privilegio de ciertos pasaportes, qué no harán a los palestinos en las cárceles”... tres —dos turcos y una francesa— han sido intervenidos por tener heridas abiertas de varios centímetros de diámetro provocados por disparos de balines de metal recubiertos de goma a corta distancia... “Hay al menos 15 casos de agresiones sexuales, incluidas violaciones... “No hay una forma fácil de decir esto, pero tengo que decirlo: hubo personas violadas en la Flotilla Global Sumud. Estos soldados violaron a nuestros participantes. No fue uno, ni dos, ni tres; son muchos casos de violencia sexual” (Andrés Mourenza)

Thiago Ávila @thiagoavilabr

¡Esos maníacos genocidas VIOLARON a una activista humanitaria que intentaba llevar comida y medicinas a niños en Gaza! Y lo peor es que incluso esto lo escalan a formas mucho peores con los 9000 palestinos en mazmorras israelíes (¡casi 400 niños)!

11:15 p. m. · 21 may. 2026·770,1 mil Visualizaciones

 

"Parte médico de la flotilla: huesos fracturados, heridas de balines y agresiones sexuales.

Cuatro de los 44 españoles que viajaban en la misión humanitaria a Gaza han requerido atención médica. España confía en que la UE apruebe sanciones contra el ministro de Seguridad israelí 

 Cuatro de los 44 españoles que viajaban a bordo de la flotilla a Gaza interceptada por Israel y que fueron detenidos y expulsados del país el jueves hacia Turquía han requerido atención médica, según ha desvelado este viernes el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Se trata de los que se “encontraban en peores condiciones” y necesitaban tratamiento médico más urgente, según han explicado fuentes diplomáticas en Turquía, si bien un número mayor de integrantes de la delegación española pasó controles médicos a lo largo de la noche del jueves al viernes en el hospital Çam Sakura de Estambul.

“Hay tres bastante graves. Uno tiene [fracturas] en rodilla, hombro, costillas, mandíbula y le dijeron que podía tener también daños en órganos internos, pero no hay confirmación. Otro tiene las costillas rotas y algo en el hombro. Y un tercero tiene también daños internos”, explicó a EL PAÍS la catalana Ariadna Masmitjà. “Pero todos tenemos hematomas por los golpes, disparos de balas de goma o por estar esposados”, añadió.

Su retorno a España se ha retrasado al menos hasta el fin de semana precisamente por la necesidad de descanso de los integrantes tras prácticamente una noche entera en el hospital y entre tres y cuatro días –según el momento en que fueron interceptados por las fuerzas israelíes– de palizas y malos tratos, que incluían la interrupción forzada del sueño mediante el uso de bombas aturdidoras, golpeo de los barrotes de las celdas y lanzamiento de agua, de acuerdo con testimonios de varios integrantes de la flotilla recogidos por este periódico.

“Hemos vuelto en estado de shock, por lo que ves que pueden llegar a hacer estas personas. No es solo que no les importe, sino que incluso se ríen mientras están agrediendo a personas. Sabemos que esto lo hacen todos los días con los palestinos, pero vivirlo te hace ser más consciente”, denunció Masmitjà: “Si esto nos lo hacen a nosotros que tenemos la atención del mundo y el privilegio de ciertos pasaportes, qué no harán a los palestinos en las cárceles”.

Según el primer parte médico provisional de la organización Flotilla Sumud Global, hay al menos nueve personas todavía hospitalizadas, cinco de ellas con huesos fracturados en brazos, pies, costillas o en una vértebra, en el caso de una ciudadana francesa. Un italiano está siendo examinado por sospechas de una lesión hepática a causa de los golpes, mientras que tres —dos turcos y una francesa— han sido intervenidos por tener heridas abiertas de varios centímetros de diámetro provocados por disparos de balines de metal recubiertos de goma a corta distancia.

Antes de ser llevada al hospital en una ambulancia, la joven francesa herida, Mathilde Pauline Mollet, explicó a EL PAÍS que el disparo se produjo durante el cautiverio en uno de los dos barcos-prisión israelíes en los que fueron alojados tras ser capturados en aguas internacionales. Estos barcos tenían una cubierta inferior en la que eran alojados los prisioneros a la intemperie o en contenedores; estaban rodeados por otra cubierta superior desde la que los militares israelíes les vigilaban.

