1.11.26

Reino Unido nacionalizará sus ferrocarriles y creará un fondo para nuevas infraestructuras... Los pasajeros británicos llevan años criticado la alta diferenciación de tarifas y el alto coste de los servicios ferroviarios, por lo que la medida ha sido recibida con popularidad por la ciudadanía... como el británico, el modelo ferroviario español tiene un problema, y en buena medida se debe a su privatización, que ha incrementado presión sobre la infraestructura y sobre las condiciones laborales, al mismo tiempo que ha reducido recursos... La competencia empresarial empuja el precio del billete a la baja, pero... ¿a qué coste? Mayor presión sobre la infraestructura, ahorro en costes de producción, presión para cumplir horarios... Tanto Ouigo como Iryo operan en números rojos para poder ser competitivos... Una de las formas que encontraron para ahorrar fue presionar para que se redujera los cánones a ADIF, algo que consiguieron gracias al apoyo político y mediático de la derecha. Menos cánones implica menos recursos para mantenimiento de la vía... Con los recortes, ADIF perdió más de 2.300 trabajadores entre 2005 y 2020, el 90% personal operativo. Con menos recursos humanos, se vio obligada a contratar a empresas privadas para el mantenimiento de las vías. Una de ellas fue la encargada de la soldadura que falló en Adamuz... cuando Renfe mantenía el monopolio y no se tenía que ver obligada a competir, no hubo accidentes mortales en el AVE. Desde 2021 a 2026, con la competición desatada, ya van más de 200. No puede ser casualidad. Y es terrible... algunos países como Reino Unido, Argentina o Nueva Zelanda han dado marcha atrás en la liberalización y privatización del sector. Se han dado cuenta de que fue un error grave. Francia, por su parte, lleva décadas oponiéndose a la presión europea para privatizar... cualquier debate para mejorar nuestro sistema ferroviario debe de sopesar incluso la posibilidad de revertir su privatización (Eduardo Garzón, Víctor de Elena)

Eduardo Garzón@edugaresp

A falta de conocer bien las causas del accidente de Urda, lo que parece claro es que el modelo ferroviario actual tiene un problema, y en buena medida se debe a su liberalización, que ha incrementado presión sobre la infraestructura y sobre las condiciones laborales, al mismo tiempo que ha reducido recursos

 La liberalización del sector ferroviario fue promovida desde la Unión Europea a partir de 1991 en un periodo neoliberal en el que se creía que privatizar y liberalizar sectores económicos era una muy buena idea. Más de 30 años después, la opinión generalizada es la contraria.

 El gobierno de Aznar aprobó en 2003 la separación en ADIF (encargada de la infraestructura) y de Renfe (encargada del transporte), así como el inicio de la privatización de las mercancías. Zapatero y Rajoy continuaron dando pasos en la liberalización.

 En 2018 el gobierno de Sánchez transpuso la directiva europea para liberalizar el transporte de viajeros. En 2020 se adjudicaron a Renfe, Ouigo (francesa pública) y Iryo (italiana pública) los tres corredores principales. Se desató entonces la competición.

 La competencia empresarial empuja el precio del billete a la baja, pero... ¿a qué coste? Mayor presión sobre la infraestructura, ahorro en costes de producción, presión para cumplir horarios... Tanto Ouigo como Iryo operan en números rojos para poder ser competitivos

 Una de las formas que encontraron para ahorrar fue presionar para que se redujera los cánones a ADIF, algo que consiguieron gracias al apoyo político y mediático de la derecha. Menos cánones implica menos recursos para mantenimiento de la vía

 Además, recordemos el contexto: tras la crisis del año 2008 los gobiernos de Zapatero y Rajoy recortaron salvajemente la inversión pública, porque es la que no tiene coste a corto plazo. Esto sólo cambió cuando llegó el gobierno de coalición actual.

 Con todos estos recortes, ADIF perdió más de 2.300 trabajadores entre 2005 y 2020, el 90% personal operativo. Con menos recursos humanos, se vio obligada a contratar a empresas privadas para el mantenimiento de las vías. Una de ellas fue la encargada de la soldadura que falló en Adamuz.

 Por otro lado, más empresas y más competencia implicaron más trenes y más viajeros: entre 2019 y 2024, los viajeros de alta velocidad comercial se duplicaron. Eso es mucha mayor presión para la infraestructura. Se antepuso el negocio a cualquier otra cosa.

 El gobierno actual, apoyado también en los Fondos Next Generation, ha aumentado mucho la inversión y el mantenimiento de la infraestructura de alta velocidad, aunque si se tiene en cuenta la inflación y el número de kilómetros nuevos, los números no destacan tanto.

 Tengamos en cuenta que desde 1992 hasta 2021, cuando Renfe mantenía el monopolio y no se tenía que ver obligada a competir, no hubo accidentes mortales en el AVE. Desde 2021 a 2026, con la competición desatada, ya van más de 200. No puede ser casualidad. Y es terrible.

 Los problemas de liberalizar el sector ferroviario no son exclusivos de España: muchos estudios han identificado que esos procesos han aumentado los costes, afectado al mantenimiento y reducido la eficiencia en países como el Reino Unido, Argentina, Suecia y Nueva Zelanda

 De hecho, algunos países como Reino Unido, Argentina o Nueva Zelanda han dado marcha atrás en la liberalización y privatización del sector. Se han dado cuenta de que fue un error grave. Francia, por su parte, lleva décadas oponiéndose a la presión europea.

 En consecuencia, cualquier debate para mejorar nuestro sistema ferroviario debe incorporar la necesidad de transformar radicalmente el modelo actual basado en la competencia feroz entre operadoras, sopesando incluso la posibilidad de revertirlo por completo.

6:13 p. m. · 29 oct. 2026 ·21,3 mil Visualizaciones

 

 "Reino Unido nacionalizará sus ferrocarriles y creará un fondo para nuevas infraestructuras.

 El Rey Carlos III del Reino Unido ha anunciado la renacionalización de todos los servicios ferroviarios del país, actualmente gestionados por distintas operadoras privadas, así como la constitución de un fondo para la construcción de nuevas infraestructuras. Ambas medidas formaban parte del programa electoral del Partido Laborista, que se proclamó ganador en las pasadas elecciones celebradas el 4 de julio en el país.

El monarca británico ha hecho este anuncio con motivo del nombramiento del primer ministro laborista, Keir Starmer, cuyo discurso de investidura es redactado por el Gobierno pero leído por el Rey. Así, Carlos III ha revelado una serie de nuevas leyes planeadas por el nuevo Ejecutivo, que incluye planes para que el servicio ferroviario vuelva a ser gestionado y dirigido por las instituciones públicas, no como en la actualidad, que está concesionado a actores privados sin supervisión del Estado.

Para llevar a cabo estos planes, el nuevo Gobierno contempla la creación de una autoridad estatal que llevará el nombre de Great British Railways y nacionalizará a los operadores ferroviarios en un plazo máximo de 5 años. "Mis ministros presentarán la legislación para mejorar los ferrocarriles reformando las franquicias ferroviarias, estableciendo Great British Railways y convirtiendo a los operadores de trenes en propiedad pública", ha asegurado el Rey en su intervención.

Esta agencia, que formará parte de la futura Ley de Ferrocarriles del Reino Unido, procederá a reemplazar a los operadores privados a medida que las actuales concesiones ferroviarias vayan caducando, en aras de racionalizar el sistema, homogeneizar tarifas y mejorar los servicios. Los pasajeros británicos llevan años criticado la alta diferenciación de tarifas y el alto coste de los servicios ferroviarios, por lo que la medida ha sido recibida con popularidad por la ciudadanía.

Los planes de los laboristas también contemplan un impulso a la edificación de nuevas viviendas e infraestructuras "de alta calidad". Su programa electoral incluye un plan para reformar el sistema de manera que se construyan 1,5 millones de nuevas viviendas en los próximos cinco años. En materia de movilidad urbana, el Ejecutivo de Starmer contempla una cesión de competencias a los municipios para que puedan gestionar los servicios de autobús con más autonomía, traspasando la gestión de las concesiones."

(Víctor de Elena, El Economista, 17/07/24)

Aunque la guerra en Ucrania no sea por sí sola el origen de la crisis del coste de la vida, es evidente que ha alimentado la desintegración del continente al perturbar sus cadenas de suministro energético. Sobre todo, hemos podido constatar la incompetencia de las élites europeas ante esta situación. Las sanciones contra Rusia han contribuido a debilitar sus propias economías, mientras que los ingresos de las clases populares de los países más frágiles, en particular Francia, han sido literalmente aplastados... Y todo ello por una guerra que estas élites han sido incapaces de ganar, en particular por falta de una base industrial suficiente para su producción de armamento, después de décadas de deslocalizaciones hacia Asia... El conflicto en Ucrania ha acelerado finalmente la implosión de la sociedad francesa, cuyas ondas de choque golpean ahora a todo el Viejo Continente. Las revueltas en Italia, España y Bélgica forman efectivamente parte de esta desintegración general (Emmanuel Todd)

"Emmanuel Todd: “En Francia y Europa los problemas son los mismos: juventud maltratada y élites irresponsables”

El antropólogo e historiador Emmanuel Todd, autor de ensayos de referencia como ‘La invención de Europa’ (1990) analiza las últimas protestas protagonizadas por la juventud de su país, Francia.

En su último libro “La Dislocación” (La dislocation, no traducido al castellano, que presenta tal vez como “su libro testamento”, el famoso antropólogo francés Emmanuel Todd (Saint-Germain-en-Laye, 1951) destaca la aceleración de la descomposición de las sociedades occidentales, incapaces, según él, de encontrar los recursos morales para afrontar sus problemas de empobrecimiento y de envejecimiento. Afirma que los recientes acontecimientos en Francia y en Europa confirman su tesis.

¿Qué le inspiran las escenas de revuelta en Francia?
Esta situación me resulta personalmente dolorosa, como francés apegado a mi país. Pero me esfuerzo por observar con frialdad y racionalidad, a la manera de un investigador weberiano. En cierto modo, estamos asistiendo a una forma de desintegración de la sociedad francesa. Ya había descrito este proceso en La Dislocación, en el que dediqué un capítulo específico a la situación francesa, titulado “Francia: ¿la caída final?”.

¿Cuál es la naturaleza de esta desintegración?
Se debe, ante todo, y esto es innegable, a la transformación de la democracia en gerontocracia. Francia es el país de Europa donde los jóvenes sufren más restricciones. El profundo malestar de la juventud no se manifiesta únicamente en las estadísticas económicas, en particular la tasa de desempleo, sino también en los datos demográficos. La mortalidad infantil se encuentra entre las más elevadas de Europa, tras años de aumento constante. Detrás de estas cifras dramáticas aparecen las difíciles condiciones de vida de los padres jóvenes. Paralelamente, Francia es uno de los países donde la esperanza de vida en buena salud a los 60 años es la más elevada. La injusticia generacional se manifiesta allí de forma flagrante. Hay que comprender de dónde empezó este movimiento: de los institutos de los suburbios, donde la población de origen inmigrante es numerosa y la juventud está especialmente despreciada. Algunos jóvenes empezaron a bloquear sus centros educativos porque los profesores ausentes no eran sustituidos, en un contexto en el que la movilidad social se deteriora y la escuela aparece cada vez más como el único medio para escapar de su propia condición social. Mientras tanto, el debate político francés está atrapado en temas como la seguridad y las pensiones. Es para llorar.

Lo que se pone de manifiesto es que el sistema político juega estructuralmente en contra de la juventud. El sufragio universal ya no logra arbitrar los conflictos que atraviesan la sociedad, en la medida en que los jubilados ocupan un lugar preponderante dentro del cuerpo electoral. Los mecanismos democráticos se vuelven así estructuralmente conservadores. Como demócrata convencido, estoy absolutamente horrorizado por esta conclusión. Sin embargo, el envejecimiento de la población hace que, por primera vez, sea válido un argumento contra el sufragio universal. Es espantoso.
Esta supuesta reafirmación del orden republicano va a provocar mecánicamente la perpetuación de un desorden permanente

El Gobierno francés quiere reafirmar una forma de “orden republicano” para poner fin a la movilización, jugando con el miedo a los saqueos. ¿Ve en ello un giro autoritario?
Sinceramente, las escenas de saqueo me resultan bastante dolorosas. Es lógico que una parte de la población se incline hacia el partido del orden después de haber sido testigo de los estragos en los centros urbanos. Pero este supuesto orden republicano no es hoy más que un espejismo. ¿Por qué? Porque no hace sino perpetuar un sistema que garantiza la reproducción conservadora de las instituciones mediante el voto de las personas mayores y, por tanto, el mantenimiento de las desigualdades actuales.

