9.2.26

Un medievalista de origen español en los tiempos del ICE... extranjero en su propio país... El catedrático Roger Martínez-Dávila denuncia que tuvo que acreditar su ciudadanía ante una universidad de EE UU, algo que no fue requerido a sus compañeros sin ascendencia hispana... En Estados Unidos, una persona como yo —como millones de personas con ascendencia española— puede ser requerida, en cualquier momento, para demostrar su nacionalidad... La humillación pública se convierte en algo sin importancia, que te dicen que aguantes en silencio... En Minnesota, ahora mismo, la actuación del ICE se ha convertido en terror de Estado, pero esto también está ocurriendo en otros lugares, mediante procesos nuevos, silenciosos y públicamente invisibles... cuando las instituciones normalizan exigencias documentales —y cuando esas exigencias caen de manera desigual sobre ciertos apellidos y ciertos rostros— la historia lanza una advertencia. En Estados Unidos estamos “bien” por ahora… Hasta que dejemos de estarlo... así que inicié el proceso para obtener la ciudadanía española no solo por razones prácticas, sino también profundamente personales... Siento el tirón de España como hogar: mi hogar real. Pero ahora el amor no es la única razón. La necesidad lo es. Me pregunto si necesitaré esa ciudadanía no como símbolo sino como refugio, antes de que sea demasiado tarde (Roger Martínez-Dávila, catedrático de historia medieval española en la Universidad de Colorado)

 "Una terminología insidiosa se ha enraizado en Estados Unidos: distingue a los heritage Americans del resto de nosotros. Se trata de un eufemismo para definir a los protestantes anglosajones blancos y, cada vez más, también a los nacionalistas evangélicos. Este lenguaje se está desplegando de forma sistemática. En la práctica, la Corte Suprema de EE UU ha legalizado una maquinaria de control en la que la etnia —incluso cómo se habla, cómo se viste, a qué se dedica alguien— puede ser utilizada como justificación para que funcionarios federales, fuerzas cuasi militares como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), detengan a alguien y le pidan “sus papeles, por favor”.

En Minnesota, ahora mismo, la actuación del ICE se ha convertido en terror de Estado —redadas, detenciones, miedo en barrios de inmigrantes y protestas públicas— y ha incluido la fuerza letal, con la muerte a manos de agentes federales de Renee Good y Alex Pretti. Pero esto también está ocurriendo en otros lugares, mediante procesos nuevos, silenciosos y públicamente invisibles.

El 5 de enero de 2026, después de trabajar durante 16 años en la Universidad de Colorado, el Departamento de Recursos Humanos me envió un correo diciendo que no había presentado documentos que demostraran que yo era residente legal o ciudadano/a de Estados Unidos. La universidad insistió en que yo no había aportado esa documentación cuando me contrataron. Y se me exigió presentar físicamente mi prueba de ciudadanía (mi pasaporte estadounidense) ante un funcionario de la universidad para su verificación. Soy un extranjero en mi propio país.

El correo utilizaba el lenguaje sereno de la administración. ¿Era, como decían, una “revisión interna rutinaria” que se aplicaba a todo el mundo? La frase importante era simple: “Este paso debe completarse presentando documentos originales y aceptables… No se aceptan copias”.

El personal de la universidad me dijo que no se me estaba señalando. Pero a ninguno de los heritage Americans de mi Departamento de Historia, con apellidos anglosajones y alemanes, se les pidió que acudieran y demostraran físicamente su ciudadanía. A mí sí: Martínez-Dávila. Y una compañera de mi departamento —empleada desde hace más de 25 años— también fue obligada a presentar sus papeles; sí, también tenía apellido español. ¿Qué probabilidades hay? El 100% en Estados Unidos.

Cuando compartí esto públicamente en una red profesional, un desconocido respondió con la clase de frase que normaliza todo: “A nadie le importa. Enseña los papeles y ya está”. La exigencia se vuelve banal, corriente. La humillación pública se convierte en algo sin importancia, que te dicen que aguantes en silencio.

Lo que resulta tan alarmante —y tan desorientador— es que soy descendiente de españoles con raíces indígenas mexicanas. Mi familia fundó el San Antonio español de Texas en 1718. Mis genes dicen la verdad: 33% ibérico, 16% judío sefardí y 25% indígena americano. ¿Quién es aquí el heritage American?

Mi relación familiar con Texas guarda su propio archivo de paradojas y se encarna en Juan Nepomuceno Seguín: mi antepasado. Nacido en 1806, fue un líder texano en la revolución por la independencia. Y estuvo en El Álamo. El 25 de febrero de 1836, durante el asedio de Santa Anna al Álamo, Juan Seguín fue enviado por el coronel William B. Travis para pedir refuerzos militares al general texano James Fannin. Juan fue el único superviviente de aquella desdichada demostración de resistencia y valentía.

El resto es historia y origen de nuestro grito de guerra: “¡Recordad El Álamo!”. Más tarde organizó la única compañía texana (hispanoestadounidense) que luchó en la decisiva batalla de San Jacinto. Después regresó a San Antonio y supervisó los enterramientos de los muertos del Álamo.

Y entonces la historia gira: tras servir en el Senado de la República de Texas, la creciente hostilidad anglosajona contra los texanos lo empujó a huir con su familia hacia su antiguo enemigo, México. En otras palabras: el mito fundacional estadounidense incluye a patriotas de habla española y, en mi caso, es literalmente sangre —como en el caso de millones de personas con ascendencia española—.

Volvamos al presente. En Estados Unidos, una persona como yo —como millones de personas con ascendencia española— puede ser requerida, en cualquier momento, para demostrar su nacionalidad. En Minnesota, la presión se ha hecho visible en las calles. En Colorado, viví la versión más silenciosa: no una redada, no un control, sino un correo institucional que termina en el mismo lugar: entregue sus documentos.

Los españoles saben —de un modo que los estadounidenses no— lo rápido que la identidad se endurece con el papeleo. Bajo el franquismo, el Estado activó la “obligatoriedad de su presentación” del DNI y puso en marcha la exigencia de probar la identidad para poder moverse por la vida ordinaria. No estoy diciendo que Estados Unidos sea la España franquista. Estoy diciendo esto: cuando las instituciones normalizan exigencias documentales —y cuando esas exigencias caen de manera desigual sobre ciertos apellidos y ciertos rostros— la historia lanza una advertencia.

En Estados Unidos estamos “bien” por ahora… Hasta que dejemos de estarlo. Esa es la mentira que nos contamos hasta el día en que ya no podemos.

El año pasado inicié el proceso para obtener la ciudadanía española no solo por razones prácticas, sino también profundamente personales. Como profesor de la España medieval y de la América colonial española, he dedicado mi vida a encontrar y recomponer esa comunión con España. Siento el tirón de España como hogar: mi hogar real. Pero ahora el amor no es la única razón. La necesidad lo es. Me pregunto si necesitaré esa ciudadanía no como símbolo sino como refugio, antes de que sea demasiado tarde." 

(Roger Martínez-Dávila  , catedrático de historia medieval española en la Universidad de Colorado,  El País, 07/02/26)  

Francesca Albanese, relatora de la ONU: vemos que en Europa hay una ola de autoritarismo que a veces nos recuerda a la década de 1929 al 1939. De manera que quedarnos paralizados por el miedo no es una opción. Hay demasiado en juego... En verano vimos que estuvimos muy cerca de lograr que el boicot a Israel afectara realmente a Tel Aviv. Entonces surgió el plan de paz que ahora vemos en marcha... Ahora, la presión de muchos gobiernos europeos sobre Tel Aviv ha descendido... Ahora mismo, lo que vemos es que hay una complicidad total con Israel, bien sea económicamente, financieramente, diplomáticamente, e incluso permitiendo los abusos humanitarios de Israel. Es por eso que digo que el genocidio en Gaza es un crimen colectivo... Y ¡Claro que el antisemitismo es un problema! Pero en nombre de la lucha contra el antisemitismo no se puede acabar con otra lucha sacrosanta, como la de acabar con un genocidio que se está cometiendo ahora mismo. Mucho menos se debe armar al país que lo comete. Hay que detener a Israel cuanto antes... Además, está habiendo un incremento de la criminalización de las protestas y una creciente limitación de la libertad académica. Así que todo está yendo a peor. En nombre de la seguridad se está produciendo una israelización de la vida pública en el que Israel se está convirtiendo en un modelo de democracia, donde hay mucha gente que vota, pero otros muchos no tienen derechos... es obligatorio intentar que Israel retire sus tropas, sus asentamientos y el control sobre los recursos naturales de estos territorios. Esto es lo que los estados miembros tienen que tratar de garantizar. Estas son las condiciones básicas que los palestinos necesitan para lograr su autodeterminación

 "Oficialmente, la misión de Francesca Albanese era recopilar información y elaborar recomendaciones para mejorar la situación de los derechos humanos en los 6.000 kilómetros cuadrados de territorio palestino que, según la propia ONU, Israel ocupa ilegalmente. Para eso fue elegida relatora de este organismo en mayo de 2022. Un año después, los mortales ataques perpetrados contra ciudadanos israelíes por Hamás y otros grupos armados palestinos, añadieron informalmente un nuevo epígrafe a su mandato.

