19.10.26

Trump ha desencadenado la fase final del conflicto ucraniano... Trump se dio cuenta de que no puede estar en guerra con dos de los mayores países productores de petróleo y gas del mundo... las noticias sobre reuniones en el interior de la Casa Blanca, los informes procedentes de la propia Ucrania y la suspensión de la Ley Graham: en conjunto, estos acontecimientos nos ofrecen una imagen coherente, aunque aún falten algunos detalles. Nos indican que Estados Unidos ya no participa activamente en la defensa de Ucrania... La guerra terminará tarde o temprano, muy probablemente con un acuerdo de paz turbio que dejará a los europeos en estado de shock... Sospecho que esto ocurrirá durante los dos años y tres meses que le quedan a la administración Trump. Trump ha sido demasiado impredecible como para que se puedan hacer previsiones de este tipo con total certeza. Pero estoy convencido de que las decisiones de la semana pasada pasarán a la historia como el punto de inflexión de esta guerra ( Wolfgang Munchau)

"Trump ha desencadenado la fase final del conflicto ucraniano.

Tras la reunión entre Donald Trump y Vladimir Putin en Anchorage, Alaska, el año pasado, hubo un breve momento en el que pareció posible que Estados Unidos impusiera la paz entre Rusia y Ucrania. Pero no se daban las condiciones necesarias para llegar a un acuerdo. Ni Putin ni Zelensky estaban dispuestos a ceder en cuanto al estatus del Donbás, la región de habla rusa del este de Ucrania de la que Rusia ha ocupado el 90 %. Putin lo quiere todo, y Zelensky se niega a ceder ningún territorio no ocupado..

Entonces, Trump centró su atención en Irán. La guerra entre Rusia y Ucrania perdió prioridad en la agenda de política exterior de EE. UU. Ahora, debido al petróleo y al gas, vuelve a ocupar el primer puesto. Trump se dio cuenta de que no puede estar en guerra con dos de los mayores países productores de petróleo y gas del mundo. Puede que Irán solo ocupe el séptimo puesto en la lista de los mayores productores de petróleo del mundo, pero al cerrar el estrecho de Ormuz, Irán afecta indirectamente a alrededor del 20 % de la producción mundial de petróleo.

Rusia, sin embargo, es el segundo mayor productor mundial tanto de petróleo como de gas. Los europeos descartaron el reciente acuerdo entre EE. UU. y Rusia sobre el gasóleo como otra maniobra de Trump, y es cierto que no afectará mucho a los precios de la gasolina en EE. UU. Si hubiera sido un acuerdo aislado, yo tampoco le habría prestado mucha atención. Pero no lo fue. Trump siguió con medidas de las que hasta entonces se había abstenido.

 La primera señal se produjo el pasado miércoles por la mañana. Los medios de comunicación ucranianos informaron de que, durante la noche, las fuerzas del país habían sufrido restricciones repentinas en Starshield, la parte militar del sistema de satélites Starlink de Elon Musk. Los drones ucranianos perdían la señal cuando volaban a más de 160 kilómetros por hora. La repentina limitación del servicio interrumpió varias misiones de drones ucranianos.

En Ucrania se daba por hecho que SpaceX había impuesto esas restricciones por orden del Gobierno de EE. UU. Y al día siguiente, Reuters informó de que la orden procedía directamente de la Casa Blanca, que se había indignado por los continuos ataques de Ucrania contra refinerías rusas. Así pues, no se trataba de una interrupción técnica del servicio, sino de una aplicación despiadada del «interruptor de apagado». Sin embargo, lo único que recibimos de la Casa Blanca fueron filtraciones a la prensa. Ninguna declaración oficial. Ni siquiera un tuit. Para la Administración Trump, esto no es normal.

Junto con la noticia de la restricción de Starshield surgieron especulaciones de que EE. UU. había puesto fin al intercambio de información de inteligencia. La noche del 12 de octubre, Rusia lanzó una salva de misiles balísticos contra Ucrania. Normalmente, los servicios de inteligencia estadounidenses habrían advertido a los ucranianos. Pero en esta ocasión, no hubo ningún aviso previo, y los resultados fueron terribles.

 Hasta ese momento, el intercambio de información de inteligencia había sido uno de los componentes más importantes de la defensa de Ucrania. Los estadounidenses disponen de sistemas de infrarrojos por satélite capaces de detectar lanzamientos de misiles balísticos, y los ucranianos podían confiar en ellos.

Pero las cosas habían cambiado. Dos días después del ataque, se informó de que en la Casa Blanca se había debatido la posibilidad de poner fin al intercambio de información de inteligencia. John Ratcliffe, director de la CIA, quería seguir compartiendo información, pero parece que otros no estaban de acuerdo. Trump negó que Estados Unidos hubiera interrumpido el intercambio de información de inteligencia. De hecho, es posible que Rusia haya utilizado armas que eludieran la detección. En este momento deberíamos considerar la interrupción de los flujos de información como algo sospechoso, aunque sin explicación, incluso si ahora parece que dichos flujos se han reanudado definitivamente.

Posteriormente, a última hora del viernes, Trump recurrió a un decreto presidencial para suspender la aplicación de las sanciones contra Rusia en virtud de la Ley Graham, cuyo objetivo era privar a Rusia de los recursos financieros que le permiten librar la guerra contra Ucrania. La ley, que lleva el nombre del difunto senador Lindsey Graham, había sido promulgada por Trump apenas el mes pasado.

 El secretismo, las noticias sobre reuniones en el interior de la Casa Blanca, los informes procedentes de la propia Ucrania y la suspensión de la Ley Graham: en conjunto, estos acontecimientos nos ofrecen una imagen coherente, aunque aún falten algunos detalles. Nos indican que Estados Unidos ya no participa activamente en la defensa de Ucrania.

Esto difiere de la situación de finales de febrero del año pasado, cuando Trump y Zelensky se enfrentaron en la Casa Blanca. Tras esa reunión, Estados Unidos suspendió los envíos de armas y la ayuda financiera. La Casa Blanca también interrumpió el intercambio de información de inteligencia durante una semana, aunque luego lo reanudó.

«Los europeos intentarán mitigar los efectos de este cambio en la política estadounidense, pero no hay mucho que puedan hacer».

Sin embargo, lo que están haciendo ahora los estadounidenses está mucho mejor coordinado. Y esto plantea un dilema a los europeos. Intentarán mitigar los efectos de este cambio en la política estadounidense; sin embargo, no hay mucho que puedan hacer. Pueden ofrecer información de inteligencia procedente de su propia red de satélites, pero esta no alcanzará la calidad de comunicación que requieren los drones rápidos de Ucrania para funcionar como está previsto.

 No obstante, Zelensky acudió al Consejo Europeo en Bruselas la semana pasada, donde los líderes de la UE aprovecharon una nueva ocasión para mostrar su solidaridad con el líder ucraniano. Es un invitado habitual allí. Pero, bajo esa cordialidad, las tensiones van en aumento. Ucrania se está quedando sin dinero más rápido de lo que los europeos habían previsto. El pasado diciembre, los belgas vetaron la incautación de los fondos rusos que se encuentran congelados en un banco belga. La UE acordó a regañadientes un préstamo de 90 000 millones de euros a Ucrania, dinero que ellos mismos pidieron prestado, fingiendo que Rusia acabaría teniendo que devolver este préstamo. Se suponía que el préstamo cubriría el déficit de financiación de Ucrania para este año y el próximo.

Pero resulta que Ucrania ahora necesita otros 70 000 millones de euros. Marine Le Pen, la favorita en la carrera por las elecciones presidenciales francesas, ha prometido que, si sale elegida, cortará todo el apoyo a Ucrania. Friedrich Merz, el canciller alemán, ha prometido más financiación, pero ese dinero no aparece por ninguna parte en los propios presupuestos de su Gobierno.

Así pues, mientras Zelensky se regodea en la admiración pública de los líderes europeos, los cimientos del apoyo occidental se han ido debilitando. Ahora la situación se complica aún más, porque Estados Unidos está conspirando activamente contra Europa. El acuerdo por el que Estados Unidos compra 4,8 millones de toneladas de gasóleo a Rusia parece un intento de reanudar las relaciones comerciales. Preveo que este será el primero de varios acuerdos sobre recursos naturales entre Estados Unidos y Rusia.

 Podría, por ejemplo, que se llegara a un acuerdo sobre el gas ruso. Los enviados han estado debatiendo la posibilidad de ampliar su nueva alianza comercial al ya inactivo gasoducto Nord Stream, que solía transportar gas desde Rusia a Alemania. Sería un giro irónico, ya que fue precisamente la primera Administración Trump la que impuso sanciones a los operadores alemanes y rusos que estaban construyendo el Nord Stream 2, el gasoducto sucesor.

En septiembre de 2022, el tramo de tubería que discurre bajo el mar Báltico fue saboteado. Se acusa a un comando ucraniano de estar detrás de la explosión. El juicio contra uno de los sospechosos comenzó en Alemania la semana pasada y promete revelarnos muchos detalles de esta operación, incluida información sobre el alcance de la implicación de Zelenski.

Los alemanes lo seguirán muy de cerca. Al igual que la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, la formación de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) también se opone a la ayuda a Ucrania. La AfD ha experimentado, durante el último año, un rápido ascenso en las encuestas de opinión. La guerra de Ucrania es uno de los temas más centrales de su campaña, y el juicio será para ellos un regalo que seguirá dando frutos.

 Los negociadores de Trump presionaron recientemente a los europeos para que desbloquearan parte de los activos rusos congelados: con el fin de destinarlos a un fondo especial de inversión para Ucrania, en lugar de que se utilizaran para financiar nuevos combates. Los europeos rechazaron esta petición, ya que su plan consiste en financiar la guerra de Ucrania con dinero ruso. Esto me recuerda el viejo chiste de Thatcher sobre por qué el socialismo no funciona: porque a los socialistas se les acaba el dinero de los demás. Si la UE consiguiera lo que desea y pudiera confiscar el dinero ruso, teniendo en cuenta la rapidez con la que Ucrania está gastando, no duraría mucho tiempo.

Además, la UE está estudiando la posibilidad de conceder a Ucrania la condición de miembro de pleno derecho del bloque, pero dicha adhesión solo puede ayudar a financiar la reconstrucción de Ucrania si va acompañada de importantes transferencias fiscales. En estos momentos, Alemania lidera un grupo de países que se oponen a un plan de la Comisión Europea para aumentar la dotación del próximo presupuesto de la UE. Los europeos dicen una cosa, pero hacen otra: un caso clásico de preferencias reveladas que chocan con las preferencias declaradas.

Tanto política como financieramente, el margen de maniobra de los europeos se está reduciendo. Los europeos necesitan a EE. UU., pero este país, que había apoyado con entusiasmo a Ucrania bajo el mandato de Joe Biden, se ha convertido primero en un partidario reticente y ahora en un país que ya ni siquiera finge apoyar a Ucrania. Dudo mucho que, llegado el año 2029, ni siquiera un presidente demócrata esté dispuesto a gastar capital político en una guerra que, para entonces, ya se habría prolongado durante siete años.

 Las guerras suelen terminar cuando a una de las partes se le agotan los alimentos, el petróleo u otros suministros esenciales. Es una ilusión pensar que, con el precio del petróleo a 110 dólares el barril, al segundo mayor productor mundial de petróleo se le esté acabando el dinero. La guerra terminará tarde o temprano, muy probablemente con un acuerdo de paz turbio que dejará a los europeos en estado de shock.

Sospecho que esto ocurrirá durante los dos años y tres meses que le quedan a la administración Trump. Trump ha sido demasiado impredecible como para que se puedan hacer previsiones de este tipo con total certeza. Pero estoy convencido de que las decisiones de la semana pasada pasarán a la historia como el punto de inflexión de esta guerra."

( , Un Herd, 18/10/26, traducción DEEPL, enlaces en el original) 

Los aportes de la población sénior a la economía española... hemos intentado cuantificar cuánto ingresa, consume, aporta y recibe del Estado un español mayor de 55 años... Son ahorradores y consumidores activos, sostienen redes familiares mediante transferencias intergeneracionales y constituyen un pilar fundamental de estabilidad financiera y patrimonial... son el grupo de edad con mayor capacidad de consumo del conjunto de la población española... ayuda a financiar el consumo de otros miembros de sus hogares. De hecho, el saldo neto de las transferencias privadas dentro de los hogares es negativo para los séniors... en las transferencias internas entre miembros de un mismo hogar, cerca de 27 000 millones provienen del colectivo de 55 o más, lo que pone de relieve el papel clave de la familia como mecanismo de redistribución intergeneracional complementario al Estado del bienestar... El consumo privado medio por persona del colectivo senior es el mayor de cualquier grupo de edad... La contribución de la generación de mayor edad al sostenimiento del Estado y sus administraciones territoriales a través de sus impuestos, sin incluir las contribuciones sociales, alcanza el 42,7 %, porcentaje superior a su peso en el conjunto de la población (34 %)... se ha hecho frecuente que se mire a las personas mayores como grandes consumidoras de recursos, especialmente pensiones, que drenan fondos que podrían destinarse a políticas públicas destinadas a personas más jóvenes... pero los mayores de 55 años no son únicamente perceptores de fondos públicos (aunque es cierto que obtienen el grueso de las prestaciones públicas de carácter monetario, fundamentalmente pensiones, con el 85 %), sino también un colectivo con un gran peso económico: concentran el 68 % de los ahorros de los hogares y el 43 % del total de los recursos económicos, y, por tanto, son un motor económico para el país (Iñaki Ortega Cachón)

"Los aportes de la población sénior a la economía española

Si en 2022 las personas de 55 años o más representaban el 34 % de la población española, se estima que para 2050 ese porcentaje será del 42,9 %. Este progresivo envejecimiento ha hecho frecuente que se mire a las personas mayores como grandes consumidoras de recursos, especialmente pensiones, que drenan fondos que podrían destinarse a políticas públicas destinadas a personas más jóvenes.

