28.9.26

Vente a España, Mohamed... Vente a Alemania, Pepe... Todas las historias de emigración se parecen más allá del pasaporte ... En un país pobre, atrasado y bajo un régimen autoritario, Mohamed o Pepe, deciden emigrar a Europa. Viven en un pueblo donde no hay futuro y soportan la vigilancia de clérigos obsesionados con la represión sexual. Uno de sus amigos ya emigró y cuando vuelve en verano cuenta maravillas... Así que Mohamed llega a España, o Pepe a Suiza, llegan sin papeles... y descubren que su amigo exageró un poco, para no confesar la vida que llevaba... solo les ofrecen empleos duros que los de allí no quieren hacer... Tienen jornadas agotadoras haciendo hasta tres trabajos distintos. Además, él y sus amigos no se adaptan al impacto con otra cultura y sus costumbres disolutas e inmorales, de nefasta influencia para sus mujeres, que de repente se ponen minifaldas... Mohamed o Pepe preguntan a un amigo por qué miran mal los suizos a los españoles e italianos, o los españoles a los marroquíes, y les dice: “Somos demasiados. Es una invasión” (Íñigo Domínguez)

"Todas las historias de emigración se parecen, más allá del pasaporte y del color de la piel. Les cuento una. En un país pobre, atrasado y bajo un régimen autoritario, Mohamed decide emigrar a Europa. Vive en un pueblo donde no hay futuro y soporta la vigilancia de clérigos obsesionados con la represión sexual. Uno de sus amigos ya emigró y cuando vuelve en verano cuenta maravillas. Cuando por fin él llega a un país europeo descubre que su amigo exageró un poco, para no confesar la vida que llevaba. 

Así que Mohamed, que llega sin papeles, cae en manos de las mafias, un compatriota explotador, y debe dar parte de su sueldo para poder trabajar. Solo le ofrecen empleos duros que los de allí no quieren hacer: alcantarillas, canteras, pozos de basura. Tiene jornadas agotadoras haciendo hasta tres trabajos distintos. Además, él y sus amigos no se adaptan al impacto con otra cultura y sus costumbres disolutas e inmorales, de nefasta influencia para sus mujeres, que de repente se ponen minifalda. 

“Todos venimos pensando en volver”, le dice un compañero. Bueno, les acabo de contar Vente a Alemania, Pepe (1972, Pedro Lazaga), con el gran Alfredo Landa de emigrante, solo he cambiado Pepe por Mohamed. Esos éramos nosotros, se siente mucha simpatía por el pobre Pepe y sus penalidades. Ahora somos muy modernos.

Les cuento otra película, esta vez italiana. Es Pane e cioccolata (1973, Franco Brusati) con Nino Manfredi, que hace de emigrante en Suiza, currando de camarero. Como buena comedia italiana, es mucho más amarga. Un compañero le pregunta por qué allí miran mal a los italianos, y le dice: “Somos demasiados. Dos millones de extranjeros en una población de cinco. Es una invasión”. Aunque concluyen que si no fuera por ellos a ver quién iba a trabajar allí. Sus peripecias para seguir en el país sin papeles y pasar por suizo llegan al punto de que al final se tiñe de rubio, para parecerlo. La escena más famosa es cuando entra en un bar y hay un partido de Italia. Todos se meten con los italianos y él también, para disimular, pero cuando marca Italia no lo puede resistir y se pone a gritar gol como un loco, y así se descubre. Otra rubia que estaba con él tampoco era suiza: era una española con peluca.

La semana pasada se murió Sandro Mazzola, estrella del Inter de los sesenta y setenta, y entre los artículos de homenaje hubo uno de un escritor que en su niñez vivía en Suiza. Contaba que con 14 años fue a ver un amistoso Suiza-Italia en 1970 en Berna, muy emotivo para todos los inmigrantes italianos, que soñaban una victoria para darle en los morros a los suizos. Pero el partido fue mal, perdían 1-0 hasta que, a falta de cinco minutos, Mazzola empató, y para él fue el gol más bonito de su vida. 

Contaba el contexto político: tres meses antes se había celebrado el referéndum sobre la llamada iniciativa Schwarzenbach, un político de extrema derecha, admirador de Franco, que estaba obsesionado con la Überfremdung, traducible como “extranjerización” del país, aunque mejor no dar más ideas en este campo: propuso expulsar a 300.000 extranjeros y limitar el número al 10% de la población (entonces eran el 17%, y más de la mitad, italianos). 

Es curioso recordarlo ahora que Meloni quiere limitar los alumnos extranjeros a un 30% en las clases italianas. La participación fue altísima, un 75%, y al final un 54% de los suizos votó “no”. Eran otros tiempos. Nosotros, los de entonces, tampoco somos los mismos. Más serios, quizá un poquitín peores."                  

(Íñigo Domínguez , El País, 27/09/26)  

Marinaleda prepara una nueva promoción de vivienda pública por 20 euros al mes durante toda la vida... en Sevilla hay una especie de 'oasis' donde el problema que preocupa a gran parte de los españoles no se nota. Se trata de Marinaleda, el municipio que mantiene un modelo socialista que huye de las lógicas de la economía de mercado... "Tenemos la idea clara de que la vivienda no es una mercacía ni debe servir para especular, sino que debe ser un bien de primera necesidad para las personas", el regidor de IU deja claro que no han inventado "nada" y que todo está en el artículo 47 de la Constitución. "Lo único que hay que tener es voluntad política"... El modelo de Marinaleda lleva instalado durante décadas y ha permitido que el 30% de la vivienda que hay en el municipio sean públicas promovidas por el Ayuntamiento "en colaboración con la gente". Alrededor de 300 vecinos pagan entre 15 y 20 euros al mes... "Si un Ayuntamiento de 2.600 habitantes puede ponerlo en práctica, ayuntamientos más grandes con más recursos también pueden llevarlo a cabo"... Marinaleda se basa en dos modelos: la autoconstrucción donde los vecinos construyen sus viviendas con respaldo municipal (el Consistorio cede el suelo y los medios técnicos y humanos necesarios) y el modelo del alquiler social... Esto también supone no gastar en otras cuestiones. "En vez de hacer obras banales que no sirven para nada tenemos la manía de hacer vivienda para la gente" (Emilio Cabrera)

"Marinaleda prepara una nueva promoción de vivienda pública por 20 euros al mes durante toda la vida: "Sólo hay que tener voluntad política". 

Mientras gran parte del país estalla por el precio de la vivienda, en el municipio sevillano mantiene su modelo propio; su alcalde señala a lavozdelsur.es que es posible exportarlo a otros puntos de España

El desahucio de Maricarmen ha provocado un terremoto social en toda España. Desde el sábado, miles de personas están acampadas en la Puerta de Sol pidiendo soluciones para el problema de la vivienda. Esta protesta se está replicando poco a poco en otras ciudades y está previsto que en diferentes puntos de Andalucía este lunes se vean escenas parecidas. La situación ha sacudido el tablero político e, incluso, el Gobierno ha anunciado un Real Decreto 'a contrarreloj' para rebajar la tensión de las calles.

Mientras todo eso pasa, en Sevilla hay una especie de 'oasis' donde el problema que preocupa a gran parte de los españoles no se nota o, si lo hace, es con una intensidad mucho menor. Se trata de Marinaleda, el municipio sevillano que, dentro de sus posibilidades, mantiene un modelo socialista que huye de las lógicas de la economía de mercado.

Tal es así que el Ayuntamiento se prepara para entregar una promoción de 24 viviendas en la que los vecinos pagarán 20 euros al mes. Además, los contratos son indefinidos. "Tenemos la idea clara de que la vivienda no es una mercacía ni debe servir para especular, sino que debe ser un bien de primera necesidad para las personas", dice Sergio Gómez, el primer alcalde que tiene esta localidad de 2.600 habitantes tras la retirada de Sánchez Gordillo. En este sentido, el regidor de IU deja claro que no han inventado "nada" y que todo está en el artículo 47 de la Constitución. "Lo único que hay que tener es voluntad política".

El modelo de Marinaleda no es nuevo, lleva instalado durante décadas y ha permitido que el 30% de la vivienda que hay en el municipio sean públicas promovidas por el Ayuntamiento "en colaboración con la gente". Alrededor de 300 vecinos pagan entre 15 y 20 euros al mes.

Hay quien pensará que esto es posible al tratarse de un pueblo pequeño. Gómez, su alcalde, cree todo lo contrario. "Si un Ayuntamiento de 2.600 habitantes puede ponerlo en práctica, ayuntamientos más grandes con más recursos también pueden llevarlo a cabo, pero hay que tener volutad política y entender la vivienda como un derecho y no un negocio", señala el dirigente de IU al ser preguntado si es posible extrapolar esta forma de gestión al resto del país. Marinaleda se basa en dos modelos: la autoconstrucción donde los vecinos construyen sus viviendas con respaldo municipal (el Consistorio cede el suelo y los medios técnicos y humanos necesarios) y el modelo del alquiler social.

La prioridad en el gasto público

Esto también supone no gastar en otras cuestiones. "En vez de hacer obras banales que no sirven para nada tenemos la manía de hacer vivienda para la gente". El alcalde asegura que cuando se termina una promoción ya piensan en la siguiente y buscan el suelo para poder urbanizar. "Es un éxito, llevamos décadas haciéndolo y facilita mucho la vida de las personas porque no tienenn que estar pensando en si pueden o no pagar la hipoteca o el alquiler altísimo de otras zonas".

Algunas administraciones están denunciando la subida en el coste de los materiales y lo que esto supone para el precio de la vivienda pública. "Para nosotros también se han encarecido", dice Gómez. "Pero aquí tenemos la idea de que primero es hacer vivienda pública y luego otras obras. Y además los dirigentes damos ejemplo porque no percibimos céntimo alguno", señala mientras atiende a lavozdelsur.es desde el aula del instituto donde da clases. 

El alquiler para los vecinos que adquieran esta vivienda será para toda la vida, aunque hay condiciones. "Lo primero que miramos es que no tengan otra vivienda en propiedad", señala. Las viviendas públicas son de primera ocupación por lo que las familias que tengan otra o adquieran otra quedan descartadas. Entendemos que si la pides es porque tienes esa necesidad. Así evitamos la especulación. Demostramos que hay alternativas al sistema capitalista"."

(Emilio Cabrera, La Voz del Sur, 28/09/26) 

El fin de la primacía militar estadounidense... actualmente carecemos manifiestamente de competencia y de la capacidad para el pensamiento y la acción estratégicos... Esta conclusión se ve reforzada por las derrotas potenciales en Ucrania e Irán. Considero que esto constituye una evidencia irrefutable de la falta de individuos con la capacidad genuina para el pensamiento y la acción estratégicos... la guerra entre Rusia y Ucrania han puesto de manifiesto la incapacidad de Occidente para defenderse de un bombardeo estratégico sostenido mediante una combinación de drones y misiles, ya sean hipersónicos o misiles balísticos convencionales... La situación en Irán ilustra este punto. Se ha observado que Estados Unidos se ha visto obligado a replegarse progresivamente hacia el oeste... La incapacidad para alcanzar la superioridad aérea y el control del mar pone en entredicho el modelo estadounidense de proyección de poder, que se basa en una fuerza aérea y naval robusta. Este hecho sugiere el fin de la hegemonía estadounidense, ya que esta depende de la capacidad de desplegar poder en el momento y lugar deseados... tenemos una clase de líderes militares y políticos que carecen de la competencia necesaria, y debemos analizar este problema a fondo para determinar cómo podemos renovar la clase dirigente... además, nuestras estructuras de fuerzas armadas probablemente ya no sean adecuadas para su propósito... Es evidente que no estamos en condiciones de ganar ninguna de las dos guerras en curso: la guerra entre Estados Unidos e Irán y la guerra entre la OTAN y Rusia... Estoy convencido que los estadounidenses comprenderán plenamente la magnitud de la derrota en Irán... La realidad es que Estados Unidos no puede mantener la superioridad aérea ni el control del mar, porque están expulsando a su fuerza aérea y a su armada del Golfo... espero que en Europa estas derrotas nos impulsen a una profunda reflexión (Steve Jermy, Comodoro de la Marina Real Británica)

 "La siguiente es una entrevista realizada a Steve Jermy, un Alto Oficial de la Marina Británica. Aclaramos que sus opiniones no necesariamente coinciden con el pensamiento editorial de esta revista digital. La entrevista la realizó Glenn Diesen, profesor universitario noruego y destacado experto en relaciones internacionales 

Glenn Diesen

Bienvenidos de nuevo. Hoy nos acompaña el Comodoro de la Marina Real Británica, Steve Jermy, quien anteriormente se desempeñó como Director de Estrategia en la Embajada Británica en Afganistán.  También ha comandado buques de guerra en el Quinto Escuadrón de Destructores y en la Aviación Naval Británica. Además, es autor de artículos en Substack, donde ofrece análisis perspicaces, aunque no siempre se ajusten a las narrativas oficiales. Agradezco su presencia en el programa y la calidad de sus escritos, que siempre resultan fascinantes.

Steve Jermy

Es un placer volver a estar contigo, Glenn. Como comentamos anteriormente, espero poder asistir a una conferencia de la CPAC en Noruega en noviembre. Quizás tengamos la oportunidad de volver a vernos allí.

