12.3.26

Horus Desokupa acosa y agrede durante meses a una anciana en San Blas para forzarla a abandonar su vivienda... Han vandalizado sistemáticamente la instalación de la luz en el cuarto de contadores del edificio, robado diferenciales y arrancado cables para dejarla completamente a oscuras y sin calefacción en pleno invierno, cuando necesita estar conectada a un respirador para dormir debido a sus problemas de salud... La quiebra de las redes comunitarias allana el terreno para los ‘desokupas’... “La impunidad de quienes acosan a Rosita hace unos años habría sido impensable porque el tejido de barrio era mucho más sólido" (Alejandra Mateo Fano)

"La violencia ejercida contra Rosita ha escalado hasta llegar a cortarle los suministros haciéndose pasar por técnicos eléctricos y cortando el cable neutro de los contadores, lo que provocó el pasado mes de diciembre que se quedara sin luz. Para esta anciana sin apoyos familiares, que necesita estar conectada a un respirador para dormir debido a sus problemas de salud, tener cortes de suministros constantes no sólo atenta contra su tranquilidad y seguridad sino, directamente, contra su vida.

“Han vandalizado sistemáticamente la instalación de la luz en el cuarto de contadores del edificio, robado diferenciales y arrancado cables para dejarla completamente a oscuras y sin calefacción en pleno invierno. La compañía de la luz se lava las manos y se niega a hacerse cargo de las reparaciones, alegando que las agresiones y sabotajes se producen después del diferencial, por lo que consideran que los daños son responsabilidad económica de Rosita. Lo que está sufriendo no es un corte por impago, es un ataque deliberado”, explican desde el Sindicato.

Debido a que Horus Desokupa tiene la llave del cuarto de contadores del edificio, pueden sabotear los suministros a placer y con total impunidad, ya que además ni las instituciones ni la propia Policía han actuado en todo este tiempo para defender a Rosita. Ya en noviembre de 2025 esta empresa trató de expulsar a una familia de su residencia en Bilbao a través de amenazas y extorsiones pero el músculo del tejido barrial logró impedirlo. En aquel momento un rentista había intentado echar a los inquilinos y, para acelerar el proceso de expulsión, contrato a estos ‘matones a sueldo’. Pero el caso de Rosita es algo más atípico porque se desconoce la identidad de la persona o empresa que ha contratado a Horus para ‘hacer el trabajo sucio’ a través de prácticas intimidatorias.

Se desconoce la identidad de quién contrató al grupo de desokupación

El Sindicato tan solo tiene constancia de que, en la última nota simple a la que han tenido acceso, aparece una empresa inmobiliaria a la que se le ha asignado la tramitación de la herencia. Se llama Wills & Laws gestion internacional de herencia SL (también firman como Grupo Hereda) pero ésta ha negado toda relación con el grupo fascista y ha reiterado su desvinculación respecto a ellos a través de emails intercambiados con las activistas.

Se trata de una entidad que gestiona herencias de descendencia desconocida, buscando a posibles herederos. Horus Desokupa dejó recientemente a Rosita una tarjeta de esta empresa en su casa. “Tenemos una llamada haciéndonos pasar por clientes en el que decíamos que teníamos una herencia en forma de inmueble, había un familiar pero que había una persona habitándolo. Dijeron que ellos llegados al punto se encargarían de contratar a una empresa de desokupación para expulsar al inquilino”, desliza Celia, activista y militante del Sindicato.

En las últimas notas simples del Registro de la Propiedad, tal y como ha podido comprobar este medio, la casa sigue a nombre de la propietaria original desde 1997 (es decir, la madre de su expareja). No hay constancia tampoco de que un familiar haya reclamado el inmueble en forma de herencia en los 16 años que lleva viviendo desde que falleció su expareja. “Unos supuestos herederos o terceros no identificados han contratado a esta empresa de matones sin tener título firme alguno sobre la vivienda, que sigue apareciendo en el registro a nombre de la propietaria original, fallecida hace más de 30 años”, expresan.

El Sindicato ha tenido que denunciar a la Horus por sus prácticas violentas y han ampliado la denuncia en varias ocasiones porque los ataques no paran de sucederse. Las actuaciones encajan, aseguran desde el Sindicato, en los delitos de coacciones (art. 172 CP), acoso inmobiliario (art. 173.1 CP), daños, amenazas y allanamiento, con el agravante de obrar contra una persona mayor y dependiente (art. 22.4 CP). “A un compañero le amenazaron con que le iban a disparar y le han puesto una orden de alejamiento, a Rosita la han amenazado también de muerte y la han acusado de haber asesinado a su ex pareja para hacerse con el piso, le han rayado la madera de la puerta llamándola peyorativamente ‘puta’. También han dicho que iban a tirarla por la ventana”, afirma el Sindicato.

La quiebra de las redes comunitarias allana el terreno para los ‘desokupas’

Grupos como Horus campan a sus anchas cada vez con más libertad a medida que se engrosa el negocio de la vivienda. Los barrios, que antes contaban con nutridas redes informales de apoyo mutuo, viven un proceso creciente de fragmentación de los tejidos comunitarios. Estas estructuras orgánicas servían en muchos casos de protección cuando una vecina se veía amenazada, pero con el paso de los años las dinámicas individualistas han ido ganando fuerza: “La impunidad de quienes acosan a Rosita hace unos años habría sido impensable porque el tejido de barrio era mucho más sólido. Nosotras hemos estado algún día gestionando porque le habían puesto silicona en la cerradura y había vecinos que salían a decirnos ‘qué coño estáis haciendo aquí, estáis haciendo mucho ruido’ en lugar de preguntar qué pasa o cómo pueden ayudar. Ahora cada uno está a lo suyo y no se preocupa por lo que le ocurre al de al lado”, lamenta Celia.

El auge de discursos de extrema derecha que criminalizan a quienes resisten en sus viviendas ha sentado un marco securitizante que legitima las agresiones de estos grupos. La seguridad ciudadana se interpreta falsamente como un problema acuciante de los barrios que sólo quienes ejercen el monopolio de la violencia pueden solventar. Eso sí, tomándose la justicia por su mano y amedrentando a personas como Rosita, cuya vulnerabilidad ha sido certificada por parte de los servicios sociales. “Antes te encontrabas cuatro nazis en tu puerta y reaccionabas, ahora parece que están haciendo su trabajo porque se ha creado un falso relato de que hay inseguridad, y lo único que se ha conseguido es más presencia policial en los barrios y una impunidad absoluta hacia estos grupos”, destaca la activista.

Y así, mes a mes se multiplican los desahucios invisibles, los cuales ni figuran en las estadísticas oficiales ni cuentan con una respuesta institucional. Ante la acción violenta de estas entidades que siguen el modelo de Desokupa, desde Sistema 161 recomiendan crear grupos de afinidad cuando empiezan los primeros signos de hostigamiento, que puedan acudir rápidamente en caso de que las amenazas se incrementen, mantener una buena relación con otros inquilinos del mismo edificio, instalar un control de acceso en las zonas comunes (algo que precisa del permiso de la comunidad en las áreas compartidas) y disponer de grabaciones de todas las actuaciones ilegales."    

(Alejandra Mateo Fano  , El Salto, 12/03/26)  

Una mayoría del 52-40 de los votantes estadounidenses cree que Trump lanzó la guerra contra Irán para encubrir el escándalo de Epstein... los probables votantes estadounidenses están divididos sobre si Trump responde más al pueblo estadounidense o a Israel, con un 47% diciendo que es más receptivo al pueblo estadounidense que a Israel, y un 46% diciendo que era más receptivo a Israel. Un 55% desaprueba la guerra con Irán... los votantes creen abrumadoramente que la guerra empeorará sus vidas (Ryan Grim, Drop Site News)

"(...) Una mayoría de votantes estadounidenses probables creen que Donald Trump lanzó la guerra contra Irán al menos en parte para distraerse del escándalo de Jeffrey Epstein que había envuelto su presidencia, según una nueva encuesta.

La encuesta reveló que una sólida mayoría del 52-40 de los votantes estuvo de acuerdo con la afirmación, mientras que el 8% restante dijo no estar seguro de sus motivaciones. Los hallazgos no sorprenderán a un público que ha transformado el nombre en clave de Trump para la guerra, Operación Furia Épica, en "Operación Furia Epstein".

La creencia de que Trump está tratando de sacar a Epstein de las portadas yendo a la guerra con Irán es sostenida con más fuerza, como era de esperar, por los demócratas, quienes están de acuerdo con la afirmación por un margen de 81-14. Para los menores de 45 años, se está convirtiendo en un artículo de fe, con una mayoría del 66%-26% de acuerdo con la idea. Pero incluso una cuarta parte de los republicanos dijeron a los encuestadores que Trump lanzó la guerra como una distracción de Epstein.

La encuesta a 1.272 votantes probables, utilizando un panel web nacional de encuestados, fue realizada del 6 al 8 de marzo por Data for Progress, y pagada por Drop Site News y Zeteo. Lanzamos la encuesta para poder hacerle al pueblo estadounidense el tipo de preguntas que las organizaciones de noticias convencionales evitan. (...).

La creencia pública de que Trump libró la guerra en curso para distraer del escándalo Epstein fue calificada de antisemita esta semana por la Liga Antidifamación y el Washington Post, que dijeron que la afirmación viral debe su popularidad a una "red de propaganda pro-Irán".

"Muy pronto después de que comenzó el conflicto, este cambio de marca conspirativo de la Operación Furia Épica a 'Operación Furia Epstein' comenzó a circular en las plataformas de redes sociales", dijo Oren Segal, "vicepresidente senior de contraterrorismo e inteligencia" de la ADL, al Post. Un informe de la ADL dijo que la frase "Epstein Fury" ha sido mencionada más de 90.000 veces por aproximadamente 60.000 cuentas. El Post no explicó por qué era antisemita creer que Trump lanzó la guerra para distraer del escándalo Epstein, más allá de señalar que Epstein era judío.

El Post despidió recientemente a todo su equipo de Oriente Medio. No obstante, según el Post, los iraníes están tratando de socavar el apoyo estadounidense a la guerra vinculándolo a Epstein. "Para erosionar el apoyo público a la operación militar conjunta entre Estados Unidos e Israel, los medios estatales iraníes han buscado retratar a los líderes de esos países como parte de una "clase Epstein" o un "régimen Epstein" corrupto y depravado", informó el periódico, afirmando que "el mensaje se está difundiendo a través de cuentas de 'noticias' con nombres genéricos" que hacen propaganda para Irán. El término "clase Epstein" fue de hecho utilizado por primera vez por políticos demócratas estadounidenses como el senador Jon Ossoff, que es judío, y el representante Ro Khanna, que no lo es.
La influencia de Israel

La encuesta también abordó la cuestión de la influencia israelí en la toma de decisiones de Trump. Los estadounidenses estaban divididos sobre la cuestión de la lealtad de Trump, con un 47% diciendo que es más receptivo al pueblo estadounidense que a Israel, y un 46% diciendo que era más receptivo a Israel.

Entre los independientes, un bloque de votantes crucial que inclinó la elección a favor de Trump, la mitad (50-44%) dijo que Trump prioriza los intereses israelíes sobre los de los estadounidenses. Entre los republicanos, el 17% dijo lo mismo. Los demócratas mantuvieron abrumadoramente esa opinión, 75-17%.

Preguntados si la administración Trump estaba persiguiendo su guerra con Irán "principalmente por intereses estadounidenses" o "principalmente por intereses israelíes", el público también estaba dividido, pero la mitad (50-41%) dijo que estaba considerando a Estados Unidos primero. Otro 9% dijo que no lo sabía.

Aún así, ningún presidente ha ido a la guerra con el 41% del país convencido de que lo hacía en nombre de un país extranjero, lo que sitúa la guerra de Trump e Israel en un territorio inexplorado.

Reacción electoral

La encuesta reveló que los estadounidenses están descontentos con ello, con un 55% diciendo que lo desaprueban; entre ellos, el 39% dijo que lo desaprueba fuertemente, mientras que solo el 42% lo aprueba. Este resultado está en línea con otras encuestas sobre la guerra.

