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23.2.21

Cuando festejamos la nueva ley de la eutanasia, es de justicia recordar el acoso que sufrió la figura de Montes, quien agitó la bandera en favor de la muerte digna y soportó hasta 73 denuncias falsas elevadas hasta la Fiscalía por la administración Aguirre

"Los aplausos en el Congreso, los abrazos a la ex ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, y los vítores de los activistas a las puertas de la cámara alta tras la aprobación este jueves de la ley sobre la eutanasia. Todos estos reconocimientos eran, en muy buena parte, para Luis Montes, quien fuera el estandarte en la lucha por una muerte digna.

 El médico del hospital Severo Ochoa (Leganés) —Luis ó Montes, jamás doctor porque prefería un trato cercano— fiero defensor de la sanidad pública y presidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), soporto las mentiras y las manipulaciones del PP, en los medios y en los juzgados en un intento de embarrar su lucha.

En 2004 una fuente anónima denunciaba 400 casos de eutanasia irregular en el Severo Ochoa y la administración Aguirre, con Manuel Lamela a la cabeza de la consejería de Sanidad, utilizaba este sospechoso chivatazo para llevar a Montes hasta los tribunales. Así, hasta la Fiscalía fueron remitidas 73 denuncias por sedaciones practicadas sobre pacientes terminales en el servicio de urgencias, coordinado por su figura. En 2008 la justicia daba carpetazo a la causa y la Audiencia Provincial consideró que deberían suprimirse del auto del archivo cualquier referencia “a la mala práctica médica”. 
 
Pero durante esos duros años, Montes sufrió una enorme presión mediática que la justicia no fue capaz de subsanar. Presión que iba más allá de los tribunales, pues Lamela, en su empeño por derribar a un defensor de lo público, creaba comisiones ad hoc para analizar las supuestas negligencias. Pero Luis nunca desistió en su empeño.

Había que defender la muerte digna, pero también la sanidad pública, que se enfrentaba a los planes privatizadores de Lamela, y contra los que Montes siempre mostró oposición. Lamela, ese ejemplo de ética y moralidad que fue finalmente imputado junto a su sucesor, Juan José Güemes, por malversación de caudales públicos durante la privatización de la sanidad madrileña. Lamela, fiero defensor de su bolsillo, que durante esta pandemia, hoy como abogado, se ofrecía a la sanidad privada para demandar indemnizaciones al Estado por “incautación de material”.

Mientras el ruido contra Montes era atronador, se construían ocho hospitales de gestión privada, se cedía terreno público a gestores privados y se ponía la sanidad en las manos de empresas como Acciona, Dragados y Sacyr. Mientras agitaban la bandera contra la eutanasia, Lamela diseñaba la cláusula del 1% para desviar fondos para su partido, tal y como consta en su imputación. El PP madrileño lograría así desviar cerca de tres millones de euros de la construcción de hospitales y centros de salud a su caja ‘B’ valiéndose de esta cláusula que hacía pagar a las entidades concesionarias, acusación que se inserta dentro de la trama Púnica. La campaña contra las sedaciones irregulares supo tapar muy bien el sonido de la caja registradora.
“El médico debe curar y aliviar”

Pero no, Luis Montes jamás practicó una eutanasia en el Severo Ochoa, tal y como demostró la justicia. Nunca actuó de manera irregular, porque las leyes caminaban muchísimo más lentas que su lucha. Luis defendía el derecho a morir dignamente y que este fin estuviera algún día contemplado en nuestra legislación; tal y como podemos festejar desde este jueves, hito que nos sitúa entre los cuatro primeros países europeos en aprobar la regulación de esta práctica.

“El médico debe curar cuando se pueda pero aliviar y confortar, siempre. Especialmente cuando la enfermedad no tiene solución y que nos llevará indefectiblemente a la muerte”. Con frases como estas, Luis hizo reflexionar a toda una generación de vecinas y vecinos de Leganés, quienes abríamos debate sobre la eutanasia en bares, parques, tertulias y charlas de manera recurrente. Especialmente durante los peores años de la represión aguirrista. Montes era nuestro doctor de referencia, pero también nuestro mayor profesor en el arte de morir dignamente.

Es por eso que el tejido social del pueblo se volcó con el Severo Ochoa durante esa extraña caza de brujas en la que llovían acusaciones y circulaban miles de bulos que intentaban poner contra las cuerdas la actuación del servicio de urgencias, mantra con el que se consiguió reunir a un lado de la población. Los compañeros y compañeros de Montes hicieron piña en torno a su figura y muchos secundaron sus enseñanzas, hoy impresas en cada esquina de la asociación DMD.