Otros sistemas de opresión no se derribaron de un día a otro. Debemos hacer justicia todos juntos, poco a poco

En nombre de la seguridad se está produciendo una 'israelización' de las sociedades europeas

(Entrevista a Francesca Albanese,  Emilia G. Morales , Público, 06/02/26) 

La deuda nacional de Estados Unidos se acerca a un nuevo récord de 38,5 billones de dólares... hay mucha confusión sobre el problema que realmente plantea la deuda nacional. El Gobierno siempre puede imprimir dinero y la Reserva Federal puede crear todo el dinero necesario para financiar el déficit. Así que no hay ningún problema. Si tiene que pagar un billón de dólares en intereses, simplemente puede imprimirlo. Enriquecerá a los tenedores de bonos... El verdadero problema del gasto militar no es la deuda nacional en sí misma. Es la balanza de pagos. Los gastos militares en el extranjero fueron los responsables de prácticamente todo el déficit de la balanza de pagos durante décadas... La pretensión es que el enorme presupuesto militar de Estados Unidos debe ser pagado por países extranjeros... Ese mito ha permitido la creación de la OTAN y su uso como mecanismo para dominar Europa y obligar a los países a mantener sus reservas de divisas en dólares en lugar de oro u otras monedas. Ahora estamos viendo cómo ese sistema comienza a desmoronarse... La verdadera pregunta es cómo financiará Estados Unidos su dominio militar y político ahora que ya no tiene superávit comercial, se ha desindustrializado y se ha convertido en una nación deudora en lugar de acreedora mundial... Lo único que puede ofrecer a otros países ahora es la promesa de no destruir sus economías. Eso es lo que representan las amenazas arancelarias de Trump: un chantaje protector... todo esto está terminando ahora, por lo que hay países que venden sus dólares, compran oro y plata, y bonos y divisas de otros países (Michael Hudson)

  "LENA PETROVA:

Gracias por acompañarnos. Soy Lena Petrova y les traigo un nuevo episodio del podcast World Affairs in Context. Hoy tengo el gran honor de contar con la presencia del profesor Michael Hudson.

Puede seguir a Michael en michael-hudson.com, donde encontrará transcripciones de sus últimas entrevistas y diversos artículos sobre temas de actualidad. Incluiré el enlace a la página web más abajo, y debo decir que es un recurso maravilloso. He aprendido mucho de su trabajo, profesor. Bienvenido al programa. Gracias por acompañarme.

MICHAEL HUDSON:

Muchas gracias. Es michael-hudson.com, todo el mundo se equivoca siempre.

LENA PETROVA:

Sí, gracias por corregirme. Me alegro de que lo haya hecho. Pondré el enlace al sitio web más abajo para que nuestros espectadores puedan consultarlo fácilmente. Siempre aprendo mucho de él, es como un curso completo de economía y política. Es absolutamente maravilloso, así que nuestros espectadores realmente tienen que echarle un vistazo.

Las primeras semanas de enero han sido muy ajetreadas. Están pasando muchas cosas. La deuda nacional de Estados Unidos se acerca a un nuevo récord de 38,5 billones de dólares. Los intereses para pagar esa deuda han superado el billón de dólares al año. La economía se está ralentizando a medida que resurge la inflación.

Al mismo tiempo, en solo las tres primeras semanas del nuevo año, Washington llevó a cabo una operación militar en Venezuela, secuestró a su presidente y proclamó que todo el hemisferio occidental está bajo el control de Estados Unidos. Washington también apoyó un intento fallido de cambio de régimen en Irán, confiscó petroleros rusos, formó una «Junta de Paz» y ahora podría estar considerando una intervención militar en Irán.

Profesor, ¿qué opina de estos acontecimientos recientes desde el punto de vista económico?

MICHAEL HUDSON:

Bueno, hay mucha confusión sobre el problema que realmente plantea la deuda nacional. El Gobierno siempre puede imprimir dinero y la Reserva Federal puede crear todo el dinero necesario para financiar el déficit. Así que no hay ningún problema. Si tiene que pagar un billón de dólares en intereses, simplemente puede imprimirlo. Enriquecerá a los tenedores de bonos, pero nadie tendrá que pagar impuestos por ello. Ese es el principio básico de la teoría monetaria moderna.

El verdadero problema del gasto militar no es la deuda nacional en sí misma. Es la balanza de pagos. Lo que ha llevado a la balanza de pagos estadounidense al déficit, desde la Guerra de Corea y durante las décadas de 1950, 1960, 1970 y gran parte de la actual, es el gasto militar en el extranjero. Los gastos militares en el extranjero fueron los responsables de prácticamente todo el déficit de la balanza de pagos durante esas décadas.

Como se gastan más dólares en el extranjero de los que se recuperan, el dólar se ve presionado a depreciarse. Para evitarlo, Estados Unidos ha intentado obligar a otros países a subvencionarlo. La mitología subyacente es que Estados Unidos necesita subvenciones y pagos extranjeros para protegerse primero de una invasión soviética, y ahora de una invasión rusa y china.

La pretensión es que el enorme presupuesto militar de Estados Unidos debe ser pagado por países extranjeros, no porque Estados Unidos quiera controlarlos, ni porque quiera 800 bases militares en todo el mundo, sino porque supuestamente los está «protegiendo». Ese mito ha permitido la creación de la OTAN y su uso como mecanismo para dominar Europa y obligar a los países a mantener sus reservas de divisas en dólares en lugar de oro u otras monedas.

Ahora estamos viendo cómo ese sistema comienza a desmoronarse, especialmente a raíz de los recientes acontecimientos en Davos. La verdadera pregunta es cómo financiará Estados Unidos su dominio militar y político ahora que ya no tiene superávit comercial, se ha desindustrializado y se ha convertido en una nación deudora en lugar de acreedora mundial.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos era la principal potencia industrial, financiera y militar. Hoy en día ya no lo es. Lo único que puede ofrecer a otros países ahora es la promesa de no destruir sus economías si cumplen. Eso es lo que representan las amenazas arancelarias de Trump: un chantaje protector.

Esto se ha hecho cada vez más evidente en Europa. Los votantes están empezando a preguntarse por qué deben anteponer los intereses estadounidenses, por qué deben sacrificar sus economías y por qué se imponen sanciones y políticas energéticas que benefician a Estados Unidos y perjudican a Europa.

La afirmación de que Europa necesita protección frente a Rusia o China se está revelando cada vez más como un mito. Si no existe una amenaza real de invasión, ¿por qué imponer sanciones, pagar precios inflados por el GNL estadounidense y desmantelar la socialdemocracia para financiar la expansión militar?

Lo que estamos viendo es un intento de guerra intelectual: moldear la forma en que la gente piensa sobre la civilización, el derecho y el poder. Estados Unidos se presenta a sí mismo como la «civilización», mientras que tilda a los demás de bárbaros, oscureciendo el principio fundamental del derecho internacional desde el Tratado de Westfalia: la soberanía nacional y la no injerencia.

La retirada de Trump de las instituciones de la ONU, la creación de organismos alternativos como la denominada «Junta de Paz» y el rechazo de las normas multilaterales marcan una ruptura brusca con siglos de orden internacional. El simbolismo es casi cómico, pero las implicaciones son graves.

Por eso es importante el debate de hoy. Estamos asistiendo a una transformación estructural de la economía mundial y del equilibrio de poder global.

LENA PETROVA:

Lo que llama la atención es cuánto progreso logrado a lo largo de siglos se ha desmantelado en solo unos pocos años, especialmente en los últimos doce meses. La retirada de docenas de organizaciones internacionales señala un cambio hacia la coacción y la reestructuración hegemónica.

En uno de sus últimos ensayos, escribió: «El objetivo primordial de la política estadounidense actual es impedir que los países se retiren de la economía mundial controlada por Estados Unidos y evitar el surgimiento de un sistema económico centrado en Eurasia». Cuanto más coercitiva se vuelve Washington, más rápido se aleja el resto del mundo de la dependencia del dólar.

¿Es esta influencia destructiva —el uso de sanciones, aranceles y amenazas— el único poder que le queda a Washington?

MICHAEL HUDSON:

Bueno, en realidad no tiene el mercado estadounidense que ofrecer. Trump cree que puede crear un mercado industrial estadounidense mediante aranceles. Pero los aranceles que está imponiendo no son del tipo que impusieron países industrializados como Estados Unidos en el siglo XIX o Alemania en el siglo XIX. Está imponiendo aranceles de forma totalmente errónea. Ha impuesto aranceles a las materias primas, como el acero y el aluminio, y eso, en lugar de ayudar a los fabricantes industriales, ayuda a los sindicatos del acero y a las empresas de aluminio que supongo que han contribuido a su campaña, pero aumenta el coste de todo lo que utiliza acero y aluminio.

Y no se da cuenta de que la política arancelaria por sí sola no puede industrializar una economía y hacerla lo suficientemente fuerte. Todos los países industrializados han contado con una infraestructura gubernamental muy sólida. Y en los Estados Unidos del siglo XIX, el primer profesor de economía de la primera escuela de negocios, la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, decía que estamos acostumbrados a pensar en la mano de obra, el capital e incluso la tierra como factores de producción, pero también tenemos la infraestructura pública. Y ese es el factor de producción más importante para que los países sean competitivos industrialmente.