A pesar de todo, los votantes creen abrumadoramente que la guerra empeorará sus vidas. La encuesta se realizó antes de la salvaje volatilidad en el mercado del petróleo, pero incluso entonces, el 49% de los votantes dijo que la guerra "hará mi vida más difícil", en comparación con solo el 10% que dijo que vería una mejora. Un tercio dijo que no tendría ningún impacto.

 Sin embargo, para Washington puede ser más apremiante la actitud del público hacia los políticos y candidatos que apoyan la guerra o que apoyan la financiación suplementaria de emergencia para la guerra, que Trump ha solicitado. La encuesta preguntó si los votantes serían más o menos propensos a votar por un candidato al Congreso en 2026 o por un candidato presidencial en 2028 si apoyan la guerra o la financiación de nuevas guerras.

Para los votantes demócratas, la pregunta es existencial. Un candidato que apoye la guerra será castigado duramente por los votantes de las primarias en las elecciones al Congreso de 2026, con los votantes diciendo que serían un 79% menos propensos a apoyarlo, una cifra que se mantuvo aproximadamente igual para los candidatos presidenciales de 2028.

Los republicanos, sin embargo, serían más propensos a apoyar a un candidato pro-guerra por una diferencia neta de 39 puntos, con solo el 20% diciendo que eso los haría menos propensos a respaldar al candidato para presidente.

En las elecciones generales, esto significa que los votantes serían 19 puntos menos propensos a apoyar a un candidato al Congreso; aproximadamente el mismo resultado se aplica a los candidatos que votan a favor del gasto en guerra. Entre los candidatos presidenciales, el número es negativo 19.

Aún así, la encuesta encontró opiniones contradictorias entre los estadounidenses. Por un margen neto de 70 puntos (83-13%), los votantes dijeron que era importante para ellos que se impidiera a Irán poseer misiles balísticos capaces de alcanzar Israel. (En retrospectiva, la palabra "prevenir" puede haber sido la incorrecta para usar, ya que Irán ya posee tales armas).

Preguntado si a Irán se le debería permitir poseer misiles balísticos "porque los países tienen derecho a defenderse", solo el 13% estuvo de acuerdo, mientras que el 14% dijo que "no es una preocupación de Estados Unidos". Los dos tercios restantes dijeron que se les debería impedir tenerlos.

Huelga de la Escuela Primaria de Niñas

Finalmente, preguntamos cuánto habían leído, visto u oído los votantes sobre el ataque a la escuela de niñas en el sur de Irán, que mató a más de 180 personas, en su mayoría niñas pequeñas.

Un 32% completo dijo que no había oído nada en absoluto, y otro 23% dijo que había oído "un poco". Alrededor del 29% dijo haber oído "algo", y el 16% había oído "mucho".

De quienes habían oído hablar de ello, el 70% creía que era obra de Israel, Estados Unidos o de ambos juntos. Una cuarta parte de los estadounidenses cree que Irán atacó la escuela, una teoría que fue promovida por Trump y un grupo de defensores de la guerra sin pruebas. Los republicanos son el único grupo demográfico donde una porción sustancial sostiene esa opinión, con el 45% culpando a Irán, el 45% culpando a Estados Unidos y/o Israel, y el 10% sin estar seguro." 

(Ryan Grim  , Drop Site News, 11/03/26, traducción Quillbot, enlaces y gráficos en el original) 

Destruir la marina y la fuerza aérea de Irán, o bombardear Teherán, es militarmente sencillo pero estratégicamente insignificante... Estados Unidos puede causar mucha destrucción y carnicería en Irán, y de hecho ya lo está haciendo, incluso atacando infraestructura civil como escuelas, hospitales, depósitos de petróleo y plantas desalinizadoras, reservando a Irán el trato de Gaza, pero más allá de eso, la administración Trump no tiene una definición de victoria alcanzable... nadie ha explicado cómo transformar Irán en una colonia de Estados Unidos e Israel... es prácticamente imposible imaginar a un líder creíble que aceptara el cambio de 180 grados en la orientación de Irán exigido por Estados Unidos e Israel... la realidad es que la República está demostrando ser mucho más resistente de lo que Trump anticipó... a medida que la masiva campaña de bombardeo de choque y pavor de Estados Unidos e Israel continúa, "los sentimientos nacionalistas en el terreno se están fortaleciendo"... Irán tiene el tiempo de su lado: al atacar la infraestructura energética en los estados del Golfo, y bloquear el Estrecho de Ormuz, ya ha provocado un enorme aumento de los precios de la energía. Si la guerra continúa incluso por unas pocas semanas, "derrumbará las economías del mundo"... el caos en sí mismo parece ser el objetivo de Israel, colapsar Irán en una balcanización étnica y un estado fallido... A mayor escala, la guerra debe entenderse en el contexto de la sobreextensión estadounidense en cuatro teatros simultáneos: Venezuela, Ucrania, Irán y Taiwán... La afirmación de Trump de que Estados Unidos puede luchar esta guerra "para siempre" sin quedarse sin municiones es simplemente delirante (Thomas Fazi)

 "Trump y Hegseth siguen repitiendo que Estados Unidos e Israel están ganando la guerra contra Irán. Como prueba de esto, señalan los bombardeos aéreos masivos contra los que Irán ha demostrado ser en gran medida indefenso, y que han diezmado su marina y su fuerza aérea.

Pero esta es una ilusión peligrosa. La realidad es que destruir la marina y la fuerza aérea de Irán —o bombardear Teherán, para el caso— es militarmente sencillo pero estratégicamente insignificante. Estados Unidos puede, de hecho, causar mucha destrucción y carnicería en Irán —y de hecho ya lo está haciendo, incluso atacando infraestructura civil como escuelas, hospitales, depósitos de petróleo y plantas desalinizadoras, es decir, reservando a Irán el trato de Gaza— pero más allá de eso, la administración Trump no tiene una definición de victoria alcanzable, y mucho menos una estrategia coherente para llegar allí.

Los objetivos declarados —desmantelar el programa de misiles balísticos de Irán, poner fin al enriquecimiento nuclear y cortar el apoyo a los hutíes, Hezbolá y Hamás— son inalcanzables solo con fuerza militar. Si el régimen sobrevive, simplemente se reconstruirá. La única vía para resolver permanentemente esos tres "problemas", desde la perspectiva estadounidense-israelí, es el cambio de régimen. Eso significa no solo reemplazar al gobierno, sino reemplazarlo con uno que sea completamente sumiso a Estados Unidos e Israel, un régimen títere. Efectivamente, significaría transformar Irán en una colonia de Estados Unidos e Israel.

Sin embargo, incluso dejando de lado lo absurdo de que Estados Unidos reclame el derecho a decidir quién dirige Irán, nadie ha explicado cómo lograrlo. La vacuidad del pensamiento de la administración fue expuesta por el propio Trump, quien reconoció en una conferencia de prensa que la mayoría de las figuras de la oposición identificadas como posibles líderes de reemplazo ya estaban muertas, en algunos casos asesinadas por ataques estadounidenses e israelíes. Habló de agotar una primera ola de reemplazos, luego una segunda, y expresó incertidumbre sobre la tercera.

Como explicó Trita Parsi del Instituto Quincy en el New York Times, es prácticamente imposible imaginar a un líder creíble que aceptara el cambio de 180 grados en la orientación de Irán exigido por Estados Unidos e Israel, por no hablar de poder venderlo al público iraní. Pero más fundamentalmente, la realidad es que la República está demostrando ser mucho más resistente de lo que Trump anticipó. Como señaló Parsi, a medida que la masiva campaña de bombardeo de choque y pavor de Estados Unidos e Israel continúa causando muertes civiles y destrucción generalizada, "los sentimientos nacionalistas en el terreno se están fortaleciendo".

El registro histórico no augura nada bueno para Estados Unidos e Israel: el poder aéreo por sí solo casi nunca produce un cambio de régimen. Alemania y Japón en la Segunda Guerra Mundial sufrieron devastadoras campañas de bombardeo, con cientos de miles de muertos, y ninguno de los dos regímenes colapsó hasta que llegaron las fuerzas terrestres. La Guerra Irán-Irak de 1980-88, que costó a Irán hasta medio millón de vidas, ofrece una advertencia adicional: los iraníes consideraron ese conflicto como existencial, tal como consideran este.

La afirmación de Hegseth de que los lanzamientos de misiles iraníes habían disminuido un 80% desde su pico del primer día es igualmente engañosa. Lo más racional que Irán podría hacer sería conservar misiles para una guerra prolongada, no gastarlos de antemano. Las imágenes de video que muestran misiles disparando directamente desde posiciones ocultas bajo el suelo del desierto subrayan el punto: no hay infraestructura visible y, por lo tanto, no hay forma de apuntarlos.

Más fundamentalmente, Irán tiene el tiempo de su lado: al atacar la infraestructura energética en los estados del Golfo —y, lo que es más crucial, bloquear el Estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte de todos los productos petrolíferos y gas natural licuado (GNL) comercializados a nivel mundial— Irán ya ha provocado un enorme aumento de los precios de la energía. Si la guerra continúa incluso por unas pocas semanas, "derrumbará las economías del mundo", como dijo Saad al-Kaabi, ministro de Energía de Qatar, al Financial Times.

 Dado que la decapitación ha fracasado y es poco probable que la fuerza aérea alcance el objetivo, Estados Unidos probablemente se verá tentado a recurrir a opciones encubiertas y por delegación, armando a las minorías kurdas y azerbaiyanas para fomentar la insurrección interna. Según informes, Trump ya se ha puesto en contacto con líderes kurdos dentro de Irán. Pero los kurdos de Irán representan aproximadamente el 10% de la población, y los azerbaiyanos quizás el 16-18%, ambos concentrados en el noroeste. Tampoco están en posición de marchar sobre Teherán, y Turquía —profundamente opuesta a cualquier movimiento de independencia kurdo— se levantaría en armas (literalmente) ante el intento. Lo más condenatorio es que los ataques estadounidenses e israelíes supuestamente han alcanzado áreas kurdas incluso cuando los funcionarios planeaban armarlas. El patrón más amplio apunta a una escalada improvisada en busca de una estrategia que no existe.

Existe, por supuesto, la posibilidad de que el caos en sí mismo sea la "estrategia": colapsar Irán en una balcanización étnica y un estado fallido, alimentando las tensiones étnicas y los movimientos secesionistas, y dejando a Irán profundamente dividido y marcado por la guerra civil y la violencia sectaria, lo que conduciría efectivamente a la sirianización de Irán. Este ciertamente parece ser el objetivo de Israel. Danny Citrinowicz, investigador principal del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Tel Aviv, resumió con franqueza la posición del gobierno israelí: "Si podemos tener un golpe de Estado, genial. Si podemos tener gente en las calles, genial. Si podemos tener una guerra civil, genial. A Israel no le importa lo más mínimo el futuro... [o] la estabilidad de Irán. No hace falta decir que las consecuencias regionales, y de hecho, globales de esto serían catastróficas.

A mayor escala, la guerra debe entenderse en el contexto de la sobreextensión estadounidense en cuatro teatros simultáneos: Venezuela, Ucrania, Irán y Taiwán. Estados Unidos ha pasado la era posterior a la Guerra Fría desmantelando su base industrial y ya no puede regenerar municiones de precisión al ritmo que exige un conflicto sostenido. De hecho, Estados Unidos ya se ha visto obligado a comenzar a trasladar partes de sus sistemas de defensa antimisiles THAAD de Corea del Sur a Oriente Medio. La afirmación de Trump de que Estados Unidos puede luchar esta guerra "para siempre" sin quedarse sin municiones es simplemente delirante.

Luego está la dimensión geopolítica más amplia. China y Rusia ya apoyaban a Irán antes de la guerra y seguirán haciéndolo, e incluso probablemente intensificarán su apoyo. Ambos tienen un profundo interés en ver a Irán prevalecer, por lo que cuanto más se prolongue la guerra, mayores serán las posibilidades de que esto se convierta en una guerra global total.

