12.7.26

La reunión de la OTAN en Ankara ha sido una señal para que los empresarios, los grandes fondos de inversión y de pensiones y los fondos soberanos tomen conciencia de que hay un negocio garantizado por los Estados que prometen grandes retornos... Se trata de reconstruir potentes dispositivos tecno-industriales, complejos científico-militares para una guerra que tiene plazo fijo: 2029/2030... La estrategia, el eje, Merz/ Zelenski funcionó: se aceptó el modelo norteamericano OTAN 3.0 a cambio de continuar la guerra contra Rusia... la OTAN 3.0 tiene el objetivo central que Europa asuma la responsabilidad principal de su defensa convencional, que los aliados europeos se responsabilicen de los costes de su seguridad que ahora soportan los norteamericanos... Trump, por mucho que amenace y vocifere, no abandonará la OTAN, la necesita más que nunca como proyección de poder y como instrumento de control económico, comercial y tecnológico. Lo que pretende es que los aliados paguen su reindustrialización, reequilibren sus enormes déficits, reestructuren su complejo militar, científico y tecno-industrial y, sobre todo, que le acompañen en el enfrentamiento contra China... los países europeos ya tienen pedidos a los EE. UU de armamento por un valor de más de 300.000 millones de dólares... Al final, la guerra entre la OTAN y Rusia por intermedio de Ucrania, lo determina todo y más... ¿Qué viene ahora? El paso de una “guerra limitada” a una “guerra generalizada”. En el gran país euroasiático ya no se habla de operación especial; ahora se habla de la guerra de la OTAN contra Rusia (Manolo Monereo)

"OTAN 3.0: adiós a la autonomía estratégica de la UE.

 Fue una reunión de mercaderes en busca de beneficios extraordinarios. La reunión de la OTAN en Ankara ha sido, sobre todo, una señal para que los empresarios, los grandes fondos de inversión y de pensiones, los fondos soberanos, los funcionarios estatales y militares de diversas especialidades entiendan, tomen conciencia de que hay un negocio garantizado por los Estados que prometen grandes retornos y que, por momentos, no tiene límites. 

Se trata de reconstruir potentes dispositivos tecno-industriales, complejos científico-militares para una guerra que tiene plazo fijo: 2029/2030. Negocio seguro, en expansión y con una demanda creciente. Eso solo lo puede ofrecer, como siempre, el maldito y corrupto poder político: abundante financiación pública para grandes beneficios privados.

Hay tres datos que ayudan a entender la cumbre de Ankara del 7 y 8 de este caluroso mes de julio del 2026, tres años antes del supuesto ataque de Rusia a determinados países de la OTAN: 

a) La presencia de un Donald Trump agotado, sobrepasado, con señales evidentes de senilidad; 

b) El triunfo de la doctrina Colby y el fin de la hipótesis de una Unión Europea autónoma desde el punto de vista estratégico y político-militar; 

c) El fiasco de los acuerdos Trump/Putin en Anchorage, Alaska. La tres definen una nueva etapa en el conflicto global, con ganadores y perdedores. Vayamos por partes. 

Trump, en su segunda presidencia, ha bombardeado a Irán, Yemen, Siria, Somalia, Nigeria y Venezuela, 7 países en tres continentes. Secuestró, después de masacrar a decenas de militares, a un presidente legitimo de un país soberano (Nicolás Maduro y a su compañera Cilia Flores) y asesinó a la dirección política y político-militar de Irán en plenas negociaciones. 

El balance es claro, nítido: cuando los EE. UU se enfrentan a una potencia militar de nivel -y, no se debe olvidar nunca, con una coraza político-moral dura, firme, convencida- aparecen debilidades tácticas y operativas, de logística, de administración de recursos y de fondos de reposición especialmente significativas, a pesar de tener a Netanyahu al lado y por delante o, quizás, precisamente por ello. 

Trump llegó perdido a Ankara y, en muchos sentidos, derrotado. La estrategia, el eje, Merz/ Zelenski funcionó: se aceptó el modelo norteamericano OTAN 3.0 a cambio de continuar la guerra contra Rusia, es decir, a cambio de seguir escalando en un enfrentamiento que ya no tiene líneas rojas.

Modelo OTAN 3.0. En febrero de este año Elbridge Colby, subsecretario de guerra para políticas de los EE. UU, pronunció un importante discurso en una reunión a puerta cerrada de los ministros de defensa de la Alianza Atlántica. El dirigente de la administración norteamericana, uno de los redactores de la Estrategia de Seguridad Nacional y de la Estrategia de Defensa Nacional, expuso con mucha claridad el tipo de OTAN que Trump quería. Distinguió varias fases: OTAN 1.0; 0TAN 2.O. 

La primera, la de la Guerra Fría, se caracterizaba, en sus palabras, “por un enfoque intransigente, realista y lúcido de la disuasión y la defensa” donde EE.UU. y sus aliados, no sin discusiones, aceptaban su parte y las cargas que el esfuerzo colectivo exigía. Este modelo tuvo un enorme éxito. 

La segunda, después de la desintegración de la URSS y de la disolución del Pacto de Varsovia, la OTAN 2.0, fue mucho más problemática. “Esta versión de la Alianza se caracterizó por un reenfoque de los esfuerzos y prioridades, que se alejaron de la defensa de Europa para centrarse en operaciones “fuera de zona” y un desarme sustancial en el continente, así como por un cambio de marco, pasando del realismo intransigente y flexible de la OTAN 1.0 de la Guerra Fría a una mentalidad mucho más liberal e internacionalista, basada en un orden internacional basado en normas.

Ahora es necesaria, los cambios geopolíticos así lo exigen, una nueva OTAN 3.0, cuyo objetivo central debe ser que Europa asuma la responsabilidad principal de su defensa convencional; dicho de otra forma, se trata de que los aliados europeos se responsabilicen de los costes de su seguridad que ahora soportan los norteamericanos y que organicen unas fuerzas armadas capaces de hacer frente a cualquier eventualidad que implique riesgos existenciales para la península. 

Trump, por mucho que amenace y vocifere, no abandonará la OTAN, la necesita más que nunca como proyección de poder, como alianza estratégica institucionalizada y como instrumento de control económico, comercial y tecnológico. Lo que pretenden hoy los EE.UU. es que los aliados paguen su reindustrialización, reequilibren sus enormes déficits, reestructuren su complejo militar, científico y tecno-industrial y, sobre todo, que le acompañen en sus grandes opciones estratégicas, destacadamente el enfrentamiento global contra China.

El subsecretario de guerra Colby no se cansa de repetir dos palabras clave: priorizar y traslado de cargas. Priorizar, definiendo las tareas para Norteamérica y para sus aliados en esta fase determinada por una larga, compleja y dramática transición hegemónica. Traslado de cargas, que los aliados cumplan las tareas asignadas, modernizando sus fuerzas armadas, incrementando sustancialmente el gasto militar y comprando armamento del país indispensable. Recientemente Rutte, el otro jardinero infiel, lo ha dicho para que no hubiera dudas: los países europeos tienen pedidos a los EE. UU de armamento por un valor de más de 300.000 millones de dólares, que generarán alrededor de 195.000 puestos de trabajo.

Al final, la guerra entre la OTAN y Rusia por intermedio de Ucrania, lo determina todo y más. A estas alturas no sabemos si Trump estaba dispuesto realmente a llegar a un acuerdo con Putin o se trató, desde el principio o de forma sobrevenida, de una finta para ganar tiempo y mejorar la posición negociadora de Zelenski. Se sabrá pronto, creo. 

Desde siempre ha habido una durísima oposición de los gobiernos europeos a cualquier tipo de pacto con Rusia que pudiera significar un cambio en la relación de fuerzas y, sobre todo, una nueva arquitectura de seguridad en el conjunto de Europa. La contradicción era especialmente aguda: la Unión Europea solo puede derrotar a Rusia con el apoyo de los EE. UU, pero estos han cambiado de política, el frente europeo ya no es una prioridad. Además, Trump siempre ha afirmado que el conflicto ucraniano fue un error y que tendría que haberse evitado.

La estrategia europea ha sido muy precisa: ganar tiempo, neutralizar los acuerdos Trump/Putin, armar metódicamente a Ucrania y escalar contra una Rusia entretenida con unos pactos de muy difícil cumplimiento. Eso sí, partiendo siempre del supuesto de que Putin no se atreverá a ir más allá del armamento convencional. La clave ha estado desde el principio en las divisiones del equipo del presidente Trump y en el consenso bipartidista norteamericano (el Estado profundo) firmemente opuesto a una Rusia fuerte y determinante en las relaciones internacionales.

Esto terminó definitivamente en Ankara.

¿Qué viene ahora? El paso de una “guerra limitada” a una “guerra generalizada”. En el gran país euroasiático ya no se habla de operación especial; ahora se habla de la guerra de la OTAN contra Rusia." 