A diferencia del capital, la infraestructura no busca obtener beneficios, sino reducir los costes. Proporciona necesidades básicas, educación, asistencia sanitaria y también monopolios naturales, como el transporte y las comunicaciones, y precios subvencionados para que la economía en general, incluidos los presupuestos de los asalariados, no tenga que pagar precios de monopolio por el dinero. Lo que se ve en Estados Unidos es que no tienen que pagar precios de monopolio por el transporte privatizado. Se trata de un monopolio natural, que genera rentas de monopolio, no privatizado para las comunicaciones naturales. Las compañías eléctricas, las compañías telefónicas, todo esto está privatizado hoy en día.

Y cuando se tiene un monopolio natural, eso permite a los propietarios extraer rentas de monopolio, y si se privatizan los monopolios naturales y se convierten en vehículos de extracción de rentas que suelen estar organizados por el sector bancario y financiero, entonces se va a tener una economía de alto costo. Trump está haciendo todo lo posible para convertir a Estados Unidos en la economía más cara del mundo, y lo ha conseguido. El 18 %, ahora creo que es el 20 %, del PIB de Estados Unidos se destina a la sanidad, mucho más cara que la medicina socializada

La educación disponible no es gratuita, como en tantos otros países. Cuesta 50 000 dólares al año, lo que obliga a los asalariados, a los estudiantes, a comenzar su vida laboral con una deuda muy pesada que, si van a conseguir un trabajo, este tiene que pagarles lo suficiente para pagar esta costosa asistencia sanitaria y esta costosa educación.

Y tienen que comprar transporte privatizado a un precio elevado, rentas de monopolio y comunicaciones privatizadas. El modelo neoliberal de economía que representa Estados Unidos es una economía de precios elevados, pero no es una economía de alto valor.

Realmente hay que volver a la economía clásica de Adam Smith, John Stuart Mill y el propio Marx, quienes dijeron: «Bueno, el valor es el costo intrínseco de la producción, de fabricar un producto. Pero los precios son más altos que el valor, y el exceso del precio sobre el valor es la renta económica». La tierra no tiene ningún costo de producción. La proporciona la naturaleza. Y, sin embargo, si se privatiza la tenencia de la tierra, la propiedad, y se deja que la clase terrateniente, como la clase terrateniente feudal hereditaria de Europa, cobre la renta que pueda sacar del mercado, entonces se tendrá una economía tan cara que, como dijo Ricardo, a medida que la población crezca y ejerza cada vez más presión sobre los alimentos, los precios de estos subirán (y podría haber añadido que los precios de la vivienda subirían, ya que todos se compran a crédito), y ya no habrá margen para los beneficios.

Todo esto fue explicado por Ricardo en la década de 1810, y fue elaborado. La gran defensa de los beneficios industriales fue, precisamente, la de Marx en el volumen 3 de El capital. Es cierto que el terrateniente explota la tierra y obtiene ingresos mientras duerme, como dijo John Stuart Mill. Eso es explotación. Los acreedores y los tenedores de bonos obtienen intereses, y ellos, los recortadores de cupones, obtienen intereses mientras duermen. ¿Cómo tratamos al industrial? Bueno, hay una especie de explotación en el sentido de que el industrial, y todo esto está relacionado con la industria actual, paga la mano de obra y vende el producto de la mano de obra a un precio más alto. Eso es un beneficio.

Y Marx dijo: «Pero el industrial sí, el capitalista no gana dinero mientras duerme». El capitalista organiza la empresa, organiza el suministro de materias primas que serán trabajadas por la mano de obra, organiza los mercados para vender los productos, organiza la productividad e intenta aumentar la productividad para reducir los costes y superar a otros países». Marx dijo que la dinámica internacional del capitalismo industrial consiste en seguir recortando costes para competir con otros países, y que para ello es necesario aumentar el papel de la inversión pública.

Se necesita un sistema fiscal que financie el gasto público gravando la renta económica, la renta de la tierra y la renta del monopolio, de modo que no se incorpore a los precios, y que mantenga el sector financiero, como la banca, como un servicio público, como ocurre en China, de modo que, en lugar de tener una clase financiera que intenta ganar dinero cargando la economía con deuda y extrayendo intereses, se dirige el crédito para financiar nuevos medios de producción, construir nuevas fábricas y emplear más mano de obra, y esa es la dinámica del capitalismo industrial.

Marx creía que la tendencia del capitalismo industrial era precisamente lo que creían casi todos los demás de su generación: que la tendencia del capitalismo era evolucionar hacia el socialismo. Pero eso no fue lo que ocurrió. Los rentistas contraatacaron. Los terratenientes se unieron a los banqueros y a los monopolistas y dijeron que no existía la renta económica. Que no había ninguna diferencia entre el valor y el precio. Y eso significa que todo el mundo obtiene toda la riqueza y los ingresos que tiene desempeñando un papel productivo. Y si podían borrar de la mente de las personas la idea de que se puede ganar dinero no siendo productivo, sino simplemente siendo depredador, buscador de rentas, entonces no habría ningún partido político o movimiento que dijera: «Bueno, deshagámonos de los extractores de renta económica para tener una economía de bajo coste y que el valor aumente a medida que la economía se vuelve más productiva y rica».

Obviamente, el precio de los inmuebles, las viviendas y las oficinas va a subir. El valor del crédito va a subir. Asegurémonos de que el excedente económico se destine a aumentar el crecimiento de la economía, el nivel de vida y la productividad, y no solo a crear una clase superrentista de financieros, monopolistas y propietarios inmobiliarios en la cima de la pirámide, que enriquecen convirtiendo al resto de la economía en arrendatarios, deudores y consumidores, en lugar de propietarios y operando en un entorno libre de deudas.

Así pues, Trump y toda la filosofía estadounidense de desarrollo, que es la teoría occidental del desarrollo, se oponen a toda la dinámica del capitalismo industrial que primero convirtió a Gran Bretaña y luego a Francia, Alemania y Estados Unidos en los principales países industriales del siglo XIX y principios del XX. Eso es parte del problema de cómo les está yendo hoy en día. ¿Cómo puede competir realmente Estados Unidos? ¿Qué tiene que ofrecer ahora que ha deslocalizado su empleo industrial, se ha desindustrializado y simplemente ha intentado ganar dinero endeudándose cada vez más con países extranjeros, diciendo que si obtienen beneficios vendiéndonos, si son la OPEP y están vendiendo petróleo, pueden cobrar lo que quieran por el petróleo, pero tienen que mantener todos sus ahorros en dólares estadounidenses comprando bonos del Tesoro de EE. UU. u otros bonos estadounidenses. Simplemente tienen que mantener todo su dinero en dólares.

Bueno, todo esto está terminando ahora, por lo que hay países que venden sus dólares, compran oro y plata, y bonos y divisas de otros países. Estamos asistiendo al fin de toda la contrarrevolución contra el capitalismo industrial que realmente cobró impulso después de la Primera Guerra Mundial. La escuela austriaca de economía, la escuela libertaria y la escuela neoliberal dicen que no existe la regulación gubernamental. Ese es el camino hacia la servidumbre, sin ver que el camino en el que estamos ahora es el camino hacia el neofeudalismo. Por lo tanto, hay una lucha por las mentes de las personas y por cómo van a pensar sobre las cosas. He estado leyendo la cobertura periodística de Davos y dice que todos los visitantes de Davos se han quitado las anteojeras. Se dan cuenta de que todo ha sido un mito, y eso es exactamente lo que Mark Carney, de Canadá, intentó hacer cuando se adelantó al decir que todo lo que se les había dicho sobre el orden basado en normas era un mito. Y recibió una ovación por ello.

Bueno, se pueden imaginar lo enfadado que se puso Donald Trump, y sin duda intentará vengarse de Canadá por ello. Se enfadó mucho cuando Macron dijo lo mismo e inmediatamente amenazó con imponer aranceles del 200 % al champán francés. Estamos viendo una analogía casi infantilizada de lo que, en realidad, es una reestructuración estructural del funcionamiento de la economía mundial y, por lo tanto, de la dirección en la que se mueve la propia civilización.

LENA PETROVA:

Esto es fascinante. Pensé que el discurso de Mark Carney era histórico. Lo interesante es que Canadá y Francia han formado parte durante mucho tiempo del llamado orden basado en normas. Y ahora que no les conviene o que las tornas han cambiado, dicen: «Oh, un momento, esto ya no funciona». Por eso me pareció refrescante escuchar el discurso del primer ministro Carney, pero al mismo tiempo pensé: «Bueno, esto es lo que el mundo entero lleva mucho tiempo intentando decirles». El orden basado en normas ha estado explotando al Sur Global y utilizando a otros países como recurso. Sin duda, es estupendo escuchar esto de los líderes occidentales, pero parece que ya era hora.