“Si les mirabas a la cara, te apuntaban con sus armas, así que yo procuraba mantener la mirada baja”, explicó el activista italiano Dario Depalma. En un momento en que comenzaron a disparar, explicó Mollet, ella no tuvo tiempo de apartarse lo suficiente y el balín le alcanzó en el interior del muslo izquierdo: “Comencé a sangrar y el agujero ha estado abierto durante tres días. Ha empezado a hacer necrosis”.

Una integrante chilena de la flotilla, Carolina Eltit, relató a este diario que vio cómo varios compañeros fueron heridos por disparos de estos balines. “No teníamos cómo tratar a la gente herida, porque no nos dieron nunca medicinas ni parches para ponerles. Les secamos la sangre con nuestras poleras [camisetas]. Cuando nos tiraban agua de mar, porque nos inundaban el suelo todo el tiempo para que no saliéramos de los contenedores, mojábamos las poleras para limpiarles un poco”. Según esta activista, durante los dos o tres días que estuvieron en los buque-prisión, únicamente se les suministraba medio litro de agua potable al día por cada dos personas y en los retretes químicos no había papel higiénico.

Violación con una pistola

En un comunicado, la organización Free Palestine NOW se ha sumado a los denunciantes de malos tratos contra los miembros de la flotilla: “[Hay] al menos 15 casos de agresiones sexuales, incluidas violaciones. Disparos con balas de goma a quemarropa y decenas de personas con fracturas óseas”.

Por su parte, la Flotilla Global Sumud ha documentado “doce agresiones sexuales” únicamente en uno de los buques-prisión en los que fueron recluidos, “incluida una violación anal y la penetración forzosa con una pistola”. “Muchos voluntarios denuncian haber sido fotografiados desnudos durante los registros mientras los guardas se reían de ellos”, asegura el comunicado.

Eltit explicó a EL PAÍS que tiene constancia de “una violación y muchos tocamientos” durante la primera interceptación de la flotilla. La primera interceptación de la flotilla se produjo a finales de abril en aguas internacionales cercanas a la isla de Creta (Grecia) y, posteriormente, todos los activistas menos un español y un brasileño fueron liberados en puertos griegos. Luego se reorganizaron y, junto a otros barcos que partieron de Turquía, conformaron la flotilla abordada por Israel esta semana en aguas al oeste de Chipre. Masmitjà asegura que en esa primera interceptación dos personas sufrieron violaciones y se produjeron “múltiples agresiones sexuales”.

Albares ha precisado, asimismo, que los servicios consulares están “documentando a tres ciudadanos que lo necesitaban” para poder viajar hacia España. Todos ellos habían sido previamente expulsados por Israel en aviones fletados por el Gobierno turco después de que sus embarcaciones fueran interceptadas por la Marina israelí en aguas internacionales a principios de semana.

Sanciones contra Ben Gvir

Por otra parte, el titular español de Exteriores ha expresado su confianza en que los Veintisiete adopten sanciones contra el ministro de Seguridad israelí, Itamar Ben Gvir, después de que se publicara en redes sociales un vídeo en el que humilla a los detenidos de la flotilla, arrodillados y con la cara contra el suelo. Estas imágenes han generado una ola de críticas y condenas internacionales, e incluso la reprobación por parte del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y de su ministro de Exteriores, Gideon Saar.

“Es algo que, desde luego, nosotros ya habíamos planteado”, ha señalado Albares en referencia a las sanciones. Tanto Ben Gvir como Bezalel Smotrich, otro ministro ultra del Gobierno israelí, ya tienen prohibida su entrada en España desde hace tiempo.

“Ahora queremos que sea una medida de la UE”, ha subrayado el titular de Exteriores español, que ya hablado este viernes sobre el tema con su homólogo italiano, Antonio Tajani ―quien ya había dicho que solicitará estas sanciones―, y con el polaco Radoslaw Sikorski. Aunque la medida requiere unanimidad, España confía en que prospere. “Espero que sí”, ha dicho, amparándose en la “brutalidad” del vídeo de Ben Gvir y en “la sensibilidad que ha levantado”, tanto en España como en otros países de la UE.

(Andrés Mourenza,, El País, 22/05/26) 



"Denuncian torturas y violencia sexual contra activistas de la Flotilla Global Sumud tras el secuestro de las embarcaciones.

22 de mayo. Tras la liberación y deportación de los activistas secuestrados por Israel luego de la interceptación de la Flotilla Global Sumud en aguas internacionales del Mediterráneo, continúan conociéndose testimonios y denuncias sobre las torturas, agresiones físicas, violencia sexual y tratos degradantes sufridos por integrantes de la misión humanitaria.