El impacto económico de los más longevos

Ante esta visión, un equipo de investigadores hemos intentado cuantificar cuánto ingresa, consume, aporta y recibe del Estado un español mayor de 55 años. Esta radiografía del impacto económico de la longevidad en España se ha elaborado sobre una base de microdatos por edades de las cuentas económicas de los miembros de los hogares españoles que elabora todos los años la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea).

El informe acredita que los mayores de 55 años no son únicamente perceptores de fondos públicos (aunque es cierto que obtienen el grueso de las prestaciones públicas de carácter monetario, fundamentalmente pensiones, con el 85 %), sino también un colectivo con un gran peso económico: concentran el 68 % de los ahorros de los hogares y el 43 % del total de los recursos económicos, y, por tanto, son un motor económico para el país.

Son ahorradores y consumidores activos, sostienen redes familiares mediante transferencias intergeneracionales y constituyen un pilar fundamental de estabilidad financiera y patrimonial.

La aportación de los mayores

El impacto económico de la población sénior española, entendiendo como tal a las personas de 55 años o más, es mayor del que le correspondería por su peso demográfico. Estos son algunos datos al respecto:

  1. Los miembros de la generación sénior son el grupo de edad con mayor capacidad de consumo del conjunto de la población española. Representa un 39,3 % del total, superando al del grupo de 30-54 años (36,9 %), aunque este concentra la mayor parte de la fuerza laboral fija y el empleo principal, sostiene la manutención de hijos y dependientes e, históricamente, ha representado un porcentaje muy elevado del consumo y la renta nacional.
  2. Atendiendo al peso del colectivo sénior en la generación de rentas de mercado, donde no se incluyen las prestaciones públicas, su contribución estimada a la producción nacional alcanzaría el 32,8 %.
  3. Este grupo de edad ayuda a financiar el consumo de otros miembros de sus hogares. De hecho, el saldo neto de las transferencias privadas dentro de los hogares es negativo para los séniors. El importe medio por persona de esta ayuda es de 1 680 euros, inferior al del colectivo de entre 30 y 54 años (5 942 euros), que aún tienen que asumir el coste de la educación y sostenimiento de los hijos.
  4. El consumo privado medio por persona del colectivo senior es el mayor de cualquier grupo de edad: 16 406 euros, lo que supone un 14,4 % más que el del grupo principal (30-54 años) y un 15,7 % más que la media del conjunto de la población. Si usamos al IVA como medidor de ese consumo, el estudio señala que el 37,8 % proviene de los séniors, lo que permite vislumbrar su importante peso en el consumo español, por encima del propio peso poblacional.
  5. La contribución de la generación de mayor edad al sostenimiento del Estado y sus administraciones territoriales a través de sus impuestos, sin incluir las contribuciones sociales, alcanza el 42,7 %, porcentaje superior a su peso en el conjunto de la población (34 %). Si ponemos el foco en las rentas, veremos que de todo el IRPF pagado en España, el 43,8 % proviene de los mayores de 55 años.

Transferencias familiares

El estudio también cuantifica las transferencias internas entre miembros de un mismo hogar. Estas alcanzan 130 000 millones de euros anuales y fluyen fundamentalmente desde los adultos y séniors hacia niños y jóvenes para financiar su consumo hasta su incorporación plena al mercado laboral.

De ese total, cerca de 27 000 millones provienen del colectivo de 55 o más, lo que pone de relieve el papel clave de la familia como mecanismo de redistribución intergeneracional complementario al Estado del bienestar.

El consumo crece en la última etapa de la vida

El consumo total por persona se mantiene relativamente estable hasta los 50 años, pero aumenta posteriormente. Así, los datos muestran cómo el consumo privado medio anual en España se sitúa en 14 183 euros por persona, mientras que en el grupo de 55 años o más asciende a 16 406, por encima de la media.

Parte de esta diferencia se explica por el mayor gasto sanitario y por el peso de la vivienda, incluyendo el alquiler imputado de la vivienda en propiedad (esto es, el alquiler que habría que pagar si en lugar de propietario fuera inquilino), cuyo importe aumenta cuando disminuye el número de convivientes tras la emancipación de los hijos o la viudedad.

Incorporar estos datos al debate sobre el peso de los mayores de 55 años en la economía puede servir para mejorar una percepción injusta con un grupo de la población que ha construido el actual sistema de bienestar español."

(, profesor de Dirección de Empresas, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja. The Conversation, 15/10/26)

Los escolares franceses han sido tratados como enemigos a los que aplastar, por decir la verdad... en Dunkerque, un SUV policial arremetió repetidamente contra grupos de alumnos de secundaria... Los relatos de niños aterrados por un trato brutal bajo custodia policial describen experiencias traumáticas con graves consecuencias psicológicas y físicas... Francia está atrayendo ahora el tipo de escrutinio legal internacional que cabría esperar si se tratara de un régimen autoritario desquiciado... Un relator especial de la ONU ha instado a las autoridades francesas a respetar la seguridad física de los manifestantes... Amnistía Internacional ha recordado a las autoridades su deber de proteger a los niños... A menudo se argumenta que los niveles de deuda paralizantes hacen que la demanda estudiantil de 10.000 millones de euros de inversión sea inviable... Los economistas Élise Huillery y Romane Paris han presentado una propuesta creíble para invertir 11.800 millones de euros adicionales al año en educación, financiados mediante una reforma fiscal dirigida a las grandes herencias, que recaudaría 12.700 millones de euros en 2026 y aumentaría los impuestos solo para el 1% más rico de los herederos... el ministro del Interior, Laurent Nuñez, dijo que no había dado a las fuerzas «ninguna instrucción de ejercer moderación». Esta es una forma vergonzosa y desdeñosa de responder a la sana expresión de disidencia de los jóvenes. Tal violencia hacia los ciudadanos no tiene cabida en una democracia... además, las autoridades francesas saben cómo aplicar moderación cuando los agricultores organizan bloqueos. Para el 8 de octubre, 6.877 personas habían pasado a custodia policial, alrededor del 80% de ellas niños... sucede que el sistema de educación estatal se encontraba entre los más desiguales del mundo desarrollado... los colegios se están desmoronando físicamente: agua no potable, algunas aulas están tan mal aisladas que las temperaturas bajan por debajo de los 14°C en invierno y alcanzan los 40°C durante las olas de calor... 126.000 solicitantes para la educación superior, muchos de entornos desfavorecidos, sin plaza... En 2025, se registraron 49 suicidios entre el personal del sistema educativo nacional (Rokhaya Diallo)

"Los escolares franceses han sido tratados como enemigos a los que aplastar – por decir la verdad**

Como alumna de secundaria en 1994, participé en protestas contra una reforma que habría permitido a los empleadores franceses pagar a los jóvenes por debajo del salario mínimo. Nuestra campaña tuvo éxito, pero si hubiéramos tenido que enfrentarnos a la aterradora respuesta policial desatada contra los estudiantes manifestantes en Francia durante las últimas semanas, me habría quedado en casa.

Un niño de 14 años, Eden, sufrió una fractura de mandíbula y perdió dientes después de que una granada lacrimógena de la policía le impactara en la cara. Maël, de dieciséis años, perdió la visión de un ojo supuestamente después de recibir el impacto de un disparo de un LBD, un tipo de lanzador de balas de goma. Evan, de 15 años, perdió la mano en una explosión provocada por una granada aturdidora de la policía. Y en Dunkerque, se alega que un SUV policial arremetió repetidamente contra grupos de alumnos de secundaria, mientras se podía oír a un agente decir: «Acercaos, les vamos a reventar las putas caras». Los relatos de niños aterrados por un trato brutal bajo custodia policial describen experiencias traumáticas con graves consecuencias psicológicas y físicas.

Francia, que se autoproclama cuna de los derechos humanos, está atrayendo ahora el tipo de escrutinio legal internacional que cabría esperar si se tratara de un régimen autoritario desquiciado. La organización de derechos humanos Ligue des droits de l'Homme ha condenado la alarmante «brutalización de los jóvenes» y la amenaza a su libertad de expresión.

Un relator especial de la ONU ha instado a las autoridades francesas a respetar la seguridad física de los manifestantes. La oficina de derechos humanos de la ONU afirma que sigue «con preocupación» los incidentes relacionados con las protestas en Francia. Amnistía Internacional ha pedido la suspensión de los lanzadores de balas de goma en las protestas escolares, ha condenado el uso desproporcionado de la fuerza y ha recordado a las autoridades su deber de proteger a los niños. La activista climática sueca Greta Thunberg, cuyo activismo abarca cada vez más las luchas contra la opresión y la violencia estatal, viajó a Francia esta semana para apoyar a los alumnos.

A menudo se argumenta que Francia está quebrada y que los niveles de deuda paralizantes hacen que la demanda estudiantil de 10.000 millones de euros de inversión para mejorar sus condiciones de aprendizaje sea inviable. Pero incluso en nuestra difícil situación fiscal, el gasto público es una elección política: para reducir la deuda se puede recortar el gasto público o se puede aumentar los ingresos.

Los economistas Élise Huillery y Romane Paris han presentado una propuesta creíble para invertir 11.800 millones de euros adicionales al año en educación, financiados mediante una reforma fiscal dirigida a las grandes herencias, que recaudaría 12.700 millones de euros en 2026 y aumentaría los impuestos solo para el 1% más rico de los herederos. Esto liberaría dinero para aumentar los salarios de los profesores, mejorar el apoyo a los alumnos, las becas y la vivienda estudiantil, y ampliar las plazas universitarias.

Pero el debate sobre el gasto público no invalida las legítimas reivindicaciones de alumnos, profesores y padres, que no son nuevas. Tampoco justifica una respuesta viciosa de ley y orden. Las condiciones de aprendizaje en algunos de los colegios más desfavorecidos se han ido deteriorando hasta niveles sorprendentemente malos durante mucho tiempo. Ya señalé las condiciones escolares en Francia en el Guardian hace tres años, argumentando entonces que el sistema de educación estatal se encontraba entre los más desiguales del mundo desarrollado. La falta de recursos asignados a cosas tan básicas como las vacantes docentes ha sido evidente durante años, con puestos en algunos distritos que a veces quedan sin cubrir durante meses.

Más de 20 millones de horas de enseñanza se perdieron en los institutos públicos en 2024-25, equivalente a casi una de cada 10 clases. Más de 15 millones de esas horas se perdieron porque no se proporcionaron profesores sustitutos. Los colegios en zonas designadas de educación prioritaria, que atienden a comunidades desfavorecidas, se han visto especialmente afectados, según el Tribunal de Cuentas francés.

En Seine-Saint-Denis, la parte más pobre de la Francia continental, dos tercios de los puestos de médico escolar estaban vacantes en 2023. Ya en 2022, la autoridad educativa de Créteil informó de un déficit de 60 enfermeras escolares y 20 trabajadores sociales, con el 90% de los puestos sin cubrir en Seine-Saint-Denis. En 2025, se registraron 49 suicidios entre el personal del sistema educativo nacional. Aunque no todas estas muertes pueden atribuirse al trabajo, es difícil evitar pensar en el grave deterioro de las condiciones laborales en todo el sector.

Luego están los colegios que se están desmoronando físicamente: agua no potable debido a la contaminación bacteriana, alumnos que informan de ratas y cucarachas, baños sucios y, en un caso, un tanque séptico que se desborda cuando llueve. Hay cortes de electricidad, falta de mobiliario y algunas aulas están tan mal aisladas que las temperaturas bajan por debajo de los 14°C en invierno y alcanzan los 40°C durante las olas de calor.

En Mayotte, donde comenzaron las protestas, un instituto construido para 900 alumnos alberga a 2.300. Las protestas se extendieron luego a la Francia continental a través de un colegio en Créteil que comenzó el año académico con 13 profesores y otro personal faltantes, así como un subdirector.

Otro tema en el centro de la ira de los alumnos es Parcoursup, el sistema mediante el cual los egresados solicitan plaza en la educación superior. Considerado discriminatorio, ha dejado este año a 126.000 solicitantes –muchos de entornos desfavorecidos– sin plaza.

En lugar de tratar esta crisis como una protesta social justificada basada en demandas legítimas, el gobierno ha invocado una doctrina expuesta en su Guía Operativa para la Violencia Urbana. Ha tratado a los alumnos como enemigos internos a neutralizar. Esto establece una respuesta coercitiva, descartando la posibilidad de resolver el conflicto mediante medidas constructivas.

Para el 8 de octubre, 6.877 personas habían pasado a custodia policial, alrededor del 80% de ellas niños. Solo el 1 de octubre, la policía realizó 1.949 detenciones, superando el total diario más alto registrado desde 1961, según el historiador Éric Anceau. Según el Syndicat de la magistrature, un sindicato francés de izquierdas de jueces, las cifras reflejan una clara determinación de aplastar el movimiento. El despliegue policial ha sido tan abrumador que profesores y padres han tenido que formar cadenas humanas para proteger a los niños.