MICHAEL HUDSON:

Bueno, tiene razón al señalar eso, porque Carney lo reconoció cuando dijo que nosotros mismos nos hemos beneficiado de este orden basado en normas durante mucho tiempo. Bueno, ¿no sabía cómo funcionaba todo ese tiempo? Su comportamiento como político ha sido oportunista e incluso al pronunciar ese bonito discurso en el que decía todas esas cosas bonitas, como he dicho, se está adelantando al desfile porque quiere proteger su propia política y promocionarse como uno de los líderes de todo esto. Las personas que de repente van a decir: «Oh, el orden mundial ha sido explotador», van a ser los principales explotadores durante mucho tiempo. Por eso saben cómo funciona la explotación, porque han sido explotados. Esa es la ironía de todo esto.

El problema es que fueron los países explotados, la antigua Unión Soviética, China y los países del Sur Global, los que realmente no entendieron cómo estaban siendo explotados. De repente, esto dice: «Bueno, lo han sido, ¿cómo lo van a explicar?». ¿Es eso de lo que hemos estado hablando en esta emisión?

LENA PETROVA:

Las tres primeras semanas de enero han estado completamente dominadas por titulares sobre Venezuela y Groenlandia, Davos y la administración Trump, lo que supone, en la práctica, una declaración de que todo el hemisferio occidental está bajo el control de Estados Unidos.

He oído opiniones de que Washington está intentando reafirmar su dominio obteniendo el control de los recursos petrolíferos y minerales, lo que le situaría en posición de desafiar el auge económico de China. ¿Creen ustedes que eso es lo que está impulsando, como muchos lo llamarían, una política exterior imperialista, o ¿hay otros objetivos que Washington persigue aquí?

MICHAEL HUDSON:

Estados Unidos no está tratando de desafiar el auge de China en absoluto. Para ello, tendría que industrializarse y ser un rival de China. No está tratando de ser un rival de China. Está tratando de frenar el crecimiento de China. Está tratando de perjudicar a China. Pero no está en condiciones de desafiarla.

Por las razones que he mencionado.

Así que lo que ha intentado hacer, uno de los pilares, probablemente el pilar principal de la política exterior estadounidense durante un siglo, ha sido controlar el comercio del petróleo.

Y eso es porque todos los países necesitan petróleo. Se necesita petróleo para suministrar electricidad, para hacer funcionar las fábricas, para fabricar productos. Se necesita petróleo para el transporte. Se necesita petróleo para calentar los hogares y para iluminarlos.

Así que Estados Unidos pensó que si podía imponer sanciones contra el uso del petróleo, como ha bloqueado a la industria alemana y a la industria europea para que no compren petróleo y gas rusos, la industria petrolera incluye la industria del gas, entonces podría frenar su crecimiento.

¿Cómo puede decir que va a apagar las luces de cualquier país cuyo crecimiento quiera frenar porque busca su propio crecimiento, y no el de Estados Unidos?

Tienen que impedir que otros países produzcan petróleo que no esté controlado por Estados Unidos.

Tienen que impedir que Venezuela venda su petróleo a China, Rusia o Cuba. Y tienen que asegurarse de que los países que producen petróleo, como Arabia Saudí y los países árabes, ahorren todo y envíen todas sus rentas petroleras a Estados Unidos para que este país acabeobteniendo un beneficio.

No quieren que Irán pueda vender petróleo porque lo utilizaría para su propio desarrollo.

Y no quieren que Libia, donde el petróleo continental ha tenido instalaciones durante mucho tiempo, desarrolle su petróleo e invierta en oro para crear una moneda africana basada en el oro, porque eso sería un rival para el dólar, por lo que Estados Unidos utiliza el petróleo como medio de control.

Estados Unidos no tiene por qué ser propietario de los recursos petroleros. Lo único que tiene que hacer es controlar la comercialización del petróleo para impedir que los países vendan petróleo a otros países, países que se consideran enemigos de Estados Unidos en lugar de aliados.

Entonces, esta capacidad de controlar la comercialización del petróleo y los ingresos del petróleo, ¿dónde se invierten las rentas económicas, las rentas de los recursos naturales del petróleo? Todas tienen que enviarse de vuelta al Centro de Estados Unidos para que se encargue de todo.

Así que eso es realmente de lo que se trata toda esta lucha por Venezuela. El mito es que se trata de la Doctrina Monroe, pero no es la Doctrina Monroe original.

El acuerdo que Estados Unidos hizo justo después de la Guerra de 1812, y una expansión de los préstamos bancarios europeos a los países latinoamericanos recién independizados, que habían ganado su independencia y tenían que pedir dinero prestado para intentar financiar su recuperación tras la destrucción que había causado el colonialismo.

Estados Unidos dijo: «Ustedes se mantienen fuera de nuestro territorio y nosotros nos mantendremos fuera del suyo».

Pero Estados Unidos no tiene intención alguna de mantenerse fuera del territorio del hemisferio oriental.

Tenemos el hemisferio occidental, pero también tenemos el hemisferio oriental.

Por eso tenemos tanto gasto militar, todo ello rodeando a Rusia y China y otros países asiáticos y el Pacífico Sur. Ya en 1898, cuando Estados Unidos libró la guerra hispano-estadounidense, el presidente estadounidense dijo: «Nuestro destino manifiesto es cruzar el Pacífico». Por eso tenemos que tomar el control de Filipinas para poder controlar el comercio con Asia Oriental. Hawái y Guam son estaciones de reabastecimiento para nuestra Armada en el camino.

Ya han ampliado la Doctrina Monroe para cubrir el Océano Pacífico y cada vez más también el Océano Atlántico, básicamente a través de la OTAN, que se extiende por toda Europa. Estados Unidos es realmente la única esfera de influencia en el mundo.

Lo que reveló el informe del Consejo de Seguridad Nacional del pasado mes de diciembre es que habrá cinco esferas de influencia: Estados Unidos, Rusia y China (que son enemigos designados), y luego India y Japón, una especie de estado proxy de Estados Unidos, un satélite de Estados Unidos. No es una moneda independiente, un área política.

Y la India es una especie de comodín en todo esto. Trump cree, y sin duda el Gobierno,

la Administración Trump ha dicho, que la India no tiene otra opción. Necesita el mercado estadounidense. Pero entonces el primer ministro Modi salió y dijo: «Realmente necesitamos el petróleo ruso porque nuestra economía necesita petróleo para alimentar nuestra industria». Y así estamos resolviendo el conflicto militar que hemos tenido con China y el Himalaya. Realmente vamos a volvernos hacia

Rusia y China. Ahora el primer ministro Modi y la India son los jefes de la reunión del BRICS de este año.

Así que, en esencia, Trump, al extralimitarse en su afán de poder para Estados Unidos, ha llevado a otros países al extremo opuesto. Esta es la reacción adversa que está creando.

Y casi todo lo que hace Trump provoca una reacción opuesta, no solo repulsa, sino también el deseo de decir: «Bueno, tenemos que romper y ser independientes porque, de lo contrario, Trump seguirá intentando perturbar nuestra economía impidiéndonos comprar energía; impidiéndonos comprar todo lo que necesitamos, como el acceso al mercado estadounidense para nuestras exportaciones.

Vamos a buscar nuevos mercados para nuestras exportaciones».

Eso es lo que ha hecho Canadá recientemente. Carney fue a China. Dijo: «Vamos a exportarles productos agrícolas. Podemos exportarles petróleo. Importaremos sus coches eléctricos y otros vehículos eléctricos, mucho más baratos, por lo que no creo que nadie vuelva a comprar coches estadounidenses, ni siquiera alemanes».

Así que es increíble ver, casi como en una tragedia griega, al héroe trágico provocando exactamente lo contrario de lo que esperaba. No es que quiera caracterizar a Trump como un héroe trágico, pero «trágico» es el sustantivo que me parece más adecuado.

LENA PETROVA:

Con respecto a la UE, Trump no la considera precisamente un aliado. Esto ha quedado claro esta semana pasada en Davos, y durante los preparativos para Davos, cuando amenazó con imponer aranceles a ocho países europeos.

Es muy transaccional. Está dispuesto a imponer aranceles si se atreven a no cumplir con sus peticiones,

por decirlo de forma educada. Y en el caso de Groenlandia, Francia amenazó brevemente con un «bazuca económico», pero luego los europeos anunciaron que la mayor amenaza seguía siendo Rusia y China. Groenlandia fue un punto de no retorno en muchos sentidos porque reveló la verdadera estructura de la UE.

Así que la dependencia de Europa respecto a Estados Unidos está creciendo. Usted ha mencionado que depende de Estados Unidos en materia energética. No es soberana ni política ni económicamente.

Entonces, ¿qué cree que le va a pasar a Europa después de esto, profesor?

MICHAEL HUDSON:

Es una dependencia más perniciosa. Antes de la reunión de Davos, el jefe de la OTAN, Rutte, le escribió una nota a Trump diciendo esencialmente: «No se preocupe, Donald, estoy de su lado. Estoy en contra de la UE. Afortunadamente, la OTAN dirige la UE. Tenemos que hablar cuando lleguemos a Davos, y estoy seguro de que puedo entregarle Europa y dejarle hacer todo lo que quiera en Groenlandia, solo déjeme ocuparme de esos otros bastardos de los gobiernos civiles». Estoy parafraseando lo que dijo, pero es una nota repugnante y aduladora, y de hecho intentó hacerlo, y cuando Trump se marchaba de las reuniones de Davos, dijo: «Hablé con el maravilloso Sr. Rutte». Y dijo: «Hemos llegado a un acuerdo sobre qué hacer con la OTAN».