El operativo israelí no transcurrió en silencio ni en secreto: el secuestro de las embarcaciones, el traslado forzado de activistas y posteriores escenas de humillación fueron registradas en imágenes y material audiovisual que circularon globalmente, provocando condenas internacionales y cuestionamientos incluso de gobiernos aliados de Israel.

A esas evidencias públicas se suman ahora testimonios directos de sobrevivientes y documentación legal recopilada por organismos de derechos humanos.

El activista brasileño Thiago Ávila, integrante de la Flotilla Global Sumud y detenido anteriormente por Israel, denunció públicamente que activistas detenidos por fuerzas israelíes fueron víctimas de violencia física extrema y abusos sexuales.

“No hay una forma fácil de decir esto, pero tengo que decirlo: hubo personas violadas en la Flotilla Global Sumud. Estos soldados violaron a nuestros participantes. No fue uno, ni dos, ni tres; son muchos casos de violencia sexual”, afirmó tras reencontrarse con personas liberadas.

Según relató, los testimonios describen fracturas, golpizas, lesiones múltiples y violencia sistemática durante el traslado y la detención.

Las denuncias coinciden con la actualización difundida por Adalah (Centro Jurídico para los Derechos de la Minoría Árabe en Israel), organización que brindó asistencia legal a los activistas secuestrados.

Según el equipo jurídico, todas las personas detenidas fueron trasladadas a la prisión de Ktziot, mientras denunciaban “violaciones sistemáticas de garantías procesales” y violencia física y psicológica generalizada.

Abogados que asistieron a los detenidos documentaron denuncias sobre:

  • fracturas de costillas y dificultades respiratorias
  • uso frecuente de pistolas Taser
  • heridas provocadas por balas de goma
  • posiciones de estrés durante traslados
  • obligación de permanecer arrodillados por largos períodos
  • humillaciones, vejaciones y violencia sexual
  • mujeres a quienes les arrancaron el hiyab

Adalah sostuvo además que la interceptación fue ilegal, al producirse en aguas internacionales, y calificó toda la operación —desde el abordaje hasta la detención y deportación— como una flagrante violación del derecho internacional.

El escándalo escaló aún más cuando se difundieron imágenes del ministro de Seguridad israelí Itamar Ben Gvir humillando públicamente a activistas esposados y arrodillados en el puerto de Ashdod, tras su traslado por parte de la Armada israelí.

Las imágenes generaron repudio internacional inmediato. Gobiernos como Francia, España, Italia y hasta el embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, cuestionaron el trato recibido por los activistas.

Bajo esa presión internacional, Israel terminó liberando el jueves 21 de mayo a los activistas internacionales detenidos para proceder a su deportación.

Sin embargo, el caso continúa abierto. La organización Adalah confirmó que la activista israelí Zohar Regev continúa enfrentando un proceso judicial bajo acusaciones que calificó como absurdas.

Thiago Ávila aseguró que los testimonios, exámenes médicos y documentación legal serán llevados a instancias internacionales.

“Todo esto se convertirá en casos legales. Esto va a ir a la Corte Penal Internacional y a la Corte Internacional de Justicia”, afirmó.

El activista vinculó además lo ocurrido con el sistema de detención israelí contra la población palestina y advirtió que lo vivido por la flotilla representa apenas una muestra de las violencias sistemáticas denunciadas en cárceles israelíes.

Mientras tanto, continúan las acciones civiles internacionales para romper el bloqueo sobre Gaza. Entre ellas se encuentra el convoy terrestre Maghreb Sumud, del que forman parte los directores de Investigación de NODAL, Paula Giménez y Lucas Aguilera, quienes permanecen en territorio libio acompañando la misión humanitaria rumbo a Gaza.

Tras el repudio global por el maltrato, Israel libera a los activistas de la Flotilla Sumud

Las autoridades de Israel liberaron este jueves a todos los activistas de la flotilla abordada por la Armada israelí en aguas internacionales en el mar Mediterráneo de cara a su deportación, tras el escándalo surgido tras la divulgación de maltratos y humillación sufridas por orden del ministro de Seguridad israelí, Itamar Ben Gvir, que motivó quejas desde todo el mundo, incluido el aliado EEUU.

Según confirmó el grupo de abogados Adalah, todos los detenidos salieron ya del centro de detención de Ktziot. «Adalah recibió confirmación oficial del Servicio de Prisiones de Israel (IPS) y funcionarios estatales de que todos los activistas detenidos de la Global Sumud Flotilla y la Freedom Flotilla Coalition fueron liberados del centro de detención de Ktziot y están ya en ruta para su deportación«, señaló la organización.