Glenn Diesen

El artículo que me motivó a contactarte, o que nos llevó a entablar esta conversación, se centraba en el equilibrio de poder, un tema que considero particularmente interesante. Como mencionaste, estamos comenzando a explorar el concepto de McKinder. Para algunos de tus oyentes y espectadores, esto se relaciona con los orígenes de la geopolítica, la isla mundial y conceptos similares. Será un placer discutirlo.

Podemos pasar directamente a ese tema. Me gustaría preguntarle cómo concibe el equilibrio de poder y cuáles son los principales factores o variables que deberían considerarse al evaluarlo. Posteriormente, me gustaría retomar la discusión sobre McKinder. considero que estas ideas, en cierta medida, configuran el pensamiento geopolítico contemporáneo.

Steve Jermy

Efectivamente, he dedicado numerosos años a la reflexión sobre este tema, Glenn, y lo abordé en mi obra “Estrategia para la Acción”. En dicho libro, hice referencia a la distinción entre el equilibrio de poder y el equilibrio de pasiones.  Si bien volveré a tratar el equilibrio de pasiones, me percaté de la necesidad de profundizar en el estudio del equilibrio de poder. Mi punto de partida fue, naturalmente, la obra de John Mearsheimer. Mearsheimer sostiene que el poder potencial es función tanto de la riqueza como del tamaño de la población. En consecuencia, una población más extensa y una mayor riqueza tienden a correlacionarse con una mayor fortaleza.

Si bien mi artículo inicial, redactado hace aproximadamente quince meses, se centró en dos factores principales, una reflexión más profunda me ha llevado a la conclusión de que es necesario actualizar dicho artículo.  En mi opinión, existen tres factores fundamentales: la producción industrial, la energía y la capacidad de pensamiento y acción estratégica.

Al analizar estos factores individualmente, observo que existe una tendencia a asumir que la potencia de un país se deriva de un PIB elevado, lo cual considero una simplificación excesiva. El PIB es una métrica integral que abarca diversos sectores, incluyendo servicios, vivienda, finanzas, entre otros. Por ejemplo, en la economía rusa, aproximadamente el 30% de su producto interior bruto se atribuye a la producción industrial, una proporción significativamente mayor que la observada en economías como la británica y la francesa.

En el contexto de un conflicto bélico, la producción industrial adquiere una relevancia crucial, ya que no es posible fabricar préstamos o pólizas de seguros para lanzarlos contra el enemigo.  Estos instrumentos no tendrán un impacto significativo. En cambio, la producción de proyectiles de 155 mm sí marcará una diferencia sustancial.

Es evidente que Rusia posee una capacidad de producción industrial considerable. Occidente posee una cantidad inferior de proyectiles de 155 mm.  Además, las economías occidentales se caracterizan por su fuerte financiarización. 

Michael Hudson establece una distinción fundamental entre el capitalismo industrial y el capitalismo financiero. Actualmente, nos encontramos en una situación en la que la producción de material es insuficiente para apoyar a Ucrania en el conflicto con Rusia.  Asimismo, Estados Unidos enfrenta desafíos significativos en el conflicto con Irán. 

Este es el primer factor fundamental, cuya importancia resulta evidente, aunque no parezca serlo para nuestros dirigentes. El segundo factor es la energía, cuya relevancia también es evidente.  La ausencia de fuentes de energía fiables conlleva dificultades en la producción industrial.  Este fenómeno se observa en Alemania, que experimenta un proceso de desindustrialización debido a la interrupción del acceso al gas natural ruso a precios competitivos.  

Además, la realización de operaciones requiere cantidades considerables de energía. La guerra y las operaciones militares consumen una cantidad considerable de energía. En un artículo reciente, mencioné que durante mi estancia en Afganistán, a pesar de mi experiencia operativa, me sorprendió constatar que el transporte de un litro de diésel hasta la primera línea en algunas provincias donde se encontraban desplegadas tropas británicas y de la OTAN requería 400 litros de combustible. 

Este dato ilustra la elevada demanda energética en un contexto bélico. Recuerdo que durante la Guerra de las Malvinas, reabastecíamos los buques aproximadamente cada tres días. Posteriormente, al mando de una fragata tipo 23 y de una fragata tipo 21, observé que en operaciones atracábamos para repostar aproximadamente cada tres días, lo que suponía el consumo de 200 toneladas de combustible, equivalente a 200 toneladas de diésel.  La conversión a litros no es precisa, pero la cantidad es considerable.  

En conclusión, la guerra y las operaciones militares requieren una cantidad sustancial de energía y la capacidad industrial necesaria para sostenerlas.

Existe una cita notable del Almirante Yamamoto, quien, antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, afirmó que cualquier individuo que hubiera observado los campos petrolíferos de Texas y las fábricas de automóviles de Ohio habría comprendido que Japón nunca podría prevalecer en un conflicto prolongado contra Estados Unidos.  Esta predicción se materializó.

Sin embargo, en mi análisis inicial de estos factores fundamentales, pasé por alto un aspecto crucial: la capacidad de pensamiento y acción estratégicos. Si bien un país puede ostentar el título de la nación más poderosa del mundo, la incompetencia de sus líderes puede generar problemas significativos.  En mi opinión, actualmente carecemos manifiestamente de competencia y de la capacidad para el pensamiento y la acción estratégicos.

Esta conclusión se ve reforzada por un historial de derrotas, si se quiere, para Occidente y la OTAN en Afganistán, Irak, Libia y Siria, así como por las derrotas potenciales en Ucrania e Irán.  Considero que esto constituye una evidencia irrefutable de la falta de individuos con la capacidad genuina para el pensamiento y la acción estratégicos.

Si hubiéramos sometido a un análisis exhaustivo y estructurado, similar al que empleamos en otros ámbitos militares, cada uno de estos conflictos, es probable que no nos hubiéramos involucrado en ninguno de ellos, ya que habríamos identificado los problemas subyacentes. Estos son los factores fundamentales.

Además, he observado otro aspecto igualmente significativo: el poder militar está intrínsecamente ligado a la geopolítica.  En términos sencillos, poseer una armada resulta ineficaz si no se considera el contexto geopolítico, operaciones terrestres y viceversa.  Esta cuestión ha adquirido una relevancia considerable, dado que los conflictos actuales en Ucrania y la guerra entre Rusia y Ucrania han puesto de manifiesto la incapacidad de Occidente para defenderse de un bombardeo estratégico sostenido mediante una combinación de drones y misiles, ya sean hipersónicos o misiles balísticos convencionales.

Esta afirmación se sustenta en el análisis de expertos como Ted Postol, quienes han identificado razones tecnológicas que explican esta vulnerabilidad.  Considero que existen factores adicionales que contribuyen a esta situación, los cuales he abordado en mis escritos sobre los principios de la defensa aérea. El problema radica en que nuestros sistemas y estructuras de fuerzas no están organizados de manera óptima para permitir una defensa eficaz contra este tipo de amenazas.

En consecuencia, la incapacidad para lograr la superioridad aérea, es decir, la capacidad de utilizar el espacio aéreo e impedir que los adversarios lo hagan, implica una probabilidad igualmente alta de no poder controlar el mar.  Este principio, aplicable al ámbito marítimo, se refiere a la capacidad de utilizar el mar e impedir que otros lo hagan.

La situación en Irán ilustra este punto.  Se ha observado que Estados Unidos se ha visto obligado a replegarse progresivamente hacia el oeste.  Incluso en la actualidad, se estima que las bases en Jordania han sufrido daños.  No recuerdo el número exacto de aviones F-16 dañados, ni tampoco el estado del A-10 Intruder, pero se presume que ambos han sufrido daños.  Por lo tanto, estos aviones no se encuentran seguros en sus ubicaciones actuales, lo que limita la capacidad de Estados Unidos para proyectar poder aéreo en la región.  Además, esta situación obliga a los portaaviones estadounidenses a replegarse, al igual que los buques estadounidenses.

En consecuencia, el despliegue de fuerzas terrestres en el extranjero se ve gravemente comprometido, ya que no se pueden establecer bases de movilización seguras.  De igual manera, el despliegue de fuerzas anfibias se ve dificultado, ya que no se pueden transportar con seguridad a la zona de desembarco sin exponer a las fuerzas a niveles de daños inaceptablemente altos.

La última parte de este análisis se centra en la necesidad de abordar estas vulnerabilidades para garantizar la capacidad de defensa de Occidente frente a las amenazas emergentes.

En la actualidad, nos enfrentamos a desafíos logísticos, tanto a nivel nacional como dentro de la OTAN. La incapacidad para alcanzar la superioridad aérea y el control del mar pone en entredicho el modelo estadounidense de proyección de poder, que se basa en una fuerza aérea y naval robusta.  Si bien Estados Unidos sigue siendo una nación de gran poder, su capacidad para proyectar poder como en el pasado se ve comprometida.  Este hecho sugiere el fin de la hegemonía estadounidense, ya que esta depende de la capacidad de desplegar poder en el momento y lugar deseados.

La última utilidad geopolítica es lo que denomino el “equilibrio de la pasión”.  Distingo entre el poder nacional, entendido como poder militar, y la pasión política.  Mi análisis se centra en las razones detrás de las derrotas en Vietnam y Afganistán, donde la causa y la disposición de una nación a respaldarla con convicción fueron factores determinantes. 

En ambos casos, fuerzas tecnológicamente inferiores, como el Vietcong y los talibanes, lograron vencer a enemigos militarmente más fuertes. La razón radica en que los talibanes, afganos, el Viet Cong y los vietnamitas estaban profundamente comprometidos con su causa y dispuestos a soportar un mayor sacrificio humano que las fuerzas occidentales desplegadas contra ellos.  

Por lo tanto, cuando el equilibrio de la pasión está en contra, la eficacia de la fuerza militar se reduce.  Este fenómeno también se observa en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, donde, a pesar de un número relativamente bajo de bajas, con cientos de heridos y poco más de una docena de muertos en combate, el asunto sigue siendo de gran relevancia política en Estados Unidos.

Considero que existe un apoyo limitado a un conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán dentro del territorio nacional. En consecuencia, estos factores contribuyen a un cambio significativo en el equilibrio de poder a nivel mundial, con un desplazamiento desde la capacidad de Estados Unidos y las naciones marítimas para proyectar poder hacia aquellos países organizados de manera diferente.  

Estos países poseen estructuras de fuerzas como la rusa, que integra un ejército con defensa aérea integrada y una estructura considerable de fuerzas de misiles.  Al referirme a fuerzas de cohetes, me refiero a los cohetes de gran tamaño que se observan con frecuencia en los desfiles militares de Moscú y Pekín.  

A diferencia de Occidente, los rusos, los chinos, los norcoreanos, y los iraníes, llevan años desarrollando estas fuerzas.  Por lo tanto, nos llevan al menos cinco años de ventaja, aunque yo diría que probablemente más bien diez. El cambio ya se ha producido.  A pesar de lo que algunos puedan pensar, la idea de que contar con el apoyo de Estados Unidos garantiza la victoria es ahora una suposición altamente incierta. 

Glenn Diesen

Esta incertidumbre se extiende a Ucrania y la OTAN, así como a Israel en Oriente Medio.  Parece que esta realidad se reconoció parcialmente. Tras el respaldo de la OTAN al derrocamiento de Janukovic y el consiguiente desencadenamiento de conflictos en Ucrania, se observó que la administración Obama adoptó un enfoque cauteloso a la hora de intensificar el conflicto y a la vez reconocía que este fenómeno se producía en la frontera de Rusia, lo que confería a Rusia una ventaja logística. 

Como usted ha mencionado, para transportar material desde Estados Unidos hasta Ucrania, los rusos siempre mantendrían dicha ventaja. Si se encuentra en el este de Ucrania y se agota parte de su artillería, debe enviarla a Polonia para su reparación.  

Ellos no enfrentarían tales dificultades. Por lo tanto, Obama sí reconocía que los rusos tendrían esa ventaja, pero también lo que usted mencionó, esta y la intensidad emocional que genera. Para los rusos, esto representa una amenaza existencial, por lo que lucharían hasta el final, mientras que en Occidente sería muy difícil soportar bajas significativas. Es por ello que también debemos colaborar con los ucranianos. Sin embargo, lo que omitió fue la capacidad industrial. 

Steve Jermy

Creo que Obama asumía el mismo eslogan de McCain, que Rusia no es más que una gasolinera disfrazada de país. Creo que esa fue la premisa de Obama sobre por qué, después de 2014, el rublo podría colapsar. Y como usted señala, esto podría extenderse a Irán. Quiero decir, si se analiza su  poderío militar… ¿dónde está su marina? ¿Dónde está su fuerza aérea? Pero esa es precisamente la ventaja de Rusia. Pueden fabricar misiles y drones de bajo costo. No necesitan una fuerza aérea ni una marina para ello. Quiero decir, la tienen, pero esa no es la razón por la que son capaces, en esencia, de derrotar a Estados Unidos. 

Y de nuevo, como los rusos consideran, y con fundamento, que esto es una la amenaza existencial, la disposición a soportar bajas, a tolerar el dolor y a perseverar es comprendida no solo por el Estado, sino también por la población. En Rusia, la capitulación podría implicar la destrucción del país, por lo que no existe otra alternativa que continuar la lucha. 

Sin embargo, me planteo interrogantes sobre la capacidad industrial, ya que esta se nos ha escapado de las manos.  En otras palabras, al Occidente político, antes la poseíamos. Parece que durante la década de 1990, con el inicio de la globalización, optamos por esta nueva división internacional del trabajo.  Eso era todo lo que contemplaban nuestros acuerdos comerciales.