Bueno, ese es todo el problema. La OTAN dirige Europa. Europa no es una democracia. Está dirigida por Estados Unidos a través de la OTAN. Y es la OTAN la que ha puesto a los horribles Von Der Leyen y Kallas en una posición de rendición. Se ha asegurado de que los únicos responsables de la política exterior sean servidores de Estados Unidos, no de Europa. Su trabajo consiste en garantizar que Europa no tenga voz independiente y haga lo que Estados Unidos quiera. Y este intercambio entre la OTAN, Rutte y Trump debería darse a conocer más.

Y deja claro que, para que Europa se desarrolle y sea una democracia, debe disolver la OTAN, porque el propósito de la OTAN es único: atacar a Rusia y convertirse en una potencia asiática en el mar de la China Meridional, para atacar también a China. Es una potencia agresiva y atacante, y no hay forma de que Europa pueda ganar, porque la OTAN es un gasto militar, se basa en armas estadounidenses que no funcionan. La protección antiaérea estadounidense que acabamos de ver en Ucrania no funciona en absoluto. Los tanques estadounidenses no funcionan. Los tanques alemanes no funcionan. Los misiles británicos no funcionan. Es como el chiste sobre la especulación con el vino.

La gente compra vinos raros a precios increíblemente altos, y luego algún multimillonario los saca y trata de servirlos a todos sus amigos multimillonarios para impresionarlos, y ellos dicen: «Oh, se ha estropeado». Y el sumiller dice: « Este vino no es para beber, es para comerciar». Bueno, para eso sirven las armas: para comprarlas y venderlas, no para luchar, pero como ni Rusia ni China tienen una industria armamentística privada, fabrican armas para que funcionen y para luchar en guerras.

Por eso sus misiles, drones y aviones no tienen ningún problema en atravesar las defensas estadounidenses y de la OTAN. Así que todo es un mito. La función de la OTAN es simplemente utilizar la compra de armas para transferir enormes rentas tecnológicas monopolísticas por armas que cobran mucho más que su valor real. Los famosos recargos en los asientos de inodoro de 550 dólares para los aviones que cobra el complejo militar-industrial estadounidense.

Acaba de tener el enorme barco nuevo, ese destructor, creo, que Trump acaba de botar. Los baños no funcionan. Los inodoros no descargan. No funcionan, pero su función no es funcionar. Su función es generar enormes beneficios para los fabricantes, que han tenido mucho cuidado de fabricar las piezas de todos estos sistemas militares en fábricas de todo el país, para poder presionar a los representantes locales y a los senadores para que defiendan al ejército y, por lo tanto, el empleo en su distrito, como excusa para crear estos enormes beneficios industriales militares, que son la única industria que realmente funciona en Estados Unidos.

No es realmente una industria competitiva basada en la productividad de las armas o en la eficiencia o eficacia de las mismas, sino simplemente en la influencia política de decir a los países: «Tienen que comprar nuestras armas, que son muy caras, que realmente no les van a servir de mucho y que requieren enormes costes de mantenimiento. Pero tienen que hacerlo como tributo a Estados Unidos. No queremos decirles que simplemente nos envíen dinero, sino que nos envíen dinero para el F-16, que es una especie de vehículo para el tributo que tienen que pagar».

LENA PETROVA:

Por supuesto. ¿Cree usted que someter a Europa económica y políticamente ha formado parte del plan de

Washington o ha evolucionado hasta convertirse en lo que vemos ahora? La UE renunció voluntaria y alegremente a su soberanía y se ha convertido efectivamente en un vasallo. Ya no es un vasallo feliz. Es un esclavo infeliz, en palabras del primer ministro belga. ¿Ha formado esto parte del plan desde el principio, o es solo una iniciativa del Gobierno actual?

MICHAEL HUDSON:

Bueno, de eso trata mi libro Superimperialismo, que escribí en 1972. Sí, por supuesto, ese era el objetivo. Tengo un capítulo entero sobre cómo el objetivo de reestructurar el orden posterior a la Segunda Guerra Mundial mediante la creación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, lo que se planeó que fuera la Organización Mundial del Comercio, era específicamente absorber el Imperio Británico en la economía estadounidense.

Estados Unidos dijo: «Tenemos que tener libre comercio. No pueden tener la zona del esterlina, exigir a la India y otras colonias, o a Argentina, que utilicen todos los ahorros que han acumulado durante la Segunda Guerra Mundial proporcionando a los aliados materias primas y otras cosas; no pueden restringir los ahorros de la zona del esterlina al gasto en Gran Bretaña; tienen que tener libertad de elección, sabiendo que Gran Bretaña no era realmente un competidor y que todo ese dinero se iba a gastar en Estados Unidos».

Concedieron un préstamo a Gran Bretaña y dijeron: «Les damos un préstamo de 5000 millones de dólares, pero tienen que sobrevalorar la libra esterlina». Así que están fijando un tipo de cambio tan alto que su industria no será competitiva en absoluto porque están cobrando demasiado por él debido a su tipo de cambio, y están impidiendo los controles de capital. Así que toda la forma en que estructuraron la economía de la posguerra fue para beneficiar a Estados Unidos.

Todo esto fue reconocido por la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, que la Administración Trump publicó el mes pasado. Dice que el orden económico liberal internacional que se creó después de la Segunda Guerra Mundial para servir a los intereses de Estados Unidos funcionó durante unos 50 o 70 años. Ya no funciona. Así que ahora vamos a tener que abandonarlo y crear un orden diferente. Se acabó el libre comercio, se acabó bloquear los controles de capital. Podemos hacer lo que queramos. No más derecho internacional. Tenemos que rechazar todo lo relacionado con las Naciones Unidas y decir que son las Naciones Unidas las que gobiernan el mundo, y luego Trump dijo que, por Estados Unidos, gobierna el mundo, lo que significa yo personalmente como su rey vitalicio de… ya saben… el plan para la llamada Junta de Paz que ha creado con Tony Blair.

Así que esto, por supuesto, si leen Superimperialismo, verán cómo Estados Unidos estructuró el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el sistema de comercio exterior, el sistema del dólar, el sistema de reservas internacionales basado en el oro para reflejar las ventajas de Estados Unidos como el mayor propietario de oro del mundo. En 1950, cuando entró en la Guerra de Corea, el Tesoro de Estados Unidos tenía el 80 % del oro monetario del mundo. Así que, por supuesto, basó todo el sistema en el oro.

Pero la seguridad nacional dice que no, que ya no podemos basarlo en el oro porque no podemos ganar oro y otros países están consiguiendo el oro. Por lo tanto, tenemos que hacer que otros países basen sus ahorros en la deuda y los bonos estadounidenses. Bueno, si observan las operaciones actuales en el mercado de bonos, verán que los extranjeros están comprando oro y vendiendo bonos estadounidenses, justo lo contrario de este sistema que tan bien le funcionó a Estados Unidos durante medio siglo o más después de la Segunda Guerra Mundial.

Y, por supuesto, no solo querían absorber el Imperio Británico, sino que en 2022 dijeron que realmente querían subordinar a Europa. ¿Cómo obligamos a la industria europea a no hacer lo que están haciendo las empresas químicas, BASF y las empresas automovilísticas? No queremos que inviertan en China para desarrollar la tecnología industrial china. Queremos que inviertan en Estados Unidos. Destruyamos la industria alemana.

¿Qué haremos? No solo volaremos el gasoducto del Mar del Norte, el Nord Stream, sino que impediremos que el Nord Stream, el gasoducto que todavía funciona, opere en absoluto. Y haremos que los países europeos digan: «No queremos gas natural ni petróleo baratos de Rusia. Queremos pagar a Estados Unidos cuatro veces más porque es de donde provienen nuestros salarios». No añadieron el equilibrio, pero eso es lo que se da a entender.

Estaban dispuestos a destruir la industria alemana, francesa y otras industrias europeas solo para decir: «Se lo debemos a Estados Unidos por defendernos de Rusia, y por eso estamos atacando a Rusia, por supuesto, lo que obliga a Rusia a defenderse de este ataque de Europa Occidental, sin ninguna intención de invadir realmente.

Nadie va a invadir otro país en la guerra moderna. Bombardean otros países. Ningún país puede permitirse mover una infantería para ocupar otro país. Por eso Estados Unidos utiliza ejércitos proxy en Oriente Próximo y dondequiera que los necesite. África y Sudamérica deben librar sus guerras.

LENA PETROVA:

Esos ataques más allá del horizonte sin duda deshumanizaron todo el proceso e hicieron que la guerra fuera invisible para la población estadounidense. Por lo tanto, nunca llegan a saber realmente lo que está pasando.

MICHAEL HUDSON:

Están haciendo que la explotación sea invisible. Es como si realmente estuviéramos ganando dinero con nuestras exportaciones de armas para luchar contra el hecho de que las armas no funcionan.