A través de un comunicado se indicó que «la mayoría» de los activistas «están siendo trasladados al aeropuerto de Ramon para salir del país por vía aérea». «El equipo legal de Adalah está supervisando activamente el proceso de tránsito para garantizar que todos los activistas están a salvo y son deportados sin más demora», ha agregado.

Por último, Adalah reiteró que «toda la operación, desde la interceptación ilegal en aguas internacionales hasta la tortura sistemática, la humillación y la detención arbitraria de activistas pacíficos, constituye una flagrante violación del Derecho Internacional«.

Las liberaciones tienen lugar un día después de la catarata de condenas internacionales contra el ministro de Seguridad Nacional de Israel, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, quien publicó el miércoles un vídeo reprendiendo y humillando a los activistas de la flotilla interceptada, entre los que habría cuatro argentinos, y forzó al propio Benjamín Netanyahu a criticar su accionar.

En el vídeo se puede ver a Ben Gvir ondeando una bandera israelí y paseándose entre activistas esposados y arrodillados en el puerto de Ashdod, a donde fueron trasladados por la Armada de Israel tras la interceptación de la flotilla. «Así es como recibimos a los que apoyan el terrorismo. Bienvenidos a Israel», dijo.

La difusión de las imágenes motivó la queja formal de gobiernos como los de Francia, España, Italia, y el propio aliado Estados Unidos, a través de su embajador en Israel, Mike Huckabee, quien criticó las «despreciables acciones» del ministro de Seguridad y resaltó que el funcionario de extrema derecha «traicionó la dignidad de su nación».

Activista israelí

Por otro lado, las autoridades de Israel llevaron este jueves ante un juez a una activista israelí que figura entre las detenidas tras el abordaje de la última flotilla a la Franja de Gaza según el grupo de abogados Adalah.

«Si bien todos los participantes internacionales de la flotilla se encuentran actualmente a la espera de ser deportados por las autoridades israelíes, se está celebrando una vista judicial en el Tribunal de Primera Instancia de Ascalón contra la activista Zohar Regev, que tiene ciudadanía israelí«, dijo Adalah en un comunicado.

«Las autoridades israelíes la retienen bajo acusaciones infundadas y contradictorias sobre ‘entrada ilegal a Israel’, ‘estancia ilegal’ e intentar romper el bloqueo a Gaza», señaló antes de reseñar que «estos cargos son absurdos».

Parlamentarios argentinos del Parlamento del MERCOSUR (PARLASUR) presentaron una iniciativa formal ante la Cancillería argentina para exigir acciones diplomáticas urgentes frente a la situación que atraviesan ciudadanos argentinos que integran la Global Sumud Flotilla y el convoy terrestre Maghreb Sumud, dos misiones humanitarias internacionales que buscan romper el bloqueo sobre Gaza y garantizar el ingreso de asistencia a la población palestina.

La presentación fue encabezada por Victoria Donda Pérez, presidenta de la Comisión de Ciudadanía y Derechos Humanos del PARLASUR; Gustavo Arrieta, vicepresidente del organismo; y Franco Metaza, presidente del bloque Unión por la Patria en el PARLASUR, quienes reclamaron al canciller Pablo Quirno la inmediata intervención del Estado argentino para resguardar la integridad de los y las participantes de ambas misiones.

El reclamo se produce luego de que parte de las embarcaciones de la flotilla fueran interceptadas el 18 de mayo por fuerzas armadas israelíes mientras navegaban en aguas internacionales rumbo a la Franja de Gaza con ayuda humanitaria. Según denunciaron los propios integrantes antes de quedar incomunicados, las embarcaciones fueron abordadas y sus ocupantes retenidos contra su voluntad, con riesgo de ser trasladados a centros de detención bajo control israelí.

En paralelo, el convoy terrestre Maghreb Sumud, que avanza por el norte de África con destino al paso de Rafah, denunció bloqueos y restricciones a su circulación en territorio libio, lo que impide el avance de la misión humanitaria.

Entre las y los ciudadanos argentinos involucrados en estas iniciativas figuran Paula Giménez, psicóloga y directora de investigación de NODAL; Lucas Aguilera, médico veterinario; Nicolás Cortez, médico generalista; Victoria Pi de la Serra, abogada; Ramiro Giganti, periodista; Lautaro Rivara, sociólogo y periodista; y Male Lavenas, activista independiente.