(Manolo Monereo, Nortes, 10/07/26)

El Gobierno de EE UU llama a declarar a periodistas de ‘The New York Times’ para comparecer ante un gran jurado... el periódico considera el episodio una nueva demostración del afán de la Administración de Trump por “amenazar e intimidar” a los medios de comunicación independientes... A lo largo de su segundo mandato, Trump ha recurrido en varias ocasiones al poder de su Gobierno para hostigar a la prensa... contra periodistas de The Wall Street Journal y de The Washington Post, aunque acabó retirando las citaciones... y en enero, agentes del FBI registraron la vivienda de una periodista del Post, Hannah Natanson, e incautaron teléfonos, ordenadores y un reloj inteligente como parte de una investigación sobre el manejo de información clasificada por parte de un contratista... la Fundación para la Libertad de Prensa ha condenado la citación a los periodistas de The New York Times. “Cuando el Gobierno alega que necesita investigar a los periodistas para proteger la seguridad nacional, realmente se refiere a proteger la seguridad de su propia reputación (Macarena Vidal Liy)

"La Administración de Donald Trump ha llamado a declarar a cuatro periodistas del periódico The New York Times después de que este publicara informaciones que revelaban las preocupaciones de seguridad en torno al nuevo avión presidencial Air Force One, regalo de Qatar, según ha informado el propio medio de comunicación. Los reporteros recibieron el viernes la orden del Departamento de Justicia de comparecer ante un gran jurado en Manhattan el próximo miércoles.

En algunos casos, agentes federales se personaron directamente en las viviendas de los periodistas afectados —Julian E. Barnes, Eric Schmitt, Tyler Pager y Eric Lipton— para entregarles la citación judicial, apunta el periódico, que considera el episodio una nueva demostración del afán de la Administración de Trump por “amenazar e intimidar” a los medios de comunicación independientes.

“La comparecencia de agentes federales del orden en las puertas de las casas de periodistas debería sacudir la conciencia de cualquier estadounidense que crea en la Constitución y la libertad de prensa que ésta protege”, ha declarado el abogado del medio, David McCraw, en un comunicado. A su vez, el Departamento de Justicia indicó que las citaciones se relacionan con una investigación sobre “violaciones de la seguridad nacional”.

“Los periodistas no son los objetivos (de esa investigación); lo son quienes están filtrando esa información”, ha indicado el organismo en un comunicado. “No vamos a hacer caso omiso de la ley ni dejar de investigar a la gente que trabaja para el Estado y cree que está bien filtrar información clasificada que afecta a la seguridad nacional”, ha agregado.

Qatar regaló a Trump el avión, valorado en unos 400 millones de dólares, el año pasado. El Pentágono se hizo cargo del obsequio —que según la Casa Blanca no viola las leyes que prohíben a los altos cargos y a los funcionarios federales aceptar objetos de valor ofrecidos por gobiernos extranjeros— para adecuar el Boeing a los estrictos requisitos de seguridad de un medio de transporte presidencial y para verificar que no se hubieran introducido en él vías de posible espionaje.

Después de presentarlo a la prensa en un acto en la base aérea de Andrews, en las afueras de Washington, Trump lo estrenó el pasado día 1, en un viaje a Dakota del Norte. Esta semana el presidente voló en él a Ankara, la capital turca, para participar en la cumbre de la OTAN. Pero regresó a Washington en el Air Force One antiguo, lo que desató las conjeturas sobre los motivos que habían llevado a esa decisión.

El retorno en el modelo antiguo, el miércoles, se produjo en momentos de gran tensión entre Estados Unidos e Irán, que intercambiaban fuego mientras Trump proclamaba “terminada” la tregua que ambos países habían pactado mientras negocian un acuerdo definitivo para poner fin a la guerra. Irán es fronterizo con Turquía.

El Times publicó entonces, citando fuentes anónimas, que el nuevo Air Force One no está dotado de dispositivos antimisiles ni de otras capacidades protectoras, como sí lo están los modelos anteriores. Según el periódico, el regreso en el avión presidencial antiguo se hizo a petición del Servicio Secreto, el cuerpo encargado de la protección presidencial.

Preguntado por los periodistas que le acompañaban en ese vuelo, Trump negó que el cambio se debiera a razones de seguridad, y declaró que se había decidido dejar el avión nuevo en una base militar estadounidense en el Reino Unido como un detalle para los soldados ahí destinados, para que lo pudieran admirar. El mandatario tampoco quiso responder si Irán había formulado alguna amenaza creíble contra la aeronave presidencial. “Yo estoy amenazado constantemente”, dijo. “Soy el primero en su lista [de Irán]”.

La Casa Blanca también ha negado que haya problemas de seguridad en el avión recién estrenado. “Está dotado de protocolos de seguridad de alto nivel que garantizan la seguridad del presidente y de su personal”, declaró el director de comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, en un comunicado.

Antes de la publicación del artículo el miércoles, un alto cargo del FBI se había puesto en contacto con un periodista y con un responsable del diario para pedir que no se publicara la noticia, con el argumento de la protección de la seguridad nacional. El alto cargo también pidió al periódico que revelara sus fuentes, algo que el Times se negó a hacer.

Otras investigaciones

A lo largo de su segundo mandato, Trump ha recurrido en varias ocasiones al poder de su Gobierno para hostigar a la prensa. A principios de este año, el Departamento de Justicia intentó obligar a declarar a periodistas de The Wall Street Journal y de The Washington Post, aunque acabó retirando las citaciones después de que ambos medios presentaran alegatos bajo secreto de sumario.

En enero, agentes del FBI registraron la vivienda de una periodista del Post, Hannah Natanson, e incautaron teléfonos, ordenadores y un reloj inteligente como parte de una investigación sobre el manejo de información clasificada por parte de un contratista. Natanson había dedicado meses a hablar con empleados federales para cubrir las medidas de la Administración de Trump para reducir la fuerza laboral pública.

En un comunicado, la Fundación para la Libertad de Prensa ha condenado la citación a los periodistas de The New York Times. “Cuando el Gobierno alega que necesita investigar a los periodistas para proteger la seguridad nacional, realmente se refiere a proteger la seguridad de su propia reputación”. “La vergüenza de la Administración” por los posibles problemas de seguridad del avión nuevo “no se antepone a la necesidad de una prensa libre e independiente”, ha agregado la institución." 

(Macarena Vidal Liy , El País, 11/07/26)

Para entender el crecimiento del trumpismo hay que ver qué ocurrió antes de su aparición y expansión, y comprender lo sucedido en EE.UU. desde los años 80... el enorme crecimiento de la polarización por clase social, que se ha estado desarrollando en dicho país, es el resultado del gran declive de la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora —98 millones de personas en EE.UU. — que representa el 60% de la población laboral del país... Esta pérdida de poder adquisitivo ha generado graves problemas de asequibilidad, más del 40 % de la población no puede costearse los medicamentos... El 38 % de las personas con enfermedades terminales expresa preocupación por no poder pagar los tratamientos necesarios... 35.000 personas mueren cada año por falta de seguro médico... La creciente comercialización del sistema sanitario ha sido clave en este proceso dominado por empresas privadas con ánimo de lucro... La crisis de asequibilidad de los servicios sanitarios en Estados Unidos es estructural: este país gasta más en atención médica, incluso más en fondos públicos per cápita que cualquier país comparable, y, sin embargo, tiene la mayor proporción de población incapaz de acceder a o pagar la atención. Esto no es una paradoja; es el resultado previsible de un sistema sanitario organizado en torno a la extracción de beneficios económicos particulares en lugar de la atención al paciente... La comercialización es el principal motor de este problema: la creciente comercialización del sistema de salud estadounidense desde la década de 1980 —desde aseguradoras hasta hospitales y consultas médicas— ha desviado sistemáticamente los recursos de la prestación de servicios hacia los rendimientos para inversionistas, los costos administrativos y la consolidación del mercado. Esta realidad, claramente existente en EE.UU., se está expandiendo ahora en la Unión Europea... Privatizar la sanidad mata. Lo dicen los datos (Vicenç Navarro)