Y si funcionaran, y los países europeos intentaran realmente luchar para bombardear Rusia aún más de lo que lo están haciendo desde Ucrania, Rusia finalmente diría simplemente: «De acuerdo, vamos a hacer lo que dijo Putin: si realmente nos atacan la próxima vez, al día siguiente de la lucha no habrá nadie con quien hablar». Bueno, es obvio lo que quería decir con eso.

LENA PETROVA:

Sí, por supuesto.

Profesor Hudson, ha sido una conversación fascinante. Me encantaría continuarla pronto. Muchas gracias por acompañarme. Le agradezco su tiempo y espero que vuelva para un nuevo episodio.

MICHAEL HUDSON:

Bueno, gracias por plantear estos puntos. Es muy oportuno." 

(Michael Hudson, blog, 02/02/26, traducción  DEEPL) 

Wolfgang Streeck: Estados Unidos siempre ha sido, sorprendentemente, propenso a la violencia, tanto a escala nacional como internacional... desde 1990 no ha habido un solo día en el que Estados Unidos no haya estado en guerra en algún lugar del planeta... Trump ha desatado el potencial violento de la sociedad estadounidense a escala interna al incitar a la mitad de la población contra la otra mitad. Pero Trump no es responsable del sistema penitenciario estadounidense, extraordinariamente vasto y cruel, que es obra de sus predecesores... el orden basado en reglas ha sido inquietante desde al menos el bombardeo de Belgrado por la OTAN en 1999... este orden ha sido administrado por Estados Unidos, erigido en policía, tribunal y verdugo del mundo... pero Estados Unidos nunca se atuvo a este orden, véase el estado de emergencia permanente decretado en el marco de la «guerra contra el terrorismo»; la situación imperante en Israel y en los territorios palestinos ocupados, considerados como una zona experimental situada al margen de toda legalidad para provocar una despoblación total sin recurrir al uso de armas nucleares; o la más reciente cruzada armada por la «democracia» contra el «autoritarismo». Bajo el pretexto del «orden» encontramos todo un arsenal de justificaciones para imponer «sanciones» de todo tipo a voluntad por parte del único poder punitivo realmente existente, que ni siquiera ha rendido cuentas por su mortífera invención de la existencia de «armas de destrucción masiva» en Iraq

 "Wolfgang Streeck es director emérito del Max-Planck-Institut für Gesellschaftsforschung de Colonia, tras haber enseñado Sociología en el mismo y en la Facultad de Economía y Ciencias Sociales de la Universidad de esa ciudad entre 1995 y 2014; es miembro del Consejo de Investigación del Instituto Universitario Europeo de Fiesole desde 2012 y ha enseñado Sociología y Relaciones Industriales en la Universidad de Wisconsin-Madison entre 1988 y 1995. Autor de decenas de artículos, entre sus publicaciones destacan las siguientes: Democracy at Work: Contract, Status and Post-Industrial Justice (con Ruth Dukes, 2022), ¿Cómo terminará el capitalismo? (2017), Comprando tiempo: La crisis pospuesta del capitalismo democrático (2014), y Re-Forming Capitalism: Institutional Change in the German Political Economy (2009). Ha editado también, entre otras, las siguientes obras: Politics in the Age of Austerity (con A. Schäfer, 2013); The Diversity of Democracy (con C. Crouch, 2006); Beyond Continuity: Institutional Change in Advanced Political Economies (con K. Thelen, 2005); The Origins of Nonliberal Capitalism: Germany and Japan (con K. Yamamura, 2001). Wolfgang Streeck colabora habitualmente con la New Left Review, Sidecar y Diario Red y mantiene este blog https://wolfgangstreeck.com

La siguiente entrevista se ha publicado originalmente en el Frankfurter Rundschau el pasado 24 de enero.

Durante su primer mandato, Donald Trump prometió centrarse principalmente en el pueblo estadounidense. ¿Estamos presenciando ahora, por el contrario, una especie de neoimperialismo estadounidense?

El programa de Trump para Make America Great Again siempre tuvo dos vertientes: reparar la sociedad estadounidense, que se encuentra profundamente atravesada por múltiples crisis, o restaurar el dominio mundial de Estados Unidos. Cuál de los dos cursos de acción era el dominante era una incógnita entonces y sigue siéndolo a día de hoy. En ocasiones constatamos una orientación aislacionista, a veces observamos un descarado intervencionismo; actualmente, ambos cursos de acción se hallan vigentes alternativa o incluso simultáneamente. La «Doctrina Donroe» de Trump es una versión particular de esta combinación: intervencionismo, pero limitado a América Central y América del Sur; nada nuevo en sí mismo. A escala mundial, ello equivaldría a una división del mundo en «esferas de influencia» regionales mutuamente respetadas en las que la correspondiente gran potencia gobierna más o menos a su antojo. Lo que no encaja en este cuadro es el apoyo incondicional prestado a Israel en su guerra de aniquilación perpetrada en Gaza y Cisjordania, ni las amenazas de bombardear Irán.

¿Por qué hay tan poca resistencia a las políticas de Trump en la democracia más antigua del mundo?

 A primera vista, esto resulta sorprendente, pero las apariencias engañan. La Constitución estadounidense tiene casi dos siglos y medio de antigüedad y nunca se ha adaptado a las realidades de un Estado centralizado moderno (hasta 1945 Estados Unidos ni siquiera tenía un ejército federal permanente). Durante un tiempo los antiguos controles y contrapesos cumplieron su misión, pero solo lo hicieron mientras el país funcionaba razonablemente bien. Dada la profunda crisis social en la que se encuentra sumido Estados Unidos desde hace mucho tiempo, las lagunas y las fracturas de la estructura constitucional se están haciendo totalmente visibles como queda demostrado por la facilidad con la que un personaje sin escrúpulos y ávido de poder como Trump, él mismo producto de esa crisis, ha podido explotarlas de un modo tan brutal (con cinco jueces del Tribunal Supremos nombrados de por vida prácticamente todo es posible), mientras engaña a sus votantes haciéndoles creer que la «miseria» de la que hablaba Carter en la década de 1970 finalmente va a ser superada.

¿Representa Trump un nuevo tipo de fascismo?

Para decirlo sin rodeos: en su comportamiento no hay nada nuevo bajo el sol, salvo que se ha dejado caer la hoja de parra. Y no toda la violencia es «fascista», no malgastemos el concepto, porque la suya es lo suficientemente intensa como para considerarla en sí misma. Estados Unidos siempre ha sido, por otro lado, sorprendentemente propenso a la violencia, tanto a escala nacional como internacional. Para los estadounidenses el período de posguerra comenzó con Hiroshima y Nagasaki, luego vinieron Corea, Vietnam (nadie sabe por qué se exterminó a más de tres millones de vietnamitas, camboyanos y laosianos con napalm en esta guerra) y desde 1990 no ha habido un solo día en el que Estados Unidos no haya estado en guerra en algún lugar del planeta. Actualmente mantienen aproximadamente setecientas cincuenta bases militares repartidas por todo el mundo. Es cierto que Trump ha desatado el potencial violento de la sociedad estadounidense a escala interna al incitar a la mitad de la población contra la otra mitad. Pero su tipo de guerra civil está muy lejos de la guerra contra esclavitud y de las guerras indias del siglo XIX, y Trump tampoco es responsable del sistema penitenciario estadounidense, extraordinariamente vasto y cruel, que es obra de sus predecesores.

¿Quiénes, por ejemplo?

Bueno, en política exterior, principalmente Bush y Cheney, que han causado estragos monumentales en Iraq, Afganistán y Siria, países que jamás habían hecho nada a Estados Unidos y que nunca podrían haberle hecho nada. Admito que la gran cantidad de muertes infligidas gracias a la tecnología avanzada, sin apenas pérdidas por su parte, tiene, desde el punto de vista fenomenológico, algo de fascista. En quince años de guerra murieron, como he indicado, aproximadamente tres millones de vietnamitas, camboyanos y laosianos frente a cincuenta mil soldados estadounidenses, cifra que en la década de 1960 correspondía al número de víctimas mortales por accidentes de tráfico registradas en Estados Unidos anualmente.

¿Cómo deben comportarse los europeos con respecto a Estados Unidos y Trump? Algunos hablan de la relativa fortaleza de la UE como zona económica, mientras que otros destacan la desunión y la debilidad.

Ambas descripciones son correctas. Los estadounidenses seguirán jugando duro con los europeos durante bastante tiempo: Musk y sus colegas oligarcas se encargarán de ello. ¿Por qué pueden hacerlo? Fundamentalmente porque los europeos no pueden librar una guerra contra Rusia, ya sea caliente o fría, sin exponerse a las imposiciones de Estados Unidos, si este es su aliado. Y en lo que respecta a la «unidad», creo que Alemania no podrá seguir eternamente sosteniendo la política de sanciones impuesta por Estados Unidos contra Rusia, y especialmente contra China, por razones económicas. Igualmente, Alemania tampoco puede comprometerse con una política báltica o polaca, que conlleve el riesgo de tener que enviar tropas terrestres a combatir contra Rusia sin disponer de sus propias armas nucleares.