En el documento dirigido a Cancillería, la Comisión de Ciudadanía y Derechos Humanos del PARLASUR sostiene que la intercepción de embarcaciones civiles en aguas internacionales, la retención de voluntarios humanitarios y la obstrucción del acceso de asistencia a población civil constituyen “violaciones flagrantes del derecho internacional humanitario, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y los instrumentos fundamentales del sistema universal de derechos humanos”.

En ese marco, las y los parlamentarios exigieron al gobierno argentino que garantice contacto consular inmediato con cada uno de los ciudadanos retenidos, reclame ante Israel la liberación inmediata e incondicional de los integrantes de la flotilla, asegure su retorno seguro al país, impulse acciones diplomáticas conjuntas con otros Estados cuyos nacionales participan de la misión y presente protestas formales ante los organismos internacionales correspondientes.

“La solidaridad humanitaria no es un delito”, subraya el texto, que además remarca que la protección de los ciudadanos argentinos en el exterior “es una obligación irrenunciable del Estado”, independientemente de sus convicciones políticas o de las causas que defiendan.

La iniciativa fue acompañada además por una movilización frente al edificio de la Cancillería argentina, donde organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos manifestaron su apoyo a las misiones internacionales y reclamaron la intervención urgente del gobierno argentino ante el agravamiento de la situación.

El reclamo se suma a una creciente ola de pronunciamientos en distintos países que exigen garantías para las misiones humanitarias rumbo a Gaza y denuncian las restricciones impuestas al ingreso de ayuda en medio de la crisis humanitaria que atraviesa el territorio palestino.

20 de mayo. En medio del bloqueo que mantiene paralizado en Libia al convoy terrestre internacional Maghreb Sumud rumbo a Gaza, integrantes de la delegación internacional redoblaron el reclamo por la liberación inmediata de las y los activistas secuestrados por Israel tras la intercepción de la flotilla humanitaria en aguas internacionales.

Desde territorio libio, donde permanecen junto a cientos de activistas internacionales a la espera de poder retomar el trayecto hacia la frontera con Egipto, Paula Giménez y Lucas Aguilera, directores de Investigación de NODAL e integrantes del convoy, difundieron un mensaje de solidaridad con quienes fueron retenidos por fuerzas israelíes durante el operativo contra la flotilla marítima.

“Mi nombre es Paula Giménez. Estoy aquí en Libia en el convoy terrestre Maghreb Sumud. Y quiero apoyar a la flotilla que ha sido interceptada por Israel”, expresó Giménez en un video difundido desde el campamento del convoy.

En su mensaje, exigió “al gobierno sionista de Israel el libre tránsito de la flotilla que va por mar con ayuda humanitaria y solidaria hasta Palestina” y remarcó que “el libre tránsito por aguas internacionales es un derecho de toda ciudadanía”. Además, subrayó que romper el bloqueo sobre Gaza y garantizar el ingreso de ayuda humanitaria constituye una necesidad urgente frente a la crisis humanitaria que atraviesa la población palestina.

La directora de Investigación de NODAL también reclamó garantías para la integridad física de las personas secuestradas en el operativo: “Pedimos la integridad física y con vida de todos los integrantes de la flotilla”. El mensaje concluyó con un llamado a sostener la movilización internacional: “No están solos. Palestina libre”.

El reclamo se produce mientras circulan imágenes difundidas tras el secuestro de integrantes de la flotilla, en las que pueden observarse escenas de maltrato y hostigamiento contra activistas internacionales retenidos por fuerzas israelíes. Los registros, ampliamente compartidos en redes y espacios de solidaridad con Palestina, exponen el trato dispensado a personas civiles cuyo objetivo era transportar ayuda humanitaria y denunciar el bloqueo impuesto sobre Gaza.

La intercepción de la flotilla se produjo en aguas internacionales, donde embarcaciones civiles avanzaban con asistencia humanitaria y delegaciones de distintos países en una nueva tentativa por romper el cerco sobre la Franja. Entre las personas retenidas se encuentra la delegación argentina integrada por Ramiro Giganti, Victoria Pi de la Serra, Malena Lavenas, Lautaro Rivara y Nicolás Cortez.

Desde el convoy terrestre, que continúa bloqueado en las inmediaciones de Sirte junto a más de 500 activistas de 30 países, el mensaje fue claro: la ofensiva contra las misiones humanitarias no frenará la solidaridad internacional con el pueblo palestino."

(nodal, 22/05/26)