China tiene claro el propósito de alentar una gobernanza postoccidental... Ese cambio de paradigma por el que aboga se fundamenta en la nueva realidad global. No es un voluntarismo ideológico. Su modelo de gobernanza global es la multipolaridad y por eso apuesta por abrir espacios mayores a los países en desarrollo y del Sur Global... Occidente deberá aceptar y convivir con esa nueva realidad porque ya no está en su mano imponer otra cosa. Esta evolución marcará el nuevo estatus global de China y representará uno de los legados más significativos del xiísmo... China crítica la ansiedad occidental por preservar, al coste que sea, su posición privilegiada en un contexto de grandes transformaciones que apuntan tanto a reequilibrios económicos como al surgimiento de nuevos ámbitos de poder que es preciso regular –desde la inteligencia artificial al ciberespacio... China plantea una reforma y actualización del sistema internacional, de modo que evolucione en paralelo a la realidad mundial. En ese sentido, defiende el mantenimiento de la ONU como “núcleo” del sistema –que EEUU pretende finiquitar como si nada–. China no aspira a que se liquide, más bien a que se actualice... China, por ejemplo, lidera la instalación de sedes como la Organización Mundial de Datos o la Organización Internacional de Mediación. A la vez, incide cada vez más en desafíos que hoy condicionan el futuro de la humanidad, como el clima... Para Occidente, una cosa es la seguridad y otra el bienestar, mientras que para China representan las dos caras de una misma moneda. Y eso, en la práctica, explica también la dificultad que puede encontrar EEUU para subvertir los fuertes vínculos económicos con muchos países, ahora con gobiernos alineados con la peor derecha estadounidense. En América Latina, por ejemplo... su influencia avanza, muy especialmente en los países del Sur Global, precisamente porque van acompañadas de acciones prácticas que interpretan como un beneficio mutuo... Todo ello puede sonar a mera narrativa persuasiva que oculta un propósito hegemónico. Esta China, no obstante, abandonó hace tiempo cualquier intención mesiánica y es consciente de los severos condicionantes de su propia realidad económica, demográfica, etc., y de que le queda un largo trecho para culminar su modernización... figura en la posición 73 en renta per cápita. Mucho por hacer aún (Xulio Ríos)

 "La gobernanza global en modo China. El país apuesta por la multipolaridad y por abrir espacios mayores a los países en desarrollo y del Sur Global.

 En la diplomacia china es harto frecuente el aserto de que las capitales occidentales acostumbran a decir una cosa y hacer otra; en Beijing, por el contrario, se afanarían por hacer lo que dicen. Hay una máxima china recurrente que viene al caso: “Los antiguos hablaban poco por temor a que sus actos no fueran coherentes con sus palabras”. Quizá por eso, para las autoridades chinas, la coherencia, también en la diplomacia, no es cosa menor y procuran medir al milímetro sus palabras. 

Siguiendo dicho hilo de razonamiento, más allá de acometer la ardua tarea de leer en los posos del café que tantas veces puede resultar necesario para orientarse en la política china, importa especialmente tener en cuenta y tomar en serio las directivas formales que inspiran el proceder de Beijing en áreas clave. Un elemento relevante, por ejemplo, son los libros blancos pues, en gran medida, sintetizan sus diagnósticos y estrategias y, ciertamente, operan como hojas de ruta que es posible no solo seguir, sino muy conveniente analizar para prever conductas y acciones.

En la diplomacia china es harto frecuente el aserto de que las capitales occidentales acostumbran a decir una cosa y hacer otra

Recientemente publicado, el Libro Blanco sobre la Gobernanza Global ofrece su propia lectura sobre la coyuntura crítica que atraviesa el orden internacional, quizá en su momento más determinante tras el fin de la Guerra Fría. Mientras las instituciones de posguerra se debaten entre sus grandes aspiraciones y las capacidades tradicionalmente pírricas cotizando a la baja, tan agredidas también paradójicamente por las potencias que las inspiraron, los nuevos poderes emergentes pugnan por mejorar su nivel de reconocimiento e influencia.

Hubo un tiempo en que a China, muy centrada en su transformación económica interna, se le recriminaba su falta de compromiso y responsabilidad internacional. Estaba a lo suyo. Pero el incremento de su poder global debería entrañar también la asunción de cometidos y funciones de diverso calibre, de la misma manera que los asumían otras potencias. 

Desde entonces, China ha escalado de forma progresiva, incorporando mayores cotas de responsabilidad y trasladando al orden global su holgada posición en otros ámbitos, en especial los ligados al desarrollo y, ahora, la tecnología. Lo está haciendo con un discurso y una política propia, que no está gustando nada a muchos de aquellos que le reclamaban arrimar el hombro. El énfasis que está poniendo en defender otra visión y otra política, sin seguidismos ciegos, ha provocado otra crítica: se ha pasado de echarle en cara que no se implique a reprobar que lo haga al margen del discurso dominante. Entonces, se dijo que China era “asertiva” y que, en realidad, lo que pretendía es aprovechar el actual momento de confusión para desplazar a Occidente del liderazgo global y establecer una nueva hegemonía. 

Xi Jinping y el nuevo sinocentrismo

Desde el inicio de su mandato en 2012, Xi Jinping ha dado un gran impulso a la proyección internacional de China, acelerando significativamente el tránsito de la periferia al centro del sistema internacional. En paralelo, ha multiplicado las propuestas para implementar un sinocentrismo de nuevo tipo, adaptado a la realidad y expectativas del siglo XXI.

China defiende el mantenimiento de la ONU como “núcleo” del sistema –que EEUU pretende finiquitar –. China no aspira a que tan solo se actualice

Hoy día, podríamos decir que su iniciativa más destacada es la referida a la gobernanza global, un asunto sobre el que versa el citado libro blanco. En él, China bosqueja su crítica a la ansiedad occidental por preservar, al coste que sea, su posición privilegiada en un contexto de grandes transformaciones que apuntan tanto a reequilibrios económicos como al surgimiento de nuevos ámbitos de poder que es preciso regular –desde la inteligencia artificial al ciberespacio–, negándose a admitir que otros hagan lo de siempre de forma tan unilateral como impositiva. 

El nuevo mantra –que ya utilizó la Administración Biden– es que China quiere destruir “el orden basado en reglas”. Lo cierto es que, en gran medida, ha sido Occidente, eso que algunos llaman pomposamente la “comunidad internacional”, quien ha ido laminando dichas reglas porque el actual orden ya no conviene a sus propios intereses. Donald Trump es muy claro y rotundo en eso. Sin disimulos ni paños calientes. 

No obstante, lo que China plantea en sus papeles es una reforma y actualización del sistema internacional, de modo que evolucione en paralelo a la realidad mundial. En ese sentido, por ejemplo, defiende el mantenimiento de la ONU como “núcleo” del sistema –que EEUU pretende finiquitar como si nada–. China no aspira a que se liquide, más bien a que se actualice, una tarea nada fácil.

En paralelo, China ha desarrollado una red de asociaciones, como los BRICS o la Organización de Cooperación de Shanghái, muy centradas en el desarrollo y en una visión de la seguridad muy deudora de una cierta concepción del bienestar. Es esta una cuestión clave para diferenciar el eje de proyección de las capacidades chinas frente a las opciones securitarias occidentales, que establecen marcos de actuación completamente diferenciados. Para Occidente, una cosa es la seguridad y otra el bienestar, mientras que para China representan las dos caras de una misma moneda. Y eso, en la práctica, explica también la dificultad que puede encontrar EEUU para subvertir los fuertes vínculos económicos con muchos países, ahora con gobiernos alineados con la peor derecha estadounidense. En América Latina, por ejemplo. 

Complementariamente, las iniciativas (sobre desarrollo, seguridad, civilización o gobernanza) que teorizan a otra escala propuestas como la Franja y la Ruta, también arduamente combatidas o que dan forma a la “comunidad de futuro compartido”, trazan un sugestivo mapa indicativo de otra manera de interpretar e imaginar el orden mundial. Hay escepticismo sobre todo esto, sin duda, pero sería un error descalificarlo sin más y no reconocer que progresivamente su influencia avanza, muy especialmente en los países del Sur Global, precisamente porque van acompañadas de acciones prácticas que interpretan como un beneficio mutuo. 

La adopción de sistemas de gestión de los nuevos ámbitos emergentes y abiertos a la disputa es clave para asegurarse posiciones relevantes en los dominios del futuro. Por esta razón, China, por ejemplo, lidera la instalación de sedes como la Organización Mundial de Datos o la Organización Internacional de Mediación. A la vez, incide cada vez más en desafíos que hoy condicionan el futuro de la humanidad, como el clima, un aspecto en el que hoy pocos en Occidente le pueden ya dar lecciones. No hace muchos años era todo lo contrario. 

Todo ello puede sonar a mera narrativa persuasiva que oculta un propósito hegemónico. Esta China, no obstante, abandonó hace tiempo cualquier intención mesiánica y es consciente de los severos condicionantes de su propia realidad económica, demográfica, etc., y de que le queda un largo trecho para culminar su modernización. Es la segunda economía del mundo, es verdad, la primera en paridad de poder adquisitivo, pero figura en la posición 73 en renta per cápita. Mucho por hacer aún. Pero no solo. Quien conozca su historia y su cultura, puede convenir en que es altamente improbable que China aspire a ser el nuevo EEUU del siglo XXI. 

Por contra, es claro el propósito de alentar una gobernanza postoccidental. Eso incluye el rechazo de cualquier implicación en un hipotético G2 o un G7+1. Ese cambio de paradigma por el que aboga se fundamenta en la nueva realidad global. No es un voluntarismo ideológico. Su modelo de gobernanza global es la multipolaridad y por eso apuesta por abrir espacios mayores a los países en desarrollo y del Sur Global. Instituye el multilateralismo como mecanismo procedimental para abordar los desafíos globales. 