Las operaciones policiales también están impulsadas por un enfoque en las detenciones, que fomenta confrontaciones contundentes y alimenta la escalada. Esto, a su vez, atrae a más personas a los disturbios. Unos 700 agentes de policía y varios profesores han resultado heridos desde el inicio de los disturbios.

El sociólogo Olivier Fillieule señala que la vigilancia de las protestas requiere una evaluación del riesgo. Si la rápida ruptura de un bloqueo expone a los adolescentes a lesiones graves, hay que considerar alternativas. Aceptar temporalmente un cierto grado de desorden cuando la intervención inmediata corre el riesgo de crear más debería seguir siendo un principio rector de la vigilancia de las protestas, dice Fillieule, señalando que las autoridades francesas saben cómo aplicar moderación cuando los agricultores organizan bloqueos.

Sin embargo, mientras la policía ha abierto investigaciones internas sobre 36 denuncias de violencia policial, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, dijo que no había dado a las fuerzas «ninguna instrucción de ejercer moderación». Esta es una forma vergonzosa y desdeñosa de responder a la sana expresión de disidencia de los jóvenes. Tal violencia hacia los ciudadanos no tiene cabida en una democracia."

 (Rokhaya Diallo, Revista de prensa, 19/10/26, fuente  The Guardian, traducción deepseek)

18.10.26

El último tren para la Unión Europea lo representa la energía rusa, aquella que Europa utilizaba hasta antes del conflicto ucraniano. Con el estallido de la guerra, la Unión Europea tomó la desastrosa decisión de romper sus relaciones comerciales con el «oso ruso» y, en consecuencia, se condenó a recibir suministros mucho más caros procedentes, en su mayoría —aunque no exclusivamente—, de Washington... ahora, los Estados Unidos de América han optado sabiamente por firmar acuerdos energéticos con la Rusia de Putin, sobre todo para proteger su propio interés nacional... ¿Qué piensa hacer, a estas alturas, la Unión Europea? ¿Acaso quiere la UE condenarse realmente a esa paradoja tragicómica, digna de burla mundial, por la que comprará a precios exorbitantes la energía a Washington, que, a su vez, la compra a precios asequibles a Rusia? Entendámonos bien: ya antes era una auténtica locura romper las relaciones energéticas con Rusia, pues esa decisión no perjudicaba a esta última, sino a la propia Europa. Ahora, sin embargo, se está yendo, literalmente, más allá de lo ridículo... a los ojos del mundo entero, la Unión Europea parece un manicomio, especializada en perjudicar sus propios intereses sin causar ningún daño a los de su supuesto enemigo (Diego Fusaro)

"Recurriendo a una metáfora ferroviaria, podríamos atrevernos a afirmar que, en estos momentos, está pasando el último tren hacia la Unión Europea. Como es sabido, el último tren es aquel que, si se pierde, te deja tirado, condenado a quedarte donde estás. En este caso concreto, el último tren hacia la Unión Europea lo representa la energía rusa, aquella que, por así decirlo, Europa utilizaba hasta antes del conflicto ucraniano que estalló en 2022. Con el estallido de la guerra, la Unión Europea tomó la desastrosa decisión de romper sus relaciones comerciales con el «oso ruso» y, en consecuencia, se condenó a recibir suministros mucho más caros procedentes, en su mayoría —aunque no exclusivamente—, de Washington. No me extenderé sobre la paradoja, a la que ya me he referido en varias ocasiones en el pasado, según la cual la Unión Europea pagaba la energía a precios moderados a su «enemigo» ruso y la paga a precios exorbitantes a su «amigo» estadounidense. Esto ya debería bastar para demostrar lo falaz que es la propaganda dominante, que resuena de forma insistente en todos los medios de comunicación alineados y subordinados al orden hegemónico. Como sabemos, en los últimos días también los Estados Unidos de América han optado sabiamente por firmar acuerdos energéticos con la Rusia de Putin, sobre todo para proteger su propio interés nacional.

 ¿Qué piensa hacer, a estas alturas, la Unión Europea? El tren, el último, está pasando en estos mismos momentos… ¿Acaso quiere la UE condenarse realmente a esa paradoja tragicómica, digna de burla mundial, por la que comprará a precios exorbitantes la energía a Washington, que, a su vez, la compra a precios asequibles a Rusia? Entendámonos bien: ya antes era una auténtica locura romper las relaciones energéticas con Rusia, pues esa decisión no perjudicaba a esta última, sino a la propia Europa. Ahora, sin embargo, se está yendo, literalmente, más allá de lo ridículo.

 El daño, además de económico, es literalmente de imagen, ya que hace que, a los ojos del mundo entero, la Unión Europea parezca un manicomio, especializada en perjudicar sus propios intereses sin causar ningún daño a los de su supuesto enemigo. No hay que pasar por alto, además, la paradoja ostentosamente absurda por la que la Unión Europea dice querer su independencia respecto a Washington y Moscú y luego se ve comprando energía a Washington, que se la revende a precios más elevados tras haberla comprado a Moscú. "

(Diego Fusaro blog, 17/10/26, traducción DEEPL) 

La crisis de la deuda pública francesa corre el riesgo de extenderse a Italia y a la zona del euro, y de hundir todo el sistema del euro... El euro ha comenzado recientemente a perder valor rápidamente frente al dólar, ya que es muy difícil que Francia —fuertemente endeudada y cuya población se rebela contra la austeridad de Bruselas— pueda ser rescatada por el BCE y la UE... La crisis francesa presagia una nueva crisis grave y profunda del euro... Reuters titula que Europa se ha convertido en el enfermo del mundo... el euro es la causa de la crisis sistémica europea... El euro es una moneda intrínsecamente frágil y siempre al borde del colapso: de hecho, no está respaldada por un fondo fiscal común financiado con los impuestos anuales de los ciudadanos europeos. El euro es, por tanto, una moneda sin respaldo. En el pasado, la rica Alemania respondía por todos, y en particular por Francia, que se encontraba constantemente en déficit fiscal. Pero desde hace algunos años, Berlín se encuentra sumida en una profunda crisis, tanto económica como política. Y Francia tiene una deuda que sigue creciendo inexorablemente... El euro podría hundirse... si no lo hace es únicamente porque las grandes entidades financieras no quieren que se hunda. Si dejaran que se hundiera, se derrumbaría todo el sistema financiero mundial, ya que hay contratos por valor de miles de miles de millones denominados en euros... el BCE, en principio, ni siquiera puede rescatar a los Estados en crisis monetizando su deuda. Como también ha afirmado recientemente Christine Lagarde: «El BCE no tiene la misión de cubrir la deuda de los Estados». Nadie puede saber si el euro seguirá existiendo dentro de tres o cinco años... la izquierda debería aprovechar la ocasión que brinda la inevitable crisis del euro para proponer que se hagan a un lado las normas de Maastricht y acordar con Alemania y Francia el retorno a la soberanía monetaria y la creación de una moneda europea que ya no sea única, sino común. Solo será posible salir de la crisis de la zona del euro si Francia y Alemania consideran finalmente conveniente abandonar el euro, la moneda de la crisis, y acordar con los demás países de la zona del euro un nuevo sistema monetario europeo para defenderse del dólar... por ejemplo, una moneda común, pero ya no única (Enrico Grazzini)

"Crítica a los economistas de izquierda: no comprenden que la crisis de Francia es la crisis del euro, la moneda de las grandes finanzas y de la deuda pública

La crisis de la deuda pública francesa corre el riesgo de extenderse a Italia y a la zona del euro, y de hundir todo el sistema del euro. La crisis francesa presagia una nueva crisis grave y profunda del euro tras la de 2011-2012. El euro ha comenzado recientemente a perder valor rápidamente frente al dólar, ya que es muy difícil que Francia —fuertemente endeudada y cuya población se rebela contra la austeridad de Bruselas— pueda ser rescatada por el Banco Central Europeo y la Unión Europea. Pero la culpa de la crisis no recae únicamente en los gobiernos franceses o en Bruselas: aunque la casi totalidad de los economistas y políticos de izquierda en Italia y en Europa no quiera admitirlo, es precisamente la arquitectura del euro la principal causa genética de la crisis sistémica europea que dura ya una década. El euro es una moneda intrínsecamente frágil y siempre al borde del colapso: de hecho, no está respaldada por un fondo fiscal común financiado con los impuestos anuales de los ciudadanos europeos. El euro es, por tanto, una moneda sin respaldo. En el pasado, la rica Alemania respondía por todos, y en particular por Francia, que se encontraba constantemente en déficit fiscal. Pero desde hace algunos años, Berlín se encuentra sumida en una profunda crisis, tanto económica como política. Y Francia tiene una deuda que sigue creciendo inexorablemente. El pecado original de la moneda única europea es que impide a los Estados autofinanciarse con su moneda nacional para invertir en bienes públicos nacionales: los Estados se ven obligados a endeudarse en los mercados para realizar inversiones, y los mercados financieros se enriquecen gracias al crecimiento de la deuda pública.¹

Antes, la crisis del euro venía determinada por los «países pedigüeños» del sur de Europa, los llamados PIGS, los «cerdos» del Mediterráneo: Grecia, España, Portugal, Chipre e Italia. Hoy en día, la crisis es mucho más grave: son los países más ricos, los líderes de Europa, Francia y Alemania, los que están sufriendo. Francia prevé contener el déficit público por debajo del 3 % del PIB solo en 2030, pero se trata de una promesa que no tiene ningún fundamento. También la economía alemana está estancada, y la deuda aumenta debido a los desvaríos de Berlín sobre el rearme frente a Rusia. Mientras tanto, Italia sigue aumentando su deuda pública, y el déficit aumentará debido al gasto en armamento. La Europa del euro no tiene futuro.

El euro podría hundirse: si no lo hace es únicamente porque las grandes entidades financieras no quieren que se hunda. Si los estadounidenses dejaran que el euro se hundiera, se derrumbaría todo el sistema financiero mundial, ya que hay contratos por valor de miles de miles de millones denominados en euros. El euro es la segunda moneda de reserva del mundo y el colapso de la moneda única causaría un daño enorme también al imperio del dólar y a todo el sistema financiero mundial que se lucra con las deudas europeas: solo los fondos especulativos podrían beneficiarse de la ruptura del euro. Paradójicamente, la salvación del euro se debe momentáneamente —¿pero hasta cuándo?— al sistema financiero mundial, es decir, a la causa de su crisis.

Reuters titula que Europa se ha convertido en el enfermo del mundo.² Sin embargo, la izquierda italiana y europea sigue defendiendo obstinadamente a la UE, que durante años ha aplicado políticas asfixiantes de austeridad en nombre de la democracia, y que hoy se rearmó y aplica políticas de derechas, e incluso de extrema derecha. Centrémonos en Italia: está claro para todos que la política económica italiana se decide en Bruselas y en Fráncfort, de la mano de Ursula von der Leyen y Christine Lagarde: de hecho, estas dos mujeres dictan las reglas de la deuda y la moneda. Es obvio que, sin abordar las cuestiones de la crisis de la UE, la deuda pública y las restricciones de la zona del euro, cualquier programa político resulta incompleto y poco creíble: lamentablemente, los programas del PD, AVS y del Movimiento 5 Estrellas o bien no abordan estos problemas o, lo que es peor, los tergiversan por completo. Las fuerzas que se autoproclaman progresistas y de izquierdas, cuando han gobernado en el pasado reciente, han decepcionado en su mayor parte a los electores y han contribuido a que muchos de ellos se sumaran a la abstención masiva o votaran a la derecha como acto de protesta: si tampoco esta vez tienen el valor y la inteligencia necesarios para elaborar una visión crítica de la Unión Europea y soluciones eficaces ante su crisis, difícilmente podrán ganar las elecciones y, en cualquier caso, aunque ganaran, no lograrán contrarrestar el declive nacional.

El problema es que la casi totalidad de los economistas de izquierda no reconoce el problema del euro. La casi totalidad de los economistas de izquierda ha confundido el Tratado de Maastricht, que es ultraliberal, con el Manifiesto de Ventotene, que aboga por una Europa socialista utópica, unida en la paz y la concordia. Lamentablemente, el idealismo de los economistas de izquierda les impide reconocer la cruda realidad: el euro se diseñó para liberar y enriquecer a las grandes finanzas y para socavar a los Estados y la intervención pública.

Tomemos como ejemplo a un economista muy competente en el análisis de los mercados financieros, y muy escuchado incluso por la izquierda más radical, como Alessandro Volpi, autor del libro «Por qué no podemos prescindir de Europa». ³ En su programa para la izquierda publicado en la revista Il Ponte, titulado «Para salir de la jaula del capitalismo financiero»,⁴ Volpi esboza un plan con muchos puntos con los que se puede estar de acuerdo, como la limitación de la circulación de capitales, la regulación de las finanzas, un sistema fiscal progresivo y contrario a las rentas financieras, la creación y el fortalecimiento de entidades de crédito públicas, el salario mínimo garantizado, etc., etc. Según Volpi, la crisis fiscal del Estado italiano puede resolverse, en esencia, mediante una buena reforma fiscal progresiva, contra la evasión y la elusión fiscales, con la nacionalización de la energía y con otras buenas medidas económicas.

