Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
“Según se deduciría de los correos y documentos, en ambas reformas legales [a favor de los intereses de las empresas gasísticas
quedaría definido el reparto de roles, así como el desempeño real por
el que sería retribuido EQUIPO ECONÓMICO, esto es, indiciariamente la mera presentación del resultado a las `autoridades implicadas´”.
“En
coherencia con ello cabe llamar la atención sobre el hecho relativo a
que las gasísticas, disponiendo de equipos de expertos y profesionales
(que asisten a las reuniones con EQUIPO ECONÓMICO y con el MINISTERIO),
son las que materialmente desarrollan los trabajos y estudios,
elaboran/perfilan los datos e informes sobre las reformas legislativas.
Ello en sí mismo pudiera hacer innecesario contratar al despacho
investigado para una misma labor para la que las gasísticas que tienen
medios más que suficientes (y que emplearon sin éxito su propia
estructura de expertos fiscalistas para sus previos intentos fallidos de
obtener las reformas legales)”.
“Por tanto, el despacho investigado jugaría un rol distinto que no requiere de tal despliegue de medios ni de ese valor añadido, esto es, presuntamente sería el contacto con las `autoridades implicadas´ como factor decisivo para la obtención del beneficio fiscal investigado”.
Informe
de la Unidad de Apoyo a la Fiscalía Especial contra la Corrupción y la
Criminalidad Organizada (Fiscalía Anticorrupción), 23 de enero 2026.
El juez Rubén Rus,
titular del juzgado de instrucción número 2 de Tarragona recibió el 19
de febrero de 2025 un informe de la Unidad Central Operativa (UCO).
Dicho informe analizó 400 productos financieros relacionados con miembros de la consultora Equipo Económico fundada por Cristóbal Montoro, despacho que abandonó en 2008 y pasó, tres años más tarde, a finales de 2011, a ser ministro de Hacienda del gobierno de Mariano Rajoy.
La UCO cifró en ese informe que la citada consultora había cobrado 673.500 euros por trabajos para conseguir reformas legislativas que solicitaba el sector gasísta español.
“La trazabilidad realizada no muestra una operativa diferenciada o
destacable en relación con los fondos ingresados por las sociedades
gasistas en comparación con otros abonos efectuados por distintas
empresas. Gran parte de estas entradas tienen como destinos los socios
de EE/GA [Equipo Económico] a través de transferencias directas…[que]
fueron utilizados para cubrir pagos/gastos operativos y/o habituales,
impuestos, gastos personales, sin que se haya identificado una
derivación de estos fondos, todo ello con los datos analizados y
expresados en el presente informe”, señala la UCO.
Este informe llegaba, en febrero de 2025, en un momento relevante de la acción del juez Rus, instructor de la causa desde 2018.
Todavía bajo el secreto de las actuaciones, el juez debía resolver sobre el levantamiento del secreto y la imputación a Montoro y a otras 27 personas.
El 12 de junio de 2025, el juez instructor dio orden de entregar el
informe de la UCO y todas las cuentas bancarias examinadas por dicho
cuerpo de policía judicial a los inspectores fiscales de la Unidad de
Apoyo a la Fiscalía Especial contra la Corrupción y la Criminalidad
Organizada, es decir, la Fiscalía Anticorrupción.
Un mes más tarde, a mediados de julio de 2025 ¡bum!, Rus levantó el secreto sumarial y dio traslado a las partes de gran parte del material.
Montoro y otras 27 personas, socios y ex socios de Equipo Económico, y clientes, eran imputadas por presuntos
delitos de cohecho, fraude contra la Administración Pública,
prevaricación, tráfico de influencias, negociaciones prohibidas,
corrupción en los negocios y falsedad documental.
Cristóbal Montoro, por tanto, y nueve miembros del plantel de altos cargos del Ministerio de Hacienda, figuran entre los imputados.
Ahora, ocho meses después de que el juez instructor solicitara a los
inspectores de Hacienda adscritos a la Fiscalía Anticorrupción examinar
aquello que a su turno había analizado la UCO, ha llegado el informe con
fecha 23 de enero pasado.
Un informe que los inspectores
definen todavía como preliminar habida cuenta de que no han tenido
acceso a todas las cuentas bancarias que, en principio, debían estudiar
(no han tenido acceso a las de dos fundadores del despacho de
consultoría, como es el caso de Montoro y del exministro Luis de Guindos).
Los inspectores solicitan ahora al juez que intervenga para que se aporten esas cuentas.
Según el nuevo informe, la cantidad que habría pagado el sector gasísta para obtener dos reformas legislativas que favorecieron fiscalmente a dichas empresas ha ascendido a una cantidad superior a la que se había barajado.
Ya no son ni los 673.500 euros que señalaba la UCO en febrero de
2025, ni los 771.000 euros apuntados en el auto del juez Rus de mediados
de julio de 2025.
Ahora son, entre 2011 y 2020, 991.613,76 euros.
La cantidad refleja los pagos por dos trajes a medida: dos reformas fiscales legislativas.
La
patronal gasística no veía la luz del túnel en sus intentos para sacar
adelante esas reformas hasta saber que el canal para lograrlas era,
¡eureka!, Equipo Económico.
Los miembros de esta consultora, en contacto con el equipo de Hacienda que trabajaba con Montoro, diseñó las reformas.
Montoro las propuso en el Consejo de Ministros.
Y Mariano Rajoy les dio el visto bueno.
Es
curioso que el mismo material examinado no haya llamado la atención de
la UCO en febrero de 2025, ahora, según el informe del pasado 23 de
enero, despierta sospechas fundadas de la unidad tributaria en la
Fiscalía Anticorrupción.
Según advierten, había un patrón de funcionamiento de los socios y exsocios de Equipo Económico,
quienes se habrían servido de esos “fondos con trazas contaminadas” con
una periodicidad mensual, “lo que presuntamente pudiera asemejarse más a
una velada distribución de beneficios, no vinculada a su porcentaje societario, que a una eventual remuneración por una prestación efectiva”.
Aun así, y pese a "las limitaciones expuestas" [faltan las cuentas
bancarias de Montoro] y "a expensas de que dicha información, en su
caso, pueda ser ampliada” loe inspectores han localizado siete transferencias en las que Montoro "consta como destinatario en el concepto bancario" por valor de 137.358,16 euros.
Y también existen pagos a la mujer del exministro que se hicieron
cuando ya no estaba vinculado al despacho por un total de 9.450,69
euros.
La unidad solicita, asimismo, el envío de comisiones
rogatorias-petición de auxilio judicial-Alemania y a Luxemburgo para
seguir la ruta del dinero transferido.
El informe desmonta uno de los puntos del argumentario que el PP ha distribuido en los medios de comunicación según el cual sería la ausencia de una legislación para regular la actividad de lobby -grupos de presión que representan intereses privados que intentan hacer prosperar sus intereses en el Congreso y en el Gobierno- lo que explicaría la actividad de Equipo Económico durante el gobierno de Rajoy con Montoro en Hacienda.
Según el informe, Equipo Económico ingresó 35,5 millones por
sus gestiones y capacidad de entrada en el Ministerio de Hacienda de
Montoro para satisfacer la necesidad legislativa de distintos lobbies o
clientes.
“Por tanto, el despacho investigado
jugaría un rol distinto que no requiere de tal despliegue de medios ni
de ese valor añadido, esto es, presuntamente sería el contacto con las
`autoridades implicadas´ como factor decisivo para la obtención del
beneficio fiscal investigado”, señala el informe (página 167).
Ahora, el juez Rus tiene que afirmar, frente a las múltiples
personaciones y recursos de reforma, su competencia para investigar la
causa y citar a declarar a Montoro y los otros veintisiete imputados."
"En la tribuna del foro de seguridad de Múnich, Pedro Sánchez parecía una rara avis. En medio de discursos cada vez más claros hacia una carrera armamentista,
el presidente español clamó contra el “rearme nuclear” y dijo que lo
que realmente hace falta es un “rearme moral” para frenar esta loca
competición militar. Citó incluso a Ronald Reagan y Robert Kennedy para
demostrar que hace ya muchos años que se entendió dónde lleva esa
deriva: al fin de la humanidad. Sánchez lo dijo además en Múnich, el
epicentro de esa carrera armamentística, donde se reúne toda la
inteligencia y la industria militar europea.
Escuchando a otros líderes, que en su mayoría defendían un rearme aún mayor y una cobertura con armas nucleares de toda Europa,
podría parecer que Sánchez va en dirección contraria. Pero él y su
Gobierno creen que es al revés: sostienen que van por delante, como pasó con el reconocimiento de Palestina,
para avisar de que por este camino el mundo se estrella. Y confían en
que las cosas poco a poco vayan girando hacia su posición.
En
cualquier caso, vaya o no en contra de la corriente principal en Europa
y en el mundo, Sánchez está convencido de que está logrando representar
mucho mejor que otros líderes un mundo alternativo al de Donald Trump, y
con ello cree que se pone detrás a millones de personas en todo el
mundo, no solo progresistas, que defienden otra forma de resolver los
problemas.
No es solo una percepción. En Múnich, Sánchez se reunió con Gavin Newson, gobernador de California
y uno de los principales opositores a Trump en EE UU. El líder
demócrata, que gobierna un Estado con casi 40 millones de habitantes
—sería el quinto país más poblado en la UE— le trasladó su entusiasmo
por su perfil de presidente progresista, de los pocos que hay en el
mundo, y le dijo que su mujer fue quién más le insistió en que lo
conociera por su valentía en el enfrentamiento con Elon Musk y otros “tecnoligarcas”. Sánchez también agradeció el papel del californiano y regaló a Newson un ejemplar de El Quijote como luchador frente al gigante Trump y sus aliados de las grandes tecnológicas californianas.
El
presidente español está buscando cada vez más claramente ese perfil de
líder contracorriente, alternativo a Trump. Él cree que en algún
momento, cuando la cosa gire, esta posición tendrá un gran valor. El
Gobierno español confía en que un mal resultado del presidente de EE UU en las elecciones intermedias de noviembre
podría cambiar muchas cosas no solo en ese país decisivo, sino en toda
la política mundial, incluida la española. Es la esperanza a la que se
aferra un Ejecutivo que sufre cada vez que se abren las urnas, como
acaba de pasar en Extremadura y Aragón, y ve cómo la ola de derecha
mundial también llega a España y se prepara para alcanzar La Moncloa en
2027.
Sánchez cree que este papel internacional suyo de
gran referente del progresismo, que tiene más eco fuera de España que
dentro, puede servir, llegado el momento, para movilizar a la izquierda
española, cada vez más desanimada y reacia a votar. Por eso, y porque
cree que es lo correcto, está absolutamente decidido a profundizarlo aun
a riesgo de quedarse en minoría en Europa y en algunos foros
internacionales. E incluso de generar algunas tensiones con otros
socios, mucho más armamentistas.
El español ha elegido
una vía arriesgada, con costes ―el enfrentamiento con EE UU o con Israel
no sale gratis en un mundo occidental y especialmente militar donde
ambos son claves― pero está seguro de estar donde quieren estar los progresistas de medio mundo
e incluso algunos conservadores moderados asustados por una deriva
armamentística impensable hace solo cinco años. El tiempo dirá qué
efectos tiene esta apuesta no solo en el papel de España en el mundo,
sino también en los resultados de las elecciones. Lo que parece claro es
que la apuesta es definitiva. Con ella se ganará o se perderá la
batalla política y las elecciones, pero no va a cambiar."
"Desde que comenzó la guerra, voces en los medios alternativos han dicho que Ucrania no puede ganar una guerra contra Rusia. De hecho, John Mearsheimer ha estado diciendo esto desde 2014.
A cuatro años de esta devastadora guerra, esas voces se sienten al mismo tiempo reivindicadas e ignoradas. Ucrania está perdiendo, pero los líderes occidentales en Europa parecen decididos a continuar la lucha.
Nada ilustra esto mejor que el ridículo comentario de Kaja Kallas del 10 de febrero de que Rusia debería aceptar precondiciones para poner fin a la guerra, que incluían futuras restricciones en el tamaño del ejército ruso.
Comentarios como este sugieren que figuras occidentales como Kallas aún creen en la posibilidad de una victoria estratégica contra Rusia, de modo que Rusia tendría que conformarse con la paz como parte derrotada. O están en negación, y/o le están mintiendo a sus ciudadanos. Diría que es una mezcla de la segunda y la tercera.