Necesitaremos una mayor protección de la propiedad intelectual mientras nuestras industrias puedan deslocalizarse.  Por consiguiente, Estados Unidos deseaba centrarse en la tecnología, las finanzas y los servicios.  En esos sectores se generaba todo el capital y podían externalizar su producción industrial, la fabricación de automóviles e incluso, en última instancia, la producción militar. Este tipo de industria podía desaparecer. 

La idea siempre fue: “Nosotros diseñaremos el iPhone y los chinos podrán fabricarlo”.  Eso era lo que significaba la división internacional del trabajo. Pero ahora, como menciono, cuando se trata de producir bienes básicos como proyectiles de artillería, los rusos pueden producir más que todo el Occidente político en conjunto.  

Glenn Diesen

Evidentemente, debemos replantearnos el énfasis puesto únicamente en el Producto Interior Bruto. Pero, ¿cuál es su opinión? ¿Qué debería hacer Estados Unidos, la OTAN, Europa?, ¿Qué deberían hacer los líderes occidentales de manera diferente?

Steve Jermy

Considero que el primer paso que deberían tomar es intentar comprender las razones subyacentes a los desafíos actuales. Creo que la respuesta reside en el propio marco analítico.En Occidente, llegamos a esta situación de manera gradual, aunque no completamente inconsciente.  Si bien avanzábamos sin plena conciencia, estábamos guiados por dos grupos de influencia. El primero fue la Escuela de Chicago de Economía. 

A menudo reflexiono sobre la Guerra de las Malvinas, donde Thatcher logró una victoria significativa. Como consecuencia, en Gran Bretaña se produjo una rápida expansión de las privatizaciones. Esta tendencia general contaba con el respaldo de la Escuela de Chicago de Economía, que abogaba por la primacía del mercado. En consecuencia, el Estado redujo su intervención y se delegó la responsabilidad en el mercado.

Naturalmente, el sector financiero, en particular Wall Street, la City de Londres y otros actores relevantes, acogieron con entusiasmo este cambio.  Además, es probable que existiera un sector dentro de Estados Unidos que percibiera la deslocalización de la producción a China como una estrategia ventajosa para Wall Street, que también contribuiría a la democratización y a la integración de China en el mundo occidental.

Sin embargo, esta estrategia también implicó permitir que Wall Street y la Escuela de Economía de Londres ejercieran una influencia considerable.

La decisión de Chicago de deslocalizar nuestra producción militar, al examinarla con detenimiento, probablemente no fue acertada.  Parece que nos dejamos llevar por una visión general, influenciados por la forma en que los economistas utilizan el PIB.  Si bien el PIB se percibía como una medida de poder, en el ámbito militar no lo es, como demuestran los conflictos del siglo XXI.

En este contexto, considero fundamental que realicemos un análisis exhaustivo y riguroso de esta cuestión y de otros enfoques analíticos para determinar con precisión nuestra capacidad militar. En Europa, nuestra posición es, en general, débil.  Presentamos deficiencias en la producción industrial y energética (con la excepción de su país y, en menor medida, el mío) ya que carecemos de producción de hidrocarburos.  La idea de librar una guerra únicamente con energías renovables es, desde mi experiencia en el sector, una concepción irreal y, por tanto, inadecuada.

Por último, y con igual importancia, debemos analizar las razones subyacentes a los numerosos errores cometidos en nuestro pensamiento estratégico.  Lamento constatar que gran parte de estos errores se atribuyen a la falta de liderazgo competente.  Nuestros dirigentes, tanto en el ámbito político como militar, así como entre nuestros responsables de defensa y asuntos exteriores, carecen de la experiencia necesaria.  

Mi criterio para evaluar la competencia estratégica se basa en la eficiencia: lograr un objetivo operativo con los recursos asignados y asegurar la sostenibilidad de los resultados.  Tomando como ejemplo el desastre de Afganistán, en retrospectiva, fue un fracaso. Occidente y la OTAN permanecieron allí durante más de 20 años, invirtiendo considerables recursos, pero al retirarnos, los talibanes cercaron Kabul y la situación se deterioró rápidamente.  Por lo tanto, debemos cuestionarnos cómo llegamos a tal situación.

La situación actual se ve agravada por la incapacidad de los líderes para pensar y actuar estratégicamente.  Como bien señaló el general francés Andrey Befrey, “En la guerra, el perdedor merece perder porque su derrota debe ser consecuencia de un mal pensamiento estratégico, ya sea antes o durante la campaña”.  Por lo tanto, la cuestión se reduce a la competencia. 

Es imperativo que los líderes occidentales, incluyendo tanto a líderes políticos como militares, examinen sus estructuras organizativas para identificar las razones de sus fracasos.  Posteriormente, deberán determinar si es necesario modificar estos sistemas para incorporar a personas competentes que les apoyen.

Una de las primeras medidas que tomaría sería revisar todos los consejos recibidos, especialmente los provenientes de los mandos militares.  Si bien los militares son responsables del liderazgo estratégico, mi experiencia indica que a menudo se sobreestiman a sí mismos y asumen que poseen un conocimiento superior, lo que lleva a que sus opiniones sean escuchadas con demasiada frecuencia.  

Por ejemplo, se observa con frecuencia a figuras como Jack Kane en la televisión estadounidense ofreciendo explicaciones simplistas sobre la facilidad con la que se podría derrotar a Irán.  Sin embargo, la realidad es que la situación es mucho más compleja.  En consecuencia, tenemos una clase de líderes militares y políticos que carecen de la competencia necesaria, y debemos analizar este problema a fondo para determinar cómo podemos renovar la clase dirigente.

Este proceso no será sencillo ni rápido.  Además, nuestras estructuras de fuerzas armadas probablemente ya no sean adecuadas para su propósito.  Debemos realizar un análisis exhaustivo de las dos guerras en curso: la guerra entre Estados Unidos e Irán y la guerra entre la OTAN y Rusia.  

Es evidente que no estamos en condiciones de ganar ninguna de las dos.  Somos débiles en todos los factores que he considerado, y es probable que la derrota sea inevitable.  Por lo tanto, creo que sería mucho más prudente retirarnos de ambas guerras lo antes posible y de la manera más humana posible. Una vez finalizados estos conflictos, será fundamental llevar a cabo investigaciones profundas para comprender las razones subyacentes de nuestros fracasos.

Debido a los acontecimientos recientes en ambas guerras, es probable que nos encontremos en medio de una crisis energética, o de lo que anticipo será una crisis energética cada vez más grave, lo que a su vez provocará una crisis económica significativa.  Por lo tanto, nos embarcaremos en esta tarea en un momento inoportuno. Sin embargo, esto no altera el hecho de que, si logramos ejecutarla con competencia, es imperativo tomar medidas.  Estas medidas deben originarse desde las más altas esferas de poder.

Curiosamente, creo que en Gran Bretaña estamos comenzando a observar indicios de este cambio.  Percibo a un Primer Ministro que no apoya el conflicto de Estados Unidos e Israel contra Irán. De hecho, se ha manifestado públicamente en contra de ellos.  Tengo la intuición, aunque aún no respaldada por declaraciones públicas, que tampoco cree firmemente en la guerra de la OTAN en Ucrania.

La razón por la que sostengo esta opinión es que, recientemente, en el Parlamento, expresó la necesidad de tener sumo cuidado para que la agenda interna no quede subordinada a la agenda militar de las operaciones en el extranjero.  Si bien esto podría interpretarse como un cuestionamiento implícito de la guerra de la OTAN en Ucrania, no me sorprendería.

Asimismo, estamos comenzando a observar, por fin, en otros medios de comunicación generalistas, a personas que cuestionan estas guerras.  The Spectator, una revista política de gran prestigio y seriedad en Gran Bretaña ha afirmado que Ucrania está perdiendo la guerra.

Dado que este tipo de situaciones comienzan a ser publicadas en la prensa estadounidense, resulta imperativo que nos desvinculamos de estos conflictos lo antes posible y procedamos a analizar las causas de nuestros fracasos.

Glenn Diesen

Considero que su observación es acertada. En efecto, tras una derrota militar, se presenta la oportunidad de reflexionar sobre los errores cometidos, aprender de ellos y realizar los ajustes necesarios. Sin embargo, parece que tras cada conflicto, simplemente se desplaza el foco de atención a otros temas. Tras la guerra de Afganistán, surgió la preocupación de que esta derrota humillante pudiera socavar la cohesión de la OTAN.  En lugar de abordar esta cuestión, se optó por ignorarla y pasar a otros asuntos.  

Es probable que, en caso de derrota en Irán o en la guerra contra Rusia, nos encontremos en una situación similar.  Por lo tanto, sería de nuestro propio interés entablar un debate profundo, no solo sobre los conflictos actuales, sino también sobre el caso de Afganistán, que resultó fallido.  Un aspecto común tanto a Afganistán como a los conflictos actuales es la prevalencia de la desinformación. 

Los Papeles de Afganistán revelaron que se tenía conocimiento de la situación crítica y que se ocultó al público.  En este contexto, surge la pregunta por qué es necesario defender o perpetuar una narrativa que contradice la realidad.Como usted mismo señaló en un artículo reciente, el mito de la supremacía militar estadounidense se está desmoronando.  Este fenómeno es particularmente significativo, dado que, tras la Guerra Fría, Estados Unidos se consolidó como la potencia militar dominante.

Steve Jermy 

Estados Unidos implementó una estrategia de seguridad que estableció un orden mundial caracterizado por la unipolaridad, en el cual ningún estado o coalición de estados poseía la capacidad realista de rivalizar con la superioridad militar estadounidense. Esta estrategia hegemónica se fundamentaba en la percepción de que la potencia de Estados Unidos era tal que otros estados debían abstenerse de cualquier acción que pudiera considerarse una amenaza o desafío significativo.

Sin embargo, la necesidad de proyectar una imagen de omnipotencia implica que cualquier debilidad debe ser ocultada, ya que la percepción de un poderío inquebrantable se convierte en un elemento tan influyente que dificulta la discusión abierta sobre las vulnerabilidades.  La falta de diálogo sobre estas debilidades y problemas puede provocar su agravamiento progresivo.

A medida que Estados Unidos experimenta reveses en conflictos indirectos con Rusia o directos con Irán, la percepción de su dominio global se ha visto seriamente comprometida.  Los responsables políticos en Washington, que buscan restaurar la primacía global por razones justificables, se encuentran actualmente preocupados.  No obstante, si estos problemas no se abordan, se corre el riesgo de crear una presión acumulada que podría culminar en un colapso significativo.  

La pregunta que surge es: ¿cuál sería la estrategia más adecuada para abordar esta situación? ¿Qué tipo de reformas serían necesarias?  Esta pregunta podría considerarse simplista, ya que plantea la complejidad de modificar el pensamiento estratégico.  Es, sin duda, una cuestión relevante.

Esta pregunta tiene un significado personal para mí, dado que soy autor del libro titulado “Estrategia para la acción”, cuyo subtítulo es “Usar la fuerza con prudencia en el siglo XXI”.  Es evidente que el uso de la fuerza en el siglo XXI ha sido, en ocasiones, imprudente.

La motivación para escribir este libro surgió de mi análisis de los conflictos en Irak y Afganistán durante el período en que lo estaba redactando. Inicialmente, trabajé en la oficina del Jefe del Estado Mayor de la Defensa, pero posteriormente tuve la oportunidad de visitar Afganistán.

Tras aproximadamente un mes en el país, me llamó la atención que había decidido visitar Hellman a pesar de las recomendaciones británicas en contra.  Mi respuesta inicial fue: “Tenemos 4.500 soldados allí. Supongo que probablemente ya tenemos información suficiente sobre la situación”.

A lo largo de mi recorrido por la campaña, observé un patrón recurrente. Tanto en Bagram, donde se encontraba la División Aerotransportada en ese momento, como en un cuartel general hispanoitaliano y un cuartel general de brigada en EAT al oeste del país, conversé con los planificadores militares, conocidos como los J5, que forman parte de la división funcional de un cuartel general de la OTAN.  A cada uno de ellos les planteé la misma pregunta: “¿Qué estrategia están implementando?”.

Todos eran capitanes excepcionalmente competentes. Clenn seleccionó a los planificadores debido a la necesidad de contar con los individuos más capacitados y preparados para dichas funciones.  Todos dirigieron su mirada hacia el suelo…“Por favor, me pidieron, comparta este silencio .” Esta situación se repetía sin excepción en todas partes. No existía una estrategia definida; simplemente improvisábamos sobre la marcha.

Desconocíamos la estrategia, por lo que optimizábamos los recursos disponibles. Estoy convencido de que esta situación persistía en 2012. Danny Davis y yo hemos conversado al respecto, y él confirmó que era idéntica durante su estancia allí en 2012. Por lo tanto, deberíamos haber realizado un análisis exhaustivo de esta cuestión.

He abordado este tema ante comisiones especiales de la Cámara de los Comunes Británica en el Reino Unido, destacando la incapacidad para una planificación estratégica eficaz. Considero que el problema principal en ese momento residía en la concurrencia de dos guerras y en la limitación de la base de datos. Actualmente, la base de datos es abrumadora, pero se requiere un reconocimiento generalizado. Solo espero que la forma en que este reconocimiento se materialice sea la adecuada. Es lamentable que no pueda divulgarse públicamente con mayor rapidez, pero creo que probablemente se revelará a medida que se aclare la magnitud total de la derrota.