En última instancia, a casi dos semanas de iniciada la guerra, el problema fundamental sigue siendo el mismo: no solo Estados Unidos e Israel iniciaron una guerra ilegal y criminal que ya ha causado mucha muerte y destrucción en Irán y en la región más amplia de Oriente Medio, sino que parece que lo hicieron con la idea de que causar muerte y destrucción generalizadas por sí solo daría resultados, o peor aún, con la muerte y la destrucción como un objetivo estratégico en sí mismo." 

(Thomas Fazi  , blog, 11/03/26, traducción Quillbot, enlaces en el original) 

11.3.26

La mafia ucraniana... Es en este contexto en el que hay que ver la última locura de Vladimir Zelensky: Zelensky ha amenazado al líder húngaro, Viktor Orbán, diciéndole que entregará la dirección del primer ministro a «nuestros chicos» del ejército para que puedan «comunicarse con él en su propio idioma». Obviamente, esto ya ni siquiera es una insinuación de violencia, sino el equivalente a que un padrino de la mafia le deje una cabeza de caballo muerta en la almohada... Zelensky siente que puede proferir una amenaza directa, al estilo de la mafia, contra el líder de un Estado miembro de la UE. Sin embargo, no hay ninguna sorpresa. Zelensky ha estado al frente de un régimen que combina un extraño sentido de derecho, exigencias descaradas, una corrupción escandalosamente codiciosa y un repulsivo historial de sabotajes y asesinatos, incluso contra sus propios patrocinadores occidentales... es un hecho notable que, solo un día después del ataque abierto de Zelensky, Hungría golpeara a su régimen ultracorrupto donde más le duele, es decir, en su dinero: en una operación sin duda deliberadamente espectacular, las fuerzas antiterroristas húngaras detuvieron un envío de divisas y oro ucraniano que cruzaba su país en dos transportes blindados... el transporte forma parte de una operación de blanqueo de dinero. Entre los detenidos se encontraba un antiguo general de alto rango del servicio de inteligencia y policía secreta de Ucrania... Según el ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Peter Szijjarto, estos fondos podrían estar vinculados a la «mafia», refiriéndose aquí, obviamente, no solo al crimen organizado en Ucrania, sino a los propios círculos de Zelensky, que pueden ser lo mismo, por supuesto (Tarik Cyril Amar)

 "La política puede ser muy dura. Sin embargo, por lo general, siempre que no se llegue a una guerra, al menos en público se mantiene un mínimo de decoro. Especialmente por parte de los gobiernos que dependen vitalmente del apoyo de otros. Sin embargo, Ucrania, bajo el mandato del nunca reelegido Vladimir Zelensky, tiene todo menos un sistema político normal.

Es en este contexto en el que hay que ver la última locura de Vladimir Zelensky: Zelensky ha amenazado al líder húngaro, Viktor Orbán, diciéndole que entregará la dirección del primer ministro a «nuestros chicos» del ejército para que puedan «comunicarse con él en su propio idioma». Obviamente, esto ya ni siquiera es una insinuación de violencia, sino el equivalente a que un padrino de la mafia le deje una cabeza de caballo muerta en la almohada o una bala en el felpudo. La razón: Orbán está ejerciendo su derecho dentro de la UE a no aceptar otro «préstamo» demencial —del tipo que nunca se devolverá, al menos no por parte de nadie en Ucrania— para el régimen astronómicamente corrupto de Zelensky.      

Orbán tiene razón sobre ese «préstamo», por supuesto. Sin embargo, eso ni siquiera es el núcleo de este escándalo en particular. Lo es el hecho de que Zelensky sienta que puede proferir una amenaza directa, al estilo de la mafia, contra el líder de un Estado miembro de la UE. En cuanto a Zelensky, sin embargo, no hay ninguna sorpresa. Ha estado al frente de un régimen que combina un extraño sentido de derecho, exigencias descaradas, una corrupción escandalosamente codiciosa y un repulsivo historial de sabotajes y asesinatos, incluso contra sus propios patrocinadores occidentales. Pregunte a los alemanes que aún tienen carácter por el ataque al Nord Stream, por ejemplo. O, si no encuentra a ningún alemán con carácter, pregúntele a Viktor Orbán, que lo ha calificado acertadamente de «terrorismo de Estado».

Lo que hay que destacar más que la depravada sensación de impunidad de Zelensky es que tiene motivos para sentirse así. Es cierto que, en este caso, la Comisión Europea ha protestado públicamente contra su comportamiento bárbaro. Pero seamos realistas, eso es una formalidad, nada más que una suave palmada en la mano por guardar las apariencias. Lo que realmente importa es que, primero, Occidente en su conjunto y, recientemente, las «élites» de la UE por su cuenta, han pasado años envalentonando a Zelensky y a su régimen alimentando la corrupción de Ucrania, aceptando y difundiendo las mentiras de Kiev y suprimiendo cualquier crítica a esta política como «argumentos rusos».

De hecho, en la UE, Hungría y Eslovaquia también han sido acosadas y tratadas como parias por su resistencia a este mimo al régimen de Zelensky. Es aún más notable que ambos países se hayan mantenido firmes en sus principios, incluso teniendo que ceder terreno en repetidas ocasiones.

Por lo tanto, puede que sea una coincidencia, pero es un hecho notable que, solo un día después del ataque abierto de Zelensky, Hungría golpeara a su régimen ultracorrupto donde más le duele, es decir, en su dinero: en una operación sin duda deliberadamente espectacular —con pasamontañas, chalecos antibalas y rifles de asalto incluidos, y todo cuidadosamente capturado por las cámaras—, las fuerzas antiterroristas húngaras detuvieron un envío de divisas y oro ucraniano que cruzaba su país en dos transportes blindados.

Tras arrestar y detener temporalmente a siete ucranianos, las autoridades húngaras encontraron 40 millones de dólares, 35 millones de euros y unos nueve kilogramos de oro. Aunque los detenidos han sido puestos en libertad y han regresado a Ucrania, el dinero y el oro, así como los transportes, han permanecido en Hungría.

Kiev ha calificado las medidas húngaras de «terrorismo de Estado», lo cual es tan absurdo como convincente es la valoración de Orbán sobre el ataque al Nord Stream. El Gobierno ucraniano y el Oshchad Bank, que había organizado el transporte, afirman que todo era perfectamente legal, pero las autoridades húngaras ven las cosas de forma muy diferente. Su agencia de aduanas afirma que se sospecha que el transporte forma parte de una operación de blanqueo de dinero. También sostienen que entre los detenidos se encontraba un antiguo general de alto rango del servicio de inteligencia y policía secreta de Ucrania, el SBU. Los periodistas ucranianos, por su parte, han llegado a identificar al general como Genady Kuznetsov, antiguo jefe del Centro de Operaciones Especiales Antiterroristas de Kiev.

La agencia de aduanas de Budapest también ha hecho públicas algunas cifras intrigantes: en los dos primeros meses de este año, el total de divisas y oro enviado a Ucrania a través de Hungría ya ha ascendido a más de 900 millones de dólares, más de 420 millones de euros y 146 kilogramos de oro. Es evidente que las cantidades finalmente detenidas y, al parecer, incautadas eran solo una pequeña parte de un flujo mucho mayor y continuo.

Según el ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Peter Szijjarto, estos fondos podrían estar vinculados a la «mafia», refiriéndose aquí, obviamente, no solo al crimen organizado en Ucrania, sino a los propios círculos de Zelensky, que pueden ser lo mismo, por supuesto. Además, Szijjarto es un hombre inteligente; es posible que también haya enviado un mensaje implícito a Kiev: si hablan como la mafia, les trataremos como a la mafia. Resto de Europa: observen y aprendan.

En cualquier caso, Szijjarto ha exigido aclaraciones a Kiev. Es poco probable que se conforme con las explicaciones que han dado hasta ahora los medios de comunicación ucranianos. A saber, que estos transportes terrestres a gran escala y de alto valor se deben simplemente al hecho de que los envíos por vía aérea se han suspendido desde la escalada a gran escala de las hostilidades con Rusia en febrero de 2022.

Todo lo anterior tiene lugar en el contexto de un conflicto político más amplio —y feroz— entre Budapest (y también Bratislava), por un lado, y Kiev, así como, en la práctica, la Comisión Europea, por otro. Escondiéndose tras pretextos, Ucrania ha bloqueado los suministros de petróleo de Rusia a través del oleoducto «Druzhba» («Amistad»). Hungría y Eslovaquia necesitan este petróleo y están luchando por que se reabra el oleoducto. Como era de esperar, aunque son miembros de la UE y Ucrania no lo es, la UE les está dejando solos e incluso, en realidad, se está poniendo del lado de Kiev.

Hay algo que la UE podría aprender de uno de los personajes mafiosos más famosos de Hollywood: El Padrino, interpretado por el difunto y brillante Marlon Brando. Él era inflexible en una cosa muy simple: nunca se ponga del lado de los forasteros para ir en contra de «la familia». Eso no es más que la lógica sensata de la acción colectiva y la confianza. Sin embargo, la UE no es capaz de dominar ni siquiera eso.

Bruselas, para empeorar aún más las cosas, no va a abandonar su plan de convertir a Ucrania en miembro. Afortunadamente, se ha paralizado una opción especial de vía rápida, es decir, de trampa. Pero la idea no ha muerto, como debería. Recordemos que la cadena de acontecimientos que desencadenó todo este lío —la guerra y todo lo demás— se inició cuando la UE insistió en un acuerdo de asociación especial con Ucrania, excluyendo a Rusia. La imprudente expansión de la OTAN hacia el este había allanado el camino hacia la perdición, pero fueron las medidas de la UE en 2013 y 2014 las que realmente llevaron las cosas al límite.

 Ahora, la UE no puede abandonar su estrategia preferida: cuando tiene a Ucrania en un profundo agujero empapado de sangre, cava más profundo.

Hungría y Eslovaquia son sensatas con respecto a Ucrania, el resto de la UE no lo es. Las amenazas mafiosas de Zelensky han demostrado una vez más que su régimen debería ser aislado en lugar de cortejado, atiborrado de dinero y apoyado. Al menos, si los líderes de la UE actuaran en interés de los 450 millones de europeos que nunca les han elegido, pero a los que dicen representar.

El régimen de Zelensky no representa los intereses de los ucranianos de a pie; el de la UE tampoco se interesa por los de los europeos de a pie. Quizás por eso se sienten tan cercanos." 

(Tarik Cyril Amar, blog Salvador López Arnal, 10/03/26, traducción DEEPL)

Profundamente desindustrializada, la primera economía del mundo se apoya en cuatro grandes pilares: los servicios financieros, el sector militar, la extracción de hidrocarburos y la tecnología punta. Y la guerra en Irán responde estrictamente a las necesidades de estos cuatro ámbitos... Si los actores de todo el mundo confían en el billete verde es porque confían en su capacidad para dominar el mundo. Esto significa que el dólar siempre encontrará compradores porque está respaldado por el poder militar de Estados Unidos... Esta aceptación es fundamental para Washington, cuya economía no podría funcionar sin financiación externa, es decir, sin esta demanda de dólares, no solo porque el déficit público es parte integrante de este modelo económico, sino también porque Wall Street utiliza la demanda de dólares como materia prima... El objetivo es el control político de Irán por parte de Washington, según un esquema ya aplicado en Venezuela... se trata de garantizar a largo plazo la producción de oro negro, pero también las vías de suministro perturbadas por el Irán islámico y sus aliados, en particular los hutíes en Yemen... Detrás de la fuerza bruta hay, por tanto, un objetivo económico crucial para el modelo económico soñado por Donald Trump: el de una economía nuevamente basada totalmente en el petróleo y el gas, que se apoya en grupos petroleros superpoderosos... Trump está convencido de que su país está protegido por sus reservas estratégicas de petróleo y que, a largo plazo, ganará más de lo que perderá. Su lógica es la de la destrucción que caracteriza al capitalismo contemporáneo (Romaric Godin)

"A primera vista, el asunto está claro. La nueva aventura militar en la que se han embarcado Donald Trump y su aliado israelí contra Irán parece ser el resultado de una sed insaciable de poder. Y la economía, desde este punto de vista, parece ser una víctima de esta lógica.