Cuando digo perder, no me refiero a perder en el sentido militar estricto. Las ganancias territoriales de Rusia durante el período invernal han sido lentas y marginales. De hecho, los comentaristas occidentales a menudo señalan esto como una señal de que, dada su ventaja en tamaño, Rusia de hecho está perdiendo la guerra, porque si realmente fuera poderosa, habría derrotado a Ucrania hace mucho tiempo.
Y en la superficie, podría ser fácil entender por qué algunos ciudadanos europeos aceptan esta línea, sobre todo porque son bombardeados con ella por los medios de comunicación occidentales de forma constante.
Sin embargo, la mayoría de la gente también, al mismo tiempo, está de acuerdo en que la guerra con drones ha hecho que las rápidas ganancias territoriales sean costosas en términos de hombres y material perdidos. Hay mucha evidencia que sugiere que desde la segunda mitad de 2023, después de la contraofensiva de verano fallida de Ucrania, Rusia ha atacado en formaciones de pequeñas unidades para infiltrarse y rodear posiciones.
Tras sufrir fuertes pérdidas al comienzo de la guerra utilizando tácticas que podrían haber sido convencionales hace veinte años, las fuerzas armadas rusas tuvieron que adaptarse y lo hicieron rápidamente. Asimismo, el complejo militar-industrial de Rusia también ha sido más rápido en cambiar la producción hacia tipos más nuevos de tecnología militar de bajo costo y fácil construcción, como drones y bombas planeadoras, junto con municiones estándar que los proveedores occidentales no han podido igualar en términos de escala.
Y a pesar de la propaganda regular sobre las pérdidas militares rusas de decenas de miles cada mes, los datos de los intercambios periódicos de cuerpos entre ambos bandos sugieren que Ucrania ha estado perdiendo muchos más hombres en combate que Rusia. Y me refiero, en una proporción mucho mayor que diez a uno.
Algunos expertos occidentales afirman que, bueno, Rusia está avanzando, así que está recogiendo a sus muertos a medida que avanza. Pero esos mismos expertos son los que también afirman que Rusia apenas avanza. En el mismo aliento, también podrías escucharlos afirmar que Rusia está a punto de invadir Estonia en cualquier momento.
Por supuesto, la guerra de propaganda funciona en ambas direcciones, desde los medios occidentales y, por supuesto, desde los rusos. Considero que discutir los cambios diarios microscópicos en el control a lo largo de la línea de contacto es una gran distracción.
La realidad de quién está ganando, o no ganando, esta guerra no se trata en ningún caso de una línea del frente que cambia lentamente. Las guerras se ganan con economías, no con ejércitos.
Esos expertos occidentales que también te dicen que a Rusia se le acabará el dinero mañana – lo cual realmente no ocurrirá – nunca hablan del hecho de que Ucrania está funcionalmente en quiebra y totalmente dependiente de donaciones financieras que la propia UE tiene que pedir prestadas para proporcionar. La guerra en Ucrania se ha convertido en un lucrativo esquema piramidal, con Zelensky prometiendo a personas como Von der Leyen que es una inversión segura que eventualmente dará resultados, hasta el día en que termine la guerra, momento en el que los ciudadanos de la UE se preguntarán si todo su dinero de impuestos desapareció.
La deuda de Rusia se sitúa en el 16% de su PIB, sus reservas superan los 730.000 millones de dólares y su superávit comercial anual sigue siendo saludable, aunque se ha reducido en el último año.
Rusia puede permitirse continuar la lucha por mucho más tiempo.
Ucrania no puede.
Y Europa no puede.
Y ese es el punto.
Los europeos saben que no pueden permitirse la guerra. Ucrania absolutamente no puede permitirse la guerra, incluso si Zelensky está feliz de ver que el dinero sigue entrando. Putin sabe que los europeos y Ucrania no pueden permitirse la guerra. En estas circunstancias, Rusia puede insistir en que Ucrania se retire del resto de Donetsk unilateralmente sin tener que luchar por ello, basándose en que la alternativa es simplemente seguir luchando.
Puede permitirse mantener un combate de desgaste a lo largo de toda la línea del frente, lo que minimiza las bajas rusas y maximiza el gasto de Ucrania en armamento que Europa tiene que pagar.
Ese constante drenaje financiero de la guerra está sembrando una creciente discordia política en toda Europa, desde Alemania, hasta Francia, Gran Bretaña y, por supuesto, Europa Central.
Putin obtiene dos beneficios por el precio de uno. Europa causándose daño económico a sí misma al mismo tiempo que sufre un colapso político.
Por eso los líderes occidentales no pueden admitir que han perdido la guerra, porque desde el principio les han dicho a sus votantes que Ucrania ganaría definitivamente.
Al comienzo de la guerra, si la OTAN hubiera decidido respaldar su esfuerzo por la fuerza, para facilitar la adhesión de Ucrania contra la objeción expresa de Rusia, entonces la guerra podría haber terminado de manera muy diferente.
La OTAN simplemente no habría podido movilizar una operación terrestre de tamaño suficiente con la rapidez necesaria para obligar a Rusia a retroceder de los avances territoriales iniciales que había realizado en febrero y marzo de 2022. Eso significa que las escaramuzas, al menos durante el primer mes, habrían sido en gran medida en forma de activos aéreos y marítimos, incluido el uso de misiles.
No hay nada en la doctrina de la OTAN que sugiera que Occidente habría llevado la lucha a Rusia, dado el obvio riesgo de catástrofe nuclear.
Si bien es inútil especular ahora, mi opinión es que una guerra corta e intensa entre la OTAN y Rusia habría provocado pérdidas a corto plazo de vidas y material en ambos bandos, lo que habría forzado un acuerdo rápido y negociado.
Europa evitó esa ruta debido al riesgo de escalada nuclear y la gran vergüenza de la guerra es que nuestros líderes, sin embargo, estaban dispuestos a animar a Zelensky a luchar hasta el último ucraniano, arruinando nuestra prosperidad en el proceso.
¿Quién querrá votar por Merz, Macron, Tusk, Starmer y todos estos otros estadistas de pacotilla cuando quede claro que han jodido a fondo al pueblo de Europa por una estúpida guerra por poderes en Ucrania que era imposible de ganar?
¿Qué hará Kaja Kallas para ganarse la vida cuando todo el mundo en Europa puede ver que es una peligrosa belicista que no hizo absolutamente nada por la razón correcta, y que fracasó en todo?
Zelensky se pregunta a dónde huir cuando le llegue la hora, mi apuesta sería Miami.
Así que si estás mirando la línea del frente todos los días, necesitas dar un paso atrás del lienzo.
Todavía hay una posibilidad de que la presión europea sobre Rusia prevalezca, lo que convierte todo este esfuerzo en una apuesta masiva con pocas probabilidades.
Más probablemente, cuando termine la guerra, Putin volverá a comprometerse con Europa, pero desde una posición de poder, no de debilidad.
Esa es la verdadera batalla que está ocurriendo aquí."
"Qué diferencia hace un año. En la Conferencia de Seguridad de Múnich de este fin de semana, el secretario de Estado Marco Rubio recibió una ovación de pie por un discurso que se hizo eco de lo que el vicepresidente JD Vance había dicho tan escandalosamente 12 meses antes. Rubio acusó a los europeos de intentar "aplacar a un culto climático" que ha empobrecido al continente al obligarlo a adoptar políticas energéticas catastróficas. Como Vance, también criticó las políticas de inmigración de Europa y su compromiso dogmático con el libre comercio global, que, según dijo, ha alimentado la desindustrialización y vaciado las cadenas de suministro. Incluso lamentó la transferencia de soberanía a organizaciones internacionales, un golpe no solo a la ONU y a los organismos jurídicos internacionales, sino a la propia UE.
Los europeos odiaron el discurso de Vance. Sin embargo, les encantaba Rubio's. La diferencia fue el tono. A diferencia de Vance, Rubio endulzó el mensaje. "Para nosotros, los estadounidenses", dijo, "el hogar puede estar en el hemisferio occidental, pero siempre seremos hijos de Europa". A los europeos les encanta cuando los estadounidenses muestran respeto por su patrimonio cultural. Halaga su sentido de orgullo —y superioridad.
Europa está engañada, sin embargo. Y cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, apareció para decir que se sentía muy tranquilizada, me recordó esa vieja ocurrencia sobre la diplomacia, a menudo, probablemente erróneamente, atribuida a Winston Churchill: "La diplomacia es el arte de decirle a la gente que se vaya al infierno de tal manera que te pidan indicaciones".
En los 12 meses transcurridos entre esos dos discursos de Múnich, la relación transatlántica ha cambiado hasta ser irreconocible. Como lo expresó tan crudamente Matthew Whitaker, embajador de Estados Unidos ante la OTAN, la semana pasada, "Queremos que Europa se haga cargo de la defensa convencional del continente europeo". Estados Unidos podría seguir siendo parte de la infraestructura de la OTAN. Pero la verdad es que hoy estamos solos en casa en la OTAN. Nuestros antiguos guardias de seguridad están vigilando la casa de otra persona.
En lugar de aceptar esta nueva realidad, Europa está convencida de que habrá un retorno al statu quo anterior: El presidente Donald Trump es considerado una aberración; una vez que se vaya, las relaciones transatlánticas volverán a la normalidad. Solo la mitad de esto es cierto. Trump es sin duda una aberración. Y se irá en tres años. Pero su doctrina de seguridad perdurará.
Porque aunque Trump, con sus tuits y aranceles, puede ser impredecible, la política de seguridad de Washington es notablemente consistente. Sabemos por la Estrategia de Seguridad Nacional de la Casa Blanca que el Hemisferio Occidental —las Américas— es la prioridad. Asia ocupa el segundo lugar. Europa tercera. Estados Unidos no tiene interés en salir de la OTAN. La alianza aún cumple un propósito importante para Washington, aunque uno diferente al de Europa.
La retirada de Estados Unidos de la seguridad europea forma parte de un plan de juego más amplio, ya que se prepara para el peor de los escenarios: un ataque chino a Taiwán, junto con un ataque ruso simultáneo a Europa occidental y un ataque norcoreano a Corea del Sur. Si se piensa estratégicamente en tal escenario de guerra, es claro que Estados Unidos no puede luchar simultáneamente una guerra en el este de Asia y en Europa. El reparto de cargas en la alianza de la OTAN requeriría que los europeos se ocuparan de su propio territorio.
Como resultado, Washington está consolidando cambios materiales que serán difíciles de revertir. Por un lado, los europeos están recibiendo una mayor asignación de puestos de trabajo en la estructura de mando de la OTAN, y los tres mandos regionales estarán dirigidos por europeos. Alemania y Polonia compartirán el mando del Mando de la Fuerza Conjunta de Brunssum —responsable de Europa central y oriental— de forma rotatoria.
En cualquier caso, ha sido la política de las sucesivas administraciones estadounidenses, tanto republicanas como demócratas, presionar a los europeos —o "aprovechados", como lo llamó Obama— para que asumieran una mayor carga de defensa. Pero estos esfuerzos se vieron frustrados repetidamente por los compromisos deshonestos de Europa sobre los objetivos de gasto en defensa. Ese lamentable estado de cosas terminó bajo Joe Biden cuando Rusia invadió Ucrania. Los europeos serían ingenuos si pensaran que incluso un demócrata proeuropeo en la Casa Blanca querría revertir esto.
Tampoco deberían los europeos dejarse influenciar por esos demócratas en la conferencia de Múnich, notablemente Alexandria Ocasio-Cortez y Gavin Newsom, quienes los animaron a enfrentarse a Trump. Creo que este es un mal consejo. Están abusando del escenario internacional para la política interna. La mayoría de los gobernadores y legisladores estadounidenses no están acostumbrados a pensar en términos de estrategia de política exterior hasta el momento en que se reúnen por primera vez con sus asesores de seguridad y jefes de gabinete en la Sala de Situación de la Casa Blanca.