Estoy convencido que los estadounidenses comprenderán plenamente la magnitud de la derrota en Irán, ya muchos de ellos la perciben con claridad. Entonces,  en ese momento será extremadamente difícil ocultarla. Es curioso y quizás irónico mencionar que el presidente afirma haber destruido la fuerza aérea y la armada iraníes.

No obstante, ¿qué importancia tiene? Porque si están expulsando a su fuerza aérea y a su armada del Golfo, como ha ocurrido con la Fuerza Aérea estadounidense, que está sufriendo bajas considerables en el terreno. Y si su armada está siendo atacada y expulsada del Golfo de Omán, entonces, ¿qué importancia tiene las afirmaciones de Trump?

La realidad es que Estados Unidos no puede mantener la superioridad aérea ni el control del mar. Me espero que en Europa estas derrotas nos impulsen a una profunda reflexión sobre dos cuestiones cruciales.  Cuando se conozca la magnitud real de las bajas en el conflicto entre Rusia y Ucrania, particularmente del lado ucraniano, que presumiblemente están significativamente subestimadas en Occidente, espero que se produzca una reevaluación crítica.  

A medida que estas bajas se hagan más evidentes, quienes en Occidente promovieron la prolongación del conflicto, a pesar de las advertencias de los medios independientes sobre la necesidad de un enfoque alternativo, deberán asumir la responsabilidad de sus decisiones.  Es fundamental que se ejerza una autocrítica honesta y se considere la posibilidad de haber cometido errores, ya que este tipo de reflexión es esencial para nuestro aprendizaje colectivo.

Si logramos superar las consecuencias de estos dos conflictos, es imperativo que retomemos una perspectiva profunda sobre el propósito fundamental de las fuerzas armadas.  Existe el riesgo que las fuerzas armadas sean percibidas, o hayan sido percibidas, como instrumentos para la intervención extranjera.  

La noción de “intervención humanitaria” se ha utilizado con frecuencia como justificación para acciones en el extranjero que rara vez, por no decir nunca, han producido resultados positivos.  En realidad, las fuerzas armadas deben estar orientadas a la defensa, no a la ofensiva.  Como europeos, también debemos cuestionar dos pilares fundamentales de la seguridad europea. El primero es la dependencia de Estados Unidos.  La experiencia en Europa ha demostrado la importancia de la implicación estadounidense en el continente.

Sin embargo, resulta cuestionable que Estados Unidos siga siendo considerado un pilar fundamental de la seguridad europea, dado que, en términos de seguridad nacional, los estadounidenses sitúan a Europa en el quinto lugar de sus prioridades.  El territorio continental de Estados Unidos ocupa el primer lugar.  En general, las Américas ocupan el segundo lugar, China el tercero, el Golfo el cuarto y Europa el quinto.  

Además, Estados Unidos ha expresado su deseo que Europa asuma la responsabilidad de su propia defensa. Considero que debemos proceder con esta iniciativa y no vislumbro obstáculos insalvables para su consecución. No obstante, el segundo pilar fundamental de la seguridad reside en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).  

Lamento constatar que la anécdota que empleábamos para describir a la OTAN durante mi destino en la Fuerza Naval Permanente de la OTAN en el Mediterráneo, según la cual OTAN significaba “ninguna capacidad para organizarse”, resultaba ser completamente acertada.  Hemos sido testigos de intervenciones de la OTAN, aunque en realidad se trató de intervenciones estadounidenses, como la de Kosovo en la que participe directamente .  Debo reconocer, con cierta vergüenza, que en aquel entonces no comprendí plenamente la situación.

Dicha intervención se llevó a cabo con una legitimidad sumamente cuestionable, careciendo incluso de base legal, al no contar con una resolución del Consejo de Seguridad que la respaldara.  Su legitimidad era, por tanto, muy dudosa.  Posteriormente, se produjo la guerra de Afganistán, en la que la OTAN fracasó.

Considero que esta afirmación es tan evidente que resulta casi redundante, pero resulta imperativo reiterarla. La función primordial de la OTAN era prevenir la guerra en Europa, y sin embargo, hemos presenciado un conflicto bélico en el continente europeo, lo que constituye un claro fracaso de la OTAN.  Finalmente, y no menos importante, la OTAN se encuentra actualmente incapacitada para asistir a Ucrania.  Como he mencionado anteriormente, la OTAN fue concebida para hacer frente a una amenaza generada por su propia existencia, pero carece de la capacidad para confrontar la amenaza que su propia existencia ha provocado.

En mi opinión, ha llegado el momento de retornar a los principios fundamentales de la seguridad europea. Un punto de partida adecuado sería prestar atención a las declaraciones de Rusia. Rusia ha expresado de manera inequívoca, durante años, su deseo de una seguridad común, un hogar europeo común y la necesidad de un enfoque integral de la seguridad.  Rusia siempre ha considerado que el fin definitivo del conflicto requerirá la implementación de mecanismos en Europa que impidan futuros conflictos de esta naturaleza.  Esta es la razón por la que titulé mi artículo hace algún tiempo: “El mito hecho añicos de la primacía de Estados Unidos”.

El artículo sobre el espíritu de Westfalia me ha llevado a centrarme en el equilibrio de poder, más que cualquier otro factor.  Este artículo me ha recordado que los europeos ya han logrado este equilibrio en el pasado y tienen el potencial de volver a hacerlo en el futuro. La Paz de Westfalia puso fin a la Guerra de los Treinta Años y a la Guerra de los Ochenta Años.  Como distinguido académico y estudioso, Glenn, usted posee un conocimiento mucho más profundo sobre este tema que yo. Sin embargo, los europeos lograron este equilibrio en circunstancias sumamente difíciles, y creo firmemente que podríamos replicar este logro en el presente.

Confío en que la crisis energética en curso, que inevitablemente conducirá a una crisis económica, será el catalizador que impulse a los europeos a considerar esta cuestión. Esta crisis pondrá de manifiesto de manera contundente la insuficiencia de recursos financieros en Europa para sostener el conflicto en Ucrania.  Cuando esta realidad se haga evidente, preveo un período de profunda reflexión interna.

Tal como están las cosas los europeos se verán obligados a considerar las implicaciones de recortar los presupuestos destinados a sectores esenciales como la sanidad, la seguridad social, las artes, la educación y la inversión en infraestructuras energéticas, las cuales son fundamentales para el funcionamiento de cualquier sociedad industrial moderna.  

Mi predicción sobre la evolución del conflicto entre Rusia y Ucrania es que el impacto económico en Europa será el factor determinante que obligue a los europeos a entablar negociaciones.  Además, confío en que, al verse compelidos a negociar, los europeos emprendan una reflexión profunda sobre los errores cometidos en estos fracasos.

En el contexto del siglo XXI, la propuesta de considerar las perspectivas rusas se ha convertido en un concepto revolucionario o controvertido, a pesar de que, como usted señala, llevan más de tres décadas expresando consistentemente la misma postura.  

En concreto, abogan por una arquitectura de seguridad paneuropea, argumentando que la mera ampliación de los bloques de la OTAN, un bloque militar de la Guerra Fría, y la reactivación de esta lógica, suscitará inevitablemente inquietudes en Rusia.  Cabe destacar que, para algunos medios de comunicación, la mera consideración de este argumento implica reconocer las legítimas preocupaciones de seguridad de nuestros adversarios.

Recientemente, el canciller alemán, Olaf Scholz, pronunció un discurso en el que afirmaba que la preocupación por Rusia reside en la democracia. Entiendo esta perspectiva, ya que el proyecto hegemónico debe presentarse como una fuerza positiva, un hegemón benigno, una fuerza del bien, como se describe a la OTAN.  Entonces si se critica la proximidad de nuestra infraestructura militar a sus fronteras o nuestro intervencionismo, se interpreta como una oposición a nuestros valores.  En esencia, este es el núcleo del argumento.

La situación se extendió a Irán, ya que recuerdo haber expresado públicamente mi escepticismo sobre la eficacia de la intervención estadounidense cuando sus fuerzas comenzaron a desplegarse en febrero.   Irán, percibe la intervención estadounidense como una amenaza existencial.  Irán luchará con determinación y posee capacidades considerables.  Tiene la capacidad de atacar todas las bases y bloquear el estrecho de Ormuz, pero estos aspectos no se discuten abiertamente.  En cambio, si se plantea esta perspectiva, se nos acusa de ser un defensor de los Ayatolás, de no preocuparse por la libertad y de ignorar la situación de las mujeres , entre otras cuestiones.

Si no se es capaz de comprender el mundo desde la perspectiva rusa o iraní se corre el riesgo de no reconocer sus intereses de seguridad, su fuerza y su determinación, ya que se tiende a percibir a todos los actores como débiles y desesperados.

No existe justificación alguna para considerar que reconocer la ventaja del adversario implique una postura pro-iraní, sin embargo, esta es la interpretación predominante, lo que limita la posibilidad de un diálogo abierto y objetivo.  Esta misma dinámica se observa en la relación con Rusia.  Reconocer que Rusia está obteniendo ventajas estratégicas se percibe como un argumento pro-Kremlin, lo cual resulta en una restricción del análisis.  

La imposibilidad de reconocer las cifras reales de bajas o las provocaciones sufridas por Rusia, sin ser etiquetado como pro-ruso, obstaculiza la comprensión de la situación.  La insistencia en que Rusia actúa únicamente por oportunismo militar, sin motivaciones legítimas, impide un análisis estratégico riguroso y compromete la eficacia del pensamiento estratégico.

En cuanto a Alfred Mckinder, figura fundamental en el desarrollo del pensamiento geopolítico moderno, su enfoque en el poder marítimo resulta particularmente relevante en el contexto actual.  Su artículo destaca la erosión de algunas de las ventajas geográficas de Estados Unidos, especialmente en el ámbito marítimo, lo que se alinea con la tesis central de Mckinder.  En este sentido, me gustaría profundizar en la explicación de la teoría de Mckinder y su aplicación a los cambios geopolíticos contemporáneos.

La actual configuración del poder global, caracterizada por un mundo tripolar, con Estados Unidos, Rusia y China como las principales potencias, introduce una nueva dimensión al análisis geopolítico.  A pesar de las fluctuaciones en el equilibrio de poder, la existencia de tres polos de influencia redefine las dinámicas internacionales y exige una reevaluación de las estrategias tradicionales.

Estados Unidos no continuará siendo una potencia militar extremadamente fuerte.  Su posición actual es de declive y cabe destacar la presencia de China y Rusia en el escenario global.  Aquellos que subestiman a Rusia a menudo carecen de comprensión o de la capacidad para realizar un análisis militar riguroso. El ejército ruso, con un millón y medio de efectivos, es probablemente el más experimentado en combate del mundo.  

Algunos observadores, desde la comodidad de sus despachos, critican la velocidad de las operaciones rusas, interpretándola como incompetencia.  Sin embargo, esta percepción revela una contradicción en el debate occidental: si el ejército ruso es incompetente, ¿por qué representa una preocupación?

La cuestión central, aún en proceso de exploración, es la influencia geopolítica de China y Rusia.  McKinder, en una cita que recuerdo imperfectamente, afirmaba que quien gobierna Europa del Este gobierna Eurasia, quien gobierna Eurasia gobierna la isla mundial, y quien gobierna la isla mundial gobierna el mundo.  

En este contexto, China y Rusia emergen como las dos naciones clave de la isla mundial, concebida por McKinder como Europa, Asia y África.  Si bien a menudo se considera a Rusia como el socio menor en esta relación, no estoy de acuerdo. China depende significativamente de las importaciones de hidrocarburos rusos, y aunque Rusia tenga una población menor que la de China, ha demostrado su capacidad para librar una guerra indirecta contra la OTAN y obtener la victoria.

En consecuencia, China y Rusia son dos naciones extraordinariamente poderosas.  Si Estados Unidos persiste en su intento de mantener la hegemonía, se enfrenta a un desafío considerable, ya que no vislumbro cómo podría lograrlo.  Dudo de la capacidad de Estados Unidos para defender Europa, una preocupación que he expresado en el pasado.

La debilidad de la OTAN y nuestra incapacidad para garantizar la seguridad efectiva de nuestros mares, lo que dificulta el despliegue de fuerzas estadounidenses en Europa, plantea interrogantes significativas.  Si bien los Estados Unidos poseen la capacidad militar para hacerlo, la voluntad política para llevar a cabo tales acciones es actualmente inexistente. 

Esta situación se extiende a otras naciones como Taiwán, Corea del Sur y Japón, que, si bien han sido parte del mundo occidental político, ahora se encuentran en la periferia geográfica de la isla mundial.  Es imperativo que estas naciones, incluyendo Noruega y Gran Bretaña, ambas situadas en dicha periferia, reflexionen profundamente sobre sus desafíos de seguridad futuros.

Una estrategia eficaz para abordar estos desafíos podría consistir en revitalizar la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).  Sin embargo, esta iniciativa requiere una consideración cuidadosa y una evaluación exhaustiva.  En este contexto, el trabajo de Halford Mackinder resulta particularmente relevante.  Actualmente estoy releyendo su obra, un libro conciso pero profundo, para analizar las implicaciones de mis observaciones en relación con la perspectiva de Mackinder sobre la geopolítica.