En un contexto en el que los jubilados constituyen una parte preponderante del cuerpo electoral, los mecanismos de mediación entre el Estado y el resto de la sociedad ya no funcionan correctamente. Por tanto, el aplastamiento de los ingresos de los jóvenes no va a parar.

En realidad, los manifestantes que salen pacíficamente a la calle, de acuerdo con las tradiciones políticas francesas de la segunda mitad del siglo XX, saben muy bien que están emprendiendo algo que no sirve de nada. A mi juicio, en la medida en que son conscientes del bloqueo del sistema, algunos manifestantes acaban por no condenar con tanta severidad a quienes provocan destrozos e incluso a veces llegan a unirse a ellos.

Por consiguiente, esta supuesta reafirmación del orden republicano va a provocar mecánicamente la perpetuación de un desorden permanente.

En cuanto a los saqueos, me inspiran otra reflexión: la de un debilitamiento de los valores morales. Pero cuando la propia clase dirigente se comporta de manera profundamente inmoral, después de haber destrozado la economía y la sociedad francesas durante décadas, al tiempo que se desinteresa de los problemas reales del país, ¿cómo sorprenderse de que esta inmoralidad se extienda al resto de la sociedad?

¿Cuáles son los factores que impulsan la crisis específica que afecta a Francia?
Es cierto que esta revueta se esperaba desde hacía muchos meses, teniendo en cuenta el rápido deterioro de la situación económica del país. Se esperaba un regreso de los Chalecos Amarillos que incendiaron las calles de Francia en el 2018; finalmente hemos asistido a un alzamiento de la juventud.

Francia se dirige hacia la quiebra porque su integración en la zona euro la ha llevado a una dependencia excesiva de los mercados financieros, que ahora acaban estrangulándola al aumentar los tipos de interés. En la medida en que el euro y la financiarización han contribuido a destruir el aparato productivo francés, Francia no ha tenido otra opción que recurrir al endeudamiento para financiar su modelo social y sostener su economía.
Las “élites” francesas se encuentran incapaces de amar a su país tal como existe hoy y, por consiguiente, de proponer otro proyecto que no sea una austeridad punitiva de por vida

Evidentemente, la crisis de la sociedad francesa recuerda a la de otros países europeos. En todo el Viejo Continente, los problemas son los mismos: envejecimiento de la población, juventud maltratada y élites irresponsables. No obstante, creo que existe una particularidad francesa: un desapego especial de las clases dirigentes respecto de la población, cuyas raíces son más profundas.

Para un francés, el orgullo de pertenecer a su país suele estar vinculado a una gran historia de poder. Pensemos en Napoleón, en la proyección internacional de la Revolución francesa y en la influencia histórica de Francia, de su filosofía y de su cultura, en el mundo. La pérdida de poder de Francia seguramente es vivida de forma muy dolorosa e inconsciente por las “élites” francesas, que se encuentran incapaces de amar a su país tal como existe hoy y, por consiguiente, de proponer otro proyecto que no sea una austeridad punitiva de por vida.

Italia, España, Bélgica: el movimiento se extiende a toda Europa. ¿Estamos en los albores de una gran crisis económica y política europea?
Los disturbios que se han producido en Italia y Bélgica, así como las ocupaciones de plazas en Portugal y España, nos recuerdan que los mecanismos de injusticia generacional que operan en Francia existen en toda Europa. Tiendo a ver en ello una forma de “otoño de los pueblos” en referencia a la “primavera de los pueblos” de 1848, que partiría de Francia para extenderse al resto del continente, pero en un contexto no de progreso, sino de desintegración.

Se conocen los problemas relacionados con la opresión de la juventud en un contexto de grave crisis demográfica, así como los efectos devastadores de los mecanismos ultraliberales y del libre comercio. Sin embargo, las sociedades europeas parecen incapaces de producir otra cosa que divisiones internas.
Considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro

Las raíces del mal son más profundas que una crisis del capitalismo. En realidad, la atomización social de Europa, combinada con los mecanismos gerontocráticos, impide a las sociedades hacer frente a sus problemas. En mi libro anterior, La derrota de Occidente (Akal, 2024), detecté un “estado cero de la religión de las ideologías” para caracterizar a unas sociedades europeas que describo como sumidas en un vacío metafísico, una ausencia de valores que las vuelve incapaces incluso de organizarse colectivamente para evitar la desintegración de sus naciones, por ejemplo, emprendiendo grandes proyectos colectivos de reindustrialización. Actualmente no existe ninguna organización política lo bastante poderosa para abordar estos problemas… La hora es más bien la de la “deificación del vacío”, lo que yo llamo nihilismo.

Más allá de este sombrío diagnóstico, deseo alertar a los defensores acérrimos de la Unión Europea sobre el riesgo real de su desintegración. En efecto, los problemas de Francia en los mercados financieros y el aumento de las divergencias de los tipos de interés con respecto a Alemania socavan el proyecto europeo en su corazón. Como partidario de la paz y del entendimiento entre las naciones, considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro, para que cada nación pueda utilizar el instrumento de la política monetaria para afrontar sus problemas.

Como probablemente esto no sucederá, predigo que el euro será destruido por una crisis descontrolada, quizá cuando las divergencias entre las tasas de interés de las distintas naciones se vuelvan insostenibles. Es posible que estemos en los albores de un proceso de desintegración parecido al de la URSS: recordemos que el fin del Imperio soviético fue decidido por la propia Rusia; quizá, por tanto, la zona euro acabe siendo enterrada por su potencia dominante: Alemania.

Mientras tanto, el euro habrá completado su misión de destrucción de la economía francesa. Me divierte calcular la diferencia entre el coste de esta moneda única para mi país y los daños provocados por los destrozos del 17 de octubre. ¡Hay que reconocer que el euro gana por goleada!

¿El futuro es, por tanto, la desintegración, según usted?
Lo que yo llamo el mundo “posdesarrollado”, es decir, Europa y Estados Unidos, se resquebraja efectivamente por todas partes. Lo llamativo de nuestra época es que ninguna crisis parece evolucionar independientemente de las demás. Observemos la situación europea, donde la guerra con Rusia está desatada. Aunque la guerra en Ucrania no sea por sí sola el origen de la crisis del coste de la vida, es evidente que ha alimentado la desintegración del continente al perturbar sus cadenas de suministro energético. Sobre todo, hemos podido constatar la incompetencia de las élites europeas ante esta situación. Las sanciones contra Rusia han contribuido a debilitar sus propias economías, mientras que los ingresos de las clases populares de los países más frágiles, en particular Francia, han sido literalmente aplastados.

Y todo ello por una guerra que estas élites han sido incapaces de ganar, en particular por falta de una base industrial suficiente para su producción de armamento, después de décadas de deslocalizaciones hacia Asia.

El conflicto en Ucrania ha acelerado finalmente la implosión de la sociedad francesa, cuyas ondas de choque golpean ahora a todo el Viejo Continente. Las revueltas en Italia, España y Bélgica forman efectivamente parte de esta desintegración general.

En este contexto de revuelta, las crecientes divergencias entre Francia y Alemania, cuyos tipos de interés se separan peligrosamente, también dan testimonio de las tensiones que atraviesan Europa en su núcleo. Todo esto ocurre en un contexto preocupante, marcado por el envejecimiento extremo de la población y la llegada a la madurez de ese «estado cero de la religión» al que me refería antes.

Veo a Occidente un poco como un barco fantasma que vaga por la historia. Ahora se asoma la hora del fin del ciclo histórico de dominación occidental y del desplazamiento del centro de gravedad del mundo.

¿Es usted, por tanto, radicalmente pesimista?
En el caso de Francia, sorprendentemente, no. Cuando el sistema haya estallado —y este desenlace me parece seguro—, les sorprenderá descubrir que, en realidad, los franceses aman a su país y no intentarán destruirlo cayendo en pasiones racistas. Tampoco creo que Italia y España vayan a tomar el camino de la autodestrucción. Recientemente me he interesado por la divergencia entre las sociedades posprotestantes, en particular Estados Unidos e Inglaterra, y las sociedades poscatólicas, principalmente los países latinos. Si las primeras me parecen comprometidas en una trayectoria nihilista mucho más peligrosa, no encuentro ese mismo grado en las segundas.

La razón es sencilla: el protestantismo era una teología que solo se interesaba por la relación del creyente con Dios y no por la belleza del mundo. Cuando esta creencia religiosa se disuelve, del protestantismo no queda más que una relación conflictiva con un mundo percibido como malo, incluso podrido. De ahí surgen las graves desviaciones de las que somos testigos actualmente: la financiarización, Trump, pero sobre todo una necesidad muy inquietante de violencia que se manifiesta en un apetito por la guerra. Por eso hablo de una fase “-1” en lo que respecta al protestantismo.

En el marco de lo que llamo el “catolicismo cero”, este nihilismo queda atemperado por el hecho de que la fe católica aceptaba un interés por la belleza del mundo que permanece en las mentes incluso cuando desaparece la creencia en Dios. Inconscientemente, por mucha rabia que puedas sentir, no puedes ser francés, italiano o español —tres pueblos cuyas naciones concentran gran parte de las maravillas de este mundo— y desear la destrucción de tu propio país, del que cada uno de vosotros es consciente de que es el más hermoso del mundo."

(Entrevista a Emmanuel Tood, Rafael Karoubi , , El Salto, 01/11/26)

Cuando el sistema haya estallado —y este desenlace me parece seguro—, les sorprenderá descubrir que, en realidad, los franceses aman a su país y no intentarán destruirlo cayendo en pasiones racistas. Tampoco creo que Italia y España vayan a tomar el camino de la autodestrucción... me he interesado por la divergencia entre las sociedades posprotestantes, en particular Estados Unidos e Inglaterra, y las sociedades poscatólicas, principalmente los países latinos. Si las primeras me parecen comprometidas en una trayectoria nihilista mucho más peligrosa, no encuentro ese mismo grado en las segundas... La razón es sencilla: el protestantismo era una teología que solo se interesaba por la relación del creyente con Dios y no por la belleza del mundo. Cuando esta creencia religiosa se disuelve, del protestantismo no queda más que una relación conflictiva con un mundo percibido como malo, incluso podrido. De ahí surgen las graves desviaciones de las que somos testigos actualmente: la financiarización, Trump, pero sobre todo una necesidad muy inquietante de violencia que se manifiesta en un apetito por la guerra. Por eso hablo de una fase “-1” en lo que respecta al protestantismo... En el marco de lo que llamo el “catolicismo cero”, este nihilismo queda atemperado por el hecho de que la fe católica aceptaba un interés por la belleza del mundo que permanece en las mentes incluso cuando desaparece la creencia en Dios. Inconscientemente, por mucha rabia que puedas sentir, no puedes ser francés, italiano o español —tres pueblos cuyas naciones concentran gran parte de las maravillas de este mundo— y desear la destrucción de tu propio país, del que cada uno de vosotros es consciente de que es el más hermoso del mundo (Emmanuel Todd)

 "Emmanuel Todd: “En Francia y Europa los problemas son los mismos: juventud maltratada y élites irresponsables”

El antropólogo e historiador Emmanuel Todd, autor de ensayos de referencia como ‘La invención de Europa’ (1990) analiza las últimas protestas protagonizadas por la juventud de su país, Francia.

En su último libro “La Dislocación” (La dislocation, no traducido al castellano, que presenta tal vez como “su libro testamento”, el famoso antropólogo francés Emmanuel Todd (Saint-Germain-en-Laye, 1951) destaca la aceleración de la descomposición de las sociedades occidentales, incapaces, según él, de encontrar los recursos morales para afrontar sus problemas de empobrecimiento y de envejecimiento. Afirma que los recientes acontecimientos en Francia y en Europa confirman su tesis.

¿Qué le inspiran las escenas de revuelta en Francia?
Esta situación me resulta personalmente dolorosa, como francés apegado a mi país. Pero me esfuerzo por observar con frialdad y racionalidad, a la manera de un investigador weberiano. En cierto modo, estamos asistiendo a una forma de desintegración de la sociedad francesa. Ya había descrito este proceso en La Dislocación, en el que dediqué un capítulo específico a la situación francesa, titulado “Francia: ¿la caída final?”.

¿Cuál es la naturaleza de esta desintegración?
Se debe, ante todo, y esto es innegable, a la transformación de la democracia en gerontocracia. Francia es el país de Europa donde los jóvenes sufren más restricciones. El profundo malestar de la juventud no se manifiesta únicamente en las estadísticas económicas, en particular la tasa de desempleo, sino también en los datos demográficos. La mortalidad infantil se encuentra entre las más elevadas de Europa, tras años de aumento constante. Detrás de estas cifras dramáticas aparecen las difíciles condiciones de vida de los padres jóvenes. Paralelamente, Francia es uno de los países donde la esperanza de vida en buena salud a los 60 años es la más elevada. La injusticia generacional se manifiesta allí de forma flagrante. Hay que comprender de dónde empezó este movimiento: de los institutos de los suburbios, donde la población de origen inmigrante es numerosa y la juventud está especialmente despreciada. Algunos jóvenes empezaron a bloquear sus centros educativos porque los profesores ausentes no eran sustituidos, en un contexto en el que la movilidad social se deteriora y la escuela aparece cada vez más como el único medio para escapar de su propia condición social. Mientras tanto, el debate político francés está atrapado en temas como la seguridad y las pensiones. Es para llorar.