El lunes 2 de marzo, la ampliación del conflicto a toda la región, su posible prolongación en el tiempo y la amenaza de bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que transitan cada día 149 millones de barriles de petróleo, provocaron una subida del precio del oro negro. El precio del barril de petróleo Brent del Mar del Norte subió hasta un 13%, antes de estabilizarse en un aumento del 7%. La inestabilidad geopolítica preocupa a las empresas y ha provocado una corrección en los mercados bursátiles.     

Todo ello alimenta la idea de que esta guerra no es más que el resultado del afán de poder del inquilino de la Casa Blanca, y que la economía será la víctima. En términos más generales, lo que se desprende de esta narrativa es la idea de una lógica puramente geopolítica que dominaría el mundo a partir de ahora.

La consecuencia de esta interpretación es que los retos económicos pasan a un segundo plano frente a los juegos de poder. Si se quisiera llevar esta idea hasta sus últimas consecuencias, casi se podría ver en ella una crítica al concepto mismo de capitalismo, ya que, a partir de ahora, la lógica de la acumulación de capital ya no desempeñaría un papel central en los conflictos mundiales. Por lo demás, se trata de una narrativa que parece imponerse lentamente a medida que Donald Trump da golpes de fuerza, considerados absurdos desde el punto de vista económico.

En el caso específico de Irán, la existencia de negociaciones antes del estallido de la guerra, en las que el régimen de Teherán habría aceptado concesiones económicas, en particular la apertura de sus sectores del gas y el petróleo a las grandes empresas estadounidenses, confirmaría esta interpretación no económica del conflicto. Pero esta visión es demasiado limitada.

La guerra como medio para continuar la acumulación

De hecho, el momento en que estalló este conflicto solo se entiende en un contexto económico específico. Lo que es cierto tanto en relación a Irán: a finales de 2025, la República Islámica tuvo que hacer frente a un levantamiento sin precedentes de su población, exasperada por el estancamiento de su gestión económica. Esto condujo a una represión brutal que debilitó los cimientos del régimen, como a Estados Unidos: Donald Trump ya no puede ocultar su fracaso económico. Elegido con la promesa de poner fin a la crisis del poder adquisitivo y a la desindustrialización del país, se ve reducido a retomar los argumentos de sus predecesores para negar lo evidente, es decir, la existencia de una crisis del nivel de vida de sus compatriotas. Su política proteccionista ha sido incapaz de responder a la desindustrialización del país, mientras que el empleo industrial no deja de retroceder.

En realidad, el régimen de Washington promueve un crecimiento basado en la burbuja de la inteligencia artificial y la explosión del gasto sanitario. En su discurso sobre el estado de la Unión de la semana pasada, Trump escenificó la negación de estos problemas reales. Pero, a pocos meses de las elecciones de mitad de mandato, en las que una derrota sería una pesadilla para él, también necesitaba encontrar una distracción. En este caso, una buena guerra es siempre la mejor solución para imponer la unidad nacional detrás del líder en el poder.

Sin embargo, sería un error verlo como un simple elemento coyuntural. La crisis de la affordability, como se dice al otro lado del Atlántico para referirse a la crisis del poder adquisitivo, es en realidad estructural, es decir, está profundamente arraigada en las contradicciones del modelo económico de la primera potencia mundial. Ni la austeridad de Barack Obama, ni la reactivación de Joe Biden, ni siquiera el proteccionismo de Donald Trump han podido resolver realmente esta crisis.

En este tipo de contexto, la guerra como salida política y económica se convierte en una necesidad constitutiva de la gestión de la economía de Estados Unidos, un medio para garantizar la continuidad de la acumulación. Para comprenderlo, hay que volver a lo que hoy en día constituye la fuerza de la economía estadounidense, aparte del consumo de los hogares, es decir, los sectores estrella que permiten la acumulación en este país.

Profundamente desindustrializada, la primera economía del mundo se apoya en cuatro grandes pilares: los servicios financieros, el sector militar, la extracción de hidrocarburos y la tecnología punta. Y, como veremos, la guerra en Irán responde estrictamente a las necesidades de estos cuatro ámbitos.

Asegurar la preeminencia del dólar

En primer lugar, haciendo uso de la fuerza y matando o secuestrando a los jefes de Estado de los regímenes que considera hostiles, Washington consolida su estatus de primera potencia mundial, que ha dejado de ser evidente en un momento en el que China ya no es solo el taller del mundo financiado por el capital estadounidense, sino una potencia autónoma que busca imponerse en el ámbito militar y tecnológico.

Ahora bien, este estatus de amo del mundo tiene una importancia económica crucial para la Casa Blanca: la de garantizar el predominio del dólar como moneda de reserva. Si los actores de todo el mundo confían en el billete verde es porque confían en su capacidad para dominar el mundo. En concreto, esto significa que el dólar siempre encontrará compradores porque está respaldado por el poder militar de Estados Unidos.

Ni Rusia ni China acuden en ayuda de Irán

Esta aceptación es fundamental para Washington, cuya economía no podría funcionar sin financiación externa, es decir, sin esta demanda de dólares, no solo porque el déficit público es parte integrante de este modelo económico, sino también porque Wall Street utiliza la demanda de dólares como materia prima.

Sin embargo, desde hace algunos años, y más aún desde el regreso de Donald Trump al poder en 2025, algunas potencias, empezando por China o Rusia, intentan desconectarse del sistema del dólar o, al menos, pretenden hacerlo.

La afirmación de esta capacidad casi única de Estados Unidos de actuar como policía cuando lo considera útil permite reafirmar la centralidad del billete verde. También pone de relieve la debilidad de la alternativa» Ni Rusia ni China acuden en ayuda de Irán, lo que implica una validación implícita de la idea de la persistencia del dominio estadounidense. Por esta razón, el lunes 2 de marzo, el dólar subió frente a las principales divisas mundiales.

El uso del militarismo

Pero, evidentemente, eso no es todo. Detrás de esta intervención, como detrás de todas las demostraciones de fuerza de Donald Trump, está la idea de desarrollar aún más el sector militar como un sector puntero dominado por Estados Unidos. Cuando el crecimiento se ralentizó, el rearme reactivó la máquina.

No es casualidad que los regímenes autoritarios, y en particular los fascistas, hayan hecho crecer el sector militar. Es un ámbito que permite dar la ilusión de crecimiento gracias al gasto público y compensar así los sectores deficientes de la economía. En 1913, en su texto La acumulación del capital, Rosa Luxemburg explicaba que el “militarismo” es un “campo de acumulación” de capital que se desarrolla tanto más cuanto que la competencia “mundial intensificada” hace que el control de los recursos y los mercados sea cada vez más crítico.

Cuando el crecimiento mundial se ralentiza, el reparto del pastel se vuelve cada vez más difícil y conduce naturalmente al uso del militarismo. Por dos razones: en primer lugar, porque da la ilusión de reactivar el crecimiento y, en segundo lugar, porque permite reforzar las condiciones de depredación que se han vuelto inevitables para los capitalistas de las grandes potencias.

Una economía basada en el petróleo y el gas

Uno de los retos de la guerra en curso es el control de la producción petrolera, pero lo que se persigue es un control político. Este punto es esencial. El objetivo del cambio de régimen en Teherán no es el establecimiento de una democracia liberal: el secretario de Estado Pete Hegseth lo ha reconocido abiertamente al afirmar que Estados Unidos “no está llevando a cabo un ejercicio de construcción de la democracia”. El objetivo es el control político del país por parte de Washington, según un esquema ya aplicado en Venezuela.

En otras palabras, sería erróneo pensar que Donald Trump podría haberse contentado con concesiones del régimen iraní en su sector petrolero. Tales concesiones habrían dejado el control estadounidense condicionado a la buena voluntad de un régimen siempre más o menos hostil. En realidad, se trata de garantizar a largo plazo la producción de oro negro, pero también las vías de suministro perturbadas por el Irán islámico y sus aliados, en particular los hutíes en Yemen.

En la mente del inquilino de la Casa Blanca, podría incluso haber la idea de un debilitamiento chino, ya que Irán es el principal proveedor de Pekín y Donald Trump pretende no ver aerogeneradores ni paneles solares en China. En cualquier caso, tal visión supone una recuperación directa y concreta del control.

Detrás de la fuerza bruta hay, por tanto, un objetivo económico crucial para el modelo económico soñado por Donald Trump: el de una economía nuevamente basada totalmente en el petróleo y el gas, que se apoya en grupos petroleros superpoderosos. Un sueño que el presidente estadounidense nunca ha ocultado y que se inscribe en la construcción más amplia de una red de vasallaje en torno a Washington. Los europeos, recientemente objeto de la misma lógica, parecen haberlo olvidado de repente, ahora que se dirige a otros destinatarios.

El nudo tecnología-defensa

Otro objetivo de la guerra es alimentar el sector armamentístico, al menos a través de tres palancas. La primera, clásica, consiste en justificar la producción militar. Uno de los puntos delicados de dicha producción es que, más allá de su capacidad puntual para sostener el crecimiento, hay que poder renovarla y desarrollarla permanentemente.

El uso de la fuerza permite así justificar la producción anterior de armamento mostrando su utilidad, al tiempo que se fomenta la producción de más armas para satisfacer las necesidades del conflicto en curso y de los futuros. El crecimiento militarista es una huida hacia adelante que se resuelve con la destrucción. En este sentido, ningún conflicto está exento de profundas motivaciones económicas en el marco capitalista.

Aquellos que se hacen ilusiones, por ejemplo, sobre la guerra fría, en la que se habría evitado un conflicto importante, olvidan no solo la miríada de enfrentamientos secundarios, algunos de los cuales fueron muy mortíferos (Corea, Vietnam, Angola, América Central, Mozambique, por citar solo algunos…), sino también el legado de la producción [militar] anterior en las guerras actuales, empezando por la de Ucrania. La exigencia del crecimiento hace que no se fabriquen armas impunemente.

Una guerra es también un formidable escaparate para las producciones militares. Las réplicas iraníes en los países del Golfo no pueden sino incitar a estos últimos a reforzar aún más sus gastos militares. Pero el mismo reflejo puede producirse en otras regiones del mundo. Y para responder a la demanda, hay que estar presente en esta campaña de marketing que representan los conflictos en curso.

En un contexto económico europeo mucho más deprimido que el de Estados Unidos, es imposible que los sectores militares francés, alemán y británico dejen el campo libre a sus competidores del otro lado del Atlántico y de Israel. Es en este marco donde hay que entender la “buena voluntad” de estos países para llevar a cabo también “acciones defensivas” contra Irán. Esto es aún más crucial si se tiene en cuenta que el gasto militar está aumentando considerablemente en el Viejo Continente y que, ahora, permite, por ejemplo, que Alemania salga del marasmo industrial en el que lleva sumida casi una década.

Por último, la guerra actual responde a una exigencia fundamental de la guerra capitalista: su función incubadora en materia de tecnología. A menudo, el uso militar de las tecnologías no solo permite desarrollar una ventaja frente a la competencia, sino también perfeccionar futuros usos civiles. Este nudo entre tecnología y armamento es un motor tradicional de la reactivación del crecimiento.

Por lo tanto, no es casualidad que, según el Wall Street Journal, Washington haya utilizado la inteligencia artificial para los ataques contra Irán. El uso de los modelos de lenguaje Claude de Anthropic se llevó a cabo a pesar de la negativa de la propia empresa, como si el uso militar de esta tecnología constituyera un interés superior. Cabe señalar, por otra parte, que el aliado de Estados Unidos en esta guerra, Israel, es, desde la década de 1990, un especialista mundial en esta intersección entre tecnología y defensa.