Sin embargo, resulta extraordinario y sorprendente que Volpi no mencione las restricciones de la UE sobre la economía italiana, restricciones que han provocado la crisis fiscal del Estado italiano, el empobrecimiento de la economía italiana y su desindustrialización. Volpi parece olvidar que la crisis fiscal italiana se debe fundamentalmente al hecho de que, cada año desde hace años, los ciudadanos italianos pagan entre 90 000 y 100 000 millones de déficit, un impuesto enorme que abonamos en beneficio del sistema bancario y financiero nacional e internacional. ⁵ Una carga que arrastramos desde hace años, que está destinada a aumentar debido a los intereses compuestos sobre la deuda pública, y que no puede sino conducir inevitablemente a Italia a la asfixia y a la catástrofe.

En el programa de reformas de Volpi ni siquiera se mencionan la Unión Europea ni sus restricciones, salvo alguna alusión para señalar, por ejemplo, que deberían abolirse los paraísos fiscales. En su programa para la izquierda no menciona el papel negativo —por no decir catastrófico— de la UE y del euro en el desencadenamiento de la crisis europea e italiana que se prolonga desde hace años. Volpi, evidentemente, da por sentado el actual orden europeo y lo considera positivo y, en cualquier caso, progresista y susceptible de reforma. El economista italiano se muestra, por tanto, acrítico con respecto a la moneda única europea. En su reciente artículo, dedica un párrafo repleto de bellas y nobles (aunque quiméricas) intenciones en relación con el BCE y el euro:

«Se necesitaría un Banco Central capaz de llevar a cabo la monetización de la deuda pública de manera que favorezca las inversiones públicas indispensables para hacer frente a la crisis climática y para actuar en pro de la reducción de las desigualdades. Sin duda, no bastan las limitadas emisiones de eurobonos, cuya emisión constituye una forma decididamente peligrosa y costosa de competencia frente a la deuda de los distintos países, empezando por los más grandes. En este sentido, resulta relevante el uso estratégico del euro, que no puede limitarse a ser una moneda destinada a estabilizar el valor de la deuda, sino que debería aspirar —precisamente por su fortaleza estructural, destinada, por otra parte, a restar capacidad de exportación a la economía europea— a ser un instrumento de financiación pública, algo que, sin duda, no se ve amenazado, en esta fase, por la debilidad del dólar. Además, precisamente la debilidad del dólar puede permitir que el euro ocupe un lugar destacado entre las monedas de reserva; una situación que resulta aún más factible debido al gigantesco volumen de la deuda federal de los Estados Unidos, tan grande que hace posibles políticas expansivas a nivel europeo por parte de los distintos Estados, garantizadas por el euro, sin riesgo de devaluaciones excesivas ni de aumento de los tipos de interés».

Es una lástima que casi todas las propuestas de Volpi sean inviables porque las prohíbe el Tratado de Maastricht: la libertad absoluta de circulación de capitales es el mandamiento sagrado establecido en el artículo 63 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE). Volpi cree que podría llegar a ser posible financiar la deuda de los Estados de la zona del euro a través del BCE, aunque el artículo 123 del TFUE lo prohíbe de manera tajante (y, por otra parte, también prohíbe la financiación de la propia UE). El economista parece no comprender que, en un régimen de absoluta libertad de capitales como el de la UE, resulta muy difícil establecer un régimen fiscal fuertemente progresivo, ya que los ricos pueden trasladar al extranjero gran parte de su patrimonio y las multinacionales pueden trasladar sus sedes a paraísos fiscales europeos. Y no solo eso: Volpi se hace ilusiones de que el BCE pueda contribuir a financiar la lucha contra el cambio climático e incluso… ¡contra las desigualdades! Pero el BCE siempre ha favorecido a las grandes entidades financieras y a los gigantes bancarios, ¡y desde luego no a la gente pobre ni a las clases medias! Volpi se hace ilusiones incluso de que el euro pueda desbancar al dólar y convertirse en una moneda dominante. Sin embargo, esto es imposible, ya que el euro es una moneda intrínsecamente frágil y propensa a las crisis. El euro carece de respaldo fiscal europeo; además, el BCE, en principio, ni siquiera puede rescatar a los Estados en crisis monetizando su deuda. Como también ha afirmado recientemente Christine Lagarde: «El BCE no tiene la misión de cubrir la deuda de los Estados». Nadie puede saber si el euro seguirá existiendo dentro de tres o cinco años. Ningún economista de renombre internacional ha pensado jamás que el euro pueda desbancar al dólar, sencillamente porque el euro está subordinado al imperio del dólar. La única alternativa posible al dominio del dólar es el yuan chino, como es bien sabido.

Volpi no parece comprender que el régimen de la moneda única, tal y como está codificado en el Tratado de Maastricht, es —como demuestro con más detalle en mis artículos en La Fionda— la causa principal de la ruina de la economía europea,⁶ es la causa principal de las políticas de austeridad y es también la causa principal del creciente endeudamiento público. La austeridad y la deuda pública son las consecuencias inevitables de la actual arquitectura del euro. El economista se engaña al pensar que el sistema del euro y del Banco Central Europeo puede reformarse para mejor, hacia «una Europa mejor». Lamentablemente, sin embargo, no es posible modificar el Tratado de Maastricht ni reformar la UE en un sentido democrático e igualitario: de hecho, la UE es, por su propia naturaleza, un conjunto de aparatos destinados a dar libertad a las finanzas y a las grandes empresas; nació y se desarrolló con ese fin y no con objetivos sociales. La UE es un conjunto de órganos supranacionales y/o intergubernamentales no elegidos y al margen del control popular: las elecciones al Parlamento Europeo no son más que una fina capa de democracia. El propio BCE es un organismo autocrático, al margen de todo control democrático, al servicio de los mercados, es decir, de las finanzas. Para «reformar la UE» es necesario, de hecho, desechar el Tratado de Maastricht, es decir, disolver la UE y decapitar a Bruselas.⁷

Gabriele Guzzi, en aparente oposición a las tesis de Volpi, tiene el mérito de reconocer la naturaleza perjudicial del Tratado de Maastricht y del euro para la economía italiana, y propone, en consecuencia, la salida unilateral de la zona del euro.⁸ Pero también esta solución es poco realista e inviable. Una vez que se ha cedido por completo la soberanía monetaria, es prácticamente imposible dar marcha atrás. La salida unilateral de un gran país del euro, como Italia, provocaría no solo una grave crisis nacional, sino también europea y mundial, ya que el «Italexit» haría que se derrumbara todo el sistema del euro, y porque el euro es la segunda moneda de reserva del mundo después del dólar. Es muy poco probable que un Gobierno italiano —ya sea de derecha, de centro o de izquierda— lograra gestionar la salida de la moneda única: tendría que declarar el impago de su deuda denominada en euros y, por lo tanto, solo tendría enemigos en el ámbito internacional. La sospecha de una salida de la zona del euro provocaría la reacción inmediata de los bancos nacionales y del Banco de Italia, la reacción de los mercados internacionales, el aumento inmediato del coste de la deuda, la fuga precipitada e imparable de capitales, y dividiría a la opinión pública, partiría el país en dos y suscitaría reacciones feroces por parte de los demás gobiernos europeos y no solo europeos. Para salir de la moneda única, un Gobierno debería llevar a cabo una maniobra económica contundente y muy dura; pero una maniobra de tal envergadura solo podría ser impulsada por un ejecutivo fuertemente autoritario: sería como pasar de la sartén al fuego. Para salir del euro sería necesario contar con un amigo grande y poderoso como, por ejemplo, Trump o Putin. Pero aunque Trump o Putin estuvieran interesados en dividir la UE, sería una locura confiar en ellos.

La verdadera tragedia europea e italiana radica en que incluso permanecer en la zona del euro implica sufrir una crisis inevitable. Por lo tanto, no existen soluciones sencillas e inmediatas a la dramática crisis del euro. Por otra parte, es evidente que no es posible deshacerse en poco tiempo de unas relaciones internacionales que se han consolidado a lo largo de décadas.

Para salir del declive, para la izquierda italiana existe quizá una única vía, difícil, tal vez improbable, pero también posible: la izquierda debería aprovechar la ocasión que brinda la inevitable crisis del euro para proponer que se hagan a un lado las normas de Maastricht y acordar con Alemania y Francia el retorno a la soberanía monetaria y la creación de una moneda europea que ya no sea única, sino común. De hecho, solo será posible salir de la crisis de la zona del euro si Francia y Alemania consideran finalmente conveniente abandonar el euro, la moneda de la crisis, y acordar con los demás países de la zona del euro un nuevo sistema monetario europeo para defenderse del dólar. De hecho, está claro que en Europa solo Berlín y París, que decidieron hace más de 30 años la unión monetaria, pueden decidir sobre el futuro del euro. Las dos capitales de Europa, sumidas en una grave crisis, podrían determinar finalmente que permanecer en la jaula del euro no les conviene, y podrían elaborar un nuevo y más ventajoso sistema monetario, por ejemplo, una moneda común, pero ya no única.

En este contexto, la izquierda deberá abandonar toda ilusión federalista de una integración estrecha entre veintisiete o más países europeos y, en su lugar, constituir una Confederación Europea de democracias nacionales soberanas⁹ (tal y como he defendido en mi artículo «Más allá del cuento de hadas de los Estados Unidos de Europa»). Una Confederación Europea debería estar formada por un número limitado de Estados soberanos homogéneos en los planos económico, tecnológico y cultural, Estados a los que les resulte conveniente cooperar en materia de políticas monetarias, fiscales e industriales y, a ser posible, también en política exterior y defensa. La Confederación debería basarse en un fondo fiscal común para llevar a cabo políticas keynesianas de pleno empleo e inversiones en bienes públicos europeos (investigación, tecnologías sostenibles, infraestructuras, innovación y defensa); además, la Confederación Europea debería crear una moneda común —pero no única, como lo es el euro— para contrarrestar al dólar.¹⁰

Notas
1. Enrico Grazzini, «La deuda italiana en la trampa del euro», La Fionda, 28 de septiembre de 2026.
2. Mike Peacock, «La UE corre el riesgo de convertirse en el enfermo del mundo si no se reforma rápidamente», Reuters, 5 de octubre de 2026.
3. Alessandro Volpi, Por qué no podemos prescindir de Europa, Altraeconomia, 2019.
4. Alessandro Volpi, «Para salir de la jaula del capitalismo financiero», Il Ponte, n.º 3, 2026.
5. Enrico Grazzini, «La deuda italiana en la trampa del euro», op. cit.
6. Enrico Grazzini, «La jaula del euro y la alternativa de la moneda común europea», La Fionda, 14 de septiembre de 2026.
7. Ibíd.
8. Gabriele Guzzi, Eurosuicidio, Fazi, 2025.
9. Enrico Grazzini, «Más allá del cuento de hadas de los Estados Unidos de Europa: el giro confederal contra la crisis de la UE», La Fionda, 14 de agosto de 2026; Id., «Un paso atrás y dos adelante: reactivar las democracias nacionales para una Confederación de Estados europeos», La Fionda, 12 de mayo de 2026.
10. Enrico Grazzini, «La jaula del euro y la alternativa de la moneda común europea», cit."

 (Enrico Grazzini, Sinistrainrete, 17/10/26, traducción Salvador L. Arnal)

17.10.26

La sanidad en Estados Unidos alberga lo mejor y lo peor de la medicina mundial... Existe un nivel de corrupción estructural devastador, que se sustenta en una premisa básica: permitir que grandes corporaciones como Johnson & Johnson paguen directamente a los médicos para que actúen como comerciales a tiempo parcial... Ese flujo de dinero está en la base de crisis sanitarias colosales, desde la epidemia de opiáceos hasta los escándalos con el antipsicótico Risperdal... Lo más grave es que esta dinámica se exportó fuera de nuestras fronteras; por ejemplo, con el uso de la eritropoyetina (Epo) en enfermos de cáncer, donde los investigadores mantenían silencio debido a contratos de confidencialidad e incentivos económicos, ocultando riesgos que acabaron costando cientos de miles de vidas... solo tres productos de la empresa causaron alrededor de dos millones de muertes en Estados Unidos... en 2003, seis de sus siete productos más vendidos estaban directamente involucrados en prácticas delictivas o fraudulentas (Gardiner Harris)

"La historia del capitalismo estadounidense está repleta de marcas que no solo han definido sectores, sino que se han asentado en la memoria afectiva de varias generaciones. Pocas firmas encarnan este fenómeno con la fuerza de Johnson & Johnson, un conglomerado farmacéutico e industrial cuya imagen pública se cimentó durante más de un siglo sobre los pilares del cuidado materno-filial, la ética corporativa y la confianza ciega del consumidor.

En el libro No llores más: Los oscuros secretos de Johnson & Johnson, publicado ahora en castellano por Capitán Swing, el periodista de investigación Gardiner Harris, que durante años cubrió el sector farmacéutico para The New York Times o The Wall Street Journal, desentraña los entresijos de la compañía y examina cómo algunos de sus productos más icónicos se vieron envueltos en graves crisis sanitarias y escándalos judiciales ocultados al público.

En esta entrevista con SINC, Harris repasa los hallazgos de su investigación, el papel de los órganos reguladores y el impacto de estas prácticas en la salud pública mundial.

Usted plantea en su libro que la historia de Johnson & Johnson permite explicar la propia evolución del sistema sanitario estadounidense. ¿Hasta qué punto la trayectoria de sus productos refleja las contradicciones de este modelo?