Lo que se pone de manifiesto es que el sistema político juega estructuralmente en contra de la juventud. El sufragio universal ya no logra arbitrar los conflictos que atraviesan la sociedad, en la medida en que los jubilados ocupan un lugar preponderante dentro del cuerpo electoral. Los mecanismos democráticos se vuelven así estructuralmente conservadores. Como demócrata convencido, estoy absolutamente horrorizado por esta conclusión. Sin embargo, el envejecimiento de la población hace que, por primera vez, sea válido un argumento contra el sufragio universal. Es espantoso.
Esta supuesta reafirmación del orden republicano va a provocar mecánicamente la perpetuación de un desorden permanente

El Gobierno francés quiere reafirmar una forma de “orden republicano” para poner fin a la movilización, jugando con el miedo a los saqueos. ¿Ve en ello un giro autoritario?
Sinceramente, las escenas de saqueo me resultan bastante dolorosas. Es lógico que una parte de la población se incline hacia el partido del orden después de haber sido testigo de los estragos en los centros urbanos. Pero este supuesto orden republicano no es hoy más que un espejismo. ¿Por qué? Porque no hace sino perpetuar un sistema que garantiza la reproducción conservadora de las instituciones mediante el voto de las personas mayores y, por tanto, el mantenimiento de las desigualdades actuales.

En un contexto en el que los jubilados constituyen una parte preponderante del cuerpo electoral, los mecanismos de mediación entre el Estado y el resto de la sociedad ya no funcionan correctamente. Por tanto, el aplastamiento de los ingresos de los jóvenes no va a parar.

En realidad, los manifestantes que salen pacíficamente a la calle, de acuerdo con las tradiciones políticas francesas de la segunda mitad del siglo XX, saben muy bien que están emprendiendo algo que no sirve de nada. A mi juicio, en la medida en que son conscientes del bloqueo del sistema, algunos manifestantes acaban por no condenar con tanta severidad a quienes provocan destrozos e incluso a veces llegan a unirse a ellos.

Por consiguiente, esta supuesta reafirmación del orden republicano va a provocar mecánicamente la perpetuación de un desorden permanente.

En cuanto a los saqueos, me inspiran otra reflexión: la de un debilitamiento de los valores morales. Pero cuando la propia clase dirigente se comporta de manera profundamente inmoral, después de haber destrozado la economía y la sociedad francesas durante décadas, al tiempo que se desinteresa de los problemas reales del país, ¿cómo sorprenderse de que esta inmoralidad se extienda al resto de la sociedad?

¿Cuáles son los factores que impulsan la crisis específica que afecta a Francia?
Es cierto que esta revueta se esperaba desde hacía muchos meses, teniendo en cuenta el rápido deterioro de la situación económica del país. Se esperaba un regreso de los Chalecos Amarillos que incendiaron las calles de Francia en el 2018; finalmente hemos asistido a un alzamiento de la juventud.

Francia se dirige hacia la quiebra porque su integración en la zona euro la ha llevado a una dependencia excesiva de los mercados financieros, que ahora acaban estrangulándola al aumentar los tipos de interés. En la medida en que el euro y la financiarización han contribuido a destruir el aparato productivo francés, Francia no ha tenido otra opción que recurrir al endeudamiento para financiar su modelo social y sostener su economía.
Las “élites” francesas se encuentran incapaces de amar a su país tal como existe hoy y, por consiguiente, de proponer otro proyecto que no sea una austeridad punitiva de por vida

Evidentemente, la crisis de la sociedad francesa recuerda a la de otros países europeos. En todo el Viejo Continente, los problemas son los mismos: envejecimiento de la población, juventud maltratada y élites irresponsables. No obstante, creo que existe una particularidad francesa: un desapego especial de las clases dirigentes respecto de la población, cuyas raíces son más profundas.

Para un francés, el orgullo de pertenecer a su país suele estar vinculado a una gran historia de poder. Pensemos en Napoleón, en la proyección internacional de la Revolución francesa y en la influencia histórica de Francia, de su filosofía y de su cultura, en el mundo. La pérdida de poder de Francia seguramente es vivida de forma muy dolorosa e inconsciente por las “élites” francesas, que se encuentran incapaces de amar a su país tal como existe hoy y, por consiguiente, de proponer otro proyecto que no sea una austeridad punitiva de por vida.

Italia, España, Bélgica: el movimiento se extiende a toda Europa. ¿Estamos en los albores de una gran crisis económica y política europea?
Los disturbios que se han producido en Italia y Bélgica, así como las ocupaciones de plazas en Portugal y España, nos recuerdan que los mecanismos de injusticia generacional que operan en Francia existen en toda Europa. Tiendo a ver en ello una forma de “otoño de los pueblos” en referencia a la “primavera de los pueblos” de 1848, que partiría de Francia para extenderse al resto del continente, pero en un contexto no de progreso, sino de desintegración.

Se conocen los problemas relacionados con la opresión de la juventud en un contexto de grave crisis demográfica, así como los efectos devastadores de los mecanismos ultraliberales y del libre comercio. Sin embargo, las sociedades europeas parecen incapaces de producir otra cosa que divisiones internas.
Considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro

Las raíces del mal son más profundas que una crisis del capitalismo. En realidad, la atomización social de Europa, combinada con los mecanismos gerontocráticos, impide a las sociedades hacer frente a sus problemas. En mi libro anterior, La derrota de Occidente (Akal, 2024), detecté un “estado cero de la religión de las ideologías” para caracterizar a unas sociedades europeas que describo como sumidas en un vacío metafísico, una ausencia de valores que las vuelve incapaces incluso de organizarse colectivamente para evitar la desintegración de sus naciones, por ejemplo, emprendiendo grandes proyectos colectivos de reindustrialización. Actualmente no existe ninguna organización política lo bastante poderosa para abordar estos problemas… La hora es más bien la de la “deificación del vacío”, lo que yo llamo nihilismo.

Más allá de este sombrío diagnóstico, deseo alertar a los defensores acérrimos de la Unión Europea sobre el riesgo real de su desintegración. En efecto, los problemas de Francia en los mercados financieros y el aumento de las divergencias de los tipos de interés con respecto a Alemania socavan el proyecto europeo en su corazón. Como partidario de la paz y del entendimiento entre las naciones, considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro, para que cada nación pueda utilizar el instrumento de la política monetaria para afrontar sus problemas.

Como probablemente esto no sucederá, predigo que el euro será destruido por una crisis descontrolada, quizá cuando las divergencias entre las tasas de interés de las distintas naciones se vuelvan insostenibles. Es posible que estemos en los albores de un proceso de desintegración parecido al de la URSS: recordemos que el fin del Imperio soviético fue decidido por la propia Rusia; quizá, por tanto, la zona euro acabe siendo enterrada por su potencia dominante: Alemania.

Mientras tanto, el euro habrá completado su misión de destrucción de la economía francesa. Me divierte calcular la diferencia entre el coste de esta moneda única para mi país y los daños provocados por los destrozos del 17 de octubre. ¡Hay que reconocer que el euro gana por goleada!

¿El futuro es, por tanto, la desintegración, según usted?
Lo que yo llamo el mundo “posdesarrollado”, es decir, Europa y Estados Unidos, se resquebraja efectivamente por todas partes. Lo llamativo de nuestra época es que ninguna crisis parece evolucionar independientemente de las demás. Observemos la situación europea, donde la guerra con Rusia está desatada. Aunque la guerra en Ucrania no sea por sí sola el origen de la crisis del coste de la vida, es evidente que ha alimentado la desintegración del continente al perturbar sus cadenas de suministro energético. Sobre todo, hemos podido constatar la incompetencia de las élites europeas ante esta situación. Las sanciones contra Rusia han contribuido a debilitar sus propias economías, mientras que los ingresos de las clases populares de los países más frágiles, en particular Francia, han sido literalmente aplastados.

Y todo ello por una guerra que estas élites han sido incapaces de ganar, en particular por falta de una base industrial suficiente para su producción de armamento, después de décadas de deslocalizaciones hacia Asia.

El conflicto en Ucrania ha acelerado finalmente la implosión de la sociedad francesa, cuyas ondas de choque golpean ahora a todo el Viejo Continente. Las revueltas en Italia, España y Bélgica forman efectivamente parte de esta desintegración general.

En este contexto de revuelta, las crecientes divergencias entre Francia y Alemania, cuyos tipos de interés se separan peligrosamente, también dan testimonio de las tensiones que atraviesan Europa en su núcleo. Todo esto ocurre en un contexto preocupante, marcado por el envejecimiento extremo de la población y la llegada a la madurez de ese «estado cero de la religión» al que me refería antes.

Veo a Occidente un poco como un barco fantasma que vaga por la historia. Ahora se asoma la hora del fin del ciclo histórico de dominación occidental y del desplazamiento del centro de gravedad del mundo.

¿Es usted, por tanto, radicalmente pesimista?
En el caso de Francia, sorprendentemente, no. Cuando el sistema haya estallado —y este desenlace me parece seguro—, les sorprenderá descubrir que, en realidad, los franceses aman a su país y no intentarán destruirlo cayendo en pasiones racistas. Tampoco creo que Italia y España vayan a tomar el camino de la autodestrucción. Recientemente me he interesado por la divergencia entre las sociedades posprotestantes, en particular Estados Unidos e Inglaterra, y las sociedades poscatólicas, principalmente los países latinos. Si las primeras me parecen comprometidas en una trayectoria nihilista mucho más peligrosa, no encuentro ese mismo grado en las segundas.

La razón es sencilla: el protestantismo era una teología que solo se interesaba por la relación del creyente con Dios y no por la belleza del mundo. Cuando esta creencia religiosa se disuelve, del protestantismo no queda más que una relación conflictiva con un mundo percibido como malo, incluso podrido. De ahí surgen las graves desviaciones de las que somos testigos actualmente: la financiarización, Trump, pero sobre todo una necesidad muy inquietante de violencia que se manifiesta en un apetito por la guerra. Por eso hablo de una fase “-1” en lo que respecta al protestantismo.

En el marco de lo que llamo el “catolicismo cero”, este nihilismo queda atemperado por el hecho de que la fe católica aceptaba un interés por la belleza del mundo que permanece en las mentes incluso cuando desaparece la creencia en Dios. Inconscientemente, por mucha rabia que puedas sentir, no puedes ser francés, italiano o español —tres pueblos cuyas naciones concentran gran parte de las maravillas de este mundo— y desear la destrucción de tu propio país, del que cada uno de vosotros es consciente de que es el más hermoso del mundo."

(Entrevista a Emmanuel Tood, Rafael Karoubi , , El Salto, 01/11/26)

Se esperaba un regreso de los Chalecos Amarillos, finalmente hemos asistido a un alzamiento de la juventud, y a una forma de desintegración de la sociedad francesa...una forma de “otoño de los pueblos” en referencia a la “primavera de los pueblos” de 1848, que partiría de Francia para extenderse al resto del continente, pero en un contexto no de progreso, sino de desintegración... Se conocen los problemas de la opresión de la juventud en una grave crisis demográfica, así como los efectos devastadores de los mecanismos ultraliberales y del libre comercio... pero las sociedades europeas parecen incapaces de producir otra cosa que divisiones internas... Francia se dirige hacia la quiebra porque su integración en la zona euro la ha llevado a una dependencia excesiva de los mercados financieros, que ahora acaban estrangulándola al aumentar los tipos de interés... dado que el euro y la financiarización han contribuido a destruir el aparato productivo francés, Francia no ha tenido otra opción que recurrir al endeudamiento para financiar su modelo social y sostener su economía... existe el riesgo real de la desintegración de la Unión Europea. En efecto, los problemas de Francia en los mercados financieros y el aumento de las divergencias de los tipos de interés con respecto a Alemania socavan el proyecto europeo en su corazón... considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro, para que cada nación pueda utilizar el instrumento de la política monetaria para afrontar sus problemas... Como probablemente esto no sucederá, predigo que el euro será destruido por una crisis descontrolada, quizá cuando las divergencias entre las tasas de interés de las distintas naciones se vuelvan insostenibles. Es posible que estemos en los albores de un proceso de desintegración parecido al de la URSS: recordemos que el fin del Imperio soviético fue decidido por la propia Rusia; quizá, por tanto, la zona euro acabe siendo enterrada por su potencia dominante: Alemania (Emmanuel Todd)

"Emmanuel Todd: “En Francia y Europa los problemas son los mismos: juventud maltratada y élites irresponsables”

El antropólogo e historiador Emmanuel Todd, autor de ensayos de referencia como ‘La invención de Europa’ (1990) analiza las últimas protestas protagonizadas por la juventud de su país, Francia.