En resumen, las motivaciones de este conflicto y, en general, del resurgimiento del imperialismo estadounidense se inscriben en una lógica económica. Esta lógica es la de una huida hacia adelante depredadora para intentar escapar –en vano– de las contradicciones del capitalismo tardío. No es casualidad que esta lógica sea la de la primera potencia económica del mundo.

Los riesgos para el crecimiento mundial son evidentemente reales, sobre todo porque la operación puede atascarse y fracasar. Pero Donald Trump está convencido de que su país está protegido por sus reservas estratégicas de petróleo y que, a largo plazo, ganará más de lo que perderá. Su lógica es la de la destrucción que caracteriza al capitalismo contemporáneo. Cualquier intento de reducir lo que está sucediendo a un simple juego de poderes solo pretende, en última instancia, subestimar esta lógica."

( Romaric Godin , Rebelión, 10/03/26, fuente Mediapart

Thomas Piketty: "Digámoslo desde el principio: la deriva militarista de Estados Unidos a la que asistimos con la guerra en Irán resuena ante todo como una terrible confesión de debilidad... Las élites estadounidenses son cada vez más conscientes de la fragilidad financiera, comercial y política de su país. Los más nacionalistas entre ellos han llegado a la conclusión de que la única solución es poner las armas sobre la mesa... no se trata de promover ningún ideal colectivo, sino de engordar y rentabilizar financieramente el hecho de disponer del ejército más grande del mundo... Trump pretende utilizar la fuerza para hacer negocios jugosos dondequiera que se encuentren, con la mano en la cañonera, al estilo de las potencias coloniales europeas del pasado... Al no haber invertido lo suficiente en formación e infraestructuras, y al carecer también de una regulación colectiva adecuada, Estados Unidos ha perdido terreno y ha acumulado déficits comerciales, con una deuda externa neta que alcanza el 70 % del PIB... De ahí la tentación irrefrenable de sacar las armas para reflotarse: es tan simple como eso... Los trumpistas pueden sumirse en la negación y la agresividad militarista todo lo que quieran. Eso no cambiará el hecho de que el peso de Estados Unidos en la economía mundial no hará más que disminuir y que, tarde o temprano, el país tendrá que aceptar estas realidades"

 "Digámoslo desde el principio: la deriva militarista de Estados Unidos a la que asistimos con la guerra en Irán resuena ante todo como una terrible confesión de debilidad. Las élites estadounidenses son cada vez más conscientes de la fragilidad financiera, comercial y política de su país. Los más nacionalistas entre ellos han llegado a la conclusión de que la única solución es poner las armas sobre la mesa. El objetivo declarado de esta estrategia bélica es perfectamente claro: no se trata de promover ningún ideal colectivo, sino de engordar y rentabilizar financieramente el hecho de disponer del ejército más grande del mundo.


Hay que tomarse en serio lo que dice Trump: está dispuesto a llegar a acuerdos con todos los mulás y chavistas del planeta siempre que las empresas estadounidenses se hagan con las riquezas de Irán o Venezuela. Lo mismo ocurre con los minerales de Groenlandia, Ucrania o Rusia. Los negocios son los negocios, y Trump pretende utilizar la fuerza para hacer negocios jugosos dondequiera que se encuentren, con la mano en la cañonera, al estilo de las potencias coloniales europeas del pasado.

 También hay que tener cuidado de no sobrevalorar los factores individuales. Lo que está sucediendo desde principios de 2025 al otro lado del Atlántico muestra sin duda los límites del modelo democrático estadounidense y los riesgos extremos relacionados con la personalización del poder. Nadie había previsto hasta qué punto sería posible gobernar el país firmando decretos presidenciales en cadena, sin un contrapeso real, ni en el Congreso ni en el Tribunal Supremo (o, si acaso, muy tardíamente y de forma muy parcial, como recientemente en el caso de los aranceles aduaneros). Esto demuestra hasta qué punto la democracia debe reinventarse y replantearse constantemente en sus fundamentos institucionales (constituciones, procedimientos electorales, organización del trabajo parlamentario, funcionamiento de los partidos, financiación y gobernanza de los medios de comunicación, etc.). No hay que dar nada por sentado. Pero no hay que hacerse ilusiones: más allá del factor Trump y de las fallas institucionales que deben corregirse lo antes posible, la deriva ideológica nacionalista-extractivista del Partido Republicano sin duda ha llegado para quedarse.

 En primer lugar, porque el apetito de los republicanos por la guerra no es nada nuevo: recordemos a Bush y Irak. En segundo lugar, porque la situación financiera y comercial del país se ha deteriorado considerablemente en los últimos veinte años. Al no haber invertido lo suficiente en formación e infraestructuras, y al carecer también de una regulación colectiva adecuada, Estados Unidos ha perdido terreno y ha acumulado déficits comerciales, con una deuda externa neta que alcanza el 70 % del PIB. Aunque los tipos de interés sigan siendo bajos, lo cual no es seguro, los intereses que hay que pagar al resto del mundo alcanzarán muy pronto niveles desconocidos en la historia para una potencia militarmente dominante. De ahí la tentación irrefrenable de sacar las armas para reflotarse: es tan simple como eso.

 Esta estrategia brutal y nacionalista está condenada al fracaso, en primer lugar porque no está a la altura de las masas económicas en juego y, en segundo lugar, porque la opinión pública estadounidense no la aceptará durante mucho tiempo. El problema es que puede engañar durante un tiempo y volver a ocupar regularmente los titulares. Además, permite a los republicanos diferenciarse de los demócratas partidarios del libre comercio y presentarse, sin mucho esfuerzo, como los mejores defensores del interés nacional y de la clase trabajadora. En realidad, todo esto se asemeja a un juego de roles entre las élites nacionalistas y las élites liberales, que en el fondo están de acuerdo en mantener su dominio sobre los más pobres y el resto del mundo, causando por el camino daños considerables en todas partes.

 Lo más grave es que la fragilidad de Estados Unidos no es solo comercial y financiera: también es civilizacional y política. Es el elefante en la habitación: todo el mundo sabe que la cuestión de los daños planetarios dominará el siglo XXI y que Estados Unidos tendrá que afrontar tarde o temprano sus responsabilidades históricas y las demandas de justicia económica y reparaciones climáticas procedentes del Sur. Los trumpistas pueden sumirse en la negación y la agresividad militarista todo lo que quieran. Eso no cambiará el hecho de que el peso de Estados Unidos en la economía mundial no hará más que disminuir y que, tarde o temprano, el país tendrá que aceptar estas realidades.

 Ante esta deriva bélica y este desastre anunciado, Europa debe dotarse de los medios necesarios para influir en el mundo. Seamos claros: el uso de la fuerza contra un régimen que masacra a los manifestantes y oprime a su población puede estar perfectamente justificado. Siempre y cuando se empiece por reunir coaliciones lo más amplias posible y, sobre todo, se proponga un modelo de desarrollo y un método democrático para un proceso de transición, tanto en Irán como en otros lugares. A falta de un plan para el futuro, a falta de atención a lo que ocurre sobre el terreno una vez lanzadas las bombas, hay que reconocer que la intervención franco-británica en Libia ha sido tan poco exitosa como la de Estados Unidos en Irak.

Para salir de los atolladeros del pasado, la solución no es seguir aumentando los presupuestos de los ejércitos, que, sumados, ya alcanzan niveles considerables en Europa. Lo urgente es crear estructuras comunes que permitan tomar decisiones de forma conjunta, democrática y pluralista, tanto sobre Irán como sobre Ucrania. Lo más triste de la situación actual es la incapacidad de Francia y Alemania para ponerse de acuerdo en nada. Incluso cuando el canciller alemán defiende la incautación de los activos rusos (una postura poco habitual para un liberal), el presidente francés opta, de forma incomprensible, por oponerse. Ante la deriva militarista de Estados Unidos, es hora de que los dirigentes europeos estén a la altura de las circunstancias."

Thomas Piketty , blog, 10/03/26, traducción DEEPL) 

Yanis Varoufakis: Basta con echar un vistazo a las tóxicas medidas financieras que la UE está aplicando para financiar a Ucrania para llegar a la conclusión de que Europa no tiene ningún interés en ayudar a ese país, sino todo lo contrario... las clases dirigentes europeas recurren a derivados similares a los de Lehman con el único fin de prolongar la guerra de Ucrania... La razón por la que la UE está desesperada por mantener la guerra en Ucrania es que, tras su insustancial gestión de la crisis del euro, que la sumió en un estancamiento permanente, el keynesianismo militar es el único plan de crecimiento que le queda. Sin una guerra latente en el este, sería imposible coaccionar a los europeos para que aceptaran la gigantesca transferencia de fondos de los programas sociales y ecológicos al armamento. Pero, ¿cómo puede la UE financiar también a Ucrania para que siga luchando? La brillante idea fue que la UE pidiera prestados hasta 170 000 millones de euros garantizados con los ingresos de los activos rusos, no con los propios activos. En otras palabras, la UE vendería derivados estructurados sobre rendimientos futuros ficticios a los que podría o no tener derecho. Naturalmente, el Gobierno belga, que tendría que pagar si la UE perdiera futuros casos judiciales, exigió que el resto de los Estados miembros de la UE compartieran el riesgo con Bélgica. Una vez que Alemania y otros dijeron «nein», y la administración Trump se opuso, el plan propuesto se abandonó el pasado mes de diciembre... La UE decidió emitir 90 000 millones de euros de deuda como medida provisional, que se devolvería en el futuro, según afirmaron los líderes de la UE, con las reparaciones de guerra que Rusia pagará a Ucrania. Dado que Rusia solo pagará reparaciones si es derrotada en el campo de batalla, una perspectiva ya de por sí remota que se ve aún más lejana por la negativa de Europa a recaudar fondos importantes para Ucrania... Ahora, como para demostrar que ninguna idea zombi muere nunca en Bruselas, Kaja Kallas, responsable de la política exterior y de defensa de la UE, amenaza con revivir la idea anterior de un préstamo garantizado con los rendimientos de los activos rusos. Y así continúa la farsa .

"Cuando estalló la crisis del euro a principios de 2010, con Grecia como primera ficha en caer, bastó con echar un vistazo a las tóxicas medidas financieras que la UE ideó como respuesta para deducir que Europa no tenía intención alguna de resolver la crisis del euro. Hoy en día, basta con echar un vistazo a las tóxicas medidas financieras que la UE está aplicando para financiar a Ucrania para llegar a la misma conclusión: Europa no tiene ningún interés en ayudar a ese país, sino todo lo contrario.

En 2010, las economías de la zona euro se vieron sacudidas por un tsunami de quiebras que comenzó en Wall Street antes de derribar a los bancos franceses y alemanes y, poco después, a los tesoros públicos de Grecia, Irlanda, Portugal, España, etc. La respuesta de Europa a una crisis desencadenada por el incendio de la casa de naipes de Lehman Brothers fue un caso clásico de bomberos en pánico que cedieron ante los pirómanos que habían iniciado el infierno.

El dilema de Europa era que los tratados de la UE prohibían a Bruselas prestar dinero al Gobierno griego para que este lo transfiriera al Deutsche Bank, Société Générale, BNP Paribas, Finanz Bank, etc. Por desgracia, si la UE no prestaba ese dinero a Atenas, las clases dirigentes alemana y francesa tendrían que rescatar directamente a sus bancos, algo para lo que no estaban preparadas.

 Para resolver un enigma causado, inicialmente, por el desmantelamiento de los derivados tóxicos de Lehman Brothers, la UE hizo algo impresionante: contrató a personas que solían trabajar para Lehman Brothers para crear derivados casi idénticos, esta vez en nombre de la UE. A continuación, la UE utilizó estos nuevos derivados tóxicos para financiar el rescate de los bancos franceses y alemanes.

La UE emitió nueva deuda, en nombre de Grecia, que se estructuró igual que una obligación de deuda garantizada (CDO) de Lehman Brothers. Por cada 100 euros de nueva deuda, alrededor de 24 euros fueron suscritos por Alemania, 20 por Francia, 13 por Italia, y así sucesivamente, reflejando cada participación la renta nacional del país como parte de la renta agregada de la UE. Además, cada uno de estos bloques de deuda dentro del mismo derivado de la UE tenía su propio tipo de interés (lo que significa que Alemania pagaba un interés más bajo por sus 24 € que Francia por sus 20 €).