Efectivamente, la historia de la compañía corre en paralelo a la de la sanidad en Estados Unidos, un sistema que alberga lo mejor y lo peor de la medicina mundial. Existen servidores públicos extraordinarios, pero también un nivel de corrupción estructural devastador. En el país, esa corrupción se sustenta en una premisa básica: permitir que grandes corporaciones como Johnson & Johnson paguen directamente a los médicos para que actúen como comerciales a tiempo parcial.

Ese flujo de dinero está en la base de crisis sanitarias colosales, desde la epidemia de opiáceos hasta los escándalos con el antipsicótico Risperdal. La influencia del dinero es profunda porque muchos profesionales se autoengañan pensando que actuarían igual sin cobrar, cuando en realidad es la compensación económica la que moldea sus creencias. Lo más grave es que esta dinámica se exportó fuera de nuestras fronteras; por ejemplo, con el uso de la eritropoyetina (Epo) en enfermos de cáncer, donde los investigadores mantenían silencio debido a contratos de confidencialidad e incentivos económicos, ocultando riesgos que acabaron costando cientos de miles de vidas.

En el libro calcula que solo tres productos de la empresa causaron alrededor de dos millones de muertes en Estados Unidos. Ante cifras de tal magnitud, ¿cómo responde al argumento de que la compañía también ha desarrollado tratamientos que salvan vidas?

Es habitual escuchar que el balance debe equilibrarse por los productos beneficiosos de la empresa, pero ese es su trabajo y su negocio legítimo. No se puede compensar el crimen con el cumplimiento ordinario del deber. Si una cajera de banco realiza miles de transacciones de forma honrada durante treinta años y un día sustrae quinientos dólares de la caja, es una delincuente y será procesada sin que nadie alegue su intachable historial previo.

"En 2003, seis de sus siete productos más vendidos estaban directamente involucrados en prácticas delictivas o fraudulentas"

En el caso de Johnson & Johnson, la situación es aún más grave: en 2003, seis de sus siete productos más vendidos estaban directamente involucrados en prácticas delictivas o fraudulentas. No hablamos de un fallo aislado, sino de una conducta sistemática. Durante buena parte de su historia reciente, la corporación ha funcionado en la práctica con dinámicas más cercanas al crimen organizado que a la responsabilidad social que preconiza en su famoso credo.

Habiendo cubierto la industria farmacéutica durante décadas, ¿qué le llevó a enfocar su investigación específicamente en Johnson & Johnson y no en otras grandes firmas del sector?

Hubo dos factores clave. El primero fue la enorme brecha existente entre su reputación pública y su comportamiento real. A diferencia de otras farmacéuticas cuyas valoraciones cayeron tras el aumento de precios o los escándalos de los noventa, Johnson & Johnson se mantuvo sistemáticamente en la cumbre de las empresas más admiradas del mundo. Para un periodista, ese nivel de hipocresía es el principal motor de investigación.

El segundo factor fue personal y profesional. A finales de los noventa descubrí que J&J era la única gran farmacéutica que se negaba a ceder sus patentes para facilitar medicamentos asequibles contra el VIH en África. Años después, tras el nacimiento de mi hijo y su paso por la unidad de cuidados intensivos neonatales, descubrí que la empresa había comercializado de forma ilegal y encubierta un fármaco gástrico, Propulsid, en prematuros, a sabiendas de que no era eficaz en niños y que provocaba arritmias cardíacas mortales. Esas experiencias me demostraron que su comportamiento era sensiblemente peor que el del resto de la industria.

Su libro detalla un deterioro progresivo de la capacidad supervisora de la Agencia para el Control de Alimentos y Medicamentos de EE UU (FDA). ¿Cómo se produjo esta degradación institucional?

Ha sido un declive paulatino que se aceleró en 1992, cuando el Congreso aprobó un sistema mediante el cual la propia industria farmacéutica pasó a financiar directamente gran parte del presupuesto de la FDA a través de tasas de usuario. Cuando los responsables del organismo intervienen en congresos del sector, llegan a dirigirse a las empresas llamándolas «nuestros clientes», olvidando que su único cliente debe ser la ciudadanía.

"La lección es clara: un cuerpo de inspección y seguridad como la FDA no puede estar financiado por las mismas entidades a las que debe supervisar"

Esta dependencia económica ha maniatado al regulador. En 2012, por ejemplo, mientras se investigaba a ejecutivos de Johnson & Johnson por fraudes con Risperdal y por la comercialización ilegal de prótesis de cadera y mallas vaginales defectuosas, la cúpula de la FDA pidió ayuda al consejero delegado de la tecnológica sanitaria para sacar adelante una ley de financiación. Como resultado implícito, ningún alto directivo fue procesado penalmente. La lección es clara: un cuerpo de inspección y seguridad no puede estar financiado por las mismas entidades a las que debe supervisar.

Usted propone la creación de una entidad independiente para evaluar la seguridad de los productos médicos tras su comercialización. ¿Por qué es necesaria esa separación?

Existe un conflicto de interés inherente cuando el mismo organismo que aprueba un medicamento debe investigar sus fallos una vez que está en el mercado. Es el modelo que aplicamos en la aviación civil: la Administración Federal de Aviación (FAA) homologa los aviones, pero cuando se produce un accidente, la investigación la realiza la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB), un órgano totalmente independiente.

Necesitamos una estructura similar en la medicina. Además, el problema de los dispositivos médicos es global. En Europa, las exigencias de prueba clínica previas a la venta han sido históricamente incluso inferiores a las estadounidenses, bastando en muchos casos con un marcado CE tramitado en países con estándares laxos. Cuando la FDA aprueba un dispositivo defectuoso, se genera un efecto dominó internacional que valida el producto en todo el mundo y deja desprotegidas a miles de víctimas." 

(Entrevista a  Gardiner Harris, Antonio Villarreal , SINC, 16/10/26) 

El sistema de pensiones privadas que propone la derecha en España arruinó a millones de chilenos... En un sistema de capitalización, cada trabajador ahorra en una cuenta individual y una gestora privada invierte ese dinero en los mercados financieros. La pensión que reciba cuando se jubile no está asegurada, sino que será lo que haya en la cuenta el día de la jubilación, según la evolución de la inflación y los mercados financieros... es un sistema mucho más inseguro, menos rentable, más peligroso y, sobre todo, perjudicial para las rentas más bajas... Si los mercados caen, como en 2008 y en otras muchas ocasiones, la pensión privada se hunde. Se volatiliza total o parcialmente. Aunque la gestora, eso sí, cobra siempre... además, los fondos privados de pensiones rinden mucho menos de lo que prometen. Según los datos de INVERCO, los fondos españoles con 25 años de antigüedad apenas han logrado una rentabilidad real del 0,42% anual. ¿Por qué entonces se defiende que se pase a un sistema de pensiones privado que tiene muchos más defectos objetivos, peligros financieros e inconvenientes que el sistema público? La respuesta es sencilla: transferir al sector financiero la gestión de la enorme masa de ahorro y dinero que suponen las pensiones públicas es un negocio gigantesco... Nada de lo anterior es teoría. Lo que ha ocurrido en Chile es lo que debe tomarse como referencia y aviso a navegantes... De los 30 países que privatizaron total o parcialmente sus jubilaciones entre 1981 y 2014, 18 tuvieron que revertir la reforma, entre ellos Argentina, Hungría, Polonia y Bolivia... Es mentira que el sistema público de pensiones esté quebrado. Su sostenibilidad depende de decisiones políticas que determinan la distribución de la renta, de la evolución de la productividad, del empleo, de los salarios y de cómo se financie... Vox lo ha dicho sin rodeos, y el PP lleva años abonando el terreno con incentivos fiscales a los planes privados, con discursos sobre la quiebra del sistema... El 29 de noviembre también se decide eso (Juan Torres López)

"En plena precampaña de las elecciones del 29 de noviembre, la derecha española ha vuelto a poner sobre la mesa una vieja receta: sustituir, en todo o en parte, el sistema público de pensiones basado en la solidaridad por la capacidad que cada persona tenga de ahorrar a lo largo de su vida laboral.

El responsable económico de Vox, José María Figaredo, ha afirmado que el sistema público de pensiones, que paga cada mes a unos diez millones de personas, “es un zombi” y “está quebrado”. Su receta es la reforma hacia un modelo mixto que combine el reparto con la capitalización individual. No es solo una propuesta. El Partido Popular lleva años preparando el terreno para que se lleve a cabo. En 2014, Esperanza Aguirre defendió ante la convención nacional del PP que las cotizaciones se considerasen un capital que pertenece a cada trabajador, compatible con los criterios de capitalización de las compañías de seguros. El Gobierno de Rajoy optó por el camino gradual de estimular los planes privados con ventajas fiscales y facilidades de rescate. Formas distintas, más bruscas o más suaves, de ir en la misma dirección, la de trasladar la jubilación desde un derecho colectivo hacia el ahorro individual invertido en los mercados financieros. Aunque hay que señalar por pura honestidad que esta idea no es patrimonio exclusivo del PP y de Vox. Es, en realidad, el programa de la derecha económica, de la banca y de sus centros de estudio y, a veces, ha encontrado acomodo en el propio PSOE. Fue un Gobierno de Felipe González el que reguló en 1987 los planes y fondos de pensiones privados y el ministro José Luis Escrivá, ya con Pedro Sánchez de presidente, fomentó en 2022 una ley para impulsar los planes de pensiones de empleo con fondos de promoción pública.

En un sistema de capitalización, la pensión que reciba cuando se jubile no está asegurada

Por eso es muy importante entender que, detrás de esa expresión amable de “modelo mixto”, hay un cambio radical que pone en peligro el bienestar de las personas que se jubilan sin disponer de grandes patrimonios.

En un sistema de reparto, como el español, las cotizaciones de quienes trabajan hoy pagan las pensiones de quienes están jubilados. La pensión es un derecho reconocido por ley y garantizado por el Estado y su cuantía se conoce de antemano porque depende de lo cotizado y de los años trabajados, no de lo que pase en la Bolsa. En un sistema de capitalización, por el contrario, cada trabajador ahorra en una cuenta individual y una gestora privada invierte ese dinero en los mercados financieros. La pensión que reciba cuando se jubile no está asegurada, sino que será lo que haya en la cuenta el día de la jubilación, sea mucho o poco, según la evolución de la inflación y los mercados financieros.

Quienes defienden la capitalización para evitar, según dicen, la insostenibilidad de las pensiones públicas, siempre omiten lo fundamental: es un sistema mucho más inseguro, menos rentable, más peligroso y, sobre todo, perjudicial para las rentas más bajas.

No es verdad que la capitalización resuelva el problema que dice resolver, el de la insostenibilidad de las pensiones públicas por razones demográficas, porque “en el futuro habrá muchos viejos y pocos trabajadores cotizando”.

Las pensiones, se financien como se financien, siempre se pagan con lo que se produce cada año. Un fondo privado no guarda pan ni medicinas para dentro de cuarenta años: guarda acciones y bonos que habrá que vender cuando llegue la jubilación. Y, si de verdad hubiera menos trabajadores produciendo y menos ahorro, también habría menos compradores para esos activos que quienes se vayan jubilando tendrán que vender para obtener dinero líquido. Si las pensiones públicas estuvieran amenazadas por un problema demográfico exactamente igual lo estarían los fondos privados.

Además, los fondos privados de pensiones rinden mucho menos de lo que prometen. Según los datos de INVERCO que analiza el catedrático de Hacienda Pública Ignacio Zubiri, los fondos españoles con 25 años de antigüedad apenas han logrado una rentabilidad real del 0,42% anual. Como ha señalado Zubiri, “bajo supuestos razonables, ahorrando durante 20 años el 10% de su salario, el trabajador obtendría una pensión que no llegaría al 10% de su último salario. Y con 30 años, su pensión no llegaría al 15% de su último salario”.

Los fondos de pensiones privados también son extraordinariamente inseguros. Si los mercados caen, como en 2008 y en otras muchas ocasiones, la pensión privada se hunde. Se volatiliza total o parcialmente. Aunque la gestora, eso sí, cobra siempre.

Tampoco dicen quienes defienden el tránsito a la capitalización que el cambio que habría que hacer desde el sistema actual es carísimo. Tanto, que se puede decir que es inviable hacerlo. Habría que seguir pagando las pensiones de reparto mientras las cotizaciones se iban desviando a cuentas privadas, de modo que una generación tendría que pagar dos veces.

Por supuesto, se omite también que los sistemas de capitalización multiplican la desigualdad. Las personas con salarios bajos, en situación de precariedad, quienes hayan tenido carreras interrumpidas y, sobre todo, las mujeres arrastran esa desventaja hasta la vejez sin ningún mecanismo solidario que las compense.

Transferir al sector financiero la gestión de la enorme masa de ahorro y dinero que suponen las pensiones públicas es un negocio gigantesco

¿Por qué entonces se defiende que se pase a un sistema de pensiones privado que tiene muchos más defectos objetivos, peligros financieros e inconvenientes que el sistema público?

La respuesta es sencilla: transferir al sector financiero la gestión de la enorme masa de ahorro y dinero que suponen las pensiones públicas es un negocio gigantesco.

Nada de lo anterior es teoría. En Chile hicieron todo esto y lo que allí ha ocurrido es lo que debe tomarse como referencia y aviso a navegantes.