En su último libro “La Dislocación” (La dislocation, no traducido al castellano, que presenta tal vez como “su libro testamento”, el famoso antropólogo francés Emmanuel Todd (Saint-Germain-en-Laye, 1951) destaca la aceleración de la descomposición de las sociedades occidentales, incapaces, según él, de encontrar los recursos morales para afrontar sus problemas de empobrecimiento y de envejecimiento. Afirma que los recientes acontecimientos en Francia y en Europa confirman su tesis.

¿Qué le inspiran las escenas de revuelta en Francia?
Esta situación me resulta personalmente dolorosa, como francés apegado a mi país. Pero me esfuerzo por observar con frialdad y racionalidad, a la manera de un investigador weberiano. En cierto modo, estamos asistiendo a una forma de desintegración de la sociedad francesa. Ya había descrito este proceso en La Dislocación, en el que dediqué un capítulo específico a la situación francesa, titulado “Francia: ¿la caída final?”.

¿Cuál es la naturaleza de esta desintegración?
Se debe, ante todo, y esto es innegable, a la transformación de la democracia en gerontocracia. Francia es el país de Europa donde los jóvenes sufren más restricciones. El profundo malestar de la juventud no se manifiesta únicamente en las estadísticas económicas, en particular la tasa de desempleo, sino también en los datos demográficos. La mortalidad infantil se encuentra entre las más elevadas de Europa, tras años de aumento constante. Detrás de estas cifras dramáticas aparecen las difíciles condiciones de vida de los padres jóvenes. Paralelamente, Francia es uno de los países donde la esperanza de vida en buena salud a los 60 años es la más elevada. La injusticia generacional se manifiesta allí de forma flagrante. Hay que comprender de dónde empezó este movimiento: de los institutos de los suburbios, donde la población de origen inmigrante es numerosa y la juventud está especialmente despreciada. Algunos jóvenes empezaron a bloquear sus centros educativos porque los profesores ausentes no eran sustituidos, en un contexto en el que la movilidad social se deteriora y la escuela aparece cada vez más como el único medio para escapar de su propia condición social. Mientras tanto, el debate político francés está atrapado en temas como la seguridad y las pensiones. Es para llorar.

Lo que se pone de manifiesto es que el sistema político juega estructuralmente en contra de la juventud. El sufragio universal ya no logra arbitrar los conflictos que atraviesan la sociedad, en la medida en que los jubilados ocupan un lugar preponderante dentro del cuerpo electoral. Los mecanismos democráticos se vuelven así estructuralmente conservadores. Como demócrata convencido, estoy absolutamente horrorizado por esta conclusión. Sin embargo, el envejecimiento de la población hace que, por primera vez, sea válido un argumento contra el sufragio universal. Es espantoso.
Esta supuesta reafirmación del orden republicano va a provocar mecánicamente la perpetuación de un desorden permanente

El Gobierno francés quiere reafirmar una forma de “orden republicano” para poner fin a la movilización, jugando con el miedo a los saqueos. ¿Ve en ello un giro autoritario?
Sinceramente, las escenas de saqueo me resultan bastante dolorosas. Es lógico que una parte de la población se incline hacia el partido del orden después de haber sido testigo de los estragos en los centros urbanos. Pero este supuesto orden republicano no es hoy más que un espejismo. ¿Por qué? Porque no hace sino perpetuar un sistema que garantiza la reproducción conservadora de las instituciones mediante el voto de las personas mayores y, por tanto, el mantenimiento de las desigualdades actuales.

En un contexto en el que los jubilados constituyen una parte preponderante del cuerpo electoral, los mecanismos de mediación entre el Estado y el resto de la sociedad ya no funcionan correctamente. Por tanto, el aplastamiento de los ingresos de los jóvenes no va a parar.

En realidad, los manifestantes que salen pacíficamente a la calle, de acuerdo con las tradiciones políticas francesas de la segunda mitad del siglo XX, saben muy bien que están emprendiendo algo que no sirve de nada. A mi juicio, en la medida en que son conscientes del bloqueo del sistema, algunos manifestantes acaban por no condenar con tanta severidad a quienes provocan destrozos e incluso a veces llegan a unirse a ellos.

Por consiguiente, esta supuesta reafirmación del orden republicano va a provocar mecánicamente la perpetuación de un desorden permanente.

En cuanto a los saqueos, me inspiran otra reflexión: la de un debilitamiento de los valores morales. Pero cuando la propia clase dirigente se comporta de manera profundamente inmoral, después de haber destrozado la economía y la sociedad francesas durante décadas, al tiempo que se desinteresa de los problemas reales del país, ¿cómo sorprenderse de que esta inmoralidad se extienda al resto de la sociedad?

¿Cuáles son los factores que impulsan la crisis específica que afecta a Francia?
Es cierto que esta revueta se esperaba desde hacía muchos meses, teniendo en cuenta el rápido deterioro de la situación económica del país. Se esperaba un regreso de los Chalecos Amarillos que incendiaron las calles de Francia en el 2018; finalmente hemos asistido a un alzamiento de la juventud.

Francia se dirige hacia la quiebra porque su integración en la zona euro la ha llevado a una dependencia excesiva de los mercados financieros, que ahora acaban estrangulándola al aumentar los tipos de interés. En la medida en que el euro y la financiarización han contribuido a destruir el aparato productivo francés, Francia no ha tenido otra opción que recurrir al endeudamiento para financiar su modelo social y sostener su economía.
Las “élites” francesas se encuentran incapaces de amar a su país tal como existe hoy y, por consiguiente, de proponer otro proyecto que no sea una austeridad punitiva de por vida

Evidentemente, la crisis de la sociedad francesa recuerda a la de otros países europeos. En todo el Viejo Continente, los problemas son los mismos: envejecimiento de la población, juventud maltratada y élites irresponsables. No obstante, creo que existe una particularidad francesa: un desapego especial de las clases dirigentes respecto de la población, cuyas raíces son más profundas.

Para un francés, el orgullo de pertenecer a su país suele estar vinculado a una gran historia de poder. Pensemos en Napoleón, en la proyección internacional de la Revolución francesa y en la influencia histórica de Francia, de su filosofía y de su cultura, en el mundo. La pérdida de poder de Francia seguramente es vivida de forma muy dolorosa e inconsciente por las “élites” francesas, que se encuentran incapaces de amar a su país tal como existe hoy y, por consiguiente, de proponer otro proyecto que no sea una austeridad punitiva de por vida.

Italia, España, Bélgica: el movimiento se extiende a toda Europa. ¿Estamos en los albores de una gran crisis económica y política europea?
Los disturbios que se han producido en Italia y Bélgica, así como las ocupaciones de plazas en Portugal y España, nos recuerdan que los mecanismos de injusticia generacional que operan en Francia existen en toda Europa. Tiendo a ver en ello una forma de “otoño de los pueblos” en referencia a la “primavera de los pueblos” de 1848, que partiría de Francia para extenderse al resto del continente, pero en un contexto no de progreso, sino de desintegración.

Se conocen los problemas relacionados con la opresión de la juventud en un contexto de grave crisis demográfica, así como los efectos devastadores de los mecanismos ultraliberales y del libre comercio. Sin embargo, las sociedades europeas parecen incapaces de producir otra cosa que divisiones internas.
Considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro

Las raíces del mal son más profundas que una crisis del capitalismo. En realidad, la atomización social de Europa, combinada con los mecanismos gerontocráticos, impide a las sociedades hacer frente a sus problemas. En mi libro anterior, La derrota de Occidente (Akal, 2024), detecté un “estado cero de la religión de las ideologías” para caracterizar a unas sociedades europeas que describo como sumidas en un vacío metafísico, una ausencia de valores que las vuelve incapaces incluso de organizarse colectivamente para evitar la desintegración de sus naciones, por ejemplo, emprendiendo grandes proyectos colectivos de reindustrialización. Actualmente no existe ninguna organización política lo bastante poderosa para abordar estos problemas… La hora es más bien la de la “deificación del vacío”, lo que yo llamo nihilismo.

Más allá de este sombrío diagnóstico, deseo alertar a los defensores acérrimos de la Unión Europea sobre el riesgo real de su desintegración. En efecto, los problemas de Francia en los mercados financieros y el aumento de las divergencias de los tipos de interés con respecto a Alemania socavan el proyecto europeo en su corazón. Como partidario de la paz y del entendimiento entre las naciones, considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro, para que cada nación pueda utilizar el instrumento de la política monetaria para afrontar sus problemas.

Como probablemente esto no sucederá, predigo que el euro será destruido por una crisis descontrolada, quizá cuando las divergencias entre las tasas de interés de las distintas naciones se vuelvan insostenibles. Es posible que estemos en los albores de un proceso de desintegración parecido al de la URSS: recordemos que el fin del Imperio soviético fue decidido por la propia Rusia; quizá, por tanto, la zona euro acabe siendo enterrada por su potencia dominante: Alemania.

Mientras tanto, el euro habrá completado su misión de destrucción de la economía francesa. Me divierte calcular la diferencia entre el coste de esta moneda única para mi país y los daños provocados por los destrozos del 17 de octubre. ¡Hay que reconocer que el euro gana por goleada!

¿El futuro es, por tanto, la desintegración, según usted?
Lo que yo llamo el mundo “posdesarrollado”, es decir, Europa y Estados Unidos, se resquebraja efectivamente por todas partes. Lo llamativo de nuestra época es que ninguna crisis parece evolucionar independientemente de las demás. Observemos la situación europea, donde la guerra con Rusia está desatada. Aunque la guerra en Ucrania no sea por sí sola el origen de la crisis del coste de la vida, es evidente que ha alimentado la desintegración del continente al perturbar sus cadenas de suministro energético. Sobre todo, hemos podido constatar la incompetencia de las élites europeas ante esta situación. Las sanciones contra Rusia han contribuido a debilitar sus propias economías, mientras que los ingresos de las clases populares de los países más frágiles, en particular Francia, han sido literalmente aplastados.

Y todo ello por una guerra que estas élites han sido incapaces de ganar, en particular por falta de una base industrial suficiente para su producción de armamento, después de décadas de deslocalizaciones hacia Asia.

El conflicto en Ucrania ha acelerado finalmente la implosión de la sociedad francesa, cuyas ondas de choque golpean ahora a todo el Viejo Continente. Las revueltas en Italia, España y Bélgica forman efectivamente parte de esta desintegración general.

En este contexto de revuelta, las crecientes divergencias entre Francia y Alemania, cuyos tipos de interés se separan peligrosamente, también dan testimonio de las tensiones que atraviesan Europa en su núcleo. Todo esto ocurre en un contexto preocupante, marcado por el envejecimiento extremo de la población y la llegada a la madurez de ese «estado cero de la religión» al que me refería antes.

Veo a Occidente un poco como un barco fantasma que vaga por la historia. Ahora se asoma la hora del fin del ciclo histórico de dominación occidental y del desplazamiento del centro de gravedad del mundo.

¿Es usted, por tanto, radicalmente pesimista?
En el caso de Francia, sorprendentemente, no. Cuando el sistema haya estallado —y este desenlace me parece seguro—, les sorprenderá descubrir que, en realidad, los franceses aman a su país y no intentarán destruirlo cayendo en pasiones racistas. Tampoco creo que Italia y España vayan a tomar el camino de la autodestrucción. Recientemente me he interesado por la divergencia entre las sociedades posprotestantes, en particular Estados Unidos e Inglaterra, y las sociedades poscatólicas, principalmente los países latinos. Si las primeras me parecen comprometidas en una trayectoria nihilista mucho más peligrosa, no encuentro ese mismo grado en las segundas.

La razón es sencilla: el protestantismo era una teología que solo se interesaba por la relación del creyente con Dios y no por la belleza del mundo. Cuando esta creencia religiosa se disuelve, del protestantismo no queda más que una relación conflictiva con un mundo percibido como malo, incluso podrido. De ahí surgen las graves desviaciones de las que somos testigos actualmente: la financiarización, Trump, pero sobre todo una necesidad muy inquietante de violencia que se manifiesta en un apetito por la guerra. Por eso hablo de una fase “-1” en lo que respecta al protestantismo.