Reforma y no ruptura

El gradualismo que ha caracterizado la transformación de China en los últimos 40 años es el mismo gradualismo que plantea ahora para definir un nuevo sistema internacional, a partir del actual marco institucional.

Occidente deberá aceptar y convivir con esta nueva realidad porque ya no está en su mano imponer otra cosa

Esto sugiere que no será un proceso lineal. Habrá reveses. Ahora mismo podría parecer que los esfuerzos de Estados Unidos por frenar a China y restaurar su primacía en regiones como América Latina u Oriente Medio están dando sus frutos. Trump ha emprendido iniciativas más agresivas para movilizar a los países del hemisferio occidental en torno a su causa, echando mano de las herramientas habituales de su diplomacia, la presión, el poder duro y, en no menor medida, las alianzas económicas –minerales críticos, semiconductores, etc.–, para lograr este objetivo. No es solo China quien debe afrontar estas dificultades, sino también todos aquellos países que aspiren a ejercer libremente su autonomía estratégica.

Sea como fuere, con independencia de las vicisitudes de cualquier coyuntura, cabe esperar que la influencia de China se traslade mucho más y cada vez más velozmente de las instancias económicas a las políticas y a los ámbitos cruciales, asumiendo un mayor protagonismo. Y Occidente, la “comunidad internacional”, deberá aceptar y convivir con esa nueva realidad porque ya no está en su mano imponer otra cosa.  

Esta evolución marcará el nuevo estatus global de China y representará uno de los legados más significativos del xiísmo." 

(Xulio Ríos , CTXT, 09/07/26)  

Puedes ser católico o neoliberal, pero no las dos cosas a la vez. Por supuesto, puedes ser protestante y neoliberal, o evangélico y neoliberal, pero el catolicismo está muy alejado del marco antropológico que fija el neoliberalismo. Esta es una realidad que la iglesia católica olvidó desde hace varias décadas... caminar con los mercaderes del templo es extraño, pero también contraproducente... Luis Argüello se alejó de la 'Magnifica Humanitas' para acercarse al magnífico mercado. Deberían tener cuidado... Actuar de ese modo beneficia el desarrollo de los evangélicos en España... Los evangélicos, esos que han arrebatado Latinoamérica a los católicos, se mueven mucho mejor en esa alianza entre éxito económico terrenal y salvación eterna... Por algún motivo, los católicos españoles no están empujando en la dirección del bien común, ese que señalaba León XIV como objetivo, sino en la del bien individual. Es una señal de su debilidad (Esteban Hernández)

Esteban Hernández @HdezEsteban

Las declaraciones de Luis Argüello fueron sorprendentes. Puedes ser católico o neoliberal, pero no las dos cosas a la vez. Por supuesto, puedes ser protestante y neoliberal, o evangélico y neoliberal, pero el catolicismo está muy alejado del marco antropológico que fija el neoliberalismo.

 Esta es una realidad que la iglesia católica olvidó desde hace varias décadas. Y llama la atención que ahora, cuando estamos viviendo un cambio de época, la iglesia española insista en que ambas visiones del mundo son compatibles. 

Luis Argüello se alejó de la 'Magnifica Humanitas' para acercarse al magnífico mercado. Deberían tener cuidado: caminar con los mercaderes del templo es extraño, pero también contraproducente.

 Los evangélicos, esos que han arrebatado Latinoamérica a los católicos, se mueven mucho mejor en esa alianza entre éxito económico terrenal y salvación eterna. 

Actuar de ese modo beneficia el desarrollo de los evangélicos en España. 

Por algún motivo, los católicos españoles no están empujando en la dirección del bien común, ese que señalaba León XIV como objetivo, sino en la del bien individual. Es una señal de su debilidad.

11:42 a. m. · 12 jul. 2026 ·4.298 Visualizaciones

El avance del neofundamentalismo evangélico, de América Latina a Madrid... La importancia política de los evangelistas reside en su profunda inserción popular, que está permitiendo un impulso renovado y, sobre todo, la captación de nuevos votantes para los partidos conservadores. De este modo, han logrado disputar a los movimientos de izquierda su tradicional espacio de implantación social como ninguna otra organización conservadora había conseguido hasta ahora... En las décadas de los 60 y 70, la influencia de la teología de la liberación marcó a buena parte de los movimientos populares latinoamericanos. Hoy es la llamada “teología de la prosperidad” la que está ocupando ese espacio en los barrios populares. Mientras la teología de la liberación politizaba y problematizaba la pobreza y las desigualdades, defendiendo el legítimo derecho de los pobres a gozar de una existencia digna pese a su condición, la teología de la prosperidad no solo deja de cuestionar las desigualdades, sino que, en cierta medida, las legitima al presentar el éxito material como una prueba de la elección divina... Al concentrarse en la superación personal mediante una nueva conducta moral, en lugar de trabajar por un cambio estructural, estas iglesias evangelistas disuaden de la acción colectiva y promueven estrategias individuales de movilidad social ascendente. El cambio es radical: de la liberación colectiva al triunfo individual. Una transformación profunda en la mentalidad de los barrios populares latinoamericanos... Las sectas evangélicas aparecen así como auténticos apóstoles del neoliberalismo. La teología de la prosperidad se acopla de tal manera a la lógica neoliberal del “emprendedor” que incluso admite el derecho de los fieles a abrir su propia iglesia: “Esto se inscribe en la lógica del capital y el consumo; cada uno puede crear su propio business neopentecostal”... Con esta doctrina, pastores y telepredicadores exhiben su riqueza sin complejos como una manifestación de su santidad y del mayor grado de bendición divina recibido... El voto evangélico entre los sectores populares está sirviendo para consolidar relaciones clientelares entre actores políticos y líderes religiosos, así como para incorporar representantes de estas iglesias a las listas electorales en países como Brasil, Perú, El Salvador, Chile, Colombia o Guatemala... La principal novedad no es únicamente el avance político del evangelismo, sino su capacidad para introducir en el debate público cuestiones que han terminado marcando la agenda del conjunto de la derecha latinoamericana... las conexiones políticas de los pentecostales y neopentecostales empiezan también a hacerse visibles en Madrid (Miguel Urbán)

 "De América Latina a Madrid: el avance del neofundamentalismo evangélico.

 La miamización de Madrid no debe entenderse solo en clave sociológica o urbanística, sino también como la transformación de la política madrileña, donde las iglesias pentecostales y neopentecostales se han convertido en un actor político y cultural que gana peso.

La imagen de Donald Trump en el Despacho Oval rodeado de pastores evangélicos dio la vuelta al mundo. “Oramos para que la sabiduría del cielo inunde su corazón y su mente (…) Padre, te rogamos que sigas dándole a nuestro presidente la fuerza que necesita”. Mientras recitaban estas palabras, los pastores evangélicos posaban sus manos sobre el presidente para darle fuerza en su guerra —ilegal— destinada, supuestamente, a liberar al pueblo iraní de la terrible teocracia de los ayatolás. La imagen no podía ser más icónica del momento histórico en el que nos encontramos, donde el resurgir de los neofundamentalismos religiosos se está convirtiendo en un rasgo común de la ola reaccionaria global.

Un mes después de esta icónica fotografía de los pastores evangélicos arropando a Trump en el Despacho Oval, unas 35.000 personas abarrotaban el estadio Metropolitano durante el evento The Change Madrid 2026, el mayor encuentro evangélico contemporáneo de Europa. Uno de los momentos más virales fue la aparición del exfutbolista Dani Alves que, tras haber sido condenado por agresión sexual a una mujer en una discoteca y posteriormente absuelto por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, se ha convertido en un conocido telepredicador evangélico. Un estadio abarrotado de vibrantes feligreses resumía bien un fenómeno que lleva años creciendo y que ahora empieza a hacerse visible a gran escala: el auge del evangelismo en Madrid.

A lo largo de los últimos años estamos asistiendo a un fenómeno relativamente nuevo en Europa, pero de largo recorrido en el continente americano: el impacto electoral del resurgimiento de un ultraconservadurismo cristiano. Mientras que en el continente americano este movimiento está liderado fundamentalmente por las diferentes familias del evangelismo pentecostal y neopentecostal, en Europa son los ultracatólicos quienes marcan la agenda política. Los principios políticos de esta reacción ultraconservadora son los mismos a ambos lados del Atlántico: autoritarismo patriarcal y homófobo, defensa del statu quo y una fuerte vena antisindical y anticomunista clásica, aunque actualizada en las nuevas iglesias con los lenguajes del show business y la agresividad neoliberal. Aunque en Europa las comunidades evangélicas no gozan todavía del apoyo que tienen en el continente americano, este fenómeno va asentándose poco a poco con fuerza en España.