La dictadura de Pinochet impuso en Chile, en 1980, la capitalización individual a través de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Aunque, significativamente, hubo dos colectivos a los que dejó fuera del experimento y que conservaron el viejo sistema público: los militares y los policías. Los arquitectos del modelo sabían bien cuál de los dos sistemas era mejor.

Los resultados después de varias décadas confirman el diagnóstico y lo ocurrido justo este año lo resume todo. Las siete AFP, que controlan activos por unos 229.000 millones de dólares y son la única fuente de ahorro para la jubilación de la mayoría de los chilenos, se lanzaron en los dos últimos años a comprar productos financieros que les darían beneficios si los tipos de interés estadounidenses seguían bajando. Pero ocurrió lo contrario y han registrado pérdidas que rondan los 7.700 millones de dólares. El golpe más duro lo recibió el fondo más conservador, el que se recomienda a quienes están a punto de jubilarse, y lo que perdieron no se evaporó: lo ganaron bancos como Société Générale, Bank of America o BNP Paribas.

La reacción de los responsables del fiasco tampoco tiene desperdicio. El presidente de la patronal de las AFP se negó a hablar de pérdida y la llamó “valorización económica del fondo”, y un consejero técnico de la propia Superintendencia propuso como remedio que quienes estén a punto de jubilarse aplacen su retiro hasta que el mercado se recupere.

Y Chile no es una excepción desafortunada. La Organización Internacional del Trabajo ha documentado que, de los treinta países que privatizaron total o parcialmente sus pensiones entre 1981 y 2014, dieciocho tuvieron que revertir la reforma, entre ellos Argentina, Hungría, Polonia y Bolivia.

Es mentira que el sistema público de pensiones esté quebrado. Su sostenibilidad depende de decisiones políticas que determinan la distribución de la renta, de la evolución de la productividad, del empleo, de los salarios y de cómo se financie. Lo que hay que hacer es blindarlo frente a quienes, como en Chile, quieren convertir nuestras pensiones en un negocio privado.

El 29 de noviembre también se decide eso. Vox lo ha dicho sin rodeos, y el PP lleva años abonando el terreno con incentivos fiscales a los planes privados, con discursos sobre la quiebra del sistema y con la idea de que las cotizaciones son un capital individual.

Y si alguien tenía dudas, las ha despejado uno de los grandes altavoces mediáticos de la derecha. El director de OkDiario, Eduardo Inda, comentaba en el programa Milenio las declaraciones de la portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz, que había puesto en duda el futuro del sistema público, y pidió silencio: “Cállate con las pensiones, que es un tema sensible”. “Que hablen –dijo– el 30N o cuando ya estén formando gobierno”. No le pidió al PP que garantizara las pensiones, sino que no hablara de ellas hasta que los votantes ya no pudieran tenerlo en cuenta.

Esto es lo que está en juego en las próximas elecciones."

(Juan Torres López,  CTXT, 16/10/26) 

Los siguientes pasos del PSOE... ha comenzado a movilizar a los suyos con la idea, no exenta de realidad, de que pueden ser el partido que gane las elecciones... Conformadas las candidaturas de izquierdas, deben movilizar a los votantes progresistas con la idea de que se puede repetir gobierno, lo que pasa por sacar el máximo provecho al sistema electoral. Las candidaturas conjuntas al Senado sirven por sí mismas, pero también son útiles para posteriores movimientos... El Frente Amplio comienza ahora su recorrido. Hay que recordar que este sainete se vivió hace tres años y que, a pesar de una imagen lamentable, esas mismas fuerzas consiguieron un resultado modesto pero crucial... Deben llegar a las dos últimas semanas con encuestas que reflejen una mayor cercanía entre bloques y que señalen que nada se ha perdido (Esteban Hernández)

Esteban Hernández @HdezEsteban

Los siguientes pasos del PSOE. 

Cambiado el marco con la convocatoria electoral, han comenzado a movilizar a los suyos con la idea, no exenta de realidad, de que pueden ser el partido que gane las elecciones. 

Conformadas las candidaturas de izquierdas, deben movilizar a los votantes progresistas con la idea de que se puede repetir gobierno, lo que pasa por sacar el máximo provecho al sistema electoral. Las candidaturas conjuntas al Senado sirven por sí mismas, pero también son útiles para posteriores movimientos. 

Deben llegar a las dos últimas semanas con encuestas que reflejen una mayor cercanía entre bloques y que señalen que nada se ha perdido. 

El Frente Amplio comienza ahora su recorrido. Hay que recordar que este sainete se vivió hace tres años y que, a pesar de una imagen lamentable, esas mismas fuerzas consiguieron un resultado modesto pero crucial. 

Hasta ahora, el mensaje que han lanzado a los simpatizantes progresistas ha sido el de "votad a Sánchez". Pueden cambiar ese humor en las grandes ciudades, pero va a ser mucho más complicado en las circunscripciones que reparten pocos escaños, porque el voto útil puede tener mucho más peso. Es probable que veamos novedades en esos territorios.

11:48 a. m. · 17 oct. 2026 ·18,9 mil Visualizaciones

Podemos ha rechazado el acuerdo con el Frente Amplio... Podemos no acepta nada que no sea que Irene Montero sea número 1 en Madrid (Antonio Maestre)... ¡Y le llaman narcisista a Trump! O sea, 'solo el pueblo salva al pueblo' (consigna anarquista)... votando disciplinadamente la estrategia adecuada en cada provincia... En Lugo y Ourense voto al PSOE de toda la izquierda y bloqueiros con sentidiño, y en Coruña y Pontevedra, votando Frente Amplio, izquierda y nacionalistas con sentidiño... o si no, el narco-estado español se nos viene encima... este comportamiento narcisista ya se vió en las 'Mareas' gallegas, disueltas por unos gerifaltes que consideraron que, o las dirigían ellos, o nadie... y abandonaron a los gallegos en manos de Marcial Dorado... pues eso

AntonioMaestre @AntonioMaestre

Podemos lo ha rechazado. Como llevo tiempo diciendo. Solo quieren el acuerdo en aquellos lugares donde Irene Montero no puede ser número 1. 

No aceptan nada que no sea que Irene Montero sea número 1 en Madrid.

AntonioMaestre @AntonioMaestre

El Frente Amplio ha mandado a Podemos la siguiente propuesta. 

1. El Frente Amplio propone a Podemos un puesto de salida prioritario por la Comunidad Madrid y Catalunya. 

2. Incorporación de Podemos con todos los derechos en todas las circunscripciones que se presenta Frente Amplio. 

3. En aquellos territorios con organizaciones con gran trayectoria en el País Valencià, Aragón, Illes Balears o Canarias, los partidos políticos de Frente Amplio y Podemos se presentarán conjuntamente con Compromís, la Chunta Aragonesista, ARA Mes o Nueva Canarias, entre otros. 

4. Podemos nombrará una de las portavoces del grupo parlamentario. 

5. Un programa electoral sobre las bases de la defensa del derecho a la vivienda, los servicios públicos, la subida de los salarios, la igualdad, los derechos LGTBI+ o la transición energética, entre otros ámbitos de transformación. 

6. Distribución equitativa de los recursos entre todas las organizaciones que conforman el Frente Amplio.

10:02 p. m. · 16 oct. 2026 ·206,8 mil Visualizaciones


11:12 p. m. · 16 oct. 2026 ·61 mil Visualizaciones

16.10.26

La UE, acorralada, es la verdadera perdedora de la guerra en Ucrania... la Unión Europea ha cortado, lamentablemente, los lazos con Rusia y con todo el mundo de los países no alineados: ha interrumpido las relaciones comerciales con Moscú, de donde se abastecía de materias primas a precios asequibles... no solo se ve ahora obligada a comprar materias primas a precios exorbitantes a sus «amigos» estadounidenses, sino que además se ve literalmente aislada del resto del mundo, presentándose aún más que antes como una colonia a remolque de la civilización del dólar que, por si fuera poco, la trata como a una sirvienta sin dignidad... De manera torpe e insensata, esa jaula de locos llamada pudorosamente Unión Europea sigue aprobando paquetes de sanciones contra Rusia (sanciones que, recordemos, son las primeras en la historia de la humanidad que perjudican al que sanciona y no al sancionado) y, al mismo tiempo, destinando armas y fondos al actor de la OTAN, Zelensky... cuando incluso Washington ha decidido, en los últimos días, restablecer las relaciones energéticas con, fruto también de la sobria comprensión por parte del presidente estadounidense de la imposibilidad de derrotar a Rusia sobre el terreno. La Unión Europea debería hacer lo mismo y reanudar las relaciones comerciales con Rusia antes de que sea demasiado tarde... la Unión Europea corre el riesgo de "arruinarse" de forma irreversible (Diego Fusaro)

"Ya lo dijimos en febrero de 2022. No sabíamos cómo acabaría la guerra de Ucrania o, más concretamente, no sabíamos quién la ganaría, ya que no disponíamos de la famosa bola de cristal. Sin embargo, de una cosa estábamos seguros más allá de toda duda razonable, como se dice en el léxico jurídico: a saber, del hecho de que la Unión Europea saldría maltrecha de ese conflicto, viéndose en la situación del famoso jarrón de terracota de Manzoni entre jarrones de hierro. Y así ha sido.

 Es más, si cabe, las cosas han ido incluso peor de lo que parecía que iban a ir. En primer lugar, y esto era previsible desde el principio, la Unión Europea ha cortado, lamentablemente, los lazos con Rusia y con todo el mundo de los países no alineados: ha interrumpido las relaciones comerciales con Moscú, de donde se abastecía de materias primas a precios asequibles. El drama no es solo de carácter económico, sino también geopolítico: la Unión Europea, de hecho, no solo se ve ahora obligada a comprar materias primas a precios exorbitantes a sus «amigos» estadounidenses —que, recordemos, se las venden a precios notablemente más altos que sus «enemigos» rusos—, sino que además se ve literalmente aislada del resto del mundo, presentándose aún más que antes como una colonia a remolque de la civilización del dólar, que, por si fuera poco, la trata como a una sirvienta sin dignidad. En definitiva, surge la sospecha legítima de que la guerra de Ucrania también ha servido —y no de forma secundaria— a Washington para castigar a Bruselas y hacerla aún más sumisa a su dominio.

 Esto no depende únicamente de las políticas volubles del caprichoso Trump, siempre dispuesto a hacer locuras y a cambiar de rumbo: también depende, y no en menor medida, de la maldad y la estupidez política de los eurofilos de Bruselas, quienes han optado, por desgracia, por seguir apoyando económica y militarmente al payaso de Kiev, incluso cuando Washington lo abandonó con la conocida maniobra de Mangiafuoco respecto a sus marionetas, ya inservibles. De manera torpe e insensata, esa jaula de locos llamada pudorosamente Unión Europea sigue aprobando paquetes de sanciones contra Rusia (sanciones que, recordemos, son las primeras en la historia de la humanidad que perjudican al que sanciona y no al sancionado) y, al mismo tiempo, destinando armas y fondos al actor de la OTAN, Zelensky. Como me encanta repetir, Tafazzi era un aficionado: la UE se está hundiendo por sí misma, regalando armas y dinero a Kiev y condenándose a pagar las materias primas a precios desorbitados.

  Incluso Washington ha decidido, en los últimos días, restablecer las relaciones energéticas con Rusia a través del histórico acuerdo firmado por Trump y Putin, fruto también de la sobria comprensión por parte del presidente estadounidense de la imposibilidad de derrotar a Rusia sobre el terreno. La Unión Europea debería hacer lo mismo y reanudar las relaciones comerciales con Rusia antes de que sea demasiado tarde: nos encontramos en una encrucijada decisiva; la Unión Europea corre el riesgo de perder, como se suele decir, el último tren y de condenarse realmente —como habría dicho Maquiavelo— a «arruinarse» de forma irreversible." 