Era una receta para el desastre, por la misma razón por la que las CDO de Lehman acabaron hundiendo a Lehman: contenían la semilla de su propia autodestrucción. Consideremos lo que le sucedió a Portugal una vez que la UE emitió estos nuevos instrumentos de deuda para recaudar fondos con el fin de que Grecia pudiera saldar las deudas de los bancos franceses y alemanes. Cuando Portugal, en una situación fiscal difícil, asumió esta nueva deuda en nombre de Grecia, el tipo de interés de su propia deuda aumentó. La corazonada de que Portugal podría ser el siguiente país en necesitar préstamos de rescate similares de la UE se convirtió en una profecía autocumplida. En cuestión de semanas, Portugal pasó de ser acreedor de Grecia a deudor de la UE.

 Esto significó que la parte que Portugal debía dentro del derivado de la UE emitido en nombre de Grecia fue cancelada. Así, la carga de esa deuda portuguesa (el segundo Estado miembro más insolvente de la zona euro) se trasladó a los demás Estados miembros. Con Grecia y Portugal fuera, esto supuso una mayor carga para el tercer Estado miembro más endeudado, Irlanda. En cuanto los mercados se dieron cuenta de ello, Irlanda también desapareció, y su parte de la deuda dentro de los derivados originales emitidos en nombre de Grecia recayó en el siguiente en la lista de quiebras, España. Y así sucesivamente.

En resumen, para eludir su propia prohibición de una deuda verdaderamente común, la UE creó un derivado similar al de Lehman Brothers para recaudar fondos con los que rescatar a los bancos franceses y alemanes que habían quebrado como consecuencia de las apuestas que habían realizado con los derivados originales de Lehman. Solo una divinidad especialmente cruel y estúpida podría haber ideado un plan más grosero que ese.

¿La guerra, un plan de crecimiento?

Naturalmente, estas «soluciones» financieras causaron un daño enorme en toda Europa, que hoy se refleja en su rápida desindustrialización. Pero tuvieron la gran ventaja de haber dado a las clases dirigentes europeas un par de años para organizar un nuevo plan destinado a generar una colosal inflación de los precios de los activos para ellos mismos y una privación masiva para las clases trabajadoras europeas: la flexibilización cuantitativa o, más sencillamente, la política del Banco Central Europeo (BCE) de conjurar más de 6 billones de euros en nombre de los financieros y sus clientes de las grandes empresas.

 Avancemos rápidamente hasta hoy y el nuevo dilema de Europa sobre cómo financiar Ucrania. Europa vuelve a mostrarse hipócrita en sus objetivos y ridícula en sus métodos de financiación. Mientras los líderes de la UE tachan de «sirvientes de Putin» a cualquiera que cuestione su determinación de mantener la guerra hasta la victoria de Ucrania, por la que las clases dirigentes europeas no están preparadas para luchar ni para financiar adecuadamente, recurren a derivados similares a los de Lehman con el único fin de prolongarla.

La razón por la que la UE está desesperada por mantener la guerra en Ucrania es que, tras su insustancial gestión de la crisis del euro, que la sumió en un estancamiento permanente, el keynesianismo militar es el único plan de crecimiento que le queda. Sin una guerra latente en el este, sería imposible coaccionar a los europeos para que aceptaran la gigantesca transferencia de fondos de los programas sociales y ecológicos al armamento. Pero, ¿cómo puede la UE financiar también a Ucrania para que siga luchando, cuando nuestras clases dirigentes se resisten a pagar? Su respuesta es, una vez más, recurrir a su tóxico manual de finanzas, tal y como hicieron en 2010. La única diferencia es que esta vez no pueden apartar la vista de los cerca de 200 000 millones de euros de activos rusos congelados en Euroclear, un banco de compensación con sede en Bélgica.

 Reconociendo que no pueden simplemente confiscar el dinero ruso, para no exponerse a litigios por parte de muchos países diferentes a los que Rusia les debe dinero, su brillante idea fue que la UE pidiera prestados hasta 170 000 millones de euros garantizados con los ingresos de los activos rusos, no con los propios activos. En otras palabras, la UE vendería derivados estructurados sobre rendimientos futuros ficticios a los que podría o no tener derecho (dependiendo del resultado de futuros procedimientos judiciales).

Naturalmente, el Gobierno belga, que tendría que pagar si la UE perdiera estos futuros casos judiciales, exigió que el resto de los Estados miembros de la UE compartieran el riesgo con Bélgica. Una vez que Alemania y otros dijeron «nein», y la administración Trump se opuso, el plan propuesto se abandonó el pasado mes de diciembre. En ese momento, desesperada por financiar a Ucrania para que la guerra continuara un poco más, la UE tomó la decisión y decidió emitir 90 000 millones de euros de deuda como medida provisional, que se devolvería en el futuro, según afirmaron los líderes de la UE, con las reparaciones de guerra que Rusia pagará a Ucrania.

 Dado que Rusia solo pagará reparaciones si es derrotada en el campo de batalla, una perspectiva ya de por sí remota que se ve aún más lejana por la negativa de Europa a recaudar fondos importantes para Ucrania, la última financiación tóxica de Bruselas se entrelaza con un impedimento para cualquier acuerdo de paz. Porque Moscú nunca aceptará un acuerdo de paz en virtud del cual deba pagar, con sus activos congelados, las deudas que Europa está contrayendo ahora en los mercados financieros para financiar a Ucrania. Por lo tanto, tal propuesta puede parecer absurda para cualquier persona sensata que desee un alto el fuego y un acuerdo de paz. No es así para los líderes de la UE, para quienes una guerra interminable en Ucrania se ha convertido en su única estrategia, su único plan de negocio, su único mantra.

Ahora, como para demostrar que ninguna idea zombi muere nunca en Bruselas, Kaja Kallas, responsable de la política exterior y de defensa de la UE, amenaza con revivir la idea anterior de un préstamo garantizado con los rendimientos de los activos rusos. Y así continúa la farsa, en ciclos y siguiendo una trayectoria perjudicial para los ucranianos, los rusos y la gran mayoría de los europeos.

 En retrospectiva, las finanzas tóxicas de Europa, tanto en el caso griego como en el ucraniano, son el resultado de que la oligarquía europea trate de aumentar la deuda para prolongar crisis muy perjudiciales hasta que encuentre una solución que le beneficie, a costa de un gran sacrificio para la gran mayoría de los europeos. En ambos casos, los derivados estructurados, sacados directamente de los rincones más oscuros de Wall Street, se utilizan en nombre de la solidaridad (con los griegos, los ucranianos, etc.) y con el fin de perseguir el interés común de Europa. Sin embargo, detrás de esta fachada, no es difícil discernir la triste realidad de un continente moribundo en las garras de unas clases dominantes que tratan a los europeos con menos compasión que los antiguos espartanos a los ilotas."

(Yanis Varoufakis, JACOBIN, 08/03/26, traducción DEEPL

¿Por qué Estados Unidos ha decidido atacar a Irán? Se trata de una guerra por delegación promovida por Israel, con una dimensión más amplia: forma parte de la confrontación estratégica con China... El objetivo sería obtener control indirecto sobre las enormes reservas de petróleo y gas iraníes para utilizarlas como instrumento de presión contra Pekín... Controlar ese flujo permitiría a Washington restringir el acceso chino a recursos energéticos fundamentales. El plan inicial consistía en replicar el modelo aplicado en Venezuela: presión económica, aislamiento político y cambio de régimen progresivo. Al fracasar esa estrategia, la opción militar ha ganado peso... la prioridad de la política exterior de Estados Unidos en el siglo XXI debe ser impedir que China alcance la hegemonía en Asia. La llamada “estrategia de negación” consiste precisamente en limitar el acceso de Pekín a mercados y recursos clave... La doctrina estratégica que se perfila busca obligar a Pekín a reorientar su economía hacia el consumo interno y limitar su expansión internacional. Si se logra restringir su acceso a mercados y materias primas, Pekín podría perder su posición como “fábrica del mundo”... la guerra contra Irán pretende enviar un mensaje político: Estados Unidos todavía puede imponer su voluntad en el sistema internacional... Irán ha respondido con una estrategia destinada a golpear la economía mundial. Al cierre de Ormuz se suma el del estrecho de Bab el-Mandeb, en la salida del mar Rojo, bajo la influencia de los hutíes aliados de Teherán. El resultado es un auténtico cuello de botella para el comercio global... Las consecuencias económicas empiezan a sentirse en Occidente, e Irán no parece dispuesto a rendirse... La intención de Trump es llegar a la próxima reunión con el presidente chino, Xi Jinping, con una victoria en ciernes bajo el brazo (Eduardo Luque)

"La pregunta sigue sin una respuesta clara: ¿por qué Estados Unidos ha decidido atacar a Irán? Ni siquiera dentro de la propia política estadounidense existe una explicación convincente. El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, lo expresó con franqueza. Señaló que incluso en Estados Unidos muchos políticos no comprenden cuál es el verdadero objetivo de la operación militar. La incertidumbre no es casual. Las razones ofrecidas por la Casa Blanca han sido múltiples, contradictorias y, en muchos casos, poco creíbles.

El presidente Donald Trump ha proporcionado una docena de argumentos distintos para justificar el ataque. Ninguno resiste un análisis riguroso. Irán no posee armas nucleares, ni existen pruebas de que esté fabricándolas. Tampoco dispone de misiles intercontinentales capaces de amenazar directamente a Estados Unidos. Y, pese a la imagen proyectada durante décadas por la propaganda occidental, la República Islámica no ha iniciado guerras de agresión en los cuarenta y siete años de su existencia. Entonces, ¿por qué es atacada?

Una de las explicaciones más plausibles apunta a que se trata de una guerra por delegación promovida por Israel. El objetivo estratégico sería la destrucción del Estado iraní o, al menos, su debilitamiento estructural mediante un proceso de fragmentación territorial. Israel busca la balcanización de Irán. Para Washington, sin embargo, el conflicto tiene una dimensión más amplia: forma parte de la confrontación estratégica con China.

Trump teme una guerra larga. Por esa razón ha fijado un plazo de apenas cuatro semanas para intentar cerrar el conflicto. Su intención es llegar a la próxima reunión con el presidente chino, Xi Jinping, con una victoria en ciernes bajo el brazo: un gobierno iraní descabezado y la demostración de que Estados Unidos mantiene intacta su capacidad de imponer su voluntad militar. En ese esfuerzo cuenta con el respaldo prácticamente unánime de los grandes medios de comunicación occidentales, encargados de construir un relato ya conocido: la supuesta superioridad absoluta del armamento occidental frente a los países del Sur Global.

En realidad, el conflicto tiene una dimensión más amplia. No es únicamente una guerra contra Irán, ni siquiera solo contra los países agrupados en torno a los BRICS. Es una demostración de fuerza dirigida a todo el Sur Global. Washington intenta también provocar fisuras dentro de ese bloque emergente. Para ello cuenta con las ambigüedades de algunos actores clave, como India. El primer ministro, Narendra Modi, representante de la extrema-derecha nacionalista de su país, visitó Israel apenas 48 horas antes del inicio de la guerra. Estados Unidos espera aprovechar esa relación para fomentar divisiones internas dentro del bloque.

El conflicto plantea además una enorme disyuntiva para los países del Golfo. Estados como Arabia Saudí han comenzado a estrechar relaciones económicas y estratégicas con China y Rusia, pero una guerra abierta en la región podría obligarlos a redefinir sus equilibrios. Hasta ahora Irán ha evitado atacar de forma sistemática las infraestructuras petroleras de la zona, como refinerías y oleoductos. Esa contención no es casual: Teherán busca evitar que sus vecinos se alineen completamente con Washington.