“El acoso y derribo al que fue sometido nuestro compañero Luis Montes y varias decenas de profesionales supuso un antes y un después en el devenir, no solo del Hospital Severo Ochoa, sino de la Sanidad Pública madrileña. Y a pesar de las sentencias a favor de los médicos de la urgencia del Severo Ochoa, nadie de la Consejería ni de la caverna mediática pidió perdón, dimitió ni subsanó el daño ocasionado”, contaba su compañera de hospital Mercedes Condés Obón en El Salto.

El 19 de abril de 2018 Luis Montes perdía la vida por un infarto repentino de camino a un acto en defensa de la muerte digna. Luis moría sin dolor y nos dejaba a todas y todos una tarea pendiente. Hoy parece que la tarea ya ha florecido y por eso, mientras escribo estas líneas, le imagino más vivo que nunca, agitando con dignidad la bandera que nos hará libres hasta el último de nuestros días."                                    (Sara Plaza Casares, El Salto, 19/12/20)

16.5.19

Frontex empezó a hacer caso omiso de las solicitudes de auxilio en el Mediterráneo... «2016 será recordado» escribe Barbara Spinelli, «como el año en el que la Unión Europea rompió definitivamente el pacto de civilización sobre el que se fue fundada después de la Segunda Guerra Mundial»...

"Para cualquier gobierno, la gestión de la inmigración supone un banco de pruebas: fracasar en ello significa fracasar en todo lo demás. (...)

La ruta marítima clandestina ha sido el resultado de una decisión política, la de cerrar toda posibilidad de concesión de visados de trabajo para Europa a los países africanos. Pero cerrar los accesos legales significa abrir decenas de accesos ilegales. «Somos como un asilo de ancianos frente a un jardín de infancia», así ha definido Emma Bonino la Europa que mira hacia África.

 Análisis que ha sido rechazado a menudo como mera aspiración del «mundo rico» en relación con el «mundo pobre», la de obtener mano de obra barata, y es precisamente aquí donde se crea el cortocircuito. 

Tomemos como ejemplo el caso de Italia: para 2025, el número de italianos disminuirá en un millón ochocientas mil personas a causa de la baja tasa de natalidad y de la emigración; para garantizar la capacidad productiva actual y el modelo de bienestar social del país, sería necesario que llegaran en los próximos años al menos un millón seiscientos mil inmigrantes, circunstancia que, merece la pena repetirlo, no pondría en peligro la estabilidad social y democrática del país. 

Pero los inmigrantes sirven a la política por otra razón, no del todo noble y en absoluto útil para la comunidad: sirven para ganar las elecciones. ¿Cómo? Hay muchas mentiras sobre los inmigrantes que se vuelven virales y el método es siempre el mismo: partir de una información verosímil —no necesariamente verdadera, casi siempre falsa— y usarla contra el «enemigo» que, cuando trata de defenderse, termina propagando la mentira. 

La negative campaigning es una técnica perfecta que no deja escapatoria a la víctima, puesto que se basa en el estudio de los temores y en la facilidad para instrumentalizarlos. La iluminación que la alimenta es la siguiente: para ganar las elecciones, ¿qué sentido tiene ocuparse de las causas de los miedos y tratar de resolverlos, cuando es infinitamente más fácil crearlos y alimentarlos? (...)

Ya no era suficiente con decir: hemos derrotado a nuestros adversarios políticos, porque el riesgo hubiera sido una falta progresiva de interés en los asuntos públicos. Lo que hacía falta era el temor a un peligro (la invasión del extranjero) para forzar a las personas a estar siempre listas para la movilización.

Así nació el inmigrante invasor, el inmigrante posible terrorista, las ONG que favorecen esa invasión y los financiadores ocultos de las ONG que trabajan para debilitar a Europa, para empobrecerla con hordas de bárbaros y someterla a continuación. Se trata de una reconstrucción que roza el absurdo pero que, sin embargo, ha condicionado las políticas en materia de inmigración de muchísimos gobiernos europeos.

El análisis de cómo nace la patraña de las ONG como «taxis marinos» resulta interesante porque muestra cómo la Europa que los soberanistas aspiran a derrocar el próximo 26 de mayo, en realidad ya no existe, si es que alguna vez ha existido realmente.

El copyright «taxi marino» no pertenece a Italia, fue en otro sitio donde nació y se propagó la teoría de la invasión de Europa, de las ONG financiadas por George Soros que actúan con fines económicos junto con los traficantes de seres humanos. 