El canciller Merz confía en su «buena relación» con Trump y está aplicando una aproximación «amigable». ¿Es esta la estrategia correcta?

Nadie lo sabe. Pero, ¿qué se supone que debe hacer Merz? ¿Enviar la marina alemana a la bahía de Chesapeake y exigir la extradición de Trump al Tribunal Penal Internacional? Por otro lado, no puede mostrarse tan amable como María Corina Machado, ya que no ha ganado todavía el Premio Nobel de la Paz para poder regalárselo a Trump. (No es que de todas formas a ella le haya servido de mucho). ¿Recordáis la deferencia pública mostrada por Scholz  anteBiden, incluso cuando este último dijo a la prensa que los estadounidenses sabían muy bien cómo cerrar el Nord Stream 2, si los alemanes no lo hacían ellos mismos? Para comportamientos de este tipo tampoco necesitamos a Trump.

¿Crees que Groenlandia debería dejarse en manos de los estadounidenses para evitar un conflicto importante?

Tú y yo no tenemos voz en este asunto y, por lo tanto, no es necesario que tengamos una opinión al respecto. Los estadounidenses llevan mucho tiempo involucrados profundamente en Groenlandia, sin duda desde la Segunda Guerra Mundial y de forma permanente desde el inicio de la Guerra Fría. Si hubieras sobrevolado el norte de Groenlandia en un día soleado antes de 1990, como yo tuve la suerte de hacer, habrías visto alineadas una base militar estadounidense tras otra. Si quieres una predicción, hela aquí: dada la rusofobia imperante en Dinamarca, supongo que, con el apoyo de una OTAN reconfortada, el gobierno danés concederá a los estadounidenses algo así como la soberanía de facto sobre la isla, introduciendo pequeños ajustes cosméticos para salvar las apariencias.

¿Qué grado de peligrosidad alcanzará el conflicto entre Estados Unidos y China?

Se trata de un conflicto muy peligroso. Estados Unidos lleva mucho tiempo debatiendo sobre China, al menos desde la presidencia de Obama, y lo hace partiendo de la perspectiva de la llamada «trampa de Tucídides». En resumen, el historiador griego, él mismo un general muy admirado, explicó la derrota de los atenienses ante los espartanos en la Guerra del Peloponeso por el hecho de que los primeros habían esperado demasiado tiempo mientras Esparta crecía y se hacía más poderosa en lugar de atacarla tempranamente en un momento en el que podrían haber acabado con los espartanos rápidamente.

¿Qué significa eso?

Como sabemos, la estrategia militar oficial estadounidense tiene como objetivo impedir el surgimiento de cualquier otra potencia en cualquier parte del mundo capaz de rivalizar con Estados Unidos. El debate entre los expertos gira actualmente en torno a la cuestión de si ya ha pasado el momento adecuado para atacar a China o no. Hace unos días Trump anunció que el presupuesto de defensa de Estados Unidos aumentará el 50 por 100 hasta alcanzar los 1,5 billones de dólares en 2027. ¿Cuál es la función de ese presupuesto, cabe preguntarse?

No se aprecia ningún avance en las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia. ¿No indica esto que Putin no quiere la paz?

¿Y si Estados Unidos, o la Unión Europea en su caso, tampoco la quieren? A diferencia de Ursula von der Leyen y el resto de nuestros estrategas, Estados Unidos no da por sentado que Rusia pueda ser derrotada. Pero eso no les importa a los estadounidenses; les basta con que los europeos mantengan a Rusia ocupada en una guerra de desgaste «hasta el último ucraniano». Un efecto secundario positivo de la continuación de la guerra es que su prolongación sine die imposibilita cualquier acercamiento entre Alemania y Rusia, lo que constituye la pesadilla tradicional, especialmente de la política británica hacia Europa continental.

Bueno, la guerra en Ucrania la empezó Rusia, no Estados Unidos, ¿no?

Es una larga historia. No puedes planear el despliegue de misiles de alcance intermedio a 800 kilómetros de la capital de una potencia nuclear rival sin que esta reaccione. Pero estoy de acuerdo contigo en que Rusia ha logrado modernizar su armamento y convertirse en una economía de guerra durante los cuatro años de conflicto bélico, a pesar de haber sufrido aparentemente grandes pérdidas en el campo de batalla. Ahora parece estar ganando terreno cada día frente a una coalición europea, que había jurado a los ucranianos a principios de 2022 que la guerra habría terminado en Navidad con una derrota rotunda de Rusia (von der Leyen incluso anunció que «nosotros» «desmantelaríamos capa a capa» la sociedad industrial rusa mediante las milagrosas sanciones que ella misma había ideado).

¿Qué se deduce de esto?

Rusia puede ver ahora una oportunidad para ir mucho más allá de lo planteado en las negociaciones de Minsk y Estambul y optar por eliminar efectivamente a Ucrania como un Estado-nación viable en el futuro previsible, al tiempo que humilla por completo a la UE. Me imagino que Putin encontraría un escenario de este tipo irresistible. Los «europeos» se lo habrían buscado ellos mismos.

Macron planteó la idea de que Putin asistiera a la cumbre del G7. ¿Pura desesperación o una buena idea?

Una de las famosas autopromociones intrascendentes de Macron. Aparte de eso, es sorprendente lo exótico que se antoja el simple sentido común en estos días. ¿Cómo puede ponerse fin a una guerra, que no puede ganarse en el campo de batalla, si una parte se niega a hablar con la otra parte?

¿Estamos asistiendo al fin del mundo tal y como lo conocemos, caracterizado por su orden basado en reglas?

No sé hasta qué punto este mundo te resulta familiar; para mí, este orden basado en reglas ha sido inquietante desde al menos el bombardeo de Belgrado por la OTAN en 1999 con el bombardero estratégico Northrop B-2 Spirit, si no antes. Y, de todos modos, en realidad no se basaba en «reglas», salvo quizá en el caso del régimen comercial de la OMC, que, sin embargo, desde la crisis financiera de 2008 existe cada vez más solo sobre el papel. Este «orden basado en reglas», proclamado tras el llamado fin de la historia a principios de la década de 1990, ha sido administrado por Estados Unidos, erigido en policía, tribunal y verdugo del mundo, todo ello al mismo tiempo, y solo por él mismo a su total discreción. Estados Unidos nunca se atuvo a este orden: véase la invención del «deber de proteger» esgrimido durante la década de 1990; el estado de emergencia permanente decretado en el marco de la «guerra contra el terrorismo», que se ha ampliado continuamente después de 2001; la situación imperante en Israel y en los territorios palestinos ocupados, considerados como una zona experimental situada al margen de toda legalidad para provocar una despoblación total sin recurrir al uso de armas nucleares; o la más reciente cruzada armada por la «democracia» contra el «autoritarismo». Bajo el pretexto del «orden» encontramos todo un arsenal de justificaciones para imponer «sanciones» de todo tipo a voluntad por parte del único poder punitivo realmente existente, que ni siquiera ha rendido cuentas por su mortífera invención de la existencia de «armas de destrucción masiva» en Iraq, cuyo coste estimado asciende a la muerte de al menos 500.000 civiles.

¿Y qué ha cambiado con Trump?

A diferencia de sus predecesores, Trump renuncia a los cultos discursos pronunciados con una elocuencia legalista, pero el núcleo violento de su idea de una Pax Americana no es en absoluto nuevo. Por cierto, en comparación con Bush II y Obama, la pretensión de Trump de obtener el Premio Nobel de la Paz no es del todo absurda, al menos por ahora. Recordemos que Obama lo obtuvo gratis, un año después de comenzar su primer mandato. Y al final incluso Kissinger lo obtuvo.

Recomendamos leer Wolfgang Streeck, «Progreso tecnológico y cambio histórico: Engels, la guerra y la hipertrofia del Estado en el siglo XX», NLR 123, «¿Cómo terminará el capitalismo?», NLR 87, ¿Cómo terminará el capitalismo?, (2017),  Comprando tiempo: La crisis pospuesta del capitalismo democrático (2016), «La coyuntura leída por Wolfgang Streeck» y «La Unión Europea en guerra: dos años después», todos ellos publicados en Diario Red; «El retorno del rey», «El belicismo suicida de las democracias autoritarias occidentales», «Los peligros de la lealtad inquebrantable a Estados Unidos» y «La Unión Europea, la OTAN y el próximo orden mundial», todos ellos publicados en El Salto.

Este texto se ha publicado originalmente en Frankfurter Rundschau y se publica aquí con permiso expreso del entrevistado." 