(Diego Fusaro , blog, 15/10/26, traducción DEEPl)

Las empresas tecnológicas estadounidenses buscan regulaciones para la IA: China ya las tiene... Dario Amodei, director ejecutivo de la empresa tecnológica Anthropic, ha pedido a los gobiernos que intervengan para frenar el desarrollo de modelos de IA cada vez más potentes... Su propuesta comienza con evaluadores independientes integrados en las empresas de IA, continúa con la regulación y avanza hacia la coordinación, con respaldo gubernamental, entre estados democráticos... China ya ha establecido un extenso sistema de normas, evaluación, registro, estándares técnicos y supervisión gubernamental para la IA... El conjunto más reciente de medidas de Pekín se denomina Marco de Gobernanza de la Seguridad de la IA 3.0 y se publicó en septiembre. Este marco establece un enfoque integral para identificar, clasificar y responder a los riesgos a lo largo del ciclo de vida de los sistemas de IA... Basándose en versiones anteriores, el marco abarca los riesgos de los modelos y datos de IA, las vulnerabilidades en los modelos de código abierto (aquellos que pueden ser modificados libremente por los usuarios), los efectos de la IA en el empleo y la sociedad, y los sistemas cada vez más autónomos... Incluye un mecanismo específico para gestionar los riesgos asociados con los agentes de IA de rápido desarrollo (sistemas que realizan tareas en respuesta a las instrucciones de un usuario)... El marco aborda algunos de los mismos peligros que ahora generan alarma en Silicon Valley, incluyendo los sistemas altamente autónomos, el uso indebido de tecnologías químicas, biológicas y nucleares, y la posibilidad de que los humanos pierdan el control de la IA avanzada. Propone evaluaciones de seguridad continuas, salvaguardias basadas en el riesgo, supervisión humana y mecanismos de intervención de emergencia... Un análisis independiente del centro de estudios Carnegie Endowment for International Peace de EE. UU. ha descrito el marco como el intento de China de "promover la seguridad en la frontera sin necesidad de intervenciones regulatorias drásticas"... un modelo impulsado por el mercado no puede significar privatizar los beneficios de la IA y, al mismo tiempo, exportar sus riesgos. Las empresas estadounidenses pueden cosechar las ganancias comerciales, mientras que los gobiernos de otros lugares deben investigar incidentes de seguridad, proteger los sistemas públicos y asumir los costes más amplios cuando dichas tecnologías fallan. El agente de OpenAI que obtuvo acceso no autorizado al servicio público de salud de Australia ilustra cómo se exportan los riesgos de la IA... Si Washington rechaza implementar controles exhaustivos antes del lanzamiento de los sistemas, necesitará un régimen jurídico creíble para determinar quién es responsable de los daños causados ​​por esos modelos de IA. De lo contrario, los países dependientes de sistemas de IA extranjeros se enfrentarán a decisiones cada vez más difíciles sobre en qué tecnología confiar y bajo qué condiciones... Pekín ya ha rodeado a su sector de IA de obligaciones públicas, supervisión regulatoria y un marco de evaluación de riesgos en constante evolución. Un debate global que considere dicha gobernanza como una aspiración futura debería, al menos, reconocer que un país ya lleva la delantera en este aspecto (Madeline Carr)

"Las empresas tecnológicas estadounidenses buscan regulaciones para la IA: China ya las tiene.

Un debate global que considera la gobernanza de la IA como una aspiración debería, al menos, reconocer que un país ya lleva la delantera, escribe Madeline Carr.

Las recientes advertencias de líderes estadounidenses en IA han creado la impresión de que el mundo apenas comienza a afrontar los peligros de la inteligencia artificial avanzada.

Dario Amodei, director ejecutivo de la empresa tecnológica Anthropic, ha pedido a los gobiernos que intervengan para frenar el desarrollo de modelos de IA cada vez más potentes.

Su propuesta comienza con evaluadores independientes integrados en las empresas de IA, continúa con la regulación y avanza hacia la coordinación, con respaldo gubernamental, entre estados democráticos.

En última instancia, busca acuerdos globales con China sobre las pruebas de sistemas de IA, las aplicaciones peligrosas de la tecnología y el ritmo de desarrollo de la IA.

Sin embargo, existe una laguna en este discurso, marcada por la presencia de China. La superpotencia asiática se presenta como el participante final y difícil en un sistema de gobernanza que Estados Unidos y sus aliados deben crear primero.

De hecho, China ya ha establecido un extenso sistema de normas, evaluación, registro, estándares técnicos y supervisión gubernamental para la IA. A continuación, se describe cómo el sistema de gobernanza de la IA en China se ha desarrollado por etapas, paralelamente a la propia tecnología.

Las normas de Beijing de 2022 sobre servicios de recomendación algorítmica se aplican a las tecnologías que seleccionan, clasifican, filtran o recomiendan contenido en línea a los usuarios.

Estas normas obligan a las empresas que utilizan algoritmos a examinar su funcionamiento, proteger la información personal de los usuarios, otorgarles ciertos controles e implementar medidas de protección para trabajadores, consumidores, niños y personas mayores.

Las disposiciones de síntesis profunda de China, vigentes desde enero de 2023, extendieron la regulación a texto, imágenes, audio y video sintéticos (o generados por IA). Las empresas de IA deben autenticar a los usuarios, proteger los datos, conservar los registros pertinentes, evaluar sus sistemas e identificar el material sintético que podría confundirse con contenido auténtico.

Las medidas provisionales para los servicios de inteligencia artificial generativa se introdujeron en agosto de 2023. Estas medidas añadieron normas para la IA generativa de cara al público, en particular para aquellas que pueden influir en la opinión pública o persuadir a los usuarios de otras maneras.

Las medidas se aplican a la legalidad y la calidad de los datos de entrenamiento, la información personal de los usuarios, la propiedad intelectual y la discriminación basada en características protegidas. Las normas también abarcan la transparencia de las empresas de IA y la precisión y fiabilidad de los productos.

Según estas normas, las empresas deben solucionar los problemas detectados en sus servicios. Dichos servicios deben someterse a una evaluación de seguridad para examinar sus riesgos y su cumplimiento con la legislación china. Las empresas también deben presentar información sobre sus algoritmos ante las autoridades chinas.

Estos mecanismos no son idénticos a los evaluadores independientes que se integrarían en las empresas de IA, como propuso Amodei. Sin embargo, cumplen algunas de las mismas funciones.

Riesgos en la Frontera

El presidente chino Xi Jinping y Donald Trump en una ceremonia de bienvenida al presidente estadounidense el 14 de mayo frente al Gran Salón del Pueblo en Pekín. (Casa Blanca / Daniel Torok)

El conjunto más reciente de medidas de Pekín se denomina Marco de Gobernanza de la Seguridad de la IA 3.0 y se publicó en septiembre. Este marco establece un enfoque integral para identificar, clasificar y responder a los riesgos a lo largo del ciclo de vida de los sistemas de IA.

Basándose en versiones anteriores, el marco abarca los riesgos de los modelos y datos de IA, las vulnerabilidades en los modelos de código abierto (aquellos que pueden ser modificados libremente por los usuarios), los efectos de la IA en el empleo y la sociedad, y los sistemas cada vez más autónomos.

Incluye un mecanismo específico para gestionar los riesgos asociados con los agentes de IA de rápido desarrollo (sistemas que realizan tareas en respuesta a las instrucciones de un usuario).

El marco aborda algunos de los mismos peligros que ahora generan alarma en Silicon Valley, incluyendo los sistemas altamente autónomos, el uso indebido de tecnologías químicas, biológicas y nucleares, y la posibilidad de que los humanos pierdan el control de la IA avanzada. Propone evaluaciones de seguridad continuas, salvaguardias basadas en el riesgo, supervisión humana y mecanismos de intervención de emergencia.

Un análisis independiente del centro de estudios Carnegie Endowment for International Peace de EE. UU. ha descrito el marco como el intento de China de "promover la seguridad en la frontera sin necesidad de intervenciones regulatorias drásticas".

Consecuencias legales

Nada de esto significa que las normas chinas sobre IA deban trasplantarse a otros lugares. Sus instituciones, tradiciones regulatorias y prioridades tecnológicas son diferentes.

Muchas funciones que ahora se presentan como aspiraciones urgentes en EE. UU., incluyendo la evaluación, la rendición de cuentas de las empresas de IA y la clasificación de riesgos para la IA,

 Los sistemas, los requisitos de presentación de informes ante organismos reguladores, las normas técnicas y la supervisión gubernamental ya están integrados en la arquitectura de gobernanza de la otra superpotencia mundial de la IA.

Estados Unidos es libre de concluir que un sistema impulsado por el mercado es el que mejor sirve a sus intereses económicos y estratégicos. La administración Trump ha favorecido un enfoque nacional de la IA que impone «las mínimas cargas posibles» y ha intentado limitar las regulaciones estatales más exigentes.

Sin embargo, un modelo impulsado por el mercado no puede significar privatizar los beneficios de la IA y, al mismo tiempo, exportar sus riesgos. Las empresas estadounidenses pueden cosechar las ganancias comerciales, mientras que los gobiernos de otros lugares deben investigar incidentes de seguridad, proteger los sistemas públicos y asumir los costes más amplios cuando dichas tecnologías fallan. El agente de OpenAI que obtuvo acceso no autorizado al servicio público de salud de Australia ilustra cómo se exportan los riesgos de la IA.

Si Washington rechaza implementar controles exhaustivos antes del lanzamiento de los sistemas, necesitará un régimen jurídico creíble para determinar quién es responsable de los daños causados ​​por esos modelos de IA. De lo contrario, los países dependientes de sistemas de IA extranjeros se enfrentarán a decisiones cada vez más difíciles sobre en qué tecnología confiar y bajo qué condiciones.

La filosofía rectora de Silicon Valley ha sido durante mucho tiempo «avanzar rápido y romper cosas». Ese principio siempre resultó cuestionable para tecnologías profundamente arraigadas en la vida pública, pero resulta insostenible para empresas cuyos propios líderes advierten ahora que sus productos podrían causar daños catastróficos.

Pekín ya ha rodeado a su sector de IA de obligaciones públicas, supervisión regulatoria y un marco de evaluación de riesgos en constante evolución. Un debate global que considere dicha gobernanza como una aspiración futura debería, al menos, reconocer que un país ya lleva la delantera en este aspecto. "

(Madeline Carr, Consortium News, 13/10/26, traducción google, enlaces en el original) 

La fuerza de Milei no está sólo en privatizar, ajustar o desregular, sino en extender la racionalidad del mercado hacia territorios antes pensados con otras lógicas. El individuo debe dejar de concebirse como ciudadano o trabajador y verse como capital humano: alguien que invierte en sí mismo, compite y carga íntimamente con las consecuencias de ganar o perder... Milei no inventó la precarización (aunque la profundizó), la fragmentación laboral, el endeudamiento de los hogares ni la desconfianza hacia las instituciones. Tampoco el cansancio después de años de inflación y salarios en retroceso. La Argentina que recibió Milei estaba exhausta antes de ser libertariana... La “casta” fue un significante extraordinariamente productivo porque podía alojar malestares de distinto origen: el comerciante que odiaba los impuestos, el trabajador o la trabajadora informal que veía pasar derechos a los que nunca accedía, el asalariado furioso con la inflación, el joven que ya no imaginaba llegar a tener una casa, quien rechazaba al feminismo o a la dirigencia sindical. La operación consistió darles un adversario... Milei llegó sin haber producido una derrota de la magnitud de la que impuso el thatcherismo a las fuerzas capaces de bloquearlo... Durante dos años pudo imaginar que podía conseguir sus objetivos... La inflación se desaceleró. Para una sociedad acostumbrada a mirar un precio y preguntarse cuánto costaría la semana siguiente, eso produjo alivio y ayudó a tolerar una caída inicial muy fuerte del ingreso, el retroceso del gasto público, el deterioro de los servicios y el derrumbe de ramas enteras de la economía... una parte del país creyó por un momento que éste era el ajuste que iba a acabar con todos los ajustes... Debajo de la niebla inflacionaria apareció otra vez la disputa. Hay indicios de que la reacción empezó a encontrar reacciones en el sentido contrario, y de que la polarización puede dejar de tener un único polo dinámico. Las calles se agitan nuevamente contra el intento de rematar las tierras del país a empresarios extranjeros... aparecen movimientos todavía incipientes dentro del país. Un síntoma es la emergencia de otro polo en la izquierda. Myriam Bregman, referente del Frente de Izquierda, registró 43 % de imagen positiva y viene posicionada como una de las dirigentes políticas con mejor imagen en el pais (Fernando Rosso)

"El mito más eficaz que produjo Javier Milei fue el de su propia inevitabilidad. Durante buena parte de estos tres años pareció que no había llegado solamente para gobernar la crisis, sino para cerrarla. Había encontrado la salida por derecha al laberinto argentino y venía a cumplir la tarea histórica de cortar el nudo que nadie había podido desatar desde la gran crisis de 2001. Después de décadas de avances y retrocesos, alguien finalmente iba a romper el equilibrio que impedía reorganizar el país sobre nuevas bases. El viejo país (sus sindicatos, sus universidades públicas, sus derechos sociales, sus tradiciones igualitarias, incluso cierta memoria plebeya) habría encontrado finalmente su sepulturero. 

Mauricio Macri, presidente entre los años 2015 y 2019, había intentado movimientos en esa dirección con otro lenguaje y otra temporalidad. Milei llegó después de ese fracaso con una conclusión a la que el Macri tardío ya había arribado: el gradualismo fue el problema. Había que aprovechar la crisis, acelerar, producir hechos consumados antes de que los afectados pudieran recomponerse. En ese sentido, el mileísmo fue la etapa superior del macrismo.

Allí apareció también la contradicción original del experimento: la radicalidad del programa era mucho mayor que la fuerza propia disponible para ejecutarlo.

La Libertad Avanza, el partido de Milei, llegó al Gobierno en 2023 con una minoría parlamentaria extraordinariamente pequeña para la transformación que proponía. Para avanzar necesitó de una parte decisiva del sistema político que decía venir a dinamitar. La Ley Bases, un mega-paquete de reformas regresivas, consiguió apoyos del centro derecha del PRO, la Unión Cívica Radical, bloques provinciales y gobernadores. Con mayorías prestadas sostuvo también sus decretos. Esa colaboración fue enorme, pero no ilimitada.

El verdadero problema de Milei fue que pudo ganar elecciones, aprobar leyes, imponer un ajuste de dimensiones históricas y desplazar hacia la derecha zonas enteras de la discusión pública. Lo que no consiguió hasta ahora es transformar esos avances en un orden capaz de reproducirse sin una batalla permanente.