En el marco de lo que llamo el “catolicismo cero”, este nihilismo queda atemperado por el hecho de que la fe católica aceptaba un interés por la belleza del mundo que permanece en las mentes incluso cuando desaparece la creencia en Dios. Inconscientemente, por mucha rabia que puedas sentir, no puedes ser francés, italiano o español —tres pueblos cuyas naciones concentran gran parte de las maravillas de este mundo— y desear la destrucción de tu propio país, del que cada uno de vosotros es consciente de que es el más hermoso del mundo."

(Entrevista a Emmanuel Tood, Rafael Karoubi , , El Salto, 01/11/26)

La supervivencia económica de la población mayor en España depende fundamentalmente del sistema público de pensiones... sin ellas, la pobreza se dispararía hasta niveles incompatibles con la simple supervivencia de la inmensa mayoría... las pensiones de jubilación y supervivencia reducen sustancialmente la pobreza potencial, y el resto de las transferencias completa el efecto redistributivo... Todo intento de reducir las pensiones públicas al mínimo vital en favor del ahorro privado, o de basar las pensiones en un ahorro ficticio (nocional) supondría debilitar uno de los principales instrumentos redistributivos del Estado social. El gasto en pensiones es hoy muy moderado, como lo es su progresión futura. Lo que pone en peligro nuestro sistema público es la imparable concentración de ingresos y riqueza, en detrimento de la remuneración del trabajo, incluyendo las pensiones... su carácter de reparto, obligatorio y público permite socializar riesgos que el ahorro no puede cubrir adecuadamente: longevidad, inflación, interrupciones laborales, crisis económicas, desempleo, precariedad o desigualdades de género... La parte llamada contributiva de nuestro sistema parece pensada para las carreras completas.. para las carreras discontinuas o cortas, son necesarios mecanismos de compensación parcial mediante pensiones no contributivas. Y en materia de género se han incorporado correcciones que reconocen el coste laboral de los cuidados... La conclusión es clara: el sistema público de pensiones no elimina todas las desigualdades, pero impide que las desigualdades del mercado de trabajo se trasladen íntegramente a la vejez (Juan Antonio Fernández Cordón)

"Pensiones y desigualdades

La supervivencia económica de la población mayor en España depende fundamentalmente del sistema público de pensiones. En la población total, las pensiones de jubilación y supervivencia reducen sustancialmente la pobreza potencial, y el resto de las transferencias completa el efecto redistributivo. Considerando solo las personas mayores, el papel de las pensiones es aún más decisivo: sin ellas, la pobreza se dispararía hasta niveles incompatibles con la simple supervivencia de la inmensa mayoría.

Este dato inicial permite situar correctamente el debate. Las pensiones públicas no son solo un mecanismo de sustitución de rentas individuales, sino una institución central de cohesión social. Su carácter de reparto, obligatorio y público permite socializar riesgos que el ahorro no puede cubrir adecuadamente: longevidad, inflación, interrupciones laborales, crisis económicas, desempleo, precariedad o desigualdades de género. El ahorro personal, de gestión privado o pública, puede complementar la pensión pública, pero no sustituirla sin trasladar a los individuos riesgos que solo pueden gestionarse colectivamente. No es la contributividad la que legitima nuestro sistema, sino la solidaridad intra e intergeneracional, de la que es garante el Estado.

Este artículo examina la capacidad del sistema público para reducir las desigualdades que produciría una contributividad estricta. Si las pensiones replicaran mecánicamente las trayectorias laborales, reproducirían no solo las diferencias salariales ligadas a la cualificación, sino también discriminaciones, precariedad, desempleo, coyunturas adversas e interrupciones por cuidados. La cuestión es, por tanto, hasta qué punto el sistema español mantiene la continuidad salarial y hasta qué punto corrige las desigualdades acumuladas durante la vida activa.

Pensiones y continuidad salarial

En el sistema español, la pensión contributiva de jubilación se calcula tomando como referencia las bases de cotización de los años anteriores a la jubilación. Actualmente, el período de cómputo es de 25 años, aunque las reformas aprobadas prevén una transición hacia un período más amplio. Esta evolución aleja progresivamente la pensión de los salarios que determinan el nivel de vida previo a la jubilación y desplaza el centro de gravedad hacia la totalidad de lo cotizado, aproximando el razonamiento a una lógica de ahorro privado.

La idea de continuidad salarial no significa que la pensión deba equivaler al 100 % del salario bruto. Lo relevante es mantener el nivel de vida al jubilarse. Como en la jubilación desaparecen las cotizaciones sociales del trabajador y cambia la fiscalidad efectiva, una pensión algo inferior al salario bruto puede sostener una renta disponible similar. Por ello, la tasa de sustitución, evaluada en términos netos y, en la medida de lo posible, teniendo en cuenta la situación familia, debe erigirse en el principal parámetro del cálculo de la pensión inicial.

Para quienes han tenido carreras completas, el sistema actual se acerca a la continuidad salarial y, por consiguiente, reproduce las jerarquías salariales previas. Esa continuidad puede justificarse cuando las diferencias salariales responden sobre todo a cualificaciones distintas. Pero también reproduce desigualdades menos justificables, como discriminaciones salariales, segmentación laboral o diferencias derivadas de la posición desigual de hombres y mujeres en el mercado de trabajo.

Ni siquiera para trabajadores estables, el sistema replica el abanico salarial. En la parte baja, la existencia de bases mínimas implica que una persona con salario inferior a la base mínima cotiza por una base superior a su salario efectivo. Si esa situación se produce dentro del período de cálculo, la pensión resultante puede ser superior a la que derivaría estrictamente del salario real. En la parte alta, la base máxima de cotización y la pensión máxima limitan la continuidad salarial. Los ingresos superiores al tope ni cotizan ni generan derechos ordinarios de pensión. La reforma de 2023 introduce, además, una cuota de solidaridad sobre la parte del salario que supera la base máxima: una cotización adicional que no genera derechos futuros y que puede interpretarse como un recargo redistributivo sobre los salarios altos.

La pensión máxima tiene un importante efecto de compresión interna. Una persona que cotiza por la base máxima durante todo el período de cómputo no recibe una pensión proporcionalmente equivalente a esa base, sino la pensión máxima. Quienes se sitúan por debajo de ese nivel obtienen una proporción creciente de la base reguladora. Por tanto, el sistema respeta parcialmente las diferencias salariales, pero las atenúa en los extremos: protege la parte baja y limita la traducción plena de los salarios altos en pensiones altas.

Carreras incompletas, mínimos y lagunas

El problema principal aparece cuando la carrera laboral no ha sido completa. Cada vez más trabajadores llegan a la jubilación con trayectorias intermitentes, períodos de paro, parcialidad, temporalidad o salidas del mercado de trabajo. Una contributividad pura penalizaría severamente estas trayectorias. El sistema español introduce varios mecanismos correctores.

El primero es el complemento a mínimos. Cuando una pensión contributiva, una vez calculada y revalorizada, queda por debajo de una cuantía mínima fijada legalmente cada año, puede complementarse hasta alcanzar ese mínimo, siempre que se cumplan requisitos de renta y residencia. No se trata de un derecho consolidado: el complemento puede revisarse si cambian las circunstancias económicas o familiares del beneficiario. Su función es claramente redistributiva, pues protege sobre todo a quienes han tenido carreras incompletas, bases bajas, parcialidad o interrupciones laborales. En la práctica, beneficia de forma importante a mujeres y trabajadores precarios.

El segundo mecanismo es la integración de lagunas de cotización. Una laguna es todo mes dentro del período de cómputo en el que no existe base de cotización registrada. En el Régimen General, los primeros 48 meses de laguna se integran con el 100 % de la base mínima y los meses posteriores con el 50 %. Esto evita que la ausencia de cotización se compute como cero y reduce la penalización de carreras discontinuas. No obstante, la regla no se aplica por igual a todos: en el régimen de autónomos no se integraban las lagunas hasta la reforma de 2023 y ahora la integración es mucho más limitada que en el Régimen General.

Existen, además, tratamientos específicos para determinadas situaciones. Los permisos vinculados a maternidad, paternidad, incapacidad temporal, cuidados o excedencias pueden recibir bases imputadas o conservar bases previas. Estas reglas no responden a cotizaciones efectivas, sino al reconocimiento de que ciertas interrupciones no son simples decisiones individuales, sino costes sociales asociados al cuidado, la reproducción o la enfermedad. En este sentido, la pensión deja de ser solo continuidad del salario individual y pasa a incorporar una valoración colectiva de circunstancias que el mercado no remunera adecuadamente.

La pensión no contributiva representa el mecanismo asistencial más claro. Protege a quienes no alcanzan el mínimo de cotización exigido para acceder a una pensión contributiva, siempre que cumplan requisitos de edad, residencia e insuficiencia de ingresos. Está financiada con cargo a los Presupuestos Generales del Estado y funciona como un ingreso mínimo en la vejez. Sus beneficiarios son mayoritariamente personas con carreras laborales inexistentes, muy cortas, informales o discontinuas, entre ellas muchas mujeres.

Género, cuidados y desigualdad acumulada

Las desigualdades de género en pensiones son una consecuencia retardada de desigualdades laborales previas. Las mujeres han tenido, en promedio, salarios más bajos, carreras más cortas, más parcialidad y más interrupciones por cuidados. Por ello, la brecha de género en pensiones no se origina en el momento de la jubilación: se ha venido acumulando durante toda la vida activa.

Varios mecanismos generales benefician especialmente a las mujeres, aunque no estén diseñados exclusivamente para ellas: pensiones mínimas, integración de lagunas y reconocimiento de determinados períodos de cuidado. A estos se añade el complemento para la reducción de la brecha de género, que sustituye al antiguo complemento por maternidad. Su objetivo es compensar el perjuicio sufrido en la carrera profesional por la asunción principal de cuidados de hijos. Tras la jurisprudencia europea reciente, debe aplicarse también a los hombres en situaciones comparables.

Desde el punto de vista de la igualdad, estos instrumentos no deben verse como mecanismos externos al sistema, sino como correcciones necesarias de una contributividad pura que reproduciría desigualdades sin fundamento económico. Pueden verse como un paso, pequeño, hacia la inclusión en la continuidad salarial, no solo del salario individual, sino también de una valoración colectiva de los cuidados y de la reproducción social, como trabajo no remunerado.

Conclusión

La simple existencia de un sistema público de pensiones reduce de forma sustancial la pobreza y la desigualdad en la vejez. Pero el objetivo debe ser la continuidad de nivel de vida con el paso a la jubilación. La distinción entre contributivo y no contributivo carece de la importancia que le atribuyen, sobre todo, los que quieren debilitar el sistema público. La parte llamada contributiva de nuestro sistema parece pensada para las carreras completas, para las que más se acerca a la continuidad salarial, conservando en buena medida las diferencias salariales previas, aunque con límites en la parte alta y apoyos en la parte baja. Para las carreras discontinuas o cortas, son necesarios mecanismos de compensación parcial mediante mínimos, integración de lagunas y pensiones no contributivas. Y en materia de género se han incorporado, sobre todo en las reformas introducidas desde 2021, correcciones que reconocen, aunque todavía de forma insuficiente, el coste laboral de los cuidados.

La conclusión es clara: el sistema público de pensiones no elimina todas las desigualdades, pero impide que las desigualdades del mercado de trabajo se trasladen íntegramente a la vejez. Su defensa no es solo una cuestión de suficiencia económica, sino de igualdad social. Todo intento de reducir las pensiones públicas al mínimo vital en favor del ahorro privado, o de basar las pensiones en un ahorro ficticio (nocional) supondría debilitar uno de los principales instrumentos redistributivos del Estado social. El gasto en pensiones es hoy muy moderado, como lo es su progresión futura. Lo que pone en peligro nuestro sistema público, y su necesaria ampliación, es la aparentemente imparable concentración de ingresos y riqueza, en detrimento de la remuneración del trabajo, incluyendo las pensiones." 

( , Economista frente a la crisis, 22/10/26)

El primer ministro liberal polaco, Donald Tusk, justificó la toma armada del Tribunal Constitucional por parte de su gobierno y la imposición de varios jueces jurídicamente dudosos —que los partidos opositores conservadores y nacionalistas-libertarios consideran un golpe judicial— como una forma de «restaurar el Estado de derecho»... Tusk dijo que sus oponentes quieren que Polonia abandone la UE. Eso se publicó aproximadamente una hora antes de su intento de golpe judicial, e implica claramente que el golpe judicial que se produjo poco después fue orquestado en parte para salvar a Polonia de unos supuestos autoritarios antieuropeístas respaldados por Rusia... La realidad es que Polonia es uno de los lugares más rusófobos políticamente hablando del mundo, por lo que la afirmación es categóricamente falsa... aunque las élites de la UE probablemente se mostrarán muy receptivas a él, dándole posiblemente a Tusk un cheque en blanco para hacer lo que sea necesario para subordinar Polonia a la UE mediante su intento de golpe judicial y otros medios relacionados... sucede que la coalición liberal está llamada a perder el poder tras las próximas elecciones de otoño de 2027, según encuestas fiables, por lo que está urdiendo teorías conspirativas (Andrew Korybko)

"Los liberales gobernantes de Polonia ya culpan a Rusia de su intento de golpe judicial

Su mensaje sugiere firmemente que la toma armada del Tribunal Constitucional por parte del gobierno fue orquestada en parte para salvar a Polonia de unos supuestos autoritarios antieuropeístas respaldados por Rusia.