Mackinder, quien escribió principalmente a principios del siglo XX y falleció tras la Primera Guerra Mundial, ofrece valiosas perspectivas, aunque algunas de sus ideas pueden considerarse anticuadas.  Otro estratega marítimo de gran importancia es Julian Corbett, a quien considero el más destacado de los dos.  Su obra también merece una atención cuidadosa en este contexto.

Sin embargo, la afirmación de Julian Corbet, citada en mi artículo titulado “El mito destruido de la primacía militar estadounidense”, sostiene que la verdadera fortaleza de una armada reside no en sus propias capacidades, sino en su capacidad para potenciar las operaciones del ejército, dado que la población reside en tierra firme, no en el mar ni en el aire.

No obstante, persiste una cuestión abierta en torno al comercio.  En la actualidad, seguimos dependiendo críticamente del mar para una parte sustancial de nuestras actividades comerciales.  El 95% del transporte de mercancías pesadas se realiza por vía marítima.  Esta dependencia se fundamenta en principios físicos, aunque podría experimentar cambios en el futuro debido al desarrollo de sistemas ferroviarios y a las estrategias implementadas por China.  Cabe destacar que China se está consolidando como una potencia marítima de gran relevancia.  Considero que este cambio es de profunda trascendencia.

Dado que China se ha convertido en la “fábrica del mundo”, un ejemplo ilustrativo es la industria de la construcción naval.  Afirmo sin temor a equivocarme que China construye entre el 70% y el 80% de los buques del mundo.  Esta cifra es verdaderamente asombrosa, y la idea de que las naciones occidentales puedan recuperar esta posición en un futuro próximo es poco realista.  Por lo tanto, otro aspecto crucial consiste en determinar cómo las naciones que pertenecen al bloque político occidental, pero que se encuentran en la periferia geográfica de la “isla mundial”, se relacionan con las dos potencias dominantes de dicha isla.  En mi opinión, este es un momento propicio para una relación basada menos en valores compartidos y más en el comercio y el pragmatismo.

Es posible que no compartamos algunas de las políticas implementadas en China o en Rusia.  Esta percepción dependerá de los valores individuales y de la interpretación de cada uno.  Sin embargo, puedo identificar otras naciones, muchas de ellas ubicadas en el Golfo Pérsico, que mantienen regímenes autocráticos más pronunciados que las dos potencias mencionadas.  Estas naciones llevan a cabo acciones dentro de sus respectivos sistemas que podrían resultar cuestionables.

Las acciones que criticaríamos si fueran perpetradas por un adversario son toleradas cuando se trata de un gobierno de un estado del Golfo al que consideramos un aliado.  Este mismo fenómeno se observa en Ucrania, donde la corrupción y las actividades de la brigada SOV y otros actores se mantienen deliberadamente ocultas.  Asimismo, el reclutamiento forzoso de ciudadanos ucranianos es silenciado.

Si bien me he distanciado parcialmente de las ideas de Mackinder, planeo retomar su perspectiva más adelante.  Gran parte de esta situación se atribuye a la influencia cultural en la política occidental, particularmente en la narrativa y la presentación de los hechos. Sin embargo, no percibo cambios profundos en curso, y las implicaciones para las relaciones internacionales entre el Occidente político, las naciones periféricas de la isla mundial y las potencias dominantes de dicha isla merecen una seria reflexión desde las perspectivas de la seguridad nacional, la seguridad económica y la seguridad militar.

Actualmente, nos encontramos en una posición de mayor vulnerabilidad, y reconocer esta realidad podría iniciar una transformación en el debate político dentro del Occidente periférico, orientándolo hacia un enfoque más realista y pragmático, en lugar de uno predominantemente basado en valores.  Además, considero que una reflexión autocrítica por parte de todo el Occidente político es necesaria.  Supongo, Glenn, que tú, con tu mayor conocimiento, puedes confirmar que el resto del mundo percibe esta situación.  Puede que no lo expresen abiertamente, pero lo comprenden y observan con atención los acontecimientos en Rusia y Ucrania, así como las interacciones entre Estados Unidos e Irán.

La mayoría de los individuos comprenderán la situación actual de una manera que nosotros no podemos.  Esto se debe a que estamos condicionados por una narrativa política que se centra exclusivamente en nuestros valores.  Por lo tanto, si no nos apoya, se le percibe como parte de las fuerzas externas que amenazan al Occidente político. Sin embargo, es necesario un análisis más profundo, al estilo de Mackinder, para comprender la situación. Glenn, estoy seguro de que usted lo hace incluso mejor que yo. Creo que mi artículo me ha puesto en el camino para entender los acontecimientos en las relaciones internacionales, ya que nos encontramos en una nueva era.

Como usted mencionó, el propósito de su artículo era recuperar parte de ese pensamiento estratégico. El primer paso sería reconocer, supongo, hasta qué punto las ideas de Mackinder han influido en las políticas actuales .  Creo que su influencia es evidente en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de 1988.  Se hace referencia, como usted indicaba, al corazón de Eurasia , que era el concepto de Mackinder y la estrategia de seguridad.  Esta estrategia reconoce que fue uno de los factores que motivaron la participación de Estados Unidos en la Guerra Fría y en la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, sugerir que este pensamiento es exclusivo de los académicos me parece un error significativo, aunque Estados Unidos y el Reino Unido sí ocuparon una posición única en el pasado.  Durante todo el siglo XIX, se consideraba que el Reino Unido era el guardián del equilibrio de poder, como el estado marítimo situado frente a las costas de la Europa continental. Este rol fue asumido por los estadounidenses después.

Esta noción de que actúan como guardianes del equilibrio de poder se originó en la necesidad de prevenir el surgimiento de cualquier hegemonía o alianza en Europa o Eurasia que pudiera alterar dicho equilibrio y, en consecuencia, amenazar a Gran Bretaña o, posteriormente, a Estados Unidos.

Es plausible que una parte significativa del pensamiento de Mackinder se haya inspirado en el sistema continental de Napoleón, durante el cual las potencias europeas se unieron con el objetivo de excluir a los británicos, lo que, en esencia, debilitaría a Gran Bretaña.  En consecuencia, las potencias terrestres se alinearon contra la potencia marítima.

Asimismo, durante las guerras napoleónicas, se observó un breve cambio en la alineación de Rusia, que envió su ejército cosaco hacia la India británica. Este acontecimiento se interpretó como una expansión de la potencia terrestre hacia la periferia, cuestionando así las ventajas del predominio marítimo.  Esta estrategia general de mantener enfrentados a alemanes y rusos, o de separar a soviéticos y chinos, como propuso Kissinger, se alinea con esta forma de pensar.

Esta estrategia también explica por qué estadounidenses y británicos actuaban como equilibradores desde fuera.  En caso de grandes conflictos, su enfoque consistía en mantenerse al margen, reforzar su posición y, posteriormente, intervenir en las guerras.

El objetivo final debería ser restablecer un equilibrio de poder que evite la existencia de un estado dominante.  Debemos reconocer las acciones tomadas en la década de 1990, ya que representaron una ruptura significativa con este enfoque. La OTAN representó una apuesta por la hegemonía, la cual pudo haber tenido sentido en ese contexto, pero su relevancia se cuestiona con la desaparición de dicha hegemonía.  

La presencia de Estados Unidos en Europa, junto con las ambiciones europeas, resulta insostenible y agotadora.  El equilibrio desde fuera ofrecía la ventaja de mantenerse al margen y reforzar la propia posición.  Además, las demás potencias rivales de Eurasia, en lugar de equilibrarse entre sí, tenderían a equilibrarse frente al país con aspiraciones hegemónicas.

Por lo tanto, considero que este enfoque carece de sentido.  Me recuerda a cuando observé a Hillary Clinton en 2012 abogando por la socavación de la Unión Económica Euroasiática liderada por Rusia en Asia Central.  Esta estrategia podría haber creado un equilibrio de poder en Eurasia, pero ha llevado a un acercamiento entre Rusia y China.  Separar a los europeos de los rusos incrementa la dependencia de estos últimos de China.  De manera similar, solicitar a la India que corte sus vínculos con Irán fortalecería la relación entre Irán y China.

En conclusión, estas acciones parecen contraproducentes.  Creo que una reducción de la intervención permitiría el establecimiento de un equilibrio natural, impidiendo que las grandes potencias interfieran en este proceso.

La posibilidad de que emerja cualquier otro hegemón, siendo China la principal candidata debido a su capacidad potencial para lograrlo, plantea interrogantes.  Sin embargo, el enfoque hegemónico adoptado por la OTAN y Estados Unidos parece, paradójicamente, fomentar precisamente lo que se pretende evitar: el surgimiento de una hegemonía china. Resulta sorprendente la ausencia de un debate sustantivo al respecto.  

Para terminar quiero plantearle una última pregunta : ¿qué medidas adoptaría usted de manera diferente?  

Considero que la dificultad para debatir estas cuestiones sin que se perciba como una amenaza al hegemón benévolo de Occidente es, en sí misma, limitante y contraproducente, ya que no estamos actuando en nuestro propio interés.  

Los países europeos podrían desempeñar un papel relevante en este contexto, reconociendo el cambio en el equilibrio de poder, que ya se ha producido y no es meramente una proyección futura.  Estados Unidos ya no ostenta la posición de fuerza militar dominante, es un hecho evidente.  Además, se ha materializado lo que se intentaba evitar, en gran medida debido a la falta de reflexión en nuestro pensamiento estratégico y económico.  

En consecuencia, nos encontramos ante una hegemonía robusta y unificada entre Rusia y China en el escenario global.  Este es un hecho existencial que, en mi opinión, permanecerá inalterado durante al menos una década.  Mientras Estados Unidos se esfuerza por recuperar su poder militar, China está restringiendo el suministro de minerales, tierras raras y otros recursos esenciales para mantener dicha hegemonía.  

Por lo tanto, el cambio en el equilibrio de poder es un hecho, y la cuestión primordial que debemos abordar es el establecimiento de relaciones de cooperación sólidas entre los países europeos, por un lado, y Rusia y China, por el otro.  

Estoy convencido que no deseamos poner fin a nuestra relación con Estados Unidos.  Estas relaciones, de larga data, se han visto alteradas por la evolución del equilibrio de poder global. En consecuencia, es imperativo reconocer este cambio.  El artículo en cuestión destaca la necesidad de esta comprensión y plantea la cuestión de sus implicaciones.  

Estas implicaciones indican que algunos de los paradigmas fundamentales que sustentaban la seguridad europea en la era posterior a la Guerra Fría ya no son viables.  Como es sabido, dos de los pilares de la seguridad europea eran la OTAN y Estados Unidos.  

En mi opinión, ninguno de estos pilares constituiría una base sólida para una futura estrategia de seguridad europea.  Yo fundamentaría la seguridad europea en el marco de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. A partir de este punto, comenzaría a considerar las relaciones comerciales y las oportunidades de mejora con estas dos grandes potencias.  

Es crucial que Europa defina la naturaleza de estas relaciones, ya que, de lo contrario, corremos el riesgo de agravar la situación y de invertir capital humano y económico en un esfuerzo infructuoso, lo que, en última instancia, debilitaría aún más nuestra posición.  

Como usted mencionó, “Los fuertes hacen lo que quieren, los débiles sufren lo que deben”.  Si bien no estamos obligados a sufrir, debemos reconocer que Europa, en particular, y Estados Unidos, ya no son las regiones más influyentes del mundo.  Nos encontramos, por tanto, en un contexto global significativamente más complejo.

Un mundo multipolar, aunque este término no sea completamente preciso, se perfila en el horizonte, caracterizado por una nueva dinámica derivada de la alteración del equilibrio de poder.

Glenn Diesen 

Es un honor haber conversado con usted. Le agradezco sinceramente su tiempo. He proporcionado un enlace a su artículo en la descripción, por lo que les ruego que lo consulten.

Steve Jermy

Excelente, Glenn. Espero con interés este evento. Con algo de fortuna, podríamos tener la oportunidad de reunirnos en persona en noviembre, aunque confío en que podamos comunicarnos antes de esa fecha.

Espero poder conversar antes de nuevo. Muchas gracias, Glenn." 

(Entrevista a Steve Jermy , Glenn Diesen, Observatorio de la crisis, 14/09/26) 

En Europa —fui testigo de esto—, 28 primeros ministros, ministros y banqueros centrales se reúnen y se hacen una pregunta: «¿Cómo podemos pretender que las reglas de la Unión Europea que ya no funcionan siguen funcionando?»... Lo que hicieron fue imponer austeridad a todo el mundo. Austeridad masiva, porque al Banco Central no se le permitía salvar a nadie (a diferencia de EE. UU.). Crearon una austeridad enorme... empezaron con austeridad masiva en Grecia, luego en Irlanda, Portugal, España, Italia, Francia y eventualmente en Alemania. Wolfgang Schäuble me lo dijo explícitamente: «Te estoy haciendo tragar la austeridad porque quiero llevarla a Alemania, necesitamos bajar los salarios»... Así que ocurre esto: por un lado tienes bancos fallidos, estados fallidos y una demanda agregada en caída. Luego le dan luz verde al Banco Central Europeo para imprimir billones de euros. Pero estos billones no van a la gente común que los necesita. No, nunca le das dinero a quien lo necesita, se lo das a quien no lo necesita... El teléfono suena y el CEO de Volkswagen lo descuelga: es alguien de Deutsche Bank a quien el BCE le ha dado billones a tipo de interés cero (o incluso al -0.8 %). El tipo de Deutsche Bank le dice al de Volkswagen: «¿Quieres mil millones gratis a interés cero?». El de Volkswagen dice: «Claro, dinero gratis». Pero luego no lo invierte, porque mira por la ventana y ve a consumidores empobrecidos que no pueden permitirse comprar coches tipo Tesla de alto valor añadido. Así que el tipo de Volkswagen coge el dinero, no invierte nada en producción, se va a Frankfurt y compra acciones de la propia Volkswagen. Las acciones suben, su salario y su bonus (ligados al precio de la acción) suben, y se ríe camino al banco. Pero esto no es inversión... Para dar una respuesta corta a por qué estamos en un estado tan nefasto en Europa: porque no hemos invertido durante 20 años. La industria alemana se parece ahora a las máquinas de escribir eléctricas Olivetti. Eran hermosas, pero una vez que salió el ordenador personal, quedaron obsoletas. No había reducción de salarios en el mundo que pudiera salvarlas. Ahora tenemos vehículos eléctricos en los que los alemanes olvidaron invertir. Y ya está: Kaputt, fin del juego (Varoufakis)

"La hegemonía de EEUU morirá cuando Pekín decida convertir el BRICS+ en un sistema de Bretton Woods… pero los chinos no tienen prisa. Están creando la infraestructura para ello.