Entre los primeros en insinuar dudas sobre las actividades de las ONG está la fundación holandesa GEFIRA, que el 16 de noviembre de 2016 publica un artículo en el que básicamente afirma no estar convencida de los objetivos filantrópicos de las operaciones de rescate de las ONG en el mar Mediterráneo sugiriendo motivaciones económicas («Their motive can be money»), aunque admite que «las operaciones están coordinadas por la Guardia Costera Italiana». 

El artículo se cierra así: a causa de las ONG, los migrantes «terminan» en las calles de las ciudades europeas «incrementando el caos, amenazando la seguridad y elevando el nivel de las tensiones sociales en el continente». La idea del asedio, de la invasión empieza así a deslizarse en el debate público, identificando a las ONG como las responsables de la catástrofe, como chivos expiatorios.

Para obtener una imagen más clara de quiénes inspiraron a los youtuber soberanistas e identitarios, así como a los políticos europeos e italianos de todas las formaciones, en su violento ataque a las ONG, vale la pena leer las tesis de GEFIRA tal como se recogieron el 2 de agosto de 2017 en la página openmigration.org: «El multiculturalismo no es solo la posibilidad de una alimentación étnica: es también educación, raíces, valores de base. Aquí sabemos cuáles son los derechos fundamentales de las personas, los hemos inventado nosotros. Si te traes, en cambio, a todos los africanos a Europa, lo que obtendrás será África. Y eso no es lo que quieren los europeos» y luego insiste: «La inmigración no es un problema si seguimos al mando, pero es solo cuestión de tiempo el que la situación acabe fuera de control».

Conocemos los números, sabemos cuántos inmigrantes hay en Europa, así pues, ¿cómo es posible dar crédito a estas teorías?

Barbara Spinelli, eurodiputada, hija de Altiero Spinelli, padre fundador de la Unión Europea, en su prólogo al estudio Muerte por rescate: los letales efectos de las políticas marítimas de no asistencia de la UE escribe: «En este contexto, no debe olvidarse la mentira que circula entre los países de la Unión acerca de los refugiados. Se habla de una invasión, de un éxodo bíblico hacia Europa, cuando basta con estudiar las cifras para descubrir la evidencia: de los 60 millones de refugiados en todo el mundo, solo un millón ha llegado hasta ahora a los países de la Unión.

 Apenas el 1,2 % de su población. La mayor parte de los refugiados sirios viven ahora en el Líbano, Jordania y Turquía».
No estamos siendo invadidos, no estamos rodeados, hablamos de la crisis de inmigrantes, para no decir que se trata de una crisis humanitaria de dimensiones épicas y para no decir que Europa está perdiendo miserablemente el desafío más importante desde su creación.

El 15 de diciembre de 2016, el Financial Times anticipa el contenido de algunos informes confidenciales de Frontex, la agencia de control de las fronteras externas de la Unión Europea, según la cual los emigrantes reciben supuestamente instrucciones precisas, antes de salir de Libia, sobre cómo llegar hasta las embarcaciones de las ONG. El 27 de febrero de 2017, el director de Frontex, Fabrice Leggeri, en las columnas de Die Welt, afirmaba que las ONG se acercan demasiado a las costas de Libia y que, por este motivo, las embarcaciones utilizadas por los traficantes son menos estables.

 La acusación que se hace a las ONG es la de poner en riesgo la vida de los inmigrantes.
Todos estos razonamientos parten del supuesto de que quienes escuchan y leen carecen de memoria: los traficantes utilizan medios de transporte más económicos y menos estables que los barcos de madera y hierro porque estos fueron destruidos en una campaña de la operación EUNAVFOR MED Sophia en 2015. 

Recuerdo bien que en ese momento fuimos muchos los que pensamos que las muertes en el mar aumentarían a causa de embarcaciones más inestables. Y al mismo tiempo, acusar a las ONG de actuar como factor de atracción es solo una forma de evitar que se realicen rescates en el mar; la misión Mare Nostrum fue cancelada por el mismo supuesto.

Pero incluso antes de que el fango salpicara con abundancia a las ONG y a las actividades de búsqueda y rescate en el mar, Barbara Spinelli denunció la falta de intervención de los medios de Frontex, que hacían caso omiso de las solicitudes de auxilio. 