Pero a medida que avanzan por las etapas del duelo por la muerte de la relación transatlántica, los europeos están luchando. Aún no están listos para aceptar este nuevo mundo. Solo mira el desastre que crearon por Ucrania. Richard Shirreff, quien se desempeñó como Comandante Supremo Adjunto de la OTAN en Europa, ha criticado a Europa y Canadá por no desarrollar e implementar una estrategia para apoyar a Ucrania. Quiere que los europeos se distancien de Estados Unidos y organicen su propia defensa, lo opuesto al enfoque de "susurrador de Trump" de Mark Rutte. Rutte defendió más tarde su actitud hacia "papá", diciendo al Parlamento Europeo: "Si alguien aquí piensa... que la Unión Europea o Europa en su conjunto pueden defenderse sin Estados Unidos, que siga soñando". Si bien esta es una descripción justa del statu quo, también creo que el intento desesperado de Rutte por mantener a Estados Unidos en su papel actual como señor protector de Europa es un desastre.
No voy a descartar la posibilidad de que los europeos finalmente estén a la altura del desafío y asuman la responsabilidad de su propia seguridad. Pero ahora mismo eso parece poco probable. El problema principal no es el gasto en defensa, sino cómo organizamos nuestra defensa mutua. Y eso es desesperadamente ineficiente. Cada país europeo tiene su propia estructura de mando. Todo el mundo tiene su propia política de adquisiciones. Muchos tienen sus propios sistemas de armas. Los países europeos de la OTAN tienen 10 tanques de batalla diferentes en funcionamiento; Estados Unidos tiene uno. Los europeos tienen diferentes aviones de combate, sistemas de defensa aérea y obuses.
Las consecuencias de tal fragmentación son costosas. Según un análisis de Bain, el costo promedio de la munición de 155 mm es de alrededor de $4,000, mientras que los rusos pagan ,000 por los proyectiles de 152 mm. Las cifras no son estrictamente comparables, pero sí indican la magnitud de la desventaja de Europa. Para igualar el gasto en defensa de Rusia, tendríamos que gastar cuatro veces más que ellos. Números similares también se aplican a otras categorías de gasto en defensa. Simplemente aumentar los presupuestos sin centralizar las adquisiciones sería un desperdicio de dinero.
Los europeos han empezado a aumentar su gasto en defensa. Pero no están dispuestos a abandonar su preciada soberanía en favor de una política de adquisiciones común, y mucho menos de una estructura de mando común. Sin eso, no veo cómo los esfuerzos de Europa por ser autosuficiente podrían tener éxito. Algunos de los países europeos más grandes, como Francia, no tienen capacidad fiscal restante. La consolidación y agrupación de las adquisiciones es la única fruta madura. Si tu enemigo tiene una ventaja de costo de uno a cuatro sobre ti, perderás. Incluso si nos convirtiéramos en una economía de guerra, nos costaría comprar lo que ellos pueden comprar.
En este momento, Francia y Alemania se preocupan más por sus propias industrias de defensa nacionales y rechazan la puesta en común de la contratación de defensa. El único escenario en el que veo que esto cambie es uno en el que tal decisión les fuera impuesta a través de una guerra: difícilmente es algo que debamos desear.
Por eso la situación es tan peligrosamente sangrienta. Hemos salido de un marco de seguridad disfuncional, pero aún no hemos entrado en uno nuevo. Estamos atrapados entre dos mundos. Cualquier cosa podría pasar.
A los economistas les gusta describir tales escenarios —que involucran tres objetivos deseables pero incompatibles— utilizando la metáfora de los triángulos imposibles. Aquí hay uno para la defensa: una contribución estadounidense reducida a la defensa convencional de Europa; una renuencia europea a agrupar la adquisición de defensa y los sistemas de armas; y un alto grado de seguridad. El primero de estos tres —la retirada de Estados Unidos de la defensa de Europa— se ha convertido en una realidad. Europa debe ahora reconciliar los dos restantes.
Los estadounidenses acaban de enviar a los europeos al infierno. Y los europeos están pidiendo indicaciones."
"La reciente procesión de líderes occidentales a Pekín --Noruega, Finlandia, Francia, Canadá, Reino Unido, Alemania y España (por segunda vez)-- supone algo más que un deshielo diplomático con China. Refleja un cambio estructural más profundo en la política mundial: el despertar estratégico de las potencias medias en un orden fragmentado, coercitivo y cada vez más multipolar.
En medio de la errática y abusiva política exterior de Trump y las crisis internas de Europa, China ya no se considera simplemente un rival de Occidente, sino un socio necesario y, para muchos, un refugio más seguro.
"En resumen, el desfile hacia Pekín no refleja una conversión ideológica, sino un ajuste pragmático a un orden internacional fracturado".
¿Qué es una «potencia media» en términos geopolíticos?
En teoría geopolítica, una potencia media es un Estado que carece del dominio absoluto de una superpotencia, pero que posee suficiente peso económico, diplomático, tecnológico o regional para influir en los resultados internacionales.
Las potencias medias no son creadoras de sistemas, pero sí los moldean. Dependen de coaliciones, instituciones y diplomacia, más que de la fuerza unilateral. Países como Canadá, Australia, el Reino Unido, Francia, Alemania y los estados nórdicos entran en esta categoría, aunque su poder relativo ha disminuido debido al auge de estados como India, Indonesia o Brasil.
Es fundamental señalar que «potencia media» no es una identidad colectiva. Lo que les une hoy en día es la vulnerabilidad: están profundamente integradas en las redes mundiales de comercio y seguridad que ahora están siendo utilizadas como arma por las grandes potencias.
Las potencias medias occidentales desfilan en Pekín
La contundente formulación de Mark Carney --«o están en el menú o están en la mesa»-- captura el dilema al que se enfrentan las potencias medias. En una era en la que los aranceles, las sanciones, las cadenas de suministro y los sistemas financieros son instrumentos de coacción, la dependencia se convierte en una desventaja estratégica.
Las amenazas de Trump hacia sus aliados, como los aranceles a Canadá y otros países, la apropiación territorial de Groenlandia y la política transaccional de la OTAN, han destruido la suposición de que la alineación con Washington garantiza la estabilidad.
Para las potencias medias, relacionarse con China no tiene tanto que ver con la convergencia ideológica como con la supervivencia geopolítica. Pekín ofrece acceso al mercado, inversión, cooperación tecnológica y, sobre todo, previsibilidad.
China parece ahora más coherente a las potencias medias occidentales en comparación con unos EEUU erráticos que tratan cada vez más a sus aliados como puntos de influencia en lugar de socios.
¿Qué ha ganado cada país al comprometerse con el presidente Xi Jinping?
Los resultados de estas visitas han sido más pragmáticos que transformadores:
Reino Unido: El primer ministro Keir Starmer consiguió una reducción de los aranceles (especialmente sobre el whisky), la exención de visados, acuerdos sanitarios y comerciales, y la renovación de los flujos de inversión. Y lo que es más importante, Londres señaló que no «iría de un lado a otro» entre Washington y Pekín, afirmando su autonomía estratégica.
Canadá: La visita de Mark Carney dio lugar a la ampliación de los canales comerciales, la cooperación en materia de vehículos eléctricos y la diversificación para alejarse de la abrumadora dependencia de las exportaciones estadounidenses. Simbólicamente, reforzó la negativa de Canadá a aceptar la coacción económica de EEUU.
Finlandia y los países nórdicos: Estas visitas se centraron en la tecnología, la energía limpia y la cooperación industrial, lo que refleja el papel de China en las cadenas de suministro críticas.
Francia y Alemania: París y Berlín buscan acceso industrial, cooperación climática y compromiso tecnológico, al tiempo que se protegen discretamente contra la falta de fiabilidad de EEUU. El interés de Alemania en la tecnología de detección de satélites y misiles subraya el impulso de Europa hacia la autonomía estratégica.
Ninguno de estos Estados está «girando» completamente hacia China. Se están protegiendo, es decir, reduciendo su exposición a cualquier gran potencia en particular.
La reacción de Trump y lo que significa para EEUU
La respuesta de Trump ha sido abiertamente hostil. Ha calificado las relaciones entre el Reino Unido y China de «muy peligrosas» y ha advertido a Canadá de que «China no es la solución».
Sin embargo, esta reacción es muy reveladora. Desde la perspectiva de Washington, los líderes occidentales en Pekín representan una pérdida de control. El orden posterior a la Guerra Fría dependía no solo del poder de EEUU, sino también del consentimiento de sus aliados. Ese consentimiento ahora es condicional.
Irónicamente, las amenazas de Trump validan el argumento de Carney de que la integración económica se está utilizando como arma. Cada amenaza arancelaria y cada humillación pública refuerza el incentivo de las potencias medias para diversificarse y alejarse de EEUU.
¿Qué esperan las potencias medias de China y cómo cambia esto sus relaciones con EEUU?
Las potencias medias no buscan protección de China, sino opciones. Quieren acceder al vasto mercado chino, participar en sus ecosistemas industriales, en su tecnología y cooperar en áreas como la tecnología verde, las infraestructuras y las finanzas.
Igualmente importante es que quieren influencia: la capacidad de decir «no» a Washington sin consecuencias catastróficas.
Incluso el mejor amigo europeo de Trump, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, ha instado a Europa a reconocer un cambio en EEUU, afirmando que la ideología de la política exterior de Trump ya no se ajusta a los valores fundamentales de Europa.
Esto no pone fin a las alianzas con EEUU, pero las reequilibra. La relación se vuelve menos jerárquica y más transaccional. Las potencias medias están indicando que la lealtad ya no se puede dar por sentada: hay que ganársela.
Conclusiones geopolíticas
Se pueden extraer varias conclusiones generales:
- El orden basado en normas se ha fracturado: no porque las normas nunca hayan existido, sino porque EEUU ahora las ignora abiertamente cuando le resultan inconvenientes.
- Las potencias medias ya no son pasivas: están experimentando con la coordinación, la diversificación y las coaliciones de «geometría variable» en lugar de bloques rígidos. La supervivencia es la prioridad absoluta.
- China se beneficia de la extralimitación de EEUU: la postura de estabilidad y diálogo de Pekín contrasta fuertemente con la imprevisibilidad de Washington y su tono coercitivo y abusivo.
- La multipolaridad se está acelerando: no a través del surgimiento de una nueva hegemonía, sino a través de la acción colectiva de Estados que no están dispuestos a ser dominados por una sola superpotencia.
- «America First» está pasando a significar «America Alone»: el aislamiento es lo que Trump está generando; para evitar un mayor aislamiento y desencanto, se aplica la coacción.
En resumen, el desfile hacia Pekín no refleja una conversión ideológica, sino un ajuste pragmático a un orden internacional fracturado. A medida que EEUU deja cada vez más de lado sus propias reglas y recurre a la coacción, las potencias medias están afirmando su agencia mediante la diversificación, la coordinación y las coaliciones flexibles, con la supervivencia como prioridad absoluta.
China se ha beneficiado de este momento no por la fuerza, sino por proyectar estabilidad, diálogo y previsibilidad, en contraste con la volatilidad de Washington.
El resultado es una multipolaridad acelerada, impulsada menos por el surgimiento de una nueva hegemonía que por la voluntad colectiva de los Estados que no están dispuestos a subordinarse a una sola potencia.
Es en este contexto que «America First» se percibe cada vez más como «America alone», mientras que Pekín emerge como un polo central, si no indispensable, en un orden mundial más plural." (Ricardo Martins, la Haine, 16/02/26)
"El otoño pasado, durante
la inauguración de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York,
reconocí el rostro de un oficial federal de sus días trabajando en la
aplicación de la ley en Nueva Jersey y el mío como juez de primera
instancia.
Charlamos y le preguntamos qué hacía. Me
dijo que trabajaba para el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas
(ICE). Le pregunté qué tenía que ver el ICE con la ONU, y me dijo que
pronto el ICE estaría en todas partes.
Cuando le preguntó si ICE se había
convertido en una fuerza paramilitar, responsable ante la Casa Blanca,
simplemente escuchó, como diciendo: «No me cites».
Cuando le preguntó por qué llevaba dos
pistolas y un rifle automático AK-47, se rió y dijo: «¡Tengo más de lo
que puede ver, juez!».
Desde entonces, el presidente ha utilizado
a ICE para cumplir su promesa de aplicar agresivamente las leyes de
inmigración, mientras recortaba los límites constitucionales, incluso
hasta el punto de arrestar a estadounidenses, inmigrantes y extranjeros
sin órdenes de arresto, arrestar a bebés, matar a dos estadounidenses
que no representaban ninguna amenaza para los asesinos de ICE y luego
mentir al respecto.