En Estados Unidos, el fundamentalismo cristiano recuperó, a partir de la década de los años 70, una creciente presencia pública. Proliferaron sus iglesias, colegios, publicaciones, editoriales, emisoras de radio y canales de televisión, con el consiguiente auge de la telepredicación y de los telepredicadores. Surgió así la nueva derecha cristiana, los teocons o, simplemente, los fundamentalistas cristianos, convertidos hoy en el movimiento ideológico más específico, coherente y mejor organizado de la política estadounidense. No toda la pluralidad de iglesias de Estados Unidos participa de este movimiento, siendo las evangélicas las que han mostrado un mayor dinamismo y una adhesión más firme a la agenda neoconservadora de la nueva derecha cristiana.

En las elecciones presidenciales de 2016, los evangélicos representaron una quinta parte de los votantes registrados y un tercio de todos los que se identificaban con el Partido Republicano. Parecía difícil que un candidato como Trump —divorciado dos veces y casado en tres ocasiones, con fama de mujeriego, numerosos escándalos sexuales, ostentoso y arrogante— pudiera presentarse como un hombre que guiaba su vida por valores religiosos. No ofrecía el perfil de candidato capaz de atraer al votante conservador de inspiración religiosa. Pese a ello, obtuvo el 81% del voto de los evangelistas blancos, frente al 16% de su contendiente demócrata, Hillary Clinton. Desde entonces, una de las claves del éxito electoral de Trump ha sido su capacidad para cautivar al electorado evangélico.

Así, a pesar de los escándalos, la comunidad evangélica más conservadora ha llegado a justificar su apoyo político a Trump comparándolo con el “Ciro moderno” y presentándolo como el “candidato de Dios para el caos”. Para los evangélicos, “Ciro es el modelo del no creyente al que Dios elige para cumplir con los propósitos de los fieles”. Estos grupos ven con buenos ojos que Trump esté dispuesto a romper las normas democráticas para combatir las amenazas que, según ellos, se ciernen sobre sus valores y su modo de vida, con el objetivo de cumplir “la misión de Dios en la Tierra”. Entienden que Trump es el mandatario más cercano a sus postulados, capaz de impulsar una agenda nacionalista cristiana que represente sus intereses políticos y morales.

Las relaciones entre la Administración Trump y las iglesias evangélicas pentecostales y neopentecostales —fervientemente sionistas— también han contribuido a dar forma a las alianzas internacionales y a la política exterior estadounidense. El apoyo incondicional al Gobierno israelí de Benjamín Netanyahu, simbolizado en el traslado de la Embajada de Estados Unidos a Jerusalén durante el 70º aniversario de la creación del Estado de Israel, contraviniendo las resoluciones de la ONU, o la reciente agresión militar contra Irán, haciendo caso omiso de las objeciones de parte de su equipo de política exterior y seguridad nacional, son ejemplos notables de la influencia que ha llegado a alcanzar la nueva derecha cristiana en la Administración Trump.

La expansión pentecostal y neopentecostal en América Latina

Quizá sea en América Latina donde —al igual que ocurrió con el catolicismo en décadas anteriores— el fundamentalismo evangelista ha penetrado con mayor intensidad en las esferas políticas para imponer su agenda ultraconservadora. Las iglesias evangélicas, presentes hoy en prácticamente cualquier barrio del continente, están transformando la política como ninguna otra fuerza desde la expansión de la teología de la liberación en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado. Están proporcionando a las causas conservadoras, y especialmente a los partidos políticos, un nuevo impulso y nuevos votantes. Pero, a diferencia de la narrativa más conservadora de la Iglesia católica, los pastores evangelistas están introduciendo en la política una suerte de populismo religioso, más radical y de mayor alcance. Así lo muestran los éxitos electorales de Bolsonaro, Bukele o, más recientemente, el ascenso político de Abelardo de la Espriella.

La importancia política de los evangelistas no reside únicamente en su crecimiento exponencial o en la tupida red de medios de comunicación que controlan, sino también en su profunda inserción popular, que está permitiendo un impulso renovado y, sobre todo, la captación de nuevos votantes para los partidos conservadores. De este modo, han logrado disputar a los movimientos de izquierda su tradicional espacio de implantación social como ninguna otra organización conservadora había conseguido hasta ahora.

La presencia de las iglesias evangélicas en América Latina no es precisamente nueva, pero sí lo es su crecimiento exponencial, especialmente en su vertiente pentecostal y neopentecostal más conservadora. Según Michael Löwy, los protestantes latinoamericanos están profundamente divididos. En su opinión, esta división coincide, hasta cierto punto (aunque no por completo), con la diferencia entre las antiguas Iglesias protestantes y las nuevas Iglesias pentecostales, que se están propagando rápidamente. “El crecimiento extraordinario de las Iglesias evangélicas pentecostales en Latinoamérica —un acontecimiento que los observadores católicos describen muchas veces como la ‘invasión de las sectas protestantes’— es uno de los fenómenos religiosos más importantes de los últimos años en el continente”.

Según diferentes estudios, existen más de 19.000 iglesias pentecostales en el continente latinoamericano, que agrupan a más de cien millones de creyentes. Las iglesias evangélicas, fundamentalmente las más conservadoras, representan prácticamente a uno de cada cinco latinoamericanos, cerca del 20 % de la población.

La teología de la prosperidad

En las décadas de los 60 y 70, la influencia de la teología de la liberación marcó a buena parte de los movimientos populares latinoamericanos. Hoy es la llamada “teología de la prosperidad” la que está ocupando ese espacio en los barrios populares. Mientras la teología de la liberación politizaba y problematizaba la pobreza y las desigualdades, defendiendo el legítimo derecho de los pobres a gozar de una existencia digna pese a su condición, la teología de la prosperidad no solo deja de cuestionar las desigualdades, sino que, en cierta medida, las legitima al presentar el éxito material como una prueba de la elección divina.

El obispo Edir Macedo, fundador de la brasileña Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) y principal impulsor de la teología de la prosperidad, definió así la esencia de su credo: “Nosotros queremos que ese hombre sea rico, que ascienda en la escala social; no queremos un pobre que acepte su pobreza”. Al concentrarse en la superación personal mediante una nueva conducta moral, en lugar de trabajar por un cambio estructural, estas iglesias evangelistas disuaden de la acción colectiva y promueven estrategias individuales de movilidad social ascendente. El cambio es radical: de la liberación colectiva al triunfo individual. Una transformación profunda en la mentalidad de los barrios populares latinoamericanos.

Así, aunque las iglesias pentecostales y neopentecostales desarrollan una intensa actividad “social” y cuentan con numerosos programas asistenciales, lo hacen desde una lógica antagónica a cualquier forma de protagonismo político de los sectores oprimidos. Podemos hablar de una suerte de “comunitarismo individualista”, que absorbe al individuo en todos los aspectos de su vida y que, a cambio, promete hacerlo “exitoso” en el mercado. En cierto modo, la iglesia sustituye al Estado como espacio de comunidad.

Las sectas evangélicas aparecen así como auténticos apóstoles del neoliberalismo: “Hemos aprendido con Weber que el protestantismo tiene un encaje con el capitalismo; el neopentecostalismo va a tenerlo con el neoliberalismo, porque genera un ‘sujeto hecho a sí mismo’, donde el Estado no interviene”. La teología de la prosperidad se acopla de tal manera a la lógica neoliberal del “emprendedor” que incluso admite el derecho de los fieles a abrir su propia iglesia: “Esto se inscribe en la lógica del capital y el consumo; cada uno puede crear su propio business neopentecostal”.

Con esta doctrina, pastores y telepredicadores exhiben su riqueza sin complejos como una manifestación de su santidad y del mayor grado de bendición divina recibido. Así, las megaiglesias neopentecostales se convierten en auténticos meganegocios dirigidos por pastores que actúan como ejecutivos y se desenvuelven con las habilidades de un showman para entretener a sus fieles. El resultado son verdaderos imperios económicos que buscan ampliar constantemente su poder e influencia en los medios de comunicación y en la política.

Como ya hemos visto, “el evangelismo puede favorecer la adopción de un ethos capitalista de autopromoción individual y, por tanto, alentar el apoyo a las fuerzas políticas comprometidas con ese ethos”. Un buen ejemplo es la IURD, la mayor congregación evangelista de Brasil, que posee un auténtico emporio mediático, entre cuyos activos destaca TV Record, la segunda cadena de televisión del país. Pero también ha dado el salto a la política, consiguiendo la alcaldía de Río de Janeiro en 2016 a través de uno de sus obispos, Marcelo Crivella, conocido entre otras cosas por ser uno de los principales intérpretes del góspel en Brasil, con más de cinco millones de copias vendidas. La victoria en Río de Janeiro fue vista como el precedente de la posterior victoria presidencial de Jair Bolsonaro. El propio obispo Edir Macedo, fundador de la IURD, expresó públicamente su apoyo al candidato ultraderechista después de que este se bautizara en el río Jordán según el rito evangélico, un gesto que le granjeó un respaldo decisivo para alcanzar la presidencia.