La batalla cultural

La filósofa y politóloga norteamericana Wendy Brown permite medir la ambición del proyecto libertariano: un neoliberalismo radicalizado y con 40 grados de fiebre. En El pueblo sin atributos sostiene que su fuerza no está sólo en privatizar, ajustar o desregular, sino en extender la racionalidad del mercado hacia territorios antes pensados con otras lógicas. El individuo debe dejar de concebirse como ciudadano o trabajador y verse como capital humano: alguien que invierte en sí mismo, compite y carga íntimamente con las consecuencias de ganar o perder.

La batalla cultural tuvo esa pretensión. Para reformar las relaciones laborales hacía falta más que una ley: había que erosionar la idea de que quienes venden su fuerza de trabajo poseen intereses comunes. Para reducir jubilaciones, la solidaridad entre generaciones debía dejar de verse como obligación colectiva. Para desfinanciar universidades, hospitales o políticas de discapacidad, cada institución pública tenía que caer bajo sospecha.

El objetivo era producir otro sentido común, un espejo invertido del “hombre nuevo” con el que soñó cierta izquierda en el siglo pasado.

Ese proyecto encontró materia disponible. Milei no inventó la precarización (aunque la profundizó), la fragmentación laboral, el endeudamiento de los hogares ni la desconfianza hacia las instituciones. Tampoco el cansancio después de años de inflación y salarios en retroceso después de un gobierno de todas las fracciones del peronismo encabezado por Alberto Fernández que había prometido reparar la experiencia macrista y terminó en 2023 con una inflación anual superior al 200%. La Argentina que recibió Milei estaba exhausta antes de ser libertariana.

A los pseudointelectuales del mileísmo les gusta presentar a su movimiento como un “gramscismo de derecha”, envoltorio que también compraron analistas del otro campo. Sin embargo, es en el posmarxista Ernesto Laclau donde se encuentra una llave para entender la construcción política que permitió a Milei llegar hasta donde llegó.

Vendrá la casta y tendrá tus ojos

La “casta” fue un significante extraordinariamente productivo porque podía alojar malestares de distinto origen: el comerciante que odiaba los impuestos, el trabajador o la trabajadora informal que veía pasar derechos a los que nunca accedía, el asalariado furioso con la inflación, el joven que ya no imaginaba llegar a tener una casa, quien rechazaba al feminismo o a la dirigencia sindical. La operación consistió en volver circunstancialmente equivalente lo estructuralmente heterogéneo y darle un adversario. Laclau estudió esa capacidad de construir un “pueblo” mediante una frontera político-discursiva. Milei lo hizo desde la derecha con eficacia, pero con una falencia decisiva: ese “pueblo” es demasiado volátil, por no decir efímero en términos históricos.

El jamaiquino Stuart Hall vio algo parecido, aunque en otro país y otro tiempo, cuando estudió el thatcherismo. Margaret Thatcher privatizó empresas, derrotó sindicatos estratégicos y consiguió hablar de orden, propiedad, aspiración individual, nación y consumo; combinó coerción con promesas materiales y modificó el terreno sobre el cual incluso sus adversarios discutían.

Milei quiso hacer algo comparable en ambición, pero sobre un capitalismo periférico y semicolonial, endeudado, de baja productividad y recurrente restricción externa (falta de dólares “genuinos”), con una burguesía que suele pedir menos Estado para los derechos sociales y mucho Estado cuando necesita protección o rescate. Y lo intentó sin haber producido una derrota de la magnitud de la que impuso el thatcherismo a las fuerzas capaces de bloquearlo.

Varios siglos antes que Laclau o que Stuart Hall, Maquiavelo ya distinguía entre quienes llegan al poder por virtud propia y quienes llegan por fortuna. De los segundos decía que no encuentran obstáculos en el camino porque lo recorren volando: las dificultades empiezan cuando aterrizan. Y agregaba una imagen botánica: lo que nace y crece de golpe no tiene raíces, y el primer mal tiempo lo apaga. Milei pasó de una banca de diputado a la Casa Rosada en dos años. Voló. Lo que no pudo fue echar raíces.

El péndulo y la brújula

Este punto conecta al mileísmo con un problema mucho más antiguo: el empate argentino. Los sucesivos bloques que conquistan el gobierno, modifican aspectos importantes de la sociedad y hasta producen derrotas en el campo contrario, pero no logran estabilizar un proyecto que discipline de manera prolongada a sus adversarios y organice una mayoría social relativamente estable. Milei confundió el envión del péndulo con el norte de la brújula.

La historia desmiente una fantasía: que una transformación social de semejante escala puede imponerse de una vez y para siempre con la única condición de tener suficiente decisión política.

El país sobre el que opera Milei no es una hoja en blanco. Los sindicatos están debilitados, pero no fueron destruidos. El movimiento de mujeres perdió la centralidad del ciclo 2015-2020, pero sigue gravitando. Universidades, organismos de derechos humanos, jubilados, movimientos territoriales y distintas formas de organización obrera conservan legitimidad y capacidad de movilización. Surgen nuevos actores: endeudados o inquilinos organizados. Incluso el Congreso que colaboró con el Gobierno reunió mayorías para revertir algunos vetos presidenciales bajo presión social. La derrota necesaria para fundar un orden libertariano estable no ocurrió, para desgracia del Gobierno… y de los derrotistas.

La trampa de la “desinflación”

Durante dos años hubo una razón poderosa para imaginar que, pese a esas resistencias, Milei podía conseguir sus objetivos. La inflación se desaceleró frente al desquicio del Gobierno anterior y la inflación generada por la mega-devaluación que llevó adelante el mismo Milei cuando llegó al Gobierno. Para una sociedad acostumbrada a mirar un precio y preguntarse cuánto costaría la semana siguiente, eso produjo alivio y ayudó a tolerar una caída inicial muy fuerte del ingreso, el retroceso del gasto público, el deterioro de los servicios y el derrumbe de ramas enteras de la economía. La épica del ajuste funcionó como aquel antiguo llamado a la última guerra que va a terminar con todas las guerras: una parte del país creyó por un momento que éste era el ajuste que iba a acabar con todos los ajustes.

En agosto de 2026 la inflación mensual fue de 1,7%. Pero el PIB del segundo trimestre había crecido frente al año anterior y caído respecto del trimestre precedente; la desocupación llegó al 7,9%; la informalidad afecta a la midad de la clase trabajadora; en julio la producción industrial manufacturera estaba 5% por debajo de un año antes y las ventas reales de supermercados se habían desplomado. La pobreza, después de descender desde el pico inicial del ajuste, volvió a subir durante el primer semestre. Lo que queda de los ingresos después de pagar gastos fijos cambia dramáticamente para peor.

El 12,9% de morosidad en los créditos familiares es quizá el número más elocuente. Durante un tiempo, el crédito permitió estirar el presente: pagar el supermercado con tarjeta, patear un saldo, tomar un préstamo personal, refinanciar. El sacrificio político puede sostenerse si se parece a un puente. Con una eonomía real en ruinas, se vuelve más difícil sostener que del otro lado hay un lugar donde llegar. Por un tiempo, la deuda permitió la ilusión de que el puente todavía continuaba.

El apoyo internacional hizo su parte: en 2025, cuando el programa económico iba camino al colapso, el Tesoro norteamericano intervino directamente para salvarlo: no se hundió, pero tampoco recuperó dinamismo. Un año después atraviesa una crisis que hace dudar hasta los sectores empresarios que respaldan al Gobierno sobre la sostenibilidad del proyecto.

La erosión de la imagen presidencial corrió paralela a este cambio. La consultora AtlasIntel/Bloomberg registró a comienzos de septiembre una imagen positiva de 35% para Milei y una negativa de 62%. El Presidente conserva una base social importante, ganó las elecciones legislativas de 2025 y sigue controlando enormes recursos institucionales y políticos. Tiene el respaldo de Donald Trump y ahora festejó el triunfo de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones en Brasil. Lo que se quebró es la sensación de movimiento perpetuo y de infalibilidad.

Durante su ascenso, parecía que cada crisis terminaba fortaleciéndolo. Lo atacaban y crecía. Ajustaba y mantenía apoyo. Insultaba adversarios y transformaba el escándalo en prueba de autenticidad. Para sus seguidores, los obstáculos demostraban que había que acelerar; para muchos adversarios, cada avance confirmaba que el país se había desplazado irreversiblemente hacia la derecha. 

La situación de 2026 es distinta porque el Gobierno empezó a cargar con las consecuencias de gobernar. Después de casi tres años, explicar cada problema por “la herencia” ofrece rendimientos decrecientes. La “casta” ya no está solamente afuera: el oficialismo negocia presupuestos, designa funcionarios, acuerda con empresarios y gobernadores y responde por sus decisiones.

También el frente internacional se tornó más complejo. Si bien asistimos a una ola de triunfos de derecha en la región con gobiernos inestables, Milei vinculó abiertamente su experiencia con Donald Trump y Benjamin Netanyahu y presentó a Estados Unidos e Israel como referencias políticas y morales. Esa alianza le dio respaldos concretos y una pertenencia simbólica. El problema de atar el destino propio a líderes ajenos es que también se importan sus dificultades.

A fines de septiembre de 2026 Trump registraba 32% de aprobación según Reuters/Ipsos (por esa razón, entre otras, se puso más agresivo con América Latina) y enfrenta una elección difícil el 3 de noviembre en los comicios de medio término, mientras Netanyahu llegaba a la Asamblea General de Naciones Unidas en medio de un aislamiento diplomático creciente después del genocidio en Gaza.

Polarización

Mientras ese paisaje cambia afuera, aparecen movimientos todavía incipientes dentro del país. Un síntoma es la emergencia de otro polo en la izquierda.

En la misma medición de AtlasIntel/Bloomberg, Myriam Bregman, referente del Frente de Izquierda, registró 43 % de imagen positiva y viene posicionada como una de las dirigentes políticas con mejor imagen en el pais. Algunas encuentas revelan que su intención de voto ya alcanzó los dos dígitos. El dato vale porque una dirigente identificada con la izquierda socialista, el feminismo y los derechos humanos logra una valoración considerable cuando pierde brillo la promesa libertariana.

Puede leerse como un síntoma de “reacción a la reacción”: una contra-tendencia política, ideológica y cultural. Las derechas radicales consiguieron durante años politizar malestares reales (precariedad, vivienda, salarios, inseguridad económica) y traducirlos hacia enemigos culturales. Nada garantiza que conserven el monopolio de esa traducción. Ya circulan estudios que constatan un giro en los valores de la sociedad y una revalorización de lo público o lo colectivo (incluso lo estatal) en detrimento del individualismo extremo y a favor de ponerle límites al mercado puro y duro.

Ese movimiento hacia una polarización mayor plantea un problema singular al peronismo, que es la fuerza de oposición más importante. Durante la primera etapa de Milei, su principal ventaja fue no ser el Gobierno. Su principal debilidad fue la misma. Había dejado el poder en 2023 después de una experiencia que erosionó la confianza de sectores de su base social. Puede beneficiarse electoralmente del deterioro libertariano sin haber resuelto qué balance hace de aquella derrota ni qué propone ante un país que cambió.

¿Un Tony Blair para la pampa argentina?

El riesgo para el peronismo es aceptar como definitiva una victoria cultural que Milei todavía no obtuvo: suponer que la sociedad argentina se volvió irreversiblemente hostil a los derechos laborales, la universidad pública o cualquier orientación hacia lo común, y concluir que se debe conservar el corazón del programa libertariano con mejores modales u otra sensibilidad. Sería una suerte de blairización frente a un Thatcher que no fue. Tony Blair construyó el New Labour en Gran Bretaña después de una década en la que Thatcher había derrotado organizaciones decisivas de la clase trabajadora y alterado sensiblemente el sentido común británico. En Argentina no está claro que esa derrota histórica haya ocurrido. Milei avanzó mucho; no consiguió cerrar el conflicto ni terminar con el impulso igualitarista que habita en la sociedad.

El Gobierno no fracasó en todo lo que se propuso. Cambió leyes, desplazó el debate público, produjo una derecha con identidad propia y normalizó ideas reaccionarias antes mucho más marginales. La falta de una hegemonía consolidada no vuelve inocua la experiencia. Tampoco consiguió lo que había prometido en el nivel más profundo. No cerró la crisis que lo hizo posible. 

Esa persistencia explica mejor la situación que la idea de un país que un día amaneció libertariano y otro día dejó de serlo. Las sociedades no cambian así. Acumulan derrotas, aprendizajes, instituciones, recuerdos y fuerzas que parecían extinguidas hasta que encuentran una ocasión para reaparecer. Milei fue capaz de llevar la ofensiva más lejos de lo que se podía haber imaginado. También descubrió que avanzar muy lejos no equivale a llegar al final.

Debajo de la niebla inflacionaria apareció otra vez la disputa. Hay indicios de que la reacción empezó a encontrar reacciones en el sentido contrario, y de que la polarización puede dejar de tener un único polo dinámico. Las calles se agitan nuevamente contra el intento de rematar las tierras del país a empresarios extranjeros.

El peronismo tampoco posee la respuesta por derecho hereditario: la interna fratricida que lo atraviesa (entre el liderazgo decreciente de la expresidenta Cristina Kirchner y el emergente del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof) lo tiene encerrado en su cámara de eco. Y Milei conserva gobierno, votos, instrumentos estatales, alianzas económicas, un sostén internacional, pero tiene una diferencia con 2023: entonces podía presentarse como el hombre que venía a romper el laberinto argentino. Tres años después, está encerrado adentro." 

( Fernando Rosso , Other news, 14/10/26)