Las infracciones y mentiras del gobierno
destruyen nuestro tejido social. Hemos contratado a un gobierno para
proteger nuestras libertades y hacer cumplir las leyes, y para que lo
haga de conformidad con las restricciones constitucionales que, en
teoría, hemos impuesto a todos los gobiernos.
¿El gobierno trabaja para nosotros o nosotros trabajamos para el gobierno?
La Corte Suprema de Estados Unidos ya ha
dictaminado que, si bien es un delito mentirle al gobierno, no es un
delito que el gobierno mienta a cualquier persona.
Esta cobarde norma dictada por un juez que
no tiene base en la historia, el texto constitucional ni la moralidad
ha dado lugar a una serie de confesiones falsas e invasiones de hogares
fraudulentas, a medida que los agentes federales han mentido para entrar
en el pensamiento de la gente y en sus salas de estar.
Pero estas mentiras solían limitarse a las
sedes policiales. Hasta ahora. Ahora, en Texas, Luisiana y Misisipi, la
zona de Estados Unidos sujeta a la Corte de Apelaciones del Quinto
Circuito, el ICE ha recibido un visto bueno judicial para registrar y
confiscar donde y cuando quiera.
Aquí está la historia de fondo.
“ Ahora,
en Texas, Luisiana y Mississippi… las violaciones de la ley y las
mentiras de ICE han recibido un cheque en blanco judicial para buscar y
capturar donde sea, lo que sea ya quien quiera ”.
Entrar ilegalmente a Estados Unidos es un
delito federal. Cuando el gobierno intenta arrestar a una persona
sospechosa de haber cometido un delito federal, a menos que sus agentes
hayan presenciado la comisión del delito, la Cuarta Enmienda exige que
el gobierno presente pruebas de causa probable contra la persona ante un
juez federal y solicite una orden judicial que describa específicamente
el lugar que se registrará o las personas o cosas que se incautarán.
Ingresar legalmente a los EE.UU. UU. y
permanecer aquí más allá de los límites de tiempo impuestos al momento
de la entrada no es un delito y, por lo tanto, no puede ser la base para
una solicitud de orden de arresto, ya que ningún juez firmaría dicha
orden.
En el Quinto Circuito, los federales ya no
necesitan una orden de arresto. Un panel de dos jueces dictaminó el fin
de semana pasada que los agentes del ICE pueden autorizarse mutuamente
para arrestar a cualquier persona sospechosa de estar en Estados Unidos
sin autorización, y hacerlo sin una orden de arresto ni presentación de
pruebas.
En un caso que busca la resolución
judicial de dos valores en competencia —la fidelidad a los requisitos
constitucionales de las órdenes judiciales y el debido proceso, versus
la aplicación agresiva de las leyes federales de inmigración— el
tribunal rechazó la supremacía de la Constitución, que exige órdenes
judiciales y una audiencia justa ante un árbitro neutral, y autorizó los
arrestos del ICE sin órdenes judiciales, en cualquier parte del Quinto
Circuito.
No existe una resolución judicial como
ésta en ningún lugar del sistema federal, y hemos visto en Minneapolis
por qué es necesaria una orden de arresto y el debido proceso es vital:
porque no se puede confiar en que el gobierno cumpla con la
Constitución, porque el gobierno comete errores y porque se presume la
inocencia de todas las personas.
En 1765, los colonos sufrieron gravemente a
manos de los soldados británicos que, al hacer cumplir la Ley del
Timbre, entraban en los hogares supuestamente buscando sellos. La ley
fue tan controvertida que el Parlamento la derogó al cabo de un año.
Pero el Parlamento no derogó la Ley de
órdenes de asistencia, que permitía el uso de órdenes generales para
entrar en propiedades privadas y confiscar bienes y personas según lo
desearan los soldados.
Una orden judicial general no se basa en
la causa probable del delito, sino en la necesidad gubernamental. Los
Fundadores sabían que este era un criterio sin sentido, ya que el
gobierno alegaría que necesitaba lo que quisiera.
Una orden judicial general no especificaba
los lugares que debían registrarse ni las personas o cosas que debían
incautarse. Más bien, autorizaba a su portador a registrador donde
quisiera ya incautar lo que encontrara. Por lo tanto, la Cuarta Enmienda
prohibió las órdenes judiciales generales.
Al autorizar el uso de órdenes
administrativas —en las que un agente del ICE autoriza a otro a realizar
búsquedas o arrestos, sin nombrar el lugar que se va a registrador ni
las personas o cosas que se van a incautar— el Quinto Circuito ha
sometido a todas las personas en tres estados estadounidenses a las
tiernas misericordias de los agentes del ICE que imitan el uso británico
de las órdenes generales.
¿Cómo llegamos aquí?
Llegamos aquí debido a la indiferencia del
Congreso hacia las normas constitucionales y la inclinación del poder
judicial hacia la formulación de políticas. El poder judicial es la rama
antidemocrática del gobierno.
No fue creado para reflejar el sentimiento
público o establecer políticas públicas —como lo fueron el Congreso y
la presidencia— sino para mantenerse firme en la protección de todas las
personas de los poderes populares.
El propósito de un poder judicial independiente es proteger los valores morales y constitucionales.
Pero no en el Quinto Circuito, donde ICE
puede arrestar efectivamente a quien quiera, sin pruebas, sin orden
judicial, sin saber el nombre de la persona arrestada y sin fianza.
Si a esto le sumamos la infame doctrina de
detención de Kavanaugh —según la cual los estadounidenses abordados por
el ICE deben estar preparados para demostrar su ciudadanía en las
calles— vemos que se acerca una era de hielo constitucional."
(Andrew P. Napolitano, exjuez del Tribunal Superior de Nueva Jersey, Consortium News, 13/02/26, traducción Gaceta Crítica)
"Si la realidad
pierde su densidad humana, el sufrimiento ajeno se convierte en
contenido, un producto más en el flujo infinito de las redes sociales.
Gaza no fue solo un conflicto; fue la bisagra que dobló para siempre el
concepto de compasión global, transformando la dignidad humana en un
metraje descargable, su valor medido en likes. Esta
desensibilización digital no es un fenómeno accidental, sino el caldo de
cultivo necesario para que las atrocidades más sórdidas, cuando ocurren
en los salones del poder, sean percibidas como meros giros argumentales
de una trama demasiado extravagante para ser cierta.
La tecnología, en esta ecuación, abandona
su promesa de progreso para convertirse en el instrumento perfecto de
una barbarie limpia, abstracta y, sobre todo, rentable. Es en este mundo
disociado donde la historia que estamos a punto de desentrañar deja de
ser una conspiración y se revela como el manual de operaciones no
escrito de nuestra época, un entramado donde la pederastia, el chantaje
institucionalizado y la ingeniería geopolítica se fusionan, utilizando a
los servicios de inteligencia no como vigilantes, sino como arquitectos
y beneficiarios finales.
Umberto Eco, como recuerda Antonio De Almeida Castro,
nos advirtió, el fascismo del siglo XXI no vendrá con botas y discursos
grandilocuentes. Vendrá disfrazado de libertad. Y quizás, también, como
una película de serie B cuyo guion, inverosímil y sórdido, estamos
obligados a creer porque sus actores son demasiado poderosos para ser
ficticios. Imagine el reparto: un sheriff estadounidense acorralado por
acusaciones de pederastia, un financiero muerto cuyos archivos siguen
hablando, y una nación, Irán, en la mira de una guerra que muchos temen
pero que a unos pocos podría salvarles el pellejo. Es el thriller
geopolítico de bajo presupuesto que define nuestro presente
El núcleo de este
universo paralelo lo constituyen, irrevocablemente, los Archivos
Epstein. La segunda liberación de documentos, aquella de finales de 2025
y enero de 2026, no fue una mera filtración, fue un evento tectónico
que arrojó tres millones de páginas, 2.000 videos y 180.000 fotografías a
la conciencia pública. Pero su poder, hay que entenderlo con claridad,
no radica en el volumen, sino en la asimetría. Lo que hemos visto – los
correos electrónicos crudos, las agendas, los vuelos – es la carnada, la
narrativa permitida. El verdadero poder, la esencia del chantaje puro,
permanece bajo custodia en las bóvedas del Departamento de Justicia de
los Estados Unidos.
Los vídeos, la
pornografía explícita, el registro visual del abuso físico. Esta es la
mecánica del control en el siglo XXI. Se libera información textual,
para «quemar» objetivos políticos, pero se retiene la evidencia
multimedia incontrovertible, la que no admite interpretación ni giros
mediático. Quien posee esos videos, y los analistas con mayor
credibilidad, apuntan a que son «sectores de inteligencia con una agenda
transadministrativa», no posee meramente un secreto, posee un
interruptor de obediencia perpetua. Puede, con una filtración calculada,
decapitar una carrera, derrocar a un primer ministro o inclinar la
balanza en una votación crítica en el Congreso. Los archivos no son un
registro del pasado; son un arma cargada y activa, que apunta al futuro.
Donald Trump se
erige como el personaje trágico y a la vez emblemático de esta dinámica.
El cazador convertido en presa. El hombre que, durante su ascenso y
presidencia, instrumentalizó el espectro de Epstein y Clinton como un
arma retórica, se encuentra ahora encadenado a las mismas páginas que
una vez agitó. Los correos de 2019, confirmado por los
últimos documentos, son inequívocos. Epstein, en su jerga cifrada pero
elocuente, afirmaba que Trump «sabía de las chicas». La metáfora que
emplea es la de un «perro que no ha ladrado».
Es aquí donde el
guion da su giro más peligroso y lógico, transitando de los dormitorios
privados a los campos de batalla globales. La teoría de la «cortina de
humo» – crear una guerra para distraer la atención doméstica – deja de
ser una metáfora cinematográfica para convertirse en un manual de
supervivencia política de alto riesgo. Un conflicto con Irán representa,
en este cálculo cínico, el cortafuegos definitivo. Un bombardeo,
justificado bajo la bandera de una «emergencia nuclear existencial»,
tiene el poder alquímico de transmutar un escándalo de pederastia y
espionaje en un asunto de «seguridad nacional».
La prensa se
alinea, la oposición se acalla, el ciclo de noticias se monopoliza. Para
Trump, sería la salvación: enterrar las revelaciones de Epstein bajo el
manto sagrado del patriotismo en tiempos de guerra. Para Benjamin
Netanyahu, otro líder atenazado por procesos judiciales masivos y una
protesta social feroz, un conflicto abierto con la República Islámica es
el elixir que lo transforma de acusado en un imprescindible «líder de
guerra». La crisis, así, se convierte en la oportunidad perfecta para
dos figuras cuyas fortunas políticas parecían en declive terminal. La
lógica es perversa, pero impecable, cuando tu casa arde por un escándalo
de corrupción, prendes fuego al continente entero para que todos miren
hacia otro lado. (...)"
"Uno de los paraísos del capitalismo en su estado extremo tiene su
sede: Argentina. No es el único emplazamiento, pero sin duda constituye
una muestra muy elocuente de este neocapitalismo, bautizado como
anarcocapitalismo, en el que se critica la intervención del Estado en
economía, pero se recurre a ese Estado para todo lo que se adscriba a
negociaciones de carácter privado. Lo estamos viendo también en Estados
Unidos, con la administración Trump. El planteamiento económico de
Javier Milei es claro: él ha manifestado reiteradamente su admiración
por los economistas austríacos y por sus concepciones de la política
económica, básicamente monetaria, si bien Milei no ha entendido nada de
la visión que esos economistas tenían en relación con el ciclo
económico. Lo que está desplegando Milei ofrece recordatorios de las
tesis más acendradas de esa Escuela Austríaca en Economía y, en
particular, de uno de sus principales próceres, Friedrich Hayek. En un
estudio publicado en 1931 (Preciosyproducción,
este es el título), Hayek seguía defendiendo los preceptos básicos del
patrón-oro, cuyas reglas, aplicadas a una economía en depresión a raíz
del crac de 1929, demostraban un fracaso estrepitoso. En ese contexto,
la tesis de Hayek descansaba en no bajar los tipos de interés, toda vez
que eso infería un mensaje engañoso al mercado, habida cuenta que las
empresas podían alargar la estructura de la producción, pero sin ahorro
efectivo. Éste, para el austríaco, solo proviene del ahorro real,
mientras el crédito bancario excesivo va a conducir a ajustes bruscos y a
crisis económicas. La intervención pública no se contempla, y debe ser
un mercado sin cortapisas lo que facilite el crecimiento de la economía,
bajo la única vigilancia de la autoridad monetaria. En tal sentido, no
ha lugar a una inversión pública que pueda generar déficit público, al
tiempo que se contempla el salario como un precio más con el que
“jugar”.