Entrevista a Yanis Varoufakis realizada por el profesor noruego Glenn Diesen

Glenn Diesen: Bienvenidos de nuevo a todos. Hoy nos acompaña Yanis Varoufakis, profesor de economía, exministro de Finanzas de Grecia y fundador de DiEM25, el Movimiento Democracia en Europa. Así que gracias por volver al programa.

Yanis Varoufakis Muchas gracias por invitarme, Glenn.

Glenn Diesen:

Bueno, el discurso sobre la Unión Europea se ha vuelto muy polarizado, especialmente en los últimos años. Es decir, o todo es muy bueno o todo es muy malo. Y alrededor de estas posiciones tenemos narrativas contrapuestas sobre esta postura binaria. Ahora bien, se puede argumentar que la cooperación europea es necesaria e ideal, aunque solo sea por el poder de negociación colectivo y la ayuda para gestionar las relaciones. Pero, yo sería un poco escéptico respecto al desarrollo tan autoritario, el belicismo y la creciente pérdida de utilidad geoeconómica de la UE. Aún así, el bloque parece estar cambiando mucho, al igual que el apoyo que recibe. Me preguntaba, ¿cómo evalúas a la UE hoy y la dirección hacia la que se dirige?

Yanis Varoufakis

Me temo mucho que se está volviendo cada vez más fársica. Escuchaste a Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, ayer mismo. En un ambiente festivo, mientras ejercía de anfitriona con Carney, el primer ministro canadiense, se tomó la libertad de comprometer a la Unión Europea a concederle a Canadá una «membresía asociada»; lo cual, ya sabes, podría haber sido una idea interesante si existiera como concepto. Se lo inventó al momento. Es decir, esta gente se inventa las cosas sobre la marcha. Me parece que están en un estado de confusión muy grave.

Pero permíteme empezar desde el principio, con algo que dijiste en tu introducción. Cuando empecé a debatir sobre la Unión Europea dentro de Europa, aquí en Grecia y en Estados Unidos, lamenté el hecho de que el debate estuviera polarizado. Usaste esa palabra: la polarización o los efectos polarizadores del debate sobre Europa. Y esa polarización se daba entre los euroescépticos —personas con buenos argumentos en contra de una entidad de gobierno paneuropea; estos son los burkeanos, los euroescépticos británicos y otros euroescépticos que creen firmemente que, para que un gobierno sea democrático, se necesita una correspondencia biunívoca entre una cultura, una lengua, un parlamento y un estado. Y que eso no podía ocurrir a nivel europeo porque no existía un demos europeo.

Y si no tienes un demos europeo, ¿cómo vas a tener una democracia europea? Así que si terminas con una burocracia, esta va a ser autoritaria. Este es el argumento euroescéptico que sustenta a bastantes personas en Europa.

No era mi argumento, porque creo sinceramente que el demos es algo que creamos. Tú eres más historiador que yo: la historia del nacionalismo europeo de los siglos XVIII y XIX demuestra que una nación es un producto histórico, es algo que se forja. Los estadounidenses no eran una nación hasta que crearon los Estados Unidos; la mayoría ni siquiera hablaba inglés. Así que la idea de que «no existe un demos europeo y por lo tanto nunca podrá haber una federalización europea democrática» es un argumento respetable, pero no uno que yo haya adoptado.

Luego, por otro lado, tienes a lo que yo llamo los «euro-leales», ya sabes, los diversos think tanks como Bruegel y demás; gente muy lista, pero para quienes la Unión Europea no puede hacer nada mal. Incluso cuando está arruinando las cosas, tienen una visión panglossiana de que esta es la mejor de las Europas posibles y, por tanto, tenemos que apoyarla. Así que tenías a los euroescépticos y a los euro-leales. Yo nunca me alineé con ninguno de los dos. Yo era un eurocrítico, pero en el sentido de la palabra griega antigua «crítico»: alguien que hace las preguntas difíciles. Yo quería que la Unión Europea se convirtiera en una federación democrática.

Me crié fuera de la UE, fuera del Mercado Común. Crecí bajo una dictadura fascista —que, por cierto, estaba en la OTAN pero no en el Mercado Común Europeo—. Mis padres, mi círculo social, todos anhelábamos formar parte de la familia democrática europea. Sabía —especialmente cuando empecé a leer historia— que el Mercado Común Europeo, la Unión Europea como se llama hoy, fue creado como un cártel de grandes empresas.

No se creó de ninguna manera que se parezca a un estado democrático ni a ningún tipo de estado. No fue el resultado de un proceso socioeconómico y político que generara tensiones entre diferentes clases sociales cuyo resultado fuera la creación de algún tipo de estado para paliar y regular esas tensiones. Así no es como empezó la Unión Europea.

Empezó de la misma manera que la OPEP: la Organización de Países Exportadores de Petróleo, como un cártel. Y tenía nombre de cártel: se llamaba Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Era un cártel del carbón y del acero, y luego incorporaron a la industria de bienes eléctricos, y más tarde cooptaron a los agricultores a través del Tratado de Roma —a los grandes agricultores del norte de Europa, no a los del sur—.

Pero yo aún tenía la esperanza de que, de crisis en crisis, la Unión Europea se desarrollara; que se transformara de un cártel en algo que pudiera convertirse con el tiempo en una federación democrática. Incluso cuando me convertí en ministro de Finanzas, la razón por la que fui elegido para representar al pueblo de Grecia en el parlamento y ser su ministro de Finanzas fue porque la Unión Europea le había exigido una enorme «libra de carne» al pueblo griego.

Fueron unos bárbaros por cómo nos trataron.

Sin embargo, aunque aquello me tocó muy de cerca y fui elegido para enfrentarme a los poderes fácticos en Bruselas, Frankfurt, mantuve la esperanza de que, a través de esta clase de lo que llamé «desobediencia gubernamental» (en contraposición a la desobediencia civil) —yo era un ministro de Finanzas desobedeciendo al Eurogrupo—, a través de este choque pudiéramos convertir la Unión Europea.

Pudiéramos tener un Green New Deal para Europa. Trabajé muy duro incluso después de dimitir, tras ser aplastado por la Unión Europea. Seguí manteniendo ese europeísmo radical y progresista. Mencionaste DiEM25: lo creamos para competir en las elecciones al Parlamento Europeo en 2019 sobre la base de un programa —el Green New Deal para Europa— que transformaría esta Unión Europea oligárquica, neoliberal, propensa a la austeridad y dirigida por banqueros, en una Unión Europea de los pueblos.

Y, por supuesto, fuimos aplastados. Ursula von der Leyen fue elegida supuestamente para hacer efectivo y promulgar —recuerda el Green Deal— el billón de euros que iba a gastar en la transición ecológica. Nada de eso ocurrió. Se ignoró, se olvidó. Y ahora tenemos rearmamento, tenemos keynesianismo militar y una Unión Europea que es un peligro claro y presente para los europeos y para el resto del mundo.

Para acortar esta historia: ya no tengo esperanzas en esta Unión Europea. Creo que esta Unión Europea no perdió la oportunidad de perder cada oportunidad de transformarse, y ahora es tan tóxica… está resquebrajada. Mira lo que le está pasando al esqueleto principal de la Unión Europea: el eje franco-alemán. Alemania es ahora totalmente ingobernable; Alternative für Deutschland, que es profundamente antieuropea, racista y cuasifascista, va de fuerte en fuerte. En Francia tienes a Le Pen, que nunca ocultó su antieuropeísmo.

Así que, incluso si el centro radical restablece su control, será emulando a la extrema derecha neofascista y adoptando aún más austeridad, lo que crea más fuerzas deflacionarias. Cuando digo fuerzas deflacionarias, me refiero a la deflación de los salarios, no tanto de los precios. Y sabemos que esa es la receta para el auge del nazismo y el fascismo. Así que esta Unión Europea terminó siendo el peldaño sobre el que pisó el capitalismo fallido de Europa para avanzar hacia un nuevo tipo de fascismo.

Glenn Diesen:

Recuerdo que en los años 60 —yo no había nacido— el académico británico David Mitrany escribía que la UE tendría dos futuros diferentes. Dijo que podía ser bien funcionalista o bien federalista. Veía el funcionalismo esencialmente como buscar qué función podía tener la UE para mejorar la seguridad, la economía, la democracia, y que esa función dictara la forma de la UE. Mientras que el modelo alternativo, argumentaba, era el federalismo, donde ya decidíamos una forma (la centralización del poder) y esto empezaría a dictar la función. 

Su preocupación en aquel entonces —han pasado 60 años— era que la UE empezara a parecerse a la Unión Soviética con esa concentración de poder.. Pero la razón por la que lo saco a colación es que ya no veo claramente el modelo económico de la UE. ¿Ves que los problemas económicos van más allá de las estructuras de la UE?

Yanis Varoufakis

Tal como yo lo entiendo —y esto va a molestar seriamente a los europeístas—, Europa nunca tuvo un modelo económico propio diseñado por ella misma. A los europeístas les gusta imaginar la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, el Mercado Común y la Unión Europea como un diseño europeo, un modelo social europeo. Nunca lo fue. Siempre fue un diseño estadounidense impuesto e implementado por los Estados Unidos de América.

Nosotros creímos que era obra nuestra. No cabe duda que, tras la Segunda Guerra Mundial, la gran mayoría de los europeos querían una Europa unida que hiciera la guerra irrelevante y la paz inevitable. De eso no hay duda: había sed de una Unión Europea. Pero si miras el cártel de grandes empresas que se creó… ¿quién diseñó eso? Pasé bastantes años académicos investigando sobre ello.

Escribí un libro hace tiempo titulado El Minotauro Global. Después escribí otro titulado Y los débiles sufren lo que deben? . En el contexto de la investigación, leí extensamente en la Biblioteca del Congreso en Washington las transcripciones de las reuniones de los comités del Senado de 1946 a 1950. Y ahí estaba el diseño de la Unión Europea. No se ideó en Europa, se ideó en Washington.

Como muy bien sabes, cuando EE. UU. salía de la Segunda Guerra Mundial, los partidarios del New Deal eran personas que habían sufrido masivamente de jóvenes tras el desastre de 1929 y la Gran Depresión. Su gran temor era que la Gran Depresión regresara en 1949. Hablaban de 1949 porque eran 20 años después de 1929.

El miedo era que, una vez terminada la guerra, todos esos pedidos se secaran. Y además de la caída de la demanda agregada como resultado del fin de la guerra, se sumaría el regreso de los soldados, de la mano de obra masculina. Habría un aumento en la oferta laboral y una reducción en la demanda de trabajo, lo que provocaría un colapso: 1949 sería otra versión de 1929. Y estaban decididos a no permitir que esto sucediera.

Así que la primera tarea que tenían era cómo reconvertir las fábricas que hacían balas, ametralladoras, portaaviones y bombarderos para fabricar electrodomésticos, aviones comerciales, coches, etc. Ese era un problema técnico que superaron muy rápidamente a través de lo que John Kenneth Galbraith describió como la «tecno-estructura».

La segunda cuestión era: ¿de dónde va a salir la demanda para los productos de esas fábricas? Porque esas fábricas, una vez reconvertidas de uso militar a civil, podían producir muchos más coches, lavadoras, frigoríficos y unidades de aire acondicionado de los que necesitaban los estadounidenses.

La respuesta fue: tenemos que vender a los europeos. Pero el problema era que los europeos no tenían dinero. Estábamos en cenizas y nuestros sistemas monetarios destruidos. No había forma que Europa proporcionara la demanda agregada necesaria que le faltaba a la economía estadounidense. Así que decidieron «dolarizarnos», dándonos acceso al dólar estadounidense, y ese fue el sistema de Bretton Woods.

Pero para que eso funcionara, tenían que crear algo como la Unión Europea. Así que el cártel del carbón y del acero fue una idea estadounidense. Tenía una dimensión económica y una dimensión militar/geopolítica. La dimensión política y diplomática era cómo asegurarse de que franceses y alemanes no volvieran a luchar. Es decir, vincular a sus grandes empresas: crear un cártel del acero y del carbón en copropiedad de alemanes, franceses, italianos del norte, holandeses y belgas. Ese era el núcleo de la Comunidad Económica Europea. Y cooptar a los agricultores franceses para que no causaran problemas cuando las mercancías cruzaran las fronteras, dándoles una tajada de los beneficios monopolísticos del cártel.