Sin embargo, el temor es palpable. Países como Omán, Catar, Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí temen una eventual represalia iraní una vez que se agoten las reservas de misiles y sistemas antiaéreos desplegados por Estados Unidos en la región. Esa inquietud explica las presiones diplomáticas para que Washington busque una salida rápida al conflicto. La retirada parcial de tropas estadounidenses de algunas bases en la zona refleja hasta qué punto ese temor es real.

Las economías del Golfo dependen casi exclusivamente de la exportación de petróleo y gas. Un conflicto prolongado con el cierre del estrecho de Ormuz sería devastador para ellas. Por ese corredor marítimo pasa aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos. A ello se suma el gigantesco esfuerzo económico invertido en proyectos financieros, turísticos y urbanísticos dirigidos a atraer a las élites globales. Todo ese modelo económico podría colapsar si la región se convierte en un campo de batalla. El capital es enormemente cobarde. La huida de multimillonarios de estos países es un golpe brutal a las finanzas mundiales. Irán ya ha demostrado que posee capacidad para alterar el equilibrio energético global. Catar ha tenido que cerrar temporalmente parte de sus instalaciones gasísticas, lo que ha interrumpido el suministro de gas hacia Europa. El impacto potencial sobre los mercados energéticos es enorme y lo será aún más si el conflicto perdura unas semanas.

La victoria rápida que esperaba Trump parece cada vez más lejana. Irán ha respondido con una estrategia destinada a golpear la economía mundial. La paralización parcial del tráfico por el estrecho de Ormuz —aunque permitiendo algunos pasos selectivos— ya ha comenzado a generar tensiones en los mercados. A esto se suma el cierre del estrecho de Bab el‑Mandeb, en la salida del mar Rojo, bajo la influencia de los hutíes aliados de Teherán. El resultado es un auténtico cuello de botella para el comercio global.

Las consecuencias económicas empiezan a sentirse en Occidente. El encarecimiento del petróleo y del gas presiona al alza los precios y amenaza con desencadenar nuevas tensiones inflacionarias. La guerra, concebida como una demostración rápida de fuerza, amenaza con convertirse en un factor de desestabilización económica global.

Irán, por su parte, no parece dispuesto a rendirse. A diferencia de lo que esperaban algunos estrategas en Washington, el país persa dispone de población, territorio, aliados y recursos suficientes para sostener una guerra de desgaste. Su objetivo no es necesariamente derrotar militarmente a Estados Unidos, sino aumentar el coste económico y político del conflicto hasta niveles insoportables para Occidente.

Esa estrategia incluye presionar a los países vecinos para que reconsideren su relación con Washington. Durante décadas Estados Unidos ha ofrecido protección militar a las monarquías del Golfo a cambio de contratos multimillonarios en armamento. La guerra actual pone en cuestión el valor real de esa protección.

Entre los beneficiarios indirectos del conflicto aparece el presidente ruso, Vladímir Putin. Occidente se enfrenta ahora a una nueva guerra para la que no está preparado ni militar ni económicamente. Washington pretende implicar a sus aliados europeos, pero la realidad de sus capacidades militares es muy distinta de la que proyecta la retórica política. Por ejemplo, semanas atrás se hacían públicos informes del Estado Mayor británico que describen una situación preocupante: el Reino Unido apenas podría movilizar unos diez mil soldados para un escenario de guerra simultáneo en Ucrania y Oriente Medio. Su marina dispone de alrededor de diez buques de guerra plenamente operativos, mientras que, paradójicamente, el número de almirantes supera al de barcos disponibles. Durante la Guerra de las Malvinas desplegó cincuenta y cinco navíos; hoy esa capacidad pertenece al pasado. Su fuerza aérea, además, es apenas una fracción de la que existía durante la Guerra Fría. Francia tampoco está en mejor situación. En París existe una preocupación constante por el estado operativo de su único portaaviones, el Charles de Gaulle, que ya sufrió problemas técnicos graves durante la intervención militar en Libia. Ha tenido que recurrir a otros países amigos para configurar la flota de escolta que necesita el portaaviones. Francia por si sola no tiene capacidad marítima para hacerlo.

España ofrece un ejemplo de las contradicciones políticas que atraviesa Europa. El presidente Pedro Sánchez mantiene un discurso público de rechazo a la guerra mientras envía a la zona de conflicto la fragata Cristóbal Colón (F‑105) y el buque de abastecimiento Cantabria (A‑15). Meloni proclama su neutralidad mientras permite que las bases en el sur de Italia sean usadas para bombardear Teherán.

Europa es otra gran perjudicada, afronta un problema energético inmediato. El cierre de las instalaciones gasísticas de Catar aumenta la dependencia del gas ruso en un momento especialmente delicado. Las reservas europeas se encuentran alrededor del 51 % de su capacidad y el invierno aún no ha terminado. El resultado es un mercado con escasez de gas y precios cada vez más elevados. Otro perjudicado evidente es el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. Los recursos militares y financieros destinados ahora a Oriente Medio se restan inevitablemente del frente ucraniano.

En medio de este panorama ha surgido una pregunta inquietante: ¿podría tener alguna relación la publicación de documentos vinculados al caso de Jeffrey Epstein con la escalada militar impulsada por la Casa Blanca? Por ahora no existe una respuesta clara, pero la coincidencia temporal ha alimentado especulaciones.

Más allá de estas incógnitas, el trasfondo estratégico parece evidente. El intento de destruir o debilitar a Irán forma parte de una estrategia mucho más amplia del complejo militar-industrial estadounidense dirigida contra China. El objetivo sería obtener control indirecto sobre las enormes reservas de petróleo y gas iraníes para utilizarlas como instrumento de presión contra Pekín.

Irán representa aproximadamente el 13,4 % del petróleo que China importa por vía marítima. Controlar ese flujo permitiría a Washington restringir el acceso chino a recursos energéticos fundamentales. El plan inicial consistía en replicar el modelo aplicado en Venezuela: presión económica, aislamiento político y cambio de régimen progresivo. Al fracasar esa estrategia, la opción militar ha ganado peso.

Este enfoque encaja con las tesis defendidas por el estratega estadounidense Elbridge Colby, quien sostiene que la prioridad de la política exterior de Estados Unidos en el siglo XXI debe ser impedir que China alcance la hegemonía en Asia. La llamada “estrategia de negación” consiste precisamente en limitar el acceso de Pekín a mercados y recursos clave.

Desde esta perspectiva, operaciones como la presión sobre Venezuela, la confrontación con Irán o las maniobras en África apoyando a grupos terroristas (intervención en Nigeria) forman parte de un mismo esquema geopolítico. La intención sería restringir los suministros energéticos y minerales necesarios para sostener el ascenso chino.

La doctrina estratégica que se perfila busca obligar a Pekín a reorientar su economía hacia el consumo interno y limitar su expansión internacional. Si se logra restringir su acceso a mercados y materias primas, Pekín podría perder su posición como “fábrica del mundo”.

En última instancia, la guerra contra Irán pretende enviar un mensaje político: Estados Unidos todavía puede imponer su voluntad en el sistema internacional. El objetivo final sería restaurar un orden unipolar bajo liderazgo estadounidense. Controlar las reservas energéticas del Golfo Pérsico y de Irán permitiría a Washington conservar durante décadas una posición dominante en la economía global.

La guerra actual, por tanto, no se explica únicamente por Oriente Medio. Es una pieza más en la disputa por el poder mundial del siglo XXI. Y, en esa disputa, el verdadero adversario no está en Teherán, sino en Pekín." 

Eduardo Luque , El Viejo Topo, 11/03/26) 

En Argentina se pierden 160 empleos por día. En poco más de dos años, han cerrado 22.479 empresas, unas 7.000 más que durante la covid... la actividad industrial nacional descendió a un ritmo promedio de 7,9% desde que asumió Milei hasta noviembre de 2025. A mediados de febrero bajó sus persianas la fábrica más grande de neumáticos del país, Fate, y la producción de autos bajó 30% en febrero... la capacidad ociosa de las empresas –lo que se podría producir y no se produce– es superior a 40%. La razón es que, básicamente, cada vez es más difícil vender algo en el mercado interno por la crisis y la apertura de importación... "las empresas van a ser cada vez menos competitivas. Porque se va a reemplazar la industria nacional con productos importados”... Mientras que la producción de bienes de capital local cayó un 25%, las importaciones se dispararon al 77%... En todo este contexto, el Producto Bruto Interno se derrumbó a los mismos niveles de 1985... Cuando una periodista preguntó a Milei sobre el decrecimiento de la economía del país, contestó: “No puede pretender que no haya sectores que desaparezcan”

"Experto en crecimiento, con y sin dinero. Javier Milei repitió –y sigue repitiendo– esa frase de mesías perdido como si fuese un mago, un superhéroe, un farsante de feria. Hoy –ya con más de la mitad de su mandato transitado–, con los indicadores económicos por debajo de los de la pandemia, con un mercado interno anoréxico y una crisis de consumo, esa frase se convirtió en una provocación cínica para la mayoría de los argentinos. Ahora, además, los datos lo convierten cada vez más en un meme siniestro que llevó a que Argentina ocupe un ranking para nada envidiable: el segundo puesto en la lista de peor desempeño económico del mundo (caída del PIB y aumento del desempleo).

Según un informe de la consultora Audemus, la actividad industrial nacional descendió a un ritmo promedio de 7,9% desde que asumió Milei. El ranking encontró un dato particular. El primer gran fiasco industrial es –no casualmente– un país dirigido por otro ultraderechista idealizado y venerado por el presidente argentino. Se trata de la Hungría de Viktor Orbán, que en mayo cumplirá 16 años al frente del país, que el estudio ubicó en el primer puesto, con una caída del 8,2% de la actividad. Nada para festejar tenemos los argentinos. Mucho menos los húngaros. 

En el plano regional, el informe mostró que Brasil expandió su industria un 3,5% promedio, similar a Uruguay, con un 3,7%, mientras que Chile lo hizo un 5,2% y Perú todavía más; un 6,5%.

Para dimensionar la gravedad de la situación que atraviesa Argentina hay que irse a las situaciones más extremas que vivió la humanidad en los últimos 120 años. Una pandemia y una guerra mundial. 

Entre 2019 y 2021, la pandemia de covid arrasó con todas las estadísticas. La actividad social y económica se detuvieron. Cuando las vacunas lograron ralentizar el virus y morigerar su letalidad, la vida cotidiana regresó pero, en muchos casos, algunos sectores no lograron recuperarse. En Argentina cerraron para siempre 15.398 empresas pequeñas y medianas, que suelen tener dotaciones de menos de cien empleados. Es decir que, con un promedio de 50 personas por empresa, unos 75.000 trabajadores perdieron su lugar. 

Pero la pandemia ultraliberal es todavía peor. Así lo muestran los datos de la Superintendencia de Riesgo de Trabajo (SRT). En poco más de dos años cerraron 22.479 empresas. Unas 7.000 empresas más que durante la emergencia sanitaria global.

Y el informe solo llega hasta noviembre de 2025. A mediados de febrero bajó sus persianas la fábrica más grande de neumáticos del país, Fate. De un día para el otro, casi mil empleados se enteraron que no tenían más trabajo. La producción de autos bajó 30% en febrero y Ford –con la planta más grande del país– amenaza con cerrar sus instalaciones después de haber anunciado –en 2025– una inversión multimillonaria. Ya a finales del año pasado la fábrica de electrodomésticos Whirlpool había cerrado sus puertas dejando a 300 trabajadores en la calle. 

Solo en el sector privado se destruyeron 236.000 puestos de trabajo. El salario real en la industria cayó un 15,8%. 

Cuando Milei asumió la Presidencia, el sistema registraba 9.893.914 trabajadores con contrato. Dos años después, la cifra bajó a 9.566.573 empleados. Es decir, se produjo una pérdida de 327.341 puestos de trabajo “en blanco”, como se le dice en Argentina al empleo formal.

Por otra parte, un informe elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, mostró la gravedad de la crisis y lo comparó con la Segunda Guerra Mundial. 