Ambos elementos derivados de los preceptos de Hayek, la
reducción del gasto público en coyunturas de crisis y el recorte de
prestaciones salariales y sociales, conforman un binomio clave en la
política económica argentina actual. De hecho, el salario se convierte
para Milei en un precio relativo más del sistema y se determina por la
productividad marginal del trabajo. Este axioma, curiosamente, es
siempre invocado; pero no cuando la productividad del trabajo es más
elevada y los salarios se pretende mantenerlos estáticos: aplicando ese
baremo, éstos deberían subir acorde a la productividad. Pero la regla no
funciona siempre, y el componente político y de posición en la
estructura productiva –la fuerza empresarial frente a la debilidad
sindical, por ejemplo– es determinante.
En esas coordenadas, la
filosofía económica de Hayek se desliza hacia estas conclusiones: si los
salarios son rígidos por la acción de los sindicatos y por la
intervención estatal, el ajuste que debe imputarse a la economía se
dificulta. Son cortapisas a una economía con la radicalidad del libre
mercado en sus manifestaciones más extremas. La posibilidad política de
limitar al máximo los costes laborales unitarios y, especialmente, los
salarios, se viste con el planteamiento de avanzar en la competitividad
empresarial. Cuanto menor sea el salario en el coste de producción,
mucho mejor. Sin que se vincule esto con la capacidad de consumo y, por
tanto, con efectos sobre la demanda. Si las empresas ganan más, el
objetivo se cubre, a pesar de los costes sociales.
En tal aspecto,
las propuestas de Milei son extremas: elevar la jornada laboral a 12
horas; establecer un “salario dinámico” –que puede también ser devengado
en especie– y que, a su vez, se pueda bajar si la empresa considera que
se ha reducido la productividad; no abonar las horas extras; facilitar
al máximo el despido sin indemnización; que las empresas puedan elegir
las vacaciones de sus trabajadores; y que, en fin, las bajas laborales
se costeen en un mínimo del 50% entre trabajadores y empresarios,
conforman un paquete de factores de carácter regresivo, con un claro
desenlace: el aumento de la explotación. Y con otra derivada: el
retroceso de las conquistas sociales y laborales históricas. Este es el
modelo que un gran elenco de economistas neoliberales tiene en la
cabeza, con la promesa de mejores desempeños económicos.
Pero este
tipo de política económica se puede aplicar de una manera efectiva si
se vive en un régimen dictatorial, con censuras políticas, limitaciones
de movimientos, laminación de la libertad de expresión y prohibición de
sindicatos y partidos políticos. De hecho, muchas de las medidas
adoptadas en el régimen del dictador chileno Augusto Pinochet por parte
de economistas formados bajo la tutela de Milton Friedman, se inspiraron
en la obra de Hayek que hemos citado, junto a la más filosófica Caminodeservidumbre.
Milei trata de seguir esa senda, que proporcionó para Chile datos
macroeconómicos transitoriamente positivos, con un elevadísimo coste
social y una represión terrible.
El gobierno de Milei puede tener
problemas para hacer efectivas esas líneas de actuación, si tenemos en
cuenta las protestas callejeras que ya se están generando. Veremos las
respuestas sindicales. Esto es entender la economía como una disciplina
desprovista de las consecuencias sociales que acarrean unas
orientaciones drásticas, muy ideologizadas, sin atender a los resultados
socioeconómicos. Éstos están ya dibujando un país con mayor
desocupación, más vulnerabilidad, menos auxilios sociales y económicos,
reducciones salariales y de pensiones y despidos indiscriminados en el
sector público. El relativo control de la inflación se ha conseguido a
partir de una contracción brutal de la demanda agregada, y una pérdida
de la calidad de vida.
La base de ese modelo argentino, que en
España se observa con interés por parte de la extrema derecha y de
gobiernos autonómicos –el de Madrid sería el más representativo–,
promueve la destrucción gradual pero inexorable de la economía pública,
la privatización de los servicios esenciales –sanidad y educación– y el
apoyo a las iniciativas privadas con capital público que se detrae de
asignaciones presupuestarias que deberían canalizarse hacia hospitales,
universidades, escuelas y servicios sociales. Todo invocando la
libertad. El Estado –fijémonos de nuevo en Argentina– es abyecto; pero
ese Estado se pliega a las instituciones económicas internacionales –y
en gobiernos extranjeros, como el de Estados Unidos– para poder
subsistir.
Las premisas del mercado libre, sin ataduras, solo sirven
para una sociedad general a la que se dice defender; el Estado, por el
contrario, es útil para esos mismos dirigentes si tras sus puertas se
hallan contratos, subvenciones y descargas fiscales. Sería muy positivo
que la población supiera qué se esconde tras soflamas como el
enaltecimiento de una libertad sin que se cualifique, o sobre encendidas
diatribas a favor de una patria cuyo contenido real debe rellenarse,
más allá de las banderas u otros utensilios. El espejo argentino puede
ser útil para saber lo que nos espera si triunfan las opciones que lo
defienden."
"ADVERTENCIA: LA PUBLICACIÓN DE HOY SERÁ AÚN MÁS EXTRAÑA DE LO HABITUAL
Hasta hace poco, la cuestión de quién paga los aranceles no era controvertida entre los economistas. El consenso general era que, en circunstancias normales, los aranceles (impuestos sobre los bienes importados) se trasladan a los consumidores en forma de precios más altos. Este consenso tiene salvedades y excepciones, pero estas salvedades son bien comprendidas y, en su mayoría, no se aplican a los aranceles impuestos por la administración Trump 47.
Sin embargo, una vez que los aranceles se convirtieron en un elemento central de la política económica de Trump, las opiniones sobre su impacto se politizaron, y sus partidarios se vieron obligados a repetir su afirmación de que los extranjeros, no los consumidores estadounidenses, soportan la carga arancelaria. Hubo una demostración un tanto cómica de esta politización durante una reciente audiencia del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, cuando se le preguntó a Scott Bessent si, antes de unirse a la administración Trump, había enviado una carta a los inversores de fondos de cobertura declarando que "los aranceles son inflacionarios". Al principio, Bessent negó haberla escrito. Ante la prueba de que sí lo había hecho, declaró que se había equivocado.
Pero, ¿quién está pagando realmente los aranceles de Trump? Dos informes publicados la semana pasada —el último informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso sobre el presupuesto y las perspectivas económicas , y un estudio publicado por el Banco de la Reserva Federal de Nueva York— concluyeron que los aranceles recaen, en su gran mayoría, sobre los hogares y las empresas estadounidenses. Sin embargo, el informe del viernes sobre precios al consumidor mostró una inflación relativamente baja, en lugar de un fuerte aumento de precios debido a los aranceles.
¿Tienen razón entonces los funcionarios de Trump? ¿Se equivocan los estudios que concluyen que son los estadounidenses, y no los extranjeros, quienes pagan los aranceles?
No y no. La evidencia de que los extranjeros no pagan los aranceles, lo que significa que los estadounidenses sí, es contundente. Y el impacto aparentemente leve en la inflación medida (el calificativo "medida" es importante) no es un misterio una vez que se hacen los cálculos. El análisis económico convencional indica que los aranceles deberían haber elevado los precios al consumidor alrededor de un 1 % más de lo que habrían sido de otro modo. Analizar los datos para aislar el efecto de los aranceles sugiere que, de hecho, han aumentado los precios en una cantidad cercana a esa. (...)"
"Nadie va a decir abiertamente que quiere recortar las pensiones
porque quiere quedarse con ese pastel, tiene que venderlo como una
necesidad imperiosa por el equilibro de las cuentas, y para llevarlo a
cabo necesita aliados dentro de la sociedad
Envejecer con una pensión que no alcanza: “Las cuentas no salen y tengo que pedir ayuda a mis hijos”
No existe el conflicto generacional. Es un invento del capital
para facilitar el negocio de las pensiones privadas. Nadie va a decir
abiertamente que quiere recortar las pensiones porque quiere quedarse
con ese pastel, tiene que venderlo como una necesidad imperiosa por el
equilibro de las cuentas, y para llevarlo a cabo necesita aliados dentro
de la sociedad. Los principales objetivos para ejercer como
quintacolumnistas dentro de la clase trabajadora son los jóvenes que ven
muy lejano el momento en el que se harán beneficiarios de una pensión,
quien tiene difícil el presente es imposible que piense en el futuro
lejano.
Cada vez que escuches a alguien hablar de Zeta, X, Millenial,
Boomer, Alfa o categorizaciones similares basadas únicamente en el año
en el que naciste para hablar de política económica échate la mano al
bolsillo porque quiere robarte. A veces dirán que lo hacen porque eres
víctima, pero solo es una estrategia para instaurar otro inmenso expolio
de clase y fomentar una nueva etapa de acaparamiento de capital por
parte de las capas más privilegiadas de la estratificación social. No es
difícil saber quiénes son: los mismos que para solucionar el problema
de la vivienda tienen como única medida relajar los impuestos para
construir más sin poner límites a la especulación.
Todo discurso que niega el conflicto de clases para sustituirlo
por el conflicto generacional tiene como objetivo ser funcional a una
futura rebaja de las pensiones. Es normal que este debate sea liderado
por esas personas que forman parte del colectivo en el que se quiere
instaurar el estado de agravio y que sin verse afectados por tener una
posición de clase favorable busca el favor del capital para mejorar en
esa estratificación de clase. Su actitud es en sí misma una evidencia de
que el conflicto es de clase y no generacional.
No es un discurso que tenga ninguna base intelectual seria ni
deba tenerse en cuenta desde el punto de vista narrativo, es una
retórica que tiene como objetivo mejorar su propia situación personal
ayudando a los que quieren que las pensiones públicas desaparezcan para
ser sustituidas por el jugoso negocio de las pensiones privadas. De
forma paradójica la negación del conflicto de clases es una manera de
confirmarlo porque buscan mejorar su situación profesional y aumentar su
capital. Por eso serán acogidos con alborozo por todo el sistema
extractivista para usarlo en su beneficio dando unas cuántas migajas al
colaboracionista.
A los jóvenes de clase trabajadora que se sientan cercanos a
este mensaje solo lanzarles una advertencia: te están usando para joder a
tu abuelo. Es lo único que les interesa, y si eso no te convence porque
solo piensas en tu presente, que sepas que un mensaje así no va a
mejorar tu presente, pero sí ten claro que va a hipotecar tu futuro. La
clase trabajadora que se siente atraída por el discurso de la lucha
generacional perderá su juventud antes de que mejore su situación
convirtiéndose antes de que se dé cuenta en el enemigo de ese mismo
discurso que antes defendía. Los años pasan más rápido que los cambios
estructurales a mejor mientras que los recortes de derechos son casi
inmediatos.
Es lamentable asistir a discursos completamente desinformados
sobre la estratificación social y que tengan espacio privilegiado en el
debate publicado. No pido que desaparezcan los adanistas que se creen
que inventan conceptos y relatos, pero al menos que tengan un mínimo de
sentido del ridículo y lean lo que se ha escrito antes de provocar
bochorno. No es posible hablar de clases sociales o negar las clases
sociales sin atender todo lo teorizado por Karl Marx, Max Weber, Talcott
Parsons, Ralph Dahrendorf, Pierre Bourdieu, Erik Olin Wright o Michael
Savage. Al menos hay que tener un poco de vergüenza y no querer
pontificar ante quienes sí los conocen y los han estudiado porque se os
ven todas las costuras.
Personalmente siento un desprecio profundo por esa degeneración
individualista que encabeza discursos lesivos para el colectivo solo
para el beneficio propio. Es propio de trepas y advenedizos y es muy
fácil identificarlos porque van buscando aquellos mensajes que favorecen
a las elites para poco a poco adaptarlos y encabezarlos para lograr su
favor. No es difícil hacer una leve prospección por los espacios
mediáticos para identificarlos."