Contra la “ideología de género”

El fundamentalismo evangélico se ha convertido en un movimiento emergente no solo por su pujanza económica o su implantación social, sino también porque ha logrado consolidarse como un actor político de primer orden, con una fuerte capacidad de cohesión sobre sus feligreses —y, por extensión, sobre sus votantes—, capaces de desequilibrar elecciones y disputados por prácticamente todas las formaciones políticas. El voto evangélico entre los sectores populares está sirviendo para consolidar relaciones clientelares entre actores políticos y líderes religiosos, así como para incorporar representantes de estas iglesias a las listas electorales en países como Brasil, Perú, El Salvador, Chile, Colombia o Guatemala.

La principal novedad no es únicamente el avance político del evangelismo, sino su capacidad para introducir en el debate público cuestiones que han terminado marcando la agenda del conjunto de la derecha latinoamericana. Se articula así una amplia alianza opositora al matrimonio igualitario, al aborto y a lo que denominan “ideología de género”, sintetizada en una consigna que se ha hecho viral: “Con mis hijos no te metas”. Desde entonces, la llamada “ideología de género” se ha convertido en un cajón de sastre en el que cabe desde el derecho al aborto hasta los supuestos ataques a la familia o al matrimonio entre personas del mismo sexo. En el fondo, se trata de una ofensiva contra el propio derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, que sitúa al movimiento feminista como uno de sus principales enemigos.

Las iglesias evangélicas latinoamericanas han dirigido buena parte de sus ataques contra la educación pública, especialmente contra cualquier contenido relacionado con la educación sexual y reproductiva o con la igualdad de género. Pero este proceso también se ha reproducido en países donde el fundamentalismo evangélico continúa siendo minoritario. Es el caso, por ejemplo, de España, donde Vox asumió buena parte de este repertorio ideológico al popularizar el llamado “pin parental”: la obligación de que madres y padres autoricen previamente y de forma expresa la asistencia de sus hijos a cualquier actividad desarrollada en el centro educativo. De este modo, frente a actividades consideradas inadecuadas por estos sectores —como talleres sobre diversidad afectivo-sexual, feminismo, identidad de género o derechos de la comunidad LGTBI—, los progenitores pueden ejercer su supuesta “objeción de conciencia” e impedir que el alumnado participe en ellas.

En Brasil, la ultraderecha y las iglesias evangélicas impulsaron una campaña contra un programa educativo destinado a prevenir la homofobia en las aulas, al que bautizaron despectivamente como el “kit gay”. Con el objetivo de amedrentar al profesorado, Bolsonaro y sus hijos llegaron a animar a los estudiantes a grabar con sus teléfonos móviles a sus docentes durante las clases y difundir posteriormente esas imágenes en las redes sociales. Finalmente, el proyecto nunca llegó a aprobarse como consecuencia de las presiones ejercidas por estos sectores. Sin embargo, el verdadero “pin parental” brasileño es Escuela sin Partido, una iniciativa presentada en el Congreso en 2014 cuyo objetivo era combatir el supuesto adoctrinamiento ideológico de la izquierda en las escuelas e impedir que cuestiones como el género, la orientación sexual o las preferencias políticas pudieran abordarse en las aulas o aparecer en los materiales didácticos.

El fenómeno llega a Madrid

Un año antes del gran encuentro evangélico celebrado en el estadio Metropolitano, unas diez mil personas llenaron la plaza de toros de Vistalegre para escuchar al predicador brasileño Edir Macedo que, como veíamos anteriormente, es uno de los principales apóstoles latinoamericanos de la teología de la prosperidad. Porque el fenómeno evangélico en Madrid ya no ocupa únicamente bajos comerciales o antiguos garajes de los barrios periféricos. Hoy mueve también cifras de estadio.

El crecimiento del evangelismo en Madrid ha sido discreto, pero cada vez resulta más difícil ignorarlo. España cuenta ya con alrededor de un millón y medio de evangélicos y su crecimiento ha sido sostenido durante las últimas décadas. En 1998 apenas el 0,2 % de la población se identificaba con esta confesión. En 2018, la cifra alcanzaba ya el 2 %, según datos del Observatorio del Pluralismo Religioso. Los evangélicos constituyen hoy la confesión minoritaria más numerosa del país, solo por detrás de la musulmana y por delante de los testigos de Jehová.

El mayor crecimiento se está produciendo en Madrid, donde las iglesias evangélicas han aumentado alrededor de un 30 % durante la última década, pasando de 662 a 855 centros religiosos en la región. Especialmente en distritos como Carabanchel, Usera o Tetuán, favorecidos por la elevada presencia de población latinoamericana fruto de la transformación migratoria de la ciudad. Así, antiguas naves industriales, garajes, locales comerciales o bajos se reconvierten en templos pentecostales o neopentecostales que funcionan como espacios de encuentro, redes de apoyo, comedores improvisados, bolsas de empleo, lugares de ocio o refugios emocionales para miles de personas migrantes.

De hecho, uno de los pastores que aparecían rezando junto a Trump en la Casa Blanca, Franklin Graham —conocido como “el pastor de Donald Trump”—, aterrizó en Madrid pocas semanas después del evento The Change Madrid celebrado en el Metropolitano para participar en el Festival de la Esperanza. Se trata de un encuentro nacido en 1947 en Estados Unidos bajo el nombre de Las Cruzadas de Billy Graham, impulsado por Billy Graham, fundador de la Asociación Evangelística Billy Graham (BGEA), uno de los predicadores evangélicos más influyentes del siglo XX y padre de Franklin Graham. Su hijo rebautizó posteriormente el evento y extendió este tipo de macroencuentros fuera de Estados Unidos, primero hacia América Latina y posteriormente por Europa. La elección de Madrid no es casual. El festival ha contado —según datos de los organizadores— con la participación de más de 850 iglesias de la Comunidad de Madrid, una muestra de músculo que permitió que, durante los dos días del evento, pasaran por él algo más de 20.000 personas.

Un evento que, pese a intentar huir de la etiqueta de ultraderechista o trumpista, estuvo marcado por las arengas ultraconservadoras de sus principales figuras. Entre ellas, el propio Graham, que, ante una Vistalegre abarrotada, afirmó: “Dios creó el sexo. Él quiere que lo uses, pero tiene que ser usado en una relación matrimonial entre un hombre y una mujer”, en un claro mensaje homófobo. Continuó su discurso —Biblia en mano— contra el aborto: “Solo porque algunos políticos digan que el aborto es legal no significa que esté bien delante de Dios”. Macroeventos como el Festival de la Esperanza o The Change Madrid están situando a Madrid como la meca pentecostal y neopentecostal de Europa, una muestra más de la miamización de la capital española.

Al igual que en América Latina o Estados Unidos, las conexiones políticas de los pentecostales y neopentecostales empiezan también a hacerse visibles en Madrid. El auge evangélico no ha pasado inadvertido para el Partido Popular. Ya durante la precampaña de las elecciones municipales y autonómicas de 2023, varios dirigentes del partido desarrollaron una estrategia deliberada de acercamiento a las iglesias evangélicas para intentar canalizar el apoyo de los fieles de origen migrante y de sus redes comunitarias.

Unos años antes, Isabel Díaz Ayuso había creado expresamente la Secretaría de Nuevos Madrileños y había situado al frente al venezolano Gustavo Eustache, muy bien relacionado con los principales pastores evangélicos de la región. Eustache fue, además, uno de los principales artífices de la organización del mitin “Europa es Hispana” en 2023, apenas dos meses antes de las elecciones autonómicas y municipales. En él participaron Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida junto a predicadoras evangélicas como Yadira Maestre, definida por el vicesecretario electoral del PP madrileño, Jorge Rodrigo, como “la aglutinadora de las iglesias evangélicas de la Comunidad de Madrid”. Un acto tan novedoso como inusual en la política madrileña, que evocaba los grandes mítines estadounidenses dirigidos a seducir el voto latino. Un elemento más de la miamización de Madrid.

De hecho, unos meses antes —en septiembre de 2022— del mitin organizado por el PP madrileño, el número dos de Isabel Díaz Ayuso, Alfonso Serrano, asistió a un macroevento evangélico para más de tres mil personas celebrado en Fuenlabrada bajo el nombre de Invasión Madrid Fest. Allí, la pastora Yadira Maestre entregó un premio a la presidenta madrileña y al alcalde de la capital por su gestión durante la pandemia de la covid19. Una estrategia de acercamiento a las iglesias evangélicas que ha cobrado fuerza desde que Ayuso asumió el liderazgo regional del partido y que tiene como principal objetivo captar el voto de la comunidad latinoamericana. El propio Gustavo Eustache ha pasado de dirigir la Secretaría de Nuevos Madrileños a ocupar un escaño como diputado en la Asamblea de Madrid.