Este fue un diseño estadounidense, y el Plan Marshall tenía el propósito de financiar esto, ponerlo en marcha, con los banqueros de Wall Street entrando para complementar todos estos fondos con crédito.

Toma el «milagro económico alemán». Por supuesto, los ingenieros alemanes siempre han sido brillantes, desde la época del Káiser. Pero, ¿qué ocurrió? Recordarás que tras la Segunda Guerra Mundial, los aliados —especialmente británicos y franceses— habían acordado entre ellos que Alemania sería desindustrializada y convertida en un parque temático bucólico. Llegaron a volar al menos 1700 fábricas. Fueron los estadounidenses los que en un momento dado, cuando diseñaron Bretton Woods, dijeron: «No, no, no. No podemos hacer eso.

Necesitamos que Alemania sea la fábrica de Europa, de esta nueva Europa que estamos creando. Y pondremos a los franceses a administrarla. Por eso la OCDE está en Francia. Por eso a los franceses se les dio mucho más acceso a dirigir las instituciones de la Comunidad Europea.

Cuando decimos «el modelo económico de Europa» estamos hablando: de un diseño estadounidense. Y la razón por la que discrepo con la idea de que en los 60 Europa tuvo que elegir entre «federación» y «funcionalidad» es que Europa nunca habría optado por la federación. No se movía hacia ella en los años 60. Alemania estaba muy feliz de ser la fábrica de Europa y Francia muy feliz de dirigir el servicio diplomático, la OCDE, los inicios de la Comunidad Europea en Bruselas y que el francés fuera el idioma dominante.

Lo que ocurrió fue que el sistema de Bretton Woods fue dinamitado, y lo dinamitaron los propios estadounidenses. ¿Por qué? Porque ya no era sostenible. ¿Y por qué no era sostenible? Porque todo el objetivo del sistema de Bretton Woods desde los años 40 era mantener y reproducir los superávit estadounidenses: las exportaciones netas de las fábricas estadounidenses que irían a Europa, y a los europeos se les darían dólares para comprarlas (financiación al comprador, en otras palabras). Pero a partir de 1968-1969, debido a la Guerra de Vietnam y las tensiones sociales internas, EE. UU. se convirtió en un país deficitario.

Dado que eran un país deficitario, no podían mantener los tipos de cambio fijos, así que los dinamitaron. Los europeos quedaron completamente atónitos. Recuerda cuando el Secretario del Tesoro de Richard Nixon (quien voló Bretton Woods el 15 de agosto de 1971), un texano llamado John Connally, visitó Bonn, París y Londres con un mensaje simple: «El dólar es nuestra moneda, pero a partir de hoy es vuestro problema».

El dólar se devaluó y repentinamente el franco francés y el marco alemán ya no tenían un tipo de cambio fijo. Esto fue una catástrofe para el cártel. Piénsalo: ya es difícil para la OPEP coludirse como un cártel cuando no tienen el problema de la divisa, porque cada barril de petróleo se cotiza en dólares. Imagina si el petróleo saudí se cotizara en una divisa, el indonesio en otra y el iraní en una tercera; no habría forma de mantener el cártel.

Así que los europeos, que dependían de este modelo que los estadounidenses les habían otorgado, entraron en pánico a finales de los 60 y principios de los 70 buscando cómo fijar de nuevo los tipos de cambio. A los estadounidenses ya no les importaba, porque tomaron su propio camino con el dólar y la financiarización a través de Wall Street.

Los europeos, desde 1970 (¿recuerdas el Informe Werner?), empezaron a intentar fijar los tipos de cambio para crear un Bretton Woods europeo, pero no tenían la experiencia de los estadounidenses, ni sus superávit, ni el gobierno federal que necesitaban para hacerlo. Siguieron intentándolo: primero la Serpiente Monetaria, luego el Sistema Monetario Europeo (SME)… todos fracasaron. El SME hizo a George Soros muy rico en 1992 cuando saltó por los aires. Así que en un momento dado se rindieron y dijeron: «De acuerdo, tendremos una moneda única».

Pero crearon una federación monetaria (una moneda única) sin una federación fiscal ni una federación política. Y eso es lo que haces si quieres crear un sistema permanente de austeridad, de muy baja inversión, de inversión negativa y de estancamiento. Por eso, en los mismísimos cimientos de la Unión Europea tienes este proceso de estancamiento y desintegración, lo que explica por qué gente como Von der Leyen suena tan insensata hoy.

Glenn Diesen:

Mencionaste la moneda común, y a menudo se le critica por no tener unos cimientos económicos claros y por ser tratada en su lugar como un proyecto político. ¿Cómo pueden las personas de a pie entender la falla básica del euro?

Yanis Varoufakis

No estoy en contra de tener un sistema monetario como proyecto político. El dinero es político. Cualquiera que piense que el dinero es apolítico necesita replantearse seriamente su comprensión de lo que es el dinero. No hay nada más político que el dinero. Así que no los culpo por intentar crear un sistema monetario como proyecto político; lo que digo es que lo hicieron de una forma estúpida. Permíteme ser directo: soy demasiado viejo para andar con matices.

Lo que hicieron fue una locura, una estupidez. Responderé a tu pregunta sobre cuál es el fallo fundamental en términos no técnicos, para que todo el mundo lo entienda.

Piensa cualquier país del mundo tienes dos gigantescos pilares que sostienen su economía: el banco central y el ministerio de economía o del tesoro, y se apoyan mutuamente. Es como un gigante con dos piernas. El tesoro emite deuda en nombre de toda la economía; el banco central emite el dinero, y asi se cubren las espaldas. Cuando hay un problema bancario o monetario, el tesoro acude en su ayuda; ocurre en EE. UU., en Rusia, en China, en el Reino Unido, Canadá, Australia, en todas partes.

¿Qué hicimos en Europa? Pusimos el carro delante de los bueyes —es decir, antes de tener la unión fiscal y política creamos una sola pierna: el Banco Central Europeo— no hay un tesoro. No hay un tesoro común.

Así es como se lo explico a mis estudiantes y a la gente en la calle (los taxistas lo entienden muy bien, no necesitas formación académica): creamos un banco central sin estado ni tesoro, y tenemos unos 20 tesoros y estados sin banco central.

Cuando la City de Londres o los países escandinavos en 1992 tuvieron bancos quebrados, o en Corea del Sur en 1998 la deuda privada se disparó, el banco central acudió en ayuda del tesoro y del sistema bancario. El estado puede nacionalizar los bancos para salvarlos, mantenerlos abiertos y que los cajeros funcionen porque el banco central respalda al estado.

En Europa creamos un Banco Central Europeo con estatutos que le prohíben ayudar a los estados a gestionar una crisis bancaria. Eso es absurdo. Porque si le niegas a Francia, a Alemania o a Grecia la ayuda del banco central para salvar su sistema bancario, la alternativa es que un estado sin acceso a la imprenta de dinero tenga que endeudarse, hacer que sus contribuyentes más débiles pidan prestado para trasladar las pérdidas bancarias de los balances de los bancos a los balances del estado. Y entonces tienes una catástrofe.

Para ponerlo de forma más simple y alegórica: al crear el euro como lo hicimos (y repito, no estoy en contra de una moneda común si se hace bien), fue como quitarle los amortiguadores a tu coche y luego meterlo por un camino lleno de baches. Eso es lo que hicimos.

Glenn Diesen:

Esa analogía lo resume muy bien. Quería cambiar un poco de tema hacia el aspecto tecnológico y la política industrial. Señalaste que la UE es en gran medida un cártel de origen estadounidense, pero en los años 80 la UE tenía cierta política industrial que rivalizaba con la de EE. UU. Edward Luttwak, por ejemplo, escribe mucho sobre cómo en los años 80 los europeos, mediante aranceles y subsidios, ayudaron a construir industrias automovilísticas y aerolíneas muy potentes. Pero ya a principios de los 90 se veían declaraciones preocupadas de la Comunidad Europea diciendo que «corrían el riesgo de convertirse en una colonia tecnológica de EE. UU. y Japón» porque no seguían el ritmo del desarrollo digital.

Hoy, 30 años después, vemos que el desarrollo tecnológico avanza velozmente en muchos países mientras la UE no tiene plataformas tecnológicas propias. No es contradictorio decir que la UE carece de un ecosistema digital propio. Se podría argumentar que la estrecha relación con EE. UU. fue un problema porque aceptamos una dependencia total de sus plataformas. ¿Cómo ves a la UE hoy? 

Porque ya no se trata solo de tecnologías digitales; la tecnología digital se está trasladando a todas las industrias. La industria tradicional donde los europeos eran fuertes está cayendo. El sector automotriz alemán es el mejor ejemplo: si no se adaptan a las nuevas tecnologías, no sobrevivirán (sumado al problema energético). ¿Cuál es el riesgo de que la UE se convierta en una colonia tecnológica de América o de alguien más?

Yanis Varoufakis. No hay riesgos. Ya somos una colonia.

Glenn Diesen: (Risas) Vaya…

Yanis Varoufakis.

Es como decir: «¿Cuál es el riesgo de que no haya oxígeno en la Luna?». No hay oxígeno en la Luna. Se acabó. Estamos fritos. Pero permíteme ir un poco más atrás, Glenn. Hablaste de la política industrial en los años 80. No creo que esa fuera la razón por la que nuestras industrias en Europa, especialmente las alemanas, eran tan poderosas en los 80. Vuelvo a lo que decía sobre la ruptura de Bretton Woods por parte de EE. UU. Aquel sistema se basaba en que EE. UU. producía el superávit que nosotros comprábamos con sus dólares. Eso terminó en 1971.

A partir de los años 80, este reciclaje de superávits y déficits se invirtió masivamente. Los estadounidenses pasaron de ser el país sin déficit de los 50 y 60 a ser los reyes del déficit. Un déficit presupuestario federal masivo, especialmente tras Reagan con sus bajadas de impuestos y gasto militar. La economía estadounidense se convirtió en una gigantesca aspiradora que absorbía las exportaciones netas de Alemania, Italia, Japón y más tarde China. ¿Y cómo pagaba todo esto? Con pagarés llamados dólares. Imprimían dólares y pagaban con ellos.

La razón por la que la industria química o automotriz alemana, o Siemens, volaban tan alto era porque los estadounidenses les proporcionaban una demanda enorme: compraban todo lo que producían. Y en ese contexto, Volkswagen y otros regulaban sus propias industrias (recuerda el escándalo de la tecnología creada para engañar en los tests de emisiones). Había mucha inversión en crear poder monopolístico y subvertir regulaciones. Esto funcionó magníficamente para los europeos hasta 2008.

Incluso en los 90, sobre la ola de esta marea de exportaciones a EE. UU., la Comisión Europea (y para cuando la capital de Alemania se trasladó de Bonn a Berlín, también París) estuvo encantada de adoptar las ideas de Margaret Thatcher sobre el mercado único, lo que efectivamente destruyó toda política industrial y dejó al capital industrial hacer lo que quisiera; lo cual estaba bien mientras los estadounidenses compraran todo lo que producía Europa.

Pero, ¿qué ocurrió con todos los dólares que el capital alemán, francés o italiano estaba acumulando vendiendo a EE. UU.? No puedes hacer mucho con dólares en Europa. Así que esos capitalistas (alemanes, franceses, armadores griegos…) enviaron esos dólares a Wall Street. ¿Y qué hicieron con ese dinero en Wall Street? Compraron deuda estadounidense. Financiaron al gobierno federal de EE. UU. comprando acciones y bienes inmuebles. Así se invirtió el reciclaje de superávits y deudas.

Eso fue ingenioso y fue la razón por la que EE. UU. se convirtió en el primer imperio hegemónico que se volvía más poderoso cuanto más endeudado estaba. Eso no había ocurrido nunca en la historia de la humanidad. Pero de repente, el papel de los banqueros de Wall Street se volvió gigantesco, porque eran los encargados de reciclar el dinero de los demás hacia la deuda del gobierno estadounidense, el sector inmobiliario y la bolsa de Nueva York. Así que tuvieron que ser totalmente desregulados. Y una vez desregulados, aprendieron el truco de coger un dólar enviado por un capitalista alemán y, mediante ingeniería financiera, convertirlo en 100 dólares.

Eso creó enormes burbujas que estallaron en 2008. Y ¿qué pasa cuando esas burbujas estallan en 2008? Compara lo que ocurrió en EE. UU. con lo que ocurrió en Europa. Si la audiencia quiere saber por qué EE. UU. no está en la apurada situación de Europa, considera la siguiente escena:

En Nueva York o Washington, la bolsa ha colapsado, Lehman Brothers ha muerto, el techo del capitalismo se cae a pedazos. Ben Bernanke (entonces jefe de la Reserva Federal), el presidente Bush primero y luego Obama, junto a la gente de JP Morgan y Goldman Sachs, se sientan a una mesa y se hacen la pregunta pertinente: «¿Cómo nos salvamos?». Y se les ocurre el TARP: dieron 800 000 millones a los banqueros, y luego otros planes que, según mis cálculos, dieron 11 billones de dólares a los banqueros para salvarlos.

No hicieron nada por la clase trabajadora ni la clase media, pero salvaron a los banqueros. Y no le cobraron impuestos a nadie para hacerlo: crearon el dinero de la nada usando los mismos trucos de Wall Street que habían provocado la caída, esta vez para reflotarlo con la participación activa del banco central. Eso es lo que ocurrió en Washington: la cúpula gobernante se preguntó cómo salvarse y actuaron.