"Los documentos de Epstein han generado conmoción y asombro, gracias a la primicia de Jim Pickard en
el Financial Times. Pero esta no es solo una historia sobre la amistad
de Mandelson con un pedófilo multimillonario. No es solo la historia de
un soborno de 75 000 dólares en efectivo. Ni de la insistencia de
Mandelson en quedarse en la casa de Epstein mientras este cumplía una
condena de prisión por tráfico sexual.
Es la historia de un pago
de más de 4 millones de dólares por parte del poderoso banco de Wall
Street, JPMorgan, como recompensa por los intentos de Peter Mandelson de
utilizar el poder del Gobierno británico (tanto en su papel de ministro
de Comercio del Reino Unido como en el de Alastair Darling como
ministro de Hacienda) para desafiar y revertir los intentos del presidente Obama de regular las prácticas crediticias de Wall Street, tras la gran crisis financiera.
Un
pago de más de 4 millones de dólares como recompensa por revelar
secretos de Estado potencialmente lucrativos: el rescate de 500 000
millones de euros de la UE a la zona euro; una próxima venta de activos
del Gobierno británico y el aviso previo de la dimisión de Gordon Brown
como primer ministro. Esta información se compartió con un poderoso
banco de Wall Street, JPMorgan, con la clara intención de que el banco
utilizara la información para obtener ganancias especulativas.
Una
recompensa de más de 4 millones de dólares por animar a JP Morgan a
«amenazar levemente» al ministro de Hacienda británico, Alastair
Darling, por su proyecto de gravar las bonificaciones de los banqueros.
Darling
y Mandelson, a pesar de sus esfuerzos, no lograron persuadir a Obama y a
su asesor económico, Larry Summers, para que revocaran lo que se
conoció como la «regla Volcker». Pero es muy probable que JPMorgan
obtuviera importantes ganancias de capital gracias a la traición de
Mandelson. Si no es así, ¿cómo se explica la posterior recompensa de 4
millones de dólares a Mandelson, en forma de un contrato de consultoría
por valor de 4 millones de dólares con su empresa Global Counsel, y
otras lucrativas conexiones con el sector bancario?
Mi parcialidad
En
esta cuestión debo admitir mi parcialidad. Trabajé como asesora de la
honorable Margaret Beckett, diputada del Parlamento, cuando fue nombrada
ministra de Comercio e Industria en 1997, la primera mujer en ocupar ese cargo
y una cartera que ella, como ingeniera de formación, había deseado
ocupar durante mucho tiempo. Apenas un año después, tras mucha presión
por parte de los amigos corporativos de Mandelson, Beckett, siempre
considerada una «apuesta segura» por el Gobierno de Blair, fue
destituida de forma brusca e inesperada, y Mandelson ocupó su lugar.
Fue
en ese cargo cuando Mandelson declaró que él y el Gobierno laborista
estaban «muy tranquilos con que la gente se hiciera inmensamente rica».
Adiós
a las manos seguras, y bienvenido un ministro que rápidamente atrajo el
oprobio hacia el gobierno laborista. Duró solo cinco meses antes de ser obligado a dimitir por no declarar un préstamo hipotecario del millonario laborista Geoffrey Robinson a su sociedad de crédito hipotecario.
Para
entonces estaba claro, como confirman los archivos de Epstein, que
Mandelson padecía lo que Keynes denominaba una «obsesión mórbida»: el
amor al dinero.
JPMorgan utilizó a Mandelson para socavar a Obama y ganar dinero fácil
En
aras de una mayor transparencia y responsabilidad, y sabiendo que
muchos suscriptores no tienen acceso a las noticias del FT, copio a
continuación directamente de un artículo del FT publicado el 3 de
febrero por Jim Pickard, del Financial Times.
Los
protagonistas son Jeffrey Epstein, que actúa como intermediario, y Jes
Staley, que había pasado 34 años en JPMorgan y que en ese momento era
director de banca privada del banco, y más tarde fue nombrado director
ejecutivo del Barclays Bank. El economista Larry Summers era en ese
momento el director del Consejo Económico Nacional del presidente Obama y
anteriormente había sido secretario del Tesoro de Estados Unidos.
Según
reveló el FT, Peter Mandelson, utilizando a Epstein como intermediario,
presionó al Gobierno de EE. UU. en nombre de Jes Staley y JPMorgan en
2010, cuando era ministro del Gobierno británico, utilizando los
argumentos proporcionados por Staley para presionar a Larry Summers con
argumentos en contra de las reformas de Obama tras la crisis financiera:
la legislación Dodd-Frank.
Mandelson
acordó con Epstein que instaría a Larry Summers, entonces director del
Consejo Económico Nacional de Barack Obama, a reunirse con los
ejecutivos de JPMorgan, incluido Staley, según muestran los correos
electrónicos.
También solicitó a Staley argumentos antes de su
propia conversación con Summers. Mandelson, que en ese momento era
secretario de Comercio del Reino Unido y viceprimer ministro de facto,
filtró posteriormente a Epstein memorandos privados del Gobierno sobre
su reunión con Summers, según los documentos.
Epstein envió un
correo electrónico a Mandelson el 28 de marzo de 2010, diciendo que
quería que el ministro del gabinete británico presionara a Summers para
que se reuniera con figuras de JPMorgan para discutir las restricciones
bancarias conocidas como la regla Volcker, incluido Staley, el director
de banca privada de la entidad crediticia estadounidense.
«Me
gustaría que le preguntaras a Larry Summers si estaría dispuesto a
reunirse directamente con Jes y otra persona de JPM para hablar de la
regla Volcker propuesta. Yo no puedo hacerlo directamente», dijo
Epstein. «Larry está recibiendo información de tercera y cuarta mano de
senadores que la obtienen de grupos de presión».
Mandelson respondió: «Se lo diré».
Al
día siguiente, 29 de marzo, Mandelson preguntó a Epstein si Staley
podía «enviarme un correo electrónico sobre cuestiones relacionadas con
Dodds/Volcker». Una nota posterior de una reunión entre Mandelson y
Summers indicaba que el secretario de Comercio del Reino Unido había
planteado un tema de conversación sugerido por Epstein durante el
debate.
Un memorándum posterior de una reunión entre Mandelson y
Summers indicaba que el secretario de Comercio del Reino Unido había
planteado un tema de conversación sugerido por Epstein durante el
debate.
Los nuevos correos electrónicos muestran a Mandelson,
Epstein y Staley, que pasó a ser director de Barclays, discutiendo el
paquete de reformas bancarias de Volcker al que se oponían los
prestamistas estadounidenses.
La regla Volcker se introdujo tras
la crisis financiera de 2008 y se diseñó para evitar que los grandes
bancos utilizaran su propio dinero para actividades comerciales más
arriesgadas.
JPMorgan fue uno de los oponentes más fervientes a
las reformas, que llevan el nombre del expresidente de la Reserva
Federal de EE. UU. Paul Volcker, argumentando que eran demasiado
estrictas y que afectarían negativamente a la liquidez del mercado.
La
regla Volcker fue aprobada por los reguladores en diciembre de 2013
como parte de las reformas bancarias Dodd-Frank de Estados Unidos y
entró en vigor en abril de 2014.
A finales de marzo de 2010,
Mandelson se preparaba para una reunión con Summers, que también iba a
hablar con Alistair Darling, entonces ministro de Hacienda del Reino
Unido.
El 29 de marzo, Epstein discutió con Staley el argumento
que querían que Mandelson utilizara contra las propuestas de Volcker
antes de las reuniones que Summers tenía previstas con Darling y,
posteriormente, con Mandelson.
«Debemos elaborar un argumento por
el que Volcker es malo para Europa... Peter puede decir que ha hablado
contigo. Es malo para Europa por las siguientes razones», escribió
Epstein a Staley.
El 30 de marzo, Staley envió a Mandelson algunos
«puntos clave» para que los utilizara al discutir el plan Volcker con
Summers. «Podemos hablar con ellos cuando hablemos esta noche», añadió.
La
lista de puntos clave de Staley incluía: «Actualizar la regulación a la
realidad de los mercados modernos globales no debería perjudicar a las
instituciones estadounidenses ni crear conflictos estructurales en
relación con sus homólogas asiáticas o europeas».
El memorándum
dirigido a Mandelson concluía: «Si la regla Volcker hubiera estado en
vigor durante la crisis financiera, no habría evitado las quiebras
bancarias que se produjeron».
El 31 de marzo, Epstein recibió un
informe redactado por el secretario privado de Mandelson sobre la
reunión celebrada ese día entre Darling y Summers.
El memorándum decía que el ministro había estado «agradecido por su [de Mandelson] inteligencia»."
"La tierra que rodea el lago Naivasha, una cuenca de agua dulce poco profunda en la zona centro‑sur de Kenia, parece incapaz de quedarse quieta.
La ceniza del cercano monte Longonot,
que entró en erupción tan recientemente como en la década de 1860,
permanece en el suelo. Cuevas de obsidiana y torres de roca dentada se
alzan sobre el vapor que brota de grietas en la tierra y se eleva desde
pozas de agua hirviente, generadas por un magma que, en algunas zonas,
se encuentra a solo unos pocos kilómetros bajo la superficie.
Es un paisaje nacido de procesos geológicos violentos hace
unos 25 millones de años, cuando las placas tectónicas nubia y somalí
se separaron. Aquella fractura abrió una depresión en la corteza
terrestre de unos 6.400 kilómetros de longitud, desde África Oriental
hasta Oriente Medio, para formar lo que hoy conocemos como el Gran Valle del Rift.
Esta volatilidad confiere a la región un enorme potencial, gran parte del cual sigue sin explotarse. La zona, situada a pocas horas por carretera de Nairobi, alberga cinco centrales geotérmicas que aprovechan las nubes de vapor para generar alrededor de una cuarta parte de la
electricidad de Kenia. Pero parte de esa energía se escapa a la
atmósfera, y aún más permanece bajo tierra por falta de demanda.
Eso es lo que llevó a Octavia Carbon hasta aquí.
En junio, al norte del lago, en la pequeña pero estratégicamente situada localidad de Gilgil, la start-up comenzó a realizar una prueba de alto riesgo. Está aprovechando parte de ese excedente de energía para alimentar cuatro prototipos de una máquina que promete extraer dióxido de carbono del aire de un modo que, según la compañía, es eficiente, asequible y, lo que es crucial, escalable.
A corto plazo, el impacto será
reducido (la capacidad inicial de cada dispositivo es de apenas 60
toneladas anuales de CO₂), pero el objetivo inmediato es simplemente demostrar que la eliminación de carbono aquí es posible. La visión a largo plazo es mucho más ambiciosa: demostrar que la captura directa del aire (DAC, por sus siglas en inglés), como se conoce el proceso, puede ser una herramienta poderosa para ayudar al mundo a evitar que las temperaturas sigan aumentando hasta niveles cada vez más peligrosos.
“Creemos que estamos haciendo lo que podemos aquí en Kenia para abordar el cambio climático y liderar el impulso para posicionar a Kenia como un país a la vanguardia climática”, me dijo Specioser Mutheu, responsable de comunicación de Octavia, cuando visité el país el año pasado.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC,
por sus siglas en inglés) ha afirmado que, para evitar que el
calentamiento global supere los 1,5 °C por encima de los niveles
preindustriales (el umbral fijado en el Acuerdo de París), o incluso los
2 °C, que son más realistas pero aún difíciles de lograr, será necesario reducir de forma significativa las futuras emisiones de combustibles fósiles y extraer de la atmósfera miles de millones de toneladas de carbono ya emitidas.
Algunas voces sostienen que la DAC, que
emplea procesos mecánicos y químicos para extraer dióxido de carbono
del aire y almacenarlo en una forma estable (normalmente bajo tierra), es la mejor vía para lograrlo.
Es una tecnología con un enorme potencial, que ofrece la posibilidad de
que la capacidad humana de innovación nos saque del mismo problema que
el propio desarrollo contribuyó a crear.
El año pasado entró en funcionamiento en Islandiala mayor planta de DAC del mundo, Mammoth,
con una capacidad máxima prevista de hasta 36.000 toneladas de CO₂ al
año, aproximadamente el equivalente a las emisiones de 7.600 coches de
gasolina. La idea es que plantas de DAC como esta eliminen y almacenen carbono de forma permanente,
generando créditos de carbono que puedan adquirir empresas, gobiernos y
productores industriales locales, lo que contribuiría colectivamente a
evitar que el mundo sufra los efectos más peligrosos del cambio
climático.