La creciente presencia del evangelismo pentecostal y neopentecostal no se puede desligar de las transformaciones socioeconómicas y demográficas de Madrid. Pero la miamización de Madrid no debe entenderse solo en clave sociológica o urbanística, sino también como la transformación de la política madrileña, donde las iglesias pentecostales y neopentecostales se han convertido en un actor político y cultural que gana peso por la disputa de la construcción del sentido común, la concepción de la familia, el cuerpo de las mujeres, la educación, la sexualidad o la propia idea de democracia entre un sector importante de las clases populares madrileñas. Un fenómeno que hasta ahora parecía exclusivamente americano forma ya parte del paisaje político madrileño, una muestra más del nuevo tiempo en el que nos adentramos." 

( Miguel Urbán Crespo, Other News, 10/07/26)

11.7.26

Las seis verdaderas causas del aumento de las bajas por enfermedad que el Partido Popular y la CEOE no quieren señalar porque apuntan hacia arriba... Feijóo llama absentismo a no ir a trabajar estando de baja médica. Es una manipulación deliberada... estar enfermo no es escaquearse: es estar enfermo... El absentismo injustificado apenas tiene peso estadístico en nuestro mercado laboral... En España se trabaja mucho, se trabaja durante muchas horas y, demasiadas veces, se trabaja en condiciones que enferman. Por eso resulta tan revelador que el PP haya decidido convertir un problema de salud colectiva una sospecha moral contra quienes caen enfermos... Sí, las personas trabajadoras enfermas han aumentado desde 2018. Pero no por el fraude, sino porque hemos salido de una pandemia, que no termina cuando baja la curva de contagios... En segundo lugar, el envejecimiento de la población laboralmente activa trae consigo una mayor fragilidad de la salud... además, hay más personas trabajando y, por tanto, más bajas... y porque las listas de espera en la sanidad pública prolongan muchas bajas laborales, mientras una persona siga esperando una prueba, una consulta hospitalaria, un tratamiento o una rehabilitación... Estas listas de espera tienen responsables políticos en las comunidades gobernadas por el PP y Vox... junto al colapso de los tribunales médicos y de los procedimientos de valoración. Eso dispara las bajas recurrentes y de larga duración, solo acceden a determinadas prestaciones quienes tienen tiempo, dinero y recursos para judicializar su caso... Por último, todavía muchos centros de trabajo siguen organizados como máquinas de desgaste. Hay ritmos imposibles, plantillas ajustadas al límite, presión constante, turnos que destrozan la vida y patronos que confunden productividad con exprimir cuerpos. Estas son las verdaderas etiologías y los principales patógenos sociales... La pregunta es por qué hay tantos trabajos, viviendas, precios, listas de espera y formas de vida que enferman. Feijóo no quiere responder a esa pregunta porque la respuesta apunta hacia arriba: hacia la organización del trabajo, hacia el deterioro de los servicios públicos, hacia los márgenes empresariales, hacia el rentismo y hacia las decisiones políticas de quienes conciben los derechos como costes (Carlos Martín Urriza, Rafa Cofiño)

"El señor Feijóo llama absentismo a no ir a trabajar estando de baja médica. Es una manipulación deliberada del lenguaje. Absentismo es ausentarse sin causa justificada de una obligación; una baja médica, en cambio, es una situación reconocida por un profesional sanitario, regulada por la ley y causada por una enfermedad. Absentismo fue, por ejemplo, no acudir a un debate decisivo en unas elecciones generales, como hizo él en 2023. Pero estar enfermo no es escaquearse: es estar enfermo.

El absentismo injustificado apenas tiene peso estadístico en nuestro mercado laboral. Los datos de la Encuesta Trimestral de Coste Laboral muestran, de forma persistente, que prácticamente nadie deja de acudir al trabajo sin una causa reconocida. En España se trabaja mucho, se trabaja durante muchas horas y, demasiadas veces, se trabaja en condiciones que enferman. Por eso resulta tan revelador que el PP y sus medios afines hayan decidido convertir un problema de salud colectiva organización del trabajo y protección social en una sospecha moral contra quienes caen enfermos.

La derecha y sus altavoces son especialistas en torcer las palabras para convertir a los débiles en culpables y a los poderosos en víctimas. Llaman absentismo a las bajas médicas; “inquiokupas” a las familias vulnerables que ya no pueden pagar el alquiler; “MENAs” a niños y niñas migrantes que han llegado solos; y “paguita” al Ingreso Mínimo Vital. Pero cuando el dinero público lo recibe un patrono, ya no es dependencia, es subvención. Cuando lo cobra una gran empresa, ya no es gasto, es colaboración público-privada. Acumular viviendas para exprimir con los alquileres no es acaparamiento ni especulación, es inversión y emprendimiento. Despedir para aumentar beneficios no es codicia, es flexibilidad. Y trasladar beneficios a un paraíso fiscal no es saqueo de lo común, es huir del infierno fiscal. El truco siempre es el mismo: cambiar las palabras para cambiar la culpa de sitio; cambiar las palabras para culpabilizar a la víctima.

Sí, las personas trabajadoras enfermas han aumentado desde 2018. Pero no por el fraude, como insinúa Feijóo con una afirmación sin sustento estadístico y con la que, de paso, coloca bajo sospecha a médicos y médicas que firman bajas conforme a criterios clínicos. El incremento se explica, en primer lugar, porque hemos salido de una pandemia: una emergencia sanitaria de primer orden que no termina cuando baja la curva de contagios. Después llega una segunda curva, más silenciosa y más larga: la de las secuelas persistentes, el deterioro del bienestar psicológico, la ansiedad, la depresión, la fatiga crónica, los problemas de salud que se arrastran durante meses o años y una debilidad progresiva de la Atención Primaria en muchas comunidades autónomas.

En segundo lugar, el envejecimiento de la población laboralmente activa trae consigo una mayor fragilidad de la salud: más enfermedades crónicas, más dolencias del aparato locomotor, más tratamientos prolongados y más episodios de incapacidad temporal. 

En tercer lugar, hay más personas trabajando y, por tanto, más bajas. La afiliación ha aumentado en 3,5 millones desde 2018 gracias a la fortaleza de la economía y a que muchas empresas están yendo muy bien. Pero la patronal siempre quiere más: beneficios privatizados cuando las cosas van bien y costes socializados cuando el trabajador enferma.

En cuarto lugar, las listas de espera en la sanidad pública prolongan muchas bajas laborales. Son las médicas y médicos de familia quienes tramitan y hacen seguimiento de la inmensa mayoría de estos procesos en Atención Primaria; y son procesos que se complejizan mientras una persona siga esperando una prueba, una consulta hospitalaria, un tratamiento o una rehabilitación. Es especialmente evidente en dos ámbitos donde se concentran muchos procesos de incapacidad temporal: las musculoesqueléticas y la salud mental. Dos áreas todavía infradotadas en nuestro sistema sanitario y donde la demora no solo retrasa la curación, sino que además cronifica el daño.

Estas listas de espera tienen responsables políticos en las comunidades gobernadas por el PP y Vox. Allí la sanidad pública cuenta con más recursos que nunca gracias a la buena marcha de la recaudación, pero no se han traducido en una reducción suficiente de las listas y demoras ni en reforzar personal, presupuesto, poder y prestigio en Atención Primaria. La razón es que una parte creciente de los nuevos ingresos se emplea en remunerar al capital privado resultante de las privatizaciones, es decir, se despilfarra.

En quinto lugar, está el colapso de los tribunales médicos y de los procedimientos de valoración. Eso dispara las bajas recurrentes y de larga duración, y además genera una desigualdad intolerable: solo acceden a determinadas prestaciones quienes tienen tiempo, dinero y recursos para judicializar su caso. Quien no puede litigar, espera; quien espera, empeora; y quien empeora, acaba siendo señalado como sospechoso por los mismos que han impedido una respuesta pública a tiempo.

Por último, aunque el mercado laboral ha mejorado en los últimos años, muchos centros de trabajo siguen organizados como máquinas de desgaste. Hay ritmos imposibles, plantillas ajustadas al límite, presión constante, turnos que destrozan la vida, salarios que no compensan el esfuerzo y patronos que confunden productividad con exprimir cuerpos. Estas son las verdaderas etiologías y los principales patógenos sociales: 2,5 millones de horas extra a la semana que no se pagan ni se compensan con descanso; salarios pactados en convenio que han perdido poder de compra entre 2019 y 2025 mientras la productividad real se disparaba; alquileres que en las grandes ciudades confiscan más de la mitad del salario; supermercados que han elevado precios por encima de los costes; y beneficios empresariales en máximos mientras la patronal y el PP piden recortar la protección de quienes enferman.

La pregunta, por tanto, no es por qué hay más bajas. La pregunta es por qué hay tantos trabajos, viviendas, precios, listas de espera y formas de vida que enferman. Feijóo no quiere responder a esa pregunta porque la respuesta apunta hacia arriba: hacia la organización del trabajo, hacia el deterioro de los servicios públicos, hacia los márgenes empresariales, hacia el rentismo y hacia las decisiones políticas de quienes conciben los derechos como costes.