El primer ministro liberal polaco, Donald Tusk, justificó la toma armada del Tribunal Constitucional por parte de su gobierno y la imposición de varios jueces jurídicamente dudosos —que los partidos opositores conservadores y nacionalistas-libertarios consideran un golpe judicial— como una forma de «restaurar el Estado de derecho». La página de X de su coalición liberal gobernante compartió después un meme que muestra a Putin riéndose detrás del controvertido líder nacionalista-libertario Grzegorz Braun, quien se quita una máscara del líder conservador Jarosław Kaczyński.

Braun y Kaczyński, quien declaró a principios de este año que una hipotética coalición con Braun tras las próximas elecciones al Sejm de otoño de 2027 equivaldría a una alianza con Putin, se hicieron una selfie juntos frente al Tribunal Constitucional durante la protesta espontánea, multitudinaria y pacífica del viernes por la noche. Tusk alegó en primavera que esos dos, el otro partido opositor nacionalista-libertario y el presidente conservador Karol Nawrocki están todos confabulados con Rusia en torno a un supuesto «Polexit».

El reciente eco de Kaczyński del plan detallado de Nawrocki de noviembre de 2025 para reformar la UE en una unión de Estados-nación a fin de evitar su transformación en una federación dominada por Alemania —rumbo al que va encaminada— fue aprovechado por Tusk para mentir diciendo que sus oponentes quieren que Polonia abandone la UE. Eso se publicó aproximadamente una hora antes de su intento de golpe judicial. El día anterior, el viceministro de Defensa Cezasty Tomczyk bromeó diciendo que Kaczyński confundió el foro en el que hablaba con el Kremlin.

Este mensaje consecutivo implicaba claramente que el golpe judicial que se produjo poco después fue orquestado en parte para salvar a Polonia de unos supuestos autoritarios antieuropeístas respaldados por Rusia. El meme que la coalición gobernante compartió al día siguiente reforzó ese punto. Ellos y Tusk llamaron entonces la atención sobre la publicación del expresidente ruso Dmitri Medvédev comparando el intento de golpe judicial de Tusk con el exitoso golpe anterior de Zelenski. «No hay coincidencias» y «todo está claro», escribieron.

El ministro de Asuntos Exteriores, Radek Sikorski, añadió que «cuando los propagandistas de Putin te elogian, vale la pena preguntarse qué estás haciendo mal». La realidad es que Polonia es uno de los lugares más rusófobos políticamente hablando del mundo, por lo que la afirmación temáticamente similar de Sikorski del verano pasado de que Rusia ya ha cultivado una «quinta columna» —en alusión a las cuatro fuerzas opositoras antes mencionadas— es categóricamente falsa, como se explicó aquí en su momento. Ni una sola de ellas es un títere ruso.

La coalición liberal de Sikorski está llamada a perder el poder tras las próximas elecciones al Sejm de otoño de 2027 según encuestas fiables, por lo que están urdiendo teorías conspirativas al estilo del Russiagate por desesperación para engañar a los votantes. Esto contextualiza su «Gran Mentira» de que sus oponentes son autoritarios antieuropeístas respaldados por Rusia, cuya falsa noción han recirculado activamente en redes sociales en los últimos días para primero precondicionar al público para su intento de golpe judicial y luego justificarlo en parte sobre este falso pretexto.

Es un insulto a la inteligencia de los polacos insinuar que la oposición opera como proxies de Putin como parte de algún grandioso complot para sacar a Polonia de la UE. Aunque este mensaje podría por tanto volverse en su contra en casa, las élites de la UE probablemente se mostrarán muy receptivas a él, dándole posiblemente a Tusk un cheque en blanco para hacer lo que sea necesario para subordinar Polonia a la UE mediante su intento de golpe judicial y otros medios relacionados. Esto podría incluso incluir autorizar el uso de fuerza letal contra los manifestantes antigubernamentales." 

(Andrew Korybko , blog, 01/11/26, traducción deepseek, enlaces en el original)  

El 29,3% de la población de la Unión Europea, equivalente a unos 132 millones de personas, carece de capacidad económica para afrontar un gasto financiero imprevisto (Eurostat)... La globalización comercial que sostuvo el motor de acumulación de Europa entre la década de 1990 y la de 2010 se está desmoronando ante los aranceles de Donald Trump y el avance de China en la cadena de valor, que ahora amenaza a industrias fundamentales de la UE... La crisis francesa refleja una disputa por el futuro de Europa... Jean-Luc Mélenchon busca canalizar la energía de las protestas hacia la reconstrucción del modelo social francés. Un enfoque en abierta oposición con los dogmas presupuestarios europeos, que siguen presionando por más recortes... El canciller alemán Friedrich Merz y la alianza de Estados del norte de Europa que comparte su conservadurismo fiscal exigen recortes por valor de «varios cientos de miles de millones de euros» en el próximo presupuesto del bloque... No es para nada improbable que el próximo presidente de Francia sea elegido con un programa que plantee un enfrentamiento con la estructura actual de la UE... En Francia, muchas voces sostienen que resolver la crisis fiscal exige un nuevo acuerdo económico en Europa. Mélenchon ha propuesto congelar la deuda pública en manos del Banco de Francia, y Le Pen está dispuesta a librar una «prueba de fuerza» con la UE en torno a la contribución de Francia al presupuesto comunitario, una partida que La France Insoumise también ha amenazado con recortar en un 10%... Gane quien gane, se perfilan los contornos de un enfrentamiento importante en torno a la situación fiscal de Francia... los dirigentes de la UE deberían prestar atención a cómo podría evolucionar la situación si llevan demasiado lejos la presión sobre la población francesa (Harrison Stetler)

"Las protestas en Francia son otra expresión de un malestar que recorre todo el continente. Pero mientras crecen la precariedad económica y el descontento social, los líderes europeos siguen defendiendo las políticas de ajuste que alimentan la crisis.

Jean-Luc Mélenchon busca canalizar la energía de las protestas hacia la reconstrucción del modelo social francés. Un enfoque en abierta oposición con los dogmas presupuestarios europeos, que siguen presionando por más recortes

El malestar social que sacude actualmente a Francia es, en muchos sentidos, un fenómeno nacional. La frustración ante un sistema educativo desbordado estalló a finales del mes pasado en forma de movilizaciones, bloqueos y acciones colectivas en las escuelas y las universidades. A mediados de octubre, al movimiento estudiantil se sumaron sectores más amplios de la población, hartos de los altos precios de la gasolina, la inflación persistente y la caída de los salarios reales.

La violenta respuesta policial que ha conmocionado tanto a manifestantes como a observadores dentro y fuera de Francia tampoco tiene nada de novedoso. Los aliados de Emmanuel Macron, ante todo, buscan proteger la agenda presidencial de recortes impositivos favorables a las empresas, un factor que suele pasarse por alto en la crisis fiscal del país. Se prevé que el déficit público francés alcance el 5,4% del PIB en 2026, el nivel más alto de la zona euro. Esto ha provocado turbulencias en los mercados de bonos y ha dado lugar a llamamientos a recortar drásticamente los servicios públicos.

El 26 de octubre, el gobierno hizo sus primeros gestos hacia los estudiantes al insinuar la posible sustitución de la denostada plataforma de selección universitaria Parcoursup, la imposición de límites al número de estudiantes por aula y el apoyo estatal a la renovación de edificios.

Pero la realidad que vive el resto de los países europeos alimenta la indignación. Las recientes manifestaciones en España por el costo de la vivienda llevaron al primer ministro Pedro Sánchez a convocar elecciones anticipadas para finales de noviembre. Mientras tanto, las protestas juveniles paralizaron ciudades de Italia, Bélgica y Grecia. Forman parte de lo que algunos comentaristas denominan una revuelta de la «Generación Z» contra la inseguridad económica, la incertidumbre que rodea el auge de la inteligencia artificial y la respuesta política cada vez más débil frente al cambio climático.

En Europa, estos problemas confluyen con una sombría economía política de expectativas cada vez más acotadas. La semana pasada, al viajar a los países del Golfo para negociar compras de energía de emergencia, Macron argumentó que la disminución del poder adquisitivo es el resultado de choques externos que afectan a la UE. En Francia, los precios del diésel se han mantenido en torno a los 2,36 euros por litro en octubre (un efecto directo de la turbulencia que agita los mercados energéticos mundiales desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su última guerra contra Irán). Esto solo se ha sumado a la inflación residual derivada de los esfuerzos de Europa por dejar de depender del petróleo y el gas rusos desde la invasión de Ucrania por parte de Moscú en 2022. En noviembre de 2018, al inicio de la llamada revuelta de los «chalecos amarillos» que sacudió el primer mandato de Macron, los precios de la gasolina estaban en 1,50 euros por litro.

Pero la energía es solo uno de los muchos focos de tensión del capitalismo europeo. La globalización comercial que sostuvo el motor de acumulación de Europa entre la década de 1990 y la de 2010 se está desmoronando ante los aranceles de Donald Trump y el avance de China en la cadena de valor, que ahora amenaza a industrias fundamentales de la UE. De cara al futuro, Europa queda cada vez más rezagada frente a las empresas estadounidenses y chinas que se disputan el control de los sectores de alta tecnología e inteligencia artificial.

Merz le da la espalda a Europa

Los manifestantes que este otoño salen a las calles de Europa no son los únicos que denuncian una situación económica insostenible. En los últimos años, distintos sectores de la élite tecnocrática de la Unión Europea han lanzado advertencias cada vez más alarmantes sobre el atolladero en que se encuentra el bloque y la inercia política que agrava sus problemas. En septiembre de 2024, el ex primer ministro italiano Mario Draghi elaboró un influyente informe sobre la economía de la UE en el que advertía de la «lenta agonía» del continente: la escasez de inversiones en infraestructura, tecnología verde y servicios públicos, sumada a los bajos salarios, alimenta un prolongado estancamiento económico.

Ese diagnóstico se refleja, en parte, en la indignación que estalla este otoño. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se prevé que el crecimiento del PIB de la zona del euro se sitúe entre el 0,8% y el 1% en 2026. Desde 2019, según Le Monde, los salarios reales en Francia caen sostenidamente: la inflación acumulada del 21,3% ha más que devorado el aumento salarial promedio del 18,7%.

Pero incluso frente a crisis entrelazadas como estas, la formulación de políticas de la UE tiene una notable capacidad para seguir adelante por pura inercia. Nada parece capaz de alterar sustancialmente el rumbo marcado por la escasa inversión y la mínima intervención económica por parte de Bruselas.

Las esperanzas de que hubiera margen para una mayor flexibilidad volvieron a frustrarse en la reunión del Consejo Europeo celebrada a mediados de octubre, que reunió a los jefes de Estado y de gobierno de los veintisiete países miembros. El canciller alemán Friedrich Merz y la alianza de Estados del norte de Europa que comparte su conservadurismo fiscal exigen recortes por valor de «varios cientos de miles de millones de euros» en el próximo presupuesto del bloque, correspondiente al período 2028-2034. El objetivo es alcanzar un acuerdo antes del próximo ciclo electoral en importantes Estados miembros, como Francia, Italia y Polonia.

Esta posición no es nueva. Desde hace décadas, la política económica de la UE es escenario de una disputa entre quienes defienden un mayor federalismo económico y los halcones fiscales que propugnan una política de contención del gasto, disputa en la que estos últimos han llevado las de ganar. El presupuesto que Bruselas tiene asignado, equivalente a alrededor del 1% del PIB anual de la Unión Europea, ya constituye una victoria para los miembros conservadores dominantes del bloque. Ante la presión interna que enfrenta por el ascenso del partido de extrema derecha Alternative für Deutschland, Merz quiere reducir las partidas destinadas a las subvenciones agrícolas de la UE y a los fondos de cohesión para liberar recursos que puedan destinarse a cuestiones como el rearme.

La obstrucción de Alemania, pese a las crecientes pruebas del estancamiento europeo, sorprende incluso a algunos sectores del centro político. «Es difícil insistir en la necesidad de más Europa en materia de defensa e innovación y, al mismo tiempo, impulsar recortes en un presupuesto que ya es lamentablemente bajo e insuficiente», declaró Sandro Gozi, eurodiputado y líder del grupo parlamentario Renew, aliado de Macron, en el Parlamento Europeo. «Merz se presenta como un líder de la UE, pero está jugando un juego muy peligroso en la situación actual», agregó.