Ahora, Octavia y un número creciente de
empresas, responsables políticos e inversores de África, EE UU y Europa
apuestan por que el entorno único de Kenia contenga las claves para
alcanzar ese ambicioso objetivo, y por eso están impulsando una visión
transformadora para convertir el Gran Valle del Rift en el“Gran Valle del Carbono”. Y esperan hacerlo de una manera que genere un beneficio económico real para Kenia y, al mismo tiempo, respete los derechos de los pueblos indígenas que
habitan estas tierras. Si lo logran, el proyecto no solo podría aportar
el impulso que la industria de DAC necesita, sino también ofrecer una
prueba de concepto para su despliegue en todo el Sur Global,
particularmente vulnerable a los estragos del cambio climático pese a
tener muy poca responsabilidad en él.
Pero la DAC también es una tecnología
controvertida, no demostrada a gran escala y extremadamente costosa de
operar. En mayo, un medio islandés publicó una investigación sobre Climeworks, la empresa que gestiona la planta Mammoth, en la que concluía que ni siquiera capturaba suficiente dióxido de carbono como para compensar sus propias emisiones, y mucho menos las de otras compañías.
Los críticos sostienen además que la electricidad que requiere la DAC podría emplearse mejor en
descarbonizar nuestros sistemas de transporte, calentar nuestros
hogares y alimentar otras industrias que aún dependen en gran medida de
los combustibles fósiles. Y añaden que confiar en la DAC puede dar a los
contaminadores una excusa para retrasar indefinidamente la transición a
las energías renovables. Para complicar aún más el panorama, la demanda menguante por parte de gobiernos y empresas (que
serían los principales compradores de DAC) ha llevado a algunos
expertos a preguntarse si esta industria siquiera logrará sobrevivir.
La eliminación de carbono es una
tecnología que parece estar siempre a punto de despegar, pero nunca lo
hace, afirma Fadhel Kaboub, economista tunecino y defensor de una
transición ecológica justa. “Requiere miles de millones de dólares de inversión y no está dando resultados,
ni los dará en un futuro próximo. ¿Por qué ponemos entonces el futuro
entero del planeta en manos de unas pocas personas y de una tecnología
que no funciona?”.
A estas preocupaciones sobre la viabilidad
y la sensatez de la DAC se suma una larga historia de desconfianza por
parte del pueblo masái, que ha considerado el Gran Valle del Rift su
hogar durante generaciones, pero que ha sido desplazado en oleadas por
empresas energéticas que llegaron para explotar las reservas geotérmicas
de la región. Y muchos de quienes aún permanecen ni siquiera tienen acceso a la electricidad generada por estas plantas.
Es un panorama inmensamente complejo de gestionar. Pero si el proyecto logra salir adelante, Benjamin Sovacool,
investigador en políticas energéticas y director del
Boston University Institute for Global Sustainability, ve un enorme potencial para los países históricamente marginados de las políticas climáticas y de la inversión en energía verde.
Aunque es escéptico sobre la DAC como solución climática a corto plazo,
señala que estas naciones podrían beneficiarse mucho de lo que podría
convertirse en una industria de varios billones de dólares.
“De todas las tecnologías de las que
disponemos para combatir el cambio climático, la idea de revertirlo
succionando CO₂ del aire y almacenándolo es realmente atractiva. Es algo
que incluso una persona corriente puede entender”, dice Sovacool. “Si
somos capaces de implementar la DAC a gran escala, podría ser la próxima
gran transición energética”.
Pero antes, claro está, el Gran Valle del Carbonotiene que demostrar que realmente puede funcionar.
Desafiando la dinámica de poder
El “Gran Valle del Carbono” es a la vez
una visión amplia para la región y una empresa creada para llevar esa
visión a la realidad.
Bilha Ndirangu, ingeniera eléctrica
graduada del MIT que creció en Nairobi (Kenia), lleva años preocupada
por los efectos del cambio climático en su país. Pero no quiere que
Kenia sea solo una víctima del aumento de las temperaturas, me cuenta; aspira a que se convierta en una fuente de soluciones climáticas. Así, en 2021, Ndirangu cofundó Jacob’s Ladder Africa, una organización sin ánimo de lucro cuyo objetivo es preparar a trabajadores africanos para las industrias verdes.
También comenzó a colaborar con el
empresario keniano James Irungu Mwangi, director ejecutivo
de Africa Climate Ventures, una firma de inversión centrada en crear y
acelerar empresas climáticamente inteligentes. Mwangi llevaba tiempo
trabajando en una idea alineada con la convicción que ambos compartían
sobre el potencial de la enorme capacidad geotérmica del país: el plan
consistía en encontrar compradores para el excedente de energía geotérmica de Kenia y así impulsar el desarrollo de aún más energía renovable.
Una industria intensiva en energía y con impacto climático positivo
destacaba claramente: la captura directa del aire de dióxido de carbono.
El Gran Valle del Rift era la clave de
esta visión. La idea era que podría proporcionar la energía barata
necesaria para alimentar una DAC asequible a gran escala y, al mismo
tiempo, ofrecer la geología ideal para almacenar carbono de forma eficaz
en el subsuelo profundo tras extraerlo del aire. Y con casi un 90% de la red eléctrica del país ya alimentada por energías renovables, la DAC no estaría desviando electricidad de otras industrias que la necesitan. Al contrario: atraer plantas DAC a Kenia podría brindar el impulso necesario para que los proveedores de energía ampliaran su infraestructura y extendieranla red eléctrica, conectando idealmente al 25% de la población que aún carece de electricidad y reduciendo episodios en los que es necesario racionar la energía.
“Este impulso por las energías renovables y la descarbonización de las industrias nos brinda una oportunidad que solo se presenta una vez en la vida”, me asegura Ndirangu.
Así, en 2023, ambos fundaron Great Carbon Valley, una empresa de desarrollo de proyectos cuya misión es atraer compañías de DAC a la región, junto con otras industrias intensivas en energía que buscan electricidad renovable.
La iniciativa ya ha logrado atraer a empresas de alto perfil,
como la start-up belga de DAC Sirona Technologies, la
compañía DAC francesa Yama, y Climeworks, la empresa suiza que
opera Mammoth y otra planta de DAC en Islandia (y que apareció en la lista de 10 Tecnologías emergentes de MIT Technology Review en 2022 y en la lista de Empresas tecnológicas climáticas a tener en cuenta en 2023). Todas ellas planean lanzar proyectos piloto en Kenia en
los próximos años, y Climeworks ha anunciado sus planes para completar
su planta keniana de DAC en 2028. GCV también se ha asociado con Cella,
una empresa estadounidense de almacenamiento de carbono que colabora con
Octavia, y está facilitando los permisos para la empresa
islandesa Carbfix, que se encarga de inyectar el carbono procedente de
las instalaciones DAC de Climeworks.
“El cambio climático afecta de forma desproporcionada a esta parte del mundo, pero también está cambiando las reglas del juego en todo el planeta”,
me explica Corey Pattison, director ejecutivo y cofundador de Cella, al
hablar sobre el atractivo del concepto desarrollado
por Mwangi y Ndirangu. “Esto también es una oportunidad para ser
emprendedores y creativos en nuestra manera de pensar, porque lugares
como Kenia cuentan con todos estos activos”.
El país no solo puede ofrecer energía
renovable barata y abundante: quienes defienden la DAC en Kenia confían
en que su población joven y formada aporte los ingenieros y científicos
necesarios para desarrollar esta infraestructura. A su vez, este sector podría abrir oportunidades para los aproximadamente 6 millones de jóvenes que están desempleados o infraempleados.
“No es una industria puntual”,
afirma Ndirangu, subrayando su convicción de que el empleo surgirá de la
industrialización verde. Se necesitarán ingenieros para supervisar las instalaciones deDAC, y la demanda adicional de energía renovable generará empleo en el sector energético y en servicios asociados, como el agua y la hostelería.
“Estás desarrollando toda una gama de infraestructuras para hacer posible esta industria”, añade. “Esa infraestructura no solo beneficia al sector: también beneficia al país”.
La oportunidad de resolver un “problema del mundo real”
En junio del año pasado, subí por un
camino de tierra hasta la sede de Octavia Carbon, junto a la
Eastern Bypass Road de Nairobi (Kenia), en los confines orientales de la
ciudad.
El equipo que conocí durante la visita irradiaba el tipo de optimismo desbordante
que es habitual en las start-ups en fases tempranas. “La gente solía
escribir artículos académicos afirmando que ningún ser humano podría
correr un maratón en menos de dos horas”, me dijo aquel día el director
ejecutivo de Octavia, Martin Freimüller. El maratonista keniano
Eliud Kipchoge superó esa barrera en una carrera en 2019. Un mural suyo ocupa un lugar destacado en la pared, junto con su lema: “No human is limited”.
“Es imposible… hasta que Kenia lo logra”, añadió Freimüller.
Aunque no es un socio oficial de la iniciativa Great Carbon Valley de Ndirangu, Octavia está alineada con la visión más amplia,
me dijo Freimüller. La empresa comenzó su andadura en 2022,
cuando Freimüller, un consultor de desarrollo austríaco, conoció a
Duncan Kariuki, graduado en ingeniería por la Universidad de Nairobi,
en OpenAir Collective, un foro en línea dedicado a la eliminación de
carbono. Kariuki presentó a Freimüller a sus compañeros de clase
Fiona Mugambi y Mike Bwondera, y los cuatro empezaron a trabajar en un
prototipo de DAC, primero en un espacio de laboratorio prestado por la
universidad y, más tarde, en un apartamento. No pasó mucho tiempo antes
de que los vecinos se quejaran del ruido y, en menos de seis meses,
trasladaron la operación a su actual almacén.
Ese mismo año anunciaron su primer prototipo,
cariñosamente llamado Thursday, en referencia al día en que se presentó
en un evento de Nairobi Climate Network. Pronto, Octavia estaba mostrando su tecnología a visitantes de alto perfil, entre ellos el rey Carlos III y Meg Whitman, la embajadora del presidente Joe Biden en Kenia.
Tres años después, el equipo cuenta con más de 40 ingenieros y ha construido su 12.ª unidad de DAC:
un cilindro metálico aproximadamente del tamaño de una lavadora grande,
que contiene un filtro químico basado en una amina, un compuesto
orgánico derivado del amoníaco. (Octavia declinó ofrecer más detalles
sobre la disposición interna del filtro dentro de la máquina, ya que la
empresa está a la espera de la aprobación de una patente para el diseño).
Hannah Wanjau, ingeniera de la empresa, me explicó cómo funciona el sistema:
unos ventiladores aspiran aire del exterior a través del filtro,
haciendo que el dióxido de carbono (que es ácido) reaccione con la amina
básica y forme una sal de carbonato. Cuando esta mezcla se calienta
en al vacío a una temperatura de entre 80 y 100 °C, el CO₂ se libera en
forma de gas y se recoge en una cámara especial, mientras que la amina
puede reutilizarse en el siguiente ciclo de captura.
El método de absorción con aminas se ha
empleado en otras plantas de DAC en el mundo, incluidas las operadas
por Climeworks, pero el proyecto de Octavia destaca en varios aspectos clave. Wanjau explicó que la tecnología está adaptada al clima local: la empresa ha ajustado tanto el tiempo de absorción como la temperatura de liberación del CO₂, lo que podría convertirla en un modelo para otros países tropicales.
Y luego está la fuente de energía:
el dispositivo funciona con más de un 80% de energía térmica, que en el
terreno consistirá en el excedente de energía geotérmica que las
centrales no convierten en electricidad. Esa energía suele liberarse a
la atmósfera, pero aquí se canalizará hacia las máquinas de Octavia. Además, eldiseño modular del dispositivo permite que quepa en un contenedor de transporte, permitiendo a la empresa desplegar decenas de unidades cuando exista demanda, me comentó Mutheu.
Esta tecnología se está probando sobre el terreno en Gilgil (Kenia),
donde, según Mutheu, la empresa “continúa capturando y acondicionando
CO₂ como parte de nuestras operaciones y ciclos de prueba en curso”.