En Europa —fui testigo de esto—, 28 primeros ministros, ministros y banqueros centrales se reúnen y se hacen una pregunta muy diferente. La pregunta no era «¿cómo nos salvamos?», sino: «¿Cómo podemos pretender que las reglas de la Unión Europea que ya no funcionan siguen funcionando?». Si respondes a esa pregunta, no te salvas: creas una catástrofe.

Lo que hicieron fue imponer austeridad a todo el mundo. Austeridad masiva, porque al Banco Central no se le permitía salvar a nadie (a diferencia de EE. UU.). Crearon una austeridad enorme. Pidieron prestado a los europeos más pobres (a los eslovenos, eslovacos, malteses) para dárselo al estado griego que estaba en quiebra; no para dárselo al pueblo griego, sino para dárselo al Deutsche Bank. Así que el esloveno o el eslovaco estaban prestando dinero efectivamente para rescatar al Deutsche Bank. Eso es un crimen contra la lógica.

Para justificarlo, empezaron con austeridad masiva en Grecia, luego en Irlanda, Portugal, España, Italia, Francia y eventualmente en Alemania. Wolfgang Schäuble me lo dijo explícitamente: «Te estoy haciendo tragar la austeridad porque quiero llevarla a Alemania, necesitamos bajar los salarios».

Así que ocurre esto: por un lado tienes bancos fallidos, estados fallidos y una demanda agregada en caída. Luego le dan luz verde al Banco Central Europeo para imprimir billones de euros. Pero estos billones no van a la gente común que los necesita. No, nunca le das dinero a quien lo necesita, se lo das a quien no lo necesita.

El teléfono suena y el CEO de Volkswagen lo descuelga: es alguien de Deutsche Bank a quien el BCE le ha dado billones a tipo de interés cero (o incluso al -0.8 %). El tipo de Deutsche Bank le dice al de Volkswagen: «¿Quieres mil millones gratis a interés cero?». El de Volkswagen dice: «Claro, dinero gratis». Pero luego no lo invierte, porque mira por la ventana y ve a consumidores empobrecidos que no pueden permitirse comprar coches tipo Tesla de alto valor añadido. Así que el tipo de Volkswagen coge el dinero, no invierte nada en producción, se va a Frankfurt y compra acciones de la propia Volkswagen. Las acciones suben, su salario y su bonus (ligados al precio de la acción) suben, y se ríe camino al banco. Pero esto no es inversión.

Para dar una respuesta corta a por qué estamos en un estado tan nefasto en Europa: porque no hemos invertido durante 20 años. La industria alemana se parece ahora a las máquinas de escribir eléctricas Olivetti de finales de los 70. Eran hermosas, pero una vez que salió el ordenador personal, quedaron obsoletas. No había reducción de salarios en el mundo que pudiera salvar a Olivetti cuando llegó el PC. Ahora tenemos vehículos eléctricos en los que los alemanes olvidaron invertir. Y ya está: Kaputt, fin del juego.

Glenn Diesen: 

Me gusta esa explicación. Plantea problemas de legitimidad más amplios para la UE, porque si la autoridad proviene de las reglas y el aspecto legal, esto abre una caja de problemas futuros. Mi última pregunta era sobre algo que impacta la economía: estas guerras en el extranjero. Respecto a la guerra contra Irán, la UE tiene una participación menos directa; comenzó con cierto entusiasmo inicial, pero ahora se ve a los europeos intentando distanciarse, no queriendo responsabilidad directa por el desastre que se avecina. Pero en la guerra con Rusia, yo diría que los europeos tienen un papel significativo. Lo común entre ambas guerras es la energía: primero nos cortamos el acceso a la energía rusa, y ahora vemos arder el petróleo saudí y las primeras exportaciones que están cortando parecen ser hacia los europeos.

¿Cómo afectará esto al futuro de Europa? Uno pensaría que encontrar una arquitectura de seguridad común con los rusos o estabilizar Oriente Medio sería de nuestro interés, pero no estamos haciendo ninguna de las dos cosas.

Yanis Varoufakis

 Allá por 2009-2010, cuando la crisis de la eurozona estallaba y yo me involucraba en los debates políticos (y luego como ministro de Finanzas), siempre que tenía oportunidad de hablar con un funcionario europeo le decía: «Miren, chicos, está claro que tenemos una recesión masiva (yo la llamaba depresión tras la crisis financiera de 2008). ¿Cómo debemos responder?

Claramente necesitamos impulsar la inversión. Esto es lo que se hace en una recesión masiva: impulsar la inversión, no tanto el gasto (eso fue el New Deal de Roosevelt; Hitler también impulsó la inversión, la equivocada, invirtiendo en tanques y cazas, y el resultado fue la muerte de decenas de millones de personas, pero ante una Gran Depresión hay que responder con inversión)».

Y yo decía: «¿Qué es lo único que debería hacer esta Unión Europea?». Si miras el mapa de Europa, tienes todos estos estados dispersos. Se supone que somos una Unión Europea, pero ¿cuál es el insumo número uno para todo lo que producimos? La energía. Y no tenemos una unión energética. ¿No deberíamos crear una unión energética? Intentaba ser técnico: tenemos mucho viento en el norte, olas en el Golfo de Vizcaya y las costas de Portugal, mucho sol en Grecia… ¿No deberíamos tener un plan para cosechar y aprovechar toda esta energía gratuita como europeos e interconectarnos, de modo que la electricidad solar griega viaje a Alemania?

Pero eso requiere una unión energética. Todavía no tenemos una unión energética, Glenn. Alemania tiene sus propias plantas, Grecia las suyas, Italia las suyas… Estamos importando GNL de Texas y Nuevo México, nos desconectamos de Rusia y no tenemos un plan.

Incluso sobre la guerra en sí, lo hemos discutido muchas veces: ¿cuál es el plan para ganar la guerra? Digamos que queremos tomar Moscú y meter a Putin en un búnker como a Hitler (porque están haciendo estos paralelismos absurdos entre Hitler y Putin). Asumiendo que crees que Putin es el nuevo Hitler, ¿cuál es el plan para tomar Moscú? No hay plan. No tienen idea de dónde van a sacar el dinero. Incluso los 800 000 millones del programa de reestructuración y rearmamento de Von der Leyen son dinero prestado que nadie va a prestar porque no tienen los colchones fiscales para acomodarlo.

¿Cómo van a ayudar a Ucrania? Pidieron prestados 90 000 millones, ese es su límite. El presupuesto comunitario está bajo mucha presión y Francia quiere reducir sus contribuciones, no aumentarlas. Así que no tienen un plan para la guerra. Si les preguntas cuál es el plan para la paz, tampoco lo tienen. No tienen un plan para la unión energética. No tienen un plan para nada y van de anuncio en anuncio, los cuales parecen cortinas de humo. Cada anuncio es menos creíble que el anterior.

Ahora van a traer a Canadá a la Unión Europea, lo cual es predeterminado y absurdo. ¿Van a meter a Canadá en el mercado único y cobrar a los canadienses por participar en la creación de normas sobre las que no tendrán autoridad? Es absurdo. Cada cosa que sale de la boca de Kaja Kallas o de Von der Leyen solo nos recuerda que la Unión Europea es un producto de nuestra imaginación colectiva.

Glenn Diesen: Sí, a mí también me ha faltado ese plan. Incluso en la guerra, si tienes una estrategia, ¿cómo los derrotas, qué recursos movilizas? ¿Y qué implica derrotar a la mayor potencia nuclear del mundo que siente que lucha por su existencia? Tengo muchas preguntas y no hay respuestas…

Yanis Varoufakis: Especialmente si no estás dispuesto a enviar tropas sobre el terreno.

Glenn Diesen: Exacto. Tengo mis dudas de que haya alguien dirigiendo esta discusión.Tenía una última pregunta. Discutimos antes sobre cómo se reciclaban los bonos para comprar bonos estadounidenses, pero estos días el mercado de bonos en EE. UU. atraviesa muchos problemas. Inicialmente vimos que adversarios de EE. UU. como China o Rusia dejaron de comprar bonos. Pero ahora vemos que incluso aliados (no solo los japoneses, sino también los europeos) pasan de ser compradores a vendedores. ¿Hacia dónde va esto y cómo analizas las consecuencias? Parece desmantelar los avances de los últimos 50 años.

Yanis Varoufakis

Estaba investigando cifras y miré los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años de EE. UU., la tasa de inflación en EE. UU. y el tipo de interés de la Reserva Federal. Ayer mismo eran exactamente los mismos que en septiembre de 2001. Históricamente no hay tanta diferencia. Lo que pasa es que nos acostumbramos durante los últimos 15 años (debido a la flexibilización cuantitativa) a tipos de interés extremadamente bajos y a fuerzas deflacionarias.

Pero no me creo que los europeos vayan a dejar de comprar bonos. ¿Qué van a hacer? Cuando BMW o BASF venden productos a los estadounidenses y ganan dólares, ¿qué hacen con esos dólares? ¿Convertirlos a euros? Bajo ninguna circunstancia. Comprarán bonos, seguirán comprando bonos. Los chinos dejaron de comprar bonos del Tesoro estadounidense, pero no han vendido sus reservas; aún tienen un stock enorme.

Y ahora hay otro actor en juego: las stablecoins (criptomonedas estables denominadas en dólares estadounidenses). Los japoneses redujeron a la mitad sus tenencias en bonos, pero ¿sabes qué hicieron con el dinero? Compraron Tether y Circle, criptoactivos denominados en dólares. ¿Y qué hizo Tether con el dinero recibido de los japoneses? Comprar bonos estadounidenses.

Glenn Diesen: Así que el sistema sigue funcionando. (Risas)

Yanis Varoufakis

El sistema sigue funcionando hasta que deje de hacerlo. Pero no dejará de funcionar por algo que hagan los europeos o los rusos; solo dejará de funcionar cuando los chinos decidan desacoplarse del sistema del dólar estadounidense. Y no lo han decidido: tienen 4.5 billones de dólares invertidos en dólares. Si tuvieras 4.5 billones de dólares en una cuenta bancaria suiza, ¿te desacoplarías del sistema bancario suizo?

Glenn Diesen: Supongo que no. Aunque ves que, mientras rusos y chinos se desacoplan un poco de EE. UU., siguen trabajando con estas stablecoins estadounidenses (como el sistema de pagos ruso A7 conectado a Tether para eludir sanciones). Quizá no se desacople por completo, sino que solo se transforme…

Yanis Varoufakis

Indudablemente. Permíteme hacer una predicción de cuándo morirá la hegemonía de EE. UU.: morirá cuando Pekín decida convertir el BRICS+ en un sistema de Bretton Woods.

Recuerda cómo describí el sistema de Bretton Woods: un sistema de tipos de cambio fijos o casi fijos donde la potencia hegemónica superavitaria (que ahora sería China) recicla sus superávits hacia los otros países dentro de este nuevo BRICS+ y mantiene los tipos de cambio fijos usando el poder de sus propios superávits.

Cuando China decida hacer eso —jugar dentro de los BRICS+ el papel que EE. UU. jugó en Bretton Woods después de 1944—, entonces Estados Unidos estará en serios problemas y lo saben. Esta es una de las razones fundamentales por las que están aumentando las tensiones con los chinos.

Glenn Diesen: ¿Por qué no lo han hecho todavía? En la cumbre de los BRICS en India, muchos comentaron que se mueven muy despacio…

Yanis Varoufakis

Porque los chinos tienen un horizonte a 300 años vista, no tienen prisa. Están creando la infraestructura para ello: con el mBridge, con la alternativa a SWIFT basada en blockchain, con la moneda digital del Banco Central chino… Están creando la infraestructura junto con la robótica mejorada por IA que aumentará la productividad agrícola en Indonesia, Malasia y otros grandes países del BRICS+. Lo están construyendo y no están preparados para agitar el avispero todavía; quieren asegurarse de que la infraestructura esté lista antes de ir en esa dirección.

Mi interpretación (o mi especulación) es que están esperando a que los estadounidenses crucen el Rubicón. Los estadounidenses aún no lo han cruzado. Trump 2.0 el año pasado amenazó con aranceles del 150 % a los chinos e intentó imponer algunos.

Ellos respondieron suavemente diciendo: «En ese caso, olvidaos del acceso a metales críticos», y él dio marcha atrás. Así que están esperando el próximo movimiento del presidente estadounidense (no necesariamente Trump, los demócratas son igual de malos; recuerda que Biden fue quien introdujo la absurda Ley de Chips para señalar a los chinos que no se les permitiría avanzar tecnológicamente, lo cual fue el mayor error geoeconómico de la historia).

Creo que los chinos están aplicando el viejo proverbio: «Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error». Dejan que cometan otro error y otro más. En algún momento estarán listos para dar el paso.

Glenn Diesen: Yanis, muchas gracias por tomarte el tiempo y por explicarnos cómo los chinos podrían terminar desenchufando la economía de EE. UU. Gracias de nuevo por tu tiempo.

Yanis Varoufakis: Gracias a ti. Eso no significa que tenga razón, es mi especulación, pero es lo mejor que puedo hacer dados los hechos tal como los veo."

 (Entrevista a Yanis Varoufakis, Glenn Diesen, Observatorio de la crisis, 18/09/26)