Mientras las autoridades italianas, de conformidad con las leyes internacionales y la ley del mar, continuaron interviniendo para prestar ayuda a los botes inflables llenos de inmigrantes, Frontex (y por lo tanto, Europa) empezó a moverse en otra dirección. «2016 será recordado» escribe Barbara Spinelli, «como el año en el que la Unión Europea rompió definitivamente el pacto de civilización sobre el que se fue fundada después de la Segunda Guerra Mundial».

Lo que ha allanado el camino a las nuevas derechas xenófobas ha sido en buena medida la incapacidad de las inadecuadas viejas izquierdas para afrontar el mayor problema al que se enfrenta hoy el mundo rico: un envejecimiento irreversible y sin precedentes de la sociedad.

 Una sociedad demográficamente vieja es también, y sobre todo, una sociedad cerrada, que no se concibe en el futuro y que, no por casualidad, mira con recelo a Greta Thunberg y con respeto a quienes temen las invasiones extranjeras e invitan a armarse para hacerse «justicia» por sus propios medios. Una sociedad demográficamente vieja no se confía a los números y a los hechos, sino a los sentimientos y a los miedos.

En este escenario, resulta aún más evidente lo infame que fue la conducta de aquellos que insinuaron dudas sobre el trabajo de las ONG y lo irresponsable que ha sido alejarlos de ese tramo de mar donde su presencia llenaba el vacío dejado por Europa.

Las acusaron de ser traficantes de hombres, de actuar como un factor de atracción, de ser buenistas por dinero, por intereses, pero la verdad es que, si Europa hubiera cumplido con su deber, las ONG no hubieran sido necesarias. Es más, el único auténtico factor de atracción nunca han sido las ONG, sino Europa, un El Dorado a pocas millas del infierno."                  (Roberto Saviano, El País, 13/05/19)

13.2.08

A vueltas con el "caso Lamela"

“El caso Lamela ha sido catastrófico, a la injusta persecución de un grupo de profesionales, a los que aún hoy, presuntos periodistas y supuestos políticos siguen insultando, se unen dos efectos desgraciados descritos en estas páginas por Milagros Pérez Oliva: privar a muchos pacientes de los cuidados terminales y dejar un reguero de resquemor profesional con consecuencias morales devastadoras entre sanitarios. Por si faltaba algo, se hizo algo insólito, usar la autoridad institucional para perseguir a los profesionales por razones ideológicas. (..)

No sugiero que los profesionales se aparten de la colaboración con las instituciones, todo lo contrario, se trata de fomentar una participación más activa pero también más exigente comenzando por nosotros mismos.

Lo que se echó de menos entonces fue, eso, una participación mucho más activa de sociedades científicas y profesionales en unos sucesos que tenían graves repercusiones para la sanidad pública española” (Ildefonso Hernández Aguado: Algo que aprender del 'caso Lamela'. El País, ed. Galicia, Sociedad, 12-02-08, p. 41)

El resquemor profesional cada uno se lo rasca como quiere, pero ¡Con qué derecho se dejan morir aullando de dolor a unos enfermos terminales! ¿Por miedo a que Lamela te expediente? ¿De ahí proviene el “resquemor”, de abandonar a los pacientes?

Por el mismo motivo muchos médicos vascos dan el alta prematura a los enfermos empadronados en otras autonomías, porque, al parecer, los enfermos gallegos no nos merecemos el estar hospitalizados en Euskadi. No es resquemor, es puro miedo, al jefecillo.

31.1.08

¡Si nosotros decimos que es bueno el sufrimiento para ir al cielo, ningún medicucho va a cambiar esto!

“La justicia destruye el bulo del PP sobre sedaciones en Leganés. Los jueces afirman que ni siquiera hubo mala práctica médica… De esta manera, lo que empezó como denuncia de "eutanasia masiva" queda disuelto en nada…Todo empezó en marzo de 2005, por una denuncia anónima que incidía en una acusación presentada dos años antes contra el médico Luis Montes, coordinador del servicio de urgencias, denuncia que fue archivada por el Juzgado de Leganés. Lo que se sabe de la denuncia anónima es que hablaba de 400 casos de "eutanasia activa" en ese servicio, según el testimonio del entonces líder del PSOE madrileño, Rafael Simancas, en referencia a lo que personalmente le comunicó Lamela.” (EL PAÍS, 29-01-2008)

Les llamaron asesinos, fueron represaliados, la Comunidad de Madrid, que preside la popular Esperanza Aguirre, se escudó en un anónimo para denunciarles por matar a 400 pacientes terminales y la Cope y El Mundo los crucificaron. Nada. No queda nada. La Audiencia Provincial de Madrid ha archivado definitivamente el bulo de las sedaciones en Leganés y ordena restituir el nombre de Luis Montes, ex coordinador de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés, y retirar cualquier alusión a mala práctica médica.”