(Rechazó proporcionar datos o resultados concretos por el momento).
Una vez capturado, el CO₂ se calentará y
se presurizará. Después se bombeará a una instalación cercana operada
por Cella, donde se inyectará el gas en fisuras subterráneas. La geología especial de la región ofrece de nuevo una ventaja:
gran parte de la roca subterránea es basalto, un mineral volcánico rico
en iones de calcio y magnesio. Estos reaccionan con el dióxido de
carbono para formar minerales como calcita, dolomita y magnesita, fijando así los átomos de carbono en forma sólida.
Este proceso es más duradero que otras formas de almacenamiento de carbono,
lo que lo hace potencialmente más atractivo para los compradores de
créditos de carbono, afirma Pattison, director ejecutivo de Cella.
Métodos de mitigación no geológica (como los programas de sustitución de
cocinas domésticas o las soluciones basadas en la naturaleza, como la plantación de árboles) se han visto recientemente afectados por revelaciones de fraude o exageración. El
dinero para el proyecto piloto de Cella, que verá la inyección de 200
toneladas de CO₂ este año, procede principalmente del compromiso de mercado anticipado Frontier, mediante el cual un grupo de empresas, incluidas Stripe, Google, Shopify, Meta y otras, ha prometido colectivamente gastar 1.000 millones de dólares (unos 913,8 millones de euros) en eliminación de carbono para 2030.
Estos proyectos ya han abierto nuevas posibilidades para jóvenes kenianos como Wanjau.
Me contó que no había muchas oportunidades para que aspirantes a
ingenieras mecánicas como ella pudieran diseñar y probar sus propios
dispositivos; muchos de sus compañeros trabajaban en empresas de
construcción o petróleo, o estaban desempleados. Pero casi
inmediatamente después de graduarse, Wanjau comenzó a trabajar en
Octavia.
“Me alegra estar intentando resolver un
problema que es un asunto del mundo real”, me dijo. “No muchas personas
en África tienen la oportunidad de hacer eso”.
Una subida cuesta arriba
A pesar del enorme entusiasmo de socios e inversores, el proyecto Great Carbon Valley enfrenta múltiples desafíos antes de que la visión de Ndirangu y Mwangi pueda hacerse realidad.
Desde sus inicios, la iniciativa ha tenido que lidiar con “esta percepción de que hacer proyectos en África es arriesgado”, explica Ndirangu. De las decenas de instalaciones de DAC planificadas o existentes hoy,
solo un puñado se encuentra en el Sur Global. De hecho, Octavia se ha
descrito a sí misma como la primera planta de DAC ubicada en esta
región. “Incluso vender Kenia como destino para la DAC fue todo un
desafío”, afirma.
Por ello, Ndirangu destacó la experiencia de Kenia en el desarrollo de recursos geotérmicos, así como su talento local en ingeniería y los menores costes laborales. GCV también se ha ofrecido a colaborar con el gobierno keniano para ayudar a las empresas a obtener los permisos necesarios y comenzar a construir lo antes posible.
Ndirangu afirma que ya ha visto “un
apetito real” entre los productores de energía que quieren ampliar la
infraestructura de energías renovables, pero al mismo tiempo esperan pruebas de que habrá demanda.
Imagina que, una vez que esa energía adicional esté disponible, muchas
otras industrias, desde centros de datos hasta productores de acero
verde, amoníaco verde o combustibles de aviación
sostenibles, considerarán establecerse en Kenia, atrayendo más de una
docena de proyectos al valle en los próximos años.
Pero acontecimientos recientes podrían frenar esa demanda (que algunos expertos ya temían insuficiente). Los gobiernos de todo el mundo están retrocediendo en sus compromisos climáticos, especialmente en EE UU. La
administración Trump ha recortado drásticamente la financiación
destinada al desarrollo relacionado con el cambio climático y las
energías renovables. El Departamento de Energía parece dispuesto a cancelar una
subvención de 50 millones de dólares (unos 45,7 millones de
euros) destinada a una planta de DAC propuesta en Luisiana (EE UU), que
habría sido operada parcialmente por Climeworks. Y en mayo, poco después
de ese anuncio, la empresa comunicó que recortaba un 22% de su plantilla.
Al mismo tiempo, muchas empresas que probablemente habrían sido compradoras de créditos de carbono, y que hace apenas unos años habían prometido voluntariamente reducir o eliminar sus emisiones, están retirando silenciosamente esos compromisos. A largo plazo, advierten los expertos, existe un límite en la cantidad de eliminación de carbono que las compañías comprarán de manera voluntaria. Sostienen que, en última instancia, deberán ser los gobiernos quienes lo financien o exigir a los contaminadores que lo hagan.
A todos estos retos se suman los costes. Los críticos aseguran que las inversiones en DAC son una pérdida de tiempo y dinero en
comparación con otras formas de reducción de carbono. A mediados de
diciembre, los créditos de eliminación de carbono en el Sistema de
Comercio de Emisiones de la Unión Europea (uno de los mayores mercados
de carbono del mundo) tenían un precio de alrededor de 84 dólares por
tonelada (unos 76,8 euros). El precio medio por crédito de DAC, en comparación, ronda los 450 dólares (unos 411,8 euros). Procesos
naturales como la reforestación absorben millones de toneladas de
carbono cada año y son mucho más baratos (aunque los programas para
convertirlos en créditos de carbono tienen sus propias controversias).
En última instancia, la DAC sigue operando a pequeña escala, eliminando apenas unas 10.000 toneladas métricas de CO₂ al año.
Incluso si los proveedores de DAC logran superar estos obstáculos, siguen apareciendo cuestiones espinosas dentro de Kenia. Grupos como Power Shift Africa, un think tank con sede en Nairobi (Kenia) que aboga por la acción climática en el continente, han calificado los créditos de carbono como “permisos para contaminar” y los han culpado de retrasar la electrificación.
“El objetivo último de [la eliminación de
carbono] es poder decir, al final, que podemos seguir emitiendo y
simplemente recapturar esas emisiones con esta tecnología”,
afirma Kaboub, el economista tunecino que ha trabajado
con Power Shift Africa. “Así que no hace falta poner fin a los
combustibles fósiles, y por eso recibe tanto apoyo de países y empresas petroleras”.
Otro problema que identifica no se limita a la DAC, sino que se extiende a la forma en que Kenia y otras naciones africanas están persiguiendo su meta de industrialización verde.
Aunque el presidente keniano William Ruto ha atraído inversión
financiera internacional para convertir Kenia en un centro de energía
verde, las políticas de su administración han incrementado la deuda externa del país,
que en 2024 equivalía aproximadamente al 30% de su PIB. El desarrollo
geotérmico en Kenia a menudo se ha financiado con préstamos de
instituciones internacionales u otros gobiernos. A medida que la deuda
ha aumentado, el país ha aplicado medidas de austeridad nacional que han
desencadenado protestas mortales.
Kenia puede tener ventajas sobre otros
países, y es probable que los costes de la DAC disminuyan con el tiempo.
Pero algunos expertos, como Benjamin Sovacool, de Boston University, no están convencidos de que Great Carbon Valley (o cualquier iniciativa de DAC) pueda mitigar de forma significativa el cambio climático. Las investigaciones de Sovacool han
descubierto que, en el mejor de los casos, la DAC estará lista para
desplegarse a la escala necesaria hacia mediados de siglo, demasiado tarde para funcionar como una solución climática viable. Y eso suponiendo que pueda superar costes adicionales, como las pérdidas asociadas a la corrupción en el sector energético, que Sovacool y otros han documentado como un problema generalizado en Kenia.
Sin embargo, otras personas dentro de la industria de la eliminación de carbono se muestran más optimistas respecto
a las perspectivas generales de la DAC y confían especialmente en que
Kenia pueda resolver algunos de los desafíos que la tecnología ha
encontrado en otros lugares. El coste “no es lo más importante”, afirma
Erin Burns, directora ejecutiva de Carbon180, una organización sin ánimo
de lucro que aboga por la eliminación y reutilización del dióxido de
carbono. “Hay muchas cosas por las que pagamos”. Señala que gobiernos
de Japón, Singapur, Canadá, Australia, la Unión Europea y otros lugares
están estudiando el desarrollo de mercados de cumplimiento para el
carbono, incluso aunque EE UU esté estancado en este ámbito.
Cree que Great Carbon Valley está bien posicionado para
beneficiarse de estos avances. “Es grande. Es visionario”, afirma
Burns. “Hay que tener un poco de ambición. No se trata de desplegar una
tecnología que ya esté extendida. Y eso conlleva un enorme potencial para grandes oportunidadesy ganancias enormes”.
Vuelta a la tierra
Más que cualquier factor externo, el futuro de Great Carbon Valley está quizá más íntimamente entrelazado con la tierra inquieta sobre la que se está construyendo y con la comunidad que ha vivido aquí durante siglos.
Para el pueblo masái, pastores nómadas que
habitan extensas zonas de África Oriental, incluida Kenia, este
territorio alrededor del lago Naivasha es “ol-karia”, que significa “ocre”, en referencia a la arcilla rojo intenso que abunda en la región.
Al sur del lago se encuentra el Parque Nacional Hell’s Gate, una reserva natural de 26 millas cuadradas donde los cinco complejos geotérmicos de la región (y un sexto en construcción) funcionan sobre numerosos respiraderos de vapor.
La primera planta geotérmica de la zona entró en servicio en 1981,
desarrollada por KenGen, una empresa eléctrica de mayoría estatal;
recibió el nombre de Olkaria.
Pero durante décadas la mayoría de los masái no han tenido acceso a esa electricidad. Y muchos han sido expulsados de sus tierras en
oleadas de desalojos. En 2014, la construcción de un complejo
geotérmico de KenGen expulsó a más de 2.000 personas y dio lugar a varias denuncias legales. Al mismo tiempo, habitantes cercanos a otro complejo geotérmico de propiedad privada situado 50 millas al norte de Naivasha se han quejado de ruido y contaminación del aire; en marzo, un tribunal keniano revocó la licencia de operación de una de las tres plantas del proyecto.
Ni Octavia ni Cella utilizan energía procedente de estos dos productores geotérmicos, pero activistas han advertido de que podrían resurgir daños ambientales y sociales similares si crece la demanda de nueva infraestructura geotérmica en Kenia, una demanda que podría verse impulsada por la DAC.
Ndirangu asegura que cree que algunas de las denuncias sobre desplazamiento están “exageradas”, pero reconoce igualmente la necesidad de una participación comunitaria más sólida, al igual que Octavia. A largo plazo, afirma que planea ofrecer formación laboral a
los residentes que viven cerca de las zonas afectadas e integrarlos en
la industria, aunque también subraya que dichos planes deben ser
realistas. “No quieres crear la expectativa equivocada de que
contratarás a todo el mundo de la comunidad”, señala.
Ese es parte del problema para activistas
masái como Agnes Koilel, una profesora que vive cerca del campo
geotérmico de Olkaria (Kenia). A pesar de promesas anteriores de empleo
en las plantas de energía, los trabajos que se ofrecen suelen ser puestos de menor salario, como limpieza o seguridad. ”Los masái no están tan empleados como la gente cree”, afirma.
La DAC es una industria pequeña, y no
puede hacerlo todo. Pero si llega a ser tan grande como
esperan Ndirangu, Freimüller y otros
defensores de Great Carbon Valley, creando empleo e impulsando la
industrialización verde de Kenia, comunidades como la de Koilel estarán entre las más directamente afectadas, igual que lo están por el cambio climático.
Cuando le pregunté a Koilel qué pensaba del
desarrollo de la DAC cerca de su hogar, me dijo que nunca había oído
hablar de la idea de Great Carbon Valley ni de la eliminación de carbono
en general. No estaba necesariamente en contra del desarrollo de energía geotérmica por principio, ni se oponía a ninguna de las industrias que podrían impulsar su expansión. Solo quiere ver algunos beneficios, como un centro de salud para su comunidad. Quiere revertir los desalojos que han expulsado a sus vecinos de sus tierras. Y quiere electricidad: el mismo tipo de electricidad que alimentaría los ventiladores y las bombas de los futuros centros de DAC.
“La energía se genera en estas comunidades”, dijo Koilel. “Pero ellas mismas no tienen esa luz”.(Diana Kruzman , MIT, 16/02/26)