(Entrevista a   Wolfgang Streeck, Michael Hesse  , DiarioRed,  30/01/26)

Caso Epstein: El lento terremoto de Epstein, la ruptura entre el pueblo y las élites... las instituciones corruptas y las perversiones que los dossiers Epstein han demostrado ser endémicas entre algunas élites occidentales... Las élites habían entendido que una vez que la total amoralidad de los gobernantes fuera conocida por la plebe, Occidente habría perdido la arquitectura de las historias morales que anclan precisamente una vida ordenada. Si el establishment es conocido por rehuir la moralidad, ¿por qué alguien más debería comportarse de manera diferente? El cinismo se difundiría en cascada. ¿Qué mantendría entonces unida a una nación? Muy probablemente solo el totalitarismo... No existe pedofilia ritual, ni trata de seres humanos a escala transnacional, ni producción sistemática de material extremo, sin cobertura política, policial, judicial y mediática. Esta es la lógica del poder”... Epstein emerge de la miríada de correos electrónicos como un pedófilo y ciertamente un inmoral, pero también como un personaje extremadamente inteligente y un serio protagonista geopolítico, cuyas intuiciones políticas eran apreciadas por personajes de alto nivel en todo el mundo... nada puede continuar como antes... "La gente dice que la Corte Suprema no nos protegerá;" el Congreso no nos protegerá; el Presidente es el enemigo; está desplegando su ejército en nuestras ciudades. Las únicas personas que pueden protegernos somos nosotros mismos”... Si la protesta no tiene ningún efecto en cambiar el status quo y las elecciones siguen siendo entre los partidos del orden existente, los jóvenes concluirán que "nadie vendrá a salvarnos" y podrían concluir, en su desesperación, que el futuro solo puede ser decidido en las calles (Alastair Crooke)

 "Después de "Epstein", nada puede continuar como antes: ni los valores del "nunca más" de la posguerra, que reflejan el sentimiento al final de guerras sangrientas, ni el deseo generalizado de una sociedad "más justa"; ni la economía bipolar de las extremas disparidades de riqueza; ni la confianza, después de la venalidad desenmascarada, las instituciones corruptas y las perversiones que los dossiers Epstein han demostrado ser endémicas entre algunas élites occidentales.

¿Cómo hablar de "valores" en este contexto?

En Davos, Mark Carney aclaró que el "orden de las reglas" no era más que una fachada ostentosa, al estilo Potemkin, que todos sabían que era falsa, pero que de todos modos se mantenía. ¿Por qué? Simplemente porque el engaño era útil. La "urgencia" era la necesidad de ocultar el colapso del sistema en un nihilismo radical y anti-valores. Esconder la realidad de que los círculos de la élite – alrededor de Epstein – operaban más allá de los límites morales, legales o humanos, para decidir entre paz y guerra, basándose en sus mezquinos apetitos.

Las élites habían entendido que una vez que la total amoralidad de los gobernantes fuera conocida por los hoi polloi [la plebe], Occidente habría perdido la arquitectura de las historias morales que anclan precisamente una vida ordenada. Si el establishment es conocido por rehuir la moralidad, ¿por qué alguien más debería comportarse de manera diferente? El cinismo se difundiría en cascada. ¿Qué mantendría entonces unida a una nación?

Beh, muy probablemente solo el totalitarismo.

La "caída" posmoderna en el nihilismo se ha estrellado finalmente en su inevitable "callejón sin salida" (como previó Nietzsche en 1888). El paradigma "Iluminista" se ha transformado finalmente en su opuesto: un mundo sin valores, significado o propósito (más allá del ávido enriquecimiento personal). Esto implica también el fin del concepto mismo de Verdad que estaba en el centro de la civilización occidental, desde Platón.

El colapso subraya también los fracasos de la razón mecánica occidental: "Este tipo de razonamiento a priori, en círculo cerrado, ha tenido un efecto mucho mayor en la cultura occidental de lo que podríamos imaginar..." Ha llevado a la imposición de reglas que se consideran incontrovertibles, no porque hayan sido reveladas, sino porque han sido científicamente probadas, y por lo tanto no hay recurso contra ellas”, observa Aurelien.

Este modo de pensar mecanicista ha tenido un papel importante en el tercer nivel de la "ruptura de Davos" (después del declive intelectual y el colapso de la confianza en el liderazgo). El pensamiento mecanicista, basado en una visión del mundo pseudocientífica y determinista, ha llevado a contradicciones económicas que han impedido a los economistas occidentales ver lo que tenían bajo la nariz: un sistema económico hiperfinanciarizado, enteramente al servicio de los oligarcas y de los que están en el negocio.

Ningún fracaso de nuestros modelos económicos, por grave que sea, “ha debilitado el férreo control de los economistas matemáticos sobre las políticas de los gobiernos.” El problema es que la ciencia, en esa modalidad binaria causa-efecto, no ha logrado hacer frente ni al caos ni a la complejidad de la vida” (Aurelien). Otras teorías – diferentes de la física newtoniana – como la teoría cuántica o la del caos han sido en gran parte excluidas de nuestra forma de pensar.

El significado de "Davos" (seguido de las revelaciones sobre Epstein) es que el Humpty Dumpty de la confianza ha caído del muro y ya no puede ser reconstruido.

Lo que es igualmente evidente es que los círculos de Epstein no estaban compuestos solo por individuos perversos; "Lo que se ha descubierto indica prácticas sistemáticas, organizadas y ritualizadas". Y esto lo cambia todo, como observa el comentarista Lucas Leiroz:

"Redes de este tipo existen solo cuando están respaldadas por una profunda protección institucional." No existe pedofilia ritual, ni trata de seres humanos a escala transnacional, ni producción sistemática de material extremo, sin cobertura política, policial, judicial y mediática. Esta es la lógica del poder”.

Epstein emerge de la miríada de correos electrónicos como un pedófilo y ciertamente un inmoral, pero también como un personaje extremadamente inteligente y un serio protagonista geopolítico, cuyas intuiciones políticas eran apreciadas por personajes de alto nivel en todo el mundo. Era un maestro de la geopolítica, como lo describió Michael Wolff (ya en 2018, así como en una correspondencia por correo electrónico publicada recientemente) también en la guerra entre el poder judío y los gentiles.

Esto sugiere que Epstein era menos un instrumento de los Servicios Secretos, y más bien un "igual" para ellos. No es de extrañar que los líderes buscaran su compañía (y también por razones gravemente inmorales, que no podemos ignorar). Y está claro que el Estado Profundo (monopartidista) maniobraba a través de él. Y al final, Epstein sabía demasiado.

David Rothkopf, ex asesor de asuntos políticos del partido demócrata, reflexiona sobre lo que Epstein significa para América:

"[Los jóvenes estadounidenses] se dan cuenta de que sus instituciones los están abandonando y que tendrán que [salvarse]... hay decenas de miles de personas en Minneapolis que dicen que ya no se trata de cuestiones constitucionales, o del estado de derecho o de la democracia – lo cual puede parecer una buena idea – pero es algo lejano para la persona promedio sentada en la mesa de la cocina".

"La gente dice que la Corte Suprema no nos protegerá;" el Congreso no nos protegerá; el Presidente es el enemigo; está desplegando su ejército en nuestras ciudades. Las únicas personas que pueden protegernos somos nosotros mismos”.

"Son 'los milmillonarios estúpidos'" [referencia al viejo aforismo: 'Es la economía, estúpido'] Rothkopf explica:

“El punto que estoy tratando de subrayar es que si no se dan cuenta de que la igualdad y la impunidad de las élites son cuestiones centrales para todos, que la gente piensa que el sistema está amañado y no funciona para ellos… no creen más que el sueño americano sea real y que el control del país ha sido robado por un puñado de superricos, que no pagan impuestos y se vuelven cada vez más ricos, mientras el resto de nosotros se queda cada vez más atrás, [entonces no pueden entender la desesperación actual entre los menores de 35 años]”.

Rothkopf sostiene que el episodio de Davos/Epstein marca la fractura entre el pueblo y las capas dominantes.

"Las sociedades occidentales se encuentran ahora ante un dilema que no puede ser resuelto a través de elecciones, comisiones parlamentarias o discursos." ¿Cómo se puede seguir aceptando la autoridad de instituciones que han protegido este nivel de horror? ¿Cómo se puede mantener el respeto por las leyes aplicadas selectivamente por personas que viven por encima de ellas?”, afirma Leiroz.

La pérdida de respeto, sin embargo, no resuelve el problema. Ningún partido político convencional tiene una respuesta al fracaso de la economía "de mesa": la falta de empleos razonablemente bien remunerados, el acceso a los servicios de salud, la educación y la vivienda costosa.

Ningún partido tradicional puede proporcionar una respuesta creíble a estas problemáticas existenciales porque, durante décadas, la economía ha sido exactamente "amañada", es decir, estructuralmente reorientada hacia una economía financiarizada basada en la deuda, en detrimento de la economía real.

Esto requeriría que la actual estructura de mercado liberal anglosajona fuera completamente desmantelada y reemplazada por otra. Pero se necesitaría una década de reformas, y los oligarcas se opondrían abiertamente.

Lo ideal sería que emergieran nuevos partidos políticos. En Europa, sin embargo, los "puentes" que potencialmente podrían ayudarnos a salir de nuestras profundas contradicciones estructurales han sido deliberadamente destruidos en nombre del cordón sanitario diseñado para impedir la aparición de cualquier pensamiento político no "centrista".

Si la protesta no tiene ningún efecto en cambiar el status quo y las elecciones siguen siendo entre los partidos Tweedle Dee y Dum del orden existente, los jóvenes concluirán que "nadie vendrá a salvarnos" y podrían concluir, en su desesperación, que el futuro solo puede ser decidido en las calles." 

(Alastair Crooke, blog, 05/02/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)