La estadística es alarmante. En Argentina se pierden 160 empleos por día. Y la capacidad ociosa de las empresas –lo que se podría producir y no se produce– es superior a 40%. La razón es que, básicamente, cada vez es más difícil vender algo en el mercado interno por la crisis y la apertura de importación; y para las empresas que exportan es cada vez menos rentable ya que el gobierno sostiene un tipo de cambio bajo. 

Para Marcelo Fernández, presidente de la Confederación General Empresaria, “la industria nacional se encuentra en una encrucijada para definir si va a poder ser proveedora o no del mercado interno. Debido a los altos costos, la baja de consumo y a la facilitación de importaciones se encuentra en una situación muy crítica donde debe competir con productos que tienen menos impuestos, menor costo salarial y menor costo productivo”.

En diálogo con CTXT, Fernández explicó que “esta política de bajar los precios hizo que la industria pierda productividad. Hay que debatir e instalar la idea en la sociedad de que la industria es necesaria para dar trabajo en los centros urbanos. Para eso hay que tener diálogo con las autoridades nacionales que hoy no tenemos”. 

El referente empresarial advirtió que “la aceleración va a ser continua porque las empresas van a ser cada vez menos competitivas. Porque se va a reemplazar la industria nacional con productos importados”. 

Es que los números muestran de forma clara cómo impacta la transferencia de recursos en el modelo de La Libertad Avanza. Mientras que la producción de bienes de capital local cayó un 25%, las importaciones se dispararon al 77%. 

En todo este contexto, el Producto Bruto Interno se derrumbó a los mismos niveles de 1985, cuando la Argentina empezaba a transitar la democracia después de que la dictadura militar arrasara con el país. 

Entre mediados de 2023 y de 2025, 22 de los 24 sectores que conforman la estructura industrial argentina cayeron en su valor agregado. Y la industria cayó del 16,5% al 13,7%.

El informe señala que “se detecta un desfinanciamiento público del sector mientras que el apoyo se concentró en el RIGI”, en relación al nuevo régimen de exención impositiva impulsado por Milei que, básicamente, es un blanqueo para que empresas internacionales extraigan todos los recursos que puedan del país. 

Los más golpeados –con pérdidas de 20% al 25%– fueron la metalurgia, el calzado, las curtiembres y la construcción. 

Finalmente, después de que todos los indicadores fallaran, mientras los informes económicos de todo el arco ideológico hacen sonar las alertas, la Unión Industrial Argentina –que festejó el triunfo de Milei– salió al cruce con un comunicado inédito, titulado “Sin industria no hay Nación”. Pero –paradójicamente– no se trató de una respuesta en el plano económico sino una reacción casi emocional después de que el presidente los maltratara en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. 

El texto, firmado por su presidente Martín Rappallini, alertó por la “preocupación por la situación de diversos sectores industriales” y remarcó que “es importante señalar que el empresario argentino no diseñó el marco económico previo ni es responsable de las distorsiones estructurales acumuladas durante décadas”. 

En un intento de hacer cierto equilibrio, la central patronal sentó una posición: “En esta etapa de transformación, queremos ser claros: el respeto es condición básica del desarrollo. Respeto hacia quienes producen, invierten y generan empleo en todo el país”.

Durante una entrevista radial el lunes por la mañana, el presidente Milei respondió a los números de la economía argentina con la claridad de un cínico. Cuando la periodista le consultó sobre el decrecimiento de la economía del país, contestó: “No puede pretender que no haya sectores que desaparezcan”.

(Emiliano Gullo , CTXT, 11/03/2026 

El Golfo Pérsico no es simplemente una importante ruta comercial, sino una dependencia estructural arraigada en la economía global durante siete décadas. La interrupción simultánea de los flujos de petróleo, GNL y urea de la región constituye una policrisis de excepcional gravedad: una crisis energética, una crisis industrial y una crisis de seguridad alimentaria que se unen, se refuerzan mutuamente y ponen a prueba la capacidad de respuesta de los gobiernos, las instituciones internacionales y los mercados. Décadas de optimización en torno a la rentabilidad —concentrando la producción de energía, la fabricación de fertilizantes y el transporte marítimo en las ubicaciones más económicas— han creado un sistema eficiente en condiciones estables, pero catastróficamente frágil en situaciones de estrés. Si Irán logra mantener el cierre del Estrecho de Ormuz durante un mes o más, disfrutará de una influencia significativa en las negociaciones para poner fin al bloqueo (Larry C. Johnson)

 "(...) El Golfo Pérsico no es simplemente una importante ruta comercial, sino una dependencia estructural arraigada en la economía global durante siete décadas. La interrupción simultánea de los flujos de petróleo, GNL y urea de la región constituye una policrisis de excepcional gravedad: una crisis energética, una crisis industrial y una crisis de seguridad alimentaria que se unen, se refuerzan mutuamente y ponen a prueba la capacidad de respuesta de los gobiernos, las instituciones internacionales y los mercados. 

 Décadas de optimización en torno a la rentabilidad —concentrando la producción de energía, la fabricación de fertilizantes y el transporte marítimo en las ubicaciones más económicas— han creado un sistema eficiente en condiciones estables, pero catastróficamente frágil en situaciones de estrés. Si Irán logra mantener el cierre del Estrecho de Ormuz durante un mes o más, disfrutará de una influencia significativa en las negociaciones para poner fin al bloqueo."

( blog, 10/06/23, traducción Quillbot) 

El Vaticano, con el primer Papa estadounidense al frente, teme el riesgo de que se quiera plantear la guerra de Irán como una guerra de religión... cada vez es más evidente el auténtico conflicto ideológico de profundidad entre Roma y Washington: la deriva del cristianismo ultraconservador que aspira a erigirse como fe verdadera, y la inquietud del Papa por la apropiación política del mensaje cristiano desde la extrema derechala... la imagen del jueves de Donald Trump en el Despacho Oval rodeado de predicadores evangélicos añade un matiz ausente hasta ahora en las intervenciones de Estados Unidos en el extranjero... El portavoz republicano en el Congreso, Mike Johnson, también dijo la semana pasada que Irán tiene “una religión equivocada”... Las declaraciones desde la Iglesia católica son cada vez más explícitas, y como el Papa delega en los obispos de EE UU el choque directo con Trump es de ahí de donde salen las palabras más claras. El cardenal y arzobispo de Washington, Robert W. McElroy, ha puesto en duda este lunes en una entrevista la legitimidad del ataque de EE UU. “La decisión estadounidense de declarar la guerra contra Irán no cumple con el requisito de guerra justa para una guerra moralmente legítima en al menos tres aspectos”, ha argumentado repasando la doctrina católica al respecto. Esos tres criterios, apunta, son la causa justa, la intención correcta, y que los beneficios de la guerra sean mayores que los daños cusados (Íñigo Domínguez)

"El Vaticano, con el primer Papa estadounidense al frente, está intensificando sus llamamientos a la paz en una posición que le enfrenta cada vez más a la Casa Blanca, un choque que nunca ha sido explícito y que León XIV trata de evitar desde su elección, hace 10 meses. Pero además es que en esta crisis la Santa Sede ve cada vez más claro un matiz que no está en primer plano, pero que despierta gran preocupación: el riesgo de que se quiera plantear como una guerra de religión.

En la contienda no solo se escuchan las proclamas de los ayatolás y las citas bíblicas de Netanyahu, la imagen del jueves de Donald Trump en el Despacho Oval rodeado de predicadores evangélicos añade un matiz ausente hasta ahora en las intervenciones de Estados Unidos en el extranjero. No sale de la nada, sigue a la retórica religiosa que utilizan muchos de los altos cargos de la Casa Blanca, empezando por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, exmilitar que combatió en Irak y Afganistán, que lleva tatuajes de las cruzadas y este domingo destacaba en una entrevista el valor de la fe cristiana en esta guerra. El portavoz republicano en el Congreso, Mike Johnson, también dijo la semana pasada que Irán tiene “una religión equivocada”.

Todo ello está haciendo cada vez más evidente el auténtico conflicto ideológico de profundidad entre Roma y Washington: la deriva del cristianismo ultraconservador que aspira a erigirse como fe verdadera, y la inquietud del Papa por la apropiación política del mensaje cristiano desde la extrema derecha. Es una de las grandes preocupaciones de León XIV, y como desveló EL PAÍS, así se lo advirtió también a los obispos españoles el pasado mes de noviembre, al alertarles del “riesgo de manipulación de los extremismos”, según confirmó el Vaticano.

En sus palabras desde la ventana del Palacio Apostólico este domingo, antes del Ángelus, el Papa advirtió que “no es tiempo de oposiciones entre un templo y otro, entre nosotros y los otros, los adoradores que Dios busca son hombres y mujeres de paz”. En su saludo posterior, Robert Prevost expresó su “profunda consternación” por las noticias que llegan de Irán y Oriente Próximo. “A los episodios de violencia y devastación, y al difundido clima de odio y miedo, se añade el temor de que el conflicto se amplíe y que otros países de la región, entre ellos el querido Líbano, puedan volver a caer en la inestabilidad”, dijo León XIV, que visitó hace solo tres meses este país, donde vive la mayor comunicad cristiana de la región. Concluyó pidiendo que “cese el estruendo de las bombas, callen las armas y se abra un espacio de diálogo en el que se puedan escuchar las voces de los pueblos”.

El Vaticano no tiene problema en señalar con claridad la violencia que condena. El Osservatore Romano, el diario de la Santa Sede, colocó en su portada del viernes una enorme foto aérea de las fosas cavadas para enterrar los cuerpos de 180 menores muertos en el bombardeo de una escuela infantil en Irán. Bajo el titular El rostro de la guerra. El día anterior, el número dos de la Santa Sede, el secretario de Estado Pietro Parolin, había condenado el concepto de guerra preventiva y la demolición del derecho internacional.

Las declaraciones desde la Iglesia católica son cada vez más explícitas, y como el Papa delega en los obispos de EE UU el choque directo con Trump es de ahí de donde salen las palabras más claras. El cardenal y arzobispo de Washington, Robert W. McElroy, ha puesto en duda este lunes en una entrevista la legitimidad del ataque de EE UU. “La decisión estadounidense de declarar la guerra contra Irán no cumple con el requisito de guerra justa para una guerra moralmente legítima en al menos tres aspectos”, ha argumentado repasando la doctrina católica al respecto. Esos tres criterios, apunta, son la causa justa, la intención correcta, y que los beneficios de la guerra sean mayores que los daños cusados.

El sábado fue aún más severo el cardenal de Chicago, Blase J. Cupich, amigo del Papa, muy cercano a él y cabeza del sector más progresista de la Iglesia estadounidense. Tras la difusión de la cuenta oficial en X de la Casa Blanca de un vídeo que intercalaba escenas de películas de acción con imágenes reales del ataque a Irán, Cupich lo calificó como “repugnante”. “Una guerra real con muerte real y sufrimiento real, siendo tratada como si fuera un videojuego, es repugnante. Cientos de personas han muerto, madres y padres, hijas e hijos, incluyendo decenas de niños que cometieron el fatal error de ir a la escuela ese día”, censuró.

Cupich no dejó de subrayar que el vídeo llevaba por título Justicia a la manera estadounidense y fue divulgado “mientras más de 1.000 hombres, mujeres y niños iraníes yacían muertos tras días de bombardeos con misiles estadounidenses e israelíes”. El cardenal también mencionó los juegos de apuestas sobre la guerra que están en marcha estos días y advirtió de que “nuestro gobierno está tratando el sufrimiento del pueblo iraní como telón de fondo para nuestro propio entretenimiento”.

“Al final, perdemos nuestra humanidad cuando nos emocionamos con el poder destructivo de nuestras fuerzas armadas. Nos volvemos adictos al espectáculo de las explosiones. Y el precio de este hábito es casi imperceptible, a medida que nos volvemos insensibles a los verdaderos costos de la guerra. Pero cuanto más tiempo permanezcamos ciegos ante las terribles consecuencias de la guerra, más arriesgaremos el don más preciado que Dios nos dio: nuestra humanidad. Yo sé que el pueblo estadounidense es mejor que esto”, señaló." 

(Íñigo Domínguez, El País, 09/03/26)