Una imagen de nuestro futuro

Sin duda, hay una gran distancia entre estas disputas presupuestarias en Bruselas y lo que ocurre en las calles de las ciudades europeas. Pero no es difícil deducir, a partir de la posición alemana, cómo reaccionaría Berlín ante una crisis fiscal descontrolada en un Estado miembro como Francia, un escenario que preocupa cada vez más a quienes toman decisiones en las instituciones de la UE.

En ese sentido, las protestas francesas son también una andanada en la creciente confrontación en torno a las políticas presupuestarias. Se estima que este año el costo del servicio de la deuda francesa superará el presupuesto operativo del Ministerio de Educación. Los rendimientos de los bonos del Estado francés alcanzaron el 5% durante la semana posterior a las marchas del 17 de octubre, que congregaron a grandes multitudes en las calles de distintas ciudades y, en algunos casos, desembocaron en violentos disturbios.

«La situación en Francia es una imagen de nuestro futuro», afirmó un asesor cercano a Enrico Letta, exprimer ministro italiano que, al igual que Draghi, también publicó un influyente informe sobre la economía europea en 2024. «La política fiscal se está volviendo extremadamente difícil de gestionar, las mayorías débiles tienen dificultades para aprobar los presupuestos, las necesidades de inversión son muy elevadas, la población está descontenta y los mercados ya están incorporando todo esto a sus expectativas mediante el aumento de las tasas de interés». Mientras tanto, el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, tiene dificultades para reunir una mayoría que respalde un presupuesto para 2027 orientado a recortar el gasto. Busca ahorrar decenas de miles de millones de euros con el objetivo de mantener el déficit en torno al 5% del PIB el próximo año. Sin embargo, las manifestaciones en curso aumentan la presión sobre los partidos de la mayoría y de la oposición en el Parlamento para que no tiendan una mano al gobierno.

En Francia, muchas voces sostienen que resolver la crisis fiscal exige un nuevo acuerdo económico en Europa. La France Insoumise, el partido de izquierda liderado por Jean-Luc Mélenchon, candidato presidencial en cuatro ocasiones, ha propuesto congelar la deuda pública en manos del Banco de Francia, que forma parte del Eurosistema, junto con el Banco Central Europeo y demás bancos centrales nacionales de la zona del euro.

No es para nada improbable que el próximo presidente de Francia sea elegido con un programa que plantee un enfrentamiento con la estructura actual de la UE. De cara a la primera vuelta de las elecciones presidenciales, prevista para el 18 de abril, Mélenchon ocupa actualmente un lejano segundo puesto en las encuestas, por detrás de Marine Le Pen, candidata de Rassemblement National.

La líder del partido de extrema derecha declaró recientemente al Financial Times que estaba dispuesta a librar una «prueba de fuerza» con la UE en torno a la contribución de Francia al presupuesto comunitario, una partida que La France Insoumise también ha amenazado con recortar en un 10%. Aunque Le Pen se ha pronunciado a favor de introducir un «freno a la deuda» en la Constitución y ha prometido drásticos recortes del gasto si resulta elegida, también ha pedido al BCE que intervenga para reducir las tasas de interés.

Gane quien gane, se perfilan los contornos de un enfrentamiento importante en torno a la situación fiscal de Francia. A juzgar por el tono de las últimas semanas, los dirigentes de la UE deberían prestar atención a cómo podría evolucionar la situación si llevan demasiado lejos la presión sobre la población francesa." 

(Harrison Stetler, Jaque al neoliberalismo, 31/10/26, fuente Jacobin)

Dos Iglesias... El Papa León14 votará por correo en las elecciones norteamericanas... se puede suponer que 'contra Trump'... en cambio, se puede suponer que la jerarquía católica española votará 'a favor de Trump'... a favor de los trumps españoles (PP o Vox)... ¿cúal de las dos es fiel el mensaje de Cristo? Desde luego, quién vote a Trump, o a los trumperos, vota odio... por tanto, un buen católico debe votar contra los sembradores de odio, con el Papa, contra Trump y los trumperos nacionales

"León XIV vota por correo en EE UU y se convierte en el primer papa que participa en unas elecciones.

 El papa León XIV, estadounidense nacido en Chicago, ha votado ya por correo en las próximas elecciones de medio mandato de Estados Unidos, que se celebran el 3 de noviembre, según ha confirmado este viernes el Vaticano en comunicado. Se trata de un gesto inédito en la historia de los papas, que rompe su tradicional neutralidad política: es la primera vez, que se sepa, que un Pontífice participa en unas elecciones.

León XIV da así un giro totalmente nuevo a la implicación política de los papas en la era contemporánea y a la propia concepción de la figura del Pontífice, que con esta decisión es plenamente terrenal y mantiene su condición de ciudadano de su propio país, además de ser jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano. Lo hace, además, defendiendo los valores de la democracia: “El Santo Padre expresa su convicción respecto al derecho y deber de los ciudadanos de participar en los procesos democráticos”, dice la nota de la Santa Sede.

Se produce, por tanto, una situación insólita que irrumpe en las elecciones de EE UU, precedidas de una gran tensión: se trata de un jefe de Estado votando en las elecciones de otro país, y puede votar para elegir a otro jefe de Estado. Robert Prevost tiene tres nacionalidades: estadounidense, peruana y vaticana. Además, la cuestión cobra aún más importancia en este caso, pues León XIV se ha manifestado en contra del presidente estadounidense, Donald Trump, en varias ocasiones, y este le ha atacado duramente.

“El papa León XIV ha ejercido su derecho al voto como ciudadano de los Estados Unidos siempre que ha tenido la oportunidad. La Oficina de Prensa de la Santa Sede confirma que, en línea con esta práctica consolidada de participación cívica, el Papa ha enviado su voto por correo a Chicago”, ha declarado la Santa Sede. “El Santo Padre también ha confirmado que, durante sus años en Perú, ejerció su derecho al voto siempre que tuvo la oportunidad”, concluye.

El Chicago Sun-Times ha publicado este viernes que, según los registros electorales del estado de Illinois, Robert Prevost ya votó antes de ser elegido papa, en mayo de 2025, en las elecciones generales de 2012, 2014, 2018 y 2024. También lo hizo en las primarias republicanas de 2012, 2014 y 2016, y en las demócratas de 2008 y 2010.

El Vaticano ha anunciado la noticia poco antes de las dos de la tarde como reacción a las informaciones surgidas horas antes, después de que las autoridades de la circunscripción electoral del Papa revelaran que había pedido las papeletas para votar. La solicitud fue presentada el pasado 3 de octubre.

La noticia tiene una enorme carga de profundidad y también puede generar debate y controversia dentro de la propia Iglesia católica, pues incide directamente en el papel de la institución en la sociedad. Es un asunto que viene de lejos. Con la unidad de Italia y la caída de los Estados Pontificios, en 1874 Pío IX prohibió a los católicos participar en las elecciones del nuevo país, una tensión que se mantuvo hasta la firma de los Pactos Lateranenses en 1929, por los que nació el Estado de la Ciudad del Vaticano y se normalizaron las relaciones con Italia.

Los papas, todos italianos en los últimos siglos, nunca han votado hasta 1978, fecha del último pontífice de este país, Juan Pablo I; ni lo hizo luego Juan Pablo II en los comicios en Polonia; ni Benedicto XVI en los de Alemania; ni Francisco en los de Argentina. El nuevo paso de León XIV tiene mucho alcance, pues separa la esfera personal de Robert Prevost de la institucional y sagrada del papa León XIV. No desaparece el hombre que hay detrás del Pontífice.

Algunos medios de EE UU indican que pudo hacer la solicitud de las papeletas el hermano del Papa, John Prevost, pues es suya la dirección que figura en el registro electoral del Pontífice, en New Lennox, y justo ha estado de visita esta semana en el Vaticano con un grupo de peregrinos de Chicago. Cabe la posibilidad de que le llevara las papeletas. Ya el pasado 23 de octubre, la emisora ​​WJOL, de Joliet, en Illinois, informó por primera vez de este asunto, e indicó que quien había pedido la documentación fue una persona cercana al Pontífice.

Choques con Trump

La noticia llega en medio de la tensión que precede a las elecciones del 3 de noviembre en EE UU, y tras notables enfrentamientos dialécticos entre León XIV y Trump. El Papa, de hecho, no quiso viajar a Estados Unidos en julio con motivo de los 250 años de la independencia del país y realizará la semana que viene su primera visita a América, pero a Uruguay, Argentina y Perú, del 6 al 17 de noviembre.

El primer choque directo del Papa con Trump se produjo el 7 de abril de 2026. León XIV salió a hablar con la prensa de su residencia de Castel Gandolfo solo para hacer una declaración tras la amenaza del líder de la Casa Blanca a Irán de acabar en una noche con una civilización. “Esto no es aceptable”, dijo. Y añadió, en un llamamiento a la participación activa de los fieles en la política: “Quiero invitar a intentar comunicar con los congresistas, con la autoridad, para decir que no queremos la guerra, queremos la paz”.

Esta primera toma de posición clara contra Trump acabó desembocando en pocos días en un conflicto abierto, que acabó colocando al Pontífice prácticamente como antagonista moral del mandatario a escala mundial. La batalla de fondo del Papa es en realidad contra la apropiación del discurso religioso y los valores cristianos por parte de la ultraderecha, con la pretensión de dar una pátina de legitimidad moral a sus argumentos. Incluida la idea de guerra santa, que León XIV ha vuelto a rechazar esta semana.

Trump ya estaba molesto con el Papa por su defensa de la inmigración y el derecho internacional —por ejemplo, tras su amenaza de invadir Venezuela—, pero ante sus primeras críticas directas pasó al ataque personal: le acusó de ser complaciente con la izquierda radical, “débil ante la delincuencia y nefasto en materia de política exterior”. La respuesta de León XIV dio la vuelta al mundo: “No tengo miedo de Trump. Seguiré hablando contra la guerra”.

Al votar, Prevost también puede manifestar sus preferencias en la elección de cargos locales y en otras dos cuestiones en juego en el estado de Illinois: un escaño del Senado que ha quedado vacante y quién será el nuevo gobernador.

Como buen estadounidense, León XIV tiene una clara concepción del valor cívico de la implicación política de los ciudadanos. En 2011 escribió al gobernador Pat Quinn en su página web tras su decisión de abolir la pena de muerte en el estado: “¡Gracias por su valiente decisión de promulgar la eliminación de la pena de muerte! ¡Cuenta con todo mi apoyo!“.

Siendo ya papa, en octubre de 2025, en una cumbre sobre el cambio climático, instó a los ciudadanos de todo el mundo a “ejercer presión” sobre sus gobiernos para que adoptaran medidas firmes contra el calentamiento global.

En un discurso a los miembros del Partido Popular Europeo (PPE), el pasado mes de abril, recordó que los ciudadanos “no son meros receptores pasivos de propuestas y decisiones políticas; están, sobre todo, llamados a ser participantes activos que compartan la responsabilidad de cada acción política”. Involucrar a los ciudadanos en el proceso político, dijo, “es el mejor antídoto contra el populismo, que solo busca una aprobación fácil, y contra el elitismo, que tiende a actuar sin consenso”. “Ambas son tendencias generalizadas en el panorama político actual”, advirtió." 

(Íñigo Domínguez , El País, 30/10/26)

Estoy nervioso por lo que pueda suceder la próxima semana... hubo dos grandes noticias tecnológicas... Una fue el hackeo a las criptomonedas de Binance... elimina uno de los supuestos refugios seguros que algunos inversores buscarían si las acciones de IA se desplomasen... la otra noticia fue la caída del valor del índice Nasdaq ayer, que refleja el valor de las mayores acciones tecnológicas de Estados Unidos... parece que está creciendo la conciencia de que las vastas cantidades de gasto en IA no pueden producir retornos económicos significativos... Mis instintos sugieren que podría haber un colapso del mercado bursátil el lunes. El intervalo entre eventos como los vistos el viernes y la reapertura de los mercados el lunes puede ser una fuerza para el bien, porque la estabilidad regresa, o una fuerza para la inestabilidad porque la constatación de que el valor está desapareciendo se vuelve más arraigada, y el pánico se instala (Richard Murphy)

"Estoy nervioso por la próxima semana

Ayer hubo dos grandes noticias tecnológicas.

Una fue el hackeo del exchange de criptomonedas Binance, con una posible pérdida de más de 6.000 millones de dólares. La criminalidad de esto no me sorprendió. Nada relacionado con las criptomonedas y el crimen me sorprende jamás.