Algo bueno hay detrás de todo esto: Feijóo se ha quitado la máscara. Ya no habla solo para embarrar el debate, habla para anunciar su programa. Y es esclarecedor, quiere que enfermar vuelva a ser sospechoso y recuperar el despido por enfermedad. Quiere recortar la compensación económica de las personas enfermas, aunque esa prestación exista precisamente para que a padecer una enfermedad no se añada la pobreza. Quiere debilitar la representación de los trabajadores en las empresas, elevando los umbrales para que miles de centros de trabajo queden sin comité. Y quiere destruir el diálogo social y la negociación colectiva decidiendo él el contenido de los convenios colectivos de trabajo. Esa es la vieja aspiración de la derecha cuando se le cae la máscara: trabajadores enfermos, pero en el tajo, aislados frente al empresario, con miedo a reclamar, baratos, dóciles y solos. En definitiva, trabajadores escurridos de derechos." 

(Carlos Martín UrrizaRafa Cofiño, El Salto, 11/07/26)

Alrededor del 65% de las refinerías estadounidenses están diseñadas para procesar crudo ácido, mientras que la industria petrolera estadounidense produce principalmente crudo dulce. Necesitamos crudo ácido para producir diésel y combustible de aviación. El cierre del Estrecho de Ormuz significa que Estados Unidos no tendrá suficiente crudo ácido para mantener los niveles actuales de producción de diésel y combustible de aviación. Ese es el problema, en resumen... el cierre del estrecho de Ormuz durante meses expuso esta paradoja en los términos más crudos posibles: un país con abundantes reservas de petróleo se vio obligado a agotar su Reserva Estratégica de Petróleo a un ritmo récord para mantener el suministro de diésel y combustible para aviones. La explicación reside en un desajuste entre el tipo de petróleo que produce Estados Unidos y el tipo de petróleo para el que fueron construidas sus refinerías... La revolución del esquisto transformó a Estados Unidos en el principal productor mundial de crudo ligero y dulce, casi exclusivamente. Sin embargo, no es el tipo de crudo para el que fue diseñado el complejo de refinerías estadounidense... Estados Unidos exporta aproximadamente 4 millones de barriles diarios de crudo ligero y dulce a refinerías en Europa y Asia preparadas para ello, mientras importa millones de barriles diarios de crudos más pesados ​​y ácidos... Con Arabia Saudita fuera de escena, Estados Unidos se ve obligado a depender de una Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) que se reduce rápidamente. Estados Unidos pronto agotará el crudo ácido de la SPR y necesitará una alternativa. Eso significa que el petróleo del Golfo Pérsico vuelva a fluir hacia Estados Unidos... algunos expertos piensan que Estados Unidos puede resistir hasta mediados de agosto (Larry C. Johnson)

"La guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán ha centrado la atención mundial en el petróleo debido al cierre del Estrecho de Ormuz. Al comienzo de la guerra, pensaba que el petróleo era simplemente petróleo. De acuerdo… estaba equivocado. Pero en los últimos cuatro meses he aprendido mucho de varios expertos en la materia. Si se quiere comprender una de las razones clave por las que Donald Trump firmó el Memorando de Entendimiento, es necesario entender por qué Estados Unidos depende del crudo ácido, que proviene del Golfo Pérsico. Lo explicaré de forma sencilla: alrededor del 65% de las refinerías estadounidenses están diseñadas para procesar crudo ácido, mientras que la industria petrolera estadounidense produce principalmente crudo dulce. Necesitamos crudo ácido para producir diésel y combustible de aviación. El cierre del Estrecho de Ormuz significa que Estados Unidos no tendrá suficiente crudo ácido para mantener los niveles actuales de producción de diésel y combustible de aviación. Ese es el problema, en resumen.

Estados Unidos es el mayor productor de petróleo crudo del mundo, con una producción cercana a los 13,8 millones de barriles diarios. También es, paradójicamente, estructuralmente dependiente del petróleo crudo importado: aproximadamente de 6 a 8 millones de barriles diarios en los últimos años. La guerra con Irán y el cierre del estrecho de Ormuz durante meses expusieron esta paradoja en los términos más crudos posibles: un país con abundantes reservas de petróleo se vio obligado a agotar su Reserva Estratégica de Petróleo a un ritmo récord para mantener el suministro de diésel y combustible para aviones. La explicación reside en un desajuste entre el tipo de petróleo que produce Estados Unidos y el tipo de petróleo para el que fueron construidas sus refinerías; y el barril que ahora cubre ese desajuste se extrae de cavernas de sal con una vida útil estructural finita.

No todo el petróleo crudo es igual

El petróleo crudo se clasifica según dos ejes principales: densidad (Gravedad API, según el Instituto Americano del Petróleo) y contenido de azufre. Los crudos "ligeros" tienen una alta gravedad API (aproximadamente 35° o más); los crudos "pesados" son más densos. El crudo "dulce" contiene menos del 0,5 % de azufre en peso; El crudo “ácido” contiene más azufre; la propia especificación de la SPR lo define como aquel con entre un 0,5 y un 2,0 por ciento de azufre.

La revolución del esquisto transformó a Estados Unidos en el principal productor mundial de crudo ligero y dulce, casi exclusivamente. Los barriles de Permian, Bakken y Eagle Ford suelen tener una densidad API de 40 a 50° con un mínimo de azufre. Se trata de un petróleo excelente según la mayoría de los criterios: fácil de procesar y rico en moléculas similares a las de la gasolina. Sin embargo, no es el tipo de crudo para el que fue diseñado el complejo de refinerías estadounidense.

El desajuste de las refinerías

Desde finales de la década de 1980 hasta la década de 2000, las refinerías de la Costa del Golfo de Estados Unidos invirtieron decenas de miles de millones de dólares en capacidad de “conversión profunda”: ​​unidades de coquización, hidrocraqueadores, craqueadores catalíticos de fluidos e hidrotratadores. Estas inversiones se realizaron bajo la expectativa casi unánime de que la producción nacional seguiría disminuyendo y que las importaciones se volverían cada vez más pesadas y sulfurosas: crudo Maya mexicano, crudo Merey venezolano, crudo Medium saudí y mezclas de betún canadiense. La complejidad era la ventaja competitiva: una refinería que podía comprar materia prima pesada y ácida con descuento y aun así producir una gama completa de productos limpios obtenía márgenes más amplios que una refinería simple que procesaba crudo dulce y costoso.

El auge del gas de esquisto llegó después de que ese capital ya estuviera invertido. El resultado es que el sistema de refinación estadounidense está optimizado para crudo ácido medio y pesado en un país que produce crudo dulce ligero. Operar una refinería de coquización con una dieta exclusivamente de crudo dulce ligero deja las unidades de coquización y de mejora de residuos subutilizadas —destruyendo el margen que estas unidades fueron diseñadas para capturar— y crea problemas operativos, ya que el crudo muy ligero sobrecarga el manejo de nafta y fracciones ligeras al inicio de la planta. Las refinerías tampoco pueden simplemente solucionar el problema mediante mezclas: mezclar crudo de esquisto muy ligero con residuos pesados ​​produce mezclas complejas que, en teoría, imitan a un crudo medio, pero que se comportan de forma anómala en la torre de destilación, ya que carecen de las moléculas de punto de ebullición medio que contiene un crudo medio auténtico.

Por eso el patrón comercial es como es. Estados Unidos exporta aproximadamente 4 millones de barriles diarios de crudo ligero y dulce a refinerías en Europa y Asia preparadas para ello, mientras importa millones de barriles diarios de crudos más pesados ​​y ácidos. Canadá y México suministran cerca del 70% de las importaciones de crudo estadounidenses —el crudo pesado y ácido canadiense llega por oleoducto al Medio Oeste y la Costa del Golfo, un flujo que alcanzó cifras récord tras la ampliación del oleoducto Trans Mountain—, mientras que Arabia Saudita, Irak y, desde el secuestro de Maduro por parte de Estados Unidos, una Venezuela resurgente, suministran gran parte del resto. Esta situación no es casual ni un fracaso político en el sentido habitual; es el resultado lógico de un sistema de refinación cuya configuración no puede modificarse de forma rápida ni económica. Con Arabia Saudita fuera de escena, Estados Unidos se ve obligado a depender de una Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) que se reduce rápidamente.

Hasta ahora, la administración Trump ha logrado posponer una crisis de suministro extrayendo crudo ácido de la SPR. Pero Estados Unidos pronto agotará el crudo ácido de la SPR y necesitará una alternativa. 

 Eso significa que el petróleo del Golfo Pérsico vuelva a fluir hacia Estados Unidos. Algunos expertos creen que la escasez de crudo agrio provocará un aumento repentino en el precio del diésel y del combustible de aviación a mediados de julio. Otros creen que Estados Unidos puede resistir hasta mediados de agosto. Mientras Estados Unidos siga atacando a Irán, las perspectivas de volver a la normalidad siguen siendo escasas."

(  , blog, 10/07/26, traducción google)