Declaraciones de Luis Montes:

“P. ¿Y si le piden perdón?

R. A mí que no me pidan perdón, que no se lo voy a conceder. Que pidan perdón a los familiares de tantas personas que han muerto con dolor por su culpa. Porque después del caso Lamela, la gente ha muerto peor, sufriendo y con los familiares pasándolo mal. (…)

P. En 2002 hubo una denuncia anónima y la consejería la archivó tras una investigación interna. ¿Por qué en 2005 la consejería, también del PP, actúa de distinta forma?

R. En mi opinión, hay factores políticos, económicos e ideológicos. (…)

Las encuestas del CIS decían que la gente estaba a favor de la eutanasia, pero aun así el Gobierno socialista dijo que en esta legislatura no tocaba. Pero el PP decidió que claro que tocaba, y abrió un nuevo frente en su oposición total.” (EL PAÍS, 29-01-2008)

“Morir sin dolor aún es privilegio. El 'caso Lamela' ha desatado el miedo a aplicar sedaciones. Sólo un tercio de los enfermos que precisan cuidados paliativos los reciben.

“ (…) Podría decirse que el caso Lamela ha tenido dos efectos graves y un rebote. El primer efecto lo han pagado los pacientes. Todos los especialistas consultados coinciden en que, tras la denuncia, muchos médicos dejaron de aplicar la sedación terminal y otros cuidados paliativos a enfermos que los necesitan, especialmente en la comunidad de Madrid, por temor a ser cuestionados o incluso denunciados. (…)

"La sedación pasó a ser una práctica sospechosa y eso hizo mucho daño"… "La denuncia provocó un retraimiento en lo que ya estaba plenamente admitido como una práctica asistencial correcta. Muchos médicos se lo piensan ahora dos veces antes de indicar una sedación" (…)

Lo que ya se conoce como el efecto Lamela ha privado y sigue privando a muchos pacientes terminales de una herramienta que no sólo está indicada sino que constituye una buena práctica médica. (…)

El segundo efecto Lamela ha recaído en la propia profesión médica. La denuncia no sólo ha dejado a su paso un reguero de resquemor profesional que, como la pólvora, ha tenido efectos morales devastadores, sino que ha sentado un predecente que antes era impensable: Por primera vez, una autoridad sanitaria utiliza el poder institucional que le confieren los ciudadanos para perseguir a un equipo profesional, no por criterios médicos, sino por oscuras razones ideológicas. "Nunca hubiéramos pensado que se podía llegar a esos niveles de intromisión en la práctica asistencial por motivos ideológicos", reflexiona José Expósito. (…)

Muchos han interpretado la acción de Lamela como un ataque preventivo contra la posibilidad de que en España se regule la eutanasia (…)

Otros, entre ellos el propio Luis Montes, la interpretaron como como una operación de desprestigiado de la sanidad? pública, destinada a reforzar la estrategia de privatización de la gestión hospitalaria emprendida por la Comunidad de Madrid. (…)

Pero lo que más mella ha hecho en la moral profesional, lo más corrosivo ha sido ver la facilidad con que se podían montar comisiones de investigación y escrutinio de profesionales para juzgar a otros profesionales fuera del sistema judicial y por tanto, sin ninguna garantía profesional. (…)

"Es un precedente letal. Ningún servicio sanitario soportaría una evaluación tan sesgada como la que aplicó comité de expertos reunidos por Lamela para juzgar la práctica asistencial de los médicos de Leganés. Cualquiera de los miembros de esa misma comisión saldría mal parado de un escrutinio semejante", afirma Xavier Gómez-Batiste. (...)

Pero el caso Lamela ha tenido también un efecto rebote: la reacción que ha provocado ha permitido poner en evidencia las carencias del sistema sanitario en cuidados paliativos y ha dado lugar a una estrategia nacional que ahora aplican, con mayor o menor intensidad, las comunidades autónomas. El caso Lamela mostró que en España la mayoría de los enfermos morían mal, algunos muy mal. "La sociedad ha reaccionado y quienes veníamos luchando por extender los cuidados paliataivos hemos recibido un refuerzo muy importante. Se ha demostrado que es una de las intervenciones más coste-efectivas, es decir, que con menos recursos produce mayor beneficio, y ahora se está haciendo un esfuerzo muy importante", explica José Expósito.” (El País. Ed. Galicia, Cultura, 30-01-08, p. 36)