No estoy seguro de que haya mucho más que decir al respecto, salvo que elimina uno de los supuestos refugios seguros que algunos inversores buscarían si las acciones de IA se desploman. Cuando es tan obvio que las criptomonedas no están proporcionando esa alternativa, los refugios seguros más convencionales, incluidos los bonos gubernamentales así como el oro, serán el destino del dinero que abandonará las bolsas de valores muy pronto.

Y, en esa línea, la otra noticia fue la caída del valor del índice Nasdaq ayer, ya que el Nasdaq 100, que refleja el valor de las mayores acciones tecnológicas de Estados Unidos, cayó un 3,5% en un día.

Parte de esto se debió a Google, sobre el cual ya he escrito, pero ahora parece que está creciendo la conciencia de que las vastas cantidades de gasto en IA no pueden producir retornos económicos significativos.

Las mayores empresas tecnológicas están gastando dinero a niveles casi absurdos en esta tecnología, pero lo que se está haciendo evidente es que ninguna de ellas tiene una explicación de por qué lo están haciendo, ni entienden cuáles podrían ser los beneficios para ellas, o para los usuarios de su tecnología, mientras que el mundo en general está empezando a entender, no en menor medida debido a eventos como el hackeo de Binance, que el impacto de la IA podría ser decididamente perjudicial para el mundo en general.

Esta conciencia tiene consecuencias en un mundo donde las historias que nos contamos unos a otros son particularmente importantes, y donde, en el caso de la IA, la mayoría de esas historias no tienen base probatoria, y por lo tanto la valoración se ha basado en la comunalidad de creencias, hecho que ha sido fundamental para la creación de los excesos que los mercados bursátiles han revelado desde hace algún tiempo. Si esas narrativas comunes ahora están fallando, la consecuencia es inevitable, y es que la caída ha llegado.

El único problema con una caída del mercado bursátil, como la historia siempre ha mostrado, es que su pendiente es siempre mucho más pronunciada que la de la subida. En otras palabras, mientras que se necesitan meses y años para construir un pico del mercado bursátil, los colapsos tienden a ser muy rápidos sin que haya mecanismos correctivos en lugar para gestionar las consecuencias.

Mis instintos sugieren que podría haber un colapso del mercado bursátil el lunes. El intervalo entre eventos como los vistos el viernes y la reapertura de los mercados el lunes puede ser una fuerza para el bien, porque la estabilidad regresa, o una fuerza para la inestabilidad porque la constatación de que el valor está desapareciendo se vuelve más arraigada, y el pánico se instala.

De cualquier manera, esto necesitará ser observado. Dije la semana pasada que el presupuesto de John Healey era una completa tontería y que al menos tres grandes crisis económicas podrían desviarlo de su curso. Un colapso del mercado bursátil es solo una de estas. Sin embargo, si ocurre, los efectos en cadena en términos de una potencial crisis financiera global son el verdadero problema que tendremos que enfrentar.

La pregunta en ese caso es si John Healey es el hombre para gestionar el momento, como, de manera bastante extraña, Alistair Darling demostró serlo en 2008. Personalmente dudo que lo sea. El tiempo lo dirá, pero estoy nervioso por la próxima semana como resultado.

 (Richard Murphy, blog, 31/10/26, traducción deepseek, gráficos y enlaces en el original)

31.10.26

El proceso de liberalización tiene su germen en los años 90. En 1991, la directiva europea 91/440/CEE obligaba a que la gestión de infraestructuras y operaciones de trenes estuvieran separadas. Lo que llevó a que el sistema ferroviario español se dividiera en Adif y Renfe. En la primera década de los 2000, a través de la nueva ley del sector ferroviario, la Ley 39/2003, los servicios ferroviarios como el mantenimiento, la seguridad y las obras fueron abriéndose a la subcontratación de empresas. Un proceso que ha ido en aumento hasta el día de hoy. “Se ha convertido en una vía de engorde del capital privado a través de grandes obras”. En 2020 se produce otro hito en este proceso, la apertura a que nuevas operadoras se establezcan en el sistema ferroviario español: la francesa Ouigo y la italiana Iryo... Desde 2019, tanto Renfe como Adif han puesto en marcha distintos planes de reestructuración y modernización que han supuesto el despido de cientos de trabajadores. Renfe en los últimos siete años ha despedido a más de 500 trabajadores con años de trabajo, a través de jubilaciones forzosas o movilidad. Una cifra que podría haber sido más si no se hubiese topado con el Ministerio de Trabajo, que tumbó cientos de jubilaciones forzosas en 2025 al considerarlo “un despido colectivo improcedente... Según los datos recogidos por la Alianza Ibérica por el Ferrocarril, 172 personas han muerto en accidentes de trenes en los últimos 32 años. Gran parte de ellos, 134, en los últimos 13 años, coincidiendo con la evolución de la liberalización del sector... Por cierto, la recuperación de la inversión pública y mantenimiento en el sector ferroviario y en alta velocidad, fue gracias a los fondos públicos Next Generation, que acaban justamente este año 2026 por culpa de los neoliberales que odian lo público tanto como aman la austeridad y los recortes (Aurora Báez Boza, Eduardo Garzón)

 Eduardo Garzón @edugaresp

Por cierto, la recuperación de la inversión pública y mantenimiento en el sector ferroviario y en alta velocidad, fue gracias a los fondos públicos Next Generation, que acaban justamente este año 2026 por culpa de los neoliberales que odian lo público tanto como aman la austeridad y los recortes

3:39 p. m. · 30 oct. 2026 ·2.131 Visualizaciones

 

  "Toledo y Adamuz, la punta del iceberg de la crisis del modelo ferroviario

En 2026 se han producido dos de los accidentes más graves del sistema ferroviario en España. Sindicatos y organizaciones sociales han señalado reiteradamente las deficiencias y la sobrecarga en el sistema tras más de 20 años de liberalización. 
 En apenas nueve meses, el Estado español ha vivido dos de sus accidentes ferroviarios más graves y mortales de la historia: el de

En ambos casos las causas definitivas se desconocen. En Adamuz, la hipótesis que defienden distintas investigaciones y la Guardia Civil señala el fallo en una de las soldaduras de dos partes de una vía a la altura del punto kilométrico 318,681. 

 El Secretariado Permanente del Comité Confederal de CGT ha expuesto que “no va a permitir que se busque un culpable entre la plantilla para eludir responsabilidades empresariales o institucionales”.

En cuanto a las primeras hipótesis de la tragedia ferroviaria en Toledo, el Gobierno apunta a una avería en el sistema de señalización automático LZB nivel 2, que provocó la activación del sistema manual Asfa en el que se pudiera haber producido un “fallo humano” por el que el maquinista del AVE habría emprendido la circulación a pesar de que el tren Iryo se encontrase parado en la vía. El sindicato CGT ha sido la primera fuerza sindical en reaccionar y ha expuesto que “no va a permitir que se busque un culpable entre la plantilla para eludir responsabilidades empresariales o institucionales”.

La naturaleza de ambos accidentes parece diferir pero, sin embargo, pone en evidencia la duda de organizaciones sociales y sindicatos acerca del modelo ferroviario español que lleva más de dos décadas sufriendo un proceso de liberalización y que ha provocado distintas jornadas de huelga y denuncia por parte de ferroviarios y otros trabajadores del sector.

Un año de advertencias y movilizaciones

El Secretariado Permanente del Comité Confederal de CGT ha expuesto durante la mañana del siniestro que “la seguridad ferroviaria exige inversión, mantenimiento y plantillas suficientes, algo que venimos demandando desde hace décadas”. El sindicato, además, exige que dentro de la investigación del accidente se tengan en cuenta “las condiciones de trabajo y las decisiones de gestión” para que se “aclare lo sucedido y cerrar la puerta a bulos, mentiras y difamaciones”.

El sindicato es una de las organizaciones que más tiempo llevan señalando al Gobierno su “profunda preocupación” acerca de “la situación del sector ferroviario”. El pasado 25 de septiembre de 2025, la organización mandó una carta al ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, en la que advertía del “riesgo a la calidad y seguridad del servicio” derivado de “la liberalización” que lleva más de veinte años dominando el sector. El sindicato hacía hincapié en señalar que “la infraestructura ferroviaria española atraviesa un momento crítico”. Una comunicación que no ha tenido ninguna respuesta, según señalan desde la organización.

El sindicato Semaf había convocado para el próximo jueves 29 de octubre una huelga de maquinistas en todo el Estado con el objetivo de “cambiar el sistema y hacerlo más seguro”

El accidente de Adamuz en enero provocó la convocatoria de una huelga en el sector ferroviario los días 9, 10 y 11 de febrero que, en su primera jornada, consiguió paralizar 350 trenes en todo el Estado y convocó a más de 34.000 trabajadores del sector. Los sindicatos que convocaron los paros, CCOO, UGT, SFF-CGT y Semaf, buscaban que el Ejecutivo abordara “los problemas estructurales del sector”. El propio sindicato mayoritario, CCOO, expuso que el sector estaba aquejado por “las deficiencias de personal, organización y condiciones laborales”, lo que lleva a “un impacto en la calidad del servicio que se presta a la ciudadanía”, especialmente en la seguridad. 

Sin embargo, CCOO, UGT y Semaf desconvocaron la huelga tras acordar con Transporte un mayor gasto en mantenimiento. El sindicato SFF-CGT expuso que se trataba de “un cierre en falso” que no suponía “un cambio real del modelo ferroviario”.

A pesar de la firma en febrero del fin de la huelga, el sindicato Semaf había convocado para el próximo jueves 29 de octubre una huelga de maquinistas en todo el Estado con el objetivo de “cambiar el sistema y hacerlo más seguro”. Entre sus reivindicaciones se encontraban “asegurar la actuación frente a riesgos en la vía” y “soluciones técnicas reales y definitivas a los problemas de seguridad y fiabilidad que arrastramos en el material rodante”.

La liberalización en el foco del problema

Más allá de sindicatos, otras organizaciones ponen en el centro los veinte años de procesos de aperturas a empresas privadas del sistema ferroviario. Desde Facua, tras conocer el accidente en Toledo, han valorado que “la liberalización del sector ferroviario no puede poner vidas en riesgo. Es necesaria una reflexión profunda sobre el origen de esta tragedia”.

La entrada del mercado privado a los trenes españoles no solo ha cambiado la lógica del modelo sino que también está produciendo una mayor presión sobre la red, según recoge el diario Público en 2024 se incrementó la circulación en la red de alta velocidad un 46% con respecto a 2019.

Desde las distintas organizaciones sociales en defensa del tren rural y críticas con la alta velocidad llevan años señalando la necesidad de reflexionar acerca del modelo actual. Carmen Berrocal, parte de la Plataforma por un Tren Rural en Andalucía (Ptra), reconocía a El Salto tras el accidente de Adamuz que sabían “que iba a pasar algo gordo, pero nunca nos han escuchado, están jugando con las vidas de los seres humanos. Lo hemos dicho por activa y por pasiva; el mantenimiento se lo están dando a empresas privadas que no saben dónde tienen los cinco dedos de la mano".

El proceso de liberalización tiene su germen en los años 90. En 1991, la directiva europea 91/440/CEE obligaba a que la gestión de infraestructuras y operaciones de trenes estuvieran separadas. Lo que llevó a que el sistema ferroviario español se dividiera en Adif y Renfe. En la primera década de los 2000, a través de la nueva ley del sector ferroviario, la Ley 39/2003, los servicios ferroviarios como el mantenimiento, la seguridad y las obras fueron abriéndose a la subcontratación de empresas. Un proceso que ha ido en aumento hasta el día de hoy.  “Se ha convertido en una vía de engorde del capital privado a través de grandes obras”.

 Ferrovial, OHL, FCC y Azvi, los gigantes de la construcción que renovaron el tramo ferroviario en Adamuz

En 2020 se produce otro hito en este proceso, la apertura a que nuevas operadoras se establezcan en el sistema ferroviario español: la francesa Ouigo y la italiana Iryo. Según los datos recogidos por la Alianza Ibérica por el Ferrocarril, 172 personas han muerto en accidentes de trenes en los últimos 32 años. Gran parte de ellos, 134, en los últimos 13 años, coincidiendo con la evolución de la liberalización del sector.

Desde 2019, tanto Renfe como Adif han puesto en marcha distintos planes de reestructuración y modernización que han supuesto el despido de cientos de trabajadores. Renfe en los últimos siete años ha despedido a más de 500 trabajadores con años de trabajo, a través de jubilaciones forzosas o movilidad. Una cifra que podría haber sido más si no se hubiese topado con el Ministerio de Trabajo, que tumbó cientos de jubilaciones forzosas en 2025 al considerarlo “un despido colectivo improcedente”.

( Aurora Báez Boza  , El Salto, 28/10/26)